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Parte Tercera
La Sabiduría en la Naturaleza y en la Historia de Israel
La tercera parte del Eclesiástico comprende dos secciones, La primera (42:15-43:37) canta la gloria de Dios — su sabiduría, majestad y omnipotencia —, que resplandece en las obras de la creación. La segunda (44:1-50:28) es también un canto a la gloria de Dios — su predilección, providencia y bondad —, que se manifiesta en la historia del pueblo escogido. Ambas, aplicación práctico-histórica de las dos primeras partes del libro, vienen a ser como un maravilloso Te Deum que encierra la esencia de la religión del Antiguo Testamento: Yahvé es el Creador y Señor del mundo y el Dios amante de su pueblo (Hamp).
Difiere de las partes precedentes por su contenido y por su forma literaria. En lugar de las sentencias de contenido moral, tenemos aquí un himno a los atributos divinos mencionados, que se reflejan en las obras de la creación, y en particular en la historia de los personajes ilustres de Israel. Y en lugar del género gnómico que prevalecía en aquéllas, Ben Sirac describe en éstas, con un carácter esencialmente lírico, las obras de la creación, y narra la historia de los héroes de Israel, presentando unas y otros como ejemplos prácticos de la doctrina sapiencial encerrada en las sentencias de las secciones precedentes.
Sección 1. (42:15-43:37)
Himno a la Sabiduría Divina
Maravilla de las obras de Dios (42:15-26)
15 Voy a traer a la memoria las obras del Señor y a pregonar lo que he visto. Por la palabra del Señor existe todo, y todo cumple su voluntad según su ordenación: 16 el sol sale y lo alumbra todo, y la gloria del Señor se refleja en todas sus obras. 17 No pueden los santos enumerar suficientemente ni contar todas sus maravillas. E1 Señor fortaleció a todos sus ejércitos angélicos para asistir delante de su gloria. 18 El investiga el abismo y el corazón del hombre y penetra todas sus reconditeces. 19 Conoce lo pasado y lo venidero, aun lo más oculto. 20 No hay pensamiento que se le escape, ni palabra oculta para él. 21 E1 ordenó la grandeza de su sabiduría, pues El existe antes de los siglos y por los siglos. 22 Nada tuvo que añadir ni quitar, y no necesitó consejo de nadie. 23 ¡Cuan deleitables son todas sus obras! Y es sólo como una chispa lo que de ellas podemos conocer. 24 Todo vive y permanece para siempre, y todo le obedece. 25 Difieren todas unas de otras, y no hay nada inútil. 26 Uno contribuye al bien del otro; ¿quién se saciará de admirar su belleza?
El autor advierte de antemano que va a referir lo que él ha podido conocer a través de una diligente consideración de las obras de Dios, ya que no es posible ni a los santos enumerar sus maravillas, como afirmará en seguida. Comienza con una afirmación tajante, que recuerda el primer capítulo del Génesis, atribuyendo a la palabra divina 8, que los antiguos concebían como una fuerza concreta, la creación de las cosas, añadiendo que todas ellas cumplen con exacta fidelidad las leyes impuestas por el Creador. Como sale el sol y lo alumbra todo, sin que nada pueda escapar a sus luminosos rayos, así la gloria de Dios, su poder y sabiduría, se manifiesta en todas ellas de una manera tan clara y palpable, que basta una inteligencia mediocre para descubrir vestigios de esos atributos en las maravillas de la creación, si bien comprenderlas plenamente es imposible aun a los mismos ángeles 9, que han sido creados para estar presentes ante los resplandores de la gloria divina 10.
Dios conoce las profundidades del abismo, región inaccesible a las exploraciones humanas 11. Y de la misma manera los más profundos secretos y repliegues del corazón humano, de modo que no hay pensamiento en el hombre al que él no esté presente, ni palabra que pueda pasarle inadvertida 12. Sabe todas las cosas, conoce el curso de los astros, creados por Dios "para servir de señales a las estaciones, los días y los años" 13, y por eso puede revelar el pasado y manifestar lo futuro a sus profetas 14.
El que ha existido desde la eternidad y existirá por todos los siglos, ha creado todas las cosas con su sabiduría, las que brillan en el universo y las que se ocultan en el microcosmos humano, fijando su número y determinando su mayor o menor grandeza y su orden; nadie ha tenido que aconsejarle 15. Fue su sabiduría quien le asistió como arquitecto en la obra de la creación 16, de modo que realizó todas las cosas conforme a los planes previstos, como atestigua el primer capítulo del Génesis, de modo que no precisan sus obras, como tantas veces las humanas, de ser retocadas, mejoradas 17.
Al llegar aquí, Ben Sirac exclama entusiasmado: ¡Cuan amables, dignas de admiración, son las obras de Dios! Y eso que, advierte, lo que nosotros podemos conocer de su magnificencia no es más que como una chispa que salta de un inmenso incendio. Son verdaderamente admirables por su duración estable frente al hombre, que tan pronto pasa 18; por su obediencia a las leyes divinas, que contrasta tantas veces con la rebeldía del hombre a sus mandamientos; por la variedad de las mismas dentro de la unidad del orden y últimos fines que engendra la armonía y belleza del universo; por el fin determinado a que cada una está destinada, lo que hace que ninguna de ellas resulte inútil; finalmente, por esa relación u ordenación de unas a otras con que mutuamente se ayudan y complementan: la materia subsiste por la forma, la potencia por el acto, el color blanco resalta frente a lo negro, el día sucede a la noche, el calor al frío. Todo ello constituye esa belleza del universo, reflejo de la sabiduría divina, que el hombre nunca se saciará de contemplar.
1 Mt 10,32. — 2 Dt 1:17. — 3 11:1; 16:11. — 4 30:1-13; 33:33-40. — 5 33:25-30; Prov 29:19-21. — 6 25:4 — 7 Ex 23:26; Dt. 7:14; Jer 22:30. — 8 Sal 23:6.9; 43:26; Sab 9:1; Jn 1:2-3. — 9 Dt 33:2s; Job 5:1; 15:15; Sal 89:6-9. — 10 Is 6:2; Job 4:17-18; 15:15-16. — 11 Job 26:6; 38:16; Sal 37:7; 36:7. — 12 39:16-31; Sal 139:1-16; Sab 1:6-10. — 13 Gen 1:14. — 14 Is 41:22-24; 42:9; 43:9; 44:7, etc. — 15 Is 40:13; Rom 11:14. — 16 Prov 8:30. — 17 Ecl3:14. — 18 18:8.
43. La Sabiduría de Dios en la Naturaleza
Después del precedente himno a la Sabiduría de Dios en sus obras, se fija Ben Sirac en particular en aquellas de la naturaleza que más llaman la atención: el sol, la luna, las estrellas, los fenómenos meteorológicos, para concluir que las obras de Dios son tan admirables, que no hay alabanzas dignas de su grandeza,
El sol, la luna y las estrellas (43:1-11)
1 Magnífico es en las alturas del firmamento y es bellísimo el aspecto de los cielos. 2 Sale el sol e irradia su calor, criatura admirable, obra del Altísimo. 3 Al mediodía abrasa la tierra, ¿y quién puede resistir sus ardores? 4 Necesita el artesano soplar el horno para las obras que requieren fuego, pero tres veces más abrasa el sol los montes. Sus rayos abrasan el orbe, sus resplandores deslumhran los ojos. 5 Grande es el Señor, que le hizo; por su virtud acelera él su carrera. 6 También la luna brilla siempre a sus tiempos para señalar perpetuamente su sucesión. 7por la luna conocemos los días de fiesta, y mengua cuando ha llegado a su plenitud. 8 En la luna nueva, según su nombre, se renueva, y en sus varios cambios crece maravillosamente. 9 Es prenda escogida de los ejércitos de las alturas, al resplandecer en el firmamento de los cielos. 10 Hermosura del cielo es el resplandor de las estrellas, brillante adorno de las alturas del Señor. 11 Por la palabra del Santo guardan su ordenanza, y no se cansan de hacer la centinela.
Espectáculo grandioso y admirable el que ofrece a nuestros ojos el firmamento azul de los cielos con el esplendor y magnificencia de sus astros. Con razón exclama el salmista: "Los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento anuncia las obras de sus manos."1 Como rey de los astros sale majestuoso "el sol por el oriente y se lanza alegre a recorrer, cual gigante, su camino hasta llegar en su curso a los últimos confines, sin que nada pueda substraerse a su luz y calor."2 Su resplandor deslumbra nuestros ojos, incapaces de resistir su luz, y sus rayos benéficos derraman sobre la tierra su calor, que hace germinar las plantas. La tierra se siente abrasada por sus ardores estivales, pues su fuego supera en mucho a cualquier otro fuego de la tierra. Pues bien, el Señor ha sido quien ha hecho el sol, como testifica el autor del Génesis 3, y es El quien dirige su carrera de oriente a occidente por el firmamento de los cielos. Si así es la obra, ¡cuál no será la grandeza del artífice y cuan digno de alabanza! "Cuando veas el sol, piensa en su autor; cuando lo contemples maravillado, alaba primero a su creador. Si el sol, simple criatura, resulta tan agradable, ¡cuan bueno será el sol de justicia!" 4
Al sol sigue en magnitud, para los antiguos hebreos, y esplendor, la luna, que comparte con él la soberanía del firmamento de los cielos, apareciendo durante la noche como reina y señora del mismo. Está sometida a las cuatro fases que se suceden cada mes lunar en una sucesión continua, que para los antiguos resultaba una cosa misteriosa. Su misión para ellos, además de iluminar durante la noche, era la de señalar la sucesión de los tiempos 5. Con la regularidad de su curso, que se repite cada veintiocho días, y la sucesión inalterable de sus fases, señalaba el mes lunar con las cuatro semanas. Los judíos, que seguían el calendario lunar, se guiaban por ella para determinar sus fiestas. Así, la fiesta de la Neomenia o novilunio, coincidía con la luna nueva 6.
Finalmente, las estrellas. También ellas ofrecen un esplendor maravilloso, sobre todo en esas noches claras y transparentes de verano, diseminadas por todo el ámbito del firmamento. Son el ejército celestial del Señor, centinelas nocturnos, en actitud vigilante, siempre alerta para cumplir las órdenes de su Señor. "Brillan los astros en sus atalayas, y en ello se complacen — escribe Baruc —. Los llama, y contestan: Henos aquí. Lucen alegremente en honor de quien los hizo." 7
Los fenómenos meteorológicos (43:12-28)
12 Pon la vista en el arco iris y bendice al que lo hizo. Qué hermoso es por su esplendor! 13 Con su círculo luminoso abarca el cielo; le tendieron las manos del Altísimo. 14 El poder de Dios dirige al rayo y hace volar sus saetas justicieras. 15 Para este fin abre el almacén de sus tesoros y hace volar como aves las nubes. 16 Con su poder las condensa y desmenuza las pedrezuelas del granizo. 17 A la voz de su trueno retiembla la tierra, 18 se estremecen los montes. A su orden sopla el viento solano, el aquilón y el torbellino. 19 Como turbiones de aves hace volar la nieve, que se posa en la tierra como la langosta, 20 y con su blancura deslumhra los ojos, y de verla caer el corazón se extasía. 21 Derrama como sal la escarcha, que se endurece como puntas de espino. 22 Hace soplar el viento frío del norte, y el agua se endurece y se convierte en cristal. Se forma en los estanques una costra, que los cubre cómo coraza. 23 Devora los montes y abrasa el desierto, y como fuego quema todo verdor. 24 Remedio pronto de estos males es una niebla, el rocío para empapar la tierra seca. 25 Hizo que el mar se hundiera; según su decisión, depositó en el fondo los abismos, y en medio de él las islas. 26 Los que navegan por el mar cuentan de su inmensidad, y al oírlos nos pasmamos. 27 Se ven allí obras de las más maravillosas y espantables, mil géneros de animales y monstruos marinos. 28 El Señor da a los navegantes buen suceso, y por su palabra tiene éxito el viaje. Todo lo ordena su voluntad.
Entre los fenómenos atmosféricos, causa admiración en primer lugar, por su esplendor y colorido, el arco iris. Para los judíos era, además, el recuerdo de la alianza con la humanidad, y en la variedad de sus colores puede verse una señal de la multiforme benignidad de Dios para con los hombres 8. Es obra admirable de Dios, recuerdo de su bondad, que debe impulsar a alabar al Creador a cuantos lo contemplan con sus ojos.
Manifestaciones igualmente maravillosas, a la vez que terribles algunas de ellas para el hombre, son los fenómenos atmosféricos que acompañan la tormenta. Las nubes, que los antiguos, ignorando su origen y formación, concebían como almacenadas por Dios en grandes depósitos o tesoros 9, de las que podía disponer a su libre albedrío y enviarlas como bandadas de aves a cubrir el firmamento de los cielos. De ellas se originan, en los momentos de tempestad, el granizo, que Dios forma condensando el agua de las nubes en piedrecitas capaces de arrasar los cultivos e incluso de hacer grave daño a los animales y al mismo hombre 10. El rayo, que ilumina con su fulgor repentino los espacios y es presentado con frecuencia en la Sagrada Escritura, a la inversa que el arco iris, como instrumento de la ira divina 11. Al rayo sigue el trueno, que con su estrepitoso ruido hace retumbar los mismos montes, cumpliéndose el pensamiento del salmista: "Mira Dios a la tierra, y tiembla; toca a los montes, y humean."12
Obedecen también las órdenes de Dios otros fenómenos meteorológicos: el viento en sus diversas clases: el solano, o viento del sur, que "abochorna la tierra." 13 El viento del norte, que trae consigo el frío 14. Los mismos vientos huracanados, que destrozan a veces cuanto a su paso encuentran, no hacen más que cumplir designios de la justicia divina. La nieve era un fenómeno raro en Palestina; con dos comparaciones muy conocidas de los israelitas — bandadas de aves y enjambres de langostas que aparecían a veces en Palestina — pone el autor de relieve la abundancia y densidad de sus copos, que caen de las nubes y cubren de blancura la tierra para convertirse después en agua; triple espectáculo que, si causa a todos admiración y sorpresa, mucho más a quienes contemplan rara vez este fenómeno. La escarcha es también un fenómeno raro en Palestina, que el autor ilustra con dos comparaciones: semeja en la blancura y en la forma a la sal y aparece derramada sobre la tierra como se esparce ésta; y adherida a los árboles, a las hierbas, a los tejados de las casas, adquiere forma y dureza como puntas de espinos 15. Dios, autor de los fenómenos precedentes, es también quien hace soplar los vientos: el viento frío del norte, el cual produce un descenso de temperatura que hiela la superficie de las aguas, y el viento ardoroso del sur que seca la vegetación de los montes y abrasa las arenas del desierto, que Dios alivia mediante la niebla, que, interceptando los rayos del sol, libera de sus ardores, y el rocío, que, al ser en Palestina tan copioso que hace gotear los tejados, consigue que los cultivos estivales, especialmente la viña, puedan madurar sus frutos 16.
Pero Dios ha hecho otras maravillas más impresionantes aún: el inmenso océano, con su insondable profundidad e incontable número de animales que pueblan sus aguas. El hizo que las aguas se reuniesen en un lugar, haciendo que surgieran los continentes 17, y en medio de aquéllas estableció las islas. Los israelitas, pueblo no marítimo, sentían admiración y estupor cuando oían a los fenicios, audaces marineros, hablar de la inmensidad de los mares y de los grandes monstruos que en ellos viven 18. Resulta una atrevida aventura lanzarse al mar y surcar sus aguas, teniendo que sortear las olas y tempestades. Pero Dios, que creó también el mar para el hombre y colocó más allá de sus riberas riquezas maravillosas, da el éxito feliz a la navegación, pues todos los elementos obedecen a su palabra. Ben Sirac emplea una terminología parecida a la cristiana, que afirma haber sido creado todo por el Verbo, en el cual todo subsiste 19.
Las obras de Dios superan toda alabanza (43:29-37)
29 Mucho más diría y no acabaría, y el resumen de nuestro discurso será: "El lo es todo." 30 Si quisiéramos dignamente alabarle, jamás llegaríamos, porque es mucho más grande que todas sus obras. 31Es terrible el Señor, muy grande, y su poder sobre toda admiración. 32 Cuantos alabáis al Señor alzad la voz cuanto podáis, que está muy por encima de vuestras alabanzas. 33-34 Los que le ensalzáis, cobrad nuevas fuerzas, no os rindáis, que nunca llegaréis al cabo. 35 ¿Quién le vio y puede darle a conocer, y quién puede engrandecerle tanto como El es? 36Lo escondido de El es mucho más que todo esto, pues lo que vemos de sus obras es muy poco. 37El Señor ha creado todas las cosas, y El dio la sabiduría a los justos.
Ben Sirac se detiene en la narración de las maravillas divinas. Aunque continuase largo rato, no llegaría a hacerlo cumplidamente. Por eso resume: Dios lo es todo; es decir, todo cuanto hay en los cielos y en la tierra, en el mar y en los abismos, grande o pequeños es obra de Dios. El está en todas las cosas, dirán los hagiógrafo-siguientes, como causa eficiente conservadora y final que las mueve, dirige y gobierna 20. Y si las obras que conocemos son tan terribles y admiradas, siendo nada más que la "orla de sus obras, un leve susurro de su palabra" 21, ¡qué serán las que no conocemos y, sobre todo, cuál será la grandeza y majestad del Creador! Además, a Dios nadie lo ha visto para poder manifestar un conocimiento capaz de inspirar una alabanza adecuada 22. De ahí que nuestra alabanza nunca será lo suficientemente digna de tan excelso Creador; lo cual, naturalmente, no nos dispensa de la alabanza imperfecta que nosotros podemos dar. Más aún, las precedentes consideraciones deberán inducir a una alabanza cada día mayor. Concluye la sección Ben Sirac como comenzó: afirmando la grandeza de Dios, su poder y sabiduría, agregando que El ha sido también quien ha dado a los justos sabiduría para descubrir a Dios a través de ellas, y por ello alabarle y temerle 23.
1 19:2 — 2 19:6-7. — 3 Gen 1:16. — 4 San Ambrosio, Hexam. 4:12. — 5 Gen 1:14; Sal 104:19. — 6 Núm 28:11; Sam 20:5.24; Is 1:13; Am 8:5. — 7 Bar 3:34-35- — 8 Gen 9:12. — 9 Dt 28:12; Jer 51:16; Job 38:22. — 10 Jo 10:11; Ez 38:22. — 11 Hab 3:6-11; Sal 18:8-16; 29:3-9; 97:2-6. — 12 104:32. — 13 Job 37:17; Le 12:55. — 14 Job 37:9. — 15 El texto hebreo da una lección muy expresiva: hace resplandecer las flores como zajii os. — 16 Cf. Abel, Géograph. I 129. — 17 Gen 1:9. — 18 Sal 104:25-26; 108:23-24. — 19 1:5; 42:15; Sab 1:7; 7:22; 8:1; 12:1; Jn 1:3; Col 1:17; Act 17:28; Heb 1:3. — 20 Act 17:24-28; Col 1:17, etc. — 21 Job 26:14. — 22 Cf. P. Heinisch, Teol del V.T. p.35-36. — 23 El v.33, que está sólo en la Vulgata, dice: Bendecid al Señor y exaltadlo cuanto podáis, porque es mayor que toda alabanza. Repite con ligeras variantes el verso precedente. — 24 T. Maertens, L'éloge des Peres (Sir 44-50): Col. "Lum. et Vie" n.5 (Bruyes 1956); E. Jacob, L'Histoire d'hrael vue par Ben Sira: Mél. A. Robert (París 1957) 288-294; R. T. Siebeneck, May Their Bones Return to Life! Sirach's Preise ofthe Fathers: CB 9 21 (1959) 411-428.
Sección 2. (44:1-50:28)
Si la sabiduría y el poder de Dios resplandecen en el mundo físico y atmosférico, estos atributos divinos, y también muy en particular la providencia de Dios sobre su pueblo, se manifiestan en sus patriarcas y varones santos, que reflejaron en su vida la imagen del Santo de Israel y fueron instrumentos en la realización de sus planes de salvación de la humanidad.
Ben Sirac es, además, un buen pedagogo. A las enseñanzas morales enseñadas en las sentencias sapienciales de las primeras partes, añade la práctica de las mismas, encarnada en los grandes personajes de Israel. Los ejemplos vivos y concretos de sus antepasados, padres y forjadores del pueblo, serán el mejor estímulo que el autor pueda proponer a los israelitas para una conducta conforme a los principios de la sabiduría que, como la de ellos, glorifique a Dios.
Los datos están tomados, a veces con sus mismas expresiones, de los libros sagrados de que el autor debía tener un profundo conocimiento. La Iglesia ha tomado para su liturgia varios textos de esta parte, como en su lugar notaremos 24.
44. Israelitas Ilustres, los Patriarcas
Introducción (44:1-15)
Canto a la Gloria y Sabiduría de los Grandes de Israel
1 Alabemos a los varones gloriosos, nuestros padres, que vivieron en el curso de las edades. 2 Él Señor ha obrado cosas maravillosas con su grandeza desde el principio. 3 Ejercieron en sus reinos el señorío y fueron famosos por su valor. Consejeros de gran prudencia, que todo lo veían en visiones proféticas. 4 Con su consejo y prudencia guiaron al pueblo; doctores del pueblo, que lo instruyeron con sabias máximas. 5 Inventores de melodías musicales y compositores de poemas y proverbios. 6 Ricos, llenos de gran poder, que en sus moradas gozaron pacíficamente de sus bienes. 7 Fueron honrados entre sus coetáneos e ilustres en sus días. 8Muchos de ellos dejaron gran nombre para que se canten sus alabanzas. 9También hubo otros de ellos de quienes no hay memoria, que pasaron como si jamás hubieran sido, y vinieron a ser como si no hubieran nacido, y lo mismo sus hijos en pos de ellos. 10Mas los primeros fueron hombres piadosos, cuya justicia no cayó en el olvido. 11 La dicha perdura con su linaje, 12 y su heredad pasó a los hijos de sus hijos. Su linaje se mantiene fiel a la alianza. 13 y sus hijos lo fueron por amor de ellos. Por siempre permanecerá su descendencia y no se borrará su gloria. 14 Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre vive de generación en generación. 15 Los pueblos se hacen lenguas de su sabiduría y la asamblea pregona sus alabanzas.
Esta perícopa sirve de introducción a los capítulos siguientes. Ben Sirac indica el propósito de la misma: tributar un cálido elogio a los varones ilustres de Israel, a quienes Dios concedió una gran gloria, manifestando en ellos su poder, su sabiduría y su bondad más todavía que en la naturaleza inanimada, y de quienes descienden los israelitas a quienes Ben Sirac escribe. En seguida presenta sus títulos de gloria, enumerando a la vez doce clases de hombres distinguidos de Israel. Guerreros y reyes notables por su valor, como Josué y los jueces; por la extensión de su reino, como David y Salomón; consejeros en las cortes de los reyes y profetas, que en sus visiones descubrieron el porvenir, como Josué y Daniel, Elíseo y Elias; directores y príncipes del pueblo, que lo instruyeron con sus consejos y sentencias llenas de sabiduría, como los escribas y doctores de la Ley; compositores de salmos conforme a las reglas de la poesía métrica y de melodías musicales para ser cantados en el culto de Yahvé, como David, Asaf, los hijos de Coré; autores de proverbios llenos de sabiduría práctica, como Salomón y los autores sapienciales; finalmente, hombres bendecidos por Dios con muchas riquezas y poder, de las que, como don de Dios, pudieron gozar felices, como David y Salomón, Ezequías y Josías, el paciente Job.
Todos los grandes personajes israelitas fueron en sus días honrados por sus contemporáneos, pero no todos corrieron la misma suerte en el decurso de la historia. Unos — siempre se trata de ellos, no de los paganos — fueron relegados al olvido y sólo sus nombres quedaron consignados en los libros santos. El recuerdo de otros, por el contrario, ha permanecido de generación en generación hasta los días de Ben Sirac; son aquellos de quienes él hará una alabanza particular. La razón por la que su recuerdo persevera vivo y palpitante es su piedad 1. Su dicha y heredad, que comprende no sólo la prosperidad material, sino también los valores espirituales religiosos, pasó a sus hijos, que fueron por ellos objeto de misericordia por parte de Dios, que bendice hasta mil generaciones 2. Su linaje se mantuvo fiel a la alianza de Dios, conservando intacta la fe de sus antepasados y caminando por los senderos de justicia que ellos trazaron, lo que le aseguró la supervivencia a través de los siglos. A su muerte, sus cuerpos tuvieron una honrosa sepultura, lo que era entre los antiguos, especialmente entre los hebreos, señal de protección y bendición divinas, mientras su buen nombre continúa viviendo de generación en generación, siendo objeto de alabanza en Israel y entre las naciones a quienes llegó la noticia de los patriarcas bíblicos. La liturgia aplica el v.14 a los mártires que derramaron su sangre por Cristo; sus cuerpos yacen en la paz y silencio de una iglesia, mientras que su nombie ha pasado a la posteridad como gloriosos atletas de Cristo. Y el v. 15 a los confesores, cuya memoria es celebrada por los fieles de todo el mundo, y sus alabanzas cantadas por la Iglesia.
Henoc y Noé (44:16-19)
16 Henoc fue grato a Dios y trasladado, ejemplo de piedad para las generaciones venideras. 17 Noé fue hallado enteramente justo, y en tiempo de la cólera fue ministro de reconciliación. 18 Por él se conservó un resto en la tierra cuando ocurrió el diluvio; 19 y mediante una señal eterna, Dios hizo con él alianza de no borrar con diluvio la humanidad.
Encabeza la lista de hombres ilustres mencionados por Ben Sirac el patriarca Henoc, padre de Matusalén, que "anduvo constantemente en la presencia de Dios" 3, lo que hizo de él un ejemplo de hombre fiel a Dios para las generaciones que le sucedieron. También el Libro de Henoc lo presenta como amigo y confidente de Dios y ejemplar de sabiduría y piedad. Siguiendo la afirmación del Génesis 4, dice Ben Sirac que fue trasladado, sin descorrer el velo que cubre su desaparición misteriosa, como tampoco aclaró el misterio el autor de la Sabiduría5. Ignoramos a qué alude el autor del Génesis. Quizá del deseo de explicar la desaparición misteriosa de Henoc nació la creencia de que al fin de los tiempos volvería, juntamente con Elias, que desapareció también de una manera misteriosa6, a predicar la penitencia a los gentiles; tradición antiquísima que aparece ya en San Ireneo7, Tertuliano 8 y San Jerónimo 9. Y se encuentra en los libros apócrifos de Henoc 10 y de los jubileos 11. No aparece en el Nuevo Testamento, ya que no se prueba que "los dos testigos" del Apocalipsis 11:3 sean Elias y Henoc.
Noé pasó a la posteridad como un hombre justo y santo, en medio de una generación corrompida que mereció el castigo del diluvio. Por eso Dios, cuando determinó castigar a los hijos de Set y los hijos de Caín con el exterminio por medio de las aguas, lo hizo ministro de reconciliación con los pecadores, o, como puede significar el hebreo, el "sobreviviente" que salvó del exterminio total a la descendencia de Set, de la que provendría el pueblo hebreo. Por lo cual recibió de Dios el encargo dado a Adán y Eva en el paraíso: "Creced y multiplicaos y llenad la tierra"12, y la promesa de que no habría en adelante diluvio que destruyese la humanidad 13.
Abraham, Isaac y Jacob (44:20-27)
20 Abraham fue padre de multitud de naciones, y no hay semejante a él en la gloria, que guardó la ley del Altísimo y mediante un pacto vino a unirse con él. 21 En su carne llevó la señal del pacto y en la prueba fue hallado fiel. 22 Por eso le confirmó con juramento que los pueblos serían bendecidos en su descendencia y que le multiplicaría como el polvo de la tierra. 23 Y como los astros sería levantado su linaje, y que los heredaría desde un mar al otro mar y desde el río hasta el cabo de la tierra. 24 También a Isaac le confirmó por Abraham, su padre, 25 el pacto y la bendición de todos los hombres, que él hizo descender sobre la cabeza de Israel. 26 En su bendición le prefirió y le asignó la herencia de la tierra, que dividió en porciones y la repartió entre las doce tribus. 27 E hizo descender de él un varón piadoso que halló gracia ante todos los hombres.
Abraham, el más ilustre de los patriarcas por su fe y santidad, fue elegido por Dios para padre de muchas gentes, como su mismo nombre indica 14. Fiel cumplidor de la ley del Altísimo, que le mandó salir de su patria y emigrar a Palestina 15. Dios hizo una alianza o pacto unilateral, en el que se comprometió a dar el país de Canaán a su descendencia, que permanecería primero durante cuatrocientos años en Egipto 16. La señal del pacto fue la circuncisión, a que habría de someterse todo israelita bajo pena de quedar excluido del pueblo escogido 17. La prueba en que Abraham permaneció fiel fue el sacrificio de Isaac, hijo de la promesa, en que aparece en su punto álgido la fe y obediencia del santo patriarca 18. En atención a su fidelidad, Dios le prometió con juramento que lo bendeciría largamente, multiplicaría su descendencia grandemente y que los pueblos todos de la tierra serían bendecidos en su descendencia 19. La extensión de los dominios prometidos son los comprendidos entre el Mediterráneo y el mar Rojo, el Eufrates y las fronteras de Egipto.
Isaac fue el heredero de las promesas hechas por Dios a Abraham, que Dios, en atención a su padre, le reiteró en términos idénticos 20, quedando excluido de ella Ismael, hijo de Agar, la esclava. Y de él pasaron, por designio de Dios, a Jacob, que suplantó a su hermano Esaú, que era el primogénito 21. Dios bendijo repetidas veces y reiteró las promesas a Jacob 22 sobre la tierra prometida, que sería distribuida entre las doce tribus que descenderían de sus doce hijos, y que sería llamada por lo mismo heredad de Dios o heredad de Jacob 23.
¿Quién es el varón piadoso, descendiente de Jacob, a que alude el v.27? Algunos lo han referido a José, que, si bien no halló gracia ante Putifar y en un principio ante sus hermanos, la halló después ante ellos y ante los egipcios; además, es raro que no se haga de él otra mención que la de 49:17. Otros lo refieren a Moisés, de quien se habla en seguida, quien, si bien no halló gracia ante el faraón cuando pidió la libertad de los egipcios, la había hallado ante la hija del faraón24, ante Ragüel 25, ante Aarón y los ancianos de Israel 26, ante el pueblo y, al fin, ante los mismos egipcios 27. La liturgia ha tomado para misa de confesores pontífices el v.20, omitido el "in gloria," y el 22 y 25, como también los 8:19 y 20 del capítulo siguiente.
1 El término hebreo héséd, que tiene muchos significados, en este caso, por los ejemplos que siguen, expresa que los patriarcas fueron objeto de la misericordia de Dios, y ellos, a su vez, fueron fieles a Dios y ejercitaron la misericordia. — 2 Ex 20:6. — 3 Gen 5:24. — 5:24 — 6 2 Re 2. — 7 Adv. haer. 5:5:1. — 8 De anima 50. — 9 Epist. 59:3. — 10 90:31' — 11 4:2353; 10:17. Esta lección pudo dar origen a la lección de la Vulgata: fue transportado al paraíso para predicar la penitencia a las gentes. Pero del paraíso es evidentemente una adición; y el μετανοίας una corrupciσn de διανοίας (inteligencia), que lee el cursivo 23 y la versiσn copta. — 12 Gen 9:1. — 13 Gen 9:11. — 14 Gen 17:5. — 15 Los rabines pensaron que se trataba de la ley mosaica, que, según algunos, le fue dada a conocer en la visión que refiere Gen 15. — 16 Gen 15:9-18. — 17 Gen 17:9-14. — 18 Gen 22:1-12. — 19 Gen 22:16-18. — 20 Gen 26:3-6. — 22 Gen 27:27-29; — 21 Gen 27. — 23 23:12; 24:8.12; Gen 35:12; Dt 32:9; Is 19:25; 58:14; Sal 47:5; 78:71, etc. — 24 Ex 2:6. — 25 Ex 19:91. — 26 Ex 4:28-31. — 27 Ex 11:3.. — 28:12-15; 32:28; 35:9.
45. Moisés y Aaron
Moisés (45:1-6)
1 Amado de Dios y de los hombres, Moisés, cuya memoria vive en bendición, 2 se hizo en la gloria semejante a los santos, y le engrandeció naciéndole espanto de los enemigos, 3 Con su palabra hizo cesar los vanos prodigios y le honró en presencia de reyes. Le dio preceptos para su pueblo y le hizo ver su gloria. 4 Por su fe y mansedumbre le escogió de entre toda carne. 5 Le hizo oír su voz y le introdujo en la nube. 6 Cara a cara le dio sus preceptos, la ley de vida y de sabiduría, para enseñar a Jacob su alianza, y sus juicios a Israel.
Moisés fue el hombre escogido por Dios para caudillo de su pueblo y venerado por los israelitas como su libertador de la esclavitud de los egipcios. El Señor lo hizo en la gloria semejante a los santos. El Elohim del texto hebreo, que puede significar "Dios," en cuyo caso sería una alusión a 4:16 y 7:1, donde dice el Señor a Moisés que será para Aarón y el faraón, respectivamente, como Dios, o "los ángeles," término por el que los LXX traducen con frecuencia el Elohim 1, en cuyo caso se referiría a los efectos exteriores de las visiones de Dios descritas en Ex 34:29-35. Dios le hizo temible ante sus enemigos desencadenando contra ellos las plagas, y admirable haciéndolas cesar con su sola palabra. Así, el Señor le honró ante el faraón, que, rendido al fin, tuvo que ceder en su ciega obstinación y permitir la salida del pueblo israelita, y más tarde ante Agag, rey de Amalee; Og, rey de Basan; Seón, rey de los amorreos, vencidos por él y despojados de sus reinos 2.
Pero la gloria más grande de Moisés radica en haber recibido de Dios las tablas de la Ley y en ser el gran legislador del pueblo de Dios. El lo escogió para esta gran misión por su gran fe en el Señor, que lo hizo su hombre de confianza 3, y su probada mansedumbre frente a un pueblo de dura cerviz; era Moisés, atestigua el autor de los Números, hombre mansísimo, más que cuantos hubiese sobre la faz de la tierra 4. La Iglesia ha tomado este elogio de Moisés para la epístola de la misa de abades, quienes deberán sobresalir por una fidelidad extraordinaria a Dios, que los haga dignos representantes suyos, y una dulzura y mansedumbre sin igual para con sus subditos, a semejanza de Cristo.
Yahvé en el monte Sinaí hizo oír su voz a Moisés y lo hizo entrar en la nube en que El se ocultaba 5, y conversó cara a cara con Moisés, "como habla un hombre a su amigo"6, de modo que, al bajar del monte, su rostro se había hecho radiante por la visión divina. Allí le dio los preceptos de la Ley, ley de vida y de sabiduría (v.6), porque aquéllos encierran la ciencia que enseña a vivir conforme a la voluntad de Dios, mediante la cual se obtiene una vida larga y feliz en la tierra prometida. Nosotros sabemos, además, que su cumplimiento lleva a la patria celestial, de que aquélla era símbolo 7. Con ello Dios establece un pacto bilateral con su pueblo escogido. El se compromete a introducirlos en la tierra prometida y mantenerlo en paz en ella; los israelitas, por su parte, se comprometen a guardar la Ley, no reconociendo otro dios alguno que Yahvé. En torno al cumplimiento y defecciones por parte de Israel y de las bendiciones y castigos por parte de Dios gira toda la historia bíblica.
Aarón (45:7-31)
7 Elevó a Aarón haciéndole santo, semejante al hermano de Moisés, de la tribu de Levi; 8 y estableció con él una alianza eterna y le dio el sacerdocio del pueblo. Le honró con ricos ornamentos 9 y le ciñó una túnica espléndida; le vistió con suntuosa magnificencia y le destinó vestidos honrosos, 10 los calzones, la túnica y la sobretúnica; le rodeó de granadas de oro y de muchas campanillas en torno, 11 para que sonasen cuando él andaba y se oyera su sonido en el santuario, para avisar a los hijos de su pueblo. 12 Le vistió con vestidos santos, tejidos de oro, púrpura y jacinto; de púrpura roja, obra primorosa, el pectoral del juicio, con los "urim" y los "tummim." 13 Hecho de hilo de púrpura escarlata, obra plumaria de hábil artista; de piedras diversas talladas como los sellos, engastadas en oro, obra de joyero, para memoria por la escritura tallada, según el número de las tribus de Israel. 14 Le puso una diadema de oro sobre la tiara, con esta inscripción grabada: "Santidad," insignia de honor, obra magnífica, placer de los ojos, obra de acabada belleza. 15 Antes de Aarón nadie se vistió jamás ni se vestirá como él; 16 ningún extraño la vestirá, sino sólo sus hijos y los que descienden de ellos por siempre. 17 Sus sacrificios serán ofrecidos dos veces cada día perpetuamente. 18 Moisés le llenó las manos y le ungió con el óleo santo. 19 Y fue esta consagración un pacto eterno, para él y para su descendencia por los días del cielo, para servir al Señor en el ejercicio del sacerdocio y bendecir en nombre del Señor a su pueblo. 20 Entre todos los vivientes le escogió el Señor para presentarle las ofrendas, los perfumes y el buen olor para memoria, y hacer la expiación de su pueblo. 21 Y le dio sus preceptos, y poder para decidir sobre la Ley y el derecho, para enseñar sus mandamientos a Jacob e instruir en su Ley a Israel. 22 Se levantaron contra él extraños, que en el desierto le envidiaron, los partidarios de Datan y Abirón, y la banda de Coré con furia y cólera. 23 Violo el Señor y se desagradó de ellos, y en el ardor de su cólera los exterminó; 24 hizo contra ellos prodigios y los consumió con un fuego abrasador; 25 y aumentó la gloria de Aarón asignándole una heredad; y le dio en porción las primicias de los frutos de la tierra 26 y comer los sacrificios del Señor; y los panes de la proposición son su porción, que le dio a él y a su descendencia. 27 Sólo en la tierra no los heredó, no tuvieron parte en medio del pueblo, porque "El será tu porción y tu heredad." 28 Fines, hijo de Eleazar, fue el tercero en la dignidad, por haber mostrado celo por el Dios del universo, 29 Y Por haber resistido en la defección del pueblo con la fortaleza de su corazón generoso, haciendo así la expiación de Israel. 30Por eso le fue confirmada por decreto una alianza perpetua para servir en el santuario, a fin de que él y su descendencia tengan el sumo sacerdote para siempre. 31 También hizo Dios alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá; su trono lo hereda su hijo ante Dios, como la heredad de Aarón pertenece a él y a su descendencia. Bendecid, pues, al Señor, porque es bueno y os ha coronado de gloria; que derrama la sabiduría en vuestros corazones, para juzgar a su pueblo con justicia, a fin de que no desaparezca su bienestar ni su gloria de generación en generación.
Con particular detalle nos presenta el autor a Aarón y la gloría de su sacerdocio, lo que puede ser un indicio del prestigio que en esta época gozaba el sumo sacerdote sobre los israelitas. El capítulo 50 hablará también de la profunda impresión que suscitaba en el ánimo del pueblo cuando subía al altar Simeón II.
Todo pueblo tiene sacerdotes ante sus dioses. El pueblo hebreo, que conocía al verdadero Dios y poseía la verdadera religión, debía tener también su sacerdocio. Dios escogió para, este ministerio a Aarón, hermano de Moisés, confiriéndole a él y a sus hijos de modo perpetuo y exclusivo las funciones sacerdotales 8. Dios lo separó de entre los demás para su culto, viniendo a ser, por razón de su sacerdocio, el santo de Yahvé 9, y lo engrandeció como al caudillo de Israel, junto al cual aparece en las grandes empresas 10.
Dios les señaló los ornamentos sacerdotales que describen más ampliamente los capítulos 26-28 del Éxodo, y que reflejan la magnificencia y majestad de Dios, a quien representaba en la tierra. Ben Sirac los enumera detalladamente a continuación: los calzones de lino, que cubrirían desde la cintura hasta los muslos 11. La túnica larga, que llegaba hasta los pies 12. La sobretúnica, que era una especie de capa de púrpura azul oscuro que iba sobre la túnica larga, y de cuya orla pendían campanillas y granadas de oro, alternativamente, todo alrededor13, cuya finalidad era que su sonido notificase al pueblo su entrada y salida en el santuario y le recordase la atención y reverencia que hay que poner en el culto a Yahvé y se uniesen a las plegarias del sacerdote.
Vestiduras sacerdotales valiosísimas por sus tejidos, a base de oro y púrpura, y santas por la misión a que estaban destinadas por mandato de Dios, eran el efod y el pectoral. El efod (v.12), vestido santo entre todos, era un superhumeral o escapulario que constaba de dos cuadrados de lienzo, uno que pendía sobre el pecho y otro sobre la espalda; se unían entre sí por dos tirantes u hombreras en su parte superior y un cinturón que lo unía al cuerpo por la parte inferior. En cada hombrera iba una piedra de ónix. Llevaban escrito, seis cada una, los nombres de las doce tribus 14. El pectoral era una especie de bolsa, de un palmo de largo y otro de ancho, que iba unida por sus anillos de oro a los anillos del efod con una cinta de jacinto. Sobre doce piedras preciosas engarzadas en oro iban grabados, uno en cada una, los nombres de las doce tribus, que el sumo sacerdote llevaba, por tanto, sobre sus hombros y sobre su corazón. El pectoral contenía los urim y tummim; por esto se lo llama pectoral del juicio, que eran probablemente dos piedrecitas, una de las cuales indicaba respuesta afirmativa y otra negativa, de que se valía el sacerdote sumo para consultar a Dios 15.
Finalmente, la tiara a manera de turbante, más alta que la de los sacerdotes, que llevaba sujeta en la parte de adelante por una cinta de jacinto una lámina de oro, en la que estaba escrito "Santidad de Yahvé," lo que tenía por objeto hallar gracia ante Yahvé por las faltas que los israelitas hubiesen cometido en el servicio divino. Tenía que ser verdaderamente maravilloso el espectáculo que ofrecía el sumo sacerdote tan ricamente ataviado en las funciones sacerdotales del templo 16. Nadie antes de Aarón se había vestido tan majestuosamente, ni se vestirán en adelante más que sus hijos, a quienes, muerto él, se transmitirá su sacerdocio. "Las vestiduras que él usó usarán éstos, y con ellas serán ungidos y consagrados."17
Menciona Ben Sirac el oficio principal del sacerdote, que era ofrecer sacrificios. Cada mañana y cada tarde tenían que ofrecer un cordero en holocausto y un décimo de efá de flor de harina amasada con aceite 18. Recuerda a continuación la consagración de Aarón como sumo sacerdote por parte de Moisés. Este llenó sus manos (v.18), expresión técnica para expresar la consagración, pues al hacerlo les ponía en ellas los dones que debían ofrecer 19; le ungió la cabeza y las manos 20. Esta unción y consagración vino a ser como un pacto por el que Dios confió de un modo perpetuo y exclusivo a Aarón y sus descendientes la dignidad sacerdotal, con los ministerios que el sacerdocio importaba: dar culto a Dios en nombre del pueblo y bendecir a éste en nombre del Señor21; presentar a Dios las ofrendas del pueblo, los perfumes de suave olor y el memorial 22, los sacrificios de expiación por sus pecados para aplacar la ira de Dios, por él ofendido 23. La liturgia ha tomado el capítulo de nona del oficio de confesor pontífice de los versos 19 y 20. El elogio del sacerdocio del Antiguo Testamento se puede hacer con mucha mayor razón del sacerdocio del Nuevo Testamento, en que tienen realidad muchas cosas que en el Antiguo eran sólo figura y anuncio. Finalmente, es también deber del sacerdote instruir al pueblo en la Ley 24; a él competía interpretarla oficialmente y dar la solución en los casos dudosos, según establece el Deuteronomio 25.
Y nadie puede arrogarse este honor sacerdotal sin haber sido llamado por Dios, como afirmaría después San Pablo 26. El caso de Coré, Datan y Abirón, recordado por Ben Sirac (v.23-24), pone de manifiesto hasta qué punto vinculó Dios el sacerdocio a sus escogidos de un modo exclusivo y lo que le indigna que extraños intenten ejercer las funciones sacerdotales a ellos reservadas. Llevados aquéllos de la envidia, pretendieron el honor y autoridad sacerdotal y se rebelaron con sus partidarios contra Moisés y Aarón. Parte de los sublevados fueron engullidos por la tierra; otros, abrasados por el fuego 2. "Dios hizo ver con este ejemplo tan tremendo que nada detesta tanto como el cisma y que el crimen por el que uno se separa de la unidad de la Iglesia es siempre más grande que todos los desórdenes pretendidos por los cuales se separa." 28 A raíz de este episodio, Yahvé aumenta la gloria de Aarón, concediéndole nuevos privilegios. Dios le da como heredad las primicias de los frutos que había que ofrecer al Señor 29, los panes de la proposición 30 y la parte de las víctimas que les estaba asignada 31. Por lo que, en la distribución del país de Ca-naán entre las tribus de Israel, Dios quiso que no fuese señalada porción a la tribu de Leví, que habitaría en 48 ciudades diseminadas entre las demás tribus 32. Su porción y heredad sería Dios mismo 22. La razón es que los levitas debían ocuparse de lleno en el cumplimiento de sus ministerios y poner su corazón no en las cosas de la tierra, sino en el Señor, que los escogió.
A Aarón sucedió en el sumo sacerdocio Eleazar (v.28), que llevó a cabo con Moisés el censo del pueblo 34 y distribuyó con Josué y los jefes de familia de las tribus la tierra prometida 35. No habiendo tenido papel ninguno importante en la historia religiosa del pueblo, Ben Sirac lo pasa por alto para hacer una honorífica mención de su hijo y sucesor, Fines, insigne defensor de la gloria de Dios ante la defección del pueblo en Beelfagor. Acampados en Setim los israelitas, las hijas de Madián los indujeron a postrarse ante sus ídolos. Fines permaneció firme en el culto a Yahvé, y su celo por su gloria y su indignación por su honor ofendido lo llevó a dar muerte con la lanza al israelita que tuvo la insolencia de introducir una madianita en presencia de la comunidad de Israel. Su actitud consiguió para el pueblo el perdón de su pecado, y para él y sus descendientes la confirmación del sumo sacerdocio, que permanecería para siempre entre ellos 36. Cierto que, con Helí, el sacerdocio pasó de la descendencia de Eleazar a la de Itamar, tercero y cuarto hijos, respectivamente, de Aarón 3 ; pero por poco tiempo, ya que Salomón depuso a Abiatar y transfirió el sacerdocio a Sadoc, descendiente de Eleazar 38. Los Macabeos, que fueron sacerdotes, se declaran hijos de Fines 39. Eran hijos de Jojarib, descendiente de Eleazar40. En realidad, el sacerdocio de Aarón no era sino figura del de Jesucristo, sacerdote eterno, en el que solamente se cumple al pie de la letra esta palabra. El sacerdocio le vi tico fue abolido con su venida al mundo.
Ben Sirac cae en la cuenta de que ha habido en el pueblo de Israel otra familia gloriosa que recibió un pacto similar — la de David, en cuya descendencia se perpetuaría su trono —, y establece un parangón entre ambas: como dio a Fines y su descendencia la autoridad religiosa para cumplir los ministerios sacerdotales, así dio a David y a la suya la potestad civil para que gobernase al pueblo. Hay una diferencia: mientras que la dignidad real conferida a David solamente se transmitía a uno de sus hijos, la dignidad sacerdotal que recibió Fines pertenece a todos sus descendientes en el sentido de que cualquiera de ellos podía llegar a ser sumo sacerdote. El Mesías uniría los dos: sumo sacerdote y rey. Concluye con una exhortación a los descendientes de Aarón, motivada por el estado de cosas que nos describe 2 Mac 4:14. Se preocupaban más de los atractivos paganos y distinciones griegas que del servicio del altar.
1 Sal 8:6. — 2 Ex 17:8-16; Núm 21:21-35; Dt 2:26-3:11. — 3 Núm 12:7. — 4 Núm 12:3. — 5 Ex 20,21. — 6 Ex 33:11. — 7 Lev 18:5; Dt 4:6; Rom 2:13; 7:10. — 8 Ex 29:9. — 9 Núm 16:5.7; Sal 106:16. — 10 Ex 4:17; 5:1; 7:9. — 11 Ex 28:42. — 12 Ex 28:4.40. — 13 Ex 28:4.40; 29:5. Traducimos por sobretúnica el vocablo hebreo me'íí. El έπωμί$, que traducen los LXX, no siempre designa en ellos el efod, y, dado que de ιste se hace menciσn en el v. 12 y que iob-ιι se refiere a la sobretϊnica, es preferible esta traducciσn. — 14 Ex 28:6-14. — 15 Ex 28:15-30; Núm 27:21; Sam 14:41; Prov 16:33; 18:18. — 16 santo tomás hace una exégesis alegórica de estas vestiduras en 1-2 q.102 a.5 ad 10. Cf. también san gregorio, Pastor. p.2.a c.3. — 17 Ex 29:29. — 18 Ex 29:38-39; Lev 6:12-20. — 19 Ex 28:41. — 20 Lev 8:12.27. — 21 Núm 6:23.27; Dt 10,8. — 22 Cf. 35:8-9. — 23 Lev 6:10; Job 42:8. — 24 Lev 10:10; Dt 33:10. — 25 17:8-9; 21:5. — 26 Heb 5:4. — 27 Núm 16; Sal 106:16-18. — 28 Citado en Spicq, o.c., a 45:18-19 p.509. — 29 Ex 29:19; 34:26; Lev 23:9-14; Núm 18:11. — 30 24:5-9- — 31 Lev 7:28-37; 10:14; Núm 6:19. — 32 Núm 35:1-8. — 33 Núm 18:20. — 34 Núm 26:3. — 35 Jos 14:1. — 36 Núm 25; 31:16; Jos 22:17; Os 9:10; Sal 106:28-31. — 37 Sam 1:3; 1 Par 6:3. — 38 1 Re 2:26-35. — 39 1 Mac 2:54. — 40 1 Par 24:7; Neh 11:10.
46. Caudillos
Josué y Caleb (46:1-15)
1 Fuerte en las batallas fue Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés en la dignidad profética; que fue, según su nombre, 2 grande en la salud de los elegidos del Señor, para ejercer la venganza contra los enemigos que se le opusieron, para poner a Israel en posesión de su heredad. 3 ¿Qué gloria no alcanzó cuando alzó sus manos y extendió su espada contra la ciudad? 4 ¿Quién le resistió? Porque combatió las batallas del Señor. 5 ¿No se detuvo el sol al tender su mano, y un solo día fue igual a dos? 6 Invocó al Altísimo Soberano, mientras acosaba por todas partes a los enemigos, y le respondió el Señor grande con piedras de granizo de gran potencia, 7 que arrojó contra el pueblo enemigo, y en la bajada aniquiló a los adversarios; 8 para que las naciones conociesen su anatema, y que era contra Dios la guerra que hacían, y que él obedecía las órdenes del Todopoderoso. 9 En los días de Moisés mostró su misericordia con Caleb, hijo de Jefoné, impidiendo la defección del pueblo y reprimiendo la murmuración de los sediciosos. 10 Sólo estos dos fueron reservados de los seiscientos mil infantes para ser introducidos en la heredad, en la tierra que mana leche y miel. 11Υ el Seρor dio a Caleb vigor, que conservσ hasta la vejez, para que subiese a lo alto de la tierra, y su descendencia obtuvo la heredad, 12 a fin de que viesen todos los hijos de Israel que es bueno caminar en pos del Señor. 13 Los jueces, cada uno por su nombre, los que no pervirtieron su corazón y no se apartaron del Señor. 14 Sea bendita su memoria, florezcan sus huesos en la sepultura 15 y en sus hijos se renueve su nombre.
Sucesor de Moisés en la dignidad profética, pues, como él, hablaría al pueblo en nombre de Dios y ejecutaría sus planes, fue Josué, valiente guerrero que había vencido ya en vida de Moisés a los amalecitas 1. Fue, por designio de Dios 2, quien introdujo al pueblo en la tierra prometida después de haber vencido a sus enemigos, lo que constituye su mayor título de gloria. Hizo honor a su nombre, que significa "el Señor es salvación." Y en este aspecto es tipo del redentor — cuyo nombre Jesús tiene la misma significación —, el cual nos libró del enemigo de nuestras almas y nos introduce en el reino de los cielos.
Ben Sirac hace mención de algunos de los más salientes episodios guerreros de la vida de Josué: conquista de Hai, en que "no retiró la mano que tenía tendida con el dardo hasta que no hubo dado al anatema a todos los habitantes de la ciudad" 3. Constata en seguida que nadie le podía resistir, porque el Señor estaba con él para defenderlo de los enemigos y darle la victoria en las luchas que como caudillo suyo tenía que librar por el pueblo escogido. Cuando los medios naturales no eran suficientes para obtener la victoria, no vacilaba en implorar un prodigio para que sus planes de conducta se llevasen a cabo. Y así Dios hizo que llevasen a cabo en un día una victoria que parecía imposible conseguir en una sola jornada, derrotando a los cinco reyes amorreos que presentaron batalla a los israelitas, asediando la ciudad de Gabaón4. Y para que la victoria fuese más completa, cuando los amorreos huían por la bajada de Betorón, una fuerte granizada produjo en ellos una mortandad mayor que la que en la batalla les causaron los israelitas por la espada. Mediante esta intervención de Dios, los cananeos deberían conocer que Josué combatía en nombre del Dios todopoderoso de Israel y que, al hacer la guerra al pueblo de Israel, la hacían al Señor mismo, Dios de los ejércitos, contra el cual es inútil combatir.
El autor recuerda otro episodio meritorio de Josué, al que asocia a Caleb (V.9). Cuando los demás exploradores regresaron de la misión a que fueron enviados por Moisés, asustaron de tal manera al pueblo con los relatos sobre los habitantes de aquellas tierras, que quería volverse a Egipto. Josué y Caleb, fieles a la voluntad de Dios, que había decretado la conquista de Canaán, se opusieron con valor e impidieron la defección del pueblo. En premio de ello, mientras que los 600.000 infantes perecieron en el desierto sin poder ver la tierra prometida 5, ellos dos pudieron gozar de la posesión de aquel país que, comparado con el desierto, es con razón muchas veces presentado como una tierra que manaba leche y miel6.
Dios conservó su vigor a Caleb hasta los años de su vejez, lo que le permitió apoderarse de la región montañosa de Hebrón, que recibió de Josué en heredad para su descendencia7, conforme a la palabra de Yahvé 8, obteniendo así parte en la distribución de la tierra prometida sin ser miembro genuino del pueblo escogido. Fue la recompensa y premio a su fidelidad y un ejemplo palpable para todos los israelitas, que pudieron comprobar una vez más cuan bueno y provechoso es seguir fielmente al Señor.
Samuel (46:16-23)
16 Samuel, amado de su Señor y su profeta, estableció la monarquía y ungió a los príncipes de su pueblo. 17 En la ley del Señor juzgó a la nación, y visitó el Señor a Jacob. 18 Por su fidelidad fue interrogado como vidente, y reconocido por su fidelidad como vidente fiel. 19 E invocó al Señor todopoderoso, cuando los enemigos le acosaban por todas partes, con la ofrenda de un cordero primal. 20 Y tronó del cielo el Señor, e hizo oír su voz por medio de un gran estampido, 21 y aplastó a los príncipes enemigos, a todos los príncipes de los filisteos; 22 y antes de la hora del sueño eterno pidió testimonio ante el Señor y su ungido: "Bienes, ni siquiera unas sandalias de nadie he recibido." Y nadie pudo acusarle. 23 Y después de su muerte profetizó, y anunció al rey su fin, e hizo oír saliendo de la tierra su voz profética, para borrar la iniquidad del pueblo.
A Josué suceden los jueces, en la doble empresa de regir los destinos del pueblo escogido y continuar la conquista de la tierra prometida, iniciada a las órdenes de Josué. El libro de los Jueces refiere cómo realizó cada uno de ellos la misión que les fue confiada. No todos ellos fueron en todo momento fieles a Yahvé 9, como tampoco Israel fue constantemente fiel en el culto al Señor, postrándose más de una vez ante los baales 10. A cuantos permanecieron fieles al Señor, manteniéndose apartados de la idolatría, Ben Sirac desea las dos mayores glorias a que podían aspirar los israelitas de su tiempo, privados de la revelación del más allá: un buen recuerdo para los venideros y una descendencia en la que se perpetuase su nombre. La expresión florezcan sus huesos en la sepultura no contiene alusión alguna a la resurrección de los muertos; es sencillamente una expresión poética para manifestar su deseo de una posteridad numerosa que, como nuevos retoños, perpetúen su virtud y sus obras.
El último de los jueces fue Samuel, que realiza un tipo de juez distinto de los demás. No fue el caudillo militar que libra a los hebreos de los madianitas o los filisteos, pero contribuyó como el que más al engrandecimiento de Israel, dando paso a su período áureo. Ben Sirac recoge las principales facetas de su personalidad. Ya en sus orígenes aparece la mano de Dios presagiando grandes designios: su concepción fue fruto de la bendición del Señor a Ana, cuyo seno era estéril. Juez de Israel, apartó al pueblo de los baales y astartés y lo mantuvo fiel a Yahvé, por lo que Dios se mostró misericordioso para con su pueblo escogido, haciéndole gozar de paz durante el gobierno de Samuel, que culminó en la instauración de la monarquía, a que dio paso en los días de su ancianidad, cuyos primeros reyes ungió él mismo n. Pero fue, además, un gran profeta, por cuya boca habló el Señor a Helí, a Saúl, al pueblo, cuyos oráculos resultaron siempre verídicos. "Estaba Yahvé con él, que no dejó cayera por tierra nada de cuanto él decía; todo Israel, desde Dan hasta Berseba, reconoció que era Samuel un verdadero profeta de Yahvé"12. Y, como Moisés, un gran intercesor ante Yahvé. Habiéndose congregado en Masfa los israelitas, subieron los filisteos, que ocupaban las cinco ciudades Azoto, Gaza, Ascalón, Ciar y Acarón, a atacar a Israel. Samuel ofreció un sacrificio de un cordero de leche al Señor y oró ante él por su pueblo. Yahvé oyó la súplica de Samuel, hizo descargar una terrible tormenta sobre los filisteos y fueron abatidos por los israelitas, que los hicieron huir por la cuesta de Bet-Horen 13.
Habiendo traspasado su caudillaje al monarca ungido y viendo cercano el fin de sus días, quiere hacer constar la rectitud e integridad de su judicatura (v.22). "Testigo Yahvé contra vosotros, y lo es también su ungido, de que nada habéis hallado en mis manos," exclamó Samuel. "Testigo," contesta el pueblo, que reconoció: "No nos has perjudicado, no nos has oprimido, de nadie has aceptado nada."14 Su conducta era toda una lección para el primer monarca que había de regir los destinos del pueblo y para sus sucesores. Y lo es también para cuantos asumen el gobierno de las naciones. El v.23 alude al episodio referido en Sam 28. Viéndose Saúl en grave aprieto frente a los filisteos acampados en Sunam para combatir a Israel, consultó a Yahvé, que no da respuesta ni por medio de sueños ni por los urim y tummim. Entonces acude a la evocación de los muertos, reprobada por la Ley, y a petición suya la pitonisa de Endor invoca a Samuel. El difunto profeta respondió, pero para anunciar su ruina al rey: "Mañana tú y tus hijos estaréis conmigo, y Yahvé entregará el campamento a los filisteos."15 El último miembro del verso, omitido en el hebreo, se refiere a la muerte de Saúl y derrota de Israel como expiación del pecado de haber pedido un rey o de no haber destruido a los amalecitas 16.
1 Ex 17:8-16. Biblia comentada 4 — 2 Dt 31:1-8. — 3 Jos 8:26. — 4 Jos 10. — 5 16:11; Núm 11:21; 14:38; 26:65; Dt 1:35. — 6 Ex 3:8.17; 13:5; Núm 13:27; Dt 6:3; Jer 11:5; 32:22; Ez 20,6:15. — 7 Jos 14:11-14. — 8 Núm 14:24. — 9 Gedeón (Jue 8:27), Abimelec (Jue 9:5.23-24.56-57), Sansón (Jue 14:1-3; 16:1). — 10 Jue 2:11-13.19; 3:7-12; 4:1; 6:1; 10,6; 13:1. — 11 Sam 8.10.16. — 12 1 Saín 3:19-20. — 13 Sam 7:5-14- — 14 Sam 12:4-5. — 15 Sam 28:19. — 16 Sam 28:12.
47. Los Reyes del Periodo Áureo
Natán y David (47:1-13)
1 Y luego se levantó Natán, que profetizó en los días de David. 2 Como se separa el sebo de la carne de la hostia pacífica, así fue separado David de los hijos de Israel. 3 Jugó con leones como con cabritos, y con osos como con corderos. 4 ¿No mató en su juventud al gigante, haciendo cesar el oprobio de Israel? 5 Al levantar la mano con la piedra en la honda, abatió la soberbia de Goliat. 6 Porque invocó al Señor altísimo, y éste dio fuerza a su diestra para derribar al hombre poderoso en la guerra y ensalzar el cuerno de su pueblo. 7 Por lo cual le cantaron las doncellas y le aclamaron con "Diez mil." Cuando se ciñó la corona emprendió la guerra 8 y sujetó a los enemigos de en derredor; puso guarniciones entre los filisteos y hasta el día de hoy quebrantó su poder. 9 En todas sus empresas dio gracias al Dios altísimo con himnos de alabanza. 10 Con todo su corazón amó a su hacedor y cada día le alabó con salmos. 11 Estableció instrumentos que habían de tocarse al cantar ante el altar y ordenó el canto de los salmos acompañado de arpas. 12 Dio gran esplendor a las fiestas y solemnizó las fiestas de todo el año, alabando el santo nombre de Dios desde el alba, haciendo resonar desde el alba el santuario. 13 El Señor le perdonó sus pecados y ensalzó para siempre su poder, le aseguró la sucesión en el reino y puso su trono sobre Israel.
A Samuel, que profetizó en los días de Saúl, sigue, en la relación de Sirac, Natán, el más grande de los profetas en los días de David, con quien el gran rey mantuvo íntimas relaciones. Por medio de él le comunicó Yahvé la promesa del trono perpetuo 1, le reprochó su pecado y anunció el perdón del mismo 2. El texto hebreo dice en un segundo estico: "para presentarse ante David," y en 1 Re 1:26 el profeta se dice su servidor.
David fue objeto de una especial elección por parte de Dios. El autor lo expresa con una comparación tomada de los sacrificios. En éstos la grasa de la víctima, parte la más delicada y estimada, se separaba de la carne y era quemada en honor de Dios sobre el altar de los holocaustos, mientras que ésta era consumida por los sacerdotes o los oferentes 3. Así David fue separado de entre los israelitas para regir los destinos del pueblo de Dios. El es quien lo habrá de llevar a sus días más gloriosos y de cuya descendencia nacerá el Mesías Redentor.
De su valor y fuerza legendarios se hace eco el v.3, que recuerda las palabras con que él mismo respondió a Saúl cuando lo consideraba impotente para batir al gigante Goliat4. En la región desértica del sudeste de Belén no eran raras las fieras, y en su lucha contra ellas se fortalecía el espíritu combativo de David, que apacentaba los rebaños de su padre en esa comarca. Su rotunda victoria sobre el filisteo puso de relieve su ardor guerrero e hizo desaparecer la pesadilla que sobre Israel hacía recaer Goliat con sus insolentes desafíos. Ben Sirac hace notar que la victoria del joven David fue debida a su plegaria, como lo habían sido las de Josué y Samuel 5. Movido por ella, Yahvé fortaleció su brazo y David ensalzó d cuerno de su pueblo (v.6); "voy contra ti en el nombre de Yahvé Sebaot, Dios de los ejércitos de Israel, a los que has insultado," dijo al filisteo. Cuerno es símbolo de poder; en ellos radica la fuerza del toro; por lo que la expresión "cuerno de su pueblo" vino a ser clásica en la Biblia para designar el poder, las hazañas del pueblo 6. Cuando regresó de su victoria, las doncellas de Israel, al son de los tímpanos y al ritmo de las danzas, cantaban el "Saúl mató sus mil, pero David sus diez mil"7, expresando con ello la importancia de la muerte del gigante, equiparable a la derrota de un gran número de enemigos 8. Llegado al trono, David tuvo que continuar guerreando durante largo tiempo contra los enemigos de Israel. Logra vencerlos a todos, incluso a los filisteos, los más encarnizados de todos ellos, que no volvieron a levantar cabeza contra el pueblo escogido 9. Con ello David prepara a Israel los días más gloriosos de su existencia, que culminaron en el reinado de Salomón.
Pero David no fue solamente un valeroso guerrero; a la altura de su valor estuvo su profunda piedad para con Dios, a quien el profeta amó con todo su corazón, conforme a la prescripción del Deuteronomio 10. No se vanaglorió en sus victorias ni se atribuyó a sí sus triunfos guerreros, sino que cantó las alabanzas de Dios y le dio gracias con maravillosos salmos, que hizo acompañar de la lira y el arpa, que dan cierta suavidad al canto. Siendo ya anciano, reunió a los sacerdotes y levitas y asignó cierto número de ellos para que se dedicaran a alabar a Yahvé con los instrumentos que David había compuesto para ello 11, los cuales habrían de presentarse cada mañana y cada tarde para alabar y celebrar a Yahvé, distribuyéndolos en 24 clases para que cantasen en el templo, cumpliendo los ministerios de la casa de Yahvé según el orden prescrito por el rey 12. David dio un esplendor extraordinario y una magnificencia maravillosa al culto, que tal vez Ben Sirac quiere presentar a los levitas contemporáneos suyos como ejemplo a imitar.
Pero no todo fue virtud y alabanza a Yahvé en la vida de David. El profeta cometió ante el Señor un gravísimo pecado al colocar en el lugar más peligroso de la batalla a Urías con el fin de que, muerto éste por sus enemigos, pudiese tomar a su mujer. Pero el Señor tuvo misericordia para con él y después de reprenderle su pecado le perdonó 13.
Yahvé dio a David un gran reino, cuyos límites no alcanzaron sus predecesores ni supieron mantener sus sucesores; le prometió que su casa permanecería para siempre ante su rostro y su trono sería estable por la eternidad 14; promesa que se realiza en el reino espiritual de Cristo, Rey y Sacerdote eternamente, conforme a las palabras del ángel al comunicar a María el misterio de la Encarnación 15.
Salomón (47:14-31)
14 Después de él se levantó un hijo sabio, que por su padre gozó de prosperidad, 15 Salomón, que reinó en días de paz, Dios le dio descanso de todas partes para que levantase la casa a su nombre y preparase un santuario eterno. 16¡Cuán sabio fuiste en tu juventud! ¡Como río fuiste lleno de inteligencia! Con tu inteligencia abarcaste la tierra 17 y la llenaste de proverbios y enigmas. Llegó tu nombre hasta las remotas islas y fuiste amado a causa de la paz. 18 Por los cánticos, proverbios y parábolas y por las respuestas fuiste la admiración de las naciones. 19 Tú fuiste llamado con el nombre glorioso por el que fue llamado Israel. 20 Amontonaste oro como hierro, y como plomo amontonaste plata; 21 pero te diste al amor de las mujeres y les diste poder sobre tu cuerpo; 22 y pusiste mácula en tu gloria, deshonraste tu estrado; y trajiste la cólera sobre tus hijos, y lamentos sobre tu linaje, 23 cuando el pueblo se dividió en dos, y de Efraím tuvo origen un reino rebelde. 24 Pero el Señor no abrogó su promesa misericordiosa, ni dejó de cumplir ninguna de las palabras, ni borró la descendencia de su elegido, ni extirpó el linaje del que fue su amado; 25 y dio un resto a Jacob, y a David un renuevo salido de él. 26 Murió Salomón ya anciano, 27 y dejó en pos de sí un hijo soberbio, 28 rico en necedad, pobre de inteligencia, Roboam, que con su resolución incitó al pueblo a la rebeldía. 29 Jeroboam, hijo de Nabat, que pervirtió a Israel y puso a Efraím en camino de pecado; y se multiplicaron mucho sus maldades. 30 Hasta ser expulsado de su tierra. 31 Y se precipitaron en todo género de maldades, hasta que vino sobre ellos la venganza.
A David sucede su hijo Salomón, que heredó un reino próspero y pacífico que le legaron el valor y las luchas de su padre. Ben Sirac hace primero un elogio del rey sabio y menciona después los extravíos del final de su vida y las funestas consecuencias de la división del reino, que tuvo lugar a su muerte.
El nombre de Salomón es sinónimo de paz 16. Yahvé había prometido a David que su hijo sería hombre de paz y que durante su vida Israel gozaría de tranquilidad 17. La gloria del rey sabio había de venirle no de las armas, sino de la construcción del glorioso templo de Jerusalén, de su sabiduría proverbial y de sus riquezas fabulosas. David intentó la edificación del gran santuario, pero su reinado tuvo que sostener demasiadas guerras para llevar a cabo obra de tal envergadura. Dios la tenía reservada para los días prósperos de Salomón, que con su sabiduría y riquezas llevó a cabo el gran templo de Jerusalén, que perduraría a través de los siglos hasta los tiempos mesiánicos. Salomón llegó a adquirir una sabiduría extraordinaria, que se difundió por el Oriente como se derraman las aguas caudalosas del río que se desborda e inunda los lugares vecinos. Su ingenio para resolver enigmas llegó hasta apartadas regiones, de modo que la misma reina de Sabá, región del sudeste de Arabia, vino para "probarle con enigmas," reconociendo que la realidad superaba a la fama que a ella había llegado de la sabiduría salomónica 18. El autor del libro de los Reyes nos dice que Salomón compuso muchos proverbios, enigmas, parábolas 19, de modo que pasó a la posteridad como el prototipo de rey sabio, por lo que le fueron atribuidos los libros sapienciales, aun los de más reciente composición. Con la paz que conservó en los años de su reinado se ganó el amor de sus subditos, y con su maravillosa sabiduría la estima de las naciones. También por sus riquezas sobresalía Salomón. En su plegaria no pidió el sabio rey riquezas ni larga vida, sino un corazón prudente para gobernar al pueblo. Yahvé, complacido de su desinteresada plegaria, le otorgó la sabiduría que había pedido y le concedió también "riquezas y gloria tales, que no habrá en tus días rey alguno como tú." 20
Pero la gloria del gran rey se vio al final tristemente ensombrecida (v.21-23). Contra la prohibición de Yahvé, puso su corazón en la hija del faraón y en numerosas mujeres extranjeras, las cuales arrastraron su corazón a los dioses falsos, hasta llegar a edificar en la montaña que está frente a Jerusalén excelsos en honor de Camos, dios de los moabitas, y Milcom, dios de los amonitas 21. La conducta de Salomón encendió la ira de Dios sobre sus hijos, que, como nacidos de uniones prohibidas a los israelitas, son objeto de maldición por parte de Yahvé y tienen un fin nefasto y desastroso 22. La Sagrada Escritura sólo habla de un hijo de Salomón y dos hijas 23; tal vez Dios le castigó con la muerte de los otros, dejando la vida sólo a Roboam para que se cumpliesen las promesas hechas a David de la perpetuidad de su trono. Todo su linaje hubo de sufrir las consecuencias de sus pecados, que provocaron la división del reino davídico, que fue la mayor calamidad política que pudo sobrevenir al pueblo israelita. En efecto, a Salomón sucede su hijo Roboam, nacido de una amonita; pero la imprudencia y necedad de éste, que desoyó el consejo de los ancianos y siguió el de los jóvenes inexpertos, provocó la separación de las diez tribus, que eligieron rey a Jeroboam, hijo de Nabat, efrateo, siervo de Salomón, a quien el profeta Ajías predijo reinaría sobre las tribus del norte, quedando fiel a Roboam solamente los territorios de Judá y Benjamín. Así se originaron el reino de Judá, o reino del sur, con capital en Jerusalén, y el reino de Israel, o del norte, cuya capital, en un principio Siquem, vino luego a ser Samaría.
El reino de Judá, que conservó la verdadera religión, continuó el linaje de David, y es en esta coyuntura histórica el "resto" que siempre se salva en toda calamidad y en quien se cumplen las profecías mesiánicas. Así Yahvé permaneció fiel a la promesa hecha a David de que su casa permanecería para siempre y su trono sería estable por la eternidad.
Jeroboam, temiendo que los israelitas de su reino volviesen a la fidelidad a Jerusalén si subían a adorar a Yahvé en su templo, construyó becerros de oro, que colocó en Dan y Betel, induciendo al pueblo a postrarse ante ellos. Construyó también lugares excelsos e instituyó sacerdotes a gentes que no pertenecían a la tribu de Leví 24. La idolatría fue causa de otros muchos pecados en el reino del norte, que colmaron la paciencia divina, por lo que Yahvé decretó la expulsión de su tierra. Dos siglos más tarde, el año 721, noveno del reinado de Oseas, los asirios conquistan Samaría y deportaron a Asiría a muchos israelitas, enviando en su lugar a gentes de Asiría, que, al mezclarse con los no deportados, dieron origen al pueblo samaritano 25. Con ello despareció para siempre el reino de Israel.
1 2 Sam 7. — 2 2 Sam 12. — 3 Lev 3:3-5; 4:8-10. — 4 Sam 17:34-36. — 5 46:6.19. — 6 V.8.I3; 51:12; Sal 89:8; 148:14; 1 Mac 2:48. — 7 Sam 18:7. — 8 La Vulgata y el griego añaden a 7b: lo alabó con sus bendiciones y le ofreció una corona de gloria. — 9 2 Sam 5:17-25; 8:1-18; 21:15-22. — 10 6:5. — 11 1 Par23:1-5. — 12 1 Par 23:30; 25:1-31. — 13 2 Sam 12. — 14 2 Sam 7:16; Sal 18:51; 89:27. — 15 Lc 1:32. — 16 Su nombre originario era Yedidiah ·· — 17 1 Par 29:9. amado de Yahvé (2 Sam 12:25). — 18 1 Re 10:7. — 19 1 Re 4:29-34· 21 1 Re 11:1-13. — 20 1 Re 3:10-14; 10:14.23.27; 2 Par 13:27. — 22 Sab 3:16-19. — 23 1 Re 4:11-15. — 24 1 Re 12:15-33; 14:16; 16:2.19.26. 25 1 Re 14:15; 2 Re 17; Jer 27:10.
48. Elías y Elíseo. Ezeqoias e Isaías
Elias y Elíseo (48:1-16)
1 Como un fuego se levantó Elias, su palabra era ardiente como antorcha; 2 y trajo sobre ellos el hambre, y en su celo los redujo a pocos. 3 Con la palabra del Señor cerró los cielos y por tres veces hizo bajar fuego. 4¡Cuan glorioso fuiste, Elias, con tus prodigios! ¿Quién podrá gloriarse de parecerse a ti? 5 Tú que levantaste un muerto del sepulcro, y del hades por la palabra del Altísimo; 6 que precipitaste a reyes en la ruina y a ilustres de su estrado; 7 que oíste en el Sinaí las amenazas de Dios, y en el Horeb los juicios vengadores; 8 que ungiste a reyes ejecutores de los castigos, y a profetas que te sucedieron; 9 que fuiste arrebatado en un torbellino de fuego, en un carro tirado por caballos ígneos, 10 adscrito y preparado para los tiempos venideros, para aplacar la cólera antes del día del Señor, para reducir los corazones de los padres a los hijos y restablecer las tribus de Jacob. 11 Dichoso quien te vio y murió; 12 ciertamente también él ha de revivir. 13 Cuando Elias desapareció de la vista en el torbellino, Elíseo fue lleno de su espíritu; duplicó sus prodigios, y todas las palabras de su boca eran un milagro. En sus días no tembló ante los príncipes, ni mortal alguno le subyugó. 14 Nada fue para él imposible, y en el sepulcro su cadáver profetizó. 15 Vivo, hizo prodigios, y aun muerto realizó maravillas. 16 Con todo eso, no se arrepintió el pueblo ni se apartó de sus pecados, hasta que fue arrojado de su tierra y dispersado entre las naciones.
Como en la noche oscura emiten su fulgor las estrellas, así brillaron en medio de aquella sociedad idolátrica y corrompida las dos grandes figuras religiosas del siglo ix, Elias y Elíseo. Ambos combatieron incansablemente la idolatría e impiedad de Israel. Ben Sirac comienza el elogio de Elias recordando su celo por la gloria de Yahvé, su Dios, como significa su nombre, que compara al fuego, y su palabra ardiente, que presenta como una antorcha que ilumina en medio de las tinieblas. Esto último afirmará Jesucristo de su precursor, de quien el ángel dijo a Zacarías que había venido en el espíritu de Elias 1. A continuación enumera con profunda admiración los episodios más salientes de la vida del profeta. Movido por Dios, llevado de su celo, anunció una sequía que duraría tres años y provocó un hambre que hizo perecer gran número de israelitas 2. Por tres veces hizo bajar fuego del cielo: una vez en el monte Carmelo, ante los sacerdotes de Baal, sobre el holocausto y la leña, con el fin de demostrar que Yahvé, y no Baal, era el verdadero Dios 3; y dos sobre los enviados del rey Ococías para hacerle prisionero 4. El poder que Dios le concedió fue tal, que, invocado su auxilio, volvió a la vida el hijo de la viuda de Sarepta 5. Profetizó la ruina de Acab y Jezabel6, de Ococías 7 y Jorán, hijo de Josafat, rey de Judá 8, que se cumplió al pie de la letra. En el monte Horeb escuchó el profeta el castigo que Dios había decretado contra Acab y Jezabel y la venganza que tomaría contra Israel por haber roto la alianza con Yahvé, haber derribado sus altares y haber pasado a cuchillo sus profetas 9. Recibió el encargo de ungir los reyes que habrían de realizar esa venganza divina — Jezael por rey de Siria y Jehú rey de Israel —, como también el de ungir profetas, plural enfático para designar al profeta Elíseo su sucesor. La historia bíblica sólo refiere la ejecución por Elias del último encargo, pero refiere que Jezael reinó en Damasco, y Jehú en Israel, y que éste fue ungido por su discípulo Elíseo, que lo haría por encargo de Elias. La historia de la actividad del profeta está, sin duda, incompleta 10.
El v.9 recoge los datos del libro de los Reyes 11 sobre el final misterioso de Elias, arrebatado al cielo por un "carro" tirado por "caballos de fuego," símbolos conocidos en la mitología semita y griega 12. Final misterioso y extraordinario, digno de la vida extraordinaria del profeta, que se consumía por el fuego del celo de la gloria de Dios que ardía en su corazón. ¿Adonde fue llevado Elias? El dato bíblico es tan lacónico, que, como ocurre también en el caso de Henoc, nada permite afirmar sobre el particular. ¿Vendrá al final de los tiempos a preparar los caminos al Mesías? Los escritores del Nuevo Testamento aplican las palabras de la profecía de Malaquías 13, que ha recogido Ben Sirac, a Juan el Bautista. El ángel presenta a Juan como el precursor del Mesías que caminará "en el espíritu y poder de Elias," con la misión de preparar al Señor un pueblo bien dispuesto, "de reducir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a los sentimientos de los justos" 14. Y cuando los discípulos preguntaron a Jesucristo sobre la venida de Elias, les respondió que Elias había venido ya 15, dando a entender que las palabras de Malaquías no han de ser interpretadas estricta y literalmente de Elias, sino del Bautista, que encarnaría su virtud y poder. Jesucristo dijo también que las palabras de Malaquías: "He aquí que envío mi ángel delante de ti, que preparará los caminos..."16, fueron escritas de Juan el Bautista17. El v.11 es muy incierto; el texto hebreo presenta una laguna y las antiguas versiones lo interpretan diversamente. El sentido parece ser el siguiente: Elias (Juan) vendría a preparar con su predicación los caminos del Señor, a quien habría de preceder inmediatamente. Serán felices quienes lo vean y quienes mueran en su amistad siguiendo su predicación, porque, preparados por ella, participarán de los beneficios que traerá consigo 18.
A Elias sigue en el ministerio profético su discípulo Elíseo, que heredó el espíritu de su maestro. Predicó con intrepidez el verdadero culto, frente a la idolatría y la impiedad, y profetizó lo que Yahvé le inspiró, sin dejarse intimidar por los mismos príncipes, desafiando sus iras 19. Nada parecía imposible al profeta. Realizó tantos y tales milagros, que es el taumaturgo del Antiguo Testamento. Cuando se encontraba en el lecho de muerte, anuncia a Joás, rey de Israel, las victorias que obtendría sobre los sirios 20. Y aun después de su muerte realizó obras maravillosas: habiendo sido arrojado un muerto al sepulcro de Elíseo, al contacto con sus huesos vuelve a la vida 21. Todo ello no obstante, la predicación y el ejemplo del profeta, sus prodigios y amenazas, aquel pueblo de dura cerviz continuó aferrado a la idolatría y consiguientes impiedades, sin convertirse a Yahvé, por lo que tuvo que enviarles el castigo definitivo. No mucho después Israel partía para el destierro 22.
Exequias e Isaías (48:17-28)
17 Pero quedó Judá, aunque reducido a poco, y príncipes de la casa de David. 18 Algunos de ellos hicieron lo que es grato a Dios, pero otros se llenaron de iniquidad. 19 Ezequías fortificó su ciudad e introdujo las aguas de Geón dentro de ella. Con el hierro excavó la roca y edificó estanques para las aguas. 20 En sus días subió Senaquerib, y envió a Rabsaces, que levantó su mano contra Sión, y en su soberbia blasfemó contra Dios. 21 Se estremecieron entonces sus corazones y sintieron dolores como de parto. 22 e invocaron al Señor misericordioso y tendieron hacia él sus manos, y al instante los oyó el Santo desde el cielo, 23 y los libró por mano de Isaías. 24 Hirió el ángel del Señor el campo de los asirios, y su derrota se tornó en desordenada huida, 25 porque hizo Ezequías lo que es grato al Señor y siguió los pasos de David, su padre; los preceptos que le dio Isaías, profeta, grande y verídico en sus oráculos. 26 En sus días hizo retroceder el sol y prolongó la vida del rey. 27 Con grande inspiración vio los tiempos últimos, y consoló a los que lloraban en Sión; hasta el fin de los tiempos anunció lo futuro, 28 y las cosas ocultas antes de que sucedieran.
A la destrucción del reino de Israel sobrevivió el pequeño reino de Judá, cuyos reyes descendían de la casa de David. Entre ellos los hubo, desde el punto de vida religioso, buenos y los hubo que siguieron el camino de la iniquidad. Entre los primeros sobresalieron Ezequías y Josías, a quienes Ben Sirac dedica un elogio.
Ezequías hizo "lo que es recto a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho David, su padre" 23. Una de sus principales preocupaciones fue fortificar la ciudad de Jerusalén a fin de que pudiese resistir el asalto de los enemigos; a este propósito "reparó las murallas, que habían sido destruidas; abrió en ellas torres y una antemuralla." 24 Y para asegurar el aprovisionamiento de aguas durante un posible largo asedio, llevó las aguas del Guijón a un estanque excavado dentro de la ciudad por medio de un túnel subterráneo, que con sus sinuosidades mide 512 metros de largo; en una de las paredes fue encontrada en 1880 la célebre inscripción de Siloé en que se da noticia de los trabajos de perforación 25.
Fue durante su reinado, el año 701, cuando Senaquerib, después de haber saqueado las ciudades de Judá, quiso apoderarse de Jerusalén, en que Ezequías se había fortificado. Desde Laquis, en que estableció su cuartel general, envía a Rabsaces a pedir la rendición de la ciudad, lo que hace en términos insolentes y blasfemos 26. Los habitantes de la ciudad se estremecieron ante los asirios que pusieron sitio a Jerusalén, y Ezequiel envió a decir a Isaías: "Es hoy día de angustia, de castigo y de oprobio, como si los hijos estuvieran para salir del seno de sus madres y no hubiera fuerza para el alumbramiento." 27 Los israelitas conceptuaban los dolores de parto como los más intensos de todos. El rey y los habitantes de la ciudad elevaron ardientes súplicas a Yahvé 28, quien por medio del profeta comunicó al rey la liberación de la ciudad 29. Aquella misma noche el ángel de Yahvé hirió en el campamento de los asirios a 185.000 hombres, lo que obligó a Senaquerib a levantar el asedio y regresar a Nínive 30. Se trata, sin duda, de una peste (TM) que hizo morir a miles de asirios. La liberación de la ciudad fue merecida por la fidelidad de Ezequías a Yahvé y por su docilidad a la palabra y a las exhortaciones de Isaías. Esta afirmación lleva a Ben Sirac a hacer un elogio de este profeta.
Isaías fue el gran profeta del Antiguo Testamento y uno de los hombres más eminentes de Israel. Por su boca pronunció Yahvé muchos oráculos, que tuvieron fiel cumplimiento. Hizo retroceder la sombra diez grados sobre el reloj de Ajaz a petición de Ezequías, como señal de que Yahvé había escuchado su oración y lágrimas y le prolongaba la vida quince años más 31. Vio con gran inspiración los tiempos futuros, anunció la virginidad de la madre del Mesías 32, describe cualidades y prerrogativas del mismo 33 y hasta llega a entrever los tormentos de su pasión 34. Se trasladó a los últimos tiempos en unos capítulos de género apocalíptico para describir la devastación universal, pintándonos la manifestación de la justicia de Dios contra la impiedad y su misericordia para con los justos 35. La segunda parte del libro consuela a los cautivos en Babilonia, a quienes promete la liberación y la restauración de la teocracia israelita.
1 Jn 5:35; Lc 1:17. — 2 1 Re 17:1; 18:1; 19:10.14.18. — 3 1 Re 18. — 4 2 Re i,io.i2. — 5 1 Re 17:21. — 6 1 Re 21:20-24. — 7 2 Re 1:16-17. — 8 2 Par 21:12-15. — 9 1 Re 19. — 10 1 Re 19:15; 2 Re 8:12; 9:1-6. — 11 2 Re 2:11. — 12 2 Re 23:11. Cf. el carro del sol conducido por Phaeton. — 13 4:5-6. — 14 Lc 1:17. — 15 Mt 17:10-13; Mc 9:10-12. — 16 3:1. 7 Mt 11:10; Mc 1:2. — 18 El texto griego dice: Dichosos quienes te han visto y los que se han dormido en el amor, pues nosotros también poseeremos la vida. Si el último estico expresa la fe en la resurrección, sería debido al traductor, en cuyo tiempo se habían desarrollado bastante las ideas que miran a la vida futura, como demuestra la literatura bíblica y apócrifa del siglo II. Cf. Dan 12:2-3. — 2 Re 3:13-15; 6:15.32; 8:10. — 20 2 Re 13:14-19. — 21 2 Re 12:21. — 22 2 Re 15:19; 17 — 23 2 Re 18:3. — 24 2 Par 32:5. — 25 2 Re 20,20; 2 Par 32:30; Is 22:11. — 26 2 Re 18:17-25; Is 36:6-20. — 27 2 Re 19:3. — 28 2 Re 19:15-19; Is 37:14-20. — 29 2 Re 19:20-34; 2 Par 32:20. — 30 2 Re 19:35-36; Is 37:26. — 31 2 Re 20:1-11; Is 38:8. — 32 7:14. — 33 C.7-9.
49. Otros Reyes y Profetas
Josías. Los reyes malos (49:1-8)
1 El nombre de Josías es como perfume oloroso preparado por un perfumista. 2 Su memoria es dulce como la miel a la boca y como la música en el banquete; 3 pues afligido por los extravíos del pueblo, quitó de en medio las abominaciones de la iniquidad. 4 Fue perfecto ante el Señor su corazón, y en los días de la iniquidad afirmó la piedad. 5 Fuera de David, Ezequías y Josías, todos los restantes incurrieron en pecado grandemente; 6 porque no siguieron la ley del Altísimo, los reyes de Judá, hasta el último. 7 Y así Dios los entregó en poder de otros, y su gloria a un pueblo necio y extraño, 8 y dieron al fuego la ciudad santa, y convirtieron en desierto los caminos que a ella llevaban.
Ben Sirac comienza su elogio con expresivas metáforas, alusivas al buen olor que exhala la virtuosa vida de Josías, cuyo nombre no puede ser recordado sin experimentar un grato sentimiento. Su nacimiento fue anunciado por un profeta i. Subió al trono a los ocho años de edad y reinó durante treinta y uno en Jerusalén 2, siendo modelo de fidelidad a Yahvé. El historiador bíblico hace de él el más grande elogio: "Antes de Josías no hubo rey que como él volviera a Yahvé con todo su corazón, y con toda su alma, y con todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; y después de él no le ha habido tampoco semejante." 3
Su amor y celo por la causa de Yahvé le hizo sentir profunda aflicción por los extravíos a que había conducido al pueblo la conducta impía de sus predecesores, Amón, su padre, y Manases, su abuelo, quienes hicieron el mal a los ojos de Yahvé, siguiendo todas las abominaciones de las gentes que Yahvé había arrojado ante los hijos de Israel 4. A los doce años de su reinado comienza la famosa restauración religiosa que lleva su nombre, destruyendo los altos, aseras, los altares de los baales, cuyos ídolos hizo pedazos5. Al año siguiente recibe su vocación Jeremías, que escribió durante su reinado los seis primeros capítulos de su libro, prestándole una ayuda maravillosa en su obra reformadora. Con ocasión del hallazgo del libro de la Ley6 se renueva la alianza, y el pueblo vivió religiosa y políticamente días felices, como hacía mucho tiempo no los conocía.
Todos los demás reyes, hecha excepción de David, Ezequías y Josías, fueron reyes negligentes o impíos, que no siguieron fielmente los caminos de Yahvé. El libro de los Reyes alaba a Asa, Josafat y Joás 7, y el de los Paralipómenos le aplica el habitual elogio: "hizo lo que es recto a los ojos de Yahvé, siguiendo los caminos de David." 8 Pero no los siguieron del todo. Asa puso su confianza más en los hombres que en Yahvé 9. Josafat socorría a los impíos y ayudaba a los que aborrecían a Yahvé 10. Joás se alió con el impío Ococías, rey de Israel, y no suprimió los altos 11. Por lo que Ben Sirac, de criterio más riguroso que los autores de los Reyes y Paralipómenos, los cuenta entre los que no siguieron fielmente los caminos de Yahvé. Los pecados de los reyes malos de Judá, que indujeron al pueblo a seguir sus impiedades, fueron la causa que motivaron la deportación de los judíos a Babilonia y la destrucción de Jerusalén y el templo por Nabucodonosor, rey de los caldeos, conforme a las predicaciones de Jeremías 12.
Jeremías. Ezequiel. Los profetas menores (49:9-12)
9 Según los vaticinios de Jeremías, a quien maltrataron, siendo el profeta consagrado desde el seno de su madre para arrancar, destruir y arruinar, para edificar, plantar y reforzar. 10 Ezequiel vio en visión la gloria, que el Señor le mostró sobre el carro de los querubes, 11 e hizo mención de Job, el profeta, que perseveró fiel en los caminos de la justicia. 12 También los doce profetas; florezcan sus huesos en sus sepulturas, porque curaron a Jacob y le confortaron con una segunda esperanza.
La mención precedente del vaticinio de Jeremías lleva a Ben Sirac a dar tres pinceladas de la vida del profeta: su elección por parte de Dios para el ministerio profético, hecha desde antes de su nacimiento 13; su misión profética, con su doble faceta negativa (ruina y destrucción de pueblos) y positiva (restauración de Israel) w, y la persecución y malos tratos con que sus enemigos intentaron rendir^ el ánimo del profeta, pero que lo fortalecieron e hicieron después invencible ante todo sufrimiento 15.
Ezequiel fue otro de los grandes personajes israelitas llamado al ministerio profético en aquella majestuosa visión de la gloria de Dios sobre el carro de los querubines con que comienza el libro de sus profecías. En él se hace mención de Job, lo que sirve de ocasión a Ben Sirac para hacer también elogio del patriarca, que pasó, con razón, a la posteridad como prototipo del hombre fiel a Yahvé en medio de las más grandes adversidades 16.
Con la expresión florezcan sus huesos (ν. 12) manifiesta su deseo de una gloria imperecedera a los doce profetas menores, cuya gloria ante Dios y el pueblo radica en haber mantenido a Israel apartado de la idolatrνa y la impiedad y confirmado con la esperanza de la restauraciσn mesiánica, que anunciaron en su predicación. Ben Sirac, como indican las enumeraciones precedentes, conoció todos los escritos proféticos, excepto Daniel, que, en consecuencia, formarían ya parte del canon judío. Del silencio acerca del libro de Daniel nada puede concluirse contra la no existencia de su libro cuando fue compuesto el Eclesiástico. Ben Sirac no intenta hacer una relación completa de personajes ilustres. Por lo demás, los judíos no incluían a Daniel entre los libros proféticos, sino entre los históricos, y los autores de éstos no son todos mencionados.
Otros Personajes Ilustres de Israel. Zorobabel y Jesús. Nehemías. Antiguos Patriarcas (49:13-19)
13 ¿Cómo engrandeceremos a Zorobabel, que era como un sello en la mano derecha? 14 Y lo mismo a Jesús, hijo de Josedec, que en sus días reedificaron el altar y erigieron el templo santo, destinado a una gloria eterna. 15 También Nehemías, cuya memoria sea gloriosa, levantó nuestras ruinas, y reedificó nuestras casas arruinadas, puso puertas y cerrojos. 16 Pocos en la tierra como Henoc, que fue trasladado de la tierra. 17 Y no hubo ningún nacido como José, que fue señor de sus hermanos, sustentador de su pueblo, 18 cuyos huesos fueron cuidadosamente traídos. 19 También Sem, Set y Enós son celebrados; y sobre todos cuantos han vivido es la gloria de Adán.
Entre los que volvieron de la cautividad merecen una especial mención Zorobabel, gobernador de Judá, y Jesús, como sacerdote, quienes, por encargo de Dios transmitido por el profeta Ageo, llevaron a cabo la restauración del templo, cuya gloria superaría a la del primero 17, pues sería centro de peregrinación de todas las gentes en los días mesiánicos. De Zorobabel dice que era como sello en la mano derecha; el sello, que se llevaba primero colgado al cuello o atado a la muñeca 18, se fijó después al dedo con un hilo de metal, lo que dio origen al sello en forma de anillo, y era una cosa muy preciosa y estimada, que se llevaba consigo siempre. Dios mismo empleó este simbolismo hablando de Zorobabel, elegido suyo 19.
Digno de gran gloria estima Ben Sirac a Nehemías, quien, habiendo obtenido el debido permiso de Artajerjes, llevó a cabo, en medio de no pocas dificultades, la restauración de la ciudad santa, levantando las murallas y construyendo sus puertas 20.
Terminada la serie de los ilustres personajes mencionados por orden cronológico, sin que veamos conexión lógica con lo que precede o sigue, se remonta a los orígenes del pueblo y de la humanidad para mencionar y hacer elogio de hombres beneméritos de aquellas épocas remotas (v. 16-19). Henoc, de quien ya antes hizo referencia 21. Jose, que, con ocasión de su venta por parte de sus hermanos y su bajada a Egipto, vino a ser virrey de este país, señor de sus hermanos, y sustentó a su pueblo, que bajaba a Egipto en busca de provisiones en los años de hambre. Conforme a su deseo, cuyo cumplimiento hizo jurar a los hijos de Israel, sus restos fueron trasladados de Egipto a la tierra prometida y más tarde sepultados en Siquem 22. Sern fue el hijo primogénito de Noé; de él provienen los semitas, y, por tanto, los patriarcas del pueblo escogido, contándose, en consecuencia, entre los ascendientes del Mesías 23. Set, hijo de Adán y Eva, nacido después de la muerte de Caín, heredó el espíritu de su hermano Abel y fue el padre de la generación patriarcal que se mantuvo fiel a Yahvé 24. Enós es también digno de alabanza, pues fue el primero que comenzó a invocar el nombre de Yahvé, es decir, a darle culto público a Dios 25. Pero sobrepasa, naturalmente, a todos en gloria Adán, salido inmediatamente de las manos de Dios y padre de todo el género humano.
1 1 Re 13:2. — 2 2 Re 22:1. — 3 2 Re 23:25. — 4 2 Re 21:2.20. — 5 2 Re 23; 2 Par 34 — 6 2 Par 34:14. — 7 1 Re 15:11-23; 22:43; 2 Re 12:3. — 8 71 17:3; 24:2. — 9 1 Re 15:14; 2 Par 16:7.12. — 10 2 Par 19:2. — 11 2 Par 20:33.37. — 12 2 Re 25; 2 Par 36:15-21; Jer25:9; 52:13. — 13 Jer i 5 — 14 Jer 1:10-11. — 15 Jer 15:10-20; 17:12-18; 18:18-23; 20,28-38; 37:14; 38:4. — 16 Ez 14:14.20. El texto griego da otra lección: Y él habló de "los enemigos" (de Dios) en el anuncio de un aguacero impetuoso y del bien que Dios reserva a quienes siguen las rectas sendas. Cf. Ez 13:13; 38:22; 39:25. El hebreo pudo confundir el nombre de Job: 'iyób, con enemigos: Oyéb. — 17 Ag 2:8.10. — 18 Cf. Jer 22:24; Ag 2:23; Gant 8:6. — 19 Ag 2:24. — 20 Neh 2:1-8; 2:17-18; 7:1-3. — 21 44:16. — 22 Gen 50:20; Ex 13:19; Jos 24:32. — 23 Gen 11:10-26. — 24 Gen 4:25. — 25 Gen 4:26. El texto griego lee, en lugar de y Enós, "entre los hombres." Ha confundido wé'*nos con bé'*nosh.
50. Elogio de Simón, Sumo Sacerdote
1 Príncipe de sus hermanos y gloria de su pueblo fue Simón, hijo de Onías, sumo sacerdote. En su vida fue restaurada la casa y en sus días fue consolidado el templo. 2 En su época fue cavado el estanque, depósito semejante al mar por la cantidad de sus aguas. 3 En sus días fue edificado el muro y torres de refuerzo como en palacio real. 4 Protegió a su pueblo contra los ladrones y aseguró su ciudad contra los enemigos. 5Qué majestuoso cuando salía del santuario, cuando se adelantaba de detrás de la cortina! 6 Como la estrella de la mañana entre nubes, y como la luna llena en los días del plenilunio; y como el sol radiante sobre el templo del Altísimo, 8 y como el arco iris, que se aparece en las nubes; como flor entre el ramaje en los días primaverales, como azucena junto a la corriente de las aguas; como las flores del Líbano en los días de verano, 9 y como el incienso que arde sobre la ofrenda; como vaso de oro finamente trabajado 10 y enriquecido con piedras preciosas; 11 como el verde olivo cargado de fruto, como ciprés que se alza hasta las nubes, cuando se ponía los ornamentos de su gloria y se vestía con las ropas suntuosas; 12 cuando subía al altar majestuoso y hacía resplandecer los ámbitos del santuario; 13 cuando recibía de sus hermanos las porciones de la víctima y estaba en pie junto al fuego, rodeado de una corona de hijos, como renuevos de cedro en el monte Líbano. 14 Como sauces le rodeaban en su majestad todos los hijos de Aarón; 15 teniendo en sus manos las ofrendas del Señor, ante toda la congregación de Israel, hasta acabar el servicio del altar y acabar el sacrificio al Altísimo. 16 Tendía su mano a la libación y ofrecía la sangre de la vid, 17 y derramaba al pie del altar la sangre de olor agradable al Soberano Altísimo, 18 Tocaban entonces los hijos de Aarón las trompetas de metal laminado y levantaban un fuerte sonido para avisar que se hallaban ante el Altísimo. 19 Entonces todo el pueblo a una se apresuraba a caer rostro a tierra para adorar al Señor Altísimo, al Santo de Israel. 20 Y los cantores hacían oír su voz y en el vasto templo resonaba la dulce melodía, 21 y clamaba todo el pueblo de la tierra orando ante el Misericordioso, hasta acabarse el servicio del altar y terminar el culto prescrito. 22 Entonces Simón, bajando, levantaba sus manos sobre la congregación de los hijos de Israel para dar con sus labios la bendición de parte de Dios y gloriarse en su nombre. 23 De nuevo se postraban en tierra para recibir de él la bendición: 24 Ahora bendecid al Señor, Dios de Israel, que hace maravillas en toda la tierra, que forma al hombre en el seno materno y le hace según su voluntad. 25 Concédanos El la sabiduría del corazón y haga reinar la paz en nuestros días. 26 Que su misericordia permanezca con Simón y mantenga firme el pacto de Fines. Que no sea roto el pacto con él ni con su descendencia por los días del cielo.
Un entusiasta y extenso elogio de Simón II, sumo sacerdote, pone fin a los panegíricos de hombres célebres en Israel. Ben Sirac conoció, sin duda, los hechos del pontífice y contempló con sus ojos las actuaciones sacerdotales en el templo, que debieron impresionarle grandemente.
Hecho prisionero Jonatán, sucesor de Judas Macabeo, Simón II, su hermano, asume la defensa del pueblo frente a Trifón, que tutelaba a Antíoco VI. Moviliza todos los hombres de guerra y concluye los muros de Jerusalén, que queda fortificada toda en derredor 1. Trifón no pudo llegar a la ciudad, en cuya ciudadela resistían asediados los gentiles, debido a la resistencia que dondequiera que aparecía le presentaba Simón y a una nevada, por lo que se retira a su tierra 2. Simón, preparados sus guerreros, fortifica el monte del templo que está próximo a ella y da mayor altura a las murallas 3. El destronado rey Demetrio, que se alzó contra Trifón, viendo que los romanos consideraban como amigos a los judíos y queriendo contar con el apoyo de Simón, le confiere el sumo sacerdocio, otorgándole grandes honores 4. Los judíos y sacerdotes, a su vez, resuelven instituirlo caudillo de los judíos y sumo sacerdote por siempre, mientras no aparezca un profeta digno de fe 5. Durante toda su vida, toda la tierra de Judá disfrutó de paz y prosperidad. Simón restauró y consolidó el templo. Reconstruyó el gran pilón de bronce, que sostenían doce figuras, semejante al mar por sus grandes dimensiones6, depósito de agua para los servicios del templo. Construido por Salomón, fue destruido por los babilonios. Además de las obras encaminadas a la defensa de la ciudad, procuró defender el país de las incursiones de los samaritanos y seléu-cidas, encaminadas al saqueo y pillaje.
Pero hay en Simón algo todavía más admirable para Ben Sirac que el valiente guerrero o el hábil restaurador: la magnificencia con que, como sumo sacerdote, realizaba las funciones litúrgicas en el día de la Expiación, único día en que el sumo sacerdote entraba en el sancta sanctorum'7. Hasta diez comparaciones (v.6-11) emplea Ben Sirac para poner ante nuestros ojos la impresión maravillosa que hacía sentir cuando, saliendo del santuario, se aparecía ante la multitud adornado de los ricos y majestuosos ornamentos sacerdotales. Su esplendor semejaba al lucero de la mañana, que, aureolado de nubes, hace más rico su esplendor; a la luna cuando majestuosa se pasea por los cielos en los días de plenilunio; al sol radiante de esplendor, a quien no se puede mirar directamente, sino sólo contemplar la proyección de sus rayos, que doran las paredes del templo; al arco iris, que con sus vivos colores surca majestuosamente el firmamento. La belleza de sus ornamentos recuerda la flor lozana entre el frondoso ramaje; la azucena, que se yergue fresca y encantadora junto a las aguas; Zas flores del Líbano, bañadas por los rayos brillantes del sol. Su majestuosidad evoca el incienso, que, depositado sobre el fuego, eleva una nube de humo al cielo; el ciprés, que quiere alcanzar con su copa las nubes. La riqueza de sus vestiduras recuerda un vaso fino adornado de piedras preciosas, y su vida virtuosa y benéfica, cargada de méritos ante Yahvé y su pueblo, recuerda el olivo cargado de frutos.
Solemne era también la subida majestuosa al altar de los holocaustos, ante la que los ámbitos del santuario parecían resplandecer como heridos por los rayos de su esplendor. Y digno de contemplarse el espectáculo que ofrecía Simón cuando se encontraba rodeado de los sacerdotes que le presentaban las víctimas del holocausto; revestidos también ellos de sus ornamentos sacerdotales, formaban en torno suyo como una corona de hijos que rodea al padre, semejando al cedro cercado de retoños8 o a una gran palmera, a quien hacen cortejo cantidad de palmas que arrancan de sus mismas raíces 9. Impresionante el momento de la libación del vino que el sumo sacerdote derramaba al pie del altar 10; era el momento en que los hijos de Aarón hacían resonar fuertemente las trompetas n para recordar al pueblo que se hallaba en la presencia del Altísimo; entonces los cantores entonaban dulces melodías 12, mientras el pueblo, que había caído rostro en tierra en acto de adoración a Yahvé, elevaba su plegaria ante el Dios misericordioso, permaneciendo en su actitud de oración hasta terminadas las ceremonias del altar. Terminadas éstas, el sumo sacerdote, en un final lleno también de emoción, impartía su bendición al pueblo, que de nuevo se había postrado en tierra para recibirla. Era ésta la única en todo el año en que el pontífice de la antigua ley pronunciaba el nombre de Yahvé.
Concluye Ben Sirac su elogio a los padres del pueblo escogido con una exhortación a bendecir a Dios, que dio a Israel tan grandes hombres, y a todo hombre la vida ya en el seno materno, bendición que viene a ser una acción de gracias que dispondrá a Dios a continuar por su parte bendiciendo al pueblo elegido. Implora para él la sabiduría, objeto principal del libro, que es inteligencia y cumplimiento de sus enseñanzas, y la paz para poder practicarlas con toda libertad. Añade en su oración una plegaria por la permanencia del pacto de Dios con Fines, de perpetuar en su descendencia el sacerdocio y la misericordia sobre Simón, que en sus días ostentaba el sumo sacerdocio. Probablemente Ben Sirac adivinaba los días turbulentos que se avecinaban. El sucesor de Simón II, Onías III, fue suplantado por Jasón, su hermano, hacia el 175, el cual lo fue tres años más tarde por Menelao, de la tribu de Benjamín, ajena al sacerdocio, que lo consiguió de Antíoco Epífanes. Onías moría después alevosamente, siendo él el último de su raza que poseyó el sumo pontificado, que pasó luego a los asmoneos 13.
Razas odiosas (50:27-28)
27 Dos pueblos me son odiosos, y un tercero, que ni siquiera es pueblo: 28 los que moran en la montaña de Seir y los filisteos y el pueblo necio que habita en Siquem.
A la bendición que implora para el pueblo israelita parece oponer Ben Sirac la de tres pueblos limítrofes que fueron sus más hostiles enemigos, dignos por lo mismo de castigo por parte de Yahvé. Tal vez hay en la mención de estos pueblos en este pasaje, que, si bien parece fuera de contexto, está atestiguado por todos los manuscritos y versiones, una plegaria implícita al Señor solicitando su protección frente a ellos. Los idumeos, descendientes de Esaú, ocupaban el territorio de Hebrón, al sur del mar Muerto. Enemigos tradicionales de Israel, fueron después de la cautividad los más encarnizados de todos ellos, y, por lo mismo, fueron objeto de maldición varias veces por parte de los profetas 14. Los filisteos eran otro pueblo tradicionalmente enemigo de Israel. Vencidos por David, conservaron siempre una sorda enemistad contra los hebreos. En sus regiones costeras triunfó plenamente la cultura helénica, que hizo de sus ciudades baluarte de paganismo, lo que añadió al odio y a sus prácticas idolátricas un nuevo título de aborrecimiento para los israelitas. Pero el pueblo más odioso a los judíos eran los samaritanos, que habitaban los montes de Efraím, con capital en Siquem. La enemistad se remonta a los orígenes mismos del pueblo samaritano, mezcla de los israelitas que quedaron en el país y los gentiles enviados allí por los asirios con el fin de ocupar el lugar de los deportados, lo que dio origen a diversas mezclas de prácticas de la Ley y prácticas paganas, que no pudieron ver con buenos ojos los judíos fieles a la Ley mosaica 15. La enemistad se acentuó al rehusar los judíos la colaboración ofrecida por los samaritanos para la reconstrucción del templo 16 y llegó al colmo al hacer los samaritanos del templo de Garizim el centro del culto cismático rival del de Jerusalén 17.
Epilogo (50:29-31)
29 Doctrina sabia y sentencias prudentes consignó en este libro Jesús, hijo de Sirac, de Jerusalén, que derramó en él la sabiduría de su corazón. 30Dichoso el hombre que la medita; y el que la guarda en su corazón será sabio; 31 pues el que así haga triunfará en todo, porque el temor del Señor es su camino.
En estos versos se hace la presentación del autor, a quien ya conocemos: "Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirac," como dice el T.H. Se consigna el elogio de las enseñanzas contenidas en su libro, llenas de sabiduría y prudencia; se concluye con una recomendación a su atenta meditación. Es verdaderamente dichoso quien las sigue, porque camina por la senda del temor de Dios, principio de la verdadera sabiduría, que conduce a la felicidad. Podrá recorrer las tierras y surcar los mares, pues dondequiera le acompañará el favor de Yahvé, que hará prosperar sus caminos.
1 Mac 13:10. — 2 1 Mac 13:20-24. — 3 1 Mac 14:37. — 4 1 Mac 14:38-39. — 5 1 Mac 14:41-47. — 6 1 Re 7:23. — 7 Lev c.16. Cf. B. Celada, El velo del Templo St'r. 50;.·GultBib 15 (1958) 109-12. — 8 Sal 128:3; Prov 17:6. — 9 Lev 23:40. — 10 Núm 15:5; 28:7-10.14; 2 Sam 23:26. — 11 Núm 10:2.10; 2 Par 7:6; 29:27. — 12 2 Par 29:28. — 13 2 Mac 4:34. Esta es, sin duda, la razón por la que el traductor griego suprimió en su versión el nombre de Simón e introdujo la súplica de liberación, concluyendo: Que su misericordia permanezca fielmente con nosotros y que nos libre de nuestros días. — 14 1 Mac 5:65; Ez 25:12-14; Abd 1:1-11; Mal 1:2-5; Sal 52; 138:7. — 15 2 Re 17:25-28. — 16 Esd 4:1-5. — 17 Jn 4:20.
51. Apéndice
Consta de tres partes: Una "acción de gracias" de Ben Sirac al Señor por los muchos peligros de que le ha librado, que tiene gran parecido con el salmo 18 de David y su cántico de 2 Sam 22. Una "letanía," tomada del texto hebreo, y que se halla inspirada en los salmos 117:1-4 y 136. Y un "poema" en que el autor explica cómo buscó desde su juventud, con esfuerzo y sacrificio, la sabiduría que el Señor le concedió, concluyendo con una exhortación final a su estudio.
Oración y acción de gracias (51:1-17)
1 Te doy gracias, Señor y Rey mío; te alabaré, Dios de mi salud. 2 Y confesaré tu nombre, porque has sido mi protector y mi socorro 3 y libraste mi cuerpo de la muerte, y mi pie del poder del sepulcro. Me libraste de la maledicencia pública, i del azote de la lengua calumniosa, y contra mis adversarios fuiste mi socorro. 4 Me libraste, según tu misericordia, del rechinamiento de los preparados a devorarme, 5 del poder de los que atentaban contra mi vida, de las muchas tribulaciones que me acosaban, 6 de la asfixia de las llamas que me envolvían, y en medio del fuego no me quemé. 7 Del profundo seno del sepulcro, de la lengua malvada, de los discursos embusteros, de las saetas de la lengua mentirosa. 8 Estaba mi alma al borde de la muerte, 9 y mi vida próxima al profundo sepulcro. 10 Me volví a todas partes, y no hallaba ayuda; miré buscando socorro humano, mas en vano. 11 Pero me acordé, Señor, de tu misericordia, de tu antigua conducta, 12 de que salvas a los que en ti esperan y los libras de todo mal. 13 Y alcé entonces mi voz y te rogué a las mismas puertas del sepulcro. 14 Y clamé al Señor Altísimo: "Señor, tú eres mi padre, el campeón de mi salud; no me abandones en el día de la tribulación, en el día de la ruina y de la devastación. 15 Alabaré continuamente tu nombre y en mi acción de gracias te cantaré." Escuchó el Señor mi oración, 16 me salvó de la ruina y me sacó de todo mal. 17 Por esto te daré gracias y te alabaré, y bendeciré el nombre de Señor:
Comienza invocando a Yahvé, Señor y Rey 1, y alaba su poder y salvador, porque lo ha librado de muy graves peligros. Ciertas alusiones del libro permiten conjeturar que éstos tuvieron lugar durante sus viajes y estancia en el extranjero, tal vez en alguna corte 2. El texto griego, que habla de calumnias falsas junto al rey 3, hace pensar que el odio de sus enemigos, descrito metafóricamente como un rechinamiento de dientes (v.4), tramó calumnias e intrigas ante el rey, que pusieron en muy serio peligro su vida y le hicieron pasar por tremendas tribulaciones, que simboliza con el fuego y asfixia de las llamas (v.6). La liturgia aplica este verso a los mártires que sufrieron la prueba del fuego, como San Lorenzo.
Abandonado a su suerte, sin alguien que le prestase apoyo humano, levanta su corazón a Yahvé e implora renueve en él la conducta misericordiosa que ha observado con quienes en él confían 4. En su oración le invoca como Padre, constatación de unas relaciones individuales más íntimas de los israelitas para con Dios, invocado antes más bien como padre del pueblo 5, como su invencible protector, de cuyas manos nadie puede arrancar su vida si lo quiere salvar. Y constata que, librado de los peligros, alabará su poder y misericordia y bendecirá su nombre6. Yahvé libró a Ben Sirac de las asechanzas que le tendían sus enemigos, y él, en cumplimiento de su palabra, bendice a Yahvé y entona un himno de acción de gracias.
Discuten los autores si esta oración de acción de gracias ha de ser tomada en sentido individual, como expresión de los sentimientos de Ben Sirac, o en sentido colectivo, como si el sabio hablase en nombre del pueblo, como interpreta Rábano Mauro, Knabenbauer y otros. Nos parece más probable que Ben Sirac habla de sí mismo, refiriéndose a una época dramática de su vida, si bien los sentimientos expresados cuadran muy bien al pueblo de Israel, como también al nuevo pueblo de Dios, la Iglesia cristiana, sometidos uno y otra tantas veces a tribulaciones y liberados otras tantas por la mano misericordiosa de Dios. La liturgia cristiana aplica esta perícopa a las vírgenes mártires.
Himno de Acción de Gracias
Alabad al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Alabad al Dios de las alabanzas, porque es eterna su misericordia. Alabad al Señor, escudo de Israel, porque es eterna su misericordia. Alabad al Criador del universo, porque es eterna su misericordia. Alabad al libertador de Israel, porque es eterna su misericordia. Alabad al que reúne los dispersos de Israel, porque es eterna su misericordia. Alabad al edificador de su ciudad y su santuario, porque es eterna su misericordia. Alabad al que hizo brotar el cuerno de la casa de David, porque es eterna su misericordia. Alabad al que eligió a los hijos de Sadoc para el sacerdocio, porque es eterna su misericordia. Alabad al escudo de Abraham, porque es eterna su misericordia. Alabad a la Roca de Isaac, porque es eterna su misericordia. Alabad al Fuerte de Jacob, porque es eterna su misericordia. Alabad al que eligió a Sión, porque es eterna su misericordia. Alabad al Rey de los reyes grandes, porque es eterna su misericordia y exaltó el cuerno de su pueblo para gloria de todos sus fieles, los hijos de Israel, el pueblo que a El se llega. ¡Aleluya!
Entre los v.1y y 18 se intercala este himno, que se encuentra solamente en el texto hebreo; falta en todas las versiones antiguas. Por ello discuten los autores sobre su autenticidad. La afirman Knabenbauer, Touzard7. La mayoría, con Spicq, Kearks, la Bib. de ]ér. la niegan, basándose en su inexplicable falta en las versiones griega y siríaca. Presenta todos los rasgos de una plegaria litúrgica de carácter judío, compuesta para la liturgia a base de referencias bíblicas 8.
El autor reúne en este himno, inspirado en el salmo 136 9, una serie de títulos inspirados todos ellos en los libros sagrados que resume la historia de la misericordiosa protección de Yahvé para con su pueblo, por lo que comienza proclamando a Yahvé digno de Alabanza por antonomasia, y repite en cada verso la alabanza a la misericordia divina.
Creador del universo, ha escogido entre todos los pueblos de la tierra, obra también de sus manos, a Israel, y ha sido desde los patriarcas hasta los días de Ben Sirac quien ha guardado y defendido su pueblo. El fue ya escudo de Abraham, como se lo prometió después de la liberación de Lot10, dispensando una especial protección sobre el santo patriarca; roca de Isaac, que aceptó con resignación el sacrificio que le hizo, figura de Cristo, y a quien prometió providencia semejante 11; fuerte de Jacob, a quien prometió su ayuda adondequiera que fuera 12 y venció en su lucha con el ángel13.
Yahvé sacó a Israel, que se había formado pueblo numeroso en Egipto, de la esclavitud de los faraones, lo llevó a la tierra prometida 14 y lo hizo un pueblo poderoso bajo el reinado de David, que extendió los límites de Israel a términos nunca sobrepasados 15. Escogió para centro y capital de su reino teocrático a Sión 16, edificó su ciudad y su santuario por medio de los grandes reyes David y Salomón. Liberó de nuevo de la cautividad a los hijos de Judá deportados en Babilonia y reunió en la tierra prometida a los dispersos, reedificando la ciudad y el santuario 17. Yahvé, rey de reyes, expresión frecuente en el Talmud, ha exaltado a su pueblo escogido, concediéndole una gloria singular no otorgada a otros pueblos, por lo que merece, por su parte, todo honor y alabanza.
Celo del autor por la sabiduría (51:18-38)
18 Siendo yo joven y antes que me extraviase me di a buscar sinceramente la sabiduría. 19 En mi oración la pedí y hasta el fin la busqué. 20 Floreció, maduró como racimo, y se regocijó en ella mi corazón, y caminó mi pie por senda llana, y desde mi juventud me abracé a la sabiduría. 21 Apliqué a ella mi oído y la recibí. 22 Y hallé para mí mucha ciencia e hice en ella grandes progresos. 23 Me mostré reconocido al que me enseñó la sabiduría 24 y me propuse obrar según ella; me esforcé por seguir el bien, y no me avergonzaré de ello, 25 Mi alma se aficionó a ella y nunca le volveré el rostro. 26 Extendí mis manos a lo alto y la hallé en toda su pureza. 27 Jamás por la eternidad me apartaré de ella. 28 Desde el principio adquirí por ella le inteligencia, y por eso no la abandonaré jamás. 29 Mis entrañas se encendían contemplándola, y por eso la adquirí y la tuve por bella adquisición. 30 El Señor me dio en recompensa el don de la palabra, y con ella le alabaré. 31 Acercaos a mí los que carecéis de instrucción y frecuentad mi escuela. 32 ¿Hasta cuándo habréis de carecer de este bien, y vuestras almas han de tener sed? 33 Yo abro mi boca y hablo para comunicaros de balde la sabiduría* 34 Inclinad a su yugo vuestro cuello, y vuestra alma reciba la instrucción. Cerca está de quien la desea, y el que se entrega a ella la hallará. 35 Ved con vuestros ojos cuan poco me he fatigado yo, y hallé en ella gran descanso. 36 Oíd mis instrucciones cuanto más podáis, y la adquiriréis sin oro ni plata. 37 Alégrese de mi enseñanza vuestra alma, y no tendréis que avergonzaros al oír mi canto. 38 Haced vuestra obra a tiempo, y en su día el Señor os dará la recompensa.
Concluye el último capítulo con un poema alfabético, como el libro de los Proverbios, en que el autor refiere sus esfuerzos por alcanzar la sabiduría, presenta los frutos por ella obtenidos e invita a todos a escuchar sus enseñanzas, con las que obtendrán idénticos beneficios. El texto hebreo deja mucho que desear, y los manuscritos dan un texto defectuoso; difiere mucho del griego y tiene muchas semejanzas con el siríaco. El contenido, que se encuentra ya en otras partes del libro 18; los hapax, locuciones y construcciones numerosas (25 en 21 versos) que no se encuentran en el libro, tal vez el deseo también de contrarrestar el pesimismo de los primeros capítulos de Cohelet19, ha hecho incluso pensar a algunos que un epiloguista, no contento con la breve conclusión de 50:29-31, añadió ésta, más amplia.
Siendo aún joven, antes de que su mente se perdiese en vanas filosofías y su corazón se extraviase por las sendas del pecado — ¡preciosa advertencia sobre la edad a que debe comenzar la educación! —, el autor se dio a la adquisición de la sabiduría. Su primer paso fue la oración a Dios. La sabiduría es un don suyo, y la otorga a quienes se la piden con humildad y un corazón sincero. Fue la actitud sabiamente observada por Salomón 20. A su oración unió el esfuerzo personal, aplicando su oído a las enseñanzas de la sabiduría, no escatimando trabajo por su adquisición y procurando la práctica de aquéllas a medida que las iba aprendiendo, pues la virtud — y ésa es la auténtica sabiduría — no se aprende con especulaciones teóricas, sino con el ejercicio de la misma 21. Dios oyó su oración y premió sus esfuerzos otorgándole la sabiduría. El autor, al comprender su encanto y percibir sus beneficios, ha quedado de tal modo prendado de tan bella adquisición, que nadie lo podrá ya separar de su compañía. Todo ello ha provocado en él un triple sentimiento: un agradecimiento profundo a Dios, que le otorgó la sabiduría, la decisión firme de llevar siempre a la práctica las enseñanzas aprendidas, una profunda alegría y emoción profunda porque ha encontrado la verdadera felicidad.
Ben Sirac recibió, además, como recompensa, la facultad de expresar con acierto y elocuencia la sabiduría aprendida (ν.30) 22, por lo que se ha decidido a alabar con ella a Dios, haciendo a los demás partícipes de la sabiduría que le ha sido comunicada a él. Y así hace una invitación a aprender y poner en práctica sus enseñanzas, bien sea con la lectura y estudio de su libro, bien en su propia casa, conforme a la práctica que se desarrolló después del destierro, de enseñar los doctores a sus alumnos en su propio hogar, que se convertía por lo mismo en "casa de instrucción," bet hammidrash. No les será preciso poseer riquezas, pues que la sabiduría no se compra con dinero23, y era costumbre de los escribas no exigirlo por sus lecciones sobre el texto sagrado. Ni es necesario un gran esfuerzo para alcanzarla; supone, sí, lucha y vencimiento al principio24; pero, cuando se han percibido los frutos, todo se considera pequeño y por bien empleado. Lo confirma el autor con su propio ejemplo. Lo que hace falta es sentir un deseo ardiente por tan inmenso bien, buena voluntad 25 y someterse con gusto a la disciplina u observancia de los mandamientos 26. Quien siente aquélla y pone en práctica éstos verá saciada su sed, porque la sabiduría está cerca y como ofreciéndose a todos los hombres, pues tiene sus delicias en estar con ellos 27. La Sabiduría encarnada invitaría a acercarse a ella a cuantos tuvieran sed, prometiéndoles una fuente de aguas vivas que saltaría hasta la vida eterna 28.
Con una última y más apremiante exhortación y una doble piomesa concluye el libro. La exhortación a aprender las enseñanzas de la sabiduría en el libro o en la "escuela de instrucción" y a practicarlas a su debido tiempo, comenzando en la juventud y continuando durante toda la vida. La promesa de los "frutos" que describen continuamente los sapienciales 29, simbolizados aquí en los más preciosos metales, que, materialmente considerados, son casi siempre también fruto de la habilidad, prudencia y tenacidad, compañeras de la sabiduría. Y la recompensa por parte de Dios, que puede referirse a la recompensa individual o a la del juicio final 30. El autor la afirma con la indeterminación de los libros sapienciales. Tiene conciencia cierta de ella, pero ignora el modo como se realizará, dado que los premios y castigos de esta vida no responden siempre a la virtud y al pecado. Así, Ben Sirac concluye, como el autor de Proverbios y Cohelet, con la añoranza de nuevas revelaciones que se encuentran ya en el libro de la Sabiduría que le sigue cronológicamente.
Una adición del T.H., no auténtica, y en la que el nombre de Simeón es una interpolación, recoge los sentimientos de alabanza a Yahvé de la última parte del Eclesiástico:
Bendito sea el Señor siempre y alabado sea su nombre por todas las generaciones. Hasta aquí las palabras de Simeón, hijo de Jesús, llamado Ben Sirac. La sabiduría de Simeón, hijo de Jesús, hijo de Eleazar, hijo de Sirac. Bendito sea el nombre del Señor ahora y siempre por la eternidad.
1 2 Mac 1:24; Sal 145:1. — 2 34:12-13; 39:4-5· — 3 El texto griego dice: 5 de las entrañas de las profundidades del hades y de la lengua impura y de la palabra mentirosa: 6 calumnia de una lengua injusta junto al rey. — 4 Is 59:16; 63:5; Sal 121:7. — 5 Sal 23:1-4; 89:27. — 6 Prov 18:10. — 7 Touzard, RB (1900) 52. — 8 Cf. la plegaria judía de las Dieciocho bendiciones', th. Vargha, De Psalmo hebraico Ecclesiastici LI: Antón (1935) sss. — 9 Cf. además Sal 115:9-11; Dan 3:52-90. — 10 Gen 15:1. — 11 Gen 26:3. — 12 Gen 28:15. — 13 Gen 32:24-32. — 14 Is43:1; 44:6; 49:7- — 15 47:6; Ez 29:21; Sal 132:17. — 16 Sal 132:13. — 17 Is 44:28; Sal 147:2. — 18 Cf. 6:18-37; 14:22; 15:10. — 19 Compara Ecl 1:13-18 con Eclo 51:18-30; 2:8 con 51:31.36; 2:11.13 con 51:22-23. — 20 1 Re 3:6-9; Sab 7:7; 8:19; 9:18. — 21 El texto hebreo añade al v.25: Mí mam abrió su puerta, entré y miré fijamente sobre ella. — 22 Cf. 24:31-37; 37:19-26; 39:1-12. — 23 Prov 4:7; 17:16; cf. Is 55:1-4. — 24 4:19; 6:23-26. — 25 7:13- — 26 6:24-29; Mt 11:29-30. — 27 Prov 8:1-11.31; Sab 6:13-17. — 28 Jn4,i3- — 29 Prov 3:13-15; 8:10-21; Sab 7:7-12. — 30 Ecl 12:24.