1. Vocación del Profeta
El propio profeta nos presenta en este primer capítulo el origen de su vocación y misión como enviado de Yahvé. Consciente de su responsabilidad, se resiste, porque se considera demasiado débil para tan gran misión; pero Yahvé le conforta y le fuerza a aceptarla prometiendo su asistencia. Las tres visiones de este capítulo tienen la misma finalidad y son como una introducción a todo su libro.
Recapitulación histórica (1-3)
1 Palabras de Jeremías, hijo de Helcías, del linaje de los sacerdotes que habitaban en Aiatot, tierra de Benjamín, 2 a quien llegó la palabra de Yahvé en los días de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado, 3 y después en tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto.
Esta introducción tiene un carácter redaccional y es fruto de adiciones sucesivas. El núcleo primitivo parece ser: palabras de Jeremías, hijo de Helcías (v.12), al estilo de los demás profetas. Las sucesivas adiciones tienen por finalidad introducir la misión de Jeremías tal como aparece en los 25 primeros capítulos de su libro, que constituyen el núcleo primitivo del mismo. El nombre de Jeremías, que se suele interpretar "Yahvé exalta," aparece en otros lugares del Antiguo Testamento. 2 Era de la clase sacerdotal, y su linaje estaba vinculado a la aldea de Anatot, la actual Anata, a cinco kilómetros al nordeste de Jerusalén, hacia el desierto. Era una de las 13 villas asignadas a los sacerdotes, 3 y a ella había sido desterrado el sumo sacerdote Abiatar por Salomón, 4 del que Jeremías podía ser descendiente. La localidad pertenecía a la tribu de Benjamín, en los confines con Judá. La expresión palabra de Yahvé (v.2) es sinónima de comunicación divina en sentido amplio, sin concretar si se trata de comunicación sensible, imaginaria o intelectiva.5 Tuvo lugar esta su visión inaugural en los días de Josías, rey de Judá (v.2), uno de los grandes reyes piadosos de Judá. Subió al trono en el 639 a.C., a la edad de ocho años. Sus antepasados Amón y Manases habían sido reyes impíos y habían difundido la idolatría. En el 627 (duodécimo de su reinado) hizo la purificación de la idolatría en Jerusalén y Judá. 6 Es precisamente al año siguiente cuando tiene lugar la inauguración del ministerio de Jeremías: en el año decimotercero de su reinado (v.2), es decir, en el 626 a.C.
En este momento, el coloso asirio está a punto de entrar en el colapso definitivo. El gran rey conquistador Asurbanipal muere en el 625, y con él desaparece el poder de su imperio. Sus sucesores no logran sujetar las ansias de independencia de los países sometidos, sobre todo de las tribus de los caldeos (o Kaldim), que merodeaban por las montañas al este del golfo Pérsico e iban a caer en tromba, a las órdenes de Nabopolasar, sobre el agonizante imperio asirio, para crear el nuevo imperio babilónico, en el que destacaría como máximo soberano su hijo, el implacable Nabucodonosor, de triste memoria para el pueblo judío. Precisamente la gran equivocación del rey Josías de Judá será no comprender el cambio político que se estaba realizando en Mesopotamia, oponiéndose ingenuamente al faraón egipcio Necao. La consecuencia de su oposición fue morir trágicamente en Megiddo, en el 609, en lucha desigual con el ejército egipcio. Fue la gran tragedia para el pueblo de Judá, que no acertaba a comprender que Yahvé permitiera la muerte de un rey tan piadoso de modo tan trágico, dejando a la nación en una orfandad total, expuesta a los nuevos golpes que vinieran de los victoriosos egipcios y babilonios. Toda la vida del profeta Jeremías irá marcada con el estigma de la tragedia nacional. Su carácter débil y melancólico tenía que enfrentarse con situaciones políticas críticas que sobrepasaban sus energías humanas. Es preciso tener en cuenta esta situación histórica para comprender su vida y su misión. Su primera etapa profética se desenvolvió en el reinado del piadoso Josías, que veía muy bien la predicación de Jeremías. En el 621 se había encontrado el libro de la Ley, y el piadoso rey emprendió una reforma religiosa a fondo, secundado por el profeta de Anatot. La segunda parte de su vida se desenvolverá bajo Joaquim, hijo de Josías; pero las circunstancias políticas serán peores. Al morir trágicamente Josías en la batalla de Megiddo, subió al trono su hijo Joacaz, el cual, después de tres meses de reinado, fue depuesto por Necao, rey de Egipto, quien a su vez entronizó al otro hijo de Josías, Eliaquim, al que cambió el nombre en Joaquim, que en hebreo tiene un valor equivalente? Este reinó del 609 al 598. Poco antes de la rendición de Jerusalén en el 598 muere y le sucede su hijo Joaquín, o Jeconías, el cual sólo reina tres meses, siendo deportado a Babilonia después de habérsele arrancado los ojos. El invasor babilonio pone sobre el trono a su tío Matanías, al que cambia el nombre en Sedeáas, hermano de Joaquim y de Joacaz, hijos los tres de Josías. Tales son los reyes bajo los cuales se desarrolla la actividad de Jeremías. Sedecías es el último rey de Judá, al que le tocará asistir a la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor en el 586.
Es el fin del reino de Judá y el principio de la deportación definitiva de sus habitantes, después de haber sido destruido el templo de Jerusalén: es el año undécimo de Sedecías (v.5). La frase hasta la deportación de Jerusalén en el mes quinto es probablemente una glosa aclaratoria de la fecha anterior dada para Sedecías. El mes quinto vuelve a aparecer como fecha exacta de la destrucción de Jerusalén en Jer 52:12, donde se señala el día 10 del mismo mes, en el año decimonono del reinado de Nabucodonosor.
Vocación del profeta (4-10)
4 Llegóme la palabra de Yahvé, que decía: 5 Antes que te formara en el vientre te conocí, antes de que tú salieses del seno materno te consagré y te designé para profeta de pueblos. 6 Y dije: ¡Ah Señor, Yahvé! He aquí que no sé hablar, pues soy un niño. 7 Y me dijo Yahvé: No digas: Soy un niño, pues irás a donde te envíe yo y dirás lo que yo te mande. 8 No tengas temor ante ellos, que yo estaré contigo para salvarte, dice Yahvé. 9 Tendió Yahvé su mano, y, tocando mi boca, me dijo: He aquí que pongo en tu boca mis palabras. 10 Mira que te constituyo hoy sobre naciones y reinos para arrancar y destruir, para arruinar y asolar, para edificar y plantar.
El profeta no nos da las circunstancias concretas de esta primera llamada de Dios, como lo hace, por ejemplo, Isaías.8 Las vocaciones de Isaías y Ezequiel están revestidas de un ambiente solemne y expectante. En todo caso, en este relato de Jeremías queda claro que su vocación profética es impuesta por Dios y que él no la busca, sino que más bien es en contra de su carácter temperamental. No dice cómo recibió esa palabra de Yahvé o comunicación divina, pero él es consciente de que Dios le habla y le ha elegido, antes de que él se diera cuenta, para esa misión profética (v.5). La elección de Jeremías por Dios es anterior a su existencia. Dios ha tenido una presciencia amorosa y selectiva: te conocí; es algo más que un conocimiento especulativo, es un conocimiento selectivo y afectivo en orden a su misión. Y esto antes de que Jeremías hubiera podido hacer mérito alguno para obligar a Dios a esta elección. Aunque no es científico incrustar en la mente del hagiógrafo nociones de teología miderna, no cabe duda que en el contexto se destaca el acto libérrimo y gratuito de Dios, que elige a Jeremías sin depender para nada de los méritos de éste, y que el verbo conocí tiene un sentido complexivo de elección y amor, como en otros lugares bíblicos del A.T. 9
La palabra te consagré, que la Vg traduce por "te santifiqué," no tiene el sentido de conferir la gracia santificante. Esto está fuera de contexto. En hebreo significa poner aparte, separar para el servicío de Dios. Santificar es elevar una cosa a una atmósfera superior para que pueda entrar en relación con el Dios "santo." Implica la idea de pureza y la de trascendencia. Pero a veces santificar o consagrar significa destinar para una misión santa, como se dice a continuación: te designé para profeta de pueblos (v.5b). En Eclo 49:9 se dice expresamente que Jeremías fue "consagrado desde el seno de su madre para arrancar, destruir y arruinar." 10 La misión de Jeremías como "profeta de pueblos" o de naciones gentiles no se ha de entender como si le correspondiera ser misionero al estilo del Siervo de Yahvé del libro de Isaías, o de San Pablo en el Ν.Τ. La labor misionera propiamente tal estaba confinada a sus compatriotas; pero, por concomitancia y en razón de las circunstancias políticas, tenía que anunciar juicios condenatorios sobre las naciones circunvencinas, como dirá en el v.9: te constituyo sobre naciones. para arruinar, destruir. De hecho vemos que en su libro hay muchos oráculos sobre las naciones paganas, pero todos en relación con los destinos de Israel.
La misión que le encarga Yahvé es inmensa, y el profeta se siente sobrecogido: ¡Ah Señor, Yahvé! No sé hablar. Soy un niño (v.6). Aquí la palabra niño tiene el sentido de inexperto para hablar . Isaías se ofrece voluntariamente cuando Yahvé insinúa que quiere enviar un profeta. 12 Jeremías es de temperamento tímido, como se ve a través de su libro. Sólo el auxilio sobrenatural de Dios hace que se entregue a la más ingrata misión: la de aparecer ante el pueblo como traidor a su patria por mantener los principios del yahvismo y una política estrictamente religiosa.
La respuesta de Yahvé no se hace esperar: iras a donde te envíe. (v.7). La asistencia de Dios suplirá su debilidad natural de timidez y le convertirá en un muro de bronce, como dirá más tarde (v.18).
Después Yahvé hace un gesto de consagración del profeta: tendió Yahvé su mano, y, tocando mi boca, me dijo (v.8a). Le toca la boca. En Is 6:7 encontramos un rito análogo: uno de los serafines purifica con un carbón encendido, tomado del altar del templo, los labios impuros del profeta, queriendo indicar que le purificaba de los pecados. Aquí, en Jeremías, el gesto de Yahvé parece más bien tener un carácter positivo: darle una ciencia infusa para predicar sus oráculos, dotándole de especial elocuencia que compensara su inexperiencia y corta edad. Había de ser la "boca de Yahvé" (v.9). En Ezequiel, el profeta tiene que engullir simbólicamente un rollo en el que están escritos los oráculos y endechas. 13 No quiere decir esto que, en esta comunicación inaugural, Dios le haya comunicado por ciencia infusa todas las revelaciones que habría de transmitir durante su vida, ni que Jeremías, durante todos los actos de su vida, obrase como profeta y en nombre de Dios. Jeremías, como aparece en su libro, tiene que recibir nuevas revelaciones sucesivas según las circunstancias. 14 Lo que se quiere indicar en este rito de tocar su boca Yahvé es la aptitud que le da para hablar oficialmente en nombre de El, dotándole de cierta potestad de magisterio para ejercer su misión. Naturalmente, estas comunicaciones inaugurales transmitidas a los profetas dejaban una profunda impresión en su ser para toda la vida, y en cierto modo los transformaba en otros hombres, pues al sentir el contacto directo con el mundo sobrenatural, se sentían otros hombres, que sólo vivían para los intereses de Dios.
Después del rito por el que es oficialmente constituido Jeremías en profeta, Yahvé le explica sustancialmente el sentido de su misión: te constituyo hoy sobre naciones y reinos para arrancar y destruir., para edificar y plantar (v.10). Por estas palabras, Jeremías es constituido nada menos que en arbitro de las naciones: su palabra, en cuanto tiene el respaldo oficial de Yahvé (v.9), será como una espada con doble función punitiva: arrancar y destruir naciones y reinos, es decir, comunicar los oráculos punitivos que Dios pone en su boca. Como éstos son expresión de la voluntad de Dios, que rige los destinos de los pueblos, de ahí que las palabras del profeta realmente pueden arrancar y destruir las naciones y pueblos. Su predicción equivale a su realización, pues su palabra está cargada de eficacia real efectiva. 15 Y esto también cuando se trate de edificar y plantar, es decir, restaurar y consolidar las naciones y reinos. No obstante, el profeta recalca los sinónimos de castigo, repitiéndolos intencionadamente: arrancar y destruir, arruinar y asolar, lo que parece insinuar que su misión es más bien anunciar castigos divinos que bendiciones: edificar y plantar. Los Santos Padres han visto en esta doble misión del profeta un prenuncio de la misión de Cristo, que vino a traer la guerra con desgarrones de corazón y, al mismo tiempo, a ser bálsamo para restañar las heridas morales de la humanidad.
Visiones relativas a su misión (11-16)
11 Y me llegó palabra de Yahvé, que me decía: ¿Qué ves, Jeremías? Yo le contesté: Veo una vara de almendro. 12 Y me dijo: Bien ves, Jeremías; pues yo velaré sobre mis palabras para cumplirlas. 13 De nuevo me llegó la palabra de Yahvé, que decía: ¿Qué ves, Jeremías? Yo contesté: Veo una olla hirviendo y de cara al septentrión. 14 Y me dijo Yahvé: Del septentrión se desencadenará el mal16 sobre todos los moradores de la tierra; 15 pues he aquí que voy a convocar a todos los reinos del septentrión 17, dice Yahvé, para que vengan y extiendan cada uno su trono a la entrada de las puertas de Jerusalén, y sobre todos sus muros, y sobre todas las ciudades de Judá. 16 Y pronunciaré contra ellos mis sentencias por todas sus maldades, pues me abandonaron para incensar a dioses extraños y adorar la obra de sus manos.
En estas dos visiones se contiene un mensaje punitivo de parte de Yahvé. En una visión imaginaria, el profeta ve una vara de almendro (v.11). Para entender esta visión es necesario comprender el juego de palabras hebreas que emplea el profeta. Al almendro en hebreo se le llama poéticamente vigilante, porque es el primero que florece al despuntar la primavera, adelantándose a los otros árboles.18 Pues, jugando con su nombre, Yahvé dice a Jeremías: Tú ves un (almendro) "vigilante," pues así velaré yo sobre mis palabras para cumplirlas (v.12). Como el almendro "vela" en medio de la naturaleza dormida, así Yahvé "vela" por el cumplimiento de sus palabras relativas al castigo que va a anunciar en la visión siguiente, y como madruga el almendro ("vigilante") entre los demás árboles, así Yahvé madrugará para manifestar su justicia, cuando todos están tan tranquilos en un sopor moral, como los árboles en el letargo invernal.
La segunda visión explica el sentido inicial de la primera: el profeta ve una olla hirviendo de cara al septentrión (ν.13). Parece que el sentido es que ve una olla hacia el norte en estado de ebullición: hirviendo; este detalle nos da la clave de la interpretación de lo que sigue. Esa olla hirviendo es un ejército enemigo formado con los reinos del septentrión, que amenaza (hirviendo) con caer sobre Judá. Ese ejército es como un turbión que viene del norte, el camino tradicional de las invasiones asirías y babilonias, pues éstos subían por la ruta caravanera del Eufrates hasta cerca del actual Alepo, o atravesaban el desierto por Palmira, camino de Damasco, y caían sobre Palestina. Esta invasión, pues, viene del septentrión para el profeta, que está contemplándola en Judá. Otros autores prefieren dar la siguiente interpretación: la olla hirviendo es Judá, y dentro de ella están los habitantes 19; está orientada hacia el septentrión, como se solía hacer para que recibiera el aire del norte y que se encendiese fácilmente. Del septentrión vendrá el mal, la invasión. 20
Yahvé mismo va a convocar a todos los reinos del septentrión, incitándoles a que acampen a las puertas de Jerusalén. Es el anuncio del asedio de la Ciudad Santa llevado a cabo por las tropas de Nabucodonosor en diversas ocasiones, pero principalmente en el 598 y el 587. Y todo esto es para castigar a sus habitantes por sus maldades (v.16), sobre todo por el pecado de idolatría: incensar a dioses extraños. y adorar la obra de sus manos (v.16b). Es el pecado tradicional. En otros oráculos hará también hincapié en los otros desórdenes morales y sociales.
El profeta, fortalecido en sumisión (17-19)
17 Tú, pues, ciñe tus lomos, yérguete y diles todo cuanto yo te mandare. No tiembles ante ellos, no sea que yo te haga temblar ante ellos. 18 Y he aquí que te pongo desde hoy como ciudad fortificada, como férrea columna y muro de bronce, frente a la tierra toda, para los reyes de Judá y sus príncipes, los sacerdotes y el pueblo del país. 19 Y te combatirán, pero no te podrán, porque yo estaré contigo para salvarte, dice Yahvé.
Llegan tiempos difíciles y es preciso que desde el principio se percate de su misión, adoptando una postura decisiva y varonil: ciñe tus lomos, yérguete y diles (v.14). Lejos de intimidarse el profeta, debe, ante su misión, tomar una postura arrogante y decidida, preparándose a todo, como el que se dispone a una gran tarea emendóse sus vestidos para estar más expedito. 21 Si el profeta no corresponde a su vocación, mostrando desconfianza ante Dios, entonces será castigado: no sea que yo te haga temblar, dejándole en mal lugar ante ellos (v.17b). Yahvé se encarga de fortalecerle espiritualmente, dándole una resistencia como un muro de bronce, 22 para que pueda hacer frente a todas las clases sociales: desde los reyes, príncipes y sacerdotes hasta el humilde pueblo del país, e.d., los que no tenían ninguna posición social oficial destacada; la expresión, con el tiempo, tomará un carácter despectivo, sobre todo en la época farisaica y rabínica. El profeta, pues, tendrá que enfrentarse con todas las clases sociales. Efectivamente, la misión de Jeremías ha sido siempre ir contra la corriente de la opinión pública, sin ceder ante los halagos y los oportunismos. A pesar de su carácter pusilánime, desarrolló su actividad de un modo admirable, gracias a la ayuda de Yahvé: yo estaré contigo para salvarte (v.19).
1 Cf. Am 1:1; Jl 1:1. — 2 Cf. 2 Re 23:31; Jer 35:3 — 3 Cf. Jos 21: 18. — 4 Cf. 1 Re 2:26. — 5 Cf. Jer 14:1; 46:1; 49:34; — 6 Cf. 2 Par 0.34. — 7.Este cambio de nombre indicaba que Necao tenía poder sobre él. Eliaquim significa "Eíohim sostiene," mientras que Joaquim significa "Yahvé sostiene." Cambia sólo la parte teó-fora del nombre. — 10 Cf. Ex 13:2; Lev 27:14ss; Is 49:1.5; Gal 1:15. — 11 Cf.Zac2:8;Ex 3:11. — 12 Is 6:1. — 13 Ez 2:8; Dt 18:18. — 14 Cf. Jer42:1-7- — 15 Cf. Jer 5:14; 6:11; Is 6:9-10; 55:10-11; Ez 43:3. — 16 Así según el hebreo. En el griego: "hierve." — 17 Así según el griego. Según el hebreo: "todas las familias de reinos," que recarga el ritmo. — 18 En hebreo el juego de palabras: soqed: "almendro," y saqad "vigilar." Vg: "virgam vigilantem." Cf. Am 8:2. — 19 Cf. Ez 24:3-14. — 20 La primera interpretación es sostenida por Maldonado, Knabenbauer, Condamin, Dennefeld; la segunda, por Duhm y Cornill, entre otros. — 21 Cf. 1 Re 18:46; Ef 6:14; 1 Pe 1:13. — 22 "Férrea columna" falta en los LXX.
2. La apostasía de Israel, Causa del estado desgraciado Actual
En este capítulo encontramos diversos fragmentos profetices, unidos posteriormente por cierta ilación lógica. Parecen de la primera época de su ministerio. En 2:28 se alude a Asiría como centro de atracción de los judíos, lo que quiere decir que es de antes de la caída del imperio asirio, que sufrió el primer colapso con la muerte de Asurbanipal en 625, y definitivamente en 612 con la caída de Nínive. No es, pues, esta profecía posterior a esta época. Por otra parte, en 2:36 aparece Egipto como centro de atracción de un sector de opinión judía, y como Egipto fue derrotado por Nabucodonosor en el 604 y expulsado de Palestina, síguese que este fragmento no puede ser posterior a esta fecha.
Israel, esposa de Yahvé (1-3)
1 Vínome la palabra de Yahvé, diciéndome: 2 Anda y clama a los oídos de Jerusalén: Así habla Yahvé: Me acuerdo en favor tuyo del afecto de tu adolescencia, del amor de tus desposorios, de tu seguirme en el desierto, tierra donde no se siembra, 3 (Era) Israel lo santo de Yahvé, la primicia de sus frutos. Quien de ella comía, pecaba , y caía sobre él la desgracia, oráculo de Yahvé.
Encontrarnos aquí por primera vez el símil del matrimonio para reflejar las relaciones amorosas de Yahvé con Israel. Un siglo antes, Oseas había hecho girar todos sus oráculos en torno a este símil, que se convirtió después en un tópico en la literatura profética y sapiencial. Jeremías debe proclamar a los oídos de Jerusalén sus infidelidades, contraponiéndolas a las buenas relaciones que en otro tiempo tuvo su pueblo con Yahvé. La época del desierto había quedado como la era ideal de las relaciones de Israel con su Dios. Aislados en la estepa, sin infiltraciones de los cultos sensuales cananeos, aquella generación del desierto tenía una mentalidad más sencilla, y, formada en un ambiente de milagrosa providencia divina, tenía una psicología ruda e infantil, pero sabía corresponder mejor a las exigencias de la religión. Naturalmente, toda esta concepción era fruto de una idealización del pasado hecha por los representantes del yahvismo, que estaban hastiados del materialismo reinante en su época. Reiteradamente los profetas acuden al pasado como época ideal de las relaciones entre Yahvé y su pueblo. 2 Yahvé mismo tiene nostalgia de aquellos tiempos en que Israel se entregaba virginalmente a su providencia: me acuerdo. del afecto de tu adolescencia, del amor de tus desposorios (v.2b). Israel entonces se entregaba ilusionada a la solicitud de su Dios, esperándolo todo en una tierra inhóspita, donde no se siembra (v.2c). Cuando Israel se instaló en Canaán y se dedicó a trabajar una tierra más feraz, se olvidó de Yahvé, atribuyendo la feracidad de la región a la bendición de los dioses cananeos, con lo que desertó de su primera vocación religiosa.
Israel en su primera etapa del desierto era lo santo de Yahvé (ν·3); e.d., 1a propiedad sagrada de Yahvι, a quien le pertenecía la primicia de los frutos (ν.3). Era la porciσn que se había reservado entre todos los pueblos. Según la ley levítica, las primicias de todos los frutos pertenecían a Yahvé, y el que se atrevía a apropiárselos estaba sujeto al castigo. 3 Es el caso de Israel: quien se atrevía a tocarle como nación, deseando apropiarse de ella, estaba sujeto al castigo divino: quien de ella comía pecaba, o debía recibir el pago (v.3b).4
Infidelidad de Israel (4-6)
4 Oíd la palabra de Yahvé, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel. 5 Así dice Yahvé: ¿Qué injusticia hallaron en mí vuestros padres para alejarse de mí e irse en pos de la vanidad de los ídolos, para hacerse vanos? 6 Y no dijeron: ¿Dónde está Yahvé, el que nos subió de la tierra de Egipto, el que nos condujo a través del desierto, tierra de estepas y de barrancos, tierra árida y tenebrosa 5, tierra por donde no transita nadie y donde nadie habita?
Después de consignar la nostalgia de Yahvé por los tiempos del desierto, el profeta se dirige enfáticamente a la casa de Jacob, o Israel, encarándose con su ingratitud. ¿A qué obedece la actual apostasía? ¿Es que creen que el Dios actual de ellos no es el de antes? ¿Es que ven en El algo injusto o desleal? (v.5). El hecho es que le han abandonado para ir en pos de la vanidad de los ídolos, para hacerse vanos ellos mismos (v.5b). La expresión de vanidad (cosa hueca, sin valor) aplicada a los ídolos es muy característica de Jeremías 6. Los ídolos no tienen vida, en contraposición a Yahvé, el Dios viviente por excelencia. Como no son nada, no pueden ayudar a sus fieles, que terminan haciéndose vanos como ellos, engañándose a sí mismos.
En realidad, este vicio ya es antiguo, pues sus padres abandonaron a Yahvé, sin querer acordarse de sus beneficios en el desierto, cuando Israel estaba naciendo a la vida como pueblo organizado. En el fondo de esa conducta está una inmensa ingratitud, pues se olvidaron de los beneficios que Yahvé había hecho a su pueblo en los momentos más críticos de su existencia (v.6). El profeta se complace en destacar el carácter estepario e inhóspito del desierto, para resaltar más la especialísima providencia que Yahvé ha tenido con ellos. Ezequiel dirá que encontró a Israel como un niño recién nacido abandonado y que tuvo que prestarle los primeros y elementales cuidados7.
La profanación de la heredad de Yahvé (7-9)
7 Yo os introduje en tierra fértil para que comierais sus frutos y sus bienes, y en cuanto en ella entrasteis, contaminasteis mi tierra e hicisteis abominable mi heredad. 8Tampoco los sacerdotes preguntaron: ¿Dónde está Yahvé? los depositarios de la Ley me desconocieron y los pastores se insurreccionaron contra mí. También los profetas se hicieron profetas de Baal y se fueron tras de los que nada valen. 9Por eso todavía he de entrar en juicio con vosotros, oráculo de Yahvé, y con los hijos de vuestros hijos contenderé.
La providencia especial de Yahvé sobre Israel continuó después de la peregrinación en el desierto, pues fue El quien los introdujo en la tierra fértil (v.7) de Canaán, la cual, en comparación con las estepas del Sinaí, era un verdadero edén. Pero, lejos de agradecer tal beneficio, la contaminaron con sus idolatrías, haciendo abominable la heredad de Yahvé, su verdadero propietario. Los israelitas eran sólo usufructuarios, pero se entregaron a otros dioses, como si fueran los propietarios del país.
Y en esta apostasía general intervienen en primer término los sacerdotes, que no se preguntaron: ¿Dónde esta Yahvé? (v.8). Abdicaron de su condición privilegiada de depositarios de la Ley. Con ellos, los dirigentes o pastores del pueblo se alejaron de Yahvé, sin que faltaran entre esos desertores los profetas, que tenían por misión despertar las inquietudes espirituales del pueblo; se pasaron al culto de Baal, considerando más lucrativo ejercer su profetismo en dichos cultos licenciosos. Baal es un nombre genérico que se aplica a cualquier ídolo. Significa "dueño," y existían dueños o "baales" en cada localidad. El profeta les arguye desde el punto de vista utilitario, ya que esos que se entregan a los ídolos sólo buscan prosperar en sus negocios materiales; pero aun en esto se equivocan, pues nada valen.
Pero esta situación no puede seguir así. Yahvé va a iniciar un proceso judicial: he de entrar en juicio con vosotros., y con vuestros hijos contenderé (v.9). El pecado es demasiado grave, y por ello el castigo afectará aun a las generaciones venideras. Es una frase para encarecer la magnitud del pecado de idolatría. Por otra parte, en la teología del A.T. se destaca mucho el principio de la solidaridad en el mal y en el bien. 8 Este principio parecerá modificado después del destierro, como lo expresará el mismo Jeremías.9
Magnitud del crimen de idolatría (10-13)
10 Pasad, pues, hasta las islas de Kittim y ved, mandad a Ce-dar e informaos bien, a ver si jamás sucedió cosa como ésta. 11 ¿Hubo jamás pueblo alguno que cambiase de dios, con no ser dioses ésos? Pues mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que nada vale. 12 Pasmaos, cielos, de esto y horrorizaos, estupefactos, sobremanera, oráculo de Yahvé. 13 Pues un doble mal ha cometido mi pueblo: dejarme a mí, la fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua.
El estilo es ahora más solemne. Se invita a hacer una visita a los pueblos paganos desde el oriente al occidente, para ver si algún pueblo ha cambiado de divinidad. Kittim es la Kittion de los documentos antiguos, la actual Larnaca, en Chipre. 10 Cedar es la conocida tribu en la Biblia que tenía su asiento en el desierto siro-arábigo, al este de Palestina, confinando con la actual Jordania, vecina de los antiguos nabateos. Muchas veces en la Biblia suele ser sinónima de árabe o de hombre de la estepa. El profeta invita a sus oyentes a que visiten países paganos para ver si son tan ingratos como los israelitas, que abandonaron a su Dios nacional: ¿Hubo jamás pueblo que cambiase de dios? (v.11a). Todo pueblo es reacio a abandonar sus tradiciones religiosas, que considera como el mejor patrimonio del pasado, su gloria. Israel, en cambio, ha cambiado su gloria (v.11b). Yahvé, que le había sacado milagrosamente de Egipto, había mostrado su omnipotencia, y debía constituir un timbre de gloria estar vinculado a tan excepcional protector. Ningún pueblo podía presentar una historia semejante ni una divinidad tan excelsa. Yahvé era realmente la gloria de su pueblo con su majestad y esplendor 12. El profeta recalca que los dioses de otros pueblos no son dioses (v.11a), para evitar el equívoco a que pudiera dar lugar la frase anterior. 13 La conducta de Israel ha sido un mal negocio: ha cambiado su gloria (Yahvé) por lo que nada vale, es decir, los impotentes ídolos.
Enfáticamente, el profeta toma a los cielos como testigos de esta enorme maldad y equivocación desde el punto de vista del cálculo lucrativo (v.12). Al abandonar su gloria, se han labrado la ruina: han dejado a Yahvé, fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua (v.13). El pecado ha sido doble: abandonar a Yahvé, omnipotente, y buscar otros dioses que no puedan ayudarlos. Yahvé era como una fuente de agua viva, es decir, un pozo manantial, que siempre se renueva cristalino, dando por eso la impresión que el agua está viva. En cambio, los ídolos a quienes acuden son míseras cisternas agrietadas para recoger al agua de lluvia, siempre inferior a la de manantial.14
Israel, castigado y humillado (14-19)
14 ¿Es por ventura Israel un siervo, un siervo nacido en casa? ¿Cómo, pues, ha venido a ser presa? Cachorros de león rugieron sobre él, dieron su rugido. 15Han hecho de su tierra un desierto, han quemado y despoblado sus ciudades. 16Hasta los habitantes de Menfis y de Tafnis te quebrantaron la coronilla. 17¿Todo esto no lo ha traído sobre ti el haberte apartado de Yahvé, tu Dios? 18 Y ahora ¿qué es lo que buscas camino de Egipto? ¿Beber las aguas del Sijor? ¿Y qué es lo que buscas camino de Asiría? ¿Beber las aguas del río? 19 Sírvante de castigo tus perversidades, y de escarmiento tus apostasías. Reconoce y advierte cuan malo y amargo es apartarte de Yahvé, tu Dios, y no poseer mi temor, oráculo del Señor, Yahvé de los ejércitos.
Como en los v.2-3, contrasta el profeta la situación del Israel actual, entregado a los ídolos como siervo (v.14a), y el estado de plena libertad de hijo en que se hallaba al ser elegido por Yahvé en el desierto. Era lo santo de Yahvé, las primicias entre todos los pueblos, objeto de las complacencias de Dios, en tal forma que nadie podía tocarle sin incurrir en castigo. Ahora, por su idolatría, ha sido castigado y convertido en esclavo de todas las naciones paganas. Israel por vocación no es un siervo, ni siervo nacido en casa, sino un ser libre. La Ley distinguía dos clases de esclavos: a) los que habían sido privados de su libertad después de haber sido libres, por una acción de guerra o por una deuda que no pudieron saldar; b) los nacidos en casa (el verna de los romanos), e.d., los hijos nacidos como tales, hijos de un esclavo. La condición de estos últimos era más degradante, pues no tenía esperanza de emancipación, mientras que el simple siervo, si era israelita, debía ser dejado en libertad a los seis años de esclavitud, 16 o antes si era rescatado o dejado en libertad por su dueño. En la interrogación, pues, del profeta hay un climax o avance de pensamiento: Israel ni era siervo simplemente ni siervo nacido en casa, sino que en los planes de Dios era su primogénito. 17
Pero ahora ha perdido su libertad: ¿Cómo ha venido a ser presa? (v.14b); alusión a su sometimiento político a Asiría y a la política de otras naciones más fuertes. Sus enemigos han caído sobre Israel como cachorros de león (v.14b). Quizá en la imagen hay una alusión al emblema de león que empleaban los asirios como señal de su imperialismo. 18 El paso del invasor ha dejado la devastación y la ruina: han quemado y despoblado las ciudades (v.15). ¿A qué hecho concreto alude el profeta? En el 701, Senaquerib había invadido Judá, pero éste quedaba muy lejano en la mente de los contemporáneos de Jeremías. Quizá aluda a la derrota de Josías en Megido, a manos de Necao II, en el 609. Puede el profeta aludir a incursiones de otros pueblos invasores, como moabitas y edomitas, que constantemente amenazaban sus fronteras. En todo caso, el pensamiento del profeta es claro: en otro tiempo, Israel era algo "santo" y las "primicias" ante Dios, que no permitía que le tocaran; en cambio, ahora todas las naciones abusan de él como si fuera un siervo, y Yahvé se desentiende de su suerte.
En esa humillación ha tenido parte principal Egipto: Los habitantes de Menfis y Tafnis te quebrantaron la coronilla (v.16), probable alusión a la derrota de Megido antes mencionada. Necao II humilló a Judá después de haber muerto Josías, deponiendo a su hijo Joacaz, elegido por los judíos, y nombrando en lugar de él a su hermano Eliaquim, al que cambió el nombre en Joaquim, para mostrar insolentemente su poder. 19 Egipto es aquí mencionado con el nombre de sus dos capitales: Menfis, 20 capital del bajo Egipto, junto a El Cairo actual, y Tafnis, la "Dafne" de los griegos, actualmente llamada Tell-Defenne, al sudeste de Pelu-sium, fortaleza en el delta oriental, en la ruta caravanera de Egipto a Asiría. La expresión quebrantaron la coronilla (v.16), que indica humillación y subyugación, es traducida por algunos: rasuraron la coronilla, signo de humillación y oprobio, ya que la rasuración era signo de duelo para los judíos y otros pueblos orientales. 21
El profeta da la razón teológica de esta humillación y esclavitud de Israel: ¿Todo esto no lo ha traído sobre ti el haberte apartado de Yahvé, tu Dios? (v.17). Los dirigentes de Judá habían hecho cálculos políticos humanos, y desoyeron los consejos de los profetas, que predicaban volver a Yahvé como mejor medio de conciliar su protección contra los peligros de invasión. Por eso se opone Jeremías a toda política humana de acercamiento a Egipto y a Asiría. Fustiga la posición de los dos partidos: el egiptófilo y el asirófilo, que se dividían la opinión desde hacía un siglo. Nada tienen que esperar de Egipto ni de Asiría. Lo mejor es neutralidad y confiar en Yahvé, Señor de todo: ¿Qué es lo que buscas de Egipto? ¿Beber las aguas del Sijor? (v.15a). Sijor era uno de los canales del Nilo en el extremo norte oriental, 22 y aquí es sinónimo de Egipto. El profeta no quiere tampoco que se acerquen a Asiría: ¿Qué es lo que buscas camino de Asiría? ¿Beber las aguas del río? El río sin artículo en hebreo designa al Eufrates, el río por excelencia. Aquí es sinónimo de Asiría. 23
Las infidelidades de Israel (20-25)
20 Porque desde antiguo quebrantaste tu yugo, rompiste tus coyundas y dijiste: No serviré; pues sobre todo collado alto y bajo todo árbol frondoso te acostaste y prostituíste. 21 Y yo te planté de vid generosa, toda ella de legítimos plantones. ¿Cómo, pues, te me has convertido en sarmientos degenerados de vid ajena?24. 22Pues aunque te laves con nitro, por mucha lejía que emplees, permanecerá marcada tu iniquidad ante mí25, oráculo del Señor, Yahvé. 23 ¿Cómo dices: No estoy manchada, no me he ido en pos de los baales? Repara en tu conducta en el valle, reconoce lo que hiciste, camella joven, ligera, titubeante en sus caminos. 24 Asna salvaje, habituada al desierto, en el ardor de su pasión olfatea el viento26; su celo, ¿quién lo reducirá? 27El que la busque no tendrá que fatigarse, la hallará en su mes (de celos). 25Evita que tus pies estén descalzos28, que tus fauces estén sedientas. Pero tú dices: Es en vano, no29; pues amo los extranjeros y tras ellos me voy.
Sigue la diatriba con la enumeración de las infidelidades de Israel. En el fondo, toda su historia ha sido una constante rebelión contra Dios (v.20). La Ley de Yahvé era un yugo para Israel, pero que había de reportarle muchos beneficios. El culto a los ídolos era de momento más atrayente, pero iba a traerle la catástrofe. La imagen de Israel como novilla indómita era la más propia para expresar su permanente espíritu de rebelión contra su Dios 30: no serviré (v.20b). Israel se prostituyó, entregándose a los ídolos. Israel estaba desposada con Yahvé con una alianza 31; al abandonarle, yéndose tras de otros dioses, se entregó a una prostitución espiritual: te acostaste. (v.20c). Y los lugares de esa prostitución son sobre todo collado alto y bajo todo árbol frondoso, lugares tradicionales de culto a los ídolos: los lugares altos 32 y los jardines llenos de árboles frondosos 33, lugares de culto cananeo, símbolo de la fecundidad otorgada por divinidades licenciosas, como Astarté (la Isthar me-sopotámica) y Adonis (el Tammuz asiro-babilónico).
De nuevo el recuerdo del elevado origen de Israel como pueblo: Yo te planté de vid generosa., de legítimos plantones (v.21a). Esta comparación es muy similar a la famosa alegoría de la viña de Isaías 34. Israel es como una viña plantada con los mejores plantones 35. Dada su calidad selecta, era de esperar que diera buenos frutos, pero se ha degenerado, convirtiéndose en sarmientos de vid ajena (v.21b). Supuesta su buena naturaleza, hubiera debido dar frutos de santidad y de justicia; pero ha dado frutos de apostasía, de injusticia y de infidelidad. Esta es la terrible realidad. Como en la alegoría de Isaías, dio agrazones, indignos de las cepas de calidad de origen.
Ese proceso de degeneración ha hecho que Israel aparezca manchada ante los ojos de su Esposo, Yahvé: Aunque te laves con nitro., con lejía., permanecerá marcada tu iniquidad ante mí (v.22a). También esta imagen parece estar tomada de Is 1:18.25. Con estas palabras el profeta quiere destacar la enormidad de los pecados de Israel, acumulados durante su historia. Ha sido una rebeldía constante, y por eso a los ojos de Dios aparece como un vestido tan manchado, que es muy difícil dejarlo en su limpieza primitiva. No quiere esto decir que sus pecados sean imperdonables, sino que quiere destacar el grado de degeneración a que ha llegado Israel, acumulando infidelidades que le fueron alejando de su Dios.
La obcecación de Israel es tal, que no reconoce su conducta alejada de Yahvé. El pueblo creía lícito un culto sincretista, es decir, reconocer oficialmente a Yahvé, asistiendo al culto en el templo; pero, al mismo tiempo, participar en cultos licenciosos de los baales. Por eso dice: No estoy manchada, no me he ido en pos de los baales (v.23a). El profeta concreta al punto sus acusaciones: Repara en tu conducta en el valle. (v.23b), probable alusión al culto de Moloc en el valle que resulta de la confluencia del Cedrón y el Ge-Hinnom o Gehenna, famoso por sus cultos idolátricos 36. Israel se parece en sus galanteos con los ídolos a la camella joven, ligera, titubeante en sus caminos (v.23b) cuando está en época de celos y anda inquieta buscando satisfacer su instinto erótico con el macho. Es el asna salvaje, habituada al desierto; en el ardor de su pasión olfatea el viento (v.24a). El asno salvaje es considerado en la Biblia como símbolo del que quiere vivir libre 37. Israel se parece en este aspecto a una asna salvaje, que no quiere "coyundas" y que al mismo tiempo desea entregarse a los cultos de los ídolos, satisfaciendo sus instintos sensuales. La comparación está jugando con la idea de "prostitución" religiosa, expresada con crudo realismo, y al mismo tiempo parece aludir a la causa de frecuentar estos cultos, participar de ritos orgiásticos licenciosos. En esa época de su celo, ¿quién la reducirá? es decir, ¿quién será capaz de sujetarla y hacerla volver a su dueño? El profeta insiste más en la locura de Israel siguiendo el símil de la camella o asna salvaje: el que la busque no tendrá que fatigarse, la hallará en su mes (de celos); es decir, sus amantes no tendrán que fatigarse en hacerle la corte, pues ella misma se ofrecerá en la época del celo para satisfacer su sensualidad con el primero que encuentra. La inclinación de Israel por la idolatría, por sus amantes los ídolos, es tal, que, en vez de buscarla éstos a ella, ésta los buscará ansiosamente.
El profeta irónicamente dice a Israel que ande menos aprisa, no sea que pierda el calzado y se haga daño en los pies: Evita que tus pies estén descalzos (v.25a). Anda tan loca tras de sus amantes, que corre peligro de hacerse daño en los pies. Por otra parte, tanto andar le va a resecar la garganta: evita que tus fauces estén sedientas. Es demasiado caminar tras de los ídolos. Pero la respuesta de Israel no se hace esperar: Es en vano, no, pues amo los extranjeros. (v.25b). Confiesa que es tal la pasión que tiene por los ídolos extranjeros, que no puede contenerse.
Degradación idolátrica de Israel (26-30)
26 Corno queda confundido el ladrón al ser sorprendido, así será confundida la casa de Israel. Ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, 27 que dicen a un leño: "Tú eres mi padre," y a una piedra: "Tú me engendraste." Pues vuelven hacia mí la espalda, y no su rostro, pero al tiempo de su desgracia dicen: Álzate y sálvanos, 28 ¿Dónde están tus dioses que te hiciste? ¡Que se alcen ellos si pueden salvarte al tiempo de tu desventura! Pues tantos son tus dioses cuantas tus ciudades, ¡oh Judá! y cuantas son las calles de Jerusalén, tantos son los altares a Baal38. 29¿Por qué pretendéis litigar conmigo? Todos os habéis rebelado contra mí,oráculo de Yahvé. 30En vano os he castigado; vuestros hijos no aceptaron la corrección, La espada ha devorado a vuestros profetas como león devastador.
La apostasía de Israel es un mal negocio, pues le va a acarrear la confusión y el deshonor como ladrón sorprendido "in fraganti" (v.26). La infidelidad ha comenzado por las altas clases, que tenían especial obligación de velar por los intereses religiosos de su pueblo. Los reyes, príncipes, sacerdotes y profetas son los principales culpables de la idolatría; Tú eres mi padre (v.27), dicen a un simple leño. Alusión a los cultos de árboles sagrados. Aún hoy día entre las gentes incultas beduinas se cree que los árboles tienen especiales geniecillos y poderes. Son restos de la religión animista. En el culto cananeo se daba mucho realce al árbol como símbolo de la fecundidad; y aun se daba culto a leños secos llamados asera, relacionándolos con Astarté, la diosa de la fecundidad. Además, estaba el culto a la piedra o estela llamada massebah. Los templos cananeos eran al aire libre: bosques naturales o artificiales (troncos dispuestos verticalmente) o piedras en forma de menhires; por eso aquí se dice que el devoto dice a una piedra: Tú me engendraste (v.27a). Quizá en estas expresiones del profeta sólo haya una simple alusión al material de que estaban hechos los ídolos en general. La ironía es sangrante: los hombres reconociendo como progenitores suyos a los seres inanimados, la vida proporcionada por objetos que no la tienen. Isaías desarrolla esta idea del modo más sarcástico39. Los israelitas abandonan al Dios-Yahvé, trascendente, santísimo, que los ha elegido como pueblo, para entregarse a la más crasa idolatría. No cabe mayor degradación religiosa.
Esta conducta, no obstante, es sólo en épocas de bonanza, pues cuando llega la desgracia y la adversidad, vuelven a Yahvé, diciendo: Álzate y sálvanos (v.27c). La expresión hebrea usada para sálvanos es el hoshianna (hosanna), que después quedará estereotipado en el uso litúrgico como exclamación de júbilo y esperanza. Yahvé responde con ironía a este grito de socorro in extremis, diciendo que, puesto que tienen tantos ídolos cuantas ciudades. (v.28b), que acudan a ellos para que les ayuden40.
Pero, además, la hipocresía de estos israelitas idólatras llega a tal término, que se atreven a pedir cuentas al mismo Yahvé. Se creen inocentes, y se atreven a acusar a Yahvé de demasiado susceptible y severo. ¿Por qué pretendéis litigar conmigo? (v.29). La historia de Israel ha sido una constante rebelión contra su Dios. Yahvé les recuerda los castigos que ha enviado a sus hijos. Los israelitas han tenido que sufrir los rigores de la ira divina con el fin de hacerles entrar en buen camino, pero ha sido todo en vano: no aceptaron la corrección. Parece que Jeremías alude a alguna matanza general debida a un levantamiento popular en el que hubieran caído los falsos profetas del pueblo: La espada ha devorado a nuestros profetas (v.30b). No obstante, no sabemos que en estos tiempos hubiera habido una matanza de profetas como la había habido en tiempos de Elias y de Jehú, rey de Israel41, en el reino del Norte. Por eso, algunos autores prefieren ver aquí una alusión a los verdaderos profetas de Yahvé muertos en alguna rebelión popular. Sabemos que Manases años antes había llenado Jerusalén de sangre inocente 42, especialmente de profetas. Pero el contexto parece insinuar la primera interpretación.
Ingratitud de Israel para con Yahvé (31-37)
31 Oíd los de esta generación la palabra de Yahvé43: ¿Por ventura soy yo para Israel un desierto o una tierra tenebrosa ? ¿Por qué dice mi pueblo: 1 Somos libres 44, no iremos más en pos de ti? 32 ¿Se olvida por ventura la doncella de sus galas, y de su ceñidor la esposa? Pues mi pueblo se ha olvidado de mí ya desde días sin cuento. 33 ¡Qué bien amañas tus caminos para buscar el amor! También a las maldades avezaste tus caminos. 34 Hasta en tus palmas de la mano se descubre sangre de vidas de pobres inocentes 45, no de sorprendidos en conatos de robo46. 35Y dices: "Soy inocente, su cólera se ha apartado ya de mí." Heme aquí para juzgarte por decir: "No he pecado." 36¿Cómo te apresuras sobremanera a cambiar tus caminos? 47 También de Egipto serás avergonzada, como lo fuiste de Asiría. 37También de ahí saldrás con las manos en la cabeza, porque Yahvé ha rechazado aquellos en quien confías, y no tendrás éxito con ellos.
La conducta de Israel ha sido inexplicable, pues Yahvé no ha sido para ellos precisamente un desierto o una tierra tenebrosa (v.14). Yahvé no ha sido en la historia tan hosco como para huir de El como si fuera un lugar inhóspito, lleno de tinieblas. El desierto era símbolo de terror, que había de evitar el viajero, ya que, aparte de su carácter estepario y sin vida, era lugar de salteadores y guarida de fieras, amparadas en la oscuridad. En realidad, Yahvé ha sido en la historia como un lugar atractivo, lleno de vida y vegetación, pues le ha protegido y ayudado siempre. Y, sobre todo, la religión yahvista era mucho más luminosa y elevada que las idolátricas48. Sin embargo, Israel dice despectivamente: somos libres, no queremos ir en pos de ti (v.31c). Esta conducta es inexplicable, como lo sería la de una doncella que olvidara sus galas (v.32a), que son su adorno y le dan prestancia ante los hombres. Yahvé es, en realidad, el mejor adorno que puede tener Israel. En Oriente aún hoy día mujeres pobrísimas lucen joyas de mucho valor, que han recibido por tradición en herencia y de las que no se desprenden aun en la mayor necesidad. Saben que ello forma parte de su personalidad. Israel, en cambio, se ha olvidado de su adorno y ceñidor, que es Yahvé. En Isaías encontramos un símil semejante: el buey y el asno saben ir a su pesebre, mientras que Israel no sabe volver a su Dios, del que todo lo recibe49. Y este proceso de apostasía es antiguo, de días sin cuento (v.32b).
De nuevo el tono irónico recriminatorio: ¡Qué bien amañas tus caminos para buscar el amor (v.33a) de los dioses extranjeros! Israel tiene una predisposición especial para apartarse de su Dios y entregarse a su amor, su obsesión de los cultos idolátricos. Es como una mujer que está experta en probar amores bastardos. Pero su proclividad es a algo más que a los cultos idolátricos, pues se ha familiarizado con los mayores crímenes (v.33b). Y especifica estas maldades: Hasta en tus palmas de la mano se descubre sangre de vidas de pobres inocentes (v.34a). El profeta parece aludir a los sacrificios cruentos de niños a Moloc. Es una explicación de lo dicho en v.22-23. Esa sangre está presente a los ojos de Yahvé, que sabe ver en las mismas palmas de la mano que levantan hipócritamente para orar en las épocas de angustia. Y esta sangre que ve en las manos de los israelitas no es precisamente de ladrones que han sido cogidos atacando el muro de una casa: No de sorprendidos en conatos de robo (v.34b). Según esta versión, se aludiría aquí a la ley mosaica, según la cual, cuando se mataba a un ladrón en el acto de atacar, no había culpa alguna50. Esta idea de que los israelitas tienen las manos manchadas en sangre se encuentra a menudo en Jeremías51.
A pesar de estos horrendos crímenes, Israel no admite su culpabilidad (v.35a). Israel parece aquí presumir de inocencia, precisamente porque se siente próspera. Según la mentalidad de la época, el mal provenía de algún pecado, como castigo de Dios. De ahí la ecuación de justicia y prosperidad, desgracia y pecado. Yahvé ahora quiere castigar a Israel por esta presunción hipócrita, pues no quiere reconocer sus pecados: Heme aquí para juzgarte por decir: "No he pecado" (v.35b). El castigo le hará recapacitar reconociendo su culpabilidad.
Y de nada le han de valer las alianzas políticas para evitar la manifestación justiciera de Yahvé: ¿Cómo te apresuras sobremanera a cambiar tus caminos? (v.36a); alusión a su nerviosismo buscando aliados en Egipto y en Asiría. Parece que había una facción fuerte egiptófila, que buscaba en Egipto protección contra el peligro babilonio, encarnado en Nabucodonosor. Pero de nada le servirá esta alianza, pues los egipcios serán derrotados por Nabucodonosor en 604, siendo definitivamente arrojados de Palestina. Y entonces se volverá a repetir la historia de la alianza anterior con Asiría, cuando Josías salió a defender a ésta contra Necao II en Megiddo, y la suerte fue la muerte trágica del piadoso rey Josías: También de Egipto serás avergonzada, como lo fuiste de Asiría. No hay más que una política realista según el profeta: reconocer los pecados y volver a Dios, el único salvador de Israel.
Todo lo que sea meterse en alianzas con potencias extranjeras será ir al fracaso, teniendo que volver con las manos sobre la cabeza (v.37a), gesto de confusión y desesperación52. La suerte ya está echada, y el profeta lo anuncia en nombre del que dirige los hilos misteriosos de la historia (v.37b).
1 Otros traducen: "quien de ella comía debía pagan, es decir, recibir el pago de su atrevimiento. — 2 Cf. Os 2:15(17). — 3 Cf. Ex 23:19; Núm 8:8; Lev 22:9. — 4 Cf. Ex i9:5ss; Dt 7:6; 14:2. — 5 En heb. "sombra de muerte." — 6 Cf. Jer 8:19; 10:1-16; 14:22; 16:19; cf. también 1 Sam 12:21; Is 44>9s; Dt 32:21; 2 Re 17:15. — 7 Cf. Ez 16. — 8 Cf. Ex 34:7. — 9 Cf. Jer 31:29; Ez 0.28; Dt 24:16. — 10 Cf. Flavio Josefo, Ant. I 6:1. Los Kftttm aparecen en Gen 10:4 como descendientes de Yaván o Grecia. En Dan 11:30 se refiere a las naves romanas. En 1 Mac 1:1; 8,5, se refiere a Macedonia. Cf. Dt 11:30. — 11 Kedar o Cedar era el segundo hijo de Ismael (Gen 25:13). Cf. Is 42:11; 60,7; 21:17; Ez 27:21; Cant 1:5. Son los Cedraei de Plinio, Htst. Nat. V 11:12. — 12 Cf. Dt 10,21; 1 Sam 4:21; Sal 106:20. — 13 Cf. Dt 32:21; Is 37:19; 1 Cor 8:4; Jer 16:20. — 14 Cf. Sal 36:10; Jn 4:10ss; 7:38. Dussaud ve en estas palabras una alusión al Bahal fenicio patrono de la lluvia. Cf. Les découvertes de Ras Shamra et V Anden Testament (París 1937) P-74- — 15 Así según el hebreo. El griego dice: "te conocieron y te ultrajaron." — 16 Cf. Ex 21:2-4; 34:10. — 17 Cf. Ex 4:22. — 18 Cf. Nah 2:12; Jer 4:7; 5:6; 25:38; 49,iQ; So.i?· — 19 Cf. Jer 22:10-12; 2 Re 23:315. — 20 En egipcio Men-Ofer. — 21 Cf. Is 15:2; 22:12; Is 3:17.24. — 22 Cf. Jos 13:3; 1 Par 13:5; Is 23:3. Los LXX traducen Geón, identificando al Nilo con el Geón del paraíso. Cf. Flavio Josefo, Aní. I 1:3. — 23 Cf. Is 8:7. — 24 El texto es oscuro en el detalle, pero claro en la idea general. La Bible de Jérusalem traduce: "planta degenerada, viña bastarda." Dennefeld: "plantas degeneradas y bastardas." — 25 Así según la Bible de Jérusalem. Dennefeld: "la mancha de tu iniquidad permanecerá ante mí." — 26 Frase oscura. La traducción arriba expuesta es la seguida por la Bible de Jérusalem, Dennefeld, Streane. — 27 La Bible de Jérusalem: "su ruta, ¿quién la frenará?" Streane: "En su ocasión, ¿quién puede volverla?" — 28 Bible de Jérusalem: "¡Ten cuidado! Tu pie va a descalzarse." — 29 Bible de Jérusalem: "No, qué importa." Dennefeld: "Imposible." — 30 Cf. Os 10:1-1; Jer 31:18. — 31 Cf. Jer 2:2; Os 4:13s; Am 2:7. — 32 Cf. Dt 23:18; 1 Re 1:14.24; 22:47; 2 Re 23:7. — 33 Cf. Jer 3:6ss; 17:2; Is 1:21; 57:5; Os 4:13.14; Ez 6:13. — 34 Cf. Is s.iss. — 35 En hebreo dice de Soreq, que es una localidad llamada hoy Kh. Surik, junto al actual Beit-Dgebrim. En Jue 16:4 es la patria de Dalila. Quizá fuera famoso por sus vinos, y de ahí el nombre de esas cepas excepcionales. — 36 Cf. Is 57:9. — 37 Cf. Job 39:5ss. La traducción de los LXX es muy diferente: "alargo sus caminos hacia el agua del desierto, llevada del viento en el ardor de su alma; ¿existe vía determinada para hacerla volver?" — 38 Este último estico falta en el TM. — 39 Cf. Is 44:11-17. — 40 Aparece de nuevo en Jer 1:13. — 41 Cf. 1 Re 18:40; 2 Re 10:18-27. — 42 Cf. 2 Re 21:6; Lc 11:47; Act 7:52. — 43 El texto es inseguro. — 44 Bibl. de Jérus.: "corremos aquí y allá." — 45 Así según G., pero el H. dice: "en los bordes de tu vestido hallóse sangre." — 46 Frase muy oscura, aunque el sentido general es claro. La Bible de Jérus.: "A éstos no los habías sorprendido forzando puertas." — 47 Bible de Jérus.: "¡Cómo frivolamente cambias de camino!" Dennefeld: "¡qué poco te cuesta cambiar de caminos!" — 48 Cf. Dt 30:11s; Is 45:19. — 49 Cf. Is 1:3. — 50 Cf. Ex 22:2. La versión de los LXX difiere bastante: "Sobre tus manos se ha encontrado sangre de almas inocentes; no la encontraste en las fosas, sino bajo toda encina." Con-damin deduce de esto que aquí se aludiría a sacrificios de niños bajo los árboles en los que había ritos idolátricos. — 51 Cf. Jer 5:26; 22:13.17; Is 1:15; 8:15; Ez 34:23. — 52 Cf. 2 Sam 13:19.
3. Posible reconciliación de Israel con Yahvé
Este capítulo contiene dos partes: una en verso y otra en prosa. La idea central es el retorno de Israel a su Dios, e incluye algunos fragmentos mesiánicos.
Invitación a Israel a retornar a Yahvé (1-5)
1 Si un hombre despide a su mujer y ella se aparta de él, si viniere a ser de otro hombre, ¿volverá aquél a ella de nuevo? ¿No será del todo profanada esta mujer? 2Tú, pues, que con tantos amantes fornicaste, ¿podrás volver a mí? Oráculo de Yahvé. 2 Alza tus ojos hacia los collados y mira dónde no has sido profanada. Junto a los caminos te asentabas en acecho a ellos, como el árabe en el desierto. Contaminaste la tierra con tus fornicaciones y perversidades. 3 Y fueron retenidos los aguaceros y no hubo lluvia de primavera 3. Y tú tenías frente de prostituta, no querías avergonzarte. 4 ¿Por ventura no me invocas desde ahora: "Padre mío, tú eres el esposo de mi juventud"? 5 ¿Va a durar por siempre su cólera? ¿La mantendrá hasta el fin? Mas, mientras (esto) dices, sigues cometiendo las maldades que puedes.
De nuevo vuelve el tema de la esposa. Antes ha sido presentado Israel como una esposa que al principio fue feliz en sus amores con Yahvé, pero ha sido deshonrada por sus muchos amantes4. Pero Yahvé quiere hacer un último llamamiento para hacerla venir al buen camino, y lo hace presentándole en crudo sus crímenes e infidelidades. El caso de Israel es como el de la mujer despedida con justicia por alguna infidelidad y que se va con otro hombre. Según Dt 24:1-4, no podía volver a su primer marido. El marido, en ese caso, no podrá volver a tomarla: ¿volverá aquél a ella de nuevo? (v.1). No obstante, en la historia de Israel hay algunos casos en los que una mujer dada en matrimonio a otro ha sido tomada de nuevo 5. Pero aquí la conducta de la mujer repudiada es muy desarreglada moralmente, siendo profanada6; lo que parece indicar que ella andaba en uniones ilegítimas después de haber abandonado al primer marido. Es el caso de Israel, que se ha prostituido con tantos amantes, lo que hace muy difícil que pueda retornar a su primer marido: ¿podrás volver a mí? (Yahvé).
Y ahora Yahvé enumera detalladamente sus prostituciones con sus muchos amantes: Alza tus ojos hacia los collados y mira donde no has sido profanada (v.2). Esos collados son los famosos "lugares altos," donde había santuarios locales a los que iban los israelitas. La descripción que sigue es muy realista y cruda: Israel se ha sentado al acecho de amantes (ídolos) como lo hacían las meretrices7: junto a los caminos te asentabas., como el árabe en el desierto (v.ab). El árabe o beduino de la estepa, que vive de la espada, como Esaú, está al acecho por si da con algún desprevenido caminante para robarle 8. Es el caso de Israel, que no sólo está dispuesta a entregarse a la prostitución espiritual con los ídolos sus amantes, sino que va en busca de ellos 9. Las fornicaciones son los actos de idolatría, y las perversidades, la sangre inocente que ha derramado 10 como consecuencia de estos cultos idolátricos.
La primera frase del ν.3 parece interrumpir el sentido del contexto. Y quizα sea mejor adoptar la lección de los LXX que hemos indicado: "tú has tenido numerosos pastores (amantes), que han sido para ti piedra de escándalo"; lo que sería una repetición del v.1. No obstante, la lectura masorética puede mantenerse: Fueron retenidos los aguaceros y no hubo lluvia de primavera (v.3a), en el sentido de que Yahvé, para hacer volver a Israel a sí, no dudó en enviarle castigos, privándole de los aguaceros o lluvias primeras del otoño para la sementera, y de los de la primavera, necesarios antes de la maduración de los cereales n. Pero todo ha sido en vano, porque Israel seguía obstinada en sus vicios con frente de prostituta, sin querer avergonzarse. Israel ha llegado a la degradación de la meretriz, que ha perdido todo pudor, y por eso no sale a sus mejillas el sonrojo por un acto inmoral por ella cometido.
Esa insolencia llega al colmo al querer Israel conciliar el favor de su Dios sin abandonar sus caminos perversos de idolatría: ¿no me invocas desde ahora: "Padre mío, tú eres el esposo de mi juventud?" (v.4). Esas invocaciones afectuosas están en contradicción con su conducta práctica. Es un reproche del sincretismo religioso. Los israelitas creían conciliar el culto a Yahvé y el de los ídolos. En la hora de la desgracia volvían hacia su Dios tradicional. Pero no son compatibles ambos cultos 12. Pretende Israel conservar a Yahvé, su Esposo, como en los días de su juventud en el desierto 13, cuando disfrutaba de sus primeros amores. Israel quiere jugar con la justicia divina, creyendo que Yahvé está dispuesto a reconciliarse con ella según sus conveniencias: ¿Va a durar por siempre su cólera, la mantendrá hasta el fin? (ν.6). Está acostumbrada a recibir muchas muestras de perdón y de misericordia, y por eso cree que ahora Yahvé se excede en los castigos.
Comparación entre la conducta de Israel y de Jada. (6-11)
6 Y me dijo el Señor en tiempo del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho Israel? Se fue por todo monte alto, y bajo todo árbol frondoso para fornicar allí. 7 Yo dije: Después de haber hecho todas estas cosas, vuelve a mí. Pero no se volvió. Vio esto su pérfida hermana Judá. 8 Vio que por todo cuanto había adulterado la rebelde Israel habíala despedido y dado el libelo de repudio, pero no temió la pérfida Judá, su hermana, sino que fue y fornicó ella también. 9 Y sucedió que, por la ligereza de su prostitución, contaminó la tierra y adulteró con la piedra y con el leño; 10 y tampoco con todo esto su pérfida hermana Judá se volvió a mí de corazón, sino mentidamente, oráculo de Yahvé. 11 Υ me dijo Yahvι: La apóstata Israel se ha justificado al lado de la pérfida Judá.
En este fragmento encontramos una lección de justicia comparativa a los ojos de Dios. Israel, con ser tan culpable por sus idolatrías (se fue por todo monte alto, y bajo todo árbol frondoso para fornicar, v.6), lo es menos en comparación de Judá, ya que ésta no aprovechó la lección que dio Yahvé a aquélla castigándola severamente. Cuando escribe Jeremías este oráculo habían pasado ya más de cien años después de la conquista de Samaría por los asirios (en el 721 a.C.) y había desaparecido totalmente el reino del Norte, Israel. Todo ello fue como consecuencia de haberla abandonado Yahvé, dándole el libelo de repudio (v.8). La imagen está tomada de Dt 24:1: un marido podía abandonar a su esposa por encontrar algún defecto grave en ella, entregándole el "libelo de repudio." Es lo que ha hecho Yahvé con Israel. La ha entregado a sus enemigos, los asirios, que la llevaron en cautividad.
Judá no aprendió la lección de esto, y también se dio a la idolatría: adulteró con la piedra y el leño (v.8), es decir, con ídolos de piedra y de madera 14. Multiplicó sus prostituciones idolátricas (por la ligereza de su fornicación, v.9). Judá era propensa y tenía especial facilidad para la idolatría 15. Consecuencia de ello fue que contaminó la tierra, es decir, Palestina, que era la heredad de Yahvé, la cual era profanada al admitir cultos idolátricos en ella. Además, hipócritamente se considera aún vinculada a Yahvé, pero es mentidamente (v.10). De ahí que Israel jurídicamente sea menos culpable ante Dios que Judá, que sigue prevaricando, sin escarmentar por lo sucedido a su hermana 17.
Invitación al retorno (12-13)
12 Anda y grita estas palabras hacia el septentrión y di: Vuélvete, apóstata Israel, oráculo de Yahvé; no apartaré mi rostro de vosotros, porque soy misericordioso, oráculo de Yahvé; no es eterna mi cólera. 13 Reconoce, pues, tu maldad, pues contra Yahvé, tu Dios, has pecado, dispersando tus caminos hacia los extraños, bajo todo árbol frondoso, y desoyendo mi voz, oráculo de Yahvé.
El retorno a Yahvé, aunque es difícil (v.1-5), es posible (v.5). Israel debe emprender otro camino y dejar de llevar una conducta ambigua, acudiendo a Yahvé y a los ídolos: dispersando tus caminos hacia los extraños (v.15), es decir, sus mandos postizos, a los que hace la corte bajo todo árbol frondoso 18.
Futura unificación de Israel y Judá (14-18)
14 Volved, hijos rebeldes, oráculo de Yahvé, porque yo soy vuestro dueño, y os tomaré uno de una ciudad y dos de una familia, y os introduciré de nuevo en Sión. 15 Yo os daré pastores según mi corazón, que os apacentarán sabiamente. 16 Y sucederá que, cuando os multipliquéis y fructifiquéis sobre la tierra, en aquellos días — oráculo de Yahvé — no dirán ya: "Ah, el arca de la alianza de Yahvé!" No se acordarán ya de ella, se les irá de la memoria, ni la echarán de menos ni harán otra. 17 En aquel tiempo será llamada Jerusalén trono de Yahvé, y se congregarán en torno a ella todas las gentes en el nombre de Yahvé, a Jerusalén, y no seguirá más la obstinación de su corazón malo. 18 En aquellos días vendrán juntamente la casa de Judá y la casa de Israel, juntos vendrán de la tierra del septentrión a la tierra que da en heredad a vuestros padres.
Parece que el profeta se dirige a los expatriados del reino del Norte, llevados en cautividad por Teglatfalasar III, Salmanasar V y Sargón II. Para ellos hay todavía esperanza de repatriación. Los invita a volver, ya que Yahvé es su dueño (v.14) verdadero. Y El se encargará de que algunos de entre ellos retornen a la nueva patria de Sión (v.14b). Es la doctrina del resto rescatado por Yahvé de la catástrofe. Isaías decía que "un resto volverá"19. Entre los deportados (quizá hable en futuro el profeta de los deportados también de Judá) habrá un selecto número que tendrán la suerte de poder volver a Sión a constituir la nueva teocracia. El número será reducido: uno de una ciudad, dos de una familia; pero es una puerta a la esperanza. El nuevo orden de cosas será presidido por el sentido de justicia, pues Yahvé dará pastores según su corazón, que los apacentaran sabiamente (v.15). Son los nuevos gobernantes de la era mesiánica 20. En Is 40,11 se presenta a Yahvé como el futuro pastor de Israel, que enviará al pastor fiel, Mesías 21. Gobernarán los nuevos pastores sabiamente (lit. "con inteligencia y prudencia"). Después del retorno de la cautividad, los judíos tuvieron como excelentes pastores a Zorobabel, a Esdras y a Nehemías. Pero todos éstos serán una preparación del Buen Pastor ideal, el Mesías. Indudablemente que la mente del profeta se proyecta hacia la era mesiánica, por lo que dice a continuación: Aquel pequeño grupo salvado se multiplicará hasta constituir una comunidad pujante (v.16a).
En la nueva era mesiánica (la frase en aquellos días suele tener un carácter marcadamente mesiánico) no será necesaria la presencia del arca como símbolo de la presencia de Yahvé. El pueblo se hallará bajo una protección especialísima de su Dios, en tal forma que sentirá nostalgia de los tiempos pasados (v.16b). El arca de la alianza de Yahvé había sido el centro del culto en la época anterior al destierro. Era símbolo de la presencia de Dios en su pueblo y estaba guardada en el santo de los santos, primero en el tabernáculo y después en el templo de Jerusalén. Contenía las tablas de la Ley, estaba cubierta con el propiciatorio, o lámina de oro sobre la que se asentaba Yahvé como en un trono para comunicarse con Israel 22, y flanqueada por dos querubines con sus alas extendidas uno frente al otro. En la época de lucha con los filisteos se llevaba al campo de batalla para obtener la victoria. Sólo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año al santo de los santos, en el día de la expiación, para aspersionar el propiciatorio con la sangre de la víctima para aplacar la justicia divina. Después de la caída de Jerusalén, el arca no aparece más en la historia de Israel, y así, en el nuevo templo reconstruido después del exilio bajo los persas (520-18) faltaba el arca. En lugar de ella había una piedra saliente, sobre la que el sumo sacerdote cumplía el rito de la expiación 23. Según un documento apócrifo del que se hace mención en 2 Mac 4, Jeremías escondió el arca en una caverna del monte Nebo. Es una leyenda que refieren los hebreos de Palestina a los de Egipto 24. Jeremías anuncia que en la nueva era mesiánica no hará falta el arca como signo externo de la presencia de Yahvé, pues éste se hará de tal modo sensible a los corazones de los nuevos ciudadanos, que aventajará con mucho a la realidad de aquélla. Ni siquiera serán colocadas entonces las tablas de la Ley en ella, pues la Ley de Yahvé será escrita sobre los corazones de los nuevos israelitas 25. Es un anuncio de que el culto mosaico desaparecerá y será sustituido por otro de concepciones más amplias. Malaquías dirá que cesarán los sacrificios de Jerusalén para ser sustituidos por otro que se ofrecerá de "oriente hasta occidente"26.
Jerusalén, al entrar en una nueva fase, la definitiva de su historia, cambiará hasta de nombre para expresar mejor su realidad. En el antiguo templo, Yahvé estaba simbólicamente sentado sobre el arca; ahora toda la ciudad podrá ser llamada trono de Yahvé, porque Dios realmente se hará sentir sensiblemente sobre ella. Es más, esta nueva Jerusalén será el punto de convergencia de todo los pueblos (ν.17a). Es lo mismo que Isaías y Miqueas habían anunciado al presentar a todos los pueblos dirigiéndose al monte del Señor, a Sión, para adoctrinarse en su Ley 27. Tenemos, pues, aquí enseñado claramente el universalismo mesiánico, que va apareciendo periódicamente en los profetas. El profeta presiente una nueva religión no basada en lo exterior, sino vinculada al corazón. San Juan, en el Apocalipsis (21:23), dice que la nueva Jerusalén no tendrá templo, ni habrá sol ni luna, porque el Señor y el Cordero harán sus veces para los bienaventurados.
En la época mesiánica se realizará de nuevo el gran sueño de los israelitas: la unión de las doce tribus: la casa de Judá y la casa de Israel (v.18). Vendrán de la tierra del septentrión, es decir, de la región mesopotámica adonde habían sido dispersos en la cautividad. Para el profeta, que habla en Jerusalén, el camino del cautiverio (vía Damasco-Eufrates por Palmira) estaba hacia el norte. En el c. i había dicho que la invasión de Judá vendría del norte en el mismo sentido. El punto de convergencia de los repatriados es Palestina, la tierra que di en heredad a vuestros padres (v.18). Ezequiel también anunciará la fusión de los dos reinos hermanos antagónicos28.
Reconocimiento de los pecados de parte de Israel (19-25)
19 Y yo me pregunté: ¿Cómo voy a contarte entre los hijos y darte una tierra deliciosa, la heredad más preciosa entre las naciones? Y me contestaba: Me llamarás "mi padre" y no te separarás de mí. 20 Sin embargo, como la mujer infiel a su marido, así has sido tú infiel a mí, casa de Israel, oráculo de Yahvé. 21 Una voz se deja oír sobre las peladas alturas, llantos y súplicas de los hijos de Israel por haber pervertido su camino y haberse olvidado de Yahvé, su Dios. 22 Convertios, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeldías. Henos aquí, venimos a ti, pues tú eres Yahvé, nuestro Dios. 23 Ciertamente sólo mentira (nos ha venido) de los altos, ruido de los montes. Verdaderamente en Yahvé, nuestro Dios, está la salvación de Israel. 24 La vergüenza (de los ídolos) ha devorado el trabajo de nuestros padres desde nuestra juventud: sus rebaños, sus vacadas, sus hijos y sus hijas. 25 ¡Yacemos en nuestro oprobio y nos cubre nuestra vergüenza! Porque hemos pecado contra Yahvé, nuestro Dios, nosotros y nuestros padres desde nuestra juventud y hasta el día de hoy, y hemos desoído la palabra de Yahvé, nuestro Dios.
El pensamiento del profeta vuelve a la idea de arrepentimiento como condición necesaria para la rehabilitación de Israel en su amistad con Yahvé. Se presenta a Israel como una mujer a la que se quiere dar herencia entre sus hijos (v.19a), haciendo una excepción, ya que, según la Ley, las mujeres no podían heredar 29. Esos hijos pueden ser las naciones paganas, sometidas también a Yahvé; entonces Israel sería como el primogénito que heredaría lo principal. Como Israel es presentada como una mujer para que pueda servir de símil para el matrimonio con Yahvé, de ahí la frase de Jeremías. Quiere dar a Israel Palestina, la tierra deliciosa entre las naciones. Pero ello exige una condición: el reconocimiento de la paternidad de Yahvé por parte de Israel: me llamaras "mi padre" y no te separaras de mí (v.19c). Quiere que vuelva a los buenos tiempos del desierto, en que se entregaba totalmente a Yahvé (v.2-3). Pero la. conducta de Israel ha sido la de una esposa infiel (v.20).
Como contestación a la invitación amorosa de Yahvé, el pueblo siente un movimiento profundo de compunción, y en medio del jolgorio de los cultos idolátricos en las alturas se oyen ahora llantos y gemidos de los hijos de Israel (v.21a), que reconocen su mala conducta. Yahvé, conmovido, los invita a la penitencia: convertios (v.22), pues por su parte está dispuesto a reintegrarlos a su favor: sanaré vuestras rebeldías (v.22a), es decir, vuestra tendencia a la idolatría, con todas sus consecuencias morales.
Por primera vez el pueblo reconoce la vaciedad de los cultos idolátricos (v.23a). Han confiado en ídolos que no les podían ayudar, y todo su culto era una mentira, una farsa. Aquellas fiestas eran un puro ruido de los montes (v.23), alusión a las orgías ruidosas que se desarrollaban en esos lugares de culto: procesiones, danzas licenciosas, prostitución sagrada 30. Quizá los reveses políticos y militares de la época sirvieron para abrir momentáneamente los ojos de los israelitas. El culto de los baales no ha servido sino para empobrecer al pueblo, perdiendo las riquezas acumuladas por los antepasados: la vergüenza (es decir, los ídolos) ha devorado el trabajo de nuestros padres 31.
Como consecuencia, el pueblo reconoce sus descarriados caminos y está como en luto: yacemos en nuestro oprobio y nos cubre nuestra vergüenza (ν.26). La expresión está calcada sobre los ritos habituales de duelo: se recogían en casa, echándose sobre ceniza, y se cubrían de saco. Aquí el oprobio hace las veces de ceniza, y la vergüenza de saco.
1 Así según el TM. En G. se lee "volverá a él." — 2 Así según el TM, que parece interrumpir el pensamiento. Los LXX leían: "Y tienes muchos pastores para tu tropiezo." Conforme a esta lectura, Duhm ha sugerido un arreglo del TM y lee: "Y de tus numerosos compañeros (amantes) resultó un lazo para ti." Así Con-damin. Pero mantienen la lectura del TM Streane, Dennefeld, Bible de Jérus., — 3 Cf. Jer 2:2-3. — 4 Jer 3:20. — 5 El G. más bien supone que "ella vuelve a él." — 6 El H. dice "tierra" en vez de "mujer." Es una influencia de Dt 24:4. — 7 Cf. Gen 38:145. — 8 Es la primera vez que aparece la palabra árabe en la Biblia. Y es aquí en el sentido de hombre de la estepa o arabah. — 9 Cf. Jer 2:23-24. — 10 Cf. Jer 2:22-23.33-34; 3:5-23-24. — 11 Cf. Dt 11:14; 28:12-24. — 12 Cf. Jer 2:23. — 13 Cf. 2:2. — 14 Cf. Jer2:27- — 15 El hebreo se puede traducir "con su rumorosa fornicación," y entonces pudiera ser una alusión a las orgías que acompañaban a los cultos idolátricos. La Vg. traduce "facilítate fornicationis," que es aceptable. — 17 Sobre la conducta comparativa de Israel y Judá cf. Ez 23:11. — 18 Cf. Jer2:25. — 19 Cf. Is 10,21. — 20 Cf.Jer 23:4-5;Ez 34:23. — 21 Cf. Ez 34:23; Jer 23:1-8. — 22 Cf. Ex 25:22. — 23 Cf. Goldschmid, Der bab. Talmud III 147. Joma v.2. Citado por G. Vittona-to, O. P., II Libro de Jeremía p.iia (Torino 1955). — 24 Cf. Knabenbauer, Comm. in Mach. p.298. — 25 Cf. Jer 31:31- — 26 Cf. Mal 1:11. — 27 Cf. Is 2:2-4; Miq 4:11s. — 28 cf. Ez 37:16-28. — 29 Cf. Núm 27:1-8. — 30 Cf. Is 22:13; 28:7-8; Os 9:1; Jer 3:23; Am 5:21; 1 Sam 10; Am 2:7; Os 4:14. — 31 La palabra vergüenza, en hebreo boshet, era el nombre despectivo que los yahvistas daban a los baales o ídolos. Así muchas veces sustituyen la palabra baal por vergüenza, como aquí. Cf. Os 9:10; Jer 11:13; 2 Sam 2:8; 1 Par 8:33.
4. Invitación a la conversión y amenaza de castigo.
Se encarecen los efectos beneficiosos que para Israel tiene una sincera conversión. Después se anuncia la invasión de un ejército que viene del desierto para caer sobre el pueblo escogido. El estilo e; patético y descriptivo.
Invitación a la sincera conversión (1-4)
1 Si te conviertes, Israel — oráculo de Yahvé — , volverás a mí. Si quitas de delante de mí tus abominaciones, no andarás errante. 2 Si juras por la vida de Yahvé con verdad, con derecho y con justicia, serán en ti bendecidos los pueblos y en ti se gloriarán. 3 Pues así dice Yahvé a los hombres de Judá y de Jerusalén: Roturaos un erial y no sembréis en cardizales. 4 Circuncidaos para Yahvé y quitad los prepucios de vuestros corazones, varones de Judá y habitantes de Jerusalén. No sea que salga como fuego mi ira y se encienda, sin que haya quien lo apague, por la maldad de vuestras obras.
Se insiste en la necesidad de que el arrepentimiento sea sincero. Si la conversión del pueblo es sincera, debe dirigirse a Yahvé: volverás a mí (v.1). Pero tienen que renunciar a sus abominaciones, es decir, los ídolos, con todas las consecuencias inherentes a los cultos cananeos. El premio de su retorno al buen camino será que no andará vacilante: no andarás errante (v.1b), fuera de la órbita de la protección divina, errante como otro Caín, sin poder participar en los cultos verdaderos de Yahvé.
La expresión de jurar por la vida de Yahvé equivale a jurar por el Dios viviente, en contraposición a los ídolos, que son vanos, muertos, y, por tanto, no pueden prestar auxilio a sus devotos. En 5:2, el profeta dice que sus contemporáneos, aunque juran por el nombre de Yahvé, lo hacen falsamente, precisamente porque contemporizan con los cultos paganos.
La frase siguiente: serán en ti bendecidos los pueblos, está tomada directamente de Gen 22:18 ó de 26:4. La idea es que Israel será motivo de bendición para todas las gentes; es decir, los pueblos se saludarán deseándose los bienes que Yahvé ha otorgado a Israel.
Pero para que estas bendiciones se cumplan sobre Israel y den buenos frutos es preciso una reforma a fondo: roturaos un erial y no sembréis en cardizales. Antes de sembrar un campo es preciso roturarlo bien cuando es erial y prepararlo para la siembra. No se debe sembrar en cardizales, porque se ahogaría la buena semilla. Ya el profeta Oseas, un siglo antes, había escrito la misma imagen con sentido análogo: "Sembrad en justicia, cosechad en misericordia, roturad el barbecho del conocimiento para buscar a Yahvé mientras viene él a enseñaros la justicia" 2.
El profeta especifica lo que quiere decir con el símil anterior, tomado de la agricultura: circuncidaos para Yahvé y quitad los prepucios de vuestros corazones. Para tener derecho a formar parte jurídicamente de la comunidad israelita era preciso y bastaba haber cumplido el rito de la circuncisión en los varones. Aquí el profeta exige algo más para entrar en relaciones normales con Yahvé. Habla a los varones de Judá. (v.4), y les dice que lo que importa ante todo es la circuncisión interior: circuncidaos para Yahvé (v.4a). El rito externo debía ser símbolo de una entrega interna total a Yahvé. Para ello era preciso deshacerse de los prepucios o apegos inmorales de sus corazones. El corazón de los israelitas se hallaba como materializado y recubierto de una espesa capa de materialismo. Era preciso deshacerse de esto para entrar en relaciones puras, libres de intereses bastardos, con Yahvé. Se trata de formar parte de una sociedad nueva vinculada espiritualmente a Yahvé, y para ello era preciso practicar esa circuncisión espiritual, que supone la renuncia a participar en los cultos idolátricos y a todas las apetencias torpes y sensuales inherentes a ellos 3. Esta llamada a la religión interior es característica de los profetas y culminará en la predicación evangélica 4.
Después de esta exhortación paternal, Dios refuerza su invitación, anunciando el castigo caso de que no cambien de conducta: no sea que salga como fuego mi ira (v.4b).
Inminente invasión (5-8)
5 Anunciad en Judá y proclamad en Jerusalén, clamad y tocad las trompetas por la tierra, gritad con toda fuerza y decidí ¡Congregaos y vayamos a las ciudades amuralladas! 6 Levantad bandera hacia Sión, salvaos, no os detengáis, porque voy a hacer venir la desgracia del septentrión, una gran catástrofe. 7 El león ha subido de su espesura, el devastador de pueblos está en marcha, ha salido de su lugar para devastar tu tierra y asolar tus ciudades hasta no dejar en ellas morador. 8 Vestios, pues, de saco, llorad y lamentaos, porque no se ha apartado de nosotros la ira encendida de Yahvé.
Con estas palabras del v.5 se inicia un nuevo ciclo de profecías, que prosigue hasta el c.6 inclusive. No se especifica el enemigo invasor. El profeta, en este primer fragmento (v.5-8), refleja la alarma de los habitantes de Jerusalén y de sus alrededores ante la proximidad del enemigo, los cuales se congregan como único recurso en las ciudades fortificadas (v.5). El profeta se presenta como centinela que da la voz de alarma al estilo militar: clamad y tocad las trompetas por la tierra (v.5a). Esta tierra es la campiña de Judá. Ante la invasión es inútil quedarse a campo raso, y sólo resta refugiarse en los recintos amurallados. Además, el profeta invita a los habitantes de Sión a que enarbolen una bandera para indicar la dirección hacia la que deben converger los fugitivos (levantad bandera hacia Sión, v.6a), ya que la invasión viene del septentrión, e.d., de la ruta caravanera de Damasco, itinerario tradicional de las invasiones asirías, que será seguida también por los babilonios. El invasor es presentado como el león que ha subido de la espesura (ν.7). En la región frondosa de las márgenes del Jordán abundaban los leones y fieras salvajes. Su espesura era famosa por los sobresaltos a que tenía que someterse el viajero incauto, siempre expuesto al ataque de dichas fieras. De allí subían hacia las montañas colindantes. El profeta recoge este símil tradicional para presentar el peligro del invasor. Ese león es el devastador de pueblos (ν.7), sin duda Nabucodonosor, implacable invasor de Palestina, primero como lugarteniente y generalísimo y después como rey de Babilonia. El profeta anuncia su efecto devastador sobre Judá (tu tierra, ν.7b). Consecuencia de su implacable incursiσn militar será un duelo general entre los habitantes de Jerusalén: vestios de saco, llorad. (v.8a) 5. Pero en realidad deben considerar la razón verdadera de la desgracia. Nabucodonosor no es sino un instrumento de la justicia divina, que se muestra airada contra su pueblo (v.8b).
Consternación en las clases dirigentes (9-10)
9-10 Y sucederá en aquel día — oráculo de Yahvé — que desfallecerá el corazón del rey y el de los magnates, se consternarán los sacerdotes, se pasmarán los profetas 10 y exclamarán: ¡Ah Señor, Yahvé! 6 Ciertamente has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: "Tendréis paz," y la espada ha llegado hasta el alma.
En el momento de la invasión serán las clases más responsables las que perderán el ánimo. En la corte no se ha querido seguir las instrucciones de Jeremías, y, en cambio, se han buscado fórmulas diplomáticas y alianzas militares con Egipto al margen de los intereses de Dios. La consternación será general en la corte: desfallecerá el corazón del rey y el de los magnates (v.8). Estos han sido los responsables de la catástrofe al no seguir la política yahvista aconsejada por Jeremías, siguiendo, en cambio, los supuestos oráculos que halagaban sus puntos de vista proferidos por los falsos profetas y sacerdotes. Su insolencia llegará hasta el extremo de atribuir sus errores al mismo Yahvé: ¡Ah Señor, Yahvé! Has engañado a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: "Tendréis paz" (v.10a). La corte tomaba como verídicas las predicciones de paz de los falsos profetas, y ahora creen que Yahvé los ha engañado.
La invasión arrallador a (11-21)
11 En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: Un viento cálido sopla de las dunas del desierto sobre los caminos de la hija de mi pueblo; viento no de limpia ni de abaleo; 12 un viento impetuoso me llega. Ahora voy también yo a pronunciar castigos contra ellos. 13 He aquí que sube como denso nublado; sus carros son como el torbellino; sus caballos, más veloces que las águilas. ¡Ay de nosotros! ¡Estamos perdidos! 14 Limpia de maldades tu corazón, Jerusalén, para que puedas ser salva. ¿Hasta cuándo se albergarán en tu interior tus perversos pensamientos? 15 ¡Se anuncia una voz desde Dan y se hace oír la desventura desde el monte de Efraím! 16 Recordadlo a las naciones, proclamadlo en Jerusalén: Vienen los asaltantes de lejanas tierras, lanzan sus gritos contra las ciudades de Judá, 17 la rodean como guardias rurales por haberse rebelado ella contra mí, oráculo de Yahvé. 18 Esto es lo que te han traído tu conducta y tus acciones. He aquí que tu maldad es amarga, pues hiere tu corazón. 19 Ay mis entrañas, ay mis entrañas! ¡Desfallezco! ¡Paredes de mi corazón! ¡Mi corazón se agita! ¡No puedo callarme! Ya oigo el sonido de la trompeta, el estrépito de la batalla. 20 Ya se anuncia desastre sobre desastre, pues toda la tierra ha sido devastada. De repente invadieron mis tiendas, en un instante mis tentorios. 21 ¿Hasta cuándo he de ver banderas y oír el sonar de los clarines?
La descripción de la invasión es dramática y nerviosa para reflejar la ansiedad del momento. El profeta presiente inminente la invasión que avanza del norte. Es el ejército implacable de Nabucodonosor, que cae como un enjambre sobre la tierra de Judá. Antes se le presentó como un león que sale de la espesura; ahora se le describe como un viento cálido, el simún o jamsim, que sopla abrasador desde las dunas del desierto (v.11), que no trae sino abrasamiento y esterilidad. Es un viento devastador tan fuerte, que no sirve para las faenas de trilla y de selección del trigo (no de limpia ni de abaleo, ν. 1:1b), pues es demasiado violento y se lleva también el grano con la paja. Es un huracán surgido repentinamente en el desierto, que siembra por doquier la devastación y la ruina7. Ahora sopla. sobre los caminos de la hija de mi pueblo, e.d., Jerusalén 8. Por su aspecto tétrico, el invasor se parece a un denso nublado (v.15), o turbión, que avanza amenazador 9. No hay salvación posible: ¡Estamos perdidos! es la exclamación unánime del pueblo, sobrecogido de terror.
Ante este ambiente de consternación general, el profeta, en su oficio de centinela de su pueblo, le dice que no está todo perdido y que aún hay lugar a la esperanza si el pueblo de Judá se arrepiente de sus pecados (v.14). Cuando todo es depresión moral y desesperación, los profetas presentan al pueblo un horizonte de esperanza, y cuando todo es jolgorio y optimismo inconsciente, anuncian castigos. Es el eterno balanceo ideológico de la teología profética. Tras esta interrupción alentadora en forma de consejo a su pueblo, prosigue el profeta la descripción de la invasión. Llegan las primeras noticias de la parte septentrional del país de que el ejército invasor ha entrado en Palestina: Se anuncia una voz desde Dan y se hace oír la desventura desde el monte de Efraim (v.15). Dan constituía la ciudad más septentrional de Israel, ya en los confines de Siria y Líbano, a cinco kilómetros de Banyas, la actual tell-el-Qadi. Era tradicional la frase "desde Dan hasta Bersabé" para designar la totalidad de Palestina, desde la frontera siró-fenicia hasta el Negueb, en el sur, con Bersabé (la actual Bersheba) como capital10. El monte de Efraim (v.15) estaba al norte de Jerusalén, en la ruta que había de seguir el invasor en su marcha hacia la capital. Al citarle el profeta juntamente con Dan, es para destacar la celeridad del avance arrollador; apenas llegan las noticias desde la frontera norte en Dan, cuando otro mensajero trae la noticia de que las tropas invasoras han acampado en el monte de Efraim, a unos kilómetros al norte de Jerusalén. La descripción es entrecortada y llena de dramatismo. Las naciones o pueblos paganos deben ser testigos de este castigo que se cierne sobre el pueblo elegido (v.16) para mayor baldón de éste. La avidez de los asaltantes es comparada a la de los guardias rurales (ν.17), que velan sobre la mies y los frutos para que no sean robados. Según algunos intérpretes, la expresión guardias rurales se referiría a los ineptos defensores de la Jerusalén ante los bien armados asaltantes. En realidad, la conducta y las malas acciones de Judá han sido la causa del estrago, ya que los invasores no son sino instrumentos de la justicia divina (v.15a).
El profeta asiste en espíritu a la batalla y se conmueve en sus entrañas (v.19). El temperamento de Jeremías era esencialmente afectivo, y sentía más que nadie la tragedia de su pueblo. La expresión paredes de mi corazón (v.19) es paralela a entrañas y significa la sede de sus afectos más'íntimos M. El profeta asiste espiritualmente a las escenas terribles del combate: oigo el sonido de la trompeta, el estrépito de la batalla, y con ello presiente el desastre que se cierne sobre toda la tierra devastada (v.20). Piensa en su pueblo y se identifica con él: invadieron mis tiendas. Con la imaginación se traslada a la época primitiva en que vivía Israel en tiendas en el desierto. Sus campamentos o tentorios han caído en poder del enemigo. Las murallas de Jerusalén, lejos de ofrecer defensa alguna, se pliegan fácilmente, como las tiendas, ante el empuje arrollador de los asediantes. Ante tanta desolación, el profeta pregunta cuánto durará esta invasión militar: ¿Hasta cuando he de ver banderas y oír los clarines? (v.21). La paz ha desaparecido de su pueblo, y el estruendo bélico de los guerreros que despliegan las banderas conmueve las entrañas de Jeremías, que asiste en espíritu al triste espectáculo.
Desolación general (22-31)
22 Porque mi pueblo está loco, me ha desconocido. Son hijos necios y no son inteligentes: sabios para el mal, ignorantes para el bien. 23 Miré a la tierra, y he aquí que era vacío y confusión; y a los cielos, y no había luz. 24 Miré los montes, y he aquí que temblaban, todos los collados se conmovían, 25 Miré, y no se veía un hombre, y las aves del cielo habían huido todas. 26 Miré, y he aquí que el vergel era un desierto, y todas sus ciudades eran ruinas ante Yahvé, ante el furor de su cólera. 27 Pues así dice Yahvé: Toda la tierra será un desierto, pero no consumaré la destrucción. 28 Llorará la tierra y se entenebrecerán los cielos arriba, porque yo lo anuncié, y no me arrepentiré; yo lo he resuelto, y no desistiré de ello. 29 Al vocerío de la caballería y de los saeteros, todas las ciudades emprenden la huida, penetraron en las selvas y escalaron las rocas; todas las ciudades fueron abandonadas, sin que en ellas quedara un morador. 30 Y tú la desolada, ¿qué harás? Si te vistes de púrpura, te adornas con joyas de oro, te rasgas los ojos con los afeites, en vano te acicalarás: tus amantes te desprecian, buscan tu vida. 31 Ciertamente oigo gritos como de mujer en parto, angustias como de primeriza. Es la voz de la hija de Sión, que gime y extiende sus manos. ¡Ay de mí! pues desfallece mi alma ante los asesinos.
Después de dar la razón de la catástrofe, el profeta describe con caracteres escatológicos el ambiente de desolación y de terror que domina la tierra de Judá. Parece un fragmento apocalíptico similar a la descripción que del día de Yahvé hace el autor de Is c.24-27 12. Quizá sea un fragmento apocalíptico errático del mismo Jeremías, insertado por un redactor posterior para completar el cuadro de desolación anunciado por Jeremías en los versículos anteriores.
El profeta constata, en nombre de Yahvé, el estado de estolidez de Israel, que no sabe reconocer la mano de Dios, que les castiga por sus pecados: mi pueblo está loco (v.22). Los israelitas son sólo sabios para el mal, e.d., agudos para escoger caminos que los llevan a la perdición; y al contrario, ignorantes para el bien. Es la gran tragedia de Israel en la historia, ya que, lejos de reconocerse como pueblo elegido bajo la protección de Yahvé, le ha desconocido (v.22a), yendo tras dioses extraños.
Después pasa a describir la desolación general con caracteres cósmicos. En la tradición literaria profética, el "día de Yahvé" era descrito como manifestación de la ira divina 13. Ahora, después de haberse manifestado la justicia vengadora de Yahvé, todo es desolación y ruinas: la tierra. era vacío y confusión (v.23). Las palabras empleadas por Jeremías son las mismas que leemos en Gen 1:2 para describir el caos primitivo de la creación. Para colmo de desolación, no había luz, que en el relato genesíaco aparece como primer signo distintivo. En Gen 1:2 se dice que las "tinieblas cubrían la faz del abismo." Sin duda que Jeremías depende de la descripción del Génesis. En este ambiente de confusión caótica, las mismas montañas parecen estar fuera de sí. Los montes, símbolo de estabilidad e inmovilidad en la Biblia por sus supuestos fundamentos, que llegan hasta lo más profundo de la tierra, temblaban (v.24). Todo aparece trastornado en este día de la manifestación de la ira de Yahvé 14. Y en esa naturaleza revuelta falta todo signo de vida: no veía un hombre, y las aves del cielo habían huido (v.25). Todo es vacío caótico y ruinas. Los hombres han perecido en la mortandad o han sido llevados en cautividad, y las aves, al no encontrar nada con que alimentarse en aquella tierra, convertida en yermo, se han ausentado a otras regiones. En efecto, Palestina, que era un vergel, se ha convertido en un desierto (v.26). La expresión es hiperbólica. Palestina, en comparación con el estado de abandono en que había de quedar, era un campo feraz 15. La nueva situación desoladora es efecto del furor de Yahvé, que quema como fuego.
Pero de nuevo hay una esperanza salvadora para un "resto" rescatado: pero no consumaré la destrucción (v.27). Israel, por ser el pueblo elegido, se salvará en un pequeño núcleo de bendición, para que sigan en pie las promesas mesiánicas anunciadas a los patriarcas. La justicia divina respecto del pueblo elegido no es totalmente exterminadora 16. El juicio divino es una preparación para la manifestación del reino mesiánico, del que ese "resto" salvado constituirá el primer núcleo de ciudadanos. Pero el castigo será tal, que los cielos y la tierra mismos participarán del duelo general (v.28). Y para insistir en la seguridad del castigo, pone el profeta en boca de Yahvé la decisión reiterada de enviarlo (v.28b). Las expresiones paralelas se repiten con énfasis para indicar la certeza del castigo, pero hay que tener en cuenta que estas profecías conminatorias son siempre condicionadas, e.d., están subordinadas en los planes de Dios al endurecimiento o arrepentimiento del pueblo israelita 17.
A continuación se describe con detalles la invasión: la caballería, los saeteros o arqueros avanzan despiadados (v.29). En los bajorrelieves asirios aparecen los jinetes guerreros armados con el carcajo lleno de flechas a la espalda, atacando al enemigo. Más tarde la caballería montada se generalizó como instrumento de guerra. En la época de Jeremías, el uso de ella era muy común entre los babilonios y escitas. Las poblaciones de los pequeños estados invadidos, como Palestina, quedaban atemorizadas ante la ligereza y elasticidad que proporcionaba tal arma de combate. Por eso, el profeta ve a los habitantes de todas las ciudades emprender la huida hacia las selvas, dirigiéndose a los lugares inaccesibles rocosos (v.29). Con ello las ciudades quedaban abandonadas a merced del vencedor 18.
Ante este espectáculo de invasión previsto por el profeta, Jerusalén sigue inconsciente como una prostituta, ofreciendo sus encantos al mejor postor. Está, en realidad, desolada 19, abandonada de Dios y de sus amantes; por eso es inútil que quiera atraerlos con seducciones artificiales (.30). Aquí los amantes son las naciones extranjeras, cuyo favor buscaba ingenuamente Judá, ofreciendo sus dones y mejores servicios, como una cortesana que quiere atraer con sus vestidos de púrpura, sus joyas de oro y sus afeites de antimonio, con lo que hacía destacar más los párpados, dando impresión de tener los ojos rasgados (te rasgas los ojos. , v.30b). Esta descripción parece estar calcada en el relato de Jezabel, la esposa de Acab, que quiso conquistar con sus artimañas de cortesana el corazón de Jehú, el cual brutalmente, lejos de dejarse ganar, la asesinó, arrojándola a los perros de la calle 20. Es lo que harán los amantes de Jerusalén: tus amantes te desprecian, buscan tu vida (v.50c). Es inútil que quiera atraerlos, pues en la primera ocasión le darán de muerte.
La tragedia se aproxima, y Jerusalén debe prepararse para lo peor. Lejos de alejar el peligro que sobre ella viene con sus vanos requiebros a las naciones, en plan de meretriz despreciada de todos, lo que hace es adelantar la hora de la angustia. El profeta la ve ya en situación casi desesperada de dolor, como la mujer en parto, con angustias de primeriza, invocando auxilio, extendiendo las manos (v.31). El grito de la hija de Sión (Jerusalén) es desesperado bajo los golpes del enemigo: desfallece mi alma ante los asesinos (v.31 c). Se ha consumado la tragedia, y Jerusalén ha sucumbido. El profeta anuncia con estas palabras trágicas la situación de la Ciudad Santa cuando, asediada por los soldados de Nabucodonosor, caiga definitivamente en el 586 a. C., desapareciendo como capital de la nación elegida.
1 El texto hebreo dice lit. "serán en él bendecidos los pueblos y en él se gloriarán," por mantener materialmente la bendición del Génesis. Pero la acomodación parece exigir cambiar de persona. — 2 Os 10:12. — 3 Cf. Dt 10:16; Lev 26:41. — 4 Jesús hablará de la adoración de Dios en espíritu y en verdad (Jn 4:24), prometiendo la plenitud de la vida interior por el Espíritu (Jn 14:155). Gal 6:15: "Tanto la circuncisión como el prepucio no son nada, pues lo que importa es la criatura nueva." — 5 Para el símil del "saco" como vestido de luto, cf. Is 3:24; 15:3; Jl 1:13; Miq 1:8. — 6 El texto hebreo lee: "y diré" (Jeremías). Pero esto es increíble en labios del profeta que ha anunciado la desventura. Por otra parte, los LXX leen: "y se dirá." El códice Alejandrino lee: "dirán," que se adapta perfectamente al contexto, y por ello creemos que es la mejor lección. Así la Bible de Jérusalem y Gondamin. — 7 Cf. Is 27:8; Job 27:21. — 8 Sobre la expresión "la hija de mi pueblo," aplicable a la población de Jerusalén, cf. Is 16:1; 22:4; Lam 4:223. — 9 Cf. Is 5:28; Hab i,8. — 10 Cf. Jue 20,i; 1 Sam 3:20. — 11 Cf. Lam i,20; Is 16:11. — 12 Cf. también Jl 2:10; 3:15; Am 8:9. — 13 Cf. Is 13:10; Jl 2:10; Sal 18:9-11. — 14 Cf. Hab 3:10; Jue 5:5; Sal 114:4-6. — 15 Cf. Ex 3:8. — 16 Cf. Is 6:13; 10,21; 11:11-15; Am 9:8; Miq 2:12; Sof 3:13. — 17 Cf. Jon3:4· — 18 Cf. Jue 6:2; 1 Sam 13:6. — 19 Los LXX omiten desolada, que está en el TM. Teod. lee "infeliz." — 20 Cf. 2 Re 9:30. Sobre el colirio como adorno de los ojos cf. Is 45:11; Ez 23:40; 1 Re 9:30.