Introducción (1:1-2:19)
Fraternidad Judía (1:1-9)
1 "A los hermanos judíos que moran en Egipto, salud. Los hermanos judíos de Jerusalén y de Judea, paz y felicidad. 2 Que Dios os bendiga, acordándose de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, sus fieles siervos. 3 Que a todos os dé corazón dispuesto para venerarle y cumplir con todo ánimo y buena voluntad sus preceptos. 4 Que os abra el corazón para entender su Ley y sus preceptos, os conceda la paz, 5 oiga vuestras súplicas, se reconcilie con vosotros y no os abandone en el tiempo de la desgracia. 6 Esta es nuestra oración por vosotros. 7 Reinando Demetrio, el año ciento sesenta y nueve, nosotros, los judíos, os escribimos cuando nos hallábamos en la gran tribulación y angustia que nos sobrevino desde que Jasón y los suyos se marcharon de la tierra santa y del reino. 8 Pues incendiaron el pórtico del templo y derramaron mucha sangre inocente. Pero suplicamos al Señor, y le ofrecimos sacrificios y flor de harina, y encendimos las lámparas, y presentamos los panes. 9 Ahora vosotros celebrad la fiesta de los Tabernáculos en el mes de Casleu. Dada el año ciento ochenta y ocho."
Los judíos de Jerusalén se consideran hermanos de los de Egipto, a los que desean la paz (salom), conforme a la costumbre judía. Después de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor (587 a.C.), muchos judíos emigraron a Egipto, estableciéndose principalmente en Alejandría. Unos papiros aramaicos han puesto al descubierto una colonia militar judía en la isla de Elefantina, a diez kilómetros al norte de la primera catarata del Nilo y a más de mil del Mediterráneo. Estos papiros han revelado que tenían los judíos allí residentes no solamente una sinagoga, sino un templo, en que se ofrecían sacrificios. Destruido el año 411 antes de Cristo, acudieron al sumo pontífice de Jerusalén para restaurarlo, creyendo ellos que era legítima su erección 1.
Hacia el año 170 antes de Cristo, el hijo de Onías III se refugió en Egipto y construyó en Leontópolis, a treinta kilómetros al nordeste de El Cairo, un templo, tomando por modelo el de Jerusalén. Los círculos sacerdotales de la capital teocrática veían con malos ojos aquel lugar de culto servido por un sacerdote de ascendencia levítica, por oponerse a la ley de la unidad de santuario (Deut 12:5-12). De ahí la correspondencia epistolar de los ambientes sacerdotales de Palestina con los judíos de Egipto a fin de convencerles de la necesidad de cesar con las actividades de culto fuera del templo de
Jerusalén
La expresión en to nomo (en la Ley) se emplea, según Ruperto de Deutz 2, para expresar veladamente que los judíos de Egipto, que se jactaban de observar la Ley, no se ajustaban a las prescripciones de la misma tocante a la unidad del santuario. Su culpa es más grave en los momentos actuales, en que el templo de Jerusalén ha sido purificado de toda impureza. La desgracia visitó a los judíos de Egipto en tiempos de Tolomeo Evergetes II Fiscón (145-116); pero es posible que la persecución fuera un castigo de Dios por haber transgredido ellos la ley de la unidad del templo 3. Los judíos de Palestina han vivido también momentos muy difíciles. Esta situación anormal fue creada, más que por los reyes de Siria, por la conducta de Jasón, hermano de Onías, que se pasó al partido de Antíoco y compró la dignidad de sumo sacerdote (4:7-13)
Como colofón, se invita a los judíos de Egipto a asociarse a sus hermanos de Palestina en la fiesta de acción de gracias para celebrar la terminación de los males que les aquejaban. Llámase esta fiesta de los Tabernáculos o de las Encenias, del mes de Casleu. No habla de esta fiesta nuestro texto, sino de la que instituyó Judas Macabeo (1 Mac 4:59), y que, por celebrarse a la manera de la antigua solemnidad de los Tabernáculos, recibía también el nombre de fiesta de las Encenias, del mes de Casleu. La carta lleva la fecha del 188, o sea 124 antes de Cristo. Es muy probable que esta indicación cronológica fue desplazada a este lugar con el fin de poner de relieve la fiesta del mes de Casleu. La carta se interrumpe por la inserción de una segunda que da noticia de la muerte de Antíoco.
Rumores acerca de la muerte de Antíoco (1:10-17)
10 "Los moradores de Jerusalén y de Judea, el senado y Judas, a Aristóbulo, maestro del rey Tolomeo, del linaje de los sacerdotes ungidos, y a los otros judíos de Egipto, salud y prosperidad. 11 Librados por Dios de grandes peligros, le damos muchas gracias, estando prontos a luchar de nuevo contra el rey. 12 Pero Dios mismo ha aniquilado a los que combatían contra la ciudad santa. 13 Pues cuando ese caudillo, con el ejército que le acompañaba, que parecía irresistible, llegó a Persia, fueron heridos en el templo de Nanea, gracias al engaño de los sacerdotes de ésta. 14 Antíoco, acompañado de sus amigos, vino al lugar como para desposarse con ella y tomar, en virtud de tal desposorio y a título de dote, sus tesoros. 15 Los sacerdotes de Nanea le habían hecho esta propuesta, y él, con escasa gente, entró en el recinto del templo. Cerraron aquéllos las puertas 16 una vez que Antíoco había entrado, y, abriendo luego una abertura disimulada en el techo, a pedradas aplastaron al caudillo, y a los acompañantes los descuartizaron, les cortaron sus cabezas y las tiraron fuera. 17 Por esto bendito sea Dios, que así ha castigado a los impíos.
Envían la carta el pueblo judío, el senado o gerousia (4:44; 11:27; 1 Mac 12:6) y Judas Macabeo. Entre los destinatarios se hace especial mención de Aristóbulo, preceptor del rey Tolomeo Filometor (181-145). Era Aristóbulo un filósofo peripatético que escribió y dedicó al rey un comentario alegórico al Pentateuco, en el cual intentó probar que la Ley mosaica, rectamente entendida, encerraba todo cuanto han podido enseñar los filósofos griegos4. La noticia que les comunican es extraordinaria: la muerte del más acérrimo enemigo del judaísmo. Su muerte acaeció en Persia, dentro del templo dedicado a la diosa Nanea, en donde había entrado por indicación de los sacerdotes del santuario.
El relato de su muerte difiere de los otros dos textos en que se relata el mismo hecho (9:1-29; 1 Mac 6:1-14). Los remitentes de la carta se hacen eco de los rumores que les han llegado sobre la muerte de Antíoco, rumores que el autor del libro recoge a su vez sin responder de su objetividad real. La fantasía popular atribuyó a la muerte de Antíoco circunstancias que son propias de la de su padre Antíoco III al intentar el asalto del templo de Bel en Elimaida. Ninguna importancia concedía el autor sagrado a la leyenda contenida en el texto de la carta. Todo su interés estriba en relacionar la muerte de Antíoco con la purificación del templo de jerusalén. En cuanto a los detalles de la narración, los refiere tal como los encontró en el mencionado documento. Habiendo indicado la fuente de sus informaciones, no era necesario que asumiera la responsabilidad de su contenido.
El santuario estaba dedicado a Nanea, la antigua Nana babilónica, diosa de la naturaleza y de la fecundidad, que los griegos identifican con Artemis de Efeso. Los sacerdotes del templo propusieron a Antíoco su matrimonio con la diosa, con lo que recibiría, a título de dote, los tesoros depositados en el templo. Granio Liciniano cuenta un hecho análogo del mismo Antíoco; Séneca5 habla de un posible matrimonio entre Antonio y Minerva. El asesinato salvaje de Antíoco era el que mejor convenía a un impío de su talla. Por esto, "bendito sea Dios, que así ha castigado a los impíos."
El fuego sagrado (1:18-36)
18 "Estando, pues, para hacer la purificación del templo en el mes de Casleu, hemos creído deber nuestro manifestároslo para que también vosotros celebréis la fiesta de los Tabernáculos y del fuego que se encendió cuando Nehemías, después de edificar el templo y el altar, ofreció sacrificios. 19 Pues, al ser nuestros padres llevados a Persia, los sacerdotes piadosos que había entonces, ocultamente tomaron el fuego del altar y lo escondieron en un hueco, a manera de pozo seco, en el cual lo depositaron, tan en seguro, que el sitio quedó de todos ignorado. 20 Transcurridos muchos años, cuando a Dios plugo, Nehemías, que había sido enviado por el rey de Persia, mandó a los nietos de los sacerdotes que lo habían ocultado a buscar el fuego, y, según ellos contaron, no hallaron fuego, sino un agua espesa, 21 de la cual les mandó que sacasen. Cuando las víctimas estaban dispuestas en el altar, ordenó Nehemías a los sacerdotes que con el agua rociasen la leña y lo que encima de ella había. 22 Cumplido esto y pasado un poco de tiempo, salió el sol, que antes estaba nublado, y se encendió un gran fuego, quedando todos maravillados. 23 Y mientras oraban los sacerdotes y todos los presentes, empezando Jonatán y respondiendo los restantes, 24 hasta Nehemías, se consumía el sacrificio. La oración era ésta: Señor, Señor Dios, creador de todas las cosas, temible, fuerte, justo, misericordioso y rey único bondadoso, 25 único liberal, único justo, omnipotente y eterno, que libras a Israel de todo mal, que elegiste a nuestros padres y los santificaste, 26 acepta este sacrificio por todo tu pueblo de Israel, protege tu heredad y santifícala. 27 Congrega a nuestros dispersos, vuelve la libertad a los que viven en servidumbre entre las naciones, pon los ojos en estos despreciados y abominados, conozcan las naciones que tú eres nuestro Dios. 28 Aflige a los que nos oprimen y con insolencia nos ultrajan. 29 Trasplanta tu pueblo a tu lugar santo, según dijo Moisés. 30 Los sacerdotes, entre tanto, cantaban himnos. 31 Cuando el sacrificio se hubo consumado, mandó Nehemías derramar el agua restante sobre grandes piedras; 32 y en cuanto lo hicieron, de la luz del altar se encendió una llama que la consumió. 33 Cuando esto se hizo notorio y contaron al rey de Persia que en el lugar donde los sacerdotes llevados cautivos habían ocultado el fuego apareció agua, con lo cual los que acompañaban a Nehemías habían encendido el sacrificio, 34 después de hechas averiguaciones, hizo cercar el sitio y lo declaró sagrado. 35 Aquel día fue día de felicitaciones, en que el rey repartió y recibió ricos presentes. 36 Los de Nehemías llamaron a aquel sitio Nafta, que quiere decir purificación; pero muchos le llaman Neftai.
De la historia del fuego sagrado no disponemos de otras fuentes de información, por lo que tampoco podemos juzgar de su veracidad. Knabenbauer y Gillet dudan de la historicidad de la fiesta del fuego de Nehemías. Se refiere en la carta una tradición popular que aclara lo del Lev 6:5 (12) acerca del fuego perpetuo en el altar de los holocaustos. Este carácter popular de la narración se confirma por el hecho de que no se habla del fuego en la misma fiesta de la purificación (1 Mac 4:54-59) ni se alude a él en 2:16. Si añadimos que el texto griego es defectuoso, puede inferirse que toda esta historia del fuego es sospechosa; aún más, atendiendo a la misma narración, "non immerito in dubium voćari potest" (Knabenbauer). Otros consideran el relato como un midrash. Sea lo que fuere, no por ello queda menoscabada la inerrancia bíblica. El autor reproduce el texto de una carta de la que no tenemos indicio alguno de que fuera inspirada. El compilador la transcribe por juzgar que es muy apta para recomendar la fiesta de la purificación, no porque crea en la historicidad de los detalles que en ella se refieren. Este documento es, pues, inspirado por razón consignationis, non ratione materiae.
Lo que se dice acerca de la labor de Nehemías corresponde a la exaltación de su personalidad por parte del pueblo, atribuyéndole obras y proyectos que no le pertenecen. Se habla en el v.23 de un hombre llamado Jonatán, que difícilmente puede identificarse con algún determinado homónimo del libro de Nehemías (12:14-18; Esdra 8:6; 10:15). La oración de que hablan los v.24-29 es el único ejemplo conocido de una plegaria sacrificial.
Al derramar el agua espesa sobrante sobre grandes piedras, se encendió una llama de la luz del altar, que la consumió. El rey de Persia, cuyo nombre no se menciona, fue testigo de tan gran prodigio, por lo que hizo cercar el sitio y declaró sagrado el lugar. El líquido misterioso es llamado neftar, que algunos relacionan con el verbo hebraico kafar, purificar. Según Abel, el término neftar es una contracción de una palabra compuesta de nephtaatar; nephta, que significa nafta, y atar, fuego. Nehemías encontró en este juego de palabras un vocablo apropiado para designar el líquido espeso, o nafta, del cual salió el fuego. Es evidente que el texto habla de la nafta, de un aceite proveniente de Persia 6.
Este relato, escribe Vigouroux, modelo característico de la hagada judía, contiene mucha fantasía y datos peregrinos. Nadie se extrañará de ello si tiene en cuenta que las informaciones proceden de una fuente apócrifa en que el papel de Nehemías es diferente del que le atribuyen los libros canónicos. El autor sagrado copia simplemente documentos; comprueba su existencia, sin garantizar la exactitud de las opiniones que allí se expresan 7.
Jeremías esconde el arca (2:1-8)
1 "Se halla en antiguos documentos que el profeta Jeremías, al mandar a los deportados tornar del fuego antes referido, les entregó un ejemplar de la Ley 2 y les recomendó que no diesen al olvido los preceptos del Señor ni se pervirtiesen a la vista de los ídolos de oro y de plata y sus adornos. 3 Muchas cosas como éstas les dijo, exhortándolos a no apartarse jamás del amor de la Ley. 4 También en el documento estaba escrito que el profeta, por revelación divina, mandó que le siguiesen el tabernáculo y el arca al encaminarse al monte donde había subido Moisés para ver desde allí la heredad de Dios. 5 Llegado a él, Jeremías halló una gruta a modo de estancia, en la cual introdujo el tabernáculo, el arca y el altar de los perfumes, tapando en seguida la entrada. 6 Algunos de los que le acompañaban vinieron luego para poner señales por el camino, a fin de poder hallarlo después. 7 Mas así que Jeremías lo supo, los reprendió, diciéndoles: "Este lugar quedará desconocido hasta que Dios vuelva a congregar a su pueblo y tenga de él misericordia. 8 Entonces dará a conocer el paradero de estas cosas, aparecerá su gloria, y asimismo la nube, como se manifestó al tiempo de Moisés y cuando Salomón pidió que el templo fuese gloriosamente santificado."
Los autores de la carta refieren algunas noticias que hallaron en antiguos documentos, de cuya naturaleza sólo se puede afirmar que no formaban parte de los libros canónicos. Peregrina es la noticia sobre el arca de la alianza, emplazada en la parte más santa del santuario (1 Re 6:19). ¿Qué suerte corrieron estos objetos sagrados en la destrucción del templo por Nabucodonosor? Ninguna noticia se ha conservado sobre ello en los libros canónicos, para los cuales ninguna importancia tendría el arca en los días de la restauración mesiánica. Según el documento apócrifo citado en la carta, Jeremías la escondió en una gruta del monte Nebo (Djebel Neba, al nordeste del mar Muerto), borrando cuidadosamente todo indicio que pudiera traicionar el secreto. Tanto el arca como el tabernáculo y el altar de los perfumes no aparecerán hasta que vuelva Dios a congregar al pueblo de Israel en los últimos tiempos.
Recuerdos de Salomón (2:9-12)
9 "También allí se cuenta cómo el rey sabio ofreció el sacrificio de la dedicación y terminación del templo; 10 y que así como, cuando Moisés oró al Señor, descendió fuego del cielo, que consumió el sacrificio, así también, orando Salomón, descendió fuego y consumió el holocausto. 11 Υ dijo Moisés: "Por no haber sido comido el sacrificio por el pecado, fue consumido por el fuego." 12 También Salomón celebró la fiesta por ocho días.
El prodigio del fuego se realizó también en tiempos de Moisés (Lev 9:22-24), repitiéndose al ofrecer Salomón el sacrificio de la dedicación del templo (1 Re 8:62; 2 Crón 7:1). Las palabras que se atribuyen a Moisés no se hallan en ningún texto canónico, pero parece que se refieren al incidente narrado en Lev 10:16-20. Pero no dice el texto mencionado que el fuego comiera al macho cabrío. Siete días duraron las fiestas de la dedicación del templo por Salomón (1 Re 8:65; 2 Crón 7:8-10). El día octavo, también festivo, celebróse la gran asamblea (Lev 23:36-39).
La biblioteca de Nehemías y Judas (2:13-15)
13 "Esto mismo se refiere en los escritos y memorias de Nehemías; y se dice, además, que había reunido una biblioteca y puesto en ella los libros de los reyes, los de los profetas y los de David y las cartas de los reyes sobre las ofrendas. 14Así también Judas reunió todos los libros dispersos por la guerra que hubimos de sufrir, que ahora se hallan en nuestro poder. 15 Si, pues, tuviereis de ellos necesidad, mandadnos quienes os los lleven.
El libro de las memorias de Nehemías nos es desconocido. Acaso sea el que sirvió de base para la composición del libro canónico que lleva su nombre. Nehemías, en época de restauración nacional completa, se preocupa de recoger los libros sagrados. Es el primer testimonio sobre la formación del canon de libros sagrados del Antiguo Testamento. El verbo griego episynagein da a entender que existía una colección anterior autorizadísima, a la cual se añadieron otros. A este supuesto se llega atendiendo al significado del verbo: "reunir añadiendo una cosa a una cantidad determinada." Existía en tiempos de Nehemías la primera colección formada por los cinco libros del Pentateuco. A ésta se añadieron los libros de los reyes, que para los LXX son los dos de Samuel y los de los Reyes. En el canon judío, los libros de los reyes y de los profetas forman la segunda colección. De la tercera se mencionan "los de David," con los que se alude a los salmos, que se coleccionaban bajo el nombre de este monarca, por considerarse el salmista por excelencia. Las cartas de los reyes sobre las ofrendas designan la colección de epístolas emanadas de la corte persiana, en las que se autorizaba a los judíos la restauración del templo. Estos libros ocupaban un lugar de honor y eran considerados como sagrados (8:23; 1 Mac 12:9). Contra ellos se ensañó el impío Antíoco Epifanes (1 Mac 1:56). Los judíos de Palestina están dispuestos a enviar a los de Egipto los libros sagrados de que tuvieran ellos necesidad, frase que puede interpretarse en el sentido de que en Palestina se reconocía la canonicidad de algún que otro libro de la tercera colección, de que no tenían todavía conocimiento los de Egipto.
Invitación final (2:16-19)
"16 Estando nosotros para celebrar la fiesta de la purificación, os escribimos estas letras: Haréis muy bien en solemnizar estos días. 17 Dios, que ha librado a su pueblo, nos ha devuelto a todos la heredad, el reino, el sacerdocio y el santuario, 18 como lo prometió en la Ley. Esperamos, pues, de Dios que pronto tendrá misericordia de nosotros y nos congregará en el lugar santo de entre todas las naciones que existen bajo el cielo, 19 pues nos ha librado ya de grandes calamidades y ha purificado el santuario."
Vuelve la carta a recomendar a los judíos de Egipto la celebración de la dedicación del templo. La situación político-religiosa reflejada en la conclusión de esta carta parece bastante optimista. La carta termina de manera abrupta. Es posible que la fecha que aparece en 1:9 se hallara originariamente al fin de la misma.
1 A. H. Sayce-A. E. Cowley, Aramaic papyri discovered at Assuan (Londres 1906); A. E. Cowley, Aramaic Papyri of fith Century B. C (Oxford 1923); E. Meyer, Der Papy-rusfund von Elephantine (Leipzig 1912); A. Vincent, La religión des Judéo-Araméens d'Ele-phantine (París 1937).
2 De victoria Verbi Dei 2:4:21: PL 169:1425-1438.
3 A.Sranqe, Le judaisme avant Jesus-Christ 520-557,.
4 Clem. De Alejandría, S trom. 1:22:150; 5:14:17; Eusebio, Praeparatio Evang. 7.14; 8:10; 13:12.
5 Orqtio suasorio. 1:6.
6 En Herkenne (Die Briefe zu Beginn des zweiten Makkabaerbuches: "Biblische Studien," 8:4, Friburgo i. Br. 1904) se encuentran expuestas las tentativas para resolver una cuestión que hasta el presente yace en el misterio.
7 Nephtar: "Dictionnaire de la Bible," 4:1597-1598.
Prefacio del autor.
La obra de Jasan (2:20-26)
20 La historia de Judas el Macabeo y de sus hermanos, la purificación del gran templo y la dedicación del altar, 21 las guerras de Antíoco Epifanes y de su hijo Eupator, 22 las apariciones celestes a los que gloriosamente combatían por el judaismo, para que, aun siendo pocos, recobrasen toda la tierra y pusieran en fuga muchedumbres de bárbaros, 23 y recuperasen el templo famoso en toda la tierra, y librasen la ciudad, y restableciesen las leyes que estaban a punto de quedar abolidas, siéndoles el Señor propicio con toda bondad, 24 fue narrada por Jasón de Cirene en cinco libros, que nosotros nos proponemos compendiar en un solo volumen. 25 Porque, considerando el número excesivo de los libros y la dificultad que hallan, por la muchedumbre de las cosas, los que quieren aplicarse a conocer las historias, 26 hemos pensado proporcionar solaz del alma a los aficionados a leer y dar a los estudiosos facilidad para aprender las cosas de memoria; en una palabra, alguna utilidad a todos aquellos que tomen este libro en sus manos.
Escribió Jasón la historia de las luchas de Judas Macabeo contra los reyes Antíoco Epifanes, Antíoco Eupator y Demetrio I Soter.
De la personalidad del autor nada se sabe; algunos i lo identifican con el legado mandado a Roma por Judas Macabeo (1 Mac 8:17) Lleva el sobrenombre de Girene, por ser acaso originario de esta localidad africana. Del anonimato le ha sacado el autor de nuestro libro. El autor sagrado trata de compendiar en un solo volumen lo que Jasón dijo en cinco. Con ello se propone tres fines: 1) proporcionar solaz al alma; 2) ayudar la memoria del lector; 3) ser útil a todos. La historia de Jasón era muy densa, larga y, al parecer, farragosa.
La obra del autor sagrado (2:27-30)
27 Mas para nosotros esta obra que hemos emprendido no ha sido cosa fácil, sino de mucho trabajo, sudores y desvelos. 28 Como el que prepara un festín, buscando complacer a otros, se echa encima una pesada carga, así nosotros, para merecer la gratitud de muchos, hemos tomado con gusto este trabajo. 29 Dejando al historiador el oficio de narrar detalladamente las cosas, nos hemos esforzado por seguir las normas de la condensación. 30 Pues así como el arquitecto que se propone levantar una casa nueva ha de pensar en el conjunto de la construcción, mientras que el decorador y pintor sólo tienen que cuidarse de lo que toca a la ornamentación, así creo yo que nos sucede a nosotros.
Por amor a los lectores se ha impuesto el autor un trabajo de síntesis, que le ha costado sudores y desvelos. Su labor puede compararse a la del que prepara un festín para satisfacer a los otros, mientras él se echa encima una pesada carga. El autor y el epitomador tienen cada uno su trabajo peculiar. A Jasón corresponde la tarea de examinar los hechos con acribía (diakriboun); al que compendia toca cumplir también con su cometido. Para ilustrar su pensamiento emplea una comparación sacada del arquitecto y del decorador. La explicación no es inútil, ya que manifiesta claramente que las características de la obra, su estructura, su composición literaria, lo que se juzga que se requiere para que uno pueda llamarse autor de un libro, pertenece a Jasón. Parece que el autor del libro deja a Jasón la responsabilidad de los detalles, mientras reclama para sí la gloria de haber interpretado fielmente su pensamiento y de haber condensado su obra voluminosa en un solo tomo. El autor sagrado aprueba las líneas generales de Jasón, pero no puede responder de los detalles. El no es historiador, y, por lo mismo, no se arroga "el oficio de narrar detalladamente las cosas."
El autor y el compilador (2:31-33)
31 Investigar la materia histórica, examinarla en todos sus aspectos y detalles, eso compete al narrador de la historia; 32 pero procurar el compendio de la narración, sin llegar a agotar e asunto, toca al compilador, 33 y con esto comenzamos nuestra narración, después de habernos extendido tanto en el prefacio. Sería una simpleza mostrarse difusos antes de entrar en materia, para luego ser breves en ésta.
En el texto original aparece clara la idea del hombre que entra en una propiedad de otro (embateuein), por la que se pasea a su gusto examinando todo hasta el último detalle, llegando al límite de la indiscreción. Esto es lo que hace el que escribe o narra una historia. Al compilador compete, en cambio, resumir la narración de manera que reproduzca en pocas palabras el pensamiento del autor. Con una expresión humorística pone término a su prólogo para no incurrir en el anacronismo de extenderse antes de entrar en materia, para ser breve luego en ésta.
1. Diversos Hechos Hasta la Purificación del Templo. (c.3:1-10:8).
Duelo entre Ornas y Simón (3:1-6)
1 Hallándose la ciudad en completa paz, observándose exactamente las leyes, por la piedad del sumo sacerdote Onías y su odio a toda maldad, 2 sucedía que hasta los mismos reyes honraban el santuario y lo enriquecían con magníficos dones. 3 Y así, Seleuco, rey de Asía, concedió de sus propias rentas todas las expensas necesarias para el servicio de los sacrificios. 4 Pero un cierto Simón, de la tribu de Benjamín, constituido inspector del templo, se enemistó con el sumo sacerdote con motivo de la fiscalización del mercado de la ciudad. 5 No pudiendo vencer la resistencia de Onías, se fue a Apolonio, de Tarso, que por aquel tiempo era general de la Celesiria y la Fenicia, 6 y le hizo saber cómo el tesoro de Jerusalén estaba lleno de riquezas indecibles, y que la cantidad de oro que allí había era incalculable y no se destinaba al sostenimiento de los sacrificios, pudiendo el rey apoderarse de ello.
De Onías III hace un gran elogio el autor de Eci 5:1. Fue sobrino de Onías II, contemporáneo de Tolomeo IV Filopator y Antíoco IV Epifanes. Yahvista hasta los tuétanos (15:12), se opuso a las tentativas de saqueo del templo por parte de Heliodoro, ministro de Hacienda de Seleuco IV. Su piedad y odio al pecado le hicieron acreedor a la veneración de todos. Los mismos reyes, Tolomeo II Filadelfo, Tolomeo III Evergetes y el mismo Antíoco III el Grande, honraban el santuario. Cuando este último anexionó la Judea a su reino, después de la batalla de Panión (199 a.C.), quiso superar la magnificencia de los Tolomeos con el intento velado de ganar para la causa seléucida a los sacerdotes de Jerusalén.
La política de captación había calado hondo en los círculos sacerdótales de Jerusalén. Cierto Simón, de la tribu de Benjamín (Bilga, leen De Bruyne Y Abel), encargado de la administración (prostasía) del templo e inspector del mercado público (agoraríamos), entró en conflicto con Onías, sin que podamos saber las causas. Despechado al no poder vencer la resistencia de éste, marchó al encuentro de Apolonio, general (strategós) de la Celesiria y de Fenicia, denunciando las enormes riquezas guardadas en el templo, de las que el rey podía apoderarse, porque "no se destinaban al sostenimiento de los sacrificios." Los particulares depositaban en el templo sus ahorros (Neh 13:5). Decisivo era el paso dado por Simón en la historia de las relaciones entre el judaísmo y el helenismo. En momentos en que la economía real vivía momentos cruciales eran sumamente peligrosas semejantes denuncias hechas por un judío con personalidad religiosa relevante.
Diálogo entre Onías y Heliodoro (3:7-14)
7 Apolonio se fue luego a ver al rey y le dio cuenta de los tesoros referidos. Este eligió a Heliodoro, su ministro de Hacienda, a quien envió con órdenes de apoderarse de las riquezas. 8 En seguida se puso en viaje Heliodoro, con el pretexto de visitar las ciudades de Celesiria y Fenicia, pero en realidad para ejecutar el propósito del rey. 9 Llegado a Jerusalén, fue recibido cordialmente por la ciudad y el sumo sacerdote, a quien dio luego cuenta de lo que le había sido comunicado y del motivo de su venida, preguntando si lo que se les había dicho se ajustaba a la realidad. 10 El sumo sacerdote le hizo ver que se trataba de depósitos de viudas y huérfanos 11 y de una cantidad que pertenecía a Hircano, hijo de Tobías, hombre de muy noble condición, contra lo que calumniosamente había denunciado el impío Simón; y que, en fin, la suma de todo el dinero era de cuatrocientos talentos de plata y doscientos de oro,12 siendo del todo imposible cometer tal injusticia contra los que habían confiado en la santidad del lugar y en la majestad del templo, honrado en toda la tierra. 13 Pero Heliodoro, en virtud de las órdenes del rey, contestó que aquellos tesoros habían de ser necesariamente entregados al tesoro real. 14 Señalado día, se preparó a entrar, dispuesto a apoderarse de tales riquezas, lo que produjo no pequeña conmoción en toda la ciudad.
Dio orden el rey de apoderarse de unas riquezas que tanto beneficiarían a la economía seléucida. Nada menos que el primer ministro, Heliodoro, recibió el encargo de ejecutar los propósitos del rey. Había en el templo una respetable suma perteneciente a la noble familia de los Tobiadas. Vivía Hircano (184-175) en la fortaleza de Araq-el-Emir, y era descendiente del famoso Tobías Amonita, contemporáneo de Nehemías (Neh 2:19; 6:6; 13:4). Partidario de los Lagidas, tuvo que abandonar Jerusalén al apoderarse de ella los seléucidas 2. La declaración de Onías acerca de los tesoros de Hircano depositados en el templo debió despertar aún más los deseos de Heliodoro de apoderarse de un dinero propiedad de un enemigo de los seléucidas. Según Onías, la cantidad de dinero depositado en el templo subía a la respetable suma equivalente a 2.390.000 dólares.
Un pueblo en oración (3:15-22)
15 Los sacerdotes, vestidos de sus túnicas sagradas, se arrojaron ante el altar; clamaban al cielo, invocando al que había dado ley sobre los depósitos de que les fueran guardados intactos a quienes los depositaron. 16 Nadie podía mirar el rostro del sumo sacerdote sin quedar traspasado, porque su aspecto y su color demudado mostraban la angustia de su alma. 17 El temor que se reflejaba en aquel varón y el temblor de su cuerpo revelaban a quien le miraba la honda pena de su corazón. 18 Los ciudadanos salían en tropel de sus casas para acudir a la pública rogativa en favor del lugar santo, que estaba a punto de ser profanado. 19 Las mujeres, ceñidos los pechos de saco, llenaban las calles; y las doncellas, recogidas, concurrían unas a las puertas del templo, otras sobre los muros, algunas miraban furtivamente por las ventanas, 20 y todos, tendidas las manos al cielo, oraban. 21 Era para mover a compasión ver la confusa muchedumbre postrada en tierra y la ansiedad del sumo sacerdote, lleno de angustia. 22 Todos invocaban al Dios omnipotente, pidiendo que los depósitos fuesen, con plena seguridad, conservados intactos a los depositantes.
Ningún poder humano era capaz de torcer la voluntad de Heliodoro; sólo Dios podía estorbar sus planes. Sacerdotes y pueblo se entregaban a ruidosas y espectaculares manifestaciones de duelo. Invocan al Dios "que había dado la ley sobre los depósitos" (Ex 22:7) para que velara por la incolumidad de los mismos.
Heliodoro fuera de combate (3:23-30)
23 Heliodoro, por su parte, dispuesto a consumar su propósito, estaba ya acompañado de su escolta junto al gazofilacio, 24 cuando el Señor de los espíritus y Rey de absoluto poder hizo de él gran muestra a cuantos se habían atrevido a entrar en el templo. Heridos a la vista del poder de Dios, quedaron impotentes y atemorizados. 25 Se les apareció un jinete terrible. Montaba un caballo adornado de riquísimo caparazón, que, acometiendo impetuosamente a Heliodoro, le acoceó con las patas traseras. El que le montaba iba armado de armadura de oro. 26 Aparecieron también dos jóvenes fuertes, llenos de majestad, magníficamente vestidos, los cuales, colocándose uno a cada lado de Heliodoro, le azotaban sin cesar, descargando sobre él fuertes golpes. 27 Al instante, Heliodoro, caído en el suelo y envuelto en tenebrosa oscuridad, fue recogido y puesto en una litera. 28 Y el que hacía poco, con mucho acompañamiento y con segura escolta, entraba en el gazofilacio, era ahora llevado, incapaz de auxiliarse a sí mismo, habiendo experimentado manifiestamente el poder de Dios; 29 y por la divina virtud yacía mudo, privado de toda esperanza de salud. 30 Los judíos, por su parte, bendecían al Señor, que había defendido el honor de su casa. Y el templo, poco antes lleno de terror y de turbación, ahora rebosaba de alegría y regocijo gracias a la intervención del Señor omnipotente.
No fue sordo Dios al clamor de su pueblo. Por su parte, Heliodoro pasó a realizar su cometido. Entró en el templo, y, cuando sus manos sacrilegas se disponían a saquearlo, el "Señor de los espíritus"— título que el libro de Henoc emplea repetidamente — demostró que era "Rey de absoluto poder" al enviar contra Heliodoro y su séquito un jinete que le derribó al suelo, donde fue acoceado por las patas traseras del caballo. El esplendor y agilidad de los ángeles vengadores contrasta con la figura ridicula de un ministro seléucida inválido, ciego, acardenalado y mudo por el alboroto.
Onías le salva la vida (3:31-34)
31 Pronto acudieron algunos de los de Heliodoro, suplicando a Onías que invocase al Altísimo para que hiciese gracia de la vida al que se hallaba en el último extremo. 32 Y temiendo el sumo sacerdote que el rey llegara a imaginarse que los judíos habían cometido algún crimen contra Heliodoro, ofreció un sacrificio por la salud de éste. 33 Mientras el sumo sacerdote ofrecía el sacrificio de propiciación, los mismos jóvenes se aparecieron de nuevo a Heliodoro, con las mismas vestiduras de antes, y, acercándose a él, le dijeron: "Da muchas gracias a Onías, el sumo sacerdote, pues a él le debes que el Señor te haya dejado la vida. 34 Tú, pues, castigado por Dios, confiesa ante todos su poder." Dicho esto, desaparecieron.
Más que magullamiento general, los jóvenes y las patas traseras del caballo del brioso jinete causaron a Heliodoro heridas precursoras de su muerte. La situación era comprometida en caso de que Heliodoro perdiera allí la vida, porque el rey seléucida culparía a los judíos de asesinato de su ministro. El sumo sacerdote ofreció un sacrificio por la salud de Heliodoro, que se encontraba en los últimos momentos. Todo el libro segundo de los Macabeos está sembrado de hechos milagrosos. Otras de sus peculiaridades es la confesión del poder, magnificencia y dominio supremo de Dios por parte de los gentiles.
Heliodoro regresa a Antioquía (3:35-40)
35 Heliodoro, después de ofrecer un sacrificio al Señor y de hacer grandes votos a quien le había concedido la vida, se despidió amigablemente de Onías y se volvió con sus tropas al rey, 36 dando público testimonio de las obras del Dios altísimo, que con sus ojos había visto, 37 Interrogado por el rey sobre quién sería más apto para enviarlo a Jerusalén, dijo: 38 "Si tienes a algún enemigo o alguien que conspire contra tu reino, mándalo allá, que bien castigado vendrá, si es que salva la vida, porque sin duda que hay en aquel lugar una fuerza divina. 39 El mismo que en los cielos habita tiene sus ojos puestos sobre aquel lugar para defenderlo y hiere de muerte a los que a él se llegan con malos propósitos." 40 Tal fue el episodio de Heliodoro y de la preservación del gazofilacio.
El que vino a Jerusalén como enemigo de Dios vuelve a sus tierras pregonando sus maravillas y poder. No debió el monarca quedar convencido del testimonio de su ministro, al que llamó para que le señalara cuál, a su juicio, sería el más indicado para renovar el intento. A lo que contestó Heliodoro con buena dosis de ironía: Al que el rey quiera castigar, que bien apaleado regresará, si es que salva la vida 3.
Rivalidad entre Onías y Simón (4:1-6)
1 El ya mencionado Simón, el delator del tesoro y de la patria, hablaba mal de Onías, afirmando ser él quien había maltratado a Heliodoro y el autor de todo el mal. 2 Al bienhechor de la ciudad, al defensor de sus ciudadanos, al celador de la Ley, se atrevía a llamarle traidor al reino. 3 Tan adelante fue esta enemistad, que hasta llegaron a cometerse homicidios por parte de algunos parciales de Simón; 4 tanto, que Onías, considerando lo peligroso de estas rivalidades y que Apolonio, hijo de Menesteo, general de la Celesiria y la Fenicia, favorecía la maldad de Simón, se fue a ver al rey, 5 no como acusador de sus conciudadanos, sino mirando al interés común, y en particular al de toda la nación, 6 pues veía que sin la intervención del rey era imposible lograr la paz en el gobierno y que Simón no cesaría en su locura.
Fundados eran los temores de Onías de que en Antioquía se le acusara de haber intentado asesinar a Heliodoro (3:32). El calumniador no fue el interesado, sino el malvado Simón. Capitaneaba éste el grupo de los helenizantes, haciéndose cada día más tirante la enemistad entre conservadores e innovadores. Por otra parte, sabía Onías que el general de Celesiria y de Fenicia, Apolonio de Tarso (4:4-23), hijo de Menesteo, apoyaba al partido helenizante. La tensión iba en aumento, sin que en el horizonte se vislumbrara un destello de esperanza para la causa del judaismo ortodoxo. Una decisión suprema se le ocurrió a Onías: entrevistarse con el rey y exponerle la situación. Se engañaba, porque al monarca interesaban agitadores que conmovieran la roca del judaismo tradicional, haciéndola más flexible a las ideas helenistas.
Jasón, sumo sacerdote (4:7-17)
7 Muerto Seleuco y apoderado del reino Antíoco, por sobrenombre Epifanes, Jasón, hermano de Onías, comenzó a ambicionar el sumo sacerdocio; 8 y en una audiencia prometió al rey trescientos sesenta talentos de plata, ochenta talentos más de otras rentas, 9 y sobre éstos, ciento cincuenta más, si se le autorizaba para instalar un gimnasio y una mancebía y se concedía a los de Jerusalén la ciudadanía antioquena. 10 Accedió el rey; y Jasón, obtenido el poder, luego se dio a introducir las costumbres griegas entre sus conciudadanos, 11 Abolió los privilegios otorgados a los judíos por el favor de los reyes, gracias a las gestiones de Juan, padre de Eupolemo, el que desempeñó la embajada para obtener la amistad y alianza de los romanos; contra los derechos ciudadanos introducía costumbres impías. 12 y hasta bajo la misma acrópolis se atrevió a erigir el gimnasio, obligando a educar allí a los jóvenes más nobles y a llevar el petaso. 13 Así cundió en alto grado el helenismo y progresó la introducción de costumbres extranjeras por la desalmada actitud del impío, más que sumo sacerdote, Jasón. 14 Los sacerdotes ya no se preocupaban del servicio del altar; antes mostrando poca estima del templo y descuidando los sacrificios, se apresuraban a tomar parte en los prohibidos ejercicios de la palestra en cuanto eran invitados a lanzar el disco. 15 Desdeñando los honores patrios, estimaban en mucho las distinciones griegas. 16 Por lo cual vino sobre ellos la gran calamidad de que aquellos mismos a quienes envidiaban y a quienes en todo querían imitar se volviesen luego contra ellos y fuesen sus enemigos y opresores. 17 No es cosa de poco ni que se hace impunemente violar las leyes divinas, como lo mostrará el tiempo venidero.
A Onías ganó la partida su hermano Jasón (forma helenizada de Josúa, Jesús), que litigaba delante del nuevo monarca con argumentos más contundentes y prácticos que los esgrimidos por él. Los reyes seléucidas ambicionaban el dinero y se vendían fácilmente al mejor postor. Pagaba Palestina al monarca sirio trescientos talentos, cantidad que Jasón prometió elevar a trescientos sesenta. Lo que pedía era muy del agrado del rey: instalar un gimnasio en Jerusalén para el perfeccionamiento de los atletas, una mancebía (1 Mac 1:14) para jóvenes de diociocho a veinte años y la ciudadanía antioquena para los de Jerusalén. Los ejercicios gimnásticos se realizaban ordinariamente por jóvenes completamente desnudos. La juventud judía helenizante sentía gran complejo ante las señales externas de la circuncisión, que trataron de disimular con una dolorosa operación (1 Mac 1:15). La acrópolis, a que se refiere el texto, designa la fortaleza ya existente en tiempos de Nehemías (Neh 2:8; 7:2) al norte del recinto del templo, que llevaba el nombre de Baris o Birah. En su lugar se levantó en tiempos de Herodes la fortaleza Antonia. No debe confundirse con el Acra, de que tanto hablan los libros de los Macabeos. Era el petaso un sombrero de anchas alas utilizado en los ejercicios atléticos a campo libre para resguardar la cabeza del sol o del agua. Era emblema de Mercurio, "el efebo perfecto, estilizado por los ejercicios del cuerpo, delgado y con musculatura fuerte, el dios agonfos, apto para las luchas y concursos" 1. Los jóvenes atletas podían pavonearse por calles y plazas y alardear de progresistas arropados con clámides de variados colores, el petaso sobre la cabeza, calzado cerrado, a la manera como lucen sus atuendos deportivos los atletas de nuestros días. Esta moda no dejaba de impresionar vivamente a todo joven israelita.
Por su proximidad con el templo, el gimnasio era una tentación continua para los sacerdotes jóvenes y progresistas, quienes podían fácilmente trasladarse de un lugar sagrado a otro profano. De todos estos males tenía la culpa el malvado Jasón. Fue él el capitosté que introdujo el helenismo y su culto en el recinto sagrado del templo; el que exaltó la fantasía de los sacerdotes, que entre sacrificio y sacrificio pasaban al gimnasio y competían con la juventud allí reunida en el lanzamiento del disco. De ahí que la disciplina sacerdotal se relajara y que se diera más importancia a las cosas del gimnasio que a su dignidad sacerdotal, que heredaron de sus antepasados. Acontecía en mayor escala lo que sucede hoy en ciertos ambientes sacerdotales jóvenes, en los que reina un entusiasmo desmesurado por el deporte, con detrimento del recogimiento religioso que exige su dignidad.
Los juegos de Tiro (4:18-20)
18 Al celebrarse en Tiro los juegos quinquenales con asistencia del rey, 19 el malvado Jasón mandó de Jerusalén espectadores, ciudadanos de Antioquía, portadores de trescientas drac-mas para el sacrificio de Hércules. Pero los que las llevaban pidieron que no se empleasen en los sacrificios, porque no convenía sino que se destinasen a otras expensas. 20 Y así aquella cantidad, que iba enviada, según la voluntad del donante, para el sacrificio de Hércules, por deseo de los portadores fue destinada a la construcción de trirremes.
En Tiro se celebraban los juegos quinquenales (penteteris, pen-teateris) a imitación de los juegos olímpicos, de las Panatenas de Atenas y de los juegos píticos de Delfos. A ellos envió Jasón delegados judíos, portadores de una pequeña ofrenda para el dios Hércules, o sea el dios fenicio Melqart. Es probable que en esta fiesta se conmemorara el cumplimiento del voto de Alejandro después de la toma de Tiro. Ario (2:24:6) representa al rey ofreciendo un sacrificio solemne a Hércules en presencia de las tropas. Si bien era insignificante la cantidad aportada por Jasón, tenía, no obstante, la significación de una communicatio in sacris con los paganos. Así lo entendieron los portadores de las dracmas, que pidieron se invirtieran en mejoras del puerto, o quizá a que con aquel dinero se engalanara una de las naves surtas en el mismo.
Antíoco Epifanes en Jerusalén (4:21-22)
21 Habiendo sido enviado a Egipto Apolonio, de Menesteo, con motivo de la entronización del rey Tolomeo Filometor, vino a saber Antíoco que aquel soberano era enemigo de su reino, y se propuso prevenirse contra él. Llegado a Jope, subió a Jerusalén, 22 donde Jasón y la ciudad le hicieron un magnífico recibimiento, y entró en medio de antorchas y aclamaciones. Condujo luego de allí sus tropas a Fenicia.
Apolonio fue enviado a Egipto, como legado real, a las fiestas de la entronización de Tolomeo VI Filometor (1 Mac 7:16ss). El embajador supo que los tutores del nuevo rey trataban de reivindicar la Celesiria, que les pertenecía, por haber sido entregada en dote a Cleopatra por su padre Antíoco III. Antíoco quiso demostrar que velaba por la integridad del imperio.
Menelao suplanta a Jasón (4:23-29)
23 Pasados tres años, envió Jasón a Menelao, hermano del antes mencionado Simón, para llevar dinero al rey y para gestionar ciertos asuntos importantes; 24 pero, ganada la gracia del rey, Menelao le adulaba, dándose aires de hombre influyente, con lo que obtuvo para sí el sumo sacerdocio, ofreciendo trescientos talentos más que Jasón. 25 Y así, con las credenciales del rey, se vino aquel hombre, que no tenía nada que le hiciera digno del sacerdocio, sino instintos de tirano cruel y sentimientos de fiera salvaje. 26 Jasón, que había suplantado a su hermano, fue a su vez suplantado por otro y forzado a huir a la tierra de Amón. 27 Mas como Menelao, una vez posesionado del poder, no cumpliese las promesas hechas al rey, 28 a pesar de las reclamaciones de Sóstrates, alcaide de la acrópolis, a quien pertenecía la exacción de los tributos, ambos fueron llamados por el rey. 29 A Menelao le reemplazó en el cargo de sumo sacerdote su hermano Lisímaco, en tanto que Sóstrates dejó que le sustituyera Grates, jefe de los chipriotas.
De Menelao sabemos que era hermano de Simón (3:4). Flavio Josefo dice que era hermano de Onías y Jasón, lo que no parece probable. Menelao no era de familia sacerdotal. En las entrevistas con los dignatarios de la corte debió de criticar la administración de Jasón y echarle en cara la adopción de métodos demasiado blandos para conseguir la rápida helenización de Palestina. A ello se juntó la sugerencia de que Palestina podía y debía tributar a las arcas reales trescientos talentos más de lo que ofrecía Jasón. Con las credenciales del rey y escoltado por un regimiento de chipriotas, Menelao presentóse a Jasón, exigiendo cuanto antes el cumplimiento de las órdenes reales. Jasón huyó a la región de los amonitas, poniéndose bajo la protección del Tobiada Hircano (3:11), partidario de los Tolomeos. Menelao no quiso o no pudo cumplir los compromisos contraídos con el rey, por lo que fue destituido juntamente con Sóstrates.
Muerte de Onías (4:30-34)
30 Entre tanto, los tarsenses y los maletas se rebelaron por haber sido dados en regalo a Antioquida, concubina del rey. 31 A toda prisa partió éste para aquietarlos, dejando encargado del gobierno a Andrónico, uno de sus dignatarios. 32 Menelao, juzgando la ocasión propicia, arrebató ciertos objetos del templo, que regaló a Andrónico; otros logró venderlos en Tiro y en las ciudades vecinas. 33 Cuando de esto supo con certeza Onías, que se hallaba retirado en un lugar de asilo, junto a Dafne, cerca de Antioquía, le reprendió. 34 Por lo cual, Menelao, llamando aparte a Andrónico, le pidió que matase a Onías; y aquél, yendo a verle, con dolo, dándole la mano y haciendo juramento, persuadió a Onías (aunque a éste no dejaba de serle sospechoso) a que saliese de su asilo, y al instante le mató, sin respeto alguno de la justicia.
Una rebelión de los de Tarso y de los malotas obligó al rey a alejarse de Antioquía en los días en que debían llegar los dos dignatarios depuestos, Menelao y Sóstrates. Providencial fue para Menelao esta coyuntura, que aprovechó para ganar el favor de Andrónico 2. La voz de Onías debió de calar hondo en la conciencia de Andrónico y Menelao, porque también para ellos la enajenación de objetos sagrados era considerada como un acto idolátrico. Para acallar sus remordimientos determinaron quitarlo de en medio. Onías, que sospechó lo que se estaba tramando en torno suyo, refugióse en Dafne. En un paraje hermosísimo, vecino a Antioquía, con árboles y mucha vegetación, existía un templo al dios Apolo, con privilegio de asilo ·*. Con engaño logró Andrónico alejar al venerable sacerdote de aquel lugar, lo que aprovechó para asesinarle.
Ejecución de Andrónico (4:35-38)
35 Fue esto motivo de que no sólo los judíos, sino también muchos de las otras naciones se indignaran y llevasen muy a mal la inicua muerte de tal varón. 36 Vuelto de Cilicia el rey, se le presentaron los judíos de Antioquía y muchos de los griegos, que asimismo aborrecían la maldad, para hablarle de la muerte injusta de Onías. 37 Cordialmente se entristeció Antíoco, y, movido de compasión, derramó lágrimas, recordando la discreción y gran modestia de Onías; 38 e indignado, al instante despojó a Andrónico del manto de púrpura e hizo que, desgarrados los vestidos, le pasearan por la ciudad, hasta el sitio mismo en que había impíamente asesinado a Onías. Allí fue ejecutado aquel criminal, dándole el Señor su merecido.
Griegos y judíos lloraron la muerte de un varón que había conquistado su corazón por su religiosidad, discreción y modestia. Los primeros veían en su asesinato la violación del derecho de asilo; los segundos, la muerte ignominiosa de un distinguido personaje de su raza. El se enfureció contra su ministro por haberse arrogado atribuciones que no le pertenecían y porque había quitado de en medio una valiosísima pieza en su juego de ajedrez con relación al cargo de sumo sacerdote. El autor dice que Antíoco derramó lágrimas y lloró la muerte de Onías. Es posible que estas muestras de pesar fueran una ficción y un pretexto para eliminar a un funcionario que le resultaba molesto, en primer lugar por haber violado a su antojo el derecho de asilo y por ser Andrónico un testimonio viviente del asesinato por orden de Antíoco de un hijo de Seleuco 4.
Muerte de Lisímaco (4:39-42)
39 Muchos fueron los robos sacrilegos cometidos en Jerusa-lén por Lisímaco, aconsejado por Menelao; tantos, que, difundida la fama, se amotinó el pueblo contra Lisímaco, pero ya cuando muchos objetos de oro habían desaparecido. 40 Excitada la muchedumbre e inflamada en cólera, armó Lisímaco unos tres mil hombres y comenzaron a obrar desaforadamente. Era su jefe un cierto Tirano, no menos avanzado en años que en crueldades. 41 Cuando se dieron cuenta de que Lisímaco los atacaba, cogieron unos piedras, otros estacas y algunos hasta la ceniza que tenían a mano, y confusamente las arrojaban contra los que rodeaban a Lisímaco. 42 Fueron heridos muchos de ellos, algunos derribados y todos ahuyentados; el mismo sacrilego quedó muerto junto al gazofílacio.
Menelao, el instigador de la muerte de Onías, en apariencia quedó impune. Sus compromisos con el rey le obligaron a escribir a Lisímaco, diciéndole que reuniera dinero y objetos preciosos, dondequiera se hallasen, y los enviara a su nombre a Antioquía, Lisímaco fue obediente, pero fue tan despiadada la expoliación y llevada a cabo con tanta desfachatez, que el pueblo se amotinó. Lisímaco encontró la muerte junto al gazofilacio del templo.
Menelao triunfante (4:43-50)
43 A propósito de estos hechos se entabló un juicio contra Menelao. 44 Habiendo venido el rey a Tiro, tres varones enviados por el senado propusieron ante él la causa. 45 Menelao, viéndose ya perdido, prometió mucho dinero a Tolomeo, hijo de Dorimenes, si le ganaba al rey. 46 Y, en efecto, Tolomeo, llevándolo aparte, hacia un peristilo, como para tomar el fresco, hizo de mudar de sentencia al rey, 47 que absolvió de todos sus crímenes a Menelao, autor de toda maldad, y condenó a muerte a aquellos desdichados, que, si ante los escitas hubieran tenido que defender su causa, habrían sido dados por inocentes. 48 Sin tardanza fueron al injusto castigo los que habían tomado la defensa de la ciudad, del templo y de los vasos sagrados. 49 Pero hasta los tirios, horrorizados de la maldad, les hicieronmagníficos funerales. 50 Entre tanto, Menelao permanecía en el poder, por la avaricia de los gobernantes, y progresaba en maldad, convertido en feroz perseguidor de sus conciudadanos.
Esta vez es el sanedrín que se reúne y envía a tres varones a Tiro para que planteen al rey el caso de Menelao. No culpa el pueblo a Lisímaco, al cual consideran como simple mandatario, sino a Menelao, el inductor del crimen. Parecía que la causa de éste estaba irremisiblemente perdida, pero le salvó su sagacidad y astucia. Especulando otra vez con el dinero, se lo prometió abundante a To-lomeo (1 Mac 3:38; 2 Mac 8:8) en caso de interceder por él ante el rey. Los escitas tenían la fama de ser el pueblo más bárbaro 5. Todo corazón, por gentil y pagano que sea, se conmueve ante la opresión de un inocente.
Funestos presagios (5:1-4)
1 Por este tiempo preparó Antíoco su segunda expedición a Egipto, 2 y, por espacio de casi cuarenta días, por toda la ciudad aparecieron en el aire carreras de jinetes vestidos con túnicas doradas, armados de lanzas, a semejanza de cohortes, 3 y escuadrones de caballos en orden de batalla, ataques y cargas de una y otra parte, movimiento de escudos, multitud de lanzas, espadas desenvainadas, lanzamiento de dardos, brillar de armaduras de oro y corazas de todo género. 4 Por lo cual, todos rogaban que tales apariciones fuesen buen presagio.
De una campaña de Antíoco contra Egipto se habla en 1 Mac 1:16-20. Discuten los autores (Abel, Bévenot, Knabenbauer, etc.) si en nuestro texto se alude a una segunda o a la fase ulterior de una misma expedición. ¿Qué pensar de los fenómenos naturales o sobrenaturales visibles sobre el cielo de Palestina por el espacio de cuarenta días? ¿Se trata de una ilusión colectiva? ¿Hubo o no milagro? Debemos tener en cuenta, antes de juzgar de la naturaleza de estas apariciones, que el número cuarenta es considerado por los semitas como sagrado y simbólico; que en la terminología empleada se vislumbra el vocabulario empleado por Polibio; que la narración presenta claras analogías con relatos similares de historiadores paganos 1. Knabenbauer enumera una serie de prodigios de esta índole. Todos los hemos visto, o nuestra fantasía los ha forjado, en momentos muy críticos y trascendentales para España. Se trata, a nuestro parecer, de fenómenos naturales, de disposiciones caprichosas de nubes en el firmamento que toman la forma que más conviene al ánimo del espectador. El autor sagrado cita lo que Jasón de Cirene describe con tanta facundia de estilo.
Jasan, en Jerusalén (5:5-10)
5 Difundido el rumor de que Antíoco había muerto, tomó Jasón no menos de mil hombres y atacó de improviso la ciudad. Aunque los moradores corrieron a los muros, la ciudad fue tomada, y Menelao se refugió en la acrópolis. 6 Jasón hizo sin piedad gran matanza entre sus conciudadanos, no teniendo en cuenta que una feliz jornada contra sus conciudadanos es el mayor infortunio; pensando, por el contrario, que alcanzaba trofeos de enemigos y no de connacionales. 7 Mas no por eso logró adueñarse del poder, y al fin recibió el oprobio como premio de su traición, teniendo que huir de nuevo a la tierra de Amón. 8 El fin de su perversa vida fue éste: que, acosado por Aretas, rey de los árabes, huyendo de ciudad en ciudad, de todos perseguido, detestado como renegado de su Ley, execrado como verdugo de su patria y de sus conciudadanos, fue empujado hasta Egipto; 9 y el que a tantos había desterrado de la patria, vino a acabar en tierra extraña, huyendo a Lacedemonia con la esperanza de lograr un refugio en gracia del parentesco; 10 y el que a tantos había dejado sin sepultura, murió sin ser por nadie llorado y privado de sepultura, no sólo del sepulcro familiar.
Con un millar de beduinos reclutados en TransJordania subió Jasón contra Jerusalén, que capituló ante él, obligando a Menelao a encerrarse en la fortaleza de Baris. Jasón se excedió en su acción, matando a muchos y robando bienes a mansalva, por lo que se atrajo el odio de los judíos ortodoxos. Los helenizantes preferían el caudillaje de Menelao. Desilusionado, y con el temor de encontrarse con la tropa de Antíoco, regresó a su escondrijo de Transjordania.
Como el de todos los enemigos del judaismo, el fin de Jasón fue desastroso. Morir en tierra extraña, sin que nadie le llore ni quien le depare una sepultura digna, lejos del panteón familiar, era para los antiguos una grave desdicha. Para un sumo sacerdote era el colmo de la degradación e ignominia. Tal fue la suerte del impío Jasón. Al vanagloriarse Jasón de la hecatombe de sus connacionales, comenta el autor: "No tuvo en cuenta que una feliz jornada contra sus ciudadanos es el mayor infortunio."
Antíoco, en Jerusalén (5:11-16)
11 Llegados a noticia del rey estos sucesos, sospechó que la Judea quería rebelarse; y así, al volver de Egipto hecho una furia, se apoderó de la ciudad por la fuerza de las armas 12 y ordenó a los soldados herir sin piedad a los que les salieran al encuentro y degollar a los que subiesen sobre las casas. 13 Así fueron muertos jóvenes y viejos, fenecieron hombres y mujeres y niños, y fueron degollados doncellas y niños de pecho. 14 En tres días enteros que duró, perecieron ochenta mil personas; cuarenta mil cayeron asesinadas, y otras tantas fueron vendidas por esclavos. 15 No satisfecho con esto, se atrevió a entrar en el templo, el más santo de toda la tierra, siendo su guía el traidor a la religión y a la patria, Menelao. 16 Con sus impuras manos tomó los vasos sagrados, y arrebató los dones que por otros reyes habían sido ofrecidos para realzar la gloria y la dignidad del lugar, entregándolos a manos impuras.
No habiendo salido a su gusto las operaciones de Egipto, descargó Antíoco todo su furor contra la indefensa ciudad de Jerusalén. De regreso a Siria, torció hacia la ciudad santa para ahogar la insurrección que, según fuentes seléucidas, se había fraguado allí. Al asesinato en masa siguió la expoliación del templo, en donde entró con desfachatez acompañado del sumo sacerdote Menelao. El número de muertos es excesivo, y puede explicarse por el carácter simbólico del número, por una hipérbole o por corrupción del texto.
Castigo de Dios (5:17-20)
17 Llena el alma de orgullo, Antíoco no veía que, por los pecados de los moradores de la ciudad, el Señor se había por breve tiempo irritado, y por esto había ocurrido aquel desacato hacia el lugar. 18 Si no hubiese sido por estar ellos cargados de tantos pecados, igual que Heliodoro, el enviado del rey Seleuco, para apoderarse del tesoro, hubiera éste sentido, en cuanto allí puso el pie, reprimida su audacia por los azotes. 19 Pero no eligió el Señor por el lugar, sino el lugar por la nación; 20 por lo cual, aquél ha tenido que participar de la desdicha del pueblo, así como después participó en los beneficios del Señor, y, abandonado a la cólera del Omnipotente, de nuevo ha sido restaurado con gran gloria en la reconciliación del altísimo Señor.
El autor sagrado sale al paso de una objeción que se le podría hacer: ¿Por qué Dios, que castigó tan severamente a Heliodoro (3:14-4), permanece impasible en el momento presente? Ciertamente, Dios no interviene ahora, porque ha escogido a Antíoco como instrumento para castigar los pecados de su pueblo. También en tiempos de Heliodoro existían pecadores, pero no era tan grande la irreligión como ahora. Entonces un sumo sacerdote legítimo y digno prestaba sus servicios en el templo; ahora es intruso el que ejerce las sagradas funciones, y gran parte del pueblo le sigue fielmente. El castigo es bien merecido. Falsamente creían los judíos que el templo era inviolable (Jer 7:1-15). El templo no es en sí mismo un fin, sino un medio para conseguir un fin superior. Si por sus pecados el pueblo se hace indigno de él, puede Dios privarle del santuario, que sigue los destinos del pueblo judío. Dios se ha apiadado de su pueblo, y el templo ha sido restaurado con gran alegría (7:33; 8:29).
Antíoco regresa a Siria (5:21-23)
21 En suma, que Antíoco, habiendo arrebatado del templo mil ochocientos talentos, a toda prisa se retiró a Antioquía, pensando, en su orgullo, que podría navegar por la tierra y andar por el mar, para vanagloria de su espíritu. 22 Todavía dejó prefectos que afligieron a la nación en Jerusalén, a un tal Filipo, frigio de nación, más cruel que el mismo que lo había puesto; y en Garizim, a Andrónico. A los cuales hay que añadir Menelao, que a todos excedió en maldad contra sus conciudadanos 23 y era el que peores sentimientos tenía hacia sus compatriotas.
Después de una reflexión teológica, cuenta el autor que Antíoco marchó a Siria con un botín valorado en casi dos millones de pesetas. Para que no se repitiera otro intento de rebelión, dejó en Jerusalén una guarnición mandada por el frigio epistates, o gobernador, Filipo (6:11; 8:8). Como tropa de refuerzo estacionó otra guarnición en Garizim, al mando de Andrónico, distinto del que se habló en 4:38. Peor que todos ellos era Menelao.
Acción de Apolonio (5:24-27)
24 Más tarde envió todavía Antíoco al abominable Apolonio con un ejército de veintidós mil hombres, con órdenes de degollar a todos los adultos y vender a las mujeres y a los jóvenes. 25 Llegó éste a Jerusalén simulando paz, y hasta el día santo del sábado se estuvo quieto. Entonces, mientras los judíos estaban en la fiesta, dio órdenes a sus soldados de hacer ejercicios, 26 y mató a todos cuantos salieron a contemplarlos, e invadiendo luego la ciudad, dio muerte a una gran muchedumbre. 27 Pero Judas Macabeo, con otros nueve, se retiró al desierto, y con los suyos vivía, a la manera de las fieras, en los montes, alimentándose de hierbas por no contaminarse.
Sin enlazar los datos cronológicos acumula el autor hechos sobre las calamidades que sobrevinieron a Jerusalén. La profecía de Daniel 11:30-33 estaba a punto de cumplirse. Pero también dejaba entrever el profeta (11:34) la salvación, que vendría con Judas Macabeo (1 Mac 2:4), que se escondió en lugares desérticos para no contaminarse con las impurezas de las ciudades. Mientras en éstas se comían carnes inmoladas a los ídolos, él y otros se alimentaban de hierbas (10:6)
Persecución religiosa y cultos paganos (6:1-11)
1 No mucho tiempo después mandó el rey a un anciano ateniense para que obligara a los judíos a dejar la religión de sus padres, prohibiéndoles vivir según las leyes de Dios; 2 y con orden de que profanara el templo de Jerusalén y lo dedicara a Júpiter Olímpico, y el de Garizim, según la condición de los moradores del lugar, a Júpiter Hospitalario. 3 Grave e insoportable era para la muchedumbre el progreso de la maldad; 4 porque el templo era teatro de libertinajes y orgías de los gentiles, que se solazaban allí con las meretrices y en los atrios sagrados tenían comercio con las mujeres, llenándolo todo de inmundicias. 5 El altar mismo estaba lleno de cosas indecentes, execradas por la Ley. 6 No se observaban los sábados, ni se guardaban las fiestas patrias, ni siquiera podía uno declararse judío. 7 Al contrario, con inexorable violencia eran arrastrados a celebrar cada mes el natalicio del rey y a participar en los sacrificios; y cuando se celebraban las fiestas de Dionisio, eran forzados los judíos a tomar parte en las procesiones coronados de hiedra.8 Por sugestión de los tolemenses, se publicó un edicto en las ciudades griegas inmediatas, para obrar de igual modo con los judíos, obligándolos a participar en los sacrificios 9 y condenando a muerte a los que no consintiesen en acomodarse a las costumbres gentílicas. Era de ver qué excesos de desolación tuvieron entonces lugar. 10 Dos mujeres fueron delatadas por haber circuncidado a sus hijos, y, con los niños colgados de los pechos, las pasearon por la ciudad y luego las precipitaron de las murallas. 11 Otros que se habían reunido en próximas cavernas para celebrar ocultos el día séptimo, denunciados a Filipo, fueron entregados a las llamas. Ni pensaron en defenderse, por el sumo respeto hacia el día santo.
De Antíoco había emanado un decreto (1 Mac 4:43-64) obligando a todos a regirse por las leyes y cultura griegas. Para que la orden se cumpliera, puso en ciudades estratégicas observadores (epískopoi) encargados de denunciar a los recalcitrantes. En nuestro texto se dice que el rey mandó a un geronta athenaion. Quiso Antíoco que fuera un ateniense el que infundiera a los jerosolimitanos el helenismo más puro. El Dios de los judíos debía ceder su puesto a Júpiter, bajo el doble título de Olimpo y Hospitalario. En adelante, en Jerusalén, el antiguo nombre de Yahvé será suplantado por el de Zeus Olímpico. Los samaritanos, que habían levantado sobre el Garizim un templo rival al de Jerusalén, solicitaron de Antíoco concediera a su templo el título de Júpiter Hospitalario 1. En el texto griego se da a Júpiter de Garizim el sobrenombre de enios, o bien porque su misión consistía en velar por los extranjeros o por aludir al origen extranjero de los samaritanos (2 Re 17:24).
El venerable ateniense cumplió su misión a las mil maravillas. En el templo de Jerusalén se repetían escenas que recordaban los cultos sexuales cananeos (2 Re 23:7). Se introducía en el recinto sagrado toda suerte de inmundicias: carnes impuras, bebidas, vestidos sin lavar, vajilla contaminada, etc. Sobre el altar sacrificáronse cerdos, según testimonio de Diodoro (39:1:4). Los sábados no se observaban (1 Mac 1:45-51). Cada mes los judíos eran constreñidos a celebrar el natalicio del rey, participar en los sacrificios que se inmolaban con este motivo y comer sus carnes. De esta conmemoración mensual, que algunos (Ürimm, Wilrich) habían puesto en duda, se han encontrado pruebas fehacientes de su celebración en Egipto, Comagene y Pérgamo desde el siglo III a.C. hasta los tiempos de Adriano 2.
Era Dionisio el más popular de los dioses. En su honor se organizaba una procesión, a la que asistían sacerdotes, magistrados, efebos, etc. Las canéforas, que llevaban en sus cestas toda suerte de primicias y víctimas, figuraban en el cortejo. La efigie del dios iba en sitio de honor rodeada de sátiros y bacantes. En muchos sitios era considerado como delito mantenerse sobrio en estas fiestas 3. Plutarco4 relaciona esta fiesta con la de los Tabernáculos. Los judíos helenistas de Palestina introdujeron en ésta costumbres licenciosas importadas del helenismo.
Ruego del autor (6:12-17)
12 Por esto ruego a aquellos a cuyas manos venga a parar este libro que no se escandalicen de estos desdichados sucesos, ni piensen que para ruina y no para corrección de nuestro linaje sucedieron tales cosas. 13 Que no dejar mucho tiempo impunes a los pecadores, sino aplicarles luego el castigo, es gran beneficio. 14 El Señor aguanta con paciencia a las otras naciones, para castigarlas cuando han llenado la medida de sus iniquidades. 15 Mas no obra así con nosotros, que sólo cuando hayamos llegado al colmo de nuestros pecados ejerce la venganza. 16 Nunca apartará su misericordia de nosotros; y corrigiendo a su pueblo con la adversidad, no le abandona, 17 sólo para memoria hemos dicho esto. Ahora prosigamos nuestra narración.
Tantos males abatidos sobre Israel podían despertar la idea de que Dios habíase desentendido de su pueblo, abandonándolo a su propia suerte. Al contrario, dice el autor, Dios, al que ama, castiga (7:33). A los judíos les castiga por sus pecados, con lo cual demuestra interés por ellos y un deseo ardiente de que se conviertan y vivan.
Martirio de Eleazar (6:18-31)
18 A Eleazar, uno de los primeros doctores, varón de avanzada edad y noble aspecto, abriéndole la boca, querían forzarle a comer carnes de puerco. 19 Pero él, prefiriendo una muerte gloriosa a una afrentosa vida, iba de su propia voluntad al suplicio, 20 y la escupía, como han de hacer los que tienen valor para rechazar de sí cuanto no es lícito comer por amor a la vida. 21 Los que presidían el inicuo sacrificio, por la amistad que de antiguo tenían con aquel varón, tomándole aparte, le exhortaban a traer cosas de las permitidas, preparadas por él, para simular que había comido las sacrificadas, según mandato del rey. 22 Haciendo así se libraría de la muerte, y por la antigua amistad hacían con él este acto de humanidad. 23 Pero él, elevándose a más altas consideraciones, dignas de su edad, de la nobleza de su vejez, de su bien ganada y respetada canicie y de la ejemplar vida que desde niño había llevado, digna en todo de las leyes santas establecidas por Dios, respondió diciendo que cuanto antes le enviasen al Ades; 24 que era indigno de su ancianidad disimular, no fuera que luego pudiesen decir los jóvenes que Eleazar, a sus noventa años, se había paganizado con los extranjeros. 25 "Mi simulación — dijo — por amor de esta corta y perecedera vida, los induciría a error, y echaría sobre mi vejez una afrenta y un oprobio; 26 pues aunque al presente lograra librarme de los castigos humanos, de las manos del Omnipotente no escaparé ni en vida ni en muerte, 27 Por lo cual animosamente entregaré la vida y me mostraré digno de mi ancianidad, 28 dejando a los jóvenes un ejemplo noble, para morir valiente y generosamente por nuestras venerables y santas leyes." Diciendo esto, tomó el camino del suplicio, 29 conducido por aquellos mismos que poco antes se mostraban humanos para con él, pero que ahora, enfurecidos a causa de las palabras proferidas, le azotaban, teniéndolo por insensato. 30 Estando para morir de los azotes, exhaló un gemido y dijo: "El Señor santísimo ve bien que, pudiendo librarme de la muerte, doy mi cuerpo a los crueles azotes; pero mi alma los sufre gozosa por el temor de Dios." 31 Así acabó la vida, dejando con su muerte, no sólo a los jóvenes, sino a todos los de su nación, un ejemplo de nobleza y una memoria de virtud.
Era Eleazar un anciano de noventa años, al que forzaron para que comiese carne de cerdo (Lev 11:7) o simulara comerla. Al negarse a lo uno y a lo otro, lo sometieron al suplicio del tímpano, consistente en una rueda o cruz a la que se sujetaba al ajusticiado, quebrándosele los huesos (Hebr 11:35). No pudiendo Eleazar acercar sus manos a la boca por tenerlas sujetas con hierros a la cruz, escupía la carne porcina que le introducían en la boca. El autor sagrado no describe su muerte, que Jasón contaba acaso largamente, pero recoge los últimos momentos del mártir, por constituir un testimonio de su fe en Dios y de respeto hacia la ley de sus padres. Judíos y cristianos han admirado y exaltado el valor de Eleazar. El libro IV de los Macabeos, capítulos 5-7, cuenta ampliamente su vida y muerte. San Juan Crisóstomo le llama "protomártir del Antiguo Testamento" (In sanctos Machabaeos hom.3: PG 50,627); San Gregorio y San Ambrosio afirman que fue el maestro de los siete hermanos Macabeos.
1 Ant. lud. 12:50:58; Contra Ap. 2:48.
2 A. Momjgliano, I Tobiadi nella preistoria del moto maccabaico: "Atti della R. Accade-mia delle Scienze de Torino." 67 (1932) 165-200,
3 Algunos autores (Moffat) distinguen dos tradiciones en el relato y atribuyen al compendiador la tarea de adornar el texto con noticias sacadas de otras fuentes. Todas estas conjeturas no tienen punto de apoyo, ya que faltan otros testimonios fidedignos. Véanse en Abel las interpretaciones dadas a este episodio por el autor del cuarto libro de los Maca-beos, c.1, por Le Syncelle y Ben Gorion. Un estudio más amplio de esta sección en E. J kermann, Héliodore au temple de Jérusalem: "Annuaire de l'Instftut de fhilologie & d'His-toire Orientales et Slaves," 7 (1939-1944) 5-40.
1 Dictionnaire des Antiquités, s.v.
2 heródoto, 3:64; dtodoro, 30,7:2.
3 estrabón, 15:2:6.
4 Diodoro, 30,7:23; Juan De Antioquía, Fragm. 58. Véase C. Müuler, Fragmenta Hijos graecorum, 4 (París 1861)
5 Cicerón, In Verrem 2:5:150; Jn Pis. 8:18: "Quis hoc fecit ulla in Scythia tyrannus, ut eos, quos luctu afficeret, lugere non sineret?"
1 Appiano, 4:4; Plinio, Natur. Hist. 2:56; Tito Livio, Ep. 2:42; 3:10; 24:44; 37:3; Tácito, Hist. 5:13; Flavio Josefo, Bell. Lud. 6:5:3. Véase También San Gregorio Magno; PL 76:1078.
1 Flavio Josefo, Ant. lud. 12:5:5.
2 E. Schürer, Zu II Mace. 6:7, monatliche Geburtstagsfeier: "Zeistchnft für-neuttesta-mentliche Wissenschaft," 2 (1901) 48-52.
3 Luciano, Calumníete non temeré credendum 16.
4 Quaestionum convivalium 4:6:1; Tácito, Hist. 5:5.
Martirio de los siete hermanos con su madre (c.7)
No solamente los ancianos, sino también los jóvenes supieron morir en defensa de la Ley. Esto es lo que trata de demostrar el hagiógrafo al describir brevemente lo que el autor del IV de los Macabeos ha tratado en dieciséis capítulos. El autor sagrado ha compuesto este capítulo more rethorum facundo sermone 1, y no con la finalidad de someter a la criba de la crítica los detalles que en él se mencionan. Difícil es precisar qué partes son propias del que resume y cuáles son las que proceden de Jasón o de otros documentos. El que sean siete los mártires ha contribuido a que los críticos pongan en tela de juicio este detalle numérico. San Cipriano relaciona este número con el de los siete espíritus, siete ángeles que están ante el trono de Dios, siete brazos del candelabro, siete candelabros del Apocalipsis, las siete columnas de Salomón, las siete mujeres en Isaías, las siete iglesias, etc. En 4 Mac 14:7 se dice: "¡Oh santo número de los siete hermanos tan unidos entre sí! Porque de la misma manera que los días de la creación del mundo forman un círculo piadoso, de la misma manera lo hacen en torno al número siete los jóvenes que han vencido el temor a los suplicios." No se sabe cuándo los hermanos Macabeos fueron martirizados; no puede solucionar la cuestión el hecho de que se hable del rey. Todos los autores convienen en considerar el relato como obra maestra. Desde el principio al fin crecen de intensidad los tonos de la conmoción; aumenta la tensión por razón de las circunstancias, de las palabras de los mártires, de las amenazas del tirano. La antigüedad cristiana celebró la fiesta de su martirio, que, según una antigua tradición, tuvo lugar en Antioquía. Llámanse Macabeos por hablar de ellos el libro que lleva este nombre.
Muere el primero de los hermanos (7:1-6)
1 Es muy digno de memoria lo ocurrido a siete hermanos que con su madre fueron presos, y a quienes el rey quería forzar a comer carnes de puerco prohibidas, y por negarse a comerlas fueron azotados con zurriagos y nervios de toro.2 Uno de ellos, tomando la palabra, habló así: "¿A qué preguntas? ¿Qué quieres saber de nosotros? Estamos prontos a morir antes que traspasar las patrias leyes." 3 Irritado el rey, ordenó poner al fuego sartenes y calderos. Cuando comenzaron a hervir, 4 dio orden de cortar la lengua al que había hablado y de arrancarle el cuero cabelludo, a modo de los escitas, y cortarle manos y pies a la vista de los otros hermanos y de su madre. 5 Mutilado de todos sus miembros, mandó el rey acercarlo al fuego y, vivo aún, freírle en la sartén. Mientras el vapor de ésta llegaba bastante a lo lejos, los otros, con la madre, se exhortaban a morir generosamente, 6 diciendo: "El Señor Dios nuestro nos mira y tendrá compasión de nosotros, como lo dice Moisés en el cántico de protesta contra Israel: Tendrá piedad de sus siervos."
No es probable que en su martirio interviniese el rey personalmente; su presencia es más bien moral. Para rebajar la moral del joven y quebrantar su entereza se le azotó con zurriagos y nervios de toro (Act 22:24). Se le somete al tormento utilizado entre los escitas, consistente en arrancar el cuero cabelludo a los condenados a muerte 3. En boca de los hermanos y de la madre aparecen palabras del Deut 32:36, dándoseles un sentido más profundo del que tienen en el original.
Martirio de otros cinco (7:7-19)
7 Muerto de esta manera el primero, tomaron al segundo para atormentarle. Y, arrancando el cuero cabelludo, le preguntaron si estaba dispuesto a comer antes de ser atormentado en su cuerpo miembro por miembro. 8 El, en su propia lengua, respondió: "¡No!" Por lo cual en seguida se le dio el mismo tormento que al primero.9 Estando para exhalar el postrer aliento, dijo: "Tú, criminal, nos privas de la vida presente; pero el Rey del universo nos resucitará a los que morimos por sus leyes a una vida eterna." 10 Después el tercero fue expuesto a los insultos, y mandándole sacar la lengua, luego al punto la sacó, 11 y animosamente extendió las manos, diciendo: "Del cielo tenemos estos miembros, que por amor de sus leyes yo desdeño, esperando recibirlos otra vez de El." 12 Tanto el rey como los que con él estaban se maravillaron del animoso joven, que en nada temía los tormentos. 13 Muerto éste, sometieron al cuarto a las mismas torturas; 14 y estando para morir, dijo así: "Más vale morir a manos de los hombres, poniendo en Dios la esperanza de ser de nuevo resucitado por El. Pero tú no resucitarás para la vida." 15 En seguida trajeron al quinto, que mientras le atormentaban, puestos los ojos en el rey, 16 le dijo: "Tú, aunque mortal, por tener poder sobre los hombres, haces lo que quieres; pero no pienses que nuestro linaje haya sido abandonado de Dios. 17 Aguarda un poco, y experimentarás su gran poder, y verás cómo te atormentará a ti y a tu descendencia." 18 Después trajeron al sexto, que, estando ya para morir, dijo: "No te hagas ilusiones; por nuestras culpas padecemos esto; por haber pecado contra nuestro Dios han sucedido entre nosotros cosas tan tremendas. 19 Pero tú no creas que quedarás impune por haber osado luchar contra Dios."
Al segundo empiezan por arrancarle el cuero cabelludo para obligarle a apostatar. En su lengua materna — que acaso sea el arameo —, dio un ¡No! rotundo a los que tal infamia le proponían. Como el primero, habla antes de exhalar su espíritu y manifiesta su fe de que Dios resucitará para la vida eterna a los que mueren por El. Este sentimiento de la resurrección, comenta San Agustín, aparece tan diáfano en la respuesta de estos santos mártires, que puede decirse que eran cristianos por su fe y por su constancia. El tercero maravilló a todos por su intrepidez. El cuarto manifiesta su fe en la resurrección "a una vida eterna," favor que no se concederá al rey. Más explícito se muestra el quinto al preconizar que el Dios de los judíos atormentará a Antíoco y a su descendencia. Parece que alude a una muerte ignominiosa del rey y de sus descendientes, lo que se cumplió con el tiempo. Antíoco murió de muerte miserable; su hijo Eupator fue asesinado (1 Mac 7:4); a Alejandro Bala, presunto hijo del monarca Epifanes, le fue cortada la cabeza por un árabe (1 Mac 11:17). El sexto hermano confiesa que los pecados de los judíos han desencadenado esta persecución, que tiene el carácter de prueba temporal momentánea (6:12-17); pero no escapará por ello Antíoco al castigo que Dios reserva al que eligio como instrumento de su justicia.
Una madre intrépida (7:20-23)
20 Admirable sobre toda ponderación y digna de eterna memoria se mostró la madre, que, viendo morir en un solo día a sus siete hijos, lo soportaba animosa, por la esperanza que tenía en Dios; 2I y en su patria lengua los exhortaba, llena de generosos sentimientos, y, dando fuerza varonil a sus palabras de mujer, 22 les decía: "Yo no sé cómo habéis aparecido en mi seno, no os he dado yo el aliento de vida ni compuse vuestros miembros. 23 El creador del universo, autor del nacimiento del hombre y hacedor de las cosas todas, ése misericordiosamente os devolverá la vida si ahora por amor de sus santas leyes la despreciáis."
Nótese el lenguaje escogido y las profundas ideas que expresa la madre de los Macabeos, impropios de su sexo y de su cultura.
La madre adoctrina a su pequeño (7:24-29)
24 Antíoco, a pesar de creer que se burlaba de él y de sospechar que con sus palabras le insultaba, todavía al más joven que quedaba, no sólo de palabra le exhortaba, sino que hasta con juramento le prometía, si dejaba las leyes patrias, enriquecerle y hacerle dichoso, tenerle por amigo y darle un honroso empleo. 25 Mas, como el joven no le prestase atención alguna, llamó el rey a la madre y la mandó que diese al niño consejos saludables. 2Ó Como insistiese él mucho en ello, prometió ella persuadirle; 27 e inclinándose hacia el niño, burlándose del cruel tirano, en lengua patria le dijo así: "Hijo, ten compasión de mí, que por nueve meses te llevé en mi seno, que por tres años te amamanté, que te crié, te eduqué, te alimenté hasta ahora. 28 Ruégote, hijo, que mires al cielo y a la tierra, y veas cuanto hay en ellos, y entiendas que de la nada lo hizo todo Dios, y todo el humano linaje ha venido de igual modo. 29 No temas a este verdugo, antes muéstrate digno de tus hermanos y recibe la muerte, para que en el día de la misericordia me seas devuelto con ellos."
No entendía Antíoco lo que la madre profería en lengua aramea, pero sospechó que se burlaba de él. Sin embargo, no se airó contra ella, por considerar que de todo es capaz una madre a la que de golpe le arrebaten siete hijos. Trató de ganar al pequeño con promesas cuyo alcance no podía comprender el niño. Ni siquiera estaba capacitado para entender la lengua griega. En arameo adoctrinó la madre a su hijo acerca del origen de todo cuanto existe. No quiere decir el texto que amamantara a su hijo durante tres años, sino significar que durante este tiempo es extraordinario el sacrificio de una madre para sus hijos. Habla ella a su pequeño un lenguaje elevado, recordándole que Dios no creó los seres de algo existente, sino ex ouk onton, de lo que no existía, concepto que expresamos diciendo que Dios creó todo de la nada, ex nihilo sui et sabiecti. Acaba su exhortación con el pensamiento de que, si Dios crea todas las cosas de la nada, ex nihilo, tiene también poder para crear de nuevo, por así decir, al hombre para una vida eterna.
Mueren madre e hijo (7:30-42)
30 Estando aún explicándole esto, dijo el joven: "¿Qué esperas? No obedezco el decreto del rey, sino los mandamientos de la Ley, dada a nuestros padres por Moisés. 31 Tú, inventor de toda maldad contra los hebreos, no escaparás a las manos de Dios. 32 Nosotros por nuestros pecados padecemos, 33 y si nuestro Señor, que es el Dios vivo, se irrita por un momento para nuestra corrección, de nuevo se reconciliará con sus siervos; 34 pero tú, impío, el más criminal de los hombres, no te engrías neciamente y, orgulloso y vanamente confiado, te enciendas contra sus siervos; 35 no estás aún libre del juicio del Dios omnipotente, que todo lo ve. 36 Mis hermanos, después de soportado un breve tormento, beben el agua de la vida eterna en virtud de la alianza de Dios; pero tú pagarás en el juicio divino las justas penas de tu soberbia. 37 Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi vida por las leyes patrias, pidiendo a Dios que pronto se muestre propicio a su pueblo, y que tú, a fuerza de torturas y azotes, confieses que sólo El es Dios. 38 En mí y en mis hermanos se aplacará la cólera del Omnipotente, que con encendida justicia vino a caer sobre toda nuestra raza." 39 Furioso el rey, se ensañó contra éste con más crueldad que contra los otros, llevando muy a mal la burla que de él hacía. 40 Así murió limpio de toda contaminación, enteramente confiado en el Señor. 41 La última en morir fue la madre. 42 Y esto baste a propósito de los sacrificios y de los martirios extraordinarios.
El último Macabeo recapitula los conceptos teológicos que sus hermanos manifestaron individualmente al morir. Al rey le amenaza para el futuro con un juicio severo por parte de Dios, en tanto que a los mártires les espera una vida eterna. En el ¥.36 extiende su pensamiento fuera de la familia y llama nuestros hermanos a todos los judíos que sufren persecución por la justicia. Acaba el muchacho su profunda disertación teológica con una nueva idea relativa al valor expiatorio del sufrimiento en favor del prójimo.
La Iglesia conservó la memoria de los siete mártires Macabeos y de su madre. Sus reliquias se veneraban en tiempos de San Jerónimo en Antioquía 4, en donde contempló su sepulcro Antonino de Placencia5. Más tarde, parte de sus reliquias se depositaron en la iglesia de San Pedro ad Vincula, en Roma, y otra fue transportada a Colonia, probablemente en tiempos de Barbarroja.
Judas en acción (8:1-7)
1 Entre tanto, Judas Macabeo y los suyos, entrando secretamente en las aldeas, invitaban a sus parientes y a los que habían permanecido fieles al judaismo, y se les incorporaban, llegando a juntar hasta seis mil hombres; 2 e invocaban al Señor para que mirase por su pueblo, de todos conculcado; tuviese piedad del templo, profanado por impíos; 3 se compadeciese de la ciudad, devastada y casi enteramente arrasada; escuchase los torrentes de sangre que a él clamaban; 4 se acordase de la inicua muerte de niños inocentes y de las blasfemias proferidas contra su nombre y mostrase su ira contra los malvados. 5 Puesto el Macabeo al frente de su tropa, se hizo irresistible a los gentiles, volviendo el Señor su cólera en misericordia. 6 Llegando de improviso a las ciudades y aldeas, las incendiaba; y ocupando posiciones convenientes, triunfaba y ponía en huida a no pocos enemigos. 7 Sobre todo aprovechaba la noche, como más acomodada para tales incursiones, y por todas partes se difundía la fama de su valor.
En 5:27 dijo el autor que su héroe, con otros nueve, se retiró al desierto, no para permanecer ocioso, sino para organizar una resistencia capaz de enfrentarse con los enemigos del judaismo. La aparición de Judas y sus primeros éxitos es una muestra de que Dios ha cambiado su cólera en misericordia, gracias a la vida de perfecto israelita que llevaba Judas en el desierto y por el celo puesto en salvar a Israel del paganismo.
Planes de Nicanor (8:8-11)
8 Viendo Filipo cuánto había progresado aquél en poco tiempo y cómo iban creciendo sus éxitos, escribió a Tolomeo, general de la Gelesiria y Fenicia, para que viniese en apoyo de los negocios del rey. 9 Este llamó al instante a Nicanor, hijo de Patroclo, uno de sus más fieles, y le mandó a Judea, poniendo bajo su mando no menos de veinte mil hombres de todas las naciones, con el encargo de destruir todo el linaje de los judíos. También se le agregó Gorgias, general muy experimentado en las cosas de la guerra. 10 Se proponía Nicanor proporcionar al rey, de la venta de los judíos cautivos, dos mil talentos, que debían a los romanos como tributo, 11 y así envió a las ciudades de la costa invitaciones para que viniesen a comprar esclavos judíos, prometiendo darles noventa esclavos por talento. No presentía la venganza que el Omnipotente iba a descargar sobre él.
En este texto desfilan ante el lector personajes que ya le son familiares: Filipo, frigio de origen (5:22; 6:11), encargado de heleni-zar a Judea; Tolomeo, hijo de Dorimene (4:45), con el sobrenombre de Macrón (10:12), partidario en un tiempo de Tolomeo VI Filometor, que le nombró gobernador de Chipre, ocupando igual cargo en Celesiria y Fenicia al abrazar la causa de Antíoco Epifanes (10:11-12; 1 Mac 3:38). De Nicanor se habla en 1 Mac 3:38, así como de Gorgias. El papel preponderante que juega Gorgias en la batalla de Emaús, según el texto de 1 Mac, se atribuye en el nuestro al cortesano Nicanor, por razón de que al autor del epítome le interesa poner de relieve la acción de Dios contra este enemigo de Israel y preparar de este modo al lector para que juzgue de la importancia que tiene para Israel el "Día de Nicanor" (15:36). Con el fin de armonizar nuestro texto con 1 Mac 3:38, algunos lo interpretan en el sentido de que Tolomeo comunicó a Lisias, primer ministro, los éxitos de Judas. Lisias puso el asunto en manos de Tolomeo, quien llevó consigo a Nicanor y a Gorgias. Diversas veces hemos aludido a la inmensa carga económica que pesaba sobre los seléucidas.
Jadas arenga a sus tropas (8:12-21)
12 En cuanto llegó a oídos de Judas que Nicanor se había puesto en marcha, informó a los suyos de la vida de aquel ejército. 13 Unos, acobardados y sin fe en la venganza divina, se dieron a la huida, yéndose a otros lugares. 14 Otros vendían cuanto les quedaba, rogando al Señor les librara del impío Nicanor, que los había vendido antes de caer en sus manos, 15 si no por ellos, siquiera por la alianza con sus padres y por su venerando y excelso nombre, que ellos llevaban. 16 Juntando el Macabeo su gente, en número de seis mil, los exhortó a no acobardarse ante el enemigo ni tener miedo de la muchedumbre de los gentiles que injustamente venían contra ellos, sino a combatir valientemente, 17 teniendo ante los ojos el ultraje inferido por aquéllos al lugar santo, la opresión de la ciudad escarnecida y la disolución de las instituciones patrias. 18 Ellos, decía, vienen confiados en sus armas y en su valor; nosotros ponemos la confianza en el Dios omnipotente, que puede con un solo ademán derribar a los que vienen contra nosotros y al mundo entero. 19 Y trajo a la memoria las ayudas prestadas a sus padres, lo de Senaquerib, en que ciento ochenta y cinco mil hombres perecieron, 20 y la batalla dada en Babilonia contra los gálatas, en la que, entrando en lucha ocho mil judíos y cuatro mil macedonios, y hallándose en grave aprieto, los ocho mil derrotaron a un ejército de ciento veinte mil, gracias al auxilio del cielo, logrando de aquella victoria grandes ventajas. 21 Con estos discursos los alentó, y estaban prontos a morir por las leyes y por la patria.
La cobardía de algunos seguidores de Judas pone de relieve el valor y la fe inquebrantable de éste. En confirmación de sus palabras adujo Judas ejemplos de la ayuda dispensada por Dios a sus antepasados. Cita el caso concreto de Senaquerib (2 Re 19,35; 1 Mac 7:41) y el más reciente de la batalla que tuvo lugar en Babilonia contra los gálatas 1. Se cree que el texto alude a la acción de Antíoco III contra los mercenarios galos al servicio de Malón, sátrapa que se rebeló en la Media el año 221 antes de Cristo, o a la de Antíoco Soter (281-261), que, según Appiano 2, mereció el título que lleva por haber salvado el Asia Menor de la incursión de los gálatas. Muchos de los soldados del rey seléucida eran de origen judío. La desproporción entre ambos ejércitos y la victoria de los seis mil soldados de Judas sobre los ciento veinte mil sirios demuestra la intervención decidida de Dios en la lucha.
Victoria sobre Nicanor (8:22-26)
22 Dividiendo su ejército en cuatro cuerpos, puso al frente de cada uno de ellos a sus hermanos Simón, José y Jonatán, asignando a cada uno mil quinientos hombres. 23 A Eleazar le mandó leer el libro sagrado; dióles por santo y seña: "Auxilio de Dios"; y tomando a su mando el primer cuerpo, cargó sobre Nicanor. 24 Gracias a la ayuda del Omnipotente, mataron más de nueve mil hombres, destrozaron la mayor parte del ejército de Nicanor, obligando a los restantes a huir. 25 Se apoderaron, además, de todo el dinero de los que habían venido con el propósito de comprarlos. Después, habiéndolos perseguido largo trecho, 26 se volvieron, obligados por la hora, pues era víspera del sábado, y por eso no continuaron la persecución.
El texto cita a José entre los hermanos de Judas, lo que parece contradecir al texto de 1 Mac 2:3-5. El mencionado José puede identificarse con el personaje de que se habla en 1 Mac 5:18.56; o más bien, considerar su presencia en el texto como un error de los copistas, que escribieron José en vez de Juan. Una vez enumerados los hermanos de Judas, independientemente de ellos, se cita a Eleazar. Este nombre aparece en todos los manuscritos griegos, en tanto que los latinos llevan unánimemente el de Esdras. Es muy probable que este Eleazar no sea el hermano de Judas, sino un sacerdote encargado de leer algunos versículos del texto sagrado. En este libro, abierto al azar, debía encontrarse el santo y seña del ejército de Judas, que por disposición divina fueron las palabras "Auxilio de Dios," de las dos raíces de las cuales se compone el nombre de Eleazar. La costumbre de adoptar el ejército una palabra como consigna se conserva todavía hoy. De su uso en la antigüedad dan fe Jenofonte (Anab. 1:8:17: Zeus soter kai nike) y Vegecio (3:5: Nobiscum Deus). La operación vióse coronada por el éxito; el ejército de Nicanor sufrió cuantiosas pérdidas, mayores de las que señala 1 Mac 4:15. El dinero, pronto para comprar a los judíos como esclavos, cayó en poder de Judas.
Santificación del sábado (8:27-29)
27 Recogidas las armas de los enemigos y los despojos, celebraron el sábado, bendiciendo de todo corazón al Señor y dándole gracias por haberlos en aquel día librado, haciéndoles experimentar las primicias de su misericordia. 28 Pasado el sábado, repartieron el botín con los que habían sufrido persecución, con las viudas y los huérfanos; el resto se lo distribuyeron entre ellos y sus hijos. 29 Acabado esto, todos a una hicieron oración, pidiendo al Señor misericordioso se reconciliase plenamente con sus siervos.
Al término de la jornada y antes del sábado se recogieron las armas (1 Mac 4:23) y los despojos. En el texto paralelo citado no se habla de la inminencia del día de sábado. Una vez santificado el día sabático, los soldados se repartieron el botín. Un glosador de alma delicada y fina pudo introducir en el texto la mención de las viudas y huérfanos.
Derrota de Báquides y de Timoteo (8:30-32)
30 En combates con las tropas de Timoteo y Báquides mataron más de veinte mil de ellos, y valientemente se apoderaron de altas fortalezas y se hicieron dueños de muchos despojos, compartiéndolos con los perseguidos, los huérfanos, las viudas y los ancianos. 31 Las armas, recogidas cuidadosamente, las depositaron en sitios convenientes, y el resto de los despojos los llevaron a Jerusalén. 32 Al filarca de los que venían con Timoteo le quitaron la vida por ser hombre impísimo, que había afligido mucho a los judíos,
Nos hallamos ante un fragmento desplazado de su contexto histórico. En vez de señalar la primera campaña de Lisias (1 Mac 4, 27-35), de que nuestro autor hablará en el capítulo n, refiere el fin de las hostilidades entre Judas, Timoteo y Báquides. Ni siquiera se indica el lugar donde se enfrentaron los dos ejércitos, que por 1 Mac 4:1-22 sabemos que fue junto a Emaús. La acción de que se habla aquí tuvo lugar después de la purificación del templo y antes del regreso triunfal de Judas, vencedor en Galaad (1 Mac 5:28-55). Como hemos anotado repetidamente, falta en nuestro libro la ordenación cronológica de los hechos. En el v.32 se lee el término filarca, que equivale a jefe de tribu o de clan. En Atenas se daba este título al comandante de un cuerpo de caballería.
Huida de Nicanor (8:33-36)
33 Mientras celebraban sus victorias en la capital de la patria, los que habían incendiado las puertas sagradas, Calístenes y otros más se refugiaron en una casita, a la que aquéllos pusieron fuego, recibiendo así éstos el merecido de su impiedad. 34 Y el muy criminal Nicanor, que había traído a miles de mercaderes para la venta de los judíos, 35 con la ayuda de Dios quedó humillado por los que despreció, y, despojado de sus ricas vestiduras, a través de los campos, como esclavo fugitivo, llegó solo a Antioquía, hondamente acongojado por la pérdida de su ejército. 36 y el que había tomado a su cargo reunir de la venta de los judíos en Jerusalén el tributo para los romanos, se hacía pregonero de que los judíos tenían un Dios que luchaba por ellos y los hacía invulnerables, porque seguían las leyes dadas por El.
Difícil es determinar el sentido que el autor sagrado quiso dar al ν·33; Por existir gran anarquía entre los códices. Tras un paréntesis, el texto se ocupa nuevamente de Nicanor y de sus planes diabólicos, encaminados a reunir el dinero que debía pagarse a los romanos por la venta de los judíos como esclavos. Pero recibió su castigo. Como Heliodoro, tuvo que regresar a su punto de partida, Antioquía, humillado por aquellos a quienes quería vender como esclavos, viéndose también constreñido a convertirse en vocero del Dios de los judíos.
1 Rayano Mauro, 7n J/ Moch. 7,
2 Ad Fortunatum n.
3 Heródoto, 4:64.
4 Onomasticon, ed. Lagarde, 172.
3 Itinerariwn; P. geyer, Itinera Hierosolymitana' Csel 39:190.
1 J. levy, La victoire d'Antiochus I 5t/r les Galates. Ptolomé fils de Makron: "Mélan-ges H. Grégoire" (Bruselas 1950) 681-699.
2 Syriaca 66,