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17. Idolatría de Judá.
Coloquio del profeta y Yahvé. Observancia Sabática.
Este capítulo es muy heterogéneo, pues en él se mezclan observaciones y sentencias del más diverso género, y la prosa y la poesía se suceden caprichosamente. Podemos dividirlo en cuatro secciones: a) empieza con el anuncio del exilio (1-4); b) sentencias de tipo sapiencial con numerosos proverbios (5-13); c) súplica de estilo salmódico (14-18); d) observancia del sábado (19-27).
Anuncio de la cautividad (1-4)
1 El pecado de Judá está escrito con estilete de hierro, a punta de diamante se ha grabado en la tabla de su corazón y en los cuernos de sus altares, 2 cuando se acuerdan sus hijos, de sus altares, sus "aseras" junto a los árboles verdes y las elevadas colinas, 3 los montes del llano. Tus riquezas, todos tus tesoros, los daré al pillaje, tus lugares altos, por los pecados cometidos en todo tu territorio. 4Te obligaré a abandonar tu heredad *, que te había dado, y te haré servir a tus enemigos en tierra para ti desconocida, pues habéis encendido el fuego de mi ira, que arderá por siempre.

Este fragmento falta en los LXX, aunque en 15:13-14 se reproduce parte de esta perícopa. A pesar de todo, podemos considerarla como auténtica tal como aparece en el TM 2. No se puede precisar la fecha de su composición.
El pecado de Judá por antonomasia, la idolatría, es tan inveterado y habitual, que a los ojos de Dios aparece como escrito con estilete de hierro, a punta de diamante, en la tabla de su corazón (v.1). Por eso es difícil de corregir. El corazón de los hebreos era como una superficie metálica en la que había sido grabada la idolatría; de ahí su propensión innata a irse tras de dioses extraños, abandonando a Yahvé, su Dios. En los cuernos de sus altares (v.1c): los altares siró-fenicios, entre los que se incluían los dedicados a Baal y a Astarté en Canaán, eran rematados por cuatro cuernos en sus ángulos, que simbolizaban el poder de la divinidad. A esto alude el texto de Jeremías: la presencia de esos cuernos en sus altares era reflejo del culto idolátrico que practicaban; por eso el pecado de Judá. estaba grabado en los cuernos de los altares. En la Biblia se habla también de los cuernos de los altares del templo de Jerusalén y del tabernáculo del desierto, que eran ungidos de la sangre de la víctima 3. Pero aquí parece referirse a los altares idolátricos. Las aseras (v.2) eran troncos de árboles verticales, plantados junto a los altares idolátricos, que simbolizaban la frondosidad del bosque y representaban a la divinidad de la fecundidad, asociada a Baal. Los árboles verdes eran también lugares de culto y simbolizaban la fecundidad de la naturaleza4. A su sombra se daban todos los desórdenes morales con ocasión de los cultos paganos. Las colinas elevadas son los famosos "lugares altos" o bamot, en los que abundaban los cultos idolátricos 5.
Por estas transgresiones idolátricas, Yahvé condenará a su pueblo con todas sus riquezas al pillaje (v.2b). Y después el cautiverio, teniendo que abandonar la heredad que Yahvé le había dado, es decir, la tierra de Canaán 6, y todo como consecuencia de la manifestación justiciera de Yahvé, cuya ira arderá para siempre (v.4c). La expresión es hiperbólica y designa la magnitud de la ira divina, que se manifiesta en toda su fuerza al castigar a su pueblo.
Confianza exclusiva en Yahvé (5-8)
5 Así dice Yahvé: Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y de la carne hace su apoyo 7, y aleja de Yahvé su corazón. 6 Será como desnudo arbusto en la estepa, que, aunque le venga algún bien, no lo siente, y vive en las arideces del desierto, en tierra salitrosa e inhabitable. 7 Bienaventurado el varón que confía en Yahvé y en El pone su confianza. 8 Será como árbol plantado a la vera de las aguas, que echa sus raíces hacia la corriente y no teme la venida del calor, conserva su follaje verde, en año de sequía no se inquieta y no deja de dar fruto.

Este fragmento, de carácter sapiencial, incrustado en un contexto inadecuado por algún redactor posterior, interrumpe la ilación lógica del capítulo y parece no encajar en el estilo de Jeremías, que se preocupa más de lo concreto que de la exposición de ideas de tipo general. De todos modos, algunas veces Jeremías expresa incidentalmente principios teóricos sin conexión con determinadas circunstancias 8.
Aquí la expresión maldito el hombre que en el hombre pone su confianza (v.5) puede ser una alusión de Jeremías a la obsesión de sus compatriotas en buscar alianzas de pueblos extranjeros, asirios o egipcios 9. Quizá lanzara su apostrofe al rey Joaquim, que seguía una política demasiado humana. Carne aquí es equivalente a debilidad e impotencia 10. El que aleja su corazón de Yahvé es como arbusto en la estepa, que crece raquíticamente. El profeta parece pensar en los arbustos escuálidos que crecen en la zona esteparia a orillas del mar Muerto, en su parte sur, llenas de emanaciones salitrosas. Al contrario, el que confia en Yahvé será el árbol que crece exuberante junto a las corrientes de las aguas, y a medida que se acerca la época estival extiende sus raíces hacia la corriente (v.8). El justo que confía en Yahvé en los momentos críticos se afinca en sus creencias y esperanzas religiosas, y así desafía la venida del calor, es decir, las persecuciones y angustias consecuentes.
Sentencias sapienciales (9-13)
9 Tortuoso es el corazón sobre todo y perverso. ¿Quién puede conocerle? 10 Yo, Yahvé, que penetro los corazones y pruebo los ríñones, para retribuir a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras. Perdiz que empolla huevos que no ha puesto es el que injustamente allega riquezas; a la mitad de sus días tendrá que dejarlas, y en sus postrimerías será un necio. 12 Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario. 13 Yahvé es la esperanza de Israel; todos los que te abandonan serán confundidos. Los que te dejan en el país se cubrirán de vergüenza, porque dejaron la fuente de aguas vivas, a Yahvé.

Son estas sentencias de tipo sapiencial, sin conexión entre sí. En los v.8-10 se trata de la admirable penetración de la sabiduría divina, que penetra los corazones y los ríñones (v.10). Según la mentalidad hebrea del A.T., los ríñones eran considerados como el asiento de las inclinaciones y aun de los movimientos intelectivos 12. Yahvé conoce los caminos o conducta de cada uno (v.10), a pesar de que el corazón del hombre es tortuoso y perverso (v.9).
El contenido del v.11 no tiene ligazón con lo anterior. Es un proverbio sapiencial. Según la creencia popular, la perdiz robaba los huevos de los otros pájaros para incubarlos, y los polluelos, una vez crecidos, abandonaban a su supuesta madre; ésta, pues, no sacaba provecho de su trabajo. Del mismo modo, el que injustamente allega riquezas (v.11a) no podrá disfrutar de ellas, ya que, castigado por Dios, a la mitad de sus días tendrá que dejarlas (v.1 1b). Por eso, al fin (en sus postrimerías) aparecerá como un necio, que no ha sabido conducirse en la vida conforme al temor de Dios 13.
Los v.12-13 son un nuevo fragmento desconectado del anterior. Se celebra la gloria de Sión como trono de Yahvé. Aunque el profeta había combatido la idea de que la presencia del templo tenía un poder talismánico para apartar la desventura de su pueblo, sin embargo, seguía creyendo profundamente que el templo era el centro de la vida religiosa de su pueblo. Allí estaba su trono de gloria (v.12), y esto desde el principio, es decir, desde que Yahvé escogió la colina de Sión como centro de la teocracia davídica 14. Yahvé es la razón de ser de toda la vida nacional, la esperanza de Israel (v.13), pues lo ha protegido a través de su historia y le ha hecho unas promesas mesiánicas redentoras. De ahí la estulticia de quienes le abandonan, siendo como es la fuente de aguas vivas (ν.13). En 2:23 se contrapone a Yahvι, fuente de aguas vivas. que siempre está manando, y los ídolos, que no son sino "cisternas rotas," que no pueden retener el agua.
Súplica de protección (14-18)
14 Sáname, ¡oh Yahvé! y seré sanado; sálvame, y seré salvo, pues tú eres mi gloria15. 15He aquí que ellos me dicen: "¿Dónde está la palabra de Yahvé? ¡Que se cumpla!" 16 Pero yo no he ido tras ti a incitarte al mal16, ni he deseado el día de la calamidad; tú lo sabes. Lo que ha salido de mis labios, ante tu presencia está. 17No me hagas temblar. Tú eres mi refugio en el día de la desventura. 18Sean confundidos mis perseguidores, no yo. Sean ellos los que tiemblen, no yo. Haz venir sobre ellos el día de la desgracia, quebrántalos con doble quebranto.

De nuevo aparece la tragedia íntima del profeta. Ha anunciado castigos inmediatos a sus contemporáneos pecadores, y no llegan; de ahí la burla de todos al ver que no se cumplen sus predicciones. Quizá la fecha de composición más verosímil de este fragmento sea en los primeros años del rey Joaquim, hacia el 607, cuando los babilonios estaban aún lejos y se gozaba de relativa tranquilidad confiando en los aliados egipcios.
La frase sáname. tiene un sentido moral: el profeta desea verse libre de aquel estado angustioso de conciencia al no ser comprendido de sus compatriotas, que siguen alejados de Yahvé, que los va a castigar17. En realidad, Yahvé es su gloria (v.14), es decir, el objeto de su único orgullo personal, pues a El ha dedicado desinteresadamente su vida. Pero, con todo, no puede evitar pedir que le libre de las burlas de los que dicen: ¿Donde está la palabra de Yahvé? ¡Que se cumpla! (v.15). La frase tiene un sentido irónico, pues le echan en cara al profeta que sus lúgubres predicciones no se cumplen 18. Y Jeremías confiesa que él no tiene interés en lanzar profecías conminatorias, sino que es Yahvé el que le empuja a hablar así a sus conciudadanos. Personalmente no desea la suerte que anuncia a éstos: Pero yo no he ido tras de ti a incitarte al mal, ni he deseado el día de la calamidad (v.16a). Jeremías era de sentimientos muy afectuosos y amaba profundamente a su pueblo; por eso le dolía íntimamente anunciar el día de la calamidad o del castigo divino 19. Reiteradamente había suplicado que Yahvé contuviera su ira 20. Yahvé era testigo de que de sus labios no salió nada en contra de su pueblo ni que ha hecho mal alguno.
Supuesto esto, suplica a Yahvé que no le abandone a sus enemigos, ya que es su refugio en el día de la desventura (ν.17), en el dνa de la manifestación de la justicia divina, esperando salvarse de la catástrofe. Por honor de su Dios quiere que sean confundidos sus perseguidores (v.15a), para que se convenzan de que están engañados. Por eso desea que Yahvé envíe sobre ellos el día de la desgracia, del castigo divino.
La santificación del sábado (19-27)
19 Así me dijo Yahvé: Ve a ponerte junto a la puerta de los Hijos del pueblo, por la que entran y salen los reyes de Judá, y ante todas las puertas de Jerusalén, 20 y diles: Oíd la palabra de Yahvé vosotros, reyes de Judá, y todo Judá, y todos los habitantes de Jerusalén que entráis por estas puertas. 21 Así dice Yahvé: Guardaos, por vuestra vida, de llevar cargas en día de sábado y de introducirlas por las puertas de Jerusalén. 22 No saquéis tampoco cargas de vuestras casas en día de sábado ni hagáis labor alguna, mas santificad el día del sábado, como se lo mandé a vuestros padres. 23 Ellos, sin embargo, no me oyeron, no me dieron oídos, sino que endurecieron su cerviz, sin obedecerme y sin corregirse. 24 Si en verdad me escucháis vosotros, oráculo de Yahvé, y dejáis de introducir cargas por las puertas de esta ciudad en día de sábado, y santificáis el día del sábado, no haciendo en él labor alguna, 25 entrarán por las puertas de esta ciudad los reyes (y príncipes) que se sientan sobre el trono de David, montados en sus carros y caballos, ellos, sus príncipes, los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén, y esta ciudad estará siempre habitada. 26 Y de las ciudades de Judá y de los contornos de Jerusalén, de la tierra de Benjamín, del llano, de la montaña y del mediodía, vendrán con holocaustos, víctimas, oblaciones, incienso, y traerán ofrendas de acción de gracias a la casa de Yahvé. 27 Pero, si no me escucháis en lo de santificar el sábado y en lo de no llevar cargas e introducirlas por las puertas de Jerusalén en día de sábado, entonces encenderé yo en sus puertas fuego, que devorará los palacios de Jerusalén y no se apagará"

Jeremías apoyaba la reforma de Josías, y entre las observancias de la Ley más estrictas estaba la del descanso sabático. Es el único fragmento de Jeremías en el que se habla de la observancia del sábado. Por eso, muchos autores sostienen que es posterior al profeta, y creen que fue compuesto en tiempos de Nehemías 21. Pero, aunque es verdad que los profetas no urgían mucho el cumplimiento de los preceptos culturales, porque esto era misión de los sacerdotes, no obstante, no olvidemos que Jeremías era de la clase sacerdotal y que la ley del descanso sabático era la más antigua prescripción de la Ley mosaica, pues aparece ya en el Decálogo 22. En el estado actual de los conocimientos orientalistas, la institución hebraica del sábado no tiene paralelo en las instituciones de otros pueblos antiguos. Cierto que existe el nombre babilónico shabattu para indicar el día de luna llena; pero en la Biblia jamás el sábado está relacionado con la luna llena. El culto lunar está expresamente condenado por Jeremías, siguiendo al Deuteronomio 23.
La ley sobre el descanso sabático era la ley fundamental de la alianza 24, y su observancia era la mejor muestra de fidelidad a Yahvé, como la circuncisión era el signo de pertenencia a Yahvé. Por eso no tiene nada de particular que Jeremías insistiera en la observancia de una ley tan fundamental en la Ley descubierta bajo Josías (721), que fue la base de la reforma emprendida por este rey, eficazmente secundada por el profeta de Anatot.
Dios manda a Jeremías que se aposte junto a la puerta de los Hijos del pueblo (v.iq). Nos es desconocida una puerta de Jerusalén con tal nombre. Se ha querido identificarla con una puerta del palacio real que diera a la explanada del templo, por la que pasarían los reyes de Judá y el pueblo cuando iban al palacio. En todo caso, parece que era una puerta muy frecuentada por el pueblo; por eso Jeremías debe colocarse allí para comunicar a las gentes, en nombre de Yahvé, un mensaje importante sobre la observancia del sábado. El profeta les urge la observancia del sábado por su vida (del pueblo); e.d., esto les afecta en tal forma, que la profanación del sábado puede traer como consecuencia un peligro de muerte para ellos. Se ve que había prevalecido la costumbre de aprovechar el día del sábado para traer cargas (v.21) para aprovechar el día 25. En la Ley se prohibían los trabajos del campo, el comercio, la recogida de leña, el encender el fuego para cocer la comida 26. El llevar cargas podía incluirse en los trabajos del campo. Los antepasados de los contemporáneos de Jeremías no habían cumplido estos preceptos (v.23). Con ello se muestra la paciencia de Yahvé para con su pueblo. Sin embargo, ahora deben cambiar de conducta si quieren continuar como pueblo con su monarquía: entrarán por la puerta de esta ciudad los reyes (v.25). La continuidad de la dinastía davídica, con sus carros y caballos, está vinculada al cumplimiento de los preceptos de la alianza, cuyo símbolo era la observancia del sábado 27.
Y también de esto dependerá la continuación del culto esplendoroso en la casa de Yahvé (v.26). De todas las partes del país afluirán a Jerusalén con sus holocaustos (sacrificios cruentos en los que se quemaba toda la víctima), víctimas (sacrificios cruentos en los que se quemaba sólo una parte de la víctima), ofrendas de acción de gracias (o de "alabanza" en hebreo, sacrificio de una víctima, de la que se quemaba parte, y se la acompañaba de la ofrenda de flor de harina) 28; y vendrán de la tierra de Benjamín, tribu en la que se incluía Jerusalén; del llano, e.d., la parte costera, ocupada antes por los filisteos 29; de la montaña, la parte montañosa de Judá, y del mediodía o Negueb, la región colindante con el desierto de la península del Sinaí (v.26).
La infracción del descanso sabático, como signo de infidelidad hacia la alianza, traerá como consecuencia la ruina de Judá: encenderé fuego en sus puertas, que devorará los palacios de Jerusalén (v.27). Todo el esplendor de la monarquía davídica, con sus palacios, desaparecerá en virtud del castigo divino por las infidelidades de Judá 30.

1 Bible de Jérusalem: "deberás despegarte de tu heredad." — 2 Se encuentra en Teod., Sim., Aquila, Orígenes (Exapla), Targ., Sir. y Lat. — 3 Cf. Lev 8:15; 16:18 — 4 Cf. Jer 2:20; 3:6. — 5 Cf. Jer 2:20; 19:5. — 6 Cf. Dt'32:22. — 7 Cf. Jer 2:173; ii,20; 5:26. — 8 Cf. Jer 2:17. — 9 Lit. "de su carne hace su brazo," símbolo de la fuerza. — 10 Cf. Is31,3. — 11 Lit. el TM dice: "quienes se apartan de ti, en la tierra serán escritos"; lo que es de difícil interpretación. Por eso hemos escogido la versión de los LXX, siguiendo a Condamin, Ricciotti y a la Bible de Jérusalem. — 12 Cf. Sal 15:7; 25:2; Jer 11:20; 20:12. 13 Cf. el rico "insensato" de Le 12:20. — 14 Cf. Jer 3:17; 14:21; Ez 20:40; 2 Crón 3:1-3; 2 Sam 24:16. — 15 Lit. el heb.: "mi alabanza." Hemos adoptado aquí la versión de los LXX. — 16 El texto es muy oscuro. Los LXX traen una versión que se acerca a la nuestra. La Bible de Jérusalem: "pero yo no he empujado hacia lo peor." Dennefeld: "Yo no he insistido. ante ti a causa del mal." — 17 Cf. Is 19:22; 57:19; Sal 6:3; 30:3, — 18 Cf. Iss,18s; 28:14; Ez 12:21. — 19 Cf. Jer 4:19; 4:17; 11:7. — 20 Jer 7:16; 11:14; 14·"· — 21 Cf. Neh 13.1555 — 22 Cf. Ex 20:83; 16:25; 29:20. — 23 Cf. Dt 4:19; 17:3; 5:12s. Existe en la época sumeria una distribución del mes en siete días, conforme a las fases de la luna, y así se consideraban como días de sacrificios el día primero de mes (luna nueva), el séptimo (cuarto creciente), el decimocuarto (shabattu: "luna llena"), el 21 y el 28 (cuarto último). Pero estos días no eran días de descanso, sino que eran considerados más bien como días infaustos, en los que había que aplacar a las divinidades con sacrificios expiatorios. North cree encontrar analogías entre estas prácticas del shapattum babilonio-sumerio y el sábado hebraico, relacionándolo con la luna llena. Véase su artículo The derivation of Sabbathon: Bi (1955) p.182-201. Cf. También Vittonato, u libro de Geremia p.258 (Torino 1955). — 24 Cf. Ex 20:8; 31:15; 35:2; Lev 23:3; 25:2; Dt 5:12. — 25 Cf. Neh 13:15. — 26 Cf. Ex 34:21; Am 8,5; Is 58:13; Neh 10:31; Núm 15:32; Ex 35:3. — 27 Cf. Jer 22:4. Los israelitas se sentían orgullosos del atuendo externo de "carros y caballos" de sus reyes. Cf. 2 Sam 15:1; 1 Re 1:5. — 28 Cf. Lev 7:12; 22:29. — 29 En la Biblia se llama sefela o llano la parte intermedia entre las montañas de Judá y la zona costera. — 30 Para el símil del fuego cf. Jer 7:20; 17:4; Os 8:14; Am 1:14; 5:6. En Ez 20:12; 22:26, la profanación del sábado es considerada como causa de la ruina de Israel.
18. La Orza Rota.
Insidias contra Jeremías. Imprecaciones.
Con este capítulo se abre una nueva sección del libro, que se extiende hasta el c.20 inclusive. El sentido teológico de los tres capítulos se basa en la parábola en acción de la orza rota. Con ella el profeta quiere hacer ver que era vana la suposición de que, por ser Israel el pueblo elegido por Dios, nunca llegaría la ruina de Jerusalén. El capítulo se divide en dos partes: a) en la casa del alfarero (1-17); b) imprecaciones del profeta (18-23).
Yahvé forjador de pueblos (1-10)
1 Palabra que de Yahvé llegó a Jeremías, diciendo: 2Levántate y baja a la casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. 3Bajé, pues, a la casa del alfarero, y he aquí que éste estaba trabajando a la rueda. 4Cuando se estropeaba entre las manos la vasija que estaba haciendol, tornaba a hacer otra vasija, según cumpliera hacerlo a los ojos del alfarero. 5Y me vino la palabra de Yahvé, diciendo: 6¿Acaso no puedo yo hacer de vosotros, casa de Israel, como hace el alfarero? — oráculo de Yahvé — . Como está el barro en la mano de alfarero, así estáis vosotros en mi mano, casa de Israel. 7De pronto decido yo arrancar, destruir y hacer perecer a un pueblo y a un reino; 8pero si este pueblo se convierte de las maldades por las que yo me había pronunciado contra él, también yo me arrepiento del mal que había determinado hacerle. 9Igualmente resuelvo yo de pronto edificar y plantar a un pueblo o un reino; 10pero, si obra el mal a mis ojos y no escucha mi voz, me arrepiento del bien que había determinado hacerle.

Jeremías recibe la orden de ir a la casa del alfarero (v.2) y observar lo que éste hace, para después sacar una lección moral para su pueblo. El alfarero estaba a la rueda o torno (v.5), alusión al sistema primitivo, aún existente en Palestina, de hacer la vasija utilizando dos ruedas de piedra o madera unidas por un eje. La inferior es movida por el pie, y en la superior se va modelando la arcilla a gusto del artífice. Jeremías se fijó en que, cuando se estropeaba entre las manos la vasija que estaba haciendo (v.4), la deshacía, y con la misma arcilla hacía otra a su gusto. El detalle tenía su significación en el orden religioso para el profeta, y así se lo declara Dios expresamente: Israel está en manos de Yahvé como la arcilla en manos del alfarero (v.6).
Lo que quiere destacar en primer término con este símil es la libérrima omnipotencia divina, en tal forma que puede hacer de Israel y de los pueblos lo que le plazca, como el alfarero hace la vasija a su gusto. Yahvé es dueño absoluto de los destinos de Israel. La aplicación más exacta, conforme al símil, es que así como el alfarero hace, con la misma arcilla de la vasija deshecha por haberse estropeado, otra a su gusto, así Yahvé, sin desechar las malas cualidades de Israel, sobre todo su obstinación, le utiliza con sus defectos para modelarle conforme a sus designios. Pero en las parábolas y alegorías es necesario atender sobre todo a la finalidad de la misma exigida por el contexto, que aquí es destacar la autónoma omnipotencia de Yahvé. Este carácter omnímodo se extiende a los destinos de todos los pueblos. No obstante, en los planes de Dios se salva siempre la justicia y la misericordia, y por eso muchas veces sus amenazas son condicionadas y dependen de la reacción de los pueblos. Aquí se presenta a Dios antropomónicamente, pues es capaz de arrepentirse de sus planes y designios (v.8). Son modos de hablar humanos que no han de tomarse al pie de la letra. La suerte, pues, de Israel depende de su conducta.
Contumacia de los judíos (11-12)
11 Di, pues, ahora a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: Así habla Yahvé: He aquí que estoy trazando males y formando planes contra vosotros. Conviértase, pues, cada uno de sus malos caminos, y mejoradlos y mejorad vuestras obras. 12 Pero ellos dicen: ¡Es en vano! pues seguiremos nuestros designios, y cada cual obraremos según la dureza de nuestro perverso corazón.

Después de haber enunciado el principio general, el profeta detalla su aplicación práctica a Israel, que ha sido infiel a Yahvé; por tanto, la justicia vengadora puede rechazar y aniquilar a dicho pueblo, pero quiere dar una última posibilidad de salvación, invitando al arrepentimiento: Yahvé está trazando males contra los israelitas en el supuesto de que no cambien de conducta. Pero el pueblo sigue aferrado a sus malas costumbres: es en vano (v.12); no creen en las recriminaciones del profeta de Yahvé. Jeremías pone en boca del pueblo el modo de pensar de éste, reflejado en su conducta práctica: obraremos según la dureza de nuestro corazón. Es ya la obstinación declarada y porfiada.
El crimen inaudito de Israel (13-17)
13 Por eso así dice Yahvé: Preguntad a las naciones. ¿Quién oyó cosas semejantes? Un horrible crimen ha cometido la virgen de Israel. 14¿Por ventura desaparece de la roca del campo la nieve del Líbano o se agotan las aguas frescas que corren de los montes? 3 15 Pues mi pueblo se ha olvidado de mí, ha ofrecido incienso a la vanidad. Van de tropiezo en tropiezo por sus caminos, los senderos antiguos, siguiendo sendas extraviadas, camino no trillado, 16 para hacer de su tierra una desolación, objeto de eterna burla. Todos los que pasen por ella se asombrarán y moverán la cabeza. 17 Como viento solano los dispersaré ante los enemigos. La espalda les mostraré, no el rostro, el día de su infortunio.

El pecado de Israel no tiene paralelo en la historia, pues ha abandonado a su propio Dios, que le protegió en toda su vida nacional, para irse tras dioses extranjeros: es el horrible crimen. de la virgen de Israel. La frase tiene un sentido de ternura, reflejada en el epíteto aplicado a Israel: la virgen, e.d., Israel, que ha sido la virgen desposada de Yahvé en sus primeros tiempos de elección en el desierto. Su defección la explica el profeta por un símil de la naturaleza inanimada: la nieve del Líbano permanece unida en las cimas de la roca del campo 4; probable alusión al monte Hermón, que se eleva en el campo o llanura. En 21:13 se llama a Jerusalén roca de la llanura en un sentido análogo. La idea de la comparación es que,
mientras la nieve permanece vinculada a las crestas de las montañas, donde sólo puede subsistir en las épocas de calor, y las aguas frescas siguen fluyendo de los montes, sin pretender buscar otros cursos caprichosos, que las harían agotarse en seguida, Israel, en cambio, no permanece unido a Yahvé, donde sólo puede subsistir y de cuyo manantial sólo puede recibir vida nacional. Los israelitas han olvidado a Yahvé, tropezando por sus caminos, los senderos antiguos (v.15b), e.d., apartándose o recalcitrando en los caminos de la tradición yahvista, que debía seguir, los cuales eran los senderos antiguos, trazados por Dios 5, siguiendo sendas extraviadas, peligrosas (la idolatría), que no era el camino trillado que se le había señalado desde el principio.
Consecuencia de su error será la desolación y la ruina. Dios los castigará con la destrucción de sus ciudades y con la deportación en masa, y todos los que pasen por ella se asombrarán y moverán la cabeza (v.16) en señal de burla y desprecio, pues verán en ello una maldición divina 6. Yahvé hará que venga un ejército enemigo que agoste, como el viento solano (el jamsim, viento abrasador del desierto), todo lo que haya de vida, dispersando a la población hacia el exilio (v.17). Yahvé se desentenderá de su pueblo, dándole la espalda u ocultando su rostro en el momento de la tragedia, el día del infortunio.
Imprecaciones del profeta (18-23).
18 Ellos dijeron: "Venid, tomemos asechanzas contra Jeremías, pues no ha de desaparecer la ley del sacerdote, el consejo del sabio y la palabra del profeta. Venid, vamos a herirle con la lengua, y no demos oídos a ninguna de sus palabras." 19 Atiéndeme, ¡oh Yahvé! y oye la voz de mis adversarios. 20 ¿Se paga por ventura mal por bien? \ Pues me cavan una hoya. Acuérdate cómo me presenté ante ti para hablar en favor suyo, para apartar de ellos tu indignación. 21 Da, pues, sus hijos al hambre y entrégalos al poder de la espada. Quédense sus mujeres sin hijos y viudas, y mueran sus maridos de peste, y sus mancebos traspasados por la espada en la guerra. 22 Salgan gritos de sus casas cuando de repente hagas venir sobre ellos el salteador, pues han cavado una hoya donde capturarme, y tendieron a mis pies lazos ocultos. 23 Pero tú, ¡oh Yahvé! conoces sus maquinaciones de muerte contra mí. No les perdones por su iniquidad, no borres su pecado de ante tus ojos; caigan ante ti; en el día de tu ira obra sobre ellos.

Encontramos aquí una situación similar a la descrita en 11:18-20; I5,ioss. Los enemigos de Jeremías traman asechanzas contra él para quitarle de delante y verse libres de sus acusaciones, que consideran inoportunas (v.18). La acusación principal contra él es que ha predicho la ruina de la nación y del templo, lo que no podía concebirse conforme a las promesas divinas de permanencia del pueblo: no ha de desaparecer la ley del sacerdote, el consejo del sabio y la palabra del profeta (v.18). La teocracia hebrea se basaba espi-ritualmente en el sacerdote, el profeta y el sabio o escriba de la Ley. A pesar de las predicciones de Jeremías, estas instituciones fundamentales permanecerán, y, por tanto, son blasfemas y atentan contra la providencia que Yahvé tiene de su pueblo las palabras de ruina de la nación que constantemente anuncia Jeremías. Así discurrían los grupos de oposición al profeta7. La expresión Darnos a herirle con la lengua alude a las maquinaciones secretas y calumnias que urdían contra el profeta para acusarle y condenarle. Querían condenarlo ante la opinión pública como sacrilego, pues anunciaba cosas contra los intereses de la nación elegida por Dios. Es la misma acusación que los contemporáneos de Cristo hicieron contra El. Una vez más Jeremías aparece como tipo del Cristo doliente.
Al profeta, ante estas insidias y acusaciones, no le queda sino recurrir a Yahvé, que le ha prometido liberarlo de los violentos 8; por eso a El acude confiado: oye la voz de mis adversarios (v.ig). Se siente herido por la ingratitud de su pueblo. Todo lo que ha hecho es en bien de sus compatriotas, y, sin embargo, pagan mal por bien (v.20). En sus predicciones no ha buscado sino el arrepentimiento del pueblo para librarlo de la ira divina. Pero se lo pagan acusándole de traidor y sacrilego. Es la eterna tragedia íntima de Jeremías, que durará toda su vida hasta ver consumadas literalmente sus profecías de ruina y de exterminio.
En un momento de amargura, el profeta deja desahogar su alma con unas imprecaciones que hieren nuestro sentido cristiano de la caridad. De nuevo nos encontramos aquí con expresiones orientales hiperbólicas, y de nuevo tenemos que recordar que el nivel espiritual del A.T. era muy inferior al del Ν. Τ. El perdσn total de los enemigos, orando por ellos, y su conversión, es un fruto espiritual de la muerte de Jesús, perdonando a sus enemigos desde la cruz. San Esteban es el primero en iniciar la serie de mártires que bendicen a sus verdugos, implorando para ellos el perdón de sus pecados y ofreciendo su sangre por ellos. En el A.T., sólo el Siervo de Yahvé del libro de Isaías — culminación máxima de las profecías personales mesiánicas — aparece sufriendo callado, sin protestar ante sus enemigos. Precisamente esto era lo que no pudieron comprender los judíos en la profecía, y de ahí que, cuando Jesús aparece cumpliendo materialmente los detalles del vaticinio, sus compatriotas le condenen, por considerarle en oposición a las concepciones tradicionales de Israel. El amor a los enemigos es una revelación de la predicación evangélica, y la fundamental de todas, y es tan elevada que aun los grandes justos del A.T., como los patriarcas y profetas, no pudieron llegar a ella, a pesar del profundo sentido de justicia que los dominaba. Es que la caridad cristiana tiene unas cimas muy superiores a la más elevada justicia humana.
La expresión salgan gritos de sus casas (v.22) alude a los gritos de los niños y demás seres débiles que están en casa cuando llega el salteador o ejército enemigo invasor. Estas imprecaciones del profeta son un deseo de castigo para sus enemigos, que han cavado una hoya para tomarlo. Los conciudadanos de Jeremías le tienden asechanzas, como hacen los cazadores para cobrar sus piezas, poniendo lazos ocultos y hoyas, para que caigan inadvertidamente en ellas. La imagen es muy usual en la Biblia 9. Por eso pide a Yahvé que no olvide la iniquidad de ellos: no borres su pecado de ante tus ojos (v.23). Yahvé lleva en un libro la contabilidad de las buenas y malas acciones, y Jeremías quiere que continúe el enorme pasivo que carga sobre sus enemigos 10 y que en el día de la ira de Yahvé reciban el pago de sus obras.

1 Así siguiendo a los LXX. El TM añade "como arcilla en las manos del alfarero," que es parafraseado por algunos: "como (sucede con) la arcilla en manos del alfarero." — 3 Lit. el TM: "¿se derretirán las aguas extranjeras frescas?" — 4 La versión de los LXX da otra versión muy enigmática, al traducir por "pecho" lo que nosotros hemos traducido, con un ligero cambio, por "campo." — 5 Cf. Jer 6:16, donde los senderos antiguos significan los buenos caminos tradicionales de Israel. — 6 Cf. Dt 29:23; 1 Re 9,8; Is 37:22; Sal 22:8; Mt 27:30. — 7 Muchos autores prefieren entender la frase de los enemigos de Jeremías en el sentido de que, aunque muera éste, no faltarán sacerdotes, profetas y sabios que los guíen. Así Ric-ciotti, Trochon, siguiendo la interpretación de San Efrén y de otros Santos Padres. — 8 Cf. 15:20. — 9 Cf. Sal 7:16; Eclo 11:32; Ecl 10:8; Prov 26:27; Eclo 27 20 — 10 Cf. Sal 109:145.
19. El Cántaro roto, símbolo de la destrucción de Jerusalén.
En este capítulo nos encontramos de nuevo con una parábola en acción, del tipo de la del cinturón escondido en el río. Por orden de Yahvé, el profeta rompe una vasija de barro que acababa de comprar ante testigos, para expresar la destrucción de Jerusalén, escogida por Dios como lugar de su residencia en la tierra. Desde el punto de vista literario no hay unidad, y es necesario admitir, por lo menos, amplificaciones redaccionales.
El cántaro roto (1-13)
1 Así dice Yahvé: Ve y cómprate una orza de barro y lleva contigo algunos de los ancianos del pueblo y de los sacerdotes, 2 y sal al valle de Ben-Hinnom, delante de la puerta de la Alfarería, y pronuncia allí las palabras que yo te diré. 3 Dirás, pues: Oíd la palabra de Yahvé, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que traeré sobre este lugar males que a cuantos los oigan les retiñirán los oídos, 4por haberme dejado a mí y haber enajenado este lugar, ofreciendo incienso en él a dioses ajenos, que no conocían ni ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá, llenando este lugar de sangre de inocentes, 5y edificando los altos lugares a Baal, para quemar sus propios hijos como holocausto a Baal, lo que yo no había mandado ni me había venido a la mente. 6Por eso, he aquí que vendrán días — oráculo de Yahvé — en que no se llamará ya a este lugar "Tofet" y "Valle de Ben-Hinnom," sino "Valle de la mortandad." 7 En este lugar frustraré yo los designios de Judá y de Jerusalén, y los haré caer a espada ante el enemigo y a mano de cuantos buscan sus vidas, y daré sus cadáveres en pasto a las aves del cielo y a las fieras de la tierra. 8 Y haré de esta ciudad la desolación y la burla, de modo que cuantos pasen por ella se asombren y silben irónicamente sobre todas sus heridas. 9 Y les haré comer la carne de sus hijos y de sus hijas, y se comerán unos a otros en las angustias y apreturas con que les estrecharán sus enemigos, que buscan sus vidas. 10 Y romperás la orza a la vista de los que te acompañan, 11y les dirás: Así dice Yahvé de los ejércitos: Así romperé yo a este pueblo y a esta ciudad, como se rompe un cacharro de alfarero, sin que pueda volver a componerse. 12 Así haré yo con este lugar y con sus habitantes — oráculo de Yahvé — , con virtiendo a esta ciudad en un "Tofet". 13 Las casas de Jerusalén y las de los reyes de Judá quedarán inmundas como el lugar del "Tofet," todas las casas en cuyos terrados quemaron incienso a toda la milicia celeste y libaron a dioses extraños.

Yahvé ordena a Jeremías que baje con algunos ancianos y sacerdotes, como testigos de excepción, al valle de Ben-Hinnom, o depresión al occidente de Jerusalén, el actual Wady Er-Rababy, y ge-henna de la tradición rabínica contemporánea de Cristo 2. La puerta de la Alfarería, cuyo nombre parece persistir en el "campo de la Alfarería" (o Hacéldama), consagrado para lugar de sepultura de peregrinos 3, es generalmente localizado en la zona de confluencia del Cedrón, el Tiropeón y Er-Rababy4, donde por la abundancia de agua es fácil que hubiera muchas artesanías de alfarería. El profeta allí se dirige solemnemente a toda la nación (reyes de Judá y habitantes de Jerusalén, v.5) 5; y parece levantar enfáticamente su mano desde el valle hacia la colina de Jerusalén y sus alrededores que estaban enfrente: traeré sobre este lugar (v.3). El Tofet era el símbolo de todas las abominaciones y transgresiones que habían cometido los habitantes de Jerusalén. La culminación de la insensatez idolátrica está representada en los sacrificios cruentos de sus hijos en holocausto a Baal (v.5). Habían llenado aquel lugar de sangre de inocentes, quemando sus hijos a Moloc 6. Con ello habían enajenado este lugar del Tofet, levantando altares a dioses extranjeros, abandonando a su Dios nacional. Los v.5-6 reproducen casi a la letra el pasaje de 7:31-32 (véase su comentario en este lugar). Yahvé se encargará de frustrar las vanas esperanzas que habían puesto, en los ídolos del Tofet. No los librarán en la hora del castigo (v.7). La mortandad será general. Todos los que pasen por ese lugar silbarán en son de burla al ver que el pueblo israelita ha sido abandonado de sus dioses (v.8). En el asedio de la ciudad se darán las escenas más trágicas, comiéndose mutuamente entre sí los padres y los hijos7.
La rotura de la orza representa la rotura que Yahvé hará con Judá como pueblo. La expresión sin que pueda volver a componerse (v.11) no debe entenderse en sentido absoluto, sino, como todas las profecías conminatorias, en sentido condicionado, e.d., supuesto que el pueblo no se arrepienta y vuelva a Dios.
Los v.12-13 parecen obra redaccional, fuera de contexto, que están mejor en el discurso sobre el Tofet. Este lugar de la mortandad, al estar lleno de cadáveres, se contaminaba. Así, Jerusalén, al caer en manos de los enemigos, tendrá sus calles y plazas convertidas en un montón de cadáveres, quedando, por tanto, inmundas (v.13), como lo era el Tofet o lugar de maldición divina. El contacto con un cadáver hacía impuro al que lo tocaba. Toda Jerusalén será convertida en un inmenso cementerio, pues en sus casas hubo prácticas idolátricas: todas las casas en cuyos terrados quemaron incienso a toda la milicia celeste y libaron a dioses extraños (v.13). Desde Manases había habido una infiltración de cultos idolátricos en su más variada manifestación: en el templo 8, en las plazas 9, en las terrazas del palacio real10 y de las casas privadas 11. Sobre todo, el culto astral (la milicia celeste) estaba muy extendido por influencia asiro-babilónica.
Castigo de Yahvé por la contumacia de Judá (14-15)
14 Y se volvió Jeremías del "Tofet," donde le había enviado Yahvé para que profetizara, y se detuvo en el atrio del templo, y dijo a todo el pueblo: 15 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que traeré contra esta ciudad y contra todas las ciudades que de ella dependen todos los males con que les he amenazado, porque han endurecido su cerviz y por no haber escuchado mis palabras,

Jeremías había bajado al valle de Ben-Hinnom, junto al Tofet, para destacar el carácter idolátrico y abominable de aquel lugar; pero con él estaban un reducido número de personas, y era preciso anunciar la ruina a todo el pueblo de Jerusalén, y por eso sube al atrio del templo (v.14). El castigo es inevitable por la obstinación en el pecado por parte de Tuda, desoyendo los mandatos de Yahvé 12.

1 En los LXX falta la frase "Y en Tofet mismo sepultarán, por no haber otro sitio para enterrar," que está en el TM, y cuyo lugar propio sería el v.6, donde se reproduce 7:32. — 2 Cf. 7:31- — 3 Cf. Mt 27:8-10. — 4 Cf. Vincent, Jérusalem antigüe p.129 nt..1 — 5 Quizá la frase reyes de Judá y habitantes de Jerusalén sea una expresión redaccional tomada de 17:20, pues los LXX traen todo el 17:20. — 6 Cf. 2 Re 21,16; 24:4" — 7 Cf. Dt 28,53; Lev 26:29. Según Baruc 2:3 y Lam 4:18, estos casos de canibalismo se dieron realmente en el asedio. 2 Re 6:28 refiere lo mismo con ocasión del asedio de Samaría por los sirios. Flavio Josefo lo relata del asedio de Jerusalén por Tito (Bell iud. IV 3:4). — 8 Cf. 2 Re 13:4.12. — 9 2 Re 13:12. — 10 Cf. 2 Re 13:12. — 11 Cf. Sof 1:5. Véase también Estrabón, Geog. XVI 3:26, que habla de este culto en los terrados entre los nabateos. Sobre la milicia celeste cf. Jer 8.2. — 12 Cf. Jer 7:26; 17:32.
20. Jeremías, encarcelado, se queja a Yahvé.
Dos partes se distinguen en este capítulo: a) se relatan los hechos que siguieron al discurso del profeta en el atrio del templo (1-6); b) Jeremías se desahoga ante Dios por la dura misión a él confiada (7-18). Esta sección segunda está en verso, mientras que la primera está en prosa.
Encarcelamiento del profeta (1-6)
1 Y Pasjur, sacerdote, hijo de Immer, que era inspector jefe de la casa de Yahvé, oyó a Jeremías vaticinando estas cosas, 2 e hizo azotar a Jeremías, profeta, y ponerle en el cepo que hay en la puerta superior de Benjamín, junto a la casa de Yahvé. 3 Y cuando a la mañana siguiente sacó Pasjur a Jeremías del cepo, le dijo éste: No te llama Yahvé "Pasjur," sino "Magor-misabib." 4 Pues así dice Yahvé: He aquí que te traeré el terror a ti y a todos tus amigos. Y caerán a la espada de sus enemigos a tus propios ojos, y entregaré a todo Judá en manos del rey de Babilonia, adonde los llevará cautivos y los hará morir a espada. 5 Y daré todos los bienes de esta ciudad, todas sus ganancias, todas sus preciosidades y todos los tesoros de los reyes de Judá en mano de sus enemigos, que los saquearán y se apoderarán de ellos y se los llevarán a Babilonia. 6 Y tú, Pasjur, con todos cuantos habitan en tu casa, iréis a la cautividad a Babilonia, y allí moriréis y seréis sepultados tú y todos tus amigos, a quienes profetizaste mentiras.

En este incidente, lleno de verismo, podemos ver la tragedia íntima de Jeremías, que, incomprendido, es considerado como traidor a su pueblo y encarcelado. Pasjur era un nombre no raro en su tiempo1. Era de la clase sacerdotal, hijo de Immer, cuya descendencia constituía la decimosexta clase de sacerdotes2. Después del exilio aparece una familia sacerdotal numerosa con este nombre 3. Era inspector jefe del templo4, encargado quizá de los servicios de policía del mismo5. Este, que aparece como seudoprofeta después, quiere dar una lección punitiva a Jeremías para que no continúe sus predicciones siniestras, desmoralizando al pueblo, que está ilusionado con resistir a los babilonios apoyado "por supuestas alianzas egipcias. Le manda poner en el cepo, instrumento de tortura que por la palabra hebrea empleada parece indicar extorsión dé miembros. Quizá se sujetara a la víctima inclinada con las manos y pies a un tronco de madera 6. La puerta superior de Benjamín debía de estar al norte de la ciudad, mirando hacia el territorio de la tribu de Benjamín. Se la llama puerta superior para distinguirla de otra "puerta de Benjamín" que estaba más al occidente, hacia el Tiro-peón 7.
Al día siguiente de ser libertado, Jeremías severamente le anuncia un castigo. La profecía desventurada que le anuncia la basa en un cambio de nombre de Pasjur, que en adelante se llamará Magor-misabib, que quiere decir "Terror por doquier" o "alrededor." Quizá haya un juego de palabras entre los dos nombres, pero no sabemos el significado de Pasjur. Probablemente el nuevo nombre ha sido escogido imaginariamente por Jeremías para expresar la desventura que espera al tirano Pasjur, como antes cambió el nombre de Tofet en valle de la Mortandad en función de las escenas de muerte que en él habían de tener lugar. El nuevo nombre puesto al jefe inspector del templo indicaría el extremo pavor de que será presa él y sus amigos cuando se vean en la apretura del asedio y después camino del destierro, donde morirán irremisiblemente (v.6).
Quejas del profeta (7-13)
1 Tú me sedujiste, ¡oh Yahvé! y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte, y fui vencido. Ahora soy todo el día la irrisión, la burla de todo el mundo. 8 Pues siempre que hablo tengo que gritar, tengo que clamar: "¡Ruina y devastación!" Y todo el día la palabra de Yahvé es oprobio y vergüenza para mí. 9 Y aunque me dije: "No me acordaré de él, no volveré a hablar en su nombre," es dentro de mí como fuego abrasador, encerrado dentro de mis huesos, y me he fatigado por soportarlo, pero no puedo. 10 Pues he oído calumnias de muchos: "¡Terror por doquier!" "Delatadle, delatémosle"8. Todos mis amigos9 acechan mi traspié: "¡Quizá se deje seducir! y podamos con él, ¡y nos vengaremos de él!" 11 Pero Yahvé está conmigo como fuerte guerrero; por eso mis perseguidores tropezarán y no triunfarán, serán enteramente confundidos, porque no prosperaron, con perpetua ignominia, que nunca se olvidará. 12 Mas, ¡oh Yahvé de los ejércitos! tú que pruebas al justo y penetras los ríñones y el corazón, que vea yo tu venganza contra ellos, pues a ti te he encomendado mi causa. 13 Cantad a Yahvé, alabad a Yahvé, pues libra el alma del pobre de la mano de los malvados.

La misión de Jeremías es tan dura e ingrata, que su alma ya no puede soportarla por más tiempo, y por eso de nuevo desahoga su alma, quejándose a Dios por haberle puesto tan pesada carga, que él no ha buscado. En toda su misión no ha cosechado sino escarnios y afrentas. En su desesperación acusa el profeta a Yahvé de haberle engañador Tú me sedujiste, y "me dejé seducir" (ν.7). Cuando era joven inexperto, le cargó con una misión que ahora no aceptaría. Se ha aprovechado, pues, de su inexperiencia 10. La frase es fuerte y radical, al estilo oriental. Lejos de buscar el matiz, que nosotros expresaríamos diciendo: "Me persuadiste," se expresa con frases radicales para resaltar más el contraste de la idea. Lo que quiere el profeta destacar es lo ingrato de su misión de intérprete de los designios punitivos de Yahvé sobre su pueblo. Voluntariamente no se hubiera ofrecido para ello, y sólo por la imposición divina lo aceptó: Tú eras el mas fuerte, y fui vencido.
Por otra parte, sus vaticinios, al retrasarse su cumplimiento, son considerados por sus contemporáneos como lucubraciones de su imaginación, y con ello se convierte en objeto de burla e irrisión (7b). Su misión ha sido siempre ingrata, ya que no le toca anunciar cosas agradables, sino ruina y devastación para su pueblo (v.8). Con ello tiene que presentarse ante sus conciudadanos como traidor y enemigo de los intereses de su pueblo: la palabra de Yahvé es oprobio y vergüenza para mí (v.8b). Es tan dura e ingrata su misión, que en algunos momentos, desfallecido, quiso substraerse a su cumplimiento (Y aunque me dije: No me acordaré de él, no volveré a hablar en su nombre., v.9), sin embargo, la imposición divina le ha vencido, pues el callar el mensaje divino le era un tormento mayor, ya que sentía en sus entrañas como un fuego abrasador, que penetraba hasta sus huesos y se le hacía insoportable. En otras ocasiones dice que estaba lleno de la cólera divina. Estos desahogos de Jeremías muestran cómo las profecías verdaderas no son fruto de reflexiones personales de los profetas, pues hablan contra lo que ellos quisieran decir si se dejaran llevar de sus sentimientos humanos 12. Sienten que son instrumentos de algo superior a lo que no pueden substraerse.
A continuación refleja la conducta de sus adversarios, que buscan una ocasión de denunciarle (v.10). La frase terror por doquier es considerada generalmente como glosa redaccional posterior, tomada del ν.3. Incluso sus amigos (lit. "los hombres de mi paz," es decir, con los que vive en paz) le acechan, esperando un traspié. Le habían abandonado, y, aunque se mostraban corteses exteriormente, sin embargo, hacían causa común contra el.
Jeremías, por toda respuesta, hace un acto de confianza en Yahvé. Se siente bajo la protección de su Dios, que le ha enviado, y esto le da fuerza contra todo. En realidad, Yahvé es un fuerte guerrero que está a su lado, y, por tanto, desbaratará los planes de sus perseguidores, que serán confundidos al verse fracasados en sus planes de eliminarle. Yahvé es en realidad el que conoce los secretos de los ríñones y el corazón (v.12), e.d., los íntimos pensamientos urdidos en la zona misteriosa de la conciencia humana; por eso debe conocer las tramas injustas de sus enemigos. El profeta, en una confesión muy humana, desea ser testigo del castigo sobre sus perseguidores, y confía su causa judicial a Dios mismo.
Este v.12 y el 13 tienen un carácter netamente salmódico, y quizá sean obra de un redactor de la época sapiencial.
Imprecaciones del profeta (14-18)
14 Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me parió no sea bendito. 15 Maldito el hombre que alegre anunció a mi padre: "Te ha nacido un hijo varón," llenándole de gozo. 16 Sea ese hombre como las ciudades que Yahvé destruyó sin compasión, donde por la mañana se oyen gritos, y al mediodía alaridos. 17 ¿Por qué no me mató en el seno materno, y hubiera sido mi madre mi sepulcro, y yo preñez eterna de sus entrañas? 18 ¿Por qué salí del seno materno para no ver sino trabajo y dolor y acabar mis días en la afrenta ?

La belleza incomparable de este fragmento se sobrepone al efecto que en el lector pudiera evocar el radicalismo de los deseos y afirmaciones del profeta. La reacción del profeta parece desesperante, y es un crescendo sobre lo anterior, en que culpa a Dios de su tragedia. Se halla sumergido en un profundo aburrimiento de vivir; quisiera no haber nacido. Las frases son cortantes y absolutas y reflejan la situación de su alma, angustiada y apesadumbrada por tanta desventura. Su debilidad humana aparece descrita con honesta desnudez. La falta de luces sobre una vida de ultratumba explica ese estado de desesperación, incomprensible en nuestra sensibilidad cristiana. La sobrenaturalización del dolor en su sentido de purificador de las propias faltas y aun redentivo de las ajenas es una adquisición del Ν. Τ. Α nosotros, ante tales desahogos humanos del profeta, no nos queda sino “respetar el drama νntimo de un alma grande purificada y fortalecida por el sufrimiento" 17. Se puede admitir la hipérbole en las crudas expresiones del profeta 14. Sus expresiones, reflejo de un alma dolorida en extremo, no han de tomarse al pie de la letra, sino como eco de su profunda e íntima tragedia. Sus invectivas son figuras retóricas admitidas en las literaturas universales.
Como su vida no ha sido sino una cadena ininterrumpida de dolores, se pregunta enfáticamente si no hubiera sido mejor no haber nacido: Maldito el día en que nací (v.14). Sus imprecaciones son expresiones de dolor, no de odio: Maldito el hombre que alegre anunció a mi padre: "Te ha nacido un varón" (v.15). La alegría natural que proporciona la aparición de un vastago masculino no tiene razón de ser en su nacimiento, ya que es el principio de las desdichas. Entre los orientales, el nacimiento de un varón tiene un sentido de regocijo inmenso, pues es un motivo de orgullo entre los del propio clan. Es el fruto pleno de la bendición de Dios. En cambio, el nacimiento de una niña es recibido con frialdad y resignación 15. El mensajero de quien habla el profeta es creado ficticiamente para hacerle objeto de las invectivas. En su deseo de no haber nacido, hubiera querido que el mensajero de la nueva alegre de su nacimiento hubiera desaparecido como las ciudades que Yahvé destruyó (v.16), e.d., Sodoma y Gomorra, cuyo castigo quedó como ejemplo de exterminio total en la literatura bíblica 16. Todo en ellas es terror y sobresalto: por la mañana se oyen gritos, y al mediodía alaridos (v.16). De nuevo vuelve a expresar el tedio de haber nacido (ν.17-15). Las expresiones han de entenderse en su alcance retσrico, sin que ellas impliquen deseo efectivo de lo expresado en ellas 17. Su vida era tan triste, que no merecía haberse vivido.

1 Cf. Jer 21:1. — 2 Cf. i Crón 24:14- — 3 Cf. Esd2:37; Neh7:40. — 4 Cf. Jer 28:25-26; 29:26. — 5 Cf. i Crón 263; 2 Crón 27:14: 23:19; 8:14. — 6 Cf. Job 13:27. — 7 Cf. Jer 37:12; 38,7. — 8 Otros traducen: "anunciadlo." — 9 Lit. "todo el que me saluda," — 10 Cf. Jer 1:6. — 11 Cf. Jer 15:17; 4:19-21. — 12 Cf. 2 Pe 1:21. — 13 Vittonato, II libro di Geremia p.252. — 14 In leremiam Prophetam, ad locum. — 15 Cf. Jaussen, Coutumes Palestiniennes I (Naplouse) p.ags. — 16 Cf. Gen 19:21; 25:19; Is 1:9. — 17 Cf. Job 10:18; 1 Mac 2:7; Eclo 30:17.
21. Embajada de Sedecías a Jeremías.
La justicia social.
Los c.21-24 constituyen como un apéndice a la primera colección de oráculos de Jeremías. En ellos se refieren intervenciones de Jeremías en diversas circunstancias relacionadas con problemas nacionales. El c.21 se divide en dos partes: a) respuesta de Jeremías al rey Sedecías (1-10); b) exhortación a la justicia (11-14).
Embajada del rey Sedecías al profeta (1-2)
1 Palabra de Yahvé que llegó a Jeremías cuando el rey Sedecías le envió a Pasjur, hijo de Malaquías, y a Sofonías, sacerdote, hijo de Maasías, para que le dijeran: 2Consulta a Yahvé acerca de nosotros, pues Nabucodonosor, el rey de Babilonia, nos hace la guerra. Quizá haga Yahvé con nosotros según todos sus prodigios, y (aquél) tenga que retirarse de nosotros.

Las circunstancias históricas en que se desenvuelve este relato son muy diferentes de las de los capítulos anteriores. Ha muerto el rey Joaquim, que trató siempre hostilmente y con desprecio a Jeremías. Las tropas de Nabucodonosor habían obligado a rendirse al rey Joaquín (o Jeconías), hijo del anterior, llevando en cautividad a una gran masa de la población. Durante doce años reina en Judá — con anuencia del vencedor babilonio — Sedecías (o Matanías), hermano de Joaquim, hijo de Josías. Los anuncios punitivos de Jeremías se han cumplido en parte con la deportación del 598, y con ello el profeta gana más crédito entre los que rodean a Sedecías, si bien siguen su política humana de buscar alianzas extranjeras, en contra de las advertencias del profeta de Anatot. A éste se le considera como un perpetuo aguafiestas; pero, cuando llegan las circunstancias críticas, los ojos del rey y de la corte se vuelven hacia él como intérprete de la voluntad divina. Es un reconocimiento pasajero de su cualidad de enviado de Dios y una ligera compensación a las incomprensiones que había tenido que hacer frente en años anteriores.
El recuerdo de la liberación milagrosa de Jerusalén, asediada por las tropas de Senaquerib (701), hacía concebir fundadas esperanzas en una nueva intervención de la omnipotencia divina. Por eso, el rey envía una embajada para que Jeremías interviniera ante Yahvé por su pueblo. El enemigo está cerca y amenaza caer como una tromba sobre el país. Es, pues, hacia el 588 cuando tuvo lugar esta embajada. Entre los comisionados figura un tal Pasjur, distinto del mencionado en 20:1. Aparece más tarde como oficial de la corte 1. Sofonías vuelve a aparecer más tarde 2. Los dos comisionados piden al profeta que consulte a Yahvé sobre los asuntos del rey y del pueblo. No se trata sólo de una consulta sobre el resultado de la guerra, que ya es inevitable, sino que le insinúan que interceda ante Yahvé por ellos para que use de misericordia 3. Un siglo antes, el rey Ezequías había enviado una embajada en el mismo sentido al profeta Isaías 4. Sin duda que Sedecías pensaba en este hecho cuando envió a sus emisarios, y esperaba que el resultado fuera semejante: la liberación de Jerusalén de sus enemigos. En efecto, la situación era muy crítica, pues las tropas de Nabucodonosor se acercan hostiles al reino de Judá (v.2). Esta vez su ataque es más temible, y no tendrá conmiseración con los habitantes de Judá, pues se han rebelado contra él, sin haber sacado lección del escarmiento del 598. El gran conquistador babilónico, hijo de Nabopolasar (625-605), después de haber vencido a los asirios, había extendido las fronteras hasta Egipto, y era de capital importancia el dominio de la costa siró-fenicio-palestina, como avanzada contra los faraones, replegados a sus fronteras. Ante un tal enemigo, vencidos o alejados los ejércitos egipcios, no le queda al rey Sedecías, confiado en éstos, sino recurrir a la omnipotencia de Yahvé para que renueve sus prodigios (v.2), alusión a la liberación de Jerusalén del ejército de Senaquerib en el 701.
Respuesta de Jeremías (3-10)
3 Y Jeremías les respondió: "Así diréis a Sedecías: 4Esto es lo que dice Yahvé, Dios de Israel: He aquí que yo haré volver las armas que lleváis en vuestras manos, con las cuales peleáis contra el rey de Babilonia y los caldeos, que os asedian fuera de las murallas, y las reuniré en medio de esta ciudad. 5Y yo, yo mismo lucharé contra vosotros con mano extendida, con poderoso brazo, con ira, cólera e indignación grandes. 6Y heriré a los moradores de esta ciudad, hombres y animales, y morirán de una gran peste. 7 Y después de esto — oráculo de Yahvé — , a Sedecías, rey de Judá, y a sus servidores y al pueblo, a cuantos en esta ciudad se salven de la peste, de la espada y del hambre, los pondré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan su vida, que los pasarán a filo de espada sin compasión, sin piedad, sin misericordia. 8Y a ese pueblo le dirás: Así habla Yahvé: Mirad, os doy a elegir entre el camino de la vida y de la muerte. 9Los que se queden dentro de esta ciudad, morirán por la espada, por el hambre y por la peste. Los que se salgan y se entreguen a los caldeos que os cercan, vivirán, y tendrán por botín la vida salva. 10Porque he puesto mi rostro sobre esta ciudad para mal, no para bien — oráculo de Yahvé — , y la haré caer en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que la dará al fuego."

La respuesta de Jeremías es totalmente diferente de la dada por Isaías a los enviados del rey Ezequías 5. La maldad del pueblo elegido ha llegado a su colmo, y la paciencia divina a su límite. Ha llegado la hora en que desaparecerá Jerusalén como desapareció Samaría, capital del reino del Norte bajo Sargón (721). Yahvé, lejos de ayudarles y salvarlos, en esta ocasión hará volver las armas que los soldados llevan, luchando fuera de la ciudad contra los invasores, a Jerusalén (v.4). Es decir, que tendrán que replegarse dentro de los muros. Y no sólo tendrán como enemigos a los soldados de Nabucodonosor, sino que Yahvé mismo luchará contra ellos con mano extendida, e.d., amenazadora6, enviándoles la peste (v.6). Naturalmente, aquí no se excluyen las causas segundas naturales. En la mente profundamente religiosa de los profetas es siempre Yahvé el que envía directamente los flagelos, y entre ellos los clásicos de peste, hambre y espada 7. Esto por lo que se refiere a los asediados, aunque los que logren salir no tendrán mejor suerte, pues todos perecerán. La respuesta, pues, a los emisarios del rey no pudo ser más descorazonadora. Los de la corte eran los principales responsables de la catástrofe, y debían sufrir el castigo divino en toda su crudeza.
En cambio, al pueblo sencillo, Jeremías todavía le da una esperanza de salvación: la de someterse a los invasores caldeos sin hacer resistencia. Les da a elegir el camino de la vida o de la muerte (v.8). La frase está calcada en Dt 30:15, aunque con diferente sentido, ya que en este lugar se trata de la entrega a la alianza de Yahvé, para ser feliz, o de seguir los caminos de la idolatría, con las consecuentes maldiciones de Yahvé. En Jeremías se trata de salvar la vida o morir. Si se entregan, tendrán la vida por botín (v.9), salvando lo que el hombre más aprecia, aunque pierda todas las demás cosas 8; en dichas circunstancias críticas, salvar la vida se considerará como la máxima ganancia o botín. Y después añade el profeta que la catástrofe se debe al mismo Yahvé, que ha enviado el castigo. La expresión he puesto mi rostro sobre esta ciudad (v.10), aquí tiene un sentido de amenaza, como si Dios fijara especialmente, su atención sobre Jerusalén para mal9. En otras ocasiones es, para bien10. Ahora Yahvé tiene un interés especial, pero para su desventura: la haré caer en manos de Nabucodonosor., que la dará al fuego, predicción que se verificó a la letra 11.
Invitación a la justicia (11-14)
11 Y a la casa del rey de Judá (d1): Oíd la palabra de Yahvé, 12 casa de David: Así dice Yahvé: Haced de mañana justicia, librad al expoliado de la mano del opresor, no sea que brote como fuego mi ira y se encienda, y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras. 13 He aquí que a ti me dirijo, morada del valle, roca de la llanura — oráculo de Yahvé — . A vosotros que decís: ¿Quién descenderá sobre nosotros y quién penetrará en nuestras guaridas? 14 Yo os daré la paga según el fruto de vuestras obras — oráculo de Yahvé — , y prenderé fuego a su bosque y devorará todos sus alrededores.

Los v.11-12 son una invitación a los cortesanos para que administren justicia diariamente sin desmayar. La expresión de mañana (v.12) indica la presteza con que deben ejercer la justicia, preocupándose desde la aurora de ella como la cosa más importante y acuciante del día. De lo contrario no se hará tardar la ira divina, ya que la maldad de sus obras está clamando imperiosamente por una intervención justiciera.
Los v.13-14 incluyen una profecía contra Jerusalén. La capital de Judá, asentada sobre un promontorio rocoso, rodeada de valles por todas partes, menos por el norte, se sentía segura ante cualquier expugnación enemiga: ¿Quién descenderá sobre nosotros? (v.13b). Se la llama moradora del valle y roca de la llanura porque se levanta como una roca sobre la llanura y está rodeada de los valles del Cedrón, al este, y el Er-Rababy, al occidente, que se juntan al sur de la ciudad, siendo por ello inexpugnable por la parte de estas depresiones profundas 12. Sus habitantes, pues, se creían seguros. Pero será su mismo Dios el que abrirá sus puertas a los enemigos y prenderá fuego a su bosque (v.14). Jerusalén, con sus casas y palacios cuajados de columnas de cedro, es presentada como un bosque, en el que fácilmente hacen presa las llamas, quemando todos sus alrededores.

1 Cf. Jer 38:1. — 2 Cf. 29:253; 37:3. — 3 Cf. 37:3. — 4 Is 37:36, — 5 Cf. Is 37:6ss. — 6 Cf. Ex 6:6; Dt 4:34; 5:15; 26:8; Is 9:11; 16:20. — 7 Cf. Ap 6:3-8; Jer 14:12; 24:10; 27:13; Ez 6:11; — 8 Cf. Job 2:4; Jer 38:2; 45:5- — 9 Cf. Lev 17:10; Am 9:4; Jer 44:11.; 12:16. — 10 Cf. Jer 24:6. — 11 Cf. Jer 39,8. — 12 Cf. Lam 4:12; Jer 5:12. Véase también vincent, Jérusalem antigüe p.122.
22. Profecías sobre los Reyes de Judá.
En este capítulo se reúnen una serie de oráculos dirigidos a la, casa real, en los que se exhorta al cumplimiento de la Ley y sus observancias. Yahvé mantendrá sus promesas si el pueblo vuelve a El y es fiel a sus mandatos.
Exhortación a practicar la justicia social (1-5)
1 Así dice Yahvé: Baja a la casa del rey de Judá y pronuncia allí estas palabras: 2Dirás, pues: Oye la palabra de Yahvé, rey de Judá, que te sientas en el trono de David, tú, tus servidores y tu pueblo, los que entráis por estas puertas. 3Así dice Yahvé: Haced derecho y justicia, librad al expoliado de la mano del opresor y no vejéis al extranjero, al huérfano y a la viuda; no hagáis violencia y no derraméis en este lugar sangre inocente. 4 Si fielmente cumplís estos mandatos, entrarán por las puertas de esta casa reyes que se sienten en el trono de David, montados en carros y caballos, ellos, sus servidores y su pueblo. 5 Pero, si no oís estas palabras, por mí mismo lo juro, oráculo de Yahvé, que este palacio se trocará en ruinas.

Este fragmento es muy similar al de 21:11-12. El contenido es el mismo. El profeta es enviado al palacio real para transmitir un mensaje admonitorio a la corte, en el sentido de que, si no se practica la justicia con los oprimidos, vendrá indefectiblemente la ruina para la dinastía davídica. Los palacios reales estaban en la parte meridional de la gran explanada del templo. Jeremías, pues, que recibiría la comunicación divina en el templo, tiene que descender para comunicar el oráculo al rey y sus cortesanos. En el palacio real estaba el aula de justicia, donde tenían su asiento los tribunales. El contenido del mensaje tiene relación con la administración de justicia. Podemos suponer, pues, a Jeremías hablando públicamente en uno de los atrios que daban acceso al palacio real propiamente tal. Quizá se detuvo a la entrada del aula de justicia, presenciando el desfile de gentes pobres y sencillas que iban a reclamar sus derechos ante los tribunales. No es necesario suponer que el profeta hablase directamente al rey. La frase oye la palabra de Yahvé, rey de Judá (v.2), tiene un sentido amplio, de forma que bastaba que se dirigiese solemnemente en el auditorio general al rey para que los oyentes se lo retransmitieran.
Jeremías pide en su mensaje que se haga derecho y justicia (v.5), es decir, que se juzgue conforme a las exigencias equitativas de la Ley dada por Yahvé, sin dejarse ganar por dádivas ni favores. Ante todo deben mirar por los intereses de los socialmente abandonados y débiles, como el extranjero, el huérfano y la viuda, expresión estereotipada tradicional en la literatura profética, que declaraba el profundo sentido social de la ley mosaica1. Sobre todo, debe evitarse todo lo que suponga violencia. El rey había hecho matar al profeta Urías, y quizá la expresión no derraméis en este lugar sangre inocente aluda a ello y a otras violencias cruentas que eran características del reinado de Joaquim (609-598). Por otra parte, puede haber en la frase una alusión a los sacrificios de niños inocentes en el Tofet a dioses extranjeros2.
El v.4 es casi igual a 17:25, y puede ser una adición redaccional posterior 3. Yahvé profiere un juramento solemne (juro por mí mismo" v.5) de que, si no se cumplen sus preceptos, condenará los palacios reales a la ruina total. La expresión del juramento de Yahvé es enfática. Los hombres juran por Dios, pero Yahvé jura por sí mismo como máxima garantía del cumplimiento de la profecía conminatoria.
La ruina del palacio real (6-9)
6 Pues así dice Yahvé del palacio del rey de Judá: Eres para mí como (el monte) de Galaad, (como la) cumbre del Líbano. Ciertamente te haré un desierto, ciudad inhabitada. 7 Yo consagraré contra ti devastadores, cada uno con sus armas, y talarán tus cedros más selectos y los arrojarán al fuego. 8 Y pasarán muchas gentes ante esta ciudad, y se dirán unos a otros: "¿Por qué ha tratado así Yahvé a esta gran ciudad?" 9 y dirán: "Porque abandonaron la alianza de Yahvé, su Dios, y adoraron dioses ajenos y les sirvieron."

El presente oráculo se refiere a la ruina de la dinastía, de la que el palacio real es un símbolo. Los habitantes de Jerusalén se sentían orgullosos de sus espléndidas construcciones reales, realizadas por el megalómano Salomón. Pero esto no ha servido sino para crear un clima de orgullo y de desobediencia en su Dios. Han creído que sus obras les bastaba para permanecer como pueblo en la historia sin ayuda de Yahvé. Pero ha llegado la hora de la manifestación airada de su Dios abandonado, y todo aquello que constituía el íntimo orgullo de los israelitas desaparecerá como un soplo. La frase del profeta puesta en boca de Yahvé es irónica. La grandiosidad y suntuosidad de las construcciones reales aparecen ante Dios como el monte de Galaad (famoso por sus florestas)4 y como el Líbano, por las numerosos cedros empleados en los palacios (una de sus salas se llamaba enfáticamente "casa del bosque del Líbano," por sus numerosas columnas y artesonados de cedro del Líbano) 5. Pero esta su grandiosidad aparente, motivo de orgullo nacional, desaparecerá como un soplo, pues Yahvé lo va a convertir en un desierto (v.6b). Los enemigos actuales de Judá, lejos de ser rechazados por Yahvé, serán impulsados por El contra Jerusalén, como instrumentos de su justicia vengadora. La frase yo consagraré contra ti devastadores (v.7) equivale a "tomaré como instrumentos míos" a los invasores babilónicos, que como tales luchan en una guerra "santa," y en este sentido son santificados o consagrados para el combate6.
Los v.8-9 se refieren a la ciudad. La perspectiva de la catástrofe se alarga para hacer resaltar más la impresión de ruina y desolación. En todo caso, el profeta quiere hacer constar que toda esta catástrofe no ha tenido otra causa que la apostasía general y la idolatría (v.9).
Anuncio de la cautividad perpetua del rey Joacaz (10-12)
10 No lloréis por el muerto ni hagáis duelo por él. Llorad amargamente por el que se va, porque no volverá más ni verá la tierra en que nació. 11Porque así dice Yahvé de Sellum, hijo de Josías, rey de Judá, que sucedió a su padre, Josías, y que salió de este lugar: No volverá ya más; 12 morirá en el lugar a que ha sido llevado cautivo y no volverá a ver más esta tierra.

El rey Joacaz, llamado también Sellum 7, había sido elegido rey por el pueblo después de la trágica muerte de Josías en la batalla de Megiddo (609), donde quiso oponerse al faraón Necao II de Egipto, que iba en auxilio de los asirios, en trance de sucumbir ante la coalición babilónica (dirigida por Nabopolasar) y media (acaudillada por Ciaxares). Después de un precario reinado de tres meses, fue depuesto por Necao II, que volvía victorioso, el cual puso en su lugar a su hermano Eliaquim, al que cambió el nombre en Joaquim, quien reinó hasta el 598. Joacaz fue llevado en cautividad por el faraón egipcio. El duelo por el piadoso rey Josías, muerto trágicamente, fue general, y Jeremías anuncia a su pueblo que aún le espera otra desgracia, otro duelo nacional: No lloréis por el muerto (Josías)., llorad por el que se va (v.10). En efecto, Joacaz había sido llamado por Necao II a Ribla, en Siria, y el resultado fue su deposición como rey, siendo llevado cautivo a Egipto 8.
Recriminación contra el rey Joaquim (13-19)
13 ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, sus salones altos sin derecho, haciendo trabajar a su prójimo de balde, sin darle el salario de su trabajo! 14 El que dice: Voy a hacerme una casa espaciosa, con amplias salas, de rasgadas ventanas, con artesonados de cedro, pintados de rojo. 15 ¿Reinas, acaso, para rivalizar en obras de cedro? ¿No comía y bebía tu padre y hacía derecho y justicia, y todo le iba bien? 16 Hacía justicia al pobre y al desvalido, y todo le iba bien. ¿No es esto conocerme? oráculo de Yahvé. 17 Pero tú no tienes ojos ni corazón más que para buscar tu interés, para derramar sangre inocente, para oprimir y hacer violencia. 18 Por eso así dice Yahvé de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá: No le lamentarán: ¡Ay hermano! ¡Ay hermana! No le plañirán: ¡Ay Señor! ¡Ay majestad! 19 Sepultura de asno será la suya, arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén.

El profeta lanza una invectiva contra el impío rey Joaquim, hermano y sucesor (impuesto por Necao I1) de Joacaz. Favoreció el sincretismo religioso, dando cabida a cultos idolátricos junto al legítimo de Yahvé. Jeremías tuvo que luchar constantemente contra su política destructiva y materialista. En cierta ocasión, el rey mandó quemar las profecías de Jeremías 9. Quizá fue en esta ocasión cuando pronunció el profeta este oráculo contra él, hacia el 605 a.C. Jeremías le echa en cara con valentía sus atropellos sociales, pues se dedica a hacer construcciones fastuosas sin pagar debidamente a sus subditos (ν.13). Su conducta era semejante a la de los omnipotentes tiranos de Mesopotamia y Egipto, que en su megalomanνa gastaban los recursos de la nación en palacios suntuosos, utilizando la mano gratuita de los esclavos. Los salones superiores son los compartimientos que sobre la terraza se edificaban para que se respirara mejor el aire fresco de la costa mediterránea.
Pero esta megalomanía no tiene sentido, pues el verdadero oficio del rey no es precisamente hacer ostentación de un lujo desbordado: ¿Reinas para rivalizar en obras de cedro? (v.15). La frase es irónica. La verdadera grandeza de un rey está en la sabia administración de la justicia (v.16), como hacía su padre, el piadoso Josías, y Dios le bendecía: y todo le iba bien. La expresión comía y bebía (v.15b) indica los placeres honestos y lícitos de una vida ordenada10. A Josías nada le faltaba, y su preocupación era más elevada: la de hacer justicia a sus subordinados. Al cumplir los preceptos de equidad impuestos por la Ley, Josías mostraba conocer las intenciones de Yahvé, y mostraba prácticamente que el verdadero camino era buscar la protección divina cumpliendo sus mandamientos: ¿No es esto conocerme? oráculo de Yahvé (v.16) 11.
La conducta de Joaquim es totalmente opuesta a la de su padre, ya que, despreciando los intereses de Dios y de su pueblo, no busca sino los suyos propios (v.17), sin parar ante la opresión y el homicidio si le conviene.
El castigo será inmediato y terrible. Morirá sin que nadie se lamente por él (v.18). Por Josías había habido un sentido duelo general; en cambio, él será enterrado como un asno (v.16), sin que nadie se acuerde de él ni le haga los oficios fúnebres. Será su cadáver arrojado fuera de las puertas de Jerusalén para pasto de las aves del cielo y de las bestias del campo12. ¿Cómo se cumplió esta profecía? Según 2 Re 24:6, el rey Joaquim "se durmió con sus padres," fórmula que se suele aplicar a la defunción normal de los reyes de Israel. No se dice nada de su sepultura 13. No obstante, la fórmula "se durmió con sus padres" es aplicada también a la muerte de Acab, que murió violentamente en su carro de batalla 14. Por eso no se excluye una muerte violenta de Joaquim, que murió joven, a los treinta y seis años, en el asedio de Jerusalén del 598 por las tropas de Nabucodonosor. Quizá su cadáver quedó sin sepultura por algún tiempo, o su sepulcro fue violado por las tropas babilonias. En todo caso, quizá haya que mantener en la profecía de Jeremías sólo lo sustancial, es decir, que Joaquim moriría sin gloria, odiado de su pueblo, que no haría lamentaciones públicas por él. Y entonces la frase una sepultura de asno será la suya habría que entenderla en sentido amplio. No es improbable que Joaquim haya muerto víctima de una insurrección popular por haber lanzado a su pueblo a la aventura de enfrentarse con el ejército de Babilonia, y que su cadáver haya sido arrastrado fuera de las puertas de Jerusalén (v.19), o que su sepulcro haya sido violado por las tropas asaltantes, como lo hizo Asurbanipal con el del rey de Elam.
Suerte trágica de los reyes de Jada (20-23)
20 Sube al Líbano y grita, y sobre Basan alza tu voz, y clama desde Abarim, pues todos tus amantes han sido destruidos. 21 Te hablé en tiempo de tu prosperidad, y tú dijiste: No escucharé. Este ha sido tu proceder desde tu mocedad: no escuchaste mi voz. 22 A todos tus pastores, el viento los apacentará, y tus amantes serán llevados cautivos. Entonces te avergonzarás y sonrojarás por todas tus maldades. 23 Tú, que te asientas en el Líbano y anidas en los cedros, ¡cómo gemirás cuando te sobrevengan dolores, torturas como de parto!

En esta sección se predice la suerte trágica de los dirigentes de Judá. El profeta se dirige a Judá, personificada en una dama que queda sola en su desgracia dando gritos de dolor. No sabemos cuándo fue compuesta esta perícopa. Hay autores que la ponen en los primeros años de Joaquim, cuando aún Jerusalén se sentía segura. Otros, en cambio, creen que la composición data de una fecha posterior a la primera cautividad del 598 15. El profeta invita a Jerusalén a que suba a las cimas más altas que rodean Palestina, el Líbano al norte, Basan al nordeste y el Abarim al sudeste 16, para dar rienda a su dolor, comunicándolo en todas las direcciones, y para contemplar a sus aliados o amantes destruidos.
Yahvé había amonestado con tiempo a Judá cuando aún estaba en tiempos de prosperidad (v.21) y se sentía segura, sin temor a las invasiones de enemigos extranjeros. Pero, orgullosa, no quiso obedecer: No escucharé. Y esta conducta es inveterada en Israel: desde tu mocedad no escuchaste mi voz (v.21b). Desde los primeros tiempos de su vida nacional en Canaán, ya Israel abandonó a su Dios, yendo tras de dioses ajenos.
La catástrofe nacional aventará a todos los dirigentes o pastores del pueblo elegido (v.22). En la frase hebrea el viento los apacentara hay un juego de palabras. El sentido es que, así como los pastores dirigen y empujan a sus ganados hacia los pastos, así un viento devastador (el ejército babilonio, que vendrá del desierto como un huracán o simún) 17 los apacentara, e.d., los obligará a emigrar hacia nuevos pastos. Es el anuncio de la cautividad. Y participarán de esta suerte del exilio sus amantes, o aliados extranjeros.
De nuevo el profeta echa en cara la falsa seguridad que se ha forjado Judá. Se cree segura como un pájaro inaccesible al cazador en la copa de los árboles más altos, como los cedros: tú que te sientas en el Líbano y anidas en los cedros (v.23). Quizá se aluda en esta comparación a la fastuosidad de los palacios con sus artesonados de cedros del Líbano, símbolo de su falsa seguridad y prosperidad material. Pero llegará la hora del castigo divino, y entonces gemirá con torturas de parto 18.
Oráculos contra el rey Joaquín (24-30)
24 Por mi vida — oráculo de Yahvé — que, si fuera Jeconías, hijo de Joaquim, rey de Judá, el anillo de mi mano derecha, de allí lo arrancaría. 25 Yo te entregaré en manos de los que buscan tu vida, en manos de aquellos a quienes temes, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia; en manos de los caldeos; 28y te arrojaré a ti y a la madre que te engendró a tierra extraña en que no nacisteis, y allí moriréis. 27 Pero a esta tierra que con toda su alma querrán volver, no volverán. 28 ¿Es, pues, este hombre, Jeconías, un utensilio despreciable y quebrado, un vaso que a nadie agrada? ¿Por qué han sido rechazados él y su progenie, y arrojados a tierra a ellos desconocida? 29 ¡Tierra, tierra, tierra! oye la palabra de Yahvé. 30 Así dice Yahvé: Inscribid a ese hombre: "Sin hijos, varón que no prosperará en sus días," pues no logrará de su estirpe un varón que se siente en el trono de David y reine sobre Judá.

Estos oráculos hay que situarlos durante el asedio de Jerusalén, en el 598-97, pues Jeconías sucedió a su padre Joaquim ya cuando la capital se hallaba sitiada por las tropas de Nabucodonosor. Jeconías o Joaquín reinó sólo tres meses, siendo llevado en cautividad, donde murió después de una vida triste. Los contemporáneos creían que el invasor babilónico se contentaría con una sumisión externa, permitiendo al joven rey, recién entronizado, continuar como soberano en Jerusalén. El profeta quiere disipar estas vanas ilusiones. La suerte del rey será muy trágica. La expresión es enérgica: por mi vidaoráculo de Yahvé — (v.24), y con su carácter solemne indica la irrevocabilidad de la sentencia divina de mandar al exilio a Jeconías 19. La decisión de castigar al joven soberano es tan firme, que, aunque éste fuera la cosa más querida (el anillo de mi mano derecha, v.24), se desprenderá de él. En la antigüedad, el anillo era el instrumento de autenticar los documentos, como hoy los autógrafos. De ahí que se le guardase con el máximo cuidado, como algo inherente a la personalidad; por eso era intransferible. Se aplicaba sobre la arcilla de las tabletas cuneiformes en los contratos como signo de autenticidad. Yahvé, pues, está tan decidido a deshacerse de Jeconías, que, aunque fuese su anillo personal, lo abandonaría 20.
En efecto, lo entregará en manos de Nabucodonosor y sus huestes, para ser llevado al destierro, sin esperanza de retorno, junto con su madre, Nesuta, responsable también de la catástrofe por no haber aconsejado bien a su hijo 21. Jeremías siente profunda compasión por la suerte del joven Jeconías, que va a ser arrojado como utensilio despreciable (v.28) e inservible. Las palabras del profeta tienen un acento elegiaco. Jeconías acaba de estrenarse como rey y va a ser desechado como vaso de alfarero recién hecho, que no agrada a sus compradores y es arrojado entre los desperdicios. Jeconías y su progenie serán arrojados, camino del cautiverio, hacia tierra desconocida. Esto enardece al profeta, el cual enfáticamente lanza un triple apostrofe: ¡Tierra, tierra, tierra! para dar mayor solemnidad y llamar la atención de sus oyentes sobre el contenido de su predicción: Inscribid ese nombre: “Sin hijos.” (ν.3ο). Entre los habitantes de Jerusalιn había excesivas ilusiones sobre una próxima derrota de Babilonia, y esperaban que los cautivos exilados en el 598 volverían pronto a su tierra. Pero el profeta les anuncia que ni Jeconías ni sus descendientes se sentarán sobre el trono de David. Por eso, en las tablas genealógicas pueden muy bien inscribir el nombre del rey Jeconías con la añadidura de sin hijos (v.30). Sabemos que Jeconías tuvo varios hijos en el destierro 22, pero ninguno de ellos logró ser investido con la dignidad real davídica. El sucesor de Jeconías fue su tío paterno Sedecías o Matanías. Zorobabel, aunque descendiente de Jeconías, no fue rey, sino simplemente dirigente de los exilados en su retorno a la patria. Sólo el Mesías, Jesús, descendiente de Jeconías, inaugurará un nuevo reinado totalmente diferente del tradicional davídico. El horizonte es totalmente nuevo, y, por consiguiente, la etapa desborda las concepciones tradicionales sobre un rey de la dinastía davídica sentado en un supuesto reino terrenal de Jerusalén.

1 Cf. Jer 7:5. — 2 Cf. Jer 7:31; 19:5- — 3 Cf. Jer 7:5; 17:24. — 4 Cf. Is 2:13; 23:9; Nah 1:4; Zac 11:2; Jer 8:22; 46:11. — 5 Cf. 1 Re 7:2. — 6 Cf. Jer 6:4; Is 13:3. — 7 Cf. 1 Crón 3 :1s. — 8 Sólo aquí y en i Crón 3:15 se llama Sellum a Joacaz. Quizá al subir al trono cambió su nombre, como su hermano Joaquim (antes Eliaquim). — 9 Cf. Hab 2:6.9.12.17. — 10 Cf. Ecl 2:24; 3:13. — 11 Cf. Jer 9:23-24. — 12 Cf. Jer 15:3; 7:33; 36:30. — 13 En la versión de los LXX se dice que fue sepultado con sus padres en la ganozae, palabra que es una deformación de la palabra hebrea gan-Uzza, "el jardín de Uzza," en el que estaban enterrados los impíos reyes Manases y Amón (2 Re 21:18). Quizá sea ésta una adición del traductor griego, que quiere colocar al impío Joaquim juntamente con sus antecesores los reyes impíos de Judá. — 14 Cf. 1 Re 22:40. — 15 En Jeremías se alude muchas veces a esta personificación de Jerusalén sentada en luto sobre las alturas: 7:29; 2:7; 7:13-25; 4.30-31· — 16 En Sal 68:16, Basan es sinónimo de Hermán; Abarim es una cordillera de montañas al este del mar Muerto, de la que formaba parte el monte Nebo, desde el cual Moisés contempló la tierra de promisión (Núm 33:4; 27:12; cf. Abel, Géographie I p.377-378). — 17 Cf. Jer 2:8; 10,21; 23:1. — 18 Cf. Jer 4:31; 6:24; 13:21. — 19 Cf. 46:18; Dt 32:40. El nombre de Jeconías aparece aquí en Jeremías en su forma abreviada de Coniyahu, como nombre hipocorístico. En 24:1 se le llama Yeconiyahu; en 27:20; 28:4; 29:2 se le llama Yeconiah. En 2 Re 24:63, Yoyaquin, y de ahí nuestro Joaquín. Así también en Jer 52:31. — 20 2 Re 24:9 y en 2 Crón 36:9 se dice que Jeconías "hizo el mal a los ojos de Yahvé." — 21 Cf. 2 Re 24:8.12; Jer 29:2. — 22 Cf. 1 Grón 3:173.
23. Profecías Mesiánicas.
Contra los falsos Profetas.
En dos partes netas se divide este capítulo: a) resumen de lo anterior, con algunos vaticinios de consolación mesiánicos (1-8); b) contra los falsos profetas. Se discute la autenticidad de los v. 16-40, entre otras razones porque se supone cierta dispersión entre las gentes.
Cuando estaban a punto de cumplirse los vaticinios siniestros de Jeremías, el profeta presenta ciertos oráculos de consolación mesiánicos para reforzarles su fe en los destinos mesiánicos del pueblo, que, a pesar de la tragedia que se avecina, saldrá purificado y preparado para la inauguración de la nueva era mesiánica. Quizá el momento más adecuado para la composición de estas profecías de consolación sean los últimos días del reinado de Sedecías, cuando ya estaba iniciado el terrible asedio de la ciudad, en 587 a.C.
Contra los pastores de Israel (1-2)
1 ¡Ay de los pastores que hacen perecer y destrozan el rebaño de mi pastizal! Oráculo de Yahvé. 2 Por eso así dice Yahvé, Dios de Israel, de los pastores que apacientan a mi pueblo: Vosotros habéis dispersado mi grey, la habéis descarriado y no habéis cuidado de ella. He aquí que voy a visitaros por la maldad de vuestras obras — oráculo de Yahvé.

El profeta se encara con la clase dirigente de Israel, que ha sido la principal responsable de la ruina de su pueblo. Son los falsos pastores (v.1), que han fomentado la apostasía y la idolatría en el pueblo sencillo, atrayendo sobre él los justos castigos divinos, concretados en la invasión extranjera y en la deportación en masa hacia tierras extrañas. Son estos versos como un resumen de lo anterior predicho sobre el rey. Yahvé llama a su pueblo cariñosamente el rebaño de mi pastizal (v.1). Israel ha sido conducido por el desierto como una tímida grey en medio de peligros sin cuento, y toda su historia como nación es una continua sucesión de providencias divinas para salvarlo en las vicisitudes más críticas l. Pero los actuales pastores, encargados de llevar a buenos pastos a su grey, la han descarriado (v.2). La comparación aparece reiteradamente en Jeremías y otros profetas posteriores 2. Yahvé no puede tolerar esta situación anormal, y se ve precisado a intervenir justicieramente visitando a su pueblo.
Promesa de restauración mesiánica (3-8)
3 Yo mismo reuniré los restos de mi rebaño de todas las tierras en que los he dispersado, y los volveré a sus prados, y fructificarán y se multiplicarán. 4 Y suscitaré sobre ellos pastores que los apacienten, y ya no habrán de temer más ni angustiarse ni afligirse — oráculo de Yahvé . 5He aquí que vienen días — oráculo de Yahvé — en que yo suscitaré a David un vástago justo, y reinará como rey prudentemente, y hará derecho y justicia en la tierra. 6 En sus días será salvado Judá, e Israel habitará confiadamente, y el nombre con que le llamarán será éste: "Yahvé (es) nuestra justicia."3 7Por eso he aquí que vendrán días — oráculo de Yahvé — en que no se dirá ya: "Vive Yahvé, que subió de la tierra de Egipto a los hijos de Israel," 8sino más bien: "Vive Yahvé, que sacó y trajo al linaje de la casa de Israel de la tierra del aquilón y de todos los países a que los arrojó, y los hizo habitar en su propia tierra."4

Después de anunciar la deportación sin retorno de Jeconías y su carencia de descendientes reales, el profeta se proyecta, para consolar a sus compatriotas, hacia una era futura en la que serán olvidados los pecados de Judá y de sus pastores, pues el mismo Yahvé personalmente se encargará de pastorear a su rebaño, que hará volver de todas las tierras en que lo había dispersado (ν.3). Es el anuncio de retorno del exilio. La catαstrofe, pues, nacional es relativa, y un día volverán los israelitas a recogerse bajo la protección de su Dios, que directamente los gobernará como el pastor a su rebaño. En realidad, Yahvé será riguroso con las clases dirigentes, causantes de la ruina, pero benigno con las ovejas descarriadas. Dios, después de traerlos a nuevos pastos, les dará pastores que los apacienten (v.4). Para entender bien esto hay que tener en cuenta el doble plano sobre el que se mueve la profecía: primero se refiere a la restauración que sigue al exilio, y entonces los pastores serán Zorobabel, Josué, Esdras y Nehemías, etc., que colaboraron directamente en la repatriación y en la restauración de la vida nacional; pero después hay otra perspectiva más amplia, y es la del mesianismo. Las dos se confunden en superposición de planos en la mente del profeta, en cuanto que la primera es la inmediata preparación de la segunda. Esos dirigentes postexílicos son los tipos de otros pastores de la era mesiánica, que podremos identificar con el mismo Mesías y sus colaboradores, como los apóstoles y sus sucesores.
La expresión no habrán de temer mas ni angustiarse alude claramente a la era venturosa de paz mesiánica, como la fórmula siguiente: he aquí que vienen días (ν.6)5. Los tiempos mesiánicos estarán presididos por la figura desbordante del Mesías, vastago justo. La atención del profeta se centra en un misterioso retoño de la casa de David, que impondrá un reinado de derecho y de justicia. Todo esto parece depender de la profecía isaiana sobre el "vastago de Jesé"6, sobre el que descansará el "espíritu de Yahvé"; es el "Príncipe de la paz" de los tiempos mesiánicos, dotado de las cualidades ideales de un hombre de gobierno: inteligencia, ciencia, sabiduría, fortaleza y temor de Dios. Por eso aquí se dice que ese vastago justo reinará como rey prudentemente. La palabra vastago o germen, aplicada al Mesías, aparece en el profeta Zacarías7 medio siglo después. Aquí, en Jeremías, el vastago es apellidado justo, porque inaugurará un reinado de equidad y de justicia. Es una idealización de lo que en 2 Sam 8:15 se aplica al gran antepasado David, modelo de soberanos teocráticos para la mentalidad hebrea. Ese vastago tendrá categoría real: reinará como rey (ν.6). Esto excluye la aplicación del texto al restaurador Zorobabel, el cual nunca tuvo la dignidad real.
Así, pues, sobre el primer plano de la reorganización de los repatriados después del exilio, dirigida por Zorobabel, la mente del profeta se proyecta hacia un horizonte más glorioso y espectacular, en que se impondrá un reinado de derecho y justicia en la tierra. Será el día de la "salvación" del pueblo elegido en su totalidad: de Judá, o reino del Sur, y de Israel, o reino del Norte (v.6). De nuevo formarán un solo reino bajo la figura deslumbrante del Rey ideal, el Mesías. Este sueño de la unificación de las doce tribus, separadas después de la muerte de Salomón, tan acariciado por los verdaderos yahvistas, será realizado plenamente en los tiempos mesiánicos. Será tal la equidad que implantará el nuevo Rey mesiánico, que podrá llamarse Yahvé es nuestra justicia (v.6). Este nombre es puramente simbólico y no indica la divinidad del Mesías, sino sólo que el Mesías vinculará su reinado de justicia a Yahvé de un modo tan estrecho, que podrá ser llamado Dios es nuestra justicia (en heb. Sidquenu), como el misterioso Niño nacido de una doncella en Is 7:14 podrá llamarse Immanuel ("con nosotros Dios"), en cuanto que Yahvé estará con él y con su pueblo.
En Jer 33:16 se llama a Jerusalén "Yahvé, nuestra justicia." Se trata, pues, de nombres simbólicos, no raros en la Biblia8. Es posible que el nombre Sidquenu ("Yahvé es nuestra justicia"), aplicado al Mesías, sea sugerido por el nombre de Sedéelas (en heb. Sidquiyahu, que significa "mi justicia es Yahvé"), y que haya buscado un juego de palabras el profeta para mostrar que el Mesías cumplirá plenamente lo que materialmente significaba el nombre del rey Sedecías, que los había defraudado en sus esperanzas liberadoras.
Los v.7-8, repetición de 16:14-15, parecen fuera de contexto. Los LXX los ponen al final del capítulo. Se adaptarían mejor al contexto colocándolos detrás del v.3. No obstante, aún pueden entenderse, en cierta ilación lógica, con lo que antecede en el lugar que actualmente tienen. La salvación obrada por el Mesías, realizada primero en el retorno de la cautividad y después colmada en los tiempos mesiánicos, harán palidecer las maravillas del éxodo. La liberación de Egipto no ha sido nada en comparación con la futura y definitiva liberación de Israel (ν.7). En las fórmulas de juramento se hará sólo mención de esta salvación iniciada con el retorno del pueblo de la cautividad de la tierra del aquilón, es decir, de Mesopotamia, que será definitiva en la era mesiánica.
Corrupción moral de las clases dirigentes (9-12)
9 A los profetas: Se me parte mi corazón dentro de mí, se estremecen todos mis huesos, estoy como un hombre ebrio y cual varón dominado por el vino ante Yahvé y sus santas palabras, 10pues la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición, la tierra está en duelo; se han secado los oasis del desierto; corren tras la maldad, y su fuerza es la injusticia. 11Pues aun los profetas mismos y los sacerdotes son unos impíos; hasta en mi casa he hallado sus perversidades, oráculo de Yahvé. 12Por eso sus caminos se les van a tornar resbaladeros en medio de tinieblas. Serán empujados y caerán, pues voy a hacer venir sobre ellos males el año en que serán visitados, oráculo de Yahvé.

Las clases dirigentes han caído en una profunda degradación moral, y la copa de la ira divina se está colmando. El profeta se estremece ante el castigo que les espera (v.9). Temperamento tierno, siente vivamente la tragedia de sus compatriotas 9. Conmovido por lo que les espera a éstos, se siente debilitar y vacilar como hombre ebrio. Tal es el temblor al sentirse ante Yahvé y sus santas palabras, sus oráculos de castigo, sobre los que ha recibido una viva comunicación divina.
La situación religiosa y moral de su pueblo, sobre todo de sus clases directoras, es tan deprimente, que es necesario una intervención justiciera de Dios: La tierra esta llena de adúlteros, quizá en sentido propio de relajación moral de la sociedad, aunque pueda aludir al adulterio espiritual o idolatría10. El castigo de Yahvé se hace sentir en la naturaleza, enviando la sequía y la miseria: se han secado los oasis del desierto (v.10), y, como consecuencia, la tierra da impresión de estar en duelo, agostada n. Υ todo como consecuencia de la maldad y la injusticia de los israelitas. Los primeros en prevaricar son los profetas y los sacerdotes, cediendo a la avaricia 12, en vez de enseñar la Ley del Señor al pueblo. Incluso han prevaricado en el templo de Yahvé: hasta en mi casa he hallado sus perversidades (v.11). Sabemos que en el atrio del templo había estatuas de divinidades paganas 13, y hasta en los anexos del santuario se practicaba la prostitución sagrada en nombre de Astarté 14.
Todo esto los llevará a una ruina segura. Se han lanzado por unos caminos tortuosos y oscuros, y necesariamente han de caer: sus caminos se les van a tornar resbaladeros (v.12). En vez de caminar por los senderos trillados a la luz de los preceptos de Yahvé, han preferido seguir las anfructuosidades y angosturas de un sendero peligroso 15. Necesariamente caerán empujados por el mismo Dios, que les pedirá cuentas en el año en que serán visitados por su justicia vengadora.
Diatriba contra los falsos profetas de Jerusalén (13-15)
13 En los profetas de Samaría vi yo la insensatez: profetizaban en nombre de Baal y descarriaron a mi pueblo, Israel. 14 Pero en los profetas de Jerusalén he visto algo horrendo: adulterio y andar tras la mentira, y fortalecen las manos de los perversos para que nadie se convierta de sus maldades. Todos ellos han venido a serme como Sodoma, y sus habitantes como Gomorra. 15 Por eso así dice Yahvé de los ejércitos acerca de los profetas: He aquí que les daré a comer ajenjo y les daré a beber agua envenenada, porque de los profetas de Jerusalén ha salido la corrupción para todo el país.

Para Jeremías, los falsos profetas de Jerusalén son peores que los de Samaría la cismática. En su afán de halagar los sentimientos populares, los profetas procuraban infundir optimismo sobre los destinos nacionales de Judá. A Jeremías lo presentaban como traidor a los intereses de su nación 16.
En 3:6-11, Jeremías afirma, después de establecer un triste parangón, que Judá es más culpable que su hermana Israel, por no haber sabido aprovecharse de la lección del reino del Norte, desaparecido en el 721 con la toma de Samaría y la deportación en masa de la población a Mesopotamia. Los profetas de Jerusalén eran más culpables que los de Samaría, porque tenían el inestimable privilegio de habitar junto al templo, símbolo de la presencia de su Dios. El pecado de los profetas de Samaría era el fomentar el culto de Baal, profetizando en su nombre (ν.13), dando cabida a cultos cananeos idolαtricos y conservando un mínimum de culto yahvista17. Pero se han quedado cortos en comparación de los profetas de Jerusalén, que están practicando algo horrendo (v.14): en primer lugar fomentan el adulterio espiritual, permitiendo el culto idolátrico en el pueblo; además, andan tras la mentira al anunciar al pueblo cosas venturosas, cuando lo que se avecina es la ruina total. Y con ello no hacen sino fomentar el vicio: fortalecen las manos de los perversos al dar falsas seguridades y permitirles pecar impunemente contra su Dios. Consecuencia de ello es que los ciudadanos de Jerusalén no reconocen sus caminos extraviados y no se convierten de sus maldades 18.
El castigo, pues, es inevitable. A los profetas les queda un porvenir amargo: les daré a comer ajenjo (v.15). La frase aparece en 9:14, e indica la extrema amargura de espíritu en que se verán envueltos en la hora del castigo. El ajenjo es símbolo de amargura en la Biblia 19.
Contra los falsos profetas (16-24)
16 Así dice Yahvé de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas: os engañan; lo que os dicen son visiones de su imaginación20, no procede de la boca de Yahvé. 17 Dicen a los que se burlan de la palabra de Yahvé: "Paz, tendréis paz," y a todos los que siguen la obstinación de su corazón les dicen: No vendrá sobre vosotros ningún mal. 18Mas ¿quién asistió al consejo de Yahvé, vio y oyó su palabra? ¿Quién ha prestado atención a su palabra y le oyó? 19 He aquí que se desencadena el torbellino de la ira de Yahvé y una tormenta furiosa descarga sobre la cabeza de los impíos. 20 No retrocederá la ira de Yahvé hasta que ejecute y cumpla los designios de su corazón. 21 Yo no enviaba a los profetas, y ellos corrían; no les hablaba, y ellos profetizaban. 22 Si han asistido a mi consejo, que hagan oír mis palabras a mi pueblo y lo conviertan de su mal camino y de sus perversas obras. 23¿Soy yo por ventura Dios sólo de cerca? — oráculo de Yahvé —. ¿No lo soy también de lejos? 24 Por mucho que uno se oculte en escondrijos, ¿no le veré yo? — oráculo de Yahvé — . ¿No lleno yo los cielos y la tierra? — oráculo de Yahvé.

Jeremías tiene especial interés en mostrar que lo que anuncian los falsos profetas, que halagan las aspiraciones nacionalistas del pueblo, son unas imposturas: lo que dicen son visiones de su imaginación (v.16). No han recibido mensajes de la boca de Yahvé como él. En vez de predicar el cumplimiento de la ley de Dios, anunciando el castigo divino contra sus infractores 21, no hacen sino lanzar vanas esperanzas, anunciando una paz (ν.17) y una seguridad social que no corresponden a la realidad 22. Los peligros que se ciernen sobre Judá son muy grandes, y está muy cercana la catástrofe nacional, y es inútil cerrar los ojos. No cabe sino retornar de veras a Dios para conjurar su ira desatada. En cambio, esos profetas halagan a los que se burlan de la palabra de Yahvé, manifestada en sus preceptos y en las comunicaciones que transmite a los verdaderos profetas.
No es cosa fácil conocer los designios divinos: ¿Quien asistió al consejo de Yahvé y oyó su palabra? (v.18). Jeremías tenía conciencia de su misión y estaba seguro de que transmitía los íntimos pensamientos de Yahvé, mientras que los profetas adversarios suyos eran impostores, que comunicaban lo que les sugería su imaginación y sus intereses materiales. Miqueas describe con detalles una sesión del consejo de Dios con sus espíritus y las decisiones tomadas y comunicadas al profeta 23. San Pablo se inspirará en las palabras de Jeremías y de Isaías 24 para trazar los misterios de la obra salvadora de Dios sobre el mundo. Jeremías, en su interrogación: ¿Quien ha prestado atención a sus palabras? (v.18), sugiere implícitamente que sólo él es intérprete de los oráculos divinos, pues tiene conciencia de que Yahvé le ha hablado, mientras que sus adversarios, al no recibir ninguna verdadera comunicación divina, no pueden saber nada, pues no han asistido al consejo divino.
Los V.10-20 son considerados por muchos autores como intercalación que interrumpe el contexto, y reaparecen en 30,23-24. Si realmente forman parte del contexto donde están ahora, pudieran entenderse como un paréntesis explicativo: los falsos profetas no han asistido al consejo de Yahvé ni han recibido comunicación alguna de El; por tanto, sus afirmaciones sobre una supuesta paz son lucubraciones de su imaginación; en cambio, Jeremías ha recibido una comunicación real divina sobre los destinos trágicos de su pueblo (v.19). La justicia punitiva de Dios será inexorable, cumpliendo los designios de su corazón (v.20).
Después de este paréntesis anunciando la catástrofe del pueblo de Judá, el profeta vuelve a hablar de la impostura de los supuestos profetas, pues Yahvé no les hablaba (v.21); sin embargo, profetizaban. La prueba de que no hablan en nombre de Yahvé es que no se preocupan de hacer que el pueblo se convierta de su mal camino y de sus perversas obras (v.22). Yahvé no puede comunicar nada en contra de sus preceptos, y menos aprobar la conducta de gentes que fomentan los malos caminos de su pueblo. Esa conducta desaprensiva para con la ley divina es una prueba de que no han asistido al consejo de Yahvé, pues obran en contra de sus designios.
Parece que los falsos profetas creen prácticamente que Yahvé es un Dios solitario y lejano que habita en los cielos y no se preocupa de lo que pasa en este mundo; por consiguiente, no deben temer sus castigos anunciados por Jeremías. Pero se engañan, pues Yahvé no sólo ve lo que está cerca, sino lo que está lejano: ¿Soy yo Dios solo de cerca? ¿No lo soy también de lejos? (v.23) 25.
Contra la impostura de los falsos profetas (25-32)
25 Yo he oído lo que decían los profetas que en mi nombre profetizaban mentiras y decían: "He tenido un sueño, he tenido un sueño." 26¿Hasta cuándo ha de haber en el corazón de los profetas vaticinios falsos, profetizando los engaños de su corazón? 27Pretenden que mi pueblo olvide mi nombre con sus sueños, que unos a otros se van contando, como se olvidaron sus padres de mi nombre por BaaL 28El profeta que tiene un sueño, que lo cuente como sueño, y el que tenga mi palabra, que pregone mi palabra fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano? — oráculo de Yahvé —. 29¿No es mi palabra como el fuego — oráculo de Yahvé — y cual martillo que tritura la roca? 30Por eso heme aquí contra los profetas — oráculo de Yahvé — que se roban unos a otros mis palabras. 31 He aquí que estoy contra los profetas — oráculo de Yahvé — que gastan sus lenguas pronunciando: "Oráculo." 32Contra los profetas que sueñan mentiras — oráculo de Yahvé — , y, contándolas, descarrían a mi pueblo con sus mentiras y sus jactancias, siendo así que yo no los he enviado, no les he dado misión alguna, y no han sido de provecho a este pueblo — oráculo de Yahvé.

Prosigue la diatriba contra los falsos vaticinios de los que a sí mismos se llamaban profetas. Estos se presentaban como portadores de un mensaje divino recibido en sueños: he tenido un sueño (ν.26). El sueño, como vehículo de transmisión de una revelación divina, era tradicional en la historia de Israel desde los tiempos patriarcales 26. Pero aquí Jeremías le da un sentido peyorativo de pura "fantasía." Son vaticinios falsos (v.26), fruto de la imaginación o del corazón de los profetas. La mejor prueba de que no son verdaderas sus supuestas revelaciones es que trabajan contra los intereses de Dios, al buscar que olviden su nombre, como sus padres, a causa del culto de Baal (v.27). Buscan sólo sus intereses y no los de la gloria y nombre de Yahvé. Es preciso que haya un mínimum de sinceridad: el que tenga un sueño, fruto de su imaginación, debe exponerlo como tal para 110 engañar al pueblo, mientras que el que realmente tenga la palabra de Yahvé debe exponerla como la recibió, fielmente (v.28). Y la piedra de toque para reconocer el verdadero del falso profeta es el interés por la conversión del pueblo a Dios. Lo contrario es querer confundir el grano con la paja: ¿qué tiene que ver la paja con el grano? (v.28b). La palabra de Yahvé es el verdadero grano, que debe recogerse cuidadosamente, mientras que los sueños de los falsos profetas son paja que se lleva el viento. Por otra parte, el valor de la palabra divina se conoce por sus efectos: es como fuego y como martillo que tritura la roca (v.29), pues vence la obstinación de los corazones más empedernidos. Quizá se aluda aquí al furor de la ira divina, que purificará como fuego y triturará como martillo a la nación de Judá. En ese caso, la palabra divina serían las amenazas de castigo de Yahvé transmitidas por Jeremías. Ese prurito de profetizar se ha convertido en mal endémico, pues se roban unos a otros mis palabras (v.30), es decir, se apropian sueños que han tenido otros, exponiéndolos como si los hubiesen recibido de Yahvé. No tienen otra obsesión que pronunciar enfáticamente: Oráculo (v.31). Constantemente comprometen los mensajes de Yahvé, presentando sus caprichos e imaginaciones enfáticamente, como si fueran oráculos del mismo Yahvé. Y con eso no hacen sino engañar al pueblo, atentando contra la verdad divina. Prometen bonanza y paz a éste, conduciéndole al error y a la catástrofe (v.3a).
Contra el abuso de la expresión "Carga de Yahvé" (33-40)
13 Y cuando te pregunte este pueblo, o un profeta, o un sacerdote, diciendo: ¿Cuál es la carga (oráculo) de Yahvé? les responderás: Vosotros sois la carga de Yahvé 27, y yo os arrojaré, oráculo de Yahvé. 34 Y al profeta, al sacerdote, al pueblo que diga: "Carga de Yahvé," yo le pediré cuenta a él y a su casa. 35 Así habéis de deciros unos a otros, compañeros y hermanos: ¿Qué ha respondido Yahvé? ¿Qué ha dicho Yahvé? 36 No se mentará ya la "carga de Yahvé," porque para cada cual la "carga" será su propia palabra, pues habéis pervertido la palabra del Dios vivo, Yahvé de los ejércitos, nuestro Dios. 37 Así dirás al profeta: ¿Qué te ha respondido Yahvé? ¿Qué ha dicho Yahvé? 3S Y si decís: "Carga de Yahvé," entonces así dice Yahvé: Porque habéis dicho esa palabra: "Carga de Yahvé," habiéndoos yo enviado a decir: No digáis "carga de Yahvé," 39 por eso he aquí que yo os levantaré 28 y os arrojaré de mi presencia a vosotros y a la ciudad que a vosotros y a vuestros padres di, 40 y os entregaré a eterno oprobio, a eterna vergüenza, que jamás será olvidada.

Jeremías ahora se enfrenta con los que hacen burla de sus predicciones, que él llama "oráculos" de Yahvé. La palabra oráculo en hebreo es massah, que significa también carga, "peso incómodo" 29. Los oyentes jugaban con el doble sentido de la palabra, y el profeta también les responde con el mismo juego de palabra, pero en sentido amenazador; sus compatriotas se burlan del profeta que anuncia un "oráculo" (o carga) de Yahvé, y dicen irónicamente: ¿Dónde está esa carga o amenaza de Yahvé, que nunca se cumple? (v.33). Entonces Jeremías les contesta irónicamente también, tomando la palabra massah en el sentido de carga, de peso insoportable, y no de simple oráculo: vosotros sois la carga de Yahvé (v.33b), es decir, sois onerosos a Dios, y El se deshará de ellos como de una carga insoportable: os arrojaré, dejándoos abandonados como carga inútil. En otros textos de la Biblia se dice que Yahvé lleva a Israel como una carga suave, como un padre lleva a su hijo 30; pero ahora por sus pecados se ha convertido en una carga insoportable 31.
Por eso Jeremías no quiere que se mencione la palabra massah (en el sentido de carga), porque es un mal presagio para todos los que se burlan de sus palabras, en las diferentes clases sociales: sacerdotes, profetas y pueblo (v.34), a los que Yahvé pedirá estrecha cuenta por su conducta despectiva y despreocupada. Por ello exhorta a sus compatriotas a ser respetuosos con la palabra de Dios, y, puesto que la frase "oráculo de Yahvé" (carga de Yahvé) tiene un sentido despectivo, les aconseja que no la utilicen, y que, en cambio, al informarse sobre alguna comunicación divina, digan simplemente: ¿qué te ha respondido Yahvé? (v.35). Además, los falsos profetas gustaban de presentar sus predicciones con el nombre pomposo de oráculos (carga) de Yahvé, cuando en realidad no decían sino lo que les sugería su imaginación, siendo para cada cual la carga su propia palabra (v.36), pervirtiendo o simulando la palabra de Yahvé auténtica, comunicada a Jeremías.
Si continúan hablando despectivamente de la carga de Yahvé, Dios los levantará efectivamente como una carga para transportarlos lejos de su faz, a tierras extranjeras. Es una paranomasia con la que expresa el futuro desgraciado que les espera por su inconsideración con los verdaderos "oráculos" o cargas de Yahvé, transmitidas por su auténtico profeta Jeremías 32. La cautividad servirá para Israel de eterno oprobio (v.40), en cuanto que aparecerá ante los otros pueblos como un país abandonado de su Dios y entregado a sus enemigos.

1 Cf. Sal 95:7; Jer 13:17-20. — 2 Cf. Jer 3:15; 10,21; Ez 34:20; Jn 10:1. — 3 En heb. Sidquenu, nombre simbólico como Irnmanu-El en Is 7:14. Los LXX: Yosedek ·- "Yahvé-justicia." — 4 Así según los LXX. — 5 Cf. Is 2:2. — 6 Cf. Is ii,i. — 7 Cf. Zac3:8; 6:12. — 8 Cf. Jer 33:16; Gen 33:20; Ex 17:15. — 9 Cf. Jer 4:19; 8:18; 14:1? — 10 Esta cláusula falta en los LXX. — 11 Cf. Jer 4:28; 12:4. — 12 Cf. Jer 6:13-14- — 13 Cf. Jer 11:15; 32:34- — 14 Cf. 2 Re 23:7- — 15 Cf. Sal 35:6; Prov 4:19. — 16 Cf. elc.27. — 17 Cf. 1 Re 18:253. — 18 Cf. Ez 22:25. — 19 Cf. Prov 5:4; Lam 3:19; Am 5:7; 6:13. — 20 Lit en heb.: "visiones de su corazón." — 21 Cf. Dt I3>4s. — 22 Cf. Jer 4:10; 5:11-13; 6:14. — 23 Cf. 1 Re 19:23. — 24 Cf. Rom 11:34, citando a Is 40,13. — 25 Cf. Eclo 23:27; Sal 139:12. — 26 Cf. Gen 20:3; Núm 12:6; 1 Sam 28,6. — 27 Así según los LXX, lectura obtenida por una división diferente de las letras del TM. — 28 El TM dice "olvidaré," pero las versiones antiguas leen "levantaré," con un ligero cambio: nasiti en vez de nashi'ti. — 29 La palabra massah viene de nasah (levantar, llevar). De ahí que signifique el "peso o carga" que se levanta. Pero también puede significar "oráculo," en el sentido de levantar (la voz) para comunicar una revelación divina (cf. Is 1:7; 42:2). Por eso massah equivale a "sentencia," "dicho," "oráculo," "comunicacióndivina" (cf. Prov 30:1; 2 Re 9:25; Is 13.1; 14-20. Nah 1:1; Abd 1:1; Zac 9:1; 12:1). Algunos autores, por el hecho de que aparece massah en el sentido de oráculo conminatorio, creen que alude a "carga·) o imposición punitiva de Yahvé. — 30 Cf. Dt 1:31; Is 46:3; 63:6. — 31 Cf. Jer 15:6; Is 1:19. — 32 Cf. Jer 7:15; 32:31.
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