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II Reyes
1. Historia Sincrónica de los Reyes (c.1-17)
Enfermedad de Ocozías (1:1-8)
1 Después de la muerte de Ajab, Moab se rebeló contra Israel. 2 Ocozías se cayó por una ventana del piso superior de su casa en Samaría y se hirió; y envió mensajeros, diciéndoles: "Id a consultar a Baalzebub, dios de Acarón, si curaré de estas mis heridas"; 3 pero el ángel de Yahvé dijo a Elías tisbita: "Levántate y sube al encuentro de los mensajeros del rey de Samaría y diles: ¿No hay Dios en Israel, para que vayáis a consultar a Baalzebub, dios de Acarón? 4 Por eso así dice Yahvé: No bajarás del lecho en que has subido, pues morirás," Y Elías se fue. 5 Volvieron los mensajeros a Ocozías, y él les preguntó: "¿Cómo os habéis vuelto?" 6 Y ellos respondieron: "Ha salido a nuestro encuentro un hombre y nos ha dicho: Id y volveos al rey que os ha mandado y decidle: Así habla Yahvé: ¿No hay Dios en Israel, para que mandes tú a consultar a Baalzebub, dios de Acarón? Por eso no bajarás tú del lecho a que has subido, pues morirás." 7 Ocozías les preguntó: "¿Qué trazas tenía el hombre que ha salido a vuestro encuentro y ha dicho eso?" 8 Ellos le respondieron: "Era un hombre vestido de pieles y con un cinturón de cuero a la cintura." Ocozías dijo: "Es Elías tisbita."

De Ocozías se ocupó brevemente el libro I de los Reyes (22:52-54), enjuiciándolo desde el punto de vista religioso. Por un lado conservaba el culto a Yahvé; por otro entregóse a la idolatría, rindiendo culto a Baal. En castigo de su conducta permitió Dios que se rebelara el rey de Moab, Mesa, negándose a pagar los tributos que le había impuesto Omri (1 Re 16:28) y buscando la independencia total (2 Re 3:455). Fue también efecto de su conducta idolátrica la caída que sufrió en su palacio, y que le acarreó la muerte.
En todo trance difícil iban los hebreos a consultar a Yahvé. El impío Ocozías consultó al dios de Acarón (Jos 13:3; Jue 1:18; 1 Sara 5:10). El nombre del dios es una forma de Baal (1 Sam 7:4) 1.
Por orden de Dios, comunicó Elías a los enviados del rey que su monarca moriría de aquella caída. Ante aquella noticia regresaron precipitadamente a palacio. A los enviados les había llamado la atención la manera de vestir de aquel hombre, al que llaman baal sear — maestro del pelo, por llevar vestidos de piel. La capa de Elías flotaba al aire, no estando atada a la cintura por un cinturón de cuero (Mt 3:4; Me 1:6). Debajo de la misma llevaba un vestido de piel, que sujetaba alrededor de la cintura para marchar mejor (1 Re 18,46). Este vestido, característico en un principio del profeta Elías, fue adoptado posteriormente por otros profetas 2.
En basca de Elías (1:9-16)
9 Mandó a él un quincuagenario con sus cincuenta hombres. Subió el jefe a Elías, que estaba sentado en la cumbre de la montaña, y le dijo: "Hombre de Dios, el rey dice: Baja." 10 Elías respondió al jefe de los cincuenta: "Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te abrase a ti y a tus cincuenta hombres." Y bajó fuego del cielo y le devoró con sus cincuenta hombres. 11 Ocozías mandó a él a otro quincuagenario con sus cincuenta hombres. El quincuagenario habló a Elías y le dijo: "Hombre de Dios, he aquí lo que dice el rey: Baja en seguida." 12 Elías le respondió: "Si soy hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore a ti y a tus cincuenta hombres." Y bajó del cielo fuego que le devoró a él y a sus cincuenta hombres. 13 Mandó de nuevo Ocozías, por tercera vez, a un quincuagenario con sus cincuenta hombres. Este tercero subió, y a su llegada se prosternó ante Elías suplicándole, y le dijo: "Hombre de Dios, sea preciosa a tus ojos mi vida y la vida de tus siervos. 14 Fuego del cielo ha bajado y ha devorado a los dos primeros quincuagenarios y a sus cincuenta hombres; pero ahora sea a tus ojos preciosa mi vida." 15 El ángel de Yahvé dijo a Elías: "Baja con él. Nada temas de él." Elías se levantó y bajó con él para dirigirse al rey; 16 y dijo a éste: "Así habla Yahvé: Por haber mandado mensajeros para consultar a Baalzebub, dios de Acarón, como si no hubiera en Israel Dios a quien poder consultar, no bajarás del lecho a que has subido, pues morirás."

No sabemos sobre qué montaña se encontraba Elías, pero es de suponer que estaba sobre un altozano de los alrededores de Samaría. El jefe que estaba al mando de los cincuenta hombres (Is 3:3) llama a Elías "hombre de Dios" (1 Re 17:17-24). La expresión "hombre de Dios" debía de ser entre los soldados, gente descreída, una expresión despectiva. El profeta, tomando pie de la misma, demuestra que de verdad es varón de Dios, pues Yahvé obra por él prodigios terribles. La historia que aquí se narra es análoga a la de 1 Re 13:24; 2 Re 7:2-27, destinadas ambas narraciones a inculcar el respeto que se debe a los representantes de Dios. En lenguaje bíblico, el rayo es llamado "fuego del cielo" (Núm 11:1; 16:351 1 Re 18:38).
Muerte de Ocozías (1:17-18)
17 Ocozías murió, según la palabra de Yahvé por medio de Elías, y le sucedió su hermano Joram, el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá, pues aquél no tenía hijos.18 El resto de los hechos de Ocozías, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

Al no tener hijos, Ocozías dejó a su hermano Joram (852-841) como sucesor suyo. El reino de Israel hundíase cada vez más en la idolatría. En las Ostrakas de Samaría aparece muchas veces el nombre de Yahvé y se citan personajes con nombres teóforos, lo que demuestra que todavía existían allí personas adictas a la religión de sus padres. Pero el hecho de llevar un nombre compuesto con la palabra Yahvé no indica necesariamente un yahvismo auténtico, ya que el mismo Ajab lo impuso a su hija Atalía y a sus dos hijos (Mediebelle).

1 Según los textos hallados en Rash Shamra, el nombre primitivo del dios era Baal-Zebul, Que aparece en el Nuevo Testamento como sinónimo de "príncipe de los demonios" (Mt 10:25 ; 12:24-27; Lc 11:15), cuyo significado originario era de Baal el sublime, o el príncipe. El texto hebraico, por menosprecio a esta falsa divinidad, transformó aquel nombre en Baal de las Coscas. Los LXX y Flavio Josefo traducen el dios mosca. Por el mismo Rash Shamra sabemos que zebul significaba también habitación, morada. Los cananeos rendían culto a un dios que tenia su morada en las profundidades de la tierra, de donde su título de Beel Zebul o Beel Ars, el maestro de la tierra (R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra et V anclen Testament paris 1937]; W. H. Albright: "Basor" 42 [1932] 17)·
2 De Vaux, Elie; P. Jouon, La cosíame d'Elie et celui dejean Baptiste: Β ιό (1935) 74-8
Elías, Arrebatado al Cielo
Esta narracion es considerada como perteneciente al ciclo de Elíseo, con la finalidad de probar que éste era su legítimo sucesor, o como parte integrante de la historia de Elías, admitiendo que se formó a su muerte. El ciclo de Elíseo se caracteriza por referir algunos episodios aislados de la vida privada de Elíseo sin datos cronológicos ni detalles sobre lugares y personas. Pudo esta perícopa haber sido redactada durante la primera mitad del siglo VIII a.C. (De Vaux).
De Caígala a Jericó (2:1-8)
1 Aconteció que, cuando quiso Yahvé arrebatar al cielo a Elías en un torbellino, salió Elías de Caígala con Elíseo, 2 y dijo a Elíseo: "Quédate aquí, te ruego, pues Yahvé me manda ir a Betel." Elíseo respondió: "Vive Yahvé, y vives tú, que no te dejaré." Y bajaron ambos a Betel. 3 Los hijos de los profetas que había en Betel salieron al encuentro de Elíseo y le dijeron: "¿Sabes tú que Yahvé alzará hoy a tu señor sobre tu cabeza?" El respondió: "Sí, lo sé; callad." 4 Elías le dijo: "Elíseo, quédate aquí, te lo ruego, pues Yahvé me manda ir a Jericó." El le respondió: "Por la vida de Yahvé y por tu vida que no te dejaré." Y llegaron a Jericó. 5 Los hijos de los profetas que había en Jericó se acercaron a Elíseo y le dijeron: "¿Sabes tú que hoy ya a elevar Yahvé a tu señor sobre tu cabeza?" Y él les respondió: "Sí, lo sé; callad." 6 Elías le dijo: "Quédate aquí, te lo ruego, pues Yahvé me manda ir al Jordán." Y él le respondió: "Por la vida de Yahvé y por tu vida que no te dejaré." Y siguieron ambos su camino. 7 Vinieron cincuenta hombres de los hijos de los profetas y se pararon enfrente, a distancia, y ellos dos siguieron, parándose a la orilla del Jordán. 8 Tomo entonces Elías su manto, lo dobló y golpeó con él las aguas, que se partieron de un lado y de otro, pasando los dos a pie enjuto.

Discípulo y maestro salieron de Caígala y, a través de Betel y desierto de Judá, marcharon en dirección a Jericó. Se encontraba Caígala sobre una colina escarpada, a doce kilómetros al norte de Betel, en el lugar conocido hoy por Gilgilia. Desde este lugar a Jericó se calcula una distancia de veintisiete kilómetros. El relato da a entender que el momento era solemne, patético y sublime, cargado de misterio. Todos los círculos proféticos barruntaban que algo muy importante se avecinaba, pero ignoraban cuándo, cómo y de qué se trataba. Elías forcejea para deshacerse de la compañía de su discípulo, significándole implícitamente que su presencia le era embarazosa. La primera vez pide le permita marchar a Betel, adonde Dios le manda. Elías no le revelaba el término del viaje; solamente le habla de las diversas etapas. Al llegar a Betel, "los hijos de los profetas" comunicaron a Elíseo el rumor que circulaba acerca de la desaparición próxima de Elías. Bajo la denominación de "hijos de los profetas" se puede entender, o bien los profetas en cuanto formaban parte de una cofradía o colectividad, o de discípulos que se formaban bajo la dirección de un maestro para llegar a ser profeta (1 Sam 10:5-12; 19:20-24; 1 Re 20:35). Debía de ser Betel sede de muchos celadores fervorosos de la casa de Yahvé, sobre los que veremos a Elíseo ejercer mucha influencia.
Paso del Jordán (2:9-10)
9 Cuando hubieron pasado, dijo Elías a Elíseo: "Pídeme lo que quieras que haga por ti antes que sea apartado de ti." Y Elíseo le dijo: "Que tenga yo dos partes en tu espíritu." 10 Elías le dijo: "Difícil cosa has pedido. Si cuando yo sea arrebatado de ti me vieres, así será; si no, no."

Las aguas del Jordán interceptaron el paso de los dos misteriosos viajeros; pero Elías, con naturalidad, se despojó de su manto, doblóle y golpeó con él las aguas, que se partieron para dejarles paso libre. El manto es símbolo de la personalidad. A la muerte de Elías pasará en posesión de Elíseo, que realizará con él el mismo milagro que su maestro. Las aguas se dividieron como en tiempos de Moisés hicieron las del mar Rojo (Ex 14:21) y las del Jordán en los días de Josué (Jos 3:13). Llegados a la otra orilla, manifestó Elías a Elíseo que había llegado el momento de separarse; pero, en prueba de afección y estima, quiere dejarle un recuerdo, invitándole a que pida lo que quiera. A lo que respondió Elíseo: "Que venga sobre mí una doble parte de tu espíritu" (literalmente: "una parte de dos"). La frase de explica rectamente en caso de relacionarla con Deut 21:17, en donde se dice que los bienes que deja el padre de familia se dividen en tres partes, recibiendo el primogénito "dos partes del todo." La iconografía cristiana ha representado este doble espíritu por el águila a dos cabezas, que es el emblema de Elíseo. Elías responde que no está en su mano concederle lo que pide; pero no se lo niega.
Rapto de Elías (2:11-14)
11 Siguieron andando y hablando, y he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego separó a uno de otro, y Elías subía al cielo en el torbellino. 12 Elíseo miraba y clamaba: "¡Padre mío! ¡Carro de Israel y auriga suyo!" Y no le vio más, y, cogiendo sus vestidos, los rasgó en dos trozos, 13 y cogió el manto de Elías, que éste había dejado caer. Volvióse después, y, parándose a la orilla del Jordán, 14 tomo el manto que Elías había dejado caer, golpeó con él las aguas, diciendo: "¿Dónde está ahora Yahvé, el Dios de Elías?" Y en cuanto golpeó las aguas, se partieron éstas de un lado y de otro y pasó Elíseo.

Mientras hablaban, un carro de fuego y dos caballos también de fuego se interpusieron entre los dos, y Elías subió al cielo en un torbellino. Caballos y carro de fuego aparecen en la visión de Elíseo (6:17). Según Ez 1:15, el fuego, el torbellino y el carro son elementos de la majestad de Yahvé, que apareció para llevarse consigo a Elías. Este rapto de Elías se recuerda en i Mac 2:58; Ecl 48:9. Elíseo pudo seguir con la vista lo que a los ojos humanos profanos no era dado ver (6:17). Una vez desapareció Elías de su vista, en señal de duelo rasgó Elíseo sus vestiduras (1 Sam 4:12; 2 Sam 1:2); o también podemos entender la acción en el sentido de que Elíseo vestirá en adelante el manto de Elías. El lugar donde se produjo este acontecimiento se coloca en una colina al este del Jordán, junto al wadi kharrar 1.
Por los detalles que da el texto, comparados con los que aparecen en otros lugares bíblicos (Ecl 48:9; 1 Mac 2:58), se deduce que Elías fue arrebatado violentamente en alas de un torbellino; el carro y los caballos sirvieron únicamente para separar a los dos profetas. Elíseo fue el único que contempló la desaparición misteriosa de su maestro.
Podemos buscar, dice Steinmann, los orígenes psicológicos de esta visión de Elíseo, como se hace con la de Amos o de Isaías. A los ojos de los profetas como de sus contemporáneos, Yahvé, maestro del universo, habita en los cielos. Tiene a su disposición ejércitos concebidos a imagen de los de la tierra, con caballos de fuego y carros de guerra. Es posible que el hombre encuentre a Yahvé sobre la tierra, sobre el Horeb, como fue el caso de Moisés Y del mismo Elías, o en Betel, donde lo encontró Amos (9:1), o en el templo de Jerusalén, como Isaías. Pero, en este caso extremo, Yahvé convoca cerca de sí, en pleno cielo, a un profeta, con el que se quiere comunicar directamente. En este sentido, el rapto de •Elías es como la teofanía de Horeb. Es una visita, un rendezvous del profeta a la corte celestial, en cuyas deliberaciones asistió en visión Miqueas (1 Re 22:19-22). Con palabras modernas, diríamos hoy que Elías, en presencia de su discípulo Elíseo, tuvo un transporte extático 2.
Sin embargo, es preciso admitir un milagro, al menos quoad modum, en la desaparición de Elías. ¿Adonde fue trasladado? Esta cuestión se relaciona con la de su muerte. Del texto que examinamos no podemos deducir si Elías murió o no; el testimonio dudoso de Ecl 48:11 de que Elías vive todavía se basa en una reconstrucción hipotética de un texto mutilado. Elíseo prohíbe a los hijos de los profetas que lo busquen (v. 16-17); pero no se pronuncia abiertamente en pro o en contra de su muerte. Aunque el texto sagrado, escribe Garofalo, da la impresión de que Elías no murió, no se puede, sin embargo, concluir que lo afirme. De todos modos no puede apelarse al hecho de que, si Elías hubiese muerto, no habría su cuerpo recibido sepultura, lo que era considerado por los hebreos como castigo grave y una desgracia. También la sepultura de Moisés está envuelta en un misterio (Deut 34:6). La tradición cristiana, con la hebraica — no siendo posible determinar en qué medida aquélla depende de ésta —, habla de que Elías no murió, pero no consta que el mencionado hecho esté en conexión explícita con la fe en tanto que la Iglesia no se pronuncie sobre este punto.
Se habla de la vuelta de Elías antes del "día del Señor" en Mal 3; 1:23-24; Ecl 48:10. En tiempos de Cristo se esperaba la vuelta de Elías (Mt 11:14; 16:14; Mc 6:15; 8:28; 9:11; Lc 9:9-19; Jn 1:21). Cristo definio la cuestión diciendo que "Elías ha venido ya" (Mc 9:13). Es Elías el que revive en la persona del Bautista para preparar los caminos del Mesías; es Elías el que aparece también en el momento del tránsito de la Antigua a la Nueva Alianza, como si quisiera retransmitir a las nuevas generaciones la antorcha de la profecía, eterna como el Espíritu de Dios 3.
Búsqueda inútil (2:15-25)
15 Los hijos de los profetas que había en Jericó frente por frente, habiéndole visto, dijeron: "El espíritu de Elías reposa sobre Elíseo." Y le salieron al encuentro y se prosternaron ante él rostro a tierra, 16 diciendo: "Hay entre tus siervos cincuenta hombres fuertes que, si quieres, irán en busca de tu señor; quizá el espíritu de Yahvé le ha llevado y le ha echado contra algún monte o algún valle." El les respondió: "No, no los mandéis." 17 Pero ellos le importunaron, hasta que por fin dijo: "Mandadlos." Mandaron ellos a los cincuenta, que estuvieron durante tres días buscando a Elías, pero no lo hallaron.18 Cuando estuvieron de vuelta, Elíseo, que continuaba en Jericó, les dijo: "¿No os decía yo que no fuerais?" 19 Las gentes de la ciudad dijeron a Elíseo: "El sitio de la ciudad es bueno, como lo ve mi señor; pero las aguas son malas, y la tierra, estéril." 20 £1 les dijo: "Traedme un plato nuevo y poned sal en él." Trajé-ronselo ellos, 21 y" yendo a la fuente de las aguas, echó en ella la sal, diciendo: "Así dice Yahvé: Yo saneo estas aguas y no saldrá de ellas en adelante ni muerte ni esterilidad"; 22 y las aguas quedaron saneadas hasta el día de hoy, como lo había dicho Elíseo. 23 De allí subió a Betel, y, según iba por la pendiente, salieron de la ciudad unos muchachos y se burlaban de él, diciéndole: "¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!" 24 Volvióse él a mirarlos y los maldijo en nombre de Yahvé; y saliendo del bosque dos osos, destrozaron a cuarenta y dos de los muchachos. 25 De allí subió al monte Carmel, desde donde se volvió a Samaría.

De regreso tomó Elíseo el manto de Elías, golpeó con él las aguas del Jordán, que se abrieron, pasando al otro lado. Con este milagro demostraba Dios que el poder taumatúrgico de Elías lo había heredado Elíseo. Los cincuenta profetas que habían seguido sus pasos (v.7) le reconocieron inmediatamente por maestro suyo, postrándose en tierra en señal de acatamiento a sus órdenes. Dado que Elías aparecía y desaparecía como un meteoro, los discípulos de los profetas propusieron a Elíseo organizar una búsqueda a fondo, a lo que se opuso éste. ¿Dónde estaba Elías? No creían ellos que su desaparición fuese definitiva, ni tampoco Elíseo les dio una respuesta categórica sobre su paradero; su destino era un misterio. Los hijos de los profetas no soñaban siquiera en la posibilidad de que Elías hubiese sido arrebatado al cielo.
Con otro milagro prueba Elíseo que es el heredero del espíritu de Elías. Las aguas de Jericó eran malas tanto para beber como para el regadío. Pide un plato nuevo con un poco de sal. Para que la sal conserve su virtud de purificar, debe colocarse en una escudilla que no haya servido para ningún uso profano.
Un tercer hecho extraordinario atestigua la virtud que poseía Elíseo. Al llegar a Betel fue recibido entusiásticamente por la corporación de los profetas, pero su presencia despertó la hostilidad de los partidarios del becerro de oro, que instigaron a un nutrido grupo de niños a que se mofaran del profeta, gritándole: "¡Sube, calvo!" (ale, quereah), aludiendo quizá al cerquillo o tonsura que denotaba su carácter profético (1 Re 20:41). Pero es posible que Elíseo fuera calvo del todo (Lev 13:40-41). Dos osos destrozaron a cuarenta y dos de aquellos insolentes burlones. Se pretende disminuir el estrago diciendo que los osos limitáronse a sembrar el pánico entre la muchachada, que huyó a la desbandada. Como anota Dhorme, ni Elías ni Elíseo son modelos de mansedumbre. Su conducta contrasta con la que recomienda Jesús: "Dejad que los niños se acerquen a mí" (Mt 19:,14; Mc 10:14; Lc 18:16). Elíseo fijó su residencia en el monte Carmelo, desde donde encaminábase con frecuencia a Samaría.
Joram, en pie de guerra (3:1-8)
1 Joram, hijo de Ajab, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá y reinó doce años. 2 Hizo el mal a los ojos de Yahvé, no tanto, sin embargo, como su padre y su madre. Derribó los cipos dé Baal que había hecho su padre, 3 pero se dio a los pecados con que Jeroboam, hijo de Nabat, había hzcho pecar a Israel, y no se apartó de ellos. 4 Mesa, rey de Moab, tenía muchos ganados y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con su lana. 5 A la muerte de Ajab, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel. 6 Entonces el rey Joram salió de Samaría y revistó a Israel y se puso en marcha, 7 mandando decir a Josafat, rey de Judá: "El rey de Moab se ha rebelado contra mí" ¿Quieres venir conmigo para atacar a Moab?" Josafat respondió: "Iré yo como tú, mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos." 8 Y preguntó: "¿Por qué camino subiremos?" Y Joram dijo: "Por el camino del desierto de Edom."

Vimos que a Ocozías (853-852) sucedió en el trono su hermano Joram (852-841). En Judá reinaba su homónimo Joram (848-841), hijo de Josafat (870-848). Con el advenimiento de Joram suavizóse la tensión religiosa imperante en Israel, contribuyendo a ello la acción de Elíseo. Joram demolió los cipos de los baales que había construido su padre por indicación de su mujer Jezabel (1 Re 16:29-33)· Sin embargo, por conveniencias políticas, dejó en pie los antiguas santuarios religiosos erigidos por Jeroboam, rivales del templo de Jerusalén (1 Re 12:29).
En tiempos de Omri extendió Israel sus dominios sobre Moab, en una de cuyas ciudades, Madaba, fue colocada una guarnición para urgir el cumplimiento del fuerte tributo impuesto. Al morir Ajab, hubo una tentativa por parte de Mesa de sacudir el yugo irsaelita (1:1). Durante el reinado de Joram probó fortuna nuevamente. Joram salió de Samaría y pasó revista a Israel; mandó después un mensaje al rey de Judá, llamado también Joram, pidiéndole su colaboración en la campaña contra Moab (1 Re 22:4). En los v.11; 12; 14 se dice que Josafat era rey de Judá; en un principio, el texto no lo citaba por su nombre; pero más tarde, en atención a la piedad de Josafat y a la analogía de esta acción con la de 1 Re c.22, un escriba introdujo el nombre de Josafat en vez del de Joram. Por aquel entonces, Edom dependía de Judá (2 Sam 8:14). Esta circunstancia favoreció los planes de Joram de atacar a Moab por el sur a través de las fronteras septentrionales de Edom.
En busca de un profeta (3:9-14)
9 Partieron el rey de Israel, el rey de Judá y el rey de Edom; y después de siete días de marcha faltó el agua para el ejército y para el ganado que le seguía. 10 Entonces el rey de Israel dijo: "¡Ay! Yahvé ha reunido a tres reyes para entregarlos en manos de Moab." 11 Pero Josafat dijo: "¿No hay aquí ningún profeta de Yahvé?" Uno de los servidores del rey de Israel dijo: "Sí, aquí está Elíseo, hijo de Safat, que es el que daba aguamanos a Elías." 12 El rey de Judá dijo: "La palabra de Yahvé es con él." El rey de Israel y el rey de Judá y el rey de Edom bajaron en busca suya. 13 Elíseo dijo al rey de Israel: "¿Qué tengo yo que ver contigo? Ve a los profetas de tu padre." El rey de Israel le dijo: "No, es que ha reunido Yahvé tres reyes para entregarlos en manos de Moab." 14 Elíseo dijo: "Vive Yahvé Sebaot, a quien sirvo, que, si no fuera por respeto al rey de Judá, a ti ni te atendería ni te miraría siquiera."

Los tres reyes emprendieron la marcha por los arenales al sur del mar Muerto, avanzando hacia el nordeste. Era primavera; no contaron los inexpertos monarcas con el agua, tan importante en el desierto para proveer a todo un ejército. Los dos reyes, de Israel y de Judá, conocían la existencia de Elíseo, que comenzó por ser el servidor de Elías, siendo una de sus misiones derramar el agua en las manos del profeta para purificárselas (Mt 15:2; Mc 7:3; Lc 11:38). Elíseo demuestra gran indiferencia por el rey de Israel, recordándole los profetas de Baal al servicio de su padre (1 Re 18:19; 19:1). Pero, en atención al rey de Judá, plegóse al ruego que le hicieron.
Elíseo profetiza (3:15-20)
15 "Traedme, pues, un tañedor de arpa." Mientras el arpista tocaba el arpa, fue sobre Elíseo la mano de Yahvé, 16 y dijo: "Así habla Yahvé: Id y haced en el valle muchas zanjas. 17 Porque así dice Yahvé: No veréis viento ni veréis lluvia, y el valle se llenará de agua, y beberéis vosotros, vuestro ejército y vuestro ganado. 18 Pero todo esto es poca cosa a los ojos de Yahvé. Yahvé entregará a Moab en vuestras manos; 19 tomaréis todas las plazas fuertes, talaréis todos los árboles frutales y cegaréis todos los manantiales de agua, y destruiréis, cubriéndola de piedras, toda la tierra fértil." 20 Por la mañana, a la hora de la presentación de la ofrenda, vino el agua del camino del desierto de Sur por la parte de Edom, y la tierra toda se llenó de agua.

Tenemos en la Biblia otros ejemplos sobre el uso de instrumentos músicos para despertar la inspiración profética (1 Sam 10:5ss; 16.23; 18:10; 19:20). Al son del arpa, el espíritu de Yahvé púsose sobre Elíseo, o, como dice el texto, "fue sobre Elíseo la mano de Yahvé" (1 Re 18:46), profiriendo en este estado dos oráculos. Promete a los reyes de Israel y de Judá que tendrán agua en abundancia, que llegará sin viento ni lluvia. A veces furiosas tormentas se desencadenan en la meseta transjordánica, tomando las aguas un curso impetuoso en dirección al Ghor o al mar Muerto. Por esta causa vieron los reyes en la madrugada que las aguas bajaban por el camino de Edom. Las grandes zanjas que debían abrir cortarían el curso de las mismas, poniéndolas al servicio de hombres y anídales. La segunda promesa se refiere a la victoria sobre Moab,
Derrota y huida de Moab (3:21-27)
21 Entre tanto, los moabitas, sabiendo que subían los reyes a atacarlos, reunieron a cuantos estaban en edad de empuñar las armas y se pusieron en la frontera. 22 Al levantarse por la mañana y ver brillar el sol sobre las aguas, a los de Moab les parecieron las aguas desde lejos como si fueran sangre; 23 y se dijeron: "Es sangre; los reyes se han vuelto uno contra otro, y unos a otros se han matado. ¡Hala, pues, Moab, a la presa!" 24 Mas cuando llegaron al campo de Israel, alzáronse los israelitas y destrozaron a los de Moab, que se pusieron en huida delante de ellos. Siguieron en la fuga hiriendo a los de Moab, 25 y asolaron sus ciudades, y en todas las tierras fértiles echó cada uno su piedra, llenándolas de ellas; cegaron los manantiales de aguas y talaron los árboles frutales. Sólo quedó Quir Jareset, que rodearon los honderos, arrojando sobre ella sus tiros. 26 Viendo el rey de Moab que llevaba lo peor en la batalla, hizo una salida con setecientos hombres de guerra para ver de desbaratar al rey de Edom. No pudo conseguirlo; 27 y entonces, tomando a su primogénito, al que había de reinar después de él, le ofreció en holocausto sobre la muralla. Se desató entonces gran cólera contra Israel, que, retirándose de allí, se volvió a su tierra.

Moab dispúsose al ataque. A los primeros rayos del sol, y a consecuencia de las tormentas producidas en un punto muy distante hacia el norte, tenían las aguas color de sangre, lo que interpretaron en el sentido de que los reyes aliados habían combatido uno contra otro. Confiados en esta creencia y no contando con una resistencia armada, avanzaron los moabitas alegres y confiados hacia el campo enemigo. Pronto cayeron en la cuenta de que se habían equivocado. Los vencedores devastaron toda la región, talando árboles, cegando pozos y sembrando de piedras los campos de cultivo. Pusieron cerco a la capital Quir Jareset, hoy Kerak (Is 16:1-11; Jer 48:31-36), durante el cual Mesa, su rey, en el paroxismo de la desesperación, tomó a su hijo mayor y, a la vista de todos, sobre la muralla, lo sacrificó. Según Lev 18:21; 20:2, el culto de Moloc comportaba tales sacrificios. Atribuía Mesa la derrota de su ejército a la ira del dios Kamos, al que quiso aplacar con la oblación de su hijo. Filón de Byblos escribe que en las grandes calamidades solían los antiguos sacrificar a la divinidad al hijo más querido en aras de la salvación de todos 1.
El capítulo termina con unas palabras enigmáticas, que se prestan a variadas interpretaciones. Para algunos exegetas, los israelitas se indignaron al ver el sacrificio del hijo de Mesa y, horrorizados de lo que veían sus ojos, abandonaron la ciudad y se fueron. Creen otros en una indignación de Kamos contra los israelitas, los cuales, heridos por la peste o rechazados por una salida inesperada de los sitiados, viéronse constreñidos a levantar el cerco y escapar. Finalmente, pudo Yahvé indignarse contra los israelitas por algún pecado cometido. La opinión más en boga hoy ve en la frase una derrota de los israelitas y la victoria de Moab, en cuya memoria el rey Mesa erigió su famoso obelisco. Lo cierto es que, después de este hecho de armas, los moabitas recuperaron su independencia, ejemplo que imitó también Edom.

1 Según los textos hallados en Rash Shamra, el nombre primitivo del dios era Baal-Zebul, Que aparece en el Nuevo Testamento como sinónimo de "príncipe de los demonios" (Mt 10:25 ; 12:24-27; Lc 11:15), cuyo significado originario era de Baal el sublime, o el príncipe. El texto hebraico, por menosprecio a esta falsa divinidad, transformó aquel nombre en Baal de las Coscas. Los LXX y Flavio Josefo traducen el dios mosca. Por el mismo Rash Shamra sabemos que zebul significaba también habitación, morada. Los cananeos rendían culto a un dios que tenia su morada en las profundidades de la tierra, de donde su título de Beel Zebul o Beel Ars, el maestro de la tierra R. Dussaud, Les découvertes de Ras Shamra et V anclen Testament paris 1937; W. H. Albright: "Basor" 42 1932 17)·
2 De Vaux, Elie; P. Jouon, La cosíame d'Elie et celui dejean Baptiste: Β ιό (1935) 74-8
1 RB 41 (1932) 237-252; "La Terra Santa," 23 (1948) 43-50.
2 Elie dam l'Ancien Testament l.c., 113.
3 M. E. boismard, Elie dans le Nouveau Testament: "Elie," l.c., 128; G. Perrelia, Num Henoch et Elías a morte immunes?: "Dívus Thomas," 39 (1936) 395-398; A. di Guglielmo, Dissertatio exegetica de reditu Eliae (Jerusalén 1938); R. Kittel, Theolosisches Worterbuch II 930-943-
1 Eusebio, Praep. Evang. 4:16: PG 21:273.
El Monolito de Mesa
La situación política de Moab nos es conocida principalmente, por la famosa inscripción del rey Mesa encontrada en Dibón, al noroeste del mar Muerto, el año 1868. Mide 1:13 por 0,70 metros; consta de treinta y cuatro líneas, de las cuales las últimas se han conservado en mal estado. Probablemente el monolito remonta al año 842 antes de Cristo, siendo por consiguiente, contemporáneo del rey Mesa, por cuyo mandato se llevó a cabo la famosa inscripción, que reproducimos en castellano:

"(1) Yo soy Mesa, hijo de Kamos, rey de Moab, el (2) dibonita. Mi padre reinó treinta años sobre Moab y yo reí (3) né después de mi padre. Levanté este lugar alto para Kamos en Qorhah (que el texto bíblico llama Quir Jareset), lugar alto de sal (4) vación, por haberme salvado de todos los ataques y concederme haber visto la victoria sobre todos mis enemigos. En cuanto a Omri, (5) rey de Israel, oprimió a Moab durante mucho tiempo, porque Kamos habíase irritado contra su (6) país. Le sucedió su hijo, que díjose también: Oprimiré a Moab. Fue en mi tiempo que habló así, (7) y yo me he alegrado de la victoria sobre él y sobre su casa, en tanto que Israel ha perecido para siempre. Ahora bien, Omri había ocupado el país (8) de Madaba, e Israel habitó allí en su tiempo y durante parte de la vida de su hijo, cuarenta años; pero (9) Kamos me lo ha devuelto durante mis días. He edificado Baal-Meón, donde hice un estanque; (10) he edificado Qaryaten. Los hombres de Gad habitaban desde siempre en el país de Atarot, donde el rey de Israel habíase construido (i i) Atarot para él. Ataqué la ciudad y la tomé, matando a todo el pueblo de (12) la ciudad, a fin de saciar a Kamos y Moab. De allí saqué cautivo a Ariel, su jefe (literalmente su dawid) y le (13) llevé delante de Kamos en Queriat. Instalé allí gentes de Sarón y gentes de (14) Maharot. Y Kamos me dijo: "Vete y toma Nebo a Israel." Fui (15) de noche y combatí contra ella desde el amanecer hasta el mediodía. La (16) tomé, matando a todos: siete mil hombres en la fuerza de la edad y viejos, mujeres en la fuerza de la edad y ancianas (17) y concubinas, que entregué a Astar-Kamos en anatema. Y tomé de allí los utensilios (18) de Yahvé, que puse delante de Kamos. Pues el rey de Israel había edificado (19) Yahas, donde habitaba cuando combatía contra mí. Pero Kamos lo arrojó lejos de mí. (20) Tomé doscientos hombres de Moab, todos sus jefes, que conduje contra Yahas, (21) anexionándola a Dibón. Soy yo quien ha edificado Qorhah, el muro del bosque, la muralla de la (22) ciudadela; fui yo el que construyó sus puertas y el que levantó sus torres. (23) Soy yo quien ha construido el palacio real y el que ha fabricado los muros que sostienen el estanque para las aguas en medio de (24) la ciudad. No había cisterna dentro de la ciudad, en Qorhah; di entonces la orden a todo el pueblo: (25) Que cada uno edifique una cisterna en su casa." Hice abrir zanjas para Qorhah a los (26) prisioneros de Israel. Fui yo quien construyó Aroer y el ie abrió la ruta en el valle del Arnón. (27) Fui yo el que construyó Betoth, que estaba destruida; yo reconstruí Betser, que estaba en ruinas, con cincuenta hombres de Dibón, porque Dibón está bajo mi obediencía. Reiné (29) sobre un centenar de ciudades que había anexionado al país de Moab. Fui yo quien levantó (30) también Medeba y Bet-Diblaten es cuanto a Beel Baal Meón, llevé yo allí viñadores (31) y pastores para el ganado menor del país. En cuanto a Hauronén habitaba. (32) Kamos rne dijo: "Desciende, combate contra Hauronén"; bajé y (33) combatí contra ella y la tomé. Y habitó allí Kamos en mi tiempo. de allí. (34) la lluvia cayó abundante."

De la inscripción de Mesa se deduce que el rey de Moab la escribió en un momento eufórico por su victoria sobre Israel. Gomo puede observarse, los reveses y las victorias se atribuyen al dios nacional Kamos. Como en Israel, las ciudades enemigas eran entregadas al anatema de destrucción i.
Poder taumatúrgico de Elíseo
En esta sección ha recogido el autor sagrado algunas anécdotas relacionadas con Elíseo para confirmar que recibió de Elías el don de hacer milagros, al que incluso superó. Con estos hechos extraordinarios sirvió a la causa del yahvismo, confirmando con hechos extraordinarios sus enseñanzas religiosas. Repetidas veces se inmiscuyó en la vida política de Israel, tratando de oponerse al avance de la idolatría. Como Elías, su apostolado fue oral. Toda la narración tiene sabor popular y folklórico; los hechos narrados formaban parte de una colección más amplia.
El aceite de la viuda (4:1-7)
1 Una mujer de las de los hijos de los profetas clamó a Elíseo, diciendo: "Tu siervo, mi marido, ha muerto, y bien sabes tú que mi marido era temeroso de Yahvé; ahora un acreedor ha venido para tomar a mis dos hijos y hacerlos esclavos." 2 Elíseo le dijo: "¿Qué puedo yo hacer por ti? Dime: ¿Qué tienes en tu casa?" Ella le respondió: "Tu sierva no tiene en casa absolutamente nada más que una vasija de aceite," 3 El le dijo: "Vete a pedir fuera a todos los vecinos vasijas vacías, y no pidas pocas. 4 Cuando vuelvas a casa, cierra la puerta tras de ti y tras de tus hijos y echa en todas esas vasijas el aceite, poniéndolas aparte conforme vayan llenándose." 5 Entonces ella se alejó, cerró la puerta tras de sí y de sus hijos; y éstos fueron presentándole las vasijas, y ella las llenaba. 6 Cuando estuvieron llenas todas las vasijas, dijo a su hijo: "Dame otra vasija"; pero él le respondió: "Ya no hay más." Estacionóse entonces el aceite, 7 y ella fue a dar cuenta al hombre de Dios, que le dijo: "Vete a vender el aceite y paga la deuda; y de lo que te quede vive tú y tus hijos."

Una viuda de un profeta acudió a Elíseo para que le solucionara un asunto grave. El profeta, temeroso de Dios, murió, dejando a la viuda algunas deudas. No teniendo ésta con qué pagar, el acreedor, parándose en la ley (Lev 25:39-41; Am 2:6; 8:6; Mt 18:25), eclamaba sus hijos a fin de que redimieran con el trabajo su deuda. Entre los hebreos, esta servidumbre no debía ser considerada como regimen de esclavitud, no pudiéndose prolongar más allá del año del jubileo. La mujer disponía únicamente de un poco de aceite con el que se perfumaba (Rut 3:3). La abundancia de aceite simbolizaba una vida desahogada (Deut 33:24). El milagro recuerda el que obró Elías en otro tiempo (1 Re 17:8-16).
La mujer de Sunarn (4:8-37)
8 Pasaba un día Elíseo por Sunam. Había allí una mujer distinguida, que insistentemente le invitó a comer, y siempre que por allí pasaba iba a comer a su casa. 9 Ella dijo a su marido: "Yo sé que este hombre, que pasa siempre por nuestra casa, es un santo hombre de Dios. 10 Vamos a prepararle en lo alto una pequeña habitación y a ponerle allí una cama, una mesa, una silla y un candelero, para que él pueda retirarse a ella cuando venga a nuestra casa." 11 Habiendo vuelto un día Elíseo a Sunam, se retiró a la habitación alta y se acostó. 12 Dijo a su siervo Guejazi: "Llama a esa sunamita." Llamóla Guejazi, y ella se presentó a él. 13 Elíseo dijo a Guejazi: "Dile: Tú nos has mostrado toda esa solicitud por nosotros y este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey o al jefe del ejército?" Y ella respondió: "Yo habito en medio de mi pueblo." 14 Y él dijo: "¿Qué haremos, pues, por ella?" Y Guejazi respondió: "Üvlira, no tiene hijos y su marido es viejo." 15 Entonces dijo Elíseo: "Llámala." La llamó, y ella se paró a la puerta. 16 El le dijo: "El año que viene, por este tiempo, abrazarás a tu hijo." "No, por favor, mi señor; no engañes a tu sierva." 17 La mujer quedó encinta, y al año siguiente, como se lo anunciara Elíseo, por aquel mismo tiempo dio a luz un hijo. 18 Creció el niño, y un día fue a donde estaba su padre con los segadores 19 y dijo a su padre: "¡Ay mi cabeza, ay mi cabeza!" El padre dijo a un criado: 20 "Llévalo a su madre." El criado lo cogió y se lo llevó a su madre. El niño estuvo sobre las rodillas de su madre hasta el mediodía y luego murió. 21 Ella subió, le acostó en el lecho del hombre de Dios, cerró la puerta y se fue. 22 Llamó a su marido y le dijo: "Mándame, te ruego, un criado y una asna, que quiero ir en seguida al hombre de Dios y luego volveré." 23 El le dijo: "¿Para qué quieres ir a verle hoy? No es ni novilunio ni sábado." Ella respondió: "Estáte tranquilo." 24 Hizo enalbardar la borrica y dijo al criado: "Gájela y anda, y no me detengas más que cuando yo te lo diga." 25 Partió, pues, y llegó al hombre de Dios en el monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Guejazi: "Ahí está la sunarnita." 26 Vete corriendo a recibirla y pregúntale si está bien ella y su marido y su hijo." Y ella contestó: "Sí, bien." 27 Llegó luego al hombre de Dios en el monte, y, cogiéndose de sus pies, llegó Guejazi para desasirla; pero el hombre de Dios le dijo: "Déjala, que su alma está angustiada y Yahvé me lo ha ocultado y no me lo ha revelado." 28 Ella le dijo: "¿Pedí yo a mi señor un hijo? ¿No te dije ya que no me engañaras?" 29 Entonces dijo él a Guejazi: "Cíñete los lomos, toma en tu mano mi bordón, y si a alguno encuentras, no le saludes siquiera, y si alguno te saluda, no le respondas, y pon mi bordón sobre la cara del niño." 30 La madre del niño le dijo: "Por la vida de Yahvé y la tuya que no te dejaré." 31 Levantóse entonces y la siguió. Guejazi había llegado antes que ellos y había puesto el bordón sobre el rostro del niño; pero éste no tenía ni voz ni sentido; así que se había vuelto para decírselo a Elíseo y se lo manifestó, diciendo: "El niño no despierta," 32 Llegado Elíseo a la casa, el niño estaba tendido, muerto, en la cama. 33 Entró entonces él, cerró la puerta tras los dos y oró a Yahvé. 34 Subió a la cama y se acostó sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca del niño, sus ojos sobre los del niño, y sus manos sobre las manos del niño, y se tendió sobre él. La carne del niño se recalentó 35 y Elíseo se alejó, yendo y viniendo por la habitación, y luego volvió a subirse en la cama y se tendió sobre el niño. El niño estornudó siete veces y abrió los ojos. 36 Llamó entonces Elíseo a Guejazi y le dijo: "Llama a esasunamita." Llamóla Guejazi, y ella vino a Elíseo, que le dijo: "Toma a tu hijo." 37 Ella se echó a sus pies y se prosternó ante él rostro a tierra; tomo a su hijo y salió.

También este episodio es análogo al que se refiere de Elías en 1 Re 17:17-24. Es curioso observar que el milagro de Elías, tal como se narra en el texto citado, aparece fuera de lugar. Mientras en 1 Re 17:7-16 se habla de una viuda pobre, en el v.17 es llamada "dueña de la casa," lo que se armoniza con la frase de "mujer distinguida" de que habla el texto de Elíseo (v.8). Entre la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta y el de la sunamita existen otros puntos de contacto. Entre ambas narraciones existe, al menos, dependencia literaria. Al desplazarse Elíseo desde el Carmelo hacia su pueblo natal de Abel Mejola (1 Re 4:12) pasaba por Sunam. A la insinuación del criado promete Elíseo a la mujer sunamita un niño para el año. La sunamita acogió las palabras del profeta con escepticismo (Gen 18:10-14; 18:11-15). Al año cumplióse la promesa; el niño creció y fuese un día al campo en tiempo de la siega, sufriendo una insolación (Jdt 8:2), a consecuencia de la cual murió. La sunamita pensaba que, si Elíseo tuvo poder para darle un niño, ¿no lo tendría para devolvérselo vivo después de muerto? No comunicó a su marido la muerte del hijo, pidiéndole, en cambio, un criado y una asna para salir al encuentro del hombre de Dios. Quiso el marido disuadirla alegando que no eran las neomenias, tiempo en que tenían lugar asambleas religiosas (1 Sam 20:5; 18:24). Su encuentro con Elíseo fue dramático. El profeta promete su intervención y manda a su criado por delante, con la prohibición de saludar a nadie (Lc 10:4). Deseaba Elíseo que su criado llegase pronto a su casa y pusiera encima del cadáver su bastón para tomarlo bajo su custodia y propiedad e impedir de esta manera las tentativas de enterrarlo antes de que él llegara. A su tiempo vino Elíseo, quien, entrando en casa, subió a la habitación superior y, encerrándose en ella, "oró a Yahvé" (v.33), porque sabía que sólo Dios podía obrar el milagro. Después realizó la misma ceremonia que Elías en parecida circunstancia (1 Re 17:19-21), tratando de comunicar su espíritu vital al niño. Poco a poco hace la vida su aparición, manifestándose externamente con el estornudo, ya que por los orificios de las narices pasa la vida (Gen 2:7; 7:22; Lam 4:20; Is 2:22). La mujer tomó a su hijo vivo en sus brazos y salió.
"La muerte está en la olla" (4:38-41)
38 Elíseo volvió a Caígala. Había gran hambre en la región y, estando los hijos de los profetas sentados ante él, dijo a su criado: "Coge la olla grande y pon a cocer un potaje para los hijos de los profetas." 39 Salió uno de ellos al campo para coger hierbas, y encontró una vid silvestre, y cogió de ella coloquíntidas hasta llenar su vestido. Cuando estuvo de vuelta, las cortó en pedazos en la olla donde estaba el potaje, pues él no las conocía. 40 Sirvióse la comida a aquellos hombres; pero en cuanto hubieron probado el potaje, se pusieron a gritar: "La muerte está en la olla, hombre de Dios," y no pudieron comerlo.41 Elíseo dijo: "Traed harina." El la echó en la olla, y dijo: "Servid a esas gentes; que coman." Y ya no había en la olla nada de malo.

Elíseo regresó a Caígala, al norte de Betel (2:1), donde sucedió un percance desagradable a los hijos de los profetas. Salió uno de ellos al campo a tomar hierbas y juntó cierta cantidad de coloquíntidas. Produce la coloquíntida unos calabacines del tamaño de naranjas, pero muy amargos y empleados en farmacia como purgante poderoso. Crece la planta en la costa mediterránea y en la cuenca del Jordán, dato este último que induce a algunos exegetas a situar este episodio en Caígala de Jericó, cerca del Jordán (1 Sam 7:16). Pero las gentes de Jericó debían conocer perfectamente las propiedades de la planta, que los de Caígala ignoraban. A los primeros bocados experimentaron los efectos de la coloquíntida, por lo que, alarmados, imploraron la intercesión de Elíseo. De este suceso se desprende que los hijos de los profetas vivían en comunidad.
Multiplicación de los panes (4:42-44)
42 Llegó de Baalsalisa un hombre a traer al hombre de Dios el pan de las primicias, veinte panes de cebada, y espigas nuevas en su saco. Elíseo dijo: "Da a esas gentes; que coman." 43 Su criado le contestó: "¿Cómo voy a poder dar a cien personas?" Pero Elíseo le repitió: "Da a esas gentes; que coman. Así dice Yahvé: Comerán y sobrará." 44 Puso entonces los panes ante ellos, comieron y quedaron sobras, según la palabra de Yahvé.

Un hombre de Baalsalisa (1 Sam 9:4), en el actual Kefr Tih, a veinticinco kilómetros al norte de Lidda, entre Siquem y Jafa, supo que Elíseo se encontraba en Caígala y le llevó "el pan de las primicias," amasado con grano nuevo (Lev 23:17-20). Pero Elíseo, rehusó comerlo, indicando al buen hombre que lo repartiera entre el centenar de profetas. Ante su admiración, vio cómo ellos comieron, se saciaron y que sobró todavía.
Curación de Naamán (5:1-14)
1 Naamán, jefe del ejército del rey de Siria, gozaba el favor de su señor y era tenido en mucha estima, pues por medio de él había salvado Yahvé a Siria. Pero este hombre robusto y valiente era leproso. 2 Habían salido los árameos por escuadras y habían cautivado a una jovencita de tierra de Israel que estaba al servicio de la mujer de Naamán; 3 y dijo un día a su señora: "¡Oh! si mi señor estuviese cerca de un profeta que hay en Samaría, el profeta le curaría su lepra." 4 Fue él a su señor y le dijo: "Esto y esto ha dicho una jovencita de tierra de Israel"; 5 y el rey de Siria dijo: "Pues anda, vete a la tierra de Israel, y yo mandaré una carta al rey de Israel." Partió él, llevando diez talentos de plata, seis mil siclos de oro, diez vestidos nuevos 6 y una carta para el rey de Israel, en que se decía: "Cuando recibas esta carta, sabrás que te mando a mi servidor Naamán para que le cures de la lepra." 7 Leída la carta, el rey de Israel rasgó sus vestiduras y dijo: "¿Soy yo acaso Dios para dar la vida o la muerte, que así se dirige a mí para que yo cure a un hombre de su lepra? Sabed, pues, y ved que me busca querella." 8 Cuando supo Elíseo que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: "¿Por qué has rasgado tus vestiduras ? Hazle venir a mí, y sabrá que hay en Israel un profeta." 9 Vino Naamán con sus caballos y su carro, y se detuvo a la puerta de la casa de Elíseo. 10 Elíseo le mandó a decir por un mensajero: "Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne sanará y quedarás puro." 11 Enojóse Naamán y se fue, diciendo: "¡Cómo! Yo esperaba que saldría en persona, se presentaría a mí, invocaría el nombre de Yahvé, su Dios; rne tocaría y curaría así al leproso. 12 Los ríos de Damasco, el Abana y el Parpar, ¿no son mucho mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo lavarme allí y quedar limpio ?" Y se iba muy enojado. 13 Pero sus siervos se acercaron a él para hablarle, y le dijeron: "Padre mío: Si el profeta te hubiera mandado algo muy difícil, ¿no lo hubieras hecho? ¿Cuánto más habiéndote dicho: Lávate y quedarás limpio?" 14 Bajó él entonces y se bañó siete veces en el Jordán, según la orden del hombre de Dios; y su carne quedó como la carne de un niño, quedó limpio.

El momento histórico de este episodio nos es desconocido. Se sospecha, sin embargo, que aconteció en los últimos años de Ben Hadad II, el rey que se enfrentó con Salmanasar III en Qarqar (853). La finalidad de la intervención de Elíseo en este asunto es la de probar la superioridad de Yahvé, cuya acción no está limitada a los estrechos límites de Palestina. Naamán tuvo conocimiento de Elíseo a través de una sirvienta de su mujer. El rey tomó cartas en el asunto y prometióle enviar al de Israel letras de recomendación. Este detalle prueba que entre ambos monarcas existían relaciones Amistosas. Naamán, pagano, compara a Elíseo a los profetas de Ajab, que profetizaban a sueldo; de ahí la suma de dinero que llevó consigo. Naamán púsose en contacto con Elíseo. Aunque no se tratara de un período alanzado de la enfermedad, no obstante, por estar considerada la lepra como enfermedad impura (Lev 13:45-46), no es admitido a la presencia de Elíseo. Creía Naamán que Elíseo lo podía todo; pero el profeta le quiere demostrar que únicamente Dios tiene poder de obrar milagros. Habituado el general a los exorcismos de los profetas de Baal, esperaba que Elíseo pusiera manos a la obra de manera espectacular. Sin embargo, el profeta le manifestó que el único medio de curación era bañarse en las aguas del Jordán durante siete veces consecutivas. El siete es un número simbólico y sagrado; en Lev 4:6-17 hablase de siete aspersiones con la sangre de las víctimas. Los ritos de purificación asirio-babilónicos incluían frecuentemente siete aspersiones o inmersiones en aguas del Eufrates. El río Abana corresponde al Barada, que riega Damasco y su huerta, y al que los griegos llaman Chrysorrhoas. El Parpar o Farfar es el actual Nahr el-Awady. Por insinuación de sus criados, el general depuso su actitud altiva y desdeñosa; humillóse, tuvo fe en la palabra del profeta y quedó limpio de la lepra.
Conversión de Naamán (5:15-19a)
15 Volvió Naamán al hombre de Dios con todo su séquito, y, cuando llegó, se presentó a él, diciendo: "Ahora conozco que no hay en toda la tierra Dios sino en Israel. Dígnate aceptar un presente de parte de tu siervo." 16 Elíseo respondió: "Vive Yahvé, a quien sirvo, que no aceptaré." Naamán insistió, pero él se negó. 17 Entonces Naamán le dijo: "Pues te niegas, permite que den a tu siervo tierra de ésta, la carga de dos mulos, pues en adelante no ofrecerá tu siervo sacrificio ni holocausto a otros dioses sino a Yahvé. 18 Yahvé perdonará a tu siervo que, cuando mi señor entre en el templo de Rimón para adorar y se apoye en mi mano, me prosterne yo también en el templo de Rimón. Perdone Yahvé a tu siervo si me prosterno en el templo de Rimón." 19a Elíseo le dijo: "Vete en paz."

Naamán quiere compensar a todo trance a Elíseo por el favor alcanzado, a lo que se niega rotundamente el profeta. Este ejemplo de desprendimiento y el milagro obrado en su cuerpo movieron a Naamán a reconocer a Yahvé como único y supremo Dios. Según la concepción de los antiguos, cada dios ejercía su dominio e influencia dentro de su propio territorio (1 Sam 26:19; 1 Re 20:23; 2 Re 17:26). Por lo mismo, y a consecuencia de haber reconocido a Yahvé como Dios, pide una carga de tierra de Israel para esparcirla sobre su huerta de Damasco, que, por una ficción jurídica, convirtióse desde entonces en tierra de Yahvé. Pero un caso de conciencia asalta a Naamán. Por su condición está obligado a asistir a los cultos oficiales que se rinden al dios Rimón o Ramán (l Re 15:18); de no hacerlo perdería su rango y acaso la vida. El profeta le autoriza una participación puramente externa a los mismos. Su respuesta no se consigna en el libro, pero de sus palabras: "Vete en paz," se deduce que no ve inconveniente alguno en la participación externa y protocolaria a los ritos paganos.
Avaricia y castigo de Guejazi (5:19b-27)
19 Cuando Naamán hubo dejado a Elíseo y estaba ya a cierta distancia, 20 Guejazi, el criado de Elíseo, dijo para sí: "Mi señor ha tratado demasiado bien a Naamán, ese sirio, no queriendo aceptar de él lo que traía. Vive Yahvé que voy a correr tras él a ver si me da algo." 21 Y Guejazi echó a correr tras Naamán. Viéndole Naamán correr tras él, bajó de su carro para ir a su encuentro, y le preguntó: "¿Hay novedad?"; 22 y él respondió: "No, todo está bien; pero me manda mi señor para decirte: Acaban de llegar a mi casa dos jóvenes de la montaña de Efraím, de los hijos de los profetas; haz el favor de darme para ellos un talento de plata y dos vestidos nuevos." 23 Naamán dijo: "Toma dos talentos," y los metió en dos sacos, y le dio dos vestidos, haciendo que sus criados se los llevasen a Guejazi. 24 Llegado a la altura, tomólos Guejazi de sus manos y los metió en casa, despidiendo a aquellas gentes, que se fueron. 25 Luego fue a presentarse a su señor, que le dijo: "¿De dónde vienes, Guejazi?" El le respondió: "Tu siervo no ha ido a ninguna parte." 26 Pero Elíseo le dijo: "¿Estaba yo ausente en espíritu cuando el hombre se bajó de su carro para salirte al encuentro? Ya tienes dinero y vestidos, y luego podrás tener olivares, viñas, ovejas y bueyes, siervos y siervas, 27 pero la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre." Y Guejazi salió de la presencia de Elíseo blanco de lepra como la nieve.

El siervo de Elíseo no aprobó la conducta desinteresada de su amo, por lo que corrió detrás de Naamán, reclamándole en nombre de Elíseo una cantidad relativamente módica y dos vestidos. Creía Guejazi que Elíseo no se enteraría de su proceder, pero nada puede exultarse a los ojos de los profetas. No tanto por la mentira y la avaricia cuanto por el escándalo y abuso de su nombre y autoridad le castigó Elíseo severamente, enviándole la lepra. No obstante, este nuevo estado no le impedirá en adelante mantener relaciones con su amo (8:4); puede ser que la enfermedad de Guejazi se pareciera externamente a la lepra, sin serlo en realidad.
El hacha flotante (6:1-7)
1 Los hijos de los profetas dijeron a Elíseo: "El lugar en que moramos contigo nos es demasiado estrecho. 2 Vamos a ir al Jordán, y tomaremos de allí una viga cada uno para hacernos una habitación." Elíseo les respondió: "Id." 3 Uno de ellos le dijo: "Ven tú también con nosotros." El dijo: "Iré"; 4 y partió con ellos. Llegados al Jordán, cortaron los árboles, 5 y mientras uno estaba cortándolos, el hierro fue a caer en las aguas. Se puso a clamar: "¡Ah, mi señor! Era prestado." 6 Y el hombre de Dios le preguntó: "¿Dónde ha caído?" El le indicó el lugar, y Elíseo, cortando un trozo de madera, lo arrojó al mismo lugar, y el hierro sobrenadó. 7 Entonces le dijo: "Cógelo"; y él tendió la mano y lo cogió.

Había en Caígala muchos profetas — un centenar (4:43) —, y el espacio en que habitaban resultaba insuficiente. Por lo mismo, la mayoría propuso trasladarse a orillas del Jordán, donde había abundancia de árboles, lugar muy a propósito para levantar sus cabanas. Llegados a las orillas del río, empezaron a talar árboles. Al golpear uno de ellos con el hacha, se le cayó el hierro al agua, quedando con el mango en la mano. A los gritos del leñador acudió Elíseo, que, cerciorado del accidente, cortó una rama y la introdujo en el agua, logrando sacar a flote el hierro. A este episodio anota San Jerónimo que estos profetas de las orillas del Jordán fueron los precursores de los monjes y anacoretas cristianos 1. Aunque algunos de los hijos de los profetas contrajeran matrimonio (5:1), la mayoría vivían célibes. Llevaban los profetas una vida pobre y fatigosa; sus vestidos estaban tejidos con pieles; comían en común (4:38.42), oraban juntos (1 Sam 10:10; 19:19-24) y obedecían a un superior (2 Re 9:1-10).
Fracasan los planes de los árameos (6:8-23)
8 El rey de Siria estaba en guerra con Israel, y en un consejo que tuvo con sus servidores, dijo: "En tal y en cual lugar acamparemos." 9 El hombre de Dios mandó a decir al rey de Israel: "Guárdate de ir a tal lugar, porque los sirios bajarán allá." 10 El rey de Israel mandó gentes al lugar que el hombre de Dios había señalado, para que estuvieran al acecho. Y esto sucedió no una ni dos veces solamente. 11 El de Siria se inquietó con esto, y preguntó a sus servidores: "¿No me diréis vosotros quién nos traiciona ante el rey de Israel?" 12 Uno de los servidores le dijo: "Nadie. ¡Oh rey, mi señor! Es Elíseo, el profeta que hay en Israel, que lleva al rey de Israel las palabras que tú pronuncias en tu misma alcoba." 13 El rey le dijo: "Id y ved dónde está, y yo le haré prender." Vinieron, pues, a decirle: "Está en Dotan." 14 Mandó él entonces caballos y carros, una gran tropa, que llegaron de noche y cercaron la ciudad. 15 El siervo del hombre de Dios se levantó muy de mañana y vio que la ciudad estaba cercada por una tropa con caballos y carros, y dijo al hombre de Dios: "¡Ah, mi señor! ¿qué haremos?" 16 El le respondió: "Nada temas, que los que están con nosotros son más que los que están con ellos." 17 Elíseo oró y dijo: "¡Oh Yahvé! Ábrele los ojos para que vea." Y Yahvé abrió los ojos del siervo, y vio éste la montaña llena de caballos y carros de fuego que rodeaban a Elíseo. 1S Los sirios bajaron al valle en busca de Elíseo, y éste dirigió entonces a Yahvé esta súplica: "Dígnate herir de ceguera a esta gente," Y Yahvé los hirió de ceguera, conforme a la súplica de Elíseo. 19 Elíseo les dijo: "No es éste el camino ni ésta la ciudad. Seguidme y yo os llevaré a donde está el hombre a quien buscáis"; y los condujo a Samaría. 20 Entrados en Samaría, dijo Elíseo: "¡Oh Yahvé! Abre los ojos de esta gente para que vea"; y Yahvé les abrió los ojos, y vieron que estaban en medio de Samaría. 21 El rey de Israel, viéndolos, preguntó a Elíseo: "¿Los hiero, padre mío?" 22 Y Elíseo respondió: "No los hieras, que no los has hecho tú prisioneros con tu espada y tu arco. Dales pan y agua, para que coman y beban, y que se vayan a su señor." 23 El rey de Israel hizo que les sirvieran una gran comida, y ellos comieron y bebieron; luego los despidió para que fueran a su señor. Las tropas sirias no volvieron más a la tierra de Israel.

No es posible determinar en qué momento histórico se desarrollaron los hechos que se refieren en el texto. Puede ser que remonten a los reinados de Joás (798-783), rey de Israel, y de Ben Hadad III (797-773), hijo de Jazael (2 Re 13:3; 19-24), rey de Siria. En guerra con Joás fue vencido Ben Hadad tres veces (c.790), perdiendo todas las ciudades que Jazael había arrebatado a Joacaz (814-798). El rey de Siria puso asechanzas al de Israel, planeando incursiones contra esta o aquella ciudad. Pero todas las veces fracasaron, porque, al presentarse los sirios, estaban ya al acecho las tropas de Israel, prontas para rechazar el ataque. En un principio creyó Ben Hadad que existían traidores en su ejército, pero pronto le enteraron de que en Israel había un profeta que comunicaba al rey lo que Ben Hadad hablaba en la intimidad de su alcoba (Ex 7:28; 2 Sam 4:7). Quiso entonces el rey de Siria apoderarse de Elíseo, que habitaba en Dotan, o Dotáin, a unos dieciséis kilómetros al norte de Siquem (Gen 37:17; Jdt 4:6; 7:18). A este fin mandó tropa con carros y caballos para que cercaran la ciudad de Dotan. Invocado el auxilio divino, logró Elíseo quitar a la tropa enemiga el sentido de la orientación y del discernimiento, dejándose llevar incautamente a Samaría. El rey de Israel quería matar a los que no había hecho prisioneros con su valor, a lo que se opuso Elíseo alegando que los soldados enemigos eran botín suyo y no del rey.
Sitio de Samaría (6:24-30)
24 Después de esto, Ben Hadad, rey de Siria, reunió todo su ejército y, subiendo, puso cerco a Samaría. 25 Hubo en Samaría mucha hambre, y de tal modo la apretaron, que una cabeza de asno valía ochenta siclos de plata, y el cuarto de un "cab" de palomina cinco siclos de plata. 26 Pasando el rey por la muralla, le gritó una mujer: "¡Sálvame, oh rey, mi señor!" 27 Y el rey respondió: "Si Yahvé no te salva, ¿cómo voy a salvarte yo? ¿Con algo de la era o con algo del lagar?" 28 Preguntóle luego el rey: "¿Qué te pasa?" Y ella respondió: "Esta mujer me dijo: Trae a tu hijo y lo comeremos hoy, y mañana comeremos el mío. 29 Cocimos, pues, mi hijo y lo comimos, y al día siguiente yo le dije: Trae a tu hijo para que lo comamos, pero ella ha escondido a su hijo." 30 Cuando oyó el rey las palabras de esta mujer, rasgó sus vestiduras mientras iba por la muralla, y la gente vio que por dentro estaba vestido de saco.

Quizá el hecho tuvo lugar en el reinado de Ben Hadad III· El sitio a Samaría duró mucho tiempo, a consecuencia de lo cual escasearon los alimentos, hasta el punto de desencadenarse un hambre espantosa. Era tal la escasez, que una "cabeza de asno" se cotizaba a ochenta siclos de plata, y un cuarto de cab, o sea, medio litro de palomina (harey yonim), a cinco siclos de plata, equivalente a unas quince pesetas. Algunos cambian las palabras rosh hamor = cabeza de asno, por estas otras: homer tirosh = un jomer de mosto. Pero cuenta Plutarco en la Vita Artaxersis, 24, que en la guerra contra los cadusianos fue tanta la escasez de víveres, que la cabeza de asno se vendía a sesenta dracmas. Al 'decir el texto "cabeza de asno," es verosímil que tome la parte por el todo, refiriéndose a todo el animal, cuyas carnes en tiempos normales eran arrojadas en los muladares. Más barato resultaba el cuarto de un cab de palomina. Según Is 36:12, Rabsaces amenazó a Jerusalén con un asedio tal que los sitiados fueran constreñidos a "comerse sus excrementos y beberse sus orines." Muchos exegetas, por creer poco probable la lectura actual del texto masorético, cambian las palabras harey yonim en estas otras: harsonim = ajos silvestres, o sea, bulbos de una liliácea (ornithogalum umbellatum), muy común en Palestina 2. Según Dhorme, harey yonim es una denominación conservada también en árabe para designar una especie de guisante. El hambre llevó a la antropofagia materna, tan prohibida por la Ley (Lev 26:29; Deut 28:4355; Ez 5:10). Alusiones a las madres que cocinan y comen las carnes de sus hijos se hallan en Lam 2:20; 4:10. El rey vestía de saco debajo del vestido exterior (1 Re 21:27).
Amenazas del rey a Elíseo (6:31-33)
31 El rey dijo: "Que esto me haga Yahvé y esto me añada si la cabeza de Elíseo, hijo de Safat, quedare hoy sobre los hombros." 32 Estando, pues, Elíseo sentado en casa, rodeado de los ancianos que se sentaban con él, mandó el rey a uno delante de él, y antes que el mensajero llegara dijo Elíseo a los ancianos: "¿No veis cómo ese hijo de asesino manda a que me quiten la cabeza? Estad atentos: cuando llegue el mensajero, cerrad y rechazadle con la puerta; ¿no se oye ya tras él el ruido de los pasos de su amo?" 33 Todavía estaba hablándoles, cuando ya el rey llegó a él y le dijo: "De Yahvé ciertamente nos ha venido este mal. ¿Tendré yo todavía que esperar más de Yahvé?"

El monarca culpa a Elíseo del desastre, ya que, a una simple intervención suya, podía desbaratar al ejército sirio. No era imposible esto al profeta, que solamente esperaba un acto de arrepentimiento de parte del rey. El hambre que se atribuye a los efectos de un prolongado cerco de Samaría se debe, según 7:2, a una tenaz sequía. No puede determinarse el lugar donde residía Elíseo, ni saber a dónde fue a encontrarle el rey. El cerco de Samaría se relaciona con ios acontecimientos de que se hablará en el capítulo 13.
Se levanta el cerco de Samaría (7:1-20)
1 Entonces dijo Elíseo: "Oíd la palabra de Yahvé: Así dice Yahvé: Mañana a estas horas estará en las puertas de Samaría el "sea" de flor de harina a un siclo, y dos "seas" de harina de cebada a un siclo." 2 El oficial sobre cuyo brazo se apoyaba el rey respondió al hombre de Dios: "Cuando Yahvé abra ventanas en los cielos, sucederá eso." Y él le dijo: "Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás." 3 Había en la entrada de la puerta cuatro leprosos, que se decían unos a otros: "¿Por qué nos vamos a estar aquí hasta morirnos? 4 Si nos decidimos a entrar en la ciudad, moriremos por el hambre que en ella hay, y si nos quedarnos aquí, moriremos igualmente. Vamos a pasarnos al campamento de los sirios, y si nos dejan vivir, viviremos, y si nos matan, moriremos." 5 Partieron, pues, al anochecer para el campamento de los sirios; y cuando llegaron a la entrada del campamento, no había en él nadie. 6 El Señor había hecho oír en el campamento de los sirios estrépito de carros y estrépito de caballos, el estrépito de un gran ejército, y se habían dicho unos a otros: "Es el rey de Israel, que ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los jéteos y a los reyes de los egipcios y viene a atacarnos." 7 Y se levantaron, y al anochecer se pusieron en fuga, abandonando sus tiendas, sus caballos y sus asnos, el campamento tal cual estaba, y huyeron para salvar la vida. 8 Los leprosos, llegados al campamento, penetraron en una tienda, comieron y bebieron y se llevaron de allí plata, oro y vestidos, que fueron a esconder. Volvieron y penetraron en otra tienda y se llevaron cosas, que fueron a esconder. 9 Después se dijeron uno a otro: "No está bien lo que hacemos. Este día es un día de buena nueva, y si nosotros nos estamos callados y esperamos la luz del día, nos sucederá mal. Venid, pues, y vayamos a dar cuenta a la casa del rey." 10 Partieron, dieron voces a los centinelas de la ciudad e hicieron este relato: "Hemos entrado en el campamento de los sirios y allí no había nadie ni se oye voz alguna de hombre; no hay más que caballos atados, asnos atados y las tiendas intactas." 11 Los centinelas de la puerta dieron voces y transmitieron esta noticia a la casa del rey. 12 El rey se levantó de noche y dijo a sus servidores: "Voy a deciros lo que pretenden los sirios: Como saben que estamos hambrientos, se han salido del campamento para esconderse en los campos, diciéndose: Cuando salgan de la ciudad, los cogeremos vivos y entraremos en la ciudad." 13 Uno de los servidores del rey dijo: "Que cojan cinco de los caballos que todavía quedan en la ciudad — porque también a ellos les sucede lo que a la muchedumbre, que han perecido — y mandemos a ver."14 Cogiere pues, dos carros con sus caballos, y el rey mandó gente que siguiera tras los sirios, diciendo: "Id y ved." 15 Fueron tras ellos hasta el Jordán, y todo el camino estaba sembrado de vestidos y objetos que en su precipitación habían tirado los sirios. Volvieron los mensajeros y dieron cuenta al rey. 16 Salió el pueblo y saqueó el campamento de los sirios, y se puso el "sea" de flor de harina a un siclo, y a un siclo los dos "seas" de harina de ce da, según lo que había dicho Yahvé. 17 El rey había entregado " custodia de la puerta al oficial sobre cuyo brazo se apoyaba e día antes, pero éste fue atropellado por el pueblo a la puerta, y murió, según la palabra que había pronunciado el hombre de Dios cuando el rey bajó a él. 18 El hombre de Dios había dicho al rey: "Mañana a estas horas estarán a siclo los dos "seas" de harina de cebada, y a siclo el "sea" de flor de harina"; 19 y el oficial había respondido al hombre de Dios: "Cuando Yahvé abra ventanas en los cielos, veremos eso." Y Elíseo le había dicho: "Con tus ojos lo verás, pero no lo comerás." 20 Fue en verdad lo que sucedió, pues el pueblo le atropello a la puerta y murió.
Reconoció el rey que el mal venía del cielo. Ahora bien, si Dios no remedia la situación, "¿tendré yo todavía que esperar más de Yahvé?" (6:33). Elíseo, al ver logrado su intento, profetiza gran abundancia para la mañana siguiente. Algo más de trece litros (Gen 18:6; 1 Sam 25:18; 1 Re 18.32) de flor de harina se adquirirán por un siclo de plata, y dos seas, es decir, veintiséis litros de harina de cebada, valdrán un siclo. El mercado tenía lugar junto a las puertas de la ciudad. El oficial que acompañaba al rey burlóse de las palabras del profeta, diciéndole que su oráculo se cumpliría "cuando Yahvé abra ventanas en los cielos," refiriéndose a las ventanas o compuertas de los cielos por donde cae el agua sobre la tierra en forma de lluvia (Gen 7:11; 8:2; Is 24:28; Mal 3:10). O acaso el incrédulo escudero (shalish) quiso decir que sucedería esto cuando de las ventanas del cielo lloviera trigo, como en otro tiempo maná. Según la profecía de Elíseo, al día siguiente murió el oficial burlón pisoteado por el pueblo (7:17-19)
Cuatro leprosos fueron los primeros en comprobar que los sirios habían abandonado el cerco. Obligados por su enfermedad a permanecer alejados de la sociedad (Lev 13:28-46; Núm 5:1-4), se refugiaron a la puerta de Samaría, confiando en la caridad de los transeúntes. Como las puertas permanecieran cerradas por razón del cerco y nadie transitara por ellas, llegaron los leprosos a una penuria extrema. En un trance desesperado, tramaron un proyecto audaz. Era inútil entrar en la ciudad hambrienta en busca de alimentos; quedarse en su lugar equivalía a condenarse a muerte. Quizá entre los sirios hallarían algo. Si la hazaña les salía bien, seguirían viviendo; si los matan, mala suerte. ¡Cuál no fue su sorpresa al no encontrar nadie en el campamento I ¿Qué había pasado?.
Un rumor cundió entre el ejército de que los reyes de los hititas Y de Musri, con otros aliados, amenazaban lanzarse sobre Damasco. El rey y los suyos, temiendo la acción conjunta de los invasores y la Persecución por parte de los israelitas, huyeron precipitadamente aprovechando la oscuridad de la noche. Los cuatro leprosos penetraron en una tienda, donde comieron y bebieron hasta saciarse; Después entregáronse a la rapiña. De pronto les asaltó el temor de que les castigaría el rey en caso de no informarle de la situación. A este fin decidieron presentarse ante los muros de la ciudad, llamar a los centinelas y contarles lo que pasaba. Los centinelas informaron al rey, quien, levantándose de noche, puso a sus servidores en estado de alerta a fin de que su pueblo no cayera en alguna trampa ideada por los sirios. Un oficial propuso que se enviara una patrulla que inspeccionara los alrededores de la ciudad. Aparejáronse dos carros con otros tantos caballos cada uno (1 Sam 21:3; Is 19:18) y salieron a explorar el terreno en dirección hacia el nordeste, llegando al río Jordán en las proximidades de Betsán. Tras un reconocimiento de unos sesenta kilómetros de terreno regresaron los exploradores a la ciudad para anunciarles la buena nueva (v.9). Tan pronto la supo el pueblo, salió en tromba hacia el campamento sirio en busca de alimentos y otro botín. El oficial incrédulo, que por orden del rey custodiaba las puertas, fue desbordado, arrastrado y pisoteado por la avalancha del pueblo hambriento, cumpliéndose la profecía de Elíseo.
Otra vez la sunamita en escena (8:1-6)
1 Elíseo dijo a la mujer a cuyo hijo había resucitado: "Levántate y vete, tú y tu casa, y mora donde puedas, porque Yahvé llama al hambre y vendrá sobre la tierra por siete años." 2 Levantóse la mujer e hizo lo que le decía el hombre de Dios, y se fue ella y su casa, y habitó siete años en tierra de filisteos. 3 Al cabo de siete años volvió la mujer de la tierra de los filisteos y fue a implorar al rey por su casa y su campo. 4 Estaba el rey hablando con Guejazi, servidor del hombre de Dios, y le decía: "Anda y cuéntame todas esas grandes cosas que ha hecho Elíseo"; 5 y mientras estaba contando al rey cómo Elíseo había vuelto a la vida a un muerto, llegó la mujer cuyo hijo había resucitado Elíseo para implorar al rey por su casa y su campo, y dijo Guejazi: "¡Oh mi señor rey! ésa es la mujer y ése es su hijo, que Elíseo resucitó." 6 Preguntó el rey a la mujer, y ella le hizo el relato; el rey le dio un eunuco, a quien dijo: "Haz que le sea devuelto a esta mujer todo lo que le pertenece, con todos los frutos de su campo, desde el día en que dejó la tierra hasta hoy."

De esta "mujer distinguida" de Sunam se habló en 4:8-37. Pero, con el fin de cubrir el espacio de los siete años de hambre que predice el profeta (8:1), ha insertado el autor entre 4:37 y el presente capítulo los que hemos estudiado anteriormente, que empiezan con el hambre y terminan con la escasez de Samaría (De Vaux). En agradecimiento por su hospitalidad recomienda Elíseo a la mujer de Sunam emigre al país de los filisteos en la costa mediterránea, en donde, por la feracidad del suelo, no serán tan alarmantes los efectos del hambre. El número siete tiene valor simbólico, significando aquí que el hambre duraría largo tiempo. Guejazi, aunque leproso (5:27), sigue en compañía de Elíseo. En ausencia de la sunamita, los vecinos habíanse apoderado de sus bienes. Parece que en estos años de hambre murió su marido, ya viejo (4:14); al menos no se habla más de él. La mujer se presentó delante del rey en una coyuntura providencial. No sabemos si el rey se movió por benevolencia o justicia al determinar que se devolvieran a la mujer todos los bienes "desde el día en que dejó la tierra hasta hoy."
¿Quién es este rey que tanto interés manifiesta por los milagros de Elíseo? ¿Había éste muerto al regresar la sunamita a su tierra? Difícil es contestar a tales preguntas.
Elíseo en Damasco (8:7-15)
7 Fue Elíseo a Damasco. Estaba enfermo Ben Hadad, rey de Siria, y le avisaron, diciendo: "Está aquí el hombre de Dios." 8 El rey dijo a Jazael: "Toma contigo un presente y vete a ver al hombre de Dios, y consulta por mí a Yahvé si curaré de esta enfermedad." 9 Fue Jazael a su encuentro, llevando consigo un presente, todo lo mejor que había en Damasco, la carga de cuarenta camellos. Llegado, se presentó a él y le dijo: "Tu hijo Ben Hadad, rey de Siria, me manda a ti para preguntarte: ¿Curaré de esta enfermedad?" 10 Elíseo le respondió: "Ve y dile: Tú curarías, pero Yahvé me ha revelado que morirás." 11 El hombre de Dios puso sus ojos sobre Jazael 12 y los fijó en él hasta hacerle enrojecer; luego se puso a llorar. El le preguntó: "¿Por qué llora mi señor?" Y Elíseo le respondió: "Porque sé el mal que vas a hacer a los hijos de Israel: incendiarás sus ciudades fuertes, pasarás a cuchillo a sus mancebos, estrellarás a sus niños y abrirás el seno a sus preñadas." 13 Y Jazael dijo: "Pues ¿qué es tu siervo, este perro, para hacer tan grandes cosas?" Y Elíseo respondió: "Yahvé me ha revelado que serás rey de Siria." 14 Jazael dejó a Elíseo y volvió a su señor, que le preguntó: "¿Qué te ha dicho Elíseo?" Y él respondió: "Me ha dicho: Curarás." 15 Al día siguiente cogió una manta, la empapó en agua y la puso sobre el rostro del rey, que murió. Jazael le sucedió.

De los tiempos de Ben Hadad III nos conduce el autor a los primeros años del ministerio de Elíseo, reinando en Siria Ben Hadad II, y en vísperas de que le sucediera su favorito y asesino Jazael (1 Re 19:15-17). Quizá marchó Elíseo a Damasco para cumplir la orden que se le había dado de ir allá y ungir a Jazael por rey de Damasco (1 Re 19:15). Enteróse Ben Hadad de su llegada y le mandó a Jazael para que le preguntara por la marcha y éxito de su enfermedad. Jazael salió al encuentro del profeta con gran cantidad de camellos — el número cuarenta es una cifra redonda que denota abundancia — cargados de dones. No debía tener Ben Hadad mucha confianza en las profecías de los nabis de Baal, por lo que pide que se consulte a Elíseo, por saber que le habla Yahvé (3:11; Re 22:7). No dice el texto si aceptó o no Elíseo los presentes que le hacía el rey, pero es lógico que, como en otra ocasión (5:16), los rehusara.
Jazael habló a Elíseo en nombre del rey, que, por sentimientos de veneración, se declara hijo (6:21) sumiso del profeta. A su pregunta responde Elíseo que la enfermedad del rey no es de muerte y Que, por tanto, de no existir otra circunstancia que amenazara su vida, curaría de esta enfermedad. Elíseo asegura que el rey curará de la dolencia que le aqueja; pero, atendiendo a su inminente asesinato por parte de Jazael, añade: "pero Yahvé me ha revelado que morirás." De estas palabras no cabe deducir que el profeta insinuara a Jazael la conveniencia de asesinar al rey, sino más bien que Dios había dado a conocer a Elíseo los planes que Jazael había concebido para liquidar a su amo. El profeta no le incita al asesinato; únicamente no se opone a los designios que Dios tenía sobre Jazael, al que escogía como instrumento para azotar al pueblo de Israel en castigo de sus pecados. Que Jazael tuviera de antemano ultimados sus planes sobre el monarca, lo demuestra el hecho de enrojecer al fijar Elíseo en estado extático sus ojos sobre su rostro. Elíseo no solamente estaba enterado de los planes del asesinato de Ben Hadad, sino que conocía los males que la actuación de Jazael acarrearía a Israel. También pudo Elíseo evitar estos males, o dar al menos al ambicioso general una grave reprimenda; pero se limita a anunciarle que todos los actos de su vida los tiene Dios anotados en sus registros. Jazael expresa su dependencia y pequenez frente a un profeta de Yahvé (1 Sam 24:15; 2 Sam 9:8; 16:9), diciendo: "¿No es tu siervo un perro, para que mi señor se haya acordado de su siervo?" frase que se halla asimismo en una de las cartas de Laquis 1.
Al día siguiente expiraba Ben Hadad. El texto sagrado ha tendido un velo misterioso sobre las circunstancias de su muerte, quizá para quitar toda sospecha de que Elíseo cooperó a ella. Se omite el sujeto de la frase, no sabiendo a punto fijo si se trata de un suicidio o de un asesinato por parte de Jazael. El término hebraico makber se traduce comúnmente por manta, colcha de cama. Teniendo presente el contexto anterior, no hay duda de que Jazael ahogó a Ben Hadad en su lecho. Empapando en agua la colcha, la aplicó al rostro del rey hasta que murió asfixiado. Creen otros que empleó Jazael el mosquitero (Jdt 10:21) para perpetrar su crimen. En la inscripción de Salmanasar III se dice sobre la descendencia de Ben Hadad: "Hadadidri murió; Hazailu, hijo de nadie, tomó posesión del trono" (Pritchard, 280). Hadadidri o Hadadézer de los documentos asirios es el rey Ben Hadad de la Biblia. Jazael es llamado "hijo de nadie" por no ser de ascendencia real.
Reino de Joram en Judá (8:16-24)
16 El año quinto de Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, comenzó a reinar Joram, hijo de Josafat, rey de Judá. 17 Treinta y dos años tenía cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. 18 Marchó por los caminos de los reyes de Israel, como había hecho la casa de Ajab, pues tuvo por mujer a una hija de Ajab, e hizo el mal a los ojos de Yahvé. 19 Pero Yahvé no quiso destruir a Judá por amor a David, su siervo, según la promesa que le había hecho de darle siempre una lámpara perpetuamente. 20 En su tiempo se rebeló Edom contra el dominio de Judá, y se dio un rey. 21 Joram marchó a Seír con todos sus carros. Una noche arriesgó combate con los edomitas, que le tenían cercado, y le derrotaron juntamente con los jefes de los carros, y el pueblo huyó a sus tiendas. 22 La rebelión de Edom contra el dominio de Judá dura hasta hoy. Entonces se rebeló también Libna. 23 El resto de los hechos de Joram, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? 24 Joram se durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. Le sucedió su hijo Ocozías.

En Judá reinó un monarca, Joram (848-841), homónimo del colega y contemporáneo suyo Joram (852-841), rey de Israel (1:17; 3:1ss). Por influencia de su esposa Atalía introdujo en Judá el culto de los baales (2 Crón 21:11). Por este pecado merecía Judá ser destruido, pero le perdonó Dios a causa de la promesa hecha a David de darle una lámpara perpetuamente (1 Re 11:36; 15:4), no extinguiendo su dinastía.
En su tiempo se independizó Edom, que fue vasallo de Josafat (1 Re 22:48; 2 Re 3:9). Desde los tiempos de Adad fue Edom una pesadilla para Judá (1 Re 11:17). Sobre la manera como recuperó Edom su independencia no es fácil opinar, por conservarse el texto en mal estado. El texto hebraico, traducido literalmente, dice: "Y pasó Joram a Seír (saira), y todos los carros con él. Aconteció que se levantó él de noche y batió a Edom, que le rodeaba, y a los jefes de los carros, y huyó el pueblo a sus tiendas." Ante este texto cabe preguntar: ¿Quién es el vencido y cuál el vencedor? El autor sagrado trata de paliar una derrota de tan enormes consecuencias para Judá. Entre líneas cabe leer que los hechos sucedieron de la siguiente manera: Joram, al frente de un ejército de a pie, caballería y carros de combate, marchó contra Edom para castigar los movimientos de independencia. Llegó a Seír — que algunos identifican con Soar, en la extremidad sur del mar Muerto —, donde fue cercado por carros de combate, logrando, sin embargo, abrirse una brecha y huir. Pero el pueblo, al verse asaltado por el enemigo, huyó a la desbandada hacia Judá (a sus tiendas; 1 Sam 4:10; 2 Sam 18:17; 19:9). La pérdida de Edom repercutió desfavorablemente en el prestigio comercial de Judá, por cuanto se le cortaba el camino que conducía a las minas de cobre y de hierro y al puerto de Asiongaber. Con la pérdida de Edom envalentonóse la confederación arábigo-filistea (2 Crón 21:16-17), que penetró hasta Jerusalén. Dentro de este fermento revolucionario cabe señalar la revolución de Libna (Tell es-Safi), en la Sefela (Jos 10:29-39; 12:15). Según 2 Crón 21:18-20, el pueblo denegó a Joram el honor de una sepultura solemne, siendo enterrado en la ciudad de David, fuera de la necrópolis real.
Ocozías, rey de Judá (8:25-29)
25 El año doce de Joram, hijo de Ajab, rey de Israel, comenzó a reinar Ocozías, hijo de Joram, rey de Judá. 26 Tenía Ocozías veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó un año en Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía, hija de Omri, rey de Israel. 27 Marchó por los caminos de la casa de Ajab e hizo el mal a los ojos de Yahvé, como la casa de Ajab, con la que es taba emparentado. 28 Acompañó a Joram, hijo de Ajab, en Γ guerra contra Jazael, rey de Siria, a Ramot Galaad. Los sirio hirieron a Joram, 29 y el rey Joram se volvió para hacerse curar en Jezrael de las heridas que los sirios le habían hecho en Ramot cuando combatía contra Jazael, rey de Siria. Ocozías, hiio de Joram, rey de Judá, bajó a Jezrael para ver a Joram, hijo de Ajab, que estaba allí herido.

Desde el punto de vista religioso influyó en él su madre Atalía (2 Crón 22:3). Su ascensión al trono efectuóse en un momento de efervescencia política. Hacía un par de años que en Siria moría asesinado por su favorito Jazael el enérgico rey Ben Hadad II (8:15). Al enterarse Joram (852-841) aprovechó la ocasión para apoderarse de Ramot Galaad (1 Re 4:13; 22:3; 2 Re 9:14), lo que dio origen a la guerra entre Joram y Jazael. El rey de Israel pidió auxilio a su sobrino Ocozías (841), que no se lo negó. En un encuentro bajo los muros de Ramot fue herido el rey de Israel (1 Re 18:45-46; 21:1ss). Su fiel aliado y pariente, Ocozías, que se hallaba todavía en Jerusalén, bajó a visitar al rey herido.
Un profeta unge a Jehú por rey (9:1-10)
1 Elíseo, profeta, llamó a uno de los hijos de los profetas y le dijo: "Cíñete los lomos, toma esta redoma de óleo y vete a Ramot Galaad. 2 Cuando llegues, busca a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsi. Le haces que se levante de entre sus compañeros y le llevas aparte, a una cámara retirada, 3 y, tomando la redoma de óleo, lo derramas sobre su cabeza, diciéndole: "Así habla Yahvé i Yo te unjo por rey de Israel." Abres luego la puerta y huyes sin detenerte." 4 El joven servidor del profeta partió para Ramot Galaad; 5 y cuando llegó, estaban los jefes del ejército reunidos, y dijo: "Jefe, tengo que decirte una cosa." Jehú le preguntó: "¿A quién de nosotros?" El respondió: "A ti, ¡oh jefe!" 6 Levantóse Jehú y entró en casa, y el joven derramó sobre su cabeza la redoma de óleo, diciéndole: "Así habla Yahvé, Dios de Israel: Yo te unjo rey de Israel, del pueblo de Yahvé. 7 Tú herirás a la casa de Ajab, tu señor, y vengarás en Jezabel la sangre de mis siervos, los profetas, y la sangre de todos los siervos de Yahvé. 8 Toda la casa de Ajab perecerá; yo exterminaré a todos cuantos pertenecen a Ajab, al esclavo y al libre de Israel, 9 y haré la casa de Ajab semejante a la casa de Jeroboam, hijo de Nabat, y a la casa de Basa, hijo de Ajiya. 10 Los perros comerán a Jezabel en el campo de Jezrael, y no habrá nadie que le dé sepultura." Después, el hombre abrió la puerta y huyó.

El encargo hecho a Elías (1 Re 19:16) lo cumple por orden de Elíseo uno de los hijos de los profetas. No se sabe el punto de partida, pero el mensajero recibe la orden de ir a Ramot Galaad y ungir por rey de Israel al general Jehú, que, en ausencia del rey, herido en Jezrael, estaba al frente de las tropas. El viaje de ida y vuelta tenía que ser rápido, lo que se indica con la frase "cíñete los lomos" (4:29) y la advertencia de que, una vez cumplida su misión, huyera sin detenerse (ν.8:10).
En Israel reinaba el descontento. En el interior, el excesivo lujo de palacio reclamaba constantemente el aumento de les impuestos. La conducta religiosa de la corte le restaba la simpatía y colaboración de muchos que odiaban la importación del culto de Baal de Fenicia (1 Re 19:18). A Elíseo poca simpatía le inspiraba Joram (3:13) En el exterior había perdido el rey la guerra con los moabitas (3:27); habíase indispuesto con Jazael en unos momentos en que pesaba sobre ambos la amenaza de Asiría. Joram era un rey marioneta, movido por su madre Jezabel.
El profeta llegó a Ramot, llamó aparte a Jehú, a quien ungió por rey, excediéndose acaso el joven profeta en el hablar, al recitar la amenaza que pronunció Elías contra Ajab (1 Re 21:21-23). A Jezabel se la hace responsable de la muerte de los profetas de Yahvé (1 Re 18:4; 19:10). Pero es posible que se le atribuyan más cosas de las que dijo. Según el P. De Vaux, el autor del libro añadió los oráculos contra Ajab, Jeroboam (1 Re 14:10-11) y Basa (1 Re 16:3-4). En el relato primitivo no figuraba nada de esto; el joven profeta, obediente a las disposiciones impartidas por su maestro, ungió a Jehú por rey y marchó sin proferir palabra alguna.
Rebelión de Jehú (9:11-37)
11 Cuando salió Jehú para reunirse con los servidores de su señor, le dijeron éstos: "¿Va todo bien? ¿Por qué ha venido a ti ese loco?" Jehú respondió: "Sguramente conocéis al hombre y sabéis lo que me ha dicho." 12 Ellos respondieron: "No es verdad. Explícanos lo que ha dicho." El entonces dijo: "Esto y esto es lo que ha dicho: Así habla Yahvé: Yo te unjo por rey de Israel." 13 En seguida tomaron todos sus mantos y los pusieron debajo de él en las gradas, y, haciendo sonar las trompetas, gritaron: "¡Jehú, rey!" 14 Así conspiró Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra Joram. Joram defendía con todo Israel a Ramot Galaad contra Jazael, rey de Siria; 15 pero el rey Joram había tenido que volverse para curarse en Jezrael de las heridas que los sirios le habían hecho cuando combatía centra Jazael, rey de Siria. Jehú dijo: "Pues que lo queréis, sea; pero que no salga de la ciudad nadie que pueda llevar la noticia a Jezrael." 16 Jehú subió a su carro y partió para Jezrael, pues Joram estaba allí en cama, y Ocozías, rey de Judá, había bajado a verle. 17 El centinela que estaba en la torre de Jezrael vio venir a la tropa de Jehú y dio la noticia: "Veo venir una tropa." Joram dijo: "Manda que salga a su encuentro uno de a caballo para saber si es de paz." 18 Salió el jinete, se presentó a Jehú y preguntó: "Así habla el rey: ¿Es la paz?" Jehú respondió: "¿Qué te importa a ti la paz? Vuélvete detrás de mí." El centinela dio luego el aviso, diciendo: "El mensajero ha llegado hasta ellos, pero no vuelve." 19 Entonces se mandó otro a caballo, que, llegado a ellos, preguntó: "Así habla el rey: ¿Hay paz?" Y Jehú respondió: "¿Qué te importa a ti la paz? Vuélvete detrás de mí." 20 El centinela volvió a decir: "También éste ha llegado a ellos y no vuelve; mas, al parecer, por la marcha, el que viene es Jehú, hijo de Nimsi, porque viene con mucho ímpetu." 21 Entonces Joram dijo: "Engancha"; y enganchado que fue su carro, salió Joram, rey de Israel, y Ocozías, rey de Judá, cada uno en su carro. Salieron al encuentro de Jehú, a quien hallaron en la heredad de Nabot de Jezrael. 22 En cuanto vio Joram a Jehú le preguntó: "¿Hay paz, Jehú?" Y éste respondió: "¿Qué paz mientras duren las prostituciones de Je-zabel, tu madre, y sus muchas hechicerías?" 23 Entonces Joram, volviendo grupas, huyó y dijo a Ocozías; "¡Traición, Ocozías !" 24 Pero Jehú tendió su arco e hirió a Joram entre las espaldas, saliéndole la flecha por el corazón, y Joram cayó en su carro. 25 Jehú dijo a su oficial Bidcar: " Tomalo y tírale en el campo de Nabot de Jezrael, pues me acuerdo de que, cuando yo y tú íbamos juntos a caballo detrás de Ajab, su padre, Yahvé pronunció contra él la sentencia, diciendo: 26 Yo he visto ayer la sangre de Nabot y de sus hijos, dice Yahvé, y yo te daré su merecido en esta misma heredad. Tomalo pues, y tírale a ese campo, según la palabra de Yahvé." 27 Ocozías, rey de Judá, que vio esto, huyó por el camino de Bet Ganim; pero Jehú le persiguió, diciendo: "También a él." Y le hirieron en el carro en la subida de Gur, cerca de Jibleam; él siguió hasta Megid-do, pero allí murió. 28 Sus servidores le trasladaron en un carro a Jerusalén y le sepultaron en la sepultura de sus padres, en la ciudad de David. 29 Ocozías había comenzado a reinar el año once de Joram, hijo de Ajab. 30 Jehú entró en Jezrael. Sabiéndolo Jezabel, se pintó los ojos, se peinó y se puso a mirar a una ventana. 31 Al pasar Jehú por la puerta, le gritó: "¿Le salió bien la cosa a Zimbri, asesino de su señor?" 32 El alzó el rostro hacia la ventana y preguntó: "¿Quién eres tú para que quieras contender conmigo?" Entonces miraron por la ventana dos o tres eunucos, 33 y él les mandó: "Echadla abajo"; y ellos la echaron, y su sangre salpicó los muros y los caballos; Jehú la pisoteó con sus pies, 34 y después entró, comió, bebió y dijo: "Id a ver a esa maldita y enterradla, que al fin es hija de rey." 35 Fueron para enterrarla; pero no hallaron de ella más que el cráneo, los pies y las palmas de las manos. 36 Volvieron a dar cuenta a Jehú, que dijo: "Es la amenaza que había hecho Yahvé por su siervo Elías tisbita, diciendo: Los perros comerán la carne de Jezabel en el campo de Jezrael, 37 y el cadáver de Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campo, en el campo de Jezrael, de modo que nadie podrá decir: Esta es Jezabel."

El profeta atrajo la atención de la oficialidad tanto por su condición de profeta extático como por su atuendo externo y sus modales rústicos, andar alocado y quizá por la tonsura que llevaba (Jer 29:26; Os 9:7). Sin embargo, todos demuestran su ansia por conocer el porqué de la llegada de aquel loco. Al enterarse, todos reconocieron a Jehú por rey. Tomaron inmediatamente sus mantos, que extendieron ante Jehú (Mt 21:8). Una vez declarado rey, trató Jehú (841-814) de deshacerse cuanto antes del impopular Joram. Prohibió que nadie se adelantara a anunciarle lo sucedido. Acompañado de un grupo de soldados y de su ayudante Bidcar (v.25), montó en su carro y se dirigió a Jezrael, donde hallábanse los reyes de Israel y de Judá. Desde lejos apercibió su llegada el centinela. A los dos reyes no les pareció de buen augurio la llegada intempestiva del general del ejército, por lo que decidieron enganchar sus carros y salir le al encuentro, alcanzándolo en la heredad de Nabot de Jezrael. Joram creía ver en todo ello un revés militar en Ramot Galaad, no una rebelión. El choque entre los reyes y Jehú fue violento. Sin apearse del carro disparó Jehú una flecha contra Joram, atravesándole el corazón. Su cadáver fue arrojado en el campo de Nabot, la inocente víctima de Ajab (1 Re 21:1-29). Ocozías pudo huir por el camino de Bet Hagan, en las cercanías de Engannim, el actual Djenin (Jos 19:21; 21:29), pero le persiguió Jehú, hiriéndole al llegar a la subida de Gur, cerca de Jibleam (Jos 17:11; Jue 1:27), hoy tell Belameh, al mediodía de Djenin, arrastrándose hasta Megiddo (tell él-Musellim), donde murió exangüe. Numerosos príncipes y altos funcionarios de Judá fueron asesinados en Bed Equed, llanura de Beit Qad, cerca de Djenin (10:12-14). La misma suerte corrió la familia real.
Al entrar Jehú en Jezrael divisó a la impía Jezabel apoyada en el alféizar de una ventana de palacio. Jezabel alude al reinado efímero de Zimbri (siete días), asesino de Ela (1 Re 16:15-18). Murió Jezabel en un charco de sangre, pisoteada por los caballos de la comitiva de Jehú. Dice el texto que Jehú "la pisoteó con sus pies." A su cadáver no se dio sepultura. De ahí las palabras de Jehú de que "el cadáver de Jezabel será como estiércol sobre el campo de Jezrael." Según Jeremías (8:2; 9:21; 6:4; 25:33), el cadáver sin recibir sepultura es como un estercolero esparcido por el campo. Tuvo el rey compasión de la reina y mandó que la enterrasen, porque, al fin, era hija de rey. Al ir a cumplimentar la orden de Jehú, los comisionados no encontraron más que el cráneo, pies y las palmas de las manos, lo que hizo exclamar a Jehú que el oráculo de Elías habíase cumplido en todos sus pormenores: privación de sepultura, devorado su cadáver por los perros, abandonado sobre el campo y tan desfigurado que nadie podrá decir: Esta es Jezabel (1 Re 21:23).
Matanzas de Jehú (10:1-14)
1 Había en Samaría setenta hijos de Ajab. Jehú escribió cartas, que mandó a Samaría, a los príncipes de la ciudad. En ellas decía: 2 "En cuanto recibáis esta carta, pues que tenéis con vosotros a los hijos de vuestro señor y, además, carros y caballos, ciudades fortificadas y armas, 3 ved cuál de los hijos de vuestro señor queréis mejor y os conviene poner en el trono de su padre, y combatid por la casa de vuestro señor." 4 Ellos se llenaron de miedo, y se dijeron: "Dos reyes no han podido resistirle, ¿cómo vamos a resistirle nosotros?" 5 Y el mayordomo de palacio, los ancianos y los ayos mandaron a decir a Jehú: "Nosotros somos servidores tuyos y haremos cuanto tú nos digas. No elegiremos a ninguno por rey. Haz tú lo que bien te parezca." 6 Entonces les escribió Jehú una segunda carta, en que les decía: "Si estáis por mí y dispuestos a obedecerme, tomad las cabezas de esos hombres, hijos de vuestro señor, y venid a mí mañana a estas horas a Jezrael." 7 Cuando éstos recibieron la carta, cogieron a los hijos del rey, setenta hombres; los degollaron y pusieron sus cabezas en canastillas, y se las mandaron a Jehú a Jezrael. 8 Vino uno a informarle, diciendo: "Han traído las cabezas de los hijos del rey"; y él dijo: "Ponedlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta mañana." 9 Por la mañana salió, y, presentándose ante el pueblo todo, dijo: "Vosotros sois justos. Yo he conspirado contra mi señor y le he dado muerte. Pero ¿quién ha matado a todos éstos? 10 Sabed, pues, que no caerá por tierra ni una de las palabras que Yahvé ha pronunciado contra la casa de Ajab. Yahvé cumple lo que declaró por medio de su siervo Elías." 11 Y Jehú mató a todos cuantos de la casa de Ajab quedaban en Jezrael, a todos sus parientes, a sus familias y a sus sacerdotes, sin dejar escapar a uno solo. 12 Después se levantó para ir a Samaría, y, llegado a un albergue de pastores que había en el camino, 13 encontró a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y les preguntó: "¿Quiénes sois vosotros?" Y ellos le dijeron: "Somos los hermanos de Ocozías, que hemos venido a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina." 14 Jehú dijo: "Cogedlos vivos." Cogiéronlos vivos y los degollaron, en número de cuarenta y dos, en la cisterna del albergue. Jehú no dejó escapar ni a uno solo.

Los hijos de Ajab y de Joram vivían en Samaría. En cifras redondas, se dice que eran setenta (Gen 46:27; Jue 8:30; 9:2; 12:14). Dado que los reyes disponían de un nutrido harén, era también numeroso el número de hijos. Era costumbre en Oriente exterminar a todos los que tenían algún derecho al trono, con el fin de no tener rival alguno que hiciera peligrar al nuevo monarca (Jue 9:5; 1 Re 15:29; 16:11). La carta de Jehú es lo suficientemente expresiva para que los destinatarios sepan a qué atenerse. La situación de hecho es que Jehú ha matado al rey y de que ocupa ahora él el trono. Reunidos en consejo el mayordomo de la casa real, el gobernador de la ciudad, los ancianos y tutores, decidieron aceptar los dos hechos consumados. Entonces les exigió Jehú la entrega de las cabezas de los hijos y nietos de Ajab. Cumplida la orden, llevaron a Jezrael las cabezas de los muertos, que fueron apiladas en dos montones, junto a las puertas de la ciudad. En algunas representaciones asirías se ven montones análogos de cabezas de enemigos colocadas en la puerta durante la noche 1. Por la mañana acudió Jehú a aquel lugar con el fin de tapar la boca a los amigos de comentar desfavorablemente los sucesos de la actualidad. En su alocución quiere probar que la dinastía de Ajab ha desaparecido para siempre y de que tal era la voluntad de Yahvé, de quien Jehú es mero instrumento (1 Re 21:19-24). Da garantía al pueblo de que la sangre derramada no caerá sobre la ciudad, porque no reclamará venganza (Gen 9:6; Ex 21:12; Deut 21:1-9). El, con cinismo, únicamente se hace responsable de la muerte de Joram; el pueblo es inocente; del asesinato de los hijos del rey no sabe él nada. ¿Quién los ha matado?
También a los familiares del rey de Judá llegó el castigo. Iba Jehú de Jezrael a Samaría para tomar posesión de la capital, cuando, al llegar a Bet Equed, quizá Bed Qad, cerca de Djenin (9:27), encontró a una numerosa parentela de Ocozías (2 Crón 22:8) que se dirigía a Jezrael para saludar a la familia real de Israel. Es muy probable que esta noticia esté fuera de lugar, ya que, habiendo rebasado ellos la ciudad de Samaría, podían en el camino haberse enterado de los acontecimientos. Por razón de este parentesco se deshace también Jehú de los posibles pretendientes al trono de Israel de parte de Ocozías.
Encuentro con Jonadab (10:15-17)
15 Partido de allí, encontró a Jonadab, hijo de Recab, que venía a su encuentro; le saludó y le dijo: "¿Es sincero conmigo tu corazón, como lo es el mío contigo?" Y Jonadab le respondió: "Sincero." "Si es así —replicó Jehú —, dame la mano." Jonadab le dio la mano, y Jehú le hizo subir a su carro junto a él, 16 y dijo: "Ven conmigo, y verás mi celo por Yahvé." Llevólo, pues, en su carro; 17 y cuando llegó a Samaría, mató a cuantos de Ajab quedaban en Samaría, exterminándolos del todo, según la palabra que Yahvé había dicho a Elías.

Jonadab pertenece a la secta de los recabitas (1 Crón 2:55); fundador de la misma, según Jeremías (35:6). Yahvistas fervientes, veían con malos ojos la vida sedentaria de los hebreos, viviendo en ciudades, cultivando campos y construyendo edificios. Según el texto de Jeremías (35:1-11), a los recabitas les estaba totalmente prohibido beber vino, construir casas, sembrar los campos, plantar y poseer viñas. Durante toda su vida debían vivir en tiendas, "con tal de vivir muchos años en la tierra en la que eran peregrinos," Al llegar Nabucodonosor a Palestina, los recabitas refugiáronse en Jerusalén. La presencia de Jonadab en el carro de Jehú era buen cebo para atraerse la colaboración de los adictos al culto de Yahvé 2.
Degollina de falsos profetas (10:18-28)
18 Después reunió a todo el pueblo y le dijo: "Ajab sirvió poco a Baal; Jehú le servirá más. 19 Llamad, pues, a mí a todos los profetas de Baal, a todos los sacerdotes, sin que quede ni uno solo, porque quiero ofrecer a Baal un gran sacrificio. El que falte no vivirá." Jehú obraba arteramente, para exterminar a los servidores de Baal. 20 Dijo, pues: "Promulgad una fiesta en honor de Baal." Promulgáronla, 21 enviando mensajeros por todo Israel, y llegaron todos los servidores de Baal, sin que ni uno dejara de venir, y entraron en la casa de Baal, que se llenó de bote en bote. 22 Jehú dijo al que estaba al cuidado del vestuario: "Saca vestiduras para todos los siervos de Baal." El las sacó, 23 y fue Jehú con Jonadab a la casa de Baal y dijo a los servidores de Baal: "Mirad y ved si por acaso hay aquí entre vosotros algún servidor de Yahvé o si están sólo los servidores de Baal." 24 Y entró Jehú para ofrecer sacrificios y holocaustos. Había apostado fuera a ochenta hombres, diciéndoles: "Cualquiera que dejare escapar a alguno de estos que yo pongo en vuestras manos, me responderá de su vida con la suya." 25 Cuando hubo acabado de preparar los sacrificios y holocaustos, Jehú dijo a los de su guardia y a los oficiales: "Entrad y matadlos, sin que ni uno quede." Los de la guardia y los oficiales pasáronlos a todos a cuchillo. Penetraron luego en el templo de Baal, 26 sacaron fuera el altar de Baal y lo quemaron. 27 Destrozaron los cipos de Baal y, derribando el templo, hicieron de él una cloaca, que todavía subsiste hoy. 28 Así exterminó Jehú a Baal de en medio de Israel.

Aparte del trato de favor con que distinguió a Jonadab, Jehú no había dejado traslucir claramente cuál sería su conducta religiosa. Por lo mismo pudo valerse de una estratagema para acabar con los profetas del dios fenicio, cuyo culto oficial introdujo Ajab por instigación de Jezabel (1 Re 16:31; 18:26; 19:18; 22:54). El lugar de reunión fue el templo que Ajab había hecho levantar a Baal (1 Re 16:32). Según Lagrange 3, la costumbre de cambiar de vestido para tomar parte en el culto es muy antigua (Gen 35:2), hallándose atestiguada entre los fenicios y árabes paganos. La causa de este cambio de vestido debe buscarse quizá en la creencia de que el vestido del que está en el lugar santo es sagrado y no puede utilizarse para la vida común o profana. Es problemático que Jonadab, ferviente yahvista, entrara en el templo pagano; quizá un escriba introdujo en el texto este detalle. ¿Ofreció Jehú el holocausto? El texto puede entenderse en el sentido de que él tomó parte únicamente en la preparación del holocausto. Llegado el momento del ofrecimiento de las víctimas, confió la tarea de su sacrificio a los sacerdotes de Baal, en tanto que él salía del santuario por una puerta lateral. Terminada la matanza, los oficiales destruyeron los masseboth (1 Re 14:23), rompieron las estatuas de Baal y demolieron su templo, cuyo lugar fue dedicado en adelante a vertedero.
Castigo de Jehú (10:29-36)
29 Con todo, no se apartó Jehú de los pecados con que Jero-boam, hijo de Nabat, hizo pecar a Israel, y dejó en pie los becerros de oro que había en Betel y Dan. 30 Yahvé dijo a Jehú: "Por haber hecho lo que es recto a mis ojos, haciendo desaparecer a la casa de Ajab, conforme a mi voluntad, tus hijos se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación. 31 Pero Jehú no se cuidó de andar con todo su corazón en la Ley de Yahvé, Dios de Israel, ni se apartó de los pecados con que Jeroboam había hecho pecar a Israel. 32 En aquellos días comenzó Yahvé a cercenar el territorio de Israel, y los hirió Jazael en toda la frontera de Israel, 33 desde el Jordán, a oriente, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manases, desde Aroer, que está junto al torrente del Arnón, hasta Galaad y Basan. 34 El resto de los hechos de Jehú, cuanto hizo, sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 35 Jehú se durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaría. Le sucedió Joacaz, su hijo. 36 Había reinado Jehú veintiocho años sobre Israel en Samaría.

A pesar de su campaña contra el culto de los baales, no destruyó los becerros de oro que puso Jeroboam en Betel y Dan (1 Re 12:28-32). En premio de su celo religioso ocupará su descendencia el trono de Israel hasta la cuarta generación. Su dinastía duró desde 841 hasta 743 antes de Cristo. ¿Aprobó Dios las matanzas de Jehú? Para juzgar su conducta deben tenerse presentes los siguientes puntos: 1) La imperfección moral en la antigua economía. Jehú comportóse como solían hacerlo los soberanos de aquel tiempo. Dios, que previo la conducta de Jehú, sirvióse de la misma, dejando que las causas segundas siguieran su camino, para castigar los pecados de Ajab. 2) Jehú se excedió en su cometido, derramando más sangre de la que convenía.
Mayor castigo le esperaba a Jehú desde el exterior. Enterado Jazael de la situación interna de Israel, atacó de improviso su territorio, apoderándose de toda TransJordania, cumpliéndose con ello lo dicho por Elíseo (8:12). Con el fin de oponerse a la obra de Jazael, buscó Jehú la protección de Salmanasar III, al que envió un tributo para ganarlo a su causa. En el prisma de Salmanasar aparece Jehú postrado ante el rey asirio. Di cese allí que el rey asirio recibía tributo de Tiro y Sidón y de "Ya-ú-a, hijo de Hu-um-rí" (Pritchard, 281), esto es, de Jehú, de la casa de Omri (1 Re 16:27). Pero era un enemigo demasiado potente Jazael para que Salmanasar le redujera a silencio. En efecto, según el prisma de Salmanasar, Jazael, "hijo de nadie," ocupó el reino, y reunió un gran ejército para luchar contra el rey asirio. "Yo — dice Salmanasar en su prisma — luché contra él, tomé sus ciudades fortificadas; él, para salvar su vida, huyó. Le perseguí hasta Damasco, capital del reino." El año 842 Salmanasar trabó batalla con Jazael en el monte Senir (Sa-ni-ru)t en el Antilíbano, en la que el rey de Damasco perdió mil ciento veintiún carros y cuatrocientos setenta caballos. Encerrado en Damasco, defendióse con éxito, en tanto que Salmanasar recorría y devastaba el territorio hasta el Haurán (Pritchard, 280).
Sin embargo, tanto esta vez como en otra más tarde tuvo Sal-ttianasar que retirarse sin haber doblegado al enérgico y hábil Jazael. Para colmo de sus males, el rey asirio vióse constreñido hacia el año 839 a huir precipitadamente a su tierra, en donde su hijo Assur-danin-apal habíase revelado contra él; murió cercado en Kalah. Jehú encontrábase de nuevo solo ante el temible Jazael. Como dice el texto, apoderóse éste de las tierras del oriente del Jordán.
Atalía, reina de Judá (11:1-20)
1 Atalía, madre de Ocozías, viendo que había muerto su hijo, levantóse y exterminó a toda la descendencia real. 2 Pero Josaba, hija del rey Joram y hermana de Ocozías, cogió a Joás, hijo de Ocozías, y le sacó furtivamente de entre los hijos del rey cuando los estaban asesinando, ocultándole de Atalía, a él y a su nodriza, en la cámara dormitorio, y así pudo aquél escapar a la muerte. 3 Seis años estuvo oculto con Josaba en la casa de Yahvé, y entre tanto reinó Atalía en la tierra. 4 El año séptimo, Joyada mandó a llamar a los centuriones de los cereteos y la guardia y los introdujo en la casa de Yahvé. Hizo pacto con ellos, juramentándolos en la casa de Yahvé, y les mostró el hijo del rey, 5 dándoles esta orden: "He aquí lo que habéis de hacer: 6 La tercera parte de vosotros, que monta la guardia en el palacio real, 7 más las otras dos partes de vosotros, que montan la guardia en el templo de Yahvé, 8 con las armas en la mano, formaréis en torno del rey y mataréis a cualquiera que pretenda penetrar en las filas. Estaréis junto al rey dondequiera que vaya." 9 Cumplieron les capitanes las órdenes que les había dado el sacerdote Joyada. 10 Tomó cada uno sus gentes, las que hacían el servicio el sábado, y se fueron al sacerdote Joyada. Este les entregó las lanzas y los escudos del rey David, que se hallaban en la casa de Yahvé, 11 y cuando los soldados de la guardia, todos con las armas en la mano, desplegaron desde el lado sur al lado norte, entre el altar y el templo, 12 sacó al rey, púsole la diadema y los brazaletes y le ungió. Todos entonces palmotearon y gritaron: "¡Viva el rey!" 13 Cuando oyó Atalía el estrépito del pueblo, se vino a donde estaba la gente reunida en la casa de Yahvé 14 y miró. Y estaba el rey sobre el estrado, según costumbre, y cerca de él los jefes y las trompetas, y todo el pueblo daba muestras de gran júbilo, mientras sonaban las trompetas. Atalía rasgó sus vestiduras y clamó: "¡Traición! ¡Traición!" 15 Entonces el sacerdote Joyada dio orden a los capitanes, que estaban a la cabeza de las tropas: "Sacadla de las filas y matad a quienquiera que la siga." 16 Pues el sacerdote había dicho: "Que no la maten en la casa de Yahvé." Pusieron sobre ella las manos, y cuando llegó al palacio real, por la puerta de los caballos, allí la mataron. 17 Joyada intervino en la alianza que con Yahvé hicieron el rey y el pueblo, de ser el pueblo de Yahvé.18 Todo el pueblo penetró en el templo de Baal y lo demolió, destruyendo del todo su altar y sus estatuas; y al sacerdote de Baal, Matan, le dieron muerte delante del altar. 19 Después, dejando una guardia en el templo de Yahvé, tomó a los jefes de los cereteos y a los guardias y a todo el pueblo, y llevaron al rey desde el templo de Yahvé al palacio real, donde entró por la puerta de la guardia·Sentose allí sobre el trono real, 20 y todo el pueblo estaba lleno de alegría, y la ciudad se quedó tranquila. Atalía había sido muerta en el palacio real.

Con la muerte de su hijo Ocozías, Atalía, la reina madre, pudo satisfacer sus ansias de mando. De la familia de Ajab no dudó ella en matar a todos los miembros de la familia real, incluidos sus hijos, para ocupar tranquilamente el trono. Su reino duró los años 841-835. Faltó poco para que aniquilara a toda la descendencia davídica, diezmada ya anteriormente (2 Crón 21:17; 2 Re 10:12-14). Pero Josaba, que, según 2 Crón 22:11, era la mujer del sumo sacerdote Joyada, ocultó a Joás, hijo de Ocozías, en la cámara dormitorio. Esta noticia supone que junto al templo existían habitaciones para los sacerdotes. El año séptimo decidió el sumo sacerdote sacar al niño de su escondite y proclamarlo rey en lugar de Atalía. A este fin preparó una amplia conjura. Según 2 Crón 23:2, el sumo pontífice contó con el apoyo de los levitas y del pueblo procedente de provincias; según nuestro texto, la acción fue apoyada principalmente por tropas mercenarias y laicos. Aun en nuestro mismo texto cabe vislumbrar dos relatos combinados. Según v.1-12; 8b-20, la entronización de Joás fue obra del sumo sacerdote, apoyado por la guardia real; en los v. 13-18a se sugiere, en cambio, que un movimiento popular derrocó a Atalía. Los cereteos, o carios, eran tropas mercenarias procedentes de Caria, pueblo del Asia Menor. El día fijado para dar el golpe era un sábado, día en que el cambio de guardia no hacía sospechar ningún complot militar (1 Crón 9:25).
Formada la tropa en el atrio, de cara al altar de los holocaustos, el sacerdote Joyada sacó al niño, púsole la diadema y los brazaletes (2 Sam 1:10) y le ungió por rey. En el texto hebraico, versiones y lugar paralelo de 2 Crón 23:11, en vez de brazaletes (hase adoth), se lee ha eduth = testimonio, ley. Pero este uso de entregar al nuevo rey el rollo de la Ley no es atestiguado por ningún otro texto. Por esto mismo, muchos autores católicos (Landersdorfer, De Vaux, Vaccari, Garofalo) cambian el texto, leyendo brazaletes allí donde el texto masorético dice testimonio, ley.
Terminada la ceremonia, todos los asistentes prorrumpieron en aclamaciones al nuevo monarca. Atalía acudió al lugar del tumulto; al penetrar en el templo pudo ver a Joás colocado sobre un estrado (ammud) para que el pueblo le pudiera contemplar (23:3; 2 Crón 23:13). El sumo sacerdote dio orden a la guardia de que mataran a la reina fuera del templo para no contaminarlo. De regreso a palacio, al llegar a la puerta de los caballos, al sudeste del templo (Jer 31:40; Neh 3:28), cayó asesinada.
El rey de Israel debía ser un monarca teocrático. En los comienzos del reinado del joven monarca se renovó la alianza entre Yahvé, el rey y el pueblo del Señor (Ex 19:5-6). Para renovar este pacto era totalmente imprescindible destruir el templo de Baal existente en Jerusalén, como hizo Jehú con el de Samaría (10.26-27); hacer desaparecer su altar y estatuas. Matan, el sacerdote de Baal al servicio del santuario, fue asesinado ante el altar de su dios.
En el v.20 se deja también traslucir la idea de que el nuevo rey fue entronizado con el apoyo de las gentes de provincia, mientras que los de la capital mostrábanse partidarios de Atalía. Había ésta imitado el ejemplo de Jezabel, introduciendo en el reino de Judá el culto de Baal; pero no estaba dispuesto el pueblo de Judá a recibir en dosis masivas esta irrupción de los cultos de los baales y astartés 1.
Joás y el templo (12:1-17)
1 Tenía Joás siete años cuando comenzó a reinar. 2 Comenzó a reinar Joás el séptimo año de Jehú, y reinó cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sibia, de Berseba. 3 Hizo Joás lo que era recto a los ojos de Yahvé todo el tiempo que le dirigió el sacerdote Joyada; 4 pero no desaparecieron los altos, y seguía el pueblo sacrificando y quemando perfumes en ellos. 5 Joás dijo a los sacerdotes: "Todo el dinero que como ofrenda sagrada ha entrado en el templo de Yahvé, el dinero del rescate de personas según estimación y el que voluntariamente se ofrece a la casa de Yahvé, 6 tómenlo los sacerdotes y empléenlo en reparar la casa de Yahvé, en todo lo que necesite reparación." 7 Pero sucedió que, el año veintitrés del reinado de Joás, los sacerdotes no habían hecho las reparaciones necesarias en la casa. 8 Llamó entonces el rey al sacerdote Joyada y a los otros sacerdotes y les dijo: "¿Por qué no habéis reparado lo que había que reparar en la casa? En adelante no seréis vosotros los que dispongáis del dinero del pueblo, sino que lo entregaréis para que se haga la reparación de la casa." 9 Los sacerdotes asintieron a no ser ellos los que recogieran el dinero del pueblo para hacer las reparaciones de la casa" 10 Entonces el sacerdote Joyada tomó un cofre, hizo en su tapa un agujero y le puso al lado del altar, a la derecha, en el paso para la entrada en la casa de Yahvé. Los sacerdotes de guardia metían allí todo el dinero que se traía a la casa de Yahvé; 11 y cuando se veía que en el cofre había bastante dinero, subía el secretario del rey con el gran sacerdote y contaban el dinero que había en la casa de Yahvé. 12 Iban entregando a los encargados de las obras de reparación lo necesario para pagar a los carpinteros y demás obreros que trabajaban en la casa de Yahvé, 13 a los albañiles y a los canteros, para el pago de las maderas y el tallado de las piedras necesarias para las reparaciones. 14 Pero con todo lo que entraba en la casa de Yahvé no hubo para hacer ni fuentes de plata, ni cuchillos, ni copas, ni trompetas; en suma, nada de oro ni de plata, 15 sino que hubo que emplearlo todo en la reparación de la casa. 16 No se tomaban cuentas a los que recibían el dinero para entregarlo a los que hacían las obras, porque eran personas de fidelidad. 17 El dinero por el delito y el dinero por los pecados no entraba en la casa de Yahvé, porque era de los sacerdotes.

El nuevo rey subió al trono de Judá a la sombra del templo y del sacerdocio; era, pues, justo que se interesara por el santuario nacional. Joás reinó aproximadamente los años 835-796. Desde el punto de vista religioso, su reinado no merece ningún reproche grave; únicamente se le achaca no haber suprimido los lugares de culto de los altos. Su conducta religiosa fue buena, por estar asesorado por el sumo pontífice Joyada.
El templo de Jerusalén necesitaba reparaciones urgentes, mayormente después de los siete años de total abandono por parte de Atalía (2 Crón 24:7). La administración de las obras confióse en un principio a los sacerdotes; pero pasaron veintitrés años, y las obras no se habían empezado todavía, por lo cual el rey les quitó la administración. Junto al altar de los holocaustos, en el atrio interior, se puso una arquilla o cepo en el que se echaba todo el dinero que se daba para las obras. Los que administraban las obras eran laicos muy honrados, de manera que ni siquiera se les exigía cuentas, lo que indirectamente condena la mala administración en un tiempo en manos de los sacerdotes (v.7). El dinero por el delito y por el pecado (Lev 4:2-24; 5:2, 13:15-19) se entregaba a los sacerdotes para su mantenimiento.
Joás y Jazael (12:18-20)
18 Entonces subió Jazael, rey de Siria, y atacó a Gat y la tomó. Jazael tenía el designio de subir contra Jerusalén. 19 Joás, rey de Judá, tomó todas las cosas consagradas, lo que habían consagrado Josafat, Joram y Ocozías, sus padres, reyes de Judá, y lo que él mismo había consagrado, y todo el oro que había en el tesoro de la casa de Yahvé y en el del real palacio, y enviólo todo a Jazael, rey de Siria, que desistió de subir contra Jerusalén. 20 El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

Jazael, rey de Damasco, libre ya de Asiría, amenazó constantemente a Palestina. Dueño prácticamente de todo el reino del Norte (13:3-7)" atrevióse a profundizar hasta Gat (1 Sam 21:11; 1 Re 2:39-40), en la región de los filisteos. Es muy probable que la campaña contra Gat tuviese lugar en tiempos de Ben Hadad III.
Muerte de Joás (12.21-22)
21 Sus servidores conspiraron contra él, y, rebelándose, le mataron cuando bajaba a la casa del terraplén. 22 Josacar, hijo de Simat, y Josabab, hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió. Fue sepultado con sus padres en la ciudad de David, y le sucedió Amasias, su hijo.

En 2 Crón 24:18-23 se hace una exposición severa de la conducta religiosa de Joás después de la muerte de Joyada. En castigo e haber matado a Zacarías, hijo de Joyada, sufrió Joás la invasión e Jazael. Sus servidores conspiraron contra él, matándole en la casa de Millo, o sea, del terraplén (1 Re 9:15-24; 11:27). Parece tratarse de una confabulación de altas personalidades del reino.
Joacaz, rey de Israel (13:1-9)
1 El año veintitrés de Joás, hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz, hijo de Jehú, en Samaría, y reinó diecisiete años. 2 Hizo el mal a los ojos de Yahvé y siguió los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, con que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos. 3 Encendióse el furor de Yahvé contra Israel, y los entregó en manos de Jazael, rey de Siria, y en manos de Ben Hadad, hijo de Jazael, todo el tiempo que estos reyes vivieron. 4 Joacaz imploró a Yahvé, y Yahvé le oyó, pues vio la opresión en que los reyes de Siria tenían a Israel. 5 Se. paró a Israel un libertador, que les sacó de las manos de los sirios, y habitaron en sus tiendas como antes; 6 pero no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, que había hecho pecar a Israel, sino que se dieron a ellos, y aún una "asera" quedaba erigida en medio de Samaría. 7 De todo el ejército que tenía Joacaz no le dejó Yahvé más que cincuenta caballeros, diez carros y diez mil infantes, porque el rey de Siria los había aniquilado, como si los redujera a polvo.8 El resto de los hechos de Joacaz, cuanto hizo, sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 9 Joacaz se durmió con sus padres y fue sepultado en Samaría. Le sucedió Joás, su hijo.

Reinó unos diecisiete años en Israel (814-798). Malos vientos soplaban para Israel. Retenido el rey de Asiría en su territorio por intrigas internas, tuvo Jazael las manos sueltas para oprimir a Israel, al que sólo autorizó el uso de diez carros de combate —Ajab condujo dos mil a la batalla de Qarqar (853) —, cincuenta caballeros y diez mil soldados. La política de Jazael inspirábase en el odio hacia Israel por no haberse unido éste a la liga contra el rey de Asiría. La misma línea política siguió su sucesor Ben Hadad III (c.797-773).
¿Quién es el libertador que se anuncia en el v.57 Algunos creen que fue Jeroboam II (14:27), en tanto que otros ven en él al monarca asirio Adadnirari. Al emanciparse de la tutela de su madre Semíramis, Adadnirari (810-782) continuó la política de penetración hacia occidente, queriendo vengarse de aquellas regiones que o bien se desuncieron del carro asirio o se negaron a continuar pagando el tributo convenido. De esta política en favor o en contra de Asiría en tierras de Siria y Palestina tenemos diversos documentos. Adadnirari cebóse con el reino de Damasco por considerarlo cabeza de la liga antiasiria y por ser el más fuerte de todos. Todo su reino fue saqueado y cercada la capital. El rey de Damasco, que Adadnirari llama con el nombre genérico de Mari, era Ben Hadad III, el cual escapó con vida pagando al de Asiría un tributo de guerra equivalente a treinta y dos millones de dólares, además de entregar telas, tejidos de algodón, camas y sillas con incrustaciones de marfil, etc. Parte de este botín ha sido hallado en Arslán Tas, la antigua Hadatu. En una placa de marfil se lee: "A nuestro amo Jazael." Asiría quitó de en medio al temible reino de Damasco, pero Israel (Hu-um-ri) no pudo substraerse a la influencia de Asiría, a la que enviaba tributos. "Desde el Eufrates hasta el mar Grande, donde se pone el sol, he sometido al país en Hatti y el de Amurru en su totalidad, el de Tiro, el de Sidón, el de Omri (Hu-um-ri), el de Edom y el de la Filistea. Les impuse un fuerte tributo." Tal es el texto de una inscripción perteneciente a Adadnirari III grabado en una losa encontrada en Kalak. De lo dicho aparece que los asirios libertaron parcialmente a Israel del dominio de Damasco 1.
Muerte de Elíseo (13:10-25)
10 El año treinta y siete de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar Joás, hijo de Joacaz, en Israel, en Samaría, y reinó dieciséis años. 11 Hizo el mal a los ojos de Yahvé, y no se apartó de ninguno de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel, sino que se dio a éstos como él. 12 El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, sus hazañas, y la guerra contra Amasias, rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 13 Joás se durmió con sus padres, y le sucedió Jeroboam. Joás fue sepultado en Samaría con los reyes de Israel. 14 Enfermó Elíseo de la enfermedad de que murió, y Joás, rey de Israel, bajó a verle, lloró sobre él, y dijo: "¡Padre mío, padre mío! ¡Carro de Israel y su auriga!" 15 Elíseo le dijo: "Toma tu arco y unas flechas." El tomó arco y flechas. 16 Luego dijo Elíseo al rey de Israel: "Pon tus manos en el arco." Y él las puso, y puso Elíseo las suyas sobre las del rey. 17 Luego añadió: "Abre la ventana que da al oriente." Abrióla, y Elíseo le dijo: "Dispara"; y disparó. Elíseo exclamó: "Es una flecha de liberación de Yahvé; es una flecha de liberación contra Siria. Tú batirás a los sirios en Afee hasta exterminarlos." 18 Elíseo le dijo nuevamente: " Toma las flechas." El las tomó, y Elíseo le mandó: "Hiere la tierra"; y el rey la hirió tres veces, y se detuvo. 19 El hombre de Dios se irritó contra él, y le dijo: "Debieras haber herido cinco o seis veces, y entonces hubieras llegado a batir a los sirios hasta la exterminación; ahora sólo tres veces los batirás." 20 Elíseo murió y fue sepultado. Por entonces hacían incursión en la tierra, un año y otro, las tropas de Moab; 21 y sucedió que, mientras estaban unos sepultando a un muerto, vieron de pronto venir una de estas tropas, y arrojaron al muerto en el sepulcro de Elíseo y se fueron; y en cuanto el muerto llegó a tocar los huesos de Elíseo, resucitó y se puso en pie. 22 Jazael, rey de Siria, afligió a Israel todo el tiempo de la vida de Joacaz. 23 Pero Yahvé tuvo misericordia de ellos y los miró por amor de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, y no quiso destruirlos del todo, y no los arrojó de ante sí. 24 Murió Jazael, rey de Siria, y le sucedió su hijo Ben Hadad. 25 Joás, hijo de Joacaz, reconquistó de manos de Ben Hadad, hijo de Jazael, las ciudades conquistadas por Jazael a Joacaz, su padre, durante la guerra. Joás batió tres veces a los sirios y recobró las ciudades de Israel.

Al principio del reinado de Joás (798-783), rey de Israel, hacíase sentir todavía la presión de Damasco. Pero, animado el rey por Elíseo, combatió a los árameos, venciéndolos tres veces y recuperando las ciudades perdidas durante el reinado de Jazael. Los oráculos de Elíseo (v. 14-25) se refieren a estas luchas entre Joás y Ben Hadad III. A la provocación por parte de Amasias, rey de Judá (796-781), respondió Joás batiéndolo en Bet Shemes, subiendo a Jerusalén, desmantelándola y saqueando los tesoros del templo y del palacio real.
Elíseo cayó enfermo de gravedad; murió y fue enterrado en su pueblo de Abel Mejola (teli Abu Šifri), al sur de Betsán.
Con Elíseo desaparecía un gran profeta que había actuado intensamente en la vida nacional. Yahvista fervoroso, se opuso tenazmente al culto de los baales, increpando a los reyes por su conducta religiosa. El mismo Ajab, cautivo en las mallas de su mujer, cruel y fanática, rompió sus vestiduras, se vistió de saco y ayunó cuando le anunció Elíseo el castigo por el asesinato de Nabot (1 Re 21:27). Fue Elíseo un valladar ante la invasión de los profetas de Baal, procedentes de Fenicia, a quienes Elías desenmascaró sobre el Carmelo (1 Re 18:26-29). Demostró hasta la saciedad que Yahvé es el único Dios que habla a los profetas. Los profetas falsos daban sus oráculos a sueldo, mientras que Elíseo se comporta desinteresadamente (5:16) 2.
Amasias, rey de Juda (14:1-22)
1 El año segundo de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel, comenzó a reinar Amasias, hijo de Joás, rey de Judá. 2 Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en Jerusalén. Su madre se llamaba Joadán, de Jerusalén. 3 Hizo lo recto a los ojos de Yahvé; no, sin embargo, como David, su padre. Obró enteramente como había obrado Joás, su padre. 4 No desaparecieron los altos, y el pueblo siguió ofreciendo sacrificios y perfumes en ellos. 5 Cuando hubo afirmado en sus manos el reino, castigó a los servidores que habían matado al rey, su padre; 6 pero no hizo morir a los hijos de los asesinos, según lo que está escrito en el libro de la Ley de Moisés, donde manda Yahvé: "No se hará morir a los padres por los hijos ni se hará morir a los hijos por los padres, sino que se hará morir a cada uno por su pecado." 7 Batió a diez mil edomitas en el valle de la Sal. Conquistó en la guerra Sela, y la llamó Joctel, nombre que conserva hoy todavía. 8 Entonces mandó Amasias mensajeros a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, para decirle: "Ven que nos veamos las caras." 9 Joás, rey de Israel, hizo decir a Amasias: "El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del Líbano: Dame tu hija por mujer para mi hijo. Las fieras del Líbano pasaron y pisotearon el cardo. 10 Tú has batido a los edomitas, y tu corazón se ha envanecido. Goza tu gloria y quédate en casa. ¿Para qué meterte en una empresa desafortunada, que será tu ruina y la de Judá?" 11 Pero Amasias no le escuchó, y Joás, rey de Israel, subió y se vieron las caras él y Amasias, rey de Judá, en Betsamés, que está en Judá. 12 Judá fue batido por Israel, y cada uno huyó a su tienda. 13 Joás, rey de Israel, cogió prisionero en Betsamés a Amasias, rey de Judá, hijo de Joás, hijo de Ocozías, y vino a Jerusalén e hizo una brecha de cuatrocientos codos en la muralla de Jerusalén, desde la puerta de Efraím hasta la puerta de la Esquina. 14 Se apoderó de todo el oro y plata y de los vasos que había en la casa de Yahvé y en el tesoro del palacio real, y, tomando rehenes, retornó con ellos a Samaría. 15 El resto de los hechos de Joás, cuanto hizo, sus hazañas y la guerra que hizo a Amasias, rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 16 Joás se durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaría con los reyes de Israel. Le sucedió Jero-boam, su hijo. 17 Amasias, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel. 18 El resto de los hechos de Amasias, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 19 Se tramó contra él una conjuración en Jerusalén, y huyó a Laquis; pero le persiguieron hasta Laquis, y allí le dieron muerte. 20 Le trajeron en caballos, y fue sepultado en Jerusalén con sus padres, en la ciudad de David. 21 Todo el pueblo de Judá tomó a Azarías, hijo de Amasias, y le puso sobre el trono, a la edad de dieciséis años, en lugar de Amasias, su padre. 22 Azarías reedificó a Elat y la restituyó al dominio de Judá después de dormirse el rey con sus padres.

De los primeros actos de su remado (796-781) fue la muerte de los asesinos de su padre, Joás (12:21-22); pero, dado que las circunstancias de política interior aconsejaban el apaciguamiento, no hizo morir a los hijos de los asesinos. El autor señala que este proceder se inspiraba en Deut 24:16, en cuyo texto se dice que la responsabilidad es individual, doctrina que Ezequiel reafirmará (Ez 18:2-23). Según la codificación antigua, la familia era solidaria de las faltas de su jefe (Jos 7:24; 1 Sam 21:5).
A consecuencia de la desastrosa expedición de Joram y de Josafat contra los moabitas (2 Re 3:9-27), emancipáronse los edomitas, cerrando el paso a Judá hacia Asiongaber. Contando con un buen ejército y algunos mercenarios de Efraím, Amasias invadió Edom. Tras de una victoria conseguida en el valle de la Sal (wadi el-Milh), al este de Bersabé, conquistó Sela, la Roca, lugar que se hizo famoso más tarde con el nombre de Petra, capital del reino de los nabateos, entre el golfo de Aqaba y el mar Muerto, a la que impuso el nombre de Yoctel (Jos 15:38), imitando la antigua costumbre de dar otro nombre a la ciudad conquistada. Vencido en Bet Shemes (1 Re 4:9) y prisionero de Joás, Amasias contempló cómo el vencedor penetraba en su capital, abría una brecha en las murallas desde el centro de la muralla septentrional hasta el ángulo noroeste (Neh 8:16; Jer 31:38). La brecha fue aproximadamente de doscientos metros. Los v. 15-16 deben colocarse después de 13:25. El desastre nacional, seguido de la humillación de ver a un rey de Israel en el recinto de Jerusalén, dueño y señor de Judá, crearon una atmósfera enrarecida en torno a la persona de Amasias, hasta que un movimiento popular le obligó a huir a Laquis (Tell el-Du-weir), donde, alcanzado por la gente armada, fue asesinado.
Jeroboam, rey de Israel (14:23-29)
23 El año quince de Amasias, hijo de Joás, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel en Samaría Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel, y reinó cuarenta y un años. 24 Hizo el mal a los ojos de Yahvé. No se apartó de ninguno de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel. 25 Recobró el territorio de Israel, desde la entrada de Jamat hasta el mar del Araba, según la palabra que había dicho Yahvé, Dios de Israel, por medio de su siervo Joñas, profeta, hijo de Amitai, de Gat Jefer. 26 Porque había visto Yahvé la amarga aflicción de Israel, a la que todos, esclavos y libres, habían sido reducidos, sin que hubiera quien pudiera socorrer a Israel. 27 No había resuelto Yahvé todavía raer el nombre de Israel de debajo del cielo, y le libró por medio de Jeroboam, hijo de Joás. 28 El resto de los hechos de Jeroboam, cuanto hizo, sus hazañas en la guerra y cómo restituyó al dominio de Israel Damasco y Jamat, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 29 Jeroboam se durmió con sus padres los reyes de Israel, y le sucedió Zacarías, su hijo.

Pocas líneas dedica el texto sagrado a Jeroboam II (783-743), a pesar de conceptuarse como el más grande de los reyes de Israel. Para enjuiciar su reinado deben tenerse en consideración las profecías de Amos y de Oseas, así como los resultados de las excavaciones practicadas en Samaría y Megiddo. Vimos (13:4) que algunos ven en Jeroboam II al libertador prometido a Joacaz (De Vaux). Puede atribuírsele este calificativo, por cuanto "recobró el territorio de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Araba," es decir, desde el punto indeterminado al sur de Hama, en Siria, hasta el mar Muerto (1 Re 8:65; Jos 3:16; 12:3). Según Amos (6:13), reconquistó Transjordania "hasta el torrente del Araba," quizá el wadi el-Hesa, al sur del mar Muerto. Esta grande prosperidad se debe en gran parte a que el rey de Damasco, Ben Hadad, había sido derrotado por Joás (13:25) y oprimido por Adadnirari III con un enorme tributo de guerra. Se atribuye el bienestar del reino al cumplimiento de un oráculo dado por un profeta llamado Joñas, distinto del homónimo del que se conserva un libro, hijo de Amita y oriundo de Gat Jefer, al noroeste del Tabor (Jos 19:13).
Azarías, rey de Judá (15:1-7)
1 El año veintisiete de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Azarías, hijo de Amasias, rey de Judá. 2 Tenía dieciséis años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jolía, de Jerusalén. 3 Hizo lo que es recto a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho Amasias, su padre; 4 pero los altos no desaparecieron, y el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y perfumes en ellos. 5 Yahvé hirió de lepra al rey, y leproso estuvo hasta el día de su muerte, y moraba en su casa aislada. Jotam, su hijo, estaba a la cabeza del palacio y juzgaba al pueblo. 6 El resto de los hechos de Azarías, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 7 Azarías se durmió con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. Le sucedió Jotam, su hijo.

Amasias, padre de Azarías (781-740), fue víctima de un levan tamiento popular. El monarca es llamado constantemente Ozías por el autor de 2 Crón 26:1-23, que le dedica una noticia extensa. En 14:22 di cese que Azarías reedificó Elat después de la victoria de su padre sobre Edom, iniciando un período comercial próspero. Fomentó la agricultura y ganadería, excavando cisternas y levantando torres de protección en el Negueb y Sefela y plantando muchas viñas. Por una parte existía mucho lujo, y por otra, la miseria más espantosa (Is 2:7; 3:1-21). Según 2 Crón 26:1ss, Azarías organizó el ejército, aumentando el número de combatientes y jefes, dotándoles de nuevo armamento. Mejoró el sistema defensivo de Jerusalén levantando torres altas, según planos de un ingeniero, rematadas por un dispositivo para lanzar flechas y gruesas piedras. En política externa, además de la puesta en marcha del puerto de Elat, aseguró los accesos al mismo luchando contra árabes y moabi-tas. En guerra contra los filisteos destruyó a Gat, Jabne y Azoto. La fama del rey "extendióse hasta las fronteras de Egipto, pues llegó a ser muy poderoso" (2 Crón 26:8).
Religiosamente anduvo por el recto camino en los primeros años de su reinado; mas, ensoberbecido por sus éxitos y triunfos, se arrogó privilegios que eran peculiares de los sacerdotes. En castigo, dice el autor del libro de las Crónicas, Yahvé le hirió de lepra, por lo que, conforme a la costumbre, fue separado de la sociedad, no autorizándosele la entrada en el templo. A pesar de su condición de rey, vivió en su "casa de libertad," dice el texto masorético, queriendo con esta expresión aludir al régimen de libertad en que vivían los leprosos, desconectados y separados de la sociedad. En nombre de su padre, Jotam se hace cargo de las funciones correspondientes al rey.
Zacarías y Selum, reyes de Israel (15:8-16)
8 El año treinta y ocho de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, Zacarías, hijo de Jeroboam, y reinó seis meses. 9 Hizo lo que era malo a los ojos de Yahvé, como lo habían hecho sus padres, y no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel. 10 Selum, hijo de Jabes, conspiró contra él, y le hirió en Jebleam, dándole muerte. El le sucedió, n El resto de los hechos de Zacarías escrito está en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 12 Así se cumplió lo que Yahvé había declarado a Jehú diciendo: "Tus hijos se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación." 13 Selum, hijo de Jabes, comenzó a reinar el año treinta y nueve de Ozías (Azarías), rey de Judá, y reinó un mes en Samaría. 14 Menajem, hijo de Gadí, subió de Tirsa a Samaría; hirió a Selum, hijo de Jabes, matándole, y le sucedió. 15 El resto de los hechos de Selum y la conspiración que tramó está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 16 Entonces Menajem castigó a Tapuaj y cuanto en ella había, con su territorio, desde Tirsa, porque no había querido abrirle sus puertas, y abrió el vientre de todas las mujeres encinta.

Se presiente el fin del reino del Norte, en donde domina la anarquía. Zacarías (743) estuvo en el poder seis meses, muriendo asesinado en manos de Selum, ignorando el porqué. Acaso se deba a que Selum era hijo de Jabes, en Galaad, en donde había muchos partidarios de los árameos, cuyo rey era Rezón. Zacarías fue asesinado en Jebleam, donde cayó en otro tiempo Ocozías en manos de Jehú (9:27). Con su muerte se acaba la dinastía de Jehú, a quien habíase prometido que duraría hasta la cuarta generación.
Sucedióle Selum (743), que reinó un mes en Samaría. Menajem, que posiblemente capitaneaba la corriente favorable a Asiría, le quitó de en medio. Castigó Menajem a todos los partidarios de Selum, en especial a los habitantes de Tapuaj, ciudad de los confines de Efraím y de Manases (Jos 12:17; 16:8; 17:7-8), correspondiente al actual Sheikh Abu Zarad, a quince kilómetros al sur de Naplusa.
Menajemf rey de Israel (15:17-24)
17 El año treinta y nueve de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar en Israel Menajem, hijo de Gadí, y reinó diez años en Samaría. 18 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, y no se apartó, mientras vivió, de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel. 19 Ful, rey de Asiría, vino a Israel, y Menajem le dio a Ful mil talentos de plata para que le ayudase a consolidar el reino en sus manos. 20 Menajem, para obtener esta cantidad, hizo una derrama sobre todos los que en Israel eran ricos, imponiendo a cada uno cincuenta siclos de plata, para dárselos al rey de Asiría. El rey de Asiría se volvió, y por entonces no se quedó en la tierra. 21 El resto de los hechos de Menajem, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 22 Menajem se durmió con sus padres, y le sucedió Pecajya, su hijo. 23 El año cincuenta de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar en Israel, en Samaría, Pecajya, hijo de Menajem, y reinó dos años. 24 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, y no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel.

Los imperios vecinos influían decisivamente en la política interna de Israel. Durante el reinado de Menajem (743-738) vuelve a aparecer la figura siniestra de Asiría, que parecía haberse diluía" después de la acción de Adadnirari III. Con el advenimiento de Teglatfalasar III (745-727), la mano de Asiría se hará sentir duramente en toda la costa mediterránea. Después de su entrada triunfal en Babilonia el año 729, Teglatfalasar tomó el nombre de Pul, ful o Pulu, nombre que aparece en el canon de Tolomeo bajo la forma de poros. Menajem derrocó a Selum, partidario de los árameos, y abrazó la causa de Asiría, apresurándose a prestar acto de vasallaje a Teglatfalasar. Ofreció Menajem ricos presentes al rey asirio, consistentes en mil talentos de plata, que equivalen a unas treinta y cinco toneladas. Para recaudarlos impuso un tributo a los guibborim hail del reino, es decir, a los que disponían de gran fortuna (Rut 2:1) 1, que, según los cálculos, eran unos sesenta mil. Entregado el tributo a Teglatfalasar, "el rey de Asiría se volvió, y por entonces no se quedó en la tierra" (v.20).
En los anales de Teglatfalasar se narran las campañas del monarca en el norte de Siria, su manera brutal de tratar a los vencidos y las deportaciones en masa. El rey Razín (Rasunnu), de Damasco (15.37); Menajem (Me-ni-hi-im-me), de Samaría (Sa-me-ri-na-a-a); Hiram (Hírum), de Tiro; Sibiti-bili, de Byblos; Inil, de Hamat, etc., le enviaron tributos para congraciarse con él (Ritchard, 283). Creyendo el rey asirio que había subyugado definitivamente a los reyes del oeste, pasó de nuevo el Eufrates y fuese a combatir a los medos y Urartu. Durante estas campañas en el este, los países siro-palestinenses comprendieron la necesidad de coligarse para hacer frente a las pretensiones territoriales de Asiría. El reino de Damasco llevó la iniciativa en estas negociaciones, ya que "Damasco es la cabeza de los países de Aram, y la cabeza de Damasco Rasín" (Is 7:8). A esta coalición se invitó a entrar a los reyes de Judá y de Israel. Pero este último era filoasirio. El pueblo odiaba a Menajem. En el seno de Israel existía el partido filoegipcio, que se oponía a la política de aquél (Os c.4; 5:13; 7:8-17; 8:9-10; 12:2). Su hijo Pecajya (738-737) fue víctima del partido simpatizante con Egipto.
Pecaj, en el trono de Israel (15:25-31)
25 Pecaj, hijo de Romelía, su oficial, conspiró contra él, y le hirió en Samaría, en la torre del palacio del rey, en unión de Argob y Arie y de cincuenta hombres de entre los hijos de Galaad que le seguían. Así dio muerte a Pecajya, y le sucedió. 26 El resto de los hechos de Pecajya, cuanto hizo, escrito está en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 27 El año cincuenta y dos de Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar en Israel, en Samaría, Pecaj, hijo de Romelía, y reinó veinte años. 28 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, y no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que había hecho pecar a Israel. 29 En tiempo de Pecaj, rey de Israel, Teglatfalasar, rey de Asiría, vino y tomó lyyón, Abel Bet Maaca, Janoaj, Quedes y Jasor, Galay y la Galilea, todo el territorio de Neftalí, y llevó a sus habitantes cautivos a Asiría. 30 Oseas, hijo de Ela, conspiró contra Pecaj, hijo de Romelía, y le hirió, dándole muerte y sucediéndole el año veinte de Jotam, hijo de Ozías (Azarías)' 31 El resto de los hechos de Pecaj, cuanto hizo, escrito está en el libro de las crónicas de los reyes de Israel.

Pecaj (737-732) sucedió al difunto Pecajya, a quien asesinó en colaboración con Argob y Arie y de cincuenta hombres de los de Galaad. Pecaj representaba la corriente política favorable a Egipto. Dice el profeta Oseas que en aquel tiempo "Efraím era como paloma tonta, sin juicio; acuden al Egipto, llaman a la Asiría" (7:11). La primera de las consecuencias de la federación antiasiria fue la guerra entre Ajaz, rey de Judá, y Pecaj, de Israel, dando origen a la llamada guerra siro-efraimita del año 734.
Una vez Pecaj en el trono, estableció una alianza con Aram. Judá no se había pronunciado; Jotam, su rey, se hacía el sordo, por lo que Israel y Damasco tramaron la idea de suprimirlo poniendo en su lugar a otro que fuera partidario de la coalición antiasiria. En esto murió Jotam, sucediéndole su hijo Ajaz (736-716). Ante el nuevo monarca presentábase un panorama plagado de interrogantes. Eran muchos los estados adheridos a la liga: Damasco, Israel, Tiro, Sidón, Gaza, la Filistea, Edom, la reina de los árabes. Los edomitas, deseosos de sacudirse el yugo de Judá, ocuparon Elat (2 Crón 28:17); los amonitas negáronse a pagar el tributo que les impuso Jotam (2 Crón 27:5); los filisteos ocuparon y destruyeron Bet Shemes, Ayalón, Guederot, Soco y las ciudades vecinas. A estos males se añadió la invasión del territorio por la liga siro-efraimita. Viéndose Ajaz en tal apuro, escribió urgentemente a Teglatfalasar, diciéndole: "Tu siervo soy y tu hijo. Sube y líbrame de las manos del rey de Siria y de las del rey de Israel, que se alzan contra mí" (16:7). No fue sordo el monarca asirio a la llamada del rey aliado. Con el fin de sujetar a Egipto en sus fronteras, el ejército de Teglatfalasar ocupó toda la costa mediterránea al sur del Carmelo, obligando al rey de Gaza, Hanno, a huir a Egipto. Al enterarse de este suceso los reyes de Siria y de Israel, que sitiaban la ciudad de Jerusalén, levantaron el cerco y marcharon precipitadamente a sus respectivas capitales de Damasco y Samaría. Teglatfalasar mandó al momento el ejército contra el rey de Israel, al que, de paso para el sur, había usurpado la ciudad fronteriza de Abel Bet Maaca (1 Re 15:20), al oeste de Dan. Pero quiso el rey asirio atacar en primer lugar, o contemporáneamente, al principal instigador de la liga antiasiria: Damasco. Rasín defendióse valientemente, pero sucumbió ante las fuerzas atacantes el año 732, siendo ajusticiado. Las tropas asirías devastaron el territorio sirio; centenares de ciudades y aldeas fueron incendiadas y arrasadas, y la población deportada a Elarn. Desde aquel tiempo, Siria convirtióse en una provincia de Asiría.
Después de esta acción, o contemporáneamente, los soldados asirios invadieron el territorio de Israel, que no opuso mayor resistencia. De la corona de Pecaj fueron arrebatados los territorios de Galilea y TransJordania. Se apoderó Teglatfalasar de Iyyón y Abel Bet Maaca (1 Re 15:20), de Janoaj (quizá Yanuk, a diez kilómetros al este de Tiro), de Quedes, o sea, de Cades de Neftalí (Jos 12:22; 20:7), de Hasor (1 Re 9:15). Las tribus de Neftalí y de TransJordania fueron deportadas a Asiría (1 Crón 5:26; Is 8:21-9-6). Del reino de Israel quedó solamente el tronco; a saber, el macizo central en torno a Samaría. La derrota creó el malestar interno; cierto Oseas conspiró contra Pecaj, hijo de Romelía, dándole muerte. Era el partido filoasirio el que se impuso esta vez, eligiendo a Oseas, cuya elección confirmó Teglatfalasar, según se desprende de sus palabras: "Del país de Omri (Bit Humria). transporté todos sus habitantes, y sus posesiones las entregué a Asiría. Ellos derrocaron a su rey Pecaj (Pa-qa-ha) y puse en su lugar a Oseas (A-ú-si) en el trono. Recibí de ellos diez talentos de oro, mil (7) talentos de plata como tributo, que me llevé a Asiría" 2.
Jotam, en el trono de Judá (15:32-38)
32 El año segundo de Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, comenzó a reinar Jotam, hijo de Ozías (Azarías), rey de Judá. 33 Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jerusá, hija de Sadoc. 34 Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, enteramente como lo había hecho Ozías (Azarías), su padre; 35 pero no desaparecieron los altos, y el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y perfumes en ellos. Jotam edificó la puerta superior de la casa de Yahvé. 36 El resto de los hechos de Jotam, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 37 En este tiempo comenzó a mandar Yahvé contra Judá a Rasín, rey de Siria, y a Pecaj, hijo de Romelía. 38 Jotam se durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, su padre. Le sucedió Ajaz, su hijo.

Pocos años estuvo Jotam en el trono (740-736). Durante muchos años estuvo asociado al trono con su padre, que, como se dijo, era leproso (15:1). En su administración siguió su línea; favoreció la agricultura; edificó la puerta superior de la casa de Yahvé, es decir, la puerta alta de Benjamín (Jer 22:2). Restauró los muros del Ofel, construyó ciudades en las montañas de Judá, torres y fortalezas en los bosques para proteger la ganadería. Luchó contra los amonitas y los venció, pagándole un crecido tributo (2 Crón 27:1-5). Jotam no reaccionó ante la presión que le hacía desde el norte la liga siro-efraimita; cuando los reyes de Israel y de Damasco pensaban en sustituirlo por otro, le sorprendió la muerte.
Ajaz, rey de Judá (16:1-20)
1 El año diecisiete de Pecaj, hijo de Romelía, comenzó a reinar Ajaz, hijo de Jotam, rey de Judá; 2 tenía Ajaz veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén. No hizo lo recto a los ojos de Yahvé, su Dios, como lo había hecho David, su padre. 3 Marchó por el camino de los reyes de Israel, y hasta hizo pasar a su hijo por el fuego, según las abominaciones de las gentes que Yahvé había expulsado ante los hijos de Israel. 4 Ofrecía sacrificios y perfumes en los altos, en los collados y bajo cualquier árbol frondoso. 5 Entonces Rasín, rey de Siria, y Pecaj, hijo de Romelía, rey de Israel, subieron contra Jerusalén para atacarla, y sitiaron a Ajaz, pero no pudieron vencerle. 6 En el mismo tiempo, el rey de Edom sometió a Elat al dominio de Edom, expulsando de ella a los judíos, y los edomitas se establecieron en Elat, y allí habitan hasta el día de hoy. 7 Ajaz mandó mensajeros a Teglatfalasar, rey de Asiría, para decirle: "Tu siervo soy y tu hijo. Sube y líbrame de las manos del rey de Siria y de las del rey de Israel, que se alzan contra mí." 8 Ajiz tomo la plata y el oro que había en la casa de Yahvé y en el tesoro del palacio del rey y se lo mandó en presente al rey de Asiría. 9 El rey de Asiría le dio oídos, y subió contra Damasco, la tomó y llevó a sus habitantes cautivos a Quir, y dio muerte a Rasín. 10 El rey Ajaz fue a Damasco para ver a Teglatfalasar, rey de Asiría, y, habiendo visto el altar que había en Damasco, mandó luego al sacerdote Urías el modelo y la forma exacta del altar. 11 El sacerdote Urías construyó uno, ajustándose al modelo enviado de Damasco por el rey Ajaz, acabándole antes de que Ajaz volviese de Damasco. 12 Llegado de Damasco, vio el rey el altar, y, acercándose, subió a él; 13 hizo quemar en él su ofrenda y su holocausto, y libó en el sus libaciones y derramó en él la sangre de sus sacrificios eucarísticos. 14 Quitó de ante la casa el altar de bronce que había ante Yahvé, para que no estuviese entre el nuevo altar y la casa de Yahvé, y le puso cerca del nuevo altar, hacia el norte. 15 El rey Ajaz dio al sacerdote Urías esta orden: "Quema en el gran altar el holocausto de la mañana y la ofrenda de la tarde, el holocausto del rey y su ofrenda, el holocausto de todo el pueblo y sus ofrendas; derrama en él sus libaciones y la sangre de todos los holocaustos y todos los sacrificios. Del altar de bronce ya dispondré yo." 16 El sacerdote Urías hizo en todo conforme a lo que el rey Ajaz le había mandado, 17 y el rey Ajaz rompió los tableros de las basas y quitó las fuentes que había sobre ellas. Quitó el mar de encima de los toros de bronce, que estaban debajo, y le colocó sobre un solado de piedra; 18 y para agradar al rey de Asiría, mudó de la casa de Yahvé el pórtico del sábado que se había construido en ella, y la entrada exterior del rey. 19 El resto de los hechos de Ajaz, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 20 Ajaz se durmió con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David. Le sucedió Ezequías, su hijo.

Subió al trono en momentos difíciles, reinando desde 736-716. Hemos visto (15:23-31) que, ante la negativa de uncirse al carro de los enemigos de Asiría, invadieron su territorio los reyes de Israel y de Damasco. Rasín habíale atacado por el sur; el puerto de Elat fue entregado a los edomitas. Pecaj descendió desde el norte contra Jerusalén; en el oeste los filisteos apoderábanse de algunas de sus ciudades. Prisionero en Jerusalén, creía que había llegado la agonía de su reino. Rasín y Pecaj habían designado a Tobeel para sucedería.
Ante el cariz de los acontecimientos "tembló su corazón" (de Ajaz) y el corazón del pueblo como tiemblan los árboles del monte a impulsos del viento" (Is 7:2). Isaías, por encargo de Yahvé, confortóle, invitándole a confiar en Yahvé, prometiéndole cualquier milagro si fuera necesario (Is 7:3-20); pero Ajaz confiaba más en el poderío de Teglatfalasar que en la ayuda de su Dios.
La conducta de Ajaz, desde el punto de vista religioso, fue pésima. Su sincretismo religioso culminó con el sacrificio de su hijo (hijos se dice en 2 Crón 28:3). Estos ritos, condenados por la Biblia (Deut 12:31; 18:10-12) por ser propios de los paganos, penetraron en Israel (23:10; Jer 7:31; 19:5; Ez 16:21; 20:31). No dice el texto a qué divinidad sacrificó Ajaz su hijo, pero tales holocaustos hacíanse a Moloc 1.
En el v.9 se dice que los israelitas fueron llevados cautivos a Quir, lugar de donde son originarios los árameos (Am 1:5; 9:7; Is 22:6). El altar de Damasco estaba dedicado al dios Rimmón (5:18). Instalado otro igual en Jerusalén por Urías, subió el rey en él para ofrecer sacrificios (2 Grón 28:22-23), consagrando el altar. ¿Tenía el rey derecho a ello? Tanto el gesto de Jeroboam I (1 Re 12:23) como el de Ajaz son imitaciones serviles de costumbres extranjeras que el yahvismo aborrecía 2.
El altar que estaba ante Yahvé era de bronce y fue instalado por Salomón (1 Re 8:64; 9:25). Según 2 Crón 28:24, "Ajaz reunió los utensilios de la casa de Dios y los hizo pedazos; cerró las puertas de la casa de Yahvé." El pórtico del sábado, o sea, el estrado y la entrada del rey (1 Crón 9:17; Ez 46:12), eran señales de soberanía, cuya supresión exigía Teglatfalasar de su rey vasallo (De Vaux). Ajaz, como hemos visto, entregóse al culto de los falsos dioses, autorizando el politeísmo. De ello se lamentó repetidamente Isaías (2:18-20; 30:22), recriminando las asheras y los cipos del sol (Is 17:8; 27:9) y el culto en los bosques y huertas (Is 1:29).
Caída de Samaría y deportación (17:1-23)
1 El año doce de Ajaz, rey de Judá, comenzó a reinar en Israel, en Samaría, Oseas, hijo de Ela, y reinó nueve años" 2 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé, aunque no tanto como los reyes de Israel que le precedieron. 3 Subió contra él Salmanasar, rey de Asiría, y Oseas se le sometió y le pagó tributo; 4 pero el rey de Asiría descubrió luego una conspiración que tramaba Oseas, que había mandado embajadores a So, rey de Egipto, y había dejado de pagar el tributo anual al rey de Asiría, y el rey de Asiría le hizo encarcelar y encadenar en una prisión. 5 Recorrió el rey de Asiría todo el territorio y subió contra Samaría, que tuvo asediada durante tres años. 6 El año noveno de Oseas, el rey de Asiría tomó a Samaría y llevó cautivos a sus habitantes a Asiría, haciéndolos habitar en Calac y Jabor, junto al río Gozan, y en las ciudades de la Media. 7 Los hijos de Israel habían pecado contra Yahvé, su Dios, que los había sacado de la tierra de Egipto, de bajo el dominio de Faraón, rey de Egipto, temiendo a los dioses ajenos. 8 Siguieron las costumbres de las gentes que Yahvé había expulsado ante los hijos de Israel y las que habían introducido los reyes de Israel.9 Los hijos de Israel hicieron contra Yahvé ocultamente cosas detestables, edificaron altos en todas sus ciudades desde la torre de atalaya hasta la ciudad murada. 10 Se alzaron cipos y "aseras" en todo collado alto y bajo todo árbol frondoso, 11 y quemaron perfumes en todos los altos, como las gentes que Yahvé había expulsado ante ellos, e hicieron maldades, con las que irritaron a Yahvé. 12 Sirvieron a los ídolos, de quienes había dicho Yahvé: "No haréis tal." 13 Yahvé advertía a Israel y a Judá por todos sus profetas, por todos sus videntes, y les decía: "Convertios de vuestros perversos caminos y guardad mis leyes y mis mandamientos, siguiendo fielmente la Ley que yo prescribí a vuestros padres y os he inculcado por medio de mis siervos los profetas." 14 Pero ellos no le escucharon y endurecieron su cerviz, como lo habían hecho sus padres, que no creyeron en Yahvé, su Dios. 15 Rechazaron sus leyes, y la alianza que había hecho con sus padres, y las amonestaciones que les había hecho. Se fueron tras las vanidades, y cayeron así ellos mismos en la vanidad como los pueblos que los rodeaban, y a quienes Yahvé les había prohibido imitar. 16 Traspasaron todos los mandamientos de Yahvé, su Dios, y se hicieron imágenes fundidas, dos becerros, "aseras," y se postraron ante todo el ejército de los cielos, y sirvieron a Baal. 17 Hicieron pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas, se dieron a la adivinación y a los encantamientos y se entregaron a cuanto era malo a los ojos de Yahvé, para irritarle, i" Por eso Yahvé se irritó fuertemente contra Israel, y le arrojó de su presencia, y no quedó más que la tribu de Judá. 19 Pero tampoco Judá guardó los mandamientos de Yahvé, su Dios, y ha imitado las costumbres de Israel. 20 Por eso arrojó Yahvé de sí a toda la descendencia de Israel, la humilló y la entregó en manos de salteadores, hasta arrojarla de su presencia. 21 Israel se separó de la casa de David y se dio por rey a Jeroboam, hijo de Nabat, que los apartó de Yahvé e hizo cometer a Israel un gran pecado 22 Los hijos de Israel se dieron a todos los pecados de Jeroboam, que él comenzó, y no se apartaron de ellos 23 hasta que Yahvé arrojó a Israel lejos de su presencia, como lo había anunciado por todos sus siervos los profetas. E Israel ha sido llevado cautivo lejos de su tierra, a Asiría, donde está hasta el día de hoy.

Oseas subió al trono de Israel (732-724) con la aprobación de Teglatfalasar, del que se separó por influencias de los partidarios de Egipto, con cuyo rey entró en negociaciones a través de Hannón, rey de Gaza. Nuestro texto dice que Oseas "mandó embajadores a So, rey de Egipto." Por aquel entonces ejercía su autoridad sobre el Delta Tafneth, de la XXIV dinastía, teniendo como generalísimo a Šibu, Šibe, como se le llama en los anales de Sargón. Era Sibe un turtan, es decir, un alto oficial militar y administrativo, que ocupaba el segundo lugar en el reino (Pritchard, 285). Fácilmente estos jefes del ejército arrogábanse el título de reyes, aunque estaban sometidos a la autoridad suprema del Faraón. En la primera visita que hizo Salmanasar V (727-722) a Israel no encontró nada grave contra el imperio asirio. Todo el imperio habíalo reconocido por rey; Babilonia hizo lo mismo, dándole el nombre de Ululaia. Israel le entregó el tributo anual que le debía (Is 5:22-29).
En esta ocasión era Egipto el que pretendía apoderarse de Israel. Oseas se prestó al juego. Supo Salmanasar las veleidades del rey de Israel y las razones por las cuales negóse a enviar el tributo anual a Asiría. Salmanasar no esperó a que el complot llegase a madurar; mandó encarcelar al rey, mientras él y su ejército poníase en marcha para castigarle. Desde este momento desaparece Oseas de la faz de la historia; no sabemos en qué circunstancias fue preso ni cuándo murió. Pero no por esto el partido antiasirio doblóse ante Salmanasar. Confiando en que Tiro resistiría al cerco y esperando en la ayuda de Egipto, los enemigos de Asiría encerráronse en Samaría dispuestos a defenderse del rey Salmanasar. El año 724 empezó el cerco. Ni Tiro logró romper el sitio, ni Egipto mandó soldado alguno en ayuda de Samaría.
Entre tanto, apoyado por los sacerdotes, subió al trono el generalísimo del ejército, Sargón. Samaría seguía resistiendo al cerco asirio; pero su caída era inminente, convirtiéndose en una realidad a principios de otoño del año 722. De ahí que, mientras Sargón se vanagloria de haber expugnado la ciudad, el texto bíblico atribuye a Salmanasar la toma de la misma (18:9-10) 1.
Sargón II aplicó a Samaría el sistema bélico de la deportación 2. En un principio se deportó al personal directivo y a los notables del reino, sacerdotes, militares, grandes terratenientes; más tarde siguieron otras deportaciones. La masa fue conducida a las regiones septentrionales del imperio asirio, Jabor, y Harán, en la provincia asiría de Guzana, Gozan (v.6); otros fueron mandados a la Media. Los habitantes fueron reemplazados por gentiles (v.24; Pritchard, 284).
Entre tanto, aprovechando la rebelión de Merodacbaladán contra Asiría (721), se formó de nuevo una liga antiasiria, a la que se unieron los israelitas que quedaron en el país, bajo la dirección de Ilubit, rey de Hamat. Sargón los atacó, consiguiendo sobre ellos una victoria aplastante, que describe en sus anales 3.
El texto sagrado señala que fueron varias las causas que contribuyeron a este desastre nacional. La principal de todas debe buscarse en el cisma religioso de Israel y en el culto al becerro de oro (1 Re 12:26-33). Otra de las causas fue el sincretismo religioso y la erección de santuarios locales (v.7:16). Se hace notar que esta moral se concibe desde el punto de vista deuteronómico y de los profetas (Dhorme, De Vaux).
Origen de los samaritanos (17:24-41)
24 El rey de Asiría mandó gentes de Babilonia, de Cuta, de Avá, de Jamat y de Sefarvaím, y las estableció en las ciudades de Samaría en lugar de los hijos de Israel. Se posesionaron de Samaría y habitaron en sus ciudades. 25 Cuando comenzaron a habitar allí, no temían a Yahvé, y Yahvé mandó contra ellos leones, que los devoraban. 26 Dijeron, pues, al rey de Asiría: "Las gentes que tú has trasladado, para establecerlas en las ciudades de Samaría, na conocen el modo de servir al dios de aquella tierra, y éste ha mandado contra ellas leones, que los devoran porque no saben el modo de servir al dios de la tierra." 27 El rey de Asiría dio esta orden: "Mandad que vaya allá uno de los sacerdotes que de allí habéis traído en cautividad, que vaya a establecerse allí y les enseñe el modo de servir al dios de aquella tierra." 28 Vino, pues, a establecerse en Betel un sacerdote de los que habían sido llevados cautivos a Samaría, y les enseñó cómo habían de servir a Yahvé. 29 Pero las gentes aquellas se hicieron cada una sus dioses en las ciudades que habitaban, y los pusieron en los altos edificados por los de Samaría. 30 Las gentes de Babilonia se hicieron su Sucot Benot; las de Cuta, su Nergal; 31 las de Jamat, su Asima; las de Avá, su Nibján y Tar-tac, y las de Sefarvaím pasaban a sus hijos por el fuego en honor de Adarmelec y Anamelec, dioses de Sefarvaím. 32 También servían a Yahvé, y se dieron sacerdotes de los altos de entre todo el pueblo; estos sacerdotes ofrecían por ellos sacrificios en los templos de los altos. 33 Así que temían a Yahvé y le servían al mismo tiempo que a sus dioses, según la costumbre de las gentes de que provenían. 34 Todavía hoy siguen haciendo como hicieron al principio. Ni temen a Yahvé ni se conforman con sus leyes y mandamientos, dados por Yahvé a los hijos de Jacob, a quien dio el nombre de Israel. 35 Yahvé había hecho alianza con ellos y les había dado este mandato: "No temeréis a otros dioses, ni os prosternaréis ante ellos, ni les serviréis, ni les ofreceréis sacrificios. 36 Temeréis a Yahvé, que os ha sacado de la tierra de Egipto con gran poder y brazo tendido. Sólo a El temeréis, sólo ante El os prosternaréis y sólo a El ofreceréis sacrificios. 37 Guardaréis y pondréis por obra las leyes y mandamientos, los estatutos y decretos que El ha escrito para vosotros, y no serviréis a otros dioses. 38 No olvidaréis la alianza que yo he hecho con vosotros, y no temeréis a otros dioses, 39 sino que temeréis a Yahvé, vuestro Dios, y El os librará de las manos de todos vuestros enemigos." 40 Ellos no le han obedecido y siguen sus antiguas costumbres; 41 estas gentes temen a Yahvé y sirven a sus ídolos, y sus hijos y los hijos de sus hijos han seguido haciendo siempre hasta hoy como hicieron sus padres.

Según la costumbre asiría, otras gentes fueron enviadas para ocupar el lugar dejado vacío por la deportación de muchos israelitas. Debido a que el país quedó medio despoblado, multiplicáronse las fieras, que invadieron ciudades y poblados Que 14:6-9; 1 Sam 17:34-37; 2 Sam 23:20). Las gentes supersticiosas lo achacaron a la falta de culto debido al Dios de la tierra (1 Sam 26:19; 2 Re 5:17), que, enojado, los castigaba. Enterado de ello Sargón, mandó que un sacerdote de entre los deportados se trasladase a Samaría y les enseñara a servir al Dios de la tierra, restableciendo el culto a Yahvé. La deportación de gentes de Babilonia a Israel tuvo lugar una vez restablecido el orden en Babilonia después de la revuelta de Merodacbaladán II, que reinó en Babilonia aproximadamente los años 722-711.
El sacerdote enviado por el rey era probablemente de ascendencia aaronítida. Su acción religiosa debió consistir en mantener puros los ideales del yahvismo en los israelitas de condición humilde que quedaron en el país. Las gentes advenedizas no se desprendieron de sus dioses, cuyas estatuas colocaron en los lugares edificados anteriormente (1 Re 12:31; 13:32). Los de Babilonia veneraron a Sucot (Sikkut, Am 5:26), nombre babilónico del dios Saturno (Sakkut); los de Cuta, a Nergal, dios de los infiernos; los de Hamat, a Asima, quizá la paredra del dios fenicio Ashmún o del dios babilónico Ishum. Tenía este último probablemente un santuario en Betel, ya que los colonos de la Elefantina veneraban al dios Ashim-Betel. Los dioses Nibján y Tartac son desconocidos. Los de Sefarvaím practicaban sacrificios humanos en honor de su dios Adarmelec. Quizá sea éste el dios Adad-Milki 4. Cabe a estos cultos se concedió un lugar a Yahvé, Dios de la tierra (numen loa). Por su parte, los israelitas radicados en el país dejáronse arrastrar por el culto de los falsos dioses, sin abandonar totalmente el de Yahvé. El autor sagrado acaba el capítulo con un juicio muy severo de los samaritanos. Pero, como demuestra la historia posterior, parte de ellos contribuyeron a la reconstrucción del templo de Jerusalén (2 Crón 34:9). En la fiesta de la Pascua del año 621 celebrada en Jerusalén asistieron samaritanos (2 Crón 35:18), extendiéndose a su territorio la reforma de Josías (23:15-19). El antagonismo entre judíos y samaritanos subsistirá todavía en tiempos de Cristo (Jon 4:9; Lc 10:30-37).

1 R. Dussaud, Les Monuments Palestiniens (Musée De Louvre; París 1912) 4-22; Prit-Chard, 320-321; H. Michaud, Sur la pierre et l'argille (París 1958) 33-45; A. Parfot, Le Musée du Louvre et la Bible (París 1957) 84-90.
1 Epíst. 124, ad Rusticum.
l A. Vaccaw, Le Lettere di Lachis: Β 20 (1939) l84·
1 Parrot, Ninive et l'Ancien Testament p.48-49.
2 L. Gautier, A propos des Rékabites: "Etudes sur la Religión d'Israel" (Lausana 1927) 104-129; P. Humbert, Osee le prophéte bédouin: "Revue d'Histoire et de Philosophie Reli-seuse" 1 (1921) 97-118; S. Nystrom, Beduinentum und Yahvismus (Lund 1046); Neher, Amos, Contrtbution α l'étude du prohétisme (París 1950) 173-186.
1 P. Lemaire, Crise et efrondement de la monarchie davidique: RB 45 (1936) 161-183·
1 A. Parrot, Ninive et Γ Anden Testament (Neuchátel-París 1953) 26; R. De Vaux t 14 chronulogie de Hazael et Benhadad III, rois de Damas: RB 43 (1934) 515-^18,
2 En el comentario sobre los libros profetices se hallará solución a los múltiples problemas que plantea el profetismo hebreo en parangón con el de los pueblos gentiles. Entre la inmensa literatura sobre el particular citamos: M. A. van oudenrijn, L'expression fik des prophétes" et ses analogies: Β 6 (1925) 165-171; G. Rinaldi, Alie origini della letteratura ρτο/etica: "Aevum," 19 (1945) 195-228; A. Herranz, Eí profetismo en Israel: "Revista Española de Estudios Bíblicos," 1 (1926) 3-120; 4 (1929) 113-114; 233-264.
1 Van Der Ploeg, Le sens de gibbor hail: "Vivre et Penser," 1 (1941) 120-125,
2 Pritchard, 284; Parrot, Ninive et Γ Anden Testament 29.
1 O. Eissfeldt interpreta Molek (Molok traducen los LXX en 2 Re 23:10-23) como nombre común de una especie de sacrificio votivo (Molok ais Opferbegriff im punischen und iri Hebraischen und das Ende der Gottes Moloch, Halle 1935). En contra: N. Schneider, Melchom, oas Scheusal der Ammoniter: Β i8 (1937) 337-343; A. Βεα, Kinderopfer far Moloch in den Μαπ-Τα/efn: Β 18 (1937) 95-107-
2 J. De Fraine, Le sacerdoce du Roí, l.c., 546,
1 Dice Sargón: "Puse sitio y conquisté Samaría (Sa-me-ri-na); deporté a veintisiete mil doscientos noventa habitantes que habitaban en ella; tomé cincuenta carros que allí había. Al resto (de los habitantes) dejé continuaran sus actividades. Puse a mi general sobre ellos y les impuse el mismo tributo que al rey anterior" (Pritchard, 285; Parrot, Ninive el VAnden Testament, 31). Ninguna contradicción entre ambos textos por haber contribuido ambos eficazmente a la rendición de Samaría. Recientemente Hayin Tadmor ha intentado probar ique Samaría capituló a finales de verano del año 722, reinando todavía Salmanasar ("Journal of Cuneiform Studies," 12 [1958] 22ss).
2 Escribe Sargón en sus anales: "Al principio de mi gobierno y en el primer año del mismo. conquisté Samaría. deporté a 27.290 habitantes."
3 "En el segundo año de mi reinado, Ilubidi, de Hamat. un potente ejército reunió en Qarqar, y el juramento de los supremos dioses violó. A Arpad, Simirra, Damasco y Samaría, produjo él a rebelarse contra mí. A Sibe, su turtan, hizo entrar en la liga, y para dar batalla levantóse contra mí. Infligí a ellos (a Hanno de Gaza y a Sibe), en nombre de Asur, mi señor, una derrota. Sibe escapó solo; como un pastor al que se roban las ovejas, huyó y desapareció, a Hanno hice prisionero y lo conduje encadenado a mi ciudad Asur" (Pritchard, 285).
4 A. Pom. In 4 Kon 17:1: Β 22 (1941) 35-
2. Reyes de Juda
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