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21. La Espada Vengadora De Yahvé.
Este capítulo ha sido denominado el "canto de la espada." En los v.1-4, el profeta anuncia un fuego devorador que consumirá a Judá y a Jerusalén l. A continuación presenta a Nabucodonosor con la espada en la mano, blandiéndola, contra el norte primero, contra la coalición siro-efraimita, y después, contra Jerusalén, abatiéndose, finalmente, sobre Amón.
El fuego devorador sobre Judá (1-5)
145 Y fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 246 Hijo de hombre, vuélvete de cara hacia el sur y derrama la palabra sobre el mediodía. Profetiza contra el bosque del campo del Negueb, 347 y di al bosque del Negueb: Oye la palabra de Yahvé: Así dice el Señor, Yahvé: Voy a encender en ti un fuego que devorará todos los árboles, los verdes y los secos. No se apagarán las abrasadoras llamas hasta no quemar todo rastro del mediodía al septentrión, 448 y verá toda carne que yo soy Yahvé, quien lo encendió. No se apagará. 549 Dije yo: ¡Oh Señor, Yahvé! Mira que éstos me dicen: ¿No es éste un trovador de parábolas?

El profeta recibe la orden de volverse hacia el sur (v.2), es decir, hacia Palestina, en el supuesto de que el vaticinador esté en Babilonia, y para ir a Palestina tiene que bordear el norte siró-fenicio por la ruta caravanera tradicional. Aquí Ezequiel debe, en dirección de Palestina, lanzar su palabra hacia el mediodía 2. El bosque del campo del Negueb indica la región esteparia del sur palestinense. La palabra bosque aquí está insertada literariamente para jugar mejor con la idea de gran incendio que asolará la región. La comparación de la destrucción de una nación a una selva devorada por las llamas no es rara en la Biblia 3. El profeta destaca aquí que es el mismo Yahvé quien envía el fuego devastador. La desolación será total, la verá toda carne. Ese fuego encendido por Yahvé no se apagara. La frase tiene un valor absoluto que no ha de tomarse a la letra. Aquí lo que se quiere destacar son las grandes proporciones del incendio, en este caso la ruina del reino de Judá. De hecho, Jerusalén fue pasto de las llamas en su totalidad, y podemos suponer que las llamas del terrible incendio provocado por los soldados de Nabucodonosor duraron días y aun semanas ante los ojos curiosos y atónitos de los pueblos vecinos de Judá, testigos de la intervención justiciera de Yahvé, Dios de Israel. Los oyentes de Ezequiel, al oír sus predicciones, se preguntan irónicamente: ¿No es éste un trovador de parábolas? (ν.5). No pueden creer que Dios permita la destrucción de la Ciudad Santa, y creen que el profeta habla en enigmas, o parábolas, de cosas que no están a su alcance. La frase del auditorio es despectiva y sarcástica; para ellos, Ezequiel no está en sus cabales.
La espada vengadora de Yahvé (6-12)
6 Y me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 7 Hijo de hombre, vuélvete de cara a Jerusalén y derrama tu palabra sobre sus santuarios. Profetiza contra la tierra de Israel 8 y di a la tierra de Israel: Así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti; voy a desenvainar mi espada y a exterminar en ti al justo y al impío, 9 pues para eso saldrá mi espada de la vaina contra toda carne, desde el mediodía hasta el septentrión, 10 y sabrá toda carne que yo soy Yahvé, que he desenvainado mi espada y no volverá a la vaina, 11y tú, hijo de hombre, gime con quebranto de ríñones y amargura, gime a la vista suya. 12Y cuando te digan: ¿Por qué gimes? diles: Por una noticia que, cuando llegue, se derretirá todo corazón, desmayarán todas las manos, todas las almas se consternarán y todas las rodillas se disolverán como agua. Ya viene, ya se cumple, dice el Señor, Yahvé.

Puesto que los interlocutores de Ezequiel se hacían sordos y no querían entender la parábola del incendio del bosque, ahora el profeta va a hablar más claro. En nombre de Dios se pone cara a Jerusalén para profetizar sobre sus santuarios. El bosque de que hablaba antes es Jerusalén, y el incendio es la espada que siembra la muerte por doquier. La devastación será general y en ella perecerán el justo y el injusto (v.8). En 9,8, el profeta se escandalizaba de que Yahvé exterminara a todo Israel, sin distinción de buenos o malos. Aquí, para destacar el carácter general de la destrucción, dice que afectará a todos. En efecto, la catástrofe nacional del 586 cayó indistintamente sobre justos y pecadores. Para que hubiera una justa discriminación hubiera sido necesaria una intervención milagrosa de Dios. Los profetas pre-exílicos hablaban de un resto que se salvaría en las catástrofes para constituir el núcleo de resurrección nacional. De hecho sabemos que el fuego sagrado del yahvismo no se apagó, y se salvó precisamente en ese reducido número de justos que en todos los momentos críticos de la nación fueron reservados por Yahvé. En este caso, el profeta quiere fijarse sólo en las proporciones de la devastación.
El canto de la espada (13-22)
13 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 14 Hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé: Di: ¡La espada! ¡La espada! Está afilada y bruñida. 15 Afilada para degollar, bruñida para fulgurar como el rayo. 16 La he hecho bruñir para blandiría, hícela afilar y bruñir para ponerla en manos de un degollador. 17 Grita y gime, hijo de hombre, porque viene sobre mi pueblo, sobre todos los príncipes de Israel. Caen a la espada juntamente con mi pueblo. ¡Hiere, pues, tus muslos! 18 Porque es una prueba, y ¿qué si el cetro menospreciador no existe? oráculo del Señor, Yahvé 4. 19 Tú, pues, hijo de hombre, profetiza batiendo una palma contra otra. Se duplicará la espada, se triplicará; es la espada de la matanza, la espada de la gran matanza que los amenaza. 20 Para que se encojan los corazones i y se multiplique el estrago, sobre todas sus puertas he puesto el espanto de la espada. ¡Ah! ¡Bruñida para fulgurar, afilada para degollar! 21Taja a derecha, raja a izquierda, adondequiera que te vuelvas. 22Y también batiré yo palmas, y desfogaré mi ira. Yo, Yahvé, he hablado.

En este bellísimo poema, entrecortado de emoción, el profeta describe dramáticamente la intervención sangrienta de Nabucodonosor, el degollador escogido por Yahvé para castigar a su pueblo. Es el anuncio de la campaña de cerco sobre Jerusalén, iniciada en 588 a.C. Ezequiel canta la intervención de la espada vengadora de Yahvé en manos del instrumento de su justicia, el rey de Babilonia; y en este sentido apostrofa al final a la espada para que cumpla fielmente su cometido, ya que es obra de Yahvé (v.22).
El estilo es nervioso y entrecortado, como si el profeta asistiese al desarrollo del terrible drama doloroso de su pueblo en su momento decisivo. El degollador (Nabucodonosor) blande la espada, haciéndola fulgurar como el rayo sobre el pueblo de Judá y sobre los príncipes de Israel (ν.17).
El espectáculo de horror es tal, que se invita al profeta a dar signos de duelo y desesperación: hiere tus muslos (v.17) 5. Es la gran tragedia psicológica de los profetas: de un lado deben alegrarse del cumplimiento de la voluntad divina castigando a su pueblo, y de otro deben participar del dolor de sus compatriotas. Todo lo que constituía las fuerzas vivas de la nación es presa de la espada. Sin embargo, el profeta debe seguir profetizando la ruina batiendo una palma contra otra (v.19), e.d., mostrando su alegría por el cumplimiento de la voluntad de Dios. La exterminación es total: se duplicará la espada, se triplicara (v.19); y el mismo profeta anima al degollador: ¡Raja a derecha, raja a izquierda! (v.21); es la obra exterminadora de Yahvé, que personalmente aplaude: también yo batiré palmas. (v.22). En toda esta fraseología debemos ver siempre el genio oriental, propenso a la exageración y a la frase radical para recalcar la idea fundamental de la justicia vengadora de Dios, purificando a su pueblo por la guerra para después hacerle sentir la nostalgia de los días de amistad con El.
Nabucodonosor se dirige contra Jerusalén (23-32)
23 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 24 Tú, hijo de hombre, traza dos caminos para la espada del rey de Babilonia, que salgan ambos de la misma tierra, y pon una señal al comienzo de cada camino que indique la ciudad adonde va. 25 Traza un camino por donde vaya la espada a Rabat de los hijos de Amón, y otro por donde vaya a Judá, a la ciudad fuerte de Jerusalén. 26 Porque el rey de Babilonia se ha parado en el cruce de donde parten los dos caminos para consultar, augurando por el lanzamiento de las flechas, por la pregunta a los "terafim," por el examen de las entrañas. 27 El augurio ha señalado la derecha, Jerusalén, para dar la orden de ataque, lanzar los gritos de guerra, alzar arietes contra sus puertas, levantar terraplén y hacer vallado. 28 Para ellos, éstos son presagios vanos, pues ha habido juramentos solemnes; pero él se acuerda de su iniquidad, y serán cogidos en el lazo. 29 Por tanto, así dice el Señor, Yahvé: Por haber traído a la memoria vuestra iniquidad, poniendo al descubierto vuestras traiciones y vuestros pecados en todas vuestras acciones, puesto que os jactáis, seréis entregados a su mano. 30 Y tú, infame, impío, príncipe de Israel, llegó tu día, el término del tiempo de la iniquidad. 31 Así dice Yahvé: ¡Fuera tiara! ¡Fuera corona! Eso no será más. Será ensalzado lo humilde y humillado lo alto. 32 ¡Ruina, ruina! ¡A ruina las reduciré! y no serán más mientras no venga aquel a quien de derecho pertenecen, y a él se las daré.

Por medio de una acción simbólica, Ezequiel presenta ya en marcha al rey de Babilonia, deteniéndose en una encrucijada de caminos, pues duda sí ir primero a Jerusalén o a Rabat-Amón, en TransJordania. La suerte decide su marcha hacia la capital de Judá. Nabucodonosor tenía su cuartel general en Ribla (Alta Siria). Así, pues, cuando se encamina hacia Palestina, viene del norte. Ezequiel, para dramatizar la situación, recibe la orden divina de trazar dos caminos para la espada del rey de Babilonia (v.23). Quizá para ello se sirvió de una tableta de arcilla, como cuando diseñó el plano de Jerusalén a la vista de los exilados6. Debe señalar la dirección de las dos vías, una a Jerusalén y otra a Rabat-Amón, la actual Aman, en TransJordania. Nabucodonosor queda perplejo sobre el camino a seguir, y lo decide por flechas (v.26); es la rabdomancia, o adivinación por las flechas de un carcaj, sacadas al azar, práctica muy usual en las tribus arábigas. Pregunta también a los terafim, o dioses familiares penates7, y, por fin, acude al tercer medio de adivinación, el examen de las entrañas, muy practicado en Babilonia. El profeta enumera los tres sistemas de consultación usuales entre los paganos. El resultado de la consulta es que debe dirigirse a Jerusalén (v.27).
Sin embargo, los judíos no creen en la inminencia de la destrucción de la ciudad, a pesar de que se alzan en torno suyo los terraplenes y arietes del cerco (v.28). Creen más bien en los juramentos solemnes de Yahvé relativos a la protección de su pueblo. Pero Yahvé había condicionado su protección, y se acuerda de su iniquidad (v.28), y, en consecuencia, va a obrar con mano airada, como merecen, de forma que serán cogidos en el lazo que les ha tendido y entregados al invasor (v.29).
El profeta se encara airadamente con el principal culpable de la catástrofe, el rey Sedecías: y tú, infame, impío, príncipe de Israel, llegó tu día. (v.30). Se ha deshonrado al romper la fidelidad jurada al rey de Babilonia. Debe, pues, deponer la diadema real: ¡Fuera tiara! ¡Fuera corona! (ν.31). Es hora de que se pongan las cosas en su punto y que Sedecνas, enorgullecido, ceda el paso al humillado rey Jeconías, entonces en el exilio babilónico: Será ensalzado lo humilde y humillado lo alto (ν.31). Es el tiempo de la ruina, y no volverα a levantarse más Judá hasta que no venga aquel a quien de derecho pertenece, y a él se las daré (v.32), probable alusión a un deseo de reentronización de Jeconías, prisionero en el exilio 8. La misteriosa frase ha sido relacionada con la otra, no menos enigmática, de Gen 49:10, donde se dice que no desaparecerá el cetro de Judá hasta que "venga aquel a quien le pertenece," el Mesías9. Quizá en las palabras de Ezequiel haya también una sobrecarga mesiánica, viendo en el trasfondo, sobre la suerte del desgraciado rey Jeconías, la figura radiante del Mesías, restaurador de la dinastía davídica, a quien en justicia pertenece realmente la diadema real. De todos modos, la frase resulta un poco aislada y no debe desconectarse del contexto general.
Profecía de destracción contra Amón (33-37)
33 Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así habla el Señor, Yahvé, de los hijos de Arnón y de su oprobio. Di, pues: ¡La espada! Desenvainada está la espada para degollar, bruñida para consumir, para fulgurar, 34 para hacerla caer sobre el cuello de los más inmundos de los impíos, mientras te profetizan vanidad y te adivinan mentiras. Llegó su día en el tiempo de la consumación de la iniquidad. 35 ¿La volveré a la vaina? Yo te juzgaré en la tierra donde te criaste, en la tierra donde has vivido. 36 Derramaré sobre ti mi furor, soplaré contra ti el fuego de mi ira, y te entregaré en manos de hombres despiadados, artífices de la destrucción. 37 Serás pasto del fuego, se empapará la tierra de tu sangre y se perderá tu memoria, porque yo, Yahvé, lo digo.

Los amonitas sentirán también el peso de la espada de Nabuco-donosor. La perícopa relativa a la suerte de Amón es considerada, desde el punto de vista literario, como un mosaico de frases usadas en secciones anteriores 10. Los habitantes de Amón, vecinos del reino de Judá, sentían una maligna satisfacción al ver a éste destruido definitivamente. El profeta alude a esta burla escarnecedora u oprobio (v.33) lanzado contra Judá por los vecinos paganos de Amón. Dios castigará esta actitud malévola, sometiéndolos también a la terrible prueba de la espada. Lejos de sacar beneficio de la ruina de Judá, sentirán en su suelo las huellas de la destrucción, particularmente sufrirán los falsos profetas (los más inmundos de los impíos, v.34), que adivinan mentiras, e.d., engañan al pueblo anunciando perspectivas de victoria sobre Judá, ahora arruinada. Los amonitas serán atacados por Nabucodonosor en su misma tierra (v.35). Su destrucción será total. Flavio Josefo nos dice que esto tuvo lugar cinco años después de la ruina de Jerusalén (587) 11.

1 En la traducción griega de los LXX y en la Vulgata latina, los cinco primeros versículos de este capítulo están incrustados en el capítulo anterior, con la numeración de v.45 al 49, que conservamos a continuación con su correspondiente (v.i al 5) del capítulo 21 del hebreo. — 2 La palabra heb. Darom (los LXX leen Dagón).designa en la Biblia la parte meridional d(g Palestina: Dt 33:23; Job 37:17; Eclo 1:6; 11:3; y aparece trece veces en Ezequiel. — 3 Cf. Is 9:17; 10:17; Jer 21:14; Sal 83:15. — 4 Este verso es ininteligible en el contexto, y parece que en el TM tiene alguna relación de sentido con el v.15. La traducción de los LXX es totalmente diversa: "¿por qué ha estado justificado, y qué si la tribu es rechazada? No será, dice el Señor, Yahvé." — 5 Sobre este gesto de dolor cf. Jer 31:19. En asirlo existe la misma frase: majasu suma, con el mismo sentido traslaticio. — 6 Cf. Ez 4:1s. — 7 Cf. Gen 31:19; Os 3:4; Zac 10,2. — 8 Sobre la existencia de partidarios del destronado Jeconías, véase Jer 28:3-4. — 9 Sobre la profecía de Jacob cf. ceuppens, De prophetiis messianicis in A.T. (Roma 1935) 61-84, especialmente p.?2. Véase también L. Dennefeld, Le Messianisme: DTC 10 (1929) i 416. — 10 Cf. v.33: v.14s; v.34: v.30; v.3Ó: v.3s. — 11 fl. Jos., Ant. Jud. X 9,7.
22. Los pecados de Jerusalén.
El profeta quiere demostrar con hechos concretos que Jerusalén merece el más severo castigo divino, ya que se está ultrajando a la justicia divina con toda clase de abominaciones y crímenes. La situación no puede sostenerse más, y el castigo no puede tardar en venir. Es una exigencia de la misma justicia divina. La enumeración de los pecados es escalofriante, y hemos de notar que, a diferencia de los capítulos 16, 20 y 23, en los que se insistía en los pecados pasados de Israel, aquí se insiste en los presentes de su generación. Suele dividirse el capítulo en tres partes: a) pecados de Jerusalén (v.-16); b) castigo de los mismos (v. 17-22); c) pecados de las clases dirigentes (v.23-31). Los autores suelen destacar la labor redaccional del editor posterior a Ezequiel en este fragmento.
Los pecados de Jerusalén (1-12)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Y tú, hijo de hombre, ¿no juzgarás a la ciudad sanguinaria, echándola en cara todas sus abominaciones? 3 Di, pues: Así habla el Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad derramadora de sangre en medio de sí! Para que llegue su hora y para su ruina se ha hecho ídolos, contaminándose. 4 Por haberte hecho culpable de la sangre que has derramado y haberte contaminado con los ídolos que hiciste, has apresurado tu día, has llegado al término de tus años. Por eso te haré yo oprobio de las gentes, ludibrio de la tierra toda. 5 Cercanos y lejanos se burlarán de ti, famosa por tus abominaciones, grande por la corrupción. 6 He aquí que los príncipes de Israel, cada uno en la medida de su poder, se ocupan en derramar sangre. 7 En ti desprecian al padre y oprimen al huérfano y a la viuda. 8 Menosprecias mis santuarios y profanas mis sábados. 9 Hay en ti calumniadores para derramar sangre, quienes comen por los montes, quienes en medio de ti hacen torpezas. 10 En ti se descubre la desnudez del padre y se hace violencia a la mujer durante el menstruo. 11 Todos adulteran con la mujer de su prójimo, contaminan incestuosamente a la nuera y fuerzan a la hermana, a la hija de su padre. 12 Hay en ti quien recibe dones para derramar sangre; exiges usura e intereses, despojas con violencia al prójimo, y a mí me olvidas, dice el Señor, Yahvé.

El profeta enumera fríamente las aberraciones de Jerusalén, a la que se da el epíteto de ciudad sanguinaria (v.2) por los muchos crímenes de sangre que se cometían durante aquellos momentos de pasiones políticas entre las facciones egiptófila y babilonófila. En 11:6 se dice con toda crudeza: "habéis multiplicado los muertos en esta ciudad, habéis llenado sus calles de cadáveres." Es el mejor comentario, pues, al título de sanguinaria que aquí se le da. La maldad se ha colmado, y por eso ha llegado la hora de su castigo (v.3). Juntamente con estos crímenes de sangre está el tradicional de idolatría, pues Jerusalén se ha contaminado con los ídolos (v.4) 1. No faltan tampoco las injusticias sociales de desprecio al huérfano y a la viuda (ν.7), tantas veces denunciados por los profetas anteriores al exilio 2. Al lado de estas aberraciones contra el amor al prójimo están los desprecios contra los santuarios y sábados de Yahvé 3. Los mismos padres son objeto de desprecio, en contra de los sentimientos naturales de respeto y filial amor 4.
La calumnia está a la orden del día5, incitando al asesinato. También los banquetes en los altos lugares (quienes comen por los montes, v.8), en cuanto asociados a actos de culto idolátrico, eran una abominación a los ojos de un fiel israelita. Y como conclusión o terminación de todas estas transgresiones están las desviaciones en las relaciones sexuales: incestos, adulterios, etc. 6 Junto a los excesos lujuriosos están los pecados de avaricia: soborno 7 y usura 8.
Castigo de Jerusalén por sus pecados (13-22)
13 He aquí que yo he batido mis palmas por tu avaricia y por la sangre que hay en medio de ti. 14 ¿Resistirá tu corazón, tendrán fuerzas tus manos en los días en que me ocuparé de ti? Yo, Yahvé, he hablado, y lo haré. 15 Yo te esparciré entre las gentes y te aventaré por las tierras, y haré desaparecer tu inmundicia de en medio de ti, 16 y serás a tus ojos ignominia entre las gentes, y sabrás que yo soy Yahvé. 17 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha tornado en escoria; todos son en el crisol cobre, estaño, hierro, plomo, plata, escorias. 19 Por tanto, así habla el Señor, Yahvé: Por cuanto vosotros os habéis vuelto escorias, yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien reúne en la hornaza plata, bronce, hierro, plomo y estaño, y sopla al fuego para fundirlos, así os reuniré yo en mi furor y en mi ira, y os echaré en la hornaza para fundiros. 21 Yo os reuniré y soplaré contra vosotros el fuego de mi furor, y seréis fundidos en medio de Jerusalén. 22 Como se funde la plata en el crisol, así seréis vosotros fundidos en medio de él, y sabréis que yo soy Yahvé, que derramo mi furor sobre vosotros.

Después de la descripción de los pecados de Judá, el profeta, como de costumbre, pasa al anuncio del castigo por ellos merecido. Los exilados se quejaban de que Yahvé había sido demasiado duro con ellos. Ezequiel ahora ha demostrado que todo ha sido merecido por las continuas prevaricaciones de la comunidad israelita, que abusó de la gracia divina, yéndose tras de las abominaciones de las gentes. Yahvé, ante tanta sangre derramada, tanta idolatría e injusticias sociales, hace un gesto de indignación y de desprecio: he batido mis palmas por tu avaricia (ν.13) 9. El castigo que se avecina es tan grave, que Jerusalén no podrá resistirlo (v.14). La forma interrogativa es irónica: ¿Serán tan fuertes para resistir su ira como para cometer los pecados? ¿Podrá resistir a la máxima prueba como nación, cual es la dispersión total?: Te esparciré entre las gentes. (v.15). Esta será la mejor manera de purificarla, de hacer desaparecer su inmundicia de ella. En efecto, sabemos que el pueblo israelita se curó totalmente en el exilio de su pecado tradicional, la idolatría. Después de la repatriación, la comunidad israelita vuelve a caer en pecados múltiples, pero no en la inmundicia de la idolatría. El exilio será la gran humillación del pueblo escogido: serás a tus ojos ignominia entre las gentes (v.16).
En los versículos que siguen, el profeta representa el juicio sobre Israel bajo la figura de un horno de fundición, en el que se mezclan sus metales para separarlos y probar su valor. Israel, por su corrupción, se ha convertido en escorias, que hay que fundir en el crisol10. Aquí el fuego del horno no es tanto para purificar cuanto para castigar derritiendo las escorias. Israel, por sus malas acciones, se ha convertido en una mezcla de metales, que sólo ha de destinarse al fuego. No hay metales íntegros y puros, sino restos, escorias de metal, útiles sólo para alimentar al fuego: así os reuniré yo en mi furor. para fundiros (v.20). Israel como pueblo será fundido y derretido, como se disuelve el metal en el crisol; no se dice que es para separar los metales, sino simplemente para fundirlos y hacerlos desaparecer de su estado actual; la idea principal en el fragmento es la del castigo como tal, enviado por Dios a los habitantes de Judá.
Los pecados de las clases directoras (23-31)
23 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 24 Hijo de hombre, diles: Eres una tierra no bañada desde lo alto, no rociada por la lluvia en el día de la cólera. 25 Dentro de ella se conjuran los príncipes; como ruge el león y despedaza la presa, así devoran ellos las almas, se apoderan de los tesoros y riquezas y multiplican en medio de ella las viudas. 26 Sus sacerdotes han violado mi Ley y han profanado mis cosas santas; no hacen diferencia entre lo santo y lo profano, ni enseñan a distinguir entre lo puro y lo inmundo; cierran los ojos a las violaciones de mis sábados, y yo soy profanado en medio de ellos; 27 sus príncipes son como lobos, que despedazan la presa, derramando sangre, destruyendo las almas, para dar pábulo a su avaricia. 28 Sus profetas revocan con barro, contemplando visiones vanas y prediciendo mentiras, y dicen: "Así habla el Señor, Yahvé," sin que Yahvé haya hablado. 29 Y el pueblo de la tierra oprime, roba, hace violencia al desvalido y al menesteroso, y al extranjero le veja contra derecho. 30 También de entre ellos busqué yo quien levantase muro y se pusiese en la brecha frente a mí en favor de la tierra, para que yo no la devastase, y no la hallé. 31 Por tanto, derramaré sobre ellos mi ira y los consumiré con el fuego de mi furor, y les echaré sobre la cabeza sus obras, dice el Señor, Yahvé.

El profeta vuelve a enumerar los pecados, pero ahora hace hincapié en las transgresiones de las clases dirigentes, los sacerdotes, los príncipes y los sacerdotes. Judá, por sus pecados, tiene el aspecto de una tierra no bañada desde lo alto (v.24), estéril por no haber recibido lluvia alguna del cielo. La frase día de la cólera alude al día del castigo de Yahvé. En ese día, la lluvia beneficiosa serán algunas personas benéficas que, como se dice en el ν.3ο, se pondrαn en la brecha para neutralizar el castigo divino con sus obras. El profeta juega con la imagen y lo significado por ella. Los príncipes, que por su posición debían promover el bien común y dirigir al pueblo por las sendas del bien, no se preocupan sino de devorar las almas (personas) y tesoros del prójimo; y no se paran ni ante la muerte de éstos, multiplicando en medio de ella las viudas (v.25). La frase es de gran efecto, pues se destaca la malicia de los opresores al traficar con la suerte de personas que han de quedar en la mayor desolación. Los segundos grandes responsables del estado caótico actual son los sacerdotes, oficialmente encargados por Dios de promover las observancias de la Ley y de los preceptos cultuales n. Entre sus deberes estaba el instruir al pueblo sobre la distinción entre lo santo y lo profano., entre lo puro y lo inmundo (v.26) desde el punto de vista ritual12. Sobre todo no se preocupan de la observancia del sábado, que en la mentalidad de Ezequiel tiene una especialísima importancia para la formación religiosa del pueblo 13.
Por fin, el profeta, después de repetir que los príncipes o altos funcionarios son como lobos rapaces, que hacen presa en las almas o personas de los necesitados (v.27), fustiga a la tercera clase de dirigentes de Judá, los profetas. Estos habían sido escogidos por Yahvé para mantener el fuego religioso en toda su pureza, desarrollando el contenido espiritualista y ético de la Ley frente al formalismo ritualista de los sacerdotes. Pero al lado de los verdaderos profetas surgieron espíritus aprovechados, que utilizaron este nombre para medrar en sus intereses, anunciando cosas que halagaban las pasiones populares, en contra de los verdaderos intereses de Yahvé. Contra éstos tuvieron los verdaderos profetas que mantener gran lucha desde los tiempos de Elias. Según Ezequiel, los falsos profetas revocan con barro, contemplando visiones vanas. (v.28), es decir, aprueban la conducta del pueblo, dando por buenas acciones que debían recriminar, procurando sostener sus opiniones, como el albañil que embadurna con barro un muro que se resquebraja 14.
Mientras tanto, la corrupción social iba en aumento, y el pueblo de la tierra oprime, roba, hace violencia al desvalido. (v.29). La expresión pueblo de la tierra designa muchas veces en la Biblia al pueblo bajo, en contraposición a las clases socialmente elevadas; pero quizá aquí designe a los terratenientes, que abusaban de sus bienes en tiempos de extrema necesidad. La situación, pues, no puede ser más caótica, y la depravación es tan general, que Yahvé ha buscado al menos uno que pudiera hacer frente a la corriente general, para hacerse responsable ante Dios y trabajar por mejorar el estado social: busqué yo quien levantase un muro y se pusiese en la brecha frente a mí en favor de la tierra, para que yo no la devastase. (ν.30). Dios busca un justo en la ciudad que pueda contrarrestar con su conducta la depravación general y preservar a la ciudad del castigo. Pero la constatación es dolorosa: y no lo hallé. De nuevo nos encontramos aquí con las frases hiperbólicas, que no han de tomarse al pie de la letra. De hecho sabemos que en ese tiempo estaban Jeremías y Baruc luchando por los intereses de Dios y por levantar el muro del orden social, basado en el cumplimiento del deber 15. La frase exagerada de Ezequiel tiene por objeto destacar el grado de depravación a que había llegado la sociedad de Jerusalén: todos, en las altas capas sociales y en el pueblo sencillo, prevarican, olvidando los preceptos de Yahvé. Por tanto, está justificado el derramamiento de la ira de Yahvé sobre los responsables de esa situación general de pecado (ν.31).

1 Sobre los pecados de homicidio en Jerusalén cf. Ez 11:9; 16:38; y sobre la idolatría cf. Ez 5:6s; 6:3-7; 11:13; 7:9; 8:16; 20:305. — 2 Cf. Ex 22:21; Dt 24:17; Lev 19,335; Ez 7:10; 9:9; 16:38. — 3 Cf. Ez 20:12-13; 44:24. — 4 En contra del precepto del Decálogo: Ex 20:12; Dt 5:16. — 5 Cf. Jer 9,3. Prohibida en Ex 23:1; Lev 19:16. — 6 El incesto con la madrastra o las concubinas del padre está prohibido en Lev 18,7; 20:11; 2 Sam 16:22. El adulterio está prohibido en Lev 18:20. También estaba prohibido tener relaciones sexuales con la "mujer durante el menstruo" (cf. Lev 18:19; 20:18). — 7 Prohibido por la Ley: Ex 23:8; Dt 16:19; cf. Is 1:23; Miq 3:11. — 8 En contra de lo prescrito en Ex 22:24; Dt 25:363; Ez 7:125. — 9 La expresión batir palmas puede tener sentido de alegría o de indignación, según el contexto. Cf. Ez 6:11; 21:19.22. — 10 Cf. el mismo símil, aunque con diferente sentido, en Is 1:22.25; Jer 6:27-30; Mal 3:2-3. — 11 Cf. Os 4:6; Ag2,n. — 12 Cf. Lev ιο,ιο; ii,4? — 13 Cf. Ez 44:24. — 14 La frase aquí es paralela a la más explícita de Ez 13:10: "Por tanto, por haber engañado a mi pueblo, diciendo: "Paz," no habiendo paz, y porque, mientras mi pueblo alzaba una pared, ellos la jarreaban con barro." — 15 Cf. Ez 9:4; Jer 45. En Jer 5:1 se dice: "Recorred las calles de Jerusalén, ved e informaos, buscad por sus plazas, a ver si halláis un varón, uno solo, que obre según justicia, que guarde fidelidad, y le perdonaré." Esto recuerda el coloquio de Dios con Abraham en Gen 18:22.32, a propósito de la suerte de Sodoma; unos pocos justos serían suficientes para que perdonase a la ciudad.
23. Los pecados de Samaría y de Jerusalén.
Este capítulo es paralelo al c.16. Con toda crudeza se declaran los pecados de Israel y Judá a través de su historia. Samaría y Judá aparecen simbolizadas en dos doncellas que se han prostituido a los dioses de Asiría y de Egipto. Sus alianzas políticas no han sido sino ocasión para fomentar la idolatría. El profeta quiere mostrar ante los exilados el grado de culpabilidad de ambas hermanas, las cuales, por tanto, no pueden quedar sin el correspondiente castigo. Samaría desapareció como nación en el 721 bajo la invasión de Sargón II, y Judá desaparecerá aniquilada por las tropas de Nabucodonosor en 586. Judá es más culpable, porque debía haber cambiado de conducta ante la ruina de su hermana mayor.
El estilo del capítulo es vigoroso y por su crudeza choca con nuestra sensibilidad; pero las ideas son claras: Yahvé amó como esposas a las dos hermanas OhoJá y Oholiba, pero éstas adulteraron con los ídolos, y por ello serán duramente castigadas.
Introducción: las dos hermanas (1-4)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Había dos mujeres hijas de la misma madre. 3 Se prostituyeron en Egipto al tiempo de la mocedad; allí fueron estrujados sus pechos y manoseado su seno virginal. 4 Llamábanse Oholá, la mayor, su hermana Oholibá. Fueron mías y parieron hijos e hijas. Oholá es Samaría; Oholibá, Jerusalén.

El profeta empieza a describir la historia de Israel-Samaría y Judá-Jerusalén, considerando a ambos reinos de origen común: Había dos mujeres hijas de la misma madre (v.2). Tanto el reino de Israel como el de Judá, separados después de Salomón, tuvieron un común origen l, el patriarca Jacob. Desde su mocedad, o albores de su historia, se prostituyeron en Egipto (v.3). El hagiógrafo considera a ambos reinos ya formados y separados después de Salomón, cuando empezaron a tener vida propia.
Jeroboam, fundador del reino del norte, había ido a buscar refugio en Egipto, huyendo de Salomón 2. Roboam, rey de Judá, hijo de Salomón, prácticamente estaba sometido a Egipto en su política exterior 3. Los dos reinos hermanos, pues, tenían alianza con Egipto, y por eso se dice que desde su mocedad se prostituyeron a Egipto (v.2). Con las influencias políticas de la nación protectora venían las influencias idolátricas. Los profetas consideran las alianzas diplomáticas de su pueblo con naciones extrañas como "prostituciones," porque se buscaban apoyo fuera de Yahvé, que era el único que podía salvarlos. Israel y Judá, al entregarse políticamente a Egipto, fueron mancilladas y violadas por la voracidad insaciable del Estado protector. El amante fuerte abusó de ellas descaradamente, arruinándolas4. La mayor de las hermanas (reino de Israel) se llamaba Oholá. Es mayor porque este reino estaba constituido por diez tribus, mientras que Judá estaba sólo integrada fundamentalmente por dos tribus. Oholá significa "la que tiene su propia tienda"; y Oholibá quiere decir: "mi tienda en ella."5 Quizá Ezequiel aluda con estos nombres al grito de independencia dado por las tribus al separarse: "¡A tus tiendas, Israel!" 6 Las dos hermanas tenían su propia tienda, en cuanto que se constituyeron en reino aparte. Ambas hermanas pertenecían a Yahvé.
Infidelidades de Samaría (5-10)
5 Oholá me fue infiel y se enloqueció por sus amantes, sus vecinos los asirios. 6 Iban vestidos de púrpura, eran jefes y oficiales, todos jóvenes codiciables y que montaban caballos. 7 Se prostituyó a ellos, la flor de los hijos de Asiría, y se contaminó con todos los ídolos de aquellos de quienes se enamoró. 8 Tampoco dejó sus prostituciones con Egipto, porque eran los que se habían acostado con ella en su mocedad y habían manoseado sus senos virginales y derramado sobre ella sus impurezas. 9 Yo, por eso, la entregué en manos de sus amantes, en manos de los hijos de Asiría, de quienes estaba enamorada. 10 Ellos descubrieron sus vergüenzas, le arrebataron sus hijos y sus hijas, y a ella le hicieron perecer a la espada. Vino a ser famosa entre las mujeres por la justicia que en ella se hizo.

Samaría se dejó subyugar por el poderío militar asirio y quiso hacer alianza con ella. La impresión del ejército asirio con sus oficiales, vestidos de púrpura, cabalgando apuestos sobre sus caballos, hería la mentalidad provinciana de los habitantes de Samaría. Por eso Oholá (reino de Israel: Samaría) se enamoró de ellos y trató de hacer alianzas políticas con la gran nación invasora: se prostituyó a ellos (ν.7). Después de su entrega política vino su entrega religiosa, pues adoptó los ídolos asirios. Sabemos que el culto asirio tuvo fuerte eco en Jerusalén en tiempos de Manases y de Acaz 7.
Por otra parte, Samaría siguió sus antiguas relaciones políticas con Egipto, con quien había tenido efusiones amorosas en su mocedad (v.8) 8. El castigo de sus veleidades amorosas le va a venir precisamente de uno de sus amantes: Dios la entregó en manos de los hijos de Asiría (v.9), los cuales invadieron el reino del norte y tomaron Samaría, después de duro asedio, en 721 a.C. 9 Por cruel ironía de la historia han sido sus amantes los que le trajeron la ruina. Los asirios mostraron ante todos los pueblos la conducta infamante de Samaría, que había abandonado a su Dios para ir tras de dioses extraños (v.10). En castigo, sus hijos y sus hijas fueron llevados en cautividad, y la capital, Samaría, desapareció bajo las ruinas 10. Su castigo la hizo famosa entre los demás pueblos.
Conducta infiel de Judá (11-21)
11 Viendo esto Oholibá, su hermana, fue más estragada que ella en su pasión, y sus prostituciones sobrepasaron a las de su hermana. 12 Encendióse en amor por los hijos de Asiría, jefes y oficiales, nobles vestidos magníficamente, caballeros en sus caballos, jóvenes todos y codiciables. 13 Yo vi que se habían contaminado, que ambas habían seguido el mismo camino. 14 Pero ésta fue más lejos en sus fornicaciones; vio hombres pintados en la pared, figuras de caldeos trazadas con minio, 15 ceñidos sus lomos de sus cinturones, y tiaras de varios colores a la cabeza, todos con apariencia de jefes, figuras de hijos de Babilonia, de Caldea, su patria. 16 Y en viéndolos se encendió en amor por ellos, y mandó embajadores a Caldea, 17 y entraron a ella los hijos de Babilonia, al lecho de sus amores, y la mancharon con sus inmundicias, y ella se contaminó con ellos hasta hartar su deseo. 18 Hizo patentes sus fornicaciones y descubrió su ignominia, y yo me asqueé de ella, como me había asqueado de su hermana. 19 Mas todavía acrecentó sus fornicaciones, trayendo a su memoria los días de su mocedad, cuando había fornicado en la tierra de Egipto. 20 Y ardió en lujuria por aquellos lujuriosos, que tienen carne de burro y flujo de garañones 21 y renovaste las fornicaciones de tu mocedad, cuando los egipcios estrujaban tus pechos y manoseaban tu seno juvenil.

La pésima conducta de Samaría fue sobrepasada por la de su hermana Judá; en vez de escarmentar en la suerte trágica de aquélla, se entregó a mayores desvarios amorosos con las potencias extranjeras y con sus dioses (v.11) n. También se dejó fascinar por el brillo militar asirio (v.12). Las relaciones amistosas de Judá con Asiría comenzaron en tiempos del impío rey Acaz, cuando en 735 los ejércitos coligados de Siria y de Samaría atacaron a Judá. En contra de los consejos del profeta Isaías, el rey pidió auxilio a Teglatfalasar III 12. Pero Judá no se contentó con establecer relaciones con Asiría, sino que quiso también hacerse aliada de Babilonia. Ya bajo el piadoso rey Ezequías recibió con demasiados honores (700 a.C.) a Merodacbaladán, el gran paladín de la independencia babilonia contra los asirios 13. Judá se dejó fascinar al verlos pintados en pared., ceñidos sus lomos. (v.15). El profeta presenta a Judá como a una doncella enamoradiza, que a la primera vista de un joven que le agrada se enamora de él. Tal es la conducta de Judá. Al oír hablar de los babilonios y conocerlos sólo de referencia por pinturas, se dejó fascinar de lo que decían de sus palacios bellamente policromados en las paredes. Así como antes se enamoró del atuendo militar magnífico de los asirios, ahora se enamora de las decoraciones palaciegas babilónicas, que conoce de referencia. Es una bella descripción de las veleidades amorosas de la superficial Oholibá-Juda. En seguida mandó embajadores a Caldea (v.16). No sabemos nada de una embajada en tal sentido; quizá el rey Ezequías correspondió con una embajada a Merodacbaladán por la visita que le había hecho 14. En 593, Sedecías fue con una embajada a la corte de Nabucodonosor 15. Desde el 605 a.C., los babilonios se apoderaron de Palestina, tratando a Judá con demasiada inconsideración (v.17). Judá se entregó a sus pecados en tal forma, que Yahvé sintió asco de ella, como lo había sentido de su hermana Samaría (v.18), y ella, cansada de sus relaciones amorosas con Babilonia, se dirigió a Egipto, como en los días de su mocedad (v.19). El profeta parece aludir al hecho de que el rey Sedecías enviara una embajada en busca de auxilio al faraón egipcio. El profeta trata con el mayor desprecio a los egipcios (v.20), causantes de la defección de Judá.
El castigo de Judá (22-35)
22 Por eso, Oholibá, así dice el Señor, Yahvé: Yo suscitaré contra ti a tus amantes, aquellos de que hartaste tus deseos, y los haré venir contra ti en derredor. 23 Los hijos de Babilonia y todos los caldeos, los de Peqod, los de Soa, los de Qoa, y con ellos todos los hijos de Asiría, mozos guapos, jefes y capitanes todos, nobles y notables, todos a caballo. 24 Y vendrán contra ti con estrépito de carros y ruedas, con escudos, paveses y capacetes; se ordenarán en batalla de todas partes contra ti. Yo les he entregado a ellos tu juicio y te juzgarán según sus leyes. 25 Desencadenaré mi celo contra ti, y te tratarán con furor. Te cortarán la nariz y las orejas, y tu prole caerá a la espada. Llevaránse a todos tus hijos y tus hijas, y tu progenie será consumida por el fuego. 26 Te desnudarán de tus vestidos y te arrebatarán todos los ornamentos de tu hermosura. 27 Yo haré que cese la lujuria y tus prostituciones con Egipto, y no alces ya más los ojos a ellos, y no te acuerdes más de Egipto. 28 Porque así dice el Señor, Yahvé: Te entrego en las manos de aquellos a quienes llegaste a aborrecer, de quienes se hartaren tus deseos. 29 Y te tratarán con odio, se apoderarán de todo el fruto de tu trabajo y te dejarán desnuda y en cueros, y se descubrirán las vergüenzas de tus prostituciones. Tu lujuria y tus fornicaciones 30 son causa de todo esto. Por haber fornicado con las gentes y haberte contaminado con los ídolos. 31 Has seguido los caminos de tu hermana, y pondré en tus manos el cáliz suyo. 32 Así habla el Señor, Yahvé: Beberás el cáliz de tu hermana, hondo y ancho,de gran capacidad 16. 33 Te llenarás de embriaguez y de tristeza; es el cáliz de horror y desolación, el cáliz de tu hermana Samaría. 34 Lo beberás hasta las heces, lo morderás y romperás con los dientes, y con sus fragmentos te rasgarás el seno, porque yo he hablado, dice el Señor, Yahvé. 35 Puesto que me dejaste y echaste a tus espaldas, también yo echaré sobre ti tu lujuria y tus prostituciones.

Dios va a enviar el castigo definitivo a Judá, trayendo contra ella a los que fueron sus amantes, los caldeos, aquellos que buscó para hacer alianza con ellos (aquellos de que hartaste tus deseos, v.22). Los babilonios, con los pueblos circunvecinos, caerán sobre ella. Entre los invasores, el núcleo principal era caldeo; pero con ellos iban mercenarios de otros pueblos, integrados en el gran imperio babilónico 17. Los invasores, sus antiguos amantes, la aplastarán (v.24) con su fuerza militar y la tratarán como a una esclava, mutilándola espantosamente 18. Sus hijos serán llevados en cautividad, y, al fin, Jerusalén (tu progenie, v.25) será consumida por el fuego, como tuvo lugar bajo Nabuzardán, lugarteniente de Nabucodonosor, después de la toma de la ciudad 19. Judá, que se ha portado como una cortesana para atraer a sus amantes (naciones extranjeras), será deshonrada públicamente: Te desnudaran. (v.26).
Con el castigo, Judá no volverá a buscar alianza en Egipto (v.27), pues esta nación se ha mostrado impotente a la hora de la prueba, y la ha abandonado a su suerte. Entonces se mostrará plenamente a los ojos de todos sus pecados (se descubrirán tus prostituciones., v.29). Toda su tragedia le ha sobrevenido por haber buscado alianzas extranjeras y haberse entregado a prácticas idolátricas (v.30). Con esto no ha hecho sino seguir los caminos de su hermana mayor Oholá (Samaría) (v.31), y, como ella, va a tener que beber su cáliz o porción asignada conforme a su conducta. Será el cáliz del horror y de la desolación (v.33), pues está decretada la devastación y la ruina sobre ella 20.
Acusaciones colectivas contra Samaría y Judá (36-49)
36 Díjome Yahvé: Hijo de hombre, ¿no juzgarás tú a Oholá y a Oholibá? ¿No les echarás en cara sus abominaciones? 37 Dié-ronse al adulterio y mancharon de sangre sus manos. Adulteraron con sus ídolos, y aun los hijos que me parieron los pasaron por el fuego para que les sirviesen a ellos de comida. 38 Hasta eso hicieron, contaminando también mi santuario y profanando mis sábados, 39 pues, luego de sacrificar sus hijos a sus ídolos, entraban el mismo día en mi santuario, contaminándolo. Eso hicieron con mi casa. 40 Y aun han hecho venir de lejos hombres a los que enviaron mensajeros, y al venir ellos te lavaste, te pintaste los ojos y te ataviaste con tus joyas, 41 y, echada en suntuoso estrado, te pusiste a la mesa que aderezaste para ellos, poniendo en ella mis perfumes y mi óleo 42 entre el rumor clamoroso de los cantos, a causa de la multitud de hombres venidos del desierto, los cuales ponían manillas en sus manos y coronas en sus cabezas 21. 43 Y dije de la envejecida en adulterios: Ahora se consumarán los adulterios de ella. 44 Pues venían ellos como quien viene a la ramera, así vinieron a Oholá y a Oholibá, las depravadas. 45 Pero hombres rectos te juzgarán según la ley de las adúlteras y las sanguinarias, porque adúlteras son, manchadas de sangre están sus manos. 46 Pues así dice el Señor, Yahvé: Trae turbas contra ellas, y sean entregadas' al maltrato y a la rapiña, 47 y las turbas las apedrearán y las acuchillarán, matarán a sus hijos y a sus hijas y prenderán fuego a sus casas. 48 Y haré cesar en la tierra la depravación, y escarmentarán las mujeres y no imitarán vuestras torpezas. 49 Y harán recaer sobre vosotras vuestras obscenidades, y pagaréis los pecados de vuestra sidolatrías, y sabréis que yo soy Yahvé.

El profeta vuelve de nuevo a resumir los principales pecados de ambas hermanas, Samaría y Judá: la idolatría y los sacrificios humanos en honor de los ídolos. El cuadro aparece recargado para impresionar al auditorio y convencerle de que el castigo que iba a enviar Dios era muy justo y necesario. Samaría y Judá eran realmente adúlteras ante los ojos de Yahvé, porque le habían dejado como verdadero Esposo y habían ido tras de dioses ajenos. El colmo de la maldad y cinismo de los habitantes de Samaría y de Judá es que, después de manchar sus manos sacrificando a sus hijos a Moloc, iban a presentar sus homenajes al santuario de Yahvé (v.39).
Por otra parte, Jerusalén ha buscado, ataviándose como una cortesana, a hombres venidos de lejos (v.40), es decir, ha buscado hacerse amiga de pueblos extranjeros, como los babilonios, y ha adoptado sus prácticas idolátricas, entregándose a banquetes sacrificiales en honor de los ídolos (te pusiste a la mesa que aderezaste, v.41). Por su parte, los amantes prodigaban sus regalos a la que tan bien los había recibido (ponían manillas en sus manos., v.42). El profeta utiliza las costumbres de la época para expresar sus ideas: la conducta de Judá ha sido la de una vulgar cortesana. Por eso será juzgada como adúltera (v.45), y, como tal, será lapidada y entregada a la espada (v.47). En su castigo como mujeres adúlteras escarmentarán otras mujeres (v.48), las naciones paganas.

1 Cf. Ez 19:2; 16:1-7. — 2 Cf. 1 Re 12:2; 11:40. — 3 El faraón Sesac había conquistado la ciudad de Gezer; cf. 1 Re 9:16. — 4 De hecho conocemos la invasión del faraón Sesac o Sheshonq en el 929 a.C., cinco años después de la separación de las tribus. — 5 El matiz de la traducción varía en cada autor, pero lo que es claro en ambos nombres es el substrato común de "tienda." — 6 Cf. 1 Re 12:16. — 7 Cf. 2 Re 17:16; Am 5:26. — 8 Cf. 2 Re 17:14; Os 7:11; 12:2. — 9 2 Re 17:4. 10 Cf. 2 Re 17:6. — 11 Cf. Ez 16:47; Jer 3:8-11. — 12 Cf. 2 Re 16:17s. — 13 Cf. 2 Re 20:12-29; Is 39. — 14 2 Re 20:12-19. — 15 Cf. Jer 29:3; 51:59- — 16 Suprimimos con los LXX la frase del TM "servirá de mofa y de irrisión," que rompe el contexto entre este estico y el anterior. — 17 Peqod es el Puqudu de las inscripciones cuneiformes (cf. Jer 50,21), tribu aramea en la frontera elamítica junto al golfo Pérsico; Soa es el Suíu asirio, y Qoa es el Quíu de la literatura asiro-babilónica (véase F. Abel, Géogr. I 245), al este del Tigris. — 18 En Egipto la mutilación de la nariz era el castigo de las adúlteras (cf. diod., Sic., I 78). — 19 Cf. Jer 52:12-13. — 20 Cf. Ab 2:16. Sobre el cáliz de la ira cf. Jer 25:15-28; 51:2; Is 51:17.22; Sal 75:9. — 21 La primera parte del verso está ininteligible. Las traducciones son muy diversas. La nuestra se acerca a la adoptada por la Bible de Jérusalem.
24. Anuncio del asedio de Jerusalén.
En este capítulo encontramos dos oráculos del profeta relativos a la suerte de Jerusalén: a) parábola de la caldera al fuego (1-14); b) orden de no hacer luto por su esposa (15-17). Son las dos últimas profecías de Ezequiel contra Jerusaién.
La parábola de la olla al fuego (1-14)
1 El año nono, el mes décimo, el día décimo del mes, me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2Hijo de hombre, consigna por escrito la fecha de este día. En este día, el rey de Babilonia se ha echado sobre Jerusalén. 3 Compon una parábola para la casa rebelde, y diles: Así habla el Señor, Yahvé: Arrima la olla, arrímala, y echa también agua; 4 echa en ella trozos, todos los trozos selectos, la pierna y la espalda; llénala, de lo mejor de los huesos. 5 Toma lo mejor del rebaño, 1 pon debajo la leña, que hierva a borbotones, que se cuezan hasta los huesos. 6 Porque así dice el Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! ¡Ay de la caldera herrumbrosa cuya herrumbre no ha sido quitada! Vacíala trozo a trozo, sin echar suerte sobre ella. 7 Porque tiene dentro la sangre suya, la ha derramado sobre piedra lisa, no la derramó sobre la tierra para que la cubriese el polvo. 8 Para provocar la ira y traer la venganza, coloqué su sangre sobre una piedra lisa, sin que pueda cubrirse. 9 Por lo cual dice el Señor, Yahvé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria! También yo aumentaré la hoguera. 10 Acumula leña, atiza el fuego, cuece la carne y condimenta la mezcla; que se quemen los huesos, que se cueza la carne. 11 Déjala vacía sobre las brasas, que se ponga al rojo y se caliente el cobre, y se funda dentro de ella su suciedad, y se consuma su herrumbre. 12 En vano me fatigué 1; no desapareció su herrumbre ni con fuego. 13 Es execrable tu suciedad; yo he querido limpiarte, pero no te limpiaste. No quedarás purificada de tu suciedad hasta que no derrame yo mi fuego sobre ti. 14 Yo, Yahvé, he hablado: vendré, lo haré, no me volveré atrás, no tendré piedad, no me arrepentiré. Según tus caminos y tus obras así serás juzgada, dice el Señor, Yahvé.

La datación que nos da en el v.1 nos lleva a principios del 588 a.C. 2. El año nono está calculado a partir de la deportación de Jeconías, cuando fue entronizado Sedéelas (598 a.C.). Es el hecho del que parte toda la cronología de Ezequiel 3. El mes décimo es el mes de Tebeth (enero). En la fecha en que comienza el asedio de Jerusalén por las tropas de Nabucodonosor (v.2). El día décimo nos llevaría a principios de enero del 588. Es el gran día memorable para los exilados, pues se van a cumplir las terribles predicciones de Ezequiel. El Señor quiere que ahora exprese el porvenir de Jerusalén por medio de una parábola (ν.3). En ella (v.3-14) encontramos dos enseñanzas diferentes: a) la olla con los trozos selectos, cociéndose, significa a Jerusalén sufriendo terriblemente durante el asedio (v.3-5); b) la herrumbre de la olla que se resiste a desaparecer simboliza la actitud pertinaz de Judá en el mal. Para impresionar al auditorio (la casa rebelde) debió Ezequiel poner la parábola en acción. Podemos, pues, suponer que el profeta realmente metió en una olla trozos selectos de carne y la calentó al fuego.
En 3:11 se dice que los israelitas se creían seguros en Jerusalén como la carne en la olla. El profeta ahora toma el mismo símil y va a mostrar cómo aun dentro de la ciudad no están seguros, pues tendrán que sentir el calor del fuego de los asediantes. En vez de serles medio de preservación, la ciudad será instrumento de sufrimiento, como la olla al fuego. En realidad, a los israelitas que se hallan dentro de la ciudad les esperan más sufrimientos que a los que están por la campiña, pues se quemarán hasta los huesos (v.5); la frase indica que afectará a todos. Quizá en los tronos selectos haya que ver una alusión a las clases dirigentes, mientras que en los huesos se aludiría a la clase baja. Puede que no tengan valor alegórico estos detalles y sean un simple relleno literario para completar el cuadro. La lección general dé la parábola es que los que ahora están dentro de las murallas de Jerusalén no se verán libres de los máximos sufrimientos.
La segunda parábola (v.6-14) nos presenta una nueva lección: la herrumbre de la olla es símbolo de la maldad a la que está unida pertinazmente Jerusalén. Llega el momento en que la olla (Jerusalén) va a ser vaciada de todo su contenido, trozo a trozo, sin echar suertes sobre ella (v.6); la destrucción va a ser tal, que no habrá necesidad de echar a suertes sobre los que se han de salvar o han de perecer. La causa de todo es que Jerusalén es una ciudad sanguinaria y herrumbrosa por sus homicidios y su corrupción moral de todo género. La conducta de Jerusalén ha sido tan insolente, que al derramar sangre inocente no se ha preocupado de cubrirla para que no clamase venganza al cielo, como la de Abel4, sino que la ha derramado sobre piedra lisa (ν.7)5, y en ella se conserva, pidiendo justicia a Dios. Toda la sangre derramada está presente a los ojos divinos, y por eso Dios no puede menos de castigar a la gran sanguinaria. Por otra parte, la herrumbre o maldad de ella es tal, que no basta el fuego para que se desprenda de ella, sino que es necesario destruir la misma olla. Yahvé ha querido limpiarla (v.13), pero todo ha sido en vano, ya que chocó con la malicia pertinaz de la ciudad. Por eso la intervención definitiva de la justicia divina no puede tardar (v.14)6.
Prohibición de duelo por su esposa (15-27)
15 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 16 Hijo de hombre, voy a quitarte de repente la delicia de tus ojos, pero no te lamentes ni llores, no derrames una lágrima. 17 Suspira en silencio, sin llevar luto por el muerto; ponte el turbante en la cabeza y calza tus pies, no te cubras la barba ni comas el pan del duelo7. 18 Yo había estado hablando al pueblo por la mañana, y a la tarde murió mi mujer. A la mañana siguiente hice lo que me había mandado, 19 y la gente me decía: ¿No nos explicarás lo que significa lo que haces? 20 Yo les respondía: Yahvé me ha hablado, diciendo: 21Di a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: Mirad, voy a profanar mi santuario, gloria de vuestra fuerza, delicia de vuestros ojos y anhelo de vuestra alma; vuestros hijos y vuestras hijas caerán a la espada, 22y entonces haréis vosotros lo que ahora hago yo: no os cubriréis la barba ni comeréis el pan de duelo, 23 llevaréis en vuestra cabeza los turbantes y calzaréis vuestros pies, no os lamentaréis ni lloraréis, sino que os consumiréis en vuestra iniquidad y gemiréis unos con otros. 24 Ezequiel será para vosotros una señal; cuando esto llegue, haréis vosotros lo que él hace ahora, y sabréis que yo soy Yahvé. 25 Y tú, hijo de hombre, el día que yo les arrebatare a ellos su fortaleza, el orgullo de su gloria, la delicia de sus ojos, el anhelo de sus almas" sus hijos y sus hijas 26 vendrá a ti un huido para darte la noticia, 27 y aquel día se abrirá tu boca a la llegada del fugitivo y hablarás, no estarás mudo, y serás señal para ellos, y sabrán que yo soy Yahvé.

Dios anuncia al profeta que va a morir su esposa, la delicia de sus ojos (v.16), prohibiéndole hacer toda señal de duelo, como ejemplo a imitar por los exilados cuando llegue la noticia de la toma de Jerusalén por los caldeos y de la destrucción de la delicia de sus ojos, el templo de Yahvé. Debe abstenerse de todos los signos externos de duelo, como descubrirse la cabeza, descalzarse, etc. (ν.17), y no debe organizar un banquete funerario: no comas el pan del duelo 8. Guando uno estaba en duelo, venían sus amigos a participar con él en un banquete funerario en honor del difunto 9. Su esposa murió en la tarde del día en que había anunciado el principio del asedio de Jerusalén (v.18). Los compatriotas exilados no comprenden la conducta del profeta, que no cumple los ritos ordinarios de duelo. En ello ven algo misterioso, y preguntan: ¿no nos explicaras lo que significa lo que haces? (v.20). El profeta les responde que él en su persona es una señal para la casa de Israel, e.d., los israelitas del exilio. No deben hacerse ilusiones sobre el porvenir de la Ciudad Santa, pues se les va a quitar lo más caro a su corazón, el santuario, delicia de sus ojos. (v.21).
Habían depositado en él una confianza supersticiosa 10, como si la presencia del templo, morada de Yahvé, fuera garantía segura contra toda incursión enemiga. En realidad, todo aquel maravilloso conjunto de edificios que constituían el templo de Jerusalén, centro de todos los pensamientos de los israelitas (anhelo de vuestras almas, v.21), sería profanado y pasto de las llamas, y todos los habitantes de la ciudad caerán a la espada. Es el anuncio que desde hacía años les estaba comunicando, pero ahora estaban en el principio de la realización. Como él, deben abstenerse de señales exteriores de duelo y sufrir sólo interiormente en la compunción del corazón (v.23). Deben concentrarse en sí mismos y pensar en las causas reales de tal catástrofe, procurando desagraviar la justicia divina ultrajada.
Como conclusión de todas estas predicciones siniestras contra Jerusalén, se inserta aquí el anuncio de su caída por uno de los fugitivos. Si tomamos al pie de la letra lo que se dice en el v.26, tenemos que deducir que el mismo día en que cayó Jerusalén le llegó un fugitivo con la noticia, lo que no era factible. En 33:21 se dice que llegó el fugitivo un año y medio después de la toma de Jerusalén, según el TM, y después de seis meses según el texto griego de los LXX. La frase, pues,"el día que les arrebatare. (v.25), hay que interpretarla en.el sentido genérico de "cuando les arrebatare." En el texto se dice que Ezequiel, al llegar el fugitivo, recobrará el habla (v.27). En 3:24-27 se, dice que por orden divina,.el profeta quedó privado del habla. ¿Es una alusión a esta etapa de la vida del profeta? Algunos autores creen que se relacionan ambos fragmentos y que uno de ellos está fuera de lugar. Se puede suponer también que el profeta, después de la muerte de su mujer, quedó recluido en su casa sin hablar con nadie, como señal para los exilados, que debían meditar en silencio la gran tragedia de su pueblo que había sido anunciada por él. Con esta indicación se cierra la primera parte del libro de Ezequiel, dedicado a preparar espiritualmente a los exilados para la gran prueba, ya que de aquellos exilados había de surgir el núcleo de restauración para empalmar con los tiempos mesiánicos 11.

1 En hebreo lit. "ella me ha fatigado por sus trabajos." En los LXX falta esta frase, que algunos consideran como simple ditografía. — 2 Cf.-2 Re 25:1; Jer 52:4. — 3 Cf. Ez 1:2. — 4 Cf. Gen 4:10. — 5 Cf. Ez 23:45; Jer 7:6; Job 16:18. — 6 Sobre esta acción simbólica véase D. buzy, Les symboles de I'Anden Testament (París — 1923) P.IQ8-205- — 7 El TM y los LXX leen "pan de hombres." El Targum y la Vulgáta leen "pan de aflicción," que hemos preferido. — 8 Sobre las señales de duelo entre los antiguos israelitas puede verse la obra de P. hei-nisch, Die Trauergebrauche bei den Jsraditen: "Biblische Zeitfragen," 13 (Munster 1931) ?s·. — 9 Cf. Jer 17:7; 2 Sam 3:3:5, — 10 Jer 7:4; Miq 3:11. — 11 Ez 11:14-21; 14:223; 20:32-44.
25. Oráculos contra las naciones vecinas de Judá.
Con este capítulo se abre la segunda parte del libro de Ezequiel, dedicada a las naciones paganas (c.25-32). La primera parte ha estado dedicada a anunciar la triste suerte del pueblo escogido. Pero Dios no permite que las otras naciones queden impunes en sus pecados, y por eso también para ellas llega la hora de la justicia divina. Todas las naciones que han instigado a Judá para rebelarse contra Babilonia recibirán su merecido: Amón, Moab, Edom, Filistea, Tiro, Sidón y Egipto. Todas han contribuido a la ruina del pueblo israelita, y como transgresoras serán tratadas por la omnipotencia divina, que se extiende a todos los pueblos. La diferencia del contenido de los oráculos contra Judá y de los proferidos contra las naciones paganas estuvo en que para aquélla había siempre una esperanza y promesa de rehabilitación, mientras que a éstas les alcanza la ruina definitiva.
Oráculo contra Amón (1-7)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, tiende tu vista hacia Amón y profetiza contra él. 3 Di a los hijos de Amón: Oíd la palabra del Señor, Yahvé. Así habla el Señor, Yahvé: Pues que tú dijiste "Bien" cuando era profanado mi santuario y la tierra de Israel era asolada y llevada la casa de Judá al cautiverio, 4 por eso yo te entregaré en poder de los hijos del Oriente, que pondrán en ti su campamento y alzarán en ti sus tiendas, y comerán tus cosechas y beberán tu leche. 5 Y haré de Rabbá pastizal de camellos, y de las ciudades de Amón, rediles de ovejas. Y sabréis que yo soy Yahvé. 6 Porque así habla el Señor, Yahvé: Pues que batiste palmas y pateaste con los pies, y te regocijaste en el alma con desprecio para la tierra de Israel, 7 por eso heme aquí, tenderé mi mano contra ti, y te daré en presa a las gentes, y te extirparé de entre los pueblos de la tierra, y te haré desaparecer del número de ellos. Te exterminaré y sabrás que yo soy Yahvé.

La fecha de composición es ciertamente posterior a la catástrofe del 586, ya que se habla de la actitud hostil de los habitantes de Amón frente a la desgracia de su vecino y aliado Judá (ν.3). Existía una tradicional enemistad de vecinos entre ambos reinos l. Se les llama los hijos de Amón según la denominación común en la Biblia 2. El reino de Amón estaba enclavado en la actual Transjordania, entre el Arnón, al sur, y el Yabbok, al norte, y su capital era Rabba-Amón, la actual Ammán. Durante los siglos ix y VIII estuvo bajo el dominio asirio 3. En el 6oi se unió con Edom y Moab contra el rey Joaquim de Jerusalén, que se había rebelado contra Babilonia. Más tarde, en el 594, los amonitas, unidos a Edom, Moab, Tiro y Sidón, trataron de convencer al rey Sedecías para que se rebelase contra Nabucodonosor 4, lo que consiguieron en el 5885. A pesar de ser aliados, después de la destrucción de Jerusalén sienten los amonitas un malévolo gozo de satisfacción (v.3). Un enviado del rey de Amón mató a Golodías en Mispa, gobernador impuesto por los babilonios, sin duda para evitar la reconstrucción de Judá 6.
Por esta actitud hostil hacia Judá, Dios enviará un terrible castigo sobre Amón: de un lado, los beduinos, las gentes del desierto, invadirán el país, lo arrasarán todo, comiendo sus cosechas y su leche (v.4). La misma capital del reino, Rabba, se convertirá en pastizal de camellos (y.6). Los beduinos, con su mentalidad primaria, no saben apreciar los refinamientos de la vida sedentaria, y todo lo arrasan en sus incursiones. Cuando los amonitas vean su país devastado, sabrán por experiencia quién es Yahvé, Dios de los judíos, que castiga a su pueblo, pero que a la vez mantiene las exigencias de su justicia entre los pueblos paganos. Además, esta incursión de los beduinos sobre el país no es sino el preludio de otra invasión más cruel, que los hará desaparecer como pueblo (v.7). Aunque el profeta no menciona al invasor, parece deducirse que son los caldeos, como lo anuncia en el capítulo 21. Amón no volvió a reconstruirse como nación después de la invasión caldea: te haré desaparecer del número de los pueblos de la tierra (ν.7).
Oráculo contra Moab (8-11)
8 Así dice Yahvé: Puesto que Moab 7 ha dicho: He aquí que la casa de Judá es entre los pueblos uno de tantos, 9 por eso yo abriré el flanco de Moab desde las ciudades fronterizas, gloria de la región, Bet-Yesimot, Maal-Meón y Quiryatayim. 10 Doy su tierra a los hijos del oriente para que no sean contados más entre los pueblos. También haré justicia en Moab.

También los moabitas se han alegrado de la ruina de Judá 8. Al ver su destrucción, han comprendido que Judá, lejos de ser un pueblo aparte de todos, como sus habitantes decían, por ser parte de Yahvé, ha tenido que sufrir la suerte común de los vencidos: He aquí que la casa de Judá es entre los pueblos uno de tantos (v.8). Esto no lo puede consentir Yahvé, que vela por el honor de su nombre, y por eso va a castigar severísimamente a los moabitas, y para ello va a abrir brecha en la zona que se creía inexpugnable, las fortalezas del^anco de Moab (v.9), es decir, la región accidentada y montañosa del oeste, protección natural del país. El enemigo, por permisión e incitación divina, echará por tierra las fortalezas de sus principales ciudades amuralladas: Yasimot, etc. 9 Los invasores serán también los hijos de oriente, o beduinos del desierto, como en el caso de Amón, país fronterizo de Moab.
Oráculo contra Edom (12-14)
12 Así dice el Señor, Yahvé: Por el comportamiento de Edom, que tomó venganza de la casa de Judá y se manchó sobremanera vengándose de ellos, 13 por eso, así dice el Señor, Yahvé: También yo tenderé mi mano sobre Edom, y exterminaré hombres y bestias, y lo reduciré a ruinas; desde Teman hasta Dedán caerán a la espada. 14 Y pondré la venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, que tratará a Edom conforme al furor de mi ira, y sabrán que yo soy Yahvé y que es mía la venganza. Así dice el Señor, Yahvé.

Los edomitas eran, según la tradición bíblica, parientes próximos de los israelitas, ya que aquéllos provenían de Esaú, hermano de Jacob 10. Por tanto, tenían obligación especial de mostrar su compasión para con sus consanguíneos. Estaban establecidos al sudeste del mar Muerto11. Cuando los israelitas pidieron paso hacia Canaán, se lo negaron 12. Más tarde hubo empeñada lucha entre edomitas e israelitas 13. Después de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, los edomitas se vengaron en los vencidos israelitas ^. Por eso Yahvé tenderá su mano sobre Edom (ν.13), es decir, le enviarα un duro castigo 15: el exterminio total desde el norte (Teman) hasta el sur (Dedán) 16. El mismo pueblo israelita tomará venganza directa de Edom (v.14). Esto se cumplió materialmente en tiempo de Juan Hircano (126 a.C.), que conquistó Idumea y obligó a sus habitantes a circuncidarse y sumarse al pueblo judío 17.
Oráculo contra Filistea (15-17)
15 Así habla el Señor, Yahvé: Por haber obrado vengativamente los filisteos y haberse vengado con odio en el alma, exterminando con odio secular, 16 por eso dice el Señor, Yahvé: Yo tenderé mi mano contra los filisteos y exterminaré a los cereteos. Haré perecer hasta los restos de los habitantes de la orilla del mar. 17 Haré con ellos grandes venganzas, con furor los castigaré, y sabrán que yo soy Yahvé cuando haga en ellos mi venganza.

Los filisteos, establecidos en la costa entre Egipto y Fenicia, provenían de Creta o del Asia Menor 18. Empujados por otras invasiones, intentaron establecerse en el delta del Nilo, pero fueron derrotados por Ramsés III (1190 a.C.), y entonces se fueron a la costa occidental de Canaán, donde adquirieron carta de naturaleza y terminaron por dar nombre en la literatura helenística a toda la región entre Fenicia y el Sinaí (Palestina), Fueron enemigos tradicionales de los hebreos. Eran los extranjeros por excelencia, sobre todo porque eran "incircuncisos." Durante toda la historia hubo una pugna de los filisteos por entrar en la zona israelita de Palestina, y de los hebreos por llegar hasta la costa 19. Varias son las profecías que en la Biblia encontramos contra los filisteos20.
Ezequiel en este oráculo les echa en cara su espíritu de venganza y su odio secular contra el pueblo elegido (v.15). Por eso, Yahvé los exterminará juntamente con los cereteos, habitantes ambos de la orilla del mar. Suelen nombrarse en la Biblia juntamente los "filisteos y cereteos" 21. Ambos provenían de las "islas del mar," es decir, del Mediterráneo. Originariamente pudieron ser dos pueblos emparentados etnográficamente, provenientes de Creta (kereteo), o de Caftor (Creta? Asia Menor?). Aparecen en la guardia personal privada de David juntamente con los "feleteos" (filisteos ?) 22. Ciertamente no eran semitas, y en esto convenían con los "filisteos."

1 Cf. Jue 3:13; 10:16-17; 1 Sam ii,i-n. Ocuparon Galaad después de la deportación del reino de Samaría: 2 Re 15-29; Jer 39,is; Am 1:13-15, alude a actos de hostilidad contra Israel de parte de los amonitas. — 2 Sólo dos veces se llama Amón: Sal 83:8; 1 Sam ιι,ιι. La expresiσn hijos de Amón es paralela a la asiría de los textos cuneiformes: Bit-Ammana. — 3 Los reyes de Amón aparecen como tributarios de Teglatfalasar III (728), de Senaque-rib (701) y de Asaradón (673). Cf. H. Gressmann, Alt. Texte (Berlín-Leipzig 1928) 116. 120.123. Véase también Dhorme, Les pays bibliques et l'Assyrie: RB (1910) 199.508; (1911) 21i. — 4 Cf. Jer 27:1-1. — 5 Cf. Ez 21:28-32. — 6 Cf. Jer 40,14. — 7 El TM añade Seir, que falta en los LXX.8 Cf. Is 15-16; Jer 48,i-47- — 9 Bet-Yesimot: la actual Kh. Sueime, a 18 kms. al sudeste de Jericó. Baal-Meón: la actual Main. Quíriaía/yim: actual Kh. el-Qureyat. — 10 Gen 25:29. — 11 Dt 2:12-22. — 12 Núm 20:14-21; Jue 11:17. — 13 2 Sam 8:135; 1 Re 11:143. Fue muy sonada la victoria del rey Amasias (798-780) contra los'edomitas; 2 Re 14:7. Edom es mencionada en los documentos cuneiformes; cf. H. Gressmann, Alt. Texte 120.123. — 14 Cf. 2 Re 24:2; Jer 27:1-11. Oráculos contra Edom aparecen en Is 34:5-17; Jer 49,7-22; Lam 4:21s; Sal 137:7; Ez 0.35; Mal 1:1-4. — 15 Para la frase "extender la mano" en sentido amenazador, cf. Ez 4:7; 13:9. — 16 Teman, la actual Shaubak (cf. Jer 49,7), al norte de Edom, famosa por su sabiduría: Jer 49,7; Bar 3:22. Dedán, al sur, la actual Él-Ela: Jer 25:23; Is 21:13; cf. Abel., Géog. I 285; II 4793. — 17 Cf. 1 Mac 5:65; 2 Mac 10:16. — 18 Fih'steo, en egipcio Purasati, asirio Palastu. Según la Biblia, provenían de Caftor, que hasta hace poco se identificaba con Creta. Hoy día más bien se identifica con Asia Menor (según Eusebio, Capadocia). Sería el egipcio Keftiu, que designa Panfilia, Cilicia y la costa occidental de Asia Menor. Cf. Abel, Géog. I 261-270; L. Speelers, Egypte: DB, Suppl. II (1932) 756-919. Véase Spadafora, Ezechiele p.2O2. — 19 Cf. 1 Sam 18-19; 2 Sam 5:175; 21:15-22; 23:9-17; 1 Re 15:27; 16:155; Jue 14:3; 15:18. — 20 Am i,6ss; Is 14:29-32; 11:14; Jer 47; Sof 2:4-7; Zac 9:53. — 21 Cf. Sof 2:5. Los LXX los llaman κρήτες. La Vulgata, CerethaeL — 22 Cf. 2 Sam 20,23.
26. Oráculo contra Tiro.
Los capítulos 26 y 27 están dedicados a anunciar la triste suerte de Tiro, la gran metrópoli comercial fenicia1. Asentada en una isla roqueña (de ahí su nombre semítico de Sur: "roca") frente a otra ciudad gemela continental, filial suya, era considerada como inexpugnable. Comercialmente tenía por rival a Sidón, a pocos kilómetros al norte. Después de la época de dominio egipcio (reflejada en las cartas de Tell-Amarna), Tiro recuperó su gran poder comercial frente a Sidón, y fue el gran proveedor de los pueblos del Mediterráneo. Sus marinos llegaron hasta Occidente, en España, y hasta el mar Rojo. Son los propagadores del alfabeto, asimilado por los griegos. La industria metalúrgica, la de tejidos y la de púrpura les habían dado un poder comercial inmenso. Tiro era realmente el emporio comercial del Antiguo Oriente. Los israelitas habían tenido grandes relaciones con ellos. De Tiro fueron los arquitectos y constructores principales del templo de Salomón 2. Jezabel, la esposa de Acab, era hija del rey de Tiro 3. En tiempos de Ezequiel, Tiro era uno de los promotores de la rebelión contra Nabucodonosor. En 594 envió una embajada con este fin a Jerusalén, a la que respondió adecuadamente Jeremías4, y sabemos que Nabucodonosor atacó a Tiro después de haber tomado Jerusalén5. Pero el rey de Babilonia no pudo vencerla a causa de su aislamiento en el mar6. Sólo Alejandro Magno, después de unirla a tierra por un dique artificial, logró tomarla y destruirla en 332 a.C.
Los oráculos de Ezequiel contra Tiro son varios. Este capítulo suele dividirse en tres partes: a) asedio y destrucción de Tiro (1-14); b) impresión de la catástrofe en las islas (15-17); c) submersión de la ciudad (18-21).
Asedio y destrucción de Tiro (1-14)
1 El año undécimo, el día primero del mes, me fue dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, por haber dicho Tiro de Jerusalén: ¡Bien! Ha sido rota la puerta de los pueblos, vendrán a mí, yo me llenaré, y ella está desierta! 3 Por eso así dice el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, ¡oh Tiro! Yo haré subir contra ti pueblos numerosos, como hace subir el mar sus olas" 4y destruirán las murallas de Tiro y abatirán sus torres. Y barreré de ella hasta el polvo y haré de ella una desnuda roca, 5 Será en medio del mar tendedero de redes, porque yo he hablado, oráculo de Yahvé; será presa de las gentes, 6 y sus hijas, las que están en el campo, serán pasadas a cuchillo, y sabrán que yo soy Yahvé. 7 Porque así habla el Señor, Yahvé: He aquí que yo enviaré desde el septentrión, contra Tiro, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, rey de reyes, con carros, caballos y jinetes, y gran muchedumbre de pueblo. 8 Pasará al filo de la espada a tus hijas del campo, pondrá contra ti cerco, levantará baluartes y alzará, escudos. 9 Pondrá contra ti arietes, derrumbará tus murallas, y con sus ingenios echará por el suelo tus torres. 10 La polvareda que levantarán sus caballos te cubrirá, y al estrépito de sus caballeros, sus carros y sus ruedas retemblarán tus muros cuando entre él por tus puertas como se entra en ciudad conquistada. 11 Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles, y pasará a tu pueblo al filo de la espada, y caerán a tierra tus estelas colosales. 12 Darán al saqueo todas tus riquezas, al pillaje todas tus mercancías. Demolerán tus murallas y derribarán tus magníficos palacios; hasta las piedras, las maderas y el escombro lo arrojarán al mar. 13 Haré cesar el estrépito de tus cantares, no se oirá más el sonido de las cítaras. 14 Te tornaré en desnuda roca, apta para tender en ella las redes, y no serás jamás reconstruida, porque yo, Yahvé, he hablado, oráculo del Señor, Yahvé.

En la datación falta el mes, que seguramente se ha perdido en la transcripción del texto. El año undécimo (tomando como punto de partida la subida al trono de Sedéelas en 597) coincide con el 586, año en que tuvo lugar la caída de Jerusalén, en el mes de junio-julio. El profeta echa en cara a Tiro el haberse alegrado por la destrucción de Jerusalén, que era considerada como un obstáculo a su comercio. Quizá esperaba, con la desaparición del reino de Judá, tener camino más libre para sus negocios con otras naciones, como Egipto y Arabia; en este sentido se puede hablar de Jerusalén como puerta de los pueblos (v.2). Las caravanas del desierto que subían por TransJordania llegarían más fácilmente a los mercados de Tiro sin tener que pasar por Damasco. Así, la devastación de Judá será fuente de riquezas para la comercial Tiro: yo me llenaré, y ella esta desierta.
Pero también al gran emporio comercial fenicio le llega su hora. Yahvé, el Dios del país vencido, Judá, no permite que sus enemigos se rían impunemente de su pueblo: Heme aquí contra ti (ν.3). El estilo es directo, y, como es corriente en los orαculos proféticos, se atribuye directamente a Dios cosas que realizaron sus instrumentos, los cuales aquí son los pueblos numerosos, es decir, el ejército abigarrado de Nabucodonosor con sus múltiples mercénanos, que caerá sobre, el fortín de Tiro como las. olas del mar.contra sus acantilados (v.3). La devastación será total, y la ciudad — isla de Tiro — será barrida como por un turbión del mar, de modo que quede convertida en un desnudo escollo sin vida, un tendedero de redes (ν.6), donde los pescadores podrán tranquilamente remendarlas y extenderlas. La frase es profundamente irónica para una ciudad donde afluían todas las riquezas de los pueblos mediterráneos. Y no sólo le alcanzará la desgracia a la isla inexpugnable de Tiro, sino a sus hijas, Tiro continental y las ciudades dependientes comercialmente de aquélla.
El instrumento de la justicia divina será el rey de Babilonia, rey de reyes (ν.7), que viene del septentrión7, la ruta normal de las invasiones asirías, babilónicas y persas, y aun de Alejandro Magno. Los babilonios, para llegar a Fenicia, utilizaban la ruta caravanera que bordeaba el Eufrates, y se volvían hacia el occidente por Palmira o, más al norte, por Alepo, según la actual ruta del ferrocarril. Las tropas de Nabucodonosor atacarán primero a las hijas del campo (v.8), es decir, a las ciudades dependientes de la insular Tiro, que estaban asentadas en el continente; después organizará el asedio con baluartes, arietes. (v.8). El profeta describe el cerco de Tiro de modo convencional, según los modos generales de la guerra; sus frases no deben tomarse al pie de la letra cuando se trata de su cumplimiento. Tiro era una isla y no podía ser atacada con baluartes, sino por mar, como lo hizo Alejandro después de construir un dique de 600 metros de largo.
El ejército invasor caerá como una tromba, hollando todo lo que encuentre por delante y echando a tierra las estelas colosales (v.11) de la ciudad, probable alusión a las dos columnas, de oro y de vidrio de esmeralda, que estaban a la entrada principal del templo de Melkart 8. De los magníficos palacios y de sus riquezas no quedará nada, convirtiéndose en desnuda roca apta para tender en ella las redes (v.14). El asedio de Tiro por Nabucodonosor duró trece meses, pero el rey de Babilonia no logró entrar, por no tener barcos para el ataque. Sólo Alejandro Magno logró entrar en la isla después de construir el famoso dique. Por eso muchos autores creen que aquí el profeta hablaría de la invasión del gran macedonio. Pero no debemos perder de vista el modo artificial con que los profetas hablan del futuro, conforme a módulos literarios prefabricados. Sin duda que el asedio del rey babilonio fue una gran prueba para la orgullosa ciudad, y en este sentido la profecía de Ezequiel se cumplió sustancialmente 9.
Consternación ante la destrucción de Tiro (15-18)
15 Así ha hablado el Señor, Yahvé, de Tiro: Al fragor de tu caída, al gritar de tus heridos, a las matanzas que en ti harán, temblarán las islas. 16 Todos los príncipes del mar bajarán de sus tronos, se despojarán de sus mantos y de sus recamadas vestiduras, se vestirán de espantos y se sentarán en tierra" TemBlarán a cada momento y estarán consternados ante ti. 17 Cantarán una elegía y te dirán: ¿Cómo has perecido tú, habitada por los del mar 10, la ciudad tan celebrada, tan poderosa en el mar, ella y sus moradores, los que infundían el terror a todo el continente?11 18 Ahora estremeceránse las islas el día de tu caída, se espantarán de tu fin las islas del mar.

Tiro era la gran metrópoli marítima del Mediterráneo. El profeta presenta a la ciudad comercial como un imponente edificio que se viene abajo entre el estupor de sus antiguos admiradores. Las islas son las ciudades costeras del Mediterráneo, que en gran parte eran tributarias comercialmente de la ciudad fenicia. Muchas de ellas eran "colonias" fundadas por Tiro, y, como tales, sentían lo que pasaba en la metrópoli. De ahí las grandes manifestaciones de duelo de los príncipes del mar (v.16) o jefes de las ciudades tributarias del Mediterráneo: se despojarán de sus mantos., se vestirán de espanto (v.16), sobrecogidos, ante la posibilidad de que les llegue lo mismo que a la metrópoli, o, en todo caso, por sentirse desamparados en sus negocios por la que era la clave del comercio. Sentados en tierra 12, cantarán una elegía a la ciudad venerada y admirada: el gran emporio comercial se ha convertido en una ruina. La que era habitada por los del mar (ν.17), gentes hechas al peligro y a la aventura, ha perecido como una de tantas ciudades conquistadas. La que era celebrada con sus moradores, llevados en trirremes, infundía terror a las ciudades costeras, ha caído sin gloria. Las islas del mar (ciudades costeras en general del Mediterráneo) sentirán un profundo estremecimiento al ver el fin desastroso de la gran metrópoli comercial fenicia.
Aniquilamiento de Tiro (19-21)
10 Pues así dice el Señor, Yahvé: Cuando yo te torne en ciudad desierta, como las ciudades deshabitadas; cuando haga yo subir el abismo contra ti y te cubra la inmensidad de las aguas, 20 te haré bajar con los que cayeron en la fosa, con los pueblos de otros tiempos, y te pondré en las profundidades de la tierra, en las eternas soledades, junto a los que bajaron a la fosa, y no serás habitada jamás, y daré tu gloria a la tierra de los vivientes. 21 Te reduciré a la nada 13, no serás ya más. Te buscarán, y nunca más te hallarán, dice el Señor, Yahvé.

El profeta presenta la desaparición de Tiro como una inmersión en el abismo del mar. La gran metrópoli, que había hecho sus riquezas y dominio en el mar, sería al fin tragada por éste (v.19); allí, en las profundidades del océano, se encontrará con la gran fosa o seol, morada de los muertos. La ciudad es personificada en un ser humano que después de la muerte se reúne con los que cayeron en la fosa, los que le precedieron en la muerte. Son las eternas soledades de la región de los muertos 14. Y la gloria de Tiro la heredarán otros vivientes (v.20). Tiro desaparecerá para siempre, reducida a la nada como nación (v.21). La frase es naturalmente hiperbólica. Desde luego nunca volvió a ser la gran metrópoli del Mediterráneo. En el 1291 d. C. fue destruida casi totalmente por los sarracenos. Hoy día es un modesto puerto de pesca marítimo, sin competencia con Beirut y Haifa. Podemos decir, pues, que la profecía de Ezequiel se cumplió sustancialmente, aunque Nabucodonosor no la hubiera destruido a pesar del asedio de trece meses 15. Destruyó la Tiro continental, pero la insular subsistió, si bien perdiendo la hegemonía comercial para siempre.

1 Tiro en hebreo es Sor; asirlo: Surru; egipcio: Dar. Según Herodoto, el templo de Melkart en la Tiro insular fue fundado en 2750 (II 44). — 2 1 Re 5; 9:25. — 3 1 Re 16. — 4 Jer 27:2-11. — 5 Ez 26:3. — 6 Cf. Flavio Josefo, Ant, Jud. 10:11:1; Abel, Géog, II 4885; I 250-258, — 7. El título rey de reyes aparece en las inscripciones.asirías (shar sharran1) aplicado a Tc-glatfalasaí I (1115-1102), y según Dan 2:3.37, era un título áulico-en la corte del rey de Ba-bilonia. Los persas lo generalizaron. — 8 Cf. Herodoto, II 44. — 9 En el libro de Isaías se describe la toma de Babilonia por Ciro también de un modo ideal: los invasores pasarán a cuchillo a todos los habitantes. Sin embargo, sabemos que los soldados de Persia fueron muy indulgentes con los vencidos. En Is 10,285 se anuncia el itinerario del invasor asirio por el norte de Jerusalén, cuando sabemos que las tropas de Sena- — 10 La frase del TM parece incompleta. El texto griego lee "has desaparecido." Así traduce la Bible de Jérusalem. — 11 El TM dice "habitantes de ella." Con una ligera transposición de las consonantes se puede leer "tierra seca": el continente. — 12 Una de las manifestaciones de duelo era "sentarse en el suelo" (Is 3:26; 47:1) y despojarse del manto. — 13 Lit. el hebreo "te convertiré en objeto terrorífico." La Bible de Jérusalem: "te convertirá en objeto de terror." — 14 Cf. Sal 63:11; Lam 3:55; Dt 32:22; Job 11:8; Is 14:9-11. — 15 Así lo atestigua Flavio Josefo, C. Αρ. Ι 21.
27. Elegía Sobre La Ruina De Tiro.
Después de anunciar la destrucción y aniquilamiento de Tiro, el profeta entona una bellísima elegía a la pasada gloria de la gran metrópoli comercial. La ciudad es presentada como una nave majestuosa construida con los mejores materiales. Todas las riquezas de Oriente y de Occidente iban a engrosar la secular opulencia de la ciudad fenicia. Pero esa nave majestuosa quedó un día anegada en las olas del mar.
El capítulo se divide en tres partes: a) descripción de la nave (1-9a); b) Tiro, centro comercial del mundo (9b-25a); c) ruina de la nave (25-36).
Tiro, simbolizada en ana nave (l-9a)
1 Fuerne dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Tú, hijo de hombre, compón a Tiro una elegía. 3 Di a Tiro: ¡Oh tú la que te asientas a la entrada del mar, la que comercias con los pueblos de numerosas islas! Así habla el Señor, Yahvé: Tiro, tú te decías: Yo soy (un navío) de perfecta hermosura1. 4En el corazón de los mares están tus confines; los que te edificaron te hicieron perfectamente hermosa; 5de cipreses de Sanir hicieron tus quillas; de cedros de Líbano tus mástiles; 6 tus remos, de encinas de Basan; tus bancos, incrustado de marfil, traído de las islas de Kittim. 7De lino recamado de Egipto eran tus velas para servir de enseña; de jacinto y púrpura de las islas de Elisa tus toldos. 8 Los habitantes de Sidón y de Arvad eran tus remeros, y los más expertos entre ti, ¡oh Tiro! tus pilotos. 9 Ancianos de Guebal, con sus más hábiles obreros, calafateaban tus junturas.

Tiro, en su posición insular, era como una inmensa nave anclada a la entrada del mar (ν.3), y, como tal, con una vocaciσn marinera comercial universal; las numerosas islas o puertos del Mediterráneo son sus clientes comerciales. Es su vocación atávica y su mayor gloria. Las riquezas de todos los pueblos han afluido en masa hacia la metrópoli fenicia. Esta se sentía orgullosa por su opulencia material (soy una nave de perfecta hermosura). Pero esta altivez será la causa de su ruina. Es cierto que se halla en una posición geográfica inigualable: en el corazón de los mares están sus confines (v.4). Tiene factorías comerciales en todos los puntos principales del Mediterráneo. Tiro, como una nave majestuosa, se abre camino hacia el mar en su posición insular. Y a realzar esta posición privilegiada concurrieron los mejores artífices. Nada se ha ahorrado para dotar a la magnífica nave: los cipreses de Sanir 2, los cedros del Líbano, las encinas de Basan 3 y la mejor madera de boj trabajado en marfil se ha puesto a su disposición para su estructura exterior (v.5). El mejor lino de Egipto, los toldos más bellos de color, de púrpura de Elisa4, sirvieron para dar realce y magnificencia a la magnífica construcción. Y en correspondencia a la categoría de la espléndida nave estuvo el personal que la sirvió: los remeros de Sidón y de Arvad5 y los mejores armadores de Guebal 6. Nada se ahorró para que la obra saliera perfecta. Tiro era realmente una reina entre los mares, y por su hermosura y su posición geográfica logró convertirse en centro comercial del universo. El profeta va a enumerar los distintos pueblos y mercancías que afluían a la gran ciudad fenicia. El fragmento es interesantísimo desde el punto de vista histórico y geográfico, ya que encontramos la enumeración de los distintos productos de las diversas regiones del mundo entonces conocido.
Tiro, centro comercial del orbe (9b-25a)
9 Todas las naves del mar, con sus navegantes, estaban dentro de ti para cambiar tus mercancías. 10 De Paras, de Lud y de Put eran los soldados de tu ejército, tus hombres de guerra. Suspendían en medio de ti escudos y yelmos, dándote esplendor. n Hijos de Arvad y de Jelec guarnecían tus murallas, y los Gammadim tus torres; todos en torno, en tus murallas colgaban sus escudos, coronando tu belleza. 12 Los de Tarsis traficaban contigo en gran abundancia de productos de toda suerte: en plata, hierro, estaño y plomo te pagaban tus mercancías. 13 Ja van, Túbal y Mesec comerciaban también contigo y cambiaban tus mercaderías por esclavos y objetos de bronce. 14 Los de la casa de Togorma pagaban sus mercancías con caballos de tiro, corceles y mulos. 15 Los hijos de Dedán traficaban contigo; el comercio de numerosas islas estaba en tus manos, y te pagaban con colmillos de marfil y con ébano. 16 Edom 7 cambiaba contigo sus muchos productos, y te pagaba con malaquita, púrpura, recamados, lino, coral y rubíes. 17 Contigo comerciaban Judá y la tierra de Israel, y te daban como precio el trigo de Minnit, perfumes, miel, aceite y bálsamo. 18 Traficaba contigo Damasco, pagándote con sus muchos productos y sus bienes de toda suerte, vino de Jelbón y lana de Sajar. 19 Los de Vedan y Yaván de Uzal te pagaban con hierro elaborado, casia y caña aromática. 20 Dedán traficaba contigo en sillas de cuero para monturas. 21 La Arabia y los príncipes de Cedar eran tus proveedores y comerciaban con corderos, carneros y machos cabríos. 22 Los mercaderes de Sebá y de Regma comerciaban contigo, cambiaban tus mercancías por los más exquisitos aromas, piedras preciosas y oro. 23 Jarán, Canne y Edén, Asiría y Kilmad traficaban contigo. 24 Negociaban contigo en muchas cosas, vestidos preciosos, mantos de jacinto recamado, tapices tejidos en varios colores, fuertes y retorcidas cuerdas. 25 Las naves de Tarsis eran las caravanas que traían tus mercancías.

Esta sección está escrita en prosa y es considerada por algunos autores como adición erudita posterior. El autor sagrado declara en principio que todos los pueblos se daban cita con sus navegantes para llevar y cambiar las mercancías con la reina del comercio de la época. En primer término enumera los pueblos que contribuían con sus mercenarios de guerra a crear el gran imperio fenicio: de Paras, Lud y Put8, regiones del nordeste de África, cuyas gentes habían sido tomadas como soldados mercenarios de los comerciantes de Tiro. También contribuían con gentes de guerra al servicio de Tiro las gentes de Arvad y de Jelec y los Gammadim, de la costa siria 9.
Después de enumerar a los pueblos que suministraban sus guerreros a Tiro, el autor comienza a enumerar las regiones con que traficaba y los productos que recibía a cambio de sus múltiples mercancías. En primer lugar, la lejana Tarsis con sus tradicionales productos'metálicos de plata, hierro y estaño 10. Dentro de la zona del Mediterráneo estaban Javan, Túbal y Mesec 11, que proporcionaban esclavos y bronce. Los pueblos de origen indoario ofrecían sus característicos caballos y corceles 12. En el mar Rojo estaba Deddn 13, que ofrecía el marfil recibido de la India. Edom, al sudeste del mar Muerto, servía de intermediario para recibir los productos típicos de la península arábiga, púrpura, recamados, coral y rubíes, productos todos provenientes de otros comercios del mar Indico. Entre los pueblos con los que comerciaba Tiro no faltaban Juda e Israel, que entregaban sus recursos naturales de aceite, miel y trigo de Minnit, ciudad de Amón, en TransJordania 14, que daba nombre a una clase de trigo que después se cultivaba en Palestina. Damasco ofrecía sus finos de Jelbón y lana de Sajar 15. Las ciudades de Arabia, como Vedan y Yaván de Uzal, ofrecían sus característicos productos aromáticos y aun hierro 16. Deddn, también en esta zona del desierto arábigo, ofrecía sus sillas de montar 17. Las tribus típicamente beduinas de Cedar 18 aportaban la carne de sus rebaños esteparios. Y de nuevo las ciudades de Arabia Sebd y Regma traían sus aromas y piedras preciosas 19. No faltaban las aportaciones de Mesopotamia: Jarán, Carine, Edén, Asiría y Kilmad 20. Con estos nombres se cierra la prolija enumeración de los pueblos que traficaban con Tiro. El autor sagrado ha logrado en ella dar una profunda impresión de la opulencia de la ciudad fenicia, que ha de contrastar con la trágica suerte que le espera.
Ruina de la majestuosa nave de Tiro (25b-36)
25b Así llegaste a ser opulenta y muy rica en el corazón de los mares. 26 Pero en las grandes aguas, adonde te conducían tus remeros, el viento solano te precipitará al seno del mar. 27 Tus riquezas, tus mercancías, tu tráfico, tus marineros, pilotos y calafates, los mercaderes de tu tráfico, todos los guerreros que en ti hay, con toda la muchedumbre que te llena, caerán en el corazón del mar el día de tu ruina. 28 Al estrépito de los gritos de tus marineros temblarán las costas. 29 Bajarán de tus naves cuantos manejan el remo, y todos, marineros y pilotos del mar, se quedarán en tierra. 30 Alzarán a ti sus clamores y darán amargos gritos, echarán polvo sobre sus cabezas y se revolcarán en la tierra. 31 Se raerán por ti los cabellos en torno y se vestirán de saco; te llorarán en la amargura de su alma con acerba aflicción; 32 te lamentarán con elegías, y dirán de ti: ¿Quién había que fuera como Tiro, ahora silenciosa en medio del mar? 33 Con las mercancías que tú sacabas de los mares, tú saciabas a numerosos pueblos; con la muchedumbre de tus riquezas y de tu comercio enriquecías a los reyes de la tierra, 34 y yaces ahora sepultada en el mar, en lo profundo de las aguas, y contigo cayeron tu tráfico y toda la gran muchedumbre. 35 Quedáronse atónitos sobre ti i los habitantes de las islas, y los reyes de ellas están temblando de espanto, demudado el rostro. 36 Los mercaderes de los pueblos silban contra ti; has venido a ser objeto de espanto, ya no serás más por los siglos.

A pesar de que Tiro se creía segura en su opulencia comercial, también para ella le llegará la hora del máximo castigo. Sus negocios han sido demasiado lucrativos, abusando de su posición comercial excepcional. Todos los pueblos dependían en cierto modo de sus mercancías, y en este sentido había mantenido una hegemonía tiránica sobre pueblos menos prósperos. Tiro caerá al mar empujado por el viento solano (v.26), el ejército de Nabucodonosor, que viene del oriente en una primera embestida, y después el de Alejandro Magno, quien, después de vencer a Darío en Licia, cayó sobre la costa fenicia, subyugándola totalmente. La caída de Tiro en el corazón del mar, con todos sus mercaderes y marineros, causará el estupor de sus admiradores (v.28). Los marineros de otras naves, consternados y temerosos de que les suceda lo mismo, se bajarán a tierra y entonarán una elegía por la triste suerte de la que era reina de los mares, con las típicas demostraciones de duelo: gritos de desesperación y de dolor, polvo sobre la cabeza 21, revolcones en tierra, rasura de los cabellos 22 e indumentaria de saco. Todos los que recibían beneficios de la gran metrópoli, los habitantes de las islas (v.35), las costas del Mediterráneo, sentirán el escalofrío del miedo, pues no estarán seguros, habiendo caído la que parecía omnipotente.
Pero no faltará quien se alegre por la destrucción de Tiro. Ella se había alegrado de la ruina de Jerusalén 23, pero ahora los mercaderes de los pueblos silbaran (ν.3ό) irσnicamente contra ella, pues ha desaparecido la gran competidora comercial, la monopolista de las riquezas de la tierra: la magnífica entre todas las ciudades se ha convertido en objeto de espanto para todos los pueblos, porque han visto a donde ha llegado tanta gloria pasada: ya no seras más por los siglos, es el terrible veredicto del que dirige los hilos secretos de la historia, del omnipotente Yahvé de Judá.

1 Por razones métricas parece que debe suponerse perdida la palabra hebrea equivalente a nave, que caería por haplografía. — 2 Sanir es el Antilíbano, o cordillera que desciende paralela al Líbano. Es el Saniru de los textos asirios; el Syrion de los fenicios. Cf. Dt 3:9; véase Abel, Géog. I 347. — 3 Basan, en el norte de TransJordania, a los pies del Hermón, famosa por sus bosques y pastizales (Dt 2:13; Jos 12:2). — 4 Elisa: para unos es el Peloponeso o Sicilia. Otros más bien la identifican con la Alasia de las cartas del Tell-Amarna, y entonces sería Chipre (Gen 10:4). — 5 Arvad es la Arwada de Tell-Amarna, la actual Ruad, entre Trípoli (Líbano) y Lataquia (Siria). En asirio: Armada o Amada (Gen 10:18). — 6 Guebal, la actual Gebeil (la Byblos griega), al norte de Beyrut. — 7 En el TM se dice Aram (Siria), pero como en el v.18 se habla de los productos de Damasco, lo mejor es suponer con algunos manuscritos que en el texto primitivo estaba la pa-palabra Edom, que en hebreo tiene una grafía extremadamente parecida a Aram. — 8 Estos tres pueblos hay que colocarlos juntos, porque así suelen aparecer en varios textos bíblicos (Jer 46:9; Ez 30:5; 38,5; Is 66:19); parecen estar enclavados en el África oriental. Algunas veces aparecen citados junto a Kush (Etiopía). Paras pudieran ser los Perossi de Plinio (5:1.8; 6:35) y Pharussi de Estrabón (II 131; Plin., 5:1.10). Lud (Gen 10,22) son los Luddu de los textos cuneiformes, los lidios. Put sería el actual Sudán. — 9 Arvad: cf. v.8. Jelec, seguramente Cilicia. Los Gammadim serían los Kamadu de los textos egipcios y los Kumidi de las cartas de Tell-Amarna, es decir, el actual Kamid-al-Loz, junto al Hermón. — 10 Tarsis es la Tartessos de los griegos, en Huelva, famosa por sus minas de plata, plomo, etc. Sus naves eran famosas por su mayor tonelaje. Cf. Polibio (3:24:2); S. De Ausejo, El problema de Tartessos: "Sefarad," 2 (1942) 171-191; cf. Is 23; Jer 10,9; 1 Sam 10,22; Gen 10:4. — 11 Javán son los jonios o griegos: Gen 10,2; Is 66:19. Túbal es el asirio Tabal, los tibare-nos, al sudeste del mar Negro (Gen 10:3; Ez 32:26; 38:23). Mesec es el asirio Mushku, en Armenia. Junto a Tiflis se conserva el nombre Mzjet. — 12 Togorma (Gen 10:3), también en esta región de Armenia, famosa por sus caballos (herod., I 194; estrabón, 11:14:9). Algunos lo identifican con el asirio Tilgarimmu, en Capadocia. — 13 Dedán, junto al mar Rojo, en Arabia, o al sur de Edom (cf. Abel, o.c., I 293)· — 14 Minnit aparece en Jue 11:33 como ciudad de Amón (Abel, o.c., II 388). — 15 Jelbón, el actual Jelbun (asirio: Jilbunu), al noroeste de Damasco, famoso por su vino. Sajar, no identificada, pero que se supone está en la región de Siria. Se la ha querido identificar con la actual Sadad, al sudeste de Homs. Cf. abel, I 303. — 16 Vedan, una localidad junto al mar Rojo, quizá la llamada en egipcio Wdn. Yaván: nombre dudoso. Los LXX leen "vino." Uzal se supone que está en esta región, pero no está identificado. — 17 Dedán, al noroeste de Arabia (Gen 25:3). — 18 Cedar, tribu árabe muy citada en la Biblia, en el desierto siró-arábigo (Gen 25:13; Is 21:16; Jer 2:10; Sal 120:5; Cant 1:5). Plinio habla de los Cedrei (Hist. nat. 2:12); en los textos cuneiformes se los llama Qidri. — 19 Sebá, al sur de Arabia, de donde era la famosa reina de Saba (Is 60,6; Jer 6:20; Gen 10,7), Era famosa por su incienso y especias. Cf. Abel, o.c., I 293. Regma: Gen 10,7. Estrabón cita a los "zammanitas" (16:4.24), junto al golfo Pérsico. — 20 Jarán, asirio Jarranu, en la Alta Mesopotamia (cf. Gen 11:31; 12:5; Is 37:12). Es la segunda patria de Abraham. Canne (asirio: Kannu), quizá Kaiwai, junto al Tigris; leyendo Calne (asirio: kullan1) sería la actual Kullanhu o Killani, en Siria. Edén (asirio: Bit-Adinu), en el Medio Eufrates (cf. 2 Sam 19:12; Is 37:12). Kilmad, la actual Kilwadha, junto a Bagdad. — 21 Cf. Miq 1:10; Lam 2:10. — 22 Cf. Lev 19:27. — 23 Cf. Ez 26:2.
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