Hébreux 13, 20-21
La epístola termina de modo semejante a las cartas paulinas: una doxología y las palabras de despedida. En estos versículos se invoca al «Dios de la paz»; Él es el único que da la verdadera paz porque decretó la reconciliación de los pecadores por obra de Cristo. Al mismo tiempo Jesucristo es denominado el «Gran Pastor». Vuelve así a insinuarse el paralelismo entre el éxodo y la Antigua Alianza con la entrada en el Cielo.
Así como Moisés había introducido al pueblo de Israel en la tierra prometida como un pastor al frente de su rebaño (cfr Is 63, 11), Jesucristo, el pastor por excelencia (cfr Ioh 10, 10-16; 1 Pet 2, 25; 5, 4), ha conducido a sus ovejas a la vida gloriosa.
El v. 21 se pone en relación con la doctrina cristiana acerca de la gracia de Dios y la correspondencia del hombre a esa gracia. Comentando este pasaje explica Santo Tomás que la expresión «os disponga con todo bien para que cumpláis su voluntad» equivale a que «Dios os haga querer todo bien», porque la voluntad de Dios es que nosotros actuemos con nuestra libre voluntad. De otro modo nuestra voluntad al no ser libre no sería buena; por otro lado la voluntad de Dios es siempre nuestro bien (cfr Comentario sobre Heb, ad loc.). Dios prepara la voluntad del hombre para que éste quiera el bien. Después debe ser el hombre el que corresponda al impulso divino. Así Dios «cumple en nosotros lo que es agradable a sus ojos».
Hébreux 13, 22-24
La «palabra de exhortación» expresa la idea de discurso o tratado destinado a dar consuelo y ánimo. Incluso puede ser una alusión al tipo de discursos que se pronunciaban en la sinagoga (cfr Act 13, 15) como si el autor hiciera por escrito lo que no pudo realizar oralmente.
El «hermano Timoteo», bien conocido entre la primitiva cristiandad, es el discípulo de San Pablo y compañero de viaje a quien escribe las dos epístolas que llevan su nombre.
El saludo «a todos los que os presiden» muestra el respeto y la veneración que se tenía a los que estaban al frente de la comunidad (cfr Heb 13, 7.17). Para la expresión «a todos los santos», cfr notas a Rom 1, 7; 1 Cor 1, 2; Eph 1, 1.
«Los de Italia»: Como pensaron muchos Padres y antiguos comentaristas, la carta fue casi seguramente escrita en Roma.
Hébreux 13, 25
La epístola concluye de forma similar a las cartas de San Pablo y en especial a Eph, Col, 1 Tim, 2 Tim y Tit. La «gracia» es el conjunto de todos los dones sobrenaturales que Dios concede al hombre por medio de Jesucristo. Es el anhelo de toda misión apostólica: que a todos alcance la gracia y que ninguno la pierda. Teodoreto de Ciro comentando este versículo señala: «Añade lo que acostumbra a decir al final pidiendo para ellos la participación de la gracia. Nosotros alabemos al legislador de lo nuevo y de lo antiguo y, para que obtengamos de Él su auxilio, pidamos que cuando cumplamos sus divinas leyes alcancemos los bienes prometidos, en Jesucristo nuestro Señor, para el cual es la gloria junto con el Padre, y el Santísimo Espíritu ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén» (Interpretatio Ep. ad Haebr, ad loc.).