1. Visión de la Gloria de Yahve.
En este capítulo tenemos la visión inaugural de la misión profética de Ezequiel. Como Jeremías, también Ezequiel recibió una comunicación imaginaria de parte de Yahvé en la que se anunciaba su futura misión de profeta entre los exilados. Ezequiel debía ejercer una labor de apostolado entre los exilados en Babilonia para mantener la fe religiosa y la esperanza en la resurrección nacional de Israel. Como hemos visto en la introducción, algunos autores suponen una primera fase de apostolado de Ezequiel en Palestina, y, en este supuesto, la visión de este capítulo sería la inauguración de la segunda fase profética en Babilonia. Pero no se puede probar la fase profética de Ezequiel en Palestina. Por consiguiente, nos atenemos a la tesis tradicional, considerando a Ezequiel como profeta exclusivo de los exilados en Babilonia.
El capítulo consta de dos partes: a) introducción histórica (1-3); b) descripción de la visión inaugural (4-28).
Tiempo y lugar de la teofanía (1-3)
1 Y sucedió que en el año treinta, en el mes cuarto, a cinco del mes, estando yo en medio de los cautivos, junto al río Kebar, se abrieron los cielos, y contemplé visiones de parte de Dios. 2 En el cinco del mes, en el año quinto de la deportación del rey Joaquín, 3fue palabra de Yahvé a Ezequiel, hijo de Buzí, sacerdote, en tierra de los caldeos, junto al río Kebar, y fue allí sobre él la mano de Yahvé.
La datación dada en el v.1 ofrece una gran dificultad, ya que no sabemos el punto de partida del cómputo el año treinta. Se han propuesto diversas soluciones. Unos autores suponen que es el año treinta de la vida de Ezequiel, mientras que otros toman como punto de partida la reforma de Josías en el 621, lo que nos llevaría hacia el 592-1, más o menos en concordancia con la fecha que da el v.2 (año quinto de Joaquín: 593). Otros autores prefieren computar el año treinta a partir de la subida al trono de Nabopo-lasar (625 a.C.)· No faltan quienes supongan corrompida la cifra, y así leen año trece; pero todas las versiones consignan la fecha de treinta del TM. El mes cuarto es el mes de Tammuz (junio-julio). El río Kebar parece ser el nar-Kabari ("gran canal") de las inscripciones cuneiformes 1. Ezequiel, pues, se hallaba entre los deportados junto al "gran canal" y tuvo visiones celestes, que después va a concretar. No especifica si se trata de visiones imaginarias o sensibles, pero para el resultado doctrinal es lo mismo. En todo caso, la palabra visión en los profetas tiene el carácter genérico de comunicación divina sobrenatural. El v.2 es considerado por muchos autores como glosa marginal.
El año quinto del rey Joaquín es el 593, ya que el joven monarca comenzó su reinado en el asedio de Jerusalén del 598, siendo llevado en cautividad después de reinar sólo tres meses. La expresión fue sobre él la mano de Yahvé (v.3) aparece reiteradamente en el libro de Ezequiel 2, y designa el estado psicológico del profeta bajo la acción de Dios: está como poseído por una fuerza superior divina. Tal es la impresión que siente en la visión inaugural que con todo detalle va a describir.
Visión de los cuatro vivientes (4-14)
4 Miré, y he aquí que venía del septentrión un viento impetuoso, una nube densa, y en torno a la cual resplandecía un remolino de fuego, que en medio brillaba como bronce en ignición. 5 En el centro de ella había semejanza de cuatro seres vivientes, cuyo aspecto era éste: tenían semejanza de hombre, 6 pero cada uno tenía cuatro aspectos, y cada uno cuatro alas. 7 Sus pies eran rectos, y la planta de sus pies era como la planta del toro. Brillaban como bronce en ignición. 8 Por debajo dé las alas, a los cuatro lados, salían brazos de hombre, todos cuatro tenían el mismo semblante y las mismas alas, 9 que se tocaban las del uno con las del otro. Al moverse no se volvían para atrás, sino que cada uno iba cara adelante. 10 Su semblante era éste: de hombre y de león a la derecha los cuatro, de toro a la izquierda los cuatro y de águila los cuatro. n Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; dos se tocaban las del uno con las del otro, y dos de cada uno cubrían su cuerpo. 12 Todos marchaban de frente, a donde les impelía el espíritu, sin volverse para atrás. 13 Había entre los vivientes (fuego) como de brasas, encendidas como antorchas, que discurrían por entre ellos, centelleaban y salían rayos. 14 Los vivientes iban y venían como el relámpago.
La visión del profeta es apocalíptica y difícil de entender, ya que interviene más la imaginación desbordada que la lógica del pensamiento. A la luz de los hallazgos arqueológicos asirios podemos hoy sorprender la fuente en que se inspiró el profeta para trazar este cuadro deslumbrante como pórtico solemne a su misión profética y a su libro. Estando el profeta junto al "gran canal," vio venir como un turbión o densa nube acompañada de fuerte viento. En torno aparecía como un halo de fuego brillante como bronce en ignición. En medio de la nube, un núcleo ígneo. La nube brillante e ígnea viene del septentrión, es decir, de la región nórdica de Mesopotamia por la que pasaba la vía caravanera que habían seguido los exilados israelitas. Gomo veremos después, el sentido de la visión es mostrar que Yahvé ha seguido a los exilados en su destierro para protegerlos y darles esperanza de rehabilitación. Algunos autores creen ver en esta dirección del septentrión una alusión al olimpo babilónico, situado en la parte norte de Mesopotamia. En ese caso, el sentido de la visión era simbolizar la supremacía de Yahvé sobre todos los dioses mesopotámicos.
A medida que se acercaba el turbión, divisa el profeta en el centro ígneo cuatro vivientes. A primera vista, de frente le parecen semejanza de hombre por la cabeza y el pecho. Pero, fijándose bien, distingue en ellos cuatro aspectos o caras: de hombre por el rostro, de águila por las alas, de león y de toro por el cuerpo3. Concebida así la extraña visión, encontramos una explicación en los karibu asirios encontrados a la entrada del palacio de Jorsabad; en el c.10 de Ezequiel se los llama Kerubi o querubes. En efecto, en los colosos asirios que se ven en el museo de Louvre se pueden apreciar esos extraños seres con rostro barbado de hombre, alas de águila, bajo las cuales salen dos brazos de hombre (v.8), cuerpo mitad de toro y mitad de león. Eran los genios protectores de los palacios asirios4. Los cuatro vivientes juntaban dos de sus alas con las del más vecino, formando un soporte o plataforma. El conjunto de los vivientes caminaba siempre hacia adelante, sin volverse (v.8). En el v.10 insiste sobre su cuádruple composición: por delante, aspecto de hombre; en la derecha, aspecto de león; a la izquierda, de toro, y alas de águila 5. Con dos de las alas de cada uno extendidas en lo alto se formaba un trono, y con las otras dos de cada uno se cubrían el cuerpo en señal de respeto (v.1-1) 6.
El profeta ha logrado crear con los cuatro vivientes un inigualable trono para Yahvé. En ellos están representadas las criaturas más nobles de la creación: el hombre con su inteligencia, rey de la creación; el león y el toro con su fuerza, reyes de los animales terrestres; el águila, reina de las aves por su raudo y elevado vuelo. Estos animales, que en el folklore babilónico estaban destinados, como animales más nobles, a representar diversas divinidades, forman un trono al único Dios, al Yahvé de Israel. La concepción teológica es grandiosa en todos sus detalles7. En el número cuatro de los seres (con cuatro aspectos, y cuatro alas, y cuatro ruedas) puede verse la idea de la universalidad del dominio de Yahvé en las cuatro direcciones del universo 8.
Los cuatro vivientes caminaban de frente, sin volverse, movidos por el espíritu o soplo de Dios. En medio de los cuatro vivientes había fuego como de brasas (ν.13), que centelleaban en continuo movimiento. El fuego, como elemento purificador y símbolo de la santidad, aparece constantemente en muchas teofanías del A.T. Yahvé se manifiesta siempre entre rayos y relámpagos y rodeado de nubes de fuego. Los autores semitas no encontraban mejor símbolo para indicar el carácter numénico de Dios que el fuego, a cuyo contacto todo se consume y purifica. A Moisés se apareció Yahvé en una zarza ardiendo 9
Descripción de las ruedas (15-21)
15 Y, mirando a los vivientes, descubrí junto a cada uno de ellos una rueda que tocaba la tierra. 16 Las ruedas parecían de turquesa, eran todas iguales, y cada una dispuesta como si hubiese una rueda dentro de otra rueda. 17 Cuando avanzaban marchaban hacia los cuatro lados, y no se volvían al caminar. 18 Mirando, vi que sus llantas estaban todo en derredor llenas de ojos. 19 Al ir los vivientes, giraban junto a ellos las ruedas, y al levantarse los vivientes sobre la tierra, se levantaban las ruedas. 20 Hacia donde los impelía el espíritu a marchar, marchaban, y las ruedas se alzaban a la vez con ellos, porque tenían las ruedas espíritu de vida. 21 Guando iban ellos, iban las ruedas; cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando se alzaban de la tierra, se alzaban, porque había en las ruedas espíritu de vida.
Los detalles de la visión van complicando la clara comprensión de la misma. El profeta multiplica las imágenes en función de las ideas, pero no siempre es fácil captar bien la imagen, pues resulta a menudo muy compleja. Así, contempla a los cuatro vivientes sobre cuatro ruedas, cada una de las cuales tiene otra en sentido opuesto, formando ángulo, de modo que, según se dice en el ν.17, el carro con las cuatro ruedas y vivientes marchaba en las cuatro direcciones sin volverse. Hemos de pensar que aquí se trata de una visión apocalíptica; por tanto, no debemos preguntarnos si efectivamente el conjunto es técnicamente realizable en la práctica. Los profetas prescinden de muchas cosas, y se levantan sobre la realidad para declarar sus ideas, muchas veces envueltas a propósito en el misterio. Así, no sabemos el significado exacto del detalle de que las llantas estaban llenas de ojos (v.18). Quizá tuvieran un puro valor ornamental, o se quiere indicar que las ruedas fulguraban como chispas luminosas. No faltan quienes ven en esa pluralidad de ojos la omnisciencia divina, múltiple en las manifestaciones de su providencia. El profeta puntualiza después que tanto los vivientes como las ruedas se movían en completa sincronía, empujados por el espíritu o soplo divino.
Descripción de la plataforma (22-25)
22 Sobre las cabezas de los vivientes había una semejanza de firmamento, como de portentoso cristal, tendido por encima de sus cabezas, 23 y por debajo del firmamento estaban extendidas sus alas, que se tocaban dos a dos, la una con la del otro, mientras que las otras dos de cada uno cubrían su cuerpo. 24 Oía el ruido de las alas como ruido de río caudaloso, como voz del Omnipotente, cuando marchaban, como estruendo de campamento; cuando se detenían, plegaban las alas. 25 Y una voz hendió el firmamento que estaba sobre sus cabezas. Al pararse ellos plegaron sus alas.
Sobre los vivientes que tienen sus alas extendidas en alto, formando como una plataforma, había una placa sólida como firmamento de cristal (v.22); es la base del trono divino que se explicará a continuación. Al agitarse las alas se oía como un ruido ensordecedor semejante a la voz del Omnipotente 10, es decir, del trueno, o como el estruendo de un campamento militar que se pone en movimiento (v.24). El profeta oyó como una voz majestuosa que hizo parar el cortejo (v.25) 11.
El Señor, sentado sobre el trono (26-28)
26 Sobre el firmamento que estaba sobre sus cabezas había una piedra de apariencia de zafiro a modo de trono, y sobre la semejanza del trono, en lo alto, una figura semejante a un hombre que se erguía sobre él. 27 Y de lo que de él aparecía, de cintura arriba, era como el fulgor de un metal resplandeciente, y de cintura abajo, como el resplandor del fuego, y todo en derredor suyo resplandecía. 28 El esplendor que le rodeaba todo en torno era como el arco iris que aparece en las nubes en día de lluvia. Esta era la apariencia de la imagen de la gloria de Yahvé. A tal vista caí rostro a tierra, pero oí la voz de uno que hablaba.
El profeta distingue sobre la plataforma de cristal, soportada por las alas de los vivientes, una piedra de zafiro, de azul celeste,que hacía de trono. Es de notar en la descripción las frases aproximativas propias de los autores apocalípticos (a semejanza de., como, a modo.), que indican la trascendencia de las mismas cosas que se ven, presentadas de modo descriptivo imaginativo para dar una idea aproximada de ellas. Sobre el trono había una figura semejante a un hombre. (v.27) resplandeciente. Es Yahvé en toda su majestad y gloria, aureolado de un arco iris 12. Ante tal manifestación de la majestad divina, Ezequiel cae de rodillas en un sentimiento de adoración y de reconocimiento de su propia indignidad (v.28) 13.
El simbolismo de esta visión deslumbradora parece girar en torno a la idea de la presencia de Yahvé entre los exilados de Babilonia. Aunque Yahvé habite en Jerusalén, sin embargo, no los ha abandonado, y por eso los visita en toda su majestad, para dar idea de su omnipotencia, muy por encima de los ídolos babilónicos. Es el Señor absoluto de toda la naturaleza, sentado sobre los vivientes más nobles, que le sirven de escabel de sus pies: el toro, símbolo de la fuerza salvaje, dedicado en la mitología babilónica a Hadad, dios de las tormentas; el león, rey de los animales, dedicado a Samas e Istar y Enlil; el águila, reina de las aves, símbolo del sol. Toda la creación en su más noble manifestación está al servicio del Dios de Israel, que invade en su plena majestad el territorio de los dioses paganos. En todas partes se siente su dominio, como Señor de la naturaleza. Los exilados se creían en el destierro alejados de la providencia de su Dios. El castigo del cautiverio era para ellos como un velo que se interponía en las relaciones con el Dios de sus padres, y de ahí el desaliento y hasta la desesperación. Por eso, esta visión del profeta del exilio por excelencia quiere hacer ver que Yahvé está también al lado de los desterrados, que tiene providencia de ellos, y que va a abandonar definitivamente a Jerusalén, entregándola a la destrucción y reservando a los desterrados como núcleo de la futura restauración de Israel14.
1 Cf. A. Jeremías, Das A.T. im Lichte des A. Oriente (Leipzig 1916) p.617s. — 2 Cf. Ez 3:14.22; 8:1; 33:22; 37, i; 40,1. — 3 Antes de los hallazgos de los karibu asirios se solía interpretar el texto en el sentido de que cada animal tenía cuatro "rostros," lo que hace ininteligible el texto. — 4 Cf. H. Gressmann, Alt. Orient. Text. und Bild. (Berlín 1926) II ñg. 165:168. — 5 Los Santos Padres tomaron de esta visión los símbolos de los cuatro evangelistas. — 6 Cf. Is 6:1. — 7 Cf. Les Cherubins: DBS i (1928) 74353, y Dhorme-Vincent, Les Cherubins: RB 35 (1926) 328-358. — 8 Cf. Zac 2:1; 2:3; 6:5. — 9 Cf. Ex 3:2.5; 19:18; 24:17; Dt 4:12. — 10 Cf. Ez 10:5; Job 37:48; Sal 29:3-9- — 11 La última parte del v.25 falta en los LXX. — 12.Cf.AP4:3. — 13 Cf. Is 6:5; Jue 13:20; Tob 12:16; Dan 8:17. — 14 Sobre esta visión inaugural de Ezequiel pueden verse, además de los comentarios citados, los artículos siguientes: A. Van Hoonacker, Le títre primitif du livre d'Ez.: "Revue Biblique Int.," 9 (1912) 241-243; J- Goppens, Deux passages obscurs du livre d'Ez. 1:25 et 1:18: "Muséon," 47 (1934) 259-263.
2. Intimación de Dios al Profeta.
Vocación del profeta (1-9)
1 Y me dijo: Hijo de hombre, ponte en pie, que voy a hablarte. 2 Y en habiéndome entró dentro de mí el espíritu, que me puso en pie, y escuché al que me hablaba. 3 Me dijo: Hijo de hombre, yo te mando a los hijos de Israel, al pueblo rebelde, que se ha rebelado contra mí; ellos y sus padres pecaron contra mí hasta el día de hoy. 4 Son gente de cara dura y de corazón empedernido esos a quienes te mando. Diles: Así dice el Señor, Yahvé: 5 Acaso te escuchen. Y si no te escucharen, pues son gente rebelde, al menos conocerán que hay entre ellos profeta. 6 Tú, hijo de hombre, no los temas ni tengas miedo a sus palabras, aunque te sean cardos y zarzas y habites en medio de escorpiones. No temas sus palabras, no tengas miedo de su cara, porque son gente rebelde. 7 Diles lo que yo te diga, óigante o no te oigan, porque son muy rebeldes. 8 Tú, hijo de hombre, escucha lo que yo te digo, no seas tú también rebelde, como la casa rebelde/Abre la boca y come lo que te presento. 9 Miré y vi que se tendía hacia mí una mano que tenía un rollo. Lo desenvolvió ante mí, y vi que estaba escrito por delante y por detrás, y lo que en él estaba escrito eran lamentaciones, elegías y guayes.
Ezequiel recibe una misión ingrata de parte de Yahvé. Tiene que predicar a un pueblo rebelde, de corazón empedernido. Dios le ordena levantarse del estado de postración, llamándole con la extraña denominación de hijo de hombre (v.1), que se repetirá constantemente en las visiones de Ezequiel. Parece significar simplemente hombre, o perteneciente a la raza humana, en el sentido de ser frágil e impotente, en contraposición al Dios omnipotente l. Yahvé, pues, con esta denominación reiterada quiere insinuar que, aunque el profeta sea débil, sin embargo, será fortalecido por la asistencia divina. La presencia divina hace que el profeta recobre fuerzas y se ponga en pie (v.2), dispuesto a cumplir el mandato de Dios 2. El profeta es enviado a los hijos de Israel, que aquí son los exilados de Babilonia, llevados en cautividad en 598 a.C., llamados en 3:4 casa de Israel, en cuanto eran objeto de las preferencias de Yahvé, como futuro núcleo de restauración nacional. Pero al mismo tiempo son calificados como pueblo rebelde (ν.3) por sus numerosas transgresiones a travιs de la historia contra Yahvé 3.
La misión de Ezequiel es ingrata, pero al menos no podrán quejarse de no habérseles enviado un profeta (ν.6) ο mensajero de Yahvι. Los exilados creían próximo su retorno a Jerusalén, y no concebían que la Ciudad Santa cayera en manos de sus enemigos. Ezequiel debe anunciarles la catástrofe de la Ciudad Santa, y cuando se cumplan sus predicciones, entonces reconocerán que han tenido entre ellos a un profeta. Mientras tanto, la reacción de sus contemporáneos será hostil como la de escorpiones (v.6), punzándole con calumnias e ironías despectivas.
En todo caso, el profeta debe ser dócil a la inspiración divina (v.8). Yahvé le presenta un rollo escrito por dentro y por fuera, en contra del uso común de estar sólo escrito por la parte interna. Con ello se quiere expresar la abundancia de oráculos que tendrá que comunicar a sus compatriotas; y concreta más el profeta: sus profecías llevarán el sello de la desgracia para sus conciudadanos: lo que en él estaba escrito eran lamentaciones, elegías y guayes (v.10).
1 Cf. Is 51:12; Job 25:6; Sal 8,5. En las otras lenguas semíticas encontramos la misma expresión: árabe: 'bn'dm; asiro-babilonio: mar améli; arameo: bar enas (Dan 7:13). — 2 Cf. Ez 3:24; Dan 8:18; 10:15-19; Ap 1:17. — 3 Cf. Núm 14:9; Jos 22:16; Ez 2:3; Jer 52:3; Os 7:13, etc.
3. El Profeta, enviado de Dios.
Obstinación de la casa de Israel.
1 Y me dijo: Hijo de hombre, come eso que tienes delante, come ese rollo, y habla luego a la casa de Israel. 2Yo abrí la boca e hizome él comer el rollo, 3 diciendo: Hijo de hombre, llena tu vientre e hinche tus entrañas de este rollo que te presento. Yo lo comí y me supo a mieles. 4Luego me dijo: Hijo de hombre, ve, llégate a la casa de Israel y habíales mis palabras. 5Mira que no eres enviado a un pueblo de habla abstrusa, sino a la casa de Israel. 6No es a pueblos remotos, cuyas palabras no entiendes. Ah! Si a éstos te enviara, seguramente te escucharían. 7La casa de Israel, por el contrario, no querrá oírte, porque no quieren oírme a mí, porque toda la casa de Israel tiene frente altanera y corazón contumaz. 8Pero yo te doy un rostro tan firme como el de ellos, y una frente dura cuanto las frentes suyas, 9 tan dura como el diamante, más que el pedernal. No los temas ni te atemorices ante ellos, porque son casa rebelde."
El profeta recibe la orden de tragar el rollo, escrito con lamentaciones. La primera impresión de su gusto es a mieles, porque era la palabra divina acompañada de un íntimo fortalecimiento interno. Toda misión, por ingrata que sea, si es de parte de Dios, resulta dulce a los encargados de cumplirla, en cuanto que se sienten solidarios de una obra divina. La conciencia de estar asistidos por Dios les hace sentir alegría y dulzura donde hay amargura y tristeza. Ezequiel es enviado a la casa de Israel, semitismo corriente en el estilo del profeta para designar simplemente los israelitas del exilio, a los que era enviado como profeta. De ellos habría de nacer de nuevo la casa de Israel, concebida como unión de todos los descendientes de Jacob-Israel. Para animarle le dice que su misión está facilitada por la lengua de los destinatarios, que es la suya (v.5). Por otra parte, los israelitas no son tan extraños a la nueva misión del profeta, ya que no son un pueblo que no haya oído hablar de enviados de Yahvé, sino que toda su historia está salpicada de intervenciones de los profetas, centinelas y mensajeros de su Dios. Pero tienen frente altanera y corazón contumaz (ν.7). Por eso seguramente, si fuera otro pueblo, le escucharía. En todo caso, la asistencia divina hará que el profeta pueda hacer frente a la obstinación de su pueblo (v.8).
Desaparece la visión (10-14)
10 Díjome también: Hijo de hombre, todas las palabras que yo te digo recógelas en tu corazón y dales atento oído, 11 y ve luego y llégate a los deportados, a los hijos de tu pueblo, y habíales diciéndoles: Así dice el Señor, Yahvé, óigante o no te oigan. 12 Entonces me arrebató el espíritu, y oí tras de mí un estruendo de fuerte terremoto al elevarse la gloria de Yahvé en su lugar, 13 y oí el rumor de las alas de los cuatro vivientes, que daban la una contra la otra, y el ruido de las ruedas, ruido de gran terremoto. 14 Entonces me alzó el espíritu y me arrebató. Yo andaba amargado y malhumorado en mi alma, pero fue sobre mí la mano de Yahvé, que me confortó. Llegué así a los deportados de Tel-Abib, que habitaban en la ribera del río Kebar, a la región donde moraban, y estuve entre ellos atónito durante siete días.
Ezequiel quedó sobrecogido ante la comunicación divina y sintió que el cortejo majestuoso, en el que estaba Dios, se marchó, oyendo un estruendo de fuerte terremoto al elevarse la gloria de Yahvé. Aquel batir de alas de los vivientes suplía a los truenos del Sinaí. Yahvé siempre se comunica a los hombres en el A.T. rodeado de majestad y de poder. El profeta quedó triste y pensativo ante la misión que se le encomendaba (v.14). Sin duda que pensaba en las rebeldías de aquel pueblo, sobre el que habían de caer tantas calamidades. Por orden de Dios se fue a ver a los exilados que estaban en una colonia junto al "gran canal" llamada Tel-Abib (v.15), que en hebreo significa "colina de la espiga,"1 nombre que para ellos insinuaba fertilidad y resurrección. No conocemos esta localidad, pero debía de ser una de tantas colonias de exilados junto a los canales de" Mesopotamia.
Responsabilidad de Ezequiel (16-21)
16 Al cabo de los siete días me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 17 Hijo de hombre, yo te he dado por atalaya a la casa de Israel. Tú oirás las palabras de mi boca y de mi parte los amonestarás. 18 Si yo digo al malvado: "¡Vas a morir!" y tú no le amonestares y no le hablares para retraer al malvado de sus perversos caminos para que viva él, el malvado morirá en su iniquidad, pero te demandaré a ti su sangre. 19 Mas si, habiendo tú amonestado al malvado, no se convierte él de su maldad y de sus perversos caminos, él morirá en su iniquidad, pero tú habrás salvado tu alma. 20 Y si se apartare el justo de su justicia, cometiendo maldad, y pusiere yo una trampa delante de él, él morirá. Por no haberle tú amonestado, morirá en su pecado, y no se recordarán las obras buenas que hubiere hecho, pero yo te demandaré a ti su sangre. 21 Pero, si tú amonestaste al justo para que no pecara y dejare de pecar, vivirá él, porque fue amonestado, y tú habrás salvado tu alma.
El profeta estuvo apesadumbrado por su dura misión, que fue confirmada en toda su responsabilidad a los siete días. Ezequiel es constituido en atalaya para la casa de Israel (ν.17). Los profetas anteriores al exilio se presentaban como centinelas de su pueblo, con la misión de anunciar los peligros que se cernían sobre Israel 2. Es el cometido que se encomienda a Ezequiel. Si no cumple su misión, será castigado de muerte: te demandaré a ti su sangre. Será responsable de la pésima conducta del impío si no le ha advertido su mal camino (v.18). Al contrario, salvará su alma, es decir, su vida, si a tiempo le ha amonestado de sus malos caminos (v.21).
El profeta, recluido en su casa (22-27)
22 Fue aquí de nuevo sobre mí la mano de Yahvé, que me dijo: Levántate, vete al campo y allí te hablaré. 23 Levánteme y salí al campo, y vi que estaba allí la gloria de Yahvé, como la gloria que había visto en la ribera del Kebar, y caí rostro a tierra, 24 pero entró en mí el espíritu y me puso en pie, y me habló Yahvé, diciéndome: Ve y enciérrate en tu casa. 25 Tú, hijo de hombre, verás que echan cuerdas sobre ti y te atan con ellas, y ya no podrás salir a ellos. 26 Y haré que se te pegue la lengua al paladar, y quedarás mudo, y ya no serás para ellos un censor, porque es casa rebelde; 27 mas, cuando yo te hable, abriré tu boca, y entonces les dirás: Así habla el Señor, Yahvé; el que oiga, que oiga, y el que no quiera oír, no oiga, porque es casa rebelde.
Por orden divina, el profeta desciende de la colina al campo 3, y allí vio de nuevo la gloria de Yahvé, o a Yahvé manifestándose en toda su gloria como en la primera visión. Confortado por el espíritu (v.24) después de haber quedado en un estado de postración similar al de la primera visión, recibió la orden de encerrarse en su casa (v.24). En vez de comunicar a los exilados su visión y las comunicaciones divinas, debe callarse por una temporada. El v.25 debe entenderse en un sentido simbólico; no es, pues, necesario suponer que realmente le hubieran atado con cuerdas. Es Yahvé quien liga al profeta, como es Yahvé quien le pega la lengua al paladar (v.26). Quizá le envió una enfermedad, como parálisis, reumatismo, etc., que le inmovilizó4. En todo caso, parece que Yahvé mismo le impuso un período de inmovilidad bastante prolongado.
Muchos autores creen que el fin de esta acción simbólica es anunciar el asedio de Jerusalén por Nabucodonosor 5. Pero en el contexto aparecen juntos la inmovilidad y el mutismo, lo que parece indicar que es una misma la finalidad de ambas cosas, es decir, el mantenerse alejado de toda actividad con los exilados antes de que Yahvé mismo lo ordene: hasta cuando yo te hable. (v.27). Parece que se le ordena callar por un tiempo, porque los exilados aún no estaban suficientemente preparados para oír los mensajes del profeta.
4. Acciones simbólicas sobre el Asedio de Jerusalén.
Los exilados creían que Jerusalén nunca sería tomada por las tropas de Nabucodonosor, pues Yahvé habría de defenderla necesariamente por ser el lugar de su morada. Por otra parte, el prestigio de Yahvé parece exigirlo. Con estas ilusiones seguían en su perversa conducta, sin reconocer que sus pecados eran la causa de la ruina de la nación. La misión de Ezequiel es convencer a sus compatriotas desterrados que Yahvé entregará Jerusalén a sus enemigos y que no queda sino arrepentirse y volver a Yahvé para tener una esperanza de rehabilitación nacional. El profeta, pues, por orden divina, quiere hacer ver a los exilados con acciones simbólicas la futura destrucción de Jerusalén.
El plano de Jerusalén asediada (1-3)
1 Tú, hijo de hombre, toma una tableta de arcilla y póntela delante" Traza en la tableta el plano de una ciudad, Jerusalén. 2 Pon contra ella cerco, alza contra ella torres, haz vallado, asienta campamento delante de ella y pon contra ella arietes en derredor. 3 Toma luego una plancha de hierro y ponía como muro de hierro entre ti y la ciudad, y dirige a ella tus miradas. El cerco será estrecho, y lo estrecharás cada vez más. Es señal para la casa de Israel.
La vida de Ezequiel es una continuada parábola en acción. Por orden divina tiene que llamar la atención de sus compatriotas con acciones simbólicas extrañas para traerlos al buen camino. Ya el aire pensativo y taciturno mostrado por el profeta después de su visión inaugural y, sobre todo, la misteriosa reclusión y mutismo en su casa debían dar que pensar a los exilados, que veían en Ezequiel un compatriota extraño con pretensiones de profeta. Su mismo carácter sacerdotal le daba cierto ascendiente sobre ellos. Por otra parte, los exilados vivían obsesionados por la idea de un pronto retorno a la patria, y así nada tiene de particular que espiaran los últimos detalles de un hombre extraño que tenía visos de profeta, esperando oír de sus labios promesas de pronta repatriación. Teniendo en cuenta este ambiente de expectación, el profeta, por orden divina, realiza ciertas acciones simbólicas que debían ser anuncios concretos del futuro. Una de ellas es esta de trazar sobre una tableta de arcilla o ladrillo el plano de la ciudad de Jerusalén. Contra ella debía asentar torres, vallados y cerco (v.2), dando la impresión de que la ciudad iba a ser asediada militarmente. Además se le ordena interponer una plancha de hierro entre la ciudad y el profeta (v.3), para indicar el cerco del ejército de Nabucodonosor, instrumento de la justicia divina. Sobre la ciudad sitiada debe dirigir las miradas amenazadoras como las de un jefe de un ejército que asedia y no tiene otra ilusión que entrar en la ciudad. La acción simbólica de Ezequiel puede concebirse perfectamente suponiéndolo mudo e inmóvil en su casa, desplegando su brazo ante los exilados estupefactos, frente a un ladrillo en el que estaba dibujado el plano de la ciudad de Jerusalén. En su mutismo era el único modo de pronosticar el asedio de la Ciudad Santa por Nabucodonosor.
Inmovilidad del profeta (4-8)
4 Échate después sobre tu lado izquierdo y pon sobre él las maldades de la casa de Israel. Tantos días como sobre él yazcas, expiarás en ti la iniquidad suya. 5 Los años de su expiación te los computo a ti por días: ciento noventa días 6 expiarás las iniquidades de la casa de Israel. 6 Acabados éstos, te echarás del lado derecho para expiar a su vez las iniquidades de la casa de Judá por cuarenta días, computándote cada día por un año. 7 Dirigirás tus miradas contra el muro de Jerusalén, tendiendo el brazo y profetizando contra ella. 8 Yo te ataré con cuerdas para que no puedas volverte de un lado al otro mientras no se cumplan los días de tu atadura.
Una nueva acción simbólica. La inmovilidad obligada tendrá un sentido nuevo para los exilados. El profeta, por orden divina, debe permanecer ciento noventa días echado sobre su lado izquierdo para expiar otros tantos años por las iniquidades de la casa de Israel, es decir, el reino del norte, con Samaría por capital. El mismo nombre izquierdo, que para los israelitas es el norte 7, parece aludir al reino del norte. Después debe estar echado cuarenta días sobre su lado derecho para expiar las iniquidades de la casa de Judá (v.6). Según lo antes apuntado, el lado derecho debe de aludir al reino del sur, pues para los israelitas el sur era la derecha.
Haciendo el cómputo de días en años, según se indica en el texto, tenemos que la cautividad de la casa de Israel será de ciento noventa años, y la de la casa de Judá de cuarenta años. La cautividad para los judíos terminó en el 538 con el decreto de Ciro. Tomando esta fecha como término "ad quem," podemos llegar a la fecha del 721 (toma de Samaría por Sargón II y fecha de la deportación definitiva de los habitantes del reino del norte) y tenemos "grosso modo" los ciento noventa años del texto para la casa de Israel; y para la casa de Judá, partiendo de la misma fecha 538 y sumándole cuarenta años, llegamos al 578, que se aproxima a la fecha crucial del 586, en que tuvo lugar la definitiva deportación de Judá. Siempre hay un margen de inexactitud en las cifras, que no han de tomarse al pie de la letra, sino como números redondos. No faltan autores que niegan la realidad del hecho, suponiendo que todo ello es una alegoría. Partiendo del supuesto de que Ezequiel estuvo inmóvil por una enfermedad enviada por Dios, no tiene nada de inverosímil la realidad histórica de esta acción simbólica: yo te ataré con cuerdas. (v.8). Aquí las cuerdas parecen designar la voluntad de Yahvé de inmovilizarle hasta que se cumplan los días fijados por el mismo Dios.
El pan tasado e inmundo (9-17)
9 Toma también trigo, cebada, habas, lentejas, mijo, avena, y ponió en una misma vasija, y haz de ellos tu alimento durante los días que estés echado de este o del otro lado. 10 Lo que para comer tomes será de veinte siclos de peso por día, que es lo que comerás de un día al otro. H También el agua la beberás medida, un sexto de "hin," que te servirá de bebida de un día a otro. 12 Comerás pan de cebada, que cocerás en rescoldo de excrementos humanos y a la vista de esas gentes. 13 Y me dijo Yahvé: Así comerán los hijos de Israel su pan inmundo en medio de las gentes a las cuales les arrojaré. 14 ¡Ah Señor! exclamé yo: mi alma no se ha contaminado nunca; desde mi adolescencia hasta hoy no comí mortecino ni despedazado, y jamás entró en mi boca carne inmunda. 15 El me respondió: Mira, te concedo que, en vez de estiércol humano, tomes estiércol de bueyes para cocer con él tu pan. 16 Y añadió: Hijo de hombre, yo voy a quebrantar en Jerusalén el sustento del pan; comerán el pan por peso y con angustia y beberán el agua tasada y con turbación, 17 para que, faltándoles el pan y el agua, desfallezcan los unos con los otros y se consuman en su iniquidad.
De nuevo una acción simbólica debe completar el significado de la anterior sobre el asedio de Jerusalén. Ahora se van a anunciar las penalidades del asedio, sobre todo el hambre y la sed de los habitantes cercados. El profeta debe mezclar en una vasija diversos cereales y legumbres. La Ley prohibía esta mezcla de trigo, cebada, habas, lentejas, mijo y espelta, como estaba prohibido sembrar dos clases de grano en el mismo campo 8. Sin embargo, las circunstancias del asedio serán tan penosas, que los asediados se verán obligados a contravenir la Ley mosaica. Además, Ezequiel debe comer lo equivalente al peso de veinte siclos al día, es decir, unos 300 gramos, lo que es la mitad de la comida normal de una persona 9.
También tendrá tasada el agua, pues sólo podrá beber un sexto de hin, es decir, un litro cada día 10.
Para encarecer más la escasez y anormalidad de la situación, el profeta debe cocer el pan de cebada en rescoldo de excrementos humanos (v.12). El combustible ordinario aún hoy en las aldeas de Palestina que no tienen carbón ni leña es el excremento de los animales. Los habitantes, pues, de la Jerusalén asediada no tendrán siquiera esto, y se verán obligados a emplear lo más repugnante. Pero esto, aparte de la repugnancia natural, para el profeta resultaba inmundo ritualmente H. El profeta, de la clase sacerdotal, siempre había tenido un cuidado extremo en guardar las leyes de la pureza legal. Estaba prohibido comer carne de animales muertos o descuartizados por otros animales, porque no había sido derramada la sangre suficientemente 12. El profeta declara que nunca ha tomado mortecino o despedazado (v.14) ni carne inmunda, es decir, carne empleada en los sacrificios, pero que se conservaba varios días 13. Todo esto era abominación para su mentalidad ritualista y sacerdotal; por eso, el emplear combustible inmundo, prohibido por la Ley, le resultaba inaceptable. Dios le condona esto y le permite utilizar el combustible normal del excremento de animales (v.15). Todo esto se ordena a anunciar proféticamente las estrecheces que los habitantes de Jerusalén sufrirán en el próximo asedio: yo voy a quebrantar el sustento del pan (v.16), símbolo del alimento humano en general. Consecuencia de ello será que languidecerán de hambre los unos con los otros (ν.17).
1 Cf. Esd 2:59: "colina de la sal." Algunos autores creen que Tel-Abib es una deformación del babilónico tel-abubi (colina de la inundación). — 2 Cf. Is 52:8; 56:10; Jer 6:17; Ez 33:2.6-7. — 3 Cf. Ez 8:4; 37,is. — 4 Los comentaristas antiguos tomaban al pie de la letra las palabras del Dios, y así suponían que el profeta se hizo atar (Knab.). Muchos autores modernos ven aquí una alusión a la supuesta epilepsia de Ezequiel (Klosterm.). Cf. buzy, Les symboles de VA.T., p.212-218. — 5 Así San Jerónimo, Trochen, Knabenbauer y Fillion. — 6 Así según los LXX. Según el TM, son "trescientos noventa días." — 7 Entre los orientales, el sistema de buscar los puntos cardinales es mirar hacia el oriente, donde nace el sol. De ahí que su izquierda es nuestro norte, y su derecha nuestro sur. — 8 Cf. Lev 19:19; Dt 22:9-11. — 9 El sido pesaba unos 13 gramos más o menos. — 10 El hin era la sexta parte del baíh, que equivalía a unos 39 litros; por tanto, unhin, 6:55 litros. — 11 Cf. Dt 23:135. — 12 Cf. Ex 22:30; Lev 17:15; Dt 14:21. — 13 Cf. Lev7,18; 19,7; Js 65:4.
5. Dispersión de los Habitantes de Juda.
Continúan las acciones simbólicas para significar la trágica suerte de los moradores de Jerusalén. No sólo serán cercados y padecerán grandes estrecheces en el asedio, sino que al final serán unos asesinados y otros dispersos. El profeta, con todas estas predicciones, salía al paso del infundado optimismo de sus compatriotas, que creían cerca la hora de la liberación total y, sobre todo, no concebían que la Ciudad Santa pudiera caer en manos del enemigo.
Depopulación de Judá y de Jerusalén (1-4)
1 Hijo de hombre, toma una espada afilada y empléala como navaja de barbero para raerte cabellos y barba. Toma luego una balanza justa y reparte el pelo. 2 Un tercio lo quemarás al fuego en medio de la ciudad, mientras se cumplen los días del asedio; otro tercio lo herirás con la espada en derredor de ella,y el otro tercio lo esparcirás al viento y yo lo perseguiré con la espada desnuda. 3 Toma también de ellos unos pocos, contados, y átalos a la orla de tu manto. 4 Toma otros pocos y los echas en medio del fuego, que se quemen. De ahí saldrá el fuego para toda la casa de Israel.
No se especifica el momento histórico de esta nueva acción simbólica. El profeta debe rasurarse la barba y cabellos. Lo primero resultaba un gran sacrificio para los orientales, que están orgullosos de su barba. En Is 7:20 se habla del ejército asirio como "navaja alquilada" para quitar a Judá toda su virilidad. En Ezequiel, el sentido es algo diverso. Debe dividir sus cabellos y barba rasurada en tres mitades l, que habían de pesarse en una balanza, símbolo de la justicia divina (v.1). Un tercio será entregado al fuego en medio de la ciudad (v.2) sobre el ladrillo o tableta de barro donde había trazado el plano de Jerusalén. Así, dentro del trazado de la ciudad debe quemar parte de su barba para indicar a los habitantes de Jerusalén que morirán durante el asedio por la peste y el hambre. Otro tercio de pelos los herirá con la espada, simbolizando a los que habían de caer por la espada, y un tercio será esparcido al viento, con lo que se indica la suerte de los deportados y dispersos en la huida por los diversos países; su destino será tan trágico, que ni así se verán libres, ya que Yahvé los perseguirá con la espada (ν.3). Pero de ιstos se salvará un resto; por eso se dice que debe ligarlos a la orla de su manto (ν.3), es decir, conservarlos con el mayor cuidado2. El v.4 es comúnmente considerado como glosa para recalcar el castigo, pues el fuego parece simbolizar las diversas calamidades que se cernerán sobre la casa de Israel.
Castigo de la rebeldía de Jerusalén (5-17)
5 Así dice el Señor, Yahvé: Esta es Jerusalén. Yo la había puesto en medio de las gentes y de las tierras que están en derredor suyo. 6 Ella se rebeló contra mis mandatos, malvada, más que las gentes, y contra mis leyes, más que las tierras que están en torno suyo, despreciando mis mandamientos y mis leyes y no andando por ellos. 7 Por tanto, así dice Yahvé: Por ser más rebelde que las gentes que os rodean, y no haber seguido mis mandamientos, y no haber obrado según mis leyes, y hasta ni siquiera no haber hecho según las costumbres de las gentes que están en torno vuestro, 8 por eso así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti a mi vez para hacer justicia en ti, a la vista de las gentes, 9 y haré en ti lo que no hice jamás, y como jamás volveré a hacer por todas sus abominaciones. 10 Por eso dentro de ti se comerán los padres a sus hijos, y los hijos se comerán a sus padres; cumpliré en ti mis juicios, y lo que de ti reste, lo esparciré a todos los vientos. 11Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, ya que tú has profanado mi santuario con todas tus fornicaciones, yo también te abatiré a ti, sin que perdone mi ojo, sin misericordia. 12 Una tercera parte de ti morirá dentro, de pestilencia y de hambre; otra tercera parte caerá en derredor tuyo a la espada, y la otra tercera parte la esparciré a todos los vientos, e iré tras ella con la espada desenvainada. 13 Cumpliré mi furor y saciaré en ellos mi ira, y tomaré satisfacción, y sabrán que yo, Yahvé, he hablado en mi indignación cuando desfogue en ellos mi furor. 14 Te tornaré en desierto y en oprobio de las gentes que están en derredor tuyo, a los ojos de todos, 15 y serás el oprobio y el escarnio, el espanto y el escarmiento de las gentes que están en derredor de ti, cuando en medio de ti haga justicia con furor o indignación, con terrible ira. Yo, Yahvé, lo he dicho. 16 Cuando dispare yo contra ellos las perniciosas saetas del hambre, que los llevarán a la destrucción, que lanzaré yo para destruirlos, y acreciente vuestra hambre y os quite todo sustento de pan, 17 cuando lance contra vosotros el hambre y las bestias feroces que te dejarán sin hijos, y pasen por tus calles la pestilencia y el estrago, y haga caer sobre ti la espada. Yo, Yahvé, he hablado."
Yahvé echa en cara a Jerusalén, la predilecta, el haber sido más culpable que los mismos pueblos paganos que la rodeaban. El profeta declara, en nombre de Dios, la razón teológica de su inminente y definitivo castigo. Toda la historia de Judá ha sido una serie de transgresiones y rebeldías contra su Dios, que con tanto amor los había llamado y protegido contra innumerables peligros. La había puesto en medio de las gentes (ν.6), lo que geográficamente es exacto, ya que Palestina estaba en la encrucijada de los dos grandes imperios, el asirio y el egipcio 3. Israel superó en malicia a las otras naciones, en cuanto que, teniendo una revelación especial, no quiso someterse a los preceptos divinos, y aun se puso por debajo de las costumbres de las gentes (ν.7), ya que no se sabe de ningϊn pueblo que haya renegado de su dios nacional, mientras que Israel reiteradamente ha abandonado a su Dios para seguir a los ídolos de otros pueblos4. Esta abominación merece un castigo desconocido, cual es el terrible asedio de Jerusalén con sus terribles escenas de antropofagia (v.10) 5.
El pecado más grave de Israel fue el de la idolatría. El santuario de Jerusalén había sido profanado con imágenes de ídolos extraños (v.11); tus fornicaciones puede tener el sentido metafórico de idolatrías, como es común en los profetas, y el sentido literal de actos de prostitución sagrada, corrientes en los santuarios cananeos. Como consecuencia de sus abominaciones, unos morirán por el hambre y la peste; otros, por la espada, y otros tendrán que huir perseguidos por el mismo Señor (v.12). Con ello Jerusalén será objeto de oprobio y de escarmiento entre las naciones (v.14) 6. Entonces conocerán todos que Yahvé ha hablado (v.17), manifestándose en su pleno furor por las transgresiones de su pueblo.
1 Según los LXX, son cuatro partes, pero el contexto pide tres. — 2 Cf. Ez 11:14-15; Jer 24:5-29; Núm 15:38. — 3 Cf. Ez 38:12. — 4 Jer 2:10. — 5 Cf. 2 Re 15:283; Lev 26:29; Dt 28,53; Lam 2:20; 4:10. — 6 Cf. Jer 7:34; Lev 26:31; Lam 1:1; 2:6; 3:11; Jer 18:16; 19,8.
6. Profecías contra los centros idolátricos de Israel.
La suerte anunciada a Jerusalén por sus idolatrías y abominaciones alcanzará también a todo el reino de Judá, ya que en todos sus contornos ha habido manifestaciones religiosas idolátricas. El profeta quiere con estos oráculos quitar de la mente de los exilados las desmesuradas ilusiones optimistas de liberación. Todavía no había pasado la ira divina en su plena manifestación; por eso no deben pensar en un pronto retorno a Palestina.
Devastación de los altares idolátricos (1-7)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, vuelve el rostro a los montes de Israel y profetiza contra ellos. 3 Di: Oíd, montes de Israel, la palabra del Señor, Yahvé. Así dice el Señor, Yahvé, a los montes, a los collados, a los torrentes, a los valles: Voy a traer contra vosotros la espada y destruiré todos vuestros altos. 4 Vuestros altares serán devastados, y destrozados vuestros cipos solares, y haré caer vuestros muertos ante vuestros ídolos. 5 Yo pondré los cadáveres de los hijos de Israel delante de sus ídolos y dispersaré vuestros huesos en derredor de vuestros altares. 6 Dondequiera que habitéis serán arruinadas vuestras ciudades y devastados vuestros altos. Vuestros altares serán arruinados, y abandonados vuestros ídolos, destrozados, desaparecerán. Serán rotos vuestros cipos al sol y aniquiladas vuestras obras. 7 Caerán en medio de vosotros los muertos y sabréis que yo soy Yahvé.
Sigue el anuncio de la devastación y de la ruina. Antes era contra los habitantes de Jerusalén por sus idolatrías; ahora es contra los lugares de culto idolátrico, extendidos por todos los montes de Judá (v.1); por eso el profeta debe volver su rostro a los montes de Israel, para lanzar sus oráculos amenazadores. Toda la tierra de Palestina estaba contaminada con prácticas idolátricas; por eso solemnemente dirige sus palabras a los montes, collados, torrentes y valles (v.3). Todo ha sido puesto al servicio de la idolatría, y de ahí que hasta los mismos accidentes geográficos serán víctimas de la ira de Dios, que destruirá sus altos (v.3), es decir, los famosos "lugares altos" o Bamoth, tradicionales lugares de prevaricaciones idolátricas *. También los cipos solares, o estelas dedicadas al sol, serán destruidas. Los santuarios cananeos estaban al aire libre en un pequeño recinto, en cuyo centro se elevaba un monolito o madera en forma de estela dedicada al dios solar 2. La destrucción será general 3.
Arrepentimiento de los dispersos de Judá (8-10)
8 Mas dejaré de vosotros entre las gentes unos restos que escaparán a la espada cuando sean dispersados por las tierras. 9 Vuestros dispersos se acordarán de mí en las naciones en que estarán en cautiverio, porque yo quebrantaré su corazón fornicario, que se apartó de mí, y sus ojos, que fornicaron tras los ídolos. Y tendrán horror de sí mismos por las iniquidades que cometieron y por todas sus fornicaciones. l0 Sabrán entonces que yo soy Yahvé. No en vano había dicho que había de escarmentarlos.
No pocos autores ven en estos versos una adición posterior por su estilo convencional. El profeta anuncia que, una vez pasado el castigo, cuando los judíos se hallen en la diáspora, sentirán una nostalgia de Dios, y sentirán horror de sí mismos (v.9) al verse culpables de horrendos crímenes. Yahvé los ha castigado por su corazón fornicario, es decir, su propensión a la idolatría. Las relaciones entre Dios e Israel eran concebidas al modo de las relaciones conyugales de dos esposos. Por eso, todo culto a los ídolos era un adulterio, y sus actos de culto, fornicaciones (v.9).
Desolación de la tierra de Judá (11-14)
11 Bate las manos y huella con tu pie, diciendo: ¡Ay! Después de tantas horribles abominaciones, caerá la casa de Israel a espada, de hambre y de peste. 12 El que está lejos morirá de peste, el que está cerca caerá a la espada, y el que quedare y esté asediado morirá de hambre. Desfogaré mi ira, 13 y reconoceréis que yo soy Yahvé cuando yazcan sus muertos junto a sus ídolos, en derredor de sus altares, en todo alto collado y en la cima de todos los montes, bajo todo árbol frondoso y bajo toda encina copuda; allí donde ofrecían perfumes de grato aroma a todos los ídolos, 14 yo tenderé contra ellos mi mano y tornaré la tierra desolada y solitaria desde el desierto a Ribla, dondequiera que habiten, y sabrán que yo soy Yahvé.
El profeta, por orden divina, debe mostrarse alegre a causa del cumplimiento de la justicia divina sobre su pueblo, aunque esto suponga la catástrofe y la ruina. Los profetas tenían muchas veces que ahogar sus más sagrados sentimientos patrióticos y familiares en función de exigencias divinas. Eran los transmisores de la voluntad de Dios, y ante esto debían declinar toda otra afección particular y personal.
Como Jeremías en Palestina, Ezequiel en Babilonia debe anunciar la tragedia de su pueblo, en contra de sus naturales inclinaciones. Ante todo estaban los derechos de la justicia divina, y por eso debía alegrarse del cumplimiento de la misma a costa de sus compatriotas pecadores. Estos caerán por la peste, el hambre, la espada, los tres flagelos instrumentos de la cólera de Yahvé. Los muertos yacerán por doquier en torno a los altares donde habían ofrecido sacrificios a los ídolos, en los lugares altos y bajo todo árbol frondoso (v.13), es decir, en los santuarios formados en torno a un terebinto sagrado, como aún se ve en los welys de los musulmanes de Oriente 4. La frondosidad de la vegetación era símbolo de la fecundidad y de la vida, y por eso los lugares frondosos eran escogidos para dar culto a divinidades afrodisíacas, como Astarté, la Istar de los babilonios. La consecuencia de la manifestación de la cólera divina será la desolación total desde el desierto hasta Ribla 5, es decir, toda la costa siro-fenicia-palestina, desde el desierto del Negueb, al sur de Bersabé, hasta Ribla, sobre el Orontes, en Siria, que fue cuartel general de Nabucodonosor en 587.
1 Cf. 1 Re 12:20-35; 2 Re 17:29-32; Os 3:2; Jer 7:31; Is 15:2. Véase H. Vincent, Ca-naan d'aprés l'exploration recente (París 1907) 90-151. — 2 Véase J. M. Lagrange, Études sur les religions sémiíiques (París 1905) 2143. — 3 Cf. Am 7:9; Jer 26:9; Is 44:10-20. — 4 Cf. Jer 2:20. — 5 El TM dice "más que e! desierto hacia Dibla," localidad desconocida. Por otra parte, encontramos este nombre Diblí, en vez de Ríb/α, en Jer 52:9-10; 26-27. La mayorνa de los críticos leen "desde el desierto hasta Ribla," frase paralela a la otra bíblica: "'Desde la entrada de J'amat hasta el torrente de Egipto" (Núm 13:21).
7. Castjgo de las Idolatrías.
Inminencia de la catástrofe (1-13)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Mira, hijo de hombre, así habla Yahvé: Es el fin para la tierra de Israel, viene el fin sobre los cuatro confines de la tierra. 3 Llega para ti el fin, y desencadenaré mi ira contra ti y te pagaré según tus obras; echaré sobre ti todas tus abominaciones. 4 No se apiadará de ti mi ojo, no tendré compasión, echaré tus obras sobre ti, y en tu seno tus abominaciones, y sabréis que yo soy Yahvé. 5 Porque así dice el Señor, Yahvé: Desdicha tras desdicha viene, 6 llega el fin, está amenazándote el fin, ya está ahí. 7 Ya te llega el fin, habitante de la tierra; ya viene el tiempo, ya llega el día del alboroto, pero no de alegría, en los montes. 8 Ahora en seguida voy a derramar sobre ti mi ira y satisfaré en ti mi furor, juzgándote según tus obras y echando sobre ti todas tus fornicaciones. 9 No se apiadará mi ojo, no tendré compasión, sino que echaré sobre ti tus obras, y pondré en tu seno tus abominaciones, y sabrás que yo, Yahvé, os hiero. 10 He ahí el día, ya viene, ya llega tu suerte, ya ha brotado la opresión, ha florecido la injusticia *. n La violencia se ha levantado como cetro de impiedad; nada quedará de ellos ni de su orgullo, nada de su estrépito, nada de su esplendor. 12 Llega el tiempo, viene el día en que no se alegre el que compra ni se entristezca el que vende, que sobre todos vendrá la ira. 13 Quien venda no recobrará lo vendido por más que viva, porque la visión sobre todos ellos no se revocará, y por las impiedades ninguno vivirá.
La manifestación de la ira vengadora de Yahvé no se hace esperar, pues sus abominaciones han sobrepasado toda medida y han de pesar sobre sus autores. La justicia de Dios será inexorable (v.4).
Es el día de Yahvé anunciado por los profetas, que, lejos de ser día de exultación y gozo 2, será día de alboroto, pero no de alegría, en los montes (ν.7), lugares de tradicional alegrνa por estar en ellos los santuarios dedicados a los ídolos 3. Ha llegado la hora de pedir cuenta de las fornicaciones o idolatrías de Judá (v.8). Israel debe recibir en su seno el pago de sus abominaciones (v.8), pues la opresión y la injusticia (v.10) han florecido exuberantes en la sociedad, de tal forma que la violencia se ha levantado como cetro de impiedad, dominando como reina todas las manifestaciones de la vida cívica y social. Pero la ira divina barrerá toda manifestación aparatosa: no quedara nada de su estrépito y esplendor. Las transacciones serán acompañadas de alegría de parte del que las compra, que se aprovecha de la miseria del prójimo. Según la Ley, debían darse facilidades de rescate a los que vendían obligados por la necesidad y la miseria. Los acaparadores se aprovechaban de esta situación. Pero ahora no deben alegrarse de sus compras ni entristecerse los vendedores con sus ventas, porque llega la hora de la destrucción (v.12). La ruina alcanzará a todos. No volverán a rescatarse los bienes vendidos después de cincuenta años, como estaba prescrito 4. La ira divina sembrará la destrucción, y otros colonos vendrán al país de Israel a establecerse, siendo los moradores de Palestina llevados en cautividad (v.15). El castigo de Yahvé es irrevocable.
Desolación general (14-27)
14 Tocan las trompetas, todo está presto, pero nadie va al combate, porque se desencadena mi ira sobre su muchedumbre. 15 Fuera, la espada; dentro, la peste y el hambre; quien está en el campo morirá a la espada; quien esté dentro de la ciudad será devorado por el hambre y por la peste. 16 Quien de ellos escape huirá a los montes, y gemirán todos como gime la paloma, cada uno por su propia iniquidad. 17 Todas las manos están debilitadas, y todas las rodillas flaquean. 18 Cíñense de saco y cúbrense de terror; en todos los rostros se ve la confusión, y todas las cabezas están rapadas. 19 Tiran en las calles su plata, y su oro se les torna en estiércol; no los salvará su plata ni su oro el día de la ira de Yahvé. No saciarán su hambre y no llenarán su vientre con ellos, pues les fueron incentivo para el pecado. 20 Estaban muy orgullosos de sus brillantes joyas, y con ellas fabricaron sus abominables simulacros, sus ídolos. Por eso se los convertirá en estiércol, 21 y los daré al saqueo de manos extranjeras y en botín a los impíos de la tierra, para que lo contaminen. 22 Apartaré de ellos mi rostro, y será profanado mi tesoro; entrarán en él los invasores y lo profanarán. 23 Fabrícate cadenas, porque está la tierra Üena de sangre, y la ciudad llena de violencias. 24 Traeré gentes perversas para que se apoderen de sus casas, y pondré fin al orgullo de los poderosos, y serán profanados sus santuarios. 25 Viene el terror, pedirán paz, y no habrá paz. 26 Vendrá angustia sobre angustia, y el anuncio de una seguirá al de otra. Faltará la visión a sus profetas; los sacerdotes desconocerán la Ley, y los ancianos el consejo. 27 El rey se enlutará, y los príncipes estarán desolados, y temblarán las manos de toda la tierra. Yo los trataré según sus caminos y los juzgaré según su merecido, y sabrán que yo soy Yahvé.
El profeta refleja el momento del asedio de Jerusalén. Todo está presto para la defensa, tocan las trompetas (v.14), pero de nada sirve, pues un temblor se apodera de los combatientes, de tal forma que nadie va al combate. Es Yahvé el que ha enviado este retraimiento de las armas para cumplir los designios de su ira. La desolación y la muerte reinan por doquier (v.15), y nadie se atreve a salir al frente, pues todas las rodillas flaquean (ν.17). El abatimiento general se muestra en manifestaciones generales de duelo: y cíñense de saco. todas las cabezas rapadas (v.18) 5. Los asediados, al ver que su plata y oro no sirven para conseguir los víveres necesarios, lo arrojan por las calles (v.19). Sus riquezas han sido un incentivo para el pecado i sobre todo para entregarse a la idolatría, dando sus metales preciosos para la construcción de simulacros, en lo que utilizaron sus brillantes joyas (v.20). Pero todo será botín de guerra para los invasores (v.21), para que lo contaminen, utilizando el oro y plata de los ídolos para fines triviales y profanos. Pero, sobre todo, la mayor calamidad es la profanación del tesoro de Yahvé, o templo de Jerusalén (v.22). Todos deben prepararse para la cautividad (fabrícate cadenas), pues el castigo es inminente, porque esta la tierra llena de sangre. (v.23); alusión a los homicidios y atropellos contra los que predicaban la sumisión a Babilonia, siguiendo las indicaciones de los profetas.
En la catástrofe que se avecina no habrá ninguno a quien acudir en petición de ayuda, ya que faltarán el sacerdote, el profeta y el sabio (v.25). Es interesante la claridad con que en este texto se especifica la misión de los distintos directores espirituales de la sociedad: la característica del profeta es la fisión, o revelación recibida directamente de Dios para transmitir un mensaje a la comunidad; la del sacerdote es la Ley, cuya enseñanza estaba obligado a compartir al pueblo; y la del sabio es el consejo, o deducción doctrinal por reflexión de las revelaciones anteriores. El sabio sustituyó al profeta cuando éste faltó, y sus enseñanzas no tenían la autoridad de los profetas, precisamente porque no tenían comunicación directa con Dios, sino que, por reflexión teológica, deducían conclusiones en orden al gobierno de la vida. Son los autores de los libros que llamamos sapienciales, que vienen a llenar el vacío de los oráculos proféticos.
Israel siempre ha vivido bajo una protección especial divina; así, primero suscitó Yahvé profetas para suplir la acción de los sacerdotes, que se limitaban a lo cultual, y después a los sabios para que dieran consejo y dirección a las nuevas generaciones. Ezequiel en este pasaje anuncia que, para colmo de males, Jerusalén se verá privada no sólo de los bienes elementales materiales, sino aun de los espirituales, ya que los que representaban los valores del espíritu, corno los sacerdotes, los profetas y los sabios, no estarán al alcance de los moradores de la Ciudad Santa. Y en la catástrofe, los primeros en sentir una profunda amargura serán las clases dirigentes: el rey se enlutara, y los príncipes estarán desolados. (v.27). Yahvé los castigará por su mala conducta, para que reconozcan de una vez su poder: ν sabrán que yo soy Yahvé.
1 El TM lee lit. "ha salido la corona, ha florecido el cetro." Nuestra versión se basa en una ligera reconstrucción del texto. La Biblc de Jérus. traduce.: "el castigo está presto, se ha desarrollado el orgullo." — 2 Cf. Am 5,18s; Ez 30:3. — 3 Cf. Ez 6:2s; Jer 3:22-23. — 4 Cf. Lev 25:10.13. — 5 Cf. Jer 4:8; 6:26; Lam 2:1; Ez 27:31; Am 8:10; Is 15:2; Jer 47:5; Ez 27:31.
8. Los cultos idolátricos, practicados en el templo de Jerusalén.
Los exilados, a la vista de las extrañas acciones simbólicas de Ezequiel, llegaron a barruntar que un profeta había surgido ante ellos. Su misión era anunciar la triste suerte reservada a los judíos que aún permanecían en Palestina y la rehabilitación de los exilados. La suerte de la Ciudad Santa estaba echada, y Judá sólo volvería a recuperarse después de largos años de cautividad. Ante una concurrencia de exilados, encabezados por los ancianos de Judá, el profeta cayó en éxtasis, asistiendo mentalmente a unas escenas que se desarrollaban en el templo de Jerusalén. Esto tuvo lugar un año después de su visión inaugural junto al gran canal.
Los exilados creían que Yahvé debía necesariamente velar por Jerusalén y que no podía permitir que los caldeos entrasen en la Ciudad Santa, pues Yahvé habitaba allí, en su templo. Pero el profeta va a mostrar con una visión que precisamente el castigo destructor empezará por el santuario de Yahvé, porque en él se están cumpliendo actos de abominación idolátrica, y, en consecuencia, la justicia divina debe manifestarse dentro del recinto sagrado.
Nueva teofanía (1-4)
1 El año sexto, el día cinco del sexto mes, me hallaba yo en mi casa, y estaban delante de mí los ancianos de Judá, y allí se posó sobre mí la mano del Señor, Yahvé. 2 Miré y vi una figura con la apariencia de hombre1. De lo que aparecía, de cintura arriba era fuego, y de cintura abajo era como un esplendor luminoso, como bronce brillante. 3Tendió una a modo de mano y me tomó por los pelos de la cabeza. El espíritu me levantó entre la tierra y el cielo, y en visión divina me llevó a Jerusalén, a la entrada de la puerta del atrio interior, del lado del septentrión, donde estaba puesto el ídolo que provoca el celo. 4 Y allí estaba la gloria del Dios de Israel, semejante a la de la visión que tuve en el campo.
El año sexto de la deportación del rey Joaquín, de donde parece partir el profeta en sus cómputos, es el 592 2. El sexto mes es el de Ebul, correspondiente a agosto-septiembre. Esta visión, pues, tuvo lugar poco más de un año después de la primera inaugural 3. En su casa recibió a un grupo de exilados presididos por los ancianos de Judá. Sus acciones simbólicas desacostumbradas habían logrado despertar la atención de aquellas gentes. Unos iban a verle con espíritu de fe, considerándole como heredero del espíritu de los profetas, y otros por pura curiosidad. Estando, pues, Ezequiel en medio de ellos, se sintió poseído de una gracia carismática especial del Señor: se posó sobre mí la mano de Yahvé (v.1). La expresión indica la manifestación sensible o imaginaria de Dios al profeta4. La aparición (sensible o imaginaria) del Señor reviste las mismas características que la narrada en el capítulo 1. Yahvé se manifiesta en toda su majestad fulgurante y esplendente como el fuego o el bronce brillante (v.2). Ninguna otra descripción más expresiva para indicar el carácter santo y puro de Dios.
El profeta se siente transportado imaginariamente por el espíritu del Señor a Jerusalén. El "espíritu" de Dios en el A.T., actuando carismáticamente sobre los profetas, es la energía divina manifestándose de un modo especial como principio dinámico preternatural. Fuera del curso natural, Dios tiene intervenciones directas sobre sus siervos en orden a las manifestaciones especiales de su providencia. Todo esto que narra Ezequiel hay que entenderlo como ocurrido en visión imaginaria; como la tercera tentación de Jesús en el desierto, según la cual Jesucristo fue transportado por el diablo sobre el pináculo del templo de Jerusalén 5. Así Ezequiel es transportado a la puerta del atrio interior del templo (ν.3), que estaba en el lado del septentrión, es decir, a la izquierda del altar de los holocaustos, que estaba en el centro del atrio interior. El templo de Jerusalén tenía un atrio exterior, o explanada amplísima, que rodeaba lo que propiamente era santuario, al que tenían acceso las mujeres. Después, franqueando una puerta, se entraba en el atrio interior, en el que estaba el altar de los holocaustos y al que tenían acceso sólo los varones.
Es allí donde el profeta asiste en visión a ciertas escenas idolátricas que va a describir minuciosamente. Allí está el ídolo que provoca el celo, probable alusión a la estatua de Astarté, la Istar asiría o Venus o la estela de Ashera que había erigido allí el impío rey Manases un siglo antes 6, y que, quitada en la reforma de Josías 7, debió de volver a ocupar su antiguo lugar bajo el ecléctico rey Sedecías, El ídolo es llamado provocador del celo, quizá aludiendo al celo que tiene Yahvé de su culto en el templo de Jerusalén, ya que Israel era considerada como esposa de Yahvé. Se dan otras explicaciones, pero parece que en la frase hay manipulaciones de un redactor posterior8. El profeta se siente escandalizado por la presencia de estos ídolos en el santuario, donde estaba la gloria del Dios de Israel (v.4), es decir, Yahvé, como protector de su pueblo, manifestándose en toda su gloria y esplendor.
Escenas idolátricas en el templo de Jerusalén (5-13)
5 Y me dijo: Hijo de hombre, alza tus ojos hacia el lado del septentrión. Y alzando mis ojos al lado del septentrión, vi al norte de la puerta el altar del ídolo del celo, a la entrada misma. 6 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿ves lo que hacen éstos? ¿Ves las grandes abominaciones que la casa de Israel hace aquí mismo para alejarme de mi santuario? Pero date la vuelta, y verás abominaciones todavía más grandes. 7 Y me llevó a la entrada del atrio, y, mirando, vi un agujero en la pared. 8 Y me dijo: Hijo de hombre, horada la pared. Horadé la pared, y apareció una puerta. 9 Entra, me dijo, y mira las pésimas abominaciones que éstos hacen. 10 Entré, miré y vi toda suerte de imágenes de reptiles y bestias abominables y todos los ídolos de la casa de Israel pintados en la pared en derredor. 11 Y setenta hombres de los ancianos de la casa de Israel, entre ellos Jezonías, hijo de Safan, estaban en pie ante ellos, cada uno con su incensario en la mano, de los que subía una nube de incienso. 12 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto lo que hacen los ancianos de Israel en secreto, cada uno en su cámara, llena de imágenes? Pues se dicen: Yahvé no nos ve, se ha alejado de la tierra. 13 Y me dijo: Pues verás abominaciones todavía mayores que éstos hacen.
El profeta ve en la parte norte el ídolo del celo, probablemente, como decíamos antes, la estatua o estela de Astarté, diosa fenicia, esposa de Baal, que era el trasunto de la Istar asiro-babilónica, diosa de la fecundidad y del amor, como la Venus de los griegos. Su culto iba normalmente acompañado de excesos sexuales en sus santuarios. Estas abominaciones debían de existir en el templo de Jerusalén, al que se había dado acceso el culto de Istar desde los tiempos de Manases, con el pequeño intervalo de la reforma de Josías. Todo ello era una invitación a Yahvé para que se alejase de su morada de Jerusalén (v.6). Yahvé no puede compartir el culto con dioses paganos.
Pero Yahvé mismo invita al profeta a que penetre en el santuario para ser testigo de mayores abominaciones; así, después de recorrer los corredores del atrio, el profeta, forzando una pequeña abertura, se encuentra con cámaras secretas, en las que hay imágenes de reptiles y bestias abominables (v.10). Las cámaras deben de ser las celdas de los sacerdotes, que estaban construidas a lo largo del muro que separaba el atrio interior del exterior. En ellas hay imágenes de reptiles. Probablemente son dioses egipcios: el cocodrilo, el buey Apis, etc. La influencia egipcia en la corte de Jerusalén era muy profunda a causa de las alianzas políticas, ya que Egipto era considerado como la nación protectora contra Babilonia bajo el rey Sedecías (598-586). Precisamente los que hacen actos de adoración a estas abominaciones de animales son los ancianos de la casa de Israel, la aristocracia judía. Uno de ellos es llamado Jezonías, que debía de ser conocido de los exilados, pero desconocido para nosotros 9. El profeta quiere hacer ver a sus compañeros de destierro que los judíos que han quedado en Jerusalén siguen ofendiendo a Dios con sus cultos idolátricos, y, por tanto, el castigo definitivo no se puede dejar esperar. Los ancianos de Israel se creían desamparados de Yahvé: Yahvé no nos ve, se ha alejado de la tierra (v.11). La deportación del 598 y las constantes incursiones de los babilonios, amenazando con entrar en la Ciudad Santa, les ha hecho pensar que habían perdido la gracia de su Dios, y por eso se volvían hacia las divinidades de otros pueblos, como las de Egipto. En su mentalidad sincretista creían poder conjurar los males que amenazaban con actos de acatamiento a los dioses de los otros pueblos; por eso, con incensarios en las manos, les ofrecían incienso según la costumbre del templo de Jerusalén.
Otras prácticas idolátricas (14-18)
14 Me condujo a la entrada de la puerta de la casa de Yahvé, del lado norte, y estaban allí dos mujeres sentadas, llorando a Tammuz, 15 y me dijo: ¿Has visto, hijo de hombre? Pues todavía verás abominaciones mucho más grandes que ésta. 16 Y me llevó al atrio interior de la casa de Yahvé, y allí, a la misma entrada del santuario de Yahvé, entre el vestíbulo y el altar, había unos veinticinco hombres de espaldas al santuario de Yahvé y cara al oriente, que hacia el oriente se postraban. 17Y me dijo: Hijo de hombre, ¿has visto? ¿Será cosa ligera para la casa de Judá hacer las abominaciones que en este lugar se hacen, que han llenado la tierra de violencias para irritarme? ¡Hasta se llevan el ramo a las narices!18 Pues también yo obraré con furor, no se apiadará mi ojo y no tendré compasión, y cuando griten a mis oídos en voz alta, los escucharé.
Conducido el profeta hacia la salida del atrio exterior en la parte norte, encontró a dos mujeres sentadas llorando a Tammuz (v.14). Es el clásico duelo de las mujeres a la divinidad asiro-babilónica Tammuz (as. tamuzu: derivado del sumerio Du-muz1), dios de la vegetación. En el solsticio de verano, al empezar a agostarse la vegetación y cuando las hoces empezaban a cortar las espigas (junio-julio), se celebraba en Babilonia un día de duelo en honor del dios de la vegetación, como pidiéndole perdón por la desaparición de la misma. En Fenicia había un rito similar dedicado a Adonis, que es la versión fenicia del Tammuz mesopotámico 10. También, pues, el culto sincretista de Tammuz había entrado en el templo de Jerusalén. Es una nueva abominación. A ésta se une la del culto solar precisamente en el atrio interior, frente al santuario (el Santo), por parte de 25 sujetos que de espaldas a la morada santa de Yahvé miran hacia el oriente postrados en adoración al sol. Es el culto al dios solar asirio Samash, introducido también por el impío rey Manases 11. Quizá estos adoradores pertenecieran a la clase sacerdotal, pues estaban entre el vestíbulo (entrada al Santo) y el altar (v.16) de los holocaustos.
El Señor añade a estas abominaciones el pecado de violencias contra los fieles yahvistas, que predicaban un retorno al culto puro y único de Yahvé (ν.17). La última frase es enigmática: Hasta se llevan el ramo a las narices (v.17). Generalmente se suele explicar como alusión a una conocida costumbre de los persas, los cuales llevaban a las narices un ramo de dátiles para purificar el aliento y no contaminar la atmósfera y los rayos solares con él 12. Sin embargo, las versiones dan diversos sentidos, lo que prueba que la frase hebrea era oscura y enigmática, quizá por estar el texto corrompido. En todo caso se alude a ritos idolátricos que provocan la ira divina
1 Así según los LXX. El TM dice apariencia de fuego. El contexto pide la primera lectura. Por otra parte, la palabra hebrea que designa fuego C~esh) es muy semejante a la que iignifica hombre ('enosh).sig — 2 Los LXX leen el quinto mes. — 3 Cf. Ez i.is. — 4 Cf. Ez 1:3; 3:22. — 5 Cf. Mt 4:5- — 6 Cf. 2 Re 21:7. — 7 Cf. 2 Re 23:6. — 8 En los LXX falta "que provoca el celo," que tiene visos de ser una glosa. — 9 Aparece como hijo de Safan. En tiempos anteriores aparece un secretario del rey Josías con este nombre.,Cf. 2 Re 22:3"; Jer 29:3; 36,ios. — 10 Cf. Lagrange, Études sur les religions sémiliques (1905) 3065; A. Lemonyer, Le cuite des dieux étrangers en Israel. Tammouz-Adonis: RsPhT 4 (1910), 271-282. — 11 Cf. 2 Re 23:11. — 12 A. Jeremías, Das A, T. im Lichte des Altens Orients (1930) 75o.
9. Los Mensajeros de la Destrucción.
En el capítulo anterior se concretaban las grandes abominaciones de los habitantes de Jerusalén, que llegaron hasta contaminar el recinto sagrado del templo con infiltraciones idolátricas de todo género. El castigo de Dios no podía dejarse esperar. En este capítulo, dramáticamente se describe la ejecución del terrible castigo. Las expresiones son radicales e hiperbólicas.
Orden de exterminio de los malvados de Jerusalén (1-7)
1 Y clamó en mis oídos con fuerte voz: ¡Acercaos los que habéis de castigar la ciudad! 2 Y llegaron seis hombres por el camino de la puerta superior del lado del septentrión, cada uno con su instrumento destructor en la mano. Había en medio de ellos un hombre vestido de lino, que traía a la cintura un tintero de escriba, y, entrados, fueron a ponerse junto al altar de bronce. 3 La gloria del Dios de Israel se alzó de sobre el querubín sobre el que estaba, hacia el umbral de la casa, y, llamando al hombre vestido de lino que llevaba el tintero de escriba, 4 le dijo: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y pon por señal una "tau" en la frente de los que se duelen de todas las abominaciones que en. medio de ella se cometen. 5 Y a los otros les dijo: Pasad en pos de él por la ciudad y herid. No perdone vuestro ojo ni tengáis compasión: 6 viejos, mancebos y doncellas, niños y mujeres, matad hasta exterminarlos, pero no os lleguéis a ninguno de los que llevan la "tau." Comenzad por el santuario. Comenzaron, pues, por los ancianos que estaban delante del templo. 7 Y les dijo: Profanad también el santuario, henchid de muertos los atrios. Salid, pues. Salieron, y se pusieron a matar por la ciudad.
La visión se continúa. El profeta ve a cuatro instrumentos de la justicia divina, a los que llama los que habéis de castigar (v.1). Son seis hombres (ángeles en forma humana), cada uno con un instrumento mortífero en su mano (v.2). En medio de ellos había uno vestido de lino como los sacerdotes1, con los enseres de escriba: un recipiente de bronce con departamentos para la pluma, la tinta y el raspador. Todo colgando de la cintura (v.2). Los mensajeros de la justicia vienen del lado del septentrión (v.2), porque del norte vendría el invasor caldeo, instrumento de la ira divina. Dios, que estaba asentado en su gloria en el atrio interno, sale al umbral del santuario. La expresión gloria de Dios equivale a Dios en su majestad, tal como era presentado en 8:35 sobre los querubines refulgentes y radiantes como bronce.
Dios ordena al que lleva los instrumentos de escriba que haga una señal en forma de tau sobre la población fiel, que no se ha contaminado en las abominaciones (v.4). En cambio, a los otros, culpables, deben exterminarlos sin distinción de edades ni sexo. La tau que se ordena poner sobre los buenos puede ser una pequeña cruz o equis de la antigua escritura fenicio-samaritana2. También con ocasión del éxodo un signo especial sirvió para proteger a los israelitas contra el ángel exterminador 3. Los Padres han visto en esta señal un tipo del carácter bautismal del cristiano, destinado por vocación a la vida eterna. La orden de exterminio es total, y no deben sus ministros pararse ante la profanación del santuario con los cadáveres: profanad el santuario, henchid de muertos los atrios (v.7). Los cadáveres contaminaban legalmente todo lo que tocaban, y por eso su presencia en el santuario suscitaba particular aversión en los israelitas. Pero ahora ha llegado la hora del castigo y nada debe ser preservado, aunque se comprometa su santidad local. Las frases no han de entenderse necesariamente al pie de la letra, pues se trata de una dramatización literaria de la invasión caldea. Los soldados de Nabucodonosor no perdonarán realmente nada, y hasta en el santuario derramarán sangre humana. Son los instrumentos de la justicia divina, representados en estos destructores de que habla el profeta.
Vana intercesión del profeta (8-11)
8 Mientras ellos herían, quédeme solo, y, postrándome rostro a tierra, grité: ¡Oh Señor, Yahvé! ¿vas a exterminar cuanto queda de la casa de Israel, arrojando tu furor sobre Jerusalén? 9 Y me dijo: La iniquidad de la casa de Israel y de Judá es muy grande. La tierra está llena de sangre; la ciudad, llena de injusticia, pues se han dicho: Yahvé se ha alejado de la tierra y no ve nada. 10 Así, pues, haré yo: no perdonará mi ojo, no tendré compasión, haré recaer sus obras sobre sus cabezas. 11 Y el hombre vestido de lino, con tintero de escriba a la cintura, vino a hacer relación: He hecho lo que mandaste.
El profeta queda horrorizado al ver cumplirse la orden de Dios. Son tan pocos los justos, que Israel va a quedar despoblada, y por eso intercede ante El (v.8). La respuesta es tajante: la violencia y la injusticia han llenado la ciudad, y ha llegado al límite, pues, además, han sido presuntuosos, creyendo que Yahvé ya no vigilaba sus acciones: Yahvé se ha alejado de la tierra y no ve nada (v.8). Esto es un insulto a su omnipotencia, y por eso no puede reprimir su ira (v.10). El jefe de los ministros de la justicia divina, el hombre vestido de lino, viene a decir que su orden ha sido ya puntualmente cumplimentada. Con esto quiere recalcar Ezequiel que su visión se cumplirá sin falta. Los exilados debían, pues, dejar la ilusión de que Jerusalén no caería en manos de los babilonios. Por otra parte, deben considerarse agraciados, ya que su suerte es menos penosa que la de los que quedaron en Judá.
10. Nueva descripción de la Gloria de Dios.
Este capítulo resulta algo embarazoso y parece que ha sufrido muchos retoques redacciolíales. Por un lado se continúa la escena del capítulo anterior, y por otro se describe una nueva visión de la gloria de Dios, calcada sobre la del capítulo primero, con nuevos detalles.
Destrucción de la ciudad por el fuego (1-7)
1 Y miré, y vi encima del firmamento que estaba sobre las cabezas de los querubines una como piedra de zafiro que aparecía sobre ellos como una semejanza de trono, 2 y habló Yahvé al hombre vestido de lino y le dijo: Ve por entre las ruedas de debajo de los querubines, y llena tus manos de las brasas encendidas que hay entre los querubines y échalas sobre la ciudad, y él fue a vista mía. 3 Los querubines se habían parado al lado derecho de la casa cuando el hombre fue, y una nube había llenado el atrio interior. 4 La gloria de Yahvé se alzó sobre el querubín al umbral de la casa, y ésta se llenó de la nube, y el atrio se llenó del esplendor de la gloria de Yahvé, 5 y el rumor de las alas de los querubines se oía hasta el atrio exterior, semejante a la voz de Dios omnipotente cuando habla. 6 Y como dio la orden al hombre vestido de lino, "toma del fuego de entre las ruedas de en medio de los querubines," entró él y paróse entre las ruedas, 7 y uno de los querubines tendió la mano al fuego que entre ellos había, y tomó de él y lo puso en las palmas del que estaba vestido de lino, que lo tomó y salió.
Después de haber cumplido la orden de señalar con una tau a los que habían de ser preservados de la catástrofe, Yahvé, que estaba en un trono sobre los querubines, como en la visión del c.1, dio orden al hombre vestido de lino, o ángel director de los destructores, de tomar en sus manos brasas encendidas del fuego que había entre los querubines4 y después lanzarlas sobre la ciudad, sin duda con designios de exterminio. En el v.7 es un querubín el que pone en manos del hombre vestido de lino las brasas destructoras. El texto parece retocado, y de ahí que esté algo confuso. La idea general es clara: Yahvé quiere abandonar su morada y castigar a la Ciudad Santa con el incendio de la guerra. El ejército babilonio invasor será el instrumento de su justicia.
Nueva descripción de los querubines (8-17)
8 Mostróse entonces en los querubines una forma de mano de hombre bajo sus alas. 9 Miré y vi cuatro ruedas junto a los querubines, una rueda al lado de uno y otra al lado de otro querubín. A la vista parecían las ruedas como de turquesa, 10 y en cuanto a su forma, las cuatro eran iguales, como rueda dentro de rueda. 11 Cuando se movían, iban a sus cuatro lados, y no se volvían atrás al marchar. 12 Todo el cuerpo de los querubines, dorso, manos y alas, y las ruedas, estaban todo en derredor llenos de ojos, y todos cuatro tenían cada uno su rueda. 13 A las ruedas, como yo lo oí, las llamaban torbellino. 14 Cada uno tenía cuatro aspectos: el primero, de toro; el segundo, de hombre; el tercero, de león, y el cuarto, de águila. 15 Levantáronse los querubines. Eran los mismos seres vivientes que había visto junto al río Kebar. 16 Al moverse los querubines, se movían las ruedas a su lado, y cuando los querubines alzaban las alas para levantarse de tierra, las ruedas a su vez no se apartaban de su lado; 17 cuando aquéllos se paraban, se paraban éstas, y cuando se alzaban aquéllos, se alzaban éstas con ellos, pues había en ellas espíritu de vida.
De nuevo el profeta detalla las figuras de la visión inaugural5. Se dice que los querubines estaban llenos de ojos, lo que en 1:18 se decía sólo de las ruedas. Parece aludir a las chispas fulgurantes que brillaban sobre el conjunto. Todo parece ser como un continuo despliegue de vislumbres flameantes para encarecer más el carácter majestuoso y trascendente de la gloria de Yahvé. Los relámpagos y el fuego son típicos en la tradición literaria bíblica para describir las teofanías desde los tiempos del éxodo. Por eso, aquí Ezequiel amontona calificativos y detalles relativos al carácter deslumbrante de la figura que aparece sobre el carro triunfal de los querubes. Su imaginación es desbordante y apocalíptica, y por eso no deben urgir se demasiado las enseñanzas doctrinales de los detalles, pues ante todo se quiere impresionar al lector con descripciones deslumbradoras y majestuosas. Las hipérboles son frecuentes: a las ruedas las llamaban torbellino por el fragoso ruido que hacían (ν.13): el rumor de las alas de los querubines era semejante a la voz de Dios omnipotente cuando habla (v.5), es decir, como el trueno, que en las tormentas se manifestaba como la voz de Dios, que siempre habla desde el torbellino para impresionar a sus fieles, corno en el Sinaí6.
La gloria de Yahvé abandona el templo (18-22)
18 La gloria de Yahvé se quitó de sobre el umbral de la casa y se puso sobre los querubines, 19 y los querubines tendieron las alas y se alzaron de tierra a vista mía, y con ellos se alzaron las ruedas. Paráronse a la entrada de la puerta oriental de la casa de Yahvé, y la gloria del Dios de Israel estaba arriba sobre ellos. 20 Eran los mismos seres que había visto bajo el Dios de Israel junto al río Kebar, y supe que se llamaban querubines. 21 Cada uno tenía cuatro aspectos, y cada uno cuatro alas, y una semejanza de mano de hombre bajo las alas. 22 La semejanza de sus rostros era la de los que vi junto al río Kebar. Cada uno iba de frente a sí.
El Señor ha actuado en su plena manifestación de majestad como Juez, dando órdenes a sus ministros para castigar a su pueblo desde su misma morada santa. Terminada su función de Juez justo, abandona su sala de justicia, el templo de Jerusalén, y se encamina hacia la puerta oriental (v.19), como dando a entender que abandona a su pueblo a su suerte. En su trono majestuoso, sostenido por los querubines, desaparece sin duda para trasladarse a convivir con los exilados de Babilonia, que iban a constituir el núcleo escogido de resurrección nacional. Ha llegado la hora de la manifestación de la justicia divina, y Yahvé se aleja de su pueblo de Jerusalén para que el ejército de Nabucodonosor, instrumento de su ira vengadora, realice el decreto de exterminio sobre Israel, de forma que no sea cohibido por la presencia divina en el templo.
Con esto Ezequiel da a entender a sus compatriotas, compañeros de cautividad, que no deben hacerse ilusiones sobre la suerte de la Ciudad Santa, ya que está destinada por Dios a la destrucción, y, por otra parte, el único obstáculo para que los enemigos de Sión no entraran en Jerusalén — la presencia de Yahvé en su santuario — ha desaparecido. El profeta describe de nuevo los querubines que con sus cuatro aspectos, de león, de toro, de águila y de hombre, recordaban a los karibu babilónicos que los exilados podían contemplar a la entrada de los palacios asirios y caldeos 7.
1 Ex 28:495; Lev 16; Dan 10:5; 12:6s. — 2 Cf. R. Dussaud, Les inscriptions phéniciennes du tombeau d'Ahiram, roí de Ryblos: "Syria" (1924) 136-157; A. Vaccari, Institutiones Biblicae I ed.5.a (1937) 2193 tab.I. — 3 Cf. Ex. 12:13; Job 31:35. — 4 Cf. Ez 1:4. — 5 Cf. Ez 1:8-10. — 6 Cf. Ex. 19:16. — 7 Cf. explic. al c.i. Véase RB (1926) p.382.48153.
11. Profecías contra algunos jefes de Jerusalen. Promesa de Repatriación.
Continúa el anuncio del castigo de Jerusalén, ahora en sus jefes culpables. Precisamente en la puerta oriental, donde se había parado la gloria de Yahvé en su carro triunfal, el profeta distingue a varios de los responsables de la catástrofe, al anunciar al pueblo que Jerusalén debía resistir a los babilonios, porque estaba segura con sus defensas amuralladas. Es una presunción que no tolera la omnipotencia de Yahvé, que ve en ello un desafío a sus decretos sobre Jerusalén. En una segunda parte del capítulo se anuncia una restauración del pueblo a base de un resto disperso entre las naciones (ν.14-21). Por fin, Yahvé abandona definitivamente su santuario.
Castigo de los jefes culpables (1-13)
1 Me elevó el espíritu y me llevó a la puerta oriental de la casa de Yahvé, la que mira a levante, y vi que había a la puerta veinticinco hombres, entre los cuales Jezanías, hijo de Azur, y Peltías, hijo de Banayas, jefes del pueblo. 2 Y Yahvé me dijo: Hijo de hombre, éstos son los que maquinan perversidades, y dan en la ciudad perversos consejos, 3 y dicen: ¿No se han reconstruido bien pronto las casas de la ciudad? Ella será la olla, nosotros la carne. 4 Por tanto, profetiza contra ellos, profetiza, hijo de hombre. 5 Y vino sobre mí el espíritu de Yahvé, y me dijo: Di: Así habla Yahvé: Vosotros habéis dicho eso, casa de Israel, y yo sé muy bien lo que pensáis. 6 Habéis multiplicado los muertos en esta ciudad, habéis llenado sus calles de cadáveres. 7 Por tanto, así dice Yahvé: Vuestros muertos, los que habéis dejado tendidos en medio de ella, ésos son la carne, y ella es la olla; pero yo os sacaré de ella. 8 Vosotros tenéis miedo a la espada, y yo haré venir la espada sobre vosotros, dice el Señor, Yahvé. 9 Yo os sacaré de en medio de ella y os entregaré en manos de los extranjeros, y haré justicia en vosotros. 10 Pereceréis a la espada; en los términos de Israel os juzgaré, y sabréis que yo soy Yahvé. 11 No será ella para vosotros la olla, ni seréis vosotros en ella la carne; en los términos de Israel os juzgaré, 12 y sabréis que yo soy Yahvé, cuyos mandamientos no habéis seguido, cuyas leyes no habéis practicado, sino que habéis obrado siguiendo las costumbres de las gentes que os rodean. 13 Apenas había profetizado, cayó muerto Peltías, hijo de Banayas, y yo me eché rostro a tierra y grité con todas mis fuerzas: ¡Ah Señor! ¿vas a acabar del todo con lo que queda de Israel?
El profeta es transportado en fisión por el espíritu, o fuerza ca-rismática divina, a la puerta oriental del templo de Jerusalén, donde se había detenido la gloria de Yahvé antes de abandonar el santuario totalmente. Allí están veinticinco hombres partidarios de la resistencia contra los invasores babilónicos, a pesar de las reiteradas profecías de Jeremías, en las que había comunicado de parte de Yahvé la conveniencia de entregarse a las tropas de Nabucodonosor como mal menor1. Los dos personajes que el profeta nombra no son desconocidos. Estos se sienten optimistas y pretenden animar a sus compatriotas para una desesperada resistencia, recordándoles que las antiguas ruinas del cerco anterior de 598 por los babilonios ya están restauradas (v.5); por otra parte, las defensas amuralladas de la ciudad son una garantía para organizar la resistencia. Ellos, dentro de los muros de Jerusalén, se sienten tan seguros como la carne en la olla (ν.3). Por mucho que se caliente, el fuego no podrα pasar al interior 2.
Dios recoge la comparación de ellos y le da una nueva aplicación: en realidad, la carne afectada por la muerte son los muertos que ellos han hecho con sus arbitrariedades. Movidos de sentimientos ultranacionalistas, han ahogado en sangre toda voz de protesta. Y en esa situación de tragedia, la ciudad de Jerusalén ha resultado como una olla, de la que las víctimas inocentes no han podido salir para librarse del peligro (v.7). Sin embargo, Yahvé se encargará de sacar a los culpables de esta olla, para hacerlos caer bajo la espada en los términos de Israel (v.11), es decir, en los confines septentrionales de Israel, en la región siria de Ribla, donde está el cuartel general de Nabucodonosor y donde fueron matados los magnates de Judá ante los ojos del rey Sedecías 3.
Después de anunciar esto, el profeta vio en visión el cumplimiento de su profecía en la muerte de Jezonías. Ezequiel se sintió horrorizado ante la suerte de sus conciudadanos, y como antes, al contemplar la obra de los ángeles exterminadores, ahora grita angustiado: ¡Ah Señor! ¿vas a acabar del todo con la casa de Israel? (v.15). El profeta está obsesionado con el destino trágico de su amado pueblo y pide clemencia para sus compatriotas, para que no se deje llevar demasiado de su ira.
Repatriación de los exilados (14-21)
14 Me fue dirigida palabra de Yahvé, diciendo: 15 Hijo de hombre, tus hermanos, los de tu parentela, la casa de Israel toda entera, son aquellos a los que dicen los habitantes de Jerusalén: Alejaos de Yahvé, tenemos la tierra en posesión4. 16 Diles, por tanto: Así habla el Señor, Yahvé: Los he alejado entre las gentes, los he dispersado en tierras extranjeras, pero yo seré para ellos santuario por el poco tiempo que estarán en las tierras a que han emigrado. 17 Diles, pues: Así habla el Señor, Yahvé: Yo os recogeré de entre las gentes, y os reuniré de entre las tierras a que habéis sido dispersados, y os daré la tierra de Israel. 18 Y entrarán en ella y quitarán de ella todos sus ídolos y todas sus abominaciones" 19 Y les daré otro corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo, quitaré de su cuerpo su corazón de piedra y les daré un corazón de carne, 20 para que sigan mis mandamientos, y observen y practiquen mis leyes, y sean mi pueblo y sea yo su Dios. 21 Pero a los que se complacen en sus ídolos, en sus abominaciones, yo les echaré sus obras sobre la cabeza, dice el Señor, Yahvé.
La respuesta del Señor es confortante en medio de la trágica suerte que espera a los judíos. El exterminio no será total, porque habrá un núcleo de restauración, un resto de bendición, que será la base de una nueva teocracia israelita. Ezequiel se halla en medio de compatriotas exilados, que son su parentela, de la que debe salir como fiador y rescatador o go'el de sus hermanos de sangre, pues tiene que dar cuenta de su suerte espiritual ante Yahvé 5. Estos se sentían alejados de su tierra como desheredados, y por ello se consideraban en plano de inferioridad respecto a los que habían quedado en Palestina, que bien podían decir de ellos: Alejaos de Yahvé, tenemos la tierra en posesión (v.15). El hecho de estar exilados parecía incluir en la mentalidad de entonces la orfandad de parte de Dios, ya que Yahvé sólo tenía especial providencia de los que habían quedado en su heredad 6.
Dios anuncia, por su parte, que el hecho de la dispersión entre las gentes no es obstáculo para que siga protegiendo a los exilados. Aunque estén lejos del templo de Jerusalén, sin embargo, Yahvé mismo será para los desterrados un santuario, al que pueden acogerse con toda confianza (v.16). Además llegará un tiempo en que serán repatriados en la tierra de Israel (ν.17), inaugurando entonces una nueva vida, pues no volverαn a caer en el inveterado pecado de la idolatría (v.15); para ello, Yahvé mismo les dará un nuevo corazón con un espíritu nuevo (v.19), de forma que, habiendo dejado el corazón de piedra, o rebelde y duro, serán dotados de un corazón de carne, sensible a las inspiraciones divinas. De este modo vivirán centrados en torno a los mandamientos de Yahvé. Es la misma promesa mesiánica de Jeremías: los nuevos ciudadanos tendrán escrito en sus "corazones" la nueva Ley, en sustitución de la antigua, esculpida en piedra 7. De este modo Yahvé volverá a ser en sentido verdadero su Dios (v.20).
La gloria de Yahvé se aleja de Jerusalén (22-25)
22 Los querubines desplegaron sus alas y les siguieron las ruedas, y la gloria del Dios de Israel estaba sobre ellos, 23 y la gloria de Yahvé se alzó de en medio de la ciudad y se posó sobre el monte que está al oriente de la ciudad. 24 Me tomó el espíritu y me llevó a Caldea entre los cautivos en visión de espíritu de Dios, y desapareció la visión que había tenido. 25 Yo dije a los cautivos todo lo que Yahvé me había mostrado.
Yahvé, en su carro majestuoso, rodeado de una atmósfera de gloria, abandona la Ciudad Santa y se detiene al oriente sobre el monte de los Olivos. Al abandonar a Jerusalén, los enemigos caldeos podían entrar impunemente en ella, ya que el único obstáculo para ello era la presencia del Dios de Israel. Jerusalén ha quedado, pues, abandonada a su suerte. Yahvé se retira hacia oriente, donde estaban los exilados de Mesopotamia; pero antes se detiene en el monte de los Olivos, quizá para indicar la íntima pena que le produce abandonar la que por siglos había sido su morada.
1 Cf. Jer 21,8ss; 25:9; 27:6-16; 28:14. — 2 En Jer 1:13 la olla es el símbolo cíe la invasión babilónica. — 3 Cf. 2 Re 25:63.18-21; Jer 52:933.24-27. — 4 El texto hebreo puede traducirse "se han alejado de Yahvé.," que hace perfecto sentido, y así es entendido por muchos autores. — 5 Cf. Ez 3:17-21. — 6 Cf. Ex 19:5; 1 Sam 26:19. — 7 Cf. Jer 31:333; Os 3:5; Arn9:9; Is 1:26; 4:4; 44:3; 66:9; Ex 6:7; Lev 25:18; 26:16; Dt 4:5.