Tercera Parte
Sentencias de los Sabios
En el v.17 del c.22 comienza una colección de proverbios que difiere de la anterior por su introducción, que evoca las de la primera parte a los diversos grupos de sentencias; por el tono exhortatorio, distinto de la forma de constatación de la parte precedente; por la disposición en estrofas de cuatro, cinco o más versos, que desarrollan con más amplitud una idea, como en la introducción, en lugar de las máximas sueltas, cada una con su pensamiento completo, de la colección salomónica; finalmente, por el paralelismo sinónimo, en distinción al antitético, a que nos tenía habituados la sección precedente. No obstante las afinidades indicadas con la introducción al libro, no parece provenga esta colección del mismo autor o escuela que ella, dado que la estructura y material de ambas secciones es muy diferente.
Comprende esta tercera parte dos colecciones de proverbios, la primera un poco más amplia (22:17-24:22), la segunda brevísima (24:23-24:34). Ambas colecciones presentan los mismos temas e idéntico desarrollo estrófico, lo que hace suponer un mismo origen para las dos. Aparecen separadas en los LXX por los proverbios de Agur (30:1-14)
Primera colección de los salmos (22:17-24:22)
Existe un gran parecido entre esta colección y la Doctrina de Amen-en-ope, no sólo en cuanto al contenido ideológico, sino también en cuanto a la misma expresión verbal, lo que plantea la cuestión sobre la mutua dependencia de ambas obras.
La mayoría de los autores se inclinan por la dependencia de la colección bíblica respecto del escrito egipcio. Este fue compuesto en fecha anterior a la colección de los sabios, probablemente entre los años 1000-600. Es más probable que los israelitas, que conservaron siempre el recuerdo de Egipto, muy superior en cultura intelectual y material a Israel, tradujeran a su lengua o utilizaran para sus escritos la obra egipcia, que el que los egipcios tradujeran o utilizaran para los suyos los escritos israelitas. Por lo demás, la Doctrina de Amen-en-ope tiene todos lo visos de una obra original de carácter netamente egipcio, sin influencias extrañas. Pero, en el supuesto de que los autores bíblicos hayan utilizado la obra egipcia, tendríamos dependencia respecto de ella, pero no servilismo. Han eliminado todo cuanto podía tener algún sabor a politeísmo o resultar ofensivo a la majestad de Dios y los han informado del monoteísmo israelita, del temor de Dios y la confianza en Yahvé que vivifican toda la literatura sapiencial.
Algunos afirman la dependencia de ambos escritos de una obra hebrea más antigua. Se basan en el hecho de que, mientras en la colección de los sabios israelitas los cuartetos se suceden en orden perfecto, en la Doctrina de Amen-en-ope se hallan esparcidos por toda la obra, lo que difícilmente se explica en el caso de una dependencia directa de la obra bíblica respecto de la egipcia. Amen-en-ope habría tomado algunas ideas de la obra primitiva hebrea, las elaboró con su estilo propio egipcio y las colocó a lo largo de su obra donde creyó más oportuno 15.
Introducción (22:17-21)
17 Da oído y escucha las palabras del sabio y aplica tu corazón a la enseñanza. 18 Pues te será dulce conservarla en tu pecho y tenerla pronta en tus labios. 19 Para que pongas en Yahvé tu confianza te señalo hoy tus caminos. 20 ¿No te he escrito treinta (sentencias), en que se encuentran consejos inteligentes, 21 palabras sinceras para enseñarte verdad, para que sepas responder a quien te pregunte?
Esta perícopa introductoria contiene una exhortación como las que abundan en la primera parte del libro 16, con la que el autor quiere reclamar la atención de los oyentes sobre sus consejos. Para ello les advierte que, si bien cuesta aprender las máximas de la sabiduría, y más el llevarlas a la práctica, sentirá después una alegría y satisfacción profundas, porque ellas ilustrarán su mente con la verdad y le capacitarán para dar un consejo de sabiduría a quien se lo demandare. Más todavía: le señalará los caminos que tiene que. seguir para hacerse grato a Yahvé, de modo que pueda poner en El su confianza y vivir tranquilo 17. Hemos traducido el término hebreo sálisím por treinta, pues en realidad son treinta las sentencias que contiene esta primera colección de los sabios. También Amen-en-ope compuso su obra en 30 capítulos, y escribe en el último: "Considera estos treinta capítulos." Los LXX y la Vulgata traducen "triplemente," que algunos interpretan en sentido indeterminado: muchas veces. Lo que da también mejor sentido que la versión literal "anteayer y ayer."
El pobre. Las fianzas. Los linderos (22:22-29)
22 No robes al pobre porque es pobre, ni quebrantes en las puertas al desvalido, 23 porque Yahvé defenderá su causa y despojará a los que le despojan. 24 No te acompañes del iracundo ni te vayas con el colérico, 25 para que no aprendas sus maneras y no pongas lazos a tu vida. 26 No seas de los que dan la mano y salen fiadores de un deudor; 27 pues, si no tienes con qué pagar, te quitarán de debajo de ti la cama. 28 No traslades los linderos antiguos que pusieron tus padres. 29 ¿Has visto a uno solícito en sus cosas? Pues ante los reyes estará, no quedará entre gente oscura.
La primera sentencia de la nueva colección mira al pobre y al desvalido. Recomiendan los sabios no robar a estos desamparados de la fortuna ni dictaminar contra ellos en los tribunales, que se reunían en las puertas de la ciudad 18, porque carecen de medios con que defenderse o difícilmente encuentran personas que asuman su protección. Pues Yahvé está con ellos y defenderá su causa. Son personas humanas, más dignas de compasión, por lo que Dios se constituye en su protector 19. La segunda advertencia señala la conducta a observar respecto de los iracundos: evitar el trato con ellos con el fin de no incurrir en su manera de ser, por aquello de "dime con quién andas y te diré quién eres," y exponerse también a las consecuencias de la ira. Quienes se dejan llevar de este pecado capital suscitan discusiones y luchas a veces tan violentas, que ponen en peligro la misma vida. La raíz del homicidio — escribe San Juan Crisóstomo — es la ira. El que corta la raíz, más fácilmente podrá cortar tas ramas; más aún, ni siquiera las dejará germinar." 20
La siguiente recomienda la prudencia respecto de las fianzas, que también recomendaron los proverbios de Salomón 21. pOr supuesto que no intentan los sabios apartar de lo que puede ser un acto de caridad para con el prójimo, virtud que con tanta frecuencia recomiendan, sino advertir que no es prudente salir fiador, llevado de un espíritu de codicia, por quien no tiene con qué responder, exponiéndote a tener que pagar tú al acreedor, y si no tienes con qué pagarle, a ser despojado por él incluso de tus vestidos 22.
La sentencia del v.28 recuerda la disposición de Dt 19:14 sobre los límites de la propiedad. La ley consideraba un delito, digno de maldición 23, el que alguno moviera los linderos que separaban las propiedades con el fin de agrandar la suya. Para los antiguos, los linderos eran algo sagrado, que colocaban bajo la protección de sus dioses; los romanos los divinizaron con el nombre de dios Término. Esperaríamos a continuación una sentencia como la de 23:11, que formara una estrofa de cuatro versos con la que comentamos. Algunos autores opinan que hay un desarreglo en el texto hebreo. Termina la perícopa haciendo un elogio de la diligencia, a la vez que pone de manifiesto uno de los beneficios que puede reportar: los grandes, prendados del hombre diligente, lo tomarán como servidor suyo. Extraña esta estrofa de tres versos. Algunos autores suponen que ha desaparecido un estilo entre el segundo y tercero.
23. Educación, Docilidad, Corrección, Castidad, Temperancia
Comportamiento en la mesa. Los linderos (23:1-11)
1 Cuando te sientes a la mesa de un señor, mira bien a quién tienes delante; 2 y pon un cuchillo a tu garganta si sientes mucho apetito. 3 No codicies sus manjares delicados, porque es pan engañoso. 4 No te empeñes en hacerte rico; pon coto a tu ambición. 5 Pones en ello tus ojos y desaparece luego, pues toma luego el vuelo y, como águila, se remonta al cielo. 6 No comas con el avaro ni codicies sus manjares. 7 Porque él no piensa más que en sí. "Come, bebe," te dirá, pero su corazón no está contigo. 8 Y vomitarás el bocado que comiste, y habrás perdido tus blandas palabras. 9 No hables a oídos del necio, que despreciará tus sensatas razones. 10 No traslades los antiguos linderos ni te metas en la heredad de los huérfanos, u porque su defensor es fuerte, que sentenciará por ellos contra ti.
Los tres primeros versos contienen unas recomendaciones prácticas sobre la circunspección con que hay que proceder en la mesa cuando uno es invitado a un banquete, cosa frecuente entre los antiguos orientales. Ante todo hay que tener en cuenta la persona que te invita, la condición y categoría de los invitados, a la cual has de adaptar tu conducta, de modo que no desdiga ante ellos tu presencia. Durante el banquete no deberás dejarte llevar de la codicia; sus delicados manjares fácilmente excitan el apetito e inducen a la gula. La expresión empleada por el sabio indica cuánto interés has de poner en no dejarte vencer por ella y aparecer ineducado ante los comensales. Y ten cuidado, no sea que el banquete, con sus delicados manjares, sea para ti pan engañoso; tal vez fuiste invitado para ganar tu favor con fines ulteriores, y siempre quedarás obligado a agradecer esta atención de idéntica o semejante manera 1.
A continuación recomienda también la moderación en el afán por las riquezas ante el pensamiento de la fugacidad de las mismas, que expresa con la imagen del águila que emprende su vuelo y en seguida desaparece de nuestra vista. Es más prudente contentarse con lo necesario para bien vivir y gozar con paz y sosiego de ello, que ese afán desmesurado de riquezas que hace trabajar sin descanso y vivir miserablemente para amontonar un dinero que otros van a despilfarrar, sin consideración alguna a los esfuerzos que costó reunirlo 2.
Un consejo práctico respecto del avaro en relación con los banquetes: evita ser invitado por él a ellos. Lo hará por mero compromiso. Te estimulará con sus palabras a que tomes sus manjares, pero en el fondo estará sintiendo los gastos que le ocasionas y seguirá con ojos envidiosos cada bocado que tomares. Tus palabras de agradecimiento caerán en el vacío; a su codicia hubiera agradado más tu ausencia que tu atención en aceptar la invitación que te hizo. Tal banquete resultará insípido y hasta costoso, pues tal vez hayas de invitarle tú a otro en que saciará su codicia 3.
En el v.9 advierte el sabio lo inútil que es dar consejos al necio que carece de inteligencia o está endurecido en sus vicios. Desprecia la sabiduría4, es de todo punto incorregible 5. A veces es contraproducente corregirle, porque te afrenta y ultraja con sus palabras6. Concluye la perícopa otra vez7 el respeto a la propiedad ajena, especialmente a la de los huérfanos. Lo mismo fue antes recomendado respecto de los de la viuda 8. Estas personas, desprovistas de todo auxilio humano y medios para defender sus propiedades, están más expuestos que nadie a la codicia de los prepotentes usurpadores. Pero los sabios advierten que tienen como defensor 9 a Yahvé, el cual no se hará sordo ante el clamor de los menesterosos cuando, víctimas de las injusticias de los usurpadores, le invocan 10.
Docilidad. Corrección. Temor de Dios (23:12-18)
12 Aplica tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras de los sabios. 13 No ahorres a tu hijo la corrección, que porque le castigues con la vara no morirá; 14 hiriéndole con la vara, librarás su alma del sepulcro. 15 Hijo mío, si eres sabio, se alegrará mi corazón; 16 y se alegrarán mis entrañas si tus labios hablan cosas rectas. 17 No envidies a los pecadores, antes persevera siempre en el temor de Yahvé; 18 porque ciertamente tendrás un porvenir, no verás defraudada tu esperanza.
Reclamada de nuevo la atención sobre sus consejos, el sabio aconseja al padre la corrección respecto de su hijo, recomendación que se repite con frecuencia en el libro n. Dada la inclinación de la naturaleza humana al mal y teniendo en cuenta que no puede comprender los motivos de la sabiduría, se hace preciso corregirle muchas veces con el castigo, que, aplicado con la debida prudencia, no hará daño a su cuerpo, y a su alma la mantendrá lejos de los vicios y pecados, que llevan a la muerte prematura con que Dios castiga a los impíos. Toy escribe que "el castigo corporal está reconocido como un medio universal y necesario." Se desestima la conducta de aquellos padres que, llevados de un amor no bien entendido, jamás dan a sus hijos el más ligero castigo. A Lapide cita el ejemplo del adolescente corrompido por la conducta indulgente de su madre, que, llevado al suplicio en castigo de sus crímenes, exclamó: "No el pretor, sino mi madre, es quien me lleva a la horca."12
Después de manifestar el sabio la profunda alegría que el aprovechamiento de sus discípulos le hace sentir, les da otro importante consejo. La suerte muchas veces próspera de los impíos, que, a pesar de sus maldades, triunfan en la vida, era una fuerte prueba para la fe del israelita, que pensaba que Dios tenía que premiar al bueno y castigar al malo en esta vida, y se sentiría tentado más de una vez a seguir el camino de los impíos y apartarse de la fidelidad a Yahvé. Los sabios, lo mismo que los profetas, exhortan insistentemente a perseverar en el temor de Dios, que asegura al justo su porvenir y no deja defraudada su esperanza (v.18). ¿A qué porvenir se refiere y cuál es el objeto de esa esperanza? ¿La recompensa en esta vida o una felicidad ultraterrena? Las perspectivas en nuestro libro, hemos advertido otras veces, son más bien terrenas: la recompensa del justo es una vida larga y feliz sobre la tierra, y el castigo del impío la desgracia y muerte prematura. La experiencia, sin embargo, demuestra cada día que muchas veces las cosas no proceden así: mueren buenos sin haber obtenido el premio de su virtud, y malos sin recibir el castigo de sus pecados. Esto debió de hacer entrever una suerte distinta en el más allá para unos y otros, y tal vez por ello insisten tanto los sabios en sus promesas de vida para los buenos y en las amenazas de muerte para los malos. Pero no la conocieron claramente, pues si la hubieran conocido, la habrían utilizado a cada paso en sus recomendaciones morales.
Temperancia. Piedad filial. La adúltera (23:19-28)
19 Óyeme, hijo mío, y sé sabio, y endereza tu corazón por buen camino. 20No te vayas con los bebedores de vino ni con los comedores de carne. 21Porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el sueño hará vestir andrajos. 22 Escucha a tu padre, al que te engendró, y cuando envejeciere tu madre no la desprecies. 23 Compra verdad y no la vendas, sabiduría, instrucción e inteligencia. 24 Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendró a un sabio se gozará en él. 25 Alégrense, pues, tu padre y tu madre y gócese la que te engendró. 26 Dame, hijo mío, tu corazón y pon tus ojos en mis caminos. 27 Sima profunda es la ramera, y pozo estrecho la extraña. 28 También ella, como el ladrón, está al acecho. y multiplica entre los hombres los prevaricadores.
Una nueva advertencia, precedida también de la oportuna exhortación a seguir sus consejos, sobre la intemperancia, recomendando evitar la compañía de los bebedores y glotones, que lleva a la embriaguez e inmoderación en la comida a quienes con ellos se juntan. Tal conducta lleva a la pobreza, pues la vida de crápula supone gastos exorbitados, y quienes a ella se dan venderán hasta las últimas posesiones para satisfacer su irresistible gula. Y como ese plan de vida no se compagina con el trabajo, los bebedores y glotones terminan en la pobreza y miseria.
Los versos siguientes son una recomendación a la piedad filial. El hijo debe escuchar los consejos de su padre; como mayor, tiene más experiencia que él, y como padre, que le dio la vida, siente hacia él un amor y cariño que le interesa como nadie por su educación. Ha de honrar a sus padres y prestarles los debidos cuidados cuando los achaques de la vejez los incapacitan para valerse por sí mismos. Hace mención particular de la madre; los sabios exhortan a honrarla de la misma manera que al padre, con lo que revelan el elevado concepto que de ella tienen. Si a su educación el hijo añade sabiduría, será honor y gloria para sus padres, y la madre, como ser más sensible a los afectos, experimentará una alegría especial13. En medio de estas exhortaciones, y sin relación alguna con ellas, se intercala el v.23, que falta en los LXX y rompe la ilación, por lo que algunos lo consideran como glosa o lo unen al v.19, donde haría mejor juego (Bickel), En él recomienda la adquisición de la verdad, cuyo valor es inestimable, y enumera tres manifestaciones de la misma: la sabiduría, o percepción de la verdad en su sentido más amplio y ordenación a su debido fin; la instrucción, o posesión de la verdad moral, que forma las buenas costumbres, y ¡a inteligencia, o ciencia práctica de la verdad, que juzga en cada caso en particular. Sustancialmente son sinónimas.
Para el último consejo de la perícopa, el sabio reclama toda la atención del discípulo, sin duda porque se trata del enemigo más peligroso de cuantos le pueden apartar de la sabiduría. Deberá huir de la mujer adúltera, que es una sima profunda de la que no puede ya salir quien en ella cae, y pozo estrecho, cuya boca una piedra no grande puede cubrir e impedir toda salida a quien en él entró. Ansiosa de placeres, la mujer adúltera está continuamente al acecho, y, dada la propensión de la naturaleza humana a los placeres sensuales, con sus artimañas seductoras hace caer a muchos en sus lazos, de los que después ya no es fácil escapar.
Consecuencias de la embriaguez (23:29-35)
29 ¿A quién los ayes, a quién los lamentos? ¿A quién las contiendas, a quién las quejas? ¿A quién los palos por nada? ¿A quién los ojos hinchados? 30 A quien se para mucho ante el vino, a los que se van en busca de la mixtura. 31 No mires mucho al vino cuando rojea y cuando espuma en el vaso; éntrase suavemente, 32 pero al fin muerde como sierpe y pica como áspid. 33 Y tus ojos verán cosas extrañas y hablarás sin concierto. 34 Te parecerá estar acostado en medio del mar y estar durmiendo en la copa de un árbol. 35 (Dirás:) "Me han pegado, y no me ha dolido; me han pisoteado, y no lo he sentido. Cuando me despierte, volveré a buscarlo."
En esta viva descripción de la embriaguez, la más completa que sobre el particular encontramos en el Antiguo Testamento, comienza el sabio presentando ciertas consecuencias corporales de la intemperancia en el beber: en la casa del borracho hay riñas, palos, lamentos, cuya única razón de ser es la pérdida del sentido y de la dignidad del que llega a su casa con los ojos hinchados por el vino. La mixtura de que habla el ν.3ο puede referirse a la mezcla que hacνan los judνos, los cuales ponían en el vino un poco de agua para atenuar su fuerza, o quizás más bien a ciertas especias que, añadidas al vino, lo hacían más gustoso y fuerte 14.
Intercala en seguida un consejo recomendando la prudencia frente al vino que rojea y espuma en el vaso (v.3i). El vino de Palestina debió de ser rojo, como parece indicar la expresión "sangre de las uvas"15. Tal presencia cautiva los ojos, tras los cuales va el apetito. El vino se desliza suavemente por el paladar, y, cuando te quieres dar cuenta, se ha difundido por tu organismo el alcohol, que viene a ser como áspid venenoso que pérfida y furtivamente inyecta su veneno en la sangre, mata el sentido del hombre y le expone a las consecuencias que enumeran los últimos versos: verá cosas raras, proferirá tonterías, tendrá imaginaciones extravagantes, perderá la sensibilidad. Al despertar de su sueño, recuerda los golpes, pero se alegra de no haberlos sentido, y volverá de nuevo al vino, embriagándose una y otra vez.
La enseñanza del sabio a su discípulo es que ha de apartarse de la embriaguez ante los efectos descritos, que hacen al borracho objeto de irrisión y desprecio para todos. Es uno de los defectos más opuestos a la sabiduría. San Juan Grisóstomo dice que "el excesivo uso del vino es causa de infinitos males"16, y San Agustín afirma que "la embriaguez es una cierta sepultura del hombre"17, ya que sepulta su mente y le hace aparecer como un ser irracional privado de ella.
1 Cf. Eclo 31:12-28. Los sabios egipcios insisten mucho sobre este particular: Ka Gemmi enseña: "Cuando te halles en la mesa, en compañía de muchos, desprecia los manjares, incluso los que más te agradan; es cosa de dominarse un instante y es indigno ser glotón" (Erman, o.c., p.gg). Cf también: Amen-En-Ope, XXIII 1; Pritchard, o.c., p.424 col.1. — 2 Los autores interpretan diversamente 4b. Algunos: abandonando la inteligencia (que es preferible a la riqueza). Otros: desiste de tu sabiduría (es decir, de tal pensamiento). La lección que preferimos lee mibbizzdth (codicia), por mibbínnath (inteligencia). — 3 El v.7 es en el TH muy oscuro, y las versiones presentan gran diversidad. Otros traducen: Pues como (una tormenta) en el alma, así son ellos,. (Renard); pues no como es él con sus labios, así es él en su alma (Τον). Serta como una tempestad en su garganta. "¡Comey bebe!" te dice, pero el corazón no está en ello (Bib. de Jér.). — 4 1:7. — 5 17:10; 27:22. — 6 9:7. — 7 22:28. — 8 15, — 9 El término hebreo (go'él) designa el pariente más próximo, que, por derecho de consanguinidad, debía, según la ley, defender la propiedad de su familiar (Lev 25:25). — 10 Ex 22:21-22; Sal 68:6. — 11 13.24; 19:18; 22:15; 29:15; Eclo 30:1. — 12 O.c., II p.192. — 13 10:1; 15:20; Eclo 3:12-14. — 14 155.22. — 15 Gen 49:11; Is 63:1-3. — 16 Hom. 10:11 Gen. — 17 Cf. Hom. De ebrietate; Serm. 231, De Tempore; San Ambrosio, De Elia et ieiunio c. 14.16.
24. Bondad, Sabiduría, Caridad, Impiedad, Pereza
No envidiar al impío. Ventajas de la sabiduría (24:1-10)
1 No tengas envidia del malvado ni desees ponerte en su lugar, 2 porque su corazón maquina la ruina, y sus labios no hablan más que para dañar. 3 Con la sabiduría se edifica la casa y con la prudencia se afirma; 4 con la ciencia se hinchan sus cámaras de todo lo más preciado y deleitoso. 5 Hace más el sabio que el valiente, el hombre de ciencia más que el fuerte; 6 porque con estratagemas se hace la guerra, y la victoria está en la muchedumbre de los consejeros. 7 Demasiado sublime es para el necio la sabiduría; no abrirá su boca en las puertas. 8 El que maquina el mal será llamado hombre de malos pensamientos. 9 El pensamiento del necio es el pecado, y es abominable a los hombres el petulante. 10 Si eres flojo en el tiempo bueno, ¿qué fuerza tendrás en el día de la desventura?
Más veces ha recomendado el sabio no sentir envidia de los malvados, aunque les sonría la fortuna y triunfen en la vida *. El motivo que esta vez pone ante los ojos de los justos es que su corazón y sus labios traman el mal, con lo que se apartan de la sabiduría y el temor de Yahvé y maquinan, consiguientemente, su perdición: a su prosperidad aparente seguirá la ruina, y, cuando menos lo piensan, una muerte prematura acaba con su triunfo y su gloria 2.
Es la sabiduría, con la prudencia y sagacidad práctica que entraña, quienes construyen la casa, la casa material también, y proporcionan a sus miembros la paz y prosperidad, la vida larga y feliz, el éxito en los negocios y demás bienes que lleva consigo la sabiduría. Y es ella la que da el triunfo en la guerra. Son importantes para conseguir la victoria la valentía y la fortaleza física de los guerreros, pero es la sabiduría e inteligencia de los consejeros quienes descubren la estratagema que salva las situaciones difíciles 4. Siguen unas máximas sueltas, del estilo de las de la segunda parte, cuyo sentido no ofrece dificultad. La sabiduría, dice la primera, es algo tan elevado y sublime, que el necio es incapaz de estimarla en su justo valor para poder lanzarse con decisión a su conquista. Y sin ella tendrá que guardar silencio en las asambleas públicas que para administrar justicia se reunían en las puertas de la ciudad (22:22) 5. Quien obra el mal, advierte la máxima siguiente, primero lo ha concebido en su corazón. Dice San Agustín que "el pensamiento es como un emperador que se asienta, como en su trono, en el corazón, y, por consiguiente, si es bueno, manda cosas buenas, y, si es malo, manda cosas malas" 6. Por eso, quien maquina el mal es tildado de hombre de malos pensamientos. Y de ahí "el sumo cuidado que hay que poner, comenta A Lapide, respecto de los pensamientos, en fomentar los buenos y apartar los malos, pues de aquéllos proviene la voluntad y la obra buena, y de éstos la mala. Eres lo que muchas veces pienses 7.
El V.9 contiene en su primera parte un pensamiento importante: el necio siempre planea el pecado. Se ha habituado de tal manera a él, que sus pensamientos se dirigen siempre al mal y no se siente a gusto si no lo está cometiendo. Parece presentar el sabio el pecado como algo propio del necio, que sólo él puede cometer. El libro de la Sabiduría con sus afirmaciones sobre la justicia y la impiedad, con sus respectivas consecuencias, pondría más de manifiesto hasta qué punto es una locura seguir los caminos del impío; necedad que no tiene límites en quienes, gozando de las luces de la revelación neotestamentaria, conocen el amor de Dios a los hombres, manifestado en Jesucristo; el cielo, preparado para los justos, y el infierno, para castigo de los pecadores. Que el petulante se haga despreciable a los demás, es algo que la experiencia confirma. Nada tan intolerable como la soberbia, como nada más amable y encantador que la sencillez.
La reflexión con que termina la perícopa entraña una enseñanza práctica. Si en la prosperidad, cuando las cosas van bien y no hay dificultades, eres débil en el cumplimiento de tus deberes, no esperes que serás fuerte en el día de la desgracia, cuando aquél se torne difícil y costoso. La lección es que hay que ejercitarse en el espíritu de fortaleza en el tiempo bueno, para saber vencer después las grandes contrariedades en el tiempo de tribulación. Esto tiene especial importancia en la vida espiritual: la fidelidad en las pequeñas adversidades de cada día fortalece a las almas para las cosas grandes y las prepara a vencer las más fuertes tentaciones 8.
Caridad con el prójimo. Huir de los malvados (24:11-22)
11 Libra al que es llevado a la muerte; al que está en peligro de muerte sálvale. 12 Que si luego dijeres: "No lo sabía," ¿no lo sabrá el que pesa los corazones? Bien lo sabe el que vela por tu vida, y dará a cada uno según su merecido. 13 Come miel, hijo mío, que es buena, y el panal es muy dulce al paladar. 14 Así es, sábelo, la sabiduría para tu alma; si la adquieres, tendrás buen porvenir, y tu esperanza no quedará incumplida. 15 No aceches, ¡oh impío! la morada del justo, no saquees su casa; 16 pues el justo, si siete veces cae, siete se levanta; pero el impío sucumbirá en la desventura. 17 No te goces en la ruina de tu enemigo, no se alegre tu corazón al verle sucumbir; 18 no lo vea Dios y le desagrade y aparte de sobre él su ira. 19 No te entrometas con los perversos, no tengas envidia del impío; 20 porque el impío no tendrá buen fin, y la lámpara del malvado será apagada. 21 Teme, hijo mío, a Yahvé y al rey y no te unas a los veleidosos, 22 porque de improviso viene sobre ellos la perdición, y el disfavor de entrambos, ¿quién lo conoce?
Los dos primeros versos parecen referirse al que es injustamente condenado a muerte, tal vez por declaraciones de falsos testigos, y su amonestación se dirige a los jueces y magistrados, a quienes tantas veces los autores sagrados recomiendan la justicia y la equidad en los juicios 9. La razón que el sabio les propone por la que han de librar al inocente de la muerte, es de un elevado valor religioso: si bien ante los hombres podrían aparecer como jueces justos, Dios, ante cuyos ojos todo está patente, vengaría con duro castigo la sangre inocente por ellos a sabiendas derramada. Dios pedirá cuentas no sólo del mal positivo que hicimos, sino también del bien que dejamos de hacer, tan valioso en este caso como una vida humana.
Con la comparación de la miel exalta el sabio el valor y los frutos de la sabiduría. Aquélla es dulce y grata al paladar y hace bien al cuerpo. La sabiduría resulta agradable a la mente y confiere al cuerpo el bienestar que proporcionan los bienes materiales que consigue la sabiduría 10. Entre los beneficios enumera aquí un buen porvenir y una esperanza que no se vera defraudada (v. 14). Algunos (Τον, Renard) opinan que este inciso estα fuera de lugar debido a que en el libro se hace referencia al fin sólo cuando se trata directamente de la retribución. Estaría tomado de 23:18, donde quedó explicado su sentido.
En los v.15-16, el sabio se dirige al impío y le intima a que se abstenga de hacer el mal al justo, pues al fin no saldrá con su intento, y con su conducta lo que conseguirá es hacerse mal a sí mismo. Si el justo cae muchas veces en el infortunio, otras tantas lo libra del mismo Yahvé, como afirma, el salmista11, mientras que el impío sucumbirá en su desventura, porque "Yahvé tiene puestos sus ojos sobre los malos para borrar de la tierra su memoria," como afirma también aquél 12. El texto se refiere al orden material, no a los pecados, por lo que no se puede acudir a él para probar que la naturaleza está fundamentalmente depravada, como hacían los calvinistas. Y, aplicado al orden moral, diríamos que se trataría de los pecados veniales, en que el mismo justo incurre muchas veces, y de los que con la gracia de Dios se levanta en esa lucha contra la naturaleza caída por superarse cada día en su ascensión hacia Dios. En algunos manuscritos se lee "siete veces al día cae el justo." No parece auténtica la adición "al día," dado que no se encuentra en texto alguno antiguo, ni hebreo ni griego. Tampoco se encuentra en el siríaco ni en la Vulgata. Pudiera provenir de Sal 119:164 o Le 17:4.
Prohibe el sabio alegrarse de la desgracia del enemigo, (v. 17) Es el aspecto negativo del precepto de Jesucristo sobre el amor a los enemigos 13. Tal conducta desagrada a Dios, que es a quien corresponde la venganza 14, el cual puede apartar su ira de tu enemigo y volverla contra ti. El ser humano, especialmente si es cristiano, no debe vengarse de sus semejantes sino con el amor 15. De nuevo se recomienda al justo no sentir envidia por el impío. Los motivos son los mismos que en los v.1-2. Su prosperidad no durará mucho 16.
Junto al temor de Dios, el sabio recomienda la reverencia para con el rey, a quien se pone en paralelo con Yahvé como supremas autoridades en la concepción teocrática de Israel. El rey es ministro de Dios, se sienta en el trono de Yahvé sobre Israel17 y es llamado ungido de Yahvé.18 Cohelet manda: "Guarda el mandato del rey a causa del juramento hecho a Dios." 19 Finalmente, se recomienda al justo que no se junte a los veleidosos, que no se someten a la voluntad de Dios y del rey, cuyo furor sobre los malvados nadie sabe dónde puede llegar 20.
Segunda colección de los sabios (24:23-34)
Acepción de Personas. La Buena Respuesta. El Falso Testimonio. La Venganza (24:23-29)
23 También éstas son sentencias de los sabios. No está bien tener acepción de personas en el juicio. 24 Al que dice al culpable: "Tú tienes la razón," le detesta el pueblo y le maldicen las gentes; 25 pero al que rectamente juzga, todo le va bien, y sobre él desciende fausta bendición. 26 Da un beso en los labios quien da una buena respuesta. 27 Dispon tu obra de fuera y prepáratela en el campo; luego la meterás en casa. 28 No testifiques de ligero contra el prójimo; ¿quieres, acaso, engañar con tus labios? 29 No digas: "Como me ha tratado a mí, le trataré yo a él y le daré lo que se merece."
El plural "sabios," a quienes también se atribuye esta sección, indica existía una clase especial de maestros sapienciales, algunas de cuyas sentencias tenemos en los libros bíblicos. Comienza la colección condenando la acepción de personas en los juicios, vicio que debía de ser frecuente dada la insistencia de los sabios sobre el particular 21. El que no juzga con equidad, se atrae la maldición de Dios 22 y la de las gentes, pues comete un grave mal que perturba la justicia y el orden social. Quien, por el contrario, juzga conforme a la justicia, sin dejarse llevar de la adulación de los ricos ni de la debilidad de los pobres, se hace digno de la bendición de Dios, pues cumple una insistente recomendación de la ley 23, y del aprecio de los hombres, que acudirán a él con la seguridad de que hallarán justicia en sus causas. Si bien el pensamiento puede dirigirse de una manera peculiar a los jueces, tiene un alcance general y vale para todos. Cuan grata sea una buena respuesta, lo expresa el sabio poniéndola en parangón con el beso en los labios, que manifiesta amistad y afecto más profundo. Algunos autores refieren esta sentencia a la precedente, e interpretan que el dictamen del juez que juzga sin acepción de personas se gana la benevolencia y afecto de los demás. Parece más bien tener un alcance general y referirse a los efectos agradables de toda buena respuesta.
El v.27, en su última parte, parece estar incompleto. Los autores ven en él una recomendación en relación con el matrimonio: antes de pensar en formar un hogar, has de asegurarte un porvenir que lo haga feliz. Entre las cosas que precisas está el sustento, que ha de venir de los frutos del campo. Sólo asegurando éste debes tomar mujer y edificarte una casa. Una lección más general que se desprende de la sentencia es que antes de emprender un negocio hay que contar con los medios precisos para llevarlo a feliz término. Jesucristo hace aplicación de este principio a la construcción de la torre y a la declaración de guerra 24.
También los autores de esta colección condenan el falso testimonio y se elevan por encima del espíritu de la ley del talión. Estamos ya a siglos de distancia de la promulgación de aquélla, y un espíritu más cercano a la nueva ley informa la conducta de los israelitas. Los sabios recomiendan el perdón de las ofensas, venciendo esa propensión innata de la naturaleza humana a devolver mal por mal, y que la ley del talión toleraba en la medida en que aquél hubiere sido causado. El autor de 20,20 daba un idéntico consejo, y Ben Sirac afirma que quien se vengare será víctima de la venganza de Dios 25. Todo esto, que expresa la más alta moral del tiempo de los sapienciales, señala un paso más hacia el amor a los enemigos que predicaría la Sabiduría encarnada.
El perezoso (24:30-34)
30 Pasé junto al campo del perezoso y junto a la viña del insensato, 31 y todo eran cardos y ortigas, que habían cubierto su superficie; y su cerca de piedra estaba destruida. 32 A su vista me puse a reflexionar; aquello fue para mí una lección. 33 Un poco dormir, un poco cabecear; otro poco mano sobre mano descansando. 34 Y sobreviene como correo la miseria, y como ladrón la indigencia.
Los sabios hacen con frecuencia referencia a la pereza y a sus funestas consecuencias. A ella está dedicada la segunda parte de la pequeña colección. El autor ha pasado junto al campo del perezoso, junto a la viña del negligente, y ha contemplado con sus ojos los efectos de la desidia: estaban llenos de cardos y espinas. Es lo que da la tierra casi siempre abandonada a su natural fecundidad, privada del trabajo humano. Aquello fue para él una lección que quiso enseñar a los demás: la pereza conduce a la miseria e indigencia en que pronto se ve envuelto el perezoso.
Los autores de vida espiritual ven en el campo lleno de espinas y abrojos por la incuria del perezoso una imagen del alma llena de defectos y vicios por falta de la disciplina y corrección que recomienda la sabiduría. A Lapide refiere el caso, relatado con frecuencia en las vidas de los Padres, del joven que se presenta a un anciano diciéndole se encuentra lleno de vicios, sin esperanza alguna de poder ya vencerlos. El anciano lo invitó a limpiar de cardos un huerto plagado de ellos, lo que el joven llevó a cabo en el plazo de unos días. "Haz lo mismo, le dijo después, en el campo de tu alma: extirpa algún vicio cada día y sé constante en la lucha. Los arrancarás todos y devolverás a tu alma su primitivo esplendor." 26
1 23:17. — 2 1:15; 3:31-32. — 3 3:10.16; 8:21. — 4 14:4; 21:22 — 5 El texto es dudoso, y su restauración muy difícil. Esperaríamos^ una cuarteta en que pusiese en contraste la locuacidad del necio con la reticencia del sabio. Cf. 22:22. — 6 Praef. in Psalm. 48. — 7 q.c., II p.224- — 8 Otros traducen: Si permaneces indiferente en el tiempo de la adversidad, tu fuerza se debilitará (renard) ; st desilusionado desesperas en el día de la angustia, disminuirá íu fortaleza (Vulg.). La enseñanza no es menos importante: quien se desalienta ante la adversidad, nunca será un espíritu fuerte. — 9 Is 1:23; 5:23; Jer 5:28; Ez 22:7; Os 4:2; Ani 2:6-7; 5:12; 6:13; Miq 3:11; 7:3; Mal 3:5; Sal 62; 3-6; 64:4-6, etc. — 10 3:2.16. — 11 34:20. — 12 34· 17- — 13 Mt 5:44. — 14 Lev 19:18; Rom 12:19. — 15 Rom 12:20-21. — 16 3:31; 20:20. — 17 1 Par 28:5. — 18 Sam 24:11; 26:9. — 19 8:2. — 20 Al v.22 los LXX añaden: El hijo que observa la palabra después de haberla escuchado con cuidado, escapará a la perdición. Que la boca del rey no profiera mentira alguna y no salga engaño de su lengua. La lengua del rey no es de carne, es una espada; quien a ella se entrega será quebrantado; pues si su furor se excita, consume a los hombres hasta los nervios, y devora los huesos y los quema como la llama, de modo que no pueden ser aprovechados ni por los aguiluchos. — 21 17:15; 18:5; 28:21. — 22 17:15. — 23 Lev 19:15; Dt 1:17-18; 16:19-20. — 24 Le 14:18-32. — 25 28:1. — 26 O.c., II p.249.
Cuarta Parte
Segunda Colección de Proverbios de Salomón (25:1-29:27)
25. El Rey, Fidelidad, Caridad con el Enemigo
1 También éstas son sentencias de Salomón el rey, coleccionadas por los varones de Ezequías, rey de Judá.
Los capítulos 25-29 contienen una colección de proverbios que el mismo texto atribuye a Salomón, autor también de la segunda, el cual atestigua que fueron coleccionados por los escribas de la corte de Ezequías, rey de Judá, entre los años 721-693.
Tiene un gran parecido con la primera colección salomónica, lo que hace suponer tuvo un origen parecido a ella. Su contenido es idéntico: valoración y frutos de la sabiduría, contrastes entre el sabio y el necio, el rey, la piedad filial, la caridad, la temperancia, la amistad, la pereza, el falso testimonio, etc. Incluso se repiten en ella proverbios de la primera 1. La forma literaria tiene también parecido con ella: dísticos independientes entre sí, si bien se agrupan, con más frecuencia que en la primera colección de Salomón, en estrofas de varios versos, dando origen a hermosas descripciones. El paralelismo es más bien sinónimo en la primera parte (25-27) y antitético casi siempre en la segunda (28-29), lo que parece indicar que la colección está compuesta de dos grupos de sentencias.
A El rey Ezequías subió al trono de Judá hacia el 721, por los años en que era destruido el reino de Israel por los asirios, sucediendo al impío rey Acaz. Rey piadoso, llevó a cabo una vigorosa restauración de la vida religiosa y se preocupó de la conservación de los libros y tradiciones sagradas de ambos reinos, siendo su reinado la época más floreciente, en el aspecto literario, después de la de Salomón. Entre su actividad literaria está la de los escribas de su corte, que coleccionaron estas sentencias de Salomón, que la tradición oral o escrita había ido trasmitiendo de generación en generación.
Los proverbios de esta sección tienen frecuente relación con las sentencias sapienciales de la literatura oriental, especialmente con la egipcia y con la de Ahikar, como puede verse en el comentario.
El rey (25:2-7)
2 Gloria de Dios es encubrir las cosas, y honra del rey escudriñarlas. 3 Como la altura del cielo y la profundidad de la tierra, así es insondable el corazón del rey. 4 Despoja de escorias a la plata, y el platero podrá hacer su obra. 5 Aparta al inicuo del lado del rey, y con la justicia se afirmará su trono. 6 No te alabes en la presencia del rey y no te sientes en la silla de los grandes. 7 Pues mejor es que te digan "Sube acá" que tener que ceder tu puesto a otro más grande.
Una de las cosas en que se manifiesta la gloria de Dios, su inmensa grandeza y profunda majestad, es la impenetrabilidad, por parte del ser humano, de los designios divinos en la creación y gobierno de las cosas, pensamiento frecuente en la Biblia 2. El rey se sienta en su trono 3 y participa de su sabiduría, conforme a las concepciones teocráticas de Israel. Es, por lo mismo, honra suya escudriñar las cosas, la voluntad de Dios para gobernar al pueblo con leyes sabias, los asuntos del reino, que deberá examinar con diligencia antes de tomar sus decisiones. Su corazón es también insondable; lo es el de todo mortal4; mucho más el del rey, en cuya mente se encuentran pensamientos, designios y decisiones que debe mantener en secreto y sus subditos tal vez no sospechan.
Por medio de una comparación, el sabio aconseja a los reyes el rodearse de buenos consejeros y alejar a los impíos como medio para asegurar la estabilidad de su trono: para que el artífice pueda llevar a cabo su obra con la plata, primero ha de purificar ésta de la escoria con la que se encuentra unida. De la misma manera, para que el rey pueda dirigir con acierto los destinos de su nación, ha de alejar de sí la influencia malsana de los cortesanos impíos y aduladores, con lo que facilitará el triunfo de la justicia, que dará como fruto la paz y prosperidad.
Acto seguido, el sabio da otro consejo para quienes tienen que tratar con el rey, semejante al que Jesucristo dio en la parábola de los invitados recomendando la humildad5. Cuando te encuentres en la presencia del rey, no hagas elogios de tu persona, y si eres invitado por él a un banquete, no tomes asiento en el lugar de los grandes que no te corresponde; de lo contrario, te expones a tener que ceder el puesto a otro más digno que tú, con vergüenza ante los presentes, que te verán descender a un lugar más humilde. Es preferible' que tengas que ser llamado a un puesto más elevado que el que tú escogiste, con lo que se verá elogiada tu humildad y sencillez. Idéntico consejo da Ahikar 6.
Litigios. Sabiduría. Fidelidad (25:7-15)
7c Lo que han visto tus ojos, 8 no lo hagas en seguida objeto de litigio; pues ¿qué harás luego, cuando venga tu adversario y te ponga en evidencia? 9 Defiende tu pleito contra tu adversario, pero no descubras el secreto de otro, 10 a fin de que no pueda infamarte quien te escucha, sin que tenga remedio tu deshonra. 11 Fruto de oro en plato de plata es la palabra dicha a tiempo. 12 Zarcillo de oro y collar de plata es un sabio amonestador para el oído dócil. 13 Frío de nieve en el calor de la siega es el mensajero fiel para quien le manda, I que refresca el ánimo de su señor. 14 Nube y viento sin lluvia es el hombre que se jacta de vana liberalidad. 15 Con longanimidad se aplaca el príncipe, y la lengua suave ablanda los huesos.
Es preciso ser prudente respecto de los litigios, bien se trate del orden jurídico o de la vida privada. No está bien el que formules una acusación ante cualquier injusticia que puedas advertir en tu prójimo. Fácilmente en tu precipitación no captaste bien las cosas, y cuando se presente tu adversario quedarás en ridículo al ser descubierta tu imprudencia, o tu malicia, si fue ésta la que te indujo a formular tu demanda sin la debida consideración. Por lo que a tu defensa en el juicio toca, tienes pleno derecho a defender tu pleito frente a tu adversario, pero has de hacerlo siempre con medios justos; no te será lícito, por ejemplo, violar el secreto que una tercera persona te confió, para apoyar la defensa de tu causa. De no obrar así, serías acusado de no saber guardar un secreto, lo que constituye una de las mayores deshonras. Jesucristo señaló a los cristianos la conducta a seguir cuando su prójimo cometiere una injusticia contra ellos, dictada por la prudencia y caridad cristiana: la corrección fraterna; y sólo en caso de que ésta no fuere atendida debe llevarse la cuestión ante los demás. Amen-en-ope tiene a propósito de los secretos una sentencia parecida: "No reveles tus secretos a todo el mundo, pues destruirías tu buen nombre...; es mejor para un hombre guardar su palabra en su corazón que pronunciarla para su daño."7
Si bien el texto del cuarteto 11-12 es oscuro, el sentido parece claro: el sabio quiere exaltar el valor de la palabra dicha a tiempo, se trate de un consejo o una amonestación. Ello pertenece a la misión de los sabios, que el autor estima por encima de los más preciosos metales, y, en verdad, el bien que muchas veces hace una palabra o consejo en su momento oportuno no se agradece debidamente con oro ni plata 8. Una nueva comparación pone de manifiesto la estima y satisfacción que merece el mensajero que cumple fielmente con la misión que le confió su señor. Los sabios ponen más veces de relieve la importancia del fiel cumplimiento de la misma. Aquí el sabio la compara a la acción refrescante de la nieve del Hermón en los días calurosos de junio y julio, tiempo en que se realiza la cosecha en Palestina 9.
Cuando en los días en que se desea ávidamente la lluvia se levanta el viento y aparecen nubes cargadas de agua, pero ésta no cae a tierra, se siente una profunda desilusión. Es lo que provoca aquel que se jacta ante los demás de liberal y dadivoso y luego no es fiel a sus promesas. Jesucristo nos enseñó que no debíamos vanagloriarnos ni siquiera del bien que hiciéremos. ¡Cuánto menos si aquél se quedó en vanas promesas! 10 Aplacar la ira de aquellos reyes absolutistas del Oriente, que se hacían dueños de la vida de sus subditos, era cuestión vital. El sabio enseña un medio para conseguirlo: hablarles y responderles con dulzura y mansedumbre. Ello es capaz de vencer la ira del príncipe más enojado 11.
Moderación. Caridad con el enemigo. La ira (25:16-28)
16 Si encuentras miel, come lo suficiente; no te hartes y tengas que vomitarla. 17 Pon rara vez tu pie en la casa del vecino, no se harte de ti y te aborrezca. 18 Maza, espada y aguda saeta es el hombre que testifica en falso contra su prójimo. 19 Como diente quebrado y pie que resbala es la confianza en el impío en el tiempo de la angustia (y como el que se quita la ropa en día de frío). 20 Echar vinagre sobre el natrón es cantar canciones al corazón afligido. (Como la polilla en el vestido o la carcoma en la madera, así la tristeza hace daño al corazón.) 21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; 22 pues así echas ascuas sobre su cabeza, y Yahvé te lo pagará. 23 El viento norte ahuyenta la lluvia; rostro airado, la lengua detractora. 24 Mejor es estar en un rincón del desván que con mujer rencillosa en casa espaciosa. 25 Agua fresca en la boca del sediento es la buena nueva que viene de lejanas tierras. 26 Fuente turbia y manantial infecto es el justo que cede ante el impío. 27 No hace bien comer demasiada miel y no es honroso buscar la propia gloria. 28 Ciudad desmantelada y sin murallas es el que no tiene dominio de sí mismo.
Comienza la perícopa con dos normas de prudencia práctica. La primera, referente a la miel. Esta agrada por su dulzura, y fácilmente se toma más de la cuenta, y entonces su acción ardiente en el estómago puede provocar el vómito. El proverbio puede tener un alcance general y recomendar el dominio de sí mismo en aquellas cosas que nos causan agrado. La segunda intenta evitar aquella frecuencia en las visitas que puede llegar a resultar desagradable y molesta. Conviene que sea raro, advierte Séneca, aquello que durante tiempo queramos conservar digno de estima 12.
El falso testimonio que la Ley prohíbe en uno de sus mandamientos 13 y los sabios condenan tantas veces a lo largo del libro, es aquí comparado con la acción de la maza, cuyos golpes aplastan o destrozan los más duros metales; a la acción de la espada, que puede atravesar el cuerpo hiriéndolo gravemente; a la de la flecha aguda, que se clava en el corazón y acaba en un instante con la vida. Con idénticas imágenes designa el salmista las invectivas que contra los justos dirigen sus enemigos 14. La confianza en el impío puede compararse al diente quebrado, que no sirve para masticar la comida, o al pie que resbala y hace caer a tierra; no se puede confiar en ellos. Lo mismo ocurre con el impío cuando vienen los días malos y más necesitarías de tus amigos; como tu amistad no le puede ya reportar bien alguno, te vuelve la espalda sin consideración alguna a la anterior amistad 15.
Intentar consolar al afligido cantándole canciones alegres a su corazón, es lo mismo que echar vinagre sobre el natrón, especie de sal terrestre muy común en Palestina, que ante la acción del ácido se disuelve 16. Tal alegre canción tendría un efecto contraproducente: aumentaría su dolor al recordarle la alegría y contento que le falta y al advertir la insensibilidad del prójimo frente a sus penas. Para consolar al que sufre es preciso comenzar por hacer nuestra su pena y sentir su dolor. Un fragmento de hierro no se une con otro si ambos no se licúan primero por la acción del fuego. Sólo si ambos corazones sintonizan en los sentimientos pueden unirse y servirse de consuelo en la aflicción 17.
La máxima del v.21 preludia la doctrina de Jesucristo en el Evangelio sobre el hacer el bien incluso a los enemigos. No se trata ya solamente de no odiar y hacer el mal, sino de hacer positivamente el bien a los mismos enemigos: darle de comer si tiene hambre, proporcionarle agua si tiene sed. Dos motivos presenta el sabio como estímulo para la práctica de la caridad para con él; tal conducta hará sentir confusión a tu contrario y le inducirá a deponer su enemistad contra ti, y Yahvé, que considera hecho a sí lo que se hiciere al necesitado, recompensará tu conducta, doblemente digna de elogio. San Pablo citó estos versos al recomendar la candad para con los demás, añadiendo aquellas hermosas palabras: "No os dejéis vencer por el mal, antes venced con el bien el mal"18. Los motivos son todavía interesados. Jesucristo pondría como base el amor a Dios y el amor universal a todos los seres humanos, hijos todos ellos del mismo Padre y redimidos para un mismo destino.
Con una comparación tomada de la naturaleza atmosférica, el sabio enseña el modo de hacer enmudecer a la lengua detractora. En Palestina, el viento norte, frecuente durante el invierno en el valle del Jordán, ahuyenta la lluvia. De la misma manera, un rostro airado, que da a entender no sólo el disgusto, sino la indignación ante las palabras del detractor, le hará sentir sonrojo y cesar en sus maledicencias. "Si ve — dice San Jerónimo — tórvido el rostro de quien lo escucha, más aún de quien no lo escucha y cierra los oídos, inmediatamente guarda silencio, palidece su rostro, se cierran sus labios, se le seca la saliva en la boca"19. Sócrates daba un sabio consejo a este propósito: "No admitas al locuaz y calumniador; no lo es por benevolencia, sino que lo mismo que te descubre a ti los defectos ocultos de los demás, manifestará a otros lo que tú le confiares" 20. El v.24 repite al pie de la letra 21:9 y 19, cuyo pensamiento es ya conocido.
La buena nueva que viene de lejanas tierras es comparada en el v.25 a la profunda satisfacción que siente el sediento cuando por fin puede llevar agua fresca a sus labios. La dificultad de obtener en aquel entonces noticias de países lejanos aumentaba la alegría que aquéllas proporcionaban. Jacob sintió revivir su espíritu cuando tuvo noticias de José, su hijo menor, que se encontraba en Egipto 2l. Es, en cambio, fuente turbia, manantial infecto, el justo que cede al impío (v.26). El justo con su conducta es fuente de vida para los demás 22; pero, cuando se convierte en impío, su actitud es escándalo para los justos e incentivo para los pecadores para continuar obrando sus iniquidades.
La primera parte del V.27 es idéntica a la del v.16. La segunda está muy oscura en el texto masorético. En la lección que escogemos, el sentido es: la miel, tomada en la debida cantidad, hace bien; tomada con exceso, perjudica al organismo; hace bien al hombre el buen nombre ante los demás, pero no le honra el que él mismo pregone su propia gloria, pues sería tildado de soberbio y orgulloso 23. Una bonita comparación recomienda el dominio de si mismo. Una ciudad sin preparativos, sin murallas para su defensa, sucumbe ante los ataques de los enemigos. De la misma manera, quien no ha conseguido, por medio de la educación y corrección que supone la sabiduría, el dominio de su voluntad sobre sus sentidos, no podrá después vencer sus inclinaciones y se dejará arrastrar por toda clase de vicios e impiedades.
1 18:8726:22; 19:1 728:6; 20:16 y 27:13. Cf. G. Wallis, Zu den Spruchmmenlungen Pwv 10:1-22:16 und 25-29·; TLZ 85 (1960) 1473. — 2 Is45:1s; Job 11:8; 15:8; 26:14; Ecl 8:17; Rom 11:13; 1 Cor 2:10. — 3 1 Par 28:5. — 4 Jer 17:9; 1 Cor 2:11. — 5 Lc 14:7. — 6 Cf. Ñau, ρ.279· — 7 C.21; Pritchard, o.c., p.424. 8 15:23. — 9 Posiblemente falta un estico después de isb, dado que el sentido es incompleto y esta primera parte del capítulo se compone de cuartetos. Toy considera glosa 130. — 10 Mt 6:1-6. — 11 15:1; Jue 8:1-3; Sam 25:2433. — 12 Lib. 1 De beneficentia. — 13 Ex 20.16. — 14 Sal 55:22; 57:5- — 15 El último estico está en el TM. Falta en los LXX. Muchos lo omiten, considerándolo como ditografía de igb (idénticas consonantes). — 16 Algunos leen con los LXX herida (nétheq), en lugar de natrón (náther). aocd no está en el hebreo, tomado de los LXX. — 17 Cf. San Gregorio, 1.3 Moral, c. 10. — 18 Rom 12:20-21. — 19 Epist. Ad Rusticum. — 20 Citado en A Lapide, o.c., II p.288. — 21 Gen 45:27-28. — 22 10:11 — 23 El Τ Μ dice en 276: y es gloria la investigación de la gloria. Vaccari propone la siguiente: y no hay gloria en investigar la majestad, cuyo sentido sería el de la Vulgata: el que perscruta la divina Majestad se verá abrumado por su gloria.
26. Necedad, Pereza, Odio Enmascarado (26:1-12)
1 Como nieve en el verano y lluvia en la siega, así conviene al necio la honra. 2 Como pájaro vago y como golondrina que vuela es la imprecación sin motivo, no se cumple. 3 Para el caballo el látigo, la cabezada para el asno" la vara para las espaldas del necio. 4 No respondas al necio según su necedad, para no hacerte como él. 5 Responde al necio como merece su necedad, para que no se tenga por sabio. 6 Sus pies se corta y daños sufre el que envía un mensaje por mano de un necio. 7Como cojean las piernas del cojo, así el proverbio en la boca del necio. 8 Como quien liga la piedra en la honda, así es el que hace honor al necio. 9 Como rama de espino en mano de un borracho, así es el proverbio en la boca del necio. 10 Como saeta que hiere a cualquiera que pasa, así al que asalaria al necio y al borracho. 11 Como perro que vuelve a su vómito es el necio que repite sus necedades. 12 ¿Has visto a uno que se cree sabio? Más puedes esperar del necio que de él.
Toda la perícopa está dedicada al necio en el orden intelectual. Presenta, a base de imágenes y ejemplos, un conjunto de sarcasmos hacia la clase social más opuesta a la de los sabios. Al necio le cae el honor, la autoridad, el respeto y veneración por parte del público algo así como al verano la nieve, y a la siega en Palestina la lluvia. Estas cosas son tan raras en Palestina, que se consideran poco menos que imposibles, por no decir un milagro 1. Aquéllas no pegan en modo alguno al necio, a quien lo que lógicamente corresponde es el deshonor y el vituperio. Pensaban los antiguos que la bendición y la maldición tenían una eficacia objetiva y alcanzaban a aquellos a quienes iban dirigidas 2. El sabio advierte que no hay nada que temer de las imprecaciones que carecen de razón suficiente; son como pájaro que pasa volando, sin dejar rastro detrás de sí. La comparación del v.3 se encuentra en todas las literaturas antiguas. El único medio para hacer caminar al necio por el recto sendero es el castigo, pensamiento frecuente en los sabios 3. Es como un ser privado de inteligencia, a quien no se puede guiar apelando a la razón.
Los versos siguientes (4-5) señalan la norma a seguir para con el necio. En primer lugar no se le debe responder con arrogancia e irreflexión, de modo que vengas a asemejarte a él, sino que has de reprochar sabia y prudentemente su insensatez, a fin de que caiga en la cuenta de su necedad y sienta deseos de alcanzar la sabiduría. La aparente contradicción entre los dos versos 4 y 5 (en el primero se mira al bien del sabio, en el segundo al del necio) fue uno de los textos en que se apoyaron los rabinos para poner en duda la inspiración del libro. Otra recomendación del sabio es que no se confíe el envío de mensajes al necio; sería exponerlo a no llegar a su destino, con el consiguiente daño de quien lo envía o de aquel a quien se envía. En 25:13 hizo el sabio resaltar los beneficios de una fiel embajada.
Una comparación pone de manifiesto la impresión que produce el proverbio en la boca del necio: la del cojo que apenas puede servirse de sus piernas para andar. Posee unos miembros valiosos, pero para él inútiles. El necio que pronuncia proverbios posee las enseñanzas de la sabiduría, pero apenas sabe servirse de ellas para regir su conducta. Y a veces puede incluso serle ocasión de mal. Lo expresa el sabio con otra comparación (V.9): si un borracho coge en sus manos una rama de espino, lo más probable es que, privado como está de sus facultades, se haga daño con él o lo haga a los demás. Del mismo modo, una sentencia sabia enseñada o aplicada por quien carece de inteligencia puede resultar peligrosa y hacer daño. Por eso, rendir honor al necio (v.8) es algo tan inútil y hasta ridículo como el intentar lanzar una piedra con la honda habiendo atado aquélla de modo que no pueda salir disparada. Es el mismo pensamiento del v.1, expresado con una comparación diversa4. El v.10 es considerado por los críticos como uno de los más difíciles de reconstruir5. La lección que escogemos da un buen sentido: como el arquero que dispara sin ton su flecha y hiere al que pasa, así es quien da salario a un necio, que no sabrá hacer buen uso de él y lo empleará tal vez para su propio mal, o a un borracho, que lo empleará sin duda en saciar sus ansias de beber. Con una imagen que causa náuseas, la del perro, que vuelve sobre su vómito, animal por lo demás impuro para los judíos, expresa el sabio la torpeza del necio, que recae en sus maldades. San Pedro aplica también esta imagen a los cristianos que después de haber conocido el camino de la justicia lo abandonan 6. Los pecados precedentes a la conversión tenían alguna excusa, debido a la ignorancia en que se encontraban respecto del camino de la salvación; volver a la vida de pecado después de haber conocido a Jesucristo y la gravedad de aquél, es algo tan abominable y repugnante como la acción mencionada. Todo esto no obstante, hay algo más difícil de corregir que el mismo necio. Respecto de éste, sobre todo si su necedad es consecuencia de ignorancia, aún queda alguna posibilidad de hacerle salir de ella, aunque sea con medios correctivos. El presuntuoso, que se cree sabio y superior a los demás, está más incapacitado que el mismo necio para aceptar consejos de los demás, haciéndose de todo punto incorregible. Además, el soberbio se cierra a sí mismo las gracias de Dios, que se complace en los humildes.
El perezoso (26:13-16)
13 Dice el perezoso: "En el camino hay una fiera, un león en la plaza." 14Las puertas giran en sus quicios, y el perezoso en su lecho. 15 El perezoso mete la mano en el seno y se cansa aun para llevársela a la boca. 16 El perezoso se cree sabio más que siete que sepan responder.
Una pequeña perícopa sobre el perezoso, cuyas máximas nos son ya conocidas. El ν.13 presenta los peligros que la imaginaciσn del perezoso presenta como excusa para no ir al trabajo7. La comparación del v.14 alude a una de las actitudes más frecuentes del negligente: como las puertas giran una y otra vez sin salirse de sus quicios, así el perezoso da una y otra vuelta en el lecho buscando la posición más cómoda, sin decidirse a salir de él 8.
La afirmación proverbial del v.15, que repite 19:24, expresa en estilo oriental la inactividad del desidioso aun para aquellas cosas que son más necesarias para la vida, como el trabajo, preciso para asegurar el sustento familiar. Pero lo peor es que el perezoso se cree a sí mismo más sabio que nadie. El es el que entiende la vida, pues come sin trabajar. Los que se fatigan en el trabajo son unos pobres hombres que no valen para otra cosa. El número "siete" significa, como en otros lugares, muchas veces.
Contiendas. Lisonja. Odio enmascarado (26:17-28)
17 Coger a un perro por las orejas es entrometerte en un pleito que no te importa. 18 Como el loco que lanza llamas y saetas mortíferas, 19 tal es el hombre que daña a su amigo y dice después: "Lo hice por broma." 20 Por falta de leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso cesa la contienda. 21 Como el carbón a las brasas y la leña al fuego, así es el chismoso para encender contiendas. 22 Las palabras del chismoso son bocado suave, que baja hasta el fondo de las entrañas. 23 Baño de plata sobre vasija de barro son los labios lisonjeros y corazón malvado. 24 El que aborrece se enmascara con los labios, pero dentro lleva la traición. 25 Cuando te habla amigablemente, no le creas, porque lleva siete abominaciones dentro del corazón. 26 Con doblez esconde su rencor, pero su malicia será descubierta en la asamblea. 27 El que cava la fosa cae dentro de ella, y al que rueda vina piedra se le viene encima. 28 La lengua mentirosa produce muchos males y la boca lisonjera hace resbalar.
La primera sentencia compara al que se entromete en un litigio ajeno con el que coge por las orejas a un perro extraño. Ambas cosas son peligrosas y difícilmente se sale de ellas sin daño. La experiencia dice que, no pocas veces, quien quiso con toda su buena intención mediar en un conflicto, sufrió las iras de los contendientes, que se concitaron contra él.
Quien hace daño a su prójimo pretextando después que se trataba de una broma, es, dice el sabio, como el loco que lanza llamas y saetas mortíferas. No te puedes fiar de él. La malicia oculta, que se vale de estas artimañas o fraudulencias para hacer el mal a otros en bien suyo, es más temible que la que se presenta abiertamente. "Ninguna peste es más eficaz para hacer daño que un enemigo familiar," escribe Boecio 9. Frente al adversario que se declara puedes tomar las precauciones oportunas para evitar el mal; el que simula amistad te sorprenderá completamente desprevenido y no podrás tan fácilmente evitarlo. Sin leña no puede haber fuego, sin carbón no puede haber brasas; de la misma manera, afirma el sabio, sin el chismoso no se suscitan las contiendas, pues que es él con sus palabras, con sus invenciones, con sus malas interpretaciones, quien las suscita. Por eso aconsejó antes: "arroja al petulante y se acabará la contienda" (22:10); y semejante consejo se repite en la literatura egipcia 10. El v.22 reproduce 18:8, y constata otra vez esa impresión tristemente agradable que siente nuestra naturaleza caída ante las críticas y juicios temerarios del chismoso, que no deberían provocar otros sentimientos que la indignación y repulsa.
Una imagen pone al descubierto lo que es la palabra lisonjera. A una vasija de barro se la puede revestir de una capa de metal y darle un bello y valioso aspecto, pero en su interior es una vasija de barro. Lo mismo ocurre con la palabra lisonjera; es blanda, halagadora, y parece buscar el bien del prójimo, pero dentro se oculta un corazón hipócrita o tal vez malvado, que encubre bajo la lisonja su odio, y aprovechará la primera ocasión oportuna para hacerte mal. Por eso, cuando un malvado te habla amigablemente y se muestra obsequioso contigo, ponte sobre aviso, no sea que en su interior esté maquinando el mal contra ti. No es que vayamos, sin más, a desconfiar, pero es claro que con tal clase de personas es preciso extremar la prudencia. El inciso "siete abominaciones" puede referirse a las enumeradas en 6:16-19 o designar "muchas." Algún día se descubrirá su malicia; en un principio encubre su odio, pero éste es como un fuego, que antes o después termina por irrumpir, y se manifestará en sus palabras, en sus obras, y tal vez se hará patente en la asamblea pública encargada de administrar justicia u, adonde tuviste que ir a responder de tus engaños e impiedades. El pensamiento del v.27 se encuentra en todas las literaturas. Recoge una experiencia frecuente y contiene una sabia advertencia. Ahikar la expresó en estos términos: "Por mucho tiempo que tú vivas, guárdate de cavar una fosa para otro, porque vendrías tú a caer en ella."12 Ben Sirac es del mismo parecer. "El que hace el mal caerá, sin que sepa de dónde le viene."13 La historia bíblica ofrecía al autor notables ejemplos 14. El texto del v.28 está corrompido. La lección adoptada constata cómo la lengua mentirosa y la boca lisonjera hacen mucho mal. Aquélla, con sus engaños y falsos testimonios; ésta, con sus palabras, suaves como el aceite, pero en el fondo son afilados cuchillos 15. San Agustín escribía: "Prefiero ser reprendido de cualquiera antes que ser alabado por el adulador." 16 Otros interpretan del mal que el mentiroso y el adulador se hacen a sí mismos, en cuyo caso tendríamos una aplicación del verso precedente.
1 Sam 12:17. — 2 Gen 27:13; Núm 23:7; Eclo 3 — 3 10:13; 19:29; 20.30; Eclo 33:25-30. — 4 La Vulg. traduce 8a: es como el que arroja una piedra en el montón de Mercurio. Era este el dios de los viajeros, a quien se alzaba una estatua en el cruce de los caminos. Cuando aquéllos pasaban ante ella, arrojaban en su honor una piedra, de modo que se formaban grandes montones de piedras ante tales estatuas. Era algo completamente inútil en la mente del autor, pues se trataba de una superstición. — 5 No se ha propuesto una lección satisfactoria. El TM dice: Como poderoso que contrata al primero que pasa... La Vulg. traduce muy diversamente: La sentencia termina las causas, y quien impone silencio al necio mitiga las iras. Vaccari propone: El litigador pone todas las cosas en movimiento; él contrata al necio y al transeúnte. Bickell traduce el hebreo rab por arquero. La Bib. de Jér.: un arquero que hiere a todos los que pasan es quien emplea un necio. Cf. en Toy, o.c., p.476 los muchos intentos de reconstrucción. — 6 2 Pe 2:22. — 7 22:13. — 8 6:9-10; 24:33. — 9 De consolatione. — 10 Duesberg, O.C., p.110 — 11 En los períodos persa y griego, los judíos en muchas partes tenían su organización civil, con derecho a administrar justicia. Probablemente se alude a esta función de la asamblea. — 12 Ahikar, 268; ñau, p.277-78. — 13 27:30. — 14 Est 7:1-10; Dan 6:24; 13:59-62. — 16 l.q De Trinitate, — 15 Sal 55:22.
27. Virtudes y Defectos, El Cuidado de los Ganados
Vanidad. Ira. Envidia. Hipocresía (27:1-6)
1 No te jactes del día de mañana, pues no sabes lo que dará de sí. 2 Que te alabe el extraño, no tu boca; el ajeno, no tus labios. 3 Pesada es la piedra, pesada la arena, pero la ira del necio es más pesada que ambas cosas. 4 Cruel es la ira, furiosa la cólera, pero ¿quién podrá parar ante la envidia? 5 Mejor es una abierta reprensión que un amor encubierto. 6 Leales son las heridas hechas por quien ama, pero los besos del que aborrece son engañosos.
Dos recomendaciones prácticas sobre la jactancia. La primera se encuentra en todas las literaturas y es una máxima de prudencia humana. Un moderno proverbio árabe lo expresa en estos términos: "No digas mañana, porque el mañana no te pertenece." La razón es que "la pobreza y la riqueza, los bienes y los males, la vida y la muerte, no están en nuestra mano, sino que vienen del Señor." 1 La parábola del rico a quien sobrevino la muerte cuando acariciaba los más halagüeños proyectos, es el mejor comentario a este verso 2. Santiago repite la misma idea: "No sabéis cuál será vuestra vida mañana, pues sois humo, que aparece un momento y al punto se disipa," y señala los términos en los que es justo nos expresemos: "Si el Señor quiere y vivimos, haremos esto o aquello; de otro modo, os jactáis fanfarronamente, y esa jactancia es mala" 3. La segunda recomienda evitar la alabanza propia, lo que es necedad, soberbia y muchas veces inexactitud, pues el amor propio ciega y presenta como bueno y grande lo que en realidad no lo es tanto, y a observar una conducta ejemplar que merezca la estima y el elogio de los demás. Jesucristo señaló a los cristianos la conducta a seguir en ese punto cuando dijo: "Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos." 4
Dos comparaciones ponen de relieve lo terrible que es la ira del necio: resulta más insoportable, afirma el sabio, que cargar con una gran piedra o un fardo grande de arena. La conversación del necio, dice Ben Sirac, es como carga en el camino5; pero, si a la necedad se añade la ira, aquél vendrá a ser de todo punto inaguantable. La ira es cruel, sobre todo cuando no hay una inteligencia clara que descubra a tiempo sus consecuencias o una voluntad fuerte que domine la pasión; pero hay algo más temible todavía que la misma ira: la pasión de la envidia. En 14:30 afirmó que es como la caries de los huesos, y en 6:34, que el marido celoso no perdonaría el día de la venganza. Y es que la ira pasa como el viento o se vence con la paciencia; la envidia, en cambio, domina totalmente el espíritu, el cual no puede apenas arrojarla de sí. "No hay defecto más pernicioso — escribe San Basilio — que la envidia, pues como la herrumbre el hierro, así ella consume el alma en. que habita." 6
La sentencia del v.5 da una preciosa orientación sobre la verdadera amistad. Hacer una reprensión, especialmente a una persona a quien se ama, cuesta; pero al advertirle sus defectos le enseñas el camino de la sabiduría. Jesucristo recomendó la corrección fraterna, que es, por lo demás, una exigencia del auténtico y verdadero amor. Tal reprensión es más útil que ese amor que no se atreve a advertir al amigo sus defectos a fin de que se corrija de ellos, por cobardía o temor a disgustarle. En efecto, continúa el sabio, la corrección del amigo busca tu bien: te quiere libre de todo defecto, y, por lo mismo, te los advierte, aunque ello te haga sufrir. Dice nuestro refranero que "quien bien te quiere te hará llorar." Por el contrario, quien simula amistad, pero interiormente te aborrece, no busca tu bien, y, en lugar de advertirte los defectos, te halagará y hasta confirmará en tus malos hábitos. "Quien te corrige — escribe Knabenbauer — es tu amigo; quien es condescendiente es tu enemigo."7 Dios hace aplicación de este pensamiento en la vida espiritual de sus fieles cuando les envía tribulaciones y contrariedades, que fortalecen sus almas y las une más al Señor, apartándolas cada vez más de sus defectos y pecados.
La amistad. Prudencia. La mujer rencillosa (27:7-17)
7 El harto pisotea la miel, pero al hambriento le es dulce lo amargo. 8Como pajarillo fuera de su nido es el hombre fuera de su patria. 9 El perfume y el incienso alegran el corazón, y el consejo y la ciencia son la delicia del alma. 10 No dejes al amigo, ni al amigo de tu padre, y no tendrás que ir a casa de tu hermano en el día de la desventura. Mejor es vecino cercano que hermano lejano. 11Sé sabio, hijo mío, y compláceme, para que pueda yo responder a quien me moteja. 12El prudente ve el peligro y se esconde, el simple sigue adelante y la paga. 13 Cógele el vestido por haber salido fiador de otro y retén la prenda a quien fió a un extraño. 14 Al que saluda a voces al vecino de madrugada, por maldición se le cuenta. 15 Gotera incesante en día de lluvia y mujer rencillosa, allá se van; 16 quien quiere contenerla pretende parar el viento o coger aceite con su diestra. 17 El hierro, con el hierro se aguza, y el hombre aguza a su prójimo.
Un dato de experiencia: cuando uno está saciado, hasta los más exquisitos manjares pierden para él su atractivo. Pero, cuando hay hambre, las mismas cosas amargas saben bien. "Al buen hambre — dice nuestro refranero — no hay pan duro." Ahikar tiene una preciosa, sentencia de idéntico contenido: "El hambre hace dulce lo amargo y la sed cambia el vinagre [en vino]."8 Otra constatación de la experiencia: no hay lugar tan agradable como el propio hogar. El hombre que tiene que vagar lejos de su propia casa es semejante al pajarillo que, alejado del calor de su nido, se ve privado de los cuidados de la madre y expuesto a muchos peligros. También aquel hombre echará de menos la compañía de su esposa e hijos y se verá expuesto a incomprensiones y malos tratos por parte de gentes extrañas, que podrían incluso poner peligros a su vida9.
El segundo estico del V.9 ofrece muchas variantes 10. La que escogemos presenta un buen paralelismo. Como los perfumes con su fragancia producen complacencia y cierto bienestar al cuerpo, así la ciencia y el consejo, que libran al alma de dudas e incertidumbres, señalándole el camino de la sabiduría, hacen sentir a ésta gozo y alegría. El sabio, que ha puesto de relieve muchas veces los beneficios de la amistad, aconseja aquí en particular no perder la de aquel que mantuvo ya relaciones amistosas con tu padre, y es, por lo mismo, un amigo de probada fidelidad. Un buen amigo será tu consuelo y mejor ayuda en el día de la desgracia. No te será preciso ir en busca del hermano que marchó a tierras lejanas. También Ahikar afirma que "un amigo cercano vale más que un hermano lejano." 11 Cicerón decía que la amistad es un óptimo y maravilloso apoyo para las necesidades de la vida 12, y Herodoto afirmaba que el amigo prudente y benévolo es un preciosísimo tesoro que sobrepasa a todas las riquezas 13. Una conducta sabia y virtuosa del discípulo será la mejor defensa de su maestro frente a sus detractores; ella da fe de la enseñanza de su maestro y del cumplimiento de su deber. Por eso Ahikar recomienda: "Hijo mío, arranca a tu hijo del mal; instruyele..., a fin de que no te deshonre en medio de tus cama-radas, no te obligue a bajar la cabeza en las plazas públicas."14
El v.12 repite 22:3; indica la diversa conducta del prudente y del simple frente al peligro: aquél lo ve venir, y lo evita, éste no lo ve hasta que no lo tiene encima, y ya no lo puede evitar. El 13 reproduce 20:16, condenando de nuevo la actitud del que, sin más, sale fiador sin las garantías debidas. Si la expresión "de madrugada" del v.14 es auténtica15, la explicación de la sentencia estaría en aquel precepto del Talmud: "que nadie te salude antes de haber hecho su plegaria matutina, pues el homenaje pertenece, antes que todo, a Dios" 16, en cuyo caso la maldición vendría de Dios. Si se trata de una glosa, ya que rompe el ritmo, el sabio intentaría poner en guardia frente a las estentóreas muestras de afecto. Quien fuera de tiempo y tono te saluda y prodiga alabanzas, deja entrever una amistad aduladora e hipócrita, lo que provoca la maldición de Dios y de los seres humanos. El v.25 expresa la misma idea de 19:13: lo insoportable que resulta la mujer rencillosa, comparable a la gotera incesante, cuya monotonía se hace extremadamente molesta. Pretender contenerla, añade ahora el sabio, es tan difícil como pretender parar el viento o intentar retener el aceite en la mano sin que se escurra 17. Lo que ocurre con el hierro, el cual se aguza con otro hierro, se verifica también en el hombre, el cual agudiza su ingenio mediante el trato social con los demás y modela su carácter mediante el roce con su prójimo, que lima sus aristas, haciéndolo más paciente y sufrido, más dulce y amable.
Fidelidad. El corazón y el ojo del hombre. La alabanza. La necedad (27:18-22)
18 El que guarda la higuera comerá su fruto y el que atiende a su señor recibirá de él honores. 19 Como se parece un agua a otra agua, así el corazón de un hombre al de otro. 20 El "seol" y el averno no se llenan nunca; así el ojo del hombre no se sacia jamás. 21 Como el cristal para la plata y la hornaza para el oro, así es para el hombre la boca del que le alaba. 22 Aunque majes al necio en el mortero con el pilón de machacar el trigo, no le sacarás de su necedad.
El que guarda la higuera, preservando sus frutos de los animales dañinos o de la codicia del prójimo, al fin comerá sus frutos. De la misma manera, quien con semejante diligencia sirve a su señor recibirá el premio de su fidelidad. Esta máxima, unida a 28:20, se aplica en la liturgia cristiana a San José, modelo de alma fiel a su Señor. La máxima del v.19 es muy indeterminada y, por lo mismo, susceptible de diversas interpretaciones. Consideramos la más probable la que pone comparación entre el parecido que existe entre una y otra agua, no obstante las diferencias accidentales, y la semejanza que existe entre los corazones de los hombres: todos tienen unas mismas características esenciales y unas mismas exigencias de felicidad no obstante la variedad de sentimientos y afectos que unos y otros albergan.
En la Sagrada Escritura se describe al seol poéticamente como un monstruo "de boca sin medida"18, que todo lo engulle, sin saciarse jamás. De hecho, muchos dejan de existir todos los días, y la morada de los muertos no se llena jamás. A él se compara el ojo humano en su afán insaciable de verlo todo, que puede muy bien simbolizar el deseo del corazón 19, cuyo deseo y codicia se transparenta en ellos. Más veces hemos indicado la razón de esa insaciabilidad por parte del corazón humano, siguiendo el conocido pensamiento de San Agustín: está hecho para Dios, y las cosas de la tierra jamás podrán saciar plenamente sus deseos de felicidad. La comparación, tantas veces empleada, de la prueba de los metales por el crisol, tiene aquí como segundo término la actitud del hombre frente a la alabanza. Esta prueba la virtud del hombre, como el fuego los metales. Quien busca la alabanza propia y se enorgullece en ella, es necio y demuestra poca prudencia y virtud; quien la rehuye demuestra espíritu sencillo y humilde. San Gregorio Nacianceno señala la conducta a seguir en este punto cuando escribe: "No me inmutarán quienes me alaban ni quienes me vituperan. Lo que soy, eso permanezco, me maldigan o me levanten las alabanzas hasta el cielo." 20 Concluye la perícopa (v.22) con una de las más atrevidas imágenes para indicar lo difícil que es reducir al necio al buen camino. Por mucho que te esfuerces, no le sacarás de su necedad. Ben Sirac dice que su corazón es como un vaso roto: no retiene las enseñanzas de la sabiduría 21. Si alguna vez parece has conseguido algo con él, añade, es como si hubieras compuesto un cacharro roto, que no tardará en romperse de nuevo 22. De la misma opinión es Ahikar, que la expresa con distintas imágenes: "Hijo mío, cuando un hombre se mantenga en pie sin ocupar un lugar, cuando el pájaro vuele sin alas, cuando el cuervo se vuelva blanco como la nieve, cuando lo amargo se vuelva dulce como la miel, entonces el necio se convertirá en sabio." 23
Cuidado con la grey (27:23-27)
23 Cuida bien de tu grey y pon atención a tus rebaños, 24 pues no dura siempre la riqueza, ni la corona va de generación en generación. 25 Sale el heno, aparece la verdura, siéganse las hierbas de los montes; 26 y los corderos te proporcionan vestidos, y los cabritos el precio de un campo, 27 las cabras leche abundante para tu comida, para el mantenimiento de tu casa y para el sustento de tus criados.
Los sabios dan también consejos de orden económico. Es preciso ser previsores frente a posibles contingencias. Los bienes heredados y las riquezas adquiridas no duran siempre; unos años de carestía pueden disminuirlas notablemente y una eventualidad adversa hacerlas incluso desaparecer. En cambio, unos rebaños bien cuidados, alimentados con los pastos que la misma naturaleza proporciona, te aseguran el sustento de cada día para ti y los de tu casa y aumentan tus dineros, con los que puedes adquirir nuevos campos. La lección del sabio es no confiar demasiado en las riquezas o bienes heredados, sino más bien en el trabajo de cada día, al cuidado de los rebaños, en el ejercicio de la propia profesión, que es el mejor medio de asegurar aquél y hacer frente a cualquier revés de fortuna. Tenemos aquí un reflejo de la vida de los israelitas en Palestina. Se dedicaban más a la cría y explotación de los ganados que al cultivo del campo. El sabio menciona sólo las ovejas y las cabras; Isaías y el autor del Deuteronomio mencionan además las vacas y bueyes 24.
1 Eclo 11:14. — 2 Le 12:16-21. 3 1-16. — 3 4:14-16. — 4 Mt 5:16. — 5 21:19. — 6 Citado en A Lapide, o.c., p.329. — 7 O.c., p.204. — 8 Ahikar, 188; Pritchard, o.c., p.430 col.1. — 9 Eclo 36:28. — 10 Renard, siguiendo los LXX, traduce 9b: pero por la tribulación el alma es abatida. La Vulg. da un buen paralelismo: ios buenos consejos del amigo confortan el ánimo. — 11 ñau, o.c., P.I73. — 12 Cf. 1. De amidtia. — 13 Citado en A Lapide, t.2 p.339. — 14 Ahikar, 33; ñau, p.16s. — 15 Rompe el ritmo, por lo que algunos la consideran como glosa. — 16 Berach. 143. — 17 21:9.10; 25:24. El TM en i6b es dudoso. Los LXX dan una lección diferente, de difícil interpretación: el viento del norte es un viento duro, pero por su nombre se Huma propicio. — 18 Is5:14. — 19 Ecl2:10;4:8. — 20 Orat. 14, De pace. — 21 21:17. — 22 22:7. — 23 Ahikar, 80; ñau, p.150. — 24 Is 7:21; Dt 8:13.
28. Justicia e Impiedad, el Mal Principe, Riquezas y Pobreza
El justo y el impío. La observancia de la Ley (28:1-9)
1 Huye el malvado sin que nadie le persiga, mas el justo va seguro como cachorro de león. 2 Por los delitos de una tierra son muchos sus gobernantes, pero con uno inteligente y prudente dura largo tiempo. 3 El perverso que oprime a los pobres es un torbellino huracanado, que no da pan. 4 Los que abandonan la ley alaban al impío; los que la guardan le hacen la guerra. 5 Los malvados no conocen la justicia, pero el que busca a Yahvé lo sabe todo. 6 Mejor es el pobre que anda en integridad que el rico de perversos caminos. 7 El que guarda la ley es hijo prudente; el que se acompaña de glotones es vergüenza de su padre. 8 El que con usura y crecido interés aumenta sus caudales, para el que se apiada de los pobres lo allega. 9 Es abominable la oración de aquel que se aparta de la ley.
El ν. 1 presenta los efectos psicolσgicos de la conducta del impνo y del justo. Al malvado, su conciencia le testifica su mal proceder, y hasta cuando en realidad nadie le persigue, su imaginación ve por doquier acusadores y teme el castigo de Dios, que ve sus malas acciones. Del impío dice Elifaz que "en sus oídos suenan siempre gritos de espanto; en tiempo de paz se ve asaltado por el devastador; no espera poder substraerse a las tinieblas, siempre espera el golpe de la espada." 1 "Es cobarde la maldad — dice el autor del libro de la Sabiduría — y da testimonio contra sí misma, y siempre sospecha lo más grave, perturbada por su conciencia." 2 El justo, en cambio, camina a través de la vida seguro como cachorro de león. Es éste el más fuerte de los animales, y, confiado en su fuerza, ante nadie retrocede 3. El justo está bajo la protección del Altísimo, que le protege contra todos los peligros. El salmo 91 contiene un precioso canto a la providencia de Dios sobre los justos.
El sentido del v.2, cuyo texto no es seguro4, parece ser el siguiente: cuando en un país se conculca la justicia y reina la impiedad y el crimen, se suceden con rapidez los gobernantes, que han de convertirse en tiranos si quieren mantener el orden y no ser derrocados al día siguiente. La historia del reino de Israel presentaba en algunas de sus páginas un buen comentario a esta sentencia. En cambio, cuando un gobernante sabio e inteligente promueve con su legislación el bien común y castiga debidamente a los transgresores, promueve la paz y prosperidad, que aseguran la estabilidad de su gobierno. Con frecuencia los profetas y los sabios recriminan duramente la conducta del malvado, rico o gobernante, que oprime a los pobres. Aquí es comparado al torbellino huracanado, que no da pan (v.3). El agua torrencial destruye las cosechas y priva al hombre de los frutos de la tierra. Quien oprime al pobre le priva de los escasos medios con que de por sí cuenta para asegurarse un digno sustento5.
El sabio presenta la diversa actitud de quienes cumplen la ley y de quienes la abandonan frente al impío. Estos lo alaban, porque tienen causa común con ellos, y al defender su conducta pretenden justificar la suya. Los justos, por el contrario, le hacen la guerra en su afán por destruir la maldad, celosos del triunfo de la justicia. La ley podría referirse a la ley mosaica, en cuyo caso aludiría a los judíos, que en el período griego apostataron de ella; pero es más probable que el sabio la tome en un sentido más amplio, comprendiendo las enseñanzas de los profetas, de los sabios y de los sacerdotes. Existe una relación íntima entre nuestro modo de obrar y nuestra manera de pensar. Al que obra mal, su maldad le atrofia el sentido moral, pierde la delicadeza de sentimientos para percibir la belleza del bien y termina por estimar únicamente el mal, en que se envuelve cada vez más. Mas el que busca a Yahvé en orden a conocer su voluntad y ponerla en práctica, tiene un instinto especial para descubrir lo que agrada a Dios y lo que le es desagradable. San Pablo decía que el hombre acostumbrado a estimar las cosas conforme a los criterios humanos, no percibe las cosas del Espíritu de Dios. Por el contrario, el hombre espiritual sabe juzgar de todas las cosas en su relación con la salvación y se regula no por los principios de "la sabiduría humana," sino por las enseñanzas del Espíritu Santo 6.
El v.6, que afirma la preferencia por el pobre que es justo sobre el rico que no anda en justicia, es una vacante de 19:1. Los sabios no consideran, sin más, la pobreza como una maldición, sino sólo cuando aparta de Dios, ni a la riqueza como una bendición si no lleva a El. Lo que en realidad tiene valor es la virtud, y si va unida a la pobreza, es preferible sobre la riqueza, con la que se asocia la impiedad. En consecuencia, es sabio el hijo que guarda la ley, el cual será gloria para su padre, que podrá sentirse orgulloso de la educación dada a su hijo 7. Pero el que se pasa la vida con glotones derrochará la hacienda de su padre en banquetes y quedará reducido a la miseria 8, lo que redundará en afrenta del padre, a quien se tildará de mal educador. El Deuteronomio describe el castigo de lapidación a que los padres podrían verse obligados a exponer a sus hijos rebeldes y desenfrenados 9.
La ley mosaica prohibía la usura 10. Únicamente se permitía exigir interés por lo prestado al extranjero n. Advierte aquí el sabio que los frutos de la usura vendrán a parar a manos de quienes se apiadaron de los pobres. Dios hace con frecuencia que las riquezas de los usureros vengan a parar, por muy diversos caminos, a manos de quienes practican la caridad para con los pobres, con lo que castiga a aquéllos y hace que lo que fue arrebatado a los pobres vuelva otra vez a sus manos 12. Lo que en 15:8 afirmó el sabio sobre el sacrificio, lo aplica aquí a la oración: es abominable a los ojos de Dios la oración del impío (V.9). Se trata, evidentemente, no de la oración humilde del pecador que se arrepiente de su pecado y ruega al Señor le conceda su gracia, sino la del que, manteniendo su afecto al pecado y permaneciendo en él, ora al Señor con sus labios. Los libros sagrados afirman con frecuencia la necesidad de la rectitud moral para que la oración y el sacrificio sean gratos a Dios 13.
Los justos y los impíos. La confesión de los. pecados. El mal príncipe. El trabajo (28:10-19)
10 El que extravía a los rectos de la buena senda caerá en su propia sima, pero los perfectos heredarán el bien. 11 El rico es sabio a sus propios ojos, pero el pobre inteligente sabe sondearle. 12 Cuando prevalecen los justos, hay gran gloria; pero cuando se alzan los impíos se esconden los hombres. 13 El que oculta sus pecados no prosperará; el que los confiesa y se enmienda alcanzará misericordia. 14 Bienaventurado el hombre que persevera en el temor, pero el de duro corazón caerá en la desventura. 15León rugiente y oso hambriento es un mal príncipe a la cabeza de su pueblo. 16 Un príncipe insensato multiplica las extorsiones, pero el que aborrece la rapiña alarga la vida. 17 El hombre que derrama sangre corre al sepulcro sin que nadie le socorra. 18 El que anda en integridad será salvo; el que va por senderos tortuosos, en alguno caerá. 19 El que labra la tierra tendrá pan abundante; el que se va con los ociosos se hartará de pobreza.
El ejemplo ejerce un poderoso influjo sobre los demás para el bien o para el mal. Con frecuencia, por medio de él, el impío aparta al justo del recto sendero. Quien tal hiciere, afirma el sabio que caerá en su propia sima 14. El mismo se prepara el duro castigo que merece quien aparta a los justos de Dios, haciéndose digno de su ira. Los que perseveraren, añade en un tercer estico el texto hebreo, heredarán el premio de su fidelidad. En 2:21 se prometía al justo la herencia de la tierra prometida, símbolo de la patria celestial. El rico, fascinado por la superioridad que le dan las riquezas sobre los demás, se cree incluso más sabio que ellos. Las riquezas ensoberbecen y el orgullo ciega. El pobre que tiene inteligencia, libre de esas pasiones que nublan el espíritu y pervierten el juicio, fácilmente descubre las necedades a que a veces lleva al rico su ceguera.
El v.12 pone de relieve la importancia de la justicia para la vida social. Cuando están en el poder los justos, impera aquélla; cada uno cumple con sus deberes sociales, el bien goza de libertad. Ello trae la bendición de Dios, y con ella la paz, el orden, la prosperidad. Pero, cuando dominan los malvados, reina la impiedad, que ellos amparan y favorecen. Los hombres de bien, cuya conducta es una condenación para los impíos, comienzan a ser molestados, y tienen que ocultarse si no quieren perder su vida o terminar en la prisión. La historia, especialmente la de nuestro tiempo, está llena de ejemplos que confirman la sentencia del sabio 15. A continuación, el sabio señala las dos condiciones que ha de poner el hombre que quiera alcanzar la misericordia de Dios: la confesión de sus pecados hecha a Dios, al estilo de la del salmo 106, en que el pueblo confiesa al Señor su rebeldía 16, que tenía que ir acompañada del arrepentimiento sincero. No bastaba la simple enumeración de los pecados que tenemos en el libro de los muertos de los egipcios o en los rituales babilónicos. Las mismas condiciones que exigiría el Precursor y Jesucristo para entrar en el reino de los cielos 17.
Otra vez los diversos efectos del temor de Dios, que. conduce a la sabiduría, y, en consecuencia, a sus frutos, y del endurecimiento del corazón, que hace insensible a las enseñanzas del sabio y poco menos que imposible la conversión a Dios, por lo que sufrirá el castigo de sus pecados, que le llevarán a la desventura 18. Dos imágenes ponen de manifiesto lo que para su pueblo es un mal príncipe. La del león rugiente puede expresar la tiranía y violencia con que suele gobernar el mal príncipe, siempre receloso de que alguien pueda maquinar su ruina 19. La del oso hambriento, su codicia de dinero y riquezas, que lo lleva a gravar de impuestos a los subditos. El que aborrece estas cosas y busca el bienestar y prosperidad de los subditos, gozará de la larga vida prometida a los justos y reinará muchos años sobre ellos20. El v.1y expresa la suerte del homicida: su condición es tan execrable, que marcha hacia el sepulcro sin que nadie le preste socorro. Se alude seguramente a la ley del talión: "el que derramare la sangre humana, por mano de hombre será derramada la suya" 21. Dondequiera que el pariente más próximo del muerto, que se constituía en vengador de la sangre, encontrase al asesino, le podía dar muerte. Para librar de esta venganza al homicida involuntario se establecieron las ciudades de refugio, donde quedaba a salvo de ella 22. Otros interpretan de los remordimientos de conciencia que persiguen al homicida y le hacen huir errante y fugitivo, llevando consigo por doquier la maldición de Dios, como Caín después de dar muerte a su hermano Abel 23. Los dos últimos versos repiten pensamientos muy conocidos ya. El 18 expresa el diverso fin que está reservado al justo y al impío24. El 19 recomienda la diligencia, esta vez en el cultivo de la tierra, sin el cual ésta no dará sus frutos y su dueño se verá sumido en la miseria. "Labra tus propios campos — escribe Amen-en-ope —, y encontrarás lo que necesitas, recibirás los panes de tu era."25
Bondad y equidad. Las riquezas de prisa. adquiridas. La reprensión. Piedad filial. Caridad con el pobre (28:20-28)
20 El hombre fiel será muy bendecido; el que de prisa se enriquece no lo hará sin culpa. 21 No es bueno tener acepción de personas, y por un pedazo de pan se peca. 22 El malo se apresurará a hacerse rico, y no ve que le vendrá la pobreza. 23 El que reprende hallará después mayor gracia que aquel que lisonjea con la lengua. 24 El que roba a su padre o a su madre y dice que no es falta, es digno compañero de bandidos. 25 El hombre codicioso suscita litigios, el que en Dios confía se sacia. 26 El que en sí mismo confía es un necio, el queanda en sabiduría será salvo. 27 El que da al pobre no tendrá pobreza, el que aparta de él sus ojos tendrá muchas maldiciones. 28 Cuando están en auge los impíos, se esconde el hombre; mas, cuando son destruidos, se multiplican los justos.
El hombre que procede con verdad y nobleza en sus negocios y es fiel a su palabra, será bendecido por Dios, que se los hará fructificar, y alabado por los hombres, que pregonarán su honradez. No así quienes se enriquecen con rapidez, lo que no suele conseguirse sin emplear medios ilícitos, cuyo castigo es muchas veces la pobreza y miseria mismas. "Los que quieren enriquecerse — escribe San Pablo — caen en tentaciones, en lazos y en muchas codicias locas y perniciosas, que hunden a los hombres en la perdición y en la ruina, porque la raíz de todos los males es la avaricia" 26. Uno de los males que cita después el sabio (ν.26) es el de suscitar litigios. El ávido de riquezas va más allá de lo justo, y provoca no sólo litigios, sino hasta guerras, que traen después la pobreza y la miseria. Acto seguido, el autor recomienda poner la confianza en Dios, que bendice con una vida feliz y riquezas estables a los justos 27.
Con frecuencia los sabios condenan la acepción de personas, que lleva a cometer injusticias. Constata aquí cómo a veces una insignificante dádiva es suficiente para que se quebrante gravemente la justicia. Frecuentemente también ha recomendado el sabio la reprensión y ha condenado la adulación. De momento agrada más a nuestro amor propio la lisonja; después caemos en la cuenta de que quien corrigió nuestros defectos fue quien en realidad nos ayudó a caminar por el sendero de la sabiduría, que lleva a la verdadera felicidad. Quien la rehuye y se endurece en sus vicios y pecados, añade después, sufrirá un castigo repentino, cuya naturaleza el autor no determina. No rara vez vemos que quienes rechazaron las advertencias que les fueron hechas pagaron con su misma vida su temeridad 28.
Quien maltrata a los padres, ha dicho ya el sabio, es un hijo infame y deshonroso 29. Quien les roba, dice aquí, es comparable a un bandido, que no tendrá inconveniente en robar a los extraños. Dada la expresión dura que emplea el sabio, parece se trata del hijo que, después de haber sucedido a sus padres en los bienes, les niega los alimentos necesarios para la vida, con lo que los reduce a la miseria y tal vez acelera su muerte. Tal actitud supone un pecado grave contra la piedad filial. Jesucristo declaró no conforme con el cuarto mandamiento la conducta de aquellos que presentaban como ofrenda a Dios lo que pudiera ser necesario a sus padres 30. También se recomienda bajo una forma estimulante la caridad para con el prójimo. Quien la practica obtendrá la bendición de Dios sobre sus bienes. La experiencia confirma cuántas veces quien más da, más tiene 31. El insensible ante las necesidades del pobre oirá las maldiciones por parte de éste, que llegarán al cielo, como testifica Ben Sirac 32, y arrancarán de Dios el castigo por no haber tenido misericordia para con él. El v.28 reproduce más explícitamente la idea del v.12, cuyo sentido recoge la perícopa siguiente.
1 Job 15:21-22. — 2 17:10. — 3 30:30. — 4 Los LXX traducen: Por culpa de los violentos surgen las discusiones, pero el hombre inteligente las aplaca. — 5 El TM dice en aa: un hombre pobre que oprime al débil. Idea extraña al libro. Los LXX leen: el hombre rico... — 6 1 Cor 2:14-15. — 7 10,1; 27:11. — 8 23:21. — 9 21:20-21. — 10 Ex 22:24; Lev 25:36-37; Dt 23:19. — 11 Dt 23:19-20. — 12 13:22. — 13 Cf. 15:8.29; 21:27. — 14 26:27. — 15 11:10-ΙΙ. — 16 Sal 32:5; 1 Re 8:50. — 17 Mt 4:17; Me 1:4-6; 1 Jn 1:1 — 18 2:21-22. — 19 19:12. — 20 Algunos creen que príncipe es glosa (rompe el ritmo) debida a un escriba que interpretó este dístico por el precedente. En este supuesto se opondrían en el verso la avaricia y la liberalidad. — 21 Gen 9:6. — 22 Ex 21:12-13; Dt 19:1-13. — 23 Gen 4:12. — 24 10,9. — 25 G.6; Pritchard, o.c., p.422. — 26 1 Tím 6:9. — 27 3:5-8; 11:25; 16:20. — 28 29:1; 6:15; 12:1; 13:18; 15:5.10; 28:14. — 29 19:26. — 30 Me 7:11-13. — 31 11:24-25. — 32 5:5-6.