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35. Fidelidad de los Recabitas y Desobediencia de los Judíos.
Este capítulo está fuera de contexto, desde el punto de vista cronológico, respecto de los capítulos anteriores, pues éstos reflejaban hechos de la época del rey Sedecías (598-586), mientras que el presente capítulo nos relata un hecho del tiempo del rey Joaquina (609-598). Pero también existía en este tiempo el peligro de la invasión babilónica, ya que los ejércitos de Nabucodonosor campeaban libremente por los territorios de Judá, en su afán de asegurarse la victoria definitiva sobre Egipto. Jeremías vivía entonces obsesionado con la ilusión de que sus conciudadanos rectificaran su conducta religiosa y moral para verse libres de la catástrofe que se avecinaba.
Ahora les presenta un modelo de fidelidad a Yahvé en la tribu de los recabitas, gentes de vida sencilla semibeduina, que estaban libres de la contaminación de la vida muelle de las ciudades sedentarias. Al invadir Nabucodonosor la campiña de Judá, se han visto obligados a encerrarse en la Ciudad Santa al albergue de sus muros. Por 1 Crón 2:55 sabemos que los recabitas eran un clan relacionado con los cíñeos, emparentados con los madianitas 1. No eran, pues, hebreos propiamente, sino que se habían asimilado a éstos, abrazando su religión y estableciéndose en la Palestina meridional 2; pero sabemos que parte de ellos andaban también por la parte septentrional de Canaán 3. Vivían en tiendas en torno a las ciudades. Eran, pues, semibeduinos, al estilo de las tribus de ganado que merodean hoy por el desierto de Judá. Conocemos a su antepasado Yonadab 4. Aparecen como aliados de Jehú (842-815) en la lucha contra Acab y el culto de Baal. Su tradición yahvista estaba bien probada. Guardaban ciertas prescripciones en cuanto a su género de vida: no construían casas, ni tenían posesiones, ni sembraban campos, ni plantaban viñas, ni bebían vino 5. Es el género de vida practicado por los nabateos 6. Es la vida actual de los árabes del desierto. Lo esencial en su vida es la movilidad y la libertad. La sencillez de vida y el aislamiento del ambiente corrompido sedentario hizo que se conservaran los recabitas en un estado de fidelidad a Yahvé desconocido para los habitantes de Jerusalén. Esta es la razón por la que los profetas consideran la vida sencilla de Israel en el desierto como la etapa religiosa ideal en su historia 7.
Fidelidad de los recabitas a sus tradiciones (1-11)
1 Palabra que Jeremías recibió de Yahvé en tiempo de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá: 2 Anda y vete a casa de los recabitas. Habíales y tráelos a la casa de Yahvé, a una de las cámaras, y dales a beber vino. 3Yo tomé a Jazanías, hijo de Jeremías, hijo de Jabasinías; a sus hermanos y a todos sus hijos y a toda la familia de los recabitas, 4 y los introduje en el templo, en la cámara de los hijos de Janán, hijo de Jegdelías, hombre de Dios, que está junto a la cámara de los príncipes, debajo de la de Mahasías, hijo de Sallum, el guardia del vestíbulo. 5Y puse ente los recabitas jarras y copas llenas de vino, diciéndoles: "Bebed vino." 6Pero ellos me contestaron: No bebemos vino, pues Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos mandó: No bebáis vino jamás, ni vosotros ni vuestros hijos, 7ni construyáis casas, ni hagáis siembras, ni plantéis ni poseáis viñas, sino que habitaréis en tiendas todo el tiempo de vuestra vida, para que viváis muchos días sobre la tierra en la que sois peregrinos. 8 Nosotros hemos obedecido a la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en cuanto nos mandó no beber vino en los días de nuestra vida, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas, 9y no edificar casas, y no tenemos viñas ni campos de sembradura, 10sino que habitamos en tiendas, como lo mandó Jonadab, nuestro padre. 11Pero cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió a nuestra tierra, nos dijimos: Vamos a refugiarnos en Jerusalén para escapar al ejército de los caldeos y al ejército de Aram, y venimos a habitar en Jerusalén.

El relato está en primera persona y forma parte de las narraciones autobiográficas del profeta redactadas por Baruc, como los c.24 y 27, que sirven para enmarcar y completar las dos primeras secciones de oráculos 1. Por el contrario, este capítulo pertenece a los oráculos conminatorios característicos de la predicación de Jeremías durante el reinado de Joaquim. El profeta, por orden de Yahvé, invita a la casa (o clan) de los recabitas a ir a una de las cámaras del templo (v.2), e.d., uno de los departamentos disponibles para los sacerdotes, que estaban entre el atrio exterior y el interior 2.
El jefe de los recabitas parece ser un tal Jazanías, hijo de Jeremías (v.3), para nosotros desconocido 3. El nombre de Jeremías era común entonces, pues aparece en una de las ostracas de Lakis. Jeremías los introduce en la cámara de los hijos de Janán, hombre de Dios (v.4); la indicación debía de ser clara para los contemporáneos del redactor, pero nosotros no conocemos a ese personaje Janán; pero, al aplicársele el denominativo de hombre de Dios, bien podemos presumir que se trataba de un fiel profeta yahvista 4 que estaba en buenas relaciones con Jeremías, el profeta de Yahvé por excelencia de la época. En ese caso, la expresión hijos de Janán bien pudiera aludir a los discípulos del profeta, que tenían sus reuniones para sus instrucciones disciplinares en una de las cámaras del templo, a las que tenía fácil acceso Jeremías por su amistad con el hombre de Dios, Janán. La cámara de los príncipes, o dignatarios en general, debía de ser el lugar de consejo de los magnates de Jerusalén 5. Debajo de la de Mahasías (v.4): sabemos que los departamentos que rodeaban el templo estaban distribuidos en tres pisos 6. Guardia de la puerta, el tercer cargo en la dirección del templo 7.
Jeremías les invita a beber vino, según indicación divina, para probar su virtud, y ellos lo rechazan abiertamente, como contrario a las prescripciones recibidas de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre (v.6). El sentido de padre aquí es el de progenitor y organizador de la vida del clan de los recabitas. Les prohibió todo lo que pudiera recordar la vida sedentaria de agricultores: no construyáis casas. ni plantéis viñas (ν.7). El ideal para ellos era vivir errantes en tiendas, como medio de conseguir la bendición divina (ν.7) 8. Para ellos, la vida nómada era el mejor medio de mantenerse fieles a Dios y así merecer sus bendiciones. Debían de estar constantemente cambiando de lugar y pasando por las diferentes tierras de Canaán como peregrinos o huéspedes. Si ahora viven en Jerusalén, es excepcionalmen-te, obligados por las incursiones del ejército babilónico (v.11), o de las bandas de Aram o Siria, Moab y Ammón, que efectivamente desolaron Palestina hacia el año 602 a.C., aprovechándose de la invasión de Nabucodonosor 9.
Deslealtad de los judíos a Yahvé (12-19)
12 Y dirigió Yahvé la palabra a Jeremías, diciendo: 13 Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Ve y di a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ¿No aprenderéis a obedecer mis palabras? Oráculo de Yahvé. 14 Las palabras de Jonadab, hijo de Recab, son obedecidas: mandó a sus hijos no beber vino, y no lo han bebido hasta hoy, cumpliendo el mandato de su padre, y yo os he hablado tantas y tantas veces, y no me habéis obedecido. 15 Os he enviado una y otra vez a mis siervos los profetas para deciros: Convertios de vuestros malos caminos, enmendad vuestras obras y no os vayáis tras de los dioses ajenos para darles culto, y habitaréis la tierra que os he dado a vosotros y a vuestros padres; pero no me habéis dado oídos, no me habéis obedecido. 16 Los recabitas han obedecido a lo que les mandó su padre, pero este pueblo no me ha obedecido a mí. i? Por eso, así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo haré venir sobre Judá y sobre todos los habitantes de Jerusalén todos los males con que los he amenazado, pues les he hablado, y no me han oído; los he llamado, y no me han respondido. J8 Pero al clan de los recabitas les dijo Jeremías: Por haber obedecido al mandato de Jonadab, vuestro padre, cumpliendo cuanto os mandó, 19 por eso así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: No dejará de haber siempre ante mi presencia un varón de la estirpe de Jonadab, hijo de Recab, que me sirva.

El profeta había convocado a los recabitas a la cámara del templo por orden de Yahvé, sin saber el sentido de ello, y, cuando se hallaba reunido con los fieles descendientes de Recab, recibe una comunicación divina explicando lo acaecido. Todo ha sido ejecutado para dar una reprensión al pueblo judío, infiel a los mandatos divinos. El profeta contrasta la conducta de los recabitas con la de sus compatriotas. Aquéllos obedecen ciegamente a un precepto humano dado sólo en una ocasión, mientras que los israelitas desobedecen a un precepto divino que reiteradamente les ha sido propuesto (ν. 14-15). Por eso, el castigo es inevitable (ν.17); pero, a pesar de la catαstrofe que se avecina, los hijos de Recab se salvarán y estarán siempre ante la presencia de Yahvé (v.19), e.d., gozarán de su protección 10. No sabemos más de la suerte de este clan ejemplar después del exilio, pero en la historia santa quedó como modelo de fidelidad a Yahvé.

1 Cf. Jue 1:16. — 2 Cf. Jue 1:16. — 3 cf. Jue 4:11-17; 5:24615 — 4 cf. 2 Re 10:15-23. — 5 Cf. Jer 35:7. — 6 Cf. Diodoro De Sicilia, 19:94. — 7 Cf. Os 2:16-17. — 1 Las dos series de oráculos están incluidas en los c.1-25 y c.20-35. — 2 Cf. 1 Re 6:5; 1 Crón 26:12; 2 Crón 31:11; Ez 40,12; 43:1; Neh 10:38; 13:4; Jer 26:10. — 3 Cf. Jer 40,8; 1 Re 25:23. — 4 A los profetas se les solía llamar hombres de Dios: cf. 1 Re 12:22; 13:1. — 5 Cf. Jer 26:10. — 6 Cf. 1 Re 6:5. — 7 Cf. Jer 52:24. Mahasías puede ser el mismo que aparece en 21:15; 29:25; 37:3· — 8 Cf. Ex 20:12; Dt 5:16; 4:40. — 9 Cf. 2 Re 24.2. — 10 La frase se aplica al siervo que está pronto a servir a su señor (1 Re 1:2; 10:8) y a los sacerdotes (Dt 10:8).
36. Lectura publica de las Profecías de Jeremías.
Con este capítulo comienza la tercera sección del libro de Jeremías (c.30-45), que se caracteriza por el tono biográfico. El c.36 es como una introducción a toda la sección. Es interesantísimo desde el punto de vista biográfico, ya que nos refleja el modo como Jeremías ponía por escrito sus oráculos, tomando como amanuense al fiel discípulo Baruc, y, por otra parte, describe las vicisitudes a que estaban sometidos los escritos profeticos en esta época en que la clase dirigente de Judá estaba contra él. El estilo de estos relatos es sencillo y lleno de frescor, reflejando las circunstancias del momento.
Lectura pública de los oráculos de Jeremías en el templo (1-10)
1 El año quinto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, recibió Jeremías palabra de Yahvé, diciéndole: 2 Toma un volumen y escribe en él todo cuanto yo te he dicho contra Jerusalén, y contra Judá, y contra todas las naciones desde el día en que te hablé en tiempo de Josías hasta hoy, 3 a ver si, oyendo la casa de Judá todos los males que yo pienso traer sobre ella, se convierte cada uno de sus malos caminos, y yo les perdonaré sus iniquidades y pecados. 4 Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y escribió éste en un volumen, dictándole Jeremías, todas las palabras que Yahvé le había dicho. 5 Y le dijo Jeremías a Baruc: Yo estoy impedido de poder ir a la casa de Yahvé; 6 vete, pues, tú y en el libro que a mi dictado has escrito lee las palabras de Yahvé, oyendo el pueblo en el templo en un día de ayuno y oyendo todos los que vienen de todo Judá y de sus ciudades, 7 a ver si acaso sus oraciones llegan a la presencia de Yahvé y se convierte cada uno de sus malos caminos, porque grande es el furor y la indignación con que amenaza Yahvé a este pueblo. 8 Hizo, pues, Baruc, hijo de Nerías, lo que había mandado Jeremías, profeta, y leyó en el libro las palabras de Yahvé en la casa de Yahvé. 9 Sucedió, pues, el año quinto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, que se promulgó un ayuno a todo el pueblo de Jerusalén y a todos cuantos venían a Jerusalén de las ciudades de Judá, 10 y leyó Baruc el libro de los sermones de Jeremías en el templo, en la cámara de Gamarías, hijo de Safan, escriba, en el vestíbulo superior, a la entrada de la Puerta Nueva del templo, oyendo todo el pueblo.

La lectura de los oráculos de Jeremías por Baruc es datada en el año quinto de Joaquim, rey de Judá, es decir, en el 605, pues Joaquim sucedió a su hermano Joacaz (que reinó tres meses) en el año 609. En 605, Nabucodonosor era virtualmente dueño de Palestina, pues había descendido en sus incursiones hasta la frontera egipcia, expulsando definitivamente al faraón Necao de la costa siró-palestina. Las invitaciones del profeta a someterse a la potencia babilónica eran algo elemental desde el punto de vista de la prudencia. Yahvé quiere que Jeremías recoja por escrito los oráculos proferidos durante veintitrés años desde los tiempos de Josías, para hacer un último llamamiento a la cordura y a la penitencia (v.3), ya que los destinos de Judá estaban, en definitiva, en manos de Yahvé y no en las combinaciones políticas proegipcias que privaban en la corte de Jerusalén.
Jeremías pide el concurso a su fiel discípulo, escriba de profesión (v.26), Baruc, que nos es ya conocido l. Fue tan fiel al profeta, que le siguió en el exilio a Egipto 2. Debe escribirlo en un volumen o meghillah, es decir, un rollo de cuero o de papiro que se enrollaba (de ahí la palabra volumen, de volvo) en un pequeño eje de madera. Para leerlo se desenrollaba de derecha a izquierda, y la parte descubierta se dejaba caer o se enrollaba en otro pequeño eje de madera. Baruc escribió todas las palabras de Jeremías al dictado. Parece ser un resumen de los oráculos del profeta, ya que no es posible que sea todo el libro actual, pues Baruc lo leyó varias veces en el mismo día. La finalidad de consignarlos por escrito era primeramente para darlos a conocer al pueblo de Judá en una última llamada al arrepentimiento, para que se convirtiera cada uno de sus malos caminos (v.3). Pero, además, Dios quería que permanecieran escritos para la posteridad, pues, una vez que han sido quemados por el rey, le manda escribirlos de nuevo, sin ordenar que los leyera públicamente.
Jeremías, probablemente, tenía notas personales sobre sus oráculos anteriores, pero quiere que un escriba de profesión las consigne, sin duda porque así eran más legibles. Jeremías era sacerdote, y es de suponer que sabía escribir. Además, cuando compró el famoso campo de Anatot no se dice que utilizara secretario 3. El profeta envía a Baruc a leer sus profecías al templo, pues no puede personalmente (v.5), probablemente por razones de prudencia, pues sabía la hostilidad de que era objeto por parte de las clases dirigentes. No estaba en prisión, pues en el v.iq se dice que los dignatarios le invitan a esconderse. Por otra parte, el secretario Baruc, de familia de buena posición, era un buen sustituto de Jeremías. La ocasión de la lectura fue la concentración del pueblo en un día de ayuno (v.6). Debe de ser un día de ayuno excepcional, como los que se tenían en momentos de calamidades públicas4. En el Levítico se prescribían actos de "humillación del alma" como expiación ante Dios 5. Entre ellos estaba el ayuno. Zacarías, en el siglo VI a C., habla de ayunos públicos en el quinto, séptimo y décimo mes 6. Jeremías espera que, con la lectura de sus oráculos conminatorios, el pueblo se convierta a Yahvé (ν.7).
En efecto, en el año quinto de Joaquim, en el mes noveno (v.8), se promulgó un ayuno a todo el pueblo de Jerusalén. Teniendo en cuenta que el año religioso comenzaba en el mes de Nisán (marzo-abril), tenemos que el mes noveno es el de noviembre-diciembre. Por otra parte, por el v.22 sabemos que el rey estaba en el departamento de invierno de su palacio, calentándose al fuego, cuando leyó y quemó el volumen de los oráculos de Jeremías. Así, pues, hacia diciembre del 604 tuvo lugar la lectura de los oráculos de Jeremías en el templo.
Baruc da detalles exactos del lugar en que leyó los oráculos de su maestro: en la cámara de Gamarías (v.10), sin duda uno de los amigos de Jeremías 7. El vestíbulo superior parece ser el atrio interno, al que podían entrar sólo los varones israelitas. La Puerta Nueva debe de ser la que daba acceso del atrio exterior al interior 8.
Lectura de las profecías ante los magnates (11-19)
11 Y habiendo oído Miqueas, hijo de Gamarías, hijo de Safan, las palabras de Yahvé del libro, 12 bajó al palacio del rey, a la cámara del escriba, donde se hallaban todos los grandes: Elisama, escriba; Dalaías, hijo de Semeía, y Elnatán, hijo de Ajabor, y Gamarías, hijo de Safan, y Sedecías, hijo cíe Ananías, y todos los dignatarios, 13 y les comunicó Miqueas todo lo que había oído leer a Baruc del volumen ante el pueblo. 14Mandaron, pues, todos los magnates a Judí, hijo de Natanías, hijo de Selemías, hijo de Cusí, para decir a Baruc: Ven y trae el volumen que has leído al pueblo. Tomó, pues, Baruc el volumen y vino con él a ellos, 15que le dijeron: Siéntate y léenos eso a nosotros, y se lo leyó Baruc. 16Cuando oyeron, pues, todo aquello, mostráronse unos a otros atónitos, y dijeron a Baruc: Tenemos que comunicar esto al rey, 17y le dijeron: Indícanos cómo has escrito tú esto. 18Baruc les dijo: El me dictaba todas estas palabras de su propia boca, y yo lo escribía con tinta en el libro. 19 Y dijeron los magnates a Baruc: Ve y escóndete, y que se esconda también Jeremías, sin que sepa nadie dónde estáis.

Parece que la lectura de los oráculos ante el pueblo sembró la consternación en unos y la ironía en otros. Miqueas, que no parece ser hostil al profeta, impresionado, cree verse obligado a comunicar lo ocurrido a los dirigentes (v.12). La cámara del escriba, o secretario real, debía de ser una cancillería del Estado en la que se reunían los magnates de Judá 9. Parece que éstos no eran hostiles del todo al profeta de Anatot. Entre ellos habría muchos del tiempo de Josías, que habían amparado a Jeremías, su fiel colaborador en la reforma religiosa 10. Enterados de lo que les dijo Miqueas, quisieron cerciorarse personalmente del contenido del volumen leído por Baruc al pueblo (v.14). Reciben con deferencia a Baruc, invitándole a sentarse y a leerles los oráculos (v.15). Les impresionó la lectura de tantas profecías conminatorias contra la ciudad, el templo y la casa real, y, sobre todo, les aterró la impresión derrotista que pudieran haber causado la lectura de éstos ante el pueblo, cuya moral había que preparar para la resistencia ante el eventual asedio de los babilonios. Decidieron comunicar el asunto al rey, pero antes querían saber ciertamente quién era el autor de estos oráculos: indícanos cómo has escrito esto (ν.17). Baruc dice que sσlo ha sido un simple copista, ya que escribió al dictado de Jeremías (v.18). Con ello quiere decir que considera las profecías como expresión de la voluntad de Yahvé, pues conceptuaba a su maestro Jeremías como su mensajero. Los magnates, conocedores del carácter tiránico y susceptible del rey, invitan a Baruc a que se esconda con su maestro Jeremías (v.19).
Lectura de los oráculos ante el rey (20-26)
20 Ellos se fueron al rey, al atrio, dejando el volumen en la cámara de Elisama, escriba, y dijeron al rey lo que pasaba. 21 Mandó el rey a Judí que llevara el volumen, y éste lo tomó de la cámara de Elisama y lo leyó en presencia del rey y en presencia de todos los dignatarios que estaban junto a él. 22 Estaba el rey en las habitaciones de invierno; era el noveno mes, y tenía delante de sí un brasero encendido, 23 y, según iba leyendo Judí tres o cuatro columnas, lo iba rasgando (el rey) con el cuchillo del escriba, y lo arrojaba al fuego del brasero, hasta que lo quemó todo. 24 No temieron ni rasgaron sus vestiduras ni el rey ni sus cortesanos que oyeron todas aquellas palabras. 25 Sin embargo, Elnatán, Dalaías y Gamarías rogaron al rey que no quemara el volumen; pero éste no les oyó, 26 y mandó el rey a Jeremiel, hijo de Amelec, y a Sarayas, hijo de Ezriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que apresaran a Baruc, escriba, y a Jeremías, profeta; pero Yahvé los ocultó.

Los magnates se quedaron con el volumen de los oráculos, porque suponían que el rey lo había de reclamar, y si se lo devolvían a Baruc, les echaría en cara el no haberse quedado con él. De todos modos, tenían esperanzas de que el rey se contentase con un resumen del mismo, y así, de primeras no le llevan el volumen, quizá para que no conociera la crudeza de algunos oráculos, realmente derrotistas para los intereses políticos según sus cálculos humanos (v.20). Pero el rey no se contentó con una relación vaga oral, sino que exigió llevaran el volumen para leerlo personalmente (v.21). De este modo se cumplió el deseo de Jeremías de que sus oráculos fueran conocidos de todos los estratos sociales, llegando a oídos del mismo rey. Se hace notar que esto tuvo lugar en una de las cámaras reales de invierno n, en las que el rey se estaba calentando junto al brasero 12. Según el secretario lo iba leyendo, dejando libre, colgando, el rollo de papiro, el rey se apoderaba de él y con el cuchillo del escriba (utilizado para afilar las plumas y hacer correcciones) iba desgajando las hojas y echándolas al fuego (v.23) 13.
El hagiógrafo destaca el nulo resultado de la lectura de tan temibles profecías. El rey, oportunista y escéptico, no se dejó conmover por aquello que consideraba como impertinencias de Jeremías. Un siglo antes, el piadoso rey Ezequías, al percatarse del peligro de la invasión asiría, "rasgó las vestiduras" e hizo duelo vestido de "saco", echándose ceniza sobre la cabeza, según era ley en los duelos 14. Lo mismo hizo el padre de Joaquim, Josías, al oír las palabras de la Ley, encontrada en el templo 15. Hasta el impío Acab había reaccionado así ante las conminaciones del profeta Elias 16. La conducta, pues, de Joaquim no puede ser más insultante para Dios; pues, además de quemar displicentemente los oráculos, dio órdenes de buscar a Jeremías y a su secretario para apresarlos (v.26).
Orden de redactar de nuevo los oráculos (27-32)
27 Después que el rey quemó el volumen de los sermones de Jeremías que había escrito Baruc al dictado de aquél, recibió Jeremías palabra de Yahvé, que le dijo: 28 Toma un nuevo volumen y escribe en él todos los sermones anteriores que había en el primero, que quemó Joaquim, rey de Judá, 29 y a Joaquim, rey de Judá, le dirás: Así dice Yahvé: Tú has quemado aquel volumen, diciendo: ¿Por qué has escrito esto anunciando que vendrá el rey de Babilonia y devastará esta tierra, no dejando en ella hombre ni jumento? 30 Pues así dice Yahvé contra Joaquim, rey de Judá: No tendrá descendiente que le suceda en el trono de David, y su cadáver será arrojado al calor del día y al frío de la noche, 31 y le pediré cuenta a él y a su descendencia y a sus siervos de sus iniquidades, y traeré sobre ellos, y sobre los habitantes de Jerusalén, y sobre los hombres de Judá, todos los males que les he anunciado y ellos no han querido oír. 32 Tomó, pues, Jeremías otro volumen y se lo dio a Baruc, hijo de Nerías, escriba, el cual escribió de boca de Jeremías todos los sermones que quemó Joaquim, rey de Judá, y se añadieron todavía otros muchos como aquéllos.

En los planes divinos, las profecías divinas iban también dirigidas a la posteridad, y por eso, por orden divina, Jeremías tiene que redactar de nuevo sus oráculos. El gesto despectivo del rey no ha servido sino para confirmar su condenación en los planes de la justicia de Yahvé. El rey Joaquim había querido considerar como alucinaciones lo escrito en el volumen de Jeremías, pero los hechos demostrarán lo contrario. Quedará sin heredero, cesando la realeza con él (v.30). En realidad, tuvo un hijo, Joaquín o Jeconías, que le sucedió durante tres meses en el trono; pero su reinado fue ficticio, pues tuvo lugar durante el asedio, y su misión fue sólo entregar el poder a los babilonios en 598, siendo él llevado en cautividad. Le sucedió su tío, hermano de Joaquim, Sedecías; por consiguiente, no era descendencia de Joaquim, cumpliéndose así materialmente la profecía de Jeremías. Su cadáver quedó insepulto al calor del día y al frío de la noche (ν.30) 17. Υ todos los que colaboraron en su pιsima política serán igualmente presa de la justicia divina (v.32) 18.

1 Es mencionado en 32:12. Era nieto de Mahasías, antiguo gobernador de la ciudad (2 Crón 34:8) y hermano de Semeyas, intendente de Sedéelas (Jer 51:59)· — 2 Cf. Jer 43:6-7 — 3 Cf. Jer 32:10. Véase gondamin, o.c., p.264. — 4 Cf. Jue 20,26; 1 Sam 7:6; 2 Sam 1:12; Jdt 4:8. — 5 Cf. Lev 16:29; 23:37; Núm 29,7. — 6 Cf. Zac 7:3-5; 7:5; 8:19. — 7 Cf. 2 Re 22:3. — 8 Cf. 26:10. — 9 Cf. RB (1939) p-397. — 10 Algunos de los nombres aquí citados aparecen en otros lugares. Sobre la posible identificación de Elisama, cf. Jer 41:1 y 2 Re 25:25; Elnatán: cf. 2 Re 22:12.14. — 11 Cf. Am 3:15- — 12 Mes noveno falta en los LXX. — 13 Cf. Condamin, o.c., p.262. En hebreo, la palabra que traducimos por columnas propiamente significa puertas, por la semejanza del trazado de una puerta en la distribución de las columnas del papiro. — 14 Cf. Is37:1ss. — 15 Cf. 2 Re 22:1. Sobre el rito de "rasgarse las vestiduras" como signo externo de protesta, de luto y de penitencia, cf. Jos 7:6; Jue 11:351 1 Sam 4:12; 2 Sam 1:11; 13:31; 2 Ke 5 7; 6:30. — 16 Cf. 1 Re 21:27. — 17 Cf. Jer 22:19. — 18 Cf. Jer 19:15; 35:17.
37. Consulta de Sedecías y respuesta de Jeremías.
Los c.37-39 reflejan la vida trágica de Jeremías en el último período del asedio de Jerusalén por los caldeos, bajo el rey Sedecías. Por inspiración divina seguía predicando la sumisión a los babilonios, ya que Yahvé había decidido entregar Jerusalén a Nabucodonosor. Toda resistencia resultaba sin sentido, ya que no haría sino aumentar las proporciones de la catástrofe. Naturalmente, fue reiteradamente considerado como traidor a los intereses de su patria. El rey Sedecías, débil de carácter, dudaba entre seguir los consejos del profeta, que consideraba de inspiración divina, y los oportunismos políticos sugeridos por sus cortesanos. Creía encontrar en la ayuda de Egipto la salvación del peligro babilónico.
Durante el asedio, los ultranacionalistas habían constituido escuadrones autónomos, y, por su parte, administraban justicia con los derechos que se arrogaban en una supuesta guerra santa por su pueblo. Consideraban como el mayor enemigo para sus sueños patrioteros al profeta de Anatot, y constantemente atentaban contra su vida. Sus profecías conminatorias eran consideradas como oráculos de mal agüero, fruto de un pesimismo exagerado del profeta. Por eso, cuando en un momento los caldeos abandonaron el asedio para hacer frente a las tropas egipcias que subían por la costa palestina, creyeron verse libres del peligro babilonio, y cantaron victoria, considerando definitivamente equivocado y fracasado a Jeremías. Este continuó diciendo que volverían los ejércitos de Nabucodonosor y que al fin tomarían la Ciudad Santa. Sus enemigos le encarcelaron. Por fin es liberado gracias a la intervención de un etíope. Es interesante constatar que el profeta, en todos estos dificilísimos trances, no se siente abatido como en otras ocasiones de su vida en tiempo de Joaquim 1. Estaba ya habituado a la lucha y responde fidelísimamente al llamamiento profetice.
Consulta de Sedecías al profeta (1-5)
1 Reinó Sedecías, hijo de Josías, en lugar de Jeconías, hijo de Joaquim. Fue Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien le hizo rey de la tierra de Judá. 2 Y no obedecieron él, sus siervos y el pueblo de la tierra a las palabras que había hablado Yahvé por medio de Jeremías, profeta, 3 y envió el rey Sedecías a Jucal, hijo de Selemías, y a Sofoías, hijo de Mahasías, sacerdote, a Jeremías, profeta, diciéndole: Ruega por nosotros a Yahvé, nuestro Dios. 4 Y Jeremías andaba libremente entre el pueblo, pues todavía no le habían encarcelado. 5 Salió entonces de Egipto el ejército del faraón, y, al saber la nueva, los caldeos que asediaban a Jerusalén se retiraron de allí.

Después del asedio de Jerusalén por los babilonios en el 598, Nabucodonosor puso en el trono de Jerusalén a Sedecías, tío de Jeconías, que fue llevado en cautividad. Para halagar a los pueblos vencidos, solían los conquistadores babilonios poner a un nativo, a ser posible de la familia real, en el trono vacante de algún rey rebelde. Así lo había hecho también Necao II en el 609 al destituir a Joacaz, hijo de Josías, y entronizar a su hermano Joaquim, de más confianza para el faraón 2. Nabucodonosor, al poner en el trono de Judá al hermano de Joaquim, le cambió su nombre de Matanías en Sedecías en señal de dominio 3. Antes tuvo que hacer juramento de fidelidad a Babilonia. Esto le ponía en una difícil situación ante la opinión popular, que era reacia al yugo de Nabucodonosor. Aunque fundamentalmente no era hostil a Jeremías como lo había sido su hermano Joaquim, sin embargo, por congraciarse con la opinión cortesana y popular, no se atrevía a seguir los consejos prudenciales del profeta de Anatot, que predicaba la sumisión a Babilonia como mal menor 4. La expresión pueblo de la tierra (Am ha 'ares) designaba al pueblo llano, en contraposición a los de clase social elevada. Aquí tanto el pueblo como los cortesanos y el rey son culpables al desoír los consejos de Jeremías (v.2). No obstante, el rey sentía gran veneración por el profeta, y por eso le envió una segunda embajada para que intercediera ante Yahvé por los intereses muy comprometidos de su pueblo (v.3).
La retirada del ejército babilónico había hecho surgir la euforia general entre los nacionalistas a ultranza. Creían que había llegado la liberación definitiva, y suponían irónicamente que las predicciones de Jeremías habían resultado fallidas 5. Sin embargo, el rey no compartía esta euforia, pues estaba preocupado por la seriedad de las amenazas de Jeremías, al que consideraba como hombre de Yahvé. De ahí la razón de la embajada 6. El faraón Ofra 7, sucesor de Psamético II, había atacado repentinamente hacia el 588 al ejército babilonio, que estaba en Palestina en un último esfuerzo por reponerse del desastre sufrido por Necao II en Carquemis (605) 8. El choque fue violento, y la consecuencia fue que el faraón retornó a Egipto. Libres del peligro egipcio, los babilonios volverán a reanudar el asedio de Jerusalén.
Respuesta de Yahvé (6-10)
6 Y recibió Jeremías, profeta, palabra de Yahvé, diciéndole: 7 Así dice Yahvé, Dios de Israel: Decid al rey de Judá que os ha mandado a preguntarme: He aquí que el ejército del faraón que ha venido en socorro vuestro se tendrá que volver a su tierra de Egipto, 8 y volverán los caldeos a combatir esta ciudad, y la tomarán e incendiarán. 9 Así dice Yahvé: No os engañéis a vosotros mismos, diciéndoos: "Se irán los caldeos de nosotros," porque no se irán. 10 Pero, aunque destrozarais a todo el ejército caldeo que lucha contra vosotros y no quedasen de él más que algunos heridos, éstos saldrían de sus tiendas y pegarían fuego a esta ciudad.

La respuesta de Jeremías a la consulta del rey Sedecías no pudo ser más desconsoladora: el ejército babilonio volverá con nuevos ímpetus a asediar la ciudad y la incendiará (v.8). Son vanas, pues, las ilusiones fáciles de este momento, ya que, aun en el supuesto imposible de que los judíos vencieran al colosal ejército de Nabucodonosor, detrás estaba la mano de Yahvé, que con unos cuantos que quedasen. heridos entre los babilonios habría de pegar fuego a Jerusalén (v.10). La suerte de la ciudad está echada. Los babilonios son los instrumentos de la justicia divina, que inexorablemente se cumplirá.
Encarcelamiento de Jeremías (11-16)
11 Cuando se había retirado de Jerusalén el ejército caldeo por la venida del ejército del faraón, 12 salía Jeremías de Jerusalén para ir a tierra de Benjamín a hacer una partición en medio del pueblo; 13 pero, al llegar a la puerta de Benjamín, el jefe de la guardia, llamado Jerías, hijo de Selamías, hijo de Ananías, apresó a Jeremías, diciendo: ¡Tú vas a pasarte a los caldeos! 14 Jeremías respondió: Mentira, no voy a pasarme a los caldeos. Pero no escuchó Jerías a Jeremías, y, arrestándole, le condujo a los jefes, 15 que, airados contra Jeremías, le hicieron azotar y encerrar en la cárcel que había en la casa de Jonatán, escriba, de la cual habían hecho prisión. 16 Y entró Jeremías y fue metido en una cisterna abovedada, y estuvo allí mucho tiempo.

Otro precioso relato autobiográfico, lleno de verismo por sus circunstancias. Jeremías quiso aprovechar aquel intervalo del asedio para ir a su pueblo de nacimiento, Anatot, a arreglar sus negocios personales familiares. Ausentados los soldados de Nabucodonosor, era posible salir al campo y encaminarse a su lugar de nacimiento, a unos cinco kilómetros al nordeste de Jerusalén. La expresión tierra de Benjamín (v.12) indica el territorio en que estaba enclavado Anatot. La tribu de Benjamín lindaba con la Ciudad Santa. Su intención era hacer una partición en medio del pueblo, es decir, arreglar un asunto familiar de herencia o de compra. Quizá su viaje está relacionado con el campo comprado a su primo Ananeel 9. La puerta de Benjamín debía de estar cerca de la actual "puerta de Damasco," que daba acceso directamente al territorio de la tribu de Benjamín. Existía una puerta de Benjamín en la parte septentrional del recinto del templo 10, pero aquí debe de aludir a una puerta de los muros exteriores de la ciudad. Algunos la identifican con la "puerta de las Ovejas" 11, pero es más probable que corresponda a "la puerta de los Peces" 12, al oeste de la torre Ananeel, en la dirección de la actual "puerta de Damasco." Allí fue apresado Jeremías cuando salía para Anatot, acusado de querer pasarse a los caldeos. Era el pretexto para encarcelarle. Tantas veces había predicado la rendición a los babilonios 13, que bien podía sospecharse de él que era un espía de los asediantes. Jeremías protesta enérgicamente contra esta acusación de traición (v.14). De nada le sirvió su protesta, pues fue llevado a los jefes, mal dispuestos contra el profeta (v.15), los cuales, después de azotarle, le encerraron en una cisterna abovedada, o cavidad subterránea, utilizada, cuando estaba seca, para prisión 14.
Jeremías suplica al rey que le deje libre (17-21)
17 Mandó a buscarle el rey Sedéelas, y le preguntó en secreto en el palacio: ¿Hay palabra de Yahvé? 18 Sí, la hay, contestó Jeremías: Serás entregado en manos del rey de Babilonia. Y dijo Jeremías al rey Sedecías: ¿Qué pecado he cometido yo contra tí, contra tus cortesanos y contra tu pueblo, para que me hayáis metido en la cárcel? 19 Dónde están ahora vuestros profetas, que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros y contra esta tierra? 20 Óyeme, pues; ¡oh rey, mi señor! te lo ruego; acoge mi súplica y no me vuelvas a la prisión de la casa de Jonatán, escriba, porque moriré allí. 21 Mandó, pues, el rey Sedecías que fuese llevado al vestíbulo de la guardia y se le diese cada día una torta de pan de la calle de los Horneros, mientras no faltase del todo el pan en la ciudad. Así quedó Jeremías en el vestíbulo de la guardia.

Mientras tanto, las circunstancias habían cambiado. Después de haber sido vencidos los egipcios, las tropas de Nabucodonosor iban a volver de nuevo a poner sitio a Jerusalén. Las ilusiones de liberación fomentadas por los falsos profetas se desvanecían, y el rey empezó a pensar de nuevo en las predicciones sombrías de Jeremías, que tenía todos los visos de profeta auténtico de Yahvé. Quiso entrevistarse con él en secreto para no contrariar a los cortesanos enemigos de Jeremías y de su política religiosa. El rey ha llegado a la conclusión de que sólo Yahvé puede salvar la ciudad, y tiene esperanzas que modifique las predicciones derrotistas comunicadas antes por el profeta; por eso le pregunta ansioso: ¿Hay palabra de Yahvé? (v.17). Sabía que Jeremías recibía muchas comunicaciones divinas relativas a la suerte del pueblo judío. ¿Qué designios tenía actualmente Yahvé sobre Jerusalén y sobre la suerte del rey? Jeremías, a pesar de hallarse extenuado por los tratos recibidos, dice con energía a su rey, sin abdicar de su condición de mensajero de Dios: Sí, la hay.; serás entregado en manos del rey de Babilonia (v.16). El profeta, pues, fiel a su misión, seguía anunciando la misma suerte trágica para la familia real. La injusticia ha colmado el cáliz de la ira divina, y llega la hora de la cuenta, en la que se confirmarán los trágicos vaticinios de Jeremías.
Después proclama su inocencia ante el rey y protesta enérgicamente contra el trato injusto que se le da. No pide piedad, sino justicia: ¿Qué pecado he cometido yo contra ti. para que me hayas metido en la cárcel ? (ν. 18). El rey, en definitiva, era el responsable de que ιl estuviera en la prisiσn, pues consentνa la injusta conducta de sus funcionarios. Y a continuación Jeremías pregunta con ironía por los falsos profetas (v.19). Ellos, deseando halagar al rey y a sus cortesanos, han anunciado la liberación, engañándolos miserablemente, pues ya tienen de nuevo a los babilonios cercándolos, y, en cambio, esos falsos profetas están libres o huyeron avergonzados. Mientras que Jeremías, que anunció lo que le comunicaba Dios, y cuyas predicciones se están cumpliendo, está encarcelado. Proclamada su inocencia, hace una súplica de liberación al rey (v.20). El rey no se atrevió a libertarlo del todo, pero por sentimientos de humanitarismo le mitigó la pena, ya que la prisión en el fondo de la cisterna era condenarle a muerte lenta e inhumana. Así, pues, Jeremías quedó, en calidad de libertad vigilada, en el vestíbulo de la guardia del palacio, y el rey le señaló una mínima ración de subsistencia 15.

1 Cf. Jer 20:7s. — 2 Cf. 2 Re 23:34- — 3 Cf. 2 Crón 36:10; Ez 17:13-20; Jer 22:11. — 4 Cf. 2 Crón 36:13-16. — 5 Cf. Jer 37:19. — 6 Algunos de los personajes de la embajada son conocidos por otros textos (cf. Jer 21:1; 36:26). — 7 Desde la batalla de Carquemis (605), los faraones no habían invadido militarmente Palestina, pero seguían intrigando, fomentando la rebelión de los pequeños estados de la costa siro-fenicio-palestina contra el invasor babilónico (cf. 2 Re 24:7). Necao (610-593) siguió esta política, y después de él Psamético II (593-588). — 8 Ofra es el Apries de los griegos y el Ouhibre de los egipcios (588-566). — 9 Cf. Jer 32:6-15. — 10 Cf. Jer 2:2. — 11 Cf. Neh 3:1; 12:39. — 12 2 Crón 33:14; Sof 1:10. — 13 Cf. Jer 21:8; 38:2. — 14 Cf. Jer 36:6; Lam 3:53; Zac 9:11. — 15 Es interesante el dato de que la torta de pan estaba hecha en la calle de los Horneros panaderos. Esto nos indica que la artesanía se distribuía por calles, como aún se ve en Oriente y era corriente en Europa en la Edad Media (cf. Jer 19:2:) "puerta de los Alfareros"; — 16 Re 20:34; Neh 3:32. Sobre la carestía en Jerusalén en el tiempo del asedio, cf. Jer 52:6; Lam 2:19; 4:9.20; 5:10. En estas circunstancias, la ración señalada a Jeremías no era mezquina.
38. Jeremías es encarcelado de Nuevo.
Aquí se habla de nuevo de un encarcelamiento del profeta, que es arrojado por sus enemigos a una lúgubre celda. Por intercesión del etíope Abdemelec es sacado y llevado a presencia del rey. Este le interroga de nuevo sobre la suerte de Jerusalén. Jeremías le invita otra vez a someterse a Babilonia como condición para salvar su vida. Es el último coloquio con el rey. Los acontecimientos se desarrollan con tanta celeridad, que la catástrofe se precipita por momentos. Los vaticinios de Jeremías se cumplen inexorablemente, y su misión de profeta va a entrar en su última fase, la posterior a la destrucción de Jerusalén. Los incidentes aquí relatados pertenecen a los últimos meses del asedio (588-586).
Jeremías, arrojado a la cisterna (1-6)
1 Oyeron Safatías, hijo de Matan; Guedelías, hijo de Pasjur; Jucal, hijo de Selemías, y Pasjur, hijo de Melquías, que Jeremías decía delante de todo el pueblo: 2 Así dice Yahvé: Todos cuantos se queden en esta ciudad morirán de espada, de hambre y de peste; el que huya a los caldeos vivirá y tendrá la vida por botín. 3 Así dice Yahvé: Con toda certeza, esta ciudad caerá en manos del ejército del rey de Babilonia, que la tomará. 4 Y dijeron los magnates al rey: Hay que matar a ese hombre, porque con eso hace flaquear las manos de los guerreros que quedan en la ciudad, y las de todo el pueblo, diciéndoles cosas tales. Este hombre no busca la paz de este pueblo, sino su mal. 5 Díjoles el rey Sedecías: En vuestras manos está, pues no puede el rey nada contra vosotros. 6 Prendieron, pues, a Jeremías y le metieron en la cisterna de Melquías, hijo del rey, que está en el vestíbulo de la cárcel, bajándole con cuerdas a la cisterna, en la que no había agua, aunque sí lodo, y quedó Jeremías metido en el lodo.

Jeremías continuaba aconsejando la rendición al pueblo. Los nacionalistas no pudieron soportar esto, que consideraban contrario a los intereses de su pueblo. Algunos de los que ahora atentan contra la vida del profeta nos son conocidos 1. Parece que el profeta, en su relativa prisión en el vestíbulo de la guardia, continuaba predicando la sumisión al invasor babilónico, invitando a pasar a las filas del enemigo como único medio de salvación, pues los que quedaran en la ciudad morirían por la espada, el hambre y la peste (v.2). Ya que no había logrado convencer al rey de la inutilidad de la resistencia, al menos que el pueblo sencillo se pusiera a salvo, pues resultaba criminal la pretensión de resistencia en tales circunstancias: el que huya a los caldeos tendrá la vida por botín, e.d., en estas circunstancias críticas sólo el hecho de salvarse supone un riquísimo botín. Pero este lenguaje era considerado como traidor por los nacionalistas (v.4) 2. Indudablemente, desde el punto de vista meramente humano, la predicación derrotista del profeta sembraba la desmoralización de los defensores de la ciudad. No habría otra solución que quitar del medio a esa voz traidora e inoportuna. Para ellos, Jeremías no era patriota: no busca la paz de este pueblo, sino el mal (v.4). El rey accedió, pues, débil como era, no se atrevió a hacer frente a los airados nacionalistas: En vuestras manos está (v.5). Y confiesa que, en esos momentos de superexcitación nacionalista, él, como soberano, nada puede: Nada puede el rey contra vosotros. En esta frase se refleja su espíritu vacilante y pusilánime 3. Es la solución de Pilatos ante las exigencias de los sanedritas 4.
Los jefes nacionalistas, con anuencia del rey, arrojaron al profeta a una cisterna. No se atrevieron a derramar su sangre, y prefirieron una muerte incruenta. El hecho de derramar sangre les impresionaba más 5.
La expresión hijo del rey (v.6) tiene el sentido amplio de "pariente" del rey, príncipe 6, pues no conocemos ningún hijo de Sedecías con ese nombre. La cisterna estaba cerca del vestíbulo de la guardia, en los departamentos del mismo palacio. El hagiógrafo da el detalle de que, aunque no tenía agua, estaba llena de barro, para dar una idea de lo penoso que resultaría para el profeta estar allí. Estaba, pues, condenado a muerte lenta.
Jeremías es sacado de la cisterna (7-13)
1 Oyó Abdemelec, etíope, eunuco de la casa real, que habían metido a Jeremías en la cisterna. El rey estaba entonces en la puerta de Benjamín. " Salió Abdemelec del palacio, y fue a decir al rey: 9 Rey, mi señor, han hecho mal esos hombres tratando así a Jeremías, profeta, metiéndole en la cisterna para que muera allí de hambre, pues no hay ya pan en la ciudad. 10 Mandó el rey a Abdemelec el etíope, diciéndole: Toma contigo tres hombres y saca de la cisterna a Jeremías antes de que muera. 11Tomando, pues, consigo Abdemelec a los hombres, se dirigió al ropero del palacio, y tomó de allí unos cuantos vestidos usados y ropas viejas, que con cuerdas se hizo llegar a Jeremías en la cisterna. 12 Y dijo Abdemelec el etíope a Jeremías: Ponte estos trapos y ropas viejas debajo de los sobacos, sobre las cuerdas. Hízolo así Jeremías, 13 y sacaron con las cuerdas a Jeremías de la cisterna, y quedó Jeremías en el vestíbulo de la cárcel.

El cronista se complace en relatar que la iniciativa de liberación del profeta partió de un extranjero, un etiope o nubio7, que era eunuco, palabra que puede significar un hombre mutilado, encargado del harén real, o simplemente un funcionario real 8. Un extranjero, pues, sale valedor de los derechos de un profeta de Yahvé. En esto hay un tono de ironía en el hagiógrafo. Los compatriotas de Jeremías le quieren matar, mientras que los extranjeros le reconocen como enviado de Dios. Sobre la puerta de Benjamín véase lo antes dicho a propósito de 37:13. El rey se hallaba allí circunstancialmente, quizá inspeccionando las obras de defensa.
El eunuco sabe que el rey es débil de carácter y que, si bien no ha sabido imponerse a los inicuos designios de sus cortesanos respecto a Jeremías, tiene buenos sentimientos, y por eso le aborda de improviso, seguro de su éxito, recriminando la conducta de sus cortesanos (v.8). El etíope convence al rey, y éste le da tres hombres 9 que le ayuden en la liberación del profeta. Después el cronista da encantadores detalles sobre la liberación de Jeremías. El buen etíope se había preocupado de que el profeta no se lastimara al ser levantado con la soga, y de antemano le echa ropas que le sirvieran de amortiguador debajo de ésta (v.12). Esta acción del eunuco fue premiada por el profeta con un vaticinio en el que le anuncia que se salvará de la catástrofe 10.
Ultimo coloquio de Jeremías con el rey Sedéelas (14-28)
14 El rey Sedéelas mandó buscar a Jeremías y le hizo llevar junto a la tercera entrada del templo, y allí le dijo: Voy a preguntarte una cosa. No me ocultes nada. 15 Dijo Jeremías a Sedecías: Si te la digo, me harás matar; y si te doy un consejo, no lo seguirás. 16 Hizo, pues, en secreto Sedecías a Jeremías este juramento: Vive Yahvé, que no ha dado la vida a nosotros, que no te daré la muerte y que no te entregaré a esos que buscan tu vida. 17 Dijo entonces Jeremías a Sedecías: Así dice Yahvé de los ejércitos: Si sales y vas a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, salvarás tu vida, y esta ciudad no será dada a las llamas, te salvarás tú y tu familia; 18 pero, si no sales a entregarte a los jefes del rey de Babilonia, caerá esta ciudad en manos de los caldeos, que la incendiarán, y tú no te escaparás de sus manos. 19 Y dijo el rey Sedecías a Jeremías: Temo que me entreguen a los judíos que se han pasado a los caldeos, y aquéllos me escarnezcan. 20Contestóle Jeremías: No te entregarán. Oye lo que te digo de parte de Yahvé, y te saldrá bien y vivirás. 21Y si no quieres salir, mira lo que me ha mostrado Yahvé: 22Todas las mujeres que han quedado en el palacio serán llevadas a los jefes del rey de Babilonia, y he aquí que dirán: "¡Te han engañado y te han vencido tus amigos, han hundido en el lodo tus pies, te volvieron la espalda!" 23 Y todas las mujeres y tus hijos serán llevados a los caldeos, y tú no escaparás a sus manos, sino que serás entregado al rey de Babilonia, y esta ciudad será incendiada. 24 Dijo, pues, el rey Sedecías a Jeremías: Que nadie sepa nada de esto, y no morirás. 25 Si saben los magnates que he hablado contigo y vienen a decirte: Cuéntanos lo que has dicho al rey, no nos ocultes nada; si no, te mataremos, y dinos lo que el rey te ha dicho, 26les responderás: He suplicado al rey que no me haga volver a la casa de Jonatán, pues moriría allí. 27 Vinieron, en efecto, los magnates a Jeremías y le preguntaron; y él les dijo lo que el rey había mandado decir, y le dejaron, pues nada se había sabido. 28 Quedó Jeremías en el vestíbulo de la guardia hasta el día en que fue tomada Jerusalén.

Las condiciones del asedio van empeorando, pues aumentan las deserciones, faltan los alimentos, y la situación se hace desesperada. El rey, impresionado, quiere de nuevo consultar a Jeremías para que le dé una palabra de esperanza. En realidad piensa como el profeta, pero tiene miedo a sus cortesanos, que quieren mantener una resistencia a ultranza, y por otra parte teme a los judíos perseguidos por su política que se pasaron al enemigo. Su situación es realmente comprometida. Así, hizo llamar (a Jeremías) junto a la tercera entrada del templo (v.14). Debe de referirse a la puerta que en la parte sur de la explanada del templo estaba reservada al rey para subir de su palacio al santuario11. Allí, pues, en uno de los departamentos secretos, debió de tener el coloquio último con el profeta de Anatot. Esperaba aún una comunicación divina favorable a sus cálculos políticos, pues no podía creer que Yahvé abandonara la Ciudad Santa a sus enemigos. Pero Jeremías desconfía de la debilidad del rey. Ya le ha dicho tantas veces sus predicciones, que han quedado sin efecto, que no merece la pena comunicárselas de nuevo: Si te doy un consejo, no lo seguirás. Por otra parte, si le va a anunciar cosas desagradables, teme que el rey,, en un momento de ataque nervioso, le entregue a sus enemigos y le maten: Sí te la digo, ¿no me vas a matar? (v.15).
El rey hace un juramento solemne, apelando al Dios de los vivientes, de que no atentará contra la vida de Jeremías (v.16). Jeremías entonces comunica de parte de Dios el oráculo final sobre la suerte de Jerusalén y del rey, que resume los anteriores pronunciados en las otras entrevistas con el rey 12. Los caldeos tomarán Jerusalén, y no queda sino rendirse a ellos. Como antes había anunciado, la salvación para los particulares está en que se pasen a los caldeos; igualmente, si el rey pasa a los jefes del rey de Babilonia, se salvará (v.17).
Pero el rey alberga otros temores. No basta conseguir de los babilonios que le perdonen la vida, sino que tiene enemigos de su nación entre éstos. Todos los que eran contrarios a una política de resistencia y de guerra se habían pasado al lado caldeo, entre ellos el que había de ser gobernador de Judá, Godolías 13. Estos consideraban al rey responsable de la catástrofe al aventurarse a una resistencia inútil, planteada por grupos de nacionalistas irresponsables (v.19). El rey, pues, estaba más preocupado de sus intereses personales que de los de la nación. Jeremías le asegura que no le pasará nada, pues Yahvé le protegerá (v.20). El rey estaba preocupado de que le escarnecieran sus antiguos subditos pasados a los caldeos. Más vergonzoso será el escarnio que harán de él las mujeres de palacio, tomadas por los jefes caldeos, las cuales satíricamente le echarán en cara que las ha llevado a la ruina por dejarse guiar de sus cortesanos y amigos, que en el momento crítico le han abandonado: Te han engañado. y vencido tus amigos., te volvieron la espalda (v.22). Sus antiguas esposas y concubinas le despreciarán, incluso para hacer méritos ante los nuevos amos.
Si continúa la resistencia, será la ruina total de su familia, y él tendrá que comparecer personalmente ante Nabucodonosor (v.23). Sedecías oye todo esto, y no se atreve a tomar una solución firme, y, al contrario, sólo se preocupa de su posición ante los cortesanos. Teme que éstos se enteren de lo hablado en la entrevista y que desconfíen del rey, tomando una resolución extrema, destronándolo.
Por eso dice a Jeremías que no informe a nadie sobre lo hablado (v.24). Y le sugiere que diga que han hablado del asunto de su libertad (v.26). Sin duda que entre ambos se trató también de esto. Jeremías no tenía obligación de decir lo que había constituido objeto principal de la entrevista. Por razones de prudencia lo calla, y da como razón algo que se habría tratado en ella, si bien de modo más incidental. El profeta, pues, aquí no miente. Dada su actual entereza, habría dicho todo si lo hubiera creído necesario. Pero los magnates no merecían que les dijera toda la verdad. No hay inmoralidad en ello. Cuando Samuel fue a ungir a David en Belén, por orden de Dios dice a los que le preguntaban por el fin de su viaje que iba a sacrificar a Yahvé, callando el motivo principal del mismo 14. Jeremías volvió a su prisión tolerable del vestíbulo de la guardia, y allí estuvo hasta que entraron los babilonios (v.28).

1 Cf. Jer 21:1; 37:3· — 2 La frase hace flaquear las manos de los combatientes aparece en la carta sexta de Lakis (cf. Jer 37:15). — 3 En el texto griego, en vez de nosotros, se dice ellos. En ese caso sería una observación del hagiógrafo. — 4 Cf. Mt 27:24. — 5 Es la razón por la que Rubén aconsejó a sus hermanos echar a José en una cisterna en vez de matarle (cf. Gen 37:21-22). — 6 Cf. Jer 36:26. La Vulgata traduce "hijo de Amelec," tomando como nombre propio el nombre común de rey (Melek). — 7 Cf. Is 18:2; 45:14; Jer 46:9. — 8 Cf. Jer 34:19; 29:2. — 9 Todos los manuscritos hebreos (menos uno) y las versiones dicen treinta en vez de tres; pero la mayor parte de los autores creen que es una confusión en la palabra hebrea sheloshim (treinta) en vez de sheloshah (tres). — 10 Cf.Jer 39:15. — 11 Cf. 2 Re 16:18. — 12 Cf. Jer 21:4-10; 34:2-5; : — 13 Cf. Jer 40:5s. — 14 Cf. 1 Sam 16:5.
39. Toma de Jerusalen. Liberación de Jeremías.
Son clásicas las anomalías redaccionales de este capítulo: a) los v-4-13 faltan en los LXX; b) los v. 1-2 y 4-13 parecen un resumen del c.52; c) el v.14 empalma perfectamente con el v.3, mientras que resulta violento después del v.13 del texto actual; d) la liberación del profeta, iniciada en 38:28, se continúa en 39,3 y se concluye en 39:11-14. Por otra parte, los v.1-2 y 4-10, relativos a la historia del asedio y suerte del rey, reproducen sustancialmente los textos de Jer 52:4-16 y 2 Re 25:1-12. Todo esto hace pensar en posteriores retoques redaccionales, en los que se mezclan textos diversos. Se pueden considerar como adiciones redaccionales posteriores los v.1-2 y 4-10.
En el capítulo se narran la toma de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor, la huida y captura de Sedecías y la liberación de Jeremías, terminando con una profecía salvadora relativa al etíope Abdemelec, antiguo libertador del profeta.
Toma de Jerusalén por los caldeos (1-3)
1 Y sucedió que fue tomada Jerusalén. El año noveno de Sedecías, rey de Judá, en el décimo mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, con todo su ejército a Jerusalén y la sitió, 2 y el año undécimo de Sedecías, el cuarto mes, se abrió la brecha, 3 y penetraron en la ciudad los jefes del rey de Babilonia y ocuparon la puerta del medio: Nergalsareser, Samgar-Nebo, Sarsakim, "rabsaris"; Nergalsareser, "rabmag," y todos los otros jefes del rey de Babilonia.

El hagiógrafo da la datación exacta de un hecho tan trascendental como la caída de Jerusalén, la Ciudad Santa. El décimo mes del año noveno de Sedecías (v.1) corresponde a diciembre 589-enero 588.
Es la fecha exacta (en 52:4 se dice que comenzó en el día diez de dicho décimo mes) del principio del asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor. Este dirigía las operaciones generales desde el cuartel general, instalado en Ribla, sobre el Orontes (Alta Siria). El general jefe de las operaciones dirigidas contra Jerusalén fue Nabuzardán 1. El asedio duró año y medio, ya que los caldeos entraron (se abrió la brecha, v.2) en el cuarto mes del año undécimo de Sedecías, es decir, en junio-julio del 587 a.C. El cronista da con detalles los nombres del estado mayor del ejército invasor, que se instaló en la puerta del medio (v.3), que nos es desconocida. Se supone que sea una denominación genérica para designar una puerta en el centro de la ciudad. Se la ha querido identificar con la puerta de Efraím, junto al actual santo sepulcro, en el primer muro que unía la colina occidental con la colina del templo 2.
De los cuatro nombres propios de los babilonios dados en el texto, el tercero y cuarto van acompañados de su título oficial. El primero y el cuarto son nombres idénticos. En la transcripción arriba puesta hemos seguido el texto hebreo, pues el griego y el latino son bastante diferentes. Conocemos una lista de dignatarios de la corte de Nabucodonosor, conservada en un prisma, actualmente en Constantinopla 3, en la que aparecen los nombres de Nabuzardán y Nergalsareser, que encontramos también en este texto de Jeremías. A este último se le llama "el hombre de Sin-Magir," que debe de ser lo que el hebreo transcribe como Samgar. Sarsakim debe de ser una ditografía de rabsaris o sar-saris, que significa "jefe de los eunucos." Nebo debe de ser Nabusezbán (v.13), que ha perdido sezban por semejanza con el nombre siguiente. Nergalsareser4 parece ser el que después será sucesor de Nabucodonosor, al que en las listas de reyes se le llama Neriglisar, que reinó desde el 560 al 556 a.C. El título de rabmag corresponde al nombre babilónico rab-mugi, que se ha traducido por "alto funcionario"5 en la corte civil. Así, pues, en esta maraña de nombres dados por la Biblia quedan sólo como nombres propios reconocibles en las inscripciones cuneiformes Nergalsareser y Nabusezbán.
Huida y prendimiento de Sedecías (4-10)
4 Al verlos Sedecías, rey de Judá, y todos sus hombres de guerra, huyeron, saliendo de noche de la ciudad por el camino del jardín real, por la puerta de entre los dos muros, y se dirigieron hacia el Araba. 5 El ejército de los caldeos los persiguió, y alcanzó a Sedecías en las estepas de Jericó, llevándole preso a Nabucodonosor, rey de Babilonia, que estaba en Ribla, en la tierra de Jamat. El rey de Babilonia pronunció contra él su sentencia. 6 Hizo matar en Ribla a los hijos de Sedecías, a la vista de éste; dio muerte a los nobles de Judá, 7 e hizo sacar los ojos a Sedecías y le cargó de cadenas para llevarlo a Babilonia. 8 Los caldeos prendieron fuego al palacio real y a las otras casas y arrasaron las murallas de Jerusalén. 9 El resto de los habitantes que había quedado en la ciudad, los huidos que se habían pasado a los caldeos y todo el resto del pueblo, los deportó a Babilonia Nabuzardán, jefe de la guardia. 10 A los pobres del pueblo, que no tenían nada, los dejó Nabuzardán, jefe de la guardia, en la tierra de Judá, y les dio viñas y campos de labor.

Los caldeos atacaron la ciudad sobre todo por el norte, que era el lado más vulnerable y por donde entraron todos los invasores en la Ciudad Santa desde Nabucodonosor a los cruzados. El rey y su estado mayor, viendo la situación insostenible, huyeron por el sur hacia el desierto, por donde el ejército de asediantes estaba más desguarnecido. Atravesó el jardín real 6, fuera ya de los muros, en la confluencia del Cedrón con el valle de Hinnom (más tarde "Gehenna"), actual er-Rababy. La puerta de entre los dos muros (v.4) estaba en el sudoeste del Ofel, que se abría en el bastión que obstruía con doble muro el valle del Tiropeón 7. Los fugitivos tomaron el camino del desierto o Araba, con el ánimo probablemente de refugiarse en Amón, reino que formaba parte de la liga antibabilónica 8. Araba, que significa "estepa," es la depresión formada por el lecho del Jordán, pero sobre todo la parte que va del mar Muerto al mar Rojo 9.
Sedecías y sus compañeros lograron llegar a las estepas de Jerico, a punto de pasar el Jordán hacia TransJordania (v.5). Sedecías logró reunir en torno a Jericó muchos oficiales y soldados fugitivos 10, pero no pudo organizar la resistencia. Fue capturado por las tropas caldeas y llevado a Ribla, la actual Rible o Rabie, en la región de Jamat o "Hama" en la actualidad, en la Alta Siria, a 34 kilómetros al sur de Homs. Era un centro de comunicaciones muy apto para dirigir las operaciones contra Fenicia y Palestina, y allí estableció Nabucodonosor su cuartel general, como lo había hecho antes Necao II en 609 11. La sentencia del rey babilonio fue despiadada. Sedecías era un rey vasallo que había quebrantado el juramento de fidelidad. Había sido puesto en el trono por el mismo Nabucodonosor en 598, cuando fue depuesto su sobrino Jeconías. Fueron asesinados sus hijos de tierna edad (ya que el rey entonces no tenía más que treinta y dos años) delante de él (v.6). Quería desenraizar toda su descendencia, acabando así con todo posible brote de insurrección posterior. Y en un refinamiento de crueldad, a Sedecías no le quitó la vida, sino que le sacó los ojos (ν.7) para que llevara una vida triste y despreciada en Babilonia, recordando su triste destino. Era costumbre entre los reyes orientales sacar los ojos a los soberanos vencidos y después llevarlos a formar un cortejo con los otros reyes vencidos en torno al rey vencedor mesopotámico. Algo parecido a la costumbre de los generales romanos de llevar en triunfo por las calles de Roma a los reyes bárbaros vencidos. Asurbanipal se gloría de haber cegado a sus enemigos 12, y en un bajorrelieve asirio se ve a Sargón (721-705) cegando con su lanza al rey vencido postrado a sus pies. Ezequiel había profetizado que Sedecías no vería al rey de Babilonia, y Jeremías reiteradamente dice que le hablaría boca a boca 13.
El general en jefe de las operaciones en Palestina, Nabuzardán 14, deportó a las fuerzas vivas de la población judía. Los palacios y templo de Jerusalén fueron pasto de las llamas. Sólo se dejó en Judá a los pobres del pueblo, que no tenían nada (v.10), permitiéndoseles cultivar viñas y campos de labor, con cuyos productos habrían de pagar un fuerte tributo al implacable vencedor babilónico.
Liberación de Jeremías (11-18)
11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, había dado orden a Nabuzardán, jefe de su guardia, respecto de Jeremías, diciéndole: 12 Préndele y mira por él y no le hagas mal alguno, sino que haz con él según te diga. 13 Y Nabuzardán, jefe de la guardia, y Nabusezbán, "rabsaris"; Negalsareser, "rabmag," y todos los otros jefes del rey de Babilonia, 14 mandaron sacar a Jeremías del vestíbulo de la guardia y se lo encomendaron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, para que le llevase a su casa, y quedó habitando en medio del pueblo. 15 Jeremías había recibido palabra de Yahvé, mientras estaba preso en el vestíbulo de la guardia, diciéndole: 16 Ve y di a Abdemelec el etíope: Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Yo cumpliré mis palabras sobre esta ciudad, para su mal, no para su bien; esto sucederá a tus propios ojos en ese día. 17 Entonces yo te libraré — oráculo de Yahvé — y no serás entregado en manos de los hombres a quienes temes. 18 Yo te salvaré y no caerás a la espada, y será salva tu vida, porque confiaste en mí. Oráculo de Yahvé.

Nabucodonosor conocía, sin duda por relatos de los desertores hebreos, la actitud de Jeremías durante el asedio, predicando la rendición. Por eso sentía cierta estima por el profeta, aunque no entendiese los motivos religiosos por los que el profeta pedía la sumisión al rey caldeo, instrumento de la justicia divina. Por eso se mostró generoso con él, encargando a su comandante jefe de operaciones, Nabuzardán, que lo tratase con deferencia (v.12). Conforme a estas órdenes, los jefes babilónicos libertaron a Jeremías, que aún se hallaba preso en el vestíbulo de la guardia (v.14), y se lo encomendaron a Godolías (v.16), que iba a ser el gobernador judío puesto por los babilonios después del desastre. Era hijo de Ajicam, protector de Jeremías 15. Por eso es de suponer que Godolías y el profeta fueran amigos, pues compartían la política de sumisión a Babilonia antes de arrostrar la aventura de una resistencia sin esperanza. Jeremías, pues, quedó habitando en medio del pueblo, es decir, con libertad de acción, participando de las penalidades de los supervivientes. La expresión para que le llevase a su casa parece indicar la reintegración a sus derechos cívicos 16.
La profecía relativa a Abdemelec (v. 15-18) quizá fue hecha antes de caer la ciudad en manos de los caldeos, cuando Jeremías fue liberado de la cisterna por su humanitaria intervención 17. El redactor la pone aquí en el momento de su cumplimiento. Jeremías le promete, en nombre de Dios, que nada le ha de suceder en premio a su buena acción. El eunuco etíope ha dado una lección de religiosidad a todos los judíos, y Yahvé se lo premia con la salvación de su vida en medio de tanta ruina. Jerusalén será destruida en cumplimiento a las palabras de Yahvé (v.16), pero él no perecerá en la catástrofe (ν.17). El buen etíope había creído en Jeremías como hombre de Dios; con ello expresó un acto de fe en el mismo Dios: confiaste en mi (v.18).

1 Cf. 39:13; 52:128. — 2 Cf. 2 Re 14:13- — 3 Publicada por E. unger, Babylon p.28a (1925). — 4 En el prisma cuneiforme: "Nergal-sar-usur": "Nergal protege al rey." — 5 Cf. Bezold, Babylonisch-assyrisches Glossar p.252. — 6 Cf. Jer 52:7; 2 Re 25:4. — 7 Cf. De Vaux, Le livre des Rois p.225; Is 22:11. — 8 Cf. Jer 40,14; 41:10. — 9 Cf. Jos 12,is; 11:2; 2 Sam 4:7. Véase abel, Géographie de la Palestine I p-423- — 10 Cf. Jer 52:8; 2 Re 25:5. — 11 Cf. 2 Re 23:33- — 12 Anales de Asurbanipal I 117; III 113. — 13 Cf. Ez 12:13; Jer 32:4.5; 34:3; 37:17; Flavio Josefo, Ant. Jud. X 8:2. — 14 En babilónico: "Nabuzer-iddinam": "Nabu ha dado descendencia." En el v.11 se le llama en la Biblia Rab-tabajim, lit. "jefe de carniceros." En el prisma babilónico antes citado se le pone por título rabnujtimmu: "jefe de horneros," que quedó como título cortesano de gran dignidad. Como el "jefe de coperos" (Gen 40:9) en la corte del faraón. — 15 Cf. Jer 26:24. — 16 En casa falta en los LXX. — 17 Cf. Jer 38:13.
40. Liberación de Jeremías.
Godolías, gobernador del País.
En los c.40-44 encontramos una serie de episodios relativos a la vida de Jeremías después de la caída de Jerusalén.
El c.40 resulta embarazoso en lo tocante a la liberación de Jeremías, supuesto lo que acabamos de ver en el c.39:14, donde con detalle se narra que los jefes caldeos personalmente libertaron al profeta al entrar en Jerusalén, cuando aquél estaba aún preso en el vestíbulo de la guardia. Aquí, en cambio, se dice que Jeremías estaba en Rama, al norte de Jerusalén, encadenado con los otros conciudadanos en un campo provisional de concentración. Para resolver esta contradicción, muchos autores consideran los v.1-2 del C.40 como adiciones posteriores redaccionales 1. Otros, en cambio, consideran como espúrea la narración de 39:142. Y, finalmente, no faltan quienes intentan concordar ambas narraciones del modo siguiente: al llegar Nabuzardán a Jerusalén, un mes después de tomada la ciudad, Godolías se había trasladado para vivir en Misfa. En su ausencia, los jefes subalternos caldeos prendieron a Jeremías en una redada general con los otros habitantes de Jerusalén. Llegados éstos al campo de concentración de Rama, se enteró Godolías de ello, e intervino en su favor ante los jefes babilónicos, que le libertaron definitivamente 2*. Pero bien pudiera ser que el redactor posterior recogiera dos tradiciones diferentes sobre el prendimiento de Jeremías, y en ese caso nos encontraríamos con uno de tantos duplicados de la Biblia.
Liberación de Jeremías (1-6)
1 Palabra de Yahvé que recibió Jeremías después que Nabuzardán, jefe de la guardia, le dejó ir de Rama, donde le halló cargado de cadenas en medio de los cautivos de Jerusalén y de Judá que iban deportados a Babilonia. 2 El jefe de la guardia real dijo a Jeremías: Yahvé, tu Dios, había amenazado con males este lugar, 3 y los ha traído sobre él, como lo anunció, porque habéis pecado contra Yahvé y no habéis escuchado su voz; por eso os ha sucedido esto. 4Y ahora he aquí que te quito hoy las cadenas de tus manos; si quieres venir conmigo a Babilonia, ven, que yo miraré por ti; pero, si te desagrada venir conmigo a Babilonia, déjalo; tienes la tierra toda a tu disposición. Ve a donde mejor te parezca. 5 Y como aún no se decidiera a volver, vuélvete (le dijo) a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, a quien ha hecho el rey de Babilonia gobernador de las ciudades de Judá, y habita con él en medio del pueblo, o vete a donde tú mejor quieras. Diole también el jefe de la guardia provisiones, le hizo regalos y le despidió. 6 Vino, pues, Jeremías a Godolías, hijo de Ajicam, que residía en Misfa, y habitó con él en medio del pueblo que había quedado en la tierra.

Nabuzardán, al volver de Ribla, adonde había ido a recibir órdenes de Nabucodonosor después de la conquista de Jerusalén, se dirige al campo de concentración de prisioneros de Rama, la actual er-Ram, a ocho kilómetros al norte de Jerusalén, en la carretera general de la capital a Naplusa 3, y allí encuentra a Jeremías, sobre el que tenía particular interés. Si el relato de 39:14 responde a la verdad de los hechos, podemos suponer que Nabuzardán, después de libertar a Jeremías del vestíbulo de la guardia, se marchó a Ribla, y, durante su ausencia, algunos jefes subalternos, que no sabían las predilecciones e intenciones del comandante jefe sobre Jeremías, le harían prisionero como medida de seguridad, y en condición de tal le llevaron a Rama.
La frase palabra de Yahvé que recibió Jeremías. (v.1) parece que debiera ser seguida de un oráculo del profeta, según costumbre. Por ello, algunos autores creen que se ha perdido el texto de ese nuevo oráculo4. Otros, en cambio, prefieren ver en la frase estereotipada un título general que serviría de introducción al contenido de la sección de los c.40-44, donde se habla de las vicisitudes del profeta después de la ruina de Jerusalén. En ese caso, palabra de Yahvé. equivaldría a "actividad profética de Jeremías por inspiración divina."5 Pero aquí parece que se inaugura una sección biográfica, con la excepción del discurso del c.44, que tiene su propia introducción oracular.
Jeremías estaba cargado de cadenas, según la costumbre de los babilonios y asirios respecto de los prisioneros varones6. A las mujeres se les permitía llevar consigo algunos hatillos con ropas y enseres domésticos.
Parece un tanto extraño el discurso de tipo profético judaico puesto en boca del caldeo Nabuzardán. Por ello, no pocos autores creen que se trata de una inserción redaccional extraña al original. No obstante, no debemos perder de vista la mentalidad de los conquistadores orientales politeístas, que reconocían el carácter divino de los dioses de otros pueblos. El legado de Senaquerib en tiempo de Isaías habla en términos análogos: "¿Acaso sin contar con Yahvé he invadido yo esta tierra para devastarla? Yahvé me ha dicho: Invade la tierra y devástala"7. Ciro se expresa en términos parecidos 8. Se consideran, pues, como cumplidores de la voluntad del dios del pueblo vencido, que quería castigar a su pueblo. Con ello lograban captar la benevolencia de los vencidos, ya que se les respetaba lo que les era más caro, la religión. Así, pues, Nabuzardán conocía la predicación profética de Jeremías, centrada en torno a la reiterada idea de que Jerusalén sería entregada a los babilonios por haber pecado contra Yahvé. Ahora, pues, hablando con Jeremías, le expresa su punto de vista, coincidente con sus doctrinas. Es un modo de querer ganarle, presentándose como instrumento de la justicia del mismo Yahvé. Así le dice para halagarle: Yahvé, tu Dios, había amenazado con males este lugar., porque habéis pecado (v.2-3). Sin duda que en estas palabras hay un trasfondo de sagacidad diplomática. Le interesaba mucho al comandante babilonio tener a su lado a Jeremías, y así acepta sus puntos de vista religiosos en lo concerniente a la marcha de la Providencia divina sobre su pueblo.
Después le deja escoger, para su futuro, entre ir a Babilonia, donde será tratado con deferencia particular, o quedar en Judá con Godolías, hombre ponderado y amigo personal del profeta 9. Nabucodonosor le había establecido como gobernador en Judá, descartando todo sujeto de la línea dinástica davídica, que se había mostrado reiteradamente insurgente. Godolías, por su prudencia y moderación, era una garantía de sensatez, y, por otra parte, estaba capacitado para organizar esta parte de Palestina, de tanta importancia para el imperio babilónico por colindar con el imperio egipcio. Era conveniente que allí no existiese un estado caótico, sino organizado, y por eso el rey caldeo quiere crear un nuevo estado vasallo, resucitado de las ruinas anteriores (v.5). Jeremías prefiere quedarse con los pobres del pueblo en Judá, para compartir sus penalidades y ayudarles a levantar las esperanzas de resurrección nacional. Ezequiel, en el exilio babilónico, estaba cumpliendo esta misión con los desterrados a orillas del Eufrates. Era preciso que en Palestina quedara un hombre de Dios que fuera como el director espiritual de su pueblo, que vegetaba en la mayor miseria y postración. Por eso, Jeremías habitó en medio del pueblo (v.6) en Misfa, donde Godolías había fijado su residencia oficial10. Jerusalén estaba en ruinas, y era preferible esta localidad provinciana en los confines del reino de Judá.
Reunión de los jefes judíos dispersos con Godolías. (7-16)
7 Guando todos los jefes de tropas que se habían dispersado por la campiña supieron, ellos y sus hombres, que el rey de Babilonia había hecho gobernador de la tierra a Godolías, hijo de Ajicam, encomendándole los hombres, las mujeres y niños y los pobres de la tierra que no habían sido deportados a Babilonia, 8 vinieron a Godolías, en Misfa, Ismael, hijo de Natanías; Yojanán y Jonatán, hijos de Carcaj; Serayas, hijo de Tanjumet; los hijos de Efay, de Netofa, y Jezonías, hijo del Mahakatí, ellos y sus hombres, 9 y los conjuró Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, a ellos y a sus compañeros: "No temáis servir a los caldeos; habitad en la tierra, servid al rey de Babilonia, y os reportará bien. 10 Yo me quedo en Misfa para representar al país ante los caldeos que vengan a nosotros, pero vosotros haced la vendimia, recoged las mieses y el aceite y guardadlos en vuestros recipientes, y quedaos en las ciudades que habitáis," 11 También todos los judíos que estaban en Moab, entre los hijos de Amón, en Idumea y en todas las otras regiones, al oír que el rey de Babilonia había dejado un resto de Judá y que les había dado por gobernador a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, 12 volvieron de todas las regiones en que se habían dispersado, y vinieron a la tierra de Judá, a Godolías, en Misfa, y recogieron vino y mieses en gran abundancia. 13 Pero vinieron a Godolías, en Misfa, Yojanán, hijo de Careaj, y todos los jefes del ejército que se habían dispersado por la campiña, 14 y le dijeron: "¿Sabes que Baalís, rey de los hijos de Arrimón, ha mandado a Ismael, hijo de Natanías, para darte muerte?" No lo creyó Godolías, hijo de Ajicam. 15 y Yojanán, hijo de Careaj, llevó aparte a Godolías y le dijo: "Yo iré y mataré a Ismael, hijo de Natanías, sin que nadie lo sepa; no te mate él a ti y se dispersen todos los judíos que se han reunido en torno tuyo y perezcan los restos de Judá." 16 Y le contestó Godolías, hijo de Ajicam: "No hagas eso, pues lo que dices de Ismael es falso."

Después de conquistada Jerusalén por los caldeos, quedaron pequeños grupos de guerrilleros dispersos por la campiña desértica, tropas que habían quedado fuera de los muros de la ciudad y otras de las que habían huido con Sedecías 11. Al saber que se había organizado de nuevo el Estado judío bajo las órdenes de Godolías, impuesto como gobernador por los babilonios (ν.7), decidieron unírsele para trabajar en la reconstrucción de la nación. Naturalmente, como militares que habían luchado con Sedecías, temían por su suerte. El historiador da algunos nombres de ellos, conocidos por otros textos bíblicos 12. Godolías les invita a deponer el miedo, pues él tiene amplios poderes de amnistía, y sabía que los caldeos tenían interés — una vez vencida la resistencia fundamental — en reorganizar el nuevo Estado vasallo, y, por consiguiente, no se habían de meter con ellos (v.8). Les invita a permanecer en Judá (v.8). Parece que los jefes dispersos estaban dispuestos a marcharse lejos, hacia Egipto, lejos de la dominación babilónica. Godolías, por su parte, se considera como el responsable de la situación y representante de los intereses del pueblo de Judá ante los babilonios (v.10).
Eran horas en que se exigía mucha cordura y paciencia para no soliviantar a los vencedores. Por eso les invita a reintegrarse a su vida normal cívica, trabajando los campos, ya que no podían aspirar a continuar en organizaciones militares: haced la vendimia. y quedaos en las ciudades (v.10). Con la deportación, la ciudad y parte de la campiña había quedado casi despoblada, y era preciso trabajar para que se llenasen las necesidades materiales de la nación. A estos jefes militares vencidos se juntaron en Misfa muchos prófugos judíos, al ver que la nación se volvía a organizar después de la marcha de las tropas de ocupación babilónica. Por otra parte, se daba la circunstancia de que aquel año había vino y mieses en gran abundancia (v.12). Después de las estrecheces del asedio, esto resultaba una bendición. Los caldeos, pues, no habían devastado el campo, destrozando sus cosechas y sus frutos.
Pero en estos días de incertidumbre no faltaron profundas inquietudes políticas para el nuevo gobernador Godolías. Tenía muchos enemigos entre los fanáticos nacionalistas que aún andaban en bandadas por el desierto, los cuales no aceptaban esta colaboración con los vencedores caldeos. Entre estos nacionalistas acérrimos estaba Ismael, de sangre real, que no podía soportar que Godolías, sin ser príncipe, fuera el jefe del nuevo Estado judío; de ahí la sospecha de un complot suyo en combinación con el rey de Amón, Baalís, el cual quizá soñara con hacer una liga antibabilónica, y por ello no le agradaba que en Judá estuviera gobernando un hombre sumiso a los caldeos (v.14.). No obstante, Godolías, de espíritu equilibrado y magnánimo, no quiso dar oídos a esto, y menos permitió que se asesinara por ello a Ismael (v. 15-16).

1 Así Nótscher. — 2 Opinión de Volz. — 2* Así Peake. — 3 Cf. Jer 31:15. — 4 Así opina Nótscher. — 5 Es la opinión de Condamin y Ricciotti. — 6 Véase Gressmann, Alt. Orient. Text. una Bild. fig.128.133.141. — 7 Cf. Is 36:10. — 8 Esd 1:2. — 9 Cf. 2 Re 22:8; Jer 21:3; 26:24; 29:3; 36:10. — 10 Misfa suele identificarse generalmente con Tell en-Nasbe, a 13 kilómetros al norte de Jerusalén. Fue fortificada por el rey Asa (i Re 15:22). En las excavaciones del 1932 se encontró un sello con el nombre de "Ya'azaniyahu siervo del rey," que se ha querido identificar con el Jezonías, jefe militar del v.8. Cf. abel, Géog. II p.398. Algunos autores, con menos probabilidad, han querido identificar Misfa con la altura de Nebu Samwil, al sur de Gabaón. — 11 Cf. Jer 52:8. — 12 El nombre de Jonatán falta en algunos manuscritos hebreos y en el texto griego. Debe de ser una ditografía del nombre anterior Yojanan. Netofa se ha querido identificar con Khirbet Bedd Faluh, a unos cinco kilómetros al sur de Belén, camino de Tecoa. Jezonías, cf. 2 Re 25:23. Mahacatí o macateo, e.d., de Mahaca, junto al Hermón (2 Sam 10,6; 1 Crón 19:6-7)· Quizá sea un nombre gentilicio "del clan maacateo," descendiente de Caleb (1 Crón 2:48; 4:19), que habitaba al sur de Judá.
41. Asesinato de Godolias y de tros ciudadanos
Judíos.
Se continúa la historia del nuevo gobernador, muerto trágicamente por los fanáticos nacionalistas. Las sospechas del complot que Godolías había rechazado magnánimamente se confirmaron, pues Ismael traidoramente mató a Godolías y a los suyos. También asesinó a fieles israelitas de Siquem y de Silo que se dirigían con ofrendas al templo de Yahvé. Después emprendieron la fuga hacia Amón. Los pocos que pudieron salvarse de la jurisdicción de Ismael se marcharon a Egipto, temiendo las represalias de los caldeos.
Asesinato de Godolías (1-3)
1 Y sucedió que el séptimo mes vino Ismael, hijo de Natanías, hijo de Elisama, de sangre real, de los magnates de la corte, con otros diez a Godolías, hijo de Ajicam, en Misfa, y comieron juntos en Misfa. 2 Y se levantó Ismael, hijo de Natanías, y con él los diez que le acompañaban, y mataron a Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safan, al que había puesto de gobernador de la tierra el rey de Babilonia, 3 y mataron también a todos los judíos que le acompañaban en Misfa, y a los caldeos que se encontraban allí.

Tres meses después de la caída de Jerusalén tuvo lugar el asesinato del gobernador Godolías, impuesto por los babilonios. El séptimo mes corresponde a septiembre-octubre. La ciudad había sido tomada en el mes cuarto, es decir, junio-julio del 586, y destruida en el mes quinto, julio-agosto 1. Cuando Godolías fue asesinado, ya se había recogido el vino y el aceite. Así, pues, podemos suponer que fue muerto a principios de octubre del 586. Ismael había hecho acto solemne de sumisión; Godolías le invitó a un banquete teniendo en cuenta su categoría de príncipe. Pero allí murió a traición a manos de los esbirros del criminal nacionalista. El acto tenía el carácter de una rebelión abierta contra los babilonios, que habían impuesto a Godolías como gobernador. Con su muerte desapareció la esperanza de una segura, aunque lenta, reconstrucción del país. El asesinato del bueno de Godolías dejó una profunda huella en la historia de Israel, en tal forma que en tiempos de Zacarías (s. ν a.C.) se celebraba un día de ayuno solemne en el aniversario de su muerte, como en el de la toma de Jerusalén 2. Con él murieron sus fieles funcionarios y algunos caldeos.
Exterminio de los peregrinos de Siquem y de Silo (4-10)
4 Al segundo día de haber muerto Godolías, sin que nadie lo supiera todavía, 5 vinieron unos hombres de Siquem, de Silo y de Samaría, ochenta en número, rasurada la barba, rasgadas las vestiduras e incisas las carnes, que traían en sus manos oblaciones e incienso para ofrecerlos en el templo de Yahvé. 6 Salióles al encuentro Ismael, hijo de Natanías, de Misfa. Iban llorando, y, al llegar a ellos, les dijo: Venid a ver a Godolías, hijo de Ajicam. 7 Cuando estuvieron en medio de la ciudad, los mató Ismael con los que le acompañaban, arrojándolos a la cisterna. 8 Hubo entre ellos diez que dijeron a Ismael: No nos mates, que tenemos en el campo gran cantidad de trigo y de cebada, de aceite y de miel. Dejólos y no los mató con los demás. 9 La cisterna en que arrojó Ismael todos los cadáveres de los hombres a quienes mató es una gran cisterna que hizo construir el rey Asa cuando se defendía de Baasa, rey de Israel. Esta es la que llenó de cadáveres Ismael, hijo de Natanías. 10 Llevó cautivo Ismael a todo el resto del pueblo que se hallaba en Misfa, a las hijas del rey y a todo el pueblo que en Misfa había quedado, al cual había dado Nabuzardán, jefe de la guardia real, por gobernador a Godolías, hijo de Ajicam. Ismael, hijo de Natanías, se los llevó cautivos hacia la tierra de los hijos de Amón.

Este trágico episodio revela el alma criminal del asesino de Godolías. No sólo no se contentó con matar al que consideraba rival y colaboracionista de los caldeos, sino que se ensañó con un grupo de inocentes peregrinos que llevaban sus ofrendas a Jerusalén para implorar misericordia a Yahvé sobre las ruinas del templo (v.4-5). Ismael, el príncipe davídico asesino, no quería que se reanudase la vida normal de la nación colaborando con los babilonios. Quería sembrar el caos y el descontento para que no se aceptase pacíficamente como situación de hecho la ocupación babilónica, y por eso extermina a gentes sin culpabilidad alguna, representantes del pueblo fiel y sano. ¡A tanto puede llevar la histeria del supernacionalismo y de la intriga política!
Los peregrinos son de Siquem, Silo y Samaría, las ciudades más importantes del antiguo reino del Norte, desaparecido en tiempos de Sargón II (721). En tiempos de Josías (640-609) se había incorporado prácticamente a Judá el teritorio del reino del Norte, que había quedado sin sus fuerzas vivas después de la deportación asiría. Con ello, su profunda reforma religiosa había penetrado en la región de Samaría, y se reanudaron las peregrinaciones al templo de Jerusalén. Como la matanza de estos peregrinos tuvo lugar en el mes séptimo (septiembre-octubre), podemos suponer que iban a Jerusalén a celebrar la fiesta de los Tabernáculos. Sobre todo, querían mostrar su duelo público por la destrucción de la Ciudad Santa. Por eso se dice de ellos que iban con la barba rasurada, rasgadas las vestiduras e incisas las carnes (v.5), signos habituales de duelo y de penitencia 3. Traían en sus manos oblaciones e incienso para ofrecerlos en el templo de Yahvé (v.5). Puesto que el altar de los holocaustos había sido destruido, no había posibilidad de celebrar sacrificios cruentos; por eso traían oblaciones (de harina, aceite) e incienso, sin duda para derramarlas sobre las ruinas del templo. El templo de Yahvé había sido destruido, pero allí estaban sus ruinas humeantes, señalando el lugar donde se debía adorar al Dios nacional de los israelitas. Aquellas ruinas, pues, eran sagradas, y estaban aún santificadas por la presencia, en otro tiempo, de Yahvé.
Los peregrinos pasan por la ruta que sube de Samaría a Jerusalén junto a la colina donde estaba Misfa (actual tell en-Nasbe). Ismael los ve de lejos y los invita a subir a la ciudad para que se presenten al nuevo gobernador Godolías (v.6). Después los asesinó en la ciudad, arrojando sus cuerpos a una cisterna, famosa por haber sido construida por el rey de Judá Asa (914-874) cuando fortificó Misfa contra la incursión del rey de Israel Baasa 3*. Un grupo de peregrinos se salvó diciendo que tenían escondidas grandes cantidades de trigo y cebada. (v.8). Esto parece suponer que notaron que Ismael y los suyos estaban ávidos de provisiones, y por eso le recuerdan que, si les perdona la vida, le entregarán grandes cantidades de víveres que tienen escondidos en cisternas y grutas secretas para que no se apoderaran de ellos las tropas caldeas 4. Ismael, viendo que no podía continuar en Misfa, huyó llevando en rehenes a las hijas del rey, o mujeres de la familia real en sentido amplio, que no habían sido deportadas por los babilonios. Sin duda que quería poder utilizarlas para intercambios políticos en sus futuras alianzas con el rey de Amón u otros reyes 5.
Huida de Ismael a TransJordania (11-18)
11 Yojanáii, hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que con él estaban, supieron todo el mal que había hecho Ismael, hijo de Natanías, 12y, tomando todos sus hombres, salieron en persecución de Ismael, hijo de Natanías, y le alcanzaron cerca del gran estanque de Gabaón. 13Todo el pueblo que estaba con Ismael se alegró al ver a Yojanán, hijo de Qareaj, y los jefes de tropas que le acompañaban, 14y todo el pueblo que Ismael llevaba a Misfa dio la vuelta y se fue con Yojanán, hijo de Qareaj. 15Ismael, hijo de Natanías, con otros ocho, huyó delante de Yojanán, y se refugió entre los hijos de Amón. l6 Tomaron, pues, Yojanán, hijo de Qareaj, y todos los jefes de tropas que le acompañaban, a todo el resto del pueblo que Ismael, hijo de Natanías, había llevado de Misfa después de haber matado a Godolías, hijo de Ajicam; hombres y mujeres, niños y eunucos que había traído de Gabaón, 17 y se volvieron, deteniéndose en los apriscos de Kimham, cerca de Belén, para desde allí dirigirse a Egipto, 18 huyendo de los caldeos, a quienes temían por haber matado Ismael, hijo de Natanías, a Godolías, hijo de Ajicam, puesto por el rey de Babilonia como gobernador del país.

Los jefes de tropas (v.11), que estaban por el campo, según indicación del mismo Godolías, al saber el asesinato de éste a manos de Ismael, como se temían, decidieron vengarle, y por eso le persiguieron sin tregua. Las consecuencias del asesinato tenían que ser muy graves, pues eran de temer las represalias de los caldeos al ver que habían matado a su gobernador. No quedaba más que llevarles la cabeza, del asesino para que vieran que sólo éste era el responsable del acto. Si no conseguían dar muerte a Ismael, no les quedaba sino huir a Egipto, como único medio de salvarse de las terribles iras de los babilonios. Ismael, en lugar de marchar directamente hacia la depresión del Jordán, camino de TransJordania, hizo un rodeo hacia el oeste, pues fue alcanzado junto al gran estanque de Gabaón (v.12), que parece ser el mismo en que combatieron las huestes de Joab contra Abner6. Gabaón es el actual el-Gib, a 10 kilómetros al noroeste de Jerusalén7, donde se ve aún un antiguo depósito de agua, resto, sin duda, del gran estanque de que se habla en el texto.
Los que acompañaban a Ismael forzados, al ver a Yojanán, se fueron con él, dejando solo a Ismael, que logró escapar a Transjordania entre los hijos de Amón (v.16), reino al norte de Moab.
Al no poder dar alcance al asesino, los perseguidores no tenían opción a volver a Misfa, ya que no podrían demostrar a los caldeos que no habían tomado parte en el asesinato del gobernador Godolías. Por eso decidieron encaminarse hacia Egipto, lugar tradicional de refugio para los asiáticos, que ahora los recibiría como antiguos aliados contra Nabucodonosor. Se detuvieron en los apriscos de Kimham, cerca de Belén8. No sabemos a punto fijo el lugar de este nombre, pero bien puede ser cualquiera de los refugios para animales y hombres que se ven en las grutas que rodean a Belén. Allí, pues, hicieron alto para organizar la marcha. Estaban ya cerca de las fronteras egipcias y podían esperar llegar a territorio amigo antes de que les alcanzaran los caldeos.

1 Cf. Jer 52:6; 12-13. — 2 Cf. Zac7:51 8:19 — 3 Las incisiones estaban prohibidas por la Ley: Lev 19:27; Dt 14:1; Jer 7:29; 16:6; 48:37- — 3* Cf. Abel, Géog. II 398. — 4 Cf. Jue6:2-11. — 5 En los LXX falta y todo el resto del pueblo que estaba en Misfa. — 6 Cf. 2 Sam 2:135. — 7 Sobre su identificación véase Abel, Géog. p.335; RB (1922) P-364; (i934).P-3605· — 8 La palabra hebrea que traducimos por apriscos (gherut) es de sentido incierto.
42. Consulta a Jeremías sobre la huída a Egipto.
De nuevo aparece Jeremías en estas circunstancias críticas después de la ruina de Jerusalén. No parece que estuviera en Misfa cuando el asesinato de Godolías, pues, siendo su mentor espiritual, difícilmente se habría salvado de la muerte, y, por otra parte, no es fácil que la Biblia se hubiera callado el nombre del profeta, cuando da los de los otros jefes judíos. Podemos suponer, pues, que Jeremías se enteró de lo ocurrido en Misfa estando él en Jerusalén u otra localidad en. su misión de consolar a los desmoralizados habitantes de Judá. Sin duda que había puesto muchas esperanzas en la sensatez del nuevo gobernador Godolías, impuesto por los babilonios, viendo en él la clave de un futuro renacer nacional sobre bases más prudentes y religiosas.
Por eso podemos suponer su consternación al enterarse de la muerte de Godolías. Inmediatamente trató de reunirse a los fugitivos, a los que alcanzaría en los alrededores de Belén, y allí comienza, con sus oráculos y consejos, a ser de nuevo el centro de la narración.
Consulta a Jeremías sobre la huida a Egipto (1-6)
1 Todos los jefes de las tropas, Yojanán, hijo de Qareaj; Jezonías, hijo de Osaías 1, y todo el pueblo, chicos y grandes, se acercaron a Jeremías 2 y le dijeron: Acepta nuestro ruego y pide por nosotros a Yahvé, tu Dios; por todos estos restos, pues de muchos hemos quedado pocos, como tú ves. 3 Que Yahvé, tu Dios, nos dé a conocer el camino que debemos seguir y lo que hemos de hacer. 4 El profeta Jeremías les dijo: Os oigo, y pediré por vosotros a Yahvé, vuestro Dios, según vuestros deseos. Todo cuanto me responda Yahvé os lo comunicaré, sin ocultaros nada. 5Y ellos dijeron a Jeremías: Sea Yahvé contra nosotros testigo verdadero y fiel si no hiciéramos en todo según la palabra que Yahvé, tu Dios, te mande para nosotros. 6Bueno o malo, seguiremos el mandato de Yahvé, a quien te enviaremos para que nos suceda bien, obedeciendo a la voz de Yahvé, nuestro Dios.

La presencia del gran profeta levantó los ánimos. Sabían que era el confidente de Yahvé, y por eso al punto quieren que les dé un consejo de parte de Dios en orden a su futura conducta. Estaban decididos a ir a Egipto, pero querían una confirmación divina de sus planes. Jeremías acepta interceder por ellos, pues contempla la situación triste en que se hallan sin culpa alguna por su parte, pues han sido víctimas de una política descabellada. Los demandantes son de toda clase social (grandes y chicos, v.1). Sin duda que los de bajo estrato social no querían ir a Egipto, y sólo los jefes les empujaban a ello. Muchos, pues, desearían una negativa sobre el particular, y así buscaban la autoridad de Jeremías para salir con sus legítimos deseos. Los jefes temían la represalia caldea, y estaban decididos a huir a Egipto. Los fugitivos dicen con humildad: Pide por nosotros a Yahvé, tu Dios (v.2). Después de la catástrofe creían que Yahvé los había abandonado definitivamente, y por eso no se atreven a considerarle como su Dios, sino que dicen al profeta: tu Dios. Jeremías accede a pedir por ellos: Pediré por vosotros a Yahvé, vuestro Dios (v.4). La expresión vuestro Dios tiene un acento de confortamiento, como réplica a la insinuación de que ya no era Dios protector de "ellos." Todo ha sucedido conforme a los caminos de la Providencia divina; pero, por haberlos sumido en la desgracia, no por eso los ha abandonado.
Los consultores se obligaron con juramento a seguir el consejo del profeta (v.5). Las circunstancias eran tales, que lo más prudente era huir, y están seguros que Yahvé confirmará este punto de vista. Con todo, la promesa es arrogante: Bueno o malo (c.d., gústenos o no), seguiremos el mandato de Yahvé (v.6). En su deseo de que Jeremías consultara a Yahvé, han sido demasiado arrogantes en sus promesas.
Respuesta de Jeremías (7-22)
7 Pasados diez días, recibió Jeremías palabra de Yahvé; 8 y llamó a Yojanán, hijo de Qareaj, y a todos los jefes de tropas que con él estaban, y a todo el pueblo, chicos y grandes, 9 y les dijo: Así dice Yahvé, Dios de Israel, a quien me habéis mandado para presentarle vuestros ruegos: 10"Si os quedáis tranquilos en esta tierra, yo os edificaré y no os destruiré, os plantaré y no os arrancaré, pues me pesa ya del mal que os he hecho, 11No os dé miedo el rey de Babilonia, a quien teméis; no temáis de él — oráculo de Yahvé — , pues yo estoy con vosotros para salvaros y libraros de sus manos. 12 Os otorgaré misericordia y se apiadará de vosotros y os dejará en vuestra tierra. 13 Pero si decís: No queremos seguir en esta tierra, y no escucháis la voz de Yahvé, vuestro Dios, 14 diciendo: Nos iremos a la tierra de Egipto, donde no veremos ya la guerra ni oiremos el sonido de la trompeta y no habrá falta de pan, allí habitaremos, 15 entonces, resto de Judá, escuchad la palabra de Yahvé: Así dice Yahvé de los ejércitos: Si volvéis vuestros ojos a Egipto para iros allá y habitar en él, 16 la espada que teméis os alcanzará sobre la tierra de Egipto; el hambre que receláis os sobrevendrá en Egipto y os hará morir allí. 17Y todos cuantos vuelvan el rostro hacia Egipto para ir a habitar allí, morirán de espada, de hambre y de peste; ni uno solo escapará ni se librará del mal que yo haré venir sobre ellos, 18 porque así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: Lo mismo que ha estallado mi cólera y mi furor contra los habitantes de Jerusalén, así estallará mi furor contra vosotros si os vais a Egipto, y seréis objeto de execración, de horror, de maldición y de oprobio, y no veréis más esta tierra. 19 He aquí la palabra de Yahvé para vosotros, resto de Judá: No vayáis a Egipto. Sabed que yo os lo advierto hoy solemnemente. 20 Ciertamente os engañáis a vosotros mismos. Me habéis mandado a Yahvé, nuestro Dios, diciendo: Intercede por nosotros cerca de Yahvé, nuestro Dios. Todo lo que diga Yahvé, nuestro Dios, comunícanoslo, y nosotros lo haremos. 21 Yo os lo hago saber hoy, y vosotros no escucháis la voz de Yahvé, nuestro Dios, lo que me ha encargado deciros. 22 Sabed, pues, que certísimamente moriréis de espada, de hambre y de peste en el lugar adonde queréis iros a habitar.

A pesar de la ansiedad de los consultores, la respuesta tardó diez días en llegar. Durante este tiempo, los jefes procuraban con sus propagandas ganar los ánimos del pueblo en favor de un éxodo hacia Egipto. Baruc trató de hacer frente a esta tesis, pero su labor fue contraproducente, ya que, por su amistad con Jeremías, creyeron que había sido aquél el instigador de la propuesta del profeta de que permanecieran en el país sin ir a Egipto. Jeremías tardó en dar respuesta sencillamente porque no había recibido comunicación divina. Aunque en su punto de vista personal no era partidario de que sus compatriotas se marcharan a Egipto, sin embargo, su escrupulosidad religiosa le impide presentar como oráculo divino lo que es fruto de su reflexión, y por eso espera la comunicación divina, que no llega hasta diez días después. Veía el estado de excitación del pueblo y la labor de propaganda de los jefes en favor de la marcha hacia Egipto, y, sin embargo, calla. Es un testimonio de la sinceridad profética, y prueba que en ellos la "iluminación" profética no era habitual, sino carismática transeúnte 2.
La respuesta de Yahvé es taxativa: la salvación del pueblo está en permanecer en la tierra patria, mientras que el exilio egipcio no les traerá más que desventuras (v. 10-13). Hasta ahora Yahvé ha cumplido la labor punitiva purificadera, la labor de destruir y desenraizar 3; pero ahora llega la segunda parte: yo os edificaré (v.10). Gomo los exilados de Babilonia van a entrar en una etapa nueva de reconstrucción bajo la protección divina, así los que quedaron en Palestina van a inaugurar también una fase de rehabilitación nacional y social. Pero es preciso que el pueblo se decida a seguir los consejos de Yahvé. Si permanece en la tierra patria, será protegido especialmente por Dios, mientras que, si le desobedecen, Dios continuará castigándoles en Egipto, sin esperanza de futuro. El profeta pone en boca de Yahvé una reflexión antropomórfica: Me pesa ya del mal que os he hecho (v.10). No es que Yahvé esté arrepentido de haber castigado merecidamente a su pueblo, sino que, cumplido ya el castigo y satisfecha su justicia, cambia ya de conducta para con él, ofreciéndole el camino de la misericordia y del perdón. Esta idea la refleja bien la traducción de la Vulgata: "iam placatus sum super malo."
Y el profeta, en nombre de Dios, les dice que no deben temer. los caldeos. Yahvé es el que los ha traído a Judá, y Yahvé hará que tío los maltraten (v. 11-12). Dios puede "cambiar el corazón del rey"4, induciéndolo a la misericordia y al perdón, como quedaba demostrado en el hecho de que hubiera nombrado un gobernador judío sobre ellos después de la toma de Jerusalén. Por otra parte, los fugitivos son unos ilusos si creen que, huyendo a Egipto, se van librar de las consecuencias de la guerra (v.14). Pero no saben que, si ha pasado el tiempo de la devastación en Judá, comenzará pronto en Egipto, pues también allí llegará la guerra con su trágica ecuela de la espada y el hambre (v.16)5. El desobedecer a Yahvé lleva siempre como consecuencia la desventura y la desgracia. Los oyentes parecen no estar dispuestos a acatar el consejo del profeta, y por eso éste les echa en cara su falta de fidelidad al juramento que habían hecho de seguir lo que Dios les comunicara (v.20). Esto constituye un pecado gravísimo de desprecio a Yahvé y no quedará sin castigo. Y, por ello, con el corazón lacerado, les anuncia el triste destino que les espera en Egipto: moriréis de espada, de hambre, de peste (v.22). Jeremías había puesto sus esperanzas en aquel "resto" de Judá como núcleo de restauración nacional, pero con su rebeldía se hacía indigno de las promesas mesiánicas de rehabilitación nacional.

1 En los LXX se lee "Azarías, hijo de Mahasías," como en 40:2. — 2 Cf. S. Th. II-II 171:5; San Agustín, Super Gen. ad litt. 1.2 c.17. n.37 = PL 34:278. — 3 Cf. Jer 1:10. — 4 Cf. Prov 21:1. — 5 Cf. Jer 7:20; 24:9; 25:18; 28:18.
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