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19. Leyes Complementarias
Ciudades de Refugio (1-13)
1"Cuando Yahvé, tu Dios, haya exterminado las naciones cuya tierra te dará, y las hayas desposeído, y habites en sus ciudades y en sus casas, 2 te separarás tres ciudades de en medio de la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará en posesión; 3 allanarás los caminos y dividirás en tres regiones el territorio que Yahvé, tu Dios, te dará en heredad, para que todo homicida pueda refugiarse en esas ciudades. 4 He aquí el caso en que el homicida que allí se refugie tendrá salva la vida: si mató a su prójimo sin querer, sin que antes fuera enemigo suyo ni ayer ni anteayer. 5 Así, si uno va a cortar leña en el bosque con otro y, mientras maneja con fuerza el hacha para derribar el árbol, salta del mango el hierro y da a su prójimo y le mata, ése huirá a una de las ciudades, y tendrá salva la vida. 6 Si no, el vengador de la sangre persiguiría en su furor al homicida, y, si el camino era demasiado largo, le alcanzaría y le heriría de muerte; y, sin embargo, ese hombre no merecía la muerte, pues que ni de ayer ni de anteayer tenía odio. 7 Por eso te doy este mandato: Separa tres ciudades; 8 y si Yahvé, tu Dios, ensancha tus fronteras, como a tus padres se lo ha jurado, y te da toda la tierra que a tus padres juró darte, 9 siempre que guardes y pongas por obra todos los mandamientos que te prescribo hoy, amando a Yahvé, tu Dios, y siguiendo todos sus caminos añadirás a esas tres otras ciudades, 10 para que no sea derramada sangre inocente en medio de la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará por heredad y no caiga sangre sobre ti. 11 Pero si uno que odiara a su prójimo le acechare, se echare sobre él y le hiriere mortalmente, y huyera a una de esas ciudades, 12 los ancianos de la ciudad le mandarán prender y le entregarán en manos del vengador de la sangre para que muera. 13 No tendréis piedad de él; quitarás de Israel sangre inocente y prosperarás."

Una vez más, el legislador habla de las ciudades de refugio 1, que serán tres en la tierra prometida o Canaán. Deben estar convenientemente distribuídas, y en buenas condiciones los caminos que a ellas se dirigen, para que el homicida involuntario pueda encontrar refugio en ellas, protegiéndose contra el vengador de la sangre, que le buscará implacablemente por exigencias de la reciprocidad. Se prevén otras tres ciudades de refugio si el territorio de Israel se ensancha hacia Transjordania 2. Substancialmente, la legislación y su aplicación es la misma que en los textos legislativos anteriores. El legislador no prohíbe el derecho de venganza expresamente, pero procura defender al inocente con estas ciudades de refugio. Naturalmente, el asesino no las puede utilizar, y caso de que se refugie en ellas, debe ser entregado al vengador de la sangre (v.12). Esta legislación deuteronómica parece ser anterior a la que hemos visto en el libro de los Números.
Cambio de Lindes y Prueba Testifical (14-21)
14"No moverás los términos de tu prójimo de donde los pusieron los antepasados en la heredad de tu propiedad, en la tierra que Yahvé, tu Dios, va a darte en posesión. 15 Un solo testigo no vale contra uno en cualquier delito o en cualquier pecado, cualquiera que sea el pecado. En la palabra de dos o tres testigos se apoyará la sentencia. 16 Si surgiere contra uno un testigo malo, acusándole de un delito, 17 los dos interesados en la causa se presentarán ante Yahvé, ante los sacerdotes y los jueces en funciones en ese tiempo,18 quienes si, después de una escrupulosa investigación, averiguan que el testigo, mintiendo, había dado falso testimonio contra su hermano, 19 le castigarán, haciéndole a él lo que él pretendía se hiciera con su hermano; así quitarás el mal de en medio de Israel. 20 Los otros, al saberlo, temerán y no cometerán esa mala acción en medio de ti; 21 no tendrá tu ojo piedad; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie."

La propiedad se consideraba como algo sagrado, y por eso se prohibe cambiar los lindes fraudulentamente 3. Entre los babilonios, estos mojones se llamaban kudurru, y llevaban símbolos de deidades, con amenazas contra los que los cambiaran 4. Entre los romanos se veneraba al dios terminus, como custodio de la propiedad de los campos 5.
El precepto legal del v.15 es una repetición de Núm 35:30 y Dt 17:6. Un solo testigo no basta para fundamentar una sentencia. Las sanciones contra el falso acusador son también la sencilla aplicación de la ley del talión, establecida en Ex 21.235. Se determina el modo de probar el delito de acusación falsa. Para ello se acudirá al tribunal supremos establecido, integrado por sacerdotes y jueces en funciones 6. A ellos toca investigar la malicia del acusador y fijar la pena al tenor del principio del talión. Los primeros artículos del código de Hammurabi tratan también de los falsos acusadores e imponen la ley del talión contra ellos, es decir, deben sufrir la pena que ellos querían imponer al acusado 7.

1 Cf. Ex 21:12-14; Núm 35:9-34; Dt 4:41-43. — 2 Cf. Núm 35:9-34. — 3 Cf. Dt 27:17; Job 24:2; Prov 22:28; 23:10; Os 5:10. — 4 Cf. P. Dhorme, La religión assyro babylonienne 228. — 5 Cf. E. Cuq, Études sur le Droit babylonien 81s. — 6 Dt 17:8s. — 7 Cf. arts.3-4.
20. Derecho de Guerra.
1"Cuando vayas a hacer la guerra a tus enemigos, al ver los caballos y los carros de un pueblo más poderoso que tú, no los temerás, porque Yahvé, tu Dios, que te sacó de Egipto, está contigo. 2 Cuando se vaya a dar la batalla, avanzará el sacerdote y hablará al pueblo, 3 y le dirá: "¡Oye, Israel! Hoy vais a dar la batalla a vuestros enemigos; que no desfallezca vuestro corazón; no temáis, no os asustéis ni os aterréis ante ellos, 4 porque Yahvé, vuestro Dios, marcha con vosotros para combatir con vosotros contra vuestros enemigos, y El os salvará." 5 Luego hablarán al pueblo los escribas, diciendo: "¿Quién ha construido una casa nueva y no la ha estrenado ? Que se vaya y vuelva a su casa, no muera en la batalla y sea otro el que la estrene. 6¿Quién ha plantado una viña y no la ha vendimiado todavía? Que se vaya y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y la vendimie otro. 7¿Quién se ha desposado con una mujer y todavía no la ha tomado? Que se vaya y vuelva a su casa, no sea que muera en la batalla y la tome otro." 8 Los escribas seguirán hablando al pueblo y le dirán: "¿Quién tiene miedo y siente desfallecer su corazón? Que se vaya y vuelva a su casa, para que no desfallezca, como el suyo, el corazón de sus hermanos." 9 Cuando los escribas hayan acabado de hablar al pueblo, los jefes de las tropas se colocarán a la cabeza del ejército. 10 Cuando te acercares a una ciudad para atacarla, le brindarás la paz.11Si la acepta la gente de ella y te abre, será hecha tributaria y te servirá. 12 Si en vez de hacer paces contigo quiere la guerra, la sitiarás; 13 y cuando Yahvé, tu Dios, la pusiere en tus manos, pasarás a todos los varones al filo de la espada; 14 pero las mujeres, y los niños, y los ganados, y cuanto haya en la ciudad, todo su botín, lo tomarás para ti, y podrás comer los despojos de tus enemigos que Yahvé, tu Dios, te dará. 15 Así harás con todas las ciudades situadas lejos de ti que no sean de las ciudades de estas gentes. 16 Pero en las ciudades de las gentes que Yahvé, tu Dios, te dará por heredad, no dejarás con vida a nada cuanto respira; 17 darás al anatema esos pueblos: a los jéteos, amorreos, canaiieos, fereceos, jeveos y jebuseos, como Yahvé, tu Dios, te lo ha mandado, 18para que no aprendáis a imitar las abominaciones a que esas gentes se entregan para con sus dioses y no pequéis contra Yahvé, vuestro Dios. 19 Si para apoderarte de una ciudad enemiga tienes que hacer un largo asedio, no destruyas la arboleda metiendo en ella el hacha; come sus frutos y no los tales, que no es un hombre el árbol del campo para que pueda reforzar la defensa contra ti. 20 Los árboles que veas que no son de fruto, podrás destruirlos y derribarlos, para hacer ingenios con que combatir a la ciudad en guerra contigo hasta que caiga."

Este capítulo interrumpe la ilación lógica entre el c.19 y el 21, en los que se trata de cuestiones relativas a homicidios y juicios; por eso estaría mejor colocado después 21:9, sirviendo de introducción a 21:10-14.
Israel, cuando se vea obligada a emprender empresas bélicas, no debe asustarse ante el poderío militar de sus enemigos. No sólo los ejércitos mesopotámicos y los de Egipto tenían caballería con carros, que era el pánico de la época, sino los mismos reyezuelos cananeos 1. Israel, frente a esta preparación militar, estaba en plan de inferioridad, pero tenía la protección de Yahvé, que combatiría por él. Los sacerdotes deben exhortar al pueblo al combate haciéndoles ver que con ellos está el brazo omnipotente de Yahvé (v.2). En un alarde de humanitarismo, quedan excluidos del combate los que hayan construido una nueva casa, hayan plantado una viña o se hayan desposado (v.5-7). Incluso los tímidos tienen libertad para volver a sus casas (v.8). Era un modo de invitarlos a hacer un gesto de valentía 2. Con todo, el legislador sabe que los de ánimo apocado pueden sembrar el pánico en el combate y ser causa de un desastre.
Cuanto a las normas de la guerra, el legislador distingue la guerra de conquista cananea y la guerra contra los pueblos del exterior. Los cananeos deben ser exterminados, entregados al "anatema" (jerem), para que no sean ocasión de prevaricación con sus cultos para los hebreos (v.18). Sin embargo, este exterminio no fue tan general, ya que de hecho los cananeos convivieron con los israelitas por mucho tiempo, y el mismo Dios no permite su extinción, para que la tierra no quede despoblada y se llene de fieras 3. Los hebreos se acomodaron en estas leyes de guerra a las costumbres bárbaras de la época. Con todo, en la Biblia aparecen muchas frases generales hechas que no se han de tomar al pie de la letra, y, por otra parte, el hagiógrafo quiere con ellas, sobre todo, dar a entender la aversión que el pueblo israelita ha de tener hacia las prácticas idolátricas de los cananeos. Respecto de los otros pueblos, las leyes de guerra son más humanas, aunque están muy lejos de las exigencias del derecho internacional actual y aun del (derecho natural. Ante todo, se ha de ofrecer la paz cuando se quiere asaltar una ciudad. Si el enemigo se entrega, se le someterá a un tributo; en caso contrario, los hombres de guerra morirán al filo de la espada (v.13). Las mujeres, niños y ganados serán contados como botín. Se prohíbe también talar los árboles frutales, lo que no deja de ser una novedad, ya que los reyes asirios se glorían de devastar todos los campos, talando los árboles y sembrando la ruina por doquier 4. El legislador considera los árboles como algo útil y, por otra parte, inofensivo contra los invasores israelitas, y, en consecuencia, ordena que no se deben ensañar con ellos (v.20).
El Derecho de Guerra en Israel
Al crear Dios la primera pareja humana, los bendijo, diciendo: Creced, multiplicaos y henchid la tierra, sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre cuanto vive y se mueve sobre la tierra (Gén 1:28). La misma bendición otorgó Dios a Noé y a su familia al salir del arca después del diluvio (9:1ss). ¿Cómo llegó a realizarse esta bendición, que es, a la vez, un mandato divino? A medida que el hombre se iba multiplicando y se convertían las familias en tribus, se iban esparciendo por la tierra, que estaba despoblada. Pero, creciendo más y multiplicándose las tribus, convertidas en naciones, vendrían a encontrarse sobre el mismo territorio, acomodándose a vivir juntos en una región o entablando una lucha a muerte por la posesión exclusiva de la tierra. Cuando en una región determinada crece la población y encuentra difícil el vivir con los medios que le produce, vienen las emigraciones de los pueblos en busca de nuevo asiento; y, si dan con una región que por sus condiciones los atraiga, se lanzarán sobre ella apoyados en el derecho de su necesidad y el de su fuerza. Tal es la historia de las invasiones, origen a veces de guerras prolongadas. En el siglo primero antes de la era cristiana comenzaron las tribus germanas a pasar el Rin y lanzarse sobre el Occidente. Las victorias de Mario primero y luego las de César las contuvieron, pero luego volvieron a la carga. Mientras el Imperio estuvo fuerte logró contenerlos. Cuando perdió su fuerza, los germanos atravesaron el Rin y el Danubio e invadieron las provincias del Imperio, deseosos de asentarse en ellas, como lo verificaron. La Providencia divina, que gobierna el mundo, se vale de estos movimientos de los pueblos para regenerar los que se hallan agotados por sus vicios, haciendo así efectivo el mandato dado al principio al hombre de dominar la tierra.
La historia actual nos presenta el mismo problema en otra forma. Hay naciones especialmente prolíficas que no pueden hallar medios suficientes de vida dentro del territorio que ocupan. De ahí la necesidad de ampliar por la conquista su territorio o buscar en la emigración lo que no hallan en su patria. Esto se logra sin derramamiento de sangre, aquello produce guerras sangrientas.
Otra forma del mismo problema es la lucha social. Por causas históricas, una pequeña porción de la sociedad viene a hacerse dueña del territorio nacional, quedando el resto privado de su aprovechamiento. Al fin viene la lucha, que podrá revestir variadas formas, hasta que de algún modo se resuelva el conflicto, y los que no tenían nada alcancen, por un camino o por otro, medios de vida.

El Caso de Israel. Empujados por una ley histórica, los patriarcas hebreos invaden Canaán, todavía poco poblado, y logran vivir allí una vida nómada entre los pueblos sedentarios. La necesidad los lleva, como a tantos otros, a las fértiles orillas del Nilo, donde se multiplican, y, no pudiendo desarrollarse libremente, sienten la necesidad de abandonar la tierra en que por algún tiempo habían hallado su prosperidad. Al fin conquistan la libertad deseada y salen de Egipto. ¿Qué hacer, pues, ya que el desierto no les ofrece medios de vida, a ellos que estaban hechos a la vida fácil de las riberas del Nilo? La tierra de Canaán, habitada anteriormente por sus padres, se presentaba ante sus ojos ocupada por pueblos sin grande fuerza, porque carecían de unidad. Y tuvo lugar la invasión. Hay motivos para dudar de que el relato que la tradición bíblica nos ofrece sea completo, pero eso no importa mucho a nuestro propósito; el hecho de que Canaán fue invadida por los hebreos y que éstos, al cabo de algún tiempo, se adueñaron de ella, exceptuada la parte de la costa, ocupada por los filisteos, no ofrece duda. Tal sería el hecho considerado a la luz de las leyes históricas, que no son extrañas a la providencia de Dios.

El Género Literario Religioso. Pero la Biblia nos lo cuenta siguiendo otros principios: los principios religiosos. Conviene tener presente lo que en la historia narrada según estos principios hay de género literario. Esto sin perjuicio de la revelación divina, que muchos argumentos históricos nos obliga a admitir. En los documentos históricos de Egipto, Asiria y Babilonia, los reyes proceden en todas sus empresas según las disposiciones de sus dioses, los cuales, a su vez, ayudan para que sus oráculos se cumplan. El mismo Mesa, rey de Moab, en la guerra que hubo de sostener contra los israelitas, y de la cual cuenta en su estela que salió victorioso gracias a la ayuda de su dios nacional Camos, nos dice que obró también siguiendo los mandatos del dios. En la Biblia todo procede según los órdenes de Yahvé, el cual no sólo da al pueblo las leyes por que se ha de regir, sino que señala los sitios en que se ha de acampar y los días que en cada sitio debe permanecer. Israel no da un paso sin la orden expresa de Yahvé. Hay aquí algo de género literario, en que se expresa la especial providencia con que Dios regía la vida de su pueblo, a quien había señalado tan altos destinos cuales eran los de preparar la obra del Mesías. No es menor la asistencia de Jesucristo a su Iglesia, y, no obstante, la vida de ésta no está exenta de las leyes históricas, como tampoco lo están la vida de sus santos. Hoy todos confiesan que la antigua hagiografía, que hacía de la vida de éstos un continuo milagro, ni es histórica ni edificante siquiera.
En el Génesis, Dios promete a los patriarcas la posesión de la tierra de Canaán, la tierra de sus peregrinaciones (Gén 13:1438; 16:13ss). Luego envía a Moisés, para que, sacando a su pueblo de Egipto, le introduzca en la tierra prometida a los padres (Ex 3:755; 6:1ss). En el Sinaí habla Dios así a Israel: "Yo mandaré un ángel ante ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Acátale y escucha su voz, no le resistas, porque no perdonará vuestras rebeliones y porque lleva mi nombre. Pero si le escuchas y haces cuanto él te diga, yo seré enemigo de tus enemigos y afligiré a los que te aflijan, pues mi ángel marchará delante de ti y te conducirá a la tierra de los amorreos, de los jéteos, de los fereceos, de los cananeos, de los jeveos y de los jebuseos, que yo exterminaré. No adores a sus dioses ni les sirvas, no imites sus costumbres y derriba y destruye sus cipos... Mi terror te precederá y perturbará a todos los pueblos a que llegues, y todos tus enemigos volverán ante ti las espaldas, y mandaré ante ti tábanos, que pondrán en fuga a jeveos, cananeos y jéteos delante de ti. No los arrojaré en un solo año, no quede la tierra desierta y se multipliquen contra ti las fieras. Poco a poco los haré desaparecer ante ti hasta que crezcas y poseas la tierra. Pondré en tu mano a los habitantes de esa tierra y los arrojarás de tu presencia. No pactarás con ellos ni con sus dioses, no sea que, habitando en tu tierra, te hagan pecar contra mí y sirvas a sus dioses, lo que sería tu ruina" (Ex 23:20-33).
Si nos fijamos un poco en esta larga cita, echaremos de ver que lo primero en que Dios insiste es en la destrucción de la religión cananea, a fin de evitar el escándalo de su pueblo. Promete su eficaz ayuda para realizar la conquista, pero anunciando que ésta será lenta. La razón alegada es una prueba de que los hebreos no alcanzaran la enorme cifra de 600.000 hombres armados, pues con ésos y los demás viejos, mujeres y niños, la tierra de Canaán quedaría más que superpoblada.
Una orden paralela hasta en las palabras la leemos: "Yo arrojaré de ante ti al amorreo, al cananeo, al jeteo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo. Guárdate de pactar con los habitantes de la tierra contra la cual vas, pues sería para vosotros la ruina. Derribad sus altares, sus cipos; destrozad sus "aseras" (Ex 34:11-13). Son, en substancia, las mismas ideas del Deuteronomio.
Reglamentación De La Guerra. Todavía vuelve a insistir, al reglamentar el modo de hacer la guerra a las ciudades lejanas "que no sean de las ciudades de estas gentes. Porque en las ciudades de las gentes que Yahvé, tu Dios, te da por heredad, no dejarás con vida nada de cuanto respira; darás al anatema esos pueblos: a los jéteos, amorreos, cananeos, fereceos, jeveos y jebuseos, como Yahvé, tu Dios, te lo ha mandado, para que no aprendáis a imitar las abominaciones a que esas gentes se entregan para con sus dioses y no pequéis contra Yahvé, vuestro Dios" (20:15-18).
De todos estos textos sacamos en conclusión la insistencia con que se manda destruir todos los santuarios cananeos, para que no sirvan de escándalo a Israel. Hay que borrar hasta la memoria de las abominaciones idolátricas de los habitantes de Canaán. La razón de esta disposición es clara y no implica ningún problema. En esto insiste también otro pasaje de Núm 33:525: "Cuando hubiereis pasado el Jordán para entrar en la tierra de Canaán, arrojad de delante de vosotros a todos los habitantes de la tierra y destruid todas sus esculturas y todas sus imágenes fundidas, y devastad todos sus excelsos." Pero, además de la religión, se ordena "arrojar delante de sí a todos sus habitantes," igual que leemos en el Éxodo. Esto no es destruir la población, sino anular su influencia, en cuanto pueda constituir un peligro para la vida moral y religiosa de Israel. Aquí la palabra jerem (anatema), que a veces leemos en el Deuteronomio, no tiene el sentido propio, sino otro más genérico, pedido por el estilo oratorio del libro.
El Problema Moral. Con todo, esto implica un grave problema de orden moral: ¿Será posible que semejante legislación venga del cielo? Cuando en el c.18 del Génesis leemos en qué manera condesciende Yahvé con las súplicas de Abrahán en favor de los moradores de Sodoma, cuyos vicios clamaban a Dios pidiendo castigo (Gén 18:20s), no podemos menos de reconocer que tales palabras son una consoladora revelación de lo alto. También cuando leemos el precepto del amor del prójimo extendido a todos los moradores de Israel. Igual hemos de decir cuando oímos a Moisés declarar el sentido que encierra el nombre de Yahvé — misericordia hasta la milésima generación, y justicia sólo hasta la tercera -. Y cuando repetimos aquellas palabras del Salmo: "Porque su misericordia es eterna" (Sal 136), sentimos ahí un preludio de aquellas otras de San Juan en que nos dice que Dios es Amor (1 Jn 4:8).
Ahora bien, Dios no se muda, porque es eterno. Y si en la Sagrada Escritura notamos alguna mudanza, esa mudanza tiene su causa en el hombre, que no es capaz de concebir las cosas divinas sino en función de su propio espíritu. La letra del texto sagrado parece querernos decir que Dios usa de estos rigores con los cananeos en castigo de sus crímenes. Pero éstos no clamaban al cielo con más fuerza que los cometidos después por su pueblo, y, para castigo de éstos, Dios, que dispone de los pueblos todos, levantaba bandera en los montes y convocaba a las naciones del aquilón (Is 5:26). Mas hacía tal cosa actuando las leyes históricas y sirviéndose de las mismas ambiciones humanas. Por esto, a los que primero había empleado como instrumentos de su justicia, luego, por el mismo camino, los castigaba, a causa de la injusticia con que habían procedido (Is 13:233). Es la Providencia divina, que gobierna el hombre respetando su libertad. Si otra cosa aparece en los libros históricos de la Sagrada Escritura, habremos de atribuirlo a aquel género literario que antes llamamos religioso, en que parece que el hombre no sabe moverse sino bajo la expresa orden de la divinidad. Gamos, el dios nacional de Moab, no era sino una creación del espíritu moabita, y de este mismo espíritu procedían las órdenes de Gamos, de que Mesa nos habla en su inscripción. No podemos decir otro tanto de Yahvé, el Dios que hizo el cielo y la tierra, que eligió a Israel y le destinó para preparar la grande obra de sus misericordias, la obra de su Verbo encarnado; pero todavía tendremos que admitir que, en la concepción del gobierno divino sobre Israel, entra por mucho la mentalidad del pueblo, muy parecida a la de Moab y de las naciones vecinas. En esto no hay que olvidar la ley del progreso, observada por Dios en la revelación divina, y con ella la efusión del Espíritu de Dios, que comunica a las almas para los días de su Hijo, de quien son estas palabras: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés dar libelo de repudio (Me 10,5). Esta dureza impuso también al profeta de Dios otras muchas condescendencias. Y una de ellas era el modo de hacer la guerra.
La Conquista. Ya hemos visto atrás cómo consagran a Dios por anatema la ciudad, que de esto se llamará Jorma (Núm 45; 21,3). Antes de entrar en Canaán, la tierra que tenían prometida, se apoderaron en la TransJordania de los reinos amorreos, que debió de parecerles muy buena presa. "Israel le derrotó (a Seón) al filo de la espada y se apoderó de su tierra, desde el Amón hasta Jaboc, hasta los amonitas, pues Jahsa era frontera de los amonitas. Conquistó Israel todas estas ciudades y habitó en las ciudades de los amorreos, en Hesebón y en todas las ciudades que de ella dependen... Envió Moisés a reconocer a Jazer, y se apoderaron de las ciudades que de ella dependían, expulsando de ellas a los amorreos, que en ellas habitaban, y, volviéndose, subieron camino de Basan, saliéndoles al encuentro Og, rey de Basan, con todo su pueblo, para dar la batalla en Edrai... Y le derrotaron a él y a toda su gente hasta no dejar ni uno, y se apoderaron de su tierra" (Núm 21:25-35). Todo esto lo ejecutaron los hebreos de propia iniciativa, con el propósito de ocupar la tierra, sin el impedimento de sus antiguos poseedores. Y no inventaban normas nuevas de guerrear. Seguían las de su época.
Cuando luego entraron en Canaán, Jericó, la primera ciudad por ellos ocupada, fue entregada al anatema. Mirado este hecho desde el punto de vista de la religión antigua, venía a ser una hecatombe en obsequio de Yahvé, para merecer su ayuda en la conquista que empezaba. Considerado desde el punto militar, tenía por objeto sembrar el pánico entre los cananeos y facilitar su rendición o su conquista. En la segunda ciudad conquistada, Hai, parece haberse repartido el fruto de la victoria entre Yahvé y el pueblo, pues de ella dice Dios: "Trata a Hai y a su rey como trataste a Jericó y a su rey; pero el botín y el ganado tomadlo para vosotros" (Jos 8:2).
La primera batalla contra los cananeos, que fue la de Gabaón, nos la describe el autor sagrado así: "Los cinco reyes huyeron y se refugiaron en la caverna de Maceda." Allí los encerró Josué para impedir que se le escapasen. El pueblo persiguió a los fugitivos "hasta exterminarlos," refugiándose en las ciudades fuertes los que pudieron escapar. Josué entonces mandó abrir la cueva y sacar a los cinco reyes: el de Jerusalén, el de Hebrón, el de Jerimot, el de Laquis y el de Eglón, y, llamando Josué a los jefes de Israel, les dijo: "Acercaos y poned el pie sobre su cuello." Lo hicieron así, y Josué añadió: "No temáis ni os acobardéis; sed firmes y valientes, pues así tratará Yahvé a todos vuestros enemigos." Después Josué hizo darles muerte "y los mandó colgar de cinco árboles, y allí estuvieron colgados hasta la tarde" (Jer 10:16-26). Y, resumiendo toda la campaña del Mediodía, el texto nos dice: "Josué batió toda la tierra: la montaña, el mediodía, los llanos y las pendientes, con todos sus reyes, sin dejar escapar a nadie, y dando al anatema todo viviente, como lo había mandado Yahvé, Dios de Israel" (10:40). La misma conducta observó el caudillo israelita en la campaña del Norte después de vencidos los cananeos junto al lago Merón (Jos 11:12-15). Por fin, resumiendo la obra de Josué, dice el texto que "no hubo ciudad que hiciese paces con los hijos de Israel, fuera de los jeveos, que habitaban en Gabaón; todas las tomaron por la fuerza de las armas, porque era designio de Yahvé que estos pueblos endureciesen su corazón en hacer la guerra a Israel, para que Israel los diese al anatema, sin tener para ellos misericordia y los destruyera, como Yahvé se lo había mandado a Moisés" (11:19-20). Sin embargo, la distribución de la tierra fue más bien una asignación de la parte que cada tribu debía conquistar. Esto nos dice el sentido de este resumen de la conquista llevada a cabo por Josué.
El c.1 de los Jueces traza un cuadro de la obra de cada una de las tribus para adueñarse de su heredad. La empresa fue acabada por David. Todo esto muestra cómo no podemos entender a la letra las expresiones tan universales de la Sagrada Escritura.

La Guerra Después de la Conquista. Pero no sólo en estas guerras de conquista. En el apéndice del libro se nos habla del castigo de Benjamín, y se dice que en la batalla última y decisiva cayeron de Benjamín 25.000 hombres, quedando sólo 600 en la peña de Rimón. Como si esto fuera poco, "los hijos de Israel se volvieron contra Benjamín y pasaron a filo de espada las ciudades, hombres y ganados y todo cuanto hallaron, e incendiaron cuantas ciudades encontraron" (20:48). Después se reúnen en Betel y hacen una gran lamentación por la ruina de una tribu israelita. Cuando David se hallaba entre los filisteos, salía a hacer excursiones "contra los guesurianos, contra los fereceos y contra los amalecitas, pues todos; éstos habitaban la región desde Telam por el sur hasta el Egipto.". David asolaba sus tierras, sin dejar vivos hombre ni mujer, apoderándose de los ganados. "Esto hacía para que no le delatasen los. Supervivientes" (1 Sam 27:8-12). En comparación de esto, juzgaremos blanda la conducta del mismo David con los amonitas, a quienes condenó a trabajos forzados (2 Lam 12:31), y hasta la más dura guardada con los moabitas, "a los cuales batió, y, haciéndoles postrarse en tierra, los midió, echando sobre ellos las cuerdas, y a dos de las medidas las condenó a muerte, y a la otra la dejó con vida" (2 Sam 8:2). Tal modo de hacer la guerra nos parece ahora inhumano, pero era cosa corriente en la antigüedad.
Y leemos en 1 Re 20:38 que los reyes de Israel tenían en Siria fama de misericordiosos.
En Todas Partes Igual. Siglos más tarde, los griegos y romanos no habían suavizado los procedimientos guerreros. Representémonos dos pequeños ejércitos frente a frente. Cada uno lleva consigo las estatuas de sus dioses, el altar y las enseñas, que son emblemas sagrados; cada uno tiene sus oráculos, que le prometen éxito feliz; sus augures o adivinos, que le den seguridades de la victoria. En ambos ejércitos los soldados piensan como aquel griego de Eurípides: "Los dioses que combaten con nosotros son más fuertes que los que luchan por nuestros enemigos." Cada ejército pronuncia contra su contrario imprecaciones semejantes a ésta: "¡Oh dioses!, derramad el espanto, el terror y el mal entre nuestros enemigos. Que estos hombres y cuantos habitan en sus campos y en su ciudad sean privados de la luz del sol. Que su ciudad y sus campos, sus jefes y sus personas, os sean consagrados por el anatema."
Una guerra llevada a cabo según estos principios podía hacer desaparecer una ciudad, un pueblo. En virtud del derecho de guerra, Roma extendió la soledad en torno suyo y destruyó las numerosas ciudades de los volscos, latinos y samnitas. Cuando el vencedor no exterminaba a los vencidos, tenía el derecho de suprimir su ciudad, su religión, sus cultos. La fórmula de rendición solía ser ésta: "Yo entrego mi persona, mi ciudad, mi tierra, el agua que por ella corre, mis dioses-términos, mis templos con su mobiliario y cuanto pertenece a los dioses; todo lo entrego al pueblo romano."
Mucho de esto podemos verlo realizado en la conquista de Canaán por Israel. ¿Y podremos pensar que los que tales justicias ejecutaban se hacían más justos? ¿Que era el Dios que declaraba que todos los pueblos eran suyos quien imponía tales normas de exterminio? ¿No habrá lugar también aquí para decir: Por la ferocidad de vuestro corazón os permitió Dios obrar de esta manera?

La Guerra con los Pueblos no Palestinos. El Deuteronomio suaviza un poco las leyes de la guerra cuando se trata de ciudades situadas fuera de la tierra prometida. El ejército va acompañado de los sacerdotes, que, en nombre de Dios, le hablan para alentarle, asegurándole que "Yahvé, vuestro Dios, marcha con vosotros para combatir contra vuestros enemigos." Luego los escribas publican un bando ordenando que se retiren los que hayan plantado una viña y no hayan gustado sus frutos, los recién casados y los cobardes, que puedan infundir desaliento en sus compañeros. Antes de atacar la ciudad le deben ofrecer la paz. Si la acepta, quedará sometido a tributo; si no la acepta, se la ataca hasta tomarla y pasar "a filo de espada a los hombres, perdonando a las mujeres, los niños y los ganados y cuanto haya en la ciudad. Todo su botín lo tomarás para ti, y podrás comer los despojos de tus enemigos que Yahvé, tu Dios, te da." Esto significa que, fuera de los muertos y los fugitivos, todo lo demás pasa al poder de Israel: las personas, como prisioneros o esclavos; los bienes, como botín. También esto es derecho antiguo, no bajado del cielo, sino creado por la ferocidad humana. Dios ama la paz, y sus planes, tal como se nos dan a conocer en la Sagrada Escritura, son planes de paz. Por esto en el comienzo del Evangelio leemos: Los mansos poseerán la tierra. Cristo es el fin de la Ley, dice San Pablo; y los profetas habían dicho que el fin de la historia de Israel era el mesianismo. Dos aspectos de él se nos ofrecen en este artículo ligados a la conquista de Canaán y a las guerras de Israel.
Con la ocupación de Canaán, Dios había cumplido la promesa que desde el c.13 del Génesis venía repitiendo a los patriarcas y a sus hijos. Pero ese cumplimiento no era aún perfecto, según nos dicen los textos arriba citados, porque la conquista no fue desde el principio completa. Será David quien la acabará, y entonces el historiador sagrado podrá escribir que Judá e Israel habitaban la tierra sin temor alguno y que a la sombra de su parra y de su higuera gozaban de los frutos de la dulce paz (1 Re 4:25). Esto sería para muchos el pleno cumplimiento de las antiguas promesas, pero no lo era para Dios.
La deportación de los pueblos a fin de extirpar en ellos las veleidades de sublevación era un principio político de los antiguos imperios semitas. Por eso en la Ley se amenaza a Israel con la deportación en castigo de su deslealtad a Yahvé. Y la deportación llegó para Israel el año 721, y para Judá, el 586. El primero fue trasladado por los asirios a la Asiria, y el segundo, por los caldeos a Caldea. Pero Dios, que en su justicia causaba las heridas, en su misericordia prometía sanarlas. Y los profetas, que con tan vivos colores nos pintan el inminente destierro del pueblo y la desolación de la tierra abandonada, luego prometen, con no menor entusiasmo, la vuelta a la patria y la plena restauración de ésta.
Amos, que es el más antiguo de los profetas escritores, nos describe la restauración de Israel después de la ruina: "Aquel día levantaré el tugurio caído de David, repararé sus brechas, alzaré sus ruinas y la reedificaré como en los días antiguos, para que conquisten los restos de Edom y los de todas las naciones sobre los cuales sea invocado mi nombre, dice Yahvé, que cumplirá todo esto. Vienen días, dice Yahvé, en que sin interrupción seguirá el que ara al que siega, el que vendimia al que siembra. Los montes destilarán mosto y correrá de todos los collados. Yo reconduciré a los cautivos de mi pueblo Israel, reedificarán sus ciudades devastadas y las habitarán; plantarán viñas y beberán su vino; harán huertas y comerán sus frutos. Los plantaré en su tierra y no serán ya más arrancados de la tierra que yo les he dado, dice Yahvé, tu Dios" (9:11-15). Así termina el libro de los oráculos de Amos.
Oseas, contemporáneo de Amos, que anunció también el destierro de Israel a Asiria, acaba sus oráculos en forma parecida.
El destierro de Judá fue predicho, sobre todo, por Jeremías y Ezequiel, que lo vieron con sus ojos y aun lo experimentaron, para que pudieran decir a los cautivos que, inducidos por falsos profetas, se habían burlado de ellos: "Ved si teníamos razón. Pues ahora creed en lo que os decimos." Y lo que les decían era que se volviesen a Dios, que el Señor volvería hacia ellos sus ojos de misericordia.
Oigamos a Jeremías: "Y tú, siervo mío Jacob, no temas; no tiembles, Israel, porque voy a libertarte de esta tierra lejana, y a tus hijos de la tierra de su cautividad. Jacob tornará y vivirá tranquilo y seguro, sin que nadie le perturbe. Porque yo estoy contigo para salvarte" (30.105).
El profeta Ezequiel habla a los montes y valles de Israel, que habían soportado las burlas y escarnios de los vecinos, condenándolos como tierra que devora a sus habitantes.
"Así dice Yahvé: ¿Pues qué andan diciendo de ti, qué andan diciendo de ti: "Eres una tierra que devoras a los hombres y matas a sus hijos"? No devorarás ya más a los hombres, no matarás ya más a tus hijos y nunca más te haré oír los insultos de las gentes, ni tendrás que soportar los escarnios de los pueblos y no quedarán los tuyos privados de hijos, dice el Señor, Yahvé" (36:7-15).
De esta suerte los profetas daban cuerpo a la idea grandiosa que el Señor hacía brillar en su mente sobre la restauración de Israel en los días gloriosos del Príncipe de la paz, los cuales veían ligados a la vuelta del cautiverio.

El Reino de la Paz. Las guerras sufridas por los hebreos, con todas las calamidades que llevaban consigo, hacían más deseada la paz, nuevo elemento para la descripción de la edad mesiánica.
Dios no tiene sino pensamientos de paz (Jer 29:11; 1 Cor 1:33)· Esto nos significa lo que se cuenta al principio del Génesis: que, al crear Dios los animales y al hombre, sólo les asigna como alimento la verdura a los primeros, el grano y las frutas al segundo, en señal de cómo amaba la paz entre sus criaturas (Gén 1:295). Luego se promete la paz al pueblo si observa la Ley. La guerra sólo vendrá sobre él en castigo de su infidelidad (Lev 26:1455; Dt 28:1955). No otro es el lenguaje de los profetas: "¡Ah!, si atendieras a mis leyes, tu paz sería como un río, y tu justicia como las olas del mar" (Is 48:18).
La paz es el bien más deseable para el hombre, aunque de ordinario muestre tan poco aprecio de ella. Por esto no es de maravillar que los profetas nos presenten la edad mesiánica como una edad de paz, y al Rey-Mesías, como rey pacífico. Oseas es el primero en decirnos que en aquellos días Israel no se acordará de los baales y que Dios "hará un concierto en su favor con las bestias del campo, con las aves del cielo y con los reptiles de la tierra, y quebrará en la tierra el arco, la espada y la guerra, y hará que reposen seguros" (Os 2:20). Isaías y Miqueas nos aseguran que muchedumbre de pueblos, "admirados de tanta paz que Dios dará a los pueblos" (Jer 3:3-9) vendrán a Jerusalén en busca de Yahvé y de su palabra, y que El "juzgará a las gentes y dictará sus leyes a numerosos pueblos, que de sus espadas harán rejas de arado, y de sus lanzas hoces. No alzarán la espada gente contra gente ni se ejercitarán para la guerra" (Is 2:4; Miq 4:3). Zacarías dice del Rey-Mesías que vendrá a Jerusalén "justo, salvador y humilde, montado en un asno, en un pollino hijo de asna. Extirpará los carros de Efraín y los caballos en Jerusalén, y será roto el arco de guerra, y promulgará a las gentes la paz" (9:95).
En la época de Isaías, la Asiria y el Egipto eran las dos grandes potencias que aspiraban a dominar en Siria, y por esto se hacían la guerra. Pues dice Isaías que "en aquel día habrá camino de Egipto a Asiria y que el asirio irá a Egipto y el egipcio a Asiria; que los egipcios y asirios servirán a Yahvé. Aquel día Israel será tercero con el Egipto y la Asiria, como bendición en medio de la tierra, bendición de Yahvé Sebaot, que dice: "Bendito mi pueblo Egipto; Asiria, obra de mis manos, e Israel, mi heredad" (19:23-25). La guerra ha cesado; sólo reinará la paz.
Por eso, uno de los títulos que el mismo profeta da al Niño, sucesor de David, es el de "Príncipe de la paz, para dilatar el imperio y para una paz ilimitada" (Is 9:65; 11:6-11).
Ezequiel abunda en el mismo pensamiento al afirmar que el pacto de paz que con Israel establecerá será un pacto eterno y que pondrá en medio de ellos su morada por los siglos, que El será su Dios y ellos serán su pueblo, "y las gentes sabrán que es Yahvé quien los santificará cuando esté su santuario en medio de ellos por los siglos" (37:26-28).
Pero esta paz no es una paz externa, impuesta y sostenida por la fuerza de las armas; "la paz será obra de la justicia, y el fruto de la justicia el reposo y la seguridad para siempre. Mi pueblo habitará en morada de paz, en habitación de seguridad, en asilo de reposo" (Is 32.17s; 54:3)·
Si ahora queremos entender el hondo sentido de todas estas promesas que el Espíritu Santo inspiraba a sus profetas, empecemos por recordar las palabras del divino Maestro que dicen: "No penséis que he venido a poner paz, sino espada. Porque he venido a separar al hombre de su padre, y a la hija de su madre, y a la nuera de su suegra, y los enemigos del hombre serán los de su casa" (Mt 10:34-36).
Esto significa que las luchas no cesarán en la tierra después que los ángeles cantaron "paz en la tierra a los hombres de buena voluntad." Las guerras continúan entre los pueblos cada vez más feroces y destructores. El Señor, en su inescrutable providencia, las tolera y las ordena, como todas las cosas, a la salud de los elegidos. La paz exterior parece que no ha venido a la tierra con Cristo.
Pero en cuanto a la paz interior, que no son capaces de perturbar todos los accidentes exteriores, dice Jesús: "Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5:9). Es que Dios es Dios de paz (Rom 15:33; 16:20), y el Hijo de Dios vino a este mundo para traernos la paz (Ef 2:1453). Por eso, al despedirse definitivamente de sus discípulos, les decía: "Mi paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da os la doy yo" (Jn 14:27). La paz que Cristo dejó a los suyos es fruto de la doble caridad de Dios y del prójimo, y el que en esta caridad vive, no siente turbación; goza de aquella paz que supera todo conocimiento humano (Fil 4,7), que los mundanos no alcanzan a entender, pero que los siervos de Dios gozan en lo íntimo de su corazón mientras llegue la paz eterna en el reino de los cielos, en que Dios se revelará verdadero Dios de paz.

1 Cf. Barrois, Précis d'archéologie biblique 154. — 2 Cf. 2 Sam 15:19-22. — 3 Cf. Ex 23:29s; Dt 7:22. — 4 Teglatfalasar III se gloría de haber talado los parques y arbolado al conquistar Damasco (Anales. lin.195-209).
21. Ordenaciones Varias
Expiación del Homicidio cuyo autor es desconocido (1-9)
1"Si en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará en posesión fuere encontrado un hombre muerto en el campo sin que se sepa quién le mató, 2 tus ancianos y los jueces irán a medir las distancias del lugar donde está el cadáver hasta las ciudades del contorno. 3 Los ancianos de la ciudad más próxima al lugar del cadáver tomarán una becerra que no haya trabajado, que no haya llevado sobre sí el yugo, 4 y la llevarán a un valle inculto, que nunca haya sido arado ni sembrado; y allí, en el valle, la degollarán. 5 Entonces vendrán los sacerdotes, hijos de Leví, porque a ellos los eligió Yahvé, tu Dios, para que le sirvan y para bendecir el nombre de Yahvé, y por su palabra ha de decidirse toda contestación y toda percusión. 6 Y se llegarán todos los ancianos de la ciudad que esté más cerca del muerto y lavarán sus manos sobre la becerra degollada en el valle, 7 y responderán: "No han derramado nuestras manos esta sangre ni lo han visto nuestros ojos; 8 expía a tu pueblo Israel, a quien redimiste, ¡oh Yahvé!, y no imputes la sangre inocente a tu pueblo Israel." Y la sangre les será perdonada. 9 Así quitarás de en medio de ti la sangre inocente y harás lo que es recto a los ojos de Yahvé."

En el código de Hammurabi 1 y en las actuales costumbres de los nómadas de Moab hay algo que tiene parecido con esta disposición, aunque en el fondo se distingue totalmente de ella. Desde Gén 4:10 sabemos que la sangre derramada clama al cielo, pidiendo la sangre del homicida, con que ha de ser expiado el crimen. En caso de que éste exista de verdad, la muerte del criminal debe seguirse irremisiblemente. Con ella la justicia divina queda aplacada, y el pueblo purificado del crimen que en medio de él se cometió. Ahora bien, en el caso presente el crimen se da por cierto, y sus consecuencias religiosas también; pero el reo es ignorado, y la expiación no puede tener lugar. ¿Qué hacer? Pues la ciudad más cercana, en la que pudieran recaer primeramente las sospechas, debe hacer lo que en el derecho canónico antiguo se llamaba purgatio canónica. Para ello deben los ancianos — representantes calificados de ella — matar una novilla, lavarse las manos y protestar no haber tenido parte en aquel crimen. Con la sangre de la novilla queda expiado el crimen, y la nación purificada de él. La intervención de los sacerdotes, que algunos consideran como adición de un glosista, aseguraría ante la justicia el cumplimiento del rito. La elección del sitio para cumplir la ceremonia, el valle o torrente2, parece obedecer al deseo de que la sangre sea llevada por el torrente, de forma que la tierra quede como purificada (v.4). Las condiciones de que la novilla que se ha de matar no haya trabajado ni haya sido sometida al yugo, indica el carácter religioso del acto, pues se la concibe como una víctima expiatoria por la sangre inocente derramada ante Dios, y por eso se requiere que sea selecta 3. El lugar donde se sacrifique debe ser también no cultivado, es decir, intacto, no profanado por el arado. Los ancianos deben lavar sus manos (seguramente en el arroyo) ante la víctima en señal de inocencia 4, y piden a Dios que acepte esta expiación por la sangre inocente derramada, en sustitución de la sangre del asesino. De este modo el pueblo israelita queda purificado ante Dios del crimen cometido.
Las Mujeres Apresadas en la Guerra (10-14)
10 "Cuando hagas la guerra a los pueblos enemigos y Yahvé, tu Dios, te los dé en tus manos y hagas cautivos, 11 si entre ellos vieres a una mujer hermosa y la deseas, la tomarás por mujer, 12 la entrarás en tu casa, y ella se raerá la cabeza y se cortará las uñas, 13 y, quitándose los vestidos de su cautividad, quedará en tu casa; llorará a su padre y a su madre por tiempo de un mes; después entrarás a ella y serás su marido, y ella será tu mujer. 14 Si después te desagradare, le darás la libertad y no la venderás por dinero ni la maltratarás, pues tú la humillaste."

La concesión que en esta perícopa se contiene respecto a la apropiación de mujeres cautivas parece una excepción a la ley tan reiterada de no tomar mujeres extranjeras como esposas. Ya hemos visto que — según las leyes de guerra de la época — las mujeres formaban parte del botín de guerra. En nuestro caso, la prisionera pasa de una nación a otra, muriendo a la que le dio el ser, por lo que deberá hacer duelo durante treinta días, despojándose de cuanto era signo de su antigua nacionalidad. Con esto comienza una vida nueva en la nación israelita. Caso de que el marido israelita la repudiara, la dejará libre, sin poder invocar sobre ella el derecho de guerra vendiéndola como esclava. Es esto una mitigación del derecho de guerra antiguo, conforme al espíritu humanitario del Deuteronomio.
Derechos del Primogénito (15-17)
15 "Cuando un hombre tenga dos mujeres, la una amada, la otra aborrecida, si la amada y la aborrecida le dieran hijos y el primogénito fuera de la aborrecida, 16 el día en que distribuya sus bienes entre sus hijos no podrá dar a los hijos de la amada el derecho de primogenitura con preferencia al de la aborrecida si éste es el primogénito; 17 mas habrá de reconocer por primogénito al hijo de la aborrecida, dándole de sus bienes dos tantos, porque es el primogénito de su robustez, y suyo es el derecho de la primogenitura."

Se trata en esta disposición de poner límite a la voluntad arbitraria del padre, cortando de raíz perturbaciones familiares. Se niega al padre el derecho de declarar primogénito al hijo de la esposa preferida en una sociedad en que estaba legalmente admitida la poligamia. La existencia del derecho de primogenitura aparece ya en la época patriarcal 5. El deuterononomista supone este derecho y trata de canalizarlo conforme a las exigencias de la equidad: aunque el primogénito sea hijo de la aborrecida, a él le pertenece la parte doble o los dos tantos en la distribución general entre todos los hijos. La legislación rabínica regulará esta materia dividiendo el patrimonio en tantas partes más una como hijos son, de forma que el primogénito se lleve dos partes 6. De hecho, en la práctica los padres procuraban eludir esta legislación haciendo donaciones especiales a los hijos preferidos 7. En el código de Hammurabi se permite al padre que mientras viva pueda hacer alguna donación en favor del hijo preferido 8; pero no existe propiamente el derecho de primogenitura, como tampoco existe entre los árabes.
Castigo del Hijo Rebelde (18-21)
18"Cuando uno tenga un hijo indócil y rebelde que no obedece a la voz de su padre ni a la de su madre, y aun castigándole no los obedece, 19 lo tomarán su padre y su madre y lo llevarán a los ancianos de su ciudad; y a la puerta de ella 20 dirán a los ancianos de la ciudad: "Este hijo nuestro es indócil y rebelde y no obedece a nuestra voz; es un desenfrenado y un borracho"; 21 y le lapidarán todos los hombres de la ciudad. Así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel, al saberlo, temerá."

La constitución patriarcal de la familia en Israel antiguo exigía que se conservase la autoridad de su jefe. Acaso en tiempos anteriores el padre gozaría de autoridad para hacer de juez en la causa de su hijo; aquí ha perdido ya ese derecho y debe acudir a los jueces de la ciudad, como el pater familias de la antigua Roma, lo que refleja una situación social más evolucionada. Por otra parte, se habla de los ancianos de la ciudad y de la puerta de la ciudad, todo lo cual nos lleva al ambiente social de la época de los jueces 9. La ley es severa, y se refiere a los casos de insubordinación permanente y contumaz del hijo que no quiere obedecer a sus padres 10. A esto se añade su vicio de embriagarse, todo lo cual prueba que es un caso desesperado, que plantea un problema familiar agudo y un escándalo ante la sociedad. Por eso debe ser juzgado por los ancianos de la ciudad y públicamente en el lugar de mayor concurrencia, la puerta de la ciudad (v.20)11. Todos los hombres de la ciudad deben lanzar sus piedras contra el hijo rebelde (v.21), extirpando así todo conato de rebeldía contra la autoridad paterna. En el derecho babilónico, el padre puede repudiar al hijo, pero después de declaración judicial 12, y la legislación romana daba al padre derecho de vida y muerte en la familia.
El Cadáver del Ajusticiado (22-23)
22"Cuando uno que cometió un delito digno de la muerte sea colgado de un madero, 23 su cadáver no quedará en la noche, no dejarás de enterrarlo el mismo día, porque el ahorcado es maldición de Dios, y no has de manchar la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará en heredad."

Entre todos los focos de impureza que la Ley reconoce, el cadáver es el primero, de forma que cuanto había en la casa o en la tienda donde moría alguno, quedaba, por lo mismo, impuro. En el caso del ajusticiado, la contaminación era mayor, pues era como un maldito de Yahvé (v.23). Por eso se prescribe aquí que se retire al punto su cadáver, lo que a la vez era un acto de humanidad y de respeto al muerto. Esta es la ley alegada por Nicodemo para obtener de Pilato el cuerpo exánime de Jesús 13.
Sin embargo, no parece que se cumpliera puntualmente esta ley, ya que en numerosos relatos bíblicos se habla de la exposición prolongada de los cadáveres para escarmiento del pueblo 14.

1 Art.23s. — 2 Literalmente el hebreo dice torrente eterno (inagotable). Algunas versiones traducen valle. — 3 Cf. Núm 19:2; Dt 15:19. — 4 Cf. Sal 26:6; Sal 73:13; Mt 27:24. — 5 Cf. Gén 25:31-34; 27:36; 49:3-4. — 6 Cf. Mishna, tr. Bekhorath VIII 9. Conforme a esto, Elíseo desea que Elías le deje la "parte doble de su espíritu," es decir, desea heredar su espíritu profetice (2 Re 2:9). — 7 Véase Schwalm, La vie privée du peuple juif 472-474. — 8 Art.165. — 9 Cf. Rut 4:1 s. — 10 En Ex 21:15 y Lev 20:9 se citan castigos concretos por determinadas faltas de los hijos con carácter ocasional. — 11 Cf. Prov 22:15; 25.7; Rut 4:1-2; Am 5:10, 12:15; Is 29:21; Sal 127:5. — 12 Código de Hammurabi art. 168-169 — 13 Jn 19:31; Mt 27:57-60. — 14 Cf. Jos 8:29; 10:26; 2 Sam 21:1s.
22. Diversas Leyes
Animales y Objetos Perdidos (1-4)
1"Si encuentras perdidos el buey o la oveja de tu hermano, no te retires; llévaselos a tu hermano. 2 Si tu hermano habita lejos de ti y no le conoces, recoge el animal en tu casa y tenlo contigo hasta que tu hermano venga a buscarlo y devuélveselo. 3 Lo mismo harás con su asno, con su manto y con todo cuanto perdido encontrares. 4 Si ves el asno de tu hermano o su buey caído en el camino, no te desentiendas; ayúdale a levantarlos."

Estas prescripciones, más que preceptos jurídicos, son preceptos morales, inspirados en los sentimientos de buena vecindad. En parte, ya se encuentran en Ex 23:45, aunque en este pasaje se trata de animales del enemigo 1. El deuteronomista, en cambio, se refiere a los pertenecientes a los compatriotas o hermanos. Quiere inculcar, ante todo, el espíritu de solidaridad como base de la vida social 2.
Preceptos Varios (5-8)
5"No llevará la mujer vestidos de hombre, ni el hombre vestidos de mujer, porque el que tal hace es abominación a Yahvé, tu Dios. 6 Si en tus caminos encuentras un nido de pájaros, o en un árbol o en tierra, con pollos o con huevos, y la madre sobre ellos, no cojas la madre con los pollos; 7 deja libre a la madre y no cojas más que los pollos, para que seas dichoso y vivas largos años. 8 Cuando construyas una casa nueva, pondrás un pretil en derredor de tu terrado; no eches sangre sobre tu casa si alguien se cayera de él."

La razón de estas leyes no es difícil de entender. La prohibición del uso indebido del vestido de hombre o mujer busca, ante todo, la honestidad y la decencia, y, sobre todo, evitar abusos inmorales. Sin duda que en esta prohibición hay también razones históricas: evitar que se den los abusos y supersticiones corrientes en las religiones gentílicas. Macrobio nos dice que en Chipre había una estatua de Venus "barbatam corpore, sed veste muliebri, cum sceptro ac statura virili," a la que ofrecían sacrificios hombres vestidos de mujeres y mujeres vestidas de hombres 3. Algunos autores suponen que estos ritos tenían lugar también en Canaán, pero no se han encontrado textos comprobantes de ello hasta ahora.
La prohibición de tomar del nido los huevos o polluelos con su madre, sin duda obedece a razones de utilidad, como las leyes que regulan el derecho de caza y pesca, es decir, evitar la extinción de la especie. Quizá haya también un motivo de piedad para con los animales, pues parece demasiado tomar a la madre y a sus polluelos o huevos, como estaba prohibido cocer el cabrito en la leche de su madre 4.
También la ordenación de poner pretil en el terrado es evitar desgracias, ya que los terrados son lugares de reunión. Sólo así el dueño quedará libre de la sospecha de homicidio: No eches sangre sobre tu casa si alguien se cayera de él (v.8).
Mescolanzas Prohibidas (9-12)
9"No plantes en tu viña una segunda simiente, porque todo sería declarado cosa santa, 10 sembrado y el producto de la viña. 10 No ares con buey y asno uncidos juntos. 11 No lleves vestido tejido de lana y de lino juntamente. 12 Te harás borlas en las cuatro puntas del vestido con que te cubras."

En Lev 19:19 se prescribe que no se siembre en un campo dos clases de simientes diferentes. Aquí se prohíbe sembrar entre las cepas otra clase de simiente. De lo contrario, serán declaradas, lo sembrado y el producto de la viña, cosa santa (v.g), es decir, confiscado en beneficio del santuario. Sin duda que en el fondo de estas prohibiciones de mezclar cosas dispares hay razones de tipo atávico que hoy no podemos columbrar, y muchas veces el origen de estas prohibiciones radica en el deseo de evitar costumbres supersticiosas paganas.
La prohibición de uncir al buey y al asno quizá obedezca al sentido de equidad, que no ve bien uncir dos animales de fuerzas diferentes. Es corriente hoy día en Palestina uncir bueyes y asnos, y aun camellos.
Por razones atávicas se prohíbe tejer vestidos con lana y lino a la vez, que, al parecer, eran utilizados para usos mágicos 5.
La imposición de borlas a los vestidos tenía por razón, según Núm 15:37-41, recordar a los israelitas sus obligaciones para con su Dios.
Delitos Contra el Matrimonio (13-30)
13"Si un hombre, después de haber tornado mujer y haber entrado a ella, la aborreciere 14 y la imputare falsamente delitos y la difamase, diciendo: "He tomado a ésta por mujer y cuando a ella entré no la hallé virgen," 15 el padre y la madre de ella tomarán las pruebas de su virginidad y las presentarán a los ancianos de la ciudad en las puertas. 16 El padre de la joven dirá: "Yo he dado por mujer mi hija a este hombre, y él, habiéndola aborrecido, le imputa cosas deshonrosas, 17 diciendo: No la he hallado virgen. Ahí están las pruebas de la virginidad de mi hija," y desplegarán la sábana ante los ancianos de la ciudad. 18 Éstos tomarán al hombre y le castigarán; 19 le impondrán una multa de cien siclos de plata, que entregarán al padre de la joven por haber esparcido la difamación de una virgen de Israel; tendrá que tomarla por mujer y nunca en la vida podrá repudiarla. 20 Pero si la acusación fuese verdadera, habiéndose hallado no ser virgen la joven, 21 la llevará a la entrada de la casa de su padre, y las gentes de la ciudad la lapidarán hasta matarla por haber cometido una infamia en Israel, prostituyéndose en la casa paterna; así quitarás el mal de en medio de ti. 22 Si un hombre fuere sorprendido yaciendo con una mujer casada, serán muertos los dos, el hombre que yació con la mujer y la mujer. Así quitarás el mal de en medio de Israel. 23 Si una joven virgen se desposó a un hombre y, encontrándola en tanto otro en la ciudad, yace con ella, 24 los llevaréis a los dos a la puerta de la ciudad y los lapidaréis hasta matarlos; a la joven, por no haber gritado en la ciudad; al hombre, por haber deshonrado a la mujer de su prójimo. 25 Pero, si fue en el campo donde el hombre encontró a la joven desposada y, haciéndola violencia, yació con ella, será sólo el hombre el que muera. 26 A ella nada le harás; no hay en ella reato de muerte, porque es como si un hombre se arroja sobre otro y le mata; el caso es igual. 27 Sorprendida en el campo, la joven gritó, pero no había nadie que la socorriese. 28 Si un hombre encuentra una joven virgen, no desposada, la toma y yace con ella y fueren sorprendidos, 29 el hombre que yació con ella dará al padre de la joven cincuenta siclos de plata, y ella será su mujer, por haberla él deshonrado, y no podrá repudiarla en su vida. 30(23 1) Nadie tomará la mujer de su padre ni levantará la cubierta del lecho paterno."

La legislación antigua sobre los delitos contra la honestidad era muy severa, y tal se mantiene aún entre los nómadas de Transjordania. El padre o el marido consideran estos delitos como ofensas contra su honor, y esas ofensas no se lavan más que con sangre. Esto mismo creó la costumbre de tomar prevenciones contra la falsa imputación de delito. Para hacerse cargo del caso, conviene primero advertir la vieja costumbre, que aún existe en algunos pueblos orientales, y que, sin duda, existía en Israel, de que el novio, una vez consumado el matrimonio, entregue a los padres el lienzo o sabana con las señales de la sangre procedente de la ruptura del himen de la doncella. Si algún día se levantase contra ésta una sospecha, podían los padres presentar aquella pieza en comprobación de la inocencia de su hija 6. En caso de que la acusación sea falsa, el acusador debe pagar cien siclos al padre de la esposa y después retenerla como tal (v.19); si la acusación es verdadera, se lapidará a la joven a la puerta de la casa de sus padres (v.21). Contra los adúlteros se decreta la pena de muerte (v.22). Aunque no se especifica la clase de muerte, se supone que es la lapidación 7. En el código de Hammurabi 8 y en las leyes asirias 9 se impone la muerte a los dos culpables, aunque se prevé el caso de que el marido ultrajado perdone a su esposa infiel, y entonces también su cómplice queda libre del castigo capital 10.
Suerte igual sufrirá la joven desposada que ha tenido comercio ilícito con otro hombre que el prometido. Los esponsales, que implicaban la promesa del matrimonio, y la entrega del mohar, o precio de la novia, eran equiparados al matrimonio, el cual sólo añadía la solemne conducción de la novia a la casa del novio. De aquí que la violación de la desposada se considere como un caso de adulterio. El legislador deuteronómico distingue para la joven el caso de que sea violada en la ciudad o en la campiña. En el primer caso es culpable, porque pudo haber pedido auxilio, pero en el segundo no tiene culpa, ya que no pudo encontrar amparo que la librara del invasor (v.25).
Si la joven violada no está desposada, entonces el que la violentó debe tomarla por esposa, sin derecho a repudiarla, y además con la obligación de entregar al padre de la joven la cantidad de cincuenta siclos a título de indemnización o mohar (v.28).
Se prohíbe la unión incestuosa del hijo con la esposa del padre, que puede no ser la madre de aquél, supuesta la poligamia 11. Entre los antiguos árabes, el heredero tenía derecho a quedarse con las esposas y concubinas de su padre, excepto su propia madre.

1 La legislación rabínica impone la devolución de la cosa o res encontrada sólo cuando es de un israelita (Babha Mesia 1,2). — 2 En el Código de Hammurabi no encontramos disposición paralela, sino únicamente prescripciones relativas a la devolución — 3 Macrobio, Saturna. III 8; Apuleyo, Metamorphos. VIII 245. — 4 Cf. Dt 14:21b; 20:19-20. — 5 Véase comentario a Núm 15:37-41 · — 6 Cf. DBV V 24:39. — 7 Cf. Lev 18:20. — 8 Cód. de Hammurabi art.129. — 9 Leyes asirias, arts.13 y 15. — 10 Cf. Lev 20:10. — 11 Cf. Gén 35:22; 49:4; 2 Sam 16:22; 1 Re 2:22; Ez 22:10.
23. Leyes Sociales
Personas Excluidas de la Comunidad Israelita(1/2-8/9)
1(2) "No será admitido en la asamblea de Yahvé aquel cuyos órganos genitales hayan sido aplastados o amputados, 2(3) El fruto de una unión ilícita no será admitido en la asamblea de Yahvé; ni aun a la décima generación entrará. 3(4) Amonitas y moabitas no serán admitidos ni aun a la décima generación; 110 entrarán jamás, 4(5) porque no vinieron a vuestro encuentro con el pan y el agua en el camino cuando salisteis de Egipto y porque trajeron contra ti a Balaán, hijo de Beor, de Petur, de Aram Naharayim, para que te maldijera; 5(6) aunque Yahvé, tu Dios, no quiso oír a Balaán y mudó su maldición en bendición, porque Yahvé, tu Dios, te ama. 6(7) No buscarás su amistad ni cuidarás de su bienestar jamás en los días de tu vida. 7(8) No detestes al edornita, porque es hermano tuyo; no detestes al egipcio, porque extranjero fuiste en su tierra; 8(9) sus hijos a la tercera generación podrán ser admitidos en la asamblea de Yahvé."

La numeración del TM no coincide con la de los LXX y Vg, ya que el v.30 del c.22 de éstos figura como el primero del c.23 del TM.
En las tribus del desierto se permite cierta incorporación progresiva de elementos alógenos, que poco a poco son asimilados a la nueva tribu. Esta nacionalización la encontramos en Israel desde los tiempos del desierto. Según Ex 12:48, se admite al extranjero a comer la Pascua con el pueblo hebreo; la familia madianita de Jetró es incorporada a la comunidad israelita, y también los calebitas, pertenecientes a los quíneos. Sin embargo, la incorporación a Israel tiene especiales exigencias, ya que se trata no sólo de nacionalizarse civilmente, sino aun religiosamente, con todos los derechos y deberes inherentes a una comunidad teocrática. La dignidad de esta sociedad preferida de Yahvé exigía que se excluyeran los que llevaban una infamia social, como los eunucos (v.1(2)). Era una nota infamante, que los hacía indignos de la comunidad teocrática. Entre los paganos existía la costumbre de mutilarse, por razones religiosas, en ciertos cultos, como los de Cibeles 1, aparte de la costumbre bárbara de mutilar a los guardianes de los harenes. En las cortes de los reyes de Israel no faltan estos hombres mutilados, sin duda para imitar a las corrompidas cortes extranjeras 2. El profeta anuncia en los tiempos mesiánicos la rehabilitación de los eunucos, los cuales serán incorporados a la nueva sociedad teocrática 3.
Por razones similares de dignidad se excluyen de la comunidad israelita los mamzer, o espúreos, fruto de una unión fornicaria o incestuosa 4. Sólo después de diez generaciones quedarán lavados de esta infamia.
Los amonitas y moabitas, por no haber socorrido a los israelitas cuando pasaban por su tierra camino de Canaán, son también excluidos (v.4(5)). Estas dos poblaciones tenían, según la Biblia, un origen incestuoso de Lot, sobrino de Abraham 5. Además, los moabitas contrataron los servicios de Balaán para maldecir a Israel 6. Por estas razones estos dos pueblos no serán asimilados a los israelitas ni a la décima generación.
En cambio, respecto de los edomitas y egipcios, el deuteronomista es más benigno, pues pueden ser admitidos a la comunidad israelita a la tercera generación (v. 8(9)). En realidad, los edomitas se portaron mal con los hebreos, pues les negaron el paso innocuo 7. Las relaciones hostiles continuaron por mucho tiempo 8, pero en determinadas épocas estas relaciones mejoraron, y quizá un reflejo de ellas sea esta ordenanza benévola. Lo mismo hemos de decir respecto de las relaciones con los egipcios.
La Pureza del Campamento (9-15)
9(10) "Cuando salgas en guerra contra tus enemigos, guárdate de toda cosa mala. 10(11) Si hubiera alguno impuro por accidente nocturno, sálgase fuera del campamento 11(12) y no entre hasta que, al caer de la tarde, se bañe en agua. A la puesta del sol podrá entrar en el campamento. 12(13) Tendrás fuera del campamento un lugar donde agacharte para hacer tus necesidades, 13(14) llevando, a más de las armas, un palo, con el que harás un hoyo para agacharte; y, después de haberte agachado, taparás tus excrementos; 14(15) porque Yahvé, tu Dios, anda en medio de tu campamento para protegerte y entregar en tu poder a tus enemigos, y tu campamento debe ser santo, para que Yahvé no vea en ti nada de indecente y no aparte de ti sus ojos."

En toda la Sagrada Escritura del Antiguo Testamento se inculca la idea de la presencia de Yahvé en medio de su pueblo. Particularmente en el Pentateuco se repite que Yahvé sale en campaña a la cabeza del ejército de Israel 9. Todo esto exige una limpieza extrema del campamento para que sea digno de él. Por eso se ordena que el que haya sufrido polución nocturna, salga del campamento hasta la tarde, en que reciba un baño ritual de purificación (v.11/12)10, y se impone la organización déla higiene y decencia del campamento (v. 12/13).
Trato Humanitario al Esclavo Fugitivo (15-17)
15(16) "No entregarás a su amo un esclavo huido que se haya refugiado en tu casa. 16(17) Tenle contigo en medio de tu tierra en el lugar que él elija, en una de tus ciudades, donde bien le viniera, sin causarle molestias."

La ley deuteronómica se muestra extremadamente benévola con el esclavo fugitivo, ya que prohíbe entregarlo a su amo, que lo maltrataría. En el código de Hammurabi, la ley es totalmente contraria: pena de muerte al que acoja y oculte a un esclavo fugitivo 11. El legislador hebreo en realidad parece que se refiere a esclavos procedentes de otros países extranjeros, pues en el v.17 se dice: tenle en medio de tu tierra. Se trata, pues, de negar la extradición del esclavo.
Prohibición de la Prostitución Sagrada (17-19)
17(18) "Que no haya prostituta de entre las hijas de Israel, ni prostituto de entre los hijos de Israel. 18(19) No lleves a la casa de Yahvé ni la merced de una ramera ni el precio de un perro para cumplir un voto, que lo uno y lo otro es abominación para Yahvé, tu Dios."

Era frecuente en Canaán la prostitución sagrada, es decir, en honor de determinadas divinidades, como Astarté, la Istar o Venus de Babilonia. Era el grado más bajo a que podía llegar el sentido religioso de un pueblo. Parece que en Israel no faltaron infiltraciones de tales prácticas licenciosas en los santuarios locales 12. Los profetas claman contra esta abominación 13. El salario de este comercio sexual debía ir íntegro a los santuarios, y aquí el deuteronomista prohibe estrictamente que nada que proceda de eso sirva para cumplir un voto en el santuario de Yahvé (v. 18-19). El salario de un perro alude a los ingresos del prostituto (scortator), o persona del sexo masculino que se entregaba en los santuarios cananeos y fenicios a la llamada prostitución sagrada 14.
Prohibición de la Usara (19-21)
19(20) "no exijas de tus hermanos interés alguno ni por dinero, ni por víveres, ni por nada de lo que con usura se presta. 20(21) Puedes exigírselo al extranjero, pero no a tu hermano, para que Yahvé, tu Dios, te bendiga en todas tus empresas en la tierra que vas a entrar para poseerla."

El préstamo con interés a un israelita estaba estrictamente prohibido por la legislación de Ex 23:25 y Lev 25:35-38. El deuteronomista — que se caracteriza por su espíritu humanitario — confirma esta antigua legislación mosaica, permitiendo el préstamo a interés a sólo el extranjero 15. De hecho, esta ley no parece que fue muy escrupulosamente guardada, ya que los profetas echan en cara a los ricos su insaciable avaricia y usura 16. En el código de Hammurabi se regula el préstamo a interés, que es muy subido (un 20 por 100 para la plata y un 33 por 100 para los cereales)17.
Cumplimiento de los Votos (21-24)
21(22) "Cuando hicieres un voto a Yahvé, tu Dios, no retardes el cumplimiento, pues Yahvé, tu Dios, de cierto te pedirá cuenta de ellos, y cargarías con un pecado. 22(23) Si no haces voto, no cometes pecado; 23(24) pero la palabra salida de tus labios la mantendrás y la cumplirás conforme al voto libremente hecho a Yahvé, tu Dios, que tu boca pronunció."

Era frecuente en Israel hacer votos a Yahvé: promesa de sacrificios, oblaciones, de abstención de determinadas cosas. En Núm 30:2-17 se trata de la validez de los votos hechos por mujeres, más propensas, por su espíritu piadoso, a hacer votos a Dios. El deuteronomista considera como algo muy sagrado el voto y su cumplimiento, de forma que prolongar el cumplimiento es ya pecado ante Yahvé. La mayor parte de los votos se hacen en momentos de especial fervor religioso o en una necesidad angustiosa, pero es fácil olvidarse de lo prometido cuando las circunstancias hayan cambiado. El legislador hebreo, sin embargo, insiste en la obligatoriedad del voto18.
Concesiones Humanitarias (24-26)
24(25)"Sj entras en la viña de tu prójimo, podrás comer uvas hasta saciar tu apetito, pero no guardarlas en recipiente alguno tuyo. 25(26)Si entras en la mies de tu prójimo, podrás tomar unas espigas con la mano, pero no meter la hoz en la mies de tu prójimo."

En favor del necesitado se permite tomar racimos o espigas para matar el hambre, pero no se autoriza para que se lleve repuesto de estos frutos. Esta costumbre es corriente en localidades donde la mayoría tienen viñas o trigales, pues no se considera un perjuicio grande, y, por otra parte, es señal de mutua benevolencia entre los vecinos. Usando de este permiso, los discípulos de Jesús tomarán espigas en sábado al pasar por un trigal 19. El reproche de los fariseos no es porque hayan juntado espigas, sino porque las tomaron en sábado.

1 Cf. Luciano, De dea Syria 51. — 2 Cf. 1 Re 22:9; 2 Re 8:6; 9:32; Jer 29:2; 34:19. — 3 Is 56:4-5. — 4 El término mamzer es oscuro y aparece en Zac 9:6. Hoonacker ve en él una designación étnica, la población mezclada y adulterina (religiosamente) del reino de Samaría después de la colonización hecha por los asirios (Les douze petits prophétes 665). — 5 Gén 19:30-38. — 6 Cf. Núm 22:5. Balaán es de Petur, el Pitru de los textos cuneiformes. — 7 Núm 20.17-21. — 8 Cf. 2 Sam 8:14; 1 Re 11:15-16; Am 1:11. — 9 Cf. Núm 5:1s; Ex 34:14s. — 10 Cf. Lev 15:16-18; Núm 5:1-4. — 11 Cf. Cód. de Hammurabi arts. 15-20. — 12 Cf. 2 Re 14:24; 15:12; 2 Re 23:7. — 13 Cf. Os 4:14. — 14 En la Biblia, estas personas dadas a la prostitución sagrada se llaman qades y qedesan (que es el qadistu del Código de Hammurabi, cortesanas del templo). En la inscripción fenicia de Larnaca parece que se da el título de perro a ciertos funcionarios del templo fenicio. En el Corpus inscript. semit. se traduce por scortis viribus. Cf. M. J. Lagrange, Etudes les religions sémitiques 217-218; Dhorme, La religión assyro-babylonienne 300-31; Desnoyers, Histoire du peuple hébreu I 245. — 15 Aquí el extranjero no es el ger, o extranjero asimilado al pueblo israelita, sino el nokrí, que está de paso en Israel. — 16 Cf. Jer 7:55; 22:3; Is 1:16s. — 17 Arts.48-52.100-101; véase el art. Babylone et la Bible en DBS I 815. — 18 Véase la reglamentación de los votos en la Mishna, Nedarim y Terumuth — 19 Mt 12:1-2; Mc 2:23-24; Lc 6:1-2.
24. Leyes Diversas
El Repudio de la Mujer (1-4)
1"Si un hombre toma una mujer y es su marido y ésta luego no le agrada porque ha notado en ella algo torpe, le escribirá el libelo de repudio y, poniéndoselo en la mano, la mandará a su casa. 2 Una vez que de la casa de él salió, podrá ella ser mujer de otro hombre. 3 Si también el segundo marido la aborrece y le escribe el libelo de repudio y, poniéndoselo en la mano, la manda a su casa, o si el segundo marido que la tomó por mujer muere, 4 no podrá el primer marido volver a tomarla por mujer después de haberse ella marchado, porque esto es una abominación para Yahvé, y no has de llevar el pecado a la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará en heredad."

Esta práctica del repudio de la esposa era muy general en el antiguo Oriente. El deuteronomista procura aquí regular esta costumbre para evitar abusos. El derecho de repudiar se concede sólo al marido, conforme a las exigencias rudas del ambiente, que postergaba siempre los derechos de la mujer. En el siglo V antes de Cristo — según rezan los papiros de Elefantina — se otorgaba este derecho también a la mujer. Las causas del repudio en el Deuteronomio están muy vagamente expresadas y se prestan a muchos abusos. En efecto, se dice que, si el esposo notare en la mujer algo torpe (que es la traducción del άσχημον πράγμα de los LXX y el aliqua foeditas de la Vg), puede repudiarla. La palabra hebrea erwath parece que alude a algún defecto corporal infamante. En tiempos de Cristo, la escuela rabínica de Sammai lo interpretaba en el sentido de infidelidad conyugal, mientras que Hillel lo tomaba en sentido amplio, de forma que bastara que la mujer disgustara por cualquier cosa (por ejemplo, por haber dejado quemarse la comida), para poder repudiarla. Así, a Cristo le preguntan si es lícito repudiar a la mujer por cualquier causa, esperando que se decidiera por una de las dos escuelas, la laxista de Hillel o la rigorista de Sammai 1. Sin embargo, en el conjunto de la legislación mosaica parece que esa cosa torpe no es el adulterio, pues éste era penado con la lapidación 2. El contexto, pues, favorece la interpretación de que bastaba que no agradara ya la esposa al marido, para que la pudiera abandonar. Es una concesión a la dureza de corazón de los hebreos, según la expresión del Salvador.
Con todo, el legislador deuteronómico quiere evitar abusos, y así exige un libelo de repudio, o escrito que ha de ser entregado a la esposa como certificado de que se halla en libertad para unirse a otro como legítima esposa. Este documento, que la mayor parte de las veces requería la colaboración de un escriba o notario (porque eran muy pocos los que sabían leer), suponía, sin duda, que antes de redactarlo habría habido tiempo para calmar los ánimos y la reconciliación. Entre los nómadas de Transjordania, el marido debe pronunciar tres veces seguidas la fórmula talaqtuki (yo te he repudiado), y sólo tiene efecto después de tres días de espera 3. Es entonces cuando la repudiada tiene que volver a la casa paterna. Moisés impone una nueva cortapisa: el marido no puede volver a tomar la mujer repudiada, lo que le haría reflexionar más. En el código de Hammurabi se concede al marido derecho a repudiar a su esposa, si bien tiene que entregarle la dote (seriqtu)4.
El Recién Casado está libre de ir a la Guerra (5)
5 "Cuando un hombre sea recién casado, no irá a la guerra ni se le ocupará en cosa alguna; quede libre en su casa durante un año para contentar a la mujer que tomó."

El deuteronomista es profundamente humanitario, y así inserta a continuación una serie de prescripciones benévolas en beneficio de determinadas personas de la sociedad que merecen especial consideración. Entre éstas están los recién casados. Para que pueda contentar a su mujer, queda exento de ir a la guerra durante el primer año de su matrimonio. Se trata, sobre todo, de favorecer a la mujer, y por eso se le exime al marido de toda ocupación pública que pueda distraerle del hogar, cuyos cimientos ha empezado a poner en beneficio de la futura prole. En 20:7 se deja libre al recién casado para que pueda disfrutar de la compañía de su nueva esposa.
Prohibición de tomar en Prenda la Piedra de la Muela (6)
6 "No tomarás en prenda las dos piedras de una muela, ni la piedra de encima, porque es tomar la vida en prenda."

El legislador considera de importancia vital para una familia la piedra de moler, con la que se preparaba el pan de cada día, y por eso prohíbe que el acreedor la tome en prenda, pues es atentar contra la vida de los deudores: es tomar la vida en prenda5. Insiste en que se respete, sobre todo, la piedra de encima, porque era más portátil, y, por tanto, más fácil de llevar. La muela consistía en dos piedras, una mayor, inmóvil, y otra más pequeña y movible, que era accionada fatigosamente por la mujer 6.
Prohibición del Tráfico de Esclavos Israelitas (7)
7 "Si se descubriere que alguno secuestró a su hermano de entre los hijos de Israel para hacerle esclavo o que le vendió, el ladrón será condenado a muerte. Quitarás el mal de en medio de ti."

Privar a uno de la libertad se considera como privarlo de la vida, y por eso se impone la pena capital al secuestrador de un compatriota 7. En el código de Hammurabi se castiga con la muerte al que rapte a un menor de edad 8.
Sobre la Lepra (8-9)
8"Ten cuidado con la plaga de la lepra, guardando escrupulosamente y cumpliendo cuanto te digan los sacerdotes levitas; todo cuanto yo les he prescrito lo pondréis escrupulosamente por obra. 9 Acuérdate de lo que con María hizo Yahvé, tu Dios, durante el camino, a la salida de Egipto."

El deuteronomista llama la atención sobre la necesidad de guardar las leyes sobre la lepra, aludiendo, sin duda, a lo establecido en Lev c. 13-14. Y cita el caso de María, que, a pesar de ser hermana de Moisés, tuvo que estar aislada del campamento, conforme a las prescripciones propuestas 9.
Préstamos a los Necesitados (10-13)
10"Si prestas algo a tu prójimo, no entrarás en su casa para tomar prenda; 11 esperarás fuera de ella a que el deudor te saque fuera la prenda. 12 Si éste es pobre, no te acostarás sobre la prenda; 13 se la devolverás al ponerse el sol, para que él se acueste sobre su vestido y te bendiga, y esto será para ti justicia ante Yahvé, tu Dios."

Se prohíbe entrar en casa del deudor a tomar la prenda. Además de ser una indelicadeza es un allanamiento de morada. Por otra parte, así se permite al deudor escoger la prenda que le sea menos precisa en aquel momento. En el v.12 se supone que la prenda es un manto, que le es necesario al deudor para cubrirse durante el frío de la noche, y por eso se manda devolvérselo al caer el sol 10. El profeta Amos fustiga a los ricos inconsiderados, que no hacen caso de esta prescripción humanitaria elemental 11.
Obligaciones para con los Jornaleros (14-15)
14 "No oprimas al jornalero pobre e indigente, sea uno de tus hermanos o uno de los extranjeros que moran en tu tierra, en tus ciudades. 15 Dale cada día su salario, sin dejar pasar sobre esta deuda la puesta del sol, porque es pobre y lo necesita. De otro modo, clamaría a Yahvé contra ti y tú cargarías con un pecado."

El legislador quiere que el mercenario o jornalero que haya contratado su trabajo sea bien tratado y se le pague lo justo cada día, pues del salario depende su elemental subsistencia. El extranjero, o ger, es equiparado en esto al hermano, o compatriota israelita. El ger era un extranjero que había sido asimilado al pueblo hebreo, en contraposición al nokrí, que estaba de paso, y no había entrado a formar parte de la comunidad israelita en ninguna forma. El salario, probablemente, se pagaba en especie, y de ahí la orden de darlo cada día, pues era totalmente necesario.
Determinación de la Responsabilidad (16)
16 "No morirán los padres por la culpa de los hijos, ni los hijos por la culpa de los padres; cada uno sea condenado a muerte por sus pecados."

En la antigua organización patriarcal y tribal, la ley de la solidaridad tenía una importancia excepcional, fundada en las leyes de la consaguinidad y en las exigencias de una sociedad imperfectamente organizada. El individuo era más bien considerado como parte de un todo, miembro de una colectividad; por eso los pecados de uno redundaban en perjuicio de los otros, y viceversa, las buenas acciones de unos eran imputadas a los miembros de la comunidad. Sobre todo, los hijos se consideran como algo del padre, de forma que tienen que cargar con sus responsabilidades. Así se dice en Ex 20:5 que Dios castiga los padres en los hijos hasta la tercera o cuarta generación y hace misericordia hasta la milésima 12. El deuteronomista aquí perfila mejor la responsabilidad, y, conforme a la predicación de los profetas, proclama que cada uno responderá de su pecado y que los hijos no serán castigados por los pecados de los padres, y viceversa. Los contemporáneos de Jeremías y de Ezequiel (s.VII-VI a.C.) se quejan de que los "padres comieron las agraces" y ellos "sufren la dentera."13 En el futuro no será así, sino que cada uno responderá de sus buenas o malas acciones 14. Es un gran progreso, pues se destacan los problemas individuales, con sus responsabilidades propias, y, en efecto, en la literatura sapiencial el interés del individuo prevalece sobre el de la colectividad, y así empieza a preocupar, sobre todo, el destino del hombre en ultratumba y la retribución en el más allá. Sin embargo, ya el rey Amasias procuró adaptarse a la ley de justicia formulada aquí, en el Deuteronomio, al no ensañarse con los hijos de los asesinos de su padre 15. La catástrofe del 587 hizo que entraran en colapso muchos sueños colectivos, y los israelitas se replegaron más sobre sí mismos, sobre sus problemas individuales. Con todo, el deutero-nomista destaca ya antes del exilio la responsabilidad personal 16.
Justicia para con los Desvalidos (17-18)
17"No hagas injusticia al extranjero ni al huérfano, ni tornes en prenda las ropas de la viuda. 18 Acuérdate de que esclavo fuiste en Egipto y de que Yahvé, tu Dios, te libró; por eso te mando hacer así."

El deuteronomista tiene especial preocupación por los desheredados e indefensos en la sociedad, como son el extranjero, el huérfano y la viuda 17. Para mover a los israelitas a ser benevolentes con ellos, les recuerda que también los israelitas se hallaron en la misma situación de inferioridad en Egipto.
Consideración con los necesitados (19-22)
19"Cuando en tu campo siegues tu mies, si olvidas alguna gavilla, no vuelvas a buscarla; déjala para el extranjero, el huérfano y la viuda, para que te bendiga Yahvé, tu Dios, en todo trabajo de tus manos. 20 Cuando sacudas tus olivos, no hagas tras de ti rebusco en sus ramas; déjalo para el extranjero, el huérfano y la viuda. 21 Cuando vendimies tu viña, no hagas en ella rebusco; déjalo para el extranjero, el huérfano y la viuda. 22 Acuérdate de que esclavo fuiste en Egipto, y por eso te mando hacer así."

Gran delicadeza de espíritu muestran estos preceptos, que miran por los pobres, proporcionándoles cómo hacer con fruto el espigueo del campo y el rebusco de la viña y del olivar. En Lev 19:9 se ordena dejar los lindes del campo en beneficio de los necesitados 18.

1 Mt 19:3. — 2 Dt 22:22. — 3 A. Jaussen, Canturries des árabes... p.57. — 4 Cód. de Hammurabi arts.137; 141. — 5 Cf. Am 2:8; Prov 22:27; Job 22:6. — 6 Cf. Mt 24:41; DB IV 1049-1050. — 7 Cf. Ex 21:16. — 8 Art.14. — 9 Cf. Núm 12:9-15. — 10 Cf. Ex 22:25-26. — 11 Cf. Am 2:8. — 12 En el Código de Hammurabi encontramos este mismo sentido de solidaridad; así, se ordena matar al hijo del arquitecto que construyó mal una casa y se cayó, matando al hijo del dueño de la casa (arts.116 y 210). — 13 Jer 31:29; Ez 18:2. — 14 Ez c.18 y 33· — 15 Cf. 2 Re 14:6. — 16 Véase F. Spadafora, Collettivismo e individualismo nel Vecchio Testamento (Rovigo 1953) p.139-141; M. J. Lagrange, Études sur les religions sémitiques p.252s; Oehler, Théologie de ΓAncien Testament I 234. — 17 Cf. Dt 14.29; Ex 22:21; 22; 26; Lev 19:33-34. — 18 Véase comentario a Lev 19:9.
25. Ordenaciones Humanitarias.
Límite en los Castigos Corporales (1-3)
1"Si, cuando entre algunos hubiera pleito y, llegado el juicio, absolviendo los jueces al justo y condenando al reo, 2 fuere el delincuente condenado a la pena de azotes, el juez le hará echarse en tierra y le hará azotar conforme a su delito, llevando cuenta de los azotes; 3 pero no le hará dar más de cuarenta, no sea que, pasando mucho de este número, quede tu hermano afrentado ante ti."

Sólo aquí y en 22:18 se alude al castigo de los azotes 1. Es una pena intermedia entre la multa y la pena capital. En el código de Hammurabi se ordenan 60 azotes al que haya abofeteado a un hombre de condición social superior 2. Los egipcios imponían un número de bastonazos; lo mismo entre los griegos y romanos, aunque después se impuso la flagelación 3. En la legislación deuteronómica se impone también la flagelación, si bien limitando el número máximo de golpeas a 40, por miedo a causar al delincuente la muerte o una enfermedad mortal. San Pablo nos dice que recibió 39 azotes 4, pues las prescripciones rabínicas habían determinado que se diera uno menos para no equivocarse en los límites máximos de la Ley, pero al mismo tiempo se exhorta a los verdugos a que descarguen fuertemente, aunque el infortunado muera en sus manos 5. Era el castigo más afrentoso 6.
Prohibición de poner Bozal al Buey que Trilla (4)
4 "No pongas bozal al buey que trilla."

También el deuteronomista requiere consideración para con los animales, y así al animal que trabaja para el hombre lo menos que puede permitírsele es que pueda comer las espigas a su alcance. San Pablo aduce este texto para probar los derechos de los trabajadores del Evangelio 7. Como ya hemos notado, el deuteronomista es de sentimientos extremadamente delicados y tiene un gran sentido de la justicia deseando se manifieste hasta con los animales.
Ley del Levirato (5-10)
5 "Cuando dos hermanos habitan uno junto al otro y uno de los dos muere sin dejar hijos, la esposa del muerto no se casará fuera con un extraño; su cuñado irá a ella y la tomará por mujer, 6 y el primogénito que de ella tenga se alzará en nombre del hermano muerto para que su nombre no desaparezca de Israel. 7 Si al hombre no le agrada tomar a su cuñada, subirá ésta a la puerta, a los ancianos, y les dirá: "Mi cuñado se niega a suscitar en Israel el nombre de su hermano; no quiere cumplir su obligación de cuñado tomándome por mujer." 8 Los ancianos de la ciudad le harán venir y le hablarán. Si persiste en la negativa y dice: "No me agrada tomarla por mujer," 9 su cuñada se acercará a él en presencia de los ancianos, le quitará del pie un zapato y le escupirá en la cara diciendo: "Esto se hace con el hombre que no edifica la casa de su hermano." 10 Y su casa será llamada en Israel la casa del descalzado."

Esta ley era vigente en la época patriarcal, según se desprende del incidente de Judá e Itamar 8. Por Rut 4:1 sabemos que esta ley regía no sólo entre hermanos, sino aun entre parientes. La ley deuteronómica pretende, ante todo, salvar la descendencia del difunto. Por una ficción jurídica, el primer hijo del hermano del difunto y su viuda era considerado como hijo de éste, y como tal heredero en la sociedad israelita. El relato de Rut 4,1 es el mejor comentario a esta ley. Esta es la llamada ley del levirato (de levir = cuñado). En Lev 18:16 y 20:21 se prohíbe el matrimonio entre cuñados, pero este caso parece una excepción, y se da sólo en determinadas condiciones: que los dos hermanos habiten uno junto al otro (v.5), lo que parece sugerir que tienen un mismo patrimonio familiar y que el hermano difunto no haya dejado descendencia. Se trata de resucitar su nombre en Israel y de conservar el patrimonio familiar. El texto no exige que el cuñado (yabam) esté soltero. Si éste no quiere tomar a la viuda de su hermano, ésta irá al tribunal de los ancianos de la ciudad y públicamente quitará la sandalia de su cuñado, escupiéndole en la cara por no haber querido suscitar familia a su hermano (no edifica la casa de su hermano, v.9). Según Rut 4:7, quitar la sandalia era renunciar a un derecho, pues el acto de posesión de un lugar o cosa se realiza afirmando el pie sobre él 9. El rito prescrito en el Deuteronomio es infamante para el cuñado que no quiere casarse con la viuda de su hermano, pues se interpreta como falta de afecto al hermano difunto; de ahí que su casa será llamada casa del descalzado, del que no quiso edificar la casa de su hermano (v.10).
En las leyes asirias encontramos esta institución del levirato, en virtud de la cual la viuda de un hermano muerto sin hijos pasaba automáticamente a ser esposa del otro, aunque la finalidad era diversa de la del Deuteronomio: conservar el derecho a la mujer comprada por la dote del hermano 10. Esta misma legislación aparece en los documentos de Nuzu 11. En tiempos de Cristo estaba vigente la ley del levirato, y, en ese supuesto, los escribas preguntan a Cristo sobre el marido verdadero de una mujer que se casó con siete hermanos sucesivamente 12.
Contra la Deshonestidad (11-12)
11"Si mientras riñen dos hombres, uno con otro, la mujer del uno, interviniendo para librar a su marido de las manos del que le golpea, agarrara a éste por las partes vergonzosas, 12 le cortarás las manos sin piedad."

El rigor de la pena indica la importancia que el legislador hebreo daba a las faltas contra el pudor. Es el único caso en que, fuera de la ley del tallón, se prescribe la pena de mutilación, que era muy frecuente en la legislación babilónica 13.
La Equidad en las Pesas y Medidas (13-16)
13 "No tendrás en tu bolso pesa grande y pesa chica. 14 No tendrás en tu casa dos "efás," uno grande y otro chico. 15 Tendrás pesas cabales y justas, y "efás" cabales y justos, para que se alarguen tus días sobre la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará. 16 Porque es abominación para Yahvé, tu Dios, quien eso hace, cometiendo una iniquidad."

Los profetas reprenden frecuentemente la diversidad de pesas y medidas en las transacciones comerciales 32. En Lev 19:353 se recomiendan pesas y medidas justas. El no haber control oficial de pesas y medidas daba ocasión para que los comerciantes abusaran, procurándose unas medidas grandes para comprar y otras más pequeñas para vender. El legislador deuteronómico se contenta con amenazar con el juicio de Dios. El código de Hammurabi impone la pena capital por los fraudes en materia comercial 14.
Extinción de los Amalecitas (17-19)
17 "Acuérdate de lo que te hizo Amalee en el camino, a la salida de Egipto; 18 cómo, sin temor de Dios, te asaltó en el camino y cayó sobre los rezagados que venían detrás de ti cuando ibas tú cansado y fatigado. 19 Cuando Yahvé, tu Dios, te dé el reposo, librándote de todos tus enemigos en derredor, en la tierra que El te dará en heredad para que la poseas, extinguirás la memoria de Amalee de debajo del cielo; no lo olvides."
El caso de los amalecitas condenados al anatema es digno de especial consideración. En Ex 17:16 se proclama guerra perpetua contra Amalee por haber atacado a los israelitas al salir de Egipto. El deuteronomista se expresa en los mismos términos, y, según 1 Sam 15:15, Saúl es reprobado por no haber ejecutado esta sentencia con todo rigor. La verdad es que los amalecitas eran un pueblo nómada, que habitaba en lo más pobre de los desiertos que rodean Israel, y por ello tenía que vivir de la razzia sobre los pueblos sedentarios, más ricos que ellos, o sobre los caminantes de la estepa 15. Con un pueblo así no era posible la paz, como no lo es con los salteadores y ladrones. Sus frecuentes violencias acumulaban resentimientos y venganzas en los pueblos asaltados. La justicia exigía aplicarles las más rigurosas penas, que en el derecho antiguo era el anatema o extirpación total de la población. Tal fue la sentencia encomendada por Samuel a Saúl 16. Pero el anatema no era tan fácil de ejecutar al pie de la letra, porque los amalecitas, como nómadas y divididos en diversas agrupaciones móviles, eran difíciles de apresar. Así, a pesar de las matanzas bárbaras organizadas por Saúl, aparecen apoderándose de cuanto David tenía en Siceleg 17. Sobre todo, lo que el deuteronomista recuerda contra los amalecitas es su asalto contra los israelitas extenuados, que salían de Egipto sin aires guerreros 18. Esto era contrario a las leyes humanitarias del desierto, según las cuales se debe auxiliar al necesitado, hambriento y extraviado.
1 Sin embargo, los castigos corporales son conocidos en la Biblia: Ex 21:20; Prov 10:13; 17:26; 19:29; 26:3; Jer 10:2; 37:5· — 2 Art.202. — 3 Véase DB I 1500-1502. — 4 2 Cor 11:24. — 5 Véase Mishna, tr. Makkot III 13-14. — 6 Estos tres primeros versículos de este c.25 fueron encontrados en un papiro egipcio que se supone del siglo II antes de Cristo. Cf. Bi (1938) 1-18. — 7 1 Cor 9:9; 1 Tim 5:18. 26 Gén 38. — 8 Cf. Gén 12:17; Jos 10:24. — 9 Arts.31-32, 34; 44; véase Cruveilhier, Le lévirat chez les hébreux et chez les assyriens: RB (1925) 530-531. — 10 Véase C.H. Gordon, Paralléles nouziens aux lois et coutumes de Γ Ancien Testament: RB (1935) 37 — 11 Mt 22:23-28; Mc 12:18-23; Lc 20:27-33. Véase Mishna, tr. Yebamoth, — 12 Cf. Código de Hammurabi arts.192-195. — 13 Cf. Am. 8:5. El efá (medida de áridos) equivalía a unos 39 litros. — 14 Art.108. — 15 Cf. 1 Sam 30:1s. — 16 Cf. 1 Sam 15:1s. — 17 Cf. 1 Sam 30:1. — 18 Los amalecitas hostigaron a los hebreos, impidiéndoles penetrar en Canaán por el sur (cf. Núm 14:43-45), y después se opusieron a la ocupación de Canaán (Jue 2:13; 6:3: 33; 7:12).
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