I Reyes
Historia del Reinado de Salomón (c.1-11)
Abisag, sunamíta (1:1-4)
1 Era ya viejo el rey David, entrado en años, y, por más que le cubrían con ropas, no podía entrar en calor. 2 Dijéronle entonces sus servidores: "Que busquen para mi señor el rey una joven virgen que le cuide y le sirva; durmiendo en su seno, el rey mi señor entrará en calor." 3 Buscaron por toda la tierra de Israel una joven hermosa, y hallaron a Abisag, sunamita, y la trajeron al rey. 4 Era esta joven muy hermosa y cuidaba al rey y le servía, pero el rey no la conoció.
A partir del incesto de Amnón (2 Sal 13:1ss) los síntomas del cansancio y de la vejez se manifiestan cada vez más sobre David. Entra en el libro 2 de Samuel con una energía y vitalidad extraordinarias, y sale con el ánimo amargado, triste, encanecido. Cuando el autor del libro de los Reyes recoge el hilo de la historia de David, contaba éste cerca de setenta años (2:11; 2 Sam 5:4). La mala circulación de la sangre restaba vida y calor a su organismo desgastado. Conforme a una creencia y a una práctica antiguas 1, sus servidores, o sus médicos, según Flavio Josefo 2, le aconsejaron la compañía de una muchacha virgen (betulah) que le cuidara y sirviera. La elección recayó sobre una muchacha de Sunam, hoy Sulam, perteneciente a la tribu de Isacar (Jos 19:18; 1 Sam 28:4; Cant 7:1)·
Anota el texto que David no la conoció, eufemismo para significar e no tuvo con ella relaciones sexuales (Gen 4:1; 17:25; 1 Sam 1:19), o que, en cierta medida, desvirtúa el alcance de las pretensiones fe Adónías sobre ella (2:17).
Pretensiones de Adónías al trono (1:5-14)
5 Adónías, hijo de Jaguit, había levantado sus pensamientos, y decía: "Yo reinaré." Se había hecho con carros y caballos y cincuenta hombres que corrieran delante de él; 6 y su padre nunca se lo había reprochado, diciéndole: "¿Por qué haces eso?" Era, además, Adónías de hermosa presencia y había nacido después de Absalón. 7 Se entendía con Joab, hijo de Sarvia, y con Abiatar, sacerdote, que se hicieron partidarios suyos; 8 pero el sacerdote Sadoc, Banayas, hijo de Joyada; Natán, profeta; Semeí, amigo de David; Reí y los valientes de David no le seguían. 9 Inmoló Adónías ovejas, bueyes y becerros cebados junto a la piedra de Zojelet, que está al lado de En-Roguel, e invitó a todos sus hermanos y a todos los hombres de Judá que estaban al servicio del rey; 10 pero no invitó a Natán, profeta; ni a Banayas, ni a los valientes, ni a Salomón, su hermano. 11 Entonces dijo Natán a Betsabé, madre de Salomón: "¿No sabes que Adónías, hijo de Jaguit, pretende reinar sin que nuestro señor David lo sepa? 12 Ven, pues, y sigue ahora mi consejo, para que salves tu vida y la de tu hijo Salomón. 13 Ve y entra al rey David y dile: ¡Oh rey, mi señor! ¿No has jurado tú a tu sierva, diciendo: Salomón, tu hijo, reinará después de mí, él se sentará sobre mi trono? ¿Cómo, pues, reina Adónías? 14 Y mientras tú hablas con el rey, entraré yo detrás y confirmaré tus palabras."
La vida de David se apagaba por momentos y no había señalado todavía al heredero. Para Saúl y David fue la unción real privilegio personal, pero con David la monarquía se había estabilizado. El sucesor, según la promesa divina (2 Sam. 7:12-16; 16:1-2), sería de ascendencia davídica. ¿A cuál de sus hijos legaría David el reino? Amnón, el primogénito, murió asesinado por Absalón (2 Sam 13:28-29); a Absalón le atravesó Joab con una lanza (2 Sam 18:14); de Kileab se conserva tan sólo el nombre, creyéndose que murió joven (2 Sam 3:3; 1 Crón 3:1); el hijo mayor que le quedaba era Adónías.
Viendo éste que su padre no se pronunciaba explícitamente, amparándose en la presunción de que debía su ceder le el hijo mayor (1 Sam 20:31), invocó públicamente, ignorándolo su padre, los derechos que tenía al trono. Este incidente puso al descubierto las intrigas que existían en palacio. Dos bandos habíanse constituido sobre la sucesión de David; unos, acaudillados por Joab, Abiatar y los príncipes de Judá, defendían la causa de Adónías. Representaban ellos la tradición de Hebrón, según la cual tocaba al hijo rnayor suceder al padre en el trono. El partido contrario, con Banayas, jefe de la guardia real; Sadoc, sacerdote de Gabaón, y el profeta Natán, defendían la causa de Salomón. En el fondo de estas disensiones, aparte de los intereses creados y de las ambiciones personales, este segundo partido buscaba la manera de separar la monarquía de la excesiva influencia ejercida por las grandes familias de Judá. La cuestión que no resolvió el rey, ni los dos partidos mencionados atreviéronse a plantear públicamente, la decidió una imprudencia de Adonías, hijo de Jaguit (2 Sam 3:4).
Hacía días que Adonías abrigaba en su corazón el convencimiento de que el trono era para él. Como hijo de un rey oriental y al estilo de las cortes paganas, Adonías se había hecho con caballos (2 Sam 8:4; 10:18), carros y cincuenta jóvenes que corrían delante de él a manera de vistosa escolta (1 Sam 8:11; 2 Sam 15:1). Esta vida fastuosa no era del agrado de todos; el autor sagrado recrimina de ella al padre, que, débil para con sus hijos (2 Sam 18:5; 19:1), no les reprendió a tiempo (1 Sam 2:29). La buena estampa (2 Sam 14:25) de Adonías contribuyó a granjearle amigos de su causa; seguía a Absalón en edad, pero era hijo de distinta madre (2 Sam 3:3-4)·
Adonías reunióse con sus partidarios más influyentes en En Roguel (Jos 15:7; 18:16; 2 Sam 17:17), fuente conocida hoy día con el nombre de Bir Ayub, al sudeste de Jerusalén. Junto a la fuente había una grande piedra llamada haz zoheleth, de la rampa. Sobre la misma inmoló Adonías gran cantidad de ovejas, bueyes y becerros, que comieron todos los invitados a la fiesta (2 Sam 15:12). El lugar y la ocasión eran propicios para adelantar el nombramiento de rey o de sucesor de su padre en el trono. En-Roguel estaba muy cerca de Jerusalén y, al mismo tiempo, era lugar apartado, tranquilo y fuera del alcance de los espías que el partido contrario podía mandar. En el banquete tomaron parte todos los prohombres de Judá. En el curso del mismo, por efecto del vino y por el entusiasmo que el joven príncipe despertaba entre los comensales, oyéronse gritos de "¡Viva el rey!" adelantándose al veredicto definitivo de David.
Enteráronse del banquete y de sus incidencias los del partido contrario, que decidieron obrar inmediatamente con el fin de atajar en sus comienzos el movimiento subversivo de Adonías. Natán fue el encargado de pasar al contraataque, valiéndose de Betsabé como de intermediaria. Le hace saber que el triunfo de Adonías ponía en peligro su vida y la de su hijo Salomón. Del juramento que, según el texto, hizo David a Betsabé en favor de su hijo no tenemos noticia alguna en otros textos, de lo que no se sigue que no lo hiciera.
Natán cree que Betsabé era la persona más indicada para notificar al rey — que acaso guardaba cama habitualmente (v.1) la rebelión de Adonías. Una vez hubiera ella expuesto al rey la situación,, entraría Natán para completar la obra. El partido contrario había mandado espías al banquete de En-Roguel, como lo demuestra el hecho de que manifiesta conocer Natán detalles, que el texto no mencionó al dar cuenta del mismo.
Betsabé y Natán ante David (1:15-37)
15 Betsabé fue a la cámara del rey. Estaba ya muy viejo y le servía Abisag, la sunamita. 16 Inclinóse y prosternóse ante el rey, que le preguntó: "¿Qué quieres?" 17 Ella le respondió: "¡Oh señor! Tú has jurado a tu sierva por Yahvé, diciendo: "Salomón, tu hijo, reinará después de mí; él se sentará sobre mi trono; 18 y he aquí que Adonías se ha hecho rey sin que tú, mi señor, el rey, sepas nada. 19 Ha inmolado bueyes, becerros cebados y ovejas en gran número, y ha invitado a todos los hijos del rey, a Abiatar, sacerdote; a Joab, jefe del ejército; pero no ha invitado a Salomón, tu siervo. 20 En tanto, los ojos de todo Israel están puestos en ti, ¡oh rey! mi señor, esperando que tú declares quién es el que se ha de sentar sobre el trono del rey mi señor después de él; 21 pues de lo contrario, cuando el rey mi señor se duerma con sus padres, mi hijo Salomón y yo seremos detenidos por culpables." 22 Mientras todavía esta ba ella hablando con el rey, llegó Natán, profeta. 23 Se lo anunciaron a David, diciendo: "Natán, profeta, está ahí." Entró a la presencia del rey y se prosternó ante él, rostro a tierra, 24 y dijo: "Oh rey mi señor! ¿Has dicho tú: Adonías reinará después de mí y se sentará sobre mi trono ? 25 Porque hoy ha bajado y ha inmolado bueyes, becerros cebados y ovejas en gran número, y ha invitado a todos los hijos del rey, y a Joab, general del ejército, y al sacerdote Abiatar, que están comiendo y bebiendo con él y han dicho: ¡Viva Adonías rey! 26 Pero ni me ha invitado a mí, tu siervo; ni al sacerdote Sadoc, ni a Banayas, hijo de Joyada; ni a Salomón, tu siervo. 27 ¿Se ha hecho esto por voluntad del rey mi señor, sin dar a saber a tus siervos quién es el que se ha de sentar en el trono del rey mi señor después de él?" 28 El rey David respondió: "Que venga Betsabé." Entró ella y se puso ante el rey, 29 y el rey hizo este juramento: "Vive Yahvé, que libró mi alma de toda angustia, 30 que así como he jurado por Yahvé, Dios de Israel, diciendo: Salomón, tu hijo, reinará después de mí y se sentará en mi trono en lugar mío, ahora mismo lo haré." 31 Betsabé se inclinó rostro a tierra, prosternándose ante el rey, y dijo: "Viva por siempre mi señor el rey David." 32 Luego dijo el rey: "Que vengan Sadoc, sacerdote; Natán, profeta, y Banayas, hijo de Joyada." Cuando estuvieron éstos en presencia del rey, 33 El rey les dijo: "Tomad con vosotros a los servidores de vuestro señor, montad a mi hijo Salomón sobre mi mula y bajadle a Guijón. 34 Allí el sacerdote Sadoc y Natán, profeta, le ungirán rey de Israel, y tocaréis las trompetas, gritando: ¡Viva el rey Salomón! 35 Después volveréis a subir tras él y se sentará en mi trono para que reine en mi lugar, pues a él le instituyo jefe de Israel y de Judá." 36 Banayas, hijo de Joyada, respondió al rey: "Amén. Hágalo así Yahvé, el Dios de mi señor el rey, 37 y como estuvo Yahvé con el rey mi señor, esté igualmente con Salomón y alce su trono sobre el trono de mi señor el rey David."
Pone de relieve el texto sagrado el estado de postración en que se encontraba el rey, condición esta muy apta para dejarse influenciar por el último que le hablara. Betsabé quería que el rey hiciera público el juramento que en otra ocasión le hizo en privado, recordándole que, de no renovarlo pronto, Salomón perdería el trono y la vida. Adonías ha levantado la bandera de la rebelión ayudado por los más influyentes de su partido; al excluir a los contrarios del banquete, ha demostrado que piensa reinar a pesar de éstos y en contra de los mismos. Con ello rompe Adonías la unidad del reino, que David ha defendido y conservado con tanto tesón. En estos momentos, añade Betsabé, todo Israel está pendiente de una palabra del rey que determine de manera clara la persona de su sucesor.
El profeta Natán (2 Sam 12:1ss) se presentó al palacio y, obtenido el permiso para entrar a su presencia, abordaba al monarca con un razonamiento habilidísimo. Adonías ha organizado un banquete, al que ha convidado a los de su partido, excluyendo a otras personalidades relevantes del reino. ¿Es que el rey, sigue argumentando Natán, ha autorizado el banquete y los gritos de "¡Viva el rey!" ocultando a sus siervos su voluntad acerca del que debía sucederle a su muerte? Además, contando Natán con el juramento hecho por David de entregar a su muerte el trono a Salomón, le hace ver que, al autorizar la proclamación de Adonías por rey de Judá y de Israel, era un perjuro, y que obraba por sí y ante sí, sin consultar la voluntad divina, que en otras ocasiones se manifestó por mediación suya (2 Sam 12:1ss). Reaccionando David ante las noticias alarmantes que le habían comunicado, repite y confirma públicamente el juramento hecho antes en privado en favor de Salomón.
Como despertando de un letargo, David dio orden de que se acercaran Sadoc, Natán y Banayas, a los que impartió la orden de que montaran a Salomón sobre la muía real (2 Sam 13:29; 18:9), le llevaran a Guijón y le ungieran allí Sadoc y Natán, proclamándolo rey al son de las trompetas. En la antigüedad era el asno el animal preferido para los viajes Que 10:4; 12:14); tenía el rey a su disposición una mula blanca (2 Sam 13:29). El Guijón es la fuente llamada hoy día Ain-sitti-Mariam, al pie de la colina del Ofel, junto al torrente Cedrón y al este de Jerusalén. Adonías había escogido una fuente más alejada de la ciudad; David quiere que el representante del sacerdocio, Sadoc, y Natán, profeta, unjan a Salomón en una más próxima y concurridísima. Ordenó David asimismo que, una vez ungido rey Salomón, con la misma solemnidad y escoltado por su guardia personal regresara a Jerusalén y entrara en palacio a fin de entronizarlo en el trono regio: "Pues a él, dijo David, le instituyo jefe (naguid, 1 Sam 13:14; 25:30; 2 Sam 6:21) de Israel y de Judá" (v.35) 3.
Unción de Salomón (1:38-40)
38 Bajó el sacerdote Sadoc con Natán, profeta; Banayas, hijo de Joyada; los cereteos y los feleteos, y, montando a Salomón sobre la mula de David, le llevaron a Guijón; 39 y tomando Sadoc, sacerdote, el cuerno de óleo del tabernáculo, ungió a Salomón al son de las trompetas, y gritó todo el pueblo: "¡Viva Salomón rey!" 40 Después subió con él todo el pueblo, tocando las flautas y haciendo gran fiesta, y parecía retemblar la tierra con sus aclamaciones.
Cumpliéronse las órdenes de David. Sadoc, en calidad de sumo sacerdote, consagró al nuevo rey, con la asistencia de Natán y de los soldados de la guardia real (2 Sam 8:18; 15:18; 20:7), que, a partir de este momento, se convierte en guardia de Salomón. Desde ahora el hijo de Betsabé es un mesias, un ungido del Señor (2 Sam 1:14-16; 19:22; 23:1; 2 Crón 6:4). El aceite para las unciones reales conservábase en un cuerno (1 Sam 16:1-.13); el que utilizó Sadoc procedía del tabernáculo donde David había colocado provisionalmente el arca de la alianza (2 Sam 6:17). Durante la ceremonia tocóse el sofar, trompeta de cuerno de borrego o de buey debidamente trabajado, que se empleaba para convocar al pueblo a las ceremonias sagradas y para una movilización general (Lev 23:24). Un entusiasmo grande reinó entre el público asistente al acto, que contagió a los de la ciudad. La cosa no era para menos, ya que se había asegurado la descendencia davídica en el trono, salvándose al mismo tiempo la unidad nacional. David podía morir tranquilamente, porque Israel tenía ya un joven rey.
Huida de los conjurados (1:41-53)
41 Oyólo Adonías, así como sus invitados, cuando terminaba su banquete; y Joab, al oír el sonido de las trompetas, dijo: "¿Por qué con tanto estrépito se alborota la ciudad?" 42 Todavía estaba él hablando, cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar. Díjole Adonías: "Acércate, que tú eres un valiente, y de seguro traerás buenas nuevas." 43 Respondió Jonatán a Adonías: 44 "De cierto que nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón. Ha enviado con él a Sadoc, sacerdote; Natán, profeta; Banayas, hijo de Joyada; los cereteos y feleteos; y le han hecho montar sobre la muía del rey; 45 y Sadoc, sacerdote, y Natán, profeta, le han ungido rey en Guijón, y de allí han subido con grandes muestras de júbilo, y toda la ciudad está en conmoción; ése es el alboroto que habéis oído. 4Ó Además, Salomón se ha sentado en el trono real, 47 y los servidores del rey han ido a felicitar al rey David, diciendo: "Que haga tu Dios el nombre de Salomón más grande que el tuyo y eleve su trono sobre tu trono." 48 El rey mismo se prosternó en su lecho y habló así: "Bendito Yahvé, Dios de Israel, que ha hecho sentarse hoy sobre mi trono un sucesor de mi descendencia, viéndolo mis ojos." 49 Todos los convidados de Adonías se llenaron de miedo y, levantándose, fuéronse cada uno por su lado. 50 Adonías, temiendo de Salomón, se levantó y fue al tabernáculo de Yahvé a tomarse de los cuernos del altar. 51 Vinieron a decir a Salomón: "Adonías tiene miedo del rey Salomón y ha ido a tomarse de los cuernos del altar, diciendo: "Que el rey Salomón me jure hoy que no hará morir por la espada a su siervo." 52 Salomón respondió: "Si él se porta lealmente, ni uno de sus cabellos caerá a tierra; pero si algo malo trama, morirá." 53 Mandó, pues, Salomón gentes que le hicieron bajar del altar, y Adonías vino a postrarse ante el rey Salomón, que le dijo: "Vete a tu casa."
Los acontecimientos se precipitaron. Todavía estaban banqueteando los conjurados, cuando Salomón regresaba a la ciudad ceñida la cabeza con la doble corona de Judá y de Israel, empezando a reinar desde aquel momento (16:11; 2 Re 13:13). De la fuente de Guijón a la de En-Roguel hay una distancia de 760 metros, pero la configuración del terreno no permitía que de una se divisara la otra. Adonías oyó el griterío, pero no vio el acto que se desarrollaba a unos centenares de metros más al norte. Jonatán, hijo del sumo sacerdote, partidario de Adonías, contó lo que ocurría, añadiendo que la corte había reconocido ya al nuevo monarca y que David, postrado en su lecho, como otro Jacob moribundo (Gen 47:31), lo había confirmado como sucesor suyo, congratulándose de haberlo podido ver con sus propios ojos.
Nada había ocultado Jonatán de cuanto había sucedido; sus palabras, tajantes y certeras, destrozaron las esperanzas de Adonías y sembraron el pánico entre los comensales, ya que, conforme a las costumbres antiguas orientales, la amenaza de muerte colgaba sobre la cabeza de los del partido derrotado (v.21). Esto temía Adonías, que para salvar su vida marchó al tabernáculo de Yahvé, acogiéndose al derecho de asilo (Ex 21:14). En otros pueblos antiguos, fenicios, griegos y romanos, tenía también el altar cuatro cuernos (Ex 27:2), que simbolizaban la fuerza de Dios. También fuera de Israel existían ciudades sagradas a las que podían refugiarse los perseguidos por la justicia. En Israel, además del altar existían las ciudades de refugio (Ex 21:14; Núm 35:9-15; Jos 20:1ss). A este mismo derecho se acogerá más tarde Joab. Mandó Salomón que Adonías marchara a su casa, significándole que le separaba de palacio y que perdía su favor. No era prudente que Salomón iniciara su reinado con la muerte de los jefes de la oposición, imitando en esto la política de su padre David.
Ultimas instrucciones de David a Salomón (2:1-9)
1 Llegaron los días de la muerte para David, y dio sus instrucciones a Salomón, su hijo, diciéndole: 2 "Yo me voy por el camino de todos; esfuérzate, pues, y sé hombre. 3 Sé fiel a Yahvé, tu Dios, marchando por sus caminos, guardando sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos como están escritos en la ley de Moisés, para que seas afortunado en cuanto hicieres y dondequiera que vayas; 4 de manera que cumpla Yahvé su palabra, la que a mí me ha dado, diciendo: Si tus hijos siguen su camino ante mí en verdad y con todo su corazón y toda su alma, no te faltará jamás un descendiente sobre el trono de Israel. 5 Bien sabes también tú mismo lo que me ha hecho Joab, hijo de Sarvia; lo que hizo con los dos jefes del ejército de Israel, Abner, hijo de Ner, y Amasa, hijo de Jeter, que los mató, derramando en la paz la sangre de la guerra y manchando con la sangre inocente el cinturón que ceñía sus lomos y los zapatos que calzaban sus pies. 6 Haz, pues, con él conforme con tu sabiduría y no dejes que sus canas bajen en paz a la morada de los muertos. 7 Trata con benevolencia a los hijos de Barzilai el galadita y sean de los invitados a tu mesa, pues hicieron así bien conmigo cuando yo iba huyendo de Absa-lón, tu hermano. 8 Ahí tienes también a Semeí, hijo de Güera, benjaminita, de Bajurim, que profirió contra mí violentas maldiciones el día que iba yo a Majanaím. Cuando luego me salió al encuentro al Jordán, yo le juré por Yahvé, diciendo: No te haré morir a espada. 9 Pero tú no le dejes impune, pues, como sabio que eres, sabes cómo has de tratarle, y harás que con sangre bajen sus canas al sepulcro."
David reconoce que el fin de su carrera mortal se aproxima, y quiere aprovechar los últimos momentos para aconsejar a su hijo empleando los conceptos que utilizó Moisés al hablar a Josué (Deut 31:7-23) y recordarle la venganza de sangre y la eficacia de las maldiciones (v.8). En el v.4 se hace referencia a la promesa hecha a David mediante el profeta Natán (2 Sam 7:12-16). Le recuerda los dos homicidios de Joab (2 Sam 3:21-27; 20:8-12), derramando sangre en época de paz, sangre que a grandes voces pedía venganza. Con estas muertes mancilló Joab el honor del rey y le hizo odioso al pueblo, dándole pie para creer que fue David el instigador de las mismas. El rey o sus descendientes deben vengar tales muertes. No habla de la de Absalón por haberle matado Joab en pleno combate. De Barzilai y de sus buenos servicios al rey hablamos en otro lugar (2 Sam 17:27-29; 19:32). En cuanto a Semeí (2 Sam 16:555; 19:1755), no quiere David faltar a su juramento; pero encarga a su hijo que anule los efectos de las maldiciones proferidas por él (2 Sam 16:555).
Muerte de David (2:10-12)
10 Durmióse David con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. 11 El tiempo que reinó David sobre Israel fue de cuarenta años: siete años reinó en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. 12 Sentóse Salomón en el trono de David, su padre, y su reino quedó muy firme.
Murió David y fue sepultado en la ciudad que lleva su nombre. Tradiciones recientes colocaban el sepulcro de David en Belén o en una dependencia del Cenáculo (Benjamín De Tudela); pero era natural que sus restos mortales descansaran en un mausoleo levantado en la ciudad que arrebató a los jebuseos, En las excavaciones hechas por R. Weill durante los años 1913-1914 creyóse haberse encontrado el sepulcro de los trece primeros reyes de la dinastía davídica cerca de la piscina de Siloé; pero su optimismo no encontró eco entre los historiadores y exegetas 1 .
Según los cómputos, murió David a los setenta años de edad (2 Sam 5:4), después de un reinado de cuarenta, en cifras redondas. Con su muerte desaparecía el que ha sido llamado modelo de reyes y tipo del Mesías. Son pocos los datos que la historia ha dejado para poder dar un juicio certero y cabal de su obra. La Biblia ha puesto de relieve "que Yahvé estaba con él," que le asistía en todo momento y que le colmó de bienes. Dios escogió a David por rey de Israel; lo tomó de la majada, de detrás de las ovejas, para ser príncipe en Israel (1 Sam 7:8-9). Con el auxilio de Dios y su propio valor y constancia fue venciendo los obstáculos que cerraban sus pasos al trono, llevando una vida arriesgada y errante, con la mirada fija en la meta que debía alcanzar. Muerto Saúl, fue requerido para que reinara sobre Judá (2 Sam 2:4), ejemplo que siguieron poco después las tribus del Norte (2 Sam 5:1-3). Con este acto, el rey, con poder personal, se convierte en monarca de Judá y de Israel, es decir, de un reino unido bajo el imperio de su persona. Durante toda su vida demuestra David fe y piedad, celo por el arca y por el culto. Quiso edificar un templo a Yahvé, sirviendo de modelo el palacio que había levantado en la ciudad de David para él y su familia; pero si no tuvo este honor, fue él quien adquirió los terrenos y construyó un altar en la era de Areuna (2 Sam 24:2255), donde más tarde levantará Salomón el edificio. Pero, a pesar de su piedad, cayó en el pecado, cometiendo un adulterio y un homicidio (2 Sam 11:1ss). Si pecó, como puede hacerlo cualquier rey humano, se arrepintió sinceramente de su falta tan pronto como el profeta Natán le echó en cara sus crímenes, en lo que no suelen imitarlo los reyes de este mundo. Durante su vida vivió oprimido por su culpa y recibió con resignación los castigos que le mandó Dios. Menos conocido es el aspecto profano del reinado de David. Sabemos que con su diplomacia supo mantener el equilibrio entre Judá e Israel, turbado más de una vez. Bastaba cualquier pretexto, como el que invocaba Seba (2 Sam 20:1), para que se manifestasen las susceptibilidades de ambos reinos. En lo exterior tuvo a raya a los enemigos tradicionales del pueblo hebreo: filisteos, amonitas, moabitas, amalecitas, árameos, etc. A los jebuseos arrebató la ciudad de Jerusalén, que, dadas sus condiciones geográficas, convirtió en capital de su reino. Para llevar a término tantas guerras contaba principalmente con una legión extranjera y tropas mercenarias. A la paz entre las tribus, al menos aparente, acompañó la tranquilidad en las fronteras, dominando a cananeos y jebuseos, sometiendo a tributo a otros pueblos e imponiéndose por su prestigio a todas las naciones colindantes hasta el Introitus Hamat 2. El reino de pavid tuvo atisbos de imperio. Murió David en la brecha, luchando por la grandeza y unidad del reino.
Al desgaste físico se unió el drama de su familia, que aceleró su marcha hacia el sepulcro. En su umbral salvó a Israel de una lucha civil para ocupar su trono vacante. De no ser la imprudencia de Adonías, acaso David hubiera muerto sin arreglar el problema de su descendencia. Murió David hacia el año 970 a.C.
Muerte de Adonías (2:13-25)
13 Adonías, hijo de Jaguit, fue en busca de Betsabé, madre de Salomón. Ella le dijo: "¿Vienes de paz?" Y él respondió: "De paz." 14 El añadió: "Quisiera decirte una palabra." "Habla," le dijo ella. 15 Y él dijo: "Tú sabes que el reino era mío y que todo Israel había puesto en mí los ojos para hacerme rey; pero el reino ha sido traspasado y dado a mi hermano, porque Yahvé se lo había destinado. 16 Una sola cosa te pido ahora; no me la niegues." Ella respondió: "Di." 17 Y él prosiguió: "Te pido que digas a Salomón, porque él no te lo negará, que me dé por mujer a Abisag la sunamita." 18 Betsabé dijo: "Bien; yo hablaré por ti al rey." 19 Betsabé fue a hablar a Salomón por Adonías, y el rey se levantó para salir a su encuentro, la besó, y, sentándose sobre su trono, hizo poner otro para de madre del rey y la sentó a su derecha. 20 Ella le dijo entonces: "Tengo una cosita que pedirte; no me la niegues." Y el rey la dijo: "Pide, madre mía, que yo no te negaré nada." 21 Ella le dijo: "Que le des por mujer a Adonías, tu hermano, Abisag la sunamita." 22 El rey Salomón preguntó a su madre: "¿Por qué pides tú para Adonías a Abisag la sunamita? Pide ya el reino para él, pues que es mi hermano mayor y tiene con él a Abiatar, sacerdote, y a Joab, hijo de Sarvia." 23 Y juró por Yahvé, diciendo: "Así me haga Yahvé y así me añada si no ha sido pronunciada contra su vida esta palabra de Adonías. 24 Ahora, pues, vive Yahvé, que me ha confirmado y me ha establecido sobre el trono de David, mi padre, y me ha edificado mi casa, según su promesa, que hoy mismo morirá Adonías." 25 El rey Salomón mandó a Banayas, hijo de Jo-yada, que le hirió, y Adonías murió.
A Adonías había Salomón perdonado la vida, imponiéndole, sin embargo, la orden de marcharse a su casa y conducirse lealmente (1:52). Enamorado de Abisag la sunamita (1:3), quiso desposarla. Sabido es que, a la muerte del rey, el harén pasaba a su sucesor. Si alguien lograba casarse con alguna mujer o concubina del rey, adquiría un título que le daba derecho a la sucesión (2 Sam 3:8). De ahí que Absalón abusó de las concubinas de su padre ante todo el pueblo para confirmar sus pretensiones al trono (2 Sam 16:22). Abisag no era propiamente del harén de David, pero el pueblo opinaba lo contrario. El monarca comprendió las intenciones malignas de Adonías al pedir la mano de Abisag, y así se lo da a entender a su madre.
Con el apoyo de un gran sector, por su condición de hermano mayor, con la sunamita por esposa tenía Adonías en sus manos títulos suficientes para derrocar a Salomón y ocupar el trono de Judá y de Israel. ¿Había en las palabras de Adonías indicios de una conjura en gran escala? Puede ser. Salomón, con su juramento (1 Sam 3:17; 14:44), afirma que la mano de Adonías mueve turbiamente a Betsabé a hacerle tal petición, y con igual firmeza decreta su muerte. ¿Puede Salomón proceder con guante blanco en unos momentos decisivos para el trono? ¿No ha manifestado su padre su voluntad? ¿No es manifiesta la voluntad de Dios de que sea él el sucesor de David? En pocas palabras refiere el texto la ejecución de Adonías.
Abiatar, desterrado (2:26-27)
26 Luego dijo el rey al sacerdote Abiatar: "Vete a tus tierras de Anatot. Tú merecías la muerte, pero yo no quiero hacerte morir ahora, por haber llevado el arca de Yahvé delante de David, mi padre, y porque participaste en los trabajos de mi padre." 27 Echó, pues, Salomón a Abiatar para que no fuese sacerdote de Yahvé, cumpliéndose así la palabra que había pronunciado Yahvé contra la casa de Helí en Silo.
Entre bastidores apoyaba Abiatar la causa de Adonías. Por haber llevado el arca de Yahvé (2 Sam 15:24-29) y por haber compartido las penalidades de su padre, David, desde que escapó de la matanza de Nob (1 Sam 22:18-23), Salomón le perdonó la vida, desterrándole a Anatot, ciudad levítica (Jos 21:18), a cuatro kilómetros al nordeste de Jerusalén, famosa por haber nacido allí el profeta Jeremías. Este castigo es, además, el epílogo de la amenaza divina contra la casa de Helí (1 Sam 2:30-36; 3:10-18).
Muerte de Joab (2:28-35)
28 Llegaron estas noticias a Joab, que había seguido el partido de Adonías, aunque no había seguido el de Absalón, y se refugió en el tabernáculo de Yahvé, cogiéndose a los cuernos del altar. 29 Dijeron a Salomón que Joab se había refugiado en el tabernáculo de Yahvé y estaba agarrado a los cuernos del altar; y Salomón mandó decir a Joab: ¿Qué sucedió para que huyeses al altar?" Y contestó Joab: "Es que he temido de ti y me he refugiado cerca del Señor." Y Salomón mandó a Banayas, hijo de Joyada, diciendo: "Ve y hiérele." 30 Llegado al tabernáculo de Yahvé, Banayas dijo a Joab: "Así habla el rey: Sal." Pero él respondió: "No; quiero morir aquí." Banayas llevó al rey esta respuesta, diciendo: "Esto he dicho a Joab y esto me ha contestado." 31 El rey dijo a Banayas: "Haz como él dice: Hiérele y sepúltale, y quita hoy de sobre mí y de sobre la casa de mi padre la sangre inocente que Joab ha derramado. 32 Haga caer Yahvé esa sangre sobre su cabeza, pues mató a dos hombres más rectos y mejores que él, dándoles la muerte con la espada, sin que nada supiera mi padre, David: a Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Israel, y a Amasa, hijo de Jeter, jefe del ejército de Judá. 33 Su sangre caerá sobre la cabeza de Joab y sobre la de sus descendientes por siempre, mientras que sobre David y su descendencia, sobre su casa y su trono, dará siempre Yahvé su paz." 34 Subió entonces Banayas, hijo de Joyada, y le hirió, matándole, y Joab fue sepultado en su sepulcro en el desierto. 35 Puso el rey en su lugar, por jefe del ejército, a Banayas, hijo de Joyada, y al sacerdote Sadoe en el lugar de Abiatar.
Joab temió correr la misma suerte que los otros jefes de la conjuración y trató de salvar su vida buscando asilo en los cuernos del altar del tabernáculo de Yahvé. Pero, conforme a la Ley (Ex 21:14), debía morir. A sangre fría, y por temor a que le suplantara, no temió matar a Abner (2 Sam 3:27), aduciendo las leyes de la venganza de sangre por la muerte de su hermano Azael (2 Sam 2:22). Mientras besaba a Amasa, le introdujo la espada en sus entrañas, desplomándose (2 Sam 20:9). Tanta sangre inocente derramada en tiempo de paz (v.5) debía ser vengada. Por los favores que hizo a su padre, David, se autorizó fuera sepultado en el mausoleo familiar, que se encontraba en las afueras de Belén, al descampado, donde estaba también sepultado su hermano Azael (2 Sam 2:32). Banayas le sustituyó en la jefatura del ejército; Sadoc quedó único sumo sacerdote, descendiente de la rama de Eleazar.
Aviso a Semeí (2:36-46)
36 Hizo el rey llamar a Semeí y le dijo: "Hazte una casa en Jerusalén y habita en ella, sin salir ni entrar para nada. El día en que salgas y pases el torrente de Cedrón, 37 sabe que con toda certeza morirás; será tu sangre sobre tu cabeza." 38 Semeí respondió al rey: "La orden es buena. Como lo dice mi señor el rey, así hará tu siervo." Semeí estuvo mucho tiempo en Jerusalén; 39 pero, al cabo de tres años, dos siervos de Semeí huyeron a refugiarse junto a Aquis, hijo de Maaca, rey de Gat. Le dijeron a Semeí: "Tus siervos están en Gat"; 40 y, levantándose, montó en su asno y se fue a Gat, a Aquis, en busca de sus siervos, y de vuelta, se los trajo con él. 41 Informaron a Salomón de que Semeí había ido de Jerusalén a Gat y estaba ya de vuelta; 42 y mandando llamar a Semeí, le dijo: "¿No te conjuré yo por Yahvé y no te advertí que el día en que salieras acá o allá sería el de tu muerte? Y me dijiste tú: La orden es buena y la obedeceré. 43 ¿Por qué, pues, no has guardado el juramento de Yahvé y la orden que yo te di ?" 44 Y siguió el rey diciendo a Semeí: "Bien sabes tú, tu corazón lo sabe muy bien, todo el mal que hiciste a David, mi padre. Yahvé hace recaer tu maldad sobre tu cabeza, 45 mientras que el rey Salomón será bendecido y el trono de David afirmado por siempre ante Yahvé." 46 Dio el rey orden a Banayas, hijo de Joyada, que salió e hirió a Semeí, y Semeí murió. El reino se afirmó en las manos de Salomón.
Había David afirmado con juramento a Semeí que no le haría morir a espada (2 Sam 19:17); pero encargó a Salomón no le dejara impune a causa de las maldiciones que profirió contra él. Salomón buscó una ocasión propicia para cumplir con una y otra voluntad de su padre. Empezó por someterlo a una libertad vigilada, quizá por estar también comprometido con la causa de Adonías. Se le prohibe salir de Jerusalén e incluso atravesar el torrente Cedrón (2 Sam 15:23) para ir a su casa de Bajurim, en la vertiente oriental del monte Olívete. Buena le pareció a Semeí la propuesta del rey, que se obligó conjuramento a cumplir. Según 1 Sam 27:2, Aquis, rey de Gat, era hijo de Maoc. Era Gat una de las cinco grandes ciudades filisteas; dos veces habíase refugiado David allí (1 Sam 21:11-16; 27:2ss). No atravesó Semeí el torrente Cedrón, pero hizo un recorrido superior a los cuarenta kilómetros en dirección al sudoeste de la capital. En seguida se enteró Salomón de esta salida de Semeí, que, por perjuro y para anular los efectos de sus maldiciones, fue condenado a muerte. Después de la maldición que pronuncia el rey en el v-44, añade inmediatamente una bendición para contrarrestar los efectos de aquélla. Con estas medidas se afirma el reino de Salomón. Muertos los conspiradores, nadie pensó en adelante en disputarle su derecho al trono, que en tres años quedó afianzado (v.39).
Matrimonio de Salomón (3:1).
1 Emparentó Salomón con el faraón, rey de Egipto, tomando a una hija del faraón por mujer. Trájola a la ciudad de David, hasta acabar de edificar su casa, la casa de Yahvé, y las murallas de Jerusalén en derredor.
Tras de haber narrado el autor inspirado la elevación de Salomón al trono y el cumplimiento de la última voluntad de su padre, entra de lleno a hablar de su reinado, fijándose en tres aspectos principales: 1) Prudencia y sabiduría del nuevo monarca (3:1; 5:14)·2) Salomón constructor (5:15; 9:25). 3) Política comercial (9:26-10, 29). A estos tres cuadros luminosos sigue un apéndice en que se anota la parte sombría del reinado de Salomón (11:1-43)
En contra del carácter dinámico del reinado anterior, el de Salomón es estático: conserva, organiza y saca provecho de las circunstancias 1. A la muerte de David hubo conatos de rebelión por parte de Hadad, rey de Moab (11:21), y de Rezón, el arameo que creó la dinastía de Damasco (11:23-25). Para proteger la ruta comercial nordeste, vióse obligado Salomón a enfrentarse con Rezón en Soba (2 Crón 8:3). Pero, a pesar de estos intentos de independencia, el imperio de David se mantuvo intacto durante todo el reinado de Salomón. Para afianzarlo modernizó el ejército con armamento nuevo y carros de combate, fortificó las ciudades clave y creó una línea de plazas fuertes a lo largo de la gran vía comercial que unía Egipto con Siria: Hasor, Megiddo, Betorón, Guezer. Por el sur, las fortalezas de Baalat y Tamar protegían las rutas de los metales, que Salomón extraía de las minas de Asiongaber, junto al moderno puerto ¿el golfo de Aqaba.
En vez de velar las armas, creyó Salomón que el método más seguro para asegurar la paz era la vía diplomática. De ahí su política de las uniones matrimoniales. Después de una larga ausencia de Egipto de la historia de Palestina, reaparece ahora acogiendo a Hadad fugitivo en el palacio del faraón y apoyando su causa en contra de los israelitas (2 Sam 8:13-14; 1 Re 11:14-22). Salomón se apresuró a pactar con el faraón egipcio, obteniendo de él el privilegio de llegar a ser yerno (yithhatten) suyo. No es fácil determinar de qué faraón se trata, pero los autores modernos están acordes en admitir que fue uno de los últimos monarcas de la XXI dinastía, de Tanis, muy probablemente Psusenne II, cuya tumba ha sido encontrada en Tanis y que reinó hacia los años 984-950 a.C.
El reinado de Salomón abarca aproximadamente los años 970-930 a.C. Como dote entregó el faraón a su hija la ciudad de Guezer, que conquistó, "incendiándola y matando a los cananeos que habitaban en la ciudad" (9:16). Parece que el faraón se apoderó de Guezer en los primeros años del reinado de Salomón, poco después de la muerte de David y del regreso de Hadad a su patria. Una de las razones en apoyo de lo dicho está en que, al cuarto año de su reinado, estableció Salomón relaciones comerciales con Hiram, rey de Tiro, en virtud de las cuales la madera de cedro era transportada por mar hasta el puerto de Jafa, y de allí, en arrastre, a Jerusalén, por el camino que pasaba junto a Guezer (2 Crón 2:115). Ninguna dificultad ponen los de esta ciudad al arrastre de la madera por su territorio, lo que induce a creer que estaba entonces bajo el poder de Salomón. El texto que comentamos añade que Salomón condujo a su esposa egipcia provisionalmente (9:24) al palacio real que existía en la ciudad de David, en espera de que se terminaran las tres grandes construcciones salomónicas: palacio real, el templo y la muralla de la ciudad. Los matrimonios de israelitas con extranjeros, aunque no estaban expresamente prohibidos por la Ley (Ex 34:16; Deut 7:3), eran poco conformes con el espíritu religioso de Israel. Estos enlaces matrimoniales torcieron el corazón de Salomón (11:3).
El sueño de Gabaón (3:2-15)
2 El pueblo sacrificaba en los altos, porque no había sido hasta entonces edificada casa a Yahvé. 3 Salomón amaba a Yahvé y marchaba según las órdenes de David, su padre, pero sacrificaba y quemaba perfumes en los altos. 4 Fue el rey a sacrificar a Gabaón, que era uno de los principales altos. Mil holocaustos ofreció Salomón en aquel altar. 5 Yahvé se le apareció en Gabaón durante la noche, en sueños, y le dijo: "Pídeme lo que quieras que te dé." 6 Salomón respondió: "Tú hiciste gran misericordia a David, mi padre, conforme marchaba él en tu presencia en la fidelidad, en la justicia y en la rectitud de corazón ante ti; le has guardado esta misericordia, dándole un hijo φάε se sentara sobre su trono, como lo está hoy. 7 Ahora, pues, ¡oh Yahvé! mi Dios, que has hecho reinar a tu siervo en el lugar de David, mi padre, no siendo yo más que un jovencito, que no sabe por dónde ha de entrar y por dónde ha de salir, 8 y que está tu siervo en medio del pueblo que tú te elegiste, un pueblo grande, que por su muchedumbre no puede contarse ni numerarse, 9 da a tu siervo un corazón prudente para juzgar a tu pueblo y poder discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién, si no, podrá gobernar a un pueblo tan grande?" 10 Agradó al Señor que Salomón le hiciera esta petición; 11 y Dios le dijo: "Por haberme pedido esto y no haber pedido para ti ni vida larga, ni muchas riquezas, ni la muerte de tus enemigos, sino haberme pedido entendimiento para hacer justicia, 12 yo te concedo lo que me has pedido y te doy un corazón sabio e inteligente, tal como antes de ti no ha habido otro ni lo habrá en adelante después de ti. 13 Y aún te añado lo que no has pedido: riquezas y gloria tales, que no habrá en tus días rey alguno como tú; 14 y si andas por mis caminos, guardando mis leyes y mis mandamientos, como lo hizo David, tu padre, prolongaré tus días." 15 Despertóse Salomón de su sueño, y, de vuelta a Jerusalén, se presentó ante el arca de la alianza de Yahvé y ofreció holocaustos y sacrificios eucarísticos y dio un banquete a todos sus servidores.
La Ley de unidad de altar, que tanto encarece el Deut 12:4-14, no estaba en vigor en tiempos de Salomón; la urgió el rey Josías hacia el año 621 a.C. Vimos que dos eran los santuarios nacionales en tiempos de David: el de Gabaón, con Sadoc al frente, y el de Jerusalén, que presidía el sumo sacerdote Abiatar (2:26). Era Gabaón una ciudad levítica, de la tribu de Benjamín (Jos 9:3; 10:2; 18:25; 21:17).
Había allí una piedra célebre (2 Sam 20:8), que quizá era un monumento conmemorativo. No lejos de Gabaón se levantaba la colina llamada hoy día Nebí Samuil, donde, según i Crón 16:40; 21:29, se encontraba el tabernáculo de Moisés y el antiguo altar de los holocaustos. A este lugar iba Salomón para ofrecer sacrificios al Señor (2 Crón 1:1-6); por este lugar debía también de tener sus preferencias Sadoc. El autor sagrado, al mismo tiempo que pone de relieve la piedad y munificencia de Salomón, le disculpa de ir a Gabaón y ofrecer allí sacrificios, "porque no había sido hasta entonces edificada casa a Yahvé." De ahí que el monarca siguiera la costumbre antigua de sacrificar "en los lugares altos" (Ex 20:24), por creer el pueblo que, por razón de su altura, los montes estaban más cerca de los cielos y en comunicación más estrecha con la divinidad, con el Dios "que marcha por las alturas de la tierra" (Am 4:13).
Fueron acaso razones políticas las que aconsejaron a Salomón a desplazarse a Gabaón, por mirar las tribus del Norte con recelo el centralismo de Judá (Sanda). El número de sacrificios cruentos ofrecidos parece excesivo, si consideramos que en tales sacrificios la víctima era consumida totalmente por el fuego. Pero no parece fuera de lugar entender la expresión "mil holocaustos ofreció" (oloth yh aleh) de los sacrificios pacíficos, en los cuales parte de la víctima era consumida y otra servida a los que intervenían en el banquete sagrado. También el número crecido de víctimas puede significar la piedad y munificencia del rey.
Durante aquella fiesta, Dios habló a Salomón en sueños (Gen 20:3-6; 31:10-11; 28:12-15). Deja entrever el texto que Salomón dormía en una de las dependencias del santuario, lugar propicio para recibir comunicaciones celestiales por residir Dios allí (Gen 28:10-11; 1 Sam 3:1ss). Agradecido Dios por tanto sacrificio, concedió a Salomón la gracia que le pidió. Discreta y juiciosa fue la petición que le hizo el monarca. Le concedió Dios un corazón que "entienda" (leb shomeah; 2 Sam 1:6-:17), a fin de poder juzgar rectamente las causas del pueblo. Según las promesas de Dios a Abraham, el pueblo de Israel será de una extension incalculable , como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Tal vez el v.8 aluda al pecado de David al hacer el censo de la población (2 Sam 24:1-9) que estaba bajo sus dominios.
Fue proverbial la sabiduría de Salomón, que ya admiraban sus contemporáneos, israelitas y paganos (5:9-14; 10:1-10). La ciencia extraordinaria que poseía es de origen divino, es un don de Dios. De ahí que la tradición le haya atribuido los libros llamados sapienciales. Anota Dhorme que esta petición de bienes espirituales por parte del rey es única en la antigüedad semítica 2. Los reyes de Babilonia y de Asiría pedían a sus dioses larga vida, seguridad nacional, un ejército invencible, país próspero, un poder duradero, etc. Da a entender Dios en su respuesta que también sus servidores de Israel le pedían preferentemente larga vida, derrota de los enemigos, grandes riquezas, gracias que también concedía Dios graciosamente a los que le servían (Deut 5:33; 11:9; 17:20). De vuelta a Jerusalén ofreció nuevos sacrificios, cruentos y pacíficos, en el santuario donde se albergaba el arca de la alianza (2 Sam 6:1-19). No convenía al rey indisponerse con los de Judá.
Juicio salomónico (3:16-28)
16 Vinieron por entonces al rey y se presentaron ante él dos mujeres de mala vida. 17 Dijo una de ellas: "Escucha, mi señor: Yo moraba con esta mujer en la misma casa y allí di a luz a un niño. 18 A los tres días dio también ella a luz un niño. Habitábamos juntas, y ningún extraño había entrado en la casa, no había allí más que las dos. 19 El hijo de esta mujer murió una noche por haberse ella acostado sobre él; 20 y ella, levantándose en medio de la noche, me quitó de mi lado a mi hijo, mientras tu sierva dormía, y púsolo a su lado, dejando al mío a su hijo muerto. 21 Cuando yo me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, hállele muerto; mas, mirándole atentamente a la mañana, vi que no era mi hijo, el que yo había parido." 22 La otra mujer dijo: "No; mi hijo es el que vive; es el tuyo el que ha muerto." Y la primera replicaba: "No; tu hijo es el muerto, y el mío el vivo." Y así disputaban en presencia del rey. 23 Tomó entonces el rey la palabra: "La una dice: Mi hijo es el que vive, el tuyo ha muerto; y la otra dice: No; es el tuyo el que ha muerto, y el mío vive"; 24 y añadió: "Traedme una espada." Trajeron al rey la espada, 25 y él dijo: "Partid por el medio al niño vivo, y dad la mitad de él a la una y la otra mitad a la otra." 26 Entonces la mujer cuyo era el niño vivo dijo al rey, pues se le conmovían todas las entrañas por su hijo: "¡Oh señor rey, dale a ésa el niño, pero vivo; que no le maten." Mientras que la otra decía: "Ni para mí ni para ti: que le partan." 27 Entonces dijo el rey: "Dad a la primera el niño vivo, sin matarle; ella es su madre." 28 Todo Israel supo la sentencia que el rey había pronunciado, y todos temieron al rey, viendo que había en él una sabiduría divina para hacer justicia.
El autor sagrado cita un ejemplo en prueba de la sabiduría de Salomón. El relato tiene analogías con otras narraciones similares de la antigüedad. Gressmann señala veintidós 3, de lo cual no se sigue que el presente relato no sea histórico. Además, los hechos similares que se aducen son posteriores a nuestra época.
No se toleraban las meretrices en Israel (Deut 23:17), pero a menudo se camuflaban presentándose como sirvientas en los bares y casas de bebidas (Jos 1:17). El hombre que frecuenta una prostituta disipa sus bienes y pierde su vigor (Prov 29:3; 31:3), pero no comete un delito que la Ley castigaba. Lo que prohíbe el citado texto del Deuteronomio es la prostitución sagrada de los dos sexos (qadesh, qedesha; 1 Re 14:24; 15:12; 22:47). El código de Hammurabi (§ 101-111) prohibía a las mujeres abrir cervecerías y aun entrar en ellas (Montgomery).
Ministros de Estado (4:1-6)
1 Reinaba Salomón sobre todo Israel. 2 Los jefes que tenía a su servicio eran: Azarías, hijo de Sadoc, sacerdote; 3 Elijoret y Ajías, hijos de Sisa, secretarios; Josafat, hijo de Ajilud, cronista; 4 Banayas, hijo de Joyada, mandaba el ejército; 5 Azarías, hijo de Natán, superintendente; Zabud, hijo de Natán, era el consejero del rey. 6 Ajisar, mayordomo del palacio; Adoniram, hijo de Abdar, el prefecto de los tributos.
Con la prudencia y sabiduría que le caracterizaba emprendió Salomón la organización del reino. Entre los oficiales (sarim) reales se enumera en primer lugar al sacerdote Azarías, sobrino de Sadoc (2:35) por parte de su hijo Ajimas (1 Crón 6:9), para poner de relieve el matiz teocrático de su reino. Dos oficiales ejercían el cargo de secretario (sofer); ambos eran hijos de Sisa (2 Sam 8:17). Algunos exegetas (De Vaux) ven en los nombres del padre y del hijo reminiscencias egipcias, deduciendo que pertenecían a una familia egipcia establecida en Jerusalén 1. Josafat era mazkir, o sea archivero (Dhorme) o heraldo (De Vaux), jefe del protocolo e intermediario entre el rey y el pueblo. Entre los egipcios, el heraldo dirigía el ceremonial de palacio, introducía las audiencias, comunicaba las órdenes pertinentes al pueblo (Gen 20:14) Y transmitía las órdenes reales; acompañaba al rey en sus desplazamientos, regulaba las etapas de viaje y velaba por la seguridad del monarca 2.
En el texto hebraico se mencionan Sadoc y Abiatar como sumos sacerdotes, pero sus nombres entraron en la lista de los funcionarios reales por influencia de los catálogos de los tiempos de David (2 Sam 8:16; 20:18-24). Por los buenos servicios prestados, Salomón recompensó a Natán nombrando a su hijo mayor, Azarías, superintendente y ministro de hacienda; a Zabub, confidente y familiar suyo. Este título de "amigo del rey" era muy apreciado en Israel en tiempos de los Macabeos (i Mac 10:19). Ajisar ejercía el cargo de visir o primer ministro (Gen 43:16-19; 44:1). Adoniram, abreviado en Adorara en 2 Sam 20:24, era el prefecto de los tributos.
Las doce prefecturas (4:7-19)
7 Tenía Salomón sobre todo Israel doce intendentes, que proveían al rey y a su casa, cada uno durante un mes del año. 8 Sus nombres eran: Ben Hur, en la montaña de Efraím; 9 Ben Decar, en Maques, en Salebín, en Betsames, y Elón hasta Betanán; 10 Ben Jesed, en Arubot; éste tenía también Soco y toda la región de Jefer; 11 Ben Abinadad, que tenía todas las alturas de Dor, estaba casado con Tafat, hija de Salomón; 12 Baña, hijo de Ajilud, tenía Tanac y Megiddo y todo Betsán, que está cerca de Sartana, por debajo de Jezrael, desde Betsán hasta Abelmejolá y más allá de Jocmeán; 13 Ben Gaber, en Ramot Galaad, tenía los burgos de Jair, hijo de Manases, en Galaad, sesenta grandes ciudades muradas y con cerrojos de bronce; 14 Ajinadab, hijo de Ido, en Majanaím; 15 Ajimas, en Neftalí, también casado con una hija de Salomón, de nombre Basemat; 16 Baña, hijo de Jusi, en Aser Alot; 17 Josafat, hijo de Farua, en Isacar; 18 Semeí, hijo de Ela, en Benjamín; 19 Guebar, hijo de Urí, en la región de Galaad, la tierra de Seón, rey de los amorreos, y de Og, rey de Basan; para esta región había un solo intendente.
En el reinado de David habían las tribus mostrado su indiferencia por los intereses nacionales. Con el fin de conseguir una mayor solidaridad en todo el reino, ideó Salomón la creación de doce prefecturas o distritos administrativos, al frente de los cuales colocó un gobernador (nissib, nissabim). Las doce prefecturas no correspondían a los límites de las doce tribus, sino a los doce meses del año, debiendo cada una, y según la estación, proveer por turno a las necesidades de palacio, enviando harina, bueyes, ovejas, aves, frutas, etc., y cebada y paja para los caballos del rey. No eran arbitrarias las nuevas divisiones, que tendían a quitar las barreras políticas de tribu, nocivas para el interés de la nación. Parece que la división en doce prefecturas se aplicó solamente a las tribus del centro y del norte; Judá ocupaba un lugar aparte.
La nueva división administrativa se presenta en tres grupos: el primero (v.8-14) comprende el territorio de la montaña de Efraím, con las posesiones de la "casa de José," al otro lado del Jordán, y las ciudades cananeas incorporadas al reino; el segundo grupo (v.16-17) comprende las tribus del norte; el tercero (v. 18-19), los territorios de Benjamín y de Gad.
El autor señala el nombre de los doce nissabim. Pero, a causa de estar deteriorado el documento que copió, no se ha conservado el nombre de los cinco primeros, dándose solamente el de sus padres. Sin embargo, las listas administrativas de Ugarit indican más bien que el uso del nombre patronímico era común para los miembros de determinadas familias que estaban al servicio del rey. A un hijo de Hur (Ex 17:10; 24:14) le tocó ejercer sus funciones en la montaña de Efraím (1 Sam 1:1; 9:4). Esta prefectura limitaba al sur con Baal Hasor, al norte de Betel, y terminaba al norte en Abelmejolá, al mediodía de Betsán. Al frente del segundo distrito destinó Salomón a un hijo de Decar, que fijó su residencia en Maqas (quizá en el actual el-Muheizin, a quince kilómetros al occidente de Betsemes; 1 Sam 6:9). Al sur del Carmelo, limitando en su parte meridional con Afee y al oeste con el Mediterráneo, estaba el tercer distrito. El gobernador residía en Arubat, que acaso estaba en el lugar conocido hoy por tell-el-asawir, a quince kilómetros al oriente de Cesárea. Al sur de Arubot estaba Soco (hoy tell er-Ras; Jos 15:35; 1 Sam 17:1). En Jefer, territorio de la llanura de Sarón, pacían grandes vacadas pertenecientes a la familia real (1 Crón 27:29). Al norte de esta prefectura se extendía la de Dor, entre Nahr ez-Zerqa, al sur, y la ciudad de Haifa, al norte. Las famosas ciudades cananeas de Tanac, Me-giddo (Jos 12:21; 17:11; Jue 1:27), Jibleam y Betsán (Jos 17:11.16; Jue 1:,27) entraban en el distrito gobernado por Baña, que residía en el palacio salomónico de Megiddo. Al otro lado del Jordán, en el país de Tob, Makir y Basan, vastos territorios regados por el Yar-muc y sus afluentes, se extendía la sexta prefectura, que tenía a Ra-mot Galaad por capital (Jos 20:8; 21:38). Al sur de la misma, limitando en su parte meridional con el Yaboc, estaba la prefectura de Majanaím (Jos 13:26; 21:38; 2 Sam 2:8). La octava, la del territorio de Neftalí, al norte del lago de Genesaret, se extendía desde un punto paralelo al extremo meridional del mismo hasta la gran curva que forma el Nahr el-Litani, al norte. A su lado occidental, en el territorio de Aser, se extendía la novena prefectura, que limitaba al norte con Nahr el-Qasimiye. La décima, la de Isacar, limitaba al este con el Jordán y al oeste con Tanac y Megiddo. Al norte de Jerusalén, entre Betel, al norte, y Jericó, al este, se extendía la demarcación de Benjamín. Finalmente, la duodécima hallábase en TransJordania, entre el Arnón y el Yaboc. Llama la atención que no figure Judá en esta lista, lo que ha parecido tan anormal a algunos exegetas, que incluso han modificado el texto para incluirla. Sin embargo, la tribu de Juda se menciona implícitamente, por ser "el país" que, según 4:19b, tenía al frente un gobernador particular; de la misma manera, en asirio, matu, el país, designa la provincia central del imperio 3.
Límites del reino (4:20-21)
20 Judá e Israel eran numerosos como las arenas que hay en la orilla del mar, y comían, bebían y se alegraban. 21 (5:1) Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde el río hasta la tierra de los filisteos y hasta la frontera de Egipto; todos le pagaban tributo y le estuvieron sometidos todo el tiempo de su vida.
La paz reinaba en el interior y en las fronteras del reino; Israel multiplicábase de día en día, con una población numerosa como la arena del mar (Gen 22:17; Jos 11:4; 2 Sam 17:11, etc.); reinaba en el país un nivel de vida que engendraba alegría y bienestar; todo el mundo tenía lo suficiente para comer y beber (Ex 32:6; 1 Sam 30:16). El reino de Salomón se extendía desde el río Eufrates (Jos 24:2-.4; Is 7:20; 8:7; Jer 1:18) hasta el Mediterráneo y Egipto (Núm 34:5; Jos 15:4). De Vaux traduce: "Pues dominaba sobre toda la Transeufratena — desde Tapsaco hasta Gaza-, sobre todos los reyes de la Transeufratena." Cree él que este verso ha sido añadido en período persa. Tapsaco o Tipsah es un vado, hoy Dibseh, en la ribera occidental del medio Eufrates. Propiamente no se extendía hasta el Eufrates el reinado de Salomón, pero puede interpretarse el texto en el sentido de que los árameos, que limitaban con el Gran Río, habían sido sometidos a tributo por David (2 Sam 8:6), continuando el mismo trato durante el reinado de Salomón.
En la edición masorética de Kittel, el capítulo 5 empieza en 4:21 de la Vulgata y los LXX. En el hebreo no se ha conservado el texto puro, invirtiéndose el orden de versículos. La continuación lógica de la lista de los prefectos es c.4 v.7; 8; 2; 3; seguidos inmediatamente de v.20; 21; 24; 25.
Opulencia real (4:22-27)
22(2) Consumía Salomón cada día treinta coros de flor de harina y sesenta coros de harina común, diez bueyes cebados; 23(3) veinte bueyes de pasto y cien carneros, sin contar los ciervos, las cabras, los búfalos y las aves cebadas. 24(4) Señoreaba toda la tierra del lado de acá del río, desde Tipsaj hasta Gaza, y tuvo paz por todos lados en derredor suyo. 25(5) Judá e Israel habitaban seguros, cada uno debajo de su parra y de su higuera, desde Dan hasta Berseba, durante toda la vida de Salomón. 26(6) Tenía Salomón en sus caballerizas cuatro mil pesebres para los caballos de sus carros y doce mil caballos de silla. 27(7) Los intendentes proveían al rey Salomón y a cuantos se sentaban a su mesa, cada uno un mes, sin dejar que nada faltara. 28(8) Hacían llegar también la cebada y la paja para los caballos de tiro y de carrera allí donde se hallaran, cada uno según las órdenes recibidas.
En confirmación de la grandeza de Salomón, refiere el autor sagrado los gastos de la casa real, incluyendo la guarnición de la capital. Diariamente consumíanse varios coros de harina (koros en griego; kor, karru, en asirio y babilónico), medida de capacidad para sólidos, correspondiente al homer. Cada homer equivalía aproximadamente a trescientos sesenta y cinco litros (Lev 27:16). Algunos (De Vaux), basándose en el árabe, traducen la palabra barburim por cucos, que, según Plinio, tiene la carne muy sabrosa. Dice el texto hebraico que disponía Salomón de cuarenta mil establos para sus caballos, cifra que 2 Crón 9:25 reduce a cuatro mil. Calculábanse tres caballos por carro. El Deut 17:16 prohibía al rey de Israel disponer de gran número de caballos. En 10:26 los carros a disposición del monarca son mil cuatrocientos. Cabe, pues, suponer que la tradición judía tendía a aumentar la gloria y magnificencia de Salomón multiplicando el número de sus carros, caballos y consumo diario. En las excavaciones practicadas durante los años 1928-1929 en Megiddo se descubrieron las cuadras de Salomón, que medían cincuenta y cinco metros de largo, veintidós de altura y cincuenta y cinco de ancho. Los dos grupos de cuadras descubiertas podían albergar unos cuatrocientos cincuenta caballos 4.
Proverbial sabiduría de Salomón (4:29-34)
29(9) Dio Yahvé a Salomón sabiduría y un gran entendimiento y anchura de corazón, como la arena que está a orillas del mar. 30(10) La sabiduría de Salomón sobrepasaba la de todos los hijos de Oriente y la sabiduría toda del Egipto. 31(11) Fue más sabio que hombre alguno; más que Etán el ezraíta; más que Ernán, Calcol y Dorda, hijos de Majol, y su fama se extendió por todos los pueblos en derredor. 32(12) Profirió tres mil parábolas, y sus cantos fueron mil cinco; 33(13) disertó acerca de los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en el muro, y acerca de los animales, de las aves, de los reptiles y los peces. 34(14) De todos los pueblos venían para oír la sabiduría de Salomón, de parte de todo los reyes de la tierra, a los que había llegado la fama de su sabiduría.
Es proverbial la sabiduría de los orientales, particularmente de los egipcios (Gen 41:8; Ex 7:11; Is 19:11). Cultivaban éstos la literatura sapiencial 5. A Etán se atribuye el salmo 89, y a Hernán el 88. Los dos son descendientes de Zerak, hijo de Judá (Gen 38:30). Según 1 Crón 2:6, también descienden de Judá Calcol y Darda. Las máximas o mashal de Salomón fueron muchas; parte se conservaron por tradición oral y otras pusiéronse por escrito. No está fuera de lugar suponer que gran parte de las máximas que se encuentran en proverbios proceden de él. La tradición le ha atribuido los libros de la Sabiduría, el Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. Para indicar la universalidad de sus conocimientos naturales se emplea la frase "desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en el muro" (Jue 9:15; 2 Re 14:9; Ex 12:22; Lev 14:4.6; Núm 19:6-18).
Alianza de Salomón con Hiram (5:1-9)
1(15) Hiram, rey de Tiro, mandó sus embajadores a Salomón cuando supo que había sido ungido rey en lugar de su padre, pues siempre había sido amigo de David. 2(16) Salomón dijo a Hiram: 3(17) "Tú sabes que David, mi padre, no pudo hacer casa para Yahvé, su Dios, por las guerras que tuvo en torno, hasta que Yahvé los puso bajo las plantas de sus pies. 4(18) Ahora Yahvé, mi Dios, me ha dado la paz por todas partes; no tengo enemigos ni querellas, 5(19) y quiero edificar a Yahvé, mi Dios, una casa, como se lo manifestó Yahvé a mi padre, diciendo: "Tu hijo, el que pondré yo en tu lugar sobre tu trono, edificará casa a mi nombre." 6(20) Manda, pues, cortar para mí cedros en el Líbano; mis siervos se unirán a los tuyos y yo te daré lo que tú me pidas para el salario de los tuyos, pues bien sabes que no hay entre nosotros quien sepa labrar la madera como los sidonios." 7(21) Alegróse mucho Hiram cuando oyó las palabras de Salomón y dijo: "Bendito Yahvé, que ha dado a David un hijo sabio sobre ese gran pueblo." 8(22) Y mandó a Salomón esta respuesta: "He oído lo que me has mandado a decir. Haré lo que me pides en cuanto a la madera de cedros y cipreses. 9(23) Mis siervos los bajarán del Líbano al mar y yo los haré llegar en balsas hasta el lugar que tú me digas. Allí se desatarán, y tú los tomarás, y cumplirás mi deseo proveyendo de víveres a mi casa."
En el texto de los LXX, en la Vulgata y en algunos manuscritos hebraicos empieza aquí el capítulo quinto. Como su padre había pedido a Hiram (2 Sam 5:11) maderas de cedro para su palacio, también Salomón se dirige al monarca fenicio para que le mande maderas de cedro y de ciprés. Según Flavio Josefo (Ant. lud. 8:31; Cont. Apion. 1:18), Hiram sucedió en el trono a su padre Abibaal y reinó treinta y cuatro años, a saber, desde 979 hasta 945 (Kugler). En la cronología de los reyes de Judá se calcula que Salomón reinó desde 970 hasta 930, coincidiendo parte de su reinado con el de Hiram. No se excluye la posibilidad de que David, en vez de tratar directamente con Hiram, lo hiciera con el padre, de nombre Abibaal (1 Crón 14:1), con lo que se armonizan los datos cronológicos bíblicos y los de la historia universal. El nombre del rey de Tiro es conocido en la Biblia bajo tres formas: Hiram, Hirom (1 Re 5:10-22) y Huram (en los libros de las Crónicas). El nombre es una abreviación de Ahi-ram, que significa mi hermano (el dios Baal) es elevado, forma que se ha conservado en la inscripción fenicia del siglo XIII a.C. sobre el sarcófago de Hiram, rey de Biblos. El rey fenicio emprendió grandes obras encaminadas al engrandecimiento de Tiro, que en tiempos de David y de Salomón era la ciudad principal de Fenicia.
Había en el Líbano un bosque inagotable de cedros que se exportaban a una y otra nación para la construcción y amueblamiento de edificios suntuosos. El egipcio Wenamón dejó escrito el diario de un viaje desde Tebas a Biblos, hacia el año 1100, con el fin de comprar planchas de cedro destinadas a la construcción de la barca sagrada del dios Amón. David utilizó para su palacio maderas de cedro; Salomón quiso que en el templo de Yahvé se emplearan maderas de cedro, abeto o ciprés (berosh).
El contrato entre Hiram y Salomón remonta a la unción de éste por rey de Israel. A la felicitación de Hiram responde Salomón que su padre David abrigaba el deseo de levantar un templo a Yahvé, que no pudo realizar a causa de no habérsele dado la oportunidad de poner a sus enemigos bajo la planta de sus pies (Jos 3:13; 4:18); expresión que se inspira en la costumbre de poner el vencedor su pie sobre el cuello del rey vencido. Basándose en lo que se dice en Deut 12:10, cree Salomón que ha llegado el momento en que, obtenida la paz dentro y fuera de las fronteras, ponga él en práctica el proyecto de un templo nacional. Encarga a Hiram que corte maderas de cedro, proponiéndole el envío de obreros israelitas para ayuda de los sidonios en el corte y arrastre de la madera. El nombre de sidonios aplicábase frecuentemente a todos los habitantes de la costa fenicia (11:5; 16:31). Ajustándose a la mentalidad de su tiempo, reconoce Hiram que Israel está bajo la protección de Yahvé, dueño y señor de Palestina, como Baal-Melqart lo era de Fenicia *. En cuanto al transporte de la madera, Hiram propone, como medio más económico y fácil, la utilización de la vía marítima, embarcando el material en los diversos puertos de Fenicia y desembarcando en Jafa (2 Crón 2:15), desde donde sería arrastrada hasta Jerusalén, distante unos sesenta y ocho kilómetros .
La empresa, en marcha (5:10-18)
10(24) Hiram facilitó a Salomón cuanta madera de cedro y de ciprés quiso éste; 11(25) y Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo para el mantenimiento de su casa y veinte mil batos de aceite de olivas molidas. Esto es lo que cada año entregaba Salomón a Hiram. 12(26) Yahvé dio a Salomón la sabiduría, como se lo había prometido, y hubo entre Hiram y Salomón paz e hicieron una alianza. 13(27) Salomón hizo en todo Israel una leva de treinta mil hombres para el trabajo, 14(28) que enviaba al Líbano. Diez mil por mes alternativamente, estando un mes en el Líbano y dos en sus casas. El prefecto de estos trabajadores obligados era Adoniram. 15(29) Tenía, además, Salomón setenta mil hombres dedicados al transporte y ochenta mil cortadores en el monte, 16(30) sin contar los principales jefes que había puesto Salomón al frente de las obras, en número de tres mil trescientos, que mandaban a los grupos de trabajadores. 17(31) Mandó el rey traer grandes piedras escogidas para los cimientos de la casa, y los carpinteros 18(32) y los canteros de Salomón y los de Hiram cortaban con los guibalenses y labraban la madera y la cantería para la casa.
Ambos reyes estipularon lo que anualmente, mientras duraran los trabajos, debía Salomón aportar al rey de Tiro, consistente en veinte mil coros (homer; cada coro equivalía a 365 litros) de trigo y veinte mil batos (el bato era la décima parte del coro) de aceite kathith, o sea, de olivas machacadas (Ex 27:20; 29:40; Lev 24:2). Según el texto hebraico, entregaba Salomón solamente veinte coros de aceite, cantidad ridicula. Los trabajos se hacen a base de prestaciones personales forzadas. Sobre los cananeos y extranjeros (guer) recayó principalmente esta carga, pero tampoco quedaron exentos de ella los hebreos (v.27-28). Treinta mil hombres, a las órdenes de Adoniram (4:6), trabajaron en esta magna empresa, turnándose en grupos de diez mil por mes, con el fin de permanecer una mensualidad en el Líbano y dos meses en casa para atender a sus respectivas ocupaciones. A este número cabe añadir otro muy crecido dedicado al transporte de la madera y a la extracción de bloques de piedra, labores que ejercían los extranjeros, sometidos a trabajos forzados (2 Crón 2:16). En las montañas de Judá se encuentran buenas canteras con piedras y mármoles de excelente calidad. Gran parte de los bloques de piedra para el santuario procedían probablemente de mogaret el Kattan, que Flavio Josefo 2 llama "cavernas de los reyes," junto a la actual puerta de Damasco, de Jerusalén. Entre los obreros especializados se citan los guibalenses, oriundos de la ciudad de Gebal, la antigua Biblos (Jos 13:5; Ez 27:9). En cuanto al número de trabajadores e inspectores, no van acordes los textos bíblicos de los libros de los Reyes y de las Crónicas, debido al mal estado de la tradición textual referente a los números.
1 A la mención de la madera de cedro añade Hiram la de berosh, palabra que los LX traducen por ciprés y la Vulgata por abeto: "magis abietes quam cupressos significare" (Oan Jerónimo: PL 21:861). Flavio Josefo prefiere la traducción de berosh por ciprés (Ant· Iud 8,2:7).
2 Ant. Iud. 5:4:2.
3 Les Institutionsl 208. Para un estudio más completo de las prefecturas véase Abel, " Geografi2.'79-83;" Desnoyers, Histoire III, 15-21; A. alt, Israels Gaue unter Salomón: Alttestamentliche Studien R. Kittel dargebracht» (Leipzig 1913) 1-19; W. F. Albright, ne Administrative divisions of Israel and Juda: JPOS 5 (1925) 17-54; F. Puzo, La segunda lectura salomónica: EB 7 (1949) 43-73; A. alt, Menschen ohne Ñamen: "Archiv Orien" 18:1-2(1950)9-24.
4 RB4I (1932) 152.
5 H. Duesberg, Les Scribes Inspires I (Maredsous 1938) 21-124. Son célebres las "maxi mas de sabiduría" de Amen-em-opé, que presenta coincidencias con el libro de los Proverbios (E. Drioton, Le Livre des Proverbes et la Sagesse d'Aménémopé: "Sacra Pagina" París-Gembloux 1959 vol.1 229-241).
Construcción del templo de Jerusalén
Este hecho tiene una importancia extraordinaria en la historia de Israel. Todos los santuarios particulares (Betel, Gabaón, Rama) perdían con el nuevo templo su importancia. En tiempos de David tendiase a una unificación nacional política y administrativa, dejándose subsistir por razones diplomáticas el santuario de Gabaón, al lado del de Jerusalén. Al levantar Salomón el templo de Yahvé, Lograba la unificación cultural y religiosa, no permitiéndose en adelante ofrecer sacrificios fuera de Jerusalén (Deut 12:5). El pecado mayor de las tribus del norte fue contravenir esta disposición sobre el santuario. Después del exilio, los judíos de Egipto levantaron un templo en Elefantina, y más tarde (siglo II a.C.) otro en Leontópolis. Pero estas tentativas de escisión fueron siempre condenadas en Israel.
Levantóse el edificio al norte de la ciudad de David, en los terrenos de una antigua era perteneciente al jebuseo Areuna (2 Sam 24:2055), llamado también Orna (2 Crón 3:1). El altar de los sacrificios se levantaba sobre la llamada Roca Santa, que ocupa el centro de la rotonda de la actual mezquita de Ornar. Para otros, el santo de los santos estaba emplazado en el lugar que ocupa la mencionada Roca.
Toda la presente narración presenta graves dificultades textuales, debidas a la corrupción del texto masorético y a las diferencias existentes entre éste y la versión de los LXX, con todas sus recensiones. El texto original no se ha conservado en el mismo orden que tenía originalmente; lo que ha dado lugar a interrupciones, a relatos ilógicos y a frases ininteligibles. Damos a continuación el orden de los versículos tal como se cree estaban en el texto primitivo: 1; 2; 19; 16b; 17; 20ª; 3-10; 15; 16ª; 18; 29; 21; 20b; 22; 30; 23ª; 26; 23b; 24-25; 27; 28; 31-36; 11-14; 37-38.
Indicación cronológica (6:1)
1 El año cuatrocientos ochenta después de la salida de los hijos de Israel de Egipto, el cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel, el mes de Ziv, que es el segundo mes, comenzó a edificar la casa de Yahvé.
El texto masorético afirma que la obra del templo dio comienzo el año 480 después de la salida de Egipto, correspondiente al cuarto año del reinado de Salomón. Esta última fecha se encuentra también en la Vulgata y en la versión de Símmaco. Los LXX reducen los años a 440; Flavio Josefo los hace remontar a 592. Pero cabe preguntar: ¿En qué fecha tuvo lugar la salida de los israelitas de Egipto? Ya hemos visto en la introducción al libro de Josué que existen dos hipótesis principales: una que pone el éxodo hacia los años 1440 a.C.; una segunda señala el siglo XIII, en tiempos de la XIX dinastía. Los partidarios de la primera hipótesis hallaban el argumento principal en nuestro texto al decir que tan grande acontecimiento tuvo lugar el año cuarto del reinado de Salomón. Ahora bien, este año coincide aproximadamente con 968, lo que sugiere el año 1445 como fecha del éxodo. Pero es éste un argumento frágil por tener el número 480 carácter simbólico, como puso de relieve el P. Lagrange l. En definitiva, el número 480 debe considerarse como dato cronológico "accidental y precario." 2 El mes segundo es llamado Ziv, nombre fenicio y cananeo, y corresponde al segundo mes de la primavera (marzo-abril).
Dimensiones del templo y ventanas (6:2-4)
2 Tenía la casa que Salomón edificó a Yahvé sesenta codos de largo, veinte de ancho y treinta de alto. 3 El vestíbulo (ulam), delante del templo (hecal) de la casa, era de veinte codos de largo, el ancho de la casa, y diez de fondo por delante de la casa. 4 Hizo en la casa ventanas enrejadas.
El templo era un edificio rectangular, construido en dirección este-oeste, que se dividía en tres partes principales: el vestíbulo o pórtico (ulam) una grande sala (hecal), lugar que más tarde se llamó convencionalmente "el santo," y el santuario íntimo (debir), o "santo de los santos."
El pórtico (LXX, ailam, Ez 40:7, del babilonio ellamu = que está delante) comprende la parte anterior del templo propiamente dicho. Medía 20 por 10 codos, o sea, 11 metros de ancho por 5:50 de largo; se desconoce su altura, creyéndose que la cifra de 120 codos de alto que señala 2 Crón 3:4 está equivocada. Se entraba al ulam o pórtico por una doble puerta.
Del ulam se pasaba al hecal (heikal, del babilónico ekallu, palacio; e-gal = casa grande en sumero) por una doble puerta de madera de ciprés (v.33). Era ésta la gran sala donde se desarrollaba el culto. Medía 40 codos de largo, 20 de ancho y 30 codos de altura; en total, unos 15 metros cuadrados. Las medidas se dan en codos, cuyo valor preciso no puede determinarse; lo único que se puede afirmar es que el codo equivalía a algo más de medio metro. Existían el llamado codo menor, correspondiente a 45 centímetros, y el mayor, que se utilizaba en las grandes construcciones sagradas, a 55 centímetros.
En el v.4 aparece la palabra shekufim, que deriva de una raíz verbal que significa mirar desde lo alto. Estas ventanas hallábanse en la parte superior del muro del santo y tenían la finalidad de alumbrar y permitir la renovación del aire de la gran sala del culto. Galling supone que se abrieron ventanas tanto en los muros que daban sobre la puerta como en los laterales. Las ventanas estaban provistas de rejas.
Cantaras laterales (6:5-10)
5 Levantó un edificio lateral en torno del "hecal" y del "debir" haciendo cámaras laterales todo en derredor. 6 El piso inferior era de cinco codos de ancho; el de en medio, de seis codos de ancho, y el tercero, de siete codos, pues había hecho retallos en el muro por fuera para no tener que empotrar en los muros. 7 Cuando se construyó la casa, hízose de piedras ya labradas, de modo que durante la edificación no se oyó allí el golpe del martillo, ni el del pico, ni de ningún otro instrumento de hierro. 8 La puerta de entrada a las habitaciones del piso inferior estaba al costado derecho de la casa, y por un caracol se subía al del medio, y de éste al tercero. 9 Cuando hubo acabado de edificar la casa, la cubrió con artesonado de cedro. 10 A cada uno de los pisos de habitaciones que rodeaban la casa les dio cinco codos de altura y los unió a la casa con vigas de cedro.
Junto a las paredes del hecal y del debir se construyeron cámaras para alojar el personal al servicio del templo. En el ν.6 aparece por primera vez el término debir, que designaba el lugar llamado santísimo (Sancta Sanctorum). San Jerónimo, siguiendo a Aquila y Sírnmaco, traduce la palabra por oraculum, aunque muestre preferencia por locutorium (PL 26:476), derivándola de dabar = hablar. Pero el término debir viene de la raíz dbr = lo que está detrás. Parece que del hecal se entraba al debir subiendo un escalón. Ninguna ventana iluminaba el lugar, cerrado por una puerta que raramente se abría. En realidad habitaba Yahvé en la oscuridad (8:12).
Después del v.7 vuelve el texto a ocuparse de las habitaciones de los alrededores del templo señalando la entrada a las mismas. La puerta de entrada de la planta baja se encontraba al "costado derecho," es decir, al sur. Por unas escaleras (lubim) internas o externas, en forma de caracol, se subía a las habitaciones del primero y segundo piso. En el v.10 se señala la altura de este edificio, correspondiendo a cada piso una equivalente a 2:70 metros, siendo la altura total de 8,50. Por encima de estas edificaciones laterales divisábase el muro del hecal y del debir, que las sobrepasaba en algunos metros. Se cree comúnmente que estos edificios, además de servir de alojamiento a los sacerdotes y empleados del templo, eran utilizados para almacenes, depósitos, etc.
Manifestación divina (6:11-13)
11 Entonces dirigió la palabra Yahvé a Salomón, diciendo: 12 "Tú estás edificando esta casa. Si guardas mis leyes y pones por obra mis mandamientos, y guardas y observas todos mis preceptos, yo cumpliré contigo mi palabra, la promesa que hice a David, tu padre, 13 y habitaré en medio de los hijos de Israel y no abandonaré a mi pueblo, Israel."
Esta perícopa está desplazada de su contexto. En el curso de la obra parece que Dios quiere animar a Salomón a terminarla. Con expresiones que se inspiran en Lev 18:4; 26:11, y sobre todo en Deut 11:22; 19:9; 28:9, le recuerda que no basta el templo material para obligar a Dios a fijar su morada en medio del pueblo y a comprometerse a siendo necesario guardar sus leyes, practicar sus mandamientos y cumplir todos y cada uno de los preceptos defenderlo de sus enemigos,. Entonces cumplirá también Dios lo que prometió a David, su padre, por medio del profeta Natán (2 Sam 7:13-15). Esta narracion parece ser una glosa; no se halla en la versión griega.
Ornamentación interior (6:14-22)
14 Así, pues, edificó Salomón la casa y la terminó. 15 Revistió Salomón los muros de la casa al interior con planchas de cedro, desde el suelo hasta el techo, revistiendo así de madera todo el interior; y el suelo lo revistió de planchas de ciprés.16 Revistió también de planchas de cedro los veinte codos del fondo de la casa, desde el suelo, todo lo alto de los muros, reservando este espacio para el "debir."17 Los cuarenta codos de delante constituían el "hecal" delante del "debir." 18 El revestimiento interior del cedro iba tallado por entalladuras de flores abiertas y en botón, y todo era cedro, sin que se viera nada de piedra. 19 Dispuso dentro, en lo más interior de la casa, el "debir" para el arca de la alianza de Yahvé.20 El "debir" tenía veinte codos de largo, veinte codos de ancho y veinte de alto, y lo revistió de oro purísimo. Hizo un altar de madera de cedro 21 para delante del santuario, y lo recubrió de oro puro. 22 Toda la casa la recubrió de oro puro de arriba abajo, y recubrió también de oro todo el altar que estaba ante el santuario (debir).
Los muros del interior fueron recubiertos con planchas de cedro, empleándose la madera de ciprés para la pavimentación. En el interior no eran visibles las piedras de los muros. Ya hemos dicho que del hecal se entraba en el debir, la parte posterior del edificio, lugar santísimo, que medía 10,50 metros de largo, ancho y altura. En este lugar santísimo, oscuro y en forma de cubo, debía colocarse el arca de la alianza, dentro de la cual se conservaban las tablas donde estaban escritas las condiciones de la alianza de Yahvé con su pueblo. En el debir, lugar santísimo (Ex 26:33), residía la divinidad. El acceso a este lugar se hacía a través de una puerta de dos hojas, de madera de olivo (v.31). Todo su interior estaba revestido de oro. Delante de la puerta, al exterior, se levantó el altar de los perfumes (Ex 30:31-36), de madera de cedro. No tenía entonces el oro el valor que ha alcanzado hoy; los doradores empleaban hojas de oro, que aplicaban sobre la superficie.
Los querubines (6:23-28)
23 Hizo en el santuario dos querubines de madera de olivo. La altura de uno era de diez codos, e igualmente de diez codos la del otro. 24 Cinco codos era el largo de una de las alas del querubín y cinco el de la otra, haciendo en todo diez codos, desde la punta de una ala hasta la punta de la otra. 25 El segundo querubín tenía también diez codos.26 La medida y la forma eran las mismas para ambos querubines. 27 Puso los querubines en medio de la casa, en el espacio interior. Tenían las alas desplegadas, y la punta del ala del primero tocaba al uno de los muros, y la punta del ala del segundo al otro muro, tocándose una a otra las otras dos alas en el medio de la casa. 28 También cubrió de oro los querubines.
En el debir ocupaba un lugar destacado el arca de la alianza, sobre cuyas extremidades había dos querubines de oro con las alas extendidas (Ex 25:18-22; 37:8-9; Núm 7:89; 2 Crón 3:10-13). Además de éstos, se modelaron otros dos con madera de olivo salvaje (shemen), de 5:25 metros, cuya configuración externa correspondía probablemente a cuadrúpedos alados con cabeza humana. Las grandes alas desplegadas de los querubines ocupaban toda la anchura del debir, en cuyo centro estaba el arca.
La palabra querubín viene del acádico karabu = bendecir, y particularmente del participio karibu, que era el término técnico para designar una divinidad de segunda categoría que intercedía por los hombres delante de los dioses supremos. Los querubines que se mencionan en la Biblia tienen diversas misiones. Los dos querubines del arca, que con sus alas desplegadas tapaban el cap-poreth, el propiciatorio, crearon la expresión bíblica de que Dios habla en medio de dos querubines (Ex 25:18-20; 37:8). Significan ellos la presencia de Dios, que tiene su "trono sobre los querubines" (1 Sam 4:4; 2 Sam 6:2; Is 37.16; Sal 80:2; 99:1). Con estos dos querubines pueden relacionarse los de madera de olivo colocados en el debir, "de pie y con los rostros vueltos a la entrada de la casa" (2 Crón 3:13), considerados como guardianes y custodios del santuario. La misión de los querubines bíblicos coincide en líneas generales con la que tenían en la antigüedad pagana. Los querubines alados del cenotafio de Setis I tienen mucho parecido con los querubines del arca. De la misma manera pueden éstos relacionarse con los dos genios que, uno frente a otro, de pie o de rodillas, se ven en los muros exteriores del naos, o cofre sagrado de los templos egipcios, y también con los cuatro dioses que con los brazos abiertos y alas desplegadas protegen el sarcófago de Tutankamon.
Pero, aunque existan analogías externas entre los querubines paganos y los bíblicos, sin embargo, cabe tener presente que estos últimos son de género indefinido, en tanto que en Egipto se habla de genios masculinos y femeninos. En la Biblia no se les rinde culto; están al servicio de Dios, sujetos a El y simbolizando su presencia. Su misión primaria es atestiguar que Dios está allí presente. Ningún atributo divino se les reconoce; no se les adora ni se les considera como protectores o mediadores entre Dios y los hombres. Los querubines son humildes servidores del Dios de Israel. La tradición les concederá un lugar entre la jerarquía angélica. Concretándonos a los querubines del arca, puede admitirse que los israelitas, en contra de la ley que les prohibía hacer imágenes y figuras (Ex 20:4; Deut 5:8), los representaron inspirándose en los karibi de Egipto, que, a su vez, fueron importados de Mesopotámia. Su misión principal en el templo era la de simbolizar la presencia divina y custodiar el lugar sagrado 3.
Muros y pavimentos (6:29-30)
29 Hizo esculpir todo en torno de la casa, en los muros, por dentro y por fuera, querubines, palmas y guirnaldas de flores. 30 También recubrió de oro el piso de la casa, lo mismo en el espacio interior que en el exterior.
En torno de la casa, en los muros del debir (interior) y del hecal (exterior), hizo "grabados de esculturas," que representaban querubines, palmas y guirnaldas de flores. La misma decoración se empleó en las hojas de las puertas.32:35). Conforme al estilo de los tiempos (v.22:30; 2 Crón 3:5-7), cabe admitir exageraciones hiperbólicas en el uso del oro, aunque no le faltaba este metal a. Salomón (10:14-15)
Puertas y atrio (6:31-36)
31 A la entrada del santuario (debir) hizo una puerta de dos hojas, de madera de olivo, y el dintel y las jambas eran de cinco esquinas. 32 Las dos hojas eran de madera de olivo y talladas con entalladuras de querubines, palmas y botones de flores; y todo, querubines, palmas y botones de flores, cubierto de oro. 33 Hizo igualmente para las puertas de entrada del templo (hecal) postes de madera de olivo cuadrados. 34 Ambas puertas eran de madera de ciprés, de dos hojas giratorias la una y de dos hojas giratorias la otra. 35 Hizo esculpir en ellas querubines, palmas y botones de flor, y todo lo recubrió de oro. 36 Hizo también el atrio interior, de tres órdenes de piedras labradas, y uno de vigas de cedro.
La puerta del debir era de madera de olivo silvestre, y el dintel tenía forma angular. La puerta del hecal era cuadrangular, de madera de ciprés, con dos hojas giratorias, lo que permitía a los sacerdotes la entrada para el servicio cotidiano sin necesidad de abrir todo el portal. Fuera y alrededor del templo había un atrio cuadrangular (Ex 27:29), que, en oposición a otro mayor, llamóse atrio (haser) interior o sacerdotal (2 Crón 4:9). En medio estaba el altar de los holocaustos, y a los lados lo necesario para los ritos sacrificiales. Nos lo podemos representar como un cercado con un muro semejante a los otros, de tres hiladas de piedra y una de vigas de cedro para mayor consistencia4.
Duración de los trabajos (6:37-38)
37 El año cuarto, el mes de Ziv, quedaron puestos los cimientos de la casa de Yahvé; 38 y el año undécimo, el mes de Bul, que es el octavo mes, estaba terminada en todas sus partes y con todo lo necesario. La construyó en el espacio de siete años.
Empezada la obra en el mes segundo (ziv) del cuarto año de Salomón, fue acabada en el mes de bul (octubre-noviembre) del año II, de lo que se desprende que los trabajos duraron exactamente seis años y medio. En el texto se emplea una cifra redonda, de valor altamente simbólico. De lo dicho se deduce que la construcción procedió lentamente. No deben urgir se demasiado las analogías del mismo con los templos de Egipto y de Mesopotamia.
El ideal sería disponer de un templo fenicio del siglo X a. de C.; pero hasta el momento no ha aparecido ninguno. Algunos invocan el santuario de Tainat (siglo IX), en la Siria septentrional, entre Alepo y Antioquía, en que figura la división tripartita del edificio sagrado.
El palacio de Salomón (7:1-12)
1 También edificó Salomón su casa, durando trece años la edificación, hasta que estuvo completamente terminada. 2 Construyó la casa "Bosque del Líbano," de cien codos de largo, cincuenta codos de ancho y treinta codos de alto, sobre tres filas de columnas de cedro y capiteles de cedro sobre las columnas. 3 Estaba cubierta de tablones de cedro, arriba, sobre arquitrabes que se apoyaban en las cuarenta y cinco columnas, quince columnas en cada hilera; 4 pues había tres naves, y en cada una de ellas ventanas, que se correspondían unas enfrente de otras. 5 Todas las puertas y ventanas eran cuadradas, y en las tres naves se correspondían unas a otras. 6 Hizo además un pórtico de columnas de cincuenta codos de largo y treinta de ancho, y delante de éste, otro pórtico con columnas y gradas delante de él. 7 Hizo asimismo el salón del trono, donde juzgaba; el pórtico de la justicia, cubriéndolo de cedro desde el suelo hasta el techo. 8 Del mismo modo fue construida la casa donde había de habitar, en otro patio, detrás del pórtico. Hizo también otra casa habitación, de obra semejante a la del pórtico, para la hija del Faraón, que había tomado por mujer. 9 Para todas estas construcciones se emplearon grandes piedras, que habían sido cortadas con la sierra, a la medida, por el lado de dentro y el de fuera, y esto desde los cimientos hasta las cornisas, y asimismo en el exterior, hasta el gran atrio. 10 Los cimientos eran de excelentes y muy grandes piedras de diez y de ocho codos, n De ahí arriba se emplearon también excelentes piedras cortadas a la medida y madera de cedro. 12 En el gran atrio había todo en torno tres órdenes de piedras labradas y uno de vigas de cedro. Lo mismo que en el atrio interior de la casa de Yahvé, así también en el atrio de la casa real.
Entre el relato de la construcción del templo y la enumeración de los utensilios empleados para los sacrificios se intercala la noticia sobre la construcción del palacio salomónico. La descripción del edificio es somera e incompleta. Se hace solamente hincapié en la parte palaciega llamada "Bosque del Líbano," en el vestíbulo y salón regio. En la obra se invirtieron unos trece años. Todos los edificios descritos levantábanse en la zona sur de la explanada del templo, a continuación de la ciudad de David.
La casa del "Bosque del Líbano" (beth yaar halebanon) se llagaba así por sus muchas columnas de cedro, que daban la impresión de una selva de cedros del Líbano. Medía algo más de 68 por 6 metros, iluminada por tres series de ventanas. Tres hileras de Uince columnas sostenían las habitaciones y el techo del edificio, Le tenía una altura total de 15 metros. En su estructura, los artífices se inspiraron en los famosos atrios de Egipto, especialmente en la gran sala del templo de Karnac. Los LXX hablan de tres series de cuarenta y cinco columnas cada una, lo que elevaría el número total de las mismas a ciento treinta y cinco, igual que en el mencionado templo de Karnac. En la gran sala celebrábanse las fiestas, servía de arsenal y se guardaban los quinientos escudos de oro de la guardia real (10:16-17; Is 22:8). Delante de la sala había un pórtico, que el texto describe someramente 1.
En el salón del trono, o sala de justicia (elam hakisse), dirimía Salomón las cuestiones judiciales. Sus paredes estaban recubiertas de madera de cedro desde el suelo hasta el techo, o como dice el texto masorético, "desde el suelo hasta el suelo." En el v.8 se cita la habitación privada de la familia real; la casa de la reina, la hija del Faraón (3:1; 9:16-24). El texto sagrado no especifica la causa de otorgar esta distinción a la esposa egipcia; acaso fuera por escrúpulos religiosos de la princesa o porque se cre'a superior a las otras esposas reales, pero no parece que se le diera el título de guebira, como a la reina madre, Betsabé (2:19).
Para estos edificios empleáronse materiales nobles. Las piedras eran eben yeqarah, que en asirio reciben el nombre de abun aqartu, piedras caras (5:31), grandes bloques cortados a medida o según "las medidas de la talla." Las piedras se serraban tanto en la parte exterior, visible, como en la interior. Se desconoce la naturaleza de esta sierra (meguerah). En los fundamentos se colocaron enormes bloques de cerca de seis por cinco metros. El gran atrio (haser haguedolah, 7:9.12) rodeaba toda el área en la que se levantaba el templo y el palacio, abarcando en parte la gran explanada que los árabes conocen por Haram es-Sherif.
El artífice de Tiro (7:13-14)
13 Trajo Salomón de Tiro a Hiram, hijo de una viuda de la tribu de Neftalí y de padre natural de Tiro, que trabajaba el bronce. 14 Estaba Hiram lleno de sabiduría, de entendimiento y de conocimiento para hacer toda suerte de obras de bronce; y vino al rey Salomón, y fue quien hizo para él toda la obra.
El artífice recibió el nombre de Hiram (2 Crón 2:12-13) por parte de su padre adoptivo, por pertenecer por su padre a la tribu de Neftalí. Habiendo quedado viuda su madre, emigró con el hijo a Tiro, en donde se casó de nuevo con un hombre del país, obrero especializado en trabajar el bronce y maestro insigne de su hijo adoptivo. Este alcanzó gran fama en Tiro, siendo considerado como el artífice más capacitado y completo de sus dominios. Dios tenía destinado para el nuevo templo un artífice de la talla de Beseleel (Ex 31:3-4). La nacionalidad de la mayoría de los artífices del templo y del palacio explican en parte el origen y naturaleza de algunas decoraciones.
Las dos columnas de bronce (7:15-22)
15 Fundió dos columnas de bronce. Tenía cada una dieciocho codos de alto, y un hilo de doce codos era el que podía rodear a cada una de las columnas. 16 No eran macizas, sino huecas; el grueso de sus paredes era de cuatro dedos. Fundió capiteles de bronce para encima de las columnas, de cinco codos de alto el uno y cinco codos de alto el otro. 17 Hizo para los capiteles de encima de las columnas reticulados y trenzados, de trenzas a modo de cadenas, uno para cada capitel. 18 Hizo granadas todo en derredor del reticulado y el trenzado en dos nías, 19 y para cubrir el capitel que estaba sobre una de las columnas hizo lo mismo que para el capitel de la otra. Los capiteles eran por arriba de forma de flor de loto y tenían cada uno cuatro codos. 20 Había en cada capitel sobre las columnas doscientas granadas, alrededor de dos órdenes en lo alto de cada capitel, junto al trenzado. 21 Alzó las columnas delante del atrio del templo. Alzó la primera al lado de la derecha, y la llamó Jaquín; luego la del lado de la izquierda, y la llamó Boaz. 22 Así terminó la obra de las columnas.
Las dos columnas de bronce estaban delante del pórtico (v. 15-22; 2 Re 25:17; 2 Crón 3:15-17; 4:12-13; Jer 52:17-23), a ejemplo de los obeliscos que se levantaban delante de los templos egipcios y de Fenicia (Korsabad, Tiro, Hierápolis). Se les ha equiparado a dos gigantescos candelabros 2 o dos indicadores permanentes para el cálculo de los equinoccios 3. Otros les dan un significado simbólico: dos columnas entre las cuales el sol se levanta al este; "árboles de vida"; columnas de nube y de fuego, que acompañaron a los israelitas por el desierto.
A la de la derecha se llamó Yakin; a la de la izquierda, Boaz, Apalabras que significan, respectivamente, "que asegure" y "por él la fuerza." Según B. Y. Scott4, las dos palabras hebreas son los dos vocablos con los que empiezan los oráculos dinásticos inscritos en las columnas, significando que "Yahvé establecerá su trono perpetuamente en la fuerza de Yahvé; que el rey se alegre." En 586 fueron reducidas a pedazos y llevadas a Babilonia (Jer 52:17-20).
El mar de bronce (7:23-26)
23 Hizo asimismo un mar de fundición de diez codos del uno al otro lado, redondo, y de cinco codos de alto, y ceñíalo en derredor un cordón de treinta codos. 24 Por debajo del borde llevaba todo en derredor coloquíntidas, diez por cada codo, dispuestas en dos órdenes y fundidas al mismo tiempo que el mar. 25 Estaba asentado sobre doce toros, de los cuales tres miraban al norte, tres al poniente, tres al mediodía y tres al naciente. Sobre éstos se apoyaba el mar, y la parte posterior de sus cuerpos quedaba por dentro. 26 Tenía un palmo de grueso y su labio estaba en forma de cáliz, como una flor de lis. Hacía dos mil batos.
Tratábase de un gran pilón de bronce (2 Crón 4:2-5), sostenido por doce figuras de toro, que servía para depósito del agua necesaria para los servicios del templo. De este famoso pilón se ocupan varios textos bíblicos (2 Re 25:13; Jer 27:19; 52:17)·Tenía una capacidad para cerca de 44:500 litros, pero advierte Barrois que las dimensiones que señala el texto contradicen a las medidas lineales del mar de bronce. Todas las cifras dadas son exageradas y desproporcionadas en relación con otros recipientes encontrados en las excavaciones arqueológicas5. El mar de bronce estaba al lado derecho del templo, al sudeste (v.39), destinado a las abluciones de los sacerdotes (2 Crón 4:6). No sabemos cómo ni de dónde llegaba el agua a este "mar de bronce," al que muchos críticos independientes dan un significado simbólico6. Se sacaba el agua o por medio de grifos o con cubos, valiéndose de una escalera para alcanzar el borde del pilón. Subsistió en su lugar hasta el reinado de Ajaz. A su vuelta de Damasco "quitó el mar de encima de los toros de bronce, que estaban debajo, y le colocó sobre un solado de piedra" (2 Re 16:17).
Basas de bronce (7:27-39)
27 Hizo también diez basas de bronce, cada una de cuatro codos de largo, cuatro codos de ancho y tres de alto. 28 He aquí cómo eran: estaban hechas de tableros, encerrados dentro de sus marcos y unidos. 29 En los tableros, dentro de los marcos, había leones, toros y querubines, y en los marcos, lo mismo por encima que por debajo de los leones y toros, había adornos en relieve. 30 Cada basa tenía cuatro ruedas de bronce con sus ejes de bronce, y en las cuatro esquinas había repisas de fundición, sobre las cuales iba la fuente, y que sobresalían de los festones. 31 El coronamiento de las basas tenía en lo interior un hueco con una prolongación de un codo hacia arriba; este hueco era redondo, de la misma hechura del remate y de medio codo de altura, y también esculpido; pero los tableros eran cuadrados, no redondos. 32 Las cuatro ruedas estaban debajo de los tableros, y los ejes de las ruedas, fijos en la basa. Tenía cada rueda codo y medio de altura, 33 y estaban hechas como las de un carro; sus ejes, llantas, rayos y cubos, todo era fundido; 34 y en las cuatro esquinas de cada basa había cuatro repisas, que hacían un mismo cuerpo con la basa. 35 La parte superior de la basa terminaba en un cilindro de medio codo de altura, cuyos apoyos y entables eran una sola pieza. 36 Hizo en los tableros y en los marcos querubines, leones y palmas en todos los espacios vacíos y molduras en derredor. 37 Así fue como hizo las diez basas; la fundición, la medida y la forma eran las mismas para todas. 38 Hizo también diez fuentes de bronce, cada una de cuarenta batos de cabida y de cuatro codos cada una, para asentarlas en las diez basas; 39 y puso cinco basas al lado derecho de la casa y cinco al lado izquierdo, y el mar de bronce lo puso al lado derecho, al sudeste.
Siendo muchos los sacrificios cotidianos que se ofrecían, hacíase gran consumo de agua. De ahí que, además del pilón de bronce, se disponía de diez pilas más pequeñas (mekonoth), en forma cuadrangular, montadas sobre ruedas, con facilidad de trasladarse de un lugar a otro (2 Re 16:17; 25:13-16; Jer 27:19; 52:17-20). Los detalles de estas basas de bronce son difíciles de precisar por los términos técnicos empleados. Sin embargo, da el texto ideas muy aproximadas acerca de su capacidad, de la facilidad de movimientos, de su utilidad en los servicios de limpieza y de la variada ornamentación que presentaban. Como motivos ornamentales empleáronse figuras de toros, leones y querubines, que, según Dhorme, tenían la misión de proteger las basas contra cualquier intento de los malos espíritus. Por comparación con las basas similares encontradas en Larnaca, Enkomi, Chipre y Megiddo, parece que tales ornamentaciones hallábanse en los misgueroth 7.
Oíros utensilios y resumen (7:40-51)
40 Hizo también Hiram los calderos, las tenazas y las copas. Así terminó Hiram toda la obra de bronce que Salomón le encargó para la casa de Yahvé; 41 dos columnas con sus capiteles para encima de las columnas; sus reticulados y trenzados para los capiteles; 42 las cuatrocientas granadas para los reticulados y trenzados; dos filas de granadas para cada una en derredor de los capiteles; 43 las diez basas y las diez fuentes para poner so bre estas basas; 44 el mar y los doce toros que iban debajo de él; 45 los calderos, las tenazas y las copas. Todos estos utensilios que el rey Salomón mandó hacer a Hiram para la casa de Yahvé eran de bronce bruñido. 46 Hízolos fundir el rey en las llanuras del Jordán, de suelo arcilloso, entre Sucot y Sartán. 47 Salomón no inquirió el peso de bronce de estos utensilios por su gran cantidad. 48 Salomón hizo, además, todos los otros utensilios para la casa de Yahvé: el altar de oro, la mesa de oro, sobre la cual se ponían los panes de la proposición; 49 los candelabros, de oro macizo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda delante del santuario (debir), con sus flores, sus lámparas y sus despabiladeras de oro; 50 las fuentes, los cuchillos, las copas, las tazas y los braseros, de oro macizo; los goznes de oro para la puerta del interior de la casa, a la entrada del santísimo, y para la puerta de entrada del templo (hecal). 51 Así se acabó toda la obra que hizo el rey Salomón para la casa de Yahvé. Después tomó el oro y los utensilios y los puso todos en el tesoro de la casa de Yahvé.
Para los sacrificios eran necesarios los calderos, en los que se hervía la carne (1 Sam 2:13); las palas se utilizaban para retirar las cenizas y transportarlas fuera del recinto sagrado; empleábanse las tenazas para extraer las carnes del interior de los calderos; en los cuatro cuernos del altar había cuatro copas que recogían la sangre de las víctimas. En el v.46 señala el autor que la fundición de metales hacíase en el valle del Jordán en terreno arcilloso, entre Sucot (Gen 38:17; Jos 13:27, hoy tell der Alldh, en la parte oriental del río) y Sartán (Jos 3:16), difícil de localizar. Dentro del santuario, los utensilios eran de oro. El altar de los perfumes (Ex 30:1-10; 39:38) estaba construido con madera de cedro recubierto de oro (6:20.22).
De Ex 40:26 cabe inferir que estaba colocado en el hecal, ante la puerta del, debir. En el hecal hallábanse asimismo la mesa.
De los panes de proposición (lehem hapanim = panes del rostro), también revestida de oro (Ex 25:23; 37:10-16); diez candelabros v.49 además de numerosos y variados utensilios, tales como amparas, copas, tazas, cuchillos, basas, braseros. El famoso candelabro de los siete brazos, de oro puro (Ex 25:31-35; 37:17-20) encendía al atardecer (2 Crón 13:11) y se apagaba en las primeras horas de la madrugada (1 Sam 3:2); no debe confundirse con los diez candelabros de oro macizo de que habla el v.49. En el v.50 se distingue entre casa interior (debir) y casa exterior, llamada simplemente casa o templo (hecal). Todo el oro y la plata que David adquirió en sus campañas contra los árameos, moabitas, amonitas, filisteos y amalecitas fue consagrado a Yahvé (2 Sam 8:9-12) 1.
1 Juges p.XXXIV.
2 L. H. Vincent: RB 48 (1939) 282 nota.
3 P. Dhorme-h. Vincent, Les Cherubins: RB 35 (1926) 328-258; 481-495; J. Trin-Íuet Kerub, Kerubim: DBS 161-186. Sobre el arca: H. Gressmann, Die Lade Yahves und Allerheiligste des Salomonischen Tempels (1920); G. H. may, The Arfe. A Miniature e; "The American Jouraal of Semitic Languages and Literatures," 52 (1936) 215-234
4 Sobre el templo: L. H. Vincent, La description du temple de Salomón: RB 16 (1907) 515-542; G. Contenau, Manueld'ArchéologieOriéntaleIII (París 1931) 1379-1383; A. G. bar-rois, Manuel d'Archéologie biblique II (París 1953) 436-443; A. Parrot, Le Temple de Jérusalem (Neuchátel-París 1954); G. E. wright, Solomon's Temple Resurrected: BA 4 (1941) Ι7-3Π Νdem, The Temple of Salomón: BA 7 (1944) 73-77"
l L. H. Vincent, Une antichambre du Palais de Salomón: RB 14 (1905) 258-265.
2 W. F. Albright, Tuyo Cressetsfrom Marisa and the Pillars of Tachín and Boaz: "Basor," 85 (1942) 18-27: H G. May, The Two Pillars befare the Temple of Solomon: ibid., 88 (1942) 1927.
3 J. Morgenstern: "Hebrew Union College Annual," 21 (1948) 471-474.
4 Thf Pillars achín and Boaz: JBL 58 (1939) 143ss.
5 RB 40 (1931) 212 nota 1.
6 Parrot. 32-34-
7 H. G. May-M. Engberg, Materials Remains of the Megiddo Cult (Chicago 1935); H. Vincent, Les Bassins roulants du Temple de Salomón: "Miscellanea Bíblica Ubach" (Monasterio de Montserrat 1953) 147-159.