16. Providencia, el Rey, Humildad, la Palabra Sabia
La providencia de Dios (16:1-9)
1 Del hombre es preparar la mente, pero es Yahvé quien da la respuesta de la lengua. 2 Al hombre le parecen buenos todos sus caminos, pero es Yahvé quien pesa las almas. 3Encomienda a Yahvé todos tus afanes, y se te lograrán tus pensamientos. 4Todo lo ha hecho Yahvé para sus fines, aun al impío para el día malo, 5Aborrece Yahvé al de altivo corazón; pronto o tarde, no quedará sin castigo. 6Con misericordia y verdad se repara el pecado, con el temor de Yahvé se aparta el hombre del mal. 7Cuando los caminos del hombre son gratos a Yahvé, aun a los enemigos se concilia. 8Mejor es poco en justicia que muchas rentas en injusticia. 9Traza el corazón del hombre sus caminos, pero es Yahvé quien dirige sus pasos.
Comienza el sabio estas sentencias en torno a la providencia de Dios aplicando a la lengua el conocido aforismo de nuestro refranero: "El hombre propone y Dios dispone." El hombre piensa las cosas y establece lo que ha de hablar o responder; pero si Yahvé, que mantiene un dominio absoluto sobre las palabras y acciones humanas, como se afirma continuamente en la Sagrada Escritura 1, no gobierna con su providencia la lengua, ésta no será capaz de expresar con acierto lo que la mente ha planeado. También en los proverbios de Ahikar y en las sentencias de Amen-en-ope se considera a Dios como autor de la palabra y respuesta recta 2. En este texto se apoyaban los pelagianos para probar que el hombre puede con sus fuerzas naturales prepararse a recibir la gracia. Pero en el texto se prescinde del orden de la gracia. Y aun en este orden, si bien se requiere, por parte del hombre, una preparación necesaria, ésta es ya un efecto de la gracia preveniente 3. El sabio advierte a continuación el contraste que existe a veces entre el juicio divino y el humano. Al hombre, ignorante y lleno de prejuicios, le parecen buenas las acciones suyas, sin darse cuenta de que provienen de un principio que las vicia, como el amor propio, los respetos humanos. "Cierto que de nada me arguye la conciencia — escribía el Apóstol —, mas no por eso me creo justificado; quien me juzga es el Señor."4 Dios, que penetra en los corazones de los hombres5, puede juzgar de la moralidad de sus obras mejor que el mismo hombre, el cual deberá conformar sus juicios con los de Dios. De ahí la norma práctica que los salmistas recomendaban con frecuencia: deja tus afanes en las manos de Dios, de quien depende el éxito de los mismos 6, y con su ayuda lo obtendrás.
El v.4 afirma el gobierno de Dios sobre todas las cosas. Yahvé las creó y les impuso un fin que realizar. El las dirige a todas hacia sus fines respectivos. De la armonía de todos ellos resulta el orden maravilloso del universo. Por lo que al impío toca, no quiere decir el sabio que Dios lo haya creado para su castigo, como predestinándolo sin más al infierno. Dios creó todas las cosas buenas. Pero el hombre pecó, haciéndose reo del castigo que Dios infinitamente justo le infligirá si no se arrepiente de su pecado. Dios no predestina al castigo sino después de haber previsto la incorrespondencia a las gracias que Dios da a todos en la medida suficiente para salvarse7. Por lo demás, el impío glorificará a Dios, proclamando su justicia. Dios aborrece todo pecado, pero detesta de un modo especial la soberbia. En 6:17 la enumeró entre las cosas odiosas a Dios. La razón es, como dice A Lapide, porque el soberbio se hace émulo y antagonista de Dios y, como otro Lucifer, le disputa su honor y primacía. Jesucristo nada ensalzaría tanto como la humildad y nada recriminaría tanto como este vicio 8, que recibirá por parte de Dios duro castigo 9. El pecado, afirma el sabio, se repara con misericordia y verdad, expresión frecuente en la Sagrada Escritura, que significa aquí la virtud en general. La misericordia predispone a Dios al perdón de nuestros pecados; más aún, la exige como condición para perdonar 10. Y con las obras de misericordia satisfacemos por la pena temporal debida por los pecados y que permanecen perdonados aquéllos en cuanto a la culpa. La virtud, que hace los caminos gratos a Yahvé, enumera entre sus efectos el concillarse a los mismos enemigos. Lo confirman las historias de Isaac, Jacob, David, Jeremías y los babilonios. La razón es que Dios, dueño de los corazones, puede hacer cambiar sus sentimientos, de modo que sientan hoy amor y benevolencia hacia quienes ayer abrigaron odio en su corazón. Por otra parte, hay quienes saben hacer tan amable la virtud y la bondad, que suscitan la admiración de sus mismos enemigos, que vuelven de nuevo a la paz y amistad con ellos. El v.8 repite 15:16, disuena de los demás del grupo al no hacer mención alguna al gobierno divino, y el V.9 recuerda el verso primero de la perícopa.
El rey (16:10-15)
10 Un oráculo son los labios del rey; en el juicio no se equivoca su boca. 11 Peso justo y balanza justa son de Yahvé, y obra suya son las pesas de la bolsa 12 Abominable es que los reyes hagan impiedad, pues por la justicia se afirman los tronos. 13 Agradan al rey los labios veraces, y ama al que habla rectamente. 14 La cólera del rey es heraldo de la muerte; el hombre sabio lo apacigua. 15 En la alegría del rostro del rey está la vida; su favor es como nube preñada de lluvia primaveral.
Para comprender las sentencias que siguen es preciso tener en cuenta la autoridad absoluta de que gozaban los reyes orientales, que llevaba a los subditos a divinizarlos y a ellos a disponer incluso de la vida de éstos. Se trata no sólo de los reyes israelitas, sino de todos los soberanos, y se presenta el rey ideal. Las palabras del rey, comienza el sabio, son un oráculo para sus subditos, por lo que no pueden equivocarse. No quiere esto decir que Dios hable a través del rey, sino que los soberanos gobiernan en nombre de Dios, como vicarios suyos 11, por lo cual El los guía en sus decisiones, concediéndoles las gracias precisas para el recto cumplimiento de su misión. Los subditos deberán considerar y obedecer sus leyes como venidas de Yahvé.
Una de las cosas sobre las que han de vigilar los reyes es la justicia en las relaciones sociales, por lo que han de procurar la exactitud en las pesas y medidas, a fin de que no se cometan injusticias con ellas. Tal injusticia es abominable a los ojos de Dios 12. Posiblemente los babilonios introdujeron muy pronto su sistema de pesas y medidas en Ganaán 13. Los mercaderes, en sus viajes, llevaban sus pesas en una bolsa'14. Por su parte, los reyes deberán mantener lejos de sí toda impiedad. La justicia es lo que afianza los tronos y asegura la paz y prosperidad de los pueblos. La paz es obra de la justicia. Si el rey es impío, su ejemplo induce a serlo a los demás. Vienen los vicios y con ellos toda una serie de males que llevan a la ruina los más florecientes reinos 15.
El sabio hace una preciosa advertencia a los soberanos. Nadie como ellos están expuestos a la adulación. Sus cortesanos con frecuencia los alaban hipócritamente, con el fin de ganarse su favor. Pero el rey, para llevar a cabo un buen gobierno de su nación, precisa buenos consejeros, y sólo son tales los que están siempre dispuestos a decir al rey toda y sola la verdad. Amonesta aquí el sabio a los reyes que eviten, como una peste, a los aduladores, que sugieren cosas agradables, pero nocivas, y se rodeen de varones justos y prudentes, que sugieren consejos veraces y justos, aunque resulten desagradables y molestos16.
Siendo los monarcas orientales señores de la vida de sus subditos, era muy peligroso incurrir en la ira de los mismos, y se demuestra verdaderamente sabio quien logra apaciguarlos. En cambio, quien logra el favor de un rey que tiene plenos poderes y haciendas, se asegura una vida feliz y próspera. La comparación de su benevolencia con la lluvia primaveral es muy expresiva, por cuanto ésta es absolutamente necesaria para una buena cosecha. El agua de Nisán, decían los israelitas, vale más que el arado y los bueyes. Por ello era considerada como una bendición divina 17.
Sabiduría y humildad (16:16-22)
16 Mejor adquirir sabiduría que adquirir oro; tener inteligencia vale más que tener plata. 17 El camino derecho es apartarse del mal; guarda su alma el que guarda su camino. 18 La soberbia es heraldo de la ruina, y la altivez de corazón, de la caída. 19 Mejor es humillar el corazón con los humildes que partir con los soberbios los despojos. 20 El que pone atención a la palabra hallará el bien, y quien confía en Yahvé es bienaventurado. 21El sabio de corazón es tenido por sensato, y la blandura de los labios hace eficaz la doctrina. 22 Fuente de vida es la sabiduría para quien la tiene, y es castigo del necio la necedad.
Dada la facilidad con que el corazón se apega a las riquezas, se hace necesaria la insistencia del sabio en poner de relieve la estima que por encima de ellas merece la sabiduría. El camino derecho, advierte también, consiste en apartarse del mal que a uno y otro lado nos acecha; quien lo sigue se asegura la vida feliz 18. Una de las cosas que más frecuentemente apartan de la senda recta es la soberbia, por lo que el sabio se complace en recordar una y otra vez sus efectos. Ella fue la causa del primer pecado y de una u otra manera interviene casi siempre en los demás; con frecuencia lleva a la injusticia y la violencia. Pero Dios castiga duramente al soberbio, permitiendo su ruina material no pocas veces; por lo que es mejor la compañía de los humildes que los bienes que pueda ofrecer el soberbio, expuestos al castigo de Yahvé.
El v.20, que completa el v.13, contiene la más sabia norma de conducta: por una parte, el cumplimiento fiel de los mandamientos de Yahvé, contenidos en la ley, y la doctrina de los sabios; por otra, una gran confianza en Dios, que es quien tiene que conceder los beneficios a él prometidos. Es el "a Dios rogando y con el mazo dando" de nuestro refranero, que nos enseña hemos de trabajar como si el éxito dependiera totalmente de nosotros, y después poner toda la confianza en el Señor, como si nuestros esfuerzos fueran del todo inútiles y el éxito hubiera de venir sólo de Dios. Advierte también el autor que el sabio, por el mero hecho de serlo, es tenido en honor entre los hombres; pero, si sabe exponer su doctrina con gracia, la hace más persuasiva. La experiencia confirma que unas mismas cosas dichas con elocuencia, con convencimiento, o proferidas desmadejadamente, sin sentirlas, tienen una eficacia persuasiva muy distinta 19. El último verso afirma una vez más los efectos de la sabiduría y las consecuencias de la necedad: mientras que aquélla es fuente de vida feliz y próspera, la necedad, que ignora la práctica de la ley de Dios y enseñanza de la sabiduría, lleva en sí misma el castigo 20.
El don de la palabra (16:23-33)
23 El corazón del sabio hace disertar su boca y con sus labios avalora su doctrina. 24 Panal de miel son sus suaves sentencias; dulzura del alma y medicina de los huesos. 25 Hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero a su fin son caminos de muerte. 26 El que trabaja, para sí trabaja, pues su boca le estimula. 27 El impío se cava la fosa, y hay en sus labios como llama de fuego. 28 El perverso excita contiendas, y el chismoso aparta a los amigos. 29 El hombre malo lisonjea a su prójimo y le lleva por caminos no buenos. 30 El que hace guiños con los ojos, maquina engaños, y el que aprieta los labios ha hecho ya el mal. 31 Gloriosa corona es la canicie; es por el camino de la justicia como se obtiene. 32Mejor que el fuerte es el paciente, y el que sabe dominarse vale más que el que expugna una ciudad. 33 En el seno se echan las suertes, pero es Yahvé quien da la decisión.
En el v.23, el autor vuelve sobre el pensamiento del v.21: del corazón del sabio brotan palabras sabias, porque las somete a prudente reflexión, y si a ellas añade elocuencia, hace persuasivas sus enseñanzas. Entonces sus palabras son gozo para el alma y medicina para el cuerpo. La comparación de las sentencias del sabio al panal de miel era muy expresiva para los orientales. La miel, que sustituía en todo al azúcar, agrada al paladar y era muy utilizada en medicina. La doctrina sapiencial, que enseña el camino para conseguir la vida feliz, proporciona al alma la más grande alegría, que parece comunica nuevas energías al cuerpo, el cual, por lo demás, gozará de cuanto aquella vida feliz supone en el orden material.
El v.25 repite 14:12. El autor insiste en la advertencia de que no debemos fiarnos demasiado de nuestro propio juicio, sino que debemos buscar el consejo de los sabios. El "alma" del que trabaja, dice el texto hebreo del v.26, que puede significar también las "necesidades vitales," para sí misma trabaja impulsada por la necesidad de ganar su sustento. Después del pecado, el hombre, le guste o no el trabajo, ha de comer el pan con el sudor de su frente 21. Los versos siguientes (27-29) expresan diversas actitudes y efectos del impío, advirtiendo de antemano que, al maquinar el mal para los demás, caerá él en la fosa que preparaba para su prójimo, víctima de los ardides en que pretendía cogerle 22. En sus labios hay, dice el sabio, como llama de fuego, expresión metafórica que significa el lenguaje injurioso del impío, que devora con sus críticas y murmuraciones la buena fama de los demás; "la lengua del que calumnia es como fuego devastador," escribe Santiago23. Por lo mismo, excita contiendas 24 y aparta a los amigos ai descubrir faltas y defectos, cuyo conocimiento comienza por distanciarlos y termina por separarlos25. Finalmente, lisonjea a su prójimo; nuestro amor propio es muy propenso a la lisonja, por lo que los impíos, que no reparan en la moralidad de los medios, encuentran en ella un medio muy a propósito para llevar a los incautos por sus caminos. A continuación, el sabio alude a algunos de los gestos exteriores por los que puede conocerse que un hombre abriga en su corazón malos designios, y la prudencia enseña que hay que alejarse de él.
El v-31 ha de ser interpretado a la luz de los lugares en que el sabio promete como premio a la justicia una vida larga y feliz, y a la impiedad, la ruina y una muerte prematura. En consecuencia, la ancianidad para los judíos suponía el cumplimiento de los mandatos de Yahvé, que aseguran su favor y protección26, por lo que aparecía ante ellos llena de honor. El sabio prescinde del caso del impío que vive largos años. La doctrina de la inmortalidad del alma cambió de esa manera de pensar, que lógicamente no se encuentra en el Nuevo Testamento.
Bella sentencia la del v.32, en que la victoria moral sobre sí mismo es colocada por encima de la victoria de las armas sobre los demás. Supone más valor y cuesta mucho más el vencerse a sí mismo, dominar las pasiones y ciertas inclinaciones, sobrellevar las grandes adversidades con la paciencia de un Job, que llevar a cabo una brillante y gloriosa acción militar en la conquista de una ciudad. "Los mismos paganos — comenta Girotti —, no obstante su gran admiración por la fuerza bruta y por el valor guerrero, exaltaron este dominio de sí mismos, que hace al hombre verdaderamente superior." 27
Termina el capítulo con la idea con que comenzó: todo depende de Dios y nada ocurre sin su beneplácito. Los hebreos acudían con mucha frecuencia a las suertes para resolver sus dudas 28. En los asuntos de más importancia se consultaban los urim y tummim 29. Pero la suerte no existe. "La casualidad — escribe el autor antes citado al verso siguiente — es una palabra vacía de sentido que indica nuestra ignorancia de las causas, pero no su ausencia." Fue Dios quien dispuso las cosas así.
1 Ex 10:1; Sal 118:8; Am 3:6; Mt 10:19; 13:11; Rom 9:16. — 2 Pritchard, o.c., p.423 (c.18) y p.429 (col.8). — 3 Cf. Jn 6:44; 2 Cor 3:5; Gong. Trid., ses.6 0.6-9: Denz. 798-800 y 8i9;SAN agustín: PL 44:585-586; santo tomás, 1-2 q.112 a.2. — 4 1 Cor 4:4. — 5 15:11. — 6 22:8; 37:5; 55:23; 90:17. — 7 Cf. Gong. Araus. II: Denz. 200; Conc.Valentinum III, De Praedestinatione: Denz, 322; Gong. Trid., ses. 6 can. 17: Denz 827. — 8 Mt 23. — 9 Is 3:16-26; Lc 1:51-52. — 10 Mt 6:12; Sant 2:13. — 11 8:15. — 12 11:1 — 13 Am 8:5; Ez 45:10-12. — 14 Algunos autores leen el rey en lugar de Yahvé, por estar más de acuerdo con el contexto y ser él quien como autoridad suprema ordena el sistema de pesas y medidas (Τον). — 15 20:28; 25:5; 29:4; Dt 17:14-20; Is 32:1. — 16 Cf. A Lapide, o.c., p-497. — 17 Dt 11:14; Jer 5:24. — 18 13:14 — 19 Eclo 10:5. — 20 10::11. — 21 Gen 3:17-19. — 22 Eclo 27:29. — 23 Sant 3:6. — 24 6:14-19. — 25 179. — 26 3:2; 4:10; 10:27; 14:27; Ex 20:12; Sal 21:5; 23:6; Eclo 1:12. — 27 O.c., p.75. Cf. idéntica manera de pensar en Horacio, 2 oda 2; Ovidio, Epist. ex Pont. II 75- — 28 Lev 16:8; Núm 20:55; Jue 1:3; Is 34:17; Nah 3:10; Sal 21:19. — 29 Núm 27:21; 1 Re 14:41; 23:2; 28:6, etc.
17. Bondad, Justicia, Sabiduría
Bondad para con el prójimo (17:1-14)
1 Mejor es un pedazo de pan seco en paz que la casa llena de carne de víctimas y de contiendas. 2 El siervo inteligente se impondrá al hijo deshonroso y heredará con sus hermanos. 3 El crisol para la plata, la hornaza para el oro, mas los corazones los prueba Yahvé. 4 El malo escucha al maledicente, y el mentiroso da oídos a la lengua mordaz. 5 El que insulta al pobre insulta a su Hacedor, y el que se goza del mal ajeno no quedará impune. 6 Corona del anciano son los hijos y los nietos, y los hijos honra de los padres. 7 No está bien al necio la grandilocuencia; cuánto menos al príncipe la mentira. 8 Piedra de encanto es el presente a los ojos de quien lo posee; adondequiera que se vuelva, cree tener buen éxito. 9 El que quiere amistad encubre las faltas; el que las descubre se enajena el amigo. 10 Más efecto le hace al sensato un reproche que cien azotes al necio. 11El malvado no busca más que la rebeldía, mas recibirá un cruel mensaje. 12 Mejor es dar con una osa a quien han arrebatado la cría, que con un necio en el frenesí de su necedad. 13 El que devuelve mal por bien no verá alejarse la desventura de su casa. 14 Comenzar la pendencia es dar suelta a las aguas; deja la porfía antes que se encrespe.
De nuevo se ensalza el valor y estima de la paz familiar frente a las discordias y disensiones *. Es preferible aquélla con pobreza que éstas con abundancia, pues la paz es el mayor bien, mientras que la discordia uno de los mayores males. La carne de las víctimas es la parte de las víctimas ofrecidas en sacrificio que se comía después en un banquete sagrado 2. La utilidad de la sabiduría es tal, que puede hacer que el siervo inteligente venga a suplantar al hijo necio, compartiendo la herencia de sus hermanos 3. Abraham habla de su siervo Eleazar como de su heredero al verse sin hijos 4, y Sesán, descendiente de Judá, careciendo de hijos, dio a una de sus hijas como marido un esclavo egipcio 5.
El v.3 presenta una idea muy frecuente en la Biblia, una de las explicaciones que los sabios daban al caso del justo que es atribulado. Como el crisol purifica los metales para eliminar de ellos toda escoria y hacerlos aparecer brillantes, así Dios, por medio de las tribulaciones, prueba las almas y las hace brillar más en las virtudes, que se perfeccionan precisamente en la contrariedad6. Esa conducta observó Dios con Abraham, José, Job y otros muchos justos del Antiguo Testamento. Por eso Ben Sirac aconseja recibir de buen ánimo cuantas adversidades el Señor quiera enviarnos y mantenerlo firme en medio de ellas 7.
Cada cual se complace con la conducta y sentimientos de sus semejantes. Así, el hombre malo escucha con gusto la lengua que maldice y hiere con sus críticas mordaces, porque tales cosas son connaturales a sus malas inclinaciones y de ellas se alimenta su corazón. A continuación aduce dos de las actitudes más detestables del malvado: insultar al pobre, lo que equivale, advirtió ya antes 8, a injuriar a Dios mismo, y alegrarse del mal ajeno, lo que provoca la indignación de Dios, que hace muchas veces recaer sobre el malvado el mal de que impíamente se gozaba.
Para comprender del todo la sentencia del v.6 es preciso ambientarla en la mentalidad hebrea. Para los judíos, una prole numerosa era considerada como una bendición de Dios, premio de la virtud 9, si bien, como advierte Ben Sirac, el valor moral es preferible al número, de modo que es mejor no tener ninguno que tenerlos malos 10. En la familia, sus miembros forman una unidad social, en que la virtud y esplendor de unos resulta también corona de los otros. Las malas costumbres de los hijos deshonran a los mismos padres, mientras que la virtud de aquéllos son su mejor gloria. Hay cosas, dice a continuación el sabio, que no se compaginan en modo alguno: cosas sublimes en boca del necio, incapaz de valorarlas y hacerlas valorar. Y menos todavía la mentira en la boca del príncipe, cuyas palabras deben ser como un oráculo de Dios 11, y cuya veracidad un ejemplo para sus subditos; si entre éstos la mentira adquiere carta de naturaleza, innumerables males caerían sobre su reino. Sigue una advertencia importante. El influjo del oro es fascinador, "hasta el punto de cegar los ojos de los sabios y corromper las palabras de los justos." 12 Quien lo tiene piensa tener abiertas todas las puertas y se siente tentado a veces a cometer injusticias, contra lo que el sabio quiere ponerle en guardia.
El sabio hace una interesante observación sobre la amistad, (v.8) Quien excusa, si es posible, o disimula al menos las faltas de los demás hechas a sí o a otros, se gana la estima y el amor de aquéllos, los cuales se sentirán confiados en su amistad; quien, por el contrario, las descubre y comenta con su prójimo, la pone en peligro 13.
Sigue otra observación de experiencia común, referente a la corrección, que se encuentra también en las literaturas de los otros pueblos. Al sensato, un ligero reproche le basta para hacerle cambiar su conducta equivocada; ama la verdad, y quiere a toda costa conducir su vida conforme a ella. El malvado de tal modo se entrega a la maldad y deja esclavizar por sus vicios, que únicamente el castigo corporal le puede apartar del mal camino, y no por mucho tiempo. El v.11 podría aludir a las rebeliones en general, tan frecuentes en el período de los griegos, y el cruel mensaje a la disposición de la autoridad que le lleva el oportuno castigo, o a las calamidades con que los sabios amenazan a los malvados, que no buscan más que el mal de los demás 14.
Con una atrevida comparación expresa el sabio lo peligroso que es tratar con el necio en el frenesí de su necedad (v.12). Sería mejor, dice, dar con una osa a quien se ha arrebatado su cria. La osa era para los hebreos símbolo de la ferocidad 15, y aumenta, como los demás animales, sus instintos feroces cuando le es arrebatada la cría. Y, en verdad, de esta fiera puede el hombre con su razón defenderse, pero el necio puede utilizar la suya para perderte. Supone una ingratitud, digna de castigo, la conducta del que devuelve mal por bien. El sabio formula de un modo negativo el principio de la caridad. Dios, que es caridad, y que haría de esta virtud la esencia de la religión cristiana, que preludiaban la Ley y los Profetas, castigará con rigor tal perfidia, afirma el sabio, sin determinar si el castigo vendrá por la acción directa de Dios o las leyes humanas. Concluye el sabio recomendando prudencia en las porfías mediante una expresiva comparación: si el agua hace un pequeño orificio en el dique y no se cierra a tiempo, puede dar lugar a una irrupción devastadora de las aguas retenidas. De la misma manera, si una discusión no se corta a su debido tiempo, se encienden fácilmente las pasiones y conducen a los más lamentables excesos. San Agustín da el siguiente consejo: "Discusiones, o ningunas o ponles fin cuanto antes, a fin de que la ira no crezca en odio y convierta la pajita en viga y haga al alma homicida." 16
La justicia (17:15-28)
15 Quien absuelve al reo y quien condena al inocente, ambos son abominables a Yahvé. 16 ¿De qué sirve el oro en manos del necio? Pudiera comprar la sabiduría, pero no tiene juicio" 17 El amigo ama en todo tiempo; es un hermano en el día de la desventura" 18 Es necio el que estrecha la mano empeñándose por otro. 19 Ama el delito quien ama las riñas; el de boca arrogante busca su ruina. 20 El de perverso corazón no hallará bien, y la lengua mendaz incurrirá en el mal. 21 El que engendra a un necio, para su mal le engendra; el padre del necio no gozará de alegría. 22 Corazón alegre hace buen cuerpo; la tristeza seca los huesos. 23 El inicuo acepta dádivas para torcer el derecho. 24 El cuerdo tiene ante los ojos la sabiduría; los ojos del necio se van hasta los confines de la tierra. 25 El hijo necio es el tormento de su padre y la amargura de la que le engendró. 26 No está bien multar al que tiene la razón, pero menos aún castigar a gente honrada contra justicia. 27 Es parco en palabras quien tiene la sabiduría, y el hombre sensato es de sangre fría. 28 Aun el necio, si calla, pasará por sabio, y por prudente si cierra los labios.
Comienza la perícopa con una advertencia para los jueces, presentándoles como cosa abominable a Yahvé tanto la absolución del reo culpable como la condena del inocente. El juez es vicario de Dios, y debe administrar en su nombre la justicia, dando a cada uno lo suyo. Quien no es fiel a su misión, injuria a Dios y al prójimo. Este principio de justicia, que se inculca mucho en la Sagrada Escritura, es también recomendado en la sabiduría egipcia, que considera la injusticia como un delito grave, que expone a la venganza de los grandes y de los dioses 17.
Las riquezas pueden reportar muchos beneficios, pero es cuando están en manos sabias, que saben hacer el debido uso de ellas. En las del necio son vanas en orden a conseguir la sabiduría, porque es incapaz de ella, y tal vez dañosas, porque fácilmente las emplea en servir a sus pasiones y malas inclinaciones. Los beneficios de la amistad es otra cosa que exaltan con frecuencia los sabios 18. El verdadero amigo ama en todo tiempo, cuando la amistad le reporta alegría y frutos y cuando no puede obtener otro beneficio que participar en la desventura del amigo. Es entonces cuando se prueba la verdadera amistad y cuando el amigo fiel resulta un verdadero hermano para el desventurado. Al amigo se le conoce en el día en que se tiene necesidad de él.
El sabio recuerda la advertencia sobre las fianzas hecha en 6:1-5 y 11:15. Quien sale fiador contrae la obligación de pagar la deuda del insolvente. Por lo mismo, es preciso proceder con cautela y asegurarse antes de la moralidad y garantías de la persona por quien se sale fiador 19. También advierte de nuevo las consecuencias a que llevan las riñas y altanerías, que, comenzando por cosas fútiles, pueden llevar a graves consecuencias. Para evitarlas, Jesucristo prohibió incluso la ira 20.
Los v.20-24 repiten pensamientos frecuentemente expresados. El hombre de corazón perverso y lengua mentirosa incurre en el mal, y frecuentemente en el mismo que para su prójimo preparaba21. El hijo necio, se trate de la idiotez mental o de la indisciplina, ocasiona a sus padres ratos de profunda pena y tristeza y a veces serios disgustos22. Los sentimientos del alma influyen en las disposiciones del cuerpo. "La alegría — comenta A Lapide 23 — es como la flor, decoro, gozo y vida del alma, y el alma es la vida del cuerpo; por lo cual, la alegría, que da la flor de la vida al alma, la trasfunde por ésta al cuerpo." 24 Las dádivas, finalmente, suponen un serio peligro para el juez, pues fácilmente le inclinan a dar una sentencia injusta. Por eso la ley, los profetas y los sabios le exhortan con frecuencia a mantenerse fiel en el cumplimiento de su misión, sin dejarse corromper por ellas 25. El v.26 le recomienda fidelidad a la justicia cuando se trata de imponer multas, y más todavía si de aplicar castigos corporales — éstas, entre otras penas, podían imponer los jueces 26 —. Los castigos corporales suponen una afrenta y deshonra, que en modo alguno ha de ser aplicada a gente honrada, que perdería con ello su buena reputación.
El v.24 pone de manifiesto uno de tantos contrastes que distinguen al sensato del necio: aquél tiene ante sus ojos los preceptos de la sabiduría para dirigir conforme a ellos su conducta, por lo que no obra inconsideradamente. El necio, en cambio, es incapaz de fijar su atención en unos principios concretos de conducta y obrar conforme a ellos, y camina por la vida sin un ideal fijo, sin un rumbo determinado.
El autor presenta unas normas de sabiduría práctica. Las dos primeras, en torno al valor del silencio prudente, que los sabios recomiendan como indicio de sabiduría 27. Cuando el deseo más vehemente de comunicar una noticia incita a hablar cuando la circunstancia no es oportuna, el ser humano sensato sabe dominarse y esperar la ocasión que la prudencia le dicta. Ese silencio y esa reserva son algo tan inherente a la sabiduría, que hasta el mismo necio, si supiera callar, pasaría por sabio, y ciertamente sabría al menos encubrir su necedad.
1 15:16-17; 16:8. — 2 7:14; Sam 9:12-13. — 3 Eclo 10:28. — 4 Gen 15:2. — 5 1 Par 2:35. — 6 2 Cor 12:9. — 7 2:4. — 8 14:31. — 9 Sal 127:3; Job 42:16. — 10 16:1-5. — 11 16:10. — 12 Dt 16:19. — 13 10:I2. — 14 Sal 78:4233. — 15 2 Sam 17:8; Os 13:8. — 16 Regula 0.37. — 17 Duesberg, o.c., p.94. — 18 18:24; 19:7; Eclo 6:14-16; 22:23. — 19 Eclo 29:14-20. — 20 La lección del texto griego (y de la Vg): el que hace su casa alta busca la ruina, habría que entenderla en el sentido de que quien pretende una construcción suntuosa sin los fundamentos proporcionados o sin los recursos precisos, va a parar a la ruina. Dado que no existía tal costumbre en la antigüedad, es preferible la lección: hace alta su boca (habla arrogantemente), que no supone más que el cambio de una letra y está más de acuerdo con el paralelismo. — 21 16:21.23. — 22 10:1; 15:20. — 23 O.c., p.548 — 24 14:13.20. — 25 Ex 23:8; Lev 19:15; Dt 1:17; 16:19; Eclo 20,31. Amen-en-ope y Ahikar tienen idénticas recomendaciones. "Hijo mío — escribe éste —, no aceptes recompensa alguna para dar testimonio, pues la recompensa ciega los jueces." Cf. Amen-En-Ope, c.is; Pritchard, o.c., p.423 col.2; Ahikar, ed. Ñau, p.27i. — 26 Ex 21:18ss. Dt 25:1-3. — 27 10:19; 12:23; Job 13:5; Eclo 20:1-7; Sant 1:19.
18. Necedad, Prudencia, Pleitos (18:1-5)
1 Busca pretextos el que quiere separarse, por todos los medios busca la ruptura. 2 Al necio no le agrada la prudencia, sino sólo propalar sus necedades. 3 Con la impiedad viene la deshonra; con la deshonra, la vergüenza. 4 Aguas profundas son las palabras del hombre; arroyo surtidor la fuente de la sabiduría. 5 No está bien tener acepción del rostro del impío para perjudicar al justo en la sentencia.
El texto del v. 1 está tan oscuro, que no es fácil llegar a un resultado satisfactorio en su reconstrucción crítica 1. El sentido de la lección que escogemos es claro: quien, por los motivos que sea, quiere romper una amistad, busca pretextos con que legitimar ante su amigo y sus prójimos la ruptura que por todos medios pretende. Sigue un ya repetido pensamiento respecto del necio: no agrada a éste la prudencia, que exige reflexión antes de hablar, y muchas veces callar, de lo que él es incapaz; no puede menos de propalar sus ideas y opiniones, que él considera como sabiduría, mientras manifiesta su necedad 2. También los efectos de la impiedad han sido mencionados: la deshonra en que el impío incurre cuando su maldad es descubierta y la vergüenza que él mismo sentirá al verse deshonrado 3.
Las comparaciones del v.4 son una valoración de la sabiduría. Las enseñanzas del sabio son profundas, fruto de estudio y honda reflexión, y además benéficas; no permanecen, como aguas estancadas, en el fondo de su corazón, sino que salen de la boca del sabio para hacer bien a los demás, como arroyo surtidor que derrama sus aguas sobre la tierra, con las que ésta dará sus frutos.
Como la perícopa precedente, también ésta termina con una admonición a los jueces para que eviten la acepción de personas, especialmente cuando en ella ha de sufrir el perjuicio el hombre justo 4.
Hablar necio. Confianza en Dios. Humildad, Prudencia (18:6-15)
6 Los labios del necio mueven contiendas, y su boca llama los azotes. 7 La boca del sabio es su ruina, y sus labios lazo para su vida. 8 Las palabras del chismoso parecen dulces, y llegan hasta lo más hondo de las entrañas. 9 El que es negligente en su labor es hermano del derrochador. 10 Torre fuerte es el nombre de Yahvé; a ella se acogerá el justo y estará seguro. 11La riqueza es para el rico fuerte ciudadela; le parece una alta muralla. 12Antes de la caída se exalta el corazón del hombre, y a la gloria precede la humillación. 13 El que antes de haber escuchado responde, es tenido por fatuo para·oprobio suyo. 14 El ánimo del hombre le sostiene en su aflicción; pero ¿quién sostendrá el ánimo abatido? 15 El corazón del sensato adquiere sabiduría, y la oreja del sabio busca la enseñanza.
Efectos del hablar necio son las contiendas que el necio provoca con su ligereza en el hablar, con sus críticas y juicios temerarios, con las que no pocas veces se gana su justo castigo 5. El sabio constata la impresión que en el ánimo de los oyentes producen las palabras del chismoso. ¡Se escuchan con curiosidad y resultan agradables ciertas críticas y murmuraciones, delaciones y calumnias, con las que la fama de) prójimo queda malparada! 6.
El negligente en su trabajo es equiparado al derrochador, que gasta con una mano lo que con la otra gana. A los dos espera un mismo fin: la miseria y el hambre; al primero porque no trabaja, al segundo porque disipa el fruto de sus ganancias en diversiones y vicios. El autor hace referencia a las consecuencias de la pereza más de veinte veces en el libro 7.
La protección de Yahvé sobre el justo es comparada a aquellas torres fortificadas que eran los únicos lugares de refugio en caso de guerra armada. En El encuentra el justo su refugio y seguridad contra todos los enemigos. Acudir a Yahvé y poner en su protección toda la confianza es la mejor norma de sabiduría 8. La expresión "el nombre de Yahvé," tan frecuente en otros libros de la Sagrada Escritura, aparece solamente aquí y significa Dios mismo 9. No obra de esta manera el rico, a quien sus riquezas parecen una cindadela, una alta muralla capaz de hacer frente a todas las eventualidades. Hay una fina ironía en las palabras del sabio. En su pensamiento, las riquezas pueden, sí, proporcionar diversos beneficios, pero no son una muralla inexpugnable ni, por tanto, refugio seguro, pues son caducas; pueden ser arrebatadas por la violencia o un revés dar al traste con ellas. Por lo demás, el que, confiado en sus riquezas, se exalta, incurrirá en la humillación, mientras que la humillación ante Dios lleva a la gloria. Lo afirmó ya el sabio 10 y lo establecería también Jesucristo 11.
La precipitación en el hablar es uno de los defectos del necio, el cual responde antes de haber escuchado, y, consiguientemente, sin reflexión. El autor ha indicado que es propio del sabio la reflexión, la cual exige escuchar a quien te habla y responder con la calma que exige una respuesta bien pensada 12. Ahikar da un consejo semejante: "¡Oh hijo mío! dirige tu sendero y tu palabra, escucha y no te precipites en dar una respuesta."13 Un ánimo fuerte y valeroso sostiene el espíritu en medio de las contrariedades y las soporta incluso con alegría si acierta a ver en ellas a Dios. Pero, si el ánimo se deja abatir, ¿quién, se pregunta el sabio, sostendrá a éste? La reflexión recomienda mantenerlo siempre firme frente a toda adversidad, poniendo siempre la confianza en el Señor y recordando el benéfico influjo que de ello resulta incluso para el cuerpo. El sabio, manifiesta el último verso, no se duerme sobre los laureles; es humilde para reconocer que, por mucho que sepa, es quizás más de lo que ignora, y se esmera por alcanzar cada día una sabiduría mayor por medio de una ulterior instrucción mediante el trato con los sabios 14.
Tribunales y pleitos. La mujer virtuosa (18:16-23)
16 Las dádivas abren camino al hombre y le dan entrada a los grandes. 17 Parece tener razón el que primero expone su causa, pero viene su adversario y le descubre. l8La suerte pone fin a los pleitos y decide entre los grandes. 19Hermano ofendido es como una ciudad fuerte, y sus litigios son cerrojos de fortaleza. 20 Cada uno llena el vientre de los frutos de su boca, y se saca del fruto de sus labios. 21 La muerte y la vida están en poder de la lengua; cual sea el uso que de ella hagas, tal será el fruto. 22 El que halla una buena mujer, halla un tesoro, ha recibido un gran favor de Yahvé. 23 El pobre habla suplicante; el rico responde duramente.
El autor hace otra vez alusión al influjo fascinador de las dádivas 15, tal vez porque en los tribunales suele tener frecuente realidad la máxima. Más que del soborno, quizá se trate. de la costumbre, generalizada en Oriente,' de no presentarse ante los grandes sin antes haber presentado sus regalos, con el fin de captar su benevolencia 16. El v.1y presenta un hecho comprobado por la experiencia y que demuestra la limitación de nuestro pensamiento. Expone en un litigio una de las partes interesadas su parecer, y en seguida nos parece que la razón está con él; pero expone el suyo el adversario, y pensamos que la razón está con el segundo. La enseñanza del sabio es que no debemos precipitarnos en formar un juicio definitivo; es preciso escuchar a las dos partes y después reflexionar. El tratado talmúdico Pirké Aboth recomienda al juez que, mientras las dos partes están en su presencia, debe mirar a ambas como culpables, es decir, debe desconfiar de las dos 17. Muchas veces no era posible dilucidar en el pleito de parte de quién estaba la razón. Entonces, con el fin de que aquél no durase indefinidamente, con los consiguientes inconvenientes, se recurría a la suerte, es decir, a Dios, que se suponía hacía salir la suerte conforme a la justicia. Así, Josué sorteó los territorios entre las doce tribus, con lo que se evitaron litigios entre ellas.
El sentido del v.19 es oscuro. La idea del sabio parece ser: cuando un hermano es ofendido, su obstinación viene a ser tan fuerte como una ciudad difícil de conquistar, y los litigios o altercados entre hermanos son tan difíciles de componer como penetrar en una fortaleza cerrada con duros cerrojos 18. Los v.20;21 insisten en los frutos de la lengua ya mencionados en 12:14713:2-37 recomiendan prudencia en las palabras, ya que ellas pueden producir frutos de vida feliz, enseñando el camino para conseguirla, o pueden causar los más graves males si envuelven la mentira y la calumnia. Preguntado Anacharsis qué era lo mejor y lo peor en el hombre, respondió que la lengua, ya que, si se gobierna rectamente, puede producir útilísimos bienes; si mal, es pestilentísima 19. Y Esopo decía que es la mejor y la peor carne del mundo.
De vez en cuando, el autor inserta alguna sentencia sobre el valor de la mujer buena, de la que hace aquí un elogio cumplido, considerándola como un tesoro concedido por Yahvé a su marido. La mujer buena, virtuosa, buena administradora de su casa, mantiene la paz y es fiel al amor a su marido, educa honestamente a sus hijos, contribuye a la prosperidad de los bienes familiares, siendo la alegría de la casa. Ahikar tiene a este propósito una preciosa máxima: "Hijo mío, como un árbol opulento bajo sus frutos, sus hojas y sus ramas, así es el hombre con una mujer excelente, y sus frutos (son) los hijos y los hermanos" 20. Cierra la perícopa la constatación de una experiencia cuotidiana: la diversa actitud del pobre y del rico en sus palabras; al primero, su indigencia le obliga a adoptar una actitud suplicante; al segundo, la autosuficiencia fácilmente le hace soberbio y duro. El comentario al v.24 lo unimos a la perícopa siguiente.
1 Otros traducen: quien se aparta de los otros busca su capricho y se irrita contra todo aquello que es razonable. La Bib. de Jér.:... se irrita contra todo consejo. Dyson corrige el texto hebreo y lee: El hombre insocial busca pretextos [para reñir]: disputa con toda [sana] sabiduría. — 2 10:14; 12:23; 13:16; 15:2; 17:28. — 3 5:13; 11:2. — 4 17:23.26. — 5 6:10-19; 10:14; 12:13; 13:3, etc. — 6 16:28. — 7 Cf. 6:6; 10:4; 12:11; 28:24. etc. — 8 Sal 27:5. — 9 Expresión similar en 30:9. Los antiguos concebían el nombre corno dotado de existencia objetiva e idéntico con el posesor. Invocar el nombre de Dios era invocar a Dios mismo. Desaparecida tal concepción, ha perseverado la fórmula, y aun nosotros invocamos y bendecimos "el nombre de Dios." — 10 15:33; 16:18. — 11 Mt 23:12. — 12 17:27. — 13 ñau, ρ.156, — 14 15:14. — 15 17:8. — 16 Sam 9:7; 10,27. — 17 1:8 Cf. A Cohén, Le Talmud (Exposé synthétique du Talmud et de renseignement des Rabbins sur l'Ethique, la Religión, les Coutumes et la Jurisprudence) (París 1950) p. 369-379. — 18 La reconstrucción del texto es poco menos que imposible. Tal vez sea una variante del v.1 i. Otros traducen con los LXX: Un hermano ayudado por su hermano es como una ciudad fuerte puesta en alto; es como un palacio bien fortificado. — 19 Laercio, l.i c.9. — 20 ñau, p.16:7
19. Amistades, Prudencia, Misericordia, Corrección
El verdadero amigo. Sentencias varias (18:24-19:7)
24 Hay amigos que sólo son para hacer compañía, pero los hay más afectos que un hermano. 19:1Mejor es el pobre que anda en sencillez de corazón que el de labios perversos y fatuo. 2 Ya el carecer de reflexión no es cosa buena, pero el que además es precipitado en el obrar la yerra. 3 La necedad del hombre tuerce sus caminos, y luego le echa la culpa a Yahvé. 4La riqueza allega muchos amigos, pero al pobre sus amigos lo abandonan. 5 Testigo falso no quedará sin castigo, y el que esparce la mentira no escapará. 6 Al dadivoso le hacen muchos la rueda; todos son amigos del que da. 7 Al pobre aun sus hermanos le aborrecen, ¡cuánto más le dejarán los amigos! El que cultiva demasiadas amistades, lo pagará, como el que corre tras lo que no está a su alcance.
El ν. 1 hace un parangσn entre la riqueza y la pobreza, declarando que, si aquélla va acompañada de la sencillez de corazón que enseña la sabiduría, es preferible a la riqueza que va asociada a la impiedad y engendra soberbia y avaricia, injusticias y corrupción. Los primeros y últimos versos de la perícopa se refieren a la amistad en su relación con las riquezas. Los frutos de aquélla son provechosos, pero hay tantos desengaños en torno a ella, que el sabio estima oportuno volver repetidas veces sobre tema tan importante y delicado. El rico que da generosamente de sus bienes, constata el autor, encuentra muchos amigos, pero advierte que la mayoría de las veces se trata de una amistad interesada, que no busca más que su provecho particular en ella; concluido éste hay quienes no tienen inconveniente alguno en llevar al antiguo amigo a la perdición. Al pobre, por el contrario, de cuya amistad no se puede obtener utilidad práctica alguna, hasta los mismos parientes le abandonan, porque les resulta incluso odioso l. Cierto que hay amigos fieles aun en las más adversas circunstancias y son como verdaderos hermanos que se escogen 2. Pero fue el ejemplo y la invitación de Jesucristo, que llevó a la práctica las repetidas exhortaciones de Yahvé en el Antiguo Testamento al amor y protección de los pobres y afligidos, lo que arrancaría de sus riquezas y comodidades a cientos y millares de almas que consagrarían su vida a atender a los pobres con un amor y un desinterés que sólo El ha sabido infundir en los corazones. En la segunda parte del v.7, según la reconstrucción que del texto hace Nácar-Colunga3, concluye con un consejo práctico: no te procures demasiadas amistades, pues muchas te defraudarán; es preferible pocos amigos y seguros en toda contingencia.
Para obrar bien son precisas dos cosas: reflexión, para que el entendimiento descubra el camino a seguir, y la serenidad o prudente calma, para que la voluntad venza al ímpetu de las pasiones. Quien obra sin aquélla, fácilmente caerá en imprudencia; pero, si además es precipitado para obrar, entonces el error es seguro. La advertencia vale también para el orden espiritual, en el que la verdad y la inteligencia han de ir por delante del celo4. Hasta dónde puede llegar la insensatez del necio, lo pone de manifiesto el siguiente dato de experiencia: hay quienes después de haber incurrido por su culpa en el pecado y la ruina echan la culpa a Dios, como causa primera que dirige las segundas. Y es que hay necedad que se confunde con la soberbia y el amor propio, y quien cae en estos vicios se ama demasiado a sí mismo para reconocerse culpable de sus yerros. También quienes pretenden excusarse con falsas razones de temperamento, educación, tentación violenta y cosas semejantes, echan a Dios, en cierto sentido, la culpa de sus faltas. Ben Sirac rechaza de lleno tal manera de pensar, diciendo que Dios no puede hacer lo que El precisamente más detesta, que es el pecado 5. "Nadie, por consiguiente — escribe San Agustín —, eche en su corazón la culpa a Dios, sino que se reconozca a sí mismo culpable quien peca." Al testigo falso y al mentiroso asegura el sabio (ν.5) que no quedarα sin castigo. Si fuere descubierto por el juez o la parte contraria, sufrirνa la ignominia que tal vicio lleva consigo y el castigo por parte de los hombres. Y aun en el caso de que no fuera descubierto, Yahvé no dejará sin castigo a quien viola uno de los preceptos de su ley 6.
Prudencia y necedad (19:8-15)
8 El que adquiere inteligencia se hace bien a sí mismo; el que guarda el entendimiento hablará bien. 9 El que en falso atestigua no quedará impune, y el que esparce la mentira perecerá. 10 No están bien al necio los deleites; cuánto menos a un esclavo mandar a príncipes! 11 La cordura del hombre detiene su cólera, y es honroso disimular una ofensa. 12Rugido de león es la ira del rey; su favor, como rocío sobre la hierba. 13 El hijo necio es el tormento de su padre, y gotera continua la mujer quisquillosa. 14 Casa y hacienda herencia son de los padres, pero una mujer prudente es don de Yahvé. 15 La pereza trae el sueño, y el haragán hambreará.
Inteligencia y prudencia son partes componentes de la sabiduría, y quienes las adquieren gozarán de los beneficios de ésta, que proporciona muchos en el orden físico y en el moral, por lo que el sabio recomienda su consecución. El v.6 repite literalmente el ν.5.
Hay dos contrastes que desdicen del habitual orden de cosas: los deleites en el necio, porque son frutos de sabiduría o porque no sabe hacer buen uso de ellos, y esclavo que mande a príncipe, cuando es a éste a quien toca mandar y a aquél obedecer. No rara vez consiguen riquezas quienes carecen de inteligencia y honradez, y en los tiempos en que escribió el autor no debía de ser raro que esclavos consiguiesen puestos de autoridad.
El v.11 hace una recomendación de sabor evangélico al aconsejar la represión de la cólera y el pasar por alto las ofensas, si bien media entre su espíritu y el que informa la evangélica una diferencia inmensa. En Proverbios predomina una mira humana e interesada: evitar la ira y discusiones, que pueden llevar a lamentables consecuencias, mientras que en el Evangelio es una exigencia del amor a Dios sobre todas las cosas, que se manifiesta en el cumplimiento de sus mandamientos y en el amor al prójimo como a sí mismo, lo que forma parte del primer precepto de la ley cristiana. "Se muestra uno tanto menos sabio — escribe A Lapide — cuanto menos sabe practicar la virtud de la paciencia...; por lo que no dejarse llevar de la ira frente a las injurias ni indignarse ante ellas es máxima prueba de sabiduría."7
En aquellas sociedades antiguas en las que los reyes se arrogaban un poder absoluto que les permitía disponer incluso de la vida de sus subditos u otorgarles cuantas distinciones o beneficios tuviesen a bien, era vital el no incurrir en su ira y ganarse, por el contrario, su beneplácito. Tal vez por esto se repite la advertencia8. Ambas cosas son indicadas aquí con expresivas imágenes: la de la ira, con la del león que ruge hambiento, en cuyas garras será devorado quien en ellas caiga; la del favor, por la del rocío de una mañana de verano sobre la hierba agostada por el sol.
Dos cosas pueden hacer feliz al ser humano o serle motivo de continuas molestias y disgustos: los hijos y la mujer. El hijo que es necio deshonra con su conducta el nombre paterno, lo que proporciona al padre profundo pesar. Y la mujer quisquillosa se hace tan intolerable como el continuo y rápido gotear del agua de un tejado. Tres cosas resultan intolerables, dice un proverbio árabe: el gotear de la lluvia, la aspereza de la mujer y los chinches. La sentencia advierte al hombre la cautela con que ha de proceder en la elección de esposa y en la educación de sus hijos. Hay cosas que el hombre puede heredar de sus antepasados o adquirirlas con su sabiduría; pero una mujer prudente es un don de Dios (v.14). Las cualidades interiores que adornan el alma de una mujer y la hacen sabia y prudente en sus atenciones para con el esposo, en la educación de los hijos, en la administración de la casa, constituyendo con ello la alegría y felicidad del hogar, no se adquieren con dinero, sino que es, como afirmó en 18:22, un don de Dios, que guió al hombre en la elección de tal mujer.
Concluye con una recomendación de la diligencia. La pereza es compañera de la necedad, como la diligencia lo es de la sabiduría, y no le espera otra cosa más que el hambre, como afirma constantemente el sabio. Los Padres hacen aplicación de la máxima a la vida espiritual, en la que los efectos de la pereza son igualmente desastrosos. Después de referir muchos testimonios de los mismos, escribe A Lapide por su parte: "Los que no quieren ejercitarse en actos de caridad, misericordia, oración, piedad, paciencia, contraen cierto sopor y desidia, que los hace inhábiles e ineptos para toda obra buena e incurren, además, en una penuria de gracia, consolaciones y todos los dones espirituales." 9
La misericordia. La corrección. El temor de Yahvé (19:16-23)
16 El que guarda el precepto, a sí mismo se guarda; el que menosprecia sus caminos morirá. 17 A Yahvé presta el que da al pobre; El le dará su recompensa. 18 Castiga a tu hijo, porque siempre hay esperanza; pero no te excites hasta destruirle. 19 El que mucho se aira pagará la pena, y más aún si muestra desprecio. 20 Escucha el consejo y acoge la corrección, para hacerte así sabio en lo futuro. 21 Muchos proyectos hay en la mente del hombre, pero es el consejo de Yahvé el que permanece. 22 La misericordia es al hombre provechosa, y mejor es ser pobre que mentiroso. 23 El temor de Yahvé lleva a la vida; el que de El está lleno no será visitado por la desventura.
Comienza la perícopa poniendo de manifiesto, una vez más, los efectos de la observación de la ley divina, o más bien de las enseñanzas de la sabiduría, que propone bajo la idea de la vida larga y feliz bajo la protección de Yahvé10, y de la muerte, con que Dios o la misma justicia humana castiga a los transgresores 11. El v.17 -contiene una máxima de alto valor religioso: a Yahvé presta quien da al pobre, y El le dará su recompensa. Dios, que se constituyó en padre y protector especial de los pobres y desamparados, estima como dado a El lo que damos al pobre y se obliga a recompensar largamente el cumplimiento del deber natural de caridad que tenemos para con el necesitado. También Jesucristo declaró que consideraba como hecho a sí mismo lo que hiciéremos con los pobres y afligidos 12.
Siguen dos consejos respecto de la corrección que el sabio da al padre respecto de su hijo: aplicarla en la educación de su hijo aun en el caso de mayor indisciplina por parte de éste, pues siempre hay, especialmente en los años de la juventud, en que los vicios no están todavía profundamente arraigados, esperanza de enmienda; pero no con tal dureza que ponga en peligro la salud o vida del corregido. En Israel no tenía el padre poder sobre la vida de sus hijos; en caso de rebeldía digna de muerte, había de ser llevado a los ancianos de la ciudad, y todos los hombres de ésta aplicaban la pena 13. Después inculcará que se reciba con docilidad la corrección, declarando que conduce a la verdadera sabiduría, que consiste en la práctica de las virtudes y la huida de los vicios (v.20).
El texto del v.1g está corrompido, y resulta poco menos que imposible dar con la lección original. El sentido de la que escogemos es que quien se aira sufrirá la pena, porque aquélla le lleva a proferir insultos y calumnias, a causar daño a su prójimo y sufrir el castigo oportuno por parte de éste o de la autoridad que defiende sus derechos. Si en lugar de aceptarla con humilde resignación desprecia aquélla, las consecuencias pueden ser mayores, porque aquélla no disminuirá la pena impuesta, e incluso tal vez la aumentará 14.
La constatación del v.21 fue tres veces consignada en el c.16 15. La forma en que aquí se propone hace resaltar la inmutabilidad de los designios de Dios frente a los múltiples y efímeros de la mente del ser humano, inmutabilidad de los consejos de Dios y continuo fluctuar de los planes humanos, que la Sagrada Escritura recuerda frecuentemente 16; por lo cual el hombre ha de procurar invocar a Dios y pedir su luz y consejo para sus planes más bien que fiarse de su propia razón.
Otro verso difícil de interpretar es el 22, pues el texto masorético está corrompido, de tal modo que toda reconstrucción ha de ser conjetural. Los autores interpretan generalmente de la misericordia para con el prójimo, que consigue el favor de Yahvé; afirmación muy oportuna en un ambiente en el que la pobreza era considerada como ignominia, y las riquezas como bendición de Dios 17. Concluye recordando los frutos del temor de Dios: la vida larga llena de prosperidad, concedida por Dios como premio de la virtud a que aquél lleva o de la piedad misma para con Dios en que consiste.
Holgazanería. Corrección. Otras sentencias (19:24-29)
24 Mete el perezoso su mano en el plato, ni para llevársela a la boca la sacará. 25 Castiga al petulante, y se hará cuerdo el inexperto; reprende al sensato, y ganará en saber. 26 El que maltrata a su padre y ahuyenta a su madre es un hijo infame y deshonroso. 27Deja de escuchar la corrección, y te desviarás de los dictámenes de la prudencia. 28El testigo falso se burla de la justicia; la boca del impío se traga la iniquidad. 29Los castigos son para los petulantes, y los azotes para las espaldas de los necios.
Más sentencias sobre la pereza y la corrección, Aquélla es gráfica e irónicamente presentada por el sabio. La imagen supone la costumbre del Oriente, en que todavía no se utilizaban utensilios, sino que cada uno tomaba con su mano los alimentos del plato. En realidad, la desidia puede a veces llegar a tal grado, que inutiliza las energías aun para las cosas más necesarias y fáciles. La corrección es un buen medio de educación y de progreso en la sabiduría conveniente y tal vez necesario a todos, si bien ha de ser distinta la manera como debe ser aplicada al necio y al sensato. A éste basta una mera advertencia para que modifique su conducta equivocada. Para el petulante, el único medio de corrección es el castigo, incluso corporal; le domina de tal modo la soberbia y la impiedad, que no valen para él razonamientos y consejos de ninguna clase. Tal vez ni aun aquél le hará entrar en razón, pero el simple e inexperto aprenderá de su castigo y se hará sabio.
Hay una conducta que el sabio proclama infame y deshonrosa: la del hijo que maltrata a su padre o ahuyenta a su madre (v.26). El primero de los mandamientos de la ley que miran al prójimo tiene por objeto garantizar la honra y derechos de los padres respecto de sus hijos, añadiéndose a su cumplimiento la promesa de una vida larga y feliz en la tierra como estímulo al mismo18. No hace alusión el sabio a los duros castigos que imponía la ley a los hijos que se conducían indignamente con sus padres 19, lo que indica no se aplicaban en aquel excesivo rigor en tiempos del autor del libro. El mismo sentido natural reclama esa honra y atención de los padres y condena toda infidelidad contra quienes nos dieron la vida y, en principio al menos, cuanto tenemos.
La expresión del v.27 tiene evidentemente un sentido irónico, ya que, tomado como suena, estaría en clara contradicción con las continuas enseñanzas del sabio sobre la corrección, cuyos saludables efectos de vez en cuando afirma expresamente. Constata en el siguiente el gusto y avidez con que algunos hacen el mal: hay testigos que mienten por el provecho particular que su mentira les puede reportar; pero los hay que se gozan y consideran alarde de habilidad haber burlado la justicia. Y hay también quienes hacen el mal como quien se toma un vaso de agua, pues les viene a ser como algo connatural 20.
1 14:20. — 2 Edo 6:6-17. — 3 A los dos esticos del v.7, el TH añade un tercero: quien busca palabras no las encuentra, que parece el segundo miembro de un verso perdido, cuya reconstrucción no es posible. — 4 Rom 10,2. — 5 15:11. — 6 6:I9; 14:5.25; Ex 20:16. — 7 O.c., t.2 p.12a. Cf. San Gregorio, 1.2 in Ez. hom.ai. — 8 14.35; 16:14-15; 20:2; Eclo 8:2-4. — 9 O.C., t.2 p.23.13:13. — 10 Mt 6:12 — 11 Ex 21:12.15-17; Lev 20:2ss. — 12 Mt 25:34-46. — 13 Dt 21:18-21. — 14 Dyson da como probable: El que da lugar a la ira pagará la multa; y si muestra desprecio (del tribunal), tendrá que pagar más. Otros traducen la segunda parte: si lo libras, deberás comenzar de nuevo (si lo libras de la multa o pena una vez, lo tendrás que librar otra y otra vez). La Bib. de Jér.:... si se le perdona, se aumenta su desgracia. — 15 V.1.g.13. — 16 Núm 23:19; Mal 3:6. — 17 11:17. — 18 Ex 20:12; Eclo 3:1-18. — 19 Ex 21:15.17; Dt 21:18-21. — 20 Job 15:16; Prov 6:19; 14:25. — 21 Sal 104:15. — 22 Eclo 19:2; 30:31. — 23 16:24; 19:12. — 24 C.7; Pritchard, o.c., p.428 col.2. — 25 17:14; 18:1; Sant 3:15. — 26 6:6-11; 10:4.
20. La Ira del Rey, Gobierno
Embriaguez. La ira del rey. La pereza (20:1-6)
1 El vino es petulante, y los licores, alborotadores; el que por ellos va haciendo eses no hará cosa buena, 2 Rugido de cachorro de león es la ira del rey; el que la provoca peca contra su vida, 3 Es honor para el hombre esquivar las contiendas, el insensato se mete en ellas. 4 El perezoso no ara en invierno; va luego en busca de la cosecha, y nada halla. 5 Aguas profundas son los pensamientos del hombre, pero el cuerdo sabe sacarlas fuera. 6 Muchos son los que a porfía se dan por amigos, pero ¿quién hallará el amigo fiel?
Dios ha dado el vino también para alegrar el corazón 1, pero solamente su uso moderado es bueno. Tomado en cantidad excesiva, quita el sentido, y el hombre, privado de sus facultades racionales, no hará otra cosa más que servir de irrisión a los demás. En 23:29-35 hace una descripción del borracho, que pone de manifiesto su necedad, y Ben Sirac afirma que el vino, como las mujeres, extravía del camino de la sabiduría 2. Otra vez, ésta con la imagen del rugido del león, indica el sabio lo peligroso de la cólera del rey, que puede poner en peligro la vida de sus subditos. La frecuencia con que el sabio hace esta advertencia es indicio de que las víctimas de tal ira no eran raras 3. Ahikar da a este propósito la siguiente advertencia: "La ira del rey, si te manda una cosa, es como fuego, que abrasa. Obedece al punto. No se enfurezca contra ti, y queme tus manos."4
El evitar las contiendas, que tantas veces recomienda el sabio 5, es presentado aquí como cosa digna de honor. Es una muestra de no pequeña prudencia saber evitarlas, pues engendran riñas y enemistades, que no conducen a nada bueno. Sólo el necio, irreflexivo, que no sabe vencer sus pasiones, se mete imprudentemente en ellas. Otra vez se recomienda también la diligencia en el trabajo. Para obtener los frutos de la tierra es preciso cultivarla con esmero. El perezoso, que durante el invierno rehuye las labores que la tierra precisa, cuando llega el tiempo de la recolección, se encontrará con las manos vacías, expuesto a la miseria y el hambre 6.
Los pensamientos del hombre, dice con razón el sabio, son como las aguas profundas: se hallan en el fondo del alma, del corazón. Y así como no es fácil sacar el agua de una profunda cisterna, tampoco es fácil adivinar esos pensamientos del corazón ajeno. Sin embargo, el sabio con su inteligencia, con el conocimiento que tiene del corazón humano, con sus hábiles preguntas y penetración, llega a descubrirlos. Termina la perícopa constatando una realidad que pone una nota de pesimismo en las relaciones humanas: son muchos los que hacen alarde de su bondad y de fidelidad a sus amigos. Pero, cuando llega la prueba, ¿cuántos permanecen fieles a la amistad de los días prósperos?
Rectitud (20:7-15)
7 El justo anda por caminos derechos; bienaventurados sus hijos después de él. 8 El rey sentado en su tribunal, con su mirar disipa el mal. 9 ¿Quién puede decir: He limpiado mi corazón, estoy limpio de pecado? 10 Peso falso y falsa medida son abominables a Yahvé. 11 Aun el niño da a conocer por sus acciones si su obra será luego recta y justa. 12 El oído que oye y el ojo que ve, son ambos obra de Yahvé. 13 No ames el sueño, por que no te empobrezcas; abre el ojo y tendrás pan en abundancia. 14 "Malo, malo," dice el que compra; mas en apartándose se alaba. 15 Hay oro, hay piedras preciosas; los labios del sabio son vaso precioso.
Comienza la perícopa con una sentencia que es una hermosa invitación a la vida recta y honrada. No sólo el justo, constata el sabio, percibirá los frutos de su conducta honrada, sino también sus hijos, que reciben de ellos, juntamente con la vida, su bondad natural e inclinación a la virtud. Si a ello procuran añadirles una buena educación basada en los principios de la sabiduría, serán realmente bienaventurados7. El v.8 parece contener una alabanza de la sabiduría del rey, que le hace resolver con rapidez los asuntos que se le presentan, que le permite descubrir en seguida los fraudes e imposturas y hacer justicia con los malvados 8.
El v.9 contiene una afirmación de la imperfección del hombre frente a la santidad divina. La forma interrogativa en que se propone no deja lugar a duda alguna respecto de la mente del sabio: nadie está totalmente libre de pecado. Esta doctrina se encuentra en toda la Sagrada Escritura 9. El mismo Jesucristo mandó a todos orar: "perdónanos nuestras deudas"10, y San Juan, en su primera carta, escribió que, "si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañaríamos a nosotros mismos y la verdad no estaría en nosotros" n. En este texto se apoyaba Calvino para afirmar que el hombre después del pecado original se encuentra irremediablemente depravado y que se justifica no por una justicia intrínseca que le constituya realmente justo, sino por la imputación extrínseca de la justicia de Cristo, que encubre sus pecados. El sabio afirma sencillamente la incertidumbre en que nosotros nos encontramos respecto de nuestra justificación, que afirma también el concilio Tridentino 12, y es un antídoto contra la soberbia y la apatía espiritual. Por lo demás, la teología católica nos enseña que el hombre, en el estado de naturaleza caída en que nos encontramos, puede, con la gracia de Dios, evitar los pecados mortales, pero no todos los pecados veniales e imperfecciones, sin un privilegio especial de Dios.
Otra vez la gráfica máxima del sabio recomendando la justicia y equidad en las relaciones comerciales, ante la consideración de que la falsedad en el peso y medida es abominable a los ojos de Yahvé. En la Sagrada Escritura se repite con frecuencia la advertencia 13. No debían marchar fuera de Israel las cosas mejor en este punto, expuesto como el que más a la codicia humana. Amen-en-ope insiste en semejantes recomendaciones 14.
En el ν. 11, el sabio hace resaltar la importancia de la educaciσn en los aρos de adolescencia. Ya desde entonces se van creando hábitos e inclinaciones, a través de las cuales se trasluce ya la conducta que observará cuando sea mayor. Por lo cual interesa extraordinariamente cultivar en la edad temprana y arraigar las buenas inclinaciones e impedir que las malas puedan prender y prevalecer más tarde. Dios ha creado al hombre, y obra de sus manos son su ojo y su oído, sentidos los más perfectos, en los que pueden verse representados todos los demás. Colocada la máxima en el ambiente de rectitud que predomina en las sentencias de la perícopa, pudiera esta del sabio tener alcance moral: los sentidos del hombre son hechura de Dios y deben emplearse conforme a su voluntad 15.
La rectitud lleva consigo la diligencia y condena la holgazanería, por lo que el sabio, con diversas expresiones, recomienda de nuevo la laboriosidad, recordando, como siempre, las consecuencias de pobreza y hambre a que lleva la pereza en el trabajo 16. La constatación del v.14 pone de manifiesto el realismo de la sabiduría israelita. El comprador muestra cierto desdén hacia la mercancía que intenta comprar, y, abultando sus defectos, la estima en un precio inferior al que realmente tiene con el fin de obtenerla a un bajo precio. Conseguido su intento, se goza de su acción y pregona s-u habilidad de buen comprador. El valor de la sabiduría es frecuentemente puesto de relieve mediante la comparación con los metales y piedras preciosas 17. Los labios del sabio son como vaso precioso, porque encierran la verdadera sabiduría, que vale más que el oro y la plata, y los consejos que ellos vierten enseñan el camino de la vida feliz.
Buenas y malas adquisiciones. Diversas sentencias morales (20:16-25)
16 Quítale la ropa al que salió fiador por un extraño; retén la prenda del que a extraños fió. 17 Es sabroso al hombre el pan mal adquirido, pero después se halla la boca llena de cascajo. 18 Asegura tus designios con el consejo, y haz la guerra con mucha reflexión. 19 El chismoso no guarda los secretos; no te entremetas con el suelto de lengua. 20 El que maldice a su padre o a su madre verá extinguirse su lámpara en oscuridad tenebrosa. 21 Lo pronto y aprisa adquirido no será bendecido. 22 No digas: "Devolveré mal por mal"; confía en Yahvé, que El te salvará. 23 Peso falso es abominable a Yahvé, y falsa balanza no está bien. 24 De Yahvé son los pasos del hombre. ¿Qué puede saber el hombre de sus propios destinos? 25Lazo es al hombre decir luego: "Consagrado," para andar después pesquisando sobre el voto.
Varias veces recomendó el sabio cautela en las fianzas, indicando que no es prudente salir, sin más, fiador de cualquiera. Añade ahora que es mayor imprudencia hacerlo sin tener con qué responder a los acreedores. Estos podían despojarle de todo, incluso de los vestidos, en caso de insolvencia 18. El v.1y repite de una manera más gráfica el contenido de 9:7. La experiencia enseña que nuestra naturaleza caída experimenta cierto placer al conseguir una cosa precisamente mediante una trapacería; quitada la prohibición, pierde aquélla su atractivo para el malvado. Pero por lo así adquirido, dulce y sabroso en un principio, experimenta después el sinsabor del castigo de su mala acción 19.
Cuando se trata de hacer la guerra, es precisa mucha reflexión y sabio consejo antes de emprenderla. Son muchos los males que de ella se siguen, por lo que es preciso considerar seriamente si los bienes a conseguir legitiman la permisión de aquéllos. El consejo de los sabios será en esta ocasión más necesario y conveniente que nunca 20. La guarda de los secretos es una cosa difícil y a veces de suma importancia. El sabio aconseja en este punto prudencia con el chismoso y suelto de lengua, que no hacen más que hablar y rara vez saben guardar lo que les fue confiado 21, Semejante consejo da Ben Sirac 22. En 19:26 calificó de infamia y deshonra la conducta del hijo que se porta indignamente con sus padres. Añade ahora los efectos desastrosos de tal comportamiento con la imagen de la lámpara que se extingue en la oscuridad tenebrosa. La luz es símbolo de alegría y felicidad 23; la oscuridad y tinieblas, de desgracia y muerte. A la felicidad de un tal hijo seguirá la ignominia y el castigo.
Las riquezas que fueron adquiridas de prisa no suelen tener buen fin. De ordinario fueron adquiridas con medios injustos, y carecen, por lo mismo, de la bendición de Dios, que hace estables los bienes familiares, o fueron obtenidas con suma facilidad, sin esfuerzo alguno, y lo que así se consigue suele con la misma facilidad disiparse 24.
El libro de los Proverbios contiene máximas de elevado valor moral que recuerdan otras del Nuevo Testamento. El v.22 presenta una de ellas. La ley antigua enseñaba la ley del tallón, que permitía devolver el mal en la misma medida en que aquél había sido inferido; ley que, si no cuadra con nuestro espíritu evangélico, marcaba en aquel entonces una primera exigencia sobre esa tendencia natural que inclina a devolver el mal en proporción mayor a la recibida. El sabio exhorta a no devolver mal por mal. Más adelante recomendará no gozarse en la ruina del enemigo 25 y hasta socorrerle en sus necesidades 26. El motivo que le propone es la protección divina, que libra a sus fieles de las maquinaciones de sus enemigos. Por lo demás, es al Señor a quien corresponde recompensar las buenas obras y vengar las malas 27. En el Nuevo Testamento se da este mismo mandato 28, y como motivo el amor a Dios, y por El el amor al prójimo. El v.23 repite la recomendación del v.10 sobre la justicia en las pesas y medidas.
La idea de que es la providencia de Dios quien gobierna los destinos del hombre conforme a su beneplácito y no a la voluntad de éste, se repite con frecuencia en los autores sapienciales 29, y, apoyados en ella, recomiendan una total confianza en Yahvé, en cuyas manos debe el hombre colocarse para que su vida sea bien dirigida. Termina la perícopa con una sabia recomendación respecto de los votos. Es frecuente que en un momento de fervor, ante un beneficio recibido o con el fin de evitar un mal, se emite imprudentemente un voto. Pasado aquel primer momento, se busca el modo de librarse de la obligación inconsideradamente adquirida. El sabio aconseja la debida prudencia, que exige no proceder temerariamente en la emisión del voto, sino con reflexión 30.
Rey y gobierno (20:26-30)
26 El rey sabio disipa a los impíos y hace tornar sobre ellos la rueda" 27 Candela de Yahvé es el espíritu del hombre que escudriña los escondrijos de las entrañas. 28 Bondad y fidelidad guardan al rey, y la justicia sostiene los tronos. 29 La fortaleza es la gloria de los jóvenes; el ornamento de los ancianos, la canicie. 30 Las señales del azote son medicina contra el mal, y sus llagas llegan a lo más íntimo del corazón.
La conducta del rey sabio con los impíos es descrita con una imagen del labrador que hace pasar el trillo sobre sus mieses en la era para separar el grano de la paja. Este método de tortura se aplicaba entonces a los vencidos por sus conquistadores. El mismo David lo aplicó a los amonitas 31. El rey sabio por su inteligencia vence a sus enemigos y después les impone el oportuno castigo con el fin de que no levanten en adelante cabeza. Candela de Yahvé llama el sabio al "espíritu del hombre," que designa aquí, más bien que el espíritu vital de Gen 2:7, donde se emplea la misma expresión, la percepción intelectual y conciencia moral del hombre. La inteligencia humana viene a ser como una lamparita que ha tomado su luz de la luz infinita de la inteligencia divina, y ella es la que conoce y tiene conciencia de los más íntimos pensamientos y sentimientos del corazón humano y su relación con la ley divina 32.
El v.28 contiene un sabio consejo para el rey. Este encontrará el mejor sostén de su reino en una sabia armonía de la justicia, por la que ha de dar a cada uno de sus subditos lo que le es debido, y la bondad, por la que se ganará su cariño y simpatía. El rey Alfonso de Aragón, acusado de excesiva mansedumbre, respondió: "Prefiero salvar a muchos con mi clemencia que perder a pocos con mi severidad. Es propio del hombre la clemencia; de las bestias, la ferocidad. Por la justicia soy grato a los buenos; a los malos, por la clemencia. Pues nada doblega a los enemigos tanto como el nombre de la bondad y mansedumbre." 33
Afirma con razón el sabio que la fortaleza es la gloria de la juventud. Nunca siente el hombre tantas energías para emprender una obra difícil como en los años de su juventud. Y más que la fuerza física le honra la fortaleza moral, que le hace imponerse y dominar las pasiones, entonces más violentas que nunca, y conservar esa dignidad cristiana que Cristo nos trajo a este mundo. El ornamento a la vez del anciano es su canicie, como afirmó en 16:31. Para los sabios, la vida larga es un don de la sabiduría, premio de la virtud, cuya recompensa, según ellos, Dios tenía que dar en esta vida. Nosotros, que conocemos los premios y castigos del más allá, sabemos que también el malvado puede vivir largos años y que la única canicie que honra al anciano es la que supone santidad de costumbres y madurez de consejo. La sentencia del ν.3ο, intercalada entre mαximas que hacen referencia al rey, pudiera contener una norma de gobierno para con los malvados; a ιstos sólo el castigo los hace-caminar por el recto sendero, y los castigos corporales, que llegan a lo más íntimo del corazón, por la ignominia que entrañan y el dolor que suponen, son muchas veces la única medicina que se les puede aplicar con éxito.
1 Sal 104:15 — 2 Eclo 19:2; 30:31. — 3 16:24; 19:12. — 4C.7 Pritchard, O.C. p.428; col.2. — 5 17:14. — 6 6:6-11; 10-4. — 7 Ex 20:7 — 8 16:10; 2 Sam 15:2-4; 1 Re 3:28. — 9 Gen 3; 1 Re 8:46; Is 6:5; Ez 18:33; Job 1:8; 4:17-19; 34:7-8; 40:8; Sal 14:3; 51:5-7; Ecl 7:20. — 10 Mt 6:12. — 11 1:8. — 12 Ses.6 c.9 y can.Is (Denz. 802 y 823). — 13 11:1; 16:11.20,23; Dt 25:13-16; Ez 45:10; Am 8:5; Eclo 26:29. — 14 C.16. Pritchard, o.c., p.423. — 15 16:4; Sal 40,7. — 16 6:9.11. — 17 3:14.15 ; 8:11; 16:24- — 18 Neh 5:1-5, Dt 24:10-13. — 19 Job 20:12-18. — 20 15:22; Lc 14:28-31. — 21 11:13. — 22 8:20. — 23 13:9. — 24 Lc 15:11-24. — 25 24:17. — 26 25:21. — 27 Dt 32:35 — 28 1 Tes 5:15; Rom 12:17. — 29 19:9.25; 19:21; Job 31:4; Sal 17:5; 37:23; Sab 9:14. — 30 Lev 5:4-6; Ecl 5:2; 4-6. — 31 2Sam 12:31. — 32 1 Cor 2:11. — 33 Citado en A Lapide, o.c., II p.86.
21. Virtudes y Defectos
Providencia de Dios (21:1-5)
1 Arroyo de agua es el corazón del rey en mano de Yahvé, que El dirige a donde le place. 2 Al hombre siempre le parecen buenos sus caminos, pero es Yahvé quien pesa los corazones. 3 Haz justicia y juicio; que eso es más grato a Yahvé que el sacrificio. 4Ojos altivos, corazón soberbio, la lámpara de los impíos, son pecado. 5Los designios del diligente prosperan, más para el precipitado todo son pérdidas.
El rey está puesto por Dios para gobernar en nombre suyo, y, en consecuencia, tendrá una providencia especialísima sobre él. Si el monarca pone su corazón en las manos de Dios y, como delegado suyo, gobierna conforme a su ley y designios, vendrá a ser una fuente de prosperidad y felicidad para sus subditos. No obstante el carácter autocrático de los reyes orientales, el sabio afirma que es Dios quien dirige al rey en sus acciones, por lo que los subditos deben rogar al Señor que conduzca el corazón del rey por el camino que lleva a la paz y bienestar de la nación. El v.2 repite la idea de 16:2; cierto que al hombre le parecen buenos los caminos que emprende, pero sólo Dios sabe si realmente conducen a buen término. Más aún: El conoce las intenciones y móviles del hombre en sus acciones, no tan elevados y rectos a veces como pensamos.
Los profetas habían predicado al pueblo que agrada a Dios más la obediencia, la misericordia, que los sacrificios 1. Esta es también la enseñanza del sabio. La concepción ética de la piedad, como advierte Toy, anunciada por los profetas, no pierde nada de su fuerza en los sabios 2. El pueblo tiende a dar más importancia al elemento material, que se palpa con los sentidos, que al motivo espiritual, al que sólo el espíritu es sensible. Los autores bíblicos insisten que lo que tiene valor ante Dios no es la obra material, sino la rectitud de intención con que se hace, el amor a Dios que en ella se pone. Una gran ofrenda con poco amor vale poco; un pequeño sacrificio con mucho amor vale mucho.
Tres cosas tilda el sabio de pecado: ojos altivos, la altanería, que en 6:17 enumeraba entre las cosas odiosas a Yahvé; corazón soberbio, aborrecible a los ojos de Dios, que lo humillará a su debido tiempo, y la lámpara del impío, que, si el texto está bien 3, designaría aquello en que el impío pone su corazón: riquezas injustamente adquiridas, sus mismas impiedades, en que tal vez incluso se goza, lámpara que, como afirma el sabio en 13:3, se extinguirá. Para prosperar en los negocios, enseña, finalmente, el sabio, es precisa la diligencia, que no es lo mismo que precipitación. Aquélla supone la reflexión en la mente, a la que sigue una voluntad pronta en poner en práctica los medios oportunos. La precipitación omite la reflexión y consejos tal vez precisos, y como la voluntad y el corazón son ciegos, no aciertan con el verdadero camino que lleva al éxito.
Avaricia. Impiedad. Petulancia (21:6-12)
6 Allegar tesoros con lengua mentirosa es una desatentada vanidad y lazo mortal, 7 La rapiña del impío será su destrucción por no haber querido hacer justicia. 8 El camino del perverso es tortuoso y desviado, pero el del justo es derecho. 9 Mejor es vivir en un rincón del desván que en cómoda casa con mujer quisquillosa. 10 El alma del impío desea hacer el mal, no perdona ni a su amigo. 11 Por el castigo del petulante aprende el inexperto; el sabio de la corrección saca ciencia. 12 El justo ve la caída del impío y cómo son trastornados por la desventura.
Valerse de la mentira para conseguir riquezas es en primer lugar una vanidad, porque riquezas así adquiridas no aprovechan 4; y si en un principio los malvados gozan de ellas, al fin experimentarán sinsabores, pues se les marcharán por los mismos procedimientos por los que vinieron. Y es también un lazo mortal: una mentira lleva a otra tal vez mayor, y cuando el impío menos lo espera, es aquélla descubierta, y la justicia humana se encarga de imponer el castigo oportuno. Y si no fuere descubierta, Dios procurará que no quede sin castigo el pecado contra uno de los preceptos de la ley5. Otro de los procedimientos que emplea el impío para conseguir riquezas es la rapiña; quien sigue tal proceder hallará su perdición, pues atenta contra su propia vida, que puede perder al ser en ella sorprendido 6. Son caminos tortuosos, como dice el sabio, que naturalmente no pueden tener buen fin. Más aún, los impíos llegan a crearse una propensión tal al mal, que parece no pueden vivir sin hacerlo, y ni los sentimientos mismos de amistad les detienen de causar mal a su prójimo 7.
El justo advierte que son los caminos del justo los conformes a la voluntad de Dios, por lo cual conseguirán una vida larga y feliz, mientras verán cómo los malvados verán desbaratados sus planes, y sus vidas arrebatadas por la muerte prematura 8.
Los v.9 y 11 repiten ideas ya expresadas. El primero expresa lo intolerable que resulta convivir con mujer quisquillosa. El sabio declara preferible vivir en un rincón del desván a tratar con ella en casa cómoda; allí estaría expuesto a la intemperie, pero gozaría de paz 9. El v.11 manifiesta la diversa actitud del petulante y del sabio frente a la corrección. Para aquél resulta la mayoría de las veces ineficaz, si bien es provechosa al inexperto, que escarmienta en cabeza ajena. Al sabio, en cambio, es suficiente una ligera amonestación para abandonar la conducta equivocada que por ignorancia o imprudencia había comenzado.
Caridad y justicia (21:13-21)
13 El que cierra sus oídos al clamor del pobre, tampoco cuando él clame hallará respuesta. 14 El presente en secreto aplaca el furor, y el don en el seno la fuerza. 15 Alegra al justo que se haga justicia, pero al malhechor le aterra. 16 El que se aparta del camino de la sabiduría vendrá a parar en la compañía de los muertos. 17 Vendrá a parar en la miseria el que ama los deleites, y el que ama el vino y los perfumes no se enriquecerá. 18 El rescate del justo es el impío; el de los rectos, el prevaricador. 19 Mejor es vivir en un desierto que con mujer rencillosa e iracunda. 20 Codiciable y pingüe tesoro hay en la casa del justo, pero el necio lo disipa. 21 El que hace justicia y misericordia hallará vida y honor.
Los autores sapienciales recomiendan muchas veces las obras de misericordia. Aquí el sabio amenaza con la ley del tallón a quien cierra sus oídos ante el clamor del pobre: tampoco él será escuchado el día que tenga que llamar a la puerta de los demás. Por lo que a Dios respecta, Santiago dice que hará juicio sin misericordia a quien no tuvo misericordia 10. "Condúcete con los siervos y miserables — escribe Filón — como tú quieres que se conduzca contigo Dios, porque como oímos, así seremos oídos por Dios, y como miremos a otros, así nos mirará Dios; ofrezcamos a la misericordia, en consecuencia, misericordia para que consigamos aquélla con ésta" u. También señalan muchas veces la eficacia de las dádivas; constata aquí el sabio que lo que no pueden conseguir tal vez las palabras, lo consiguen los dones ofrecidos en secreto: aplacar la ira del más enojado 12.
Son distintos, lógicamente, los sentimientos del justo y los del impío frente a la justicia (v.15). Para aquél es satisfacción, porque sus obras buenas, que se manifestarán, recibirán su recompensa. Al impío le aterra, pues significa el fin de sus maldades, que quedarán al descubierto, y el castigo merecido 13. El autor de Proverbios señaló desde el principio la muerte prematura como castigo de los malvados, que aborrecen las enseñanzas de la sabiduría 14; de nuevo, según la mayoría de los intérpretes, se afirma aquí. En la afirmación de que los malos habitarán en compañía de los muertos como castigo de su conducta, algunos quieren ver insinuado que los justos no permanecerán perpetuamente en el seol. Se apartan también de la sabiduría y caen en la miseria quienes se entregan a los deleites, al vino, a los perfumes. Estos suelen ser costosos. El vino y los placeres ejercen un atractivo tal, que se termina por vender la hacienda para calmar la avidez que por ellos se siente. Por lo demás, no es raro que quienes se dan a los banquetes sean negligentes para el trabajo, lo que contribuye a una más pronta ruina 15.
El sentido del v.18 parece ser el mismo de 11:8, donde se afirma que el justo será librado de la tribulación, mientras que el impío entrará en ella. El prevaricador hereda así los sufrimientos del justo, y su castigo viene a ser como liberación para el justo de sus tribulaciones. En este sentido de sustitución hay que entender el término "rescate" empleado aquí por el autor. El v.19 es una variante del V.9: allí declaraba preferible habitar en el desván a convivir con mujer quisquillosa; aquí afirma más tolerable la soledad del desierto, privado de las comodidades del hogar 16.
En la casa del justo hay un gran tesoro, dice el sabio: la sabiduría, que él declara más codiciable que el oro y la plata. Y con la sabiduría, que implica diligencia en el trabajo y buena administración, bienes materiales, que, legítimamente adquiridos, el justo conserva; el necio, aunque los hubiere heredado en gran cantidad, pronto disiparía lo que los trabajos y economías de otras le legaron. Dos compañeras inseparables de la sabiduría son la justicia, por la que damos a cada uno lo que es debido, y primero que a todos a Dios, y la misericordia o benevolencia para con los demás. Virtudes fundamentales del orden moral, cuya recompensa será la vida larga y el buen nombre, recompensa que continuamente atribuyen los sabios a la sabiduría 17.
Sabiduría. Soberbia. Codicia. Impiedad. Poder de Dios (21:22-31)
22 El sabio expugna la ciudad fuerte y destruye la fuerza en que se apoya. 23 El que guarda su boca y su lengua se preserva de la angustia. 24 Insolente es el nombre del soberbio y presuntuoso, que obra con orgullo excesivo. 25 Los deseos matan al haragán, porque sus manos no quieren trabajar. 26 Hay quien está siempre codiciando, pero el justo da con largueza. 27 Abominable es el sacrificio del impío, sobre todo si lo ofrece con mala intención. 28 El testigo falso perecerá; el hombre que dice verdad mantiene su palabra. 29 El impío hace cara dura, pero el justo conoce su camino. 30 No hay sabiduría, no hay cordura, no hay consejo contra Yahvé. 31 Apréstese el caballo para el día del combate, pero la victoria es de Yahvé.
Con el ejemplo tomado de la guerra se pone de manifiesto la superioridad de la inteligencia sobre la fuerza bruta. En la conquista de una ciudad, más que la fuerza bruta y el valor de los soldados, es el ingenio y estratagema de un jefe sabio lo que consigue la victoria 18. Otra de las cosas en que más falta hace la prudencia es en el uso de la lengua, por lo que los sabios inculcan a cada paso cautela en el hablar. El hombre prudente procura evitar aquellos pecados de lengua que originan litigios o provocan la venganza de los ofendidos, con la consiguiente preocupación y angustia para el ofensor. Ahikar da a este propósito un precioso consejo: "Hijo mío, no charles excesivamente, de modo que manifiestes cuanto viene a tu mente..., pues la palabra es como un pájaro, que, si se suelta, el hombre no puede volver a cogerlo." 19
El v.24 da la definición de "insolente." Es el hombre que a su soberbia añade una arrogancia y altivez que no respeta ni la ley de Dios 20 ni la dignidad de sus semejantes, haciéndose a todos detestable. Tampoco resulta grato a los ojos del sabio el haragán, cuyos deseos le matan, escribe, porque se cifran en la comodidad y ausencia de todo trabajo, lo que le impide poner en práctica la actividad necesaria con que ganarse el sustento y cuanto es necesario para la vida. De solos deseos no se vive21. La sabiduría lleva consigo la laboriosidad 22.
Contrapone también el sabio la insaciabilidad del avaro y la liberalidad del justo 23. La razón profunda de esta conducta quizá sean esas ansias infinitas de felicidad que Dios puso en el corazón humano, que sólo El puede llenar. El avaro pone su corazón en las cosas de la tierra; como éstas nunca lo podrán llenar plenamente, siempre deseará más. El justo, como lo pone en Dios, se siente más desprendido de las riquezas y, siguiendo los deseos del Señor, reparte con los demás lo que él tal vez liberalmente ha recibido. Ya indicó el sabio 24 que, para que un sacrificio sea grato a Dios, ha de ir acompañado de ciertas disposiciones interiores. Completando su pensamiento, declara ahora que el sacrificio del impío es abominable a los ojos de Yahvé, pues carece de aquellas disposiciones, y su ofrenda es tal vez fruto de injusticias, sobre todo si lo ofrece con mala intención; por ejemplo, para que Dios le proteja en alguna mala acción o corone con el éxito una injusta adquisición de riquezas.
El texto del v.28 es oscuro y sugiere diversas interpretaciones 25. Probablemente el sabio quiere afirmar que el testigo falso sufrirá las consecuencias de su acción, bien porque es descubierta y castigada por los hombres, bien porque Dios le castigará como transgresor de la ley. En cambio, el que dice verdad será escuchado y podrá mantener su palabra hasta el final sin temor a ser desmentido. La expresión "cara dura" aplicada en el v.29 al impío alude al porte arrogante y soberbio que adopta para con los demás, especialmente a quienes reprenden sus defectos. El sabio comprende que el camino a seguir, señalado por la sabiduría, es la reflexión, la sencillez y docilidad frente a la corrección, la amabilidad para con el prójimo.
También afirmó ya el sabio que es Dios quien con su providencia dirige los destinos del ser humano 26. Concluye ahora que no hay sabiduría humana alguna que pueda frustrar sus designios. "Su consejo — escribe el salmista — permanece por la eternidad; los designios de su corazón, por todas las generaciones" 27; "anula, en cambio, Yahvé el consejo de las gentes y frustra las maquinaciones de los pueblos." 28 La razón es que la sabiduría de Dios es infinita, y su poder, omnipotente. De aquí no se concluye nada en favor de una confianza de tal naturaleza en Dios que nos dispense de nuestra actividad y cooperación humana. Para conseguir el éxito de una acción son precisos los preparativos humanos, pero hay que hacerlos con la conciencia de que el éxito depende de Dios. Será prudente hacer preceder siempre a aquéllos la oración confiada y sacrificio meritorio ante Yahvé, que lo hará más propicio a conceder su ayuda.
1 1 Re 15:22; Is 1:11; 66:3; Jer 7:21; Os 6:6; Am 5:22-24; Miq 6:6-8. — 2 5.27; 15:8; Sal 40:7; 41:16; Eclo 34:18-26; 25:6-7. — 3 No es posible reconstruir el texto en 4b. La mayoría de los autores suponen la caída de un verso. El hebreo dice: la labranza de los impíos es pecado. Los LXX y la Vg lampara. — 4 10:2 — 5 19:5. — 6 1:8 — 7 4:16 — 8 2:14-l6; 20-22. — 9 19:23 — 10 2:13; Eclo 4:1-6. — 11 Apucl Maximinum, Serm. 7. — 12 18:16; Sam 25. — 13 Jn 3:20-21. — 14 2:18. — 15 7:17; 9ab 2:7. — 16 19:13 — 17 1:33; 3:2.4. — 18 20:18; 2 Sam 20:22. — 19 G.7. Pritchard, o.c., p-428 col.2. — 20 Dt 17:12. — 21 13:4. — 22 19:24. — 23 El TU es oscuro. Pudiera ser una variante o glosa de 25a. La variante de los LXX presenta una buena antítesis. Cf. 11 24-26. — 24 15:8; 21:3. — 25 Si bien es claro 28a, se dan muchas versiones de 2b. Los LXX: el hombre que obedece hablará con cautela. La Vulg.: el hombre obediente cantará victoria. Otros: pero el hombre que escucha jamás será reducido al silencio. — 26 16:1-9. — 27 33:11. — 28 33:10.
22. Consejos de Sabiduría, Prudencia y Justicia
El buen nombre. Riquezas. Sabiduría y necedad (22:1-8)
1 Más que las riquezas vale el buen nombre; más que la plata y el oro, la buena estima. 2El rico y el pobre se encuentran, pero al uno y al otro los hizo Yahvé. 3 El cuerdo ve el peligro y se esconde, pero el necio sigue adelante y la paga. 4Riquezas, honra y vida son premio de la humildad y del temor de Yahvé. 5 Espinas y lazos hay en el camino del impío; el que guarda su alma se aleja de él. 6 Instruye al niño en su camino, que aun de viejo no se apartará de él. 7 El rico señorea sobre el pobre, y el que toma prestado es siervo del que le presta. 8El que siembra iniquidad cosecha desventura, y todos sus afanes son vanos.
Con frecuencia los sabios valoran las cualidades intelectuales y morales sobre las cosas materiales. La buena fama es un tesoro más apetecible que las riquezas, y la estima que ella alcanza vale más que los más preciosos metales. Por lo demás, esas cualidades pueden contribuir no poco a conseguir beneficios materiales, como ocurrió en los casos de José, Rut, Ester 1.
Hay dos clases sociales que han existido y existirán siempre en la sociedad: los ricos y los pobres. Unos y otros provienen igualmente de Dios y tienen sus derechos y obligaciones. "El rico y el pobre — escribe San Agustín — son dos cosas entre sí contrarias, pero la una necesaria a la otra... El rico está hecho para el pobre, el pobre está hecho para el rico." 2 Los ricos deben practicar la caridad para con los pobres y guardarse bien de considerarlos como seres inferiores, siendo de la misma naturaleza que ellos. Los pobres deben estar contentos de su suerte y respetar los bienes que Dios quiso darles. Es muy laudable y preciso trabajar por elevar la condición social de los pobres, lo cual está en manos de los ricos, que generosamente deben ceder de los bienes que Dios liberalmente les otorgó, pero sin caer en la utopía de pretender abolir una diferencia social que tiene raíces demasiado hondas para que el hombre pueda aboliría. "El verdadero remedio para las desigualdades sociales es reconocer al que las ha establecido y las obligaciones de mutua consideración y respeto que ellas implican" (Perowne). Claro que no es lo mismo pobre que miserable. De la miseria que hay en el mundo tiene la culpa el hombre. Dios ha colocado en el universo medios para alimentar una humanidad muy superior a la que hoy puebla el globo.
Las ventajas de la sabiduría se echan también de ver en la conducta frente a los peligros. El sabio es reflexivo; por eso ve venir el peligro y lo evita. El necio no lo es y no descubre el peligro hasta que está encima, cuando ya no es posible evitar la caída en él. Espinas y lazos llama después el sabio a los obstáculos y peligros que el impío encuentra en su camino: espinas, porque se ocultan bajo las rosas o frutos a que él tiende su mano y al fin le punzan; lazos, porque caerá víctima de su maldad y hallará en el vicio su castigo. El sabio descubre con su perspicacia esas espinas y lazos, y, como ama su vida y la quiere defender de todo mal, huye de ellos. Para conseguir esa perspicacia y prudencia es importante que la educación comience en los años de la niñez. La mente y el corazón del niño reciben fácilmente y retienen con tenacidad lo primero que en ellos se siembre. Si entonces se le inculcan los principios de la sabiduría, será de mayor como el sabio, que sabe huir de la maldad, no como el necio inexperto, que se deja coger en sus lazos. Por eso la Sagrada Escritura inculca mucho a los padres el deber de educar a los hijos, desde la edad temprana, en la que han de ser rigurosos para con ellos 3.
Los frutos habituales de la sabiduría son atribuidos en el v.4 al temor de Dios y a la virtud de la humildad. Existe íntima relación entre ambas cosas; como la soberbia aparta de Dios, la humildad lleva al temor de Yahvé, y son principio y fundamento de sabiduría y de todas las virtudes. Las riquezas fruto de la sabiduría tienen sus ventajas, y la pobreza sus inconvenientes. El rico suele ser señor del pobre, a quien la indigencia obliga a servir. Pero esa relación de dependencia aumenta cuando media una deuda. El sabio dice que el que pide prestado es siervo del que le presta (v.7). La ley de Moisés permitía al acreedor vender al deudor insolvente su mujer y sus hijos4. La máxima enseña que es prudente evitar las deudas, al menos por amor a la libertad. La comparación con la simiente pone bien de relieve los efectos funestos de la impiedad. La emplearía también el Apóstol hablando de la resurrección de los muertos 5. El que pasa su vida haciendo el mal, sembrando por doquier impiedades, al fin recogerá los frutos de sus malas acciones, que es el castigo de Yahvé 6. Y si de momento triunfa, su gozo será efímero; antes o después, el castigo de Dios, tal vez la muerte prematura, acabará con sus maldades.
Sentencias varias (22:9-16)
9 El hombre generoso es bendecido, porque da al pobre, de su pan. 10 Arroja al petulante y se acabará la contienda, y cesará el pleito y la afrenta. l Ama Yahvé a los de puro corazón, y agrada al rey la gracia en el decir. 12 Los ojos de Yahvé protegen al justo y trastornan los planes del perverso. 13 Dice el perezoso: "Fuera hay un león que me mataría en medio del camino." 14 Sima profunda es la boca de la extraña; aquel que es odioso a Yahvé cae en ella. 15 La necedad se esconde en el corazón del niño; la vara de la corrección le hace salir de él. 16 Oprimir al pobre es para provecho suyo; dar al rico es tirarlo.
Esta perícopa, con que termina la segunda parte del libro, presenta unos cuantos pensamientos sueltos ya conocidos. El hombre generoso que practica la caridad para con los pobres será bendecido por Dios, que aumentará sus riquezas7 y tendrá misericordia de sus pecados 8. Las literaturas orientales hacen preciosas recomendaciones a este propósito: "No comas tu pan, cuando otro sufre escasez, sin tenderle una mano llena de pan," escribe Alli. Y la sabiduría babilónica: "Da pan para comer, da vino a beber, viste y honra a quien te pide una limosna, a fin de que su Dios se regocije contigo 9. En cambio, deberás mantenerte alejado del orgullo si quieres vivir en paz. Este con su arrogancia no hace más que suscitar discusiones y contiendas, que turban las buenas relaciones sociales. Es además un tipo incorregible, al que es inútil intentar llevar al camino de la sabiduría.
La primera parte del ν. 11, si el texto es autιntico, contiene una mαxima de elevado valor religioso. Declara el amor de Dios por los limpios de corazón, las almas candorosas y sencillas, en las que no cabe simulación, malas intenciones, maldad, y se acerca a la bienaventuranza de Jesucristo en el sermón déla Montaña (Mt 5:8) 10. La segunda constata una buena cualidad para ganarse la simpatía del rey, la gracia en el hablar, sobre todo si va unida a la veracidad de sus palabras u. El v.12 parece afirmar la protección que Dios dispensa al justo que cumple su ley, por lo que dirige sus pasos hacia el bien, y la vigilancia que ejerce sobre las intenciones del malvado para en el momento oportuno deshacer sus planes.
El perezoso, con tal de no trabajar, se imagina los más descabellados y ridículos pretextos, como es el que aquí presenta con fina ironía el sabio. Los leones abundaron en ciertas épocas en Palestina 12, pero no es probable que fuesen, y menos ya en esta época, tan abundantes como para que, al volver la esquina de una calle de la ciudad, uno se topase con semejantes fieras.
En la primera parte del libro, el autor declaró qué mal tan grande es caer en los lazos de la mujer adúltera. Sima profunda de la que no es fácil evadirse llama aquí el sabio a su boca, es decir, a sus palabras halagadoras, a sus artimañas seductoras, con las que cautiva a los incautos. El sabio advierte que para evitar esta clase de pecados, a que tan propensa es la naturaleza humana, es preciso contar con una protección especial de Dios, lo que se consigue con una vida justa, que nos hace gratos a sus ojos 13.
La corrección, que tantas veces mencionó el sabio como imprescindible medio de educación, advierte aquí que lo es especialmente para el niño, que no puede tener todavía ideales que le sirvan de móvil en sus acciones, ni experiencia que le haya abierto los ojos a las consecuencias de dejarse llevar de las malas inclinaciones a que el hombre se siente inclinado desde su adolescencia 14. El último verso se refiere al rico y al pobre. Si el texto está bien, el sentido sería que oprimir al pobre redundará después en favor suyo, porque sus sufrimientos se cambiarían, por disposición de la Providencia, en bendiciones. Algunos proponen la corrección "dar" en lugar de "oprimir," en cuyo caso tendríamos una recomendación de la benevolencia para con el pobre muy de acuerdo con la doctrina de los sabios. Dar al rico, dice el sabio, es tirarlo, porque, como ya tiene mucho, lo despilfarra.
1 Ecl 7:1; Eclo 41:15-16. — 2 Serm. 15, De Verbis Domini. Cf. Aristóteles, Poíií. 4:1. — 3 Cf. Heinisch, o.c., p.224-225. Dice el Talmud: El que crece con la maldad verá envejecer con él también el mal (Pirke Aboth 4:20). — 4 Ex 22:3; Mt 18:25. — 5 1 Cor 15:42-44. — 6 11:18; 12:14. — 7 11:24-25; 14:21; 19:17. — 8 Is 58:7-9; Ez 18:5-13; TM 25:31-46; 1 Pe 4:8. — 9 La instrucción de Ani (VIII); Pritchard, o.c., p.421; Consejos de sabiduría (acádica) id., p.426 col.2. — 10 Ni el TM ni las versiones dan sentido satisfactorio. Las variantes son tan profundas que no permiten la reconstrucción del texto. La versión sigue los LXX. El TM refiere más bien al rey. Cf. Mat 5:8. — 11 16:13. — 12 Sam 17:34; 2 Re 17:25. — 13 Rom 1:24-27. — 14 Gen 8:21. — 15 Gressman, Die neugefundene Lehre des Amen-en-ope und die vorexilische Spruchdichtung Israels: ZAW 42 (1924) 241-252; id., Altorientalische Texle zum A.T. (Leipzig 1926); Erman, Die Literatur der Aegypter (Leipzig 1923); id., Bine agyptische Qiielle der Sprüche Salomas: Sitzungsberichten der Berliner Akademie-Sab XV (1924) 86-93; lance, DasWeisheitsbuch des Amen-em-ope (Kjobnhvn 1925); keimer, The Wisdom of Amen-em-ope and the Proverbs of Salomón: AJSL 43 (1926-27) 8-21; Mallon, La "Sagesse" de Végyptien Amen-en-ope el les "Proverbes de Salomón": Bib (1927) 3-30; Oesterley, The "Teaching of Amem-en-ope" and the Oíd Testament: Zaw 45 (1927) 9-24; P. humbert, Recherches sur les sources égyp-tiennes de la littérature sapientiale d'Israel (Neuchátel 1929) y RB 26 (1929) 622-624; brunet, Proverbes 22:17-24:22 et la possibilité d'une source égyptienne: Scienc. Ecclésiast. i (1948) 19-40; B. couroyer, Ideal sapieniial en Egypte et en Israel: RB 57 (1950) 174-179! A. alt, Analyse des Amenemope' VTS 3 (Dedic. a Rowley) (1955) 16-25; E. drioton, Sur la Sagesse d'Amé-némopé (Prov 22:17-24:22): Mélang. bibliq. A. Robert (Ρ. Ι957) 254-280; id., Le livre des Proverbes (22:17-24:22) ct la Sagesse d'Amιnιmopé: Sac Pag i (P.-Gembloux 1959) 229-241; Un livre hébreusous couverture; égyptienne (Sap. Aménémopé): Tabl. Rond. 1954 (1960)81-91; couroyer, Aménémopé 1:9: 3:13: Egypte ou Israel: RB 68 (1961) 394-400; A. marzal, La enseñanza de Amenemope (Madrid 1965). — 16 3:1-4; 4:1-2. — 17 8:32. — 18 Dt 21:19. — 19 3:27-28; 14:31. — 20 Hom. 16 in Matth. — 21 6:1; 11:15; 17:18; 20:16. — 22 Ex 22:25-27; Dt 24:10-13. — 23 Dt 27:17.