54. Gloria de la Nueva Sión
De nuevo se continúan los oráculos de consolación comenzados en el c.49, y que han quedado interrumpidos por los poemas sobre el Sierro de Yahvé! Se describe la gloria de la futura Jerusalén, que antes ha sido como una mujer estéril y ahora va a tener numerosísima prole. Sus confines serán estrechos para encerrar a los nuevos ciudadanos. Dios se encargará de la restauración de Sión, sellando un nuevo pacto y haciéndola olvidar los días tristes pasados, llenos de ignominia. Ha llegado la hora de la reconciliación definitiva y esperada. Los enemigos se avergonzarán al ver la futura gloria de Sión rebosante de ciudadanos.
Jerusalén, fecunda en hijos y confiada en Yahvé (1-5)
1 Regocíjate, estéril, que no has parido; entona un grito de alegría y exulta, tú que no has estado de parto. Porque los hijos de la abandonada son más numerosos que los hijos de la casada, dice Yahvé. 2 Ensancha el espacio de tu tienda, extiende las lonas de tus moradas, no te cohibas, alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas, 3 porque te extenderás a derecha e izquierda, y tu descendencia poseerá las naciones y poblará las ciudades desiertas. 4 Nada temas, que no serás confundida; no te avergüences, que no serás afrentada. Porque te olvidarás de la vergüenza de tu juventud y no volverás a recordar el oprobio de tu viudez. 5 Porque tu marido es tu Hacedor; Yahvé de los ejércitos es su nombre, y tu Redentor es el Santo de Israel, que es el Dios del mundo todo.
La situación de Jerusalén va a cambiar radicalmente del estado de duelo al de alegría desbordada; por ello, el profeta invita a Sión a exultar por la nueva situación de triunfo y de bienestar. Hasta ahora Sión ha sido como una mujer estéril, ya que durante su cautividad no ha dado hijos como nación (cf. 49:21). El profeta contrapone la nueva situación de Sión abandonada (v.1) durante el exilio y la de la misma antes de la cautividad, en que vivía como casada, e.d., bajo la protección de Yahvé, su marido. En realidad va a venir una época en que Sión, ahora abandonada, va a tener más hijos que antes del exilio, en que estaba casada. San Pablo aplica estas palabras a la nueva Jerusalén espiritual, la Iglesia, en contraposición a la carnal y terrestre del Israel histórico (Gal 4:27).
La situación va a ser tan espléndida, que los muros históricos de Sión serán incapaces para contener la muchedumbre de hijos que le van a venir; por eso se la invita a ensanchar el espacio de su tienda (v.2), pues se desbordarán sus más halagüeñas esperanzas: no te cohibas, alarga tus cuerdas para que estén en tensión las lonas de la tienda, lo que exige el refuerzo de las estacas de la misma. Jerusalén se ensanchará a derecha y a izquierda (ν.3) para dar cabida a sus innumerables hijos, extendiendo, por otra parte, su influencia dominadora sobre las naciones.
Ha pasado ya la época de la ignominia y de la opresión, y se abre una nueva era, basada en una nueva alianza con Yahvé; por eso el profeta invita a Jerusalén a desechar todo temor: nada temas, que no serás confundida (v.4). Los tiempos de opresión y de oprobio ya han pasado definitivamente, y en su nueva situación no se acordará ya de la vergüenza de su juventud (v.4), e.d., de los tiempos en que fue oprimida en Egipto al comenzar a existir como nación y después en sus tiempos de vida precaria histórica en Ganaán, presa de todas las invasiones egipcias y asiro-babilónicas; y tampoco se acordará del oprobio de su viudez (v.4), de la época ignominiosa del destierro, en que se sentía como viuda y abandonada. En Ez 16 se dan detalles de la situación en que se encontraba Israel cuando fue adoptada por Dios como pueblo, después de haber sido ultrajada y violada por los otros pueblos. Esta vergüenza de su juventud desaparecerá totalmente. Y garantía de ello será el que su marido es el Hacedor (ν.6). Es la mejor prenda de su liberación. Israel como pueblo es fruto de la obra de Yahvé al escogerlo y modelarlo conforme a su beneplácito. Por otra parte, no sólo es Señor de sus destinos, sino que domina toda la naturaleza y es el Señor de todos los seres, que se mueven a sus órdenes como un ejército disciplinado: Yahvé de los ejércitos es su nombre (ν.6). Además, es su Redentor o valedor de sus derechos (cf. 41:14) en todos los momentos críticos de su historia.
Fidelidad de Yahvé para con Sión (6-10)
6 Como mujer abandonada y desolada de espíritu, te ha llamado Yahvé. Y la esposa déla juventud, ¿podrá ser repudiada? dice tu Dios. 7 Por un breve momento te abandoné, pero con gran misericordia te recojo. 8 En un rapto de cólera oculté de ti un instante mi rostro, pero con amor eterno me apiadé de ti, dice Yahvé, tu Redentor. 9 Me sucede como en los días de Noé2, cuando juré que las aguas de Noé no inundarían más la tierra. Así juro yo no enojarme contra ti ni amenazarte. 10 Que se retiren los montes, que tiemblen los collados, no se apartará de ti mi amor, ni mi alianza de paz vacilará, dice el que se apiada de ti, Yahvé.
El Dios de Sión contrapone dos situaciones del pueblo elegido. Este ha sido considerado por algún tiempo como mujer abandonada y desolada (v.6); es decir, sin ser repudiada formalmente, ha sido postergada por el marido, por no sentir afecto hacia ella, lo que producía en ella una desolación de espíritu, o pusilanimidad y melancolía. Pero el esposo de nuevo se acuerda de ella, y la llama cariñosamente: te ha llamado Yahvé (v.6). En realidad, Sión debe estar segura del amor de su Dios, pues no es una esposa advenediza, sino que ha participado de las primicias del amor de Yahvé; es la esposa de la juventud (v.6), que nunca puede ser abandonada, ya que evoca en el esposo sus primeros amores más tiernos y puros.
Israel ha sido elegida por Yahvé en el desierto con preferencia a otros pueblos por sólo su voluntad gratuita. Por eso Israel no puede ser repudiada (v.6) definitivamente. El abandono del esposo ha sido momentáneo: por un breve momento (ν.7), el tiempo de la cautividad, que es breve en comparación con la duración del amor eterno de Yahvé para con Sión. Yahvé dice que ha sido en un rapto de cólera (v.8), como consecuencia de sus infidelidades, por lo que ha ocultado su rostro, e.d., se ha alejado de ella. Pero a esta impresión pasajera de mal humor se ha sobrepuesto el amor eterno (v.8), que ha hecho se apiadara de ella abandonada. El profeta presenta aquí las alternativas del enojo y amor divinos al modo humano. En la literatura profética se ensalza mucho este carácter amoroso de Dios para con su pueblo pecador, pues lo que diferencia al Dios del hombre es su amor. Y la razón de ese amor eterno es porque Yahvé es el Redentor (v.8), o valedor de los derechos de Israel, su abogado oficial, su go'el, o encargado oficial de protegerle. Signo de que esta reconciliación con Israel es permanente y definitiva es el juramento que hace Yahvé (v.8), aludiendo al otro juramento hecho después del diluvio universal 3 de no anegar más la tierra. La hora del enojo ya ha pasado, y las amenazas lanzadas contra el pueblo escogido se han cumplido con la cautividad. En adelante se establecerá un pacto de amistad inconmovible, más firme que los mismos montes y collados, cuya estabilidad era proverbial: que se retiren los montes (v.9), figura retórica concesiva, equivalente a aunque los montes pierdan su estabilidad tradicional, el nuevo pacto de Yahvé con Sión permanecerá para siempre4: ni mi alianza de paz vacilará (v.10). Fruto de ese pacto será un nuevo orden de cosas definitivo y estable, fundado en Injusticia (v.14).
La nueva Jerusalén, inexpugnable (11-17)
11 ¡Pobrecita, azotada por la tempestad, sin consuelo! He aquí que voy a poner tus piedras de jaspe 5, y tus cimientos de zafiro. 12 Te haré almenas de rubí y puertas de carbunclo, y toda tu cerca de piedras preciosas. 13 Y todos tus hijos serán adoctrinados por Yahvé, y grande será la paz de tus hijos. 14 Serás fundada sobre la justicia, estarás lejos de opresión, pues no habrás de temer, y del terror, pues no se te acercará. 15 Si te atacare alguno, no será de parte mía, y quien te ataque caerá ante ti. 16 He aquí que yo he hecho al herrero, que sopla el fuego de las brasas y forja armas según su oficio; también he hecho yo al destructor para aniquilar. 17 Toda arma forjada contra ti no prosperará, y a toda lengua que contra ti se alce en juicio, condenarás. Tal es la heredad de los servidores de Yahvé y la justicia que de mí les vendrá, oráculo de Yahvé.
Yahvé, movido de la triste situación en que se halla Sión, anuncia un futuro glorioso para ella, describiéndola como una ciudadela cuyas murallas están cimentadas y formadas con toda clase de piedras preciosas. La imaginación oriental del profeta no pudo encontrar mejores símiles para ponderar la futura magnificencia de Sión, fundada sobre la justicia (v.14). A través de todas estas imágenes materiales debemos captar el mensaje profundo de las palabras del profeta. La futura restauración y alianza con Yahvé se basará en unas relaciones cordiales entre ambas partes contratantes, como consecuencia del cumplimiento, por parte de Sión, de los postulados de justicia y de amor para con Yahvé. Las virtudes morales serán la base de la nueva teocracia que surgirá después de la prueba de la cautividad. Esto es un tópico en la literatura profética. El autor del Apocalipsis recogerá estas imágenes de pedrería para describir la futura Jerusalén celestial 6. Hay una continuidad literaria entre ambas descripciones, y una continuidad conceptual en el contenido religioso de ambas. La "nueva Jerusalén" celeste de San Juan será una sublimación de la "nueva Jerusalén" del libro de Isaías.
La paz de la futura teocracia se basará en que todos sus hijos serán adoctrinados por Yahvé (ν.13). Los nuevos ciudadanos de Siσn tendrán una profunda conciencia de su vinculación a Yahvé, que los ha adoctrinado, y de sus deberes ético-religiosos, y de ahí surgirá la paz ansiada, basada en la rectitud moral o justicia (v. 14), que será el fundamento real de la nueva Sión. Como consecuencia del cumplimiento de sus deberes por parte de sus hijos, Sión se verá libre de toda opresión y terror (v.14), e.d., libre de las intervenciones de la mano justiciera de Dios, que castiga a su pueblo cuando es transgresor de sus mandamientos sagrados.
Si alguno se atreviera a atacarlo, no sería, como antes, de parte de Yahvé: no es de parte mía (v.15). Los asirios y babilonios, que habían llevado en cautividad a Israel, eran en realidad instrumentos de la justicia divina para castigar las infidelidades del pueblo elegido; por eso eran realmente enviados por Yahvé, y precisamente por esto lograban vencer al pueblo de Dios; en adelante no será así, pues quien ataque a Israel será por su propia iniciativa, y, en consecuencia, tendrá que enfrentarse con el poder de Yahvé, que protege a su pueblo: quien te ataque caerá ante ti (v.15).
En realidad, todo está en manos de Yahvé, ya que tanto el herrero que forja las armas (v. 16) como el que las maneja para sembrar la ruina en los ejércitos, el destructor para aniquilar (v.16), están sometidos a su imperio. Sión, pues, no debe temer, ya que El hará fracasar al industrial que fabrica las armas y al guerrero que las maneja.
No sólo Sión quedará indemne en el futuro de los ataques materiales de sus enemigos, sino que ni la afectarán las maquinaciones insidiosas de las acusaciones enemigas. Al fin triunfará judicialmente contra las acusaciones de sus enemigos (toda lengua que contra ti se alce enjuicio, v.17). Los servidores de Yahvé, o ciudadanos de la nueva teocracia, participarán así de una heredad preciosa, ya que ese estado de tranquilidad total será fruto de la justicia o salvación, que provendrá del mismo Yahvé7. Aunque el profeta piensa aquí sólo en los ciudadanos de la nueva Sión, sin mencionar a los otros pueblos, sin embargo, estas palabras no deben desconectarse de las otras promesas universalistas mesiánicas del mismo profeta. Por otra parte, no debemos perder de vista que nos hallamos aún en las perspectivas del Antiguo Testamento; en realidad, el cumplimiento de las palabras del profeta se dio en la nueva teocracia del Nuevo Testamento, en el "Israel de Dios," la Iglesia, que es la verdadera heredera de las promesas del Antiguo Testamento. Las frases sobre la desaparición de todo temor y angustia en la nueva Sión son idealizaciones poéticas para ensalzar la profunda confianza que tendrán los nuevos ciudadanos en Yahvé, que será su protector.
1 Cf. Is 50:4-11; 52:13-53:12. — 2 Lit. el TM lee "porque las aguas de Noé," como en el versículo siguiente. Con el Targum y la Vg. hemos leído como los días; así la Bib. de Jér. — 3 En Gen 8:20-22 no se dice expresamente que Yahvé haya pronunciado un juramento de no anegar la tierra de nuevo, pero se afirma que no lo hará, afirmación que en el contexto tiene la virtud de un juramento. — 4 Cf. Jer 31:3555; 33:2055; Sal 46:25; Ez 34:25; 37:26; Mal 2:5. Sobre el "amor eterno" de Yahvé para con su pueblo, cf., además, Dt 4:37; 7:4; 10:15; Is 43:4; Os 1:6; 2:3.25; Jer 31:20; Ez 16:8.60; Is 02:4; cf. 1 Jn 4:10; Rom 11:9. — 5 El texto hebreo lee "antimonio." Los LXX leen "malaquita." La palabra hebrea es de sentido dudoso. — 6 Cf. Ap c.21.
55. Invitación a volver a Yahvé.
El profeta invita a todos los que se sientan necesitados a dirigirse a Yahvé, que les colmará en todo. Sólo se exige como condición para incorporarse a la nueva comunidad mesiánica, en la que se cumplirán las promesas hechas a David, la obediencia y fidelidad a Yahvé.
Llamada a los sedientos y hambrientos (1-5)
1 ¡Oh vosotros los sedientos, venid a las aguas, aun los que no tenéis dinero! Venid, comprad y comed; venid, comprad sin dinero, sin pagar, vino y leche. 2¿A qué gastar vuestro dinero no en pan, y vuestro trabajo no en hartura? Escuchadme y comeréis lo bueno y os deleitaréis con manjares suculentos. 3 Dadme oídos y venid a mí, escuchadme y vivirá vuestra alma, y haré con vosotros un pacto sempiterno, el de las firmes misericordias de David. 4 De él he hecho un testimonio para las gentes, un jefe y maestro de los pueblos, 5 He aquí que llamarás a pueblos que te son desconocidos, y pueblos que no te conocen correrán a ti i por Yahvé, tu Dios; por el Santo de Israel, que te glorifica.
La invitación se dirige a todos los que padecen alguna necesidad. En el fondo, el profeta piensa en las necesidades y angustias morales de su pueblo, simbolizadas en las necesidades más perentorias humanas, de comer y beber. Todos están invitados a formar parte de la nueva comunidad mesiánica, aun los desprovistos de todo bien material (v.1). Por otra parte, el profeta invita, en nombre de Dios, a que busquen los verdaderos bienes que sacian el alma, y no los materiales: ¿a qué gastar vuestro dinero no en pan? (v.2); e.d., ¿para qué andar tras de cosas baladíes, que no proporcionan felicidad al hombre, dejando los valores ético-religiosos, que son como el pan insustituible para comer y que da verdaderamente hartura? (v.2). Si los hambrientos y sedientos se acercan a Dios con sinceridad y docilidad (dadme oídos, ν.3), entonces surgirá un nuevo pacto sempiterno (v.3), continuación del de las firmes misericordias de David (ν.3), el de las promesas hechas a David sobre la permanencia de su dinastνa y la protección que sobre su casa dispensaría a través de todos los tiempos1. David ha quedado como un testimonio para las gentes (v.4), en cuanto simboliza a su pueblo, objeto de las bendiciones divinas, que aquí se prometen como eternas, y a la vez es prototipo del futuro Mesías, nacido de su dinastía, que iba a ser realmente un jefe y maestro de pueblos (v.4). Las perspectivas histórica y futura se confunden, y el tipo y el antitipo se superponen en planos que se interfieren mutuamente. La idea mesiánica es una idea tan metida en la perspectiva profética, que instintivamente aflora de modo inesperado en cualquier versículo. La idea de un pacto eterno con la futura comunidad de Sión trae a la memoria del profeta el pacto hecho por Dios con David, cuya continuación iba a ser el ahora anunciado.
Después de proyectarse sobre la figura histórica de David, como tipo del Mesías, el profeta vuelve a dirigirse al pueblo israelita, que se verá acrecentado por pueblos que te son desconocidos (v.5). De nuevo los vislumbres mesiánicos universalistas, que aparecen entreverados en los escritos proféticos 2. El profeta, al hablar del "Santo de Israel" (v.5), quiere recordar a su pueblo la alta vocación a que ha sido llamado, por la que está muy por encima de los otros pueblos, pues ésta exige santidad de costumbres y de vida en conformidad con "el Santo," que es su Dios protector: "sed santos como yo soy santo" 3, había dicho Dios en el desierto, haciendo una llamada al pueblo para que se elevara en sus puntos de vista y viviera con la conciencia de estar en una atmósfera santa, con todas sus exigencias y riesgos, ya que la santidad de Yahvé, ofendida, exige satisfacción justiciera contra el pueblo ingrato prevaricador.
El tiempo de la reconciliación con Yahvé (6-11)
6 Buscad a Yahvé, mientras pueda ser hallado; llamadlo en tanto que está cerca. 7 Deje el impío sus caminos, y el malvado sus pensamientos, y vuélvase a Yahvé, que tendrá de él misericordia; \ a nuestro Dios, que es rico en perdones. 8 Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni mis caminos son vuestros caminos, dice Yahvé. 9 Cuanto son los cielos más altos que la tierra, tanto están mis caminos por encima de los vuestros, y por encima de los vuestros mis pensamientos, 10 Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y 110 vuelven allá sin haber empapado y fecundado la tierra y haberla hecho germinar, dando la simiente para sembrar y el pan para comer, 11 así la boca que sale de mi boca no vuelve a mí vacía, sino que hace lo que yo quiero y cumple su misión.
Ante la glorificación próxima de Israel, se anuncia un período de gracia y de reconciliación. Puesto que Dios se apresta a inaugurar una era de justicia y salvación para Sión, deben todos prepararse para acercarse a El, ya que ofrece la gracia y el perdón. Desaprovechar la ocasión es llegar demasiado tarde. Yahvé está ahora cerca (v.6), y es preciso aprovecharse de su presencia. Es el tiempo propicio para la salvación; por eso deben obviarse todos los obstáculos que puedan oponerse a esa efusión del perdón divino: los impíos deben dejar sus caminos (v.7). Dios está dispuesto a recibirlos con tal de que se vuelvan a El, que es rico en perdones (ν.7). Y la razσn de esta magnanimidad divina radica en que sus pensamientos y caminos (v.8) son de todo punto diferentes de los cálculos y módulos de los hombres. Dios planea con su inteligencia sobre la historia, y sus designios misteriosos están fuera de todo cálculo estrecho humano. Por eso, en su misericordia, se extiende a todos los que de buena voluntad quieran acercarse a El. Los designios de redención están fuera de toda comprensión humana 4.
Y este designio redentivo sobre todos se expresa por la palabra de Yahvé (v.10), cuya eficacia es tan manifiesta como la de la lluvia, que empapa la tierra haciéndola fructificar. Siguiendo la mentalidad popular, supone que la lluvia proviene realmente de los cielos. Precisamente este origen superior le da pie para la comparación con la palabra que sale de la boca de Dios. Aunque la eficacia inmediata de la lluvia no es perceptible, sin embargo, a la larga da simiente para sembrar y pan para comer (v.10); así la palabra divina no vuelve vacía (v.10), sino fructifica, plasmando sus designios de salvación. La imagen parece ser la de un dependiente que sale a cumplir una misión y vuelve a su superior a comunicar que se ha cumplido la misión (no vuelve a mí vacía, v.11). Aquí palabra es el designio de salvación de Dios, que no queda burlado 5.
El retorno glorioso (12-13)
12 Sí, partiréis con regocijo y seréis conducidos en paz. Montes y collados prorrumpirán en gritos de júbilo ante vosotros, y todos los árboles del campo batirán palmas. 13 En vez de los espinos crecerá el ciprés; en vez de las ortigas, el mirto. Y servirá esto de renombre a Yahvé, de señal eterna, imperecedera.
El profeta se transporta en espíritu para contemplar el solemne cortejo de los que vuelven de la cautividad. También aquí, como en otros lugares, aparece el tópico poético de la transformación de la naturaleza para hacer más grandiosa la comitiva de retorno. Los cautivos serán conducidos en paz (v.12), libres de todo temor a ser invadidos como las ovejas bajo la solicitud del pastor 6. Y la naturaleza (montes y collados) se asociará a este retorno triunfal: todos los árboles batirán palmas, Y este hecho del retorno triunfal del pueblo de la cautividad con transformaciones milagrosas de la naturaleza servirá de renombre a Yahvé (ν.13); como los milagros del Ιxodo y la protección especial que Yahvé dispensó a su pueblo durante la peregrinación por el desierto, al salir de Egipto, quedaron en la memoria del pueblo como un monumento perenne de gratitud, así la nueva liberación de la cautividad servirá de señal eterna, imperecedera (v. 13). Con estas palabras se cierra este libro de consolación que se abre en el c.4o, y a cuyo principio hace alusión. Aquellas palabras enternecedoras: "consolad, consolad a mi pueblo," de 40,1, tienen un digno colofón en esta descripción del retorno glorioso y triunfal del pueblo de la cautividad. Se ha cerrado la etapa del duelo para abrirse la de la esperanza y de la gloriñcación.
1 Cf. 2 Sam 7:11-16. — 2 Cf. Is 2:2-4. — 3 Cf. Lev 20:26; 21:8. — 4 Cf. Jer 29:11. — 5 Cf. Is 40,8. — 6 Cf. Is 40,11;52:12.
Capítulos 56-66
La Nueva Etapa Gloriosa
La perspectiva se alarga, y parece que el autor se mueve en nuevos horizontes históricos. Ya no padece la obsesión de la liberación de la cautividad, con el consiguiente castigo de los enemigos políticos de Sión, los babilonios. El profeta parece que contempla ya al pueblo establecido en la tierra de Israel, y toda su preocupación es la de purificar los miembros de la nueva teocracia que se está alumbrando. El profeta no se dirige, pues, a los cautivos de Babilonia, sino a los ciudadanos de Israel que son infieles a Yahvé. Ya no se menciona la liberación ni el retorno. En los capítulos 40-55 se describían con expresiones líricas hiperbólicas las condiciones placenteras de la nueva era inaugurada después del retorno del exilio. Aquí, en los capítulos que siguen (56-66), hay un dejo de amargura al constatar que la nueva comunidad no es totalmente fiel a Yahvé.
Por la historia sabemos las condiciones precarias en que se hallaban los que habían retornado de la cautividad y el carácter modesto de su retorno. Los jefes, Zorobabel y Nehemías, tuvieron que luchar mucho por conservar la pureza de costumbres entre los repatriados. De nuevo reaparecieron los antiguos vicios, y el profeta en estos capítulos habla de la opresión de los pobres por parte de la clase directora. Al mismo tiempo rebrotaron los cultos paganos con todas sus bajezas l. Además había cierta dependencia de opresores extranjeros, y Jerusalén era como una ciudad en ruinas abandonada2. La vida de sus moradores estaba expuesta a las incursiones de los enemigos, que los despojaban del fruto de su trabajo.
El profeta fustiga los vicios, pero al mismo tiempo, como antídoto de la situación, presenta el cuadro de la gloria esplendorosa futura de Jerusalén, en la que reinarán la justicia y la rectitud de sus moradores, siendo la admiración de los gentiles. De nuevo la imaginación desbordada poética desorbita las condiciones materiales de la nueva teocracia para excitar más las esperanzas mesiánicas.
Como nota preliminar, podemos decir que no existe un orden cronológico ni lógico en la distribución de los diversos oráculos de esta tercera parte de Isaías. La generalidad de los comentarista considera como autor de estos capítulos a un profeta anónimo que habría vivido en los tiempos de Nehemías, hacia mitad del siglo V.
1 Cf. Is 58:335; 59:13-15; 57:5ss; 65:11; 66:3.17 — 2 Is 62:10.14; 61:4; 62:85.
Capítulo 56
Invitación a la rectitud (1-2)
1 Así dice Yahvé: Guardad el derecho, practicad la justicia, que pronto va a venir mi salvación y a revelarse mi justicia. 2 Bienaventurado el varón que esto hiciere, y el hijo del hombre que a ello se asiere, y que guarde el sábado sin profanarlo y guarde sus manos de toda obra mala.
Estos dos versículos parecen tener un carácter de introducción, y en ellos se exhorta de modo general a la práctica del bien, a guardar el derecho (v.1), constituido por el conjunto de normas jurídicas por las que se debe ajustar la conducta del hombre, y el fruto del cumplimiento de estas normas es "la justicia."
En Israel, el derecho era el conjunto de leyes mosaicas que presidían la vida religiosa y social de la nación teocrática. La justicia que aquí va a revelarse es sinónima de salvación, la cual se llama justa en cuanto que es la realización de las promesas hechas por Dios. Por eso, en la literatura profética, frecuentemente justicia es sinónima de salvación, sobre todo cuando se hallan en paralelismo sinónimo.
La inminencia y realidad de esta salvación hace prorrumpir al profeta en una frase que tiene el aire de un salmo: Bienaventurado. (v.2). No se pone más condición para el que quiera participar de esta situación de la era de salvación que el cumplimiento de los valores éticos y la incorporación a la comunidad de fieles adoradores de Yahvé. Junto a la rectitud y la justicia se exige el cumplimiento del descanso sabático, considerado en la legislación mosaica como ley fundamental y característica de la teocracia hebrea1, y que era el signo externo, junto con la circuncisión, de la fidelidad a la ley tradicional. En la época de Cristo, la observancia del sábado era de capital importancia en los medios religiosos selectos de Israel. Cristo tuvo que luchar contra la exagerada observancia del sábado en perjuicio de otros principios éticos 2.
Invitación a los prosélitos y locos (3-7)
3 Que no diga el extranjero allegado a Yahvé: "Ciertamente me va a excluir Yahvé de su pueblo," Que no diga el eunuco: "Yo soy un árbol seco." 4 Porque así dice Yahvé a los eunucos que guardan mis sábados, y eligen lo que me es grato, y se adhieren firmemente a mi pacto: 5 Yo les daré en mi casa, dentro de mis muros, poder y nombre mejor que hijos e hijas. Yo les daré un nombre eterno, que no se borrará, 6 Y a los extranjeros allegados a Yahvé, para servirle y amar su nombre, para ser sus servidores, a todo el que guarda el sábado sin profanarlo y se adhiere firmemente a mi pacto, 7 yo les llevaré a mi monte santo, y los recrearé en mi casa de oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.
Para recalcar la universalidad de esta invitación a formar parte de la nueva comunidad teocrática, el profeta afirma categóricamente que hasta los que ahora son considerados como ciudadanos de segundo orden, como el extranjero, prosélito, y el eunuco, despreciado de todos por no tener descendencia, tendrán acceso al nuevo orden de cosas. Sólo se exigirá fidelidad religiosa y moral y cumplimiento de la ley tradicional israelita, simbolizada en la obligación de observar el sábado (v.4).
Aquí se trata del extranjero allegado a Yahvé (v.5), o prosélito, que vivía incorporado de algún modo al pueblo elegido. Ya en la época del desierto fueron admitidos como ciudadanos de segundo orden gentes procedentes de tribus sinaíticas que habían tenido relaciones con Israel 2. A los egipcios y edomitas se les permitía expresamente incorporarse plenamente a la comunidad israelita en la tercera generación 3; en cambio, a los moabitas y amonitas se los excluía perpetuamente.
La grandiosidad de la futura era gloriosa teocrática presentada a los moradores de Sión hacía temblar a los prosélitos y ciudadanos de segundo orden, como los eunucos: Me va a excluir Yahvé de su pueblo, dirían aquéllos, y a su vez éstos, avergonzados de su situación humillante, dirían descorazonados: 503; un árbol seco (v.3). En Dt 23:1 se excluye expresamente a los eunucos de la participación de la ciudadanía israelita. El eunuco era un árbol seco, ya que no podía aspirar a ser padre de familia, y, por tanto, a tener la gloria de que sus hijos asistieran un día a la espléndida manifestación mesiánica. Pero también para éstos llega el momento de la redención de su condición social si guardan los sábados y eligen lo que es grato (v.4), adhiriéndose al pacto de Yahvé4. Dios les dará poder y nombre mejor que hijos e hijas (ν.6), y todo esto dentro del templo (mi casa, dentro de mis muros, ν.6). Su memoria permanecerá, porque Yahvé se encargará de recordarle en su templo ante todos y con todos los honores. Muchos autores traducen "les daré un monumento y un nombre dentro de mi casa" (v.21), aludiendo a un simbólico monumento dentro del mismo templo al estilo de las masebah o estelas funerarias que erigían los fenicios para que su recuerdo permaneciera entre los vivos. En todo caso, esto es un lenguaje figurado para expresar el honor en que han de estar hasta los eunucos en la nueva teocracia si cumplen sus deberes religiosos y litúrgicos. Yahvé se encargará de darles un nombre eterno (v.5), que les otorgará más gloria que los hijos e hijas que pudieran tener, compensando de algún modo su irremediable esterilidad y la afrenta que ello suponía entre los israelitas.
Y a los extranjeros allegados a Yahvé, o prosélitos, se les promete confiarles algo más que los simples servicios domésticos5; se les promete el acceso, con plena participación, en los actos de culto: los llevaré a mi monte santo y les recrearé en mi casa de oración, aceptando sus sacrificios y holocaustos en plan de igualdad con los otros fieles israelitas. Sólo se les pide que amen su nombre (v.6), es decir, que reconozcan la grandeza de Yahvé y la proclamen en los actos solemnes del culto.
Por fin, se promete lo mismo a todo el que guarde el sábado (v.6), sin restricción de ningún género. Yahvé, pues, no hace distinción de clases sociales, ni siquiera de pueblos, ya que todos están invitados a participar de su manifestación gloriosa en el monte santo (ν.7), Siσn, centro de la nueva teocracia mesiánica. Sólo exige entrega sincera de los corazones y fidelidad a sus mandamientos, expresión de su pacto (v.6) o alianza con su pueblo, renovada en la era mesiánica. Es interesante constatar que no se pone como condición para pertenecer a la nueva comunidad mesiánica el rito de la "circuncisión," del que estaban excluidos los prosélitos y demás extranjeros y ciudadanos de segundo orden, como los eunucos. El signo de pertenencia a la nueva teocracia es el cumplimiento del sábado, que estaba al alcance de todos y era exigido por la antigua legislación mosaica 6.
El templo es llamado casa de oración (v.7), como lo proclamó Salomón el día de su inauguración 7.
Los malos pastores de Israel (8-12)
8 Oráculo del Señor, Yahvé, que reúne los dispersos de Israel: A los reunidos yo allegaré otros. 9 Todas las bestias del campo, venid a córner; todas las fieras de la selva. 10 Mis guardianes son ciegos todos8, no entienden nada. Todos son perros mudos, que no pueden ladrar; soñadores, se acuestan, son amigos de dormir. 11 Son perros voraces, insaciables; son pastores que no entienden, siguen cada uno su camino, cada cual busca su interés. 12 Venid, voy en busca de vino, y nos embriagaremos de licores, y mañana será como hoy, día grande, muy grande.
El v.8 comprende un oráculo que en realidad puede considerarse como una recapitulación de los precedentes. Dios quiere que a los reunidos de Israel (v.8) se alleguen otros, los prosélitos y demás que cumplan sus mandamientos. Los reunidos son los israelitas vueltos de la cautividad, a los que se juntarán otros para que participen de la nueva era mesiánica.
Pueden considerarse también estas palabras como introducción a lo que sigue: Israel constituye un rebaño con los reunidos o repatriados del exilio, pero tienen malos pastores, y ahora va a caracterizarlos con los peores colores. El estado aquí reflejado es muy similar a lo que nos dicen Malaquías y Nehemías. Parece, pues, el mismo ambiente histórico. En aquel estado de miseria y abandono de la agricultura que caracterizó los años que siguieron al exilio, las bestias del campo (v.9) y alimañas infestaban el país. Por otra parte, la situación de los pobres israelitas es muy precaria a causa del abandono en que los tienen los pastores (v.10); de ahí que el profeta, inspirado en la situación reinante, invite a las bestias del campo a devastar el país. Quizá bestias del campo aquí tenga un sentido traslaticio, referido a los enemigos de Israel. La situación es tan caótica, que irónicamente invita a los enemigos de Israel a entrar a saco, pues la situación les es favorable, ya que los encargados de defender y guardar a Israel están ciegos, son perros mudos, que no pueden ladrar; amigos de dormir (v.10). La invitación a las bestias del campo (enemigos de Israel) a devorar el rebaño no ha de tomarse como un deseo, sino como frase irónica para reflejar un hecho, el del abandono en que se halla el pueblo, expuesto a todos los peligros 9. La clase directora de Israel, sacerdotes y funcionarios civiles 10, son indolentes y no se molestan en vigilar por los que están bajo ellos; no pueden ladrar denunciando los vicios del pueblo y conminando a los que abusan de la situación. Los profetas eran "centinelas" que tenían por oficio gritar y dar la voz de alerta u. Son soñadores, dispuestos a todo menos a cumplir su oficio, sumidos en la más soporífera indolencia. Por otra parte, sólo se preocupan de sus intereses 12, movidos de su voracidad insaciable. Son obtusos: no entienden (v.11), preocupándose sólo de lo que les agrada: sigue cada uno su camino. Su vida se consume en la vida epicúrea; por eso el profeta finge un coloquio entre ellos: Venid, voy en busca de vino. (v.12). En vez de preocuparse de los problemas de su pueblo, sólo piensan en festines y francachelas 13. Para ellos, toda la vida será un continuo banquetear: mañana sera como hoy, día grande sobremanera; es la mayor burla que se puede hacer a un pueblo hambriento y acosado por enemigos.
1 Cf. Ex Ao.Sss; Dt 5:1 As. — 2 Cf. Lev 13:10-17. — 2 Cf. Núm 24:21; Jue 1:26. — 3 Dt 23:8. — 4 En Realidad, La Palabra Yad, Que Traducimos Por Poder O Mano, Puede Tener El Sentido D" "Monumento" Funerario (Cf. 1 Sam 15:12; 2 Sam 18:18; Cf. Skinner, O.C., II 165; Con-Damin, O.C., P.302). — 5 Cf. Jos 9:21s; Esd 8:20; Neh 7:60. — 6 Cf. Ez 20:10; 31:15; Lev 16:31. — 7 1 Re 8:29; 41:43. El Señor recuerda este texto al expulsar a los vendedores (cf. Mt 21:13; Mc 11:17; Le 19:46). — 8 El texto masorético dice textualmente "sus guardianes." Con una ligera corrección se obtiene una lectura más adaptada al contexto. — 9 Cf. Jer 12:9; Ez 35:5-8. — 10 Cf. Jer 6:17; Ez 3:17; 33:2s. — 11 Cf. Is 58:1; Ez 33:15; 33:6. — 12 El final del v.11 y el v. 12 no están en los LXX. 13 Cf. Is 5:11; Miq 2; n.
57. Idolatrías de Israel.
Los justos, postergados (1-2)
1 El justo perece, y no hay quien pare mientes; desaparecen los piadosos, y no hay quien entienda que el justo es arrebatado ante el mal 2 para entrar en la paz. Descansan en sus lechos los que siguen su camino recto.
Estos dos versículos son una continuación de la historia contra los malos pastores del capítulo anterior. Como consecuencia del abandono de los jefes, los justos son postergados, y nadie repara en ellos, que van desapareciendo poco a poco, sin que haya nadie que entienda (v.1), e.d., que se dé cuenta de lo que esto significa para la comunidad israelita. En realidad, lo mejor de la sociedad son estos piadosos o Hassidim, que centraban su vida en torno a la ley de Dios. En la época posterior al exilio se organizaron en asociaciones, dando origen a los "fariseos" o "separados" puritanos, que pretendían llevar una vida más en consonancia con las tradiciones de los padres 1. El justo es arrebatado ante el mal (v.1), e.d., el justo se va mientras que el "mal" progresa y lo invade todo 2. Y el justo desaparece para entrar en la paz (v.2) del sepulcro, donde descansan en sus lechos mortuorios honrados con la memoria de todos. Aunque aquí no se aluda expresamente a una vida bonancible de ultratumba, sin embargo, acaso la incluya. En la época postexílica, la idea de la retribución en el más allá se fue esclareciendo, hasta culminar en la revelación del libro de la Sabiduría 3. La idea de paz relacionada con el sepulcro aparece en la literatura sapiencial y extrabíblica fenicia4. Un sepulcro honroso es ya, en la mentalidad del Antiguo Testamento, un premio para el justo y piadoso que sigue su camino recto (v.2), e.d., que lleva una conducta irreprochable conforme a la ley de Dios.
Invectivas contra los idólatras (3-5)
3 Acercaos, pues, vosotros, hijos de la bruja, generación de la adúltera y de la prostituta. 4 ¿De quién os burláis, a quien hacéis muecas y sacáis la lengua? ¿No sois vosotros hijos de pecado, raza de mentira? 5 Encendidos de concupiscencia bajo el terebinto y bajo todo árbol frondoso, sacrificando niños en el lecho de los torrentes, en los huecos de las peñas?
La invectiva es de lo más despiadada. ¿A quiénes se dirige? Quizá a los pastores indolentes, aunque las cosas que se afirman son demasiado fuertes aplicadas a ellos. Muchos creen que más bien se dirige a los samaritanos, enemigos de Judá, que en su religión estaban contaminados con prácticas idolátricas. Probablemente se refiere a un sector infiel de la población que seguía prácticas licenciosas paganas, a imitación de las antiguas prácticas idolátricas de la época preexílica. Se les llama hijos de la bruja porque se daban a prácticas supersticiosas (cf. 65:355). Y generación de la adúltera y de la prostituta, por sus prácticas idolátricas; la idolatría es llamada en el Antiguo Testamento adulterio. Algunos piensan que se refiere al carácter mixtificado de la religión de los samaritanos, en la que intervenían elementos yahvísticos, cananeos y asiro-babilónicos.
Parece que estos impíos despreciaban a los "piadosos" haciendo burla de ellos: ¿a quién hacéis muecas.? (v.4). En realidad, no tienen derecho a tomar esta actitud, pues son hijos de pecado, raza de mentira (v.4); sus obras son pecaminosas, y ellos mismos son falsos e infieles hacia Yahvé.
Y detalla los crímenes idolátricos que han cometido: encendidos de concupiscencia bajo el terebinto y bajo todo árbol frondoso (v.5); alusión a los cultos licenciosos que se hacían, por influencia cananea, bajo los "árboles," particularmente los terebintos, símbolos de la feracidad de la naturaleza, debido a una divinidad afrodisíaca relacionada con todo lo que fuera procreación. En esos cultos no faltaban las prostituciones sagradas aun entre personas del mismo sexo 5. Sacrificando niños en los lechos de los torrentes (ν.6): alusión a los sacrificios humanos, que por influencia moabita estuvieron bastante extendidos en la época de Acaz y otros reyes. La Biblia nos habla del "valle de los Bene Hinnom" ("gehenna" de la literatura rabínica posterior, al sudoeste de Jerusalén, en el actual Wady Ar-rababy), donde se practicaban estas abominaciones a Moloc 6. Por lo que aquí se dice, también se daban estas prácticas en otros lugares recónditos, como en los huecos de las peñas (v.5).
Elegía profética contra la idolatría (6-9)
6 Los lisos chinarros del torrente serán tu parte: he ahí tu porción. A ellos hiciste tus libaciones y elevaste ofrendas. ¿Me voy a consolar con eso ? 7 Sobre un monte alto, bien alto, pusiste tu cama; también subiste allí para sacrificar. 8 Detrás de la puerta y el umbral pusiste tu distintivo, pues, lejos de mí, te descubriste y subiste a tu lecho, lo ensanchaste y te prostituíste con aquellos cuyo comercio deseaste, compartiendo su lecho. Contemplaste la estela7, 9 corriendo a Moloc con ungüentos8, multiplicando tus unciones, enviando lejos tus embajadores, haciéndolos descender hasta el seol.
La invectiva se convierte en ironía. En efecto, los dioses de estos idólatras son los lisos chinarros del torrente, con los que forman sus estelas y monumentos. Ahí se termina la porción o heredad de ellos, mientras que la heredad de Israel fiel es Yahvé, Dios supremo de todo, que habita en los cielos 9. A esos ídolos formados con piedra del torrente han ofrecido libaciones y ofrendas, y esto es un insulto contra la majestad celosa de Yahvé: ¿me voy a consolar con eso? o mejor, ¿me voy a contentar con esto, sin enviar el debido castigo?
Y sigue declarando detalladamente las abominaciones de los idólatras: sobre un monte pusiste tu cama (ν.7); alusiσn a los cultos en los lugares altos, que tantas veces aparecen estigmatizados en la literatura profética10. La idolatría era comparada comúnmente a un acto de prostitución, en cuanto que era una infidelidad con Yahvé, esposo de Israel; por eso aquí, con todo detalle realista, se la describe al modo de una casa pública. En éstas no falta el distintivo a la puerta (v.8), indicando que era una casa de placer para atraer las miradas de los amantes.
Después especifica el profeta, ya en lenguaje no figurado, el sentido de esta prostitución espiritual: contemplaste la estela, e.d., dirigiste tus miradas de adoración al masebah, o estela erigida en honor de la divinidad extraña, como ocurría en los santuarios de Canaán y Fenicia. Los israelitas paganizantes de que aquí se habla se han apresurado a ir tras Moloc 11, dios sanguinario amonita, enviando sus embajadores, que aquí serían los niños sacrificados, enviados al seol o región de los muertos. Moloc era una divinidad subterránea, y por eso, sus víctimas habían de penetrar en las entrañas de la tierra, y todo esto acompañado de unciones.
Amenazas de Yahvé (10-13)
10 Por el largo viaje te fatigaste; no dijiste: Renuncio. Hallaste el vigor de tu mano; por eso no enfermaste. n ¿De quién temes, que te asustas, para renegar de mí, para no acordarte de mí ni hacerme caso? ¿No me he callado y he cerrado los ojos, y tú no me temiste? 12 Pues ahora voy a pregonar tu justicia y tus obras, que de nada te servirán. 13 Grita, que te salven tus ídolos. A todos los llevará el viento, un soplo los arrebatará. Pero el que en mí confía heredará la tierra y poseerá mi monte santo.
A pesar de estar fatigados de tanto caminar tras los ídolos (v.10), los israelitas son incapaces de darse por enterados, abriendo los ojos y diciendo que van a cambiar de conducta: Renuncio (v.10). Ese largo viaje idolátrico son las diversas formas de culto adoptadas. La frase hallaste el vigor de tu mano. (v.10) parece irónica: con tus adoraciones a los ídolos has obtenido de ellos vigor para tu cuerpo, y por ello no enfermaste o decaíste a pesar de tanto trajinar en ese largo viaje de ídolo en ídolo.
El tono de Yahvé parece cambiar ante tanto extravío alocado. Quizá los fomentadores de la idolatría lo hacen por miedo a los ídolos: ¿De quién temes.? (v.11). Los ídolos no son nada, y, por tanto, no deben temerles; por otra parte, no deben interpretar el mutismo de Yahvé como impotencia. Yahvé ha cerrado los ojos (ν. 11) momentαneamente, y los paganizantes creen que es porque no puede, y no temen: 3; tú no me temiste. La contraposición irónica está entre el ¿de quién temes? frente a los ídolos, y el no me temiste, frente a Yahvé, quien, por tanto, ha sido postergado en el culto. Consideran como más poderosos a los ídolos que el mismo Yahvé. Pero llega la hora de la cuenta, y Yahvé va a pregonar tu justicia (v. 12), en sentido irónico; e.d., Yahvé va a hacer públicas las obras de estos paganizantes con su pretendida conducta justa, y esas obras, descritas en 6-10, serán para ellos un baldón, por haber confiado en lo que no tiene valor; sus obras serán inútiles a la hora de la prueba.
Cuando llegue la hora del castigo, de nada les servirá gritar (v.13). Yahvé los deja en manos de los ídolos 12 en quienes confiaron. La ira divina los llevara como el viento. En contraposición a esta situación, los justos que confían en Yahvé recibirán por herencia la tierra, e.d., la Tierra Santa o Palestina, donde está enclavado el monte santo de Dios, Sión, centro de la teocracia israelita. Es la suerte contrapuesta en la literatura sapiencial de los justos y los pecadores: a aquéllos se les reservará una permanencia tranquila en el país de Yahvé, mientras que éstos serán llevados como paja empujada por el viento 13.
Poema de consolación (14-21)
14 Y se dirá: Abrid, abrid camino, allanadlo, quitad los tropiezos del camino de mi pueblo; 15 porque así dice el Altísimo, cuya morada es eterna y cuyo nombre es santo: Yo habito en un lugar elevado y santo, pero también con el contrito y humillado, para hacer revivir el espíritu de los humillados y reanimar los corazones contritos. 16 Pues yo no quiero estar siempre contendiendo, ni quiero estar siempre enojado, 1 porque sucumbiría ante mí todo espíritu y las almas que yo he creado. 17 Por la iniquidad de su avaricia yo me irrité14, y ocultándome, le castigué sañudo, y, rebelde, marchó por los caminos de su corazón. 18 Sus caminos los he visto yo, pero yo le sanaré, le conduciré15 y le consolaré a él y a sus afligidos, 19 haciendo que sus labios prorrumpan en acción de gracias16: Paz, paz al que está lejos y al que está cerca, dice Yahvé; yo le curaré. 20 Pero los impíos son como un mar proceloso, que no puede aquietarse y cuyas olas remueven cieno y lodo. 21 No hay paz, dice Yahvé, para los impíos.
A pesar de las graves acusaciones lanzadas contra los paganizantes, aquí de pronto aparece en toda su grandeza la magnanimidad divina, que quiere otorgar el perdón al contrito y humillado. Ha enviado un castigo, y ahora quiere curar a los que han sido afectados por él y se vuelven hacia Yahvé. Una voz anónima dará un grito de alerta ante la manifestación misericordiosa de Dios 17. En 40:3, un enviado encargado de preparar la marcha triunfal de Yahvé invitaba a la naturaleza a convertirse en una espléndida avenida para que pasara el cortejo triunfal de Yahvé con sus repatriados de Babilonia. Aquí los tropiezos del camino de mi pueblo (v.14) son los obstáculos morales que se oponen a esta manifestación salvadora de Yahvé. Es una invitación a la penitencia y al retorno a Dios. El oráculo va a proclamar una era de gracia, y con todo énfasis destaca que El que otorga el perdón es el que habita en un lugar elevado y es santo (v.15), Yahvé, que, a pesar de su trascendencia (santo en el A.T. sustancialmente equivale a "trascendente," "incontaminado," "aparte de todas las cosas") 18, se abaja al contrito y humillado, porque esta atmósfera de contrición y de humildad es la que debe respirar el hombre para acercarse a Dios. Sólo entonces la santidad de Dios puede entrar en relaciones con el pecador. Dios conoce el fondo frágil de los seres humanos, y por eso está dispuesto a perdonarles; de ahí que no quiere estar siempre contendiendo, ni enojado (v.16).
Una de las causas del enojo divino ha sido la desmesurada avaricia de los israelitas. Sabemos que, en la época de Nehemías y Esdras, la avaricia era el pecado más generalizado, pues hasta se escatimaban a Yahvé las víctimas de calidad para los sacrificios 19. Yahvé, por este estado de transgresión, ocultó su rostro, retirando su protección sobre su pueblo. Pero el pueblo judío siguió, rebelde, los caminos de su corazón (ν.17), e.d., sus sendas descarriadas, sin reconocer sus yerros.
Yahvé mismo fue testigo de sus caminos (v.18) o desvarios. Pero Dios reconoce que Israel, al obrar así, lo hace, más que por malicia, por enfermedad e inveterados usos; por eso, en vez de dejarlo abandonado a su suerte, como parece mereciera, lo atraeré, a sí, sanándole. como enfermo lo sanará (v.18) y como descarriado le conducirá (v.18), consolándole con la perspectiva de la salvación; por lo que prorrumpirá en un supremo himno de acción de gracias (v.19), con el tradicional grito de bienvenida y de alegría: Paz, paz (salom, salom, en lengua hebrea, que designa las palabras de saludo y al mismo tiempo refleja la máxima expresión de alegría), y esta paz es para el que está lejos (probablemente alusión a los que aún están exilados en Babilonia) y al que está cerca, instalado en Palestina.
Pero esta paz es sólo para los piadosos y rectos, ya que los impíos son por definición inquietos como el mar proceloso, que no puede aquietarse (v.20). En 48:22 encontramos la misma expresión: no hay paz para los malvados, que aquí encuentra su plena contraposición a la suerte de los piadosos (v.21).
1 En contraposición a los "fariseos" o "separados" estaba el vulgo, o "pueblo de la tierra" ('am haares). — 2 Algunos creen que aquí se trata de una gracia que hace el Señor al llevarse a los justos antes de que sobrevenga una calamidad inminente; en este caso sería una amonestación para los que quedaban aún expuestos a la misma. — 3 Cf. Sab3,i7. — 4 Cf. Job 3,i3ss; Ez 32:25. — 5 Cf. Os 4:13; Ez 6:13; Jer 2:20; 3:6; Dt 12:2; 1 Re 14:23. — 6 Cf. 2 Re 16:3; 21:6; 23:10; Jer 7:31; IQ,5; Ez 20,25; Dt 12:31. — 7 Lit. el hebreo dice "contemplaste la mano." Pero ya hemos visto que yad ("mano") puede tener el sentido de "estela" o monumento conmemorativo. — 8 El texto masorético dice "Melec rey," pero parece una mala puntuación. " Cf. Dt 4:10; Jer 10:16; Sal 16:5. — 10 Cf. Lev 26:30; Jer 19:5. — 1l Los que leen Melec creen que alude a los reyes extranjeros, egipcios o asirios, a los que habían enviado embajadores con perfumes para aliarse con ellos. — 12 La palabra heb. que traducimos por ídolos es oscura. Los LXX leen "en tu tribulación." — 13 Cf. Sal 1:3. — 14 Los LXX leen: "por el crimen un momento le moleste." — 15 El texto griego lee "le consolaré" en vez de conduciré. — 16 Lit. en hebreo dice "creando fruto de labios," que es sinónimo de cánticos de alegría y acción de gracias (cf. Os 14:3; Heb 13:15)· — 17 Cf. Is 40:3; 62:10. — 18 Cf. Is6:9. — 19 Cf. Mal 1:8:13; 14; 3:8; Neh 5; Ag 1:2-9; Jer 6:13; Ez 33:31.
58. Invectiva contra el Formalismo Religioso
También en este fragmento parece reflejarse la situación inmediata postexílica de la comunidad judía, demasiado preocupada de formalismos rituales, mientras se pasan por alto los principios morales de justicia y del ayuno legal. No se dice nada del culto del templo.
Inutilidad del mero ayuno externo (1-4)
1 Clama a voz en cuello sin cesar, alza tu voz como trompeta y echa en cara a mi pueblo sus iniquidades, y a la casa de Jacob sus pecados. 2 Día tras día me buscan y quieren saber mis caminos, como si fueran un pueblo que ama la justicia, sin apartarse del derecho de su Dios. Me piden leyes justas, y se complacen en acercarse a Dios. 3¿A qué ayunar, si tú no lo ves? ¿A qué humillar nuestras almas, si no te das por entendido? Sí, pero en el día de ayuno os vais tras vuestros negocios y oprimís a todos vuestros servidores. 4 Ayunáis para mejor reñir y disputar y para herir inicuamente con el puño. No ayunéis como lo hacéis ahora, si queréis que en lo alto se oiga vuestra voz.
Se invita al profeta, en su calidad de centinela, a dar la voz de alerta a su pueblo para que no se deje llevar por un formalismo religioso meramente externo (v.1). Debe declarar a la casa de Jacob, o Israel, sus iniquidades (v.1), que a continuación va a enumerar. Quizá la predicación del profeta es con ocasión de una reunión religiosa en un día de ayuno. La práctica del ayuno se había generalizado en la época posterior al destierro. La Ley sólo prescribía uno solemne en el "día de la expiación" l.
El profeta reconoce que el pueblo tiene un celo especial por lo religioso (me buscan y quieren saber mis caminos, v.2); pero esta religiosidad no cala en lo interior, sino que es puramente formalista y aun hipócrita. La justicia no es un mero fruto de estas prácticas externas religiosas. Los caminos de Yahvé no son sólo la Ley externa sobre prácticas meramente culturales. El pueblo cree que las leyes justas que pide a Yahvé son sólo los modos de cumplir estas exterioridades. Pero éstas no bastan para tener relaciones verdaderas con Dios. Más tarde dirá en qué consiste la justicia que Dios quiere, e.d., el cumplimiento de los deberes éticos elementales para con el prójimo, principalmente para con el desvalido, acercándose con el corazón limpio y contrito a Dios. Es verdad que los israelitas se complacen en acercarse a Dios (v.2), e.d., sienten una necesidad de cumplir ciertos ritos religiosos; pero las disposiciones internas son muy otras de las que requiere la ley de Dios.
El pueblo creía que con estas formalidades externas podía atraerse el favor divino, y así en el ayuno veía el gran medio de tapar sus torpezas, esperando atraer la protección divina. Pero la experiencia les enseña que Dios los tiene abandonados a su suerte, y por eso, en un grito de protesta, se preguntan por el resultado de sus infructuosos ayunos: ¿A qué ayunar, si tú no lo ves? ¿A qué humillar nuestras almas, si tú no te das por entendido? (v.3). Sienten decepción al ver que con sus ayunos no consiguen que se acelere el advenimiento de la salud para el pueblo. Dios no ve ni se da por entendido a sus manifestaciones religiosas externas. Es la gran tragedia del pueblo. Por eso es necesario hacer ver que es preciso acompañar estas formalidades religiosas externas de disposiciones morales internas. La realidad es que los mismos días de ayuno los aprovechaban para sus negocios (ν.3). Quizα la concentración de gentes con motivo de los días solemnes de ayuno era la ocasión para preparar transacciones de tipo comercial. Además, parece que hacían trabajar a sus servidores u operarios el día del ayuno. Según Lev 16:29, estaba prohibido el trabajo el día del ayuno de la expiación. Más tarde esto se había generalizado como costumbre, aceptada para todos los días de ayuno solemne oficial del pueblo.
Es más, por carecer de las disposiciones interiores de aceptación con modestia de las leyes del Señor, el ayuno, en vez de ayudarlos a reprimir las pasiones y adquirir un espíritu de sacrificio, de penitencia, hace a las gentes irritables y malhumoradas, y de ahí las disputas y los altercados: Ayunáis para mejor reñir y disputar (v.4) 2. Como conclusión, el profeta les dice que el modo de ayunar que tienen no es el más apto para conseguir que Dios los oiga y proteja (v.4).
El ayuno grato a Yahvé (5-9)
5 ¿Es acaso así el ayuno que yo escogí, el día en que el hombre se mortifica? ¿Encorvar la cabeza como un junco y acostarse con saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno y día agradable a Yahvé? 6¿Sabéis qué ayuno quiero yo? dice el Señor Yahvé: Romper las ataduras de iniquidad, deshacer los haces opresores dejar libres a los oprimidos y quebrantar todo yugo; 7 partir tu pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano3. 8 Entonces brotará tu luz como la aurora4, y pronto germinará tu curación5 e irá delante de ti tu justicia, y detrás la gloria de Yahvé. 9 Entonces llamarás y Yahvé te oirá; le invocarás, y El dirá: Heme aquí.
Las manifestaciones meramente externas no son un verdadero ayuno ante el Señor. Es preciso mortificarse (lit. "doblegar el alma," v.5), e.d., reprimir las malas inclinaciones y dominarse para seguir fiel a los mandatos de Yahvé. Las manifestaciones externas en los días de ayuno entre los orientales eran exageradas: vestirse de saco, echar ceniza sobre la cabeza y andar con la cabeza encorvada como un junco (v.5). Todo esto no vale sino como signo de compunción interior y propósito de buscar los caminos del Señor, expresados en el cumplimiento de los deberes morales para con el prójimo, como dirá a continuación: romper las ataduras de la iniquidad., dejar libre al oprimido (v.6). Este es el ayuno que desea el Señor. Con esto no quiere negarse el valor del ayuno ritual, pero el profeta destaca que sobre él están los deberes morales de caridad y justicia elemental. Los profetas son los grandes vindicadores de los derechos de los oprimidos: los huérfanos, las viudas, los desheredados, víctimas de extorsiones judiciales aparentemente justas, pero criminales en el fondo 6. Los profetas son los representantes de los valores eminentemente éticos en el Antiguo Testamento. Jesucristo continuará y sublimará su doctrina, condenando y dando de lado al nomismo o formalismo legal surgido después del destierro, y que culminó en la secta farisaica, que había hecho de la ley del Señor una mera caricatura 7. ¿Cómo han de esperar la gracia y benevolencia de Dios los que oprimen al prójimo? En este estado de ánimo, sus ayunos son más bien provocaciones a la ira divina. Cuando Israel cumpla sus deberes de justicia y de caridad para con su prójimo, se sentirá radiante como la aurora (v.8) al ver que ha llegado la felicidad esperada, su salvación. Ante Israel habrá surgido de repente una nueva luz, la de su liberación espiritual, y se sentirá curado de sus heridas tradicionales, los pecados de que antes hizo mención: extorsiones, avaricia, etc. Cuando cumpla con sus deberes morales, verá brillar delante de sí la justicia, e.d., el producto de sus buenas obras, y a su vez será protegido en su espalda por la gloria de Yahvé (v.8). Delante, pues, de Israel irá su conducta intachable, y detrás el premio de ella, la manifestación gloriosa del Dios de Israel. Es una imagen parecida a la de 52:12 si bien con diferente contexto y sentido.
Invitación a la mansedumbre (9b-12)
9b Cuando quites de ti el yugo, el gesto amenazador y el hablar altanero8; 10 cuando des de tu pan al hambriento y sacies el alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad, y tus tinieblas serán cual mediodía. 11 Yahvé será siempre tu pastor 9, y en el desierto hartará tu alma y dará vigor a tus huesos,Serás como huerto regado, como fuente de aguas que no se agotan10; 12 y serán edificadas por ti las antiguas ruinas11, y alzarás los cimientos de generaciones y generaciones, y te llamarán reparador de brechas y restaurador de sendas para habitar.
Es esencial para entrar en buenas relaciones el mantener espíritu de mansedumbre con los inferiores, quitando toda impresión de yugo (v.1) u opresión sobre ellos. Por otra parte, es necesario ayudarle en las necesidades, ya que es un alma indigente (v.10), una persona en extrema necesidad. Entonces las estrecheces del donante se convertirán en desahogo, y aparecerá su salvación como una luz en la oscuridad, como horizonte luminoso de esperanza, ya que la beneficencia ha hecho que se perdonen sus pecados y pueda entrar de nuevo en relaciones amistosas con Yahvé; entonces su situación de desesperación actual y sus tinieblas serán cual mediodía, ya que va a cambiar el horizonte tenebroso de enemistad con Dios por el esplendor meridiano de la amistad divina, con las consiguientes bendiciones sobre su vida.
Entonces Israel (los israelitas fieles) se sentirá seguro bajo la protección de su pastor (v.11), y, aunque tenga que pasar por tierras desérticas, sentirá la hartura de su alma. El desierto será un vergel en virtud de la protección de Yahvé. Alude al retorno de Israel de la cautividad por el desierto inhóspito. La presencia de Dios le convertirá en feraz jardín. Es la imagen tradicional empleada por los profetas al hablar del retorno de la cautividad. La naturaleza debe asociarse a la alegría de su pueblo, que vuelve de la cautividad.12 Israel será como huerto regado, como fuente de aguas (v.11), recuperando el vigor de sus huesos. La tragedia del destierro había dejado casi exánime a Israel como pueblo. Yahvé inyectará de nuevo vida, de modo que vuelva a ser de complexión robusta. Su historia volverá a mostrarse en todo su esplendor con la feracidad del huerto regado. Israel volverá a echar los cimientos de generaciones y generaciones (v.12), es decir, o bien restaurará los cimientos históricos de las generaciones pasadas, o hará surgir un edificio nuevo, cuya prolongación se perpetuará por generaciones. Parece mejor la primera interpretación, ya que en el contexto se le llama a Israel reparador de brechas, aludiendo a la reedificación de las ruinas de la ciudad después del destierro. La situación de Palestina después de los años de invasión era caótica en extremo; por eso los israelitas, al retornar, además de reparar las brechas de sus muros, tenían que reparar las sendas para habitar (v. 12), poner las vías de comunicación entre las localidades habitables en buen uso para que la vida ciudadana discurriera normalmente.
La observancia del sábado (13-14)
13 Cuando te abstengas de pisotear el sábado 13 y de ocuparte en tus negocios en mi día santo, y llames al sábado delicioso, y venerable al (día) santo de Yahvé, y le honres no haciendo tus viajes, ni arreglando tu negocio ni hablando de él14, 14 entonces te gozarás en Yahvé, y te haré remontar sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la herencia de Jacob, tu padre, pues la boca de Yahvé ha hablado.
En este fragmento — que muchos autores consideran independiente del anterior — se urge la observancia del sábado, como antes la del verdadero ayuno, acompañado de disposiciones morales. La profanación del día consagrado al Señor era una de las lacras habituales en Israel. Los más desaprensivos aprovechaban la concentración de gentes del sábado para hacer prosperar sus negocios materiales, lo que era pisotear el día consagrado a Dios. En realidad, en la legislación israelita la observancia del sábado tenía un fin íntimo religioso, ya que la abstención de labores profanas debía dejar el alma libre de preocupaciones para dedicarse a Yahvé, en comunidad festiva con El. Por eso el profeta quiere que el sábado sea llamado delicioso (v.13), e.d., día en el que el alma religiosa encuentra su máxima felicidad por poder dedicarse de lleno a su Dios; por ello es venerable (v.13), digno de todo respeto, pues el día es santo de Yahvé, en cuanto que el mismo Dios lo ha santificado, descansando en el séptimo día de la creación. Por otra parte, es el día en que los israelitas debían santificarse dedicándose a Yahvé y absteniéndose de los negocios materiales. Con ello el israelita encontrará la plena felicidad: te gozaras en Yahvé (v.14), participando de sus bendiciones y gracias. Dios, por su parte, le premiará haciéndole remontar sobre las alturas de la tierra (v.14), es decir, le hará salir triunfante de todos los obstáculos, caminar libremente como dueño de la tierra de promisión. Después de la cautividad, el estado de los repatriados en Palestina era muy poco satisfactorio e inestable, ya que los enemigos dominaban la mayor parte del país, que es la herencia de Jacob, a la que Israel fiel tendrá acceso, pudiendo disfrutar de su posesión. Para dar mayor énfasis, se recuerda que es una revelación expresa de Yahvé al profeta: pues la boca de Yahvé ha hablado; frase estereotipada en la literatura profética para indicar una comunicación divina concreta. 15
59. Invectiva Contra Israel Pecador.
La razón de que la salvación de Dios se retrase estriba en los pecados de Israel. Yahvé es omnipotente; por tanto, si no ha salvado a su pueblo, no es por impotencia, sino que esa salvación está condicionada a la conducta del mismo pueblo escogido. Yahvé no es infiel ni indiferente a sus promesas. Son los pecados de Israel los que retardan su intervención salvadora, pues son como un muro que se interpone entre ambos, en tal forma que las relaciones quedan totalmente interrumpidas. Pero, al fin, Dios se decide a intervenir, al ver tanta injusticia y maldad, con su mano justiciera.
La corrupción moral, obstáculo para la salvación de. Yahvé (1-8)
1 He aquí que 110 se ha acortado la mano de Yahvé para salvar ni se ha hecho duro su oído para oír, 2 sino que vuestras iniquidades han hecho una separación entre vosotros y vuestro Dios; vuestros pecados hacen que El oculte su rostro para no oíros; 3 porque vuestras manos están manchadas de sangre, y vuestros dedos de iniquidad; vuestros labios hablan mentira y vuestra lengua susurra impiedad. 4 No hay quien clame por la justicia, nadie que juzgue con verdad. Confían en vanidades y hablan falsedades, conciben fatigas y paren desventuras. 5 Incuban huevos de áspides y tejen telas de araña, y el que come de sus huevos muere; si se los rompe, sale un basilisco. 6 Sus telas no sirven para vestir, ni con sus obras puede uno arroparse; sus obras son obras de iniquidad, y en sus manos hay obra de violencia. 7 Corren tras el mal sus pies y se dan prisa a derramar sangre inocente. Sus pensamientos son pensamientos de iniquidad, y a su paso dejan el estrago y la ruina. 8 No conocen el camino de la paz, no hay en sus sendas justicia; sus veredas son tortuosas; quien por ellas va no conoce la paz.
Las iniquidades e injusticias han hecho que la mano del Señor no se manifieste, no porque ésta sea corta o impotente para salvar (v.1); ni tampoco se ha hecho duro de oído, mostrándose indiferente a las súplicas de Israel. La culpa reside en la conducta de los israelitas, que se han hecho indignos de participar de las bendiciones divinas (v.2); por eso oculta su rostro y los abandona. Y el profeta detalla las razones de este alejamiento de Dios: las manos están manchadas en sangre (v.3); la avaricia no se ha detenido ante el homicidio y el atropello de los débiles, ni sus Zabios ante la mentira. Todos los medios, la difamación, la violencia, parecían lícitos para los avaros israelitas de las altas categorías sociales. La situación es tal, que no hay quien clame por la justicia (v.4); y los derechos más elementales se conculcan con falsedades y argumentaciones sofísticas ante los tribunales. Todo es un cavilar moroso contra el prójimo: conciben fatigas y paren desventuras. No tienen otra obsesión que hacer daño a los débiles, valiéndose de todas las artimañas. Su conducta es como la de los que incuban huevos de áspides y tejen telas de araña (v.5). Sus maquinaciones son tan peligrosas como los huevos de áspides, que llevan dentro de su cáscara un ser maligno y venenoso, y sus artimañas son tan sutiles como las telas de araña, que hacen caer a los insectos. Los incautos son capturados en sus hilos sin poder sacar ningún provecho, aunque aparentemente sus planes parezcan excelentes para el bien social; por eso nadie con sus obras puede vestirse (v.6), pues no sirven más que para perjuicio de la sociedad. Sus actos no tienden a conservar la paz social ni la justicia (v.8). Todo el que se asocie con ellos no conoce la paz (v.8).
Ansias de salvación en el pueblo (9-11)
9 Por eso se alejó de nosotros el juicio, por eso no nos alcanza la justicia. Esperamos luz, y he ahí tinieblas; resplandor, y caminamos en la oscuridad. 10 Vamos palpando, como ciegos, la pared, y andamos a tientas, como quien no tiene ojos. Tropezamos en pleno día como en el crepúsculo; habitamos en tinieblas, como muertos16. 11 Gruñimos todos como osos y gemimos como palomas. Esperamos el juicio, pero nada; la salvación, pero está lejos de nosotros.
El fragmento es patético y bellísimo, como expresión del estado ansioso de espera en que está el pueblo por la salvación y la justicia. El pueblo reconoce el estado de desolación espiritual en que se halla alejado de su Dios y siente sed de juicio y de justicia (v.8). El sentimiento de equidad ha desaparecido de la sociedad, y suspiran por que Dios haga un juicio discriminatorio para que reine la justicia, fuente de la paz social. Anhelar ese horizonte luminoso de justicia, a la que llama luz y resplandor, pero la realidad es un ambiente de tinieblas y de oscuridad moral. Andan todos a ciegas en medio de la confusión reinante (v.10). Los valores morales están subvertidos, y no hay dirección en la sociedad. Como consecuencia de no haber directrices justas y claras impuestas por las clases dominantes, todos andan a tientas, como el que no tiene ojos, tropezando en pleno día. Por otra parte, los fieles israelitas andan buscando remedio a la situación, esperando la manifestación de Dios para que aclare la situación. Hambrientos de justicia y de salvación, dan gritos de desesperación como los animales en busca de comida (gruñimos como osos, gemimos como palomas, v.11). Todos ansían la intervención salvadora de Yahvé, esperando el juicio, la salvación (v.11), la liberación de ese estado de confusión social; pero esa manifestación justiciera de Dios se aleja cada día más. La causa son los muchos pecados que invaden la sociedad, como dirá a continuación.
Confesión de los pecados del pueblo (12-15)
12 Porque son ante ti numerosas nuestras iniquidades, y nuestros pecados dan testimonio contra nosotros. Con nosotros están nuestros crímenes, y conocemos nuestras iniquidades: 13 rebelarse y renegar de Yahvé, alejarse de nuestro Dios, hablar perfidia e insurrección, concebir y meditar en el corazón palabras de mentira; 14 y se ha alejado el derecho, y se ausentó la justicia, y tropezó la buena fe en las plazas, y no halla lugar la rectitud17. 15 La fidelidad ha sido desterrada, y el que evita el mal es expoliado.
El cuadro no puede ser más sombrío, ya que los males sociales invaden todos los estratos de la sociedad. El profeta hace en nombre del pueblo una confesión de los pecados contra Yahvé, los cuales son el obstáculo para que la anhelada salvación se manifieste. Al principio, la confesión se dirige directamente a Yahvé: ante ti nuestras iniquidades dan testimonio contra nosotros (v.12). Los pecados son considerados como testimonio acusador en el juicio ante Dios. El profeta enumera primero los pecados directamente dirigidos contra Dios. Entre ellos está la rebelión, que en los profetas muchas veces significa el pecado específico de idolatría, pero también el simple incumplimiento de los mandatos de Yahvé. En la concepción teocrática israelita, toda inobservancia de la Ley era una rebelión, y entre ellas está sobre todo la apostasía religiosa (ν.13). Toda la vida del pueblo está basada en la doblez y en la perfidia e insurrección. Aunque externamente se proclama la verdad religiosa, la conducta práctica está en oposición a las exigencias religiosas de Yahvé (concebir y meditar en el corazón palabras de mentira, ν.13). La religiσn es, pues, meramente ritualista y aparente. A esta práctica superficial e inconsecuente de los deberes religiosos para con Dios se junta la falta de escrúpulos morales en las relaciones con el prójimo: se ha alejado el derecho, la justicia (v.14), las virtudes fundamentales en la vida social. Aquí aparecen personificadas como entidades que han sido desterradas de las plazas, o lugares de transacciones, y de los tribunales de justicia. En ambos sitios, la rectitud y buena fe, o fidelidad, no tienen acceso, pues son considerados como seres extraños. Y los pocos que aún hacen honor a sus sentimientos de rectitud moral son preferidos y ultrajados: el que evita el mal es expoliado (v.15).
Intervención justiciera de Yahvé (15-19)
15b Violo Yahvé, y no plugo a sus ojos que no existiese justicia. 16 Y vio que no había ningún hombre, y le asombró que no hubiera intercesor. Entonces salvóle su brazo y vino en su ayuda su justicia. 17 Y se revistió de la justicia como de coraza, y puso en su cabeza el casco de la salvación, y se vistió de vestiduras de venganza, y se cubrió de celo como de manto. l8Como son las obras, así es su retribución; ira contra sus enemigos, represalia contra sus adversarios. A las islas dará la paga 15. 19 Y temerán desde el poniente el nombre de Yahvé, y desde el nacimiento del sol su gloria, porque vendrá como torrente impetuoso, empujado por el soplo de Yahvé.
Algunos creen que este fragmento constituye un nuevo poema en el que se contrapone la suerte de los malos y los buenos. Pero parece perfectamente lógico considerarlo como continuación de lo anterior, ya que la intervención justiciera de Dios sería normal consecuencia de tantos crímenes de tipo moral y social.
Esa falta de justicia es un desafío a la ira divina (v.15b). Es tal la situación, que hasta Yahvé se asombró de que no hubiera intercesor, o alguno que interviniera en favor de los derechos de la justicia. Esta situación desoladora hizo que se moviera a intervenir personalmente: salvóle su brazo (v.16) u omnipotencia. Al no ver auxiliar humano, decidió intervenir personalmente para arreglar la situación. Su justicia estuvo a su disposición para llenar el vacío dejado por la falta de justicia humana. A continuación el profeta presenta a Yahvé como un guerrero armado dispuesto a intervenir en la historia. Su coraza es la justicia, y su casco, la salvación; su vestidura, la venganza, y su manto, el celo de su justicia. San Pablo aplicará este texto a la armadura del cristiano. 19
Los pecados del pueblo recibirán su retribución (v.18), que no será otra que ira y represalia. La frase a las islas dará la paga (v.18), si es que es auténtica, aludiría a un castigo sobre los pueblos paganos, simbolizados en las costas e islas del Mediterráneo. La consecuencia de la intervención justiciera de Yahvé es una atmósfera de temor desde el poniente al nacimiento del sol (v.19). Las expresiones el nombre de Yahvé y su gloria son sinónimas, ya que nombre en el Antiguo Testamento suele designar la manifestación gloriosa de Yahvé entre los pueblos. El castigo de Dios sobre los pecadores será ocasión de un temor y reverencia en todo el mundo. La manifestación justiciera de Yahvé es presentada como un torrente impetuoso desbordado por el soplo o viento huracanado salido de la boca de Dios.
Yahvé, liberador de Sión (20-21)
20 Mas para Sión vendrá como redentor, y para los convertidos del pecado en Jacob, dice Yahvé 20. 21 En cuanto a mí, he aquí mi alianza con ellos, dice Yahvé: El espíritu mío que está sobre ti, y mis palabras, que yo pongo en tu boca, no faltarán de tu boca ni de la de tu descendencia, ni de la boca de los hijos de tus hijos, dice Yahvé desde ahora para siempre.
La intervención justiciera de Yahvé se refería a los culpables de la situación deplorable antes descrita, pero al mismo tiempo ella servirá para acelerar la liberación ansiada de Sión, que aquí parece símbolo del núcleo fiel israelita: los convertidos en Jacob. Yahvé es siempre su redentor (v.20). San Pablo aplica esto a Israel después de la manifestación mesiánica de Cristo. Llegará un tiempo en que será también redimido21.
El v.21 es considerado, por su carácter no poético, como glosa posterior por muchos críticos. No obstante, existe ilación lógica con el versículo anterior. Como consecuencia de esa redención de Sión, vendrá una nueva alianza (v.21) que tendrá como característica un profundo sentido religioso de sumisión a Yahvé, en contraposición a las infidelidades descritas en los versículos anteriores. El espíritu de Yahvé y sus palabras, o leyes, estarán siempre presentes en Israel de generación en generación, como objeto de meditación para ponerlas en práctica. 22 Las expresiones son similares a las aplicadas al Siervo de Yahvé en 42:1 y 51:16. De ahí que algunos crean que sea una glosa desplazada de aquel fragmento.
1 Cf. Lev 16:29. Para la práctica más generalizada del ayuno cf. Jue 20:26; 1 Sam 7:6; 1 Re 21:12; Jer 36:9; Jl 1:14; Zac 7:3; 8:19. — 2 Los musulmanes durante el ramadán están en un estado psíquico de irascibilidad y mal humor por estar desnutridos. — 3 Lit. el texto hebreo dice "no ocultarte de tu propia carne," expresión hebrea que equivale a "prójimo israelita" (Dt 22:1.3.4; Neh 5:5). — 4 Lit. en hebreo "romperá tu luz como la aurora." — 5 Lit. "germinará tu carne nueva," que se forma en una herida cicatrizada. — 6 Cf. Ez 18,7. — 7 Cf. Mt 5:7; 6:12; 18:35. — 8 Lit. el hebreo dice "extender el dedo" en señal de acusación o de desprecio, señalando al inculpado. En el Código de Hammurabi encontramos la misma expresión para "acusar" ante el tribunal cf. Leyes, 127 y 132. — 9 Lit. "Yahvé te conducirá continuamente." — 10 Lit. "como aguas que no mienten," e.d., no dejan defraudado al sediento, sino que corren con abundancia. — 11 Así según los LXX. El hebreo es oscuro: "de ti edificarán." — 12 Cf. Is 40,11; 43:20; 48:21; 55:13- — 13 Lit. en hebreo: "cuando apartes tu pie del sábado*. — 14 Lit. "absteniéndote de encontrar lo que te gusta, tratando de negocios." — 15 Cf. Is i,20; 40:5 — 16 Así siguiendo a la Vg. y al Targum, pues el texto hebreo es ininteligible. — 17 Lit. en hebreo: "y la rectitud no puede entrar." — 18 Este último estico falta en los LXX, y muchos autores lo suprimen por entender que recarga el ritmo. — 19 Cf. Ef 6:14ss; 1 Tes 5:8; Sab 5:17ss. — 20 Los LXX leen: "para alejar el pecado de Jacob." — 21 Rom 11:26. San Pablo sigue la lección de los LXX, y, además, lee "de Sión" en vez de "para Sión." — 22 Cf. Dt 6:6s; Sal 1:2.
60. Gloria de la futura Jerusalén.
Es un bellísimo himno dedicado a la nueva Jerusalén, que aparece en todo su esplendor como una nueva aurora que ha de iluminar toda la tierra, que se despereza en un ambiente de tinieblas. Todas las naciones se apresuran a participar de su ciudadanía. Vuelven los que están en la diáspora. Los gentiles llevarán sus tesoros como signo de sumisión y acatamiento. Los extranjeros reedificarán los muros de Jerusalén, y hasta los reyes se declararán vasallos suyos. Dios será como el sol que iluminará a aquella ciudad de justos, eternos ciudadanos de Sión. La descripción es deslumbrante, con todas las hipérboles de una imaginación oriental desbordada. En realidad se quedó corta en comparación con el reinado de "gracia" del Nuevo Testamento en las almas.
La alusión a las ruinas y destrucciones y al templo no edificado nos llevan a una época posterior al exilio.
Jerusalén, luz de las naciones (1-3)
1 Levántate y resplandece, pues ha llegado tu luz, y la gloria de Yahvé alborea sobre ti, 2 pues he aquí que está cubierta de tinieblas la tierra y de oscuridad los pueblos. Sobre ti viene la aurora de Yahvé y en ti se manifiesta su gloria. 3 Las gentes andarán en tu luz, y los reyes a la claridad de tu aurora.
Hermosa invitación introductoria, en la que Jerusalén es presentada como una noble mujer sentada en tierra en medio de tinieblas ! Aunque en el texto hebreo no se haga mención expresa de Jerusalén, no obstante, el contexto lo pide 2. Una nueva luz (v.1) va a caer sobre la Ciudad Santa profanada, que se verá aureolada por la gloria de Yahvé, que surge radiante ante sus ojos como una aurora de esperanza, que se destaca tanto más cuanto que la tierra está cubierta de tinieblas (v.2). En realidad, esa luz para el profeta será una iluminación religiosa moral, que será la admiración de los pueblos, como se dirá más tarde (v.2l). Es la aurora de Yahvé (v.2), su aparición rutilante, que extenderá su sombra protectora y su gloria, o manifestación esplendorosa de su poder. Su resplandor será tal, que las gentes o pueblos paganos querrán acercarse para participar de su luz (v.3), y hasta sus mismos reyes querrán ser testigos de esta aurora. En 2:2-4 se dice Que los pueblos van a Sión a instruirse en la ley de Yahvé. El profeta destaca el carácter deslumbrador de la gloria de Yahvé como medio de atracción de los pueblos; y por eso contrapone las tinieblas de las gentes con la aurora rutilante de luz, efecto de la presencia sensible de Yahvé en su pueblo.
El retorno de los dispersados de Israel (4-9)
4 Alza en torno tus ojos y mira: Todos se reúnen y vienen a ti, llegan de lejos tus hijos, y tus hijas son traídas a ancas. 5 Entonces mirarás y resplandecerás, palpitará y se ensanchará tu corazón, pues vendrán a ti los tesoros del mar, llegarán a ti las riquezas de los pueblos. 6 Te cubrirán muchedumbres de camellos, de dromedarios de Madián y de Efa. Todos vienen de Saba, trayendo oro e incienso, pregonando las glorias de Yahvé. 7 En ti se reunirán los ganados de Cedar; los carneros de Nabayot estarán a tu servicio. Subirán como (víctimas) gratas sobre mi altar, y yo glorificaré la casa de mi gloria. 8¿Quiénes son aquellos que vuelan como nube, como palomas a su palomar? 9 Sí, se reúnen las naves para mí 3 con los navíos de Tarsis a la cabeza, para traer de lejos a tus hijos con su oro y su plata, para el nombre de Yahvé, tu Dios; para el Santo de Israel, que te glorifica.
El profeta exulta de emoción al ver el maravilloso espectáculo de la afluencia de todos los pueblos hacia Sión, y, sobre todo, del retorno de sus hijos dispersos entre los países enemigos. El estilo es incisivo y directo: alza en torno tus ojos. La frase es la misma que en 49:18. Las naciones aparecen como nodrizas llevando en vilo a los hijos e hijas de Sión. Con ellos vienen las riquezas de los pueblos (v.5), con sus famosos tesoros del mar, la opulencia proverbial de las ciudades marítimas que se dedicaban al comercio, como los fenicios y cretenses. No obstante, la afluencia de gentes será de todas las direcciones: no sólo del occidente marítimo, sino también del misterioso oriente desértico, con sus camellos y dromedarios de Madián y de Efa (v.6), tribus que habitaban en la estepa de la península sinaítica, al sur de Palestina, hacia el golfo de Akaba 4. Saba: el actual Yemen, al sudeste de Arabia, famoso por su oro e incienso 5. La frase trayendo oro e incienso (v.6) es considerada por algunos como glosa tomada de 1 Re 10:2. Parece que recarga el ritmo.
Entre las aportaciones de estas tribus beduinas no faltan los ganados de Cedar (ν.7), clan arαbigo del este de TransJordania. Junto a esta mención están los carneros de Nabayot. En las inscripciones cuneiformes se suelen citar juntas ambas tribus. Estos Na-bayot parecen ser los "nabateos" de la época helenística, que se establecieron en TransJordania, con Petra o Sela como capital, pero que procedían del desierto arábigo 6. Sus ofrendas servirán para los sacrificios sobre el altar de Yahvé, con lo que será glorificado su templo: la casa de mi gloria (ν.7).
El profeta dirige ahora su mirada hacia el occidente, hacia las costas marítimas, para contemplar un espectáculo inenarrable: un tropel de gentes vuelan como nube, como palomas a su palomar. Son sus hijos, que vuelven a su palomar, la tierra de Yahvé, para reintegrarse a su nueva ciudadanía. Se acercan escoltados por los navios de Tarsis a la cabeza, las embarcaciones de mayor tonelaje de la época, que hacían sus travesías hasta el extremo occidente, la lejana Tarsis o España meridional7. Con ellos vienen el oro y la plata, metales tradicionales, según los antiguos geógrafos, de la península Ibérica. Y todo para el nombre de Yahvé (v.9), e.d., para su glorificación, ya que nombre, en este caso, como en otros, es sinónimo de manifestación gloriosa.
Sión, señora de las naciones (10-16)
10 Extranjeros reedificarán tus muros, y sus reyes estarán a tu servicio, pues si en mi ira te herí, en mi clemencia he tenido piedad de ti. 11 Tus puertas estarán siempre abiertas, no se cerrarán ni de día ni de noche, para traerte los bienes de las gentes, con sus jefes por guías al frente, 12 porque las naciones y reinos que no te sirvan a ti perecerán y las gentes serán totalmente exterminadas. 13 Vendrá a ti la gloria del Líbano, los cipreses, los olmos y los alerces juntamente, para embellecer mi santuario, y voy a honrar el lugar de mis pies. 14 A ti vendrán humillados los hijos de tus tiranos, y se postrarán a tus pies cuantos te infamaron. Y te llamarán la ciudad de Yahvé, la Sión del Santo de Israel. 15 De abandonada que eras, odiada y sin viandantes, te haré eterno prodigio, delicia de los siglos. 16 Mamarás la leche de las gentes, los pechos de los reyes, y sabrás que yo, Yahvé, soy tu Salvador, tu Redentor, el Fuerte de Jacob.
El pensamiento del profeta va avanzando. No sólo las gentes traerán sus tesoros desde oriente y occidente, sino que reconstruirán los muros caídos (v.10). Los extranjeros y reyes han sido los destructores; ellos ofrecerán ahora la mano de obra para la reedificación. Con ello se da plena satisfacción a su pueblo. Parece, pues, aludir a la época posterior al destierro babilonio. A continuación se da la razón teológica de ese cambio de situación: tanto en la época de desgracia como en la del triunfo es Yahvé el que dirige el hilo de su historia. Sus pecados fueron causa de la catástrofe: en mi ira te herí (v.10). La justicia divina tenía sus exigencias. Pero también la misericordia, que siempre prevalece en Dios en sus relaciones con su pueblo, tiene sus fueros, y por eso, en definitiva, le perdonó: en mi clemencia he tenido piedad de ti (v.10).
La situación futura de Jerusalén no puede ser más espléndida: va a ser tal la afluencia de caravanas del desierto y de barcos del mar cargados de riquezas, que las puertas de la ciudad estarán siempre abiertas (v.11). Ni siquiera durante la noche se cerrarán. Serán precisas todas las horas para recibir tantos bienes aportados por las gentes, que llevan a sus jefes por guías al frente. No serán embajadas enviadas por los reyes, sino que éstos personalmente conducirán las caravanas para entregar sus tesoros a Jerusalén.
El ν. 12 parece una glosa que interrumpe la ilaciσn de ideas. Esa amenaza contra las naciones y reinos que no presten vasallaje (v.12) no parece estar en el cuadro esplendoroso del contexto. La afluencia será total. 8
El profeta se complace en especificar los materiales que las gentes traen a Sión en cuanto sirven para embellecer el santuario de Yahvé (v.13); y, en primer lugar, la gloria del Líbano, es decir, sus espléndidas maderas de cedros famosos, que habían servido para la construcción del templo de Salomón: cipreses., alerces (ν.13). Al santuario o templo se le llama enfαticamente el lugar de mis pies, porque allí tiene su morada en la tierra, aunque su mansión por excelencia es el cielo. En la tierra tiene sólo los pies, con lo que se indica la trascendencia de Yahvé. 9
No faltarán a esta cita de homenaje a Sión los descendientes de los antiguos tiranos (v.14), u opresores. Se sentirán humillados ante la magnificencia de Jerusalén glorificada, y confesarán que Dios está con ella: te llamarán la ciudad de Yahvé (v.14). La frase y se prosternaran a tus pies falta en los LXX, y, como recarga el ritmo, muchos autores la consideran como glosa posterior. 10
Dios ha cambiado la situación de Jerusalén. Antes era abandonada, odiada y sin viandantes (v.15), ciudad muerta y despreciada. Pero en la nueva era será objeto de admiración como eterno prodigio (v.15b) obrado por Yahvé, lo que constituirá la delicia de los siglos (v.15c) o generaciones. Todos hablarán del portento realizado por Yahvé, que ha cambiado una ciudad abandonada en objeto de admiración y aprecio de todos los pueblos.
Todas las riquezas de las naciones estarán a disposición de Sión: mamaras la leche de las gentes y los pechos de los reyes (v.16). Aquí leche y pechos designan metafóricamente los tesoros y el jugo de las riquezas materiales de las naciones que estarán al servicio de Jerusalén u. Por estos beneficios, Israel reconocerá a Yahvé como su Salvador y Redentor (v.16d), llamado también el Fuerte de Jacob, en cuanto que el poder de Dios, protector de los descendientes de Jacob, es el verdadero autor de la nueva situación victoriosa de la nación israelita.
Prosperidad material y moral de la nueva comunidad (17-22)
17 En vez de cobre traeré en ti oro; en vez de hierro, plata; bronce en vez de madera, y hierro en vez de piedras. Te daré por magistrado la paz, y por soberano la justicia. 18 No se hablará ya más de violencia en tu tierra, de saqueo y de ruina en tu territorio. Tus muros los llamarás "salud," y a tus puertas "alabanza." 19 Ya no será el sol tu lumbrera de día, ni te alumbrará el resplandor de la luna, sino que Yahvé será tu eterna lumbrera, y tu Dios será tu esplendor. 20 Tu sol no se pondrá jamás, ni menguará tu luna, porque será Yahvé tu eterna luz; acabáronse los días de tu luto. 21 Tu pueblo será un pueblo de justos, poseerá la tierra para siempre, renuevos del plantío de Yahvé 12, obra de mis manos para resplandecer 22. Del más pequeño saldrá un millar, y del menor, una nación poderosa. Yo, Yahvé, a su tiempo lo aceleraré.
La transformación de Jerusalén será total: en vez de los pobres materiales con que había sido edificada en otro tiempo, la ciudad será reconstruida con materiales nobles. Y no sólo será renovada en el orden material, sino que en el moral habrá un nuevo orden de cosas: la paz y la justicia se impondrán solas sin necesidad de que vele por ellas el magistrado o el soberano (ν.17c).
Como consecuencia del reconocimiento de los valores morales desaparecerá toda violencia, saqueo y ruina (v.15a), que eran la secuela del imperio del egoísmo y la opresión en la sociedad anterior. Los muros y las puertas de tan venturosa ciudad tendrán los nombres simbólicos de salud o salvación, en cuanto que reflejan la seguridad total en que estaba la ciudad, y alabanza, aludiendo al reconocimiento de los gentiles que a ella afluyen, testigos de su nuevo esplendor.
La idealización de la situación sigue in crescendo. La gloria de Yahvé será tal, que eclipsará el resplandor del sol y de la luna, que resultarán innecesarios: Ya no sera el sol tu lumbrera. ni el resplandor de la luna (v.19). Estas imágenes serán recogidas por los autores apocalípticos. 13 Dios será en realidad el resplandor de Sión y la eterna luz (v.20) que lucirá radiante eternamente, sin que haya ocaso: tu sol no se pondrá jamás, ni menguara la luna (v.20a), y con ello no habrá más días de luto (v.20b). La oscuridad es signo de tristeza. En la época mesiánica, la seguridad y la satisfacción provenientes de la salvación serán tales, que no habrá lugar al llanto.
Por otra parte, los nuevos ciudadanos estarán poseídos del sentimiento de rectitud y justicia: Tu pueblo será un pueblo de justos (v.21).
Serán como retoños del plantío de Yahvé, plantados por sus mismas manos para brillar y resplandecer, dando gloria a Dios en la tierra que poseerán para siempre. La nueva era mesiánica será definitiva, y en ella vivirá un pueblo numeroso: del más pequeño saldrá un millar (v.22). Parece aludir a la situación precaria de los repatriados después del destierro en Palestina. No deben estar pesimistas, porque se acerca la hora en que se verán multiplicar por doquier. El cumplimiento de esta profecía tiene su plena significación en la universalidad de la Iglesia, el Israel espiritual, que se ha extendido por toda la tierra.
Y el profeta termina expresando la garantía de Yahvé, que ha de cumplir lo prometido: Yo, Yahvé, a su tiempo lo aceleraré (v.22b). Los planes de la Providencia se cumplen inexorablemente α su tiempo, pues entonces Dios mismo se encarga de acelerar su cumplimiento.
1 Cf. 49,18; 50,1; 52,is; 54,i-4; Si.iyss; 59,Qs; 58:10. — 2 Los LXX, la Vg. y el Targum consignan expresamente el nombre de Jerusalén, — 3 Así según una corrección. El texto hebreo dice: "las islas me esperan," aludiendo a la expectación de los pueblos paganos costeros del Mediterráneo ante la manifestación mesiá-nica. Esta misma versión dan los LXX. — 4 Cf. Ex 2:18; Núm 22; 25; 31. Ptolomeo y los geógrafos clásicos ponen por esta zona una ciudad llamada Madián. — 5 Los códices Alej. y Sinaít. añaden "piedras preciosas." Sobre Saba cf. Gen 10,7; 1 Re 10,2; Sal 72:15. — 6 Cf. 21:16; Gen 25:13. Flavio Josefo sostiene dicha identificación. Plinio habla de los nabateos y cedreos como habitantes de esta zona. — 7 Cf. comentario a Is 2:16. — 8 Probablemente el estico está tomado de Zac 14:16-19; cf. skinner, o.c., II 0.200. — 9 Cf. Ez43:7; Is66,i; 57:15- — 10 Cf. Skinner, o.c., II 201. — 11 La versión griega, para evitar la crudeza de la metáfora, traduce: "comerás la riqueza de los reyes." — 12 Lit. el texto hebreo lee: "retoño de su plantación." Pero el Targ., Pesh. y Vg. leen el sufijo en primera persona: "de mi plantación." La traducción dada arriba, siguiendo a Duhm, Gondamin, etc., se obtiene considerando el sufijo final como inicial del nombre de Yahvé en abreviatura. — 13 Cf. Ap 21:23; Ez 43:2. En Is 30,26 se dice que, en los tiempos mesiánicos, el sol y la luna se harán siete veces mayores. Son hipérboles apocalípticas, que nunca pueden tomarse a la letra. Expresan realidades teológicas: Yahvé, nuevo Sol de justicia, iluminando a la nueva Jerusalén.