Tercer Ciclo de Discusiones (c 22-31)
La reacción de Elifaz es violenta, y su discurso abre un tercer ciclo de discusiones, que comprende los c.22-31. En esta nueva serie desaparece Sofar como interlocutor; y, por otra parte, las respuestas de Job a partir del 24:18 se acercan más a las tesis de sus amigos y chocan con los puntos de vista antes expresados en sus discursos violentos que hemos visto. Por eso, algunos creen que es el tercer discurso de Sofar, que se atribuye indebidamente a Job 1. La respuesta de Bildad del c.25 es una simple doxología extremadamente breve, en la que se dice que el ser humano no puede ser puro ante Dios 2. Como a continuación habla Job, cortando irónica y apasionadamente las palabras de Bildad, se supone que 26:5-14 corresponde también a Bildad, constituyendo con 25:1-6 su discurso completo. Todo esto sugiere que el texto actual ha sido trastrocado por los copistas.
22. Replica de Elifaz
La respuesta de Elifaz — incisiva y desafiadora — no responde a las argumentaciones de Job expuestas en el c.21. La idea central es que las desgracias proceden de transgresiones morales anteriores. En"realidad, el beneficiado con la virtud es el propio sujeto, ya que a Dios no le reporta utilidad alguna la buena conducta de los hombres. En el caso de Job, no cabe duda que éste ha pecado, y enumera acremente sus supuestos pecados: exacción sobre los pobres, negativa a dar de comer al hambriento, inconsideración a la viuda y al huérfano. Por todo ello debe reconocer sus faltas y buscar la reconciliación con Dios. Con ello obtendrá la paz y una prosperidad mayor que la anterior perdida. Por otra parte, la suerte de los impíos es trágica, ya que al fin reciben el merecido en esta vida.
Dios da a cada uno según sus méritos (1-5)
1 Repuso Elifaz de Teman, y dijo: 2 ¿Acaso puede ser útil a Dios el hombre? Más bien, a sí mismo aprovecha la sensatez. 3 ¿Tiene algún interés el Omnipotente en que tú seas justo? ¿Gana algo en que sean íntegros tus caminos? 4 ¿Será por tu piedad por lo que El te corrige y entra en juicio contigo? 5¿No es más bien por tu gran malicia y por tus faltas sin número?
Elifaz, representante de la sabiduría de Teman, destaca ahora una nueva idea: la virtud sólo es útil para quien la practica, según aquello de Prov 9:12: "Si eres sabio, para ti lo serás; si eres petulante, tú lo pagarás." En realidad, el Omnipotente está demasiado arriba para depender de las acciones buenas o malas de los hombres; no saca provecho alguno de ellas, y, por tanto, es una pretensión infantil pensar que tiene interés particular en la virtud del justo.
Por otra parte, cuando corrige a alguno y le lleva a juicio, es porque éste no ha sido fiel a los mandatos divinos, alejándose de la virtud de la piedad o temor que le debe (v.4). Si ahora Job sufre, es sin duda porque una gran malicia ha presidido todos sus actos y porque son muchas las faltas que contra Dios ha cometido (v.5). Dios es justo, y, por tanto, si castiga a uno, es porque lo merece. Esta es la tesis tradicional irrebatible, que debe Job ahora considerar para entrar en sí y reconocer su pasado pecaminoso.
Dios castiga a Job por sus graves faltas (6-11)
6 Pues exigías sin razón prenda a tus hermanos, despojabas de sus ropas a los harapientos 3, 7 no dabas de beber al sediento, y al hambriento le negabas el pan. 8 Y de quien tiene mano fuerte, suya es la tierra; y el favorito se instala en ella. 9 Despedías a las viudas con las manos vacías y quebrantabas los brazos de los huérfanos 4. 10 Por eso te rodean los lazos y te sorprende de improviso el terror; 11 y la luz se ha oscurecido y no ves 5, y te inundan aguas desbordadas.
Para facilitar el examen de conciencia de Job, Elifaz enumera las posibles faltas de Job según las exigencias de un código altamente social que forma la base de la predicación profética y deuteronomística, pero que ya se encuentran en la primitiva legislación mosaica 6. Según la Ley, debía devolverse por la tarde los vestidos tomados en prenda, para que el menesteroso tuviera con qué cubrirse por la noche 7. Aquí se echa en cara a Job el haberse aprovechado más de la cuenta de su situación de poder, atrepellando los derechos de los miserables: les quitaba los vestidos necesarios a los harapientos, se negaba a dar agua al sediento y el pan al hambriento, con lo que olvidaba las más elementales obras de misericordia (v.8).
El v.8 quizá esté mejor después del v.9: ha abusado de su poder, protegiendo indebidamente a los favoritos para que se instalaran en la tierra. Y al contrario, no se preocupaba de las necesidades de las viudas y huérfanos, que son los predilectos de Dios 8.
Todas estas transgresiones son la causa de que ahora se vea rodeado de lazos que le ahogan por doquier: todas las calamidades se han dado cita para caer cruelmente sobre Job (v.10). La luz de su vida se ha oscurecido, y ahora se halla a merced de calamidades y desgracias que le inundan como aguas desbordadas (v.11).
La triste suerte de los malvados (12-20)
12 ¿No está Dios en lo alto de los cielos? Mira la cúspide de las estrellas, ¡qué altas están! 13 Y tú dijiste: "¿Qué sabe Dios? ¿Puede juzgar a través de las nubes? 14 Las nubes le cubren como velo, y no ve; se pasea por la bóveda de los cielos." 15 ¿Quieres guardar el antiguo sendero por donde caminaron los hombres inicuos, 16 que fueron arrebatados antes de tiempo, y un río inundó sus cimientos? 17 Los que decían a Dios: "Apártate de nosotros. ¿Qué puede hacernos el Omnipotente?" 18 Y El llenaba su casa de riquezas, pero el consejo de los impíos estaba lejos de El. 19 Viéronlo los justos y se alegraron, y los inocentes se rieron de ellos. 20 "¿No ha sido aniquilada su fortuna, y sus residuos devorados por el fuego?"
Elifaz refleja la mentalidad y consideraciones de los impíos, entre los que coloca al propio desventurado Job. En el caso de éste, como en otros, se manifiesta triunfante la justicia punitiva de Dios. Los malvados no se acuerdan de Dios, al que suponen habitando en lo más alto de los cielos, sobre la cúspide de las mismas estrellas, que están altísimas; en consecuencia, creen que no se preocupa de lo que pasó en el mundo, y menos de la vida de los hombres. ¿Cómo podría contemplar las cosas de la tierra, si tiene interpuesto un velo de nubes, que le ocultan todo? La vida del Omnipotente está lejos de todo lo que pueda inquietarle, de lo que pasa aquí abajo, y tranquilamente se pasea como Rey del universo sobre la bóveda de los cielos (ν.14). Con estas consideraciones, los impíos creen ponerse a salvo de la justicia divina, y así viven fuera de la ley de Dios, aprovechándose indebidamente para prosperar en sus negocios.
Irónicamente interroga Elifaz a Job sobre su conducta, suponiendo que éste no quiere correr la suerte de los hombres inicuos o gigantes, que, olvidando a Dios, siguieron su sendero antiguo, o conducta depravada atávica — la de la descendencia de Caín —, pero fueron arrebatados súbitamente por un diluvio que les inundó hasta los cimientos (ν.16) 9. En su insolencia, creían que no podía castigarlos el Omnipotente. No sabían que Dios les estaba colmando de bienes, llenando su casa de riquezas, y así en sus consejos procuraban a apartar se de los caminos del Señor. Pero, a la hora del castigo, los justos se alegran de la manifestación de la justicia divina, que termina por aniquilarles la fortuna, devorando sus residuos por el fuego. El pensamiento de Elifaz se refiere a todas las manifestaciones punitivas de Dios en la historia contra los malvados, desde la exterminación de los gigantes prediluvianos hasta la tragedia de la casa de Job, que desapareció bajo el efecto de un rayo 10.
Invitación a Job para que se reconcilie con Dios (21-30)
21 Reconcilíate, pues, con El y haz la paz, y de ello te vendrá bien. 22 Recibe la ley de su boca, pon sus preceptos en tu corazón. 23 Si, humillándote, te vuelves al Omnipotente y alejas de tu tienda la iniquidad, 24 tendrás el oro como polvo, y como chinarros del torrente el Ofir12; 25 será el Omnipotente tu tesoro, y plata a montones para ti. 26 Pues hallarás en el Omnipotente tus delicias, alzarás tu rostro hacia Dios. 27 Le invocarás y te escuchará, y tú cumplirás tus votos. 28 Decidirás una cosa y te saldrá bien, y sobre tus caminos brillará la luz. 29 Pues El humilla la altivez (de los soberbios) 13, pero salva al que baja los ojos. 30 Será libertado el inocente, y tú serás libertado por la pureza, de tus manos 14.
Supuesta la culpabilidad de Job, no le queda más que reconocer sus pecados, buscando así la reconciliación con Dios. La paz será la obra de esta reconciliación; el fruto de esto será su bienestar inmediato. Es la tesis tradicional de la virtud utilitaria. Las condiciones para la reconciliación son cuatro: recibir con docilidad los preceptos de la ley divina, guardarla puntualmente con la entrega interna del corazón, humillarse y no volver a cometer iniquidad (v.23). Esta amistad con Dios será de más valor que todas las riquezas terrenas: el oro purísimo de Ofir será de tan poco valor como el despreciable polvo 15. Reconciliado con Dios, podrá suplicarle confiado, pues de seguro que recibirá respuesta; podrá así alzar su rostro a Dios 16. Todas las cosas que proyecte le saldrán bien, y toda su vida será iluminada por una luz radiante, que le dará seguridad y aplomo (v.28).
Pero Dios exige antes compunción y espíritu de humildad, pues detesta el orgullo y la altivez (v.29). Supuesto esto, a Job le queda abierto el camino de la rehabilitación, pero antes debe reconocer sus faltas y mantener la pureza de sus manos (v.29). El discurso de Elifaz ha sido duro, pues supone la culpabilidad de Job, pero dentro de la tesis tradicional es perfectamente lógico.
1 En este supuesto, el discurso de Sofar comprendería 24:18-24; 27:13-23. — 2 Cf. discurso de Bildad en 15:14-16. — 3 Lit. el TM "desnudos." — 4 Traducción según LXX, sir., Targ. — 5 Versión calcada en los LXX. — 6 Cf. Ex 22:25-26; Is 58:7; Ez 18:8. — 7 Cf. Ex 22:25-26. — 8 Cf. Ex 22:22. — 9 Cf. Gen 6:1-4. — 10 Cf. Job i.iós. — 11 Así siguiendo a los LXX. — 12 Corrección plausible teniendo en cuenta las vers. de Teod., sir., Vg y Targum, y aceptada por Dhorme y la Bib. de Jér. — 13 Texto corregido. El TM: "Pues humillan, dices: altanería." — 14 Bib. de Jér.: "Que tus manos sean puras, y tú serás salvado." — 15 Ofir es localizado en la India y se le consideraba como el lugar donde estaba el mejor oro (cf. Is 13:12; Sal 45:10; Gen 10:29). Las flotas de Salomón y de Hiram de Tiro salían del golfo de Elat hacia Ofir (cf. Re 9:26; 10:1ss). — 16 Cf. Is 58:13-14.
23. Respuesta de Job
De nuevo expresa Job el deseo de exponer su causa ante el trono del mismo Dios, ya que no tiene esperanza de que los hombres reconozcan su inocencia. Las palabras de Elifaz le son particularmente acerbas, ya que suponen que ha cometido injusticias y que ha vivido fuera de la ley divina. Como no puede llegar a Dios, que le es inaccesible, le pide que se acerque El mismo y le analice en lo más íntimo para buscar su culpabilidad. Tiene conciencia de ser inocente y de no haberse apartado de la ley de Dios; pero los secretos de su voluntad, que todo lo decide, nadie puede escrutarlos. No cabe más que resignarse a la suerte triste a que ha sido condenado.
Deseos de exponer la causa ante Dios (1-9)
1 Pero Job respondió, diciendo: 2 Cierto que son hoy acerbas mis quejas; su mano es más pesada que mis gemidos. 3 ¡Quién me diera saber dónde hallarlo y llegar hasta su morada! 4 Expondría ante El mi causa, tendría la boca llena de recriminaciones. 5 Conocería las palabras que me respondiera y comprendería lo que me dijese. 6 ¿Contendería conmigo alegando su gran poder? Seguro que no. Me atendería. 7 Entonces el justo podría disputar con El2, y me libraría para siempre de mi Juez. 8 Si voy al oriente, no está allí; si a occidente, no lo distingo, 9 Si le busco al norte, no lo hallo 3; si vuelvo al mediodía, no lo veo.
Dios ha hecho pesar su mano sobre él, enviándole pruebas muy acerbas, de las que nos dan idea sus múltiples gemidos (v.2). En su deseo de justificarse y hacer brillar su inocencia, desea acercarse a la altísima morada de Dios para exponer su causa. Según la mentalidad israelita, Dios era un ser trascendente que habitaba en la cúspide de los cielos4 y desde allí tendía su mirada panorámica sobre toda la creación. Job se siente muy alejado de su Hacedor; pero, con todo, como ha proclamado en 16:19, en el cielo está su fiador y testigo, y por ello siente ansias de confiarle su causa e incluso abordarle como juez;. Una vez ante su presencia, Job no titubearía en ordenar sus argumentos para probar su inocencia, y tranquilo esperaría la respuesta de Dios (v.5).
Por otra parte, tiene la convicción de que, ante su tribunal, Dios no haría ostentación de su desbordante poder, sino que benévolamente le atendería, oyendo sus justas razones. En esa atmósfera de comprensión, el justo podría exponer su causa e incluso disputar con él, lo que significaría para Job verse libre de los furores de su juez (ν.7). Pero Ώdσnde encontrar a Dios? Por todos los lados donde mire — escrutando los cuatro puntos cardinales —, no lo divisa, pues es invisible y trascendente, y en esto radica la gran tragedia del desventurado varón de Hus: el único que puede auxiliarle y reconocer sus derechos parece que se esconde de él.
Los designios de Dios son inescrutables (10-17)
10 Pues que El conoce mi camino 5, que me pruebe al crisol: saldré como el oro 6. 11 Α su paso se adaptσ siempre mi pie, guardando su camino sin apartarme. 12 No me desvié del mandato de sus labios, oculté en mi seno las palabras de su boca7. 13 Pero, cuando El decide una cosa, ¿quién podrá disuadirle? Lo que quiere, eso hace. 14 Porque El cumplirá su decreto, ¡como tantos otros de El!8 15 Por eso me estremezco ante El; si reflexiono, tengo pavor de El. 16 Dios ha debilitado mi corazón, i y el Omnipotente me aterra. 17 Pues no he perecido ante las tinieblas, ni la oscuridad ha cubierto mi rostro 9.
Ya que Job no puede acercarse a El, pues no sabe dónde está, queda la solución de que Dios se acerque a examinarle, probándole como el oro en el crisol (v.10). No necesita entablar proceso sobre su vida, pues la conoce a la perfección. Seguro de su inocencia, desea que el Omnipotente le escudriñe a fondo. Está seguro de haber seguido siempre su paso, que es su ley: Job no ha hecho sino poner el pie en las huellas de los preceptos divinos que indican su presencia en la sociedad. Tan aferrado está a sus palabras, que cuidadosamente las ha ocultado en su seno (ν.12).
A pesar de eso, la tragedia se ha abatido sobre la vida de Job. ¿Por qué esto? ¡Misterios de las decisiones divinas! Es inútil oponerse a lo que su voluntad hace, pues siempre termina por imponer su decreto (ν.14); y en el caso de Job, es la prueba a que le ha sometido por medio de las calamidades. Ante este misterio de la Providencia divina, que envνa calamidades sin aparente justificación, siente estremecimiento y pavor (ν.15). Por eso su corazσn se debilita, porque la mano punitiva del Omnipotente le aterra (ν.16). Con todo, se mantiene aϊn en medio de las tinieblas que le rodean, y su rostro se mantiene aϊn fuera de la oscuridad de la muerte. A pesar de las grandes calamidades que sufre, y que son enviadas por Oíos, aún se mantiene aferrado a la vida, esperando la rehabilitación y el reconocimiento de su inocencia: esperando contra toda esperanza.
1 Lit. el TM y los LXX dicen "mi mano." Nuestra versión supone una ligera corrección que se encuentra en algunas antiguas versiones y es seguida por la Bib. de Jér. como más adaptable al contexto. — 2 Bib. de Jér.: "reconocería en su adversario un hombre recto"; Dhorme mantiene esta traducción. Nuestra versión es idéntica a la de Driver-Gray y a la de Szczygiel. — 3 Busco: así según la versión sir., aceptada por Dhorrne, Driver-Gray, Bib. de Jér. — 4 Cf. Ex 19:11.20; Re 22>iQ. — 5 La versión siríaca: "todos mis pasos," lo que se adapta bien al contexto. Seguida por la Bit," de Jér. y Dhorme. — 6 Así la Bib. de Jér., Driver-Gray, Dhorme. — 7 Oculté: corrección propuesta por Dhorme, Driver-Gray y Bib. de Jér. — 8 Así la Bib. de Jér. Lit.: "y como éstos muchos conmigo." — 9 Btb. de Jér.: "Las tinieblas me ocultan a El, la oscuridad me vela su presencia." Nuestra versión es propuesta por Driver-Gray, Dhorme.
24. Las Demasías de los Impíos
El caso de Job no es más que uno de tantos, pues en la vida social se ve que el mal cunde por doquier: por todas partes, en las ciudades, en los campos, hay miserias, atropellos y exacciones. ¿Cómo conciliar esta realidad con la omnipotencia y justicia divinas? Este es el gran interrogante que se plantea Job en esta segunda parte de su respuesta a Elifaz.
Los humildes, atropellados en sus derechos (1-17)
1 ¿Por qué el Omnipotente no señala los tiempos, y los que le reconocen no ven sus días? 2 Los impíos retrasan los lindes 2, roban los ganados con su pastor 3; 3 se llevan el asno del huérfano y toman en prenda el buey de la viuda; 4 los pobres se apartan del camino, y se esconden al mismo tiempo los humildes campesinos. 5 Como onagros en el desierto salen a su trabajo, en búsqueda de la presa. La estepa les (proporciona) pan para sus niños 4. 6 Durante la noche recolectan los campos 5 y vendimian la viña del malvado. 7 Pasan las noches desnudos, sin ropa, sin abrigo contra el frío. 8 Se mojan con los aguaceros de los montes, sin más asilo que las rocas. 9 Arrancan de los pechos al huérfano y toman en prenda al pequeñuelo del pobre; 10 van desnudos, sin vestidos, y, hambrientos, acarrean las gavillas. 11 Entre dos muelas exprimen el aceite 6, y, sedientos, pisan las uvas. 12 Desde la ciudad, los moribundos se lamentan7; clama socorro el alma de los vejados, y Dios no atiende a estos clamores. 13 Forman parte de los rebeldes a la luz: no han conocido los caminos y no se volvieron por sus senderos 8. 14 Al amanecer se levanta el asesino para matar al desvalido y al necesitado. De noche anda el salteador. 15 Espía la oscuridad el ojo del adúltero, diciendo: "Nadie me verá," y se pone un velo a su rostro. 16 En las tinieblas perforan las casas, de día se ocultan, sin conocer la luz. 17 Para ellos el alba es la sombra, el clarear del día les aterra 9.
Job se pregunta por qué Dios no tiene señalados los tiempos de castigo a los impíos, de forma que los justos puedan ver sus días (ν.1), es decir, la hora de la manifestación punitiva de Dios, que con su actuar muestra que tiene providencia sobre los hombres.
Después enumera las diversas tropelías de los malvados: cambian los lindes del campo, recortando la propiedad del prójimo — lo que estaba severamente prohibido por la Ley y reiteradamente reprochado por los profetas 10 —, roban los ganados, despojan al huérfano y a la viuda 11. Como no hay seguridad en el campo, los pobres y labriegos se esconden. Entonces se ven obligados a refugiarse como onagros en el desierto, saliendo de sus refugios en busca de comida, viviendo de la presa ocasional que les proporciona la estepa, con lo que pueden alimentar malamente a sus escuálidos niños (v.4 Gentes míseras, trabajan de noche en los campos — como es frecuente en los meses de calor aún hoy en Oriente — y las viñas del malvado o rico sin entrañas, que los explota como mercancía (v.6). Ni siquiera los provee de vestidos convenientes contra el frío (ν.7). En esta situación, los miserables campesinos están expuestos a la más cruel intemperie, aguantando los aguaceros, sin más abrigo que las oquedades de las rocas (v.8s).
El v.9 está fuera de lugar, y parece la continuación lógica del v.3, donde se habla de los atropellos de los impíos. No contentos con oprimir a las indefensas viudas, se llevan al huérfano y al hijo del pobre como prenda en esclavitud.
Los v.10-11 continúan describiendo la vida dura del campesino, que trabaja para su exactor. Semidesnudos y hambrientos tienen que acarrear las gavillas, sin poder quedarse con parte de ellas para satisfacer su necesidad, y también deben pisar la uva en el lagar, sin poder probar el mosto y calmar su abrasadora sed.
Esta situación de injusticia en la campiña tiene su contrapartida en las miserias de las ciudades. En ellas, los moribundos y vejados claman a Dios, sin ser oídos. Es el drama del dolor en toda su acritud. Sin embargo, Dios parece que está sordo a reclamos tan lastimeros (ν.13). ΅Gran misterio de la Providencia!
El ν.13 parece debiera ir despuιs del ν.16, y se refiere a los criminales, que, como tales, para facilitar sus fechorνas, son rebeldes a la luz, pues los crímenes suelen ser perpetrados en la oscuridad de la noche. Por eso evitan los caminos y senderos, en los que pueden ser fácilmente descubiertos.
El asesino comete sus tropelías antes de que la luz ilumine la tierra. Criminal de profesión — matar por matar —, cae sobre los indefensos: el desvalido y el necesitado (ν.14). Como salteador, sus horas preferidas son las de la noche. Es tambiιn el tiempo en que anda libre el adϊltero, amparándose en la oscuridad (ν.1s)12.
El ν.16 parece unirse con el ν.14c, donde se habla del salteador, que trabaja intensamente de noche en busca de la codiciada presa. Para conseguir su propósito no duda en perforar las casas — construidas con adobes —, siempre al amparo de la oscuridad 13. Así, pues, según el hagiógrafo, los enemigos de la luz son el asesino, el adúltero y el ladrón: el alba los aterra, porque inmoviliza su actividad.
El castigo del pecador (18-25)
18 Huye rápido sobre la superficie de las aguas; maldita es su posesión sobre la tierra; no se vuelve a pisar el fruto de su viña 14. 19 La sequía y el calor llevan las aguas de la nieve, y el "Seol" al pecador. 20 Le olvida el seno materno, le chupan los gusanos 15; ni se menciona su nombre. ¡Y, como árbol, es arrancada la injusticia! 21 Maltrataba a la estéril sin hijos 16 y no trataba bien a la viuda. 22 Pero el que sujeta con su fuerza a los poderosos se levanta y le quita la confianza en la vida. 23 Le permite apoyarse con seguridad, pero sus ojos están sobre sus caminos. 24 Están en auge un poco de tiempo, pero desaparecen, se inclinan como hierba que se recoge, y se mustian como cabezas de espiga. 25 Si no es así, ¿quién me desmentirá y reducirá mis discursos a la nada?
Las ideas expuestas en los v. 18-24 sobre la triste suerte de los malvados son extrañas en boca de Job, que tantas veces declara que más bien prosperan en esta vida; más bien parecen de alguno de los interlocutores de turno. Como falta el discurso esperado de Sofar, se supone que este fragmento le pertenece; y su lugar propio parece debe ser después de 27:13, donde se habla de la desventura que le está reservada al perverso. El desplazamiento del fragmento al lugar actual puede deberse a un folio que se traspapeló en manos del copista. Suponiendo que pertenezca a Sofar, encontramos perfectamente normales los tres ciclos de discursos.
La introducción al fragmento bien puede ser 27:13: "He aquí la suerte que destina Dios al culpable..." Inconsistente, sin base sólida, su vida se desliza insegura y rápida como barquichuela frágil sobre la superficie de las aguas (ν.15). Y su posesiσn lleva el estigma de la maldición; su viña está abandonada, pues nadie se presta a pisar su fruto, idea que es justamente opuesta a lo expresado por Job en el discurso anterior 17. Por otra parte, la vida del pecador está a punto de extinguirse como las nieves bajo la acción del calor: el Seol será su pronta morada. En el sepulcro será pasto de los gusanos, y su nombre será entregado al olvido. Todo lo contrario de lo expresado por Job 21:32, donde declara que aun en su tumba el impío es honrado por las muchedumbres.
Este fin prematuro y trágico del pecador es el castigo de sus tropelías: malos tratos a las mujeres estériles y a las indefensas viudas (ν.21). La intervención súbita del Omnipotente, que tiene en su mano a los poderosos y tiranos, le quita toda esperanza de vivir (v.22). Aunque de momento le permite apoyarse en una cierta posición social, que le da una aparente seguridad, sin embargo, no cierra los ojos a los atropellos que cometen en sus falsos caminos (v.23). Su aparente prosperidad terminará por declinar y mustiarse como la hierba que se recoge. Es el triste fin que les espera.
El v.2 5 es la conclusión del discurso de Job, interrumpido por la sección de v.18-24. Seguro de sus razones, desafía a sus interlocutores a que le prueben lo contrario.
1 Es la versión de Driver-Gray. La Bib. de Jér.: "¿Por qué Shadday no tiene tiempos ώ reserva, y sus fieles no ven sus días?" Dhorme: "¿Por qué al Shadday le están ocultos los tiempos, y los que le conocen no han visto sus días?" Basada en los LXX. — 2 Los impíos: exigido por el contexto y expresado por los LXX. Así los LXX. El TM: "roban el rebaño y lo pastorean." — 4 Así Driver-Gray. Bib. de Jér.: "Empujados por el hambre de sus hijos, buscan presa sobre la árida 'estepa." — 5 Durante la noche: corrección propuesta por Dhorme. Driver: "el forraje recolectan en el campo." — 6 Así Dhorme y Driver-Gray. — 7 Moribundos: corrección según el sir., aceptada por Driver-Gray, Dhorme y Bib. de Jér. — 8 No se volvieron: corrección fundada en los LXX, Vg y sir. Aceptada por Dhorme. — 9 Versión problemática, propuesta por Dhorme. Bib. de Jér.: "Para todos ellos la mañana es la hora negra, pues sienten de ella los terrores." — 10 Cf. Dt 19:14; 27:17; Os 5:10; Prov 22:28; 23:10. — 11 Cf. Dt24:17. — 12 Cf. Eclo 23:25; Prov 7:89. — 13 Cf. Ex 22:2. Véase Código de Hammurabi § 21s. — 14 Traducción problemática. Dhorme: "no vuelve el que pisa a su viña." — 15 Así Driver-Gray. — 16 Así Driver-Gray, Dhorme, Β ib. de Jιr., siguiendo la lectura de los LXX y Targ. — 17 Cf. Job 24:6.
25. Nueva Replica de Bildad
Este breve discurso del segundo interlocutor se limita al enunciado de una doxología sobre el poder divino. No responde a las argumentaciones de Job sobre la reconocida prosperidad de los malvados en esta vida, sino que simplemente destaca la pequenez e imperfección del hombre, indigno de presentarse ante la santidad inmaculada de Dios. Quizá su discurso se continúe en 26:55, aunque en el estado actual este fragmento se atribuya a Job.
El poder de Dios y la insignificancia del hombre (1-6)
1 Y replicó Bildad de Suaj, diciendo: 2 Suyos son el poder y la majestad, y establece la paz en sus alturas. 3 ¿Tienen número sus tropas? ¿Sobre quién no surge su emboscada? 4 ¿Cómo, pues, justificarse el hombre ante El? ¿Cómo ser puro el nacido de mujer? 5 La luna misma no brilla, ni son bastante puras las estrellas a sus ojos. 6 ¡Cuánto menos el hombre, un gusano; el hijo del hombre, un gusanillo!
La soberanía de Dios es total, y su dominio, avasallador. Consecuencia de ello es la paz total en las alturas. Nadie allí le disputa el poder (v.2). En los cielos, todos están sometidos a su realeza. En 26:5 dirá que hasta los muertos tiemblan debajo de la tierra ante el Señor de los cielos. Como gran soberano, tiene un numeroso ejército a su disposición. Con ellos hace caer a todos en su emboscada (v.2). En 19:12 había declarado Job: "Vinieron contra mí todas sus milicias, se han atrincherado en mi camino y han acampado en torno de mi tienda." Dios rodea al ser humano hasta que le rinde. Por tanto, es inútil oponerse a su poder, pues no es posible salir de sus emboscadas.
Supuesta esta superioridad inaccesible, resulta ridículo que el hombre quiera pedir cuentas a las decisiones de su providencia, y menos justificarse ante El (v.4). Bildad aquí repite las razones que había dado Elifaz sobre la impureza atávica del hombre 2. Como nacido de mujer, es ya un ser pecador e impuro. En su naturaleza hay algo mórbido que le impulsa a apartarse de los caminos de Dios. La justicia humana, pues, no puede sufrir el examen de Dios 3.
Ni los astros con su brillo son dignos de acercarse a la pureza de Dios. Mucho menos el hombre, que como gusano se arrastra sobre la tierra, puede presentarse erguido ante el tribunal divino. La expresión hijo de hombre tiene el sentido de perteneciente a la raza humana, con todo lo que implica de humildad y fragilidad frente al Dios fuerte4.
1 Emboscada: corrección según los LXX, seguida por Dhorme, Bib. de Jér. El TM: "luz." — 2 Cf. Job 4:17-19; 15:14-16. — 3 Cf. Job 4:17-19,- 35:6-- — 4 Sobre la impureza del hombre véase com. a Job 14:4-5; Sal 51:7; Lev 15:19s. Cf. Ez 2:1.
26. Respuesta de Job
La réplica de Job comprende 26:1-4 y se continúa en 27:13. Los v.5-14 parecen pertenecer al discurso interrumpido de Bildad. Al menos sigue el desarrollo de las ideas expuestas en el c.25.
Reproches de Job a Bildad (1-4)
1 Respondió Job, diciendo: 2 ¡Qué ayuda das al desvalido, qué socorro al brazo desmayado! 3 ¡Qué bien has aconsejado al ignorante y qué profundo saber has manifestado! 4 ¿A quién Vías manifestado las palabras? Qué espíritu ha salido de tu boca?
Irónicamente declara Job que los servicios del amigo han sido muy poco útiles en las circunstancias en que se halla, pues, lejos de animarle y darle fuerzas, le ha llenado de profundo amargor al no comprender su verdadera situación. Esperaba más de su cordura para esclarecer la propia ignorancia sobre su problema personal. En realidad han dado un enfoque trivial al enigma del sufrimiento, y sus argumentaciones de nada sirven al desvalido. Todo lo que ha dicho Bildad no tiene nada que ver con la crisis moral que sufre Job. La sabiduría viene de Dios 1; pero el espíritu de Bildad no lleva el sello de la sabiduría (v.4). Sus palabras son vanas, y, por tanto, están fuera de lugar proferidas delante del que sufre.
La omnipotencia arrolladura de Dios (5-14)
5 Hasta los manes tiemblan debajo de las aguas y sus habitantes 2. 6 El "seol" está desnudo ante El, y sin velos el "abad-dón." 7 El tendió el septentrión sobre el vacío, El, colgó la tierra sobre la nada. 8 Encierra las aguas en las nubes, y las nubes no se rasgan bajo ellas. 9 El vela la faz de su trono 3, extendiendo su nube sobre él. 10 Trazó sobre los mares un círculo, hasta los confines entre la luz y las tinieblas. 11 Las columnas del cielo se tambalean y se estremecen a una amenaza suya. 12 El que con pujanza hiende los mares y con su inteligencia hirió a Rahab. 13 A su soplo brillan los cielos; su mano traspasó a la serpiente huidiza... 14 Y esto es sólo la orla de sus obras, ¡Cuan poca cosa hemos oído de El! Y el trueno de su poder, ¿quién lo podrá entender?
Dios no sólo domina soberanamente en los cielos, sino que hasta las sombras espectrales de los muertos — los manes — se sienten sobrecogidas en lo más profundo de la región subterránea, queA también se extiende debajo de los mares. En hebreo, a los habitantes del seol se les llama refaim 4, denominación que aparece con el mismo sentido en los textos fenicios de Sidón. Dios penetra lo más recóndito de la región tenebrosa de los muertos: el seol y el abaddón — denominación sinónima de seol y significa "perdición" — están desnudos ante su escrutadora mirada a pesar de su oscuridad5. La misma idea se repite en Prov 15:11: "el Seol y el abaddón están delante de Yahvé. ¡Cuánto más los corazones de los hijos de los hombres!" 6
Su omnipotencia se manifiesta en el hecho de encerrar las aguas en las nubes — como en odres flotantes — sin que éstas se rasguen con su desmesurado peso7. Esto resulta liviano en comparación con el hecho de que haya colgado la tierra sobre la nada y haya extendido el septentrión sobre el vacío, disponiendo las estrellas — según la cosmogonía antigua — alrededor de un punto septentrional vacío y basando en él su estabilidad (ν.7). La idea del salmista está en relación con la del poeta latino: "Terra pilae similis, millo fulcimine nixa" 8.
La majestad del Omnipotente está velada por las nubes que se extienden en torno a su trono (ν.9), pero desde allν gobierna los elementos de la naturaleza como supremo Soberano: señaló un límite a los mares. Los antiguos creían que la tierra estaba rodeada de un círculo de agua, el apsu o caos tenebroso de los babilonios. Allí estaba el "fundamento de los cielos," que coincidía con el horizonte. Y de allí salía diariamente el sol 9; es la zona de los confines entre la luz y las tinieblas (v.10).
Es tal la majestad de Dios, que las columnas del cielo — las montañas, sobre cuya cúspide se asentaba la bóveda celeste — se conmueven y tambalean a un gesto amenazador suyo (v.11). Con su poder domina las fuerzas del mar, hendiéndolo, como el dios babilónico Marduk hendió la cabeza de tiamat, símbolo del caos tenebroso 10. No sólo Dios lo domina con su fuerza, sino que lo amansa y domina con su inteligencia. Rahab simboliza aquí el mar inquieto 11. Dios es aquí, pues, el símbolo del principio ordenador frente al caos, como se relata en el primer capítulo del Génesis. Su omnipotencia se despliega en el brillo de los cielos arriba y en la victoria sobre el Leviatán o serpiente huidiza, monstruo marino que está en las profundidades del océano 12. Es la alusión al triunfo de Dios ordenador sobre las fuerzas del caos 13.
Todas estas intervenciones maravillosas divinas son sólo una apariencia, la orla de sus obras, de las que apenas se ha oído hablar. Pero su poder brilla particularmente en el trueno, la manifestación airada de Dios en las tormentas (ν.14). Todo ello invita a callar sobre los secretos designios de su sabiduría.
1 Cf. 27:2. — 2 Así según el TM. Por razones métricas, Dhorme lee: "tiemblan bajo la tierra*. — 3 Así siguiendo a Driver-Gray. Dhorme corrige: "cubre la faz de la luna llena." — 4 Cf. Is 14:6; Prov 9:18. En Gen 14:5; 15:20, se llama también refaim a una raza de gigantes, — 5 Cf. Job 10:21-22; 14:13; 17:13. — 6 Cf. Sal 139:8; Job 17:13; 10:21-22; 14:13. — 7 Cf. Prov 30:4. — 8 Ovidio, Fast. VI 269. — 9 Véase P. Dhorme, Choix des textes religieux assyro-babyloniens p.6o n.g. — 10 Cf. id., ibid., p.55-150. — 11 Cf. coment. a 3:8; 7:12. — 12 Cf. Is 27:1; Job 3:8; 7:12. — 13 Cf. Job 3:8.
27. Respuesta de Job a Bildad
En este capítulo encontramos dos secciones ideológicas totalmente diversas: en la primera (ν.1-12) se declara de nuevo la inocencia de Job, el cual se confía sólo a la justicia divina, ya queden la humana nada puede esperar; en la segunda (v. 13-23) más bien encontramos la tesis tradicional de Sofar: el impío es inexorablemente castigado por Dios en este mundo, mientras que el justo es debidamente recompensado. El ν.13, por otra parte, es la conclusiσn del discurso de Sofar del c.20. Parece que ha habido un desplazamiento en las copias, y este fragmento debe unirse al de 24:18-24, que hemos supuesto de Sofar. Así se completan los ciclos de los discursos de los tres amigos, que alternativamente exponen sus soluciones al problema del sufrimiento de Job.
Declaración de inocencia por parte de Job (1-12)
1 Tomó de nuevo Job la palabra y en forma de sentencia dijo: 2 ¡Vive Dios, que me rehusa justicia y el Omnipotente, que me ha colmado de amargura, 3 que, mientras en mí quede un soplo de vida y el hálito de Dios aliente en mis narices, 4 jamás mis labios proferirán falsedad, ni mi lengua musitará una mentira! 5 Lejos de mí daros la razón; hasta que expire no dejaré que me arranquen mi inocencia. 6 Me aferraré a mi justicia y no la negaré; no me arguye mi conciencia por uno de mis días. 7 Que mi enemigo tenga la suerte del impío, y mi adversario la del injusto! 8 ¿En qué podrá esperar el malvado cuando muera, cuando Dios le reclame su vida? 9 ¿Escuchará Dios sus gritos cuando le llegue la angustia? 10 ¿Podrá complacerse en el Omnipotente, podrá jamás invocar a Dios? 11 Os mostraré la mano de Dios; no os celaré los designios del Omnipotente. 12 Si vosotros mismos lo habéis observado, ¿por qué, pues, perderos en vanas ilusiones?
De nuevo declara Job su inocencia, a pesar de las opiniones comunes sobre la relación entre la desgracia física y el pecado. Había pedido una solemne audiencia a Dios para que estudiara su inocencia, pero no ha recibido respuesta a su angustiada demanda. Pero, con tocio, nombra al Omnipotente como testigo de su sinceridad e inocencia. Dios ha rehusado justicia, rechazando su petición; pero, con todo, confía en su santidad e integridad para hacer valer sus legítimos derechos. Por eso, mientras aliente en su vida el hálito que Dios le insufló en sus narices — conforme a la descripción antropomórfica de la formación del primer hombre de la arcilla —, reclamará su derecho a ser absuelto públicamente, sin acudir a la falsedad y a la mentira (v.4).
El callarse significaría que sus amigos tenían la razón en el misterioso problema de sus sufrimientos. Nunca puede aceptar la tesis de los amigos sobre su supuesta culpabilidad secreta como causa de sus infortunios. Tiene conciencia de no haberse apartado de Dios ni un solo día de su vida. Se siente orgulloso de su limpio pasado, y no puede conceder las torvas insinuaciones de sus amigos (v.6).
En realidad, los culpables son sus inoportunos interlocutores, y para ellos les desea la suerte del impío. Job sabe que las plegarias de los impíos son vanas ante Dios y jamás son escuchadas; por eso es inútil poner en práctica la invitación de sus amigos para que se acerque suplicante a Dios. Si fuera pecador, de nada le serviría esto, ya que Dios no ayuda al impío en la hora de la angustia. No pocos autores, sin embargo, consideran los ν.7-io como el principio del discurso de Sofar que suponemos empieza en el ν.1β. Los conceptos son similares y pueden encajarse en esta segunda perspectiva dialιctica. Pero quizá mejor se explica suponiendo que habla Job: si es injusto — como sus amigos suponen —, no puede complacerse en el Omnipotente. El enemigo de Dios no puede acercarse a El ni suplicarle. Por ello, si sus amigos le consideran culpable, son inútiles las exhortaciones a que se vuelva a Dios (v.10).
Job conoce bien la mano de Dios — su conducta en sus relaciones con los hombres — y, por tanto, está autorizado para mostrarla a sus amigos, que no han entendido nada del enigma del sufrimiento del justo. Estos han afirmado que no hay esperanza para el impío 2. Ello quiere decir que, si Job es pecador, como ellos suponen, tampoco para él hay esperanza de rehabilitación; luego sus ilusiones son vanas, y sus argumentaciones sin consistencia (ν.12).
El castigo y fin trágico del malvado (13-23)
13 He aquí la suerte que Dios reserva al hombre culpable, la porción que del Omnipotente reciben los violentos: 14 si tiene muchos hijos, destíñanse a la espada; su prole no se hartará de pan. 15 A sus supervivientes los enterrará la mortandad; sus viudas no los llorarán. 16 Aunque acumule la plata como polvo, aunque amontone como el lodo los vestidos, 17 los prepara él, pero los vestirá el justo, y su plata la heredará el inocente. 18 Edificó su casa como un nido, como cabana de guarda. 19 Se acuesta rico, pero será por última vez 3; en un abrir de ojos ya no existe. 20 Terrores le asaltan en pleno día 4, de noche le arrebata un torbellino.21 Le arrebata el viento solano y se lo lleva, y le arranca de su lugar. 22 Se le echa encima sin piedad, tratando de huir de la mano (que le hiere). 23 Batirán palmas contra él y le silbarán desde su propio lugar.
El ν.13 repite literalmente 20:29, y resulta anσmalo, pero se pone como introducciσn a lo que se dice sobre la triste suerte del impío: son las ideas expuestas por Sofar en ese capítulo y en 24, 18-24, que aquí son aplicadas a los hijos de los impíos. Estas ideas resultan extrañas en boca de Job, ya que su tesis es que los pecadores y su descendencia prosperan desmesuradamente en esta vida. Aquí, en cambio, se dice que de nada le sirve al malvado la descendencia, pues está destinada al hambre y a la espada (ν.14). A estos dos flagelos se junta la mortandad o la peste, que siega en flor las vidas de los impíos y acaba con sus esposas, de forma que no podrán ser llorados por sus viudas (ν.15). De nada les servirán sus muchas riquezas, pues las usufructuará el justo e inocente (ν.17). Aunque edificó su casa, ésta resulta tan inconsistente como el nido puesto en el árbol o como cabana de guarda — hecha de arcilla y ramaje — sobre la viña para pasar la noche (ν.18). Ambos símiles se emplean en la literatura profética para significar algo frágil que se tambalea y amenaza ruina 5. Aquí refleja bien la inconsistencia del que se acuesta rico, pero en un instante pierde lo que tiene (v.19). Su vida es una continua angustia, pues es presa de los terrores en pleno día y del torbellino durante la noche (v.20). Al final es arrebatado como planta por el viento solano. Es entregado a la vindicta pública, sintiéndose entonces todos con derecho a echarse encima de él (v.22). Será objeto de la befa de todos al considerarle herido por la mano de Dios (v.23).
1 Gen 2:7. — 2 Cf. Job 8:13-15. — 3 Lit. el TM: "No volverá (a acostarse)." — 4 Así corrigiendo el texto (yomám en vez de kamáyim del TM) con Dhorme, Bib, de Jér.
28. El Poema de la Sabiduría
Este bellísimo fragmento de tipo sapiencial es como un paréntesis dentro del ciclo de las discusiones de los tres amigos, y en él no se aborda expresamente el problema del sufrimiento del justo, que es el tema central del libro. Por su tono es similar al fragmento sapiencial de Prov 8:22-31, donde se presenta personificada la "sabiduría" divina, actuando desde la eternidad como consejera del Altísimo antes de la formación de los continentes.
Este c.28 parece ser una intercalación adicional de algún escriba posterior a la redacción del libro de Job. Aunque quizá se le podría considerar como obra del autor del libro, que adelanta aquí las excelencias y el carácter misterioso de la "sabiduría" divina, y por ello de sus inescrutables designios sobre los hombres, que será el tema de los capítulos finales como solución al enigma del sufrimiento del justo.
La sabiduría, fuera del alcance de los mortales (1-13)
1 Tiene la plata sus veneros, y el oro lugar en que se acrisola. 2 Se extrae el hierro del suelo, y de la roca fundida sale el cobre· 3 Se pone fin a las tinieblas, se escudriña hasta el límite extremo la piedra oscura y sombría. 4 Se perforan galerías olvidadas del pie; se suspenden y balancean lejos de los hombres. 5 La tierra que produce el pan está debajo trastornada como fuego; 6 sus rocas son la morada del zafiro, y sus terrones contienen oro. 7 Por caminos desconocidos por las aves de presa, impenetrables al ojo del buitre, 8 no pisados por las fieras, inaccesibles al leopardo. 9 Mete su mano en el pedernal y subvierte los montes de raíz. 10 Abre Nilos en las rocas 2 y descubren sus ojos todo cuanto hay de precioso. 11 Explora las filtraciones de los ríos y saca a luz los tesoros. 12 Pero la sabiduría, ¿dónde hallarla? ¿Dónde está el lugar del entendimiento? 13 No conoce el hombre su senda, ni se halla en la tierra de los vivientes.
Con mano maestra describe el autor los esfuerzos que hace el hombre por obtener los metales útiles y preciosos: la plata, el oro, el cobre y el hierro. No contento con extraer lo que está a flor de tierra fundiendo las rocas metalíferas, se adentra en el interior de la tierra con una lámpara — pone fin a las tinieblas — y abre largas galerías, en las que no es fácil hacer pie, y por eso los obreros — generalmente prisioneros de guerra — se suspenden de los salientes de las rocas para trabajar y se balancean en las entrañas de la tierra, lejos de los hombres (v.4). La descripción es maravillosa y coincide con las que nos dan los autores clásicos, como Diodoro de Sicilia, sobre los trabajos en las minas del Alto Egipto 3. En Palestina no existían minas, pero sí en Edom, en la región montañosa que se extiende desde el mar Muerto al golfo de Elán. Aquí estaban las factorías siderúrgicas de Salomón, donde se trabajaba el hierro y cobre de los montes edomitas. El autor del libro de Job, pues, podía haber visto estas minas en explotación o haber oído hablar de ellas, ya que no estaban lejos de la patria de Job.
Bellamente presenta el poeta a la tierra — pacífica al exterior con sus productos de pan — removida en situación ígnea en su interior (v.5). A sus oídos habían llegado noticias sobre las erupciones volcánicas, y, conforme a la mentalidad antigua, supone que debajo de la corteza exterior hay un horno de fuego que acelera la maduración de los metales y piedras preciosas, como el zafiro, o lapislázuli, y el mismo oro. Los hombres, sedientos de metales preciosos, no ahorran trabajos ni riesgos, adentrándose en las entrañas de la temerosa tierra. Los lugares de acceso están disimulados, y resultan inadvertidos a los ojos avizores de las aves de presa y a las mismas fieras (v.7). La mano del hombre se abre paso a través del pedernal o cuarzo aurífero y penetra dentro, removiendo las piedras y haciéndolas explotar con fuego; así subvierte los montes de raíz (v.9). Dentro abre cauces y ríos, canalizándolos, pues sus aguas llevan partículas de oro o de plata, que el minero descubre cuidadosamente (v.10). Así analiza las filtraciones de los ríos auríferos y separa sus tesoros (v.11) 4.
Grande es, pues, la labor del hombre y no despreciable su resultado cuando se trata de obtener tesoros materiales, pero es impotente para encontrar el verdadero tesoro que le da la clave de la vida: la sabiduría o comprensión sintética de los designios divinos sobre el hombre. ¿Cómo hallarla y dónde mora? La ciencia humana se estrella contra la impotencia, ya que está lejos del alcance de los vivientes y es desconocida su senda a los mortales. Esta es la gran tragedia del hombre, que no puede remontarse a las alturas donde se halla la sabiduría — expresión de la inteligencia divina, módulo arquitectónico empleado por Dios para la creación del mundo, y esquema práctico de gobierno en la historia de la humanidad — como atributo supremo de la divinidad.
La sabiduría es privativa de Dios (14-28)
14 El abismo dice: "No está en mí," y el mar: "Dentro de mí no se halla." 15 No se cambia por oro macizo, ni se pesa plata para comprarla. 16 No se pone en balanza con el oro de Ofir, ni con la cornalina preciosa o el zafiro. 17 No se compara al oro ni al cristal, ni se cambia por vasos de oro fino. 18 No cuentan a su lado corales ni cristales; vale más que las perlas. 19 No puede comparársele al topacio de Etiopía, no entra en balanza ni con el oro más puro. 20 ¿De dónde, pues, viene la sabiduría y dónde hallar la inteligencia? 21 Se oculta a los ojos de todos los vivientes, y aun a las aves del cielo está vedada. 22 El "abaddón" y la muerte dicen: Sólo de oídas nos ha llegado su fama. 23 Dios es el que conoce sus caminos, El sabe su morada. 24 Porque con su mirada abarca los confines de la tierra y ve cuanto hay bajo la bóveda del cielo. 25 Cuando dio peso al viento y dispuso las aguas con medida, 26 cuando dio la ley a la lluvia y camino al fragor del trueno, 27 entonces la vio y la evaluó, la fundó y la conoció a fondo; 28 y dijo al hombre: "El temor de Dios, ésa es la sabiduría; apartarse del mal, ésa es la inteligencia."
Con bellísimas comparaciones, el poeta describe el carácter inaccesible de la sabiduría divina: no está en las profundidades cleT abismo, sobre el que se asienta la tierra, ni en las concavidades del mar (ν.14). Su valor es incalculable y no admite paridad con el oro macizo ni con el mismo de Ofir, lugar legendario del mαs puro metal, que se supone en Arabia meridional o en las costas del Indico 5. Tampoco pueden medirse con la sabiduría las piedras más preciosas — cornalina, zafiro — ni el topacio de Etiopía, famoso en la antigüedad por su excelente calidad6.
Está fuera del alcance de los vivientes, inaccesible a las aves del cielo, que llegan a los lugares más abruptos e inasequibles. Por otra parte, la región de los muertos — el abaddón o seol — sólo tiene lejanas referencias de ella (v.22). Sólo Dios está al tanto de los secretos senderos que a ella llegan, porque nada se escapa a su mirada, que llega hasta los confines de la tierra (v.24). Esta omnisciencia divina, en realidad está basada en su omnipotencia como Creador, ya que al establecer los elementos — viento, aguas, trueno... — lo evaluó plenamente, conociendo sus íntimas complejidades hasta el fondo (v.27). En toda su obra creadora se revela su misteriosa sabiduría, que dirige y articula todo en un orden y medida perfectos. Todas las cosas tienen una finalidad y una misión en el cosmos maravilloso, que es expresión de la inteligencia ordenadora del Creador.
Como conclusión moral de toda la poesía metafísica antes expuesta está que el hombre debe someterse al que todo lo puede: El temor de Dios, ésa es la sabiduría; lo que implica huir del mal y acatar sus leyes providenciales. Es el axioma conocido de la literatura sapiencial: "El principio de la sabiduría es el temor de Dios"7, es decir, la ordenación religiosa y moral de la vida conforme a las exigencias de un sano temor del Dios omnipotente y justo.
1 Dhorme, con una corrección plausible, lee: "un pueblo extranjero perfora galerías." La Bib. de Jér.: "Las gentes de la lámpara perforan minas en las que se pierde el pie." El TM: "un torrente separa del pueblo extranjero." — 2 En realidad, la palabra ye'orim, que traducimos por "Nilos," es un término poético para designar "ríos." — 3 Cf. E. Erman y H. Ranke, La civilisation égyptienne (París 1952) p.622. — 4 He aquí cómo describe Diodoro de Sicilia la extracción del oro de las minas de la antigüedad: "Los pozos seguían las venas de cuarzo y penetraban en las montañas siguiendo una línea sinuosa. Primero se hacía estallar las masas de piedra dura por medio del fuego, y se las extraía en pedazos por medio de picos de hierro. Los hombres que ejecutaban este trabajo, muy penoso, a la luz de pequeñas lámparas, iban acompañados de niños que llevaban hacia afuera los pequeños bloques de piedra. El cuarzo así obtenido era desmenuzado en partículas del tamaño de una lenteja por hombres de más edad, para ser después reducido a polvo en muelas por las mujeres y los ancianos. Se lavaba este polvo sobre losas inclinadas hasta que el agua llevara las partículas más ligeras de la piedra. Las pajillas de oro eran entonces recogidas para ser fundidas durante cinco días en los crisoles de tierra, cerrados con una aleación de plomo, de sal y de otras materias." Citado por E. erman y H. ranke, o.c., 622-623. — 5 Cf. Re 9:263; 10:11; Gen 10:29. — 6 Véase Punió, Hist. Nat. XXXVII 32; VI 34. Eclo 1:16.
29. Respuesta a Job
En este maravilloso monólogo recuerda el infortunado varón de Hus su felicidad pasada en medio de una sociedad que reconocía su virtud y rectitud de vida. El discurso comprende los c.29-31 y parece como una recapitulación del tema de sus discursos, y en él se refleja la nostalgia de la prosperidad pasada, sus sufrimientos presentes y su convicción de inocencia, y, por tanto, su esperanza en la justicia divina.
La Felicidad Pasada (1-10)
1 Y volvió Job a hablar en sentencias, diciendo: 2 ¡Quién me diera (volver) a los meses de antaño, a los días en que Dios me protegía! 3 Cuando resplandecía su lámpara sobre mi cabeza y a su luz marchaba en las tinieblas. 4 A lo que fui en mis días otoñales, cuando Dios protegía mi tienda; 5 cuando el Omnipotente era conmigo y me rodeaban mis niños; 6 cuando lavaba en leche mis pies y me daba la piedra arroyos de aceite; 7 cuando salía a la puerta alta de la ciudad y en la plaza se alzaba mi silla. 8 Los jóvenes, al verme, se escondían, y los viejos se alzaban en pie; 9 los príncipes contenían las palabras y ponían su palma en la boca, 10 y enmudecía la voz de los caudillos y se pegaba su lengua al paladar.
La situación desgraciada actual hace surgir, por contraste, la felicidad pasada, que describe con entusiasmo, idealizándola hiperbólicamente conforme a las exigencias de su imaginación oriental, sobreexcitada por el dolor. Bajo la protección de Dios, su vida discurría próspera; y este sentido de vinculación al Omnipotente era para él como una lampara que iluminaba sus pasos en los días sombríos de la vida 1. Su tienda y vida familiar estaban bajo el amparo de Dios, y así sus días otoñales o maduros discurrían tranquilos, sin sobresaltos, en medio del cariño y alegría de sus pequeñuelos; y todo ello era consecuencia de la compañía que le hacía el Omnipotente (v.5).
Como jeque poderoso, podía disfrutar de sus muchos bienes: lavaba en leche sus pies, expresión proverbial que indica opulencia 2. En los lagares, el aceite corría a raudales bajo la presión de la piedra de la muela (v.6). En el cántico de Moisés se dice de Israel que Dios "le dio a chupar miel de las rocas y aceite de durísimo sílice." 3 La frase de Job puede ser también una expresión hiperbólica para destacar su abundancia excepcional, pues hasta las piedras le dan aceite en abundancia. Su posición económica le granjeaba también una alta posición social: a la puerta principal de la ciudad — donde la gente se congregaba para recibir las noticias que traían las caravanas y para administrar justicia — era Job reconocido por todos, y su sitial ocupaba el lugar de preferencia (v.7). Todo eran honores para el gran jeque opulento, bendecido por Dios. Todas las clases sociales le mostraban sus respetos: los jóvenes, por temor reverencial, se apartaban lejos, mientras que los ancianos respetuosamente se ponían en pie en reconocimiento de su superioridad; los príncipes, o representantes de las familias de abolengo, contenían sus palabras, prestando un silencio obsequioso al que solo era digno de hablar, y hasta los caudillos guerreros — ídolos del pueblo — enmudecían en su presencia (v.7-10). La descripción es viva y bellísima, no exenta de jactancia e hipérbole; pero refleja bien la nostalgia del que todo lo había perdido después de haber estado encumbrado en los más altos estratos sociales.
Protector de los desvalidos (11-17)
11 El oído que me oía me llamaba feliz, y los ojos que me veían se declaraban en mi favor; 12 porque libraba al pobre que clamaba y al huérfano que no tenía valedor. 13 La bendición del desgraciado llegaba a mí, y el corazón de la viuda se llenaba de gozo. 14 Vestíame de justicia, y ella me rodeaba como vestido, me era mi derecho por manto y turbante. 15 Yo era ojos para el ciego, era para el cojo pies, 16 era el padre de los pobres, y examinaba la causa del desconocido; 17 quebrantaba las muelas del injusto, y de sus dientes le arrancaba la presa.
La maravillosa descripción de la virtud de Job resulta como un paréntesis inesperado dentro de la general sobre la situación próspera pasada. Los v. 11-17 nías bien encajarían después del v.25, que sirve de transición. Nadie menoscababa su gloria y respeto, pues encontraban justa su alta posición social (v.11), porque estaba siempre al servicio del desvalido, del huérfano, de la viuda y del pobre. Elifaz había insinuado que Job había cometido exacciones contra los desgraciados4. La realidad era todo lo contrario: había socorrido siempre al necesitado 5. Toda la vida de Job estaba presidida por el sentimiento de equidad y de justicia, que eran como su atuendo habitual (ν.14) 6. Era un verdadero padre de los pobres, subviniendo a todas las necesidades: ojo para los ciegos, pie para el rengo; expresiones proverbiales que indican bien su espíritu de ayuda total (ν.15). No sólo se prestaba a salvar los derechos de los conocidos, sino que aun los que no le eran conocidos encontraban en él generosa acogida; y no se contentaba con presentar la querella judicial, sino que exigía la indemnización inmediata, arrancando la presa de los dientes de los opresores (ν.17).
La esperanza de ana vida colmada (18-20)
18 Decíame yo: "Moriré viejo 7, multiplicaré cual la arena los días; 19 mis raíces tendrán acceso a las aguas, y caerá de noche sobre mis ramas el rocío. 20 Renovaráse conmigo mi gloria, y mi arco se fortalecerá en mis manos."
Supuesta la conducta de justicia y de equidad que presidió siempre su vida, favoreciendo y amparando a los desvalidos, era de esperar que Dios le recompensara con una colmada y próspera vida: gran longevidad, posteridad numerosa y reconocimiento público de sus buenas acciones. Estas eran las esperanzas de su vida hasta que el infortunio llegó a las puertas de su casa y le desengañó.
Prestigio ante el pueblo (21-25)
21 Para escucharme esperaban, y callaban hasta oír mi opinión. 22 Nadie replicaba a mis palabras; y sobre ellos gota a gota (caía) mi palabra. 23 Me esperaban como se espera la lluvia, y abrían su boca como al agua tardía. 24 Si les sonreía, no osaban creerlo, y no desperdiciaban la luz de mi rostro. 25 Yo les escogía su camino y me sentaba en cabeza, y moraba entre ellos como rey entre sus huestes, y se dejaban llevar a donde yo los conducía 8.
Los ν.21-25 continϊan la descripciσn interrumpida en el v.11: todos estaban anhelantes de escuchar los consejos y opiniones del gran jeque. Todos estaban conformes con sus sentencias, y nadie osaba replicar, pues en ellas encontraban la solución a sus interrogantes. Una simple sonrisa de sus labios llevaba la felicidad a los que le rodeaban, que estaban sedientos de sus palabras, como la tierra sembrada espera el agua tardía de la primavera, tan necesaria para la maduración de la mies (v.23) 9. La luz de su rostro traía la felicidad a todos, y se entregaban a sus decisiones cuando se trataba de elegir un camino; todos se dejaban llevar por él como las huestes de un ejército conducidas por el rey (v.25).
1 Cf. Sal 19:29; Is 60:3. — 2 Cf. Job 20:17; Dt 33:24; Sal 59:11· — 3 Dt 32:13. — 4 Cf. Job 22:6-9. — 5 Cf. Sal 73:12. — 6 Cf. Is 59:17. — 7 Lit. el TM: "Yo expiraré con mi nido." Nuestra corrección sigue a los LXX y es exigida por el contexto. Admitida por Dhorme, Bib. de Jér. — 8 Lit. el TM: "como quien consuela afligidos." La corrección, propuesta por Herz y seguida por Dhorme y Bíb. de Jér., está basada en la traducción de Símaco, y sólo exige un ligero retoque de letras hebreas. — 9 Sobre la lluvia tardía de primavera véase Jér 3:3; Os 6:3; Jl 2:23; Zac 10:1.
30. Triste Situación Actual
Los jóvenes que antes le honraban, ahora se burlan de él. Es objeto de befa de parte de lo más despreciable de la sociedad. Y lo peor es que Dios no se acuerda de él a pesar de que reiteradamente le invoca y le suplica le salve de la trágica situación de su vida. Sabe que va hacia la muerte, a pesar de que tiene conciencia de ser inocente. Se siente solo en un ambiente hostil: sus hermanos son "chacales," y el vigor físico de su cuerpo se diluye sin esperanza de recuperación.
Los insultos de los indignos (1-10)
1 Y ahora ríense de mí los más mozos que yo, a cuyos padres hubiera desdeñado yo de contar i entre los perros de mi ganado. 2 Aun la fuerza de sus manos, ¿de qué podía "servirme? Su vigor había perecido enteramente. 3 Extenuados por la miseria y por el hambre, roían las raíces de la estepa; el desierto y el yermo eran su nodriza. 4 Recogían bledo entre la maleza, alimentándose de raíces de retama. 5 Expulsados de la sociedad, perseguidos a gritos como a ladrones, 6 habitaban en lo escarpado de los torrentes, en cuevas y entre rocas, 7 rugiendo entre la maleza y reuniéndose entre la enramada. 8 Gente innoble, pueblo sin nombre, arrojados del país. 9 Y ahora a éstos les sirvo de canción y soy objeto de burla! 10 Abominan de mí, me esquivan y no se retraen de escupirme a la cara.
En contraste con su honorable situación anterior, reconocida por todos los estratos sociales, ahora los de más baja estofa, la chusma innominada, los jovenzuelos desvergonzados, se ríen de él, haciendo burla de su triste situación. En todos los lugares, los mendigos y necesitados son objeto de befa de los jovenzuelos desalmados y sin educación. En el caso de Job, la situación se agrava, ya que antes había ocupado un lugar de preeminencia en la vida social. Con frase enérgica, Job declara despectivamente quiénes son los que ahora satirizan su situación: gentes de la última laya, que antes apenas habría considerado dignos de alternar con los perros de sus rebaños (ν.1). Por otra parte, dada su baja procedencia social, nunca podían ser útiles a nadie, pues vegetan en la miseria y la impotencia total. Son gentes vagabundas, extenuadas por el hambre, que merodean por las zonas esteparias en busca de algo para alimentarse, pero que, obligados por la necesidad, se dedican al robo, y por ello son perseguidos como ladrones por las gentes que tienen algo. Habitan en cavernas, como expulsados de su país, sin tener patria ni familia determinada. Todo esto hace más dolorosa la situación de Job, ya que es objeto de burla de estas gentes que constituyen la chusma de la sociedad (v.9). Con toda impudencia le escupen a la cara y abominan de él.
Job, perseguido (11-19)
11 El que ha soltado su cuerda me maltrata, y el que de su rostro ha rechazado el freno 2. 12 A mi derecha se alza el populacho, me lanza piedras como proyectiles 3, y preparan contra mí sus caminos perniciosos, 13 Destruyen mis sendas para mi desgracia, cooperan a mi infortunio, sin que nadie me ayude contra ellos. 14 Irrumpen como por ancha brecha, se revuelven debajo de las ruinas. 15 Se han vuelto contra mí terrores; persiguen, como viento, mi dignidad, y como nube pasó mi ventura. 16 Y ahora se derrama sobre mí mi alma y me agarran días de aflicción; 17 de noche mis huesos son taladrados y no descansan mis venas. 18 Con gran fuerza agarra mi vestido, me ciñe como la orla de mi túnica. 19 Me ha arrojado al fango, y he venido a ser como el polvo y la ceniza,
No sólo las burlas, sino que también los ataques directos se suceden por parte de estas gentes, que son como bestias que han logrado soltar la cuerda y rechazar el freno que las sujetaba. Antes se sentían sobrecogidos ante la majestad y poder de Job, pero ahora se ven libres de este sentimiento, que los tenía atados, y desaforadamente se alzan contra el que creían su opresor. Se trazan designios perniciosos y destruyen las sendas de la vida del infortunado. Avanzan como un ejército de forajidos, que irrumpen haciendo ancha brecha en las murallas que rodean la vida de Job, y por medio de las ruinas se revuelven hasta llegar a su objetivo (ν.14). El alma del infortunado Job se halla como envuelta en sobresaltos y terrores que por doquier le asaltan. Ni de dνa ni de noche puede dar quietud a su espνritu angustiado.
En el fondo, el causante de su tragedia es ei propio Dios, que le ha sometido a una prueba intolerable: le ha cercado y le sujeta como el adversario que le agarra su vestido y le aprieta ciñéndose a él como la orla de su túnica (ν.18), arrojándole, finalmente, al fango, donde se ha convertido en algo tan despreciable como el polvo y la ceniza (v. 19).
Abandonado de Dios (20-23)
20 ¡Clamo a ti, y tú no me respondes;permanezco en pie, y no me haces caso!4 2* Te has vuelto cruel para mi y con todo el vigor de tu mano me persigues; 22 me alzas en alto y me haces cabalgar sobre el viento, y una tormenta me deshace en agua. 23 Bien sé que me llevas a la muerte, a la casa de reunión de todos los vivientes.
En la angustia, Job se siente solo, ya que Dios — el único que podía prestarle auxilio — no responde a sus súplicas; con ello se muestra cruel, pues desahoga su fuerza desproporcionada contra el que no puede defenderse 5. Y parece que se complace en jugar con su víctima, ya que la zarandea y la lleva como nube empujada por el viento, que, al fin, bajo la tormenta, se convierte en agua (v.22). Job no se forja ilusiones y sabe que el final de tanto sufrimiento será la muerte y el Seol, lugar de cita de todos los vivientes (v.23).
La rectitud de Job no merecía estos sufrimientos (24-31)
24 Sin embargo, yo no alcé la mano contra el pobre cuando en su infortunio gritaba hacia mí 6. 25 ¿No lloraba yo con el afligido? 7 ¿No se llenaba mi alma de tristeza por el pobre? 26 Y cuando esperaba el bien, sobrevino el mal; cuando esperaba la luz, vino la oscuridad. 27 Mis entrañas se agitan * sin descanso, han venido sobre mí días de aflicción. 28 Ando en torrno enlutado, sin consuelo8, y me levanto en la asamblea para gritar. 29 ¡He venido a ser hermano de los chacales y compañero de los avestruces! 30 Mi piel se ha ennegrecido sobre mí, y mis huesos queman por la fiebre. 31 Has e trocado en duelo mi cítara, y mi flauta en voz de plañideras.
El desventurado Job no encuentra explicación a sus sufrimientos, ya que ha procurado hacer bien a todos cuando se hallaba en situación próspera: siempre compasivo, estaba al lado de los desventurados (v.25); sin embargo, cuando esperaba el premio a sus actos virtuosos, le sobrevino la desgracia del modo más cruel e intolerable: en vez de la luz — símbolo de los beneficios otorgados por Dios — ha recibido oscuridad, alejamiento de la faz radiante y protectora de su Dios (v.26). Su vida, por tanto, es una continua agitación íntima, Se siente solo como en duelo y no encuentra consuelo ni en la asamblea de sus conciudadanos, que no quieren oír ni interesarse por su problema, suponiendo de antemano que es culpable ante Dios. Se siente aislado como en el desierto, viviendo en medio de los chacales y avestruces, a los que puede saludar como hermanos y compañeros. Sus mismos gemidos desconsolados tienen algo de parecido con los aullidos de las fieras y animales de la estepa (v.2Q).
Consumido por la fiebre, tiene la piel ennegrecida y se siente como un esqueleto viviente. Se considera ya moribundo, y sus gemidos son como un canto fúnebre anticipado: su alegría — cítara — se ha convertido en duelo, y le parece oír ya el cortejo elegiaco de las plañideras que le llevan a la mansión de la muerte (ν.5i).
1 Así según una corrección comúnmente admitida. — 2 Así según Dhorme. La Bib. de Jér., siguiendo a la v. siríaca y Targ., traduce: "El ha extendido mi arco y me ha echado a tierra." — 3 Así la Bi'b. de Jér., supuesta una problemática corrección. Dhorme: "en el lazo han sido arrojados mis pies." — 4 Así según los LXX. — 5 Cf. Lam 4:3. — 6 Así según Dhorme, corrigiendo ligeramente el TM. — 7 Lit. en heb. "con el de día duro." Nuestra versión se basa en los LXX y Vg. — 8 Lit. el TM: "ando bruñido sin que tenga sol." Nuestra versión tiene en cuenta la traducción de los LXX y Vg. En el supuesto de que se mantenga la lección del TM, el sentido parece ser que Job se siente ennegrecido por la ñebre, sin haber sentido los rayos solares.
31. Confesión Negativa de Job
Para probar su inocencia, el desventurado varón de Hus pasa revista a las diversas clases de transgresiones, para declarar que no ha tenido parte en ellas. Es un fragmento similar a la "confesión negativa" del difunto egipcio ante Osiris. Su inocencia es manifiesta, pues ha mantenido una integridad moral para con el prójimo y no ha abandonado a su Dios, yendo tras cultos y divinidades extrañas. Puede presentar un libelo justificativo ante el tribunal divino, consciente de no ser culpable.
Demanda de justicia (1-6)
1 Había yo hecho pacto con mis ojos de no prestar atención a la virgen. 2 Pero ¿cuál es la porción de Dios (reservada) desde arriba y la heredad del Omnipotente desde las alturas? 3 ¿No es la desgracia para el inicuo, y el infortunio para los obradores de iniquidad? 4 ¿No está El mirando mis caminos y contando todos mis pasos? 5 ¿He caminado fraudulentamente o corrieron mis pies tras el engaño? 6 ¡Péseme Dios en balanza justa, y Dios reconocerá mi integridad!
El ν.1 parece que debe unirse al v.7, donde se habla de la integridad moral de Job en materia sexual. Con todo cuidado habνa evitado mirar atentamente a la virgen para no caer en la tentación de pecar.
De nuevo muestra su perplejidad ante la misteriosa providencia divina, ya que parece debiera ser premiada la virtud y castigado el vicio: ésa debiera ser la porción y la heredad reservada por el que habita en las alturas (v.2). Pero los hechos contradicen esta tesis, exigida por la equidad natural 1, pues, a pesar de que Dios contempla y conoce los caminos de todos los hombres, parece que no ha reparado en que él no ha caminado fraudulentamente en la vida (v.5). Consciente de su inocencia, pide a Dios que pese los actos de su vida en balanza justa, seguro de que ha de ser reconocido en su virtud. Según la mitología egipcia, el corazón del difunto era pesado ante Osiris, siendo la diosa de la verdad, Mat, la que equilibraba la balanza. El difunto entonces pronunciaba su famosa "confesión negativa." 2
Rectitud moral de Job en materia sexual (7-12)
7 Si se apartaban mis pasos de tus sendas y tras mis ojos se fue mi corazón, o si se pegó algo a mis manos, 8 ¡siembre yo y cómalo otro, y sean desarraigados mis retoños! 9 Si mi corazón se dejó seducir por mujer y estuve al acecho a la puerta de mi prójimo, 10¡muela para otro mi mujer y sea entregada a brazos ajenos!3, 11 pues maldad grande es ésta, es un gran crimen, 12 fuego que devora hasta el "abaddón" y consumiría toda mi hacienda.
Job declara que toda su conducta giraba en torno a la ley divina; en su vida, jamás sus pasos se encaminaron fuera de las sendas señaladas por Dios, y para evitar toda prevaricación cohibió sus ojos, para que no se torciera su corazón, que se deja llevar siempre de los sentidos. No tiene conciencia de que nada pecaminoso se haya pegado a las manos (v.4) 4. Por ello se atreve a desear que, en caso contrario, otro se aproveche de su hacienda, por él trabajada, y hasta desenraice sus retoños o plantaciones (v.8).
Con todo cuidado ha evitado el pecado de adulterio como un gran crimen (ν.9). En caso contrario, desea que su mujer se convierta en esclava y concubina del marido ofendido (v.10). Este delito era penado con la muerte 5, pues es un gran crimen, que lleva al Seol a abaddón y que es causa de la pérdida de la propia hacienda (v. 12).
Comprensión para con los débiles y pobres (13-22)
13 Si desdeñé el derecho de mi siervo y el de mi sierva cuando se querellaron contra mí, 14 ¿qué haría cuando se alzara Dios para juzgar? Cuando me pidiera cuentas, ¿qué respondería? 15 El que me hizo a mí en el materno seno, ¿no lo hizo también a él?¿No fue él mismo el que nos formó en el vientre?16 Si negué a los pobres lo que deseaban y dejé desfallecer los ojos de la viuda, 11 si comí solo mi bocado, sin dar de comer de él al huérfano, 18 antes bien, desde mi infancia le criaba como un padre y desde el seno materno le guiaba; 19 si vi al miserable sin vestido y al pobre sin ropas, 20 y si no me bendijeron sus carnes y no se calentaron con el vellón de mis corderos; 21 si alcé mi mano contra el huérfano, por ver en la puerta mi apoyo, 22 ¡despréndase mi espalda de su nuca y arranqúese del hombro mi brazo!
Las consideraciones de este fragmento son altamente enternecedoras y comprensivas para con los desvalidos. En primer lugar, Job declara que ha cumplido humanitariamente y con equidad con los siervos de su propia casa, atendiéndoles en las querellas justas planteadas por ellos en defensa de sus legítimos derechos (ν.13). En el código hebraico se determinaban bien los derechos de los amos y de los siervos6. Job se atuvo, pues, a la legislación recibida y a las exigencias de su corazón humanitario. Tiene conciencia de que, de no haber cumplido con los suyos, no podría salir airoso en el juicio que Dios suscita cuando se levanta para dar su inapelable sentencia 7. En realidad, el fundamento para respetar los derechos de los siervos es que éstos tienen el mismo origen que los amos (ν.15).
No sólo ha cumplido y respetado los derechos de los que le están subordinados, sino que se ha preocupado de aminorar el dolor de los pobres y abandonados, como las viudas (ν.16), y ha compartido su comida con el huérfano (ν.17). Desde su más tierna infancia se ha preocupado en criar — con la ayuda material — y guiar con sus consejos a los que han sido lanzados por la resaca de la vida (ν.18). A todos les ha dado con su alimento vestidos para que cubrieran sus carnes macilentas. Estas, agradecidas, bendecían al que les proporcionaba abrigo contra las inclemencias del tiempo. Consecuente con este espíritu de benevolencia, nunca abusó de su poder e influencia en la puerta — símbolo del tribunal judicial, porque en ella se tenía normalmente — levantando la mano en signo amenazador contra su contrincante. Tan seguro está de esto, que pide la pena del tallón contra él mismo: que su brazo sea arrancado del hombro y que sea desnucado si ha cometido algún atropello contra el débil.
Reconocimiento de los derechos divinos (23-28)
23 Pues el terror de Dios me invadía8, y no podía resistir a su majestad. 24 ¿Puse en el oro mi confianza y dije al oro fino: "Tú eres mi seguridad"? 25 ¿me gocé en mis muchos bienes y en que mi mano mucho atesoraba? 26 Mirando al sol cuando brilla9 o a la luna al caminar resplandeciente, 27¿fue seducido secretamente mi corazón, y les lancé con la mano el beso de mi boca, 28 que es también criminal delito, pues habría negado al Dios de lo alto?
La conducta de Job está presidida por la presencia de la majestad de Dios, que le infunde terror (v.23). Gracias a este sentimiento, ha sabido elevarse sobre el amor de las riquezas, no poniendo en ellas su confianza, como si ellas le proporcionaran la seguridad (v.24). Sabe que sólo Dios es digno de confianza absoluta, y esta creencia la ha mantenido a través de las diversas vicisitudes de su vida. A pesar de su gran fortuna, nunca sintió complacencia desmesurada en ella, pues sabía que venía de Dios, quien, como tal, podría quitársela.
Tampoco se dejó seducir por los cultos astrales, reconociendo al sol y a la luna como seres divinos, dignos de adoración. Entre los asiro-babilonios, Samas era el dios solar, mientras que Sin era el dios lunar. Estos cultos astrales fueron introducidos en el reino de Judá en tiempos de Manases (s.VI a.C.). Los mismos cultos cananeos tenían influencias astrales mesopotámicas y egipcias. El signo externo de adoración entre los babilonios era poner la mano en la boca; y a esto parece aludir Job cuando habla de no haber lanzado besos con la mano en la boca (v.27). Esto hubiera implicado renegar del único Dios que reside en lo alto (v.28), lo que constituiría un criminal delito.
Conducta comprensiva y sincera (29-34)
29 ¿Me alegré del infortunio de mi enemigo y me gocé en que le sobreviniera la desgracia? 30 Pues no di mi lengua al pecado 10 ni conjuré al "Seol" contra su alma. 31 ¿No decían las gentes de mi tienda: "Quién habrá que no se haya saciado de su carne"? 32 No pasaba la noche fuera el extranjero, pues abría mis puertas al viandante. 33 ¿Encubrí como hombre mi pecado, ocultando en mi seno mi maldad? 34 Porque habría temido de la muchedumbre, me habría aterrado el desprecio de las familias y, callado, no saldría a la puerta.
Su espíritu de equidad le ha inducido a no alegrarse de la desgracia de su adversario; y por eso estuvo muy lejos de lanzar imprecaciones contra él, deseándole la muerte o apelando a las fuerzas destructoras del seol — epidemias — contra él (ν.30). Todos los de su servidumbre, las gentes de su tienda, son testigos de su generosidad, pues los que han llegado a ella han sido saciados con su carne (v.31). La hospitalidad era completa, ya que no permitνa el gran jeque que nadie pasara la noche fuera de su tienda, ni el extranjero que inesperadamente llegaba a aquellos parajes; sus puertas estaban siempre abiertas al viandante (v.32).
Con la conciencia recta, Job no ha tenido necesidad de ocultarse en su casa para encubrir sus defecciones a las murmuraciones de la muchedumbre, sino que ha salido siempre afuera con la cabeza erguida, sin tener que avergonzarse de nada (v.34).
Invitación a que responda el Omnipotente (35-40)
35 ¡Quién me diera que se me escuchase! ¡Ahí va mi firma! ¡Respóndame el Todopoderoso! ¡Ahí está el libelo de acusación escrito por mi adversario! 36 Ciertamente lo llevaré sobre mis hombros, me lo ceñiré como corona, 37 le daré a conocer el número de mis pasos y me acercaré a él como un príncipe. 38 Si clamó la tierra contra mí, si a una lloraban sus surcos, 39 si comí su hacienda sin pagarla, si he hecho exhalar el alma de su dueño, 40 ¡názcanme cardos en vez de trigo, y cizaña en vez de cebada!
(Se terminaron las palabras de Job.)
Terminada su confesión negativa, Job invita a Dios para que dé su veredicto, y con toda naturalidad estampa su firma a su deposición, en espera de respuesta. En heb. tawí ("mi taw," la última letra del alefato, que se utilizaba como firma de los que no sabían escribir). Job no teme el libelo de acusación que le pueda presentar su adversario; al contrarío, sabe que ha de poner en evidencia su inocencia, y por ello está dispuesto a llevarlo como corona sobre su cabeza. No sólo no se niega a que se le someta a un examen profundo, sino que se adelantará a darle a conocer minuciosamente su conducta: el número de sus pasos (v.37); y, lejos de presentarse cabizbajo como un reo, se acercará con la cabeza erguida como principe que se siente orgulloso de su honor y trayectoria en la vida.
No ha cometido ninguna usurpación de tierra ajena; por ello ésta no puede presentar reclamación contra él, ni sus surcos pueden quejarse de haber sido trabajados por otro fuera de su legítimo dueño (v.38). Con su conducta, Job no ha causado la muerte del dueño al no pagarle lo que le debía (v.39). En caso contrario, pide que su propia tierra se cubra de cizaña y de cardos, con pérdida total de su feracidad natural.
En el TM se añade: Se terminaron las palabras de Job, frase que los LXX colocan al principio del c.32.
1 Cf. Job 21:17.30. — 2 He aquí el texto del famoso 0.125 del "Libro de los muertos," donde se detalla la confesión m'gfif/'iM del difunto ante Osiris: "No he cometido iniquidad contra los hombres; no de maltratado a mis gentes; no he cometido pecado en lugar de equidad; no he intentado conocer lo que no existía; no he hecho el mal; no he hecho trabajar, como jefe de hombres, más de la tarea; mi nombre no ha llegado al director de la Barca (de Osiris); no he calumniado al dios; no he puesto la mano sobre el hombre de baja condición; no he hecho lo que detestan los dioses; no he causado daño a un esclavo delante de su superior; no he hecho que alguno enfermara; no he hecho llorar; no he matado; no he dado orden a un asesino; no he causado sufrimiento físico a ninguno; no he disminuido el alimento en los templos; no he dañado los panes cíe los dioses; no he tomado las tortas de los muertos; no he tenido relación sexual coa un niño; no he cometido polución; no he añadido ni sustraído al cedazo; no he disminuido la arura (medida de áridos); no he engañado con media arura; no he añadido al contrapeso de la balanza; no he quitado la leche de la boca de los pequeñuelos; no he echado al ganado menor de sus pastos; no he cogido con la red un pájaro de los dioses; no he pescado los peces de sus estanques; no he detenido el agua en su estación; no he opuesto un dique al agua corriente; he apagado el fuego a su debido tiempo; no he descuidado los días rijos en lo concerniente a las ofrendas de carne; no he mantenido lejos los rebaños de los bienes'del dios; no he detenido al dios cuando salía (en procesión)." Véase pritchard, Ancient Near F^ast Texts p.S4. Del examen comparativo de este texto egipcio y la confesión de Job se deduce que no hay dependencia literaria alguna de parte de aquél, sino que hay cierta coincidencia esencial en algunos preceptos de índole puramente natural. — 3 Lit. el TM: "y sobre ella otros se encorven·). — 4 Cf. Job 11:14; 16:17; 22:30. — 5 Cf. Dt 22:22. — 6 Cf. Ex 21:1-11. — 7 Cf. Sal 77:10; Job 16:8; 19:25. — 8 Así siguiendo una corrección basada en los LXX, sir. y Vg. — 9 El TM dice "luz" en vez de sol; pero esta palabra está exigida por paralelismo y está en el texto de los LXX. — 10 Lit. el TM: "mi paladar" en lugar de mt lengua. — 11 Así opinan Strack, Steuernagel, Driver, Eissfeldt, Holscher, Hoonacker, Dhorme, Steinmann.
Los Discursos de Elihu (c. 32-37)
Terminado el ciclo de discusiones de los tres amigos de Job y el monólogo de éste, aparece inesperadamente un nuevo personaje que pretende dar nueva luz sobre el misterio de los sufrimientos del justo: los caminos de la Providencia son misteriosos, y, por tanto, el hombre no está capacitado para juzgar sus actos; por otra parte, Dios es soberanamente justo, y, en consecuencia, el hombre no puede dudar de la justicia de sus actos. Es un avance de la solución final, propuesta por el propio Dios en su teofanía; pero, además, se insinúa que la virtud del justo se perfecciona y purifica con el sufrimiento.
Los críticos modernos consideran este fragmento — de marcada unidad literaria — como adición al drama primitivo del libro de Job 11. El estilo es más prolijo; abundan los arameísmos, y, sobre todo, el personaje no aparece mencionado ni en el prólogo ni en el epílogo del libro.
32. Intervención de Elihu
Los tres interlocutores de Job decidieron callarse, ya que no podían convencer al amigo de su presunta culpabilidad. Elihú — representante de la nueva generación — había callado por respeto a la ancianidad, mientras aquéllos exponían sus argumentaciones; pero ahora que han enmudecido y que parece que Job queda victorioso, interviene violentamente para convencer a éste de su culpabilidad. Está decepcionado por los argumentos de los que representaban la antigua sabiduría y quiere aportar nuevas luces sobre el problema. No puede reprimir el impulso interior que le obliga a hablar sin acepción de personas.
Presentación de Elihú (1-5)
1 Dejaron aquellos tres hombres de replicar a Job, pues se declaraba inocente a sus ojos; 2 pero Elihú, hijo de Barakel, buzita, de la familia de Ram, se encendió en cólera contra Job porque se declaraba justo ante Dios. 3 También contra los tres amigos ardió su cólera, porque no hallaban qué responder a Job, y, a pesar de eso, le condenaban. 4 Había esperado Elihú mientras hablaban con Job, porque ellos eran más entrados en días que él; 5 mas al ver Elihú que no había respuesta en la boca de los tres hombres, se encendió su cólera.
Job acababa de declarar enfáticamente su inocencia, pidiendo a Dios que diera el fallo definitivo a su querella, sin temer a las acusaciones del libelo que contra él pudiera presentar su adversario judicial. Los tres amigos no encontraron más argumentos para convencer a Job de que era culpable, y decidieron callarse. Pero esto dejaba en mal lugar la justicia divina, ya que parecía que Job, con sus arrogancias, quedaba triunfador indebidamente en la discusión. Y es entonces cuando inesperadamente entra en lid un joven de temperamento exaltado y revolucionario, que se indigna porque los representantes de la sabiduría tradicional no han sabido defender la justicia divina. Elihú de nombre, es de la tierra de Buz, cerca de Teima y Dedán i, en los confines entre Edom y Arabia. Pertenece, pues, al mismo círculo étnico de los otros tres amigos de Job; en todo caso, es también un "hijo de oriente," como Job; un trans-jordano para el judío que habitaba en Canaán.
Pacientemente había esperado que los "ancianos" expusieran sus puntos de vista, pero, como no convencían al arrogante Job, decide Elihú tomar parte en la discusión (v.5).
Explicación preliminar (6-14)
6 Replicó, pues, Elihú, hijo de Barakel el buzita, y dijo: Yo soy joven, y vosotros ancianos; por eso temía y sentía miedo a exponeros mi pensamiento. 7 Me decía: "Hablarán los días, y los muchos años darán a conocer la sabiduría"; 8 pero ésta es en el hombre una inspiración, y es el soplo del Omnipotente el que enseña. 9 No son los ancianos los sabios, ni los viejos los que comprenden lo que es justo. 10 Por eso me atrevo a decir: Oídme y daré yo también mi parecer. 11 He aquí que he estado esperando vuestros discursos y escuchando vuestras razones; mientras buscabais palabras, 12 en vosotros ponía mi atención. Pero he aquí que nadie puede convencer a Job, no hay entre vosotros quien responda a sus dichos. 13 Para que no digáis: "Hemos hallado sabiduría; es Dios, no el hombre, quien nos adoctrina."3 14 El no me ha dirigido sus palabras4 ni voy a responderle con vuestros argumentos.
Llevado de un sentido de respeto a los mayores y también acomplejado ante su supuesta sabiduría de ancianos, el joven Elihú no osaba intervenir en la discusión (v.6). Las palabras del nuevo interlocutor son irónicas y de humildad afectada. Según la mentalidad oriental, la sabiduría era patrimonio de los entrados en años, como fruto de la experiencia; y así lo había declarado el propio Job: "Entre los ancianos se halla la sabiduría, y en los de edad avanzada la inteligencia" 5. Pero Elihú no piensa igual, pues la verdadera sabiduría no la da la experiencia de los años, sino que es un don, una inspiración del Omnipotente (v.8). Los designios de Dios sobre los seres humanos son misteriosos, y sólo puede comunicar sus secretos el propio Dios. Por otra parte, la discusión actual prueba que la sabiduría no es patrimonio de los entrados en días, pues Job sigue en su obstinación, y sus amigos han agotado sus argumentos para convencerle. Esto da ánimos para que un representante de la nueva generación entre en la discusión con nuevas luces (v.10).
Pacientemente ha estado atento a los discursos de los tres interlocutores, esperando que convencieran al arrogante Job; pero ha sido en vano (v.11). Ha estado sopesando sus argumentos, esperando encontrar la razón definitiva; pero el resultado fue negativo. Por ello no tienen derecho a decir que reciben la doctrina de Dios (ν.13), pues con ella ciertamente habrνan convencido al obstinado Job. Elihϊ, por su parte, no va a utilizar los argumentos de ellos, entre otras razones porque Job no ha dirigido contra él sus palabras o argumentaciones (ν. 14).
Elihú se siente impulsado a hablar (15-22)
15 Están desconcertados, no responden ya, les faltan las palabras. 16 Comenzaré yo, pues, ya que no hablan ellos, pues se están ahí sin responder. 17 Replicaré yo también por mi parte, también yo expondré mi parecer. 18 Pues me siento lleno de palabras y me insta el espíritu que hay dentro de mí. 19 He aquí que mi interior está como vino sin escape, que hace reventar los odres nuevos. 20 Hablaré, pues, para desahogarme y abriré mis labios para responder. 21 No haré acepción de personas ni adularé a nadie, 22 porque yo no sé adular, y me soportará por un poco mi Hacedor 6.
De modo redundante y ampuloso, Elihú justifica su intervención, que resulta humillante para los otros interlocutores, de más edad que él. Estos se han callado, llegando a un punto muerto, y, por tanto, es el momento de intervenir con sus nuevas ideas (ν.17). Se siente lleno de ideas en estado de ebulliciσn, como vino fermentando, que busca salida y que con su presiσn revienta los odres nuevos (v.19). El símil es gráfico y refleja bien la impaciencia de las nuevas generaciones por exponer sus puntos de vista. Pero antes hace profesión de imparcialidad: hablará sin acepción de personas, ateniéndose a las exigencias de la verdad y de la justicia, pues no tiene el vicio de la adulación. Finalmente, pide permiso a Dios para que le soporte por algún tiempo su argumentación (v.22).
1 Cf. Jer 25:23. El nombre de Elihú aparece en Sam 1:1; Par 27:18; 12:20; 26:7. Ram aparece en Rut 4:19; Par 2:9-10.25.27. Buz aparece en Gen 22:21. — 3 Así siguiendo una ligera corrección propuesta por Dhorme y seguida por la Bib. de Jér. — 4 Dhorme, siguiendo a la V. 511. y a los LXX, traduce: "no alinearé palabras como éstas." — 5 Job 12:12. — 6 Otros traducen: "en poco tiempo me llevaría el que me hizo." Así Dhorme y Bib. de Jér, En este supuesto, el sentido sería que el Hacedor no soportaría las frases adulatorias de Elihú, que estaría expuesto a su venganza.
33. Reproches a Job
En estilo directo, Elihú invita a Job — nombrándole expresamente, cosa que no había hecho ninguno de los tres interlocutores — a reconsiderar su situación y a no jactarse de su supuesta inocencia. En realidad, como hombre no puede entender los caminos de Dios. Conseguida la benevolencia divina, podrá de nuevo rejuvenecer y prosperar en la vida. El hablar de Elihú se caracteriza por su franqueza, no exenta de rudeza expresiva.
Exordio insinuante (1-7)
1 Oye, pues, ¡oh Job! mis palabras y apresta el oído a todos mis discursos: 2 He aquí que yo abro la boca, mi lengua articula palabras en mi paladar. 3 Mi recto corazón dicta palabras sabias, y mis labios hablarán claramente. 4 El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Todopoderoso me da vida. 5 Respóndeme, si puedes. ¡Disponte ante mí y mantente firme! 6 También yo soy lo que tú ante Dios; también yo fui formado del barro. 7 Mira, nada tienes que temer de mí ni mi mano pesará sobre ti 2.
De nuevo reitera su sinceridad y buena voluntad en las afirmaciones que va a asentar para convencer al desventurado Job. El estilo es redundante y recargado, desproporcionado con las revelaciones que va a hacer. Pero parece que el hagiógrafo quiere así destacar la petulancia de las nuevas generaciones, que pretenden enmendar las convicciones de la tradición. Con todo, Elihú quiere destacar su rectitud de intención al hablar y la franqueza con que va a abordar el problema (v.3).
El v.4 parece que está desplazado, y encaja mejor después del v.6, donde se habla de la formación del cuerpo, que es completada por la infusión del soplo de Dios, conforme a la descripción de Gen 2:7.
Job había pedido la intervención definitiva de Dios como juez para resolver su querella; ahora, en cambio, Elihú le invita a hablar con él de igual a igual (v.5), ya que ambos son mortales, pues están hechos del barro, y, en consecuencia, nada debe temer de él (ν.9): ambos proceden de Dios y son mantenidos por su espíritu en la vida. Job había mostrado su terror al verse ante la majestad del Omnipotente 3; pero ahora debe hablar y exponer sus puntos de vista con toda naturalidad ante el que no es más que él.
Los designios secretos de Dios (8-18)
8 Ciertamente has dicho a mis oídos, y escuché el sonido de las palabras: 9 "Puro soy, sin pecado; limpio estoy; no hay culpa en mí. 10 Mas El inventa pretextos contra mí y me toma por enemigo suyo. 11 Pone mis pies en el cepo y espía todas mis sendas." 12 Mira, en esto no tienes razón. Yo te respondo que Dios es más grande que el hombre. 13 ¿A qué querellarte con El porque no responde a todas tus palabras? 14 Pues habla una vez, y dos no lo repite. 15 En sueños, en visión nocturna, cuando desciende sobre los hombres el sopor, mientras duermen en el lecho, 16 entonces abre el oído de los hombres y les aterra con apariciones 4 17 para retraerles del mal y apartar al hombre del orgullo; 18 para librar su alma del sepulcro, y su vida de atravesar el canal.
Job se había quejado de que Dios le afligía contra toda justicia. Elihú recoge sus protestas de inocencia expresadas en 13:24 y 27, y abiertamente le dice que en ello no tiene razón, pues Dios, que es mucho mas grande que el ser humano no tiene obligación de responder a las querellas que éste le plantea (ν.12). El mismo Job había declarado que Dios responde una vez por cada mil que se le interrogue 5.
Es inútil querer entablar una disputa con El, ya que no tiene obligación de responder, pues por su trascendencia se halla en una zona superior al hombre. Por otra parte, Dios habla sin apelación posible y no repite una cosa dos veces (ν.14).
Uno de los modos de comunicarse Dios con los hombres es en sueños, como lo había declarado ya Elifaz 6. Por ellos los instruye y aterra para que se aparten del mal, que los llevaría al sepulcro y al canal que de aquél conduce a la región de los muertos (ν.18). "Vemos aquí una alusión al canal vertical, análogo a los pozos de las almas, que permite al espíritu del difunto llegar hasta el seol bajo nuestra tierra. Pasar por el canal equivaldría a descender a los infiernos después de haber pasado por la fosa, es decir, por la tumba. La imagen sería tomada del aspecto de las tumbas fenicias, a las que se desciende por pozos verticales."7
La enfermedad es un medio de volver a Dios (19-26)
19 Le corrige con dolores en su lecho y con el continuo temblor de sus huesos; 20 su vida tiene asco del pan, y su alma del manjar más exquisito, 21 y se consume su carne hasta desaparecer, y se trasparentan los huesos, que no se veían. 22 Está su alma próxima al sepulcro, su vida junto a los muertos. 23 Pero si para él hay un ángel, un intérprete de entre mil, que haga ver al hombre su deber, 24 tenga piedad de él y le diga: "Líbralo de descender a la fosa; yo hallé el rescate (de su vida)." 25 Reverdecerá su carne más que en su juventud8, volverá a los días de su adolescencia. 26 Suplicará a Dios, y éste se complacerá en él, y verá su rostro con júbilo, y volverá al hombre su justicia.
Una nueva idea teológica se introduce en el diálogo: la enfermedad es un correctivo enviado por Dios para detenerle en la pendiente del mal y hacerle reflexionar para volver al buen camino. Consumido en el lecho, sintiendo disgusto hasta del alimento, el enfermo, ante la perspectiva de la próxima muerte, tiene ocasión de reflexionar sobre su vida pasada, sus transgresiones, y volverse a Dios, proponiendo ser más fiel a sus preceptos. Como antes Satán había intervenido para enviar los infortunios sobre Job, así también ahora aparece un ángel bienhechor que intercede ante Dios por el enfermo. Es un intérprete entre mil como los profetas 9, relacionando a los hombres con Dios, quien revelará al hombre su deber — reconocimiento de su culpabilidad pasada y propósito de enmienda, juntamente con la súplica al Dios que puede sanarlo — e intercediendo expresamente ante Dios por él: Líbralo de descender a la fosa... Su enfermedad fue como un rescate o compensación por sus culpas que merece la salvación del peligro mortal (v.24).
Como consecuencia de su intervención intercesora, el enfermo recuperará la salud, rejuveneciendo su carne como en los mejores días de la adolescencia (v.25). De nuevo recuperará la benevolencia divina y, en consecuencia, sentirá los efectos de la protección del Omnipotente — vera su rostro con júbilo —, y el ser humano recuperará su justicia, al ser rehabilitado en la sociedad con el reconocimiento de su inocencia (v.26).
El perdón de Dios (27-33)
27 El entonces repetirá y dirá a los hombres: "Había pecado y torcido el derecho, pero El no me ha tratado conforme a mi falta10. 28 Ha liberado mi alma de pasar por el canal, y mi vida ve la luz." 29 Mira, todo esto lo hace Dios dos y tres veces con el hombre 30 para retraer su alma de la tumba, para alumbrarle con la luz de los vivientes. 31 Atiende, Job; escúchame; calla mientras hablo yo. 32 O, si tienes que replicar, respóndeme; habla, que yo deseo que te justifiques. 33 Si no, haz por escucharme; calla, y te enseñaré sabiduría.
El enfermo entonces será el primero en reconocer su pasado pecaminoso y en dar gracias al Todopoderoso por no haberle dado la muerte, que merecía por sus transgresiones: le ha liberado de pasar por el canal que lleva del sepulcro a la región de los muertos (v.27c). Como consecuencia ha recuperado la salud, viendo de nuevo la luz. La enfermedad, pues, puede ser el camino de volver a la amistad divina y, en consecuencia, para recuperar su protección, disfrutando de la luz de los vivientes (ν.30).
Elihú pide encarecidamente a Job que le preste atención, pues sus palabras le inducirán a reflexionar y emprender el camino del retorno a Dios, que supone reconocimiento del pasado pecaminoso y esperanza de rehabilitación total (v.32). En realidad está deseando que Job se justifique plenamente ante Dios y ante la sociedad.
1 Lít. el TM: "mi terror no te espantará." — 2 Así siguiendo a los LXX. Corrección seguida por Dhorme y Bib. de Jér. — 3 Cf. Job 9:34; 13:21. — 4 Así según una corrección basada en los LXX, Aquila y Símaco. — 5 Job 9:2-3. — 6 Job 4:12s; Jl 3:1. — 7 P. Dhorme, p.c., p-453. — 8 Dhorme: "su carne volverá fresca por la juventud." Así también Driver-Gray. Bib. de Jér.: "su carne recobra un frescor juvenil." — 9 A los profetas se les llama intérpretes de Dios en Is 43:27. — 10 Así siguiendo a los LXX.