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42. El Siervo de Yahvé. Liberación de Israel.
Los dos capítulos anteriores son como una introducción a lo que sigue, donde se detallarán las principales ideas antes expuestas. Pero en este capítulo encontramos un oráculo relativo a un misterioso Siervo de Yahvé, que volverá a aparecer en otros capítulos posteriores. Su misión y personalidad es excepcional y desconcertante, ya que sale del marco general del pensamiento del Antiguo Testamento. Su misión es renovar la alianza concluida entre Dios e Israel, haciendo retornar a los exilados del destierro y estableciendo la verdadera religión entre las naciones paganas. Y todo esto lo realizará sin ostentación ni fuerza material. Su personalidad es misteriosa, e indudablemente no puede confundirse con la colectividad de Israel, ya que tiene por misión primordial restablecer la alianza de éste con Dios. El tema del Siervo de Yahvé personal vuelve a aparecer en 49:1-9b; 50:4-9; 52:13-53:12. Todos estos fragmentos, actualmente dispersos, debieron de constituir un libro único con un tema homogéneo, que se va desarrollando progresivamente en sus diversas facetas.
El capítulo puede dividirse en las siguientes secciones: 1) el Siervo de Yahvé (1-7); 2) Yahvé es Dios, y los ídolos son nada (8-9); 3) la gloria y redención de Israel (10-13); 4) intervención de Yahvé (14-17); 5) invitación a Israel a reconocer el castigo merecido por sus pecados (18-25).
Elección del Siervo de Yahvé (1-4)
1 He aquí a mi Siervo, a quien sostengo yo; mi elegido, en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él; él dará el derecho a las naciones. 2 No gritará, no hablará recio ni hará oír su voz en las plazas. 3 No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue. 4 Expondrá fielmente el derecho, sin cansarse ni desmayar, hasta que establezca el derecho en la tierra; las islas están esperando su ley.

El oráculo empieza de modo abrupto y sin preparación alguna. Habla Dios a los jueces y gentiles, a los que hace la presentación de su Siervo directamente: He aquí a mi Siervo, a quien yo sostengo (v.1) 1. Indudablemente, este Siervo de Yahvé es distinto de Israel, porque aparece como intermediario entre Dios e Israel (v.6-7). Y Dios es su sostén, porque es su elegido, en quien se complace; palabras que se repetirán sobre el Tabor y en el bautismo de Jesús 2. Es objeto de las complacencias divinas, en tal forma que participa del mismo espíritu o energía dinámica divina, necesaria para cumplir una misión extraordinaria. Los profetas estaban poseídos del espíritu de Dios, en cuanto que realizaban misiones excepcionales movidos por el mismo Dios. Son las gracias carismáticas que Dios otorga en momentos determinados a algunas almas para la realización de misiones concretas. En Is 11:2 se dice que sobre el retoño de Jesé descansará el espíritu del Señor, con su múltiple manifestación de dones y cualidades excepcionales necesarias para gobernar a su pueblo. La misión confiada al Siervo de Yahvé ahora es llevar el derecho a las naciones, e.d., el conjunto de normas jurídicas para la regulación de la vida social religiosa de Israel, y que han de ser participadas por las naciones gentiles. Y todo ello con un nuevo espíritu profundamente religioso. En una concepción teocrática de la sociedad, la palabra derecho tiene un sentido eminentemente religioso, porque la religión es el fundamento del derecho público y privado 3. La misión del Siervo no será política, sino religiosa, y se ordena a las naciones gentiles, o a la humanidad en general. Israel era un testimonio indirecto ante las naciones del conocimiento de Dios (43:10; 55:5), en cuanto que era una luz orientadora en medio de las tinieblas paganas; pero no salía a iluminar a las otras naciones. Por otra parte, el Siervo cumplirá su misión de un modo muy característico, pues lo hará sólo por los medios de la persuasión, sin prepotencias, propias de los conquistadores orientales: no gritará. ni dejara oír su voz en las plazas (v.2). Los falsos profetas hacían manifestaciones estruendosas, buscando el proselitismo para excitar la atención de los oyentes. El porte del Siervo será modesto y callado; su dulzura y ejemplo será la mejor predicación (cf. Mt 12:175). Los nabis, o falsos profetas, buscaban las diatribas y las discusiones en las plazas; pero éste, al contrario, obrará calladamente, con un método persuasivo espiritual e interior (cf. Le 9:55). Su actividad misionera será tan persuasiva y suave, que no romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue (ν.3), e.d., no obrarα violentamente, destruyendo los gérmenes de bondad y de espiritualidad que encuentre. Los gentiles son la caña cascada y la mecha que se extingue, por su debilidad espiritual. La labor del Siervo será la del médico, que cura y restaña las heridas y flaquezas humanas (cf. Mt 9:13). No condenará, pues, a los paganos, sino que los reanimará y levantará de nuevo, desarrollando sus rudimentos de religión y de moral. Y cumplirá su misión sin desmayar (v.4), hasta que su predicación del derecho se extienda a toda la tierra, pues las islas (e.d., los países lejanos costeros, símbolo del mundo pagano) están esperando su instrucción, su ley. La labor del Siervo será dura y difícil, pero él no se fatigará ni desistirá en su cometido.
Misión del Siervo de Yahvé (5-7)
5 Así dice Dios, Yahvé, que creó los cielos y los tendió,el que extendió la tierra y sus brotes,el que da al pueblo que (está) sobre ella el aliento, y el soplo a los que por ella andan. 6 Yo, Yahvé, te he llamado en la justicia y te he tomado de la mano. Yo te he formado y te he puesto por alianza del pueblo y para luz de las gentes, 7 para abrir los ojos de los ciegos, para sacar de la cárcel a los presos, del calabozo a los que moran en las tinieblas.

El Siervo es enviado por Dios mismo, Creador de cielos y tierra, con todo lo que en ellos hay. De ahí se deduce la base para la universalidad de su misión (v.5). El mismo Dios que creó todas las cosas llamó a su Siervo en justicia (v.6), porque su misión responde a unas promesas hechas por Dios a los antepasados de Israel, y por eso su aparición es un acto de justicia. Además, justicia muchas veces, en el Antiguo Testamento, significa salvación; en este caso, la elección del Siervo obedece sólo al plan de salvación de Dios sobre Israel y las naciones.
Además, el Siervo será mediador de una nueva alianza (v.6) entre Dios e Israel, el pueblo de Yahvé por antonomasia, en contraposición a las gentes del estico siguiente, que reciben de ese Siervo una luz religiosa y moral. Así, pues, la misión del Siervo es doble: reconciliar a Israel con Dios con una nueva alianza e iluminar al mundo pagano. Jesús es saludado por Simeón como "luz de las gentes" (Lc 2:32), y El mismo se llama "luz del mundo" (Jn 8:12)4. La misión del Siervo es moral y religiosa, y se dirige a los que están encerrados en oscuras mazmorras; por eso su labor debe orientarse espiritualmente a abrir los ojos de éstos y sacarlos a pleno día. El que está en pecado está ciego y como en una prisión. El evangelista ve en las curaciones milagrosas de Jesús el cumplimiento de estas palabras (Mt 11:2-6), pero es por asociación de ideas con la misma ceguera espiritual.
La divinidad de Yahvé (8-9)
Algunos autores creen que estos dos versos pertenecen al fragmento inmediato anterior, en que se habla del Siervo de Yahvé (1-7); pero parece mejor considerarlos como continuación de 41:29, pues es un contexto similar5. Sería, pues, la conclusión de la disputa de Yahvé con los ídolos del capítulo anterior.

8 Yo soy Yahvé, tal es mi nombre; no doy mi gloria a ningún otro ni a los ídolos mi alabanza. 9 He aquí que las cosas antiguas han llegado, y anuncio otras nuevas; antes de que germinen las voy a hacer oír.

De nuevo la argumentación contra los ídolos del capítulo anterior: el nombre de Yahvé está sobre todos los ídolos, y es el específico de Dios (v.8), y por eso su gloria es incomunicable a los ídolos, pues es expresión de sus gestas gloriosas, con lo que su nombre (Yahvé) es objeto máximo de alabanza. No puede compartir con los ídolos estas prerrogativas suyas, porque sólo a El le pertenecen. Y prueba de ello son el cumplimiento de las cosas antiguas (v.9) anunciadas. Parece se refiere a la aparición de Ciro (41:25-29). Pero, además, va a anunciar cosas nuevas futuras, e.d., la liberación de Israel y su repatriación; y esto antes de que tengan lugar ni siquiera en sus rudimentarios indicios (germinen); con ello se excluirá la mera conjetura humana, haciendo ver su origen divino. El cumplimiento de las predicciones será la confusión de los ídolos, que nada han podido vaticinar.
Invitación a la alegría general (10-13)
10 Cantad a Yahvé un cántico nuevo, su alabanza desde los confines de la tierra. Estremézcase el mar y cuanto en él se contiene, las islas con sus habitantes. 11 Alcen su voz el desierto y sus ciudades y las aldeas que habita Cedar. Lancen gritos de júbilo los habitantes de Sela y den gritos de alegría en lo alto de los montes. 12 Que den gloria a Yahvé, que expresen su alabanza en las islas. 13 Yahvé saldrá como un héroe, como guerrero se excita en su ardor. Lanzará gritos y alaridos y se portará como un héroe contra sus enemigos.

Se invita a todo lo creado a expresarse en un cántico de alegría para celebrar la realización de esas cosas nuevas del versículo anterior. Puesto que es una nueva situación, ello requiere también nuevos cánticos. Las grandes gestas de Yahvé son la causa de esa alegría general manifestada en el cántico nuevo, y en ella deben participar todos los confines de la tierra. El tono poético es salmódico: se invita a los elementos a colaborar a este reconocimiento gozoso de las obras de Dios, y con ellos todas las naciones paganas (las islas, v.10). En concreto, el profeta invita a los habitantes de las ciudades del desierto (v.11), e.d., de los oasis que escalonan la ruta caravanera, a través del desierto, desde Mesopotamia a Palestina, y entre ellos los de Cedar (cf. 21:16), famosa tribu árabe de TransJordania. También se invita a los habitantes de Sela o Petra, en Edom, junto al sudeste del mar Muerto. En el v.12 se vuelve a invitar a las islas o ciudades costeras. Yahvé es presentado como un guerrero invencible que avanza impávido a la lucha (v. 13) contra los enemigos del pueblo elegido.
Intervención justiciera de Dios (14-17)
14 Mucho tiempo callé, estuve en silencio, me contuve; como mujer en parto gemiré, suspiraré y jadearé a la vez. 15 Devastaré montes y collados y agostaré todo su verdor; convertiré en islas las corrientes de las aguas 6 y secaré los lagos. 16 Llevaré a los ciegos por un camino ignorado, los conduciré por senderos desconocidos. Ante ellos tornaré en luz las tinieblas, y en llano lo escarpado. Estas cosas haré yo y los dejaré. 17 Retrocederán cubiertos de ignominia los que confían en los ídolos, los que dicen a las imágenes fundidas: Vosotros sois nuestros dioses.

Yahvé se muestra impaciente por hacer justicia a su pueblo oprimido. Ya hace mucho tiempo que estuvo en silencio (v.14), es decir, sin intervenir con hechos contra los enemigos de Israel, su pueblo. Pero llega la hora de entrar en acción y está inquieto como mujer en parto. Los dolores de parto son la mejor metáfora para indicar el desasosiego e inquietud de Dios por llevar a cabo su obra en favor de Israel. Dios, en su cólera devastadora, será como un viento solano, que todo lo agosta y seca (v.15), sobre los enemigos de Israel, mientras que la naturaleza se transformará en favor de su pueblo elegido. El desierto, concebido tradicionalmente como lugar de tinieblas, será iluminado, para que puedan volver los exilados como por una amplia avenida luminosa (v.16). Yahvé será el guía seguro para los que no conozcan el camino, y hará desaparecer todo obstáculo: tornaré en llano lo escarpado (c.40:4). Ante esta manifestación de poder y de gloria de Yahvé, los adoradores de los ídolos se llenarán de confusión y de vergüenza (ν.17).
Invitación α reconocer la obra de Yahvé (18-25)
18 ¡Oíd, sordos; mirad, ciegos, y ved! 19 ¿Quién es ciego sino mi Siervo? ¿Quién sordo como el mensajero que yo envío? ¿Quién es ciego como mi familiar, y ciego como el siervo de Yahvé?7 20 Muchas cosas has visto sin poner en ellas atención; abiertos tenías los oídos, pero no oíste. 21 Habíase complacido Yahvé en su justicia, en hacer grande y magnífica la ley, 22 y he ahí a este pueblo saqueado y hollado, puesto en cepos, encerrado en mazmorras; destinado al pillaje, sin que nadie los libre; despojados, sin que nadie diga: Restituid, 23 ¿Quién de vosotros dará oído a estas cosas, quién atento las escuchará para lo por venir? 24 ¿Quién entregó Jacob a los saqueadores, Israel a los despojadores? ¿No fue Yahvé contra quien hemos pecado, cuyos caminos no quisimos seguir, cuya ley no obedecimos? 25 Y El derramó el fuego de su ira con los furores de la guerra, que se encendieron en torno a él, pero no comprendió; le quemaron, mas no hizo caso.

Esta sección es una invitación cariñosa y paternal, por parte de Dios, a que Israel considere atentamente sus desastres por no haber seguido la ley de Yahvé. Israel se ha manifestado ciego (v. 18) en toda su historia. Esta ceguera le ha impedido ver los caminos de la Providencia divina en su historia. En realidad ha sido el mismo Yahvé quien le ha castigado entregándole a sus opresores, y sólo El puede redimirlos de nuevo. Son, pues, sordos 3; ciegos (v.18), y es necesario que depongan esta actitud para que Dios se apiade de ellos. Israel es llamado cariñosamente mi siervo, mi mensajero, mi familiar (v.19). Israel puede llamarse mensajero de Yahvé en cuanto que su religión es un testimonio viviente de Dios (44:26). Israel ha visto muchas cosas (v.20); e.d., toda su historia está llena de intervenciones de Dios; sin embargo, no ha captado el verdadero sentido de los hechos, ni las revelaciones hechas por el mismo Dios a sus escogidos le sirvieron de nada. Israel había sido escogido como instrumento de Dios para hacer conocer su justicia y religión entre los demás pueblos, como testimonio viviente de los intereses religiosos verdaderos. Este era un designio glorioso para Israel, pero sus infidelidades para con Yahvé le trajeron la humillación ante los demás pueblos. Su destino glorioso se tornó en baldón e ignominia al ser saqueado y hollado, puesto en cepos (v.22), es decir, llevados en cautividad, condenados a prisión como esclavos, sin que haya nadie que se preocupe de la suerte de Israel ni proteste contra los atropellos cometidos contra ellos y sus bienes (sin que nadie diga: Restituid, v.22). Y todo esto fue enviado por el mismo Yahvé, a pesar de que no se dan cuenta de ello. El único remedio, pues, es volver a Dios, que es el que únicamente los puede ayudar. El profeta pone, por fin, en boca del pueblo el reconocimiento de sus extravíos (v.24) 8.

1 El texto de los LXX traduce: "He aquí a mi siervo Jacob., mi elegido Israel"; lo que parece una glosa debida a un autor posterior que creía que el Siervo de 42:1 era el mismo que el de los c.40-48, donde se habla del pueblo de Israel. — 2 Cf. Mt3:171 17:5. — 3 Se ha hecho notar, a propósito de esta concepción teocrática, que en el Corán la pa-l abra din (juicio) tiene el sentido de obediencia, religión, estatuto, ceremonial, etc. — 4 La frase "luz de las gentes" falta en los LXX, y algunos, como Lagrange, la consideran como interpolada. — 5 Cf. Ceuppens, De prophetns Messianicis in A.T. (1935) p.287; Feldmann, Das Buch Isaías s 2 p.2555; Condamin, o.c., p.295 y 310; Lagrange, Le judaisme p.36g. — 6 Con un ligero cambio podemos leer estepas en vez de islas, lo que hace resaltar más la idea. — 7 Por razones de paralelismo, algunos autores cambian el segundo ciego de este estico en sordo (Condamin, Dennefeld). — 8 Algunos autores consideran este versículo como glosa posterior. Así Condamin, Duhm.
43. Yahvé, Salvador de Israel.
A pesar de que Yahvé ha sido quien los ha entregado a sus enemigos por sus pecados, no obstante, no los ha rechazado, y les asegura un futuro lleno de gloria bajo la protección del mismo Dios.
Yahvé, protector de Israel (1-7)
1 Ahora, pues, así dice Yahvé, que te creó, Jacob; que te formó, Israel: No temas, porque yo te he rescatado, yo te llamé por tu nombre y tú me perteneces. 2 Porque, si atraviesas las aguas, yo seré contigo; si por ríos, no te anegarás. Si pasas por el fuego, no te quemarás; las llamas no te consumirán. 3 Porque yo soy Yahvé, tu Dios, Santo de Israel, tu Salvador; yo doy a Egipto por rescate tuyo, doy por ti a Etiopía y Seba. 4 Porque eres a mis ojos de muy gran estima, de gran precio y te amo, y entrego por ti hombres y pueblos a cambio de tu vida. 5 No temas, porque yo soy contigo; yo traeré tu descendencia desde oriente y te reuniré desde occidente. 6 Diré al septentrión: Entrega, y al mediodía: No retengas. Trae a mis hijos desde lejos, y a mis hijas desde los confines de la tierra, 7 a todos cuantos llevan mi nombre, que yo los creé, formé e hice para mi gloria.

Yahvé, después de haber permitido que su pueblo fuera entregado al pillaje y llevado en cautividad, se presenta ahora como su redentor: yo te he rescatado (v.1), y la razón de ese interés de Dios es que Israel le pertenece, ya que le llamó por su nombre al escogerlo como pueblo suyo en medio de todos los otros. Los lazos de la antigua teocracia establecida en el Sinaí aún perduran a pesar de la catástrofe nacional del exilio. Yahvé no los abandonó totalmente a su suerte. Yahvé es el goel de Israel, su rescatador, e.d., el que por lazos de familia muy estrechos tenía que salir por los intereses de su protegido1; y el hecho futuro de liberación de su pueblo se presenta como pasado: yo te he rescatado, para destacar más la voluntad salvífica de Dios sobre Israel. Dios se encargará de librarle de todos los peligros (aguas., ríos, fuego, llamas, v.2) y de todas las situaciones críticas, no sólo rescatándole de la cautividad, sino aun después en su vida nacional, ya que, en la mente del profeta, la liberación del exilio significa la aurora de los tiempos mesiánicos. Falta la perspectiva del tiempo y los planos históricos se superponen.
Y es tal el amor que Yahvé tiene a Israel, que está dispuesto a entregar a su libertador Ciro vastos imperios como pago: Egipto, Etiopía y Seba (probablemente una región cercana a Etiopía, cf. Gen 10:7). Según Jenofonte 2, Ciro tomó Egipto, pero en realidad lo ocupó su hijo Cambises. La estima que Dios tiene de Israel hace que entregue hombres y pueblos como precio de su rescate (v.4). El hará que los desterrados (descendencia) vuelvan de oriente (Babilonia) y del occidente (la diáspora en general). El profeta quiere hacer resaltar que los israelitas dispersos por toda la faz de la tierra serán reintegrados a su patria por especial intervención divina (v.5): diré al septentrión: Entrega, y al mediodía: No retengas; e.d., obligará a la devolución de sus hijos e hijas (v.6), dispersos por doquier, y todo ello porque llevan el nombre de Yahvé, que los creó para su gloria (ν.7). La razσn de ser de Israel es la glorificación de Dios, la manifestación de sus maravillas y beneficios entre los demás pueblos por medio del pueblo escogido, que, por estar vinculado de un modo especial a Yahvé, llevaba su nombre.
Desafío a las naciones (8-13)
8 Que salga el pueblo ciego, aunque tiene ojos; los sordos, aunque tienen oídos. 9 Los pueblos se han reunido a una y se congregaron las naciones. ¿Quién de entre ellos anuncia esto y nos hace oír cosas antiguas? Que presenten sus pruebas para justificarse, y, oyéndolas, se diga: Verdad. 10 Vosotros sois mis pruebas, dice Yahvé; mi siervo, a quien yo elegí para que aprendáis y me creáis y comprendáis que soy yo. Antes de mí no fue formado dios alguno, y ninguno habrá después de mí. 11 Yo, yo soy Yahvé, y fuera de mí no hay salvador. 12 Soy yo el que he anunciado, he salvado y he hecho oír, y no hay otro entre vosotros; vosotros sois mis testigos, dice Yahvé. 13 Yo soy Dios (desde la eternidad) 3, y también desde ahora lo soy 4. Nadie puede librar de mis manos; lo que hago, ¿quién lo volverá?

De nuevo el litigio de Yahvé con las naciones, como en 41:1-4.21-28. Aquí se presenta a Israel como testimonio viviente del cumplimiento de las profecías. Así, pues, invita a que se presente, ante los pueblos reunidos en juicio, a Israel, pueblo ciego, aunque tiene ojos (v.8); e.d., un pueblo que, si bien no ha sabido captar el sentido de los hechos según los designios de la divina Providencia, no obstante, tiene ojos, porque ha sido testigo de los hechos materiales que en su historia han ocurrido. Por eso está capacitado para dar un testimonio en este juicio entre Yahvé y las naciones (v.8), que para este acto judicial se han reunido. Dios quiere que Israel confiese públicamente las predicciones antiguas que se le comunicaron para resolver el litigio judicial en cuestión. Dios se dirige directamente a sus contrincantes en el juicio: ¿quién de entre ellos (los adoradores de los ídolos) anuncia. esto? (v.9), es decir, la redención y liberación de Israel de la cautividad y su repatriación. Nos hace oír cosas antiguas (v.8), los hechos ocurridos que habían sido profetizados (cf. 11:22), que deben ser las pruebas para probar la veracidad de los ídolos, es decir, los vaticinios sobre el futuro, señal inequívoca del conocimiento sobrenatural, propio de la divinidad. Los hechos deben comprobar las profecías. Los gentiles deben presentar sus pruebas históricas del cumplimiento de las supuestas profecías de sus dioses, para que, una vez razonadas, puedan todos decir convencidos: es verdad. Al ver que los idólatras no pueden aportar pruebas de este género, se dirige Yahvé a sus propios testimonios, que son los mismos israelitas. Israel es el siervo de Yahvé (v.10), y con su historia excepcional, salpicada de intervenciones divinas, es la mejor prueba de la divinidad de Yahvé, Dios único. Mientras que los ídolos son obra de sus adoradores: ninguno fue formado antes de Yahvé (cf. 40,19). No se declara con esto que Yahvé fuera "formado," sino que los ídolos no son eternos y no pueden pretender la antigüedad de Yahvé, pues son fabricación de sus adoradores. Por otra parte, ninguno habrá después de Yahvé (v.10) es la afirmación de la eternidad divina. Yahvé solo es el Salvador (v.11). Ningún dios puede anunciar el futuro y salvar a su pueblo como Yahvé (v.12), y los israelitas son testigos de esto por su historia, llena de intervenciones milagrosas de Dios. Pero este carácter de Dios no sólo lo mantuvo desde la eternidad (v.13), sino que lo mostrará en adelante (desde ahora, ν.13), liberando a su pueblo oprimido. Con ello se manifestará realmente salvador. Y nadie podrá torcer un designio de Yahvé si El se propone realizarlo: lo que hago, ¿quién lo volverá? (ν.13).
Caída de Babilonia (14-21)
14 Así habla Yahvé, vuestro redentor, el Santo de Israel: Por vosotros envié yo a Babilonia, y rompí los cerrojos de vuestra cárcel 5. y los caldeos sobre las naves de su jolgorio 6. 15 Yo soy Yahvé, vuestro Santo; el creador de Israel, vuestro rey. 16 Así habla Yahvé, el que abre caminos en el mar y senderos en la muchedumbre de las aguas; 17 el que hace salir carros y caballos, a los ejércitos y los fuertes guerreros; se echan a tierra juntamente, sin que se levanten,extinguidos como mecha que se apaga. 18 No os acordéis de las cosas anteriores ni prestéis atención a las cosas antiguas, 19 pues he aquí que voy hacer una obra nueva, que ya está germinando; ¿no la conocéis? Ciertamente voy a poner un camino en el desierto, y ríos en la estepa, 20 y me glorificarán las bestias del campo, los chacales y los avestruces, porque di agua en el desierto, y torrentes en la estepa, 21 para abrevar a mi pueblo, a mi elegido, al pueblo que hice para mí, que cantará mis loores.

Yahvé, por amor a Israel, envió un instrumento de su ira sobre Babilonia, a saber: a Ciro el conquistador7, el ejército persa invasor, que en 13:3 es llamado "el consagrado," en cuanto que cumplía una misión de Dios. Por medio de éste, Dios rompió los cerrojos (v.14.) que aprisionaban a los cautivos (o, según otra traducción no exenta de probabilidad, "los hice huir"), teniendo los caldeos que marchar en sus naves, que antes utilizaban para sus jolgorios (v.14), como lo hizo Merodacbaladán al huir de Senaquerib 8. Y todo esto es obra de Yahvé, creador de Israel (v. 15) como pueblo, y les recuerda las gestas pasadas en el mar Rojo: el que abre camino en el mar (v.16), hecho que quedó como tipo de la liberación en Israel. Yahvé fue el que hizo salir carros y caballos (v.17) de los egipcios en persecución de su pueblo para anegarlos en el mar. Es el modo oriental de explicar las cosas prescindiendo de las causas segundas y atribuyendo directamente a Dios lo que pudo ser obra de determinadas circunstancias históricas. Todos los fuertes guerreros del faraón desaparecieron, extinguidos como mecha que se apaga.
Pero todas las gestas pasadas no son nada en comparación con una obra nueva (v.18) que Yahvé va a realizar. Será una maravilla tal, que pueden olvidar las cosas anteriores y antiguas, e.d., las maravillas del Éxodo. El retorno de la cautividad será un hecho mucho más trascendental. La obra nueva (v.16) que Yahvé va a cumplir es la liberación de los cautivos para ser repatriados, y esa gesta está ya germinando, e.d., ha empezado a cumplirse con los primeros éxitos de Ciro, a punto de caer sobre los opresores babilónicos. Todas sus conquistas no tienen otro autor que al mismo Yahvé, que le ha tomado como instrumento de su justicia. El profeta presenta esto como inminente (¿no la conocéis? v.19) para levantar la fe y esperanza de los exilados. Ellos no se dan cuenta de que los éxitos del ejército persa culminarán en su liberación próxima. Yahvé se dispone a realizar la obra nueva preparando un camino en el desierto, transformando en frondosa vegetación sus estepas con abundantes ríos. En 40:4 se decía que Yahvé prepararía una avenida libre de obstáculos para que avanzase su pueblo. Aquí se fija más bien en la parte de la vegetación (cf. 41:19). Total, que hasta la naturaleza se transformará para hacer más agradable la travesía de Israel por el desierto. Será tal la transformación de éste, que sus moradores habituales, los chacales y avestruces (v.20), darán gloria a Dios. En realidad, toda esta transformación es para gloria del mismo Yahvé, ya que Israel, reconocido a sus beneficios, cantará sus loores (v.21) después de ser abrevado en las aguas cristalinas milagrosamente dadas por Dios, su liberador.
Misericordia de Yahvé para con Israel (22-27)
22 Pero tú, Jacob, no me invocaste, ni te has fatigado por mí, Israel. 23 No me ofreciste ovejas en holocausto, no me honraste con tus sacrificios; yo no te he abrumado con ofrendas ni te importuné con el incienso. 24 No me compraste caña aromática con plata ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino que me atormentaste con tus pecados y me apenaste con tus iniquidades, 25 Soy yo, soy yo quien por amor de mí borro tus pecados y no me acuerdo más de tus rebeldías. 26 Hazme recordar, entremos juntos en juicio, habla tú para justificarte. 27 Pecó tu primer padre, y tus mediadores faltaron contra mí, y tus príncipes profanaron mi santuario 9, y entregué a Jacob al anatema, y a Israel al oprobio.

Dios, en este fragmento, hace resaltar el carácter gratuito de su intervención en favor de Israel, pues sus obras no merecían la benevolencia divina. Israel no buscó a Yahvé ni se molestó en serle grato (v.22). Con la destrucción del templo, Israel no pudo ofrecerle ofrendas cruentas (v.23). Y Yahvé no le importunó demasiado exigiendo nuevos sacrificios y holocaustos: No te he abrumado con ofrendas ni te importuné con el incienso (v.23). Como Señor de su pueblo, pudo haberlas exigido, juntamente con las ofrendas olorosas de caña aromática (v.24), con la que se preparaba el óleo de la unción (Ex 30:23). A pesar de estas pocas exigencias de parte de Yahvé, Israel sólo hizo continuar pecando. El profeta piensa sobre todo en las transgresiones de la época del exilio. Antes, en Jerusalén, los sacrificios eran un cierto contrapeso a los pecados del pueblo; pero ahora, además de no poder ofrecer sacrificios a Yahvé, le ofenden impunemente. Todo esto hace resaltar más el carácter gratuito de la liberación del exilio por parte de Dios (v.25). Sólo el amor de Yahvé para con su pueblo explica el que borre sus pecados. La historia de Israel es tan negra, que Dios no duda en invitar a Israel a que le recuerde las buenas acciones que tenga (hazme recordar, v.26) en un litigio entre los dos: habla tú para justificarte. Israel tiene pleno derecho a presentar sus pruebas. Pero su historia es tan calamitosa, que no podrá presentar nada meritorio. La frase, pues, tiene un carácter irónico. Bien sabe Yahvé que la historia de Israel es la historia de sus transgresiones desde el principio de su existencia como nación: pecó tu primer padre (v.27). Parece que se refiere a Jacob, que varias veces es llamado "padre de Israel" 10, y su nombre es el sinónimo de pueblo escogido. Por otra parte, en el Génesis se habla de algunos pecados de Jacob. Y lo mismo pecaron tus mediadores (lit. "intérpretes"); quizá se refiera a los falsos profetas, que presumían de recibir revelaciones especiales de Yahvé para comunicarlas al pueblo, condescendiendo con sus egoísmos materialistas Quizá los mediadores sean los jefes político-religiosos de Israel en general: sacerdotes, reyes, ministros, etc.
Si mantenemos la lección de los LXX arriba expuesta, la frase tus príncipes profanaron el santuario (v.2 8) aludiría al culto pagano introducido por los reyes y clase social alta en el templo (2 Re 21:3-7). Leyendo con el TM, "profanaré los príncipes santos," la frase indicaría, como en Lam 2:2, la humillación de los sacerdotes y clase aristocrática 12.

1 Cf. Job 19:25. — 2 Cf. Jenofonte, Chop. VIII 6:20. Flavio Josefo identifica Seba con Meroe (Ant. 11:249), al norte de Etiopía. Cf. Skinner, o.c., II 41. Sobre este nombre de Seba véase también Gen 10:7; Sal 72:10. — 3 "Desde la eternidad" falta en el hebreo, pero está en los LXX. — 4 "Desde ahora" está en el hebreo, pero falta en los LXX, Targ. y Vg. — 5 Este versículo es sumamente oscuro en el original; de ahí las diversas traducciones: "Los he puesto en fuga a todos" (Condamin, Skinner, Dennefeld). — 6 También oscuro. La traducción que damos es la literal del hebreo. — 7 Este parece ser el sentido, pues el texto parece incompleto, faltando el complemento del verbo envió; pero el contexto parece indicar que se trata del ejército invasor persa. — 8 Cf. Herod., 1:194. Véase Skinner, o.c., II 45. — 9 Así traducen los LXX y la versión siríaca. Y se adapta mejor al contexto. Es adoptada, entre otros, por Condamin. El texto hebreo dice literalmente: "profanaré ios príncipes santos o del santuario." Así Skinner. — 10 Cf. Is 48:1; 58:14; 63:16; Os 12:3. — 11 Cf. Gen 42:23; Job 33:23; 2 Par 32:31; Jer 23:1155. — 12 Cf. Ez 13:19; Lam 2:2; 1 Par 24:5.
44. Restauración de Israel. Contra la Idolatría
Este capítulo es una continuación lógica del tema del anterior, es decir, el cumplimiento de la promesa de la restauración gloriosa de Israel. Aquí desaparece el tono amargo recriminativo contra Israel.
Efusión del espíritu de Yahvé (1-5)
1 Pero ahora escucha, Jacob, mi siervo; Israel, a quien elegí yo. 2 Así habla Yahvé, que te ha hecho, y en el seno materno te formó, y te socorre: No temas, siervo mío, Jacob, y "Yeshurum," a quien yo elegí, 3 porque yo derramaré aguas sobre el (suelo) sediento, y arroyos sobre la (tierra) seca, y efundiré mi espíritu sobre tu simiente, y mi bendición sobre tus retoños, 4 y germinarán como la hierba entre agua, como álamos junto a las corrientes de aguas. 5 Este dirá: Yo soy de Yahvé; aquél tomará el nombre de Jacob, y el otro escribirá en su mano: De Yahvé, y será apellidado con el nombre de Israel.

El futuro de Israel será deslumbrador, pues Dios hará que surja una multiplicación maravillosa de su posteridad. La providencia de Yahvé se extiende sobre Jacob-Israel desde el seno materno (v.2), e.d., desde sus primeros años de existencia nacional. Si Dios ha formado a Israel, no le desamparará y le continuará socorriendo. A Israel se le aplica el calificativo honorífico de Yeshurum (v.2), que significa "leal," "honrado," "fiel," "recto." Sólo aparece aquí y en Dt 32:15; 33:5.26. Parece que el profeta juega con las dos palabras hebreas Yshrael (Israel) y Yashirum, relacionando ambas con la idea de resto l. Habrá una renovación espiritual y moral en los mismos israelitas, ciudadanos de la nueva teocracia, como efecto de la efusión del espíritu de Dios, que obrará como un rocío vivificador sobre la simiente o posteridad de Israel.
El resultado bienhechor de este espíritu y bendición es comparado al de las aguas (v.4) que riegan los árboles plantados junto a sus corrientes. La situación de los israelitas será tan próspera y privilegiada, que los gentiles se apresurarán a incorporarse al pueblo de Dios (v.5), queriendo llevar su nombre: Este dirá: Yo soy de Yahvé,.; el otro escribirá en su mano: De Yahvé, y será apellidado con el nombre de Israel. Antes Israel había sido el oprobio entre los pueblos (cf. 43:27) al ser castigado y humillado por Dios; ahora, en cambio, será exaltado y glorificado entre todas las naciones. La expresión escribirá en su mano (v.5) alude a la costumbre antigua oriental del esclavo, que marca con fuego en su carne el nombre de su señor. También es posible que aluda a los tatuajes que se hacían como consagrándose a alguna divinidad2. Aquí, pues, se trata del proselitismo entre los no israelitas. Ya desde los tiempos del Éxodo habían sido admitidos algunos no hebreos como agregados al pueblo de Dios, los prosélitos. Estos serán apellidados con el nombre de Israel 3.
No hay más Dios que Yahvé (6-8)
6 Así habla Yahvé, el rey de Israel, su redentor, Yahvé de los ejércitos: Yo soy el primero y el último y no hay otro Dios fuera de mí. 7 ¿Quién como yo? Que venga y grite 4, que anuncie y se compare conmigo. ¿Quién desde antiguo hizo oír lo por venir? 5 Que nos anuncien lo que ha de suceder, 8 No os atemoricéis, no temáis. ¿No lo anuncié yo antes ya, y lo predije tomándoos por testigos? ¿Acaso hay Dios fuera de mí? No hay Roca, yo no la conozco 6.

De nuevo se expresa aquí el desafío a los otros dioses. El conocimiento del futuro es la mejor señal del carácter divino de los seres adorados por los pueblos. Yahvé, que es el rey de Israel y su redentor o goel, e.d., abogado oficial de su pueblo (v.6), declara solemnemente su eternidad: yo soy el primero y el último: existió antes de todas las criaturas, y si éstas desaparecen, El permanecerá solo. La fórmula quedará estereotipada en la literatura rabínica posterior y será recogida por el autor del Apocalipsis7. Por otra parte, se declara abiertamente el monoteísmo estricto: No hay otro Dios fuera de mí (cf. 43:10). Los ídolos de los otros pueblos no tienen existencia. Esta idea, que es sustancial en la historia religiosa de Israel, aparece muy destacada en la época profética. El triunfo de los imperios idólatras sobre Israel hacía peligrar la conciencia religiosa de los israelitas. Los profetas declaran taxativamente que este triunfo no es debido al poder de los supuestos dioses de los pueblos conquistadores, sino que ha sido preparado y debido al Dios de Israel, Yahvé, que así quiere castigar las infidelidades de su pueblo. Si Dios anuncia el futuro, es que es Señor de los acontecimientos históricos, y, por tanto, no deben temer (v.8). Aunque surjan convulsiones políticas, Israel no debe temer de esos nuevos imperios, porque Yahvé es el que promueve y controla estos mismos acontecimientos. Por otra parte, Yahvé es la Roca de refugio (v.8), y sólo El puede dar protección (cf. Dt 32:455). Los israelitas, pues, no deben temer de las convulsiones que surjan con motivo de las conquistas de Ciro, pues han sido predichas por el mismo Dios, lo que quiere decir que entran dentro de sus planes.
Inanidad de los ídolos (9-13)
9 Todos los forjadores de ídolos son nada, y sus favoritos no sirven de nada, y son testigos ellos mismos, no ven nada, no saben nada para vergüenza suya. 10 ¿Quién forja un dios, quién funde un ídolo para no servir de nada? 11 He aquí que todos sus devotos serán confundidos; los que los hacen son hombres. Que se junten, que vengan todos; temblarán cubiertos de vergüenza. 12 Un herrero aguza el cincel, forja en la fragua su obra, hace la imagen a golpe de martillo y la forja con su robusto brazo; incluso tiene hambre y está sin fuerzas; no bebe agua, está desfallecido. 13 Quien trabaja en madera tira la cuerda de medir, lo marca con el lápiz, lo ejecuta con los cinceles, lo marca con el compás. Hace así como una semejanza de hombre, para que habite en una casa. de un hombre bello.

Los que fabrican los ídolos son hombres como los demás, y sus favoritos (v.8), e.d., sus ídolos, son también vaciedad, y sus adoradores son testigos de la inutilidad de sus ídolos, como los israelitas lo eran de los beneficios y maravillas de Yahvé (43:955); no obstante, en su ceguera y estupidez, no ven que son sólo un objeto de metal o de madera. Por eso sus devotos, o partidarios idólatras, serán confundidos (v.11) cuando en la hora crítica vean que no les servirán de nada; son en realidad factura material de hombres, y ningún hombre puede hacer que una cosa sea dios. El profeta describe irónicamente el origen material del ídolo (v.12). El artífice lo hace cuidadosamente, diseñándolo antes con el lápiz, tomando sus medidas con la cuerda, y por fin modelándolo, logrando una imagen de hombre bello, e.d., una estatua acabada en forma humana, para que habite en una casa (v.12), e.d., un templo o una casa particular en la que se le dé culto doméstico como a los dioses penates familiares.
Materialidad de los ídolos (14-17)
14 Córtanse cedros, se toma un roble o una encina, se deja crecer fuerte entre los árboles del bosque; se planta un pino, que la lluvia hace crecer, 15 y sirven al hombre para el fuego; toma de ellos para calentarse, enciende para cocer el pan. Además hace con ellos dioses, ante los cuales se prosterna; hace estatuas, que adora. 16 Ha quemado el fuego la mitad, sobre sus brasas asa carne, y se sacia comiendo el asado. Caliéntase luego diciendo: ¡Ea! me caliento, veo la lumbre, 17 Con el resto se hace un dios, un ídolo, que adora prosternándose ante él, y a quien suplica diciendo: Sálvame, porque tú eres mi dios.

La ironía del profeta no puede ser más sangrienta, pues presenta al detalle el origen del ídolo, desde que es cortado en el bosque hasta que es adorado8. Con la madera del mismo árbol, el idólatra se calienta, así la carne y se levanta una imagen, a la que adora. Con el resto de la madera que no ha servido para otros usos, forma un ídolo (ν.17).
Esta sátira aparece en el libro de la Sab 13:11-13 9.
Insensatez de los idólatras (18-20)
18 No saben, no entienden, porque están cerrados sus ojos y no ven, están cerrados sus corazones y no entienden. 19 No reflexionan, no tienen conocimiento ni inteligencia para decir: He quemado la mitad al fuego, sobre sus brasas he cocido el pan, he asado la carne y me la he comido; lo que con el resto haga será una abominación; me prosternaré ante un tronco de madera. 20 Se alimenta de ceniza, un corazón engañado le extravía, y no salva su alma, diciéndose: ¿No es mentira lo que tengo en mi diestra?

La idolatría sólo se explica, pues, en gentes que no piensan y tienen los ojos cerrados (v.18). De otro modo es incomprensible su insensatez para el profeta. Pero el idólatra se apacienta de ceniza (v.20); e.d., el que tiene sus ilusiones y su corazón pegado a cosas fútiles y vanas como la ceniza, se extravia en su corazón, estando, por tanto, fuera del buen camino: no salva su alma, e.d., su vida, cuando en circunstancias críticas suplique a lo que considera como dios.
Grandeza de Yahvé (21-23)
21 Ten en la memoria estas cosas, Jacob e Israel, porque tú eres mi siervo; yo te he formado, tú eres mi siervo, Israel; no te olvidaré. 22 Yo he borrado como nube tus culpas, como niebla tus pecados. Vuelve a mí, que yo te he rescatado. 23 Cantad, cielos, porque Yahvé lo ha hecho; resonad, profundidades de la tierra; saltad de júbilo las montañas, cantad todos, árboles de la selva, porque Yahvé ha rescatado a Jacob y en Israel se glorifica.

El profeta exhorta a Israel a recordar las cosas (v.21) de Yahvé, probable alusión a los v.6-8: sólo Yahvé es la Roca segura, y ha profetizado los hechos presentes. Israel debe tener en cuenta que es sierro de Yahvé (v.21), lo que supone muchas obligaciones. Por su parte, Yahvé nunca se olvidará de Israel, al que ha borrado sus pecados (v.22), como es borrada la nube ante el empuje de un fuerte viento. Por ello quiere que corresponda a su generosidad retornando a El: vuelve a mí (v.22). La penitencia es lo único que exige Dios. El profeta, ante el espectáculo glorioso de la redención de Israel, invita, en apostrofe solemne, a los cielos y a la tierra a que se sumen a la alegría general de los fieles redimidos (v.23). El rescate de Israel significa la glorificación entre las naciones, en cuanto que con ello se manifiesta su poder y bondad supremos.
Ciro instrumento de la omnipotencia divina (24-28)
24 Así dice Yahvé, tu redentor, el que en el seno te formó: Yo soy Yahvé, el que lo ha hecho todo, el que solo despliega los cielos y afirma la tierra. ¿Quién conmigo? 25 El que deshace las señales de los embusteros y a los adivinos enloquece; el que obliga a los sabios a retroceder y envuelve en locura su sabiduría, 26 pero mantiene la palabra de sus siervos y cumple los designios de sus mensajeros; el que dice a Jerusalén: Serás habitada, y a las ciudades de Judá: Seréis reedificadas; yo levantaré sus ruinas; 27 aquel que dice al abismo: ¡Sécate! y deseca sus corrientes; 28 el que dice a Ciro: Tú eres mi pastor, y él hará lo que yo quiera; y dice a Jerusalén: ¡Serás reedificada! y al templo: ¡Serás fundado de nuevo!

Con estos versos comienza una nueva sección, en la que se destaca la importancia de la misión de Ciro como instrumento de Yahvé en la liberación de Israel. Estos v.24-28 pueden considerarse como una introducción a la misma.
Yahvé ahora, al dirigirse a Israel, se presenta siempre como su redentor (v.24) y señor de su historia desde sus mismos orígenes: el que te formó en el seno. Por otra parte, su omnipotencia se manifiesta en el dominio de la naturaleza: los cielos y la tierra son obra exclusiva suya (cf. 40,22), sin que nadie pueda compartir este honor: ¿Quién conmigo? e.d., ¿quién colaboró conmigo en la obra de la creación? Por tanto, sólo El es el dueño de las voluntades de los hombres en la historia, aun de los más tortuosos, como los embusteros (v.25) o adivinos, que pretenden interpretar determinadas señales que no son sino manifestaciones de la voluntad divina. Toda su ciencia carece de fundamento, porque en realidad no conocen los designios de Dios en la historia. El profeta parece aludir aquí a las cavilaciones de los adivinos y astrólogos a propósito de las conquistas fulminantes de Ciro en el Asia Menor. Sin duda que los magos asalariados de Babilonia, basados en sus observaciones astrales y en los vuelos de los pájaros, habían anunciado la derrota definitiva del nuevo enemigo del imperio mesopotámico. Pero Yahvé desbaratará todos estos cálculos (v.25). Son éstos los sabios, que tendrán que retroceder confundidos ante el fracaso de sus interesadas predicciones. Su ciencia, pues, será una verdadera estulticia. En cambio, Yahvé, señor de la historia humana, cumple la. palabra de sus siervos., y mensajeros (v.26), e.d., las predicciones de sus profetas sobre la reedificación de Jerusalén: serás habitada (v.26). Para ello, Yahvé eliminará todos los obstáculos que se opongan a la liberación de Israel: el que dice al abismo: Sécate (v.27), alusión, sin duda, al paso del mar Rojo, cuando lo secó para que pasaran sin dificultad los israelitas. La nueva liberación será tan gloriosa como la del Éxodo. Y Dios les protegerá también en la misma medida con sus intervenciones milagrosas10. En realidad es también Yahvé el que suscita a Ciro, diciéndole: Tú eres mi pastor (v.28), instrumento de su voluntad. El título de pastor se aplica frecuentemente en la Biblia al rey y, sobre todo, al futuro Mesías 11. Aquí Ciro es el lugarteniente de Yahvé para gobernar los pueblos, y es el instrumento en la ejecución de sus designios salvadores sobre Israel. En realidad ordenará la reedificación del templo de Jerusalén y la repoblación de esta ciudad: dice a Jerusalén: Serás reedificada, y al templo: Serás fundado.

1 No es necesario aceptar la opinión de Bacher, según la cual aquí el profeta querría sustituir el nombre peyorativo Jacob (suplantador, engañador) por otro más honroso de recto. — 2 Véase Skinner, o.c., II 53. Cf. Lev 19,82; Ez 9:4; Gal 6:17; Ap 7:3; 13:16. "Será apellidado." — 3 La palabra hebrea yequnne, que aparece aquí, ha sido relacionada correctamente con la kunya de los árabes, e.d., la costumbre de poner un sobrenombre al padre al tener el primer hijo, como título honorífico: Abu abd Rahman: padre de Abderramán. Cf. skinner, o.c., II 52. — 4 "Que venga* está sólo en el texto griego, pero completa bien la idea del texto hebreo. — 5 Así según una reconstrucción muy verosímil de Duhm, seguida por Condamin, El texto hebreo dice lit. "puesto que yo he fundado el pueblo antiguo," e.d., el pueblo hebreo. Así Skinner. — 6 Así según el texto hebreo actual. Algunos prefieren hacer una reconstrucción: "No hay Roca (refugio) fuera de mí." — 7 Cf. Is 48:12; Ap 1:8.17; 22:13. — 8 El orden del v. 14 parece que está trastocado, pues es más lógico empezar por el último estico, en el que se dice que "se planta" un cedro antes de "cortarle." — 9 Horacio, en una de sus sátiras, abunda en los mismos términos irónicos, sorprendentemente similares: "Olim truncus eram ficulnus, inutile lignum, cum faber, incertus, scamnum faceretne priapum, maluit esse deum" (Sat. 1:8-1ss; cf. Skinner, o.c., II 57). — 10 Algunos autores creen que el profeta alude aquí a la supuesta estratagema narrada por Herodoto (I 189-191), puesta en práctica por Ciro para tomar Babilonia, desviando antes el curso del Eufrates, haciendo penetrar los soldados por el lecho del río desecado. Pero los datos que tenemos en los documentos cuneiformes no avalan esta afirmación. Cf. Skinner, o.c., II 62. — 11 Cf. Jer. 3:15; Ez 24; Miq 5:5; Is 45:4.
45. Ciro, Libertador de Israel
Conversión de las Gentes.
Ciro, instrumento de Yahvé (1-7)
1 Así dice Yahvé a su ungido, Ciro, a quien tomé de la diestra para derribar ante él las naciones, y yo desceñiré las cinturas de los reyes, para abrir ante él las puertas y para que no se cierren las entradas. 2 Yo iré delante de ti y allanaré los ribazos. Yo romperé las puertas de bronce y arrancaré los cerrojos de hierro. 3 Yo te entregaré los tesoros escondidos y las riquezas de los escondrijos, para que sepas que yo soy Yahvé, el Dios de Israel, que te llamó por tu nombre. 4 Por amor de mi siervo Jacob, por amor de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre, te he dado un nombre glorioso, aunque tú no me conocías. 5 Soy yo, Yahvé, no es ningún otro; fuera de mí no hay Dios. Yo te he ceñido, aunque no me conocías, 6 para que sepan desde el levante del sol y desde el poniente que no hay ninguno fuera de mí. 7 Yo soy Yahvé, no hay ningún otro; el que formó la luz y creó las tinieblas, el que da la paz y crea la desdicha. Yo soy, Yahvé, quien hace todo esto.

En 41:2-4 aparece ya Ciro como elegido de Yahvé avanzando en fulgurantes conquistas. Aquí de nuevo es presentado como instrumento elegido por Dios para el cumplimiento de sus designios providenciales. Tenemos un cilindro muy característico de Ciro, en el que este monarca vencedor se presenta como el elegido del dios babilónico Marduc1. El estilo es parecido. Aquí, en el libro de Isaías, Ciro aparece como ungido de Yahvé (v.1), título que se aplicaba a los reyes de Israel, que eran ungidos como representantes de Dios el día de su coronación; si bien se aplicó también a los patriarcas y al pueblo israelita 2. Ese será, con el tiempo, el título característico del Rey de los tiempos mesiánicos, el Mesías, título que aparece por primera vez con este sentido en Sal 2. Ciro, pues, aquí es llamado ungido de Yahvé en cuanto es instrumento de los designios salvíficos de Dios sobre su pueblo, es decir, el instrumento de la liberación de Israel del yugo babilónico. No cabe duda que aquí el título dice relación a la misión que ha de cumplir como servidor de los intereses del pueblo elegido. Tomé de la diestra, e.d., le protegí y guié en sus victorias para desceñir las cinturas de los reyes, e.d., desarmarlos, de modo que pudiera abrir las puertas de las ciudades conquistadas; Yahvé va delante de Ciro (v.2) para quitarle los obstáculos en su camino, allanando ribazos, convirtiendo su camino en una espléndida avenida triunfal, hasta llegar a las ciudades cuyas puertas de bronce y cerrojos rompería el mismo Yahvé. Con ello caerían en su poder los tesoros escondidos (v.3) de las naciones 3. Y la finalidad de esta protección de Dios es para que Ciro reconozca a Yahvé, Dios de Israel, como principal autor de sus conquistas, pues El le ha llamado por su nombre (cf. 46:11). En el decreto de Ciro sobre la reedificación del templo de Jerusalén dirá: Yahvé, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra (Esd 1:2), lo que es verosímil en labios de Ciro, que también en sus inscripciones se presenta como llamado por Marduk para tomar Babilonia4. En su política, muy diplomática, buscaba ante todo ganar la simpatía de cada pueblo sometido, halagando sus creencias religiosas y presentándose como el enviado del propio dios de cada pueblo. Pero debe quedar claro que, si Yahvé le ha suscitado y le ha dado la victoria, es por amor de Israel, es decir, con vistas a su liberación del cautiverio babilónico; por ello le ha dado un nombre glorioso (v.4) como el de ungido, pastor (44:28; 45:1), aunque no le conocía; es decir, Ciro no sabía que sus conquistas eran debidas a Yahvé, Dios para él desconocido. Si Dios le protege, es para que todos reconozcan desde el levante y desde el poniente (v.6) que no hay más Dios que Yahvé, señor de la paz y de la desdicha (ν.7), en cuanto domina y es arbitro de los destinos de la historia. Los otros νdolos no son dioses y no pueden prestar auxilio a nadie.
Las bendiciones de los tiempos mesiánicos (v.8)
8 Gotead, cielos, desde arriba, y que las nubes destilen la justicia. Abrase la tierra y produzca el fruto de la salvación, y germine a la vez la justicia. Yo, Yahvé, lo he creado.

Puede considerarse este versículo como una explosión lírica sugerida al profeta por la próxima perspectiva de liberación de la cautividad. Los tiempos mesiánicos eran la obsesión de todo fiel israelita, porque en ellos habría de instaurarse un reinado de justicia (v.9) o rectitud moral en las relaciones entre los ciudadanos, y de éstos con el Rey Mesías. Y todo ello se concibe como un rocío de bendición que viene de lo alto, de los cielos y de las nubes. Sólo Dios puede hacer que reine la justicia entre los nuevos ciudadanos de la futura teocracia mesiánica: Yo, Yahvé, lo he creado; esta afirmación solemne de Dios es para garantizar la futura realización de esta época venturosa de justicia de que habla el profeta; es obra de Dios: lo he creado. Dios garantiza su realización, que da por hecha. Es el estilo de los perfectos proféticos.
Inutilidad de la oposición a Dios (9-13)
Esta sección parece va dirigida contra un grupo de exilados que no admitían la liberación por medio de un rey pagano, no israelita, como se promete en Jer 30:21. Y sobre todo esperaban una intervención milagrosa de Yahvé más espectacular, sin servirse de medios paganos; con ello resplandecería más la omnipotencia divina.

9 ¡Ay del que contiende con su Hacedor! Es el tiesto de los tiestos de la tierra. ¿Dice acaso el barro al alfarero: Qué es lo que haces? Y su obra: ¿No tienes manos? 5 10 ¡Ay del que al padre dice: ¿Por qué engendraste? y a la mujer: ¿Por qué me pariste? 11 Así dice Yahvé, el Santo de Israel y su hacedor: ¿Me vais a interrogar sobre el futuro, sobre mis hijos? sobre la obra de mis manos, ¿me vais a dar órdenes? 12 Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre; mis manos desplegaron los cielos y yo mando a todos u ejército. 13 Y yo le suscité para justicia y allané todos sus caminos. El reedificará mi ciudad y libertará a mis desterrados, no por precio ni por dones, dice Yahvé de los ejércitos.

Aquí se destaca la libérrima actuación de Dios en su providencia. Como señor de todas las cosas y de la historia, dispone de las cosas según su beneplácito, como el alfarero, que hace a su antojo las orzas. Nadie tiene derecho a pedir razones a Dios, como tampoco el barro al alfarero (v.8). Los israelitas, pues, que protestan por haber elegido Yahvé a Ciro como instrumento de su liberación, no tienen sentido. El que contiende con su Hacedor es el tiesto de los tiestos de la tierra, e.d., no tiene más categoría ante Dios que el barro o tiesto en manos del alfarero, que lo modela según su capricho. No es la arcilla en manos del alfarero a quien corresponde negar la habilidad del alfarero (no tienes manos, v.9). Tampoco el hijo tiene derecho a protestar a su padre por haberlo engendrado (v.10). Igualmente los israelitas no tienen derecho a pedir a Yahvé cuentas por el modo de llevar el curso de la historia humana, porque el futuro es la obra de mis manos (v.11), ya que es el Hacedor o plasmador de la historia de Israel, y ahora va a realizar también una obra en la historia (v.11), e.d., hará surgir a Ciro como libertador de su pueblo, lo que es un signo más de la omnímoda omnipotencia divina, pues toma como instrumento de sus designios sobre el pueblo santo a un gentil. Y como base de su intervención libérrima en la historia está el hecho de ser el Creador de todo: la tierra, los cielos y el hombre (v.12).· La liberación de Israel será también obra de Dios, pues Ciro no será sino un instrumento de su providencia en la historia. Nadie puede permitirse criticar al que es el Hacedor del universo. La aparición de Ciro en la historia no es sino una manifestación de ese gobierno que Yahvé tiene sobre los pueblos. Dios le ha suscitado para justicia (ν.13), es decir, para cumplir una misión: la de liberar al pueblo escogido conforme a las promesas. El, pues, será el encargado de reedificar Jerusalén (mi ciudad) sin necesidad de ofrecerle de antemano precio ni dones. La liberación de los desterrados es obra exclusiva de Yahvé, que ha inducido el corazón de Ciro a realizarla. En 43:3 se decía que Dios le daría, en recompensa por esta obra, grandes regiones y riquezas. Pero en este c.45 Dios quiere hacer destacar que, como Señor único de Israel y de la historia, no necesita ofrecer rescates y dones para que sus obras se lleven a cabo. Dios no necesita rebajarse a ofrecer dones para que sus planes se cumplan. Basta que dé un impulso interno al corazón del hombre para que éstos se realicen.
Las naciones paganas reconocen al Dios de Israel (14-17)
14 Así habla Yahvé: La labor de Egipto, y la ganancia de Etiopía, y los sobeos, hombres de elevada estatura, pasarán a ti y serán tuyos, y te seguirán, y te servirán esposados, y se postrarán ante ti, y suplicantes te dirán: Sólo tú tienes un Dios, no hay ningún otro; los dioses no existen ya. 15 En verdad que tienes contigo un Dios escondido, el Dios de Israel, Salvador. 16 Cubiertos de confusión y de ignominia están todos a una, se van avergonzados los forjadores de ídolos. 17 Israel es salvado por Yahvé con salvación eterna; no seréis avergonzados ni confundidos por toda la eternidad.

El profeta contempla en la época mesiánica una procesión de pueblos extranjeros africanos desfilando humillados con su labor y ganancias (v.14), ofreciéndolas como homenaje al pueblo escogido, que ha tenido como patrimonio al único Dios, Salvador, mientras que los ídolos han desaparecido. Las victorias de Ciro y la liberación portentosa de Israel han abierto los ojos a Egipto, Etiopía y Sabá. En Egipto dominaron por algún tiempo las dinastías etíope-nubias, con las que tenían especiales relaciones los habitantes de Sabá. El profeta los junta como formando un frente común por occidente contra Judá, y ahora reconciliados con ella. El imperio persa llegó hasta el corazón de Egipto. Los sobeos, a quienes define como de elevada estatura (v.14), solían constituir tradicionalmente una clase social de esclavos (cf. 43:3) de los egipcios. El imperio egipcio en pleno, pues, se postrara ante ti, pidiendo la admisión a participar en el culto del Dios único, Yahvé, que se ha manifestado para Israel de un modo particular, como Salvador (v.15). Hasta entonces, para las naciones, Yahvé era como un Dios escondido, pues había permitido que su pueblo fuese llevado en cautividad 6. Ahora, en cambio, se ha manifestado en toda su omnipotencia, dejando avergonzados a los ídolos y a sus seguidores (v.16). Las estatuas de los ídolos para nada han servido, y por eso los forjadores de ídolos están avergonzados. En cambio, Israel es salvado con salvación eterna, e.d., ha sido liberado, y no volverá a ser humillado de nuevo.
La salvación de Yahvé a todas las gentes (18-25)
18 Porque así habla Yahvé, el que creó los cielos, el Dios que formó la tierra, la hizo y la afirmó. No la creó para yermo, la formó para que fuese habitada. Soy yo Yahvé, y ningún otro. 19 No he hablado yo en secreto, en un oscuro rincón de la tierra. No he dicho yo a la progenie de Jacob: Buscadme en vano. Soy yo Yahvé, que hablo justicia y proclamo lo recto. 20 Reunios, venid, acercaos juntamente los sobrevivientes de las naciones. No tienen entendimiento los que llevan ídolos de madera y ruegan a un dios incapaz de salvar, 21 Hablad y exponed, consultaos unos a otros: ¿Quién ha hecho oír esto desde antiguo y lo anunció desde entonces? ¿No soy yo Yahvé, y no hay más que yo? No hay Dios justo ni salvador fuera de mí. 22 Volveos a mí y seréis salvos, confines todos de la tierra. Porque yo soy Dios, y no hay otro. 23 Por mí he jurado, salió la justicia de mi boca, una palabra irrevocable. Porque doblaráse ante mí toda rodilla y jurará toda lengua, 24 diciendo: Ciertamente en Yahvé tengo justicia y fuerza, a El vendrán cubiertos de ignominia todos los inflamados contra El. 25 En Yahvé será justificada y glorificada toda la progenie de Israel.

Este fragmento constituye una nueva profecía. La anterior "quedó cerrada solemnemente en el ν.17. Allν se hablaba de la liberación de Israel; aquí se hace una llamada salvadora a todos los pueblos en nombre de Yahvé. Enfáticamente se presenta a Yahvé como el creador de cielos y tierra (v.18). Si creó la tierra, lo hizo con una finalidad muy noble, y no para dejarla convertida en yermo 7, sino para que fuese habitada. No entra, pues, en sus planes la idea de destrucción de la vida. Dios tiene un designio salvador sobre la humanidad. Este designio bienhechor de Dios se demuestra por las revelaciones públicas que ha hecho a Israel. No ha hablado ocultamente con frases enigmáticas para que no las entendieran (v.19). No habló en un rincón oscuro de la tierra, es decir, en el desierto, llamado frecuentemente "país de tinieblas." Yahvé no habló en lugar solitario, sino públicamente 8; por otra parte, Yahvé no ha dicho a Israel: Buscadme en vano (v.19), es decir, sin indicar el modo de ser encontrado. Sus revelaciones fueron suficientemente claras para que pudieran orientarse en la búsqueda de Dios, pues siempre le señaló el camino de la justicia y de los rectos 9.
Yahvé convoca a las naciones a reunirse y decidir por sí mismas sobre lo que acaba de decir, e.d., sobre el testimonio de Yahvé acerca de la justicia y de lo recto. Como en capítulos anteriores, aduce la prueba de su veracidad en la venida de Ciro, que sólo El ha predicho, y no los ídolos. Esta invitación está dirigida a los sobrevivientes de las naciones (v.20), e.d., a los que han escapado al juicio de Dios sobre los pueblos antes de la inauguración mesiánica, después de las victorias de Ciro. Y Dios de nuevo invita a las naciones reunidas a exponer sus puntos de vista (v.21) sobre el hecho de la aparición de Ciro, que sólo ha sido predicha por Yahvé (¿Quién ha hecho oír esto desde antiguo? v.21). Este anuncio de antemano es prueba de que sólo Yahvé es el único Dios (v.21). Si, pues, es el único que conoce el futuro y domina los acontecimientos de la historia, es el único Salvador (v.21). Por eso invita a todas las naciones a volverse a El (v.22), como único Ser digno de recibir culto y acatamiento. Dios ha jurado (v.22) con carácter irrevocable que se doble ante El toda rodilla y jure toda lengua 10. Todos los inflamados contra El (v.24), e.d., los que furiosamente se oponen a Yahvé, volverán a El confundidos como consecuencia de ese juramento que Yahvé ha hecho. Todos tendrán que reconocer que la justicia y la fuerza (v.24) no pueden provenir sino de El, ya que es el único Salvador, que otorga la victoria, mientras que los ídolos son seres inertes. Aquí justicia equivale a victoria. Todo el que se adhiera a Yahvé, triunfará; y al contrario, el que no le reconozca será avergonzado. En Yahvé será justificada, e.d., saldrá vencedora, toda la progenie de Israel (v.25), y ese triunfo será causa de que Israel sea glorificado ante todos los pueblos.

1 El interesante documento dice así: "Marduk eligió un príncipe justo según el deseo de su corazón, para tomarlo de la mano. A Ciro, rey de la ciudad de Anzam, cuyo nombre pronunció y llamó para dominar sobre todo el mundo. El país de Quti. sometió a sus pies. Le hizo tomar el camino de Babilonia, yendo a su lado como amigo" (H. Gressmann, Altorientalische Texte zum A.T. 2.a ed., 369). — 2 Cf. Sal 105:15; Hab 3:13. — 3 Los autores greco-romanos hablan de las grandes riquezas tomadas por Ciro al entrar en Babilonia. Cf. esquil., Pers. 53; Plinio El Viejo, Htsf. Nat. 33:3. — 4 Cf. Gressmann, Altorientalische Texte zum A.T. 2.a ed., p.3ÓQ. — 5 Así según los LXX. El TM lit.: "y tu obra: no hay manos para él." — 6 Cf. Is 43:3; 55:8; Dt 29:29; Prov 25:2. — 7 El texto hebreo emplea la palabra tohu (cf. Gen 1:2), que significa caótico, sin distinción, informe. — 8 Algunos interpretan país de tinieblas, cono sinónimo de seol, la morada de las sombras de los difuntos. La nigromancia era el arte de consultar a los muertos. Yahvé, pues, aquí diría que El no habló con artes nigrománticas. — 9 Lit. "buscadme en el caos" o "yermo," e.d., sin orientación. Cf. Is 41:1-4.21-29; 43:9-31· — 10 Cf. Gen 22:16; Jer 22:5; Heb 6:13; Rom 14:11; Flp 2:10-11.
46. Caída de los ídolos de Babilonia
Yahvé, Gloria de Israel
Babilonia, simbolizada en sus ídolos, sufre un colapso total. Esto señala la hora de la liberación de los cautivos israelitas. En contraposición a esto, Yahvé despliega toda su omnipotencia con sus protegidos.
Impotencia de los ídolos y omnipotencia de Yahvé (1-4)
1 Postrado Bel, abatido Nebo, sus simulacros son puestos sobre animales y bestias de carga; las cosas que llevabais han sido un peso, una carga para el fatigado (animal). 2 Están encorvados, doblegados a la vez; no pudieron salvar la carga, y ellos mismos van al cautiverio. 3 Oídme, casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, que habéis sido cargados (sobre mí) desde el vientre, llevados desde el seno. 4 Yo mismo hasta la vejez y hasta la canicie (os) portaré. Como ya hice, (os) llevaré, (os) portaré y os preservaré.

El profeta contrapone irónicamente la conducta de los ídolos de Babilonia y la de Yahvé. Aquéllos no sólo no pueden salvar a sus seguidores, sino que tienen necesidad de ser llevados por los babilonios en su huida, mientras que Yahvé no es llevado, sino que se encarga de llevar y salvar a sus adoradores. Yahvé, en realidad, es el portador de su pueblo a través de las vicisitudes de su historia.
Bel y Nebo (Júpiter y Mercurio babilónicos) eran las divinidades supremas del panteón babilónico . Los ciudadanos babilónicos quieren salvar sus divinidades en la huida, para seguir disfrutando de su protección y para que no caigan en poder del invasor, con lo que sus poderes quedarían muy reducidos. Las cosas que llevabais es alusión a las procesiones babilonias, que constituían por su pompa el orgullo de los babilonios. Efectivamente, Bel (Marduk) y Nebo eran llevados procesionalmente en barcas en el día de año nuevo. Ahora la situación ha cambiado, y son una carga para el fatigado animal en la huida. La descripción es ideal, conforme a las escenas usuales en tiempos de invasión. En realidad, Ciro, al conquistar Babilonia, se portó muy condescendiente con las creencias religiosas de sus nuevos súbditos, y, lejos de llevarse los ídolos, como habían hecho otros conquistadores, procuró aplacarlos con ofrendas y actos de culto. Esta descripción del profeta prueba que fue escrita antes de la toma de Babilonia por Ciro. Los profetas conocen muchas veces el hecho sustancial futuro, mientras se les escapan las circunstancias concretas del mismo; y utilizan en sus descripciones circunstanciales tópicos literarios recibidos. Aquí el profeta describe la caída de Babilonia con los colores habituales de pánico, huida de los habitantes con sus dioses. No se compromete, pues, en realidad, la veracidad histórica del vaticinio si tenemos en cuenta el género literario profético con sus recursos habituales 2.
En contraposición a esta situación vergonzosa de los dioses llevados por sus devotos para salvarlos, el profeta presenta la actitud de Yahvé llevando personalmente a sus adoradores a través de las vicisitudes de la historia. Yahvé verdaderamente lleva a su pueblo desde el seno materno. hasta la vejez (v.3-4), e.d., desde el principio del pueblo israelita como nación hasta el fin. Los padres se preocupan de sus hijos mientras son niños; pero, cuando son adultos, se desentienden de ellos; no así Yahvé, que durante toda la vida histórica de su pueblo le ha llevado y le llevará: como yo hice, (os) llevaré (v.4) 3.
Impotencia de los ídolos (5-7)
5 ¿A quién queréis compararme, y equipararme, y asemejarme, de forma que fuésemos iguales? 6 Aquéllos sacan oro de la bolsa, pesan la plata en la balanza, pagan al orfebre y hacen un dios, se postran y le adoran, 7 le cargan a hombros, le llevan, le ponen en un lugar, y allí se está, no se mueve de su sitio. Claman a él, pero no responde, no les libra de sus tribulaciones.

Es una sección muy similar, por el tono irónico y concepción, a 44:9-20. Se destaca la estulticia de los idólatras, que se confían a un simulacro fabricado por manos de hombres. Aunque estén recubiertos de oro y de plata, siempre serán algo inerte. La ironía es sangrienta. El ídolo está tan muerto, que tiene necesidad de ser transportado, y donde le dejan, allí permanece. Es inútil que sus devotos le hagan súplicas, pues no las oye. ¡Qué contraste con Yahvé, siempre viviente y activo! Por eso les dice enfáticamente: ¿A quién queréis compararme.? (ν.6). No admite representaciones ni simulacros suyos, porque nada puede dar idea de su naturaleza trascendente y santa: "Es el que es," Yahvé.
Apelación a la historia y a la profecía para probar. su divinidad (8-11)
8 Acordados de esto y entendedlo4, reflexionada de nuevo, transgresores. 9 Recordad los tiempos pasados desde antiguo, porque yo soy Dios, y no hay más Dios fuera de mí. 10 Yo anuncio desde el principio lo último, y de antemano lo que no se ha hecho. Yo digo: Mis designios subsistirán, y cumplo toda mi voluntad. 11 Yo llamo del levante al ave de presa, de lejana tierra al hombre de mi consejo5. Como lo he dicho, así lo llevaré a cabo; corno lo he planeado, así lo realizaré.

Yahvé apela de nuevo a su conocimiento del futuro para probar su divinidad. Invita a sus enemigos a recordar sus gestas pasadas. Todo sucedió como lo había anunciado (v.10). La profecía siempre ha sido considerada como privativa de Dios, en cuanto que supone el dominio sobre la marcha de la historia. Toda la historia es el despliegue de los designios de Dios, que terminan por imponerse (v.10). El acontecer histórico para el profeta es algo más que un caos de hechos que fortuitamente se yuxtaponen. Por encima de ellos está Yahvé, que dirige los hilos de la trama del cosmos y de la humanidad: cumplo toda mi voluntad (v.10). Es. Yahvé el que ha suscitado a Ciro, el ave de presa que ha llamado desde el levante (v.11). Se le llama ave de presa por su celeridad en la conquista y su rapacidad como invasor. En Jer 49:22 y Ez 17:3 se compara también a Nabucodonosor al águila. Ciro es el instrumento de los designios históricos de Dios 6.
La salid de Sión (12-13)
12 Oídme, hombres de duro corazón 7, que estáis lejos de la justicia. 13 Yo haré que se os acerque mí justicia; ya no está lejos, y no tardará mi salvación. Yo pondré en Sión la salud, y mi gloria en Israel.

Dios se dirige a los obstinados o a los pusilánimes (que las dos interpretaciones son posibles) para que se percaten de que Yahvé puede traerles la justicia o victoria, que aquí es sinónimo de salvación (v.13). Y ésta tendrá su sede en Sión, centro de la nueva teocracia. Los profetas viven obsesionados con la idea mesiánica, y de ahí que constantemente recurran a ella como medio de consuelo y de mutuo estímulo. Parece que los contemporáneos del profeta se sentían descorazonados, ya que consideraban la salvación como algo que estaba lejos (ν.13). En la mente del profeta, Dios estα dispuesto a intervenir para inaugurar la nueva era de ventura y de justicia.

1 "La palabra Bel (Belu) es la equivalente al ba'al hebreo, y significaba una divinidad particular y un nombre genérico de divinidad. Como nombre propio se aplicaba a Marduk (Merodac), divinidad tutelar de Babilonia, si bien se habla de otro Bel, que aparece como su padre. Nebo (Nabu) era el hijo de Marduk, y su culto tenía lugar en Borsippa, cerca de Babilonia. Su nombre Nabu se relaciona con la raíz Ναίπ hebrea: profeta, lo que hace pensar que era el “locutor” de los dioses (como Mercurio, Act 14:12). Se le consideraba inventor de la escritura. Como aparece en los nombres de reyes caldeos (Nabopolasar, Nabucodonosor, etc.), se cree que era el protector de la dinastía" (Skinner, o.c., II 76). — 2 Cf. Condamin, O.C., 2848. — 3 Cf. Ex 19:4; Dt 1:31; 32:11; Os 11:3. — 4 El significado del verbo que traducimos por "entendedlo" es incierto, pero el contexto es claro. — 5 El texto hebreo lee "su consejo." Pero el qere lee "mi consejo," que está mejor en el contexto, y así lo entienden los LXX. — 6 Algunos ven en ave de presa una alusión al águila real de oro que campeaba en las insignias reales persas; cf. jenof., Cirop. VII 1:4. . , — 7 Las palabras hebreas que traducimos por "duros de corazón" pueden tener el s< de "obstinados" y "desanimados" (así LXX).
47. Caída de Babilonia.
Este fragmento es de un subido lirismo irónico. El profeta invita a Babilonia, concebida como una reina majestuosa sentada en su trono, a que deponga sus atavíos y abandone el trono, para dedicarse modestamente a las faenas domésticas, propias de una esclava. Ha tratado tiránicamente a los cautivos de Israel, y ahora es apostrofada con energía. La desgracia y la tragedia se abatirán sobre la gran metrópoli mesopotámica, señora de naciones. Por el tono, esta sección es muy similar al canto irónico dedicado al rey de Babilonia, que desciende al seol (Is 14:4-21). La suerte de Babilonia contrastará con la de Sión, que antes había quedado como viuda sin hijos, y ahora va a sentir la alegría de la múltiple maternidad (49:1455; 51:1755). Podemos considerar este fragmento como secuencia lógica del c.46, en que se ironiza la huida vergonzosa de los habitantes de Babilonia con sus ídolos.
Babilonia convertida en esclava (1-4)
1 Desciende y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia. No más trono, siéntate en la tierra, hija de los caldeos. Ya no te llamarán más la delicada y tierna. 2 Toma la muela y ve a moler la harina; quítate el velo, pon haldas en cinta, descubre tus pantorrillas y pasa los ríos. 3 Descubierta será tu desnudez y se verán tus vergüenzas. 4 Yo tomaré venganza implacable, dice nuestro redentor; Yahvé de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel.

El profeta invita a Babilonia a "sentarse en el polvo" (v.1) en señal de duelo por su nueva situación (3:26). Se la llama virgen, hija de Babilonia, en cuanto que no ha sufrido el yugo extranjero. Históricamente, sin embargo, Babilonia había estado sometida a Asiría; pero el profeta habla de la situación actual, en que Babilonia obra a su antojo. La expresión hija de Babilonia equivale en el lenguaje bíblico a Babilonia simplemente. Es una aposición al nombre. La ciudad es concebida como un ser viviente lleno aún de juventud (cf. Jer 46:11). Se la llama hija de los caldeos (v.1) porque reinaba en Babilonia la dinastía caldea 2. Era tierna y delicada, en cuanto que, por constituir el emporio comercial de oriente y la capital política del imperio, se había hecho sibarítica y afeminada en extremo. La imagen se adapta bien a la idea de una virgen objeto de todas las atenciones domésticas, que teme contaminarse al pisar el suelo (Dt 28:56). La condición social va a cambiar totalmente, y la virgen hija de Babilonia tendrá que someterse a los duros trabajos de la esclava: toma la muela (v.2) (cf. Ex 11:5; Job 31:10). Por ello debe quitarse todo atuendo que indique distinción y señorío: quítate el velo. Era el gran velo que las damas de buena posición llevaban sobre la espalda, cayendo hasta la cintura o hasta los píes (Cant 4:1-3; 6:7). Y al mismo tiempo se la invita a remangarse; pon haldas en cinta (v.2), pues va a ser deshonrada ante todos los pueblos, siendo obligada a descubrir su desnudez (v.3). Y todo esto como consecuencia de la venganza implacable (v.4) de Yahvé, que es el redentor (v.4) de Israel, en cuanto que le libera de la opresión babilónica, castigando a la nación tirana. Y todo ello porque es el Santo de Israel (v.4), e.d., está vinculado a los destinos históricos del pueblo elegido. Como santo, no podía tolerar indefinidamente las injusticias de la nación opresora, y, como vinculado a Israel, debía salir por sus fueros en virtud de las antiguas promesas mesiánicas.
La arrogancia de Babilonia, causa de su ruina (5-7)
5 Siéntate en silencio, súmete en tinieblas, ¡hija de los caldeos! Ya nunca más te llamarán soberana de los reinos. 6 Estaba yo airado contra mi pueblo, y dejé profanar mi heredad y la entregué en tus manos. Tú no tuviste piedad e hiciste pesar tu yugo sobre los ancianos. 7 Tú decías: Yo seré siempre, por siempre señora, y no reflexionaste, no pensaste en tu fin.

Apostrofe contra Babilonia, que, en su arrogancia, se consideraba la perpetua señora entre los pueblos. En su insolencia ha tratado tiránicamente al pueblo de Dios. Ahora que llega su hora, se la invita a sentarse en silencio., en tinieblas (ν.6), símbolo de la humillación y de la prisión (42:7).
Yahvé castigó a Israel por sus pecados, y permitió profanar su heredad (v.6), e.d., su pueblo escogido, entregándolo a los babilonios, que se excedieron en el castigo, sometiendo a un yugo sobre los ancianos y débiles (Lam 4:16; 5:12). Quizá se les sometió a trabajos forzados. No obstante, por lo que nos dicen Jeremías (29:1) y Ezequiel, el cautiverio no fue tan duro, ya que se les permitía a los exilados cierta autonomía y participar en la vida económica y social. Babilonia, en su presunción, creyó que iba a permanecer siempre, y por eso oprimía a Israel sin reservas, sin pensar que es Yahvé quien lo entregó en sus manos. En realidad, el mismo Yahvé, que había hecho justicia sobre Israel, la haría al fin sobre su opresora Babilonia.
Babilonia, privada de sus hijos (8-9)
8 Escucha, pues, esto, voluptuosa, que te sientas tan segura, que dices en tu corazón: Yo, y nadie más que yo; no enviudaré ni conoceré la orfandad. 9 Ambas cosas te vendrán de repente, en un mismo día: la orfandad y la viudez en toda su plenitud 3 vendrán sobre ti a pesar de tus numerosos agüeros y de tus poderosos encantamientos.

Babilonia se sentaba segura (v.8) en su trono, entregada a los placeres despreocupada, y, en su insolencia, decía interiormente: Yo, y nadie mas que yo (v.8), despreciando con arrogancia a los demás pueblos vasallos. Se siente fuerte y no teme quedarse sola: No enviudaré ni conoceré la orfandad (v.8). Cree que no se verá privada de sus numerosos hijos, que no han de caer bajo la espada ni serán llevados en cautividad. No ve la posibilidad de ser invadida por otro conquistador (cf. Sof 2:15). Pero se acerca el día en que (invasión de Ciro) le sobrevendrán los dos mayores males para una madre: quedarse viuda y sin hijos. La ciudad quedará sola como una viuda, y de nada le servirán sus agüeros. y encantamientos (ν·9). Que constituían la ciencia característica de Babilonia. La astrología era muy cultivada, y, con sus conocimientos, los sabios creían poder dirigir el curso de la historia. Pero de nada servirán estos cálculos a la hora de la verdad, pues es Yahvé el que dirige los acontecimientos humanos.
Babilonia y la magia (10-12)
10 Tú estabas fiada en tu maldad, y decías: No me ve nadie. Tu sabiduría y tu ciencia te engañaron, y decías en tu corazón: Yo y no más que yo. 11 Pero va a caer sobre ti un mal que no sabrás conjurar, y caerá sobre ti una ruina que no podrás borrar 4; vendrá de repente sobre ti una devastación, sin que lo sepas. 12 Acude, pues, con tus encantamientos, con tus muchas hechicerías, con que te fatigas desde la niñez; quizá puedan servirte, quizá puedan hacerte terrible.

Babilonia confiaba en su astucia y malas artes para continuar su dominio sobre los pueblos, creyendo que nadie vigilaba sus actos (no me ve nadie, v.10), según el proceder general de los impíos (cf. Sal 10:11). Pero de nada le valdrá su sabiduría y ciencia (v.10), e.d., sus artes mágicas esotéricas, como la astrología, de la que se gloriaba ante los pueblos. No podrá conjurar (v.11) el mal que se cierne sobre ella en forma de amplia devastación. El profeta invita irónicamente a Babilonia a que despliegue todas sus artes mágicas, que maneja tan diestramente desde la niñez (v.12). Según Diodoro de Sicilia, los babilonios "intentan evitar el mal y procurar el bien por purificaciones, sacrificios y encantamientos"5. Estos tenían cierto valor expiatorio ante las divinidades; por eso aquí se dice que no podrá borrar o expiar (v.1:1) esa ruina que viene de Yahvé. Tampoco la harán terrible para espantar los malos genios que se ciernen sobre ella.
Impotencia de las artes mágicas (13-15)
13 Estás cansada de tanto consultar. Que se presenten, pues; que te salven los que dividen los cielos, y observan las estrellas, y hacen la cuenta de los meses, de lo que ha de venir sobre ti. 14 Helos aquí como briznas de paja que ha consumido el fuego; no podrán salvar sus vidas del poder de las llamas; brasas, pero no para calentarse a ellas, ni hoguera para sentarse ante ella. 15 Eso serán para ti aquellos por quienes te afanaste, tus mercaderes desde tu juventud 6. Cada cual vagará por su camino, y no habrá quien te salve.

Se presenta a Babilonia nerviosa, consultando a los observadores de fuerzas ocultas, y desilusionada con sus respuestas: cansada de tanto consultar (v.13). Todos los adivinos que consultan el curso de los cielos no podrán hacer nada para salvarla. Los que dividen los cielos (ν.13), e.d., los astrσlogos, que parcelan el cielo para localizar sus observaciones, serán tan impotentes como los que hacen la cuenta de los meses o novilunios en los calendarios mensuales, con señalamiento de días de desastre y de bonanza relacionados con determinados hechos de los hombres: de lo que ha de venir sobre ti (v.13). En realidad, todos estos magos y adivinos son tan impotentes como briznas de paja (v.14) ante el fuego huracanado de la invasión y devastación, y si son impotentes para salvar sus vidas ¿cuánto más para ir en auxilio de otros? En realidad, el fuego de la invasión será tan devastador, que no servirá para calentarse, sino para abrasarse en sus llamas. Ni los mercaderes con los que traficó desde su juventud, e.d., desde su remota historia, le servirán de ayuda en el momento crítico, pues entonces cada cual vagará por su camino (v.15), e.d., huirán vagabundos hacia su país de origen para librarse del turbión, y la dejarán sola, sin que haya nadie que la salve.

1 Así según una reconstrucción seguida por Duhm y Skinner. — 2 Los caldeos eran una tribu semita del sudeste de Mesopotamia. — 3 En vez de en toda su plenitud, que es traducción literal del texto hebreo, los LXX y la Pesh. traducen "súbitamente," por una ligera confusión de letras. Esta lectura es seguida por la Bib. de Jer. — 4 La palabra hebrea que traducimos por borrar significa también "expiar." Aquí en el sentido de alejar un mal con expiaciones. — 5 Cf. Skinner, o.c., II 85. — 6 Así según el texto hebreo. Con un ligero cambio de letras, otros leen magos en vez de mercaderes. Cf. Condamin, o.c., p.28g.
48. La Liberación de Israel, Obra de Yahve.
Este capítulo es como una recapitulación de la argumentación sobre las predicciones en los capítulos anteriores. Los hechos han demostrado que todo ha sucedido conforme a las predicciones de Yahvé. Israel no tiene excusa ante el cumplimiento de las profecías. La conquista de Babilonia por Ciro será un ejemplo de estas profecías. Suele dividirse el capítulo en cuatro partes: 1) las profecías de Yahvé en la historia (i-n); 2) anuncio de la conquista de Babilonia por Ciro (12-16); 3) la historia de Israel hubiera sido muy diferente si hubiera sido fiel a Yahvé (17-19); 4) invitación lírica a los exilados a salir de Babilonia (20-22). Este capítulo clausura otra gran sección del libro de Isaías.
Las predicciones antiguas (1-6)
1 Oíd esto, casa de Jacob, los que llevan el nombre de Israel, los salidos de las entrañas de Judá, los que juran por el nombre de Yahvé y celebran el Dios de Israel, pero sin verdad y sin justicia, 2 porque llevan el nombre de la ciudad santa y se apoyan en el Dios de Israel, cuyo nombre es Yahvé de los ejércitos. 3 Lo que ha pasado, ya ha tiempo lo predije, de mi boca salió. Yo lo hice oír, y de improviso obré, y todo se ha cumplido. 4 Porque sabía que eres duro y es tu cerviz una barra de hierro, que tienes una frente de bronce. 5 Yo te predije esto hace tiempo, antes de que sucediera te lo di a saber, para que no dijeras: Lo ha hecho mi ídolo; mi estatua, mi simulacro lo mandó. 6 Ya lo has oído, míralo todo ello, y ahora vosotros, ¿no lo anunciaréis?

Los israelitas llevan un título honorífico, el nombre de Israel (v.1), que es un verdadero timbre de gloria, ya que les recuerda el gran antepasado elegido y protegido por Yahvé (Gen 32:29), y han salido de las entrañas de Judá 1, gran antepasado de la tribu señora en Israel desde la implantación de la monarquía israelita. Sin embargo, tienen una conducta poco sincera y puramente formulista al jurar en nombre de Yahvé y celebrarlo con los labios; pero esto no corresponde a su proceder en la práctica: sin verdad y sin justicia (v.1). Además, se glorían de pertenecer a la ciudad santa y de estar bajo el amparo del Dios de Israel. Pero si esto es un timbre de gloria, es también una exigencia moral y espiritual mayor. Por tanto, si la conducta de ellos no corresponde a su categoría superior entre los pueblos, la responsabilidad y el castigo deben ser mayores.
Después de esta introducción enfática y amenazadora, Yahvé vuelve de nuevo a su argumentación a base de las profecías antiguas cumplidas: lo que ha pasado, ya ha tiempo lo predije (v.3) 2. Los israelitas son testigos de ello. Y todo esto es por la dureza y obstinación tradicional de Israel: sabía que eres duro (v.4). Esta expresión ya tenía una antigua tradición en la literatura bíblica 3. Israel ha sido demasiado insensible a lo espiritual a través de la historia. Es la gran acusación de los profetas: es tu cerviz una barra de hierro (v.4) 4; es desvergonzada, insolente: tienes una frente de bronce 5.
Además, estas predicciones de Yahvé tenían un claro fin apologético ante su pueblo: te lo di a saber para que no dijeras: Lo ha hecho mi ídolo (.6). Israel tenía una propensión innata a la idolatría, y, a pesar de los portentos que constantemente veía en su historia, debidos a Yahvé, por instinto los atribuía a sus ídolos favoritos, más condescendientes con sus instintos pasionales y sus egoísmos. El Yahvé del Sinaí era demasiado adusto y exigente para ellos, y por eso buscaban los cultos idolátricos, llenos de atractivos sensuales. El profeta, pues, en esta sección recrimina acremente la conducta del rebelde Israel a través de su historia. Ahora que todo está cumplido (míralo todo ello, v.6), invita a Israel a dar testimonio de ello, es decir, a reconocer las profecías cumplidas como prueba de la divinidad de Yahvé: y ahora vosotros lo anunciaréis (v.6).
Nuevas predicciones (6-11)
6 Yo te he hecho oír cosas nuevas desde ahora, cosas ocultas que no conocías. 7 Ahora han sido creadas y no hace tiempo, antes de hoy no las habías oído, para que no dijeras: Ya lo sabía yo. 8 No lo habías oído ni lo conocías, ni desde antiguo se había abierto tu oído6. Porque sabía que eres pérfido, y tu nombre es rebelde desde el seno materno. 9 Yo por mi nombre difiero mi ira, y por amor de mi gloria me contengo frente a ti, para no exterminarte. 10 He aquí que te probé al fuego, y no había plata; te he pasado por la hornaza de la aflicción. 11 Es por mí, por amor de mí lo hago, porque ¿cómo (mi nombre) sería profanado? 7, y mi gloria a nadie se la doy.

Yahvé anuncia ahora cosas nuevas (v.6), e.d., el mensaje de consolación para su pueblo, que le permanecía oculto hasta estos tiempos. Dios las tuvo ocultas para que pudieran atribuirlas a los ídolos. Estas cosas nuevas entran ahora en su fase de realización: ahora han sido creadas (v.7). Y no se lo comunicó antes para que fuesen más impresionados en el momento de la realización: para que no dijeras: Ya lo sabía yo (v.7). Israel no tenía noticias de esta súbita promesa de liberación que se va a cumplir muy pronto. Yahvé sabía que Israel era pérfido. , rebelde desde el seno materno (v.8), y, por tanto, no quería rebelarle de antemano esto, que podía atribuir a los ídolos. Yahvé mantuvo el secreto de la aparición de Ciro y de la liberación, y no se lo comunicó por revelaciones hasta ahora. La historia de Israel ha sido tan pecaminosa, que hubiera merecido el exterminio más amplio; pero Yahvé, por amor de su nombre y de su gloria (v.9), difiere su ira. La ruina total de Israel hubiera comprometido la fama y gloria de Yahvé, su Dios, ante los gentiles, que considerarían lo de la desaparición total de Israel como un fracaso debido a la impotencia de su Dios nacional. Además, quizá en la palabra mi gloria (o mejor, "alabanza") aluda al culto, que desaparecería totalmente con el exterminio de Israel como pueblo. Si Dios ha castigado al pueblo elegido con la cautividad, ha sido para purificarlo: te probé al fuego (v.10) con esperanza de forjar un pueblo fiel y santo; pero el resultado ha sido negativo: no había plata (v.10), es decir, el pueblo no supo aprovechar la lección del castigo y, en lugar de demostrar su fe en Yahvé, ha seguido fuera de camino, como si todo fuera basura sin valor. La hornaza de la aflicción (v.10) ha sido el crisol empleado por Yahvé para aquilatar la profundidad de los sentimientos religiosos de Israel. Y Yahvé vuelve de nuevo a la idea de que lo que va hacer (por mi amor lo hago), e.d., la liberación de Israel tomando como instrumento a Ciro, se debe al celo por su gloria, para que no fuera profanado, blasfemado (cómo sería profanado) por los gentiles. Y, por otra parte, lo que va a realizar (las cosas nuevas, v.6) se debe exclusivamente a Él, no a los ídolos: mi gloria a nadie se la doy (v.11). Sólo Yahvé es capaz de realizar la nueva gesta de la liberación de Israel.
Ciro, enviado por Yahvé (12-16)
12 Oyeme, Jacob, e Israel, a quien he llamado; soy yo, yo el primero, y aun también el postrero. 13 Mi mano cimentó la tierra, mi diestra desplegó los cielos, y los llamé y luego aparecieron. 14 Reunios todos y oíd: ¿Quién de entre ellos anunció estas cosas? Aquel a quien ama Yahvé, cumplirá su voluntad contra Babilonia y contra la raza de los caldeos. 15 Yo, yo he hablado, yo le he llamado, yo le guío y hago prosperar sus caminos. l6Acercaos a mí y oíd esto: Desde el principio no os he hablado en secreto; cuando las cosas se hacían, allí estaba yo. Y ahora Yahvé me ha enviado con su espíritu.

Yahvé va a manifestar cosas nuevas por amor de su gloria; para ello, como garantía, presenta sus credenciales de creador de todas las cosas y forjador de la historia de Israel desde su elección. Es una recapitulación de conceptos ya expresados en capítulos anteriores. Yahvé se encara amorosamente con Israel, a quien ha llamado (v.12) como pueblo elegido. Yahvé es eterno, señor del tiempo: el primero y el postrero (v.12). La frase ya apareció en 41:4; 44:6. Al comenzar a existir las cosas, era ya Señor supremo de todo, y cuando llegue la consumación de ellas seguirá como arbitro de la historia humana y de la creación toda. Y Yahvé se encara con los israelitas para que presenten predicciones semejantes a las que ahora les comunica: ¿quién de entre ellos anunció estas cosas? (v.14). Entre ellos, e.d., los dioses paganos, a los que los israelitas se sentían muchas veces inclinados.
Y llega el punto culminante del vaticinio: la aparición de Ciro, conquistador de Babilonia y libertador de Israel. Aquel a quien ama Yahvé es una apelación interesante. Salomón fue llamado también amado de Yahvé (2 Sam 12:24).8·Ciro, por su misión de liberador del pueblo elegido y por ser instrumento de Yahvé, es llamado su amigo; por permisión de Yahvé cumplirá su voluntad contra Babilonia y la raza de los caldeos. Será el instrumento de Yahvé: cumplirá su voluntad de castigar a los habitantes de la gran metrópoli de los caldeos. Y Yahvé es quien le ha llamado, haciendo prosperar sus caminos, sus conquistas. Y todo esto lo había predicho Yahvé, no de un modo enigmático (desde el principio no os he hablado en secreto, v.16), desde el principio de la historia de Israel, o mejor, desde que las cosas empezaron a cumplirse (cuando las cosas se hacían). Estaba allí Yahvé (allí estaba yo) dirigiendo el curso de los acontecimientos, de modo que le pudieran conocer. La frase final: Y ahora Yahvé me ha enviado con su espíritu (15b), parece ser una declaración del profeta para confirmar su misión 9.
Utilidad de la ley del Señor (17-19)
17 Así habla Yahvé, tu redentor, el Santo de Israel: Yo soy Yahvé, tu Dios, que para utilidad tuya te enseña y te pone en el camino que has de seguir. 18 ¡Ahí, si hubieses atendido a mis mandamientos, tu paz sería como un río, y tu justicia como las olas del mar. 19 Y sería como arena tu simiente, y los frutos de tus entrañas como sus granos 10, y no sería extirpado ni exterminado tu nombre delante de mí11.

El profeta hace ver a Israel, en un tono desilusionado, que la conducta de Israel ha sido decepcionante para Yahvé (cf. Sal 81:13-16). Si hubiera sido fiel a su Dios, otro sería el panorama actual del pueblo elegido. Este tono triste del fragmento, poco en consonancia con el ambiente de liberación y de alegría que impera en este capítulo, y el hecho de que parece interrumpir el contexto de 12-16 (cuya continuación normal es 20-21), ha obligado a muchos autores a suponer que está desplazado de su lugar 12.
Dios ha adoctrinado a Israel para su utilidad (v.17), en cuanto que sus caminos conducen a la verdadera y única felicidad. Si Israel hubiera sido fiel a su vocación, siguiendo los preceptos del Señor, su paz sería como un río (v.18), e.d., su estado de tranquilidad y bienestar sería tan abundante como un río, en contraposición a los torrentes intermitentes de Palestina, que sólo en determinadas épocas llevan caudal, y éste escaso. La paz en Israel ha sido tan rara como las aguas en estos wadys circunstanciales. También su justicia sería tan desbordante como las olas del mar (v.18): habría un reino de equidad sobreabundante, que daría por fruto un completo bienestar. Por otra parte, la descendencia de Israel se multiplicaría como arena (v.19), y Dios no lo habría sometido a la prueba del exilio, en la que estuvo a punto de ser extirpado y exterminado (v.19).
Invitación a los israelitas para que salgan de Babilonia (20-22)
20 Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos, con gritos de exultación anunciad, proclamad esto, publicadlo hasta los confines de la tierra; decid: Rescató Yahvé a su siervo Jacob. 21 No tendrán sed en el desierto por el cual los guía; hará que broten para ellos aguas de la roca, abrirá la peña y brotarán las aguas. 22 Pero no hay paz para los malvados, dice Yahvé.

Ha llegado el momento de la liberación, y por eso el profeta invita a los cautivos a que abandonen la capital de sus opresores, y todo ha sido obra de Yahvé: Rescató Yahvé a su siervo Jacob (v.20). Y el Señor mismo les acompañará en su viaje por el desierto (v.21), para que no se vean sometidos a la sed abrasadora. La nueva liberación se describe en los mismos términos que la tradicional del Éxodo (Ex 17:6; Núm 20:11); de nuevo Yahvé hará brotar aguas de la roca.
La terminación: no hay paz para los malvados (v.22), parece ser una glosa posterior, tomada de 57:21, donde encuentra su contexto. Es una fórmula estereotipada, que bien pudo servir al copista para marcar la final de una sección en esta segunda parte del libro de Isaías.

1 El texto hebreo dice literalmente "aguas de Judá" (quizá aludiendo al semen húmedo fecundante); pero una ligerísima corrección nos da entrañas, que se adapta perfectamente al contexto. — 2 Cf. 42:9; 43:12; 44:8. — 3 Cf. Ez 3:7; Is 6:10; Ex 32:9; Dt 9:6.13, etc. — 4 Ex 32:9; Dt 9:6. — 5 Cf. Ez 3:7s. — 6 Los LXX leen: "no he abierto tu oído." — 7 Los LXX intercalan "mi nombre." — 8 Los LXX omiten Yahvé. — 9 No pocos autores consideran esta frase como glosa posterior. Condamin corrige el texto y traduce: "y yo le envío con su espíritu." En ese caso, el que hablaría sería Yahvé a propósito de Ciro, su enviado. — 10 La palabra que traducimos por granos es de sentido incierto en el hebreo. Los LXX traducen "como polvo de la tierra." — 11 Con los LXX hemos preferido la lectura "tu nombre," en vez de "su nombre" del texto masorético, porque está más en conformidad con el contexto. — 12 Condamin pone los v.20-21 después de 52:10.
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