Ressources Catholiques Missel Romain

précédent
12. La fuga del rey. Las angustias del asedio.
Los c.12-19 contienen otra serie de profecías relativas a la suerte de Jerusalén. Para dar a entender la suerte que espera a los que han quedado en la Ciudad Santa, el profeta sigue ejecutando acciones simbólicas. En este capítulo 12 encontramos dos de este tipo: a) una relativa a la huida del rey Sedecías de Jerusalén, capturado después por las tropas babilónicas (v.1-16); b) otra sobre la angustia de los habitantes de Jerusalén (v. 17-20), y, por fin, c) una profecía sobre la inminencia de la catástrofe (v.21-28).
La huida del rey (1-16)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, habitas en medio de gente rebelde, que tiene ojos para ver, y no ven; oídos para oír, y no oyen, porque son gente rebelde. 3 Tú, hijo de hombre, dispon tus trebejos de emigración y sal de día a la vista de ellos. Parte a presencia suya del lugar en que estás para otro lugar, a ver si reconocen que son gente rebelde. 4 Saca tus trebejos como trebejos de camino, de día, a sus ojos, y parte por la tarde a presencia de ellos, como parten los desterrados. 5 A sus ojos horada la pared, y sal por ella, 6 llevando a sus ojos tus trebejos, y te los echas al hombro, y sales al oscurecer, cubierto el rostro y sin mirar a la tierra, pues quiero que seas pronóstico para la casa de Israel. 7 Yo hice lo que se me mandaba, y salí de día con mis trebejos, como trebejos de emigración; horadé con mis manos la pared, y los saqué al oscurecer, y me los eché al hombro a presencia suya. 8 Por la mañana me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 9 Hijo de hombre, ¿no te ha dicho la casa de Israel, csia casa de rebeldes: Qué es lo que haces? 10 Pues diles: Así habla el Señor, Yahvé: Este oráculo es para el príncipe que está en Jerusalén y para toda la casa de Israel que allí se halla. 11 Diles: Yo soy para vosotros una señal; lo que yo hago, eso harán ellos; irán al destierro, al cautiverio. 12 El príncipe que entre ellos está se echará al hombro su bagaje en la oscuridad y partirá. Se horadará la muralla para que salga y se cubrirá el rostro para no ver la tierra. 13 Yo le tenderé mis redes, y será apresado en mis mallas, y le llevarán a Babilonia, a la tierra de los caldeos, pero no la verá, y allí morirá. 14 Y a cuantos estén a su lado para servirle, a cuantos le acompañen, los esparciré a todos los vientos y desenvainaré en pos de ellos mi espada.15 Y sabrán que yo soy Yahvé cuando los disemine entre las gentes y los derrame sobre la tierra. 16Pero haré que de ellos quede un corto numero arrancados a la espada, el hambre y la pestilencia, para que cuenten todas sus abominaciones entre las gentes a las que llegaren, y sepan que yo soy Yahvé.

Contra todas las optimistas ilusiones de los exilados, que pensaban en un pronto retorno y en una derrota del opresor babilónico, Ezequiel les anuncia de parte de Yahvé el desastre más inconcebible para un israelita: la huida y captura de su rey, el ungido de Yahvé. Para dar a entender este hecho, el profeta debe realizar una curiosa acción simbólica: debe recoger sus trebejos, o bagajes de emigrante; un hatillo de ropa y una escudilla, y salir con ellos de día, para que le vean; después, al oscurecer, debe huir con ellos al hombro por un orificio hecho con sus manos en las paredes de arcilla de su casa. Con ello debía significar la huida vergonzosa del rey Sedecías en 586, tal como se realizó, pues salió furtivamente por el sur de la ciudad, camino del desierto, siendo capturado en Jericó por las tropas caldeas 8.
Angustias de los asediados (17-20)
17 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 18 Hijo de hombre, come tu pan con temor y bebe tu agua con anhelo y angustia, 19 y di al pueblo de la tierra: Así habla el Señor, Yahvé, de los moradores de Jerusalén y de la tierra de Israel: Comerán su pan con temor, y con espanto beberán su agua, porque su tierra será despojada de todo por la maldad de cuantos la habitan. 20 Y serán asoladas las ciudades que habitan, y sabrán que yo soy Yahvé.

El profeta debe comer su alimento con temor y angustia, mostrándose preocupado y ansioso, de modo que los exilados pudieran darse cuenta del nuevo sentido misterioso de sus acciones proféticas: sus ansiedades son un símbolo de las que sufrirán los asediados en Jerusalén, privados de lo más elemental para su sustentación.
Cumplimiento de los oráculos del profeta (21-28)
21 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 22 Hijo de hombre, ¿qué refrán es ese que corre por la tierra de Israel, diciendo: Pasan los días, y no se cumple la visión? 23 Diles, por tanto: Así habla el Señor, Yahvé: Yo haré que desaparezca ese refrán, y no lo repetirán en Israel. 24 Diles, por lo contrario: Ya se acerca el día y se cumplirá la visión. No habrá ya más en adelante visiones engañosas ni adivinaciones lisonjeras en la casa de Israel. 25 Porque yo, Yahvé, digo: Se cumplirá la palabra que pronuncié y no se dilatará. Antes en vuestros días, ¡oh casa de rebeldes! diré mi palabra y la cumpliré. Oráculo del Señor, Yahvé. 26 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 27 Hijo de hombre, mira cómo dice la casa de Israel: Las visiones que éste ve no son para pronto, profetiza para muy lejanos días. 28 Diles, por tanto: Así habla el Señor, Yahvé: No se dilatará ya más. Se cumplirá toda palabra que yo hable, dice el Señor, Yahvé.

Los oráculos de Ezequiel se oponían a las esperanzas desmesuradas de los ¡exilados, que, instigados por falsos profetas, creían en una próxima derrota de los opresores babilonios, y, en consecuencia, en la liberación. El profeta, machaconamente, con visiones y acciones simbólicas, iba anunciando día tras día nuevas tribulaciones al pueblo. Como las predicciones siniestras todavía no se habían cumplido, a pesar de que pasaba el tiempo, surgió entre los exilados un ambiente de escepticismo y de desprecio para todo lo que anunciara Ezequiel. De ahí el refrán: pasan los días y no se cumple la visión (v.22). El profeta sale al paso de estas ironías anunciando la inminencia del desastre, con lo que sus predicciones serán trágicamente confirmadas, mientras que las visiones engañosas y las adivinaciones lisonjeras (v.24) que hacen los falsos profetas en la casa de Israel, es decir, entre los exilados israelitas, quedarán al descubierto, resultando fallidas, como obra de puros cálculos humanos.

1 Cf. Jer 21:8ss; 25:9; 27:6-16; 28:14. — 2 En Jer 1:13 la olla es el símbolo cíe la invasión babilónica. — 3 Cf. 2 Re 25:63.18-21; Jer 52:933.24-27. — 4 El texto hebreo puede traducirse "se han alejado de Yahvé.," que hace perfecto sentido, y así es entendido por muchos autores. — 5 Cf. Ez 3:17-21. — 6 Cf. Ex 19:5; 1 Sam 26:19. — 7 Cf. Jer 31:333; Os 3:5; Arn9:9; Is 1:26; 4:4; 44:3; 66:9; Ex 6:7; Lev 25:18; 26:16; Dt 4:5. — 8 Cf. 2 Re 25:4-91 Jer 39:4-7; 52:7-11.
13. Contra los falsos Profetas.
Los semitas, conscientes de la intervención directa de Dios en todos los acontecimientos de la vida humana, eran propensos a consultar la voluntad de los dioses. En Israel pulularon, al lado de los verdaderos profetas suscitados por Yahvé para transmitir sus mensajes al pueblo 1, falsos profetas, que pretendían tener comunicaciones especiales de Dios, explotando así la credulidad de las masas. Eran yahvistas, pero se apropiaban la vocación de profeta a imitación de los verdaderos enviados de Yahvé. Contra éstos se levantaron constantemente los verdaderos profetas, representantes de la intransigencia religiosa yahvista 2. Además de estos falsos profetas, existían los adivinos, que, con falsos augurios y con observaciones de acontecimientos externos, anunciaban hechos futuros. Este capítulo puede dividirse en dos partes: a) contra los falsos profetas (v.1-16); b) contra los hechiceros y pitonisas (v.17-23).
Contra los falsos profetas (1-16)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel, profetiza, y di a esos que profetizan a capricho suyo: Oíd la palabra de Yahvé. 3 Así dice el Señor, Yahvé: ¡Ay de los profetas insensatos que andan en su propio capricho, sin haber visto nada! 4 Fueron, Israel, tus profetas como zorras entre ruinas. 5 No habéis subido a las brechas, no habéis amurallado la casa de Israel para que resistiera en el combate en el día de Yahvé. 6 Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: "Ha dicho Yahvé," y no los envió Yahvé, y hacen esperar que se cumplirán sus palabras. 7 ¿No habéis visto visiones vanas? ¿No habéis anunciado adivinaciones mentirosas, diciendo: "Ha dicho Yahvé," no habiéndolo dicho yo? 8 Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Por haber hablado vosotros vanidad y haber visto mentiras, aquí estoy yo contra vosotros, dice el Señor, Yahvé. 9 Y será mi mano contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentira. No formarán en la asamblea de mi pueblo, ni serán inscritos en el libro de la casa de Israel, ni volverán a la tierra de Israel, y sabréis que yo soy el Señor, Yahvé. 10Por tanto, por haber engañado a mi pueblo, diciendo: "Paz," no habiendo paz, y porque, mientras mi pueblo alzaba una pared, ellos la jarreaban con barro, 11 di a esos jarreadores con barro que se caerá, que vendrán aguaceros, y mandaré granizadas que la derribarán y viento impetuoso que la deshará. 12 Y cuando caiga la pared, no os dirán: ¿Dónde está la argamasa con que la cubristeis? 13 Y, por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Yo, en mi furor, desencadenaré la tempestad, y vendrá en mi ira un aguacero impetuoso, y caerá furioso el granizo para destruir.14 Y derribaré la pared que vosotros revocasteis, la echaré a tierra, y quedarán al descubierto sus cimientos. Jerusalén caerá, y vosotros pereceréis en medio de sus escombros y sabréis que yo soy Yahvé. 15 Yo saciaré mi furor contra la pared y contra los que la revocaron de argamasa, y se dirá: Ya no hay pared, y se acabaron los que la revocaban, 16 los profetas de Israel que profetizan a Jerusalén y tienen para ella visiones de paz, no habiendo paz, dice el Señor, Yahvé.

Ezequiel echa en cara a los presuntos profetas que no hablan en nombre de Dios, sino lo que les sugiere su capricho. La expresión profetas de Israel en el contexto parece referirse a los que estaban con los exilados en Mesopotamia, no los que quedaban en Palestina 3. La labor de ellos entre los exilados es como la de las zorras entre ruinas (v.4), porque, haciendo madrigueras entre las ruinas, las zorras descomponen más lo que aún queda en pie. Es justamente lo que hacen estos falsos profetas entre los exilados de Babilonia^ arruinando lo poco que aún queda en pie de firmeza moral y confianza en Yahvé. Anuncian cosas falsas que no se cumplirán. Con una nueva metáfora describe su labor desmoralizadora. En lugar de tapar las brechas en los muros, hechas por el ejército asediador, trabajando por fortificar la casa de Israel para que resistiera (v.5), se dedican a sembrar vanas ilusiones. Debieran restañar las heridas morales de los pobres exilados, haciéndoles ver la justicia divina en el castigo.
Pero su labor es contraproducente, ya que alientan vanas ilusiones y no fomentan el retorno a Yahvé para conseguir perdón. Con sus supuestas visiones no hacen sino desorientarlos (v.6). Pero sus visiones son vanidad y no tienen consistencia alguna. Por ello, Yahvé los castigará inexorablemente4. No formarán parte de la asamblea de Israel cuando éste vuelva a organizarse como nación, ni siquiera serán inscritos en el libro de la casa de Israel (v.9), es decir, en los registros de la Providencia divina, en los que están consignados los que van a sobrevivir al exilio para constituir de nuevo la casa de Israel 5. No volverán a la tierra de Israel por haber contribuido de modo especial con sus oráculos falsos a la consumación de la ruina de la nación, anunciando paz próxima, o liberación de los babilonios, cuando en realidad esa paz no había de venir (v.10).
No tenían otra obsesión que secundar lo que halagaba al pueblo, el cual alzaba una pared, es decir, un edificio de ilusiones patrioteras, y ellos la jarreaban con barro o revocaban exteriormente, dando pábulo a tales ilusiones sin fundamento (v.10). Con ello no hacían sino confirmar los puntos de vista falsos del pueblo, cuando debieran abrirle los ojos' y echar por tierra esa falsa pared que habían edificado. Pero Dios se encargará de que ese falso edificio edificado con su concurso se venga abajo. Toda su labor de revoque desaparecerá ante la primera tormenta (v.11). Cuando llegue la hora de la ruina, les pedirán cuenta por su labor ficticia: ¿Dónde está la argamasa con que la cubristeis? (v.12). Toda su labor no pasó de ser una superficial argamasa, que pierde su consistencia con los primeros aguaceros. En la hora de la manifestación de la justicia divina, su obra quedará descubierta hasta los cimientos. Jerusalén caerá, y en ella perecerán. La suerte de la Ciudad Santa está echada, y, por tanto, no deben los exilados hacerse ilusiones con las falsas promesas de los profetas aprovechados (v.14).
Contra las profetisas y adivinos (17-23)
17 Y tú, hijo de hombre, pon tus ojos en las hijas de tu pueblo que profetizan a capricho suyo, y profetiza contra ellas. 18 Di: Así habla el Señor, Yahvé: ¡Ay de las que se hacen cintajos para todas las articulaciones de las manos, y lazos sobre la cabeza de toda talla para cazar las almas! ¿Creéis que cazando las almas de mi pueblo mantendréis las vuestras? 19 Vosotras, por dos puñados de cebada o dos pedazos de pan, me deshonráis ante mi pueblo, predicando la muerte de quien no ha de morir, y prometiendo la vida a quien no vivirá, y engañando así a mí pueblo, que se cree las mentiras. 20 Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra esos vuestros cintajos con que cazáis las almas; yo los arrancaré de vuestros brazos y dejaré volar libres a las almas que con ellos cazáis. 2lYo arrancaré también vuestros lazos y libraré de vuestras manos a mi pueblo. No os servirán ya más de red en vuestras manos, y sabréis que yo soy Yahvé. 22 Por haber entristecido con vuestras mentiras el corazón del justo, cuando yo no quería entristecerle, y haber confortado las manos del impío para que no se volviese de su mal camino y viviese, 23 ya no tendréis más vanas visiones ni pronunciaréis más oráculos. Libraré cíe vuestras manos a mi pueblo y sabréis que yo soy Yahvé.

Por la tradición bíblica conocemos algunas mujeres que tuvieron el don de profecía y con sus oráculos amonestaban al pueblo, como Débora6 y Julda7. Al lado de estas verdaderas mensajeras de Dios había otras que, con amuletos y prácticas adivinatorias, se dedicaban a atraerse al pueblo, viviendo de sus aportaciones. Por lo que dice Ezequiel, parece que también entre los exilados de Babilonia había pitonisas que halagaban las vanas ilusiones de aquéllos. Las falsas profetisas daban respuestas adaptadas a los diferentes tipos de consultantes: se hacen cintajos para todas las articulaciones, y lazos sobre la cabeza de toda talla para cazar las almas (ν. 18). Como la mujer sabe hacerse prendas ajustadas a su estatura y a sus articulaciones y miembros, asν estas falsas profetisas saben adaptarse a las exigencias de sus clientes, cortándoles un traje a medida, es decir, dándoles la respuesta que desean. Algunos autores han querido ver en este verso alusiones a prácticas mágicas 8; pero parece mejor entenderlo en el contexto en sentido metafórico, como hemos ya explicado.
Las falsas profetisas, con sus falsos oráculos, quieren cazar las almas de los exilados, es decir, ganarles a su partido para obtener un descarado lucro. Por dos puñados de cebada deshonran a Yahvé (v.19), presentando como oráculos de Dios cosas que son de la imaginación de ellas, ya que sus vaticinios no se cumplen, pues predican la muerte de quien no ha de morir, y prometiendo la vida a quien no vivirá (v.19). Con sus seducciones y engaños han logrado dar caza a muchos incautos, pero Yahvé se encargará de que se les terminen sus medios de caza: yo arrancaré (vuestros cintajos) de vuestros brazos. (v.20). Aquí el lazo se refiere al empleado por el pajarero para coger a las aves incautas. El símil se presta bien para expresar la idea: Yahvé les quitará todos los medios de atraer a los exilados israelitas, de modo que sus almas o personas queden libres. Con sus mentiras han afligido el corazón del justo (v.22), anunciando cosas desagradables a su sensibilidad religiosa yahvista, cuando en los planes de Dios no estaba el entristecerle; y, en cambio, han dado pábulo a la pésima conducta de los impíos, pues han confortado las manos del impío (v.22) aprobando su proceder. Por todo esto vendrá la hora de exterminio para todas estas falsas profetisas, de forma que no volverán a tener mas vanas visiones.

1 Cf. Dt 18-22. — 2 Cf. Jer 14:133; 23:1-40; 26:73.11.16; 27:145; 29:21-32. Sobre los adivinos: Núm 22:58; 1 Re 18:19-40; 2 Re 3:13. — 3 Cf. Ez 4:5- — 4 Cf. Ez 5:8; 21:3; 28:22; 29:3; 30,22. — 5 Cf. Ex 32:325; Is 4:3; 65:6; Mal 3:16; Dan 12:1; Neh 13:14; Sal 69:29; Ap 3:5; 11·8·' 17:8. — 6 Cf. Jue 4:4. — 7 Cf. 2 Re 22:14. — 8 Spadafora, Ezequiele p.iog.
14. Exhortación a la conversión. Inutilidad de la Intercesión.
Representantes calificados de los exilados, conmovidos por las predicciones de Ezequiel, quisieron hacerle una consulta. No se dice de qué trataron, pero se puede colegir del contexto, por las manifestaciones del profeta. La consulta debió de versar sobre la posibilidad de la destrucción de Jerusalén: ¿Cómo Yahvé había de permitir que la Ciudad Santa fuera arruinada, habiendo tantos hombres justos en ella? La respuesta es tajante: la idolatría y rebeldía a Yahvé es la causa de la catástrofe, y es tanta la maldad que hay en Jerusalén, que, aunque intercedieran a favor de ella justos como Noé, Daniel y Job, Dios no oiría sus plegarias. Podemos dividir el capítulo en dos partes: a) exhortación a dejar las prácticas idolátricas (v.1-11); b) inutilidad de la intercesión (v.12-23).
Exhortación a la conversión (1-11)
1 Vinieron a mí algunos de los ancianos de Israel y se sentaron delante de mí, 2 y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 3 Hijo de hombre, estas gentes llevan sus ídolos dentro de su corazón y miran con sus ojos el escándalo de su iniquidad. ¿Voy a dejarme consultar por ellos? 4 Habíales, por tanto, y diles: Así habla el Señor, Yahvé: A todos los de la casa de Israel que, llevando sus ídolos en su corazón y mirando con sus ojos el escándalo de su iniquidad, vinieron al profeta, les responderé yo mismo, Yahvé, hablándoles de la muchedumbre de sus ídolos, 5 para agarrar a la casa de Israel por su propio corazón, ya que por sus ídolos se aparta de mí. 6 Di, por tanto, a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: Convertios y apartaos de vuestros ídolos y apartad la vista de vuestras abominaciones, 7 porque a quienquiera de la casa de Israel que de mí se apartare para poner en su corazón sus ídolos y sus ojos en el escándalo de su iniquidad, y viniera al profeta para preguntarle, le responderé yo, Yahvé, por mí mismo, 8 y pondré mi rostro contra él, y le haré portento y fábula, y le arrancaré de mi pueblo de Israel, y sabréis que yo soy Yahvé; 9 y si el profeta se deja seducir y dice alguna cosa, seré yo, Yahvé, quien le habré seducido, y tenderé sobre él mi mano, y le exterminaré de en medio de mi pueblo, Israel. 10 Y llevarán sobre sí su maldad; según la maldad de quien pregunta, así será la maldad de quien responde. n Para que no yerre más la casa de Israel lejos de mí ni se contamine con todas sus abominaciones, y sean mi pueblo y yo sea su Dios, dice el Señor, Yahvé.

Ante la presencia de los ancianos de Israel, o dirigentes de la población exilada israelita, habla Yahvé a Ezequiel en términos despectivos para los consultantes. Son gentes que llevan sus ídolos en su corazón (v.3), esto es, que tienen propensión a prácticas idolátricas, mirando, complacidos, con sus ojos lo que es ocasión de escándalo para ellos, en cuanto que son un incentivo hacia la iniquidad, u ocasión de pecado. Por estas razones, Yahvé 110 quiere ser consultado por ellos, ya que, por su depravada conducta, no merecen ser oídos: ¿Voy a dejarme yo consultar por ellos? (v.3). En su mentalidad sincretista, creían posible mantener un culto a Yahvé y otro a los ídolos paganos; pero Yahvé es celoso de su honor y no admite competidores; por eso quiere atraer el corazón de Israel humillándole, como primer paso hacia la conversión (v.5). Si no se apartan de sus abominaciones, o prácticas idolátricas, la respuesta de Yahvé será punitiva. El castigo será terrible, de forma que el israelita idólatra se convertirá, por obra de Yahvé, en portento y fábula (v.8) entre los gentiles; es decir, su castigo será proverbial entre los no israelitas, quizá los prosélitos adheridos paganos, sin duda existentes también entre los exilados del 598 l.
Por otra parte, si el profeta se deja seducir por las dádivas de los consultantes, dándoles las respuestas que desean, esto hubiera sido imputado a Yahvé, que la había seducido o inducido a hacer esas manifestaciones halagüeñas, lo que está contra las exigencias de la santidad y justicia divina. En la mentalidad semita, Dios invade con su acción la personalidad de tal forma, que lo que nosotros atribuimos a las causas segundas, ellos lo atribuían todo directamente al mismo Dios. Así, en 1 Re 22:2oss se dice que Yahvé envió sobre los falsos profetas un espíritu de mentira, haciéndoles caer en la trampa. Son modos de hablar poco matizados. Nosotros distinguimos entre inducir y permitir, pero los hagiógrafos — de mentalidad expresiva oriental — prefieren las expresiones radicales y aun paradójicas, para llamar más la atención del lector. Aquí Dios amonesta por Ezequiel a los profetas que se prestan a dar respuestas a los consultantes sin que en ellas hable realmente Yahvé. Ésto es intolerable; por eso, a esos falsos profetas los exterminará de su pueblo. Llevará el castigo correspondiente a la maldad del consultante, ya que, en vez de recriminarle su conducta idolátrica, le ha hecho caso, comprometiendo así el buen nombre de Dios (v.10). La intransigencia de Yahvé en este punto no tiene otra finalidad sino evitar que Israel se contamine con todas sus abominaciones (v.11), llegando a ser su pueblo, y El realmente su Dios 2.
Inutilidad de la intercesión por Jerusalén (12-23)
12 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 13 Hijo de hombre, cuando, por haberse rebelado pérfidamente contra mí la tierra, tienda yo mi brazo contra ella, y la quebrante el sustento del pan, y mande sobre ella el hambre, y extermine en ella hombres y animales, 14 aunque hubieran estado en ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia salvarían su vida, dice el Señor Yahvé. 15 Y si invadiera esa tierra con bestias feroces para que la desolaran, sin que nadie por miedo a las fieras la atravesara, 16 si hubieran estado en ella esos tres varones, por mi vida, dice Yahvé, no hubieran salvado a sus hijos ni a sus hijas; ellos solos habrían escapado, y la tierra habría sido desolada. 17 Y si mando contra ella la espada y digo: Espada, recorre la tierra y extermina hombres y animales, 18 aunque en medio de ella estuvieran aquellos tres varones, por mi vida, dice Yahvé, que no salvarían a sus hijos y a sus hijas; ellos solos se librarían. 19 O si mandare sobre esa tierra la peste contra ella, derramando mi ira contra él con sangre, para exterminar hombres y bestias, 20 aunque en medio de ella estuvieran Noé, Daniel y Job, por mi vida, dice Yahvé, no salvarían un hijo ni una hija; por su propia justicia escaparían ellos y salvarían la propia vida. 21 Pues así dice el Señor, Yahvé: ¡Cuánto más cuando desencadene yo contra Jerusalén esos cuatro azotes juntamente: la espada, el hambre, las bestias feroces y la peste, para exterminar en ella hombres y animales 22 Y, sin embargo, quedarán en ella algunos restos, hijos e hijas, que escaparán y saldrán fuera y vendrán con vosotros, y veréis su conducta y sus obras, y comprenderéis el mal que yo voy a hacer a Jerusalén y todo lo que voy a hacer contra ella. 23 Lo comprenderéis cuando veáis su conducta y sus obras, y reconoceréis que no sin razón hago yo cuanto hago, dice el Señor, Yahvé.

El profeta quiere quitar toda ilusión de salvación para Jerusalén. Los exilados tienen vanas esperanzas de que la Ciudad Santa, al fin, no caiga en manos de los babilonios, pero no conocen los designios de Dios. Jerusalén ha colmado la medida de la iniquidad, y por eso no servirán para salvarla las buenas obras de los justos que en ella habitan. Esta tesis es reiteradamente demostrada en esta sección, ya que, para más resaltarla, presenta a tres justos legendarios incapaces por sus buenas obras de aplacar la justicia divina. A los tres flagelos tradicionales (el hambre, la espada y la peste) se añade la de una invasión de fieras salvajes. Sólo se salvarían los tres justos, sin que sus buenas obras fueran capaces de salvar a sus propios hijos e hijas (v.15). Las cosas han llegado a tal grado de maldad, que Dios suspende el principio de la solidaridad. Según la tesis tradicional, el bien o mal de un individuo redunda en beneficio o perjuicio de los demás parientes o conciudadanos 3. Los semitas, oriundos de organizaciones tribales, tenían muy metido dentro el principio de la solidaridad e interdependencia dentro de la tribu. La sangre era el gran lazo que los unía. La vida nómada del desierto los hacía cerrarse en su propia parentela como única defensa. Fuera de la tribu, todo era hostilidad; de ahí la necesidad de la "venganza de la sangre" como regla de subsistencia contra toda incursión enemiga.
Este sentimiento de solidaridad en la sangre era aplicado tambien a la comunidad religiosa. Israel, en concreto, formaba una sociedad religiosa especial, basada en un pacto colectivo. De ahí que al israelita en la época anterior al exilio se le considere más como miembro de una nación que como persona con su responsabilidad personal. La idea de la nación como colectividad, lanzada hacia la plena manifestación de los tiempos mesiánicos, absorbía toda otra posible consideración. Quizá en esto hay que buscar la razón de por qué el problema del más allá no aparezca planteado claramente hasta los libros sapienciales de la época helenística. Con la catástrofe nacional cayeron los ídolos colectivos y se avivaron los problemas personales, y uno de ellos es el de la retribución personal. Jeremías anunciaba que, en la era mesiánica, cada uno sería hijo de sus obras, de forma que no tendría valor el proverbio "los padres comieron las agraces y los hijos sufrieron la dentera."4 Y Ezequiel es el gran campeón del individualismo, como veremos en los capítulos siguientes.
En el texto que comentamos no se quiere negar el poder intercesor de los justos, lo que aparece claramente enseñado en otros pasajes de la Sagrada Escritura, sino que se quiere destacar la culpabilidad de Jerusalén. Dios está ya cansado de perdonar a Jerusalén, pues su capacidad de misericordia está como rebasada, y por eso, aunque los mayores justos estuvieran en ella, como Noé, Daniel y Job, no les atendería por exigencias de su justicia; las frases son hiperbólicas, y hay que entenderlas en el contexto sólo como expresión de la gran maldad de la Ciudad Santa. Es la idea principal del capítulo. En el v.22 se afirma que se salvarán algunos, lo que ya es una restricción a la idea de total exterminación de los habitantes de Jerusalén. La mención de los tres personajes se debe a que en la tradición popular figuraban como modelo de virtud. Pero es extraña esta unión de personajes de épocas tan dispares. Recientemente se ha escrito mucho sobre la posible identificación de este Daniel con el Danel, héroe mítico de Fenicia, desenterrado en las excavaciones de Ras Shamra (la antigua Ugarit), en la frontera del Líbano y Siria5. Son textos del siglo xv-xiv a.C., que narran leyendas más antiguas. Por otra parte, en Ez 28:3 se menciona al gran sabio llamado Daniel. Hay autores que sostienen que el Danel mítico sea una deformación del Daniel histórico. Filológicamente, el Daniel de Ezequiel y el Daniel de los textos de Ugarit pueden identificarse; por otra parte, como uno de los nombrados por Ezequiel (Job) no es israelita, no tiene de particular que ponga como modelo de virtud a uno extrañó a Israel.

1 Sobre los prosélitos paganos cf. Lev 17:8.10.13; Ex 12:19; 20:10; 23:12; Lev 18:26; 20,2; 22:18. — 2 Cf. Ez 11:20. — 3 Sobre el principio de solidaridad véase Gen 12:7; 13:14-1? i?i-i4; 22,i6s; Ex 33,ü Núm 32:2; Dt 34:4; 2 Sarn 7:8-16; 23:5. — 4 Cf. Jer 31:29; Ez 18,is; Dt 24:16. — 5 Cf. R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra (Ugarit) et l'Ancien Testament (París 1937) p.129; ch. Virolleaud, La légende phénicienne de Danel (París 1936) p.242; R. De Lanche; *Les textes de Ras Shamra et leurs rapports a la histoire des origines du peuple hebreu: "Ephemerídes Theologiae Lovanienses,” τ 6 (χ939) 245-327; R. De Vaux, Les textes de Ras Shamra et l'Ancien Testament: "Rev. Bibl.," 46 (193?) 526-555; P. Joüon, Trois norns de personnages bibliques a la lamiere des textes d'Ugarit (Ras Shamra): trch, ysskr, dril: Bi 19 (1938) 283-285; G. A. Barton, Danel, a Pre-Israelite Hero of Galüee: "Memorial La-grange" (1940) 29-37. Véase el resumen de los argumentos sobre la cuestión en Spadafora, Ezechicle p.ii7. — 6 Cf. Is 5:1-4; Os 10:1; Jer 2:21; Sal 80,9-18.
15. Israel, Sarmiento Inútil.
Este capítulo es como una parábola en la que se anuncia la destrucción de Judá por ser estéril. Israel había sido escogido por Dios como una viña selecta para que le diera buenos frutos 6, pero no le ha dado sino agrazones. Su misión histórica no era otra que transmitir el fuego sagrado de la revelación divina a los pueblos en orden a la plena manifestación de los tiempos mesiánicos. Habiendo sido infiel a su misión, Israel no representa nada en el concierto de los pueblos en medio de los grandes imperios mesopotámicos y egipcios. Por eso Dios le va a aniquilar, utilizándola como simple combustible. Los sarmientos, al no dar racimos, no sirven sino para el fuego. Es el caso de Israel, infiel a su misión histórica.

1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, ¿qué tiene más el palo de la viña que otro palo? ¿Qué es el sarmiento entre todas las maderas de la selva? 3 ¿Sacarán de él madera para hacer obra alguna? ¿Harán de él estacas para colgar cualquier cosa? 4 Echase al fuego para que se consuma; sus dos extremos son consumidos y arde también el medio, ¿servirá para algún trabajo? 5 Si cuando estaba entero no servía para hacer de él obra alguna, ¡cuánto menos servirá cuando el fuego lo ha consumido, después que fue presa del fuego! 6Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Como es el palo de la vid entre las maderas de la selva, leña que yo echo al fuego para que se consuma, así echaré a él a los habitantes de Jerusalén. 7 Volveré contra ellos mi rostro, escaparon del fuego, y el fuego los devorará, y sabéis que yo soy Yahvé cuando volviere contra ellos mi rostro. 8 Y tornaré la tierra en desierto, por cuanto prevaricaron, dice el Señor, Yahvé.

La moraleja de esta corta parábola es clara: Jerusalén no ha servido para el fin que se la ha asignado, y, por tanto, tendrá que sufrir la suerte del sarmiento que no da buenos frutos. Por su constitución es inservible para obras de carpintería; de ahí que esté destinado al fuego. Los leños de otros árboles, cuando no dan fruto, pueden utilizarse para mueblaje y construcción; pero la madera de vid está en esto en manifiesta posición de inferioridad: ¿qué tiene mas al palo de la viña que otro palo? (v.1). Es el caso de Jerusalén: Israel, de no ser fiel a su cometido histórico, como pueblo de Dios, vinculado de un modo especial a su providencia, no tiene relieve alguno en el abigarrado mosaico de pueblos orientales, y aun es inferior a ellos en todo, excepto en lo religioso. Como no ha dado frutos dignos de su vocación religiosa, será entregado al fuego como sarmiento inútil. Es el anuncio de su destrucción por las tropas babilonias en 586. Yahvé volverá su rostro, y quedarán sin arrimo en la situación crítica que se avecina. Es la hora de la manifestación de la justicia divina. Entonces conocerán quién es Yahvé.
16. Infidelidad de Jerusalén.
En esta alegoría, Ezequiel nos presenta a Jerusalén como una esposa adúltera que ha despreciado los cuidados paternales de Dios, que la eligió como esposa cuando aún no tenía nada de atrayente entre las naciones. La encumbró hasta la categoría de reina, pero después prevaricó, entregándose a los ídolos. El estilo es fuerte y vigoroso, con trazos crudos, muy en consonancia con el radicalismo literario de los orientales. El profeta, ante todo, quiere mostrar a los exilados la culpabilidad de Jerusalén por su inmensa ingratitud para prepararlos espiritualmente para la hora de la catástrofe. La alegoría de la esposa infiel es muy usada en los profetas pre exílicos.
Tierna solicitad de Yahvé por Israel (1-13)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, echa en cara a Jerusalén sus abominaciones, 3 y di: Esto dice el Señor, Yahvé, a Jerusalén: Eres por tu tierra y por tu origen una cananea; tu padre, un amorreo; tu madre, una jetea; 4 a tu nacimiento, el día que naciste, nadie te cortó el ombligo; no fuiste lavada en el agua para limpiarte, no fuiste frotada con sal ni fajada; 5 nadie hubo que pusiera en ti sus ojos para hacerte algo de esto, compadecido de ti, sino que con horror fuiste tirada al campo el día que naciste. 6 Pasé yo cerca de ti y te vi sucia en tu sangre, y, estando tú en tu sangre, te dije: ¡Vive! 7 Te hice crecer a decenas de millares, como la hierba del campo. Creciste y te hiciste grande, y llegaste a la flor de la juventud; te crecieron los pechos y te salió el pelo, pero estabas desnuda y llena de vergüenza. 8 Pasé yo junto a ti y te miré. Era tu tiempo el tiempo del amor, y tendí sobre ti mi manto, cubrí tu desnudez, me ligué a ti con juramento e hice alianza contigo, dice el Señor, Yahvé, y fuiste mía. 9 Te lavé con agua, te quité de encima la sangre, te ungí con óleo, 10 te vestí de recamado, te calcé piel de tejón, te ceñí de lino fino y te cubrí de seda. n Te atavié con joyas, puse pulseras en tus brazos y collares en tu cuello, 12 arillo en tus narices, zarcillos en tus orejas y espléndida diadema en tu cabeza. 13 Estabas adornada de oro y plata, vestida de lino y seda en recamado; comías flor de harina de trigo, miel y aceite; te hiciste cada vez más hermosa y llegaste hasta reinar.

El profeta recuerda, en nombre de Dios, el origen poco honroso de Israel para humillarla y resaltar la dignidad a que fue elegido como pueblo de predilección. La tierra en que se asentaron sus patriarcas era cananea (ν.3). El gran antepasado Abraham es llamado amorreo, que es una designaciσn genérica de los semitas occidentales, en contraposición a los de Mesopotamia. Aunque Abraham estaba establecido en Ur de los Caldeos, sin embargo su filiación étnica parece ser la de los árameos, tribus semitas occidentales instaladas en las riberas del Eufrates, pero que se cambiaban constantemente por la zona del desierto siró-arábigo l. También Israel participaba de un origen jeteo o hitita. Abraham tuvo relaciones con esta población hitita procedente del Asia Menor, pero que tenía ramificaciones en Hebrón y en otras partes de Palestina. Los orígenes de Israel como nación son, pues, desde el punto de vista humano, muy modestos.
Ezequiel presenta a la nación en su infancia, como una niña abandonada en el desierto, recién nacida, sin poder valerse y aun privada de los cuidados elementales debidos a un recién nacido (v.4). Los detalles no tienen valor alegórico, sino puramente literario descriptivo, para resaltar la tierna solicitud de Yahvé, que escogió esta nación, cuidándola con todo mimo hasta hacerla llegar a la edad de la pubertad y dotándola espléndidamente como a una princesa (v.11). Es una alusión a las especiales providencias que Yahvé tuvo para con Israel desde sus primeros balbuceos, como clan organizado en la época patriarcal, y, sobre todo, después en el desierto, haciéndola llegar después a ser una gran nación bajo la dinastía davídica; es entonces cuando, rodeada de esplendor y de riquezas, llegó hasta reinar (v.13). La trayectoria no pudo ser más providencial y desacostumbrada. En todos los momentos de la historia, Israel se salvó gracias a la especialísima protección que recibió de su Dios.
Dios eligió a Israel como nación sacerdotal 2, y, por tanto, como pueblo aparte sobre todos los demás, como intermediario entre Dios y ellos en orden a la transmisión del mensaje mesiánico. La misión no pudo ser más noble. Israel, pues, era verdaderamente una reina entre las naciones. Por eso, su ingratitud fue desproporcionada, y de ahí que su castigo debía ser también excepcional, pues, a pesar de ser esposa de Yahvé, se entregó a todos los adulterios o idolatrías.
Conducta idolátrica de Israel (14-34)
14 Extendióse entre las gentes la fama de tu hermosura, porque era acabada la hermosura que yo puse en ti, dice el Señor-Yahvé. 15 Pero te envaneciste de tu hermosura y de tu nombradía y te diste al vicio, ofreciendo tu desnudez a cuantos pasaban, entregándote a ellos. 16 Tomaste tus vestidos y te hiciste altos coloreados para prostituirte en ellos. 17 Tomaste las espléndidas joyas que te había dado, mi plata y mi oro, y te hiciste simulacros de hombres, fornicando con ellos. 18 Tomaste las telas recamadas y los cubriste con ellas, y les ofreciste mi óleo y mis aromas. 19 También el pan que yo te diera, la flor de harina de trigo y el aceite y la miel con que te mantenía, se los ofreciste en ofrenda de suave olor. Eso hiciste, dice el Señor, Yahvé. 20 Y, a más de esto, tomaste a tus hijos y a tus hijas, los que habías engendrado para mí, y se los sacrificaste para que les sirvieran de comida. Te parecían poco tus prostituciones, 21 y sacrificaste a mis hijos, haciéndolos pasar por el fuego. 22 Y al cometer todas estas tus fornicaciones y prostituciones, no te acordaste del tiempo de tu mocedad, cuando estabas desnuda en tu vergüenza y te revolvías en tu sangre; 23 antes al contrario, después de tantas maldades, hay de ti! dice Yahvé, 24te hiciste en cada plaza un lupanar 25 y en cada calle un prostíbulo, mancillando tu hermosura, entregándote a cuantos pasaban y multiplicando tus prostituciones. 26 Te prostituíste a los hijos de Egipto, tus vecinos de gordos cuerpos, multiplicando tus fornicaciones para irritarme. 27 Por eso tendí yo a ti mi mano, y te quité parte de la dote, y te entregué al capricho de tus enemigas, las hijas de los filisteos, que te aborrecen y se avergüenzan de tu desenfreno. 28 No harta todavía, te prostituíste también a los hijos de Asiría, fornicaste con ellos, sin hartarte todavía. 29 Multiplicaste tus prostituciones desde la tierra de Canaán hasta Caldea, y ni con todo esto te saciaste. 30 ¿Cómo sanar tu corazón, dice el Señor, Yahvé, cuando has hecho todo esto, como desvergonzada ramera dueña de sí, 31 haciéndote prostíbulos en todas las encrucijadas y lupanares en todas las plazas? Y ni siquiera eres comparable a las rameras que reciben el precio de su prostitución. 32 Tú eres la adúltera que, en vez de su marido, acoge a los extraños. 33 A la meretriz se le paga su merced, pero tú hacías las mercedes a tus amantes y les hacías regalos para que de todas partes entrasen a ti para tus fornicaciones. 34 Ha sucedido contigo en tus fornicaciones lo contrario de las otras rameras, pues no te buscaban, y, pagando tú en vez de recibir paga, fuiste al contrario de las otras.

Israel, convertida en nación próspera, se envaneció de su estado de privilegio, y con sus riquezas y abundancia se dedicó a la más desenfrenada idolatría. Así, utilizó las mejores colinas y altos coloreados, o frondosos, para entregarse a sus prostituciones, o prácticas idolátricas. Son los famosos lugares altos o bamoth, lugares tradicionales de cultos sincretísticos, pues en ellos, juntamente con Yahvé, se daba culto a los ídolos 3. Y en el camino de la aberración, Israel llegó a ofrecer a sus hijos e hijas (v.20) a Moloc 4. Con ello, además de contrariar a los elementales derechos humanos, ha violado un pacto, pues los hijos e hijas de Israel pertenecían, por derecho especial, a Yahvé (. que habías engendrado para m1) 5. La idolatría se extendió tanto, que por doquier había un lugar de culto a las divinidades cananeas: te hiciste en cada plaza un lupanar, y en cada calle un prostíbulo (v.24). Y no sólo adoptó los cultos de Canaán, sino que introdujo los de Egipto y Asiría (v.26). Con el impío rey Manases se introdujeron hasta en el mismo templo los cultos asiríos, y después, por influencia de la facción política egiptófila, los de Egipto 6.
Precisamente por estas infidelidades, Dios le retiró parte de su dote como marido celoso, trayendo la carestía sobre el país, y la entregó a las hijas de los filisteos, es decir, dejó que le sojuzgaran las ciudades de la Pentápolis filistea (v.27). El desenfreno de Israel no tuvo límites, por lo que mereció el desprecio de sus mismos enemigos. Su conducta es menos disculpable que la de las mismas rameras, ya que éstas se entregan por necesidad, buscando un precio en su prostitución (ν.31), mientras que Israel llegσ hasta dar mercedes a sus amantes (v.33), es decir, destinar todas sus riquezas al culto de los ídolos. Ningún pueblo renunció a su Dios para entregarse a los dioses de pueblos enemigos, a no ser Israel, el pueblo elegido 7.
Castigo de tanta ingratitud (35-43)
35 Por tanto, oye, ¡oh ramera! la palabra de Yahvé: 36 Así dice el Señor, Yahvé: Por haber descubierto tus vergüenzas y haber mostrado tu desnudez a tus amantes en tus fornicaciones y a todos los abominables ídolos, y por la sangre de tus hijos que les ofreciste, 37 por eso reuniré yo a todos tus amantes y a cuantos recibiste placentera, y, además de los que amaste, traeré también a los que aborreciste, y los juntaré contra ti en derredor, y les descubriré tus vergüenzas, y contemplarán todas tus torpezas. 38 Te juzgaré como se juzga a la adúltera y a la vertedora de sangre, y te haré sangrienta víctima del furor y del celo. 39 Te entregaré a sus manos, y ellos desharán tu lecho y derribarán tus prostíbulos, te desnudarán de tus vestidos y te arrebatarán todos los ornamentos de tu hermosura y te dejarán desnuda, en cueros. 40 Y harán venir contra ti a las muchedumbres, y te lapidarán con piedras, y te atravesarán con la espada, 41 y pegarán fuego a tus casas, y harán en ti justicia a ojos de muchas mujeres, y haré que ceses de fornicar, y no harás ya más regalos. 42 Saciaré en ti mi ira y se apartará de ti mi celo. 43 Por cuanto no te acordaste de los días de tu mocedad y me provocaste a ira con todas esas cosas, por eso yo también echaré tus caminos sobre tu cabeza, dice el Señor, Yahvé, y cumpliré mis designios contra todas tus abominaciones.

Continúa la alegoría. Israel en su conducta es como una meretriz que ha mostrado su desnudez a todos sus amantes, es decir, se ha entregado a los ídolos de los pueblos que consideró amigos (v.36). Pero Yahvé le entregará a los pueblos que no ha amado. En efecto, por virtud de la justicia divina, los babilonios rodearán a la ciudad de Jerusalén y la arrasarán, y ésta será condenada como adúltera y derramadora de sangre (ν.38). La pena del adulterio era la lapidación 8, y la del homicidio era la muerte violenta con derramamiento de sangre 9. Israel, al entregarse a los ídolos, fue adúltera abandonando a su verdadero Esposo, Yahvé; y al sacrificar sus niños a Moloc ha incurrido en el mayor de los homicidios. Los babilonios serán los instrumentos de la justicia divina, de forma que todo lo que constituía el orgullo de Jerusalén como capital de la nación judía desaparecerá como botín. Todas sus riquezas (ornamentos de su hermosura, v.43) caerán en poder de los soldados de Nabucodonosor, y Jerusalén quedará desnuda, indigente y despreciada. En su pobreza extrema no tendrá ya ocasión de fornicar con los ídolos, pues será despreciada de todos sus antiguos amantes. Yahvé echará sobre la cabeza de Jerusalén sus caminos (v.43), es decir, su inicuo proceder, haciéndola gustar el amargo fruto de su perversa conducta.
Paralelo de Jerusalén con Samaría y Sodoma (44-58)
44 Mira que no habrá proverbista que no te aplique este proverbio: "Cual la madre, tal la hija." 45 Sí, eres hija de madre que aborreció a su marido y a sus hijos. Y eres también hermana de tus hermanas, que aborrecieron a sus maridos y a sus hijos. Vuestra madre fue una jetea, y vuestro padre un amorreo. 46 Tu hermana mayor es Samaría, con sus hijas, que habita a la izquierda tuya, y tu hermana menor es Sodoma, con sus hijas, que habita a tu derecha. 47 Y ni aun seguiste sólo sus caminos, ni imitaste sólo sus abominaciones; como si esto fuera muy poco para ti, te corrompiste más que ellas en todas tus sendas. 48 Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que tu hermana Sodoma, con sus hijas, no hizo lo que tú con tus hijas hiciste. 49 Mira cuál fue la iniquidad de Sodoma, tu hermana: Tuvo gran soberbia, hartura de pan y gran ociosidad ella y sus hijas. No dio la mano al pobre, al desvalido; 50 se ensoberbecieron e hicieron lo que a mis ojos es abominable, y cuando lo vi, las quité de en medio. 51 Samaría no pecó ni la mitad de lo que tú has pecado. Tú multiplicaste tus fornicaciones mucho más que ellas, hasta el punto de hacer justas a tus hermanas con todas las abominaciones que has cometido. 52 Lleva, pues, sobre ti tu vituperio, tú que has abogado por la causa de tus hermanas con las abominaciones que más que a ellas te han hecho abominable, viniendo a ser justas ellas comparadas contigo. Sé confundida y soporta tu vituperio también tú, pues que has venido a justificar a tus hermanas. 53 Pero yo mudaré la suerte suya, la suerte de Sodoma y de sus hijas, la suerte de Samaría y de sus hijas, y con la de ellas mudaré también la tuya, 54 para que soportes tu confusión y tu vituperio por todo cuanto hiciste y les sirvas a ellas de consuelo. 55 Tu hermana Sodoma con sus hijas volverán a su anterior estado; volverán también a él Samaría con sus hijas, y tú también y tus hijas volveréis a vuestro estado primero. 56 Ni el nombre siquiera de tu hermana Sodoma se oía en tu boca al tiempo de tu orgullo, 57 antes de que fuera descubierta tu perversidad. Así también eres tú oprobio para las hijas de Aram y para las hijas de los filisteos que te rodean, que dondequiera te desprecian. 58 Lleva sobre ti tu perversidad y tus abominaciones, dice Yahvé.

Los exilados creían que Jerusalén no merecía el castigo de la destrucción, como anunciaba el profeta. Por ello, éste compara la maldad de ella con la de sus hermanas en la perversidad, Samaría y Sodoma. Ellas han sido menos culpables que la capital de Judá, en cuanto que ésta debiera haber escarmentado en el castigo de aquéllas. En realidad, Jerusalén se ha mostrado digna de sus antepasados: cual la madre, tal la hija (v.44). El proverbio popular tendrá en ella plena aplicación. Jerusalén en su formación había heredado las lacras de sus antiguos poseedores los cananeos. Ya antes el profeta le había echado en cara, para humillarla, su origen cananeo: "eres por tu tierra y por tu origen una cananea" (v.3). Los primeros pasos de Israel como pueblo fueron en medio de una población pagana en tierra de Canaán, de la que sufrió una gran influencia étnica y cultural; sobre todo, de los cananeos heredó su propensión a la idolatría: eres hija de madre que aborreció a su marido y a sus hijos (v.45a). Parece que el dios El fue la divinidad primitiva de la población semítica de Canaán 9. En ese caso, el profeta aludiría a la infiltración de otras divinidades entre los cananeos. Canaán, madre de Jerusalén, en cuanto que esta capital estaba en su territorio, y sus habitantes habían sido influidos de la población cananea, había, pues, aborrecido α su marido, el dios primitivo El, y se había entregado a prácticas crueles con sus hijos, inmolándolos 10.
Jerusalén ha imitado estas abominaciones de su madre Canaán, y además se ha puesto en la misma línea de prevaricación que la nefanda Sodoma y su hermana de sangre Samaría n. Esta es llamada hermana mayor por su mayor vinculación a Jerusalén y, sobre todo, por la importancia que ha tenido su reino históricamente. Se la localiza a la izquierda o norte, según la costumbre entre los antiguos semitas de orientarse mirando al oriente. Samaría se hallaba, pues, supuesta la orientación hacia el este, a la izquierda de Jerusalén, mientras que Sodoma se hallaba a la derecha o sur. Sodoma había quedado en la tradición bíblica como el símbolo de la ciudad maldita por Dios en castigo de sus nefandas acciones. Aquí no se alude a su pecado específico sodomítico, sino a su arrogancia e insolencia por sentirse con hartura de pan (v.49), despreciando así al necesitado. La crueldad es un pecado que los profetas echan frecuentemente en cara a los pueblos paganos 12. Sin embargo, aquí los pecados de Sodoma son considerados como de menor perversidad a los ojos de Dios en comparación con los de la propia Jerusalén, elegida de Yahvé como lugar de su morada. Este privilegio único la hizo más culpable que su hermana Samaría, la cual, a pesar de sus pecados, fue menos culpable que ella: tú multiplicaste tus fornicaciones mucho más allá que ellas, hasta el punto de hacer justas a tus hermanas (v.51). Todas han sido pecadoras, pero hay todavía gradación en la misma maldad, ya que los pecados de Jerusalén revisten una particular malicia, la de su ingratitud para con su Dios 13. Por eso es particularmente merecedora de castigo y en mayor escala que sus hermanas en la prevaricación (v.52).
Como siempre, el anuncio del castigo sobre el pueblo elegido trae a la memoria del profeta, por contraste, la idea de la restauración mesiánica. Los castigos enviados por Yahvé tienen, siempre que se trata de Israel, un carácter purificador, para que se prepare para la nueva etapa gloriosa. Sin embargo, el profeta anuncia un estado de humillación futuro para Jerusalén, ya que estará en plan de pura igualdad frente a sus hermanas, Sodoma y Samaría, en vez de la situación de privilegio que en otros tiempos tuvo. Hubo un tiempo en que Jerusalén evitaba el nombre de Sodoma, porque era considerada como una ciudad maldita por Dios (v.5ó); pero ahora ha sido merecedora también la Ciudad Santa de mayores castigos por sus pecados, en tal forma que se ha convertido en objeto de oprobio para las hijas de Aram y para las hijas de los filisteos (v.58), e.d., las ciudades circunvecinas arameas y de la Pen-tápolis filistea. Los tradicionales enemigos de Judá sentirán una maligna satisfacción al verla humillada por el mismo Dios, que constituía su orgullo y su gloria.
Renovación de la alianza antigua (59-63)
59 Porque así habla el Señor, Yahvé: Voy a hacer yo contigo lo que conmigo hiciste tú, menospreciando el juramento y rompiendo el pacto. 60 No obstante, yo me acordaré de la alianza que contigo hice al tiempo de tu mocedad y confirmaré contigo una alianza eterna. 61 Y tú te acordarás de tus obras y te avergonzarás cuando recibas a tus hermanas mayores y menores, que yo te daré por hijas, mas no ya por el pacto hecho contigo. 62 Yo renovaré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy Yahvé, 63 para que te acuerdes y sientas vergüenza y nunca más, de vergüenza, te atrevas a abrir la boca, cuando te habré perdonado cuanto hiciste, dice el Señor, Yahvé.

Yahvé castigará a Jerusalén por su violación del juramento, rompiendo el pacto (v.59) del Sinaí. La intervención justiciera de Dios será muy dura, pero no anulará las cláusulas de la antigua alianza, sino que las mantendrá, ratificándolas con una alianza eterna. La antigua alianza del Sinaí, en tiempos de la mocedad de Israel como pueblo, será matenida sustancialmente, pero al mismo tiempo será sublimada y colmada en contenido. La primera, hecha en tiempos de la mocedad del pueblo elegido, fue rota por las veleidades de éste, consecuencia de su inexperiencia juvenil. La nueva alianza será eterna, es decir, no sujeta a alteraciones por parte de Israel, porque Yahvé se apoderará totalmente de su corazón y de sus afectos más íntimos. Es la misma promesa de nueva alianza anunciada por Oseas y Jeremías 14. Como consecuencia de esa nueva situación afectiva interna, Jerusalén se avergonzará de sus antiguas obras. Jerusalén volverá a ser centro de atracción de sus hermanas mayores y menores (v.61), es decir, de Samaría y de Sodoma, símbolo de todos los pueblos paganos o paganizados que un día integrarán el Israel de Dios, heredero directo del Israel de la carne. La perspectiva se mueve dentro de las promesas mesiánicas universalistas expresadas en varios textos del A.T. y explicitadas magistralmente por San Pablo 15. Y todo ello como consecuencia de un nuevo pacto (v.62), fruto de la pura benevolencia divina, que quiere reivindicar su honor entre las naciones gentiles. Estos beneficios de Yahvé traerán la confusión y la vergüenza a la ingrata Jerusalén (ν.όβ).

1 Cf. P. Dhorme, Amarna: DBS i (1928) 207-225; id., Les amorreheens: RB 37 (1928) 63-79-161-180; 39 (1930) 161-178; 40 (1931) 161-184; id., Abraham dans le cadre de la histoire: RB 37 (1928) 367-385.481-511; 40 (1931) 364-374.503-518; De Vaux, Les patriarches hébreux: RB 1946; F. M. Abel, Géographie I (1933) 321; II (1938) 21s; R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra et l'A.T. (París 1937) 21.96-113. Véase Spadafora, o.c., p.125s· — 2 Ex 19:6. — 3 Cf. Os 2:7; Jer 2:20; Is 57:7-8. La frase simulacros de hombres del v.17 quizá sea alusión a las prácticas obscenas de los santuarios cananeos, en las que no faltaba el phallus, símbolo de la fecundidad (Is 57:8). — 4 Cf. 2 Sam 16:4; Lev 18:21; Ez 20,25; 23:37; Sal 106:36; Dt 12:31. — 5 Cf. Dt I4:1; Ex 4:228. — 6 La frase de gordos cuerpos es un eufemismo por las partes vergonzosas: Lev I5"2s; Gen 17:11; Ez 44:7. — 7 Cf. Ez 5:7; Jer 2,ios. — 8 Cf. Dt 22:24. — 9 Cf. Gen 9:6; Ex 21:12; Lev 24:17. — 9 Cf. J. Lagrange, Études sur les religions sémitiques (París 1905) 71 s; R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra et VA.T. (París 1937) 673. — 10 Cf. Lev 18:21; 20,2; Dt 12:31; 18:10; 2 Re 16:3. — 11 La frase vuestra madre fue una jetea, y vuestro padre un amaneo parece una mera repetición del v.3. — 12 Cf. Is 10:135; 14:6; Jer 47:7s; 48:26-30; Ez 28:1-5; 29:1-7. — 13 Cf. Ezc.8. — 14 Jer 31:33; Os 2:19-24· — 15 Cf. Sal 87:43; Is 2:3; 60:35; 66:8s; Rom 9:1-8; Act 7:29-53-
17. Deslealtad y trágica suerte del Rey Sedecías. Promesa Mesianica.
En este capítulo encontramos una clara alusión a la situación política inmediata anterior a la catástrofe del 586. Puede dividirse en tres partes: a) parábola de la gran águila, símbolo de Nabucodonosor (v.1-10); b) explicación de la parábola (v.11-21); c) apéndice: la restauración mesiánica (v.22-24).
Los profetas siempre habían predicado la sumisión al coloso babilónico como mal menor. Toda otra política nacionalista constituía entonces un verdadero suicidio colectivo, como lo demostraron los acontecimientos. Ezequiel se mantiene, pues, en la misma línea que Jeremías, y anuncia el fin trágico del incauto rey Sedecías, que se atrevió a hacer frente a los babilonios apoyado en ilusorias promesas egipcias. En la deportación del 598, el rey Joaquín, o Jeconías, fue llevado a Babilonia. Le sucedió en el trono su tío Matanías o Sedecías, quien después de diez años de sumisión a Nabucodonosor, instigado por el faraón egipcio, se sublevó, dando con ello lugar a la destrucción de Jerusalén por los babilonios en el 587.
Parábola de la gran águila (1-10)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, propon un enigma y compon una parábola sobre la casa de Israel. 3 Di: Así habla el Señor, Yahvé: La gran águila de grandes alas y de largas plumas, toda cubierta de espléndido plumaje de colores varios, vino al Líbano y tomó el cogollo del cedro, 4 arrancó el principal de sus renuevos y lo llevó a tierra de mercaderes, y lo puso en una ciudad de comerciantes. 5 Escogió luego un sembrado de la tierra y !o puso en campo selecto para la plantación. Lo puso cerca de aguas abundantes, lo plantó como un sauce 1. 6 Echó brotes y se hizo una vid frondosa, pero de poca altura, para que dirigiese hacia el águila sus ramas y le estuvieran sometidas sus raíces. Hízose vid, y echó sarmientos y extendió sus ramas. ? Pero había otra gran águila de grandes alas y espeso plumaje, y la vid dirigió hacia ésta sus raíces y tendió hacia ella sus sarmientos desde el bancal en que la otra la plantó para que estuviera bien regada. 8 Había sido plantada en tierra buena y cerca de abundantes aguas para que echase ramas y llevase frutos y se hiciese una vid vigorosa. 9 Di: Así habla el Señor, Yahvé: ¿Prosperará? El águila primera, ¿no arrancará sus raíces, no las despojará, dejándolas que se seque y sequen todas las hojas que echó? Sin gran esfuerzo, sin necesidad de mucha gente la arrancará de raíz. 10 Había sido plantada, ¿prosperará? ¿No se secará del todo apenas la toque el viento solano? En los bancales donde brotó se secará.

El símil es bellísimo y expresivo en extremo. Se presenta al conquistador babilónico como un águila imponente que planea sobre los bosques del Líbano, que aquí es símbolo del reino de Judá y de Jerusalén. El reino glorioso de la dinastía davídica es comparado poéticamente al esplendor de los cedros del Líbano. El mismo profeta explicará el sentido alegórico de cada rasgo de la parábola 2. El cogollo del cedro (v.3) es el representante de la dinastía davídica, simbolizada en un cedro imponente y majestuoso. Nabucodonosor escogió un retoño de ese cedro de la dinastía davídica, a Sedecías, para que desplegase su actividad regia sometido a Babilonia, dándole todas las facilidades de gobierno. Por eso es comparado a un sauce (v.5) plantado junto a aguas abundantes.
Antes había arrancado al principal de sus renuevos, y le llevó a tierra de mercaderes, y le puso en una ciudad de comerciantes (v.4), es decir, a Babilonia, famosa por su tráfico comercial. La alusión es clara a la deportación del rey Joaquín, o Jeconías, en 598, después del primer sitio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor. El reinado del sustituto de éste, Sedecías, entronizado por el rey babilonio, fue relativamente próspero, pues participaba de la protección del coloso mesopotámico; por eso echó brotes y se hizo una vid frondosa (v.6), pero en su actividad estaba mediatizado por el poder del protector; de ahí que la vid fuera de poca altura. Esta fue la situación de Judá desde el 597 al 588 a.C. Durante este período, el dominio de Palestina por los babilonios no fue turbado por las incursiones egipcias, pues el faraón Psamético II, después de la derrota sufrida en Carquemis, no se aventuró en expediciones peligrosas fuera de su territorio.
Pero su sucesor, Hofra, quiso de nuevo ser el arbitro de la política de la encrucijada palestinense y movió todos sus resortes diplomáticos para levantar contra Babilonia a los reyezuelos palestinianos vasallos de Babilonia. Entre ellos descollaba el rey Sedecías de Judá. El faraón egipcio es presentado aquí como otra gran águila de grandes alas y espeso plumaje (ν.7). Es la contrarrιplica de Nabucodonosor. Sedecías se dejó pronto seducir; por eso dirigió hacia esta (águila) sus raices y tendió hacia ella sus sarmientos (v.7). Esperaba obtener mejores condiciones de vida con la amistad egipcia. La viña había de ser bien regada y daría copiosos frutos. Sin embargo, el profeta hace resaltar que la situación de Judá bajo los babilonios no era despreciable, ya que había sido plantada en tierra buena y cerca de abundantes aguas (v.8), y, efectivamente, pudo desarrollar su vida nacional con cierta holgura como para convertirse en vid vigorosa. Por eso, la conducta de Sedecías al acercarse a Egipto puede calificarse de insensata, ya que no hará otra cosa sino provocar al viento solano (v.10), al invasor babilonio, que vendrá por el oriente con sus tropas deseosas de botín y de sangre. Nabucodonosor, el águila primera, arrancará de cuajo esa vid frondosa que era el reino de Judá. Ezequiel anuncia solemnemente el desastre definitivo de Jerusalén a los exilados. La alocada conducta del rey de Jerusalén no hará sino acelerar la hora del castigo divino.
Explicación de la parábola (11-21)
11 Y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 12 Anda, di a la casa rebelde: ¿No habéis entendido lo que esto significa? Di: El rey de Babilonia vino a Jerusalén, cogió al rey y a sus príncipes y los deportó, llevándoselos consigo a Babilonia. 13 Tornó a uno de la real estirpe e hizo con él un pacto, tomándole juramento. Llevóse a los poderosos de la tierra, 14 para que el reino fuese modesto y 110 se rebelase, y guardase y mantuviese el pacto hecho con él. 15 Pero se rebeló y mandó embajadores a Egipto para que le diese caballos y mucha gente. ¿Prosperará? ¿Escapará el que tales cosas hizo? Rompió el pacto, ¿escapará? 16 Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que en la tierra de quien le habían puesto en el trono, cuyo juramento menospreció y cuya alianza rompió, allí morirá, en Babilonia. 17 Y el faraón no le socorrerá con gran ejército y muchas fuerzas en la lucha cuando se levanten terraplenes y se construyan torres para destrucción de muchas vidas. 18 Menospreció el juramento, rompió el pacto, dio su mano, y luego hizo cosas tales; no escapará. 19 Por tanto, así habla el Señor, Yahvé: Por mi vida que yo echaré sobre su cabeza mi juramento, que él menospreció, y mi pacto, que él rompió, 20 y le tenderé mi red y quedará preso en mi lazo. Le deportaré a Babilonia y allí le juzgaré por la infidelidad cometida contra mí. 21 Todos los fugitivos de sus tropas caerán a la espada, y los que quedan serán dispersados a todos los vientos, y sabréis que yo, Yahvé, he hablado.

Ezequiel explica la parábola por orden expresa divina a la casa rebelde (v.11), es decir, a la comunidad de exilados israelitas que no querían comprender los caminos de Yahvé, el cual había determinado un castigo justiciero sobre Jerusalén y la dinastía davídica. La explicación de la parábola es clara: el rey de Babilonia es Nabucodonosor, quien en 598 tomó al rey (Jeconías) y a sus príncipes y los deportó. a Babilonia (v.12). Era el cogollo del cedro., el principal de sus renuevos., es decir, el principal representante entonces de la dinastía davídica, figurada en un cedro frondoso oriundo del Líbano (aquí Jerusalén). En su lugar, Nabucodonosor tomó a uno de la real estirpe (ν.13), es decir, a Matanνas, a quien cambió el nombre en Sedecías para indicar su poder sobre él. Este era tío carnal de Jeconías. Era, pues, de real estirpe. Nabucodonosor quiso diplomáticamente captar la voluntad de los judíos, imponiéndoles un rey de su dinastía. Conservaba sobre él un alto dominio, pero Sedecías, dentro de su categoría de rey vasallo, tenía una relativa autonomía.
El nuevo rey de Judá había aceptado su nueva situación, ratificándola conjuramento (v.13) solemne. Con todo, Nabucodonosor tomó sus medidas. Así sabemos que se llevó a las fuerzas vivas de la nación, los poderosos de la tierra (v. 13), de modo que el reino fuera modesto y no se preparase para nuevas rebeliones (v.14). Pero Sedecías se rebeló, buscando ayuda militar en Egipto, la otra gran águila 3. Pero no tendrá éxito en su insurrección, porque rompió el pacto (v.15) solemne que había hecho con el rey de Babilonia. Esto traería como consecuencia una intervención airada del coloso mesopotámico; en efecto, el imprudente rey Sedecías, reo de perjurio, morirá en Babilonia (v.16). De nada le servirán las fuerzas que le envíe el faraón Hofra, pues éste será derrotado 4 y dejará a Jerusalén a su suerte. Todo el movimiento de defensa organizado en torno a Jerusalén (construcción de terraplenes y. torres, v.17) no servirá sino para aumentar las proporciones de la catástrofe al ocasionar la destrucción de muchas vidas (v.17).
La conducta de Sedecías no puede aprobarse en ética elemental, ya que menospreció el juramento, rompió el pacto. (v.18). Es simplemente un perjuro; como tal, debe ser castigado. Yahvé personalmente le castigará por tal crimen, pues se considera vinculado al juramento de Sedecías. Sin duda que éste, como israelita, había puesto por testigo de su veracidad a su Dios, Yahvé. Al romper el juramento, cometía un grave pecado contra Yahvé, pues comprometía su veracidad ante los paganos; por eso aquí se pone en boca de Dios la repulsa de la conducta infiel de Sedecías: Por mi vida que yo echaré sobre su cabeza mi juramento, que él menospreció, y mi pacto, que él rompió (v.19q). El pacto entre Sedéelas y Nabucodonosor era el pacto de Yahvé, pues había sido invocado como garantía de su fidelidad por parte del rey de Judá. Es interesante esta doctrina moral de mantener el juramento con los enemigos, expresada de un modo tan claro en el A.T.
El castigo de la infidelidad de Sedecías se cumplirá cuando sea deportado a Babilonia, donde será cegado. Antes fue llevado a presencia de Nabucodonosor, a su cuartel general de Ribla (Alta Siria), y a presencia de él fueron asesinados sus hijos5. La profecía de Ezequiel se cumplió a la letra, pues lo más selecto de sus tropas cayó ante la espada, y el resto fue dispersado a los cuatro vientos (v.21). Es el sello de la profecía de Yahvé: sabréis que yo, Yahvé, he hablado 6.
Promesa del rey Mesías (22-24)
22 Así dice el Señor, Yahvé: También yo tomaré del cogollo del cedro elevado, y del principal de sus renuevos cortaré un tallo y lo plantaré sobre el monte alto y sublime, 23 en el monte alto de Israel lo plantaré, y echará ramas y dará fruto, y se convertirá en magnífico cedro, y se acogerán a él las aves de toda pluma, que habitarán a la sombra de sus ramas, 24 y conocerán todos los árboles de la selva que yo soy Yahvé, que humillé al árbol sublime y levanté al árbol bajo, sequé el árbol verde e hice reverdecer el árbol seco. Yo, Yahvé, he hablado y yo lo cumpliré.

Como en otras ocasiones, el profeta contrapone un horizonte de esperanza al sombrío de castigo que acaba de presentar a los exilados. La misión de los profetas, como centinelas de los intereses espirituales de su pueblo, es situar en su debida proporción el alcance de los castigos de Dios a su pueblo. En medio de todas las encrucijadas críticas de la historia de Israel se cierne siempre la esperanza mesiánica como norte de la vida nacional. Ezequiel debía hacer ver a los exilados israelitas que sus vanas ilusiones sobre la permanencia de Jerusalén como capital de un reino corrompido religiosamente no tenían fundamento. La hora de la ira justiciera divina llegará inexorablemente, y la dinastía davídica se eclipsará de momento al ser deportados sus representantes a Babilonia. Pero ésta no será una situación definitiva, porque ante todo está la promesa de Dios de inaugurar una era mesiánica presidida por la misma dinastía davídica. El profeta adapta el símil de la parábola antes expresada para dar un nuevo sentido más profundo favorable a las esperanzas mesiánicas. Como Nabucodonosor, la gran águila, tomó del cogollo del cedro, llevando al principal de sus renuevos, Jeconías, a Babilonia (v.2), así también Yahvé en un tiempo futuro tomará del cogollo del cedro, cortando un tallo del principal de sus renuevos (v.22). Ya hemos dicho que cedro en todos estos textos equivale a la dinastía davídica. Ahora bien, con la deportación del principal de sus renuevos (Jeconías) no desaparece ésta, porque Yahvé se encargará de cortar de él un tallo para plantarlo en el monte alto de Israel (v.23), en la colina santa de Sión. Allí se desarrollará frondosamente, hasta convertirse en magnifico cedro, en el que anidarán aves de toda pluma (v.23); es decir, todos los pueblos se reunirán en Jerusalén bajo la sombra protectora del Mesías7. Y todos los arboles de la selva (todas las naciones) reconocerán que todo ha sido obra providencial de Yahvé, pues es el arbitro de la historia, ya que humilla al árbol sublime (Babilonia) y levanta al árbol bajo, o reino de Judá, humillado por el opresor babilónico 8. Yahvé ha obrado un milagro en favor de su pueblo, pues le ha hecho reverdecer cuando todos le consideraban como un árbol seco, y, en cambio, ha secado al árbol verde, el imperio babilónico, que con su exuberancia parecía tener una larga vida. La historia está en manos de Dios; por eso Israel debe confiar ciegamente en El a pesar de la tragedia que se le avecina. Al fin triunfará el pueblo elegido sobre el invasor babilónico 9.

1 Así, siguiendo el paralelo árabe y arameo del vocablo hebreo safsafah. Es la traducción de Dennefeld, Cantera y Spadafora, etc. — 2 Sobre el símil del águila para designar a los grandes conquistadores cf. Dt 28:49; Os 8:1; Abd 1:8; Jer 48:40; 49:22; Is 46:11. — 3 Sobre la insurrección del rey Sedecías véase 2 Re 24:20. — 4 Cf. Jer 37,Ss; Ez 30,21. — 5 Cf. 2 Re 25:6-7; Jer 52:9. — 6 Cf. Ez 6:13; 14:8; 21:22; 34:24.
18. La Retribución equitativa individual.
Uno de los problemas morales que plantea el A.T. es el de la responsabilidad colectiva e individual. Dada la mentalidad semítica sobre la solidaridad del clan, generalmente se admitía antes del exilio que las buenas o malas obras de los individuos debían ser participadas por la colectividad. Todos eran solidarios en el bien y en el mal de los individuos. La catástrofe del exilio hizo que el problema se estudiara más a fondo. La gran ilusión de la colectividad nacional como fin de la actividad individual, en cuanto que Israel estaba destinada a una gran misión futura en los tiempos mesiánicos, se fue desvaneciendo con los reveses políticos. Todo parecía perdido. ¿Por qué la generación contemporánea de Ezequiel pagaba por los pecados de sus antepasados? "Los padres comieron las agraces, y los hijos sufren la dentera," es el proverbio irónico que corre entre los exilados. Dios no parecía justo en la distribución de sus bendiciones y castigos, y, por tanto, no merecía molestarse en ser justo. Los exilados empezaban a sentirse escépticos, y el profeta se ve obligado a aclarar la doctrina sobre la retribución. Dios es justo y dará a cada uno lo que merece. Este es el tema del presente capítulo, de gran profundidad moral. La doctrina aquí expuesta le ha merecido a Ezequiel el título de "campeón del individualismo en el A.T.." Sin duda que es un gran avance doctrinal en lo referente a la retribución, supuesta la mentalidad dominante en los profetas anteriores al exilio.
Suele dividirse el capítulo en tres partes: a) el individuo es responsable de su conducta personal (v.1-20); b) el hombre será juzgado por su conducta actual, no por la pasada (v.21-29); c) invitación a la conversión (v.30-32).
Responsabilidad personal del individuo (1-20)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2¿Qué andáis repitiendo este proverbio en la tierra de Israel y decís: "Los padres comieron las agraces, y los dientes de los hijos sufren la dentera"? 3 Por mi vida, dice Yahvé, que nunca más diréis este refrán en Israel. 4 Mías son las almas todas; lo mismo la del padre que la del hijo, mías son, y el alma que peca , ésa perecerá. 5 El que sea justo y haga juicio y justicia, 6 no banquetee por los montes, y no alce los ojos a los ídolos de la casa de Israel, no deshonre a la mujer de su prójimo y no se llegue a la menstruada, 7 y no oprima a nadie y devuelva al deudor su prenda, no robe y dé pan al hambriento y vestido al desnudo, 8 no dé a logro ni reciba a usura, retraiga su mano del mal y haga juicio de verdad entre hombre y hombre, 9 camine en mis mandatos y guarde mis leyes, obrando rectamente, ése es justo, vivirá, dice Yahvé. 10 Pero, si engendró un hijo violento, vertedor de sangre o que haga una de esas otras cosas, 11 y, no imitando a sus padres, coma por los montes, manche a la mujer de su prójimo, 12 oprima al pobre y al desvalido, robe, no devuelva la prenda, alce los ojos a los ídolos y haga abominaciones, 13 dé a logro y reciba a usura, ¿vivirá éste? No vivirá. Hizo todas esas abominaciones, de cierto morirá. Recaerá su sangre sobre él. 14 Pero, si éste engendró un hijo que, viendo todos los pecados de su padre, no los imita, 15 ni come por los montes, ni alza sus ojos a los ídolos de Israel, ni mancha a la mujer de su prójimo, 16 ni oprime a nadie, ni retiene la prenda, ni roba, da su pan al hambriento y viste al desnudo, 17 contiene su mano de la iniquidad, no recibe usura ni interés y cumple mis preceptos, éste no morirá por la iniquidad de su padre, vivirá. 18 Su padre, que agravió y despojó a su hermano y no obró el bien en medio de su pueblo, éste morirá por su iniquidad. 19 Y si dijereis: ¿Por qué no ha de pagar el hijo la iniquidad del padre? Pues porque el hijo hizo juicio y justicia y guardó mis mandamientos y los puso por obra, y de cierto vivirá. 20 El alma que pecare, ésa morirá; el hijo no llevará sobre sí la iniquidad del padre, ni el padre la del hijo; la justicia del justo será sobre él, y sobre él será la iniquidad del malvado.

Ezequiel reacciona violentamente contra la opinión de los exilados, que irónicamente hacían correr de boca en boca el proverbio "los padres comieron las agraces, y los dientes de los hijos sufren la dentera." Creen que ellos no merecen los castigos que les anuncia su profeta. Son sus antepasados los que colmaron el cáliz de la cólera divina; sin embargo, ellos son los que sufrirán las terribles consecuencias. De ahí deducían que Yahvé no era justo con ellos, ya que los hacía sólo solidarios en los castigos y no en las bendiciones prometidas a su pueblo. ¿Cómo Dios había permitido la muerte trágica del piadoso rey Josías en la batalla de Megiddo en 609 contra el faraón egipcio? ¿Por qué se acumularon tantas desgracias en tan poco tiempo sobre la misma generación? ¿Es que eran peores que sus antepasados? El principio de solidaridad en lo malo les angustiaba. La doctrina tradicional no era justa.
Ezequiel quiere esclarecer el problema. En realidad, cada uno sufrirá por sus propias iniquidades, porque todos, padres e hijos, son de Yahvé: mías son las almas todas, lo mismo la del padre que la del hijo (v.4); por consiguiente, todos en principio están en plan de igualdad respecto de Dios. Sólo sus obras las diversifica, en cuanto que el pecado aleja de Dios y atrae sobre él el castigo, mientras que las buenas obras acercan a Dios y les traen las bendiciones de todo género. Es falsa la creencia de que el hijo pertenece al padre, y, por tanto, que aquél debe ser solidario de las obras de éste. En realidad, las almas o personas pertenecen sólo a Dios, quien las trata conforme a sus obras: el alma que pecare, ésa morirá (v.4b). La muerte física era el máximo castigo en una época en que no se conocía la retribución en ultratumba. Dios, pues, hará que el pecador sufra muerte prematura en castigo de sus pecados. Al contrario, el que sea recto en su conducta, practicando el juicio y la justicia, en el sentido de acomodarse a las leyes de Dios tal como se especifican a continuación, ése vivirá. Hacer la justicia y el juicio no se refiere sólo a las virtudes sociales de equidad con el prójimo, sino también equivale a ser recto o perfecto en los caminos del Señor.
Y se opone a ello la serie de pecados que a continuación se enumeran: prácticas idolátricas por los montes, acompañadas de festines conmemorativos. Es el culto en los lugares altos, tan fustigado en la literatura profética *; adulterios (v.6) 2, impurezas legales, entre las que se contaban las relaciones sexuales con mujer menstruada 3; opresiones a los débiles 4 por parte de los afortunados, los cuales muchas veces retenían en prenda cosas necesarias para la vida del deudor, lo que estaba expresamente prohibido en la Ley. Según ésta, debía devolverse el manto al deudor antes de que llegara la noche 5. Estaban también prohibidos la usura y el cohecho 6; por eso, fomentar el préstamo usurario era oponerse a las prescripciones divinas (v.8). Se permitía cobrar intereses sólo al extranjero. El programa social que Ezequiel recomienda se resume en la frase haga juicio entre hombre y hombre (v.8). El sentido de equidad debe presidir todas las acciones del hombre en sus relaciones con el prójimo. El justo debe en todo acomodarse a los mandatos de Yahvé (v.9).
Después de enumerar las diversas clases de transgresiones, el profeta especifica que sólo el que personalmente las cometa será reo de pecado. Los padres no sufrirán por los pecados de los hijos, ni viceversa (v.20).
El hombre será juzgado por su conducta actual (21-32)
21 Y si el malvado se retrae de su maldad, y guarda todos mis mandamientos, y hace lo que es recto y justo, vivirá y no morirá. 22 Todos los pecados que cometió no le serán recordados, y en la justicia que obró vivirá. 23 ¿Quiero yo acaso la muerte del impío, dice el Señor, Yahvé, y no más bien que se convierta de su mal camino y viva? 24 Pero, si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad conforme a todas las abominaciones que hace el impío, ¿va a vivir? Todas las justicias que hizo no le serán recordadas; por sus rebeliones con que se rebeló, por sus pecados que cometió, por ellos morirá 25 Y si dijereis: No es recto el camino del Señor, escucha, casa de Israel. ¿Que no es derecho mi camino? ¿No son más bien los vuestros los torcidos ? 26 Si el justo se aparta de su justicia para obrar la maldad y por eso muere, muere por la iniquidad que cometió. 27 Y si el malvado se aparta de su iniquidad que cometió y hace lo que es recto y justo, hará vivir su propia alma. 28 Abrió los ojos y se apartó de los pecados cometidos, y vivirá y no morirá. 29 Y dice la casa de Israel: ¿No son derechos los caminos del Señor? ¿Que no son derechos mis caminos, casa de Israel? ¿No son más bien los vuestros los torcidos? 30 Yo, pues, os juzgaré a cada uno según sus caminos, ¡oh casa de Israel! dice Yahvé. Volveos y convertios de vuestros pecados, y así no serán la causa de vuestra ruina. 31 Arrojad de sobre vosotros todas las iniquidades que cometéis, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de querer morir, casa de Israel? 32 Que no quiero yo la muerte del que muere. Convertios y vivid.

En este fragmento se expresa de un modo bellísimo la disposición de Dios a perdonar al pecador. Sólo exige, por parte de éste, arrepentimiento y cambio de vida. En cualquier momento, pues, puede el impío entrar por el buen camino, porque Dios no tiene interés especial en perderle. Dios hace caso omiso de los pecados pasados supuesta la voluntad de cambiar de vida (v.21): todos los pecados que obró no le serán recordados. Dios no sólo es justo, sino que es también misericordioso. No puede, pues, complacerse en la muerte del impío (v.23). Aquí la muerte tiene el sentido inmediato literal de muerte física, que era considerada como el máximo castigo. No obstante, vida en la literatura sapiencial tiene el sentido de relaciones amistosas con Yahvé. El profeta no alude aquí a una muerte espiritual de ultratumba. San Pablo dirá más tarde que Dios quiere que todos se salven7, en cuanto a su vida de ultratumba; pero ésta es una nueva perspectiva neotestamentaria que no tenemos derecho a suponer en este estadio de la revelación de la época de Ezequiel. Aquí el profeta quiere resaltar ante los exilados el grado de responsabilidad de cada individuo ante Dios. Lo que interesa es la voluntad de arrepentimiento del hombre en sus relaciones actuales con Dios.
Ezequiel, en su deseo de invitar a la penitencia y a la esperanza en Yahvé, recarga las tintas, y así dice que las justicias que hizo (el justo) no le serán recordadas. (v.24). La frase no debe urgirse demasiado en el sentido de que las obras pasadas no tienen valor ante Dios, sino en el sentido relativo de que lo que interesa sobre todo son las buenas obras actuales. Por muy buenas que hayan sido las pasadas, si las presentes son malas, de nada sirven para justificarse ahora ante Dios. Hay que colocarse en la perspectiva del profeta, el cual quiere hacer ver que lo que interesa ahora es la conducta presente, no la pasada. Es tiempo de emprender el buen camino y concillarse la misericordia divina. Esta es su idea principal. La otra del valor de las acciones pasadas está subordinada conceptualmente a ésta: el pasado, quiere decir, pesa poco en comparación con el presente. Esta doctrina era extraña a los oyentes del profeta, habituados a la idea de solidaridad con el prójimo y con el pasado, y por eso Ezequiel, retóricamente, reproduce la supuesta reacción del público: no es recto el camino del Señor (v.25). Pero, en realidad, lo que es recto es la nueva doctrina de que cada uno sufra por sus pecados y de que ante todo interesa la actitud presente del pecador. En este supuesto, les invita a entrar por el camino de la sincera conversión como único medio de librarse de la ruina (ν.30). Es preciso un corazón y un espíritu nuevo (ν.31), una nueva disposiciσn interna de acercamiento sincero a Dios. Es el pacto nuevo escrito en los corazones, de que habla Jeremías 8, como gran promesa mesiánica. En el nuevo orden de cosas, la responsabilidad personal será la base de las relaciones de los individuos con Dios.

1 Cf. Ez 6:1s. — 2 Ex 20:14; Lev 20:10. — 3 Lev 18:19; 20:18. — 4 Cf. Am 2:6-7; Mal 3:5. — 5 Cf. Ex 22:26; Dt 24:6; Am 2:8. — 6 Cf. Ex 22:24; Lev 25:35-37; Dt 23:20. — 7 Cf. 1 Tim 2:4; 2 Pe 3:9. — 8 Cf. Jer 31:295.
19. Canto fúnebre sobre los Príncipes de Israel.
Esta bellísima elegía puede dividirse en tres partes: a) llanto por la suerte de Joacaz y Jeconías (v.2-9); b) desolación de Judá bajo Sedecías (v. 10-12); c) exilio del pueblo (v. 13-14). El ritmo poético externo es el característico de la elegía, o qinah, que hemos visto en las Lamentaciones atribuidas a Jeremías l.
Desgraciada suerte de Joacaz y Jeconías (1-9)
1 Canta una elegía sobre los príncipes de Israel, 2 y di: ¿Qué fue tu madre? Una leona entre leones, agazapada en medio de leoncillos, crió sus cachorros. 3 Levantó a uno de sus cachorros, que llegó a ser león joven, y aprendió a tomar la presa y a devorar hombres. 4 Dieron voces contra él las gentes, y le apresaron en sus trampas, y con anillos le llevaron a la tierra de Egipto. 5 Y viendo ella, después de esperar mucho tiempo 2, que se desvanecía su esperanza, tomó a otro de sus cachorros y le convirtió en león adulto. 6 Andaba entre leones, y vino también a ser león joven, y aprendió a arrebatar la presa y a devorar hombres. 7 Rugiendo en su altanería, devastó ciudades 3, y se desvaneció el país y cuanto había a la voz de su rugido. 8 Dieron sobre él las gentes de las regiones del contorno, tendieron redes contra él 1 y le cazaron en su fosa. 9 Encerráronle en una jaula con anillos y le llevaron al rey de Babilonia, para que no se oyesen más sus rugidos en los montes de Israel.

El profeta es invitado a componer una elegía sobre la triste suerte de los príncipes de Israel4, en el sentido de descendientes de Jacob, representados ahora en Judá como único reino superviviente después de la desaparición del reino de Samaría en 721. El pueblo de Judá es personificado en una leona majestuosa y señorial. La frase es irónica en labios del profeta. Los reyes de Judá han querido parangonarse con los príncipes de los pueblos paganos y aun con los colosos egipcios y babilonios, verdaderos leones por su poder. En su estulticia se han creído capaces de alternar con las grandes potencias. Así, la nación israelita crió sus cachorros (v.2b) o reyes con pretensiones belicosas. En vez de confiar en Yahvé, quiso confiar en sus jefes y en sus propias fuerzas, creyéndose señora en medio de los leoncillos o pequeños estados palestinos circunvecinos de menor fuerza que Israel. En un momento de euforia levantó a uno de sus cachorros, constituyéndole en rey o león joven, con pretensiones de ataque: aprendió a coger la presa y a devorar hombres (v.3). El profeta alude aquí a la entronización del rey Joacaz después de la muerte de Josías en la batalla de Megiddo contra el faraón Necao II (609 a.C.). Conocido el fin trágico del piadoso rey Josías en Jerusalén, fue nombrado rey Joacaz, segundo hijo de Josías. El nuevo rey fue violento y cruel. La Biblia dice de él que "hizo el mal ante el Señor en todo, como lo habían hecho sus padres" 5. Es la frase estereotipada del cronista bíblico para condenar la conducta de un rey. Por eso se concibe bien la frase de Ezequiel: aprendió a coger presa. Después de tres meses de reinado fue depuesto por el faraón Necao II, que había establecido su cuartel general en Ribla (Alta Siria), y llevado prisionero a Egipto: con anillos lo llevaron a la tierra de Egipto (v.4). El profeta expresa todo esto de modo metafórico: supuesta el símil del león para designar a Joacaz, se presenta a sus enemigos, los egipcios, como cazadores que dan voces contra él para asustarle y hacerle caer en las trampas puestas de antemano, llevándoselo, como a una fiera, con anillos en la nariz.
El símil sigue, pero adaptado a otro personaje. Judá, después de la deposición de Joacaz, soportó por mucho tiempo (v.5) el yugo extranjero egipcio y babilónico, y, viendo que se desvanecía su esperanza de volver a ser un reino independiente y libre como en tiempos anteriores, tomó a otro de sus cachorros y le convirtió en león adulto (v.5b); es decir, entronizó como rey a Jeconías (598) en sustitución del fallecido Joaquín, impuesto por Necao. El nuevo rey, con pretensiones de gran soberano (andaba entre leones, v.6), se mostró también cruel e impío: aprendió a arrebatar presa. El cronista del libro de los Reyes dice de él: "se portó mal a los ojos del Señor, como habían hecho sus padres"6. En su altanería devastó ciudades.: supuesto que esta traducción sea correcta, pues el original está muy confuso, con esta frase se aludiría quizá a incursiones devastadoras que habría hecho a la desesperada cuando estaba sitiado en Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor. El profeta quiere destacar su carácter altanero e insolente, con pretensiones de monarca poderoso, cuando no era sino un minúsculo rey, virtualmente preso por los babilonios. Las gentes del contorno, en cuanto pudieron, se alzaron contra él (v.8). Sabemos, en efecto, que, juntamente con los babilonios, intervinieron en el asedio de Jerusalén los sirios, amonitas y moabitas, enemigos tradicionales de Israel7. Lograron cazar al insolente Jeconías como a una fiera, y en una jaula con anillos le llevaron al rey de Babilonia (v.9). El cautiverio fue el triste destino de este joven rey. Sabemos que permaneció prisionero en Babilonia hasta la muerte de Nabucodonosor en 562 a.C. 8, siendo libertado por el sucesor de éste, Evil-Marduk 9.
Suerte de Judá y de Sedecías (10-14)
10 Tu madre fue como una vid plantada cerca de las aguas, vigorosa de fruto y de follaje por la abundancia de las aguas. 11 Echó robustos sarmientos, propios para cetros de soberanos. Su tronco se alzaba por entre las nubes 10, vistoso por su altura y por sus numerosos sarmientos. 12 Pero fue arrancada con furor y echada a tierra, y el viento solano la agostó, quemó sus frutos. Secáronse sus robustos sarmientos, el fuego los devoró. 13Y ahora está plantada en el desierto, en tierra sedienta y árida. 14 Y ha salido de uno de sus sarmientos un fuego que ha consumido su fruto, y no queda en ella rama alguna fuerte, ni un solo cetro de dominio. Elegía es ésta, y de elegía servirá.

El profeta expone ahora la ruina de Judá bajo otro símil muy vigoroso y expresivo. El reino de Judá es comparado a una vid vigorosa de fruto y follaje, que como tal prosperó y dio ubérrimos frutos. Realmente Judá tuvo sus años de esplendor cuando vivía confiada a la protección de Yahvé. Su vitalidad fue tal, que llegó a tener soberanos no inferiores a los de otros pueblos. Sus sarmientos o retoños fueron de tal calidad, que pudieron utilizarse para ser convertidos en cetros de soberanos (v.11). El reino de Judá llegó a remontarse y crecer como tronco que se alza entre las nubes, de modo que en su esplendor resultaba vistoso por su altura. Las naciones vecinas reconocían su poder y su robustez. Pero llegaron tiempos de prueba, y la vid, en otro tiempo robusta, fue arrancada con furor ante el envite del viento solano del ejército de Nabucodonosor, que vino del desierto oriental como el simún, que lo arrastra todo, y ahora está deportada y trasladada a las arenas de la estepa en tierra sedienta y árida (ν.13). El profeta piensa en los exilados del 598, a los que se unirán los de la catástrofe definitiva del 586 a.C.
Y todo esto ha sido como consecuencia de uno de sus sarmientos, de un retoño de la dinastía davídica, el rey Sedecías, que en su arrogancia se encendió como fuego contra Nabucodonosor. Su rebelión insensata acabó con todo lo que constituía el orgullo de la nación: ha consumido su fruto (v.14). La vid ha quedado totalmente destrozada y ya no queda ni un solo cetro de dominio, es decir, de sus sarmientos no hay posibilidad de sacar uno capaz de convertirse en cetro de soberano como de los anteriores. En el año 586 terminó la dinastía davídica por la insensatez del último de sus vastagos, Sedecías. Sólo en la época mesiánica volverá a retoñar la antigua vida. Mientras tanto, a los supervivientes sólo les quedará la posibilidad de entonar una elegía en recuerdo de tantas glorias pasadas. Es el supremo y único homenaje a una gran dinastía caída.

1 Según este ritmo, cada verso tiene cinco acentos, con pausa después del tercero. — 2 El TM es oscuro. Nuestra traducción se basa en una corrección plausible de Bertholet. La Bible de Jérusalem traduce: "ella se vio decepcionada en su esperar." — 3 Así siguiendo en general al texto griego. El TM dice: "y conoció (sexualmente) a sus viudas y asoló ciudades." La Bible de Jérusalem: "tomó por asalto sus palacios," siguiendo una corrección del texto hebreo. — 4 Elegías parecidas pueden verse en 2 Sam 1:19-27; Jer 22:183. — 5 Cf. 2 Re 23:32. — 6 Cf. 2 Re 24:9. — 7 Cf. 2 Re 24:2. — 8 Cf. 2 Re 24:15; 27-30. — 9 Cf. Jer 52:31-34- — 10 Así según una ligera corrección del TM, seguida por la Bible de Jérusalem. — 11 Cf. Ez 17:22-24; Is 11:1.
20. Infidelidad de Israel y fidelidad de Dios. Purificación Futura.
Los c.20-24 incluyen la última serie de vaticinios contra Jerusalén y Judá. Estos tuvieron lugar del 601 al 588, en que empezó el asedio de Jerusalén. Este capítulo 20 contiene dos partes: a) Ezequiel recuerda las infidelidades de Israel para con Yahvé, a pesar de las solicitudes divinas, a través de su azarosa historia (v.1-31); b) restauración de Israel en el futuro (v.32-44). Esta segunda parte es considerada por muchos autores como adición posterior a causa de su estilo. La primera parte, en cambio, parece compuesta antes de la destrucción de Jerusalén en el 586 a.C.
Consalta de los ancianos (1-4)
1 El año séptimo, el quinto mes, el día diez del mes, vinieron algunos de los ancianos de Israel a consultar a Yahvé y se sentaron delante de mí, 2 y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 3 Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel y diles: Así dice el Señor, Yahvé: Vosotros venís a consultarme. Por mi vida que yo 110 os responderé, dice el Señor, Yahvé. 4 ¿Quieres juzgar a éstos, hijo de hombre? ¿Quieres juzgarlos? Hazles saber las abominaciones de sus padres.

Los ancianos de Israel se presentan al profeta para consultarle sobre los destinos de la nación. Aún tienen ilusiones sobre la suerte de Jerusalén l. La entrevista tuvo lugar en los meses de julio-agosto (quinto mes) del 591, ya que el año séptimo hay que computarlo a partir de la deportación de Jeconías (598), es decir, once meses después de la famosa visión inaugural a orillas del río Kebar 2. Antes de que expusieran su pensamiento, el profeta adivina sus intenciones y les habla en nombre de Dios. Ya antes les había hablado de los designios punitivos de Yahvé sobre Jerusalén por sus pecados 3, y al mismo tiempo les había anunciado la formación de un nuevo Israel, que saldría del núcleo de los exilados4. El profeta da a entender que no quiere responder a su consulta (v.4). Yahvé, por su parte, invita al profeta a que juzgue a esos ancianos, comisionados de los exilados. El juicio que debe pronunciar es de condenación, ya que les echa en cara la historia poco edificante de Israel, al recordarles las abominaciones de los padres. En esto el profeta acepta el principio de la solidaridad, ya que supone que los pecados de los antepasados tienen aún consecuencias punitivas para sus contemporáneos; pero, además, hace ver que también éstos son culpables en gran medida.
Infidelidad de Israel en Egipto (5-12)
5 Diles: Así habla el Señor, Yahvé: El día en que yo elegí a Israel, y alcé mi mano jurando a la posteridad de Jacob, y me mostré a ellos en la tierra de Egipto, y alcé mi mano, diciendo: Yo, Yahvé, soy vuestro Dios, 6 aquel día alcé mi mano jurando sacarlos de la tierra de Egipto y llevarlos a la tierra que yo les había destinado, que mana leche y miel y es la más hermosa de las tierras. 7 Y os dije: Quite cada uno de sus ojos los ídolos y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo, Yahvé, soy vuestro Dios. 8 Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron darme oídos, ni quitaron de sus ojos las abominaciones, ni abandonaron los ídolos de Egipto, y dije que derramaría sobre ellos mi ira y desfogaría mi enojo sobre ellos en la tierra de Egipto. 9 Mas por la gloria de mi nombre, para que no fuese infamado a los ojos de las gentes en medio de las cuales estaba, a cuya vista me había dado a conocer como quien los había de sacar de la tierra de Egipto, 10 los saqué de la tierra de Egipto y los conduje por el desierto, 11les di mis mandamientos y mis derechos, y les hice saber que son la vida para quien los cumple. 12 Diles también mis sábados, para que fuesen señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Yahvé, que los santificó.

La requisitoria empieza echando en cara la mala conducta de Israel en Egipto. Dios había jurado con gesto solemne (alcé la mano) 5 defender y bendecir a la posteridad de Jacob (v.5). La garantía del juramento está en el mismo nombre de Dios: Yo, Yahvé, soy vuestro Dios. La expresión tierra que mana leche y miel es muy antigua en la literatura oriental para designar la extrema fertilidad 6. Palestina, en comparación de las estepas del Sinaí, resultaba un edén, al menos en la mentalidad hiperbólica oriental. La tierra de Canaán para los israelitas era la mas hermosa de las tierras 7, por ser el escenario de la elección de Israel como pueblo de Yahvé; en este sentido era la gloria de todas las tierras, según otra versión posible.
Pero la gran promesa de darles la tierra de Canaán estaba condicionada a su conducta. Yahvé, en su celo, les exigía que abandonaran sus ídolos de Egipto. (v.7). Israel en su historia se mostró siempre propenso a la idolatría. No sabemos qué divinidades adoraba en Egipto. En la época del desierto se hicieron un becerro de oro 8. Yahvé hubiera derramado sobre ellos su ira, como merecían; pero se abstuvo por la gloria de su nombre (v.9) y para que no fuese infamado a los ojos de las gentes. El honor de Yahvé exigía que interviniera en favor de su pueblo; de lo contrario, su inactividad sería atribuida a impotencia por parte de los gentiles. Si Israel hubiera sido exterminado, Yahvé, su Dios, caería en descrédito total ante los paganos 9. Ezequiel destaca constantemente esta susceptibilidad de Yahvé respecto de lo que pudieran pensar los gentiles de El. Por su honor, pues, Yahvé sacó a su pueblo de Egipto y lo organizó en pueblo, dándole mandamientos conforme a los derechos inalienables de El (v.11). La observancia de los mismos atraería las bendiciones, y entre ellas una larga vida 10.
Entre las nuevas instituciones, la principal era el sábado, o descanso semanal, que era como una señal entre Dios y su pueblo, en cuanto que era el reconocimiento solemne de su pertenencia a El. La observancia del sábado era como una profesión pública y solemne de que Israel era el pueblo de Yahvé , su único Dios: para que supiesen que yo soy Yahvé, que los santificó (v.12). Aquí la palabra santificar equivale a consagrar o separar del uso profano o común. Israel, como posesión peculiar de Yahvé, debía ser una cosa aparte de todos los pueblos, una cosa santa en el sentido de puro y trascendente 12.
Rebelión de Israel contra Yahvé en el desierto (13-26)
13 Pero rebelóse contra mí la casa de Israel en el desierto; no anduvieron en mis preceptos y rechazaron mis derechos, que son la vida para quien los cumple, y profanaron mis sábados. Entonces dije que volcaría sobre ellos mi furor y, en mi ira, los exterminaría en el desierto. 14 Pero retraje mi mano por el honor de mi nombre, para que no fuese profanado a los ojos de las gentes a cuya vista les había sacado. 15 Alcé mi mano en el desierto, jurándoles no llevarlos a la tierra que les había dado, que mana leche y miel, la más hermosa entre todas las tierras, 16 porque habían despreciado mis derechos, y no habían seguido mis decretos, y habían profanado mis sábados, yéndose su corazón tras los ídolos. 17 Con todo, mis ojos los miraron piadosamente para no destruirlos, y no los exterminé en el desierto. 18 Pero dije en el desierto a sus hijos: No sigáis las costumbres de vuestros padres, no sigáis sus caminos ni os contaminéis con sus ídolos; 19 yo soy Yahvé, vuestro Dios; andad en mis ordenaciones, guardad mis derechos y ponedlos por obra, 20 santificad mis sábados y sean señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Yahvé, vuestro Dios. 2l Pero los hijos se rebelaron contra mí, no anduvieron en mis ordenaciones ni guardaron mis derechos, poniéndolos por obra, los que son la vida para el que los cumple; profanaron mis sábados, y dije entonces que derramaría sobre ellos mi ira para satisfacer en ellos mi enojo en el desierto. 22 Mas retraje mi mano por el honor de mi nombre, para que no se infamase a los ojos de las gentes a cuya vista los saqué. 23 También alcé mi mano en el desierto, jurándoles que los esparciría entre las gentes y los aventaría por las tierras, 24 porque no pusieron por obra mis derechos y desecharon mis ordenaciones, y profanaron mis sábados, y se les fueron los ojos tras los ídolos de sus padres. 25 Por eso les di yo también a ellos ordenaciones no buenas y decretos que no son de vida, 26 y los contaminé en sus ofrendas cuando pasaban a sus hijos por el fuego, a todo primogénito, para desolarlos y hacerles saber que yo soy Yahvé.

De nuevo se contrapone la situación psicológica en Yahvé, que por un lado quiere castigarlos derramando su ira implacablemente, y de otro le impide la gloria y el honor del nombre suyo, que exigía proteger a su pueblo, que había sacado milagrosamente de Egipto13. Israel siguió, por sus rebeliones contra su Dios 14, mereciendo mayores castigos, pero se salvó porque había sido providencialmente elegido. En el v.15 se alude al juramento de Yahvé de no permitir a ninguno de la generación salida de Egipto entrar en la tierra prometida 15 por sus prevaricaciones en el desierto 16. La idolatría era la constante tentación de los israelitas a través de su historia antes del exilio. Era el gran pecado que debían expiar en la cautividad. Ezequiel hace resaltar la responsabilidad de los antepasados israelitas para justificar ante los exilados el castigo inminente. Ya en tiempos antiguos, para castigar su infidelidad, Yahvé les dio ordenaciones no buenas y decretos que no son de vida (v.25). Por lo que dice a continuación, se trata de permisión de leyes y costumbres que encadenaron tristemente la vida cívica de Israel; en el v.26 se alude a las abominaciones de los cultos cananeos, que pasaban sus hijos por el fuego, dedicados a Moloc 17. Puesto que no habían querido seguir las leyes de Yahvé, que daban la vida y traían la bendición, Dios los entregó a sus instintos y depravaciones para que reconociesen lo que habían ganado apartándose de Yahvé. Las frases son radicales al modo semítico. De nuevo tenemos que decir que el autor no distingue entre voluntad permisiva y voluntad positiva. Los autores sagrados prescinden muchas veces en sus descripciones de las causas segundas, y atribuyen a Dios lo que en realidad fue obra de los hombres. Así, aquí debemos entender las frases di yo también ordenaciones no buenas. y los contaminé en sus ofrendas. (v.25-26) en sentido permisivo: esas abominaciones contra la naturaleza, como la de pasar a sus hijos por el fuego, fueron permitidas por Dios en castigo de su obstinación y rebeldía. De ese modo terminaría por reconocer a Yahvé como Dios: para hacerles saber que yo soy Yahvé (v.26) 18. En la Ley mosaica, y en general en la Biblia, siempre se condenan estas prácticas de sacrificios humanos 19.
Anuncio de castigo por las idolatrías de Israel (27-38)
27 Por tanto, hijo de hombre, habla a la casa de Israel y diles: Así habla el Señor, Yahvé: Hasta esta injuria me hicieron vuestros padres, entre las infidelidades que cometieron contra mí. 28 Yo los conduje a la tierra que, alzando mi mano, había jurado darles, y ellos, mirando a todo alto collado y a todo árbol frondoso, sacrificaron allí sus víctimas y presentaron sus irritantes ofrendas, y pusieron suaves aromas, y derramaron sus libaciones. 29 Yo les dije: ¿Qué es ese alto, el "Bamah, adonde vosotros vais? Y "Bamah" se llama hasta hoy. 30Di, pues, a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: ¡Qué! Os contamináis vosotros a la manera de vuestros padres, fornicáis con sus ídolos, 31 y, ofreciendo vuestras ofrendas y pasando a vuestros hijos por el fuego, os contamináis con vuestros ídolos hasta el día de hoy, y ¿me voy a dejar consultar por vosotros, casa de Israel? Por mi vida, dice Yahvé, que no me dejaré consultar por vosotros. 32 Y no será lo que vosotros pensáis, porque vosotros os decís: Seremos como las gentes, como las naciones de la tierra, sirviendo al leño y a la piedra. 33 ¡Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que con puño fuerte, con brazo tendido y en efusión de ira he de reinar sobre vosotros! 34 Os he de sacar de en medio de las gentes y os recogeré de en medio de las tierras a que con puño fuerte, con brazo tendido y en efusión de ira os desparramé, 35 y os llevaré al desierto de los pueblos, y allí, cara a cara, litigaré con vosotros; 36 como litigué con vuestros padres en el desierto de la tierra de Egipto, así litigaré con vosotros, dice el Señor, Yahvé. 37 Y os haré pasar bajo el cayado y os conduciré con los ligamentos de la alianza 38. Separaré de vosotros a los rebeldes, a los que se apartaron de mí, y los sacaré de la tierra en que moran, y no entrarán en la tierra de Israel, y sabréis que yo soy Yahvé.

Después de haber hablado de las prácticas idolátricas de los israelitas en el desierto, ahora habla de sus cultos paganos y abominables en tierra de Canaán. Los profetas consideraban la vida sencilla del pueblo escogido bajo la protección especial de Yahvé como la etapa ideal desde el punto de vista religioso, pues la instalación en Canaán de los israelitas trajo consigo la decadencia moral y religiosa de los mismos21. Los cultos de los cananeos, sensuales, atraían al pueblo hebreo, sensual y materialista por temperamento. Una práctica cultual corriente entre los cananeos era reunirse en los altos collados, o bamot, y bajo los árboles frondosos (v.28), símbolo de la feracidad y de la vegetación 22. Sabemos que algunos reyes israelitas, como Acaz y Manases, hicieron quemar a sus hijos 23. Quizá en tiempo de Ezequiel se habían dado algunos casos de éstos.
Los exilados, despechados porque ven que Yahvé los ha abandonado, dicen claramente que quieren verse libres de los lazos de la religión yahvista y entregarse a los cultos paganos con toda libertad: seremos como las gentes, sirviendo al leño y a la piedra (v.32); alusión a las estelas de piedra y a los troncos de árbol, dedicados a Baal y Astarté, que constituían lo característico de los santuarios cananeos 24. Pero Yahvé va a mostrar su omnipotencia con ellos, y no los dejará caer en masa en la idolatría. Aunque quieran, no podrán desprenderse totalmente de los lazos de la religión yahvista, porque Yahvé va a intervenir con su poder para reinar sobre ellos: Por mi ν ida que con puρo fuerte, con brazo tendido y en efusión de ira he de reinar sobre vosotros! (ν.3β). En Jer 2:27 se dice que los que llaman al leρo mi padre, y dicen a la piedra: tú me diste la vida, cuando llegue la prueba se volverán a Yahvé, diciendo: ¡Álzate y sálvanos! Yahvé, pues, creará una situación trágica pára los exilados, de forma que se vean obligados a volverse a su Dios, quien, por otra parte, desplegará su omnipotencia para atraerlos, del mismo modo que mostró su poder al dispersarlos 25.
El profeta describe la futura repatriación como una reproducción del antiguo éxodo. Como entonces Yahvé había reunido a su pueblo en el desierto del Sinaí para sincerarse con él y darle la alianza, también ahora los reunirá en el desierto de los pueblos (v.35), el desierto siró-arábigo, encrucijada de muchos pueblos (Babilonia, Siria, Palestina, Arabia y Asia Menor). Allí les pedirá cuenta cara a cara para medir sus responsabilidades (v.35). Como en el desierto de Egipto (Sinaí) castigó a la generación culpable, negándola la posibilidad de entrar en la tierra prometida, así ahora Yahvé va a someter a una selección a los exilados: litigaré con vosotros (ν.36). Los israelitas indignos serαn privados de la vuelta a la patria. Será un litigio de discriminación, pues Yahvé hará como el pastor que cuenta escrupulosamente sus ovejas haciéndolas pasar bajo su cayado (v.37), diciendo cuáles deben entrar en la patria y cuáles no. Y a los escogidos los conducirá con los ligamentos de la alianza. El nuevo Israel estará fundado en una renovación de la antigua alianza. Los apóstatas serán castigados por Yahvé, siendo sacados de su morada actual en el exilio, pero sin permitirles entrar en la tierra de promisión.
Por el decreto de Ciro del 538 a.C. les estaba permitido a todos los judíos retornar a su patria, pero los que se habían creado una fortuna no quisieron aventurarse al retorno. Las descripciones proféticas del futuro no deben tomarse al pie de la letra, pues suelen estar idealizadas en función de una doctrina. De hecho sabemos que retornó a Palestina un núcleo fervoroso, que constituyó la base de la restauración nacional predicha por los profetas como preludio de la gran restauración mesiánica.
Anuncio de restauración (39-44)
39 Y vosotros, los de la casa de Israel — así dice el Señor, Yahvé — , andad cada uno tras sus ídolos y servidles. Pero, ¡ah! ya me daréis oídos luego, y dejaréis de profanar mi santo nombre con vuestras ofrendas y vuestros ídolos. 40 Pues en mi santo monte, en el alto monte de Israel, dice el Señor, Yahvé, allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella en la tierra, y allí me complaceré en ellos y demandaré vuestras ofrendas y las primicias de vuestros dones con todo lo que me consagréis. 41 Me agradaré de vosotros como de un suave aroma cuando os saque de en medio de las gentes y os reúna de las tierras a que fuisteis dispersados, y me santificaré en vosotros a los ojos de las gentes 42 y sabréis que yo soy Yahvé cuando os conduzca a la tierra de Israel, a la tierra que, alzando la mano, juré dar a vuestros padres. 43 Allí os vendrán a la memoria vuestras obras y todos los pecados con que os contaminasteis, y sentiréis vergüenza de vosotros mismos por las maldades que cometisteis. 44 Entonces sabréis que yo soy Yahvé, cuando haga con vosotros conforme al honor de mi nombre, no según vuestros malos caminos ni según vuestras perversas obras, casa de Israel, dice el Señor, Yahvé.

El profeta pone en boca de Yahvé una concesión irónica: andad cada uno tras sus ídolos y servidles. (v.39); en su locura deben saturarse de sus extravíos, pero se cansarán al fin viendo su vanidad, y terminarán por dar oídos a Yahvé, el único que puede salvarlos. Los israelitas, reconociendo sus aberraciones, dejarán de profanar el nombre de Dios, mezclándolo en los ritos y ofrendas a los ídolos. Los israelitas habían creado un culto sincretista a base de ritos yahvistas e idolátricos. Todo esto era una profanación a los ojos de Dios, que debía cesar en la época mesiánica, en que Jerusalén volverá a ser el santo monte (v.40), donde se concentrará toda la casa de Israel, y allí serán agradables sus ofrendas y primicias (v.40). Todo allí será santo, y Yahvé sentirá un especial placer al ver reunido a su pueblo: y me santificaré en vosotros a los ojos de las gentes (v.41); es decir, el milagroso retorno obrado por Dios será causa de que sea santificado o estimado especialmente ante las gentes. Todos reconocerán la gran obra de Yahvé, y así será honrado por todos los pueblos, ya que obró según el honor de su nombre (v.44). Por sus pecados y transgresiones no hubieran merecido que Yahvé se acordara de ellos, pero había empeñado su palabra de salvarlos, y la cumplió, como otra vez lo hizo al sacar a los israelitas de Egipto.

1 Cf. Ez8,i; 14:1. — 2 Cf. Ez 8:1. — 3 Cf. Ez c.i5 y 16. — 4 Cf. Ez 11:14-21; 6:8; I7.22SS. — 5 La misma expresión, con idéntico sentido, en Gen 14:22; Dt 32:405; Sal 106:26. — 6 Cf. Ex 3:8; 13:5; 33:3; Lev 20,24; Núm 13:27; Dt 6:3; Jer 11:5. Aparece una frase parecida en los textos de Ras Samra. Cf. R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra (Ugarit) et l'Ancien Testament (París 1937) 795. — 7 Cf. Jer 19; Dan 8:9; 11:16.41. — 8 Cf. Ex 32:1s. — 9 Cf. Ez 36:19-20. — 10 Cf. Ez 18:4;.Dt 4:40; 5:16. — 11 Cf. Ex 31:13; Is 56:2-4. Véase sobre el sábado F. X. Kortleiner, Commentattones Biblicae IV (1930), Babyíoniorum auctoritas. 595.98; id., Cananaeorum auctoritas. VI (1932) 30. — 12 Cf. Lev 19,3.30; 20:8; 21:8; Ex 31:13. Véase DB, Suppl. 2 (1934) 343S. Como verá el lector, Ezequiel da suma importancia a la institución sabática, como símbolo de las relaciones de Israel con su Dios. En cambio, no alude para nada al rito de la circuncisión, que era el signo externo de vinculación al pueblo de Dios. La explicación habrá que buscarla en que el profeta, como perteneciente a la clase sacerdotal, urge de modo especial lo estrictamente cultual, como la observancia del sábado. — 13 Cf. Ex 32:12; Núm 14:1 is; Dt 9:27. — 14 Cf. Ex 32:1-6; Núm 14:1-4; Ex 16:27. — 15 Cf. Núm 14:20. — 16 Cf. Ex 32:4; Lev 17:7; Núm 14:22-23; Dt 1:35; Sal 95:11. — 17 Cf. 2 Sam 16:3; 2 Crón 28:2; 2 Sam 17:16; 2 Crón 33:6; Jer 7:31; 32:35; Ez 16:205; 23:37s; Sal io6:37s. Véase Dict. Bib. Suppl. I (1926) 23-27; A. Lemonnyer, Le cuite des dieux étrangers en Israel Moloch: "Rev. des Scien. Phil. et Théol.," 7 (1913) 45os; A. Βεα, Kinderop-fer für Moloch oder für Jahwe?: Bi 18 (1937) 95-107. — 18 Tomás dice que a estas "ordenaciones no buenas" son las leyes rituales, lat cuales se dicen no buenas en cuanto no conferían la gracia (ST I-II 98:1 ad 1). Pero esta interpretación no puede avalarse en el contexto, pues se habla en él de la importancia de la observancia del sábado para dar la vida. — 19 Ex 13:2; 22:28; Lev 18:21; 20,2; Dt 12:31; Jer 7:31; 19:5; Ez 16:20. — 20 El texto griego traduce <y los contaré exactamente," lo que hace muy buen sentido con la idea del v.38. — 21 Cf. Os 9:10; 10:1; 11:1s; 13:55; Jer 2:1s. — 22 Cf. Ez 6:13; Dt 32:19; 2 Sam 23:8. Ezequiel aquí, en el v.29, parece que juega irónicamente con la palabra bamah (lugar alto), descomponiéndola en mah (¿qué es?), ba', entrar. Un bamah es a "donde vais o entráis," aludiendo quizá a las prácticas licenciosas. — 23 Cf. 2 Re 16:3; 21:6. — 24 Cf. Kortleitner, Cümmentaíiones biblicae I (1927) 21, De religione populan. — 25 Cf. Ez 11:17; 28:25; 34.13; 36:24.
suivant