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Hasta el Cautiverio de Babilonia (c. 18-25)
Exequias sube al trono (18:1-12)
1 El año tercero de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Ajaz, rey de Judá. 2 Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abí, hija de Zacarías. 3 Hizo lo que es recto a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho David, su padre. 4 Hizo desaparecer los altos, rompió los cipos, derribó las "aseras" y destrozó la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque los hijos de Israel hasta entonces habían quemado incienso ante ella, dándole el nombre de Nejustán. 5 Puso su confianza en Yahvé, Dios de Israel, y de todos los reyes de Judá que le sucedieron o le precedieron no hubo ninguno semejante a él. 6 Se allegó a Yahvé y no se apartó de El, guardó todos los mandamientos que Yahvé había prescrito a Moisés. 7 Yahvé fue con Ezequías, que salió bien en todas sus empresas. Se rebeló contra el rey de Asiría y no le estuvo sujeto. 8 Batió a los filisteos hasta Gaza y devastó su tierra desde las torres de atalaya hasta las ciudades fuertes. 9 El año cuarto del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oseas, hijo de Ela, rey de Israel, Salmanasar, rey de Asiría, subió contra Samaría y la asedió. 10 La tomó al cabo de tres años; el año sexto de Ezequías, que era el año noveno de Oseas, rey de Israel, fue tomada Samaría. 11 El rey de Asiría llevó cautivo a Israel a Asiría y los estableció en Cala, en Cabor, junto al río Gozan, y en las ciudades de Media, 12 porque no habían escuchado la voz de Yahvé, su Dios, y habían roto su alianza, y no habían obedecido y puesto por obra todo lo que Yahvé había mandado a Moisés, su siervo.

Un hijo de Ajaz, Ezequías (716-687), subió al trono de Judá en los días en que el reino del Norte había dejado de existir (Is 28:1). Con el advenimiento de Ezequías vuelve Judá a revivir los hermosos tiempos de David. Hizo desaparecer los altos, rompió los cipos, derribó las asheras. Entre los objetos de culto figura el Nehushtan, palabra compuesta de nahas, serpiente, y nehosheth, bronce, o sea, la serpiente de bronce, que, según se decía, era la misma que había Moisés levantado en el desierto como profilaxis contra las mordeduras de las serpientes (Núm 21:8-9;). Su conducta religiosa fue ejemplar a pesar de haber tratado con demasiada suavidad a los enviados de Merodacbaladán (20:17-19). Adoctrinado por los profetas Isaías y Miqueas, comprendió que para salvar a Judá era necesario deshacerse poco a poco de sus compromisos con Asiría, encerrarse en la espiritualidad propia en torno a Yahvé. Entregarse en manos de Asina o de Egipto significaba renunciar a las leyes supremas sobre las que descansaba la monarquía hebraica. La caída del reino del Norte era un aviso serio. Dios estuvo con Ezequías.
Invasión de Senaquerib (18:13-16)
13 El año catorce del rey Ezequías, Senaquerib, rey de Asiría, subió contra todas las ciudades fuertes de Judá y se apoderó de ellas. 14 Ezequías, rey de Judá, mandó decir al rey de Asiría, a Laquis: "He pecado; déjame y haré todo lo que me impongas." El rey de Asiría impuso a Ezequías, rey de Judá, trescientos talentos de plata y treinta talentos de oro.15 Ezequías entregó toda la plata que había en la casa de Yahvé y en el tesoro del palacio real. 16 Fue entonces cuando Ezequías destruyó las puertas del templo de Yahvé y los dinteles, que el mismo Ezequías, rey de Judá, había cubierto con láminas de oro, para entregárselas al rey de Asiría.

La presencia de Asur en Samaría inspiraba recelo en Judá. Ezequías, mediante la reforma interna, fue sacudiendo el yugo de la dependencia sin romper directamente con Asiría. En tiempos de Senaquerib (705-681), hijo de Sargón, se produjo un primer choque serio contra Asiría. Merodacbaladán fue arrojado de Babilonia por Sargón el año 709, refugiándose en lugares pantanosos del golfo Pérsico. Muerto el monarca asirio, Merodacbaladán salió de su refugio y posesionóse nuevamente de Babilonia. Pero en esta ocasión buscó el apoyo de otros pueblos, presentándose sus embajadores en Jerusalén (20:12-19). Judá, gracias a los años de paz, era un reino fuerte. De los contactos con Merodacbaladán y de su política antiasiria tuvo noticias Senaquerib, quien, una vez eliminado Merodacbaladán y otros enemigos de oriente, en 701 dirigióse contra los reinos de occidente.
En Palestina, el sentimiento antiasirio habíase manifestado con la rebelión de Acarón contra Padi, que fue entregado a Ezequías. A pesar de los consejos de Isaías (Is 28:7-22; c.29-31), Ezequías habíase pasado a la causa egipcia. Senaquerib apoderóse de la costa, entrando en lucha con Egipto en un lugar entre Timna y Acarón. Victorioso en el encuentro, dirigió sus tropas contra el reino de Ezequías, apoderándose de cuarenta y seis ciudades y capturando miles de prisioneros. Estando Senaquerib en Laquis, Ezequías le mandó recado pidiéndole perdón y prometiendo pagar un elevado tributo. Este texto bíblico concuerda en lo esencial con el texto de la campaña descrita en el llamado cilindro de Taylor 1.
Sitio de Jerusalén (18:17-37)
17 El rey de Asiría mandó desde Laquis a Ezequías al copero mayor con un fuerte ejército a Jerusalén. Pusiéronse en marcha, y cuando se acercaron a Jerusalén, hicieron alto en el acueducto del estanque superior, en el camino del campo del Batanero, 18 y preguntaron por el rey. Vino entonces Eliaquín, hijo de Helcías, mayordomo del rey, con Sobna, el secretario, y Joaj, hijo de Asaf, cronista; 19 y el copero mayor les habló, diciendo: "Decid a Ezequías: Así habla el rey grande, el rey de Asiría: ¿Qué confianza es esa que manifiestas? 20 ¿Crees tú que las meras palabras son prudencia y fuerza para la guerra? ¿En quién realmente confías para querer rebelarte contra mí? 21 ¿Confías en Egipto, en esa caña rota que pincha y hiere la mano de quienquiera que en ella se apoya? Así les sucede con el Faraón, rey de Egipto, a cuantos confían en él.22 Y si me decís: Confiamos en Yahvé, nuestro Dios, ¿no ha hecho desaparecer Ezequías sus altos y sus altares, diciendo a Judá y a Jerusalén: Ante este altar de Jerusalén habéis de ofrecer? 23 Haz, pues, un convenio con mi señor el rey de Asiría, y yo te daré dos mil caballos, si estás en condiciones para proveerlos de caballeros. 24 ¿Cómo podrás resistir ni a un solo jefe de los menores entre los siervos de mi señor? ¿Confías en que Egipto te mandará carros y caballeros ? 25 Y, además, ¿ha sido sin la voluntad de Yahvé como he subido yo a este lugar para destruirlo ? Es Yahvé quien me ha dicho: Sube contra esa tierra y destruyela." 26 Eliaquín, hijo de Helcías; Sobna y Joaj dijeron al copero mayor: "Habla a tus siervos en arameo, que lo entendemos; no nos hables en judío delante de todo el pueblo que está en las murallas." 27 Entonces el copero mayor respondió: "¿Acaso es a tu señor y a ti a quienes mi señor me ha mandado decir estas palabras, y no más bien a la gente que hay en la muralla, para comerse sus propios excrementos y beberse su propia orina?" 28 Entonces se acercó el copero mayor y gritó en alta voz, en judío: "Escuchad la palabra del rey grande, del rey de Asiría: 29 Así habla el rey de Asiría: No os dejéis engañar de Ezequías, que no podrá libraros de mi mano. 30 Que no os haga confiar tampoco Ezequías en Yahvé, diciendo: Yahvé nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiría. 31 No deis oídos a Ezequías, porque así habla el rey de Asiría: Haced paces conmigo, rendios a mí, y cada uno de vosotros comerá de su viña y de su higuera y beberá el agua de su cisterna, 32 hasta que yo venga y os lleve a otra tierra como la vuestra, a una tierra de trigo y de vino, tierra de pan y de viñas, de olivos, de aceite y de miel, y allí viviréis y no moriréis. No escuchéis a Ezequías; no hace más que engañaros cuando dice: Yahvé nos librará. 33¿Han librado los dioses de los pueblos a su tierra del poder del rey de Asiría? 34¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arfad? ¿Dónde los dioses de Sefarvaím, Ana y Avá? ¿Dónde están los dioses de la tierra de Samaría? ¿Han librado a Samaría de mi poder? 35¿Qué dios de éstos ha librado a su tierra de mi poder, para que pueda Yahvé librar de mi mano a Jerusalén?" 36 El pueblo estuvo callado y no dijo una sola palabra, porque el rey había dado esta orden: "No les respondais." 37 Eliaquín, hijo de Helcías, mayordomo del palacio; Sobna, secretario, y Joaj, hijo de Asaf, cronista, vinieron a Ezequías, rasgadas las vestiduras, y le refirieron las palabras que el copero mayor había dicho.

La campaña de Senaquerib contra Palestina y Jerusalén es narrada en estos capítulos (18:13; 19:37), en 2 Crón 32:1-21 y, con sensibles diferencias, en Isaías, v.36-37. Del cerco de Jerusalén, narrado extensamente en nuestro texto, nada se dice en los anales de Senaquerib, contentándose con la indicación de que había encerrado a Ezequías en Jerusalén "como a un pájaro en su jaula." No dice el cilindro que Senaquerib se apoderara de la ciudad 2.
De todo el relato bíblico (18:17; 19:37) nada aparece en los documentos cuneiformes. ¿Corresponde a la misma campaña de que se habló en 18:13-16, acaecida en 701, o a otra posterior? Divídense los autores 3.
Dice el texto bíblico que Senaquerib residía en Laquis, población que no se cita en el cilindro de Taylor. Sin embargo, en unos bajorrelieves conservados en el Museo Británico se representa el cerco y conquista de Laquis por parte de Senaquerib con una inscripción en la que se dice que el monarca "rey del mundo, rey de Asiría, se sienta sobre su trono, mientras el botín de Laquis (Laki su) pasaba ante él" (Pritchard, 288). Al oír Ezequías que el rey asirio sitiaba aquella ciudad, apresuróse a fortificar Jerusalén (2 Crón 32:1-8), en tanto que enviaba a Senaquerib una embajada en que se reconocía su siervo y vasallo. A la embajada de Ezequías contesta Senaquerib enviando a la capital de Judá tres personajes escoltados por un piquete de soldados. Uno es llamado el tartanu, o sea, el general jefe del ejército; el segundo enviado era el rabsharis, el jefe de los eunucos, y el tercero el rabshaque, el copero real. En Is 20:1 es llamado tartanu "el segundo después del rey," o sea, el generalísimo del ejército; del gran copero hablan Is 36:2 y Eci 48:20. De los tres altos funcionarios enviados, únicamente habla el copero real.
Al llegar a Jerusalén hicieron alto en el acueducto del estanque superior, en el camino del campo del Batanero. Quedaron fuera de la ciudad, que se encontraba sitiada o amenazada por inminente cerco por parte de Senaquerib. El copero llevó la voz cantante en un discurso insolente, durante el cual nunca llama rey a Ezequías. Habla en nombre del gran rey, sharru rabu, de Asiría. Egipto era la panacea de todos los coligados contra Asiría; Isaías (c.30-31) anatemiza a los partidarios de la alianza con Egipto. La reforma religiosa referente a la unidad de santuario (Deut 12:11-14) llevada a cabo por Ezequías (v.4) es interpretada por los asirios en el sentido peyorativo de haber querido limitar el poder de Yahvé a la capital, substrayéndole las ciudades de provincia. Eliaquín rogó al copero que hablara en arameo, lengua que los jefes entendían. El arameo, que más tarde se impondrá en casi todo el Próximo Oriente como lengua hablada, era solamente conocida por los intelectuales; el pueblo hablaba el hebreo. Los asirios se servían del acádico, pero conocían el arameo4. A grandes voces, el mensajero de Senaquerib habló al pueblo en hebreo (Neh 13:24), invitándole a rebelarse contra su rey, haciéndoles ver que nadie les puede librar de manos de los asirios. Al terminar el copero su discurso, esperó la reacción del pueblo, que, conforme a la consigna que se le dio, guardó silencio absoluto. Los oficiales fueron a informar al rey.
En basca de Isaías (19:1-7)
1 Cuando Ezequías lo oyó, rasgó sus vestiduras, se cubrió de saco y fue a la casa de Yahvé. 2 Mandó a Eliaquín, mayordomo del palacio del rey; a Sobna, secretario, y a los sacerdotes más ancianos, cubiertos de saco, al profeta Isaías, hijo de Amos, 3 para que le dijeran: "Así habla Ezequías: Hoy es día de angustia, de castigo y de oprobio, como si los hijos estuvieran para salir del seno de sus madres y no hubiera fuerza para el alumbramiento. 4¿No habrá oído Dios las palabras del copero mayor, que el rey de Asiría, su señor, ha mandado para insultar al Dios vivo, y dejará Yahvé, tu Dios, de castigar las palabras que ha oído? Haz, pues, subir a El una plegaria por el resto que aún queda." 5 Los servidores del rey Ezequías fueron a Isaías, 6 e Isaías les dijo: "He aquí lo que diréis a vuestro señor: Así habla Yahvé: No te asusten las palabras que has oído, con las que los servidores del rey de Asiría me han ultrajado.7 Yo voy a paner sobre él un espíritu tal, que, al oír una noticia que recibirá, se volverá luego a su tierra, y allí, en su tierra, yo le haré morir a espada."

Enterado Ezequías de lo sucedido, marchó al templo de Yahvé. No lejos del mismo vivía Isaías, el cual, habiendo empezado su ministerio bajo Ocias (Is 6:1), lo continuó bajo Jotam y Ajaz, encontrándose ahora al final de su carrera. Entre los miembros de la comisión encargada de ir al encuentro de Isaías figuraban los sacerdotes más ancianos. Existía un proverbio que decía: "Los niños llegan a la abertura del seno, pero la madre no tiene fuerza suficiente para alumbrarlos" (Sal 48:7; Is 13:8; Jer 6:34; Miq 4:9), queriendo significar que la situación era trágica. La comisión ruega a Isaías pida a Dios que salve al resto fiel a sus leyes (Is 7:3; 10:20-21; 2 Re 21:14). El profeta confortó al rey, animándole a resistir a los asirios. Dios castigará a Senaquerib, sugestionándolo de tal manera que, al dársele una noticia, huirá a su tierra v.36-37).
Segando embajada y oración de Ezequías (19:8-19)
8 El copero mayor se retiró y se vio con el rey de Asiría, que estaba atacando a Libna, pues se le dijo que se había retirado de Laquis. 9 Diéronle noticia de Taraca, rey de Etiopía, diciendo: "Se ha puesto en marcha para atacarte." El rey de Asiría mandó entonces de nuevo mensajeros a Ezequías, diciendo: 10 "Hablad así a Ezequías, rey de Judá: Que tu Dios, en quien confías, no te engañe, diciendo: Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiría. 11 Bien sabéis lo que los reyes de Asiría han hecho con todos los pueblos y cómo los han destruido, ¿y vas a librarte tú? 12 Los dioses de los pueblos que mis padres han destruido, ¿los libraron en Gozan, Harán, Resef, y libraron a los hijos de Edén, que habitan en Telasar? 13 ¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arfad y el rey de la ciudad de Sefarvaím, de Ana y de A va?" 14 Ezequías tomó las cartas de manos de los mensajeros y las leyó. Luego subió a la casa de Yahvé, y las desplegó ante Yahvé, 15 a quien hizo esta plegaria: "Yahvé Dios de Israel, que te sientas sobre los querubines; tú, que eres el solo Dios de todos los reinos de la tierra; tú, que has hecho los cielos y la tierra, ¡oh Yahvé! 16 inclina tu oído y escucha. Abre, ¡oh Yahvé! tus ojos y mira. Oye las palabras que Senaquerib ha mandado a decir para insultar al Dios vivo. 17 Es verdad, ¡oh Yahvé! que los reyes de Asiría han destruido pueblos y asolado tierras 18 y que han quemado sus dioses; pero ésos no eran dioses, eran obra de la mano del hombre, leño y piedra, y ellos los aniquilaron. 19 Líbranos, pues, Yahvé, Dios nuestro, líbranos de la mano de Senaquerib, y que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú eres Dios, ¡oh Yahvé!"

La delegación asiría abandonó Jerusalén y fuese a informar a Senaquerib, el cual, una vez conquistada Laquis, habíase trasladado a Libna (8:22), al noroeste de aquélla. A este desplazamiento hacia el norte había contribuido quizá la noticia de que Taraca (Tirhaqah, Taharqa, Tarku) avanzaba al frente de un gran ejército egipcio. Este generalísimo del ejército egipcio debía reinar más tarde (690-664) en el trono de Egipto, de la XXV dinastía. Su dinastía era etiópica, de donde le viene el apelativo de "rey de Etiopía," que por anticipación le da el autor sagrado. Aunque el texto bíblico no lo diga explícitamente, parece que el ejército egipcio fue rechazado por Senaquerib. Amo de nuevo de la situación, envió éste otra embajada a Ezequías, intimándole a que deponga su actitud antiasiria y se someta a las condiciones de armisticio que él le impondrá. Mejor le será entregarse que resistir, evitando que Jerusalén sea entregada al anatema, como se ha hecho con los otros pueblos conquistados (Deut 2:34; 3:6; Jos 6:17). De la misma manera que no pudieron resistirle los dioses de Gozan (17:6; 18:11), de Harán (Gen 11:31), de Resef (el actual Rusafeh, entre Palmira y el Eufrates), de los hijos de Edén (Am 1:5), tampoco lo conseguirá Yahvé.
Ezequías leyó la carta que le mandaba el rey asirio; subió luego al templo y la extendió ante Yahvé, desenrollándola (Ez 2:9). A esta acción siguió una oración fervorosa al Dios de Israel. Senaquerib estaba equivocado al reducir el dominio de Yahvé a los estrechos límites de Judá (18:32-35)
Profecía de Isaías (19:20-34)
20 Entonces Isaías, hijo de Amos, mandó a decir a Ezequías: "Así habla Yahvé, Dios de Israel: He escuchado la plegaria que tú me has dirigido a causa de Senaquerib, rey de Asiría. 21 He aquí la palabra que Yahvé ha pronunciado contra él: Te desprecia y se burla de ti, virgen hija de Sión; Detrás de ti El mueve la cabeza, hija de Jerusalén. 22 ¿A quién has insultado y ultrajado tú? ¿Contra quién has alzado tu voz? ¿Contra quién alzaste tus ojos? ¡Contra el Santo de Israel! 23 Por tus mensajeros has ultrajado al Señor y has dicho: Con el poder de mis carros subo yo a las altas montañas, a las cimas del Líbano; Derribo los altos cedros, los selectos cipreses; Penetro en los más remotos lugares, en los más espesos bosques. 24 Yo alumbro las aguas extranjeras para refrescarme con ellas. Y con la planta de mi pie seco todos los ríos de Egipto. 25 ¿No lo has oído tú? Desde mucho ha lo he preparado yo; Desde muy antiguo lo he planeado yo, y ahora lo realizo; Que sirva para reducir a montones de ruinas las ciudades fortificadas. 26 Sean sus habitantes reducidos a la impotencia, aterrorizados y confusos. Como la hierba de los campos, como la hierba tierna, Como las hierbas de los tejados, como el pasto quemado por el viento solano. 27 Yo sé muy bien cuándo te levantas y cuándo te sientas, y cuándo vienes y cuándo vas. 28 Porque te has enfurecido contra mí y han llegado a mis oídos tus bravatas, Por eso yo pondré mi anillo en tus narices y mi freno en tus labios. Y te haré volver por el camino que has traído. 29 Y he aquí lo que te servirá de señal: Este año se comerá lo que retoñe, y el año que viene lo que de sí brote. Pero al tercer año sembrarás, y cosecharás; plantaréis viñas, y comeréis su fruto, 30 Pues el resto de la casa de Judá que se salve y quede echará raíces por debajo y dará frutos por arriba. 31 Porque saldrá de Jerusalén un resto, y de la montaña de Sión los escapados, Y el celo de Yahvé hará esto. 32 Por eso, así dice Yahvé del rey de Asiría: No entrará él en esta ciudad, ni meterá en ella una mecha, Ni la acordonará con escudos, ni alzará contra ella empalizadas. 33 Se volverá por el camino por donde ha venido. No entrará en esta ciudad. Palabra de Yahvé. 34 Yo protegeré esta ciudad y la salvaré por amor de mí y por amor de David, mi siervo."

Esta profecía se encuentra en Is 37:21-37. En ella se condena el orgullo de Senaquerib (v.21-28); se ofrece a Ezequías una señal de la humillación de Senaquerib (v.29-31), y, finalmente, anuncia el profeta de manera clara que el asirio no entrará en Jerusalén (v.32-34). Un comentario completo de esta profecía lo encontrará el lector en el tomo consagrado a la literatura profetica.
Derrota y huida de Senaquerib (19:35-37)
35 Aquella misma noche salió el ángel de Yahvé e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres; y al levantarse por la mañana, todos eran muertos. 36 Entonces Senaquerib, rey de Asiría, levantó el campo y partió; se volvió y se quedó en Nínive. 37 Mientras estaba prosternado en el templo de Nisroc, su dios, Adramelec y Sarasar, sus hijos, le hirieron con la espada y huyeron a la tierra de Ararat. Su hijo Asaradón reinó en su lugar.

Hemos hablado de la amenaza egipcia contra Senaquerib. En una noche produjese un acontecimiento que diezmó al ejército asirio. Habla el texto de la acción de un ángel exterminador (2 Sam 24:15-16; Ex 12:23), que dio muerte a ciento ochenta y cinco mil soldados de Senaquerib. Esta cifra tan elevada no se encuentra en 2 Crón 32:21, por lo que puede creerse que se trata de una hipérbole. La derrota tuvo lugar cerca de la frontera de Egipto, en Pelusio, coincidiendo quizá con lo que dice Heródoto 1, quien, a su vez, afirma haberlo oído a los egipcios y sacerdotes. Cuando Senaquerib (Sanacharibos), rey de los árabes y de los egipcios, condujo su ejército a Egipto, el sacerdote Sheton, que entró en el templo de Efaistos (dios de Ptah, de Memfis) para quejarse de sus males, recibió en sueños el mensaje divino que le ordenaba marchara confiadamente contra el enemigo porque el dios le dará aliados. Habiendo llegado a Pelusio con escasas tropas, aconteció que, "durante la noche, una manada de ratones cayó sobre el campamento asirio, devorando las aljabas, los arcos, correas de los escudos, de suerte que al día siguiente los enemigos encontráronse sin armas, pereciendo la mayoría en su huida." Este hecho, añade Heródoto, se recuerda en una escultura del templo de Efaistos, que tiene en la mano un ratón, con la inscripción: "Quien me tenga sea religioso." En esta relación se vislumbran armonías con el texto masorético. Difieren ambos textos en la interpretación del hecho, pues, mientras la Biblia relaciona la derrota con la intervención directa del ángel de Dios, en el relato egipcio se atribuye la hecatombe a los ratones, portadores de una epidemia (1 Sam 5:9-12; 6:11-18). Hay en la narración de Heródoto un eco de la epidemia desencadenada en el campamento asirio. A los primeros síntomas de la misma, el rey asirio levantó el campamento y marchó, ante el temor de perder su ejército en tierra extranjera 2.
Senaquerib asoció al trono a su hijo Asarhaddón, que le dio su esposa Nadía. Llevaron a mal este trato de favor sus demás hijos, por lo cual dos de ellos, Adramelec (Arad-Belit) y Sarasar, conspiraron contra su padre, matándole el año 681 antes de Cristo. Asaradón (Esdr 4:2-3) reinó en su lugar los años 681-669.
Enfermedad de Exequias (20:1-19)
1 Por entonces enfermó de muerte Ezequías, y el profeta Isaías, hijo de Amos, vino a él y le dijo: "Así dice Yahvé: Dispon de tu casa, porque vas a morir y no vivirás más." 2 Ezequías volvió su rostro con la pared y oró a Yahvé, diciendo: 3 "¡Oh Yahvé! Ten en cuenta que he andado ante ti fielmente y con corazón íntegro y que he hecho lo que es bueno a tus ojos." Y Ezequías lloraba con gran llanto. 4 Isaías había salido; pero antes que llegase al atrio central, recibió palabra de Yahvé, que le dijo: 5 "Vuelve a Ezequías, jefe de mi pueblo, y dile: Así habla Yahvé, el Dios de David, tu padre: He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Te curaré. Dentro de tres días subirás a la casa de Yahvé. 6 Te añadiré otros quince años a tus días y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiría, y protegeré a esta ciudad por amor de mí y por amor de David, mi siervo." 7 Isaías dijo: "Tomad una masa de higos." Tomáronla y se la pusieron sobre la úlcera, y Ezequías sanó. 8 Ezequías había preguntado a Isaías: "¿En qué señal conoceré yo que Yahvé me curará y que al tercer día subiré a la casa de Yahvé?" 9 Isaías le respondió: "He aquí la señal por la que conocerás que Yahvé cumplirá la palabra que ha pronunciado: La sombra avanzará diez grados o retrocederá diez grados." 10 Y Ezequías dijo: "Poca cosa es que avance diez grados; no así que retroceda diez grados." 1! Entonces Isaías, profeta, invocó a Yahvé, que hizo retroceder diez grados la sombra en el reloj de Ajaz. 12 Por este tiempo, Merodacbaladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, mandó una carta y un presente a Ezequías, pues había tenido noticia de su enfermedad. 13 Ezequías dio audiencia a los mensajeros y les enseñó todos sus tesoros, la plata, el oro, los aromas y el aceite refinado, el arsenal y todo cuanto de precioso había en el tesoro. Nada hubo que Ezequías no les enseñara, en la casa y en todas sus dependencias. 14 Isaías, profeta, vino luego a Ezequías y le dijo: "¿Qué han dicho esas gentes que han venido a ti?" Ezequías contestó: "Vienen de tierra lejana, de Babilonia." 15 Isaías añadió: "¿Qué es lo que han visto de tu casa?" Ezequías respondió: "Han visto todo cuanto hay en la casa; les he enseñado todo mi tesoro, sin dejar nada." 16 Entonces Isaías le dijo a Ezequías: "Escucha la palabra de Yahvé: 17 Tiempo vendrá en que será llevado a Babilonia todo cuanto hay en esta casa, todo cuanto atesoraron tus padres hasta hoy, sin quedar nada. 18 Y de los hijos que de ti saldrán, de los engendrados por ti, tomarán para hacer de ellos eunucos del palacio del rey de Babilonia." 19 Ezequías respondió a Isaías: "Buena es la palabra de Yahvé que has pronunciado. Que durante mi vida haya paz."

Con una indicación cronológica vaga introduce el autor sagrado el relato de la enfermedad y curación de Ezequías, que, con algunas variantes, aparece en Is 38:1-8; 21-28. Dos noticias (v.6 y 12) dan a entender que la escena se desarrolló antes de la invasión de Senaquerib. El rey curará en el plazo de tres días, sobreviviendo otros quince años. Por indicación del profeta Isaías le aplican sobre la úlcera una cataplasma. Entre los orientales se empleaban los emplastes de higo para curar úlceras e inflamaciones. Como puede observar el lector, el v.7 está desplazado de su contexto, debiendo colocarse después del v.11. No siendo instantánea la curación, pide Ezequías una confirmación de la promesa que se le hace. Accede Isaías a dársela, preguntando al rey lo que prefería, o que avanzara diez grados la sombra o que retrocediera otros tantos. Había en el palacio un reloj solar, llamado cuadrante de Ajaz por haberlo colocado allí él. Para Isaías era indiferente hacer avanzar o retroceder la sombra que señalaba las horas. Al rey, en cambio, le parecía más fácil que, a medida que avanza el día, lo haga también la sombra; lo difícil para él era hacerla retroceder. Por el contexto no aparece del todo claro si se trata de un cuadrante solar o de una escalera que construyó Ajaz. Los maaloth pueden significar, o bien los peldaños o gradas de una escalera, o los grados marcados sobre un cuadrante. Anota Garofalo que el milagro no debe entenderse en el sentido de que las leyes físicas se suspendieran con una inversión del movimiento de rotación de la tierra, sino en el sentido de una refracción de los rayos solares.
Hemos mencionado más arriba la visita de los enviados de Merodacbaladán a Ezequías en tiempos de su enfermedad. Merodacbaladán pretendía ocupar el trono de Babilonia, en donde reinó los años 721-710, y el 703, en que fue vencido definitivamente por Senaquerib. Esta embajada pudo tener lugar en esta segunda etapa de su reinado. No podía Ezequías sospechar que cien años más tarde el rey de Babilonia conduciría a Judá al cautiverio y se apoderaría de todos los tesoros del palacio real y del templo (25:1-21). Reconoce Ezequías que la sentencia divina era buena, alegrándose una vez más de la misericordia de Dios para con él al diferir el castigo hasta muchos años después de su muerte. Maravillosa profecía, tanto por haberse pronunciado con muchos años de anticipación como por haber predicho el hundimiento de un imperio que dominaba en todo el Próximo Oriente.
El acueducto de Exequias (20:20-21)
20 El resto de los hechos de Ezequías, todas sus hazañas, cómo hizo el estanque y el acueducto y trajo las aguas a la ciudad ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 21 Ezequías se durmió con sus padres, y le sucedió Manases, su hijo.

Pensó Ezequías en construir un canal que llevara las aguas de Ain-Sitti-Mariam a través de la colina del Ofel hasta la piscina de Siloé (2 Crón 32:30; Eci 43:17). La obra se hizo famosa en la antigüedad; la ciudad de Jerusalén disponía de agua en su recinto en caso de cerco. El canal fue descubierto en 1838 por Robinson 2. Más tarde, en 1880, un alumno de la Escuela Industrial comunicó al arquitecto C. Schick el hallazgo de una inscripción en la pared oriental de la galería. Consta de seis líneas, en las que los mineros celebran en lengua hebrea y caracteres paleohebraicos el momento en que las aguas de la fuente fluyeron a través del canal hasta la piscina de Siloé 3.
En tiempos de Ezequías se incrementaron los conatos de cultura, recogiéndose los proverbios de Salomón (Prov 25:1). En Is 38:10-20 se reproduce un himno que parece haber compuesto el mismo rey. También favoreció la música en el templo (2 Crón 29:30). En vida suya ejerció parte de su ministerio el profeta Isaías, que fue para él un válido consejero.
Manases, rey de Judo (21:1-18)
1 Doce años tenía Manases cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jafsiba. 2 Hizo el mal a los ojos de Yahvé, según todas las abominaciones de las gentes que Yahvé había arrojado ante los hijos de Israel. 3 Reedificó los altos que Ezequías, su padre, había destruido; alzó altares a Baal, levantó una "asera," como había hecho Ajaz, rey de Israel, y se prosternó ante todo el ejército de los cielos y le sirvió. 4 Alzó altares en la casa de Yahvé, de la que Yahvé había dicho: "Pondré mi nombre en Jerusalén." 5 Alzó altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Yahvé. 6 Hizo pasar a su hijo por el fuego; se dio a la observación de las nubes y de las serpientes, para obtener pronósticos, e instituyó evocadores de los espíritus y adivinadores del porvenir. Hizo enteramente lo que es malo a los ojos de Yahvé, para irritarle. 7 También alzó en la casa de Yahvé la "asera," en la casa de que Yahvé había dicho a David y a Salomón, su hijo: "En esta casa, en Jerusalén, que he elegido entre todas las tribus de Israel, yo pondré para siempre mi nombre. 8 No haré errar más el pie de Israel fuera de la tierra que yo he dado a sus padres, siempre que ellos cuiden de poner por obra los mandamientos y las leyes que yo he prescrito a mi siervo Moisés." 9Pero ellos no obedecieron, y Manases fue causa de que se descarriaran e hicieran el mal, más todavía que las gentes que Yahvé había destruido ante los hijos de Israel. 10Entonces Yahvé habló por medio de sus siervos los profetas, diciendo: 11"Por haber cometido Manases, rey de Judá, todas esas abominaciones, por haber obrado peor que antes de él obraron los amorreos, por haber hecho pecar a Judá con sus ídolos, 12 he aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Voy a echar sobre Jerusalén y sobre Judá males que a quien los oyere le retiñirán los oídos. 13 Yo echaré sobre Jerusalén la cuerda de Samaría y la plomada de la casa de Ajab, y fregaré a Jerusalén como se friega un plato, volviéndolo de un lado y de otro, 14Abandonaré el resto de mi heredad y se lo entregaré a sus enemigos; y serán la presa y el botín de todos sus enemigos, 15 por haber hecho lo malo a mis ojos y haberme irritado desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta hoy." 16Derramó también Manases mucha sangre inocente, hasta llenar a Jerusalén de un cabo al otro, sobre los pecados que él cometió y que hizo cometer a Judá, haciendo el mal a los ojos de Yahvé. 17El resto de los hechos de Manases, cuanto hizo, los pecados a que se entregó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 18Manases se durmió con sus padres, y fue sepultado en el jardín de su casa, en el jardín de Uza. Le sucedió Amón, su hijo.

Manases (687-642) sucedió a su padre Ezequías. Mientras el texto bíblico afirma del padre que no hubo otro semejante a él por su piedad y celo religioso (18:5), de Manases podría decir que superó a todos por su maldad (Jer 15:4), si exceptuamos al impío Ajaz (v.3). En 2 Crón 33:11-17 se refieren su conversión y buenas obras después de su cautiverio, de todo lo cual nada dice el libro de los Reyes.
Desconocemos los factores que contribuyeron al desviamiento religioso de Manases. Entregóse al culto pagano (16:3), reparó los altos que había derribado su padre (18,4), levantó altares a Baal y una ashera, como hizo Ajab (1 Re 16:32-33), adorando a los astros ( 17:16; Deut 4:10; 17:3). Adoró al Shamas (sol; Ez 8:16), a la diosa Sin (luna; Jer 8:2) y a la reina de los cielos, Ishtar (Jer 7:18; 44:17). A estas divinidades construyó altares en el templo de Yahvé; a las divinidades astrales honró con altares en los atrios del templo (1 Re 7:8); favoreció a los adivinos y hechiceros y entregóse a la superstición, leyendo el porvenir en el curso de las nubes (Lev 26; Deut 18:10-14) o por artes de encantamiento. Sacrificó a Moloc su hijo (16:3; 23:10). Puso en el templo la estatua de la diosa cananea Ashera, paredra de Baal (23:4-7; 1 Re 18:19). Quizá la reforma de Ezequías, llevada a rajatabla, había soliviantado al pueblo, ya acostumbrado a un régimen de tolerancia religiosa. La reacción de Manases puede obedecer a este descontento, y más probablemente al influjo de Asiría, cuyo favor quiso ganarse el rey de Judá rindiendo culto a los astros.
El pueblo de Judá, desorientado por Manases, practicó un sincretismo religioso que tendrá graves repercusiones en el porvenir. Los profetas, en general, sin especificar su nombre, son los voceros de Yahvé encargados de anunciar a Judá su castigo. Ni los amorreos, considerados como los primeros habitantes de Palestina (1 Re 21:26), se portaron tan mal como Manases. Por lo mismo, como a Samaría, también a Judá le espera el exilio. Este anuncio es duro y hace reteñir los oídos (1 Sam 3:11; Jer 19:3), pero es justo. La cuerda y la plomada juegan su papel en la construcción de una casa (Is 34:11; Am 7:7); el mismo cuidado que se pone en levantar un edificio se tendrá para que la demolición de Jerusalén sea total. Judá es el resto de la heredad de Yahvé, que, al igual que el reino del Norte, será arrojado fuera de su presencia.
Fue, además, Manases un rey cruel, que derramó mucha sangre inocente. Quizá sus víctimas procedían preferentemente de los círculos sacerdotales y profetices, por haberse opuesto ellos a la idolatría y profanación del templo. Según una tradición judía (Talmud, Sanhedrian, 103:2), Isaías murió asesinado por orden de Manases, quien mandó que el cuerpo del profeta fuera aserrado en trozos (Hebr 11:37). Al morir fue sepultado en el jardín de Uza, o de Ocias. Después de Ezequías, ningún otro rey fue sepultado en la necrópolis real, acaso por estar el cementerio completo. En 2 Crón 33:11ss se refiere que los jefes del ejército asirio apresaron a Manases, que, cargado de grillos y cadenas, fue llevado a Babilonia. Las fuentes asirías no recuerdan este hecho, que pudo producirse en tiempos de la rebelión del rey de Babilonia Shamas-sumukin (c.648), que capitaneaba una liga antiasiria que abarcaba desde Elam hasta Etiopía. Quizá en su tiempo se produjo la ruptura definitiva entre Asiría y Egipto.
La muerte de Senaquerib, acompañada de la noticia de la guerra civil en Asiría, hizo concebir grandes esperanzas a los pueblos oprimidos. Pero Asaradón (Asarhaddon; 681-669) cortó pronto la oposición, empleando métodos brutales. En su viaje hacia occidente destruyó la ciudad de Sidón, construyendo otro pueblo con cananeos deportados 1.
El año 671, Asaradón atravesó Siria, puso sitio a Tiro y, por la costa mediterránea, se dirigió hacia Egipto al encuentro del ejército de Taraca (19:9), al que venció. Impuso a Egipto un tributo anual. De regreso llevóse cautivos a la mujer del faraón, sus hijos e hijas, que hizo trasladar a Ni ni ve junto con un botín considerable. La caña quebrada de Egipto (Is 36:6) había capitulado ante el monarca asirio. De vuelta de Egipto atravesó Palestina y Siria, dejando esculpido su retrato en las márgenes de Nahr el-Kelb, y dos estelas, una en Zengirli y otra en Tell Ahmar. Pudo Manases caer prisionero de Asaradón durante su viaje de regreso, uniéndosele a la caravana de cautivos egipcios.
Amon, en el trono (21:19-26)
19 Veintidós años tenía Amón cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Mesulemet, hija de Jarus, de Yotbá. 20 Hizo el rnal a los ojos de Yahvé, como lo había hecho Manases, su padre, 21 y siguió en todo el camino que había seguido su padre. Sirvió a los ídolos a que había servido su padre y se prosternó ante ellos, 22 apartándose de Yahvé, Dios de sus padres, y no siguiendo sus caminos. 23 Los servidores de Amón conspiraron contra él y mataron al rey en su casa; 24 pero el pueblo castigó a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y puso por rey a Josías, su hijo, en lugar suyo. 25 El resto de los hechos de Amón, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá ? 26 Fue sepultado en su sepulcro en el jardín de Uza, y le sucedió Josías, su hijo.

A diferencia de su padre, pocos años reinó Amón sobre Judá (642-640). En el aspecto religioso siguió el proceder de su padre. Sus mismos servidores conspiraron contra él, matándole. El partido yahvista, constituido en su mayor parte por gente de provincias, castigó a los asesinos, colocando en el trono a Josías, hijo de Amón. Como su padre, fue sepultado en el mausoleo que estaba en el jardín de Uza.
Advenimiento de Josías (22:1-7)
1 Ocho años tenía Josías cuando comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jedida, hija de Adaya, de Boscat. 2 Hizo lo que es recto a los ojos de Yahvé y siguió en todo el camino de David, su padre, sin apartarse ni a la derecha ni a la izquierda. 3 El año dieciocho del reinado de Josías mandó el rey a la casa de Yahvé a Safan, secretario, hijo de Asalía, hijo de Mesulam, diciéndole: 4 "Sube a Helcías, sumo sacerdote, y que reúna el dinero que haya en la casa de Yahvé y que han recaudado del pueblo los guardias de la puerta, 5 y lo entregue a los encargados de hacer las obras en la casa de Yahvé, empleándolo en pagar a los que trabajan en las obras de reparación de la casa de Yahvé, 6 a los carpinteros, a los maestros y albañiles, y en pagar la madera y las piedras talladas para la reparación de la casa. 7 Pero que no se les exijan cuentas del dinero que se les entregue, por ser gente de probidad."

La política religiosa de Judá da un gran viraje con el nuevo monarca, que reinó durante los años 640-609. Su madre llamábase Jedida, querida, hija de Adaya, de Boscat, localidad de la Sefela, cerca de Laquis (Jos 15:39). Puede ser que ella influyese decididamente en la formación religiosa del nuevo monarca. El mejor elogio que podía hacerse de él en este sentido era compararlo al rey David, caminando por el sendero recto, sin declinar ni a la derecha ni a la izquierda (Deut 5:32; 17:11; Jos 23:6). El año 622 inició la restauración del templo de Jerusalén, ya purificado con anterioridad de todos los objetos de culto pagano introducidos por Manases y Amón (2 Crón 34:3). A Safan le confió la administración del dinero recaudado para las obras. En 2 Crón 34:8, Safan se ve asistido por el gobernador de la ciudad y por el cronista o archivero.
Hallazgo del libro de la Ley (22:8-13)
8 Entonces Helcías, el sumo sacerdote, dijo a Safan, secretario: "He encontrado en el templo de Yahvé el libro de la Ley." Helcías dio el libro a Safan, y Safan, escriba, lo leyó; 9 y fue luego a dar cuenta al rey, y le dijo: "Tus siervos han reunido el dinero'que había en el templo y se lo han entregado a los encargados de hacer las obras en la casa de Yahvé." 10 Y añadió: "El sacerdote Helcías me ha entregado este libro"; y lo leyó delante del rey. 11 Cuando oyó el rey las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras, 12 y dio esta orden al sacerdote Helcías, a Ajicán, hijo de Safan; a Acbor, hijo de Miqueas; a Safan, secretario, y a Asaya, ministro del rey: 13"Id a consultar a Yahvé por mí, por el pueblo y por todo Judá, respecto de las palabras del libro que se ha encontrado, porque seguro que es grande la cólera de Yahvé contra nosotros por no haber obedecido nuestros padres las palabras de este libro y no haber puesto por obra cuanto en él se nos manda."

En una de las veces en que Safan y Helcías convinieron en el templo para retirar las limosnas del cepillo, el sumo sacerdote comunicó al secretario real una noticia de gran trascendencia: "He encontrado en el templo el libro de la Ley." ¿En qué lugar lo encontró? ¿En qué circunstancia? ¿Qué se entiende por "libro de la Ley"? ¿Cuál era su contenido? ¿Encontróse todo el Pentateuco o el código de la alianza (Lev c. 17-26), todo el Deuteronomio o parte del mismo? El laconismo del relato bíblico da pie a la formulación de todas estas preguntas, para concluir que parte de las mismas no admiten respuesta satisfactoria y definitiva.
No fueron los obreros (Naville), sino el sumo sacerdote el que, revolviendo quizá en un cuarto o departamento donde habíanse arrinconado diversos objetos de culto, topó con el rollo de la Ley 1.
En cuanto a la naturaleza del rollo encontrado discrepan los autores. Unos pocos lo entienden de todo el Pentateuco (Βεα). La doble lectura del rollo en un solo día sugiere que se trataba de un trozo literario reducido. Unos (Fríes) lo limitan al c.34 del Deuteronomio; otros (Van Hoonacker) al código de santidad (Lev c. 17-26). Los más sostienen que Helcías encontró el Deuteronomio, todo (Ricciotti, Vaccari, Landersdorfer) o la parte legislativa del mismo (De Vaux, Dhorme, Clamer). Esta última parece ser la sentencia más probable, ya que en 23:2-21 y2 Crón 34:30 se habla del libro de la alianza (Ex 24:7). Este hallazgo sirvió de base para que emprendiera el rey su reforma famosa, en la que predominan las prescripciones contenidas en el Deuteronomio c. 12-26 2.
Las características de la reforma de Josías corresponden al contenido del Deuteronomio: i) Monoteísmo absoluto, con anulación de los cultos de la gentilidad, especialmente astrales (Deut 4:19; 17:3; 2 Re 23:4-5). 2) Extirpación de la prostitución sagrada (Deut 23:18-19; 2 Re 23:7). 3) Condenación de la magia (Deut 18:9-14; 2 Re 23:24). 4) Unidad de santuario (Deut 12:5; 11:21; 2 Re 23:8-27). 5) Como aconseja Deut 13:3-4; 19-91 30:6-10-20, Josías renueva la alianza y la observancia de la Ley "con todo su corazón y toda su alma" (23:3; Mediebelle).
El oráculo de Jolda (22:14-20)
14 El sacerdote Helcías, Ajicam, Acbor, Safan y Asaya fueron a la profetisa Jolda, mujer de Salum, hijo de Tecua, hijo de Jarjam, guardarropa que moraba en Jerusalén, en el otro barrio de la ciudad. Una vez que le hablaron,15 les dijo ella: "Así habla Yahvé, Dios de Israel: Decid al que a mí os ha enviado: 16 Así dice Yahvé: Yo voy a hacer venir sobre este lugar y sus habitantes los males de que habla este libro que el rey de Judá ha leído; 17 porque me han dejado y han quemado perfumes a otros dioses, irritándome con la obra de sus manos, y mi cólera se ha encendido contra este lugar, y no se apagará; 18 pero diréis al rey de Judá, que os envía para consultar a Yahvé: Así dice Yahvé, Dios de Israel: Acerca de las palabras de este libro que tú has oído, 19 por haberse conmovido tu corazón y haberte humillado ante Yahvé al oír lo que yo he anunciado contra este lugar y contra sus habitantes, que serán objeto de espanto y de execración; por haber rasgado tus vestiduras y haber llorado ante mí, yo también te he oído a ti, dice Yahvé, 20 y por eso yo te recogeré a tus padres y serás sepultado en paz, y no verán tus ojos todos los males que yo haré venir sobre este lugar." Ellos llevaron al rey esta respuesta.

Eran raras en Israel las mujeres dotadas del carisma profético. María, hermana de Moisés, y Débora son llamadas profetisas en sentido amplio (Ex 15:20; Jue 4:4). Se da también el nombre de profetisa a la mujer de un profeta (Is 8:3), pero en nuestro texto se trata de una vidente en sentido estricto. Llama la atención que se consulte a esta mujer y no a Jeremías y Sofonías, que habían empezado su ministerio antes de la reforma de Josías. Acaso fue por temor a que tales profetas confirmaran las amenazas que se hallan en sus respectivos libros, o porque Jolda habitaba cerca o gozaba de mucha popularidad. Su marido llamábase Salum, hijo de Tecua, hijo de Jarjam, sastre de la corte y posiblemente del templo. A las palabras de los enviados responde la profetisa diciendo que los males de que habla el libro vendrán sobre Jerusalén y sus habitantes en castigo de su pecado de idolatría. Josías bajará en paz al sepulcro de sus padres, no viendo sus ojos los castigos que mandará Dios contra su pueblo.
Josías renueva la alianza (23:1-3)
1 El rey hizo reunir junto a él a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén, 2 y subió luego a la casa de Yahvé con todos los hombres de Judá y todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño hasta el más grande; y leyó delante de ellos todas las palabras del libro de la alianza que se había encontrado en la casa de Yahvé. 3 Estaba el rey en pie junto a la columna; e hizo alianza con Yahvé, de seguir a Yahvé y guardar sus mandamientos, sus preceptos y sus leyes, con todo su corazón y toda su alma, poniendo por obra las palabras de esta alianza escritas en el libro. Todo el pueblo confirmó esta alianza.

Con el fin de conjurar la amenaza que pesaba sobre su pueblo, reunió Josías junto a sí a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén (1 Sam 30:26; 2 Sam 19:12). Juntó después a todos los habitantes de la capital y a muchos de provincias, a los que leyó el libro de la alianza (Deut 5:3; 28:69). Nuestro texto menciona a los profetas, de que no se habla en el lugar paralelo de 2 Crón 34:30, que cita a los levitas. Durante la lectura estaba el rey de pie junto a una columna, de las dos que se levantaban delante del templo (11:14; 1 Re 7:15-22). Una vez terminada la lectura del libro, renovó la alianza (karat haberith, Ex 24:8) en nombre propio y de todo el pueblo.
Medidas de reforma en Jerusalén (23:4-14)
4 El rey mandó al sumo sacerdote, Helcías; a los sacerdotes de segundo orden y a los que hacían la guardia a la puerta, que sacaran del templo de Yahvé todos los enseres que habían sido hechos para Baal, para Asera y para toda la milicia del cielo, y los quemó fuera de Jerusalén, en el valle de Cedrón, e hizo llevar las cenizas a Betel. 5 Expulsó a los sacerdotes de los ídolos, puestos por los reyes de Judá para quemar perfumes en los altos, en las ciudades de Judá y en los alrededores de Jerusalén; a los que ofrecían perfumes a Baal, al Sol, a la Luna, al Zodíaco y a toda la milicia de los cielos. 6 Sacó a "Asera" fuera de la casa de Yahvé, fuera de Jerusalén, al valle de Cedrón, y la quemó allí, reduciéndola a ceniza, que hizo arrojar a la sepultura común del pueblo. 7 Derribó los lugares de prostitución idolátrica del templo de Yahvé, donde las mujeres tejían tiendas para "Asera." 8 Hizo venir de las ciudades de Judá a todos los sacerdotes, profanó los altos donde los sacerdotes quemaban perfumes, desde Gueba hasta Berseba; derribó los altos de los sátiros que había delante de la puerta del gobernador Josué, a mano izquierda de la puerta de la ciudad. 9 Sin embargo, los sacerdotes de los altos no subían al altar de Yahvé en Jerusalén, pero comían panes ácimos con sus hermanos. 10 El rey profanó el Tofet del valle de los hijos de Hinón, para que nadie hiciera pasar a su hijo o su hija por el fuego en honor de Moloc. 11 Hizo desaparecer de la entrada de la casa de Yahvé los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol, cerca de la habitación del camarero Natanmelec, en el atrio. Quemó los carros del sol, 12 demolió los altares que había en la terraza de la cámara alta de Ajaz, que habían alzado los reyes de Judá, y los altares que había hecho Manases en los dos atrios de la casa de Yahvé; y después de destrozarlos y quitarlos de allí, arrojó el polvo al valle de Cedrón. 13 Profanó el rey los altos que había al oriente de Jerusalén, al mediodía del monte de los Olivos, que Salomón, rey de Israel, había erigido a Astarté, la abominación de los sidonios; a Gamos, la abominación de los moabitas, y a Milcom, la abominación de los amonitas. 14 Destrozó los cipos, derribó las "aseras" y llenó los lugares donde estaban de huesos humanos.

La obra de la purificación del templo fue confiada al sumo sacerdote Helcías, al que le seguía en dignidad, y a los custodios de las puertas (12:10; 22:4; 25:18). Fueron sacados del templo todos los enseres que habían servido para el culto de los ídolos, quemándolos en el torrente Cedrón y llevando a Betel sus cenizas. Ignoramos el porqué de esta última medida; el santuario de Betel será también destruido. Expulsó a los ministros (kemarim, Os 10:5; Sof 1:4) de los ídolos y a los que rendían culto a las divinidades astrales (Deut 17:3). Las mazzaloth, habitaciones (del babilonio mazzalat), son la morada de los dioses, designando especialmente los signos del Zodíaco. La Ashera, que representaba a la diosa Astarté (Deut 16:21), fue reducida a cenizas, que se arrojaron en la fosa común (Jer 26:23) del cementerio de "los hijos del pueblo,"
Las habitaciones que ocupaban los mancebos que se prostituían (Deut 23:18-19; 1 Re 14:24; quedeshim) fueron derribadas.
Siendo la unidad del santuario una ley fundamental deuteronómica (c.12), obligóse a todos los sacerdotes (kohanim) de Yahvé que estaban al servicio de los santuarios edificados en los altos (1 Re 3:2) a concentrarse en Jerusalén. Con la mención de Gueba (1 Re 15:22) y de Bersabé (1 Re 19:3) señala el autor los límites norte y sur de Judá. Entre los santuarios demolidos figura el de las puertas (Shearim), que algunos exegetas cambian en "santuario de los machos cabríos" (se irim), llamado así por estar la divinidad representada bajo la forma de estos animales (Lev 17:7; 2 Crón 11:15). No sabemos quién era el Josué de que habla el texto ni dónde se levantaba este santuario. Pudo levantarse junto a una de las puertas del oriente y parte meridional de la ciudad donde ejercían su poder los sátiros (Is 13:21; 34:14). En contra de Deut 18:6-8, a los sacerdotes de los lugares altos, sus colegas de Jerusalén no les autorizaron el ejercicio de sus funciones sacerdotales en el templo, permitiéndoles solamente comer los panes ácimos en la fiesta de Pascua (Ex 12:15; Deut 16:3-4). Parece que se les permitió comer de la carne de los sacrificios reservada a los sacerdotes (Lev 6:9; 10:12). El quemadero (Tofet), en el valle de Hinnón, donde se sacrificaban los niños (Jer 7:31-32; 19:6; 11; 14; 2 Re 16:3; 21:6), fue profanado. El dios al que se sacrificaban es llamado Moloc (Lev 18:21) en todas las versiones, mientras que en el texto masorético recibe las vocales de boshet, ignominia. Entre los cananeos y fenicios era llamado Milk. El valle de Hinnón corre al este y sur de Jerusalén, juntándose con el Cedrón cerca de la fuente de En-Roguel. Es Hinnón el prototipo de la Gehenna. Acabó también Josías con el culto solar, aludiendo a los carros y caballos del sol, que se utilizaban en las fiestas y procesiones en honor del dios Sol. Los reyes de Judá guardaban en establos especiales estos caballos y carros, de los que cuidaba Natánmelec. Para estos cultos astrales había levantado Ajaz altares sobre las terrazas (19:13). Los santuarios en honor de los falsos dioses levantados por Salomón en torno a Jerusalén (1 Re 11:5-7-33) fueron derribados. Todas las estatuas y asheras fueron quemadas, esparciendo huesos humanos por encima del lugar que ocuparon, con lo cual se profanaba de manera definitiva aquellos lugares (Núm 19:11ss). El elenco de ídolos, santuarios, altares y objetos de culto dan una idea de la situación religiosa a que había descendido el reino de Judá. La acción de Ezequías fue parcial (18:4).
Desaparecen los santuarios provinciales (23:15-20)
15 Derribó también el altar de Betel, el alto que había hecho Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel; destrozó sus piedras y las redujo a polvo, y quemó la"asera." 16 Cuando Josías se volvía de allí, vio los sepulcros que había en la montaña, y mandó sacar de ellos los huesos y los quemó sobre el altar, profanándolo conforme a la palabra de Yahvé pronunciada por el hombre de Dios que había anunciado esto. 17 γ preguntó: "¿Qué monumento es aquel que veo allí?" Los habitantes de la ciudad le respondieron: "Es el sepulcro del hombre de Dios que vino de Judá y anunció estas cosas que tú has hecho con el altar de Betel," i" Entonces dijo él: "Dejadle en paz. Que nadie remueva sus huesos." Así se conservaron intactos sus huesos, juntos con los del profeta que procedía de Samaría. 19 Josías hizo también desaparecer todos los templos de los altos de las ciudades de Samaría, que habían hecho los reyes de Israel para irritar a Yahvé; hizo con ellos enteramente como había hecho con Betel. 20 Inmoló sobre los altares a todos los sacerdotes de los altos que había allí, y quemó huesos humanos en el sitio donde habían sido elevados. Después se volvió a Jerusalén.

El santuario de Betel (1 Re 12:32-33) desapareció, siendo reducido a cenizas. Esta incursión a Betel prueba que era débil la influencia asiría sobre la parte meridional del reino de Israel. De regreso vio Josías unos sepulcros; mandó sacar de ellos huesos humanos, que quemó sobre el altar, profanándolo (1 Re 12:33; 13-32)-Respetó, en cambio, los huesos de los dos profetas de que habla el texto mencionado,
Celebración de la pascua (23:21-23)
21 Luego mandó Josías a todo el pueblo: "Celebradla pascua en honor de Yahvé, vuestro Dios, como está escrito en el libro de esta alianza." 22 Ninguna pascua semejante a ésta se había celebrado desde el tiempo en que los jueces juzgaban a Israel ni durante todo el tiempo de los reyes de Israel y de los reyes de Judá. 23 El año dieciocho del reinado de Josías se celebró esta pascua en honor de Yahvé en Jerusalén.

Con grandes fiestas y regocijos celebróse la pascua (2 Crón 35:1-17). Todo Judá tomó parte en la fiesta de Jerusalén, lo que no había acontecido desde tiempos antiquísimos (Jos 5:10). Hasta entonces celebrábase la pascua en la intimidad de las familias, conforme a Ex 12:7; pero en esta ocasión se cumple el texto de Deut 16:5-6, según el cual "sólo en el lugar que Yahvé, tu Dios, elija. sacrificarás la pascua."
Elogios a Josías (23:24-28)
24 Además, hizo Josías desaparecer a los evocadores de los espíritus y a los adivinos, los "terafim," los ídolos y todas las abominaciones que se veían en la tierra de Judá y en Jerusalén, para poner por obra las palabras de la Ley escritas en el libro que el sacerdote Helcías había encontrado en la casa de Yahvé. 25 Antes de Josías no hubo rey que como él volviera a Yahvé con todo su corazón, y con toda su alma, y con todas sus fuerzas, conforme a toda la Ley de Moisés; y después de él no le ha habido tampoco semejante. 26 Pero, con todo, no desistió Yahvé del ardor de su gran cólera, encendida contra Judá por todo lo que había hecho Manases para irritarle. 27 Yahvé dijo: "Quitaré también de mi presencia a Judá, como lo he hecho con Israel, y rechazaré a esta ciudad de Jerusalén, que yo había elegido, y la casa de que yo dije: Allí estará mi nombre." 28 EL resto de los hechos de Josías, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

Acabó Josías con los evocadores de espíritus y adivinos que protegía Manases (21:6), y que la Ley reprueba (Deut 18:11). Los terafim, o dioses lares (Gen 31:19; 34-35), los ídolos y las abominaciones fueron extirpados de todo el territorio de Judá.
Muerte de Josías (23:29-30)
29 En su tiempo, el faraón Necao, rey de Egipto, subió contra el rey de Asiría hacia el río Eufrates. El rey Josías le salió al paso, y el faraón le mató en Megiddo en cuanto le vio. 30 Sus servidores le llevaron muerto en el carro, trayéndolo de Megiddo a Jerusalén, y le sepultaron en su sepulcro. El pueblo tomó a Joacaz, hijo de Josías, y le ungió rey en lugar de su padre.

En julio del año 612, Nínive fue conquistada por asalto; sus habitantes, pasados a filo de espada, y "la ciudad, reducida a un montón de ruinas," como dice la crónica de Gadd 1. Su último rey, As-suruballit (611-609), reinó en Harrán, esperando la ayuda de su aliado, Egipto. El año 610, Umman-Manda, al mando de escitas y babilonios, barrió esta sombra de poderío. El ejército egipcio, acaudillado por Necao II (609-594), llega con retraso en ayuda del rey asirio, tratando de recuperar Harrán. La tardanza en llegar debióse a que a su paso por Palestina salióle al encuentro Josías con la intención de cerrarle el paso, presentándole batalla. Ignoramos el porqué Josías se opuso al ejército egipcio, cuando anteriormente autorizó el de Psamético. Necao marchaba hacia el Eufrates para enfrentarse contra Nabopolasar, rey de Babilonia. Quizá por esto le salió al paso Josías, tratando de congraciarse con el nuevo imperio triunfante de Babilonia. Atravesando Josías todo el territorio de Samaría aprovechando la debilidad y decadencia de Asiría, llegó a Megiddo, en donde esperó a Necao, al que atacó. Al poco de empezar el combate, Josías cayó herido por una flecha disparada por arqueros egipcios. Necao II siguió su marcha hacia el Eufrates, en cuyas orillas se desarrolló la famosa batalla de Karkemish. La muerte de Josías apagó en labios de Judá los cantos de alegría por la caída de Nínive (Nahum 1:2-3:13).
Joacaz y Joaquín, reyes de Judá (23:31-37)
31 Veintitrés años tenía Joacaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamutal, hija de Jeremías de Libna. 32 Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como lo habían hecho sus padres. 33 El faraón Necao le encadenó en Ribla, en tierra de Jamat, y le destronó, e impuso a las gentes de la tierra una contribución de cien talentos de plata y un talento de oro. 34 El faraón Necao puso por rey a Eliaquim, hijo de Josías, en lugar de Josías, su padre, y le mudó el nombre, poniéndole el de Joaquim. Cogió a Joacaz y lo llevó a Egipto, donde murió. 35 Joaquim entregó al faraón la plata y el oro; mas para reunir este dinero, según la imposición del faraón, hubo de sacarlo al pueblo, determinando lo que cada uno había de dar para entregarlo al faraón Necao. 36 Veinticinco años tenía Joaquim cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sebida, hija de Pedaya, de Ruma. 37 Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como lo habían hecho sus padres.

El pueblo lloró la muerte ignominiosa de su rey (Jer 22:10) en manos de Necao. El mismo Jeremías dedicó una endecha a la derrota de los egipcios en Karkemish (Jer c.46). De estos lamentos quedan vestigios en la literatura apocalíptica, que habla del día "de Armageddón." A la muerte de Josías subió al trono su segundo hijo, Joacaz (609), llamado también Salum (Jer 22:11). De regreso Necao II del Eufrates detúvose en Ribla, en tierras de Hamat, por considerar a Siria y Palestina como herencia recibida de Asiría. Joacaz fue llamado por Necao II a Ribla, desde donde, después de cargarlo de cadenas, fue enviado prisionero a Egipto, donde murió al poco tiempo. Al país impuso un tributo de cien talentos de plata y uno de oro (15:19-20; 18:14-15; 1 Re 9:14). Fue tan corto su reinado, que Jeremías ni siquiera lo menciona (Jer 1:1). La muerte violenta de Josías desencadenó una reacción antiyahvista por no haber salvado Yahvé al piadoso monarca y autor de la reforma que lleva su nombre. ¿Para qué confiar en Yahvé, argumentaba el pueblo, si abandona incluso a sus mejores servidores? El movimiento fue capitaneado por el rey y el elemento oficial.
En lugar de Joacaz nombró Necao II a Eliaquim, al que, en señal de sujeción al monarca egipcio, le cambió el nombre en Joaquim (609-593). No es fácil determinar el porqué impuso Necao al rey de Judá un nombre en cuya composición entra el de Yahvé. ¿Fue acaso para congraciarse con el partido yahvista? Entre ambos monarcas existieron relaciones amistosas. Joaquim pagó la contribución que impuso Necao, para lo cual gravó al país, principalmente a los campesinos (Jer 22:13-19), con muchos impuestos. Por su parte, Necao correspondió a la lealtad de su vasallo dándole pruebas de buena voluntad; a una indicación de Joaquim entregó Necio II al profeta Uría, que se había refugiado en Egipto (Jer 26:22).
La conducta religiosa de Joaquim es enjuiciada severamente por el autor sagrado, pudiéndose contar en el número de los últimos reyes de Judá que prepararon la hecatombe final (24:3-9)
Campaña de Nabucodonosor (24:1-7)
1 En su tiempo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, se puso en campaña. Joaquim le había estado sujeto durante tres años pero luego se volvió y se rebeló contra él. 2 Entonces mandó Yahvé contra Joaquim tropas caldeas, tropas de los sirios, tropas de los moabitas y de los amonitas; las envió contra Judá para destruirle, según la palabra que Yahvé había pronunciado por sus siervos los profetas. 3 No sucedió esto sino por orden de Yahvé, que quería arrojar a Judá de su presencia a causa de los pecados cometidos por Manases 4 y de la sangre inocente derramada por Manases, que había llenado a Jerusalén, que no quiso Yahvé perdonar. 5 El resto de los hechos de Joaquim, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 6 Joaquim se durmió con sus padres, y le sucedió Joaquín, su hijo. 7 El rey de Egipto no salió ya más de su tierra, porque el rey de Babilonia se había apoderado de cuanto era del rey de Egipto, desde el torrente de Egipto hasta el Eufrates.

Necao II habíase establecido en el norte de Siria, en Ribla, convirtiendo a Karkemish, en la orilla occidental del Eufrates, en baluarte de sus posesiones avanzadas en Asia. A la llegada de las tropas de Nabucodonosor huyó el ejército egipcio hacia el sur, en tanto que oponía una leve resistencia, cubriendo su retirada con ligeras escaramuzas. Las tropas babilónicas atravesaron victoriosas Siria y Palestina. Nabucodonosor llegó a las fronteras de Egipto, dispuesto a entrar en él, cuando recibió la noticia de la muerte de su padre (605 a.C.). Acompañado por soldados escogidos, y a través del desierto, marchó precipitadamente a Babilonia para ceñir la corona del imperio. Su rápido paso por tierras de Siria y Palestina, camino de Egipto, no le había permitido ajustar las cuentas con sus soberanos. De ahí que, especulando ellos con el regreso del rey a Babilonia e interpretando su retirada como señal de debilidad, mostráronse remisos en pagar los tributos que se les impusieron. Por otra parte, en Judá iba engrosando cada día el partido de los que eran favorables a reanudar las conversaciones con Egipto con el fin de crear una coalición antibabilónica. Contra este movimiento pronuncióse repetidamente el profeta Jeremías, recomendando humilde sumisión al rey de Babilonia, por ser ésta la voluntad de Yahvé (Jer 25:1-13; 27:1-22; 29:10). Esta actitud antiegipcia acarreó al profeta la enemistad del partido filoegipcio, que trató incluso de eliminarlo (Jer c.26). De estas intrigas y tratativas con Egipto tuvo noticia Nabucodonosor, el cual visitó de nuevo Palestina, probablemente el año 602, para imponer su dominio efectivo. En castigo de sus intrigas y contactos con Egipto, Nabucodonosor dirigióse a Jerusalén, en donde entró sin encontrar resistencia. El rey Joaquim fue cargado de cadenas, recobrando su libertad solamente al comprometerse con promesa formal a cumplir todas las obligaciones de vasallaje que le imponía el rey de Babilonia. Muchos nobles del país, entre los cuales contábase Daniel, fueron deportados a Babilonia en calidad de rehenes.
El rey Joaquim, alentado por el partido filoegipcio, no cumplió las condiciones que se le habían impuesto. De ello tuvo noticia Nabucodonosor, quien, para castigarle, mandó contra él las tropas mercenarias acampadas en Siria y las bandas guerreras de los pueblos de los alrededores, aliados de Babilonia. Su acción fue catastrófica: aldeas enteras fueron arrasadas y saqueadas, asolada la campiña y reducido el país a una situación lamentable (Jer 12:7-17; v.48-49). Permitió Dios que así sucediera para castigar el pecado de su pueblo, tal como habían predicho los profetas (17:23; 21:10). Todos los territorios de Siria y Palestina que habían pertenecido a Egipto, "desde el torrente de Egipto hasta el Eufrates," pasaron a depender del rey de Babilonia. Joaquim murió en circunstancias misteriosas, que, a juzgar por sus consecuencias, fueron trágicas. De él profetizó Jeremías: "Sepultura de asno será la tuya, agarrado y tirado lejos de las puertas de Jerusalén" (22:19); "su cadáver será arrojado al calor del día y al frío de la noche" (36:30).
Deportación a Babilonia (24:8-17)
8 Dieciocho años tenía Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejusta, hija de Elnatán, de Jerusalén. 9 Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho su padre. 10 En este tiempo subieron contra Jerusalén los servidores de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la ciudad fue asediada, 11 Nabucodonocor, rey de Babilonia, llegó a la ciudad mientras sus servidores la asediaban. 12 Entonces Joaquín, rey de Judá, salió al rey de Babilonia con su madre, sus servidores, sus jefes y sus eunucos. El rey de Babilonia le prendió el octavo año de su reinado. 13 Sacó de allí todos los tesoros del templo de Yahvé y los tesoros del palacio real; rompió todos los utensilios que Salomón, rey de Israel, había hecho para el templo de Yahvé, conforme a lo que Yahvé había anunciado.14 Llevó cautiva a toda Jerusalén, a todos los jefes y a todos los hombres de importancia, en número de diez mil, con todos los carpinteros y herreros, no dejando más que a la gente pobre de la tierra. 15 Deportó a Joaquín a Babilonia, y llevó cautivos, de Jerusalén a Babilonia, a la madre del rey, a las mujeres del rey, a sus eunucos, a los grandes de la tierra; 16 a todos los hombres de armas, en número de siete mil, y a los carpinteros y herreros, en número de mil. A todos los hombres de valer, aptos para la guerra, el rey de Babilonia los llevó cautivos a Babilonia. 17 Luego puso por rey, en lugar de Joaquín, a Matanías, su tío, mudándole el nombre en el de Sedecías.
Del rey Joaquín (598) dice el texto que "hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho su padre." Semejante proceder iba a desencadenar las iras de Dios contra su pueblo infiel. La conducta de Joaquim, siempre recalcitrante en cumplir las cláusulas que le impuso el rey de Babilonia, exasperaron a éste, que se presentó en Palestina con un gran ejército. Pero el culpable había muerto y ocupaba su puesto Joaquín, llamado también Jeconías (Jer 28,455) y Yekonyahu (Jer 24:1). Su nombre figura en las cartas de Laquis 1. El nuevo monarca era débil, tanto que incluso Jeremías habla despectivamente de él (22:24-30). Al poco tiempo de subir al trono, las tropas de Nabucodonosor sitiaron la ciudad de Jerusalén. A los tres meses de cerco abrió el rey las puertas de la ciudad y se entregó al monarca babilónico. Este entró en el templo, que saqueó. Llevó presos al rey, a toda la casa real, a los notables (sarim), a los obreros especializados, artesanos, no dejando en el país más que la gente pobre de bienes y de espíritu. Tocaba a su fin el año 598. Al llegar a Babilonia, Joaquín, su familia y nobles fueron encerrados en un castillo. A la muerte de Nabucodonosor fue admitido Joaquín en la corte como comensal del rey (25:27)
Sedécias, rey de Judá (24:18-20)
18 Veintiún años tenía Sedecías cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamutai, hija de Jeremías, de Libna. 19 Hizo el mal a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho Joaquín, 20 por la cólera de Yahvé contra Jerusalén y contra Judá, que Yahvé quería arrojar de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia.

Llamábase el rey Matanías, pero el monarca babilónico le impuso el nombre de Sedéelas (23:34). Reinó desde 598 hasta 587. Era hermano de Joacaz y tío de Joaquín. Toda esta perícopa (24:18-25:21) se encuentra en Jer 52:1-27. No era Sedéelas de malos sentimientos, pero fue débil y de pocos alcances. Quizá le faltaron buenos consejeros; únicamente de noche podía entrevistarse con Jeremías, que siente compasión por él. Ezequiel describe de manera tétrica las condiciones políticas y religiosas de este tiempo. Los sacerdotes violaban la ley, los profetas vaticinaban cosas vanas, los príncipes "son leones rapaces," igual que los ministros del rey (Ez 22:23-31). La idolatría habíase adueñado de Jerusalén; se adoraba al dios del cielo (Ez 8,3), al sol (8:16), a los animales (8:10). Las mujeres lloraban al dios Tammuz (8:14). Los verdaderos profetas eran objeto de mofa (12:21), mientras triunfaban los falsos. En el pueblo existían diversas tendencias políticas, que torpedeaban toda unidad de acción. En tales circunstancias, la prudencia aconsejaba que el reino de Judá se amoldara al régimen de vida que le imponía Babilonia y no intentara rebelarse contra su dueño. La experiencia demostraba que Egipto no tenía poder suficiente para enfrentarse con Babilonia. Por lo mismo, querer sacudir el yugo en estas condiciones equivalía a un suicidio colectivo.
Sitio de Jerusalén (25:1-7)
1 El año noveno del remado de Sedecías, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén, acampó ante ella, y levantaron contra ella ingenios en derredor. 2 La ciudad estuvo cercada hasta el año undécimo del reinado de Sedecías. 3 El día nueve del cuarto mes del año undécimo de Sedecías era grande el hambre en la ciudad y no había ya pan para la gente del pueblo. 4 Entonces abrieron brecha en la ciudad, y toda la gente de guerra huyó de noche por el camino de la puerta entre los muros, cerca del jardín del rey, mientras los caldeos tenían cercada la ciudad. Los huidos tomaron el camino del Araba; 5 pero el ejército de los caldeos persiguió al rey y le dio alcance en los llanos de Jericó, y todo su ejército se dispersó, dejándole. 6 Apresaron al rey y le llevaron al rey de Babilonia, a Ribla, y le sentenciaron. 7 Los hijos de Sedecías fueron degollados en su presencia; a Sedecías le sacaron los ojos, y, cargado de cadenas de bronce, le llevaron a Babilonia.

Nabucodonosor quiso acabar con las veleidades de Judá cortando definitivamente sus contactos con Egipto. Al aparecer el rey Psamético en Palestina el año 590, algunos judíos enroláronse en su ejército. Los falsos profetas anunciaban el ocaso de Babilonia y el encumbramiento de Egipto (Jer 27:29); Sedecías, a pesar de haber jurado fidelidad a Nabucodonosor, dejóse arrastrar por la corriente filoegipcia. Ofra, el sucesor de Psamético, inició las hostilidades. Pero Nabucodonosor le salió al encuentro en Ribla, dividiendo su ejército en dos cuerpos: uno en dirección a Tiro, y otro, que capitaneaba el mismo monarca, apuntando hacia Judá (Ez 21:2455). A su paso, las ciudades de Judá cayeron en su poder, menos Laquis, Azeca y Jerusalén (Jer 34:7). En las cartas de Laquis, de que hemos hablado, se reflejan los estertores de estas ciudades, resto del que fue reino de Judá. A principios del año 588, las tropas de Nabucodonosor presentáronse ante Jerusalén, estrechándola con el cerco. Sedecías llamó en su auxilio al ejército egipcio. No se hizo sordo Ofra a estos gritos de socorro, mandando su ejército a Palestina y comenzando por invadir la Sefela (Jer 21:1ss; Ez 30:20). Temiendo Nabucodonosor ser apresado entre dos fuegos, levantó el cerco de Jerusalén para cortar el avance egipcio. Aquel contratiempo del rey de Babilonia envalentonó a los del partido filoegipcio, de Jerusalén, que encarce laron a Jeremías, culpándole de traidor y derrotista (Jer c.37). Sedecías fue a consultarle secretamente el futuro de la ciudad, a lo que respondió el profeta: "Volverán los caldeos a combatir esta ciudad, Y la tomarán y la incendiarán" (Jer 37:7). En efecto, los egipcios huyeron ante las tropas de Nabucodonosor (Ez 30:2055), que volvieron a reunirse en torno a Jerusalén. El hambre comenzó a hacer su aparición en la ciudad. Λ los dieciocho meses de sitio abrióse una brecha en el muro septentrional, por donde los soldados de Babilonia penetraron en el interior. Sedéelas huyó de noche por la puerta que había en el muro del sudeste del Ofel, tomando el camino de Araba hacia el valle del Jordán (Jer 52:7; 39:2-4; Deut 1:1-7). Los soldados sitiadores alcanzaron a los fugitivos en las estepas de Jericó (Jos 4:13). A Sedecías condujéronle cautivo a Ribla (23:33), en donde, después de haber presenciado el asesinato de sus hijos, el mismo Nabucodonosor, en castigo de sus traiciones, le arrancó los ojos (Jer 39:6-7; 52:10-11). Después, cargado de cadenas de bronce, mandó Nabucodonosor que fuera llevado a Babilonia a fin de que muriera en un rincón de alguna cárcel de la capital. Era el mes de agosto del año 587.
Saqueo de Jerusalén (25:8-17)
8 El día séptimo del quinto mes — era el año diecinueve del reinado de Nabucodonosor en Babilonia —, Nebuzardán, jefe de la guardia, servidor del rey de Babilonia, entró en Jerusalén, 9 quemó el templo de Yahvé, el palacio real y todas las casas de Jerusalén. 10 Todo el ejército de los caldeos, que estaba con el jefe de la guardia, demolió las murallas que rodeaban a Jerusalén. 11 Nebuzardán, jefe de la guardia, llevó cautivos a los que habían quedado en la ciudad, de los que se rindieron al rey de Babilonia, y al resto de la gente, 12 fuera de algunos pobres que dejó, como viñadores y labradores. 13 Los caldeos rompieron las columnas de bronce que había en la casa de Yahvé, las basas, el mar de bronce que había en la casa de Yahvé, y se llevaron el bronce a Babilonia. 14 Cogieron los ceniceros, las tenazas, las palas, los cuchillos, las tazas y todos los utensilios de bronce con que se hacía el servicio. 15 El jefe de la guardia cogió también los braseros y las copas y todo cuanto era de oro y cuanto era de plata. 16 Las dos columnas, el mar, las basas que Salomón había hecho para la casa de Yahvé; todos los utensilios de bronce tenían un peso incalculable. 17 La altura de una columna era de dieciocho codos, y tenía encima un capitel de bronce de tres codos de altura, y en derredor del capitel había trenzados y granadas, todo de bronce; y lo mismo la otra columna.

Nebuzardán fue el encargado de saquear metódicamente la ciudad. Emoezó por prender fuego al templo y principales edificios. Los soldados abrieron diversas brechas en las murallas de la ciudad, que en gran parte permanecieron en pie (Neh 6:15). Todos los habitantes, exceptuando a algunos agricultores y viñadores, fueron llevados cautivos a Babilonia. Todo lo que quedó en pie en el templo después del incendio fue destruido y demolido; las columnas de bronce (Jer 27:19; 1 Re 1:7; 15-22), las basas (1 Re 7:27-39) y el mar de bronce (1 Re 7:23-26) corrieron esta suerte. Todos los utensilios de valor fueron requisados y llevados a Babilonia. De los objetos de oro y plata se hizo cargo Nebuzardán (Jer 52:15-24).
Castigo de los culpables (25:18-21)
18 El jefe de la guardia cogió a Sarayas, el sumo sacerdote; a Sofonías, el segundo sacerdote, y a los tres guardias del atrio; 19 y de la ciudad, a un eunuco, que tenía a sus órdenes la gente de guerra; a cinco hombres de los consejeros del rey, que fueron encontrados en la ciudad; al secretario del jefe del ejército encargado del alistamiento y a sesenta más del pueblo que se hallaban en la ciudad. 20 Nebuzardán, jefe de la guardia, los cogió y los llevó a Ribla, al rey de Babilonia. 21 El rey de Babilonia les dio muerte en Ribla, en tierra de Jamat. Así fue llevado cautivo Judá lejos de su tierra.

Judá fue llevado cautivo lejos de su tierra. En Palestina quedaba solamente "un resto" (Jer 40:11), un reducido número (Jer 42:2). Judá parecía un desierto (Jer 44:22; Ez 33:28); por todas partes veíanse ruinas (Jer 45:4). Dios había castigado con la humillación del destierro la infidelidad de su pueblo.
Godolías, prefecto (25:22-26)
22 Nabucodonosor puso el resto del pueblo que quedaba en la tierra bajo el gobierno de Godolías, hijo de Ajicán, hijo de Safan. 23 Cuando los jefes de las tropas supieron, ellos y sus hombres, que Godolías había sido puesto por el rey de Babilonia como gobernador del territorio, vinieron a Godolías, a Misfa, Ismael, hijo de Netanía; Jojanán, hijo de Careaj; Sarayas, hijo de Tanjumet, de Neftoa, y Jazanía, hijo de un macateo, con sus gentes. 24 Godolías les juró a ellos y a sus hombres, diciéndoles: "No temáis nada de parte de los caldeos; quedaos en la tierra, servid al rey de Babilonia, y os irá bien." 25 Pero el séptimo mes, Ismael, hijo de Netanía, hijo de Elisama, de sangre real, vino acompañado de diez hombres, e hirieron mor-talmente a Godolías, así como a los judíos y caldeos que estaban con él en Misfa. 26 Entonces todo el pueblo, pequeños y grandes, los jefes y sus tropas, se levantaron y se fueron a Egipto por temor de los caldeos.

Al frente de los pocos que habían quedado en Judá puso Nabucodonosor a Godolías por prefecto. Este nombre figura en un sello encontrado en Tell el-Duweir, como perteneciente al maestro de palacio en tiempos de Sedecías, cargo que pudo ejercer Godolías 1. Era éste un hombre bueno, prudente, amigo de Jeremías, generoso, que acogía a todos amablemente, dándoles saludables consejos. Estableció su residencia en Misfa (v.24), con Jeremías por consejero (Jer 39:11-15; 40:1-6). Cierto Ismael, de estirpe real, sobornado por los amonitas, asesinó al prefecto y a todos los caldeos que estaban con él. Jeremías relata largamente este lamentable episodio (40:14-41:16). Por temor a represalias, el pueblo emigró a Egipto (Jer 42:17-18), arrastrando por la fuerza al profeta Jeremías (Jer 42:1-43:7). De esta manera desaparecía de Palestina aun el resto que había dejado Nabucodonosor.
Joaquín, fuera de la prisión (25:27-30)
27 El año treinta y siete de la cautividad de Joaquín, rey de Judá, el día veintisiete del duodécimo mes, Evil Merodac, rey de Babilonia, el año primero de su reinado, alzó la cabeza de Joaquín, rey de Judá, y le sacó de la prisión. 28 Le habló con benevolencia, y puso su trono por encima de los tronos de los reyes que con él estaban en Babilonia. 29 Le hizo quitar sus vestidos de preso, y ya siempre comió a su mesa todo el tiempo de su vida. 30 El rey proveyó constantemente a su mantenimiento todo el tiempo de su vida.

Estos versos se encuentran en Jer 52:31-34. Quiso Nabucodonosor vengar la muerte de Godolías enviando a Palestina un contingente militar que devastara el país y deportara a los que allí quedasen (Jer 52:30). Para reemplazarlos no se mandaron colonos de Babilonia; el país permaneció mucho tiempo abandonado, desierto, penetrando poco a poco en él los pueblos circunvecinos de los amonitas, árabes y edomitas. Los judíos fieles volvían sus ojos hacia la ciudad de Jerusalén, adonde acudían, según sus posibilidades, para orar y ofrecer sacrificios (Jer 41:4-5).
Pero el pueblo de Judá comía el pan del exilio, llorando su desgracia junto a los sauces de los ríos de Babilonia, acordándose de Sión (Sal 137:155). Dios los había arrojado de su heredad, de su presencia, a causa de sus muchos pecados. El exilio será una buena ocasión para que Israel reflexione sobre las causas de su desgracia y expíe su pecado con una sincera penitencia. Para el pueblo de Judá era también el exilio una pena medicinal. En Babilonia, Joaquín dejaba atrás los barrotes de la prisión y era admitido por Evil Merodac (561-559) en su mesa durante todo el tiempo de su vida. Los honores reales que se reconocen en él anuncian la gloria y la restauración judía (Jer 52:32-33). Dios no olvidaba a su pueblo, mostrándose fiel a su mucha misericordia aun en los momentos que le azotaba.

1 En cuanto a los tributos, dícese en el mencionado documento que Ezequías pagó treinta talentos de oro y ochocientos de plata," lo que puede explicarse o bien por una exageración del vencedor o porque el valor del talento babilonio difería del hebreo. Véase texto en Pritchard, 287-288; Parrot, 39. Estos hechos están avalados por otros relatos más cortos y menos solemnes. Un toro de Nínive lleva esta inscripción: "Devasté el gran distrito e Juda y sometí a su rey, Ezequías (Ha-sa-qi-a-a), el dominador y orgulloso." Otro texto Procedente de Nebí Yunus dice: "Devasté el gran distrito de Judá y puse los lazos de mi yueo sobre Ezequías, su rey" (Pritchard, 288; Parrot, 39).
2 "Construí — escribe — contra él (Ezequías) torres y castigaba a cualquiera que salía por la grande puerta de su ciudad. Las ciudades que había devastado las separé de su país y las entregué a Mi-ti-in-ti, rey de Azoto; a Padi-i, rey de Acarón, y a Ismien, rey de Gaza. Ezequías. me hizo llegar, más tarde, a Nínive, mi villa señorial: treinta talentos de oro, ochocientos talentos de plata, piedras preciosas., armas de guerra en gran número, con sus hijas, mujeres de palacio, cantores y cantoras. Envió sus mensajeros para entregar el tributo y hacer acto de obediencia" (Pritchard, 288; Parrot, 37-38).
3 Según De Vaux, se trata de un mismo acontecimiento narrado con otros detalles; tenemos, dice, dos relatos paralelos, dos maneras distintas de contar el mismo hecho (2 Re 18:17-19:9; 19:8-37). Esta opinión es compartida por A. Lods, Bible du Centenaire II Re 18:13, nota.; H. Haag, La campagne de Sénnachérib contre Jérusalem en 701: RB 58 (1951) 348-359; A. Parrot, l.c. En el texto se mencionan dos embajadas enviadas por Senaquerib, una con mensaje a Ezequías (18:19-25), y una arenga al pueblo (18:26-34). Por este motivo, Juan le Moyne (Les deux Ambassades de Sennachérb a Jérusalem: "Mélanges Robert," 149-153) niega exista homogeneidad en la sección 18:17-19:9. En efecto, en la primera embajada, Jerusalén no se halla cercada por el enemigo; en la segunda, sí (ν.30). Como hemos insinuado, hay autores que distinguen en todo este relato dos campañas distintas: una que tuvo lugar durante el año 701 (18:13-16) y otra posterior al año 693 (18:1755). Basan sus argumentos (Dhorme: RB [1910] 512; W. F. Albright: "Basor," 130 [1953] 8ss) en que el rey Taraca (Taharqa), faraón de la XXV dinastía (2 Re 19:9), empezó solamente a reinar en 690, siendo un niño de nueve años en 701.
4 A. Dupont-Sommer, Les Araméens (París 1949); Ídem, L'Ostracon ararnéen d'Assur: "Syria," 24 (1944) 24-61. 2 Más detalles sobre esta campaña pueden verse en P. Dhorme, Le Pays biblique et l'Assyrie (París 1911); J. Plessis, Babylone et la Bible: DBS 789-794; Parrot, Nínive et l'Ancien Testament 40-45.
1 Pliníq, Hist. Nat 23:7: San Jerónimo, In h: PL 24:398.
2 "Biblical Researches," vol.1 (1856) 13955.
3 Damos su traducción, incluyendo entre paréntesis las palabras que faltan en el texto a causa de haberse roto la piedra en varios pedazos en el momento de arrancarla de su lugar: "(lín.1; acabada) la perforación. Y ésta fue la historia de la perforación: mientras (los excavadores alzaban; 2) el pico el uno contra el otro y mientras quedaban todavía tres codo para excavar, se oyó la voz de un hombre que lia (3) maba a otro, porque había una hendidura en la roca de la derecha y de la (izquierda). Y en el día de la (4) perforación los mineros picaban uno contra otro, pico contra pico, y comenzó a correr (5) el agua de la fuente a la piscina (en un recorrido) de mil doscientos codos. Y cien (6) codos era la altura sobre la cabeza del minero" (D. Diringer, Le Iscrizioni anticoebraiche Palestinesi [ renze 1934] 81-110; H. Michaud, Sur la pierre et l'argile [París-Neuchátel 1958] 64-73/'
1 En cuanto a su rey, dice el prisma Β: "Abdi-Milkuti, que ante mis armas había huido al medio del mar, le pesqué fuera de él como a un pez, cortándole la cabeza" (Pritchard, 291) A este hecho hace referencia Amos al dirigirse a las mujeres de Samaría, diciendo: "vienen sobre vosotras días en que os levantarán con bicheros, y a vuestros descendientes con harpones" (4:2). En Sidón recibió el homenaje de los reyes siro-palestinenses, de Tiro (Baalu), de Judá (Me-na-si-i = Menasés), de Edom, Moab, Gaza, Acarón (pritchard, 291).
1 En un tiempo debió de estar colocado en el interior o sobre el arca de la alianza, entre los querubines, conforme a una costumbre existente entre los egipcios y los hititas, según la cual los documentos importantes, profanos y religiosos, se colocaban delante de los dioses para que los santificasen y consagrasen con su presencia. Así procedió Tutmosis con el relato de sus hazañas en Megiddo. Sobre todo poníanse bajo la protección de los dioses los textos legislativos. Hammurabi puso su famoso código en el templo de Marduk, en Babilonia y otros muchos santuarios.
2 S. A. Fríes, Die Gesetzschrift des Kónigs Josia (Leipzig 1903); E. Naville, La décou" verte de la Loi sous Josias (París 1910); J. Coppens, Le reforme de Josias. L'objet de la reforme de Josias et la loi trouvée par Helcias: ETL 5 (1928) 581-588.
1 J. Gadd, The Fall of Niniveh. The newly discovered Babylonian Chonicle, no. 21, 901, Jn the British Museum (Londres 1923); Pritchard, 304-305.
1 A. Vaccari, Le lettere de Lachis: Β 20 (1939) 180-199; R. De Vaux, Le ostraha de Lakhis: RB 48 (1939) 181-206; H. Michaud, Lc., 75-103. Para la campaña de Nabucodo-nosor en Palestina, véase A. Parrot, Babylone et V'Anden Testament (París 1956); D. J· Wiseman, Chronicles of Chaldean Kings (626-366) B.C Jirf the Britfsh Museum (Londres 1956) Pritqhard, 303-307.
1. R. De Vaux, Le Sceau de Godolias. Maíire du palais: RB 45 (1936) 96-102; Michaud l-c., 104-109.