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Las Cartas Pastorales
Se trata de tres cartas (I-II Tim-Tit) que forman un grupo homogéneo dentro del Corpus paulinum y, desde principios del siglo XVIII, suelen ser designadas bajo la denominación general de Cartas pastorales.
Van dirigidas, no directamente a las iglesias, como el resto de las cartas paulinas, a excepción de la de Filemón, sino a los pastores de esas iglesias, dándoles instrucciones en torno al ejercicio del ministerio. Aunque 1 Tim insiste particularmente sobre la organización de la Iglesia, Tito sobre la vida cristiana, y I1 Tim sobre la sana doctrina, todas tres tienen el mismo estilo, contienen idéntica doctrina, apuntan a las mismas tendencias heréticas y suponen prácticamente las mismas condiciones históricas.
El problema fundamental de estas cartas es el de su autenticidad paulina. Ya hablamos de ello en la introducción general al epistolario paulino; pero conviene que expongamos el tema un poco más en detalle. No ya sólo críticos acatólicos, son también bastantes los autores católicos que niegan la autenticidad paulina de estas cartas, y tratan de sacar consecuencias. Oigamos, por ejemplo, a H. Küng: "Es en las Pastorales, escritos tardíos del Nuevo Testamento, donde la concepción paulina de que cada cristiano ha recibido el Espíritu y sus dones, cede el paso a una teología de la función ministerial fuertemente acentuada, según la cual, el Espíritu se comunica en la ordenación por la imposición de manos. Cierto que las Pastorales pertenecen al canon del Nuevo Testamento y reclaman una consideración objetiva y seria, pero son escritos tardíos, mientras que las cartas paulinas tienen la prerrogativa de estar más cerca de las fuentes" 332. ¿Es verdad que estas cartas son escritos tardíos y no pertenecen a Pablo? Por lo que respecta a que sean "escritos tardíos," también en la opinión tradicional se han considerado siempre como los últimos escritos de Pablo; en ese sentido, no hay inconveniente en hablar de escritos tardíos. Pero, ¿consta que no son de Pablo ?
Creemos que en este punto conviene ser muy cautos. Con razón escribe Cerfaux que, "ante la incertidumbre de los argumentos de orden interno, la crítica ha aprendido más bien a ser circunspecta y a conceder cada vez mayor importancia a las atestaciones tradicionales.; ni vemos la menor razón de abandonarlas" 333. El P. Spicq, en su última edición del comentario a las Pastorales, sigue defendiendo "como altamente probable, por no decir cierta," la autenticidad paulina de las Pastorales 334. Lo mismo hacen F. Montagnini y H. Ridderbos en sus recientes comentarios 335. Algo más precavido se muestra A. Vogtle, contentándose con decir que "la autenticidad paulina sigue permaneciendo defendible. y, en todo caso, es claro que las Pastorales desarrollan un aspecto auténtico del pensamiento paulino" 336. Por el contrario, N. Brox en la colección "Regensburger Neues Testament," encargado de una nueva edición del comentario a las Pastorales, se inclina ya abiertamente por la no autenticidad, en contra de lo que defendía J. Freundorfer en ediciones anteriores 337.
Lo que principalmente mueve a dudar de la autenticidad de las Pastorales es esa preponderancia que se concede a las prescripciones morales sobre la enseñanza doctrinal propiamente dicha. La vida cristiana parece quedar reducida a cierta moral de equilibrio, con listas de virtudes y de vicios a estilo de la ética pagana. Falta — dicen — esa moral dinámica y radicalmente exigente de las cartas anteriores; en lugar de gracia-caridad-Espíritu Santo., se habla sobre todo de "piedad" (ευσέβεια: cf. 1 Tim 1:2; 3:16; 4:7-8; 6:3-11; 2 Tim 3:5; Tit 1:1), tιrmino muy usado en el helenismo, pero que no encontramos nunca en cartas anteriores de Pablo. Tampoco el término "fe," cuando se usa, tiene ese sentido de movimiento de adhesión a Jesucristo, como en cartas anteriores, sino más bien sentido de fidelidad al "depósito" de verdades que hay que conservar y transmitir (cf. 1 Tim 4:1; 6:21; 2 Tim 2:2; Tit 1:4). Esto, aparte las dificultades ya clásicas de una Iglesia demasiado institucionalizada y de unos errores combatidos que serían posteriores a Pablo.
Pues bien, que haya cierto cambio de estilo y presentación doctrinal en relación con cartas anteriores, no cabe ponerlo en duda. Pero notemos cómo también aquí se hace resaltar la impotencia del hombre para merecer la justificación (cf. 1 Tim 1:12-17; 2 Tim 1:9; Tit 3:3-7) y la gratuidad de la salud en Jesucristo (cf. 1 Tim 1:15-16; 2:5; 2 Tim 3:15; Tit 2:11-14), dos ideas clave de la teología paulina. Por lo demás, es lógico que las circunstancias en que habrían sido escritas estas cartas, al final ya de la vida del Apóstol y con una Iglesia en marcha, le llevaran a este nuevo modo de referirse al mensaje evangélico.
El peligro más grave no lo ve Pablo fuera de la Iglesia, sino dentro de ella, debido a ciertos cristianos que no respetan la doctrina tradicional y propagan doctrinas erróneas, de ahí sus consejos apremiantes a los pastores de esas iglesias, que son los que van a sucederle a él, a punto ya de "derramarse en libación" (cf. 2 Tim 4:1-8). Como dice G. A. Denzer, es cierto que "las Pastorales se diferencian de las demás epístolas paulinas por el tono y los temas en que centran su interés; sin embargo, estas diferencias no prueban que se trate de autores diferentes. Ni hay que exagerar las diferencias. También en las demás epístolas subraya Pablo la importancia de las buenas obras, y la fe implica la aceptación de unas verdades que han sido transmitidas desde la época de Cristo." 338
Por lo demás, ningún inconveniente en suponer, como hace el P. Benoit, que la redacción inmediata de las cartas sea obra de un secretario, cosa que era corriente en la epistolografía antigua, y explicaría mejor algunas diferencias de estilo. En cuanto a lo de afirmar que estas cartas presentan una Iglesia demasiado institucionalizada y se apunta a errores que pertenecen a época posterior, séanos permitido dudar de ello, conforme expondremos luego más adelante.

318 Gf. R. Pautrel-D. Mollat, Art. jugement: Dict. Bibl.-Suppl., vol.4, 001.1321-1394. — 319 Notemos que esta actitud frente a Cristo, juez supremo en la parusía, está tomada ya en esta vida; de ahí que algunos autores neotestamentarios, particularmente San Juan, hablan de que el juicio se hace ya ahora en la tierra, según la actitud que se adopte ante Cristo (cf. Jn 3:18; 5:24; 12:47-48). Sin embargo, eso no es obstáculo para seguir también haciendo referencia al iuicio último ν solemne, en el que se manifestará plenamente lo que — 320 Cf. B. Rigaux, L'Antéchrist et l'opposition au royanme messianique dans I'Anden et le Nouveau Testament (París 1932); D. Buzy, L'adversaire et l'obstacle: Rech. de Se. Relig. 24 (1934) 402-431; J. M. Bover, El principio de autoridad, obstáculo a la aparición del Anticristo: Razón y Fe, 118 (1939) 94-103; J. M. González Ruiz, La incredulidad de Israel y los impedimentos del Anticristo: Est. Bibl. 10 (1951) 189-203; M. Brunec, De "Homine peccati": Verb. Dom. 35 (1957) 3-33; G. H. Giblin, The Threat to Faith. An Exegetical and Theolo-gical Re-Examination of 2 Thess. 2 (Roma 1967). — 321 Cf. August., De civit. Dei, 20:19:2: PL 41:686. — 322 De Calígula (t 4i) sabemos que intentó colocar su estatura en el Templo mismo de Jerusalén, y fueron los legados de Siria los que refrenaron esas veleidades autodivinizantes del emperador (cf. Jos. flav., Antiquit. XVIII, 8:5; Philo, Legat. ad Caium, 33-34)· En cuanto a Nerón, sabemos por Tácito y Suetonio, que estaba muy extendida entre el pueblo la leyenda del Nerón redivivo. Según esta leyenda, Nerón no habría muerto, sino que habría huido a los Partos, y los que ahora le "impedían" volver a reinar eran sus sucesores: Galba, Vespasiano, Tito.; pero, removido el obstáculo, Nerón volvería a su trono y continuaría las persecuciones. Es ésta precisamente una de las razones por las que algunos críticos niegan la autenticidad paulina de esta carta; pues dicha leyenda no puede surgir hasta después de la muerte de Nerón (año 68) y, consiguientemente, es posterior a Pablo. Sobre esta leyenda del "Ñero redivivus," cf. B. Rigaux, L'Antécrist (París 1932) P-35O-353; E. B. Allo, L'Apocalypse (París 1933) p.286-289. — 323 Cf. Jub. 23:14-23; 4 Esdr. 5:1-3. — 324 Cf. F. Suárez, De myst. vitae Christi, disp.54, sect.i, n.y: "Antichristum. significare quemdam certum ac singularem hominem. est res certissima et de fide." — 325 Cf. P. H. Furley, The Mystery of Lavvlesness: Cath. Bibl. Quart. 8 (1946) 189. — 326 Es la opinión a la que se asocia también M. Meinertz, cuando escribe: "Aun cuando en la esfera de la escatología profética algunas figuras que se presentan como personas no son en realidad más que personificaciones, no cabe duda de que San Pablo considera al Anticristo como persona individual, en la cual se hallan como sintetizados y alcanzan su punto culminante los diversos anticristos de que habla San Juan (cf. i Jn 2:18-22; 4:3; 2 Jn 7) y sus maquinaciones anticristianas" (M. Meinertz, Teología del Nuevo Testamento [Madrid 1963] 473-474). — 327 A título de curiosidad y para que se vea hasta dónde llega a veces la fantasía, plácenos transcribir aquí este párrafo de Ricciotti: "Una identificación que tuvo gran éxito entre las diversas confesiones protestantes, y no sólo en los comienzos de la Reforma, sino aun en tiempos bastante recientes, es la de descubrir en el anticristo al Papa de Roma: naturalmente que quien contiene a este anticristo es la doctrina protestante. No puede dudarse de que, si las cuestiones religiosas tuvieran hoy en día en la masa la resonancia que tuvieron antaño, se reconocería al anticristo en Hitler o Stalin, Ghurchill o Mussolini, Roosevelt o el Mikado, según las propias opinones, pero siempre siguiendo el método de los antiguos protestantes: naturalmente, el que retiene sería quien en las parejas de estos nombres no fue elegido como anticristo. — 328 Dentro de los defensores de esta opinión podemos incluir en cierto modo a O. Cull-mann, quien dice que el TO Katejon (neutro) es la predicación a los gentiles que debe llegar a todo el mundo, y el O Katejon (masculino) es Pablo, que tiene conciencia de ser el instrumento elegido por Dios para ese apostolado (cf. O. Cullmann, Des sources de l'Evan-gile a la formation de la théologie chrétienne [Neuchátel 1969] p.56-75). Esta limitación que hace Cullmann, restringiendo el "obstáculo" al apostolado de Pablo mismo en persona, nos parece difícil de sostener. Nunca en sus cartas alude Pablo a su muerte como algo de tanta trascendencia que dejara paso libre a la revelación del anticristo. — 329 Hay algunos autores que niegan la conclusión, dando a la preposición από, no sentido local (lejos de), sino causal, y traducen: "serán castigados a eterna ruina por la faz del Señor y la gloría de su poder." Querría el Apóstol significar que la presencia misma del Señor aterrará a los reprobos, que no podrán aguantar su majestad y serán como rechazados portella. Sin embargo, parece mucho más probable el sentido local, que es el ordinario de coró, y el que tiene en Js 2:10-21, a cuyo pasaje parece aludir implícitamente el Apóstol. Además, la analogía con el texto del Señor "apartaos de mí" (Mt 25:41) y con la recompensa, por contraste, concedida a los justos, que será la de "estar siempre con Cristo" (cf. v.y; 1 Tes 4:17), pide también claramente el sentido local. En cuanto a que el castigo será eterno (αίώνιον), hemos de notar que de suyo el tιrmino cucóviov no designa necesariamente una duración sin fin, sino una duración completa, más o menos larga, según el contexto (cf. i Mac 2:54; Sal 76:5). En este caso, sin embargo, el contexto pide duración sin fin; pues el castigo "eterno" se contrapone al premio de "estar siempre con el Señor," y ello tendrá lugar al fin del mundo, fuera ya del tiempo. Ni juzgamos fundada la opinión de algunos críticos que interpretan ese "a eterna ruina" como destrucción definitiva o aniquilamiento; pues resucitar simplemente para oír la sentencia de aniquilamiento, es hipótesis que apenas tiene sentido. — 330 Donde nosotros traducimos "todo buen deseo de santidad" (πασαν ευδοκίαν ayaSco-°"ΪVT1β), otros traducen: “todo su bondadoso beneplαcito," con referencia no a los fieles, sino a Dios respecto de los fieles. Sin embargo, siguiendo a otros muchos autores, preferimos referir la frase a los fieles, sentido que cuadra mejor con el adjetivo "todo" y con el inciso siguiente "obra de la fe." Además, el término άγα3ωσύνης se emplea con frecuencia aplicado a las criaturas, pero no lo encontramos aplicado a Dios. — 330* Esta anterioridad de "la apostasía" y de "la manifestación del hombre del pecado" respecto de la parusía está claramente afirmada por Pablo. Su argumentación tranquilizando a los tesalonicenses se basa precisamente en ella: puesto que no han tenido lugar esos signos precursores, sigúese que la parusía no es todavía inminente. — Sin embargo, debemos notar que en el texto griego la construcción gramatical presenta cierta oscuridad, debido a que la proposición comenzada en el v.3: ." porque si antes no viniere la apostasía y se manifestare.," queda incompleta. Es decir, falta la apódosis, lo mismo que en Rom 5:12. Habría, pues, que completar así: ." os engañe, porque, si antes no viniere la apostasía y se manifestare el hombre del pecado. proclamarse Dios a sí mismo, el día de Señor no vendrá. Nuestra traducción en el texto se ha hecho atendiendo al sentido, sin ligarnos a la construcción gramatical. — 331 £n vez de "primicias" (όπταρχήν), hay bastantes cσdices que leen “desde el principio” (απ' αρχής), lecciσn que algunos autores (Vogels, Rigaux) consideran como la genuina. Se afirmaría la elección de los tesalonicenses ab aeterno, idea que es muy paulina (cf. 1 Cor 2:7; Ef 1:4; 3:9; Gol 1:26; 2 Tim 1:9). — 332 Cf. H. Küng, La estructura carismática de la Iglesia: Conc. 4 (1965) 50-52. — 333 Gf. L. Cerfaux, Introducción a la Biblia de Robert-Feuillet, II (Barcelona 1965) p.483. — 334 Cf. C. Spicq, Les Építres Pastorales, 2.a ed. (París 1969) p.ióo. — 335 Cf. F. Montagnini, Introduzione alia Biblia di Ballarini-Cipriani (Torino 1966); H. Ridderpos, De Pastoraje Brieven (Kampen 1967). También/. Jeremías sigue defendiendo la autenticidad paulina de las Pastorales (cf. J. Jeremías, Epístolas a Timoteo y a Tito [Madrid 1970] pág. 17-27). — 336 Cf. A. Vogtle, Das Neue Testament und die nene katholische Exegese, I (Freiburg i. B. 1966). — 337 Cf. N. Brox, Die Pastoralbriefe, 4." ed. (Regensburg 1969). Un comentario también reciente es el de P. dornier (Les Építres pastorales, París 1969), quien propone la hipótesis de considerar las cartas como de Pablo, pero "después de la muerte del Apóstol, un discípulo, perteneciente sin duda a la iglesia de Roma, habría tomado (hacia los años 70-80) esa edición paulina, hoy perdida, y habría presentado una edición más desarrollada y que respondía mejor a las necesidades de la Iglesia de su tiempo" (p.25). Sería el texto que hoy tenemos. — 338 Cf. Q. A. Denzer, Comentario bíblico "San Jerónimo," IV (Madrid 1972) p.249.


Epístola a Tito
Las Cartas Pastorales
Introducción
Breve Biografía de Tito. Ocasión de la carta. Estructura o plan general.
Cuerpo de la carta
Saludo epistolar, 1:1-4. Selección de presbíteros dignos, 1:5-9. Lucha contra los falsos doctores, 1:10-16. Deberes propios de cada estado, 2:1-10. Fundamento dogmático de estas exigencias, 2:11-15. Deberes generales del cristiano, 3:1-11.
Epilogo
Noticias varias, 3:12-14. Saludos y bendición final, 3:15.

Introducción
Breve Biografía de Tito
Aunque el libro de los Hechos no menciona nunca a Tito, su nombre aparece doce veces en las epístolas paulinas: 2 Cor 2:13; 7:6.13.14; 8:6.16.23; 12:18; Gal 2:1.3; 2 Tim 4:18; Tit 1:4. Gracias a estos datos podemos reconstruir, aunque imperfectamente, su biografía.
Aparece por primera vez en la historia durante la asamblea o concilio de Jerusalén, en compañía de Pablo (cf. Gal 2:1-3). Expresamente se dice ahí (Gal 2:3) que era de origen gentil. Probablemente pertenecía a la comunidad de Antioquía, formando parte del grupo de fieles que, por encargo de aquella iglesia, acompañaron a Pablo y Bernabé en su viaje a Jerusalén (cf. Act 15:2). Nada volvemos a saber ya de él hasta el tercer viaje apostólico de Pablo, cuando éste, primero desde Efeso (cf. 2 Cor 2:13; 7:6-14) y luego desde Macedonia (cf. 2 Cor 8:16), le envía a Corinto con misiones delicadas. No consta que estuviera con Pablo en Roma durante su cautividad. Pero vemos que, al final ya de la vida del Apóstol, éste le deja encargado de la iglesia de Creta (cf. Tit 1:5), y que poco después le manda ir a verse con él en Nicópolis (cf. Tit 3:12), desde donde probablemente lo envió con alguna misión a Dalmacia (cf. 2 Tim 4:10). La tradición eclesiástica, ya desde Eusebio 358, le ha considerado como el primer obispo de Creta. El Martirologio romano celebra su fiesta, de obispo confesor, el 26 de enero.
Ocasión de la carta
La ocasión de esta carta de Pablo es la misma, salvo las diferencias de lugares y personas, que motivó la carta primera a Timoteo: dar instrucciones a Tito en orden al buen gobierno de los fieles.
La fecha de composición es también prácticamente la misma, sin que podamos precisar cuál de las dos cartas ha sido escrita primero y cuál después. Como a Timoteo le dejó al frente de la iglesia de Efeso (cf. 1 Tim 1:3), así a Tito le dejó al frente de la de Creta: "para que acabases de ordenar lo que faltaba y constituyeses por las ciudades presbíteros" (Tit 1:5). Se trata, evidentemente, de tiempos posteriores a la primera cautividad romana, pues anteriormente no parece que esa isla hubiera sido evangelizada por Pablo. De hecho, Lucas nada dice en los Hechos, silencio que sería difícil de explicar, dada la minuciosidad con que nos cuenta los viajes del Apóstol. Además, cuando el Apóstol iba preso camino de Roma y la nave se detiene brevemente en Creta (cf. Act 27:7-13), no hay indicio alguno de que hubiese cristianos por esos lugares, sino que nos son presentados como totalmente nuevos.
La carta estaría escrita por Pablo desde Grecia, o quizá desde Macedonia, ordenando a Tito que vaya a encontrarse con él en Nicópolis, donde piensa pasar el invierno (cf. Tit 3:12).
Estructura o plan general
La carta es breve y con un argumento totalmente afín al de la primera a Timoteo: resistir a la propaganda de doctrinas malsanas, organizar las iglesias, custodiar intacto el depósito de la fe.
Damos a continuación el esquema:
Introducción:
Saludo epistolar (1:1-4).
Cuerpo de la carta: Instrucciones varias a Tito (1:5-3:11).
1) Selección de presbíteros dignos y lucha contra los falsos doctores (1:5-16).
2) Deberes propios de cada estado (2:1-15).
3) Deberes generales del cristiano (3:1-11).
Epílogo:
Noticias varias (3:12-14) y saludos (3:15).
Saludo epistolar, 1:1-4
1 Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y al conocimiento de la verdad, que se ajusta a la piedad, 2 en la esperanza de la vida eterna, que prometió desde los tiempos eternos el Dios que no miente, 3 y que en el tiempo prefijado manifestó su palabra por la predicación a mí confiada según el mandato de nuestro Salvador, Dios: 4 a Tito, hijo mío verdadero según la fe común, la gracia y la paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Salvador.

El saludo de esta carta es más amplio que de ordinario y tiene cierto parecido con el de la carta a los Romanos. Parece que San Pablo, al extenderse de este modo en el saludo, trata de destacar ya desde un principio su autoridad, y, consiguientemente, la de Tito su enviado, a fin de impresionar más a los falsos doctores de Creta.
El título de "siervo de Dios" (v.1) solamente es empleado por San Pablo en esta ocasión; de ordinario se llama "siervo de Jesucristo" (cf. Rom 1:1; Flp 1:1). En el fondo, viene a ser lo mismo, recalcando su total consagración a Dios, hasta en lo más profundo de su existencia. La expresión "conforme (κατά) a la fe. y al conocimiento de la verdad” indica la finalidad del apostolado de Pablo y no es sino la ampliaciσn de su título de apóstol: conseguir que los escogidos de Dios (cf. Ef 1:4) lleguen a la fe y al conocimiento de la verdad (cf. Rom 1:5; 10:14-15). Esta verdad, añade, no es una verdad meramente especulativa, sino que está ordenada a "la piedad," es decir, a hacer que los hombres den a Dios el culto debido, viviendo según su voluntad (cf. 1 Tim 2:2-4). Y aun sigue más adelante el Apóstol: esa consecución de la fe y de la verdad no son sino medios en orden a conseguir la vida eterna, que Dios nos tenía prometida desde toda la eternidad, pero cuya promesa ha sido manifestada ahora por medio del Evangelio, del que Pablo es heraldo (v.2-3; cf. 2 Tim 1:9-11). Esta "esperanza" escatológica del cristiano (v.2) es algo que Pablo recalca constantemente (cf. 1 Tes 1:10; Rom 8:24; Col 1:5; 2 Cor 4:17; Ef 1:18).
El apelativo de "hijo verdadero," que Pablo aplica a Tito (v.4), lo empleó ya también respecto de Timoteo (cf. 1 Tim 1:2). Las demás expresiones del v.4, augurándole "gracia" y "paz," son las normales en sus cartas (cf. Rom 1:7).
Selección de presbíteros dignos, 1:5-9
5 Te dejé en Creta para que acabases de ordenar lo que faltaba y constituyeses por las ciudades presbíteros en la forma que te ordené. 6 Que sean irreprochables, maridos de una sola mujer, cuyos hijos sean fieles, que no estén tachados de liviandad o desobediencia. 7 Porque es preciso que el obispo sea inculpable, como administrador de Dios; no soberbio, ni iracundo, ni dado al vino, ni pendenciero, ni codicioso de torpes ganancias, 8 sino hospitalario, amador de los buenos, modesto, justo, santo, continente, 9 guardador de la palabra fiel; que se ajuste a la doctrina, de suerte que pueda exhortar con doctrina sana y argüir a los contradictores.

En su viaje por Oriente, después de haber sido liberado de la cautividad romana, Pablo evangelizó la isla de Creta. Su permanencia en la isla debió de ser bastante breve, solicitado por atenciones pastorales en otras regiones, dejando a Tito encargado de "acabar de ordenar lo que faltaba" y de "constituir por las ciudades presbíteros" (v.5).
Estos "presbíteros" eran los que habían de llevar de modo inmediato y directo el peso pastoral de las comunidades; de ahí la insistencia de Pablo a Tito en que se haga una cuidadosa selección (v.6-9). Las condiciones exigidas son casi idénticas a las señaladas en 1 Tim 3:2-7, hablando del "obispo." Entre las que faltan está la de "no neófito" (cf. 1 Tim 3:6), sin duda porque lo que era posible en Efeso no lo era en Creta, cuya cristiandad acababa de fundarse. Es de notar que el término "presbítero" del v.5 queda sustituido por el de "obispo" en el v.7. Y es que ambos términos eran entonces sinónimos, como ya explicamos ampliamente en la introducción a i Tim; únicamente que el de "obispo" (lit. = inspector) describía la función mejor que el de "presbítero" (lit. = anciano). Algo así como hoy los términos "párroco" y "pastor de almas."
Lucha contra los falsos doctores, 1:10-16
10 Porque hay muchos, indisciplinados, charlatanes, embaucadores, sobre todo los de la circuncisión, 11 a los cuales es preciso tapar la boca, que revuelven del todo las casas, enseñando lo que no deben, llevados del deseo de torpe ganancia. 12 Bien dijo uno de ellos, su propio profeta: "Los cretenses, siempre embusteros, bestias malas y glotones," 13 Verdadero es tal testimonio. Por tanto, repréndelos severamente, para que se mantengan sanos en la fe, 14 que no den oídos a las fábulas judaicas y a los preceptos de los hombres que reniegan de la verdad. 15 Todo es limpio para los limpios, mas para los impuros y para los infieles nada hay puro, porque su mente y su conciencia están contaminadas. 16 Alardean de conocer a Dios, pero con las obras le niegan, abominables, rebeldes e incapaces de toda obra buena.

Entre las condiciones exigidas a los "presbíteros" está, de modo muy principal, el que posean "sana doctrina," de modo que puedan combatir debidamente los errores (cf. v.9). Esto da pie al Apóstol para hablar de los falsos doctores (v.10-16). Parece que no predicaban públicamente, sino que iban de casa en casa propalando sus doctrinas (v.11; cf. 2 Tim 3:6).
Estos falsos doctores, que, en gran parte al menos, eran de origen judío (cf. v.10), son de las mismas tendencias que los de Efeso, aludidos en las cartas a Timoteo (cf. 1 Tim 1:3-7; 4-3; 6:3-5; 2 Tim 2:14-18; 3:1-9).
De los falsos doctores pasa Pablo a los cretenses en general (v. 12), alegando una cita del poeta cretense Epiménides (siglo vi a. C.), por cierto no muy honorífica para sus compatriotas. San Pablo añade que Epiménides dijo mucha verdad (v.13a); de ahí que no tenga reparo en llamarle "profeta" (v.12a), aunque es obvio que sólo sea en sentido muy amplio y por cierta afinidad con los auténticos profetas 359. Extraña un poco que Pablo hable tan duramente de los cretenses, pues se trata de una carta que había de ser leída en la comunidad. Pero no hay que olvidar que es una cita, y cita de un cretense, y a Pablo le convenía hacer resaltar el peligro de los falsos doctores, sin andar con fórmulas diplomáticas. La recomendación a Tito es de que proceda con firmeza contra los cretenses a fin de preservar la fe (v.13-14). En los v. 15-16 San Pablo alude de nuevo a los falsos doctores, fustigando dos cosas: el que traten de distinguir entre alimentos puros e impuros (cf. Col 2:21-22; 1 Tim 4:3) y el que alardeen de piedad y lleven luego una conducta indigna (cf. Col 2:23; 2 Tim 3:5).
Deberes propios de cada estado, 2:1-10
1 Cuanto a ti, habla de modo conveniente y ajustado a la sana doctrina. 2 Que los ancianos sean sobrios, graves, discretos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia. 3 De igual modo, que las ancianas observen un porte santo, no sean calumniadoras, ni esclavas del vino, sino buenas maestras, 4 para que enseñen a las jóvenes a amar a sus maridos y a cuidar de sus hijos, 5 a ser prudentes y honestas, hacendosas, bondadosas, dóciles a sus maridos, a fin de que no sea infamada la palabra de Dios. 6 Asimismo a los jóvenes exhórtales a ser ponderados en todo, 7 mostrándote tú ejemplo de buenas obras, de integridad en la doctrina, de gravedad, 8 de palabra sana e irreprensible, para que los adversarios se confundan, no teniendo nada malo que decir de nosotros. 9 Que los siervos estén sujetos a sus amos, complaciéndoles en todo, y no contradiciéndo-les 10 ni defraudándoles en nada, sino mostrándose fieles en todo, para hacer honor a la doctrina de Dios nuestro Salvador.

En contraste con las enseñanzas de los falsos doctores, que revuelven las casas y destrozan la vida de familia (cf. 1:11), Tito debe ajustar su predicación a la "sana doctrina" (v.1).
Y, a fin de concretar más, San Pablo va especificando cómo debe instruir a las diversas clases de fieles, atendida su edad, sexo y condición: primeramente,, respecto de los ancianos (v.2); luego, respecto de las ancianas y las jóvenes (v.3-5); a continuación, respecto de los jóvenes (v.6-8), y finalmente, atendida no ya la edad o sexo, sino la condición social, respecto de los siervos (v.9-10). En este elenco de deberes de cada una de las clases de fieles, San Pablo usa vocablos corrientes en el helenismo y en la moral natural, pero informándolo todo de un espíritu nuevo, procedente de Dios y de su gracia salvadora (cf. v.2.5.10).
Es curioso observar que, hablando de la instrucción a las jóvenes (v.4-5), no así al hablar de las otras categorías de personas, San Pablo supone expresamente la colaboración de personas de su sexo ya mayores. Notemos también cómo, respecto de la instrucción a los jóvenes (v.6), aparte el ejemplo que debe darles el mismo Tito (v.7-8), San Pablo resume todo en un consejo: ser ponderados en todo (σωφρονεΐν περί πάντα). Se trata de la σωφροσύνη, virtud muy alabada entre los griegos, y tambiιn en estas cartas pastorales (cf. 2:2.5. 12; 1 Tim 2:9.15; 3:2), consistente en saber observar mesura y ponderación en todas las ocasiones, con dominio de sí mismo, sin condescender con los impulsos juveniles. En cuanto a los consejos a los siervos (v.9-10), son prácticamente los mismos que en 1 Tim 6:1-2.
Fundamento dogmático de estas exigencias, 2:11-15
11 Porque se ha manifestado la gracia salutífera de Dios a todos los hombres, 12 enseñándonos a negar la impiedad y los deseos del mundo, para que vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo, 13 aguardando la bienaventurada esperanza y la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Cristo Jesús, 14 que se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y adquirirse un pueblo propio, celador de obras buenas. 15 He aquí lo que has de decir, exhortando y reprimiendo con todo imperio. Que nadie te desprecie.

Todas esas virtudes que Pablo exige a las diversas categorías de fieles (cf. v.2-10) tienen su fundamento en Cristo, quien, con su venida al mundo, nos ha hecho visible la voluntad que Dios tiene de salvar a todos los hombres y nos ha enseñado cómo debemos vivir (v.11-12), al mismo tiempo que alienta nuestro trabajo con la esperanza de la gloria del cielo y de su gloriosa manifestación en la parusía. El, que ofreció su vida por nosotros para adquirirse un pueblo santo (v.13-14; cf. Rom 3:24-25; Act 15:14). Esto, que constituye la verdadera doctrina, es lo que Tito debe exponer con toda energía, haciendo valer la autoridad que le da su cargo (v.15).
Evidentemente, es éste uno de los pasajes de las cartas de San Pablo más cargado de doctrina, resumen de su teología. Como es corriente en él, no se contenta con señalar preceptos y reglas de vida práctica, sino que se eleva a los principios, indicando las razones profundas que justifican esas exigencias. En este caso lo hace mediante una especie de himno a la "gracia" de Dios (v. 11-14). Parece que el lenguaje está inspirado en escenas, entonces frecuentes, de monarcas que hacían su solemne manifestación (έττιφάνειαν) al pueblo y repartνan numerosos beneficios, llamados colectivamente "gracia," recibiendo a cambio de sus subditos el apelativo de "salvadores." Pablo se vale de esta terminología áulica, sin duda muy expresiva para sus lectores, aplicándola a Jesucristo y a su obra de salud. Sentimos aflorar aquí toda la doctrina paulina de la justificación, obra gratuita de Dios (cf. Rom 3:21-24; 13:14; Gal 6:14). La aparición (επιφάνεια) de Jesucristo en el mundo, haciendo visible la "gracia" o amor benéfico de Dios, fue un continuo reparto de beneficios (v.1 1-12.14), que tendrá su consumación cuando llegue la segunda aparición en la parusía (v.13); El es nuestro “gran Dios y Salvador” (.του μεγάλου Θεού και σωτηροβ ημών Ίησοΰ Χρίστου). Con razσn se ha hecho notar que hay aquí una neta afirmación de la divinidad de Jesucristo, pues ambos nombres "Dios" y "Salvador" se aplican a la misma persona, dado que llevan el mismo artículo, el que precede al adjetivo "grande"; ni Pablo habla nunca de la venida gloriosa del Padre en la parusía, sino sólo de la de Cristo (cf. Col 3:4; 2 Tes 2:8; 1 Tim 6:14; 2 Tim 4:8). Por lo demás, ya encontramos una expresión parecida en Rom 9:5.
Deberes generales del cristiano, 3:1-11
1 Amonéstales que vivan sumisos a los príncipes y a las autoridades; que las obedezcan, que estén prontos para toda obra buena; 2 que a nadie infamen, que no sean pendencieros; que sean afables y muestren para con todos los hombres una perfecta mansedumbre. 3 Pues nosotros fuimos también alguna vez necios, desobedientes, extraviados, esclavos de toda suerte de concupiscencias y placeres, viviendo en la maldad y en la envidia, dignos de odio, y aborreciéndonos unos a otros; 4 mas cuando apareció la bondad y el amor hacia los hombres de Dios, nuestro Salvador, 5 no por las obras justas que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, nos salvó mediante el baño de regeneración y renovación del Espíritu Santo, 6 que abundantemente derramó sobre nosotros por Jesucristo, nuestro Salvador, 7 a fin de que, justificados por su gracia, seamos herederos, según nuestra esperanza, de la vida eterna. 8 Verdadero es el dicho, y quiero que acerca de ello seas categórico, para que aprendan a ejercitarse en buenas obras los que han creído en Dios. Esto es lo bueno y útil para los hombres. 9 En cambio, evita las cuestiones necias, las genealogías, las contiendas y debates sobre la Ley, porque son inútiles y vanas. 10 Al sectario, después de una y otra amonestación, evítale, 11 considerando que está pervertido; peca, y por sí mismo se condena.

En esta última parte de su carta, San Pablo recuerda a Tito algunas instrucciones de carácter general que debe inculcar a todos los fieles.
Primeramente, la obediencia y sumisión a las legítimas autoridades (v.1), tema de que el Apóstol ya trató más ampliamente en Rom 13:1-7 y se da como supuesto en 1 Tim 2:1-2. Luego la tolerancia y mansedumbre en las relaciones con los demás, procurando no lastimar al prójimo con palabras ofensivas (v.2; cf. 1 Tim 3:3; 2 Tim 2:23-24). Se refiere San Pablo sobre todo a los paganos; por eso, como estímulo que ha de mover a los cristianos cretenses a ser atentos y considerados con ellos, les recuerda su propio pasado, lleno también de vicios (v.3; cf. Ef 2:2-3; Col 3:7), de cuyo estado salieron, no en virtud de obras o méritos propios, sino por la sola bondad de Dios (v.4~7; cf. Rom 3:20-25; Ef 2:4-9).
Al hablar San Pablo (v.5) de "baño de regeneración y renovación del Espíritu Santo" (δια λυτροΰ παλιγγενεσίας και άνακαι-νώσεωβ πνεύματος αγίου), se está refiriendo evidentemente al bautismo, medio del que Dios ha querido servirse para justificarnos y salvarnos. Es llamado así, porque el bautismo mediante la acción invisible del Espíritu Santo opera en nosotros una verdadera regeneración y renovación, en virtud de la cual pasamos del estado de muerte y de pecado, en que nacemos, al estado de hijos de Dios, participantes de la gracia divina, herederos de la gloria del cielo, en unión con Jesucristo, al que nos incorpora (cf. Rom 6:3-4; 2 Cor 1:22; 5:17; Gal 6:15; Ef 5:26; Jn 3:5-7). Es posible que los v.5-6, que tan maravillosamente expresan la acción de la Santísima Trinidad en la santificación del hombre, recojan expresiones de algún antiguo himno bautismal. En el v.7, nuevamente encontramos la referencia a la "esperanza" escatológica del cristiano, cosa frecuente en Pablo (cf. 1:2-3). Todo esto, que es una gran verdad (cf. 1 Tim 1:15), debe inculcar Tito con firmeza a los cretenses (v.8).
También ha de procurar evitar las contiendas y cuestiones necias, a que son tan dados los falsos doctores (v.g; cf. 1 Tim 1:4-7). Al que haga propaganda de sus particulares ideas religiosas erróneas, que le amoneste una y dos veces, y, si sigue obstinado en permanecer de espaldas a la verdad (cf. 1:14), que le considere como excluido de la Iglesia (v.10-11; cf. 1 Tim 1:20; 1 Cor 5:11; Mt 18:15-17).
Noticias varias, 3:12-14
12 Cuando mande a ti a Arte mas o a Tíquico, date prisa a venir a verme a Nicópolis, porque tengo el propósito de pasar allí el invierno. 13 A Zenas, el jurisconsulto, y a Apolo, mira de proveerlos solícitamente para el viaje a fin de que nada les falte. 14 Y que los nuestros aprendan a ejercitarse en buenas obras para atender a las apremiantes necesidades, y que no sean hombres infructuosos.

Antes de terminar la carta, Pablo da a Tito algunas noticias y encargos. Son detalles tan concretos, que difícilmente se explicarían de no suponer a Pablo autor de la carta. De ahí que muchos autores que niegan la autenticidad paulina consideran este final como un fragmento de alguna carta del Apóstol, hoy perdida. Lo mismo vale para 2 Tim 4:9-11. Le dice primeramente que, una vez que le haya mandado a Artemas o a Tíquico, vaya a verle a Nicópolis, donde piensa pasar el invierno (v.12). Aunque había entonces varias ciudades con el nombre de Nicópolis (= ciudad de la victoria), todo hace pensar que se trata de Nicópolis en el Epiro, que es la más cercana a los lugares por donde entonces andaba San Pablo. De Artemas no tenemos dato alguno más; en cambio, Tíquico nos es ya conocido (cf. Ef 6:21; 2 Tim 4:12).
A continuación (v.15) el Apóstol habla de dos personajes, Zenas y Apolo, quienes, a lo que parece, se encontraban entonces con Pablo y debían de tener que hacer algún viaje pasando por Creta. Tal vez de regreso a Alejandría, de donde Apolo era originario (cf. Act 18:24). Es posible que sean ellos los portadores de la carta. El Apóstol, conforme era entonces costumbre entre amigos y conocidos (cf. Rom 15:24; 1 Cor 16:6.11), encarga a Tito de que los "provea" de lo necesario para el viaje. De Zenas, al contrario que de Apolo (cf. 1 Cor 1:12; 16:12), no tenemos ningún otro dato.
En el v.15 Pablo hace una recomendación general de caridad práctica, tomando ocasión de la recomendación precedente para con los dos huéspedes.
Saludos y bendición final, 3:15
15 Te saludan todos los que están conmigo. Saluda a los que nos aman en la fe. La gracia sea con todos vosotros.

Son los saludos protocolarios, que más o menos se hallan en todas las cartas. Primeramente para Tito, de parte de los que se hallan con Pablo, que no los nombra, aunque es de creer que Tito sabía de quiénes se trataba. Luego para todos los fieles cretenses en general, con el apelativo "los que nos aman en la fe," quizás para hacer distinción con los amantes de novedades atraídos por la predicación de los falsos doctores.
La bendición final es la acostumbrada en todas las cartas.

358 Cf. Hist. eccl 3:4-Biblia comentada- 6b — 359 Sin duda que la frase de Epiménides era proverbial entre el pueblo, y, por tanto, el que la emplee el Apóstol no demuestra que poseyera amplio conocimiento de los clásicos. Era un poeta muy conocido y al que, a lo que parece, muchos le daban cierto carácter de oráculo divino. Plutarco dice de él que "era amigo de los dioses e informado de las cosas divinas" (Plut., Solón, 12).