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29. Buen y Mal Gobierno, Educación, Mansedumbre y Humildad
Buen y mal príncipe. El justo y el impío (29:1-14)
1 El que reprendido endurece su cerviz, de repente será quebrantado sin remedio. 2 Bajo el gobierno de los justos está contento el pueblo; cuando mandan los impíos, el pueblo suspira. 3 El que ama la sabiduría alegra a su padre; el que frecuenta rameras pierde su hacienda. 4 El rey con la justicia mantiene el Estado, pero el venal lo lleva a la ruina. 5 El que adula a su prójimo tiende un lazo a los pies de éste. 6 Bajo los pies del malvado hay una trampa, pero el justo canta alegremente. 7 El justo reconoce el derecho de los humildes, pero al impío no se le da nada de él. 8 Los petulantes sublevan la ciudad; los sabios calman la ira. 9 Si un sabio disputa con un necio, que se enoje, que se ría, no tendrá reposo. 10 Los hombres sanguinarios odian al justo, pero a los justos no les da cuidado. 11El necio desfoga toda su ira, pero el sabio acaba por calmarla. 12El príncipe que da oídos a la mentira, tendrá ministros todos malos. 13El pobre y el usurero se encuentran; es Yahvé quien hace brillar los ojos de entrambos. 14 El rey que hace justicia a los humildes hace firme su trono para siempre.
Comentamos el v.1 juntamente con 28:29. La sentencia del v.2 es ya conocida 1. El buen gobernante busca el bien de sus subditos, hace justicia en su reino, premiando a los buenos ciudadanos y castigando a los transgresores de las leyes (v.4); tiene cuidado especial y defiende los derechos de los débiles frente a la ambición de los poderosos. Con ello hace estable su reino, y los subditos se sentirán contentos en él. El mal gobernante busca sólo sus propios intereses y pretende enriquecerse a costa de sus subditos, a quienes tiraniza y grava de innecesarios impuestos. Esto lleva al descontento, y como la codicia del avaro no tiene límites, no queda a aquéllos más remedio que las huelgas y las sublevaciones, que llevan al país a la ruina 2. Hay reyes que dan oídos a la mentira, y entonces sus ministros la utilizarán como medio para ganarse su favor y benevolencia. Los honrados tienen que retirarse por la acción subversiva de los malos, y muy pronto el rey estará rodeado totalmente de ministros mentirosos 3.
El v.3 reúne dos sentencias que han sido afirmadas por separado ya varias veces. La primera expresa la alegría que siente el padre ante un hijo sabio 4. La segunda, las consecuencias que para su hacienda tiene el entregarse a las rameras5. La parábola del hijo pródigo es el mejor comentario 6. Numerosas veces el sabio ha puesto en guardia frente a la adulación. Afirma ahora que la lisonja es un lazo para el adulado. Dado nuestro amor propio y la sobreestima que de nosotros tenemos, fácilmente tomamos como realidad lo que tal vez no es más que fantasía del adulador y accedemos después a las sugestiones y deseos que con su adulación intentaba conseguir 7. Con una nueva metáfora, el v.6 afirma una vez más la alegría y seguridad con que vive el que confía en Dios y el peligro a que continuamente está expuesto su corazón en la maldad. Muy diversa es la actitud del justo y la del impío para con los humildes: el justo los ama, como los ama también Dios, respeta sus derechos e incluso los defiende; el impío, como carece de sentimientos de caridad y compasión hacia los demás y, por otra parte, no puede esperar beneficio alguno de ellos, no les presta consideración alguna y, si llega el caso, no tiene inconveniente en oprimirlos. Diversa es también la actitud y efectos que consigue en la ciudad el petulante y el varón sabio: aquél enciende contiendas que turban la paz y solivianta las pasiones humanas, que llevan a la rebelión; por eso dijo ya el autor: "arroja al petulante y cesará la contienda" 8. El sabio, por el contrario, con su inteligencia y prudencia logra calmar los ánimos excitados, hace entrar en razón a los ciudadanos y devuelve a la ciudad su paz y armonía.
El V.9 constata la incorregibilidad del necio; cualquier procedimiento para hacerle entrar en razón te dará un mismo resultado negativo, y deja entender la conducta prudente a seguir respecto de él: declinar con cautela tales discusiones con el mismo como cosa completamente inútil. El v.10 presenta otro dato de experiencia: el aborrecimiento que los impíos sienten hacia el justo. La razón es clara: la conducta del justo deja a las claras y reprocha la maldad del malvado. Por ello quisieran desapareciese de la faz de la tierra. Sus pensamientos fueron expuestos en 1:11-14 y los repite el libro de la Sabiduría 9. La segunda parte del verso es oscura 10. En la lección que escogemos se expresa la confianza de los justos frente al odio de lo impíos, porque su vida está en las manos de Dios, que proclama bienaventurados a quienes son perseguidos por su causa 11.
Uno de.los sentimientos que con frecuencia afloran en las relaciones con el prójimo es la ira, defecto capital; el. necio, sin mente o voluntad para imponerse a ella, desfoga su indignación; el sabio, reflexivo y prudente, tiene calma y serenidad y la contiene dentro de sí. El v.13 expresa la idea de 22:2: el pobre y el usurero se encuentran frente a frente, uno cargado de bienes, el otro oprimido por la miseria. Es Dios quien ha hecho a los dos y quien les conserva la vida. Ni el rico debe ensoberbecerse, como si de nadie dependiera y a nadie tuviera que dar cuenta de su conducta, ni el pobre desalentarse, teniendo por creador y Padre a Dios, que vela por él.
Educación (29:15-21)
15 La vara y el castigo dan sabiduría; el muchacho consentido es la vergüenza de su madre. 16 Con el crecer de los malos crece la iniquidad, pero los justos verán su caída. 17 Corrige a tu hijo y te dará contento, y hará las delicias de tu alma. 18 Sin profecía el pueblo va desenfrenado; pero el que guarda la ley, dichoso él. 19 No con solas palabras se corrige el esclavo, porque entiende bien, pero de obedecer, nada. 20 ¿Has visto un hombre precipitado en el hablar? Más esperanza que en él hay en el necio. 21 El que acaricia a su siervo desde su infancia, al fin tendrá que arrepentirse.
Varias sentencias de la perícopa insisten en una norma educativa ya muchas veces inculcada 12: la corrección mediante el castigo, el cual, aplicado con la debida moderación, como también hacen notar los sabios 13, es a veces un indispensable medio de educación para los hijos, y más todavía para los siervos.
El hijo a quien todo se consiente se hace indisciplinado. Llegado a mayor, no sabrá controlar sus pasiones, y vendrá a ser la vergüenza de su madre. La mención de ésta por parte del autor, si no es debida a una variación literaria, tendría su razón de ser en que es a ella, más bien que al padre, a quien corresponde la educación del hijo en los primeros años de su infancia. También insisten los sabios en poner de manifiesto a los padres la alegría y gozo que les proporcionará un hijo sabiamente educado, lo que deberá servirle de estímulo para poner en práctica cuantos medios sean necesarios para conseguirlo, aunque resulten tan desagradables como el tener que imponerles serios castigos (v.17).
Tampoco para con el siervo bastan las palabras. Entiende muy bien lo que se le dice, las órdenes que se le dan; pero unas veces es remiso en cumplirlas y otras no las cumple si no está el castigo por medio (v.15). Los sabios recomiendan que se trate al siervo como a sí mismo, que no se maltrate al siervo fiel, que se ame al inteligente y no se le niegue la libertad, pero que se trate con rigor y dureza al que se da a la ociosidad 14. El v.21 hace una importante observación al amo: si desde su infancia haces demasiado familiar a tu siervo y condesciendes con sus caprichos, se hará altivo y soberbio, y se mostrará rebelde cuando quieras imponerle el trabajo de siervo. Entonces te arrepentirás de tu comportamiento para con él15. Los autores de vida espiritual aplican este pensamiento al cuerpo, siervo del alma: quien lo trata con excesiva condescendencia y no lo acostumbra al sacrificio, no conseguirá después dominar sus instintos.
La idea del ν. 16 es tambiιn muy conocida. Los malos se ayudan en su común causa unos a otros. Ello los hace más audaces, y la maldad crece. Pero los justos verán su caída, pues "como pasa el huracán, deja de ser el impío, mientras que el justo permanece para siempre" (10:25). Una vez más, el sabio anuncia el castigo prematuro de los impíos; pero, como siempre, sin determinar la naturaleza del castigo 16.
En la primera parte del v.18 se constata una experiencia de la historia de Israel: cuando pasaba una larga época sin que Dios enviase un profeta a su pueblo, el pueblo faltaba a la alianza, apartándose del cumplimiento de la ley. "Guando el ministerio de la palabra divina viene a faltar — escribe Girotti — por descuido o por ignorancia, las malas costumbres en seguida levantan cabeza." 17 Mas quienes cumplen la ley percibirán los frutos prometidos a su observancia: la posesión pacífica de la tierra prometida. De hecho, cuando bajo los reyes piadosos el pueblo cumplía la ley, vivía felizmente; pero, cuando bajo los impíos se apartaba de ella, en seguida surgía amenazante el castigo. Siguiendo la misma línea de pensamiento, los sabios prometen la protección de Dios a las personas en particular que cumplan las enseñanzas de la sabiduría, y el castigo a quienes las rechazan 18.
Comparando el precipitado en el hablar con el necio, el sabio afirma que la condición del primero es todavía peor que la del segundo. Pudiera ser que alguna vez el necio, a fuerza de razones, saliera de su necedad, sobre todo si ésta es debida a la ignorancia más que a otra cosa. Para el precipitado en el hablar no parece quedar ni esa última posibilidad, pues no sabe callarse nada, con lo que todo lo echa a perder. "Es un grave defecto la necedad — escribe San Beda —, pero no lo es menor la verbosidad. Sucede muchas veces que un necio recibe las palabras de corrección más pronto que aquel que, precipitado en el hablar, prefiere hablar con jactancia las cosas que él conoce, o cree conocer, a escuchar los dichos de los sabios" 19.
Suavidad y humildad. Temor de Dios (29:22-27)
22JE1 iracundo levanta contiendas, y el furioso muchas veces peca. 23 La soberbia trae al hombre la humillación, pero el de humilde corazón es ensalzado. 24 El encubridor del ladrón a sí mismo se odia, oye el conjuro y no lo denuncia. 25 El temor del hombre es un lazo, pero el que teme a Yahvé está seguro. 26 Muchos son los que buscan el favor del príncipe, pero el juicio de cada cual viene de Yahvé. 27 El inicuo es horror para el justo, y horror para el malvado es el que obra rectamente.
El autor recomienda la mansedumbre en forma negativa, indicando los efectos a que llevan los vicios opuestos 20. Dice San Efrén que "la ira perturba la mente, debilita los sentidos, y los pensamientos de venganza brotan a semejanza de una fuente." 21 Santiago dice que el hombre debe ser tardo para airarse, porque la cólera del hombre no obra la justicia de Dios 22. La máxima del v.23 se acerca en su forma a la conocida enseñanza del Salvador: "Quien se humillare será ensalzado, y quien se ensalza será humillado." 23 "Nada más verdadero que esta sentencia — escribe San Bernardo —, pero nada también más difícil en la práctica. Sabemos y creemos todos cuantos somos fieles a Salomón y a Cristo que afirman que el camino verdadero y seguro para la gloria es la humildad, y, por el contrario, el camino para la ignominia la soberbia. Y, sin embargo, nos esmeramos en buscar la gloria, engrandeciéndonos a nosotros mismos y nuestras cosas, y en humillar a nuestros émulos para proporcionarles ignominia. ¡Qué error tan grande este de los hijos de Adán!"24
Quien encubre al ladrón para que no sea descubierto, afirma el sabio, se hace cómplice del robo y se hace digno de castigo. Si es llamado por el juez y miente ante la abjuración de éste a que diga la verdad, aumenta su culpabilidad. Es un perjuro e impío que se atrae la maldición divina que pesa sobre los malvados 25. El temor del hombre a que se refiere el v.25 son, sin duda, los respetos humanos, por los que tantas veces se deja de hacer el bien que había que hacer y se practica el mal que había que evitar. A él se opone el temor de Dios, que lleva a una conducta conforme a los mandamientos de Dios, que por lo mismo "allana todos los caminos" del justo, el cual puede así caminar seguro a través de la vida 26.
El v.26 contiene una hermosa recomendación a buscar el favor de Dios más bien que el de los hombres. De ordinario se busca con mucho interés la benevolencia de los príncipes de la tierra, esperando recibir beneficios de su mano 27. Es más prudente la conducta señalada por el salmista cuando exclama: "En ti confío yo, ¡oh Yahvé! Yo digo: Tú eres mi Dios, en tus manos están mis días."28 Porque "el hombre propone, pero Dios dispone," y sólo si El quiere se realizan los designios de los hombres. Por lo que afirma también el salmista: "Mejor es acogerse a Yahvé que fiar en los príncipes 29. Concluye la segunda colección salomónica poniendo ante los ojos la impresión que mutuamente se causan los justos y los malvados: aquéllos son horror para éstos, porque su conducta es una recriminación para quienes no obran rectamente; los malvados lo son a su vez para los justos por su conducta temeraria, que los expone al castigo divino cuando menos lo esperan.
1 28:12. — 2 16:12. — 3 Sal 101:7; Eclo 10,2. — 4 10,1. — 5 6:5-7. — 6 Lc 15:11-32. — 7 6:16; 25:27; 26:23.28; 28:23; Job 18:8-10; Sal 55:22. — 8 22:10. — 9 I:I2-20. — 10 El TM en lob dice: y los hombres justos buscan la vida. Algunos corrigen wíy^shdrím (justos) por úreshá'im (malvados) y traducen: y los malvados buscan su vida (atentan). — 11 Mt 5:12. — 12 10:1; 13:24; 17:21; 19:18; 22:15; 23:13-14; Eclo 30:8. — 13 19:18. — 14 Eclo 7:22-23; 33:25-32. — 15 El TM de 21b es dudoso. La última palabra (mánón) no se encuentra en ninguna otra parte. Unos interpretan hijo, y traducen terminará por creerse un hijo (renard). Otros contumaz, y entienden: después le será contumaz (Vulg.). — 16 1:9; 2:22; 5:22-23; Sal 37:35-36; 112:8. — 17 O.c., p11s — 18 Si tomarnos ley y profecía en sentido estricto, tendríamos aquí enumerados los tres grandes movimientos bíblicos: legislativo, profético y sapiencial. Otros dan a ley el sentido de instrucción de los sabios y entienden o sustituyen profecía por guía (Renard, Toy). Cf. Robert, Le sens du mot Loi: RB 34 (1937) 196. — 19 Citado en A Lapide, o.c., t.2 p.407; cf. S. Gregor., 1.8 Moral II. 2 — 20 15:8. — 21 Tr. De virt. et vitiis: De iracundia. — 22 1:19-20. — 23 Mt 23:12. — 24 Citado en A Lapide, o.c., t.2 p.41o. — 25 Lev 5:1; Jue 17:2; 3:33. — 26 3:23; 18:10. — 27 19:6. — 28 31:15-16. 29 118:9.
Quinta Parte
Proverbios de Varios Autores
30. Proverbios de Agur
La última parte del libro de los Proverbios la forman tres pequeñas colecciones de sentencias, atribuyéndose la primera a Agur, y la tercera a Lemuel. La segunda no presenta autor. Difieren notablemente por su forma y contenido de las otras colecciones del libro, lo que, unido a los arameísmos que contienen y al lugar que ocupan en el texto hebreo, arguye sin duda una fecha de composición más reciente que las otras colecciones. Los LXX, como también quedó indicado en la introducción, las presentan en distinto orden: los proverbios de Agur, después de la primera colección de los sabios, y las sentencias anónimas y los proverbios de Lemuel, después de la segunda colección de los sabios.
Proverbios de Agur (30:1-14)
Del autor de estos proverbios, Agur, hijo de Jaqué, nada sabemos más que el nombre de su patria, si el término hebreo designa nombre de lugar. Masa se encuentra en la parte oriental del Jordán. Gen 25:14 y 1 Par 1:30 la enumeran entre las ciudades ismaelitas. Agur sería o un sabio israelita que vivía fuera de su patria o un sabio ismaelita que adoraba a Yahvé y mereció ser contado entre los sabios de Israel, lo que testificaría el universalismo de la sabiduría.
Su contenido y forma literaria difieren de todas las colecciones precedentes. Se ensalza la naturaleza divina, se pone de relieve la limitación de la inteligencia humana, se recomienda la áurea mediocridad entre la riqueza y la pobreza. La forma es variada; cada perícopa tiene su forma peculiar. Las ideas son expuestas casi siempre en varios versos. El paralelismo es siempre sinónimo.
Grandeza de Dios. Su divina palabra (30:1-6)
1 Dichos de Agur, hijo de Jaqué, de Masa, Dijo aquel varón: Mucho me he fatigado, ¡oh Dios! mucho me he fatigado, ¡oh Dios! y he perdido la esperanza. 2 Porque soy un ignorante y menos que hombre, y no tengo inteligencia de hombre. 3 Pero Dios me enseñó, y conocí la ciencia del Santo. 4 ¿Quién subió a los cielos y bajó? ¿Quién encerró los vientos en su puño? ¿Quién ató las aguas en su manto? ¿Quién fijó los confines a la tierra? ¿Cómo se llama? ¿Y cómo se llama su hijo? ¿Lo sabes tú? 5 Toda palabra de Dios es acrisolada, es el escudo de quien en El confía. 6 No añadas nada a sus eloquios, por que no te reprenda y seas hallado mentiroso.
La primera parte del v.1 presenta al autor de la sección como hijo de Jaqué, personaje desconocido y de procedencia masaíta, conforme hemos indicado antes. El término correspondiente a Masa podría traducirse también por "oráculo," "profecía" 1; pero no es muy probable en nuestro caso tal versión, dado el carácter individual y reflexivo de los proverbios de Agur. Muchos judíos y escritores cristianos identificaron a Agur con Salomón y, consiguientemente, a Jaqué con David. La Vulgata, fijándose en la significación de los términos hebreos, los tomó como nombres apelativos y tradujo: "Palabras de aquel que reúne la asamblea, hijo del que profiere palabras de sabiduría." En cuanto a la segunda parte del v.1, la mayor parte de los intérpretes antiguos tradujeron el texto hebreo por los nombres propios: Itiel y Calcol, que designarían los destinatarios de las sentencias de Agur, que algunos relacionaron con los personajes bíblicos del mismo nombre citados en Neh 11:7 y 1 Re 5:11. Hoy la mayoría de los autores prefieren la interpretación que seguimos en nuestra versión, según la cual Agur confiesa haberse fatigado mucho en la investigación sobre Dios y sus obras, lo que sirve de introducción a las constataciones de los versos siguientes.
Agur declara que, abrumado por la majestad de Dios y la incomprensibilidad de sus obras, perdió la esperanza de conseguir la pretendida ciencia y, hondamente desilusionado, se sintió sumamente ignorante y hasta sin aquella inteligencia que como ser humano le corresponde. Pero Dios vino en su auxilio y le dio a conocer la ciencia del Santo 2, ignorada por los mismos sabios, y que para ser conocida tuvo que ser revelada por Dios mismo. A Lapide pone en boca de Agur parafraseando: "Por lo que a mí toca, habida consideración de mi ingenio y facultades naturales, me parece ser el más ignorante de los mortales. Y si por la sabiduría que me ha sido infundida del cielo soy el más sabio de todos, esto es un don de Dios. Por lo que no me lo arrogo como cosa debida a mis esfuerzos, sino que lo atribuyo totalmente a Dios como su verdadero autor." 3
En efecto, nadie ha subido a los cielos y descendido de ellos para poder comunicar a los hombres el conocimiento de Dios y los secretos divinos allí arriba adquiridos. Ningún mortal ha encerrado los vientos en su puño para poder soltarlos a su gusto, ni pudo recoger las aguas de las nubes en su manto para poder dejarlas caer conforme a su voluntad, ni fijó los confines de la tierra de modo que no puedan ser transgredidos por las aguas. Las obras de la creación no son obra de la sabiduría y del poder de hombre alguno. No podrás señalar su nombre, ni el nombre de su hijo, pues tal mortal no ha existido. El nombre en los hebreos está por la persona, y conocerlo indica trato íntimo con él4. En las dos últimas preguntas no hay más que una especie de ironía contra quien necia y presuntuosamente intentase señalar al mortal que hubiese hecho tales obras. Indirectamente se afirma que ha sido Dios quien ha hecho tales maravillas, o la Sabiduría, que le dirigió como arquitecto, y cuyos secretos designios nadie puede conocer si El no los revela5. Algunos han querido ver en las dos últimas preguntas una referencia indirecta a Dios y su hijo. Quién fuera, en este supuesto, el hijo de Dios a quien alude Agur, es cuestión en que discrepan no poco los autores: para unos sería el pueblo israelita; para otros, la Sabiduría; algunos quieren ver un preludio de la doctrina neotestamentaria sobre el Hijo de Dios. El discurso de Agur permanece enigmático, y, cualquiera sea el texto que se acepte, se opone el conocimiento humano al conocimiento conferido por la Sabiduría, que es un don de Dios.
En oposición a la constatación de la ignorancia humana, el sabio hace elogio de la palabra de Dios, es decir, de la revelación, que viene en ayuda de aquélla. La doctrina revelada es cierta y verdadera, libre de todo error, de toda mentira, de toda impiedad, como el oro recién salido del crisol. Y es escudo de quien confía en Yahvé, porque quien da fe a esa palabra y la pone en práctica camina por el sendero de la justicia y puede contar con la protección de Dios sobre los justos, tantas veces prometida en los libros sagrados. El salmista expresó la misma idea con idénticas palabras 6. La recomendación del v.6 de no añadir cosa alguna a la palabra de Dios se encuentra más veces en la Biblia7 y la hallamos también en las enseñanzas de la sabiduría egipcia. Los sabios israelitas unen las enseñanzas de la sabiduría "a las prescripciones de la Ley y a las advertencias de los profetas, hasta el punto de identificarlas y establecer un conjunto armonioso y completo, suficiente para la conducta de la vida humana." (Renard) 8
La áurea mediocridad (30:7-10)
7 Dos cosas te pido, no me las niegues antes de que muera. 8 Tenme lejos de la mentira y del engaño y no me des ni pobreza ni riquezas. Dame aquello de que he menester. 9 No sea que, harto, te desprecie y diga: "¿Quién es Yahvé?" O que, necesitado, robe y blasfeme del nombre de mi Dios. 10 No calumnies al siervo ante su amo, no sea que te maldiga y hayas de sufrir el castigo.
Preciosa plegaria esta del sabio, en que implora de Dios la sinceridad y honradez en sus relaciones con los demás y aquel justo medio entre la riqueza y la pobreza que le asegure una conducta recta en los días de su vida sobre la tierra. El mismo da la razón por la que desea esa media condición de vida: no quiere riquezas, que, si bien son en sí buenas, llevan consigo serios peligros, entre ellos la soberbia, que puede conducir incluso al desprecio de Dios, como en el caso del faraón 9. Ni tampoco desea la pobreza, que, si es más propicia que las riquezas para poner el corazón en Dios, no es muchas veces buena consejera: fácilmente induce, especialmente en aquellas sociedades no muy elevadas espiritualmente, al robo y a maldecir a Dios porque concede riquezas a unos, mientras que permite caigan otros en la miseria. La experiencia que ha dado origen al slogan "pan y catecismo," dice que la pobreza, cuando se acerca a la miseria, no favorece mucho la vida cristiana de nuestros fieles.
El v.10 contiene una sentencia aislada en que se recomienda la caridad para con el siervo, a quien no se debe difamar ante su amo. El motivo es todavía interesado: tu calumnia inducirá al amo a despedirlo de su casa; entonces el siervo te maldecirá, y recibirás de Dios, que oye el clamor de los pobres e indefensos, el merecido castigo. Posiblemente la sentencia esté fuera de lugar. Toy dice que cuadraría bien en los capítulos 23-24, de los que habría sido desplazada a este lugar por su conexión con la maldición de los versos siguientes.
Lo peor de lo peor (30:11-14)
11 Hay quien maldice a su padre y no bendice a su madre. 12 Hay quien se cree limpio y no ha limpiado su inmundicia. 13 Hay quien mira con altanería y cuyos párpados son altivos. 14 Hay gentes cuyos dientes son espadas, y cuchillos sus molares, para devorar a los pobres de la tierra y raer de entre los hombres a los menesterosos.
Las cuatro sentencias precedentes, de análoga expresión, enumeran otras tantas clases de personas francamente odiosas. Sus maldades se oponen radicalmente a la sabiduría. Se parecen en su forma y contenido a las sentencias de 6:12-15, y tanto allí como aquí son seguidas de sentencias numerales.
La primera clase es la de aquellos que maldicen a sus padres. Infringir de ese modo la piedad filial supone, además de una grave ingratitud para con aquellos seres a quienes se debe la misma vida, haber perdido toda nobleza de sentimientos. Ex 21:17 prescribía que quien maldijere a su padre o a su madre fuese muerto, y el sabio afirmó antes que el tal hijo verá extinguirse su lámpara en oscuridad tenebrosa 10. La segunda es la de aquellos que se creen justos y limpios porque cumplen ciertas prescripciones rituales, pero tienen sus corazones llenos de pecado y de inmundicia. Era la actitud de los fariseos, que provocaba la indignación de Jesucristo y los incapacitaba para recibir su mensaje de penitencia y purificación de los pecados 11. La tercera, la de los soberbios y altaneros, cuyo vicio es aborrecido a los ojos de Dios 12 y también a los ojos de los hombres. Isaías dice que en el último día, en lo postrero de los tiempos, serán abatidas las altivas frentes de los hombres y humillada la soberbia humana, siendo sólo Yahvé exaltado aquel día 13. La última, la de los que oprimen a los pobres y menesterosos, desposeyéndolos sin compasión de lo poco que tienen, anteponiendo su desmesurada codicia a la indigencia de ellos 14. Vicio no menos detestable que los otros a los ojos de Yahvé, padre de los pobres y protector de los desvalidos.
Sentencias numéricas (30:15-33)
Forman una pequeña colección de sentencias anónimas, designadas con el presente título por su forma literaria. Los LXX la colocan después de la segunda colección de los sabios y precediendo inmediatamente a la segunda colección de Salomón, lo que indica que estas sentencias formaron una colección aparte de los proverbios de Agur. Como advertimos en la introducción, nada sabemos de su autor ni a punto cierto de su época de composición. Su contenido se reduce a unas cuantas observaciones curiosas y profundas del reino animal, sin relación alguna con el orden moral, lo que la diferencia notablemente de las otras colecciones del libro. Esta forma literaria, que se encuentra también en Ahikar y en un texto de Ras Shamra 15, por el misterio que encierra en la enunciación de las cosas que enumerará después, excita la curiosidad y mantiene la atención del lector.
Los insaciables (30:15-17)
15 Dos hijos tiene la sanguijuela: Dame, dame. Tres cosas hay que no se hartan y cuatro que nunca dicen: "Basta." 16 El "seol," la matriz estéril, la tierra que no se harta de agua, y el fuego que nunca dice: "Basta." 17 Al que escarnece a su padre y pisotea el respeto de su madre, cuervos del valle le saquen los ojos y devórenle aguiluchos.
La sanguijuela es considerada en todas las literaturas como símbolo de avidez por el ansia con que absorbe la sangre, presentada aquí bajo la imagen de dos hijos de idéntico nombre y significación. Los autores judíos han visto alegóricamente expresada en la sanguijuela el infierno, y en las dos hijas, el poder de este mundo y la herejía, o también el mundo inferior con sus dos hijos, el paraíso y la gehena. Los autores cristianos ven simbolizada más bien la codicia en la sanguijuela, y la ambición y la avaricia en sus dos hijas. 16 A Lapide escribe que "la sanguijuela significa la concupiscencia, cuyas dos, más aún, tres y cuatro hijas insaciables, son los cuatro primeros vicios: la ira, la lujuria, la avaricia y la ambición; de los cuatro, como de sus raíces, provienen todos los demás." 17
Las cuatro cosas insaciables son: el seol, que continuamente está recibiendo vidas humanas que dejan de existir, sin llenarse jamás 18; la matriz estéril de la mujer israelita, que, cifrando su gloria en una numerosa posteridad, no veía llegar los hijos que la librasen del oprobio que para ella suponía la esterilidad; la tierra que no se sacia de agua, por su condición arenosa, que la absorbe tan pronto como llega a ella; y el fuego, que nunca dice "Basta," sino que consume cuantos materiales combustibles se pongan a su alcance. Un proverbio indio dice: "El fuego jamás se sacia de leña, ni el océano del agua de los ríos, ni la muerte de los vivientes, ni la mujer del hombre." 19 Y otro árabe: "Tres cosas jamás se sacian de otras tres: la tierra de agua, el fuego de leña, la mujer del hombre." 20 Se trata de proverbios sin enseñanza moral alguna, sino sencillamente de observaciones que pueden contribuir en los lectores a un mayor conocimiento de la naturaleza21.
En el v.17, con que concluye la perícopa, el sabio recrimina de nuevo — debían de tener los sabios en muy grande estima el respeto y veneración de la autoridad paterna — la conducta irreverente de los hijos para con los padres y expresa la indignación que tal actitud le causaba. La expresión parece indicar la muerte prematura y la privación de sepulcro, dado que los cuervos y buitres pican los ojos y comen la carne de los animales muertos. Ello constituía la mayor ignominia. Con ella había amenazado Goliat a David en su desafío 22.
Cuatro maravillas (30:18-20)
18 Tres cosas me resultan maravillosas, y una cuarta que no llego a entender: 19 el camino del águila en los aires, el rastro de la serpiente sobre la roca, el camino de la nave en medio del mar, y el rastro del hombre en la doncella. 20 Este es el obrar de la mujer adúltera: después de haber comido se limpia la boca y dice: "Nada de mal he hecho."
El autor de la perícopa manifiesta su profunda admiración por tres cosas maravillosas, y más todavía por otra cuarta, que le resulta aún más incomprensible. Son éstas: el camino del águila en los aires, el hecho de que un pájaro de sus dimensiones pueda remontarse a las alturas que ella alcanza y caminar a través de los aires 24; el rastro de la serpiente sobre la roca, ese movimiento misterioso de la serpiente, que sin estar dotada de patas, como otros animales, puede caminar sobre la roca desnuda; el camino de la nave en medio del mar, que marcha sobre las aguas no surcadas, por sendas que conduzcan su ruta, y se mantiene sobre ellas, transportando pesadas cargas25. Pero lo que resulta más misterioso para nuestro autor es el rastro del hombre en la doncella. La expresión debe referirse al acto de la generación, que tiene como efecto un nuevo ser humano en el seno materno, cuya procreación y desarrollo resultaba para los antiguos verdaderamente misterioso.
El v.20 pudiera haber sido sugerido por el último estico del verso precedente, si bien no se trata en él de acción alguna inmoral. Expresa hasta qué punto la mujer adúltera pierde la sensibilidad y delicadeza de conciencia, que comete las acciones más deshonestas prohibidas en el mismo Decálogo, con las que se viola la fidelidad jurada al marido y se queda tan tranquila. También esto resulta incomprensible.
Cuatro cosas insoportables (30:21-23)
21 Tres cosas hay que sublevan a la tierra y una cuarta que no puede sufrirse: 22 siervo que llegue a dominar, necio que se ve harto de pan, 23 desdeñada que llegue a encontrar marido y esclava que hereda a su señora.
Enumera cuatro cosas que resultan de todo punto insoportables, porque suponen un orden social contrario al que está pidiendo la naturaleza misma de las cosas: el siervo que llega a dominar, siendo así que es él quien debe estar sujeto y obedecer a su señor, no viceversa; lo que, además, suele hacer al siervo altivo y tirano para con sus subditos; necio que se ve harto de pan, cuando la fortuna debe ser fruto de la sabiduría y diligencia en el trabajo, no de la necedad; el cual, por lo demás, no sabría hacer buen uso de las riquezas y caería en sus peligros; mujer desdeñada que llega a encontrar marido, dado que las relaciones con miras al matrimonio suponen un amor y atractivo hacia la mujer por parte del hombre, no es fácil sentirlo hacia aquella que, por carecer del mismo, permaneció ya durante tiempo sin encontrar pretendiente; finalmente, esclava que hereda a su señora, lo que resulta de todo punto insoportable si, como algunos interpretan, se trata de la sierva que suplanta a su señora en el afecto al marido 26.
Cosas pequeñas, pero sabias (30:24-28)
24 Cuatro cosas hay pequeñas en la tierra que son, sin embargo, más sabias que los sabios: 25 la hormiga, pueblo nada fuerte, pero que se prepara su provisión en el verano; 26 el damán, pueblo nada esforzado, que se hace su cubil en las rocas; 27 la langosta, que no tiene rey, y, sin embargo, avanza en escuadrones; 28 el lagarto, que se toma con la mano, y, sin embargo, habita en los palacios de los reyes.
El sabio presenta cuatro animalillos cuya sabiduría causa admiración. La hormiga, cuya muchedumbre semeja un pueblo en diligente preparación de sus provisiones para el invierno 27. El damán, que la Vulgata traduce por conejo, es un pequeño rumiante que vive en grupos en las cavidades de las rocas de Siria y Palestina y encuentra en ellas defensa frente a su debilidad (Hyrax syriacus) 28. La langosta, que sin rey avanza como un ejército disciplinado a las órdenes de su capitán. Joel las presenta como un formidable ejército ordenado y en orden de batalla para ejecutar los designios de Dios 29. El lagarto, animal pequeño y débil que puede cogerse con la misma mano; sin embargo, él se las arregla para habitar en los mismos palacios y jardines de los reyes, en los que se les ve a veces escalar los muros en busca de alimentos.
Además de unas constataciones de historia natural, el autor en estas sentencias quiso poner de manifiesto que la sabiduría no está en relación directa con la magnitud del cuerpo. Si la sabiduría divina resalta mucho en la creación de las grandes obras que contemplamos con nuestros ojos en el universo, quizá no resplandezca menos en el mundo de las cosas pequeñas, que nos pasa muchas veces inadvertido. No contento con esto, A Lapide saca unas conclusiones de orden moral: "De la hormiga, que trabaja con diligencia para asegurarse el alimento para el invierno, aprende, ¡oh hombre! la prudencia en el trabajo y asegúrate cuanto es necesario para el cuerpo y para el alma; del damán aprende la prudencia de habitar en lugar seguro y cómodo; de la langosta, qué bien tan grande es la concordia; del lagarto, la gracia y esplendor que acompaña a las buenas obras, con las que te concillarás a los príncipes y a Dios." 30
Cuatro seres majestuosos (30:29-33)
29 Tres cosas hay de buen andar y aun cuatro que muy bien se pasean: 30 el león, el más fuerte de todos los animales, que no retrocede ante nadie; 31 el gallo, que marcha arrogante entre sus gallinas; el macho cabrío, que va delante de su manada, y el rey, que va a la cabeza de su ejército. 32 Si te alabaste sin darte cuenta o a sabiendas, mano a la boca; 33 que batiendo la leche se hace la manteca, y oprimiendo la nariz se saca sangre, y oprimiendo la ira se excita la riña.
El último máshdl numérico se refiere a cuatro criaturas que llaman la atención por la gallardía y aire de dominio con que caminan majestuosamente ante sus huestes. El león es el rey de las fieras. Con su cerviz erguida se pasea en medio de los animales, sin retroceder ante ninguno de ellos. Ni los gritos de los pastores, por grande que sea su número, le acobardan 31. El gallo marcha con su típica gallardía, su cresta levantada, entre sus gallinas, como defensor de las mismas y rey que no admite rival 32. El macho cabrío conduce por las mañanas su manada a los pastos y por la tarde a sus establos, viniendo a ser, al decir de Varrón, el ojo de toda grey 33 y, por lo mismo, símbolo de prudencia y providencia. El rey, que con su indumentaria real, con su cetro, diadema y púrpura, va a la cabeza de su ejército, rodeado de sus cortesanos y su guardia, ofrece un espectáculo más majestuoso e impresionante todavía que los precedentes 34.
El sabio concluye la sección con dos versos cuyo texto no es seguro del todo, en que recomienda evitar la propia alabanza y el orgullo, que pueden suscitar la envidia y la ira en los demás y provocar mediante ello contiendas, como ilustran las dos comparaciones del sabio.
1 Is 13:1; Neh 1:1. — 2 9:10. — 3 O.c., II p.423 — 4 Cf. 18:10. — 5 8:27-30. — 6 18:31. — 7 Dt 4:21 Ap22:18. — 8 O.c., p.178, — 9 Ex 5:2. — 10 20:20. — 11 20:9; Mt 23:27. — 12 6:17. — 13 2:11. — 14 22:7. — 15 Cf. 6:15; Zaw 56 (1936) 152. — 16 J. M. Grintz, The Proverbs of 'Aluqa (Prov 30,155.) [nombre propio de un sabio]: Tarb28 (19583) 13555; buzy, Les macháis numériques de la sangsue et de l'almah: RB (1933) 8-13. — 17 O.c., II p.442. — 18 27:20; Is 5:14. — 19 Citado en Renard, o.c., p.iSi. — 20 Freytag, Proverb. Arab. III I p.6i. — 21 Opinan algunos que isa está incompleto, al no enumerarse los dos hijos. Toy suprime el primer estico como glosa. Renard corrige en 153 tres por dos y suprime el segundo estico como glosa. — 22 Sam 17:44; 1 Re 14:11; Jer 16:4; Ez 29:5; 39:17 D. W. Thomas, A note on "Iíqqehafh" m Proverbs 30,17: St 42 (1941) 154. — 23 E. F. Sutcliffe, The meaning of Prov 30,1855:.27 (1960) 124-131. — 24 Job 39:27. — 25 Sab 14:3-4 — 26 Gen 29:31-30,24. — 27 Cf. 6:7-8. — 28 RB 32 (1935) 581-582. — 29 C.I-2. — 30 O.C.,II 462. — 31 Is31:4. — 32 Las versiones antiguas leen gallo. Algunos modernos traducen el enigmático texto hebreo por caballo (cf. Job 39:19-25). — 33 Citado en A Lapide, o.c., t.2 p.471 — 34 El texto de 31bc es muy oscuro. A base de los LXX y la Vulg. puede reconstruirse en la forma propuesta.
31. Lemuel, la Mujer Fuerte
Proverbios de Lemuel (31:1-9)
Se trata de una pequeña colección de sentencias — cuatro cuartetos — que la madre de Lemuel enseñó a su hijo. Del autor sólo sabemos, como de Agur, el lugar de procedencia y su condición real. Si bien el término hebreo puede traducirse "afecto a Dios, que pertenece a Dios," tenemos como más probable que se trata del nombre de un rey de Masa. El contenido se reduce a tres recomendaciones en que su madre pone a Lemuel en guardia frente a las mujeres y al vino y le exhorta a juzgar con justicia y amparar al pobre y desvalido. Su forma literaria es el paralelismo sinónimo. En cuanto al tiempo de composición valen las reflexiones hechas a propósito de los proverbios de Agur.
El buen príncipe (31:1-9)
1 Sentencias de Lemuel, rey de Masa; sentencias que le enseñó su madre: 2 ¿Qué, hijo mío, qué te diré, Lemuel, mi primogénito? ¿Qué, hijo de mis entrañas? ¿Qué, hijo de mis votos? 3 No des a las mujeres tu vigor, ni tus caminos a las que destruyen a los reyes. 4 No está bien, ¡oh Lemuel! a los reyes, no está bien a los reyes beber vino, ni a quienes gobiernan el deseo de los licores. 5 Si no, bebe y se olvida de las leyes y pervierte el derecho de los afligidos. 6 El licor dadlo a los miserables, y el vino a los afligidos; 7 que bebiendo olviden su miseria y no se acuerden más de sus trabajos. 8 Abre tu boca por el mudo y defiende al desvalido; 9 abre tu boca a la sentencia justa y haz justicia al pobre y al miserable.
Como prólogo a sus consejos, la madre de Lemuel pone ante los ojos de su hijo todo el amor y cariño que como a su primogénito le tiene. Es, además, "hijo de sus votos," por quien ella eleva sus mejores oraciones y deseos. Tal vez la expresión quiere indicar incluso que su concepción siguió a un voto o promesa 1.
La primera recomendación le pone en guardia frente a un peligro que pierde a los mismos reyes: las mujeres. El autor de la introducción insistió mucho en el que proviene de las mujeres seductoras, y tal vez la advertencia va contra el libertinaje que suponen aquellos capítulos. Por lo que al rey toca, el Deuteronomio había escrito: "que no tenga muchas mujeres para que no se desvíe su corazón." 2
David cometió un gravísimo pecado por dejarse seducir por la belleza de la mujer de Urías 3; Salomón se pervirtió por las mujeres extranjeras4, y Holofernes cayó víctima de la espada por dejarse fascinar de la belleza de Judit5.
La segunda le aconseja la abstención del vino y licores, poniendo ante sus ojos un doble motivo: quien se da al vino olvida las leyes y pervierte el derecho de los afligidos (ν.5). El exceso de vino atrofia la mente, quitándole aquella clarividencia que es precisa al gobernante para dar las leyes y saber aplicarlas en cada caso, y embota los sentimientos de compasión que es preciso sentir hacia los débiles para defender sus derechos, tantas veces conculcados, sin esperar por ello recompensa alguna. Oseas dice que fornicación y vino quitan el juicio6, y Ben Sirac afirma que "el vino y las mujeres extravían a los sensatos"7. Los LXX añaden al v.4: "hazlo todo con prudencia, bebe con prudencia," interpretando las palabras de la madre de Lemuel a su hijo como una recomendación a la sobriedad y prudencia en el beber, que, si es recomendable a todos, es al rey necesaria para el ejemplar cumplimiento de su misión. A dos clases de personas viene bien el vino: a los miserables y a los afligidos. El vino alegra el corazón, dice el salmista 8, y su uso puede aliviar, al menos momentáneamente, las penas del que sufre o la miseria del que carece de cosas humanas en que poner corazón. "Se sacia el afligido con el pan — escribe Ahikar — y se embriaga el pobre con el vino." 9
La tercera recomendación insiste en la equidad de juicio y protección de los miserables. "No hay cosa que mejor convenga a aquel que gobierna que el que no desprecie a unos con soberbia, que no admire sin fundamento a otros, sino que a todos trate con la debida equidad y justicia," dice Epicteto 10. Mudo designa al que por su pobreza o cualquier otro motivo no puede defenderse contra su opresor. La madre de Lemuel, como los sabios del libro, insiste en recomendar a los reyes y príncipes la defensa de los derechos de los pobres e indefensos frente a la insolencia de los ricos y poderosos. Son los representantes de Dios, y Yahvé se constituyó en padre y protector de los desamparados de la fortuna. Por lo demás, en el ambiente social de los días en que fue compuesto el libro debía de ser muy necesaria dicha recomendación.
Epílogo
Elogio de la Mujer Fuerte (31:10-31)11.
El libro de los Proverbios termina con un precioso poema alfabético — con tantos dísticos como letras tiene el alefato hebreo —, que constituye una de las piezas más bellas de todo el libro,
Contiene el elogio de la mujer hebrea como esposa, como madre y como ama de casa, presentándola como el tipo de mujer ideal: sabia y prudente, temerosa de Dios, fiel cumplidora de sus deberes, amante del trabajo, hábil y previsora, gloria de su esposo y sus hijos, noble y caritativa para con sus domésticos. Sobre el autor y fecha de composición nada cierto sabemos. Pudiera ser el mismo de la primera parte, como dejamos indicado en la introducción. Su forma literaria es un poema acróstico, de paralelismo sintético, tipo perfecto de la poesía hebrea, que encontramos en algunos salmos y escritos proféticos 12.
10Alef. La mujer fuerte, ¿quién la hallará? Vale mucho más que las perlas. n Beth. En ella confía el corazón de su marido y no tiene nunca falta de nada. 12Guímel. Le proporciona siempre el bien, nunca el mal, todo el tiempo de su vida. 13 Dalet. Ella se procura lana y lino y hace las labores con sus manos. 14 He. Es como nave de mercader, que desde lejos trae su pan. 15Vau. Se levanta cuando aún es de noche, y prepara a su familia la comida y la tarea de sus criados, 16 Zain. Ve un campo y lo compra, y con el fruto de sus manos planta una viña. 17Jet. Se ciñe de fortaleza y esfuerza sus brazos. 18 Tet. Ve alegre que su negocio va bien, y ni de noche apaga su lámpara. 19Yod. Coge la rueca en sus manos y hace bailar el huso. 20Caf. Tiende su mano al miserable y alarga la mano al menesteroso. 21Lamed. No teme su familia el frío de la nieve, porque todos en casa tienen vestidos dobles. 22Mem. Ella se hace cobertores, y sus vestidos son de lana y púrpura. 23Nun. Celebrado es en las puertas su marido cuando se sienta entre los ancianos del lugar. 24 Sámec. Hace una hermosa tela y la vende, y vende al mercader un ceñidor. 25 Ayin. Se reviste de fortaleza y gracia, y sonríe al porvenir. 26 Pe. La sabiduría abre su boca y en su lengua está la ley de bondad. 27 Tsade. Vigila a toda su familia, y no come su pan de balde. 28 Qof. Alzanse sus hijos y la aclaman bienaventurada, y su marido la ensalza. 29 Res. "Muchas hijas han hecho proezas, pero tú a todas sobrepasas." 30 Sin. Engañosa es la gracia, fugaz la belleza; la mujer que teme a Dios, ésa es de alabar. 31 Tau. Dadle los frutos del trabajo de sus manos, y alábenla sus hechos en las puertas.
Comienza el epiloguista haciendo notar lo difícil que es encontrar la mujer buena y virtuosa, que va a describir en su poema, y advierte en seguida que su valor supera a las más preciosas perlas. Ya afirmó el sabio antes que quien halla una mujer buena encuentra un tesoro de inestimable valor y que ha recibido realmente un don de Dios 13.
La primera persona que percibe los beneficios de ese don de Dios es su propio marido. Puede confiar en ella y dejar en sus manos el gobierno de la casa cuando él tenga que marchar a sus negocios, porque es hábil administradora de su hogar, en el que, por lo mismo, jamas faltara cosa alguna al esposo, que no recibirá de ella más que alegrías y satisfacciones durante los días de su vida. Con razón exclamó Ben Sirac: "Dichoso el marido de una mujer virtuosa... Alegra a su marido, cuyos años llegarán en paz a la plenitud." 14
La mujer fuerte es en primer lugar laboriosa: se procura lana y lino y con sus manos confecciona lienzo y vestidos 15, labor que en aquel entonces realizaban las mujeres. Y con su trabajo viene a ser fuente de riqueza para el hogar, como el mercader que marcha a lejanas tierras y hace un buen negocio 16. Es activa y diligente: se levanta muy temprano y, cuando llega la hora, tiene preparada la comida para su familia y dispuesta la tarea para los criados, de modo que todos puedan comenzar a su debido tiempo el trabajo (v.15). Ella da a todos ejemplo de laboriosidad, no contentándose con el trabajo del día; cuando, llegada la noche, los quehaceres de la jornada quedaron atendidos, ella toma en sus manos la rueca, y de la lana prepara el hilo que después utilizará para la confección de los vestidos 17. Y con el fruto de sus trabajos, la mujer fuerte es también inteligente: compra un campo productivo y planta en él una viña, que le proporcionará abundante vino, cuya industria era muy importante en Palestina.
Pero la mujer virtuosa que nos describe el sabio no guarda codiciosamente para sí el fruto de su trabajo, de sus desvelos. Caritativa y misericordiosa, hace partícipes de él a los pobres y menesterosos (v.20). Lo que, sin duda, contribuye a que Dios haga fructificar su trabajo, conforme a la enseñanza del sabio: "A Yahvé presta el que da al pobre; El le dará su recompensa." 18 Y es también previsora para los suyos. Nadie en su casa tiene que temer el frío de la nieve; si bien ésta es rara en Palestina, la mujer fuerte ha tomado precauciones contra toda eventualidad. Todos tienen vestidos dobles, confeccionados por ella, con que hacer frente a toda intemperie. Para sus camas ha preparado fuertes coberturas, y sus arcas encierran vestidos de lino fino; el término hebreo significa material fino que se hacía de lino o una mezcla de lino y algodón y era importado la mayor parte de las veces de Egipto 19; y de púrpura, materia colorante que se obtenía de unos mariscos del Mediterráneo y cuya preparación era una importante industria fenicia 20. Tales vestidos eran propios de círculos ricos y distinguidos. Y todo ello fruto de su trabajo y previsión. Naturalmente, su marido es un hombre celebrado por los ancianos en las puertas de la ciudad, donde tenían lugar sus asambleas 21, porque halló tal mujer, y todos celebran su dicha.
Más todavía: las manos hábiles y laboriosas de la mujer virtuosa no sólo dan abasto a las necesidades de la casa, sino que confeccionan también túnicas de lino y cinturones (v. 24), que utilizaban entonces hombres y mujeres, y eran a veces muy valiosos 22; con el precio de su venta a los mercaderes podía ella adquirir otros productos, como el lino y la púrpura. La Vulgata traduce "cananeo," nombre que se daba también a los fenicios. Como éstos eran los grandes mercaderes de aquel tiempo, cananeo vino a ser sinónimo de comerciante.
Y esa vida virtuosa y de trabajo da a la mujer una fortaleza que admira, y hasta la revisten de una gracia que se refleja en sus actos y la eleva por encima de las demás mujeres, y de una confianza y seguridad que la hacen sonreír ante el porvenir. Un autor hace un precioso comentario a estas palabras que vale para las mujeres de todos los tiempos: las mujeres que pasaron la flor de la edad en las delicias, en las diversiones, en el continuo afán de adornarse, de agradar a todos menos a su propio marido y a Dios, cuando llegan a edad avanzada y han perdido el atractivo, que con ninguna industria pueden ya recuperar, llevan una vida triste e infeliz; y la consideración misma de las culpas cometidas, del infinito abuso del tiempo y de los daños ocasionados a las almas de los demás las colmarán de aflicción. Por el contrario, la mujer fuerte, principalmente en aquella edad, está alegre y contenta, porque se acerca el día en que recogerá el fruto de sus fatigas y de sus buenas obras.
Las mujeres suelen hablar mucho y no pocas veces necia e imprudentemente. A la mujer fuerte, su conducta sabia y virtuosa le dicta consejos llenos de sabiduría y palabras llenas de bondad y benevolencia para con su prójimo, sin dejarse vencer por la vanidad, la mentira, la indignación (v.26). Una madre de familia debe velar sobre la conducta de sus hijos, vigilar el comportamiento y costumbres de los domésticos. La mujer fuerte que describe el sabio cumple a la perfección con estos deberes, de modo que no come el pan de la ociosidad, sino legítimamente ganado con su trabajo, con sus cuidados y desvelos.
Cuando sus hijos crecieron y se percataron de las virtudes y cualidades que adornaban a su madre, la proclamaron bienaventurada. Y su esposo hizo de ella el más cumplido elogio, prefiriéndola a todas las mujeres. Bienaventurados también los hijos que encontraron tal madre: nunca sabrán agradecer suficientemente el beneficio que les supone. Y bienaventurado el esposo, que no dejará de bendecir el momento en que Dios le proporcionó tan estimable compañera.
Maravillosa lección la que consigna el sabio en los dos últimos versos con que termina el libro. La mujer busca con afán y desvelo la belleza corporal, con el fin de agradar y conquistarse el amor de los demás. Pero la gracia exterior y la belleza del cuerpo engañan muchas veces y siempre presto se marchitan; la experiencia añade que no raras veces son peligrosas y llevan al pecado. Lo que en realidad vale es el temor de Dios, y la mujer que hace de él la norma de su vida es la verdaderamente digna de alabanza, porque aquel lleva consigo la práctica de las virtudes que agrada a Dios y hace descender su bendición, preludio de bienes duraderos y perdurables 23. Y su alabanza merece traspasar los umbrales de su casa y el círculo de sus amistades. Su virtud merece ser elogiada públicamente en las puertas de la ciudad, donde se reunía el pueblo y donde los ancianos de la ciudad que formaban el consejo de la misma tenían sus asambleas.
"El autor — escribe H. Laurens — no ha ido a buscar la mujer fuerte a un trono, ni a un palacio suntuoso, ni en los consejos del rey, ni en medio de las asambleas humanas; va más bien a buscarla en la condición común y ordinaria en la cual Dios ha querido colocar a la mujer, es decir, en su misión de esposa, de madre, de ama de casa y hasta de señora de los campos, porque es solamente en esta condición sencilla y modesta en la que ella está llamada a mostrarse fuerte, lo que significa inteligente, activa, previsora, ordenada en todas las cosas, únicamente ocupada en la práctica de sus deberes y de la virtud... Las naciones paganas, que habían asignado a la esposa un grado subalterno y una misión casi oscura en la casa del esposo, jamás tuvieron para la mujer semejantes elogios. Fue la religión de Moisés y después el cristianismo quienes realzaron la mujer envilecida." 24
La liturgia ha tomado este precioso elogio de la mujer fuerte para la epístola de la misa de las santas viudas que pusieron el temor de Dios por encima de todas las cosas y supieron cumplir, llevadas de él, con una ejemplaridad admirable los deberes de esposa y madre de un hogar cristiano.

1 Sam 1:11. — 2 17:17. — 3 2 Sam 11:1-27. — 4 1 Re 11:1-13. — 5 11:21-23. — 6 4:11. — 7 19:2. — 8 104:15. — 9 Ahikar, 189. Gressmann, o.c., p.457.462. — 10 Citado en A Lapide, o.c., tu p.488. — 11 M. B. Crook, The Marriage Maiden of Prov 31:10-31: Ines 13 (1954) 137-140. — 12 Sal 9:10-25:34, etc.; Lam 1-4; Nah 1:2-10. — 13 18:22. — 14 26:1-2. — 15 pf. Jos 2:6; Dt 22:11; Os 2:5.9. — 16 Otros interpretan de la solicitud de la mujer que busca lo conveniente al sustento de familia por todas partes y lo procura aun de lejanas tierras. — 17 La lámpara es signo de prosperidad (13:9; 24:20), y su extinción de calamidad (Jer 25:10; Job 18:6). Aun en los tiempos adversos, la casa de tal mujer es próspera. Algunos ven en la frase una afirmación de la hospitalidad de la mujer fuerte. — 18 19:17. — 19 Gen 41:42; Ex c.25-39; Ez 16:10-13; 27:7. — 20 Ex c.25-39; Jue 8:26; Jer 10:9; Cant 3:10. — 21 Cf. 8:3; 24:17; Jue 8:14; 15:5; Rut 4:1; 2 Sam 19:8; Jl 1:14; Job 29:7; Sal 107:32. — 22 Dan 10:5. — 23 En los LXX, el segundo estico dice: la mujer inteligente es bendecida; y en un tercero: ella misma alaba el temor de Dios. Cf. Toy, o.c., p.548. — 24 Citado en Girotti, o.c., p122