Introducción (1:1-66)
Alejandro Magno (1:1-10)
1 Sucedió que Alejandro el Macedonio, hijo de Filipo, una vez hubo salido del país de los Kittin y derrotado a Darío, rey de los persas y de los rnedos, reinó en su lugar, primeramente en Grecia. 2 Combatió muchas batallas, expugnó muchas fortalezas y dio muerte a reyes de la tierra. 3 Atravesándola hasta sus fronteras, se apoderó de los despojos de la muchedumbre de pueblos, y la tierra enmudeció a su presencia. 4 Juntó poderosos ejércitos, 5 sometió provincias nacionales y reyes, que le pagaron tributo. 6 Después de todo esto guardo cama y tuvo el presentimiento de que se moría. 7 Llamando a sus oficiales, los nobles que con él se habían criado desde su juventud, dividió aún en vida su reino entre ellos. 8 Había reinado Alejandro doce años cuando le arrebató la muerte. 9 Sus generales hiciéronse cargo del poder, cada uno en el lugar que le toco en suerte. 10 Todos ciñeron la corona después de su muerte, y sus hijos después de ellos durante muchos años, llenando la tierra de males.
Con un rápido bosquejo histórico señala el autor las raíces de la situación política y religiosa de Palestina, contra la cual se levantó la dinastía asmonea. Este resumen histórico ocupa todo el capítulo primero. En el verano del año 336 fue asesinado Filipos, sucediéndole en el trono su hijo Alejandro, a la sazón de veinte años de edad. El año anterior (335) subió al trono su futuro rival, Darío III Codomano, por gracia del eunuco Bagoas. En el pecho del joven macedonio hervía el deseo de vengar las ofensas que había infligido a Grecia el imperio persiano. Una vez afianzado en el trono y reforzadas las fronteras de Macedonia, cruzó los Dardanelos en la primavera del año 334, al frente de treinta mil soldados de infantería y cinco mil de caballería. Le seguía un reducido número de letrados, entre los cuales descuella Tolomeo, que recibió el encargo de tener al día la Crónica de los acontecimientos. Apenas desembarcó en Abidos, consiguió la gran victoria de Granico (mayo-junio del año 334), que le abrió las puertas de Asia. A medida que se internaba iban cayendo en su poder las ciudades costeras. En octubre del año 333, la victoria sobre Darío Codomano abre al helenismo las puertas de Oriente. Las bases de Adrados, Biblos y Sidón se le rinden; Tiro cerróle sus puertas. Después de seis meses de sitio cayó la ciudad en su poder (julio del año 332). En su marcha hacia el sur sitió a Gaza, que se le rindió a los dos meses. En noviembre del año 332 llega victorioso al valle del Nilo. En la primavera del 331 se encuentra nuevamente en Tiro, en donde organizó la provincia siro-palestinense.
Cuenta Flavio Josefo que, después de la conquista de Gaza, Alejandro visitó Jerusalén, en donde fue acogido con grandes honores por parte del pueblo y del sumo sacerdote Yaddúa, ofreciendo sacrificios en el templo y concediendo grandes favores al pueblo judío. Se cree que esta noticia es una pura leyenda.
Ante los grandes triunfos de Alejandro enmudeció la tierra (Jue 3:11-30; 2 Crón 13:23; Is 14:7), por lo que su corazón se engrió y llenó de orgullo, hasta el límite de reclamar para sí honores divinos. En el oasis de Siwa, los sacerdotes legitimaron su advenimiento al trono de los faraones, declarándolo hijo de Dios. A estas locas pretensiones alude el autor del libro, ya que "nacimiento divino y dominación universal son dos pretensiones inseparables" 2. El autor del libro juzga a Alejandro por la fama que de él se ha conservado entre el pueblo, sin pretender estudiar a fondo el alma y las gestas del famoso general macedonio.
La muerte le sorprendió antes de nombrar sucesores. Al preguntársele en vida cuál sería su sucesor, respondió: "El mejor" 3. Es posible que en vida manifestara vagamente su pensamiento sobre quiénes debían sucederle a su muerte. El autor sagrado no quiere entrar en detalles. Cualquiera que fuese la última voluntad del conquistador, el texto sagrado tiene en cuenta preferentemente el hecho histórico de la división de mando entre los más conspicuos generales, faltando una sucesión dinástica directa (Dan 11:4). Rábano Mauro explicaba el texto bíblico de la siguiente manera: "Dividió, a saber: dejó que su reino se dividiera." En el consejo de oficiales se sistematizó la sucesión de Alejandro. Por unos veinte años, el imperio único sobrevivió a los conatos de las fuerzas disolventes. Las intrigas empezaron entre los Diádocos, o sea, los sucesores, eliminándose uno a otro. Después de la victoria naval contra Tolomeo en Salamina de Chipre, año 306, Antígono se arrogó el título de rey, ejemplo que imitaron Tolomeo en Egipto, Lisímaco en Tracia, Seleuco en Babilonia, Gasandro en Macedonia. Prácticamente, Palestina sólo tuvo roces con los lágidas y los seléucidas, especialmente en el período comprendido entre el año 280 al 219 antes de Cristo. Durante todo este espacio de tiempo "se multiplicaron los males sobre la tierra." El peor de ellos para el autor sagrado fue la penetración en tromba de la cultura griega, en el amplio sentido de la palabra, en Palestina, con graves amenazas para el judaísmo tradicional.
El retoño de iniquidad (1:11)
11 De ellos salió un retoño de pecado, Antíoco Epifanes, hijo del rey Antíoco, que estuvo en Roma como rehén y se apoderó del reino el año 130 de la era de los griegos.
Antíoco III el Grande (223-187 a.C.) fue derrotado en Magnesia el año 190. Entre las cláusulas del armisticio firmado en Apamea figuraba la de entregar veinte rehenes, a elección de los romanos, entre los que estaba su hijo menor, Antíoco. Los impuestos de guerra que P. Escipión el Africano impuso a Antíoco vaciaron las arcas reales de Siria. Para llenarlas, el rey asaltó de noche el templo de Bel, en Elimaida, pereciendo en manos de los defensores del santuario. La misma necesidad de dinero retuvo en todo tiempo la atención de su hijo Seleuco IV Filopator (187-175), reducido a la condición de agente de tasas. Enterado por Apolonio de Tarso de las riquezas existentes en el templo de Jerusalén, mandó a su ministro Heliodoro con la misión de que se apoderara de ellas (2 Mac 3:1-34). Poco después el rey murió en manos de Heliodoro. Un año antes (175 a.C.), su hijo Demetrio fue enviado a Roma en calidad de rehén, en lugar de Antíoco IV Epifanes. "Este retoño de iniquidad," como le llama nuestro autor, tuvo noticia en Atenas de la muerte de su hermano Seleuco. Con la ayuda de Eumenio II de Pérgamo apoderóse del trono que dejó vacante su hermano. Para los judíos fue Antíoco un usurpador; "un hombre despreciable ocupará su puesto, sin estar revestido de la dignidad real. Pero sobrevendrá de improviso y se apoderará del reino por la intriga" (Dan 11:21). El advenimiento de Antíoco al trono tuvo lugar el año 137 de la era de los griegos, que corresponde al año 175 antes de Cristo.
Los heraldos del helenismo (1:12-16)
12 Salieron de Israel por aquellos días hijos inicuos, que sedujeron a muchos, diciendo: "Ea, hagamos alianza con las naciones vecinas, pues desde que nos separamos de ellas nos han sobrevenido tantos males." 13 Estas palabras aparecieron bien a sus ojos. 14 Algunos del pueblo apresuráronse a ir al rey, el cual les dio facultad para seguir las costumbres de los gentiles. 15 En virtud de estos, levantaron en Jerusalén un gimnasio, conforme a los usos paganos; 16 se restituyeron los prepucios, abandonaron la alianza santa para asociarse con los gentiles, y se vendieron para obrar el mal.
Ya en tiempos de Antíoco III existía en Jerusalén un grupo partidario del helenismo (2 Mac c.3). Muchos judíos sentían la necesidad de abandonar moldes antiguos para colocarse en el nivel cultural de los pueblos de la gentilidad. El aislamiento judío era considerado por los griegos como signo de barbarie. La libertad de costumbres, de expresión y organización encandilaban a la juventud judía. El ideal griego era tentador; desde el punto de vista humano era una locura renunciar a él. Para los helenizantes, el aislamiento impuesto por la Ley (Ex 34:11-16; Deut 7:1-11; 12:29-31) había acarreado infinitos males a la nación judaica (Jer 44:16-19). Los más exaltados pedían la abrogación de la Ley mosaica, la destrucción total de los rollos de la Tora y la facultad de poder comer las carnes que el judaísmo consideraba impuras. El hecho de que algunos acudan al rey de Siria para conseguir de él la autorización de seguir las costumbres paganas, se explica, o bien para escapar a las penas que la Ley dictaba contra los apóstatas (Lev 24:14), o para pedir al rey abrogara el decreto de Antíoco III por el que se concedía a cada pueblo el derecho de seguir sus leyes y costumbres propias 4. El jefe de esta expedición fue Jasón, al que concedió el rey la autorización para instalar un gimnasio y una mancebía en Jerusalén. Una vez en el poder, "se dio a introducir las costumbres griegas entre sus conciudadanos" (2 Mac 4:9-10). Los jóvenes judíos actuaban desnudos en el gimnasio griego, lo que dio pie a que se introdujera la costumbre de practicar una operación dolorosa, conocida por el nombre de epispasmós (1 Cor 7:18)5, con el fin de borrar las señales de la circuncisión, considerada por los griegos como un atentado contra la dignidad personal e integridad corporal.
Antíoco contra Tolomeo (1:17-20)
17 Una vez que Antíoco se consolidó en el trono, concibió el propósito de ser rey de la tierra de Egipto, a fin de reinar sobre las dos naciones. 18 Entró en ella con un poderoso ejército, con carros, elefantes y jinetes y con una gran flota, 19 e hizo la guerra a Tolomeo, rey de Egipto. Atemorizado éste, huyó ante él, y fueron muchos los que cayeron heridos. 20 Antíoco se apoderó de las ciudades fuertes de Egipto y volvió cargado de despojos.
El año 172, el rey Tolomeo VI Fitometor cumplía catorce años de edad. Al morir su madre, Cleopatra, hermana de Seleuco IV y de Antíoco Epifanes, pasó el joven monarca a depender de dos tutores, que planearon la conquista de la Gelesiria, a saber, de los territorios de Fenicia y Palestina, que constituían el dote que Cleopatra debía aportar al casarse con Tolomeo V. Enterado Antíoco de los planes de los tutores del rey por confidencias del embajador enviado a las fiestas de la entronización, hizo un despliegue de fuerzas en Palestina con el fin de impresionarles. Más tarde, aprovechando la coyuntura de que los romanos estaban empeñados en la guerra contra Perseo, rey de Macedonia, repelió la agresión de Egipto contra Palestina, penetrando con un numeroso ejército en las riberas del Nilo. En esta campaña empleó Antíoco carros armados con hoces (2 Mac 13:2), que habían usado profusamente los aquemé-nides, por razón de su gran movilidad en las pistas de la costa mediterránea. El elefante era el animal preferido por los seléucidas, recibiendo Seleuco I el título de elefantarco. Puesto en fuga el ejército egipcio, Antíoco ocupó Pelusio, penetró hasta Menfis, hizo prisionero al joven monarca y se dirigió a Alejandría, cuyo sitio tuvo que abandonar. Con un inmenso botín regresó a Palestina (Dan 11:25-28), donde llegó el año 169, 143 de la era de los seléucidas.
Saqueo del templo (1:21-24)
21 El año 143, después de haber vencido a Egipto, Antíoco vino contra Israel, 22 y subió a Jerusalén con un poderoso ejército. 23 Entró altivo en el santuario, arrebató el altar de oro, el candelabro de las luces con todos sus utensilios, la mesa de la proposición, las tazas de las libaciones, las copas, los incensarios, la cortina, las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que cubría el templo. 24 Se apoderó asimismo de la plata, del oro y de los vasos preciosos, y se llevó los tesoros ocultos que pudo hallar, y con todo se volvió a su tierra.
Sus motivos tenía Antíoco para dirigirse a Jerusalén antes de entrar en Siria. En efecto, durante su permanencia en Egipto circuló el rumor de que había muerto, lo que aprovechó Jasón, animador del partido filoegipcio y ex sumo sacerdote depuesto por el rey, para adueñarse de Jerusalén. Menelao entregó a Antíoco una importante cantidad con el fin de que le nombrara sumo sacerdote. El rey, avaro y necesitado de dinero, satisfizo sus anhelos, lo que obligó a Jasón a huir de Jerusalén y refugiarse en la región de Ammán (2 Mac 4:23-26), en TransJordania. Dispuesto a quitar de en medio a todos sus rivales, aprovechó Menelao los servicios del regente Andrónico para asesinar a Onías III, el sumo sacerdote legítimo, hermano de Jasón. En el golpe de mano que dio este último contra Jerusalén logró apoderarse de la ciudad, pero no pudo expugnar la ciudadela, al norte del templo, en donde se refugió Menelao. Al enterarse Jasón de que Antíoco se acercaba a la ciudad con s α poderoso ejército, huyó de nuevo hacia su refugio de TransJordania, buscando asilo entre los nabateos, cuyo rey, Areta I, lo encarceló.
Antíoco entró triunfante en Jerusalén. Acompañado por Menelao, sumo sacerdote, penetró en el templo, señalando a su paso por el lugar sagrado los objetos preciosos que debían entrar en el bagaje real (2 Mac 5:11-18).
La idea de los derechos de la monarquía divina era tan arraigada, que el dios Epifanes se creía con el derecho de disponer de la riqueza de los templos de su imperio sin cometer un pecado de sacrilegio6. Antíoco proclamóse dios después de la victoria sobre Tolomeo VI, añadiendo al nombre el título de Theós Epiphanés, dios manifiesto, es decir, el dios solar Hor, título que lleva Tolomeo V en el decreto de Roseta. Con el tiempo, el simple apelativo de Epiphanés pudo designar más bien un título honorífico, correspondiente a ilustre. También se le conoció por el sobrenombre de epímane, maniático7.
Luto en Israel (1:25-29)
25 Hicieron gran matanza y profirieron palabras insolentes. 26 Un gran duelo se levantó en Israel y en todos sus lugares; 27 jefes y ancianos gimieron; las doncellas y los jóvenes languidecieron, la belleza de las jóvenes palideció. 28 El recién casado entonó una lamentación, y la que estaba sentada en la cama hizo duelo; 29 tembló la tierra a causa de los que la habitaban, y toda la casa de Jacob se cubrió de confusión.
El saqueo del templo exacerbó el ánimo de los fieles, que demostraron públicamente su disconformidad con el proceder de Antíoco y del sumo sacerdote Menelao. La guardia real debió castigar su valentía con la muerte de los manifestantes, derramando su sangre sobre el pavimento sagrado, ya contaminado por las plantas de un rey gentil (2 Mac 5:12-13). Tal parece ser el sentido de la frase epóiesen fonoktonían (Núm 35:33; Sal 106:38). Es una fantasía de Posidonio de Apamea la noticia de que Antíoco en su visita al templo vio a un hombre barbudo montado sobre un asno y con un libro en las manos. Este relato grotesco dio pie a que se propalara la fábula de que los judíos rendían culto a una cabeza de asno.
El pillaje del templo desencadenó un duelo general, que el autor describe empleando el estilo de la quinah, o lamentación.
Apolonio en Jerusalén (1:30-34)
30 Pasados dos años, envió el rey al jefe de los tributos a las ciudades de Judea y presentóse en Jerusalén con un ejército poderoso. 31 Hablóles con falsía palabras de paz, en las que ellos creyeron. 32 Pero de repente se arrojó sobre la ciudad, causando en ella gran estrago y haciendo perecer a muchos del pueblo de Israel. 33 Saqueó la ciudad y la incendió, y destruyó sus casas y los muros que la cercaban. 34 Llevaron cautivas a las mujeres y a los niños y se apoderaron de los ganados.
A los dos años del saqueo del templo, a saber, en el año 145 de la era seléucida y 167 antes de Cristo, otro infortunio debía probar al sufrido pueblo judío. Soñaba Antíoco con anexionar Egipto a su imperio. Pero "esta última vez no sucederán las cosas como en la primera" (Dan 11:29), porque una embajada capitaneada por Popilio Laenas entregó a Antíoco el ultimátum del senado romano por el que se le intimaba a que abandonara Egipto si no quería perder la amistad de Roma. Viendo la inutilidad de sus esfuerzos, respondió: "Haré lo que el senado disponga." La noticia de la humillación real llegó a Palestina, llenando de gozo al partido pro-egipcio, que se forjaba la ilusión de pasar pronto a depender de Tolomeo. Pero fue Jerusalén el blanco de las iras del rey (Dan 11:30). Un emisario real, llamado Apolonio (2 Mac 5:24), penetró en Judea el año 167 antes de Cristo al frente de veintidós mil soldados. D ícese que era el cobrador de tributos, o, según la interpretación de Abel, el misarca, por ser comandante de los misios. Fingió Apolonio que venía en calidad de amigo, sin abrigar aviesas intenciones contra el pueblo judío. Un sábado reunió sus tropas en los alrededores de la ciudad bajo la mirada curiosa de un público ocioso por la ley del descanso sabático, fiado en las palabras de paz del misarca. Cuando el público era más numeroso y ante el desconcierto general, se lanzaron los soldados contra la muchedumbre, que, presa de pánico, se atropellaba desordenadamente, buscando la manera de huir de la soldadesca, que blandía sus espadas desenvainadas contra los despavoridos judíos. Día de gran duelo para la ciudad mártir.
La fundación del Acra (1:35-37)
35 Edificaron la ciudad de David con un muro alto y fuerte, torres también fuertes, convirtiéndola en ciudadela. 36 Instalaron allí gente impía, hombres malvados, que en ella se hicieron fuertes. 37 La aprovisionaron de armas y vituallas, y, juntando los despojos de Jerusalén, los depositaron en ella, viniendo a ser para la ciudad un gran lazo.
Se cree que, en tiempos de los Macabeos, la expresión ciudad de David se empleaba para designar la población que se levantaba al este del templo (2:31; 7:32; 14:36; Ant. lud. 12:5:4)· Entre el Acra y el templo mediaba el valle de Tiropeón. Desde el lugar alto del Acra dominábase perfectamente la explanada del templo, de manera que los sirios podían hacer abortar o aplastar los intentos de rebelión de parte de los judíos. En esta fortaleza, rodeada de potentes muros, vivía una guarnición militar siria, sus familias y las de algunos judíos apóstatas. Para casos de emergencia, contenía depósitos de armas, víveres y objetos requisados a los particulares.
El santuario desolado (1:38-42)
38 Fue una asechanza para el santuario, una grave y continua amenaza para Israel. 39 Derramaron sangre inocente en torno al santuario y lo profanaron. 40 A causa de ello huían los moradores de Jerusalén, que vino a ser habitación de extraños. Se hizo extraña a su propia prole, y sus hijos la abandonaron. 41 Su santuario quedó desolado como el desierto; sus fiestas se convirtieron en duelo; sus sábados en oprobio, y en desprecio su honor. 42 A la medida de su gloria creció su deshonra, y su magnificencia se volvió en duelo.
Los ciudadanos del Acra eran dueños de vidas y haciendas. Desde su posición elevada dominaban el templo, ridiculizaban las ceremonias religiosas y hacían extorsión a los peregrinos que acudían al lugar sagrado. Los mismos habitantes de la ciudad, fieles a las tradiciones patrias, huyeron de la misma para no ser el escarnio de sus con-nacionales apóstatas. El lugar que dejaban era ocupado inmediatamente por algún advenedizo de la gentilidad, de tal manera que, poco a poco, la Ciudad Santa convirtióse en morada de extraños. La vida religiosa se extinguió.
Edicto de Antíoco (1:43-45)
43 El rey Antíoco publicó un decreto en todo su reino de que todos formaran un solo pueblo, dejando cada uno sus peculiares leyes. 44 Todas las naciones se avinieron a la disposición del rey. 45 Muchos de Israel se acomodaron a este culto, sacrificando a los ídolos y profanando el sábado.
Dos tesis se debatían entre los judíos: la de los conservadores, que trataban de aislar a Israel del mundo que los rodeaba con el fin de impedir que elementos paganos entraran en el judaísmo tradicional; la de los helenizantes, que achacaban al aislamiento el germen de los males que aquejaban a Israel. Abrir las fronteras y permitir que nuevos aires rejuvenecieran una religión y una cultura exótica y retrógrada era la máxima aspiración de los sincretistas judíos. Antíoco, según nuestro texto, quiso terminar con los particularismos dentro de su reino; de ahí el decreto de unificación nacional. Los pueblos paganos no opusieron a ello dificultad alguna; pero Israel sí. Los apóstatas aceptaron satisfechos la imposición real, sacrificando a los ídolos.
El edicto obliga a los judíos (1:46-52)
46 Por medio de mensajeros, el rey envió a Jerusalén y a las ciudades de Judá órdenes escritas de que siguieran todos aquellas leyes, aunque extrañas al país; 47 que se suprimiesen en el santuario los holocaustos, el sacrificio y la libación; 48 que se profanasen los sábados y las solemnidades; 49 que se contaminase El santuario y el pueblo santo; 50 que se edificasen altares y santuarios y templos idolátricos y se sacrificasen puercos y animales impuros; 51 que dejasen a los hijos incircuncisos; que manchasen sus almas con todo género de impureza y de abominación, de suerte que diesen al olvido la Ley y mudasen todas sus instituciones, 52 y que quien se negase a obrar conforme a este decreto del rey fuera condenado a muerte.
La ley general se aplicó inexorablemente a los judíos. Un enviado especial de Antíoco llegó a Jerusalén y a todas las ciudades de Judea para notificar a todos el contenido de la orden real. Más que por iniciativa propia, Antíoco decidióse a dar este paso instigado por los judíos apóstatas (Dan 11:30). Empezó Antíoco por abolir el decreto de su padre Antíoco III en favor de los judíos, por el cual, entre otros privilegios, se les concedía que "todos los que forman parte del pueblo tienen obligación de vivir conforme a las leyes de sus antepasados."8 El pretexto invocado por Epifanes era la reunificación del imperio, resquebrajado por gran variedad de costumbres y religiones. En vez del altar legítimo, mandó el rey que se levantaran altares a los falsos dioses (Os 10:8; Núm 23:1; Jer 7:31), templos (teméne), con terrenos propios alrededor, y que se multiplicaran por los pueblos, campos y montañas las hornacinas con el correspondiente icono del dios en cuyo honor se erigían. Era Antíoco ferviente devoto de Júpiter Olímpico. Pero acaso pretendió que debía ser él el dios que sustituyera a Yahvé. El año 166 acogía con satisfacción el grito enfervorizado de la muchedumbre que en Dafne le aclamaba como Theós Epiphánes Nikéforos. Es de suponer que el culto oficial del rey divinizado establecido por Antíoco III en cada satrapía fue reforzado por Epifanes. A los judíos estaba terminantemente prohibido comer y sacrificar animales impuros (Lev 11:7; Deut 14:8). Antíoco mandó que se sacrificaran cerdos y otros animales impuros, tales como perros, camellos, liebres, etc. Con su decreto había herido de muerte al judaísmo ortodoxo. No había lugar ni persona que gozara de pureza legal.
Medidas diabólicas (l:53-56)
53 Tal fue el decreto publicado en todo el reino. En todo Israel instituyó inspectores, 54 y a las ciudades de Judá les dio la orden de que sacrificasen cada una por sí, ciudad por ciudad. 55 Se les unieron muchos del pueblo, todos los que abandonaron la Ley. Fueron grandes los males que cometieron en la tierra, 56 obligando a los verdaderos israelitas a ocultarse en todo género de escondrijos.
Los inspectores (episkopoi) cuidaron del cumplimiento del decreto en Jerusalén y ciudades de Palestina. La Ley mosaica no autorizaba la celebración de sacrificios fuera de Jerusalén. Las medidas tomadas por Antíoco lograron la adhesión de muchos vacilantes en la fe. Su ejemplo fue causa de grandes males. Los verdaderos israelitas veíanse obligados a renunciar a la vida de sociedad y a esconderse en parajes solitarios y desérticos, esperando tiempos mejores.
Actos sacrilegos (1:57-60)
57 El día quince del mes de Casleu del año ciento cuarenta y cinco edificaron sobre el altar la abominación de la desolación, y en las ciudades de Judá de todo alrededor edificaron altares; 58 ofrecieron incienso en las puertas de las casas y en las calles, 59 y los libros de la Ley que hallaban los rasgaban y echaban al fuego. 60 A quien se le hallaba con un libro de la alianza en su poder y observaba la Ley, en virtud del decreto real se le condenaba a muerte.
Convertida Jerusalén en ciudad griega, su templo tenía que correr la misma suerte. Por su condición de Polis, el Acra debía incorporarse al santuario local, por ser el templo, a los ojos de los griegos, uno de los elementos principales de la nueva ciudad. De ahí que a principios de diciembre del año 167 empezó la transformación del templo, perdiendo su condición de santuario de Yahvé y convirtiéndose en templo idolátrico. Sobre el altar de los holocaustos fue levantada "la abominación de la desolación." Esta peregrina expresión procede de Daniel (9:27; 11:31; 12:11), discutiéndose sobre el significado que le quiso dar el profeta. Para Flavio Josefo 9, confirmado por el v.62 de nuestro texto y 4:43, la frase designa un altar profano de pequeñas dimensiones que se levantó sobre el grandioso altar judío. En 2 Mac 6:2 se alude acaso a una estatua en honor de Júpiter Olímpico. Sea cual fuese su naturaleza específica, se trata evidentemente de algo que desconcertaba a los judíos ortodoxos al ver convertido el templo de Yahvé en guarida de ídolos. Esto era una abominación horrible, idea que expresa el texto original con las palabras hebraicas siqqus mesommem. Dioses paganos habían arrebatado a Yahvé la propiedad del altar donde antes se le ofrecían sacrificios. Era la primera vez que se cometía tan horrendo crimen. Antes, durante los reinados de Ajab y Manases (2 Re 16, i o; 21:1; 23:11-12), Yahvé quedaba en su casa, dueño de la misma, lo que no sucedía ahora. El altar idolátrico empezó a construirse el 15 de Casleu, inaugurándose solemnemente el 25 del mismo mes, por coincidir con el natalicio del rey y las fiestas de Dionisios (2 Mac 6.7).
Toda Palestina se paganizó. Exponentes del nuevo cambio eran los altares que se levantaron en todas, las ciudades, las hornacinas en honor de Apolo, Mercurio, Diana, que en cantidad respetable invadieron los caminos, los campos, los manantiales, los bosques y montes. A las divinidades colocadas en los pórticos de las casas se les ofrecía incienso o se les demostraba devoción con otras manifestaciones externas. Con saña especial, los esbirros del rey Quemarón los ejemplares de la Torah que pudieron atrapar, por contenerse allí la regla de fe y costumbres por la que se regía el pueblo judío.
Firmes en la fe (1:61-66)
61 Por estar ellos en el poder, procedían de esta manera en las ciudades, un mes y otro mes, contra los israelitas que eran descubiertos. 62 El veinticinco del mes ofrecían sacrificios sobre el altar construido sobre el antiguo de los holocaustos. 63 Las mujeres que circuncidaban a sus hijos eran muertas, según el decreto, 64 con los hijos colgados a su cuello, ejecutándose al mismo tiempo a sus familiares y a los que habían practicado la circuncisión. 65 Muchos en Israel se mantuvieron fuertes en su resolución de no comer cosa impura, prefiriendo morir a contaminarse con los alimentos y profanar la santa alianza, y por ello murieron. 66 Muy grande fue la cólera que descargó sobre Israel.
Cada año, en el natalicio de Antíoco, se tenían grandes banquetes, en los que se servía la carne sacrificada a los ídolos. Los inspectores reales tenían la misión de recorrer las ciudades con el fin de arrestar a los que no asistían a los actos oficiales en honor del rey (2 Mac 6:7). Se perseguía la práctica de la circuncisión, matando a la madre que la autorizaba, a los familiares de la misma y al encargado de ejecutarla. Para que la muerte de las madres fuera más cruel, se les entregaban sus propios hijos, que morían conjuntamente, suspendidos del cuello de la que les había dado la vida 10.
El autor sagrado ha puesto de relieve la conducta de muchos judíos que se doblegaron a las órdenes del rey. Muchos otros huyeron al desierto para no contaminarse y poder observar la Ley, o lucharon valientemente con las armas al lado de los jefes asmoneos, y muchos prefirieron morir a quebrantar los preceptos graves que les imponía la ley mosaica. El autor sagrado reconoce que los males que afligieron a Israel fueron efecto de un castigo que infirió Dios a su pueblo por sus muchos pecados (2 Mac 6:17; 6:12; 7:8-33; 8:5).
1 Ant. lud. 11,8,4.
2 Radet, Alexandre le Grana 128; I. P. V. D. Balsdon, The "Divinity" of Alexander; "Historia," 1 (1950) 363-388.
3 arriano, Απα?'. 7123,3,
4 Flavio Josefo, Ant. Jud. 12,3,3.
5 Celso, De Medicina 7.25,1; S. epifanio, De Mensuris 16: PG 43,264.
6 Abel, Histoire I 120.
7 Polibio, 26,10.
8 E. Bickermann, Une proclamation seléucide reldtive au temple de Jeruzalem: "Syria," 25 (1946) 67-85; Abel, Histoire I 89-90,
9 Ant. lud. 12:5:4. La Biblia comentada 2
10 Flavio Josefo, Ant. lud. 12:5:4; 2 Mac 6:10.
1. Un Héroe Nacional: Matatías (2:1-69)
Familia de Matatías (2:1-5)
1 Se levantó por entonces Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote, de los hijos de Joarib, que abandonó Jeru-salén y se estableció en Modín. 2 Tenía cinco hijos: Juan, apellidado Caddis; 3 Simón, llamado Tasi; 4 Judas, apellidado Macabeo; 5 Eleazar, apellidado Abarán, y Jonatán, llamado Apfos.
La figura de Matatías entra en la historia en los días en que arreciaba la persecución de Antíoco, que llegó a su grado máximo al "edificar sobre el altar la abominación de la desolación" (1:57). Muchos oponían una resistencia pasiva (1:56), pero faltaba un jefe que aunara a los descontentos y formara una fuerza capaz de neutralizar las órdenes reales.
En la genealogía de Matatías se mencionan tres personajes: Juan, Simeón y Joarib. No se dice que Matatías fuera sacerdote. Al mencionar Flavio Josefo a Simeón i le da el apelativo de asmoneo. En otro lugar 2 afirma que el padre de Matatías se llamaba Asmoneo. ¿Trátase de un nombre propio o de un sobrenombre de Simeón? La segunda hipótesis es la más probable. Se ignora cuál sea la significación del término asmoneo. Acaso procede de hasmannim (Sal 68:32), o puede ser un apelativo geográfico de Hesmon, localidad de la tribu de Judá (Jos 15:27). La frase griega del texto apó Jerusalem, ¿indica lugar de origen de la familia o es un complemento de movimiento? En este segundo supuesto (Abel, Grand-Claudon, Penna) indicaría el texto que Matatías siguió el ejemplo de muchos israelitas, que, indignados por la situación religiosa de Jerusalén, huyeron a las ciudades de provincia menos influenciadas por el helenismo (1:40). Matatías se retiró a Modín, lugar que ocupa el pueblo actual de Medieh, o el Midya, a 12 kilómetros al este de Lidda y a 30 al noroeste de Jerusalén.
Lamentaciones de Matatías (2:6-14)
6 Viendo las abominaciones cometidas en Judá y en Jerusalén, dijo: 7 "¡Ay de mí! ¿Por qué nací yo, para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la Ciudad Santa, obligado a habitar aquí mientras es entregada a los enemigos la Ciudad Santa 8, y el santuario en manos de los extranjeros? Su templo ha llegado a ser como un hombre deshonrado; 9 los instrumentos de su gloria han sido llevados cautivos; sus niños, muertos en las plazas, y sus jóvenes, caídos bajo la espada del enemigo. 10 ¿Qué nación no la ha desheredado de sus derechos reales y no se ha apoderado de sus despojos? 11 Todo su ornato le fue arrebatado, y la que era libre fue hecha esclava. 12 He aquí que nuestro santuario, que era nuestro honor y nuestra gloria, está desolado, profanado por las gentes. 13 ¿Para qué vivir?" 14 Rasgaron Matatías y sus hijos sus vestiduras y se vistieron de saco e hicieron gran duelo.
A Matatías se le partía el corazón al contemplar el avance de la impiedad y la inacción de los que podían y debían atajarlo. La lamentación contenida en los v.8-13 está en forma rimada, imitando las lamentaciones de Jeremías y repitiendo frases y conceptos que suponen un conocimiento perfecto del texto bíblico. El autor pone la lamentación en boca de Matatías, tratando de interpretar los sentimientos que le embargaban ante el panorama religioso y político de la nación. Jerusalén ha perdido su encanto (Larn 2:1), como una flor ajada o una mujer libre que degenera en esclava. El templo ha sido vaciado, quedando los gentiles dueños del mismo. Si tal es la triste realidad, ¿vale la pena vivir? A estas palabras de dolor acompañó la acción de rasgar las vestiduras y vestirse de saco (Gen 37:34; Núm 14:6; Jos 7:6; Jer 6:26, etc.).
Invitación al sacrilegio (2:15-18)
15 En tanto, llegaron a la ciudad de Modín los delegados del rey, encargados de forzar a la apoetasía y organizar los sacrificios. 16 Muchos israelitas se unieron a ellos, mientras Matatías y sus hijos se mantenían apartados.17 Los enviados del rey dirigiéronse a Matatías y le dijeron: "Tú eres un jefe, un hombre ilustre y un magnate en esta ciudad, apoyado por hijos y hermanos; 18 acércate, pues, el primero, y haz conforme al decreto del rey, como hacen todas las naciones, los hombres de Judá y los que quedaron en Jerusalén. Y seréis tú y tus hijos los amigos del rey, y seréis enriquecidos, tú y tus hijos, de plata, oro y muchas mercedes."
El plan de Antíoco tendía a la helenización de todos los rincones de Palestina. En su jira a través de las ciudades y pueblos, los emisarios del rey llegaron a Modín, con el fin de cumplir con la misión que se les había confiado. Comprobaron que el pueblo se retraía. Con lenguaje adulador invitaron a Matatías a dar ejemplo de lealtad al monarca sirio, prometiéndole su amistad y mucho dinero. No le amenazan con la muerte en caso de negarse a sacrificar.
Negativa de Matatías (2:19-22)
19 A lo que contestó Matatías en alta voz: "Aunque todas las naciones que forman el imperio abandonen el culto de sus padres y se sometan a vuestros mandatos, 20 yo y mis hijos y mis hermanos viviremos en la alianza de nuestros padres. 21 Líbrenos Dios de abandonar la Ley y sus preceptos. 22 No escucharemos las órdenes del rey para salimos de nuestro culto, ni a la derecha ni a la izquierda."
Cualquier vacilación por parte de Matatías podía arrastrar a todo un pueblo a la idolatría. Por lo mismo, con voz potente rechazó las lisonjeras palabras de los enviados reales.
Degüello de un judío (2:23-26)
23 Apenas había terminado de hablar, cuando en presencia de todos se acercó un judío para quemar incienso en el altar que había en Modín, según el decreto del rey. 24 Al verlo Matatías, se indignó hasta estremecerse, y, llevado de justa ira, fue corriendo y le degolló sobre el altar. 25 Al mismo tiempo mató al enviado del rey, que obligaba a sacrificar, y destruyó el altar. 26 Así mostró su celo por la Ley, como había hecho Finés con Zambri, hijo de Salom.
Uno de los presentes, halagado acaso por las promesas que los enviados del rey hacían a Matatías, se adelantó en presencia de todos y se disponía a quemar incienso en el altar. Una oleada de indignación se apoderó de la persona de Matatías. Dice el texto que se le estremecieron los ríñones (kai etrómesan oi nefro1). Según la mentalidad semítica antigua, eran los ríñones la sede de las pasiones (Sal 73:21; Nah 2:10; Ez 29:7). El texto original añade que "dejó subir una justa cólera" (Proν 15:1), expresión semítica que se basa en la experiencia de sentir subir como una ola hasta manifestarse por la nariz con el soplo o resoplido. La cólera de Matatías está conforme al derecho, por cuanto el Deuteronomio (13:7-12; 17:2-7) prescribía que se matara a los idólatras y a los que inducían a otros a cometer tan horrendo crimen. Junto con el judío cayó muerto el enviado del rey (ton andra tou basiléos). Según Flavio Josefo 3, este último se llamaba Apelles, nombre que algunos autores creen que ha entrado en el texto por una confusión con Apolonio (1:29; 3:10). El autor sagrado aprueba explícitamente el gesto de Matatías, comparándolo con el de Finés (Núm 25:7-8).
Sangre en el desierto (2:27-38)
27 Alzó luego Matatías el grito en la ciudad, y dijo: "¡Todo el que sienta celo por la Ley y sostenga la alianza, sígame!" 28 Y huyeron él y sus hijos a los montes, abandonando cuanto tenían en la ciudad. 29 Entonces muchos que suspiraban por la justicia y la equidad bajaron al desierto 30 para habitar allí, así ellos como sus hijos y sus mujeres y sus ganados, pues los males pesaban sobre ellos. 31 y así que llegó a noticia de los enviados del rey y de las fuerzas que había en Jerusalén, en la ciudad de David, que aquellos hombres, desobedeciendo el decreto del rey, habían bajado para esconderse en el desierto, y que muchos los habían seguido, 32 los sorprendieron; y acampando enfrente de ellos, se dispusieron a atacarles en día de sábado. 33 Y les decían: "Basta con lo hecho hasta aquí. Salid y cumplid el decreto del rey, y viviréis." 34 Ellos contestaron: "No saldremos ni haremos lo mandado por el rey, profanando el sábado." 35 En seguida los acometieron, 36 y ellos no les respondieron, ni les lanzaron una piedra, ni taparon sus escondrijos, 37 diciendo: "Muramos todos en nuestra inocencia, y el cielo y la tierra serán testigos de que injustamente nos hacéis morir." 38 Y, acometidos en día de sábado, murieron ellos, sus mujeres, sus hijos y sus ganados, hasta mil hombres.
La actitud del pueblo ante la invitación de los enviados reales confirmó a Matatías en la impresión de que el pueblo judío se mantenía fiel a la religión de sus padres. Los que obedecían al rey eran llevados por el interés o por el miedo. Calculó él que al enarbolar la bandera de la rebelión serían muchos los que se aprestarían a defenderla. De ahí su proclama y su llamamiento a los que se sentían todavía solidarios con la supervivencia de su pueblo. Anticipándose al maquis de hoy día, abandonaron Modín, situada al borde de la Sefela, y huyeron a las montañas centrales del país (hahar, Jos 10:40; 11:16; Lc 1:39), donde encontrarían grutas naturales para guarecerse, piedras para defenderse de sus perseguidores y acantilados para tener en jaque a las tropas enemigas en caso de que Antíoco mandara contra ellos su ejército.
Al lado de este puñado de valientes de Modín hubo otros que, animados por los mismos ideales, imitaron su ejemplo. Pero les faltó arranque para desprenderse "de cuanto tenían en la ciudad," huyendo al desierto para habitar allí con sus hijos, sus mujeres y sus ganados. Con el término genérico de midbar, eremos, se designaba el terreno comprendido entre el-Asm hasta el sur del mar Muerto, o, más concretamente, el llamado desierto de Tecua. La guarnición Siria de Jerusalén y provincias tuvo noticia del éxodo de judíos ortodoxos hacia el desierto, enviando contra ellos un destacamento de soldados. El encuentro con los fugitivos tuvo lugar en día de sábado. Las tropas de Antíoco escogieron adrede el sábado para presentar batalla, convencidos de que en dicho día no ofrecerían resistencia. El año 320 antes de Cristo, Tolomeo había conquistado la ciudad de Jerusalén sin lucha en día de sábado. Los hasidim, dada su mentalidad rigorista, comprenden que no les es posible salir de su escondite sin profanar el descanso sabático, conforme al texto de Ex 16:29. En el peser de Habacuc, hallado en Qumrán, se habla de que el sacerdote impío persiguió al maestro de justicia. "Durante la fiesta del descanso del día Hakkipurim se presentó a ellos para que tropezaran en el día del ayuno, que es para ellos un sábado de reposo." 4 Mueren ellos mártires de sus peculiares concepciones acerca del sábado. No especifica el texto qué género de muerte les alcanzó. Flavio Josefo 5 dice que perecieron asfixiados por el humo en el interior de sus antros, noticia esta respaldada por 2 Mac 6:11.
Duelo de Matatías (2:39-41)
39 Guando Matatías y sus amigos lo supieron, se dolieron grandemente, 40 pero dijeron: "Si todos hacemos como nuestros hermanos han hecho, no combatiendo contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras leyes, pronto nos exterminarán de la tierra." 41 Y tomaron aquel día esta resolución: Todo hombre, quienquiera que sea, que en día de sábado viniese a pelear contra nosotros, será de nosotros combatido, y no nos dejaremos matar todos, como nuestros hermanos, en sus escondrijos."
Según Flavio Josefo 6, fueron algunos de los supervivientes los que contaron a Matatías lo sucedido. Acaso discrepaban ellos de la manera de pensar de sus compañeros, salvándose gracias a su interpretación recta de la ley del descanso sabático. Matatías, en vista de lo sucedido, decretó que en adelante no será lícito tomar la ofensiva en día de sábado o de fiesta, pero todos estarán obligados a defenderse en caso de ser atacados.
Los asideos (2:42-44)
42 Entonces se unió a ellos un grupo de asideos, israelitas, valientes, todos adictos a la Ley. 43 Cuantos buscaban escapar a la persecución se unían a ellos, acrecentándose así sus fuerzas. 44 Formaron un ejército, hirieron a los pecadores en su ira y a los impíos en su furor. Los restantes buscaban su salvación entre los gentiles.
La chispa revolucionaria había prendido en todo Israel. Al grupo insignificante de Matatías, de sus hijos y familiares, se unieron los que huyeron al desierto y, últimamente, los asideos. ¿Quiénes eran éstos? El texto revela dos de sus características peculiares: adictos a la Ley y valientes guerreros. Los asideos (griego asidaioi; hebreo hasidim), que existían antes de los Macabeos, aparecen en nuestro libro formando un grupo aparte, distinto del que inició la resistencia contra el helenismo, con Matatías por jefe, y más aún de aquellos que en un tiempo jugaron con los gentiles. No eran ni monjes ni guerreros en el sentido pleno de la palabra, pero tenían un poco de ambas cualidades. Los asideos, no obstante su adhesión a los Macabeos, formaron un grupo distinto, hasta el punto de llamarse fariseos o separados por haberse opuesto a los asmoneos. No siempre compartían ellos el pensamiento de éstos, y en algunas ocasiones manifestaron puntos de enfoque opuestos (7:13). Existe hoy día una tendencia a considerar a los asideos como el tronco de donde surgió la comunidad de los sectarios del mar Muerto. Tres veces aparece su nombre en el libro de los Macabeos (2:42; 7:13; 2 Mac 14:6). Sin embargo, se cree que en la lucha contra el helenismo tuvieron ellos gran influencia 7.
Campañas de Matatías (2:45-48)
45 Recorrieron Matatías y sus amigos las ciudades, destruyendo altares 46 y obligando a circuncidar a cuantos niños encontraban incircuncisos en los confines de Israel. 47 Dieron caza a los insolentes, y sus operaciones tuvieron pleno éxito. 48 Arrancaron la Ley de manos de los gentiles y de los reyes y no dejaron prosperar al pecador.
El temor a las represalias había inducido a muchas familias al abandono de la práctica de la circuncisión. Por haber huido los helenizantes, buscando refugio entre los gentiles, las gentes de los pueblos que se mantenían fieles a su fe ayudaron a Matatías en la labor del saneamiento religioso de Israel. Con particular ahinco perseguían a los hijos de la arrogancia, o sea, a los emisarios reales que se vanagloriaban de haber acabado con el judaismo. Matatías y los suyos arrancaron la Ley de manos de los' gentiles y de los reyes, quebrantando el cuerno del impío (Sal 75:5-6; 89:18-25; 92:11). Pero no pudo Matatías ver convertido en realidad el ideal de la independencia de Israel de la legislación que les imponían los pueblos paganos.
Testamento de Matatías (2:49-68)
49 Acercándose el fin de los días de Matatías, dijo éste a sus hijos: "Al presente triunfa la soberbia y el castigo, es tiempo de ruina y de furiosa cólera. 50 Hijos míos, mostraos celadores de la Ley y dad la vida por la alianza de nuestros mayores. 51 Acordaos de las hazañas de vuestros padres en sus días y alcanzaréis gran gloria y nombre eterno. 52 ¿No fue Abraham hallado fiel y le fue imputado a justicia? 53 En el tiempo de la tribulación, José guardó la Ley, y vino a ser señor de Egipto. 54 Finés, nuestro padre, por su gran celo recibió la promesa del sacerdocio eterno. 55 Josué, por la observancia de la Ley, llegó a ser juez de Israel. 56 Caleb, por su testimonio ante el pueblo, recibió la heredad de la tierra. 57 David, por su misericordia, heredó el trono real por los siglos de los siglos. 58 Elías, por su gran celo de la Ley, fue arrebatado al cielo. 59 Ananías, Azarías y Misael, por su fe, fueron librados del fuego. 60 Daniel, por su inocencia, fue libertado de la boca de los leones. 61 Recorred de este modo todas las generaciones, y veréis cómo ninguno que confía en Dios es confundido. 62 No temáis las amenazas de este malvado, porque su gloria se volverá en estiércol y en gusanos. 63 Hoy se engríe, pero mañana no será hallado, porque se habrá vuelto al polvo y se habrán disipado sus planes. 64 Vosotros, hijos míos, cobrad ánimo, combatid varonilmente por la Ley, que con esto vendréis a ser gloriosos. 65 Yo sé que Simón, vuestro hermano, es hombre de consejo; oídle siempre, y sea él vuestro padre. 66 Judas el Macabeo es fuerte y vigoroso desde su mocedad; que sea el capitán del ejército y quien dirija la guerra contra las naciones. 67 Atraed a vosotros a todos los cumplidores de la Ley y tomad severa venganza de los ultrajes a vuestro pueblo. 68 Dad a los gentiles su merecido y atended a la observancia de los preceptos de la Ley."
Como otro Jacob, Matatías, ya viejo y agotado por sus campañas, reunió en torno a su lecho a sus hijos para dictarles su testamento. Empieza por recordarles la gravedad de los tiempos que corren. Estas circunstancias adversas no deben descorazonarles, antes bien deben servir de acicate para estimularles a la lucha hasta conseguir el triunfo definitivo, dando por ello la vida si fuere necesario. La historia demuestra que Dios no desampara nunca a los que le permanecen fieles. Ningún temor deben inspirarles las amenazas de Antíoco, que, al igual que los otros hombres, acabará por reducirse a polvo, estiércol y gusanos. Dios, en cambio, permanece eternamente y maneja en sus dedos los hilos de la historia. La lucha contra el hombre de pecado (andros amartolou, v.62) puede prolongarse más o menos, pero acabará con la victoria de los que combaten con fe las batallas del Señor. El testamento de Matatías aparece en algunos puntos en forma estandardizada. El texto supone un conocimiento, al menos vago, de sucesos que se narran en el curso del libro, posteriores a la muerte de Matatías. En el v.62 se halla una alusión bastante clara a la enfermedad que acabó con Antíoco. De los hijos de Matatías sólo se mencionan el primero y el último. Puede admitirse que el autor sagrado ha vaciado en su texto algunas de las ideas y conceptos que le embargaban en el momento de escribirlo.
Muerte de Matatías (2:69-70)
69 Y, bendiciéndoles, fue a reunirse con sus padres. 70 Murió el año 146, y los hijos le sepultaron en el sepulcro de sus padres, en Modín, y todo Israel hizo por él gran llanto.
La muerte significa reunirse con los padres (Gen 25:8; 35:29; 49:33)· El año seléucida 146 corresponde al 166 antes de Cristo. Fue sepultado en Modín (cf. 13:27-30). Todo el pueblo fiel lamentó su pérdida, acaecida en el preciso momento en que Israel despertaba de su sueño y necesitaba de hombres de fe como Matatías. Afirma Flayio Josefo que Matatías estuvo un año al frente de los insurrectos. El impulso estaba dado; faltaba continuar la tarea, que sus hijos llevarían a cabo brillantemente.
1 Ant. lúa. 12:6:1.
2 Bell. lud. 1:36.
3 Ant. lud. 12:6.2.
4 L. Arnaldich, El Cristo del Evangelio y el supuesto Cristo del mar Muerto: "Verdad y Vida," 11 (1953) 57-71.
5 Ant. lud. l.c.
6 Ant. lud. 12:6:2.
7 Véase Penna, Gli Asidei l.c., 61-63, con abundante bibliografía.
2. La Guerra de la Independencia Bajo Judas Macabeo (3:1-9:22)
Elogio del nuevo jefe (3:1-9)
1 Le sucedió Judas, apellidado Macabeo, 2 a quien apoyaron sus hermanos y cuantos habían seguido a su padre, y combatían alegremente los combates de Israel. 3 Y dilató la gloria de su pueblo y, como héroe, se vistió la coraza, y se ciñó sus armas para guerrear, y trabó batallas, protegiendo con su espada el campamento. 4 Por sus hazañas se pareció al león y al cachorro que ruge en busca de la presa. 5 Persiguió a los impíos, despintándoles, y entregó a las llamas a los perturbadores de su pueblo. 6 Los impíos se sobrecogieron de miedo ante él; los obradores de la iniquidad se turbaron. En sus manos llegó a buen término la salvación. 7 Dio en qué entender a muchos reyes y fue el regocijo de Jacob con sus hazañas. Por los siglos perdurará su memoria en bendición. 8 Recorrió las ciudades de Judá, exterminó a los impíos de ellas y alejó de Israel la ira. 9 Llegó su nombre hasta los confines de la tierra y reunió a los dispersos.
Judas Macabeo sucede a su padre. Los guerreros que antes se habían puesto incondicionalmente a las órdenes de Matatías (2:28-45) apoyaron con alegría las empresas del nuevo jefe. El chispazo producido en Modín llevaba trazas de convertirse en una hoguera de entusiasmo que debía tener en jaque a los jefes del helenismo.
El autor sagrado teje un elogio del nuevo héroe del yahvismo. Por él la fama de Israel traspasó las fronteras, que su hermano Simón ensanchará (14:6). Su figura es como la de un gigante. Marcha a la cabeza de sus tropas. Es intrépido y arrojado como un león (Gen 49:9; Núm 23:24; 24:9; 2 Mac 11:11), como un cachorro de león ruge por la presa, pidiendo así a Dios su alimento (Sal 104:21). Como el león (Gen 49:9), Judas y sus hombres habitan en las montañas, se guarecen en los antros de las peñas, acechan desde allí al enemigo y se lanzan de improviso sobre su víctima. Sus connacionales afiliados al helenismo eran la mira de sus pesquisas, entregando a la hoguera los culpables (5:5; 5:44; 2 Mac 8:33). Los enemigos asombrábanse de la valentía del nuevo jefe y temblaban en su presencia. Combatió victoriosamente contra Antíoco Epifanes, Antíoco Eupator y Demetrio I. Sus victorias elevaron la moral del pueblo y eran celebradas con cánticos y odas en toda la nación.
Derrota de Apolonio (3:10-12)
10 Apolonio movilizó a los gentiles y a un fuerte ejército de Samaría para hacer la guerra contra Israel. 11 Así que lo supo Judas, le salió al encuentro, derrotóle y le dio muerte. Muchos cayeron gravemente heridos y huyeron los demás. 12 Se apoderó de sus despojos y de la espada de Apolonio, de la cual se sirvió en la guerra todos los días de su vida.
Las gentes que se apiñaron en torno a Judas Macabeo crecían en número de día en día. Las autoridades de Jerusalén calcularon que para infligirles una derrota definitiva necesitaban refuerzos de fuera, buscándolos en Samaría. Apolonio (tes samar eías strategós) estaba al frente de las tropas apostadas en Samaría, distrito de la Celesiria. Apolonio vio en ello una ocasión propicia para descargar su saña contra los odiados judíos. Pero el Macabeo no estaba desprevenido; le atacó de improviso, dejando muchos muertos sobre el campo, entre los cuales figuraba el mismo Apolonio 1. ¿Dónde se produjo este encuentro? No lo declara el texto. Cabe suponer que el teatro de la lucha fue en un lugar entre Jerusalén y Samaría, al descamoado.
Ilusiones de Serón (3:3-17)
13 Cuando llegó a oídos de Serón, jefe del ejército de Siria, que Judas había juntado gente y que una muchedumbre de fieles a la Ley combatía a su lado, 14 se dijo: "Me haré famoso y ganaré gloria en el reino combatiendo a Judas y a los suyos, que desprecian los decretos del rey." 15 Y, preparada la segunda expedición, salió y subió con poderoso ejército, al cual se unieron los impíos para apoyarle y tomar venganza de los hijos de Israel. 16 Cuando llegaban a la subida de Betorón, les salió al paso Judas con un puñado de hombres. 17 Estos, viendo el ejército que venía contra ellos, dijeron a Judas: "¿Cómo podremos nosotros, tan pocos, luchar contra tan poderosa muchedumbre, y menos estando, como estamos hoy, extenuados por el ayuno?"
La derrota de Apolonio tuvo repercusiones en el reino seléucida. Un general del cuerpo de ejército regular de Celesiria quiso borrar la ignominia del ejército sirio con una expedición de castigo y aprovechar la acción para cubrirse de gloria ante el soberano. A los soldados que reclutó en Siria se les juntaron algunos judíos apóstatas (2:44). Los impíos, como los llama el texto, más que en cubrirse de gloria, soñaban en la posibilidad de regresar a sus hogares, recobrar sus posesiones y vengarse de aquellos que les constreñían a expatriarse.
El camino que siguió el ejército de Serón fue probablemente el de la costa. Al llegar a la altura de Modín no vislumbró Serón trazas del enemigo. Con precaución internóse hasta Betorón Bajo, donde acampó con su ejército 2. Más tarde continuó su avance hacia la subida de Betorón, con ánimo de proseguir su camino hacia el este. Pero Judas, apostado en la cima de la subida empinada y rocosa, le cortó el paso. Según los cálculos humanos, era tanta la desproporción numérica, que la derrota se mascaba. A ello se agregaba la circunstancia de estar extenuados por el hambre, provocada, o bien por un ayuno legal, o por la misma condición de guerreros errantes Que 8:15; 2 Sam 16:2-14). La única ventaja del ejército de Judas, aparte de la invisible ayuda del cielo, era la situación estratégica.
Judas arenga a sus tropas (3:18-22)
18 Pero Judas les contestó: "Fácil cosa es entregar una muchedumbre en manos de pocos, que para el Dios del cielo no hay diferencia entre salvar con muchos o con pocos; 19 y no está en la muchedumbre la victoria en la guerra: del cielo viene la fuerza. 20 Estos llegan a nosotros llenos de orgullo e impiedad, para apoderarse de nosotros, de nuestras mujeres e hijos, y saquearnos, 21 mientras que nosotros luchamos por nuestras vidas y por nuestras leyes. 22 El los aplastará a nuestros ojos; no tengáis miedo de ellos."
La idea que desarrolló Jonatás para infundir ánimo a su escudero (1 Sam 14:6) sirve ahora a Judas para levantar la moral de los suyos. Dios luchará con Judas y su ejército. Tener miedo significa no tener fe.
Derrota de Serón (3:23-26)
23 Así que acabó de hablar, los acometió con decisión, derrotando a Serón y a su ejército. 24 Los persiguió Judas por la bajada de Betorón hasta el llano, quedando en el campo unos ochocientos hombres y huyendo los demás a tierra de los filisteos. 25 Con esto, el espanto y el miedo a Judas y a sus hermanos se apoderó de las naciones vecinas. 26 La fama de su nombre llegó hasta el rey, y en todas las naciones se contaban sus batallas.
Es célebre en la historia de Israel la subida de Betorón. Allí derrotó Josué a los amorreos (Jos 10:10); por la misma escaparon los filisteos expulsados de Micmas (1 Sam 14:39). Una vez enardecidos los ánimos con las palabras de Judas, el diminuto ejército se lanzó contra el enemigo, que, imposibilitado de maniobrar por la estrechez del terreno, se replegó hacia la llanura, perseguido por Judas. Después de esta batalla comenzó a tomarse en serio la existencia de Judas y de su ejército. No se trataba de vulgares bandas de rebeldes y de descontentos, sino de un ejército bien disciplinado. Sin embargo, es prematuro decir que la fama de Judas corría por las naciones. Estas escaramuzas y victorias sobre el ejército sirio levantaron la moral de los judíos ortodoxos; los débiles en la fe se reafirmaban en sus creencias; los apóstatas temían por su porvenir; las autoridades civiles y el ejército sirio perdían prestigio a los ojos de sus simpatizantes. El mismo rey se enteró de la hombrada de Serón, que terminó con un resonante descalabro militar.
Movilización general (3:27-31)
27 El rey Antíoeo, en teniendo noticia de estos sucesos, se encendió en ira, y dio orden de juntar todas las fuerzas del reino, un ejército poderosísimo. 28 Abrió sus tesoros y pagó la soldada a su ejército por un año, ordenando que estuviesen preparados para todo evento. 29 Viendo el rey que sus tesoros habían quedado exhaustos y que los tributos eran escasos por las disensiones y calamidades que él había traído sobre la tierra, en su empeño de suprimir las leyes que habían estado en uso desde los días antiguos, 30 temió no tener, como otras veces le había sucedido, para los gastos y los donativos, que solía repartir con más larga mano y mayor prodigalidad que sus antecesores. 31 En este grave aprieto, resolvió ir a Persia a cobrar los tributos de las provincias y reunir mucho dinero.
A un jefe de distrito, Apolonio, siguió un general de provincia, Serón, y, finalmente, el mismo rey. En los días en que el monarca se enteró de que las cosas de Palestina marchaban mal, estaba planeando una expedición a Oriente con el fin de castigar al rey de los partos. No le era posible de momento dirigir la campaña de Palestina. Pero pensaba que la victoria sobre el rey Arsaces VI aseguraría la paz en Oriente y llenaría las arcas reales para hacer frente a los gastos militares. De momento, y para asegurarse la fidelidad de las tropas, les pagó el sueldo de un año, prometiendo ser más generoso de regreso de Persia. Tácito afirma que el motivo que impidió a Antíoeo helenizar todo el imperio fue la guerra contra los partos 3. Nada Tácito dice sobre el proyecto del rey de ir en busca de dinero, pero no lo excluye. Sabido es que los seléucidas andaban siempre escasos de él después de la derrota sufrida en Magnesia (190 a.C.). No cabe duda que el autor sagrado contempla el curso de la historia desde el punto de vista judío y centra los acontecimientos en el diminuto territorio de Palestina, hacia donde, según él, convergen las miradas de todo el mundo.
Antíoeo delega a Lisias (3:32-37)
32 Dejó a Lisias, hombre ilustre y de linaje real, al frente de los negocios del reino desde el Eufrates hasta los confines de Egipto 33 y con el cargo de velar por su hijo Antíoeo hasta su vuelta. 34 Puso a su disposición la mitad de su ejército y los elefantes, encomendándole la ejecución de sus planes, y sobre todo lo de Judea y Jerusalén. 35 Debía enviar contra ellos el ejército, aplastar y destruir la fuerza de Israel y las reliquias de Jerusalén, hasta borrar de la tierra su memoria, 36 e instalar extranjeros en sus confines, distribuyéndoles la tierra por suerte. 37 La otra mitad del ejército la llevó consigo el rey, que partió de Antio-quía, la capital de su reino, el año 147, y, atravesando el Eufrates, se dirigió hacia las regiones altas.
Era Lisias hombre ilustre (éndoxos) y pariente del rey (2 Mac 11:1; Jer 41:1), sin que podamos precisar el grado de este parentesco. Acaso se trata más bien de un título honorífico que se concedía para premiar los méritos de algún personaje. A Lisias dejó Antíoeo el cuidado de la parte occidental del reino, a saber, todo el territorio comprendido entre el Eufrates y Egipto, excepto Chipre" Nombróle además tutor de su hijo Antíoco Eupator, que contaba entonces nueve años de edad. Una parte del ejército fue puesta a disposición de Lisias, así como los elefantes, que de nada servirían al rey en su campaña por regiones montañosas. Las órdenes reales eran severí simas: liquidación total del judaismo. Dadas las órdenes pertinentes al regente Lisias, el rey se marchó hacia las regiones altas, esto es, tomó la dirección nordeste. La fecha de partida fue el año 147 de la era seléucida, que corresponde al año 165 antes de Jesucristo. De esta expedición real se ocupará más tarde nuestro libro (6:1-16)
Soldados sirios en Emaús (3:38-41)
38 Escogió Lisias a Tolomeo, hijo de Dorimeno; a Nicanor y a Gorgias, varones valerosos de entre los amigos del rey; 39 y envió con ellos cuarenta mil hombres y siete mil caballos para invadir la Judea y arrasarla, según el mandato del rey. 40 Partieron con todo su ejército y vinieron a acampar cerca de Emaús, en la llanura. 41 Cuando los mercaderes de la región tuvieron noticia de su llegada, tomaron muchísima plata, oro y cadenas para comprar los hijos de Israel como esclavos. A ellos se agregaron fuerzas de Idumea y del país de los filisteos.
No podía Lisias abandonar la capital del imperio, por lo que encargó a Tolomeo, hijo de Dorimeno, organizara y dirigiera la campaña contra Palestina. Tolomeo, que en otro tiempo favoreció la causa de Menelao (2 Mac 4:45), era gobernador de Celesiria y Fenicia. De momento envió un ejército de cuarenta mil hombres y siete mil caballos a las órdenes de Nicanor, hijo de Patroclo (2 Mac 8:9), y de Gorgias, todos ellos amigos del rey. Entre estos personajes existía una graduación. Unos eran simples amigos del rey; otros, amigos predilectos y primeros amigos (10:16-20-60-65;11:27)4.
Sólo Nicanor y Gorgias siguieron de cerca a las tropas. Los mercaderes acompañaron al ejército basados en las promesas hechas por Nicanor de cederles noventa esclavos judíos por un talento, es decir, a setenta francos oro cada uno. El tráfico de esclavos era corriente en el Próximo Oriente. En Am 1:6-9 se acusa a Gaza y a Tiro de haber entregado muchedumbres enteras de esclavos a Edom. El ejército expedicionario siguió en su avance la ruta de la costa mediterránea hasta llegar a la altura de Amuás (Emaús), a treinta kilómetros al este de Jerusalén, punto estratégico situado en la Sefela, desde donde podíanse dominar los accesos de Betorón y de Ayalón, el camino de Jerusalén y los territorios del sudeste.
Consejo de los Macabeos (3:42-45)
42 Viendo Judas y sus hermanos que las cosas iban de mal en peor y que los ejércitos acampaban en sus confines, y conocedores de las órdenes dadas por el rey de destruir y exterminar al pueblo, 43 se dijeron unos a otros: "Salvemos a nuestra nación de su ruina y combatamos por nuestro pueblo y por el santuario." 44 Y convocaron la asamblea para disponerse a la guerra, orando e implorando clemencia y misericordia. 45 Jerusalén estaba despoblada como un desierto; no había quien de sus hijos entrase o saliese. Su santuario estaba conculcado, y los hijos de los extranjeros moraban en la ciudadela. Era ésta albergue de los gentiles; el gozo de Jacob había desaparecido, y habían enmudecido la flauta y la cítara.
Los Macabeos se percataron de la gravedad de la situación. Pero la suerte estaba echada; volver atrás era tanto como cavar la propia sepultura. Donde no llegaban sus fuerzas supliría Dios, apiadándose de los que luchaban por su pueblo escogido y por su casa, el templo.
Reunión en Masía (3:46-54)
46 Se reunieron y vinieron a Masfa, frente a Jerusalén, pues en otro tiempo había sido Masfa un lugar de oración para Israel. 47 Ayunaron aquel día, se vistieron de saco, pusieron ceniza sobre sus cabezas, rasgaron sus vestiduras 48 y extendieron el libro de la Ley, buscando en él lo que los gentiles preguntan a las imágenes de sus ídolos. 49 Trajeron los vestidos sacerdotales, las primicias y los diezmos, e hicieron venir a nazarees que habían cumplido los días de su consagración; 50 y a voces clamaron al cielo, diciendo: "¿Qué vamos a hacer con éstos y adonde vamos a llevarlos? 51 Porque tu santuario está hollado y profanado; tus sacerdotes, en luto y humillación, 52 y ahora los gentiles se han reunido contra nosotros para destruirnos. Tú sabes las cuentas que echan sobre nosotros. 53 ¿Cómo podremos hacerles frente si tú no nos ayudas?" 54 Y tocaron las trompetas y clamaron a grandes voces.
No era posible acudir al templo, conculcado y desierto (v.45), por lo que se reunieron en Masfa, en el actual Tell en Nasbet, a trece kilómetros al norte de Jerusalén Que 20:1; 1 Sam 7:5; 10:17; Os 5:1). Durante un día entero se entregaron a la oración y a la penitencia. El v.48 es interpretado diversamente (Abel, Knabenbauer). Su sentido parece ser el siguiente: Tienen el libro abierto para leer en él. Dada la incertidumbre del momento, se necesitan las luces de lo alto para conocer lo que debe hacerse. A falta de profeta o de sacerdote que consulte al Señor por los urim y tummim, emplean el texto de la Escritura. Al abrir el libro les salió un pasaje en el que se hablaba de la ayuda divina. Por lo mismo, su contraseña será: "De Dios la ayuda" (2 Mac 8:23). Los campeones de la fe han buscado en el libro de la Ley lo que los gentiles interrogaban a sus dioses. San Agustín 5 conocía esta práctica de inquirir la voluntad de Dios mediante la apertura al azar de las Sagradas Escrituras. San Francisco buscó en el Evangelio el género de vida que tenían que seguir él y sus frailes.
Masfa era la prolongación del templo de Jerusalén. Allí se montó una exposición de vestidos sacerdotales (Ex 28:4-42) que sólo se llevaban en el templo; se trajeron primicias (Ex 23:19) y los diezmos con el fin de mover a Dios a velar por su honor. Los nazarenos, que se obligaban a no beber bebidas alcohólicas y a dejar su cabellera intacta hasta haber cumplido su voto, fueron llamados para someterse a los ritos y ceremonias que señalaban el fin del mismo (Núm 6:13-19). Todo ello era una muestra de la fidelidad a la Ley. Dios se apiadará de su pueblo y hará de manera que en un tiempo no lejano se realice en el templo de Jerusalén lo que ahora se hace en Masfa. Los que están presentes no dudan de que será así. Por lo mismo tocan las trompetas, conforme a Núm 10:9. Estos gritos y toques de trompeta eran a la vez grito de guerra e invocación a Yahvé antes del combate (Jos 6:33; 7:45; 9:12; 16:8).
Medidas militares (3:55-60)
55 Después de esto instituyó Judas jefes del pueblo, de millares, centenas, cincuentenas y decenas, 56 y dijeron a los que edificaban casas, a los que habían tomado mujer, a los que habían plantado una viña y a los tímidos, que se volvieran cada uno a su casa, conforme a la prescripción de la Ley, 57 y, levantando el campo, vinieron a ponerse al sur de Emaús. 58 Dijo Judas a los suyos: "Preparaos y portaos como valientes, prontos a luchar mañana temprano contra estas gentes que se han reunido contra nosotros para destruirnos y destruir nuestro santuario. 59 Mejor es morir combatiendo que contemplar las calamidades de nuestro pueblo y del santuario. 60 En todo caso, hágase la voluntad del cielo."
Judas se apresta a la lucha, imponiendo una sólida organización a sus tropas. Los hermanos de Judas estaban al frente de los principales destacamentos (2 Mac 8:22). Conforme a la Ley (Deut 20:5-8), mandó a sus casas a los que podían entorpecer el entusiasmo y arrojo de los combatientes. Seleccionados los combatientes, Judas les dirige las últimas recomendaciones: ceñirse bien la cintura para poder correr más y mejor (Ex 12:11); pensar que es mejor morir combatiendo que vivir como esclavos de un pueblo gentil. Mucha confianza en Dios, que es, en último término, el que decide el éxito o fracaso de la batalla.
En busca del enemigo (4:1-11)
1 Gorgias, tomando cinco mil infantes y mil jinetes escogidos, levantó el campo por la noche, 2 con el propósito de atacar al ejército judío y derrotarlo por sorpresa. Llevaban por guías hombres de la ciudadela. 3 Tuvo de ello noticias Judas, y con sus valientes movió también el campo para atacar a los del rey que estaban junto a Emaús, 4 en tanto que el grueso del ejército andaba aún disperso, lejos del campamento. 5 Llegó Gorgias al campo de Judas por la noche, y, no hallando a nadie, los buscaba por los montes, diciendo: "Estos han huido de nosotros." 6 En cuanto fue de día apareció Judas en el llano con tres mil hombres, que no tenían los escudos ni las espadas que deseaban. 7 Vieron el campamento de los gentiles, fuerte, atrincherado, rodeado de la caballería, formado por nombres diestros en la guerra. 8 Dijo Judas a los que le acompañaban: "No temáis a esa muchedumbre ni su ímpetu os acobarde. 9 Recordad cómo fueron salvados vuestros padres en el mar Rojo cuando el faraón los perseguía con su ejército. 10 Levantemos al cielo nuestra voz, en la esperanza de que se compadezca de nosotros y, acordándose de la alianza con nuestros padres, aplaste hoy ante nuestros ojos este campamento, y 11 conocerán todas las gentes que hay quien rescata y salva a Israel."
Los sirios tuvieron noticia de los desplazamientos del diminuto ejército judío. Gorgias marchó a su encuentro con la intención de sorprender a Judas en algún sitio y obligarle a presentar batalla. Hombres de la ciudadela (literalmente: "los hijos de la ciudadela"), entre los cuales había judíos apóstatas 6, guiaron a Gorgias por el quebrado terreno. Supo Judas el itinerario del ejército de Gorgias y se desplazó a su vez, presentándosele la magnífica ocasión de atacar a los dos cuerpos de ejército por separado. Burlando la búsqueda de Gorgias, dirigióse muy de mañana al campamento de Amuás (Emaús). Desde su escondite examinó Judas de cerca el campamento general de los sirios y estudió las posibilidades de asaltarlo. La ocasión era propicia, porque parte del ejército andaba errante por la montaña en su busca. Además, el campamento hallábase en período de consolidación, de manera que muchos soldados vivaqueaban fuera del mismo, en completo desorden y con una disciplina militar relajada.
Asalto al campamento (4:12-18)
12 Los extranjeros alzaron sus ojos, vieron que venían a atacarles 13 y salieron al campo para combatirlos. Los soldados de Judas tocaron las trompetas, 14 y se trabó la lucha, siendo derrotados los gentiles, que luego se dieron a huir por el llano. 15 Fueron perseguidos hasta Guezer, los llanos de Idumea, de Azoto y de Jamnia; los rezagados cayeron todos al filo de la espada, quedando en el campo hasta tres mil de ellos. 16 Volviendo Judas con su ejército de perseguirlos, dijo a los suyos: 17 "No codiciéis los despojos, que tenernos ante nosotros el peligro, 18 pues Gorgias está con su ejército en los montes próximos. Por el momento haced frente a los enemigos; después ya podréis tomar los despojos con seguridad."
Los soldados de Nicanor trataron de hacer frente a los asaltantes, pero en vano. Acaso sus generales descansaban, despreocupados, en sus tiendas. Los sirios diéronse a la fuga por la llanura, buscando asilo en Guezer; otros iban errantes por la llanura de Idumea (según una variante textual, "llanura de Judea"), entre Azoto y Jamnia, o se encerraron dentro de estas dos ciudades costeras. Las gentes de Idumea aprovecharon la deportación de los judíos a Babilonia para abandonar las áridas tierras de Idumea y establecerse en esta zona fértil de la costa. Hubiera sido contraproducente detenerse en desalojar a los fugitivos de las ciudades en que se habían refugiado, porque Gorgias merodeaba por los montes vecinos. Hubiera sido también fatal para los judíos dejarse llevar de la codicia ante los despojos del campamento asirio, olvidando que un cuerpo de ejército, todavía intacto, podía caer de un momento a otro sobre ellos. Contra estos peligros les previene Judas.
Huida de Gorgias (4:19-25)
19 Estaba aún Judas diciendo esto, cuando apareció, saliendo del monte, una división de Gorgias, 20 la cual, al ver cómo los suyos habían vuelto las espaldas y ardía en llamas el campamento, porque el humo que se veía daba bien a entender lo sucedido, 21 se llenó de miedo, y más viendo al ejército de Judas en el llano en orden de batalla. 22 Todos se dieron a huir hacia la tierra de los filisteos. 23 Judas entonces se volvió y recogió el botín del campamento, donde tomaron mucho oro y plata, y telas de jacinto y de púrpura marina, y grandes riquezas. 24 A su vuelta elevaban al cielo cánticos y bendiciones: "Porque es bueno, porque es eterna su misericordia." 25 En aquel día obtuvo Israel una gran victoria.
Judas no se equivocaba: Gorgias hacía en aquellos momentos su aparición en los montes. La imponente humareda que salía del antiguo campamento situado en las inmediaciones de Amuás le indicaba claramente que algo anormal sucedía allí. Sus presentimientos fueron confirmados por la visión del ejército de Judas en pie de guerra. Gorgias no intentó presentar batalla, sino retirarse hacia la tierra de los filisteos, en busca del deshecho cuerpo de ejército al mando de Nicanor.
Derrota de Lisias (4:26-35)
16 Cuantos extranjeros se salvaron llegaron a anunciar a Lisias lo sucedido, 27 y éste, al oír las noticias, se quedó consternado y abatido, porque las cosas no habían sucedido en Israel como el rey se lo había ordenado. 28 Al año siguiente organizó un ejército de sesenta mil hombres y cinco mil caballos para acabar totalmente con los judíos. 29 Vino por Idumea y acampó en Betsur. Para hacerles frente sólo disponía Judas de diez mil hombres. 30 A la vista de tan fuerte ejército, oró, diciendo: "¡Bendito seas, Salvador de Israel, que quebrantaste el ímpetu del gigante por mano de tu siervo David y entregaste el campamento de los filisteos en poder de Jonatán, hijo de Saúl, y de su escudero! 31 Da este campo a manos de tu pueblo de Israel y queden avergonzados su ejército y su caballería. 32 Infúndeles miedo, abate la presuntuosa confianza en su fortaleza y avergüéncense de su derrota. 33 Derrótalos por la espada de los que te aman, y entonen cánticos de loor todos los que conocen tu nombre." 34 Vinieron a las manos, cayeron del ejército de Lisias cinco mil hombres. 35 Al ver Lisias la derrota de su ejército y la audacia del de Judas y cómo estaban dispuestos a vivir o morir gloriosamente, partió para Antioquía y reclutó mercenarios para acrecentar su ejército, con el propósito de volver contra Judas.
La derrota de Lisias tuvo lugar viviendo todavía Antíoco Epifanes (2 Mac 11:1-12). Tenía Lisias suficiente amor propio para organizar otra expedición de castigo contra Judas. El año de los seléucidas 148, el 164 antes de Jesucristo, reclutó un imponente ejército, capaz, según sus cálculos, de aplastar a los judíos. Judas Macabeo, una vez liquidado el ejército de Gorgias, quiso castigar la insolencia de los idumeos, que molestaban a los judíos ortodoxos y acogían a los que desertaban de su ejército (2 Mac 10:10ss). Por motivos de seguridad pensó en aprovechar el descanso para arrebatar algunas plazas fuertes a los idumeos. Lisias corrió en ayuda de sus fieles aliados, y fijó su tienda en Betsur, plaza fuerte que dominaba el camino de Hebrón a Jerusalén, distante veintiocho kilómetros de esta última. En su oración hace notar Judas que la actual desproporción de fuerzas existía también entre Jonatás y los filisteos (1 Sam 14:1-23), entre David y Goliat (ibid., 17:38-51); pero Dios entrego a los filisteos en poder de uno y otro. Dios y Judas derrotaron al regente Lisias, que, avergonzado, se retiró a Antioquía, queriendo zafar su derrota con el reclutamiento de nuevos mercenarios. Pero razones diplomáticas aconsejaban no azuzar al león de Judá, sino más bien amansarlo con medidas de libertad para el judaísmo.
Duelo por el templo (4:36-40)
36 Judas y sus hermanos se dijeron: "Nuestros enemigos están derrotados; subamos, pues, y purifiquemos el santuario y restablezcamos el culto." 37 Y, juntando el ejército, subieron al monte de Sión. 38 Al ver el santuario desolado, profanado el altar, quemadas las puertas, la hierba crecida en los atrios como en un bosque o en un monte y las habitaciones destruidas, 39 rasgaron sus vestiduras y alzaron gran llanto, se pusieron ceniza sobre su cabeza, 40 se postraron en tierra, tocaron las trompetas de señales y clamaron al cielo.
Las fuerzas del regente Lisias habían evacuado Palestina; los idumeos habían sido humillados; los sirios de Jerusalén, sitiados en el Acra. Había llegado la ocasión propicia para purificar el templo y restablecer el culto legítimo. Los hermanos Macabeos subieron con el ejército a fin de tener a raya la guarnición de la ciudadela (1:35-36). La vista del templo arrancó lágrimas a sus ojos.
Acción de los sacerdotes (4:41-50)
41 Luego ordenó Judas que algunos tuvieran en jaque a los de la ciudadela mientras purificaban el santuario. 42 Eligieron sacerdotes irreprochables, amantes de la Ley, 43 los cuales purificaron el templo y echaron las piedras del altar idolátrico en lugar inmundo. 44 Deliberaron qué harían del altar de los holocaustos, que había sido profanado, 45 y les pareció buen consejo destruirlo, por cuanto los gentiles lo habían profanado, 46 y depositar las piedras en el monte del templo, en lugar conveniente hasta que viniese un profeta que diese oráculo sobre ellas. 47 Tomaron luego piedras sin labrar, conforme prescribe la Ley; repararon el santuario y el interior del templo, purificaron los atrios, 48 hicieron nuevos vasos sagrados, e introdujeron el candelabro, el altar de los perfumes y la mesa del templo. 49 Quemaron incienso en el altar, encendieron las lámparas del candelabro que lucían en el templo, 50 colocaron los panes sobre la mesa y colgaron las cortinas. De esta manera dieron fin a la obra.
Con un piquete de soldados que vigilaban los movimientos de la guarnición del Acra, procedieron los sacerdotes a la purificación del templo. Se eligieron aquellos ministros sagrados que no tuvieran mancha alguna que les inhabilitara para ejercer su oficio pastoral (Lev 21:17-21; 22:3). Las piedras del altar de Júpiter Olímpico (1:54-59) se arrumbaron a un lugar impuro, que acaso fueran las pendientes del Cedrón en donde se encontraba el cementerio, el Tofet (Jer 19:13). ¿Qué destino debía darse a las piedras centenarias del altar de los holocaustos? (Ex 29:25; Lev 4:34). Por muchos años fueron inmoladas víctimas al Señor sobre las mismas; por su origen no cabe dudar de que eran santas. Pero las mismas fueron el soporte de un altar idolátrico; la sangre de los cerdos inmolados contaminó lo que era santo. Por el momento resolvieron demoler el altar, pero pusieron las piedras a buen recaudo hasta el advenimiento de un profeta que decidiera del destino de las mismas. Después de Zacarías y Malaquías no surgió ningún otro profeta (9:27; 14:41). La decisión fue sabia, por cuanto, no existiendo unanimidad de pareceres, convenía no exacerbar el espíritu de los que defendían una posición más rígida. El resultado de las deliberaciones se concretó en la construcción de un nuevo altar con piedras sin labrar, tal como prescribía la Ley (Ex 20:25; Deut 27:5-6). Puesto que en el recinto del templo tuvieron lugar orgías y bacanales, se procedió a purificar incluso el pavimento (2 Mac 6:4).
Fiesta de la dedicación (4:51-56)
51 En la mañana del día veinticinco del mes noveno, que es el de Casleu, del año 148, se levantaron de madrugada 52 y ofrecieron el sacrificio prescrito por la Ley en el nuevo altar de los holocaustos que habían construido. 52 Precisamente en la misma hora y día en que lo habían profanado los gentiles fue de nuevo renovado con cánticos, cítaras, arpas y címbalos. 54 Todo el pueblo se postró sobre su rostro, adorando y elevando sus bendiciones al cielo, que les había dado tan feliz suceso. 55 Durante ocho días celebraron la renovación del altar, y con alegría ofrecieron los holocaustos y sacrificios de acción de gracias y alabanza. 56 Adornaron la fachada del templo con coronas de oro y escudos y restauraron las portadas y las cámaras y les pusieron puertas.
El día 25 del mes de Casleu del año 167 antes de Jesucristo sacrificaron los gentiles la primera víctima, probablemente un cerdo, sobre el altar asentado sobre el antiguo de los holocaustos; el mismo día del año 164 se ofreció el sacrificio prescrito por la Ley en el nuevo altar. Al rayar el alba, los sacerdotes ofrecieron un cordero de un año, recogiendo su sangre y rociando con ella el altar (Núm 28:3). Por ser el primer sacrificio en el nuevo altar, la ceremonia revistió gran solemnidad, con acompañamiento de instrumentos músicos (1 Crón 7:4; 16:42). Las fiestas duraron ocho días (1 Re 8-66; 2 Crón 7:8), durante los cuales el público ofreció holocaustos y sacrificios pacíficos (Lev 7:11-12-16). En señal de fiesta se adornó la parte frontal del templo con guirnaldas y coronas.
Fiesta de las Encenias (4:57-60)
57 Fue muy grande la alegría del pueblo por haber borrado el oprobio de los gentiles. 58 Mandaron Judas y sus hermanos y toda la asamblea de Israel celebrar los días de la renovación del altar a su tiempo, de año en año, por ocho días, desde el veinticinco del mes de Casleu, con alegría y regocijo. 59 Por aquel mismo tiempo levantaron en torno del monte Sión muros altos y torres fuertes, para que no pudieran los gentiles hollarlo como habían hecho antes; 60 pusieron en él una guarnición que lo defendiera. Fortificaron asimismo a Betsur, para protegerla y para que el pueblo tuviera una defensa por el lado de Idumea.
Señala bien el texto el origen de la fiesta de la hanukkah, que en griego se llama enkaimá (Lc 10:22), dedicatio en latín. Los judíos modernos celebran la fiesta. Cada día, a partir del 25 de Casleu, se recita el Hallel (Sal 113-118) y se lee una parte del Pentateuco. El sábado se lee el capítulo del libro de los Números referente al candelabro de oro, y como haptarah el pasaje de Zach (2:14-4:8). La primera noche se enciende una luz, dos en la segunda, y así sucesivamente (Bévenqt, Abel)1.
Para impedir que la guarnición de la ciudadela o cualquiera otro pagano pisara el lugar santo, se construyeron muros y torres de protección alrededor del templo. La plaza fuerte de Betsur fue asimismo fortificada con el fin de prevenir cualquier sorpresa de parte de los idumeos.
Golpe de mano contra Idumea (5:1-3)
1 Cuando las naciones de alrededor oyeron que el altar había sido reedificado y restaurado como antes el santuario, se enfurecieron sobremanera, 2 y decidieron destruir a los de la raza de Jacob que vivían en medio de ellos, comenzando a ejecutar matanzas y destrucciones en el pueblo. 3 Comenzó Judas por hacer la guerra a los hijos de Esaú, y se apoderó de Acrabatana, en Idumea, desde donde hostigaban constantemente a Israel. Les infligió una gran derrota, humillándolos y llevándose sus despojos.
Los idumeos fueron aliados del imperio seléucida. Establecidos al sur de Palestina, trataron siempre de ensanchar sus fronteras hacia el norte y por la parte de la costa del Mediterráneo. La recuperación religiosa y militar de Israel amenazaba constantemente sus ambiciones territoriales, por lo cual se aliaron con los sirios y otros enemigos de los judíos con el fin de permanecer en el territorio. Enterados ahora de la derrota de Lisias y de la restauración del templo y de Jerusalén, temieron por su porvenir, descargando sus iras contra los indefensos judíos que habitaban en medio de ellos. Judas corrió en ayuda de sus connacionales y se apoderó de Acrabatana, al sudeste del mar Muerto. En la Vulgata este territorio es llamado ascensus scorpionis, o de Acrabim (Núm 34:4; Jos 15:3).
Acción contra Bayán (5:4-5)
4 Se acordó de la maldad de los hijos de Bayán, que tendían lazos y emboscadas en los caminos. 5 Les obligó a encerrarse en sus torres, los cercó y, dándolos al anatema, puso fuego a las torres, que ardieron con todos los que en ellas había.
No existen datos suficientes para identificar el emplazamiento de Bayán. En Núm 32:3, los LXX traducen Beón por Bayán, ciudad que corresponde al actual Jirbet es Sar, cabe al camino de Ammán a Araq el Emir, en TransJordania. Parece que se trata de un clan ru-benita que habitaba al sur de Jericó (Abel) o en el valle del Jordán (Bévenot). Judas los aniquiló aplicándoles la ley del herem (Deut 7:28; 20:14; 1 Sam 15:3). Según 2 Mac 10:155, murieron quemados en sus torres.
Encuentros con Aman (5:6-8)
6 Pasó a los hijos de Arnón, y se encontró con un ejército fuerte y un pueblo numeroso, y a Timoteo por jefe. 7 Tuvo con ellos muchos encuentros, hasta que los derrotó y deshizo totalmente. 8 Se apoderó de Jazer y sus aldeas y se volvió luego a Judea.
Atravesó Judas el río Jordán (diepérasen) para ir al encuentro de los amonitas, que tenían por capital a Rabbath-Amón, la actual Ammán. En este territorio se refugiaron judíos apóstatas (2 Mac 4:26), pero habitaban también allí otros que seguían fieles a la Ley. El jefe del territorio se llamaba Timoteo, príncipe indígena con nombre griego. Tomó Judas la ciudad de Jazer, "con sus hijas," es decir, sus dependencias (Núm 21:25; Jos 15:45) 2.
Noticias alarmantes llegan de Galaad (5:9-13)
9 Los gentiles de Galaad se conjuraron contra los israelitas que moraban en su territorio, con el propósito de aniquilarlos, pero ellos huyeron a la fortaleza de Diatema. 10 Escribieron a Judas y a sus hermanos, diciéndoles: "Se han juntado contra nosotros las naciones de nuestro contorno, que se proponen destruirnos; 11 están dispuestas a venir y apoderarse de la fortaleza en que nos hemos refugiado; tienen a Timoteo por jefe de su ejército. 12 Ven, pues, y líbranos de sus manos, porque muchos de los nuestros han caído ya, 13 y todos nuestros hermanos de la región de Tobi han sido muertos, y robadas sus mujeres, sus hijos y sus bienes, pereciendo allí unos seis mil hombres."
También los judíos de Galaad sufrieron represalias por parte de los habitantes del país, viéndose obligados a concentrarse en Diatema, localidad que no aparece en otros textos bíblicos ni profanos. Algunos (Vagcari, Bévenot) se inclinan por identificarla con Jaraca (2 Mac 12:17); otros, con el Hosn 3 u otra localidad de Basan. Por Galaad debe entenderse propiamente el territorio de Transjordania, al norte del Yarmuc. Timoteo parece ser el jefe de los amonitas (2 Mac 12:2). Aunque vejados por los habitantes del país, pudieron los judíos comunicarse con el exterior y escribir a Judas Ma-cabeo exponiendo la situación apurada en que se hallaban. En peores condiciones vivían, al parecer, los judíos de Tobi. Se excluye que esta región deba identificarse con la de los Tobiadas en el Araq el Emir 4. Algunos creen que es la región contigua al lago de Ge-nesaret. Según Abel5, esta región se hallaba en Tob (Jue 11:3-5; 2 Mac 10:6-8), entre Bosra y Dera.
Noticias poco halagüeñas de Galilea (5:14-16)
14 Estaban leyendo estas cartas, cuando llegaron, rasgadas las vestiduras, otros mensajeros de Galilea, 15 los cuales comunicaron que se habían juntado contra ellos gentes de Tolemaida, y de Tiro y de Sidón, y toda la Galilea de los gentiles, para aniquilarlos. 16 Cuando Judas y el pueblo oyeron semejantes noticias, se reunió una gran asamblea, y deliberaron sobre lo que habían de hacer por sus hermanos, que se hallaban en grave aprieto, combatidos por los gentiles.
Las tres ciudades marítimas, Tolemaida, nombre que recibió Acco en el año 261 por Tolomeo II; Tiro y Sidón, hicieron causa común con los de Galilea para perder a los judíos. Tolemaida adquirió gran importancia después de la destrucción de Tiro. En 219 pasó bajo el poder de los seléucidas, acuñando moneda propia en tiempo de Antíoco Epifanes. Tiro perdió su independencia en tiempos de Alejandro Magno (332 a.C.), pasando a depender de los seléucidas y consiguiendo más tarde (año n1) la independencia (11:59; 2 Mac 4:18-20), que confirmaron los romanos6. La expresión "Galilea de los gentiles" es ya conocida por otros textos viejotestamentarios (Is 8:23) y del Nuevo (Mt 4:15). Por ser un territorio fronterizo con naciones paganas, muchos gentiles fijaron allí su residencia.
División de fuerzas (5:17-20)
17 Dijo Judas a Simón, su hermano: "Toma gente contigo y ve a librar a nuestros hermanos de Galilea; yo y mi hermano Jonatán iremos a Galaad." 18 A José, el de Zacarías, y a Azarías les dejó por jefes del pueblo con el resto del ejército para la defensa de Judea, 19 dándoles esta orden: "Quedaos al frente del pueblo, pero no trabéis lucha con los gentiles hasta nuestra vuelta." 20 Tomó Simón tres mil hombres para ir a Galilea, y Judas ocho mil para ir a Galaad.
Los Macabeos tienen que multiplicarse para acudir a las demandas de auxilio. Como representantes suyos en Jerusalén dejan a José, hijo de Zacarías, y a Azarías, con la prohibición de entablar combate con los gentiles hasta su regreso, lo que no cumplieron (v.55-64). Parece que Azarías ejercía la suprema autoridad civil, mientras que en el terreno militar compartía el mando con José.
Simón en Galilea (5:21-23)
21 Partió Simón para Galilea, y después de muchos encuentros con los gentiles, los derrotó y persiguió hasta las puertas de Tolemaida, 22 quedando en el campo unos tres mil de los gentiles y apoderándose Simón de sus despojos. 2 3 Tomó luego a los que moraban en Galilea y en Arbata, con sus mujeres, hijos y cuanto tenían, y los trajo con júbilo a Judea.
No conocemos el lugar donde se desarrollaron los combates, en terreno montañoso o en las llanuras de Esdrelón y de el-Battof. En la lucha cayeron tres mil gentiles, huyendo los restantes a Tolemaida, perseguidos de cerca por Simón. Es curioso observar que el número de caídos corresponde al contingente de tropas mandadas por Simón. Siendo muy numeroso el número de los gentiles con relación a los yahvistas fieles a sus leyes, Simón tomó la decisión de llevarse consigo a los judíos de Galilea y de Arbata, y "los trajo con gran júbilo a Judea." Durante la guerra judía en el año 70, Arbata servía de refugio a los judíos que eran molestados en Cesárea.
Judas se entrevista con los nabateos (5:24-37)
24 Judas el Macabeo y Jonatán, su hermano, atravesaron el Jordán y caminaron durante tres días por el desierto, 25 encontrándose con los nabateos, que los recibieron amigablemente y les contaron cuanto a sus hermanos había sucedido en la región de Galaad, 26 y cómo muchos de ellos se hallaban prisioneros en Bosora, en Bosor, en Alema, en Casfor, en Maqued y en Carnaím, ciudades todas fuertes y grandes; 27 que también en las demás ciudades de Galaad había prisioneros, y habían ordenado los enemigos para el día siguiente atacar las plazas fuertes, tomarlas y acabar con todos los judíos en un solo día.
Salió Judas al frente de sus tropas camino de Galaad. Al cabo de tres días de camino encontró a unos comerciantes nabateos procedentes de Siria y en viaje de regreso hacia su capital, Petra. El encuentro, según 2 Mac 12:10-12, caso de que se aluda al mismo hecho, no fue nada amistoso. Hechas las paces, Judas informóse de los lugares que habían recorrido. Cuentan que en las poblaciones de Bosora, Bosor, Alema, Casfor, Maqued y Carnaím había muchos prisioneros judíos, a los que tenían decidido matar en un mismo día. Todas estas "ciudades fuertes y grandes" se encuentran al pie y en las proximidades del macizo volcánico Gebel-ed-Druz. Nada le dicen acerca de la situación de los judíos en Diatema, que fueron los primeros y únicos en dar la voz de alarma. Es posible que los judíos huyeran de Galaad, atrincherándose en Diatema. Terminada la entrevista, Judas y los suyos se dirigieron a Bosora (actual Busra, a ι ίο kilómetros al sur de Damasco y a 40 al este de Dera).
Llegar y vencer (5:28-36)
28 Judas, con su ejército, atravesando el desierto, se encaminó a Bosora. Se apoderó de la ciudad, pasó a filo de espada a todos los varones, se adueñó de todos sus despojos y la puso fuego. 29 Levantando el campo por la noche, marchó hacia la fortaleza de Diatema. 30 Al amanecer alzó los ojos y vio una muchedumbre innumerable con escalas y máquinas de guerra, dispuesta a atacar y tomar la fortaleza. Entendió Judas que el ataque comenzaba, y oyó que de la ciudad subía al cielo un gran griterío y sonido de trompetas. 32 Dijo entonces a los de su ejército: "Luchad hoy por vuestros hermanos." 33 Y en tres secciones se dirigieron por la espalda, tocando las trompetas y clamando al cielo en oración. 34 Cuando el ejército de Timoteo se dio cuenta de que era el Macabeo, emprendieron la fuga. Les infligió una gran derrota, quedando aquel día en el campo hasta ocho mil hombres. 35 Luego se volvió Judas contra Mas-fa, la atacó, adueñándose de ella, matando a todos sus hombres, tomando sus despojos y entregando la ciudad a las llamas. 36 Partiendo de allí, tomó a Casfor, Maqued, Bosor, con las demás ciudades de Galaad.
Llegó Judas de improviso a Bosora, que, conforme a las leyes del herem (Núm 31:7-12), destruyó totalmente. De noche marchó a la fortaleza de Diatema, al noroeste de Bosora, donde los judíos de la región se habían refugiado. La cuestión del emplazamiento de Bosora y Diatema es importante para poder conocer la distancia existente entre ambas localidades, que los soldados de Judas salvaron en una noche. Si Bosora estaba emplazada en el lugar conocido hoy por Bosra eski-Scham y Diatema en la localidad de Jaraca, existía entre las dos ciudades la distancia de unos veinte kilómetros, que Judas y su ejército pudieron salvar en una noche. Llegó Tudas a Diatema en un momento decisivo. Mientras los gentiles se preparaban para el asalto, del interior de la fortaleza subía al cielo un gran griterío de los judíos, que oraban en voz alta, y sonido de trompetas (Jer 4:5; 6:1). De los asaltantes cayeron ocho mil, tantos como el número de soldados de Judas.
Nueva victoria sobre Timoteo (5:37-44)
37 Después de esto juntó Timoteo otro ejército y vino a acampar enfrente de Rafón, del otro lado del torrente. 38 Envió Judas a explorar el campo, y le trajeron estas noticias: "Se han juntado con Timoteo todos los gentiles de alrededor, y forman un ejército muy grande. 39 Además, han tomado a sueldo a los árabes como auxiliares, y están acampados del otro lado del torrente, prontos a venir contra ti." Salió Judas al encuentro de ellos. 40 Timoteo había dado estas instrucciones a sus capitanes: "Si al llegar Judas al torrente le permitiéramos pasar hasta nosotros, no podríamos resistirle, porque tiene una fuerza incontrastable; 41 mas, si por temor acampara al otro lado del torrente, iremos contra él y le venceremos." 42 Cuando Judas se acercó al torrente, colocó a los escribas del pueblo a lo largo del mismo y les dio esta orden: "No permitáis que se quede nadie en el campo; que vayan todos a luchar." 43 Y atravesó el primero contra los enemigos, y todo el pueblo en pos de él. Fueron deshechos los gentiles, que tiraron las armas y huyeron al santuario de Carnaím. 44 Pero los de Judas se apoderaron de la ciudad y pusieron fuego al santuario, que ardió con todos los que en él había. Así fue abatida Carnaím, sin que los enemigos pudieran hacer frente a Judas.
Después de los combates mencionados, concedió Judas un relativo descanso a sus soldados, que se dedicaron a vivaquear por la región, ayudando quizá a los judíos de allí a reunirse en un lugar céntrico para emigrar a Jerusalén. Timoteo, entre tanto, aprovechó aquel descanso para reforzar su ejército con nuevos elementos. Acampó frente a Rafón, junto a Nahr el-Ehreir, afluente septentrional del Yarmuc. No pensaba Timoteo que los judíos se atrevieran a vadear el profundo lecho del torrente, calculando que aquel obstáculo natural frenaría el ímpetu que solía poner Judas en sus ataques bélicos. Quizá tuvo éste noticia de la concepción estratégica de su adversario, por lo que dio órdenes severas a los escribas (grammateis) de que nadie quedara en el campo. Entre los oficiales del ejército había escribas encargados de pasar revista a las tropas, cuidar de los registros, transmitir órdenes y amonestar a los soldados, a la manera de los capellanes militares de hoy día. Así lo ordenaban antiguas leyes (Deut 20:5-8; Jos 1:10; 3:2).
El ejército de Timoteo huyó a la desbandada, buscando asilo en el santuario de Garnaím, a unos quince kilómetros al sudeste de er-Rafeh. El santuario recibía este nombre del culto que se tributaba allí a la diosa Atergates, Astarté, que se representaba con cuernos (qarnaim) de vaca. Ningún respeto sentían los judíos por este lugar idolátrico, por lo cual lo condenaron a sufrir la suerte del herem. Sobre este episodio habla largamente el autor de 2 Mac 12:20-26.
De Galaad a Jerusalén (5:45-54)
45 Juntó Judas a todos los israelitas que moraban en Galaad, desde el pequeño hasta el grande, a sus mujeres e hijos y su hacienda, una muchedumbre muy grande, para traerlos a la tierra de Judá. 46 Al llegar a Efrón, ciudad grande y muy fuerte en la entrada de un desfiladero, no podían desviarse ni a la derecha ni a la izquierda, sino que habían de pasar por en medio de ella. 47 Los de la ciudad se encerraron, y muraron a cal y canto las puertas. Les envió Judas un mensaje de paz, 48 diciéndoles: "Permitidnos atravesar por vuestra tierra camino de la nuestra; nadie os molestará; sencillamente pasaremos a pie." Pero no quisieron abrirle. 49 Ordenó Judas entonces pregonar en todo el campo que hiciesen todos alto en el sitio en que estaban. 50 Los hombres de guerra tomaron posiciones y atacaron a la ciudad todo aquel día y la noche siguiente, hasta que se rindió. 51 Pasó al filo de la espada a todos los varones, arrasó la ciudad y se apoderó de sus despojos, atravesándola luego por encima de los cadáveres. 52 Pasado el Jordán, llegaron a la gran llanura de Betsán. 53 Judas, que mandaba la retaguardia, iba exhortando al pueblo todo el camino, hasta llegar a la tierra de Judá. 54 Con gran gozo y alegría subieron al monte de Sión y ofrecieron holocaustos por no haber caído ninguno de ellos y haber vuelto todos en paz.
Desde Galaad, la caravana de judíos se dirigió hacia el Jordán, con el intento de cruzarlo a las alturas de Betsán. Pero antes de vadear el río toparon con la resistencia de Efrón (et-Taibe), que se negó a autorizarles el paso. No pudiendo vencer por las buenas la resistencia de los efronitas, Judas recurrió a las armas. Según 2 Mac 12:28, en la lucha murieron veinticinco mil "de los que estaban dentro."
Atravesado el Jordán, llegaron a la ciudad de Betsán. Las sospechas que podía abrigar Judas sobre el comportamiento de los escitopolitanos para con los judíos fueron neutralizadas por la intervención de los judíos del país (2 Mac 12:30). De esta famosa ciudad hasta llegar a Jerusalén debían recorrer todavía unos cien kilómetros. No se dice que los galileos hostigaran a la numerosa caravana de repatriados, ni tenemos noticia de ningún incidente ocurrido a su paso a través de la Samaría. Judas protegía la retaguardia, mujeres, niños y ancianos, contra los posibles ataques de las tribus y clanes hostiles que bordeaban el camino. La llegada a Jerusalén, que coincidió con la fiesta de Pentecostés (2 Mac 12:31), fue apoteósica y emocionante.
Revés de José y de Azarías (5:55-64)
55 En los días en que Judas y Jonatán estaban en Galaad y Simón en Galilea, frente a Tolemaida, 56 llegaron a oídos de José, el de Zacarías, y Azarías, jefes del ejército, las hazañas y las batallas que llevaban a cabo, 57 y se dijeron: "Hagamos también nosotros célebre nuestro nombre peleando contra las naciones de alrededor." 58 Y dieron orden al ejército que con ellos tenían de emprender la marcha hacia Jamnia. 59 Pero les salió al paso Gorgias con su gente, 60 que derrotaron a José y Azarías, persiguiéndolos hasta los confines de Judea. Dos mil hombres cayeron aquel día del pueblo de Israel. Acaeció este gran descalabro 61 por no haber obedecido a Judas y a sus hermanos, creyéndose capaces de grandes hazañas. 62 Pero no eran ellos de la raza a que fue dado salvar a Israel. 63 Por el contrario, el heroico Judas y sus hermanos alcanzaron gran gloria ante Israel y ante todos los pueblos a cuyos oídos llegó su fama, 64 y en medio de aclamaciones todos los rodeaban.
Día tras día llegaban noticias a Jerusalén de las resonantes victorias de los tres hermanos en Galilea y Galaad. José y Azarías querían también hacerse célebres, y para ello decidieron mandar su tropa contra el general Gorgias, creyendo que les sería fácil vencerlo después del castigo que le infligió Judas (4:1). Pero era Gorgias un general muy experto en el arte de guerrear (2 Mac 8:9). Salió al encuentro de los soldados de José y de Azarías y los derroto con facilidad. Este revés aconteció no tanto por la calidad y número de los combatientes como por haberse arrogado ellos un privilegio que solamente estaba reservado a la familia de los Macabeos.
"Razzias" contra I d ume a y la Filistea (5:65-68)
65 Partieron luego Judas y sus hermanos en campaña contra los hijos de Esaú hacia el mediodía y se apoderaron de Hebrón y de sus aldeas, destruyeron su fortaleza y quemaron las torres de su recinto. 66 En seguida se dirigió contra la tierra de los filisteos, atravesando por Maresa. 67 Cayeron aquel día en la batalla algunos sacerdotes, que inconsideradamente salieron a luchar, queriendo dar pruebas de su valentía. 68 Se dirigió luego a Azoto, en tierra de filisteos, y destruyó sus altares, quemó las estatuas de sus dioses y se volvió a la tierra de Judá.
Los idumeos dominaban en Hebrón, desde donde hostigaban a la guarnición que Judas había establecido en Betsur con el fin de proteger la ciudad de Jerusalén. Ante las repetidas incursiones, marchó Judas contra Hebrón, que tomó, destruyendo sus fortificaciones.
De Hebrón marchó a Maresa (Jos 15:44); la ciudad pertenecía al territorio de los idumeos (2 Mac 12:32-36). Para Judas era Maresa lugar de paso para atacar a los filisteos de Azoto. Unos sacerdotes, imitando el ejemplo de José y Azarías, "quisieron dar pruebas de su valentía," atacando a los habitantes del lugar, que repelieron la agresión, dejando en el campo de batalla el cadáver de algunos de ellos. Este hecho prueba una vez más que cualquiera que se arrogara el privilegio de salvar a Israel por medio de las armas, no perteneciendo a la familia de los Macabeos, sería vencido fatalmente.
1 Ant. lud. 12:5-5-
2 Ant. lud, 12:7.1,
3 Hist, 5:8,
4 Véase Bíckermann, Instituthns des Sdéucidcs 40-42; G, Corradi, Studi hellenistici (Turín 1929) 318-343.
5 Confess. 8:29.
6 Flavio Josefo, Ant. /ud. 12:7:4.
1 Cf. Bévenot, 30-31.
2 Prevalece la opinión de emplazar dicha ciudad en el actual Jirbet Gazzir, a cuatro kilómetros al sur de es-Salt (Abel, Céographie II 356-357; R. De Vaux, Exploration de laregion de es-Salt: "Revue Biblique," 47 [1938] 405)·
3 Abel, Topographie des campagnes machabeénnes: RB, 32 (1923) 516.
4 Vincent, La Palestine dans les papyrus ptolémaiques de Gerza: RB 29 (1920) 188.
5 Géographie II 10.
6 E. N. Wright, Neus about Oíd Tyre: BA 2 (1929) 20-22.
Muerte de antíoco epifanes (6:1-17)
Antíoco en Elimaida (6:1-4)
1 Atravesaba el rey Antíoco las regiones altas de Persia cuando tuvo noticia de que en Elimaida, en Persia, había una ciudad célebre por su riqueza de plata y oro. 2 Había en ella un templo extraordinariamente rico, en el cual se guardaban armaduras de oro, corazas y armas que había dejado allí Alejandro el de Filipo, rey de Macedonia, el primero que reinó sobre los griegos. 3 Llegado a ella, intentó apoderarse de la ciudad, pero no pudo, porque, conocidos sus propósitos en la ciudad, 4 le resistieron con las armas, viéndose forzado a retirarse huyendo, para volverse con gran pena a Babilonia.
Dijo el autor sagrado que partió Antíoco de Antioquía el año seléucida 147 y que, atravesando el Eufrates, dirigióse hacia las regiones altas (3:37). Antíoco conoció en su campaña éxitos y de-r rotas. Pero las guerras habían agotado todavía más las cajas de caudales. Había ido a Oriente en busca de dinero (3:31), y regresaba más pobre. Pensó entonces solucionar su problema económico con el asalto de un templo extraordinariamente rico de la provincia de Elimaida. Calculaba él que tendría más suerte que su padre al intentar el saqueo del templo de Bel. Por el texto griego aparece que se considera a Elimaida como ciudad, cuando en realidad se daba este nombre a una región montañosa del Elam. Pudo ser que el traductor interpretara mal la palabra medinah, provincia, dándole el sentido de ciudad. A partir de Ciro se empleaba la palabra Persia para designar no solamente la región de Elam, sino también la totalidad del imperio de los aqueménides, particularmente la región adyacente del golfo Pérsico 1.
Malas noticias de occidente (6:5-7)
5 En Persia le alcanzó un correo, que le dio a saber cómo los ejércitos enviados a tierra de Judea habían sido derrotados; que Lisias había ido contra ella 6 con un ejército fuerte si los hay y había huido ante los judíos, que se habían hecho muy fuertes en armas y soldados con el botín grande que habían cogido a los ejércitos por ellos vencidos; 7 que habían destruido la abominación levantada por él sobre el altar de Jerusalén y habían cercado de altos muros el santuario, como antes estaba, y la ciudad de Betsur.
Al revés sufrido en su intento de apoderarse de los tesoros de un templo de Elam se añade la noticia de una retahíla de fracasos de las tropas sirias en Palestina (4:21-61). Es probable que estas noticias las recibiera Antíoco a medida que se iban desarrollando los acontecimientos. Es significativo, para conocer el estilo narrativo del autor, escuchar de boca de un pagano la expresión de que Judas y los judíos habían destruido "la abominación levantada por él sobre el altar de Jerusalén."
Últimos momentos de Antíoco (6:8-13)
8 Cuando recibió estas noticias quedó aterrado e intensamente conmovido; tanto, que cayó en el lecho enfermo de tristeza al ver que los sucesos no habían correspondido a sus deseos. 9 Pasó allí muchos días, porque la tristeza se renovaba sin cesar, y hasta creyó morir. 10 Haciendo llamar a sus amigos, les dijo: "Huye de mis ojos el sueño y mi corazón desfallece por la preocupación, 11 pensando en qué tribulación y tempestad me hallo yo, tan bueno, tan amado por mi suave gobierno. 12 Pero ahora me acuerdo de los males que hice en Jerusalén, de los utensilios de oro y plata que de allí tomé, de los habitantes de Judea que sin causa exterminé. 13 Ahora reconozco que por esto me han sobrevenido tantas calamidades y que de mi gran tristeza moriré en tierra extraña.
¿Dónde alcanzó el correo a Antíoco Epifanes? Según 2 Mac 9:3, se hallaba el rey en Ecbatana. Es posible que un copista inadvertidamente escribiera este nombre en vez de Ispadana, en el territorio de Gabiene. Las noticias adversas que había recibido contribuyeron decididamente a quebrantar la salud y la moral del rey, tanto que, aterrado e intensamente conmovido, cayó en el lecho (2 Mac 1:5-6), para no levantarse más. De la extraña enfermedad que aquejó a Antíoco escribe Polibio que el rey "volvióse loco, según dicen algunos, a causa de ciertas manifestaciones de la cólera divina." En 2 Mac 9:1ss se describe su repugnante enfermedad. Es evidente que la descripción de la misma hecha por Jasón de Cirene no es más que una inocente venganza del escritor. Con expresiones de colorido bíblico dice Antíoco en nuestro texto que "huye el sueño" de él (Gen 31:40), que su corazón desfallece por la preocupación (1 Sam 17:32). Trata de paliar sus desventuras con el recuerdo de la popularidad de que gozaba entre los suyos a causa de la suavidad de sus métodos de gobierno. Pero encuentra una mancha en su pasado: los males que ha causado a Jerusalén y al templo. Según Flavio Josefo 2, la causa de su muerte debe buscarse en el saqueo sacrilego del templo de Jerusalén. Es el mismo rey el que achaca a estos hechos sacrilegos el origen de tantas calamidades que le aquejan (v.13). El Dios de los judíos le ha castigado. ¿Por qué no culpa, en parte, de estos males a los dioses y diosas del templo de Elimaida, que intentó desvalijar? Porque, a los ojos del autor sagrado, los dioses paganos no existen en realidad; como el Salmista podría decir que tienen ojos y no ven, oídos y no oyen (Sal 115:5; 135:I6).
A la enfermedad se añade el castigo de tener que morir en "tierra extraña." Tabe, donde murió, según testimonio de Polibio, formaba parte del imperio seléucida, en el extremo oriental del mismo. El autor sagrado escribe, no sin una gran dosis de ironía, que en las puertas de la muerte tuvo que confesar Antíoco su derrota vencido por el Dios cuyo templo saqueó. Si fue bueno para sus subditos paganos, no pudo mostrarse más déspota para con los judíos, a quienes quiso arrebatar su fe.
Testamento y muerte del rey (6:14-17)
14 Y llamando a Filipo, uno de sus amigos, le instituyó por regente de todo el reino, 15 entregándole la diadema, el manto real y el anillo, y encargándole la tutela y educación de Antíoco, su hijo, hasta ponerlo en el trono. 16 Murió Antíoco allí el año 149. 17 Al saber Lisias la muerte del rey, entronizó en lugar del padre a Antíoco, su hijo, a quien de joven había educado, y le apellidó Eupator.
La muerte se adueñaba del enfermo. Antes de expirar llamó a Filipo, encomendándole la tutela y educación de su hijo. Es posible que el monarca moribundo desconfiara de Lisias, a quien había hecho antes idéntico encargo (3:33), por las graves derrotas que habían sufrido sus tropas en Judea. Pronto Filipo perderá los derechos de tutela sobre el joven monarca. La muerte sobrevino durante el verano del año 163 antes de Jesucristo, correspondiente al 149 de la era griega. La noticia de su muerte se esparció como reguero de pólvora, llegando a oídos de Lisias, quien, prescindiendo de la última voluntad del rey, y conforme a lo que le manifestó éste antes de emprender su campaña oriental (3:33), entronizó al hijo de Epifanes, Antíoco V Eupator (163-162). Afirma Appiano 3 que Antíoco Epifanes murió dejando un niño de nueve años, que los sirios llamaron Eupator a causa de la bondad y virtudes de su padre. Lisias, añade, fue el tutor del niño. Cree Bévenot que la noticia de Eusebio4, según la cual contaba Eupator catorce años de edad cuando sucedió a su padre, es más conforme a la realidad. El mencionado autor se basa en que el joven monarca intervino personalmente en el ataque de Betsur y de Jerusalén (v.31). Con el reino, dice Flavio Josefo 5, heredó de su padre el odio contra el pueblo judío.
Judas ataca la ciudadela (6:18-20)
18 Los de la ciudadela tenían a Israel asediado en el santuario, molestándoles de continuo y apoyando la causa de los gentiles, i9 Judas resolvió quitarlos de en medio, y para ello convocó a todo el pueblo para cercarlos en forma. 20 Concentradas las tropas, pusieron el cerco el año 150 y construyeron ballestas y máquinas.
También la noticia de la muerte de Antíoco llegó a Jerusalén, queriendo Judas aprovechar aquel interregno para eliminar el principal obstáculo para el culto en el templo de Jerusalén. Debió también Judas calcular que el nombramiento de dos regentes traería división en el ejército, ocasión que podría aprovechar él para resolver el problema de la ciudadela que el difunto rey había establecido en el corazón del judaismo (1:35-37). Empezó el cerco el año 150, o sea, el 162 antes de Jesucristo, utilizando Judas máquinas de guerra, al estilo de los grandes ejércitos.
Fugitivos de la ciudadela en Antioquía (6:21-27)
21 Pero algunos de los sitiados salieron, y, juntándose con ellos otros de los impíos de Israel, se dirigieron al rey en queja, diciendo: "¿Cuándo será que hagas justicia y defiendas a nuestros hermanos?" 22 Nosotros con gusto nos hemos sometido a tu padre y obedecimos sus decretos, viviendo según sus disposiciones. 23 Por este motivo nos hemos granjeado la enemistad de nuestros conciudadanos y, 24 lo que es más aún, han matado a todos los nuestros que han caído en sus manos y se han incautado de nuestros bienes.25 Y no sólo contra nosotros han alzado la mano, sino contra tus dominios. 26 Ahora mismo están acampados contra la ciudadela en Jerusalén, con el intento de apoderarse de ella, y han fortificado el templo y la ciudad de Betsur, 27 y si no les tomas la delantera, harán cosas mayores y no podrás dominarlos."
Flavio Josefo añade el detalle de que los fugitivos escaparon de noche de la ciudad, marchándose al campo, donde encontraron algunos judíos apóstatas, con los cuales siguieron camino de Antioquía para informar al rey6. Los encargados de informar al rey eran judíos apóstatas, que expusieron al rey que Judas y los suyos consolidaban sus posiciones de día en día. Si se les deja en paz, no habrá nadie, dentro de poco tiempo, que pueda dominarlos. En 2 Mac 13:3 se dice que entre los judíos que se entrevistaron con el rey estaba Menelao.
Antíoco Eupator en Idumea (6:28-31)
28 El rey se irritó al oír estas noticias, y convocó a todos sus amigos, a los capitanes de su ejército y de la caballería. 29 Hasta de los otros reinos y de las islas del mar le vinieron tropas mercenarias. 30 Alcanzó el número de sus fuerzas a cien mil hombres de a pie, veinte mil de a caballo y treinta y dos elefantes adiestrados para la guerra; 31 todos los cuales, llegando por la Idumea, acamparon enfrente de Betsur y la combatieron por largo tiempo con máquinas; pero los cercados hicieron una salida, y, luchando valientemente, les prendieron fuego.
Seguramente que en la audiencia estaba presente Lisias (2 Mac 13:2). En nombre del rey, convocó éste un gran consejo de amigos del monarca fallecido y de oficiales del ejército para reclutar soldados. Es muy probable que haya una hipérbole en el número de los soldados de Lisias. El elefante se usaba corrientemente en el ejército sirio, pero se tendía a prescindir de él. Aun en el supuesto de que el número ingente de soldados fuera una realidad, no es de suponer que todos fueran enviados a Palestina. El itinerario del ejército fue el de siempre: por la costa mediterránea hasta la altura de Azoto o de Gaza, torciendo luego a izquierda, en dirección a Hebrón. Por mucho tiempo Betsur resistió al cerco e infligió graves pérdidas al enemigo, pero comprendió Judas que tal resistencia no podía prolongarse.
Judas abre un nuevo frente de batalla (6:32-41)
32 Judas levantó el cerco que tenía puesto a la ciudadela y vino a acampar junto a Betzacaría, enfrente del campamento del rey. 33 Este se levantó de madrugada, y, moviendo el campo a toda prisa, se dirigió por el camino de Betzacaría. Dispuestas las fuerzas para la batalla, dio con las cornetas la señal de atacar. 34 Los elefantes, ante los cuales habían puesto zumo de uvas y de moras para excitarlos a la pelea, 35 fueron distribuidos por las falanges, colocando al lado de cada elefante mil hombres, protegidos con cotas de malla y con yelmos de bronce en la cabeza, y a más quinientos caballos escogidos 36 precedían a la bestia dondequiera que iba y la acompañaban, sin apartarse de ella. 37 Sobre éstas iban montadas fuertes torres de madera, bien protegidas y sujetas al elefante, y en cada una dos o tres nombres valerosos, que combatían desde las torres, y su indio conductor. 38 El resto de la caballería lo colocó a la derecha y a la izquierda, en las dos alas del ejército, para hostigar al enemigo y proteger las falanges. 39 En cuanto el sol comenzó a brillar sobre los escudos de oro y bronce, brillaron los montes con ellos y resplandecían como llamas de fuego. 40 Una gran parte del ejército del rey se desplegó en los montes altos, otra en el llano, y todos iban con paso seguro y buen orden. 41 Los judíos quedaron espantados al oír el estruendo de tal muchedumbre, el marchar de aquella masa y el chocar de sus armas. Era a la verdad un ejército extremadamente grande y poderoso.
Judas tenía cercada la ciudadela de Jerusalén mientras los sirios atacaban Betsur. Al recibir noticias de que la guarnición judía de esta fortaleza veíase desbordada por el enemigo, levantó el cerco de la ciudadela y pensó en abrir otro frente para distraer las fuerzas enemigas en el lugar conocido hoy día por Tell-Zacaría. Un judío llamado Rodoco (2 Mac 13:21) reveló al rey los planes militares de Judas. A este nuevo frente de batalla corrió el grueso de las fuerzas de Lisias, con innumerable infantería, caballería y algunos elefantes. Con estos animales pensaban los sirios imponerse a los judíos. Con el fin de enardecerlos para la lucha, poníanles delante jugo de uvas, literalmente "sangre de uvas" (Gen 49:11; Deut 32:14) y de moras; junto a los mismos había un piquete de infantería y algunos caballos acostumbrados a la lucha. Los testimonios antiguos que cita Bochart7 prueban que el color blanco excita al elefante (abel). La verdadera razón de colocar jugo de uvas ante los elefantes se nos escapa. Cada elefante llevaba una torre de madera, que ocupaban algunos guerreros especializados en el lanzamiento de flechas, además del cornac que conducía al animal.
Judas y sus soldados pudieron contemplar y admirar la disciplina militar y las armas con que estaba equipado el ejército que debía enfrentarse con ellos. No cabe duda que Lisias logró un éxito psicológico sobre la moral de las tropas de Judas Macabeo.
Heroísmo de Eleazar (6:42-46)
42 Se acercó Judas con el suyo, se trabó la lucha, y cayeron del ejército del rey seiscientos hombres. 43 Eleazar, hijo de Savarán, vio una de las bestias protegidas con coraza regia, que superaba a todas las otras, y, pareciéndole que debía ser la del rey, 44 se propuso salvar a su pueblo y hacerse un nombre eterno. 45 Lleno de valor, corrió por en medio de la falange hacia ella, matando a derecha y a izquierda y haciendo que todos se apartasen de él. 46 Llegado al elefante, se puso debajo de él y le hirió. Cayó el elefante encima de él, y allí mismo murió.
Judas no rehusó el combate. En el primer encuentro cayeron seiscientos soldados del ejército de Lisias; no dice el autor cuántos fueron los muertos de la parte de Judas. La presión del enemigo se hacía sentir cada vez más. Debía de ser crítica la situación al decidirse Eleazar a realizar una hazaña extraordinaria, que o bien podía desbaratar al ejército sirio o terminar con su vida. En contra de lo que él creía, el elefante en cuestión era el proigumeno, o sea el primer elefante, el que aventaja a los otros por su estampa y coraje. Muchos Santos Padres han examinado la moralidad del acto, preguntándose si su hazaña equivale a un suicidio indirecto. San Ambrosio exalta su valor, intrepidez y menosprecio de la muerte de este héroe, que quiso salvar a Israel dando muerte al opresor del mismo 8.
Huida y rendición (6:47-54)
47 Viendo los judíos la gran fuerza del rey y el empuje de su ejército, se retiraron. 48 El ejército real los persiguió de cerca en dirección a Jerusalén, y acampó contra la Judea y el monte Sión. 49 El rey negoció las paces con los de Betsur, que salieron de la ciudad por no tener ya vituallas para prolongar más la resistencia, pues aquel año era año de reposo para la tierra. 50 Ocupó el rey Betsur y puso guarnición en ella para defenderla. 51 Durante mucho tiempo estuvo acampado contra el santuario, y puso allí ballestas, máquinas y lanzafuegos, catapultas, escorpiones para lanzar dardos y honderos. 52 Los judíos, por su parte, construyeron máquinas contra las máquinas enemigas y lucharon durante muchos días, 53 pero escaseaban los víveres en sus almacenes, por ser el año séptimo, y los que se habían refugiado en Judea huyendo de los gentiles, habían consumido los restos de las reservas, 54 y como el hambre se había apoderado de ellos, dejaron en el santuario una poca gente, y los demás se dispersaron, yendo cada uno a su hogar.
El elefante con la coraza regia había caído muerto, y, sin embargo, la presión del enemigo no cedía, más bien aumentaba de manera amenazadora. El autor sagrado tiende el velo del silencio sobre la honda impresión que causó en la tropa la muerte de Eleazar; pero, al decirnos que los soldados judíos emprendieron la fuga hacia Jerusalén, confiesa veladamente que Judas fue derrotado por el enemigo. Un destacamento de valientes continuaba resistiendo en Betsur, pero pronto debían también entregarse, acuciados por el hambre. Habíase llegado a la carencia de víveres por razón del año sabático y porque los judíos traídos de otras regiones habían consumido las reservas. La tierra, según la Ley mosaica (Ex 23:10-11; Lev 25:2-7; Núm 10:32), debía descansar el año séptimo, durante el cual era permitido a los pobres apropiarse de cuanto producían espontáneamente los terrenos baldíos. El año 162 antes de Jesucristo, 150 de la era seléucida, era sabático. Desde septiembre-octubre del año anterior había cesado todo trabajo agrícola en los campos cultivados por judíos tradicionalistas. El rey perdonó la vida de los defensores de Betsur. Dejó allí un destacamento real, con gentes originarias de Siria, de Idumea y judíos apóstatas. Bá-quides la fortificó (9:52), cayendo más tarde en manos de Simón (11:65; 14:7-33) 9·
Una vez conquistada la fortaleza de Betsur, atacó Lisias el recinto del templo, empleando para ello gran cantidad de máquinas de asalto. Los defensores del templo fabricaron armas para contrarrestar las de los enemigos. Pero la superioridad de éstos era aplastante. Además, desde la ciudadela controlaban los sirios el área del templo. Ante este panorama, los soldados de Judas huyeron al campo en busca de alimentos y para salvar sus vidas en las dificultades del desierto.
Lisias pacta con Judas (6:55-63)
55 Supo en esto Lisias que Filipo, a quien el rey Antíoco antes de morir había encomendado la crianza de su hijo Antíoco hasta instalarle en el trono, 56 había vuelto de Persia y de Media, y con él las tropas del rey, y que pretendía apoderarse del gobierno del reino. 57 Dióse prisa entonces Lisias a volverse, diciendo al rey, a los generales del ejército y a la tropa: "De día en día perdemos fuerzas, escasean las provisiones, y la plaza que combatimos es muy fuerte, y debemos ocuparnos en las cosas del reino. 58 Tendamos, pues, la mano a estos hombres, hagamos las paces con ellos y con todo su pueblo, 59 y convengamos en que vivan según sus leyes, como antes. Precisamente a causa de estas leyes, que nosotros hemos pretendido abrogar, se han irritado y han hecho todo esto." 60 Fue bien acogida la propuesta por el rey y los generales, y enviaron mensajeros de paz a los judíos, que la aceptaron. 61 El rey y los generales les juraron, y en virtud de esto salieron de la fortaleza. 62 Entró el rey en el monte de Sión, y, viendo lo fuerte del sitio, quebrantó el juramento que había hecho y mandó destruir el muro que lo cercaba. 63 Luego se apresuró a partir, y, volviéndose a An-tioquía, halló a Filipo dueño de la ciudad y la atacó, logrando apoderarse de ella por la fuerza.
En un momento crítico intervino la Providencia en favor del pueblo judío. Filipo, que había sido nombrado regente del imperio y tutor de Antíoco V, reemplazando a Lisias, había llegado a Antioquía al frente de sus tropas. La noticia alarmó a Lisias, que temía por su posición dentro del imperio. Entendió Lisias que la política iniciada por Antíoco Epifanes contra Israel no conducía a nada positivo, por lo que juzgó que debía volverse a la situación existente en tiempos de Antíoco III. Propuso al rey, a los generales y a la tropa estos sus puntos de vista, que fueron aprobados unánimemente. Porque, además del peligro de Filipo y de las dificultades militares, existía en Palestina el problema de la manutención del ejército, agravado por el descanso de los campos durante el año sabático. Se hicieron proposiciones de paz con los judíos, que se aceptaron inmediatamente, por encontrarse también ellos en situación precaria. Los Macabeos reconocieron la soberanía seléucida sobre Palestina a cambio de autorizarles a regirse en conformidad a sus leyes religiosas, "como antes" (v.59). Judas conservará su condición de jefe, subordinado a la autoridad real de Antioquía (2 Mac 11:22-26). El rey marchó precipitadamente a la capital del reino, pero antes, como medida de prudencia, abatió el muro que cercaba el monte Sión para quitar a los judíos toda ocasión de atrincherarse de nuevo allí. Los judíos interpretaron aquel acto como violación de la libertad de culto y profanación de un lugar santo, mientras que el jefe sirio lo juzgó como simple medida de seguridad. Antíoco V y su tutor, Lisias, se enfrentaron con las tropas de Filipo en Antioquía, prevaleciendo sobre él. Filipo pudo escapar a Egipto y ponerse bajo el amparo de Tolomeo VI Filo-metor (2 Mac 9:29). Supone Flavio Josefo que Antíoco Eupator se apoderó de Filipo, a quien encarceló y mandó matar poco después 10.