Capitulo 21
El capítulo 21 de Jn es admitido por la mayoría de los exegetas que es un "apéndice" a su evangelio. Este aparece concluido en el capítulo anterior (v.20-31). Sin embargo, a diferencia de la parte "deuterocanónica" de Mc (16:9-20), del evangelio de Jn no hay la menor huella o indicio, en la tradición manuscrita, de que haya sido publicado sin este "apéndice." La integridad, en su origen, se impone.
Sin embargo, ¿quién es el autor? Para unos, Jn mismo. Una vez terminado su evangelio, antes de su publicación, le habría añadido este "apéndice." Se fijaron para ello en la analogía del contenido del mismo con el resto del evangelio y en afinidades lingüísticas.
Para otros, un redactor anónimo, ciertamente discípulo de Jn, que se inspiró en los relatos de Jn y en su estilo. A esto llevaría el análisis filológico y gramatical del capítulo 1, aunque también hay discrepancias lingüísticas.
Aparición de Cristo junto al lago y pesca milagrosa, 21:1-14.
1 Después de esto, se apareció Jesús a los discípulos junto al mar de Tiberíades, y se apareció así: 2 Estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo; Natanael, el de Cana de Galilea, y los hijos del Zebedeo, y otros discípulos. 3 Díjoles Simón Pedro: Voy a pescar. Los otros le dijeron: Vamos también nosotros contigo. Salieron y entraron en la barca, y en aquella noche no pescaron nada. 4 Llegada la mañana, se hallaba Jesús en la playa; pero los discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús. 5 Díjoles Jesús: Muchachos, ¿no tenéis a la mano nada que comer? Le respondieron: No. 6 EL les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis. La echaron, pues, y ya no podían arrastrar la red por la muchedumbre de los peces. 7 Dijo entonces a Pedro aquel discípulo a quien amaba Jesús: Es el Señor. Así que oyó Simón Pedro que era el Señor, se puso el sobrevestido, pues estaba desnudo, y se arrojó al mar. 8 Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra sino como unos doscientos codos, tirando de la red con los peces. 9 Así que bajaron a tierra, vieron unas brasas encendidas y un pez puesto sobre ellas, y pan. 10 Díjoles Jesús: Traed de los peces que habéis pescado ahora. 11 Subió Simón Pedro y arrastró la red a tierra, liena de ciento cincuenta y tres peces grandes,y, con ser tantos, no se rompió la red. 12 Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Tú quién eres? sabiendo que era el Señor. 13 Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio, e igualmente el pez. 14 Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
La narración comienza con una simple unión literaria con lo anterior, usual en el cuarto evangelio (Jn 5:1; 6:1; 7:1). La escena pasa en Galilea y "junto al mar de Tiberíades," lo que antes se había precisado añadiendo que era el "mar de Galilea" (Jn 6:1). Probable indicio de otra redacción.
El que los apóstoles estén en Galilea, sin decirse más, es un tácito entronque histórico de la narración de Jn con los sinópticos. En éstos, Cristo primero les había anunciado (Mt 26:32; Mc 14:28) y luego les había ordenado por el ángel (Mt 28:7-10; Mc 16:7) ir a Galilea después de su resurrección, en donde le verían. Alejados de los peligros de Jerusalén, tendrían allí el reposo para recibir instrucciones sobre el reino por espacio de cuarenta días (Act 1:3). Jn no trata de armonizar esta discrepancia antes registrada.
Los apóstoles debieron de volver, de momento, a sus antiguas ocupaciones. Separado de ellos Cristo, quedaban desconcertados hasta recibir nuevas instrucciones. Es lo que se ve en esta escena. Pedro debió de volver a su casa de Cafarnaúm (Mt 8:5.14 par.). Estaban juntos Simón Pedro y Tomás el Dídimo; Natanael, el de Cana de Galilea; "los hijos del Zebedeo," Juan y Santiago el Mayor, y otros dos discípulos, probablemente también apóstoles, ya que allí estaban conforme a la orden sinóptica del Señor de volver a Galilea 2. Es extraño en este pasaje el que se diga de Natanael que era de Cana de Galilea, cuando ya antes lo expuso, con cierta amplitud el evangelista (Jn 1:45ss). Su presencia entre el grupo de los apóstoles se explicaría mejor si se admite, como muchos lo hacen, su identificación con el apóstol Bartolomé 3. Nuevo indicio de otra redacción.
Mas chocante es la cita expresa de "los hijos del Zebedeo," que son Juan y Santiago el Mayor. Nunca se citan así en el evangelio de Jn, cuyo silencio y anonimato confirma la tesis de ser él el autor del cuarto evangelio. Esta frase, así introducida, es muy chocante. Para unos es una redacción posterior de un copista, que quiso matizar acaso quiénes eran estos "otros dos discípulos" anónimos que se citan, y que luego se había introducido como glosa en el texto. Otros, en cambio, ven en ello una prueba más de que la redacción de este capítulo no es de Jn, sino de un redactor distinto.
Pedro aparece también con la iniciativa. Al anuncio de ir a pescar, se le suman también los otros. Habían vuelto al trabajo. Debía de ser ya el atardecer cuando salieron en la barca, pues "aquella noche" no pescaron nada. La noche era tiempo propicio para la pesca 4. Al alba, Jesús estaba en la playa, pero ellos no lo conocieron, sea por la distancia, sea por su aspecto, como no le conoció Magdalena ni los de Emaús. "En la orilla vieron un hombre. En Oriente hay siempre espectadores para todo. Jesús se expresa como quien tiene gran interés por ellos, y les habla en tono animado" 5. Les pregunta si tienen algo de pesca para comer. Acaso piensan en algún mercader que se interese por la marcha de la pesca para comprarla. A su respuesta negativa, les da el consejo de tirar "la red a la derecha — ("el lado de la suerte," Vawter) — de la barca, y hallaréis" pesca. Ante el fracaso nocturno, se decidieron a seguir el consejo. Siempre había gentes experimentadas en las cosas del mar. En el Tiberíades hay verdaderos bancos de peces, no siendo raro que lleguen a ocupar unas 51 áreas 6.
De suyo no suponía esto un conocimiento sobrenatural. Desde la orilla, un hombre en pie puede ver un banco de peces que no se perciben desde la barca. Pero el v.7 más bien orienta a un conocimiento sobrenatural.
Echada la red, ya no podían arrastrarla por la multitud de la pesca obtenida. Esta sobreabundancia o plenitud es un rasgo en el que Jn insiste en su evangelio: tal en Cana (2:6); en el "agua viva" (4:14; 7:37ss); en la primera multiplicación de los panes (6:11); en la vida "abundante" que da el Buen Pastor (10:10); lo mismo que en destacar que el Espíritu había sido dado a Cristo en "plenitud" (3:34).
Se ha planteado el problema de saber si este relato de la pesca milagrosa de Jn es sustancialmente el mismo que relata Lc (5:4-11). La confrontación de ambos hace ver puntos de contacto. Naturalmente que pueden ser escenas distintas. Pero para "quien conoce los usos de los evangelistas y cómo las tradiciones se mezclan, se puede preguntar si no hay aquí una misma tradición que encontró dos expresiones diferentes." 6 En este caso, retocadas, o Lc la habría adelantado para ponerla en función de las escenas de "vocación" de discípulos, o Jn la retrasa o la mantiene en su situación histórica, como preludio a la importante aparición de Cristo, y destacándola con valor histórico-simbolista.
Ambas posiciones tienen equilibradamente sus partidarios. Se alega que acaso Lc la sitúe bien, pues parecería difícil que los discípulos no hubiesen abandonado ya definitivamente sus barcas y redes. En cuyo caso no parecería fácil suponer una ida a Galilea, después de la resurrección de Cristo, para volver a sus menesteres. Deberían estar alertados, en cambio, para la marcha y predicación.
Ante esta aparición y en aquel ambiente de la resurrección, Jn percibió algo, evocado acaso por la primera pesca milagrosa (Lc 5:1-11), y al punto comprendió que aquella persona de la orilla era el mismo Cristo. Esto fue también revelación para Pedro. El dolor del pasado y el ímpetu de su amor — la psicología de Pedro — le hicieron arrojarse al mar para ir enseguida a Cristo. El peso de la pesca le hizo ver el retraso de la maniobra para atracar. Y se arrojó al mar.
Pero estaba en el traje de faena: "desnudo" (γυμνός) — es la traducción material de la palabra — , por lo que "se ciñó" el "traje exterior" (τον ¿πενδύτην), como la palabra indica. Debía de ser la amplia blusa de faena, el rabínico qolabiw.
"Como ya hemos dicho, en el lago de Genesaret el agua y el aire se conservan calientes en aquella estación del año aun durante la noche. Los pescadores suelen quitarse los vestidos ordinarios y echarse encima una especie de túnica ligera de pescador, sin ceñírsela con el cíngulo; de ese modo, en caso de necesidad, están dispuestos a nadar.
Estos mismos orientales, que no tienen dificultad en dejar los vestidos ordinarios durante la faenas, evitan comparecer en traje de trabajo delante de los que no son iguales a ellos. Pedro estaba "desnudo," es decir, no completamente vestido, cuando Jn le dijo: "El Señor es." No sólo para nadar con más seguridad, sino también por cierto sentimiento de decencia, antes de echarse al agua se ciñó Pedro la túnica con el cíngulo" 7.
Los otros discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red cargada de pesca, ya que no estaban lejos de la costa. Estaban "como a unos 200 codos," sobre unos 90 metros.
Cuando llegaron a tierra, vieron "unas brasas encendidas y, puesto sobre ellas, un pez, y pan."
Pero, cuando ya están estos discípulos en tierra, Cristo les manda traer los peces que acaban de pescar.
Para esto, Pedro, espontáneamente, acaso por ser el dueño de la barca, subió a ella y "arrastró la red a tierra." Se hizo el recuento y habían pescado 153 peces "grandes." Posiblemente se quiera decir con esto que, en el recuento global, éstas eran las mejores piezas. Sobre la interpretación de esta cifra se ha hecho una verdadera cabalística, sin consistencia. Solamente pudo haber tenido ciertos visos de probabilidad una sugerencia de San Jerónimo. Según éste, Oppiano de Cilicia (sobre 180) diría, en su obra Haliéutica, que eran "153 los géneros de los peces" 8. Pero, en realidad, no es esto lo que dice Oppiano, sino que él cree que las especies de los peces no han de ser menos que las de los animales de la tierra. Si esta cita que hace, de paso, San Jerónimo, se basase en una opinión corriente entonces entre los especialistas y estuviese, además, verdaderamente extendida entre el vulgo, podría aceptarse como número expreso simbólico de lo que va a ser, también genéricamente simbólico. Hecho el recuento, éste era el número de la pesca. Es lo que Jn quiere decir en otros lugares (Jn 6:9.13).
El evangelista destaca, sin duda con un valor "simbolista," el que, con "ser tantos los peces capturados, no se rompió la red."
Cristo les invita a comer. El mismo tomó "el pan" al que acaba de aludir, e igualmente "el pez," y les dio ambas cosas para "comer." ¿Qué significan este "pan" y este "pez" sobre esas brasas, que Cristo — milagrosamente — les preparara y que luego les da a comer? Se piensa en que tiene un triple sentido: 1) afectivo: Cristo muestra su caridad; 2) apologético: Cristo quiere demostrar con ello la realidad de su resurrección, como lo hizo en otras ocasiones (Lc 24:41-43; Act 1:4), en las que El mismo comió como garantía de la verdad de su cuerpo; aquí, sin embargo, el evangelista omitió que Cristo hubiese también comido, para destacar el aspecto "simbolista"; esa comida dada por su misma mano a ellos les hacía ver la realidad del cuerpo de Cristo. Era el mismo Cristo que había multiplicado, en otras ocasiones, los panes y los peces, como seguramente aquí también multiplicó un pez y un pan para alimentar a siete discípulos; como allí era realmente El quien les daba el pan y peces que multiplicó, aquí también era realmente El mismo; 3) simbólico: como se expondrá luego.
En todo esto destaca el autor que ninguno se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor. Era un motivo de respeto hacía El, como ya lo habían tenido, en forma igual, cuando hablaba con la Samaritana (Jn 4:27), máxime aquí, al encontrarse con El resucitado y en una atmósfera distinta. Por eso no se atreven a profundizar más el misterio (Bultmann).
Jn consigna que ésta fue la tercera vez que Cristo se apareció resucitado a sus discípulos, conforme al esquema literario del evangelio de Jn. Las otras dos veces fue en Jerusalén, la tarde misma de la resurrección, y la segunda, en las mismas condiciones, a los ocho días (Jn 20:19-29). Ni sería improbable que quiera precisarse que éstas son anteriores a las apariciones galileas relatadas en los sinópticos 8.
Valor"simbolista" de esta narración
El "simbolismo" del evangelio de Jn está muy acusado en este capítulo. La escena, que es relato histórico, está narrada en una forma tal, que se acusa en su estructuración toda una honda evocación "simbolista," especialmente en torno a Pedro. Se puede sintetizar en los siguientes puntos:
1) Pedro se propone pescar. Suben a su barca otros discípulos. El número de los pescadores que van en la barca de Pedro es de siete, número de universalidad. Por sus solos esfuerzos nada logran en la noche de pesca.
2) Pero Cristo vigila desde lugar seguro por la barca de Pedro y de los que van en ella, lo mismo que por su obra. Por eso, les dice cómo deben pescar. El mandarles tirar la red a la derecha pudiera tener acaso un sentido de orientación a los elegidos (Mt 25:33).
3) La barca de Pedro sigue ahora las indicaciones de Cristo; Pedro es guiado por Cristo. Cristo orienta la barca de Pedro en su tarea, en su marcha. Y entonces la pesca es abundantísima. La Iglesia es guiada por Cristo. La "red" es símbolo de la del reino (Mt 4:19 par.), de la Iglesia, como la "pesca" milagrosa fue ya símbolo de la predicación de los apóstoles (Lc 5:10).
4) Terminadas sus faenas, en nombre de Cristo — faenas apostólicas — todos vienen a Cristo. Es a El a quien han de rendírsele los frutos de esta labor de apostolado.
5) Cristo mira por los suyos, por sus tareas y fatigas. Pan y peces fue el alimento que El multiplicó dos veces. El les tiene preparado un alimento que los repara y los "apostoliza." El mismo se lo da. Evoca esto la sentencia de Cristo: "Venid a mí todos los que estéis cansados y cargados, que yo os aliviaré" (Mt 11:28). El que El lo tomó γ se lo dio parecería orientar simbólicamente a la eucaristía. El que esté un pez sobre brasas indica la solicitud de Cristo por ellos al asarles así la pesca, encuadrado también en el valor histórico-simbolista" de la escena. Si les manda traer de los peces que han pescado y unirlos al suyo (v.10), hace ver que todo alimento apostólico se ha de unir al que Cristo dispensa (Jn 4:36-38).
6) Acaso también se pudiera ver un "simbolismo" en la frase de no preguntarle quién era, sabiendo todos que era el Señor. En la tarea apostólica, el apóstol sabe que Cristo está con él, lo siente y lo ve en toda su obra.
7) También se pensó si podría ser un rasgo simbolista el que no pesquen nada en la "noche," sino en la "mañana", a la luz de Cristo.
La prueba a Pedro, 21:15-19
15 Cuando hubieron comido, dijo Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? El le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Díjole: Apacienta mis corderos. 16 Por segunda vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejuelas. 17Por tercera vez le dijo: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntase: ¿Me amas? Y le dijo: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Díjole Jesús: Apacienta mis ovejuelas. 18 En verdad, en verdad te digo: Cuando eras joven, tú te ceñías e ibas donde querías; cuando envejezcas, extenderás tus manos, y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras. 19 Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después añadió: Sígueme.
Se admite ordinariamente que esta triple confesión que Cristo exige a Pedro es una compensación a sus tres negaciones, lo mismo que es un rehabilitarle públicamente ante sus compañeros. Pedro debió de comprender esto, pues a la tercera vez que le pregunta si le ama, "se entristeció." No en vano él las había "llorado amargamente" (Mt 26:75). Después de protestarle su amor dos veces, a la tercera, evocando sus pasadas promesas, desconfió de sí, para presentar un amor más profundo, por ser más humilde. Por eso apeló al conocimiento de la omnisciencia de Cristo. No le alegó sus palabras; remitió su corazón a la mirada omnisciente del Señor. Lo que es un modo de presentarle como Dios, ya que es en el A.T. atributo exclusivo de Dios (Act 1:24). Además, al preguntarle si le ama más que los discípulos presentes, hace ver que para apacentar el rebaño espiritual supone esto un gran amor a Cristo. "El buen pastor da la vida por sus ovejas" (Jn 10:11).
Fuera de la triple forma de preguntarle por su amor a El y de la triple respuesta de Pedro, dos son los elementos a valorarse: a) el sentido de las diversas expresiones de "apacentar"; y b) los diversos términos con que se expresan los fieles.
Profecía de la muerte de Pedro (v.18-19)
Sugerido por las "negaciones" de Pedro, que había prometido seguir a Cristo hasta la muerte y luego lo negó (Mt 26:31-35 par.), compensadas ahora con estas tres graves protestas de amor, Cristo le profetiza a Pedro que luego lo seguirá a la muerte. Ya en Jn, en el relato del anuncio de la negación de Pedro, Cristo, al vaticinarle la caída, se lo profetiza, al decir aquél que no duda "seguir ahora" a Cristo, que le "seguirá más tarde" a la muerte (Jn 13:36-38).
A esta sugerencia se une otra, que se presta para que Cristo le haga la profecía de su muerte. La profecía está presentada, al gusto oriental, en forma de un enigma, pero lo suficientemente clara y, por otra parte, muy del estilo de Jn (2:19; 3:3; 7:34; 8:21-28.32.51; 11:11.50, etc.).
Pedro, de "joven," él mismo "se ceñía e iba a donde quería." La imagen está tomada del medio ambiente. Los orientales acostumbran a recoger sus amplias túnicas con un cordón atado a la cintura, para caminar o trabajar, que es lo que hizo Pedro al echarse al mar para ir al encuentro de Cristo (Jn 21:7).
Pero, a la hora de la vejez, "extenderás tus manos y otro te ceñirá, y te llevará a donde tú no quieras." Y el evangelista añade que esto lo dijo de la "muerte" de Pedro. A la hora de la composición de este evangelio, el evangelista había visto la profecía en el cumplimiento del martirio de Pedro, bajo Nerón (54-68), que murió crucificado, como ya lo afirmaba San Clemente Romano 14. Según algunos autores, habría sido crucificado con la cabeza abajo 15, pero este rasgo no afecta al vaticinio de la muerte de Pedro.
La imagen con que se vaticina esto es, en contraposición a la anterior, la de una persona anciana que, no pudiendo manejarse, necesita levantar los brazos para que otros le ciñan la túnica y le ayuden a moverse, llevándolo para que se mueva. No que le lleven a donde no quiera (Bultmann).
Este gesto de "extender tus manos" es la alusión a la crucifixión de Pedro. Lo decía un autor de la antigüedad, caracterizando la crucifixión por "la extensión de las manos" 16; y así la describen autores de esa época 17. Tertuliano aplica bien este ambiente al caso de Pedro, al escribir: "Fue entonces Pedro atado por otro cuando fue sujetado a la cruz" ("tune Petrus ab altero cingitur, cum cruci adstringitur") 18.
"Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios." Pedro, al participar de esta muerte de Cristo y a su modo, viene también a "glorificar" a Dios (Jn 13:1). Es un reflejo del valor triunfal con que Jn considera la muerte de Cristo 19 y su imitación en los mártires.
Después que Cristo hace este vaticinio a Pedro, añadió: "Sigúeme." Esta frase era muy evocadora, máxime en este momento. Fue la llamada vocacional a Pedro y a otros apóstoles (Mt 4:19ss; 9:9). Era evocación de aquel "a donde Yo voy (Cristo), tú no puedes seguirme ahora," que le dijo a Pedro, pero "me seguirás más tarde" (Jn 13:36); era evocar aquel "donde Yo esté, allí estará también mi servidor" (Jn 12:26), porque es trigo que ha de morir para fructificar (Jn 12:24ss); era evocar que "el buen pastor ha de dar la vida por sus ovejas" (Jn 10:11). Todo esto está sugerido en la perspectiva literaria de Jn.
Por eso, si esta frase tenía sentido de invitación para acompañar materialmente a Cristo, como se desprende del contexto (v.20), el sentido ha de prolongarse, al menos en un sentido "simbólico," hasta seguirle en la muerte. Todo el contexto lo ambienta así. La frase tenía, seguramente, un doble sentido, de perspectiva homogénea 20.
El "discípulo amado," 21:20-23.
Un rasgo histórico es causa de relatar a continuación un dato sobre el mismo Jn, pero que era necesario para calmar una inquietud.
20 Se volvió Pedro y vio que seguía detrás el discípulo a quien amaba Jesús, el que en la cena se había recostado en su pecho y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21 Viéndole, pues, Pedro, dijo a Jesús: Señor, ¿y éste qué? 22 Jesús le dijo: Si Yo quisiera que éste permaneciese hasta que Yo venga, ¿a ti qué? Tú sigúeme. 23 Se divulgó entre los hermanos la voz de que aquel discípulo no moriría; mas no dijo Jesús que no moriría, sino: Si yo quisiera que éste permaneciese hasta que venga, ¿a ti qué?
Por la confrontación de textos se ve que Jn es "el discípulo al que amaba Jesús," que es el mismo que en la cena descansó "sobre el pecho" del Señor. Pedro y Juan aparecen frecuentemente en amistad (Act 3:1.3:4.11; 4:13; 8:14).
Por eso Pedro, que debió de comprender que Cristo aludía a su muerte, se interesó por la suerte de su amigo Juan con relación a su muerte. Pero Cristo le respondió: "Si Yo quisiera que éste permaneciese hasta que yo venga, ¿a ti qué (te importa)? Tú sigúeme."
Si la amistad llevaba a Pedro a querer saber esto, eran planes de Dios, en los que él no debía meterse. Es la actitud de Cristo en los evangelios.
Cristo sólo lo decía en forma condicional: "Si yo quisiera" (εάν. θέλω); no era, pues, una afirmación. Pero la frase era un poco enigmática y corrió deformada, hasta el punto de decirse que Cristo le había prometido que no moriría hasta que El "viniese" en la parusía. Pero esto había que precisarlo. Dos son las soluciones que se dan a este propósito, sobre quién es el autor de esta "rectificación" y la finalidad que intenta.
Sería hecho por un discípulo de Jn. Este habría muerto recientemente. Y con esta "rectificación" se pretendía hacer ver que Cristo no se había equivocado, pues no había dicho esto (Mt 24:36), sino que había sido una mala inteligencia popular de lo que Cristo había dicho.
Por ciertas frases evangélicas (cf. v.gr., Mc 9:1; Mt 24:34), y la misma ambigüedad de ésta, se vino a crear un falso ambiente en los cristianos primitivos de que la parusía era inminente, y que no pasaría de la edad apostólica. A esto debe de obedecer esta precisión.
Para otros, es el mismo evangelista el que lo "rectifica." Quiere, sin más, poner las cosas en su punto. Si hubiese circulado este rumor entre los fieles y hubiese sido desmentido por la muerte de Jn, el autor de esta "rectificación" no les hubiese dado, probablemente, el nombre de "hermanos" al círculo por el que corrió este falso rumor 21. Sería, pues, Jn mismo, ya muy viejo, que querría también evitar un posible culto supersticioso en torno a él o posibles cabalas en torno a la parusía.
En todo caso, parece indicarse aquí que Jn había llegado a una gran vejez. La tradición dice que murió bajo Trajano (98-117) 22, y suele admitirse que en el séptimo año de Trajano, que es el 104.
Epílogo, 21:24-25
24 Este es el discípulo que da testimonio de esto, que lo escribió, y sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Muchas otras cosas hizo Jesús que, si se escribiesen una por una, creo no podrían contener los libros.
Manifiestamente estos versículos son otro epílogo. Pero la redacción del mismo hace ver que no es del mismo evangelista. "Este es el discípulo" que da testimonio y "el que escribió estas cosas," no es el modo de introducirse Jn (Jn 19:35). Pero el contraste entre lo que sigue es aún más fuerte para hacer ver esto: y nosotros "sabemos" (οϊδαμεν) que su testimonio es verdadero. Este plural, puesto en función de la manera más impersonal en que está expresado el primero, hace ver que este versículo está redactado por un grupo de "discípulos" del evangelista, o acaso de los "ancianos" de Efeso, que testifican que el evangelio que publican está escrito por Jn, y ellos saben la verdad de su testimonio. Es una autentificación colectiva y oficial del valor del cuarto evangelio.
El v.25 expresa, en forma hiperbólica, la admiración por lo que hizo Cristo. Este evangelio no es más que una selección. El tono es muy distinto del epílogo primero (Jn 20:30.31). Allí se justifica la selección en orden a la redacción. Aquí es la sola admiración ante la fecunda y prodigiosa obra de Cristo.
Es chocante encontrarse de nuevo con un redactor en singular — "creo" (οιμαι) — . Se piensa en diversas soluciones: en una locución ya hecha; en uno solo que represente al grupo, .o, acaso mejor, en un nuevo "discípulo" que escribió posteriormente esta adición.
1 Boismard, La Finale Du Iv Evangile: Rev. Bib. (1936) 512-528; — 2 Cassian New Test. Studies (1956-1957) 132-136. — 3 Sobre Estos Apóstoles, Cf. comentario A Mt 10:2-4. Comentario A Mt 10:3. — 4 Plinio, Nat Hist. Ix 23; Tristram, Xatural History Of The Bible 5.A Ed. P.281. — 5 Wllliam, Das Lebenjesu. Vers. Esp. (1940) P.543. — 6 Tristram, O.C., P.285; Z. Biever, Conférences De St. Étienne (1910-1911) P.291; Masterman, Studies In Galilee (1909) P.38. — 6 P. Benoit, La Passion Et. (1966) P.343ss. — 7 William, O.C., P.544; En Este Mismo Sentido, Cf. Strack-B., Kommentar. Ii P.587; Virgilio, Ge&Rg. I 299. — 8 Ml 25:474. — 8 B. Vawter, O.C. (1972) P.527. — 9 Jenofonte, Memorab. Ii 7:9 Y 12; Zorell, Lexicón Graecum Ν. Τ. (1931) Col. 10 95 Y 232. — 10 Ruckstuhl, Die Literarische Einheit Des Johannesevangeliujns (1951) P.!46ss. — 11 Filón, Deter. Pot. Insid. 25. — 12 Sin Embargo, Hay Variantes Sobre El Uso De Corderos Y Ovejas, Lo Mismo Que Entre Diminutivos De Estas Expresiones: Xestlé, Λγ. Τ. Graece Et Latine (1928) Ap. Crít. A Jn V.15, 16 Y 17. — 13 Denzinger, Ench. Symb. N.1822. Sobre Este Tema, Cf. Médébielle, Art. Église, En Dict. Bib Suppl. Ii (1932) 590-596. — 14 Epist. I Ad Cor. 5:4. — 15 Eusebio De C., Hist. Ecd. Iii 1:2. Artemidoro, Oneirocriton I 76. Arriano, Epict. III 26; Séneca, Consolat. Ad Marc. 20; Tertuliano, De Praescrip. 35; San Justino, Dial. Xc; Eusebio De C., Hist. Ecd. Ii 25. — 16 Tertuliano, Scorpiace 15. Holzmeister, De Vita S. Petri (1936) P.52ss. — 17 Zahn, Das Evangelmm Des Johannes. (1912) H.L. — 18 Lreneo,Adv. Haer. Iii 1: Mg 7:844; Eusebio, — 19 Hisl. Ecd. Iii 24: Mg 20:265. — 20 Lagrange, Évang. S. Sí. Jean (1927) P.532.