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Los Discursos de Yahvé
Terminado el ciclo de discursos de Elihú y el de los tres interlocutores amigos de Job, interviene Dios para dar el fallo al gran problema que trataban de dilucidar. Job había pedido insistentemente que Dios diera su fallo público para que se manifestase su irreprochable inocencia. En está teofanía final, Dios pasa revista a las maravillas de la creación para que Job reconozca su ignorancia. y, por tanto, su incompetencia para enjuiciar la Providencia divina. Las descripciones de las maravillas de la creación son bellísimas. Dios habla a Job desde la tempestad como Yahvé a Moisés en el Sinaí. Como Juez supremo, no se considera obligado a dar cuentas a nadie de sus actos.
38. Intervención de Dios
En tono inquisitorial y para confundir la arrogancia de Job, Dios pasa revista a los grandes enigmas del universo para que aquél dé razón de ellos: la formación de la tierra, las limitaciones de los mares, la aparición de la luz, la formación de la nieve y el granizo, la ordenación de las constelaciones celestes y el aprovisionamiento de comida para los animales.
La fundación de la tierra y la delimitación de los. mares (1-11)
1 Y respondió Yahvé a Job de en medio del torbellino, diciendo: 2 ¿Quién es este que empaña mi providencia con insensatos discursos? 3 Cíñete, pues, como varón tus lomos. Voy a preguntarte para que me instruyas. 4¿Dónde estabas al fundar yo la tierra? Indícamelo, si tanto sabes. 5¿Quién determinó, si lo sabes, sus dimensiones? ¿Quién tendió sobre ella la regla? 6 ¿Sobre qué descansan sus cimientos o quién asentó su piedra angular 7 entre las aclamaciones de los astros matutinos y los aplausos de todos los hijos de Dios? 8¿Quién cerró con puertas el mar cuando, impetuoso, salía del seno, 9 dándole yo las nubes por mantillas, y los densos nublados por pañales; 10 dándole yo la ley y poniéndole puertas y cerrojos, 11 diciéndole: "Hasta aquí llegarás y no pasarás, ahí se romperá la soberbia de tus olas?"
Job ha hablado demasiado audazmente sobre la justicia divina, poniendo en duda sus actos. Ahora Dios, rodeado de majestad, le contesta desde un torbellino o nube tempestuosa, que constituye como su pabellón regio al manifestarse a los hombres 1. Las cuestiones planteadas por Dios no tienen nada que ver con el problema concreto de la justificación de los sufrimientos de Job, sino que tienen por finalidad deslumbrarle para que reconozca su ignorancia y falta de capacidad para enjuiciar las obras de Dios. Las afirmaciones de Job empañan los designios de la Providencia divina (v.2), y en este sentido merece una dura reprensión. En realidad, el discurso de Yahvé guarda una unidad literaria propia y no se relaciona con las argumentaciones del discurso de Elihú, que le precede actualmente en el texto del libro.
Puesto que le va a someter a un duro interrogatorio, Dios invita a Job a prepararse ciñéndose los lomos, como el guerrero que se dispone a la lucha o el caminante que se lanza a una larga peregrinación 2. Irónicamente se le invita a contestar para instruir al propio Dios (v.3). En primer lugar, está el enigma de la fundación de la tierra: para conocerlo es preciso haber asistido a la colocación de sus cimientos y a la determinación de sus dimensiones. Sólo así podrá conocerse el designio misterioso que Dios tuvo sobre ella al fundarla. ¿Puede Job gloriarse de haber asistido a tan solemne acto al principio de las cosas? La interrogación es sangrante y humillante para el que pretendía enjuiciar los actos divinos. Dios ha actuado cuidadosamente como un arquitecto al determinar con la regla las medidas del orbe, y sólo son testigos de sus actos los astros matutinos y los hijos de Dios o seres angélicos que forman su escolta de honor. La inauguración de la gran obra de la creación fue solemnizada por el coro angélico, que con sus aplausos y aclamaciones aprobaban el acto fundacional de la tierra (ν.7).
La omnipotencia divina se refleja no sólo en el acto de establecer los fundamentos de la tierra, sino en la delimitación de las fuerzas caóticas del mar, que amenazan anegar la tierra (v.9). De nada hubiera servido la formación de la tierra si Dios no la hubiera defendido contra los ímpetus de las olas del mar. El poeta presenta al mar como un recién nacido al que fue preciso envolver en mantillas, que son las nubes, que le recubren y proveen de agua (v.9). Llegado a edad adulta, Dios le impuso una ley y unas puertas para que no traspasara sus legítimos límites, rompiéndose contra los acantilados la soberbia de sus olas (v.11).
La formación de la luz y el reino de las tinieblas (12-21)
12 ¿Acaso has mandado tú en tu vida a la mañana y has enseñado su lugar a la aurora 13 para que ocupe los extremos de la tierra y eche fuera a los malhechores, 14 modelándose entonces la tierra como el barro bajo el sello y apareciendo vestida, 15 privando a los malvados de su luz y rompiendo el * brazo de los soberbios? 16 ¿Has llegado tú hasta las fuentes del mar; I te has paseado por las profundidades del abismo? 17 ¿Se te han abierto las puertas de la muerte? ¿Has visto las puertas de la región tenebrosa? 18 ¿Abarcas la inmensidad de la tierra? Dilo, si sabes todo esto. 19 ¿Cuál es el camino para las moradas de la luz? y de las tinieblas, ¿cuál es su sitio20 para conducirlas a sus dominios y enseñarles los senderos de su casa? 21 ¡Seguro lo sabrás, pues ya habías nacido y era ya grande el número de tus días!
Una de las cosas más maravillosas es la aparición de la luz pálida de la aurora, que se va difundiendo poco a poco, venciendo a las tinieblas y extendiéndose por los extremos de la tierra (ν.1β). La tierra va apareciendo paulatinamente con diversos matices de colores, como si se estuviera modelando de nuevo como el barro bajo la acciσn del sello impresor (ν.14). Primero aparece asiluetada esquemαticamente, para despuιs emerger vestida con todos los adornos y detalles de la exuberante vegetación. Es entonces cuando en plena luz desaparecen los malvados, que hacen sus tropelías amparados por la oscuridad, y tiene que retirar su brazo el soberbio, que aprovecha la noche para maltratar al débil (ν.15). La descripciσn del poeta es maravillosa y refleja una sensibilidad estética muy refinada, similar a la de no pocos salmistas, que cantan las maravillas de la naturaleza.
Lugar inaccesible a la mirada humana lo constituyen las fuentes del mar y las profundidades del abismo, que comunican secretamente con la región tenebrosa — el seol de los hebreos, el kigallu de los babilonios —, con las puertas de la muerte (v. 16-17), Que dan acceso a la región de las sombras.
También la inmensidad de la tierra se escapa a la limitada percepción del hombre; en sus extremos tiene lugar la limitación misteriosa entre la luz y las tinieblas, presentadas aquí como dos fuerzas o sustancias contrapuestas: una brillante y transparente (la luz) y otra opaca y oscura (las tinieblas), que luchan denodadamente todos los días por el imperio de la tierra. Dios ha señalado las horas de dominio de cada una de ellas, según el relato de la creación3, determinando así el día y la noche. Para nosotros, las tinieblas son la carencia de luz. Para los antiguos hebreos, ambas tenían sus propias moradas o receptáculos, en las que se recluían mientras se alejaban de la tierra (v.19). En realidad, sólo Dios conoce los senderos que llevan a sus respectivas moradas.
Irónicamente se declara a Job que no puede conocer estos secretos por la brevedad de sus días (ν.21). Sólo el que es eterno puede escudriñar estos misteriosos caminos de la luz y de las tinieblas y dar la clave de los enigmas del universo.
La formación de la nieve, el granizo, la lluvia y el hielo (22-30)
22 ¿Has ido a los escondrijos de la nieve? ¿Has visto los almacenes de granizo, 23 que guardo yo para los tiempos de la angustia, para el día de la guerra y de la batalla? 24 ¿Cuál es el camino por donde se difunde la niebla 4, por donde se echa sobre la tierra el viento solano? 25 ¿Quién abre el camino a la inundación, y la senda al rayo tonante, 26 para hacer llover sobre tierra inhabitada, sobre desierto en que no hay hombres; 27 para empapar las áridas llanuras y hacer brotar la verde hierba? 28 ¿Tiene padre la lluvia? ¿Quién engendra las gotas de rocío? 29 ¿De qué seno sale el hielo? y la escarcha del cielo, ¿quién la engendra? 30 Se endurecen las aguas como piedra y se congela la superficie del abismo.
Conforme a la mentalidad antigua, el poeta presenta a la nieve y al granizo como reservados de antemano por Dios en especiales receptáculos para enviarlos como castigo en los tiempos de desdicha y en el fragor de la batalla. La idea parece inspirada en los relatos de las plagas de Egipto 5. El hombre es impotente contra los temporales que Dios envía, y no puede saber dónde guarda las reservas. La formación de la niebla es también un misterio para el antiguo oriental, así como la irrupción del viento solano, que ai punto la disipa, secando la tierra (v.24). Las tormentas e inundaciones son también la manifestación de un poder sobrehumano, ya que el hombre no puede hacer llover sobre zonas desérticas e inhóspitas (v.26). La misma estepa se refresca con las aguas tormentosas, dando lugar a la aparición de hierba verde (v.27). La misma formación de la lluvia y del rocío tienen un origen misterioso, pues no parecen tener conexión directa con las fuentes y los ríos (v.28). El fenómeno de la evaporación y del enfriamiento de la atmósfera no era fácilmente perceptible por las mentalidades de la antigüedad. La misma formación del hielo y de la escarcha no era fácilmente explicable para el hagiógrafo, que pone en boca de Dios estas interrogaciones enigmáticas para confundir al arrogante Job (v.29).
La regulación de las constelaciones celestes (31-35)
31 ¿Has atado tú los lazos de las Pléyades o puedes soltar las ataduras del Orion? 32 ¿Eres tú el que a su tiempo hace salir las constelaciones y quien guía a la Osa con sus hijos? 33 ¿Has enseñado tú a los cielos su ley y determinado su influjo sobre la tierra? 34 ¿Alzas tu voz hasta las nubes para que te cubran de copiosas aguas? 35 ¿Mandas tú a los relámpagos, y van ellos, diciéndote: Henos aquí?
La maravillosa regulación de los astros es inaccesible a la humana inteligencia. Las Pléyades son pequeñas constelaciones, cuyas estrellas parecen atadas unas a otras; y el Orion es como un tahalí formado por tres estrellas sobre una misma línea. Por ello, Orion era el dios de la guerra (Ninib) entre los babilonios 6. Las constelaciones, o "corona," como otros traducen, tienen especial luminosidad y se destacan como la Osa Mayor (v.32). Todas estas estrellas arracimadas tienen su ley propia para no separarse entre sí, ni menos chocar en sus movimientos, y tienen influjo sobre la tierra (v.33), sobre la atmósfera y los diversos elementos de la naturaleza. El hagiógrafo no alude aquí a concepciones astrológicas, ya que el destino de los seres humanos está dirigido exclusivamente por Dios, y los astros son lámparas a su servicio7.
El hombre no tiene poder sobre los fenómenos atmosféricos, como los relámpagos y las nubes, que dependen sólo de la voluntad divina (v.34).
Los sabios instintos de los animales (36-41)
36 ¿Quién puso sabiduría en el ibis, y al gallo quién le dio inteligencia? 37 ¿Quién puede contar las nubes con sabiduría, y quién derrama los odres de los cielos 38 cuando se hace una masa el polvo y se pegan unos a otros los terrones? 39 ¿Eres tú quien proporcionas su presa a la leona y sacias el apetito de los leoncillos 8 40 cuando están agazapados en sus cubiles o se ponen en acecho en la espesura? 41 ¿Quién prepara su alimento al cuervo cuando sus polluelos gritan a Dios y andan errantes por falta de comida?
El ibis — el pájaro dedicado a Tot-Hermes, dios de la sabiduría en Egipto — anunciaba, según la creencia popular, las crecidas del Nilo, lo que le daba reputación de sabiduría; y el gallo, por presentir y anunciar la mañana, también parece dar muestras de inteligencia (ν.36). El hagiógrafo, pues, se hace eco de estas concepciones folklóricas y pone en boca de Dios la interrogación sobre la sagacidad de ambos pájaros, que es una de las maravillas de la naturaleza.
La formación de las nubes, que se crecen e hinchan como odres para después derramarse sobre la tierra, humedeciendo el polvo y aglutinándolo en terrones, constituye también un hecho misterioso que no está al alcance del arrogante Job (v.37).
También es un misterio de la Providencia la provisión de alimentos para los animales hambrientos. Los animales tienen un maravilloso instinto para buscar comida para ellos y sus crías (v.39-41). También en esto no tiene parte el ser humano sino que viene directamente del Creador.
1 Cf. Sal 51:3; Ez 1:4; Zac 9:14. — 2 Cf. Jer 1:17; Is 45:1. — 3 Cf. Gen 1:5. — 4 El TM lee "luz" en lugar de niebla o vapor de los LXX, que creemos más propio en el contexto. — 5 Cf. Ex 9:22-26; Is 28:17. — 6 Cf, Job 9:9. — 7 Cf. Gen 1:14. — 8 Lit. "la vida de los leoncillos."
39. Los Maravillosos Instintos de los Animales
Siguiendo la idea de los últimos versos del capítulo anterior, el hagiógrafo pone en boca de Dios la descripción de algunos de los instintos más portentosos de la fauna de animales que en general dicen relación con el desierto. Son animales exóticos que prueban la erudición del autor: las gamuzas y ciervas, el onagro o asno salvaje, el búfalo, el avestruz, el caballo de guerra, el azor.
Los instintos de las ciervas y del onagro (1-8)
1 ¿Sabes tú el tiempo en que paren las gamuzas? ¿Asististe al parto de las ciervas? 2¿Contaste los meses de su preñez o conoces el tiempo de su parto? 3 Se encorvan, echan su cría y depositan sus carnadas. 4 Se hacen grandes sus crías, crecen en el desierto, salen y no vuelven más a ellas. 5 ¿Quién da libertad al asno salvaje? ¿Quién rompe las ataduras al onagro, 6 al que por casa di el desierto, y por guarida las estériles estepas? 7 Se ríe del estrépito de la ciudad y no oye los gritos del arriero; 8 vaga por los montes al pasto, se va tras de toda hierba verde.
Las gamuzas o rebecos viven en lugares inaccesibles al hombre, y por tanto lejos de su control (ν.1-4), y el onagro o asno salvaje no puede ser sometido a las faenas agrνcolas, pues no puede ser domesticado; su lugar preferido para habitar son los lugares esteparios, alejados de la ciudad y fuera de los dominios del arriero (v.5-7). Son animales ambos de lugares inhóspitos, sobre los que el hombre no tiene dominio. El onagro es en la literatura bíblica el símbolo de la libertad 1.
El búfalo y el avestruz (9-18)
9 ¿Consentirá el búfalo en servirte y en pasar la noche a tu pesebre? 10 ¿Podrás atarle el yugo con tus coyundas y hacerle rastrillar los surcos detrás de ti?2 11¿Contarás con él por su gran fuerza y le encomendarás tus labores? 12¿Le fiarás la recogida de tu grano y el amontonamiento de tus mieses? 13 Agítase bulliciosa el ala del avestruz, pero ¿es acaso pluma piadosa y voladora? 14 Pues abandona sus huevos a la tierra y los deja que se calienten sobre el suelo, 15 olvidando que un pie puede pisotearlos, puede aplastarlos un animal salvaje. 16 Es cruel con sus hijos, como si no fueran suyos, y no se cuida de que sea vana su fatiga, 17 porque le negó Dios la sabiduría y no le dio parte en la inteligencia; 18 pero al tiempo de levantarse se ríe del caballo y del jinete.
Sigue enumerando a los animales que viven fuera del control del hombre, en la estepa. El búfalo es el toro salvaje — quizá el "uroc" de la tradición mesopotámica, símbolo de la fuerza y del poder; por ello, sus cuernos se convirtieron en atributo y símbolo de la divinidad —, que no puede ser domesticado para las faenas agrícolas, como antes se había dicho del onagro (ν.12).
El avestruz tiene en hebreo un nombre (renanim) que alude al canto alegre del mismo, y por eso aquí el autor sagrado juega con el nombre hebreo, aludiendo a la agitación bulliciosa de sus alas. Pero no se muestra piadoso con sus polluelos, pues abandona en la arena sus huevos para que con su calor se incuben solos, pero expuestos a que el pie del caminante o de las fieras los aplaste (ν.15). En esto se muestra cruel con sus hijos, pues se desentiende de ellos como si no fueran suyos, y, por otra parte, con este modo de proceder hace vana su fatiga al ponerlos (ν.16). Ello es prueba de que Dios le negó la sabiduría (ν.1v); todo lo contrario de lo que se decνa del ibis y del gallo. No obstante, aunque no es pluma voladora — en comparación con las otras aves de raudo vuelo, como el águila y el azor —, sin embargo, a la hora de levantarse y emprender la marcha deja atrás al caballo y al jinete (ν.18).
El caballo de guerra (19-25)
19 ¿Das tú al caballo la fuerza, revistes su cuello de ondulantes crines? 20 ¿Le enseñas tú a saltar como la langosta, a resoplar fiera y terriblemente? 21 Piafa en el valle y alégrase briosamente, sale al encuentro de las armas, 22 ríese del miedo, no se empavorece, no retrocede ante la espada; 23 cruje sobre él la aljaba, la llama de la lanza y la saeta; 24 con estrépito y resoplido sorbe la tierra, no se contiene al sonido del clarín; 25 cuando resuena la trompeta, dice: "¡Ea!"; y huele de lejos la batalla,el clamor de los jinetes y el tumulto.
La descripción del caballo de guerra es realista e impresionante: inquieto, volviendo sus ondulantes crines a derecha e izquierda, ágil como la langosta en el salto, lanza resoplidos de furor. Lleno de fuego y ansioso de entrar en el combate, piafa y se lanza ardorosamente al encuentro de las armas; en la batalla desconoce el miedo y el peligro. El ruido del combate, lejos de intimidarle, le enardece y excita a avanzar entre los enemigos; el sonido del clarín le anuncia la proximidad del choque armado, y, husmeando en tierra y rozándola con los cascos, se lanza a la batalla en medio del estruendo de las armas y la gritería de los jinetes (v.25).
El Azor y el Águila (26-30)
26 ¿Se alza el azor por tu inteligencia4, tendiendo sus alas hacia el mediodía? 27 ¿Se remonta por orden tuya el águila y hace su nido en las alturas? 28 Habita en las rocas y allí pasa la noche, en la cresta de las rocas, en lo más abrupto, 29 Acecha desde allí la presa, que de muy lejos descubren sus ojos; 30 sorbetean la sangre sus polluelos, y donde hubiere cadáveres, allí está ella.
También están lejos del control humano las aves de rapiña, que se elevan al cielo con toda celeridad y se lanzan a grandes distancias: el azor, por instinto, emigra hacia el mediodía, sin que el hombre se lo haya enseñado (v.26); y el águila, también llevada de una fuerza ciega innata, construye su nido en los lugares más inaccesibles, desde los que otea el horizonte y localiza la presa (v.29). Sus polluelos beben la sangre de las víctimas que todavía aletean.
Invitación a Job a callarse (31/1-35/5)
31/1 Y apostrofó Yahvé a Job, diciendo: 32/2 ¿Querrá el censor contender todavía con el Omnipotente? El que pretende enmendar la plana a Dios, responda. 33/3 y Job respondió a Yahvé, diciendo: 34/4 He hablado a la ligera. ¿Qué te voy a responder? Pondré mano a mi boca. 35/5 Una vez hablé; no responderé más; dos veces, y no añadiré (palabra).
Estos versos aparecen en el TM al principio del c.40, y dan el resultado del examen a que Yahvé ha sometido al pretencioso Job. Los maravillosos instintos de los animales, que han recibido su ciencia directamente de Dios, son una lección de humildad para el que se atrevía enjuiciar los designios misteriosos de la Providencia. Sin abordar expresamente el problema lacerante de Job, éste comprende que no puede contender con la sabiduría y poder divinos. Las maravillas de la creación dan una pista sobre la insondable sabiduría del Omnipotente. Job reconoce que ha hablado con ligereza, sin saber nada de los misterios de la Providencia5. Por ello toma la decisión de no volver a hablar para no equivocarse. La frase del v.5 es una fórmula estereotipada para significar la irrevocable decisión de callarse.
1 Cf. Job 6:5; Eclo 13:23; Sal 104:11. — 2 Surcos; según los LXX. Versión de Dhorme y Dib. de Jér. — 3 Verso muy diversamente traducido. Dhorme: "Posee pluma graciosa y plumaje." La Bifa. de Jér.: "El ala del avestruz, ¿puede compararse al plumaje de la cigüeña y del halcón?" En heb. a la cigüeña se llama "piadosa" (cf. Lev ii.iq; Dt 14:18). — 4 El verbo heb. 'abar puede tener el sentido de "elevarse" y el de cambiar de plumaje. Así traduce la Vg.: "plurnescit." Así Dhorme; en cambio, prefieren el primer sentido Dri-ver-Gray, Bib. de Jér. y Szczygiel.
40. El Poder de Dios
En los animales antes citados brillaba la sabiduría de Dios, que los dotó de tan maravillosos instintos. Ahora el hagiógrafo lleva su atención hacia los animales excepcionales por su vigor y fuerza: el hipopótamo y el cocodrilo, ambos de la fauna de Egipto.
La majestad arrollador a de Yahvé (1/6-9/14)
1/6 Replicó Yahvé a Job desde el torbellino, diciendo: 2/7 Cíñete, cual varón, tus lomos; yo te preguntaré, enséñame tú. 3/8 ¿Aún pretendes menoscabar mi juicio? ¿Me condenarás a mí para justificarte tú? 4/9 ¿Tienes tú brazos como los de Dios y puedes tronar con voz semejante a la suya? 5/10 Adórnate, pues, de gloria y majestad, revístete de magnificencia y esplendor. 6/11 Distribuye a torrentes tu ira y humilla al "soberbio sólo con mirarle. 7/12 Mira al orgulloso y abátele, y aplasta a los malvados en su sitio, 8/13 Ocúltalos a una en el polvo, encarcela a sus personas en la prisión, 9/14 y yο entonces tambiιn te alabarι, porque tu diestra te dio la salvación.
Con la fórmula introductoria, similar a la de 38:1, se invita a Job a dar respuesta a las interrogaciones y enigmas que va a plantear Dios, que está majestuosamente hablando desde el torbellino, en consonancia con su dignidad superior.
Los juicios ligeros de Job han pretendido empañar el fulgor de la justicia divina para buscar una justificación a su situación (v.3/8). En realidad, es ridicula su pretensión, dada su insignificancia en comparación con el Todopoderoso (v.4/9). El poder de Dios se manifiesta en las tormentas y teofanías en las que cruje el trueno, que es su voz. Rodeado de majestad, habla Yahvé desde la tempestad y manifiesta su ira, enviando el rayo tonante contra el soberbio y engreído que se atreve a poner en duda el poder divino (v.6/11). Con sólo su mirada le abate, y después de enviarles la muerte — ocultándolos en el polvo —, los encarcela en la prisión, la región tenebrosa subterránea de los muertos (v.8/13). ¿Puede Job hacer tales cosas? En ese caso podría alternar con el Omnipotente y aun recibir sus alabanzas y parabienes, pues por su propia mano habría logrado su salvación o justificación de su causa.
Descripción del hipopótamo (10/15-19/24)
10/15 He ahí al hipopótamo, creado por mí, como lo fuiste tú,! que se apacienta de hierba como el buey. 1I/16 Mírale: su fuerza está en sus lomos, y su vigor en los músculos de su vientre. 12/17 Endereza su cola como un cedro; los nervios de sus muslos se entrelazan; 13/18 sus huesos son como tubos de bronce; sus costillas son como palancas de hierro. 14/19 Es la obra maestra de Dios; a él le entregó la espada su Hacedor. 15/20 Los montes le ofrecen su tributo, mientras retozan allí todas las bestias del campo. 16/21 Echase debajo de los lotos, en los escondrijos y cañaverales del pantano; 17/22 los arbustos le dan sombra, le rodean las mimbreras del torrente, 18/23 Crezca el río: él no se espanta, está seguro, aunque le llegue un Jordán al hocico. 19/24 ¿Le capturarán a sus ojos? ¿Taladrará nadie con el anillo su nariz?
El hipopótamo y el cocodrilo son característicos de la fauna de Egipto, como ya lo señala Heródoto 1. En la descripción se presenta al primero como el bruto por excelencia, el animal más vigoroso y fuerte de cuantos Dios ha creado. Su complexión robusta, de macizo paquidermo, y su condición de anfibio excitan la admiración del hagiógrafo: no teme la crecida de las aguas y retoza tranquilo por los juncales de las riberas del Nilo. Por su fuerza y aspecto terrorífico, nadie se atreve a conducirlo por el anillo de la nariz como al toro domesticado. ¡Es la obra maestra de Dios! (v. 19-24).
El cocodrilo (20/25-28/1)
20/25 ¿Puedes tú agarrar con anzuelo al cocodrilo y atarle una cuerda a la lengua? 21/26 ¿Le meterás un junco por la nariz y atravesarás con el anillo sus mandíbulas? 22/27 ¿Te dirigirá ruegos suplicantes o te lisonjeará con palabras? 23/28 ¿Hará pacto contigo? ¿Lo tomarás a tu servicio? 24/29¿Jugarás con él como con un pájaro, le atarás para juguete de tus niñas? 25/30 ¿Traficarán con él los (pescadores) asociados, se lo repartirán los mercaderes? 26/31¿Llenarás de flechas su piel y le hundirás el arpón en la cabeza? 27/32 Ponle encima la mano; te quedará recuerdo de la riña y no volverás. 28/1 He aquí que su esperanza queda frustrada: a su sola vista quedará aterrado.
Al cocodrilo se le llama aquí "Leviatán" — el monstruo marino de la mitología popular 2 — para destacar su carácter terrorífico, como al hipopótamo se le llamaba en el fragmento anterior "behemot," también animal monstruoso del folklore bíblico. Irónicamente, el hagiógrafo destaca la inutilidad de los esfuerzos humanos por domesticar y aun capturar como un pez al temible saurio (v.20-25), y menos convertirlo en juguete de los niños (v.24-29). Algún autor ha visto en esta frase una alusión a los juguetes articulados egipcios en forma de cocodrilo 3; pero nada en el contexto insinúa esta interpretación. Son simples frases literarias bellísimas que describen el carácter terrorífico e indoméstico del cocodrilo. Ni siquiera los pescadores pueden sacar provecho de él como de los demás animales acuáticos (v.25-30). No se le puede cazar ni con flechas ni arpones, y menos con red. Por otra parte, nadie puede acercarse y agarrarlo con la mano, pues a sólo su vista quedaría aterrado.
1 Cf. Heródoto, 1, 68-71; Plinio, Hist. Nat. VIII 37-39. — 2 Cf. com. a Job 3:8. — 3 Véase P. Humbert, Recherches sur les sources égyptiennes de la liltérature sapientiale d'Israél (Neuchátel 1929) p.g8.
41. Prosigue la Descripción del Cocodrilo
1/2 Nadie se atreve a despertarle, ni puede siquiera estar a pie firme delante de él. 2/3 ¿Quién jamás le asaltó y quedó salvo? No lo hay debajo del cielo. 3/4 No callaré (la forma de) sus miembros; declararé su fuerza incomparable2. 4/5 ¿Quién ha descubierto la parte anterior de su vestido, quién penetró en el reverso de su coraza? 3 5/6 ¿Quién abrió las puertas de su boca? El círculo de sus dientes infunde terror. 6/7 Su dorso está armado de láminas, de escudos, compactas y cerradas como un guijarro4; 7/8 únese una a la otra sin quedar resquicio, y un soplo no entra por ellas; 8/9 están pegadas una con otra; bien trabadas, no pueden separarse, i 9/10 Sus estornudos son llamaradas, sus ojos son como los párpados de la aurora; 10/11 de su boca salen llamas, se escapan centellas de fuego; 11/12 sale de sus narices humo, como de olla al fuego, hirviente; 12/13 su aliento enciende los carbones, saltan llamas de su boca; 13/14en su cuello está su -fuerza, y ante él tiemblan de horror. 14/15 Las papadas de su carne son duras, apretadas, no se mueven. 15/16 Su corazón es duro como el pedernal, duro como la piedra inferior de la muela. 16/17De su majestad temen las olas, las ondas del mar se retiran5; 17/18 la espada que le toca no se fija 6, ni la lanza, ni el dardo, ni el venablo; 18/19 para él el hierro es como paja, y el bronce, cual madera carcomida. 19/20 El hijo del arco no le hace huir, las piedras de la honda son para él estopas; 20/21 la maza le es como paja, y se burla del vibrar del venablo. 21/22 Debajo lleva agudos tejos, que arrastra como un trillo sobre el cieno. 22/23 Hace hervir el abismo como olla y espumar como vasija de ungüentos. 23/24 Deja en pos de sí brillante su camino, cual si fuera el abismo una cana cabellera. 24/25 ¡No hay en la tierra semejante a él, hecho para no tener miedo! 25/26 Mira a todo lo altivo, ¡es el rey de todos los feroces!
Herodoto nos ha dejado una ingenua descripción del cocodrilo, que no admite parangón con la realista y admirable del hagiógrafo: "Es el único animal que no posee lengua; no tiene quijada inferior móvil... Tiene fuertes garras y una piel cubierta de escamas, impenetrable por el dorso. No ve en el agua, pero tiene el interior de sus fauces lleno de sanguijuelas."7 Parece que en el libro de Job se conjugan en la descripción rasgos del cocodrilo y del Leviatán fenicio, el dragón que escupe fuego, como el tiamat del "Poema de la creación" babilonio 8. Así se le relaciona con el abismo, del que es el símbolo y el rey. A Tutmosis III se le anunciaba de parte de Amón: "Yo les hago ver tu majestad como la de un cocodrilo, señor del terror en las aguas, al que nadie se puede aproximar" 9. El profeta Ezequiel compara el faraón a un cocodrilo 10.
La descripción del libro de Job destaca la maravillosa contextura defensiva del temible cocodrilo, al que nada pueden hacer los hijos del arco (las saetas) (v. 19-20); al abrirse paso por el río, lanza espumarajos que dan la impresión de que las aguas hierven bajo él, al mismo tiempo que su aliento vaporoso da la impresión de una llamarada de fuego. Detrás de él queda una estela brillante como una cana cabellera (v.23-24). El realismo con que está descrito el cocodrilo prueba que el hagiógrafo lo había visto en las orillas del Nilo, o al menos se hace eco de descripciones fidedignas de viajeros que subían a Canaán de la tierra del faraón. En todo caso, como ya hemos indicado, en estos capítulos del libro de Job hay especial interés por describir los animales exóticos para deslumbrar al atrevido varón de Hus, que ha pretendido enjuiciar los caminos de la Providencia. En realidad, no se aborda el problema concreto de sus sufrimientos, pero se le hace ver la sabiduría y poder de Dios, que ha creado tales maravillas de la naturaleza.
1 Así según una reconstrucción de Gunkel, seguida por Dhorme y la Bib. de Jér. El TM dice: "¿Quién me adelantó para que yo le pague?" Los LXX: "permanece." — 2 Así siguiendo a Dhorme y Bib. de Jér. El TM: "lo referente al vigor y la gracia de su estructura." — 3 Coraza: corrección basada en los LXX, comúnmente admitida. TM: "freno." — 4 Bib. de Jér.: "su dorso está formado por escudos, que cierra un sello de piedra." Versión basada en los LXX. — 5 Verso muy diversamente traducido. Nuestra versión está basada en una corrección del texto sugerida por Budde y seguida por Dhorme y Bib. de Jér. El TM: "cuando se eleva, tienen miedo los héroes, y se retiran ante los quebrantamientos." — 6 Así Bib. de Jér. — 7 Cf. Herodoto, II 68. — 8 Véase el poema Enuma elish v.12-13. — 9 Cf. Pritchard, AncientNear East Textsp.374. — 10 Cf. Ez 29:3-6; 32:2-8.
42. La Rehabilitación de Job
Este capítulo final constituye el epílogo del libro, y, como el prólogo, está también en prosa. Después del desarrollo del drama, es preciso cerrarlo y volver las cosas a su punto por exigencias convencionales de la tesis del libro. Job ha sido probado por Dios sin que hubiera cometido culpa, y ahora debe ser reconocida su inocencia al serle restituida la salud, la familia y la prosperidad perdida, pero todo en grado superior. Job reconoce sus juicios ligeros; Dios amonesta a los amigos por haber insinuado falsas acusaciones contra el desventurado varón, y les exige pública reparación con sacrificios, siendo ellos perdonados por intercesión de Job. Este recupera su hacienda duplicada, vuelve a tener numerosa familia, y sus allegados celebran su rehabilitación plena ante la sociedad. Así se cierra, conforme a un esquema convencional rígido de una tesis teológica, el drama del libro de Job. La tesis ha quedado perfectamente probada: el justo puede sufrir en esta vida sin haber cometido pecado; el dolor es independiente del pecado. Por tanto, la tesis tradicional de la ecuación entre la virtud y la prosperidad, el pecado y la desventura, es falsa.
Respuesta de Job (1-6)
1 Respondió Job diciendo: 2 Sé que lo puedes todo y que no hay nada que te cohiba. 3 (¿Quién es este que empaña la Providencia sin saber?) Por eso proferí lo que no sabía, cosas admirables para mí, que no conocía. 4(Escucha, pues, y yo hablaré, yo te preguntaré y me adoctrinarás.) 5 Sólo de oídas te conocía; mas ahora te han visto mis ojos. 6¡Por eso me retracto y hago penitencia sobre polvo y ceniza!
Estas reflexiones puestas en boca de Job pueden ser obra de un escriba posterior al drama original. Los v.3 a 4 son idénticos a 38:2; 33:31 y 38:3b, y están evidentemente trastrocados, fuera de contexto.
Ante el despliegue de las obras portentosas de la naturaleza — obra de Dios —, Job reconoce su insignificancia e ignorancia, al mismo tiempo que declara la omnipotencia divina. Hasta ahora sólo había tenido referencias lejanas de ellas — sólo de oídas te conocía — pero ahora las ha escuchado del propio Dios, y le ha contemplado con sus ojos (v.5). El resultado de su nueva ciencia es un profundo sentimiento de compunción y arrepentimiento (v.6).
Epílogo: Reconocimiento de la inocencia de Job (7-17)
7 Después de haber hablado Yahvé a Job estas palabras, dijo Yahvé a Elifaz, temanita: Se ha encendido mi ira contra ti y contra tus dos compañeros, porque no hablasteis de mí rectamente, como mi siervo Job. 8 Así, pues, tomad siete becerros y siete carneros e id a mi siervo Job y ofreced por vosotros sacrificios; y Job, mi siervo, rogará por vosotros, y en atención a él no os haré mal, pues no hablasteis de mí rectamente, como mi siervo Job. 9 Vinieron, pues, Elifaz, temanita; Bildad, suhita, y Sofar, namatita, e hicieron lo que les mandara Yahvé, y Yahvé atendió a los ruegos de Job. 10 Yahvé restableció a Job en su estado, después de haber rogado él por sus amigos, y acrecentó Yahvé hasta el duplo todo cuanto antes poseyera. 11 Vinieron a él todos sus hermanos y hermanas y todos sus conocidos de antaño, y comieron con él en su casa, se condolieron y le consolaron por todo el mal que sobre él hiciera venir Yahvé, y le regalaron cada uno una moneda y un anillo de oro. 12 Yahvé bendijo las postrimerías de Job más que sus principios, y llegó a poseer Job catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas. 13 Tuvo catorce hijos y tres hijas; 14 a la primera le puso por nombre Yeminá (Palomita); a la segunda, Quesiah (Casia), y a la tercera, Queren-Happuj (Cuerno de afeites). 15 No había en toda aquella tierra mujeres más hermosas que las hijas de Job, y su padre les dio herencia entre sus hermanos. 16 Vivió Job después de esto ciento cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta la cuarta generación, 17 y murió Job anciano y colmado de días.
Después de la humillación de Job sigue la amonestación de sus amigos, que habían deducido la culpabilidad de aquél del hecho de sus sufrimientos. En consecuencia, deben ofrecer sacrificios en expiación de sus juicios temerarios. Job, por su parte, vuelve a aparecer como el siervo y amigo de Dios, y, como tal, se ofrece de intercesor por sus equivocados amigos. La humillación no puede ser mayor para éstos. Los tres amigos no habían considerado más que la superficie del problema. Job confió en la justicia divina y esperó en su Libertador l, y ahora se cumplen sus deseos: el Abogado que está en los cielos, y que es a su vez el Juez del universo, le ha rehabilitado plenamente, devolviéndole la salud; y en este sentido, "en su carne vuelve a ver a Dios" 2, es decir, a participar de su protección y benevolencia, recibiendo duplicada la hacienda perdida.
En este epílogo no se menciona a Elihú, cuyos discursos son, sin duda, una adición redaccional al drama primitivo; Elifaz, como primer interlocutor, es nombrado expresamente.
Recuperada la antigua prosperidad, vuelven a aparecer los parientes y antiguos amigos de Job, que le habían abandonado en la adversidad (v.11). En este detalle hay, sin duda, un rasgo irónico del hagiógrafo. No se menciona a la mujer de Job, que aparece en el prólogo. En recuerdo de su rehabilitación le ofrecen un presente de oro (v.11). Los hijos de Job son duplicados, como su hacienda; pero el número de las hijas es el mismo del prólogo, pues darle más hijas — en la apreciación oriental antigua — hubiera sido un castigo, ya que el signo de la bendición divina son los varones 3. Los nombres de las hijas expresan su singular belleza (ν.15); y cosa singular, Job les dio herencia viviendo sus hermanos 4. Para colmo de felicidad, Job pudo ver a sus descendientes hasta la cuarta generación, y así vivió ciento cuarenta años (cuatro generaciones de treinta y cinco años) 5. José había visto tres generaciones 6, pero Job fue más colmado de días, muriendo en plena ancianidad, conforme a la fórmula consagrada en la literatura bíblica7.
Todas estas cifras reflejan el carácter convencional del libro, que está concebido en función de una tesis teológica bien definida: Dios, aunque pruebe al justo, al fin le hará justicia y le premiará. Y, al contrario, la tesis tradicional sobre la relación entre el sufrimiento y la culpabilidad queda descartada a la vista de la historia personal del paciente y justo varón de Hus, que sufrió para aquilatar su virtud en manos del enemigo del hombre, Satán. No encontramos, pues, en el libro de Job la verdadera solución al problema del sufrimiento del justo, la retribución en ultratumba. Esta perspectiva aparece por primera vez claramente enunciada en el libro alejandrino de la Sabiduría 8. En el drama de Job queda flotando el misterio de la Providencia, que permite que los justos sean probados y que los impíos prosperen en la vida presente.
1 19:24-27. — 2 Job 19:26. — 3 En i Par 25:5 aparece un personaje, Heimán, con 14 hijos y tres hijas. — 4 En Núm 27:8 se ordena dar herencia a las hijas caso de que éstas no hayan tenido hermanos varones. — 5 Los LXX leen ciento setenta años. — 6 Cf. Gen 50:23. — 7 Cf. Gen 25:8; 35:29. — 8 Sab 3:1s.