II. Exigencias Morales de la Justificación, 12:1-15:13
Lo que debe ser la vida del cristiano, 12:1-2
1 Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios, éste es vuestro culto racional. 2 Que no os conforméis a este siglo, sino que os transforméis por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que es agradable, lo que es perfecto.
Comienza aquí la parte moral o exhortatoria de la carta, con una serie de consejos y avisos para los cristianos de Roma en su vida diaria. Es de notar el enlace con la anterior parte dogmática mediante la partícula viva "pues" (oüv), dato importante que conviene hacer resaltar, pues ello es prueba de que para San Pablo, lo mismo que para Santiago (cf. Sant 2:14-17), la fe de que tanto ha venido hablando (cf. 1:16-17; 3:22; 4:5; 5:1; 9:30; 10:4) no es una fe muerta, sino una fe que está exigiendo las obras de las virtudes cristianas. También es de notar la expresión "por la misericordia de Dios" (v.1) como dando a entender que las exhortaciones que van a seguir son como una respuesta a la misericordia divina, que se ha manifestado en el Evangelio.
Esta primera perícopa (v.1-2) es todo un programa de vida espiritual. El Apóstol trata de inculcarnos que nuestro culto a Dios no ha de consistir en ofrecerle sacrificios de animales, como en la Ley mosaica y también entre los paganos, sino en "ofrecerle nuestros cuerpos como hostia viva y santa,” viviendo, no conforme a los criterios del mundo, sino renovados interiormente, a fin de discernir la voluntad de Dios sobre nosotros, es a saber, lo que es bueno (το ayaσv), lo que le agrada (ευάρεστον), lo que es perfecto (τέ-λειον). Hace, pues, una como interpretación litúrgica de nuestros deberes de cristianos.
Sería una interpretación demasiado restringida considerar ese "ofrecer a Dios nuestros cuerpos" simplemente como una exhortación a la pureza, igual que en 1 Cor 6:13; se trata de algo mucho más general, y su interpretación nos la da el v.2, con esa exigencia de "renovación de la mente," que viene a equivaler a un despojarse del hombre viejo y revestirse del nuevo, vivificados por la vida misma de Cristo y de su Espíritu (cf. 6:2-13; 8:1-8). Con eso nos convertimos en hostia viva, santa y agradable, términos escogidos al trasluz de los sacrificios mosaicos (cf. Lev 22:19-24; Mal 1:8), cuyas condiciones deben cumplirse de modo mucho más perfecto en este nuevo culto cristiano, consistente en una vida de acciones buenas y santas. A este culto llama San Pablo “culto racional” (λογική λατρεία), quizαs porque es un culto que atañe a la razón, es decir, no reducido a ceremonias externas, sino conforme lo pide la naturaleza racional del ser humano y conforme Dios había manifestado que lo quería (cf. Is 1:11-17; ! Sam 15.22; Os 6:6; Miq 6:6-8; Jer 7:21-23; Sal 40:7-9; Prov 21:3). La idea, pues, de considerar la vida auténticamente religiosa como un culto espiritual no es una innovación de San Pablo, pues vemos que es lo que principalmente pide ya Dios en el Antiguo Testamento. De nada valen los sacrificios y culto externo si falla eso.
Cada cristiano debe sentir modestamente de sí, contentándose con la función que le haya sido asignada en la comunidad, 12:3-8
3 Por la gracia que me ha sido dada, os encargo a cada uno de vosotros no sentir de sí por encima de lo que conviene sentir, sino sentir modestamente, cada uno según la medida de fe que Dios le repartió. 4 Pues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma función, 5 así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros. 6 Pues tenemos dones diferentes, según la gracia que nos fue dada: ya sea la profecía, según la medida de la fe; 7 ya sea el ministerio para servir; el que enseña, en la enseñanza; 8 el que exhorta, para exhortar; el que da, con sencillez; quien preside, presida con solicitud; quien practica la misericordia, hágalo con alegría.
Doctrina de gran importancia en la vida práctica esta que aquí inculca San Pablo a los cristianos de Roma, Es como la primera aplicación de esa "renovación de la mente," a que aludió en la perícopa anterior (cf. v.2). La idea central está indicada en el v.3, encargando a todos, uno por uno, que ninguno se tenga en más de lo que se debe tener, sino que sienta modestamente de sí, según la medida de fe que Dios le ha concedido. En el texto griego original hay un hermoso juego de palabras imposible de traducir: μη ύπερφρονεΐν παρ' δ δει φρονεϊν, αλλά φρονεΐν εις το σωφρονεΐν. Y para dar mαs autoridad a su amonestación, San Pablo invoca su condición de apóstol, diciendo que les hace ese encargo en virtud de "la gracia que le ha sido dada" (cf, 15:15; 1 Cor 3:10; Gal 2:9). Es posible que el recuerdo de los recientes disturbios de la iglesia de Corinto (cf. 1 Cor 3:3; 14:12-40), lugar desde donde escribe la carta a los Romanos, esté todavía bullendo en su mente y sea como el motivo u ocasión próxima de que comience por esta recomendación. Con la expresión "medida de fe" no alude el Apóstol a la fe como tal, en cuanto asentimiento a la verdad divina, sino a las consecuencias o fruto de esa fe, es decir, a los dones o carismas que Dios reparte de modo vario a los fieles junto con la fe, mirando a la determinada función que cada uno debe desempeñar en la Iglesia (cf. v.6; Ef 4:7). Dicho de otra manera: aunque la fe por razón de su principio es la misma en todos y en todos transforma la orientación de su vida, cada uno está llamado a prolongar la acción de Cristo en la medida que le conviene y que depende a la vez de sus aptitudes personales y del bien del grupo de que hace parte.
En los v.4-8 no hace sino aclarar más y recalcar la anterior recomendación. Comienza valiéndose de una imagen sumamente expresiva, es a saber, la imagen del cuerpo humano que, siendo uno solo, tiene gran variedad de miembros, cada uno con su función, y todos al servicio unos de otros. Mas notemos bien que San Pablo no considera esto como pura imagen de lo que debe suceder entre los cristianos, pues no dice simplemente que debemos comportarnos a la manera de los miembros de un cuerpo, sino que dice: .". así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo." Se trata, pues, de algo que es profunda realidad, aunque tenga cierta analogía con lo que sucede en el cuerpo humano. Esa profunda realidad, aquí brevemente aludida y que sirve de base a la recomendación del Apóstol, no es otra cosa que la doctrina de la Iglesia como Cuerpo místico de Cristo, de que habla también en otras de sus cartas, particularmente en las de la cautividad 121.
Concretando más, San Pablo hace referencia a diversas funciones o actividades dentro de la Iglesia, para cuyo fiel desempeño Dios reparte libremente sus “dones” (χαρίσματα) entre los fieles, mirando al bien de la comunidad (v.6-8). Estos dones o carismas, de que el Apóstol habla también en otras ocasiones (cf. 1 Cor 12:8-10; 28-30; Ef 4:11), no deben concebirse como algo extraordinario y pasajero, propio de los comienzos de la Iglesia, conforme ha sido opinión bastante corriente, sino como algo estable que durará mientras dure la Iglesia. Sobre la naturaleza y función de esos "carismas" hablaremos luego más en detalle en la introducción a la carta primera a los Corintios.
Qué se haya de entender por cada uno de los carismas señalados por el Apóstol, no es fácil de determinar. En este pasaje de la carta a los Romanos da siete nombres; dos abstractos: "profecía-ministerio," y cinco concretos: "el que enseña-exhortada-preside-practica misericordia." En los lugares poco ha indicados de Corintios y Efesios, junto a nombres coincidentes con éstos de Romanos, hay otros que difieren. Ello prueba que en ninguno de los pasajes San Pablo intenta darnos una lista completa de carismas, sino que señala algunos principales que más interesaban a su propósito. Por lo que atañe concretamente a estos siete nombres de la carta a los Romanos, he aquí su significación más probable: profecía, don en orden a la predicación del mensaje evangélico, bajo el impulso e iluminación del Espíritu (cf. Act 13:1; 1 Cor 14:24-25); ministerio, don de significado difícil de precisar, pero que probablemente es de carácter genérico (cf. 11:13; 15:31), englobando las cinco funciones o servicios que se enumeran a continuación: ministerio de la enseñanza, don para instruir convenientemente en las verdades de la fe, oficio propio del "doctor," que suele venir a continuación de "apóstoles" y "profetas" (cf. Act 13:1; 1 Cor 12:29); ministerio de la exhortación, don para llegar fácilmente al corazón de los demás con palabras apropiadas, aun teniendo menos instrucción que el "profeta" y el "doctor"; ministerio de la limosna, don que estimula a dar de los propios bienes y hacerlo con sencillez, buscando ayudar al prójimo y no otros motivos inconfesables, v.gr., el figurar en las listas de suscripciones; ministerio de gobierno, don para que los que están al frente de las varias obras de la comunidad lo hagan con celo y diligencia; ministerio de la práctica de la misericordia, don para atender con suavidad y buenas maneras al cuidado de enfermos, peregrinos, esclavos, etc.
Consejos de vida cristiana, centrados en la práctica de la caridad, 12:9-21
9 Vuestra caridad sea sincera, aborreciendo el mal, adhiriéndoos al bien,10 amándoos los unos a los otros con amor fraternal, honrándoos a porfía unos a otros. n Sed diligentes sin flojedad, fervorosos de espíritu, como quienes sirven al Señor. 12 Vivid alegres con la esperanza, pacientes en la tribulación, perseverantes en la oración; 13 subvenid a las necesidades de los santos, sed solícitos en la hospitalidad. 14 Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis. 15 Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran. 16 Sed unánimes entre vosotros, no seáis altivos, mas allanaos a los humildes. No seáis prudentes a vuestros propios ojos. 17 No volváis mal por mal, procurad lo bueno a los ojos de todos los hombres. 18 A ser posible y cuanto de vosotros depende, tened paz con todos. 19 No os toméis la justicia por vosotros mismos, amadísimos, antes dad lugar a la ira (de Dios); pues escrito está: "A mí la venganza, yo haré justicia, dice el Señor." 20 Por lo contrario, "si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; que haciendo así amontonáis carbones encendidos sobre su cabeza." 21 No te dejes vencer del mal, antes vence al mal con el bien.
Con esta larga serie de avisos de carácter moral, centrados en la caridad, San Pablo nos da claramente a entender el gran papel de esta virtud en la vida cristiana (cf. 1 Cor 13:1-13). Los avisos se suceden rápidamente y, a lo que parece, sin un orden lógico determinado; quizás podamos hacer distinción entre los v.9-13, aludiendo al ejercicio de la caridad entre los cristianos, y los v.14-21, extendiendo ese horizonte a todos los hombres, incluso a los enemigos y perseguidores.
Comienza San Pablo con una recomendación de carácter general, manifestando que la caridad (ή αγάπη) debe ser sincera (ανυπόκριτος), es decir, sin simulaciσn ni fingimiento, cual suelen hacer los actores en escena (v.9; cf. 1 Jn 3:16-18). Insiste luego en varios aspectos particulares, entre los que podemos destacar el de fraternidad, como hijos de un mismo Padre celestial y miembros de un mismo Cuerpo místico; el de alegría, con la esperanza del cielo (cf. 5:2; 8:18), y el de hospitalidad, recibiendo solícitamente a todos los "santos" (cf. 1:17) que necesiten refugio (v. 10-13).
A continuación, aunque entremezclando otros, insiste sobre todo en el concepto del amor a los enemigos (v. 14-21), cosa que había hecho ya claramente también Jesucristo (cf. Mt 5:39.44). Con razón se ha hecho notar, comentando este pasaje, la actitud tan diferente de los judíos, quienes pocos años más tarde, a fines del siglo i, introducen en su plegaria oficial Semoné esré estas palabras de maldición contra los cristianos: "Que no haya esperanza para los apóstatas.., que los nazarenos perezcan prontamente y los herejes sean borrados del libro de los vivos." San Pablo, a fin de recalcar más la idea de que no busquemos por nosotros mismos la justicia contra las injurias, sino que lo dejemos en manos del Señor, que la hará a su tiempo, busca apoyo en la Sagrada Escritura, citando (v. 19-20) una frase de Dt 32:35 y otra de Prov 25:21-22. La expresión "amontonar carbones encendidos sobre la cabeza del enemigo" no es clara. Su sentido, como pide el v.21, parece ser el de que, perdonando sus injurias y devolviendo bien por mal, produciremos en él sentimientos de vergüenza y remordimiento, que le obligarán a cambiar de conducta. La imagen quizás esté tomada de los asedios de ciudades, cuando se arrojaban sobre los asaltantes fuego y aceite hirviendo. Lo que aquí dice San Pablo, de que el cristiano no debe tomar la justicia por sí mismo, sino dejarla a Dios (v.19), ha de entenderse del cristiano como persona privada, no del cristiano constituido en autoridad, que tiene el deber de reprimir el mal (cf. 13:4). Ese aspecto San Pablo aquí no lo considera. E incluso como persona privada, el cristiano puede, y a veces convendrá hacerlo, apelar y defenderse ante los tribunales; pero lo que nunca le será lícito es hacerlo con espíritu de venganza personal, secundando la reacción de la "carne." Es lo que directamente quiere decir San Pablo.
Obediencia a los poderes públicos, 13:1-7
1 Todos habéis de estar sometidos a las autoridades superiores, que no hay autoridad sino por Dios, y las que hay, por Dios han sido ordenadas, 2 de suerte que quien resiste a la autoridad resiste a la disposición de Dios, y los que la resisten se atraen sobre sí la condenación. 3 Porque los magistrados no son de temer para los que obran bien, sino para los que obran mal. ¿Quieres vivir sin temor a la autoridad? Haz el bien y tendrás su aprobación, 4 porque es ministro de Dios para el bien. Pero si haces el mal, teme, que no en vano lleva la espada. Es ministro de Dios, vengador para castigo del que obra el mal. 5 Por eso es preciso someterse, no sólo por temor del castigo, sino por conciencia. 6 Pagadles, pues, los tributos, que son ministros de Dios constantemente ocupados en eso. 7 Pagad a todos lo que debáis, a quien tributo, tributo; a quien aduana, aduana; a quien temor, temor; a quien honor, honor.
Anteriormente San Pablo se ha referido a las relaciones entre los cristianos y los no cristianos (cf. 12:14-21); ahora, puesto que escribe a los fieles de Roma, capital política entonces del mundo, cree oportuno añadir algunos avisos concretos sobre relaciones con los poderes públicos. Su doctrina, no obstante que esté pensando en las circunstancias concretas de los destinatarios de la carta, es de carácter general y abarca todos los tiempos (v.1-7).
De modo parecido a San Pablo se expresa también San Pedro en una de sus cartas (cf. 1 Pe 2:13-14).
La idea fundamental de la exposición del Apóstol está en los v.1-2, al afirmar que todos los seress humanos, sin excluir los cristianos, deben obedecer a los poderes públicos constituidos, pues toda autoridad viene de Dios, y desobedecerlos es desobedecer a Dios. San Pablo no determina en qué sentido toda autoridad viene de Dios, idea por lo demás muy bíblica (cf. Sab 6:3-4; Jn 19-11) pero podemos suponer que es en el sentido de que Dios es el autor del hombre creado para vivir en sociedad y, por lo mismo, autor de la sociedad y de la autoridad, que es la forma de la sociedad misma. Esta doctrina es totalmente opuesta a la que, por aquellas mismas fechas, sostenían sus compatriotas zelotes en Palestina, que luchaban contra la dominación romana y defendían que someterse a cualquier autoridad humana, y más si pagana, era una especie de apostasía religiosa (cf. Act 5:37). San Pablo, al contrario, lleva hasta Dios el origen de los Estados, pues es El quien ha determinado que existan organismos civiles, compuestos por quienes mandan y por quienes obedecen. Tanto es así, que resistir a las autoridades humanas es "resistir a la disposición de Dios.. y atraerse sobre sí la condenación" (v.2). Esta "condenación" (κρίμα) es, en el pensamiento de San Pablo, la justa sanciσn civil en castigo de la desobediencia, sanción que no excluye otra de tipo más elevado, dado que se trata de rebeldía contra la disposición de Dios.
Como vemos, la doctrina expuesta aquí por el Apóstol es de muy graves consecuencias, impregnando de profundo sentido religioso las relaciones del naciente cristianismo con el Estado, aunque éste sea pagano, como era el caso de entonces. Una observación importante queremos hacer, y es que San Pablo se fija en las autoridades constituidas de hecho, sin aludir al modo como llegaron al poder. Es cuestión que no considera. Tampoco considera el caso en que esas autoridades manden cosas injustas; más bien supone que el Estado se mantiene dentro de sus límites, aprobando el bien y reprimiendo el mal (v.3-4), y es sólo en esa hipótesis como tiene aplicación su doctrina, incluso en la cuestión de impuestos a que alude en los v.6-7. Para el caso de injusticia y abuso de poder, tenemos la respuesta tajante de San Pedro ante una orden del sanedrín: "Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres" (Act 5:29).
De nuevo el precepto de la caridad, 13:8-10
8 No estéis en deuda con nadie, si no es en la del amor mutuo; porque quien ama al prójimo ha cumplido la Ley. 9 Pues aquello de "no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás" y cualquier otro precepto, en esta sentencia se resume: "Amarás al prójimo como a ti mismo." 10 La caridad no obra el mal del prójimo. Es, pues, la caridad la plenitud de la Ley.
Terminado lo referente a los deberes para con el Estado, de nuevo vuelve San Pablo al tema de la caridad con todos los seres humanos. La entrada en materia es tan ingeniosa como delicada, presentando la caridad como una deuda que debemos pagar al prójimo, pero una deuda que es única, pues, al contrario de las otras, ésta nunca podremos acabar de saldarla (v.8).
Son de notar las expresiones con que San Pablo hace resaltar la importancia de la caridad, diciendo que es la "plenitud (πλήρωμα) de la Ley” (v.10) y que quien ama al prσjimo “ha cumplido (πεττλή-ρωκεν) la Ley” (v.8) y que los preceptos de ιsta “se resumen” (άνακε-φαλαιοΰνται) en el de la caridad hacia el prσjimo (v.9). Creemos que todas estas expresiones vienen a significar prácticamente lo mismo; es, a saber, que con la práctica de la caridad llevamos la Ley hasta su plenitud o, lo que es igual, hasta donde Dios intentaba llevarla. Late aquí una idea muy profunda, que conviene señalar, y que, antes que San Pablo, expresó ya Jesucristo en el sermón del monte, al decir que no había venido a abrogar la Ley, sino a "consumarla" (cf. Mt 5:17). Y notemos que, no obstante esta afirmación, el mismo Jesucristo añadirá poco después repetida y solemnemente: "Oísteis que se dijo a los antiguos.., pero yo os digo.."; y a veces, como en el caso del libelo de repudio, en abierta oposición con el precepto mosaico (cf. Mt 5:31.38).
Para darnos cuenta de lo que esto significa, tengamos presente que en la antigua Ley se han de distinguir claramente dos cosas: la idea o verdad divina que Dios intentaba inculcar y los preceptos mismos materiales en los que quedaba como "encarnada" y aprisionada esa idea. Estos preceptos, muchos de los cuales estaban ya en vigor entre el pueblo antes de Moisés, no eran sino el ropaje o involucrum del que Dios se valía, en consonancia con la capacidad del pueblo y las circunstancias históricas de entonces, sin que estuvieran destinados a perdurar en el reino mesiánico; no así la idea o verdad divina que esos preceptos encerraban, que era de valor perpetuo. Esta idea, como expresamente dice San Pablo (v.9; cf. Gal 5:14), no era otra que la idea de caridad. Lo mismo dice Jesucristo (cf. Mt 12:29-31; Lc 10:27-28), poniendo bien en claro a través de la parábola del samaritano (cf. Lc 10:30-37) que ese amor no ha de limitarse a los miembros del mismo pueblo o asimilados, como solían interpretar los judíos el término "prójimo" (cf. Lev 19:18.34; Mt 5:43), sino a todos los seres humanos, incluso enemigos. Es esa chispa de caridad, latente en todos los preceptos de la Ley, la que los pone en contacto con el Evangelio. Si, por la ley del tallón, por ejemplo, se limitaba la venganza a los términos de la injuria, era moderando la pasión humana, que no suele con-t tentarse con dar lo que recibió, preparando así el camino a la mansedumbre del Evangelio; y si, por la ley del libelo de repudio, se permitía despedir a la mujer, era no para introducir el divorcio, que se supone ya establecido, sino para coartar algo esa libertad y salir en defensa de la mujer, cuya situación, con ese documento, no era ya tan desesperada. Esa chispa de caridad es la que permanecerá en el reino mesiánico y será sacada a plena luz, mientras que el involucrum o elemento material sólo durará "hasta Juan" (cf. Mt 11:13; Gal 5:2). Ahí está precisamente la gran diferencia entre la interpretación de Jesucristo (y de Pablo) y la de los escribas y fariseos; mientras que éstos sólo atendían al aspecto externo y jurídico de la Ley, considerando todos sus preceptos como de valor permanente en el reino mesiánico, Jesucristo va hasta la misma raíz del precepto, poniendo en claro el sentido moral del mismo (cf. Mt 5:21-48), siendo precisamente ese sentido más profundo el que hace que sean armónicos y no antagónicos ambos Testamentos.
Exhortación a la vigilancia, 13:11-14
11 Y esto, ya que conocéis en qué tiempo estamos, porque es hora de levantaros del sueño, pues nuestra salud está ahora más cercana que cuando creímos. 12 La noche va muy avanzada y se acerca ya el día. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas, y vistamos las armas de la luz. 13 Andemos decentemente, y como de día, no viviendo en comilonas y borracheras, no en amancebamiento y libertinaje, no en querellas y envidias, 14 antes vestios del Señor Jesucristo, y no os deis a la carne para satisfacer sus concupiscencias.
Estos versículos vienen a ser como conclusión a las recomendaciones que preceden, sea para todas en general a partir de 12:1, como opinan muchos, sea más concretamente para las relativas a la caridad (v.8-10), como parece insinuar el comienzo de la perícopa: "Y esto.." Su finalidad es la de combatir la pereza y el dejar hacer, a lo que, pasados los primeros entusiasmos, están expuestos todos los hombres, incluso los mejores.
La idea del conjunto del pasaje es muy parecida a la de i Tes 5:1-10, y también 1 Cor 7:29-31. En sustancia, lo que San Pablo viene a decir, lo mismo en éste que en esos otros dos lugares, es que conviene vivir vigilantes, sin dejarnos arrastrar por las tendencias de la carne y los espejismos del mundo, pues el tiempo es breve y la salud se acerca. Pero ¿de qué "tiempo" y de qué "salud" se trata? Es esto lo que puede dar lugar a equivocaciones.
Hay autores que creen que San Pablo está aludiendo a la vida de cada uno sobre la tierra, tiempo realmente muy corto, al que seguirá la "salud" definitiva en los cielos; sería, pues, pensando en la brevedad de la vida de cada uno y en la gloria que nos espera después de la muerte como haría estas exhortaciones. La respuesta no puede ser más sencilla y, desde luego, evitaría muchas dificultades a que puede dar lugar el texto del Apóstol si se prescinde de esa interpretación. Sin embargo, no parece que esta respuesta esté en consonancia con el contexto y con las expresiones usadas por el mismo San Pablo (cf. v.11-12). Más bien creemos que el Apóstol está refiriéndose a la "bendición" o glorificación final que tendrá lugar en la venida de Cristo en la parusía (cf. 1 Tes 4:13-18). Ese "tiempo" en que estamos (v.11), con "la noche ya muy avanzada" (v.12), es el tiempo intermedio entre las dos venidas de Jesucristo, tiempo de la Iglesia militante. Y la "salud" que se acerca (v.11) es la misma de que ha venido hablando desde el principio de la carta (cf. 1:16); pero no meramente incoada como la que tenemos ahora (cf. 3:21-26; 5:1; 8:1), sino en su consumación final definitiva, por la que todavía suspiramos (cf. 5:2-n; 8:18-25). De una parte, pertenecemos ya al mundo de la luz y debemos obrar en consecuencia (v.12-14; cf. 6:11-14; Ef 5:8-21; 1Tes 5:5-8); de otra, estamos aún rodeados de tinieblas, con peligro de que nos envuelvan, esperando el pleno día de esa luz que ya esclarece el horizonte y cuyos rayos llegan hasta nosotros (v. 11-12).
Ni debe extrañarnos esta manera de hablar del Apóstol, insistiendo tanto en la parusía o segunda venida de Jesucristo. Lo hará infinidad de veces a lo largo de sus cartas (cf, 1 Tes 2:19; 3:13; 4:16-17; 5:23; 2 Tes 1:7; 1 Tim 6:14; 2 Tim 1:12; 4:8; Tit 2:13). Es una concepción algo distinta de la nuestra actualmente. Mientras nosotros referimos simplemente nuestra esperanza a la consecución de los bienes del cielo, y esta esperanza nos anima y alienta en medio de los trabajos y tribulaciones presentes, para la primitiva comunidad cristiana esa esperanza estaba como centrada en un punto: el retorno glorioso de Jesús. Los mismos ángeles, consolando a los apóstoles en el momento de verse separados de Cristo en la ascensión, tienen ya ese mismo lenguaje: "¿Qué estáis mirando al cielo? Ese Jesús.. vendrá así, como lo habéis visto ir al cielo" (Act 1:11). Desde entonces esa esperanza está alentando y sosteniendo a los apóstoles en sus trabajos, y lo mismo a las primitivas comunidades cristianas (cf. 1 Cor 16:22; Ap 22:21). Por eso, en uno de sus discursos a los judíos, San Pedro los exhorta y anima a la conversión con la vista puesta en los tiempos de "refrigerio" y "restauración de todas las cosas," que seguirán a la parusía (cf. Act 3:20-21). Y en su segunda carta escribirá: "No retrasa el Señor la promesa, como algunos creen; es que pacientemente os aguarda, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan a penitencia.. Viviendo en esta esperanza, procurad con diligencia ser hallados en paz, limpios e irreprensibles delante de El" (2 Pe 3:8-14). Es también la recomendación de San Pablo (cf. Flp 4:5; 1 Tes 3:13; 2 Tes 2, 15-16; 1 Tim 6:14). Eso no quiere decir que los apóstoles estuviesen convencidos de la inminencia de la parusía, cosa que, puesto que no se realizó, hubiese supuesto error en ellos. Parece, sí, que la desean e incluso juzgan posible que esté próxima (cf. 1 Cor 16:22; 2 Cor 5:2-4; 1 Pe 4:7), pero a base siempre de la ignorancia anunciada por Jesucristo (cf. Mt 24:36; Act 1:7), y que San Pablo manifiesta explícitamente (cf. 2 Cor 5:3; 1 Tes 5:1-3). Si con tanta frecuencia la recuerdan en sus exhortaciones morales, ello tiene un claro sentido pedagógico en apoyo de su predicación. Algo parecido a lo que dijimos de la esperanza mesiánica en el Antiguo Testamento, en nuestro comentario a Act 15:16-17. Mas, a pesar de esos deseos y de esa expectativa, en caso de que les sobrevenga la muerte, no por eso se consideran perjudicados, como parece deducían algunos fieles de Tesalónica (cf. 1 Tes 4:13), sino que aceptan esa muerte complacidamente, en la seguridad de que la promesa de la glorificación final no quedaba frustrada y de que, ya desde un principio, se reunirían con el Señor, a quien fielmente habían servido (cf. 2 Cor 5:2-10; Flp 1:21-23; Act 7:59-60).
Un caso de conciencia: los "fuertes" y los "débiles," 14:1-23
1 Acoged al flaco en la fe, sin entrar en disputas sobre opiniones. 2 Hay quien cree poder comer de todo; otro, flaco, tiene que contentarse con verduras. 3 El que come no desprecie al que no come y el que no come no juzgue al que come, porque Dios le acogió. 4 ¿Quién eres tú para juzgar al criado ajeno? Que esté en pie o caiga, es asunto que no concierne sino a su amo; pero se mantendrá en pie, que poderoso es el Señor para sostenerle. 5 Hay quien distingue un día de otro día, y hay quien juzga iguales todos los días; cada uno proceda según su propio sentir. 6 El que distingue los días, por el Señor los distingue; y el que come, por el Señor come, dando gracias a Dios; y el que no come, por el Señor no come, dando gracias a Dios. 7 Porque ninguno de nosotros para sí mismo vive, y ninguno para sí mismo muere; 8 pues, si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, morimos para el Señor. En fin, sea que vivamos, sea que muramos, del Señor somos. 9 Que por esto murió Cristo y resucitó, para dominar sobre muertos y vivos. 10 Y tú, ¿cómo juzgas a tu hermano o por qué desprecias a tu hermano? Pues todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios. 11 Porque escrito está: "Vivo yo, dice el Señor, que a mí se doblará toda rodilla y toda lengua rendirá homenaje a Dios." 12 Por consiguiente, cada uno dará a Dios cuenta de sí. 13 No nos juzguemos, pues, ya más los unos a los otros; y mirad sobre todo no pongáis tropiezos o escándalo al hermano. 14 Yo sé, y estoy persuadido en el Señor Jesús, que nada hay de suyo impuro; mas para el que juzga que algo es impuro, para ése lo es. 15 Si por tu comida tu hermano se entristeciese, ya no andas en caridad. Mira que por tu comida no seas ocasión de que se pierda aquel por quien Cristo murió. 16 No sea, pues, vuestra libertad materia de maledicencia, 17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo. 18 Pues el que en esto sirve a Cristo es grato a Dios y aplaudido de los hombres. 19 Por tanto, trabajemos por la paz y por nuestra mutua edificación. 20 No destruyas, por amor de la comida, la obra de Dios. Todas las cosas son puras, pero es malo para el hombre comer escandalizando. 21 Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tu hermano tropiece o se escandalice o flaquee. 22 La convicción que tú tienes, guárdala para ti y para Dios. Dichoso el que a sí mismo no tenga que reprocharse en las resoluciones que tome. 23 El que no sale de dudas, si come, se condena, porque ya no procede según conciencia, y todo lo que no es según conciencia es pecado.
Presenta aquí San Pablo un problema concreto de la comunidad romana, que, probablemente, con más o menos variantes, fue bastante corriente en las primitivas comunidades cristianas. Junto a los cristianos que el Apóstol llama "fuertes" o bien instruidos, conscientes de lo que exigía y no exigía la nueva religión (cf. 15:1), había otro grupo de "débiles en la fe" (v.1) que se creían obligados a seguir determinadas prácticas en las comidas y en el calendario. Se habla concretamente de que se abstenían de la carne y del vino (v.21), que se contentaban con verduras (v.2), y que para ellos no todos los días eran del mismo valor (v.5). No se trataba, pues, de error en la fe o de debilidad en la adhesión a las doctrinas cristianas, sino de introducir ciertas prácticas en su cristianismo, que no se deducían de los simples principios de la fe.
Cómo surgió este grupo de cristianos no es fácil de precisar. La mayoría de los autores creen que se trata de cristianos procedentes del judaísmo, demasiado apegados todavía a las prácticas de la Ley, como los encontramos también en otras partes (cf. Act 15:1; 21:20; Gal 2:12). Lo de "distinguir un día de otro día" (v.5) sería una alusión a los días festivos prescritos por la Ley, que consideraban como de especial valor para cumplir determinados fines religiosos. Pero ¿y lo de abstenerse de carne y vino y contentarse con sólo verduras ? Desde luego, esto no era lo común en el judaísmo. Por eso, unos autores hablan de que se trataría de judíos procedentes de la corriente de los esenios, cuyas prácticas ascéticas en este sentido nos eran conocidas por Filón y Josefo, y actualmente lo son mucho más gracias a los descubrimientos de Qumrán; otros, en cambio, creen que lo de abstenerse de carne y vino era un paso adelante que habrían dado esos judío-cristianos ante el peligro de que fuesen alimentos contaminados por actos idolátricos, igual que tenemos en el caso de Corinto (cf. 1 Cor 8:1-7). Creemos, sin embargo, que nos faltan datos para poder concretar tanto. Téngase en cuenta, en efecto, que por esas mismas fechas también en el mundo pagano existían varias corrientes de ascesis laica, con resabios de pitagorismo, de estoicismo y de otros sistemas filosóficos, no siendo improbable que algunos de los cristianos romanos convertidos hubiesen estado anteriormente bajo el influjo de esas corrientes. De todos modos, no está fuera de razón suponer que el núcleo principal de ese grupo de fieles estaba constituido por cristianos procedentes del judaísmo, quienes en todas partes tendían a formar grupo aparte, con extraordinaria resistencia a dejar sus prácticas atávicas (cf. Act 10:14; 11:2; 15:19-21; 21:20; Gal 2:12).
No sabemos cómo llegó a conocimiento de San Pablo ese problema concreto de la comunidad romana. Claro que ello no era difícil, dadas las continuas comunicaciones de Roma con las diversas ciudades del imperio (cf. 16:1; Act 18:2; 27:6). Lo cierto es que el Apóstol estaba enterado, y trata de poner remedio. La cuestión era delicada y constituía un difícil caso de conciencia. De una parte, los "débiles" se escandalizaban ante la libertad con que procedían los "fuertes" y corrían riesgo de verse arrastrados por éstos, obrando contra conciencia y pecando; de otra, los "fuertes" se sentían inclinados a despreciar a los "débiles," por considerar que todas esas distinciones de alimentos y de días eran algo sin valor, con lo que se corría peligro de escisiones en la comunidad. A unos y otros pide San Pablo mutua tolerancia y comprensión, apoyándose en la ley de la caridad (cf. v.3.15.20).
Dos partes podemos distinguir en el razonamiento del Apóstol. En la primera, que abarca los v.1-12, se dirige a "fuertes" y "débiles," invitándoles a que se abstengan de criticarse mutuamente (v.3), pues todos servimos a un mismo Señor (v.4-9), y cada uno deberá dar cuenta de sí ante el tribunal de Dios (v. 10-12), sin que nosotros, meros "criados," tengamos derecho a juzgarnos unos a otros, cosa que únicamente atañe al "amo" o Señor (v.4). Es de notar la correspondencia entre el "Señor" de los v.4-9, a quien pertenecemos, y el "Dios" de los v. 10-12, por quien seremos juzgados, encontrándonos aquí con uno de tantos casos de la equivalencia Cristo-Yahvé a que hemos aludido ya en otras ocasiones (cf. 9:33). El texto citado en el v.11 es de Is 45:23, y directamente se refiere a Yahvé. Al mismo texto se alude también en Flp 2:10, aplicándolo a Cristo. Por lo que respecta a la segunda parte, que abarca los v.13-23, en ella San Pablo se dirige sobre todo a los "fuertes," entre los cuales se cuenta a sí mismo (cf. 15:1), pidiéndoles que con sus libertades, de suyo lícitas (v. 14.20.22), no escandalicen a los "débiles" (v.13. 15.16.20.21); pues con ello pueden ser ocasión de que pequen esos otros hermanos nuestros, dado que ellos no juzgan las cosas como nosotros, y obrar contra el dictamen de la propia conciencia o con conciencia prácticamente dudosa es pecado (v.13.23). La frase del v.15: "mira que por tu comida no seas ocasión de que se pierda aquel por quien Cristo murió..," para quien se sienta de veras cristiano, no puede menos de llegar al corazón.
El ejemplo de Jesucristo, 15:1-13
1 Los fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles sin complacernos a nosotros mismos. 2 Cada uno cuide de complacer al prójimo, para su bien, para su edificación, 3 que Cristo no buscó su propia complacencia, según está escrito: "Sobre mí cayeron los ultrajes de quienes me ultrajaban," 4 Pues todo cuanto está escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, a fin de que por la paciencia y por la consolación de las Escrituras estemos firmes en la esperanza. 5 Que el Dios de la paciencia y de la consolación os dé tener unos para con otros unos mismos sentimientos a ejemplo de Cristo Jesús, 6 para que unánimes, a una sola voz, glorifiquemos a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. 7 Por lo cual recibios mutuamente, según que Cristo os acogió a vosotros para gloria de Dios. 8 Digo, en efecto, que Cristo fue ministro de la circuncisión por la veracidad de Dios, para cumplir las promesas a los padres, 9 mientras que los gentiles glorifican a Dios por su misericordia, según está escrito: "Por esto te alabaré entre las gentes y salmodiaré a tu nombre." 10 Y otra vez dice: "Regocijaos, gentes, con su pueblo." 11 En otra parte: "Alabad al Señor todas las gentes y ensalzadle los pueblos todos." 12 Y otra vez dice Isaías: "Aparecerá la raíz de Jesé y el que se levanta para mandar a las naciones; en El esperarán las naciones." 13 Que el Dios de la esperanza os llene de cumplida alegría y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo.
Continúa San Pablo su exhortación a "fuertes" y "débiles," proponiéndoles el ejemplo de Cristo. Es de notar, sin embargo, que sus razonamientos son de carácter amplísimo y miran a regular nuestro comportamiento general con el prójimo, sobrepasando el caso concreto de los "fuertes" y los "débiles."
La idea básica es que el cristiano, más que pensar en complacerse a sí mismo, debe pensar en complacer al prójimo, buscando su bien o, como se concreta luego, su "edificación" (v.2). Esta metáfora de la "edificación" es usada con mucha frecuencia por San Pablo en el sentido de crecimiento en la vida cristiana (cf. 14:19; 1 Cor 14:26; 2 Cor 10:8; Ef 2:21; 1 Tes 5:11). Y para animarnos a algo que nos resulta difícil y que, en fin de cuentas, está a la raíz de todas las discordias, San Pablo nos propone el ejemplo de Jesucristo, que "no buscó su propia complacencia," sino que se sometió por nosotros a todo género de humillaciones, conforme estaba ya predicho en Sal 69:10. Este salmo, con frecuencia, es aplicado por los evangelistas a Jesucristo (cf. Jn 2:17; 15:25; 19:29), y de su carácter mesiánico ya hablamos al comentar Act 1:20. La cita escriturística da pie al Apóstol para recalcar el valor permanente de la Escritura en orden a nuestra instrucción, al infundir en nosotros, con sus enseñanzas, la esperanza de los bienes eternos, dándonos así paciencia y consolación en las pruebas de esta vida (v.4; cf. 1 Cor 10:11; 2 Tim 3:16). Que ese Dios, pues, de la paciencia y de la consolación, concluye el Apóstol, os conceda tener los mismos sentimientos unos para con otros, a ejemplo de Cristo Jesús, para que unánimemente glorifiquéis a Dios en vuestras oraciones, no obstante las opiniones divergentes sobre menudencias de manjares y de días (v.5-6; cf. Act 1:14; 5:12).
Con esta llamada a la concordia dan por terminada algunos autores la exhortación a los "fuertes" y a los "débiles." Sin embargo, la frase "por lo cual acogeos mutuamente" del v.7, tan parecida a la de 14:1, parece estar indicando que San Pablo en esta perícopa (v·7-8) no na perdido aún de vista el tema. Incluso ha habido intérpretes que en los "judíos" y "gentiles" de esta perícopa ven designados con su verdadero nombre a los "débiles" y "fuertes" de narraciones anteriores. Nosotros no llegamos tan lejos. Más bien creemos, como insinúa él "por lo cual" del v.7, que el Apóstol trata simplemente de desarrollar su invitación a seguir el ejemplo de Jesucristo del v.5, aduciendo el ejemplo concreto de lo que Jesucristo ha hecho con judíos y gentiles, al acogerlos a todos, no obstante sus diferencias, en un solo pueblo, para gloria de Dios (v.7). Los judíos, añade San Pablo, deben su salvación a la veracidad o fidelidad de Dios, que cumple sus promesas enviándoles al Mesías (v.8; cf. Mt 15:24); los gentiles, alejados de la sociedad de Israel, la deben puramente a su misericordia (v.g; cf. Ef 2:11-22). Claro que, en realidad, también las promesas hechas a Israel son a base de misericordia, y la llamada a los gentiles está ya implicada en esas promesas.
A continuación, el Apóstol cita cuatro pasajes de la Escritura en los que ve ya predicha esa glorificación que los gentiles habían de dar a Dios (v.9-12; cf. Sal 18:50; 117:1; Dt 32:43; Is 11:10). De estos cuatro pasajes, los tres últimos son ciertamente mesiánicos, aunque la idea mesiánica, como es corriente en los profetas (cf. Act 15, 16-17), esté íntimamente ligada al final de la cautividad. En cuanto a Sal 18:50, primero de los textos citados, no se ve tan claro su carácter mesiánico. Todo el salmo es un canto de triunfo en el que David da gracias a Dios por haberle librado de sus enemigos y haber ensanchado su reino hasta más allá de las fronteras tradicionales, sometiendo los pueblos paganos de filisteos, moabitas y otros. Con esta expansión en países paganos, no sólo ya en la tierra de Israel, también entre esos pueblos "gentiles," incorporados en cierta manera a Israel, se dará gloria al Dios verdadero. A esto parecen aludir las palabras "por esto te alabaré entre las gentes," que cita San Pablo. Si el Apóstol relaciona esas palabras con los tiempos mesiánicos y ve en ellas anunciada la entrada de los gentiles en la Iglesia, es porque, al igual que hemos visto en otros muchos textos (cf. 9:25-29.33; 10:19-21; Act 1:20; 2:25), esas expresiones, que en su sentido literal histórico se refieren a tiempos de David, en la intención de Dios van hasta el Mesías, en quien únicamente han de tener su "pleno" cumplimiento.
San Pablo termina la parte moral de su carta con una especie de augurio o bendición final, pidiendo para los fieles de Roma aquella paz y alegría que nacen de la fe, y que son prenda de la felicidad que esperamos (v.13; cf. 5:1-5).
Epilogo, 15:14-16:27
Excasas por haber escrito, 15:14-21
14 Yo estoy personalmente bien persuadida, hermanos míos, de que ya vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de toda ciencia, para poder amonestaros unos a otros; 15 sin embargo, os he escrito a veces con bastante libertad, como quien os trae a la memoria lo que ya sabéis, en virtud de la gracia que por Dios me fue dada, 16 de ser ministro de Jesucristo entre los gentiles, encargado de un ministerio sagrado en el Evangelio de Dios, para procurar que la oblación de los gentiles sea aceptada, santificada por el Espíritu Santo. 17 Tengo, pues, esta gloria en Cristo Jesús, por lo que mira al servicio de Dios;18 porque no me atreveré a hablar de cosa que Cristo no haya obrado por mí para la conversión de los gentiles, de obra o de palabra, mediante el poder de milagros y prodigios y el poder del Espíritu Santo. 19 De suerte que desde Jerusalén hasta la Iliria y en todas direcciones he predicado cumplidamente el Evangelio de Cristo; 20 sobre todo me he hecho un honor de predicar el Evangelio donde Cristo no era conocido, para no edificar sobre fundamentos ajenos, 21 sino según lo que está escrito: "Le verán aquellos a quienes no fue anunciado, y los que no han oído entenderán."
San Pablo ha llegado al final de su carta y, antes de la despedida y acostumbrados saludos, quiere como disculparse ante los romanos de haberles escrito con tanta libertad. Desde luego, si se hubiese tratado de una iglesia fundada por él, no es probable que hubiese pensado en presentar excusas; pero sabemos que la iglesia de Roma no había sido fundada por el Apóstol (cf. 1:10-13), y era norma suya "no edificar sobre fundamentos ajenos" (v.20; cf. 1 Cor 3:10; 2 Cor 10:15).
Comienza, pues, por disculparse ante los romanos de haberles escrito; tanto más, que ellos mismos estaban llenos de "bondad y de ciencia" (άγα3ωσύνης και γνώσεως) para poder amonestarse mutuamente (v.14). La alabanza, aunque tenga su parte de expresiσn cortés y no excluya el que hubiera algunos defectos (cf. 14:1-4), no debe considerarse como simple adulación, sino que responde a una realidad, que habla muy alto en favor de la comunidad romana (cf. 1:8.12). A pesar de todo, San Pablo ha querido escribirles con esa libertad que lo ha hecho, "recordándoles" ideas que ya conocen, en virtud de su condición de Apóstol de los Gentiles (cf. 1:5; 12:3), encargado de presentarlos ante el altar de Dios como "oblación santificada por el Espíritu Santo" (v. 15-18). Es de notar la terminología litúrgica o sacrificial con que Pablo se expresa al hablar de su apostolado. Y es que el apostolado, más aún que la simple vida cristiana (cf. 12:1; Flp 2:17), es una como especie de liturgia en que el Apóstol, o mejor, Cristo por él, ofrece los seres humanos a Dios (cf. 1:9).
Insistiendo en esta idea de que es Apóstol de los Gentiles y de que no quiere trabajar en terrenos roturados ya por otros, entre los cuales está Roma, San Pablo señala cuál ha sido hasta ahora su campo de acción, que abarca "desde Jerusalén hasta la Iliria" (v.18-21). El mejor comentario a esta afirmación del Apóstol son los capítulos 13-20 del libro de los Hechos. No está claro, sin embargo, si la Iliria o Dalmacia queda incluida en ese su campo de actividad, o debe considerarse como límite exterior. Más probable parece lo primero (cf. Act 20:2). La cita de Is 52:15, que el Apóstol hace en el v.21, pertenece al poema del "Siervo de Yahvé," refiriéndose el profeta a la estupefacción que experimentarán en el futuro todos aquellos a quienes se predique un Mesías glorioso, sí, pero antes, escarnecido y humillado. De hecho así fue (cf. 1 Cor 1:23); y San Pablo, al ir a predicar a países donde Cristo no ha sido aún anunciado — tal es la ocasión con que hace la cita — , va dando cumplimiento a esa profecía.
Proyectos de viaje, 15:22-33
22 Por lo cual me he visto impedido muchas veces de llegar hasta vosotros; 23 pero ahora, no teniendo ya campo en estas regiones, y deseando ir a veros desde hace bastantes años, 24 espero veros al pasar, cuando vaya a España, y ser allá encaminado por vosotros, después de haber gozado un poco de vuestra conversación. 25 Mas ahora parto para Jerusalén en servicio de los santos, 26 porque Macedonia y Acaya han tenido a bien hacer una colecta a beneficio de los pobres de entre los santos de Jerusalén. 27 Y lo han querido así, considerándose deudores suyos, ya que, si los gentiles comunican en los bienes espirituales de ellos, deben ellos servirles con los bienes materiales. 28 Una vez cumplido este oficio, cuando les entregue este fruto, pasando por vosotros me encaminaré a España, 29 y sé que yendo a vosotros, iré con la plenitud de la bendición de Cristo. 30 Os exhorto, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por la caridad del Espíritu, a que me ayudéis en esta lucha, mediante vuestras oraciones a Dios por mí, 31 para que me libre de los incrédulos en Judea y que el servicio que me lleva a Jerusalén sea grato a los santos. 32 Con esto iré alegre a veros, por la voluntad de Dios, y me recrearé con vosotros. 33 El Dios de la paz sea con todos vosotros. Amén.
San Pablo declara, por fin, cuál es la ocasión inmediata de escribir a los romanos: anunciarles su visita, de paso para España. Ya de mucho tiempo atrás había deseado visitarlos (cf. 1:10-13; Act 19:21); pero sus trabajos en la fundación de nuevas iglesias, "desde Jerusalén hasta la Iliria," se lo habían impedido (v.22). Ahora, "no teniendo ya campo en estas regiones," ha pensado dirigirse a España, la nación en el extremo occidental del mundo entonces conocido, y, al pasar, quiere detenerse en Roma para su consuelo y para que desde ahí, nudo central de comunicaciones, le encaminen hacia su nuevo campo de actividades (v.23-24). Lo de "no tener ya campo desde Jerusalén hasta la Iliria" (v.23) no quiere decir que todos los gentiles de esas regiones se hubiesen convertido, sino que, hablando en general, el Evangelio estaba ya suficientemente promulgado en esas regiones, y su misión era la de poner los fundamentos, dejando a sus discípulos el encargo de continuar la obra. Sobre si San Pablo llevó a cabo o no su proyectado viaje a España, ya hablamos al trazar su biografía en la introducción general a las cartas.
Antes del viaje a España — notemos que San Pablo está escribiendo desde Corinto — , ha de realizar todavía otro viaje que le trae un poco preocupado: el viaje a Jerusalén, para llevar a los fieles de aquella iglesia las colectas recogidas en Macedonia y en Acaya (v.25-32; cf. 1 Cor 16:1-4; 2 Cor 8:1-9:15). Este viaje lo tenemos descrito con bastante detalle en Act 20:1-21:26. San Pablo se había impuesto como una obligación el organizar estas colectas en favor de la iglesia-madre de Jerusalén (cf. Gal 2:10), a lo que parece, en bastante penuria (cf. Act 11:29), insistiendo en que si hemos recibido de ella "bienes espirituales," justo es que la ayudemos "con los bienes materiales" (v.27; cf. 1 Cor 9:11). Desde luego, la acción caritativa del Apóstol no podía merecer sino alabanzas; pero el terreno era delicado. No ya sólo por las dificultades con que en sus viajes había de tropezar por parte de los judíos incrédulos, que continuamente le estaban tendiendo asechanzas para acabar con él (cf. Act 20:3; 21:27-30), sino también porque, incluso los judíos convertidos, le miraban con bastante recelo y había peligro de que rechazasen desdeñosamente esas colectas, desaire que hubiera tenido fatales consecuencias para las relaciones de las iglesias hijas con la iglesia madre (cf. Act 21:18-25). Por eso pide oraciones a los fieles de Roma, "para que el servicio que me lleva a Jerusalén sea grato a los santos" (v.31).
El v.33, con que termina esta perícopa, tiene todas las trazas de un saludo final, como lo encontramos en otras cartas (cf. 1 Cor 16:24; 2 Cor 13:13; Flp 4:23; 1 Tes 4:28; 2 Tes 3:18).
Recomendaciones y saludos, 16:1-24
1 Os recomiendo a nuestra hermana Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas, 2 para que la recibáis en el Señor de manera digna de los santos y la asistáis en todo lo que le fuere necesario, pues ella ha favorecido a muchos y a mí mismo. 3 Saludad a Frisca y a Aquila, mis cooperadores en Cristo Jesús, 4 los cuales, por salvar mi vida, expusieron su cabeza, a quienes no sólo estoy agradecido yo, sino todas las iglesias de la gentilidad. 5 Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a mi amado Epéneto, las primicias de Cristo en Asia. 6 Saludad a María, que soportó muchas penas por vosotros. 7 Saludad a Andrónico y a Junia, mis parientes y compañeros de cautiverio, que son muy estimados entre los apóstoles y fueron en Cristo antes que yo. 8 Saludad a Ampliato, a quien amo en el Señor. 9 Saludad a Urbano, nuestro cooperador en Cristo, y a Estaquis, mi amado. 10 Saludad a Apeles, probado en Cristo. Saludad a los de la casa de Aristóbulo. n Saludad a Herodiano, mi pariente. Saludad a los de Narciso, los que son del Señor. 12 Saludad a Trifena y a Trifosa, que han pasado muchas penas en el Señor. Saludad a Pérsida, muy amada, que sufrió muchas penas en el Señor. 13 Saludad a Rufo, el elegido del Señor, y a su madre, que lo es también mía.14 Saludad a Asíncrito y Flegón, Hermes, Patroba, Hermas, y a los hermanos que viven con ellos. 15 Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpia y a todos los hermanos que viven con ellos.16 Saludaos unos a otros con el ósculo santo. Os saludan todas las iglesias de Cristo. 17 Os recomiendo, hermanos, que tengáis los ojos sobre los que producen divisiones y escándalos en contra de la doctrina que habéis aprendido, y que os apartéis de ellos, 18 porque ésos no sirven a nuestro Señor Cristo, sino a su vientre, y con discursos suaves y engañosos seducen los corazones de los incautos. 19 Vuestra conversión ha llegado a noticia de todos; me alegro, pues, en vosotros, y quiero que seáis prudentes para el bien, sencillos para el mal, 20 y el Dios de la paz aplastará pronto a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.21 Os saluda Timoteo, mi colaborador, y Lucio, y Jasón, y Sosípatro, mis parientes. 22 Os saludo yo, Tercio, que escribo esta epístola, en el Señor. 23 Os saluda Gayo, huésped mío y de toda la iglesia. 24 Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
Después del saludo o bendición con que San Pablo cerró el capítulo anterior, parecía poderse dar por terminada la carta. Faltaban, sin embargo, los saludos personales. A ello sobre todo va a dedicar este capítulo.
Comienza por pedir a los Romanos que presten buena acogida a Febe, diaconisa de la iglesia de Cencreas, que, al parecer, debía trasladarse a Roma por asuntos suyos o de la comunidad de Corinto y a quien Pablo hizo portadora de la carta (v.1-2). Cencreas era el puerto oriental de Corinto (cf. Act 18:18). El nombre Febe (femenino de Febo) era célebre en la mitología griega, lo que indica que esta cristiana debía de ser de origen gentil, pues difícilmente una madre judía habría puesto un tal nombre a su hija. En cuanto al término "diaconisa" (διάκονος), que San Pablo aplica a Febe, no está claro cuál sea su exacto significado. Es el único caso en el Nuevo Testamento en que a una mujer se da este título, aunque puede también citarse al respecto 1 Tim 3:11, conforme a la interpretación que daremos en su lugar. Lo más probable es que tengamos ya aquí el primer indicio de la institución de las diaconisas, institución que claramente parece suponerse en la famosa carta de Plinio a Trajano, hacia el año II hablando de los cristianos: .. ex duabus ancillis, quae ministrae dicebantur, quid esset veri.. (Epist. 10:96). No es fácil concretar cuál era la misión de estas diaconisas. Parece ser que se limitaban a la asistencia a pobres y enfermos, incluyendo también, quizás, ciertos oficios auxiliares en el bautismo de las mujeres.
Después de la recomendación de Febe, San Pablo envía saludos a no menos de veintiséis personas individualmente, aparte otros más en general, como los que envían "a los de Aristóbulo" y "a los de Narciso" (v.3-16; cf. v.10-11). Bastantes de estos nombres son griegos (Andrónico, Apeles, Epéneto..), otros latinos (Ampliato, Aquila, Urbano..), y algunos parece que hebreos (Herodiano, María..). A los que preguntan cómo pudo San Pablo conocer tanta gente de Roma, sin haber estado jamás en ella, podemos responder que a muchos les conocería sin duda personalmente por haberse encontrado con ellos en alguno de sus viajes apostólicos, como es el caso de Prisca y Aquila (cf. Act 18:2), pero a otros es probable que les conociera sólo de oídas, por haberle hablado de ellos alguien que hubiera encontrado en sus viajes. Se ha trabajado mucho por identificar estos nombres con otros encontrados en inscripciones sepulcrales o conocidos por la historia. Así, el caso de Prisca, Ampliato, Urbano, etc. Lo mismo se diga de Aristóbulo, nombre frecuente entre los descendientes de Heredes, algunos de los cuales se establecieron en Roma, y de Narciso, famoso liberto del emperador Claudio, a quien Agripina hizo morir poco después de subir al trono Nerón, pasando sus cuantiosos bienes al fisco. Es posible que esos cristianos de la "casa de Aristóbulo" y "de la de Narciso" (v.10-n) fuesen esclavos o libertos que pertenecían o habían pertenecido a estos personajes. El problema es delicado, pues la identidad de nombres no supone necesariamente identidad de personas. Tampoco es claro cuándo Prisca y Aquila "expusieron su cabeza" en favor de Pablo (v.4). Es probable que fuese en Efeso, con ocasión del tumulto que estuvo a punto de costar la vida al Apóstol (cf. Act 19:29),- siendo también quizás en esa ocasión cuando Andrónico y Junia fueron "compañeros suyos de cautiverio" (v.7). De ellos dice que eran sus "parientes" (συγγενείς), y lo mismo vuelve a repetir de otros varios (cf. v. 11.21). No estα claro de qué clase de "parentesco" se trata. Desde luego, no parece pueda entenderse simplemente en el sentido de "israelitas," como en 9:3, pues en ese caso habría que considerar como no judíos a todos los de la lista a quienes no da ese título, lo que resulta absurdo, como vemos en el caso de Prisca y Aquila. Quizás se trate de judíos pertenecientes a la tribu de Benjamín, a la que sabemos pertenecía Pablo (cf. n,i; Flp 3:5). El P. Lagrange, sin llegar tan lejos en busca del tronco común, dice que puede tratarse de "parentesco" en sentido estricto; pero con esa "parentela" oriental extraordinariamente amplia, que incluye centenares de personas, que conservan el recuerdo de su origen común no obstante vivir dispersas por el mundo. Añade aún San Pablo otros detalles respecto de algunos nombres, que no conviene dejar pasar sin un breve comentario. Y así, de Epéneto dice que era "las primicias de Cristo en Asia" (v.5), expresión que parece indicar que había sido el primer convertido de la provincia proconsular de Asia, lo mismo que Estéfanas lo había sido de la de Acaya (cf. 1 Cor 16:15); de Andrónico y Junia dice que eran "muy estimados entre los apóstoles" (v.7), debiendo notar que el término "apóstoles" está tomado en sentido amplio, más o menos como en la Didaché (11:3-6), designando simplemente a aquellos predicadores ambulantes, fueran o no de los Doce, que predicaban el Evangelio allí donde no había sido aún predicado (cf. Act 13:1-3)· En cuanto a Rufo, de quien habla con especial cariño (v.13), es probable que se trate de un hijo de Simón Cireneo; pues San Marcos, que escribe su evangelio en Roma, dice del Cirineo que era "padre de Alejandro y Rufo" (Me 15:21), nombrando a los dos, sin otras indicaciones, como personas conocidas en la comunidad de Roma.
Por fin, terminados los saludos, San Pablo exhorta a los fieles romanos a saludarse mutuamente con el "ósculo santo" (v.16), gesto este que es mencionado otras tres veces en sus cartas (cf. 1 Cor 16:20; 2 Cor 13:12; 1Tes 5:26), y que pronto se convirtió en ceremonia litúrgica, como símbolo de unión y caridad 122. Es muy de notar la expresión que añade a continuación: "Os saludan todas las iglesias de Cristo." Y digo que es muy de notar, porque es la única vez en que San Pablo, dirigiéndose a una comunidad particular, dice que todas las iglesias la saludan. Testimonio elocuente de la veneración de que San Pablo rodea a la iglesia de Roma, y del lugar preeminente que ésta ocupaba ya en aquella época.
Los ν. 17-20 constituyen una especia de digresiσn, en la que el Apóstol pone en guardia contra aquellos predicadores que ocasionan discordias y apartan de la doctrina tradicional. No se concreta más. Probablemente se trata de los predicadores judaizantes, bien conocidos por otras cartas (cf. 2 Cor 11:13-15; Gal 1:6-7; Flp 3:18-19), que rehusaban reconocer en la fe, separada de la circuncisión y de las obras de la Ley, un principio suficiente de salud, y había peligro de que intentasen difundir también sus doctrinas en Roma, al igual que lo venían haciendo en otras partes. El peligro debía de ser todavía vago e incipiente, pues, en caso contrario, San Pablo hubiera tratado de ello más directamente en su carta. Desde luego, no se trata de los "débiles en la fe" (cf. 14:1), aunque podían también ser causa de discordia, pues a éstos no manda evitarlos, sino tratarlos con compasión. La brusca interrupción de pensamiento que supone esta perícopa, a continuación de los saludos, quizá se explique mejor si suponemos que se trata de unas líneas que el Apóstol añade de su propia mano, al igual que solía hacer en otras cartas, y que eran como la firma o señal de autenticidad (cf. 1 Cor 16:21; Gal 6, n; 2 Tes 3:17).
Quedaban aún los saludos por parte de aquéllos que acompañaban a San Pablo, y es lo que tenemos en los v.21-24. La mayoría de estos nombres nos son conocidos también por otros lugares del Nuevo Testamento (cf. Act 13:1; 16:1; 17:5; 20:4; 1 Cor 1:14; 2 Tim 4:20), aunque la correspondencia no siempre es segura. Resulta simpática la mención de este Tercio, del que sólo sabemos el nombre y que fue el amanuense del que se valió San Pablo para escribir la carta. También él quiso incluirse entre los que enviaban saludos.
La gran doxología final, 16:25-27
25 Al que puede confirmaros en orden a mi evangelio y a la predicación de Jesucristo, en orden a la revelación del misterio tenido secreto en los tiempos eternos, 26 pero manifestado ahora, y por medio de las Escrituras proféticas, conforme a la disposición de Dios eterno, dado a conocer a todas las gentes para que se rindan a la fe, 27 al Dios sólo sabio, sea por Jesucristo la gloria por los siglos de los siglos* Amén.
Ya por dos veces San Pablo había como terminado la carta (cf. 15:33; 16:20); pero al acordarse de que faltaban aún los saludos, hubo de continuar. Ahora no queda ya nada por decir. El remate no puede ser más solemne, siendo ésta, entre todas las doxologías que encontramos en el Apóstol, la más elaborada y amplia, verdadero himno a la omnipotencia y sabiduría de Dios en su obra de salvación de los hombres.
Notemos que el tema fundamental de la carta ha sido la exposición de la obra de salud revelada en el Evangelio (cf. 1:16-17), Y Que Pablo deseaba visitar a los fieles de Roma ante todo y sobre todo "para confirmarlos" en la fe (1:11; cf. 1 Cor 1:8; 1 Tes 3:2). Pues bien, ésas son precisamente las ideas que se recogen en esta doxología. A la predicación de la obra de salud llama San Pablo "su evangelio" o, lo que es equivalente, "predicación que tiene por objeto a Jesucristo" (v.25); y dice que esta obra de salud ha sido un "misterio" tenido en secreto por Dios desde la eternidad 123, escondido en la penumbra de la antigua revelación y manifestado ahora abiertamente con la venida de Jesucristo al mundo y la consiguiente predicación de los apóstoles (cf. 1:5; 3:21; 10:15), a fin de llevar todas las gentes a la obediencia de la fe. La expresión "por medio de las Escrituras proféticas" (v.26) parece querer dar a entender que la Escritura sirve como de instrumento a los apóstoles en su predicación para mejor dar a conocer el misterio de Cristo (cf. 1:2; 3:21; 4:23; 15:3-4). A Dios, pues, que "puede confirmaros" en la fe (v.25) y que ha concebido un plan tan "sabio" de salvación (v.27; cf. 11:33), sea la "gloria por los siglos de los siglos." Y sea esa gloria "por Jesucristo," que ha sido el instrumento de salvación, y que ha de ser nuestro mediador ante Dios.
85 La expresión "de fe en fe" (εκ ττίστεως είς τπστιν) ciertamente es oscura. Probablemente es una expresión enfática para indicar permanencia o continuidad progresiva, parecida a "de vigor en vigor" (Sal 84:8), "de gloria en gloria" (2 Cor 3:18); cosa que, además, parece pedir la frase siguiente: "el justo por la fe vivirá." De hecho, San Pablo insistirá en que el hombre, una vez "justificado," debe continuar viviendo en la fe (cf. 1 Cor 13:13; 16:13; 2 Cor 1:24; 5:7; Gal 2:20; 5:6; Col 1:23; 2:7; 1 Tim 2:15). La cita "el justo por la fe vivirá" es de Hab 2:4. De nuevo encontramos esta misma cita en Gal 3:11 y Heb 10:38. No está clare si "por la fe" ha de unirse a "justo" (el justo por la fe) o a "vivirá" (por la fe vivirá). Gramaticalmente ambas cosas son posibles, y también dan sentido dentro de la doctrina paulina, puesto que, según San Pablo, es gracias a la fe como adquirimos la justicia (justo por la fe) y es también gracias a la fe como permanece y se desarrolla en nosotros la vida divina hasta que lleguemos a la gloria celeste (vivirá por la fe). El contexto del pasaje de Habacuc favorece esta segunda opinión. Se refería el profeta a que, si los israelitas tenían fe en la palabra de Dios, por esa su fe se mantendrían en la vida y no sucumbirían ante la invasión caldea. San Pablo, sin salirse del significado de "salvación por la fe," da al texto una amplitud mucho mayor, refiriendo esa salvación no ya a la vida ante el peligro de enemigos, sino a la vida en su plenitud, a la vida sobrenatural, que viene de Dios, la que lleva dentro el alma justa y que constituye al hombre en un nuevo modo de existir, cuyo remate será la gloria eterna. Da, pues, al texto de Habacuc un sentido más "pleno" del que parece tener, en su sentido literal, en el pasaje profético (cf. Act 1:20; 2:25; 3:22; 28:25). — 87 Como final de lista pone San Pablo el pecado de "aplaudir el nial," pecado que bajo ciertos aspectos puede considerarse como el colmo de la depravación moral, máxime teniendo en cuenta que los que así aplauden "conocen la sentencia divina de que son dignos de muerte los que hacen tales cosas" (v-32). No parece que la expresión "dignos de muerte" haya de interpretarse como alusión concreta a la muerte temporal o a la muerte eterna, cosas en que, a buen seguro, no pensaban los gentiles, sino que deberá tomarse más bien en su sentido genérico de castigo máximo (cf. Prov 5:14), que en los tribunales humanos es la pena de muerte, y de una u otra forma, a juicio de los mismos gentiles, ha de tener su correspondencia en el tribunal de Dios, como el mismo San Pablo concretará luego en 2:14-16. La Vulgata y algunos códices griegos tienen otra lección: "Qui cum iustitiam Dei cogno-vissent, non intellexerunt quoniam qui talia aguat, digni sunt morte; et non solum qui ea faciunt, sed etiam qui consentiunt facientibus." Probablemente esta lección surgió tratando de evitar la dificultad de cómo los gentiles conocían la sentencia divina de que eran "dignos de muerte" los que hacían tales cosas. — 88 Al hablar San Pablo de gentiles que cumplen "naturalmente" las prescripciones de la ley (v.14), no quiere decir que cumplan esas prescripciones con las solas fuerzas naturales, sin la ayuda de la gracia, sino de que las cumplen guiados por la razón natural, sin la ayuda de ninguna ley escrita positiva, cual la tenían los judíos. Es decir, que no contrapone "naturaleza" a "gracia," sino "ley natural" a "ley mosaica." De otros pasajes, particularmente del c.7 de esta misma carta a los Romanos, se deduce que, según San Pablo, ni los judíos con ley mosaica ni los gentiles con ley natural podían obrar íntegra y constantemente el bien sin el auxilio de la gracia de Jesucristo. Y esto para actos honestos de orden natural, pues para actos sobrenaturales, que conduzcan a la vida eterna, incluso para el comienzo mismo de la fe, la gracia es absolutamente necesaria (cf. 2 Cor 3:5; Ef 2:8; Flp 2:13). El hecho mismo de que aquí ponga en manos de Jesucristo el juicio de judíos y gentiles (V.16), parece dar a entender que dependen ya de El en el obrar. — 89 Ant. iud. 4:8:10. — 90 Vestigios de estos florilegios, para uso de catequistas y predicadores, los podemos ver también en otros lugares (cf. 1 Cor 2:9; 3:19-20). Cree Dodd que esta Biblia, llamémosla así, de la Iglesia primitiva incluiría textos que podríamos agrupar, a juzgar por las citas neo-testamentarias, en tres capítulos: apocalípticos, tomados sobre todo de Joel (cap. 2-4), Zacarías (cap. 9-14), Daniel (cap. 7 y 12) y Malaquías (cap. 3:1-5); nuevo Israel, tomados de Oseas (2:1-25); Isaías (6:1-9; 7.u; i-io; 29:9-14; 40:11), Jeremías (13:10-34), Y Habacuc (cap. 1-2); persona y obra de Jesús, tomados principalmente de Isaías (cap. 42 y 52-53) Y de los Salmos (cf. C. H. Dodd, According to the Scriptures, London 1953; L. Cerfaux, Vestí-ges d'un Florilége dans 1 Cor 1:18-3:23?: Rec. L. Cerfaux, Gembloux 1954, p.319-332). — 91 Cf. M. J. Lagrange, Építre aux Romains (París 1916) p.77-?8: "On peut aussi se de-mander (v.25-20) ce qu'est la justice de Dieu? justice attribut ou justice communiquée?.. 11 reste done que c'est dans les deux cas la justice de Dieu communiquée, celle dont parle í'apótre au v.21. C'est d'ailleurs au v.21 que la question est tranchée d'avance. On ne peut voir aux v.25-26 la justice de Dieu attribut si on ne la trouve aussi dans le v.21." — 92 Esto no quiere decir que antes del Evangelio no hubiera hombres justos y gratos a Dios, como fueron los patriarcas y profetas; pero no lo eran independientemente de la obra de redención que había de realizar Jesucristo. — 93 Cf. Conc. Trid. ses.6 c.7: D 799. — 94 Cf. Plutarco, Pompeius 24; Flavio Josefo, Anf. iud. 12:2:3. Lo mismo se diga de άπολυτρόω; cf. Platσn, Leges 9193; Filipo de Maced. (Demóstenes, 159,15)· — 95 Cf. S. Lyonnet, La soteriología paulina: Introd. a la Biblia (Robert-Feuillet), II, (Barcelona 1965) p.746-787; De peccato et redemptione (Roma 1972); L. Sabourin, Redención sacrifical (Bilbao 1969). — 96 Cf. P. Benoit: Rev. Bibl. 8o (1973) P-434 (reseña de una obra de Lyonnet). — 97 Cf. F. Prat, La théologie de S. Paul I (París 1934) p.504-507. — 98 No entramos en dificultades de detalle respecto a construcciones gramaticales en esta perícopa. San Pablo, como es frecuente en él, va a la idea, y necesitamos adivinar frases que quedan sobrentendidas. Es particularmente difícil, bajo este aspecto, el inciso "aunque no ante Dios" del v.2. Probablemente debería completarse así: Si fue justificado por las obras, tendrá motivos de gloriarse (en general, lo mismo ante Dios que ante los hombres); ahora bien, sabemos que nada tiene de qué gloriarse ante Dios (nada se dice de si tiene ante los hombres, ya que no hace al caso), pues dice la Escritura: "Creyó Abraham a Dios.." — 99 F. Prat, La théologie de S. Paul, II (París 1937) P-256. A este propósito podemos recordar aquí la explicación de Tomás, de corte puramente teológico. Ante la dificultad de cómo la resurrección podía influir en nuestra justificación, dado que Cristo no estaba ya en estado de merecer, Santo Tomás se inclina a otra clase de causalidad, que él llama "a modo de eficiencia," y que hay que poner en la muerte y resurrección de Cristo, lo mismo que en todas las demás acciones y pasiones, por ser su humanidad instrumento de la divi-nidaxd (cf. Corom. in Rom. 4.251. — l00 L. Cerfaux, Itinerario espiritual de S. Pablo (Barcelona 1968) p.75 — 101 Hay algunos autores, como Freundorfer y Cerfaux, que creen encontrar la apódosis en el mismo v.12: "así como por un hombre.. así también (kcü οΟτως) la muerte pasσ. " Pero hemos de decir que, en ese caso, la partícula griega suele ser ούτοοςκοα, cosa que tambiιn vemos hace Pablo (cf. 5:15.18.19; 11:30). Además, supuesta esa construcción gramatical, perdemos el paralelismo antitético Adán-Cristo, que tan claro aparece en todo el pasaje (cf. v.15-19). — 102 Cf. G. Wagner, Das religionsgeschichte Problem von Romer 6:1-11 (Zürich 1962); Pauline Baptism and the Pagan Mvsteries (London 1967). — 103 Donde nosotros traducimos .".sepultados por el bautismo en su muerte" (v.4), ligando "muerte" a "bautismo" y dando a la expresión el mismo significado que en el v.3, otros traducen: .". sepultados por el bautismo en orden a la muerte," ligando "muerte" a "sepultados" y dando a toda la expresión el sentido de que por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo (simbolismo directo de la "inmersión") a fin de morir al pecado. A la objeción de que la muerte es antes que la sepultura, y no la sepultura antes de la muerte, suelen responder con Tomás: "Gorporaliter aliquis prius moritur, et postea sepelítur, sed spiritua-liter sepultura baptismi causat mortem peccati" (In Rom. 6:4). — 104 La expresión "muertos a lo que nos tenía sojuzgados" (αποθανόντες εν φ κατειχόμεθα) no expresa con claridad si San Pablo estα pensando sólo en la Ley o más bien en todo el conjunto que sojuzgaba al "hombre viejo": colaboración de la carne, el pecado y la Ley. Para el sentido fundamental, la cosa importa poco. La Vulgata lee de otra manera: "nunc autem soluti sumus a lege morífi, in qua detineba-mur, ita ut.." Tampoco esto afectaría fundamentalmente al sentido. — 105 La opinión, hasta no hace muchos años bastante corriente, de considerar esto como alusivo al mismo Pablo, que así habría resumido su experiencia bajo la Ley, hoy ha sido abandonada. — 106 Es un hecho de experiencia, con aplicación también después del bautismo, este despertar de la concupiscencia ante lo prohibido. Conocido es a este respecto el verso de Ovidio: "Nitimur in vetitum semper cupimusque negata" (Amores 3:4:17). De modo parecido se expresa también el autor de los Proverbios: "Son dulces las aguas hurtadas, y el pan de tapadillo, el más sabroso" (Prov 9:17). — 107 Cf., v.gr., Ovidio: "Video meliora proboque, deteriora sequor" (Metam. 7:20-21). De parecido se expresa Epicteto: .".quod vult non facit, et facit quod non vult" Si Pablo, al describirnos la actividad del "pecado," comenzó expresándose en el lenguaje del Génesis, ahora se expresa más bien en fórmulas que tienen afinidad con los autores grecorromanos. Sin embargo, como hace notar Cerfaux, "el tema helénico se da en versón judía ninado por la noción de la carne, ese poder maligno enraizado en el fondo de nuestros y dominado por la noción de la carne, ese poder maligno enraizado en el fondo de nuestros miembros, y del pecado que habita en ella" (L. Cerfaux, El cristiano en S. Pablo, Madrid 1965" P-367). — 108 En efecto, la primera proposición: "Lo que a la Ley era imposible," queda como en suspenso, faltando otra que la complete. Podríamos ordenar así el conjunto: "Lo que a la Ley era imposibLc.., Dios lo ha hecho posible, enviando a su propio Hijo.. y condenando al pecado.." — 109 Para entender esto mejor, es conveniente que recordemos algunas características más salientes de la terminología antropológica de San Pablo. Son términos en él de uso muy frecuente: carne, cuerpo, espíritu, alma.., pero no siempre tomados en el mismo sentido. Concretamente, por lo que se refiere al término "carne” (σαρξ), es corriente el sentido que pudiιramos decir físico o neutral con referencia al elemento corpóreo o materia carnal de que está formado el ser humano (cf. Rom 2:28; 2 Cor 12:7; Gal 6:13; Ef 2:11 ; Col 2:13; en 1 Cor I5"39 se habla también de la "carne" de los animales, respecto de los cuales, sin embargo, Pablo suele usar el término κρέας, no σαρξ: Rom 14:21; 1 Cor 8:13), aveces equivalente prαcticamente a "cuerpo" (cf. 1 Cor 5:5; 6:16; 2 Cor 4:11; Ef 2:15; 5:29.31; Col 2:1.5) e incluso al "hombre" todo (cf. Rom 3:20; 1 Cor 1:29; 2 Cor 7:5; Gal 1:16). El término "carne" no tiene en estos textos connotación alguna de carácter moral, así como tampoco la tiene cuando se usa para designar simplemente la esfera de lo humano y natural en contraposición a la esfera de lo ultraterreno y sobrenatural (cf. Rom 1:3; 4:1; 9:5.8; 11:14; 1 Cor 1:26; 2 Cor 5, 1 6; 11:18; Gal 4:29; Ef 6:5; Fil 3:3; Film 16). Sin embargo, hay otros muchos textos en que el término "carne" connota algo pecaminoso y viene a designar prácticamente al hombre que se opone hostilmente a Dios, siendo considerada la "carne" como asiento o instrumento del pecado (cf. Rom 7:14.18.25; 8:3-13; 1 Cor 3:3; Gal 5:13-21; Ef 2:3; Col 2:23). Esta acepción del término "carne" es desconocida en el Antiguo Testamento y, en el Nuevo, aparte de Pablo, aparece en muy pocos casos (cf. Jn 3:6; i Jn 2:16; 2 Pe 2:10; Jds 7-8). Pues bien, si Pablo considera a la "carne" como pecaminosa, no es porque la considere mala en sí misma, pues, para Pablo, Dios es el único creador de todo; sino porque es en los apetitos sensibles donde el desorden introducido por el pecado de Adán (cf. Rom 5:12-21) se manifiesta de manera más clara, siendo éstos los que trastornan por completo la armonía de nuestra naturaleza y teniendo casi siempre su parte en el desarreglo de las facultades superiores (cf. Rom 7, 14-23). Intimamente relacionado con el término "carne" es el de "cuerpo" (σώμα), tιrminos usados a veces como equivalentes (cf. 1 Cor 6:16; 2 Cor 4:10-11; 1 Cor 5:3 = Col 2:5), con la diferencia de que Pablo nunca da al término "cuerpo" sentido peyorativo, sino que más bien habla de él con respeto e incluso dice que será transformado en "cuerpo" glorioso (cf . 1 Cor 6:13-20; 15:44; Fil 3:21), cosa que nunca dice de la "carne." Podríamos resumir diciendo que, para Pablo, el término "cuerpo" tiene sentido neutral y designa esa realidad visible bajo la cual se manifiesta la persona humana; mientras que el término "carne" tiene más bien, al menos en muchos casos, sentido religioso y designa el modo de ser del hombre con relación al plan salvífico de Dios. Por lo que respecta al término "espíritu" (πνεύμα), que Pablo suele contraponer al de “carne” (cf. Rom 8:4-9; Gal 5:16-25) y a veces, lo mismo que el de “carne,” designa tambiιn al hombre todo (cf. Gal 6:18; Fil 4:23), su sentido fundamental, mírese desde perspectiva griega o desde perspectiva semita, es el de principio vital y como sede de nuestras manifestaciones afectivas e intelectuales (cf. 1 Cor 2:11; 16:18; 2 Cor 2:13). Afín al concepto de "espíritu" es el de "alma" (ψυχή), que Pablo usa tambiιn con frecuencia (cf. Rom 2, 9; 16:4; 2 Cor 1:23; 12:15; i Tes 2:8), y a veces yuxtaponiéndolo al de "espíritu" (cf. i Tes 5:23; 1 Cor 2:14-15; Ι5·44; Heb 4:12), con lo que está dando a entender que establece cierta diferencia entre ambos términos. Parece ser que, para Pablo, el concepto de "espíritu" es más elevado que el de "alma," acercándose bastante (cf. 1 Cor 2:11) al voug ("inteligencia)," délos griegos, término que estaba entonces muy en uso y que también Pablo emplea con frecuencia (cf. Rom 1:28; 7:23.25; 12:2; Ef 4:17.23; Fil 4:7); sin embargo, como advierte L. Cerfaux, se distinguiría de voüς en cuanto que "el espíritu designa no solamente la parte superior del hombre, como la inteligencia, sino que connota una presencia activa del Espíritu Santo" (Itinerario esp. de S. Pablo, Barcelona 1968, p.112). En otras palabras, bajo el término "espíritu" Pablo estaría aludiendo a esa parte más íntima y elevada del hombre, que sirve como campo de acción del Espíritu Santo, que es quien nos convierte en creaturas nuevas (cf. Ef 3:16-19; 4:23-24; 1 Cor 2:15), hasta el punto de que a veces es difícil saber si Pablo está hablando del "espíritu" del hombre o del "Espíritu" de Dios actuando en el hombre (cf Rom 8:1-11). — 109* Algunos autores, siguiendo a San Juan Crisóstomo, entienden esa "muerte" del cuerpo con referencia a nuestra muerte mística en el bautismo (cf. 6:4-6), que el Apóstol afirmaría ser también efecto de la presencia de Cristo en nosotros; sin embargo, dado que en el v.11 se habla de la muerte corporal, parece que en ese mismo sentido debe entenderse la expresión del v.10. En cuanto a la expresión "a causa de la justicia," tampoco es clara. Muchos autores la entienden en sentido causal, en paralelismo con "por el pecado," atribuyendo a la justicia que Dios nos confiere (cf. 1:17; 3:21) el ser causa o raíz de la vida espiritual; sin embargo, parece más en consonancia con el contexto el sentido final, conforme hemos interpretado nosotros. Ni hay por qué urgir el paralelismo, pues cada cosa debe interpretarse según su naturaleza; y no es lo mismo "pecado" que "vida," la cual se nos confiere en orden a producir algo (cf. 6:11-13; 7-4). — 110 Es posible que haya aquí una alusión al Padrenuestro, la oración cristiana por excelencia, que nos enseñó el mismo Jesucristo (cf. Lc 11:1-4). San Pablo antepone a la palabra "Padre" el término correspondiente arameo "Abba," y lo mismo hace en Gal 4:6. Igual hace San Marcos al referirnos la oración de Jesucristo en Getsemaní (Mc 14:36). Es éste un término arameo popular, que significa "padre," pero en un sentido menos solemne. Probablemente se trata, como sucede con otras fórmulas (cf. 1 Cor 14:16; 16:22), de antiguas reminiscencias conservadas en oraciones litúrgicas, que se resistían a desprenderse de esas palabras primitivas que, aunque en lengua extraña, tanto decían al corazón cristiano. Sobre esta invocación a Dios como "Abba," cf. J. Jeremías, Le message central du Nou-veau Testament (París 1966) p.y-29. — 111 Cf. A. Viard, Exspectatio creaturae: Rev. Bibl. 59 (1952) 337-354; A. M. Dubarle, Le gémissement des créatures dans l'ordre du cosmos: Rev. Se, phil. et théol. 38 (1954) 445-465. — 112 Conviene advertir que en el texto original griego (..τοΐς άγαπώσιν τον Οεόν πάντα συνεργεί sis αγαθόν ..) no estα claro cuál sea el sujeto de συνεργεί. Nosotros hemos traducido “hace concurrir,” suponiendo que sea Dios, sujeto implνcito fácil de sobrentender. Así interpretan la mayoría de los Padres griegos, y así parecen exigirlo las proposiciones siguientes (v.2Q-30), enlazadas íntimamente a ésta, y en las que el sujeto implícito es ciertamente Dios. La Vulgata traduce: .". diligentibus Deum omnia cooperantur in bonum,” suponiendo que el sujeto sea πάντα. El sentido fundamental no cambia; pues si las cosas aun las adversas (tribulaciones, pobreza, muerte..), acaban por ser provechosas al cristiano, es debido no a ellas mismas, que nada podrνan hacer en orden a nuestra salud, sino a la acción providencial de Dios, que todo lo dirige a nuestro bien, haciendo que nos resulten útiles. Tampoco cambiaría gran cosa el sentido si traducimos "coopera con nosotros en todas las cosas," en vez de "hace concurrir o cooperar con nosotros todas las cosas." Esta última traducción, dando a συνεργεί valor causativo, parece estar mαs en consonancia con el acusativo πάντα, y no ιv παστν. — 113 Algunos crνticos han pretendido desvirtuar el valor de este testimonio, puntuando la frase de otra manera: .". según la carne procede Cristo. El que está por encima de todas las cosas, Dios, [sea] bendito.."; o también: .". por encima de todas las cosas. Dios [sea] bendito.." En uno y otro caso, la doxología o alabanza no estaría dirigida a Cristo, sino a Dios Padre, como es frecuente en San Pablo (cf. 1:25; 11:36; 2 Cor 11:31; Gal 1:5; Ef 3:21). La cuestión no puede resolverse a base de crítica textual, pues es sabido que los antiguos manuscritos griegos, de los que depende nuestro texto actual, estaban sin puntuación. Hay que resolverla, pues, a base de examinar texto y contexto. Pues bien, el contexto pide que consideremos esa doxología como dirigida a Cristo, ya que, al señalar San Pablo que Cristo es de procedencia judía "según la carne," está dando a entender claramente que hay en El algo más que la naturaleza humana, que es precisamente lo que especifica, como segundo miembro de la antítesis, en la doxología. Añadamos que una doxología como enunciado, absoluto, sin ligar gramaticalmente con lo que precede, sería caso único en San Pablo (cf. 1:25 ; 11:36), quien, por lo demás, nunca antepone "Dios" a "bendito," sino viceversa, dando al predicado el lugar de relieve (cf. 2 Cor 1:3; Ef 1:3). Ni conviene omitir que una doxología al Padre apenas encajaría en este contexto, pues no enumera San Pablo las prerrogativas de Israel con espíritu de júbilo, que provoca las doxologías, sino como amargo contraste entre los privilegios y la actual incredulidad. Al contrario, aplicándola a Cristo, todo resulta normal y obvio en la frase. También Cullmann, en su "Cristología del Nuevo Testamento," juzga preferible unir "Dios" a "Cristo" por razones objetivas de estilo. Cierto que San Pablo suele reservar para el Padre el nombre de "Dios" (cf. 15:6), pero eso no impide que en ocasiones lo aplique también a Cristo (cf. Flp 2:6; Tit 2:13); y en este caso ese testimonio explícito había venido como madurándose en su espíritu con las exposiciones jubilosas anteriores (cf. 8:35-39). — 114 El sentido exacto de este texto de Malaquías citado por San Pablo ha sido muy discutido. Literalmente habría que traducir: "Amé a Jacob y odié (έμίσησα) a Esaϊ"; sin embargo, ese "odié" puede también traducirse por "he amado menos," conforme al modo de hablar entre los semitas (cf. Gen 29:30-31; Dt 21:15-17; Lc 14:26 = Mt 10:37). En caso de retener su significación de "odié," es evidente que no puede referirse a la conducta de Dios para con Esaú antes ya de que naciera y de que hubiera obrado nada bueno o malo, que es la situación que venía considerando San Pablo (v.1i-ia); más bien habría de referirse a una situación posterior, supuesto ya el pecado de Esaú. De hecho, ése parece ser el sentido en el contexto del pasaje de Malaquías, quien se refiere, más bien que a Esaú y a Jacob, a los dos pueblos procedentes de ellos, el de los edomitas, o descendientes de Esaú, y el de los israelitas, o descendientes de Jacob. Lo que el profeta trata de hacer notar es la diversa actitud de Dios para con los dos pueblos hermanos; pues, aunque ambos fueron pecadores, perdona misericordiosamente a Jacob en atención a la elección que había hecho de él, y castiga justamente a Esaú haciéndole desaparecer como nación. Ese sería también el sentido en la cita de San Pablo, quien se apoyaría en este texto de Malaquías para hacer ver que los sentimientos de Dios hacia Esaú y Jacob, con preferencia de éste sobre aquél, continuaron hacia los dos pueblos descendientes de ellos. En otras palabras, lo que San Pablo vendría a indicar es que, en ausencia de cualquier mérito, Dios es dueño de sus preferencias (texto del Génesis); y en igualdad de deméritos, Dios es dueño de sus misericordias (texto de Malaquías). — 115 La expresión maduros para la perdición (κατηρτισμένα είς άπώΛειαν) indica simplemente el hecho, sin especificar quiιn los ha puesto en ese estado. Sin embargo, debemos concluir que ciertamente no ha sido Dios, como pediría una aplicación estricta de la imagen del alfarero, pues en ese caso no tendría sentido lo de que "los soportó con mucha longanimidad." Deben, pues, haber sido ellos mismos, con sus pecados, los que "se han preparado para la perdición," como el mismo San Pablo concretará en el capítulo 10, al afirmar que, si muchos judíos han quedado fuera del Evangelio, es únicamente por su culpa, pues no quisieron aceptar la salud que se les ofrecía. — 116 La frase que nosotros hemos traducido "¿cómo creerán sin haberle oído?" (πώς τπ-στεύσωσιν ου ουκ ηχούσαν) traducen otros: “Ώcómo creerán sin haber oído de El?" Esta interpretación conservaría más pura la gradación o climax, pero no sabemos de ningún otro ejemplo en la prosa helenística donde el giro άκούειν τινός equivalga a άκούειν ττερί τινός. De hecho, todas las antiguas versiones han traducido en el primer sentido, y lo mismo la Vulgata latina: “quomodo credent ei, quem non audierunt?” Por lo demαs, también con esa interpretación la frase conserva perfecto sentido. San Pablo sabe, como muy bien hace notar el P. Lagrange, que no son muchas las personas todavía con vida que hayan oído directamente a Cristo, y precisamente por eso se pregunta en seguida: "¿Y cómo oirán, si nadie les predica? ¿Y cómo predicarán, si no son enviados?" — 117 Que San Pablo cite Dt 32:21 e Is 65:1, refiriéndolos al ingreso de los gentiles en la Iglesia (v.19-20), es claro; también es claro que de Is 65:1 separa Is 65:2, refiriendo este último texto a los judíos (v.21). Pero ¿es ése el sentido que tienen dichos textos en el contexto histórico de donde están tomados ? La respuesta no es fácil. Creemos que el texto de Dt 32:21 se refiere a los pueblos paganos (asirios y caldeos) que Dios enviará sobre Israel para castigo de sus rebeldías. Ellos son el "no pueblo" y "pueblo insensato," a quienes, como a todo lo no judío, Israel consideraba muy inferiores, y de los que Dios se valdrá para castigar a Israel, a fin de excitar en éste la emulación al verse pospuesto a ellos por su Dios. Ese sería su sentido literal histórico. Mas en la intención de Dios, como aquí nos revela San Pablo, esas expresiones tendrían un alcance mucho mayor, indicando no sólo aquel hecho concreto, sino su norma de obrar respecto a judíos y gentiles, norma que tendría su expresión suprema en los tiempos mesiánicos con la entrada de los gentiles en la Iglesia, que sirven de emulación a los judíos, quedados fuera (cf. ιι,ιι). Algo parecido habrνa que decir del texto de Is 65:1-2. Creemos que el profeta está refiriéndose a los judíos, sus contemporáneos, rebeldes a Yahvé, a pesar de que El les está tendiendo continuamente las manos.. Ese sería su sentido literal histórico. Y lo que el profeta decía de los judíos sus contemporáneos, San Pablo no tiene inconveniente en aplicarlo a los judíos de tiempos de Cristo (v.21); más aún, no tiene inconveniente en hacer una división en el texto de Isaías separando la primera parte, que aplica a la conversión de los gentiles (v.20), interpretando las expresiones "los que no me buscaban" y "los que no preguntaban por mí" en función del "no pueblo" y "pueblo insensato" de Dt 32:21, que acababa de citar. Y es que, para San Pablo, las palabras de Isaías, además de referirse al caso concreto de los judíos contemporáneos del profeta, tienen una significación más amplia, con referencia especial a la época mesiánica. Por lo que respecta a los judíos (v.21), vemos que así hace también con otros textos del profeta (cf. Act 28:26); y por lo que respecta a la aplicación a les gentiles (v.2o), haría uso del mismo principio que en la cita de Dt 32:21, viendo en el texto de Isaías no sólo el hecho concreto a que alude el profeta, sino la manera de obrar de Dios en la distribución de sus gracias. Que el profeta tratara de judíos o de gentiles, era cosa para San Pablo indiferente; lo que le importaba hacer notar era que Dios se ofrecía a los que no le buscaban y podía ser hallado de ellos, exactamente como había de suceder en el caso de los gentiles en los tiempos mesiánicos — 118 Ya desde tiempos de Orígenes han venido haciendo notar los intérpretes lo extraño del símil paulino, pues la práctica agrícola es la de injertar plantas fértiles en plantas silvestres, pero no viceversa. Algunos autores aducen en defensa de San Pablo ciertos testimonios de escritores antiguos, como Columela y Paladio, por los que sabemos que también esa práctica que parece suponer el Apóstol era conocida en Oriente, estando destinada a dar nueva vida a plantas fértiles ya viejas. Sin embargo, no parece que San Pablo piense en eso. Además, la comparación fallaría por otro lado, pues la planta silvestre tiene su mérito, dando nuevas fuerzas al tronco, cosa que en este contexto San Pablo no trata de afirmar de los gentiles. Lo más sencillo es suponer que el Apóstol toma la imagen un poco en abstracto, con libertad para modificar detalles de la realidad agrícola si así consigue mejor su finalidad, que es únicamente la de hacer sensible el plan realizado por Dios con judíos y gentiles. — 119 Gf. G. Baum, The Jews and the Cospel (London 1961) p.257-258. — 120 Algunos autores antiguos, relacionando este pasaje paulino con Lc 21:24: "Jerusalén será hollada por los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de las naciones," creían poder deducir de modo seguro que la conversión de los judíos no tendría lugar hasta finales del mundo. En efecto, daban por supuesto que la expresión hasta que se cumplan los tiempos de las naciones aludía al fin del mundo, y que el castigo material contra Jerusalén y los judíos anunciado por Jesucristo se correspondía cronológicamente con el endurecimiento o incredulidad de que habla San Pablo. Sin embargo, no consta de la verdad de esas premisas. La frase "hasta que se cumplan los tiempos de las naciones" no es clara. Desde luego, parece cierto que se alude en ella a un período más o menos prolongado de predominio o florecimiento de los gentiles sobre los judíos, pero no se dice que ese período haya de durar hasta el fin del mundo. La creencia popular, tan arraigada durante siglos, de considerar perpetuo el castigo al pueblo judío, sin posibilidad de poder volver a formar un hogar propio, parece que tuvo su origen, más que en las frases bíblicas, en el hecho de los continuos fracasos para la reconstrucción del templo a partir ya de Juliano el Apóstata. Tampoco se afirma nunca, al menos de manera explícita, el sincronismo entre castigo material de dispersión'por el mundo, a que parece referirse directamente San Lucas, y endurecimiento o incredulidad, a que alude San Pablo. Como es sabido, el 14 de mayo de 1948 fue proclamado el nuevo Estado de Israel en Palestina, y los judíos consideran terminado su destierro, como terminó el de Egipto y como terminó el de Babilonia. En el preámbulo mismo de la Constitución del nuevo Estado se leen estas solemnes palabras: "Nosotros, el pueblo de Israel, humildemente damos las gracias a Dios todopoderoso por habernos librado de la pesada carga del exilio y habernos reintegrado a nuestro antiguo hogar." — 121 Sobre el origen y significado de este término "cuerpo" aplicado a la Iglesia, tratamos ampliamente en la introducción a la carta a los Efesios. — 122 Gf. San Justino, I Apol 65; tertul., De orat, 18; san cirilo jerosol., Caí. 23. — 123 Este término "misterio," designando el plan eterno de Dios de salvar al mundo por medio de la fe en Jesucristo, no había sido empleado anteriormente por San Pablo en la carta; lo usa, sin embargo, en otras ocasiones, particularmente en las cartas de la cautividad (cf. 1 Cor 2:7-10; Ef 3:3-10; Col 1:25-27; 2:2-3). En cuanto a la expresión "mi evangelio" (v.25), había sido usada ya por el Apóstol en 2:16, y de modo parecido se expresa en otros lugares (cf. 1 Cor 15:1; 2 Cor 4:3; 1 Tes 1:5; Gal 1:11; 2:2; 2 Tim 2:18). Evidentemente se refiere al "evangelio" o buena nueva mesiánica que él predica. Este "evangelio" es fundamentalmente el mismo que predican los demás apóstoles (cf. 1 Cor 15:1-11; Gal 2:2-10), aunque no cabe duda que, en la predicación de Pablo, el anuncio de esa buena nueva va marcado de un matiz especial, resaltando de modo singular la unión de gentiles y judíos en Cristo, derribado el muro de separación entre ambos pueblos (cf. Act 21:20-25). Es la doctrina que ha expuesto también en esta carta (cf. 3:21-31), Y en la que pide a Dios que sean "confirmados" o consolidados los fieles de Roma.