34. Segundo Discurso de Elihú
En esta segunda parte de su intervención, el joven interlocutor se dirige a sus contertulios y declara la insensatez de Job al declararse inocente, y su espíritu blasfemo al considerar a Dios como injusto por haberle enviado infortunios indebidos. En realidad, Dios da a cada uno según lo que merece. Dios es el gobernador del universo, y, en consecuencia, tiene que ser justo, pues de lo contrario no podría exigir justicia a los hombres. Castiga inexorablemente al malvado y se muestra misericordioso con el arrepentido.
Job con sus arrogancias, injuria a Dios (1-9)
1 Prosiguió Elihú hablando así: 2 Oíd, sabios, mis palabras; prestadme, hombres doctos, vuestro oído, 3 pues el oído discierne las palabras, como prueba los manjares el paladar. 4 Examinemos por nosotros lo que es justo, conozcamos entre nosotros lo que es bueno. 5 Puesto que Job dice: "Yo soy justo, pero Dios me niega mi derecho, 6 y contra mi derecho El miente1; mi llaga es incurable, aunque yo no tengo pecado."2 7¿Qué hombre hay como Job, que bebe la burla como agua, 8 y se va en compañía de los obradores de maldad, y camina con los hombres perversos? Puesto que ha dicho: "No aprovecha al hombreestar a bien con Dios."
Enfáticamente — y siempre con el mismo estilo ampuloso y afectado —, el representante de la "nueva ola" juvenil pide a los amigos de Job que le presten atención a su argumentación, dirigida contra las arrogancias de éste. Para captar su benevolencia los llama sabios, aunque considera sus argumentaciones anteriores como de poco valor para dilucidar el enigma de los sufrimientos de Job. Tomando las palabras de Job 3, indica que es el oído el llamado a discernir los discursos, lo que supone gran atención (ν.3). Como si nada hubieran hecho ellos, Elihú les invita a examinar de nuevo el problema para deducir lo que es justo y bueno o aceptable.
Con toda audacia, Elihú pone en boca de Job afirmaciones que en realidad éste no había formulado sino como hipótesis4: Dios le niega el derecho, aunque es inocente (v.6). Job, al hablar desconsideradamente, se ha burlado de Dios5, asociándose así a los hombres perversos (v.7). Elihú, en sus afirmaciones atribuidas a Job, recalca las insinuaciones de Elifaz6, sacando consecuencias demasiado descarnadas e impías: no aprovecha al hombre estar a bien con Dios (ν.9),
Dios obra siempre con justicia (10-19)
10 Por eso, oídme, cuerdos varones: ¡Lejos de Dios la maldad, y del Omnipotente la injusticia! 11 Pues retribuye al hombre según sus obras, y según su conducta le trata. 12 No, cierto, Dios no obra mal, y el Todopoderoso no tuerce el derecho. 13 ¿Quién le confió la tierra y quién le ha en-4 cargado del universo entero? 14 Si El volviera a sí su soplo 7 y retrajera a sí su aliento, 15 expiraría a una toda carne y el hombre volvería al polvo. 16 Si entiendes, oye esto y apresta el oído al son de mis palabras. 17¿Podrá gobernar un enemigo del derecho? ¿Y quieres tú condenar al justo supremo, 18 al que puede decir al rey: "¡Malvado!" y a los nobles: "¡Perversos!"? 19 ¿Al que no adula a los príncipes ni prefiere el rico al pobre, porque todos son hechura suya?
Siguiendo el esquema comúnmente admitido, Elihú vuelve a las argumentaciones de Bildad 8 al proclamar que Dios es justo y retribuye a cada uno según sus obras. Es la doctrina corriente en los libros del A.T. 9 Dios no puede torcer el derecho, porque es el Gobernador supremo del mundo y, en consecuencia, no puede pasar por encima de las exigencias de la justicia, que son el quicio de este gobierno del cosmos. Y ese poder gubernativo lo tiene por derecho propio, sin que nadie le haya delegado (v. 13). Todos los vivientes dependen del soplo o hálito vital que les ha comunicado; por tanto, si lo retira, al punto todos los seres expirarían (ν.15). Dios dirige la historia humana, y, como Juez supremo de los hechos de los hombres, no puede ser enemigo del derecho, pues sería contradecir a su propia naturaleza (ν.17). Está por encima de los reyes y soberanos, y por ello les puede recriminar y llamar al orden. Para El no hay acepción de personas (v.19).
Dios castiga a los opresores (20-28)
20 Mueren de improviso y pasan 10, en medio de la noche se insurrecciona el pueblo y depone al poderoso sin esfuerzo11, 21 pues sus ojos (están fijos) sobre los caminos del hombre y contempla todos sus pasos. 22 No hay oscuridad ni sombra donde puedan esconderse los malhechores. 23 Porque El no impone al hombre un plazo para presentarse al tribunal de Dios. 24 Quebranta a los grandes sin andar en averiguaciones y pone a otros en su lugar. 25 Conocedor de sus acciones, los derriba en una noche y quedan aplastados. 26 Los abofetea como a perversos en un lugar en que los ven. 27 Porque se apartaron de seguirle y no entendieron todos sus caminos, 28 hasta hacer llegar a El el grito del desvalido, haciéndole oír el clamor de los pobres.
Nada son ante el poder de Dios los magnates de este mundo, que inesperadamente son víctimas de una insurrección nocturna del pueblo. Es el medio que tiene Dios para deponer al poderoso sin intervenir directamente con su mano (v.20). Ante el Todopoderoso no hay simulación posible, pues contempla con su mirada todos los pasos del hombre. No necesita citarle ni ponerle un plazo para que comparezca ante su tribunal (v.23), pues está presente a todos, y, siguiendo y conociendo todas las acciones de los hombres, no necesita hacer averiguaciones sobre su conducta. Los grandes y magnates están a su merced, derribándolos de su posición social o política en una noche (v.26). Se han separado de los caminos conculcando los derechos de los desvalidos, que hacen llegar su clamor angustioso ante el Juez soberano (v.28).
Dios vela por los derechos de la justicia (29-37)
29 Si El cesa de obrar, ¿quién le excitará? Si esconde el rostro, ¿quién le verá? Pues El vigila sobre los pueblos y los hombres 30 para que no reine el hombre perverso, que constituye un lazo para el pueblo. 31 Si alguno dice a Dios: "He sido seducido; no haré el mal; 32 si he pecado, adoctríname; si he hecho el mal, no volveré a hacerlo más." 33¿Es que El ha de retribuir según tu parecer? Ya que has despreciado (mi juicio), ya que eres tú quien eliges y no yo, di tú lo que sepas. 34 Hablen los hombres sensatos y escúchenme los varones sabios: 35 No habló Job cuerdamente, y sus palabras están fuera de razón. 36 Pero Job será examinado hasta el final por las respuestas de hombre inicuo, 37 pues a su pecado añade la rebelión, bate palmas entre nosotros y multiplica sus dichos contra Dios.
Dios es libérrimo en sus actuaciones, y nadie puede pretender acercarse a El: nadie le puede excitar a tomar la iniciativa, y si oculta su rostro, sustrayendo su protección al hombre, nadie puede verle. Su providencia es misteriosa, y en su aparente silencio y mutismo está observando a los pueblos y a los hombres para que no triunfe el opresor del pueblo (ν.30). El que reconoce su pecado y se vuelve a Dios pidiendo luces sobre su camino y arrepintiιndose de sus faltas, encontrarα segura acogida en el Omnipotente. En el caso de Job, esto es muy problemático, ya que no reconoce su culpabilidad, y cree que Dios debe amoldarse en su actuar a su parecer (v.33). Elihú le invita irónicamente a expresar su opinión, ya que desprecia sus propios juicios.
Ante el silencio de Job, Elihú apela a los hombres sensatos para que juzguen de la situación. Job no sólo no reconoce sus faltas, sino que ha proferido palabras fuera de toda razón, por lo que será examinado a fondo hasta el final por los que están a su lado, representantes de la sabiduría tradicional. Es, aparte su culpabilidad pasada, un rebelde que no reconoce la mano de Dios en su castigo, y, por otra parte, bate palmas en son de burla contra sus interlocutores, a los que considera dialécticamente vencidos; y, sobre todo, profiere sentencias inconvenientes contra la Providencia divina.
1 Así según los LXX. Corrección seguida por Dhorme. El TM: "respecto a mi derecho paso por mentiroso," que también hace sentido en el contexto. — 2 Mi llaga: corrección comúnmente admitida. — 3 Cf. Job 12:11. — 4 Cf. Job 9:15; 10:15. — 5 Cf. Job is.16b. — 6 Job 22:15-17. — 7 Corrección basada eh los LXX y sir. — 8 Job 8:1s. — 9 Cf. Sal 63:13; Prov 24:12. — 10 Pasan: trasposición del estico siguiente. — 11 Lit. "sin mano."
35. Tercer Discurso de Elihú
En esta tercera parte de sus argumentaciones, el joven interlocutor prueba a Job que Dios no saca provecho alguno de la buena o mala conducta de Job. En realidad, el efecto de las acciones del hombre lo percibe éste. Es insensata la afirmación de Job de que no le ha reportado ningún provecho el no haber pecado.
La conducta del hombre no afecta a Dios (1-8)
1 Tomó Elihú la palabra y dijo: 2¿Te parece juicioso decir: "Tengo razón contra Dios"? 3 pues dices: "¿De qué me sirve, qué ventaja he tenido por no haber pecado?" 4 Voy a responderte, y a tus amigos contigo. 5 Contempla el cielo y mira; considera las nubes; son más altas que tú. 6 Si pecas tú, ¿qué le haces? Si se multiplican tus pecados, ¿qué (mal) le causas? 7 Y con ser justo, ¿qué le das o qué recibe El de tu mano? 8 A un hombre como tú (afecta) tu maldad, y a un hijo de hombre tu justicia.
Las afirmaciones de Job han sido altamente temerarias, pues ha pretendido que Dios ha obrado injustamente con él, pues por considerarse inocente cree que no ha merecido el infortunio que sufre. Otra sinrazón es afirmar que su supuesto inocencia no le ha reportado beneficio alguno (v.3). En realidad, no sabe lo que dice, pues cree empañar con sus afirmaciones al Dios que habita en los cielos. Pero está tan alto, que poco le pueden afectar las acciones de una insignificancia como es el propio Job (v.6). La argumentación se inspira en la expresada ya por Elifaz 1. Sólo el ser humano se beneficia de sus buenas acciones o se perjudica con su maldad (v.8).
Dios exige el reconocimiento de su soberanía (9-16)
9 Gritan por las muchas opresiones, claman (oprimidos) por el brazo de los grandes; 10 pero nadie dice: "¿Dónde está el Dios que nos hizo, que da en la noche cantares de júbilo, 11 que nos instruye más que a las bestias de la tierra y nos hace más sabios que las aves del cielo?" 12 Entonces, aunque griten, El no responde, a causa del orgullo de los malvados. 13 Es inútil ciertamente: Dios no oye, y el Todopoderoso no lo percibe. 14 Menos todavía cuando tú dices que no lo ves, que el proceso está delante de El y que tú esperas, 15 y ahora (al afirmar) que no es su ira la que castiga y que no conoce bien la transgresión2. 16 Job, pues, abre vanamente su boca y multiplica insensatamente las palabras.
En 24:12, Job había declarado que los oprimidos gritan a Dios. Elihú recoge esta afirmación, pero declarando que, si Dios no los socorre, es porque no piden auxilio a El, reconociéndole como Hacedor y providente. Estas lamentaciones, lejos de ser una plegaria al Todopoderoso, son un mero desahogo natural del dolor. Sin embargo, la presencia de Dios es fácil descubrirla en la naturaleza, particularmente en las noches estrelladas, pues al hombre se le ha dado la inteligencia, por lo que es superior a las bestias de la tierra y a las aves del cielo (v.11).
Dios no escucha los gritos desesperados de los que sufren cuando no se dirigen a El con espíritu de plegaria (ν.12); y mucho menos será escuchado Job cuando, en vez de dirigirse suplicante a Dios, le exige su intervención como si fuera en un proceso en el que necesariamente tienen que dar el veredicto (ν.14), y, por otra parte, no sabe reconocer la mano de Dios, que castiga al pecador, y cree que el impνo obra impunemente, sin que Dios se preocupe de su transgresiσn (ν.15). En realidad, sus afirmaciones son insensatas y ha hablado vanamente.
1 Cf. Job 22:2-5. — 2 Transgresión: corrección basada en Sím., Teod. y Vg.
36. Cuarto Discurso de Elihu
Continuando las argumentaciones tradicionales, Elihú insiste en que Dios castiga al impío y premia al justo en esta vida. Por otra parte, el dolor es el remedio al orgullo secreto del ser humano. En esto hay un avance ideológico sobre las exposiciones anteriores.
Dios es justo para todos (1-7)
1 Y prosiguió Elihú diciendo: 2 Espérame un poco y te enseñaré; todavía hay más razones en favor de Dios. 3 Sacaré de lejos mi saber y vindicaré la justicia de mi Hacedor. 4 Cierto, no son falaces mis razones, te habla un perfecto conocedor. 5 Mira, Dios es poderoso y no desprecia al puro de corazón. 6 No deja vivir al impío y hace justicia al desvalido. 7 No quita al justo su derecho 2.
Aunque Job no ha replicado a los largos discursos de Elihú, éste insiste en sus puntos de vista, pues está impresionado con el silencio premeditado de aquél. Todavía tiene esperanza de convencerle con nuevas razones que muestren la justicia de Dios en su actuación respecto de los hombres, y en particular en el caso del doliente varón de Hus. Va a profundizar más en el problema del sufrimiento del justo, sacando razones de lejos, es decir, de la más profunda filosofía de la vida. Con toda impudencia se declara perfecto conocedor del problema. En su inexperiencia juvenil, cree que va a dar lecciones a la tradición (v.4).
Aunque Dios es poderoso y trascendente, sin embargo, no desprecia al de corazón limpio y sincero, sino que, al contrario, se muestra benevolente con el desvalido, otorgando al justo su derecho; pero es41nflexible con el impío, al que niega el derecho a la vida (v.6).
El sentido del sufrimiento (7b-14)
7 Puso a los reyes sobre el trono3 y los hace sentar para siempre. Pero se engrieron. 8 Entonces son aprisionados con grilletes y cogidos con lazos de miseria. 9 Después les revela sus obras y transgresiones por haberse insolentado. 10 Y se revela a sus oídos, amonestándoles y diciéndoles que se aparten del mal. 11 Si le oyen y se le someten, terminarán felizmente sus días, y sus años dichosamente. 12 Pero, si no le oyen, pasarán por el canal y expirarán insensatamente. 13 Los de corazón protervo, que guardan rencor 4 y no claman a Dios cuando los encadena, 14 morirán en plena juventud, y su vida (acabará) entre los infames 5.
Dios no sólo se preocupa de los pobres, sino que está también sobre los poderosos y reyes, a los que pone en sus tronos y los mantiene en ellos mientras le son sumisos; pero en cuanto se insolentan y engríen, son derribados y entregados a la prisión (v.8). En la aflicción reflexionan sobre su mala vida, y Dios les revela sus obras, reconociendo su maldad, invitándolos a un cambio de vida y al arrepentimiento (v.10). Si reconocen la mano de Dios en el castigo que sufren y se vuelven a El, volverán a recuperar su situación perdida y a terminar sus días felizmente (v.11). Al contrario, si se obstinan en su rebelión y depravada conducta, serán privados de la vida en plena juventud, viéndose obligados a pasar por el canal que lleva del sepulcro al seol, o región de los muertos (ν.12). Es la tesis expuesta ya por Elifaz 6.
La sumisión a Dios (15-21)
15 Salva al pobre por su pobreza y con la tribulación abre sus oídos. 16 También a ti te apartará de las fauces de la angustia, a lugar holgado, sin estrecheces, en vez de ésta; a mesa llena de suculentos manjares. 17 Pero tú estás lleno del juicio del malvado; el juicio y la justicia te tienen agarrado7. 18 Cuida de que no te seduzca la riqueza y no te haga desviar la cuantía del rescate. 19 ¿Puede acaso sacarte de la angustia tu clamor8 y todos tus vigorosos esfuerzos? 20 No anheles, pues, la noche para que suban los pueblos en vez de ellos. 21 Guárdate de volverte hacia la iniquidad, pues por ésta has sido probado por la aflicción.
No sólo los sufrimientos físicos, sino también la pobreza sirve para hacer recapacitar al hombre y salvarle de una definitiva ruina (ν.15). En consecuencia, Job debe disponerse a reconocer su culpabilidad para que Dios le libere de la angustia y lo conduzca a lugar holgado: la abundancia sustituirα a la actual indigencia (ν.16). En realidad, Job está ahora apurando el juicio del malvado, merecido por sus transgresiones pasadas; y, por ello, el juicio y la justicia de Dios han hecho presa en él despiadadamente, sumiéndole en la actual penosa situación (ν.17). Cuando vuelva a la situación próspera, debe tomar una actitud de desconfianza frente a la riqueza, y frente al soborno o rescate cuando tenga que decidir un juicio (ν.18).
Los ν. 19-20 son extremadamente oscuros y muy diversamente traducidos. Segϊn la versiσn que hemos elegido, parece que Elihú aquí destaca la incapacidad de los esfuerzos humanos para sacar al hombre de la situación angustiosa en que se halla (v.19). El v.20 no existía en los LXX, y en el texto griego actual procede de Teodoción. Parece que pertenece a otro contexto; y no se ve conexión ideológica entre los dos hemistiquios, y menos el sentido en el contexto.
La exhortación se termina previniendo contra la posibilidad de volver al camino del pecado, que le ha traído justamente a esta situación de angustia (ν.21).
La omnipotencia divina (22-33)
12 Mira, Dios es sublime en su poder. ¿Qué maestro puede comparársele? 23 ¿Quién le ha impuesto su conducta? ¿Quién le ha dicho: "Has cometido injusticia?" 24 Acuérdate que debes ensalzar su obra, de tantos hombres celebrada. 25 Todos los hombres la contemplan y todos la miran de lejos. 26 Mira, Dios es grande, y no lo sabemos; el número de sus años es insondable. 27 El atrae las gotas de agua y diluye la lluvia en vapores 28 que destilan las nubes, vertiéndola sobre el hombre a raudales. 29¿Quién será capaz de conocer las extensiones de las nubes, los fragores de su pabellón? 30 He aquí que ha desplegado su vapor 9 y ha cubierto las profundidades del mar, 31 pues por ellas alimenta a los pueblos 10 y da de comer abundantemente. 32 Toma el rayo en sus manos y le ordena dar en el blanco; 33 el trueno le anuncia, y el ganado siente la amenaza de la tormenta11.
Elihú, para impresionar al silencioso Job, inicia una verdadera doxología en la que se canta la grandeza y poder de Dios. Dado su poder, nadie puede ser su maestro (v.22). Nadie le puede señalar la conducta que debe seguir ni acusarle de injusto (v.23). Job debe asociarse a la glorificación que todos los hombres sabios dedican al supremo Hacedor. Con todo, la obra de Dios sigue siendo un misterio insondable, al que sólo los hombres pueden acercarse de lejos (v.25). Nadie puede contar sus años, pues es eterno (v.26). Su poder omnímodo se muestra en los fenómenos de la naturaleza, particularmente en la formación de la lluvia: la evaporación y formación de las nubes y la destilación consiguiente sobre los hombres es un fenómeno admirable y bienhechor, que muestra a la vez su poder y bondad (v.28). Gracias a ellas se asegura la alimentación de los pueblos (ν.31).
Pero el poder de Dios se refleja, sobre todo, en la tormenta, que se va preparando con la extensión de nubes negras recargadas de vapor y fragorosas (v.29). En ellas habita Dios como en un pabellón, y desde ellas lanza el rayo amenazador contra su blanco. El trueno anuncia su presencia, y el ganado, olfateando el aire, siente la.amenaza de la tormenta. Es lo que dice el vate romano: "aut bucula caelum suspiciens patulis captavit naribus auras."12
1 Corazón: corrección basada en la v. sir. y seguida por Dhorme. — 2 El TM lit.: "No quita del justo sus ojos." Su derecho es corrección basada en la traducción de los LXX en el ν.1y. — 3 Puso: corrección propuesta por Feries y Dhorme. — 4 Guardan: corrección propuesta por Dhorme y seguida por la Bib. de Jér. — 5 El TM: "con los hieródulos," los efebos dedicados al vicio sexual pervertido. Por tanto, son símbolo de infamia. — 6 Job 22:23-30. — 7 Es la versión de Driver-Gray. Dhorme: "Tú juzgarás el juicio del malvado y tus manos cogerán la justicia." — 8 Dhorme: "¿Puede compararse tu grito hacia El en la angustia, y todas las energías de la fuerza?" — 9 Su vapor: corrección basada en los LXX y aceptada por Dhorme. — 10 Alimenta: corrección propuesta por Houbigant siguiendo al arameo. — 11 Versión problemática; Bib. de Jér.: "Su trueno anuncia la venida; la cólera se acerca a la iniquidad." Dhorme corrige: "Advierte al pastor el rebaño que huele la tempestad·." — 12 Virgilio, Geórg. I 3703.
37. Prosigue el Cuarto Discurso de Elihu
Continuando la descripción de las manifestaciones sobrecoge-doras de Dios en la tempestad, Elihú aprovecha esto para invitar a Job a reconocer el poder divino y someterse humildemente al que todo lo puede.
Descripción de la tempestad (1-13)
1 Esto hace palpitar mi corazón y le hace saltar fuera de su sitio. 2 Oíd, oíd el estrépito de su voz, el estampido que sale de su boca. 3 Se extiende por todos los ámbitos del cielo y llega su fulgor hasta los confines de la tierra. 4 Y después de él resuena el trueno; brama con voz majestuosa, y nada puede retener el rayo cuando se oye su voz. 5 Truena Dios portentosamente con su voz; hace cosas grandes, que no comprendemos. 6 Pues dice a la nieve: "¡Cae a tierra!"; y a las lluvias copiosas: "Abundad"2. 7 Sobre todo hombre pone un sello para que todos reconozcan que es obra de El. 8 Las fieras se meten en su cubil y se quedan en sus guaridas. 9 Del austro viene el huracán, viene del septentrión el frío. 10 Al soplo de Dios se forma el hielo y se solidifica la extensión de las aguas. 11 El carga de rayos las nubes, y difunde la nube su fulgor, 12 que va todo en torno según sus designios para hacer cuanto El les ordena sobre la superficie del orbe terráqueo, 13 ya para castigar los pueblos de la tierra 3, ya para mostrar piedad le hace alcanzar su fin.
No sólo los animales se espantan ante el fragor de la tormenta, sino el mismo hombre se conturba ante una manifestación de tal poder (ν.1): el trueno y los rayos siembran la consternaciσn bajo los cielos hasta los confines de la tierra. Para los antiguos — que no sabían que el trueno era una descarga eléctrica —, la tormenta era la manifestación airada del Todopoderoso; el trueno es la voz de Dios (v.5). La nieve y la lluvia son un don de Dios y caen sólo cuando se lo ordena. Y mientras tienen lugar los aguaceros y las tempestades, el hombre debe permanecer en su casa, como sellada por Dios, para que descanse de su actividad y reconozca la obra de Dios 4.
Los animales también se ven obligados a recogerse en sus guaridas (v.8) ante las inclemencias atmosféricas. El poder de Dios se muestra en los vientos huracanados del sur, que traen la sequía; en los fríos del norte, que forman el hielo (ν.9), y en los rayos y relαmpagos, que evolucionan conforme a sus designios, ya sea para sembrar la consternaciσn y la ruina, ya sea para mostrar su piedad.
Invitación a Job a reconocer el poder divino (14-24)
14 ¡Presta oídos a esto, Job, y detente a considerar las maravillas de Dios! 15 ¿Sabes tú los designios de Dios sobre ellas? ¿Sabes por qué hace brillar el relámpago en sus nubes? 16 ¿Conoces los balanceos de las nubes, los prodigios del que todo lo sabe? 17 Tú, cuyos vestidos están cálidos cuando el viento solano abochorna la tierra, 18 ¿extenderás tú con El las nubes sólidas como espejo de metal fundido? 19 Enséñanos lo que hemos de decirle, pues nosotros no dispondremos de más argumentos a causa de las tinieblas. 20 ¿Quién irá a darle cuenta si hablare yo? Cuando un hombre habla, ¿acaso está informado? 21 Ahora no puede verse la luz, que está oscurecida por las nubes; de pronto pasa el viento y las barre; 22 viene del septentrión áureo resplandor, y se reviste Dios de terrible majestad. 23 Al Omnipotente no le alcanzamos; grande es su poder y su juicio; es mucha su justicia; no oprime a nadie. 24 Por eso han de temerle los hombres, y no mira El al que se cree sabio.
Irónicamente, Elihú invita a Job a meditar sobre las maravillas de la naturaleza para hacerle ver lo ridículo de su pretensión de querer juzgar los actos divinos. Todo depende de Dios y todo está maravillosamente ordenado: el relámpago y las nubes, balanceándose en equilibrio desconcertante, responden a los designios del que todo lo sabe (ν.16). El ser humano no puede hacer que, cuando se siente ahogado de calor por el bochorno del viento solano, se extiendan las nubes como un maravilloso quitasol que le preserve de los rayos ardientes del mediodνa (ν.18).
Elihú se declara ignorante para explicar tales portentos divinos e invita a Job para que declare su pensamiento (v.19). El ser humano carece de información suficiente para poder juzgar de las acciones divinas; por otra parte, Dios está demasiado alto para que llegue a su trono lo que hablare el hombre (v.20).
Érente a la impotencia del ser humano está el poder de Dios, que en un momento hace venir las nubes para oscurecer el sol; pero al punto las disipa con el viento. Todo ello constituye como un escenario magnífico para destacar la terrible majestad de Dios (v.22). Pero no sólo es poderoso, sino que obra siempre en justicia, sin oprimir a nadie (v.23). Por ello, los hombres deben temerle, pues la sabiduría humana y la autosuficiencia no es la mejor credencial para ser objeto de su benevolencia (v.24).
1 Rayo: adición exigida por el contexto y propuesta por Budde. — 2 Lit. el TM: "Sed fuertes." — 3 Verso oscuro. La versión es de la Bib. de Jér., supuesta una vocalización del texto distinta de la del TM. — 4 Cf. Homero, Iliad. XVII 5493.