Como respuesta a las acusaciones judías, que en esta ocasión San Lucas considera conocidas y no se detiene a formular, Pablo sintetiza su defensa en esta lapidaria afirmación. La rectitud de conciencia es un punto capital de la espiritualidad paulina. Aparece profusamente en las cartas (cfr. 1 Cor 4, 4; 2 Cor 1, 12; 1 Tim 1, 5.19; 3, 9; 2 Tim 1, 3) y en la conducta personal de Pablo, que, incluso como perseguidor de la Iglesia, buscó en todo momento, sincera aunque equivocadamente, el servicio de Dios. El Apóstol rechaza de este modo sumario los cargos de impiedad y desacato a la Ley que se le hacen.
Actes 23, 2
Ananías no debe confundirse con Anás (cfr. 4, 6). Fue nombrado sumo sacerdote el año 47 y destituido hacia el 58. Fue asesinado el año 66 por judíos rebeldes a Roma. Decide que Pablo sea golpeado, sin duda porque no encuentra respuesta a las palabras del acusado, y se deja arrastrar a la ofensa personal. Sabemos por Josefo que Ananías tenía un temperamento colérico e insolente (cfr. Antiquitates iud., 20, 199).
Actes 23, 3
Las duras palabras de Pablo no obedecen a irritación mal controlada por la injusticia de que es objeto. Podría decirse que, a imitación de Jesús (cfr. Mt 27, 12), hubiera debido callar. Pablo estima, sin embargo, que en esta ocasión debe hablar. Sus palabras son un deliberado anuncio del futuro que espera al infortunado Ananías.
Actes 23, 5
Muchos comentaristas piensan que Pablo se expresa con cierta ironía, como si dijera: «No imaginaba que un hombre capaz de dar semejante orden contra la Ley pudiera ser el sumo sacerdote». Otros estiman que el Apóstol es consciente del posible escándalo que sus palabras podrían haber provocado en algunos de los asistentes y manifiesta consiguientemente su respeto hacia las instituciones judías y los mandatos de la Ley.
Actes 23, 6-9
Sabemos por el Evangelio de San Lucas (cfr. 20, 27) que los saduceos, a diferencia de los fariseos, negaban la resurrección futura de los muertos. Sólo en este lugar del Nuevo Testamento se nos dice que los primeros negaban también la existencia de ángeles y espíritus. Es sin embargo una información ratificada por fuentes profanas y judías.
Durante el juicio, Pablo introduce un tema polémico para los jueces. No lo hace principalmente con el fin de obtener provecho personal. El Apóstol manifiesta sin duda una actitud sagaz, pero sabe que en último término no puede ya esperar audiencia imparcial ni justicia de un tribunal judío. Trata por consiguiente de remover las conciencias y el amor a la verdad de los sanedritas que puedan ver todavía a los cristianos con alguna benevolencia y simpatía. Aunque la fe cristiana en la Resurrección no era idéntica a la de los fariseos, tenía con la de éstos presupuestos comunes: la fe genérica en la resurrección de los muertos.
Actes 23, 9
Se refieren a la aparición en el camino de Damasco. No llegan a admitir que Jesús haya hablado a Pablo, pero no descartan una verdadera experiencia espiritual del Apóstol.
Actes 23, 11
El Señor es Jesús. Las palabras de consuelo que dirige a Pablo indican que Dios guiará paso a paso el camino del Apóstol hasta su comparecencia ante el César en Roma. A partir de este momento el cometido principal del prisionero no será defenderse sino dar testimonio del Evangelio. Lo mismo que ha hecho en libertad lo hará desde ahora encadenado. «Velad juntos —escribirá a los efesios— con perseverancia e intercediendo por todos los santos, y también por mí, para que me sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el Misterio del Evangelio, del cual soy embajador entre cadenas, y pueda hablar de él valientemente como conviene» (6, 18-20).
Actes 23, 12-22
Ciegos en su fanatismo, un grupo de judíos se juramenta para eliminar a Pablo. Adoptan el compromiso de no comer ni beber antes de llevar a cabo su propósito, al igual que sus antepasados habían formulado votos semejantes en servicio de causas mejores (cfr. 1 Sam 14, 24). El odio ha pervertido la piedad, ha borrado el sentido de una venerable costumbre y ha convertido la firmeza de un propósito en una extraña perseverancia en el mal. La original convicción religiosa se ha convertido en resistencia al Espíritu Santo. «Dice el Señor: ‘Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia’. Estos judíos, por el contrario, tiene hambre de iniquidad y sed de sangre (...). Pero no hay sabiduría, prudencia ni consejo contra Dios. Pues aunque Pablo, judío con los judíos, había dedicado ofrendas, rasurado su cabeza y descalzado los pies, no escapó a las cadenas que se le habían anunciado. Y aunque éstos tramen planes, se juramenten y preparen insidias, el Apóstol será protegido para que, tal como se le ha dicho, rinda testimonio de Cristo en Roma» (Super Act expositio, ad loc).
Actes 23, 16
Es la única referencia del libro y de las cartas —con excepción de Rom 16, 7.11— a los familiares de Pablo.
Actes 23, 23-24
La información del sobrino de Pablo debió acelerar los planes de traslado del prisionero al gobernador, pues en cualquier caso el tribuno carecía de jurisdicción para retener por más tiempo la causa de un detenido.
Félix ocupaba el cargo de procurador o prefecto de Judea desde el año 52. Era un liberto que había llegado excepcionalmente a un lugar tan alto, pero que, en frase de Tácito, «ejercía poder real con mente de esclavo». Félix suprimió con eficacia diversas revueltas que anunciaban la gran rebelión judía del 66, pero su dureza y crueldad extremas provocaron su relevo en el año 60 (cfr. 24, 27).
Actes 23, 25-30
La carta del tribuno Claudio Lisias es el único documento epistolar profano del Nuevo Testamento. Lisias informa brevemente al gobernador sobre el detenido. Se permite introducir una pequeña modificación de la verdad de los hechos, pues no menciona su intento inicial de azotar a Pablo. La carta recoge significativamente sólo la acusación religiosa judía de que Pablo habla contra la Ley (cfr. 21, 28), pero desprecia la de haber introducido gentiles en el Templo (cfr. 21, 28b).
Actes 23, 31
Antipatris distaba 60 km de Jerusalén y 40 de Cesarea. Fue fundada por Herodes el Grande en honor de su padre, Antipater.
Actes 23, 33-35
Félix actúa con arreglo a lo previsto por la ley. Se informa directamente del asunto de Pablo y decide conocer la causa una vez que se presenten los acusadores. El gobernador podía haber remitido el caso al legado de la provincia de Siria, que en aquel tiempo comprendía el territorio de Cilicia. Pero prefiere retenerlo.
El pretorio de Herodes era un palacio edificado por Herodes el Grande y transformado más tarde en residencia del gobernador romano.
Chapitre n°24
Actes 24, 1-21
Enviado a Cesarea por el tribuno Lisias, Pablo ha entrado en el ámbito de la jurisdicción romana. Los judíos no conseguirán modificar la situación para que sea juzgado por el Sanedrín. Comienza ahora la audiencia judicial del Apóstol, que se va a desarrollar según el procedimiento romano de la llamada cognitio extra ordinem o procedimiento legal extraordinario. Esta cognitio extra ordinem se distinguía de la cognitio ordinaria o procedimiento normal por sus características procesales más flexibles. En la cognitio ordinaria el magistrado admitía la demanda contra el acusado según modos legales rígidamente tipificados, que le dejaban escasa libertad en la dirección del proceso y en el pronunciamiento de la sentencia.
La cognitio extraordinaria permitía al juez mayor iniciativa y se desarrollaba según cinco fases, a saber: 1) acusación privada; 2) audiencia formal pro tribunali; 3) uso por el juez de un consejo de expertos legales; 4) alegación de hechos por las partes; y 5) construcción discrecional por el juez de los hechos alegados.
El libro los Hechos de los Apóstoles es precisamente en sus capítulos 24 y 25 una fuente importante para el conocimiento del procedimiento romano extraordinario en causas criminales, cuyas fases recoge con gran precisión. Nos informa, en efecto, sobre la acusación privada de los judíos contra Pablo (cfr. 23, 35; 24, 1). Emplea el vocabulario técnico correcto para referirse a la audiencia del caso por el juez en el tribunal (cfr. 25, 6.17). Menciona al consejo de expertos que asiste al juez (cfr. 25, 9.12). Describe con cierto detalle las alegaciones, y deja ver la discrecionalidad usada por los magistrados —Félix y Festo— en la dirección de la causa y enjuiciamiento de los hechos.
Actes 24, 1
La acusación debía presentarse mediante un abogado profesional. Es posible que Tértulo fuera judío, competente en leyes romanas y hebreas. Su lenguaje indica en todo caso la lógica identificación con el punto de vista de sus clientes.
Actes 24, 2-4
Las palabras iniciales de Tértulo pecan de excesiva adulación. La administración de Félix se caracterizó por sus desaciertos y resultados desastrosos.
Actes 24, 5-9
Los judíos intentan tímidamente recuperar la competencia judicial sobre Pablo. Le consideran una especie de hereje del judaísmo, al igual que ven en el cristianismo una mera secta de su propia religión. Dirigen contra el Apóstol cuatro acusaciones. Pablo sería un indeseable social, un fomentador de disturbios entre judíos y un peligroso cabecilla de agitadores. La vaguedad de estos tres cargos sirve de marco para la cuarta acusación, que es mucho más específica: Pablo ha intentado profanar el Templo, símbolo de la nación judía. Aunque el fondo de la acusación es de naturaleza religiosa, Tértulo se esfuerza en presentar a Pablo como un individuo políticamente peligroso.
Actes 24, 10-21
La defensa de Pablo hace ver que los judíos, al no reconocer a Jesús, no han entendido la verdadera tradición religiosa de Israel, y que las acusaciones de motín y profanación del santuario son falsas e imposibles de probar.
Pablo desarrolla su discurso en un tono de sobrio y digno respeto hacia la autoridad que le juzga. Es el estilo de conducta y actitud que nos enseña el Evangelio ante los poderes públicos, que deben ser obedecidos por todos los ciudadanos como factores y guardianes del bien común. «Los cristianos —escribirá Tertuliano— no son enemigos de nadie y mucho menos del Emperador. Saben en efecto que el mismo Dios le ha constituido en su cargo, y por eso necesariamente le aman, respetan, honran y desean verlo salvo junto con todo el Imperio hasta el fin de los tiempos (...). Honramos por tanto al Emperador, pero lo hacemos del modo que es lícito y útil para él mismo: como un hombre que es segundo después de Dios, que ha obtenido de Dios todo lo que él es y que sólo a Dios es inferior» (Liber ad Scapulam, 2).
«La comunidad política y la autoridad pública —enseña el Conc. Vaticano II— se fundan en la naturaleza humana y pertenecen por eso al orden previsto por Dios, aun cuando la determinación del régimen político y la designación de los gobernantes se dejen a la libre voluntad de los ciudadanos (cfr. Rom 13, 1-5).
»Síguese también que el ejercicio de la autoridad política, en la comunidad en cuanto tal y en las instituciones representativas, debe realizarse siempre dentro de los límites del orden moral, para procurar el bien común, según el orden jurídico legítimamente establecido o por establecer. Es entonces especialmente cuando los ciudadanos están obligados en conciencia a obedecer (cfr. Rom 13, 5). De todo lo cual se deduce la responsabilidad, dignidad e importancia de los gobernantes» (Gaudium et spes, n. 74).
Actes 24, 11-12
Pablo no subió a Jerusalén para evangelizar, sino sólo para rendir culto a Dios en el Templo.
Actes 24, 14-16
El Apóstol rechaza la acusación de que el cristianismo sea una secta judaica. Es más, para San Pablo el Antiguo Testamento alcanza su plenitud en el Evangelio, sin el cual el judaísmo no puede explicarse a sí mismo. Las creencias centrales judías pueden resumirse en la fe en Dios y en la vida futura, así como en la recta conducta bajo la guía de la conciencia: todo esto —dice Pablo— es también núcleo de la predicación cristiana.
El Apóstol establece una relación directa entre la esperanza en la resurrección y las buenas obras durante la vida presente. La mencionará siglos más tarde el Catecismo Romano al observar que «el pensamiento de la resurrección será de una eficacia sin igual para ayudarnos a llevar una vida recta, íntegra y libre de pecado. Pensando en los inmensos tesoros que para entonces tenemos preparados, fácilmente nos animaremos a vivir santa y piadosamente. Y al contrario, pocos motivos tan eficaces para refrenar nuestros apetitos y apartarnos del pecado, como el pensamiento de los males con que serán castigados los reprobados que en el último juicio resucitarán para su condenación.
»El recuerdo de los premios eternos será siempre uno de los estímulos más eficaces en nuestra vida cristiana. Por grave y pesada que nos resulte en ciertas circunstancias la fidelidad a nuestra fe de cristianos, la esperanza del premio nos la hará más llevadera y reanimará nuestro espíritu, de modo que Dios nos encuentre siempre prontos y alegres en su divino servicio» (I, 12, 14; 13, 1).
Es digno de mencionar que San Pablo habla de la resurrección tanto de justos como de injustos.
Actes 24, 17
Es la única alusión de los Hechos a la colecta en favor de la comunidad de Jerusalén (cfr. Rom 15, 25).
Actes 24, 19
La objeción de Pablo tenía gran peso jurídico, porque la ley romana exigía la comparecencia ante el tribunal de las personas que habían levantado una acusación.
Actes 24, 24
Drusila era hija de Herodes Agripa I (cfr. 12, 1 s.). Había abandonado a su marido legítimo para unirse con el procurador romano.
Actes 24, 25
Es admirable la valentía de Pablo, hablando de castidad ante aquel matrimonio de concubinarios. «Observad que, admitido a coloquio con el gobernador, Pablo no le dice nada de lo que hacía falta decir para influirle y ablandarle, sino que le dirige palabras que le asustan y turban sus pensamientos» (Hom. sobre Act, 51).
El temor de Félix ante la idea del juicio futuro poco tiene que ver con el verdadero temor de Dios, que es el comienzo de la sabiduría, y por tanto de la conversión. La actitud del gobernador indica una conciencia turbada y llena de remordimientos, que no desea, sin embargo, cambiar de conducta.
Actes 24, 26
Félix esperaba sin duda beneficiarse del dinero de la colecta traído por Pablo a Jerusalén y mencionado por éste en su discurso de defensa (v. 17). La venalidad de los gobernadores romanos era bastante frecuente.
Actes 24, 27
«Bienio»: Término técnico del derecho romano que indica el tiempo máximo de una detención preventiva (cfr. 28, 30).
Era normal que un gobernador cesante dejara a su sucesor la resolución de los casos importantes pendientes.
Chapitre n°25
Actes 25, 1-12
Tiene lugar ante Festo una nueva audiencia judicial de Pablo, según el procedimiento narrado en el capítulo anterior. El nuevo gobernador desea conocer por sí mismo la causa antes de pronunciar sentencia definitiva. Advertida, o por lo menos sospechada, la inocencia del acusado, el juez se encontrará pronto sumido en idéntica perplejidad que su antecesor Félix y sometido a las mismas presiones de los judíos.
Porcio Festo parece haber sido un buen gobernante. Ocupó su cargo en Judea dos o tres años, hasta el 62, en que murió.
Actes 25, 1-2
La visita de cortesía a Jerusalén sirvió a Festo para informarse con detalle de todos los asuntos locales pendientes de resolución, y entre ellos de la causa de Pablo.
Actes 25, 9
El gobernador no piensa ceder al tribunal judío la jurisdicción sobre el reo. Pero su prudencia política le mueve a tener en cuenta parcialmente las peticiones de los acusadores y conceder al Sanedrín una voz en el proceso. Al mismo tiempo Festo podría usar al Sanedrín como consilium. Éste es el sentido de su invitación a Pablo para que acceda a ser juzgado en Jerusalén. En realidad la pregunta del gobernador es retórica, pues con ella se limita a informar al acusado de lo que ya ha decidido hacer.
Actes 25, 10-11
Pablo advierte las intenciones de Festo y apela al César para evitar un juicio en condiciones desfavorables. Bajo el punto de vista estrictamente jurídico, el acto de Pablo no es una apelación, sino lo que el derecho romano llamaba provocatio. La apelación propiamente dicha tenía lugar cuando el tribunal inferior competente había pronunciado sentencia. La provocatio, utilizada por el Apóstol en este caso, consistía en exigir que la causa se examinara en el tribunal superior, de modo que fuera éste el que se pronunciara sobre la inocencia o culpabilidad del acusado.
El derecho de pedir que la causa se viera en el tribunal imperial estaba reservado a los ciudadanos romanos.
Las incidencias legales, dispuestas y movidas por la Providencia, coadyuvan a que Pablo cumpla la tarea que Dios le ha reservado y que el Señor le había predicho (cfr. Act 23, 11). «Apela al César y corre hacia Roma para insistir por más tiempo aún en la predicación, de modo que pueda ir a Cristo coronado con los muchos que van a creer ahora y con todos los demás» (Super Act expositio, ad loc.).
La habitual generosidad de Pablo le impulsa una vez más a contemplar y aceptar con serenidad la posibilidad de morir. La muerte sería para él en último término la voluntad de Dios y no solamente la decisión de un tribunal humano. Pero su sentido de la justicia le obliga a pedir que sus acciones sean juzgadas en base a sus propios méritos o deméritos según la ley. «No son palabras de un hombre que se condena a sí mismo a la muerte, sino de un hombre que cree firmemente en sus propias afirmaciones» (Hom. sobre Act, 51).
Actes 25, 12
Es posible que la apelación de Pablo no tuviera por sí misma un efecto automático y que el gobernador no estuviese necesariamente obligado por la ley a enviar el detenido a Roma. Pero una vez invocada la apelación por el acusado, el envío de éste al tribunal imperial libraba a Festo de un serio dilema. Porque no transferir la causa a Roma podía interpretarse como un desprecio al César y era políticamente arriesgado (cfr. 26, 32), y poner en libertad a Pablo habría significado una grave e innecesaria ofensa a los judíos.
Actes 25, 13
Herodes Agripa II era hijo de Herodes Agripa I. Nació el año 27. Como su padre, había conseguido el favor de Roma y recibido varios territorios al norte de Palestina, que se le permitía gobernar con el título de rey. Berenice era su hermana.
Actes 25, 19
Las palabras de Festo manifiestan indiferencia hacia las creencias de Pablo y su discusión religiosa con los judíos. La conversación de ambos políticos expresa la típica actitud de los hombres mundanos respecto a asuntos que juzgan extravagantes y cuya importancia para la vida en último término ignoran. Por este texto sabemos también que en algún momento del proceso Pablo debió hablar de Jesús y confesar su fe en la Resurrección.
Jesucristo vive y es el centro de la historia y de la existencia de todos y cada uno de los hombres. «Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado (cfr. 2 Cor 5, 15) por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo, a fin de que pueda responder a su máxima vocación, y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea posible salvarse (cfr. Act 4, 12). Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se hallan en su Señor y Maestro. Afirma además la Iglesia que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y siempre (cfr. Heb 13, 8)» (Gaudium et spes, n. 10).
Enciende tu fe. —No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia.
¡Vive!: ‘Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!’ —dice San Pablo— ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre! (Camino, n. 584).
Actes 25, 21
«César» y «Augusto» eran títulos del Emperador de Roma. En aquel tiempo reinaba Nerón (54-68).
Actes 25, 22
La contestación de Agripa recuerda de alguna manera una escena semejante: el deseo que había tenido su tío-abuelo Herodes Antipas por ver a Jesús (cfr. Lc 9, 9; 23, 8). «La conversación con el gobernador hace nacer en el corazón de Agripa un vivo deseo de oír a Pablo. Festo le concede esta satisfacción y con ello la gloria de Pablo aumenta todavía más. Tal es el efecto de todas las maquinaciones urdidas contra él. Sin ellas ningún juez se habría dignado escuchar semejantes cosas y nadie le habría atendido con esta gran calma y este profundo silencio» (Hom. sobre Act, 51).
Chapitre n°26
Actes 26, 1-30
Pablo se ha defendido ya ante Festo, y sus palabras (cfr. 25, 8 s.) han servido para manifestar su inocencia ante la ley romana. Ahora hablará ante Agripa en un discurso dirigido principalmente no a romanos sino a judíos. Va a dar testimonio del Evangelio en presencia de un rey. Se cumple así la profecía de 9, 15 y Lc 21, 12.
Actes 26, 2-3
«Observad cómo se apresta Pablo —comenta San Juan Crisóstomo— a exponer su doctrina no solamente sobre la fe en el perdón de los pecados sino también en las reglas de la conducta humana. Si su conciencia le hubiera reprochado alguna falta se habría turbado ante la idea de ser juzgado por quien podía saber todo; pero es propio de una conciencia limpia no sólo no rechazar como juez a quien sabe exactamente cómo son las cosas sino alegrarse de ser juzgado por él» (Hom. sobre Act, 52).
Pablo quiere convencer a Agripa, al que considera un buen conocedor de las creencias judías, de que el Evangelio no es otra cosa que el cumplimiento de las Sagradas Escrituras.
Actes 26, 5
El término fariseo es usado por Pablo en esta ocasión para indicar la estricta observancia de la Ley mosaica que practicaba antes de ser cristiano (cfr. Phil 3, 5).
Actes 26, 6-8
Pablo invoca frecuentemente en sus discursos de defensa la esperanza en el cumplimiento de las promesas y profecías del Antiguo Testamento (cfr. 23, 6; 24, 15; 28, 20). Además de manifestar su estado de ánimo y sus convicciones personales, indica con ello que la cuestión fundamental que se discute es si los judíos creen o no seriamente en esas profecías.
Aunque habla de la resurrección en términos generales, es evidente que las palabras de Pablo se refieren a la Resurrección de Jesús, que le legitima como Mesías. «Pablo aporta dos pruebas de la resurrección. Una procede de los profetas. No cita a ninguno en particular, sino que se limita a decir que ésa es la creencia de los judíos. La segunda, prueba es presentada por el Apóstol a partir de los hechos mismos. ¿Y cuál es? Que Cristo, después de resucitar de entre los muertos, ha conversado con él» (Hom. sobre Act, 52).