I Samuel
1. Samuel, Juez de Israel (1:1-27)
La primera parte del libro de Samuel es la continuación lógica de la narración de Jueces 16:31, interrumpida por la inserción del episodio de los danitas, del crimen de Gueba y del libro de Rut. Fueron Helí y Samuel los dos últimos jueces de Israel. De poco relieve la figura de Helí dentro de la historia de Israel, sirve para hacer resaltar más la del profeta Samuel, que cierra el ciclo de los jueces de Israel y da paso a la monarquía.
Una familia de Rama (1:1-2)
1 Había entre las gentes de Rama un hombre de la familia de Suf, originario de los montes de Efraím, llamado Elcana, hijo de Jeroam, hijo de Eliú, hijo Toú, hijo de Suf, efraimita. 2 Tenía dos mujeres, de nombre una Ana y otra Penena. Penena tenía hijos, pero Ana era estéril.
Un hombre llamado Elcana (elqanah — Dios ha querido) vivía en el pueblo de Rama (Ramathaim) con sus dos mujeres, Ana (hannah = gracia) y Penena (peninnah — perla, coral); estéril la primera y con hijos la segunda.
El emplazamiento de Rama debe buscarse en la actual Rentis, a 14 kilómetros al nordeste de Lidda. Era Elcana de la estirpe de Suf, residente, a pesar de su condición de levita, en la montaña de Efraím (Jos 17:5; 19:50; Jue 3:27). Los caatitas poseían ciudades en Efraím (1 Crón 6:66-70).
De sus dos esposas, Ana era estéril y Penena tenía hijos. La poligamia era tolerada en Israel (Deut 21:15-17)· Los patriarcas de la línea de Set son monógamos (Gen 7:7), al revés de los de la línea de Caín (Gen 4:19). Según el código de Hammurabi, el marido no puede tomar una segunda mujer a menos que la primera sea estéril. En Israel, las restricciones antiguas sobre este punto desaparecen en tiempos de los jueces y de la monarquía l.
Religiosidad de la familia (1:3)
3Subía de su ciudad este hombre de año en año para adorar a Yahvé Sebaot y ofrecerle sacrificios en Silo. Estaban allí los dos hijos de Helí, Ofni y Finés, sacerdotes de Yahvé.
Era Elcana un hombre religioso que cumplía con la ley de presentarse delante de Yahvé al menos una vez al año (Jue 21:19). En rigor eran tres las visitas que todo israelita debía efectuar al lugar del tabernáculo (Ex 23:17), pero el tiempo y las circunstancias las redujeron a una. Para llegar a Silo tenía Elcana que recorrer unos cincuenta kilómetros y subir desde la Sefela hasta la montaña. Encontrábase Silo en el lugar que ocupa hoy Seilún, Jirbet Selún, a unos veinte kilómetros al sur de Naplusa, "al norte de Betel, al oriente del camino que de Betel sube a Siquem y al mediodía de Lebona" (Jue 21:19). Desde el tiempo de Josué (Jos 18:1) se instalaron en este lugar el tabernáculo y el arca de la alianza, acaso por su magnífica posición geográfica, al centro de Palestina. Por mucho tiempo fue Silo el centro de la vida nacional y religiosa de Israel; allí acudían puntuales los hebreos el día de los Tabernáculos, que "de año en año se celebraba en Silo" (Jue 21:19). La Ley obligaba únicamente a los hombres, pero Elcana acudía al lugar santo con toda su familia. Es la primera vez que aparece en la Biblia la expresión "Yahvé Sebaot," que en adelante se emplea unas 260 veces, de las cuales dos en el Ν. Τ. (Rom 9:29; Sant 5:4). La expresión completa es: "Yahvé Dios de los ejércitos," tanto de los cielos, ángeles (1 Re 22:19), astros (Is 24:4), como de la tierra, con todos sus elementos: aire, agua, vientos, etc. (Gen 2:1). Al ejército de Yahvé pertenecen los israelitas (17:26; Ex 7:4), al frente de los cuales marcha el Señor. Por anticipación se previene al lector de que en Silo ejercían sus funciones sacerdotales los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. Helí ostentaba el poder supremo político y religioso de Israel, uniendo en su persona las dignidades de juez y de sumo sacerdote.
Rivalidad entre esposas (1:4-8)
4 El día en que ofrecía Elcana su sacrificio, daba a Penena, su mujer, su porción y la de sus hijos e hijas. 5 A Ana le daba solamente una porción; pues, aunque amaba mucho a Ana, Yahvé había cerrado su útero. 6 Irritábala su rival y la exasperaba por haberla Yahvé hecho estéril. 7 Así hacía cada año cuando subían a la casa de Yahvé, y siempre la mortificaba del mismo modo. Ana lloraba y no comía. 8 Elcana, su marido, le decía: "Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?"
El texto de esta sección puede entenderse de dos maneras, según se siga el texto griego o el masorético. En la traducción que hemos dado aparece Elcana distribuyendo entre sus familiares las partes del sacrificio que le correspondía; a Penena daba su ración y la de sus hijos e hijas; pero a Ana, que era estéril, daba la que le correspondía. Esta distribución desigual, justa en el fondo, daba pie a cierto malestar y antagonismo entre las dos esposas, creando en Ana un complejo de inferioridad frente a su rival, la que, a su vez, veía con malos ojos el particular afecto que le profesaba su marido. Dhorme sigue el texto masorético e interpreta el texto diversamente. Llevado Elcana por el particular afecto que profesaba a Ana, por haberla Dios hecho estéril, le entregaba como porción la parte de dos (literalmente: "una por cada orificio de la nariz," por ser un sacrificio de olor suave a Yahvé).
Celosa Penena por esta distinción, se vengaba echando en cara a Ana su esterilidad, presentando el hecho como castigo de Dios. En los sacrificios pacíficos se derramaba la sangre al pie del altar; las grasas eran consumidas por el fuego. De las carnes se hacían dos partes: una era entregada a los sacerdotes y la otra a la familia, que la consumía reunida en un banquete sagrado (Lev 7:11ss; Deut 16:11). La esterilidad era considerada como una prueba (Gen 16:2; 30:2) o como castigo de Dios (Gen 20:18); era un bochorno para una mujer no tener hijos. Según una antigua concepción bíblica (Gen 20:18; 30:22; Rut 4:13), Dios abre o cierra el seno de una mujer casada para facilitar o impedir la concepción.
Voto de Ana (1:9-19)
9 Un año, después que hubieron comido y bebido en Silo, se levantó Ana. Helí, el sacerdote, estaba sentado en una silla ante la puerta del tabernáculo de Yahvé. 10 Ella, amargada el alma, oraba a Yahvé, llorando muchas lágrimas, 11 e hizo un voto diciendo: "¡Oh Yahvé Sebaot! si te dignas reparar en la angustia de tu esclava, y te acuerdas de mí y no te olvidas de tu esclava, y das a tu esclava hijo varón, yo lo consagraré a Yahvé por todos los días de su vida, y no tocará la navaja a su cabeza." 12 Mientras así oraba reiteradamente a Yahvé, Helí le estaba mirando la cara. 13 Ana hablaba para sí, moviendo los labios, pero sin que se oyera su voz, y Helí la tomó por ebria, 14 y le dijo: "¿Hasta cuándo te va a durar la embriaguez?; anda a que se te pase el vino." 15 Ana contestó: "No, mi señor; soy una mujer que tiene el corazón afligido. No he bebido vino ni otro ningún licor inebriante; es que estaba derramando mi alma ante Yahvé, 16 No tomes a tu sierva como una mujer cualquiera. Lo grande de mi dolor y mi aflicción exponía yo de ese modo." "Díjole entonces Helí: "Vete en paz y que el Dios de Israel te otorgue lo que tanto le has pedido," 17 "Que halle gracia a tus ojos tu sierva." Fuese, y comió y bebió con su marido, y no hizo ya la cara de antes. "Levantáronse de mañana, y después de postrarse ante Yahvé se marcharon, volviendo a su casa, a Rama. Elcana conoció a Ana, su mujer, y Yahvé se acordó de ella.
En una de las visitas al santuario de Silo ocurriósele a Ana hacer un voto a Yahvé. Una vez concluido el banquete sacrificial, levantóse y "presentóse ante Yahvé" (así los LXX). Junto a la puerta del tabernáculo estaba sentado Helí para recibir las consultas que le hicieran los peregrinos. El texto hebreo emplea el término focal para designar la tienda del tabernáculo que se hallaba en Silo (2 Sam 7), que se usa asimismo para indicar el templo de Salomón. Pero, según 3:15, había en Silo algo más que una simple tienda, puesto que el joven Samuel, de madrugada, "abrió las puertas de la casa de Yahvé." Lo que en un principio fue simple tienda convirtióse en santuario más sólido en tiempos de los jueces, siendo destruido, probablemente, por los filisteos (Jer 7:12-14; 26:6-9; Sal 78:60). Después de la catástrofe que se describe en 4:3-8, el tabernáculo fue trasladad a Nob (21:1-6)
La oración continuada de Ana y el movimiento tembloroso de sus labios despertaron en Helí la sospecha de que estaba ebria. No era raro el caso de excederse en la bebida con ocasión de los banquetes sacrificiales, con los consiguientes efectos (Am 2:8; Is 28:7-13; 1 Cor 11:20-21). La respuesta de Ana tranquilizó al sumo patriarca. Tuvo Ana el presentimiento de que Dios había escuchado su ruego, por lo que no hizo ya la cara de antes, comió y bebió con su marido. Con una expresión semítica (Gen 4:1-17) que usan también los griegos (Plutarco, Vita Alex. 21), dice el texto que Elcana conoció a Ana y que Dios se acordó de ella.
Nacimiento de Samuel (1:20-23)
20 Al volver del tiempo, había concebido y parido Ana un hijo, al que puso por nombre Samuel, porque a Dios se lo había pedido; 21 y subió Elcana con toda su casa a sacrificar a Yahvé el sacrificio anual y cumplir su voto. 22 Ana no subió, sino que dijo a su marido: "Cuando el niño se haya destetado, yo le llevaré para presentárselo a Yahvé y para que se queda ya allí para siempre." 23 Elcana, su marido, le dijo: "Haz lo que mejor te parezca. Quédate hasta que le destetes y que Yahvé cumpla tu palabra." Quedóse la mujer en casa, amamantando a su hijo hasta que le destetó.
Es la madre la que impone el nombre a su hijo, llamándole Samuel, palabra que guarda asonancia con el verbo shaal = pedir. El texto señala una etimología popular, ya que, científicamente, la raíz verbal hebraica debía ser shaul. La palabra Samuel es análoga a la asiro-babilónica Shemuil, "el nombre es Yahvé" (Eccli 46:13, hebr.). Elcana y su familia suben al santuario de Silo para sacrificar y cumplir su voto; Ana no acudió, prefiriendo subir después de haber destetado al niño, lo que solía hacerse al cabo de dos años y medio (2 Mac 7:27) o tres.
Samuel en el templo (1:24-28)
24 Destetado, le subió consigo, llevando un toro de tres años, un "efá" de harina y un odre de vino, y le condujo a la casa de Yahvé en Silo. El niño iba con ella. 25 Inmolaron el toro, y Ana, la madre del niño, presentó éste a Helí. 26 Ana le dijo: "Óyeme por tu vida, mi señor: Yo soy aquella mujer que estuvo aquí cerca de ti orando a Yahvé. 27 Este niño le pedía yo, y Yahvé me ha concedido lo que pedí; 28 también ahora quiero yo dárselo a Yahvé por todos los días de su vida, para que sea siempre donado a Yahvé." Y adoraron allí a Yahvé.
Toda la familia sube de nuevo al santuario. De Penena no se habla más, creyendo piadosamente que se asoció a la alegría de la familia por haber bendecido Yahvé el seno de Ana. Tomado el verbo gamal en sentido estricto de destetar, cabe suponer que tenía Samuel de tres a cuatro años. Junto con el niño, ofreció la familia un toro de tres años (Gen 15:9), un efá (36 litros) de harina y un odre de vino (Núm 15:8-10). Él niño es presentado a Helí. Puesto que Dios se lo ha regalado, quiere Ana que quede propiedad de Yahvé, sirviéndole en el santuario. En el texto hebraico se halla un juego de palabras a base del verbo shaal, pero queda transparente el pensamiento que se quiere expresar.
Cántico de Ana (2:1-10)
1 Oró Ana diciendo: Mi alma salta de júbilo en Yahvé; Yahvé ha levantado mi frente y ha abierto mi boca contra mis enemigos, porque esperé de él la salud. 2 No hay santo como Yahvé, no hay fuerte como nuestro Dios. 3 Dejaos de hablar altaneramente; no salgan de vuestra boca arrogancias, que Yahvé es Dios sapientísimo y no se ocultan a su vista las maldades. 4 Rompióse el arco de los poderosos, ciñéronse los débiles de fortaleza; 5 los hartos pusiéronse a servir por la comida, y se holgaron los hambrientos; parió la estéril siete hijos y se marchitó la que muchos tenía, 6 que Yahvé da la muerte y da la vida, hace bajar al sepulcro y subir de él. 7 A uno empobrece o enriquece, humilla o exalta. 8 Levanta del polvo al pobre, de la basura saca al indigente, para hacer que se siente entre los príncipes y darle parte en un trono de gloria; pues suyos son los fundamentos de la tierra, Y El sobre ellos puso el orbe. 9 El atiende a los pasos de los piadosos, y los malvados perecerán en las tinieblas. No vence el hombre por su fuerza, 10 aterrados serán los enemigos de Yahvé; desde los cielos tronará contra ellos. Yahvé juzga los confines de la tierra; robustecerá a su rey y erguirá la frente de su Ungido.
Muchos problemas plantea el presente cántico, que soslayamos en parte para no engolfarnos en cuestiones cuya solución definitiva no verán nunca los mortales. Se discute el significado del cántico, su autenticidad, su composición poética, tiempo en que fue escrito y cuándo entró a formar parte integrante del libro. Los críticos independientes se aferran en negar su autenticidad; algunos católicos (Dhorme, Desnoyers) los han imitado, otros soslayan la cuestión y los más la defienden (Bressan, Leimbach, Rehm, Ubach, etc.). Cabe distinguir cuidadosamente entre autenticidad jurídica de un libro sagrado o partes del mismo y autenticidad crítica. Todos los católicos admiten la inspiración del cántico, aunque, por razones críticas, niegan algunos que sea de Ana; admiten su autenticidad jurídica, pero no la crítica. De suyo, la cuestión del autor humano de un libro o de una de sus partes no roza directamente con la fe. Ahora bien, si el autor sagrado, con el empleo del verbo wattomer, y dijo, pretende afirmar categóricamente que el cántico salió por primera vez de la boca de Ana, debemos asentir a su testimonio infalible.
Dada la composición heterogénea del libro y la presencia en él de diversas piezas literarias de origen distinto, cabe dudar de la autenticidad humana del canto si existen para ello razones convincentes. Las que aportan los partidarios de la sentencia negativa no carecen de todo valor. En primer lugar, en vez de encontrarse el lector ante un himno improvisado de acción de gracias en boca de una mujer de pueblo, tropieza con un trozo literario esmaltado de ideas sublimes expresadas en forma rítmica, con seis estrofas, dos de cuatro esticos y cuatro de seis. Verdad es que suelen los autores bíblicos entonar un canto de acción de gracias a Dios cuando quieren darle gracias por algún beneficio recibido (2 Sam 23:1). Idéntico es el proceder en los cantos del Magníficat y Benedictus, tan afín el primero con el cántico de Ana. En cuanto al fondo teológico de su contenido, ya San Agustín había agudizado su talento para encontrar una solución a tamaña anomalía, viendo en el himno una profecía sobre el cambio del antiguo sacerdocio y sobre la Iglesia de Cristo (De civitate Dei 17:4).
Por todo cuanto hemos insinuado, cabe ya suponer que la cuestión de su autenticidad crítica está al rojo vivo. Unos lo atribuyen a David, otros a un rey de Samaría, otros a la comunidad judaica, etc. Modernamente se tiende a considerarlo como un canto de la época real, a causa, sobre todo, del v.10, en el que se habla del rey. De ahí la creencia de que el himno es de composición algo tardía y que ha sido intercalado en este lugar por la alusión del v.5 a la mujer estéril. Como se ve, graves son las razones que se oponen a la autenticidad del canto de Ana. Aun en el supuesto de que el hagiógrafo atribuyese este cántico a Ana, cabe, sin embargo, admitir que su forma literaria actual es obra de un redactor posterior.
1 Les Institutions 1:45-46
Dios, Vengador y Sabio (v.1-3)
Después de las palabras de Helí no tenía Ana la cara de antes (1:18); con el hijo ha levantado Dios su frente (qarni = mi cuerno). Los cuernos eran símbolo de fuerza (Jer 48:25), con lo cual se quiere significar que Ana ha superado el peso de la tristeza y del sufrimiento que oprimían su corazón. Por metáfora se llama a Dios roca, peñasco, por ser un baluarte para todos los que buscan refugio en El (2 Sam 22:2; 23:3; Sal 18:3; 32: 47; Is 30:29, etc.).
Pasa Ana a exaltar la sabiduría divina. Los enemigos abrieron desmesuradamente su boca, profiriendo palabras necias (Sal 31:19; 75:6), pretendiendo dar lecciones al que todo lo sabe.
Dios, Arbitro y Soberano del Mundo (v.4-7)
La situación se ha invertido. Los que se creían fuertes han visto cómo su arco se ha quebrado (Sal 18:33; 37; 40; 2 Sam 1:18); en cambio, los débiles se han hecho fuertes. Los que antes eran hartos hanse puesto a servir para ganar el pan de cada día; los hambrientos de otros tiempos se cruzan ahora de brazos (Sal 34:11); se ha marchitado la que tenía muchos hijos, y la que era estéril pare ahora a placer (Sal 113:9). A Yahvé se debe este cambio en la vida de los mortales; pero hay más: la muerte y la vida las tiene Dios en sus manos, que da y quita a su beneplácito. El sheol es la mansión de los muertos (Gen 37:35), adonde se baja después de la muerte. Dios puede sacar de allí al que le plazca1.
1 Dhorme, L'idée de l'au-dela dans la religión hébraique: "Revue d'Histoire des Reli-gions," 123 (1941) 113-142; J. Mcnaspv, Sheol in the Oíd Testament: CB 9.6 (1944) 326-333.
Juicio Sobre los Enemigos (v.10)
Como un arco en tensión que se rompe, así se quebrarán los enemigos de Yahvé, cuya potencia se manifiesta con los truenos que retumban por collados y valles (Sal 18.14). El Paso de Yahvé es señalado por la conmoción de los montes Que 5:4) y el estallido del trueno (Job 37:2-4; 2 Sam 22:8-16). De un confín al otro de la tierra se extiende el dominio absoluto de Dios, y nadie puede substraerse a su juicio (Deut 33:17; Jl 4:12). Al final del verso se hace una referencia explícita al ungido de Dios, al rey que preanuncia al Mesías. Son muchas las hipótesis que se han propuesto para determinar a qué personaje en concreto tiene ante su mente el autor. Muchos católicos ven en las palabras una alusión explícita y exclusiva al Mesías; otros, quizá con mayor acierto, creen que el autor habla del rey David, en cuanto que preanuncia la llegada del Ungido (meshiah) y del Rey por antonomasia, Jesucristo.
Pésima conducta de los hijos de Helí (2:11-17)
11 Volvióse Ana a Rama, a su casa, y el niño quedó sirviendo en el ministerio de Yahvé en presencia de Helí, sacerdote. 12 Los hijos de Helí eran hombres perversos, que desconocían a Yahvé y las obligaciones de los sacerdotes para con el pueblo. ti Cuando alguno ofrecía sacrificios, mientras estaba cociéndose la carne, venía un criado del sacerdote con un tenedor en la mano; 14 lo metía en la caldera, caldero, olla o puchero, y cuanto sacaba con el tenedor era para el sacerdote. 15 Así hacían con cuantos de Israel venían allí, a Silo. Aun antes de que se quemara el sebo, venía el criado del sacerdote y decía al que sacrificaba: "Dame la carne para asársela al sacerdote; no recibirá de ti carne cocida, sino cruda." 15 Y si el hombre le decía: "Espera a que se queme el sebo, como siempre, y luego cogerás lo que tú quieras," le respondía el criado: "No; tienes que dármela ahora mismo, y si no, la cojo yo por la fuerza." 17 Muy grande era el pecado de aquellos jóvenes ante Yahvé, pues hacían odioso a los hombres el ofrecer ante Yahvé.
Una vez cumplido el sacrificio, volvióse Ana a su casa, dejando al niño en Silo, al servicio (mesharet) del santuario. Los hijos de Helí eran unos rufianes, pues no guardaban el ceremonial propio de los sacrificios. La ley concedía a los sacerdotes el muslo derecho y el pecho de la víctima pacífica (Lev 7:30-34), pero el criado del sacerdote metía el tenedor en la caldera y arramblaba con todo lo que era de su agrado. Tradicionalmente, la carne de los sacrificios era hervida, pero los hijos de Helí la preferían asada. Su pecado era triple: apropiábanse de partes de la víctima que no les pertenecía, daban prioridad al sacerdote sobre Yahvé y hacían odioso el sacrificio o inducían a los peregrinos a que obraran con la misma desenvoltura en cuestión tan sagrada.
El niño Samuel (2:18-21)
18 Samuel ministraba ante Yahvé vestido de un efod de lino. 19 Hacíale su madre un mantito y se lo traía de año en año, cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual. 20 Helí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: "Que te dé Yahvé hijos de esta mujer por el que le prestaste." Volviéronse ellos a su casa, 21 y Yahvé visitó a Ana, que concibió y parió tres hijos y dos hijas. El joven Samuel iba creciendo en la presencia de Yahvé.
El vestido de Samuel, el efod, no correspondía al objeto que se utilizaba para sacar las suertes, sino a una túnica de lino, ceñida al cuerpo por un cinturón (22:1; 2 Sam 6:14). El manto que traía el niño sobre el efod (Ex 29:5) le protegía del frío en invierno. Pero" el meil que Ana preparaba para Samuel era como un presagio de la importancia que más adelante alcanzaría el niño en los destinos de Israel. Únicamente los sacerdotes y príncipes vestían el meil (18:4; 28:14; Ex 28:3-5).
Helí reprende a sus hijos (2:22-26)
22 Helí era ya muy viejo, y supo lo que sus hijos hacían a todo Israel y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de la congregación; 23 y les dijo: "¿Por qué hacéis cosas tales y tan malas como las que de vosotros he oído a todo este pueblo ? 24 No, hijos míos, que no es bueno lo que de vosotros oigo. Estáis haciendo que el pueblo de Yahvé se aparte de él. 25 Si un hombre ofende a otro hombre, está de por medio Dios para juzgarle; pero si un hombre ofende a Yahvé, ¿de quién puede esperar la intervención?" No hicieron caso de lo que les decía su padre, pues quería Yahvé matarlos. 26 Entre tanto, el niño Samuel iba creciendo y se hacía grato tanto a Yahvé como a los hombres.
A los crímenes enumerados añade el texto hebraico el de abusar de las mujeres que cuidaban quizá de la limpieza y atendían a la conservación del ajuar del santuario (Ex 35:25; 38:8). Los críticos independientes o bien cancelan las palabras que hacen referencia a estas relaciones ilícitas, por creerlas una glosa redaccional, o las interpretan de la prostitución sagrada cabe al santuario, a imitación de los cultos licenciosos de los cananeos. Tal prostitución era severamente prohibida en la Ley (Deut 23:17-18), pero sabemos que se practicó en épocas de decadencia religiosa (Os 4:14; 1 Re 14:24; 15:12; 2 Re 23:7). Algunos autores católicos (Dhorme, De Vaux) suprimen el inciso. Helí reprende a sus hijos echándoles en cara la mala fama que se han granjeado ante el público. No han pecado contra los hombres, sino contra Dios. En el primer caso, la cuestión se lleva a las autoridades, que en nombre de Dios dictan justicia. Pero, en caso de pecar contra Dios mismo, nadie puede intervenir, por no disponer de los medios de propiciación que la misericordia de Dios puso a nuestro alcance. Pero, por faltarle ya las fuerzas, pues Helí era ya muy viejo, no los castigó. Tampoco a ellos les fue concedida la gracia de escuchar las amonestaciones de su padre y cambiar de vida, pues quería Yahvé matarlos. Endureció Dios su corazón, como hizo en otro tiempo con Faraón y los pueblos de Canaán (Ex 4:21; Jos 11:20). Niega Dios las gracias eficaces para la conversión a los que las rechazan y no cooperan con las mismas.
Mientras Helí caminaba a marchas forzadas hacia el sepulcro y sus hijos se adentraban por los caminos de la perdición, Samuel, como un astro que se levanta en el firmamento, crecía en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres, como se dice también de Jesús (Lc 2:52).
Profecía contra la casa de Helí (2:27-36)
27 Vino a Helí un hombre de Dios y le dijo: "Así habla Yahvé. Yo me revelé claramente a la casa de tu padre cuando eran esclavos en Egipto, en la casa del Faraón. 28 Yo me le elegí de entre todas las tribus de Israel para sacerdote, para que subiese al altar a quemar el incienso y para que llevase ante mí el efod. Yo di a la casa de tu padre todas las combustiones de los hijos de Israel. 29 ¿Por qué, pues, envidias mis víctimas y mis ofrendas, las que yo mandé se ofreciesen en mi casa, y tienes en más a tus hijos que a mí, engordándoos de lo mejor de todas las oblaciones de Israel, mi pueblo? 30 Por eso he aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Yo había dicho y repetido a tu casa y a la casa de tu padre que ministraríais ante mí por siempre; pero ahora dice Yahvé: Lejos de mí eso, porque yo honro a los que me honran y desprecio a los que me desprecian. 31 Tiempo vendrá en que yo amputaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que ya no haya nunca ancianos en tu casa 32 y siempre veas ante ti un rival. Aun en las prosperidades de Israel, no habrá nunca ancianos en tu casa. 33 No haré desaparecer de mi altar a todos tus descendientes, de modo que se consuman sus ojos y desfallezca su alma; pero todos los de tu casa morirán por la espada; 34 te servirá de señal lo que sucederá a tus hijos Ofni y Finés; ambos morirán en el mismo día. 35 Yo me suscitaré un sacerdote fiel, que obrará según mi corazón y según mi alma; le edificaré una casa estable, y él andará siempre en presencia de mi ungido; 36 y cuantos de tu casa queden, vendrán a prosternarse ante él, pidiéndole una moneda de plata y un pedazo de pan; y le dirán: Haz el favor de colocarme en alguna de tus funciones sacerdotales, para que tenga un pedazo de pan que comer."
Un profeta, un hombre de Dios (Deut 33:1; Jos 14:6), se presenta a Helí para comunicarle en estilo profetice (Ex 4:22; Jos 7:13) un mensaje de parte del cielo referente a la suerte de su casa. Dios escogió a Aarón para las funciones sacerdotales de sacrificar sobre el altar, quemar el incienso y llevar el efod. Además, aseguró a los sacerdotes un medio decoroso de vida al otorgarles una porción elegida de la víctima.
A todos estos beneficios han correspondido con ingratitud. De ahí que ha llegado el día del Señor; va a resonar la sentencia de Yahvé contra la casa de Helí. Es Dios quien habla (neum = dicho, oráculo) a Helí. Las promesas que hizo antes a Aarón y Finés las revoca; Helí no ha caminado en la presencia de Yahvé; no ha cumplido lo pactado; luego será denegada en lo venidero la continuación en el ejercicio de sus funciones sacerdotales. Conservará Dios la vida de alguno que otro descendiente de Helí a fin de que, viviendo padezcan, y devore la envidia su corazón al ver que la dignidad sacerdotal ha pasado a otras manos. Gran parte de los descendientes de Helí morirán por la espada, refiriéndose acaso a la matanza de los ochenta y cinco sacerdotes de la familia de Itamar decretada por Saúl (22:18-19). La pauta de lo que sucederá en los días venideros la dará la muerte en un mismo día de Ofni y Finés (4:11; Ex 3:12; Jue 6:17).
Al anuncio de la reprobación de Helí sigue la noticia sobre el sacerdote que le reemplazó. El texto se refiere probablemente a Sadoc (1 Re 2:27-35), de la familia de Eleazar, que entró en funciones en lugar de Abiatar, de la ascendencia de Itamar, que había abrazado la causa de Adonías. Al nuevo sacerdocio acudirán los de la línea de Helí pidiendo un óbolo (agorat) de plata insignificante, un pedazo de pan o un puesto humilde entre las funciones sacerdotales para asegurar la vida.
Samuel oye la voz de Dios (3:1-10)
1 El joven Samuel ministraba a Yahvé en presencia de Helí. Era por entonces rara la palabra de Yahvé y no era frecuente la visión. 2 Un día, estando acostado en su lugar Helí, cuyos ojos se habían oscurecido y no podían ver, cuando todavía no se había apagado la lámpara de Dios en el santuario, 3 Samuel, que dormía en el santuario de Yahvé, donde estaba el arca de Dios, 4 oyó la voz de Yahvé, que le llamaba: "¡Samuel!"; él contestó: "Heme aquí"; 5 y corrió a Helí y le dijo: "Aquí estoy; me has llamado." Helí contestó: "No te he llamado, vuelve a acostarte." Y fue a acostarse. 6 Yahvé llamó otra vez a Samuel; y éste se levantó, y, yendo adonde estaba Helí, le dijo: "Heme aquí, pues me has llamado." Helí repuso: "No te he llamado, hijo mío; vuélvete y acuéstate." 7 Samuel no conocía todavía a Yahvé, pues todavía no se le había revelado la palabra de Yahvé. 8 Yahvé volvió a llamar a Samuel por tercera vez, y éste se levantó y fue a Helí y le dijo: "Heme aquí, pues que me has llamado." 9 Comprendió entonces Helí que era Yahvé quien llamaba al joven, y le dijo: "Anda, acuéstate, y si vuelven a llamarte, di: Habla, Yahvé, que tu siervo escucha." Samuel se fue y se acostó en su lugar. 10 Vino Yahvé, se paró y llamó como las otras veces: "¡Samuel, Samuel!" Samuel contestó: "Habla, que tu siervo escucha."
Helí dormía en su lugar (meqomo), dentro o en una dependencia muy cercana al lugar sagrado; Samuel estaba en el hekal, en el recinto sagrado, en los alrededores del arca, no lejos del sumo sacerdote. Era bien entrada la noche, pero la lámpara o candelabro que ardía ante el tabernáculo no estaba apagada todavía (Ex 27:20; Lev 24:3). Tres veces habló la voz misteriosa, pero no sospechó Samuel que fuera Dios el que le llamaba, porque todavía no se le había revelado la palabra de Yahvé (v.7).
En un principio tampoco Helí barruntó que aquella voz podía ser de Dios. Dios se revela e imparte sus órdenes junto al arca de la alianza (Ex 25:22; Is c.6). El autor sagrado presenta a Yahvé morando en el santuario (Ex 25:8; Lev 26:12; 1 Re 6:17), trasladándose del lugar donde habitaba a la dependencia de Samuel. La última vez Yahvé fue adonde se encontraba Samuel, paróse en su camino y, como otras veces, llamó, sin manifestarse. Por respeto no pronuncia Samuel el nombre de Yahvé.
El mensaje (3:11-18)
11 Y dijo Yahvé a Samuel: "Voy a hacer en Israel una cosa que a cuantos la oigan les retiñirán ambos oídos. 12 Entonces cumpliré cuanto a Helí le he dicho, todo lo que de su casa le he dicho; comenzaré y acabaré. 13 Yo le he dicho que iba a castigar a su casa para siempre por el crimen que él sabía que sus hijos maldecían a Dios, y él no los corrigió. 14 Por eso he jurado a la casa de Helí que su crimen no será expiado ni con sacrificios ni con oblaciones." 15 Samuel siguió acostado hasta la mañana, y después abrió las puertas de la casa de Yahvé. No se atrevía a contar a Helí su visión; 16 pero éste llamó a Samuel, diciendo: "Samuel, hijo mío"; y éste contestó: "Heme aquí." 17 Helí le preguntó: "¿Qué es lo que te ha dicho Yahvé? Te ruego que no me ocultes nada. Que Yahvé te castigue si me ocultas algo de cuanto te ha dicho." 18 Samuel se lo contó todo, sin ocultarle nada; y Helí dijo: "El es Yahvé; haga lo que parezca bien a sus ojos."
No se equivocó Helí al sospechar que Dios se manifestaba a Samuel. La voz de Yahvé confirma los castigos contra la casa de Helí, que anunció antes otro profeta (2:27-36). El pecado cometido no será expiado ni con sacrificios ni con oblaciones. En aquello mismo que han delinquido encontrarán su castigo, ya que, habiendo abusado de los sacrificios, no encontrarán en éstos el perdón de su pecado (Núm 15:30-31). Hemos dado la traducción del v.13 según el texto antiguo, que los escribas cambiaron para no escribir la idea de una maldición contra Dios.
Duro era el mensaje. Samuel no fue en busca de Helí, como las otras veces, para comunicárselo. Se acostó de nuevo, y a la hora de costumbre abrió las puertas del santuario, comportándose como si nada hubiera ocurrido. Pero su misma conducta delataba que algo muy importante había sucedido. Helí le manda con juramento a que diga toda la verdad (14:24; 20:13; 25:22; Rut 1:17). Helí recibe el anuncio con cierta indiferencia, como si fuera una imposición del destino.
Samuel, profeta (3:19-21)
19 Samuel llegó a ser grande, y Yahvé estaba con él y no dejó que cayera por tierra nada de cuanto él decía. 20 Todo Israel, desde Dan hasta Berseba, reconoció que era Samuel un verdadero profeta de Yahvé. 21 Yahvé siguió apareciéndosele en Silo. Helí estaba ya muy viejo, y los hijos de éste seguían por el mismo camino, pésimo ante Yahvé.
Mientras la estrella de Helí lanzaba sus últimos destellos, surgía refulgente la del nuevo juez de Israel. La noticia de La manifestación de Dios a Samuel se propaló de un extremo a otro de Palestina (Jue 20:1), deduciendo todos que Samuel estaba acreditado corno profeta de Yahvé. Tres son los rasgos principales que ponen de relieve su misión profética: frecuentes comunicaciones con Dios, pruebas evidentes de su origen divino y notoriedad universal. Hasta el presente, Dios se manifestaba raramente; con Samuel las comunicaciones divinas se hacen más frecuentes.
Guerra con los filisteos (4:1-2)
1 Sucedió por entonces que los filisteos se reunieron para hacer la guerra a Israel. Israel salió al encuentro de los filisteos para combatir. Acamparon cerca de Eben-Ezer, y los filisteos estaban acampados en Afee. 2 Habiendo presentado batalla los filisteos contra Israel, se empeñó el combate, e Israel fue derrotado por los filisteos, que mataron en el combate, en el campo, unos cuatro mil hombres.
Como es sabido (Jue c.13-16), formaban los filisteos una pentar-quía en el límite sudoeste de Canaán, junto al mar Mediterráneo. Sus principales ciudades eran cinco: Azoto, Gaza, Ascalón, Gad, Acarón. Por verse ellos acosados en su frontera meridional y por crecer el número de sus habitantes, se apoderaban insensiblemente de las tierras colindantes con la frontera de Israel, penetrando hacia Sarón y la región montañosa, amenazando cortar a, Israel su comunicación con el mar.
Son los filisteos los que declaran la guerra a los israelitas. Aquéllos acampan en Afee, que se identifica con la torre de Afee (Bell, lúa. 2:19; 1), o Ras el-Ain, a quince kilómetros al norte de Jafa (29:1). El ejército israelita acampó en las inmediaciones de Eben-Ezer, en la región de Jirbet Diferin, a unos cuatro kilómetros del ejército filisteo. Debe notarse el hecho de que Samuel desaparece en los c.4-6, para reaparecer en el 7. Dice De Vaux que, por su contenido, marco geográfico y humor, el presente episodio presenta analogías con los de Sansón (Jue c.13-16).
El arca en el campo de batalla (4:3-9)
3 El pueblo se recogió en el campamento,, y los ancianos se preguntaron: "¿Por qué nos ha derrotado Yahvé hoy ante los filisteos ? Vamos a traer de Silo el arca de la alianza de Yahvé, para que esté entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos." 4 Mandaron a Silo, y se trajo de allí el arca de la alianza de Yahvé Sebaot, que se sienta sobare los querubines, y con ella fueron los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. 5 Cuando el arca de la alianza de Yahvé entró en el campamento, todo Israel lanzó tan grandes gritos de júbilo, que hacían retemblar la tierra. 6 Oyeron los filisteos el vocerío y dijeron: "¿Qué vocerío es éste tan grande que se oye hoy en el campamento de los hebreos?" Y supieron que había sido traída al campamento el arca de Yahvé. 7 Atemorizáronse los filisteos, y decían: "Ha venido Dios al campamento. ¡Desgraciados de nosotros! Cosa tal no había sucedido hasta ahora. 8 ¡Desgraciados de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de esos dioses poderosos? ¿Acaso no son éstos los que castigaron a Egipto con toda suerte de plagas y con peste en el desierto? 9 Esforzaos y sed hombres, filisteos; no tengamos que servirles nosotros a ellos, como os sirven ellos a vosotros. Sed hombres, luchad."
La derrota humilló a Israel. Un consejo de guerra formado por los ancianos, al que no asistió quizá Helí por su avanzada edad, determinó que se trajera de Silo el arca de la alianza, creyendo que la presencia de Dios en el campamento aseguraría la victoria (Núm 10:35-36; 2 Sam 11:11). Con el arca fueron los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. La presencia del arca fue saludada con entusiasmo tal, que los filisteos se enteraron de la noticia, cundiendo el pánico entre sus filas. Creen ellos que Israel tiene sus dioses tutelares, como los filisteos tienen los suyos; pero los dioses de los israelitas, según consta de la historia, se muestran muy activos contra sus enemigos. Este temor no paraliza sus actividades,
Muerte de Helí (4:10-18)
10 Combatieron, pues, los filisteos y fue derrotado Israel, huyendo cada uno a sus tiendas. Fue una gran derrota, en la que cayeron de Israel treinta mil peones, 11 y fue tomada el arca de Dios, y murieron los dos hijos de Helí, Ofni y Finés. 12 Un hombre de Benjamín, de los huidos del campo de batalla, vino corriendo a Silo aquel mismo día, con los vestidos desgarrados y la cabeza cubierta de polvo. 13 Cuando llegó, estaba Helí sentado en una silla, a la vera del camino, cerca de la puerta, esperando, pues su corazón temblaba por el arca de Dios. Entró el hombre en la ciudad para informarla, y toda ella fue un grito. 14 Al oírlo Helí, preguntó: "¿Qué ruido, qué tumulto es ése?" Entonces vino el hombre para darle la noticia. 15 Helí tenía noventa y ocho años; sus ojos se habían quedado rígidos y no veía. 16 El hombre dijo a Helí: "Vengo del campo de batalla, de donde he huido hoy." Helí le preguntó: "¿Y qué ha pasado, hijo mío?" 17 El le contestó: "Israel ha huido ante los filisteos; ha habido muchos muertos del pueblo; también tus dos hijos, Ofni y Finés, han sido muertos, y el arca de Dios ha sido tomada." 18 Apenas hubo mentado el arca de Dios, cayó Helí de su silla hacia atrás, junto a la puerta, y se desnucó y murió, pues era ya muy anciano y estaba muy pesado. Había juzgado a Israel durante cuarenta años.
Se reanudó el combate y fue derrotado Israel, que huyó a la desbandada, después de abandonar en el campo treinta mil peones. Es posible que este número sea hiperbólico, queriendo significar que Israel fue derrotado de modo estrepitoso a causa de los pecados de la casa de Helí. Pero las dos noticias sensacionales fueron la muerte de los dos hijos de Helí y la captura del arca de Dios. Un mensajero de la tribu de Benjamín fue corriendo para comunicárselo a Helí, al que encontró sentado en una silla (1:9), al lado (yad) de la puerta del santuario (1:9), desde donde se dominaba el camino. Nada veía Helí, pero era tal su tensión de ánimo, que dirigía ansiosamente sus apagados ojos en dirección al camino por donde tenían que llegar noticias de la batalla. Su ceguera le impidió ver los vestidos desgarrados del mensajero, su cabeza desgreñada, cubierta de ceniza en señal de duelo nacional (Gen 37:29; 34; 44:13; Jos 7:6; 2 Sam 1:2; 15:32). Debía el cuerpo asociarse al dolor que desgarraba el alma de todo israelita. Toda la verdad le fue comunicada a Helí de forma escalonada y con palabras que fluían a borbotones de labios del mensajero. El corazón de Helí soportó la noticia de la muerte de sus dos hijos, cuya suerte le había sido profetizada (2:34), pero sucumbió ante el anuncio de la captura del arca de Dios.
Pocas son las noticias que ofrece la Biblia sobre este juez y sacerdote, que entra ya anciano en los anales de la historia. Por lo poco que se sabe, cabe inferir que era un hombre probo, acogedor, devoto, bondadoso, como suelen ser aquellos con los cuales la naturaleza se ha mostrado pródiga, como en Helí (v.18). Su piedad e interés por el arca de la alianza queda patente ante la ansiedad con que esperaba noticias sobre su suerte y el caer muerto al enterarse de que había sido capturada por los filisteos. Pero en medio de tantas virtudes le afeaba un lunar: la excesiva blandura para con sus dos hijos. Era Helí un hombre de reacciones lentas, algo fatalista (3:18). Pero aun en este aspecto no cabe recargar las tintas y presentarlo como un reprobo. En primer lugar, su labor como juez — de hecho, no de derecho — y pontífice le absorbían el tiempo que debía dedicar al control de sus hijos. El hecho de que Helí aparezca a menudo (1:9; 4:13) sentado en una silla o acostado (3:2), puede sugerir la sospecha de que era hidrópico, entrado en años — tenía al morir noventa y ocho-, lo que disminuye su responsabilidad moral ante la conducta de sus hijos, ya mayores de edad. Acaso no fue así en sus años en los que era joven.
Helí desaparece del escenario de la historia de Israel dejando en el corazón del lector un sentimiento de conmiseración y de simpatía a la vez. Cuarenta años, cifra simbólica en la historia de los jueces (Que 3:11; 13:1), había estado al frente de la nación israelita, no como juez propiamente dicho, sino en calidad de sumo pontífice, a quien acudía el pueblo para dirimir sus cuestiones.
Muere la nuera de Helí (4:19-22)
19 Su nuera, la mujer de Finés, estaba encinta, ya para dar a luz. Al saber la noticia de la toma del arca de Dios, de la muerte de su suegro y de su marido, se doblegó y parió, pues le sobrevinieron los dolores del parto. 20 Como se veía morir, las mujeres que estaban junto a ella le decían: "Animo, que has parido un hijo"; pero ella ni respondía ni entendía. 21 Llamó al hijo Icabod, 22 diciendo: "Ha pasado de Israel la gloria," por haber sido tomada el arca de Dios y por la muerte de su suegro y de su marido. Ella dijo: "Ha pasado la gloria de Israel, porque ha sido tomada el arca de Dios."
El desastre tomó proporciones más grandes de las que deja traslucir el texto, pues es probable que los filisteos llegaran también a Silo, destruyendo y saqueando su santuario. Los profetas presentan este hecho como castigo de Dios (Jer 7:12; 26:9; Sal 78; 60-65). Desde estos acontecimientos de Silo queda únicamente el recuerdo de una gloria pasada.
El arca hiere a los filisteos (5:1-6)
1 Tomaron, pues, los filisteos el arca de Dios y la llevaron de Eben-Ezer a Azoto, 2 y la metieron en el templo de Dagón y la pusieron junto a Dagón, 3 Al día siguiente, levantándose de mañana, vieron los filisteos a Dagón tendido en tierra y con la cara contra ella, delante del arca de Yahvé. Lo tomaron y volvieron a ponerle en su sitio; 4 pero al otro día, cuando se levantaron, encontraron a Dagón tendido en tierra boca abajo y cortadas la cabeza y las manos, que yacían en el umbral, sin quedar de Dagón más que el tronco. 5 Por esto los sacerdotes de Dagón, y cuantos entran en el templo de Dagón en Azoto, no pisan todavía el umbral del templo. 6 La mano de Yahvé pesó grandemente sobre los de Azoto y los desoló e hirió con tumores a Azoto y su territorio.
Parecía que Yahvé había sido vencido por Dagón; Israel quedaba sin Dios ni jefe que les guiara en las guerras. En señal de sumisión, el arca, símbolo de la presencia de Yahvé, es colocada junto al dios Dagón, en condiciones de inferioridad. Era Dagón (dag = pez; dagan = trigo) un dios del Próximo Oriente venerado en todo el territorio de Mesopotamia, Siria, con un templo en Rash Shamrah, del siglo XIV, Ante él se postró en oración el famoso Sargón, rey de Kis (c.2200 a.C.); de este dios procedía Ham-murabi (Pritchard, 165). En Palestina estaba difundido su culto; algunas ciudades llevan su nombre (Jos 15:41; 19:27). Era el dios principal de los filisteos (Jue 16:23), con su famoso templo en Azoto (1 Sam 5:1), destruido por Jonatán (1 Mac 10:83). Se le representaba como mitad hombre y mitad pez; originariamente era el dios de la tempestad l.
Pero no es Yahvé un Dios al que se le puede inmovilizar fuera de su propio territorio, porque suyos son los confines de la tierra. De ello se convencieron los filisteos cuando, al levantarse de madrugada, vieron a su dios tendido en tierra, besando el polvo del suelo. Al día siguiente, de Dagón no quedaba más que el tronco. En recuerdo de esta profanación, los devotos del dios, dice el texto griego, saltaban por encima delumbral cuando entraban en el templo para no pisar la tierra santificada por la cabeza y manos de su dios. La misma costumbre existía en otros sitios, por haberse divulgado la creencia de que los espíritus habitaban en el umbral. La acción de Dios alcanzó también a los hombres. Unos tumores (tehorim) que propagaban los ratones (6:11-18), especie de peste bubónica, invadieron la ciudad de Azoto. Con la experiencia de lo de Dagón, sospecharon inmediatamente que aquellas protuberancias eran castigo de Dios. En lugar de tumores, que se lee en el qere, el texto lleva el término ofelim = hemorroides. Escribe Gemayel: "El texto hebreo habla de hemorroides y no de simples tumores. Juntamente con esta enfermedad hubo una epidemia propagada por ratones, que causó gran mortandad 2. Pero, a pesar del eufemismo ideado por los masoretas, creemos que el autor sagrado habló de hemorroides y que, al estampar en su libro este dato, no pudo reprimir una sonrisa sarcástica, no tanto por la enfermedad en sí cuanto por retransmitir a los lectores de su tiempo y del futuro el recuerdo de las pupas en las posaderas de los de Azoto. Así, a su manera, se vengaba del pueblo filisteo, enemigo de Israel.
Reunión del consejo (5:7-12)
7 Viendo los de Azoto lo que pasaba, dijeron: "Que no quede entre nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano pesa mucho sobre nosotros y sobre Dagón, nuestro dios." 8 Y convocando a todos los príncipes de los filisteos para que vinieran, se preguntaron: ¿"Qué haremos con el arca del Dios de Israel?" Ellos contestaron: "Que lleven el arca del Dios de Israel a Gat." 9 La llevaron, y la mano de Yahvé se dejó sentir sobre la ciudad, y hubo en ella gran espanto, pues hirió a las gentes de la ciudad, pequeños y grandes. 10 Entonces mandaron el arca de Dios a Acarón. Pero, en cuanto entró el arca de Dios en Acarón, los acaronitas se pusieron a gritar: "Han traído aquí el arca del Dios de Israel para que nos mate a todos, a nosotros y a nuestro pueblo." 11 Y convocaron a todos los príncipes de los filisteos, que dijeron: "Devolved el arca del Dios de Israel; que vuelva a su sitio, para que no nos mate a nosotros y a nuestro pueblo"; pues había en toda la ciudad un terror mortal, y la mano de Dios pesaba sobre ella muy fuertemente. 12 Los que no morían eran heridos de hemorroides, y los desesperados gritos de la ciudad subían hasta el cielo.
Los de Azoto se cansaron pronto del arca de Yahvé; el consejo de la pentápolis filistea determinó descargar a los de Azoto y llevar el arca a Gat, quizá el actual tell es-Safiye, o Araq el-Menshiye, a diecinueve y veintidós kilómetros, respectivamente, al sudoeste de Azoto (Jos 11:22; 13:3). Para designar a los cinco príncipes (same) de las ciudades emplea la Biblia una palabra filistea emparentada con un vocablo minoico que pasó al griego: tyrannos (De Vaux). También hirió Dios a los de Gat, que enviaron el arca a Acarón (el actual Aqir, a diez kilómetros al oeste de Gezer). La peste se enseñoreó de la ciudad, que a grandes gritos exigió que se devolviera el arca a Israel.
Consejo sobre el destino del arca (6:1-9)
1 Siete meses estuvo el arca de Yahvé en la tierra de los filisteos. 2 Congregaron éstos a sacerdotes y adivinos, y les preguntaron: "¿Qué hemos de hacer con el arca de Yahvé? Decidnos cómo hemos de devolverla a su sitio." 3 Ellos respondieron: "Si volvéis el arca del Dios de Israel, no la mandéis de vacío, y no dejéis de hacerle una ofrenda de desagravio; si os curáis, sabréis que era su mano la que pesaba sobre vosotros sin alzarse." 4 Preguntaron los filisteos: "¿Y qué desagravio hemos de hacerle?" Respondieron: "Cinco tumores de oro y cinco ratas de oro, según el número de los príncipes de los filisteos, pues una misma es la plaga que a vosotros y a vuestros príncipes aflige. 5 Haced, pues, una imagen de vuestros tumores y de las ratas que asuelan la tierra, y honrad al Dios de Israel; quizá deje así de hacer sentir su mano sobre vosotros, sobre vuestros dioses y sobre vuestra tierra. 6 ¿Para qué endurecer vuestro corazón, como endurecieron el suyo Egipto y el Faraón? ¿No tuvieron que dejar salir a los hijos de Israel después que los hubo castigado ? 7 Haced, pues, un carro nuevo, tomad dos vacas que estén criando y que no hayan sido nunca puestas al yugo; uncid las vacas al carro, y dejad los terneros lejos de ellas, en el establo. 8 Coged luego el arca, la ponéis sobre el carro, y junto a ella, en un cofre, los objetos que haréis como ofrenda de desagravio, y la devolvéis; que ella se vaya. 9 Seguidla con los ojos: si sube por el camino de su tierra hacia Bet Semes, será que Yahvé nos ha infligido tanto mal; si no, sabremos que no ha sido su mano la que nos ha herido y que esto ha sucedido por casualidad."
Siete años estuvo el arca en tierra de los filisteos. Teniendo en cuenta que llegó a Bet Semes (Jos 15:10; 21:16) en tiempos de la siega (v.13), que suele tener lugar allí entre mayo y junio, cabe deducir que fue capturada hacia el mes de noviembre. Los príncipes de los filisteos son los que solicitan el consejo de los sacerdotes (Kohanim) y de los adivinos (qosmim). Eran los filisteos eminentemente supersticiosos (Is 2:6). El término qesem (Núm 23:23; Deut 18:14) no se aplica nunca a los profetas verdaderos. Los adivinos y sacerdotes de Dagón responden a la segunda pregunta: "De mandar el arca, dicen, no la enviéis vacía; dadle una reparación." La palabra hebraica asham expresa a la vez el delito y el sacrificio por el mismo, la reparación de la falta cometida (Dhorme). Se convino en que el tributo de reparación consistiese en cinco tumores de oro y cinco ratones del mismo metal. Aún hoy día penden de los muros de los santuarios cristianos exvotos que recuerdan la enfermedad que aquejaba al paciente, y de la cual vióse libre por una intervención de los santos. En otros tiempos, libres los atenienses de una enfermedad afrentosa, hicieron reproducciones del miembro enfermo (Scholia Acharnenses 244). Obsérvese que es la primera vez el texto menciona los ratones, asociándolos, acaso, a la pestebubonica, de la cual son ellos los principales propagadores. Sostiene De Vaux que es posible la reunión en este capítulo de dos tradiciones según una, la peste consistió en la aparición de tumores vergonzosos; según la otra, en una invasión de ratones. En el v.5 se habla de las "ratas que asuelan la tierra."
Porque Dios está presente en el arca, al devolverla a su tierra, debe colocarse sobre un carro nuevo, arrastrado por vacas que no hayan sido puestas nunca al yugo (Núm 19:2; Deut 15:19; 21:3; 2 Re 2:20). Sería indecoroso destinar al servicio sagrado un carro dedicado a usos profanos. Las vacas jóvenes tenían además la ventaja de indicar a los filisteos si fue o no Yahvé el que los hirió. No acostumbradas al peso del yugo ni a estar uncidas al carro, tampoco sabrían caminar juntas y arrastrar el carro a la tierra de Israel. Con el fin de dificultar su marcha encerraron los terneros en el establo.
El arca, camino de Bet Semes (6:10-18)
10 Hiciéronlo así, y, tomando dos vacas que estaban criando, las uncieron al carro y dejaron los terneros en el establo. 11 Pusieron sobre el carro el arca de Yahvé y el cofre, con las ratas de oro y las figuras de sus tumores. 12 Las vacas tomaron el camino de Bet Semes y siguieron derechamente por él; iban andando y mugiendo, sin declinar ni a la derecha ni a la izquierda. Los príncipes de los filisteos fueron tras ellas, hasta llegar al territorio de Bet Semes. 13 Las gentes de Bet Semes estaban segando el trigo en el valle, y, alzando los ojos, vieron el arca con gran alegría. 14 El carro llegó al campo de Josué, betsemita, y se paró en él. Había allí una gran piedra, y partieron las maderas del carro y ofrecieron las vacas a Yahvé en holocausto. 15 Los levitas, bajando del carro el arca de Yahvé y el cofre que estaba junto a ella y contenía los objetos de oro, los pusieron sobre la gran piedra. Las gentes de Bet Semes ofrecieron aquel día holocaustos y sacrificios pacíficos a Yahvé. 16 Los cinco príncipes de los filisteos, después de ver esto, se volvieron a Acarón aquel mismo día. i? Estos son los tumores de oro que los filisteos donaron a Yahvé como ofrenda de desagravio; uno por Azoto, uno por Gaza, uno por Ascalón, uno por Gat y uno por Acarón.18 También las ratas de oro eran según el número de ciudades de los cinco príncipes, tanto de las fortificadas como de las no amuralladas. Testigo la gran piedra que todavía hoy queda en el campo de Josué betsemita, sobre la cual se depuso el arca de Yahvé.
Con gran sorpresa vieron los filisteos que las vacas bisoñas marchaban directamente hacia la tierra de Israel, como si un ser invisible las arrastrara. Cinco representantes de la pentápolis filistea acompañaron el arca hasta entregarla a los betsemitas, que segaban el trigo en el valle llamado hoy es-Serar. La ciudad se hallaba en el sitio conocido hoy por Tell er-Rumele, a veinticinco kilómetros oeste de Jerusalén, La ciudad dominaba la salida del valle a la llanura, y, por lo mismo, era de gran valor estratégico i. Sobre una de las rocas del lugar ofrecieron los betsemitas las dos vacas en holocausto, consumidas por el fuego de las maderas del carro, hecho astillas. Fueron los levitas los encargados de bajar el arca (Núm 4:15-25). ¿Pertenecen los versos 15:17-18 a otro redactor? Así 10 creen Dhorme y De Vaux.
De Bet Semes a Quiriat Jearim (6:19; 21-7:1)
19 Los hijos de Jeconías no se alegraron con las gentes de Bet Semes al ver el arca de Yahvé, e hirió éste de entre ellos a setenta hombres. El pueblo hizo gran duelo por haberlos herido Yahvé con tan gran plaga; 20 y las gentes de Bet Semes se decían: "¿Quién puede estar delante de Yahvé, este Dios santo? ¿Y adonde habrá de ir al alejarse de nosotros?" 21 Mandaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-Jearim para que les dijeran: "Los filisteos han devuelto el arca de Yahvé; bajad para subirla con vosotros." 22 Las gentes de Quiriat-Jearim vinieron y subieron el arca, depositándola en la casa de Abinadab, que está sobre una colina; y consagraron a Eliezer, su hijo, para que custodiase el arca de Yahvé.
La traducción del v.16g es la de los LXX. Aunque en el texto hebraico no esté expreso el sujeto del verbo herir, por el contexto se saca que debe ser Yahvé. ¿Por qué les castigó Dios? Porque aprovecharon la coyuntura de la presencia del arca entre ellos para examinarla en sus mínimos detalles, por dentro y por fuera, con curiosidad indiscreta (Núm 4:20). Dios es santo, y no permite que personas manchadas con impurezas, o no santificadas por El, se le acerquen (Is c.1-6). No sabemos quién es Jeconías, que cita el texto griego, víctima, con su familia, del castigo divino. La cifra de cincuenta mil es excesiva; no aparece en muchos códices griegos.
La muerte de setenta personas sembró el pánico en Bet Semes. ¿Quién puede estar al lado de Yahvé? El arca de Dios participa de la santidad divina, y Yahvé es, a su vez, santo y terrible. Las gentes de Quiriat-Jearim la recogieron, depositándola en casa de Abinadab. La localidad de Quiriat-Jearim se encuentra en una altura, junto al actual poblado de Qariet el-Enab, al nordeste de Bet Semes y a doce kilómetros al noroeste de Jerusalén. No fue trasladada el arca a Silo por haber sido destruido el santuario por los filisteos (Jer 7:12-4; 26:6-9; Sal 78:60). Quiriat-Jearim era un lugar más seguro para guardar el arca, por estar más cercano del país de los filisteos. La casa de Abinadab se levantaba sobre la colina que domina el pueblo, que, por caprichosa analogía, se llama hoy Tell el-Azar, nombre que recuerda el de su hijo Eliezer. Sobre el lugar se levanta hoy una iglesia dedicada a la Virgen, con la advocación de Foederis Arca.
Reaparición de Samuel (7:2-14)
2 Mucho tiempo pasó, veinte años, desde que el arca fue depositada en Quiriat-Jearim, y toda la casa de Israel se volvió a Yahvé. 3 Dijo, pues, Samuel: "Si de todo corazón os convertís a Yahvé, quitad de en medio de vosotros los dioses extraños y las astartés; enderezad vuestro corazón a Yahvé y servidle sólo a El, y El os librará de las manos de los filisteos." 4 Los hijos de Israel quitaron todos los baales y astartés y sirvieron sólo a Yahvé. 5 Samuel les dijo: "Congregad a todo Israel en Masfa, y yo rogaré a Yahvé por vosotros." 6 Reuniéronse en Masfa, y sacando agua, la derramaron en tierra ante Yahvé; y ayunaron aquel día, y clamaban: "Hemos pecado contra Yahvé." 7 Samuel juzgaba a los hijos de Israel en Masfa. Habiendo sabido los filisteos que los hijos de Israel se habían congregado en Masfa, subieron sus príncipes contra Israel. Tuvieron miedo de los filisteos los hijos de Israel, 8 y dijeron a Samuel: "No ceses de clamar por nosotros a Yahvé, nuestro Dios, para que nos libre de la mano de los filisteos." 9 Samuel tomó un cordero de leche y lo ofreció entero en holocausto a Yahvé, y clamó a Yahvé por Israel, y Yahvé lo escuchó. 10 Mientras Samuel ofrecía el holocausto, se acercaron los filisteos para atacar a Israel; pero Yahvé hizo tronar muy fuertemente aquel día sobre los filisteos y los puso en derrota, siendo batidos por los hijos de Israel. 11 Los hombres de Israel, saliendo de Masfa, persiguieron a los filisteos en derrota hasta más abajo de Bet-Car. 12 Samuel cogió una piedra y la puso entre Masía y Jesana; la llamó Eben-Ezer, diciendo: "Hasta aquí nos socorrió Yahvé." 13 Así humillados, no volvieron los filisteos más contra la tierra de Israel; y pesó la mano de Yahvé sobre ellos durante toda la vida de Samuel. 14 Las ciudades que los filisteos habían tomado a Israel volvieron a poder de éste, desde Acarón hasta Gat. Israel arrancó de las manos de los filisteos su territorio, y hubo también paz entre Israel y los amorreos.
El presente capítulo, tan luminoso a primera vista, encierra puntos oscuros imposibles de elucidar. El arca de la alianza es conducida a Quiriat-Jearim, ciudad perteneciente a la tetrápolis gabaonita (Jos 9:7), y, por lo mismo, israelita por adopción. Sus habitantes eran en parte cananeos y en parte israelitas. Además, por encontrarse cerca de la línea fronteriza con los filisteos, era considerada como ciudad neutral, terreno de nadie. Choca que el arca sea conducida a este pueblo y no a Silo, a menos que supongamos que los filisteos arrasaron el santuario en donde se encontraba antes. Pero aun en este supuesto no se explica el poco entusiasmo que el pueblo siente por ella y el hecho de que se confíe su custodia a un profano, Eliezer, consagrado aprisa y corriendo Que 17:5), y no a los sacerdotes y levitas que de Silo marcharon a Nob para fijar allí el tabernáculo. Mejor que en Quiriat-Jearim hubiera estado el arca en Nob, dentro del tabernáculo. ¿Por qué Samuel no se traslada a Quiriat-Jearim, al lado del arca? Ni éste, ni Saúl, ni David, hasta el día que derrotó definitivamente a los filisteos, se interesaron por ella, ni el pueblo acudía allí en peregrinación. Budde parece haber encontrado la llave que permite una solución satisfactoria. Para evitar los males que Yahvé causaba a los filisteos, determinaron éstos repatriar el arca de la alianza. Pero mientras fueron ellos dueños de Israel no permitieron que el arca de la alianza volviera a ocupar el mismo sitio que antes, reteniéndola en una ciudad cercana a la frontera con el fin de controlar la atmósfera religiosa y política que podría crearse eventualmente en torno a la misma. Parecióles que la ciudad más a propósito era Quiriat-Jearim por las siguientes razones: i) por colindar con la frontera; 2) por ser cananeos, y, por lo mismo, enemigos de los hebreos, la mayoría de sus habitantes; y 3) porque la colonia hebraica residente allí bastaba para asegurar un culto digno a Yahvé (Üesnoyers, I 220-221).
El capítulo está desplazado del contexto, no teniendo relación lógica con lo que precede. Con este capítulo quiso su autor demostrar que la monarquía no era necesaria existiendo en Israel jueces de la talla de Samuel. El texto quiere ser una preparación de la versión antimonárquica que se vislumbra en 8:1-22; 10:18-25; c.12 y 15. Samuel reaparece en el teatro de la historia igual que los antiguos jueces Que 6:6-10; 10:10-16). El pueblo de Israel se apartó del camino recto, pero, oprimido por los filisteos, se convierte al Señor. Ante la buena disposición del pueblo, Samuel congregó a Israel en Masfa Que 20:1; 1 Sam 10:17), el actual Tell es-Nasbe Que 2:13). La conversión de Israel viene expresada simbólicamente con la efusión de agua delante de Yahvé (1 Re 18:32-35; Lam 2:19), con el ayuno Que 20:26) y la confesión pública de los pecados. La idolatría había contaminado la tierra y era necesario purificarla. No se trata de ningún sacrificio ni libación.
En Masfa juzgaba Samuel a los hijos de Israel (v.7). De la reunión de Masfa tuvieron noticia los filisteos, que subieron para dispersar a los allí congregados, Samuel no les temía; antes bien, ofreció un cordero lechal de más de siete días (Lev 22:27) en holocausto, mientras todo Israel clamaba a Yahvé. Dios escuchó su plegaria: Hizo tronar aquel día sobre los filisteos y los puso en derrota (v.10). El trueno es la voz de Dios (Sal 18:14; 29:3-9; Job 37:4-5). Con ello quiere el autor decir que desencadenó Yahvé una tempestad, con truenos y relámpagos, que atemorizó a los filisteos. De este hecho se conservó un recuerdo imperecedero (Ecli 46:19-21), como de la tempestad en tiempos de Josué en Betorón (Jos 10:10-14).
Los de Masfa persiguieron a los filisteos más allá de Bet-Car. Otros autores leen Bet-Horón en vez de Bet-Car, apoyándose en que aquella localidad es la ruta clásica de las invasiones por parte de los filisteos y de los pueblos de la costa (Jos 10:10-11). Nos parece acertada la advertencia de Desnoyers: "No es conocido Bet-Car; pero esto no autoriza la lección de Bet-Horón" (Hist. II 221). Tampoco sabemos dónde estaba emplazada Jesana, que puede corresponder a Asena (Jos 15:33), a Aslin (Abel) o a Bet Shena (De Vaux Ubach). Sobre Eben-Ezer véase 4:1. Es difícil, escribe De Vaux, que este lugar sea el mismo de 4:1; pero la semejanza de nombres es intencionada: esta victoria borra el recuerdo de la derrota anterior en este mismo lugar.
Lo que se dice al final del capítulo es un cuadro demasiado optimista. Es verdad que no volvieron los filisteos a la carga mientras duró la judicatura de Samuel, pero reanudaron sus ataques en tiempos de Saúl. Acarón y Gat quedaron en manos de los filisteos (9:16; 10:1ss; 13:2ss). Antes de David no fue nunca Israel dueño de la tierra de los filisteos (Jue 1:18; 1:19; 3:3).
Petición de un rey (7:15-17)
15 Samuel juzgó a Israel todo el tiempo de su vida. 16 Cada año hacía un recorrido por Betel, Caígala y Masfa, y allí, en todos estos lugares, juzgaba a Israel. 17 Volvíase luego a Rama, donde estaba su casa, y allí juzgaba a Israel. Alzó allí un altar a Yahvé.
Aun en vida de Saúl continuó Samuel ejerciendo sus funciones de juez en materia religiosa, siendo consejero del rey en asuntos militares. Su domicilio estaba en Rama (Ramathaim, 1:1), pero se desplazaba a Betel (Jos 7:2), a Caígala, entre el Jordán y Jericó Qos 4:19), y Masfa (Jue 20:1). Como Gedeón (Jue 6:24), erige un altar en Rama, su patria. No era sacerdote ni levita. El derecho de erigir un altar pertenecía al jefe de familia, según costumbre muy antigua, en tiempos en que ejercía los poderes judiciales, militares y religiosos. Los reyes, que heredaron estos derechos antiguos, gozarán de gran iniciativa en materia cultual 1.
1 H. Schmóckel, Der Gott Dagan. Ursprung, Verbreitung und Wesen seines Kultes (Hei-delberg 1928).
2 L'higiéne et la medicine á través la Bible (París 1932) 73·
1 Sobre las excavaciones practicadas en el lugar, véase E. Wright, Airi §h&ns Excava-tions 6 vols. (Haverford 1931-1939).
2. Institución de la Monarquía (c.8-10)
Han transcurrido muchos años desde que el joven Samuel servía en el santuario de Yahvé en Silo. Su maestro y guía murió. Del santuario de Silo queda sólo un montón de ruinas; el arca de la alianza yace en casa de un particular, bajo la supervisión de los filisteos. Israel vive en medio de gentes que no conocen a Yahvé y se contamina con sus cultos sensuales. No existe santuario nacional donde pueda congregarse la asamblea de los hijos de Israel. Samuel, que tenía su residencia en Rama, se desplazaba periódicamente y visitaba Galgala, Masfa y Betel para ponerse en contacto con las gentes de las distintas regiones. Pero los años le aconsejaron limitar sus desplazamientos. De ahí que a la falta de un santuario se añadía la anarquía en el orden político y administrativo.
Por otra parte, los filisteos, a pesar de su derrota en Masfa, mantenían el control del territorio israelita. En el interior urgía cada día más la necesidad de la unión entre las tribus que gozaban de gran autonomía. El medio para aunarlas era la institución de una monarquía. Edom, Moab y Amón habían implantado el regímen monárquico. El rey era un aglutinante en el interior y un caudillo que salía al frente de sus tropas para guerrear contra los pueblos enemigos.
En Israel, desde tiempo, existieron dos corrientes, una a favor y otra en contra de la monarquía (Jue 8:22; 9:1-6; 9:7-20).
En los libros de Samuel se vislumbran claramente estas dos corrientes antagónicas. Algunos textos son favorables a la monarquía: 1 Sam 9:1-10:16; 11:1-11; 15; c.13-14; otros, contrarios: 1 Sam 8:1-22; 10:18-25; c.12 y 15. Según la tradición favorable, la iniciativa de la monarquía parte de Dios, qué escoge a Saúl como libertador de su pueblo (9:16); la tesis de la segunda tradición es que la idea de la monarquía parte del pueblo, que pide un rey para ser igual que las otras naciones (8:5-20). La evolución de la idea monárquica toma incremento con ocasión del peligro filisteo, que exigía una acción común. De esta manera se justifica la corriente favorable a la monarquía. Saúl aparece como un continuador de la obra de los jueces: como ellos, es el salvador designado por Dios (9:16; 10:1), recibe el espíritu de Yahvé (10:6-10; 11:6), libertando, como ellos, a su pueblo (11:1-11; c. 13-14). Pero a esta elección divina corresponde, por primera vez, una aclamación popular después de la victoria sobre los amonitas (11:15). El jefe carismático, el naguid, 9:16; 10:1, se convierte en melek, rey, 11:15 (Les Institutions I 145).
Israel pide un rey (8:1-9)
1 Cuando envejeció Samuel, puso para juzgar a Israel a sus dos hijos; 2 el primogénito, de nombre Joel, y el segundo, de nombre Abia, y juzgaban en Berseba. 3 Pero los hijos de Samuel no siguieron los caminos de éste, sino que se apartaban de ellos por avaricia, recibiendo presentes y violando la justicia. 4 Reuniéronse todos los ancianos de Israel, y vinieron a Samuel, en Rama, 5 y le dijeron: "Tú eres ya viejo y tus hijos no siguen tus caminos; danos un rey para que nos juzgue, como todos los pueblos." 6 Desagradó a Samuel que le dijeran: "Danos un rey para que nos juzgue," y oró ante Yahvé; 7 pero Yahvé dijo a Samuel: "Oye la voz del pueblo en cuanto te pide, pues no es a ti a quien rechazan, sino a mí, para que no reine sobre ellos. 8 Como han hecho conmigo desde que los saqué de Egipto hasta ahora, dejándome para irse a servir a otros dioses, así hacen ahora contigo. 9 Escúchalos, pues; pero da testimonio contra ellos y dales a conocer cómo los tratará el rey que reinará sobre ellos.
Samuel envejeció, y no podía cumplir con los deberes que le imponía su condición de juez de Israel. Para sustituirle nombró a sus dos hijos, Joel y Abia, que se establecieron en Berseba. Hállase la ciudad al extremo meridional de Palestina, perteneciente a Judas y Simeón (Jos 19:9) 1. Causa extrañeza que ambos hijos fijaran en Berseba sus actividades judiciales. ¿Habíase Samuel reservado los rritorios del norte? ¿Existía en el lugar un santuario al que se acudía en peregrinación? (Am 5:5; 8:14).
La corriente monárquica comenzaba a cristalizar desde el momento en que Samuel instituía como sucesores suyos en el gobierno civil y militar a sus dos hijos. Pero la conducta venal de los mismos inclinó la balanza en favor de un rey representativo de la nación. Con su proceder, los hijos de Samuel transgredían la ley del Deut 16:18-19. Como a Helí, también a Samuel faltó energía para corregirlos; pero esta debilidad debe achacarse también a la vejez.
Los pretextos invocados por los ancianos (4:3) se fundan en que Samuel está ya viejo y en que sus hijos no seguían sus caminos. Pero la razón primordial era que querían ser como los otros pueblos, al frente de los cuales había un personaje que reunía en sus manos todos los poderes. Quieren terminar con el desmembramiento de Israel; desean que haya un rey que, en un momento de peligro, agrupe al pueblo en torno suyo y le conduzca a la victoria contra los enemigos. Quieren, en fin, una autoridad estable, no de circunstancias, como sucedía en tiempos de los jueces.
Los ancianos, en esta ocasión, se conforman a las prescripciones legales; no eligen ellos un rey, sino que se limitan a presentar a Samuel las aspiraciones del pueblo, usando las mismas palabras de la Ley (Deut 17:14-15). La propuesta de los ancianos desagradó a Samuel, no tanto por ella en sí cuanto por la manera y ocasión de presentarla. Con ella los ancianos calificaban de deficiente su administración, imponiéndole casi un ultimátum. Además, Samuel interpretó aquel acto como un atentado contra las leyes de la teocracia (Jue 8:22-23). Sin embargo, manda Dios al profeta que acceda a la petición, porque el cambio en sí se ha hecho necesario para que Israel, organizado políticamente de un modo permanente, pueda hacer frente a los enemigos externos. El monarca elegido seguirá siendo el representante de Dios (12:12; Jue 8:23).
Los inconvenientes de la realeza (8:10-22)
10 Samuel transmitió al pueblo que le pedía rey todo lo que le había dicho Yahvé, 11 y les dijo: "Ved cómo os tratará el rey que reinará sobre vosotros: Cogerá a vuestros hijos y los pondrá sobre sus carros y entre sus aurigas y los hará correr delante de su carro. 12 De ellos hará jefes de mil, de ciento y de cincuenta; les hará labrar sus campos, recolectar sus mieses, fabricar sus armas de guerra y el atelaje de sus carros. 13 Tomará a vuestras hijas para perfumeras, cocineras y panaderas. 14 Tomará vuestros mejores campos, viñas y olivares, y se los dará a sus servidores. 15 Diezmará vuestras cosechas y vuestros vinos para sus eunucos y servidores. 16 Cogerá vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores bueyes y asnos para emplearlos en sus obras, 17 Diezmará vuestros rebaños, y vosotros mismos seréis esclavos suyos. 18 Entonces clamaréis a Yahvé, pero Yahvé no responderá, puesto que habéis pedido un rey." 19 El pueblo desoyó a Samuel, y dijeron: "No, no, que haya sobre nosotros un rey, 2° y así seremos como todos los pueblos; nos juzgará nuestro rey, y saldrá al frente de nosotros para combatir nuestros combates." 21 Samuel, después de oír las palabras del pueblo, se las repitió a Yahvé; 22 y Yahvé le dijo: "Escúchalos y pon sobre ellos un rey." Entonces dijo Samuel al pueblo: "Vayase cada uno a su ciudad."
No dicta Samuel un código de leyes a las cuales deberá ajustarse el futuro rey de Israel, sino que hace ver los abusos que los reyes, déspotas muchos de ellos, dueños de personas y haciendas, suelen cometer. Este es el sentido de la frase: mishpat hamelek, juicio, costumbre, derecho real (2:13). El rey necesita un ejército de criados y servidores; conductores de aurigas que precederán a las del rey (2 Sam 15:1; 1 Re 1:5); jefes de ejército (22:7; 2 Re 1:9), jardineros, artesanos, sirvientas, etc. En una palabra, los que apoyan el advenimiento de la monarquía con el pretexto de conseguir la libertad del pueblo, caerán en un régimen de esclavitud. De nada valdrán entonces las quejas a Dios, porque tienen el régimen de gobierno que ellos anhelaban.
A pesar del cuadro tan sombrío, todos a una contestaron que preferían la monarquía. A las razones aportadas antes (v.5) añaden ahora que con la monarquía dispondrá Israel de una autoridad estable y de un caudillo para las guerras contra los enemigos. "El final del v.22 es de carácter redaccional; prepara la inserción de la escena de la unción de Saúl (9:1-10:16: versión favorable a la monarquía) en el relato antimonárquico de 10:,17-14, que primitivamente estaba unido con el capítulo 8" (De Vaux).
Saúl en busca de las asnas (9:1-5)
1 Había en Benjamín un hombre llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afia, de Gueba de Benjamín. Era hombre valiente, 2 y tenía un hijo de nombre Saúl, todo un buen mozo. No había hijo de Israel más alto que él, y a todos les sacaba la cabeza. 3 Extraviáronse las asnas de Quis, padre de Saúl; y dijo Quis a Saúl, su hijo: "Lleva contigo un mozo y vete en busca de las asnas." 4 Recorrió los montes de Efraím y atravesó la tierra de Salisa, sin hallarlas. Recorrieron también la región de Salim, y tampoco estaban allí; volvieron a tierra de Benjamín, y tampoco las hallaron. 5 Cuando llegaron a la región de Suf, dijo Saúl al mozo que le acompañaba: "Vamos a volvernos, no sea que mi padre, más que por las asnas, esté ya intranquilo por nosotros."
En esta sección aparece una nueva faceta de Samuel: en vez de juez, es vidente, un profeta famoso, desconocido de Saúl. Una circunstancia fortuita le puso en contacto con él. Parece que Samuel no andaba muy solícito en buscar un rey entre los hijos de Israel; es Yahvé quien le indica el que ha sido elegido. Saúl fue a por las asnas y se encontró con el reino. Su padre, de nombre Quis, poseía una gran fortuna (Rut 2:1). Pero, sobre todo, tenía un hijo, de nombre Saúl (shaul = pedido), que era todo un buen mozo, cualidad que entre los orientales es muy estimada para ocupar puestos de responsabilidad. Llamaba la atención por su talla, pues "a todos les sacaba la cabeza."
Un episodio baladi le valió la corona. A su padre se le extraviaron unas asnas y encargó a su hijo fuera en su busca. Salió Saúl de Gueba de Benjamín, ciudad que coincide con la actual Tell el-Ful, a seis kilómetros al norte de Jerusalén. Recorrió la región de la montaña de Efraím situada entre Siquem y Betel, pasó a la tierra de Salisa, donde se encontraba el pueblo de Baal Salisa (2 Re 4:42), en el actual Kfr Tild, a veintiséis kilómetros al norte de Lidda y veintidós al sudoeste de Siquem; pero todo en vano. Continuó en su búsqueda hacia Salim, acaso Selebim Que 1:35), o en los alrededores de Faratón, a unos diez kilómetros al sudoeste de Siquem. Volvió a la tierra de Benjamín sin encontrarlas. Hallándose en el país de Suf, donde vivió Samuel (1:1) y en cuya región estaba Rama, determinó volver a casa. Todos los autores convienen en señalar las anomalías de este largo y complicado recorrido de Saúl y del criado que le acompañaba, en el que emplearon tres días. Pero es posible que, en líneas generales, indique el autor sagrado los principales puntos por donde vagaron Saúl y su criado, sin querer señalar un itinerario concreto 1. Puede también ser que el autor sagrado pretenda pasear a Saúl por varias regiones de Israel a fin de que sus habitantes fijen su atención en el tipo físico extraordinario del joven que dentro de poco será su rey.
La fama del vidente (9:6-14)
6 El mozo le dijo: "Mira, en esta ciudad hay un hombre de Dios muy famoso. Cuanto él dice, seguramente sucede. Vamos, pues, allá, que quizá él nos diga el camino que hemos de seguir." 7 Saúl dijo al mozo: "Vamos allá; pero ¿qué vamos a llevarle a ese hombre de Dios? Ya no hay provisiones en las alforjas, y nosotros no tenemos nada que podamos ofrecerle como presente." 8 El mozo le dijo: "Mira, he encontrado un cuarto de siclo de plata; se lo daré al hombre de Dios y él nos indicará nuestro camino." 9 En otro tiempo, en Israel, los que iban a consultar a Dios se decían unos a otros: "Venid, vamos a consultar al vidente; pues al que llaman hoy profeta le llamaban antes vidente." 10 Saúl dijo al mozo: "Has tenido buena idea, vamos"; y se dirigieron a la ciudad, donde estaba el hombre de Dios. 11 Cuando subían el repecho que conduce a la ciudad, encontraron a unas jóvenes que habían salido a coger agua, y les preguntaron: "¿Está aquí el vidente?" 12 Ellas les respondieron, diciendo: "Sí, aquí está; mirad, allí delante; pero id pronto, porque ha venido hoy a la ciudad por tener el pueblo un sacrificio en la altura. 13 En cuanto entréis en la ciudad, id a verle, antes que suba a la altura para la comida, pues el pueblo no comerá antes que llegue él, que es quien ha de bendecir el sacrificio, y después comerán los invitados. Subid, pues, ahora mismo y le hallaréis." 14 Ellos subieron a la ciudad. Cuando entraban en ella, encontraron a Samuel, que salía para subir a la altura.
La Providencia les llevó al lugar donde habitaba Samuel, que, como hemos indicado (1:1; 7:17), se llamaba Rama. Al mozo ocurrió se le confiar al vidente el asunto de las asnas. Samuel es llamado ish Elohim, varón de Dios (2:7), nombre que se da a los profetas. Al entrar los jóvenes en la ciudad, preguntaron por el vidente (roeh). El v.g es considerado como una glosa redaccional hecha en tiempos en que los profetas se llamaban nabi. No es éste el lugar apropiado para la exposición detenida de ambos conceptos. Profeta, nabi, es, propiamente, el que anuncia un mensaje que se le ha confiado. Aarón es profeta (nabi) porque retransmite al faraón de Egipto lo que le anuncia Moisés (Ex 7:1); el nabi es la boca de Dios (Jer 15:19), porque anuncia su palabra (Jer 18:18; Os 6:5; Am 3:8). Con el tiempo, la noción de nabi sufrió algunos cambios. Es llamado roeh, vidente, el que ve lo que está oculto a otros (Is 30:10). Samuel es llamado nabi (3:20) y roeh (9:1-10), según que el texto sea más o menos antiguo.
Los dos jóvenes dirigiéronse a la ciudad. Estaba ésta edificada en un alto; fuera de la misma, sobre una colina, existía un bamah, lugar alto (10:13), con el altar que construyó Samuel en otro tiempo (7:17) en sustitución de un antiguo altar cananeo. En la cima de los montes adoraban los cananeos a sus falsos dioses. Al apoderarse los hebreos del territorio, destruyeron parte de estos bamoth, consagrando otros a Yahvé (1 Re 3:4; 18:30). Por los excesos cometidos, estos lugares de culto fueron combatidos por los profetas y destruidos por Josías (2 Re 23:8).
Al pie del altozano, una balsa recogía el agua de las lluvias de invierno, de la que jóvenes de Rama, mañana y tarde, surtían a la ciudad. Las jóvenes aguadoras indicaron a Saúl y al criado que debían acelerar el paso, caso de que quisieran entrevistarse con Samuel antes de que el profeta se marchara a "la altura" para la comida. Las jóvenes estaban bien enteradas del programa de Samuel y responden a mucho más de lo que Saúl y su criado les habían preguntado.
Entrevista de Saúl can el vidente (9:15-21)
15 Un día antes de la llegada de Saúl había advertido Yahvé a Samuel, diciéndole: 16 "Mañana, a esta hora, yo te mandaré a un hombre de Benjamín, y tú le ungirás por jefe de mi pueblo, de Israel, y él librará a mi pueblo de la mano de los filisteos, pues he visto la humillación de mi pueblo y han llegado ante mí sus clamores." 17 Luego que Samuel vio a Saúl, le dijo Yahvé: "Este es el hombre de quien te hablé ayer. Este reinará sobre mi pueblo." 18 Saúl se acercó a Samuel dentro de la puerta y le dijo: "¿Harías el favor de indicarme dónde está la casa del vidente?" 19 Samuel le contestó: "Soy yo el vidente; sube delante de mí a la altura y comeréis hoy conmigo. Mañana te despediré y te diré cuanto tienes en tu corazón. 20 Por las asnas que hace tres días perdiste, no te inquietes; han sido halladas. ¿De quién va a ser cuanto de precioso hay en Israel? ¿No va a ser tuyo y de toda la casa de tu padre?" 21 Saúl respondió: "¿Pues no soy yo benjaminita? ¿No soy yo de la mínima tribu de Israel, de Benjamín, y no es mi familia la menor de las familias de Benjamín? ¿Por qué me dices esto?"
El encuentro tuvo lugar en la misma puerta o en la plazuela adjunta2. Ambos no se conocían, pero "Yahvé había abierto el oído" (galah eth ozen) de Samuel, es decir, le había revelado (20: 2; 12-13; Rut 4:4; 1 Crón 12:25) Que había elegido a aquel joven para futuro rey de Israel. El texto llama a Saúl naguid, jefe, eminente (del verbo nagad), recibiendo más tarde el título de rey3. Yahvé declara a Samuel que unja a Saúl por jefe de su pueblo, del cual ha escuchado sus clamores, para que le "salve de la mano de los filisteos." La unción era necesaria a sacerdotes, profetas y reyes. Desde el principio de la monarquía se unge al rey (10:1; 2 Sam 2:4; 5:3). A Saúl le unge un profeta, lo mismo que a David; a Salomón y a Joás (1 Re 1:39; 2 Re 11:12) les unge un sacerdote. Con gran estupor de Saúl, le invita Samuel al banquete que debe celebrarse en la altura. De las asnas, le dice, no pases cuidado, porque han sido halladas. Además, ¿por qué tanta preocupación por unos animales, cuando, dentro de poco, se te entregará toda la casa de tu padre? Por la tensión popular existente en torno a la realeza comprende Saúl el contenido de las palabras de Samuel. Aquél parece considerarse indigno, alegando que pertenece a la tribu de Benjamín, la más pequeña de Israel tanto en población como extensión Que 20:46-67), y a una familia oscura. Parecidas palabras pronunciaron en análogas circunstancias Gedeón (Jue 6:15) y David (2 Sam 7:18).
Saúl en la sala del banquete (9:22-27)
22 Samuel, tomando a Saúl y a su mozo, les introdujo en el comedor y les dio el primer lugar, a la cabeza de los invitados, que eran unos treinta hombres. 23 Samuel dijo al cocinero: "Dame la porción que te mandé pusieras aparte." 24 El cocinero tomo un pernil y lo puso delante de Saúl. "Es la porción que se te reservaba — dijo a éste Samuel. Ponió delante de ti y come, pues la hice guardar cuando convoqué al pueblo, para el momento oportuno." Comió Saúl con Samuel aquel día. 25 Bajaron de la altura a la ciudad, prepararon el lecho a Saúl en la terraza y luego se acostó. 26 Al día siguiente, a la aurora, llamó Samuel a Saúl, que estaba sobre la terraza, y le dijo: "Levántate y te despediré." Levantóse Saúl y salieron ambos juntos. 27 Cuando hubieron bajado al extremo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl: "Dile al mozo que pase delante de nosotros." Tomó el mozo la delantera, y dijo Samuel: "Detente ahora, que te dé a conocer lo que dice Yahvé."
Ser el invitado de Samuel era considerado por el público corno un gran honor. Los comensales sentáronse en el patio abierto donde se celebraba el banquete. A Saúl y a su criado se les señaló el primer puesto, a la cabeza de los invitados, que no salían de su asombro ante la presencia de aquellos dos jóvenes forasteros a quienes Samuel rodeaba de atenciones. Su extrañeza se acrecentó en el momento en que Samuel mandó al cocinero colocase ante Saúl "el muslo y la cola." El texto del v.24 presenta algunas dificultades. Tanto el texto hebraico como los LXX están acordes en el uso de la palabra que significa muslo, anca o pemil; pero a la misma sigue en el texto masorético el vocablo wehealeyah, que se traduce, o por levantó) o y lo que va con ello. Otros sustituyen la palabra por otra que significa ríñones; algunos autores la suprimen (Dhorme, Ubach), por considerarla como glosa. Muchos, actualmente, siguen a Houbigant, que leía wehaalyah, y h cola, que en los banquetes que se celebran hoy en Palestina es muy apreciada. "Cauda quae pars erat femori próxima et óptima; luculentum, ut initiati norunt, edulium" (Hum-Melauer). La corrección del texto masorético se introdujo para armonizar el texto con la prescripción según la cual la cola debía "quemarse sobre el altar" (Lev 3:9). La última parte del versículo es todavía más incierta desde el punto de vista textual. De Vaux la omite; Houbigant traslada la frase al final del v.23, leyendo: "affer carnem, quam iussi tibí, ut apud te reponeres, cum dixi tibí me homines invitasse." Otras soluciones en Fernández, l.c., 58-60.
Saúl, ungido rey (10:1)
1 Tomo Samuel una redoma de óleo, la vertió sobre la cabeza de Saúl y le besó, diciendo: "Yahvé te unge por príncipe de su heredad. Tú reinarás sobre el pueblo de Yahvé y le salvarás de la mano de los enemigos que le rodean. Esto te será señal de que Yahvé te ha ungido como jefe de su heredad.
Tiene esta unción un carácter religioso. A la misma acompaña la efusión del Espíritu (10:10; 16:13); en lenguaje moderno, diríamos que se le da la gracia de estado. El rey es el ungido de Yahvé (24:7-11; 26:9; 11; 16; 23; 2 Sam 1:14, etc.). Es una persona sagrada, y, por lo mismo, inviolable (24:7; 26:9-11). David no se atreve a poner las manos sobre Saúl por ser el ungido de Yahvé (24:7-11; 26:9), y manda ejecutar al que cometió tal crimen (2 Sam 1:14-16). La acción de derramar aceite sobre la cabeza del que se ungía como a rey tiene su origen en Egipto. Por una carta de Tell el-Amarna, el rey Nuhase, de Siria, fue rey ungido por Tutmosis III. Los reyes hititas eran consagrados "con el aceite santo de la realeza." l
Terminada la ceremonia, Samuel besó al nuevo ungido de Yahvé en señal de verdadero vasallaje. Es Dios mismo quien, por mediación de Samuel, ha ungido al que había antes escogido por príncipe (naguid) de su heredad (Deut 4:20; 9:26).
Tres señales confirmativas (10:2-8)
2 "Cuando hoy me dejes, encontrarás al mediodía dos hombres cerca del sepulcro de Raquel, en tierra de Benjamín, que te dirán: Las asnas que has ido a buscar han aparecido, y tu padre no piensa ya en ellas, sino en vosotros, y dice: ¿Cómo haré yo para saber de mi hijo? 3 Siguiendo tu camino, llegarás a la encina de Tabor, y te encontrarás con tres hombres subiendo a Dios a Betel, y llevando uno tres cabritos, y el otro tres panes, y el otro una bota de vino; 4 después de preguntarte por tu salud, te darán dos de los panes, que tú tomarás de sus manos; 5 luego llegarás a Gueba Elohim, donde hay una guarnición de filisteos; y al entrar en la ciudad te encontrarás con un grupo de profetas bajando del excelso, precedidos de salterios, tímpanos, flautas y arpas, y profetizando. 6 El espíritu de Yahvé se apoderará de ti, y profetizarás con ellos y te transformarás en otro hombre. 7 Cuando todas estas señales se hayan cumplido en ti, haz lo que te venga a mano, pues Dios estará contigo.8 Baja antes que yo a Caígala, adonde iré a reunir-me contigo para ofrecer holocaustos y sacrificios eucarísticos. Espera siete días, hasta que yo vaya y te diga lo que has de hacer."
La primera señal de la elección de Saúl será el testimonio de dos hombres que le informarán del hallazgo de las asnas y de las ansias de su padre. Habiendo partido de Rama (la actual Rentis) por la mañana, Saúl y su criado caminaron en dirección a Betel y Gueba (Tell el-Ful), llegando a las inmediaciones del sepulcro de Raquel al mediodía. El texto reproduce una antigua tradición según la cual el sepulcro de Raquel se encontraba en la línea de Rama, hacia la parte montañosa (Jer 31:15).
Saúl siguió su camino; al llegar a la encina (elón) de Tabor, se encontró con los tres hombres de que le habló Samuel. Algunos críticos cambian la lección del texto masorético por la de los LXX, y leen: "Llegaron a la encina de Débora," o "a la encina de la lamentación de Débora." Además de "encina del llanto de Débora" (Gen 35:8, se le llamó al lugar "encina del Tabor," en memoria de la victoria ganada por Sisara y Débora en el famoso monte de Galilea (Jue 4:14); la encina se encontraba cerca del lugar de la "palmera de Débora" (Jue 4:5), entre Betel y Rama (er-Ram).
En Gueba debía suceder la tercera y más característica de las señales convenidas. El lugar llamado "Gueba Elohim," colina de Dios, era conocido antes por Gueba de Benjamín (Jue 19:4) y más tarde por "Gueba de Saúl" (11:4; 15:34). El texto hebraico dice que había en la ciudad nesibey pelishtim, que los exegetas traducen: "la estela de los filisteos" (De Vaux); otros: "una guarnición de los filisteos" (Vaccari), "el prefecto de los filisteos" (Dhorme), "gobernador" (Ubach, Mediebelle). Otros (Bressan) omiten la frase por considerarla una glosa inspirada en 13:3.
Un tropel (hebel) de profetas que se servían de instrumentos músicos para profetizar le salieron al encuentro. Con su porte externo demostraban que hablaban y se movían a impulsos de un espíritu que les forzaba a tomar actitudes violentas, sacudidos por una intensa excitación interna. Estos profetas vivían en grupos y profetizaban al son de la música, que les producía una especie de arrobamiento o éxtasis contagioso (19:20-21; 1 Re 22:10). Se les ha comparado a los modernos derviches. Los cananeos tenían también sus profetas, al estilo de los que encontramos en nuestro texto (1 Re 18:25-29). Subsistieron mucho tiempo en Israel, siendo famosos los colegios de profetas que acaudillaba Elíseo (2 Re 2:3; 4:38). La finalidad de estos profetas extáticos era la de cantar las glorias de Yahvé, acompañando sus himnos con danzas frenéticas, capaces de contagiar a los que las presenciaban. Es la primera vez que estas corporaciones de entusiastas yahvistas aparecen en la historia de Israel. Puede ser que los fundara Samuel como valladar para oponerse a las influencias de los cultos de los pueblos paganos en medio de los cuales vivía Israel o que limitaban con sus fronteras.
Saúl llega a su casa (10:9-16)
9 En cuanto volvió Saúl las espaldas para apartarse de Samuel, se sintió otro, y todas las señales aquellas le sucedieron el mismo día. 10 Cuando llegaron a Gueba, encontráronse con un tropel de profetas, y le arrebató el espíritu de Dios y se puso a profetizar en medio de ellos, n Cuantos de antes le conocían se preguntaban: "¿Qué le ha pasado al hijo de Quis? ¡Saúl entre los profetas!" 12 Uno de los presentes contestó: "¿Y quién es el padre de esos otros?" Por eso ha quedado en proverbio: "¿También Saúl entre los profetas?" 13 Cuando hubo acabado de profetizar, subió a Gueba. 14 Un tío de Saúl preguntó a éste: "¿Adonde habéis ido?" Saúl respondió: "A buscar las asnas, pero no las hemos visto por ninguna parte y fuimos a casa de Samuel."15 El tío le dijo: "Cuéntame lo que te ha dicho Samuel." 16 Y Saúl respondió: "Nos dio a saber que las asnas habían aparecido"; pero en cuanto a lo del reino, nada le dijo de lo que le había hablado Samuel.
Cuanto profetizó Samuel cumplióse al pie de la letra. La presencia de Saúl entre los profetas causó extrañeza a cuantos le conocían; dice el texto que el fervor religioso que manifestaba con sus cantos y danzas fue efecto del espíritu de Yahvé, que le impelía a obrar. Su actuación dio lugar a un antiguo proverbio existente en Israel. No podían las gentes comprender que Saúl, hijo de un personaje tan sensato y ecuánime como Quis, se mezclara con estos excéntricos, muchos de ellos de baja condición. Estas cofradías de profetas extáticos no debían gozar de buena fama en ciertos círculos de Israel
Elección de Saúl a la suerte (10:17-27)
17 Samuel convocó al pueblo ante Yahvé en Masfa, 18 y dijo a los hijos de Israel: "Así habla Yahvé, Dios de Israel: Yo os saqué de Egipto; yo os he librado de la mano de los egipcios y de la de cuantos reyes os oprimieron; 19 y vosotros hoy rechazáis a vuestro Dios, que os ha librado de vuestros males y de vuestras aflicciones, y le decís: ¡No, pon sobre nosotros un rey! Presentaos ahora ante Yahvé por tribus y por familias." 20 Samuel hizo que se acercasen todas las tribus de Israel, y fue sacada la tribu de Benjamín. 21 Hizo acercarse a la tribu de Benjamín por familias, y salió la familia de Hammatri; e hizo acercar a la familia de Hammatri, por varones, y fue elegido Saúl, hijo de Quis. 22 Buscáronle, pero no le hallaron. Preguntaron entonces de nuevo a Yahvé: "¿Ha venido?" Y Yahvé respondió: "Está escondido entre los bagajes." 23 Corrieron a sacarle de allí, y cuando estuvo en medio del pueblo, sobresalía de entre todos de los hombros arriba. 24 Samuel dijo al pueblo: "Aquí tenéis al elegido de Yahvé. No hay entre todos otro como él." Y el pueblo se puso a gritar: "¡Viva el rey!" 25 Entonces expuso Samuel al pueblo el derecho real y lo escribió en un libro, que depositó ante Yahvé; 26 y despidió Samuel al pueblo todo, cada uno a su casa. También Saúl se fue a su casa, a Gueba, acompañado de una tropa de hombres robustos, cuyos corazones había tocado Dios. 27 Sin embargo, algunos perversos decían: "¿Este va a salvarnos?" Y despreciándole, no le hicieron presentes.
Se considera esta sección como parte integrante de la tradición antimonárquica del capítulo octavo. Pero parece que la elección popular por aclamación debe consignarse para evitar toda sospecha de que Samuel eligió por rey al que le plugo. Con esta elección por suertes (14:38-42; Jos 7:14-18) se pondrá de manifiesto que Yahvé confirma como rey al que Samuel había ungido antes. Cuando la suerte cayó sobre Saúl, fue el mismo Yahvé el que, preguntado por los urim y tummim (14:41), señaló el lugar donde Saúl se había escondido, acaso por modestia (9:21). El pueblo aclamó con entusiasmo al apuesto rey, reconociéndole como a tal 2. Esta aclamación, hecha al son del cuerno o de las trompetas, no significaba que el pueblo elegia el rey, sino que aceptaba el monarca que había elegido Dios. El grito de "¡Viva el rey!" (2 Sam 16:16; 1 Re 1:34; 2 Re 11:12) no es un deseo, sino más bien una aceptación del mismo.
Dictó Samuel al pueblo el derecho real. Puede entenderse la frase en el sentido de que Samuel habló al pueblo conforme a Deut 17:15-20, o bien de que les recordó lo dicho en 8:11-18. De Vaux duda de que la sentencia "expuso Samuel al pueblo el derecho real y lo escribió en un libro" sea auténtica, sospechando que entró en este lugar por influencia de Jos 24:26; Deut 17:18. Sin embargo, es muy lógico que se escribieran y guardaran en lugar sagrado las leyes del reino (2 Re 22:8; 23:2). Los v.26-27 preparan la renovación de la realeza en Caígala (11:12-15)
No todo el pueblo de Israel se alegró del advenimiento de la monarquía; a diferencia de los valientes (2 Sam 2:7), que reconocieron inmediatamente al nuevo rey, otros, "hijos de Belial" (2:12; Deut 13:14), le despreciaron. La Vulgata lee: "Ule vero dissimulabat se audire"; lección que supone el siguiente original hebraico: wayehi kemaharish, "se hizo el sordo." Los LXX cambiaron el mencionado texto en kemehodesh, cosa de un mes, que unieron al contexto siguiente (11:1).
Los amonitas, en Galaad (11:1-7)
1 Pasó cosa de un mes, y subió Najas, amonita, y sitió a Jabes Galaad. Los habitantes de Jabes dijeron a Najas: "Pacta con nosotros y te serviremos." 2 Pero Najas amonita les respondió: "Pactaré a condición de sacaros a cada uno de vosotros el ojo derecho y hacer de esto oprobio para todo Israel." 3 Dijéronle los ancianos de Jabes: "Danos tregua de siete días para mandar mensajeros por todo Israel; si no viene nadie a socorrernos, nos rendiremos a ti." 4 Vinieron mensajeros a Gueba de Saúl, y contaron al pueblo esto, y el pueblo todo lloró a voz en grito. 5 Venía entonces Saúl del campo tras de sus bueyes, y preguntó: "¿Qué tiene el pueblo para llorar así?" Contáronle lo que decían los de Jabes. 6 En cuanto lo oyó le arrebató el espíritu de Yahvé y se encendió en cólera. 7 Cogió un par de bueyes, los cortó en pedazos y mandó éstos por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros que dijeran: "Así serán tratados los bueyes de cuantos no se pongan en marcha tras Saúl," El terror de Yahvé cayó sobre el pueblo, que se puso en marcha como un solo hombre.
No tenía Saúl conciencia de la significación trascendental de la realeza encarnada en él. Por de pronto, demuestra Saúl que no era hombre ambicioso. El pueblo le había reclamado para que le acaudillara en las guerras contra los pueblos enemigos; mientras la ocasión no se presentó, siguió él cuidando de la gran hacienda paterna. Pero el momento esperado y temido se presentó al cabo de un mes. El amonita Najas marchó contra la ciudad de Jabes Que 21:14) y la cercó. Las condiciones que Amón puso a los de Jabes parecieron monstruosas a Saúl, que, invadido por el espíritu de Dios (10:10), sintiéndose rey, responsable de los destinos de Israel, conminó a toda la nación para que se pusiera a sus órdenes. El terror de Yahvé (14:15; Gen 35:5) apoderóse del pueblo, que se puso incondicionalmente bajo su mando.
El castigo que Najas pensaba infligir a los de Jabes no tenía por finalidad primaria causar un oprobio a Israel, sino la de inutilizar a los hombres para la guerra, no pudiendo, en adelante, ni luchar con arco ni usar el escudo. Creía Najas que la tregua pedida por los de Jabes no conduciría a nada; los siete días, a su entender, no tendrían otro éxito que el de confirmar plenamente su total aislamiento e impotencii frente a los amonitas (Gen 19:38; Deut 2:37; 3:16; Jue 11:4).
Concentración en Bezec y victoria sobre Najas (11:8-11)
8 Saúl los revistó en Bezec; y los hijos de Israel eran trescientos mil; los de Judá, treinta mil. 9 Dijo a los mensajeros que habían venido de Jabes: "Decid a los hombres de Jabes Galaad: Mañana al mediodía seréis socorridos." Los mensajeros llevaron la noticia a los hombres de Jabes, que se llenaron de alegría, 10 y dijeron a los amonitas: "Mañana nos rendiremos a vosotros para que con nosotros hagáis lo que bien os parezca," 11 Al día siguiente dividió Saúl el pueblo en tres cuerpos; y a la vigilia matutina penetraron en el campamento de los amonitas y los estuvieron batiendo hasta la hora de más calor. Los que escaparon se dispersaron de tal modo, que no quedaron dos hombres juntos.
Los israelitas acudieron a Bezec en cantidad muy inferior a la que dice el texto, que, o bien está corrompido, o la cifra tiene valor simbólico, queriendo significar que se reunieron algunos miles de hombres contra Anón. Bezec estaba en el lugar conocido hoy por Jirbet Ibziq, en los últimos declives de las colinas que dominan desde el sudoeste la llanura de Betsán. Organizado el ejército, Saúl atravesó de noche d Jordán, cayendo a la mañana siguiente sobre el ejército amonita, que acaso acampaba en el llano situado en la desembocadura del wadi Jabis, en torno a Meqbereh, lugar de la antigua Jabes Galaed (Jue 21:8ss), a quince kilómetros al sudeste de Betsán.
Saúl aclamado rey (11:12-15)
12 El pueblo decía a Samuel: "¿Quiénes son los que decían: Saúl va a reinar sobre nosotros?" Entréganos esas gentes para que les demos muerte." 13 Pero Saúl dijo: "Nadie será muerto hoy, pues hoy ha salvado Yahvé a Israel." 14 Y dijo Samuel al pueblo: "Venid y vayamos a Gálgala para renovar allí el reino." 15 Todo el pueblo fue a Gálgala, y restablecieron a Saúl rey ante Yahvé en Gálgala y ofrecieron sacrificios eucarísticos, dando Saúl y todo el pueblo muestras de gran regocijo.
Buenos comienzos para afianzar la monarquía. La coyuntura fue aprovechada por Samuel para reunir al pueblo en Gálgala (10:8), junto a Jericó. Quizá los congregados formaban parte del ejército que de Jabes regresaba a sus casas siguiendo el curso del Jordán hasta la altura de Jericó. Calientes todavía las armas, el pueblo aclamó a Saúl como a rey, celebrando el acontecimiento con sacrificios de acción de gracias seguidos de los banquetes sacrificiales. Victorias como la de Jabes le encargarían de acabar con la fobia antimonárquica.
Samuel, a la reserva (12:1-25)
1 Dijo Samuel a todo Israel: "Ya veis que os he oído en cuanto me habéis dicho y que he puesto sobre vosotros un rey. 2 Ahora, pues, tenéis ya rey que marche a vuestra cabeza. Yo ya soy viejo y he encanecido, y mis hijos ahí los tenéis entre vosotros, como unos de tantos, He estado al frente de vosotros desde mi juventud hasta hoy. 3 Aquí me tenéis. Dad testimonio de mí ante Yahvé y ante su ungido. ¿He quitado a nadie un buey? ¿He quitado anadie un asno? ¿He oprimido a nadie? ¿He perjudicado a nadie? ¿He aceptado de nadie presentes, ni aun un par de sandalias? Dad testimonio contra mí y yo responderé." 4 Ellos respondieron: "No nos has perjudicado, no nos has oprimido, de nadie has aceptado nada." 5 El les dijo: "Testigo Yahvé contra vosotros, y lo es también hoy su ungido, de que nada habéis hallado en mis manos." El pueblo respondió: "Testigo." 6 Samuel añadió: "Yahvé, que hizo a Moisés y Aarón y sacó a vuestros padres de Egipto, es testigo. 7 Ahora, pues, poneos delante de Yahvé, que quiero juzgaros ante Yahvé por los beneficios que os ha hecho a vosotros y a vuestros padres. 8 Cuando Jacob con sus hijos entró en Egipto y los humillaron los egipcios, y vuestros padres clamaron a Yahvé, Yahvé les mandó a Moisés y Aarón, que los sacaron de Egipto y los establecieron en este lugar. 9 Pero se olvidaron de Yahvé, su Dios, y éste los entregó en manos de Sisara, jefe del ejército de Jasor; en manos de los filisteos, en manos del rey de Moab, que les hicieron la guerra.10 Clamaron a Yahvé diciendo: "Hemos pecado, porque hemos abandonado a Yahvé y herrros servido a los baales y a las astartés. Líbranos ahora y nosotros te serviremos." 11 Mandóles Yahvé a Jerobaal, Abdón, Jefté y Samuel, y os libró de manos de los enemigos que teníais en torno vuestro, y habéis habitado vuestras casas en seguridad. 12 Y ahora, cuando habéis visto que Najas, rey de los hijos de Amón, se ponía en marcha contra vosotros, me habéis dicho: No, que reine un rey sobre nosotros, cuando Yahvé, vuestro Dios, era vuestro rey. 13 Ahí tenéis, pues, el rey que habéis querido y habéis pedido; Yahvé le ha puesto por rey vuestro. 14 Si teméis a Yahvé, si le servís y obedecéis; si no sois rebeldes a los mandamientos de Yahvé, viviréis vosotros y vuestro rey, que reinará sobre vosotros. 15 Pero, si no obedecéis a Yahvé, si sois rebeldes a sus mandatos, tendréis contra vosotros la mano de Yahvé y contra vuestro rey para destruiros. 16 Quedaos todavía para que veáis el prodigio que va a obrar Yahvé a vuestros ojos. 17 ¿No estamos en el tiempo de la siega de los trigos? Pues yo voy a invocar a Yahvé, y Yahvé tronará y lloverá, y veréis así cuan grande es a los ojos de Yahvé el mal que habéis hecho pidiendo un rey." 18 Invocó Samuel a Yahvé, y aquel mismo día dio Yahvé truenos y lluvia, y todo el pueblo tuvo gran temor de Yahvé y de Samuel; 19 y dijeron a éste: "Ruega por tus siervos a Yahvé, tu Dios, para que no muramos, pues a todos nuestros pecados hemos añadido el de pedirnos un rey." 20 Samuel les dijo: "No temáis; habéis hecho todo ese mal, pero no ceséis de seguir a Yahvé y servirle con todo vuestro corazón. 21 No os apartéis de él, porque será ir tras vanidades que no os darían provecho ni ayuda alguna, porque de nada sirven. 22 Yahvé, por la gloria de su nombre, no abandonará a su pueblo, ya que ha querido haceros el pueblo suyo. 23 Lejos también de mí pecar contra Yahvé, dejando de rogar por vosotros; yo os mostraré el camino bueno y derecho. 24 Temed sólo a Yahvé, servidle fielmente y con todo vuestro corazón, pues ya habéis visto los prodigios que ha hecho en medio de vosotros. 25 Pero, si perseveráis en el mal, pereceréis vosotros y vuestro rey."
Las aclamaciones populares al nuevo rey dejaban en segundo plano al que hasta entonces fue juez en Israel, Samuel. Comprendió este venerable anciano que su ocaso había llegado; que el rey que en nombre del Señor había elegido le deshancaba. Mejor era retirarse a tiempo. Pero, en aquella atmósfera de jolgorio y victoria, temió que el pueblo pronto le olvidara y juzgara severamente sus actos. En previsión, quiso arrancar del pueblo un testimonio unánime que le absolviera de cuantas imputaciones pudieran hacérsele en lo sucesivo, testimonio que debía darse ante Yahvé y su ungido, el rey (9:16; 16:6; 24:7).
En primer lugar, parece decirles: "Queríais un rey, pues ahí lo tenéis. Anhelabais un caudillo; está en medio de vosotros. En este punto he seguido la voluntad popular. Por lo que a mí atañe, debo decir que mi misión ha terminado; yo soy viejo ya y encanecido; me sucede un rey apuesto y joven. Tampoco me dejé llevar del sentimiento paternal entronizando a uno de mis hijos; ahí están, como unos de tantos. Porque se portaban mal (8:3), les quité sus atribuciones. He obrado, como veis, siempre a la vista de todo el mundo; nada he tratado de ocultar. ¿Alguien puede achacarme algo?" Todo el mundo reconoció su santidad, su amor a Israel, su administración honesta; se despedía del pueblo con el alma rebosante de méritos, pero con los bolsillos vacíos.
Samuel, antes de marcharse, tiene que objetar algo al pueblo: echarle en cara su ingratitud para con Yahvé, cuyo último brote fue haber pedido un rey, cuando Yahvé es el verdadero y único rey de Israel. Vosotros, sigue diciendo al pueblo, habéis pedido un rey, y Yahvé, bondadoso, ha abdicado de sus derechos para daros gusto. En el conspecto histórico que traza el autor sagrado y pone en boca de Samuel no se sigue el orden cronológico de los hechos (Jue c.4-5; c. 13-16; 3:12-30). El discurso es muy parecido a la recapitulación que hace Josué antes de morir (Jos c.24).
La profunda impresión que causaron en el pueblo las palabras de Samuel creció al desencadenarse una tempestad, con truenos y lluvia, en los días de la siega (mayo-junio), fenómeno que no se da en Palestina por aquel tiempo. El milagro está, además, en presentarse el fenómeno atmosférico como efecto de la oración de Samuel. Estando el pueblo aterrado, humillado ante la superioridad de los elementos y del poder de Samuel, escuchó la recriminación que le hizo éste de haber pedido a Dios un rey. No es que Samuel pretenda retirar al rey que ungió en nombre del Señor, pero le recuerda que, con rey o sin él, la salvación de Israel estriba únicamente en servir a Dios y temerle.
Saúl, en guerra con los filisteos (13:1-7a)
1 Era Saúl de ... años cuando comenzó a reinar, y había ya reinado dos años sobre Israel. 2 Saúl eligió para sí tres mil hombres de Israel. Dos mil estaban con él en Mijmas y sobre el monte de Betel, y mil con Jonatán, en Gueba de Benjamín. El resto del pueblo lo mandó cada uno a su tienda. 3 Jonatán batió a la guarnición de filisteos que había en Gueba, y, al saberlo, dijeron los filisteos: "Se han rebelado los hebreos." Saúl hizo que tocasen la trompeta por toda la tierra; 4 y todo Israel oyó que decían: "Saúl ha batido a la guarnición de los filisteos"; e Israel se hizo odioso a los filisteos, y fue convocado el pueblo por Saúl a Gálgala. 5 Reuniéronse los filisteos para combatir contra Israel; tres mil carros y seis mil caballeros, y de pueblo un número comparable a las arenas del mar. Vinieron a acampar en Mijmas, al oriente de Bet-Aven. 6 Los hombres de Israel se vieron en gran aprieto, pues estaban casi cercados, y se ocultaron en las cavernas, en la maleza y en las peñas, en las torres y en las cisternas; 7a y los de más lejos pasaron el Jordán y se internaron en tierra de Gad y de Galaad.
Consciente Saúl de su misión, vióse dominado durante toda su vida por dos ideales: recabar la independencia del país, dominado por los filisteos, y agrupar a todo Israel bajo su mando. En el c.13 se habla de un conflicto bélico provocado por un golpe de mano de Jonatán, hijo de Saúl. ¿Cuándo tuvieron lugar los hechos que allí se narran? No es posible determinarlo, debido, en parte, a las particularidades literarias del capítulo. Empezamos con que el texto hebraico del v.1, que falta en la versión griega, es ininteligible: "Tenía Saúl un año cuando comenzó a reinar, y reinó dos años sobre Israel." El texto masorético actual procede de un redactor que quiso reproducir la fórmula estereotipada empleada en el libro de los Reyes al hacer la presentación de cada uno de los monarcas; pero no teniendo a mano los datos históricos referentes a Saúl, dejó un espacio en blanco, con ánimo de rellenarlo más tarde. Otra peculiaridad es la composición heterogénea del capítulo. Los v.16-18 pertenecen al relato más antiguo y enlazan con el c.14. Los v.2 y 19-22 son dos bloques errantes; 3-15 pertenecen a una composición más reciente (De Vaux, Driver, Dhorme, etc.).
Entre la reunión de Gálgala (12:1ss) y los hechos narrados aquí transcurrió un lapso de tiempo difícil de precisar. El rey Saúl de nuestro texto no es ya el joven que consultó a Samuel por el paradero de las asnas ni el joven monarca que oye a su entorno palabras hostiles, sino un hombre maduro, ya formado y avezado a las lides políticas y militares. A su lado encontramos a Jonatán, su hijo, encargado de una sección del ejército. Estos detalles sugieren que entre la batalla de Jabes y el ataque de los filisteos transcurrió largo tiempo, que aprovecharon los filisteos para asegurar en el territorio de Israel una red de guarniciones apostadas en lugares estratégicos, prohibiendo a los hebreos la fabricación de armas.
Saúl era un rey guerrero. Reorganizó el ejército y se rodeó de unos tres mil soldados Que 15:11), distribuidos entre las posiciones de Mijmas y las de Gueba de Benjamín, acaudilladas por Saúl y Jonatán respectivamente. Según otra tradición (v.5 y 16), los filisteos ocupaban Mijmas. El conflicto estalló al matar Jonatán al prefecto (10:5) filisteo de Gueba. Mijmas, que estaba emplazada en la actual Mujmas, se hallaba a unos doce kilómetros al norte de Jerusalén, entre Gueba, del que distaba tres kilómetros, y Betel, a siete, en dirección noroeste. Los filisteos dieron la voz de alarma y se dispusieron a castigar a los insurrectos judíos; Saúl, por su parte, mandó que tocasen la trompeta por toda la tierra, equivaliendo el acto a una declaración de guerra. Pero los hebreos abandonaron sus posiciones avanzadas del norte y se replegaron con Saúl en Gálgala, cerca de Jericó (Jos 4:17). El texto masorético, amparado por los LXX y Vulgata, dice que los filisteos movilizaron treinta mil carros de combate, cifra que la versión siríaca reduce a tres mil. Cada carro era al menos ocupado por dos hombres. En los monumentos de Ramsés III aparecen tres hombres en cada uno de los carros filisteos. Pero en esta circunstancia, en que se combatía en terreno montañoso, optaron los filisteos por aligerar el peso del carro, reduciendo su dotación a dos combatientes. Al anuncio de la llegada del ejército filisteo se ingenió el pueblo la manera para no caer en sus manos; los más prudentes atravesaron los vados del Jordán, desparramándose por la meseta de la Transjordania.
Pecado de Saúl (13:7b-14).
7 b Saúl estaba todavía en Gálgala, y la gente que estaba con él se dispersaba. 8 Esperó siete días, según el término que había fijado Samuel; pero Samuel no venía, y la gente se dispersaba cada vez más. 9 Entonces dijo Saúl: "Traedme el holocausto y las hostias pacíficas"; y ofreció el holocausto. 10 Apenas ofrecido el holocausto, vino Samuel, y Saúl salió a su encuentro para saludarle. 11 Samuel le dijo: "¿Qué has hecho?" Saúl respondió: "Viendo que la gente se dispersaba, que tú no venías en el término fijado y que los filisteos acampaban en Mijmas,12 me dije: Los filisteos van a venir a atacarme a Gálgala y yo no he implorado a Yahvé. Entonces, obligado por la necesidad, he ofrecido el holocausto." 13 Samuel dijo a Saúl: "Has obrado neciamente y has desobedecido el mandato de Yahvé, tu Dios. Estaba Yahvé para afirmar tu reino sobre Israel para siempre; 14 pero ahora ya tu reino no persistirá. Ha buscado Yahvé un hombre según su corazón para que sea jefe de su pueblo, porque tú no has cumplido lo que Dios te había mandado."
El pueblo reclamó un rey que le libertara de sus enemigos, y lo consiguió. Pero, en medio de sus triunfos, no llegó a alcanzar el favor de Yahvé (c.13 y 15), que le reemplazó por otro. Noticias de la montaña le comunicaban que los filisteos se diseminaban por todo el territorio y de que avanzaban sin cesar. Los soldados que estaban en su compañía desertaban, Luyendo hacia Transjordania. Entre tanto, Saúl encontrábase inmovilizado en Gálgala; de una parte no podía emprender la lucha, sin consultar a Dios y ofrecerle sacrificios para tenerle propicio; de otra esperó siete días (10:8), según el término que había fijado Samuel; pero éste no comparecía. Decidióse entonces Saúl a ofrecer un holocausto. "Los textos históricos muestran que los reyes ejercían personalmente actos sacerdotales. Ofrecen sacrificios (1 Sam 13:9-10; 2 Sam 6:13. 17-18; 24:25, etc.). Algunos de estos actos pueden entenderse en sentido causativo o factitivo, pero no todos son susceptibles de esta interpretación, que algunos excluyen (2 Re 16:12-15). Pero el papel que juega el rey en la reglamentación y supervisión del culto o en el nombramiento del sacerdocio no significa que sea sacerdote; todo esto no sobrepasa las atribuciones de un jefe de Estado frente a la religión estatal". Por su impaciencia demostraba que tenía poca fe en Samuel. Este le había dicho que le esperara, y debía obedecerle, porque era el profeta de Yahvé.
Diversamente es interpretado el pecado de Saúl. Hemos excluido el de haberse arrogado un privilegio ajeno a la dignidad sacerdotal y el de querer rebajar o suplantar a Samuel. Por el texto aparece claramente que Saúl traspasa un precepto de Yahvé. ¿Cuál? se pregunta Ubach, y responde: "No acabamos de determinarlo. Acaso por ser demasiado evidente no lo ha recogido la pluma del autor sagrado, o, si lo hizo, desapareció más tarde del texto por razones que desconocemos. Sin embargo, parece que Saúl debía haber esperado a Samuel, aunque hubiera expirado el plazo señalado. Al precipitarse demostró que temía el ejército filisteo y desconfiaba de la Providencia."
Dos ejércitos se enfrentan (13:15-23)
15 Levantóse Samuel y subió de Gálgala, prosiguiendo su camino. El resto del pueblo fue en pos de Saúl al encuentro del ejército, y llegaron a Gueba de Benjamín. Saúl revistó su tropa, y quedaban con él unos seiscientos hombres. 16 Saúl, Jonatán, su hijo, y la gente que con ellos quedaba se apostaron en Gueba de Benjamín, mientras los filisteos acampaban en Mijmas. 17 Salieron del campamento de los filisteos tres tropas en algara para saquear la tierra. Una tomó el camino de Ofra, hacia la tierra de Sual; i" otra, el de Bet Horón, y la tercera, el de Gueba, que domina el valle de Seboím, hacia el desierto. 19 No había en toda la tierra de Israel herrero alguno, pues los filisteos se habían dicho: "Que no puedan los hebreos forjar espadas ni lanzas." 20 Todo Israel tenía que bajar a tierra de los filisteos para aguzar cada uno su reja, su segur, su azadón o su pico. 21 No se disponía más que de la lima para sacar el filo a toda clase de segures, tridentes y hoces y para aguzar 1 bes Institutions l.c., 175, las aijadas. 22 Llegado el día del combate de Mijmas, no había en mano del pueblo todo que estaba con Saúl y Jonatán espada ni lanza más que las de Saúl y las de Jonatán, su hijo. 23 Los filisteos habían salido para guarnecer el paso de Mijmas.
Marchóse Samuel de Gálgala después de haber insinuado a Saúl la aparición de un rival. Saúl, con seiscientos soldados que le permanecieron fieles, llegó a Gueba de Benjamín. Entre un ejército y otro mediaba el profundo valle de Suwenlt. Comprendía Saúl que su reducido ejército no le permitía medir sus fuerzas con el de los filisteos, por lo que optó por quedarse quedo. Los filisteos no debían conocer la gran inferioridad del ejército enemigo, por lo que se dedicaron a dar golpes de mano en tres direcciones; pero no atacaron de frente.
Además, el uso de carros en aquel lugar quebrado era temerario. Las tropas de choque (literalmente: el destructor, el exterminador, Ex 22:23) operaron en dirección a Ofra (1 Mac 5:46), en el actual poblado de Taybeh, a diez kilómetros al norte de Mijmas. De la tierra de Sual no se tiene otra noticia que la del texto. L. Heidetela coloca en Araq dar es Shualeh, a cinco kilómetros de Jirbet Seilún, la antigua Silo. Lombardi cree poder identificar la tierra de Sual con la región al nordeste de el Taybeh 2. Un segundo destacamento tomó la dirección de Bet-Horón; un tercero se dirigió hacia la altura que domina el valle de Seboím, o sea, de las hienas, el actual wadi abu Daba, que desemboca en el wadi el-Qelt, continuación del Suwenit.
Expone a continuación el texto las condiciones desfavorables en que se encontraba el ejército israelita en cuanto al material de guerra. Los filisteos no permitieron a Israel la fabricación de armamento, estando, por lo mismo, a merced de sus enemigos. Era costumbre en la antigüedad, y sigue vigente todavía hoy, la desmilitarización, consistente en prohibir la fabricación de armamento a la nación subyugada. Los cananeos lo hicieron en tiempos de Débora Que 5:8); Nabucodonosor llevóse a Babilonia a los herreros de Judá (2 Re 24:14); Asurbanipal hizo prisioneros a todos los menestrales de una ciudad conquistada. El v.21 se ha conservado en mal estado. La palabra pira del texto hebraico, que se creía intraducibie, se ha identificado con una medida de peso, de la que se han encontrado ejemplares en Jerusalén, Guezer, Tell el-Nasbe, etc., cuyo valor equivalía a dos tercios de siclo 3. Parece que la traducción del texto más conforme con el original sea la siguiente: "El derecho de afilar las rejas y las hachas era de dos tercios de siclo; un tercio de siclo para aguzar las azuelas y los aguijones" (Dhorme, De Vaux, Ubach). Solamente Saúl y Jonatán disponían de espada y lanza. Con las noticias que preceden cabe concluir que el combate que se avecinaba se inclinaría de parte de los filisteos, y, sin embargo, no fue así.
Hazaña de Jonatán (14:1-14)
1 Un día Jonatán dijo a su escudero: "Anda, vamos a pasar al puesto de los filisteos, que está allí del otro lado." Nada había dicho a su padre. 2 Saúl estaba apostado al extremo de Gueba, bajo el granado que estaba junto a la era, y tenía con él unos seiscientos hombres, 3 Ajías, hijo de Ajitub, hermano de Icabod, hijo de Finés, hijo de Helí, era sacerdote de Yahvé en Silo, y llevaba el efod. Tampoco la gente sabía nada de adonde había ido Jonatán. 4 Entre los pasos por donde Jonatán intentaba llegar al puesto de los filisteos había un diente de roca de un lado y otro del otro, el uno de nombre Boses y el otro Sene. 5 Uno de ellos se alza al norte, enfrente de Mijmas, y el otro al mediodía, enfrente de Gueba. 6 Jonatán dijo a su escudero: "Anda, vamos a pasar al puesto de los incircuncisos; puede ser que Yahvé nos ayude, pues nada le impide salvar con muchos o con pocos." 7 Su escudero le respondió: "Haz lo que quieras. Donde tú vayas, pronto estoy a seguirte." 8 Jonatán le dijo: "Vamos a pasar hacia ésos y a dejarnos ver de ellos. 9 Si nos dicen: Esperad a que vayamos, nosotros nos quedaremos donde estemos y no subiremos a ellos; 10 pero si nos dicen: Subid acá, subiremos, porque Yahvé nos los ha entregado en nuestras manos. Esa será para nosotros la señal," 11 Hicié-ronse ver ambos del puesto de los filisteos, y éstos dijeron: "Mirad, los hebreos salen de los agujeros donde se habían metido"; 12 y, dirigiéndose a Jonatán y a su escudero, dijeron: "Subid a nosotros y os enseñaremos una cosa." Jonatán dijo al escudero: "Sube detrás de mí, que Yahvé los ha puesto en manos de Israel." 13 y sirviéndose de manos y pies, subió Jonatán, seguido de su escudero. Los filisteos volvieron la espalda ante Jonatán, que los hería, mientras detrás de él los mataba el escudero. 14 Esta primera matanza que hizo Jonatán y su escudero fue de unos veinte hombres; en un espacio como de la mitad de una yugada.
Al joven Jonatán cansaba la vida ociosa de las posiciones, por lo cual ideó llevar a cabo una hazaña. Expuso su plan al escudero que, como oficial, llevaba siempre consigo para que le protegiera en caso de ataque y rematara a los heridos que caían bajo su espada. El oficio de escudero es propio de los tiempos de los jueces Que 9:54), de Saúl y de David. Hemos visto que los filisteos acampaban en Mijmas y que tenían una avanzadilla en el torrente Suwenit. Por su parte, Saúl y su ejército moraban en Gueba, atareados quizá en fortificar el lugar para resistir a un posible ataque filisteo. Saúl estaba en una era de las afueras del pueblo, junto a un melogranado, que le protegía del sol y le camuflaba del enemigo. Algunos autores toman la palabra migron, migran, era, en sentido topográfico, basándose en Is 10:28 e identificándolo con el actual tell miriam, altozano que domina el camino de Gueba a Mijmas, a un kilómetro y medio de esta última (Mediebelle, Dhorme, Rehm). Jonatán quiso dar un golpe de mano y sorprender a la avanzadilla filistea. "Entre los pasos por donde trataba Jonatán de pasar al apostadero de los filisteos había una peña a manera de diente (lit.: diente de peña) de un lado y otra peña a modo de diente del otro lado. la una llevaba por nombre Boses; la otra, Sene. La una, hacia el noirte, frente a Mijmas; la otra, hacia el sur, frente a Gabaa" (v.4-5, tirad. Fernández, l.c.).
"Los dos jóvenes — escribe el mencionado autor — se lanzan a la temeraria empresa. Bajan de Gabaa al wadi, siguen por umos momentos el cauce, y, al dar la vuelta al recodo, son avistados por los del apostadero, quienes echan a gritar: "Mirad los hebreos, "que salen de las cuevas donde se ocultaron." Jonatán fue hacia ellos. A ambos lados del gran peñón hay dos subidas, difíciles las dos, pero más la del oeste. Por una de ellas, quizá la más áspera,, se subió Jonatán, trepando con pies y manos; y en pos de él su escudero. No contaban, sin duda, los filisteos con tal osadía; ésta los desconcertó; y con esto se explica que en aquel primer encuentro, en la mitad del espacio que un par de bueyes puede arar, los "Los valientes jóvenes dejaron fuera de combate no menos de veinte hombres." 2
Ataque general (14:15-23)
15 Trascendió el espanto al campamento, al llano y a todos los puestos de los filisteos, y aun las tres columnas de saqueadores fueron presa del terror. Temblaba la tierra. Fue: un espanto de Dios. 16 Los centinelas de Saúl que estabam en Gueba de Benjamín vieron cómo la muchedumbre se dispersaba y corría de un lado para otro. 17 Saúl dijo a la gente que tenía con él: "Pasad revista y ved quién falta de entre nosotros." Pasáronla, y se halló que faltaban Jonatán y su escudero. 18 Dijo entonces Saúl a Ajías: "Trae el efod"; pues había llevado el efod y lo tenía allí aquel día delante de Israel. 19 Mientras Saúl hablaba con el sacerdote, iba extendiéndose y creciendo el tumulto en el campamento de los filisteos; y Saúl dijo al sacerdote: "Retira tu mano." 20 Saúl y cuantos con él estaban se reunieron y avanzaron hasta el lugar de la lucha, y vieron que los filisteos habían vuelto sus armas unos contra otros y la confusión era grandísima. 21 Los hebreos que de antes estaban con los filisteos y habían subido con ellos al campamento, se pusieron también al lado de los de Israel, que estaban con Saúl y Jonatán. 22 Los que de Israel se habían ocultado en los montes de Efraím, al tener noticia de la huida de los filisteos, se pusieron igualmente a perseguirlos. 23 Así libró Yahvé aquel día a Israel. El combate siguió hasta Bet-Horón. Vinieron a ser los que se reunieron con Saúl unos diez mil hombres, y se extendió la lucha por todos los montes de Efraím.
El pánico sembrado por todo el campamento filisteo fue providencial. Los filisteos que estaban en las avanzadas huyeron precipitadamente, contagiando con su huida y palabras al ejército, que, temiendo un ataque general por sorpresa, dióse también a la fuga. Los gritos de los soldados en retirada, los ruidos de los carros en marcha, levantaron un alboroto imponente, comparado al que produce un terremoto. Fue un espanto de Dios, con lo que se quiere afirmar que no solamente fue un pánico extraordinario, sino un rumor enviado por Dios para espantar a los filisteos. Sospechó Saúl que alguno de los suyos había desencadenado este estado de cosas; hechas las averiguaciones pertinentes, se notó la falta de Jonatán y de su escudero. Para conocer la voluntad de Yahvé, manda Saúl a Ajía que acercase el efod (2:28), no el arca de Dios, como dice el texto masorético (3:3; 4:11). Guando el sacerdote se disponía a echar las suertes, se lo prohibió Saúl por entender que no era cuestión de perder tiempo, sino de salir cuanto antes en persecución del enemigo; la voluntad de Dios era demasiado evidente.
Habían los filisteos penetrado en Palestina por los llamados ascensus de Betorón, y por el mismo lugar huyen ahora a su tierra. En lugar de Betorón (texto griego de Lagarde y de la Vetus Latina), algunos autores prefieren la lectura de Bet Aven del texto hebreo 2.
Temerario juramento de Saúl (14:24-30)
24 Saúl cometió aquel día una gran imprudencia, pues conjuró al pueblo, diciendo: "Maldito el hombre que coma nada hasta la tarde, mientras no me haya vengado de mis enemigos." Y nadie probó bocado. 25 El pueblo estaba extenuado por la fatiga, 26 y llegó a un bosque donde había mucha miel en el suelo. A pesar de ver la miel corriendo por el suelo, nadie la tomó para llevársela a la boca, por temor del juramento hecho. 27 Pero Jonatán, que nada sabía del juramento que su padre había hecho hacer al pueblo, metió la punta del bastón que llevaba en la mano en un panal de miel y se la llevó a la boca con la mano, y le brillaron los ojos. 28 Uno del pueblo le advirtió: "Tu padre ha hecho jurar al pueblo, diciendo: "Maldito el hombre que coma hoy." 29 Jonatán respondió: "Mi padre ha hecho hoy mucho mal al pueblo. ¿No veis cómo han brillado mis ojos sólo con haber probado un poco de miel? 30 Si el pueblo hubiera comido hoy del botín tomado a los enemigos, ¡cuánto mayor habría sido la derrota de los filisteos!"
Dice el texto griego que cometió Saúl aquel día una gran imprudencia al impedir con su voto coronar más gloriosamente la gran empresa de deshacer al ejército enemigo. Creyó, sin embargo, Saúl que él y su pueblo debían corresponder al favor de haber sembrado Yahvé el pánico en el campo enemigo, decretando en su honor el ayuno de un día. La maldición de Saúl quiere ser una oración a Dios pidiéndole la aniquilación del enemigo. Los soldados mostraron gran fuerza de voluntad al divisar en el bosque la miel que se derramaba por el suelo, no atreviéndose a tocarla por temor del juramento hecho. Con este y otros ejemplos da Saúl la sensación de ser un hombre impetuoso, irreflexivo, que se dejaba llevar por el primer impulso.
Una falta ritual del pueblo (14:31-35)
31 Batieron aquel día a los filisteos desde Mijmas hasta Ayalón. El pueblo, desfallecido, 32 cuando volvió sobre el botín, tomo ovejas, bueyes y terneros, y, matándolos en el suelo, comió la carne con su sangre. 33 Dijéronle a Saúl que el pueblo había pecado contra Yahvé comiendo la carne con su sangre; y dijo: "Habéis prevaricado. Traedme luego una piedra grande"; 34 y añadió: "Id por todo el pueblo y decidle que me traiga cada uno su buey o su oveja y que la degüelle aquí. Después comeréis y no pecaréis contra Yahvé comiendo la carne con sangre." Llevó cada cual lo que tenía en su mano y lo desolló sobre la piedra. 35 Saúl alzó un altar a Yahvé. Fue el primer altar que alzó Saúl a Yahvé.
Además de la falta, involuntaria, de Jonatán, el juramento de Saúl dio pie a que el pueblo, hambriento, se lanzara sobre los primeros animales que encontró al paso. Desde Mijmas había perseguido al enemigo hasta Ayalón, con un recorrido de más de veinticinco kilómetros, siendo muy natural que le devorara el hambre y la sed. Por considerarse la sangre como sede del alma y principio vital, que pertenecía a Dios (Gen 9:4; Lev 17:10-14; Deut 12:16-23), al atrapar el pueblo hambriento las ovejas, bueyes y cabras, las degolló inmediatamente en el suelo, sin preocuparse de buscar una piedra que les sirviera de soporte o de altar. No podían los hebreos comer la carne con su sangre, por lo cual debían degollar a los animales sobre una piedra o altar que permitiera la salida de la sangre al exterior. No era posible cumplir con este requisito degollando los animales a ras de tierra; por lo mismo, a quienes comían la carne sacrificada de este modo se les imputaba el pecado de comer carne con su sangre. ¿Quiere el autor sagrado aclarar con esto la ley sobre la inmolación contenida en Lev 17:13; Deut 12:16; 15:23, o se refiere a una práctica introducida posteriormente? Parece más verosímil lo primero. En acción de gracias edificó Saúl un altar a Yahvé.
Jonatán, culpable (14:36-44)
36 Saúl dijo: "Vamos a salir a perseguir a los filisteos durante la noche, a destrozarlos hasta que luzca el día, sin dejar uno solo con vida." Y le dijeron: "Haz cuanto bien te parezca." Y él dijo al sacerdote: "Acércate"; 37 y consultó a Dios: "¿He de bajar en persecución del enemigo? ¿Los entregarás en manos de Israel?" Pero Yahvé no dio aquel día respuesta. 3 8 Saúl dijo: "Acercaos aquí todos los jefes del pueblo y buscad, a ver por quién haya sido cometido el pecado; 39 pues por vida de Yahvé, el salvador de Israel, que si hubiera sido por Jonatán, mi hijo, sin remisión morirá." Nadie del pueblo osó responderle. 40 Dijo, pues, a todo Israel: "Poneos todos vosotros de un lado, y yo y mi hijo, Jonatán, nos pondremos del otro." El pueblo contestó: "Haz como bien te parezca." 41 Saúl dijo: "Yahvé, Dios de Israel, ¿cómo es que no respondes hoy a tu siervo? Si en mí o en Jonatán, mi hijo, está este pecado, Yahvé, Dios de Israel, da "urim," ysi está la iniquidad en el pueblo, da"tummim." Y fueron señalados por la suerte Jonatán y Saúl y librado el pueblo. 42 Saúl dijo: "Echad ahora la suerte entre mí y Jonatán, mi hijo, y aquel que señalare Yahvé, morirá." Pero el pueblo dijo: "No será así." Saúl persistió, y fue echada la suerte entre él y Jonatán, su hijo; y fue señalado Jonatán. 43 Saúl dijo a Jonatán: "Dime qué has hecho." Y Jonatán respondió: "He gustado un poco de miel con la punta del bastón que llevaba en la mano, ¿y por eso voy a morir?" 44 Saúl dijo: "Que me castigue Dios con todo rigor si no mueres, Jonatán."
Saciado el pueblo, determinó Saúl emprender la persecución del enemigo al amparo de la noche. Pero antes de emprender la empresa decidió consultar a Dios por el procedimiento del urim y tummim. El oráculo no contestó, interpretando Saúl aquel silencio como efecto de algún pecado (28:6.15). Ante aquel contratiempo, Saúl, con la impetuosidad que le caracterizaba, lanza otro juramento de dar muerte al pecador, aunque sea su propio hijo Jonatan. En el v.41 seguimos el texto griego, que reproduce el texto original, mutilado por un escriba, que saltó de una línea a otra. Según el texto, la consulta se hace utilizando dos piedras preciosas que llevaba el sumo pontífice en el pectoral (Ex 28:30; Lev 8:8; Núm 27:21), llamadas urim, que significa luz o verdad, y tummim, perfección o santidad, que, por convención, representaban el sí y el no. Pero esta manera de echar las suertes no tiene aplicación en el caso de que el oráculo no responda. Esta manera de consultar a Yahvé se practicó durante los reinados de Saúl y en los comienzos del de David, cesando en adelante, sustituyéndose por el mensaje profético. La suerte señaló a Jonatán como culpable; sólo la intervención atinada del pueblo pudo salvar a Jonatán de la muerte.
El pueblo salva a Jonatán (14:45-48)
45 El pueblo dijo entonces a Saúl: "¿Va a morir Jonatán, el que ha hecho en Israel esta gran liberación? ¡Jamás! Vive Yahvé, no caerá a tierra un solo cabello de su cabeza, pues hoy ha obrado con Dios." Así salvó el pueblo a Jonatán y no murió. 46 Saúl desistió de salir en persecución de los filisteos, y éstos llegaron a su tierra. 47 Mientras Saúl reinó sobre Israel, hizo la guerra a todos los enemigos de en torno: a Moab, a los hijos de Amón, a Aram Bet Rejob, al rey de Soba y a los filisteos, venciendo en todas partes a donde se volvía. 48 Llegó a ser muy fuerte; derrotó a Amalee y libró a Israel de las manos de cuantos antes le saqueaban.
El pueblo libertó de la muerte al héroe del día, Jonatán, salvándole a la manera como se rescata una víctima debida a Yahvé (Ex 13:13-15; 34:20)· No especifica el texto qué víctima se ofreció en vez de Jonatan. A continuación se da un resumen de las campañas bélicas de Saúl. Se citan a los enemigos de TransJordania (Moab, amonitas), los del sur de Palestina (los idumeos), los del norte, cuyo representante más destacado es Soba, y, finalmente, los filisteos. El reino de Moab estaba al otro lado del Jordán, entre Amón, al norte, y los edomitas, al sur. Edom, cuya frontera evolucionó con el tiempo, ocupaba las márgenes derecha e izquierda del wadi el-Arabá, al sur del mar Muerto. Entre Damasco y Hamat se encontraba el pequeño reino de Soba (2 Sam 10:6-8).
Familia de Saúl (14:49-52)
49 Los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isvi y Melquisúa; sus dos hijas se llamaron Merob la mayor y Micol la menor. 50 La mujer de Saúl se llamaba Ajinam, hija de Ajimas. El nombre del jefe de su ejército era Abner, hijo de Ner, tío de Saúl. 51 Quis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel. 52 La guerra contra los filisteos fue encarnizada durante toda la vida de Saúl; y en cuanto veía Saúl un hombre robusto y valiente, le ponía a su servicio.
Tres hijos y dos hijas tuvo Saúl. El primogénito era Jonatán; le seguía Ievi, que en otros lugares (1 Crón 8:33; 9:39) es llamado Isbaal, que el autor de 2 Sam 2:8 cambia en Moset = hombre de infamia; el tercero se llamaba Melquisúa (31:2). De las hijas, Merob, la mayor, y Micol, la más pequeña, se habla en el curso de la historia (18:17-19; 18:20-27). No se conoce en la historia de Israel otra mujer de nombre Micol; en cambio, lleva este nombre una deidad cananea venerada en Beisán hacia el siglo XIV a.C. Ajinoam no era la única mujer de Saúl, que tuvo otras (2 Sam 12:8), entre las cuales se menciona Resfa (2 Sam 21:8).
Guerra contra Amalee (15:1-9)
1 Samuel dijo a Saúl: "A mí me envió Yahvé para que te ungiera rey de su pueblo, Israel. Escucha, pues, ahora lo que te dice Yahvé: 2 Así habla Yahvé Sebaot: Tengo presente lo que hizo Amalee contra Israel cuando le cerró el camino a su salida de Egipto. Ve, pues, ahora y castiga a Amalee, 3 y da al anatema cuanto es suyo. No perdones: mata a hombres, mujeres y niños, aun los de pecho; bueyes y ovejas, camellos y asnos. 4 Dio, pues, Saúl la orden al pueblo y lo congregó en Telam. Contó doscientos mil infantes y diez mil hombres de Judá. 5 Avanzó Saúl hasta las ciudades de Amalee y puso una emboscada en el torrente; 6 y dijo a los quíneos: "Id, retiraos, salid de en medio de Amalee, no sea que os veáis envueltos con él; pues vosotros tratasteis con benevolencia a los hijos de Israel cuando subían de Egipto." Retiráronse, pues, de Amalee los quíneos. 7 Saúl batió a Amalee desde E vila hasta Sur, frente a Egipto. 8 Cogió vivo a Agag, rey de Amalee, y dio al anatema a todo el pueblo, pasándolo a filo de espada. 9 Pero Saúl y el pueblo dejaron con vida a Agag y las mejores ovejas y los mejores bueyes, los más gordos y cebados, y los corderos, no dándolos al anatema, y destruyendo solamente lo malo y sin valor.
Los datos sobre esta campaña contra Amalee son imprecisos; la sección sirve de preámbulo a la escena entre Samuel y Saúl, que culminó en el v.28 con el repudio de Saúl como rey de Israel. Existen dos clases de herem: el de consagración, cuando un objeto o persona se consagran a Dios de manera irrevocable, sustrayéndolos a todo uso profano (Lev 27:28; Miq 4:13). En el herem de maldición, la persona o cosa es destruida con el fin de honrar la santidad de Dios y su justicia. De Amalee dijo Dios (Lev 17:14): "Borraré la memoria de Amalee de debajo del cielo." l Estas palabras debían cumplirse mediante la acción de Saúl. Este congregó al pueblo en Telam, lugar que corresponde a Telera (Jos 15:24), que algunos identifican con Jirbet Umm es-Salafe, a ocho kilómetros al sur de Kurnub. Las cifras de los combatientes son evidentemente exageradas. De la ciudad a que alude el texto nada sabemos. La derrota de los amalecitas fue completa. Su rey Agag cayó vivo en manos de los israelitas, perdonándosele la vida para reclamar por su rescate una cuantiosa suma. También se apoderaron los judíos de los animales que presentaban mejor estampa. Con este proceder se opuso Saúl a las leyes del anatema, que señalaban la destrucción total de los amalecitas y de cuanto les pertenecía. El motivo de la transgresión consiste en haber elegido, oyendo la voz de su pueblo, una manera de honrar a Dios que no se armonizaba con la que le había señalado Samuel. Buscó él un compromiso entre la obediencia a Yahvé y el deseo de satisfacer al pueblo; pero con esta política pendular de querer congraciarse con uno y con otro se atrajo la enemistad de Dios, que se alejó de él a causa de su desobediencia.
Saúl, rechazado por Dios (15:10-23)
10 Yahvé dirigió a Samuel su palabra, diciendo: 11 "Estoy arrepentido de haber hecho rey a Saúl, pues se aparta de mí y no hace lo que digo." Samuel se entristeció y estuvo clamando a Yahvé toda la noche; 12 y levantándose de mañana para ir al encuentro de Saúl, supo que había ido al Carmelo, donde se había alzado un monumento, y de vuelta, pasando más allá, había bajado a Gálgala. 13 Dirigióse, pues, a donde estaba Saúl, y le dijo Saúl: "Bendito seas de Yahvé. He cumplido la orden de Yahvé." 14 Samuel le contestó: "¿Qué es entonces ese balar de ovejas que llega a mis oídos y ese mugir de bueyes que oigo?" 15 Saúl respondió: "Los han traído de Amalee, pues el pueblo ha reservado las mejores ovejas y los mejores bueyes para los sacrificios de Yahvé, tu Dios; el resto ha sido dado al anatema." 16 Samuel dijo entonces a Saúl: "Basta; voy a darte a conocer lo que Yahvé me ha dicho esta noche." Saúl le dijo: "Habla." 17 Samuel dijo: "¿No es verdad que, hallándote tú pequeño a tus propios ojos, has venido a ser el jefe de las tribus de Israel y te ha ungido Yahvé rey sobre Israel? 18 Yahvé te dio una misión, diciéndote: Ve y da al anatema a esos pecadores de Amalee y combátelos hasta exterminarlos. 19 ¿Por qué no has obedecido al mandato de Yahvé y te has echado sobre el botín, haciendo mal a los ojos de Yahvé?" 20 Saúl contestó a Samuel: "Yo he obedecido el mandato de Yahvé y he seguido el camino que me ordenó Yahvé: he destruido a los amalecitas y he traído a Agag, rey de Amalee. 21 El pueblo ha tomado del botín esas ovejas y esos bueyes, como primicias de lo dado al anatema, para sacrificarlos a Yahvé, su Dios, en Gálgala." 22 Pero Samuel repuso: "¿No quiere mejor Yahvé la obediencia a sus mandatos que no los holocaustos y las víctimas? Mejor es la obediencia que las víctimas. Y mejor escuchar que ofrecer el sebo de los carneros. 23 Tan pecado es la rebelión como la superstición, y la resistencia como la idolatría. Pues que tú has rechazado el mandato de Yahvé, él te rechaza también a ti como rey."
La gravedad de la falta de Saúl hace que el autor sagrado ponga en boca de Dios la expresión que pronunció con ocasión del diluvio: "Estoy arrepentido de haber hecho rey a Saúl" (Gen 6:6); antropopatismo, figura retórica por la que se aplican a Dios los sentimientos de los hombres. Eligió Dios a Saúl, pero éste se hizo indigno de esta gracia; el cambio de conducta por parte de Saúl determinó que Dios se portara con él de manera distinta que hasta ahora. No sabemos cuándo Samuel recibió esta confidencia divina; acaso de noche, como en su niñez (3:4).
La gran victoria hizo concebir la idea de levantar un monumento conmemorativo en el Carmelo, lugar que corresponde al actual el-Kurmul, a doce kilómetros al sur de Hebrón (Jos 15:55), a cuya inauguración fue invitado el rey. El texto hebreo dice que se erigió iad — una mano, para significar un monumento igual al de las estelas púnicas, en las que la mano protege al muerto e indica al viandante el lugar donde descansa (2 Sam 18:18; Is 55:5). Acaso se trata de un monumento funerario en memoria de los caídos en la lucha. Debía tratarse de una tosca piedra erigida en forma de menhir, o de una losa con una inscripción.
Regresó Saúl del Carmelo. En el v.13, los LXX han completado el original hebraico. Samuel traía para Saúl un anuncio inesperado que ahogaría en el rey el alborozo del triunfo alcanzado sobre los amalecitas. El balido de las ovejas, el mugir de los bueyes, dieron pie a que Samuel preguntara por la procedencia de aquellos animales. Saúl, inocentemente, creyendo que con aquellos sacrificios agradaba a Dios, le respondió que lo mejor se había reservado para quemarlo en holocausto en honor de Yahvé. Pero no era ésta la orden que le había intimado Samuel, ni era este herem el que debía poner en práctica, sino el anatema de la destrucción, de execración. Trató Saúl de justificar su conducta, pero le atajó Samuel diciéndole que su deber era obedecer. Bien están los sacrificios a su tiempo y con las víctimas apropiadas; pero en esta circunstancia, más que sacrificios, quería Dios que se hiciera su voluntad. La oferta de un sacrificio, dice De Vaux, hecha en contra del querer divino, equivale a un rito idolátrico, al que en nuestro texto se alude con la mención de la superstición de los terafim, dioses a los cuales se confiaba la custodia de las casas (19:13; Gen 31:19-30). Por haber desobedecido a Yahvé, a quien Saúl debía el reino, Dios le rechaza como rey.
Saúl implora el perdón (15:24-31)
24 Dijo entonces Saúl a Samuel: "He pecado traspasando el mandamiento de Yahvé y tus palabras; temí al pueblo y le escuché. Perdona, pues, te ruego, mi pecado, 25 y vuélvete conmigo para adorar a Yahvé." 26 Samuel le contestó: "No me volveré contigo, porque tú rechazaste el mandato de Yahvé, y Yahvé te rechaza a ti para que no reines en Israel." 27 Volvióse Samuel para irse, pero Saúl le cogió por la orla del manto, que se rompió; 28 y le dijo Samuel: "Hoy ha roto Yahvé de sobre ti el reino para entregárselo a otro mejor que tú; 29 y el Esplendor de Israel no se doblegará, no se arrepentirá, pues no es un hombre para que se arrepienta." 30 Saúl dijo: "He pecado; pero hónrame ahora, te lo ruego, en presencia de los ancianos de mi pueblo y en presencia de Israel, y ven conmigo a adorar a Yahvé, tu Dios." 31 Volvióse Samuel y siguió a Saúl, y éste adoró a Yahvé.
Quizá el arrepentimiento de Saúl nacía más del temor de perder el reino que del dolor de haber ofendido a Dios. Trató Saúl de quitar importancia al incidente, rogando a Samuel que no le abandonase. Samuel rechaza tal propuesta, basándose en que por su pecado se han roto las relaciones amistosas que le unían con Dios. Samuel, que en su calidad de profeta es el mensajero y el instrumento de que se sirve Dios, no puede, por lo mismo, continuar sus relaciones amistosas con Saúl, poniéndose de su parte en contra del proceder divino. Al marcharse Samuel, corrió Saúl detrás de él con ánimo de retenerle y ganarlo a su causa; en el paroxismo del dolor y ante el porvenir sombrío que se abría ante él, agarró a Samuel del manto, que cedió, rompiéndose. Esta escena dramática se desarrolló en la intimidad de un rey y de un profeta de Yahvé. Ante la actitud firme de Samuel, le pidió Saúl que no hiciera pública la reprobación merecida por su pecado, rogándole que se comportara con él externamente como si nada hubiera ocurrido. Accedió a ello Samuel; de cara al público no sufrió menoscabo, momentáneamente, la dignidad real que ostentaba Saúl.
Muerte de Agag (15:32-35)
32 Samuel dijo: "Traedme a Agag, rey de Amalee"; y Agag se acercó a él, temblando, y dijo: "¡Qué amarga es la muerte!" 33 Samuel repuso: "Así como a tantas madres privó tu espada de hijos, así será entre las mujeres tu madre privada de su hijo." Y destrozó a Agag ante Yahvé, en Gálgala. 34 Partióse Samuel para Rama, y Saúl subió a su casa de Gueba de Saúl. 35 No volvió Samuel a ver a Saúl hasta el día de su muerte, pero se lamentaba por Saúl de que se hubiera Yahvé arrepentido de haberle hecho rey de Israel.
Agag había sobrevivido al desastre de su pueblo en contra del mandato divino. Al verse ante Samuel, lanzó esta bravata: "Ahora sí que el amargor de la muerte se ha alejado." Esta lección del texto masorético nos parece la más acertada, por expresar el estado de ánimo de Agag, que, entre burlón y ufano, expresa su satisfacción de poder morir en manos de un profeta y no en manos de cualquiera. A Agag se le aplica la pena del talión: por haber privado a tantas madres de sus hijos, así es descuartizado (waishassef, de shassaf; Vulgata: "Frusta concidit eum Samuel"; LXX: lo degolló) él. Su muerte tuvo lugar "ante Yahvé," pero no fue un sacrificio humano, sino el cumplimiento de un anatema. Saúl marchó a Gueba, y Samuel a Rama. Según 19,22-24, volvió Saúl a encontrarse con Samuel. Amaba Samuel a Saúl; pero antes debíase a Dios que al rey.
1 Fernández, El herem bíblico: Β 6 (1924) 5-25.
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