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1. Primeros Avisos y Exhortaciones
Prologo
Título, autor y finalidad (1:1-7)
1 Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel, 2 para aprender sabiduría e instrucción, para entender sensatos dichos, 3 para alcanzar instrucción y discreción, justicia, f equidad y rectitud; 4 para dar prudencia a los inexpertos, perspicacia y circunspección a los jóvenes. 5 Oyéndolos el sabio crecerá en doctrina y el entendido adquirirá destreza 6 para entender las sentencias y los dichos agudos, las palabras de los sabios y sus enigmas. 7 El principio de la sabiduría es el temor de Yahvé; son necios quienes desprecian la sabiduría y la disciplina.
El prólogo de los Proverbios presenta el título, autor y finalidad del libro, cuestiones que fueron tratadas en la introducción. Respecto de la finalidad, el autor acumula expresiones para ponerla más de relieve con su doble aspecto, especulativo: aprender sabiduría, destreza, discreción; y práctico: alcanzar instrucción y disciplina, justicia, probidad y rectitud. A lo expuesto antes al hablar de ella sólo nos resta añadir aquí la significación concreta de los términos enumerados. Sabiduría es el conocimiento de los principios y normas contenidos en las sentencias de los sabios que enseñan a conducirse con éxito, también en los negocios y empresas de la vida, pero sobre todo en el orden moral, por el cumplimiento de la ley de Dios. Aquellas enseñanzas se encuentran a veces encerradas en sentencias enigmáticas, con el fin de excitar más la atención de los oyentes, para cuya captación hace falta no poco ingenio y destreza, que los sabios deberán enseñar también a sus discípulos. Pero no basta esto, la vida es muy compleja y se presentan con frecuencia situaciones difíciles y delicadas; se precisa entonces clarividencia para distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, y prudencia para una acertada aplicación de los principios de la sabiduría a la vida práctica, lo que se obtiene mediante la sensatez y discreción. La instrucción designa las disposiciones morales, la educación y disciplina que se obtienen mediante la corrección de la naturaleza viciada (19:18; 29:15-17), y que capacitan para conducirse en la vida conforme a los postulados de la sabiduría, cuyo cumplimiento exige vencimiento propio 1. El fin práctico moral es expresado con tres términos que bien pudieran ser sinónimos para significar la perfección moral que persiguen los consejos de la sabiduría. En caso contrario, justicia designaría el cumplimiento de la ley moral en general; la probidad diría relación a las costumbres de acuerdo con dicha ley, y la rectitud indicaría las acciones rectas, en oposición a los caminos torcidos de los malvados.
Los v.4-6 manifiestan quiénes pueden aprovecharse de las enseñanzas del libro. La sabiduría no es patrimonio de unos cuantos, sino que todos pueden sacar fruto de sus consejos. Los faltos de experiencia, expuestos a todos los peligros 2 y a ser seducidos por los malvados, aprenderán la prudencia, que los hará cautelosos ante ellos. Los jóvenes, faltos de reflexión, encontrarán las normas que los librarán de las imprudencias, que los conducen tantas veces a la ruina moral. Los mismos sabios crecerán en sabiduría con las consideraciones de las máximas del libro y se capacitarán más y más para penetrar los enigmas. El verbo hebreo léqah, que traducimos por adquirir destreza (v.5), significa el arte de dirigir una nave; bella metáfora para indicar cómo escuchando los consejos de la sabiduría se adquiere habilidad y destreza para conducirse con acierto en el triple mar tempestuoso del mundo, de nuestro corazón y de la vida humana.
El prólogo concluye estableciendo el principio de la sabiduría. Tal honor corresponde al temor de Yahvé. No se trata del mero temor al castigo, que impulsa a no obrar el mal por el temor a la pena, sino ese temor reverencial del hijo para con su padre, del alma santa para con su Dios, que en el fondo es más amor que temor; es la piedad para con Dios, que lleva al culto, al cumplimiento de sus mandatos. Así, el temor de Yahvé es principio de sabiduría, porque crea esa disposición subjetiva, básica y fundamental que lleva a escuchar y poner en práctica las enseñanzas de la sabiduría, que son para el israelita enseñanzas de Dios. Y será a la vez parte principal de la misma, porque entre las exigencias de una auténtica sabiduría estarán en primer lugar los que miran a Dios, la piedad y religiosidad en que aquél viene a consistir 3. Se añade una afirmación que por la frecuencia con que se repite y explana en el libro merece ser colocada en su prólogo: la necedad de los que desprecian la sabiduría. Se trata, como dice Clemente de Alejandría, no tanto de los que niegan a Dios con la boca cuanto de los que lo niegan con los hechos, es decir, de los impíos más que de los ateos. En este verso de oro — escribe Umbreit —, la filosofía del Oriente se separa netamente de la de Occidente. El sabio (hebreo) alcanza la sabiduría por medio de la religión, mientras el sabio del Occidente busca llegar a la religión por medio de la sabiduría. Se puede explicar así este verso: sólo el hombre religioso puede llegar a ser sabio."4 La sabiduría bíblica está íntimamente unida a la religión y a la moral.
1 El término hebreo mtísar corresponde a un término egipcio que designa la educación de los niños. Cf. duesberg, Les scribes inspires p.8i y 302. — 2 22:3; 27:12. — 3 Cf. O. Loretz, II meglio della sapienza e U timore de Jahvé (Prov 1:7: ye'shtt = "il meglio" in luce yocis Mari): Bib Or 2 (1960) aioss. — 4 Citado en Girotti, / Sapienziali (M. Sales-g. Girotti, La Sacra Bibbia VI; Turín 1928) p.ió.
Primera Parte
Exhortación al Estudio y Practica de la Sabiduría (1:8-9:18)
Las malas compañías (1:8-19)
8 Escucha, hijo mío, las amonestaciones de tu padre y no desdeñes las enseñanzas de tu madre, 9 pues serán corona de gloria en tu cabeza y collar en tu cuello. 10 Hijo mío, si los malos prentenden seducirte, no consientas. 11 Si te dicen: "Ven con nosotros, pongamos asechanzas a la vida ajena, tendamos a placer lazos contra el justo, 12 traguémoslos vivos, como el "seol"; enteros, como los que bajan al sepulcro; 13 tendremos toda suerte de riquezas, henchiremos nuestras casas de despojos; 14 tendrás tu parte como todos nosotros, no habrá más que una bolsa para todos." 15 No te vayas con ellos, hijo mío; ten tus pies muy lejos de sus sendas, 16 porque corren sus pies al mal y se apresuran a derramar sangre. 17 Pues en vano se tiende la red a los ojos de las aves aladas. 18 Con ello acechan a la propia vida y traman su propio daño. 19 Ahí lleva siempre la rapacidad; es un vicio que acaba por matar al que lo tiene.
Uno de los mayores obstáculos para seguir los consejos de los sabios son las malas compañías. Nada como ellas lleva al desprecio práctico de sus enseñanzas. El sabio comienza sus exhortaciones intentando remover tal obstáculo. Para ganarse la atención de sus lectores y disponer su ánimo a seguir sus advertencias, se dirige a ellos con la solicitud de un padre y el afecto de una madre. Hay aquí una implícita recomendación de la obediencia a los padres, muy en su lugar después de la del temor de Dios5. Dos bellas comparaciones ponen de relieve los frutos de esa docilidad: más todavía que los adornos exteriores, la educación y rectitud moral causan agrado en los ojos del alma y suscitan profunda admiración en los demás.
En seguida el autor presenta el lenguaje y artificios con que los malvados intentan ganar a los incautos para su causa. Lo pone en boca de una banda de salteadores, ávida de riquezas, que para realizar sus designios no dudan en poner asechanzas a la vida ajena. Bandas de este género debieron de existir casi siempre 6, y la parábola del samaritano hace suponer que existían en tiempo mismo de Jesucristo en Palestina 7. El incauto a quien va dirigida la invitación no tiene nada que temer; las asechanzas son tendidas a personas indefensas, que serán sorprendidas sin posibilidad alguna de resistencia,, En sus expresiones queda también plasmada la rabia que el malvado siente contra el justo, que con su vida recrimina su conducta y el ansia que siente por hacerlo desaparecer 8. Se enriquecerán en un momento y luego podrán darse una vida alegre y placentera. El participará en la misma medida que los demás. No habrá entre ellos distinciones. Los frutos de una acción colectiva superarán a los que individualmente podrían cada uno obtener.
Frente a la invitación de los malvados, el sabio hace una paternal exhortación a su discípulo a que la rechace de lleno y se mantenga siempre alejado de tales gentes. Un doble motivo debe impulsarlo a ello: los malvados, con tal de realizar los propósitos a que su codicia los impulsa, no retroceden ni ante el mismo crimen 9 y con su conducta acechan a su propia vida, pues no es raro que, al ir a tomar su codiciada presa, sean ellos tomados en el lazo y paguen a caro precio sus fechorías, de las que antes o después terminan por ser víctimas. El v.17 presenta una especie de proverbio cuya interpretación más probable es que en vano se tiende la red a la vista de las aves, pues habiéndola visto, no se acercan a ella, y el cazador queda burlado; así, el inexperto amaestrado por el sabio, que ha puesto ante sus ojos las consecuencias a que le expone el aceptar la invitación de los malvados, rehuirá la compañía de quienes le llevarían a la perdición 10.
Invitación de la sabiduría. Consecuencias para quienes la rechazan (1:20-33)
20 La sabiduría está clamando fuera, alza su voz en las plazas. 21 Clama encima de los muros, en las entradas de las puertas, en la ciudad, y va diciendo: 22 ¿Hasta cuándo, simples, amaréis la simpleza, y, petulantes, os complaceréis en la petulancia, y aborreceréis, necios, la disciplina? 23 Volveos a mis requerimientos: Yo derramaré sobre vosotros mi espíritu y os daré a saber mis palabras. 24 Pues os he llamado, y no habéis escuchado; tendí mis brazos, y nadie se dio por entendido; 25 antes desechasteis todos mis consejos y no accedisteis a mis requerimientos; 26 también yo me reiré de vuestra ruina y me burlaré cuando venga sobre vosotros el terror. 27 Cuando sobrevenga como huracán el terror, y como torbellino os sorprenda la ruina; cuando sobrevenga la adversidad y la angustia, 28 entonces me llamarán, y yo no responderé; me buscarán, pero no me hallarán, 29 por haber despreciado la sabiduría y no haber seguido el temor de Yahvé, 30 y no haberse agradado de mis consejos y haber menospreciado mis requerimientos. 31 Comerán el fruto de sus obras y se hartarán de sus consejos. 32 Porque ese desvío llevará a los simples a la muerte, y la prosperidad de los necios los perderá. 33 Pero quien me escuche vivirá tranquilo, seguro y sin temor de mal.
Concluida la anterior advertencia sobre las malas compañías, el autor, personificando la sabiduría en una hermosa prosopopeya que recuerda las formas de elocuencia de los profetas, la presenta haciendo ella misma una ardiente invitación a seguir sus consejos, poniendo en seguida de manifiesto las consecuencias de no seguirlos con docilidad. La sabiduría se nos presenta haciendo su llamamiento en todas partes, en las plazas de la ciudad, encima de sus muros, a sus puertas, ante las que se extiende una explanada capaz de agrupar numerosos oyentes. La ley natural impresa en el corazón humano, la voz de la conciencia, las continuas gracias actuales con que Dios ilumina el entendimiento y mueve la voluntad, son transmisoras de esa voz de la sabiduría que es la voz de Dios. Se deja oír en todas partes donde uno quiera escucharla.
A tres clases de personas clama la sabiduría: a los simples, inexpertos susceptibles de instrucción; a los petulantes, que hacen mofa de la religión y de la moral, despreciando cínicamente sus postulados, y a los necios, que, aborreciendo la sabiduría y la disciplina, se han hecho insensibles a la ley moral y viven al margen de ella. A todos invita a seguir sus amonestaciones, prometiéndoles una abundante profusión de su espíritu. La frase derramaré mi espíritu (v.23), que tan frecuentemente se pone en boca de Yahvé en el Antiguo Testamento n, aplicada aquí a la sabiduría, es una expresión paralela a la que le sigue, y significa en este contexto que la sabiduría comunicará a quienes escuchan su voz la inteligencia y la rectitud moral para entender sus enseñanzas y ponerlas en práctica.
La sabiduría manifiesta a continuación su juicio sobre quienes se hacen sordos a su llamamiento: se reirá de su ruina y se burlara de ellos (v.26). Se trata de una expresión antropomórfica, con la que el autor, expresándose a la manera humana, indica cómo son dignos de burla y escarnio quienes antepusieron sus caprichos y placeres a los mandatos de la sabiduría, y afirma que los castigará la ira justa y severa de Dios, el cual no se alegra del mal ni del castigo del pecador, sino que se complace en su justicia, atributo tan divino como la misericordia. San Gregorio dice que el reírse de Dios es no querer compadecerse de la aflicción humana 12, lo que ocurrirá extinguido el tiempo de la misericordia y el perdón. Y San Bernardo exclama: "¿Qué es lo que hemos de pensar que agrada a la sabiduría en la ruina del impío? No otra cosa que las justísimas disposiciones y el irreprensible orden de la Providencia. Y aquello que agrada a la sabiduría tiene que agradar también a todos los sabios."13
El castigo es descrito al estilo profetice, haciendo intervenir a los elementos o fenómenos violentos de la naturaleza. La angustia que llevarán consigo abrirá los ojos de los impíos, y clamarán entonces a la sabiduría no por odio al pecado y la culpa, sino para verse libres del desastre en que han incurrido. Pero será ya tarde 14, comerán el fruto de sus obras 15. Lo que cada uno sembrare, eso recogerá al final. Los que vivieron en pecado, rehusando su conversión, despreciando la ley de Dios, obrando sin consideración alguna a la religión, sembraron obras de muerte y recogerán como fruto la perdición. Quienes, por el contrario, siguieron los consejos de la sabiduría, gozarán de la paz y tranquilidad, bienes tantas veces prometidos por Dios al pueblo israelita en su posesión de la tierra prometida si perseveraba fiel a sus mandamientos. El premio y el castigo son propuestos con esa indeterminación propia de los autores sapienciales, que ignoraban la retribución del más allá. Es claro se trata en la perícopa de una mera personificación de la sabiduría, sin referencia alguna por parte del autor a la segunda Persona.
1 El término hebreo mtísar corresponde a un término egipcio que designa la educación de los niños. Cf. Duesberg, Les scribes inspires p.81 y 302. — 2 22:3; 27:12. — 3 Cf. O. Loretz, II meglio della sapienza e U timore de Jahvé (Prov 1:7: ye'shtt = "il meglio" in luce yocis Mari): Bib Or 2 (1960) aioss. — 4 Citado en Girotti, Sapienziali (M. Sales-G. Girotti, La Sacra Bibbia VI) (Turín 1928) p.16. — 5 Ex 20,7-12; — 6 Os 6:8; 7:1; Is 1:23; Jer 7:6-11. — 7 Lc 10:30. — 8 Sobre el seol, cf. Introducción. Doctrina dogmática, p.g. — 9 Dt 5:7-16; 8:5. — 10 Otros interpretan el proverbio: aunque los pájaros ven las recles que se tienden ante sus ojos, su ceguera y avidez les lleva a caer en ellas. De la misma manera, los malvados, llevados por la codicia y avíele? del botín, no reparan en las consecuencias a que se exponen: el castigo de Dios, frecuentemente por medio de las leyes sociales (Τον). — 11 Dios derramó "su espíritu" sobre todo viviente (Gen 7:22; Núm 16:22; 27:16; Sab 12:1), especialmente sobre los hombres (Gen 2:7; Job 33:4; 34:14), más peculiarmente sobre los caudillos (Ex 31:3; Jue 3:10; Sam 16:13), los profetas (Núm 24:2; Os 9:7; 2 Re 2:15), sobre aquellos a quienes Dios confiaba una misión especial (Ex 31:3; 35:31). Más que sobre otro alguno, sobre el Mesías (Is 11:2; 42:1). Y una gran efusión del "Espíritu" sería el anuncio de la venida de los tiempos mesiánicos (Jl 2:28-32; Act 2:15-21). Cf. Renard, o.c., p.47-48; P. Van Imschoot, L'esprit de Yahweh, source de vie dans Τ.: RB 32 (1935) 4815; Saesse el Esprit dans l'A.T.: RB 35 (1938) 233. — 12 XI Moral. XX. — 13 Sal 2:4. — 14 Jn 34; 8.21. Job 28:1-11. — 15 1:31-21.
2. Diversos Efectos de la Sabiduría
Beneficios que otorga la sabiduría (2:1-9)
1 Hijo mío, si recibes mis palabras y guardas dentro de ti mis mandamientos, 2 dando atento oído a la sabiduría e inclinando tu corazón a la prudencia; 3 si invocas a la inteligencia y a voces llamas a la prudencia; 4 si la buscas como se busca la plata, cual si excavaras un tesoro, 5 entonces tendrás el temor de Yahvé y hallarás el conocimiento de Dios. 6 Porque Yahvé da la sabiduría y de su boca derrama ciencia e inteligencia. 7 Da salud a los justos y se hace escudo de los que proceden rectamente. 8 Defiende el camino de la rectitud y protege las sendas de sus fieles. 9 Entenderás entonces justicia y probidad, rectitud; en suma, buen camino.
Adoptando un tono paternal, el sabio va a poner ante los ojos de sus discípulos los beneficios que otorga la sabiduría. Antes quiere señalar las disposiciones que su obtención exige. Es preciso, para llegar a poseerla, escuchar sus enseñanzas y conservarlas en el corazón; después, un estudio atento y reflexivo de las mismas, y un espíritu dócil dispuesto a llevarlas a la práctica. Pero no bastaría un deseo vago o un esfuerzo ligero; es necesario un interés y un amor grandes por la sabiduría y buscarla con el afán y fatiga con que se busca la plata, con la avidez y trabajo con que el avaro cava la tierra en la que sabe se esconde un tesoro 1. La sabiduría es un don de Dios, que El no concede si no media la cooperación y esfuerzo humano.
Quien así anhela y busca la sabiduría es quien conseguirá sus preciosos frutos: el temor de Dios, principio de sabiduría 2, y el conocimiento de Dios, que lleva al cumplimiento de sus mandatos. Existe entre ambos íntima relación. El conocimiento de Dios es fundamento de la vida moral 3; lleva, lógica y naturalmente, al temor filial de Dios, a su amor, porque no es posible conocer a Dios y no sentir ese temor y amor que lleva a las obras. Y también ese temor y amor llevan a un conocimiento más profundo de Dios. Dios es amor4, y al amor se le conoce amándolo; además, el que obra el bien viene a la luz5; almas que no estudiaron tratados de teología, pero amaron profundamente a Dios, llegaron a tener de El un conocimiento admirable. Son los afectos desordenados a las cosas de la tierra, las obras malas, las que nublan el espíritu y le impiden ver a Dios. Por eso sólo a sus fieles puede la sabiduría comunicarles este conocimiento de Dios.
Y quienes consiguen ese conocimiento y temor de Dios reciben de El la sabiduría con todos sus frutos, tanto de orden especulativo — ciencia, inteligencia, que disponen al hombre para una conducta recta — como de orden práctico: la protección de Dios, que se constituye en defensor y protector de los justos frente a los peligros y tentaciones de la vida 6 y les asegura la senda de la perfección moral, expresada en los tres términos sinónimos: justicia, probidad, rectitud, cuyo conjunto insiste en designar la verdadera y perfecta justicia. También estos versos (6-9) ponen de manifiesto la concepción religiosa de la sabiduría bíblica.
Algunos males de que libra la sabiduría (2:10-22)
10 Cuando entre en tu corazón la sabiduría y sea dulce a tu alma la ciencia, n te guardará la reflexión y te preservará la inteligencia. 12 Para librarte de los caminos de los malos, de los hombres de perversos razonamientos, 13 que, dejado todo buen camino, van por sendas tenebrosas, 14 se gozan en hacer el mal y se huelgan en la perversidad del vicio, 15 siguen caminos tortuosos y se extravían en sus andanzas. 16 Te preservará de la mujer ajena, de la extraña que halaga con sus palabras, 17 que deja al compañero de su mocedad y se olvida de la alianza jurada por su Dios. 18 Su casa lleva a la muerte, y sus caminos a la región de las sombras. 19 Cuantos en ella entran no vuelven más, ni toman las veredas de la vida. 20 Así seguirás la recta senda e irás por el camino de los justos; 21 pues los justos habitarán la tierra y los rectos permanecerán en ella; 22 mas los impíos serán arrancados de la tierra y los prevaricadores serán desarraigados.
Indicados los primeros beneficios que reporta la sabiduría, el sabio indica que ella libra del primer obstáculo aducido, las malas compañías, y de otro no menos peligroso que describirá en los capítulos siguientes. La sabiduría, con sus diversas facetas, ciencia, inteligencia, reflexión, librará a su discípulo de los hombres malvados, 'que con sus perversos razonamientos procuran seducirlos y llevarlos por sus caminos, sendas tenebrosas, de pecado y muerte 7. El que hace el mal — escribe San Juan — odia la luz 8. Su maldad les lleva hasta gozarse del mal ajeno, lo que indica a qué grado han llegado no ya de insensibilidad frente al amor al prójimo, sino de perversidad en su intento de hacerle el mal.
El segundo peligro del que le librará la sabiduría es de la mujer impúdica que, llevada de sus pasiones, deja al compañero de su mocedad para darse al pecado. La deshonestidad supone una entrega a los placeres materiales, que apaga la vida del espíritu e incapacita por lo mismo para lo bello y sublime, para lo puro y lo santo. "La impureza — escribe Cornelio a Lapide — con su vehemencia arrastra hacia sí todos los sentidos, la mente y toda el alma, de modo que los lujuriosos no pueden sentir, gustar, pensar en cosa otra alguna más que en ella, incapacitándose sobre todo para gustar y pensar en las cosas celestiales y divinas que sugiere la sabiduría."9 Quien obra de tal manera, no sólo hace traición a su marido, sino que se olvida de la alianza de Dios (v.1v). No conocemos ceremonia alguna de tipo religioso que acompañase la celebración del matrimonio, y nunca aparece en ella el sacerdote; pero el matrimonio tiene como autor a Dios 10, que lo instituyó monogámico n y prohibió el adulterio en su Ley 12 y toda prostitución en Israel13. Quien adultera, ofende la alianza de Dios con su pueblo.
Esta conducta lleva prematuramente a la región de las sombras, expresión común en la literatura antigua para designar el fin de la existencia humana. La Ley establecía la pena de muerte para los adúlteros 14. Por lo demás, quien se entrega a la lujuria crea en su carne una tiránica exigencia hacia los placeres sensuales, a los que ya no sabrá resistir. El pecado irá consumiendo sus energías corporales, agotando su organismo, con lo que apresura la vejez, y la muerte lleva prematuramente al seol, y quienes en él entran no vuelven otra vez a esta vida a gozar de los años que una muerte anticipada les arrebató 15.
El sabio concluye la perícopa contraponiendo las consecuencias de la vida virtuosa y las de la vida malvada. Los justos habitarán la tierra prometida, mientras que los impíos serán arrancados de ella. La felicidad que en el Antiguo Testamento se prometía a los israelitas era la posesión pacífica de la tierra prometida, que manaba leche y miel16, y el castigo más terrible la expulsión de ella por la muerte o el destierro 17. En nuestro caso, las expresiones del sabio significan el favor divino, que se manifiesta en las bendiciones de esta vida, y el castigo, que priva de ellas. La perspectiva es más bien terrena; no aparece todavía, al menos claramente, la idea de una retribución en el más allá. Pero es digno de notar que la retribución es presentada en nuestro libro como efecto no precisamente de la práctica de la Ley, sino de la conducta moral, lo que señala una perspectiva distinta a la de los libros históricos y proféticos. En éstos es social y temporal; en los sapienciales, individual y escatológlca, lo que marca un avance hacia la neotestamentaria.
1 Job 28:1-11. — 2 1.7 — 3 Os 4:1; 6:6. — 4 1 Jn 4:8. — 5 Jn 3:21. — 6 Sal 3:41 84:12. — 7 1:11-14; Is 59:8; Job 19:8; Ef 5:1 — 8 3:20. — 9 Commentarius in Salomonis Proverbia (Amberes 1635). Las citas responden a la Editio Nova (París 1831) p.66. — 10 Gen 2:24.:17. — 11 Mt 19:1-12. — 12 Ex 20:14; Dt 5:2-18. — 13 Dt 23 — 14 Lev 20:10; Dt 22:22. — 15 Otros interpretan la de "la casa de la adultera," en cuyo caso el sentido es que quienes se dan a esta clase de pecados difícilmente vuelven al recto sendero de una vida honesta. San Agustín describe en sus Confesiones (8:7.8) lo que le costó vencer, con la ayuda de Dios, el vicio de la luiuria. "La prostituta es como un remolino de agua que engolfa a sus víctimas y del que no se puede volver" (DvsoN, o.c., n.366g). — 16 Ex 3:8; Lev 20:24. — 17 Ex 20:12; Sal 37:9.22.
3. Mas Beneficios y Excelencias de la Sabiduría
Bondad Fidelidad Confianza Temor de Dios
Primicias (3:1-12)
1 Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas, conserva mis preceptos en tu corazón, 2 porque te darán vida larga, largos días de vida y prosperidad. 3 Que no te abandonen jamás la bondad y la fidelidad; átatelas al cuello, escríbelas en tu corazón, 4 y hallarás favor y buena opinión ante Dios y ante los hombres. 5 Confía en Yahvé de todo corazón y no te apoyes en tu prudencia. 6 En todos tus caminos piensa en El, y El allanará todas tus sendas. 7 No te tengas por sabio, teme a Dios y evita el mal; 8 que será sanidad para tu carne y refrigerio para tus huesos. 9 Honra a Dios de tu hacienda, de las primicias de todos tus frutos, 10 y estarán llenos tus graneros y rebosará de mosto tu lagar" 11 No desdeñes, hijo mío, las lecciones de tu Dios; no te enoje que te corrija, 12 porque al que Dios ama le corrige, y aflige al hijo que le es más caro.
El sabio continúa sus exhortaciones en el mismo tono paternal que antes l, como queriendo grabar más y más profundamente sus enseñanzas en el corazón de sus discípulos. Advertimos una notable diferencia en la manera de proponer sus exhortaciones los profetas y los sabios. Aquéllos las ponen en boca de Yahvé, y habrían cometido un delito digno de muerte haber hablado en nombre propio 2; los sabios, en cambio, las proponen como fruto de sus observaciones y reflexiones. El profeta es el hombre de Dios y habla en su nombre; el sabio reflexiona y descubre la sabiduría que Dios ha derramado sobre las obras todas de la creación y ha revelado de una manera especial en su Ley.
Los frutos que aquí promete el sabio a quienes siguen sus enseñanzas son largos años de vida y prosperidad, lo que incluye la idea de una vida feliz. Es la recompensa tantas veces prometida por Dios en el Antiguo Testamento a los israelitas que observasen la Ley, y que coincide con el "habitar la tierra"3. Cuando la vida individual y familiar está regulada por las enseñanzas de la sabiduría, reina la paz entre todos sus miembros, y ello lleva consigo la felicidad' y la prosperidad.
Exigencias de la sabiduría son los sentimientos de bondad para con Dios y para con el prójimo y la fidelidad a las obligaciones que respecto de ambos tenemos. Ambos términos unidos aparecen muchas veces en el Antiguo Testamento y significan perfección moral en las relaciones de Dios para con el hombre4, del ser humano para con Dios5, de los seres humanos entre sí6. Las imágenes con que el sabio las recomienda, empleadas en el Deuteronomio para recomendar los mandamientos de Yahvé 7, y que los fariseos materializaron en las filacterias, indica a sus discípulos que las han de llevar continuamente en su mente y corazón para cumplirlas en todo momento. Frutos suyos serán el favor de Dios, con los beneficios que de ello derivan, y la estima de los hombres, que admirarán su conducta. Junto a la bondad y fidelidad, la sabiduría quiere una gran confianza en Dios, con la consiguiente desconfianza en sí mismo. Es un principio que repite la ascética cristiana. La vida es tan compleja, que no hay prudencia humana capaz de salir a flote en tantas complicadas circunstancias como presenta la vida. El ser humano debe estudiar los consejos de los sabios y esforzarse por obrar conforme a ellos, pero debe a la vez poner toda su confianza en Dios y esperar de El el éxito de sus obras, pues "lo que Dios ha hecho ya por nosotros es suficientemente grande como para que podamos esperar lo demás con fe y confianza," escribe Bossuet 8. Y San Bernardo dice que "quien a sí mismo se constituye en maestro propio, de un necio se hace discípulo."9 Semejante confianza era recomendada por los profetas aun en el mismo orden político 10.
El v.7 contiene una triple recomendación: la humildad, el temor de Yahvé y la huida del mal. Hay entre ellas íntima relación. La práctica de la humildad, que la ascética cristiana considera como base y fundamento de la vida espiritual, remueve el principal obstáculo que se alza contra la sabiduría bíblica, la soberbia. Dios resiste a los soberbios y no da su gracia sino a los humildes n. El teme a Dios y evita el mal encierra toda la sabiduría práctica y la ética de los Proverbios; "el temor de Dios — dice el libro de Job —, ésa es la sabiduría; apartarse del mal, ésa es la inteligencia."12 La humildad lleva de la mano al temor de Dios, y éste lógicamente aparta al hombre del mal (16:4). La recompensa se indica en términos que se refieren expresamente al cuerpo; es claro que la religión con la práctica de las virtudes, la continencia, la castidad y la huida de los vicios, favorece la salud corporal. Pero no se limita a él; también el alma recibe como fruto una profunda paz y alegría interior, que repercute ella misma en el buen estado del cuerpo 13. Llama la atención la recomendación que a continuación hace sobre las primicias, pues es el único pasaje de los Proverbios en que se recomienda expresamente el culto a Yahvé, del que sólo se habla incidentalmente en unos cuantos lugares 14. La Ley mandaba ofrecer las primicias de los frutos 15, con lo que los israelitas debían reconocer a Dios como autor de todos los bienes temporales. Los sabios, más que en declarar la obligación del culto exterior, insisten en recomendar la rectitud moral, que consiste en la práctica de las virtudes morales y la huida de los vicios a ellas opuestos. A su cumplimiento promete abundantes frutos de la tierra. Es Dios quien da las buenas cosechas y las malas, que son, en último término, consecuencia y castigo del pecado. Si Yahvé está contento por las ofrendas de los israelitas, su bendición se derramará sobre los campos, conforme estaba prometido en la Ley 16. Mientras que en el Nuevo Testamento las bendiciones son más bien de orden espiritual, sin que el Señor se desentienda de las cosas humanas que nos son necesarias 17, en el Antiguo Testamento son más bien de orden material18; pero en los libros sapienciales se van "desmaterializando" para dar paso a un concepto de vida feliz en el que se insiste mucho más en la virtud que en los bienes materiales, con lo que nos colocan a medio camino entre la Ley y el Evangelio.
Concluye la perícopa el sabio resolviendo una dificultad que se plantearía todo israelita privado de la revelación sobre la vida de ultratumba frente a las afirmaciones precedentes: ¿no dice la experiencia que muchas veces quienes honran a Dios tienen mucho que sufrir? Ciertamente, responde el autor, pero se trata de una excepción, cuya razón de ser está precisamente en el amor que Dios siente hacia ellos. Lo afirmaría también San Juan, que pone en boca del Señor estas palabras: Yo reprendo y corrijo a cuantos amo 19, y lo confirma el caso de Job. No hay justo tan perfecto que no se desvíe alguna vez o tenga peligro de apartarse del camino recto; el castigo divino le ayudará entonces notablemente a arrepentirse y continuar caminando por la senda de la virtud. Quiere además el Señor que el justo se justifique cada vez más 20, y nos enseña el apóstol San Pablo que es en medio de las contrariedades donde las virtudes se perfeccionan 21. Los cristianos conocemos el valor satisfactorio del sacrificio por nuestros pecados, conforme a la enseñanza del concilio Tridentino 22; al darnos ocasión de expiar en esta vida el reato de nuestras culpas, nos adelanta la hora del gozo eterno, evitando o acortando al menos los sufrimientos del purgatorio. Y San Pablo afirma el valor apostólico de las tribulaciones; Jesucristo llevó a cabo la redención por medio del sacrificio y el dolor, pero la aplicación de la misma a las almas no se hará sino mediante nuestras oraciones y sacrificios 23.
Excelencia y frutos de la sabiduría (3:13-26)
13 Bienaventurado el que alcanza la sabiduría y aquel que alcanza inteligencia, 14 porque es su adquisición mejor que la de la plata y de más provecho que el oro. l5 Es más preciosa que las perlas y no hay tesoro que la iguale. l6 Lleva en su diestra la longevidad y en su siniestra la riqueza y los honores, "De su boca brota la justicia y lleva en la lengua la ley y la misericordia" (LXX). 17 Sus caminos son caminos deleitosos y son paz todas sus sendas. 18 Es árbol de vida para quien la consigue; quien la abraza es bienaventurado. 19 Con la sabiduría fundó Yahvé la tierra, con la inteligencia consolidó los cielos. 20 Con su ciencia hizo brotar las fuentes y por ella los cíelos destilan el rocío. 21 Hijo mío, no la pierdas nunca de vista, guarda siempre la prudencia y el consejo, 22 que serán vida para tu alma y gracia para tu cuello. 23 Entonces irás confiado tu camino y no tropezará tu pie. 24 Guando te acostares, no sentirás temor; te acostarás y dormirás dulce sueño. 25 No tendrás temor de repentinos pavores ni de la ruina de los impíos cuando venga. 26 Porque Yahvé será tu confianza y preservará tu pie de quedar preso.
Quien alcanza la sabiduría puede sentirse realmente dichoso; los beneficios que lleva consigo superan a los más preciados metales. La frecuencia con que a éstos es antepuesta por los sabios nos recuerda la margarita preciosa del Evangelio, por la que vale la pena de venderlo todo 24. La sabiduría es digna de todos los esfuerzos y sacrificios precisos para conseguirla. Salomón lo entendió muy bien, por lo que no pidió a Dios oro ni plata, sino un corazón sabio e inteligente para gobernar a su pueblo25.
En efecto, ella es quien proporciona la vida larga, que los sabios presentan como efecto normal de la sabiduría ; las riquezas mismas y los honores, que son fruto de la inteligencia, de la prudencia en la administración de la casa, de la honradez y virtudes que comprende la sabiduría. El rey sabio, que había pedido sólo la sabiduría, obtuvo con ella vida larga, riquezas y honores como el que más. Los LXX contienen una adición, probablemente de un anotador que echó de menos la glorificación de la Ley. De la boca de la sabiduría brota la justicia, en cuanto que la práctica de sus enseñanzas hace al hombre justo. Lleva en su lengua la Ley, porque sus prescripciones coinciden con sus mandamientos, y la misericordia de Dios, que los sabios prometen a quienes siguen sus consejos 27. Los caminos de la sabiduría dan también esa paz interior de que gozan los justos al cumplir la voluntad de Dios, que le manifiestan los dictámenes de la sabiduría, y la paz exterior o tranquilidad frente a las perturbaciones y peligros externos, de que los libra la protección de Dios. De una y otra carecen los malvados, conforme a la afirmación del profeta Isaías: "no hay paz para los impíos" 28. El v.18 añade que la sabiduría es árbol de vida para quien la consigue. Es una alusión al árbol de la vida del paraíso, cuyos frutos conferían la inmortalidad 29. La sabiduría confiere beneficios análogos a quienes practican sus enseñanzas: vida larga y feliz 30. Esta afirmación, contrastada con la de la muerte prematura, castigo de los malvados, deja entrever, a juicio de algunos31, en la mente del autor una suerte diferente en el más allá para el justo y el impío. Cierto que no la vio con la claridad precisa para utilizarla como motivo estimulante para una buena conducta.
Al hacer el elogio de la sabiduría y poner de relieve sus frutos, el sabio se remonta a la sabiduría divina, que acompañó a Dios en la creación y quedó plasmada en todas sus obras. La tierra y los cielos, las fuentes y el rocío, copioso en Palestina, cantan a voces la sabiduría que dirigió al Creador en su obra 32. El autor supone aquí la concepción del Génesis sobre el universo 33: la tierra es una superficie plana que flota sobre las aguas apoyada en sólidas columnas que sostiene el abismo; los cielos, una sustancia sólida y resistente, como de bronce fundido, que en forma de bóveda envuelve la tierra, cuyos extremos sostienen las cimas de las montañas 34.
La última parte de la perícopa contiene una nueva exhortación a mantenerse firme en la práctica de la sabiduría (v.21); otra enumeración de algunos de los frutos ya indicados, vida larga 35, gracia y agrado ante los demás 36, y se extiende más en afirmar la confianza y seguridad que la sabiduría da a quien sigue sus instrucciones: allana sus sendas, lo libra de los tropiezos y caídas y lo fortalece en cualquier tribulación, y puede contemplar sin temor alguno la ruina de los impíos, que no se extenderá a él. "Tanto cuando camina como cuando permanece parado, cuando trabaja como cuando duerme, tanto durante el día como durante la noche, siempre y en todas partes estará seguro, intrépido, contento y alegre" (A Lapide) 37.
Atenciones debidas al prójimo (3:27-35)
27 No niegues un beneficio al que lo necesita, siempre que en tu poder esté el hacérselo. 28 No le digas al prójimo: "Vete y vuelve, mañana te lo daré," si lo tienes a mano. 29 No trames mal alguno contra tu prójimo mientras él confía en ti, 30 No pleitees con nadie sin Tazón si no te ha hecho agravio. 31No envidies al injusto ni sigas sus caminos, 32 porque el perverso es abominado de Yahvé, que sólo tiene sus intimidades con el justo. 33 En la casa del injusto está la maldición de Yahvé, que bendice la morada del justo. 34 Escarnece a los escarnecedores y da su gracia a los humildes. 35 Da honra a los sabios y reserva la infamia para los necios.
Después del elogio de la sabiduría y sus beneficios, el sabio da unos consejos sueltos respecto del comportamiento con el prójimo. Los primeros se refieren a la caridad, tan recomendada por el Deuteronomio y los profetas 38. Prescribe la caridad para con los necesitados y señala en seguida una cualidad que ha de acompañarla, la prontitud, que revela una disposición de ánimo que hace el don doblemente agradable. Desaconseja después dos cosas que, además de entrañar una falta contra la caridad, ofenden la justicia y la fidelidad: tramar un mal contra el prójimo mientras confía en ti (v.29), lo que arguye una vileza de ánimo que resulta detestable a los ojos de cuantos abrigan en su corazón sentimientos nobles; y el pleitear sin fundamento alguno para ello, lo que arguye ligereza o malicia en el pleiteante; Jesucristo recomendaría incluso ceder en el propio derecho antes de llevar a tu prójimo a juicio 39.
En los versos siguientes enseña al justo que no ha de envidiar al injusto. No es raro que los malvados, utilizando medios injustos, prosperen en sus negocios. Esto puede suponer una fuerte tentación para el hombre honrado y virtuoso, que puede sentirse tentado a seguir los caminos de aquéllos. El sabio le presenta los motivos por los que no ha de ceder a tal sugestión: el perverso es abominable a los ojos de Dios, que tiene sólo sus intimidades con el justo (v.32); pensamiento afirmado ya por el profeta David y repetido por los autores de los Proverbios 40. El salmista afirma que "Yahvé descubre sus secretos a los que le temen y les da a conocer su alianza"41, y la historia de los patriarcas, de los caudillos fieles a Dios y de los profetas, demuestra la veracidad de la segunda afirmación. La Sabiduría encarnada llamaría amigos y comunicaría sus secretos a sus apóstoles42, y nos revelaría que la Santísima Trinidad establecería su morada en el alma del justo 43.
En efecto, la maldición de Dios, que lleva consigo la perdición y la ruina, pesa sobre los impíos, mientras que la bendición de Yahvé, que es fuente de prosperidad y bienestar, se reserva para quienes le son fieles. Quienes hacen con sus palabras y con sus hechos escarnio de los justos, serán a su vez objeto de burla por parte de Dios, mientras que los humildes recibirán su gracia. El Evangelio, al describir la diversa conducta de Jesucristo con los fariseos y las gentes sencillas, escribió un comentario inspirado a esta afirmación. A los sabios, que comprendieron los preceptos de la sabiduría y los llevaron a la práctica, Dios dará honra y gloria ante los hombres; pero quienes no cumplieron la ley divina recibirán menosprecio cuando la sabiduría descubra los secretos de cada uno y dé a todos su merecido. "El conjunto de los motivos de este capítulo, que no están exentos de intereses personales y materiales, supone, sin embargo, una concepción espiritual y moral muy elevada de la persona humana, de sus relaciones con Dios, de la belleza de la virtud. Ella sobrepasa mucho las concepciones formalistas de los sabios paganos" (Renard) 44.
1 1:8; 2:1 — 2 Dt 18:20; Ez 13:2-3 — 3 Ex 20:13. Dt 6:2; 30:32 — 4 Ex 34:6 Sal 25:6 — 5 OS 4:1 — 6 Gen 24:49; Jos 2:12 — 7 6:8; 11:18 — 8 Cit. en Girotti o.c, p 23 — 9 Cit. en Girotti o.c, p 23 — 10 Is 10:20; Jer 9:12; Sal 118:8-14 — 11 3:34; 8:13; Sant 4:6 — 12 28:28. — 13 15:30; 17:22 — 14 7:14; 15:25; 21:3-27 — 15 Ex 29:19; Dt 18:4. — 16 Lev 26:3-5; Dt 28:8. — 17 Mt 6:25-34. — 18 Lev 26:3-13; Dt 11:7-15; 28:2.6.8, etc. — 19 Αρ3:19. — 20 Ap 22:11. — 21 2 Cor 12:9. — 22 Ses.14 9:.9. — 23 Col 1:16. — 24 Mt 13:45-46. — 25 1 Re 3:9:12. — 26 3:2; 8:18; 11:30; 12:4. — 27 3:5-10; 12:2; 15:9; Sab 3:9; 11:24; Eclo 2:7.13; 16:2. — 28 48:22; 57:21. — 29 Gen 2:9; 3:22. — 30 Cf. v.2 y 16. — 31 A Lapide, Κν., Renard. — 32 3:22-31. — 33 1:1-31 — 34 Cf. también Is 51:13; Job 9:6; 26:11; Sal 19:7; 25:2; 105:5; 136:6. — 35 3:3.16.18. — 36 1:9; 3-4, — 37 o.c., p.95 — 38 Dt 15:7-18; 24:10-22; Os 7:1-2; 5:10-12. — 39 Mt 5:40. — 40 6:6; 11:1.20; 12:22; 15:8.26; 16:5; 22:12. — 41 25:14- — 42 Jn 15:15. — 43 Jn 14:23. — 44 O.c., p.58. Cf. Duesberg, o.c., p.123-124.
4. Exhortación a Conseguir la Sabiduría
Excelencia y beneficios de la sabiduría (4:1-9)
1 Oíd, hijos míos, la doctrina de un padre, y atended bien para aprender prudencia, 2 porque la doctrina que os enseño es buena; no desdeñéis, pues, mis enseñanzas. 3 También yo fui hijo para mi padre, unigénito bajo la mirada de mi madre. 4 Y él me enseñaba diciéndome: Pon atención a mis palabras, pon por obra mis mandatos y vivirás. 5 Sabiduría ante todo, adquiere la inteligencia; no la olvides, no te apartes de los dichos de mi boca. 6 No la abandones, y te guardará; ámala, y ella te custodiará. 7 Al precio de todas las riquezas adquiere la sabiduría, al precio de cuanto posees adquiere la inteligencia. 8 Tenia en gran estima, y ella te ensalzará y te honrará si tú la abrazas. 9 Pondrá en tu cabeza corona de gracia, te ceñirá espléndida diadema.
En esta primera estrofa del capítulo cuarto, el sabio hace la presentación de su persona y doctrina. Cuando todavía era niño, aprendió de sus padres, que lo querían como se quiere a un hijo único, las enseñanzas de la sabiduría. El quiere ahora repetir a sus discípulos, adoptando la actitud del padre solícito de la instrucción de sus hijos, lo que él aprendió de labios de su padre. La enseñanza era en este tiempo familiar y oral; no hay indicios de que existieran entonces escuelas para niños.
La doctrina que él enseña es buena. Son máximas que le indican el sendero de la virtud y le apartan de los vicios, conduciéndole a una vida larga y feliz. Es oportuno recordar también aquí la observación hecha a 3:1: mientras que el profeta se presenta al pueblo como llamado por Dios y le habla en su nombre, el sabio habla con su propia autoridad, se presenta como un padre que enseña a su-hijo y asegura a veces haber adquirido la doctrina que enseña mediante la experiencia y el esfuerzo 1.
En la segunda parte de la estrofa (v.6-9) indica, en medio de una apremiante y continuada exhortación, los requisitos para alcanzar la sabiduría y los frutos que de ella derivan. Ante todo es necesaria una estima e interés grandes por ella, a los que han de seguir el esfuerzo preciso por conseguirla y poner en práctica sus consejos. Una vez conseguida, hay que unirse a ella con lazo fuerte, como el que une a los parientes más próximos 2; con lazo indisoluble, como el que une al esposo a la esposa 3. "La sabiduría consiste no en la lectura y especulación, sino en su ocupación y posesión; si, pues, comienzas a poseerla, tienes el principio de la sabiduría; si vas progresando en su posesión, cuanto en ésta, otro tanto progresarás también en la sabiduría; si la posees plenamente, tendrás también plena y perfecta sabiduría; ahora bien, esta posesión consiste en el uso y práctica de la sabiduría o virtud" (A Lapide) 4.
Los beneficios de la sabiduría que indica son maravillosos: guarda de todo mal como fiel compañera (v.6), proporciona una vida feliz y dichosa (v.4), alcanza estima y aprecio ante los demás, confiriendo una belleza moral más apreciable que las coronas y las diademas. Salomón la abrazó, hizo de él el rey sabio por excelencia, cuya sabiduría se hizo admirar en el Oriente 5. La costumbre de llevar coronas y diademas sobre la cabeza, sobre todo en ocasiones de júbilo, pudo sugerir la imagen del v.8 6.
La recta senda (4:10-19)
10 Oye, hijo mío, y recibe mis palabras, y se multiplicarán los años de tu vida. 11Que te enseño el camino de la sabiduría y te encamino por el recto sendero. 12 Así, cuando anduvieres, no se enredarán tus pasos, y aun corriendo no tropezarás. 13 Retén firmemente la disciplina, no la dejes; guárdala, mira que es tu vida. 14 No te metas por las sendas del impío, no vayas por el camino de los malos. 15 Esquívale, no pases por él, tente apartado de él, pasa de lejos. 16 Esos no duermen tranquilos si no han hecho el mal; huye de ellos el sueño si no han hecho alguna ruina. 17 Comen el pan de la maldad y beben el vino de la violencia. 18 Mas la senda de los justos es como luz de aurora, que va en aumento hasta ser pleno día. 19 Al contrario, el camino del impío es la tiniebla y no ven dónde tropiezan.
Esta segunda estrofa comienza sus exhortaciones con la promesa, ya varias veces repetida, de la longevidad 7, la vida feliz y próspera, con tanta frecuencia prometida a Israel si permanecía fiel a Yahvé, que los sabios aplican al individuo en particular. La sabiduría enseña la recta senda a su discípulo, de modo que podrá caminar con seguridad a través de la vida. Fácilmente tropieza y cae el que anda en tinieblas, privado de la luz de la sabiduría; pero quien sigue la luz de sus consejos no tropezará aunque la vida se le presente complicada y difícil, porque ella le enseña cómo debe comportarse en todas las circunstancias, en las prósperas y en las adversas.
Y para mantenerse firme en ella, un doble consejo: retener firmemente la instrucción (v.13) o disciplina, que capacita para practicar la virtud, la cual supone espíritu de abnegación y sacrificio, dominio de sí mismo; y mantenerse alejado de los malvados (v.1s), que de tal modo se han habituado a hacer el mal, que no duermen contentos el día que no han perpetrado alguna ruina; aquél viene a ser para ellos algo así como su comida, de la que no pueden prescindir. El influjo de las malas compañías ha sido ya puesto de manifiesto por el autor8. El célebre predicador Lacordaire decía: "Creedme: toda la vida depende de las personas a las que hayamos tratado con familiaridad. Esta habitúa a las acciones, al mismo tiempo que a las personas, y lo que antes nos parecía odioso y abyecto, poco a poco pierde su aspecto impresionante...; el espíritu se entenebrece, el oído se corrompe, el corazón pierde el pudor, y terminamos por amar lo que nos parecía repugnante." 9
Concluye la estrofa con una hermosa antítesis entre la senda del justo y la del impío, que presenta bajo la metáfora de la luz y las tinieblas. La vida del justo está iluminada por la luz de la sabiduría, que lo libra de todos los peligros exteriores, que va creciendo con el cumplimiento de sus consejos e ilumina a los demás, señalándoles el camino a seguir. San Juan presenta a la Sabiduría encarnada como la luz que ilumina a todo hombre con su doctrina 10. Y Jesucristo exhortaba a sus oyentes a que fueran hijos de la luz, recibiendo su palabra y viviendo conforme a ella 11; y de sus discípulos quería que fuesen, con su predicación y sus obras, luz del mundo 12. Los caminos del impío, por el contrario, están envueltos en tinieblas. Quienes en ellas caminan sin la luz y consejos de la sabiduría, terminan por tropezar y caer víctimas de sus propios vicios y crímenes; cuando ellos menos lo esperen, pierden sus bienes terrenos o una muerte prematura acaba con sus perversos planes 13.
Evitar la senda de la iniquidad (4:20-29)
20 Hijo mío, atiende a mis palabras, inclina tu oído a mis razones. 21 No se aparten nunca de tus ojos, guárdalas dentro de tu corazón; 22 que son vida para quien las acoge y sanidad para su carne, 23 Guarda tu corazón con toda cautela, porque es manantial de vida. 24 Lejos de ti toda falsía de la boca, y aparta de ti toda iniquidad de los labios. 25 Mira siempre de frente con tus ojos, vayan tus párpados derechos ante ti. 26 Mira bien dónde pones el pie y sean rectos todos tus caminos. 27 No te desvíes a la derecha ni a la izquierda y aparta del mal todos tus pasos. 28 "Pues el Señor conoce los caminos que están a la derecha; mas los que están a la izquierda son perversos. 29 El mismo dirigirá tu carrera y guiará tus caminos en la paz" (LXX).
Con una introducción análoga a la de las estrofas precedentes comienza el sabio la tercera. No se cansa de recomendar una y otra vez el estudio y aplicación a la sabiduría y de poner de relieve sus benéficos frutos. Quiere que su discípulo aplique a ella todos sus sentidos, que lleve sus consejos en su corazón. Pues son vida en el sentido material de salud y bendiciones terrestres 14; el influjo de una vida recta en la salud corporal es manifiesta, como el de ciertos vicios en enfermedades repugnantes. Y lo son también en el sentido de vida moral a que lleva su cumplimiento.
Para no incurrir en la senda de la iniquidad, el discípulo de la sabiduría ha de guardar ante todo su corazón, porque él es la fuente de la vida material y también moral. Por lo que a ésta se refiere, Jesucristo hizo el mejor comentario cuando enseñaba que "el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas, y el malo saca cosas malas de su mal tesoro"15. De los sentimientos del corazón depende toda la conducta 16. Y como "de la abundancia del corazón habla la lengua"17, la guarda de aquél facilita el buen gobierno de ésta; el sabio ha de detestar toda mentira y toda detracción y calumnia. Nada más opuesto a la sabiduría, compañera inseparable de la verdad. La Sabiduría encarnada se presentaría en los tiempos mesiánicos como la Verdad 18, y San Pedro afirmaría que "en su boca no fue hallado engaño."19
También la vigilancia de los ojos es precisa a quienes no quieran incurrir en el mal. Son las ventanas del corazón, por las que éste puede entrar. El ser humano virtuoso ha de tener fija su mirada en el camino que le señalan los consejos de la sabiduría y nada debe distraérsela de él. Finalmente, los pies son los ejecutores de los deseos del corazón, los que llevan al mal o al bien. El hombre inteligente, antes de mover su pie, mira dónde pisa; el virtuoso, antes de obrar, ha de reflexionar sobre lo que va a hacer, consultando a la sabiduría, y seguir la senda que ésta le señale, sin desviarse de ella.
Los LXX añaden los versos 28-29, que vienen a ser un comentario a los versos precedentes, atribuyendo a Dios la obra asignada antes a la sabiduría. Se encuentra también en la Vulgata. No es fácil decidir si provienen de un original hebreo o si son una adición de un escriba o un cristiano de los primeros siglos.
1 Job 15:17. — 2 7:4 — 3 18:22; 19:14; 31:10. — 4 g.c., p.107). — 5 1 Re 4:29-34; 10:1-9 — 6 Ez 16:12; 23:42. — 7 2:21; 3:2.16.18. — 8 1:8-19; 2:12-19. — 9 Cf. Conferencias 24 y 25 de 1844. — 10 1:9 — 11 Jn 12:35-36, — 12 Mt 5:14-16. — 13 1:18; 2:22. — 14 Lev 26:3-13; Dt 11:7-15; 28:2.6.8.11, etc. — 15 Le 6:45; Mt 15:18-19. — 16 Ptah-hotep tiene unas expresiones semejantes: "El corazón es lo que hace a los hombres atentos o desatentos a la sabiduría. Vida, dicha, salud para los hombres es el corazón" (J. B. Pritghard, Ancient Near Eastern Texts [New Jersey 1955] p.414). — 17 Lc 6:45 — 18 Jn 14:6. — 19 1 Pe 2:22.
5. Fidelidad Conyugal
Huye de las Malas Mujeres (5:1-14)
1 Hijo mío, atiende a la sabiduría, da oídos a la inteligencia, 2 para guardar el consejo y mantener en tus labios la ciencia" 3 Miel destilan los labios de la mujer extraña, y es su boca más suave que el aceite. 4 Pero su fin es más amargo que el ajenjo, punzante como espada de dos filos. 5 Van sus pies derechos a la muerte, llevan sus pasos al sepulcro. 6 No va por el camino de la vida, va errando por el camino sin saber adonde. 7 Óyeme, pues, hijo mío, y no te apartes de las razones de mi boca. 8 Tente siempre lejos de su camino y no te acerques a la puerta de su casa, 9 para no dar tu honor a los extraños, y tus años a un cruel; 10 para que no disfruten extraños de tu hacienda y vayan tus trabajos a casa de otro, 11 y al fin tengas que llorar cuando veas consumidos tu carne y tu cuerpo, 12y hayas de exclamar: Ay de mí, que odié la disciplina y no di oídos a los que me adoctrinaban! 13 No escuché la voz de los que me educaban y no di oídos a los que me enseñaban. 14 Por poco no he llegado al extremo de mis males en medio del consejo de la asamblea.
Todo el capítulo 5 está dedicado al tema de las mujeres impúdicas, a que ya hizo alusión * y sobre el que volverá en los capítulos 6 y 7. Esta frecuencia indica que se trata de un mal frecuente en los días en que fue compuesta la introducción (1-9). Los pueblos vecinos a Israel practicaban la prostitución como parte de su culto. Estas mujeres vinieron a introducir tal corrupción en el pueblo escogido, que extraña pasó a ser sinónimo de meretriz y adúltera. La ley mosaica prohíbe el adulterio bajo pena de muerte 2, y los profetas lo reprenden duramente 3. En esta primera perícopa del capítulo 5, el sabio expone los halagos seductores de la adúltera y los males a que lleva el trato con ella.
Después de la exhortación acostumbrada, tanto más insinuante cuanto más peligroso es el escollo del que intenta apartar a sus discípulos, el sabio presenta el atractivo que ejercen las palabras de la adúltera y el fin nefasto a que su maldad la conduce. Lo primero es indicado por medio de dos metáforas muy conocidas: la miel, muy común en Palestina debido a sus numerosas flores, y que expresa muy bien el gusto y pegajosidad de los placeres que aquélla ofrece, y el aceite, que puede indicar la facilidad con que se insinúan y penetran en el corazón las palabras seductoras de la mujer impúdica. Nada más dulce que la miel ni más penetrante que el aceite. Lo segundo, con dos expresivas comparaciones: el ajenjo, cuya amargura es proverbial, y la espada de dos filos, apta como la que más para herir y matar. La ley condenaba a muerte a los adúlteros, si bien tal vez no siempre se aplicaba en la época en que fue compuesto el libro 4. En todo caso, la lujuria, con el desgaste de energías físicas que ella supone, conduce a una muerte prematura 5. El autor presenta el castigo sin tratar de precisar su naturaleza.
Declarado el fin de la mujer adúltera, y por lo mismo el de quienes se dejan seducir por sus halagos, el sabio exhorta a sus lectores a que se mantengan alejados de ella. Es la más sabia norma y el único medio para poder vencer el peligro. Dios dará a sus fieles siempre las gracias precisas para vencer en todos aquellos peligros a que el cumplimiento de su deber los exponga, pero no hará un milagro para que salga ileso el que temerariamente se puso en la ocasión. Es el aviso de todos los autores de vida espiritual.
Enumera a continuación los males a que lleva el adulterio, y que son otros tantos motivos por los que el hombre sabio ha de mantenerse alejado de él. El adúltero dará su honor a los extraños, y sus años a un cruel (V.9). Se trata siempre de los mismos: del esposo ofendido, de sus parientes, a quienes irá a parar el honor del adúltero, cuyo pecado podrán descubrir, o exigirle el fruto del trabajo de sus años si quiere evitar el ser denunciado a la asamblea, que le impondrá el oportuno castigo, con la infamia consiguiente. Además verá consumida su carne y su cuerpo (v.11), alusión, ya conocida, a los efectos físicos de la lujuria, que roban a la juventud su frescor y lozanía, precipitándola en una vejez prematura. Entonces reconocerá su error y se lamentará amargamente de no haber hecho caso de las advertencias de los sabios y haber despreciado la disciplina que hubiera mantenido a raya sus pasiones. Reconoce que se ha expuesto a ser denunciado a la asamblea y condenado a la pena de muerte, o al castigo que en su lugar se aplicase en los días que siguieron al exilio. "¡Cuántas molestias llevan consigo los amores torpes — escribe San Agustín — -, cuántas inquietudes en esta vida! Y omito — añade — la gehena. Pero ve si no te has convertido en tu propia gehena en esta vida."6
Gózate con tu legítima esposa (5:15-23)
15 Bebe el agua de tu cisterna, los raudales de tu pozo. 16 ¿Quieres derramar fuera tus fuentes, por las plazas las aguas de tu río? 17 Tenias para ti solo, no para que contigo las beban los extraños" 18 Bendita tu fuente, y gózate en la compañera de tu mocedad, 19 cierva carísima y graciosa gacela; embriáguente siempre sus amores y recréente siempre sus caricias. 20 ¿Para qué andar loco, hijo mío, tras la extraña y abrazar en tu seno a una extranjera? 21 Los caminos del hombre están a los ojos de Yahvé, El ve todos sus pasos. 22 El impío queda preso en su propia iniquidad y cogido en el lazo de su culpa. 23 Morirá por falta de disciplina, y su gran necedad le perderá.
En la segunda estrofa del capítulo 5, el sabio presenta un remedio psicológico muy eficaz para preservar a sus discípulos de caer en los lazos de la mujer adúltera: poner todo su amor en la compañera que para toda su vida escogió en los días de su juventud y reservar para ella todos los afectos de su corazón, con lo que gozará de las alegrías profundas que su compañía le proporcionará y de los placeres que una vida fiel conyugal bendecida por Dios reporta a los esposos. El sabio compara a la esposa con el agua de las cisternas y los raudales del pozo. Dada la escasez de agua en Palestina, las cisternas y los pozos constituían bienes altamente estimados por los israelitas. La imagen, que se emplea también para expresar la paz y el bienestar7, es muy apta para indicar la sed de placer que el ser humano siente y la satisfacción a raudales que la esposa le puede proporcionar, sin peligro de la angustia e inquietud del que va a saciarla a fuentes vedadas.
El no proceder así puede traer otro mal muy grande para la propia esposa. Al no saciar su legítimo esposo los afectos y legítimos deseos de su corazón, puede inducirla a saciarlos con quien no lo es y dar origen a un nuevo adulterio. Una vida matrimonial virtuosa preserva a uno y otro cónyuge de la infidelidad y alcanza la bendición de Dios, que es quien da la verdadera dicha.
Con términos y comparaciones semejantes a las del Cantar de los Cantares, el autor se esmera en describir el encanto de la legítima esposa, con el fin de que su discípulo ponga en ella totalmente su corazón. Ella es fuente de felicidad y de placer en el hogar; la compañera de su mocedad, a quien consagró el amor de sus años jóvenes y prometió, sin duda, fidelidad perpetua; cierva carísima y graciosa gacela, comparaciones empleadas para ensalzar la belleza y gracias femeninas. La conclusión se desprende por sí sola: teniendo en el propio hogar con quien saciar los afectos y tendencias de tu corazón, no vayas a casa extraña, exponiéndote a los peligros e inconvenientes indicados. El matrimonio tiene tres fines: la procreación de los hijos, la mutua ayuda y el remedio de la concupiscencia. El sabio no desconoce los dos primeros y tiene un alto concepto de la mujer 8; si sólo insiste en el tercero, es porque la concupiscencia es la que induce al adulterio, presentando el remedio desde ese mismo punto de vista.
Concluye con un último y decisivo motivo por el que hay que evitar el adulterio. Tal vez el adúltero piensa que nadie conocerá su delito y que podrá evitar su castigo. Pero hay algo a lo que no puede sustraerse: la mirada de Dios, que todo lo ve y lo sabe 9. Y Yahvé, que gobierna los pasos de los hombres 10, puede disponer las cosas de tal modo que, cuando el adúltero se cree más seguro, es descubierta su iniquidad, que no quedará impune.
1 2:16-19. — 2 Ex 20,14; Dt 22:22. — 3 2 Saín 12:1-12; Jer 5:8; Os 4:2. — 4 6:36. — 5 Eclo 23:22-23. — 6 Psalm. 102. — 7 IS 36:16. — 8 2:17; 11:16; 31:10-31. — 9 15:3.11; Job 34:22.25; Eclo 23:28-29. 10 19:21; 20:24.
6. Advertencias Sobre Temas Varios y el Adulterio
El tema del capítulo 5, la mujer impúdica, se continúa en el v.20 del presente capítulo. Los versos 1-19 interrumpen el tema, lo que podría indicar que se encuentran fuera de su lugar, desplazados tal vez de las secciones de los sabios, con cuyo contenido y estructura tienen más parecido.
La fianza (6:1-5)
1 Hijo mío, si saliste fiador por tu prójimo, si has estrechado la mano del extraño, 2 si te has ligado con tu palabra y te has dejado coger por tu boca, 3 haz esto, hijo mío, para librarte, ya que has caído en manos de tu prójimo: ve sin tardanza y asegúrate de tu amigo; 4 no des sueño a tus ojos, no des reposo a tus párpados. 5 Ponte a salvo como de la mano del cazador el corzo, como el pájaro del lazo del pajarero.
El sabro no intenta aquí condenar el acto de fiar, que en otros libros se recomienda como un acto cíe caridad 1. Intenta sólo dar una norma de prudencia humana frente a deudores insolventes: el que fía ha de tomar las precauciones debidas para evitar que aquel a quien fía pueda jugarle una mala partida, y ello con la debida rapidez, no sea que llegue tarde.
La recomendación se repite varias veces en el libro, lo que indica los peligros que la fianza entraña y tal vez abusos frecuentes en los días del autor 2.
La pereza (6:6-11)
6 Ve, ¡oh perezoso! a la hormiga, mira sus caminos y hazte sabio. 7No tiene capitán, ni inspector, ni señor, 8 y se prepara en el verano su alimento, reúne su comida al tiempo de la mies. "O ve a la abeja y aprende cómo trabaja y produce rica labor, que reyes y vasallos buscan para sí y todos apetecen. Y siendo como es pequeña y flaca, es por su sabiduría tenida en mucha estima" (LXX). 9¿Hasta cuándo, perezoso, dormirás, cuándo despertarás de tu sueño? 10Un poco dormitar, un poco adormecerse, un poco mano sobre mano descansando, 11 y sobreviene como correo la miseria y como ladrón la indigencia.
Otra cosa que puede ocasionar la ruina familiar — si alguna conexión existe entre ésta y la precedente perícopa, sería este peligro común — es la pereza. El autor de los Proverbios recomienda con frecuencia la diligencia para el trabajo y condena la pereza y desidia 3, lo que deja entender era otro mal frecuente en el también en que escribe.
Dos animalillos, maravillosos ejemplares de laboriosidad, presenta el sabio al perezoso como modelo y estímulo para que, saliendo de su indolencia, se haga activo y diligente: la hormiga y la abeja. Aquélla no tiene capitán que le imponga y controle su actividad; sin embargo, acumula con un trabajo paciente y laborioso provisiones para el invierno. La literatura antigua y el folklore popular la consideraron siempre como ejemplo de trabajo laborioso y providente. Lo que ella hace por instinto deberá hacer el perezoso por convencimiento y conveniencia personal4. No es modelo inferior de actividad diligente la abeja. Es también pequeña; sin embargo, todos admiramos la sabiduría y diligencia en la confección de sus panales y su miel, que, labrada en la oscuridad, es a todos apetecible 5.
Frente a su trabajo diligente, el sabio describe gráficamente la conducta del perezoso y le advierte las consecuencias de su indolencia. Apenas ha comenzado su trabajo, la pereza y el sueño, sus compañeros inseparables, lo vencen e inutilizan para toda actividad que exija esfuerzo y sacrificio. La consecuencia inevitable es la pobreza y la miseria, que vendrán con la rapidez del que lleva el correo y lo inesperado del ladrón armado, a quien no se puede resistir. "Si, por el contrario, eres activo — añaden los LXX —, tu cosecha será abundante como una fuente y la miseria estará lejos de ti."
La doblez (6:12-15)
12 El hombre malo, el hombre inútil, que camina con la mentira en su boca, 13 hace guiños con los ojos, refriega los pies, habla con los dedos; 14tiene el corazón lleno de maldad y siembra siempre la discordia. 15 Por eso vendrá sobre él de improviso la ruina y será quebrantado súbitamente y sin remedio.
Describe esta pequeña perícopa los gestos que suele emplear el hombre malvado, inútil para toda obra buena, de ánimo doble. El hombre sencillo y sin malicia no capta fácilmente el significado de esas señales, pero al ojo del observador delatan la hipocresía del malvado. Simula amistad y afecto con su prójimo, mientras con las señales indicadas manifiesta a sus compañeros su mala voluntad y les hace entender cuál va a ser la próxima víctima de su perfidia6. Tiene lleno de maldad su corazón y no puede salir de él cosa buena; goza y disfruta sembrando disensiones y discordias entre los demás.
Pero, cuando menos lo piensa, viene a ser víctima de sus engaños y perfidia. El castigo es presentado como una ruina súbita e irremediable 7, sin determinar si el castigo vendrá por una intervención especial de Dios mediante una enfermedad o muerte repentina, por la acción de la justicia pública o la venganza de sus enemigos. "Cuan verdadero sea esto — comenta A Lapide —, lo enseña la experiencia. Vemos muchas veces cómo los hombres inicuos, maquinadores de maldades, perturbadores de la paz pública, son sobrecogidos por adversidades repentinas, inesperadas e inevitables, que no rara vez les causan la muerte presente y la futura. Justa y congrua pena que quienes destruyeron la paz y amistad de los otros se vean a su vez quebrantados... y que, cuando se alegran en sus maldades, súbitamente pasen de un extremo al otro, es decir, del sumo gozo al sumo dolor, lo que aumenta su pena y castigo."8 Muchas veces, sin embargo, la realidad no es así. Los malos mueren sin haber recibido el castigo de sus acciones malas, y los buenos sin haber obtenido la recompensa de su virtud. Ello iría abriendo las mentes israelitas a la revelación posterior sobre el premio y castigo después de la muerte.
Cosas odiosas a Dios (6:16-19)
16 Seis cosas aborrece Yahvé, y aun siete aborrece su alma: 17 ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, 18 corazón que trama iniquidades, pies que corren presurosos al mal, 19 testigo falso que difunde calumnias y enciende rencores entre hermanos.
El sabio emplea en esta perícopa un género literario especial que recibe el nombre de "sentencias numéricas." Se enuncia el número total de cosas a indicar, menos una, que se presenta en seguida con cierto misterio. La manera de enunciar esta última, si no es una mera forma retórica, declara que en ella se verifica en grado mayor la cualidad afirmada de todas. Este procedimiento literario, que se encuentra también en la literatura profana, a la vez que excita la curiosidad, mantiene la atención y facilita su retención en la memoria.
1. Ojos altaneros. La soberbia es el primer pecado capital y fuente de todos los vicios, por lo que el sabio suplica a Yahvé no le haga "altivo de ojos" 9. Nada tan opuesto a la sabiduría, que exige humildad profunda y docilidad plena a sus enseñanzas. El orgulloso siente demasiado aprecio de sí mismo y desestima de los demás, para poder aceptar y someterse a sus enseñanzas. La Sabiduría encarnada, que tuvo una palabra de aliento y perdón incluso para la adúltera 10, no pudo resistir a los soberbios fariseos n.
2. La lengua mentirosa es uno de los vicios que con más frecuencia recriminan los sabios 12, lo que indica se trata de algo muy detestable. Odiosa a Dios, que es la suma Verdad — así se definió a sí mismo también Jesucristo 13 —, lo es también a los hombres, porque turba la mutua confianza y la concordia entre ellos.
3. El que derrama sangre inocente. Dios es el autor de la vida del hombre y no está en la facultad de éste quitársela a sí mismo o a su prójimo. Las Sagradas Letras inculcan, a raíz de la muerte de Abel por su hermano Caín, el respeto a la vida del hombre, porque ha sido creado a imagen de Dios 14; prohíbe el homicidio en el Decálogo 15 y proclama que será derramada la sangre de aquel que derrame la de su prójimo 16. Más aún, las mismas fieras debían pagar con su propia vida la sangre del hombre cuya muerte hubieren causado 17. Todo lo cual pone de manifiesto el respeto que Dios quiere sea tenido para con la vida del hombre.
4. El corazón que trama iniquidades, intrigas, conspiraciones contra su prójimo en cuanto a su fama, a sus bienes, resulta también desagradable en extremo al Señor, de cuyo corazón, lleno de bondad, procede todo bien.
5. Pies que corren presurosos al mal hacen a los impíos más odiosos aún a Dios, y también a los hombres, que los anteriores. El malvado que hace una y otra vez el mal, llega a crearse un hábito y a sentir una fuerte inclinación a hacer el mal a los demás 18, que los impulsa a hacerlo tan pronto como se les presenta la ocasión.
6. El testigo falso que difunde calumnias comete un doble pecado, faltando a la verdad y a la caridad contra el prójimo, ocasionándole tal vez un gravísimo daño. La Ley lo prohíbe 19 y los sabios lo condenan con mucha frecuencia 20.
7. El que enciende discordias entre hermanos es en cierto sentido más odioso que los anteriores a los ojos de Dios. Por hermanos se entiende aquí los parientes próximos y quizá también las personas unidas por vínculos de amistad. El que siembra discordias entre los parientes y amigos quita la paz y armonía entre aquellas personas entre quienes más necesaria resultan aquéllas, dando quizá ocasión a que se repitieran la historia de José y sus hermanos, la de Caín y Abel.
"Sin duda todas estas enseñanzas de la sabiduría — observa Renard — tienen un carácter negativo que no alcanza la perfección del Nuevo Testamento. Servirá, sin embargo, de base a las enseñanzas de Jesucristo, que las presentará en un espíritu nuevo: 'Yo no he venido a abrogar la Ley y los Profetas; no he venido a abrogarla, sino a consumarla (Mt 5:17). Los sabios profanos re-prueban estos mismos vicios naturales, pero con un espíritu más formalista y una expresión más material" 21.
Huye de la mujer disoluta Actitud peligrosa Castigo del adulterio (6:20-35)
20 Guarda, hijo mío, los mandatos de tu padre y no des de lado las enseñanzas de tu madre. 21 Ten siempre ligado a ellos tu corazón, enlázalos a tu cuello. 22 Te seguirán de guía en tu camino, velarán por ti cuando durmieres, y cuando despiertes te hablarán; 23 porque antorcha es el mandato, y luz la disciplina, y camino de vida la corrección del que te enseña. 24 para guardarte de la mala mujer, de los halagos de la mujer ajena. 25 No codicies su hermosura en tu corazón, no te dejes seducir por sus miradas; 26 porque, si la prostituta busca un pedazo de pan, la casada va a la caza de una vida preciosa. 27¿Puede alguno llevar fuego en su regazo sin quemarse los vestidos? 28¿Quién andará sobre brasas sin que se le abrasen los pies? 29 Así el que se acerca a la mujer ajena: no saldrá inmune quien la toca. 30 ¿No es tenido en poco el ladrón cuando roba para saciar su hambre, si la tiene? 31Y si es cogido, tendrá que pagar el séptuplo de toda la hacienda de su casa. 32Pero el adúltero es un mentecato; sólo quien quiere arrumarse a sí mismo hace tal cosa. 33Se hallará con palos e ignominia, y su afrenta no se borrará nunca; 34porque los celos del marido le ponen furioso y no perdona el día de la venganza. 35 No se contentará con una indemnización y no aceptará dones, por grandes que sean.
Al renovar el terna del adulterio, vuelve al tono paternal, ahora más insinuante, si cabe, de las exhortaciones precedentes22, y emplea las más expresivas imágenes para inculcar las advertencias de la sabiduría sobre la conducta a seguir frente a los halagos seductores de la mujer disoluta. Si las lleva en su corazón 23, serán luz que le enseñarán el recto camino y le proporcionarán la disciplina y fortaleza para no desviarse de él.
Para no caer en los lazos de la mujer disoluta, el sabio recomienda a sus discípulos la guarda del corazón frente a la impresión que a través de sus ojos pueda ejercer en él la hermosura de la mujer ajena 24 y ponerse en guardia frente a las miradas licenciosas 25, con que fácilmente cautiva el corazón ajeno y lo inducen al pecado. El sentido del v.26, oscuro en el texto hebreo, es discutido. El más probable es que, mientras que la cortesana sólo te despoja de los bienes que te exige para satisfacer tu concupiscencia, el pecado con la casada tiene consecuencias más graves, porque te expone al castigo, que indicará después, quizá a perder la misma vida. Con la comparación del fuego pone de manifiesto lo peligroso que es el trato familiar con la mujer del prójimo. Acercarse con esa actitud a ella y no caer en las seducciones de la licenciosa es como pretender llevar fuego en el regazo sin que se quemen los vestidos o intentar andar sobre brasas sin ser quemado por ellas. Aquí vale más que en ninguna otra cosa la advertencia del sabio de que "el que ama el peligro caerá en él" 26.
También con una comparación pretende el autor declarar la gravedad del castigo del adúltero. Si un ladrón, llevado del hambre, roba con qué saciarla, tiene cierta excusa. Sin embargo, es severamente castigado, ya que pudo hacerlo con medios lícitos. Lo de "séptuplo," que no ha de tomarse al pie de la letra, expresa que ha de restituir en gran cantidad 27. La Ley a veces exigía el quíntuplo28. ¡Cuánto más será castigado el adúltero, que roba al marido un bien tan superior a un poco de alimento y sin necesidad alguna! La Ley, como ya hemos indicado, establecía la pena de muerte para los adúlteros 29; pero en los tiempos del autor parece no se aplicaba, ya que no se hace mención, al menos expresa, de ella en estos capítulos, ni en Eclo 23:21-37, en que se trata del mismo tema. Cierto que no se aplicaba en los días de Jesucristo 30. El v.33 parece indicar que en su lugar se aplicaba algún castigo corporal, con la consiguiente ignominia. Sin embargo, el v.34 deja entrever la posibilidad de la pena de muerte, si no por la ley judicial, por la venganza del esposo ofendido. La historia está llena de casos en los que éste, tomando la justicia por su cuenta, no se ha contentado con un precio inferior al de la muerte de su ofensor.
1 Eclo 29:1.2.19; Ex 22:25.26. — 2 11:15; 17:18; 20:16; 22:26-27; 27:13. — 3 10,26; 11:16; 13:4; 15:10; 18:9; 19:15-24; 21:25; 22:13; 24:30-34; 26:13-16; 31:27. — 4 La lección se basa en la creencia antigua de que las hormigas carecían de jerarquía y organización social. Los autores modernos sostienen que las hormigas poseen una organización social, a veces con su rey y su reina; incluso alguna vez con una clase esclava, que capturaron y obligan a t ral tajar en beneficio de la comunidad. Cf. Aristóteles, De anima Ι,Ι-ΙΙ. — 5 Eclo 11:3. Lo de la abeja falta en el TM. Se encuentra en los LXX y en antiguas versiones. La conocieron varios Padres, entre ellos San Ambrosio, Clemente de Alejandría, San Jerónimo. — 6 10:10; Eclo 27:25. — 7 1:26-32; 2:22. — 8 O.C., — 9 Eclo 23:5. — 10 Jn 8:1-11. — 11 3:34; 1 Pe 5:5. — 12 10:18-21; 12:13-25; 18:6-8; 19:9; 26:20-28. — 13 Jn 16:6. — 14 Gen 4:10-16; 9:6. — 15 Ex 20:13. — 16 Gen 9:6. — 17 Gen 9:5; Ex 21:28. — 18 4:16-17. — 19 Ex 20,16; 23:1. — 20 12:17; 14:5.25; 19:5.9.28; 21:28; 24:28; 25:18. — 21 O.c., p.68. — 22 1:8; 2:1, etc. — 23 3:3. — 24 Eclo 9:9. — 25 Eclo 26:12. — 26 Eclo 3:27. — 27 24:16; 26:16.25. — 28 Ex 21:37; 22:8. — 29 2:18; Lev 20:10; Dt 22:22. — 30 Jn 8:3-11; Lc 18:11.
7. Como la Adultera Seduce al Inexperto
1 Hijo mío, atiende a mis palabras y pon dentro de ti mis enseñanzas. 2 Guarda mis preceptos y vivirás; sea mí ley como la niña de tus ojos. 3 Átatelos al dedo, escríbelos en la tabla de tu corazón. 4 Di a la sabiduría: "Tú eres mi hermana," y llama a la inteligencia tu pariente, 5para que te preserven de la mujer ajena, de la extraña de lúbricas palabras. 6Estaba yo un día en mi casa a la ventana, mirando a través de las celosías, 7y vi entre los simples un joven, entre los mancebos un falto de juicio, 8que pasaba por la calle junto a la esquina e iba camino de su casa. 9Era el atardecer, cuando ya oscurecía, al hacerse de noche, en la tiniebla. 10Y he aquí que le sale al encuentro una mujer con atavío de ramera y astuto corazón. 11Era parlanchína y procaz, y sus pies no sabían estarse en casa; 12 ahora en la calle, ahora en la plaza, acechando por todas las esquinas. 13 Cogióle y le abrazó y le dijo con toda desvergüenza: 14"Tenía que ofrecer un sacrificio y hoy he cumplido ya mis votos; 15por eso te he salido al encuentro, iba en busca tuya y ahora te hallo. 16He ataviado mi lecho con tapices, con telas de hilo recamado de Egipto; 17he perfumado mi cama con mirra, áloe y cinamomo. 18 Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana, hartémonos de caricias; 19 pues mi marido no está en casa, ha salido para un largo viaje. 20 Se ha llevado la bolsa y no volverá hasta el plenilunio." 21 Con la suavidad de sus palabras le rindió y con sus halagos le sedujo; 22y se fue tras ella entontecido como buey que se lleva al matadero, como ciervo cogido en el lazo 23hasta que una flecha le atraviesa el flanco, o como el pájaro que se precipita en la red sin saber que le va en ella la vida. 24 Óyeme, pues, hijo mío, y atiende a las palabras de mi boca. 25No dejes ir tu corazón por sus caminos, no yerres por sus sendas; 26porque a muchos ha hecho caer traspasados y son muchos los muertos por ella. 27Su casa es el camino del sepulcro, que baja a las profundidades de la muerte.
Para completar lo que ha dicho sobre el adulterio, el sabio presenta gráficamente, con sus circunstancias más concretas, el caso de una adúltera que con sus halagos sedujo a un joven inexperto, que pone de relieve la astucia de aquélla y la necedad de éste.
Precede la acostumbrada exhortación con nuevas imágenes. Cuando estimamos mucho una cosa, decimos que es la pupila de nuestros ojos. Tal ha de ser la estima del discípulo de la sabiduría por sus enseñanzas. El átatelos al dedo puede recordar el anillo que está unido a él y pasa a cada momento ante los ojos, con lo que indica el sabio que sus consejos han de estar siempre presentes en la memoria de aquél para llevarlos en todo momento a la práctica, La designación de la sabiduría como hermana, pariente, indica las relaciones de afecto y familiaridad, la unión íntima que con ella es preciso tener. El autor de la Sabiduría la presenta como esposa! y el Eclesiástico como madre y esposa virgen 2. Jesucristo, Sabiduría encarnada, llamaría madre suya, hermanos, parientes, a quienes oyeran sus enseñanzas y las pusieran en práctica 3. La sabiduría le librará entonces de los pecados sensuales, porque ella se opone a éstos como el espíritu a la carne, el cielo a la tierra4.
Hace en seguida la presentación del joven embaucado por los halagos de la mujer disoluta. Una descripción imaginativa seguramente, pero basada en la realidad. Un joven inexperto, falto de juicio, que a eso del anochecer camina por la calle que conduce a la casa de la adúltera. Acierta a pasar por la casa del sabio, desde cuya ventana, a través de su enrejado, él mismo pudo con sus ojos contemplar la escena. Hay probablemente en la indicación de las circunstancias de lugar y hora una tácita advertencia del sabio. Posiblemente el joven salió de casa sin intención alguna malévola; pero quien imprudentemente se busca la ocasión, será víctima de los halagos de la carne.
Sigue el retrato de la mujer licenciosa. La mujer en este tiempo tenía bastante libertad, lo que hacía posibles escenas como la presente 5. Se presenta con atavío de mujer prostituta, con un corazón astuto, dispuesto a seducir a su encontradizo. Es habladora y procaz, siempre fuera de casa al acecho de su presa, en distinción a la mujer virtuosa, amante del silencio, modesta y recatada en su comportamiento, mujer de su casa. Lleva en su interior como un fuego que no la deja parar y una sed ardorosa de placer, que le hace buscar en todo momento la ocasión propicia para saciarla y merodea por las esquinas, con el fin de ser vista, en busca de algún incauto con quien dar pábulo a sus deseos depravados.
La actitud y lenguaje de la adúltera son atrevidos y desvergonzados. Seguramente en un lugar un poco apartado, toma del brazo al joven, le abraza en actitud un tanto descarada, llevada de la pasión, y le manifiesta sus propósitos depravados. Le dice haber ofrecido un sacrificio y cumplirse aquel día precisamente sus votos. En los sacrificios en cumplimiento de un voto se ofrecía la sangre y la grasa de los intestinos. Lo demás era comido en banquete sagrado el mismo día por los oferentes, que invitaban a sus parientes y amigos6. Pero pronto desenmascaró sus perversas intenciones. Pone primero ante sus ojos una estancia perfumada con ricos perfumes7 y un lecho recubierto de tapices y telas de hilo recamado de Egipto, país con el que Palestina mantenía intercambio comercial desde los días de Salomón. Después provoca abiertamente su sensualidad: pasarán la noche dando rienda suelta a los deseos impúdicos de su corazón. Un motivo podría retraerle: la venganza del esposo. Pero no hay peligro. Ha salido para un largo viaje de negocios y tardará en volver. No podrá sorprenderles. Como en el v.9 habló de tinieblas de la noche, posiblemente la escena tuvo lugar en una noche de luna nueva, en cuyo caso el regreso del esposo, que no tendría lugar hasta los días de luna llena, tiempo el más propicio para caminar, no tendría lugar antes de quince días.
Las palabras insinuantes y la conducta halagadora de la adúltera convencieron al joven incauto. Con tres comparaciones tomadas del reino animal declara el sabio su conducta necia y estúpida; la del buey, que lo mismo va tras de su amo cuando lo lleva al pesebre que si un día lo conduce al matadero, porque no tiene inteligencia; la del ciervo, que, cogido en el lazo, no puede liberarse de él, y su hígado, órgano para los antiguos de las afecciones y de la vida, es atravesado por la flecha; y la del pájaro, que se precipita a coger el alimento sin darse cuenta de que tiene tendida la red en la que va a dejar prendida la vida. Así el joven obró neciamente como quien no tiene inteligencia, se dejó coger en los lazos de la adúltera, de los que no supo escapar, y se precipitó ciegamente en una conducta cuyas fatales consecuencias menciona en seguida.
Termina el sabio con la recomendación con que comenzó: hay que seguir los consejos de la sabiduría respecto de la guarda del corazón para no caer en los lazos de la mujer adúltera. De hecho, advierte, muchos se dejaron seducir por la concupiscencia. David y Salomón, entre los grandes de Israel, fueron víctimas suyas, y la historia está llena de tristes ruinas morales y humanas, que son el mejor comentario a esta perícopa sobre la mujer disoluta. Las consecuencias a que lleva el adulterio son la muerte física, que lleva prematuramente al seol 8. Los cristianos sabemos que ocasiona otro mal mucho más terrible aún, que es la muerte del alma, que lleva consigo el infierno.
1 8:2 — 215:23 Lc 8:19-21. — 4 2:16; 6:24. — 5 Cant 3:2.3; Eclo 26:11-15. — 6 Lev 7:16. — 7 Eclo 24:20-21. — 8 2:18.19; 5:5-23.
8. Origen y Excelencia de la Sabiduría
Con el capítulo 8 llegamos al fragmento más importante, no sólo de la primera parte, sino de todo el libro, por su contenido sapiencial. Unido, con la perícopa 1:20-30, a los capítulos 6-9 de la Sabiduría y el 24 del Eclesiástico, contienen el punto culminante de la revelación anticotestamentaria sobre la Sabiduría divina y la segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Consta de tres partes. La primera es una invitación de la sabiduría, dirigida a todos a participar de sus beneficios (1-11). La segunda canta las excelencias de la sabiduría, declarando su naturaleza y atributos (12-21). La tercera proclama su origen y actividad en la obra de la creación (22-36).
Invitación de la sabiduría (8:1-11)
1 ¿No está ahí clamando la sabiduría y dando voces la inteligencia? 2 En la cima de las alturas, junto a los caminos, en los cruces de las veredas se para; 3 en las puertas, en las entradas de la ciudad, en los umbrales de las casas da voces: 4 A vosotros, mortales, clamo, y me dirijo a todos los hombres. 5 Entended, ¡oh simples! la cordura, y vosotros, necios, entrad en la discreción. 6 Escuchad, que voy a deciros nobles palabras, y abriré mi boca a sentencias de rectitud. 7Sí; mi boca dice la verdad, pues aborrezco los labios inicuos. 8 Todos mis dichos son conformes a la justicia; nada hay en ellos de tortuoso y perverso. 9 Todos son rectos para la persona inteligente y razonables para el que tiene la sabiduría. 10 Recibid mi enseñanza mejor que la plata, y la ciencia mejor que el oro fino; 11 pues la sabiduría vale más que las piedras preciosas, y cuanto hay de codiciable no puede comparársele.
La mujer adúltera había aprovechado la oscuridad y la soledad con su encontradizo para seducirlo y llevarlo a la perdición. La sabiduría, por el contrario, toma la palabra y, a la luz del día, invita en alta voz y en las alturas elevadas, de modo que pueda ser oída por todos; en los cruces del camino, para ofrecerse a todo caminante; en las puertas de la ciudad, para que cuantos entren y salgan por ellas puedan escuchar sus enseñanzas; en los umbrales mismos de las casas, porque a toda costa quiere ser escuchada y hacer a los hombres partícipes de sus beneficios. A través de la ley natural impresa en el corazón de todos los hombres, de la conciencia, que a cada paso dice lo que es bueno y lo que es malo e incita a seguir aquél y evitar éste, la sabiduría divina habla en todas partes, en casa y en la calle, en la ciudad y en los caminos, y en todas las circunstancias de la vida, en los ratos de quietud y en los quehaceres de los negocios, cuando las cosas salen bien y cuando las tribulaciones llegan al corazón. Su llamamiento se dirige a todos los mortales, sin distinción de raza y condición. Es el universalismo que predicaron los profetas, y que en la plenitud de los tiempos, predicada por la Sabiduría que tomó carne, realizarían los apóstoles. Su llamamiento se dirige de una manera especial a aquellos que tienen más necesidad de sus enseñanzas: los simples o inexpertos, que fácilmente se dejan seducir por los razonamientos de los impíos * y de los halagos seductores de la mujer adúltera 2; y los necios o insensatos, que por su mala conducta viven apartados de ella.
Sus enseñanzas, proclama la Sabiduría, están plenamente conformes con la verdad, a la vez que dictadas por la más leal sinceridad. La sabiduría que aquí habla es la sabiduría divina, que no puede engañar ni engañarse. Por lo mismo, sus sentencias están totalmente de acuerdo con la justicia, que es la verdad puesta en práctica, y enseñan el camino que lleva a la verdadera vida. Jesucristo se declaró a sus discípulos como el camino, la verdad y la vida3. Pero, para reconocer como verdaderas las directrices que señala la sabiduría y ordenar la vida conforme a ellas, es precisa la inteligencia, o conocimiento de sus enseñanzas, y la ciencia moral práctica, o buena disposición de la voluntad para llevarlas a la práctica. Los faltos de juicio y los malvados no pueden fácilmente comprenderlas. Muchos judíos, cegados por los prejuicios de un mesías temporal, y muchos gentiles, apegados a las cosas de la tierra, no comprendieron el misterio de la cruz, suprema prueba del amor de Dios a los hombres, y lo tildaron de escándalo y necedad. "La sabiduría es un don de Dios — escribe Girotti —, y sólo quien la ha merecido con sus virtudes la puede estimar; los malos, que están privados de ella, no la comprenden; ninguna maravilla, pues, cuando afirman que las enseñanzas divinas son irracionales e injustas."4
Se concluye esta primera perícopa con un elogio de las enseñanzas de la sabiduría, que utiliza las comparaciones conocidas del oro y las piedras preciosas5, añadiendo que nada hay codiciable que pueda compararse con ella. Con razón el sabio la prefirió a los cetros y a los reinos, y en comparación con ella tuvo en nada la riqueza6. "A su lado no cuentan corales y cristales — escribe el autor del libro de Job —; vale más que las perlas..., no entra en balanza con el oro más puro."7
Excelencias de la sabiduría (8:12-21)
12 Yo, la sabiduría, tengo conmigo la discreción, poseo la ciencia y la cordura. 13 [Temer a Dios es aborrecer el mal.] La soberbia, la arrogancia, el mal camino, la boca perversa, la detesto. 14 Mío es el consejo y la habilidad; mía la inteligencia, mía la fuerza. 15 Por mí reinan los reyes y los jueces administran la justicia. 16 Por mí mandan los príncipes y gobiernan los soberanos de la tierra. 17 Amo a los que me aman, y el que me busca me hallará. 18 Llevo conmigo el bienestar y la honra, sólidas riquezas y justicia. 19 Mi fruto es mejor que el oro puro; mi ganancia, mejor que la plata acrisolada. 20 Voy por las sendas de la justicia, por los senderos de la equidad, 21 para procurar ricos bienes a los que me aman y henchir sus tesoros.
Después de la exhortación dirigida a todos los mortales con el fin de llevarlos al amor y práctica de sus enseñanzas, va a cantar sus excelencias. Al hacerlo, y para poner más de manifiesto el valor de sus dones, nos hablará de sus atributos, que constituyen, en cierto sentido, su naturaleza, y de los saludables efectos que produce en los reyes y en cuantos la aman y la buscan.
Enumera unas cuantas cualidades que son en otras muchas páginas del libro sinónimos de sabiduría, y que presenta ella misma aquí, personificada, como las cualidades de que ella está adornada o diversas facetas que su naturaleza comprende, y que fueron enumeradas ya en el mismo prólogo. El libro de Job las atribuye directamente a Dios 8, y el profeta Isaías las atribuye al Mesías 9, lo que indica se trata aquí de la sabiduría divina, y al atribuírselas el autor prepara los caminos a la revelación trinitaria. En medio de la enumeración hace mención de tres males que la sabiduría detesta: la soberbia y la arrogancia, el mal camino y la boca perversa, de que el sabio habla con mucha frecuencia en el libro y presentó poco antes como cosas odiosas a Yahvé 10. La mención del temor de Dios como fuente de aborrecimiento del mal, si bien se encuentra en el texto hebreo y versiones antiguas, es probablemente glosa de un escriba a 13bc, ya que rompe el ritmo.
A continuación describe los efectos de la sabiduría en quienes la alcanzan. Los reyes, quienes por su complicada misión la precisan de una manera peculiar, gobernarán y administrarán justicia con todo acierto, porque ella les inspira las leyes sabias y justas que requieren el bien de los subditos y la justicia social n. Pero antes de pasar adelante establece una condición necesaria para poder gozar de sus beneficios: el amor a la sabiduría y el esfuerzo por conseguirla (v.17), que viene a coincidir con la guarda de los mandamientos de Dios, a la que el autor del Deuteronomio promete los bienes materiales 12. Jesucristo declaró que a todo aquel que le amase — ama a Dios quien guarda sus mandamientos — vendría El y el Padre y establecerían en él su morada, y que el que no lo ama no guarda sus mandamientos 13.
Pues bien, a quienes la aman y ponen en práctica sus enseñanzas, la sabiduría otorga el bienestar que proviene de una buena reputación ante los hombres y de las riquezas sólidas, cimentadas en la verdad, en la honradez y en la justicia, no en el engaño y en la injusticia, con el consiguiente peligro de perderlas cuando menos se espera. Y sobre estos bienes materiales, la justicia y la equidad, también afirmadas en el prólogo 14; es decir, la rectitud moral, que es la verdadera fuente de felicidad, según el pensamiento de los sabios. Así, los bienes prometidos aquí por la sabiduría son, en primer lugar, de orden material; pero también de orden moral y espiritual, figura de los bienes sobrenaturales que traería la Sabiduría encarnada. El pensamiento de que muchas veces la sabiduría no confería aquellos bienes materiales a quienes de verdad la amaron y siguieron sus consejos, debió de hacer sospechar al sabio en estos últimos, y ciertamente preparó la revelación de los mismos, respecto de los cuales, con relación a las promesas meramente materiales de los primeros libros sagrados, nos hallamos ya a medio camino por lo menos.
Origen de la sabiduría y su obra en la creación (8:22-36) 15
22 Yahvé me engendró, primicias de sus actos, con anterioridad a sus obras, desde siempre. 23Desde la eternidad fui constituida; desde los orígenes, antes que la tierra fuese. 24 Antes que los abismos fui engendrada yo; antes que fuesen las fuentes de abundantes aguas. 25Antes que los montes fuesen cimentados, antes que los collados fui yo concebida; 26 antes que hiciese la tierra, ni los campos, ni el polvo primero de la tierra. 27 Cuando fundó los cielos, allí estaba yo; cuando puso una bóveda sobre la faz del abismo, 28 cuando daba consistencia al cielo en lo alto, cuando daba fuerza a las fuentes del abismo; 29 cuando fijó sus términos al mar para que las aguas no traspasasen sus linderos; cuando echó los cimientos de la tierra, 30 estaba yo con El como arquitecto, siendo siempre su delicia, solazándome ante El en todo tiempo, 31recreándome en el orbe de la tierra, siendo mis delicias los hijos de los hombres, 32Oídme, pues, hijos míos; bienaventurado el que sigue mis caminos. 33 Atended al consejo y sed sabios y no lo menospreciéis. 34 Bienaventurado quien me escucha, y vela a mi puerta cada día, y es asiduo en el umbral de mis entradas. 35 Porque el que me halla a mí halla la vida y alcanzará el favor de Yahvé. 36 Y al contrario, el que me pierde, a sí mismo se daña, y el que me odia, ama la muerte.
El sabio va a revelar el último secreto de la grandeza de la sabiduría, explicándonos su origen y la parte que tuvo en la creación de las cosas: fue engendrada por Dios en la eternidad, antes de la creación de las cosas, y tomó parte en la creación de las mismas como arquitecto que dirigió al Creador en su obra.
Comienza afirmando que Yahvé la engendró, como primicias de sus actos, antes que todas las obras. El verbo hebreo qánáh, empleado por el autor, aparece muchas veces en nuestro libro 16; significa "adquirir" y, consiguientemente, "poseer," como traduce la Vulgata y las versiones de Aquila, Símaco y Teodoción 17. La significación de poseer está aquí determinada por el "desde siempre," desde la eternidad, y en los v.24-25 por la afirmación de su generación por parte de Dios. De modo que el sentido completo es que Yahvé posee la sabiduría, porque le ha dado el ser por generación. La traducción "me engendró" es en nuestro caso preferible, por el contexto siguiente. El término hebreo ré'síth, que la Vulgata Glementina traduce "al principio," es un sustantivo apuesto la pronombre personal (la sabiduría), que todas las versiones griegas y los mejores códices de la Vulgata traducen "como principio," en el sentido de arquitecto de sus obras. Pero esta idea no aparece hasta la perícopa siguiente (27-31); el sustantivo hebreo, en griego αρχή, significa tambiιn muchas veces primicias 18; a Jesucristo se aplica en este sentido en Col 1:15 y en Ap 3:14. Tomado en esta acepción, el sentido sería que la sabiduría constituye las primicias, la obra primera y singular de la actividad divina. El derek puede significar los escondidos designios de Dios, que el hombre difícilmente puede penetrar 19, o las obras todopoderosas de Dios 20. El vocablo qedhem, que suele traducirse "antes de," "con anterioridad a" (sus obras), en hebreo es un sustantivo apuesto a sabiduría, como primicias, que puede, por consiguiente, traducirse mejor por "lo que va delante," "preámbulo" (Robert, Renard). El sabio presentaría la generación de la sabiduría allá en la eternidad algo así como un muy lejano y misteriosísimo preludio de la creación de las cosas. El desde siempre (mead, desde entonces, mucho antes de la creación) puede interpretarse "desde la eternidad," como indica el paralelismo con el verso siguiente.
No ha habido tiempo alguno en el que la sabiduría haya adquirido su excelencia y dignidad, sus atributos, los dones que ella comunica a quienes la alcanzan. Lo tiene todo desde los orígenes, desde mucho antes de que existiesen las criaturas; es eterna como el mismo Dios, porque ha sido constituida desde la eternidad (v.23). Los LXX emplean el verbo θεμελιόω, que significa fundar, poner los cimientos, establecer 21, que habría que interpretar en el sentido de que la sabiduría está en Dios, es la sabiduría misma de Dios, que existe desde que El es. A otros parece más de acuerdo con el contexto la idea del verbo násak, que significa derramar un metal fundido para hacer una estatua 22, derramar un líquido en honor de Yahvé, hacer una libación 23. Como en la consagración de los reyes se derramaba óleo sobre su cabeza 24, vino a significar dar la investidura, constituir en un cargo25. Significaría que la sabiduría en su generación, que tuvo lugar en la eternidad, recibió su investidura, su dignidad y cuantos dones posee.
Los versos siguientes son un desarrollo en forma negativa de la idea del verso precedente. Afirman la preexistencia de la sabiduría a las primeras obras de la creación: el abismo, las fuentes de las aguas, los montes y los collados, el mismo primer polvo de la tierra. Antes de que todas estas cosas vinieran a la existencia por la acción de Dios creador, fue concebida la sabiduría (v.24). El verbo hebreo hil significa volverse, retorcerse por la vehemencia del dolor como la parturienta 26, concebir, dar a luz 27. "El antropomorfismo — observa Girotti — es atrevido, pero el autor lo ha querido usar para caracterizar la generación de la sabiduría. En seguida dirá que los montes son "plantados," que la tierra es "hecha"; estos verbos caracterizan la actividad divina, en cuanto que produce seres inanimados. Pero de la Sabiduría se dice que fue concebida (partorita). Ella es, pues, un ser viviente, salido de Dios antes que el mundo y de otra manera" 28. El "cardines" orbis terrae, que hemos traducido por el primer polvo de la tierra, responde al hebreo ro'sh, que significa cabeza y entraña la idea de principio, por lo que puede traducirse "las partes más importantes de la tierra," "los primeros elementos, los primeros átomos del polvo de la tierra."
Afirmado el origen divino de la sabiduría y su preexistencia respecto de las criaturas, en un desarrollo idéntico al anterior y de una manera positiva, va a declarar el papel de la sabiduría en la creación. El autor concibe a Dios como un artífice que va sacando de aquella masa caótica las diversas obras que constituyen el universo. Antes de realizar su obra, el artista ha de idearla y concebirla en su mente con su inteligencia y plasmarla luego en la realidad con su sabiduría. También Dios ideó el universo y fue realizando sus obras conforme al plan preconcebido. A cada una de ellas añade el autor del Génesis que "vio que era buena" 29; y al conjunto: "vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho" 30. Pues bien, la Sabiduría estaba entonces en Dios y fue como el arquitecto que le presentaba los planos a realizar y que la omnipotencia divina iba plasmando en la realidad. Fue, pues, ella quien inspiró esa maravillosa armonía de la creación, en cuyas obras fueron quedando impresas sus huellas, a través de las cuales nos es posible a nosotros remontarnos hasta ella 31. Dios encontraba sus delicias en la Sabiduría y se alegraba de sus iniciativas y realizaciones. De la Sabiduría encarnada diría en los tiempos mesiánicos que tenía puesta en ella todas sus complacencias 32. A su vez, la Sabiduría se sentía feliz en el oficio que Dios le había señalado y se alegraba al contemplar realizadas las obras que ella había diseñado. Pero encontró sus delicias (v.31) en el hombre, obra la más perfecta de la creación, hecha a imagen y semejanza del mismo Dios, capaz de entender los misterios de la sabiduría y de amarla y alabarla en nombre de la creación entera.
Con las fórmulas acostumbradas, concluye invitando a todos a seguir sus enseñanzas y a llevarlas en cada momento a la práctica.
La sabiduría que aconsejó, por así decirlo, a Dios en la obra de la creación física, ha de ser también la que dirija al hombre en su actividad moral, el cual debe acoger dócilmente "las sugestiones de aquella que ha aconsejado a Dios, y que ha demostrado en el orden físico lo que es capaz de hacer en el orden moral" (Girotti) 33. A quienes las sigan promete la vida larga y feliz y el favor de Yahvé, que se gozaba con su Sabiduría en la creación de las cosas y se sentirá ahora complacido en aquellos cuya actividad esté dirigida por ella. El que desprecia sus enseñanzas se verá privado de él y dirige sus pasos por el camino de la perdición, que lo lleva a la muerte 34.
Así, pues, la Sabiduría, en la mente del autor de los Proverbios, tiene su origen en Dios, de quien procede no por creación — el sabio ha tenido buen cuidado de evitar los términos "hacer," "crear," que pudieran expresarla —, sino por generación mucho antes de que fueran creadas las demás cosas. Aparece como el primer fruto de la actividad, que es colocado en un rango muy superior y totalmente aparte del de los seres de la creación. No es algo abstracto o un mero ideal que debía servir como modelo en la creación de las cosas, sino un ser concreto que actúa como arquitecto en la misma, que se recrea en sus producciones. Se presenta, por una parte, como algo intrínseco a Dios, su sabiduría esencial; pero, por otra, como algo distinto que ha sido engendrado por El como primicias de sus actos, sin que pueda considerársela como un ser separado de El, pues inspira sus obras, con las que no puede confundirse en consecuencia. ¿Se trata de la mera personificación del atributo divino o de la segunda Persona de la Santísima Trinidad? Cierto que de una personificación tan viva a la afirmación de la segunda Persona no hay más que un paso. Los autores sapienciales no lo dieron 35, pero fueron más allá de la mera personificación, empleando un lenguaje que convenía al misterio trinitario, colocándose en un plano intermedio entre la mera personificación y la afirmación del Hijo, que estaba reservada a los autores neotestamentarios, con lo que prepararon los caminos a la revelación de la doctrina sobre la distinción de personas.
La Iglesia, en su liturgia, aplica esta perícopa a la Santísima Virgen. Es claro que no se refiere a ella en su sentido literal, en el que sólo se trata de la sabiduría divina. Ni tampoco en un sentido plenior, fundado sobre el literal, y que, desconocido por el autor humano, hubiese sido intentado por Dios, ya que no consta de tal cosa en la revelación posterior. Se trata sencillamente de una acomodación de la perícopa a la Santísima Virgen con fundamento en la realidad. La Sabiduría constituye las primicias de la actividad divina, preámbulo de sus obras; María es la obra más eximia del mundo creado que salió de las manos de Dios. La Sabiduría dirigió a Dios como arquitecto en la obra de la creación; María fue la obra cumbre concebida por la Sabiduría. Cuando Dios en su eternidad engendró a la Sabiduría-Persona, pensó en aquella en cuyas entrañas un día, en el tiempo, tomaría la naturaleza humana 36.
1 1:11-14. — 2 7:6-23. — 3 Jn 14:6. — 4 O.c., p.40. — 5 3:14-15- — 6 Sab 7:8. — 7 28:18-19. Cf. también los — 8 12:13-16. — 9 11:2-5. — 10 6:16-19. — 11 Muchos Padres e intérpretes han entendido el por mí de los v. 15 y 16 del origen divino del poder de los gobernantes, conforme a la afirmación de San Pablo: "no hay potestad sino de Dios" (Rom 13:1). Preferimos la interpretación que damos en el comentario por creerla más de acuerdo con el contexto (v.14). — 12 7:12-15; 11:1-22. — 13 Jn 14:23-24. — 14 1:3 — 15 Lebreton, Les origines du dogme de la Trinité (París 1928) p. 110-113; Β. Βοtte, La Sagesse dans les Livres Sapientiaux: R 14 (1930) ρ; Robert, Les attaches litté-raires bibliques de Proverbes 1-9: RB 43 (1934) 172-205; C. F. Kraft, Poetic Structure and Meaning in Prov 8:22-31: JBL 72 (1953) VIIs; Stecher, Die persónliche Weisheit in den Proverbien Kap. 8: 75 (1953-54) 411-451; A. Gelin, Le chant de Venfante (Prov 8:22-31): Bivichrét 2:7 (1954) 89-95; De Savignac, Note sur le sens du verset 8:22 des Proverbes: VT 4 (1954) 429-432; W. F. Albright, Some Canaanite-Phoenician Sources of Hebrew Wisdom lugar, for Pr. 8:255: VTS 3 (F. Rowley) (1955) 1-16; J. B. Bauer, "Initium viarum suarum" = Primitiae^potentiae Dei (Prov 8:22): VD 35 (1957) 222-227; id., Encoré une fois sur Prov 8:22: VT 8 (1958) 91-92; H. Gazelles, L'enfantement de la Sagesse en Prov 8: SacPag i (P.Gcmbloux 1959) 511-515. — 16 1:5; 4:5-7; 15:32; 16:16; 17:16; 18:15; 19:8; 20,14. — 17 Si bien los LXX han traducido έκτισε με (creavit me), ellos dan ordinariamente al verbo qánáh el sentido de adquirir (κτασθοα). Por lo demαs, el crear puede entenderse tambiιn en el sentido de fundar, constituir, como ya advirtieron los Padres (Dinomio De Alejandría, MG 39:1630-32; Olimpiodoro De Alejandría, MG 93:417). — 18 Gen 49:3; Ex 29:19; Lev 2:12; Dt 18:4; 21:17; Sal 58:71; 105:36. — 19 Ex 33:13; Is 52:2. — 20 Job 26:14; 40:19 — 21 1 Re 16:34; Sal 102:26; 1 Pc 5:10. — 22 Is 40:19; 44:10. — 23 Ex 30:9; 1 Par 11:18. — 24 Sam 10:1; 16:13. — 25 Sal 2:6. — 26 Is 26:17; Jer 4:31. — 27 Job 15:7; Sal 51:7; Is 45:10. Cf. Zorell, Lexicón hebr. et aram. V.T. (Roma 1948) al verbo "hil," p.226-227. — 28 O.c., p.43. Cf. Santo. Tomás, I q.27 2.1. — 29 1:4.7.10, etc. — 30 1:31. — 31 Cf. Job 38:1-41; Sab 7:22-8:1. Cf. moriarty, "Cum eo eram cuneta componens" (Prov 8:30): VD 27 (1949) 291-293; R. B. Y. Scott, Wisdom in Creation: The 'Amon of Prov 8:30; VT 10 (6o) 213-223. El texto hebreo lee 'amor? artista, arquitecto; lección confirmada por.Jos LXX, que traducen αρμόζουσα, que compone, dirige aptamente, que pone en orden. Las versiones de Sν maco y Teodociσn, en cambio, leen 'ámún, participio pasivo del verbo 'aman, llevar en los brazos, criar, amamantar, que traducen por niño, lactante. En este caso, en lugar de expresar el autor la actividad cíe la sabiduría, continuaría la imagen de la formación y crecimiento de la misma, presentándola corno un niño en sus brazos que se recrea con sus obras. Ego sapientia quasi filia Dei alebar divinis eius opibus et operibus, earum pluchra compositione specie et artificio me pascens et oblectans (A Lapide). — 32 Mt 3:17; 17:5. — 33 O.c., p.44. Cf. Robert, a.c., p.203-204. — 34 1:32; 2:21-22; 3:16, etc. — 35 Cf. comentario a Sab 7:22-30. — 36 A Lapide hace en su voluminoso comentario aplicación a la Santísima Virgen de cada versículo.
9. Invitaciones de la Sabiduría
Este capítulo comprende tres estrofas, claramente distintas por su diverso contenido, de seis versos cada una. La primera presenta una personificación de la sabiduría; la tercera, de la necedad. Ambas hacen una invitación a sus respectivos banquetes; aquélla, bajo la forma de una rica y virtuosa matrona; ésta, bajo la de una mujer atrevida y procaz. Vienen a ser estas invitaciones como un apéndice a las precedentes descripciones de la mujer adúltera y la sabiduría, y así la conclusión a la primera parte o amplia introducción al libro.
Entre una y otra invitación hay unos versos — segunda estrofa — cuyo contenido — el sabio y el petulante frente a los consejos — no tiene relación alguna con el tema del capítulo. Para unos (Renard) son la transición de la invitación de la sabiduría a la de la necedad. Otros (p.ej., Gemser) opinan que han sido tomados de otro lugar y trasladados aquí por un redactor posterior, lo que podría confirmar el hecho de que muchos manuscritos hebreos o los han suprimido o los han trasladado a otra parte.
El banquete de la sabiduría (9:1-6)
1 La sabiduría se ha edificado su casa, labró sus siete columnas. 2 Mató sus víctimas, mezcló su vino y aderezó la mesa. 3 Mandó sus doncellas a invitar desde lo alto de la ciudad: 4 "El que es simple venga acá; al que no tiene sentido hablo. 5 Venid y comed mi pan y bebed el vino que he mezclado. 6 Dejaos de simplezas y viviréis, y andad por la senda de la inteligencia."
Como en el capítulo precedente, se presenta aquí la sabiduría personificada, sumamente activa, preparando un suntuosa morada. Las siete columnas darían una idea de su esplendidez y lujo o tal vez significan la plenitud de los dones de la sabiduría (el número siete se usa con mucha frecuencia tratándose de cosas sagradas), si es que no están requeridas por la construcción arquitectónica del tiempo 1.
Construida la casa, prepara el banquete: hace matar las víctimas y mezcla el vino. Ninguna de las dos cosas puede faltar en un banquete. Este, que simboliza a veces en la Sagrada Escritura el reino de los cielos, es aquí figura de los bienes que comunica la sabiduría. Probablemente los judíos no comían carne todos los días, sino sólo en ocasiones especiales, que tenían carácter religioso. Era costumbre entre los orientales el mezclar el vino con agua para atenuar su fuerza, o con especias aromáticas para hacerlo más gustoso 2. El lujo de la habitación y la abundancia de víctimas y vino quieren poner de manifiesto las riquezas de la sabiduría y son, como advierte Renard, símbolo de los bienes mesiánicos 3.
Hechos los preparativos, la sabiduría envía a sus doncellas a hacer la invitación desde lo más alto de la ciudad, con el fin de que pueda ser oído por todos 4. Son aquí todos aquellos que tienen la misión de instruir a los demás para comunicarles las enseñanzas de la sabiduría, haciéndolos así aptos para recibir sus dones. La invitación de la sabiduría, como se ve por los capítulos anteriores, se dirige a todos, pero son los simples, los que no tienen experiencia ni formación moral, sus más indicados alumnos. San Gregorio interpreta en este lugar simples conforme a los sentimientos interiores de humildad, necesarios para aceptar las directrices de la sabiduría 5.
Los últimos versos dan la clave para la interpretación de la alegoría: el pan y vino que ofrece la sabiduría son la instrucción que enseña al arte de ser feliz 6, contenida en las sentencias del libro.
Esta alegoría, cuyo sentido literal queda expuesto, se presta, más que ninguna otra, a acomodaciones y sentidos místicos, ya que el paralelismo con realidades del Nuevo Testamento no puede ser mayor. Los Padres han hecho muchas acomodaciones de sus diversos elementos. Basados en ellas, podemos proponer las siguientes: la casa, en un sentido místico, puede significar "el cuerpo" que Jesucristo tomó en la encarnación (San Atanasio, San Agustín, San Gregorio Magno), el seno virginal de María, que le sirvió de tabernáculo, sentido íntimamente unido con el primero (San Gregorio Niseno, Teodoreto, San Bernardo). Siguiendo la línea de los versos siguientes, podríamos decir que la gran casa edificada por la Sabiduría es el Cuerpo místico de Jesucristo, la Iglesia. Las siete columnas podrían ser tipo de los siete dones del Espíritu Santo, con que enriquece las almas, o de los siete sacramentos, por medio de los cuales da la vida a las almas. Algunos se complacen en aplicarlas a las tres virtudes teologales y las cuatro cardinales, que son fundamento y sostén de la vida de las almas; y otros a los apóstoles 7 y sus sucesores, los obispos y doctores. De las víctimas comenta Lesétre: "Esta inmolación es principalmente la del Hijo de Dios sobre la cruz de modo cruento; en el cenáculo y en el altar, de modo incruento... La Iglesia, observa, adoptando y repitiendo este paso en el Oficio del Santísimo Sacramento, no hace más que reproducir el pensamiento general de los Padres" 8. Con la víctima inmolada en la casa de su humanidad, Lesétre ve las víctimas inmoladas en la casa de su Iglesia, que son los mártires. Estos son también víctimas que con sus merecimientos para el Cuerpo místico y con su ejemplo heroico sostienen con Cristo la vida de los cristianos. El vino mezclado evoca el que, mezclado con agua, utilizó Jesús en la noche de la cena y el que, con las gotas de agua, se utiliza cada mañana en nuestros altares para la consagración. La mesa evoca el altar, sobre el que se coloca el pan y el vino, que, convertidos en el cuerpo y sangre de Cristo, sirve de alimento a las almas que se acercan a él para participar del banquete eucarístico. El pan y el vino, en la nueva alianza, son la palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura, alimento espiritual de la inteligencia, y el cuerpo y sangre de Jesucristo, alimento real del alma, sin el cual ésta no puede vivir. Las doncellas enviadas a hacer la invitación prefiguran a los apóstoles y, después de ellos, a los ministros de la iglesia, que han de llamar a los fieles al doble banquete de la instrucción cristiana y a la Eucaristía. Los simples, a quienes en particular se dirige la invitación de la sabiduría, nos hace pensar en la preferencia de Jesucristo por los sencillos, los ignorantes, los pobres, los pecadores 9.
Actitud del petulante y del sabio frente a los consejos (9:7-12)
7 El que corrige al petulante se acarrea afrenta, y el que te reprende al impío ultraje. 8 No reprendas al petulante, que aborrecerá; reprende al sabio y te lo agradecerá. 9 Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su saber. 10 El principio de la sabiduría es el temor de Yahvé; conocer al santo, eso es inteligencia. 11Pues por mí se aumentarán tus días y se te añadirán años de vida. 12 Si eres sabio, para ti lo serás; si eres petulante, tú lo pagarás.
Los versos 7-9 tratan de la corrección en un estilo semejante a las sentencias de los sabios contenidas en 22:17-24. La razón por la que esta perícopa ha sido colocada aquí puede ser ésta: la sabiduría ha dirigido a todos su invitación, especialmente a los simples; esta estrofa señala una clase de personas poco menos que incapaces de aceptar y poner en práctica las correcciones de la sabiduría.
Y en Verdad nada más inútil que corregir al petulante, porque le falta la humildad y sencillez de corazón, precisas para recibir enseñanzas y correcciones ajenas. Más aún, su orgullo, que se siente herido, se irrita fácilmente y hasta llega a sentir odio y aversión a quien le hizo una advertencia, e incluso no perderá ocasión de ultrajar a quien tuvo el atrevimiento de corregirle a él10. Con este género de personas, muchas veces es mejor omitir la corrección. El sabio, por el contrario, recibe los consejos y advertencias que se le hagan, y esa actitud, que mata el orgullo y el amor propio, acrecienta su virtud. Ama la verdad y la virtud, y por ello aprovecha cuantas ocasiones se le presentan para acrecentarlas; reconoce la contribución que a ello pueden prestar las correcciones ajenas, por lo que se siente incluso agradecido con quien le cor rigió. Sabio y justo se equivalen: el auténticamente sabio en la mente de los autores sapienciales es el que practica las enseñanzas de la sabiduría, que se confunden con las prescripciones de la Ley.
Como en 1:7, el sabio afirma que el temor de Dios es el principio de la sabiduría, añadiendo que el conocimiento del santo es la inteligencia (v.10). La sabiduría bíblica tiene un doble cometido; uno especulativo, y en él, como objeto primordial, el conocimiento de Dios, y otro práctico, y en éste, como parte fundamental, el cumplimiento de los deberes religiosos, a que lleva el temor de Dios. "El conocimiento de Dios — escribe Dyson — es el principio y lo principal en la sabiduría, y el reconocerle prácticamente en la vida por el cumplimiento de los deberes religiosos es sabiduría perfecta" 11. El término santo designa a Yahvé mismo. El profeta Isaías y el judaísmo posterior lo emplean con mucha frecuencia para denominar a Dios, tres veces santo 12. Fruto de la sabiduría son la vida larga y feliz, el premio varias veces ya mencionado 13. El sabio gozará de ella, pero el petulante, que rechaza sus enseñanzas, se verá privado de la misma. Los sabios enseñan que cada uno recibirá premio o castigo conforme a su conducta personal14.
El banquete de la necedad (9:13-18)
13 Señora necedad es alborotadora, es ignorante, no sabe nada" 14 Se sienta a la puerta de su casa o en una silla, en lo más alto de la ciudad. 15 Para invitar a los que pasan, a los que siguen recto su camino. 16 "El que es simple venga acá," y al que no tiene sentido dice: 17 "Son dulces las aguas hurtadas, y el pan de tapadillo el más sabroso." 18 Y no se dan cuenta de que allí está la muerte y que sus invitados van al profundo del averno.
Al llamamiento de la sabiduría se opone el llamamiento de la necedad. También ésta se presenta personificada en una dama activa, pero en distinción a la sabiduría, que es pacífica y está llena de inteligencia y buenos consejos, la necedad es alborotadora, ignorante del bien, hasta el punto de no saber nada bueno 15, porque carece en absoluto de las enseñanzas de la sabiduría. En su banquete no ofrece otra cosa que las vanidades, placeres e injusticias, que halagan la naturaleza humana, que heredó del pecado original una fuerte inclinación al egoísmo. La necedad procura encubrirlo bajo una apariencia de bien o de justicia, cuando no ciega la inteligencia ante las fatales consecuencias de placeres prohibidos, y el incauto con facilidad se asocia a su banquete.
La sabiduría envió sus doncellas a invitar a los sencillos. La necedad es muy atrevida y altanera; ella misma se coloca a la puerta de su casa o sube a lo más alto de la ciudad. Se conforma con invitar a los que pasan. Los atractivos del mal son más fuertes que los del bien; éste exige sacrificio y esfuerzo; para aquél basta dejarse llevar. Por eso, una palabra basta muchas veces para inducir al mal. Los sujetos a quienes se dirige el llamamiento son los mismos a quienes se dirigió la sabiduría (v.4).
De momento, los frutos que la necedad ofrece son dulces y agradables. Su banquete no es suntuoso, pero tiene el misterioso atractivo del fruto vedado. "El Mal — escribe Girotti — ha tenido siempre para el hombre atractivos incomprensibles, atractivos que resultan extremadamente poderosos cuando el mal significa las pasiones de la carne. También los paganos advirtieron esta anomalía de nuestra naturaleza, que es una confirmación de la caída original, porque el estado connatural de un ser inteligente y libre perfecto no puede ser la inclinación al mal."16 Algunos quieren ver en el pan oculto una alusión a la inmoralidad sexual (Dyson).
Los que tomaban parte en el banquete de la sabiduría obtenían como fruto la vida larga y feliz. Los que se dejan seducir por las engañosas promesas de la necedad sufrirán como consecuencia la muerte prematura y las profundidades del seol, que antes señaló como castigo de los adúlteros, y ahora, al final de la introducción, declara como sanción a todo insensato.
1 Staerk, Die sieben Sdulen del Welt und des Hauses der Weisheit: 35 (1936) 232-261; Skehan, The Seven Columns of Wísdom's Home in Pwv 9:1: CBQ.9 (1947) 190-198. — 2 Is 5:22; Sal 74:9. — 3 Is 25:6. Hay cierto sabor litúrgico en estos dos versos, especialmente en el 2. — 4 Mt 22:1-14; Lc 14:15-22. — 5 Mt 11:25. — 6 4:13. — 7 Gal 2:9; Ef 2:20. — 8 Le lime des Proverbes (París 1879) a este pasaje. — 9 Cf. San Atanasio, Disput. contra Arium; San Agustín, De civitate Dei 17:20; San Jerónimo, In cap. VII Is. — 10 13:1. — 11 O.c., n.308. — 12 Is 6:3. Los LXX y la Vulgala h.iduo-n servilmente el plural qedosím, que es un plural mayestátíco análogo a 'elohim. — 13 3:2.16.18; 4:10. — 14 Ez 18. — 15 La afirmación no sabe nada no parece muy de acuerdo con el poder que se le atribuye en el contexto. Los LXX interpretaron no sabe qué sea vergüenza; pero el término hebreo, que se emplea con frecuencia, no tiene esa significación (18:13; Is 50:6; Jer 51:51; Sal 35:26). Sería mejor la interpretación del Targum: no sabe nada bueno. — 16 O.c,, p.49.
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