61. La proclamación de la buena nueva a Sión.
Este fragmento tiene muchas analogías con los cánticos sobre el Siervo de Yahvé. No obstante, hay claras diferencias. Aquí es un profeta que, a modo de monólogo o soliloquio, expresa una profecía de salvación, pero sin presentarse él como realizador o instrumento de ella, como ocurre en los cánticos del Siervo de Yahvé. Además, aquí no encontramos la misión universalista, y, por otra parte, se habla de un día de la venganza divina, lo que no parece adaptarse al carácter del Siervo de Yahvé, modesto, humilde, que sufre y trae personalmente un mensaje de salvación. El profeta aquí, en cambio, es un mero heraldo de una nueva situación salvadora.
El profeta, heraldo de la salvación (1-3)
1 El espíritu del Señor, Yahvé, está sobre mí, pues Yahvé me ha ungido, me ha enviado para predicar la buena nueva a los abatidos y sanar a los de quebrantado corazón, para anunciar la libertad de los cautivos y la liberación a los encarcelados. 2 Para publicar el año de gracia de Yahvé y un día de venganza de nuestro Dios, para consolar a todos los tristes 3 y dar a los afligidos de Sión, en vez de ceniza, una corona; el óleo del gozo en vez del luto, alabanza en vez de espíritu abatido. Se les llamará terebintos de justicia, plantación de Yahvé para (su gloria).
La expresión el espíritu del Señor, Yahvé, está sobre mi (v.1), que aparece en otros oráculos profetices, 1 indica una intervención carismática de Dios en la vida del profeta en orden a una misión o manifestación nueva a la comunidad. El profeta se siente ungido por el mismo Dios para el cumplimiento de esta misión. Es una consagración metafórica al servicio de Yahvé. Como los reyes y sacerdotes recibían una unción real externa para desempeñar sus funciones profesionales, 2 así el enviado de Dios se siente escogido por Dios para una función especial que se le encomienda. Aquí ungido parece equivaler a enviado, dotado del espíritu de profecía para predicar la buena nueva a los abatidos (v.1b), la era de salvación a los quebrantados de corazón, o fieles israelitas oprimidos por la injusticia y abatidos por tantas desgracias sociales. Su misión es anunciar un glorioso e inaudito jubileo de emancipación: anunciar la libertad de los cautivos (v.1c). Según las prescripciones mosaicas, en el año del jubileo debían considerarse libertados y emancipados todos los esclavos. 3 Aquí también el profeta anuncia un año de gracia (v.2a) de parte de Yahvé, un año de remisión y de reconciliación con su pueblo. Será una amnistía general: la liberación de los encarcelados (v.1c), aquí en sentido metafórico.
El profeta contrapone el año de gracia y el día de venganza (v.2). El primero será de favor para sus fieles, y el segundo, de castigo para los pecadores enemigos de Israel, y aun del mismo Israel.4 Quizá haya en las palabras año y día una contraposición buscada por el autor para hacer ver que Dios siempre es más largo en perdonar que en castigar: la remisión dura un año, mientras que la venganza un solo día. Aunque quizá en la expresión día de venganza haya una influencia de la otra estereotipada, día de Yahvé, de la literatura profética, que simboliza el juicio vengativo de Dios en la historia de Israel.5
Este año de gracia y este día de venganza servirá para consolar a todos los tristes, es decir, los fieles abatidos de que hablaba antes, los cuales al ver, por un lado, la manifestación misericordiosa de Dios en ese año de gracia en favor de sus fieles, y la justicia de Dios en el día de la venganza, sentirán una íntima satisfacción, ya que Yahvé, al fin, salió por sus derechos conculcados, y el camino de la virtud queda públicamente vindicado. Una nueva era se abre para los afligidos de Sión (v.3a), los cuales dejarán la ceniza del duelo para recibir la diadema, signo de alegría. 6 Juntamente serán ungidos con el óleo del gozo, empleado en las ocasiones solemnes y festivas. 7
Se sentirán fuertes y optimistas, como encinas con profundas raíces de justicia y rectitud; de ahí que se les llame terebintos de justicia (v.5). Son en realidad la plantación de Yahvé para su gloria (v.3c). La comparación de los justos a árboles frondosos era tradicional en la literatura profética y sapiencial. 8 Aquí se destaca más su vigor, ya que aparecen como plantados por el mismo Yahvé. 9
Los extranjeros, al servicio de los ciudadanos de Sión (4-9)
4 Ellos reedificarán las ruinas antiguas y levantarán los asolamientos del pasado. Restaurarán las ciudades asoladas, los escombros de muchas generaciones. 5 Habrá extranjeros para apacentar tus ganados, y extraños serán tus labradores y viñadores. 6 Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Yahvé y nombrados ministros de nuestro Dios. 7 Comeréis lo exquisito de las naciones y os adornaréis de su magnificencia. Porque tuvieron el doble en cuanto a vergüenza y fue su parte el oprobio y la confusión, recibirán el doble también sobre la tierra y gozarán de eterna alegría. 8 Porque yo, Yahvé, soy amante del derecho y aborrezco el rapaz latrocinio. Por eso les daré fielmente su recompensa y haré con ellos una alianza eterna. 9 Su descendencia será conocida en los pueblos, y su posteridad en medio de las gentes. Y quien los viere reconocerá que son la progenie bendita de Yahvé.
Al lado de esta satisfacción de tipo moral que sentirán los justos al ver sus derechos vindicados, estará la satisfacción material de ver las ruinas y muros de la ciudad reedificados. Y serán precisamente los extranjeros, súbditos de ellos, los que se ofrecerán para la mano de obra. Aquellos escombros de generaciones (v.9b) causados por las distintas invasiones asirías y babilónicas serán restaurados. El futuro de Jerusalén, pues, es esplendoroso. Los gentiles serán los siervos de los ciudadanos de Sión, ya que tendrán que apacentar los ganados (v.5), y las faenas del campo les estarán encomendadas. De nuevo nos encontramos ante un desbordamiento de imaginación oriental. Son tales los daños que hicieron los extranjeros a Israel con motivo de las invasiones extranjeras, que la compensación consistirá en que aquéllos vengan como siervos de los antes humillados. El mesianismo se concibe aquí vinculado a un ideal un tanto nacionalista, que se irá depurando sucesivamente para dar cabida a un pleno universalismo en el que se reconocerán derechos de ciudadanía también a los no israelitas que se acerquen a Sión, admirando su privilegio como primogénito de Yahvé. 10 La situación de los ciudadanos israelitas aquí es totalmente privilegiada. Ante los otros pueblos serán considerados como sacerdotes de Yahvé (v.6), en cuanto que pertenecen a un pueblo especialmente elegido por Dios para transmitir el mensaje mesiánico a través de las generaciones. Ya en el Éxodo se decía que Israel sería "un reino sacerdotal y un pueblo santo," como algo aparte entre todas las naciones. Los israelitas, frente a los gentiles, gozarán de unos privilegios análogos a los de los sacerdotes aronitas respecto de los demás ciudadanos israelitas. Serán como mediadores entre Dios y los pueblos gentiles: ministros de nuestro Dios (v.6), acompañándoles en la presentación de las ofrendas.12 Los israelitas en esta situación de privilegio, como pueblo sacerdotal, vivirán del trabajo de los extranjeros, comiendo lo exquisito de las naciones (ν.7a), sus riquezas. En el capνtulo anterior dice que beberán del pecho de los reyes. Aquí la idea es análoga. Israel fue siempre un país pobre y soñaba con las riquezas de otras naciones. Ahora Dios les depara todas esas riquezas inesperadas, como compensación por sus sufrimientos y humillaciones a manos de los extranjeros: porque tuvieron el doble en cuanto a vergüenza y fue su parte el oprobio y la confusión (ν.7b). Aquν las palabras doble y parte son equivalentes a herencia. El primogénito tenía derecho al doble de la herencia de los otros hermanos. Israel ha tenido el doble en la parte que le cupo de dolores, y justo es que ahora tenga también la primogenitura o doble sobre la tierra como herencia de bendición, que será el goce de eterna alegría (ν.7c).
La razón de esta justa compensación está en el sentido de equidad que preside los actos de Dios: Porque yo, Yahvé, soy amante del derecho (v.8a); por tanto, no puede aceptar el rapaz latrocinio (v.8a) que los pueblos extranjeros ejercieron contra Israel al ser invadida. Eran instrumentos de la justicia divina, pero sus desmanes no pueden recibir el beneplácito divino. Dios, siempre justo, les dará una recompensa a los humillados israelitas, haciendo con ellos una nueva alianza eterna (v.8b). La alianza del Sinaí había sido quebrantada; por eso Dios hará una nueva con ese núcleo de salvación que formará parte de la nueva ciudadanía mesiánica. 13 Las condiciones de esa alianza serán tan favorables para Sión, que se convertirá en la admiración de los gentiles: Su descendencia será conocida en los pueblos (v.9a). Aquí el sentido de conocida equivale a gloriosa, objeto de admiración, como progenie bendita de Yahvé (v.9b). Antes había dicho que era una plantación de Yahvé; ahora la reconoce como descendencia, objeto de las bendiciones de Dios.
Exultación ante la gloriosa perspectiva (10-11)
10 Altamente me gozaré en Yahvé, y mi alma saltará de júbilo en mi Dios, porque me vistió de vestiduras de salvación y me envolvió en manto de justicia, como esposo que se ciñe la frente con diadema14, y como esposa que se adorna con sus joyas. 11 Porque, como produce la tierra sus gérmenes y como hace brotar el huerto sus semillas, así el Señor, Yahvé, hará brotar la justicia y la alabanza ante todas las gentes.
Este fragmento puede entenderse como una explosión lírica del profeta o de Sión personificada, que exulta jubilosa ante las nuevas perspectivas luminosas que se ofrecen a sus ojos. No hay razones suficientes para desconectarlo con lo anterior, como si fuese un bloque errático, insertado aquí posteriormente. 15 Jerusalén ha sido vestida con vestiduras de salvación (v.10b), e.d., Yahvé le ha otorgado la salvación, que aparece ante los pueblos como un nuevo Atuendo nupcial, según dirá a continuación. El manto de justicia parece ser una frase paralela, con idéntico sentido, ya que justicia muchas veces, en los profetas, es sinónimo de salvación. La razón de que Sión se ciña la frente como esposo. es precisamente la aparición inesperada de esa justicia o salvación (v.11b), que Yahvé mismo ha hecho brotar en su pueblo como en el huerto las semillas. Ese horizonte de justicia hará que Sión sea objeto de alabanza ante todas las gentes (v.11b).
1 Cf IS 11:1,42:1; 48:16 — 2 Cf. 1 Sam 9:16; 10:1; 16:13; Ex 29:7; Lev 7:35. — 3 Cf. Lev 25:10; Dt 15:12; Jer 34:8-15.17; Ez 46:17. — 4 Cf. Is 63:4; 59:16ss. — 5 Cf. Is 63:4. — 6 Cf. 2 Sam 13:19; Ez 27:30. — 7 Cf. Sal 45:8; Lc 27:30. — 8 Cf. Jer 17:8; Sal 1:3; 92:13-14. — 9 Cf. Is 60:21. — 10 Cf. Is 49,8; 58:12; 60,10. — 11 Cf. Ex 19:6; Is 59:21. — 12 Is 56:65. — 13 Cf. Is55:3; 59:21. — 14 Lit. en hebreo: "como esposo que lleva la diadema al modo del sacerdote." La traducción dada arriba es conforme a los LXX, y se obtiene por un ligero cambio de letras. — 15 Así lo consideran, entre otros, Cheyne, Duhm, Skinner.
62. Inminencia de la Salvación.
Este capítulo está estrechamente unido, por su contenido, al anterior, pues en ambos se trata de la salvación que se avecina sobre Jerusalén, la cual entrará en relaciones especialísimas con Yahvé como esposa amada, de modo que no se verá de nuevo entregada a los enemigos.
Ansias y aspiraciones del profeta (1-3)
1 Por amor de Sión yo no callaré, y por Jerusalén no pararé hasta que resplandezca su justicia como luz esplendente, y su salvación como antorcha encendida; 2 y verán las naciones tu justicia, y todos los reyes tu gloria, y se te dará un nombre nuevo que la boca de Yahvé determinará; 3 serás en la mano de Yahvé corona de gloria, real diadema en la palma de tu Dios.
En el capítulo anterior se anunciaba como inminente la salvación. El profeta está inquieto y ansioso por ver el nuevo horizonte ya hecho realidad. Hay un fuego interior que le abrasa, los destinos de Jerusalén: Por amor de Sión no callaré (v.1). Sabe que hay ciertas promesas sobre su justicia o salvación (v.1b), la cual ha de manifestarse al fin como antorcha encendida irradiando sobre los otros pueblos (v.2a). Su situación será tan singular que se le dará un nombre nuevo (v.2b) que refleje dignidad. Será el mismo Yahvé quien determine este nombre, pues sólo El es capaz de medir la nueva dignidad de Sión entre las naciones. El profeta no sabe inventar un nombre que refleje plenamente la transformación de Jerusalén en la nueva era, y por eso lo deja a la iniciativa divina. En el v.4 se esforzará en buscar nombres aplicables a Jerusalén que reflejen de algún modo su nueva situación; pero el verdadero nombre nuevo lo determinará la boca de Yahvé.
Jerusalén será como una corona de gloria en la mano de Yahvé (ν. 3), como objeto de su predilección, y resplandeciente como una diadema real ante los otros pueblos. 1
Sión, esposa de Yahvé (4-5)
4 No te llamarán más ya la "Desamparada," ni se llamará más tu tierra "Desolada," sino que te llamarán a ti "Mi complacencia en ella," y a tu tierra "Desposada," porque en ti se complacerá Yahvé, y tu tierra tendrá esposo. 5 Como mancebo que se desposa con una doncella, así el que te edificará se desposará contigo. Y como la esposa hace las delicias del esposo, así harás tú las delicias de tu Dios.
Algunos autores consideran este fragmento como una profecía distinta, sobre todo por razones métricas. No obstante, la ilación de pensamiento parece perfecta con lo que precede. Jerusalén ha sido considerada como una "diadema real en la palma de Yahvé"; ahora va a ser considerada como una esposa, como máxima expresión de amor. El profeta ensaya nombres descriptivos para dar a entender la nueva situación de Sión, en espera de que Dios mismo revele un día el nombre que en realidad le corresponde en justicia. Antes Jerusalén fue considerada como Desamparada y Desolada al ser invadida y destruida; pero ahora, al entrar bajo una protección especial de Dios, se la llamará Mi complacencia en ella y Desposada (v.4b). Yahvé mismo será su esposo. Esta imagen del desposorio es común en la literatura profética a partir de Oseas. 2 Israel en el desierto fue desposada con Yahvé por la alianza mosaica. Por sus infidelidades, Yahvé se separó de ella y la castigó. Pero Yahvé hará una nueva alianza y volverá a ser su Esposo (v.5). Las nuevas relaciones, pues, no pueden ser más estrechas.
Invitación a los centinelas de Sión a estar vigilantes (6-9)
6 Sobre tus murallas, ¡oh Jerusalén! he puesto centinelas, que no callarán ni de día ni de noche. Vosotros, los que hacéis que se acuerde Yahvé, no os calléis, 7 y no le deis treguahasta que restablezca y ponga a Jerusalén por alabanza en la tierra, 8 Juró Yahvé por su diestra y por su brazo poderoso: No daré más tu trigo para comida de tus enemigos, ni los extraños beberán tu mosto, por el que te afanaste. 9 Porque los que hagan la recolección la comerán y alabarán a Yahvé,y los que hagan la vendimia beberán en los atrios de mi santuario.
El profeta nombra centinelas sobre las murallas de Jerusalén (v.6a) para que recuerden con su presencia constantemente a Yahvé las promesas de su reedificación de la ciudad. Algunos autores creen que estos centinelas son una especie de ángeles custodios encargados de los intereses comunitarios de Jerusalén 3. Lo más fácil es suponer simplemente que es el profeta quien habla, como ^al principio del capítulo. No deben callar en su ruego de día y de noche, importunando a Yahvé para que ponga a Jerusalén por alabanza en la tierra (v.7), e.d., objeto de admiración entre los pueblos. 4
Dios hace un juramento solemne de que Jerusalén no será de nuevo invadida, de forma que sus cosechas no sean usufructuadas por los extranjeros: los extraños y enemigos (v.8a). Parece que el profeta piensa en los tiempos que siguieron a la repatriación, cuando Palestina se hallaba bajo la dominación persa y expuesta al pillaje de los samaritanos. 5 Yahvé jura por su diestra, por su brazo, símbolo de su omnipotencia, como garantía de su cumplimiento indefectible.
En los tiempos venideros serán los propios israelitas los que participarán del fruto de sus afanes, con lo que alabarán a Yahvé (v.8), y, sobre todo, beberán en los atrios del santuario, alusión a los convites sagrados con motivo de los sacrificios, acompañados de cánticos de acción de gracias por los beneficios.6 Quizá aluda a las fiestas alegres de la vendimia de los tabernáculos, cuyo jolgorio era proverbial en Israel 7.
Inminencia de la salvación (10-12)
10 Franquead, franquead las puertas, allanad el camino del pueblo, terraplenad, terraplenad la calzada, alzad bandera sobre los pueblos. 11 He aquí que Yahvé proclama a todos los confines de la tierra: Decid a la hija de Sión: He aquí que llega tu salvación, viene con su recompensa y le precede su retribución. 12 Les llamarán pueblo santo, los rescatados de Yahvé, y a ti te llamarán la "Deseada," la "ciudad" no desamparada.
No pocos autores consideran esta sección como un poema aparte en el que hay reminiscencias de otros pasajes anteriores. No obstante, los argumentos para aislarle del contexto anterior no tienen mucho fundamento. Tenemos que contar siempre con la especial psicología del poeta oriental, que hace recapitulaciones y asociaciones de ideas, algunas veces para nosotros desconcertantes. Parece que aquí el profeta hace una invitación indeterminada a salir al encuentro de una caravana de repatriados, e invita a abrir las puertas de la ciudad de par en par: franquead las puertas (v.10), al mismo tiempo que ordena quitar los obstáculos para que la marcha discurra sin dificultades: terraplenad la calzada (v. 10). Era lo que se hacía con ocasión de un cortejo real. Pero con estas palabras quizá el profeta hable en sentido metafórico, es decir, invite a sus conciudadanos a que echen fuera de sí todos los obstáculos morales que se oponen a la venida o manifestación de Dios en su pueblo, trayendo la salvación. En ese caso no se trataría de una caravana de repatriados que llega, sino de un cortejo simbólico ideal que representaría la inauguración solemne de la época de la salud por Yahvé. De este modo tiene perfecta relación con el contexto anterior, en que se suspiraba por la hora de la salvación. Ha llegado el momento solemne, y por ello invita a que se alce una bandera sobre los pueblos (v.10b), como signo de que llega la salvación para todos, y los pueblos se percaten de ello y acudan hacia la Ciudad Santa. Yahvé va a hacer, por su parte, una proclamación solemne: Decid a la hija de Sión: He aquí que llega tu salvación (v.11a). Esta salvación es personificada en una reina que lleva como cortejo la recompensa precedida de la retribución (ν. 1-1b), es la compensaciσn por tantos sufrimientos.
La nueva situación de Jerusalén será tal que sus habitantes serán reconocidos como pueblo santo (v.12a). En 61:6 se decía que los israelitas serían como sacerdotes entre los otros pueblos por su carácter de elegidos e intermedios entre Yahvé y el resto del mundo. Aquí se destaca su carácter de santidad o trascendencia. Serán algo aparte, como vinculados a la esfera de Dios, que vive en una atmósfera de santidad. Serán también los rescatados de Yahvé, porque han sido sacados por El de la gran tribulación, y Sión será la ciudad Deseada, centro de los anhelos de todos los pueblos, por estar bajo una especial protección de Dios; de ahí su nombre de ciudad no desamparada, símbolo de su glorioso futuro, en que estará vinculada a Dios como esposa en virtud de una nueva alianza. 8
63. El día de la venganza de Yahvé
Plegaria por la liberación
La primera parte de este capítulo (1-6) es un oráculo independiente en el que se destaca el triunfo sangriento de Yahvé sobre los enemigos de Israel. La descripción es bellísima y dramática: Yahvé es pintado como un vencedor que viene de Edom con los vestidos teñidos en sangre después de la lucha con los enemigos de Israel.
Yahvé, vengador de su pueblo (1-6)
1 ¿Quién es aquel que avanza de Edom, rojos los vestidos, de Bosra9; aquel tan magnífico en su vestido, avanzando en la plenitud de su fuerza? 10 Yo soy el que habla en justicia, el poderoso para salvar. 2¿Cómo está, pues, rojo tu vestido, y tus ropas como las del que pisa en el lagar? 3 He pisado en el lagar yo solo, y no había conmigo nadie de las gentes. Los he pisado en mi furor y los he hollado en mi ira, y su jugo ha salpicado mis vestiduras y he manchado todas mis ropas. 4 Porque estaba en mi corazón el día de la venganza, y llegaba el año de mis redimidos. 5 Miré, y no había quien ayudara; me maravillé de que no hubiera quien (me) apoyase, 6 y salvóme mi brazo, y me sostuvo mi furor, y aplasté a los pueblos en mi ira y los embriagué en mi furor, derramando en la tierra su jugo.
El profeta, en un transporte de admiración, explica una escena dramática: ve venir de la parte de Edom a un guerrero con los vestidos teñidos en rojo. ¿Quién será aquel ser misterioso que avanza, altivo, después de vencer a los enemigos de su pueblo? Parece que el profeta construye el cuadro a base de la descripción hecha en el c.34 sobre la venganza de Yahvé contra Edom, al sur de Transjordania. En este capítulo se presenta a Yahvé con caracteres apocalípticos, interviniendo justicieramente sobre Edom: "la espada de Yahvé chorrea sangre y está cubierta de grasa., porque hace Yahvé un sacrificio en Bosra y gran matanza en Edom, la tierra está borracha en sangre, y su suelo cubierto de grasa. Los torrentes de Edom se convierten en pez, y su polvo en azufre, y será su tierra como pez que arde de día y de noche; nunca se extinguirá, subirá su humo perpetuamente. Será asolada por generaciones y generaciones. Se adueñarán de ella el pelícano y el mochuelo. Echará Yahvé sobre ella las cuerdas de la confusión y el nivel del vacío, y habitarán en ella los sátiros, y todos sus nobles quedarán exterminados. Allí tendrá su morada el fantasma nocturno. Allí hará su nido la serpiente. Y las mismas fuerzas cósmicas multiplicarán este ambiente de desolación. La milicia de los cielos se disuelve, se enrollan los cielos como se enrolla un libro, y todo su ejército caerá como caen las hojas de la vid, como caen las hojas de la higuera. Mi espada se embriagará en los cielos, y va a caer sobre Edom, sobre el pueblo que he destinado al exterminio." En este contexto estremecedor hay que interpretar el oráculo del c.63, y así se hacen perfectamente inteligibles las menciones de Edom y de Bosra, siendo ésta la capital del reino de Edom. 12
La elección de Edom como símbolo de los enemigos de Israel, sobre los que Yahvé va a hacer un juicio, es perfectamente comprensible teniendo en cuenta que los edomitas eran los enemigos tradicionales del pueblo hebreo. 13 Yahvé, pues, es presentado en el día del juicio sobre los pueblos enemigos de Israel como viniendo de Edom, el enemigo por excelencia. Trae los vestidos teñidos en la sangre de sus enemigos. La frase es fuerte, pero muy conforme a la hipérbole oriental. El color rojo púrpura de la sangre hace que aparezca al profeta magnifico en su vestido (v.1b), mostrando pleno vigor en la plenitud de su fuerza de guerrero invencible. Es el héroe tradicional de la antigüedad.
La intervención de Yahvé se basa en los postulados de "justicia: Yo soy el que habla en justicia (v.1c). La venganza punitiva sobre los enemigos de Israel es una exigencia de la equidad y de la rectitud de Dios.
El profeta establece un diálogo con el vencedor. Se siente asombrado del color rojo sangre de sus vestidos: ¿cómo está, pues, rojo tu vestido, como el del que pisa en el lagar? Yahvé contesta al punto: Ha llegado el momento de la ira divina sobre los pueblos, y a El solo le pertenece el castigar: He pisado en el lagar yo solo (v.3a). Ha intervenido personalmente, sin acudir a otros pueblos como auxiliares: no había conmigo nadie de las gentes (v.3a). En la historia había utilizado como instrumentos de su ira a diversas naciones y personajes, como los asirios y babilónicos; pero ahora la intervención de Yahvé es directa. Ha llegado el juicio sobre los pueblos: los he hollado en mi ira, y su jugo ha salpicado mis vestiduras (v.3bc).
Había llegado el día determinado para la venganza: estaba en mi corazón el día de la venganza (v.4). La expresión en mi corazón es sinónima de determinación de su voluntad. El día de la venganza es exigido por el año de mis redimidos, que es el "año de gracia" del 61:2, la era de la salvación de Israel. Aquí se contrapone el día de venganza al año de mis redimidos. Como siempre, la misericordia de Dios triunfa sobre la justicia: Dios castiga, según la Ley, hasta la cuarta generación, pero ejerce su misericordia por miles de generaciones. Los israelitas son los redimidos de Yahvé, en cuanto que es el valedor y abogado de sus derechos. La palabra hebrea que traducimos por redimidos tiene ese sentido de protegidos oficialmente por Yahvé, que es el go'el, o Redentor de ellos. 14
Antes de intervenir, Yahvé busca una ayuda para realizar sus designios, y no la encuentra: Miré, y no había quien (me) ayudara; me maravillé de que no hubiese quien (me) apoyase (ν.6). La frase es casi igual a la de 59:16. Yahvι no encuentra auxiliar en su obra de venganza y se maravilla de ello, porque todos estaban contaminados de pecado; entonces se decide a intervenir solo, con su omnipotencia: salvóme mi brazo (v.6a). La consecuencia fue el aplastamiento de sus enemigos: los embriagué en mi furor, haciéndoles beber del cáliz de su ira hasta desbordar, derramando en la tierra su jugo (v.6c), la sangre vertida a raudales como el jugo del mosto en el lagar. En todas estas imágenes no debemos ver sino la inflexibilidad de la justicia divina. Son comparaciones hiperbólicas de autores orientales, que nunca han de tomarse a la letra. Aquí no se exalta el espíritu de venganza, sino el de justicia.
Acción de gracias por los beneficios de Yahvé (7-10)
7 Cantaré las misericordias de Yahvé, las alabanzas de Yahvé, todo lo que ha hecho con nosotros, lleno de bondad para la casa de Israel; lo que ha hecho por nosotros en su misericordia 15 y conforme a la muchedumbre de sus gracias. 8 Dijo: Ciertamente son mi pueblo, son hijos que no engañarán. Y fue su Salvador 9 en todas sus angustias. No fue un mensajero, un ángel16; su faz misma los salvó; en su amor y clemencia, El mismo los rescató, y los soportó y sostuvo todos los días de la antigüedad. 10 Pero ellos se rebelaron y contristaron su santo espíritu, y se les cambió en enemigo y combatió contra ellos.
Este fragmento de tipo salmódico es una efusión del alma del profeta en acción de gracias por los beneficios otorgados por Yahvé en los tiempos antiguos (ν.7). Al mismo tiempo reconoce los pecados de su pueblo e implora el auxilio divino de nuevo sobre su naciσn.
Yahvé había tenido esperanza de que Israel fuera fiel (son mi pueblo, no engañaran, v.8), y por eso se ofreció como Salvador de él en todas sus angustias (v.9a), e.d., en todos los momentos críticos de su historia como pueblo. Tuvo tal providencia de su pueblo, que no lo salvó por medio de un mensajero o ángel (v.8a), sino que le ayudó personalmente; su faz misma los salvó (v.9b). La expresión faz de Yahvé equivale en la Biblia a la persona de Yahvé. 17
Pero se rebelaron y contristaron su santo espíritu. Aquí el espíritu de Yahvé obrando en la historia. Dios es como una energía divina que actúa en la historia de Israel y se manifiesta en su legislación. Oponerse a ésta es atentar contra su espíritu o intención. Yahvé había comunicado a los caudillos del Antiguo Testamento su espíritu para realizar sus intenciones providenciales sobre su pueblo, y algunas veces ese espíritu se manifestaba carismáticamente en determinadas coyunturas de la historia. Israel no fue dócil a este espíritu de Yahvé, y de ahí que incurriera en sus iras. Por eso Yahvé se convirtió en enemigo y combatió contra ellos (v.10), castigándoles y entregándoles a sus enemigos.
El pueblo, arrepentido, suspira por Yahvé (11-14)
11 Entonces su pueblo se acordó de los días antiguos de Moisés 19. ¿Dónde está el que los sacó del mar, el pastor de su rebaño? ¿Dónde el que puso en medio de él su santo espíritu? 12 ¿El que hizo marchar a la diestra de Moisés su brazo glorioso; el que delante de ellos hendió las aguas, haciéndose así un renombre eterno; 13 el que los condujo por los abismos como a caballo por el desierto, sin que tropezaran? 14 Como a la bestia que desciende al valle 20, el espíritu de Yahvé los hizo reposar. Así condujiste tú a tu pueblo para forjarte un renombre glorioso.
En medio de las tribulaciones, el pueblo descarriado se acordó de los antiguos días de Moisés (v.11a), en que se manifestó la protección de Yahvé de un modo palpable sobre sus antepasados. Por eso, al sentirse aislados de Yahvé, y aun teniéndole en contra, por permitir que sus enemigos se apoderaran de su heredad, surgía espontáneamente la pregunta en la boca de todos: ¿Dónde está el que los sacó del mar? ¿Cómo es que Yahvé, que antes se preocupó tanto de Israel, hasta hacer milagros, los tiene ahora abandonados? Por otra parte, ¿no es Yahvé el pastor de su rebaño? Israel pertenece a Yahvé de un modo especial, y El tiene que preocuparse de guiarle en las horas críticas en que se compromete la existencia del rebaño. Por la historia sabían la especial providencia que había tenido sobre ellos, infundiendo espíritu de gobierno a sus jefes; pero ahora, ¿dónde está el que puso en medio de él (rebaño) su santo espíritu? (1:1b). Ahora parece que ese santo espíritu de Yahvé, que en otro tiempo gobernaba las vicisitudes de la historia de Israel, se halla alejado. El paso del mar Rojo había quedado como prototipo de la especialísima providencia de Yahvé sobre su pueblo (v.12-13).
Esta idea de seguridad y facilidad parece reflejarse en el v.14, sobre el que han dado diversas lecturas y corrección. Según la traducción adoptada, siguiendo el texto hebreo, la idea parece ser que el espíritu de Yahvé condujo al pueblo con la facilidad con que se guía una bestia doméstica para dejarla reposar en los feraces pastos de un valle o depresión de tierra feraz. Por todas estas providencias tomadas con su pueblo, Yahvé se ha forjado un renombre glorioso, e.d., objeto de admiración en las generaciones.
Súplica a Yahvé para que se manifieste como Padre de su pueblo (15-19)
15 Mira desde los cielos y ve desde tu morada santa y gloriosa. ¿Dónde está tu celo y tu fortaleza, la emoción de tus entrañas? ¿y tus misericordias hacia mí se han contenido? 16 Porque tú eres nuestro padre, pues Abraham no nos conoce ni Israel nos reconoce, pero tú eres, ¡oh Yahvé! nuestro Padre, y "Redentor nuestro" es tu nombre desde la eternidad. 17¿Por qué, ¡oh Yahvé! nos dejas errar fuera de tus caminos y endureces nuestro corazón contra tu temor? Vuélvete por amor de tus siervos, de las tribus de tu heredad. 18¿Por qué han ultrajado los impíos tu Santo21, nuestros enemigos han hollado tu santuario? 19 Somos desde mucho ha como aquellos sobre los que no dominas, sobre los que no es invocado tu nombre.
Después de recordar su providencia en el pasado, el profeta invita a Yahvé a repetir de nuevo sus prodigios con su pueblo. Le pide que contemple desde el cielo, la morada santa y gloriosa (v.15a), la situación actual de su pueblo abandonado. ¿Es que se ha acabado el celo y fortaleza que antes había mostrado en favor de su pueblo ? Y, sobre todo, ¿es que se han acabado sus entrañas y misericordia? (v.15b). Yahvé siempre fue un Dios misericordioso y compasivo. ¿Es que ahora se ha cerrado a toda compasión con Israel?
En realidad, Yahvé es el único Padre de Israel (v.16a), que los puede socorrer, pues los grandes antepasados, Abraham e Israel (Jacob), no tienen actualmente conocimiento de su situación. No pueden ayudarles en nada. Son sólo un recuerdo (v.16a). Por eso, Yahvé solo puede ser el Redentor de su pueblo (v.16b), y ése es el nombre que mejor le conviene desde la eternidad.
El profeta pregunta a Yahvé por qué, siendo Padre de su pueblo y su Redentor, los deja andar errantes fuera de sus caminos (v.17) o leyes, permitiendo que se endurezca su corazón, de modo que no obren conforme al temor de Yahvé. La expresión endureces nuestro corazón hay que entenderla en el sentido radical con que hablan los semitas, sin distinguir entre voluntad permisiva y positiva, pues en sus modos de hablar prescinden de las causas segundas.
Consecuencia de ese abandono de Yahvé de su pueblo ha sido la profanación por los impíos del Santo de Yahvé (v.18), el templo. Quizá aluda a las profanaciones después de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor o a alguna incursión de samaritanos en tiempos de la dominación persa, probable época de composición del fragmento.
1 Algunos autores, como Skinner, creen ver en esta frase una alusión a la costumbre gentílica de representar a la divinidad local con la cabeza ceñida por las murallas de la ciudad. El profeta no se atrevería a poner a Jerusalén en la cabeza de Yahvé como irreverente, y suavizaría la imagen diciendo que la tenía en la mano. Cf. o.c., II 210. — 2 Cf. Os c.1-3. — 3 Según la interpretación judaica, esos centinelas son ángeles, que constituyen la guardia invisible de la ciudad. En ese caso, el que habla sería el mismo Yahvé, Para sostener esta opinión se recuerda que en Dan 4:10.20 se da un nombre análogo para significar "ángeles." En 1 Re 22:19 se habla del "consejo" de Dios. Se cita a Zac 1:12 y a Ez 29:16; y Zac 3:1. Cf. Skinner, o.c., II 211. — 4 Cf. Isóo.iS; 61:11. — 5 Cf. Nehs.15; 4:9- — 6 Cf. Dt 12:1735; 14:23. — 7 Skinner ve en la palabra alabaran, en hebreo hillel, una alusión al canto del Hillulim, que se preceptuaba en Lev 19:24; Jue 9:7. — 8 Cf. Is 6a,5ss. — 9 Esta es la lectura exacta del texto hebreo, que tiene un sentido claro. Algunos autores han querido conseguir, con un ligero cambio de vocalización, otra lectura muy bella e insinuante: ¿quién es aquel que avanza enrojecido (Edom: adam), con vestidos más rojos que los de un lagarero (Bosra: Basir) ? Esta lectura hace más fácil la aplicación del cuadro a Jesucristo, teñido en sangre venciendo a los enemigos con su muerte. — 10 En hebreo lit.: "inclinándose en la plenitud de su fuerza"; lo que no parece adaptarse al carácter altivo del vencedor. Con un ligero cambio de vocales tenemos la traducción arriba apuntada. — 11 Is 34:4-15- — 12 Para la identificación de Edom y de Bosra véase el comentario a Is 34.6. — 13 Cf. Abd iss; Is 34:515; Ez 35:1ss; Lam 4:21; Sal 137:1. Los edomitas son los que más se ensañaron con los israelitas vencidos después de la destrucción de Jerusalén por Na-bucodonosor. Esto aumentó el odio tradicional entre ambos pueblos, que, según la Biblia, eran parientes de origen, pues Israel procedía de Jacob, y Edom de Esaú, su hermano. Cuando los israelitas quisieron pasar por Edom camino de Canaán, los edomitas se opusieron tenazmente, y ésta fue la primera causa de la odiosidad. — 14 Sobre el go'el cf. Job 19:26. — 15 Así según la traducción de los LXX. El texto hebreo dice: "lo que hizo por el Dios," que no se adapta bien al contexto. — 16 El texto hebreo dice tribulación en vez de mensajero, que traducimos nosotros con un ligero cambio de vocalización, siguiendo a muchos críticos. Lo que da un excelente sentido en el contexto. Además, es la lectura de los LXX. — 17 Cf. Ex 23:2033; 33:143. — 19 Moisés y su pueblo faltan en los LXX. — 20 Diversas son las traducciones de este texto, que no ha llegado completo a nosotros. La Bible de Jérusalem traduce: "no tropezaron más que un buey que desciende a la llanura," uniéndolo con lo anterior. Dennefeld y Skinner traducen como hemos puesto arriba en el texto. — 21 Así según una reconstrucción muy verosímil, seguida por numerosos exegetas: Con-damin, Marti, Gesenius, etc. El texto hebreo dice literalmente "por un poco de tiempo, vuestro pueblo santo ha poseído la tierra." Un cambio de vocalización da la traducción arriba adoptada.
64. Ansias de la manifestación de Yahve
Yahvé, obrador de prodigios (1-5)
1(19) ¡Oh si rasgaras los cielos y bajaras, de suerte que los montes se estremecieran ante ti, 2/1 como fuego abrasador que quema la leña seca, como fuego que hace hervir el agua! Para dar a conocer a tus enemigos tu nombre y hacer temblar a los pueblos gentiles ante ti 3/2 al hacer tus inesperados prodigios. (Descendiste y ante ti se tambalearon las montañas) 4/3 de que no se oyó jamás. Ni oyeron oídos, ni ojos vieron Dios, fuera de ti, que (así) obrara con los que en él confían. 5/4 Tú te adelantas a los que obran justicia 2 y se acuerdan de tus caminos.
Esa situación de abandono en que está el pueblo hace que el profeta sienta hasta ansias de que se rasguen los cielos (v.19/1), el único obstáculo físico que parece oponerse a sus relaciones con Yahvé. Para Yahvé es tan fácil rasgar los cielos como para el fuego quemar la leña seca (v.2/1), y hacer temblar los montes como al fuego hacer hervir el agua. El profeta quiere dar a conocer a los enemigos de Yahvé su nombre, su manifestación gloriosa, para que se extendiera su renombre entre los pueblos gentiles (v.2/1). Y todo ello con inesperados prodigios (v.3/2), como en el pasado contra los egipcios. Sería el mejor modo de fortalecer a los que en El confían (v. 4;3). Pues es un hecho que Dios es el primero en proteger a los que son justos: Tú te adelantas a los que obran justicia (v.5/4), saliéndoles al paso para acoger sus ansias y oraciones.
Confesión de los pecados del pueblo (5b-7)
5b/4 He aquí que te irritaste, pues hemos pecado, por nuestra infidelidad y nuestra defección 3. 6/5 Todos nosotros fuimos impuros, y toda nuestra justicia es como vestido inmundo, y nos marchitamos como hojas todos nosotros, y nuestras iniquidades como viento nos arrastran. 7/6 Y nadie invoca tu nombre ni despierta para unirse a ti. Porque has ocultado tu rostro de nosotros y nos has entregado a nuestras iniquidades.
Yahvé es bueno para los que obran justicia (v.5a/4), pero castiga a los pecadores. Si se irritó con Israel, es porque ha pecado (v.5b/4). El profeta confiesa ese estado de transgresión general: los israelitas son impuros (v.6/5), contaminados con muchos pecados 4. Son como un vestido inmundo, en el sentido levítico, 5 sus justicias o actos de virtud, pues iban acompañadas de miras materiales. Consecuencia de ello es una languidez espiritual: nos marchitamos como hojas (v.6/5), siendo arrastrados por sus iniquidades, como llevados de un fuerte viento.
La situación pecaminosa es tal, que han caído en una especie de letargo espiritual y no hay nadie que se preocupe de invocar su nombre (ν.7/6), ni despierta para unirse a Yahvé. Es el peor síntoma, la atonía religiosa total. Y esto es consecuencia del abandono de Yahvé: has ocultado tu rostro de nosotros.
Paternidad de Yahvé sobre Israel (8/7-12/11).
8/7 Mas ahora, ¡oh Yahvé! tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla, y tú nuestro alfarero, todos somos obra de tus manos. 9/8 ¡Oh Yahvé! no te irrites demasiado, no estés siempre acordándote de la iniquidad. Ve, mira que todos nosotros somos tu pueblo. 10/9 Tus ciudades santas están hechas un desierto, Sión es una estepa, Jerusalén un lugar asolado. 11/10 Nuestro santo y magnífico templo, donde te alababan nuestros padres, ha sido presa del fuego. Todas nuestras cosas queridas están en ruinas. 12/11 Y ante todo esto, ¿vas a contenerte, ¡oh Yahvé! vas a callarte para humillarnos del todo?
Después de reconocer los pecados del pueblo, el profeta vuelve a Yahvé, apelando a su misericordia: Israel es su pueblo, y Yahvé no puede ser indiferente a sus calamidades. Yahvé es el alfarero de Israel, que es a su vez la arcilla (v.8/7), porque históricamente han sido elegidos y constituidos gratuitamente en pueblo por Yahvé: obra de sus manos. Israel históricamente no tuvo otra razón de ser que la elección de Yahvé6. No debe pensar Yahvé tanto en la iniquidad de Israel cuanto en sus designios misericordiosos, ya que Israel al fin es su pueblo. Los efectos de la ira divina han sido terribles: las ciudades santas hechas un desierto (v.10/9). Las ciudades de Israel son santas porque están en la tierra santa, elegida y santificada por la presencia de Yahvé. Hasta la residencia personal de Yahvé (donde te alababan nuestros padres) es presa del fuego. El profeta alude a la destrucción del templo por los soldados de Nabucodonosor; con él se arruinaron todas las cosas queridas.1 La tragedia nacional no pudo ser mayor. Y ante este espectáculo, ¿va a quedar Yahvé indiferente?: ante todo esto, ¿vas a contenerte, oh Yahvé? La elocuencia del profeta no puede ser más insinuante. Dios no puede abandonar al pueblo por más tiempo. La medida de los sufrimientos nacionales ha llegado a su colmo, y la intervención de Yahvé no puede tardar.
65. Amenazas a los pecadores y promesas a los Justos.
Por el contenido, este capítulo puede dividirse en dos partes netas: a) 1-12: contraposición entre los siervos de Yahvé y los apóstatas; b) separación final de ambas partes. Este capítulo está estrechamente unido al siguiente por el estilo y el tema.
Obstinación del pueblo? que desprecia las gracias. divinas (1-7)
1 Déjeme consultar por los que no me interrogaban, déjeme hallar por los que no me buscaban. Yo decía: Heme aquí, heme aquí, a gente que no invocaba mi nombre. 2 Todo el día tendía yo mis manos a un pueblo rebelde, que iba por caminos malos, en pos de sus pensamientos. 3 Un pueblo que me provocaba a ira descaradamente y sin cesar, sacrificando en los huertos y quemando incienso sobre ladrillos; 4 que va a sentarse en los sepulcros y pasa la noche en lugares secretos; que come carne de puerco, y en cuyas ollas hay manjares inmundos; 5 que dice: Quédate aquí, no te llegues a mí, que te santificaría. Es como humo en mis narices, fuego encendido todo el día. 6 He aquí que está escrito delante de mí, y no callaré sin darles su paga y retribuirles con medida colmada. 7 Vuestras iniquidades y las iniquidades de vuestros padres, dice Yahvé, que quemaron incienso en los montes y me ultrajaron en los collados. Yo les mediré en el seno el salario de sus obras pasadas 2.
Parecen las palabras de este capítulo la respuesta de Yahvé a la plegaria del capítulo precedente 3. Dios quiere justificar su conducta, tachada de indiferente para con su pueblo. Yahvé quiere hacer ver que ha estado siempre a disposición de su pueblo, derramando benevolencia y protección. Antes de castigarlos ha estado con los brazos abiertos como padre, buscando atraerlos; pero ellos se dieron a la idolatría.
Yahvé no se había ocultado de los israelitas, sino que estaba a su disposición: Déjeme consultar por los que no me interrogaban (v.1). La conducta de Israel fue, en cambio, despectiva: no me buscaban, a pesar de que Yahvé se dejaba hallar; su actitud era una constante invitación a ayudarles en todo: Heme aquí (v.2); pero ellos no invocaban su nombre, e.d., preferían consultar a los dioses de otros pueblos, porque eran un pueblo rebelde que iba por caminos malos (v.2). San Pablo aplica estas palabras al Israel de su tiempo, que no quiso recibir a Cristo 4. La historia del pueblo elegido siempre fue la misma: en vez de seguir las directrices de su Dios, se fue en pos de sus pensamientos (v.2), e.d., sus inclinaciones materialistas, satisfechas mejor en los cultos idolátricos.
A continuación Dios concreta estos caminos malos de Israel: la más crasa idolatría fue su trayectoria constante, de forma que fue una provocación constante a la ira de Yahvé (ν.3). Υ esto lo hacνa descaradamente (en heb. lit. "ante mi faz"), llegando al colmo de la insolencia de entregarse a la idolatría en el país de Yahvé, ante su faz. Lugares preferidos de este culto eran los frondosos huertos5, santuarios al aire libre que simbolizaban con su feracidad el poder de fecundación de Astarté. La expresión quemar incienso sobre los ladrillos (v.3b) parece irónica y despectiva. Es una alusión a los altares de ladrillo construidos ante el ídolo, donde quemaban las víctimas, el incienso, y derramaban el óleo.6 Además, no faltaban prácticas necrománticas: va a sentarse en los sepulcros (v.4), alusión a los ritos de consultación de los muertos, por los que los vivientes creían estar en comunicación con los difuntos. Quizá a esto se refiere la frase siguiente: y pasan la noche en lugares secretos. 7 Jerónimo dice que los devotos se echaban sobre las pieles de las víctimas para conocer el futuro. Es el rito llamado de la incubación. La traducción griega parece entenderlo así. 8 Otra abominación era que comían carne de puerco (v.4-b), lo que estaba prohibido por la ley levítica. 9 Parece que la razón de la prohibición de la carne de cerdo en muchos pueblos semitas obedecía a que se relacionaba a dicho animal con determinadas fuerzas demoníacas subterráneas. En algunas religiones semitas, el cerdo ciertamente era consagrado a las divinidades. 10 En aquellos banquetes sacrificiales había para el fiel judío manjares inmundos (v.4b). En 66:17 especificará más esta idea el autor.
Los que participan de los cultos idolátricos se consideran como algo aparte, intocables. Según la mentalidad semítica, el que participaba en el culto como oficiante estaba poseído de una virtud especial de santidad que le ponía aparte de todo lo común: no te llegues a mí, que te santificaría (v.5a); es un aviso para que se abstengan de comunicar con él los profanos no iniciados. La santidad se comunicaba por contacto, como un fluido eléctrico. Los vestidos con que oficiaban en el templo los sacerdotes debían ser depuestos inmediatamente para no santificar al pueblo, es decir, hacerle inepto para vivir en contacto con lo profano. En la frase del profeta aquí parece que hay un dejo de ironía: los que participan de los cultos idolátricos se consideran santos, cuando en realidad no hay más que un Santo, y sólo al acercarse El se contrae la santidad. En este supuesto, la conducta de tales israelitas es un constante insulto: es como humo en mis narices, fuego encendido todo el día (v.8b). Ese proceder le es tan irritante como el humo en las narices, provocado por el fuego encendido todo el día.
Ante esta provocación, la reacción divina no puede ser otra que el castigo. Todas las acciones del pueblo están registradas en un libro, como en un diario: He aquí que esta escrito delante de mí (v.6), y Yahvé las tiene constantemente presentes, clamando por un castigo: no callaré sin dar (les) la paga y retribuirles. (v.6). La justicia divina exige cierta compensación, y nada se puede escapar a su alcance. 12
A continuación enumera las iniquidades presentes y las de las generaciones anteriores. La medida está colmada por tantas transgresiones: quemaron incienso en los montes, collados (ν.7). Son los sacrificios idolαtricos o cismáticos sobre los "altos lugares," tan recriminados en la Biblia. 13 El castigo no puede hacerse esperar: yo les mediré en el seno (v.1c), es una frase que equivale a "dar colmadamente," llenando todos los repliegues de la túnica recogida hacia el seno. 14 El salario de sus obras será el castigo por tantas acciones pecaminosas.
El núcleo de elegidos es preservado (8-10)
8 Así dice Yahvé: Como cuando hay jugo en un racimose dice: No lo eches a perder, que hay en él bendición, así haré yo por amor de mis siervos: no los destruiré del todo, 9 sino que sacaré de Jacob una progenie, y de Judá un heredero de mis montes, y los habitarán mis elegidos y morarán allí mis siervos. 10 Y será Sarón prado para los carneros, y el valle de Acor dehesa para los bueyes del pueblo que me ha buscado.
De ese castigo se salvará un núcleo de salvación, objeto de las bendiciones divinas; los justos se salvarán. Dios no mira sólo las iniquidades, sino también las buenas acciones. Israel es como un racimo no del todo seco, en el que hay todavía algo de jugo (v.8a), algunos granos buenos, que son todavía una bendición de parte de Dios, o don de su providencia, y, por tanto, el vendimiador no lo desecha totalmente. Así, Yahvé no destruirá totalmente al pueblo por amor a esos pocos justos que quedan en medio de la apostasía general. En realidad, todavía queda un núcleo de bendición del que puede salir una progenie (v.9), que se multiplicará hasta hacerse heredera de los montes o contornos de la Tierra Santa de Yahvé, país esencialmente montañoso. 15 Allí moraran los fieles a Yahvé, y su pueblo disfrutará de la llanura de Sarón (v.10), tradicionalmente fértil en pastos para carneros, o ganado menor, en el oeste costero de Palestina, y también serán dueños del valle de Acor, junto a Jericó, al este, lugar también de buenos pastos para los bueyes. El autor, al elegir estos dos nombres de Sarón y Acor, quiere simplemente indicar los límites del país de Yahvé, que será confiado en herencia a esa progenie numerosa, que a su vez proviene de ese reducido núcleo salvado de la catástrofe. 16
Castigo de los pecadores y apóstatas (11-12)
11 Pero vosotros, los que dejáis a Yahvé y olvidáis mi santo monte, los que aderezáis mesa para Gad y llenáis la copa para Meni, 12 os destinaré a la espada, y todos sucumbiréis a la matanza, porque, cuando os llamaba, no me respondisteis, y cuando os hablaba no me escuchasteis; hacíais lo que es malo a mis ojos y elegíais lo que me desagradaba.
Yahvé contrapone a la situación de la progenie de bendición, que heredarán sus montes, la de los apóstatas, que se olvidan de su santo monte, o colina de Sión, sobre la que está su templo. No van a darle culto a su santuario, mientras que se dan a ritos idolátricos, entregándose a festejos sagrados a la diosa Fortuna: aderezáis la mesa a Gad (v.11). Gad era la diosa siria que los griegos llamaban τύχη, ο Fortuna de los romanos. Tenía un templo en Gaza, no lejos de Jerusalén. La frase aderezáis mesa para Gad alude al rito llamado lectisternia en la antigüedad: se colocaban oblaciones de harina y otros manjares para comida de los dioses. 17 Gad era el dios de la dicha y la fortuna. Aparece en muchas inscripciones fenicias y palmiranas, y en la Pentápolis filistea. Meni es menos conocido (su nombre es relacionado con el verbo hebreo manah, contar, destinar). Se le ha identificado con la diosa Manat, una de las tres divinidades preislámicas. 18 Se le ha identificado también con Venus, llamada por los árabes Fortuna menor. Se le suele considerar como la personificación del Destino. 19 Yahvé recrimina estos cultos sacrificiales: llenáis la copa para Meni (v.11b). Por eso anuncia el castigo: os destinaré a la matanza (v.12a). El profeta juega con la palabra Meni (dios del "Destino") y el verbo manah (destinar). Por fin, Yahvé les recuerda los tiempos en que se ofrecía a ellos para hablar y no le escucharon.
Contraste entre la suerte de los apóstatas y la de los fieles (13-16)
13 Por eso dice el Señor, Yahvé: He aquí que mis siervos comerán, y vosotros tendréis hambre. Mis siervos beberán, y vosotros tendréis sed. Mis siervos cantarán, gozarán, y vosotros seréis confundidos. 14 Mis siervos cantarán, lleno de júbilo el corazón; pero vosotros gemiréis con el corazón dolorido y aullaréis con el espíritu quebrantado. 15 Dejaréis vuestro nombre como maldición para mis elegidos: "El Señor, Yahvé, te mate," y a sus siervos les dará otro nombre. 16 Todo el que en la tierra quiera bendecirse, se bendecirá en el Dios fiel. Todo el que en la tierra jurare, jurará por el nombre del Dios fiel, pues las angustias pasadas se darán al olvido y estarán ocultas a mis ojos.
Consecuencia lógica de estas transgresiones será que los apóstatas no participarán de las bendiciones de los justos: tendréis hambre (v.13). El contraste es destacado como consecuencia de dos situaciones contrapuestas.
El castigo de estos pecadores servirá de ejemplo a las generaciones futuras, y los fieles se servirán de él como fórmula de imprecación: El Señor, Yahvé, te mate (v.15). 20 En cambio, los fieles a Yahvé recibirán otro nombre, en conformidad con la nueva situación. Será un reinado de bendición bajo la protección divina, de tal forma que el que invoque sobre sí una bendición del cielo (el que quiera bendecirse, v.16a), lo hará en el Dios fiel a sus promesas. La fidelidad de Yahvé será una de las cosas que más resplandecerán en la nueva situación, pues todos verán el cumplimiento de las promesas antiguas. Y ese estado de felicidad total hará que se olviden las angustias pasadas (v.16b) y no vuelvan a repetirse: estarán ocultas a mis ojos.
Los cielos nuevos y la tierra nueva (17-25)
17 Porque he aquí que voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva, y ya no se recordará lo pasado ni vendrá más a la mente. 18 Sino que se gozarán en gozo y alegría eterna de lo que voy a crear yo, porque he aquí que voy a crear para Jerusalén alegría, y para su pueblo gozo. 19 Y será Jerusalén mi alegría, y mi pueblo mi gozo, y no se oirán más en ella llantos ni clamores. 20 No habrá allí niño de pocos días, ni viejo que no cumpla los suyos, pues el más joven morirá a los cien años, y no llegar a los cien años será tenido por maldición21. 21 Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán su fruto. 22 No edificarán para que habite otro, no plantarán para que coma otro. Porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis elegidos consumirán la obra de sus manos. 23 No se afanarán en vano ni parirán para una muerte prematura22, pues serán la progenie bendita de Yahvé, ellos y sus descendientes. 24 Y sucederá que antes que ellos llamen, responderé yo; todavía no habrán acabado de hablar, y ya les habré escuchado. 25 El lobo y el cordero pacerán juntos; el león, como el buey, comerá paja, y la serpiente comerá polvo. No se hará mal ni corrupción en todo mi monte santo, dice Yahvé.
Precisamente porque en el nuevo estado de cosas todo va a estar presidido por la bendición de Yahvé, tendrá lugar una transformación de la naturaleza: voy a crear unos cielos nuevos y una tierra nueva (ν.17a). Esta idea de una transformación cósmica es un tópico en la literatura profética, 23 sobre todo en la literatura apocalíptica. Siempre nos hallamos ante hipérboles poéticas orientales, que reflejan una situación moral. San Pablo dirá que toda la creación está en dolores de parto esperando la regeneración de los hijos de Dios. La naturaleza está violenta en el estado de pecado del hombre, porque éste la hace servir en contra de los fines para que aquélla ha sido creada24. En los tiempos mesiánicos, aun lo material y cósmico se asociará al estado de exultación de los nuevos ciudadanos de Sión.25 San Juan en el Apocalipsis recogerá esto de los cielos nuevos y la tierra nueva para aplicarlo al estado de la Iglesia triunfante.
En ese nuevo estado de cosas, ya no se recordará lo pasado (ν.17b), los tiempos de angustia fνsica y moral. Ha pasado la hora de las miserias. Todo será ambiente de alegría en Jerusalén (v.18), y el mismo Yahvé se gozará pensando en Jerusalén (v.19), desapareciendo los llantos y clamores. 26 Para colmo de bienaventuranza, los nuevos ciudadanos gozarán de una longevidad desacostumbrada, como en los tiempos de los patriarcas: No habrá niño de pocos días (v.20), e.d., que muera a los pocos días de nacer, ni viejo que no cumpla los suyos. Todos alcanzarán una edad ideal. La edad de cien años será considerada como edad mínima (v.20b). Y el no llegar a esta edad será considerado como una maldición, o castigo de Dios.
Por otra parte, todos disfrutarán de sus bienes (v.21) personalmente, y no sus herederos; pues, dada la longevidad de la vida, todos podrán habitar en las casas por ellos construidas y disfrutar de sus viñas, por ellos plantadas 27, pues su vida será tan larga como la de los árboles (v.22b), 28 pudiendo disfrutar de la obra de sus manos. Es el máximo de felicidad para un israelita.
Además, prosperarán en todos sus trabajos: no se afanarán en vano (v.23), y sus hijos no serán destinados al exterminio por la guerra o la peste: no parirán para una muerte prematura,29 porque constituyen la progenie bendita de Yahvé juntamente con sus descendientes (v.23b). Será tal la protección que Dios tendrá de ellos, que se adelantará a sus peticiones: antes de que llamen responderé.; no habrán acabado de hablar, y ya les habré escuchado (v.24).
Y, por fin, la paz total edénica: el lobo y el cordero pacerán juntos (v.25a). El reino animal participará también de este bienestar general. La lucha por la existencia no tendrá el sentido sangriento de ahora. Los animales carnívoros, corno el león, perderán sus instintos sanguinarios, y comerán paja como el pacífico buey. Es una vuelta al estado de paz de los primeros días de la creación. En Gen 1:29-30 se señala como comida a los hombres y animales en general los productos del reino vegetal. Dios había creado todas las cosas en paz, y la ley de la vida por la que unos vivientes viven a costa de otros no le parecía bien al hagiógrafo, y por eso somete a todos los seres a un plan vegetariano. En la época mesiánica ocurrirá algo parecido, según el profeta. De nuevo nos encontramos con la hipérbole oriental, en la que hay que ver sólo el lado moral expresado, es decir, el estado de paz completa, sin que nada la turbe. Varias de las frases de este versículo están tomadas de Is 11:6-9, de cuyo pasaje parece una condensación. Únicamente se añade que la serpiente comerá polvo, aludiendo, sin duda, a la maldición de Gen 3:14. En medio de tanta bendición permanecerá la maldición del Señor sobre este reptil, símbolo del espíritu del mal, que será inofensivo, pues vivirá del polvo. 30
Como síntesis final, se afirma que no habrá más corrupción o mal en el monte santo de Yahvé, Sión, la capital de la nueva teocracia.
1 Lit. "y pagaré en su seno." El seno equivale a la medida abundante. — 2 Otros traducen lit.: "les mediré su merecido y les daré la paga en su seno" (así Cantera). — 3 Así lo entienden Konig, Gondamin, Feldmann y Dennefeld. — 4 Cf. Rom 10,2os. — 5 Cf. comentario a Is 66:17; 1:29. — 6 Algunos creen que la palabra ladrillo aludiría a las terrazas de las casas, donde se practicarían cultos astrales. Cf. 2 Re 23:12; Jer 19:13; Sof 1:5. Eran cultos de importación asiría. — 7 La palabra que traducimos por lugares secretos es un hapax de sentido incierto. Con-damin quiere relacionar la palabra hebrea nassurim con el asirio massartu, puesto de observación astral. Así traduce: "pasaba la noche en observación," aludiendo a las observaciones mágicas astrales. Cf. condamin, o.c., p.382. — 8 Cf. Skinner, o.c., II 233. — 9 Cf. Lev n,7s; Dt 14:8. — 10 Cf. Smith, The religión of the semites 3.a ed. p.218.29055.351.475.621. — 11 Cf. Ez 44:19; Lev 6:21; Ex 29:37; 30,29; Ez 46:20. — 12 Cf. Sal 18:8. — 13 Cf. Os 4:13; Es. 6:13; Ts 57:7. — 14 Cf. Rut 3:15; Jer 32:19. — 15 Cf. Is 14:25; 57:13. — 16 "Del pueblo que me ha buscado," por razones de ritmo, es considerado como glosa. Sobre Sarón cf. Is 33:9; Sobre Acor cf. Jos 7:24. — 17 Cf. Herod., I 183; Ep. de Jer. v.27s.; Bel y el Dragón: Dan 14; Jer 7:18; 19:13; 44:17; 1 Cor 10:21. Un eco de esto parece ser el rito hebreo de los "panes de la proposición" en el tabernáculo (Ex 25:30), si bien con otro sentido. — 18 Cf. Coran, Sura 53:19. — 19 Cf. Skinner, o.c., II 238. — 20 En Jer 29:21 encontramos una maldición de este tipo: dos individuos que quedan como ejemplo proverbial de la maldición divina. — 21 Otras traducen: "y el pecador de cien años será maldecido." Así Skinner; pero parece fuera de contexto. La palabra traducida por pecador puede significar también fracasar. — 22 Lit. el hebreo dice "parirá para la ruina o terror." — 23 Cf. Is 51:16; 46:22; 11:6-9; 29:17; 30,235; 32:15.35, etc. — 24 Cf. Rom 8:22. 27 Dt 28:30. — 25 Cf. AP2:1; 2 Pe 3:13. — 26 Cf. Ap 17:2. — 28 Cf. Sal 92:12. — 29 Cf. Jer 15:8; Sal 78:33. — 30 Por razones métricas, algunos autores, como Duhm, rechazan como glosa esta última frase relativa a la serpiente.
66. Felicidad de los Fieles Israelitas
Castigo de los impíos
Sigue la antítesis entre la suerte de los fieles a Yahvé y de los apóstatas. En este sentido, este capítulo es complemento del anterior. Parece que hay en él diversos fragmentos inconexos, que han sido incrustados artificialmente, sin mayor unidad. Por eso, no es fácil hacer una división ligada y lógica de los versículos.
Invectiva de Yahvé contra los transgresores (1-4)
1 Así dice Yahvé: El cielo es mi trono, y la tierra el escabel de mis pies. ¿Qué casa podrías edificarme? ¿En qué lugar moraría yo? 2 Todo eso, mis manos lo hicieron; todo esto es mío, dice Yahvé. Y a éste es al que yo miro: I al humilde y abatido de espíritu, al que tiembla ante mi palabra. 3 Hay quien sacrifica un buey y mata un hombre, quien inmola un cordero y desnuca un perro, quien presenta en ofrenda sangre de puerco, quien quema incienso y se postra ante un ídolo. Así como ellos eligen sus caminos y en sus abominaciones se complace su alma, 4 así yo me complaceré en sus calamidades, y traeré sobre ellos lo que se temen. Porque llamé, y nadie me respondió; hablé, y nadie me escuchó. Hicieron lo que era malo a mis ojos y escogieron lo que a mí desagradaba.
Ante todo, Yahvé quiere destacar su trascendencia: el cielo es mi trono 2; por eso ninguna morada terrestre es digna de El. La misma tierra no es sino el escabel de sus pies (v.12). Es tal la majestad y sublimidad de Yahvé, que no hay nada digno de albergarle con decoro en este mundo. El profeta quiere aquí destacar que los meros ritos culturales del templo no bastan para darle un homenaje digno. Busca algo más íntimo, ya que lo material es muy poco para su grandeza. No es que el profeta quiera condenar el culto como manifestación externa de adoración, sino que aquí desea destacar la dignidad sublime de Yahvé, del que no es digno todo lo material que pueda ofrecérsele: ¿en qué lugar moraría yo? (v.1b). Las palabras del profeta quizá sean una respuesta al deseo de los judíos repatriados por edificar el templo, creyéndose con ello cubiertos ante Dios en sus deberes religiosos. El profeta indica que ese templo material es bien poca cosa para el Señor del universo. Lo que en realidad le interesa a Yahvé es el arrepentimiento y la humildad de espíritu: a éste es al que yo miro, al humilde y abatido de espíritu, al que tiembla ante mi palabra y acata los mandatos de su Ley.
Por otra parte, ese culto oficial en el templo no está en consonancia con la conducta moral de los que asisten a él: Hay quien sacrifica un buey y mata un hombre. (v.3a). Parece que aquí se contraponen cuatro actos de culto a cuatro actos idolátricos: a) sacrificio de un buey en el templo y sacrificios humanos (mata un hombre); b) inmolación de corderos en el templo y sacrificio de un perro a los ídolos; c) ofrenda en el altar del santuario y derramamiento de sangre de puerco a los ídolos; d) cremación de incienso en el santuario y postración ante un ídolo (v.3b). Este parece ser el sentido más obvio de esta extraña argumentación del profeta. La versión de los LXX y la Vulgata sugiere otra interpretación: "el que inmola un buey es como el que mata un hombre; el que mata una res, como el que descabeza un perro; el que ofrece una oblación, como el que ofrece sangre de puerco; el que presenta incienso, como el que bendice al ídolo." Según esta lectura, el que cumpliera los actos rituales de inmolar un buey, un cordero, u ofrecer una oblación o incienso, si lo hace sin las debidas disposiciones interiores de humildad y entrega a Dios, es como el que mata a un hombre, el que descabeza un perro, el que ofrece sangre de puerco o bendice al ídolo. Esta interpretación nos resulta un tanto fuerte para la primera frase, en la que se equipararía el sacrificio de un buey y el homicidio. No obstante, el estilo polemista hiperbólico oriental podría explicar estos modos de argumentar, que a nosotros se nos antojan extraños.
De nuevo Yahvé les recrimina sus falsos caminos (v.3c), por ellos escogidos, ya que tienen propensión a complacerse en abominaciones. Pero también Yahvé tiene derecho a complacerse en sus calamidades (v.4). La justicia divina tiene sus derechos inexorables, y por ello hará venir sobre ellos lo que se temen (v.4). Y todo ello por haber sido infieles a sus llamadas e insinuaciones: llamé, y nadie me respondió (v.4b).
Promesas a los fieles (5-9)
5 Oíd la palabra de Yahvé vosotros los que teméis su palabra: Han dicho vuestros hermanos, los que os aborrecen y os niegan por causa de mi nombre: "¡Que haga Yahvé muestra de su gloria, para que veamos vuestro contento!" Pero han de ser confundidos. 6 Voces, alborotos de la ciudad, voces que salen del templo. Es la voz de Yahvé, que da a sus enemigos el pago merecido. 7 Antes de ponerse de parto ha parido; antes de que la sobrevinieran los dolores dio a luz un varón. 8 ¿Quién oyó cosa semejante? ¿Quién vio nunca tal? ¿Es dado a luz un país en un día? ¿Una nación nace toda de una vez ? Pues apenas ha sentido los dolores, ya Sión ha parido a sus hijos. 9 ¿Voy yo a abrir el seno materno para que no haya alumbramiento? dice Yahvé. ¿Voy yo, el que hace parir, a cerrarlo? dice tu Dios.
El profeta se dirige a los fieles para que se consuelen y no hagan caso de sus hermanos de raza (v.5b), que hacen escarnio de las promesas divinas y no creen en ellas. No creen en la próxima manifestación divina, y dicen sarcásticamente: Que haga Yahvé muestra de su gloria para que veamos vuestro contento! (v.5c). Se burlan de esas ilusiones de los fieles, que hablan de cambios de cosas en el futuro, en el que encontrarán su contento. Pero serán confundidos cuando vean el triunfo de los buenos en la manifestación gloriosa de Yahvé.
El profeta dramatiza la situación: Ha llegado el momento esperado del juicio de Dios, y como consecuencia, la confusión: Voces, alborotos de la ciudad., del templo (v.6). Se presenta a Yahvé, que llega con un ejército preparado a dar la batalla a los enemigos, que llenan la ciudad de estruendo y griterío. Yahvé parece salir^ del templo sembrando el alboroto por doquier con su intervención justiciera: da a sus enemigos el pago merecido (v.6b).
Después compara a Jerusalén a una mujer que da origen a una familia numerosa. Su reconstrucción como nación es tan rápida, que, antes de ponerse de parto, ya ha parido (v.7a). Su alumbramiento es tan súbito que, apenas siente los dolores, con toda facilidad da a luz un varón, la máxima aspiración de una madre israelita. Ese varón es el pueblo de Israel, que se va a organizar con todo vigor como nación; de ahí su carácter varonil. Parece aludir el profeta al retorno de los exilados de la diáspora.
El profeta expresa su admiración por el súbito alumbramiento de una nación que alcanza pronto su vigor colectivo: ¿Es dado a luz un país en un día? (8). Sión, apenas ha sentido los dolores del alumbramiento, ya está constituida en nación: ha parido a sus hijos (v.8c).
Y ahora Yahvé quiere justificar sus promesas. ¿Cómo va a poner a un pueblo en tensión constante esperando unas promesas que no se han de cumplir? Esto sería hacer que una mujer tuviera dolores de parto sin obtener el fruto de sus dolores: ¿Voy yo a abrir el seno materno (de la nación) para que no haya alumbramiento? (v.9). Dios es omnipotente, y, por tanto, al lanzar a una nación detrás de una promesa, no es para agotarla en una tensión indefinida, sin alcanzar su meta. Al poner a Sión en trance de alumbramiento, es porque la hará llegar a buen término. Dios no hace las cosas a medias. Y en el caso concreto, Yahvé es el que hace parir (v.8b) a Sión, la pone en trance del alumbramiento, y, por tanto, no va a cerrar su seno en el momento crítico en que se ha de realizar lo esperado y prometido. La imagen es muy gráfica para expresar las largas y fatigosas ilusiones de Israel como nación en pos de los tiempos mesiánicos, en los que había de dar a luz un varón, la nueva comunidad de elegidos en la nueva teocracia.
La consolación de Jerusalén (10-14)
10 Alegraos con Jerusalén y regocijaos con ella todos los que la amáis. Llenaos con ella de alegría los que con ella hicisteis duelo. 11 Para mamar hasta saciaros del pecho de sus consolaciones, para mamar en delicia de los pechos de su gloria. 12 Porque así dice Yahvé: He aquí que voy a derramar sobre ella la paz como río y la gloria de las naciones como torrente desbordado. Y sus niños de pecho serán llevados a la cadera y acariciados sobre las rodillas. 13 Como cuando a uno le consuela su madre, así yo os consolaré a vosotros, y en Jerusalén seréis consolados. 14 Y vosotros lo veréis, y latirá de gozo vuestro corazón, y vuestros huesos reverdecerán como la hierba. La mano de Yahvé se dará a conocer a sus siervos, y (su) furor a sus enemigos.
La perspectiva del nacimiento de una nueva nación debe constituir la alegría de todos los que esperaban en las promesas de Yahvé: Alegraos con Jerusalén. los que la amáis (v.10a). Se acerca la hora del triunfo, y por ello deben participar de su alegría los que en otro tiempo participaron en su duelo (v.10b). 3 A Jerusalén se la presenta como una madre generosa que ofrece sus pechos para que se sacien de su alegría sus habitantes: para mamar, del pecho de sus consolaciones., de su gloria (v.11b). Jerusalén ha sido "consolada," y deben sus ciudadanos participar de estas consolaciones proporcionadas por Yahvé, y con ello la gloria, de la que también ellos deben participar. Jerusalén, que ha sufrido tanto, está ahora como embriagada de consuelo al sentirse vindicada bajo la protección de Yahvé.
Y se especifican esas consolaciones, y la primera de ellas la paz: voy a derramar la paz como río. Jerusalén, siempre en tensión con las invasiones de sus enemigos, va a sentir por primera vez la máxima consolación: la paz total como consecuencia de un nuevo estado de cosas. Y con ella vendrá la gloria de las naciones (v.12b), sus riquezas y tesoros. Y sobre todo vendrán los hijos de Sión que se hallan dispersos: sus niños de pecho serán llevados a la cadera. (v.12c). Es la misma profecía que hemos visto en 60:4. Los gentiles llevarán a los judíos, acariciándolos como niños de pecho sobre su seno. Yahvé mismo consolara personalmente a los israelitas como lo hace una madre con su hijo. Jerusalén será motivo de consuelo para sus habitantes: en Jerusalén seréis consolados (ν.13). Ante este espectαculo, los ciudadanos de Sión sentirán que sus huesos reverdecerán como la hierba (v.14). Es la consecuencia de la alegría profunda que siente. La tristeza seca los huesos, según repetidamente se dice en la Biblia4, y, al contrario, el gozo y la satisfacción los vivifican, como se vivifican las hierbas con la humedad.
Y todo ello como consecuencia de que la mano de Yahvé se dará a conocer a sus siervos (v.14b); su omnipotencia (la mano de Yahvé) se manifestará plenamente en la inauguración de la nueva era mesiánica, castigando con furor a sus enemigos. Es la contrapartida. Los justos serán felices, mientras que los impíos, que se opusieron como enemigos a la manifestación de Dios, serán duramente castigados.
Castigo de los enemigos de Yahvé (15-17)
15 Porque he aquí que llega Yahvé en fuego, y es su carro un torbellino, para tornar su ira en incendio, y sus amenazas en llamas de fuego. 16 Porque va Yahvé a juzgar por el fuego, y por la espada a toda carne, y caerán muchos a los golpes de Yahvé. 17 Los que se santifican y purifican para ir a los jardines tras uno que está en medio, que comen carne de puerco y manjares abominables y ratas, juntamente perecerán, dice Yahvé.
Ese castigo no se hará esperar, pues llega Yahvé en fuego, según la imagen tradicional.5 Su oficio va a ser purificar y discriminar, y por eso el fuego es el símbolo de la purificación. Yahvé viene en un torbellino (v.15a), según las teofanías antiguas del Éxodo y del Sinaí; siempre rodeado de majestad, dominando las fuerzas de la naturaleza. Viene a manifestar su enojo con un incendio, en llamas de fuego. El profeta trabaja siempre con las imágenes tradicionales del Dios airado del Sinaí.6 La literatura apocalíptica recargará estos colores dramáticos: el juicio de Dios será siempre por el fuego.7 Nadie se escapará de su castigo: va a juzgar toda carne (v.16). Todos los pecadores en general están comprendidos entre estos que caerán a los golpes de Yahvé.
Y concreta más el profeta los transgresores que serán objeto de particular castigo divino: los que se santifican y purifican para ir a los jardines (ν.17a). Es una alusiσn a los que iban a cumplir ritos idolátricos en los jardines y lugares frondosos, símbolo de la fecundidad comunicada por determinadas divinidades afrodisíacas, como Istar y Adonis. La frase tras uno que está en medio (ν.17) parece aludir a algún rito según el cual los fieles cumplían ciertos actos de purificación guiados por un mago o mistagogo. En Ez 8:11 se habla de un mago que en medio de 70 ancianos cumple ritos esotéricos. Además, no tienen escrúpulo en comer viandas prohibidas por la Ley: carne de puerco, manjares abominables y ratas (ν.17). Sobre la carne de puerco cf. 65:4. Los manjares abominables deben de ser los reptiles en general, prohibidos por la legislación mosaica. 8 Lo mismo respecto de las ratas, o roedores en general, prohibidas como animales inmundos.
Convocación de todas las naciones (18-24)
18 Yo conozco sus obras y sus pensamientos. Y vendré para reunir a todos los pueblos y lenguas, que vendrán para ver mi gloria. 19 Yo les daré una señal, y mandaré sobrevivientes de ellos a Tarsis, a las naciones de Put9, de Lud, de Mosoc10, de Ros, de Tubal y de Yaván, de las islas lejanas, que no han oído nunca mi nombre y no han visto mi gloria, y pregonarán mi gloria entre las naciones. 20 Y de todas las naciones traerán a vuestros hermanos ofrendas a Yahvé en caballos, en carros, en literas, en mulos y en dromedarios, a mi monte santo, a Jerusalén, dice Yahvé, como traen los hijos de Israel la oblación en vasos puros al templo de Yahvé. 21 Y también yo elegiré de entre ellos sacerdotes y levitas, dice Yahvé. 22 Porque así como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo voy a crear subsistirán ante mí, dice Yahvé, así subsistirá vuestra progenie y vuestro nombre, 23 y de novilunio en novilunio, de sábado en sábado, toda carne vendrá a prosternarse ante mí, dice Yahvé, 24 y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron contra mí, cuyo gusano nunca morirá y cuyo fuego no se apagará, y serán horror a toda carne.
La primera frase del v.18 se refiere a las abominaciones de que hablaba el ν.17. El castigo vendrα precisamente porque sus obras y pensamientos no son conformes con los mandatos de Yahvé, que lo sabe todo.
Y a continuación la mente del profeta se dilata en un horizonte universalista. Todos los pueblos podrán ser testigos de la gran manifestación de Yahvé, que vendrá a reunir todos los pueblos y lenguas (v.15b) para que sean testigos de su gloria o manifestación gloriosa y magnifícente del Dios de Israel. Yahvé mismo dará una señal (v.16a) para que se concentren todos los pueblos. Será un signo prodigioso que llame su atención y los atraiga hacia Sión. Los supervivientes parecen ser los que se libraron del juicio del que se habla en el v. 16, y que pueden ser los paganos buenos, "prosélitos," que se adhirieron a los rescatados de Israel. 11 Vienen de Tarsis, el extremo occidente, en la desembocadura del Guadalquivir 12; de Put, que aparece en la tabla genealógica de Gen 10:6 juntamente con Misraím (Egipto). 13 Parecen ser los habitantes del sudeste de Egipto. Mosoc, al sudeste del mar Negro. 14 Ros, nombre supuesto en relación con el anterior. Tubal, vecinos de Mosoc, al sudeste del mar Negro. Yaván son los "jonios" o griegos. 15 Todos, desde las islas lejanas, aun los que no han oído jamás el nombre del Dios de Sión, se harán eco de la gloria de Yahvé entre las naciones, o pueblos gentiles. Es el reconocimiento de la soberanía de Yahvé en todo el orbe conocido. Y como homenaje traerán ofrendas en todos los medios de transporte: caballos, dromedarios, etc. Es un pasaje paralelo a 60:5-7. El punto de convergencia es el monte santo, la colina de Sión, donde se asienta el templo, morada de Yahvé; por eso las ofrendas son para los hermanos o moradores de la Ciudad Santa.
En el v.21 hay una promesa extraña. Parece que Yahvé va a escoger, de entre los gentiles, sacerdotes y levitas (v.21). Esto es algo excepcional. En 61:5-6 se decía que los israelitas serían sacerdotes, y los otros pueblos serían sus servidores. Por eso muchos autores creen que la frase entre ellos se refiere a los israelitas de la diáspora, que al entrar en la Tierra Santa ejercerían funciones sacerdotales, al menos algunos de ellos, a quienes Dios escogiera por su vinculación a la tribu de Leví. Sin embargo, no pocos autores ven aquí una proclamación enfática de un orden nuevo: yo elegiré (v.21), lo que indicaría como una medida excepcional fuera de la Ley mosaica recibida. 16 Esto estaría en consonancia con la situación totalmente nueva creada por los cielos nuevos y la tierra nueva (v.22a) de que se habla a continuación. Yahvé anuncia una profecía de permanencia eterna de la nueva progenie en la nueva teocracia, como ya se indicó en 65:17. 17 Este fragmento tiene un aire escatológico. Toda la humanidad participará periódicamente en el culto del templo de Jerusalén: de novilunio en novilunio., toda carne vendrá a prosternarse ante mí. La frase toda carne no parece dejar lugar a duda sobre el sentido universalista de la profecía. Todos los pueblos adorarán a Yahvé, participando en el culto solemne en la ciudad de Sión18. Las grandes fiestas eran los novilunios, o primeros de mes, y los sábados. Esta estructura cultual sirve de armazón y símbolo del futuro culto en la nueva Jerusalén.
Y, para terminar, el profeta nos reserva el gran "final" de sus oráculos. En contraposición al estado de triunfo y alegría en que vivirán los escogidos de la nueva Jerusalén está el cuadro aselador del castigo de los impíos y apóstatas. Al salir de la ciudad después de dar culto a Yahvé, se verá la manifestación de Yahvé sobre los impíos: los cadáveres de los que se rebelaron contra mi (v.24 a) yacerán sumidos entre fuego que no se apagará, y serán pasto de un gusano que nunca morirá (v.24b). El espectáculo será de horror para toda carne. El fragmento es escatológico. Al iniciarse la era mesiánica habrá un juicio sobre los impíos, que yacerán eternamente para escarmiento y para glorificación de los justos y de Yahvé. Es un cuadro también hiperbólico oriental con colores apocalípticos. Joel nos presentará a todos los pueblos exprimidos como racimos en el valle de Josafat por el propio Yahvé por haber oprimido a Israel 19. En la profecía que comentamos del libro de Isaías no se especifica el lugar donde estarán estos cadáveres. Sólo se dice que, al salir de la ciudad, los fieles se encontrarán con este espectáculo. Parece que es en el valle de "Gehinnom" o "gehenna," que en Jeremías 7:32-33 aparece como el lugar en que los israelitas idólatras serán pasto de las fieras y los pájaros. Ese valle, terrorífico en la tradición israelítica por haber sido el lugar en que se ofrecieron sacrificios humanos a los ídolos, 20 es el actual wady er-Rababi, al sudoeste de Jerusalén, y que, al unirse con el Cedrón, es llamado hoy día wady en-Nar, o valle del fuego, por los árabes. En esa depresión, considerada como lugar de abominación por los israelitas a causa de los terroríficos recuerdos de culto a los ídolos y a los muertos, se arrojaban las inmundicias de la ciudad. La teología talmúdica coloca aquí la boca del infierno. Nuestro Señor aplicará el nombre de gehenna al infierno del más allá, y traerá este texto de Isaías para hablar de los suplicios eternos de ultratumba. 21 El profeta quiere recalcar el castigo de los impíos, cuyos cuerpos no se consumirán para que lo vean los elegidos. San Juan Bautista hablará también de un juicio inaugural de Dios por el "fuego" antes de la manifestación del Mesías. Por carecer de esperanza de retribución en ultratumba, los profetas confunden los diversos estratos de la etapa mesiánica, y así colocan el juicio discriminador de justos y pecadores antes de inaugurarse la etapa mesiánica. En realidad, según la perspectiva evangélica, este juicio tendrá lugar al fin del mundo.
1 Así según el texto griego y el siríaco. El hebreo dice: "todo esto ha sido." — 2 Cf. Is 57:15; 60:13. — 3 El texto griego lee: "Alégrate, Jerusalén." Pero el paralelismo parece más bien sugerir la lectura del texto hebreo que hemos seguido. — 4 Cf. Sal 31:10; 32:3. La alegría vivifica: Is 44:3. — 5 Cf. Dt 5:22s; Is 29:6; 3:27. — 6 Cf. Hab3:8; Sal 68:17. — 7 Cf. Ez 38:22; Jl 3:2; Am 7:4" — 8 Cf. Lev 7:21; 11.10s; Ez 8:10. — 9 Así según el texto griego; el hebreo dice Pul, desconocido. — 10 El texto hebreo dice "tiradores de arcos," que sería corno un epíteto de Lud, o Lydios. Sabemos que éstos eran famosos como arqueros. Cf. Jer 46:9. Hemos seguido la lectura del texto griego: Mosoc, bien conocido en la geografía bíblica. Cf. Ez 39:2. Ros es una conjetura según este texto de Ezequiel. — 11 Cf. Is4:2; 37:32; 45:20. — 12 Cf. Is2,i6; 23:10. — 13 Cf. Gen 10,6.13; Jer 46:9; Ez 27:10; 30:5. — 14 Son los Mosqui y Tibareni de los clásicos, y los Muski y Tabal de los asirios. Cf. Ez 32:26. — 15 Así Dennefeld, o.c., p.234. — 16 De este parecer es Skinner, o.c., II 254. — 17 Cf. Jer 31:35; 33:25s. — 18 Cf. Zac 14:16. — 19 Jl3. — 20 Cf. Is 33; 57:9; Jer 7:31s. — 21 Cf. Mc 9:43-47.