Los jueces Tola y Jair (10:1-5)
1 Después de Abimelec surgió para librar a Israel Tola, hijo de Fuá, hijo de Dodó, hombre de Isacar. Habitó en Samir, en los montes de Efraím. 2 Juzgó a Israel durante veintitrés años y murió, siendo sepultado en Samir. 3 Después de él surgió Jair, de Galaad, que juzgó a Israel por veintidós años. 4 Tuvo treinta hijos, que montaban treinta asnos y eran dueños de treinta ciudades, llamadas todavía Javot Jair, en la tierra de Galaad. 5 Murió Jair y fue sepultado en Camón.
Por la escasez de datos que sobre ellos da el hagiógrafo, estos dos jueces vienen clasificados entre los que llamamos "jueces menores "Tola ("el gusano que da el color rojo") era hijo de Fuá ("el color rojo"), hijo de Dodó (los LXX y Vulgata: "hijo de su tío," es decir del manasita Abimelec), hombre de Isacar (frase que se omite en LXX Vulgata). Tola era de la tribu de Isacar, con residencia en Efraím, lo cual crea cierta sospecha por su condición de jete, que habitaba en Samir, ciudad que se hallaba dentro de los límites de Efraím, diferente, por consiguiente, de la homónima de Judá (Jos 15:48) y próxima a la llanura de Esdrelón. Dodó, nombre que aparece en las cartas de Tell-el-Amarna y Estela de Mesa, es también aquí nombre propio (2 Sam 23:9).
Jair, nombre de un clan de Manases en Galaad (Núm 32:41; Deut 3:14; 1 Re 4:13 1 Crón 2:21-23). Sus treinta hijos montaban treinta 'asnos, cada uno el suyo, distintivo de riqueza y dignidad (5:10; 12:14; Zac 9:9), y poseían además treinta ciudades, llamadas todavía Javot Jair, en Galaad. Entre nuestro texto y los otros lugares bíblicos anteriormente citados, en que se habla también de estas ciudades, hay sensibles diferencias en cuanto a su número y lugar de emplazamiento. Fue sepultado Jair en Camón, a unos doce kilómetros al oeste de Irbid.
Judicatura de Jefté (10:6; 12:7)
Se antepone a la historia de Jefté una larga introducción (10:6-16), que repite los temas generales ya expuestos en 2:7-21 y formulados por un profeta. Esta introducción es considerada por algunos expositores como introducción general a la segunda parte del libro de los Jueces, incluyendo Samuel (1 Sam 1-12). Los dos grandes enemigos de Israel son Amón y los filisteos, contra los cuales lucharon Jefté y Sansón, y que fueron derrotados finalmente por Samuel y Saúl. Los críticos encuentran en esta historia falta de unidad y, por lo mismo, son de parecer que hay versiones diferentes en el origen de este relato, que un redactor más reciente ha amplificado y unificado.
Causas de la opresión de Israel (10:6-16)
6 Volvieron los hijos de Israel a hacer mal a los ojos de Yahvé, y sirvieron a los baales y astartés, a los dioses de Sidón, a los de Moab, a los de los hijos de Amón, a los de los filisteos, y se apartaron de Yahvé, no sirviéndole más. 7 Encendióse la ira de Yahvé contra Israel y los entregó en manos de los filisteos y en manos de los hijos de Amón, 8 que durante dieciocho años oprimieron y afligieron con gran violencia a los hijos de Israel, a todos los hijos de Israel que habitaban al otro lado del Jordán, en la tierra de los amorreos, en Galaad. 9 Los hijos de Amón pasaron el Jordán para combatir a Judá, a Benjamín y a la casa de Efraím, viéndose Israel muy apretado. 10 Clamaron a Yahvé los hijos de Israel, diciendo: "Hemos pecado contra ti, porque hemos dejado a nuestro Dios y hemos servido a los baales." 11 Yahvé dijo a los hijos de Israel: "¿No os he hecho yo subir de Egipto? ¿Y los amorreos, y los hijos de Amón, y los filisteos, 12 y los de Sidón y Amalee os oprimieron, y clamasteis a mí y os salvé yo de sus manos? 13 Pero vosotros me habéis dejado a mí para servir a dioses extraños. Por eso no os liberaré ya más. 14 Id e invocad a los dioses que os habéis dado; que os libren ellos al tiempo de vuestra angustia." 15 Los hijos de Israel dijeron a Yahvé: "Hemos pecado; castíganos como quieras, pero líbranos ahora." 16 Quitaron de en medio de ellos los dioses extraños y sirvieron a Yahvé, que no pudo soportar la aflicción de Israel.
Dios permitió que las naciones vecinas oprimieran y afligieran a Israel a causa de haberse entregado a la idolatría. Adoraron a los baales y astartés de los cananeos, de Sidón, de Moab, de Aram (que tal vez puede considerarse como una glosa introducida en el texto por influencia de 3:8-10), de Amón y de los filisteos. Por este texto no puede afirmarse que la invasión amonita y la filistea fueran contemporáneas. Los israelitas clamaron al Señor, quien les responde irónicamente diciendo que busquen ayuda en los dioses que adoraron (Deut 32:37; Jer 2:28). Bajo esta ironía se oculta, sin embargo, la bondad y misericordia divinas, que simula no querer atender sus ruegos para obligarles a un arrepentimiento más eficaz. Cuando los israelitas quitaron de en medio los dioses extranjeros, Yahvé se mostró impaciente por poner fin a sus sufrimientos. Para indicar la gran misericordia de Dios para con el pecador arrepentido, usa el texto la expresión de que el alma de Yahvé no pudo soportar la aflicción de Israel. Literalmente: "el alma del cual el soplo fue corto," como se dice de la impaciencia (16:16; Núm 21:4).
En busca de un jefe (10:17-18)
17 Reuniéronse los hijos de Amón y acamparon en Galaad; y se reunieron también los hijos de Israel, acampando en Masfa. 18 El pueblo, los jefes de Galaad, se dijeron unos a otros: "¿Quién será el que comenzará a combatir a los hijos de Amón? Que sea él quien mande a todos los habitantes de Galaad."
Los amonitas se congregaron en Galaad con ánimo de atacar a los israelitas y arrojarlos de la meseta transjordánica. Los israelitas, por su parte, se congregaron en Masfa para oponerles resistencia. No se han identificado todavía estas dos localidades, que quizá no formen más que una: la ciudad fortificada que ocupaban los israelitas y los alrededores de la misma en donde acamparon los amonitas. Se cree que esta localidad corresponde a Yirbet Djelead, un poco al sur del Yaboc, entre éste y Nebí Osa. Los israelitas, ante aquel numeroso ejército, comprendieron la necesidad que tenían de un jefe único y supremo que dirigiera las operaciones. Barajando nombres, convinieron en que, dadas aquellas circunstancias, debían ofrecer el mando a Jefté, a pesar de su origen oscuro y vida equívoca.
¿Quién era Jefté? (11:1-5)
1 Era Jefté, el galadita, un fuerte guerrero, hijo de una meretriz, y tuvo por padre a Galaad. 2 La mujer de Galaad dio a éste otros hijos, que, cuando fueron grandes, arrojaron de casa a Jefté, diciendo: "No vas tú a heredar en la casa de nuestro padre, pues eres hijo de otra mujer." 3 Jefté huyó de sus hermanos y habitó en tierra de Tob. Uniéronse con él gentes perdidas, que salían con él. 4 Al cabo de días hicieron guerra los hijos de Amón contra Israel, 5 y fueron entonces los ancianos de Galaad a la tierra de Tob en busca de Jefté.
Los expositores encuentran oscuros los datos que da el texto sobre el origen de Jefté. De una parte, Jefté el galadita, es decir, del país de Galaad, es hijo de una meretriz y, por consiguiente, de padre desconocido; por otra, cierto Galaad engendró a Jefté de una primera mujer o concubina reconocida. Esta oscuridad del texto proviene de una yuxtaposición imperfecta de los documentos antiguos, y cuyas divergencias el autor sagrado no ha querido aclarar. Galaad tuvo otros hijos de su mujer legítima, los cuales, siendo mayores, arrojaron de casa a Jefté "por ser hijo de otra mujer" (Gen 21:10; 29:19). Jefté se marchó y fuese a vivir en tierra de Tob, la actual Et-Taiyibé, a quince kilómetros de Dera, en el Galaad septentrional. Allí reunió una tropa con gente aventurera (9:9; 1 Sam 22:1-2; 2 Sam 25:13) y se entregó a hacer algaras contra las tribus del desierto, con lo que se hizo famoso.
Pacto de Jefté con los galaditas (11:6-11)
6 Y le dijeron: "Ven; serás nuestro jefe en la guerra contra los hijos de Amón." 7 Respondió Jefté a los ancianos de Galaad, diciéndoles: "¿No sois vosotros los que me aborrecéis y me arrojasteis de la casa de mi padre? ¿A qué venís a mí ahora, cuando os veis en aprieto ?" 8 Los ancianos de Galaad respondieron: "Por eso venimos a ti ahora, para que vengas a combatir con nosotros a los hijos de Amón y seas nuestro jefe y de todos los habitantes de Galaad." 9 Contestóles Jefté: "Si me lleváis con vosotros a combatir contra los hijos de Amón, en el caso de que Yahvé me los entregue, seré vuestro jefe." 10 Dijéronle los ancianos a Galaad: "Sea Yahvé testigo entre nosotros si no hiciéremos lo que dices," 11 Partió Jefté con los ancianos de Galaad y le hicieron su jefe y caudillo, y repitió Jefté sus palabras en presencia de Yahvé, en Masfa.
Los enviados rogaron a Jefté que aceptara la jefatura del ejército israelita. Sabiendo que tenían necesidad de él, se hizo rogar, y trató de sacar todas las ventajas que le ofrecía esta coyuntura. No queriendo ellos remover historias pasadas, le prometen nombrarle jefe no sólo del ejército, sino otorgarle la jefatura Poder supremo sobre todo Galaad. A ello se obligan con juramento. Pero Jefté quiere que aquel juramento se haga en presencia de Yahvé en el santuario de Masfa.
Negociaciones con los amonitas (11:12-28)
12 Mandó Jefté mensajeros al rey de los hijos de Arnón que le dijeran: "¿Qué hay entre ti y mí para que hayas venido contra mí a combatir la tierra?" 13 El rey de los hijos de Arnón respondió a los mensajeros de Jefté: "Cuando subió Israel de Egipto, se apoderó de mi tierra desde el Arnón hasta el Jaboc y hasta el Jordán. Devuélvemela, pues, ahora pacíficamente." 14 Jefté mandó nuevos mensajeros al rey de los hijos de Amón 15 que le dijeran: "He aquí lo que dice Jefté: Israel no se apoderó de la tierra de Moab ni de la tierra de los hijos de Amón. 16 Cuando Israel subió de Egipto, marchó por el desierto hasta el mar Rojo y llegó a Cades. 17 Entonces envió Israel mensajeros al rey de Edom para que le dijeran: Te ruego me dejes pasar por tu tierra; pero el rey de Edom no se lo consintió; también se los envió al rey de Moab, que rehusó; e Israel se quedó en Cades. 18 Después, marchando por el desierto, rodeó la tierra de Edom y la tierra de Moab, y llegó al oriente de la tierra de Moab y acampó del lado de allá del Arnón, sin entrar en tierra de Moab, pues el Arnón es el límite de Moab. 19 Israel envió mensajeros a Seón, rey de los amorreos, rey de Hesebón, para decirle: Te ruego que nos dejes pasar por tu tierra hasta nuestro lugar. 20 Pero Seón no se fió de Israel, dejándole pasar por su tierra, y reuniendo a toda su gente, acampó en Jahsa y luchó contra Israel. 21 Yahvé, Dios de Israel, puso a Seón con todo su pueblo en las manos de Israel, que los derrotó y se apoderó de la tierra de los amorreos, que habitaban en aquella región. 22 Se apoderó de toda la tierra de los amorreos desde el Arnón hasta el Jaboc y desde el desierto hasta el Jordán. 23 Ahora, pues, que Yahvé, Dios de Israel, desposeyó a los amorreos ante su pueblo Israel, ¿pretendes tú apoderarte de su tierra ? 24 Eso que Gamos, tu dios, te ha dado en posesión, ¿no lo posees tú? ¿Y no vamos a poseer nosotros lo que Yahvé, nuestro Dios, nos ha dado en posesión? 25¿Querrás tú ser mejor que Balac, hijo de Sefor, rey de Moab? ¿Acaso ha disputado éste a Israel su tierra? ¿Le ha hecho acaso la guerra? 26 Hace trescientos años que habita Israel en Hesebón y en Jazer y en las ciudades que de ellas dependen, lo mismo que en todas las que están a orillas del Jordán. ¿Por qué no las habéis tomado durante todo ese tiempo? 27 Yo no te he hecho mal alguno; pero tú obras mal conmigo haciéndome la guerra. Que Yahvé, el juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Amón." 28 El rey de los hijos de Amón desoyó lo que Jefté le mandó a decir.
Amón justifica su agresión diciendo que, al subir los israelitas de Egipto, se apoderaron de su país. Jefté rebate estas razones apoyándose en los datos que se refieren en Núm 20:14; 21:21-30; Deut 2:27-37· Cuando Israel subió de Egipto, no atacó a Edom ni a Moab (Núm 20:14-21; 21:11). Pidió a Seón, rey de los amorreos, rey de Hesebón, que le autorizara el tránsito por su territorio, pero el rey respondió con las armas. Entonces Israel repelió la agresión, y con el auxilio de Yahvé se apoderó de todo su territorio, es decir, del Arnón al Jaboc, desde el río Jordán al desierto (Núm 21:30; Deut 2 27-37). Luego el territorio fue arrebatado a los amorreos, no a los amonitas. El derecho, concluye Jefté, está en favor de los israeelitas; con todo, si Amón quiere la guerra, debe aceptarla con todas sus consecuencias. Yahvé será el arbitro, el cual no solamente combatirá por su pueblo, sino que con la victoria decidirá quién de los dos tiene razón.
En el curso de su argumentación dice Jefté que Gamos es el dios de los amonitas, cuando en realidad era Milcom (1 Re 11:5-7; Re 23:13; Jer 49:1-3-4-6; Camós, dios de los moabitas, Núm 21:29,·Jer 48:46, Estela de Mesa). La presencia de Camós en el texto se explica por el error de algún copista. Jefté se acomoda al lenguaje común del antiguo Oriente, pero sabía que Yahvé extendía su poder aun a las naciones extranjeras (Ex 7:17; Rut 1:13-18). Es probable que Jefté quisiera solucionar pacíficamente este conflicto con los amonitas; pero cabe la sospecha de que iniciara estas conversaciones con el fin de ganar tiempo para reunir un número regular de combatientes (v.29).
Voto de Jefté y victoria sobre los amonitas (11:29-40)
29 El espíritu de Yahvé fue sobre Jefté, y, pasando por Ga-laad y Manases, llegó hasta Masfa de Galaad, y de Masfa de Galaad pasó a retaguardia de los hijos de Amón. 30 Jefté hizo voto a Yahvé, diciendo: "Si pones en mis manos a los hijos de Amón, 31 el que a mi vuelta, cuando venga yo en paz de vencerlos, salga de la puerta de mi casa a mi encuentro, será de Yahvé y se lo ofreceré en holocausto." 32 Avanzó Jefté contra los hijos de Amón y se los dio Yahvé en sus manos, 33 batiéndolos desde Aroer hasta según se va a Menit, veinte ciudades, y hasta Abel Queramim. Fue una gran derrota, y los hijos de Amón quedaron humillados ante los hijos de Israel. 34 Al volver Jefté a Masfa, salió a recibirle su hija con tímpanos y danzas. Era su hija única; no tenía más hijos ni hijas. 35 Al verla rasgó él sus vestiduras y dijo: "¡Ah, hija mía, me has abatido del todo, y tú misma te has abatido al mismo tiempo! He abierto mi boca a Yahvé sobre ti y no puedo volverme atrás." 36 Ella le dijo: "Padre mío, si has abierto tu boca a Yahvé, haz conmigo lo que de tu boca salió, pues te ha vengado Yahvé de tus enemigos, los hijos de Amón." 37 Y añadió: "Hazme esta gracia: déjame que por dos meses vaya con mis compañeras por les montes, llorando mi virginidad." 38"Ve," le contestó él, y ella se fue por los montes con sus compañeras y lloró por dos meses su virginidad. 39 Pasados los dos meses, volvió a su casa y él cumplió en ella el voto que había hecho. No había conocido varón. 40 De ahí viene la costumbre en Israel de que cada año se reúnan las hijas de Israel para llorar a la hija de Jefté, galadita, por cuatro días.
Aunque el pueblo y los ancianos eligieran a Jefté por jefe (10:18; 11:11), para ejercer su misión de juez tenía necesidad de la Infusión del espíritu de Yahvé" (3:10; 6:34), que acrecentara su fuerza y energía. Mientras duraban las conversaciones, recorrió Jefté el país reclutando tropas entre las tribus vecinas de Manases y Efraím (12:1-2) con el fin de reforzar el ejército estacionado en Masfa (10:17).
Antes de la batalla hizo Jefté su famoso voto (neder) a Yahvé, diciendo: "Si pones a los hijos de Amón en mis manos, el que a mi vuelta saliere de las puertas de mi casa a mi encuentro al regresar en paz (besalom) de los hijos de Amón, será de Yahvé, y se lo ofreceré en holocausto" (ha alitihu olah). Al regresar Jefté a Masfa, le salió al encuentro su hija única al frente de un grupo de mozas con tímpanos y danzas (Ex 15:20). Al verla, Jefté rasgó sus vestiduras en señal de dolor y contrariedad (Jos 7:6) al pensar que, en fuerza de su voto, tenía que inmolar a su única hija (Gen 22:2ss). Esta consternación de Jefté se explica por el hecho de que al hacer su voto no pensaba en inmolar a su hija. Quiso sacrificar una víctima humana pensando que con ello agradaba a Dios; pero dejó a Yahvé, arbitro de los acontecimientos, que la eligiera. ¿Pensaba acaso en algunos de los que en otro tiempo le habían arrojado de la casa de su padre? (11:2). Aunque el texto no lo especifique claramente, el pensamiento de Jefté era sacrificar sólo la primera persona que saliera de su casa. La hija intuyó lo trágico de la escena, pero comprendió que, una vez su padre se había comprometido con un voto a Yahvé, no podía volver atrás. Pidió, sin embargo, a su padre que difiriera el cumplimiento del voto, dejándole un plazo de dos meses, durante los cuales erraría por los montes y lloraría con sus amigas la fatalidad de tener que morir sin haber dejado descendencia. Conforme al voto, la hija de Jefté fue inmolada en holocausto. La impresión que causó este sacrificio prueba que el pueblo de Israel no estaba acostumbrado a semejantes sacrificios. En toda la antigüedad se consideraba como una desgracia y deshonor el que una mujer no dejara descendencia (Gen 16:1-5; 30:23; 1 Sam 1:10; Is 47:8; 49:21; Lc 1:25). Con el Evangelio aparece la virginidad voluntaria (Lc 1:34; Mt 19:12).
Nota Sobre el voto de Jefté
Mucho se ha escrito sobre la naturaleza del voto de Jefté. Los términos empleados en el texto hebraico no dejan lugar a dudas de que se trata de un sacrificio cruento. Así lo entendieron la mayoría de los Santos Padres (Hummelauer). "lephte filiam, quae patri occurrit, occidit," dice San Agustín1. La tradición judía y cristiana hasta el siglo XI ha admitido la inmolación, y aunque el texto sagrado, por los términos generales que emplea, parece querer echar un velo sobre esta escena sangrienta, es difícil, sin embargo, explicarla en el sentido de una simple consagración a Dios 2. Hay quienes interpretan las palabras de Jefté en sentido condicional y disyuntivo. Pero esta interpretación es imposible, porque, aunque en hebreo la frase puede tener el sentido de "Lo que saliere i vuelta," sin embargo, los LXX lo entienden en sentido masculino: o ekporeuómenos (el que saliere, Vulg.: quicumque primas rit egressus). Únicamente las personas salen al encuentro de algien y aunque entre los animales lo haga también el perro, la Τ ν le excluνa terminantemente de los sacrificios. Es, además, imposible esta interpretación, por las siguientes razones: 1) El sentido disyuntivo del waw (y, et) al final del versículo 31 es gramaticalmente imposible. 2) La expresión "ofrecer en holocausto" no puede tomarse en sentido metafórico. 3) En esta hipótesis es inexplicable el gran sentimiento que demuestra Jefté. 4) No se explica el plazo de dos meses para llorar su desgracia. 5) Si la hija de Jefté debía continuar viviendo, consagrada a Dios como virgen, no se comprenden las lamentaciones anuales de sus amigas 3. Luego Jefté pensaba en ofrecer en holocausto a Yahvé una persona humana.
No se puede negar el aspecto cruento del voto de Jefté recurriendo al testimonio de algunos autores sagrados que alaban a Jefté (Eccli 46:13-15; Hebr 11:32-33), lo cual no hubieran hecho si realmente su voto hubiera sido de sacrificar una persona humana. Pero en estos textos, o bien se habla de Jefté sin pronunciarse por la moralidad de sus actos o se le alaba únicamente por su fe. Que la ley mosaica prohibiera terminantemente los sacrificios humanos (Deut 12:31), es innegable; pero también es cierto que, a pesar de esta prohibición, los israelitas, por influencia de los pueblos circunvecinos, los practicaron (Deut 18:9-10; 1 Re 16:34; 2 Re 23:10), clamando contra ellos los profetas (Jer 32:35)4. Es cierto que los sacrificios humanos se oponen a los sentimientos naturales y que la ley mosaica los prohibía, pero debemos tener en cuenta que Jefté era un hombre de costumbres rudas, ignorante, aventurero y jefe de una banda de salteadores y malandrines. Por esto mismo es excusable en él la ignorancia de la ley mosaica (Deut 12:31), que prohibía tales sacrificios. Al hacer su voto, Jefté procedió con buena fe. Creyó que la inmolación de una víctima humana sería agradable a Dios. A pesar de su vida azarosa, Jefté se muestra hombre religioso, que reconoce la supremacía de Yahvé sobre todos los otros dioses. Una vez hecho el voto, estaba completamente convencido de que tenía que cumplirlo. La idea de que una promesa hecha a Dios obligaba sin distinción de circunstancias era muy extendida en la antigüedad. El voto, como la bendición y la maldición, una vez pronunciado, existe independientemente de la persona que lo emitió (Núm 32:24; Sal 66:13-14; Jer 44:17). De donde 1 recomendación de prudencia en hacer el voto (Pro ν 20:25; Vincent). Todas estas circunstancias disculpan o atenúan considerablemente la gravedad de la falta de Jefté (Condamin). El hagiógrafo sólo refiere el hecho, que no aprueba ni condena. Aún más: es su fe en Yahvé que padre e hija dan un admirable ejemplo de profundo sentimiento religioso y de entrega completa al cumplimiento del deber, sacrificando ella su vida y él el único fruto de sus entrañas.
Es erróneo decir que Yahvé inspirara a Jefté a hacer semejante voto, porque la frase "el espíritu de Yahvé fue con él" se refiere exclusivamente al carisma que recibió para cumplir su misión de liberar a su pueblo de la opresión amonita. El mismo espíritu recibieron otros personajes bíblicos (Sansón, Saúl), de los cuales se reprueban algunos de sus actos. Jefté hizo el voto bajo su responsabilidad personal. Dios le castigó por haber procedido precipitadamente y sin reflexión al emitirlo. "Fue insensato Jefté al formular este voto por haberlo hecho sin la debida reflexión, e impío al ponerlo en práctica."5
Algunos racionalistas consideran el relato de la muerte de la hija de Jefté como una leyenda de origen mítico, encaminada a explicar las fiestas de la Naturaleza que se celebraban en Galaad. Las lamentaciones periódicas sobre la joven víctima son análogas a las que se encuentran en otros pueblos y que tienen por objeto llorar la muerte o la desaparición de una divinidad, ordinariamente divinidad de la vegetación. Así, por ejemplo, se habla del llanto por Adonis-Tammuz, Coré, Linos, Hyacinthe, Hylas, que muchas veces iba acompañado con sacrificios humanos6. De hecho se conoce el voto de Idomene, que durante una tempestad prometió a Poseidón inmolar la primera persona que fuera a su encuentro en la playa (Servius, 3:121; 11:264). Agamenón sacrificó a su propia hija Ifigenia, nombre primitivo de la diosa Artemis-Tauropolos, a la cual se honró con sacrificios humanos (Sófocles, Elect. 559). Luego, afirma Lods, la perícopa bíblica es la transformación en leyenda heroica, israelita y yahvista, del mito de una antigua divinidad indígena de Galaad. Y es tanto más probable, añade, esta dependencia en cuanto que el período de duelo ritual para los muertos era en Israel de tres y siete días, nunca de cuatro. En tiempos de Ezequiel, las mujeres sentadas junto a la puerta norte del templo de Jerusalén lloraban al dios Tammuz (Ez 8:14).
Pero las fiestas de la Naturaleza, que acaso se celebraban en Galaad, habrían servido, a lo más, como modelo para la nueva fiesta instituida para recuerdo de la hija de Jefté. La dependencia, si existe, se reduce a una simple copia ritual. Existe en la Biblia otro ejemplo de lamentaciones conmemorativas, como la que se instituyó como recuerdo de la muerte de Josías (2 Crón 35:25). Otra diferencia que existe entre las lamentaciones paganas y el relato bíblico se halla en que aquí no se llora la muerte de una diosa, sino la suerte de una virgen condenada a morir sin dejar descendencia. Muy probablemente no existe ninguna dependencia entre los ritos paganos y las circunstancias que rodearon la muerte de la hija de Jefté. Tanto la personalidad de este jefe israelita como la inmolación de su hija son hechos históricos atestiguados unánimemente por la tradición judío-cristiana. El mismo Lods afirma que "no es imposible que en el episodio del voto haya elementos históricos y que el recuerdo de este sacrificio trágico fuese combinado con alguna antigua ceremonia religiosa local." (Loos, 404).
En fin, Jefté sacrificó a su hija en holocausto a Yahvé bajo su omnímoda responsabilidad. Sobre esto toda atenuación es imposible; toda controversia, ociosa (Lagrange). El texto está claro; la tradición, unánime. Al elucidar la naturaleza de este voto, se trata de saber lo que ha dicho el hagiógrafo, y no lo que Jefté podía o no podía hacer lícitamente según la ley natural y la mosaica7.
Guerra civil entre efraimitas y galaditas (12:1-7)
1 Los hijos de Efraím se reunieron, y, pasando a Safón, dijeron a Jefté: "¿Por qué fuiste a combatir a los hijos de Amón sin habernos llamado a combatir contigo? Vamos a pegar fuego a tu casa." 2 Jefté les respondió: "Estaba yo y estaba mi pueblo en gran contienda con los hijos de Amón. Entonces os llamé yo, pero no me habéis librado vosotros de sus manos. 3 Viendo que no había quien me librase, puse mi vida en mis manos, marché contra los hijos de Amón, y Yahvé me los entrego. ¿Por qué, pues, venís hoy a hacerme la guerra?" 4 Reunió Jefté a todas las gentes de Galaad y libró batalla contra Efraím. Y los hombres de Galaad derrotaron a los de Efraím, que decían de ellos: "Vosotros, galaditas, sois huidos de Efraím; ni sois de Efraím ni de Manases." 5 Los galaditas se apoderaron de los vados del Jordán, enfrente de Efraím; y cuando llegaba alguno de los fugitivos de Efraím, diciendo: "Dejadme pasar," le preguntaban: "¿Eres efraimita?" Respondía: "No." 6 Entonces ellos le decían: "A ver, di: shibbolet," y él decía sibbolet, pues no podían pronunciar así. Los hombres de Galaad le cogían y le degollaban junto a los vados del Jordán. Murieron entonces cuarenta y dos mil hombres de Efraím. 7 Juzgó a Israel Jefté, galadita, durante seis años, y murió, siendo sepultado en una de las ciudades de Galaad.
Da a entender el texto que Efraím no respondió al llamamiento de Jefté, acaso por no habérsele confiado un puesto de honor o por no contar con el triunfo de Jefté sobre los amonitas. Los efraimitas se reunieron, sin que se indique el espacio de tiempo entre esta acción y la anterior, y, pasando el Jordán a la altura de Safón (Jos 13:27), increparon a Jefté con su habitual altivez. Jefté, que les llamó cuando él y su pueblo eran oprimidos por los amonitas, les trató con dureza. Encontraron los efraimitas en él a un hombre menos diplomático que Gedeón (8:1-3), y a sus impertinencias respondió con la movilización de un ejército. La primera providencia Que tomó Jefté fue la de mandar hombres que ocuparan los vados del Jordán (3:28; 7:24), con el fin de cortar la retirada de los efraimitas. A cada hombre que intentaba pasar le sujetaban a la prueba de pronunciar la palabra shibbolet (espiga, corriente de un río), que los efraimitas deformaban en sibbolet. El motivo principal de los efraimitas al promover aquella cuestión fue la de impedir que las tribus transjordánicas, que antiguamente pertenecían a la casa de José (Núm 26:29), se independizaran. En cuanto al número de efraimitas muertos, debemos tener en cuenta el uso hiperbólico en las cifras.
Este pasaje demuestra que la lengua hebraica, a pesar de su unidad, revestía ciertas formas dialectales en las diversas regiones de Palestina. La lengua hebraica del sector norte se diferenciaba sensiblemente de la de Judá sobre todo en la pronunciación. Estas diferencias facilitan la individualización de las diversas fuentes literarias de la Biblia.
1 De civ. Dei c.21.
2 Vigouroux, La Bible et les découvertes modernes (1896) III 169,
3 Condamin, Dict. Apol, Jefté. 1270-1271. 4 Véase Desnoyers, Histoire I 244 y 342.
5 Santo Tomás, 2.2 q.88 a.2 ad 2.
6 Lods, Israel. Des Origines au milieu du VIIIe siécle (París 1949) 402.
7 Entre la inmensa literatura sobre el voto de Jefté, señalamos tan sólo los siguientes estu-dios: A. Fernández, Voíum lephte: "Verbum Domini," 1 (1921) 104-108; 299-304; E. Ma-Der, Die der alten Hebraer und der benachbarten Volker: "Biblische Studien," 5-6(1909) 153-162; Basilio Da Montecchio, II sacrificio della figlia di lefte: "Palestra del Clero" l8 (I939) I93-195; A. Van Hoonacker, Le voeu de Jephté: "Muséon," 11 (1892) 448-469; Cf. Buttignoni, íí sacrificio di lefte: "Palestra del Clero," 18 (1939) 49-51.
Jueces menores
Los Jueces Abesán, Elón y Abdón (12:8-15)
8 Después de él fue juez en Israel Abesán, de Belén. 9 Tuvo treinta hijos y treinta hijas. Casó a éstas con gente de fuera y trajo de fuera mujeres para sus hijos.10 Juzgó a Israel siete años, murió y fue sepultado en Belén. 11 Después de él juzgó a Israel Elón, de Zabulón, durante diez años; 12 murió Elón, de Zabulón, y fue sepultado en Ayalón, en tierra de Zabulón. 13 Después de él juzgó a Israel Abdón, hijo de Hilel, de Faratón. 14 Tuvo cuarenta hijos y treinta nietos, que montaban sobre setenta asnos. Juzgó a Israel durante ocho años, 15 murió y fue sepultado en Faratón, en el monte de Efraím, en tierra de Salim.
Las noticias sobre estos tres jueces, que llamamos menores, se deben a un redactor deuteronómico o de la escuela sacerdotal.
Abesán. Jefe de un clan y natural de Belén de Zabulón (Jos 19:15), a doce kilómetros al oeste de Nazaret, era un hombre notable y poderoso, como demuestra el número crecido de sus hijos (10:3-5). En contra de la costumbre antigua, que imponía el matrimonio entre los del mismo clan o tribu, trajo de fuera mujeres para sus hijos, casando asimismo a sus hijas con jóvenes de fuera. Estas uniones entre clanes diferentes contribuían a fusionar las tribus, a romper las barreras que imponía la antigua sociedad nómada y a formar una nación hebraica más homogénea.
Elón. De la tribu de Zabulón (Gen 46:14; Núm 26:26), después de juzgar diez años, fue sepultado en Ayalón (que así se llamaba también el juez, según LXX (B) y Vulg.).
Abdón. Natural de Faratón, hoy Farata, a doce kilómetros al sudoeste de Siquem (2 Sam 23:30; 1 Mac 9:50), tuvo una descendencia conciderable. Fue sepultado en la montaña de Efraím, en tierra de Salim (1 Sam 9:4), cerca de Faratón. Según el texto hebraico: fue enterrado en el territorio de Efraím, en la montaña del Amalecita" lección que, por razones de crítica textual interna, debe retenerse.
Historia de Sansón (c.13-16)
A pesar de la extensión que ocupa la historia de las hazañas de Sansón, es probable que el autor sagrado se haya limitado a consignar sólo una parte de las tradiciones populares que circulaban en torno a las proezas del héroe. Los críticos convienen en general en apreciar la unidad de la narración, aun en el caso de distinguir más de una etapa en su redacción, como deja suponer la conclusión del c.15:20. En cuanto a la persona de Sansón, no cabe duda de que se trata de un personaje histórico, de la tribu de Dan. El autor sagrado le presenta como un juez (13:1; 15:20; 16:31) que luchó, defendió y vengó a su pueblo de sus enemigos. Pero Sansón no tiene las mismas características que los otros jueces; es un personaje aparte y singular, un héroe de la resistencia, que antepone sus propios negocios a los intereses de la nación. No tiene talla suficiente ni para administrar justicia ni para reclutar y ponerse al frente de un ejército disciplinado. Sus genialidades divertían y le granjeaban la estima del pueblo, que admiraba su fuerza, ponderaba y exageraba su habilidad y arrojo y sonreía ante sus excentricidades, aventuras amorosas y las tretas que jugaba a sus enemigos. Por todo ello, Sansón se convirtió en el héroe popular por excelencia, cuyas gestas, con cierto colorido humorístico, circulaban de boca en boca. De ahí que la historia de Sansón narrada por el autor sagrado tenga un matiz popular y folklórico.
En todos los tiempos y en todas las latitudes conserva la tradición popular memoria de personajes al estilo de Sansón. Por eso y otras razones, debe rechazarse la interpretación mítica que ve en Sansón (por razón de su cabellera) a un héroe solar (Loüs) o una copia del griego Hércules, del tiriano Melqart o del héroe babilónico Gilgamesch. Su fuerza hercúlea es de origen divino, debida a la irrupción sobre él del espíritu de Yahvé (13:25; 14:6-9; 15:14; 16:28) o tal vez a su condición de nazir o consagrado a Dios. Durante toda su vida, y en vista de los combates que debía sostener, debía conservar intacta su cabellera, no tocar nada inmundo y abstenerse de toda bebida fermentada, porque la embriaguez es una impureza que impide distinguir entre puro e impuro (Lev 10:8).
A esta consagración externa correspondió Dios con un carisma que le otorgaba una fuerza extraordinaria. Su larga cabellera era solamente un signo externo de su consagración a Dios; los dos términos, fuerza y cabellera, no son estrictamente concomitantes, y aun menos se hallan en relación de causa y efecto (Tamisier).
A pesar de su conducta nada recomendable, no deja de ser Sansón un testimonio viviente que tenía Yahvé en defender a los suyos mientras permanecieran fieles a sus mandamientos. Como instrumentos suyos puede elegir a personas poco recomendables por sus costumbres; pero cuanto más defectuoso sea el instrumento, tanto más resplandece la omnipotencia divina. La acción del héroe no fue del todo eficaz ni tuvo grandes resonancias nacionales, pero preanunciaba el golpe decisivo que más tarde debían sufrir los filisteos en tiempos de Samuel y David.
Opresión de Israel y primer anuncio de un Libertador(13:1-7)
1 Volvieron los hijos de Israel a hacer el mal a los ojos de Yahvé, y Yahvé los dio en manos de los filisteos durante cuarenta años. 2 Había un hombre de Sora, de la familia de Dan, de nombre Manué. Su mujer era estéril y no le había dado hijos. 3 El ángel de Yahvé se apareció a la mujer y le dijo: "Eres estéril y sin hijos, pero vas a concebir y parirás un hijo. 4 Mira, pues, que no bebas vino ni licor alguno inebriante ni comas nada inmundo, 5 pues vas a concebir y a parir un hijo a cuya cabeza no ha de tocar la navaja, porque será nazareo de Dios el niño desde el vientre de su madre y será el que primero librará a Israel de la mano de los filisteos." 6 Fue la mujer y dijo a su marido: "Ha venido a mí un hombre de Dios. Tenía el aspecto de un ángel de Dios muy temible. Yo no le pregunté de dónde venía ni me dio a conocer su nombre, 7 pero me dijo: Vas a concebir y parir un hijo. No bebas, pues, vino ni otro licor inebriante y no comas nada inmundo, porque el niño será nazareo de Dios desde el vientre de su madre hasta el día de su muerte."
Por sus pecados Israel fue entregado por Dios en manos de los filisteos. Dios promete a la mujer de Manué un hijo que "empezará a salvar a Israel de la mano de los filisteos" (v.5). Manué (1 Crón 2:54) era danita y natural de Sora, no lejos de la antigua Betsemes (Jos 15:33; 19:41; Neh 11:29). La mujer de Manué era estéril (Gen 18:10-15; 1 Sam 1:11-19; Lc 1:7; 13; 24), con lo cual se quiere indicar que el hijo es un don de Dios. A ella se le aparece el ángel de Yahvé (2:1; 6:11) y le anuncia el nacimiento del hijo, que será consagrado (nazir) al Señor por el nazareato (Núm 6:2-8). Porque el niño es predestinado ya desde el seno de su madre, deberá abstenerse de todo aquello que se prohíbe a los obligados a la ley del nazareato. La frase "la navaja no subirá sobre su cabeza" se aplica preferentemente al niño consagrado a Dios (1 Sam 1:11). En Núm 6:1-21 se mencionan las condiciones del nazareato, siendo de las principales la prohibición de cortarse los cabellos, afeitarse la cabeza.
Segunda Aparición del Ángel (13:8-23)
8 Entonces Manué oró a Yahvé, diciendo: "De gracia, Señor: que el hombre de Dios que enviaste venga otra vez a nosotros para que nos enseñe lo que hemos de hacer con el niño que ha de nacer." 9 Oyó Dios la oración de Manué y volvió el ángel de Dios a la mujer de Manué cuando estaba ésta sentada en el campo y no estaba con ella su marido. 10 Corrió ella en seguida a anunciárselo a su marido, diciéndole: "El hombre que vino a mí el otro día acaba de aparecérseme." 11 Levantóse Manué y, siguiendo a su mujer, fue hacia el hombre y le dijo: "¿Eres tú el que has hablado a esta mujer?" El respondió: "Yo soy." 12 Repuso Manué: "Cuando tu palabra se cumpla, ¿qué hay que guardar y qué habremos de hacerle?" 13 El ángel de Yahvé dijo a Manué: "La mujer, que se abstenga de cuanto la he dicho: 14 que no tome nada de cuanto procede de la vid, no beba vino ni otro licor inebriante y no coma nada inmundo; cuanto le mandé ha de observarlo." 15 Manué dijo al ángel de Yahvé: "Te ruego que permitas que te retengamos mientras te traemos preparado un cabrito." l6 El ángel de Yahvé dijo a Manué: "Aunque me retengas, no comería tus manjares; pero, si quieres preparar un holocausto, ofréceselo a Yahvé." Manué, que no sabía que era el ángel de Yahvé, 17 le dijo: "¿Cuál es tu nombre, para que te honremos cuando tu palabra se cumpla?" 18 El ángel de Yahvé le respondió: "¿Para qué me preguntas mi nombre, que es Admirable?" 19 Manué tomó el cabrito y la oblación para ofrecerlo a Yahvé en holocausto sobre la roca, y sucedió un prodigio a la vista de Manué y su mujer. 20 Cuando subía la llama de sobre el altar hacia el cielo, el ángel de Yahvé se puso sobre la llama del altar. Al verlo Manué y su mujer, cayeron rostro a tierra, 21 y ya no vieron más al ángel de Yahvé, 22 y dijo a su mujer: "Vamos a morir, porque hemos visto a Dios." 23 La mujer le contestó: "Si Yahvé quisiera hacernos morir, no habría recibido de nuestras manos el holocausto y la oblación ni nos hubiera hecho ver todo esto ni oír hoy todas estas cosas."
Dios escuchó la plegaria de Manué, mandando de nuevo a su ángel. Por sus palabras se deduce que Manué no estaba al corriente de las reglas que imponía el nazareato oficial (Núm c.6). Manué sospecha que el personaje que le habla es un ser divino y no un simple viajero. Por lo mismo, le ofrece hospitalidad, empleando al mismo tiempo un término equívoco (hasah, ofrecer, presentar), que se usa para los sacrificios. Como recurso supremo para saber quién era, Manué le pide cuál sea su nombre, alegando el pretexto de recompensar sus servicios una vez la predicción se cumpla (1 Sam 9:6); Pero el ángel desvía la cuestión. Manué no insiste y se decide a ofrecer el sacrificio a Yahvé. Toma el cabrito y la oblación de harina aceite que debía acompañar necesariamente al holocausto y sacrificio de comunión (Lev 7:11-14; Núm 15:28-29; Jos 22:23), Y lo ofrece sobre la roca a Yahvé, "que obra cosas misteriosas." El lugar del sacrificio fue más tarde conocido por el nombre de "Yahvé de los milagros." La última parte del v.19 debe traducirse: "Que obra cosas misteriosas," suprimiendo la frase "a la vista de Manué y su mujer" (Lagrange, Tamisier, Vincent, Nótscher, Ubach, etc.). El ángel desapareció en la llama del holocausto (Ex 3:2-6), cayendo ellos entonces en la cuenta de que el personaje misterioso era Yahvé o su ángel. Manué temía morir por haber visto a Dios (Gen 16:13; 32:30; Ex 20:19, etc.), pero su mujer le tranquiliza con unas palabras que indican su buen sentido. El nombre del lugar Mahaneh-Dan no corresponde a ningún poblado, sino a un lugar entre Sora (Jos 15:33) y Estaol (a unos tres kilómetros al sudeste de Sora). Como sucedió con otros jueces (3:10; 6:34; 11:29), también el espíritu de Yahvé se apoderó de Sansón, incitándolo a obrar.
Nacimiento y primeros años de Sansón (13:24-25)
24 Parió la mujer un hijo y le dio el nombre de Sansón. Creció el niño, y Yahvé le bendijo, 25 y comenzó a mostrarse en él el espíritu de Yahvé en el campo de Dan, entre Sora y Estaol.
Al año dio a luz la mujer de Manué a un niño, al cual puso por nombre Sansón. Hubo un largo tiempo en Israel en que la madre tenía el derecho de elegir el nombre que debía darse a sus hijos (Lods, 217-219). La palabra Sansón deriva probablemente de Shemesh, sol, nombre muy común en la antigüedad oriental aun fuera de Palestina, y que le fue sugerido a la madre por el nombre del vecino pueblo de Betsemes (Jos 15:10; 18:17; I9:4I etc.), casa del sol, a tres kilómetros al sur de Sora (Jos 15:33; 19:41). Por lo mismo, no debe considerarse a Sansón, por su nombre y por sus gestas, como un héroe astral o un personaje legendario, sino como una personalidad histórica bien definida1.
Sansón se Enamora (14:1-4)
1 Bajó Sansón a Timna y vio allí una mujer de entre las hijas de los filisteos; 2 y cuando volvió a subir, dijo a su padre y a su madre: "He visto en Timna una mujer de las hijas de los filisteos; id a tomármela por mujer." 3 Dijéronle su padre y su madre: "¿Acaso no hay mujeres entre las hijas de tus hermanos y entre todo tu pueblo para que vayas tú a tomar mujer de los filisteos, incircuncisos?" Repuso Sansón y dijo a su padre: "Tómame ésa, pues me gusta." 4 Su padre y su madre no sabían que aquello venía de Yahvé, que buscaba una ocasión de parte de los filisteos, que eran los que entonces oprimían a Israel.
Descendió Sansón a la localidad de Timna (Jos 19:43) tres veces (v. 1-4; 5-7; 18-19). Allí vio a una mujer, viuda probablemente y de vida dudosa, teniendo relacion sexual con ella. La propuesta del hijo escandalizó a sus padres, quienes le recordaron que el matrimonio de los hebreos con los incircuncisos repugnaba a los sentimientos nacionales Gén 24:2-4; 27:46; 28:1-2; Ex 34:16; Deut 7:2-4; Jos 23:12-13), maxime con los filisteos, sus enemigos e incircuncisos por excelencia (15:18; l Sam I4:6). Además, no era el hijo quien debía elegir la futura esposa, sino el padre (Gen 24:2-8; 34:3-6; 38:6). El fogoso Sansón no atendió a las razones de sus padres y mantuvo sus exigencias. El autor sagrado comenta esta escena familiar diciendo que Dios disponía las cosas providencialmente al servirse de aquel capricho de Sansón para que éste empezara la obra a la que le tenía destinado, que era la de luchar contra los filisteos.
Encuentro con un león (14:5-9)
5 Bajó Sansón a Timna, cuando al llegar a los olivares de Timna le salió al encuentro un joven león rugiendo. 6 Apoderóse de Sansón el espíritu de Yahvé, y, sin tener nada a mano, destrozó al león como se destroza un cabrito. No dijo nada a su padre ni a su madre de lo que había hecho. 7 Bajó y habló a la mujer que le había gustado. 8 Tiempo después, bajando para desposarse con ella, se desvió para ver el cadáver del león, y vio que había un enjambre de abejas con miel en la osamenta del león. 9 Cogióla con sus manos y siguió andando y comiendo; y cuando llegó a su padre y a su madre, les dio de ella, sin decirles que la había tomado de la osamenta del león, y ellos la comieron.
De nuevo fue Sansón a visitar a la mujer de Timna; sucedió que en el viaje le salió al encuentro un cachorro de león rugiendo y con ánimo de abalanzarse contra él. No teniendo ninguna arma defensiva, le agarró por la cabeza y desgarró sus fauces como si fuera un cabrito. Análogos actos de bravura realizaron David (1 Sam 17:34) y Benaya (2 Sam 23.20). En la antigüedad había leones en Palestina, como atestiguan algunos textos bíblicos (Am 1:2; 3:4-8) y como se desprende de una narración egipcíaca, según la cual Ramsés III, en la lucha contra los filisteos, alternaba sus hechos de guerra con la caza del león.
Al cabo de un tiempo bajó de nuevo a Timna, y vio que las abejas salvajes habían fabricado en su osamenta un panal de miel. El sol de Palestina, los animales carnívoros y las aves de rapiña resecaron pronto las carnes del cadáver. Sansón, aunque consagrado a Dios por el voto del nazareato, no tenía muchos escrúpulos de comer un manjar impuro, que estuvo al contacto con un cadáver.
La boda y el enigma (14:10-20)
10 Bajó, pues, Sansón a casa de la mujer, y Sansón dio allí un banquete, según la costumbre de los mozos. 11 Y porque le temían, invitaron a treinta mozos para acompañarle. 12 Sansón les dijo: "Quisiera que me permitierais proponeros un enigma.Si dentro de los siete días del convite me lo descifráis acertada" mente, yo tendré que daros treinta camisas y treinta túnicas; 13 pero, si no podéis descifrármelo, seréis vosotros los que habréis de darme a mí treinta camisas y treinta túnicas." Ellos le dije" ron: "Propon tu enigma, que lo oigamos." 14 El les dijo: "Del que come salió lo que se come, y del fuerte, la dulzura." Tres días pasaron sin que pudieran descifrar el enigma. 15 Llegó el día séptimo. A la mujer de Sansón le habían dicho: "Persuade a tu marido a que te dé la solución del enigma; si no, te quemaremos a ti y la casa de tu padre. ¿Nos habéis invitado para robarnos?" 16 Ella lloraba y le decía: "Me aborreces; has propuesto un enigma a los hijos de mi pueblo y no quieres explicármelo a mí." El le respondió: "No se lo he explicado ni a mi padre ni a mi madre, ¿y voy a explicártelo a ti?" 17 así le había estado llorando durante los siete días del convite; pero el séptimo día tanto lo importunó, que él dio la explicación, y ella se la comunicó a los hijos de su pueblo. 18 Los de la ciudad dijeron a Sansón el día séptimo antes de la puesta del sol: "¿Qué más dulce que la miel? ¿Qué más fuerte que el león?" El les contestó: "Si no hubierais arado con mi novilla, no hubierais descifrado mi enigma." 19 Apoderóse de él el espíritu de Yahvé, y, bajando a Ascalón, mató allí a treinta hombres, los despojó y dio las túnicas a los que habían descifrado el enigma. Muy enfurecido, se subió a casa de sus padres. 20 La mujer de Sansón fue entregada a uno de los mozos que le habían servido de compañeros.
Sansón fue a desposarse con la mujer de Tirnna solo, sin que le acompañaran sus padres. El texto masorético dice que fue el padre el que bajó a Timna, lo cual se opone al contexto. Por razones críticas se propone la corrección del texto. Causa extrañeza que sea Sansón el que dé (v.10) el banquete, cuando, según la costumbre judía, debían ser los jóvenes o paraninfos de la mujer. Quizás fueron los padres de la mujer y los jóvenes filisteos invitados como amigos del esposo (Cant 3:7; 1 Mac 9:39) los que prepararon una gran fiesta que duró siete días (LXX y Syr.). Ningún amigo israelita de Sansón le acompañó en este acto, ya que este matrimonio con una extranjera hería los sentimientos nacionales. Tampoco sus padres estuvieron presentes en la fiesta (en contra de la lección del texto masorético).
Sansón quiso humillar a aquellos jóvenes valientes proponiéndoles un enigma que debían resolver en el plazo de los siete días que duraba la fiesta. Estas adivinanzas constituían un juego muy de moda en Siria y Palestina (1 Re 10:1; Pro v 1:6). Crea cierta dificultad la enumeración de los días v.14; 15; 17), que tal vez puede solucionarse suponiendo una corrupción en el texto o por la "carencia de la precisión matemática por parte de los hebreos" (Lagrange).
Sansón resistió siete días a las lágrimas y halagos de su mujer, le pedía le manifestara el enigma; pero al fin cede, y en el séptimo 6 antes de ponerse el sol (o antes de entrar en la cámara nupcial, segun muchos autores, después de Stade), los jóvenes le dieron la unción, que el texto reproduce en forma literaria rimada. Del mismo modo les responde Sansón diciéndoles que se han servido de que le pertenece para hacer su propio trabajo (Vincent), Según Lagrange aunque la respuesta sea dura, no contiene necesariamente nada obsceno. Sin embargo, el doble sentido es transparente, y la metáfora es conocida entre griegos y romanos.
Tentativas de Reconciliación con la Mujer (15:1-3)
1 Al cabo de días, al tiempo de la siega, fue Sansón a visitar a su mujer, llevando un cabrito, y dijo: "Quiero entrar a mi mujer en su cámara." 2 Pero el padre le negó la entrada, diciendo: "Yo creí que la habías aborrecido enteramente y se la he entregado a tu compañero. Su hermana menor es más hermosa todavía que ella. Tómala por mujer en lugar suyo." 3 Sansón le dijo: "Ahora, ya sin culpa de mi parte contra los filisteos, podré hacerles daño."
Al cabo de un tiempo, Sansón visitó a su mujer con ánimo de reconciliarse con ella, llevándole un cabrito como obsequio. Su indignación fue grande al manifestarle su suegro que la había entregado a otro por creer que él la había repudiado definitivamente (14:16). El hombre quiso reparar buenamente la ofensa, o quiso aprovecharse del incidente para colocar a otra hija menor, más hermosa, dice, que la mujer que había escogido (Gen 29:1655).
El Ardid de los Chacales (15:4-8)
4 Se fue, y cogiendo trescientas zorras y teas, ató a las zorras dos a dos, cola con cola, y puso entre ambas colas una tea. 5 Encendió luego las teas y soltó a las zorras en las mieses de los filisteos, abrasando los montones de gavillas, los trigos todavía en pie y hasta los olivares. 6 Los filisteos se preguntaban: "¿Quién ha hecho esto?" Y se les dijo: "Ha sido Sansón, el yerno del timneo, porque éste le ha quitado su mujer y se la ha dado a un compañero suyo." Los filisteos subieron y la quemaron a ella y a la casa de su padre. 7 Sansón les dijo: "¿Eso habéis hecho? Pues yo no pararé hasta vengarme de vosotros." 8 Y les tundió ancas y muslos, haciendo en ellos gran destrozo, y se bajó luego a la caverna del roquedo de Etam.
El texto hebreo habla de zorras (shuhal), pero el término se emplea también para designar a los chacales (Sal 63:11). Y es tanto más recomendable esta última significación aquí, por cuanto existían y existen aún hoy en Palestina gran cantidad de chacales. El numero de trescientos parece excesivo. Trescientos es múltiplo de treinta (14:11). No indica el texto el tiempo que empleó Sansón en capturar tan gran número de animales, ni si realizó solo esta hazaña o fue ayudado por otros. Al atar a los chacales dos a dos y cola con cola, con una antorcha encendida entre ambas, se proponía moderar el paso de estos animales para que su acción en los trigales fuera más efectiva. Sansón los soltó durante la noche para evitar el ser sorprendido en su maniobra y para que la devastación fuera más completa, por la ausencia de personal que apagara el fuego. Aquellos campos de trigo, segados ya en parte, y otros todavía en pie, fueron pronto pasto de las llamas. Esta acción de prender fuego a las mieses por motivos de venganza (2 Sam 14:30) o como acción bélica (Judit 2:27) estaba muy en uso entre los romanos y los árabes.
Intento de Arresto (15:9-13)
9 Subieron entonces los filisteos y acamparon en Judá, extendiéndose por Leji. 10 Los de Judá les preguntaron: "¿Por qué habéis subido contra nosotros?" Ellos respondieron: "Hemos venido a atar a Sansón para tratarle como él nos ha tratado a nosotros." 11 Bajaron, pues, tres mil hombres de Judá a la caverna del roquedo de Etam, y dijeron a Sansón: "¿No sabes que los filisteos nos dominan? ¿Por qué nos has hecho eso?" El les respondió: "He hecho con ellos como ellos han hecho conmigo." 12 Ellos repusieron: "Hemos bajado para atarte y entregarte atado en manos de los filisteos." Sansón respondió: "Jurad que no vais a matarme." 13 Ellos le dijeron: "No; solamente a atarte, para entregarte a los filisteos; pero no te mataremos." Y, atándole con dos cuerdas nuevas, le hicieron subir al roquedo.
Humillados por los malos tratos que les había infligido Sansón, los filisteos tomaron represalias con una incursión en Leji (2 Sam 23:11), lugar todavía no identificado y perteneciente a la tribu de Judá. Los de Judá, acaso por no sentirse solidarizados con los danitas, a cuya tribu pertenecía Sansón, o por deseos de vivir en paz, se comprometieron con los filisteos a entregárselo. Sansón se dejó atar por sus con nacionales después de haber arrancado de ellos la promesa de que no le matarían, porque confiaba que con ello tendría una nueva ocasión para castigar a sus enemigos los filisteos.
Sansón Derrota a Mil Filisteos (15:14-20)
14 Llegados a Leji, los filisteos les salieron al encuentro lanzando gritos de júbilo. Apoderóse entonces de él el espíritu de Yahvé, y las cuerdas que a los brazos tenía fueron corno hilos de lino quemados por el fuego; las ligaduras cayeron de sus manos, 15 y, viendo cerca una quijada de asno fresca, la tomo y derroto con ella a mil hombres. 16 Dijo Sansón: "Con una quijada de asno los he aporreado bien; con una quijada de asno he matado a mil hombres." 17 Y dicho esto, tiró la quijada y llamó a aquel lugar Ramat Leji. 18 Devorado por la sed, clamó a Yahvé, diciendo: "Eres tú el que por la mano de tu siervo has hecho esta gran liberación; ¿voy a caer ahora, muerto de sed, en la mano de los incircuncisos?" 19 Y abrió Yahvé el pilón que hay en Leji y brotó de él agua. Bebió, se recobró y vivió, y la llamó por eso la fuente de En Hacore, que es la que hay todavía en Leji. 20 Sansón juzgó a Israel, en tiempo de los filisteos, durante veinte años.
Al ver los filisteos a Sansón atado con cuerdas, prorrumpieron en gritos de júbilo, por creer definitivamente en sus manos a su enemigo. Pero Sansón pone en juego su fuerza extraordinaria, y, a un esfuerzo suyo, las cuerdas con que estaba maniatado se rompieron como si fueran hilos de lino quemados por el fuego. A falta de otra arma, tomo una quijada de asno todavía fresca, pesada y sólida, y arremetió contra aquella multitud de filisteos. La acción debió de ser rápida y eficaz, y anuló todo intento de resistencia.
Sansón celebró su triunfo con un cántico rítmico en el que hay un juego de palabras 1 y no poca ironía. Ramat-Leji, "altura de la quijada," llamada así por su configuración, que se asemeja a una quijada de asno. Trátase de una explicación popular acerca del origen del nombre de esta ciudad. Recoge también el autor la tradición local sobre el origen de la fuente de Leji al decir que, al final de su proeza, sintióse el vencedor devorado por la sed. En memoria de la plegaria de Sansón, aquella fuente lleva el nombre de En Hacore, "fuente del suplicante," o de la perdiz (1 Sam 26:20; Jer 17:11). Sansón juzgó a Israel, es decir, "hizo justicia de los opresores de su pueblo" (Lods, 386), por espacio de veinte años, frase que, según algunos expositores, indica o bien una doble redacción de la historia de Sansón o la intención del autor de señalar los años que duró la misión de Sansón antes de entrar en el relato de sus fracasos.
Sansón en Gaza (16:1-3)
1 Fue Sansón a Gaza, donde había una meretriz, a la cual entró. 2 Se les dijo a las gentes de Gaza: "Ha venido aquí Sansón." Y le cercaron y estuvieron toda la noche en acecho cerca de la puerta de la ciudad. Se estuvieron tranquilos durante la noche, diciéndose: "Al alba le mataremos." 3 Sansón estuvo acostado hasta media noche. A media noche se levantó, y, tomando las dos hojas de la puerta de la ciudad con las jambas y el cerrojo, se las echó al hombro y las llevó a la cima del monte que mira hacia Hebrón.
Sansón tenía buena musculatura, pero el corazón débil. Desde Leji (texto de los LXX) marchó a Gaza (Jos 13:3). La fama que aureolaba a Sansón hizo que se esparciera la voz de su presencia en la ciudad. Inmediatamente las autoridades tomaron las medidas oportunas para apresarlo. Durante todo el día (no "toda la noche," como se lee en TM) se pusieron guardias a la puerta de a ciudad para impedir su salida, mientras algunas patrullas volantes recorrían sus calles para localizarle. Sucedió que Sansón, al terminar sus quehaceres, entró en casa de una meretriz (11:1; Jos 2:11). Había ya anochecido cuando supieron su paradero, por lo cual las autoridades no juzgaron oportuno proceder inmediatamente a su detención, porque, entre los antiguos, el sueño era considerado como algo sagrado, no pudiéndose matar a nadie durante el mismo (Ex 14:20; 1 Sam 19:11). Durante la noche se cerraban las puertas de la ciudad, y, juzgando que Sansón no podría escapar, los guardias se retiraron a descansar, conviniendo en matar a Sansón al rayar el alba del día siguiente. Pero Sansón se levantó de noche, arrancó las puertas de la ciudad con jambas y el cerrojo, se las echó al hombro y las llevó a una colina vecina, al este de la ciudad, desde donde se divisaban los montes de Hebrón. De Gaza a Hebrón hay más de setenta kilómetros. Por lo mismo, no puede admitirse la interpretación de los que hacen andar a Sansón todo este recorrido con las puertas a la espalda.
Dalila traiciona a Sansón (16:4-14)
4 Después amó a una mujer del valle de Sorec, de nombre Dalila. 5 Los príncipes de los filisteos subieron a ella y la dijeron: "Sedúcele para saber en qué está su gran fuerza y cómo podríamos apoderarnos de él, para atarle y castigarle. Si lo haces, te daremos cada uno mil cien siclos de plata." Dijo, pues, 6 Dalila a Sansón: "Dime, te ruego, en qué está tu gran fuerza y con qué habrías de ser atado para sujetarte." 7 Sansón respondió: "Si me atasen con siete cuerdas húmedas, que no se hubieran secado todavía, me quedaría sin fuerzas y sería como otro hombre cualquiera." 8 Subiéronle los príncipes de los filisteos las siete cuerdas húmedas, sin secar todavía, y ella le ató con ellas. 9 Como tenía en su cuarto gentes en acecho, le gritó: "¡Sansón, los filisteos sobre ti!" El rompió las cuerdas como se rompe un cordón de estopa cuando se le pega fuego, y quedó desconocido el secreto de su fuerza. 10 Dalila dijo a Sansón: "Te has burlado de mí y me has engañado. Dime, pues, ahora con qué hay que atarte." 11 El le dijo: "Si me atan con cuerdas nuevas que no hayan sido empleadas para ningún otro uso, me quedaré sin fuerzas y seré como otro cualquiera." 12 Dalila cogió cuerdas nuevas y le ató con ellas. Después le gritó: "¡Sansón, los filisteos sobre ti!" pues tenía en el cuarto gentes en acecho. El rompió como un hilo las cuerdas que tenía en los brazos. 13 Dalila dijo a Sansón: "Hasta ahora te has burlado de mí y no me has dicho más que mentiras. Dime de una vez con qué hay que atarte." El le dijo: "Si entretejes con un lizo las siete trenzas de mi cabeza y las fijas con una clavija de tejedor, me quedaré sin fuerzas y seré como otro hombre cualquiera." 14 Dalila le adormeció y entretejió con un lizo las siete trenzas, las fijó con la clavija de tejedor y le gritó: "¡Sansón, los filisteos sobre ti!" Y despertando de su sueño, arrancó la clavija y el entretejido, y quedó desconocido el secreto de su fuerza."
Enamoróse Sansón de una mujer de Sorec (la actual Surte, en el valle Serar, a cuatro kilómetros de Sora), llamada así por sus famosos viñedos (Is 5:2; Jer 2:21). No dice el texto si esta mujer era filistea o hebrea, pero se presume que era israelita. Dalila es de significación incierta en hebreo; en árabe significa la indicadora, por lo cual puede dudarse si era éste su nombre primitivo o un sobrenombre que le dio la tradición popular por razón de su comportamiento con Sansón. Los príncipes (sarnim, Jos 13:9) de los filisteos entran en trato con Dalila para apoderarse de Sansón y le ofrecen por sus servicios una cantidad, que, traducida en números, repreresenta una suma considerable, que Hummelauer, a últimos del siglo pasado, valoraba en 250.000 francos. Sin embargo, la mayoría de los expositores estima que se trata de una suma convencional que equivale a decir que le entregarían mil siclos y que estaban dispuestos a elevar aún esta cantidad. Para no impresionar a Dalila, los príncipes no hablan de dar muerte a Sansón, sino solamente de apoderarse de él y castigarle. Estaban interesados en que Dalila arrancara de Sansón el secreto de su fuerza, o, en otras palabras, "de dónde provenía el que su fuerza fuese tan grande." Para los primitivos, el origen de este vigor extraordinario no puede ser más que un mana, que está sujeto a fuerzas mágicas; por esto mismo, Sansón señala de hecho recetas mágicas para destruir esta fuerza. En el v.17 indica Sansón el origen sobrenatural de su fuerza. El número siete, que emplea Sansón, es un número sagrado, y aquí, según Lagrange, "tiene valor de encanto mágico."
Sansón Cede a los Halagos de la Mujer (16:15-20)
15 Ella le dijo: "¿Cómo puedes decir que me quieres, cuando tu corazón no está conmigo? Por tres veces te has burlado de mí y no me has descubierto en qué está tu gran fuerza." 16 Y le importunaba incesantemente, siempre insistiendo en su demanda, hasta llegar a producirle un tedio de muerte. 17 Y le abrió de par en par su corazón, diciendo: "Nunca ha tocado la navaja mi cabeza, pues soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si me rapasen, perdería mi fuerza, quedaría débil y sería como todos los otros hombres," 18 Dalila vio que en verdad le había abierto de par en par su corazón; y mandó llamar a los príncipes de los filisteos, diciéndoles: "Subid, que esta vez ya me ha abierto de par en par su corazón." Subieron, llevando el dinero en sus manos. 19 Le durmió ella sobre sus rodillas, y, llamando un hombre, hizo que raparan las siete trenzas de la cabellera de Sansón, que comenzó a debilitarse. Había perdido su fuerza, 20 y ella le dijo entonces: "¡Sansón, los filisteos sobre ti!" El se despertó, diciendo: "Saldré como tantas otras veces y me sacudiré," pues no sabía que Yahvé se había apartado de él.
Dalila puso en juego toda su astucia femenina para ablandar el corazón del héroe, presionándole hasta causarle angustias de muerte. Por fin, Sansón sucumbió. Rapada su larga cabellera por un hombre llamado al efecto, quedaba violado el voto del nazareato y, como consecuencia, le retiraba Dios el carisma de la fuerza que le habla otorgado en vistas a su misión, quedando reducido a la condición de un hombre cualquiera. Durante toda su vida se mostró Sansón infiel a su condición de nazir: banqueteaba como los otros ingiriendo bebidas alcohólicas, que le estaban prohibidas; diversas veces había tenido contacto con cadáveres, y, por fin, no supo conservar intacta su larga cabellera, que era el signo externo más característico de su total consagración a Yahvé. La historia de Sansón nos enseña a qué grado de inconsciencia puede llegar un hombre que da rienda suelta a la sensualidad.
Venganza y Muerte de Sansón (16:21-31)
21 Los filisteos lo tomaron prisionero, le sacaron los ojos y, llevándole a Gaza, le encadenaron con doble cadena de bronce, y en la cárcel le pusieron a hacer dar vueltas a la muela. 22 Entretanto, volvieron a crecerle los pelos de la cabeza, después de haber sido rapada. 23 Los príncipes de los filisteos se congregaron para ofrecer un gran sacrificio a Dagón, su dios, y, para regocijarse, decían: "Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a Sansón, nuestro enemigo." 24 El pueblo, al verle, alababa a su dios, diciendo: "Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a nuestro enemigo, al que asolaba nuestra tierra y mató a tanta gente." 25 Cuando su corazón se alegró, dijeron: "Que traigan a Sansón para que nos divierta." 26 Sansón fue sacado de la cárcel y tuvo que bailar ante ellos. Habíanle puesto entre las columnas, y Sansón dijo al mozo que le hacía de lazarillo: "Déjame tocar las columnas que sostienen la casa, para apoyarme." 27 Estaba la casa llena de hombres y mujeres. Allí estaban los príncipes de los filisteos, y había sobre el techo más de tres mil personas, hombres y mujeres, viendo bailar a Sansón. 28 Entonces invocó Sansón a Yahvé, diciendo: "Señor, Yahvé, acuérdate de mí; devuélveme la fuerza sólo por esta vez, para que ahora me vengue de los filisteos por mis dos ojos." 29 Sansón se agarró a las dos columnas centrales que sostenían la casa, y, haciendo fuerza sobre ellas, sobre la una con la mano derecha, sobre la otra con la mano izquierda, 30 dijo: "¡Muera yo con los filisteos!" Tan fuertemente sacudió las columnas, que la casa se hundió sobre los príncipes de los filisteos y sobre todo el pueblo que allí estaba, siendo los muertos que hizo al morir más que los que había hecho en vida. 31 Sus hermanos y toda la casa de su padre bajaron y se lo llevaron, y le sepultaron entre Sora y Estaol, en la sepultura de Manué, su padre. Juzgó a Israel durante veinte años.
Los filisteos se apoderaron fácilmente de su enemigo, al cual le arrancaron los ojos, suplicio muy frecuente entre los orientales (1 Sam 11:2; 2 Re 25:7; Jer 52:11; texto de los LXX), y, atado de manos y pies con una doble cadena de bronce, lo condujeron a Gaza, condenándole a dar vueltas a la muela, trabajo propio de mujeres y esclavos (Ex 11:5; Is 47:2). Su cabeza volvió a poblarse, pero no por ello debía renacer su fuerza extraordinaria de antes. Tratado como un esclavo y blanco de las burlas de los filisteos, reflexionó Sansón sobre su conducta e infidelidad a la misión para la cual Dios le había escogido. Su oración debió de ser ferviente; su arrepentimiento, verdadero, por lo cual Dios le concedió de nuevo el carisma de la fuerza que le había retirado. Dagón era una divinidad semita, protectora del trigo (dagan), muy venerada en todo el Oriente Medio desde Babilonia al Mediterráneo. Los filisteos adoptaron a este dios, rindiéndole un culto especial en Azoto (1 Sam 5:2; 1 Mac 10:84; 11:4) y Gaza. Más tarde esta divinidad fue identificada falsamente con una divinidad con cuerpo de pez (dag). Junto al dios se veneraba a Atargates (2 Mac 12:26).
Los príncipes y todo el pueblo aclamaban a su dios por haberles librado de Sansón, su enemigo. Cuando su corazón se alegró por el mucho vino, reclamaron su presencia para que les divirtiera. Obligado a bailar al son de instrumentos y zarandeado de una parte a otra, fue el hazmerreír de toda aquella gente ebria de vino y de triunfo. Ya agotado, se le concedió un leve descanso a la sombra de una terraza sostenida por columnas. Sansón pidió a su lazarillo que le permitiera apoyarse en una de las columnas de la casa, o de la sala cabe al templo, donde estaban reunidos los filisteos para consumir el resto de las víctimas ofrecidas en sacrificio (9:46; 1 Sam 1:9; 9:22). Entonces Sansón invocó a Dios, pidiéndole le devolviera la fuerza de otro tiempo. Al tener conciencia de que Dios había oído su oración, se agarró a las dos columnas centrales, sobre las cuales se apoyaba el edificio, y las sacudió con tanta fuerza que la casa se hundió, quedando él mismo sepultado, junto a un gran número de filisteos, entre los escombros.
No cabe hablar de suicidio directo y voluntario en este caso de Sansón, ya que él quiso directamente la muerte de sus enemigos, los filisteos, y sólo indirectamente atentó contra su vida propia. A pesar de sus debilidades, Sansón pasó a la historia con la fama de un juez que hizo justicia a los enemigos de su pueblo, gracias a un carisma que le otorgó Dios gratuitamente. San Pablo alaba su fe y confianza en Dios (Hebr 11:32). El autor sagrado recogió de la tradición popular esta historia, conservando toda su ingenuidad y los rasgos humorísticos e hiperbólicos con que la había revestido la imaginación de un pueblo que admiraba la bravura de los héroes de la independencia nacional. La historia de Sansón confirma la tesis que el autor sagrado ha desarrollado en todo el libro a base de hechos históricos anecdóticos.
1 P. Humbert, Les métamorphoses de Samson en Vempreinte israélite sur la légende de Sam-son: "Revue d'Histoire des Religions," 80 (1919) 154-170; A. Lods, Quelques remarques sur l'histoire de Samson: "Actes du Gongrés International d'Histoire des Religions" (París 1923) 504-516: E. Kalt, Samson, (Freiburg 1912).
1 Levesque: RB 7 (1900) 5955.
3. Apéndices
1. Origen del Santuario de Dan
Existe en general en este relato unidad literaria, y no convencen del todo los argumentos aducidos en contra por Moore, Burney, Kittel, etc. Toda la narración está dispuesta en orden a ilustrar el origen del santuario de Dan, que subsistió en Israel hasta el siglo VIII a. de C. No se indica el tiempo en que se desarrollaron los hechos aquí consignados, pero algunos expositores (Desnoyers Tamisier, Fernández, Vincent, etc.), basándose principalmente en 18:1 y 18:30, juzgan que tuvieron lugar a principios de la época de los jueces. Según Dhorme, los relatos que aquí se refieren no pertenecen propiamente a la historia de los jueces. Se han colocado aquí porque el que los narra sabía que en este tiempo no había aún rey en Israel (17:6; 18:1). Pero aun en el supuesto que se efectuara en este tiempo la emigración de los danitas hacia el norte de Palestina, sin embargo, no debe suponerse que emigraran en masa, sino que una gran parte se mantuvo firme en el territorio que se les había señalado, resistiendo a filisteos y amorreos. Entre los danitas que permanecieron en el territorio, cabe mencionar al clan danita de Sansón, que habitaba en Sora. Se ha hecho notar el parentesco existente entre la narración del origen del santuario de Dan y la historia de Sansón. Las analogías sugieren que el relato sobre el origen del santuario de Dan y la historia de Sansón proceden de Judá, y probablemente de los medios imbuidos de influencias levíticas. Directamente no condena el hagiógrafo los hechos que refiere, pero incluye en la narración cortas reflexiones que dan a entender que aquella degradación del culto yahvista sólo era posible en tiempos de anarquía, "en que no había rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía" (17:6; 18:1-31). La existencia de estos abominables abusos se explica, además, porque "era entonces rara la palabra de Yahvé y no era frecuente la visión" (1 Sam 3:1). En todo el relato late cierta animosidad hacia el reino del norte y simpatía por la monarquía davídica, considerada como el único medio para cortar abusos y asegurar la fidelidad a Yahvé 1.
El Santuario Privado de Mica (17:1-6)
1 Había un hombre de los montes de Efraím, Mica de nombre. 2 Dijo éste a su madre: "Los mil cien siclos de plata que habías puesto aparte, por los que te oí lamentarte a veces, yo los tengo, yo te los quité." 3 Díjole su madre: "Bendito de Yahvé seas, hijo mío." Devolvió, pues, los mil cien siclos de plata a su madre, que dijo: "Quiero consagrar a Yahvé este dinero y que de mi mano pase a mi hijo, para que se haga una imagen tallada y chapeada. Ahí, pues, te lo entrego." 4 Habiendo, pues, devuelto él a su madre el dinero, tomó su madre doscientos siclos y se los dio a un orífice, y éste hizo una imagen tallada y chapeada, que quedó en la casa de Mica; 5 y así un hombre como Mica vino a tener una casa de Dios. Hízose también un efod y unos "terafim," y llenó la mano de uno de sus hijos para que hiciera de sacerdote. 6 No había entonces rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía.
No se especifica la población en que vivía Mica, pero, por lo que se dice en 18:14.22, parece que habitaba en un villorrio o serio. Los v.1-5, tal como aparecen en el texto masorético, crean Jgunas dificultades, que cada expositor explica a su manera. Para Jgunos racionalistas se vislumbra en ellos la existencia de dos narraciones paralelas, independientes entre sí, que se designan con las letras A y B. Los v.1:5 (A) son paralelos a 2.4 (B).
El orden de estos versículos, propuesto por Moore y adoptado por Lagrange, Vincent, Tamisier y, en parte, por Notscher, es el siguiente: "Los mil cien siclos de plata que te han robado — y a propósito de los cuales has proferido una maldición, añadiendo, como oí yo mismo: "Yo consagro solemnemente este dinero a Yahvé, por mis propias manos, para hacer una imagen tallada (y un ídolo de metal fundido)," helo aquí, pues fui yo quien lo substrajo, y ahora te lo devuelvo." Su madre respondió: "Que mi hijo sea bendito de Yahvé." Mica le devolvió los mil cien siclos de plata." En este orden, el sentido de la perícopa está claro. Mica substrajo la cantidad de mil cien siclos a su madre. Esta, ignorando quién había sido el ladrón, consagró a Dios aquel dinero, que, por lo mismo y desde el mismo instante, no podía emplearse en cosas profanas sin incurrir en su maldición. Mica, que oyó las palabras de la consagración de aquel dinero, comprendió que le era imposible utilizarlo sin exponerse a la maldición divina, por lo cual decidió devolverlo. Al ver ésta que el ladrón era su propio hijo, se apresuró a bendecirlo para neutralizar en lo posible los efectos de la maldición proferida (Ex 12:32; Deut 29:19; 1 Sam 23:21; 2 Sam 21:3; 1 Re 2:33; 44-45). Se creía que no era posible, o al menos muy difícil, suspender los efectos de una maldición una vez proferida (Zac 5:3; Lev 5:1; Prov 29:24).
La madre tomó el dinero que le devolvió su hijo, y entregó doscientos siclos a un orífice para que le hiciera una imagen tallada (y, según el texto hebraico actual, un ídolo de metal fundido, massefeahj), que colocó en la casa de Mica. Y así, un hombre como Mica vino a tener una casa de Dios. Después fabricó un efod y terafim y consagró (literalmente: "llenó las manos") a uno de sus hijos para que le hiciera de sacerdote. El rito esencial de la consagración sacerdotal entre los hebreos consistía en colocar en las manos del sacerdote visceras de la víctima para que las ofreciera a Dios (Ex 29:9; 40:12-15; Lev 8:27).
El autor sagrado ha referido escuetamente el origen del santuario de Mica, sin hacer ningún comentario. Al final, sin embargo, añade esta reflexión, rica de contenido: "No había entonces rey en Israel, y cada uno hacía lo que bien le parecía"; lo que equivale a decir: Con la monarquía davídica no hubieran ocurrido tales abominaciones. Aquel santuario es reprobable y no tiene ningún valor, porque su origen es humano; la fabricación del ídolo, impía; el sacerdote escogido, indigno.
El levita de Belén (17:7-13)
7 Un joven de Belén de Judá, de nombre Jonatán, levita, que habitaba allí, 8 saliendo de la ciudad de Belén de Judá, se puso a recorrer la tierra para buscar dónde vivir, y, pasando por los montes de Efraím, llegó en su camino a la casa de Mica, 9 Preguntóle Mica: "¿De dónde vienes?" y el levita le contestó: "Soy de Belén de Judá y ando a ver si encuentro dónde vivir." 10 El jóle Mica: "Quédate conmigo y me servirás de padre y de sacerdote. Te daré diez siclos de plata al año, vestidos y comida." Y pasó allí el levita la noche 11 y consintió en quedarse con Mica, para quien fue el joven como otro hijo. 12 Llenó, pues, Mica la mano del levita, y el joven hizo con él de sacerdote, quedándose en casa de Mica. 13 Dijo Mica: "Ahora sí que de cierto me favorecerá Yahvé, pues tengo por sacerdote a un levita." No había por aquel entonces rey en Israel.
En el texto masorético se dice que había un joven en Belén de Judá, del clan de Judá, que era levita y que habitaba allí como guer (Deut 18:6). Más adelante (18:30) se dice que este joven levita se llamaba Jonatán. No teniendo la tribu de Leví territorio propio (Yahvé era su nahalah, su herencia: Deut 10:9; 18:2; Jos 13:14.33), sus miembros buscaban domicilio en otras tribus (Núm 18:20), en medio de las cuales vivían en calidad de guer. El guer, dice Lods, era un hombre que por nacimiento pertenecía a otro clan, pero que, para protestar contra una injusticia de la cual se creía víctima, o a consecuencia de un crimen, había huido o había sido expulsado por los suyos. De esta manera, el hombre que se encontraba fuera de su clan imploraba la protección de algún miembro de otro clan capaz de defenderlo, y se hacía su cliente (guer). Su vida estaba entonces segura, pero quedaba en una posición subordinada, a menudo muy miserable (Lods, 229-230). Esta situación general del guer no regía para los levitas, porque habitaban en medio de otras tribus y eran considerados como representantes del yahvismo mosaico, defensores celosos de la tradición yahvista y depositarios natos de la religión más pura. Mica tenía la convicción de que su santuario, servido por levitas, se convertiría pronto en lugar de copiosas bendiciones (Desnoyers, I 301-306).
Los Exploradores en Casa de Mica (18:1-6)
1 En aquellos días, la tribu de Dan andaba buscando dónde establecerse, pues no le había tocado hasta entonces heredad en medio de las otras tribus de Israel. 2 Mandaron, pues, los hijos de Dan de entre los suyos a cinco exploradores, hombres fuertes; los mandaron de Sora y de Estaol para que recorriesen la tierra y la explorasen, diciéndoles: "Id a reconocer la tierra." Llegaron los cinco hombres, por los montes de Efraím, hasta la casa de Mica, y pasaron allí la noche. 3 Estando cerca de la casa de Mica, conocieron por la voz al joven levita, y, acercándose a él, le preguntaron: "¿Quién te ha traído a ti aquí? ¿Qué haces aquí y qué tienes aquí?" 4 El les contestó: "Mica ha hecho por mí esto y lo otro, y me he ajustado con él y le sirvo de sacerdote." 5 Ellos le dijeron: "Entonces consulta a Dios para que sepamos si prosperará el viaje que hemos emprendido." 6 Y les dijo el sacerdote: "Id tranquilos; está ante Yahvé el camino que seguís."
Acosados los danitas por el exterior y reducidos a un espacio vital totalmente insuficiente, fueron constreñidos a emigrar. Con estos acontecimientos se tienen ya los elementos de juicio para entender la expresión ambigua (Jos 19:40-48) de que "no le había tocado hasta entonces heredad en medio de las otras tribus de Israel." Cinco hombres del clan de Sora y Estaol (13:2-25; 16:31) fueron escogidos y enviados a explorar la tierra en busca de un territorio donde poder colocar cierto número de danitas. En su viaje hacia el norte pasaron por los montes de Efraím y llegaron a un villorrio donde estaba la casa de Mica (17:8), y pasaron allí la noche. A la mañana siguiente, ya en trance de proseguir su viaje, reconocieron la voz del joven levita, o porque le habían tratado personalmente en su región, o porque fueron sorprendidos al oír la voz de un hombre que hablaba con el mismo acento que ellos. Entraron en conversación con él, que les informó de los buenos tratos que le daba Mica, a quien servía como sacerdote. Porque los levitas eran expertos en el arte de la consultación, le pidieron consultara a Yahvé acerca del éxito de su viaje. El levita lo hizo — no se dice qué rito empleó —, dándoles una respuesta ambigua, que ellos interpretaron como de buen augurio. Debe descartarse la opinión de Hummelauer, según la cual el levita consultó al diablo, de quien fue la respuesta.
Los Cinco Exploradores llegan a Lais (18:7)
7 Reemprendieron su camino los cinco hombres y llegaron a Lais. Vieron que la gente de ella vivía en seguridad, a modo de los sidonios, pacífica y tranquilamente, sin que nadie dañase a nadie, y que eran ricos y estaban alejados de los sidonios y no tenían relación con la Siria.
Los cinco exploradores continuaron su viaje en dirección al norte hasta llegar a Lais (Jos 19:47), ciudad situada en las fuentes del Jordán, a cinco kilómetros de Banías (Cesárea de Filipo), en el Actual Tell-el-Qadi. Allí nace el manantial que da origen al río Jordán, Nahr-el-Leddán, que conserva el nombre que se dio más tarde a la ciudad, Dan, en memoria de su conquista por los danitas. La ciudad, situada en una llanura y con abundancia de agua, era rica, no faltando nada de cuanto produce la tierra. Sus habitantes vivían en paz y seguridad, a la manera de los sidonios, es decir, habitantes de Fenicia (3:3), tranquilos y confiados. Tal vez la ciudad fuera colonia de Sidón (v.28), pero en caso de ataque p0r sorpresa no era fácil a la metrópoli prestarle ayuda, por hallarse a una distancia de cincuenta kilómetros y por mediar entre ambas ciudades la depresión de Nahr-el-Litani. Con respecto a los Estados árameos del este, Lais no mantenía ninguna relación con ellos. Los cinco exploradores comprendieron las ventajas que ofrecía el terreno para la emigración.
Emigración de los danitas (18:8-13)
8 Volviéronse, pues, a sus hermanos, a Sora y Estaol, que les preguntaron: "¿Qué traéis?" Ellos contestaron: 9 "Hemos ido y recorrido el país hasta Lais y hemos visto un pueblo que mora tranquilo según las costumbres de los sidonios, alejado de éstos y sin comunicación con la Siria. Subamos luego contra ellos. Hemos visto la tierra y es muy buena. ¿Os estáis quietos? No dilatéis la ida, para apoderarnos de esa tierra. 10 Daréis con un pueblo que vive seguro. La tierra es amplia, y Dios la ha puesto en vuestras manos. Es una tierra que produce de todo." 11 Salieron, pues, de Sora y Estaol seiscientos hombres de las familias de Dan, armados en guerra, 12 y subiendo, acamparon en Quiriat-Jearim, de Judá, por lo cual se llamó hasta hoy este lugar Majane Dan, al occidente de Quiriat-Jearim. 13 Pasaron de allí a los montes de Efraím y llegaron hasta la casa de Mica.
A las preguntas de sus compatriotas, a su regreso, respondieron los exploradores que el territorio era rico y fácil de conquistar. El laconismo de la respuesta, según el texto hebraico, contrasta con la larga descripción que hacen los LXX, cód. A. L., de las condiciones de vida que han observado en Lais. Según Núm 1:39; 26:43, la tribu de Dan contaba con más de sesenta mil hombres aptos para las armas. Esto indica que no todos los danitas emigraron a Lais, sino únicamente parte del clan residente en Sora y Estaol. La primera etapa fue Quiriat-Jearim (Jos 9:17; 1 Sam 6:21; 7:1; 2 Sam 6:2), a quince kilómetros al noroeste de Jerusalén, actualmente Abu-Gosch. Mahaneh-Dan significa campamento de Dan (13:25); su emplazamiento no puede determinarse de manera exacta.
Robo en el santuario de Mica (18:14-26)
14 Los cinco hombres que habían ido a explorar la tierra de Lais dijeron a sus hermanos: "¿Sabéis que en esta casa hay un efod, y "terafim," y una imagen tallada y chapeada? Ved vosotros lo que se ha de hacer." 15 Pasaron adelante; y entrando en la casa del joven levita, la casa de Mica, le preguntaron por su salud. 16 Los seiscientos hombres de los hijos de Dan, armados en guerra, se quedaron a la entrada de la puerta. 17 Subieron los cinco exploradores y entraron para apoderarse del efod, de los terafim," y de la imagen chapeada, mientras estaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos hombres armados en guerra. 18 Después que entraron en la casa de Mica, se apoderaron del efod, de los "terafim," y de la imagen tallada y chapeada, les dijo el sacerdote: "¿Qué hacéis?" 19 Ellos le dijeron: "Cállate; ponte la mano en la boca; vente con nosotros y serás nuestro padre y nuestro sacerdote. ¿Qué te es mejor, ser sacerdote de la casa de un solo hombre o serlo de una tribu y de una familia de Israel"? 20 Alégresele al sacerdote el corazón, y, tomando el efod, los "terafim," y la imagen tallada, se fue con aquella gente. 21 Pusiéronse en marcha de nuevo, llevando por delante a los niños, a los animales y las cosas de precio; 22 y estaban ya lejos de la casa de Mica, cuando éste y los hombres que habitaban las casas vecinas de la de Mica se reunieron para salir en persecución de los hijos de Dan. 23 Gritaron a los hijos de Dan; y éstos, volviendo la cara, dijeron a Mica: "¿Qué te ocurre, para que nos vengas dando voces?" 24 El contestó: "Mi dios, el que yo he hecho, me lo habéis quitado junto con el sacerdote, y os marcháis. ¿Qué me queda entonces? ¿Y todavía me preguntáis qué me ocurre?" 25 Dijéronle los hijos de Dan: "No nos hagas oír más tu voz si no quieres que hombres irritados se arrojen sobre vosotros y pierdas tu vida y la de los de tu casa." 26 Prosiguieron los hijos de Dan su camino; y Mica, viendo que eran más fuertes que él, se volvió y tornó a su casa.
La composición de los v.16-18 es singular. El sentido de la perícopa parece ser el siguiente: Habitaba Mica en un villorrio o caserío en el que las casas, dispuestas en forma circular, dejaban un patio en el centro, con la casa de Mica en el fondo del mismo y frente a la única puerta de entrada (v. 16-17). Los seiscientos hombres se aglomeraron en la puerta del caserío, donde saludaron y conversaron largamente con el levita (v. 15-16). Entre tanto, los cinco exploradores aprovecharon la coyuntura de hallarse el levita enzarzado en la conversación con el grueso de la tropa para deslizarse hacia el interior del patio, con ánimo de desvalijar el santuario instalado en la casa de Mica (v.17). Viendo ellos que el levita seguía en la puerta del caserío (v.17c), se filtraron en la casa de Mica, llevándose la imagen tallada (pesel), el efod y los terafim y, acaso (véase v.2), el ídolo de metal (massekah; v.18). De regreso, obligados a salir por la única puerta de acceso a la ciudad, en donde se hallaba el levita, no pudieron evitar que éste se diera cuenta del robo y les increpara, diciendo: "¿Qué hacéis?" Ellos y el grueso de los danitas le impusieron silencio y le invitaron a seguirles para ser su padre espiritual (17:10) y sacerdote. Las propuestas que le hicieron le parecieron más lucrativas que las de Mica, por lo cual cargó él mismo con los objetos sagrados y, en medio de la tropa, como personaje distinguido, comenzo a recorrer el camino.
Toma de Lais (18:27-29)
27 Lleváronse, pues, lo que había hecho Mica y el sacerdote que tenía, y marcharon contra Lais, contra el pueblo tranquilo y confiado, y los pasaron a filo de espada y prendieron fuego a la ciudad. 28 No hubo quien la librara, por lo lejos que estaba Sidón y por no tener relación con la Siria. Estaba en el valle que se extiende hacia Bet Rejobot. Los hijos de Dan reedificaron la ciudad y habitaron en ella, 29 y la llamaron Dan, del nombre de su padre, hijo de Israel, pues antes se llamaba Lais.
La ciudad fue consagrada al anatema (1:8-25; 4:15). En la antigüedad, la guerra era total, y sigue siéndolo después de tres milenios. Después de la primera fase de la conquista israelita, no se habla más de "consagrar" la población cananea, sino solamente de rechazarla o someterla a tributo 1.
El autor sagrado explica el éxito de la empresa debido al aislamiento de Lais, que se encontraba lejos de Sidón y sin ninguna relación con la Siria. Bet Rejobot (Núm 13:22; 2 Sam 10:8), probablemente sobre el sitio original de Banías, era el centro de un pequeño Estado arameo que se organizó durante el siglo XII a. de C. El lugar formaba parte del país de los árameos o sirios (2 Sam 10:8).
Fundación de Dan y de su santuario (18:30-31)
30 Los hijos de Dan se erigieron la imagen tallada de Mica; Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos, fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el tiempo de la emigración de Dan. 31 Permaneció entre ellos la imagen tallada de Mica, que él se había hecho, todo el tiempo que estuvo en Silo la casa de Dios.
Los danitas reedificaron la ciudad, a la cual dieron el nombre de su antepasado epónimo, Dan, uno de los hijos de Jacob. La traducción literal de los v.30-31 es la siguiente: "Los hijos de Dan se erigieron la imagen tallada (pesel). Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el tiempo de la cautividad de la tierra. Y se instalaron para ellos la imagen tallada que hizo Mica, por todo el tiempo que la casa de Yahvé estuvo en Silo." Estos dos versos han retenido la atención de exegetas e historiadores. Manipulados por los especialistas, los versos han sufrido mucho. Los críticos dudan de que uno y otro figurara en el texto primitivo; a veces suprimen los dos. Sin acudir a operaciones quirúrgicas tan enérgicas, algunos los amputan parcialmente. A pesar de las incertezas de la crítica literaria, los dos versos son importantes para la historia del sacerdocio israelita2. Hasta ahora el autor sagrado había callado el nombre de este levita; pero, en el trance de poner de relieve el origen ilustre del santuario, declara que se llamaba Jonatán, hijo de Gersón, hijo de Moisés (Ex 2:22; 18:3; 1 Crón 23:15). Pero este detalle de que un descendiente de Moisés se prestara a una desviación del yahvismo auténtico indica la anarquía religiosa existente en aquella época. Por esto mismo, para salvaguardar el honor del gran caudillo de Israel, los masoretas reemplazaron más tarde su nombre por el del impío Manases (2 Re c.21). Esta es la razón que en el texto masorético haya un nun suspendido entre la primera y segunda letra del nombre de Moisés (m(n)sh) 3.
Descendientes de Jonatán continuaron ejerciendo su sacerdocio, poco ortodoxo, en el santuario de Dan hasta que desapareció con Cautividad del reino del Norte en los años 733 ó 722. En tiempos de Jeroboam, la imagen tallada de plata fue reemplazada por un becerro de oro, lo que "indujo al pecado, pues iba el pueblo hasta Dan para adorar" (1 Re 12:30). Los profetas Amos y Oseas levantaron su voz contra estos sacerdotes.
En estos capítulos puede verse la mano de un autor del reino de Judá, que condena el santuario de Dan. Insiste en su carácter idolátrico (18:30a; 18:31a). El mismo redactor ha impreso su pensamiento en varias partes del relato. Respeta en general la vieja tradición danita; puede ser que haya añadido él los pasajes 17:6 18:1; 17:2-4. Él redactor es un ferviente y ah vista, un partidario del sacerdocio sadocita de Jerusalén 4.
1 Véase A. Fernández, El santuario de Dan. Estudio critico-exegético sobre Jud. I7-l8 "Bíblica," 15 (1934) 237-264; C. Hauret, Aux origines du sacerdoce danite: "Mélanges Ro-bert" (París s.a.) 105-113; Murtonen, A., Some Thoughts on Judges 1755: VT 1 (1951) 223-224.
1 W. F. Albright, De Γ age de la pierre a la chrιtienté (París 1951) 204-205.
2 Fiauret, l.c., 105-106,
3 Fernández, l.c., 253 11.2; Hauret, l.c., 107. Hauret, l.c., 112-113.
2. La Guerra contra Benjamín (c.19-21)
Los hechos de que se habla en los tres últimos capítulos del libro se desarrollaron también en los tiempos en que no había rey en Israel (v.1). Entre este apéndice y el anterior existen analogías evidentes. Los expositores han puesto de relieve que en el texto actual de este segundo apéndice se vislumbra la intervención de varias manos. Cómo y cuándo alcanzó su forma definitiva, no es posible determinarlo con certeza. Se habla de la yuxtaposición de dos narraciones antiguas; de un redactor posterior que combinó el relato más antiguo con otro sacerdotal completamente independiente o de un relato antiguo elaborado y dispuesto por un escritor perteneciente a los círculos sacerdotales 1.
En cuanto a los fines del autor, este apéndice entra en el plan teológico que se ha propuesto desarrollar. En primer lugar, el episodio deja entrever claramente el estado de anarquía reinante, en oposición a los tiempos de la monarquía davídica. Pero, a pesar de ello, Dios se interesa por su pueblo pecador y corre en su ayuda a la más leve señal de arrepentimiento (v.21-14). No son los pueblos extranjeros los que infligen un castigo a la tribu prevaricadora, sino la comunidad de Israel. Había crímenes que Israel no podía tolerar, tales como violar las costumbres sobre la hospitalidad, forzar una virgen, consentir perder la virginidad antes del matrimonio, apropiarse de las cosas consagradas a Yahvé por el herem (Desnoyers, I 297). Pero para que Israel lleve a feliz término las guerras de Yahvé contra los prevaricadores tiene necesidad de purificarse en la lucha y en el sufrimiento. Estas son las dos lecciones morales que se desprenden de este segundo apéndice· la noción de prueba (3:1-6) y la fidelidad de Yahvé.
El levita de Efraírn y su concubina (19:1-10)
1 Sucedió por aquel tiempo, cuando no había rey en Israel, que un levita que peregrinaba en el límite septentrional de los montes de Efraím tomó por mujer a una concubina de Belén de Judá. 2 Se disgustó con él la concubina y le dejó para irse a la casa de su padre, a Belén de Judá, donde se estuvo por espacio de cuatro meses. 3 Su marido, llevando consigo un mozo y dos asnos, se encaminó donde ella estaba para hablarle al corazón y reducirla. Hízole entrar ella en la casa de su padre, que al verle salió muy contento a recibirle. 4 Instóle su suegro, el padre de la joven, y se quedó allí por tres días, comiendo, bebiendo y pasando la noche allí. 5 Al cuarto día se levantó de mañana y se dispuso a marchar; pero el padre de la joven dijo a su yerno: "Toma antes un bocado de pan, para refocilarte, y luego partirás." 6 Sentáronse ambos y comieron y bebieron; y el padre de la joven dijo al marido: "Anda, quédate hoy a pasar aquí la noche alegremente." 7 Levantóse el marido para marcharse, pero le instó su suegro, y se quedó a pasar la noche allí. 8 Levantóse de mañana el día quinto, para emprender la marcha; y le dijo el padre de la joven: "Anda, toma un refrigerio y diferid la marcha hasta el caer del día"; y se pusieron a comer juntos. 9 Levantóse el marido para marcharse él, la concubina y el mozo; pero el suegro, el padre de la joven, le dijo: "Mira, comienza ya a caer la tarde; anda, pasad la noche aquí, que el día se acaba ya; pasa aquí la noche, que se te alegre el corazón, y mañana os levantáis bien temprano para volveros a tu casa," 10 El marido rehusó pasar allí la noche, se levantó y partió. Llegó frente a Jebús, que es Jerusalén, con el par de asnos y la concubina.
Este levita habitaba como guer en la parte norte de Efraím (17:8; 18:2), lo que revela que el escritor escribía desde Judá. Tomó como concubina (8:31), o mujer de segundo orden (Gen 22:24), a una de Belén (17:7). No se sabe el porqué, pero lo cierto es que la mujer se enojo fuertemente contra él, lo abandonó y se marchó a casa de sus padres. Al cabo de cuatro meses, el buen levita, acompañado de un siervo y con dos asnos, se fue a Belén para reconciliarse con ella. La acogida fue cálida, tanto de parte de su mujer como de parte de su suegro (hoten). Después de muchas tentativas de éste para retenerle por más tiempo en su casa, el levita, con su mujer, emprendió el viaje de regreso a su casa.
Etapa en Gueba (19:11-21)
11 Cuando estaba cerca de Jebús, el día había ya bajado mucho, y dijo el mozo a su amo: "Será mejor que nos desviemos hacia la ciudad de los jebuseos, para pasar allí la noche." 12 El amo le respondió: "No, no torceremos hacia la ciudad extraña? en la que no hay hijos de Israel; 13 lleguemos a Gueba"; y añadió: "Anda, vamos a acercarnos a uno de esos dos lugares, y pasaremos la noche en Gueba o en Rama." 14 Prosiguiéronla marcha, y al ponerse el sol llegaron cerca de Gueba de Benjamín. 15 Tomaron, pues, hacia allá, para pasar la noche en Gueba. Entraron y se sentaron en la plaza de la ciudad; y no hubo quien los admitiera en su casa, para pasar en ella la noche. 16 Llegó en esto un anciano que venía de trabajar en el campo; era un hombre de los montes de Efraím, que se hallaba en Gueba; los habitantes del lugar eran benjaminitas. 17 Cuando, al levantar los ojos, vio al viajero en la plaza de la ciudad, le dijo: "¿Adonde vas y de dónde vienes?" 18 El le contestó: "Vamos de Belén de Judá al límite septentrional de los montes de Efraím, de donde soy yo. Había ido a Belén de Judá y voy a mi casa, pero nadie me admite en su casa. 19 Sin embargo, tenemos paja y forraje para los asnos, y también pan y vino para mí, para tu sierva y para el mozo que acompaña a tus siervos; no necesitamos nada." 20 El anciano le dijo: "Sea contigo la paz; de cuanto te es necesario te proveeré yo; no te quedes en la plaza." 21 Hízolos entrar en su casa y dio forraje a los asnos. Laváronse los pies los viajeros y después comieron y bebieron.
A las dos horas de haber salido llegaron los viajeros a la vista de Jerusalén, que dejaron a la derecha, por encontrarse en poder de los jebuseos (Jos 15:8-68), y siguieron hacia adelante con el fin de hospedarse en una ciudad israelita al norte de Jerusalén. Esta se llamaba Urusalim, Jerusalén ya en el siglo XV a. de C., mucho antes de la ocupación israelita, y sólo más tarde llamóse Jebús (1 Crón 11:4-5). Llegaron los viajeros a Gueba de Benjamín (1 Sam 13:41; I5-34); actualmente Tell-el-Full, a seis kilómetros al norte de Jerusalén, y decidieron pernoctar allí. Según la costumbre, el grupo de viajeros sentóse en la plaza (Gen 19:2), esperando que alguien les ofreciera hospitalidad; pero nadie los invitó, a pesar de ser la hora en que las gentes regresaban de sus labores del campo. Al fin, un anciano efraimita, después de haberse cerciorado de dónde venían y adonde iban, les acogió benévolamente en su casa. Después de lavarles los pies (Gen 18:4; 19:2; 24:23), acto que se consideraba como necesario por razón de que se andaba con sandalias o con los pies desnudos, les sentó en su mesa.
Horrendo crimen de los guebaítas (19:22-30)
22 Mientras estaban refocilándose, los hombres de la ciudad, gente perversa, aporrearon fuertemente la puerta, diciendo al anciano dueño de la casa: "Sácanos al hombre que ha entrado en tu casa, para que le conozcamos." 23 El dueño de la casa salió a ellos y les dijo: "No, hermanos míos, no hagáis tal maldad, os lo pido; pues que este hombre ha entrado en mi casa, no cometáis semejante crimen. 24 Aquí están mi hija, que es virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré fuera para que abuséis de ellas y hagáis con ellas como bien os parezca; pero a este hombre no le hagáis semejante infamia." 25 Aquellos hombres no quisieron escucharle, y entonces el levita cogió a su concubina y la sacó fuera. La conocieron y estuvieron abusando de ella toda la noche, hasta la mañana, dejándola al romper la aurora. 26 Al venir la mañana, cayó la mujer a la entrada de la casa donde estaba su señor, y allí quedó hasta que fue de día. 27 Su marido se levantó de mañana y abrió la puerta de la casa para salir y continuar su camino, y vio que la mujer, su concubina, estaba tendida a la entrada de la casa con las manos sobre el umbral. 28 El le dijo: "Levántate y vamos"; pero nadie respondió. Púsola entonces el marido sobre su asno y partió para su lugar. 29 Llegado a su casa, cogió un cuchillo y la concubina y partió miembro por miembro, en doce trozos, que mandó por toda la tierra de Israel. 30 Y a los enviados encargó que dijeran a todos los israelitas: "¿Se ha visto jamás tal cosa desde que los hijos de Israel subieron de Egipto hasta el presente? Miradlo bien, deliberad y resolved." A su vista decían todos: "Jamás ha sucedido cosa parecida ni se ha visto tal desde que los hijos de Israel subieron de Egipto hasta hoy."
Estando ellos refocilándose en su mesa, he aquí que los hombres de la ciudad, hijos de Belial (Deut 13:13), se acercaron a la casa y, aporreando fuertemente la puerta, decían al anciano dueño de la misma: "Sácanos a la mujer (texto masorético: al hombre) que ha entrado en tu casa, para que le conozcamos" (Gen 19:1-8). La expresión hijos de Belial (1 Sam 1:16; 2:12; 10:27; Sal 18:5) equivale a decir hombre perverso, dañino, nefasto. El nombre indica una potencia infernal, el jefe de los demonios (2 Cor 6:15). Según el texto hebreo, se habla aquí de un crimen de sodomía, pecado muy extendido entre la gente nómada. Pero, por el contexto, aparece que los hombres de la ciudad reclamaban la mujer del levita. De hecho, en la declaración de éste (20:5) no alude al crimen de sodomía, y los hombres del pueblo mostráronse satisfechos una vez les entregó su joven mujer. Es posible que un escriba cambiara el texto, escribiendo ish en vez de isha, para hacer más horrendo el crimen de los guebaítas y acaso por influencia de la historia de Lot (Gen 19), con la cual presenta sorprendente analogía. El anciano, para cumplir con los deberes sagrados de la hospitalidad (Gen 19:6-8), prefiere entregarles su propia hija antes que a la mujer del levita. Aquella violación de las leyes de la hospitalidad era una villanía en Israel (Gen 34:7; Deut 22:21), que acarreaba necesariamente consigo un castigo ejemplar. El crimen de Gueba pasó a la historia de Israel como tipo de una perversidad extrema (Os 9:9; 10:9)·
A la mañana siguiente (Gen 19:15), el levita, al abrir las puertas de la casa para seguir su viaje, encontró a su concubina tendida a la entrada de la casa con las manos en el umbral. Al verla muerta, púso la sobre su asno y marchóse a su casa. Allí la partió en doce trozos, que mandó por toda la tierra de Israel. Acción análoga practicó Saúl (1 Sam 11:7). La finalidad del levita con esta partición macabra del cadáver de su mujer fue la de inspirar horror, encender la indignación del pueblo e incitarlo a la venganza. El número doce no está en relación con las doce tribus.
Deliberación de las tribus (20:1-11)
1 Salieron, pues, los hijos de Israel desde Dan hasta Berseba y la región de Galaad y se reunieron como un solo hombre en Masfa, delante de Yahvé. 2 Los jefes de todo el pueblo y todas las tribus de Israel estuvieron presentes en la asamblea del pueblo de Dios: cuatrocientos mil hombres de a pie, armados. 3 Supieron los de Benjamín que los hijos de Israel habían subido a Masfa. Los hijos de Israel dijeron: "Sepamos cómo se ha cometido el crimen." 4Tomó entonces la palabra el levita marido de la mujer que había sido muerta, y dijo: "Yo había entrado en Gueba de Benjamín con mi concubina para pasar allí la noche. 5 Los habitantes de Gueba se levantaron contra mí y rodearon de noche la casa donde estaba, con intención de matarme. Hicieron fuerza a mi concubina, hasta dejarla muerta. 6La tome y la corté en trozos, que mandé por todo el territorio de la heredad de Israel, porque han cometido un crimen infame en Israel. 7Todos estáis aquí, hijos de Israel; deliberad y decidid aquí mismo." 8 Y poniéndose el pueblo todo en pie, como un solo hombre, dijeron: "No vuelva nadie a sus tiendas ni se vaya nadie a su casa. 9 Lo que hay que hacer con Gueba es ir contra ella a la suerte. 10Tómense de todas las tribus de Israel diez hombres por cada ciento, ciento por cada mil y mil por cada diez mil, que vayan en busca de víveres para la gente; y cuando estén de vuelta, que sea tratada Gueba de Benjamín conforme a la infamia que ha cometido en Israel." 11Quedáronse, pues, reunidos en torno a la ciudad todos los hijos de Israel, unidos como un solo hombre.
El levita logró el efecto que deseaba. La asamblea de la comunidad de Israel, representada por los notables de las tribus, ancianos y jefes militares (Jos 22:12), se reunieron en Masfa (1 Sam 7:5-14; 10:17; 2 Re 25:23-26), centro religioso y político, donde existía probablemente un santuario, como deja suponer la expresión "se reunieron. delante de Yahvé." Para expresar la presencia de representantes de todas las tribus (menos Benjamín), se emplea la frase clásica: de Dan, al norte, hasta Berseba, al mediodía (1 Sam 3:20; 2 Sam 17:11), y la región de Galaad, o sea, las tribus transjor-dánicas. La cifra de los allí reunidos, cuatrocientos mil de a pie, es una hipérbole manifiesta. En toda la narración se emplean cifras Y altas (v.17; 21; 25; 34:44-45).
Fracasan las negociaciones (20:12-13)
12 Habían enviado las tribus de Israel mensajeros a todas las familias de Benjamín, que les dijeran: "¿Qué crimen es este que se ha cometido entre vosotros? 13 Entregad luego a los perversos de Gueba para que les demos muerte y extirpemos el mal de en medio de Israel"; pero los benjaminitas no accedieron a la demanda de sus hermanos los hijos de Israel.
Antes de empeñarse en una acción bélica contra Gueba, la comunidad de Israel envió un mensaje a los representantes de Benjamín para que entregaran a los culpables para darles muerte, y borrar así el crimen que pesaba sobre Israel. Pero los benjaminitas se negaron a entregárselos. Aún hoy, entre los nómadas de TransJordania y Arabia, en caso de algún crimen, el cheikh no tiene derecho a matar al culpable que pertenezca a su clan, porque "es su propia sangre," y nada prevalece contra la sangre.
Primeros encuentros (20:14-28)
14 Y saliendo de sus ciudades, se reunieron en Gueba para combatir contra los hijos de Israel. 15 Los hijos de Benjamín que, salidos de sus ciudades, se reunieron entonces en Gueba fueron veintiséis mil hombres de guerra, sin contar los habitantes de Gueba. 16 Había, de entre éstos, setecientos hombres escogidos, zurdos, todos capaces de lanzar con la honda una piedra contra un cabello sin errar el blanco.17 El número de los hijos de Israel reunidos, no contando a los de Benjamín, fue de cuatrocientos mil; todos hombres de guerra. 18 Levantáronse, pues, los hijos de Israel y subieron a Betel, y, consultando a Dios, preguntaron: "¿Quién subirá primero a combatir a los hijos de Benjamín?" Respondió Yahvé: "Judá subirá el primero." 19 Pusiéronse en marcha de mañana los hijos de Israel y acamparon contra Gueba. 20 Avanzaron los hijos de Israel para combatir a los de Benjamín, y se pusieron en orden de batalla contra ellos delante de Gueba. 21 Salieron los hijos de Benjamín de Gueba, y echaron por tierra en aquel día a veintidós mil hombres de Israel. 22 Los hombres de Israel hiciéronse fuertes y presentaron nuevamente batalla en el mismo lugar donde se pusieron el primer día; 23 habían subido antes a llorar ante Yahvé hasta la tarde, y habían consultado, diciendo: "¿Marchamos todavía a combatir a Benjamín, nuestro hermano?"; y Yahvé había respondido: "Marchad contra él." 24 Acercáronse, pues, los hijos de Israel a los hijos de Benjamín el segundo día; 25 y salieron a su encuentro en Gueba los hijos de Benjamín, y echaron por tierra esta vez a dieciocho mil hombres de los hijos de Israel, todos hombres de guerra. 26 Subió todo el pueblo, todos los hijos de Israel, a Betel; y allí lloraron ante Yahvé, ayunaron aquel día hasta la tarde y ofrecieron holocaustos y hostias pacíficas ante Yahvé. Luego consultaron a Yahvé. 27 Por entonces estaba allí el arca de la alianza de Dios; 28 y Finés, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, servía ante ella. Preguntaron, pues: "¿Marcharé todavía otra vez para combatir a los hijos de Benjamín, mi hermano, o debo desistir?" Yahvé respondió: "Marcha, que mañana lo pondré en tu mano."
Al ejército israelita opusieron los benjaminitas otro de veintiséis mil (la cifra difiere según las versiones), entre los cuales se encontraban setecientos guerreros elegidos, zurdos (3:15), famosos en el manejo de la honda (1 Crón 12:2). Los dos primeros encuentros fueron desastrosos para las tribus reunidas, las cuales, a pesar de su superioridad numérica, fueron rechazadas con grandes pérdidas. Este desastre les indicaba que los medios materiales nada cuentan si Yahvé no combate con su pueblo. Las derrotas de Israel obedecían a que, por una causa que el autor sagrado no manifiesta, el ejército había contraído alguna impureza, de la cual debía purificarse (Jos c.7). La guerra es una empresa de Yahvé; de ahí que todos los que quieren participar en ella deben estar, por así decir, en estado de consagración. Puesto que Yahvé es el Señor de la guerra y que está en medio del campo de su pueblo, conviene que este campo se conserve santo (Vincent). Previamente purificados consultaron a Yahvé, quien prometió entregarles a Benjamín. El v.27 dice textualmente: "Y los hijos de Israel consultaron a Yahvé; por aquellos días el arca de la alianza se encontraba allí," es decir, en Betel, lección que debe retenerse. Es cierto que, según los 18:1; 1 Sam 1:1-3, el arca de la alianza se hallaba habitualmente en Silo, donde permaneció hasta los tiempos de Helí; pero, dado que el arca se hallaba en manos de Efraím, es muy posible que éste, que jugaba el primer papel en esta conflagración, la hubiera trasladado a Betel. Tenemos otros ejemplos del traslado circunstancial del arca (1 Sam 4:3ss). Los exegetas modernos consideran los v.27b-28a como una glosa introducida posteriormente en el texto original.
Primera derrota de Benjamín (20:29-35)
29 Israel puso en torno a Gueba una emboscada; 30 y al tercer día subieron los hijos de Israel contra los hijos de Benjamín, y se ordenaron en batalla ante Gueba, como las otras veces. 31 Los hijos de Benjamín salieron al encuentro del pueblo, dejándose arrastrar lejos de la ciudad·Comenzaron a herir y matar gente en el campo, como las otras veces, en los dos caminos, de los cuales el uno sube a Betel y el otro a Gabaón, unos treinta hombres de Israel. 32 Los hijos de Benjamín se decían: "Derrotados ante nosotros como antes." Y los hijos de Israel dijeron: "Huyamos y atraigámoslos sobre estos caminos, lejos de la ciudad"; y abandonando todos sus posiciones, se pusieron en orden de batalla en Baal Tamar. 33 Los emboscados de Israel, al occidente de Gueba, se echaron fuera de su puesto, 34 y llegaron contra Gueba diez mil hombres escogidos de todo Israel. El combate fue duro, pues los hijos de Benjamín no se dieron cuenta del gran desastre que les amenazaba. 35 Yahvé batió a Benjamín ante Israel, y los hijos de Israel mataron aquel día veinticinco mil cien hombres de Benjamín, hombres de guerra.
Los israelitas usaron de una estratagema para apoderarse de Gueba, como antes hizo Josué para expugnar a Hai. Según muchos opositores, el autor sagrado describe la batalla utilizando dos ocurrientes. En el primero, v.29-36a, o, según otros, v.32-35, se fija la atención preferentemente en la acción del grueso del ejército; Centras que en el segundo, v.36b-41 ó 36-46, se describe el éxito de los emboscados. Los israelitas salieron victoriosos porque Yahvé combatía con ellos: "Yahvé batió a Benjamín ante Israel" (v.55). Puede ser que el v.35 sea una glosa anticipada de los v.44-46, lo mismo que 36a del v.41.
La Emboscada Contra Benjamín (20:36-41)
36 Viéronse derrotados los hijos de Benjamín, y se dieron cuenta de que Israel había cedido terreno ante ellos porque confiaba en la emboscada que había puesto contra Gueba. 37 Los emboscados se echaron rápidamente sobre la ciudad y, avanzando contra ella, la pasaron a filo de espada. 38 Los hijos de Israel habían convenido con los de la emboscada en una señal, diciendo: "Haced subir de la ciudad una gran nube de humo." 39 Al verla los hijos de Israel, simularon la fuga. Los de Benjamín habían ya matado unos treinta hombres y se decían: "Helos ahí abatidos ante nosotros, como en la primera batalla." 40 Cuando la nube de humo comenzó a alzarse como una columna sobre la ciudad, volvieron los ojos atrás y vieron que toda la ciudad subía en fuego hacia el cielo. 41 Diéronles entonces la cara los hijos de Israel; y los de Benjamín, aterrados ante el desastre que se les venía encima.
La narración, interrumpida por los v.35-36a, se continúa en esta perícopa, en que se describe la acción de la emboscada. Una vez alejados los benjaminitas de Gueba, las gentes de la emboscada penetraron en la ciudad, la incendiaron y pasaron a sus habitantes a filo de espada. Gueba, por su crimen, fue entregada al anatema.
Exterminio de Benjamín (20:42-48)
42 …volvieron las espaldas ante los hijos de Israel y emprendieron la huida, camino del desierto; pero la batalla los apretaba, y los que venían de la ciudad los exterminaron. 43 Cercaron a Benjamín, le persiguieron sin descanso, le aplastaron, hasta el oriente de Gueba. 44 Dieciocho mil nombres cayeron de Benjamín, todos gente valiente. 45 De entre los que huían hacia el desierto, hacia la roca de Rimón, mataron los de Israel por las subidas cinco mil, y siguieron persiguiéndolos hasta acabar con ellos, y mataron otros mil. 46 El número total de los de Benjamín que perecieron aquel día fue de veinticinco mil hombres de guerra, todos valientes. 47 Seiscientos hombres de los que emprendieron la huida hacia el desierto y pudieron llegar a la roca de Rimón permanecieron allí durante cuatro meses. 48 Los hijos de Israel se volvieron sobre Benjamín y pasaron a filo de espada las ciudades, hombres y ganados y todo cuanto hallaron, e incendiaron cuantas ciudades encontraron.
En su huida al desierto, al este de Gueba, los benjaminitas fueron también atacados por los soldados de la ciudad, encontrándose entre dos fuegos. Algunos supervivientes, perseguidos constantemente por los israelitas, torcieron hacia el norte con ánimo de alcanzar la roca de Rimón, el pueblo actual de Rammun, a tres kilómetros de Taiyibé (Ofra), región poblada todavía hoy de numerosas grutas. Tan sólo unos seiscientos hombres pudieron lograr el objetivo y escapar de este modo de la espantosa matanza. Los israelitas se desparramaron por el territorio de Benjamín, pasando a fijo de espada a hombres, mujeres, niños y ganados, e incendiando las ciudades. Todo Benjamín fue consagrado al anatema, porque todo su territorio se había contaminado con el crimen de los de Gueba "hijos de Belial." Israel fue el instrumento de que se valió Dios para quitar de en medio aquella abominación.
Rehabilitación de Benjamín (21:1-8)
1 Los hombres de Israel habían jurado en Masfa, diciendo: "Ninguno de nosotros dará por mujer su hija a uno de Benjamín." 2 Vino el pueblo de Betel y estuvo allí ante Dios toda la tarde. Alzando su voz, lamentábase grandemente, diciendo: 3"¿Por qué, ¡oh Yahvé, Dios de Israel! ha sucedido que en Israel venga hoy a faltar una tribu?" 4 Al día siguiente, levantándose de mañana, alzaron allí un altar, ofrecieron holocaustos y hostias pacíficas, 5 y se preguntaron: "¿Quién de entre las tribus de Israel no ha subido a la asamblea de Yahvé?" Porque habían jurado solemnemente contra quien no subiera ante Yahvé a Masfa, diciendo: "Será castigado con la muerte." 6 Los hijos de Israel se compadecieron de Benjamín y su hermano, y se decían: "Hoy ha sido amputada de Israel una tribu. 7¿Qué haremos por ellos, para procurar mujeres a los que se quedan? Porque hemos jurado por Yahvé no darles por mujeres nuestras hijas." 8 Dijéronse, pues: "¿Hay alguno entre las tribus de Israel que no haya subido ante Yahvé a Masfa?" Y ninguno de Jabes Galaad había venido al campo, a la asamblea.
Dios, que había castigado hasta el exterminio a los pecadores, se compadece de Benjamín e interviene para rehabilitarle. Al anatema contra Benjamín se unía el juramento de no dar a los benjaminitas las hijas de Israel por esposas, lo que equivalía a la total desaparición de aquella tribu de la comunidad de Israel. En el presente capítulo se indica la manera como los israelitas solucionaron el problema creado por su juramento. Piensan algunos expositores (Vincent, Fernández) que el redactor final recogió diversas tradiciones al escribir esta historia, en la cual se repiten diversas veces los mismos hechos (v.1:14; 3:6-15; 5:8; 7:16-18; 8-9). Según una de estas tradiciones, se pide a los de Galaad que den de buen grado sus hijas a los hombres de Benjamín, lo que ellos solos pueden hacer sin perjurio. Otra tradición dice que los jabesitas fueron asesinados por no haber acudido a la asamblea de Israel, salvándose tan sólo las jóvenes vírgenes, según Núm 31:17-18. En fin, una tercera tradición refiere que, en ocasión de una fiesta de Yahvé en Silo, los benjaminitas se apoderaron de cuantas jóvenes tenían ellos necesidad.
Las vírgenes de Jabes Galaad (21:9-18)
9 Hicieron un recuento del pueblo, y no se halló ninguno de Jabes Galaad. 10 Entonces envió contra ellos la asamblea doce mil hombres de los más valientes con esta orden: "Id y pasad a filo de espada a los habitantes de Jabes Galaad, con sus mujeres y niños, u Pero habéis de hacer así: Anatematizad a todo hombre y a toda mujer que haya conocido varón." 12 Hallaron entre los habitantes de Jabes Galaad cuatrocientas jóvenes vírgenes que no habían conocido varón compartiendo su lecho y las llevaron al campo de Silo, en la tierra de Canaán. 13 Mandó entonces toda la asamblea mensajeros que hablaran a los hijos de Benjamín que estaban en la roca de Rimón, y les ofrecieron la paz. 14 Volvieron los de Benjamín entonces, y se les dieron por mujeres las que habían sobrevivido de las mujeres de Jabes Galaad, pero no hubo bastantes. 15 El pueblo se compadecía de Benjamín, porque había abierto Yahvé una brecha en las tribus de Israel; 16 y los ancianos de la asamblea se preguntaron: "¿Cómo haremos para procurar mujeres a los de Benjamín, puesto que sus mujeres han sido muertas?" 17 Y decían: "Quede en Benjamín la heredad de los que han escapado, para que no desaparezca una de las tribus de Israel; 18 pero nosotros no podemos darles por mujeres nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado diciendo: Maldito quien dé a los de Benjamín su hija por mujer."
Los presentes en la asamblea no pueden entregar sus hijas a Benjamín; así lo juraron en Masfa (20:1). Pero, hechas las indagaciones pertinentes, comprobaron que Jabes Galaad no había tomado parte en la guerra contra Benjamín, por lo cual no estaban obligados por el juramento. Ningún vestigio se conserva en la Biblia del anatema contra Jabes Galaad; las relaciones posteriores entre Galaad y Benjamín fueron cordiales (1 Sam 11:1-10; 31:11-13; 2 Sam 2:4; 21:12). Por lo mismo, algunos expositores católicos consideran los v.5:10 (menos las primeras palabras), n y parte del 14 como una glosa inspirada en Núm 31:17 (Tamisier). Acaso sea también una glosa posterior la frase "Silo, en la tierra de Canaán," que se introdujo para dar apariencia legal a la operación. El campo de los israelitas se encontraba en Masfa o en Betel (v.2), pero no en Silo. El texto primitivo decía solamente: "Y las llevaron (a las vírgenes) al campo," sobrentendiéndose de Masfa o Betel. Emisarios de los israelitas fueron a Rimón, donde estaban los seiscientos supervivientes de Benjamín, y les ofrecieron la paz (Deut 20:10-13), que aceptaron. No hubo bastantes mujeres para todos, por lo que el pueblo se compadeció de Benjamín, preocupado en reparar la brecha que había abierto Yahvé en las tribus de Israel.
Rapto de las jóvenes de Silo (21:19-25)
19 Y dijeron: "Cerca está la fiesta de Yahvé, que de año en año se celebra en Silo" — ciudad situada al norte de Betel, al oriente del camino que de Betel sube a Siquem y al mediodía de Lebona. 20 Y dieron a los de Benjamín esta orden: 21"Id y poneos en emboscada en las viñas. Estad atentos, y, cuando veáis salir a las hijas de Silo para danzar en coro, salís vosotros de las viñas y os lleváis cada uno a una de ellas para mujer, y os volvéis a la tierra de Benjamín. 22 Si los padres o los hermanos vienen a reclamárnoslas, les diremos: Dejadlos en paz, pues con las de Tabes Galaad tomadas en guerra no ha habido una para uno y no habéis sido vosotros los que se las habéis dado, que lo entonces seríais culpables," 23 Hicieron así los hijos de Benjamín, y cogieron de entre las que danzaban una cada uno, llevándoselas y volviéndose a su heredad. Reedificaron las ciudades y habitaron en ellas. 24 Fuéronse entonces los hijos de Israel cada uno a su tribu, a su familia, volviendo todos a su heredad. 25 No había entonces rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía.
La desgracia que diezmó la tribu de Benjamín es una manifestación clara de la justa cólera divina. Doscientos hombres habían quedado sin mujer por no hallar las suficientes en Galaad, y era necesario procurárselas para que "quede en Benjamín la heredad de los que han escapado" (v.17). El texto sagrado refiere el ardid que emplearon los israelitas para que cada benjaminita tuviera su mujer. A este episodio precede una introducción paralela al relato anterior (15 = 6; 16 = 7a; 18 = 1).
Era próxima una de las fiestas de Yahvé en Silo, sin duda una de las tres prescritas por la Ley (Ex 23:14; 34:23), sin que pueda precisarse cuál de ellas; durante la misma, las hijas de Israel danzaban en coro — alusión a las danzas acompañadas de gritos (Ex 32:1:-19). Los doscientos benjaminitas, por indicación de los ancianos de la asamblea, debían apostarse en emboscada en las viñas, espiando el momento en que ellas salían, para procurarse cada uno una mujer. Este consejo de los ancianos tropezaba con el inconveniente de la lógica protesta de los padres y hermanos de las jóvenes, que tenían derecho a reclamar, fuera del caso de guerra, el mohar o la dote de parte del que tomaba a su hija o hermana por esposa. Pero habían prevenido ya esta circunstancia y la respuesta que los raptores debían dar a los demandantes, Los benjaminitas siguieron al pie de la letra aquel consejo. Después de haber asegurado a los padres y hermanos que no tomaban aquellas vírgenes en calidad de botín de guerra, percibiendo, por lo mismo, ellos el mohar, marchóse cada uno a su heredad. También los hijos de Israel se marcharon cada uno a su tribu y a su clan.
Las abominaciones de que ha hablado el autor sagrado en estos dos apéndices reclamaban la institución de la monarquía davídica, que impusiera el orden y la justicia, que tanto se echaban de menos en Israel. Esta es la idea que quiere inculcar el hagiógrafo al repetir al final la consabida frase (17:6; 18:1; 19:1): "No había entonces rey en Israel, y hacía cada uno lo que bien le parecía."