8. Discurso de Bildad
El segundo interlocutor, Bildad, de Suaj, abunda en las mismas ideas tradicionales de Elifaz: Dios obra siempre con justicia; por tanto, las calamidades vienen por algún pecado. En primer lugar, en el caso presente, Dios castigó los pecados de los voluptuosos hijos de Job. Los impíos no pueden prosperar. Al contrario, si Job se vuelve a Dios y concilla su amistad, volverá a nadar en la prosperidad en proporciones superiores a la anterior pérdida. El razonamiento, pues, de Bildad apenas da un nuevo enfoque del problema; es todo lo que da de sí la sabiduría antigua sobre el problema, como él mismo declara. El lenguaje de este amigo de Job es más vehemente que el del anterior y tiene menos consideración con el dolorido Job. Las palabras desorbitadas de éste le han impulsado a hablar con demasiada crueldad.
Dios es siempre justo (1-7)
1 Tomó la palabra Bildad, suhita, diciendo: 2 ¿Hasta cuándo vas a hablar así y serán las palabras de tu boca cual viento impetuoso? 3 ¿Acaso tuerce Dios el derecho? ¿Puede el Omnipotente pervertir la justicia? 4 Si pecaron tus hijos contra El, ya han pagado por sus faltas. 5 Pero tú, si recurres a Dios e imploras al Omnipotente, 6 si fueres puro y recto 2, desde ahora velará sobre ti, y restaurará la morada de tu justicia, 7 y la anterior fortuna resultará pequeña, pues grande ha de ser tu futuro.
Los desahogos de Job son intolerables, fruto de su vehemencia, y, por tanto, debe ser más comedido, ya que está poniendo en entredicho la justicia del mismo Dios. ¿Puede Dios torcer el derecho, El que es la rectitud misma? El patriarca Abraham, al pedir perdón por los sodomitas en razón de los justos que había en la ciudad maldita, arguye de este modo: "El Juez de la tierra toda, ¿no va a hacer justicia?"3 Es justamente la base de la argumentación de Bildad: el Omnipotente no puede pervertir la justicia (v.3). Una de las ideas más básicas en la teología del A.T. es que Dios gobierna el mundo no como una fuerza ciega, sino conforme a los módulos de justicia y misericordia 4. No puede sobreponerse a estas sus exigencias connaturales con su esencia misma de Dios santo.
Despiadadamente, Bildad le declara a Job que sus hijos han muerto por sus pecados, pero que a Job le resta volverse suplicante a Dios para que le releve de la angustiosa situación actual. La bendición de Dios recaerá sobre él en tal forma, que llegará a ser más próspero que antes. Volverá Dios a velar sobre él, haciendo objeto de una especial providencia protectora, de modo que sea compensado de sus anteriores infortunios, que es justamente lo que ha de ocurrir al cerrarse el drama del libro de Job.
Los impíos no pueden prosperar de modo definitivo (8-19)
8 Pregunta, si no, a las generaciones precedentes, atiende a la experiencia de los padres. 9 Nosotros somos de ayer y no sabemos nada, porque son una sombra nuestros días sobre la tierra. 10 ¿No te enseñarán ellos, no te hablarán y de su corazón sacarán palabras? 11 ¿Puede crecer el papiro fuera de las lagunas? ¿Puede el junco prosperar donde no hay agua? 12 Verde aún, sin que nadie le corte, se seca antes que cualquier otra hierba. 13 Tal es la suerte de los que se olvidan de Dios, y la esperanza del impío se desvanecerá. 14 Su confianza no es más que un hilo 5, y tela de araña su seguridad. 15 Se apoya sobre una casa que no se sostiene, se agarra a ella, sin que tenga consistencia. 16 Por lleno de jugo que estuviere a la faz del sol, extendiendo sus retoños en el huerto, 17 y sus raíces entrelazadas sobre un montón de piedras, viviendo en una casa de piedra, 18 en cuanto se le arranca de su sitio, éste le renegará: "¡Nunca te vi!" 19 Helo aquí podrido sobre el camino, mientras otros brotan en su lugar 6.
Bildad habla al exponer su tesis, no tanto por propia experiencia cuanto haciéndose eco de una probada tradición; las generaciones precedentes, con sus ricas experiencias de la vida, son las maestras de las nuevas que surgen en la sociedad. Por ello invita a Job a que se documente en el sentir del pasado, que siempre ha dicho que las calamidades proceden de las transgresiones contra la ley divina. Como la vida del hombre es efímera — somos de ayer —, la experiencia de la generación presente no basta para gobernarse en la vida, y por ello debe interrogar a las pasadas (ν.9).
Conforme a la ciencia de los antiguos, expresada en frases proverbiales, nadie puede vivir fuera de su ambiente, como el papiro no puede crecer fuera de la laguna. Le es tan necesaria el agua, que, aunque aparezca jugosa y verde, es el que menos resiste a los ardores del sol (v.12). Es el caso de los impíos, que pretenden prosperar en la vida sin recibir la protección benéfica de Dios (ν.1s). En realidad, todo su éxito actual pende de un hilo, y es tan tenue y frágil como la tela de araña. No hay consistencia en la casa que tiene edificada (ν.15).
El impío que prospera fuera de la ley de Dios es como una planta que toma fuerza y echa raíces hasta entre las piedras; pero si se la arranca violentamente, no la reconoce ni el lugar donde estuvo: ¡nunca te vi! (ν.18). Abandonada en el camino, se pudre, mientras otras retoñan en su lugar. Tal es la suerte del impío.
Conclusión: Dios protege al justo y castiga al impío (20-22)
20 Así, pues, Dios no rechaza al íntegro ni toma de la mano a los malvados. 21 Aún llenará tu boca de sonrisas y de júbilo tus labios. 22 Cubriránse de confusión tus enemigos, y no subsistirá la tienda de los malos.
De todo lo dicho se desprende que Dios gobierna con sentido de equidad a los hombres, protegiendo al justo y abandonando al malvado. Esto se puede colegir de la experiencia de la vida, como declaran las antiguas generaciones. Para Job, pues, hay esperanza de rehabilitación, ya que podrá aún enfrentarse con un sonriente porvenir. La amargura actual es pasajera, si sabe acatar los designios del Omnipotente y se vuelve a El con espíritu suplicante y compungido. Es la misma tesis de Elifaz. No hay más salvador que el mismo Dios, que le ha castigado. Si logra captar de nuevo la benevolencia del que todo lo puede, será de nuevo honrado ante la sociedad, mientras sus enemigos, que ahora le consideran como maldito de Dios, serán llenos de confusión.
1 Lit. el TM: "Los ha entregado a la mano de su transgresión." — 2 Esto es considerado como glosa, porque recarga el ritmo. — 3 Gen 18:25. — 4 Véase P. Van Imschoot, Théologie de Γ Anden Testament I (Tournai 1954) P-65-7I- — 5 Asν según la Bib. de Jér. — 6 Así siguiendo la corrección de Dhorme y la versión de la Bib. de Jér.
9. Respuesta de Job a Bildad
Las argumentaciones de Bildad son reconocidas en parte por el paciente Job, y éste sabe muy bien que no puede justificarse ante su Dios, que es omnipotente, y el hombre no puede encontrar valedor ni abogado contra lo que El determine. Domina las fuerzas de la naturaleza y decide la suerte de los hombres, la de los justos y la de los pecadores. Al que sufre no le queda sino suplicar que aparte el flagelo que sobre él pesa. La omnipotencia de Dios es absoluta, y, por tanto, el hombre no es quién para pedirle cuentas de su actuar. Los módulos de su oculta sabiduría están sobre los cálculos puramente humanos.
La omnipotencia divina (1-13)
1 Respondió Job, diciendo: 2 En verdad, yo sé que es así: ¿Cómo justificarse un hombre frente a Dios? 3 Si quisiera contender con El, de mil cargos no podría responder a uno. 4 El es sabio de corazón y robusto de fuerza: ¿Quién se le opondrá y saldrá ileso? 5 El desplaza los montes sin que se den cuenta, y en su ira los trastorna. 6 El sacude la tierra en su sitio, estremécense sus columnas. 7 El manda al sol, y éste no brilla, y guarda bajo sello las estrellas. 8 El solo tiende los cielos y camina sobre las crestas del mar. 9 El creó la Osa, el Orion y las Pléyades y las cámaras del cielo austral. 10 El obra cosas grandes e insondables, maravillas sin cuento. 11 Si pasa ante mí, yo no le veo; se desliza, y yo no lo advierto. 12 Si coge una presa, ¿quién se la arrebatará? ¿Quién podrá decirle: ¿Qué es lo que haces? 13 Dios no reprime su cólera: bajo El se encorvaron los auxiliares de Rahab.
Job sabe muy bien todo lo que le dicen, y particularmente reconoce lo que la visión nocturna le comunicó a Elifaz 1, ya que Dios es santísimo, y nadie puede medirse con El. En plan jurídico, el hombre no tiene defensa posible, pues de mil cargos que se le hagan, no sabrá responder a ninguno. Dios es el más fuerte, y el ser humano no puede justificarse ni conseguir abogado defensor que pueda medirse con el que todo lo puede y lo sabe (v.4) 2.
En el v.5 se inicia una verdadera doxología en la que se canta la omnipotencia divina, manifestada sobre las fuerzas de la naturaleza. Los montes inconmovibles son desplazados tan de repente y con tal facilidad, que ellos no se dan cuenta. Los terremotos son una prueba manifiesta del poder omnímodo divino. El hombre no puede hacer nada cuando la tierra se conmueve en sus cimientos. La misma tierra — concebida como un edificio asentado sobre columnas — se estremece y conmueve en los cataclismos sísmicos, como una casa que se viene abajo cuando se mueven sus basamentos 3. Incluso en los cielos existen trastornos periódicos. El mismo sol, destinado a alumbrar a los hombres, a una orden divina se eclipsa o oculta bajo las nubes 4, y también su voluntad pone un sello a las estrellas para que no brillen 5. Los astros, pues, lejos de estar fuera de la órbita divina, son plegados y sellados con la facilidad con que el escriba sella y pliega un libro (v.7).
Dios tiende los cielos como la tela de una tienda 6, y camina sobre las crestas del mar, las olas del océano. Su dominio se extiende no sólo a los cielos, sino también a los tenebrosos mares. Su poder llegó hasta crear las constelaciones astrales: la Osa, el Orion, las Pléyades y las cámaras o constelaciones del cielo austral (v.9) 7. Estas — según la mentalidad de la antigüedad — sostienen la bóveda celeste. Las maravillas y portentos de Dios no pueden contarse; por eso al hombre no le queda sino reconocer su ignorancia y adorar el misterio.
Pero el poder y presencia del Omnipotente no se extienden sólo a las fuerzas del cosmos, sino que intervienen misteriosamente en la vida de los seres humanos sin que se les perciba: si pasa ante mí, yo no le veo... (v.11). Es impenetrable en sus designios misteriosos, y por ello nadie puede decirle: ¿qué es lo que haces? (ν.12). Bajo su cσlera se encorvan hasta las fuerzas caσticas, los auxiliares de Rahab, el monstruo marino. Quizá en esta expresión aluda a los monstruos legendarios creados por Tiamat — símbolo del caos — para luchar contra el ejército de Marduk, según se narra en el poema de la creación babilónico 8. Rahab en la Biblia aparece formando trilogía con los monstruos marinos Leviatán y Tanin 9. Simboliza el mar, sobre todo el mar Rojo, y por ello designa a Egipto 10.
Es inútil luchar con Dios (14-21)
14 ¡Cuánto menos podría yo responderle y rebuscar razones contra El! 15 Aun teniendo razón, no podría responderle, y habría de implorar gracia para mi causa. 16 Y aunque le hablara yo y El me respondiese, no osaría creer que había oído mi voz. 17 El es quien por un cabello me aplasta 11 y multiplica sin motivo mis heridas; 18 que ni respirar me deja y me harta de amarguras. 19 Si quisiera acudir a la fuerza, el robusto es El; si al juicio, ¿quién podrá emplazarle? 20 Si soy justo, mi boca me condena; si me creo inocente, me declara perverso. 21 Si me declaro inocente, es que no me conozco. Yo desprecio mi vida.
Si las fuerzas cósmicas tienen que plegarse ante el poder divino, resulta ridículo que un hombre como Job pretendiera medirse con El. Es inútil buscar razones para justificarse ante el que todo lo sabe. Es necio oponerse a la cólera divina. Aunque se sintiera totalmente justo, no podría contender con Dios, pues aun entonces habría de implorar su gracia (ν.15). Y Dios es tan trascendente y elevado, que, aunque le respondiese favorablemente, Job no osarνa creer que le había oído.
Por otra parte, no sabe qué pensar de las razones que tenga Dios para castigarle y probarle por un cabello, es decir, por cosas que Job estima nimias; de ahí que las heridas recibidas de El las estima sin justificación posible (ν.17). Está tan agobiado bajo el peso duro de la mano de Dios, que ni le deja respirar; las amarguras son su pan cotidiano.
Pero no tiene posibilidad de defensa, ni por la fuerza ni en el juicio, porque Dios es el más fuerte, y nadie puede emplazarle a juicio (v.19). Aunque él personalmente se considera justo, sin embargo, ante el tribunal divino no puede justificarse, y entonces más vale declarar de antemano la propia culpabilidad: mi boca me condena (v.20). En realidad, al declararse a sí mismo inocente, prueba que no se conoce a sí mismo. Por eso su ν ida es un enigma, y por ello la desprecia.
El dolor es patrimonio de justos y pecadores (22-31)
22 ¡Todo es uno! Por eso digo: "¡Consume al íntegro y al culpable!" 23 Guando de repente una plaga trae la muerte, El se ríe de la desesperación de los inocentes. 24 La tierra es entregada a las manos de los impíos, y vela el rostro de sus jueces. Si no es El, ¿quién va a ser? 25 Mis días pasaron más veloces que un correo, huyeron sin ver la felicidad. 26 Se han deslizado como lancha de papiro, como águila que se lanza sobre la presa. 27 Si me digo: "Voy a olvidar mis cuitas, cambiaré mi semblante y me pondré alegre," 28 temo todos mis dolores, sabiendo que tú no me declaras inocente. 29 Si soy culpable, ¿a qué fatigarme en vano? 30 Aunque me lavase con agua de nieve y purificase mis manos con lejía, 31 todavía me hundirás en el lodo 12, y mis vestidos me aborrecerían.
Apesadumbrado por el dolor, Job declara que no hay en esta vida trato diverso para el justo y el pecador: ¡todo es uno! Frente a las teorías de sus amigos, que suponen que los impíos no pueden prosperar en esta vida y que los justos son rehabilitados, está la realidad de su trágica existencia: en esta vida los premios y los castigos no dependen de los valores morales del sujeto, como pretendía la tesis tradicional sobre la retribución. Cuando llega un flagelo, se lleva por delante a todos, buenos y malos. Esta afirmación responde a las argumentaciones de Elifaz de que el justo se ríe de la devastación y del hambre y que los inocentes no perecen 13. Dios, en los momentos de exterminio, parece reírse de la desesperación de los inocentes, pues no sale en su favor (v.23). Las expresiones son duras, rayando con la blasfemia; pero expresan bien la situación amargada del desesperado Job, que no se aviene a admitir teorías que están en contradicción con hechos flagrantes.
Dios permite que los impíos se apoderen de la tierra, y parece como si velara el rostro de los jueces para que no vean sus demasías, Tantos son los atropellos que se cometen a diario en la sociedad impunemente! Job no distingue entre voluntad positiva y permisiva de Dios, y por eso todo lo que ocurre lo atribuye al que puede evitarlo: Sí no es El, ¿quién va a ser? (v.24). En definitiva, siendo Dios omnipotente, todo lo que sucede tiene su última razón en El.
Después de hacer estas afirmaciones generales sobre hechos que están al alcance de todos, Job vuelve al caso concreto de su existencia personal. Sus días pasan velozmente como el correo, pero no ha podido gustar de la felicidad. Con dos bellos símiles expresa la rapidez con que transcurren sus días sin felicidad: la de la lancha de papiro — en el libro de Job hay muchas alusiones a los medios ambientales egipcios —, que se desliza suavemente por el Nilo, y la del águila, que con toda celeridad se lanza sobre la presa.
Aunque quisiera cambiar de semblante y ponerse alegre, una pena interior le corroe, ya que sabe que Dios no le declara inocente (v.28). Y si realmente es culpable, ¿para qué fatigarse en vano buscando aparecer alegre, cuando el pesar domina su interior? Ante Dios no puede aparecer limpio, aunque se lavara con agua de nieve y se purificara con salitre o lejía; para Dios estaría aún sórdido, como si se hundiese en el lodo, en una situación que hasta sus mismos vestidos le aborrecerían para no contaminarse con la inmundicia.
No hay arbitro entre Dios y Job (32-35)
32 Que no es hombre como yo para responderle: ¡Vamos juntos a juicio! 33 No hay entre nosotros arbitro que ponga su mano entre ambos. 34 Que retire su vara de sobre mí, que no me espante su terror. 35 Yo hablaré sin temor, porque no soy tal a mis ojos 14.
No es posible entrar en litigio con Dios, ya que no hay proporción entre él y su Hacedor, que no es hombre. El ser humano no puede emplazarle ante un juicio por la superioridad divina y porque no hay arbitro posible a quien apelar, pues Dios no puede someterse a nadie fuera de El mismo; nadie tiene jurisdicción sobre el que todo lo puede. No queda sino que Dios, por su iniciativa, retire la ν ara de castigo que pesa sobre el infortunado varσn de Hus, víctima del terror punitivo de la divinidad (v.34). Quizá en una situación más desahogada de su espíritu pudiera encontrar el paciente argumentos para justificar la intervención justiciera de Dios. Job, pues, pide un "alto el fuego" en sus propios sufrimientos, para, en una especie de tregua con Dios, reconsiderar su triste situación y entonces reconocer su culpabilidad. Pero, mientras tanto, quiere hablar sin temor, seguro de que ante su conciencia — ante sus ojos — es inocente mientras no se le demuestre lo contrario. En esta situación de disgusto, sus desahogos destemplados tienen una justificación muy humana.
1 Job 4:17. — 2 La expresión sabio de corazón se explica en el supuesto de que el corazón es la sede de la sabiduría según los hebreos. La frase es corriente en la literatura sapiencial (cf. Job 8:10; 37:24). — 3 Cf. Job 38:4-6. — 4 Cf. Ex 10:21-23. La palabra para designar sol es heres, que se relaciona con Horus, hijo de Ra, dios solar egipcio. Cf. E. drioton y J. vandier, Les peuples de l'Orient méditerra-néen: II. L'Egype (París 1028) p.Ó3. — 5 Cf. Is 34:3. — 6 Cf. Is 40:22. — 7 La identificación de las constelaciones está generalmente admitida según la nomenclatura expuesta: la Osa es la gran constelación septentrional. Orion, en heb. kasil ("loco"). Las Pléyades; algunas versiones traducen "Arcturus." Algunos autores, como Driver-Gray lo identifican con Sirio. Las cámaras del sur parecen ser un grupo de estrellas: Argo, el Centauro y la Cruz del Sur. Véase P. dhorme, o.c., p.iiq; S. R. driver-g. B. gray, A critica! and exegetical Commentary on the book of Job (Edimburgo 1921) p.86-8g. — 8 He aquí el texto del poema de la creación, llamado Enuma elish: "(Tiamat) creó la hidra, el dragón-rojo, el gran león, el lobo espumante, el hombre-escorpión, las tempestades furiosas, el hombre-pez, el Capricornio; portadores todos de armas inexorables y sin miedo al combate. Sus órdenes son poderosas: son irresistibles. En total, creó once monstruos" (tableta I, v. 140-145). Véase R. Labat, Le poéme babylonien de la création (París 1935). — 9 Cf. Job 3:8 (véase coment.); 7:12. — 10 Cf. Sal 74:13; Is30:7- — 11 Así según la corrección de Dhorme. Lit. el TM: "en la tormenta aplasta." — 12 Así según los LXX y Vg ("leyendo beshuiot en lugar del TM, bashajat: "en la fosa"). — 13 Cf. Job 4:7; 5:22. — 14 La última frase es algo enigmática y diversamente traducida. Nuestra versión sigue a la de la Bib. de Jér.
10. Suplica a Dios para que sea mas Comprensivo
En un vigoroso discurso, Job vuelve a protestar por su inocencia, pero utiliza un nuevo argumento ante el Omnipotente que le hiere: ¿Es digno de Dios meterse tan a fondo y despiadadamente con el hombre, que al fin y al cabo es obra de sus manos? Sus designios, como Dios, tienen que ser mucho más elevados que los de un simple mortal, y, por tanto, no debe ser tan cicatero, escrutando las debilidades del hombre, que es una pobre criatura suya propensa al mal.
¿Es decoroso para Dios desdeñar la obra de sus manos? (1-13)
1 ¡Estoy hastiado de mi vida! Voy a dar curso libre a mis quejas, a hablar con la amargura de mi alma. 2 Quiero decir a Dios: "¡No me condenes, dame a saber por qué te querellas de mí!" 3 ¿Es decoroso para ti hacer violencia, desdeñar la obra de tus manos y complacerte en los consejos de los malvados? 4 ¿Tienes tú acaso ojos de carne y miras como mira el hombre? 5 ¿Son tus días los de un mortal, son tus años los años del nombre, 6 para que tengas que inquirir mi culpa y andar rebuscando mi pecado, 7 cuando sabes que no soy culpable y nadie puede librarme de tus manos? 8 Tus manos me hicieron y me formaron, ¿y vas a aniquilarme después? 9 Acuérdate que me modelaste como el barro,¿y vas a tornarme al polvo? 10¿No me exprimiste como leche, no me cuajaste como queso? 11 Me revestiste de piel y de carne, y con huesos y músculos me consolidaste. 12 Me diste vida y me favoreciste y tu solicitud guardó mi espíritu. 13¿Y me guardabas esto en tu corazón? Bien veo que esto entraba en tus designios 2.
De nuevo desahoga con toda libertad y con frases irónicas y destempladas su espíritu agitado. No comprende Job por qué Dios le trata así siendo quien es. Sabe que no puede llevar a juicio a Dios, pero no puede menos de expresar sus quejas sobre su triste situación. En su vida parece que Dios se complace en hacer violencia a los justos, dando así ocasión a que los impíos se rían y consideren triunfadores.
Se siente hastiado de su amarga existencia, y sus palabras reflejan este desesperado estado de ánimo 3. Empleando términos jurídicos, Job se presenta a Dios como un condenado, pero que quiere saber la causa de la sentencia condenatoria dada contra él: ¿Por qué te querellas contra mi? (v.2). Sabe que Dios conoce a fondo sus actos más íntimos, más que él mismo; pero quiere saber el grado de culpabilidad que pueda haber en ellos.
Por otra parte, el condenado quiere conciliar la benevolencia del terrible Juez, apelando a su carácter de Creador: el hombre es obra suya, y, por tanto, debe sentir amor hacia ella; pero parece que la desdeña4, como si sintiera cierta propensión a hacer daño, conformándose así al consejo de los perversos. Por otra parte, por el hecho de conocer Dios hasta lo más íntimo del corazón humano no debe actuar por las apariencias, como hacen los hombres: ¿Tienes ojos de carne y miras como el hombre? (v.4). No puede Dios engañarse como el hombre, ya que "el hombre mira al rostro, mientras que Dios mira al corazón."5 En consecuencia, debe valorar debidamente la profunda amargura del corazón de Job, incomprendido de los hombres y despreciado de todos. Dios es eterno, y, por tanto, no es como el hombre, que tiene los días contados y no puede hacer un estudio a fondo de los problemas. Además, no es propio de la dignidad divina andar inquiriendo las culpas de los hombres (v.6), Y Job vuelve de nuevo a declarar que es inocente a pesar de ser presa de la cólera de Dios (ν.7); con todo, ya sabe que nadie puede librarle de sus manos. Pero es obra de Dios, y por ello, después de haber mostrado su amor modelándolo de la arcilla, no es lógico aniquilarlo; esto es contradecir a sus mismos designios creadores 6. Con diversos símiles declara Job cómo Dios le ha formado cuidadosamente en el seno materno, describiendo las diversas fases de la formación del feto, primero amasado como algo líquido — como leche —, después como un queso, para revestirle, finalmente, de carne, huesos y músculos7. Esta obra preparatoria del cuerpo se ordenaba a recibir la vida — el supremo don — ·, que debía estar constantemente bajo la solicita guarda de su providencia. Todo esto no tiene sentido si iba a dejarle al fin desamparado y sumido en la mayor amargura de su alma: ¿Me guardabas esto en tu corazón? Sus designios, al principio benévolos, se convirtieron después en justicieros y punitivos hasta la crueldad.
Deseo de rehabilitación antes de morir (14-22)
14 Si peco, tú me vigilas, y de mi falta no me disculparás. 15 Si prevarico, ¡ay de mí! Si soy inocente, no podré levantar la cabeza, harto de ignominia y ebrio de penas8. 16 Y si la levanto, tú me cazarás como león, y contra mí vuelves a hacer ostentación de tu poder 9. 17 Renovarás tus pruebas contra mí como tropas de refresco. 18 ¿Por qué me sacaste del vientre de mi madre? Muriera yo sin que ojos me vieran. 19 Fuera como si nunca hubiera existido, llevado del vientre al sepulcro. 20 ¿No son pocos los días de mi existencia? 10 Retírate de mí para que pueda alegrarme un poco 21 antes de que me vaya, para no volver, a la tierra de tinieblas y de sombras, 22 tierra de negrura y desorden, en la que la claridad es como la oscuridad.
Nada se oculta a los ojos avizores de Dios; por tanto, si Job peca, al punto el acto es registrado por la vigilancia continua del Omnipotente, y aquél lleva el estigma del condenado: ¡ay de mi! Pero, si es inocente, tampoco puede levantar la cabeza, yendo con ella erguida, porque Dios descubre culpabilidad hasta en los ángeles. Dios parece, en todo caso, que está al acecho como un león para cazarlo. Es el blanco contra el que Dios hace ostentación de su poder. Constantemente está dando pruebas condenatorias contra él, que llegan sin cesar como tropas de refresco (ν.17).
En esta situación, cercado por Dios en todas direcciones, Job vuelve a desear no haber existido; la muerte en el seno materno hubiera sido para él una felicidad, pues no se habrían abierto sus ojos a tantas desdichas 11; y la tumba le habría recibido sin haber pasado por la amarga vida. Pero ya que está lanzado a la vida, y ésta es corta, pide Job a Dios que le dé un respiro para poder alegrarse en ella antes de ir a la región de los muertos — el seol — donde reinan la oscuridad y las sombras mortales; el viaje es sin retorno. En esa región subterránea no hay alegrías ni esperanzas, sino tedio y debilidad física total. Allí los difuntos en estado de "sombras" andan vagabundos, sin encontrar nada que les infunda alegría 12.
1 El TM lee: "juntamente" (yajad); leyendo 'ajar con los LXX, tenemos "después." — 2 Lit. "Yo sé que esto está contigo" (presente). — 3 Cf. Job 9:35; 11:9. — 4 Cf. Gen 31:42. — 5 Saín 16:7. — 6 Cf. Sal 139:13-16. El autor juega con las ideas de la creación inicial (Gen 2:7) y la formación de cada uno en el seno materno. — 7 Tomás distingue en estos tres actos de la formación del feto humano: "seminis resolutio, compactio massae corporae in útero mulieris, distinctio organorum." — 8 Así según una corrección seguida por Dhorme y la Biíb. de Jér. — 9 Así la Bib. de Jér. Dhorme: "Tú no cesas de distinguirte gracias a mí." — 10 Así según una corrección basada en los LXX y Sir. — 11 Cf. Job 3:11. — 12 Sobre la morada de los muertos entre los hebreos véase R. Criado, La creencia popu-ir del Anticuo Testamento en el más allá, el seol: "XV Semana Bíblica Española" (Madrid 1955).
11. Discurso de Sofar
Violentamente, el tercer amigo arremete contra las verbosidades indiscretas del arrogante Job. Es preciso responderle para que no se crea que tiene el monopolio de la verdad. En realidad, toda su tragedia se debe a pecados, aunque no lo quiera reconocer. Si Dios le comunicara algo de su sabiduría, pronto se daría cuenta que le había condonado muchas faltas. Es inútil oponerse a El. La salvación de Job está en reconocer su culpabilidad, pues así volverá a atraerse las bendiciones del Omnipotente, siendo plenamente rehabilitado en su salud y en su antigua prosperidad. Así que lo primero que debe hacer Job es abandonar su arrogante dogmatismo, poniendo en tela de juicio los designios divinos. En el fondo es un ignorante y orgulloso, pues no quiere reconocer la justicia de Dios en su vida.
Introducción: las arrogancias de Job (1-6)
1 Replicó Sofar de Naamat, diciendo: 2 ¿La multitud de las palabras no va a tener respuesta? ¿Va a ser el hombre verboso el que tenga razón? 3 ¿Tus charlatanerías van a hacer callar a los hombres? ¿Vas a burlarte sin que nadie te confunda? 4 Tú dices: "Mi doctrina es pura y estoy limpio a tus ojos." 5 ¡Ojalá hablara Dios y abriera sus labios contigo 6 para descubrirte los secretos de la sabiduría (pues son ambiguos para el entendimiento), y conocerías que Dios te ha condonado parte de tus culpas!
La locuacidad de Job no ha de quedar triunfante, pues no ha dicho más que insolencias impertinentes, algunas casi blasfemas; su actitud es intolerable, pues sus afirmaciones chocan con toda la sabiduría recibida de la tradición. Al declarar taxativamente su inocencia, no hace sino mostrar su ignorancia. Si Dios le comunicara algo de su sabiduría, pronto se daría cuenta de que son muchas las faltas que generosamente le ha condonado sin enviarle el correspondiente castigo.
La grandeza infinita de Dios (7-12)
7 ¿Podrás descubrir tú el misterio de Dios? ¿Llegarás hasta la perfección del Omnipotente? 8 Es más alto que los cielos. ¿Qué harás? Es más profundo que el "seol." ¿Qué entenderás? 9 Es más extenso que la tierra, más ancho que el mar. 10 Si pasa, aprisiona y cita a juicio, ¿quién podrá contrarrestarle? 11 Pues conoce a los hombres falaces y ve la iniquidad sin mucho reflexionar. 12 Así, el necio se hace discreto, y como pollino de onagro nace el hombre 1.
La petulancia de Job es inconcebible, ya que se atreve a discutir los designios del que es todo misterio. Dios es insondable en su vida y perfecciones. Por su inmensidad llena todo el orbe, desde la altura de los cielos a lo profundo del Seol, o región tenebrosa de los muertos; sobrepasa a la tierra y al mar. ¿Cómo va a conocer, pues, el hombre la esencia secreta de Dios y sus misterios? Toda la creación le está sometida: el cielo, la región de los difuntos, la tierra y el mar. Esta doctrina sobre la inmensidad del único Dios es propia y exclusiva de la religión hebrea 2.
Como omnipotente, dirige la historia humana y actúa sin dar cuentas a nadie: aprisiona y cita a juicio y nadie puede oponerse (v.10) 3. En realidad, esto no lo hace por capricho, sino que con su ciencia superior escudriña las intenciones de los hombres falaces y sin esfuerzo ve la iniquidad de ellos. Conforme a esta ciencia superior, envía correctivos a los hombres. Es el único medio de que el necio se haga discreto, pues el hombre al nacer es rebelde e incipiente como el onagro o asno salvaje; pero con los castigos se domestica.
Invitación al arrepentimiento (13-20)
13 Si tú dispusieras tu corazón y extendieras a El sus manos; 14 si alejaras de tus manos la maldad y no dieras acogida en tu tienda a la iniquidad, 15 alzarías ciertamente tu rostro sin tacha, te sentirías seguro y no temerías. 16 Te olvidarías entonces de las penas, o, si de ellas te acordaras, sería como de agua que pasó. 17 Y más radiosa que el mediodía surgiría tu existencia, y la oscuridad sería como la mañana, 18 y vivirías confiado de lo que te esperaba, y, sintiéndote protegido, te acostarías tranquilo 4. 19 Reposarías sin que nadie te inquietase, y muchos adularían tu rostro. 20 Pero los ojos de los malvados se consumirán, faltándoles el refugio, y su esperanza será el último suspiro.
Abundando en los mismos conceptos que los anteriores amigos, Sofar invita a Job a que reconozca humildemente su culpabilidad y se dirija suplicante al único que puede auxiliarle y rehabilitarle. La fuente de la prosperidad está en la amistad con Dios; para ello debe tener manos puras, limpias de toda mácula; sólo así puede levantarlas en oración buscando la protección divina. Sofar no tiene dudas sobre la supuesta culpabilidad de Job, ya que, de lo contrario, no se explican sus actuales acerbos sufrimientos. Por eso debe alejar de sus manos la maldad y no dar acogida en su tienda a la iniquidad; la expresión es bella y muy conforme al género de vida del semibeduino jeque edomita. Job había dicho que, aunque justo, no podía levantar la cabeza5. Sofar, al contrario, le declara que, una vez reconciliado con su Dios, podrá ir con la cabeza erguida, sintiéndose seguro (ν.15). Pero tiene que presentarse sin tacha moral, pues de lo contrario no es posible captar la benevolencia divina.
Reconciliado con Dios, volvería al estado de prosperidad, y sus actuales penalidades no quedarían en él sino como un recuerdo lejano, como el rumor del agua que ha pasado ya (ν.16). La amistad con Dios produce indefectiblemente — segϊn la tesis tradicional — la prosperidad material: la salud y la abundancia de bienes. Las penas no volverán a la tienda de Job, como no vuelve el agua que pasó. La existencia de Job volverá a iluminarse radiante como el mediodía, viviendo confiado en la protección divina (ν.18). Y de nuevo volverá a recuperar su alta posición social, de tal forma que no pocos vendrían a adular su rostro en busca de beneficios como en los tiempos de su antigua prosperidad.
La suerte de los malvados, al contrario, no puede prosperar, pues les falta la protección divina; la vida para ellos será breve — sus ojos se consumirán — y no podrán tener esperanza.
1 Verso muy oscuro y muy diversamente traducido: "Así el necio se hace sabio, y este onagro impetuoso se domestica." Dhorme: "como el pollino, se convierte en onagro sabio." — 2 Entre los babilonios se distinguían diversas divinidades según las diversas regiones: Anu, dios del cielo; Bel-Enlil, dios de la tierra; Ea, dios del mar, y Nergal, dios de la región de los muertos, el "arallu," que es el paralelo del seol hebreo. — 3 Cf. Job 9:11-12. — 4 Bib. delér.: "Lleno de esperanza vivirás en seguridad, protegido vivirás tranquilo." — 5 Cf. Job 10:15.
12. Respuesta de Job a Sofar
El primer ciclo de las discusiones se cierra con un largo discurso del infortunado Job, el cual comprende los tres capítulos siguientes. Su lenguaje es mordaz e irónico, pues también cree que sus amigos se han desmandado en sus apreciaciones sobre su verdadera situación. Todas sus argumentaciones tradicionales se las sabe él muy bien, pero precisamente su situación echa por tierra sus hipótesis: él sufre a pesar de ser inocente. Todo esto es un misterio, pues Job sabe muy bien hasta dónde se extiende la omnipotencia divina, para atreverse a oponerse a ella.
Introducción: al inocente le toca sufrir (1-6)
1 Respondió Job, diciendo: 2 Cierto que sois vosotros la humanidad toda i, y con vosotros va a morir todo el saber. 3 También tengo, como vosotros, algún seso, y no cedo ante vosotros. Esas cosas, ¿quién las ignora? 4 Ludibrio para su amigo soy yo, que clamo a Dios para que me oiga. ¡Objeto de mofa es el justo y el íntegro! 5 ¡Desprecio al desgraciado! Así piensa el dichoso,¡Una zancadilla para aquel cuyos pies están para resbalar! 6 Paz gozan las tiendas de los devastadores, y están seguros los que provocan a Dios, como si todo lo hubiera puesto Dios en su mano 2.
Irónicamente, Job les echa en cara a sus interlocutores que pretenden hablar como si tuvieran el monopolio de la verdad acumulada a través de las generaciones por la humanidad toda. Ellos se presentan como portavoces de la opinión general, pero con tanta petulancia, que dan la impresión de que con ellos va a morir todo el saber. Un poco de modestia no les vendrá mal para moderar sus afirmaciones, ya que también Job tiene algún seso y su parte de sabiduría. En realidad, las afirmaciones que ellos hacen son patrimonio común de todos: ¿quién las ignora? (v.3). Poca originalidad, pues, muestran en sus argumentaciones desconsideradas. No ven nada más que lo superficial del problema, pues su tragedia es una prueba de que el enigma del sufrimiento humano tiene raíces más profundas. Por otra parte, la experiencia le dice que los justos e inocentes son los que llevan la peor parte en esta vida, mientras que los pecadores triunfan en la vida.
Al menos él, que se considera inocente, se da cuenta de que es el ludibrio de sus amigos. Cuando éstos debieran prestarle ayuda y reconfortarle, no hacen sino aumentarle el dolor; por eso sólo le queda el dirigirse a Dios para que le oiga (v.4). Pero es una ley en la vida que los justos e íntegros son objeto de mofa por parte de los impíos. Los que se sienten dichosos desprecian al desgraciado, incapaces, en su egoísmo, de valorar la situación del que sufre. En realidad, en vez de ayudarle a sostenerse en medio de la adversidad, le ponen la zancadilla al que está ya a punto de resbalar (v.5). Es el caso de Job: apesadumbrado y en una situación de abandono total por sus sufrimientos, en vez de ser fortalecido, es despreciado y empujado hacia el abismo de la desesperación. Sus amigos, en su prosperidad, se atreven a hacer juicios fáciles sobre el problema del dolor humano, pero no saben por experiencia de qué se trata.
En realidad, su caso es uno de tantos en la vida, ya que generalmente los malvados y devastadores prosperan y tienen paz en sus tiendas, a pesar de que provocan a Dios abusando insolentemente de los bienes que les otorga (v.6).
La naturaleza proclama la sabiduría de Dios (7-12)
7 Pregunta a las bestias, y te instruirán; a las aves del cielo, y te lo comunicarán; 8 a los reptiles de la tierra, y te enseñarán 3, y te lo harán saber los peces del mar. 9¿Quién no ve en todo esto que es la mano de Yahvé quien lo hace, 10 de cuya mano depende el alma de todos los vivientes y el espíritu de todos los hombres?4 11¿No distingue el oído las palabras, como el paladar gusta la comida? 12 En los ancianos está el saber y en la longevidad la sensatez.
La contemplación de la naturaleza y la observación de los animales da la pista para encontrar la sabiduría divina, pues son obra de la mano de Dios y de El dependen en el ser todos los vivientes, particularmente el espíritu del hombre. San Pablo dirá que lo invisible de Dios se muestra en sus criaturas visibles 5. Los "sabios" del A.T. construían también su teodicea a base de la observación de la naturaleza. Como el paladar gusta normalmente y distingue los sabores de los alimentos, así el oído sabe discernir la voz de las obras de Dios, que le proclaman como sapientísimo Hacedor (v.11).
Y, sobre todo, la experiencia de las generaciones anteriores ha sabido captar el mensaje de sabiduría de la creación y el sentido de la vida, ya que la experiencia de los ancianos otorga saber, y los muchos años dan sensatez para discernir los misteriosos designios de Dios (ν.12).
Todo lleva el sello de Dios en las manifestaciones de la vida (13-25)
13 Pero en El están la sabiduría y el poder; suyo es el consejo, suya la prudencia. 14 Lo que Él destruye no puede reconstruirse; al que El aprisiona nadie le liberta. 15 Si retiene las aguas, todo se seca; si las da suelta, devastan la tierra. 16 En El están la fuerza y la sabiduría, de El son el engañado y el 'engañador; 17 El hace andar descalzos a los consejeros, y a los jueces los hace necios; 18 desciñe la cadena de los reyes 6 y les ata una cuerda a su cintura; 19 hace andar descalzos a los sacerdotes y abate a los poderosos; 20 quita el habla a los sinceros y priva a los ancianos del discernimiento; 21 arroja sobre los nobles el desprecio y suelta el cinturón de los fuertes; 22 despoja a las profundidades de sus tinieblas y saca a luz la sombra; 23 eleva a las naciones y las arruina, dilata a los pueblos y los suprime7; 24 quita el sentido a los gobernantes del país i y los hace errar en un desierto sin caminos; 25 caminan a tientas en las tinieblas sin luz, y hace que como beodos vacilen.
Este fragmento es un canto a la Providencia divina, que gobierna a los hombres de un modo misterioso, sin depender nada de ellos; la omnipotencia divina brilla por doquier, pues nadie se puede resistir a sus exigencias. Dios gobierna el mundo y a los hombres conforme a las exigencias de sus atributos superiores: sabiduría, poder, consejo y prudencia. El Dios de los hebreos no es una fuerza ciega que aplasta y crea el caos, sino que todo lo hace en "número, peso y medida"8, porque todo responde al módulo de una sabiduría y equilibrio superiores.
En frases antitéticas se va expresando el poder y sabiduría divinas: si Dios destruye, es inútil querer reconstruir, y si El aprisiona, no hay libertador posible (ν.14). Los elementos de la naturaleza estαn tambiιn sometidos a su arbitrio (ν.15). Los designios de los hombres estαn bajo su férula: el engañador y el engañado (ν.16). Humilla haciendo andar descalzos — poniéndolos en evidencia ante el pueblo — a los consejeros y a los jueces (ν.17). Las clases representativas de la sociedad nada son sin la permisiσn del que todo lo puede. Tambiιn está sobre los reyes, a los que, si están cautivos, les desciñe las cadenas, y, al contrario, si están libres, los hace prisioneros (ν.15). Con la misma libertad humilla a los sacerdotes, haciιndoles ir descalzos, y abate a los poderosos. Nadie se escapa a su control.
A los que parecen tener el don de sabiduría, como los ancianos, les quita el elemental discernimiento, haciéndolos aparecer como necios (v.20); desecha despectivamente a los nobles y liberta a los que se creen fuertes (ν.21).
El v.22 parece fuera de contexto, ya que no se trata en él de la acción de Dios en las manifestaciones de la vida social, sino en la naturaleza. Alude al poder que tiene Dios para llevar la luz a la región tenebrosa del seol, pues que hasta a aquellas profundidades se extiende su poder 9.
Dios dirige el hilo de la historia, no sólo de la vida de los individuos, sino también de las naciones; y así permite que se eleven y crezcan para después abatirlas y humillarlas (v.23). Para ello quita a sus gobernantes el discernimiento y los deja andar errantes como caravanas perdidas en el desierto, fuera de toda ruta (v.24); Por eso van como beodos, caminando a tientas y vacilantes (v.25).
Las pinceladas de Job son maestras y muestran que también él tiene algo de "sabiduría" frente a sus arrogantes amigos, que pretenden saberlo todo y en exclusiva. Pero, con todo, su problema personal es un misterio inasequible a una observación superficial, y sobre él va a hacer reflexiones profundas.
1 Litaseis vosotros el pueblo," es decir, la colectividad de los hombres. — 2 El último estico es oscuro y diversamente traducido. La Bib. de Jér.: "y que ponen a Dios en su puño." Dhorme: "al que ha llevado Dios en su mano." — 3 El TM: "o habla a la tierra." El paralelismo del contexto exige un ligero cambio de letras para leer reptiles de la tierra. Así Dhorme, Bib. de Jér. — 4 Lit. en heb. "espíritu de toda carne humana1). — 5 Rom 1:20. — 6 El TM "corrección de los reyes"; pero leyendo mosar (lazo), siguiendo al Targ. y a la Vg., tenemos una versión más adaptable al contexto. — 7 Suprime es corrección. — 8 Sab 11:21. — 9 Cf. Job 26:6; Prov 15:11; 27:20.
13. Job quiere defender su Causa ante Dios
Las afirmaciones de los amigos resultan hueras, y su posición, no exenta de petulancia al querer ponerse como defensores del Omnipotente. En realidad, Dios no necesita defensores, y menos de la categoría de los tres importunos interlocutores. Sus defensas de Dios, basadas en argumentos falsos, resultan ridiculas; son "defensas de barro," que no resisten al primer argumento serio. Lo mejor que pueden hacer es callarse, pues Job se basta para presentar su causa ante el tribunal divino. Las expresiones vuelven a ser duras y lacerantes, transidas de autenticidad. Los convencionalismos de la sabiduría tradicional nada tienen que ver con la cruda realidad de su trágica vida. Por eso, sólo Job puede expresar la hondura de su tragedia y sólo Dios puede comprenderle.
La sabiduría de los tres amigos es estulticia (1-6)
1 Ciertamente todo esto lo han visto mis ojos, lo ha oído mi oído y lo entendió. 2 Lo que vosotros sabéis lo sé yo también, no soy menos que vosotros. 3 Pero yo quisiera hablar al Omnipotente y venir a cuentas con Dios; 4 pues vosotros sois inventores de falacias, sois médicos que nada curáis 1. 5¡Quién diera que al menos callarais por completo; sería para vosotros contado como acto de sabiduría! 6 Oíd, pues, os ruego, mi querella, atended a las razones de mi defensa.
De nuevo declara que no tienen que adoctrinarle sobre los caminos de la Providencia conforme a los módulos de la sabiduría tradicional, ya que sus ojos y su experiencia le han mostrado la grandeza del poder divino en las distintas manifestaciones de la naturaleza y de la vida social, como acaba de declarar con toda nitidez. No se halla, pues, Job en situación de inferioridad respecto de sus presuntuosos interlocutores (v.2). Pero las consideraciones generales sobre las relaciones de Dios con los hombres tienen poca fuerza para resolver su caso personal, y por eso quiere abordar el problema directamente en una querella con el Omnipotente (v.3). La pretensión es inaudita, ya que desea nada menos que pedirle cuentas por la conducta que para con él tiene, a pesar de que ya declaró que querellarse ante Dios es una osadía fuera de serie, ya que de mil cargos no podría responder a uno 2.
Los tres amigos no han hecho sino basar sus argumentaciones en falacias, sin llegar al fondo del problema; son como médicos que pretenden aplicar remedios, pero que resultan inútiles e ineficaces (v.4). Lo mejor que podían hacer ante su caso es callar; al menos esto sería un signo de sabiduría, pues reconocerían que se hallan ante un problema que no se puede resolver con los tópicos de la tradición sobre la remuneración en esta vida. Supuesta la ignorancia sobre el problema de su vida, les invita a que oigan su querella, expuesta con toda valentía ante Dios.
Dios no necesita de defensas falsas (7-12)
7 ¿Queréis, para justificar a Dios, usar de falsedad, defenderle con mentiras? 8 ¿Queréis mostraros como parciales suyos, ser los abogados de su causa? 9 Sería bueno que Ellos sondease. ¿Queréis poder engañarle como se engaña a un hombre? 10 El ciertamente os reprendería con severidad, si secretamente pretendéis aparecer como parciales suyos. 11 Su majestad, ¿no os aterrará, no os llenará de espanto? 12 Vuestros apotegmas son verdades de polvo, vuestras réplicas son respuestas de barro.
Con toda crudeza les echa en cara que sus argumentaciones son sofísticas, y, por tanto, inadecuadas para defender la conducta de Dios para con los hombres (ν.7); por otra parte, resulta ridνculo que ellos quieran mostrarse parciales para ayudar al Omnipotente (v.8). Además, al emplear argumentaciones falaces corren el peligro de ser sondeados por el que es veraz por esencia, y entonces quedarán en evidencia por sus frágiles posiciones mentales. A Dios no se le puede engañar (v.9); su santidad y veracidad terminarían por acarrearles una severa reprensión por haber querido justificar su providencia con fundamentos falsos (v.10). Que piensen lo que significa abordar la majestad del Omnipotente (v.11). A la hora de la verdad ante el juicio de Dios, sus afirmaciones solemnes y apotegmas resultarán pulverizadas y menos consistentes que el barro.
Apelación solemne a Dios (13-19)
13 Callad y dejadme que hable yo, y venga sobre mí lo que viniere! 14 ¡Yo tomo mi carne en mis dientes y coloco mi vida en las palmas de mis manos! 3 15 Aunque El me matara, no me dolería, con tal de defender ante El mi conducta4, 16 Y esto me servirá de salvación, pues el impío no se atrevería a comparecer en su presencia5. 17 ¡Oíd atentamente mis palabras, prestad oído a mi razonamiento! 18 He aquí que he preparado mi proceso, consciente de que he de tener razón. 19 ¿Quién pretende litigar conmigo? Porque si, resignado, callara, moriría.
Con toda audacia, Job va a presentar crudamente su problema ante el tribunal divino, consciente de su responsabilidad, que asume con arrogancia; pero sabe que Dios no desecha la justicia, y él se considera justo; y esto es ya una prenda de absolución ante el tribunal divino.
Midiendo su resolución, invita a callar a los amigos, aceptando lo que Dios quiera enviarle (ν.13). Sabe que se expone a un peligro: tomo mi carne en mis dientes...; la expresiσn, que aparece en otros lugares bνblicos, tiene el sentido de exponer la vida al peligro 6. El símil parece tomado de la fiera que lleva su presa en la boca sin soltarla, aun exponiéndose a todos los peligros de sus perseguidores7. Job, aunque se expone al peligro de ser muerto al enfrentarse con la majestad divina, sin embargo, su conciencia de inocente le da fuerzas para defenderse ante su faz (ν.15). En tealidad, comparecer ante Dios en este estado de αnimo es una garantía de salvación, ya que el impío, con sus remordimientos de conciencia, no osaría presentarse a un juicio abierto ante Dios (ν.16). En estilo profético, Job pide atención para lo que va a decir, pues va a comenzar su defensa, que tiene cuidadosamente preparada para el proceso que se va a entablar; y la fuerza de su argumentación está precisamente en la conciencia de no ser culpable; y, por tanto, está seguro de que el Dios justo le ha de dar la razón (ν.18). En este estado de ánimo desafía al que pretenda litigar con él. Siente ansias de mostrar su inocencia oficialmente en un proceso; en caso contrario, no siente ilusión por seguir viviendo (v.19).
¿Cuáles son las razones de Dios para castigar a Job? (20-28)
20 Sólo dos cosas no hagas conmigo, y entonces no me esconderé de tu presencia. 21 Aleja de mí tu mano y no me espante tu terror. 22 Después convoca (al debate), y yo responderé, o hablaré yo y tú me replicarás. 23 ¿Cuántos son mis delitos y pecados? Dame a conocer mi transgresión y mi ofensa. 24 ¿Por qué esconderme tu rostro y tenerme por enemigo tuyo? 25 ¿A una hoja que arrebata el viento infundes terror y a una paja seca persigues, 26 dictando contra mí sentencias de amargura e imputándome las faltas de mi mocedad? 27 Pones en el cepo mis pies, acechas todos mis pasos, señalas las huellas de mis pies. 28 Me deshago como leño carcomido, como vestido que roe la polilla 8.
Para presentar su querella pide dos cosas: que no le aterre la presencia divina ni le castigue antes de oírle; es una garantía mínima para exponer con libertad las pruebas de su inocencia. Garantizada su libertad de expresión y su seguridad personal, Job está dispuesto a acudir al debate y a responder a lo que se le pregunte, o, en caso contrario, a preguntar él para que Dios responda. La disyuntiva es atrevida, y responde bien al desparpajo con que Job se despacha en todas sus afirmaciones.
Con toda franqueza pide a Dios que le presente los cargos que contra él tiene: ¿cuantos son mis delitos?. (v.25). Se siente tan seguro de su inocencia, que pide se le diga en qué consiste su transgresión (v.23). ¿Por qué está irritado contra él y esconde su rostro? 9 ¿Qué le ha hecho para que le trate como un enemigo? Y si ha cometido alguna falta, ¿hay proporción entre ella y los sufrimientos que le ha impuesto? En realidad, es extraño que se meta tan a fondo con una cosa tan frágil e insignificante como el ser humano. Job, ante su presencia, es como una tenue hoja arrebatada por el viento, y parece indigno de Dios el perseguirle despiadadamente (v.25).
Por otra parte, la requisitoria de Dios contra Job está fuera de lugar, ya que parece pedirle cuenta de culpas antiguas de su juventud (v.26), que son propias de todo ser humano y frágil10.
Dios tiene a Job como a un prisionero con sus pies en el cepo; y si le deja algún tiempo libre, le acecha y señala inquisitorialmente las huellas de sus pies (v.27).
El v.28 parece fuera de lugar, y encuentra su lugar más propio después de 14:2, donde se habla de la debilidad humana. El ser humano es una cosa sin consistencia que se deshace como leño carcomido o como vestido roído por la polilla. El símil tiene especial aplicación al cuerpo de Job, que por momentos se descompone bajo los efectos de una enfermedad purulenta.
1 Lit. "sois unos médicos vacuos todos vosotros." — 2 Cf. Job 9:3. — 3 El TM dice: "¿Por qué voy a tomar mi carne entre mis dientes y exponer mi alma en mis palmas?" Nuestra versión sigue a los LXX, y es aceptada por la Bib. de Jér., Dhorme, Robín, Steinmann. — 4 Así siguiendo una corrección propuesta por Dhorme, La Bib. de Jér.: "El puede matarme; yo no tengo otra esperanza que justificar delante de El mi conducta." — 5 Bib. de Jér.: "Esta audacia anuncia mi liberación, pues un impío..." — 6 Cf. Sam 19:5; 28:21; Sal 119:109. — 7 En egipcio la expresión tiene el mismo sentido, Véase Q. Holscher, Pas Buch Hiob (Tubinga 1952) p.57. — 8 Lit. el TM: "él como cosa podrida..." Dhorme cree que este estico debe ponerse después de 14:2, donde encuentra excelente contexto. — 9 La expresión esconder Dios su rostro de αίςιιηο significa que le retira su protecciσn; cf- Is 54:8; Sal 28:9. — 10 Cf. Sal 25:7.
14. La miseria de la Vida Humana
Siguiendo la consideración de la fragilidad humana, Job destaca el carácter efímero de la vida del hombre, su propensión al mal y su fin sin esperanza. En sus ansias de pervivencia desea ir al Seol hasta que pase el furor desencadenado de Dios. Pero su destino es desaparecer para siempre. Generalizando su caso, Job traslada su perspectiva a la del hombre en general; la suerte del ser humano es peor que la del árbol, pues éste, una vez cortado, reverdece, mientras que el ser humano no vuelve a recuperar la vida.
La brevedad de la vida humana (1-6)
1 El hombre, nacido de mujer, corto de días y harto de inquietudes, 2 brota como una flor y se marchita, huye como sombra sin pararse. 3 ¿Y sobre un tal abres tus ojos y le citas a juicio contigo? 4 ¿Quién podrá sacar pureza de lo impuro? Nadie" 5 Si sus días están determinados, si es conocido de ti el número de sus meses, si fijaste su límite, que no ha de traspasar, 6 aparta de él tu mirada y déjale hasta que como mercenario cumpla su jornada.
La vida del hombre es efímera y llena de miserias. Nacido de un ser frágil, la mujer 2, tiene contados los días de su existencia, y éstos están amasados en lágrimas e inquietudes (ν.1). Su vida es tan inconsistente como una flor que brota tímidamente y con los primeros rayos solares se marchita y agosta; todo en él es cambio como la sombra pasajera. No pueden emplearse símiles más apropiados para reflejar el carácter efímero de la vida humana.
Supuesta esta fragilidad, resulta extraño que el Omnipotente, que permanece por siempre, ponga los ojos sobre él, citándolo a juicio (v.3). Por otra parte, el hombre, nacido de mujer, lleva ya una mácula de impureza, no sólo física, sino moral, por proceder de un ser que también lleva el sello de lo impuro. Los teólogos antiguos han visto en este versículo una alusión al pecado original, I pero nada en el contexto avala esta interpretación. En la literatura bíblica del A.T. es corriente la idea de que el hombre es propenso al mal y que recibe una naturaleza contaminada en cuanto que está inclinada desde el nacimiento al pecado 3; pero no se relaciona esto con el relato del pecado original4. La doctrina de la transmisión del pecado original encuentra su base primera en la argumentación de San Pablo en la Epístola a los Romanos 5.
Habida cuenta de la vida efímera del hombre, parece que Dios debiera dejarlo en paz para que como mercenario cumpliera su jornada, sin hacerle sufrir más de lo que implica ya su vida agitada y en constante tensión espiritual (v.6).
La suerte del hombre, peor que la del árbol (7-12)
7 Porque para el árbol hay esperanza: cortado, puede retoñar, sin que cesen sus renuevos; 8 aunque haya envejecido su raíz en la tierra y haya muerto en el suelo su tronco, 9 al olor del agua rebrota y echa follaje como planta nueva. 10 Pero el hombre, en muriendo, queda inerte, y expirando, ¿dónde está? 11 Se agotarán las aguas en el mar, secaráse un río y se consumirá; 12 pero el hombre, una vez que se acuesta, no se levantará jamás. Hasta la consumación de los cielos no se despertará, no surgirá de su sueño.
El árbol cortado vuelve a retoñar y sus renuevos surgen con nuevo vigor. En cambio, el hombre, una vez muerto, desaparece, sin volver a surgir sobre la tierra. Se secarán los ríos, desaparecerán las aguas del mar, se consumarán los cielos, pero el hombre no vuelve a aparecer, sino que seguirá en su sueño eterno. En estos versículos se echa de ver cómo en el libro de Job no hay perspectiva de supervivencia dichosa en ultratumba. La vida en el seol no merecía el nombre de tal, porque los difuntos llevan allí una existencia sin vigor ni consistencia, entregados a una especie de sopor de "sombras." Sólo en el libro de la Sabiduría se encontrará la idea de la vida en Dios en un sentido más perfecto que la actual sobre la tierra 6.
Deseos de ocultarse en el seol mientras duren sus sufrimientos (13-17)
13 ¡Quién me diera que me escondieses en el "seol" y allí me ocultaras hasta que se aplacara tu ira, fijando un término para volver a acordarte de mí! 14 Si, muerto, el hombre reviviera, esperaría que pasara el tiempo de mi milicia hasta que llegara la hora del relevo. 15 Llamaríasme entonces, y yo te respondería, y te mostrarías propicio a la obra de tus manos. 16 Y, en vez de contar, como ahora, mis pasos, no espiarías más mis pecados. 17 Sellarías como en un saco mi transgresión y borrarías mi iniquidad.
En su deseo de supervivencia, Job ansia ser escondido temporalmente en la región de los muertos mientras se aplaca su ira. No quiere vivir en enemistad con su Dios, pues resulta insoportable su terrible cólera; sería feliz si pudiera temporalmente sustraerse a ella, aunque tuviera que vivir en la región tenebrosa de las sombras. Pero eso sólo en el supuesto de que fijara Dios un término para que de nuevo se acordara de él. Tiene ansias de vivir, pero reconciliado con Dios y disfrutando de los beneficios que otorga su amistad, como en otro tiempo de su próspera vida.
La esperanza de volver a la vida alegraría su existencia en el seol, y tomaría este lapso de tiempo en la región tenebrosa como el de su milicia, duro, pero que al fin se termina a la hora del relevo (ν.14), que serνa la hora de la reconciliaciσn con Dios, El Creador volvería a recuperar su criatura y mostrarse propicio a la obra de sus manos, y entonces, en lugar de andar espiando sus pasos para castigarle, como hace ahora, se mostraría benevolente, cancelando sus transgresiones y sellando sus pecados para que no apareciesen a su vista, como cuenta ya pasada y saldada.
Pero no hay esperanza de salir del "Seol" (18-22)
18 Pero ¡ay! que el monte se desmorona, y se remueve de su lugar la roca, 19 y el agua corroe las piedras, y se lleva la inundación los terrones, y por modo semejante destruyes la esperanza del hombre. 20 Tú le asaltas, y se va para siempre; cambia su rostro, y lo despachas. 21 Tengan honores sus hijos, él no lo sabe; sean despreciados, él no lo advierte; 22 sólo él siente los dolores de su carne, sólo sobre sí llora su alma.
La esperanza, antes expresada, de volver a la vida después de la muerte, es una vana ilusión, pues la vida del hombre se desgasta paulatinamente como el monte que se desmorona. Los elementos materiales más duros y estables, como los montes y las rocas, se desgastan; hasta las piedras son corroídas lentamente por la acción persistente del agua que cae. Del mismo modo, la esperanza de vivir en el hombre se va evaporando a medida que pasan los días (v.19). Por fin llega el momento en que el ser humano recibe el asalto de Dios, que le arrebata el aliento vital, y se va para siempre; se convierte en cadáver (cambia su rostro) y desaparece de la escena de este mundo para entrar en la región tenebrosa del seol. Y todo porque Dios lo ha determinado así. Después el olvido oculta su recuerdo; el difunto no sabe nada de lo que pasa sobre la tierra, ni a sus mismos hijos (ν.21). En la regiσn de los muertos, el difunto piensa sólo en su triste suerte (v.22).
Con estas palabras se cierra el primer ciclo de discursos de Job y sus amigos. Elifaz invita a Job a volver a Dios en nombre de una revelación especial que ha recibido; Bildad supone que los hijos de Job han pecado, e invita a reflexionar sobre la experiencia de las generaciones pasadas; por fin, Sofar canta la grandeza de Dios y muestra que sólo el arrepentimiento de los pecados puede hacerle recuperar la felicidad pasada, y aun sobrepasarla. Job responde a estas argumentaciones, que son puras falacias y que, lejos de reconfortarle, no han hecho más que abrirle más la herida. En vista de que no le dan luces sobre su tragedia, él mismo va a tratar de esclarecerla ante el tribunal divino.
1 Así Dhorme y Bib. de Jér. TM: "que descanse*. — 2 Cf. Lev 15.195; 12:28. — 3 Cf. Is 48:8: "Tu nombre es prevaricador desde el seno"; Sal 58:4: "los pecadores son pervertidos desde el seno." — 4 Cf. Gen 3:1s. Sobre el pecado original en estos textos véase A.-M. Dudarle, Le peché originel dans V Ecriture (París 1958) p.22s. Véanse, además, W. Eichrodt, Theologie des Alten Testament III (1935) p.81-118; Procksch, Theologie des Alten Testament (1950) p.640. — 5 Cf. Rom 5:12-21. — 6 Cf. Sab 3:1s.
Segundo Ciclo de Discusiones (c.15-21)
15. Segundo Discurso de Elifaz
Con este capítulo se abre un nuevo ciclo de discusiones, que se cerrará en el c.21. Las argumentaciones vuelven a repetirse, sin que se abran nuevas perspectivas: Job es pecador y debe reconocer sus faltas antes de esperar la rehabilitación. Los pecadores reciben su castigo en este mundo. Es la tesis tradicional, que ya hemos visto en los capítulos anteriores.
Elifaz ataca violentamente a Job por sus declaraciones insolentes, rayanas en la impiedad. En realidad no sabe nada, pues desprecia la sabiduría y experiencia de las generaciones pasadas. El ser humano es por naturaleza pecador, y Job no va a ser una excepción. Por otra parte, los impíos son severamente castigados, y al fin tienen una muerte desastrosa, siendo pasto de las aves de rapiña. Sus hijos serán estériles, y su casa pasto del fuego.
Reproches al pretencioso Job (1-6)
1 Entonces replicó Elifaz de Teman, diciendo: 2 ¿Es de sabios responder con vanos razonamientos y llenar su vientre de viento solano, 3 arguyendo con palabras vanas y con razones inconsistentes? 4 Pero es más: tú destruyes la piedad y socavas la meditación ante Dios. 5 Pues tu falta inspira a tu boca, y adoptas el lenguaje de los astutos. 6 Es tu boca, no soy yo, quien te condena; son tus labios los que atestiguan contra ti.
Elifaz representa, dentro de los interlocutores, la moderación, pues procede de la patria y capital de la sabiduría, Teman. Sus afirmaciones son siempre graves. Con toda delicadeza había insinuado a Job que hiciera examen de conciencia sobre su vida para reconocer sus faltas y volverse a Dios; pero el infortunado varón de Hus reacciona con violencia y se niega a admitir culpabilidad en su conducta, y, en consecuencia, considera su situación actual como totalmente injusta. Por eso ahora las palabras de Elifaz son más duras y punzantes, no exentas de sangrante ironía. Los razonamientos de Job son vanos y son nocivos como el viento solano, que todo lo agosta (v.2). El hombre debe tener dentro ideas serias. Las razones hasta ahora expuestas son inconsistentes (ν.3).
Pero Job ha hecho afirmaciones tajantes que comprometen la piedad para con Dios, ya que pone en duda la justicia de su providencia. Esto es socavar los cimientos de la meditación religiosa sobre Dios (v.4). Las declaraciones de Job son falaces, pues trata de querer salvar su responsabilidad negando su culpabilidad; y para ello adopta un lenguaje de astutos, que no está en consonancia con las exigencias de la justicia. Por su propia boca se condena, según él mismo había declarado: "si soy justo, mi boca me condena." 1
El hombre es por naturaleza pecador (7-16)
7 ¿Eres tú por ventura el primer nacido? ¿Has sido concebido antes que las colinas? 8 ¿Has oído las confidencias de Dios, y acaparas para ti la sabiduría? 9 ¿Qué sabes tú que nosotros no sepamos? ¿Qué entiendes tú que no entendamos nosotros? 10 También hay entre nosotros ancianos encanecidos de más edad aún que tu padre. 11 ¿Tienes en poco los consuelos de Dios y las blandas palabras que te dirigimos? 12 ¿Cómo te arrastra tu corazón y por qué centellean tus ojos? 13 Pues vuelvese contra Dios, y salen de tu boca injurias contra EL 14 ¿Qué es el hombre para creerse puro, para decirse justo el nacido de mujer? 15 Si ni en sus santos se confía ni los cielos son bastante puros a sus ojos, 16 ¡cuánto menos un ser abominable y corrompido, el hombre, que se bebe como agua la impiedad!
Las afirmaciones de Job resultan pretenciosas y arrogantes, como si estuviera él por encima de todas las especulaciones sapienciales de la antigüedad. Sus argumentaciones están en contra del común sentir de las generaciones pasadas, y, por tanto, es un engreído al querer resolver el problema del sufrimiento por nuevos caminos, diversos de los comúnmente aceptados, ¿Es que se halla por encima de los demás mortales, participando de las confidencias de la inasequible sabiduría divina? Sólo Dios posee la sabiduría en su plenitud 2. Si Job es hombre como los demás, no tiene unos conocimientos especiales que sus amigos no tengan (v.9). Ha invocado la sabiduría de los antiguos para confirmar sus puntos de vista 3, pero también sus amigos han tratado con ancianos encanecidos de más edad que su padre; y, por tanto, tradición por tradición, tanto vale la de ellos como la de Job, o más. Por otra parte, es un desagradecido, pues ha despreciado los consuelos de Dios — las revelaciones nocturnas de que hablaba Elifaz4 — y las blandas palabras que le habían dirigido al principio. Job las desprecia con toda insolencia5.
En los ojos se nota una animosidad que refleja los pensamientos de su corazón, y de su boca salen dicterios blasfemos contra Dios (ν.15). Esto es intolerable, pues no quiere reconocer su culpabilidad. En realidad, no hay ningϊn hombre inocente ante Dios. Los v.14-15 reproducen las palabras de Elifaz pronunciadas en el primer discurso 6. El hombre, por naturaleza, es pecador 7, pues nace ya de una mujer pecadora; no tiene nada de particular, pues, que Dios castigue sus faltas, ya que hasta en sus santos — los ángeles — no se confia, ni los cielos con su firmamento azul purísimo son dignos de la santidad de Dios (ν.15). Mucho menos lo serα el hombre, que por debilidad y costumbre prevarica y bebe como agua la impiedad. El sνmil es vigoroso, y refleja bien la naturaleza humana pecadora, que se deja llevar siempre por lo más difícil; y lo más fácil es apartarse de Dios. Aunque no se aluda en estas argumentaciones al hecho del pecado original, no obstante, se da por supuesto que la naturaleza del ser humano está radicalmente inficionada y es propensa al mal8.
Los impíos son inexorablemente castigados en esta vida (17-35)
17 Voy a explicarte, escúchame, y voy a contarte lo que vi, 18 lo que enseñaron los sabios, lo que no ocultaron (recibido) de sus padres, 19 aquellos a quienes sólo fue dada la tierra, sin que pasara el extranjero por medio de ellos. 20 Todos los días sufre tormento el perverso, y están contados los años reservados al tirano. 21 Suenan a sus oídos gritos de espanto, en tiempo de paz se ve asaltado por el devastador. 22 No confía escapar de las tinieblas, y (se considera) destinado a la espada. 23 Es dado en pasto a los buitres9, sabe que su ruina es inminente10. 24 El día tenebroso le aterra, la ansiedad y la angustia le acometen como rey pronto al asalto, 25 porque extendió su mano contra Dios, y se hizo fuerte contra el Omnipotente, 26 y corrió contra El con erguida cerviz, protegido por sus espesos escudos. 27 Porque tenía su rostro * abotagado de gordura, y de grosura sus lomos; 28 y habitaba ciudades derribadas, casas deshabitadas, destinadas al montón de ruinas. 29 No se enriquecerá ni se mantendrá su opulencia, ni su sombra se extenderá sobre la tierra11. 30 No escapará a las tinieblas; sus renuevos los desecará la llama, y su flor será arrebatada por el viento 12. 31 No se fíe de su tallo elevado, pues sabemos que es vanidad13; 32 antes de tiempo se marchitarán sus sarmientos, y su ramaje no reverdecerá. 33 Dejará caer, como la viña, su agraz, y, como el olivo, dejará caer sus flores. 34 Pues la casta de los impíos es estéril, y el fuego devora las tiendas del soborno. 35 Concibe maldad y engendra desventura, y nutre en su seno el desengaño.
Haciéndose eco del sentir de la tradición, Elifaz va a demostrar que el impío recibe su merecido en esta vida por sus transgresiones. Aunque tiene su propia experiencia sobre el particular, quiere reforzar sus afirmaciones presentándolas a la luz de la sabiduría tradicional. Los sabios recibieron su ciencia de sus padres, y ellos representan una edad de oro dentro de la historia de Israel, pues se remontan a los tiempos en que eran dueños de su tierra en Canaán, sin que entrara y pasara por medio de ellos el extranjero (v.19). Después del exilio, la tierra santa fue contaminada por la presencia de los extranjeros, y por ello la "sabiduría" del pueblo de Dios se mixtificó; pero hubo tiempos anteriores, más gloriosos, en los que imperaba la ley de Dios en su pureza. Y de esa época arrancan las observaciones que va a formular. Esta introducción enfática es una invitación a Job para que entre en razón y acate la voz de la más antigua tradición.
El perverso lleva una vida de angustia continua, y el tirano tiene sus días contados (v.20). El reproche de la conciencia es un aguijón que le espolea constantemente, y el temor de los males futuros le da espanto (ν.21); particularmente se halla expuesto a la incursión del bandido devastador. Su vida se desarrolla triste y tenebrosa lejos de la luminosidad que proporciona la tranquilidad de conciencia y la felicidad (v.22). Vive en constante sobresalto, pues sabe que está destinado a la espada. Prevé su fin desastroso, y se considera ya entregado como pasto a las aves de rapiña (v.23). Vive en continua ansiedad, como el rey que tiene que lanzarse al asalto en el campo de batalla. Negros presagios oscurecen su mente (v.24).
Toda esta situación de inquietud y de angustia tiene por origen su conducta fuera de la ley divina: extendió su mano contra Dios, despreciando sus leyes, manteniendo una actitud de desafío contra el Omnipotente (v.25); en su ceguera, se ha aprestado a atacar a Dios, creyéndose seguro en sus espesos escudos, es decir, en sus éxitos momentáneos. La prosperidad actual ciega sus ojos, creyendo que puede impunemente prescindir de la Providencia; pero todo esto es un castigo y efecto de su vida desordenada. Preocupado sólo de darse buena vida, se ha embrutecido y tiene un rostro abotagado y un cuerpo bestializado (v.27)14. Sembrando la devastación y la ruina, el tirano vive en ciudades derribadas, imperando sobre la miseria y el caos (v.28).
Pero su éxito será momentáneo, pues, llegada la hora del castigo, no escapará a las tinieblas de la muerte, y sus retoños no reverdecerán, y aunque tengan un tallo elevado y vigoroso, su base es vanidad, y se marchitará antes de tiempo, como la vid que deja caer los racimos en agraz, y como el olivo que deja caer sus flores sin dar fruto.
Dios castiga al impío negando fecundidad a su descendencia y haciendo que pierdan sus mal adquiridas riquezas — a base de soborno —, pues, en definitiva, el que concibe maldad, engendra desventura; aunque de momento parece prosperar, sin embargo, se engaña a sí mismo: nutre en su seno el desengaño (v.35). Es la conclusión general que se deduce de la experiencia de la vida, tal como la formulan los mejores representantes de la "sabiduría" tradicional.
1 Job 9:20. — 2 Cf. Prov 8:22-31. — 3 Cf. Job 12.125. — 4 Cf. Job 4:12s. — 5 Cf. Job 16:2b; 21:34. — 6 Job 4:17-19. — 7 Job 7:17; 13:26. Véase coment. — 8 Gen 6:5. — 9 Así siguiendo a los LXX. Aceptada por Dhorme y Bib. de Jér. — 10 Corrección según los LXX. — 11 Así según los LXX. — 12 Corrección siguiendo a los LXX. — 13 Corrección seguida por Dhorme y Bib. de Jér, — 14 Cf.Jer 5:28; Sal 64:7.
16. Respuesta de Job a Elifaz
El desventurado varón de Hus siente su corazón lacerado al ver la incomprensión de sus amigos. Si ellos estuvieran en su situación, también él pudiera hilvanar fáciles discursos, dando consejos al paciente. Pero su situación es trágica, ya que se siente abandonado no sólo de sus amigos, sino del mismo Dios, que le envuelve con su furor; pero, con todo, sabe que tiene un Abogado en el cielo y que, al fin, se le hará justicia. Su espíritu se debate entre la desesperación al verse a las puertas del sepulcro y la esperanza lejana de ser rehabilitado por el que es la Justicia misma.
Los vanos discursos de los tres amigos (1-5)
1 Respondió Job, diciendo: 2 ¡He oído ya muchos discursos semejantes! ¡Funestos consoladores sois todos vosotros! 3 ¿Tendrán término los vanos discursos, o qué es lo que a responder así te incita? 4 También podría yo hablar con vosotros, si vosotros estuvierais en mi lugar. Podría hilvanar palabras a costa vuestra y mover mi cabeza sobre vosotros. 5 Os alentaría con mi boca y daría rienda suelta a mis labios.
En realidad, para Job sus amigos no han hecho sino enunciar tópicos e ideas vanas, sin consistencia racional alguna. Sus consuelos son tan fuera de lugar, que, lejos de aminorar su dolor, lo aumentan. Parece que sienten necesidad mórbida de decir despropósitos; y resultaría fácil componer discursos tan falaces y hueros si ellos estuvieran en su triste situación, y aun mover la cabeza sobre ellos en señal de compasión (v.4). Es fácil alentar con palabras cuando se goza de buena salud, pero no tanto soportar la adversidad en su total crudeza.
Situación desesperada de Job (6-14)
6 Si hablo, no se calma mi dolor; si callo, ¡qué se va a apartar de mí! 7 Ciertamente ahora la malquerencia me ha extenuado, toda su banda se apodera de mí *. 8 Se levanta contra mí como testigo de cargo y depone contra mí con calumnias 2. 9 Su furor desgarra y me persigue, rechinando contra mí sus dientes. Mi adversario aguza sus ojos contra mi. 10 Abren su boca contra mí, abofetean con afrenta mis mejillas, todos a una se apretujan contra mí. 11 Dios me entrega a los impíos, me arroja en manos de los perversos. 12 Estaba yo tranquilo, y El me sacudió, me tomo por el cuello y me estrelló. Púsome por blanco suyo. 13 Cércanme sus proyectiles, me traspasa mis ríñones sin piedad, derrama por tierra mi hiél. 14 Abre en mí brecha sobre brecha y corre contra mí como un guerrero.
Job se presenta como un acusado contra el que es lícito desahogar todas las calumnias y malquerencias. Sumido en aflicción extrema, no sabe si debe hablar, ya que esto no alivia su dolor, y, si calla, se consume interiormente en la meditación. Con toda franqueza declara su triste situación, y presenta a sus enemigos como una banda de forajidos enfrentados en juicio contra él, sin darle respiro y acumulando acusaciones y calumnias, sin que pueda defenderse (v.8). Son como una fiera que se lanza sobre la presa, desgarrándola y rechinando con sus dientes, lanzándole miradas desafiadoras (v.9). Todos los acusadores se permiten atacarle impunemente y aun abofetearle sin compasión (v.10) 3.
Y Dios permite esta burla, entregándolo en sus manos (v.11). Guando más tranquilo estaba, gozando de su fortuna y paz familiar, Dios le sacudió, y, en lucha personal cuerpo a cuerpo, le cogió por el cuello y le estrelló, convirtiéndolo en blanco de sus saetas mortíferas. Como un implacable guerrero, abre brecha en su ciudadela — familia, fortuna y salud corporal — y se abalanza contra él.
Declaración solemne de inocencia (15-22)
15 He cosido un saco sobre mi piel, he revuelto mi frente en la ceniza; 16 está mi rostro enrojecido por el llanto, y sobre mis párpados hay un velo sombrío, 17 aunque no hubo violencia en mis manos y fue pura mi oración. 1S No cubras, ¡oh tierra! mi sangre, y no haya lugar para mi clamor. 19 Ahora, pues, en los cielos está mi testigo, y allá arriba está mi fiador. 20 Mi clamor ha llegado hasta Dios4, las lágrimas de mis ojos corren ante El. 21 ¡Oh si hubiera arbitro entre Dios y el hombre, como lo hay entre el hombre y su prójimo! 22 Pues están contados los años que me restan, y es sin vuelta el camino por do voy.
A pesar de la situación deplorable en que se halla, tiene conciencia de ser inocente ante Dios, aunque no lo reconozcan los hombres. Consciente de haber sido tocado por el dedo justiciero de Dios, se ha vestido de atuendo de duelo, arrojándose en el suelo para revolcarse en la ceniza en señal de depresión moral y humillación ante Dios 5. Sumergido en el más profundo dolor, sus ojos están enrojecidos por el llanto, y sus parpados están cubiertos por espeso velo de tristeza y amargor. Sin embargo, a su entender, esta situación no está justificada, porque su conducta fue irreprochable, ya que nunca empleó la violencia y la opresión, y, por otra parte, su oración ha sido pura y sincera (ν.17).
En un arranque de inocencia, pide a la tierra que al morir no cubra su sangre, para que ésta clame al cielo como la de Abel, pidiendo justicia y rehabilitación de su nombre ante la sociedad6. En Is 26:21 se dice de los muertos que han de resucitar para incorporarse a la teocracia mesiánica: La tierra hará aparecer la sangre que ha bebido, no encubrirá mas sus muertos. Job quiere que su grito de inocencia resuene en todo lugar, aun en lo más recóndito.
Abrumado por el dolor, en un desahogo genial, declara que el único que puede hacer valer sus derechos de inocente es el testigo que está en los cielos. Del Dios verdugo pasa aquí Job al Dios justo. Estas paradojas psicológicas se repiten a menudo en el drama de Job. Es el misterio del dolor y la certeza de que Dios es justo y providente; por tanto, aunque momentáneamente parece abandonar al justo, sin embargo, a la postre le ha de hacer justicia. Job, consciente de la justicia divina, espera, contra toda actual apariencia, que al fin se le reconozca como inocente, pues en lo alto está su fiador, que ha de salir por sus derechos, como en efecto ocurrirá al final del drama del libro: Dios rehabilitará a Job, amonestará a sus importunos amigos y declarará que los caminos de la Providencia son misteriosos e inasequibles al hombre.
Job siente cierta satisfacción íntima — en medio de la incomprensión general — al ver que su clamor ha llegado a Dios (v.20). Inesperadamente ha sentido cierta íntima seguridad de que al fin se le hará justicia. En 19:25 volverá a repetir esta luminosa confianza en la recuperación de la amistad divina. Como en Seol, vuelve a expresar el deseo de que hubiera un arbitro para dirimir el litigio entre Dios y él mismo. Sería el mejor modo de hacer brillar al punto su inocencia, ya que Dios está lejano, y en sus misteriosos designios puede aún retrasar su intervención en su favor. Sabe que le quedan pocos años, y le urge la pronta rehabilitación antes de emprender -el viaje sin retorno a la región de los muertos (v.22).
1 Texto oscuro. Siguiendo una corrección propuesta por Dhorme y seguida por la Bib. de Jér., creemos que el sujeto de los verbos es la personificación de la rna{querencia o del adversario en un juicio. Algunos autores, sin embargo, prefieren poner como sujeto de estos verbos a Dios, que aparece por primera vez en el v.u. — 2 Así la Bib. de Jér. — 3 Cf. Sal 22:14. — 4 Así siguiendo a los LXX. El TM: "mis amigos son mofadores." — 5 Véase coment. a 1:20. — 6 Cf. Gen 4:10-11.
17. La Proximidad de la Muerte
Siguiendo la idea de que su vida se acaba, Job vuelve a resaltar sus dolores en medio de la incomprensión de sus amigos. Es el ludibrio de las gentes; la vida se desvaneció, y sólo queda el sepulcro como próxima morada, donde serán los gusanos su madre y sus hermanos.
La incomprensión de los amigos (1-6)
1 Mi espíritu se extingue, mis días se acaban, sólo me queda el sepulcro. 2¿No soy objeto de mofa, y mis ojos no pasan entre amarguras la noche? 3 Depositada, pues, mi fianza junto a ti, ¿quién entonces habría de tocar mi mano? 4 Has cerrado su mente al conocimiento1, pero no dejarás que prevalezcan. 5¡Invita uno a sus amigos a la presa, mientras desfallecen los ojos de sus hijos! 6 Me ha hecho la fábula de las gentes, soy como aquel a quien se le escupe en la cara.
Urge la venida de su Defensor, pues su vida se consume por momentos, y apenas queda ya esperar, pues sólo le queda — si no interviene Dios milagrosamente — el sepulcro. Entre sus amigos no encuentra apoyo moral, ya que más bien es objeto de desprecio y de mofa; por esto, en las noches largas se consume en la triste meditación y en la amargura (v.2). Nadie quiere garantizar la rectitud de vida de Job; en consecuencia, su única fianza es su propia vida doliente y extenuada; pero, con todo, suplica a Dios que la tome como fianza de su rectitud para que actúe en su favor. No hay nadie que quiera tocar su mano, ofreciéndole apoyo y garantía. Entre los hebreos, el acto de tocar la mano de alguno equivalía a salir garante de éste ante la sociedad 2. Job no encuentra a nadie que responda por él, y por eso presenta a Dios como fianza sus dolores y miserias, esperando moverle a compasión.
En realidad, sus amigos hablan así porque no entienden el sentido profundo de sus sufrimientos; se han limitado a aplicar a su caso sus teóricas concepciones. Dios, pues, les ha negado la sabiduría, cerrándoles la mente al conocimiento (v.4). En este actuar desprovisto de toda inteligencia se parecen a los que invitan a sus amigos a la presa o banquete, mientras que a los hijos se les deja desfallecer de hambre (v.5). La prodigalidad con los primeros contrasta con la mezquindad para con los que tienen particular obligación. Los amigos de Job, antes de dar consejo a los demás, deben primero curarse a sí mismos y ver si sus teorías sobre la correspondencia entre el sufrimiento y el pecado son verdaderas.
Job se encuentra, pues, no sólo abandonado de los suyos, sino que es objeto de befa, convirtiéndose en la fábula o caso proverbial entre todos los de su tierra. Es el castigado por Dios, y, en consecuencia, aquel a quien se le puede impunemente despreciar, escupiéndole en la cara (v.6).
La tristeza invade el espíritu de Job (7-12)
7 Mis ojos se consumen de tristeza, y mis miembros se desvanecen como la sombra 3. 8 Y pásmanse de ello los rectos, y los inocentes se indignan contra el perverso; 9 pero el justo persevera en su camino,y el que tiene las manos limpias redobla su energía. 10 Mas vosotros todos volved y llegaos, que no hallaré un sabio entre vosotros. 11 Pasaron mis días, se desvanecieron mis proyectos, los deseos de mi corazón. 12 La noche me la convierten en día, y de las tinieblas (prometen) próxima luz 4.
Los sufrimientos agotan la resistencia física del infortunado varón de Hus, y sus ojos empiezan a cerrarse, corno si estuviera ya en avanzada vejez; la fuerza de sus miembros se desvanece con la celeridad de la sombra que pasa (ν.7). Ante su triste situaciσn se escandalizan los rectos, indignándose ante la prosperidad y buena salud del perverso; pero la conducta del justo ultrajado sigue perseverante por el camino de la virtud. La conciencia de ser inocente, de tener las manos limpias en su actuación cotidiana, le da ánimos y energía para continuar en su intachable conducta. Pero los amigos de Job no han sabido apreciar su virtud en el sufrimiento, y los invita a reconsiderar su caso (v.10) para buscar una nueva solución, aunque tiene el presentimiento de que no va a encontrar un sabio entre ellos.
De nuevo declara Job la brevedad de su vida: todas sus ilusiones se han desvanecido, y con ellas los vanos deseos. Las agitaciones de su espíritu y los proyectos optimistas le han convertido muchas veces la noche en día y las tinieblas en luz (v.12). Pero en el fondo todo ha sido vana ilusión; la realidad de su existencia tiene más de tinieblas que de luz, más de noche que de día.
Sólo queda la morada del sepulcro (13-16)
13 ¿Qué puedo yo esperar? El sepulcro será mi morada, en las tinieblas he extendido mi lecho. 14 A la fosa grité: "¡Tú eres mi padre!" Y a los gusanos: "¡Mi madre y mis hermanos!" 15 ¿Dónde está mi esperanza? Y mi dicha, ¿quién la divisa? 16 ¿Van a bajar a mi lado al sepulcro? ¿Nos vamos a hundir juntos en el polvo?
En la situación actual — si Dios no interviene milagrosamente en su favor, sobre lo que tiene alguna ilusión — ya no le toca esperar otra cosa que el sepulcro como morada definitiva; allí tendrá su lecho" de muerte, y por compañía familiar tendrá a la fosa y los gusanos. Las expresiones son enérgicas: los seres queridos le son arrebatados, y ahora tiene que sustituirlos por lo más abierto de la tierra. Con él bajarán al sepulcro su esperanza y su dicha para hundirse tristemente en el polvo (ν.16).
1 Lit. el TM: "Has privado nú corazón de raciocinio'). El corazón es el asiento de las acciones intelectuales según la mentalidad hebrea. — 2 Cf. Provó.1; 17:18; 22:26. — 3 Así según una corrección comúnmente admitida, leyendo kalim en vez de kulam. — 4 Dhorme: "la luz es más próxima que las tinieblas."