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35. La Construcción del Tabernáculo
Ofrendas del Pueblo Para el Tabernáculo (1-29)
1 Convocó Moisés la asamblea de todo Israel, y les dijo: "He aquí lo que Yahvé ha mandado hacer: 2 Seis días trabajaréis, pero el séptimo será para vosotros santo, día de descanso, consagrado a Yahvé. El que en ese día haga un trabajo cualquiera, será castigado con la muerte. 3 El sábado no encenderéis la lumbre en ninguna de vuestras moradas. 4 Moisés habló a toda la asamblea de los hijos de Israel, y les dijo: "He aquí lo que ha mandado Yahvé: 5 Tomad de vuestros bienes para hacer ofrenda a Yahvé. Ofrezcan todos voluntariamente una ofrenda de oro, plata, bronces, 6 jacinto, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabrá, 7 pieles de tejón teñidas de rojo y teñidas de jacinto, madera de acacia, 8 aceite para el candelabro, aromas para el óleo de la unción y para el timiama, 9 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral. 10 Cuantos de vosotros seáis hábiles, vengan para ejecutar todo lo que Yahvé ha mandado: 11 el habitáculo con su tabernáculo, su cubierta, sus anillos, sus tablones, sus travesanos, sus columnas y sus basas; 12 el arca y sus barras; el propiciatorio y el velo de separación; 13 la mesa con sus barras y los panes de la proposición; 14 el candelabro con sus utensilios, sus lámparas y el aceite para el candelabro; 15 el altar del timiama y sus barras; el óleo de unción y el timiama aromático; la cortina de la puerta de entrada al habitáculo; 16 el altar de los holocaustos, su rejilla de bronce, sus barras y todos sus utensilios; la pila y su base; 17 las cortinas del atrio, sus columnas, sus basas y la cortina para la puerta del atrio; 18 los clavos del habitáculo y del atrio y sus cuerdas; 19 las vestiduras sagradas para el servicio del santuario, las vestiduras sagradas para el sacerdote Aarón y las vestiduras de sus hijos para los ministerios sacerdotales." 20 Una vez que la asamblea de Israel salió de la presencia de Moisés, vinieron todos los de corazón generoso, 21 y todos aquellos a quienes impulsaba su ánimo a ofrecer dones a Yahvé para la obra del tabernáculo del testimonio y todo cuanto para el culto y las vestiduras sagradas era necesario. 22 Vinieron hombres y mujeres, y todos los de ánimo dispuesto ofrecieron pendientes, arillos, anillos, cadenas, brazaletes y toda suerte de objetos de oro, presentando cada uno la ofrenda de oro que dedicaba a Yahvé. 23 Cuantos tenían jacinto, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra y pieles de carnero teñidas de rojo y pieles de tejón, las trajeron. 24 Los que tenían plata o bronce se lo trajeron a Yahvé. Lo mismo hicieron los que tenían madera de acacia para los objetos destinados al culto. 25 Todas las mujeres que tenían habilidad para ello hilaron con sus manos lino, y trajeron su labor, el jacinto, la púrpura, el carmesí, el lino. 26 Todas las mujeres bien dispuestas y que tenían habilidad para ello, hilaron pelo de cabra. 27 Los principales del pueblo trajeron piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral; 28 aromas y aceite para el candelabro, para el óleo de unción y para el timiama. 29 Todos los hijos de Israel, hombres y mujeres, de corazón bien dispuesto, para contribuir a la obra que Yahvé había mandado hacer a Moisés, trajeron a Yahvé ofrendas voluntarias.

El precepto sabático tenía tal importancia en Israel, que le hallamos con frecuencia repetido en la Ley. Parece que aquí (v.2) el autor sagrado entrevé una época de intenso trabajo para la fabricación del santuario, y, temiendo que alguien crea que lo santo de la obra excusa la observación del sábado, lo vuelve a promulgar aquí, amenazando con la pena capital a quien lo quebrante.
Después de este preámbulo sobre el sábado, el legislador comunica las disposiciones de Yahvé tocantes al santuario, para el que son necesarios diversos materiales, tal como fue diseñado anteriormente. En la enumeración, el hagiógrafo reproduce palabra a palabra muchas veces lo ordenado en los c.25-31. Las ofrendas deben ser voluntarias. Y el pueblo responde generosamente en sus diversas clases sociales. Las mujeres, además de dar sus joyas, trabajan hábilmente para el santuario. Tenemos aquí el mismo espíritu de entrega que el mostrado por los primates del pueblo cuando se trató de la construcción del templo de Jerusalén 1. No deja de sorprender cómo pudo hallarse en el pueblo, que había salido huyendo de Egipto, tanta abundancia de material textil y de piedras preciosas, metales y hasta pieles de lujo. No cabe duda que aquí nos encontramos con el género literario hiperbólico, que tiende a idealizar la época del desierto a la luz de realizaciones posteriores en el templo suntuoso de Jerusalén. Ya hemos visto cómo la salida de los israelitas de Egipto es descrita gloriosamente como el ejército de Yahvé ordenado en escuadrones, cuando en realidad eran una masa amorfa del pueblo que, atemorizada, se fue con Moisés a ciegas hacia el desierto, huyendo de los egipcios. No debemos olvidar que los textos del Pentateuco en gran parte han sido retocados por redactores posteriores, y éstos reflejan y trasladan concepciones de su época a los tiempos mosaicos del desierto. Prueba de ello son las leyes concretas relativas a la vida agrícola de Palestina, desconocida de las tribus nómadas de pastores acaudilladas por Moisés. El hagiógrafo quiere en este caso de las ofrendas más preciadas al tabernáculo mostrar la devoción y entrega del pueblo en masa para cumplir la voluntad de Yahvé.
Los Artistas (35:30-36:7).
30 Moisés dijo a los hijos de Israel: "Sabed que Yahvé ha elegido a Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá. 31 El le ha llenado del espíritu de Dios, de sabiduría, de entendimiento y de ciencia para toda suerte de obras, 32 para proyectar, para trabajar el oro, la plata y el bronce; 33 para grabar piedras y engastarlas, para tallar la madera y hacer toda clase de obras de arte. 34 E1 ha puesto en su corazón el don de la enseñanza, así como en el de Oliab, hijo de Ajisemec, de la tribu de Dan. 35 Los ha llenado de inteligencia para ejecutar toda obra de escultura de arte, para tejer en diversos dibujos el jacinto, la púrpura, el carmesí, el lino; para ejecutar toda suerte de trabajos y para proyectar combinaciones.

1 Cf. 1 Par 29:63.
36. Los Directores de las Obras
1 Besalel, Oliab y todos los hombres hábiles, en cuyo corazón había puesto Yahvé inteligencia y se sentían impulsados en su corazón para trabajar en esta obra, hicieron lo destinado al servicio del santuario como Dios se lo había mandado a Moisés. 2 Llamó Moisés a Besalel y a Oliab y a todos los hombres hábiles a quienes había dado Yahvé entendimiento y corazón dispuesto, a ponerse a la obra para realizarla, 3 y ellos tomaron de Moisés los dones que los hijos de Israel habían traído para ejecutar las obras destinadas al servicio del santuario, y cada mañana seguía el pueblo trayendo a Moisés sus voluntarias ofrendas. 4 Pero un día los que hacían las obras para el santuario dejaron el trabajo, 5 y vinieron a decir a Moisés: "El pueblo trae bastante más de lo que se necesita para hacer lo que el Señor ha mandado." 6 Y Moisés hizo publicar en el campamento que ninguno, hombre o mujer, trajera ya más dones para el santuario, y se impidió al pueblo traer más. 7 Lo reunido bastaba y sobraba para todo lo que había de hacerse.

Dios había señalado a Moisés los principales ejecutores de sus planes y los que habían de dirigir toda la ejecución de la obra, pero no podían ser ellos los únicos en el trabajo. Moisés invitó por ello a cuantos se creían dotados de habilidad, y aquí de nuevo aparece la devoción popular. Hombres y mujeres, cuantos había en el pueblo capaces de alguna labor, acudieron a ponerse bajo la dirección de los maestros para trabajar a sus órdenes. Cuando Salomón se propuso levantar el templo de su Dios, no encontró maestros en Israel y hubo de acudir a Hiram, rey de Tiro 1, como lo había hecho su padre para edificar su casa 2. Naturalmente, el tabernáculo del desierto era más sencillo de construcción, y no hacían falta maestros canteros ni otros artífices selectos, sino únicamente carpinteros, herreros, tejedores y joyeros. Entre los que salían de Egipto, algunos debían conocer estos oficios, corrientes en la tierra de los faraones, y, puesto que la obra a realizar no era de grandes dimensiones, con algunos bastaba. Es curiosa la observación del hagiógrafo de que fue tanta la afluencia de materiales entregados, que los artistas pidieron a Moisés que prohibiera al pueblo que llevaran más. No cabe mejor elogio de las buenas disposiciones del pueblo, sin duda impresionado por la matanza de muchos después de la adoración del becerro de oro.
La Fabricación del Tabernáculo (8-38)
8 Los hombres hábiles, de los que trabajaron en la obra, hicieron el habitáculo de diez cortinas de hilo torzal, de lino, jacinto, púrpura y carmesí, con querubines, en un artístico tejido. 9 El largo de cada cortina era de veintiocho codos, y el ancho, de cuatro, todas de las mismas medidas. 10 Uniéronse cinco de estas cortinas en un conjunto, y cinco en otro. 11 Se pusieron los lazos del jacinto al borde de la cortina que terminaba el primer conjunto, y lo mismo se hizo al borde de la última cortina del segundo. 12 Cincuenta lazos para la primera cortina y otros cincuenta para el borde de la segunda de la última del segundo conjunto, correspondiendo los lazos unos con otros. 13 Se hicieron cincuenta garfios de oro, con los que se unían unas a otras las cortinas, de modo que el habitáculo hiciera un solo conjunto. 14 Se hicieron los tapices de pelo de cabra, para servir de tabernáculo sobre el habitáculo; 15 cada uno de treinta codos de largo y cuatro de ancho, todos de la misma medida. 16 Se unieron estos tapices, cinco en una parte y seis en otra. 17 Se pusieron cincuenta lazos en el borde de la cortina que terminaba una parte y cincuenta en el borde de la que terminaba la otra, 18 y cincuenta garfios de bronce para unir las cortinas, de modo que formasen un todo. 19 Se hizo para el tabernáculo una cubierta de pieles de tejón teñidas de rojo, y encima otra de pieles de carnero, teñidas de jacinto. 20 Hiciéronse los tablones para el habitáculo; eran de madera de acacia, para ponerse de pie; 21 cada uno de diez codos de largo y codo y medio de ancho. 22 Cada tablón tenía dos espigas, cerca una de otra, y así se hicieron todos los tablones del habitáculo. 23 Se hicieron veinte tablones para el habitáculo en el costado del mediodía, hacia el sur. 24 Se pusieron las cuarenta basas de plata debajo de los veinte tablones, dos para cada una, para sus dos espigas. 25 Para el segundo costado, el del norte, se hicieron otros veinte tablones, 26 con sus cuarenta basas de plata, dos para debajo de cada uno. 27 Se hicieron seis tablones para el fondo del habitáculo, al lado de occidente, 28 y dos para los ángulos del habitáculo en el fondo; 29 eran dobles desde la basa hasta arriba, junto al primer anillo; así se hicieron estos tablones para los dos ángulos. 30 Había, pues, ocho tablones con dieciséis basas, dos bajo cada tablón. 31 Se hicieron cinco travesanos de madera de acacia para los tablones de un costado del habitáculo, 32 cinco para los del otro costado y cinco para los del fondo del lado de occidente. 33 El travesano de en medio se extendía a todo lo largo de los tablones del uno al otro extremo. 34 Se revistieron de oro los tablones y se hicieron de oro los anillos por donde pasaban las barras traveseras, y se revistieron éstas de oro. 35 Se hizo el velo de jacinco, púrpura, carmesí e hilo de lino torzal, con querubines trazados en un artístico tejido. 36 Se hicieron para él cuatro columnas de madera de acacia revestida de oro, con garfios de oro, y se fundieron para ellas cuatro basas de plata. 37 Se hizo para la entrada del tabernáculo un velo de jacinto, púrpura, carmesí e hilo torzal, en tejido de vario dibujo. 38 Se hicieron para este velo cinco columnas con sus garfios, revistiendo de oro los capiteles y los anillos, siendo de bronce las cinco basas.

Desde que comenzó la obra se podía repetir el fervet opus, porque todos trabajaban con ardor en aquello que les había sido encomendado, de suerte que en nueve meses quedó concluida toda la obra. La descripción de la construcción del tabernáculo y sus diferentes partes está calcada casi literalmente en las órdenes detalladas dadas para su erección que hemos visto antes 3, aunque aquí, más lógicamente, se describe primero el habitáculo y después sus utensilios.

1 Cf. 1 Re 5:6; 7:13. — 2 2 Sam 5:17. — 3 Cf. Ex 26:1-37.
37. Objetos Litúrgicos
El Arca (1-9)
1 Besalel hizo el arca de madera de acacia, de dos codos y medio de largo, y uno y medio de ancho, y uno y medio de alto. 2 La revistió de oro puro por dentro y por fuera e hizo en ella una moldura todo en derredor. 3 Fundió para ella cuatro anillos de oro, poniéndolos a sus cuatro pies, dos a un lado y dos al otro. 4 Hizo las barras de acacia, y las revistió de oro, 5 y pasó las barras por los anillos de los lados para poder llevarla. 6 Hizo el propiciatorio de oro puro, de dos codos y medio de largo y codo y medio de ancho; 7 y los dos querubines de oro, de oro batido, haciendo un cuerpo con los dos extremos del propiciatorio; 8 los dos querubines salían del propiciatorio mismo en sus dos extremos; 9 tenían las alas desplegadas hacia lo alto y cubrían con ellas el propiciatorio, de cara el uno al otro, y con el rostro vuelto hacia el propiciatorio.

La descripción coincide en la forma y medidas con la que hemos visto proyectada ya anteriormente: un cofre de unos 1,25 metros de largo por 0,75 de alto y de ancho. Sobre ella, el opérculo o propiciatorio, y sobre éste dos querubines con dos alas extendidas uno contra otro, con el rostro vuelto hacia el propiciatorio. Eran como el escabel de la majestad divina invisible, que especialmente se hacía presente en el "arca del testimonio." En Dt 10:3 dice Moisés que él hizo el arca de acacia, lo que no está en contradicción con lo que se dice aquí de que el constructor fue el artista Besalel, ya que éste trabajaba a las órdenes y según los diseños de Moisés.
La Mesa de los Panes de la Proposición (10-16)
10 Hizo la mesa de madera de acacia, de dos codos y medio de largo, un codo de ancho y codo y medio de alto. 11 La revistió de oro puro, e hizo la moldura todo en derredor. 12 Hizo el reborde de oro, de un codo de alto, y en él una moldura de oro, todo en derredor. 13 Fundió para la mesa cuatro anillos de oro y los puso a los cuatro pies de ella. 14 Los anillos estaban cerca del reborde, y servían para recibir las barras con que transportarla. 15 Hizo las barras de acacia y las revistió de oro; servían para llevar la mesa. 16 Hizo todos los utensilios de la mesa, sus platos, sus cazoletas, sus copas y sus tazas para las libaciones, todo de oro puro.

La "mesa de los panes de la proposición" es — conforme a lo establecido en 25:23-30 — de unos 1,25 metros de largo por unos 0,75 de alto y 0,50 de ancho. No faltaban las molduras de oro y los cuatro anillos de oro para colocar en ellos las barras traveseras que habían de transportarla.
El Candelabro (17-24)
17 Hizo de oro puro el candelabro, con su pie y su tallo de oro batido; sus cálices, sus globos y sus lirios hacían un cuerpo con él. 18 De su tallo salían seis brazos, tres de un lado y tres de otro. 19 Tenía en el primer brazo tres cálices de flor de almendro figurando un botón que se abre, y otros tres de la misma forma en el segundo brazo, y lo mismo en todos los seis brazos que salían del candelabro. 20 En el talle del candelabro había otros cuatro cálices de flor de almendro figurando un botón que se abre, 21 el primero en el arranque de los dos primeros brazos, el segundo en el arranque de los dos últimos. 22 Los brazos y sus cálices hacían todos un cuerpo con el candelabro, y todo él era una sola masa de oro puro. 23 Hizo siete lámparas con sus despabiladeras y su plato de oro, de oro puro todo. 24 Se empleó para hacer el candelabro y sus utensilios un talento de oro puro.

La descripción detallada del candelabro es conforme a su proyecto, ya descrito en 25:31-40. Véase allí el comentario.
El Altar de los Perfumes (25-29)
25 Hizo el altar del timiama, de madera de acacia, de un codo de largo, un codo de ancho y dos codos de alto; sus cuernos hacían con él un solo cuerpo; 26 le revistió de oro puro por encima, por los lados, todo en derredor y los cuernos, y le adornó con una moldura de oro puro todo en derredor. 27 Por debajo de la moldura colocó los anillos de oro a los dos ángulos, dos en cada lado, para recibir las barras que servían para transportarlo. 28 Hizo las barras de madera de acacia y las revistió de oro. 29 Hizo también el óleo de la unción y el timiama según las reglas del arte de la perfumería.

El altar de los perfumes tenía un metro de altura por 0,50 de ancho y de largo, con los ángulos en forma de cuerno, como ya se indicó en el proyecto antes explicado 1. Como en el arca y en la mesa de los panes de la proposición, no faltaban los anillos para llevar las barras traveseras o andas que debían transportarlo.

1 Cf. Ex 30:1-5 y com.
38. Partes del Tabernáculo
El Altar de los Holocaustos (1-8)
1 Hizo el altar de los holocaustos de madera de acacia, de cinco codos de largo, cinco de ancho, cuadrado, y tres codos de alto. 2 A los cuatro ángulos hizo los cuernos, formando con él un solo cuerpo, y los revistió de bronce. 3 Hizo todos sus utensilios, los vasos para la ceniza, las palas, las bandejas, los tenedores y los braseros. Todos estos utensilios eran de bronce. 4 Hizo para el altar una rejilla de bronce, a modo de malla, y la colocó debajo de la cornisa del altar, hacia la mitad de él, por debajo. 5 Fundió cuatro anillos para las cuatro puntas de la rejilla de bronce, para recibir las barras. 6 Hizo las barras de madera de acacia y las revistió de bronce, 7 y pasó las barras por los anillos a los dos lados del altar, para transportarlo. Lo hizo hueco, en tableros. 8 Hizo el pilón de bronce, con los espejos de las mujeres que velaban a la entrada del tabernáculo de la reunión.

La descripción es idéntica a la de 27:1-8. En el v.8 se añade la anotación de que con el bronce de los espejos de las mujeres se hizo el pilón de bronce del santuario. Supone que había mujeres que "con espejos velaban a la entrada del tabernáculo de la reunión" (v. 8). Los autores suelen recordar, a propósito de esto, que en los santuarios egipcios se presentaban mujeres con un espejo en la mano izquierda. Parece que se trata de grupos de mujeres piadosas que frecuentaban el santuario. Pero, en realidad, ésta es la primera información a este respecto. En 1 Sam 2:22 se dice que los hijos de Helí tenían relaciones sexuales con las mujeres "que velaban a la puerta del tabernáculo de la congregación." San Lucas hablará de la profetisa Ana, que estaba dedicada al servicio del templo 1.
El Atrio (9-20)
9 Hizo el atrio. Las cortinas del atrio para el lado del mediodía eran de lino torzal y de cien codos de largo. 10 Había veinte columnas con sus veinte basas de bronce. Los garfios de las columnas y sus anillos eran de plata. 11 Del lado del norte había cien codos de cortina con veinte columnas y sus veinte basas de bronce. Los garfios de las columnas y los anillos eran de plata. 12 Del lado de occidente había cincuenta codos de cortina y diez columnas con sus diez basas. Los corchetes de las columnas y sus garfios eran de plata. 13 En el lado de delante, al oriente, había cincuenta codos; 14 quince codos de cortina de una parte y tres columnas con sus basas, 15 y quince codos de cortina de la otra, con tres columnas y tres basas; una parte a un lado de la entrada del atrio, la otra al otro. 16 Todas las cortinas que cerraban el atrio eran de hilo torzal de lino; 17 las basas de las columnas, de bronce; los garfios y los anillos, de plata, y los capiteles estaban revestidos de plata. 18 La cortina de la entrada del atrio estaba tejida en vario dibujo, en hilo torzal, jacinto, púrpura y carmesí; era de veinte codos de largo y cinco de alto en lo ancho, según la medida de las otras cortinas del atrio. 19 Sus cuatro columnas y sus cuatro basas, de bronce; los garfios y los anillos, de plata, y los capiteles, revestidos de plata. 20 Todos los clavos para el habitáculo y el recinto del atrio eran de bronce.

La descripción del atrio, o rectángulo que rodeaba al santuario, es sustancialmente la que hemos visto en 27:9-19.
Sarna del Importe de Materiales Empleados (21-31)
21 He aquí el cómputo de lo empleado para el habitáculo; el habitáculo del testimonio, hecho por los levitas de orden de Moisés y bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón. 22 Besalel, hijo de Urí, hijo de Jur, de la tribu de Judá, hizo cuanto Yahvé había mandado a Moisés, 23 teniendo por ayudante a Oliab, hijo de Ajisemec, de la tribu de Dan, hábil escultor, dibujante, para tejido en varios dibujos en jacinto, púrpura y carmesí, de lino torzal. 24 El total de oro empleado en la obra del santuario, producto de las ofrendas, veintinueve talentos con setecientos treinta siclos al peso del siclo del santuario. 25 La plata de los de la asamblea que fueron incluidos en el censo se elevó a cien talentos y mil setecientos setenta y cinco siclos al peso del siclo del santuario. 26 Era una beca por cabeza, medio siclo, según el siclo del santuario, para cada hombre comprendido en el censo, de veinte años para arriba, o sea, de seiscientos tres mil quinientos cincuenta. 27 Los cien talentos de plata se emplearon para fundir las basas del santuario, las del velo; cien talentos, un talento por basa. 28 Con los mil setecientos setenta y cinco siclos se hicieron los garfios para las columnas y se revistieron los capiteles. 29 El bronce ofrendado subió a setenta talentos y dos mil cuatrocientos siclos. 30 De él se hicieron las basas de la entrada del tabernáculo de la reunión, el altar de bronce, con su rejilla, y todos sus utensilios; 31 las basas del recinto del atrio y las de la puerta, y todas las otras piezas de bronce del habitáculo y del recinto del atrio.

La sección de los v.21-31 interrumpe el relato de los c. 38 y 39. Por otra parte, parece que se anticipan ciertos hechos, pues supone a los levitas ya en funciones, lo que, según Núm 3, no tuvo lugar sino en el segundo mes del año segundo después de la salida de Egipto 2. Además, la evaluación de sumas de dinero aportadas supone el empadronamiento ordenado al principio del libro de los Números. Una tal evaluación parece basarse sobre una confusión entre la ofrenda voluntaria exigida para la construcción del santuario y la tasa de medio siclo impuesta como contribución para asegurar el servicio de la "tienda de la reunión."3 La mención del siclo del santuario en los dos pasajes (38:26 y 30:13) supone la distinción establecida entre este siclo y el siclo ordinario; y esta distinción es de época tardía, y sólo se concibe después del establecimiento en Canaán. Se supone que esta perícopa (38:21-31) formaba originariamente parte de un sumario más detallado que comprendía igualmente lo que había sido entregado en maderas, telas y piedras preciosas, del que provendría el principio del 39:1a 4.
Las estimaciones dadas aquí en talentos de oro o de plata son extremadamente exageradas, según es ley en estas descripciones sobre el glorioso pasado, idealizado conforme a concepciones grandiosas en consonancia con la magnificencia del templo de Salomón, y aun así la imaginación del redactor se desborda. Suponiendo el talento con un valor de 3.000 siclos, y el siclo de unos 15 gramos (varía el valor del siclo de 12 gramos a 16 gramos), cien talentos de plata y 29 de oro son una suma exorbitante, que no es imaginable se encontrara en poder de los israelitas por mucho que hubieran expoliado a los egipcios al salir. Lo mismo hay que decir de la cifra de 603.550 hombres empadronados de veinte años para arriba (v.26). Al comentar la cifra de 600.000 varones de a pie salidos de Egipto, hemos indicado cómo el redactor ha aumentado las cifras para idealizar la historia, concibiendo al pueblo hebreo como un ejército digno de paragonarse con el del mismo faraón. Estas cifras exorbitantes han de ser explicadas a la luz de la épica popular, que ha engrandecido los acontecimientos históricos, trasladando al pasado reflejos ambientales de su tiempo. Tenemos que suponer que el tabernáculo del desierto era modesto, conforme exigían las circunstancias de la vida nómada esteparia, si bien de gran magnificencia en comparación con las otras tiendas de pieles de cabra de los israelitas.

1 Lc 2:37. — 2 Cf. Núm 1:1. — 3 Ex 30:11-16. — 4 A. Clamer, o.c., p.284.
39. Los Ornamentos Sagrados
Los Vestidos Sacerdotales (1-32)
1 Con el jacinto, la púrpura y el carmesí se hicieron también las vestiduras sagradas para el ministerio del santuario; las vestiduras sagradas de Aarón, como lo había mandado Yahvé: 2 el efod, de oro, hilo torzal de lino, jacinto, púrpura y carmesí en obra plumaria. 3 Laminó el oro y cortó las láminas en hilos para entretejerlos con el jacinto, la púrpura y el carmesí en obra plumaria; 4 las dos hombreras que unían una a la otra las dos bandas por dos extremos; 5 el cinturón del efod que éste lleva unido y es del mismo tejido, oro, jacinto, púrpura y carmesí. 6 Talló dos piedras de ónice, encerradas en dos cápsulas de oro, para el engaste, y con los nombres de los hijos de Israel grabados según el arte de los grabadores de sellos; 7 y las puso a las hombreras del efod, para memoria de los hijos de Israel, como a Moisés se lo mandó Yahvé. 8 Se hizo el pectoral, artísticamente trabajado, del mismo tejido del efod, oro, jacinto y púrpura y carmesí, en hilo torzal de lino. 9 Era cuadrado y doble, de un palmo de largo y uno de ancho. 10 Se le guarneció de cuatro filas de piedras; en la primera fila, una sardónice, un topacio y una esmeralda; 11 en la segunda, un rubí, un zafiro y un diamante; 12 en la tercera, un ópalo, un ágata y una amatista; 13 y en la cuarta, un crisólito, una ónice y un jaspe. 14 Las piedras estaban engastadas en cápsulas de oro y correspondían a los nombres de los hijos de Israel, las doce según sus nombres, grabados en ellas como se graban los sellos, un nombre en cada una. 15 Se hicieron para el pectoral cadenillas de oro torcidas en forma de cordones; 16 dos cápsulas de oro y dos anillos de oro, y se pusieron los anillos a los extremos superiores del pectoral. 17 Se pasaron los dos cordones de oro por los dos anillos de los extremos del pectoral a las dos cápsulas colocadas delante de las hombreras del efod. 18 Se fijaron estos dos cordones a las dos cápsulas puestas en las hombreras del efod. 19 Se hicieron otros dos anillos de oro, que se pusieron en los dos extremos inferiores del pectoral, a la parte baja del efod por de fuera; 20 se hicieron otros dos anillos de oro, que se pusieron en las dos hombreras del efod, abajo, en la parte delantera, cerca de la juntura, por encima del cinturón del efod, 21 y fijaron el pectoral, uniéndose por sus anillos a los anillos del efod con una cinta de jacinto, para que se sostuviese el pectoral sobre la cintura del efod, sin separarse de él, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. 22 Se hizo la sobretúnica del efod, toda de una pieza, tejida en jacinto. 23 Tenía en medio una abertura semejante a la de una cota y con un reborde todo en torno para que no se rasgase. 24 Se pusieron en la orla inferior granadas de jacinto, de púrpura y carmesí, en hilo de lino torzal, 25 y se hicieron las campanillas de oro puro, poniéndolas entre las granadas en el borde inferior de la vestidura, todo en derredor, 26 una campanilla y una granada, una campanilla y una granada, en el borde de la vestidura todo en derredor, para el ministerio, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. 27 Se hicieron las túnicas de lino tejidas de Aarón y sus hijos; 28 las tiaras de lino para el ministerio; los calzones de hilo torzal de lino; 29 el cinturón de torzal de lino, jacinto, púrpura y carmesí en tejido plumario, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. 30 Hicieron de oro puro la lámina, la diadema sagrada, y grabaron en ella, como se graban los sellos, "Santidad de Yahvé," 31 y se la ató como una cinta de jacinto a la tiara, arriba, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. 32 Así se acabó toda la obra del habitáculo y del tabernáculo de la reunión, y los hijos de Israel hicieron todo lo que Yahvé había mandado a Moisés, así lo hicieron.

En esta descripción encontramos repetida la descripción de las vestiduras y distintivos del sumo sacerdote que hemos visto en el c.28, aunque con alguna variante de redacción. Así, en el pectoral no se alude al urim y al tummim (28:30), aunque en el Pentateuco samaritano es mencionado. Para la explicación de los detalles de estas vestiduras véase el comentario al c.28.
Presentación de los Trabajos a Moisés (33-43)
33 Presentaron a Moisés el habitáculo, el tabernáculo y todos los objetos que hacían parte de ellos, los garfios, las tablas, los travesanos, las columnas, las basas, 34 la cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, la cubierta de pieles de tejón y el velo de separación, 35 el arca del testimonio con sus barras y el propiciatorio; 36 la mesa con todos sus utensilios, y los panes de la proposición; 37 el candelabro de oro puro con sus lámparas; las lámparas que habían de ponerse en él; todos sus utensilios y el aceite para las lámparas; 38 el altar de oro, el óleo de la unción y el timiama; el velo para la entrada del tabernáculo; 39 el altar de bronce y la rejilla de bronce, sus barras y todos sus utensilios; la pila con su base; 40 las cortinas del atrio, sus columnas, sus basas; la cortina de la entrada del atrio, sus cuerdas y sus clavos] y todos los utensilios para el servicio del habitáculo, para el tabernáculo de la reunión; 41 las vestiduras sagradas para el servicio del santuario, las del sacerdote Aarón y las de sus hijos para las funciones sacerdotales. 42 Los hijos de Israel habían hecho todas sus obras conforme a lo que Yahvé había mandado a Moisés. 43 Moisés lo examinó todo, viendo lo que habían hecho, y todo lo habían hecho como Yahvé se lo había mandado, y Moisés los bendijo.

Aquí el hagiógrafo atribuye a todos los hijos de Israel la obra grandiosa realizada para reconocer la generosidad con que habían acudido para su erección y construcción. En cambio, aquí no se menciona a los directores artistas, que han sido los verdaderos autores de la obra. Moisés inspeccionó todo lo hecho y dio su aprobación, pues respondía a los planos primitivos trazados por el mismo Yahvé (v.43). La afirmación hay que entenderla en el estilo de concepción teocrática: todas las obras importantes en la vida de Israel son directamente atribuidas a Yahvé, que es el Salvador y verdadero Forjador de la comunidad israelita como nación.
40. Erección e Inauguración del Tabernáculo
1 Yahvé habló a Moisés, diciendo: 2 "El día primero del mes prepararás el habitáculo y el tabernáculo de la reunión, 3 y pondrás en él el arca del testimonio y la cubrirás con el velo; 4 llevarás la mesa y dispondrás lo que en ella se ha de poner; llevarás el candelabro y colocarás en él las lámparas; 5 pondrás el altar de oro para el timiama delante del arca del testimonio, y el habitáculo del tabernáculo de la reunión. 6 Pondrás el altar de los holocaustos delante de la entrada del tabernáculo de la reunión. 7 Pondrás la pila entre el tabernáculo de la reunión y el altar y echarás agua en ella: 8 alzarás el atrio en torno y pondrás la cortina a la entrada del atrio. 9 Tomarás óleo de unción, ungirás el habitáculo y cuanto en él se contiene; lo consagrarás con todos los utensilios, y será santo; 10 ungirás el altar de los holocaustos y todos sus utensilios; consagrarás el altar y será santísimo; 11 ungirás la pila con su base y la consagrarás. 12 Harás avanzar a Aarón y a sus hijos cerca de la entrada del tabernáculo y los lavarás en el agua, 13 y luego revestirás a Aarón de sus vestiduras sagradas, y será sacerdote a mi servicio; 14 harás acercar a sus hijos y, después de revestirlos de sus túnicas, 15 los ungirás como ungiste al padre, y serán sacerdotes a mi servicio. Esta unción los ungirá sacerdotes perpetuamente entre sus descendientes." 16 Moisés hizo todo lo que le ordenaba Yahvé; como se lo ordenó, así lo hizo. 17 El día primero del año segundo fue alzado el tabernáculo; 18 Moisés lo alzó, puso los tablones, las barras, los travesanos, y alzó las columnas; 19 extendió el tabernáculo sobre el habitáculo y puso por encima la cubierta del tabernáculo, como se lo había mandado Yahvé a Moisés. 20 Tomó el testimonio y lo puso dentro del arca, y puso las barras del arca, y encima de ella el propiciatorio. 21 Llevó el arca al habitáculo, y, habiendo colocado el velo de separación, ocultó el arca del testimonio, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. 22 Puso la mesa en el tabernáculo de la reunión al lado norte del habitáculo, por fuera del velo, 23 y dispuso en ella los panes, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. 24Puso el candelabro en el tabernáculo de la reunión, frente por frente de la mesa, al lado meridional del habitáculo, 25 y colocó en él las lámparas, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. 26 Puso el altar de oro en el tabernáculo de la reunión, delante del velo, 27 y quemó sobre él el timiama, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. 28 Puso la cortina a la entrada del habitáculo. 29 Colocó el altar de los holocaustos a la entrada del habitáculo, y ofreció el holocausto y la oblación, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. 30 Puso el pilón entre el tabernáculo de la reunión y el altar, y echó agua en él para las abluciones; 31 Moisés, Aarón y sus hijos se lavaron en él las manos y pies. 32 Siempre que entraban en el tabernáculo de la reunión para acercarse al altar, se lavaban, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. 33 Alzó el atrio en torno del habitáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Así acabó Moisés su obra. 34 Entonces la nube cubrió el tabernáculo de la reunión, y la gloria de Yahvé llenó el habitáculo. 35 Moisés no pudo ya entrar en el tabernáculo de la reunión, porque estaba encima la nube, y la gloria de Yahvé llenaba el habitáculo. 36 Todo el tiempo que los hijos de Israel hicieron sus marchas, se ponían en movimiento cuando se alzaba la nube sobre el tabernáculo; 37 y si la nube no se alzaba, no marchaban hasta el día que se alzaba. 38 Pues la nube de Yahvé se posaba durante el día sobre el tabernáculo, y durante la noche la nube se hacía ígnea a la vista de todos los hijos de Israel, todo el tiempo que duraron sus marchas.

La descripción responde detalladamente a los planos ordenados que hemos visto. La fecha de la erección es nueve meses después de la llegada al Sinaí: el primer día del primer mes del segundo año del éxodo de Egipto. Los V.29-30 parecen una anticipación, ya que aparecen Aarón y sus hijos en funciones sacerdotales, mientras que en Lev 8 es Moisés el que ofrece el sacrificio.
El día de la consagración, Yahvé tomó posesión del tabernáculo en forma de nube1. En la dedicación del templo de Jerusalén se repitió el fenómeno, de forma que los sacerdotes no podían entrar en el lugar santo 2. Moisés recibió las tablas de la Ley envuelto en la nube, símbolo sensible de la presencia de Yahvé 3. Esa misma nube es la que guiará sensiblemente a los israelitas por las etapas del desierto 4. Es la manifestación sensible de Yahvé a su pueblo y prenda de la protección que les ha de otorgar hasta que lleguen a la tierra de promisión.
Como los planos eran de Dios y los obreros principales preparados por El, pues se trataba de su morada, así ahora, concluida la obra, se hace la erección bajo las órdenes directas del mismo Yahvé. Cada cosa es colocada en su lugar previsto. Y entonces, una vez terminado todo, llegó el momento de Yahvé. Una nube luminosa, imagen de Dios, descendió sobre el tabernáculo y Yahvé tomó posesión de él. Desde ahora Yahvé establece su morada en medio de su pueblo para ser su Dios y para que Israel sea su pueblo, según tantas veces afirman los profetas. Cuando el profeta Ezequiel nos quiere mostrar a Dios abandonando su pueblo al furor de los caldeos, sale del templo una nube por la parte de oriente, y cuando luego quiere manifestar la reconciliación con Israel, en los días de la restauración, la misma nube vuelve por el mismo camino a instalarse en el templo restaurado 5. Hermosas y expresivas imágenes de un misterio consolador, el misterio de la presencia de Yahvé en medio de su pueblo para santificarlo y colmarlo de bendiciones, y hermoso y expresivo tipo de Cristo presente en medio de la Iglesia en el sacramento de la Eucaristía. Todo esto nos muestra cuan sabiamente iba Dios preparando en el Antiguo Testamento la realización de los misterios del Nuevo. El Eclesiástico, queriendo darnos una explicación moral de esta imagen, dice que la sabiduría recibió del Señor este mandato: "Habita en Jacob y establece tu tienda en Israel... Y así tuve en Sión mi morada fija y estable, reposé en la ciudad de El amada, y en Jerusalén tuve la sede de mi imperio; eché raíces en el pueblo glorioso, en la porción del Señor, su heredad."6 Y puesto que Yahvé ha tomado posesión de su tabernáculo en medio del pueblo, es natural que lo tome asimismo de su gobierno y dirección, y así los últimos versículos del Éxodo nos declaran cómo Dios regía las marchas en Israel, y se alzaba la nube cuando habían de levantar el campo, y se quedaba quieta cuando debían acampar. Y para que esta presencia de Dios fuera más visible, la nube se volvía ígnea durante la noche, de suerte que todos pudiesen verla. Yahvé, generalísimo de los ejércitos de Israel, será el que dé las órdenes de partida 7.
Es la idea que el Deuteronomio expresa mediante una imagen más familiar: "Has visto cómo en el desierto te ha llevado Yahvé, tu Dios, como lleva un padre a su hijo, por todo el camino que habéis recorrido hasta llegar a este lugar."8 Esta idea de Dios guiando por el desierto al pueblo que había sacado de Egipto se halla tan impresa y viva en el alma de los autores sagrados, que ella misma les sugiere imágenes a cuál más expresivas para transmitirlas al pueblo.
Consideraciones Generales Sobre el Santuario de Israel
Los Padres de la Iglesia designan como cosas sagradas el santuario, lugar en que se rinde culto a Dios, y los enseres del mismo, a saber, el arca de la alianza, el candelero, la mesa, el altar de los perfumes, el altar de los holocaustos, el pilón y los vasos y otros instrumentos menores necesarios en los sacrificios. Las fuentes históricas para estudiar estas cosas sagradas las habremos de dividir en grupos.
El Primitivo Tabernáculo de Moisés. Los nómadas viven en tiendas de campaña, que en un momento se levantan, se pliegan, se cargan en los camellos y se trasladan a otra parte, según las exigencias de la vida pastoril. Sus templos, si los tienen, serán también tiendas de campaña, que, para distinguirlas de las ordinarias, designamos con el nombre latino de tabernáculo. Tal fue el templo que tuvo Israel durante su peregrinación por el desierto y aun mucho tiempo después, mientras conservó el recuerdo de su vida nómada. Así dijo Yahvé a David cuando quería levantar a su Dios una casa de cedro: "Mira, yo no he habitado en casa desde el día que saqué de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, sino que he andado en una tienda, en un tabernáculo."9 La historia de esta tienda no carece de dificultades, las cuales procuraremos aclarar como mejor sea posible.
En efecto, mucho antes de llegar los israelitas al Sinaí recibieron de Dios la bendición del mana. Para conservar la memoria de tal beneficio dijo Moisés a Aarón: "Toma un vaso y pon en él un ómer de maná lleno y deposítalo ante Yahvé, que se conserve para vuestras generaciones. Aarón lo depositó ante el testimonio, como lo había mandado Yahvé a Moisés 10. El texto griego en ambos lugares dice que el vaso se depositó ante Dios. Este mandato supone que en el campo de Israel había una tienda a modo de santuario nacional en que Dios moraba. Aunque este texto puede considerarse como anticipación redaccional del compilador posterior a Moisés.
Otro texto del mismo Éxodo es muy explícito, aunque, al parecer, se halla fuera de su contexto histórico, que le daría más claridad. Dice así: "Moisés tomó la tienda y la plantó fuera del campamento, a cierta distancia. Le había dado el nombre de tienda de la reunión, y todo el que deseaba consultar a Yahvé iba a la tienda de la reunión, que estaba fuera del campamento. Cuando Moisés se dirigía a la tienda, se levantaba el pueblo todo, estándose todos a las puertas de sus tiendas, y seguían con sus ojos a Moisés hasta que entraba en la tienda. Una vez que entraba en ella Moisés, bajaba la columna de nube y se posaba a la entrada de la tienda, y Yahvé hablaba con Moisés. Todo el pueblo, al ver la columna de la nube posada ante la entrada de la tienda, se alzaba y se postraba a la entrada de su tienda. Yahvé hablaba a Moisés cara a cara, como habla un hombre a su amigo. Luego volvía Moisés al campamento, pero su ministro, el joven Josué, hijo de Nun, no se apartaba de la tienda."11 Esto es claro. En el campo de Israel hay una tienda que Moisés plantó separada de las demás; a ella acude el profeta a consultar con su Dios, que baja en forma de columna de nube y habla familiarmente con su siervo. Moisés lleva a Yahvé las cuestiones que el pueblo le propone. El nombre de tienda de la reunión 2sto significa, pues a ella acude el pueblo con sus preguntas. La tienda está al cuidado de Josué, su lugarteniente militar, el cual no se aparta de ella mientras Moisés va y vuelve cuando quiere consultar a Yahvé.
Otra vez aparece en el libro de los Números esta tienda, cuando Dios dice a Moisés: "Elígeme a setenta varones de los hijos de Israel, de los que tú sabes que son ancianos del pueblo, y de sus principales, y tráelos a la puerta del tabernáculo, y que esperen allí contigo. Yo descenderé y contigo hablaré allí, y tomaré del espíritu que hay en ti y lo pondré en ellos, para que te ayuden a llevar la carga del pueblo y no la lleves tú solo."12
Y efectivamente, así se hizo, y todos aquellos ancianos comenzaron a profetizar. Mas, habiéndose quedado en el campamento dos de ellos, uno llamado Eldad y otro llamado Medad, sobre ellos se posó el espíritu. Eran de los nombrados, pero no se presentaron ante el tabernáculo, y se pusieron a profetizar en el campamento. Corrió un mozo a avisar a Moisés, diciendo: "Eldad y Medad están profetizando en el campamento." Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés desde su juventud, dijo: "Mi señor, Moisés, impídeselo." Y Moisés respondió: "¿Tienes celos por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo de Yahvé profetizara y pusiera Yahvé sobre ellos su espíritu!" Volvióse Moisés al campamento, y con él los ancianos de Israel."13 Es el mismo tabernáculo plantado fuera del campamento, y al que Dios bajaba en la columna de nube.
Otra vez, en el c.12, se hace mención del tabernáculo de la reunión. Aarón y María se dan a murmurar de su hermano Moisés a propósito de la mujer de éste porque era cusita. Yahvé les manda que vayan al tabernáculo de la reunión. Una vez allí, descendió Yahvé en la columna de nube y, poniéndose a la entrada del tabernáculo, llamó a Aarón y a María. Salieron ambos, y él les dijo: Oíd mis palabras: Si uno de vosotros profetizare, yo me revelaría a él en visión y le hablaría en sueños. No así a mi siervo Moisés, que es en toda mi casa el hombre de confianza. Cara a cara hablo con él, y a las claras, no por figuras, y él contempló el semblante de Yahvé. ¿Cómo, pues, os habéis atrevido a difamar a mi siervo Moisés?14 No hay duda de que se trata del mismo tabernáculo de la reunión.
A él se hace referencia también en Dt 31:145, cuando Yahvé dijo a Moisés: "Mira que se acerca para ti el día de tu muerte; llama, pues, a Josué y esperad a la entrada del tabernáculo de la reunión, que le dé yo mis órdenes. Fueron, pues, Moisés y Josué y esperaron a la entrada del tabernáculo de la reunión. Aparecióse Yahvé en el tabernáculo, en la columna de nube, poniéndose la columna a la entrada del tabernáculo, y dijo Yahvé a Moisés: He aquí que vas a dormirte con tus padres..." Con esto llegamos al final de la vida de Moisés, y es siempre el mismo tabernáculo de la reunión en que Dios se le aparece en la columna de nube.
Y este tabernáculo de la reunión lo hallamos luego en Silo, donde Josué distribuyó sus suertes a las últimas tribus 15. En el santuario de Silo se celebraba la "fiesta de Yahvé" durante la época de los jueces 16; allí mismo acudía Elcana, padre de Samuel, cada año, porque allí estaba el "tabernáculo de Yahvé," servido por Helí y sus hijos. Allí fue consagrado el niño Samuel para custodio del tabernáculo. La memoria de esta residencia del tabernáculo en Silo duró hasta la época de Jeremías, que lo recuerda en momento para él solemne 17, como lo hace el propio salmista 18.
Nueva Descripción Del Tabernáculo. Otro tabernáculo más suntuoso se nos describe en los c.25-31 y 35-40 del Éxodo. "Subió Moisés a la montaña, y la nube le cubrió durante seis días. Al séptimo día llamó Yahvé a Moisés de en medio de la nube. La gloria de Yahvé pareció a los hijos de Israel como un fuego devorador sobre la cumbre de la montaña. Moisés penetró dentro de la nube y subió a la montaña, quedando allí cuarenta días y cuarenta noches." Esta introducción ya nos da una imagen de Dios muy distinta de los pasajes precedentes. Yahvé se presenta como un fuego devorador en la cumbre de la montaña. Luego comienza a hablar al profeta y le dice: "Di a los hijos de Israel que me traigan ofrendas; vosotros las recibiréis para mí de cualquiera que de buen corazón las ofrezca. He aquí las ofrendas que recibiréis de ellos: oro, plata y bronce; púrpura, violeta y púrpura escarlata carmesí; lino fino y pieles de tejón, madera de acacia, etc. Que me hagan un santuario y habitaré en medio de ellos. Os ajustaréis a cuanto voy a mostrarte como modelo de santuario y de sus utensilios."19
Este texto es fundamentalísimo para formarse idea del tabernáculo, lo que va a describirnos. Dios quiere habitar en medio de su pueblo. Como dice más explícitamente en 29:455: "Habitaré en medio de los hijos de Israel, y seré su Dios. Conocerán que yo, Yahvé, soy su Dios, que los ha sacado de la tierra de Egipto para habitar entre ellos, yo Yahvé, su Dios." Dios, creador del cielo y de la tierra, que tiene en el cielo su morada; el Dios santo, de cuya gloria está llena la tierra 20, se digna bajar y tener morada en medio de su pueblo, dándole por aquí a entender que de verdad Yahvé es el Dios de Israel. Pero ¿cuál puede ser la morada de Dios? ¿De qué materiales ha de ser fabricada y cuál ha de ser su forma? Los materiales han de ser los más ricos de que dispone el hombre, y la forma ha de venir del cielo. Y para ejecutar esta obra, Dios mismo se prepara los artífices, llenándoles de sabiduría, de ciencia y de inteligencia 21.
Los c.25:10-31:11 nos dan la más detallada descripción del tabernáculo, del mueblaje, de los ornamentos sacerdotales y hasta del ritual de la solemne consagración de los sacerdotes. Todo ello viene dispuesto por Dios. Sólo de esta suerte podría ser el santuario digno de la majestad y santidad de Yahvé. El santuario es móvil, como el santuario de un pueblo nómada, que con facilidad levanta sus tiendas y traslada su residencia de un lugar a otro.
Pero no es una simple tienda de campaña, como parece lo era la que dejamos atrás descrita. Tenía un armazón de tablones recubiertos de oro, asentados sobre basas de plata y unido todo él con barras de madera, pero cubiertas de oro. Del mismo metal eran los anillos en que han de entrar las barras para sujetar los tablones unos contra otros. La planta de este santuario es rectangular, y tenía 30 codos de largo por 12 de ancho y 10 de alto (unos 15 metros de largo, seis de ancho y cinco de alto). El interior estaba dividido en dos partes por una cortina. La primera parte era el santo; la segunda, el santísimo o santo de los santos, donde se colocaría el arca de la alianza, y en que suponía que moraba el Señor. En el santo, y ante la cortina que dividía las dos estancias, se colocarán la mesa de los panes de la proposición, el candelero de oro y el altar de los perfumes, también de oro. Aquí entraban cada día los sacerdotes a ejercer sus funciones. Pero en el santo de los santos sólo el sumo sacerdote podía entrar el día de la expiación. Este armazón de madera, recubierta de oro, llevaba cuatro cubiertas. La primera, de hilo fino teñido de púrpura violeta y adornado de querubines; la segunda era de pelo de cabra; la tercera, de pieles de carnero teñidas de escarlata, y la última, de pieles de tejón. Con esto quedaba el tabernáculo protegido contra los elementos atmosféricos. Esta tienda se levantaba en un campo de 100 codos de largo por 50 de ancho (un rectángulo de unos 50 m. de largo por unos 25 de ancho), cerrado por una serie de columnas de madera de acacia con varas de bronce, que sostenían una serie de ricas cortinas. Las del lado oriental, donde estaba la entrada, eran de colores variados. En medio de este campo y ante el tabernáculo se colocaba el altar de los holocaustos, y los grandes recipientes de agua necesarios en lugar donde cada día se inmolaban muchos animales,
La riqueza de los ornamentos sacerdotales correspondía a la del tabernáculo. Para la fabricación de toda esta obra ofreció el pueblo los materiales necesarios con tanta devoción y en tal abundancia, que fue necesario dar un bando ordenando que rio trajesen más 22. Cuando la obra estuvo acabada, Moisés la consagró toda según las órdenes de Yahvé, y erigió el tabernáculo y dispuso en él los muebles del culto divino. Entonces la nube cubrió el tabernáculo de la reunión, y la gloria de Yahvé llenó el habitáculo. Moisés no pudo entrar en el tabernáculo, porque estaba encima la nube, y la gloria de Yahvé llenaba el habitáculo 23. Esta gloria de Yahvé era una nube luminosa con que Dios se hacía presente en medio de su pueblo. Y el texto añade: "Todo el tiempo que los hijos de Israel hicieron sus marchas, se ponían en movimiento cuando se alzaba la nube sobre el tabernáculo, y si la nube no se alzaba, no marchaban hasta el día en que se alzaba."24 De esta suerte Yahvé dirigía personalmente los movimientos de su pueblo.
El libro de los Números completa esta descripción del tabernáculo, cuando nos habla del modo de acampar y de las marchas del pueblo, que corresponde todo a la magnificencia y santidad de la morada de Dios. Es notable el orden de acampar y de ejecutar la marcha. En el campo ocupa el centro el tabernáculo de Yahvé, que es como la tienda del General en Jefe. En torno de ella acampan los levitas, que forman la guardia de honor. Luego, las tribus, tres a cada uno de los puntos cardinales. Todo esto formaba un campo matemáticamente distribuido en que acampaban más de 600.000 varones mayores de edad. El orden de las marchas nos muestra también el concepto en que se tenía el santuario de Yahvé 25. Notemos luego que este santuario tan magnífico, servido por personal tan numeroso, no aparece en los documentos posteriores de la historia sagrada. O mejor, aparece algo que puede darnos la explicación del sentido que tiene esta suntuosa descripción del santuario de Yahvé. Los profetas, en sus vaticinios mesiánicos, vienen a ser los historiadores inspirados del futuro reino mesiánico. Los cuadros que de él nos ofrecen son variados, calcados siempre en la realidad que la historia y la vida de Israel les ofrece. Pero, entre todos, Ezequiel nos ofrece en su último oráculo26 una descripción ideal arquitectónica del remplo y de la restauración de la nación, sin excluir a los gentiles, que entrarán a formar parte del reino mesiánico. Semejante descripción no ha tenido nunca, ni tendrá jamás, realización material. En ella el profeta nos presenta un cuadro ideal, magnífico, de la organización del pueblo en los días de la misericordia de Dios. En este cuadro pretende dar cuerpo a las ideas fundamentales de la religión mosaica y de las promesas mesiánicas. Lo que otros profetas y el mismo Ezequiel nos pintan de ordinario en forma oratoria, nos lo ofrece aquí el hagiógrafo en estilo arquitectónico.
Pues lo que el profeta hace para darnos a conocer el futuro reino mesiánico, eso mismo hace otro profeta, que es el autor para presentarnos el reino de Yahvé en Israel en los tiempos pasados. Las descripciones son ideales, y por ello convencionales, conforme a las ideas grandes y majestuosas que el autor tiene de Yahvé como centro de un reino sacerdotal Por eso el santuario del desierto aparece idealizado conforme a las exigencias de la magnificencia oriental, habida cuenta de la magnificencia del templo deslumbrador de Salomón. En esta descripción resaltan ante todo dos ideas fundamentales, la santidad de Dios y su morada en medio de su pueblo. De ellas se deriva otra no menos importante: la santidad que debe observar el pueblo de Yahvé en armonía con la de Dios. A esto se añade la ejemplar devoción del pueblo hacia el santuario de Dios. Semejante devoción nos presenta también un pueblo un tanto ideal, distinto de la nación rebelde y de dura cerviz, que tantas veces, en el curso de la historia, atrae sobre sí la cólera de Yahvé, no obstante la valiosa intercesión de su caudillo y amigo de Dios. En suma, creemos que todo este cuadro es una idealización del tabernáculo histórico del desierto, de que nos hablan los otros documentos de la historia mosaica e israelita, como hemos notado anteriormente.

1 Cf. Núm 9,15. — 2 1 Re 8:10-11. — 3 Ex 20:12; 18. — 4 Ex 13:21-22; Núm 15:23. — 5 Cf. Ez 10:18s; 11:22s; 43:13. — 6 Eclo 24:13-16. — 7 Cf. Núm 10,13.333. — 8 Dt 1:31s. — 9 2 Sam 7:6. — 10 Ex 16:33s. — 11 Ex 33:7-11. — 12 Núm 11:10s. — 13 Núm 11:24-30. — 14 Núm 12:1-15. — 15 Cf. Jos 18:1s; 21:2; 22:9. — 16 Jue 21:195. — 17 Jer 6:12s. — 18 Sal 70:60. — 19 Ex 25:1-9 — 20 Is 6:3. — 21 Ex 35:30s. — 22 Cf. Ex 35:1s. — 23 Ex 40:343. — 24 Ex 40:368. — 25 Cf. Núm 10:1-1s. — 26 Cc.40-48.