1. Opresión de los Israelitas en Egipto
Este c.1 debe considerarse como introducción al libro del Éxodo y como puente de transición del relato de los patriarcas en el Génesis al de la suerte de los israelitas en Egipto. Repetidas veces promete el Señor a los patriarcas la multiplicación de su descendencia, en la cual habían de ser bendecidas todas las naciones de la tierral 1. En la rica tierra de Egipto había de comenzar a realizarse la promesa. Para que esto resulte más claro, varias veces se nos refiere que sólo unas setenta personas formaban la familia de Jacob cuando vino a establecerse a orillas del Nilo 2. También el Señor había anunciado a Abraham que su descendencia había de servir en tierra extranjera 3. José, al morir, había anunciado a sus hermanos que Dios los visitaría y los haría retornar al país que había jurado dar a Abraham, a Isaac y a Jacob 4. El autor del libro del Éxodo, pues, quiere mostrar cómo se han cumplido estas promesas. En los planes de la Providencia divina, este período de servidumbre de su pueblo en tierra extranjera tenía por finalidad formar su conciencia nacional, aislado en la parte oriental del Delta egipcio. Si los descendientes de Jacob hubieran permanecido siempre en Canaán, habrían sido absorbidos por la población autóctona, de cultura superior. Pero las exacciones que Israel tuvo que sufrir en Egipto sirvieron para reforzar su conciencia nacional, aislándolo del ambiente fácil. Por otra parte, el aislamiento que habría de experimentar en las estepas del Sinaí habría de contribuir sobremanera a crear una psicología religiosa y nacional especial, que iba a ser la gran defensa contra la posible absorción étnico-religiosa de parte de los pobladores de Canaán cuando Israel volviera a la tierra de los antiguos patriarcas. El autor sagrado — con un sentido teológico providencialista de la historia — trata en este libro del Éxodo de hacer ver la intervención especialísima de Dios en la formación de Israel como colectividad nacional. Las antiguas promesas hechas a los patriarcas habrían de cumplirse puntualmente, de forma que Israel, después de sufrir la servidumbre en tierra extranjera, sería liberado milagrosamente de Egipto y llevado al Sinaí para ser adoctrinado en la Ley, base de la teocracia israelita.
Podemos dividir el c.1 en tres partes: a) multiplicación de los descendientes de Jacob en Egipto (v. 1-7); b) los israelitas son condenados a trabajos forzados (v.8-14); c) orden del faraón de exterminarlos (15-22)5.
Multiplicación de los Israelitas en Egipto (1-7)
1 Estos son los nombres de los hijos de Israel que vinieron a Egipto con Jacob, cada uno con su familia: 2 Rubén, Simeón, Leví y Judá; 3 Isacar, Zabulón y Benjamín; 4 Dan y Neftalí; Gad y Aser. 5 Setenta eran todas las personas descendientes de Jacob. José estaba entonces en Egipto. 6 Murió José y murieron sus hermanos y toda aquella generación. 7 Los hijos de Israel habían crecido y se habían multiplicado, llegando a ser muchos en número y muy poderosos, y llenaban aquella tierra.
La enumeración de los hijos de Jacob no está hecha según la sucesión cronológica de los nacimientos 6, sino que los descendientes de Jacob están distribuidos artificialmente según la categoría de la madre de cada uno, es decir, primero los hijos de las esposas legítimas, Lía y Raquel (Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, de la primera, y Benjamín, de la segunda), y después los de las esclavas, Bala (Dan y Neftalí) y Zelfa (Gad y Aser)7. El número setenta para determinar las personas aquí (ν.5) es aproximativo, para indicar un número reducido de descendientes de Jacob en contraposición a la asombrosa multiplicación de que hablará a continuación, de forma que el pueblo israelita llegó a constituir la preocupación del faraón 8. Según Gén. 15:13, los hebreos habrían de permanecer cuatro generaciones en Egipto. Naturalmente, estas cifras hay que tomarlas como números redondos aproximativos. San Pablo, haciéndose eco de otra tradición, habla de cuatrocientos treinta años de permanencia de los israelitas en Egipto, lo que prueba el carácter fluctuante y aun artificial de estos números y cifras en las antiguas tradiciones bíblicas 9. Con todo, hay que suponer un amplio margen de tiempo (al menos tres siglos) para que el pequeño clan de los jacobitas llegara a constituir un problema político (en cuanto elemento no asimilado) para los gobernantes egipcios. La frase y llenaban la tierra (v.7) hay que entenderla como expresión hiperbólica. La tierra es la de Gosén, o zona del este del Delta 10. Con el correr del tiempo, los israelitas habían ampliado su zona de residencia, y desde luego no debemos pensar que continuaran aislados de los egipcios. Más tarde dirá el autor que hubo necesidad de una señal en las casas de los descendientes de Jacob para que el ángel exterminador no los confundiese con los egipcios 11.
Los Israelitas, Condenados a Trabajos Forzados (8-14)
8 Alzóse en Egipto un rey nuevo que no sabía de José, y dijo a su pueblo: 9 "Los hijos de Israel forman un pueblo más numeroso y fuerte que nosotros. 10 Tenemos que obrar astutamente para impedir que siga creciendo y que, si sobreviniese una guerra, se una contra nosotros a nuestros enemigos y logre salir de esta tierra." 11 Pusieron, pues, sobre ellos capataces que los oprimiesen con onerosos trabajos en la edificación de Pitom y Ramsés, ciudades-almacenes del faraón. 12 Pero cuanto más se los oprimía, tanto más crecían y se multiplicaban, y llegaron a temer a los hijos de Israel. 13 Sometieron los egipcios a los hijos de Israel a cruel servidumbre, 14 haciéndoles amarga la vida con rudos trabajos de mortero, de ladrillos y del campo, obligándoles cruelmente a hacer cuanto les exigían.
El autor sagrado aclara aquí que los buenos tiempos para los israelitas habían pasado. José, el gran valedor de sus hermanos, había muerto, y su benéfico recuerdo se había perdido entre los egipcios. Por otra parte, la situación política de Egipto era muy otra, ya que alzóse en Egipto un nuevo rey que no había conocido a José (v.8). Suponiendo que los israelitas hayan descendido a Egipto en tiempo de los reyes hicsos (s.XVII), se comprende bien la protección que prestaron a los descendientes de Jacob, pues eran asiáticos y, por tanto, tenían intereses comunes con ellos, también de origen asiático. Sabemos que con la oleada de los hicsos entró en Egipto una inundación de asiáticos de todo género, que encontraban fácil protección en ellos, ya que eran presuntos aliados contra los nativos de Egipto. Pero esta situación de privilegio para los asiáticos cambió al sobrevenir una dinastía egipcia, la XVIII, con sus famosos Ahmosis, Amenofis y Tutmosis, los cuales persiguieron sistemáticamente a los asiáticos como presuntos aliados de los reyes hicsos. A la luz de esta situación de odio a los asiáticos hay que entender la frase del v.9: Los hijos de Israel forman un pueblo más numeroso y fuerte que nosotros. Tenemos que obrar astutamente para impedir que siga creciendo y que, si sobreviniese una guerra, se una contra nosotros a nuestros enemigos. La Biblia no menciona al rey que proclamó esta política de odio a los israelitas. Esto no es de extrañar, ya que la mención de nombres propios de los faraones — fuera de los documentos oficiales — no aparece hasta la dinastía XXIII (s. X a.C.). En la Biblia empiezan a nombrarse faraones concretos en el reinado de Salomón (s. X a.C.). No están concordes los autores al determinar el nombre del faraón opresor de los israelitas, ya que la solución a este problema depende de la que se dé al de la fecha de la salida de los hebreos de Egipto. Los que suponen que éstos salieron en el siglo XV, bajo la dinastía XVIII, creen que el faraón perseguidor es Tutmosis III (1480-1447), mientras que los que mantienen la fecha del siglo XIII para la salida de los hebreos de Egipto proponen a Ramsés II (1292-1225) como faraón perseguidor. Como veremos después, esta última opinión es más aceptable, ya que explica mejor una serie de datos bíblicos que estudiaremos al tratar del éxodo de los israelitas de la tierra de los faraones. Por de pronto se explica bien la mención de Ramesés como una de las ciudades en cuya construcción trabajaron los israelitas (v.11). Es muy comprensible que el faraón constructor diera su nombre a la nueva ciudad edificada por los pobres hebreos. De hecho sabemos que Ramsés II era megalómano y tenía la pasión por las construcciones masivas, llegando su vanidad a poner su nombre en las estatuas y templos anteriores a él. Por otra parte, sabemos que este faraón — preocupado de defender a Egipto contra la incursión de los temibles asiáticos — había establecido su corte en la parte oriental del Delta, justamente en la zona donde desde hacía siglos moraban los israelitas. Pitom (en egipcio Per atum: "morada de Atum o Ra," dios solar) es generalmente identificada con Tell Masjutta, en el wady Tumilat, mientras que el emplazamiento de Ramsés es más discutido 12. En todo caso, ambas ciudades estaban en la parte oriental del Delta, en las cercanías de Gosén, y, por tanto, es fácilmente explicable que los israelitas trabajaran en su construcción. También se explica fácilmente el detalle de que ambas ciudades eran almacenes del faraón (v.11), pues por ser puestos fronterizos eran lugares de avituallamiento para los ejércitos egipcios acantonados en aquella zona. De hecho se han encontrado en Tell Masjutta (Pitom?) restos de graneros e inscripciones en las que se mencionan los "almacenes" allí establecidos.
La opresión cruel a que fueron sometidos los hebreos sobreexcitó su conciencia nacional, y por eso, lejos de disminuir, se fueron creciendo en grupo más compacto (v.12), hasta hacerse temibles a los mismos egipcios. Los trabajos a que fueron sometidos los hebreos son los habituales en la región del Nilo: fabricación de adobes para la construcción (v.14) y faenas agrícolas. En la tumba del príncipe Rekhmare aparecen plásticamente pintadas las diversas labores de los esclavos en Egipto, lo que ilustra muy bien el relato bíblico. En Egipto se construían de piedra los suntuosos templos de los dioses y los sepulcros de los reyes y de los magnates. Pero esta piedra era preciso arrancarla con trabajo de canteras lejanas y transportarla por el Nilo hacia los lugares en que esas edificaciones se levantaban; pero las viviendas en general y aun las murallas de las ciudades se fabricaban de adobes o ladrillos, hechos con el légamo del río, mezclado con paja, que adquirían gran consistencia, mientras no llegasen a ellas las inundaciones del Nilo. Las obras levantadas por los faraones lo eran por los prisioneros de guerra, cuando los tenían; por los pueblos sometidos, como hizo Salomón con los cananeos 13, y por las gentes del pueblo mismo. La admiración que despierta la vista de los grandes monumentos egipcios se convierte en tristeza cuando se consideran los sudores y fatigas de millares de obreros, esclavos que habían tenido que penar en su construcción 14. Los hebreos, pueblo de origen nómada y pastores de profesión, no estaban hechos a semejante servidumbre. El autor sagrado, queriendo poner más de relieve el poder y la gracia de Dios, que los libró de la servidumbre de Egipto, pondera la grandeza de la opresión. El salmista recuerda este hecho diciendo: "Vino Israel a Egipto, habitó Jacob en la tierra de Cam. Y multiplicó grandemente su pueblo, e hizo que fuesen demasiado fuertes sus enemigos, que se volviese el ánimo de éstos para odiar a su pueblo y para vejar dolosamente a sus siervos" 15. Es natural que los pueblos recuerden y ponderen la grandeza de sus males y la opresión que sufrieron bajo poder extraño, una vez que han logrado la libertad 16. Es éste un medio de exaltar el valor de la libertad misma. Sin embargo, Egipto siempre ejerció gran atracción sobre Israel, y en el Deuteronomio se prohíbe al rey que elija el volver a Egipto 17, y a los egipcios se les trata con especial consideración 18.
Siendo natural que un gobernante se alegre del crecimiento de su pueblo, y no siendo los faraones una excepción de esto, razón tendrían para impedir el aumento de los hebreos. El autor sagrado nos presenta a éstos como extraños a la población egipcia y peligrosos para ella. Con esto hace verosímil la conducta del faraón. El relato está pintado con colores hebreos.
Orden de Matar a los Varones Hebreos Recién Nacidos(15-22)
15 Ordenó el rey de Egipto a las parteras de los hebreos, de las cuales una se llamaba Sifrá y la otra Púa, diciéndoles: 16 "Cuando asistáis al parto a las hebreas y al lavar la criatura veáis que es niño, le matáis; si es niña, que viva." 17 Pero las parteras eran temerosas de Dios y no hacían lo que les había mandado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los niños. 18 El rey de Egipto las mandó llamar y les dijo: "¿Por qué habéis hecho dejar con vida a los niños?" 19 Y le dijeron las parteras al faraón: "Es que no son las mujeres hebreas como las egipcias. Son más robustas, y antes de que llegue la partera, ya han parido." 20 Favoreció Dios a las parteras, y el pueblo seguía creciendo y multiplicándose. 21 Por haber temido a Dios las parteras, prosperó él sus casas. 22 Mandó, pues, el faraón a todo su pueblo que fueran arrojados al río cuantos niños nacieran a los hebreos, preservando sólo a las niñas.
El faraón procura por todos los medios evitar el crecimiento del pueblo israelita, y así da primero orden a las parteras de matar a los varones recién nacidos; pero, fallida esta medida por una añagaza de las parteras, el faraón da orden de arrojar a los niños al río. La primera medida es comprensible en unos tiempos en que los padres podían decidir al nacer el niño si debía continuar con vida o no. Al menos entre los romanos y griegos era corriente esta práctica de matar a los recién nacidos que no interesaren 19. El relato bíblico presenta a las parteras como temerosas de Dios. Por la explicación que dan al faraón se ve que no son hebreas, y sus nombres, aunque en hebreo parecen significar Sifrá (hermosura) y Púa (esplendor), pueden considerarse como egipcios pronunciados dialectalmente. La conducta de las parteras puede explicarse por simple humanitarismo, y no es necesario suponer que fueran pro-sélitas hebreas, ya que el homicidio estaba prohibido como pecado abominable, tal como se desprende de la confesión negativa del Libro de los muertos20. El respeto a la vida del prójimo forma parte de los sentimientos éticos más elementales, y así se refleja en todos los códigos legislativos primitivos. El autor sagrado añade que Dios premió esta buena obra de las parteras bendiciendo sus casas (v.21). Por este relato podemos inferir que los hebreos no estaban totalmente segregados de los egipcios, y, por otra parte, no debían de ser tantos en número, ya que sólo se citan dos parteras para asistir a las parturientas hebreas 21.
La otra medida de arrojar los recién nacidos al río, o Nilo (el río por excelencia cuando se habla de Egipto en la Biblia), era más radical, y es referida aquí para preparar la narración del hallazgo de Moisés, el gran libertador, en las aguas del Nilo. No sabemos cuánto tiempo duraron estas medidas persecutorias contra los hebreos, pero debió de ser por mucho tiempo. En relatos posteriores se dice que Moisés y Aarón tenían ochenta y ochenta y tres años, respectivamente, cuando se enfrentaron con el faraón para pedir la salida de los hebreos de Egipto. Aunque estas cifras no han de tomarse al pie de la letra, porque hay tendencia a exagerar el número de los años en las primitivas tradiciones de la Biblia, sin embargo, podemos retener la cifra como expresión de una amplia generación.
1 Gén 12:2; 22:17. — 2 Gén 46:1s; cf. Act 7:14. — 3 Gén 15:13-16. — 4 Gén 50:2·. — 5 Los v.1-5 son atribuidos generalmente al autor sacerdotal, mientras que los v.6-14 y 15-22 son atribuidos a las fuentes yahvista y elohista respectivamente. Cf. A. Clamer, Exode (París 1956) p.63. — 6 Cf. Gén 29:32-30:24. — 7 Este mismo orden de enumeración aparece en Gén 25:23-26. En cambio, en Gén 46: 8-27 se da otro orden. Esto prueba la complejidad de tradiciones orales y escritas utilizadas por el compilador o redactor actual de Gén y Ex. — 8 Los LXX leen "setenta y cinco"; en Gén 46:26 se habla de "setenta y seis" personas, t-n Act 7:14: "setenta y cinco." — 9 Cf Gál 3:17. — 10 Cf. Gén 47:4; 47:11. — 11 Ex 12:21-23; 12:35. — 12 Según unos, Ramsés sería Tell Rotab o Artabí; según otros, sería la antigua Tanis11en hebreo), que es probablemente la actual San el Hagar. Otros, finalmente, identifican ses Con Pelusium (Tell Parama), a unos 40 kilómetros al sudeste de Port Said. Cf. Ρ. Μοntet, Le árame de Avaris (París 1940) p.58-59; L. Grollenberg, Atlas de la Bible (ParísBruselas 1955) p 45 Abel, Géog. II 429; B. Courayer, La résidence ramesside du Delta: 946) 75-98; id., Dieux et fils de Ramsés: RB (1954) 108-117; A. Clamer, o.c., 66. — 13 Cf. 2 Par 2: 1os. — 14 Cf. A. Motet, Le Nil et la civilisation ¿gyptienne 162,304. — 15 Sal 105:23-25. — 16 Cf. Act 7:17-19. — 17 Dt 17:16. — 18 Dt 23:7s. — 19 Cf. A. Clamer, o.c., p.68. — 20 Cf. Libro de los muertos c.125. Véase su sentido en DBS II 847-848. — 21 Nuestra trad. "al lavar la criatura" del v.16 es libre. En el TM se dice literalmente: "observad las piedras" o "mirad sobre las dos piedras," que algunos autores interpretan como alusión a la costumbre de las mujeres egipcias de dar a luz sobre dos piedras planas. La frase biblica significaría en este caso "observad a la mujer mientras da a luz." En un himno de penitencia egipcio se dice: "Yo me he sentado sobre ladrillos como mujer que da a luz." Véase J. B. pritchard, Ancient Near Eastern Texis relating to the Old Testament (Princeton 1950) p.381. No obstante, la palabra que traducimos por "piedras" (en heb. Obhnáim) puede ser una alusión a los órganos genitales de la madre o del recién nacido. Los LXX traducen: "cuando estén en el momento de dar a luz." La versión siríaca: "cuando ellas se arrodillen (para dar a luz)"; y la Vg.: det partus tempus advenerit." Estas traducciones parecen perífrasis, debidas a que los traductores o no entendían la palabra original hebrea o la creían de sentido impúdico.
2. Nacimiento de Moisés, Estancia en Madian
La historia está llena de personajes que, por su virtud o por su audacia, se levantaron de humildes principios a grande gloria. En Israel tenemos al glorioso fundador de la monarquía hebrea, que comienza sus hazañas bélicas luchando con las fieras para defender los ganados de su padre, que le estaban encomendados 1.La literatura asiria nos cuenta la leyenda de Sargón el Antiguo, rey de Agadé, expuesto sobre las aguas de un río y que, salvado maravillosamente, vino a ser un gran conquistador. La providencia divina sobre los destinos de Moisés resalta más con esta manera maravillosa de librarlo del peligro que amenazaba a todos los hijos de Israel. San Esteban dice del futuro caudillo de los hebreos: "En aquel tiempo nació Moisés, hermoso a los ojos de Dios, que fue criado por tres meses en casa de sus padres y que, expuesto, fue recogido por la hija del faraón." 2
Infancia y Educación de Moisés (1-10)
1 Habiendo tomado un hombre de la casa de Leví mujer de su linaje, 2 concibió ésta y parió un hijo, y, viéndole muy hermoso, le tuvo oculto durante tres meses. 3 No pudiendo tenerle ya escondido más tiempo, tomó una cestilla de papiro, la calafateó con betún y pez y, poniendo en ella al niño, la dejó en el juncal a orillas del Nilo. 4 La hermana del niño estaba a poca distancia para ver qué pasaba. 5 Bajó la hija del faraón a bañarse en el Nilo, y sus doncellas se pusieron a pasear por la ribera. Vio la cestilla en medio del juncal y mandó a una de sus doncellas que la trajera. 6 Al abrirla vio al niño, que lloraba, y, compadecida de él, se dijo: "Es un hijo de los hebreos." 7 La hermana del niño dijo entonces a la hija del faraón: "¿Quieres que vaya a buscarte entre las mujeres de los hebreos una nodriza para que crie al niño?" 8 "Ve," dijo la hija del faraón, y la joven fue a llamar a la madre del niño. 9 La hija del faraón le dijo: "Toma este niño, críamelo, y yo te daré la merced" "La mujer tomó al niño y le crió. 10 Cuando fue grandecito, se lo llevó a la hija del faraón, y fue para ella como un hijo. Diole el nombre de Moisés, pues se dijo: "De las aguas le saqué."
El autor sagrado va a narrar con todo detalle la salvación providencial del que había de ser libertador de la opresión egipcia. El futuro caudillo de Israel era de la tribu de Leví, que no era precisamente entre las predilectas de Jacob, ya que fue objeto de una maldición por parte de éste3. En este pasaje, el hagiógrafo no nos da el nombre de los padres de Moisés, los cuales se llamaban Amram y Yoquebed 4. Tampoco aquí se mencionan sus hermanos Aarón y María. El autor sagrado ahora está como obsesionado por la figura excepcional de Moisés y de su liberación providencial, y por eso no se preocupa de personajes secundarios en la narración. La narración de la salvación de las aguas es bellísima y muy conforme al marco geográfico de la historia. La madre de Moisés procuró esconder a su niño por tres meses. San Esteban dice que Moisés era "hermoso a los ojos de Dios."5 La tradición judaica resalta la especial hermosura del primer caudillo de Israel 6. El rasgo explica más fácilmente que la hija del faraón se hubiera encariñado con el infante. El cuidado con que la madre entrega a su hijo a las aguas del Nilo prueba que esperaba su salvación de alguna persona que se apiadara de él, y quizá escogió el lugar donde solía ir la hija del faraón para bañarse, lo que se confirma por el hecho de que una hermana del niño estaba apostada no lejos del niño para entablar conversación con la hija del faraón. La cestilla de papiro se explica bien en el marco geográfico en que se encuadra la historia, ya que solían hacer cestas y bar quitas con el material de papiro 7. La hija del faraón, a su vista, se dejó llevar del sentimiento maternal y humanitario, y, conociendo la ceñuda persecución decretada contra los hebreos, supuso al punto que el niño era de este linaje. Quizá la ropa con que el niño estaba fajado llevaba algún distintivo hebraico. La tradición judía ha querido completar el maravilloso relato dando el nombre de la princesa egipcia, Termutis, la cual, casada, no tenía hijos y deseaba tener un niño 8. La hermana de Moisés, que estaba al acecho, propone una nodriza para el niño, porque sabe que las egipcias no se habían de prestar a ello por miedo a infringir las leyes de persecución y porque tenían a menos relacionarse con los hebreos 9. El nombre de Moisés es explicado en el relato de modo popular: Diole el nombre de Moisés, porque se dijo: "De las aguas lo saqué" (v.10). La etimología juega con la palabra hebrea masah (part. act. Moseh: "Moisés"), que significa sacar. En la tradición popular, el nombre era muy ajustado al personaje, pues, como caudillo, habría de sacar a su pueblo de Egipto. Los comentaristas creen más bien que la hija del faraón habría dado al niño un nombre egipcio. Ya Flavio Josefo aludía a una supuesta etimología egipcia: "los egipcios llaman al agua mo (en copto mou), y yses a los salvados de las aguas." 10 En este supuesto se explica la transcripción del nombre de Moisés en los LXX: Μωϋσής. Los autores modernos prefieren derivar el nombre de Moisés del egipcio Ms(w) o mosu, que significa "niño, hijo," y entonces el nombre del libertador de los hebreos será teóforo al estilo de Tut-mosis (hijo de Tot), Ah-mosis (hijo de Aah), Ra-mses (hijo de Ra). La hija del faraón habría añadido al Ms (w) el nombre de algún dios, que sería eliminado por celo monoteístico del hagiógrafo 11.
Conocemos un relato parecido al bíblico en la leyenda de Sargón de Agadé, en Mesopotamia, del tercer milenio a.C., cuyo texto es el siguiente: "Sarrukin (Sargón), rey fuerte, rey de Agadé, soy yo. Mi madre era sacerdotisa; a mi padre no lo he conocido; el hermano de mi padre vivía en la montaña. Mi ciudad era la ciudad de Azupiranu, que está a orillas del Eufrates. Me concibió mi madre la sacerdotisa, me dio a luz a escondidas, me colocó en un cesto de juncos y cerró mi puerta con asfalto. Me abandonó al río, pero no me sumergió. El río me llevó hacia Akki, el derramador de agua. Akki, con benevolencia, me miró y me retiró. Akki, el derramador de agua, como a su hijo (me adoptó), y me educó. Akki, el derramador de agua, como a su jardinero me colocó. Cuando yo era jardinero, amándome Istar, ejercité el remado durante cincuenta y cinco años..."12 Como se desprende de este relato, existen algunas analogías y no pocas diferencias. En ambos textos, el niño es abandonado en el río y recogido por una persona compasiva. Pero las diferencias son también notables: Moisés no es echado como hijo ilegítimo; sus padres son conocidos, y la finalidad de confiarle al río es para salvarle de la persecución. Todos estos detalles faltan en el relato cuneiforme. No es fácil, pues, hacer depender el relato bíblico del babilónico, que ciertamente es anterior. Son dos narraciones paralelas, independientes, que coinciden en algún detalle fortuito 13.
El autor sagrado no dice nada sobre la educación de Moisés en la corte faraónica, pero podemos suponer que fue esmerada, ya que tenía categoría de hijo adoptivo. Por otra parte, como hebreo, muy bien pudo ser preparado con vistas a utilizarle como escriba especializado en asuntos relacionados con los pueblos semitas, que tanto preocupaban a los faraones de las dinastías XVIII y XIX 14. Sin duda que las concomitancias que existen entre la legislación mosaica y la egipcia tienen su origen principalmente en esta educación primitiva egipcia del caudillo hebreo.
Moisés Huye de Egipto y se Establece en Madián (11-22)
11 Cuando ya fue grande, Moisés salía a ver a sus hermanos, siendo testigo de la opresión en que estaban, y un día vio cómo un egipcio maltrataba a uno de sus hermanos, a un hebreo; 12 miró a uno y otro lado, y, no viendo a nadie, mató al egipcio y le enterró en la arena. 13 Salió también al día siguiente, y vio a dos hebreos riñendo, y dijo al agresor: "¿Por qué maltratas a tu prójimo?" 14 Este le respondió: "Y ¿quién te ha puesto a ti como jefe y juez entre nosotros? ¿Es que quieres matarme, como mataste ayer al egipcio?" Moisés se atemorizó, y se dijo: "Ciertamente la cosa se sabe." 15 El faraón supo lo que había pasado, y buscaba a Moisés para darle muerte; pero éste huyó del faraón y se refugió en la tierra de Madián. 16 Estando sentado junto a un pozo, siete hijas que tenía el sacerdote de Madiáii vinieron a sacar agua y llenar los canales para abrevar el ganado de su padre. 17 Llegaron unos pastores y las echaron de allí; pero Moisés se levantó, salió en defensa de las jóvenes y abrevó su ganado. 18 De vuelta ellas a la casa de Raguel, su padre, les preguntó éste: "¿Cómo venís hoy tan pronto?" 19 Ellas respondieron: "Es que un egipcio nos ha librado de la mano de los pastores, y aun él mismo se puso a sacar agua y abrevó nuestro ganado." 20 Dijo él a sus hijas: "¿Y dónde está? ¿Por qué habéis dejado allí a ese hombre? Id a llamarle para que coma algo." 21 Moisés accedió a quedarse en casa de aquel hombre, que le dio por mujer a su hija Séfora. 22 Séfora le parió un hijo, a quien llamó él Gersom, pues dijo: "Extranjero soy en tierra extranjera."
Moisés, educado en la corte faraónica, tiene, no obstante, conciencia de su verdadero origen, y la voz de la sangre, y aún más la de Dios, resuena en su alma para hacerle instrumento de la salud de Israel. Viendo el trato tan inhumano que sus hermanos reciben, crece cada día su simpatía por ellos. El Apóstol pondera aquí la fe de Moisés, que, "llegado a la madurez, rehusó ser llamado hijo de la hija del faraón, prefiriendo ser afligido con el pueblo de Dios a disfrutar de las ventajas pasajeras del pecado, teniendo por mayor riqueza que los tesoros de Egipto los vituperios de Cristo, porque ponía los ojos en la remuneración." 15 También aquí San Pablo nos pinta a Moisés como si viviera en sus días y gozara de la plenitud de la luz mesiánica, de la gracia de Cristo. La fe en el Mesías realizaba este prodigio. Los episodios de sus visitas a los hermanos oprimidos, la muerte dada al egipcio y la reprensión del hebreo nos muestran cuál era su ánimo. Así, dice San Esteban, revelándonos el hondo sentido de estos dos sucesos: "Creía Moisés que entenderían sus hermanos que Dios les daría por su mano la salud, pero ellos no lo entendieron." 16 En efecto, la situación privilegiada que tenía Moisés en la corte faraónica era para que los hebreos esperasen alcanzar una situación mejor por medio de un compatriota, que no parecía haber olvidado a sus hermanos. La historia posterior del pueblo judío nos confirma en estos juicios. Muchas veces los hebreos lograron introducirse en la corte de los príncipes, con grandes ventajas para sus connacionales,
La imprecisión cronológica del texto cuando fue grande (v.II) no permite concretar el tiempo que Moisés permaneció en la corte del faraón. La tradición judaica habla de cuarenta años en el sentido de una generación media 17. Sin duda que Moisés tuvo que pensar muchas veces en la triste suerte de sus hermanos, que trabajaban en la construcción de Pi Ramsés y Pitom, postergados como ciudadanos de segunda categoría, y sin duda que muchas veces comparó la suerte de ellos con la suya, gozando del bienestar de la vida cortesana; "su oído, acariciado por la sabia música de los arpistas de la corte y la voz melodiosa de las esclavas que leían las maravillosas novelas egipcias, se veía de pronto lastimado por los gritos terribles de los obreros, sus consanguíneos, y que resonaban a lo lejos. La ciudad que iba surgiendo era bastante bella; pero, a los ojos del cortesano pensativo, sus ladrillos destilaban sangre." 18 Un día vio a uno de sus conciudadanos golpeado despiadadamente por un egipcio, quizá uno de los rudos capataces que vigilaban su trabajo. En la tumba de Rekhmare, en la que, como hemos dicho antes, hay representaciones de asiáticos trabajando en la construcción, el capataz dice enfáticamente: "¡El palo está en mi mano! ¡No seáis holgazanes!" 19 La indignación de Moisés estalló en un momento en que vio a un compatriota maltratado, y mató al egipcio agresor. Naturalmente, este acto no ha de ser juzgado a la luz de nuestra alta moral cristiana. De que el hagiógrafo consigne el hecho no se sigue que lo apruebe en todas sus modalidades. Aquí quiere resaltar simplemente el ardor patriótico y humanitario de Moisés, que salió por un compatriota injustamente agredido 20. Otro hecho nos revela el espíritu justo y conciliador de Moisés. Al ver a dos compatriotas riñendo, llamó la atención al que creía agresor; pero éste, lejos de aceptar su consejo, le echó en cara el homicidio que el día anterior había perpetrado contra el egipcio (v.14). No quiere aceptarle como arbitro, y quizá en sus palabras hay un deje de desprecio, pues seguramente Moisés, para muchos de sus compatriotas, aparecía como un renegado y traidor a su pueblo, pues vivía en la corte, cuyos componentes tenían sometidos a los hebreos a la mayor servidumbre. Moisés comprendió que su situación era delicada, ya que el hecho de haber matado a un egipcio había trascendido. El faraón, conocedor del hecho gravísimo -muerte de un egipcio por un hebreo —, decidió quitarle la vida. Había que hacer un escarmiento, pues, de lo contrario, el ejemplo cundiría, y los trabajadores hebreos terminarían por levantarse en masa. Por otra parte, la situación del imperio en los últimos años de Ramsés II (en el supuesto de que éste sea el faraón perseguidor, como después mostraremos) estaba debilitada y amenazada por los libios y los "pueblos del mar," o gentes de las costas mediterráneas, como los filisteos, que querían establecerse en el Delta. Moisés, pues, se vio obligado a huir de la jurisdicción del faraón, y se encaminó hacia las estepas de Madian, localizado en la Biblia entre Edom y Farán, en la ruta de Egipto, en plena estepa del Sinaí 21. Era el lugar tradicional de los fugitivos. En una novela de la XII dinastía (s.XIX a.C.), titulada del príncipe Sinuhé, se habla de la huida de este personaje, enemistado con el faraón, hacia la tierra esteparia de los beduinos asiáticos, y se dan muy interesantes detalles sobre la vida de éstos 22. En ese ambiente nomádico hay que interpretar la vida de Moisés en la estepa. Según la Biblia, los "madianitas" eran parientes de los israelitas 23 y buenos mercaderes, porque por aquella zona se cruzaban las rutas caravaneras de Arabia con Egipto y Fenicia 24. Sin duda que Moisés podía en aquel ambiente enterarse de muchas cosas que pasaban en Egipto y estar alerta para no verse sorprendido por los esbirros del faraón. En las soledades de la estepa, muchas veces tenía que pensar en la triste suerte de sus hermanos en la tierra del faraón, y sin duda que muchas veces pasó por su mente el deseo de liberarlos del brutal yugo. No sabía que en los planes divinos aquella estancia en el desierto representaba una preparación para, en nombre del Dios de los hebreos, erigirse en caudillo libertador de su pueblo. Su espíritu generoso y equitativo se mostró en la defensa de las hijas de Raguel, sacerdote de Madián (v.18), contra los pastores que no las dejaban recoger agua en el pozo. La escena es verosímil y perfectamente enmarcada en el ambiente étnico-geográfico de las estepas de la península del Sinaí, donde los nómadas van con sus rebaños a abrevar los ganados en los pozos, lugar de confluencia de mujeres y pastores y, naturalmente, puntos neurálgicos de fricción sobre la preferencia en el usufructo de los mismos 25. La conducta generosa del extranjero Moisés para con las hijas del jeque Raguel ganó la simpatía de éste, el cual invitó al extranjero a comer en su tienda. Es la ley de la hospitalidad del desierto y el reconocimiento de su buena acción. En correspondencia a ésta, Raguel le dio como mujer a su hija Séfora, y quedó incorporado a su familia y a su tribu 26. Moisés se amoldó así a la vida del desierto, constituyendo una familia al estilo de los beduinos, en un género de vida muy contrapuesto al muelle y viciado de la corte faraónica. El Apóstol comenta así el cambio de vida de Moisés: "Por la fe abandonó Egipto, sin miedo a las iras del rey; pues, como viera al Invisible, permaneció firme en su propósito." 27 Es una interpretación teológica y eminentemente providencialista de la azarosa vida del que había de ser el libertador de Israel. Como es habitual, se prescinde de los móviles humanos y se destacan sólo las directrices de la Providencia divina, que así iba preparando a Moisés para sacar a su pueblo de la vida sedentaria y corrompida de Egipto y llevarlo al ambiente sano y sencillo de la vida nómada en la estepa. La fe en los destinos mesiánicos de Israel y, por consiguiente, en el Mesías, con mayor o menor claridad conocidos, pero siempre objeto de fe, que salva, es la que el Apóstol contempla en la historia de los grandes personajes históricos de Israel. El Salvador dirá de Abraham que contempló desde lejos el día de su aparición, y que se alegró 28. Y en otro lugar dice que muchos reyes y profetas desearon ver lo que los apóstoles veían, la obra del Mesías, y no les fue concedido 29. Era la fe ilustrada por la profecía la que los hacía desear ardientemente los días del Mesías. Por esa fe, todavía oscura, alcanzarían la salud, y la masa del pueblo por la fe en lo que conocían y creían sus directores 30. El Eclesiástico hace el elogio de Moisés 31, y el autor de la Sabiduría 32 nos le presenta guiado por ésta en su obra de dar la salud a su pueblo.
Los críticos han pretendido afirmar que Moisés concibió su nueva religión a la sombra de Raguel, "sacerdote de Madián" 33; así, el Yahvé que se revela a Moisés sería el Dios de los madianitas. En realidad, nada se ha podido comprobar sobre la existencia de un culto a Yahvé entre los madianitas antes de Moisés, pues ni las inscripciones arcaicas del Sinaí ni los nombres teóforos dan pie para mantener tal suposición, que resulta apriorística y que no obedece sino al deseo de minimizar la originalidad de la religión mosaica. Con todo, no cabe duda que en Moisés debió de quedar profunda huella de sus relaciones con su suegro, "sacerdote de Madián"; y así podrán explicarse analogías legislativas entre la legislación mosaica sobre la organización de la vida de los israelitas en el desierto y las costumbres de los hombres de la estepa.
Dios Oye los Gritos Angustiados de los Hebreos (23-25)
23 Pasado mucho tiempo, murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel seguían gimiendo bajo dura servidumbre, y clamaron. Sus gritos, arrancados por la servidumbre, subieron hasta Dios. 24 Y Dios oyó sus gemidos, y se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob. 25 Miró Dios a los hijos de Israel y atendió.
Durante el tiempo que moró Moisés en el desierto de Madián, continuó la opresión de Israel en Egipto. Era de ley que los pueblos extranjeros que venían a Egipto a disfrutar de las ventajas de su tierra pagasen su tributo. Muerto el primer faraón perseguidor (Ramsés, según la opinión comúnmente seguida, como veremos después), su sucesor, Merneptah (1233-1223), no cambió la política de persecución que había observado su padre. Sin duda que los israelitas tenían alguna esperanza de que con el cambio de faraón mejorarían sus condiciones de vida; pero, al ver que el nuevo rey seguía la conducta de su padre, no les quedó otro recurso que clamar insistentemente a Dios para que los liberase de la opresión insoportable (v.23). Y, en efecto, por fin, el Dios de sus patriarcas les oyó, acordándose de las antiguas promesas que había hecho a Abraham, Isaac y Jacob (v.24). La antigua alianza hecha con los gloriosos antepasados debía cumplirse. Israel debía volver a Canaán, conforme a las antiguas promesas, y organizarse como pueblo, multiplicándose como las arenas del mar 34. Ahora llegaba la hora de la liberación, después de pasar la en otro tiempo anunciada servidumbre en Egipto.
1 Cf. 1 Sam 17:343. — 2 Act 7:20. — 3 Cf. Gén 49:5-7 — 4 Cf. Ex 6:20; Núm 26:59. — 5 Cf. Act 7,2os. — 6 Cf. Filón, De Vita Mosis I 3; fl. Jos., Ant. Jud. II 9,6. — 7 Cf. Is 18:2. — 8 Cf. Filón, De Vita Mosis I 13; fl. Jos., Ant. Jud. III 9,5,7. — 9 Cf. Gén 43:32. — 10 fl. Jos., Ant. Jud. II 9:6. — 11 Véanse otras explicaciones del nombre en P. Heinisch, Das Buch Exodus (Bonn — 1934) P-4I- — 12 Cf. Pritchard, o.c., p.11s. — 13 Se ha querido también relacionar el relato bíblico con el mito de Tammuz, el cual, echado en una barca, se sumerge en las aguas, y le llevan al reino de los muertos. Pero no hay ninguna analogía sustancial. Véase el art. Babylone et la Bible en DBS I 782-783. — 14 Cf. Cazelles, Cahiers Sioniens (1954) n.2-4. — 15 Heb 11:22-26. — 16 Act 7:25. — 17 Act 7:23. — 18 J. Ricciotti, Historia de Israel (Barcelona 1949) I p. 181-182. — 19 Sobre la vida penosa de los trabajadores en Egipto véase Montet, La vie quotidienne en Egypte au temps des Ramsés (XIH-XII s. avant J. — C.) (París 1946) p.169s. — 20 Véase el juicio de San Agustín, Contra Faustum XXII 70, y Quaestiones in Heptateu-chum II 2: PL 34,597. — 21 Cf. Abel, Géographie de la Palestine I p.286. — 22 Cf. H. Gressmann, Altorientalische Texte und Bilder zum A.T. I (1926) p.55s; A. Mallon, Les Hébreux en Egypte. Histoire de Sinuhé: DBS II 890. — 23 Cf. Gén 25:2. — 24 Cf. Gén 37:28.36. — 25 Cf. Jaussen, Coutumes des Árabes au pays de Moab (París 1908) p.69-vi. — 26 En Ex 3:1 se llama al suegro de Moisés Jetro. Cf. Núm 10:29; en Jue 1:16 se le llama Jobab, quineo, aunque en Núm 10,29 Jobab aparece como hijo de Raquel, madianita. — 27 Heb 11:27. — 28 Jn 8:56. — 29 Lc 10:24. — 30 Tomás de Aquino, Surnma Th. 2-2 q.2 3.5. — 31 Eclo 45:1-7 — 32 Sab 10:15-21. — 33 Ex 2: 16. — 34 Cf. Gén 15:13-14; 26:2-5; 28:13-15; 35:11-12; 46:3-4.
3. Vocación de Moisés
Aparición Divina (1-10)
1 Apacentaba Moisés el ganado de Jetro, su suegro, sacerdote de Madián. Llevólo un día más allá del desierto, y, llegado al monte de Dios, Horeb, 2 se le apareció el ángel de Yahvé en llama de fuego, de en medio de una zarza. Veía Moisés que la zarza ardía y no se consumía, 3 y se dijo: "Voy a ver qué gran visión es ésta y por qué no se consume la zarza." 4 Vio Yahvé que se acercaba para mirar, y Dios le llamó de en medio de la zarza: "¡Moisés, Moisés!" El respondió: "Heme aquí." 5 Dios le dijo: "No te acerques. Quita las sandalias de tus pies, que el lugar en que estás tierra santa es"; 6 y añadió: "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob." Moisés se cubrió el rostro, pues temía mirar a Dios. 7 Yahvé le dijo: "He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he oído los clamores que le arranca su opresión, y conozco sus angustias. 8 He bajado para librarle de las manos de los egipcios y subirle de esa tierra a una tierra fértil y espaciosa, una tierra que mana leche y miel, la tierra que habitan cananeos, jéteos, amorreos, fereceos, jeveos y jebuseos. 9 El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí, y he visto la opresión que sobre ellos hacen pesar los egipcios. 10 Ve, pues; yo te envío al faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel, de Egipto."
El autor sagrado va preparando el escenario para la gran revelación en la que se define la vocación y misión del liberador de Israel. Apartándose de la zona común de residencia de su suegro Jetro, Moisés conduce sus rebaños hacia el monte de Dios, Horeb (v.1). Es la montaña que en otras ocasiones se llama Sinaí. Podemos considerar como una anticipación literaria la calificación de monte de Dios, puesto que iba a ser el escenario de la aparición de la divinidad. Con todo, no se excluye la posibilidad de que esa montaña tuviera un carácter sagrado entre las tribus madianitas de la estepa antes de la visión de Moisés. El nombre de Horeb parece aludir al carácter seco y rocoso de la montaña. En la Biblia se llama a este macizo montañoso unas veces Horeb y otras Sinaí 1. Este último nombre puede explicarse o bien como adjetivo derivado del desierto de Sin — varias veces mencionado en la Biblia en aquella zona — o por asociación con el dios lunar mesopotámico Sin, cuyo culto persistía en aquella zona del sur de la península sinaítica en el siglo VI d. C.2 Generalmente se localiza el monte Horeb o Sinaí en el macizo de montañas del ángulo meridional de la península sinaítica, que se alza majestuoso a más de 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Sus dos picos más altos, el Dgebel Serbal (2.052 m.) y el Dgebel Musa (2.244 m.), se disputan el honor de ser los escenarios de las teofanías de Yahvé 3. Algunos críticos de la escuela wellhausiana han querido localizar el monte Horeb o Sinaí en la zona de Cades, al este del golfo de Elán 4; pero creemos que está más en consonancia con las narraciones bíblicas la tesis tradicional que lo localiza en la parte meridional de la península del Sinaí 5. Inesperadamente Dios se manifiesta sensible a Moisés en forma de llama de fuego (v.2), que es el símbolo de la santidad divina, porque implica la idea de purificación y de apartamiento de todo lo sensible, por cuanto todo lo consume. La expresión ángel de Yahvé ha de entenderse como sinónima de Yahvé mismo, y probablemente es una edición erudita posterior para resaltar la trascendencia divina. De este modo, Yahvé interviene en la historia sólo por medio de sus enviados o ángeles6. Moisés repara en que la zarza de la que sale la llama de fuego no se consume, y se acercó a contemplar tan inaudito prodigio (v.3). Pero oye al punto una voz que le dice que no se acerque, porque el lugar en que está, tierra santa es (v.5). La declaración solemne de Dios indica que el hombre no debe acercarse sin purificarse a la zona de la santidad de Dios. Para los antiguos hebreos, lo característico de la divinidad era la santidad, como para los griegos era la inmortalidad. La idea de santidad en el A. Τ. implica pureza, separaciσn y trascendencia. Yahvé habita en una zona inaccesible, rodeado por una misteriosa atmósfera aislante, que es la santidad, de forma que está sobre todas las criaturas 7. Como veremos, en todo este relato del Éxodo se destaca la idea teológica de la trascendencia divina. Moisés no debe acercarse sin antes descalzarse, porque el calzado era impuro, sin duda por haber estado en contacto con muchas cosas legalmente "impuras." Aún hoy día, para entrar en las mezquitas es preciso descalzarse o tomar sandalias que no hayan hollado el exterior. Es un recuerdo de esta noción de incontaminación en los santuarios semitas; los samaritanos no suben el monte Garizim sino con los pies desnudos. Moisés debe, pues, tener conciencia de hallarse en la zona santificada por la presencia de la divinidad. Es la primera idea que resalta del texto. Pero Dios, al mismo tiempo que previene a Moisés contra la posibilidad de acercarse impuro ante su presencia, le reanima confiadamente, recordándole que es el Dios de sus antepasados: Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob (v.6). Como se dirá a continuación, esto implicaba el recuerdo de las antiguas promesas de Dios de dar a los descendientes de los grandes patriarcas la tierra de los cananeos. Moisés, ante esta declaración solemne, se cubrió el rostro, pues temía mirar a Yahvé (v.6). Hallarse ante la majestad de Dios, que se manifestaba sensiblemente, era correr peligro de muerte en la mentalidad israelita, pues "nadie puede ver a Dios sin morir," según la conocida expresión popular hebrea 8.
A continuación Dios comunica a su interlocutor, aturdido, la finalidad de su aparición. He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto... y conozco sus angustias. He bajado para librarle de las manos de los egipcios y subirle de esa tierra a una tierra fértil y espaciosa, una tierra que mana leche y miel (v.7-8). Dios conoce la aflicción de su pueblo en Egipto, y ha llegado la hora de liberarle y cumplir sus promesas. Antropomórficamente dice que ha bajado, conformándose con la mentalidad popular hebraica de que Dios habita en las alturas. En Gén 11:5 se dice que Dios "descendió" para ver la torre en construcción, y cuando los crímenes nefandos de Sodoma, Dios también "bajó" para cerciorarse de que sus habitantes habían colmado la medida de la iniquidad 9. Estos antropomorfismos son característicos para la Biblia. Ahora, pues, Dios ha "descendido" para reanimar a Moisés y erigirle en instrumento de sus designios salvadores sobre Israel, entregado a cruel servidumbre. Pero, además, ha llegado la hora de cumplir las antiguas promesas, y por eso anuncia que va a llevar a Israel a una tierra fértil y espaciosa que mana leche y miel (v.8). La expresión es hiperbólica, y no tiene otra finalidad que excitar la imaginación del pueblo israelita para que ilusionadamente emprenda el viaje hacia Canaán. De hecho, la tierra de Canaán es bastante menos feraz que la de Gosén, donde estaban los hebreos; pero, en comparación con las estepas del Sinaí, donde se hallaba entonces Moisés, la nueva tierra de promisión resultaba un verdadero paraíso. En la bendición dada por Isaac a Jacob se habla de una tierra rica en vino y trigo 10. Los exploradores que por primera vez llegaron a las inmediaciones de Canaán constatan, efectivamente, que la tierra es feracísima y "mana leche y miel." 11 En todo caso, para los oprimidos israelitas que trabajaban en Egipto, la tierra de Canaán era el país de la libertad y del trabajo libre, de forma que podían en él gozar del fruto de su trabajo y de los bienes de la tierra.
La lista de pueblos que habitaban en Canaán, aunque aparece en boca de Dios, puede ser una ampliación erudita de los copistas posteriores. Los cananeos son los habitantes que, según la Biblia, habitan en la costa de Palestina y aun en el valle del Jordán. Es una designación genérica. Los amorreos son los semitas occidentales en general, que habitan en el Amurtu de los textos cuneiformes 12. Los jéteos son los hititas, o invasores asiáticos, que se infiltraron desde el Asia Menor, según consta por las cartas de Tell Amarna 13. Los fereceos aparecen algunas veces unidos a los refaim como habitantes primitivos de Canaán 14, y moraban principalmente en la zona montañosa del centro de Palestina 15. No son semitas. Los jeveos o hivitas aparecen en otros textos habitando en la zona de Gabaón y Siquem 16. Los jebuseos son los que en tiempo de David ocupaban Jerusalén 17. Esta lista de pueblos aparece en otros textos bíblicos, y bien puede ser un clisé estereotipado, introducido por un glosista posterior 18.
La Revelación del Nombre de "Yahvé" (11-15)
11 Moisés dijo a Dios: "¿Y quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?" 12 Dios le dijo: "Yo estaré contigo, y ésta será la señal de que soy yo quien te envía: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, daréis culto a Dios sobre este monte." 13 Moisés dijo a Dios: "Pero si voy a los hijos de Israel y les digo: El Dios de vuestros padres me envía a vosotros, y me preguntan cuál es su nombre, ¿qué voy a responderles?" 14 Y Dios dijo a Moisés: "Yo soy el que soy. Así responderás a los hijos de Israel: "Yo soy" me manda a vosotros." 15 Y prosiguió: "Esto dirás a los hijos de Israel: Yahvé, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me manda a vosotros. Este es para siempre mi nombre, es mi memorial de generación en generación."
Moisés se arredra ante la perspectiva de ir a Egipto para sacar a sus compatriotas. En primer lugar, ¿quién era él para presentarse ante el faraón? (v.11), y, por otra parte, ¿cómo convencería a sus hermanos para que salieran de Egipto por intimación suya? Hacía muchos años que estaba totalmente desconectado de ellos, y no tenía ningún ascendiente sobre ellos. La misión, pues, que se le encomienda es sobrehumana. Pero Dios le conforta y anima. No va a estar solo en su cometido, sino que tendrá la plena asistencia de su divina omnipotencia: Yo seré contigo (v.12). Y como prueba de su asistencia le promete una señal, y es que algún día los israelitas con Moisés darán culto a Dios sobre este monte. Es un modo de asegurarle que el éxodo de sus hermanos tendrá pleno éxito, en tal forma que se verán definitivamente alejados de la hostigación de los egipcios. Moisés, sin embargo, no se da por contento, y a toda costa quiere librarse de tan delicada misión. Y así propone una nueva dificultad: en nombre de quién los va a sacar de Egipto. ¿Cuál es propiamente el nombre del Dios que los va a amparar en momento tan crucial? (v.13). La contestación es sumamente misteriosa: Yo soy el que soy (v.14). Podemos suponer la estupefacción de Moisés ante esta respuesta vaga e imprecisa. Acaba de preguntar ansiosamente y lleno de curiosidad: "¿Tú quién eres?," y la respuesta está en la misma línea enigmática de la pregunta: Yo soy el que soy. Esta respuesta misteriosa ha sido la causa de la veneración extremada de los judíos en la historia por el misterioso tetragrama "YHWH," símbolo del misterio de la vida íntima de la divinidad. Los eruditos han querido buscar explicación a esta definición enigmática, pero hasta ahora todas las conjeturas se estrellan contra el misterio, pues ninguna de ellas parece dar razón suficiente de tan peregrino nombre. Moisés sin duda que quería saber el nombre específico del Dios que le enviaba, para convencer a sus hermanos y para obrar en nombre de él.. No obstante, su curiosidad no obedece a intenciones mágicas taumatúrgicas, como algunos críticos han propuesto. Para los magos egipcios era sumamente importante conocer el nombre esotérico de cada dios, para en su nombre obrar prodigios, pues, conociendo su nombre, se tenía cierto poder sobre la misma divinidad 19. La curiosidad de Moisés, en cambio, se basa en el deseo de presentar unas credenciales auténticas a sus compatriotas para que le siguieran en la peregrinación por el desierto hasta "la santa montaña" de Dios.
Varios son los interrogantes que se plantean al comentarista en torno al misterioso nombre de "YHWH" en lo concerniente a su pronunciación, a su sentido y a su antigüedad. Vamos a estudiar estas cuestiones brevemente por separado.
I. Pronunciación del Tetragrama "YHWH"
En un texto original hebraico, con solas las consonantes, el tetragrama "YHWH" puede vocalizarse de diversos modos. En la actual vocalización masorética, la pronunciación es Yehowah, que dio lugar al Yehova de nuestra literatura a partir del siglo XV 20. Sin embargo, sabemos que la vocalización del texto hebraico masorético actual es artificial y no responde a la original, sino que es la adaptación de la vocalización del nombre divino hebraico Adonai ("Señor"), como llamada de atención al lector hebreo para que no leyera el sacrosanto tetragrama, sino que en su sustitución leyera el de Adonai. ¿Cuál es, pues, la vocalización auténtica del sagrado tetragrama? En la tradición judaico-cristiana encontramos la solución, ya que en Teodoreto encontramos la transcripción lάβε ο lαόυε 21, y en Clemente Alejandrino lαυαί 22. En los textos de la colonia de Elefantina (Alto Egipto) del siglo va.C. aparece el nombre de Yahu y Vaho, que encontramos también en el siglo 1 d. C. en los escritos de Diodoro de Sicilia23. De todo esto se deduce que la vocalización del tetragrama es Yahweh, que puede ser una forma causal o sencilla del verbo hawah (forma arcaica) o hayan, como veremos a continuación 24.
2. Significado del Nombre Divino “Yahweh”
Ya hemos adelantado antes el carácter misterioso de esta definición de Dios dada a Moisés en el momento de su vocación para liberar a Israel de la servidumbre egipcia. Por ello, las opiniones en torno a su posible sentido son múltiples y dispares. Vamos a dar las principales, mostrando nuestra preferencia por alguna de ellas, aun reconociendo el carácter parcial de todas ellas, pues el nombre de Yahvé quedará siempre en la zona del misterio como enigma a resolver.
Como arriba hemos apuntado, la palabra Yahweh puede ser una forma causal del verbo hawah ("ser"), y si se toma en esta acepción, significaría el que "hace ser," el que "da el ser," el que trae las cosas a la existencia, y en ese supuesto equivaldría en cierto modo a "Creador." El Dios de Moisés, al presentarse como el que "hace" o "da el ser," aludiría a una de sus prerrogativas exclusivas, y, desde luego, como "Creador" omnipotente, sería la mejor garantía para asegurar a Moisés en su misión de sacar a los israelitas de Egipto. Ningún otro concepto teológico sería más apropiado para reafirmar su vacilante fe 25. Y, de hecho, los profetas, al contraponer a Yahvé y los falsos dioses, apelan a su carácter de "Creador" de todas las cosas. Pero contra esta tentadora solución — por lo que tiene de altamente teológica — está el hecho de que el verbo hawah en la Biblia no aparece en forma causal; por eso la mayor parte de los comentaristas abandonan esta hipótesis. Generalmente, éstos se inclinan por una forma sencilla (kal) del verbo hawah, y entonces significa "él es" o "él será." 26 Y así ha sido traducido por los LXX y la Vg. En este supuesto, ¿cuál es el sentido de esta afirmación: "El es?" Tenemos dos textos para poder dilucidar su sentido: "Yo soy el que soy," que también puede traducirse: "Yo seré el que seré" (v.14). Y conforme a esta formulación, se dice a continuación: "Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy (en heb. 'ehyeh) me manda a vosotros." Después se cambia la persona, y el mismo Dios dice: "El-es (Yahweh), el Dios de vuestros padres..., me manda a vosotros" (v.15). Tenemos, pues, que Dios, al definirse a Moisés, utiliza — según los textos bíblicos — dos fórmulas: "Yo soy" ('ehyeh) y "El-es" (Yahweh), según hable directamente a Moisés o le ponga las palabras en su boca para que las transmita a los hebreos. ¿Qué significa, pues, el contexto "Yo-soy" y "El-es" como nombre específico ("mi memorial de generación en generación") de Dios?
Dos son las opiniones que, aceptando esta traducción: "El-es" o "Yo-soy," se dan al problema. Una toma la declaración divina como una definición de su esencia en el sentido de su inmutabilidad : "Yo seré lo que soy." Sería una alusión a su eternidad 27. Pero gramaticalmente, en el mismo texto y contexto no se debe traducir la misma forma verbal por presente o por futuro. Por ello, otros creen que en la declaración divina hay una alusión a su aseidad, en el sentido de que Dios proclama que tiene el ser por sí mismo y no de otro 28. Pero esta noción parece demasiado metafísica para la mentalidad primaria de los contemporáneos de Moisés. Si para algo es inepto el semita, es para la abstracción filosófica. No podemos, pues, trasladar nociones abstractas de la especulación filosófica griega a la Biblia, al menos en los textos preexílicos. Ciertamente que para sostener esta revelación de la aseidad divina se han traído textos de la literatura egipcia que pudieran ser conocidos de Moisés, y, por tanto, se podría suponer en él cierta preparación conceptual para recibir tal comunicación divina 29; pero la verdad es que prueban demasiado, y entonces minimizan la revelación solemne del Sinaí. No obstante, creemos que en el caso de aceptar la explicación del nombre de Yahvé ("El-es") como definición de Dios, ha de ser en el sentido de tomar la expresión "El-es" no en sentido abstracto filosófico, sino como noción común popular. Es decir, la afirmación solemne "El-es" para designar a Dios aludiría a su calidad de "Dios viviente," que tiene "ser," en contraposición a los ídolos, que no tienen vida ni existencia. Esto era perfectamente inteligible para los contemporáneos de Moisés 30.
Sin excluir esta última interpretación en el sentido ahora indicado, muchos autores ven en la declaración yo soy el que soy del v.14 un eco de la anterior yo seré contigo (o "yo soy contigo") del v.12, donde se promete el auxilio a Moisés en su misión de liberar a su pueblo de la servidumbre egipcia. En ese supuesto, la expresión posterior Yahweh ("El-es") del v. 15, que queda como nombre específico de Dios para las generaciones futuras, implicaría esta asistencia o protección sobre el pueblo israelita. Dios sería conocido como "el que es" para su pueblo elegido, el protector de sus intereses y el debelador de sus enemigos 31. No cabe duda que también esta idea de la asistencia divina a Israel flota en el contexto de la declaración solemne del nombre de Dios a Moisés, y, por tanto, sirve también para explicar parcialmente el misterioso nombre. "El nombre de Dios debe, según el contexto, justificar la misión de Moisés, encargado de liberar a Israel, y la promesa de la asistencia divina que ha recibido, y levantar las dudas del pueblo, pues éste querrá conocer el nombre del Dios que envía a Moisés, para asegurarse que este Dios es capaz de realizar esta liberación. Este nombre, pues, debe expresar la eficacia del ser del Dios libertador: el que envía a Moisés se llama "El-es" (o "El-será"), Yahweh, es decir, el que manifiesta eficazmente su existencia. Por los prodigios que realizará se conocerá que es Yahweh32. El es y obra con una libertad absoluta: "es el que es" 33. No cabe duda que en el contexto late la idea de ayuda y de fidelidad de Yahvé a su pueblo, y así, la expresión "El-es" (Yahweh) expresa la manifestación activa de su existencia.
Pero, con todo, esta noción no parece agotar, ni mucho menos explicar, el misterio del nombre de Yahweh. Por eso creemos que es preciso tener en cuenta también otra idea, y es la de trascendencia divina, como expresión de su "santidad." A Moisés se le manda descalzarse, porque el lugar que pisa es "santo" (v.6); debe, pues, percatarse de que se halla muy cerca de la zona aislante de la divinidad. Por otra parte, a la curiosa interrogación de Moisés: ¿Tú quién eres?, Dios parece eludir la respuesta: Yo soy el que soy. Tenemos la impresión de que Dios no quiere definirse precisamente para que no le materialicen. En la legislación se prohibirá terminantemente que se le represente bajo ninguna figura material. Sabía que los destinatarios del mensaje de Moisés eran gentes de ideas primarias y sensuales y tenían propensión a entenderlo todo de modo sensible. Dios, para que no le rebajen a la categoría de cualquier divinidad de la naturaleza al estilo de los egipcios, evita dar una definición concreta de sí mismo, dejando en el misterio lo que le es característico como Dios. Así, el nombre que escoge para sí mismo ("El-es": Yahweh) es el más apto para rodear de misterio su persona y para evitar que en torno a ella hagan cabalas de tipo materialista. Para el hebreo, la idea fundamental que definía a la divinidad era la de su "santidad" 34, como expresión de pureza, incontaminación con lo material y trascendencia. Esta atmósfera aislante de "santidad" es la gran defensa psicológica contra la posible materialización del Dios de Israel. En este ambiente de misterio creemos ha de interpretarse la misteriosa declaración divina: "Yo soy el que soy." Ante la ansiosa pregunta de Moisés por conocer el nombre que defina a su Dios, la respuesta deja en el misterio y en la penumbra lo que es característico de la divinidad. El Dios del Sinaí, pues, no era sólo el Dios de la naturaleza y de la historia de los patriarcas; era "el que es," con toda la indeterminación que esta fórmula implica 35.
3. Antigüedad del Nombre de "Yahvé."
En Ex 6:3 se dice categóricamente: "Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como El-Sadday; pero mi nombre de Yahvé no les di a conocer a ellos." ¿Cuál es el alcance de esta afirmación tan tajante? ¿No existen vestigios en la historia bíblica premosaica sobre la existencia del nombre de Yahvé? En Ex 4:15 se dice que Yahvé es el Dios de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. Por otra parte, en la historia de estos patriarcas no encontramos nunca el nombre de Yahvé, sino que a Dios se le designa con el genérico de El, Elyón (Altísimo?), y El-Saday (Omnipotente?). Sin embargo, en Gén 4,26 se dice del patriarca Enós que comenzó a "invocar el nombre de Yahvé." En Gén 15:7, Dios, al prometer a Abraham una numerosa posteridad, se llama a sí mismo Yahvé. En las narraciones suele aparecer el nombre de Yahvé como nombre propio de Dios. La misma madre de Moisés es llamada Yokebed, que parece significar "Yahvé es gloria." 36 Además, encontramos los nombres de Abiyah y Ajiyah (teóforos a base del nombre Yahvé) en la onomástica bíblica anterior a Moisés 37.
A estos datos bíblicos, muchos autores acumulan otros extrabíblicos. Así reparan en el hecho de que en la onomástica babilónica aparecen nombres con el compuesto Yau38, y que en los textos de Ras-Samra parece encontrarse el nombre de una divinidad llamada Yw, que se identificaría con el Yaho de los textos de Elefantina 39.
Sin embargo, todos estos indicios no prueban nada definitivamente, ya que la mención de Yahvé en Gén 4:26 puede explicarse por prolepsis o anticipación literaria o por cambios del nombre de Dios. Los nombres propios de Yokebed y de Ajiyah y Abiyah pueden explicarse por retoques de escribas o como pronunciaciones dialectales de nombres que en su grafía primitiva eran diferentes. Por otra parte, el yau de los supuestos nombres teóforos puede explicarse como un simple demostrativo (yau, yaum: este), pues nunca van precedidos del determinativo de divinidad 40. Y el supuesto hallazgo de una divinidad fenicia llamada Yw en los textos de Ras-Samra es una pura conjetura aún no confirmada, pues la lectura de estos textos dista, mucho de ser segura.
De todo esto se deduce que todavía no se ha podido probar que el nombre de Yahvé existiera realmente en la tradición israelita anterior a Moisés 41.
Orden de Preparar el Éxodo de los Israelitas (16-22)
16 "Ve, reúne a los ancianos de Israel y diles: Yahvé, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me ha aparecido y me ha encomendado que os diga: Os he visitado y he visto lo que hacéis en Egipto, 17 y he dicho: Yo os sacaré de la opresión de los egipcios y os subiré a la tierra de los cananeos, de los jéteos, de los fereceos, de los jeveos y de los jebuseos; a una tierra que mana leche y miel. 18 Ellos te escucharán, y tú, con los ancianos de Israel, irás al rey de Egipto y le diréis: Yahvé, el Dios de los hebreos, se nos ha mostrado. Deja, pues, que vayamos camino de tres días por el desierto para sacrificar a Yahvé, nuestro Dios. 19 Bien sé yo que el rey de Egipto no os permitirá ir sino en mano poderosa. 20 Pero yo tenderé la mía, y castigaré a Egipto con toda suerte de prodigios, que obraré en medio de ellos, y después os dejará salir. 21 Yo haré que halle el pueblo gracia a los ojos de los egipcios, y cuando salgáis, no saldréis con las manos vacías, 22 sino que cada mujer pedirá a su vecina y a la que vive en su casa objetos de plata, de oro y vestidos, que pondréis vosotros a vuestros hijos y a vuestras hijas, y os llevaréis los despojos de Egipto."
Moisés debe al punto poner por obra el plan de liberar a sus compatriotas. Por orden divina debe ir a Egipto a entrevistarse con los ancianos de Israel o jefes de tribus o familias principales, para comunicarles, en nombre de Dios, sus designios salvadores. Debe conminarlos en nombre del Dios de sus padres, del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (v.16); debe, pues, apelar a los sentimientos religiosos recibidos de sus antepasados, recordándoles las antiguas promesas hechas a los patriarcas, y decirles que ha llegado la hora de la liberación, porque Dios ha visitado a su pueblo, sujeto a la servidumbre. La palabra visitar en la Biblia tiene unas veces sentido de castigo y otras de auxilio divino, según el contexto. Aquí Dios los "visita" para enterarse de su situación y poner los medios para su liberación (v.17). Más tarde Moisés, por orden divina, escogerá entre estos ancianos a setenta y dos para que le ayudaran en el gobierno del pueblo, insurreccionado en las estepas del Sinaí El consejo y la colaboración de ellos será preciosa en la organización de la nueva nación, ya que su experiencia y prestigio en el pueblo facilitaría el cumplimiento de la nueva legislación, en parte calcada en el régimen consuetudinario de los propios israelitas, y parte en las leyes del desierto. Moisés, para formar una nueva conciencia nacional a base de despertar las antiguas tradiciones religiosas y de proponer nuevos horizontes de redención, tuvo que luchar con un ambiente hostil lleno de incomprensiones 42.
Moisés debe ir acompañado de los ancianos al faraón en representación genuina del pueblo para hacer su petición de que se les permita ir al desierto"por tres días a sacrificar a Yahvé (v.18). Sin duda que el pretexto para ese alejamiento era para no provocar a los egipcios con sus actos de culto, pues, según confesión del propio Moisés ante el faraón, los sacrificios de los hebreos eran abominación para los egipcios 43. La distancia de tres días de camino (v.18) no ha de tomarse a la letra, y, por supuesto, sin pretensiones de llegar a la "montaña santa de Horeb," en el Sinaí. Los hebreos deben ocultar su deseo de huir de Egipto, y, por tanto, no podían pretender se les concediera llegar hasta el Sinaí. Tres días de camino es una frase hecha para indicar en el lenguaje coloquial una distancia prudencial 44.
En compensación a los trabajos sufridos injustamente, L ordena a los israelitas que tomen de los egipcios objetos de oro, plata y vestidos para que los lleven consigo (v.22). Desde los tiempos de Marción se ha acusado a Dios de injusto al ordenar un expolio 45. Los Padres resuelven la objeción diciendo que Dios es Señor de todos los bienes, y, como tal, puede hacerlos cambiar de dueño.
1 Cf. Dt 5:2; Ex 19:18; 24:16; Sal 105:19. — 2 Cf. Abel, Géog. I p.391. — 3 Véase Ricciotti, o.c., p.2O4. — 4 Es la teoría de Gunkel, Meyer, Gressmann, Beke, Pythian-Adams. Véase A. Clamer, o.c., p.77. — 5 Véase Abel, Géog. I 392-394; M. J. Lagrange, Le Sina'i Biblique: RB (1899) p.369-392; art. Sínai', en DBV V 1751-1783; P. Prévost-Üennefeld, Le Sinaí (París 1937). — 6 Sobre el "Ángel de Yahvé" como manifestación externa de Dios véase F. Ceuppens, Theologia Bíblica II (Roma 1949) p.9-17. Véanse también B. Stein, Der Engel des Auszugs: Bi 19 (1938) 286-307; J. Touzard, Ange de Jahweh: DBS I (1928) 252-255; M. J. Lagrange, L'Ange de Jahvé: RB 12 (1903) p.215 n.2. — 7 Sobre la santidad de Dios en el A.T., véase P. Van Imschoot, Théologie de I'Ancien Testament I (Tournai 1954) p.42s. — 8 Cf. Ex 19:21; 33:20; 23; Dt 5:25; Jue 13:22; 1 Re 6:19-21. — 9 Gén 18:21. — 10 Gén 27:27; 28. — 11 Núm 13:28. — 12 Cf. E. Dhorme, Les Amorrehéens: RB (1928) p.161s. — 13 Cf. E. Dhorme, Les Pays bibliques au temps del-Amarna: RB (1908) 501. — 14 Cf. Jos 17:15 — 15 Cf. Gén 13:17; 34:30. — 16 Cf. Jos 9:7; Gén 34:2. — 17 Cf. 2 Sam 5:6. — 18 Cf. Ex 23:23; 33:2; 34:11; Dt 20:17; Jos 119. — 19 Cf. B. Courayer, Exode (La Sainte Bible de Jérusalem) (París 1952) p.34: — 20 En la obra Pugio Fidei, de Raimundo Martín (s.XIII), ya aparece la vocalización Yehova; pero los críticos creen que es retoque posterior. Cf. A. Kleinnans: Bi 6 (1925) 94. — 21 Teodor., Quaest. XV inEx.: PG 80.244. — 22 Clem. Alej., Stromata V 6,34: PG 9,80. — 23 Cf. Diodor de Sic., I 94,2. — 24 Sobre esta cuestión véase G. Kuhn, Uber die Entstehung des Namens lahwe: "Muséon" 49 (1936) 138; G. F. Moore, Notes on the Ñame YHWH: "The American Journal of Theology," 12 (1908) 38-52; A. Schleiff, Der Gottesname Jáhwe: "Zeitsch. Deutsch Morgen-land. Gesellschaft," 10 (1936) 679-702. — 25 Es la opinión de H. Schulz, Alttestam. Theologie (1899) 526,-y E. Dhorme. — 26 Es la opinión de M. J. Lagrange, E. Kónig, W. Eichrodt, Ceuppens, etc. — 27 Así F. Hitzig, Altt. Theologie (1880) p.37; F. Oehler, Theologie (1891) p. 142; E. Konig, Theologie des A.T. (1923) p.146. — 28 Cf. P,. Heinisch, Das Buch Exodus (Bonn 1934) p-52; F. Ceuppens, Theologia Bíblica I (Roma 1938) p.25. — 29 Estos textos extrabíblicos aducidos son: en la literatura babilónica, en un himno· a Sin se llama a esta divinidad lunar "fruto que se produce a sí mismo." Cf. H. gressmann, Alt. Textc... (1926) 241 En los Misterios de Isis y Osiris, un dios es llamado "creador de su propio nombre," y en el Libro de los muertos, Ra es proclamado "dios nacido por sí mismo." Cf. F. Geuppens, o.c., p.26. — 30 Véase sobre esta opinión M. J. Lagrange, El et Jahve: RB 12 (1903) 3795.; E. Man-Genot, Dieu: DTC 4 (1911) 957; P· Heinjsch, Das Buch Exodus (Bonn 1934) p.53. — 31 Así, W. Eichrodt, Theol. des A.T. I (1933) 93; O. Grether, Ñame und Wort Got-tes im A.T. (1934) p.6; Bzatw 64. — 32 Cf. Ex 7:5; 9:14; 14:4; 18; Ez 13:23; 22:16; 25:11; 28:26. — 33 P. Van Imschoot, Théologie de l'Ancien Testarnent: I. Dieu (París 1954) p.16-17. — 34 Cf. P. Van Imschoot, o.c., p.43s. — 35 Sobre esta nueva acepción del nombre de Yahvé véanse los trabajos de A. M. Dubarle, La signification du nom de Yahweh: "Rev. des sciences philosophiques et théologiques" 1951) p.3-21; Lambert, Que signifie le nom divin Yh\Vh?: "Nouvelle Revue Théologique," 74 (1952) p.897-915; Procksch, Théologie des Alten Testaments (Gütersloh 1950) p.72-78. — 36 Ex 6:20. — 37 1 Par 2:25; 7:8. — 38 Cf. S. Landersdorfer, Der Gottesname YHWH in den Keilinschriften: BZ 109(1912) 30-31. Citado por F. Geuppens, o.c., p.29. — 39 Cf. A. Vincent, La religión des Judéo-Araméens d'Eléphantine p.58. — 40 Cf. P. Heinisch, Das Buch Exodus (Bonn 1934) p.54. — 41 Explicaciones análogas se pueden dar a los nombres de los reyes arameos Yau-bidi y Azri-yau de los textos cuneiformes. — 42 Cf. Núm 11:16. — 43 Cf. Ex 8:22. — 44 La misma expresión en Gén 30:36. — 45 Cf. Tertul., Adv. Marc. II 20: PI, 2,308.
4. La Obstinación de Moisés
Los críticos no convienen al dividir el capítulo y distinguen diversas fuentes que se interfieren mutuamente en la narración. En general se caracteriza por su índole descriptiva y popular 1.
Las Señales Dadas a Moisés (1-9)
1 Moisés respondió: "No van a creerme, no van a escucharme; me dirán que no se me ha aparecido Yahvé." 2 Yahvé le dijo: "¿Qué es lo que tienes en la mano?" El respondió: "Un cayado." 3 "Tíralo a tierra," le dijo Yahvé. El lo tiró, y el cayado se convirtió en serpiente, y Moisés echó a correr, huyendo de ella. 4 Yahvé dijo a Moisés: "Extiende la mano y agárrala por la cola." Moisés extendió la mano y la tomó, y la serpiente volvió a ser cayado en su mano. 5 "Para que crean que se te ha aparecido Yahvé, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob." 6 Díjole, además, Yahvé: "Mete tu mano en el seno." Metióla él, y cuando la sacó estaba cubierta de lepra, como la nieve. 7 Yahvé le dijo: "Vuelve a meterla." El volvió a meterla, y, cuando después la sacó, estaba la mano como toda su carne. 8 "Si no te creen a la primera señal, te creerán a la segunda, 9 y si aún a esta segunda no creyeran, coges agua del río y la derramas en el suelo, y el agua que cojas se volverá en el suelo sangre."
Moisés no cree que su misión sea factible, pues, entre otras cosas, tiene que probar que realmente le ha enviado Dios, y para ello insinúa la necesidad de ciertos prodigios que convenzan a los ancianos y al pueblo y que sean como testimoniales de su misión de mandatario de Yahvé. Por ello, Dios le da un gran poder taumatúrgico, ante el que no pueden resistir los más incrédulos Para reforzar la fe vacilante del propio Moisés, le ordena realizar dos prodigios inauditos. El primero de ellos consiste en convertir el cayado en serpiente (v.4). Entre los magos egipcios, uno de los trucos consistía precisamente en hacer ver que cambiaban el "cayado" ó varita mágica en serpiente. Los hebreos podían estar seguros que su taumaturgo hará otro tanto ante el faraón, y de hecho Moisés y Aarón, hermano de Moisés, lo realizaron 2. El segundo prodigio de la mano "leprosa" también era demasiado manifiesto para que no se rindieran a la evidencia. Uno de los grandes problemas entonces era el de los "leprosos," considerados como incurables 3. Una curación de la "lepra" era signo evidente de la omnipotencia divina. El tercer prodigio ofrecido para los recalcitrantes es el cambio del agua del Nilo en "sangre." Es el portento más espectacular, y, según la narración bíblica, fue una de las históricas plagas de Egipto 4.
Aarón, Intérprete de Moisés ante el Faraón (10-17)
10 Moisés dijo a Yahvé: "Pero, Señor, yo no soy hombre de palabra fácil, y esto no es ya de ayer ni de anteayer, y aun ahora que te habla tu siervo soy torpe de boca y de lengua." 11 Yahvé le respondió: "Y ¿quién ha dado al hombre la boca? Y ¿quién hace al sordo y al mudo, al que ve y al ciego? ¿No soy por ventura yo, Yahvé? 12 Ve, pues; yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de decir." 13 Moisés replicó: "¡Ah Señor!, manda tu mensaje, te lo pido, por mano del que debas enviar." 14 Encendióse entonces en cólera Yahvé contra Moisés y le dijo: "¿No tienes a tu hermano Aarón el levita? El es de fácil palabra. Al encuentro te sale, y al verte se alegrará su corazón. 15 Habíale a él y pon en su boca las palabras, y yo estaré en tu boca y en la suya, y os mostraré lo que habéis de hacer. 16 El hablará por ti al pueblo y te servirá de boca, y tú serás Dios para él. 17 El cayado que tienes en la mano llévalo, y con él harás los prodigios."
Moisés, que a toda costa no quiere ir a Egipto, expone una nueva dificultad: no es fácil de palabra para presentarse ante el faraón. ¿Cómo va a exponer sus proyectos y convencerle? Por otra parte, apenas si se acuerda de la lengua de los egipcios. Dios resuelve la cuestión recordándole que estará con él y le sugerirá lo necesario (v. 12). Pero Moisés, recalcitrante, pide que por favor envíe a otro más capacitado para tan difícil e ingrata misión (v.13). Quizá él se considere desprestigiado ante sus compatriotas por los sucesos pasados, ya sea por haber estado en la corte del faraón o por haber huido al desierto, desconectándose de los problemas de sus compatriotas, y por eso cree que no es el más indicado para llevar a cabo su cometido. Siempre habla en el supuesto de hallarse solo, sin los auxilios divinos ofrecidos. Por eso Yahvé se encoleriza (v.14), y le ofrece a su hermano Aarón como portador del mensaje liberador ante el faraón. El calificativo de levita puede ser una adición posterior para justificar su facilidad de hablar, como habituado a explicar la Ley 5; pero puede ser una simple determinación étnica para recordar su vinculación a la tribu de Leví, a la que pertenecía el mismo Moisés 6. Y como prueba de que su hermano le ayudará, le anuncia que Aarón le saldrá al encuentro por inspiración suya (v.27). Sin embargo, ante el pueblo, aunque Aarón sea el "portavoz," hablará por ti al pueblo (v.16), Moisés será el auténtico "enviado" de Yahvé, y como tal debe sugerir a su hermano lo que debe transmitir como intérprete de sus pensamientos: te servirá de boca, y serás Dios para él (v.16). La expresión hay que entenderla en el contexto: Dios habla ahora a Moisés comunicándole sus designios salvadores sobre su pueblo, y Moisés debe comunicarlos a su hermano para que éste los transmita al pueblo. En ese caso hace las veces Moisés de "Dios," en cuanto que comunica a su hermano los designios salvadores divinos. Los LXX y la Vg encuentran la expresión demasiado dura, y la atenúan: "Tú serás para él (¿un intérprete?) en lo concerniente a Dios."
Por fin, Dios, vencida la obstinación de Moisés, le ordena que se lleve su "cayado," que va a ser instrumento de prodigios ante el faraón 7. En todo este diálogo hay un sello marcado de tradiciones populares, en las que se destaca lo taumatúrgico y prodigioso, que es lo que más impresión hace a los pueblos de mentalidad poco desarrollada.
En el libro de la Sabiduría se hace un comentario teológico-midrásico a este relato: "La Sabiduría libró de la nación opresora al pueblo santo, al pueblo puro, a la descendencia irreprochable.".., porque entró en el alma del servidor de Dios e hizo frente a reyes temibles con prodigios y señales... Porque la Sabiduría abrió la boca de los mudos e hizo elocuentes las lenguas de los niños." 8
Moisés, Camino de Egipto (18-26)
18 Fuese Moisés, y, de vuelta a casa de su suegro, le dijo: "Hazme el favor de dejarme partir a ver a mis hermanos de Egipto, si viven todavía." Jetro dijo a Moisés: "Vete en paz." 19 En tierra de Madián dijo Yahvé a Moisés: "Ve, retorna a Egipto, pues han muerto ya los que buscaban tu vida." 20 Tomó, pues, Moisés a su mujer y a su hijo y" montándolos sobre un asno, volvió a Egipto, llevando en sus manos el cayado de Dios. 21 Yahvé le dijo: "Partido para volver a Egipto, ten cuenta de hacer delante del faraón los prodigios que yo he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón y no dejará salir al pueblo; 22 pero tú le dirás: Así habla Yahvé: Israel es mi hijo, mi primogénito. 23 Yo te mando que dejes a mi hijo ir a servirme, y si te niegas a dejarle ir, yo mataré a tu hijo, a tu primogénito." 24 Por el camino, en un lugar donde pasaba la noche, salióle Yahvé al encuentro, y quería matarle; 25 pero Séfora, agarrando en seguida un cuchillo de piedra, circuncidó a su hijo, y tocó sus pies diciendo: "Esposo de sangre eres para mí," 26 y le dejó, diciendo ella lo de esposo de sangre por la circuncisión.
Sin indicar nada de lo sucedido, Moisés vuelve a su suegro para despedirse de él, pretextando la visita a sus hermanos o familiares de Egipto (v.18). Sin duda que calló su verdadera misión para que no le disuadieran de ella, poniéndole delante los peligros a los que se exponía con el retorno.
El v.19 parece una adición tomada de otra fuente, pues después de lo ocurrido no se explica esta nueva orden de retorno a Egipto, con la indicación de que ya han muerto sus perseguidores. Algunos autores creen que está fuera de lugar y que debe leerse después de 3:22a.
Moisés, conforme a la orden divina, se puso en camino de Egipto con su mujer e hijo 9. Durante el camino le ocurrió un incidente singular: Yahvé le sale al paso en actitud amenazadora: quería matarle (v.24). ¿Por qué esto? El contexto inmediato siguiente lo insinúa: su hijo no estaba circuncidado, y, por tanto, carecía de la señal de la alianza de Abraham 10, por la que formaba parte del pueblo elegido, y Dios, para resaltar la enormidad de esta falta, hace ademán de atentar contra la vida de Moisés, responsable de este inexplicable olvido en el que había de ser el padre espiritual de Israel. Tal vez los madianitas no practicaban la circuncisión, y Moisés se atuvo a esta costumbre, como veremos que hizo Israel en el desierto 11. Algunos autores creen que esta amenaza de Dios contra Moisés no hay que tomarla al pie de la letra, sino como expresión de una enfermedad enviada por Dios, en la que estuvo a punto de morir. En todo caso, Séfora, la esposa de Moisés, creyó ver en ella un castigo de Dios, y suponiéndola causa de ello, circuncidó a su hijo (v.25). La cruenta operación la hizo con un cuchillo de piedra o de sílex, que aún hoy día se hallan en las estepas del Sinaí en abundancia como resto de civilizaciones primitivas. El cuchillo de piedra será el instrumento ritual de la circuncisión 12, lo que indica que la práctica se remontaba a tiempos anteriores a la edad de los metales. Séfora, según el texto, circuncidó a su hijo para librar a Moisés de la muerte (v.25), y después tocó sus pies, según el TM. Aquí pies parece ser un eufemismo para designar los órganos de generación, como es usual en el lenguaje bíblico. El texto puede referirse a Moisés o al hijo. Supuesta esta versión, parece que Séfora viera un efecto mágico en la sangre del hijo para salvar la vida del padre, y por eso exclamó: Esposo de sangre eres para mi. La frase misteriosa parece aludir al hecho de que el descuido de Moisés en circuncidar a su hijo ha sido la causa del derramamiento doloroso de sangre actual que ella ha practicado. Y el precio de rescate de la vida de Moisés (amenazada por Yahvé) ha sido la sangre del hijo 13. El dolor que el corazón de la madre sintió al practicar ella misma esta operación en la carne tierna de su hijo, es lo que le induce a exclamar: Esposo de sangre eres para mí, aludiendo a la sangre que había derramado al circuncidar a su querido hijo. En el texto de los LXX, el sentido es más claro: "He aquí la sangre de la circuncisión de mi hijo." La circuncisión era muy usual en Egipto, y probablemente Moisés estaba circuncidado, por influencia del ambiente egipcio y aun de sus compatriotas, que la habían recibido de los antiguos patriarcas. Quizá Moisés, al no circuncidar a su hijo al octavo día de su nacimiento, como estaba ordenado en el pacto con Abraham, se conformaba con la costumbre del ambiente de los árabes, que practican la circuncisión en los varones cuando llegan a la edad viril, cuando son aptos para el matrimonio, de tal forma que en hebreo y en árabe para decir "suegro" y "yerno" se expresa con los términos "el que circuncida" (joten) y "circuncidado" (jatan)14.
Los v.21-23 parecen desplazados y han de colocarse después del v.17, y así se comprende bien la recomendación de hablar ante el faraón pidiendo la salida de Israel de Egipto, al que se le llama amorosamente mi primogénito, como pueblo elegido entre todas las naciones (v.22). La frase yo endureceré su corazón, en labios de Dios, ha de entenderse según el lenguaje bíblico, en el que se atribuyen todos los hechos directamente a Dios, prescindiendo de las causas segundas. Esta frase se repite muchas veces en el Éxodo 15, y ha de entenderse en el sentido de voluntad permisiva de Dios para hablar con nuestra terminología teológica. Los prodigios cumplidos por Moisés, enviado de Dios, son ocasión del endurecimiento de corazón del faraón, y en este sentido el endurecimiento se atribuye a Dios, que obra los prodigios 16. Moisés debe anunciar al faraón que, si no permite al primogénito de Dios (Israel) salir, será aquél privado de su primogénito natural (v.23). La amenaza es cumplida en la última plaga, como veremos 17.
Moisés y Aarón Ante el Pueblo (27-31)
27 Yahvé dijo a Aarón: "Ve al desierto al encuentro de Moisés." Partió Aarón, y, encontrándose con su hermano en el monte de Dios, le besó. 28 Moisés dio a conocer a Aarón todo lo que Yahvé le había dicho al encomendarle la misión y los prodigios que le había mandado hacer. 29 Prosiguieron Moisés y Aarón su camino, y, llegados, reunieron a los ancianos de Israel. 30 Aarón refirió todo lo que Dios había dicho a Moisés, y éste hizo los prodigios a los ojos del pueblo. 31 El pueblo creyó, y al ver que Yahvé había visitado a los hijos de Israel y había atendido a su aflicción, postrándose, le adoraron.
Conforme a lo que se dijo en el v.14, Aarón salió al encuentro de Moisés en el monte de Dios, Horeb. Esta indicación parece, pues, provenir de otra fuente complementaria, ya que localiza el encuentro de ambos hermanos en el lugar de las revelaciones hechas a Moisés. Puesto de acuerdo y enterado Aarón de las comunicaciones hechas a su hermano, ambos se presentaron ante los "ancianos" de Israel y ante el "pueblo," comunicándoles el mensaje recibido, que fue confirmado por los prodigios prometidos. El resultado fue que todos adoraron a su Dios, que los había visitado con el designio salvador de dar término a su prolongada servidumbre.
1 Cf. A. Clamer, o.c., p.88. — 2 Cf. Ex 7:9-12. En 4:30 y en 7:9-10 se dice que es sólo Aarón el que realiza los prodigios. — 3 Cf. Leve.13. — 4 Cf. Ex 4:30; 4:21; 7:20. — 5 Cf. Dt 33:10. — 6 Algunos autores creen que aquí levita alude a una categoría jerárquica en relación con actos de culto, y así sería un precedente para explicar el origen del sacerdocio mosaico, cuya misión era sacrificar y enseñar al pueblo la Ley. — 7 Cf. Ex 7:15. — 8 Sab 10:15-21. Véase el artículo Yo soy Yahvé, que te saqué de la tierra de Egipto: CT (1915) p.ii.ii?. — 9 El TM dice hijos. Hasta ahora no se ha dado más que el nombre de uno, Gersom (Ex 2:22), y, por otra parte, la operación que hace Séfora sólo tiene lugar en uno. Quizá el pl. hijos dependa de Ex 18:2-4. — 10 Cf. Gén 17:10. — 11 Cf. Jos 5-5. — 12 Cf. Jos 5:3. — 13 En las versiones de los LXX, Símaco, Teodoción y Peshitta se lee: "y ella cayó a sus pies." — 14 Cf. E. Dhorme, La religión des Hébreux nómades p.287-288. — 15 Cf. Ex 7:3; 9:12; 10:1; 20; 27; 11:10; 14:4; 8; 17. — 16 Cf. Is 10:10; Dt 29:4; Sal 81:13; Mc 4:10-12. En todos estos textos se atribuye a Dios el designio de condenar a los pecadores. — 17 Cf. Ex 11:5; 12:29.
5. Retorno de Moisés a Egipto
Moisés y Aarón Ante el Faraón (1-5)
1 Presentáronse Moisés y Aarón al faraón y le dijeron: "He aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Deja ir a mi pueblo para que me celebren fiesta en el desierto." 2 Pero el faraón respondió: "¿Y quién es Yahvé para que yo le obedezca, dejando ir a Israel? No conozco a Yahvé y no dejaré ir a Israel." 3 Ellos le dijeron: "El Dios de los hebreos se nos ha mostrado. Deja, pues, que vayamos al desierto, tres jornadas de camino, y ofrezcamos sacrificios a Yahvé, para que no venga sobre nosotros peste ni espada." 4 Pero el rey de Egipto les dijo: "¿Por qué vosotros, Moisés y Aarón, distraéis al pueblo de sus trabajos? Idos al trabajo que os hayan impuesto." 5 Y se dijo: "Ese pueblo es ya más numeroso que el de la región; ¿qué será si se le deja holgar, relevándole de sus trabajos forzados?"
En toda esta sección, como en la que precede, el autor supone que la corte faraónica tenía en este tiempo su residencia en el Delta y no lejos de la región habitada por los hebreos. Suponiendo que los faraones, el perseguidor y el del Éxodo, son de la dinastía XIX (Ramsés II y Merneptah respectivamente), es perfectamente inteligible el relato bíblico, ya que, en efecto, estos faraones tenían la residencia real en esta zona oriental del Delta, donde se construía la ciudad de Pi-Rameses. En el Sal 78:12 se dice que los prodigios de Moisés tuvieron lugar en el "campo de Tanis," que es la designación bíblica de esta parte nordeste del delta del Nilo. El autor sagrado no detalla las dificultades que debieron de tener Moisés y Aarón para obtener audiencia del faraón. Con toda naturalidad, el hagiógrafo narra que ambos se presentaron ante el faraón para hacerle presente la exigencia del Dios de los hebreos de que les permitiera celebrar una fiesta solemne en el desierto (v.1)1. Siendo el pueblo hebreo un pueblo de pastores y medio nómada, era natural que el santuario de su Dios y su morada estuviera en el desierto. Allí, pues, deben acudir para ofrecerle sacrificios y verse libres por ello de la peste y la espada (v.4). Este proyectado viaje al desierto tiene, pues, el carácter de una peregrinación (al estilo del hadg de los musulmanes a la Meca). La "peregrinación," pues, tiene hondas raíces en la vida de los nómadas del desierto 2. El faraón se siente sorprendido por la demanda, y no se considera obligado a seguir las órdenes del Dios de los hebreos. Como politeísta, es de suponer que admitiera la existencia del Dios de Moisés y Aarón; pero ¿qué obligación tenía él de obedecerle? Para él tiene que ser un Dios modesto, como corresponde a un clan seminómada asiático. No debe, pues, inquietarse por sus demandas, ya que no puede parangonarse con el dios Ra de los egipcios. El faraón acaba de decir que no sabe quién es Yahvé, y los dos interlocutores le concretan que es el Dios de los hebreos. Pero el faraón empieza a ver aquí un pretexto para escapar, o al menos para librarse de los duros trabajos a que estaban condenados los israelitas. Cree que ese afán inesperado de peregrinaciones al desierto nace de la ociosidad: ¿Por qué distraéis al pueblo de sus trabajos? (v.4). El mejor medio de tener a raya al pueblo hebreo es someterle a duros trabajos hasta la extenuación, pues, a pesar de éstos, cada día es más vigoroso y se multiplica más: Es ya mas numeroso que el de la región; ¿qué sera si se le deja holgar...? (ν.5). El diálogo es sumamente pintoresco y muy verosímil en las reacciones psicológicas de los interlocutores.
La Servidumbre de Israel se Agrava (6-19)
6 Aquel mismo día dio el faraón a los capataces del pueblo y a los escribas la orden 7 de no facilitar, como hasta entonces, la paja para hacer los adobes, sino que fueran ellos a recogerla. 8 "Pero exigíales la misma cantidad de adobes que antes, sin quitar ni uno, 9 pues huelgan, y por eso gritan: "Tenemos que ir a sacrificar a nuestro Dios." Cargadlos de trabajos, que estén ocupados y no den oídos a los embustes." 10 Fueron, pues, los capataces y los escribas, y dijeron al pueblo: "Oíd lo que dice el faraón: "No os daré en adelante la paja, 11 id vosotros a recogerla donde podáis; pero no se os disminuirá en nada la tarea impuesta." 12 El pueblo se dispersó por toda la tierra de Egipto en busca de paja. 13 Los capataces los apremiaban: "Acabad la tarea impuesta para cada día, como cuando se os daba la paja." 14 Fueron castigados los escribas de los hijos de Israel que habían puesto sobre ellos los exactores del faraón, diciéndoles: "¿Por qué ni anteayer, ni ayer, ni hoy habéis completado la tarea de adobes como antes?" 15 Fueron los escribas de los hijos de Israel a quejarse al faraón, diciendo: "¿Cómo haces así con tus siervos? 16 A tus siervos no se les da paja y se nos dice: Haced los mismos adobes, y azotan a tus siervos como si la culpa fuera de tu pueblo." 17 El faraón respondió: "Es que holgáis, holgáis, y por eso decís: "Queremos ir a sacrificar a Yahvé." 18 Id, pues, a trabajar; no se os dará la paja, y habéis de hacer la misma cantidad de adobes."
La consecuencia de la petición de Moisés y Aarón no pudo ser más desafortunada, ya que los trabajos penosos sobre los israelitas se recrudecieron. El faraón dio orden a los capataces o supervigilantes de que no se les proveyera a los hebreos de la materia prima de paja, para que tuvieran que ir a buscarla. Los adobes eran fabricados de arcilla fangosa del Nilo y de paja para dar consistencia, como aún hoy día se fabrican por aquellas regiones. Los israelitas, por esta nueva orden, tenían que internarse en los campos a recoger la paja necesaria que antes se les administraba. Esto suponía duplicar el trabajo para los pobres hebreos. Los capataces, o noguesim, aparecen en los monumentos egipcios con el bastón en la mano para estimular a los trabajadores poco laboriosos. Los escribas son otra institución clásica de Egipto, que en el caso concreto tenían que llevar la contabilidad de la producción. Por el contexto se desprende que los escribas eran hebreos, pues salieron por los intereses de éstos, y fueron azotados por los capataces egipcios por no lograr la cantidad debida de adobes 3. Los escribas se presentaron al faraón por esta manera injusta de obrar 4, pidiendo más clemencia. Sabemos por ciertos textos egipcios que estas quejas y aun insubordinaciones de los obreros no eran raras en los trabajos públicos 5. Muchas veces pedían un trabajo más justo. En toda esta narración bíblica hay un sello egipcio perfectamente verosímil, y demuestra que el redactor conoce perfectamente el ambiente de la tierra de los faraones. La tarea de fabricar ladrillos era muy dura: "Era un trabajo fastidioso, pero no muy difícil. Se tomaba arcilla del Nilo, que se mezclaba con arena y paja. Para que la mezcla fuera buena, había que humedecer estos ingredientes, pisarlos a lo largo y removerlos de tiempo en tiempo. El obrero, con el molde cerca de él, echa esta mezcla húmeda, lo llena exactamente, quita lo que sobra con una pala de madera y después quita el molde, sin perjudicar al adobe. Se le deja secar durante ocho días y después es ya utilizable." 6
Queja de los Escribas ante Moisés y Aarón (19-23)
19 Los escribas de Israel viéronse angustiados por decírseles que no se disminuiría en nada la cantidad de adobes y que habían de hacer cada día la misma tarea. 20 Encontráronse con Moisés y Aarón, que estaban esperando a que saliesen de la casa del faraón, 21 y les dijeron: "Que vea Yahvé y juzgue, pues vosotros habéis sido causa de que el faraón no pueda vernos, y habéis puesto la espada en sus manos para que nos mate." 22 Entonces Moisés se volvió a Yahvé, diciendo: "Señor, ¿por qué castigas a este pueblo? ¿Para qué me has enviado? 23 Desde que fui al faraón para hablarle en tu nombre, maltrata al pueblo, y tú no haces nada por librarle."
El faraón, al recargar a los hebreos, pensaba hacer odioso al propio Moisés, al que achacarían el recrudecimiento de la servidumbre, como así sucedió. Los escribas hebreos se quejaron a Moisés, pues su intervención no sirvió sino para hacerles llevar una vida más insoportable. Moisés, sin excusarse ante ellos, se queja ante su propio Dios: ¿por qué le ha confiado una tarea tan ingrata y ha permitido que su petición haya servido para esclavizar más a sus compatriotas? ¿No le había prometido la liberación de su pueblo? ¿Por qué no interviene moviendo el corazón del faraón a su favor? (v.23). Los israelitas, creyendo en los portentos de Moisés, habían supuesto que la liberación era próxima, y así se sobreexcitaron sus esperanzas; pero ahora han quedado decepcionados y han caído en un estado de rencor y apatía.
1 El verbo hebreo empleado es hagag, e incluye la idea de una "fiesta" con peregrinación. Según la Ley, había tres haggim o "peregrinaciones" en el año: Ex 23:14-17. La raíz hebrea es idéntica a la árabe hadg (peregrinación a la Meca). — 2 Cf, M. J. Lagrange, Études sur les religions sémitiques (París 1903) p.297s. — 3 Sobre el oficio de escriba véase la bella descripción que hace uno del gremio: gh. Jean, Le Milieu Biblique II 1585. — 4 El TM dice literalmente: "tu pueblo es culpable," lo que no es verosímil en el contexto. Los LXX: "tú obras injustamente hacia tu pueblo." Peshitta: "tú tienes la culpa." — 5 Así aparece en el Papiro de Turín, pl.XLVIII y XLII. Véase art. Egypte: DVS II 789. — 6 P. Montet, La vie quotidienne en Égypte au temps des Ramsés (París 1946) p.159.