1. Daniel en el palacio del Rey de Babilonia.
Podemos considerar este capítulo como la introducción histórica a la primera parte del libro. El autor quiere destacar la fidelidad a la ley mosaica de los tres jóvenes en medio de un ambiente pagano de la corte babilónica. Por otra parte, quiere hacer ver a los lectores que Dios tiene una especial protección sobre los que le son fieles en las circunstancias adversas. La vida de estos jóvenes se desarrolla, según la narración, en tiempos de Nabucodonosor. En el comentario tendremos ocasión de ver bastantes anormalidades históricas en muchos detalles. El estilo es bastante convencional.
Deportación de Daniel y su estancia en la corte (1-7)
1 El año tercero del reinado de Joaquim, rey de Judá, Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue contra Jerusalén y la asedió. 2 Y entregó el Señor en sus manos a Joaquim, rey de Judá, y parte de los vasos de la casa de Dios, y los trajo a la tierra de Sanaar, a la casa de su dios, y metió los vasos en la casa del tesoro de su dios. 3 Dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real y del de sus nobles, 4 cuatro mozos en los que no hubiera tacha, de buen parecer, de talento, instruidos en toda suerte de sabiduría, dotados intelectualmente y educados, capaces de servir en el palacio del rey, y a quienes se les instruyese en las letras y la lengua de los caldeos. 5Asignóles el rey para cada día una porción de los manjares de su mesa, del vino que él bebía, y mandó que los criasen durante tres años, al cabo de los cuales entrasen a servir al rey. 6 Fueron de ellos, de entre los hijos de Judá, Daniel, Ananías, Misael y Azarías, 7 a los cuales el jefe de los eunucos puso por nombre: a Daniel, Baltasar; a Ananías, Sidraj; a Misael, Misaj, y a Azarías, Abed-Nego.
El fondo histórico de estas narraciones aparece perfectamente datado: el año tercero del reinado de Joaquim, es decir, en el 606-605 a.C., pues Joaquim sucedió a su padre Josías después de la batalla de Megiddo, en 609 a.C. No sabemos que Nabucodonosor haya asediado a Jerusalén en este año. El primer asedio conocido de la Ciudad Santa por los babilonios es en 598 a.C. Para conciliar los datos del libro de Daniel se supone que Nabucodonosor, generalísimo de las tropas caldeas y lugarteniente militar de su padre Nabopolasar, después de haber vencido a Necao en Carquemis 1 en 605 a.C., avanzó hacia Egipto, y en esta expedición puso un cerco momentáneo a Jerusalén, tomando como botín los vasos de la casa de Dios u objetos sagrados del templo, entregados por el mismo rey Joaquim como oferta para que el caudillo caldeo se alejara de la ciudad, y llevándose éste como rehenes parte de la nobleza judía, entre los que estaría el mismo Daniel. En 2 Par 6-7 se dice que el rey Joaquim fue llevado en cautividad y que el templo fue saqueado por Nabucodonosor. Según esto, tenemos que suponer que Joaquim estuvo poco tiempo cautivo, pues aparece como rey de Jerusalén y muere en el asedio de ésta del 598, suce-diéndole su hijo Jeconías.
El lugar de la deportación es Babilonia, llamada tierra de Sennaar, según la antigua denominación bíblica 2. Los objetos preciosos fueron depositados en el templo de Bel-Marduk, dios de la gran metrópoli. Por orden del rey de Babilonia son llevados a su corte cuatro jóvenes israelitas de la nobleza, que habían de estar bajo la tutoría de un alto oficial de palacio, llamado Aspenaz3. Estos jóvenes debían ser iniciados en las ciencias y cultura caldea, entre la que tenía gran importancia la iniciación en la magia. Podemos suponer que en el palacio de Nabucodonosor había una escuela de formación como el paedagogium del Palatino en Roma. Los jóvenes participan del pathbag, palabra persa, que después pasó al siríaco con la significación de platos exquisitos y delicados. Deben permanecer en calidad de educandos o pajes durante tres años4.
Conforme a la costumbre, se les cambian los nombres hebreos en otros babilónicos 5.
Fidelidad de los cuatro jóvenes a la ley judía (8-16)
8 Se propuso Daniel en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey ni con el vino que él bebía, y rogó al jefe de los eunucos que no le obligara a contaminarse. 9 Hizo Dios que hallase Daniel gracia y favor ante el jefe de los eunucos; 10 y el jefe de los eunucos dijo a Daniel: Tengo miedo de mi señor el rey, que ha determinado lo que habéis de comer y beber, porque, si viere vuestros rostros más macilentos que los de los mozos de vuestra edad, condenaréis mi cabeza ante el rey. 11 Dijo entonces Daniel al cortesano 6 a quien el jefe de los eunucos había puesto para velar sobre Daniel, Ananías, Misael y Azarías: 12 Prueba, te ruego, a tus siervos por diez días, y que nos den a comer legumbres y agua a beber, 13 y compara luego nuestros rostros con los de los mozos que comen los manjares del rey, y haz después con tus siervos según veas. 14 Concedióles lo que le pedían y los probó por diez días,15 al cabo de los cuales tenían mejor aspecto y estaban más metidos en carnes que los mozos que comían los manjares del rey. 16 El cortesano se llevaba sus manjares y su vino y les daba legumbres.
La vida que habían de llevar los cuatro jóvenes israelitas en la corte era comprometida desde el punto de vista de fidelidad a la Ley. En primer lugar, el comer de los manjares del rey los exponía a comer comidas prohibidas por la Ley 7, o carnes que habían sido sacrificadas a los ídolos 8. Los judíos tenían la preocupación de la contaminación con los paganos. El joven Daniel, atrayente, se atreve a proponer a su jefe inmediato una prueba de que no le va a perjudicar el régimen vegetariano que quiere seguir (v.12), pues tiene la seguridad de que Dios le ayudará y que no aparecerán desmejorados, como así resultó, después de diez días de régimen.
Los cuatro jóvenes ante el rey (17-21)
17 Otorgó Dios a los cuatro mancebos sabiduría y entendimiento en todas las letras y ciencias, y Daniel interpretaba toda visión o sueño. 18 Pasados los días al cabo de los cuales había mandado el rey que se los llevasen, el jefe de los eunucos se los presentó a Nabucodonosor. 19 El rey habló con ellos, y entre todos los mozos no había ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y fueron puestos al servicio del rey. 20 En cuantas cosas de sabiduría y entendimiento el rey les preguntó, hallólos diez veces superiores a todos los magos y astrólogos que había en su reino. 21 Así estuvo Daniel hasta el año primero del rey Ciro.
Dios premió la fidelidad de sus siervos, pues no sólo les dotó de buen aspecto externo, sino que los colmó de toda clase de sabiduría, de forma que ante el rey quedaron muy por encima de los otros jóvenes compañeros. Sobre todo, Daniel se mostraba maestro en la interpretación de las visiones y sueños 9, y que era extremadamente estimado entre los babilonios, dados a la adivinación. El autor sagrado quiere preparar los relatos que siguen, adelantando que la sabiduría especial de Daniel era una ciencia infusa, totalmente diferente de la de los adivinos y astrólogos de su tiempo. En la mente del hagiógrafo, la sabiduría del joven Daniel era totalmente milagrosa, como se demostrará en la interpretación del sueño de Nabucodonosor.
Su ascendiente fue tal en la corte babilónica, que permaneció en ella como principal intérprete y sabio hasta el año primero de Ciro (v.21), como rey de Babilonia, es decir, hasta el 538 a.C. No quiere decir esto que Daniel haya muerto en esta fecha, pues aparece haciendo revelaciones en el año tercero de Ciro 10, sino que se quiere destacar que no perdió su influencia en la corte hasta la extinción de la dinastía babilónica, suplantada por la persa.
1 Cf. Jer 46:2. Nabucodonosor es transcrito en Daniel Nebucadnessar, como en Esdras. En Jeremías y Ezequiel, Nebucadressar, que corresponde al babilónico Nabu-kudurri-usur (Nebo, protege el mojón). — 2 Cf. Gen 10:10; Jos 7:21. — 3 En los LXX se lee Abiesdri, que puede ser una deformación del nombre judío Abieser. "Jefe de eunucos" es título equivalente a alto oficial o mayordomo. — 4 Sobre la educación de los jóvenes en la corte persa véase Platón, Alcibíades I 37; Jenofonte, Ciropedia I 2. — 5 Los nombres de los cuatro jóvenes en hebreo eran teóforos, como solía acontecer en la onomástica judía: Daniel significa "Dios es mi juez"; Ananías, "Yahvé hace gracia"; Misael, "¿Quién es lo que Dios?"; Azarías, "Yahvé ha ayudado." Los nombres fueron cambiados en otros babilónicos para nacionalizarlos. A Daniel se le da el nombre de Baltasar, que es la transcripción del babilónico Baíaísu-usur ("protege su vida"). En el hebreo se transcribe Belteishassar. En 5:1 aparece otro Belshasar, que tiene diferente etimología. A Ananías se le puso el nombre Shadraj, que significa "siervo de Aku," que es el equivalente sumerio del dios lunar "Sin." A Misael se le llamó Mishaj: "¿quién como Aku?" y a Azarías se le impuso el nombre de Abed-Nego: "siervo de Nebo" (Is 46:1). Véase A. jeremías, Das A.T. im Lichte des A. Or. (Leipzig 1916) 629. — 6 En el original, Hamelsar, que parece un título, equivalente al asirio massaru, que pudiera traducirse por "mayordomo, despensero." La Vg lee Μα/asar, como nombre propio. Los LXX: Amelsad, que algunos suponen deformación del babilónico Ameíu-usur ("protege al hombre"), y entonces quizá fuera nombre propio. — 7 La Ley prohibía comer la sangre y las grasas (Lev 3:17; 235) y los animales impuros (Lev 11:2-45; 20,25). — 8 Cf. Dt 32:38. — 9 Entre los orientales, la interpretación de sueños y visiones tenía una gran importancia. En la Biblia reiteradamente se afirma que los sueños y visiones son uno de los medios que utiliza Dios para comunicarse a los hombres (Núm 12:6; Jer 23:28; Jl 3:1; Zac 10,2; Mt 1:20). — 10 Dan 10:1.
2. El Sueño de Nabucodonosor
Una vez que se ha mostrado el origen de la sabiduría extraordinaria de Daniel, el hagiógrafo quiere probarla en un hecho concreto resonante, que iba a darle gran ascendencia en la corte babilónica. En este capítulo encontramos esbozadas las ideas teológicas del libro de Daniel, que se repiten constantemente en sus diferentes capítulos: a) la omnipotencia y supremacía del Dios de Israel, que comunica a Daniel una sabiduría superior a la de los magos; b) la sucesión de los grandes imperios está sujeta a la Providencia divina; c) sentido mesiánico de la historia: llegará un momento en que se implantará un nuevo reino judío, que sucederá a todos los reinos paganos. Estos no hacen sino preparar su venida, aunque sus protagonistas no lo sepan. De ahí la finalidad práctica del libro de exhortar a los judíos a permanecer fieles a su Ley, pues al fin han de triunfar, ya que las épocas de los imperios no son sino etapas de preparación de la manifestación del reino de Dios. La actual narración sobre el sueño de Nabucodonosor se parece en muchos detalles a la del Génesis sobre el sueño del faraón y su interpretación por José 1; pero en el caso de Daniel toda la interpretación es en función de una profecía mesiánica concreta; es decir, todos los imperios pasarán y a todos los sustituirá uno definitivo que no ha de pasar, el mesiánico judío, culminación de la historia.
Los magos, incapaces de interpretar el sueño (1-12)
1 El año doce del reinado de Nabucodonosor tuvo éste un sueño y turbóse en su espíritu, sin que pudiera dormir. 2 Hizo llamar el rey a magos y astrólogos, encantadores y caldeos, para que explicasen al rey su sueño. Vinieron, pues, y se presentaron ante el rey. 3 El rey les dijo: He tenido un sueño y estoy agitado, porque 110 sé ya cuál fue. 4 Entonces hablaron los caldeos al rey en lengua aramea: Vivas para siempre, oh rey! Di a tus siervos el sueño y te daremos su interpretación. 5 Respondió el rey diciendo a los caldeos: Palabra segura de mi parte, si no me mostráis el sueño y su interpretación, seréis descuartizados, y vuestras casas convertidas en muladares, 6 mientras que, si me decís el sueño y su interpretación, recibiréis de mí dones y mercedes y mucha honra; decidme, pues, el sueño y su interpretación. 7 Respondiéronle diciendo por segunda vez: Diga el rey el sueño a sus siervos y le daremos su interpretación. 8 El rey respondió diciendo: Veo claro que ponéis dilaciones, porque veis que la cosa se me ha ido. 9 Si no me decís el sueño, caerá sobre todos vosotros la misma sentencia. De cierto que pretendéis prepararos para decirme falsedades y mentiras mientras pasa el tiempo. Decid, pues, el sueño y conoceré que sois capaces de darme su interpretación. 10 Los caldeos respondieron al rey, diciéndole: No hay hombre sobre la tierra que pueda decir lo que el rey pretende; jamás tampoco rey alguno, por grande y poderoso que fuese, exigió cosa semejante de mago, astrólogo o caldeo. 11 Lo que pide el rey es imposible, y no hay nadie que al rey pueda decírselo, a no ser los dioses, que no moran entre los hombres. 12 El rey, con ira y gran furor, mandó matar a todos los sabios de Babilonia.
La datación del sueño se pone en el segundo año de Nabucodonosor, lo que parece prematuro, supuesto que los jóvenes hayan pasado tres años de aprendizaje. Por eso muchos autores leen año doce del reinado de Nabucodonosor. El rey tuvo un sueño que le inquietó, y quiso saber su sentido de los adivinos o caldeos, que en la terminología de los autores griegos era sinónimo de astrólogo, por la importancia que los caldeos daban a los estudios sobre el curso de los astros en orden al gobierno de la vida. Tiránicamente, Nabucodonosor exige de ellos que le digan primero el sueño que tuvo y después su interpretación. Quizá lo había olvidado en los detalles o tenía sólo una idea general, o aparentaba no recordarlo para probar la sagacidad de sus magos y adivinos.
La pretensión era inaudita y despótica. Los magos le piden que les narre el contenido del sueño 2. La frase vivas para siempre, ¡oh rey! es la usual en los formularios cortesanos orientales, como expresión de buen augurio 3. La reacción del despótico monarca fue amenazarlos con la muerte y la conversión de sus casas en un muladar4. Al contrario, si le dan a conocer su sueño e interpretación, los colmará de honores y de mercedes, pues habrán probado su sabiduría de excelentes adivinos. La prueba era difícil y cae dentro de la verosimilitud en los modos despóticos de los monarcas orientales de todos los tiempos. Los magos reconocen que no pueden conocer los pensamientos íntimos de un hombre. Sólo pueden acudir a los medios adivinatorios normales (v.10).
La pretensión, pues, del rey era algo inaudito en los anales de la magia. La respuesta de los adivinos, perfectamente razonable, exacerbó la ira del tirano, el cual mandó matar a todos los sabios y magos. Debemos notar cómo el hagiógrafo destaca la inutilidad de los hechiceros paganos para que por contraste brille más la intervención de la ciencia oculta de Daniel. No cabe duda que en todas estas narraciones hay mucho de convencional, pues es fácil captar las ideas teológicas que presiden los relatos.
Intervención de Daniel (13-28a)
13 Publicóse la orden, y ya iban a ser llevados a la muerte los sabios, y buscaban también a Daniel y a sus compañeros para matarlos. 14 Habló entonces Daniel avisada y prudentemente a Arioj, capitán de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia. 15 Habló y dijo a Arioj, capitán del rey: ¿Por qué esta orden del rey tan rigurosa? Entonces explicó Arioj la cosa a Daniel, 16 y Daniel, entrando al rey, le pidió que le diese tiempo y daría al rey la declaración. 17 Fue luego Daniel a su casa y comunicó el asunto a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, 18 instándoles a pedir al Dios de los cielos que les revelase aquel misterio para que no hiciese perecer a Daniel y a sus compañeros con el resto de los sabios de Babilonia. 19 Entonces el misterio fue revelado a Daniel en visión nocturna, por lo cual Daniel bendijo al Dios de los cielos,20 diciendo: Bendito sea el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suya es la sabiduría y la fuerza. 21 El es quien ordena los tiempos y las circunstancias, depone reyes y los entroniza, da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. 22 El revela lo profundo y lo oculto, conoce lo que está en tinieblas, y con El mora la luz. 23 A ti, Dios de mis padres, te confieso y te alabo, que me has dado sabiduría y fortaleza, y me has dado a conocer lo que te hemos pedido, y nos has revelado el secreto del rey. 24 Después de esto fue Daniel a Arioj, a quien había mandado el rey matar a los sabios de Babilonia, y le dijo así: No extermines a los sabios de Babilonia; llévame a la presencia del rey, que yo le daré la explicación. 25 Llevó entonces Arioj prestamente a Daniel a la presencia del rey, y díjole así: He hallado a uno de los deportados de Judá que dará al rey la explicación. 26 Respondió el rey, diciendo a Daniel, a quien llamaban Baltasar: ¿Podrás tú declarar el sueño que vi y su interpretación? 27 Daniel respondió delante del rey diciendo: Lo que pide el rey es un misterio que ni sabios, ni astrólogos, ni magos, ni adivinos son capaces de descubrir al rey; 28 pero hay en los cielos un Dios que revela lo secreto y que ha dado a conocer al rey Nabucodono-sor lo que sucederá en el correr de los tiempos.
Daniel interviene ante decreto tan brutal, y habla con el capitán que iba a ser el que presidiría el piquete de ejecución, Arioj 5. La intervención del sabio hebreo es en extremo insinuante y prudente, de forma que logra convencer al capitán de que él puede interpretar lo que los magos babilonios no pudieron. El hagiógrafo tiene cuidado en notar que Daniel no fue consultado con el conjunto de los adivinos, porque su ciencia era muy superior. Es más, cuando Daniel se ofrece para interpretar, aún no sabe el sueño ni el sentido de él, pero tiene confianza absoluta en el poder de su Dios. Para 4 recibir la esperada comunicación divina se reunió con sus compañeros, para pedir juntamente la gracia extraordinaria a su Dios, por la que había de resplandecer la omnipotencia y providencia divinas. La plegaria fue escuchada al punto, y Daniel comprendió el misterioso sentido del sueño de Nabucodonosor. La primera reacción de Daniel fue dar gracias por la revelación comunicada (v.21).
Una vez más Dios se ha acordado de sus siervos, como lo había hecho con los antepasados de Israel. El Dios de los judíos es quien da sabiduría a los sabios y quien dirige el curso de la historia, entronizando y destronando reyes (v.21). Esta confesión alude ya al contenido de la revelación. Aunque el rey de Babilonia parecía firmemente establecido en su trono, sin embargo, llegará un día en que por designio divino será suplantado en su trono por otros reinos.
Después Daniel se ofrece para presentarse a Nabucodonosor y explicar su sueño. Ante el despótico monarca, el joven judío hace en el exordio constar que la revelación que va a comunicar no la ha obtenido por medios mágicos, como lo podrían hacer los demás adivinos babilónicos (v.27), sino que proviene del Dios que está en los cielos, que revela los secretos.
El sueño de Nabucodonosor (28-35)
28 He aquí tu sueño y la visión que has tenido en el lecho. 29 En tu lecho, ¡oh rey! te vinieron pensamientos de lo que vendrá después de este tiempo, y el que revela los secretos te dio a conocer lo que sucederá. 30 Si este misterio me ha sido revelado, no es porque haya en mí una sabiduría superior a la de todos los vivientes, sino para que yo dé a conocer al rey la explicación y llegues a conocer los pensamientos de tu corazón. 31 Tú, ¡oh rey! mirabas y estabas viendo una gran estatua. Era muy grande la estatua y de un brillo extraordinario. Estaba en pie ante ti, y su aspecto era terrible. 32 La cabeza de la estatua era de oro puro; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus caderas, de bronce; 33 sus piernas, de hierro, y sus pies, parte de hierro y parte de barro. 34 Tú estuviste mirando, hasta que una piedra desprendida, no lanzada por mano, hirió a la estatua en los pies de hierro y de barro, destrozándola. 35 Entonces el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro se desmenuzaron juntamente y fueron como tamo de las eras en verano; se los llevó el viento, sin que de ellos quedara traza alguna, mientras que la piedra que había herido a la estatua se hizo una gran montaña, que llenó toda la tierra.
El sueño de Nabucodonosor era muy extraño. Mientras el rey cavilaba sobre proyectos imperiales y sobre los posibles hechos que habían de sobrevenir sobre su imperio, tuvo un sueño que había de tener un sentido profético. El misterioso sueño tiene relación con lo que ha de suceder en los postreros días (v.28), frase que en la literatura profética alude a la época inmediata al establecimiento del reino mesiánico6. En ese sueño se ha revelado la sucesión de los imperios hasta la manifestación del reino mesiánico.
La introducción de Daniel es solemne, como corresponde a la importancia del sueño. En primer lugar confiesa humildemente que lo que va a decir no se debe a su sabiduría puramente humana. Y después concreta el sueño del monarca: ante sus ojos apareció una estatua colosal en forma humana. El coloso, sin embargo, no estaba hecho de un material homogéneo, y en esto estribaba la particularidad de la misma. Diversos metales estaban representados en su composición: la cabeza, de oro; el pecho y brazos, de plata; el vientre, de bronce; las piernas, de hierro, y los pies, mitad de hierro, mitad de bronce. La calidad de los metales va decreciendo a medida que se desciende de la cabeza a los pies. En el simbolismo que después explicará la diversidad cualitativa de los metales representaba también el valor diferente de los imperios simbolizados.
Nabucodonosor, en su sueño, consideraba admirado la estatua, cuando una piedra desprendida, no por mano (v.34), fue a dar contra la estatua, derribándola y descomponiéndola como tamo que se lleva el viento. Por otra parte, esa minúscula piedra fue después creciendo hasta convertirse en una gran montaña (v.35). Al decir que la piedra fue desprendida sin que la lanzara mano alguna, alude a un poder secreto divino, como explicará en la interpretación.
Interpretación del sueño (36-45)
36 He aquí el sueño. Daremos también al rey su interpretación. 37 Tú, ¡oh rey! eres rey de reyes, porque el Dios de los cielos te ha dado el imperio, el poder, la fuerza y la gloria. 38 El ha puesto en tus manos a los hijos de los hombres, dondequiera que habitasen; a las bestias de los campos, a las aves del cielo, y te ha dado el dominio de todo; tú eres la cabeza, de oro. 39 Después de ti surgirá otro reino menor que el tuyo, y luego un tercero, que será de bronce y dominará sobre toda la tierra. 40 Habrá un cuarto reino, fuerte como el hierro; como todo lo rompe y destroza el hierro, así él romperá todo, igual que el hierro, que todo lo hace pedazos. 41 Lo que viste de los pies y los dedos, parte de barro de alfarero, parte de hierro, es que este reino será dividido, pero tendrá en sí algo de la fortaleza del hierro, aunque viste el hierro mezclado con el barro. 42 Y el ser los dedos parte de hierro, parte de barro, es que este reino será en parte fuerte y en parte frágil. 43 Viste el hierro mezclado con barro porque se mezclarán por alianzas humanas, pero no se pegarán unos con otros, como no se pegan el hierro y el barro. 44 En tiempo de esos reyes, el Dios de los cielos suscitará un reino que no será destruido jamás y que no pasará a poder de otro pueblo; destruirá y desmenuzará a todos esos reinos, mas él permanecerá por siempre. 45 Eso es lo que significa la piedra que viste desprenderse del monte sin ayuda de mano, que desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El Dios grande ha dado a conocer al rey lo que ha de suceder después. El sueño es verdadero, y cierta su interpretación.
Daniel empieza enfáticamente a exponer su interpretación, alabando la grandeza material de Nabucodonosor, conforme a las costumbres cortesanas. Se le da el título de rey de reyes (v.3y), corriente en la época persa. Las frases son absolutas: Nabucodonosor aparece como rey de los hombres y de los animales. La expresión plural "daremos la interpretación" puede considerarse como fórmula retórica, asociando a sus compañeros judíos a su revelación. Una vez captada la benevolencia del monarca con las alabanzas más desorbitadas, Daniel expone la interpretación: la estatua, con sus diferentes metales, representa diferentes imperios que se sucederán. La cabeza de oro simboliza el reino de Nabucodonosor (v.38). Las otras partes de la estatua simbolizan otros tantos reinos que sucederán al babilónico; el que sucederá a éste será menor que él (el pecho, de plata), mientras que el tercero (vientre de bronce) dominará sobre la tierra (v.39). A éste le sucederá otro que se distinguirá por su agresividad, rompiendo todo como el hierro (v.40). Este cuarto reino será, por un lado, fuerte como el hierro, pero también frágil como la arcilla, simbolizado en los pies de la estatua, mitad de hierro, mitad de barro (v.42). El profeta concreta diciendo que ese cuarto reino se tratará de reforzarlo con alianzas humanas, que al fin resultarán ineficaces (v.43). Este detalle es de sumo interés para encontrar la clave de identificación de este misterioso reino agresivo, fuerte y débil a la vez, como veremos a continuación. A este último reino suplantará un reino que no será destruido jamás. (v.44), simbolizado en la piedra que cae sobre la estatua, destruyéndola y convirtiéndose en una gran montaña.
Identificación de los Cuatro Reinos
El profeta sólo nos da la identificación del primer reino, que es el babilónico. Por otra parte, da muchos detalles sobre el cuarto reino, que le preocupa de un modo especial, como veremos en las visiones de los capítulos séptimo y octavo, en que se concretarán más las particularidades de dicho reino. En realidad, esta visión de la estatua y la de las cuatro bestias del c.7 se explicitan mutuamente. Esto supuesto, ¿cuáles son los reinos simbolizados en la misteriosa estatua simbólica?
Los exegetas, en realidad, sólo convienen en el primero (la cabeza de oro), que, según la explicación misma de Daniel, es el reino de Nabucodonosor. En cuanto a la identificación de los otros tres reinos, las opiniones son varias: a) San Jerónimo, siguiendo a Josefo y al autor del cuarto libro de Esdras7, los identifica del modo siguiente: 1) neobabilónico: reino de Nabucodonosor (cabeza de oro); 2) imperio medo-persa (pecho de plata); 3) imperio griego de Alejandro y sucesores (vientre de bronce); 4) imperio romano (piernas, de hierro). Esta tesis estuvo muy en boga en la exégesis tradicional católica, b) Recientemente se ha preferido entre los exegetas católicos de mayor relieve la ecuación siguiente: 1) imperio neobabilónico; 2) imperio medo-persa; 3) imperio griego de Alejandro; 4) imperio de los Seléucidas de Siria y de los Lagidas de Egipto. Nosotros preferirnos esta última combinación, y explicamos nuestro punto de vista siguiendo a Lagrange 8. Respecto de la identificación del segundo reino (pecho de plata), convenimos con la posición tradicional en que se trata del imperio medo-persa, que sucedió históricamente al babilónico.
En el c.8, Daniel identifica explícitamente al carnero con dos cuernos con los reyes de Media y de Persia 9. Esto es muy importante para buscar la identificación de las partes de nuestra estatua. El tercer reino, que domina toda la tierra, es el imperio de Alejandro Magno, según se indica en 8:21 al identificar al macho cabrío que abate al carnero (Media y Persia) con el rey de Grecia. La parte más discutible es la identificación del cuarto reino, que se distingue por su agresividad. En nuestra tesis es el imperio de los sucesores de Alejandro, los "Diadocos," que dominaron Palestina, es decir, los Seléucidas y los Lagidas. De nuevo tenemos que acudir para su identificación a lo que se nos dice en las visiones de las cuatro bestias del c.7 y a los cuatro reyes que salen del gran cuerno del rey de Grecia de 8:22, vencedor del carnero medo-persa.
Además, en 11:4-45 encontramos la clave para interpretar las alianzas humanas que simbolizan el hierro y el barro que caracterizan al cuarto reino (v.43). En ese capítulo se habla de las alianzas matrimoniales que entablarán los Seléucidas de Siria y los Lagidas de Egipto para unirse en la posesión de Palestina. Sin embargo, las tentativas fueron inútiles, y las dos grandes familias no pudieron fundirse, como no se pegan el hierro y el barro (v.41). Por otra parte, en 7:7 se habla de una bestia feroz "con grandes dientes de hierro," que es suplantada por el reino de los santos. Como veremos en su lugar, esa bestia es fácil de identificar, por sus pormenores, con los Seléucidas, perseguidores del pueblo israelita en tiempo de los Macabeos. Ya San Jerónimo confiesa que el pequeño cuerno de la cuarta bestia del c.7 y el hombre despreciable de 11:21 designan a Antíoco IV Epífanes, perseguidor de los judíos en la época macabea.
Vemos, pues, que en las visiones del libro de Daniel hay una graduación en cuanto a la explicitación de su contenido: primero, en la visión de la estatua hay como un diseño general, y después, en las visiones sobre las cuatro bestias del c.7 y en las del carnero y macho cabrío del c.8, y, sobre todo, en las particularidades del c.11 se concretan más los detalles, llevándonos claramente a las incidencias de la época macabea, como veremos en su lugar.
En el c.7, el reino de los santos sucede al imperio de la cuarta bestia con dientes de hierro. Aquí, en la visión de la estatua, la piedrecita que derrumba el coloso con pies de barro es el reino que no será jamás destruido (v.44). Es el reino mesiánico, que permanecera para siempre (v.44). Su inauguración sucederá al colapso del último de los reinos, aunque en la perspectiva histórica no es necesario que la implantación de la nueva era mesiánica le siga inmediatamente.
De hecho sabemos que desde la época de los Macabeos, en que termina la perspectiva del profeta, hasta la aparición del Mesías, hay siglo y medio. Los profetas suelen prescindir en sus vaticinios mesiánicos del estadio intermedio que hay entre la época en que manifiestan el oráculo y la realización del mismo en la época mesiánica. Como hombres de su tiempo, están preocupados por la solución de los problemas candentes de sus contemporáneos, y, por otra parte, viven obsesionados con la era venturosa del Mesías, solución de todos los problemas. En su ansia de consolar a sus compatriotas, presentan como próxima muchas veces la aparición de la era deseada, si bien en cuanto al tiempo de su manifestación no hayan recibido luz particular de Dios.
Hemos visto esto en el caso del vaticinio del Emmanuel en Isaías, presentado por éste como solución al peligro creado por la invasión asiría. En realidad, el Niño excepcional no había de aparecer sino siete siglos largos más tarde. De igual modo, el autor del libro de Daniel vive preocupado por la tragedia de la guerra de Antíoco IV Epífanes contra el pueblo de Dios, y anuncia a sus contemporáneos la definitiva derrota de aquél, seguida de la instauración del reino de Dios, como veremos al explicar las visiones de los capítulos de la segunda parte. El autor del libro de Daniel concibe la historia como una colisión de fuerzas, simbolizadas en los diversos imperios, que se oponen a la instauración del reino por excelencia, el de los santos 10. En el capítulo 12 veremos dramatizada esta lucha entre imperios y la especial protección que tiene el reino de los santos bajo la tutela del arcángel Miguel.
Daniel, jefe de los sabios caldeos (46-49)
46 Entonces el rey Nabucodonosor cayó sobre su rostro y se prosternó ante Daniel, y mandó que le dieran ofrendas y perfumes. 47 Dirigió el rey la palabra a Daniel y dijo: En verdad que vuestro Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los reyes y que revela los secretos, pues tú has podido descubrir este misterio. 48 En seguida el rey engrandeció a Daniel, y le hizo muchos y grandes dones, y le constituyó gobernador de la provincia de Babilonia, y le hizo jefe supremo de todos los sabios de ésta. 49 Daniel rogó al rey que diese la intendencia de la provincia a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Pero Daniel permaneció en la corte del rey.
El rey quedó profundamente impresionado con la revelación del sueño y de su sentido, y le dio honores divinos a Daniel. Este los acepta como homenaje a su Dios, de quien había recibido la sabiduría (ν.28). Con su revelación se había manifestado la grandeza del Dios de Israel, reconocido por Nabucodonosor como Dios de todos los dioses. Toda la narración se ordenaba a este reconocimiento de la superioridad del Dios de los judíos. En premio a la interpretación se le nombra gobernador de la provincia de Babilonia, y éste pide la participación en el gobierno para sus compañeros, que le han ayudado con sus oraciones.
En todo esto salta a la vista el estilo convencional del relato, muy similar al del libro de Ester, donde se habla del encumbramiento de Mardoqueo. Todo parece suponer que nos hallamos ante una composición didáctica religiosa al estilo de los libros de Job, Ester, Judit y Tobías, en los que las narraciones en torno a un protagonista se amoldan para resaltar determinadas ideas religiosas. El autor del libro de Daniel, viviendo en tiempo de los Macabeos, compone una serie de relatos en torno al gran personaje legendario Daniel, en los que se destaca la providencia del Dios de los judíos sobre sus siervos a través de la historia.
1 Cf. Gen 41. — 2 El texto dice en lengua aramea, lo que parece glosa debida a un copista posterior, que creía que la lengua de la corte babilónica era el arameo, como lo fue más tarde en la época persa. — 3 Así entre los persas (CuRT., Hisíor. VI 5). Lo mismo en las cartas de Tel-Amarna. — 4 Cf. 2 Re 10,27; Esd 6:11. — 5 En Gen 14:1 aparece un Arioj rey de Ellasar, o Larsa, en Mesopotamia (cf. Jdt 1:6). — 6 Cf. Is 2:2; Miq 4:1. — 7 Cf. 4 Esd 12:10-12; Flavio Josefo, Antiq. X 10:3; San Jerónimo: PL 25:504.530. — 8 Cf. M. J. Lagrange: RB (1904) 5035; D. Buzy, Lessymbolesde l'Ancien Testament (1923) 266-80: RB (1918) 403-26; Dennefeld, Le Messianisme (1929) 173; J. Chaine, Introduction a la lecture des prophétes (1932) 260; M. Becher, Verbwn Domini (1924) 206-10. — 9 Driver ve en los medos y los persas dos "reinos" diferentes. Cf. The Book of Daniel (1900) p.28-29 (Cambridge Bible). Pero en Dan 7:21 se identifican. — 10 Dan 7,18s. — 11 Sobre estas profecías de Daniel puede verse el artículo de A. Colunga Los vaticinios mesiánicos de Daniel: 21 (1920) 285-305. Saydón, siguiendo a Junker, se inclina a suponer que los cuatro famosos reinos no tienen un valor histórico, sino que la cifra de cuatro indica sólo la totalidad de los reinos que había de haber antes de la era mesiánica. Cf. Verbum Dei II p.625 (Barcelona 1956).
3. La Estatua de Nabucodonosor. Los tres jóvenes en el horno.
En el capítulo anterior ha quedado patente la sabiduría del Dios de los judíos sobre todos los dioses; ahora se va a mostrar su omnipotencia. El hagiógrafo quiere animar a sus contemporáneos a permanecer fieles a la ley de su Dios en las circunstancias más adversas, y para ello les presenta el ejemplo de los jóvenes de Babilonia.
La erección de la estatua de oro y orden de adorarla. (1-7)
1 Hizo el rey Nabucodonosor una estatua de oro, alta de sesenta codos y seis codos de ancha. Alzóla en el llano de Dura, de la provincia de Babilonia, 2 y mandó el rey reunir a todos los sátrapas, prefectos, bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces y a todos los gobernadores de las provincias para que viniesen a la dedicación de la estatua que había alzado el rey Nabucodonosor. 3 Reuniéronse, pues, los jefes, prefectos, bajaes, oidores, tesoreros, magistrados, jueces y todos los gobernadores de las provincias para la dedicación de la estatua alzada por el rey Nabucodonosor, y se pusieron ante la estatua que Nabucodonosor había alzado. 4 Un pregonero clamaba en voz alta: Ved lo que se os ordena, pueblos, naciones y hombres de toda lengua. 5 En cuanto oigáis el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos, adorad, postrados, la estatua de oro que ha alzado el rey Nabucodonosor. 6 Todo aquel que no adore, postrándose al instante, será echado en un horno encendido. 7 Por tanto, los pueblos todos, al oír el sonido de las trompetas, las arpas, los salterios, las gaitas e instrumentos músicos de toda suerte, todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua se prosternarán y adorarán la estatua de oro alzada por el rey Nabucodonosor.
El rey manda erigir en su honor una colosal estatua de 30 metros de alto y 3 de ancho. Para salvar la desproporción entre ambas medidas, se ha supuesto que la anchura pertenecía sólo a la estatua, mientras que la altura correspondería a la estatua y al pedestal. El lugar de su erección es Dura (v.1), que en babilonio significa "muro." Junto a Babilonia hay ahora dos localidades con el nombre de Dura l. Con motivo de su inauguración hubo una concentración de todas las jerarquías del imperio en todas sus modalidades.
Es interesante la mención de los sátrapas, palabra persa que significa "protectores del reino." La división del imperio persa en satrapías fue obra de Darío, sucesor de Cambises. Esta mención de la palabra persa indica que el redactor compone su obra después de la época persa. De Daniel no se dice nada, aunque en el capítulo anterior se había dicho que era "gobernador" de Babilonia. En la gran concentración no faltaban los numerosos representantes de las colonias extranjeras, tan numerosas en el emporio comercial de Babilonia. Esclavos y comerciantes de todas las naciones del Próximo Oriente estaban representados en Babilonia, y todos debían adorar la colosal estatua: hombres de toda lengua se prosternarán (ν.7). La impostura de esta orden está dentro de la verosimilitud del despotismo de los reyes babilónicos, aunque no sabemos por las crónicas de la época que haya tenido lugar tal hecho.
Los tres jóvenes judíos se niegan a adorar la. estatua (8-18)
8 Con ocasión de esto vinieron algunos caldeos y denunciaron a los judíos. 9 Hablaron al rey Nabucodonosor, diciendo: Vivas para siempre, ¡oh rey! 10 Tú, ¡oh rey! has dado una ley por la cual todo hombre, al oír el son de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, ha de adorar postrado la estatua de oro, 11 y que quien no se postre y adore, será arrojado a un horno encendido. 12 Pues hay unos hombres, judíos, a quienes has encomendado tú la dirección de los negocios de la provincia de Babilonia, Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que, sin tenerte en cuenta para nada, ¡oh rey! no sirven a tus dioses y no adoran la estatua que has alzado. 13 Irritado y furioso entonces Nabucodonosor, dio orden de que trajeran a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. Traídos éstos a la presencia del rey, 14 Nabucodonosor les habló diciendo: ¿De verdad, Sidraj, Misaj y Abed-Nego, no servís a mis dioses y no adoráis la estatua de oro que yo he alzado? 15 Ahora, pues, aprestaos, y, en oyendo el sonido de las trompetas, las cítaras, las arpas, los salterios, las gaitas y toda suerte de instrumentos músicos, postraos y adorad la estatua que yo he hecho, y si no la adoráis, al instante seréis arrojados a un horno encendido. ¿Y quién será el Dios que os libre de mis manos? 16 Sidraj, Misaj y Abed-Nego respondieron al rey diciendo: Nabucodo-nosor, no tienes por qué esperar más nuestra respuesta en esto, 17 pues nuestro Dios, al que servimos, puede librarnos del horno encendido y nos librará de tu mano. 18 Y si no quisiere, sabe, ¡oh rey! que no adoraremos a tus dioses ni nos postraremos ante la estatua que has alzado.
Los babilonios notaron la abstención de los judíos en el acto de adoración de la estatua, aceptado por todos los pueblos. Fueron al punto denunciados 2 ante el rey, sin duda porque sentían envidia de sus puestos de intendentes de la provincia. Nabucodonosor les invita, cuando fueron llevados a su presencia, a que acaten la orden, e insolentemente les dice que de otro modo no podrán librarse de su castigo, pues ¿quién sera el Dios que los libre de sus manos? (v.15). La frase suena en los oídos de los fieles judíos a blasfemia, y con toda entereza proclaman que tienen fe en su Dios, que los podrá librar del horno encendido. Debemos notar en esta narración que Nabucodonosor aquí no reconoce la superioridad del Dios de los judíos, como lo había hecho ante Daniel con ocasión de la revelación del sueño. Estas inconsecuencias son bastante corrientes en estas narraciones del libro de Daniel, que tiene el aire de un mosaico de relatos muy artificialmente unidos.
Los tres mancebos en el horno ardiendo (19-23)
19 Lleno entonces de ira Nabucodonosor, demudado el rostro contra Sidraj, Misaj y Abed-Nego, habló, mandando que se encendiese el horno siete veces otro tanto de lo que encenderse solía, 20 y mandó a hombres muy robustos de su ejército que atasen a Sidraj, Misac y Abed-Nego y los echasen al horno de fuego ardiente. 21 Entonces estos varones, atados con sus mantos, sus túnicas, sus turbantes y sus vestiduras, fueron arrojados en medio del horno ardiente. 22 Y como la orden del rey era apremiante y había mandado encender el horno tanto, las llamas abrasaron a los que habían echado en él a Sidraj, Misaj y Abed-Nego. 23 Y los tres varones cayeron atados en medio del horno encendido.
La narración es en extremo pintoresca y de estilo midrasico; en los detalles se procura resaltar lo milagrero y colorista en función de ideas teológicas que aquí son la providencia y justicia divina. El horno fue encendido de un modo excepcional, y las llamas abrasaron a los que echaron a los santos mancebos en su interior. Con ello resalta la especial protección del Dios de los judíos.
Oración de Azarías (24-45)
24 Se paseaban en medio de las llamas, alabando a Dios y bendiciendo al Señor. 25 Azarías, puesto en pie, abriendo sus labios en medio del fuego, oró de esta manera y dijo: 26 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres. Digno de alabanza y glorioso es tu nombre, 27 porque eres justo en cuanto has hecho con nosotros, y todas tus obras son verdad, y rectos tus caminos, y justos todos tus juicios. 28 Y has juzgado con justicia en todos tus juicios,en todo lo que has traído sobre nosotros y sobre la ciudad santa, la de nuestros padres, Jerusalén, pues con juicio justo has traído todos estos males a causa de nuestros pecados. 29 Porque hemos pecado y cometido iniquidad, apartándonos de ti, y en todo hemos delinquido, 30 y no hemos obedecido a tus preceptos, no los hemos guardado ni cumplido, según nos habías ordenado para que fuéramos felices, 31 y cuantos males has traído sobre nosotros y cuanto has hecho con nosotros, con justo juicio lo has hecho. 32 Nos entregaste en poder de enemigos injustos e inicuos apóstatas, y a un rey el más injusto y perverso de toda la tierra, 33 y ahora no podemos abrir nuestra boca. La vergüenza y el oprobio han caído sobre tus siervos y sobre todos los que te veneran. 34 Por tu nombre no nos deseches para siempre, no anules nuestra alianza, 35 no apartes tu misericordia de nosotros, por Abraham, tu amado, e Isaac, tu siervo, y por Israel, tu santo, 36 a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como las arenas que hay en las orillas del mar. 37 Porque, Señor, hemos sido empequeñecidos más que todas las naciones y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. 38 Al presente no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefe, ni holocausto, ni sacrificio, ni ofrenda e incienso, 39 ni lugar en qué ofrecer las primicias delante de ti y hallar misericordia. Pero con el alma contrita y el espíritu humillado hallemos acogida. 40 Como los holocaustos de los carneros y de los toros, como las miríadas de los gruesos corderos, así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, a fin de aplacar tu rostro, pues no serán confundidos los que en ti esperan. 41 Ahora nosotros de todo corazón te seguimos y te tememos y buscamos tu rostro. 42 No nos confundas, antes obra con nosotros según tu bondad y según la grandeza de tu misericordia. 43 Líbranos en virtud de prodigioso poder y da gloria, Señor, a tu nombre; 44 queden avergonzados los que maltratan a tus siervos, y queden confundidos de su tiranía, y su fuerza sea deshecha. 45 Y conozcan que tú, Señor, eres el único Dios, glorioso sobre toda la tierra.
Este fragmento, y el que sigue (46-51), es decir, el cántico de Azarías y el himno de alabanza de los tres jóvenes en el horno no están en el texto hebreo, sino que forman parte de las secciones griegas llamadas deuterocanónicas. Parece una interpolación insertada por el último redactor a la parte hebrea y aramea. La oración de Azarías gira en torno a la tragedia del pueblo israelita, castigado por Dios con el exilio; es una confesión del pueblo por sus pecados, puesta en labios de Azarías por el compilador de esta antología fragmentaria que es el libro de Daniel.
Por el estilo se ve que el griego está calcado en un original semítico. Las fórmulas de confesión de los pecados son estereotipadas y corrientes en la literatura de los Salmos: Israel ha sido castigado por sus pecados justamente, y parece como si Dios hubiera retiíado las promesas de su alianza. Israel se halla como una grey dispersa, sin jefe ni caudillo, sin profeta que les comunique las revelaciones de su Dios. En sustitución de los sacrificios, que no se pueden ofrecer porque no tienen templo, el protagonista se ofrece humildemente a Dios. Sólo Dios, por su misericordia, puede salvar a su pueblo; su ofrenda es un corazón contrito y humilde. El arrepentimiento es seguido de sinceros propósitos de una vida nueva. La oración, pues, es bellísima, pero sin originalidad.
La generalidad de los autores de nota creen que esta composición es del tiempo en que la vida de los repatriados de Palestina se desenvolvía en medio de las mayores dificultades de todo género. La afirmación de que no hay profeta hace claramente pensar que han pasado los tiempos en que las figuras de Jeremías y Ezequiel dominaban el horizonte del exilio israelita. El compilador ha querido ponerla en boca del joven Azarías con el fin de hacer resaltar más su heroica conducta en la hora de mayor sufrimiento, como estímulo para los que sufrían persecuciones en la época macabea.
El ángel del Señor en el horno (46-50)
46 Los ministros del rey que los habían echado, no cesaban de avivar el horno con betún, estopa, pez y sarmientos, 47 hasta levantarse las llamas cuarenta y nueve codos por encima del horno, 48 y las llamas, irrumpiendo, abrasaban a cuantos caldeos estaban alrededor del horno; 49 pero el ángel del Señor había descendido al horno con Azarías y sus compañeros, y apartaba del horno las llamas del fuego y hacía que el interior del horno estuviera como si en él soplara un viento fresco, 50 y el fuego no les tocaba absolutamente ni los afligía ni los causaba molestia.
Este relato es continuación del v.22 3. La providencia del Dios de los judíos protege de un modo especialísimo a los tres valerosos jóvenes. El hagiógrafo se complace en los detalles pintorescos para hacer resaltar más su idea: de un lado, los ministros del rey encienden animosamente el horno hasta hacer subir sus llamas a unos 25 metros de altura, siendo abrasados por éstas, que se extienden más de lo esperado, y de otro, los jóvenes en el horno se sentían libres del calor, como si el horno estuviera refrigerado por un viento fresco que soplara en su interior. De nuevo tenemos que resaltar el carácter artificial del relato, en el que lo portentoso ocupa el primer lugar, como en el libro de Joñas. En todos estos detalles el hagiógrafo quiere destacar la providencia que Dios tiene sobre los que le son fieles en las contradicciones y peligros de la vida.
Cántico de los tres jóvenes en el horno (51-90)
51 Entonces los tres a una voz alabaron, glorificaron y bendijeron a Dios en el horno, diciendo: 52 Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, muy digno de alabanza, ensalzado por los siglos. 53 Bendito en el templo santo de tu gloria, digno de ser cantado y glorificado por los siglos, i 54 Bendito tú, que penetras los abismos, digno de alabanza y ensalzado por los siglos. Bendito tú, que estás sentado sobre los querubines,digno de alabanza, ensalzado por los siglos. 55 Bendito en tu trono real, digno de ser cantado y celebrado por los siglos. 56 Bendito tú en el firmamento de los cielos, digno de ser cantado y glorificado por los siglos. 57 Bendecid al Señor todas las obras del Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 58 Bendecid al Señor, ángeles del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 59 Bendecid, cielos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 60 Bendecid al Señor, aguas todas que estáis sobre los cielos; cantadle y ensalzadle por los siglos. 61 Bendiga al Señor todo el ejército del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 62 Bendecid, sol y luna, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 63 Bendecid, astros del cielo, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 64 Bendecid, lluvia y rocío, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 65 Bendecid, todos los vientos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 66 Bendecid, fuego y calor, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 67 Bendecid, fríos y heladas, al Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. 68 Bendecid, rocío y escarcha, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 69 Bendecid, frío y fresco, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 70 Bendecid, hielos y nieves, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 71 Bendecid, noche y día, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 72 Bendecid, luz y tinieblas, al Señor, cantadle y alabadle por los siglos. 73 Bendecid, relámpagos y nubes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 74 Bendiga la tierra al Señor, cántele y ensálcele por los siglos. 75 Bendecid, montes y collados, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos; 76 Bendecid al Señor cuanto brota en la tierra, cantadle y ensalzadle por los siglos. 77 Bendecid, mares y ríos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 78 Bendecid, fuentes, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 79 Bendecid al Señor, monstruos de las aguas y cuanto en las aguas se mueve, cantadle y ensalzadle por los siglos. 80 Bendecid todas las aves del cielo al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 81 Bendecid todas las bestias y ganados al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 82 Bendecid, hijos de los hombres, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 83 Bendice, Israel, al Señor, i cántale y ensálzale por los siglos. 84 Bendecid al Señor, sacerdotes del Señor,cantadle y ensalzadle por los siglos. 85 Bendecid al Señor, siervos del Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 86 Bendecid, espíritus y almas de los justos, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 87 Bendecid, santos y humildes de corazón, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos. 88 Bendecid, Ananías, Azarías y Misael, al Señor, cantadle y ensalzadle por los siglos, porque nos sacó del infierno, y del poder de la muerte nos salvó, y de en medio del horno encendido nos libró, salvándonos de en medio del fuego. 89 Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. 90 Bendecid todos los piadosos al Señor, Dios de los dioses, cantadle y dadle gracias, porque es eterna su misericordia.
Este cántico, atribuido a los tres jóvenes en el horno ardiendo, es un salmo en forma de letanía, como el salmo 135, que debía recitarse en el templo, y que el autor sagrado ha querido poner en boca de los tres héroes para expresar sus sentimientos de gratitud a Dios por haberlos liberado de las llamas. La composición salmódica tiene dos partes: a) oración a Dios, que se ha manifestado a Israel, en su alianza y en su templo de Jerusalén, como Dios glorioso que habita sobre los querubines (51-56); b) invitación a todas las criaturas a que alaben a Dios (57-90). La enumeración es muy prolija, pues todas las obras de la creación, en sus diversas manifestaciones, son invitadas a alabar al Creador, desde los ángeles hasta las bestias de la tierra y los mismos seres inanimados, como el fuego, la escarcha, los ríos, los vientos, las fuentes. Toda la naturaleza debe ser un canto al Dios providente y eterno. Y, sobre todo, el hombre en su múltiple manifestación de la vida debe alabar al Dios providente y eterno, y particularmente los sacerdotes, levitas y santos del Señor, como porción elegida, deben una particular alabanza al Señor.
La composición es bellísima y similar a otras composiciones salmódicas que conocemos de la Biblia4. Empieza por alabar al Dios de los padres, que con ellos ha hecho alianza y que se ha manifestado glorioso en su nombre en la historia prodigiosa de Israel (v.51). A pesar de haberse manifestado a los antepasados de Israel, sin embargo, sigue altísimo y trascendente, sentado sobre los querubines y penetrando con su mirada lo más profundo de los abismos5. Su trono real es el firmamento de los cielos (v.55). Desde allí asiste majestuoso, desplegando su providencia sobre su pueblo y sobre los justos. Por eso, toda la naturaleza, desde los ángeles hasta las bestias, debe alabarle sin fin, y a esta alabanza son asociados los tres héroes del horno de Babilonia, porque los ha sacado del infierno (v.88), es decir, del peligro de muerte, por la que irían destinados al seol o región de los muertos, que los LXX traducen por hades, y la Vg por infernus.
Nabucodonosor glorifica al Dios de los judíos (91-100)
91 (24) Espantado entonces el rey Nabucodonosor, se levantó precipitadamente y, dirigiéndose a sus consejeros, les dijo: ¿No hemos arrojado al fuego tres hombres? Ellos le respondieron: Cierto, ¡oh rey! 92(25) y el rey repuso: Pues bien, yo veo allí cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin daño alguno, y el cuarto de ellos parece un hijo de dioses. 93(26) Acercóse entonces Nabucodonosor a la entrada del horno encendido y, hablando, dijo: Sidraj, Misaj y Abed-Nego, siervos del Dios supremo, salid y venid. Entonces salieron de en medio del fuego Sidraj, Misaj y Abed-Nego, 94(27) y juntándose los jefes, los prefectos, los bajaes y los consejeros del reino, vieron que el fuego no había tenido poder alguno sobre los cuerpos de aquellos varones, y ni siquiera se habían quemado los cabellos de sus cabezas, y sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olían a chamuscadas. 95(28) Tomó entonces la palabra Nabucodonosor, y dijo: Bendito sea el Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, que ha mandado su ángel y ha librado a sus siervos, que confiaron en él y no cumplieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a dios alguno fuera de su Dios. 96(29) He aquí ahora lo que dispongo: Todo hombre, cualquiera que sea el pueblo, la nación o la lengua a que pertenezca, que hable mal del Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego, será descuartizado, y su casa convertida en muladar, porque no hay Dios alguno que como El pueda librar. 97(30) Luego el rey engrandeció a Sidraj, Misaj y Abed-Nego en la provincia de Babilonia. 98(31) Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y hombres de toda lengua que habitan en toda la tierra: Paz abundante. 99(32) Me ha parecido bien daros a conocer las señales y prodigios que el Dios supremo ha hecho conmigo. 100(33) ¡Cuan grandes han sido sus señales 1 Cuán potentes sus prodigios! Su reino es reino eterno, y su dominación perdurará de generación en generación.
Esta perícopa enlaza en el texto arameo con el v.23; por eso hemos puesto las dos numeraciones, la del TM y la griega, con la adición deuterocanónica que hemos comentado. De nuevo tenemos que llamar la atención por el carácter convencional de la narración. No es muy verosímil esta conversión del rey Nabucodonosor, pero el hagiógrafo quiere destacar el triunfo total del Dios de los judíos sobre las imposiciones tiránicas del rey de Babilonia. Ante todo, su providencia está sobre los reyes más poderosos, y nunca deja abandonados a sus siervos.
Como-en el relato sobre el sueño de Nabucodonosor del c.2, también aquí el rey hace públicamente confesión de la grandeza del Dios de los judíos, y, con la anuencia de sus consejeros, da un edicto de reconocimiento para todo el imperio. En el libro de Jonas encontramos un edicto semejante, al mandar el rey de Nínive que hagan penitencia según la predicación de Jonas, y en el libro de Ester, también el soberano persa reconoce la grandeza y superioridad del Dios de los judíos. Nos encontramos, pues, ante escritos de género literario muy similar, que pudieran caracterizarse como composiciones didácticas, en las que la ficción está al servicio de ideas teológicas.
El hagiógrafo bien pudo escoger este género de escribir en orden a la edificación de los fieles bajo la inspiración del Espíritu Santo. El compilador del libro de Daniel ha creído apropiado a su fin, de animar a sus compatriotas en la lucha contra las imposiciones de Antíoco IV Epifanes, reunir ciertos relatos prodigiosos recibidos de la tradición popular en torno al gran personaje Daniel, que aparece en el libro de Ezequiel juntamente con Job y Noé como modelos de virtud y de justicia.
1 A ocho kilómetros al sudeste de Babilonia hay una localidad llamada Tolul Dura, y al sur, a unos diez kilómetros, la colina de Dura, junto al río del mismo nombre. — 2 En el arameo original, en que está escrito el fragmento, se dice literalmente "comieron sus porciones" (o carnes de los judíos), frase equivalente a nuestro calumniar. — 3 Este fragmento (v.46-5o) está sólo en el texto griego. — 4 Cf. Sal 103.145.148; Is 44:23; 49:13; 55:12. — 5 Cf. Job 28:14; 38:16; Eclo 1:2.
4. Nueva visión de Nabucodonosor interpretada por Daniel
Sigue la finalidad apologética del libro. Hasta ahora ha demostrado la superioridad del Dios de los judíos y su providencia particular sobre sus siervos fieles. Ahora va a demostrar ese poder omnímodo que tiene Dios sobre los reyes, humillándolos hasta el extremo. El omnipotente y despótico rey de Babilonia es reducido al estado de bestia como castigo divino hasta que reconociera el poder del Dios de los judíos. El estilo se mueve en la misma línea que los capítulos anteriores. Y su historicidad ha de juzgarse según los principios antes expuestos. El esquema del relato es en todo similar a lo que se dice en lo referente a la visión de la estatua.
La visión del árbol (1-15)
1 Yo, Nabucodonosor, vivía tranquilo en mi casa, feliz en mi palacio, 2 y tuve un sueño que me espantó, y los pensamientos que me perseguían en mi lecho y las visiones de mi espíritu me llenaron de turbación. 3 Hice que vinieran ante mí todos los sabios de Babilonia para que me diesen la interpretación del sueño. 4 Vinieron, pues, los magos, los astrólogos, los caldeos y los adivinos, y les expuse el sueño; pero nunca pudieron darme la interpretación, 5 hasta que vino ante mí Daniel, cuyo nombre es Baltasar, del nombre de mi dios, y en el cual reside el espíritu de los dioses santos. Expliquéle mi sueño, dicíéndo-dole: 6 Baltasar, tú, jefe de los magos, que tienes en ti, yo lo sé, el espíritu de los dioses santos y a quien ningún misterio se oculta, dame la explicación de las visiones que en sueño he tenido. 7 He aquí las visiones de mi espíritu mientras estaba en mi lecho. Miraba yo y vi en medio de la tierra un árbol alto sobremanera. 8El árbol había crecido y se había hecho muy fuerte, y su cima tocaba en los cielos, y se le veía desde los confines de toda la tierra. 9 Era de hermosa copa y de abundantes frutos, y había en él mantenimiento para todos. Las bestias del campo se resguardaban a su sombra, y en sus ramas anidaban las aves del cielo, y todos los vivientes se alimentaban de él. 10 En las visiones de mi espíritu en mi lecho vi que bajaba del cielo uno de esos que velan y son santos, 11y, gritando fuertemente, dijo: Abatid el árbol y cortad sus ramas, sacudid su follaje y diseminad los frutos, que huyan de debajo de él las bestias y las aves del cielo de sus ramas; 12 pero dejad en la tierra el tronco con sus raíces y atadle con cadenas de hierro y de bronce, y quédese así entre las hierbas del campo, que le empape el rocío y tenga por parte suya, como las bestias, la hierba de la tierra. 13 Quítese su corazón de hombre y désele un corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos. 14 Esta sentencia es decreto de los vigiles, es resolución de los santos, para que sepan los vivientes que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y lo da a quien le place, y puede poner sobre él ai más bajo de los hombres. 15 Este es el sueño que tuve yo, el rey Nabucodonosor. Tú, Baltasar, da la interpretación, ya que ninguno de los sabios de mi reino ha podido dármela, tú puedes darla, porque tienes en ti el espíritu de los dioses santos.
El relato del sueño está en estilo directo en los mismos labios de Nabucodonosor. El modo artificial del relato salta a los ojos. La moraleja que el hagiógrafo quería sacar de la visión la expresa el mismo rey, a saber, que el Altísimo es dueño del reino de los hombres (v.14). El conjunto del relato da la impresión de ser como una parábola en la que los protagonistas expresan alternativamente la evolución del pensamiento del hagiógrafo conforme a las ideas teológicas que quiere inculcar. De nuevo se pone de relieve la impotencia de los magos y adivinos de Babilonia para interpretar el sueño del rey (ν.3).
En un momento de euforia por sus triunfos, estaba considerando el rey su imperio y se comparaba a un gran cedro que bajo su sombra cobijaba a todos los pueblos. Exaltado por estos pensamientos megalómanos, tuvo un sueño que nadie pudo interpretar. En sueños vio un árbol inmenso muy semejante al que nos describe Ezequiel simbolizando a Asiría 1. Quizá el hagiógrafo, al componer su narración, se sirvió de la descripción de aquél. De todos modos, el árbol parece simbolizar al propio Nabucodonosor, como explicará Daniel. El árbol frondoso es abatido por orden de un ser misterioso al que se le llama vígil y santo (v.10), que en el contexto es un ángel, llamado así por estar siempre pronto a cumplir las órdenes de Dios 2. Es la primera vez que aparece el nombre de vígil aplicado a los ángeles, pero esa denominación se hace común en la literatura apócrifa judía posterior 3. El árbol debe ser podado de ramas,.quedando sólo el tronco, y éste rodeado de cadenas (v.12), cuyo simbolismo aparecerá en la explicación ulterior.
El hagiógrafo pasa del símbolo a la cosa significada, y así, del árbol pasa al personaje representado por él, es decir, el mismo Nabucodonosor, al que se le quita su corazón de hombre y se le da un corazón de bestia (v.15), viviendo durante siete tiempos, o años4, en el campo como una bestia del campo, sintiendo sobre sus espaldas el rocío y comiendo la hierba de la tierra (v.12). La frase corazón de hombre alude a la inteligencia 5 y a los afectos humanos. El castigo, pues, consistirá en que el rey perderá su conciencia de hombre, cayendo en un estado amenté, creyéndose una bestia; es la enfermedad llamada zoantropía o lycantropia, bajo cuyo efecto el hombre se considera un animal. Este castigo decretado contra el rey es obra de los vigiles o ángeles, que constituyen como un consejo celestial6. Son los mandatarios de Dios, y por eso su sentencia es la sentencia de Dios mismo. El hagiógrafo hace confesar al propio Nabucodonosor que todo lo que va a suceder proviene de los ángeles de Dios, para que quede claro que el Altísimo es dueño de los reinos (v.14).
Una vez expuesto el sueño, el rey invita a Daniel a exponer su sentido. Le llama por su nombre, Baltasar, aludiendo a la etimología de este nombre relacionada con el "dios" de Nabucodonosor, Bel-Marduk7. Confiesa que en él reside el espíritu de los dioses santos (v.6), como había quedado patente en la interpretación del sueño anterior.
Interpretación del sueño (16-24)
16 Entonces Daniel, llamado Baltasar, se quedó por algún tiempo estupefacto y turbado por sus pensamientos. Díjole el rey: Baltasar, que no te turbe el sueño y su interpretación. Y Baltasar respondió: Mi señor, que el sueño sea para tus enemigos, y la interpretación para tus adversarios. 17 El árbol que viste que se había hecho grande y fuerte, y que con su cima tocaba los cielos y que se veía desde toda la tierra, 18 de hermosa copa y de tan abundante fruto que había en él alimento para todos, y bajo el cual se resguardaban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo, 19 eres tú, ¡oh rey! que has venido a ser grande y fuerte, y cuya grandeza se ha acrecentado y ha llegado hasta los cielos, y cuya dominación se extiende hasta los confines de la tierra. 20 Vio el rey bajar de los cielos a uno de esos que velan y son santos, y decir: Abatid el árbol y destruidle, pero dejar en la tierra el tronco con las raíces y atadle con cadenas de hierro y de bronce entre la hierba del campo; que le empape el rocío del cielo y tenga su parte con las bestias del campo hasta que sobre él pasen siete tiempos. 21 He aquí, ¡oh rey! la interpretación y el decreto del Altísimo, que se cumplirá en mi señor, el rey. 22 Te arrojarán de en medio de los hombres y morarás entre las bestias del campo, y te darán a comer hierba como a los bueyes, te empapará el rocío del cielo y pasarán sobre ti siete tiempos hasta que sepas que el Altísimo es el dueño del reino de los hombres y se lo da a quien le place. 23 Lo de dejar el tronco donde se hallan las raíces, significa que tu reino te quedará cuando reconozcas que el cielo es quien domina 8. 24 Por tanto, ¡oh rey! sírvete aceptar mi consejo: redime tus pecados con justicia, y tus iniquidades con misericordia a los pobres, y quizá se prolongará tu dicha.
Daniel se siente embarazado antes de contestar, pues sabe que lo que va a decir es contrario a los intereses del rey. Al fin habla y le declara el sentido de la misteriosa visión: el árbol frondoso es Nabucodonosor mismo (v. 17). Será abatido y cortado hasta el tronco y será encadenado como amenté (v.21), siendo arrojado al campo para llevar vida de bestia (v.22). El árbol no fue totalmente desenraizado, sino que ha sido dejado con tronco (v.23), para indicar que volverá a brotar cuando pase la prueba y reconozca sus pecados y sea misericordioso con los pobres.
Locura y curación de Nabucodonosor (25-34)
25 Todo esto tuvo cumplimiento en Nabucodonosor, rey. 26 Al cabo de doce meses, mientras se paseaba en su palacio de Babilonia, 27 se puso a hablar, y dijo: ¿No es ésta Babilonia la grande, que yo, por el poder de mi fuerza y la gloria de mi magnificencia, he edificado para residencia real? 28 Todavía estaba la palabra en su boca, cuando bajó del cielo una voz: 29 Sabe, ¡oh rey Nabucodonosor! que te va a ser quitado el reino. Te arrojarán de en medio de los hombres, morarás con las bestias del campo y te darán a comer hierba como a los bueyes, y pasarán sobre ti siete tiempos hasta que sepas que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y se lo da a quien le place. 30 Al momento se cumplió en Nabucodonosor la palabra: fue arrojado de en medio de los hombres y comió hierba como los bueyes, y su cuerpo se empapó del rocío del cielo, hasta que llegaron a crecerle los cabellos como plumas de águila, y las uñas como las de las aves de rapiña. 31 Al cabo del tiempo señalado, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y recobré la razón. Yo bendigo al Altísimo, alabo y glorifico al que domina con eterno dominio y cuyo reino perdura de generación en generación. 32 A sus ojos, todos los habitantes de la tierra son nada, y con el ejército de los cielos y con los habitantes de la tierra hace según su voluntad, sin que nadie pueda resistir a su mano y decirle: ¿Qué es lo que haces? 33 Recobré " entonces la razón y me fueron devueltas la gloria de mi reino, mi. magnificencia y mi grandeza, y rne llamaron mis consejeros y mis grandes, y fui restablecido en mi reino, y todavía se acrecentó mi poderío; 34 y ahora yo, Nabucodonosor, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, cuyas obras todas son verdad, cuyos caminos son todos justos y que puede humillar a los que andan en soberbia.
El hagiógrafo destaca que el castigo de Nabucodonosor le sobrevino por su orgullo e insolencia, al considerar como suya la grandeza y opulencia de la ciudad de Babilonia. En la mentalidad del autor sagrado sólo Dios es quien entroniza y destrona, y los imperios sucesivos en la historia no son sino etapas pasajeras ordenadas por Dios hasta la manifestación del reino de Dios. La locura de Nabucodonosor le sobrevino después de doce meses (v.25), lapso de tiempo necesario para que pudiera arrepentirse, según le anunció Daniel. En su vanagloria hizo caso omiso de la predicción de éste, y Dios le castigó con la mayor humillación que puede sufrir un hombre: perder la conciencia de su personalidad humana.
La frase orgullosa del rey está muy en consonancia con las inscripciones que nos dejó en sus numerosas construcciones mastodónticas, en las que habla de "mi querida Babilonia, la ciudad que yo amo," y "el palacio, la admiración del pueblo, el sitial de la realeza, la morada de la felicidad." Aquí Nabucodonosor se deja llevar de su vanidad. Al punto es castigado por Dios con la enfermedad de lycantropía o zoantropía, perdiendo su conciencia de hombre y pretendiendo llevar una vida como las bestias, dejándose crecer los cabellos y las uñas desmesuradamente (v.30). La frase del hagiógrafo es irónica, pues quiere contrastar la grandeza anterior con la realidad presente.
En realidad no sabemos por la historia extrabíblica que Nabucodonosor haya sufrido tal amencia y haya abandonado el reino por algún tiempo. Algunos autores creen que debe sustituirse el nombre de Nabucodonosor por el de Nabónides, que durante algún tiempo dejó el poder a su hijo Baltasar y se retiró a Tema, en Arabia 9. Eusebio cuenta un relato de Nabucodonosor que pudiera tener alguna analogía con el relato bíblico 10, pero en el fondo no se trata de una pérdida de la razón del monarca. No debemos perder de vista el fin didáctico del fragmento en la mente del hagiógrafo, y, por otra parte, la forma artificial con que el hecho es presentado por el mismo Nabucodonosor, que no parece muy verosímil en los modos de ser del déspota babilonio, sobre todo las confesiones de fe y de reconocimiento al Dios de los judíos.
El compilador, pues, pudo recoger tradiciones populares de la época del exilio, adornándolas conforme a sus finalidades temáticas de exposición. Algunos autores incluso han querido ver en el nombre de Nabucodonosor un seudónimo del perseguidor Antíoco IV Epifanes, pero nada favorece esta hipótesis, ya que no sabemos que el perseguidor de los judíos haya reconocido la supremacía del Dios de éstos. Es más sencillo suponer que nos hallamos ante relatos en los que lo ideológico priva sobre lo histórico.
1 Cf. Ez 32:1ss. — 2 1 Re 22:19; Dan 7:10; Tob 12:15; Job 1:8; 2:3; Is 62:6. — 3 Apocalipsis de Henoc 12:4; 13:10. — 4 Para esta denominación equivalente a años cf. 7:27; Gen 10:18. Siete puede designar simplemente largo tiempo (3:19). — 5 Sobre el corazón como sede de la inteligencia véase 1 Re 10,24; Jer 5:21; Sal 90,12; Prov 15:14; Job 9:4; 36:5. — 6 Cf. 1 Re 22:195; Job 1:6; 2:1; 15:8. — 7 El nombre Baltasar en babilonio puede considerarse como teóforo, descomponiéndolo así: Bel-balatsu-usur = "Bel protege su vida." — 8 Cielo aquí equivale a Dios. Es una denominación que sólo aparece en la época macabea: 1 Mac 3:18-19; 4:10; 24:55; 2 Mac 9:20. Es un indicio más de la época de composición del libro de Daniel. — 9 Sobre esta interpretación véase E. Dhorme: RB 9 (1912) 373; I. Plesis, en Dict. óe la Bible Suppl. I (1928) 799. — 10 Según Eusebio, que sigue la historia asiría de Abideno (200 a.C.), Nabucodonosor, estando sobre la terraza de su palacio, se sintió invadido por el espíritu de profecía y anunció la invasión de Ciro, al que llamó "mulo persa"; después de lo cual desapareció de repente de la sociedad. Pero no se alude a su locura. Véase Eusebio, Praep, Evang. 9:41: PG 21:762A.
5. El Festín de Baltasar. La misteriosa escritura en la pared.
Este capítulo es famoso por sus dificultades históricas, pues se dice, entre otras anomalías, que Baltasar era hijo de Nabucodonosor. Por otra parte, aparece un misterioso Darío el Medo, que es muy difícil de compaginar con lo que sabemos de la historia de Babilonia después de ser tomada por las tropas de Ciro. Pero también aquí hemos de pensar más en la finalidad teológica del relato que en las pequeñas contradicciones históricas, que para el hagiógrafo no tienen importancia. En los capítulos anteriores ha querido patentizar cómo la sabiduría y poder de Dios están sobre todos los reyes, aun los más poderosos. Ahora quiere mostrar que el castiga de Dios llega a quienes se han permitido sacrilegios con las cosas más santas, reservadas a Dios.
El banquete de Baltasar (1-4)
1 El rey Baltasar dio un gran banquete a mil de sus príncipes, y con ellos se dio a beber vino. 2 Excitado por el vino, mandó Baltasar que le llevasen los vasos de oro y plata que Nabucodonosor, su padre, había tomado del templo de Jerusalén, y que se sirviesen de ellos para beber el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. 3 Le trajeron, pues, los vasos de oro que habían sido arrebatados al templo de Dios de Jerusalén, y con ellos bebieron el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. 4Bebían el vino y alababan a sus dioses de oro y de plata, de hierro y de bronce, de madera y de piedra.
La escena tiene lugar, no en tiempos de Nabucodonosor (605-563), sino en tiempos del rey Baltasar, hijo de Nabónides, el último monarca de la dinastía babilónica, suplantada por la persa. El hagiógrafo da el título de rey a Baltasar ! aunque propiamente nunca reinó, pero tuvo temporalmente potestades delegadas de su padre. Se dice de él que era hijo de Nabucodonosor, cuando-en realidad lo era de Nabónides. La dificultad puede explicarse fácilmente pensando que el hagiógrafo no pretende dar precisiones históricas, sino que habla de un modo popular, suponiendo que Baltasar, por el hecho de ser sucesor de Nabucodonosor, sea su hijo, aunque en realidad no sea ni nieto 2.
La escena que nos describe la Biblia es perfectamente verosímil en las cortes despóticas orientales: un banquete a más de mil invitados. Entre éstos estaban también sus esposas, que, según la costumbre babilónica, eran admitidas a estas funciones de alta sociedad. En un momento de euforia, excitado por el vino, el rey mandó traer los vasos sagrados del templo de Jerusalén, que había traído como botín Nabucodonosor cuando tomó la Ciudad Santa. El sacrilegio culminó cuando, al amor del vino bebido en los vasos sagrados, alababan a sus dioses, que el hagiógrafo despectivamente considera como meros objetos de oro., madera y piedra.
La escritura misteriosa en la pared (5-12)
5 En aquellos momentos aparecieron los dedos de una mano de hombre que escribían delante del candelero, en el revoco de la pared del palacio real, viendo el rey el extremo de la mano que escribía. 6 Mudó entonces el rey el color, y sus pensamientos le turbaron, se relajaron los músculos de sus lomos, y sus rodillas daban una contra otra. 7 Gritó el rey con una voz muy fuerte que llamasen a los magos, caldeos y adivinos, y habiéndoles, dijo: El que descifre esta escritura y me la interprete será vestido de púrpura, llevará collar de oro al cuello y será el tercero en el gobierno del reino. 8 Entraron todos los sabios del rey, pero ninguno pudo descifrar la escritura ni dar al rey su interpretación. 9 Turbóse sobremanera el rey Baltasar, mudó de color y se consternaron sus príncipes. 10 La reina, llevada del clamoreo del rey y de los príncipes, entró en la sala del banquete y, tomando la palabra, dijo: Vive por siempre, ¡oh rey! que no te turben tus pensamientos ni se demude tu rostro, 11 que hay en tu reino un hombre que tiene en sí el espíritu de los santos dioses, y ya en los tiempos de tu padre, el rey, fue hallada en él una sabiduría semejante a la sabiduría de los dioses, y el rey Nabucodonosor, tu padre, ¡oh rey! le hizo jefe de magos, astrólogos, caldeos y adivinos, 12 porque se halló en Daniel, llamado Baltasar por el rey, un espíritu superior de ciencia e inteligencia, la facultad de interpretar los sueños, de explicar los enigmas, de resolver las dudas. Llama, pues, a Daniel y él te dará la interpretación.
Cuando la francachela llegaba a su punto culminante, apareció una mano misteriosa que dibujaba signos enigmáticos en la pared. El rey, sumamente turbado, llamó a los adivinos para que le descifrasen la misteriosa escritura, prometiéndoles las mayores mercedes y ofreciendo al que le dijese el sentido de ella la categoría de príncipe, con sus atributos de vestido de púrpura y collares 3. E incluso le promete darle la categoría de tercero en el reino, probablemente el tercer puesto después del suyo y el de su padre Nabónides, o bien después del suyo y el de la reina4.
Ante la imposibilidad de interpretar la escritura mostrada por los magos, aparece en escena la reina (v.10), probablemente la reina madre, esposa de Nabónides, pues la esposa del rey estaba en el banquete. Aquélla se acuerda de que en tiempos de Nabucodonosor hubo un varón de Judá llamado Daniel que resolvió sueños enigmáticos al rey5. Las calificaciones que da a Daniel son similares a las que aparecen en el decreto de Nabucodonosor, que hemos ya estudiado6. Daniel tiene el espíritu de los dioses santos7, es decir, un espíritu divino capaz de conocer los mayores secretos y de interpretar los sueños (v.12).
Daniel interpreta la misteriosa escritura (13-31)
13 Fue, pues, introducido Daniel a la presencia del rey, y tomando el rey la palabra, dijo a Daniel: ¿Eres tú Daniel, de los hijos de Judá, a quien el rey, mi padre, trajo de Jerusalén? 14 Me han dicho de ti que tienes el espíritu de los dioses y que hay en ti luz, entendimiento y gran sabiduría. 15 Ahora acaban de traerme sabios y astrólogos para leer esta escritura y darme su interpretación, pero ninguno ha podido explicarme la cosa. 16 He oído de ti que puedes resolver las dudas y aclarar las oscuridades. Si me lees esa escritura y me das su interpretación, llevarás al cuello collar de oro y serás el tercero en el reino" 17 Respondió entonces Daniel, diciendo al rey: Sean para ti tus dones, ¡oh rey! y haz a otro tus mercedes. Yo leeré al rey lo escrito y le daré la interpretación. 18 El Dios Altísimo, ¡oh rey! dio a Nabucodonosor, tu padre, el reino, la grandeza, la gloria y la magnificencia. 19 Por la grandeza que le dio, temblaban ante él y le temían todos los pueblos, naciones y lenguas. Mataba a quien quería, y a quien quería daba la vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería le humillaba. 20 Mas, cuando su corazón se ensoberbeció y su espíritu se endureció altivo, fue depuesto del trono de su reino y despojado de su gloria. 21 Fue arrojado de entre los hijos de los hombres, se hizo semejante a las bestias y moró con los asnos salvajes. Diéronle a comer hierba como a los bueyes y se empapó su cuerpo del rocío del cielo, hasta que conoció que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y pone sobre él a quien le place. 22 Y tú, Baltasar, hijo suyo, sabiendo esto, no has humillado tu corazón. 23 Te has alzado contra el Señor de los cielos, han traído ante ti los vasos de su casa y os habéis servido de ellos para beber vino tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas; has alabado a dioses de plata y oro, de bronce y de hierro, de madera y de piedra, que ni ven ni entienden, y no has dado gloria al Dios que tiene en sus manos tu vida y es el dueño de todos los caminos. 24 Por eso ha mandado El esa mano que ha trazado esa escritura. 25 La escritura es: "Mené, mené, teqel, ufarsin"; 26 y ésta es su interpretación: "mené," ha contado Dios tu reino y le ha puesto fin; 27 "teqel," has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso; 28 "ufarsin," ha sido roto tu reino y dado a los medos y persas. 29 Mandó entonces Baltasar vestirle de púrpura, y poner a su cuello el collar de oro, y pregonar de él que era el tercero en el reino. 30 Aquella misma noche fue muerto Baltasar, rey de los caldeos, 31 y Darío, rey de Media, se apoderó del reino a los sesenta y dos años.
El rey invita a Daniel a que descifre la escritura, reconociendo sus cualidades excepcionales de adivino. Este rechaza sus dádivas, pero está dispuesto a darle la interpretación en nombre de Dios, a quien Baltasar ha ultrajado. Le recuerda antes a éste que Nabucodonosor fue castigado por su insolencia, pero que tuvo lugar para la penitencia. Ahora, en cambio, la sentencia es inexorable, ya que el sacrilegio de los vasos sagrados ha colmado la medida de la cólera divina. La misteriosa escritura es un anuncio de la suerte fatal del reino de Baltasar.
Las palabras misteriosas: Mené, mené, teqel, ufarsin, según la transcripción aramea del TM, han sido diversamente interpretadas 8. La interpretación más usual es la que toma dichas palabras por participios pasivos. Así, la interpretación es: mené: "contado" (de manah: "contar"); teqel: "pesado" (de taqal: "pesar"), y ufarsin: "separado, roto" (dejaras: "separar"). Es la interpretación que da el mismo Daniel (v.26-28). El profeta, en su interpretación, ha jugado con el valor consonantico de las palabras, y ha visto en ellas la suerte del imperio babilónico: ha sido contado por Dios, pesado (encontrándose en déficit) y dividido, para ser entregado a los persas 9.
A fines del siglo pasado ha sido propuesta otra interpretación a base de considerar las palabras como nombres específicos de pesos y medidas con valor numismático. Es decir, que el mené correspondería a una mina; el teqel al sido (en hebreo sheqel), y el ufarsin sería el plural de peres, que equivalía a media mina 10. Así, pues, el sentido sería que cada uno de estos pesos equivaldría a un rey. El mené o mina sería Nabucodonosor; el tequel o sido sería Baltasar, muy inferior en poderío al primero (el sido valía 1 160 de la mina), y el ufarsin serían los medos y persas (dos medias minas).
Esta interpretación es ingeniosa y paga su tributo a la erudición; pero debemos tener en cuenta que el relato sobre la cena de Baltasar es popular, y, por consiguiente, en el juego de palabras se fija el hagiógrafo en el sentido general de las raíces semíticas de las palabras misteriosas. No sabemos la forma en que aparecieron las palabras en la pared; quizá en escritura cuneiforme o en caracteres árameos. Lo importante no era leerlas, sino interpretarlas, y esto es la gran hazaña de Daniel, premiada por Baltasar conforme a su promesa (v.29). De nuevo se pone de relieve el triunfo de Daniel sobre los adivinos paganos, como en el caso de la interpretación del sueño de la estatua.
Nadie puede competir con el Dios de Israel, ni en ciencia ni en poder, y sobre todo nadie puede impunemente ofenderle con actos sacrilegos. Tal es la lección que el hagiógrafo quiere dar a sus lectores. Los hechos confirmaron el triste vaticinio de Daniel, pues aquella misma noche Baltasar fue muerto de modo violento, dejando su reino en manos de los invasores medo-persas, al frente de los cuales está, según la Biblia, Darío, rey de Media (ν.31).
La presencia de este nombre resulta embarazosa para los exegetas. ¿Quién es este misterioso Darío el Medo? En 6:28 aparece mencionado antes de Ciro, y en 11:1 se supone que el primer año de Darío es anterior al tercero de Ciro (10:1). De esto se deduce que el hagiógrafo interpone un imperio medo entre el babilónico y el persa de Ciro. Por otra parte, según los datos históricos extrabíblicos, está fuera de duda que Ciro es el conquistador de Babilonia e inmediato sucesor del imperio babilónico n. Se han hecho varias hipótesis sobre la posible identificación del misterioso Darío el Medo; así, algunos lo identifican con el famoso rey Darío Histaspes, que sucedió a Cambises 12, que hubiera sido gobernador interino de Babilonia con poderes de virrey. Otros piensan que es el conocido gobernador persa de Babilonia, Gobrías (en los textos cuneiformes Gubaru), que entró al frente de las tropas persas en la gran metrópoli mesopotámica. Se le ha querido identificar con Cambises, hijo de Ciro; con Astiages, último rey de Media, vencido por Ciro; con Ciáxares, hijo de Astiages.
Lo más fácil es suponer que el compilador del libro de Daniel no tenía ideas muy precisas sobre la historia de Babilonia, y como antes llamó a Baltasar hijo de Nabucodonosor en sentido amplio, así ahora, recogiendo una tradición confusa y desfigurada, presenta al famoso Darío, rey de Persia, tercer sucesor de Ciro, pero organizador máximo del imperio persa en satrapías 13 y muy familiar a la tradición judía por su intervención a favor de la reconstrucción de Jerusalén, suplantando al imperio babilónico. No olvidemos que el hagiógrafo está preocupado por hacer una apología religiosa, en la que los datos históricos en sus detalles muchas veces son dados de lado, interesándose sólo por los que tienen especial importancia en el aspecto religioso que quiere destacar. Según esto, no debemos urgir demasiado la precisión histórica en la Biblia en detalles que ni le van ni le vienen a la verdad religiosa.
Otro problema que tendremos que solucionar de modo similar es el de las circunstancias de la muerte trágica de Baltasar. Según la Biblia, el sacrilego rey fue muerto aquella misma noche (ν.31). ΏQuiénes.fueron sus asesinos? ¿Los invasores persas? Desde luego no están claras las circunstancias de la entrada de las tropas de Ciro en Babilonia, aunque parece desprenderse de los textos cuneiformes que los conquistadores fueron benignos con los vencidos. No parece que haya habido fuerte lucha por la toma de la ciudad; sin embargo, esto no quita que haya habido encuentros parciales con las tropas invasoras y luchas intestinas dentro de la ciudad, corno suele ocurrir cuando una ciudad es asediada, pues no faltan facciones que quieren abrir las puertas al enemigo, mientras que otras se muestran nacionalistas hasta el último momento.
En el libro de Daniel no se dice expresamente que Baltasar haya muerto a manos de los persas invasores; por otra parte, sabemos por los escritores griegos que en Babilonia hubo orgías y francachelas entre la alta sociedad mientras los persas penetraban en la ciudad 14. Durante una de éstas, bien pudo haber una mano desesperada que diera muerte al que hacía las veces de rey en ausencia de Nabónides, que estaba en Sippar después de su retiro de Teima. En todo caso, en la tradición judía había una historia sobre el fin trágico del sacrilego rey babilonio, que se transmitía de generación en generación como muestra de la justicia divina vengadora. El compilador del libro de Daniel se hace eco de esta tradición y la presenta como lección religiosa a sus contemporáneos, que vivían bajo la tiranía de otro rey sacrilego, Antíoco IV Epífanes, pues había intentado saquear el templo de Jerusalén.
1 El nombre en asirio es Beíshar-usur ("Bel, protege al rey") y aparece como hijo de Nabónides en la llamada Crónica de Nabónides (Col 2,18s; en Gressmann, Altor. Texte 367). — 2 Nabónides era usurpador, y no descendía, por la sangre, de Nabucodonosor (605-562 a. C:. He aquí los nombres de los sucesores de Nabucodonosor: Ewilmerodac (562-560), Neriglisar (560-556), Labosordac (Labashi-Marduk, 556) y Nabónides (556-539), padre de Baltasar, último rey de los babilonios. Sobre éste véase Herodoto (I 188). Se ha supuesto-que Nabónides se casó con una hija de Nabucodonosor, y entonces, por la madre, Baltasar sería nieto del gran rey babilonio, y, por tanto, hijo en sentido amplio del lenguaje semítico. Esta madre de Baltasar pudiera ser la reina-madre, que conoce los detalles sobre Daniel en tiempos de Nabucodonosor (v.10-n). — 3 Estos signos de distinción los encontramos en Est 8:15; Gen 41:42; cf. Jenofonte, Anab. I 5:8; Ciroped. I 3:2; 1 Mac 10,20. — 4 Se ha sugerido que el término arameo Talti, equivalente al hebreo shalshi, sería el paralelo ^del shalshu asirio, que designa un alto funcionario. En las inscripciones hititas aparece el título shalish con este mismo sentido. — 5 Los que quieren ver en esta reina a una hija de Nabucodonosor, madre de Nabucodonosor y esposa de Nabónides, recuerdan lo que dice Herodoto de la astucia de Notocris, hija de Nabucodonosor (Herodoto, I 185-87). — 6 Cf. Dan 4:5-6; 6:3. — 7 Los LXX leen "un espíritu santo." — 8 Los LXX y la Vulgata leen Mane, Thecel, Phares, suprimiendo el primer mené que leemos en el arameo. — 9 Algún autor ha reparado en la identidad de consonantes en la palabra par sin y persas, y, en ese caso, la última palabra aludiría a los invasores, como explica después Daniel. — 10 El primero que propuso esta interpretación fue Clermont-Ganneau. Hoy le siguen Linder, Marti, Driver, Bouzy, etc. Véase el libro de éste Les symboles de ΓAnden Testament P-303-306 (París 1923). — 11 Los persas entraron en Babilonia el 16 de Tishri (octubre); Ciro entró en Babilonia el 3 de Marjeswan (fines de octubre); y hay una tableta de contrato fechada el 24 de Mar-jeswan (noviembre) en la que se llama a Ciro "rey de Babilonia." — 12 El principal documento para conocer la historia de la caída de Babilonia es la llamada Crónica de Nabónides, según la cual los hechos se desarrollaron según el orden siguiente: el 14 de Tishri (septiembre-octubre), Ciro tomó Sippar sin resistencia. Nabónides huyó, siendo hecho prisionero unos días después. El 16 de Tishri, Gubaru, general de las tropas de Ciro, entra en Babilonia sin resistencia. El 3 de Marjeswan (octubre-noviembre), Ciro entra en Babilonia y declara terminada la guerra, enviando a Nabónides a Carmama. La conquista, pues, de Babilonia fue pacífica. Cf. gressmann, Altor. Texte 36653; Cilindro de Ciro lyss. En estos documentos nada se dice de Baltasar. — 13 Dan 6:1. — 14 Cf. Herodoto, I 191; Jenofonte, Ciroped. 7:5:155. Véase B. Alfrink, Der letze Kónig von Babylon: Bi (1928) 187-205.
6. Daniel, arrojado al foso de los leones
Este capítulo es muy similar al c.3 por su contenido. Una denuncia de los babilonios dio pie para que Daniel fuera puesto en peligro de muerte, como antes los tres jóvenes echados al horno ardiente, siendo salvado milagrosamente como éstos. Y su liberación fue también seguida de un edicto de reconocimiento de la superioridad del Dios de los judíos. El hagiógrafo quiere aquí destacar la providencia especial que tiene Dios sobre los que son fieles a las tradiciones religiosas de los judíos.
Denuncia de los cortesanos contra Daniel (1-9)
1 (2) Resolvió Darío constituir en su reino ciento veinte sátrapas que lo gobernasen, 2 (3) y sobre ellos tres presidentes, de los cuales uno fue Daniel, a quien diesen cuenta los sátrapas para que no fuese perjudicado el rey. 3 (4) Era Daniel superior a sátrapas y presidentes, porque había en él más espíritu, y el rey pensó en ponerle sobre todo el reino. 4 (5) Entonces, presidentes y sátrapas buscaron ocasión de acusar a Daniel en lo tocante a la administración del reino, mas no hallaron ninguna cosa por qué denunciarle, pues era fiel y no se veía en él falta ni negligencia. 5 (6) Dijeron entonces aquellos hombres: No hallaremos en Daniel cosa de qué acusarle si no es por la ley de su Dios. 6 (7) Vinieron, pues, presidentes y sátrapas a la presencia del rey y le dijeron así: ¡Vive por siempre, rey Darío! 7 (8) Todos los príncipes de tu reino, presidentes, sátrapas, magistrados y jueces han acordado en un consejo que se promulgue y confirme un real edicto mandando que cualquiera que en el espacio de treinta días hiciera petición alguna a dios u hombre fuera de ti, ¡oh rey! sea arrojado en el foso de los leones. 8 (9) Confirma, pues, ¡oh rey! el edicto y fírmalo para que no pueda ser revocado, conforme a la irrevocable ley de Media y de Persia. 9 (10) Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición.
Después de la caída del imperio babilónico, Daniel sigue teniendo mucha ascendencia entre los conquistadores persas, ya que ocupa uno de los puestos principales de la administración. El rey es Darío, que, para mejor gobierno, dividió el imperio en 120 satrapías o provincias (v.1). Esta indicación confirma la hipótesis de una confusión con el famoso Darío Histaspes (521-485), sucesor de Cambises y gran organizador burocrático del imperio conquistado por Ciro y Cambises 1. Herodoto nos habla de esta división hecha por Darío Histaspes, aunque dice que las satrapías eran 20 2. No sabemos nada de la organización de los tres superintendentes, entre los que estaba Daniel. De todos modos, sabemos que los judíos lograron escalar los primeros puestos de gobierno en la época del dominio persa, como lo prueba el caso de Nehemías.
La preeminencia de Daniel, atribuida a sus excepcionales dotes de espíritu, suscitó la envidia de los demás cortesanos. La pretensión de éstos de imponer un decreto al soberano parece que está dentro de las costumbres de la corte persa, gobernada prácticamente por ciertas familias patricias. Herodoto habla del culto a la persona del rey en Persia 3. Los enemigos de Daniel quisieron, pues, tomar pie de las prácticas religiosas de Daniel para presentarle como enemigo del rey (v.7). El foso de los leones al que debía ser arrojado Daniel era una gran cavidad profunda en tierra, en la que estaban las fieras destinadas a las luchas de animales, a las que eran aficionados los reyes babilonios. Por Herodoto sabemos que algunas veces eran arrojados a ese foso los criminales con sus mujeres, e hijos4. La alusión a la irrevocabilidad de las leyes persas está confirmada por lo que se nos dice en el libro de Ester 5.
Daniel es acusado de no cumplir el edicto (10-15)
10 (11) Cuando supo Daniel que había sido firmado el edicto, entróse en su casa, y, abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia la ciudad de Jerusalén, hincábase de rodillas tres veces al día y oraba, confesando a su Dios, como solía hacerlo antes. 11 (12) Entonces apresuráronse a venir aquellos hombres y hallaron a Daniel orando y rogando a su Dios. 12 (13) Llegáronse luego al rey y le hablaron acerca del real edicto: ¿No has firmado tú un decreto mandando que cualquiera que en el espacio de treinta días hiciese petición a dios u hombre, sino a ti, ¡oh rey! sea arrojado al foso de los leones? Respondió el rey, diciendo: Así es según la ley de Media y de Persia, que no puede revocarse. 13 (14) Entonces respondieron ellos diciendo al rey: Pues Daniel, de los hijos de la cautividad de los judíos, no teniendo cuenta de ti, ¡oh rey! ni del edicto firmado, tres veces al día hace oración. 14 (15) Al rey, cuando esto oyó, pesóle sobremanera, y se propuso salvar a Daniel, y hasta la puesta del sol estuvo haciendo esfuerzos para librarle. 15 (16) Pero aquellos hombres se reunieron ante el rey y le dijeron: Has de saber, ¡oh rey! que es la ley de Media y de Persia que edicto u ordenanza que el rey firma es irrevocable.
Daniel hizo caso omiso del injusto edicto, y fiel a sus tradiciones religiosas, hizo en la parte superior de su casa, con las ventanas abiertas, su oración tres veces al día, mirando hacia Jerusalén, la Ciudad Santa 6. Los tres tiempos de oración solían ser en la época posterior al exilio: 1) a la mañana temprano, a la hora del sacrificio matutino en el templo; 2) hacia las tres de la tarde, cuando se ofrecía el sacrificio vespertino; 3) al caer el sol 7. Los envidiosos cortesanos sabían seguramente cuáles eran las horas habituales de oración de Daniel, por haberle visto en otras ocasiones, y así le espían y denuncian al rey (v.13).
Los reyes de la dinastía aqueménida, inaugurada por Ciro, eran extremadamente tolerantes con los principios religiosos de los pueblos vencidos. Nunca pretendieron imponer su religión persa. El edicto, pues, hay que entenderlo como una imposición al rey Darío por sus cortesanos. Este, al oír la acusación, quiso salvar a Daniel, por el afecto que le guardaba y sin duda movido de su política de tolerancia religiosa, impuesta en su imperio por el conquistador Ciro. Al fin cede ante la argumentación de sus cortesanos de que los decretos reales son irrevocables.
Daniel, arrojado al foso de los leones (16-24)
16 (17) Mandó entonces el rey que trajeran a Daniel y le arrojaran al foso de los leones. Y, hablando el rey a Daniel, le dijo: Quiera salvarte tu Dios, a quien perseverante sirves. 17 (18) Trajeron una piedra, que pusieron sobre la boca del foso de los leones, y la selló el rey con su anillo y con los anillos de sus grandes para que en nada pudiera mudarse la suerte de Daniel. 18 (19) Fuese luego el rey a su palacio, y se acostó ayuno; no se tocaron ante él instrumentos de música y huyó de sus ojos el sueño. 19(20)Levantóse, pues, muy de mañana y se fue apresuradamente al foso, 20(21) y acercándose al foso de los leones, llamó con tristes voces a Daniel, y, hablando el rey a Daniel, decía: Daniel, siervo del Dios vivo, el Dios tuyo, a quien perseverante sirves, ¿ha podido librarte de los leones? 21 (22)Entonces dijo Daniel al rey: ¡Vive por siempre, oh rey! 22(23)Mi Dios ha enviado a su ángel, que ha cerrado la boca de los leones para que no me hiciesen mal, porque delante de El ha sido hallada en mí justicia, y aun contra ti, ¡oh rey! nada he hecho de malo. 23(24)Púsose entonces muy contento el rey, y mandó que sacasen del foso a Daniel. Este fue sacado del foso, y no hallaron en él herida alguna, porque había tenido confianza en su Dios. 24 (25) Mandó el rey que los hombres que habían acusado a Daniel fueran traídos y arrojados al foso de los leones, ellos, sus hijos y sus mujeres, y antes de que llegasen al fondo del foso, los leones los agarraron y quebrantaron todos sus huesos.
El relato se desenvuelve en el modo convencional que hemos visto al estudiar la adoración de la estatua de Nabucodonosor. Aquí se pone de relieve el estado pesaroso de Darío al condenar injustamente a un inocente. Sabía que era un fiel servidor de su reino, y, por otra parte, reconocía la grandeza del Dios de su ministro, esperando que le salve. El foso fue sellado cuidadosamente para que nadie pudiera liberar a Daniel. Parece que los desconfiados y envidiosos ministros exigieron todas las garantías. El rey aquella noche se abstuvo de toda manifestación festiva, pensando en su fiel Daniel, condenado a un injusto castigo. Muy de mañana se fue a verle, con la esperanza de que el Dios de los judíos lo hubiera guardado indemne. El resultado fue reconfortante. Allí estaba Daniel totalmente indemne. El diálogo es bello y conmovedor. Daniel reconoce que un ángel de su Dios le ha preservado de todo mal, como a los niños en el horno ardiendo.
Convencido el rey del milagro, liberó a Daniel y arrojó en el foso de los leones a sus acusadores. El triunfo, pues, del fiel siervo de Dios fue total. El hagiógrafo ha querido recoger esta historia de la época de la cautividad para animar a sus conciudadanos. Siempre está la providencia de Dios sobre todas las vicisitudes de la vida, y, sobre todo, su protección para con sus siervos nunca ha quedado desmentida. Es la gran lección religiosa de su libro.
El rey Darío reconoce la grandeza del Dios de Daniel (25-28)
25 (26) Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: "Paz abundante. 26 (27) Mando que en toda la extensión de mi reino teman todos y tiemblen ante la presencia del Dios de Daniel, porque El es el Dios vivo, y eternamente subsiste su reino, porque no será jamás destruido, y su dominación perdurará hasta el fin. 27(28) El libra y salva y obra señales y portentos en los cielos y en la tierra. El ha librado a Daniel del poder de los leones." 28 (29) Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa.
El triunfo de la causa religiosa de Daniel fue total. El rey, como lo había hecho Nabucodonosor 8, reconoce en un edicto la superioridad y poder del Dios de Daniel, y pide que todos los pueblos de su imperio le acaten y reverencien. Desde luego que no tenemos ninguna noticia de este decreto favorable a los judíos. De nuevo, para valorar la historicidad de este relato, debemos acudir al género literario empleado en los tratados religioso-apologéticos. Por nuestra parte, creemos que todos estos relatos de esta primera parte del libro de Daniel hay que colocarlos en el género de las composiciones didáctico-religiosas, como los libros de Job, Ester, Judit y Tobías.
El hagiógrafo, según el modo de escribir los autores antiguos, se permite poner en boca de los soberanos paganos ideas y doxologías que expresan sus propios sentimientos teológicos. Es decir, que, en torno a ciertos hechos históricos que se han transmitido de generación en generación, los presenta en forma que favorezca el efecto apologético-religioso sobre los lectores. Es el género literario midrashico, tan corriente en la literatura judía.
1 Cf. Lagrange: RB (1904) 501. — 2 Herodoto, 3:89. Según el libro de Ester, las satrapías eran 127 bajo Jerjes (Asuero). Cf. Est 1:1; 8:9. Es el número que dan los LXX en el texto de Daniel. Flavio Josefo lo recoge (Ant. 10:11:4). — 3 Herodoto, I 99; Plutarco, Temist. 27:4; Diodor. de Sic., 3:5. — 4 Cf. Herodoto, 3:11. — 5 Est 1:19; 8:8. — 6 Cf. 1 Re 8:35.38.44.48. — 7 Cf. Sal 33:18. Véase sobre esto E. Schürer, A Hístory of the Jewish people in the time of Jesús Christi 2:1 p.2go 11.248. — 8 Cf. Dan 3:98-100; 4:31-34
7. Visión de las cuatro Bestias
Con este capítulo se abre la segunda parte del libro de Daniel, de carácter visionario. El profeta ahora se presenta como profeta que recibe mensajes de Dios por intermedio de sus ángeles. Sustancialmente, el esquema ideológico de estas visiones está en la interpretación de la visión de la estatua que hemos estudiado en el capítulo segundo. Aquel diseño general en el que se anunciaba una sucesión de reinos históricos que habían de ser suplantados por un reino definitivo teocrático, va adquiriendo nuevos detalles y relieves.
Aunque las visiones aparecen encuadradas en la época babilónica, sin embargo, las alusiones a hechos de la época de la persecución de los judíos por los reyes de Siria sitúan al redactor de estas visiones — puestas en boca de la gran figura tradicional de Daniel — en la época macabea, es decir, en pleno siglo II a.C. Los rasgos históricos van intercalados con alusiones a una época escatológica pintada con caracteres apocalípticos. Muchas veces los planos histórico y escatológico se superponen. Esta oscuridad, característica de la literatura apocalíptica, hace muchas veces difícil adivinar el pensamiento del hagiógrafo.
Visión de las cuatro bestias (1-8)
1 El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, tuvo Daniel un sueño, y vio visiones de su espíritu mientras estaba en su lecho. En seguida escribió el sueño. 2 Yo miraba durante mi visión nocturna, y vi irrumpir en el mar Grande los cuatro vientos del cielo 3 y salir del mar cuatro bestias, diferentes una de otra. 4 La primera bestia era como león con alas de águila. Yo estuve mirando hasta que le fueron arrancadas las alas y fue levantado de la tierra, poniéndose sobre los pies a modo de hombre, y le fue dado corazón de hombre. 5 Y he aquí que una segunda bestia, semejante a un oso, y que tenía en su boca entre los dientes tres costillas, se estaba a un lado, y le dijeron: Levántate a comer mucha carne. 6 Seguí mirando después de esto, y he aquí otra tercera, semejante a un leopardo, con cuatro alas de pájaro sobre su dorso y con cuatro cabezas, y le fue dado el dominio. 7 Seguía yo mirando en la visión nocturna, y vi la cuarta bestia, terrible, espantosa, sobremanera fuerte, con grandes dientes de hierro. Devoraba y trituraba, y las sobras las machacaba con los pies. Era muy diferente de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos. 8 Estando yo contemplando los cuernos, vi que salía de entre ellos otro cuerno pequeño, y le fueron arrancados tres de los primeros, y este otro tenía ojos como de hombre y una boca que hablaba con gran arrogancia.
La datación de la visión en el año primero de Baltasar es considerada por muchos intérpretes como adición erudita de un glosista. No sabemos cuándo empezó a reinar Baltasar, hijo de Nabónides, aunque propiamente nunca llegó a la categoría plena de rey. Algunos creen que fue asociado al reino con su padre Nabónides en 550-49 a.C. Según el texto bíblico, Daniel tuvo en ese año una visión. El contenido de la visión es muy peregrino: En el mar Grande irrumpen los cuatro vientos del cielo (v.2). La expresión mar Grande designa muchas veces al Mediterráneo, pero aquí puede aludir al caos primitivo, al abismo revuelto por los cuatro vientos, símbolo de las fuerzas perturbadoras y nocivas, donde, según la mentalidad popular, habitaban los grandes monstruos, símbolo del mal.
En efecto, de ese caos tempestuoso van a surgir cuatro bestias, que simbolizarán cuatro reinos que se oponen al establecimiento del reino de los santos. La primera de las bestias era semejante a un león con alas de águila (v.4). La enumeración de éstas hay que entenderla paralelamente a la de los diferentes metales de la estatua vista por -Nabucodonosor (c.2). Esta primera bestia, pues, corresponde a la cabeza de oro de aquella visión. Aquí el león con sus alas parece ser un calco de las representaciones de los querubes alados, tan frecuentes en la estatuaria babilónica. Es el símbolo más apropiado, pues, para representar al imperio babilónico de Nabucodonosor. Debemos tener en cuenta, por otra parte, que el hagiógrafo nos presenta estos símiles de bestias como aproximaciones. Así dice: "era como león., como leopardo…" Estas frases nos llevan de lleno al género literario apocalíptico, en el que la imaginación va delante de la inteligencia, de tal forma que muchas veces se dan detalles que no tienen en realidad valor simbólico conceptual.
Como en la visión de la estatua aparecía simbolizado el reino babilónico por el metal más noble, y la parte superior del cuerpo (cabeza de oro), así también ahora va a ser simbolizado en los dos animales más nobles: el león y el águila; el primero, rey de los animales terrestres, y la segunda, reina de las aves. Hay en el libro de Daniel cierta benevolencia y admiración por los babilonios, como la hay en el libro de Ezequiel. El profeta puntualiza que a ese león alado le fueron arrancadas las alas, poniéndose en estado de erección con un corazón de hombre (v.4). La primera bestia perdió su carácter monstruoso que le daban la mezcla de león y de águila al quitársele las alas; pero también el león fue humanizado al levantarse sobre sus pies e infundírsele un corazón de hombre.
Quizá en esto haya una alusión al reconocimiento hecho por Nabucodonosor del Dios de Daniel, deponiendo así su hostilidad de fiera contra el reino de Dios (3:98-100). O bien en esa humanización hay que ver una alusión a 4:13, donde se habla de Nabucodonosor convertido en bestia y después restablecido en su categoría humana al recobrar su conciencia de hombre.
La segunda bestia era semejante a un oso (v.5). Corresponde al pecho de plata de la estatua. El animal y el metal aquí son de categoría inferior y simbolizarán el mismo reino, es decir, el medo-persa. Esta segunda bestia estaba alzada de un lado, simbolizando quizá la posición de acecho, o mejor, la supremacía persa sobre la meda, como parece insinuarse en 8:20. Este oso tiene en su boca tres costillas, posible alusión a la invasión llevada a cabo por Ciro en tres direcciones: Lidia (Asia Menor), Babilonia y Egipto. Veremos en el c.8, en la visión del carnero y el macho cabrío, que el carnero, representante de Persia, según dice el ángel Gabriel, acornea en tres direcciones: norte, sur y oeste, justamente las tres direcciones que llevaron los soldados de Ciro y Cambises. Su voracidad de conquistadores queda representada en la frase levántate a comer mucha carne (ν.6).
La tercera bestia era semejante a un leopardo y corresponde a las piernas de bronce de la visión de la estatua (c.2). Esta bestia tiene cuatro alas sobre su dorso, para indicar la celeridad de águila en sus conquistas en las cuatro direcciones del viento. Es el imperio de Alejandro Magno, el conquistador-relámpago. El profeta ha escogido al leopardo para representar la agilidad inenarrable de este coloso de la conquista. Las cuatro cabezas de esta excepcional bestia parecen ser los cuatro sucesores de Alejandro, o Diadocos, que se repartieron el imperio del inmortal macedonio. Otros prefieren ver en las cuatro cabezas los cuatro reyes de Persia suplantados por Alejandro, según 11:2. Pero creemos que en el contexto (y por lo que veremos en el capítulo siguiente) se alude más bien a los cuatro Diadocos.
La cuarta bestia, que es la obsesión del profeta, es mucho más terrible y espantosa (ν.7), y tambiιn más complicada y misteriosa. Corresponde a los pies de barro y de arcilla de la estatua de Nabucodonosor del c.2. Es tan rara esta bestia, que no encuentra el profeta con qué compararla. Por otra parte, es de una fiereza y voracidad sin límites, con grandes dientes de hierro, la cual no se contentaba con comer la presa, sino que machacaba las sobras con sus pies, solazándose en todo lo que fuera destrucción. Y su agresividad aumentaba porque tenía diez cuernos, entre los que sobresalía un nuevo cuerno pequeño especial, que, para que creciera, hubieron de ser arrancados tres cuernos de los diez anteriores. Por otra parte, ese pequeño cuerno tenía ojos como de hombre y una boca que hablaba con gran arrogancia (v.8).
La descripción es compleja y pormenorizada. Sin embargo, nos da la clave para la identificación de esta misteriosa cuarta bestia, que no es otra cosa que el imperio seléucida, opresor del pueblo de los santos, la nación judía en tiempo de los Macabeos. Sus diez cuernos son los diez predecesores de Antíoco IV Epífanes, que es el cuerno pequeño. que habla con arrogancia (v.8) ! Los tres cuernos arrancados son tres predecesores que han sido muertos por instigación de Antíoco IV Epífanes, a saber, Seleuco IV, su padre, Heliodoro, y Demetrio, hijo de Seleuco. Vemos, pues, aquí alusiones claras a hechos políticos de la época de los Macabeos. Esta impresión la veremos confirmada en la exégesis de los capítulos siguientes. Las arrogancias de Antíoco IV Epífanes aparecen declaradas en la historia de las guerras contra la nación judía en tiempo de los Macabeos y culminaron en la abominación de la desolación, a la que se alude en el c.8.
El anciano de días y el juicio (9-12)
9 Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un anciano de muchos días, cuyas vestiduras eran blancas como la nieve, y los cabellos de su cabeza como lana blanca. Su trono llameaba como llamas de fuego, y las ruedas eran fuego ardiente. 10 Un río de fuego procedíay salía de delante de él, y le servían millares de millares y le asistían millones de millones; el tribunal tomó asiento, y fueron abiertos los libros. 11 Yo seguía mirando a la bestia a causa de las grandes arrogancias que hablaba su cuerno, y la estuve mirando hasta que la mataron, y su cuerpo fue destrozado y arrojado al fuego para que se quemase. 12 A las otras bestias se les había quitado el dominio, pero les había sido prolongada la vida por cierto tiempo.
El vidente está consternado ante el espectáculo de aquellas bestias, que emergían del océano o abismo como principios maléficos; y, meditando sobre esta visión, ve en el cielo un espectáculo grandioso que le reconforta en sus sombríos pensamientos: un tribunal de justicia presidido por un anciano de días, escoltado por miríadas de seres que le glorifican (v.8). Su trono está envuelto en llamas de fuego, símbolo de la santidad de Dios, que todo lo purifica a su contacto. La descripción recuerda la de Ez 1. Ese anciano, venerable por sus días y por sus cabellos blancos, no es otro que el Eterno, que va a juzgar a los reinos de las naciones, simbolizados en las cuatro bestias. Ante El están abiertos los libros, en los que se registran las acusaciones y en los que se han de estampar las sentencias.
El juicio de las bestias comienza con la más maligna y perniciosa, la cuarta, que con sus arrogancias excitaba la ira divina. Fue condenada al fuego, como Asiría en la profecía de Isaías 2. Su destrucción será completa y definitiva. Las otras bestias reciben una sentencia más benigna, pues aunque se les quita el dominio, sin embargo, no se las condena a la total destrucción, sino que se les permite continuar como naciones, pero sin imperio. Con la desaparición de los cuatro reinos, simbolizados en las cuatro bestias y en los diversos metales de la estatua del c.2, se cierra el ciclo histórico de la oposición al reino de los santos, que va a hacer irrupción inmediatamente, como aquella piedrecita que cayó sobre la estatua de múltiples metales y se convirtió en un monte elevado, símbolo de un reinado de definitiva estabilidad.
El Hijo de Hombre (13-22)
13 Seguía yo mirando en la visión nocturna, y vi venir sobre las nubes del cielo a un como Hijo de Hombre, que se llegó al anciano de muchos días y fue presentado ante éste, 14 Fuele dado el señorío, la gloria y el imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron, y su dominio es dominio eterno, que no acabará, y su imperio, imperio que nunca desaparecerá. 15Túrbeme sobremanera yo, Daniel, en mi cuerpo, y las visiones de mi mente me desasosegaron. 16 Llegúeme a uno de los asistentes y le rogué que me dijera la verdad acerca de todo esto. Hablóme él y me declaró la interpretación. 17 Esas grandes bestias, las cuatro, son cuatro reyes que se alzarán en la tierra. 18 Después recibirán el reino los santos del Altísimo y lo retendrán por siglos, por los siglos de los siglos. 19 Sentí entonces el deseo de informarme más exactamente acerca de la cuarta bestia, tan diferente de todas las otras, sobremanera espantosa, de dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba y hollaba las sobras con sus pies, 20 así como también acerca de los diez cuernos que tenía en la cabeza y de aquel otro que le había salido, y ante el cual se le habían caído tres, y que tenía ojos y boca que decía grandes arrogancias, y parecía más grande que todos los otros. 21 Vi yo que este cuerno hacía guerra a los santos y los vencía, 22 hasta que vino el anciano de muchos días y se hizo justicia a los santos del Altísimo, y llegó el tiempo en que los santos se apoderaron del reino.
En las nubes del cielo, en contraposición al mar Grande, de donde venían las bestias, contempla el profeta a un como hijo de hombre, es decir, algo parecido a un hombre. Como las bestias eran semejantes a un león., a un leopardo, así ahora lo que ve en lo alto es semejante a un hombre, que se acerca al anciano de días, "el Juez eterno" (v.13). La expresión hijo de hombre significa en la Biblia, como hemos visto en el libro de Ezequiel, simplemente uno que pertenece a la especie humana. Todo aquí tiene un valor simbólico, pues los cuatro reinos son simbolizados en cuatro bestias que vienen del mar, mientras que el nuevo reino que los suplanta definitivamente es muy superior a aquéllos, y por eso es figurado no en una bestia, sino en un hombre, y no viene de abajo, sino de lo alto, es decir, viene de Dios.
En la visión de la estatua de los múltiples metales, una piedrecita, no arrojada por mano de hombre, la derrumba y suplanta a los reinos simbolizados en los diversos metales. Pues aquí un reino que viene de lo alto, de Dios, recibe el señorío, la gloria y el imperio (v.14). Algunos autores han querido ver en esta procedencia, en las nubes del cielo, una alusión a un personaje de origen divino 3; pero en el contexto ese hijo de hombre no es propiamente una persona, sino una colectividad, el reino de los santos del Altísimo, como se dice en el ν.17. Las cuatro bestias simbolizaban cuatro reinos o colectividades nacionales; el contexto, pues, exige que también lo simbolizado en el hijo de hombre sea una colectividad nacional, la comunidad teocrática de los tiempos mesiánicos.
Esto no excluye que en un segundo plano, y en un sentido pleno, esa comunidad esté representada por un personaje cumbre que la sintetice, el Mesías. De hecho sabemos que Cristo se apropió el título de Hijo del hombre en su predicación y aludió a su aparición solemne en las nubes del cielo4. El sentido mesiánico, pues, del fragmento es claro, sea que se trate de la colectividad mesianica o del Mesías personal, y así lo ha entendido la tradición judía y cristiana 5.
En el contexto de la profecía de Daniel se trata del anuncio de un futuro señorío e imperio, reconocido por iodos los pueblos y naciones, y ese dominio será eterno. (v.14); expresiones que en la literatura bíblica del A.T. se aplican siempre a la edad definitiva del mesianismo 6. Así lo declara uno de los asistentes al trono al propio Daríiel, cuando dice que después de los cuatro reinos surgirá el reino de los santos del Altísimo, que lo retendrá por los siglos de los siglos (v.18); y lo mismo se repite en el v.22. Esos santos del Altísimo no son otros que los judíos fieles (v.25), que serán los ciudadanos del reino mesiánico. Contra ellos se alzaba el pequeño cuerno de la cuarta bestia (v.20), es decir, Antíoco IV Epífanes. Este será al fin vencido, y los santos empezarán a sentirse ciudadanos de un nuevo reino como premio a sus sufrimientos.
El cuarto reino (23-28)
23 Díjome así: La cuarta bestia es un cuarto reino sobre la tierra, que se distinguirá de todos los otros reinos y devorará la tierra toda y la triturará. 24 Los diez cuernos son diez reyes que en aquel reino se alzarán, y tras ellos se alzará otro que diferirá de los primeros y derribará a tres de estos reyes. 25 Hablará palabras arrogantes contra el Altísimo, y quebrantará a los santos del Altísimo, y pretenderá mudar los tiempos y la Ley. Aquéllos serán entregados a su poder por un tiempo, tiempos y medio tiempo. 26 Pero se sentará el tribunal y le arrebatarán el dominio, hasta destruirle y arruinarle del todo, 27 dándole el reino, el dominio y la majestad de todos los reinos de debajo del cielo al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino será eterno, y le servirán y obedecerán todos los señoríos. 28 Aquí acabó la plática. Yo, Daniel, anduve sobremanera turbado por mis pensamientos, demudado el color, y guardé todo esto en mi corazón.
En este fragmento se concreta bien la cuarta bestia en sus luchas contra el reino de los santos, el pueblo judío. La pretensión de mudar los tiempos y la Ley es una clara alusión a las tentativas de los reyes seléucidas, sobre todo Antíoco IV Epífanes, para suprimir la religión judía en lo referente al culto y a la Ley en general7. El opresor se adueñará de los santos por un tiempo, tiempos y medio tiempo (ν.26), es decir, por tres años y medio, que es lo que duró la expoliación del templo de Jerusalén, desde mediados del 168 a.C. al 25 de diciembre (Quisleu) del 164 a.C., en que fue purificado de nuevo el templo8.
Será la máxima prueba de los fieles judíos, pero al fin se les hará justicia, ya que el tribunal, o consejo judicial divino, arrebatará el dominio al perseguidor y lo dará a los santos, que lo retendrán por los siglos de los siglos (v.27). El desquite de éstos será total. Antíoco, vencido, es considerado por la tradición cristiana como tipo del anticristo, derrotado al fin del mundo. El profeta, después de anunciar todo esto, se siente pensativo (v.28), pues aún no comprende plenamente muchas cosas que ha visto. Es un modo de decir que el esclarecimiento vendrá en los capítulos que siguen.
1 He aquí la lista de los diez predecesores de Antíoco IV Epífanes: 1) Alejandro Magno (336-323), creador del imperio; 2) Seleuco I Nicator (312-280); 3) Antíoco I Soter (280-261); 4) Antíoco II Theos (261-247); 5) Seleuco II Calínico (246-226); 6) Seleuco III Cerauno (226-222); 7) Antíoco III el Grande (222-187); 8) Seleuco IV Filopator (186-176); 9) Heliodoro (176); i o) Demetrio I Soter (176). — 2 Cf. Is 30:33. — 3 Cf. Ex 14:24; 16:10; Lev 16:2; Núm 9:15; 10:34; 11.25; Dt 31:15; Is 19:1; Ez 1:4. — 4 Cf. Mt 16:27; 24:30; 26:64; Me 13:26; Lc 21:27; Ap 1:7; 14:14. — 5 Los judíos llegaron a dar al Mesías el título de Anani, que significa "El de las nubes." Cf. M. J. Lagrange, Le Messianisme chez les Juifs (1909) p.224-228; id., Le Judaisme av. . C. (1930) 62-69. En la tradición cristiana es común la aplicación a Cristo, interpretando sus palabras ante Caifas: San Justino, Dial, cum Tryph. 76.79: PG 6:651.662; San Ireneo, Contra haereses c.2O n.n: PG 7:1039-1040; Tertuliano, Adv. Marc. III 7; IV 39: PL 2, 358.488; San Jerónimo, In Dan. 7:13: PL 25:533; San Juan Crisóstomo, Adh. ad Theodo-rum lapsum 12; Homil. n contra Anamaeos 3; Expos. in Ps. no n.2: PG 47:294; 55:281; Eusebio, 'Demonst. Ev. 1.9 n.17: PG 22:806. — 6 Sobre el sentido de este vaticinio cf. M. J. Lagrange, Les Prophéties messianiques de Daniel: RB 13 (1904) 504; D. Buzy, Les symboles de VA.T. (París 1923) p.29os; J. Gotts-Berger, Das Buch Daniel (Bonn 1929) p-56; S. R. Driver, The book of Daniel (Cambridge Bible, 1900) p.io2s; E. kónig, Die Messianische Weissagungen (Stuttgart 1923) p.296-297; J. Chaine, Introd. a la lecture des Prophétes (1929) Ρ·261; Saydon, Verbum Dei (Barcelona 1956) p.641s; Auge, Daniel: "Biblia de Montserrat" (1954) p.114s; G. Rinaldi, Dámele (Torino 1947) p.85s. — 7 Cf. 1 Mac 44-49· — 8 La frase un tiempo, tiempos y medio tiempo reaparece en 12:7.11.12, donde se habla de mil trescientos treinta y cinco días; Ap 11:2; 13:5. En Dan 8:14 se habla de mil ciento cincuenta días, y en 12:11 de mil doscientos noventa días, que vienen, grosso modo, a equivaler a tres años y medio, que duró la profanación del templo. Cf. 1 Mac 1:20.29; 4:52-53.