Es precisamente la esperanza la que nos lleva a la plenitud, la esperanza de salir de esa cárcel, de esa limitación, de esa esclavitud, de esa corrupción, y llegar a la gloria: un camino de esperanza. Y la esperanza es un don del Espíritu. El Espíritu Santo está dentro de nosotros y nos lleva a eso: a algo grandioso, a una liberación, a una gran gloria. Por eso, Jesús dice: dentro de la semilla de mostaza, de aquel grano pequeñito, hay una fuerza que produce un crecimiento inimaginable. Dentro de nosotros, y en la creación, hay una fuerza increíble: está el Espíritu Santo, que nos da la esperanza. ¿Y qué quiere decir vivir de esperanza? Dejar que esas fuerzas del Espíritu nos ayuden a crecer hacia la plenitud que nos espera en la gloria. Y como la levadura debe ser mezclada y el grano de mostaza enterrado, porque de lo contrario esa fuerza interior queda estéril, así en el Reino de Dios, que crece desde dentro, con la fuerza del Espíritu Santo. La Iglesia siempre tuvo el valor de sembrar y enterrar, de tomar y mezclar, y también el miedo de hacerlo. Y muchas veces vemos se prefiere una pastoral de conservación y no deja que el Reino crezca. Porque si seguimos siendo lo que somos, pequeñitos, donde estamos seguros, entonces el Reino no crece. Para que el Reino crezca hace falta valor: enterrar el grano, mezclar la levadura.
Pero también es cierto que, si se entierra la semilla, se pierde, y si se mezcla la levadura, me ensucio las manos, ya que siempre hay alguna pérdida al sembrar en el Reino de Dios. ¡Ay de aquellos que predican el Reino de Dios con la ilusión de no mancharse las manos! Esos son vigilantes de museos: prefieren las cosas bonitas, y no ese gesto de enterrar para que la fuerza se desencadene, de mezclar para que la fuerza haga crecer. Ese es el mensaje de Jesús y de Pablo: esa tensión que va de la esclavitud del pecado, para ser sencillos, a la plenitud de la gloria.
Y la esperanza es la que saca adelante, la esperanza no defrauda, porque la esperanza es muy pequeña, la esperanza es tan pequeña como el grano y como la levadura. La esperanza es la virtud más humilde, la sierva, pero donde hay esperanza, está el Espíritu Santo, que lleva adelante el Reino de Dios. Preguntémonos hoy si creemos que ahí, en la esperanza, está el Espíritu Santo con el que hablar.