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36. Descendencia de Esaú
Con el relato de la muerte de Isaac terminan sus generaciones. Pero antes de comenzar con las de Jacob, que hasta aquí parecen consideradas como pertenecientes a la historia de Isaac 1, el autor sagrado refiere en cuadros estadísticos las de Esaú, llamado también Edom, que muchas veces han de figurar en la historia subsiguiente. Los cuadros corresponden a diversas épocas; por eso hay en el capítulo repeticiones y divergencias. Son documentos que el autor sagrado recoge para tejer la historia del hijo de Isaac, como en el capítulo 25 había recogido la descendencia de Ismael para completar la de Abraham y su inmediata descendencia. Vemos, pues, cómo la historia se desarrolla con rígido esquematismo literario.
Mujeres e Hijos de Esaú en Canotan (1-5)
1 Esta es la descendencia de Esaú, que es Edom. 2 Esaú tomó sus mujeres de entre las hijas de Canaán: a Ada, hija de Elón, jeteo; a Olibama, hija de Ana, hija de Sibeón, jeveo. 3 Además, a Basmat, hija de Ismael, hermana de Nebayot. 4 Ada le parió a Elifaz; Basmat, a Reuel, 5 y Olibama, a Yeus, Yalam y Qoraj. Tales son los hijos de Esaú que le nacieron en tierra de Canaán.

El autor quiere presentar a Esaú como el epónimo de los edomitas, y así le llama Edom 2 Los nombres de las mujeres de Esaú dados aquí apenas coinciden con las que ya conocemos por 26:34 y 28:9.
Emigración de Esaú (6-8)
6 Esaú tomó a sus mujeres, sus hijos y sus hijas, y todas las gentes de su casa, sus ganados y todas sus bestias, y todos los bienes que había adquirido en Canaán, y se fue a una tierra lejos de Jacob, su hermano; 7 pues, siendo muchos los bienes de uno y otro, no podían habitar juntos, y la tierra en que se movían no les bastaba a causa de sus muchos ganados. 8 Establecióse Esaú en el monte de Seir. Esaú es Edom.

Esaú se traslada con su familia a la tierra de Edom, porque su mucha hacienda creaba dificultades a la también abundante de Jacob. No se alude para nada a las discordias 3 entre ellos, que conocemos por otros documentos. En Gén. 32:3; 4 y 33:14 se supone que Esaú se trasladó a Edom antes de que Jacob retornase de Siria. La tierra de Seir es la zona montañosa y la meseta al este del Arabah que se extiende al sur del mar Muerto. En las cartas de Tell Amarna se llama este país Se-e-ri, y lo sitúan al sur de Palestina, lo que coincide sustancialmente con los datos bíblicos. Edom parece ser los Aduma de los textos egipcios, que los consideran como beduinos (Sasu), emparentados con los Sa’aira (los Bene Seir de la Biblia). Según los datos de este c.36, figuran como edomitas una población abigarrada de jorritas, amalecitas, quenezitas, seiritas, hititas e ismaelíes4.
Descendencia de Esaú en Seir (9-14)
9 He aquí los nombres de los hijos de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir: 10 Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; Rajel, hijo de Basmat, mujer de Esaú. 11 Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefo, Gatam y Quenaz. 12 Timna fue concubina de Elifaz, hijo de Esaú, y le parió a Amalee. Estos son los hijos de Ada, mujer de Esaú. 13 Los hijos de Reuel: Najat, Zaraj, Samma y Miza. 14 Estos son los hijos de Basmat, mujer de Esaú. Los hijos de Olibama, hija de Ana, hija de Sibeón, mujer de Esaú, fueron: Jeus, Yalam y Coraj.

Elifaz aparece en Job. 2:11s. Temán aparece como nombre geográfico de Edom5. Quenaz es el epónimo de los quenezitas, de la familia de los fereceos y jorritas6. En tiempo de los jueces se unieron a Judá7. Amalec: sin duda en relación con los amalecitas del sur de Palestina8. Najat: aparece en 2 Par. 30:13. Zaraj: aparece en Gén. 38:30. Jeus9. Samma10.
Los Jefes de Edom (15-19)
15 He aquí los jefes de los hijos de Esaú: Hijos de Elifaz, primogénito de Esaú, el jefe Temán, el jefe Omar, el jefe Sefo, el jefe Quenaz, 16 el jefe Qoraj, el jefe Gatam, el jefe Amalec. Estos son los jefes de Elifaz en la tierra de Edom; son los hijos de Ada. 17 Hijos de Reuel, hijo de Esaú: el jefe Najat, el jefe Zaraj, el jefe Samma y el jefe Miza. Estos son los jefes de Reuel en la tierra de Edom; éstos son los hijos de Basmat, mujer de Esaú. 18 Hijos de Olibama, mujer de Esaú: el jefe Jeus, el jefe Yalam y el jefe Qoraj. Estos son los jefes de Olibama, hija de Ana, mujer de Esaú. 19 Estos son los hijos de Esaú, éstos sus jefes; él es Edom.

Esta lista de jefes de la tribu de Esaú reproduce los nombres de v.9-14. La palabra que traducimos por jefes, siguiendo a la generalidad de las versiones (LXX: ηγεμων, y Vg: dux; en heb. ‘alluf), es literalmente jefe de mil (‘elef); podemos considerarlos como jefes de clanes dentro de una tribu.
Descendientes de Seir el Jurrita (20-30)
20 Los hijos de Seir el jurrita, que habitaban la región: Lotán, Sobal, Sibeón, Ana, 21 Disón, Eser, Disán. Estos son los jefes de los jurritas, hijos de Seir, en la tierra de Edom. 22 Los hijos de Lotán fueron: Jori y Hemán; Tamma, hermana de Lotán. 23 Los hijos de Sobal: Alván, Manajat, Ebal, Sefó y Onam. 24 Los hijos de Sibeón: Aya y Ana. Este Ana es el que halló en el desierto los manantiales de agua caliente mientras apacentaba el ganado de Sibeón, su padre. 25 Los hijos de Ana: Disón y Olibama, hija de Ana. 26 Los hijos de Disón: Jemdam, Esebán, Jetrán y Casam. 27 Los hijos de Eser: Balam, Zaayam y Acam. 28 Los hijos de Disán: Us y Aram. 29 He aquí los jefes de los jurritas: el jefe Lotán, el jefe Sobal, el jefe Sibeón, 30 el jefe Ana, el jefe Disón, el jefe Eser, el jefe Disán. Estos son los jefes de los jurritas, cada uno de sus jefes en la tierra de Edom.

Los jurritas eran una población no semita, emparentada con los mitannitas e hiwitas, de las estribaciones del Cáucaso, que invadieron la Alta Mesopotamia y Palestina como consecuencia de la presión de la oleada indoeuropea que hacia el 2000 a.C. cayó en el Asia Menor. Según Dt. 2:12; 22, los descendientes de Esaú, para establecerse en Edom, debieron de exterminar esta población de jurritas, que solían establecerse en zonas donde abundaban las cavernas; por eso en la Biblia se relaciona su nombre Jorita con Jor (caverna). Así, San Jerónimo los llama trogloditas o cavernícolas. Presionados por los edomitas, los jurritas se extendieron al sur hasta Egipto11. Por eso los egipcios llaman Haru a la Palestina meridional, y a sus habitantes hjry (los LXX: χορραϊος). Seir aquí aparece como epónimo, pero es un nombre geográfico. Sobal12. Disón13. Hemán14. Alván15. Onam16. Aya17. Ana: encontró las aguas termales, muy abundantes junto al mar Muerto. Jemdam18. Jetram19. Hus20. Aram21.
Reyes de Edom (31-39)
31 He aquí los reyes que han reinado en tierra de Edom antes que reinara un rey sobre los hijos de Israel: 32 Bela, hijo de Beor, reinó en Edom, y el nombre de su capital era Dinabá. 33 Murió Bela y le sucedió Yobab, hijo de Zerah, de Bosra. 34 Murió Yobab y le sucedió Jusam, de la tierra de Temán. 35 Murió Jusam y le sucedió Hadad, hijo de Bedad, que derrotó a Madián en los campos de Moab; el nombre de su ciudad era Avit. 36 Murió Hadad y le sucedió Samla, de Masreqah. 37 Murió Samla y le sucedió Saúl de Rejobot, junto al río. 38 Murió Saúl y le sucedió Baal-Janán, hijo de Acbor. 39 Murió Baal-Janán, hijo de Acbor, y le sucedió Hadar; el nombre de su capital era Pau, y el de su mujer, Metabel, hija de Matrad, hija de Mezahab.

Esta lista de reyes de Edom proviene de una fuente desconocida. Es relativamente reciente, ya que supone que existe la monarquía en Israel: "He aquí los reyes que han reinado en tierra de Edom antes que reinara un rey sobre los hijos de Israel" (v.31). Estos reyes no constituyen dinastías, pues no son hijos unos de otros y tienen capitales distintas. No parece que existiera monarquía hereditaria22. Algunos autores creen que la lista es de reyes anteriores no al primer rey de Israel (Saúl), sino al primer rey israelita que reinó sobre Edom (David)23. El primero, Bela, hijo de Beor, encuentra su paralelo en Balaam, hijo de Beor, el adivino encargado por Balac, rey de Moab, que maldijera a los israelitas24. No pocos comentaristas creen que se trata del mismo personaje25. Yobab es rey de Bosra:, la actual el-Buseira, al norte de Petra y al sudeste del mar Muerto26. Era la defensa principal de Edom por el norte27. Hadad: es el nombre del dios arameo de la tempestad, cuyo culto estaba muy extendido en Edom28. Venció a los madianitas, nómadas invasores de Moab29. Masreqah: es el actual djebel el-Musraq, al sudeste de Maan30. Saúl de Rejobot: es el Seil el-Qeraji31. Hadar32.
Otros Jefes de Edom (40-43)
40 Estos son los nombres de los jefes de Esaú según sus tribus y territorios. El jefe Timna, el jefe Alva, el jefe Yeter, 41 el jefe Olibama, el jefe Ela, el jefe Pinón, 42 el jefe Quenaz, el jefe Temán, el jefe Mibsar, 43 el jefe Magdiel, el jefe Iram. Estos son los jefes de Edom según sus moradas en la tierra que ocupan.

La mayor parte de estos nombres aparecen ya en la lista de los v. 19-39. Algunos nombres son geográficos y corresponden a divisiones administrativas distintas de las antiguas por tribus, quizá establecidas después de la invasión de Edom por los israelitas. Así, Ela quizá sea Elat (la Aelana de los autores clásicos), en el golfo de Elán. Pinón: quizá el Funón de Núm. 33,42, el actual Feinán, a 40 kilómetros al sur del mar Muerto.
Tenemos, pues, en estas listas de Edom diversas genealogías de reyes y jefes de Edom en muy diversas épocas. El autor sagrado las recoge porque los considera descendientes de Esaú, hijo de Isaac, y porque la historia de Israel está muy vinculada a la del reino de Edom.

1 Gén 37:2. — 2 Sobre el sentido de "Edom" véase coment. a 25:25. — 3 Gén 35:27-28. — 4 Cf. Abel, Géog. I 282. — 5 Gén 36:34;42; Am 1:12; Jer 49:7; 20; Ez 25:13. — 6 Cf. Gén 15:19. — 7 Jos 15:17; Jue 1:13; 3:9. — 8 Gén 14:7. — 9 Cf. 1 Par 7:19. 10 Cf. 1 Sam 16:9. — 11 Cf. Abel, Géog. I 281-282; 329. — 12 Gén 14:6; Is 21:11. — 13 Dt 14:5 — 14 1 Par 1:39. — 15 1 Par 1:40. — 16 Gén 38:4; 1 Par 2:26. — 17 2 Sam 3:7; 21:8s. — 18 1 Par 1:41. — 19 Ex 3:1; Jue 8:20. — 20 Gén 10:23: pertenece a Aram, epónimo de los arameos. Hus es el país de Job; Lam 4:21. — 21 1 Par 2:25. — 22 Cf. Is 34:12. — 23 Cf. 2 Sam 8:13-14; 1 Re 11:14s. — 24 Núm c.22-24. — 25 Así Noldeke, Hommel, Sayce. — 26 Muy citada en la Biblia: cf. Am 1:12; Is 34:6; 63:1; Jer 49:13. — 27 Abel, Géog. II 287. — 28 Cf. I Re 11,14. — 29 Gedeón luchará contra estas tribus nómadas (Jue 6). — 30 Abel, Géog. II 380-381. — 31 Abel, ibid. — 32 Cuando David conquistó Edom, aparece un príncipe llamado Hadar, que huyó a Egipto y volvió en tiempos de Salomón a liberar a su país. Cf. 1 Re 11:14-22.
37. Historia de José
José es en los siguientes capítulos el personaje central de la trama histórica. La exposición de la historia es dramática y está redactada en un estilo insuperable, siendo quizá las páginas más bellas del Génesis. A pesar de que la trama general está perfectamente ensamblada, sin embargo, no es difícil al atento observador encontrar indicios de la diversidad de documentos primitivos utilizados, como hemos visto en los capítulos anteriores. Con la historia de José se abre una nueva etapa para los israelitas, ya que tienen que vivir durante siglos en un país extraño, en ocasiones bajo la más dura servidumbre. Ello será ocasión de la intervención milagrosa divina para liberarlos. Todo ello responde a un plan salvífico de Dios en la historia, que va a modelar el alma israelita en las estepas del Sinaí para inmunizarlo contra las influencias religiosas paganas, convirtiéndole en "pueblo santo y raza sacerdotal."1 José mismo ve en su historia un designio divino: "Vosotros creíais hacerme mal, pero Dios ha hecho de él un bien, cumpliendo lo que hoy sucede, de poder conservar la vida de un pueblo numeroso."2 La estancia de los israelitas en Egipto dejó profundo eco en la literatura épico-religiosa de Israel. Algunos autores modernos creen, sin embargo, que no todos los hijos de Jacob y sus clanes estuvieron en Egipto: "Se puede afirmar (la estancia en Egipto) de la casa de José y Benjamín, de la tribu de Leví, de la que nacerá Moisés; se puede admitir la de Judá y de Simeón; pero el problema queda planteado para las tribus más septentrionales."3 Como veremos, la historia de José en su marco y líneas generales es perfectamente verosímil, y no hay fundamento para considerarla como una mera ficción literaria; pero esto no quiere decir que no existan notas pintorescas y pormenores anecdóticos que puedan haber surgido en los relatos de los hechos coloreados por la imaginación como en otros de la historia de los patriarcas.
José, Preferido de Jacob (1-11)
En razón de las incoherencias narrativas y repetición de algunos detalles del relato de este capítulo, se admiten varias fuentes primitivas, reflejo de tradiciones diversas4. Aparte de pequeñas secciones del documento5, se reconocen comúnmente las fuentes con sus características literarias6.
1 Habitó Jacob en la tierra por donde peregrinó su padre, en la tierra de Canaán. 2 Esta es la historia de Jacob: Cuando tenía José diecisiete años, siendo todavía un adolescente, iba con sus hermanos, los hijos de Bala y los hijos de Zelfa, mujeres de su padre, a apacentar el ganado, e hizo llegar José a su padre la pésima fama de aquéllos. 3 Israel amaba a José más que a todos sus otros hijos, por ser el hijo de su ancianidad, y le hizo una túnica talar. 4 Viendo sus hermanos que su padre le amaba más que a todos, llegaron a odiarle, y no podían hablarle pacíficamente. 5 Tuvo también José un sueño, que contó a sus hermanos y que acrecentó más todavía el odio de éstos contra él. 6 Díjoles: "Oíd, si queréis, este sueño que he tenido. 7 Estábamos nosotros en el campo atando gavillas, y vi que se levantaba mi gavilla y se tenía en pie, y las vuestras la rodeaban y se inclinaban ante la mía, adorándola." 8 Y sus hermanos le dijeron: "¿Es que vas a reinar sobre nosotros y vas a dominarnos?" Estos sueños y las palabras de José fueron causa de que le odiaran todavía más. 9 Tuvo José otro sueño, que contó también a sus hermanos, diciendo: "He aquí que he tenido otro sueño, y he visto que el sol, la luna y once estrellas me adoraban." 10 Contó el sueño a su padre y a sus hermanos, y aquél le increpó, diciéndole: "¿Qué sueño es ese que has soñado? ¿Acaso vamos a postrarnos en tierra ante ti yo, tu madre y tus hermanos?" 11 Sus hermanos le envidiaban, pero a su padre le daba qué pensar.

En los capítulos anteriores, Jacob y su familia ocupan una parte muy importante de la historia; pero Isaac estaba con vida. Muerto el patriarca, Jacob queda heredero, tanto de su hacienda como de las promesas divinas hechas a Abraham. La historia de Jacob que sigue hasta el fin del Génesis está narrada a la luz de estas promesas. Por eso se habla de la "historia de Jacob" (v.2a). En ella ocupa José el lugar más importante, y el autor sagrado se propone poner de relieve la providencia de Dios sobre él. El puesto que viene a ocupar en la corte del faraón mira a conducir a Israel a Egipto, donde se multiplicará, dando ocasión a la servidumbre y a la liberación y retorno a Canaán, la tierra prometida, en la que habrá de realizar la misión a que Dios le tiene destinado, la preparación mesiánica. Aquí la historia (lit. generaciones) de Jacob es en realidad la historia de sus hijos. El autor sagrado empieza por consignar que Jacob habitó en Canaán (v.1), en contraposición a Esaú, que emigró al país de Seir, al sudeste del mar Muerto7. No dice dónde residía, pero en el v.14 se dice que estaba en Hebrón, donde habían muerto Abraham e Isaac y donde estaba, por tanto, el centro de la familia en torno al panteón familiar.
José apacentaba los rebaños con sus hermanos, siendo un adolescente de diecisiete años. La frase "los hijos de Bala y de Zelfa," esclavas de Lía y Raquel, parece una glosa para atenuar la culpabilidad de los otros hermanos de José, nacidos de las verdaderas esposas. En efecto, José los acusó a su padre de la pésima fama de ellos. La palabra hebrea que traducimos por fama significa en realidad "propósitos malos."8 El texto no especifica en qué consistían. La Vg. traduce "crimine pessimo," y por ello muchos autores antiguos han pensado en pecados sodomíticos o de bestialidad. Pero, en realidad, no sabemos en qué consistía la culpabilidad de los hermanos de José9. Esta acusación fue principio de una animadversión contra él de parte de sus hermanos. Pero, además, es que Jacob sentía especial predilección por José por ser el "hijo de su ancianidad" (v.3). Además, era hijo de Raquel, la esposa preferida10. En realidad, el último hijo de Jacob era Benjamín; pero debía de ser muy pequeño y el autor sagrado no tiene todavía cuenta de él. Otra razón de la envidia era que el padre le había distinguido regalándole una túnica talar (v.3), es decir, una túnica larga hasta los pies y con largas mangas, que solían usar los personajes distinguidos, mientras que los obreros y gente baja usaban una túnica hasta la rodilla, y ésta sería la usada por los demás hermanos de José11. Por todo esto le trataban con desprecio y coléricamente: "no podían hablarle pacíficamente," o saludarle afectuosamente (v.4). Esta situación se agravó cuando el ingenuo José les narró unos sueños misteriosos que había tenido: en uno de ellos, las gavillas de los otros hermanos rodeaban la suya y la adoraban (v.8). Esto prueba que también los hijos de Jacob se dedicaban, además del pastoreo, a la agricultura. A medida que los patriarcas habían echado raíces en Canaán, se habían transformado de nómadas en sedentarios. La reacción contra el visionario fue violenta: ¿es que iba a ser un día señor de ellos? Como veremos, esta visión era un presagio del encumbramiento de José en Egipto, al que tendrían que prosternarse sus hermanos llevados de la necesidad. Otro sueño confirmó esta conjetura: el sol, la luna y once estrellas se prosternaban ante él (v.9). Ahora la supremacía sería sobre el padre, la madre y los once hermanos, representados por el sol, la luna y las once estrellas (v.10). De momento, Jacob reaccionó contra estas pretensiones: ¿vamos a postrarnos en tierra ante ti yo, tu madre y tus hermanos? Pero el patriarca reflexionó después sobre el misterioso sueño de su hijo, pensando en los posibles presagios en él simbolizados. Sus hijos, en cambio, se dejaron llevar de los celos y le cobraron gran odio.
Maquinaciones Contra la Vida de José (12-24).
12 Fueron sus hermanos a apacentar el ganado de su padre en Siquem, 13 y dijo Israel a José: "Tus hermanos están apacentando en Siquem. Ven que te mande a ellos." El respondió: "Heme aquí." 14 "Pues vete a ver si están bien tus hermanos y el ganado, y vuelve a decírmelo." Y le envió desde el valle de Hebrón, y se dirigió José a Siquem. 15 Encontróle un hombre errando por el campo y le preguntó: "¿Qué buscas?" 16 Y él le contestó: "A mis hermanos busco. Haz el favor de decirme dónde están apacentando." 17 Contestóle el hombre: "Se han ido de aquí, pues les oí decir: Vamonos a Dotaín." 18 Viéronle ellos desde lejos, antes que a ellos se aproximara, y concibieron el proyecto de matarle. 19 Dijéronse unos a otros: "He aquí que viene el de los sueños; 20 vamos a matarle y le arrojaremos a uno de estos pozos, y diremos que le ha devorado una fiera; así veremos de qué le sirven los sueños." 21 Rubén, que esto oía, quería librarle de sus manos, y les dijo: "Matarle, no; 22 no vertáis sangre; arrojadle a ese pozo que hay en el desierto y no pongáis las manos sobre él." Quería librarle de sus manos para devolverlo a su padre. 23 Cuando llegó José hasta sus hermanos, despojáronle de la túnica, la túnica talar que llevaba, 24 y, cogiéndole, le arrojaron al pozo, un pozo vacío que no tenía agua.

Es extraño que los hijos de Jacob pastoreasen por la zona colindante de Siquem después del sangriento episodio causado por ellos en aquella localidad12. Pero quizá pasaran inadvertidos, y habían transcurrido varios años después del suceso. Con todo, Jacob parece preocupado por la suerte de sus hijos, y así envía a José a cerciorarse de su estado (v.14). El patriarca residía en Hebrón13. José se encaminó hacia Siquem (más de 100 kilómetros de distancia desde Hebrón); pero no encontró a sus hermanos en aquella región, pues se habían corrido más al norte en busca de mejores pastos, hacia Dotaín, la zona rica de la llanura de Esdrelón, el actual Tell Dotán, que se hallaba en la ruta caravanera de Siria a Egipto. Los hermanos, al verle, deciden matarle, llamándole despectivamente el de los sueños (v.19). Quieren asesinarle y arrojarle a una cisterna para disimular su crimen. Rubén interviene para salvarle la vida, y propone arrojarle vivo a la cisterna.
José Vendido por sus Hermanos (25-36)
25 Sentáronse a comer, y, alzando los ojos, vieron venir una caravana de ismaelitas que venía de Galaad, cuyos camellos iban cargados de estoraque, tragacanto y láudano, que llevaban a Egipto; 26 y dijo Judá a sus hermanos: "¿Qué sacaríamos de matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? 27 Vamos a vendérselo a esos ismaelitas y no pongamos en él nuestra mano, pues es hermano nuestro y carne nuestra." Asintieron sus hermanos; 28 y, cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron a José, subiéndole del pozo, y por veinte monedas de plata se lo vendieron a los ismaelitas, que le llevaron a Egipto. 29 Volvió Rubén al pozo, pero no estaba en él José, y, rasgando sus vestiduras, 30 volvióse a donde estaban sus hermanos, y dijo: "El joven no parece, ¿adonde iré yo ahora?" 31 Tomaron la túnica talar de José y, matando un macho cabrío, la empaparon en la sangre, 32 la tomaron y se la llevaron a su padre, diciendo: "Esto hemos encontrado; mira a ver si es o no la túnica de tu hijo." 33 Reconociéndola él, dijo: "La túnica de mi hijo es; una fiera le ha devorado, ha despedazado enteramente a José." 34 Rasgó Jacob sus vestiduras, vistióse de saco e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo. 35 Venían todos sus hijos y sus hijas a consolarle; pero él rechazaba todo consuelo, diciendo: "En duelo bajaré al "seol," a mi hijo." Y su padre le lloraba. 36 los madianitas le vendieron en Egipto a Putifar, ministro del faraón y jefe de la guardia.

Después de consumado el hecho, divisan que por la ruta caravanera bajan unos mercaderes con sus camellos; unas veces son llamados ismaelitas, y otras madianitas (indicio de duplicidad de documentos), pero en todo caso árabes14. Traían aromas y resinas olorosas, muy apreciadas de los egipcios para las momificaciones. La ruta de Arabia era la especializada en estos productos (v.25); por eso proceden de Galaa15. Por los documentos extrabíblicos sabemos cómo, en efecto, existían caravanas regulares que pasaban de Siria y Arabia por Palestina hacia Egipto, y, por tanto, el relato bíblico está perfectamente encuadrado en su marco histórico-geográfico. Judá propone vender a José a estos mercaderes, pues el derramamiento de sangre siempre es una cosa muy grave: ¿Qué sacaríamos de matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? (v.26). La sangre clamaba al cielo, y por eso se cubría con tierra para acallar su voz16. Por otra parte, tratándose de un hermano, el crimen era más horrendo: es carne nuestra (v.27). Asintieron los hermanos y, sacando a José de la cisterna, lo entregaron por veinte siclos de plata (v.29). Un esclavo valía 30 siclos17. En Lev. 27:5 se prescribe pagar al templo 20 siclos de plata como rescate de un joven de cinco a veinte años.
El relato está confuso, pues se mezclan dos tradiciones. Rubén, que antes propuso echar a José a una cisterna para salvarle, fue después a ella, sin duda para libertarle; pero no le halló y volvió rasgándose las vestiduras y diciendo: El joven no parece; ¿adonde iré yo ahora? (v.30). Según esta narración, Rubén no estaba con sus hermanos cuando se decidió la venta de José, y ahora pregunta a sus hermanos por su paradero. Esta parece ser la versión del hecho según el autor. Según la narración, los hermanos tiñeron la túnica en la sangre de un macho cabrío y la remitieron a Jacob para que viera si era la de José. La artimaña es muy calculada. Para evitar que su padre les conociera su fechoría por el relato directo, envían a un tercero con la túnica. Jacob la reconoce, y deduce que, en efecto, el hijo ha sido devorado por una fiera (v.33). Deconsolado, hizo duelo ritual por él, vistiéndose de saco y rasgando sus vestiduras (v.34). Sus hijos e hijas (nombradas por primera vez, excepto Dina) le tratan de consolar, pero en vano, pues está apesadumbrado por el dolor: "En duelo bajaré al seol, a mi hijo" (v.35). Su muerte no sería la de su padre ni abuelo, "en buena senectud," rodeado de todos sus hijos. Ha perdido el hijo predilecto y de modo trágico. Este recuerdo le lacerará hasta la muerte. El autor sagrado recalca este dolor, preparando el contraste de la alegría que experimentará el patriarca al recuperar a su hijo, virrey de Egipto18.
Los mercaderes vendieron a José a Putifar, eunuco del faraón. El nombre es plenamente egipcio, y parece significar "don de Ra" (en egipcio: Pa-di-pa-Ra: que en una pronunciación dialectal da "Putifar"). Su título oficial es "jefe de los matarifes" (sar hattabajim), título honorífico al estilo de "caballerizo mayor" del rey en la nomenclatura cortesana de hoy. La venta de un hombre estaba prohibida por la Ley mosaica 19, pero el tráfico de esclavos era corriente en la época.

1 Ex 19:5. — 2 Gén 50:20. — 3 R. De Vaux: DBS IV 734-735. — 4 Según v.27.28b, José es vendido por sus hermanos a ismaelitas, que lo llevaron a Egipto (c.30). Según 28a; 29; 30, lo roban mercaderes madianitas, en contra de la voluntad de sus hermanos. Según el v.2, José es odiado porque acusó a sus hermanos de pecados nefandos; según los v.3-4, porque era preferido de su padre; según v.5-6, porque tuvo sueños pretenciosos. Según v.21-22, es Rubén el que quiere librarle de la muerte; según el v.26, es Judá. Parecen narraciones duplicadas: v.14-14; 18-20; 34-35. — 5 Los v.1; 2a. — 6 Se atribuyen al yahvista: v.3-4; 12-17; 18b:21; 23; 25-27; 28b; 31; 32; 33a. Al elohista: v.5-11; 19; 20; 22; 24; 28a; 29-30; 33b; 34b; 36. Véase J. chaine, o.c., 377-381, y a.Clamer, o.c., 418-419. — 7 Gén 36:6-8. — 8 Cf. Núm 14:16; Prov 10:18; Jer 20:10; Ez 36:3. — 9 Estos dos versos son atribuidos al documento sacerdotal. Los otros documentos darán otras razones para explicar la envidia de los hermanos de José. — 10 Gén 30:22. — 11 La Vg, siguiendo a los LXX, traduce "tunicam polymitam," o de abigarrado color. Pero la palabra hebrea usada, passim, y su equivalente pista en arameo y siríaco, significa la planta de los pies o las palmas de las manos. Así se trata de una túnica que llegaba a los pies y con mangas hasta las palmas de las manos. Véase DBS III 512; A. Clamer, o.c., p.420. — 12 Cf. Gén 34:25-35:5. — 13 Cf. Gén 35:27. En 35:21 se dice que residía más al sur, en Migdal-Eder. — 14 Según la Biblia, los ismaelitas y los madianitas eran descendientes de Abraham, unos por Agar (c.16) y otros por Quetura (25,1-2). — 15 Cf. Jer 8:22; 46:11; 51:8; Ez 27:17. — 16 Cf. Job 16:18; Is 26.21; Ez 24.7-18. — 17 Ex 21:32. — 18 Gén 45:28. — 19 Ex21:16.
38. Judá y Tamar
La bella historia de José está interrumpida por este capítulo sobre la familia de Judá. El autor creyó conveniente insertar esta historia para que no se perdiese, ya que de Judá habría de provenir el rey David, heredero de las promesas mesiánicas. No debemos perder de vista el carácter fragmentario y heterogéneo de los relatos bíblicos, presididos siempre por ideas religiosas, y en este caso se busca los antepasados históricos de la familia davídica. Algunos comentaristas creen que en esta narración nos hallamos ante una trasposición de relaciones colectivas de tribus a supuestos personajes epónimos, antepasados de las mismas, como hemos visto en el caso de Moab y Amón, hijos de Lot. Los hijos de Judá, Selá, Fares y Zeraj, son nombres de clanes de la tribu de Judá. El estilo del relato es realista, pero por eso lleva un marcado sello de autenticidad. Los detalles del relato se encuadran perfectamente en el ambiente consuetudinario de la época patriarcal.

1 Sucedió entonces que bajó Judá, apartándose de sus hermanos, y llegó hasta un adulamita de nombre Jirá. 2 Vio allí a una cananea llamada Súa, y la tomó por mujer, y entró a ella, 3 que concibió y parió un hijo, al que llamó Er. 4 Concibió de nuevo y parió un hijo, a quien llamó Onán; 5 volvió a concebir, y parió un hijo, a quien llamó Selá; cuando le parió éste, hallábase en Quezib. 6 Tomó Judá para Er, su primogénito, una mujer llamada Tamar. 7 Er, primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Yahvé, y Yahvé le mató. 8 Entonces dijo Judá a Onán: "Entra a la mujer de tu hermano y tómala, como cuñado que eres, para suscitar prole a tu hermano." 9 Pero Onán, sabiendo que la prole no era suya, cuando entraba a la mujer de su hermano, se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano. 10 Era malo a los ojos de Yahvé lo que hacía Onán, y le mató también a él. 11 Dijo entonces Judá a Tamar, su nuera: "Quédate como viuda en casa de tu padre hasta que sea grande mi hijo Selá." Pues se decía: "No vaya a morir también éste como sus hermanos." Fuese, pues, Tamar y habitaba en casa de su padre. 12 Pasó mucho tiempo, y murió la hija de Súa, mujer de Judá. Pasado el duelo por ella, subió Judá con su amigo Jirá, el adulamita, al esquileo de su ganado a Timná. 13 Hiciéronselo saber a Tamar, diciéndole: "Mira, tu suegro ha ido a Timná al esquileo de su ganado." 14 Despojóse ella de sus vestidos de viuda, se cubrió con un velo, y cubierta se sentó a la entrada de Enaím, en el camino de Timná, pues veía que Selá era ya mayor y no le había sido dada por mujer. 15 Judá, al verla, la tomó por una meretriz, pues tenía tapada la cara. 16 Dirigióse a donde estaba y le dijo: "Déjame entrar a ti," pues no conoció que era su nuera. Ella le respondió: "¿Qué vas a darme por entrar a mí?" 17 Y él contestó: "Te mandaré un cabrito del rebaño." Ella le dijo: Si me das una prenda hasta que lo mandes..." 18 ¿Qué prenda quieres que te dé?," le dijo él. Ella contestó: "Tu sello, el cordón de que cuelga y el báculo que llevas en la mano." El se lo dio, y entró a ella, que concibió de él. 19 Luego se levantó, se fue y, quitándose el velo, volvió a vestirse sus ropas de viuda. 20 Mandó Judá el cabrito por medio de su amigo el adulamita, para que retirase la prenda de manos de la mujer; pero éste no la halló. 21 Preguntó a las gentes del lugar, diciendo: ¿Dónde está la meretriz que se sienta en Enaím a la vera del camino?" Y ellos le respondieron: "No ha habido aquí ninguna meretriz." 22 Volvió, pues, a Judá y le dijo: "No la he hallado, y las gentes del lugar me han dicho que no ha habido allí ninguna meretriz." 23 Y dijo Judá: "Que se quede con ello, no vaya a burlarse de nosotros; yo ya he mandado el cabrito y tú no la has hallado." 24 Al cabo de unos tres meses avisaron a Judá, diciendo: "Tamar, tu nuera, se ha prostituido, y de sus prostituciones está encinta." Judá contestó: "Sacadla y quemadla." 25 Cuando la sacaban, mandó ella a decir a su suegro: "Del hombre cuyas son estas cosas estoy encinta. Mira a ver de quién son ese anillo, ese cordón y ese báculo." 26 Los reconoció Judá, y dijo: "Mejor que yo es ella, pues no se la he dado a Selá, mi hijo." Pero no volvió a conocerla más. 27 Cuando llegó el tiempo del parto, tenía en el seno dos gemelos. 28 Al darlos a luz, sacó uno de ellos una mano, y la partera la tomó, y ató a ella un hilo rojo, diciendo: "Este ha sido el primero en salir"; 29 pero él retiró la mano y salió su hermano. "¡Vaya rotura que has hecho!," dijo ella, y le llamó Fares; 30 luego salió su hermano, que tenía el hilo atado a la mano, y le llamó Zaraj.

Hemos visto atrás cómo Abraham y Rebeca buscaban para sus hijos mujeres de su misma familia. Ya se comprende que esto no podía ser ley general para la familia de Jacob, que vivía en medio de los pueblos cananeos. Judá tomó por mujer a una cananea, tuvo de ella hijos, y para éstos buscó también mujeres del mismo país. Era esto natural, y no hemos de ser tan severos que hayamos de condenar la conducta de este hijo de Jacob por no haber seguido el ejemplo de sus mayores, yendo a buscar esposas a las lejanas tierras de Jarrán. La Ley mosaica no estaba aún dada, y el principio en que se fundaba la conducta de los patriarcas, a saber, la estima de la propia sangre y el no querer mancharla con la de los extraños, no podía ser tan poderosa como para obligar a toda la numerosa familia de Jacob a seguirla. Pero el episodio de Judá dio al autor sagrado ocasión para darnos a conocer una costumbre que luego será ley en la de Moisés.
Es difícil situar cuándo tuvo lugar este episodio dentro de la historia de los patriarcas. El texto dice vagamente que "sucedió entonces" (lit. "en aquel tiempo") que Judá se separó de sus hermanos. Vemos que una de las tribus de Jacob se separó de las otras desde el principio. En el canto de Débora no aparece nombrado Judá1. En Jueces 1 se dice que se apoderó de la parte meridional de Palestina. Aquí Judá se fue a habitar con un hombre de Adullam, localidad de la parte sudoeste de Palestina, en las estribaciones de las montañas de Judá, cerca ya de la llanura de la costa, o "sefela."2 Allí se casó con una cananea. ¿Cuándo ocurrió esto? ¿Antes de bajar a Egipto con los demás hermanos? En el texto se dice que tuvo tres hijos, y los tres casaderos; por tanto, hemos de suponer que Judá habitó en esta región durante mucho tiempo. Como es la parte meridional de Palestina, no lejos del delta egipcio, y las comunicaciones por la ruta de la costa eran frecuentes, muy bien podemos suponer que Judá se separó de sus hermanos de Egipto y se estableció en la tierra de Canaán. No es necesario suponer que los doce hijos de Jacob quedaran todos en Egipto. Lo más normal es que algunos de ellos, y muchos de sus descendientes, hayan vuelto a Palestina, sobre todo cuando los egipcios se mostraron adversos a los hebreos. No debemos olvidar que la narración bíblica responde a un esquema rígido sometido a la ilustración de determinadas verdades religiosas, y así la historia resulta fragmentaria y artificial, aunque sustancialmente auténtica, pero que no excluye otros enfoques históricos más completos al investigador moderno. Así, con el tiempo, parte de la tribu de Judá puede estar ya establecida en Palestina antes del éxodo, y parte pudo bajar a Egipto con sus hermanos de las otras tribus, de forma que tomen parte también en el éxodo y después en la formación de la teocracia en el Sinaí. Con todo, este relato relativo a la vida de Judá es sumamente interesante y abre mucho las perspectivas histórico-geográficas de Israel como pueblo, ya que vemos que una tribu se separó de las otras en sus albores y llevó vida aparte en la zona meridional palestiniana. De seguro que también otras tribus hicieron lo mismo, según la suerte que les haya cabido en el modo de encontrar medio de vida. No hemos de concebir a las doce tribus como un bloque indiviso que vive pastoreando en el delta del Nilo. Al crecer y surgir dificultades ambientales, de seguro que algunas tomaron otros rumbos, y se volvieron a la tierra de sus antepasados. Una de ellas — lo sabemos — es Judá, representada en su epónimo. Este no tuvo inconveniente en tomar mujer cananea y cananeas para sus tres hijos3. Una de ellas se llamaba Tamar (palmera). El primogénito de Judá, Er, murió pronto en castigo por unas malas acciones que no se especifican (v.7). Entonces Judá mandó a su segundo hijo que se casara con la viuda: para suscitar prole a tu hermano (v.8). Es la ley del levirato, nacida del ansia de sobrevivir en la posteridad. Según esta ley, el pariente más próximo del difunto debía casarse con la viuda de éste, de forma que el primer hijo que tuviera de ésta fuera considerado jurídicamente como hijo del difunto y continuador de su nombre4. Esta costumbre la encontramos en la legislación asiria, pero la finalidad en este caso era, sobre todo, hacer valer el derecho de propiedad sobre la mujer, que el difunto marido o sus padres habían comprado con su dinero5. En el código hitita existe la misma ley, pero ni en una ni en otra se exige la condición de que el difunto haya fallecido sin herederos6. De manera que en ambas leyes la razón del levirato (levir: "cuñado") es la misma: conservar en la familia los derechos adquiridos sobre la mujer7. En el caso bíblico, la finalidad es, como dijimos antes, suscitar descendencia al difunto, de modo que sobreviva su nombre en Israel. Pero Onán frustra esta intención, cometiendo un pecado contra naturaleza (v.9). De este hecho, los moralistas darán el nombre de onanismo al vicio de la masturbación. En la Biblia es condenado ("era malo a los ojos de Dios"), no tanto por ir contra la virtud de la castidad cuanto por ir contra la piedad familiar, al negarse a dar descendencia a su hermano. De todos modos, el autor sagrado supone en ese acto una perversión del orden natural de Dios al oponerse a la generación. Dios le castigó, y Onán murió, quedando viuda de nuevo Tamar. Entonces Judá le dijo a ésta que volviera a la casa paterna hasta que su hijo menor fuera mayor y se casara con ella; pero en el fondo no quería entregárselo, pues veía que Tamar tenía como un maleficio, pues dos de sus maridos habían muerto en poco tiempo (v.11). Para la viuda, volver a la casa paterna por no haber tenido hijos era deshonroso y como una maldición de Dios8. Por eso, la vida de la desgraciada viuda era muy penosa y llena de desprecio. Esto nos dará a comprender el interés de Tamar por tener hijos. Durante su reclusión murió la esposa de Judá, y entonces Tamar concibió la esperanza de ser esposa de Judá y tener descendencia de él. Y así procuró hacerse encontradiza con Judá cuando éste subía a Timná9, donde tenía sus rebaños. La artimaña de Tamar es muy original. Era la ocasión del esquileo de las ovejas, en que se solían celebrar regocijos. Tamar esperó a su suegro en el camino vestida de prostituta, con la cabeza velada (v.14), sin duda para no ser reconocida10. Ella se puso a la vera del camino al estilo de las cortesanas11. Judá la solicita, y promete en recompensa un cabrito12, que estaba consagrado a la diosa del amor. Quizá Judá en esto seguía una antigua costumbre cananea. Tamar exige como garantía que le entregue el sello, el cordón y el báculo (v.18), que eran los objetos más personales. Toda persona de algún rango debía llevar consigo un sello para signar los contratos, bien en el dedo a modo de anillo o colgando del cuello, con un cordón, que es el caso actual13, y el báculo o bastón, cincelado con determinados adornos que sirvieran para identificar a la personalidad de su dueño14. Judá entrega estos objetos personalísimos, sin sospechar la intención de Tamar que los exigía. Más tarde envió a su amigo Jirá para que llevara el cabrito convenido a la cortesana 15, pero no la encontró, y nadie le dio noticias de ella. Judá se conformó con la pérdida de sus objetos personales, callándolo para que no se divulgara su acción y perdiera el honor (v.23). Pocos meses después le comunican que Tamar está encinta. Judá manda quemarla, según la costumbre. A Judá pertenece decidir la pena contra su nuera, porque legalmente es la prometida de su hijo menor. En la Ley mosaica se manda quemar a la hija de un sacerdote que se prostituya16, pero en otros casos la pena es la lapidación17. Tamar, cuando era llevada a la hoguera, mandó enviar los objetos personales que tenía de Judá a éste, para que reconociera la paternidad del hijo que iba a tener (v.25). Judá los reconoció, admitió su culpabilidad, confesando que Tamar era mejor que él, ya que debió entregarle su hijo en matrimonio. Pero después no tuvo relaciones maritales con Tamar, considerando deshonroso casarse con una nuera.
En los v.27-30 encontramos un relato muy similar al de 24:25s. Tamar tuvo dos gemelos, que también parecen luchar por la primogenitura antes de nacer. Uno de ellos, Fares, suplantó al otro, Zaraj, que había sacado primero la mano. Y se da la explicación del nombre del primero, Fares (en heb. "rotura, brecha"): "¡Vaya rotura que has hecho!," exclama la partera, aludiendo a la violencia con que salió a luz, deseoso de suplantar a su hermano Zaraj. También aquí parece nos hallamos ante explicaciones folklóricas sobre el nombre de estos dos epónimos de dos clanes de la tribu de Judá18. Como en el caso de Esaú y de Jacob, también aquí muchos comentaristas ven una alusión a la lucha entre estas dos colectividades, cuya hostilidad se traslada legendariamente al origen de los dos supuestos antepasados en el seno materno. De hecho, los descendientes de Fares son más numerosos que los de Zaraj, y, sobre todo, de aquél había de nacer David, el rey predestinado de Israel19. En la genealogía de Cristo según San Mateo, Fares figura entre los antepasados20. Los autores sagrados, fieles a la historia, no se atreven a borrar las manchas genealógicas. Un autor falsario de la época de la monarquía no pondría como antepasado de David a uno que nació de una acción fornicaria entre suegro y nuera, y lo mismo un falsario del Ν. Τ. habrνa buscado unos antepasados más limpios a la ascendencia de Cristo. Pero la historia es la historia, y los autores sagrados la recogen como está, viendo en sus vicisitudes la providencia misteriosa de Dios, cuyos inescrutables designios no caben en cálculos meramente humanos.
La conducta de Judá en juntarse con la que creía meretriz es condenable ante la ley natural, ante la Ley mosaica y más ante la evangélica. El autor sagrado no la aprueba, sino que la considera como acción pecaminosa. Pero no debemos perder de vista la mentalidad de la época, y entonces la conciencia moral era muy oscura. Sobre todo es disculpable la conducta de Tamar, que ante todo busca tener descendencia, sin reparar en una acción que para ella era perfectamente lícita para conseguir su deseo21.

1 Jue 5. — 2 .Cf. Jos 12:15; 1 Sam 22:1; 2 Sam 23:13; 2 Par 11:7; 2 Esdr 11:30; 2 Mac 12:38. Se la identifica con el actual Id el-Ma o Idelmiye (abel, Géog. II 329). — 3 Cuando nació el último, Selá, se encontraba en Quezib o Akzib, el actual Ain el-Kezbe (abel, Géog. II 298). — 4 Dt 25:5s. — 5 Art.196. — 6 Art.193. — 7 Véase ch. Jean, Le Milieu Biblique II 198.222. — 8 Cf. Lev 22:13. — 9 La actual Tibna, entre Adullam y Enaím (Abel, Géog. II 481). — 10 Según las leyes asirias, las jóvenes y mujeres debían ir con la cabeza cubierta, excepto las prostitutas, que debían llevarla descubierta, y lo mismo las esclavas (J. B. pritchard, Ancient Near Eastern Texis relating to the Old Testament [1950] 183). — 11 Cf. Jer 3:2. — 12 Es el regalo que Sansón da a su esposa (Jue 15:1). — 13 Cf. Cant 8:6. — 14 Herodoto menciona estos objetos usados por los babilonios como medios de probar su personalidad (I 195). — 15 Aquí el TM, por cortesana, dice qedesah, que significa prostituta sagrada o hieródula. es la qadistu babilónica, consagrada al culto en el santuario. También en Canaán existían santuarios con mujeres y hombres dedicados a la prostitución sagrada en honor de Astarté. Véase Os 4:14; 1 Re 14:24; 25:12; 2 Re 23:7. Véase Herodoto, I 199. — 16 Lev 21:9. — 17 Dt 22:23; Lev 20:10. — 18 Cf. 1 Par 2. — 19 Cf. Rut 4:18; 22. — 20 Mt 1:3. — 21 Cf. J. Schildenberger, Biblica (l937) 209s.
39. José en Egipto
Como en las historias anteriores, el autor sagrado quiere poner de relieve la especial providencia que Dios tiene de José, instrumento de misteriosos designios históricos en orden al pueblo elegido.
José, Mayordomo de Putifar (1-6)
1 Entretanto, a José, que había sido llevado a Egipto y comprado a los ismaelitas por Putifar, ministro del faraón y jefe de la guardia, egipcio, 2 le protegió Yahvé, siendo afortunado mientras estuvo en la casa de su señor el egipcio, 3 el cual vio que Yahvé estaba con él, y que todo cuanto hacía, Yahvé lo hacía prosperar por su mano. 4 Halló, pues, José gracia a los ojos de su señor, y le servía a él. 5 Hízole mayordomo de su casa, y puso en su mano todo cuanto tenía. Bendijo Yahvé por José a la casa de Putifar, y derramó Yahvé su bendición sobre todo cuanto tenía en casa y en el campo, 6 y él lo dejó todo en mano de José y no se cuidaba de nada, a no ser de lo que comía. Era José de hermosa presencia y bello rostro.

José fue vendido por los ismaelitas a un egipcio al que se le llama Putifar, eunuco o ministro del faraón y jefe de la guardia1. Pero, en su nueva condición, José fue particularmente favorecido por Yahvé, que, lejos de abandonarle, le prodigó sus gracias hasta hacerle conquistar la simpatía y confianza total de su amo. El autor sagrado quiere mostrar cómo Yahvé sigue siendo el Dios de José en tierra extraña. Le dotó de excepcionales aptitudes para todo, de modo que cuanto hacía prosperaba en sus manos. Así llegó a ser mayordomo en la administración de la casa; es el cargo llamado en egipcio mer-per y en árabe wekil. Estaba, pues, sobre todos los esclavos y servidores de la casa, y Dios bendijo la casa de Putifar en atención a José. Era tan buen administrador y las cosas iban tan bien, que el amo no se cuidaba de nada, sino de lo que comía (v.6); locución proverbial para indicar la perfección con que José llevaba todos los detalles de la administración.
Castidad de José (7-18)
7 Sucedió después de todo esto que la mujer de su señor puso en él sus ojos, y le dijo: "Acuéstate conmigo." 8 Rehusó él, diciendo a la mujer de su señor: "Cuando mi señor no me pide cuentas de nada de la casa y ha puesto en mi mano cuanto tiene, 9 y no hay en esta casa nadie superior a mí, sin haberse reservado él nada fuera de ti, por ser su mujer, ¿voy a hacer yo una cosa tan mala y a pecar contra Dios?" 10 Y como hablase ella a José un día y otro día, y ni la escuchase él, negándose a acostarse con ella y aun a estar con ella, 11 un día que entró José en la casa para cumplir con su cargo y no había nadie en ella, 12 le agarró por el manto, diciendo: "Acuéstate conmigo." Pero él, dejando en su mano el manto, huyó y se salió fuera. 13 Viendo ella que había dejado el manto en sus manos y se había ido huyendo, 14 se puso a gritar, llamando a las gentes de su casa, y les dijo a grandes voces: "Mirad, nos han traído a ese hebreo para que se burle de nosotros; ha entrado a mí para acostarse conmigo, 15 y cuando vio que yo alzaba mi voz para llamar, ha dejado su manto junto a mí y ha salido fuera." 16 Dejó ella el manto de José cerca de sí, hasta que vino su señor a casa, 17 y le habló así: "Ese siervo hebreo que nos has traído ha entrado a mí para burlarse de mí, 18 y cuando vio que alzaba mi voz y llamaba, dejó junto a mí su manto y huyó fuera."

Eran las costumbres de las mujeres de la alta clase egipcia bastante libres, y por eso no es extraño que una mujer liviana, acaso no bien atendida por su marido, ocupado en cargos oficiales y tal vez ausente muchas veces de su casa, se dejase llevar de la pasión por un joven que, aunque esclavo, era de "bella presencia" y ocupaba una posición distinguida, y su modo de conducirse mostraba no haberse criado en la esclavitud1. En el "cuento de los dos hermanos," novela del siglo XIII a.C. (dinastía XIX), se narra la historia de un joven que fue solicitado vanamente por su cuñada, y ésta, defraudada, le acusó para disculparse3. Es justamente el paralelo del relato bíblico. José resiste por virtud y fidelidad a su Dios (lo que prueba que las uniones fornicarias eran consideradas como pecaminosas ya en los textos más antiguos de la Biblia), y por fidelidad a su amo, correspondiendo a la confianza que le ha dado al ponerle al frente de todo, y reservándose sólo a su mujer (v.9). Pero la mujer, ciega por la pasión, no sigue estos razonamientos, y un día, aprovechando que están solos en casa, le solicita descaradamente. El joven José sale, dejando en las manos de la seductora su manto, que ha de ser utilizado como prueba contra él (v.13). La reacción por parte de ella fue la normal en estos casos: el amor se tradujo en odio, y a gritos llamó a la servidumbre para declarar la felonía del "esclavo hebreo" (v.14). Quizá aquí hebreo tiene un sentido despectivo. Al menos debía despertar en los siervos sometidos a José una sed de revancha, ya que les resultaba insoportable estar a las órdenes de un asiático seminómada, educado muy lejos del refinamiento de las ciudades egipcias. La seductora renovó la acusación calumniosa ante su marido, presentándose víctima de un atropello.
José en la Prisión (19-23)
19 Al oír su señor lo que le decía su mujer, esto y esto es lo que me ha hecho tu siervo, montó en cólera, 20 y, tomando a José, le metió en la cárcel donde estaban encerrados los presos del rey, y allí en la cárcel quedó José. 21 Pero estaba Yahvé con José, y extendió sobre él su favor, haciéndole grato a los ojos del jefe de la cárcel, 22 que puso en su mano a todos los presos; y cuanto allí se hacía, era él quien lo hacía. 23 De nada se cuidaba por sí el jefe de la cárcel, porque estaba Yahvé con José, y cuanto hacía éste, Dios lo llevaba a buen término.

El amo da fe a su mujer y manda encarcelar a José. No se dice nada de la defensa hecha por José. Como medida preventiva, se le envía a la cárcel con los otros presos del rey (v.20). En el Código de Hammurabi, en las Leyes asirias y en las Leyes hititas no se menciona la prisión como castigo por un delito; pero Herodoto nos dice que en Tebas existía una prisión para los presos políticos. Sin duda que en el Bajo Egipto existía otra similar en tiempos de José, y así el relato es verosímil. Extraña la lenidad de la pena, pero hemos de suponer que el faraón quería probar la conducta de José, y sobre todo debemos pensar en los designios providenciales divinos, que así ordenaban las cosas en vista de acontecimientos futuros. Se dice en el salmo 19:15 que Dios no abandona al justo en la tribulación, y esto hace con José en la cárcel. Su conducta es tan ejemplar, que el carcelero le nombra lugarteniente suyo sobre los demás presos.

1 "Putifar, eunuco del faraón, jefe de la guardia," o de los "matarifes"), parece una glosa tomada de 37:28. — 2 He aquí cómo un egiptólogo eminente describe a la mujer egipcia de la alta sociedad: "Frivola, coqueta y caprichosa, incapaz de guardar un secreto, mentirosa y vengativa, infiel naturalmente; los novelistas y moralistas ven en ella la hierba de todos los pecados, el saco de todas las malicias" (Montet. La vie quotidienne en Egypte aux temps des Ramsés [París 1946] 55.57)
3 Véase G. Maspero, Les contes populaires de I'Egypte ancienne (París 1889) 3-17.
40. José, Intérprete de Sueños
1 Sucedió después que, habiendo faltado contra su señor, el rey de Egipto, el copero y el repostero del rey, 2 se encolerizó el faraón contra sus dos ministros, el jefe de los coperos y el jefe de los reposteros, 3 y los encarceló en la casa del jefe de la guardia, en la cárcel donde estaba preso José. 4 Púsolos el jefe de la guardia bajo la custodia de José, y éste les servía el tiempo que estuvieron en la cárcel. 5 El jefe de los coperos y el jefe de los reposteros del rey de Egipto, que estaban presos en la cárcel, tuvieron ambos un sueño la misma noche, cada uno el suyo; y cada sueño de diversa significación. 6 Cuando por la mañana vino a ellos José y los vio tristes, 7 preguntó a los dos ministros que con él estaban presos en la casa de su señor, diciéndoles: "¿Por qué tenéis hoy mala cara?" 8 Ellos le contestaron: "Hemos tenido un sueño y no hay quien lo interprete." Díjoles José: "¿No es de Dios la interpretación de los sueños? Contádmelo, si queréis." 9 El jefe de los coperos contó a José su sueño, diciéndole: "En mi sueño tenía ante mí una vid 10 con tres sarmientos, que estaban como echando brotes, subían y florecían y maduraban sus racimos. 11 Tenía en mis manos la copa del faraón, y, tomando los racimos, los exprimí en la copa del faraón y la puse en sus manos." 12 José le dijo: "Esta es la interpretación del sueño: los tres sarmientos son tres días. 13 Dentro de tres días, el faraón exaltará tu cabeza, y te restablecerá en tu cargo, y pondrás la copa del faraón en sus manos, como antes lo hacías, cuando eras copero. 14 A ver si te acuerdas de mí cuando te vaya bien, y me haces la gracia de recordarme al faraón para que me saque de esta casa, 15 pues he sido furtivamente sacado de la tierra de los hebreos, y aun aquí nada he hecho para que me metieran en prisión. 16 Viendo el jefe de los reposteros cuan favorablemente había interpretado el sueño, dijo a José: "Pues he aquí el mío: Llevaba yo sobre mi cabeza tres canastillas de pan blanco. 17 En el canastillo de encima había toda clase de pastas de las que hacen para el faraón los reposteros, y las aves se las comían del canastillo que llevaba sobre mi cabeza." 18 Contestó José diciendo: "Esta es la interpretación: los tres canastillos son tres días. 19 Dentro de tres días te quitará el faraón la cabeza y te colgará de un árbol, y comerán las aves tus carnes." 20 Al día tercero, que era el del natalicio del faraón, dio éste un banquete a todos sus servidores, y en medio de ellos trajo a la memoria al jefe de los coperos y al jefe de los reposteros, 21 restableciendo al jefe de los coperos en su cargo de poner la copa en manos del faraón, 22 y colgando al jefe de los reposteros, como lo había interpretado José. 23 Pero el jefe de los coperos no se acordó más de José, sino que se olvidó de él.

Ya hemos dicho, a propósito de los sueños de José 1, lo que estos fenómenos psicológicos representaban en la vida de los antiguos. Por esto, la ciencia de interpretar los sueños era muy cultivada, tanto en Egipto como en Babilonia, y así Dios, para acreditar a José y a Daniel, les confiere este don profético de la interpretación de los sueños. José, dotado de esta gracia, interpreta los sueños de los oficiales egipcios, y de esto se sirve el Señor para preparar el camino de la exaltación de su siervo2.
Entre los encarcelados hay dos oficiales de palacio: el copero, o sea, el que tenía a su cargo la bodega del faraón y le servía a la mesa. Era oficio de gran confianza, pues no era raro que se valieran de tales ocasiones para propinar un veneno al soberano. También el repostero debía de ser cargo de la máxima confianza del faraón, por la misma razón3. José está encargado de ellos en la cárcel, pero en plan de servicio de confianza. Se ve que se tenía especiales atenciones con los altos dignatarios. En el documento del c.39, José está al frente de todos, subordinado sólo al jefe de la prisión. Preocupados con su causa, sueñan cada uno la suerte que les aguarda. Así, uno sueña que volverá a exprimir vino en la copa del faraón, mientras que el repostero sueña que las aves le comieron las pastas que llevaba en los canastillos. Están los dos preocupados y tristes, porque no saben quién les pueda explicar sus sueños. Existían diversas escuelas para interpretar sueños y oráculos en Egipto4. Los sueños estaban de moda en Egipto como presagios del futuro, y había especializados en su interpretación, que tenían abundantes clientes, como entre los caldeos. En el caso de los dos oficiales, José se ofrece espontáneamente a interpretarlos, creyendo tener el espíritu de Dios, ya que sólo de El depende la interpretación de los sueños (v.8). Confía en la protección divina, y así, sin titubear, da la interpretación de cada uno: el copero será repuesto en su oficio, y el repostero, decapitado antes de tres días (v. 15.16). José pide al primero interceda al faraón cuando se vea encumbrado a su antiguo oficio, pues está injustamente en la cárcel y ha sido traído furtivamente de la tierra de los hebreos (v.15). Esta expresión resulta anacrónica en boca de José, ya que los hebreos como nación no existían y formaban un reducido clan patriarcal. Se trata de una trasposición del ambiente histórico del redactor a los tiempos patriarcales, del estilo de otras que ya hemos notado en su lugar. Los pronósticos de José fueron confirmados por los hechos: el copero, restablecido, y el repostero, decapitado el día de la fiesta del faraón. Pero el copero no se acordó más de José, como éste le había pedido, a pesar de haberle interpretado rectamente el sueño.

1 Gén 37:5s. — 2 Cf. Jean, Le Milieu Biblique II 16s.96.289.310; Mallon, Les hébreux en Egypte 68. — 3 Eran frecuentes los complots palaciegos y los intentos de envenenamiento. Véase Drioton y Vandier, L'Egypte (París 1938).
4 Véase Herodoto, II 83; Montet, La vie quotidienne en Egypte 46-48; Pritchard, Ancient Near Eastern Texis... 495.
41. Los Sueños del Faraón
Existen duplicados, repeticiones y pequeñas anomalías redaccionales, que reflejan yuxtaposición de dos fuentes diversas.

1 Al cabo de dos años soñó el faraón que estaba a orillas del río, 2 y veía subir de él siete vacas hermosas y metidas en carnes, que se pusieron a pacer entre los juncos, 3 pero he aquí que después subieron del río otras siete vacas feas y muy flacas, y se pusieron junto a las siete que estaban a la orilla del río, 4 y las siete vacas feas y flacas se comieron a las siete hermosas y gordas; y el faraón se despertó. 5 Volvió a dormirse, y por segunda vez soñó que veía siete espigas, que salían de una sola caña de trigo muy granadas y hermosas; 6 pero detrás de ellas brotaron siete espigas flacas y quemadas por el viento solano, 7 y las siete espigas flacas y quemadas devoraron a las siete espigas hermosas y granadas, y se despertó el faraón. Este fue el sueño. 8 A la mañana estaba perturbado su espíritu y mandó llamar a todos los adivinos y a todos los sabios de Egipto; les contó su sueño, pero no hubo quien lo interpretara. 9 Entonces habló al faraón el jefe de los coperos, diciendo: "Ahora me acuerdo de mi falta. 10 Estaba el faraón irritado contra sus siervos, y nos había hecho encerrar en la casa del jefe de la guardia a mí y al jefe de los reposteros. 11 Tuvimos ambos un sueño, la misma noche yo y él, cada uno el suyo y de distinta interpretación. 12 Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del jefe de la guardia, y le contamos nuestros sueños, y él nos dio la interpretación; a cada uno le interpretó el suyo, 13 y como lo interpretó él, así nos sucedió: yo fui restablecido en mi cargo y él fue colgado." 14 Mandó, pues, el faraón llamar a José, y apresuradamente le sacaron de la prisión. Se cortó el pelo, se mudó de ropas y se fue a ver al faraón. 15 Este le dijo: "He tenido un sueño, y no hay quien me lo interprete, y he oído decir de ti que en cuanto oyes un sueño lo interpretas." 16 José respondió: "No yo; Dios será el que dé una respuesta favorable al faraón." 17 Habló, pues, el faraón a José: "Este es mi sueño: Estaba yo en la ribera del río, 18 y vi subir del río siete vacas gordas y hermosas que se pusieron a pacer en el juncal; 19 y he aquí que detrás de ellas subían otras siete vacas malas, feas y flacas, como no las he visto en toda la tierra de Egipto, 20 y las vacas malas y feas se comieron a las primeras siete vacas gordas, 21 que entraron en su vientre sin que se conociera que habían entrado, pues el aspecto de aquéllas siguió siendo tan malo como al principio. Y me desperté. 22 Vi también en sueños que salían de una misma caña siete espigas granadas y hermosas, 23 y que salían de ella siete espigas malas, secas y quemadas del viento solano, 24 y las siete espigas secas devoraron a las siete hermosas. Se lo he contado a los adivinos y no ha habido quien me lo explique."

También el faraón tiene sus sueños, que, a su juicio, le son enviados por su padre Ra para amonestarle sobre los sucesos venideros y darle ocasión de tomar medidas oportunas. Los sacerdotes eran los encargados, mediante sus secretos mágicos, de explicar los sueños. He aquí uno de tantos sueños del faraón contados por la literatura egipcia: "En el año quinto de Merneptah, los tirsenos, los sardanos, los licios, los aqueos y libios atacaron en masa el Delta. El rey quería ir contra ellos, pero Ptah le apareció en sueños y le ordenó no moverse y enviar tropas a los territorios ocupados por el enemigo... Un reyezuelo etiópico (entonces egipcio) vio, durante la noche, dos serpientes, una a la derecha y otra a la izquierda. Se despertó. Las serpientes habían desaparecido. Era un sueño. Los intérpretes declararon que un brillante porvenir estaba reservado al soñador, el cual, dominando ya el Alto Egipto, habría de conquistar pronto Egipto septentrional y hacer aparecer sobre la cabeza el buitre, símbolo del Sur, y la cobra, símbolo del Norte."2
En nuestro caso, el faraón vio en sueños salir del Nilo — sostén de la agricultura y ganadería egipcias — a siete vacas gordas que pastaban en la orilla verde. Después vio otras siete vacas flacas que traían tal hambre, que devoraron a las vacas gordas. Estos datos fantásticos e inverosímiles son muy compatibles con los sueños. Un segundo sueño similar al primero dejó perplejo al faraón: siete espigas rellenas y granadas salían de un tallo. Después salieron otras siete espigas quemadas del solano. Al día siguiente, el faraón contó el sueño a sus íntimos, y ningún intérprete sabía explicar los dos misteriosos sueños. Llamó a todos los adivinos... (v.8); la frase es hiperbólica, para designar a los mejores especialistas en sueños, que de seguro vivían en la ciudad de la corte. Ante el resultado negativo, se acordó el copero del rey de lo que le había sucedido a él en la cárcel cuando José le interpretó su sueño, que resultó como dijo (v.13). Inmediatamente el faraón mandó sacar al joven hebreo, el cual se rasuró y cambió de vestidos3. El rey creía que se hallaba ante algún adivino, y así le pide que interprete el sueño con su ciencia mágica; pero José dice que su ciencia viene de Dios (v. 16). El faraón entonces cuenta su sueño, insistiendo en lo de las vacas flacas, que eran tales que después de devorar a las gordas seguían tan macilentas como antes (v.21).
Interpretación del Sueño (25-36)
25 José dijo al faraón: "El sueño del faraón es uno solo. Dios ha dado a conocer al faraón lo que va a hacer. 26 Las siete vacas hermosas son siete años, y las siete espigas hermosas son siete años; el sueño es uno solo. 27 Las siete vacas flacas y malas que subían detrás de las otras son otros siete años, y las siete espigas secas y quemadas del viento solano son siete años de hambre. 28 Es lo que he dicho al faraón: que Dios le ha hecho ver lo que va a hacer. 29 Vendrán siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto, 30 y detrás de ellos vendrán siete años de escasez, que harán se olvide toda la abundancia en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra. 31 No se conocerá la abundancia en la tierra a causa de la escasez, porque ésta será muy grande. 32 Cuanto a la repetición del sueño al faraón por dos veces, es que el suceso está firmemente decretado por Dios, y que Dios se apresurará a hacerlo. 33 Ahora, pues, busque el faraón un hombre inteligente y sabio y póngale al frente de la tierra de Egipto. 34 Nombre el faraón intendentes que visiten la tierra y recojan el quinto de la cosecha de la tierra de Egipto en los tiempos de la abundancia; 35 reúnan el producto de los años buenos que van a venir, y hagan acopio de trigo a disposición del faraón, 36 para mantenimiento de las ciudades, y consérvelo para que sirva a la tierra de reserva para los siete años de hambre que vendrán sobre la tierra de Egipto, y no perezca de hambre la tierra."

Era la vaca en Egipto el símbolo de Isis y de Hator, diosas de la fertilidad, la cual en este caso sería muy grande o muy escasa, según indica el número de siete, número de perfección, intensidad y plenitud. Es cosa sabida que la fertilidad del suelo de Egipto depende de las inundaciones periódicas del Nilo 4, el cual se alimenta de las lluvias torrenciales de Nubia y Abisinia. Pero no siempre estas inundaciones son tan regulares y abundantes que libren a Egipto de la carestía y del hambre. Si la inundación es escasa y no alcanza más que a regar una porción del suelo, la cosecha será insuficiente. Asimismo, si la inundación es excesiva y prolongada, retarda la sementera y la maduración de la mies. Y esto suele ocurrir varios años seguidos. A un faraón de la III dinastía le hacen decir los sacerdotes del dios Khnum: "Está desolado porque el río no se desborda ya hace siete años. Falta el grano, los campos están secos y escasea el alimento."
Los sueños del faraón están muy en armonía con la naturaleza de Egipto. El ganado vacuno abundaba en el valle del Nilo. El faraón explica el sueño de las vacas gordas y las flacas, y el de las siete espigas rozagantes y las quemadas. Ambos sueños tienen una misma significación según la interpretación de José. Las siete vacas gordas y las siete espigas granadas son anuncio de siete años de abundancia, mientras que las vacas macilentas y las espigas secas son presagio de siete años de escasez y hambre. Y una prueba de que esto sucederá así de manera irrevocable es la reiteración de los sueños enviados por Dios (v.32). En un texto de la época ptolomaica, pero refiriéndose a un hecho de la época de Zoser (de la III dinastía, s.XXV a.C.), se dice que hubo un hambre en Egipto durante siete años por fallar las inundaciones periódicas del Nilo. El faraón, por consejo de Imhotep, ofreció sacrificios al dios Khnum, y el río empezó a crecer, siguiendo después una época de abundancia5. Estos textos hacen verosímil el relato bíblico, aunque no encontremos alusiones en los textos egipcios al caso narrado por la Biblia. José aconseja que se nombre un intendente para que reserve la quinta parte de las cosechas durante los años de abundancia para los años de sequía. En Egipto existían graneros por todo el imperio para guardar las cosechas. Los egipcios eran el granero exportador de la antigüedad; así, sabemos que vendían al país de los hititas (Asia Menor) en tiempos de Merneptah (s.XIII a.C.). Conocemos cómo eran esos graneros, y el intendente jefe de los graneros era uno de los cargos principales en la corte faraónica6. El relato bíblico recibe así nueva luz, ya que está perfectamente ambientado en el marco histórico egipcio.
José, Virrey de Todo Egipto (37-49)
37 Parecieron muy bien estas palabras al faraón y a toda su corte, 38 y el faraón dijo a sus cortesanos: "¿Podríamos, por ventura, encontrar un hombre como éste, lleno del espíritu de Dios?" 39 y dijo a José: "Toda vez que Dios te ha dado a conocer estas cosas, no hay persona tan inteligente y sabia como tú. 40 Tú serás quien gobierne mi casa, y todo mi pueblo te obedecerá; sólo por el trono seré mayor que tú," 41 y añadió: "He aquí que te pongo sobre toda la tierra de Egipto." 42 Quitóse el faraón el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; hizo que le vistieran blancas vestiduras de lino y puso en su cuello un collar de oro, 43 y mandó que, montado sobre el segundo de sus carros, se gritara ante él "abrek," y así fue puesto al frente de toda la tierra de Egipto. 44 Díjole también el faraón: "Yo soy el faraón, y sin ti no alzará, nadie mano ni pie en toda la tierra de Egipto." 45 Llamó el faraón a José con el nombre de "Zâfnat Panêaj," y le dio por mujer a Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On. Salió José por toda la tierra de Egipto. 46 Tenía treinta años cuando se presentó al faraón, rey de Egipto, y le dejó para recorrer toda la tierra de Egipto. 47 La tierra produjo a montones durante los siete años de abundancia, 48 y José recogió el producto de los siete años que de ella hubo en Egipto, y lo almacenó en las ciudades, depositando en cada una de ellas los productos de los campos que la rodeaban, 49 llegando a reunir tanto trigo como las arenas del mar; en tan gran cantidad, que hubo que dejar de contar, porque no podía contarse.

No es raro, en las naciones donde el poder está concentrado en una persona, la exaltación de un favorito, de un siervo, de un eunuco de origen extranjero. En el caso nuestro, el caso es perfectamente verosímil suponiendo que el faraón que encumbró a José era de la raza de los hicsos, pueblo asiático que en el siglo XVIII a.C. atravesó Palestina y se apoderó del Delta egipcio, dominando aquí dos siglos, hasta que los reyes indígenas, bajados del Alto Egipto, lograron expulsarlos en el siglo XVI a.C. Así, pues, podemos suponer que los faraones hicsos favorecían sistemáticamente a los asiáticos para tener apoyo en contra de los nativos, que suspiraban por una dinastía indígena. El faraón, al reconocer una sabiduría superior en el asiático José, le nombra visir o lugarteniente suyo en todo el reino (v.40). En el siglo XV existe un doble intendente: uno para el norte, residente en Heliópolis (El Cairo actual), y otro en el sur, residente en Tebas. "A él (intendente) incumbía la distribución de las aguas y el cuidado de fijar anualmente las instrucciones generales para el laboreo. Nombraba el jefe del doble granero y sus subordinados, encargados directamente de la siega y recolección; cada año después de la recolección había una gran ceremonia, en la que el jefe del doble granero proclamaba ante el rey el resultado de la cosecha. No pasaba nada en el país que no fuera comunicado al visir, y nada se decidía sin haber sido sometido antes a él. Así, se puede decir que gobernaba Egipto como virrey."7 Es comprensible la afirmación enfática de que nadie "alzará mano ni pie en toda la tierra de Egipto" sin consentimiento de él (v.44). Era realmente el segundo después del faraón, que sólo por el trono será mayor que él (v.40). Todo el pueblo le obedecerá8. La única distinción entre José y el faraón será la dignidad real, el trono. Y le entrega las insignias del mando: el anillo con el sello que autenticaba oficialmente los documentos públicos, el vestido de lino, distintivo de la aristocracia del país, y un collar de oro (v.42). Todo esto está en armonía con las costumbres egipcias9. En los sepulcros de Tell Amarna, Amenofis IV aparece echando desde una ventana joyas y anillos de oro al pueblo. En los tesoros sepulcrales abundan los collares de oro y los anillos. Al príncipe Horeheb se le impone solemnemente el collar de oro, y en una estela de Setis I aparece el rey imponiendo el collar de oro a un cortesano llamado Horkhem. En el caso de José, el faraón, para solemnizar su investidura como virrey de Egipto, le hace subir a un carro detrás del rey, mientras se gritaba delante de él abrek (v.43). Son diversas las explicaciones que se dan de esta palabra, que se supone egipcia. Así, se cree que es una adulteración del egipcio ab(n)-rek ("tu mandato es nuestro deseo"), aunque muchos autores afirman que nos hallamos ante una palabra semítica, relacionada con la idea de "bendecir" (barak)10. Con este motivo le impuso un nombre egipcio: Zâfnat Panêaj (v.45), que la Vg. traduce “salvatorem mundi,” y los LXX transcriben defectuosamente ψονθομφανήχ. Sin duda que nos hallamos ante un nombre netamente egipcio transcrito dialectalmente al hebreo. Se ha propuesto un nombre teóforo egipcio: de (d) pnt (er) ef onj ("dijo dios: él es viviente")11. También el nombre de la mujer de José es netamente egipcio: Asenet (v.45), que parece la transcripción defectuosa de As-Neit ("ella es de Neit," diosa de Sais)12. Era hija del sacerdote de On o Heliópolis, junto a El Cairo actual. Su padre es llamado Putifar (en el TM "Poti Fera"), nombre similar al del mercader que le compró (aunque en el TM es "Poti Fa," 39:1), que se suele traducir por "don de Ra" (Pa-di-pa-Ra), que era el dios solar de Heliópolis ("ciudad del sol": Pi-Ra)13. Herodoto dice que el colegio sacerdotal de Heliópolis era un gran centro cultural14. José, pues, al casarse con una hija de un sacerdote de Heliópolis, se relacionaba con la clase alta egipcia. Encumbrado al más alto rango egipcio, José se dedicó a recorrer Egipto para conocerlo y tomar las medidas pertinentes para una buena administración, de forma que se pudieran hacer reservas para los tiempos de escasez. Los años de abundancia fueron tales que no había posibilidad de hacer un recuento de las cosechas (v.49)15.
Hijos de José (50-52)
50 Antes que llegara el tiempo de la escasez, naciéronle a José dos hijos, que le parió Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On. 51 Dio al primero el nombre de Manasés, porque dijo: "Dios me ha hecho olvidar todas mis penas y toda la casa de mi padre"; 52 y al segundo le llamó Efraím, diciendo: "Dios me ha dado fruto en la tierra de mi aflicción."

La prosperidad que Dios otorgó a José no sería completa si careciera de hijos. Por eso el autor sagrado nos cuenta luego los que le dio la única esposa egipcia, Asenet. Como en otros casos, los nombres de los hijos son interpretados como expresión del reconocimiento hacia Dios por el don recibido en ellos. Manasés (Menasseh: "habiendo olvidado" o "habiendo hecho olvidar," de nasah, olvidar). Efraím ("me ha hecho fecundo," de farah, ser fecundo). De hecho, la tribu de Efraím ha de ser la de territorio más fértil en la repartición de la tierra de Canaán.
Medidas de Gobierno Durante la Escasez (53-57)
53 Acabáronse los siete años de abundancia que hubo en Egipto, 54 y comenzaron los siete años de escasez, como lo había anunciado José; y hubo hambre en todas las tierras, mientras había pan en toda la tierra de Egipto; 55 y clamaba el pueblo al faraón por pan, y el faraón decía a todos los egipcios: "Id a José y haced lo que os diga." 56 Cuando el hambre se extendió por toda la superficie de aquella tierra, abrió José los graneros, y lo que en ellos había se lo vendía a los egipcios, pues crecía el hambre en la tierra de Egipto. 57 De todas las tierras venían a Egipto a comprar a José, pues el hambre era grande en toda la tierra.

Cuando llegaron los años de escasez fue el gran triunfo de José. Gracias a sus previsiones, las gentes tenían algo que comer. La orden del faraón Id a José es la apoteosis del humilde esclavo hebreo, encumbrado a la más alta dignidad de Egipto por designios ocultos de Dios, que aprovechará esta escasez para que sus hermanos desciendan a Egipto. Por la persistente sequía, los pueblos vecinos a Egipto tuvieron que ir al país del Nilo a buscar provisiones, ya que por su situación especial era el país donde se solían salvar las cosechas aun en tiempos de sequía. El faraón Amenhemet I (s. XX a.C.) se gloría de haber calmado el hambre de sus súbditos en estos términos: "He dado al pobre, he alimentado al huérfano, he admitido al que no tenía nada como al que tenía algo... He favorecido el cultivo del trigo, y amo al dios de la cosecha. El Nilo me saludaba en todo el valle. No hay hambrientos en mi tiempo, y nadie tiene sed"16. En los monumentos egipcios aparecen caravanas de asiáticos llegando a Egipto para aprovisionarse en tiempos de escasez, pues Egipto era el granero de la antigüedad. El autor sagrado prepara así el relato de la peregrinación de los hijos de Jacob al país de los faraones.

2 Montet, La vie quotidienne en Egypte... 47. — 3 Los egipcios eran muy pulcros y se rasuraban cuidadosamente. Véase Herodoto, II 36-37; montet, o.c., 73. En los monumentos egipcios sólo los asiáticos y gentes de baja condición son representados con barba. — 4 Herodoto llama a Egipto "el don del Nilo" (II 2). — 5 Cf. J. Vandier, La famme dans l'Egypie ancienne (El Cairo 1936) 132-139; J. B. Pritchard, Ancient Near Eastern Texis... 31-32. — 6 En el museo de El Cairo se conservan graneros en miniatura, que nos dan idea de los que existían en Egipto. En ellos se han encontrado granos de trigo (Mallon, Les Hébreux en Egypte [Roma 1921] 84-85). — 7 Drioton-Vandier, L'Egypte (1938) 439-443; J. B. Pritchard, Ancient Near Eastern Texts... 212-214; A. Clamer, o.c., 446. — 8 Lit. el TM: "sobre tu boca besará todo mi pueblo." Hemos preferido la versión de los LXX: "todo mi pueblo obedecerá a tu boca." — 9 Mallon, Les Hébreux en Egypte 72-73. — 10 La transcripción hebrea abrek corresponde al egipcio imperativo plural (Erman-Grapow, Grand Dictionnaire egyptien de Berlín I 466). Véase Chaine, o.c., 398. — 11 Conocemos muchos nombres teóforos egipcios de este tipo: de Isit ef onj (dice: "Isis es viviente), de Amon ef onj (dice: "Amón es viviente"), etc. Son frecuentes en la dinastía XX. — 12 Nombres de este tipo aparecen en la d.XVIII (s.XV a.C.): Af-en-Anión (él es de Amón), Af-Jonsu (él es de Jonsu). — 13 Otros autores proponen como equivalente de Putifar: Ρ hotep Har (don de Horus). Encontramos nombres como Pa-di-Amon (aquel a quien Amón da), etc. — 14 Herodoto, II 3. — 15 Existen bajorrelieves y pinturas con inscripciones en las que se describe la faena de las cosechas con el escriba oficial, que en una tablilla toma nota de las medidas de trigo para ver lo que corresponde al faraón. — 16 Mallon, Les Hébreux en Egypte 81-82.
42. Los Hijos de Jacob bajan a Egipto
Los hijos de Jacob ante José (1-24)
1 Viendo Jacob que había trigo en Egipto, dijo a sus hijos: "¿Qué estáis ahí mirándoos unos a otros? 2 He oído decir que en Egipto hay trigo. Bajad, pues, allá para comprárnoslo, y vivamos, y no muramos." 3 Bajaron, pues, diez de los hermanos de José a Egipto a comprar pan; 4 a Benjamín, el hermano de José, no le mandó Jacob con sus hermanos por temor de que le sucediera alguna desgracia. 5 Llegaron los hijos de Israel con otros que venían también a comprar trigo, pues había hambre en toda la tierra de Canaán. 6 Como era José el jefe de la tierra y el que vendía el trigo a cuantos venían a comprarlo, los hermanos de José entraron y se postraron ante él rostro a tierra. 7 Al verlos, José los reconoció, pero disimuló, y les habló con dureza, diciéndoles: "¿De dónde venís?"; y ellos respondieron: "De la tierra de Canaán para comprar mantenimientos." 8 Conoció José a sus hermanos, pero ellos no le conocieron a él. 9 Acordóse José de los sueños que les había contado, y les dijo: "Vosotros sois unos espías que habéis venido a reconocer las partes no fortificadas del país." 10 Ellos le dijeron: "No, señor mío; tus siervos han venido a comprar mantenimientos; 11 todos nosotros somos hijos del mismo padre; somos gente buena; no son tus siervos unos espías." 12 El repuso: "No, sois unos espías que habéis venido a ver lo indefenso de la tierra." 13 Ellos dijeron: "Eramos tus siervos doce hermanos, todos del mismo padre, en la tierra de Canaán; el más pequeño se quedó con nuestro padre, y el otro no vive ya." 14 Insistió José: "Es lo que os he dicho: sois unos espías." 15 Pero voy a probaros. Por la vida del faraón que no saldréis de aquí mientras no venga vuestro hermano menor. 16 Mandad a uno de vosotros a buscar a vuestro hermano, y los demás quedaréis aquí presos. Así probaré si lo que decís es verdad, y si no, por la vida del faraón que sois unos espías." 17 Y les hizo meter a todos juntos en prisión por espacio de tres días. 18 Al tercero les dijo José: "Haced esto y viviréis, pues yo temo a Dios. 19 Si en verdad sois gente buena, que se quede uno de los hermanos preso en la cárcel donde estáis, y los otros id a llevar el trigo para remediar el hambre de vuestras casas, 20 y me traéis a vuestro hermano menor para probar la verdad de vuestras palabras, y no moriréis." 21 Ellos se dijeron unos a otros: "Ciertamente somos nosotros reos de culpa contra nuestro hermano, a quien vimos con angustia de su alma pedirnos compasión, y no le escuchamos. Por eso ha venido sobre nosotros esta desventura." 22 Rubén les dijo: "¿No os advertí yo, diciéndoos: No pequéis contra el joven, y no me escuchasteis? Ved cómo ahora se nos demanda su sangre." 23 Ellos no sabían que José les entendía, pues él les había hablado por medio de intérprete. 24 Alejóse José llorando, y, cuando volvió, les habló, y eligió a Simeón entre ellos, y le hizo atar ante los ojos de los otros.

Egipto fue siempre el granero de Canaán en los años de escasez. Ya lo hemos visto en la historia de Abraham y de Isaac. El primero había bajado a Egipto 1; el segundo pensó hacerlo 2, pero renunció a su propósito en virtud de una amonestación divina; Jacob ni siquiera habla de bajar al valle del Nilo. Su padre había comenzado a sembrar trigo en la región de Bersabé, y es probable que el hijo haya seguido el ejemplo, comenzando con esto a hacer vida sedentaria, con la mayor dificultad de moverse3. Pero ahora en las tiendas de Jacob empieza a sentirse la escasez, y el anciano manda a sus hijos que bajen a Egipto en busca de trigo. Ante esta indicación, diez de los hijos de Jacob se pusieron en marcha para poder traer la mayor cantidad posible de trigo y para poder ayudarse en el largo viaje. Sólo quedó en casa Benjamín, el último hijo de la esposa preferida, Raquel4. El recuerdo de la pérdida de José hizo que no se desprendiera de Benjamín por temor a quedarse sin el. Tenemos, pues, a los hijos de Jacob enrolados en una caravana con otras gentes que iban en busca de mantenimientos al país del Nilo (v.5). Los asiáticos llegaron hasta José; aunque es de suponer que no fuera José el que directamente llevara las ventas, sin embargo, ante el aluvión de cananeos que bajaban por trigo, es fácil que él esperara ver a sus hermanos, y por eso pudo dar orden de que los cananeos fueran presentados personalmente a él, que es llamado aquí "jefe de la tierra."5 Al verlos José, los reconoció, y sobre todo, cuando se prosternaron ante él en tierra, se acordó de sus misteriosos sueños de joven, en los que las gavillas adoraban la suya, y el sol, la luna y las estrellas se prosternaban ante él6. Era el cumplimiento literal de aquellos misteriosos sueños enviados por Dios (v.9). Sin embargo, no quiere declararse para probar la disposición de ánimo de sus hermanos, y los trata con desconfianza, tomándolos por espías. Egipto confina al oriente con la estepa, donde vegetan tribus nómadas, más hambrientas que hartas. Es natural que los ojos se vayan tras las ricas tierras del valle del Nilo y aprovechen cualquier ocasión para emprender alguna algara en aquella rica tierra. Para impedirlo, los faraones tuvieron que establecer una serie de fortalezas a lo largo de la frontera. En este supuesto, la sospecha de José contra los asiáticos tenía su fundamento histórico. Los acusados declaran que forman una familia y que vienen en son de paz, y dan detalles de su familia, que es lo que José esperaba para estar seguro de su identificación. José insiste en su sopecha de que son espías. Al decir ellos que queda uno en casa con el padre, José exige que vayan a buscarlo uno de ellos, quedando los demás en prisión (v.19). Después de retenerlos tres días en prisión, permite que vuelvan con provisiones a condición de que quede uno como prenda de que volverán con el hermano menor que quedó en Canaán (v.20). Los hermanos hablan entre sí, reconociendo que lo que les sucede es un castigo de Dios por el crimen que han cometido con su hermano, y Rubén recuerda que él quiso salvarlo: "ahora se nos demanda su sangre" (v.22). Al oír esta conversación, José se sintió profundamente conmovido, y se separó para desahogar sus lágrimas. Vuelto a ellos, exige que permanezca como rehén Simeón, que era el mayor después de Rubén. Este quedaba libre, sin duda, por haber querido salvar a José. Era una lección para el resto de los hermanos.
Los Hijos de Jacob Vuelven a Canaán (25-38)
25 Mandó José que llenaran de trigo sus sacos, que pusieran en el de cada uno su dinero y les diesen provisiones para el camino, y así se hizo. 26 Ellos cargaron el trigo sobre los asnos y se partieron de allí. 27 Abrió uno de ellos el saco para dar pienso a su asno en el lugar donde pernoctaron, y vio que su dinero estaba en la boca del saco, 28 y dijo a sus hermanos: "Me han devuelto mi dinero; aquí está en mi saco."Quedáronse estupefactos, y unos a otros se decían temblando: "¿Qué será esto que ha hecho Dios con nosotros?" 29 Llegaron a Jacob, su padre, a la tierra de Canaán, y le contaron cuanto les había sucedido: 30 "El hombre que es señor de aquella tierra nos habló duramente y nos tomó por espías de la tierra. 31 Nosotros le dijimos: Somos gente buena, no somos espías. 32 Eramos doce hermanos, hijos todos del mismo padre; uno ha desaparecido, el más pequeño está con nuestro padre en la tierra de Canaán. 33 Y nos dijo el hombre, señor de la tierra: En esto sabré que sois gente buena: dejad aquí a uno de vosotros, tomad con qué atender a la necesidad de vuestras casas y partid; 34 traedme a vuestro hermano pequeño; así sabré que no sois unos espías, sino gente buena. Entonces os devolveré a vuestro hermano y podréis recorrer la tierra." 35 Cuando vaciaron los sacos, cada uno encontró el paquete de su dinero en la boca de su saco, y, al ver los paquetes de dinero, ellos y su padre se llenaron de temor. 36 Jacob, su padre, les dijo: "¡Vais a dejarme sin hijos! José desapareció, Simeón desapareció, y ¿vais a llevaros a Benjamín? Todo esto ha venido sobre mí." 37 Rubén dijo a su padre: "Haz morir a mis dos hijos si yo no te devuelvo a Benjamín. Entrégamelo y yo te lo devolveré." 38 El le contestó: "No bajará mi hijo con vosotros. Su hermano murió y no queda más que él. Si en el viaje que vais a hacer le ocurre una desgracia, haréis descender en dolor mis canas al sepulcro."

Los hermanos emprendieron el regreso pensativos. Su perplejidad aumentó al ver uno de ellos que en su saco estaba el dinero importe de la mercancía. Es una delicadeza misteriosa de José para con sus hermanos, los cuales sólo la comprenderían después del desenlace del drama. Habían pasado por espías, y ahora habrían de pasar por ladrones7. Al llegar a la casa paterna, cuentan lo sucedido: la severidad con que les ha tratado el intendente egipcio, las exigencias de que uno quedara como rehén para que llevaran al único hermano que quedaba en casa y la sospecha de ser espías. Jacob se resiste a dejar a su hijo menor. Teme que le pase algo, como a José. Rubén ofrece todas las garantías, y ofrece sus dos hijos como prenda de que ha de devolver sano a Benjamín. En 43:9 es Judá quien se ofrece a garantizar la vida de su hermano menor. Jacob dice que, si muere su hijo, él también será llevado al sepulcro: haréis descender en dolor mis canas al sepulcro (v.38).

1 Gén 12:9. — 2 Gén 26:2. — 3 Gén 37,7s. — 4 Gén 35:18. — 5 La palabra heb. empleada es sallit. Es una semejanza casual la de esta palabra y el nombre del faraón hicso Salatis, citado por Manetón y Josefo, Contra Apión I 14.15. — 6 Gén 37:7-9 — 7 Los v.27-28 aparecen repetidos en v.35. En 43:21 se cuenta un hecho similar: en todos los sacos aparece el dinero. Es indicio de existencia de dos documentos: v.35 (E), v.27-28. (J).
43. Retorno de los Hijos de Jacob a Egipto
Viaje de Benjamín a Egipto (1-15)
1 Pero el hambre era ya muy grande en la tierra, 2 y, cuando se acabaron las provisiones que habían traído de Egipto, les dijo su padre: "Volved a comprarnos algo que comer." 3 Pero Judá le contestó: "Aquel hombre nos dijo terminantemente: No me veréis si no traéis con vosotros a vuestro hermano menor. 4 Si mandas con nosotros a nuestro hermano, bajaremos y te compraremos provisiones; 5 pero, si no, no bajaremos, pues el hombre aquel nos dijo: No veréis mi rostro a no ser que vuelva con vosotros vuestro hermano." 6 Y dijo Israel: "¿Por qué me habéis hecho este mal, de dar a conocer a aquel hombre que teníais otro hermano?" 7 Y le contestaron: "Aquel hombre nos preguntó insistentemente sobre nosotros y sobre nuestra familia, y nos dijo: ¿Vive todavía vuestro padre? ¿Tenéis algún otro hermano?" Y nosotros contestamos según las preguntas. ¿Sabíamos acaso que iba a decirnos: "Traed a vuestro hermano"? 8 Y Judá dijo a Israel, su padre: "Deja ir al niño conmigo, para que podamos ponernos en camino y podamos vivir y no muramos nosotros, tú y nuestros pequeños. 9 Yo te respondo de él; tú le reclamarás de mi mano, y si no te lo vuelvo a traer y te lo pongo delante, seré reo ante ti para siempre. 10 Si no nos hubiéramos retrasado tanto, estaríamos ya dos veces de vuelta," 11 Israel, su padre, les dijo: "Si es así, haced esto: tomad de los mejores productos de esta tierra en vuestro equipaje y bajádselos al hombre aquel como presente: un poco de tragacanto, un poco de miel, astrágalo, láudano, alfósigos y almendras. 12 Tomad plata de nuevo, y lo que hallasteis en la boca de vuestro saco devolvedlo, pues quizá ha sido un error. 13 Tomad a vuestro hermano e id y volved a ver a aquel hombre. 14 Que el Dios omnipotente os haga hallar gracia ante ese hombre para que deje volver a vuestro hermano y a Benjamín. Cuanto a mí, si he de verme privado de mis hijos, sea." 15 Tomaron ellos el presente y el dinero doble y a Benjamín, y bajaron a Egipto y se presentaron a José.

En este capítulo es Judá el que insiste en volver a Egipto, en vez de Rubén 1; Jacob es llamado Israel 2; no se alude para nada a Simeón como rehén en Egipto3.
Ante la necesidad, Jacob ordena a sus hijos que vuelvan a Egipto a buscar nuevas provisiones. No se alude para nada al hecho de que Simeón había quedado en Egipto como rehén, lo que debía motivar angustia en el padre. Sin embargo, éste sólo se preocupa de la suerte posible de Benjamín. Judá dice a su padre que es inútil bajar a Egipto sin el hermano menor, pues el hombre jefe de Egipto dijo que no los recibiría si no le llevaban a Benjamín (v.3). Jacob les echa en cara el que hayan dicho al intendente egipcio que tenían otro hermano menor en Canaán (v.6). Judá se ofrece como garantía: si no devuelven sano a Benjamín, él es reo ante Jacob, y, por tanto, no merecerá su bendición solemne al morir (v.9). Tampoco Judá alude a Simeón, que está encarcelado en Egipto, según el documento (E) del capítulo anterior. Nos hallamos, pues, ante versiones fragmentarias de un mismo hecho según dos tradiciones diferentes, recogidas y yuxtapuestas por el hagiógrafo. Jacob al fin accede ante las seguridades que le ofrece Judá y ante la necesidad de aprovisionarse; pero su buen sentido le dice que deben llevar regalos al estilo oriental para captarse la benevolencia de aquel misterioso intendente de Egipto, y así les manda llevar productos de la tierra, como miel, pistachos y almendras, además de productos aromáticos, que solían traer de Arabia, pero que eran fácilmente asequibles de los mercaderes que pasaban por Canaán (v.11). Además, deben devolver el dinero encontrado en los sacos, no sea que haya sido puesto en ellos por error. Y al fin les da la bendición del "Dios omnipotente," el El Saday de Abraham e Isaac, que le había dado su bendición al partir para Siria en sus mocedades4. Jacob se resignó a perder a todos sus hijos si Dios lo permitía (v.14).
José y Benjamín (16-34)
16 Apenas vio José con ellos a Benjamín, dijo a su mayordomo: "Haz entrar en casa a esas gentes, y mata mucho y prepáralo, pues esas gentes comerán conmigo al mediodía." 17 El mayordomo hizo lo que le ordenó José, e introdujo a aquellas gentes en casa. 18 Mientras los llevaba a casa de José llenos de temor, se decían: "Es por lo del dinero que volvió en nuestros sacos por lo que nos traen aquí: para asaltarnos, caer sobre nosotros y hacernos esclavos con nuestros asnos," 19 Acercándose al mayordomo, le dijeron: 20 "Perdone, mi señor. Nosotros vinimos ya una vez a comprar víveres. 21 Al llegar al lugar donde a la vuelta pasamos la noche, abrimos los sacos y vimos que el dinero de cada uno de nosotros estaba justo a la boca de nuestros sacos. 22 Hemos vuelto a traerlo con nosotros, y traemos al mismo tiempo otra cantidad para comprar provisiones. Nosotros no sabemos quién puso nuestro dinero en los sacos." 23 "Que sea la paz con vosotros — les dijo el mayordomo; no temáis. Ha sido vuestro Dios, el Dios de vuestro padre, el que os puso ese tesoro en los sacos. Yo recibí vuestro dinero." Y les sacó a Simeón. 24 Después de hacerlos entrar en la casa, les dio agua para que se lavaran los pies, y dio también pienso a los asnos. 25 Ellos prepararon su presente, esperando que viniera José a mediodía, pues habían sido advertidos de que comerían allí. 26 Vino José a casa, y le presentaron el regalo que habían traído con ellos, postrándose ante él rostro a tierra. 27 El les preguntó si estaban buenos y les dijo: "Vuestro anciano padre, de quien me hablasteis, ¿vive todavía?" 28 Ellos le respondieron: "Tu siervo, nuestro padre, está bien, vive todavía," y se inclinaron profundamente. 29 José alzó los ojos y vio a Benjamín, su hermano, hijo de su madre, y dijo: "¿Es este vuestro hermano pequeño, de quien me habéis hablado?"; y añadió: "Que Dios te bendiga, hijo mío." 30 Apresuróse José a buscar dónde llorar, pues se conmovieron sus entrañas a la vista de su hermano; entró en su cámara y allí lloró. 31 Salió después de haberse lavado la cara, y, haciendo esfuerzos por contenerse, dijo: "Servid la comida." 32 Sirvieron a José aparte, aparte a sus hermanos y aparte también a los egipcios que comían con él, pues los egipcios no pueden comer con los hebreos, por ser esto para ellos cosa abominable. 33 Pusieron a los hermanos de José frente a él: el primogénito según su primogenitura, y el más joven según su edad, y se miraban atónitos unos a otros. 34 Cuando les pusieron delante las porciones, la de Benjamín era cinco veces mayor que la de cada uno de los otros, y bebieron y estuvieron muy alegres en compañía suya.

Por fin, José tuvo la satisfacción de ver con sus ojos a su hermano uterino, y, lleno de satisfacción, ordenó que se introdujera a todos en su casa para comer con ellos. Los hijos de Jacob se inquietan por el recibimiento y creen que van a ser encarcelados por lo del dinero encontrado en sus sacos (v.18). Por eso presentan excusas, diciendo que traen el dinero encontrado5. El mayordomo, sin duda aleccionado por José, los tranquiliza, pues él recibió el dinero de la compra. Sin duda que su Dios lo devolvió a sus sacos. Después apareció José, el cual los trata con toda benevolencia, preguntando por el estado de salud de su padre, y, al ver a Benjamín, al que cariñosamente llama hijo mío (v.29), se emociona, y se retira para desahogar sus lágrimas. Vuelve de nuevo, sin declararse, pues quiere someterlos a otra prueba. Al comer, José estuvo aparte, los hijos de Jacob aparte, y los egipcios también aparte, pues los egipcios aborrecen comer con los extranjeros (v.32)6. José da una muestra de especial cariño a los hebreos al enviarles porciones reservadas a él, y particularmente a Benjamín, al que le envía una porción cinco veces mayor (v.34). Era costumbre en la antigüedad ofrecer al huésped preferido una porción especial de comida7. Y entre los egipcios era costumbre escanciar mucha bebida: y bebieron y estuvieron alegres en compañía suya (v.34) 8 Los hijos de Jacob olvidaron por un momento todas las inquietudes y comieron alegremente.

1 Cf. Gén 43:3s.8s. — 2 43:6; 8; 11. — 3 El v.23 es considerado como adición. — 4 Gén 28:3. — 5 Aquí se dice que, al pernoctar la primera noche de vuelta, encontraron todo el dinero en el saco, mientras en v.27.28 del capítulo anterior se dice que sólo uno lo encontró, y en 42:35 se dice que lo encontraron al abrir los sacos ya en Canaán. — 6 Herodoto dice que los egipcios no quieren comer con los griegos ni servirse de sus utensilios (II 41). — 7 Samuel envía a Saúl una espalda: 1 Sam 9:23-24. Véase Ilíada VII 321-322; Odisea XIV 437. — 8 Cf. Montet, La vie quotidienne en Egypte 101-102.
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