44. Benjamín, Sorprendido en Hurto
Judá habla en nombre de todos, y sus palabras son conforme a lo relatado en el capítulo anterior.
1 José dio orden a su mayordomo de llenar cuanto pudiera de víveres los sacos de aquellas gentes y de poner el dinero de cada uno en la boca del saco. 2 "Pon también mi copa —le dijo, la copa de plata, en la boca del saco del más joven, juntamente con el dinero." El mayordomo hizo lo que le había mandado José. 3 Despuntaba el alba cuando despidieron a los hebreos con sus asnos. 4 Habían salido de la ciudad, pero no estaban lejos, cuando José dijo a su mayordomo: "Anda y sal en la persecución de esas gentes, y, cuando les alcances, diles: "¿Por qué habéis devuelto mal por bien? ¿Por qué me habéis robado la copa de plata? 5 Es donde bebe mi señor y de la que se sirve para adivinar. Habéis obrado muy mal." 6 Cuando les alcanzó, les dijo estas mismas palabras. 7 Ellos le contestaron: "¿Por qué habla así mi señor? Lejos de tus siervos hacer semejante cosa. 8 Hemos vuelto a traerte desde la tierra de Canaán el dinero que hallamos a la boca de nuestros sacos; ¿cómo íbamos a robar de la casa de tu señor plata ni oro? 9 Aquel de tus siervos en cuyo poder sea hallada la copa, muera, y seamos también nosotros esclavos de tu señor." 10 "Bien está, sea como decís. Aquel a quien se le encuentre la copa será mi esclavo, y vosotros quedaréis en libertad," 11 Bajó cada uno a tierra su saco a toda prisa y lo abrió. 12 El mayordomo los reconoció, comenzando por el del mayor y acabando por el del más joven, y se halló la copa en el saco de Benjamín. 13 Rasgaron sus vestiduras, cargaron de nuevo los asnos y volvieron a la ciudad. 14 Judá llegó con sus hermanos a la casa de José, que estaba allí todavía, y postráronse rostro a tierra, 15 José les dijo: "¿Qué es lo que habéis hecho? ¿No sabíais que un hombre como yo había de adivinarlo?" 16 Judá respondió: "¿Qué vamos a decir, mi señor? ¿Cómo hablar, cómo justificarnos? Dios ha hallado la iniquidad de tus siervos, y somos esclavos tuyos, tanto nosotros cuanto aquel en cuyo poder se ha hallado la copa." 17 "Lejos de mí hacer eso —dijo José; aquel a quien se le ha encontrado la copa será mi esclavo; vosotros subiréis en paz a vuestro padre." 18 Acercóse entonces Judá y le dijo: "Por favor, señor mío, que pueda decir tu siervo unas palabras en tu oído sin que contra tu siervo se encienda tu cólera, pues eres como otro faraón. 19 Mi señor ha preguntado a tus siervos: "¿Tenéis padre todavía? ¿Y tenéis algún hermano?" 20 Y nosotros contestamos: "Tenemos un padre anciano y tenemos otro hermano, hijo de su ancianidad. Tenía éste un hermano que murió y ha quedado sólo él de su madre, y su padre le ama mucho." 21 Tú dijiste a tus siervos: "Traédmelo, que yo pueda verle." 22 Nosotros dijimos a mi señor: No puede el niño dejar a su padre; si le deja, morirá su padre. 23 Pero tú dijiste a tus siervos: Si no baja con vosotros vuestro hermano menor, no veréis más mi rostro. 24 Cuando subimos a tu servidor, mi padre, le dimos cuenta de las palabras de mi señor; 25 y cuando mi padre nos dijo: Volved a bajar para comprar algunos víveres, 26 le contestamos: No podemos bajar, a no ser que vaya con nosotros nuestro hermano pequeño, pues no podemos presentarnos ante ese hombre si nuestro hermano no nos acompaña. 27 Tu siervo, nuestro padre, nos dijo: Bien sabéis que mi mujer me dio dos hijos; 28 el uno salió de casa, y seguramente fue devorado, pues no le he visto más; 29 si me arrancáis también a éste y le ocurre una desgracia, haréis bajar mis canas en dolor al sepulcro. 30 Ahora, cuando yo vuelva a tu siervo, mi padre, si no va con nosotros el joven, de cuya vida está pendiente la suya, 31 en cuanto vea que no está, morirá, y tus siervos habrán hecho bajar en dolor al sepulcro las canas de tu siervo, nuestro padre. 32 Tu siervo ha salido responsable del joven al tomarlo a mi padre, y ha dicho: Si yo no le traigo otra vez, seré reo ante mi padre para siempre. 33 Permíteme, pues, que te ruegue que quede tu siervo por esclavo de mi señor en vez del joven, y que éste vuelva con sus hermanos. 34 ¿Cómo voy a poder yo subir a mi padre si no llevo al niño conmigo? No; que no vea yo la aflicción en que caerá mi padre."
Se diría que José se propone hacer expiar a sus hermanos el pecado que contra él habían cometido. Prosigue en el papel adoptado desde el principio, y el mayordomo coopera maravillosamente a sus intentos. El grave delito en que aparece incurso Benjamín sirve para poner a prueba el afecto de sus hermanos hacia él. José prosigue obrando y hablando como lo que era para sus hermanos, un egipcio ministro del faraón. Como antes, manda a su ministro que devuelva el dinero 1, pero, además, que ponga su copa de plata en el saco del menor y que, apenas salidos de la ciudad, salga a su alcance. En efecto, al poco de salir el mayordomo les da alcance, y les echa en cara que se han llevado la copa de José, de la que se sirve para adivinar (v.5). Entre los griegos se utilizaban las copas para prácticas adivinatorias (κυλικομαντεία y λεκανομαντεία); entre los babilonios tambiιn eran usadas las copas para prácticas mágicas: se echaba agua en ellas con aceite y después se observaba la evolución de las gotas de aceite, y conforme a ellas se daban respuestas y augurios2. En el caso de José parece que es una afirmación del mayordomo para impresionar a los sencillos cananeos, presentando a su amo como experto en la magia y, por tanto, conocedor de la conducta secreta de ellos3. Los hijos de Jacob aseguran que ellos son inocentes y que puede el mayordomo investigar a su gusto; pero al fin se encontró la copa en el saco de Benjamín. La consternación fue general. Ahora quedaban como ladrones ante el intendente egipcio después de haber sido colmados de atenciones. Cabizbajos, retornan a la ciudad, pero dispuestos a ofrecerse todos como esclavos con tal que se deje libre a Benjamín. José los espera a la puerta de casa y les echa en cara su falta. ¿No sabían que él era un hombre que había de adivinarlo? (v.15). Quiere impresionarlos con la pretensión de tener una ciencia mágica oculta, como se creía entonces en el pueblo egipcio respecto de los altos dignatarios. Todos se prosternaron en tierra. Era de nuevo el cumplimiento de los antiguos sueños de José. Judá, en nombre de todos, quiere dar una explicación, y pide que le dejen libre a Benjamín, mientras que todos se quedan como esclavos (v.16). Sin duda que en su interior piensa que todo esto es en expiación de otra culpa anterior que sólo ellos conocen. Dios los castiga así haciéndoles pasar por ladrones, aunque ahora sean inocentes. Pero la responsabilidad que Judá había contraído con su padre no era una pura formalidad externa. Esa responsabilidad pesaba sobre su espíritu, y ella es la que pone en sus labios palabras de elocuencia conmovedora, suficientes para mover el ánimo de José y convencerle de los buenos sentimientos de fraternidad de ellos para con Benjamín y de piedad filial para con el padre angustiado. Este razonamiento prepara el desenlace del drama, porque José, no pudiendo resistir más, se dispone a descubrir todo el misterio de su conducta con sus hermanos. La sinceridad de Judá le conmueve y no tiene valor para hacerles sufrir más, y así se declara a sus hermanos en una de las escenas más emotivas de la literatura universal.
1 Como al rebuscar los sacos no aparece el dinero, muchos suponen que esto sea glosa inspirada en 42:27 y 43:12; 21. — 2 Cf. Dhorme, Les religions de Babylonne et d'Assyrie 279. — 3 Agustín de Hipona niega que José se haya dado a la magia, y dice del mayordomo: "non serio sed loco dictum est" (Quaest. in Heptat. 145: PL 34,587). Tomás de Aquino dice que habla "por ficción" (2-2 q.95 a.7 ad 1).
45. José se da a Conocer a sus Hermanos
Desde el punto de vista literario, esta perícopa es bastante heterogénea. Hay repeticiones y pequeñas discordancias redaccionales. Así, Jacob es designado unas veces con este nombre y otras con el de Israel.
1 Entonces José, viendo que no podía contenerse más ante todos los que allí estaban, gritó: "¡Salgan todos!" No quedó nadie con él cuando se dio a conocer a sus hermanos. 2 Lloraba José tan fuertemente, que le oyeron los egipcios y le oyó toda la casa del faraón. 3 "Yo soy José — les dijo —. ¿Vive todavía mi padre?" Pero sus hermanos no pudieron contestarle, pues se llenaron de terror ante él. 4 El les dijo: "Acercaos a mí." Acercáronse ellos, y les dijo: "Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendisteis para que fuese traído a Egipto. 5 Pero no os aflijáis y no os pese haberme vendido para aquí, pues para vuestra vida me ha traído Dios aquí antes de vosotros. 6 Van dos años de hambre en esta tierra, y durante otros cinco no habrá arada ni cosecha. 7 Dios me ha enviado delante de vosotros para dejaros un resto sobre la tierra y haceros vivir para una gran salvación. 8 No sois, pues, vosotros los que me habéis traído aquí; es Dios quien me trajo, y me ha hecho padre del faraón y señor de toda su casa, y me ha puesto al frente de toda la casa de Egipto. 9 Apresuraos y subid a mi padre y decidle: "Así dice José, tu hijo: Me ha hecho Dios señor de toda la tierra de Egipto; baja, pues, a mí sin tardar, 10 y habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú, tus hijos y los hijos de tus hijos, con tus rebaños, tus ganados y todo cuanto tienes; 11 allí te mantendré yo, pues quedan todavía otros cinco años de hambre, y así no perecerás tú, tu casa y todo cuanto tienes. 12 Con vuestros mismos ojos veis, y ve mi hermano Benjamín con los suyos, que soy yo mismo el que os habla. 13 Contad a mi padre cuánta es mi gloria en Egipto y todo cuanto habéis visto, y apresuraos a bajar aquí a mi padre." 14 Y se echó sobre el cuello de Benjamín, su hermano, y lloró; y lloraba también Benjamín sobre el suyo. 15 Besó también a todos sus hermanos, llorando mientras los abrazaba, y después sus hermanos estuvieron hablando con él. 16 Corrió por la casa del faraón la voz de que habían venido los hermanos de José, y se complacieron de ello el faraón y sus cortesanos. 17 Y dijo el faraón a José: "Di a tus hermanos: Haced esto: cargad vuestros asnos, id a la tierra de Canaán, 18 tomad a vuestro padre y vuestras familias y venid a mí. Yo os daré lo mejor de la tierra de Egipto, y comeréis lo mejor de la tierra. 19 Mandóles que llevasen de Egipto carros para sus hijos y sus mujeres, "traigan con ellos a su padre y vengan; 20 que no les pese de tener que dejar sus cosas, pues suyo será lo mejor de la tierra de Egipto." 21 Hicieron así los hijos de Israel, y les dio José carros, según la orden del faraón, y provisiones para el camino. 22 Dioles también vestidos para mudarse, y a Benjamín trescientos (siclos) de plata y cinco vestidos. 23 Mandó también a su padre asnos cargados con lo mejor de Egipto, y diez asnos cargados de trigo, de pan y de víveres para su padre, para el camino. 24 Después despidió a sus hermanos, que partían, diciéndoles: "No vayáis a reñir en el camino." 25 Subieron, pues, de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, a Jacob, su padre, 26 y le dijeron: "Vive todavía José y es el jefe de toda la tierra de Egipto." 27 Pero él no se conmovió, pues no les creía. Dijéronle cuanto les había mandado José y les había dicho; y al ver Jacob los carros que le mandaba José para trasladarle, se reanimó, 28 y dijo: "Basta, mi hijo vive todavía; iré y le veré antes de morir."
Para desahogar más libremente su ánimo con sus hermanos, mandó salir a los egipcios. La declaración yo soy José debía de impresionar a los hermanos, pues les traía el recuerdo del crimen que con él cometieron. Aquel José que habían vendido, y que habían considerado como un visionario, estaba allí, "señor de la tierra de Egipto." Era el cumplimiento de sus sueños: postrados le habían adorado, según el antiguo presagio. Pero José no daba señales de cólera. Ellos se sentían reos de un gran crimen que les había perseguido toda la vida; merecían el mayor castigo, pero allí está el hermano magnánimo que los abraza y besa efusivamente. El cuadro es enternecedor. José ve en todo ello la disposición de la Providencia divina 1, y para alejarlos de pensamientos tristes de remordimiento, les dice que todo ha sido dispuesto por Dios para salvarles en la presente necesidad. Podemos figurarnos a los hermanos cabizbajos y avergonzados ante José, sin atreverse a mirarle a la cara. José trata de reanimarlos, y les pide que vayan a su padre, le anuncien que José vive, y los invita a que bajen a establecerse a Egipto, la tierra de Gosén (v.10), al parecer la zona oriental del Delta, junto al desierto2. José se emociona y se abalanza sobre sus hermanos temblorosos. Allí está su hermano uterino menor, Benjamín; se echa a su cuello y, sollozando, le abraza efusivamente. Después abraza a todos sus hermanos. La noticia corrió por el palacio real, y el faraón se alegró con sus ministros y confirmó las palabras de éste sobre la intención de traer a Egipto a su padre y familia. Suponiendo que el faraón sea de la dinastía de los hicsos, se concibe mejor el interés por que bajen los asiáticos a su territorio. Da órdenes para facilitar el traslado, poniendo a disposición carros de transporte y vituallas. Y, por fin, José, al despedirlos, sugiere a sus hermanos que no riñan al salir de junto a él, discutiendo el hecho de su venta (v.24). Es un hecho pasado, y la generosidad de José lo da por olvidado. No quiere que discutan la responsabilidad del hecho vergonzoso, que ha sido utilizado por Dios para salvarlos a todos. José se siente contento de su suerte, y en su corazón magnánimo perdona a todos, deseando ver a sus hermanos con su padre cerca de él.
Los hijos de Jacob se vuelven al fin a su tierra y cuentan todo al padre, que se muestra escéptico. Sólo cuando ve los carros egipcios les da crédito. Al convencerse de la realidad, no piensa sino en ver a su hijo, al que consideraba perdido: ¡Basta! Mi hijo vive todavía, iré y le veré antes de morir (v.28). Una luz de esperanza aparece en sus ojos de anciano, y se siente rejuvenecer.
1 Cf. Is 22:21; Est 13:6; Mc 11:32. — 2 Los LXX leen "Gesem de Arabia." Parece ser, pues, el nomo de la zona lindante con estepa. Sobre su identificación véase Montet, Le drame d'Avaris (1940) 64-86.
46. Jacob y sus Hijos en Egipto
Visión Nocturna de Jacob en Bersabé (1-5a)
1 Partióse Israel con todo cuanto tenía, y, al llegar a Bersabé, ofreció sacrificios al Dios de su padre, Isaac. 2 Dios habló a Israel en visión nocturna, diciéndole: "Jacob, Jacob"; él contestó: "Heme aquí"; 3 y le dijo: "Yo soy El, el Dios de tu padre; no ternas bajar a Egipto, pues yo te haré allí un gran pueblo. 4 Yo bajaré contigo a Egipto y te haré volver a subir. 5 José te cerrará los ojos."
En este capítulo termina el drama, que hasta aquí nos tenía suspensos, con el encuentro del padre y del hijo. Si hubiéramos de atenernos a 37:14, diríamos que Jacob parte de la región de Hebrón y llega a Bersabé, donde se hallaba el altar levantado por su padre1. Allí tiene la visión en que Dios le alienta a emprender el viaje, como lo .había hecho en Betel cuando se encaminaba a Siria, y le renueva las promesas tantas veces hechas a sus antepasados y a él mismo2. Dios se presenta aquí como El, o sea, el Dios de Abraham y de Isaac3. Después añadirá el nombre de Jacob, o dirá simplemente el "Dios de tus padres," el "Dios de Israel."4
Jacob había recibido promesas de que su descendencia poseería Canaán, e Isaac había sido advertido por Dios para que no descendiera a Egipto5. Por eso, podemos suponer las perplejidades del patriarca al abandonar la región que consideraba como objeto de las promesas divinas. Para calmar estas inquietudes se le aparece Dios, diciéndole que, a pesar de que ahora baja a Egipto por designio suyo, esto no supone renunciar a las antiguas promesas divinas. Como le había acompañado en Siria, así ahora le hará prosperar en Egipto, y llegará a tener una gran descendencia en aquella tierra (v.3). Pero, al fin, volverán sus descendientes a retornar a Canaán, y el mismo Jacob, si bien éste después de muerto. Tendrá la gran ilusión de que su hijo José le cerrará los ojos (v.4). Así serán colmadas todas sus aspiraciones de anciano, que sentía terribles añoranzas del hijo desaparecido.
Jacob Baja con sus Hijos a Egipto (5b-27)
5b Levantóse Jacob y dejó a Bersabé, y los hijos de Israel pusieron a Jacob, su padre, y a sus mujeres e hijos, en los carros que había mandado el faraón para transportarlos. 6 Lleváronse también sus ganados y los bienes que habían adquirido en la tierra de Canaán, y Jacob se encaminó a Egipto con toda su familia. 7 Llevó con él a Egipto a sus hijos y a los hijos de sus hijos, a sus hijas y a las hijas de sus hijas; toda su familia entró con él en Egipto. 8 He aquí los nombres de los hijos de Israel que llegaron a Egipto: Jacob y sus hijos, el primogénito, Rubén. 9 Hijos de Rubén: Janoc, Falú, Jesrom y Carmi. 10 Hijos de Simeón: Yemuel, Yamín, Obad, Yakín, Sojar y Saúl, hijo de la cananea. 11 Hijos de Leví: Gersón, Quehat y Merarí. 12 Hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Fares y Zeraj. Pero Er y Onán habían muerto en la tierra de Canaán. Hijos de Fares: Jesrom y Yamuel. 13 Hijos de Isacar: Tola, Púa, Yob y Simrón. 14 Hijos de Zabulón: Sered, Elón y Yajleel. 15 Estos son los hijos que Lía parió a Jacob en Padán-Aram, con su hija Dina. Sus hijos e hijas eran en total treinta y tres personas. 16 Hijos de Gad: Sifyón y Jagguí, Suní y Esbón, Erí, Arodí y Arelí. 17 Hijos de Aser: Yimná, Yisvá, Yisví, Beriá y Seraj, hermana de ellos. Hijos de Beriá: Jeber y Malkiel. 18 Estos son los hijos de Zelfa, la esclava que había dado Labán a Lía, su hija, y que ella parió a Jacob. Dieciséis personas. 19 Hijos de Raquel, la mujer de Jacob: José y Benjamín. 20 Nacieron a José, en Egipto, de Asenet, hija de Putifar, sacerdote de On, Manasés y Efraím. 21 Hijos de Benjamín: Bela, Beker, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Muppim, Juepim y Ared. 22 Estos son los hijos de Raquel que le nacieron a Jacob: en total catorce personas. 23 Hijos de Dan: Jusim. 24 Hijos de Neftalí: Yajseel, Guní, Yeser y Sillem. 25 Estos son los hijos de Bilhá, que dio Labán a Raquel, su hija, y de ella le nacieron a Jacob. En todo, siete personas. 26 El total de las personas que vinieron con Jacob a Egipto procedentes de él, sin contar las mujeres de sus hijos, era de sesenta y seis. 27 Los hijos de José nacidos en Egipto eran dos. El total de las personas de la familia de Jacob que vinieron a Egipto fueron setenta.
El estilo redundante del documento aparece en este fragmento. El autor ha insertado una lista genealógica de la familia de Jacob al estilo de las de Ex. 6:14 y Núm. 26:5s. Así se dice en v.12 que Er y Onán (hijos de Judá) bajaron a Egipto, añadiendo el redactor posterior que habían muerto antes en Canaán. Se nombra a los hijos de José, que ya estaban en Egipto, y se da la lista de los hijos de Benjamín, a pesar de que, cuando bajó a Egipto, era aún un niño. Todo esto indica la yuxtaposición de datos posteriores de un genealogista, adaptados por el autor6. Se dice que el total de descendientes de Jacob que bajaron a Egipto son 70 personas, número convencional7. Pero en el v.26 se dice que son 66, cifra que se obtiene restando los dos hijos de José, éste y los dos hijos de Judá por Tamar (Er y Onán), muertos en Canaán. También es artificial el número de hijos y nietos de las esposas de Jacob, pues a Lía se le atribuyen 32, y a su esclava 16 (la mitad), y a Raquel 14, y a su esclava siete (la mitad). Los LXX traen 75 nombres, añadiendo otros cinco hijos de José8. En el v.27 se habla de nueve hijos de José según los LXX. Todo esto indica el carácter artificial de las listas, que han sido retocadas conforme a criterios selectivos diversos9.
Encuentro de Jacob con José (28-34)
28 Jacob había mandado delante de él a Judá para que se presentase a José y se informase acerca de Gosén; y, llegado a la tierra de Gosén, 29 hizo José preparar su carro, y, subiendo en él, se fue a Gosén al encuentro de Israel, su padre. En cuanto le vio, se echó al cuello, y lloró largo tiempo sobre su cuello. 30 Israel dijo a José: "Ya puedo morir, pues he visto tu rostro y vives todavía." 31 José dijo a sus hermanos: "Voy a subir a dar la noticia al faraón: Han venido mis hermanos y toda la casa de mi padre, que estaba en la tierra de Canaán. 32 Son pastores y tienen rebaños de ovejas y bueyes, que con todo lo suyo han traído consigo. 33 Cuando el faraón os llame y pregunte: "¿Cuál es vuestra ocupación?," 34 le diréis: "Tus siervos somos ganaderos desde nuestra infancia hasta ahora, nosotros y nuestros padres"; para que habitéis en la tierra de Gosén, porque los egipcios abominan de todos los pastores."
Jacob envía a Judá para explorar el camino y territorio de Gosén con vista a instalarse en él pacíficamente10. Quiere advertir a José de la próxima llegada para que tome las medidas pertinentes, de forma que no encuentren dificultad en su instalación pacífica. José le sale al encuentro en su carro de gobernador de Egipto para dar satisfacción plena al anciano al verle gozar de tan alta dignidad. Al encontrarle, se echó a su cuello y con lágrimas le abrazó efusivamente. José aleccionó a sus hermanos para que se presenten al faraón y digan que son "ganaderos" y no "pastores" o nómadas, que son despreciados por los egipcios, como bárbaros y gentes que viven de la espada y la razzia.
¿Cuándo bajaron los hijos de Jacob a Egipto? Podemos suponer que su emigración tuvo lugar durante el dominio de Egipto por los reyes hicsos, es decir, hacia el siglo XVII-XVI a.C. Sabemos que los reyes hicsos tenían su residencia en Avaris, junto a la frontera oriental del Delta, lo que se compagina bien con el relato bíblico, que presenta a los hijos de José cerca de la corte del faraón. La tradición que hace a José contemporáneo del rey Apopis es muy verosímil."11 Como hemos indicado antes, los reyes hicsos favorecían a los asiáticos, y así se hace más inteligible el encumbramiento de José.
1 Gén 26:25 — 2 Gén 28:15. — 3 Gén 16; 1s. — 4 Jesucristo hará la exégesis de estas denominaciones. La frase "Dios de Abraham, Isaac y Jacob" indica que éstos están vivos, pues Dios no es Dios de muertos (Mt 22:23s). — 5 Gén 26:2. — 6 En el v.15 se dice que los descendientes de Lía son 33, y al dar los nombres salen 34, pues se ha insertado Dina. — 7 Así se habla en la Biblia de setenta días de duelo por Jacob (Gén 50:3); setenta años dura la cautividad babilónica (Jer 25:11-12); setenta ancianos de Israel (Ex 24:1); setenta semanas de Dan 9:24. El número es múltiplo de 7, que también es convencional, número de perfección y plenitud. — 8 Cf. Act.7:14. — 9 Cf. P. Heinisch, Das Buch Génesis 399-400; A. Clamer, o.c., 476. — 10 El TM está oscuro. Los LXX traducen: "para ir al encuentro"; la Peshitta: "para aparecer ante él." Así traduce la Bib. de Jer.: "Israel envió a Judá hacia José para que éste se presentase ante él en Gosén." — 11 Montet, Le drame d'Avaris (París 1940) 84.
47. Jacob en Egipto
La audiencia del faraón (1-6)
1 Fue José a anunciar al faraón: "Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas y sus bueyes y todo cuanto tienen, han venido de la tierra de Canaán y están en la tierra de Gosén." 2 Habiendo llevado consigo a cinco de sus hermanos, se los presentó al faraón; 3 y el faraón les preguntó: "¿Cuál es vuestra ocupación?" Ellos respondieron: "Nosotros, tus siervos, somos ganaderos desde nuestra infancia hasta ahora, y lo mismo fueron nuestros padres." 4 Dijéronle también: "Hemos venido para habitar en esta tierra, pues no tenemos pasto para nuestros rebaños, por ser grande el hambre en la tierra de Canaán. Permite, pues, que habiten tus siervos en la tierra de Gosén." 5 Y el faraón dijo a José: "Tu padre y tus hermanos han venido a ti. 6 Tienes a tu disposición toda la tierra de Egipto; establece a tu padre y a tus hermanos en lo mejor de la tierra; que habiten en la tierra de Gosén, y si sabes que hay entre ellos hombres capaces, hazlos mayorales de mis ganados."
Una vez recibido su padre con el cariño que es de suponer, José va a dar parte al soberano para obtener de él la aprobación del proyecto, ya anunciado desde el primer momento. Para mejor lograrlo, lleva consigo a cinco de sus hermanos, con las convenientes instrucciones de lo que han de decir. En efecto, interrogados por faraón de sus ocupaciones, le declaran que son ganaderos, y no de poco tiempo acá, sino de antiguo, pues también lo fueron sus padres y abuelos1. El rey consiente y hasta encarga a José encomendar a sus hermanos el cuidado de los rebaños del rey. Una nueva señal de la acogida que encuentran en Egipto y una prueba más de cómo Dios vela sobre ellos2.
Jacob Ante el Faraón (7-12)
7 José hizo venir a su padre y le presentó al faraón. Jacob saludó al faraón, 8 y éste le preguntó: "¿Cuántos años tienes?" 9 Jacob contestó: "Ciento treinta son los años de mi peregrinación. Corta y mala ha sido mi vida, y no llega al tiempo de la peregrinación de mis padres." 10 Jacob saludó de nuevo al faraón y se retiró de su presencia. 11 José estableció a su padre y a sus hermanos, asignándoles una propiedad en la tierra de Egipto, en la mejor parte de la tierra, en el distrito de Rameses, como lo había mandado el faraón, 12 y proveyó de pan a su padre y a sus hermanos y a toda la casa de su padre, según el número de las familias.
Según esta versión no son cinco hermanos presentados al faraón, sino sólo Jacob. Tampoco se le instala en Gosén, sino en Rameses (v.11). En la perícopa anterior, el faraón concede la tierra de Gosén para los rebaños de la familia de Jacob e insinúa que a los más capaces los ponga sobre los rebaños del faraón 3; aquí los hechos se narran de modo más seco y esquemático. Jacob saluda ceremoniosamente al faraón, y éste, según costumbre, le pregunta por sus años. La respuesta del patriarca es muy característica: sólo tiene ciento treinta años, pocos y malos, en comparación con los de su padre Isaac (ciento ochenta años) y su abuelo Abraham (ciento setenta y cinco años). Por su memoria pasan los duros años de servidumbre a Labán en Siria, de fugitivo en Canaán, y los más amargos en que se ve privado de su hijo predilecto José. Después se despidió cortésmente (lit. en heb. "bendijo al faraón," en el sentido de desear bendiciones, la barakah), y se marchó. Por indicación de José se estableció en "la mejor parte de la tierra, en el distrito de Rameses" (v.11), designación que, según los LXX en 46:28, equivale a Gosén. El nombre de Rameses es anacrónico, ya que esa denominación se da en tiempos de Ramsés II (1292-1225) a una ciudad construida por él, llamada Pi-Rameses ("ciudad de Ramsés"), en la que trabajarán los hebreos como esclavos4. Aunque los egiptólogos no están concordes en su localización exacta, convienen en que estaba al nordeste del Delta, en la región de Gosén5.
Administración Agraria de José (13-26)
13 Ya no había pan en toda aquella tierra, pues el hambre era muy grande, y Egipto y la tierra de Canaán estaban exhaustos por el hambre. 14 José llegó a recoger, a cambio de trigo, todo cuanto dinero había en el país de Egipto y en la tierra de Canaán, e hizo entrar el dinero en la casa del faraón, 15 Cuando se acabó el dinero en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, venían todos los egipcios a José, diciéndole: "Danos pan. ¿Vamos a morir en tu presencia? Mira que ya nos falta dinero." 16 José les dijo: "Puesto que os falta dinero, traedme vuestros ganados y os daré pan a cambio de ellos." 17 Trajeron sus ganados, y José les dio pan a cambio de caballos, rebaños de ovejas y de bueyes y de asnos. Aquel año los proveyó de trigo a cambio de todos sus ganados. 18 Pasado éste, vinieron al siguiente, y le dijeron: "No se le oculta a nuestro señor que se nos ha acabado el dinero y que le hemos dado nuestros ganados, ni a nuestro señor se le oculta que nos no queda más que nuestro cuerpo y nuestras tierras. 19 ¿Vamos a perecer ante ti nosotros y nuestras tierras? Cómpranos y compra nuestras tierras por pan: seremos nosotros y nuestras tierras esclavos del faraón; danos para sembrar, para que podamos vivir y no muramos y no se queden yermas nuestras tierras." 20 José adquirió para el faraón todas las tierras de Egipto, pues los egipcios, obligados por el hambre, vendieron cada uno su campo, y la tierra vino a ser propiedad del faraón, 21 y sometió a la servidumbre del faraón tierras y pueblos desde el uno al otro extremo de la tierra de Egipto. 22 Sólo dejó de comprar las tierras a los sacerdotes, porque éstos recibían del faraón una porción y no tuvieron que vender sus tierras. 23 Y dijo José al pueblo: "Hoy os he comprado para el faraón a vosotros y a vuestras tierras. Ahí tenéis para sembrar; sembrad vuestras tierras. 24 Al tiempo de la recolección, daréis el quinto al faraón, y las otras cuatro partes serán para vosotros, para sembrar y para manteneros vosotros, los de vuestra casa y vuestras familias." 25 Ellos le dijeron: "Nos das la vida. Que hallemos gracia a los ojos de nuestro señor, y seremos siervos del faraón." 26 Dio José una ley, que todavía hoy subsiste, por la cual pertenece al faraón el quinto del producto de las tierras de Egipto. Sólo las tierras de los sacerdotes no son del faraón.
La presente perícopa pretende explicarnos el origen del régimen tributario de Egipto, que ha debido de ser sustancialmente el mismo, pues depende de la naturaleza del suelo. Su fertilidad, que es muy grande, proviene del Nilo, que exige grandes trabajos de presas para elevar las aguas, de canalización para distribuirlas, obras que sólo el Gobierno puede ejecutar. Esto impuso un régimen especial en la propiedad agrícola de Egipto, manifestada en la prestación personal, en la requisa de ganados y en la propiedad limitada de la tierra. En el antiguo Imperio parece que eran los señores feudales los que ejercían este alto dominio sobre la tierra, como consecuencia de ser ellos los que atendían a estas labores de riego; luego pasó a los faraones, y en las manos suyas y de sus sucesores persistió, en una u otra forma, hasta el siglo XIX d. C. Diodoro de Sicilia dice que en Egipto la tierra pertenece al rey, a los sacerdotes y a los militares6. Sin duda que el autor sagrado, conocedor del régimen de propiedad que regía en Egipto, distinto del que regía en Canaán, quiso explicárnoslo, atribuyéndolo, sin duda apoyado en la tradición, a José. Se da por cierto que los reyes que por este tiempo reinaban en Egipto eran los asiáticos hicsos, de distinta cultura que los egipcios; pero al llegar a Egipto tendrían que amoldarse a las costumbres de sus subditos, y más en cosa que dependía tanto de la naturaleza del suelo. Al ser expulsados los hicsos y volver la tierra al dominio de los faraones egipcios, las cosas quedaron en la misma forma en que estaban.
Si hubiéramos de tomar el relato como suena, habría poco que alabar en la conducta de José, la cual más parece la de un usurero, que se aprovecha de la triste situación del pueblo, que la de un gobernante consciente de su deber, que es mirar por el bien del pueblo. Pero en todo esto hemos de mirar el término de la narración, que es explicar un hecho social: que en Egipto el rey poseía el alto dominio sobre la tierra, en virtud del cual podía exigir de su pueblo una contribución, que a un morador de Palestina le parecería excesiva, pero que en Egipto no lo era. De esta ley estaban exentos los sacerdotes, que gozaban de una situación privilegiada. Los dioses y sus santuarios poseían grandes extensiones de terreno, que los sacerdotes usufructuaban, aparte de que los reyes hacían grandes donaciones a los templos7. Para entender todo esto, no debemos perder de vista que, según los egipcios, al faraón pertenecía por derecho divino toda la tierra de Egipto. El faraón era "hijo de Ra," y así tenía alto dominio sobre todo el territorio. José, aprovechándose de esta mentalidad y en atención a las circunstancias anormales, centralizó más la administración, y el pueblo quedó más vinculado a la casa real. El autor sagrado no da juicio moral sobre la conducta de José y quiere resaltar su fidelidad al faraón en la administración y su sabio cálculo en la distribución de los bienes. Para los israelitas quedaba así el grato recuerdo de uno de su raza que tuvo dominio total sobre los bienes y personas de Egipto, y todo por especial providencia divina.
Últimos Días de Jacob (27-31)
27 Habitó Israel en la tierra de Egipto, en la región de Gosén, y adquirieron allí posesiones, creciendo y multiplicándose grandemente. 28 Vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años, siendo todos los días de su vida ciento cuarenta y siete años. 29 Cuando los días de Israel se acercaban a su fin, llamó a su hijo José y le dijo: "Si he hallado gracia a tus ojos, pon, te ruego, la mano bajo mi muslo y haz conmigo favor y fidelidad. No me sepultes en Egipto. 30 Cuando me duerma con mis padres, sácame de Egipto y sepúltame en su sepulcro." José le respondió: "Haré lo que me dices." 31 "Júramelo," dijo Jacob. José se lo juró, e Israel se postró sobre la cabecera del lecho.
Por fin se acerca el fin de la vida del patriarca. Había llegado a Egipto cuando contaba ciento treinta años. Ahora tiene ciento cuarenta y siete. Con él termina la longevidad patriarcal, y en adelante será la edad de los hombres la misma que gozamos ahora. José, Moisés y Josué serán como eslabones intermedios entre las dos épocas de la historia. Lo más difícil de conservar en la tradición es la cronología, y así se comprende que los autores sagrados, al recoger y enlazar tradiciones, tuvieron que recurrir a una cronología un tanto artificial para poner algún orden en el material histórico, a la vez que se servían de esa cronología para dar expresión a una idea religiosa. Sabido es que una de las bendiciones prometidas a los justos en la antigua Ley es la longevidad. Pues la de los patriarcas venía a corresponder a su justicia y familiaridad con Dios.
El anciano patriarca llama a su hijo y le pide juramento en la misma forma en que Abraham había hecho jurar a su siervo Eliécer8. Aquí muslo es un eufemismo para expresar el vigor generador9. Su primer encargo es que no le sepulten en Egipto, que es para él tierra extraña. Ha de llevarle a la tierra en que está el panteón familiar, la tierra de las promesas divinas. Con esto no sólo expresa su fe en el cumplimiento de las mismas, sino que amonesta a sus hijos a no olvidar la tierra en que descansan sus padres y a aspirar siempre a la posesión de la misma. Obtenido de su hijo lo que deseaba, el patriarca se postra y da gracias a Dios. Así también David, al recibir la noticia de la entronización de Salomón, se postra en el lecho, dando gracias a Dios de que le haya cumplido la promesa de que un hijo suyo se sentaría sobre su trono10. En la epístola a los Hebreos se recomienda esta fe de los patriarcas en las promesas divinas.
1 En la traducción del v.5 hemos seguido al TM; los LXX son más prolijos y cambian algo el orden: "5 El faraón dijo a José: "Que habiten en el país de Gosén, y si tú conoces entre ellos a hombres capaces, colócalos a la cabeza de mis rebaños." Jacob y sus hijos vinieron a Egipto junto a José; el faraón, rey de Egipto, lo supo, y dijo a José: "Tu padre y tus hermanos han venido hacia ti; el país de Egipto está a tu disposición; haz habitar a tu padre y a tus hermanos, en la mejor tierra del país." — 2 Tenemos en los textos egipcios ejemplos de tribus asiáticas que se establecen con sus rebaños en esta zona nordeste del Delta, en los confines del desierto. Así, un papiro del tiempo de Merneptah nos cuenta lo siguiente: Un oficial de fronteras escribe a uno de sus jefes: "Hemos terminado de hacer pasar la fortaleza de Teku a las tribus de Sasu de Edom hacia el pantano de Pitom... para hacerles vivir a ellos y a sus rebaños; sobre el gran ka del faraón, Vida, Santidad, Fuerza, el buen Sol de toda la tierra." Los escribas detallan el número de hombres, mujeres y animales que pasan por la fortaleza. En la tumba de Horemheb (en el museo de Leide) aparecen asiáticos con barba, mujeres, niños, ante un alto funcionario. Son beduinos expulsados por otras tribus que piden asilo al faraón. Así, el rey dio este decreto: "Un grupo de beduinos, no sabiendo de qué vivir, han venido, conforme al uso de los padres de vuestros padres... Reconocidos, los beduinos se postran en tierra a los pies del rey."(Montet, Le drame. d'Avaris [París 1940] 83-84). — 3 El faraón tenía muchos rebaños de su propiedad, y en las inscripciones egipcias es corriente el título de "jefe de la oficina del registro de rebaños." Cf. Drioton Y Vandier, L' Egypte 295. — 4 Cf. Ex 1:11. — 5 Véase com. a Ex 1:11. — 6 Diodoro de Sicilia, I 73s; véase herodoto, II 168. — 7 Véase un decreto de Nefer-iraka-Re, en el siglo XXVI a.C., en el que se exime de impuestos al personal del templo de Osiris en Abydos (Pritchard, Ancient Near Eastern Texis 212). Véase A. Clamer, o.c., p.196. La centralización en favor del faraón se acentuó en el Imperio Nuevo (1580-1090) al confiscar el faraón los bienes de los nobles que habían colaborado con los hicsos. — 8 Gén 24:2. — 9 Gén 46:26; Ex 1:5. — 10 1 Re 1:1-47. — 11 Heb 11:8s.
48. Jacob Bendice a los Hijos de José
1 Después de todo esto vinieron a decir a José: "He aquí que tu padre está enfermo"; tomó José consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraím. 2 Anunciáronselo a Jacob, diciendo: "He aquí que tu hijo viene a verte"; y, haciendo un esfuerzo, se sentó en el lecho. 3 Después dijo a José: "El Dios omnipotente (El Saday) se me apareció en Luz, tierra de Canaán, y me bendijo diciendo: 4 "Yo te acrecentaré y te multiplicaré, y te haré muchedumbres de pueblos, y daré esta tierra a tu descendencia después de ti, para que por siempre la poseas. 5 Los dos hijos que antes de mi venida a ti, a la tierra de Egipto, te nacieron en ella, serán hijos míos. Efraím y Manasés serán hijos míos, como lo son Rubén y Simeón; 6 pero los que tú has engendrado después de ellos, serán tuyos, y bajo el nombre de sus hermanos serán llamados a la herencia. 7 Cuando volvía de Padán Aram, se me murió Raquel en el camino, en tierra de Canaán, a distancia de un "kibrat" de Efratá, y allí la sepulté en el camino de Efratá, que es Belén." 8 Vio Israel a los hijos de José y preguntó: "Estos, ¿quiénes son?" 9 José respondió a su padre: "Son mis hijos, los que me ha dado Dios aquí." "Acércalos, te ruego, para que los bendiga." 10 Los ojos de Israel se habían oscurecido por la edad y no podía ya ver. José los acercó, y él los besó y los abrazó, 11 diciendo a José: "No creí ya ver más tu rostro, y he aquí que Dios me ha dejado verte a ti y también a tu prole." 12 José los sacó de entre las rodillas de su padre y, postrándose ante él en tierra, 13 los puso, a Efraím a su derecha y a la izquierda de Israel, y a Manasés a su izquierda y a la derecha de Israel, y los acercó. 14 Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés. De intento lo hizo, aunque Manasés era el primogénito. 15 Bendijo a José diciendo: "Que el Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me ha sustentado desde que existo hasta hoy, 16 que el ángel que me ha librado de todo mal, bendiga a estos niños. Que se llamen con mi nombre y con el nombre de mi padre Abraham e Isaac, y se multipliquen grandemente en medio de la tierra." 17 José, al ver que su padre ponía su mano derecha sobre la cabeza de Efraím, se disgustó; y, tomando la mano de su padre de sobre la cabeza de Efraím para ponerla sobre la de Manasés, 18 le dijo: "No es así, padre mío, pues el primogénito es éste; pon la mano derecha sobre su cabeza." 19 Pero su padre rehusó, diciendo: "Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será un pueblo, también él será grande; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia vendrá a ser muchedumbre de pueblos." 20 Los bendijo, pues, Israel aquel día, diciendo: "Por ti bendecirán a Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraím y Manasés." Y puso a Efraím antes de Manasés. 21 Israel dijo a José: "Yo voy a morir, pero Dios estará con vosotros y os reconducirá a la tierra de vuestros padres. 22 Te doy a ti, a más de lo de tus hermanos, una parte que yo tomé a los amorreos con mi espada y con mi arco."
Los dos hijos de José, Manasés y Efraím, mencionados por la Sagrada Escritura, ocuparon un lugar importantísimo en la historia de Israel, y sus tribus fueron contadas entre las de los hijos de Jacob. Parece que el autor sagrado quiere darnos la explicación de este hecho. Aunque el texto no lo declara, podemos suponer que Jacob, llevado del amor de su hijo y en señal de gratitud por el beneficio prestado a la familia, adopta como hijos a sus dos nietos, reservándoles en la posesión de la tierra prometida una porción igual a la de sus hijos. Con esto las tribus de Israel serán no doce, sino trece o catorce, ya que Manasés suele ser también contado como dos tribus, una en Transjordania y otra en tierra de Canaán, sin que la Biblia nos dé explicación de este hecho. Sin embargo, en el lenguaje bíblico las tribus son doce, como serán doce los apóstoles a pesar de la adición de San Pablo. El hagiógrafo tiene interés en hacer ver a los lectores que las tribus de Manasés y Efraím, tan poderosas en tiempo de los jueces, son también hijas de Jacob, con los mismos derechos a la distribución de Canaán5. Y también quiere explicar por qué la tribu de Efraím tuvo mucha más importancia histórica que la de Manasés; la razón estaba en la especial bendición del patriarca. Veremos en el capítulo siguiente cómo la historia de cada tribu es conforme a la bendición de Jacob, que tenía como un efecto automático sobre el porvenir de cada una. No debemos olvidar este modo de escribir la historia desde el ángulo religioso para explicar cierta artificiosidad y esquematismo en la narración de determinados hechos.
Noticioso José de que el fin de su padre se acercaba, viene a él acompañado de sus hijos para que los bendiga y haga herederos de las promesas paternas. El anciano se endereza sobre su lecho, haciendo un supremo esfuerzo, y recuerda a su hijo predilecto la visión que había tenido en Betel, en la que se le habían hecho promesas sobre su numerosa descendencia (ν.3)6. Ahora quiere hacer partícipes a la descendencia de José en sus dos hijos, Manasés y Efraím, que tendrán los mismos derechos que los primogénitos Rubén y Simeón (v.5). Quiere, pues, que, en la distribución de la tierra prometida, José no reciba sólo una parte, sino dos, una para cada uno de sus hijos, en atención a los servicios prestados a la familia. Según Dt. 21:5-17, el primogénito recibía una doble porción en la herencia. Aquí, pues, se considera como primogénito a José, su hijo preferido7. Después se alude a otros hijos de José que no vuelven a aparecer en las páginas bíblicas (v.6) y no tienen ninguna misión histórica directiva en el pueblo de Israel.
El v.7 es atribuido al elohísta y parece desligado del contexto. El recuerdo de Raquel, enterrada junto al camino de Efratá8, parece insinuar que quiere ser enterrado junto a ella; pero esto resulta incompatible con su deseo manifestado de ser enterrado en el panteón familiar de Macpela9. Pero quizá la mención de Raquel es sólo para recordar a José la triste muerte de su madre y para que sepa dónde está enterrada, de forma que sienta veneración por el lugar donde se halla. El recuerdo de Raquel conmueve al patriarca: era la esposa preferida, por la que tuvo que pasar muchos trabajos en Siria y la tardanza en darle hijos, hasta por fin morir al dar a luz a Benjamín.
El anciano abraza a los dos nietos y se dispone a bendecirlos. José coloca a Manasés, primogénito, a la derecha de Jacob, y a Efraím a la izquierda, de forma que el patriarca impusiera su derecha sobre el primero y la izquierda sobre el segundo. Pero el patriarca entrecruza las manos, de suerte que la derecha es colocada sobre el menor, Efraím, y la izquierda sobre el mayor, Manasés. José, desconcertado, hace ver al padre que Manasés es el primogénito; pero Jacob, dando muestras de espíritu profético, persiste en lo que hace, y así antepone Efraím a Manasés. Todo esto responde a la historia futura de Israel, pues Efraím habría de descollar mucho sobre la tribu de Manasés. Durante el período de los jueces y después de la separación del reino, Efraím fue el centro de la mayor parte del pueblo israelita, mientras que Manasés quedaba confinada en las regiones altas de Transjordania y la parte colindante de Canaán10. El patriarca invoca al Dios de sus padres bajo triple forma: el Dios que ha guiado a sus padres Abraham e Isaac, el Dios que le ha protegido en su vida y el ángel que le ha librado de todo mal bendiga a los dos hijos de José, de forma que sean herederos de las promesas hechas a los patriarcas y sean llamados por el nombre de Jacob y de sus antepasados (v. 15-16). El "ángel de Dios parece ser la manifestación visible de la gracia divina, que en muchas circunstancias le libró de muchos males."11 La expresión "que se llamen con mi nombre y el nombre de mi padre Abraham" (v.16) parece ser una fórmula solemne de adopción de los dos nietos, que eran considerados así como hijos del patriarca, con derecho a la doble herencia. Después anuncia que Efraím será más poderoso que Manasés, y por eso coloca sobre él la mano derecha (v.19)12. Efraím será, en efecto, el centro del reino del norte después de la escisión de las tribus a la muerte de Salomón. La fórmula de bendición a los dos hijos de José quedará como proverbial en el pueblo israelita: "Hágate Dios como a Efraím y a Manasés" (v.20).
Los v.21-22 preparan la transición de la historia de José a la del Éxodo. En el v.22 se alude a una acción guerrera del patriarca contra los amorreos. No sabemos nada de ella por otros datos extrabíblicos13.
1 Se atribuyen al yahvista: v.2b.9b-10a; 13-14; 17-19. — 2 Se suponen del elohista: v.1-2a.7-9a.10b-12; 15-16; 20-22. — 3 Son característicos del sacerdotal por sus expresiones: v.3-6. — 4 Véase J. Chaine, o.c., p.428. — 5 Cf. Jos 17:14; 18:5; Jue 1:22. — 6 Gén 35:11-12. — 7 En 1 Par 5:1 se dice que el derecho de primogenitura, en lugar de recaer en Rubén, fue a parar a José. — 8 Gén 35:9-16; 19. — 9 Cf. Gén 47;30 y 49;29-32. — 10 Gén 49;22-26; Dt 33;13-17. — 11 A. Clamer, o.c., p.492. — 12 En Dt 33:17 se habla de los "millares de Manasés" y de los "miliares de millares de Efaím." — 13 En el Libro de los Jubileos se dice que Jacob venció a siete reyes amorreos que habían atacado a sus hijos en Siquem, y los derrotó. Cf. Kautzsch, Die Apokryphen und Pseudoepi-graphen des Alten Testament II 97-98.
49. Bendición de Jacob
Aunque se suele hablar de bendiciones sobre los hijos de Jacob poco antes de morir, en realidad sólo José es bendito, Judá alabado, mientras que Rubén, Simeón y Leví son reprochados. Como se desprende del contenido, en realidad estas predicciones no afectan a los hijos de Jacob personalmente, sino a las tribus de las que son epónimos; así se alude a sus lugares de residencia tal como tendrá lugar después de la distribución de Canaán. "El tono profético está dominado a veces por la descripción de hechos cumplidos."1
El relato está en forma poética y parece como "una composición originariamente independiente de su contexto, al que ha sido unido por el v.1 y por la conclusión del v.28. La unidad de la composición está avalada por la unidad de su forma."2 Sustancialmente el poema parece compuesto en tiempo de los jueces, cuando las tribus ya se habían instalado en Canaán 3, aunque haya sido retocado posteriormente, sobre todo el v.10, donde se declara la preeminencia de Judá entre las demás tribus, lo que nos lleva a la época de la monarquía davídica y aun a los tiempos de la predicación de Isaías y Miqueas4. Encontramos en este relato poético arcaico de primer orden "una descripción extremadamente viva de la sociedad israelita en tiempo de los jueces. En algunos rasgos rápidos, el poeta evoca las circunstancias históricas y geográficas y los caracteres étnicos de las diferentes tribus. Una sociedad heroica y bárbara en sus orígenes: clanes campesinos, pero campesinos que no han renunciado a la libertad patriarcal, a la anarquía soberbia de los tiempos nómadas, y que, espléndidamente aislados en sus montañas, no conocen amo y no se encorvan bajo un yugo extranjero."5 Es lo que se dice en Jue. 21:25: "En ese tiempo no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía bien." Cada tribu llevaba su vida, y sólo circunstancialmente algunas se aliaban para la mutua defensa; pero esto esporádicamente y por poco tiempo. Esta situación político-social es la que se refleja en este maravilloso canto rimado puesto en boca del patriarca Jacob por el compilador, como Tucídides y Tito Livio colocan las arengas en labios de sus generales y héroes aunque hayan sido elaboradas por el historiador, procurando reflejar la situación histórica de su héroe.
El orden de los oráculos es, en general, el del nacimiento de cada hijo, según hemos visto en los capítulos anteriores6. Así, primero los seis hijos de Lía, los cuatro de las esclavas y, finalmente, los dos de Raquel. Los autores suelen destacar el carácter arcaico del poema; es un intermedio entre el canto de Débora 7 y las bendiciones de Moisés de Dt. 30. Hay frases enigmáticas y arcaísmos en el vocabulario.
Reproche de Rubén (1-4)
1 Jacob llamó a sus hijos y les dijo: Reuníos, que voy a anunciar lo que os sucederá a lo último de los días.
2 Reuníos y escuchad, hijos de Jacob;
escuchad a Israel, vuestro padre:
3 Rubén, tú eres mi primogénito,
mi fuerza y el fruto de mi primer vigor,
cumbre de dignidad y cumbre de fuerza.
4 Herviste como el agua; no tendrás la supremacía,
porque subiste al lecho de tu padre.
Cometiste entonces una profanación,
subiste a mi lecho.
El compilador-redactor definitivo presenta a Jacob llamando a sus hijos para anunciarles el futuro de cada una de las tribus salidas de ellos, y pone en boca de él un fragmento poético en el que se refleja la vida de las tribus en el tiempo anárquico de los jueces. Así, el v.1 en prosa es la introducción a la composición poética. Las palabras de Jacob son presentadas como una profecía que se cumplirá a lo último de los días, expresión empleada muchas veces en los escritos proféticos para designar los tiempos inmediatamente anteriores a la inauguración mesiánica o los tiempos mesiánicos. Aquí más bien tiene el sentido de un tiempo lejano y oscuro en la perspectiva histórico-profética del patriarca, alusivo al establecimiento de las tribus israelitas en Canaán, momento crucial de la historia del pueblo elegido.
El ritmo (un dístico con tres acentos) será el que prevalece en todo el poema. Como todos los fragmentos épico-líricos del A.T., empieza reclamando enfáticamente la atención de sus destinatarios: "Escuchad, hijos de Israel."8
El primero de sus hijos es Rubén, al que se le reconoce como primogénito, y, por tanto, con derecho normal a la mejor parte de la bendición paterna. Pero ha cometido una falta imperdonable, que le priva de sus específicas prerrogativas. Es el fruto de mi primer vigor (v.3) y, por tanto, el hijo que debía llevar mejor la síntesis de la personalidad del padre9. Pero ha sido como un torrente impetuoso y devastador al no saber controlar su pasión, y ha profanado el lecho de su padre, uniéndose incestuosamente con la esposa-esclava de su progenitor10. El oráculo no alude para nada a la situación futura de la tribu de Rubén, aunque implica que no tendrá la dirección en las tribus, o la mejor parte, como correspondería al primogénito nato del patriarca. La tribu de Rubén se estableció en Transjordania al norte del Amón11, y no pudo prosperar porque fue constantemente hostigada y atacada por los moabitas y amonitas. En el canto de Débora se echa en cara a esta tribu el no haber participado en la lucha por la independencia nacional12. En la bendición de Moisés13 se desea que no disminuya esta tribu, lo que indica que se hallaba en una situación precaria próxima a extinguirse. Esta decadencia es atribuida en 1 Par. 5:1 a la maldición paterna por su incesto14.
Reproches a Simeón y Leví (5-7)
5 Simeón y Leví son hienas.
Instrumentos de violencia son sus armas 15.
6 No entre mi alma en sus designios
ni se una mi corazón a su asamblea 16,
porque en su furor degollaron hombres
y caprichosamente desjarretaron toros.
7 Maldita su cólera por violenta,
maldito, por cruel, su furor.
Yo los dividiré en Jacob
y los dispersaré en Israel.
También aquí se echa en cara a estos dos hijos de Jacob un crimen vengativo que clama justicia: la matanza dolosa de los siquemitas17. En eso se han portado como hienas, ansiosas de sangre (ν·5)18. Son violentos; por eso el corazón o alma del patriarca no puede aprobarlos en sus asambleas (v.6). No sólo degollaron hombres, sino que desjarretaron toros, haciendo gran matanza entre el ganado, como se solía hacer en las razzias beduinas sobre los territorios enemigos19.
Por eso serán malditos y no tendrán territorio fijo en la distribución de Canaán. Así, Simeón, teóricamente establecida en el sur de Palestina, es absorbida por Judá20, y sus ciudades son contadas como de Judá21. A Simeón no se le menciona en el canto de Débora22 ni en la bendición de Moisés23, lo que indica que la tribu estaba casi extinguida como colectividad en los tiempos de la composición de estos poemas24. Leví es una tribu dispersa por todo el territorio de Canaán (el texto no alude a sus privilegios sacerdotales, lo que es un indicio de antigüedad, pues los levitas tuvieron mucha preponderancia en tiempos de la monarquía). Así, los miembros de la tribu de Leví ejercían sus funciones religiosas dispersos por todo el territorio25. El levita es así confiado a la misericordia de los demás, como el pobre y la viuda26. Es curioso que, para el autor del poema, la carencia de territorio para la tribu de Leví no se funda en el hecho de que tenga por herencia (κλήρος) a Yahvι, sino que es un castigo por la violencia sanguinaria de Leví, maldito de su padre. En cambio, en la bendición de Moisés se insiste sobre el carácter privilegiado y sacerdotal de la tribu27.
Alabanza y Preeminencia de Judá (8-12)
8 Tú en verdad eres Judá; te alabarán tus hermanos,
tu mano pesará sobre la cerviz de tus enemigos,
postraránse ante ti los hijos de tu padre.
9 Cachorro de león, Judá,
de la presa subes, hijo mío;
posando te agachas como león,
como leona, ¿quién (la hostigará) para que se levante?
10 No faltará de Judá el cetro,
ni de entre sus pies el báculo,
hasta que venga aquel cuyo es,
y a él darán obediencia los pueblos.
11 Atará a la vid su pollino,
a la vid generosa el hijo de la asna;
lavará en vino sus vestidos,
y en la sangre de las uvas su manto.
12 Brillan por el vino sus ojos,
y de la leche blanquean sus dientes.
En los hijos anteriores, Jacob no encuentra motivo de alabanza, y, en consecuencia, no les augura un porvenir brillante. Pero, al llegar a Judá, cambia la perspectiva, y el horizonte es más halagüeño. Este cambio de perspectiva aparece en el comienzo de la frase: "Pero tú (eres) Judá..." (v.8). Es el contraste con lo que antecede. Hay un juego de palabras entre Judá (Yehûdah) y "te alabarán" (yodûka). Sus hermanos le alabarán, reconociendo su superioridad al vencer a los enemigos, cogiéndolos por la cerviz en su huida28. Por eso postraránse ante él los hijos de su padre (v.8b), es decir, las otras tribus. La hegemonía de Judá sobre el resto de las tribus israelitas se cumplió en tiempos de David y de Salomón, de la tribu de Judá. Además, es entonces cuando se obtuvieron las victorias más resonantes sobre los enemigos, arameos, filisteos, edomitas, moabitas y amonitas. Por eso Judá es semejante a un león que ha hecho presa y sube tranquilamente a devorarla, sin que nadie se atreva a hostigarlo (v.9). Judá ha vencido a los enemigos y se repliega en sus montañas para disfrutar de su presa, sin que nadie se atreva a hostigarla. Es como una leona con sus cachorros, a la que nadie se atreve a acercarse y menos a hacerla frente29.
Judá, además, es figurado como un rey sentado que mantiene en sus manos el cetro y el báculo, o bastón de mando, entre sus pies hasta que venga aquel cuyo es, es decir, a quien le pertenece el cetro, símbolo del poder30. Aparte de esta preeminencia política de Judá sobre las demás tribus, su territorio será rico en viñas y en pastos, de forma que atará a la vid su pollino..., lavará en vino sus vestidos..., y de la leche blanquean sus dientes (v.11). Esta descripción hiperbólica encuentra su paralelo en las descripciones idealistas de los tiempos mesiánicos hechas por los profetas del siglo VIII a.C.31
Interpretación Mesiánica del Vaticinio
Como antes hemos indicado, aunque el poema parece reflejar la época histórica del tiempo de los jueces, este vaticinio relativo a Judá parece que ha sido retocado a la luz de su preeminencia en los tiempos de David y Salomón, y aun el v.10 parece encontrar su marco ideológico en la época de la predicación profética de Amós, Isaías y Miqueas. Por eso no pocos autores consideran este v.10 como glosa de un autor profético de los tiempos gloriosos de la monarquía de Judá.
La tradición rabínica, representada por las versiones de Onkelos, Targum hierosolimitano y Talmud, supone el sentido mesiánico del vaticinio. Los Santos Padres relacionaron esta profecía con la expresión de Ap. 5:5 "león de Judá," aplicada a Cristo victorioso. En el texto se habla de la obediencia que los pueblos prestarán a un personaje misterioso cuyo es el cetro. Y se supone que Judá conservará cierta preeminencia ("no faltará de Judá el cetro") sobre las tribus hasta que llegue a quien de modo especial le pertenece el cetro. No se dice expresamente que el personaje cuyo es el cetro sea de la tribu de Judá, pero parece insinuarse, ya que, de lo contrario, se indicaría la procedencia del Mesías de otra tribu. Judá, pues, mantendrá su supremacía, simbolizada en el cetro, hasta que llegue el tiempo de entregarlo al Mesías, que continuará esta supremacía. En el ν.11 se habla de la abundancia de bienes materiales, lo que estα en consonancia con las profecías mesiánicas de Amós e Isaías. La tribu de Judá mantuvo de hecho la supremacía durante la monarquía hasta el 586 a.C., y aun después del exilio, por ser la tribu a la que perteneció el gran rey David, y sobre todo porque en su territorio radicaba el templo de Jerusalén, centro espiritual de la nación. Vemos, pues, cómo las profecías mesiánicas empiezan a concretarse en una rama de los descendientes de Jacob. En Gén. 3:15 se habla de un triunfo de la "descendencia" de la mujer sobre el principio del mal instigador. En Gén. 9:26, la bendición de Noé, segundo padre de la humanidad, recae sobre los semitas. En Gén. 12:3 se promete a Abraham (de raza semítica) la bendición de su descendencia. Esta bendición y promesa es heredada por Isaac y Jacob, y ahora se concreta, y se anuncia por primera vez una persona que encarne el ideal mesiánico en una de las tribus procedentes de éste. En 2 Sam. 7:11-17, la promesa se concreta en la familia davídica, de la tribu de Judá; y en Miq. 5:3 se dice que nacerá en Belén. Así, la primera perspectiva general va adquiriendo contornos definidos 32.
La Suerte Futura de Zabulón (13)
13 Zabulón habitará en la costa del mar, la costa de las naves,
y tendrá su flanco junto a Sidón.
A Zabulón se le sitúa en este vaticinio a la vera del mar, cerca de Sidón o Fenicia. Según Jos. 19:10-16, su territorio estaba tierra adentro, entre Aser y Neftalí, en la zona media entre Haifa y el lago de Tiberíades. Quizá tuviera una franja de terreno que se acercara al litoral marítimo en la zona septentrional, lindando con Fenicia. En la bendición de Moisés se dice que "ocupará la abundancia de las naciones" juntamente con Isacar, lo que supone que está en zona cerca de las naciones gentílicas 33.
La Pereza de Isacar (14-15)
14 Isacar es un robusto asno,
que descansa en sus establos.
15 Vio que su lugar de reposo era bueno
y que era deleitosa la tierra,
y prestó los lomos a la carga,
y hubo de servir como tributario.
A Isacar le cupo el territorio rico del sur de Galilea, con la feraz llanura de Esdrelón o de Jezrael. Aquí se le compara a un asno robusto 34, pero es poco belicoso, y prefiere la tranquilidad de sus establos (v.14). En su indolencia, no tuvo inconveniente en prestar sus lomos a la carga y hacerse tributario de los cananeos. Quizá el autor juegue con la palabra Isacar ('Is-sakar: "hombre de salario") y aluda al hecho de que Isacar se dedicara a transportar mercancías por la ruta comercial que atravesaba su territorio. En la bendición de Moisés 35, Isacar y Zabulón se dedican a comerciar con las naciones: "chupan de la abundancia de las naciones."
La Astucia Fraudulenta de Dan (16-17)
16 Dan juzgará a su pueblo
como una de las tribus de Israel.
17 Es dan como serpiente en el camino,
como víbora en el sendero,
que, mordiendo los talones al caballo,
hace caer hacia atrás al caballero.
Tu salvación espero, ¡oh Yahvé!
De nuevo el autor juega con el nombre de Dan, relacionándolo con la raíz hebraica din (juzgar): "juzgara a su pueblo." En 30:6 se explica el nombre: "Dios me ha hecho justicia." Algunos autores suponen que el autor sagrado, en el poema de Jacob, alude a Sansón, de la tribu de Dan. Creemos que el "juzgará a su pueblo" es un simple juego de palabras con el nombre de Dan. A esta tribu le cupo un territorio muy exiguo, junto a los filisteos, entre las tribus de Judá, Efraím y Benjamín 36. Por ello no pudo desarrollarse como otras tribus que tenían más desahogo territorial. En compensación tuvo que recurrir a la astucia de la serpiente, hiriendo a traición, como la "víbora en el sendero" (v.17). La astucia es el arma del débil en fuerzas como la serpiente, que puede hacer frente con ella a un animal tan fuerte como el caballo. Quizá se aluda a las astucias de Sansón contra los filisteos o a otras pequeñas batallas o guerrillas mantenidas por los miembros de la minúscula Dan contra los insolentes y superiores filisteos. De hecho, acosados por éstos y los amorreos, los danitas se vieron obligados a emigrar hacia el norte de Palestina, estableciéndose en la zona superior al lago de Genesaret, junto a las fuentes del Jordán, y fundando una ciudad llamada Dan sobre las antiguas ruinas de Lais 37. Desde entonces se la considera como tribu del norte, aunque, por ser tan exigua, muchas veces falta en las tablas genealógicas 37.
Gad, Aser y Neftalí (19-21)
19 Gad: salteadores le asaltan, y él les pica los talones. 20 Aser: su pan es suculento, hará las delicias de los reyes. 21 Neftalí es una cierva en libertad, que da bellos cervatillos 39.
De nuevo un juego de palabras con el nombre de Gad. En Gén. 30:11 se relaciona con la idea de "dicha" (gad: felicidad), mientras que aquí se le relaciona con gedûd (salteador, que "le asaltan": yegûdennu, y Gad responde "picando" o "asaltando": yagud). Establecida Gad en la parte septentrional de Transjordania, tuvo que luchar denodadamente por defenderse de los madianitas, amonitas y nómadas del desierto 40. En 1 Par. 21:8-15 se dice que de esta tribu salían magníficos guerreros para el ejército de David adiestrados en toda clase de artimañas y ágiles como gacelas por las montañas. Estaban entrenados en hacer emboscadas contra sus enemigos tradicionales, hiriéndoles dolosamente "en los talones." Sabemos que venció a los amonitas bajo Jefté 41.
Aser: significa felicidad, como Gad 42. Aparece este nombre en los textos de Ras Samra 43. El territorio de Aser, entre los filisteos y fenicios, es rico y feraz: Aser baña su pie en aceite 44. Exportaba cereales a Fenicia; por eso se dice que hará las delicias de los reyes (v.20)45; es decir, sus productos son dignos de las mesas reales. Así lo interpreta el Targum de Jerusalén: "Dichosa Aser, porque su tierra es feraz, y ¡cuántas delicias procurará a los reyes de los hijos de Israel!"
Neftalí: se la define como una "cierva en libertad," ágil y graciosa. No se sabe por qué se le da esta calificación. Los LXX parecen leer otro texto original, pues traducen: "un tronco que echa ramas."46 El territorio de Neftalí se extendía verticalmente, bordeando la orilla occidental del lago de Genesaret, hasta Fenicia 47. En la bendición de Moisés se dice de Neftalí que ha sido colmada de favores y bendiciones 48.
Bendición de José (22-26)
22 José es un novillo, un novillo hacia la fuente 49
(sus hijas subieron sobre la muralla).
23 Los arqueros le hostigan,
los tiradores de saetas le atacan.
24 Pero la cuerda del arco se les rompe,
y su poderoso brazo se encoge,
por el poderío del Fuerte de Jacob,
por el nombre del Pastor de Israel 50.
25 En el Dios de tu padre hallarás tu socorro,
en El-Saday, que te bendecirá
con bendiciones del cielo arriba,
bendiciones del abismo abajo,
bendiciones del seno y de la matriz.
26 Las bendiciones de tu padre
sobrepasarán a las bendiciones de los montes eternos,
superarán la belleza de las eternas colinas,
que caigan sobre la cabeza de José,
sobre la frente del príncipe de sus hermanos 51.
A José se le concibe como un novillo vigoroso que hace frente a los arqueros y enemigos; en efecto, Efraím fue la tribu belicosa de Israel y la de mayor vigor nacional, siendo la impulsora de la defensa de las demás tribus contra los cananeos y madianitas 52. Protegido por el Fuerte de Jacob y el Pastor-Roca de Israel, es decir, el Dios de los patriarcas, desbarata a sus enemigos (v.24)53. Aparte de este vigor físico defensivo, Dios le otorga su bendición para que su territorio sea feraz con lluvias abundantes (bendiciones del cielo arriba) y numerosas fuentes (bendiciones del abismo abajo, subterráneo, del que proceden las fuentes y pozos de agua corriente). Además de la fertilidad de la tierra, Dios le dará muchos y prolíficos ganados (bendiciones del seno y de la matriz) y numerosa descendencia. Estas bendiciones otorgadas por Dios son muy superiores a la feracidad de las montañas y colinas eternas o antiguas. (v.26)54. El patriarca pide a Dios que todas estas bendiciones recaigan sobre la frente del príncipe de sus hermanos (v.27). José ha sido el elegido por Dios para salvar a su familia del hambre, y por ello es como el príncipe consagrado entre sus hermanos. El hagiógrafo parece aludir a una cierta supremacía de la tribu de Efraím, que durante mucho tiempo fue el centro nervioso de las demás tribus. Por su riqueza y prestigio logró imponerse al resto de las tribus en la época difícil de los jueces. Y más tarde, después de la escisión del reino, Efraím será el centro político-religioso del reino cismático septentrional. Todas estas ideas parecen insinuarse en esta bendición bellísima puesta en labios de Jacob poco antes de morir.
Rapacidad de Benjamín (27)
27 Benjamín es lobo rapaz, que a la mañana devora la presa y a la tarde reparte los despojos.
Los benjaminitas se distinguieron por su ardor guerrero, luchando contra Moab 55, contra los cananeos, y, sobre todo, cuando lucharon contra las otras tribus. Eran famosos por su buen manejo de la honda y el arco 56. El juez Aod y el primer rey de Israel, Saúl, salieron de esta minúscula tribu 57. El poeta, pues, refleja bien el espíritu belicoso de ella al presentarlo como un lobo rapaz, que, no contento con devorar la presa en la mañana, deja para la tarde los despojos (v.27). Su rapacidad es tal, que siempre tiene a mano víctimas de qué alimentarse.
Ultimas Recomendaciones de Jacob (28-33)
28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que les habló su padre, bendiciéndolas a cada una con una bendición. 29 Después les mandó: "Yo voy a reunirme con mi pueblo; sepultadme con mis padres en la caverna que está en el campo de Efrón el jeteo, 30 en la caverna del campo de Macpela, frente a Mambré, en tierra de Canaán, que es la caverna que compró Abraham a Efrón el jeteo, con su campo, para tener sepultura de su propiedad. 31 Allí están sepultados Abraham, Sara, su mujer; Isaac y Rebeca, su mujer, y allí sepulté yo a Lía. 32 El campo y la caverna que en él hay fueron comprados a los hijos de Jet. 33 Cuando acabó Jacob de dar estas órdenes a sus hijos, juntó sus pies en el lecho y expiró, yendo a reunirse con su pueblo.
En el v.28a se hace notar que estos vaticinios no afectan a los hijos de Jacob personalmente, sino a sus descendientes o "tribus" salidas de ellos. Es un indicio más de que se trata de un poema adicional intercalado por el compilador-redactor del Génesis, creyendo reflejar las características e historia de cada tribu. Ya hemos dicho que estos oráculos no son todos bendiciones, sino dos sólo (el de Judá y el de José). El v.28b alude a una bendición personal a cada uno de los hijos, sin relacionarla con determinados vaticinios. Las instrucciones que siguen del patriarca relativas a su enterramiento están dentro del estilo y contenido histórico de este documento. Así, la mención de Macpela, del campo comprado a Efrón el jeteo, o hitita, y la designación de Mambré encuentra su paralelo en la narración del c.23, donde se habla de la compra de este campo a los hijos de Jet por Abraham. Jacob quiere ser enterrado en el panteón familiar, donde están Abraham, Isaac, Sara, Rebeca y Lía 58. Después de estas recomendaciones, el patriarca fue a reunirse con su pueblo a la región subterránea del seol, para llevar una vida mortecina y lánguida en estado de "sombra" con sus antepasados. Su muerte no es ya la triste que presentía al saber la pérdida de José, sino que muere en paz, colmado de años, rodeado de sus hijos, llena su alma de esperanzas en el cumplimiento de las promesas divinas, y esta alegre esperanza le acompañará en la región de los muertos. Prenda de ello es la presencia de José, encumbrado a la más alta dignidad en Egipto, el país del destierro. Dios, que ha sabido elevar a su hijo vendido a unos mercaderes, sabrá también sacar a sus descendientes y llevarlos a Canaán para ser dueños de la tierra de las promesas divinas 59.
1 A. Clamer, o.c., p.494. — 2 Ibid. — 3 Véase R. De Vaux, La Genese (La Sainte Bible) 211. — 4 A. Clamer, o.c., p.494. — 5 A. Causse, Les plus vieux chants de la Bible (París 1926) 37. — 6 Gén c. 29-30. — 7 Jue c.5. — 8 Cf. Is 10:28:14; 32:9; 34:1; Jer 7:2. — 9 Cf. Dt 21:17; Sal 78:51; 105:36. — 10 Cf. Gén 35:22. — 11 Cf. Jos 13:13-23. — 12 Jue 5:15-16. — 13 Dt 33:6. — 14 Algunos autores interpretan el incesto de Rubén como una anécdota atribuida al primer hijo de Jacob para explicar la práctica que existe en ciertas tribus beduinas, según la cual las concubinas del padre y sus bienes pasan al primogénito. Así suponen que esta costumbre existía en la tribu de Rubén, pero nada en la Biblia avala esta suposición. — 15 Traducimos "hienas" leyendo ‘ojim en vez del 'ajim (hermanos) del TM. La Bib. de Jér. lee "hermanos." Lo mismo Cantera y Clamer. El 5b es traducido por los LXX: "han cumplido la injusticia según su designio." Vg.: "Consumiríaverunt iniquitatem adiventionis suae." La Bib. de Jér.: "han llevado a cabo la violencia de sus intrigas." Cantera: "instrumentos inicuos son sus armas." Clamer: "(Astucia) y violencia son sus armas." — 16 "Mi corazón" propiamente en heb. es "mi honor" (kebodí) ; vocalizando "kabdi," tenemos "mi hígado," asiento de ciertos sentimientos del alma. Así es el paralelo del asirio "kabittu" (disposición de alma"). La Bib de Jér.: "Que mi alma no entre en su consejo." Cantera: "ni mi honor tome parte en su asamblea." Clamer: "que mi corazón no se junte a su asamblea." — 17 Gén c.34. — 18 Otros prefieren traducir "como buhos," aludiendo al modo fraudulento con que en la oscuridad cometieron el crimen. — 19 Cf. Jos 11:6;9; 2 Sam 8:4. — 20 Jos 14:6-16. — 21 Jos 15:26-32; 42. — 22 Jue c.5. — 23 Dtc.33. — 24 Cf. Núm 1:23; 26:14. También aquí algunos autores creen que el episodio de la liberación violenta de Dina por los hijos de Jacob es una anécdota inventada para explicar los esfuerzos de Simeón y Leví por establecerse en territorio de Efraím, donde estaba Siquem, lugar de la escena. — 25 Véase el episodio del levita en Gabaón (Jue c. 17-18). — 26 Cf. Dt 12:12; 18; 19; 14:27; 29; 16:11; 14; 26: 11-13. — 27 Dt 33:8-11. — 28 Cf. Ex 23:27; Job 16:12; Sal 18:41. — 29 En la profecía atribuida a Balaam se emplean términos similares aplicados a Israel como pueblo (Núm 24:9). — 30 Conocida es la versión de la Vg en este verso: "Non auferetur sceptrum de luda, et dux de femare eius, doñee veniat qui mif tendus est." Los LXX: “al que han sido reservados” (τα άποκείμενα ούτω). Sνmaco: φ απόκειται. La versiσn siríaca y árabe: "de quien es esto." Onkelos: "este de quien es el reino." Todo depende del valor que se dé a la palabra hebrea siíoh. Algunos lo toman en el sentido de "paz" (salah: estar tranquilo, pacífico), y traducen: "no faltará el cetro de Judá hasta que venga la paz" (Heinisch, o.c., p.413)· Otros prefieren tomar siloh como nombre geográfico: Silo, donde estuvo el arca de la alianza en tiempo de los jueces. Así traducen: "no desaparecerá el cetro de Judá hasta que venga a Silo" a adorar a Yahvé (HrrzíG; Dt'e Psalmen II p.2). Pero en ninguna versión antigua aparece este sentido geográfico. Por otra parte, Judá nunca tuvo relación alguna con la localidad de Silo. La tradición rabínica vio en el nombre de Siloh una designación del Mesías como personaje pacífico. Así Onkelos, el Targum jerosolimitano y el Talmud. J. Nótscher relaciona Siíoh con el asirio selu (príncipe, dominador). Véase E. Dhorme, Poésie Biblique p.ioi 11.3). Hoy día está generalizada la interpretación basada en la versión de los LXX y Símaco, suponiendo que la palabra heb. siloh es una contracción de 'aser lo (seloh) (esta grafía abreviada del relativo es corriente en hebreo; cf. Gén 6:3; Jue 5:7; 6:17; 7:12; 8:26; 2 Re 6:11, etc.). Así, pues, la traducción lit. es "que para él" ("cuyo es" el cetro: a quien pertenece). Supuesta esta versión, el sentido encaja perfectamente en el paralelismo: "hasta que venga aquel cuyo es (el cetro)," y "de él es el imperio de las gentes." Véase geuppens, De Proph. Messianic. in A.T. p.yi. Así, el sentido es que el cetro o supremacía será tenido por Judá hasta que venga aquel a quien le pertenezca de derecho definitivamente, el Mesías, como lo interpretó la tradición judía. La Vg, al traducir "qui mittendus est" (toma siloh del v. salaj: enviar), lo aplica también al Mesías personalmente. Nuestra lectura "cuyo es" (selo) encuentra su paralelismo en el texto de Ez 21,34: "hasta que venga aquel a quien pertenece ('aser lo) el juicio." — 31 Cf. Am.9:13; Is 25:6. — 32 Sobre esta profecía pueden verse los trabajos siguientes: L. Reinke, Der Segen Jakobs (1849); M. J. Lagrange, La prophétie de Jacob: RB 7 (1898) 525-540; E. Konig, Die mes-smmsehe Weissagungen (1923) 92-104; B. Santos Olivera, Non auferetur sceptrum de luda: VD 5 (1925) 16-19.52-57; F. Zorell, Vaticinium Lacob: VD 7 (1927) 65-70; L. Denne-Feld Messianisme: DTC 10 (1929) 1415-1418; M. de jonghe, Vaticinium Lacob de luda: "Lollat. Brugenses," 30 (1930) 20-23; E. Dhorme, Poésie Biblique (1931) 99-104; A. BEA, De Entateucho (1933) 206-212; F. Ceuppens, De Prophetiis messianicis in Antiguo Testamento Koma 1935) 61-84; P. Heinisch, Das Buch Génesis (Bonn 1930) 410-421; A. Clamer, Genese (Sainte Bible) 493-507. — 33 Véase Abel, Géog. II 62-63. — 34 En la Ilíada (XI 558-570) se compara el gran Ayax a un asno por su fuerza y resistencia. — 35 Dt 33:18-19. — 36 Cf. Jos 19:41-46; Abel, Géog. II 62-63. — 37 Cf. Juec. 18. — 38 El v.18, por razones rítmicas, parece estar fuera de lugar y es considerado como glosa desconectada del contexto. Es un grito de confianza en Dios, al estilo de los salmistas: cf. Sal 119:81; 123; 166; 174. — 39 El TM dice "bellas palabras" ('imre); leyendo 'immre tenemos "cervatillos," lo que hace paralelo con el dístico anterior. Así A. Clamer y Bib de Jér. — 40 Cf. Jer 49:1. — 41 Jue 17:27-29. — 42 Gén 30:10-12. — 43 Cf. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra et Γ Ancien Testament (París 1941) 163-176. — 44 Dt 34:24. — 45 Cf. Ez 28:17; 1 Re 5:9s. — 46 Sin duda que leyeron los LXX 'eylah (terebinto) en vez de 'ayyalah (cierva) del TM. — 47 Jos 19; 33S. — 48 Dt 33:23. — 49 Los LXX traducen: "José es un hijo que crece, tiene celo de mí." La Vg: "Filius ac-crescens loseph, filius accrescens et decorus aspectu." Lit. el TM dice: "José, retoño de (una planta) fecunda al borde de una fuente; sus hijas (¿sus ramas?) suben sobre la muralla." Como no hace paralelismo con el sentido del v.23, donde se habla de "arqueros que le hostigan," muchos autores leen, en vez de forah (fecunda), farah (vaca), y así ben farah (hijo de la vaca, novillo), lo que encaja bien en el contexto. La frase siguiente: "sus hijas subieron sobre la muralla" (Vg "filiae discurruerunt super murum"), es traducida por los LXX "hijo mío más joven, vuélvete a mí." Lo que indica un texto hebraico muy distinto del masorético actual ("las hijas se pasearon sobre el muro"). La Bib, de ]ér. traduce todo el verso: "José es una planta fecunda cerca de la fuente, cuyos tallos salen sobre el muro." — 50 Bib. de Jér.: "Pero su arco ha sido roto por un poderoso, los nervios de sus brazos han sido quebrados por las manos del Poderoso de Jacob, por el nombre de la Piedra de Israel." — 51 Bib de Jér.: v.26: "bendiciones de espigas y flores, bendiciones de montañas antiguas, atracción de las colinas eternas, vengan sobre la cabeza de José, sobre la frente del consagrado entre sus hermanos." Cantera: "Las bendiciones de tu padre fluyan más que las de mis padres recibidas y el bien de los collados eternales. En la cabeza de José se cumplan y en la frente del señor de sus hermanos." — 52 Cf. Jos 17:14-18; Jue 6:2-6. — 53 Sobre este símil véase Is 30:29; 2 Re 23:3; Dt 32:4; Sal 132:2;5. — 54 La Vg traduce: "doñee veniret desiderium collium aeternorum"; de donde salió el Deseado de los collados eternos" como sinónimo del Mesías, Pero nada en el contexto avala este sentido personal rnesiánico. — 55 Jue 3:15-30; 5:14. — 56 Cf· Jue c. 19-20. — 57 Cf. Jue 20:16; 3, 16s; 1 Sam 9:1-2. — 58 No se había dicho antes que Isaac había sido suponer. Tampoco sabíamos que Rebeca y Lía estaban enterradas allí. — 59 Existen dos tradiciones sobre la duración de la documento yahvista, parece que permaneció poco allí (véanse 27:35; 42:38; 43:27-28; 44:22:29-31; 45:9;13). mientras que, según el sacerdotal, moro allí diecisiete años (47,28).
50. Muerte de José
Sepultura y Funerales de Jacob (1-14)
1 Cayó José sobre el rostro de su padre y lloró sobre él y le besó. 2 Mandó José a los médicos que tenía a su servicio embalsamar a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel, 3 empleando en ello cuarenta días, que es el tiempo que se emplea para embalsamar. Los egipcios hicieron duelo por él durante sesenta días. 4 Pasados los días del duelo, habló José a las gentes de la casa del faraón, diciéndoles: "Si he hallado gracia a vuestros ojos, haced llegar esto, os lo ruego, a oídos del faraón. 5 Mi padre me hizo jurar diciendo: "Voy a morir; sepúltame en la sepultura que tengo en la tierra de Canaán." Que me permita, pues, subir a sepultar a mi padre, y volveré." 6 Y le contestó el faraón: "Sube y sepulta a tu padre, según tu juramento." 7 Subió, pues, José a sepultar a su padre, y subieron con él todos los servidores del faraón, los ancianos de su casa y los ancianos de la tierra de Egipto, 8 toda la casa de José, sus hermanos y la casa de su padre, no dejando en la tierra de Gosén más que a los niños, las ovejas y los bueyes. 9 José llevaba consigo carros y caballeros; así que el cortejo era muy grande. 10 Llegados a la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, hicieron allí muy grande llanto, e hizo José un duelo de siete días por su padre. 11 Los moradores de la tierra, los cananeos, al ver el duelo en la era de Atad, se dijeron: "Gran duelo es este de los egipcios"; por eso se dio el nombre de Abel-Misrayim a este lugar, que está al lado de allá del Jordán. 12 Los hijos de Jacob hicieron con su padre lo que les había mandado, 13 llevándole a la tierra de Canaán y sepultándole en la caverna del campo de Macpela, que había comprado Abraham a Efrón el jeteo para tener sepultura de su propiedad, frente a Mambré. 14 Después de haber sepultado a su padre, José volvió a Egipto con sus hermanos y cuantos habían subido con él para sepultar a su padre.
Muerto Jacob, su hijo José toma a su cargo cumplir la última voluntad de su padre. Empieza por embalsamar a su padre, no sólo porque así lo exigía su traslado hasta Hebrón, sino porque lo requería la costumbre egipcia, de la que José no podía prescindir, aunque no participara de las ideas religiosas que habían dado origen al embalsamamiento. Según la creencia egipcia, el alma necesitaba del sustentáculo del cuerpo para subsistir, al menos para encontrar su felicidad. De ahí los esfuerzos para conservar el cuerpo incorrupto. Herodoto nos describe el modo de embalsamamiento1, y conocemos sus detalles por textos directos egipcios2. El duelo duraba en Egipto, cuando se trataba de un faraón, setenta y dos días3. En Israel, ordinariamente duraba siete días4, aunque para personajes de relieve se alargaba este período5. En el caso de Jacob fueron sesenta días (v.3). El Eclesiástico manda llorar al difunto por respeto a la opinión pública, pero cesar el llanto una vez enterrado, pues el llanto no aprovecha al muerto y daña al vivo6.
Después de las ceremonias de embalsamamiento y duelo en Egipto, José quiere llevar a su padre a Canaán y acompañar sus restos mortales. Pide a las gentes de palacio que le consigan este favor (v.5). Quizá por razones de impureza ritual para nosotros desconocidas, no quisiera abordar personalmente al faraón. Con todo, en el v.6 el faraón habla directamente a José, concediéndole el permiso; parece que estas incoherencias del relato se deben a diversidad de redacciones de la tradición primitiva, en las que la transmisión de detalles no siempre es coincidente. El cortejo fúnebre fue numeroso y solemne, ya que por el alto rango de José hay una buena representación oficial egipcia y, además, la familiar, que también es numerosa. Como el itinerario era largo y había peligro de incursiones en el desierto, la escolta militar ("carros y caballeros") es también copiosa. El itinerario es extraño, ya que en el v.10 se hace llegar el cortejo hasta Tranjordania 7, lo que no es verosímil teniendo en cuenta que, para llegar a Hebrón, la ruta normal es la que subía por la costa egipcio-palestina. Como en el ν.11 se dice que los habitantes del lugar donde se despidiσ solemnemente el duelo son "cananeos," se colige que, según otra tradición, el itinerario siguió el más corto de la costa. El nombre del lugar es Goren Atad, o "era de Atad," según una tradición 8, y Abel-Misrayim, según otra, que se interpreta como "llanto o duelo de los egipcios." 9
Los v.12-13 no son del mismo documento anterior, sino que empalman con la narración de 49:33. Aquí se insiste en la localización de la sepultura de los patriarcas en Macpela. Es de notar que, según esta tradición, los egipcios no intervienen en el entierro, y José no aparece dirigiendo las honras fúnebres, sino que son los "hijos" de Jacob en general los que con toda simplicidad cumplen el deber filial de enterrar al patriarca. Este documento es seco y menos pintoresco. En el v.14 aparece José de nuevo llevando la dirección de la familia de Jacob en Egipto.
El Temor de los Hermanos de José (15-23)
15 Cuando los hermanos de José vieron que había muerto su padre, se dijeron: "¿Si nos guardará rencor José y nos devolverá todo el mal que le hemos hecho?" 16 Y mandaron decir a José: "Tu padre, antes de morir, nos mandó que te dijéramos: 17 Perdona el crimen de tus hermanos y su pecado, pues ciertamente te hicieron mucho mal; pero, por favor, te ruego, perdona el crimen de los servidores del Dios de tu padre." José lloró al oírlos. 18 Sus hermanos se prosternaron ante él y le dijeron: "Somos tus siervos." 19 El les dijo: "No temáis; ¿estoy yo acaso en el lugar de Dios? 20 Vosotros creíais hacerme mal, pero Dios ha hecho de él un bien, cumpliendo lo que hoy sucede, de poder conservar la vida de un pueblo numeroso. 21 No temáis, pues yo seguiré manteniéndoos a vosotros y a vuestros niños." Así los consoló, hablándoles al corazón. 22 Habitó José en Egipto, él y la casa de su padre. 23 Vivió ciento diez años, y vio a los hijos de Efraím hasta la tercera generación; también recibió sobre sus rodillas, al nacer, a los hijos de Makir, hijo de Manasés.
La conducta generosa de José para con sus hermanos no había logrado desterrar del corazón de éstos el temor de la venganza por parte de su hermano. Este temor de los hijos de Jacob se concibe mejor mencionando que el patriarca murió al poco de llegar a Egipto. Pues si, como apunta el autor, vivió allí diecisiete años, la conducta generosa de José durante tanto tiempo habría disipado los temores de sus hermanos, que se sentían reos de un crimen de fratricidio. José, siempre noble, y que había reconocido en su vida la mano de la Providencia para bien de su familia, los tranquiliza, asegurándoles el perdón (v.20). Es muy de notar la expresión perdona el crimen de los servidores del Dios de tu padre (v·17)" que viene a ser como un motivo supremo religioso invocado ante José, el cual, al oír esto, se echa a llorar, porque le emocionaba aquella actitud de desconfianza de sus hermanos, nacida de su conciencia de haber cometido un crimen con él. Los hermanos, temerosos, no se atreven a presentarse personalmente, y envían mensajes para implorar el perdón definitivo (v.16). Invocan la comunidad de religión (v.17) para reforzar los lazos de sangre y conmover a José. Después se presentaron ante él y se prosternaron. El autor sagrado recalca este detalle para mostrar cómo los misteriosos sueños del niño José se habían cumplido literalmente10. José les perdona y proclama que sólo a Dios corresponde castigar: ¿Estoy en el lugar de Dios? (v.19)11. Dios ha hecho que la mala acción de ellos se convirtiera en instrumento de su providencia, para ayudarlos en estos momentos críticos, lo que supone que el hambre continúa en la tierra de Canaán12. José les promete ayudarles como lo había hecho hasta ahora.
José vivió ciento diez años, la edad ideal deseable entre los egipcios13. Llegó a ver a sus bisnietos, recibió sobre sus rodillas y adoptó a sus nietos habidos de Makir, nombre de un clan de la tribu de Manasés14.
Muerte de José (24-26)
24 José dijo a sus hermanos: "Voy a morir, pero Dios ciertamente os visitará y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró dar a Abraham, Isaac y Jacob." 25 Hizo jurar José a los hijos de Israel, diciéndoles: "Ciertamente os visitará Dios; entonces llevad de aquí mis huesos." 26 Murió José en Egipto a los cientos diez años, y fue embalsamado y puesto en un ataúd en Egipto.
José muere lleno de días, como era de esperar de su justicia y rectitud. Al morir encarga a su familia que no le lleven a enterrar a Hebrón inmediatamente después de su muerte, quizá porque su condición de alto dignatario ofrecía dificultades a su enterramiento en tierra fuera de Egipto. José está seguro de que las promesas hechas a sus antepasados se han de cumplir, y por eso Dios visitará a los hijos de Israel, es decir, les protegerá para que puedan un día retornar a la tierra prometida. Pensando en ese momento, José pide que lleven sus huesos con ellos y los entierren en la tierra de Canaán. Moisés cumplió el encargo 15, y Josué enterró a José en Siquem, en los terrenos comprados por Jacob a los "hijos de Jamor"16. Este relato es una preparación de los hechos del Éxodo. El autor de la Epístola a los Hebreos alaba la fe de José: "Por la fe, José, estando para acabar, se acordó de la salida de los hijos de Israel y dio órdenes acerca de sus huesos."17 Los patriarcas viven de la fe en las promesas divinas18.
Consideraciones Teológicas sobre la Historia de los Patriarcas
En el libro de Josué 24:2 se nos cuenta que Teraj, el padre de Abraham, había adorado en Ur los dioses ajenos, es decir, los de la ciudad, a la cabeza de los cuales estaba el dios lunar Sin. Acaso debemos suponer que, como luego hacían los israelitas, Teraj y los suyos unían al culto de su dios propio, familiar, el de los dioses de la ciudad donde radicaban. Era difícil para los antiguos desprenderse de esta idea, que debían adorar a los dioses del país en que moraban y sobre el cual ejercían esas divinidades particular influencia y autoridad19. De Ur se traslada Teraj a Jarrán con su familia, y luego Abraham, desprendiéndose de sus parientes, y en virtud de una orden divina, se dirige a Canaán, donde lleva, igual que sus hijos, una vida nómada. Allí el patriarca se encuentra con nuevas divinidades, que la Biblia designa en épocas posteriores con los nombres genéricos de Baales y Astartés, de las que los israelitas se mostrarán muy devotos20. Son los Baales los que ejercen su "señorío" (baal: señor) sobre los montes, los campos y las ciudades. El principal de éstos es Hadad, que tiene por animal simbólico al toro. Es el dios de las tormentas y el que fertiliza los campos. Al lado está la divinidad femenina Astarté, la Istar de los babilonios, diosa de la fecundidad. Pero estos dioses no aparecen en la historia patriarcal sino más tarde, cuando los hebreos ocupan Canaán.
Los santuarios cananeos se hallaban en los montes o collados o en recintos sagrados al aire libre, con cipos, o piedras toscamente labradas, erigidas como altar o como "estela" (masebah), y con troncos o árboles, cuyo conjunto recibía el nombre de asera.
Abundan los testimonios históricos, confirmados por los hallazgos arqueológicos, de que los cananeos, los fenicios y sus hijos los cartagineses practicaban y ofrecían a sus dioses sacrificios humanos, de prisioneros de guerra, como parte del botín, a cuyo logro habían contribuido, o de los propios hijos, como dones más apreciables para mover a las divinidades en favor de los que tan costosos sacrificios les ofrecían. El autor de la Sabiduría se ensaña hablando de los crueles asesinos de sus hijos, que se daban banquetes con la carne y sangre humanas y con la sangre se iniciaban en infames orgías. A esos padres, asesinos de seres inocentes, determinó Dios destruirlos por mano de los hebreos, para que la tierra, purificada, recibiera una nueva colonia de hijos de Dios21. El culto de Astarté estaba, además, manchado con la "prostitución sagrada," como medio de fomentar la fecundidad. Los árboles frondosos, los bosques y las fuentes eran también muy venerados en Canaán, como manifestación de la fuerza vital de Astarté.
Pues a esta tierra llegó el patriarca Abraham al frente de grandes rebaños y numerosa familia de pastores. Pero venía con la idea de que aquella tierra de Canaán sería suya por alta disposición de Dios, que le había dirigido hacia ella. En la teología asiro-babilónica, ilu (equivalente al anu sumerio, que se representaba por una estrella y significaba "estrella," "cielo" estrellado y la "divinidad" misma) es el nombre determinativo de toda divinidad, y quizá vestigio del dios único semita primitivo. En efecto, en todas las lenguas semíticas encontramos la raíz El como apelativo de la divinidad22. En los textos de Ras Samra aparece una divinidad llamada Elim. En la historia de los patriarcas, su Dios es llamado El con un determinativo (Saday, ‘Elyon, ‘Olam), y es presentado como Dios único: "Yo soy El-Saday: anda en mi presencia y serás perfecto."23 Jacob, al volver a Canaán, erigió en Siquem un altar, al que llamó El-Elohe-Israel (El, Dios de Israel)24. Abraham acata al El-Elyón de Melquisedec como una divinidad venerable25, y se le llama "señor de cielos y tierra." Jacob mandó quemar los terafim y dioses de sus familiares, pues era necesario para presentarse con las manos limpias al Dios de Betel. En todas las emigraciones de los patriarcas, su Dios les acompaña y protege26. Esta protección brilla particularmente en la huida de Jacob y en la historia de José27.
Si es verdad que la religión tiende a la comunicación con Dios y en la intimidad de esa comunicación está la perfección religiosa, no hallaremos en todo el A.T. páginas más expresivas que la historia de los patriarcas: Abraham habla familiarmente con Dios, intercede por Sodoma. Ese Dios es justo y misericordioso, y su carácter moral aparece en las condenaciones del adulterio y la sodomía. El sacrificio de Isaac tiene por finalidad probar la fe del patriarca y su desinterés en favor de su Dios. Dado el ambiente cananeo, no le parecía inhumano el que su divinidad le exigiera lo que era usual entre los moradores de aquella tierra, el sacrificio de los primogénitos. Cuando iba a consumar el sacrificio, Dios detiene su brazo y da por probada su fe y su obediencia, que es más agradable a la divinidad que los propios sacrificios28. En esta obediencia está el elemento esencial religioso de los patriarcas; es el culto que rinden a su Dios en el corazón. Los votos y sacrificios externos en determinados lugares o santuarios es una manifestación de este acatamiento interior. El mismo rito de la circuncisión tiene la finalidad religiosa de sellar la alianza entre la divinidad y Abraham. Por ella, su descendencia queda como santificada y consagrada a Dios29. Los patriarcas quedarán para la posteridad como el modelo de religiosidad pura y desinteresada. Los profetas, en sus oráculos, no sabrán presentar otro ideal religioso superior al de los patriarcas hebreos, porque la fe de éstos estaba basada en el sentimiento íntimo religioso humano como expresión de la ley natural de dependencia de lo divino, sin las contaminaciones ritualistas y convencionalismos formulistas, que terminarán por ahogar los valores éticos de la religión mosaica. "La religión de los patriarcas, nueva en su forma, tuvo un culto propio, pero no un culto nuevo. Se atuvo a las formas de un culto simple y elemental, que estaba más o menos en uso en la humanidad, y que de todo tiempo ha correspondido mejor a las más íntimas exigencias del espíritu humano: la oración, la ofrenda y el sacrificio. Acepta también costumbres menos generales, modificando su significado anterior y adaptándolas para sí, como en el caso de la circuncisión, el uso de las "estelas" (masebah) como memorial religioso; naturalmente, acepta también la terminología religiosa corriente, que forma parte de la lengua común, y conserva tradiciones étnico-religiosas, pero purificándolas de lo que se hallara en abierto contraste con su nueva índole. Por esto la historia presenta a los patriarcas rezando a la divinidad, ofreciendo libaciones rituales y sacrificios de animales en los altares que han elevado. Como en las formas de culto más antiguo y simple, el que hace la oblación es al propio tiempo el que sacrifica: ejecuta por sí mismo la acción ritual, sin un sacerdocio intermediario. Si la oración de los patriarcas con la Divinidad es siempre un verdadero diálogo, el narrador quiere probar con este privilegio otra consecuencia y a la vez una prueba de su elección."30
Historicidad de los Patriarcas
La escuela subjetivista alemana dirigida por Wellhausen sostenía que los patriarcas hebreos no eran figuras históricas, sino proyecciones en el pasado de un ambiente religioso-cultural de la época en que sus vidas legendarias fueron redactadas31. Según esta tesis, la historia de los patriarcas fue compuesta en el siglo IX a.C., en plena monarquía israelita, y su autor ha querido buscar antecedentes muy antiguos a la historia de Israel creando unos tipos legendarios, que serían los presuntos epónimos del pueblo elegido. Hoy día, con los datos arqueológicos y lexicográficos aportados por los hallazgos de más de medio siglo, podemos reconstruir el medio ambiente social de una época anterior en mil años a la supuesta del redactor de la historia de los patriarcas. Este redactor tenía que ser un historiador consumado para trazar el marco histórico de sus héroes, muy diverso del de los tiempos de la monarquía israelita. Ya hemos visto en el decurso del comentario cómo los distintos datos históricos, sociales y religiosos, que proporciona el texto sobre la vida de los patriarcas, se explican perfectamente a la luz de nuestros conocimientos de la época de la primera parte del segundo milenio antes de Cristo.
Diversos son los sistemas inventados para explicar la historia patriarcal:
a) Hipótesis Astral. — La emigración de la familia de Teraj desde Ur de los Caldeos a Jarrán es el ciclo lunar. Como el dios lunar Sin era adorado en Ur y en Jarrán, la historia de la emigración de Abraham es un eco de la emigración de este culto desde el sur mesopotámico al norte. La estancia de Jacob en Mesopotamia, huyendo de Esaú y volviendo a Canaán, es el ciclo lunar que aparece y desaparece periódicamente; los doce hijos de Jacob son los doce signos del zodíaco 32.
b) Hipótesis Cananea. — Los patriarcas son personificaciones de divinidades locales de determinados santuarios de Canaán. Así, Abraham y Sara serían dos divinidades de Hebrón y Mambré; Isaac sería el genio wely de Bersabé; Jacob sería un dios tutelar de Transjordania o de Betel 33. Pero ninguna de las divinidades cananeas que conocemos coincide con el nombre de los patriarcas. Además, resulta inverosímil que un pueblo invasor como el clan de Abraham haya adoptado las divinidades locales del país ocupado, asimilándolas a sus supuestos antepasados.
c) Hipótesis Tribal. — Lo que en la Biblia se dice de determinados personajes que se suponen históricos, en realidad se refiere a las relaciones colectivas entre tribus. Así, se trata de explicar por el sistema de epónimos el origen de las diversas tribus, y las relaciones de los patriarcas con otros personajes son relaciones de tribu: así, los matrimonios son alianzas colectivas de los clanes diversos de una tribu, y las rivalidades de los personajes son las relaciones hostiles entre los diversos grupos tribales, y las relaciones hostiles entre Esaú y Jacob son el eco de las relaciones entre edomitas e israelitas. De este modo, la "figura Jacob-Israel" surgió de la fusión legendaria de dos elementos: uno eponímico, Israel, que representa una tribu batalladora y absorbente; otro, la persona real de Jacob, jeque de una pacífica tribu de pastores. Las mujeres y la descendencia de este Jano de doble faz serían algunas reales, otras eponímicas, en cuanto representan fusiones o desdoblamientos del grupo étnico Jacob-Israel.
Para algunos, Jacob es una figura propia de las leyendas del territorio septentrional transjordano (reino de Israel)... Más tarde se unió a ésta la leyenda de la rivalidad entre Esaú y Jacob, que justifica la venida de Jacob desde el noroeste y la tradición de su permanencia en Hebrón... Los hijos de Jacob se interpretan como personificaciones epónimas de las doce tribus del pueblo; el número sería esquemático y convencional... Estos varios clanes epónimos podían ser, en gran parte, desdoblamientos de alguna de las tribus patriarcales; pero anduvieron errantes por Canaán y fuera de allí, conservando en sus leyendas algunos recuerdos desvaídos de las regiones por que pasaron, y que afloran aquí y allá en el relato bíblico. Uno de estos clanes, denominado José, se llegó tal vez hasta los confines de Egipto, para subir después, reforzado en número, a Canaán y llevarse en su compañía clanes de menor importancia" 34. Estas teorías han quedado arrumbadas al conocerse el medio histórico social de la vida patriarcal, que queda rehabilitada en sus líneas esenciales.
1. En primer lugar, los Nombres de los patriarcas encuentran su paralelo en la onomástica mesopotámico-cananea de los siglos XX-XV a.C. Así, Abraham tiene su equivalencia en el A-ba-am-ra-am, A-ba-ra-ma de las inscripciones acadias 35. Isaac parece un nombre apocopado de Yisjaq-El 36. Jacob es también un nombre teóforo apocopado, que encuentra su equivalente en los nombres Ya-aj-qu-ub-el, encontrado en la Alta Mesopotamia 37, y en el Ya-qob-hr y Ya-qob-el de las listas egipcias de Tumosis III y Ramsés II encontradas en Palestina (s.XV-XIII a.C.)38. Estos nombres no se refieren a las personas de los patriarcas, sino que son corrientes en la onomástica semita de esta época, y, por tanto, son un comentario vivo a los nombres de los patriarcas hebreos. Teniendo en cuenta que los nombres de Abraham, Isaac y Jacob no aparecen en la onomástica israelita de los tiempos de la monarquía, el argumento tiene más valor, ya que sería una gran coincidencia que un falsario del siglo IX a.C. haya escogido para sus héroes unos nombres que sólo estaban vigentes mil años antes. "Así, los nombres de los patriarcas pertenecen a tipos onomásticos conocidos en el ambiente del que han salido los antepasados de Israel; su significación obliga a considerarlos como nombres de personas."39
2. Situación Histórica de Canaán en el Segundo Milenio Antes de Cristo. — Parece que hacia el 3000 a.C. hay una invasión semito-cananea sobre la franja de terreno que se extiende desde Egipto hasta Siria, y parece que son los creadores de la cultura del bronce antiguo en Palestina. Los cañamos ocupan sobre todo la costa, las llanuras interiores y los valles 40. A fines del tercer milenio a.C., una oleada de tipo nómada, oriunda del desierto siroarábigo, compuesta por los amorreos, invaden Palestina 41. De momento hacen decaer la cultura cananea anterior del bronce antiguo 42. Estos amorreos llegaron hasta Egipto. Para protegerse contra ellos, Setis I (d.XII: s.XX a.C.) construyó el "muro del príncipe," al este del Delta, colindando con el desierto. Pero Egipto parece tener alto dominio sobre Palestina y Fenicia en estos primeros siglos del segundo milenio a.C. Senusrit III (1876-1838) conquistó Siquem. Por otra parte, se han encontrado muchos objetos egipcios en Canaán y Fenicia de los siglos XX-XVIII a.C.43 En los textos egipcios de execración de esta época encontramos nombres de ciudades cananeas y fenicias dominadas por Egipto, si bien en plan de alto dominio. Los nombres de estos textos son semíticos del tipo amorreo. Palestina está dividida en multitud de pequeños estados de organización tribal. He aquí cómo describe un documento egipcio a los habitantes de Canaán: "No tienen residencia fija, pero sus piernas están siempre en marcha. Guerrean desde los tiempos de Horus. No conquistan ni son conquistados; no anuncian el día para la batalla... Roban un campamento aislado, pero no atacan una ciudad populosa."44 Es la descripción del beduino, que vive de sus razzias. Es el tipo social que aparece descrito en la "novela de Sinuhé," príncipe egipcio que, huyendo de su tierra, atravesó Canaán hacia el siglo XX a.C. Un texto sumerio del siglo XXIV a.C. describe así al amorreo: "tiene su arma por compañero..., no conoce la sumisión, come carne cruda, no tiene casa durante su vida y no entierra a sus muertos."45 Hacia el 1750 a.C., los egipcios pierden su hegemonía sobre Fenicia y Palestina y son invadidos por los hicsos (1720 a.C.). Con ellos viene una oleada de nómadas asiáticos del norte de Mesopotamia y aun de gentes caucásicas y del Asia Menor, que se superponen a la cultura semítica cananea anterior de Palestina. Es la época de las emigraciones de los patriarcas desde Jarrán a Palestina. Son los jurritas e hititas o "jéteos" de la Biblia que encontramos en Hebrón en tiempos de Abraham 46. Parece que se establecieron en las zonas pobladas, quedando grandes espacios libres para las tribus nómadas. Paralela a esta emigración de sedentarios hay otra de tipo nómada. En efecto, en Transjordania, hacia el siglo XIX a.C., hay un bache cultural que dura hasta el siglo XIII a.C., y sin duda es debido a la invasión de tribus del desierto, que arrasan todo e imponen un género primario de vida. Al ceder la hegemonía organizada egipcia, llega la hora de las invasiones heterogéneas y descontroladas. La última ola de invasores llegada al Delta son los misteriosos "hicsos,"47 los cuales, fortalecidos y apoyados por elementos asiáticos de todo género, emprenden la conquista del reino de los faraones. Allí permanecen siglo y medio, hasta que fueron expulsados por los faraones tebanos, que constituyeron el Imperio Nuevo.
3. La Emigración de Abraham. — En este ambiente histórico de oleadas heterogéneas étnicas que se abalanzan sobre Palestina debemos colocar la historia patriarcal. La Biblia nos da muchos hechos concretos de la vida de los patriarcas hebreos que nos permiten comparar y aun reconstruir en parte su Sitz in Leben a la luz de los nuevos datos histórico-arqueológicos. Siria y Palestina, durante los siglos XX al XVIII a.C., estuvieron sometidas a una doble influencia: mesopotámica y egipcia. Es el marco geográfico en que se mueve la vida de los patriarcas. La Biblia nos presenta a la familia de Abraham emigrando desde el sur de Mesopotamia, Ur de los Caldeos, hasta el norte, Jarrán 48. Este desplazamiento es perfectamente verosímil al saber hoy que Jarrán era una sucursal religiosa y comercial de Ur. Al caer la dinastía II de Ur, aquella zona geográfica entró en una época caótica y de inseguridad social. Se comprende, pues, que unos semitas de procedencia occidental aramea, que se habían sedentariado con sus rebaños en torno a la gran metrópoli, hayan decidido trasladarse hacia el norte, donde tenían más afinidades étnicas y donde tenían más posibilidades para desarrollar su vida seminómada. Así, podemos figurarnos a la familia de Abraham enrolarse con otras caravanas, siguiendo la ruta caravanera que bordea al Eufrates, subiendo hacia la Alta Mesopotamia. Llegados a Jarrán (la actual Eski-Jarrán), los terajitas se establecen con ánimo de radicar allí definitivamente 49. Por indicación divina, Abraham, al morir su padre, emprende con su sobrino Lot el viaje hacia Canaán. Podemos suponer que también ahora se enroló en una de las oleadas emigratorias que descendieron de la Alta Mesopotamia hacia Fenicia y Palestina. Es de suponer que "su clan permanecía en contacto con los inmigrantes sedentarios que descendían del norte,"50 es decir, los jurritas, mitanitas e hititas. Al menos la emigración de Abraham coincide con la época de las grandes oleadas de gentes septentrionales que caen sobre Canaán. La primera estación de Abraham es en Siquem, donde hay una población no cananea, los "hiwitas" o "jorritas."51 Después descendió a Hebrón, donde había una población "hitita."52
4. Época de la Emigración. — En la Biblia encontramos una cronología demasiado sistemática y artificial, que no nos resulta muy segura para determinar la época de los patriarcas. Así, según los datos diversos, supone que la estancia de los patriarcas en Canaán duró doscientos quince años 53, que es la mitad justa de la cifra de cuatrocientos treinta años que se da para la estancia de los israelitas en Egipto 54. Suponiendo que los israelitas salieron de Egipto en el siglo XIII, nos llevaría esa cifra al siglo XVII como fecha de la emigración de Jacob al país de los faraones. Es la fecha de la oleada de los hicsos sobre Egipto. Ya hemos mencionado, al comentar el c.14, la hipótesis que identifica a Hammurabi con Amrafel de la Biblia, contemporáneo de Abraham. Aunque no se admita esta identificación, queda el hecho de que la expedición de los cuatro reyes sobre Transjordania supone que esta región está habitada por una población sedentaria. Ahora bien, hacia el siglo XVII parece que hay un bache cultural en esta región como consecuencia de una invasión nómada, y tarda cuatro siglos en volver a prosperar allí una población sedentaria. Esto quiere decir que la guerra de los cuatro reyes orientales no se ha de poner después del siglo XVII a.C., lo que nos da una fecha aproximada para Abraham del siglo XVIII antes de Cristo, que parece ser el siglo de Hammurabi.
5. Origen Étnico de Abraham. — Se le llama hebreo, y esta expresión, aplicada a sus descendientes, suele tener un sentido algunas veces despectivo 55; al menos es el nombre que los extranjeros dan a los israelitas. La Biblia, por el procedimiento de los epónimos, explica el nombre de hebreo como descendiente de un supuesto antepasado llamado Heber 56. Pero esto es una explicación popular. Algunos autores han querido ver en la palabra 'ibrí (hebreo) la transcripción defectuosa dialectal de los famosos jabiru o aliados, gentes trashumantes que inquietan a las poblaciones de Canaán en el siglo XV a.C., en contra de los cuales los reyezuelos cananeos piden ayuda al faraón Amenofis IV Ejnatón (cartas del Tell Amarna). En las inscripciones egipcias del siglo XV a.C. aparecen los apiru, como prisioneros, que suelen identificarse con los jabiru de Canaán. En tiempos de Ramsés III aparecen como siervos, y en tiempo de Ramsés IV trabajan en las canteras. Por otra parte, en textos del siglo XX a.C. aparecen los jabiru en Asia Menor y Mesopotamia 57. Todo esto prueba que no pueden identificarse con los hebreos, pues éstos son un clan más reducido que no tuvo derivaciones geográficas tan amplias. Por eso algunos autores suponen que los hebreos son, a lo más, una sección de los jabiru, y más bien que el nombre de hebreo haya tenido origen en una denominación confusa de los cananeos, que, al ver llegar al clan de Abraham, lo hayan asimilado a los conocidos jabiru, llamándoles 'ibrim. Otros autores prefieren entender hebreo como derivado del vocablo hebreo 'eber (al otro lado); así, los hebreos serían los del "otro lado" del Jordán o del Eufrates, ya que provenían de la Alta Siria. Así los traducen los LXX al llamar a Abraham ó περάτης (transeúnte)58.
Con todo, sea cual fuere el significado primitivo de la palabra hebreo, hay textos bíblicos que suponen un origen arameo de Abraham. Así se dice en Dt. 26:5: "mi padre era un arameo errante." Sabemos que la familia de Abraham residió en Padán-Aram 59 o Aram-Naharayim 60. Labán, sobrino de Abraham, es llamado arameo 61. Los arameos aparecen mencionados por primera vez en un texto de Teglatfalasar I hacia el 1110 a.C., localizados entre Palmira y el Eufrates. Se les llama ajlamu, apelativo que se aplica a los nómadas en general del desierto siró-arábigo. Podemos suponer que el clan de Abraham pertenece a un grupo étnico que "podemos llamar proto-arameos, que llevaban vida nómada desde tiempo indefinido en el desierto siró-arábigo y cuyos elementos avanzados entran en contacto, al principio del segundo milenio a.C., con las poblaciones sedentarias que bordeaban el desierto."62 Los hijos de Jacob y el mismo Abraham tomaron mujeres cananeas. José se casó con una egipcia. Así, la pureza de sangre aramea queda desvirtuada. Por eso Ezequiel dirige este reproche a Jerusalén: "Tu padre era un amorreo, y tu madre una hitita."63
6. Ambiente Social. — Podemos seguir perfectamente la vida de los patriarcas en un ambiente seminómada junto a los pozos, llevando sus ganados de un sitio a otro, según la abundancia de pastos, y entrando en relaciones contractuales con diversas poblaciones sedentarias de Canaán. Entre sus ganados y bestias aparecen rebaños de ovejas, vacas, camellos y asnos, es decir, lo que caracteriza a un jeque seminómada de las estepas de Transjordania o del desierto de Judá actual. Su vida está condicionada por el clima y los pastos y la existencia de pozos. Para ir de Ur a Jarrán, la familia de Abraham subió con sus rebaños bordeando el Eufrates, para asegurarse el agua. Para bajar de Jarrán a Palestina, el patriarca pudo tomar un doble itinerario para asegurar agua a sus rebaños: o bien descendiendo por Alepo y Damasco, o atravesando el oasis de Palmira hacia Damasco. Al entrar en Palestina, el clan de Abraham trashumaba de un lugar a otro, acampando cerca de las poblaciones para las transacciones comerciales, ofreciendo sus productos. Así le encontramos en Siquem, Betel, Hebrón, Bersabé, Guerar. Muchas veces tienen los patriarcas que defender sus derechos sobre los pozos del Negueb y hacen alianzas con los reyes de las poblaciones sedentarias. La vida, pues, de los patriarcas tiene influencias del ambiente sedentario y del atavismo nómada, y por eso sus costumbres dicen relación con una doble tradición, según prevalezca el elemento primero o el segundo, como vamos a ver en algunos ejemplos.
7. Costumbres Sociales y Jurídicas. — Elementos atávicos nómadas son: el espíritu de cohesión, de clan 64; el cuidado por mantener la pureza de sangre (matrimonios de Isaac y Jacob) 65 sentido de responsabilidad colectiva (venganza de los hijos de Jacob contra los siquemitas)66. Pero "no parece que los patriarcas hayan llevado con ellos la herencia de un pasado, recordado con nostalgia, de recuerdos épicos en relación con una vida libre en el desierto. Las tradiciones bíblicas sobre los orígenes de la humanidad, que por el fondo remontan a la época patriarcal, son las de un ambiente sedentario. El marco de la edad de oro es el jardín de Edén y el hombre, creado para cultivarlo... 67 Noé es cultivador de viñas 68. Sólo la vida de Caín alude a la vida nómada... 69 La gesta de los patriarcas no ha guardado ningún recuerdo de un pasado heroico de vida errante..."70 Por eso sus costumbres jurídicas difieren, en general, del ambiente puramente nomádico, y se relacionan más bien con las de las poblaciones sedentarias. Conocemos diversos códigos legislativos mesopotámicos: el sumerio, el babilonio de Hammurabi y el asirio. Veremos que las costumbres de los patriarcas se rigen unas veces por uno y otras por otro, lo que indica que no hay dependencia directa de ellos, sino que ambos reflejan un derecho consuetudinario primitivo que ha sido adaptado a las circunstancias históricas y geográficas de cada región. En concreto, el Código de Hammurabi supone una sociedad más centralizada y una organización más burocratizada, y, en general, un marco ambiental mucho más desarrollado que el siro-cananeo, donde se desenvuelve la vida de los patriarcas. Por otra parte, quizá Hammurabi sea posterior a Abraham, aunque esto no es aceptado por todos. Pero, en todo caso, el legislador babilonio no ha sido el creador de su Código, sino que ha codificado y adaptado leyes anteriores a él. Hoy día conocemos otras codificaciones sumerias muy anteriores a Hammurabi. Esto supuesto, veamos algunas costumbres sociales y jurídicas de la época patriarcal que encuentran su paralelo en estas legislaciones mesopotámicas71.
a) Alianza de Dios y Abraham. — Esta escena tuvo lugar en Siquem72, cuyos habitantes son llamados "Bene Jamor" (hijos del asno)73. El rito es singular: Abraham debe sacrificar un novillo, un cabrito y dos palomas. Los dos primeros deben ser descuartizados, y puestos los trozos unos frente a otros. Al atardecer, Dios pasó en forma de "hornilla de fuego" por entre las partes descuartizadas74. Este rito es mencionado también por Jeremías75. ¿Qué sentido tiene este rito tan exótico? Aún hoy entre los beduinos, cuando hay peste, la familia amenazada suele pasar entre las partes de una oveja descuartizada, que se colocan a la entrada de la tienda76. Los griegos y romanos practicaban ritos análogos en las alianzas solemnes77. La víctima parece representar a las partes contratantes. Su inmolación indica la suerte que correrán éstas si no son fieles a lo pactado. Y por otra parte, parece insinuarse la idea de que ambas partes contratantes están vinculadas entre sí como lo estaban las partes de la víctima. En el caso de la alianza con Abraham encontramos un paralelo más interesante. En Mari (Alta Mesopotamia) se hacía un rito parecido sacrificando un asno, y así, "hacer una alianza" se expresaba con la circunlocución "cortar el asno de la alianza." Como en Siquem habitaban jorritas (según la versión de los LXX), que es el grupo étnico que prevalecía en la Alta Mesopotamia, en Mari y Nuzu, encontramos una posible relación con estos siquemitas "hijos del asno" (Bene Jamor), que adoraban a Baal Berit (señor de la alianza)78.
b) Compra de la gruta de Macpela. — Cuando Abraham compró a los "hijos de Jet," en Hebrón, el campo de Macpela para sepultura de Sara, se dice que el contrato fue hecho y suscrito a "la vista de todos los que pasan por la puerta de la ciudad."79 A la puerta de la ciudad tenían lugar todas las transacciones 80, por ser el lugar más concurrido y donde solían estar los ancianos de la ciudad. En una tableta de Nuzu se dice después de puntualizar el contrato: "La tableta ha sido escrita después de la proclamación en la puerta."81 Por otra parte, sabemos que en Hebrón había elementos hititas y jurritas, oriundos de las regiones cercanas a Nuzu.
c) ¿Eliecer heredero de Abraham? — El patriarca se queja de que, por no tener hijos, su herencia vaya a parar a su siervo Eliecer 82. ¿Por qué éste iba a ser heredero de Abraham en caso de no tener hijos éste, y no Lot, su sobrino? Sin duda que el patriarca había adoptado a su siervo-mayordomo como heredero. La adopción no aparece en la legislación mosaica. Jacob adoptó a los hijos de sus esclavas 83. La adopción era muy común en Asiria y Nuzu. Así, cuando uno no tenía hijos, se adoptaba legalmente a un esclavo u otro como heredero para que ayudase al adoptante en la vejez y cumpliera más tarde sus deberes después de muerto. Caso de que el adoptante tuviera después hijos, el adoptado perdía sus derechos a la herencia. Es el caso de Abraham cuando le nació Isaac después de haber adoptado al hijo de Agar, Ismael 84.
d) Adopción del hijo de Agar. — Sara, al perder la esperanza de tener hijos, entregó su sierva Agar a Abraham para que le diera hijos, diciendo: "Quizá tenga yo hijos por ella."85 Raquel ofrece también a Jacob su esclava Bilja: Ella dará a luz sobre mis rodillas, y yo tendré un hijo por ella 86. En el Código de Hammurabi se prescribe un caso análogo: caso de que la esposa no dé hijos al esposo, éste puede tenerlos de la esclava 87. En los contratos de Nuzu encontramos parecida legislación.
Sara pide a Abraham que eche a Agar de su casa para que el hijo de ésta no herede con Isaac. Según el Código de Hammurabi, los hijos de la esclava no tenían derecho a la herencia paterna a menos que el padre expresamente lo indicara, asimilándolos a los hijos de la esposa 88. Según las leyes asirias, el hijo de la concubina tiene derecho a la herencia en el caso de que la esposa no tenga hijos 89. En Nuzu se exigía, como en Babilonia, una declaración expresa del padre 90. En el caso bíblico había dicho que el hijo de la esclava Agar sería considerado como hijo suyo 91. Por eso ahora teme que participe de la herencia con su hijo natural.
e) Matrimonio de Isaac y Rebeca. — Las negociaciones para casar a Rebeca con Isaac fueron llevadas directamente por el hermano de aquélla, Labán, y el siervo de Abraham, Eliecer 92. La madre de la novia aparece en segundo plano. Con todo, Rebeca fue consultada sobre su deseo de trasladarse a Canaán 93. En un contrato de Nuzu se dice: "Con mi consentimiento, mi hermano me ha entregado como mujer a tal."94 Lo que indica que, faltando el padre, es el hermano mayor el que lleva las negociaciones de matrimonio. En el caso de Rebeca, ésta fue consultada, no sobre la conveniencia del matrimonio, sino sobre su deseo de trasladarse a la patria de su futuro marido. Se supone la posibilidad de que ella quiera quedar en su tierra, y entonces Isaac debiera ir a cohabitar en la casa de los padres de su esposa 95. En las leyes asirias está prevista esta clase de matrimonios 96.
f) El derecho de primogenitura. — Esaú, hambriento, vendió su derecho de primogenitura a su hermano Jacob 97. Según Dt. 21:15-17, el primogénito recibe una parte doble en la herencia con respecto a los otros hermanos. En el Código de Hammurabi se desconoce este derecho de primogenitura. Únicamente se permite al padre que haga un presente de su herencia al que prefiera, sin que éste sea necesariamente el primogénito 98. En algunos textos de Nippur, el primogénito recibe más que los otros hermanos, pero sin determinar la cantidad. En las leyes asirias, el primogénito tiene derecho a una doble parte, y esta costumbre es atestada en los textos de Nuzu."99 Incluso se da el caso de que alguna vez el primogénito renuncia a su derecho en favor de un extraño.
g) Ley del levirato. — Judá casó a su hijo primero con Tamar; muerto aquél, manda a su segundo hijo que se casara con ella para suscitar posteridad al cuñado muerto (levir: cuñado; de ahí ley del levirato). Según Dt. 25:5-10, al morir sin descendencia uno casado, debe su hermano casarse con la mujer del difunto. El primer hijo que de ella tenga será considerado como hijo del difunto. En las leyes asirias encontramos esta institución. Según el código hitita, si un hombre muere, la mujer del difunto pasa a los parientes por este orden: hermano del difunto, padre de éste, y su tío paterno 100. Estas legislaciones nos esclarecen el caso de Judá y Tamar, al probar que existía el levirato en tiempo de los patriarcas en regiones donde éstos tenían su hogar.
h) Jacob y Labán. — Jacob se casa con las dos hijas de Labán 101, lo que estaba prohibido por la Ley mosaica 102; pero no es raro en contratos matrimoniales mesopotámicos anteriores a Hammurabi. Algunos autores han creído ver en el matrimonio de Jacob un matrimonio errebu (en acadio "entrar"), según el cual el contrayente es adoptado por el padre de la esposa. Este tipo de enlace matrimonial aparece en la Baja Mesopotamia anteriormente a Hammurabi. Pero el caso de Jacob es diferente, ya que éste piensa volver a su patria, y, si ha vivido con Labán, ha sido en fuerza de un contrato oneroso. En un matrimonio errebu, el adoptado es heredero del adoptante, y, en el caso de Jacob, jamás se dice que éste tuviera derecho a la herencia de Labán103.
Raquel, al marchar, se llevó los terafim, o dioses penates familiares104. ¿Por qué este interés en llevarse estos ídolos domésticos? Puede explicarse por simple afecto de Raquel, pero puede haber algo más de malicia en ella. En algunos contratos de Nuzu se indica que el que se lleva los dioses familiares tiene derecho a la herencia. Así se explica el interés de Labán en recuperar los dioses familiares y el interés de Raquel en llevárselos105.
Sin pretender dependencias directas de estos códigos, repetimos que las semejanzas se explican mejor suponiendo un fondo consuetudinario común a poblaciones seminómadas y en vías de sedentarización. Todo esto nos sirve para trazar un marco histórico jurídico-sociológico en el que se explica bien la historia patriarcal. Lejos de ser los relatos bíblicos invenciones nebulosas de un autor del siglo IX a.C., reflejan un ambiente bien concreto y muy diferente del de los tiempos de la monarquía israelita.
1 Herodoto, II 86-88; Diodoro De Sicilia, I 91. Lo esencial era extraer las visceras y después ligar el cuerpo, empleando ungüentos especiales, que lo hacían inmune a la putrefacción. — 2 A. Erman, La religión des Egyptiens (París 1937) 300; Mallon, Les Hébreux en Egypte 87s. — 3 Diodoro de sicilia, I 72,21. — 4 1 Sam 31:13; Jdt 16:28. — 5 Por Aarón, treinta días: Núm 20,29. Por Moisés, lo mismo: Dt 34:8. — 6 Eclo 38:16-24. — 7 Nótese la frase "al otro lado del Jordán," lo que supone que el redactor de la fuente yahvista escribe en Palestina, y arguye que no es un documento de los tiempos mosaicos. — 8 Se ha querido identificarlo con Bet Hogla, cerca de Jericó. Véase abel, Géog. II 274. — 9 Así según la versión de los LXX, que leyeron 'Ebel (llanto) en vez de Abel (pradería, era). El nombre podía provenir de la estancia de los egipcios en los tiempos anteriores al 1400 a.C. — 10 Gén 44:16. — 11 Véase una frase similar en la discusión entre Jacob y Raquel en Gén 30,2. — 12 Es otro indicio de que el autor supone que Jacob murió al poco de llegar a Egipto, pues en la cronología del sacerdotal, después de diecisiete años, ya habrían pasado los siete años de hambre anunciados en los sueños. — 13 En un papiro de la dinastía V (2500 a.C.), un sabio llamado Ptah-Hotep desea a sus lectores que lleguen a sus ciento diez años de edad. Véase Pritchard, Ancient Near Eastern Texis..., 441 b. Un escriba real de Amenofis III (1405-1370) declara en una inscripción grabada sobre su estatua: "He llegado a los ochenta años colmado de favores por el rey. Llegaré a los ciento diez años." Véase J. chaine, o.c., p.446. — 14 Makir es un clan de la tribu de Manasés que vivía en Galaad, Núm 32:39, Y al oeste del Jordán, Jue 5:14 (cántico de Débora). Véase Jos 17:1.3; Núm 26:29; 32:39-40. — 15 Ex 13:19 — 16 Jos 24:32. — 17 Heb 11:22. — 18 Véanse las promesas en Gén 13:14-17; 15:7-17. — Sobre el ambiente histórico-social de Egipto pueden consultarse las excelentes obras siguientes, algunas de ellas clásicas en la materia: G. Maspero, Les contes populaires de l'ancien t-jgypte (París 1907); id., Histoire de l'Orient dassique (París 1895-1907); E. Meyer, Histoire Antiquité (París 1913); A. Erman-Ranke, Aegypten und aegyptisches Leben im Altertum Uubmga 1923); A. Moret, Le Nil et la civilisation egyptienne (París 1926). — 19 Cf. 2 Re 17:25s. — 20 Cf. Jue 2:6s. — 21 Sab 12:5s. — 22 Véase M. J. Lagrange, Études sur les religions sémitiques 70s. — 23 Gén 17:1. — 24 Gén 33:20. — 25 31-33s. — 26 Gén 12:1s; 13:4; 18; 24. — 27 Gén c.40-50. — 28 1 Sam 15:22. — 29 Gén 17:21. — 30 G. Ricciotti, Historia de Israel I (Barcelona 1949) 157. — 31 J. Wellhausen, Prolegomena zur Geschichte Israels (1886) 331. — 32 A. Jeremías, Das Alte Testament im Lichte des Alten Orients (1906) 338-343; R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra (Ugarit) et l'Ancien Testament (1937) 108. — 33 Cf. E. Meyer, Die Israelilen und ihre Nachbartstamme (1906) 249s. — 34 G. Ricciotti, o.c., p. 151s. — 35 Véase R. De Vaux, Les patriarches Hébreux et les découvertes modernes; RB (1946) p.324. — 36 Parece que significa "Dios es benévolo, se sonríe." — 37 Parece significar "Dios protege." El nombre de Ya'qob-er es frecuente en los nombres hicsos. — 38 Véase R. De Vaux, a.c., 324, y Ricciotti, o.c., 153. — 39 R. De Vaux, a.c., 324. — 40 Así lo supone el yahvista: Jos 5:1; Dt 1:7.19; Núm 13:29. — 41 Estos amorreos son los moradores de Palestina según eleíohista. Cf. A. Βea, "Bíblica," 24 (1943) 231-260. — 42 W. F. Albright, From the Stone Age to Christianity (1940) 119. — 43 Véase R. De Vaux, a.c., p.340. — 44 Ibid., p.342. — 45 E. Chiera, Sumerian religions Texis (1924) 14-23. — 46 En las cartas del Tell Amarna (s.XV a.C.) y en los textos de Ras Samra aparecen nombres jurritas, asiáticos e iranios. — 47 No coinciden los autores al identificar étnicamente esta avalancha asiática que cayó sobre Egipto en el siglo XVIII a.C. Los documentos egipcios los llaman simplemente "asiáticos." Manetón los llama "hicsos," que parece ser la trasliteración defectuosa del egipcio ("jefes de países extranjeros"). Los nombres de sus reyes, algunos son semíticos. Se supone que introdujeron el caballo y el carro de guerra (causa de su triunfo), lo que los relaciona con los arios. — 48 Sobre el nombre de "Ur de los Caldeos" véase com. a Gén 12:1. — 49 Como hemos hecho notar en su lugar, en esta zona geográfica aparecen nombres de lugar que se relacionan con nombres de la familia de Abraham. Así, Tell-Najiri (Najor, abuelo de Abraham y hermano de éste). El bisabuelo de Abraham se llama Serug, la actual oerug. El padre de Abraham se llama Teraj, nombre que aparece en Til-Turaji en documentos del siglo IX a.C. Véase R. De Vaux, a.c.: RB (1948) 324. — 50 R. De Vaux, A.c.: RB (1948) 325. — 51 Gén 34:2. — 52 Gén 23:3. — 53 Esta cifra resulta de la suma de 25 (antes del nacimiento de Isaac), 60 (hasta el nacimiento de Jacob), 130 (en vida de Jacob). — 54 Ex 12:40. Véase com. — 55 Gén 39:14; 41:2; Ex 1:19; 3:18; 1 Sam 4:6;9. — 56 Gén 11:16. — 57 R De Vaux, a.c.: RB (1948) 238s. — 58 Gén 14,13. Véase Ricciotti, o.c., p.154. — 59 Gén 25:20; 31:18. — 60 Gén 25:20; 28:5; 31:20;24. — 61 Gén 24:10. — 62 R. De Vaux, a.c.: RB (1948) 346. — 63 Ez 16:3. — 64 Lot y Abraham, Gén 14:14s. — 65 Gén 24:3-4; 28:1s. — 66 Gén 34:25s. — 67 Gén 2:8s. — 68 Gén 9:20. — 69 Gén 4:1-16. — 70 R. De Vaux, a.c.: RB (1950) 17s. — 71 Más interesante quizá para la historia patriarcal son los contratos de Mari y de Nuzu, que tan abundantemente han aparecido en las excavaciones de Yorghan Tepe y Kerkuk, zona geográfica no lejana de Jarrán, donde moraba la familia de los patriarcas. — 72 Gén 15:7-21. — 73 Gén 33:19; Jos 34:32. — 74 Gén 15:8s. — 75 Jer 34:18-19. — 76 Cf. Jaussen, Coutumes des Arabes au pays de Moab 362. — 77 Cf. Ilíada III 298s; Tito Livio, I 24. De ahí las expresiones clásicas: ορκια τέμνειν, foedus icere, ferire, percutere,” que encuentra su paralelo en la frase hebrea “cortar la alianza” (karat haberit), es decir, la víctima de la alianza. Dhorme relaciona berit con el acadio beritu (entre dos). Véase E. dhorme, La religión des Hébreux nómades 217-219. — 78 Jos 9:4. — 79 Gén 23:17-18. — 80 Rut 4:1-12. — 81 Véase R. De Vaux, a.c.: RB (1950) 25. — 82 Gén c.23. — 83 Gén 48:5.12.16. — 84 Gén 15:4. — 85 Gén 16:2. — 86 Gén 30:3. — 87 Arts.144-147. — 88 Art. 170-171a. — 89 Art.41. — 90 R. De Vaux, a.c.: RB (1950) 28. — 91 Gén 16:2. — 92 Gén 24:50. — 93 Gén 24:57s. — 94 R. De Vaux, a.c., 29. — 95 Gén 24:5; 8. — 96 Art.25.26.27.30.36.38. — 97 Gén 25:29-34 — 98 Art.165. — 99 R. De Vaux, a.c., 30. — 100 R. De Vaux, a.c., p.31. — 101 Gén 29. — 102 Lev 18:18. — 103 Gén 31:14. — 104 Gén 31:30. — 105 Cf. R. De Vaux, a.c., 35.