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Dedicación del Templo
La solemne dedicación del templo constituía el sueño dorado de Salomón. Finalmente, Yahvé tenía su casa, mucho más suntuosa que cualquiera de las que había habitado anteriormente. Ya no era Yahvé un Dios peregrino, que iba de un lugar a otro, de una tienda a un tabernáculo (2 Sam 7:6). A Salomón, rey pacífico, le toco el honor de levantar un templo digno a Yahvé. Vimos que su fábrica se terminó el año undécimo del reinado de Salomón, en el mes octavo, correspondiente a octubre-noviembre. La dedicación, que se inicia con el traslado del arca de la alianza, efectuóse en el mes séptimo (septiembre-octubre). ¿En qué año del reinado de Salomón tuvo lugar tan gran acontecimiento? Unos (Desnoyers, Landersdorfer) creen que fue el año 12, es decir, once meses después de terminada la obra; otros (Kortleiner) retrasan la ceremonia hasta el año 20 de su reinado. Esta segunda hipótesis tiene a su favor el testimonio de los LXX y algunos indicios textuales. No es posible separar la cuestión.
Traslación del arca (8:1-9)
1 Entonces convocó Salomón a los ancianos de Israel, a todos los cabezas de las tribus y a los príncipes de las familias de los hijos de Israel, para trasladar el arca de la alianza de Yahvé de la ciudad de David, que es Sión. 2 Reuniéronse con el rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el séptimo mes, en el día solemne de la fiesta; 3 y, llegados todos los ancianos de Israel, llevaron los sacerdotes el arca. 4 Llevaban el arca de Yahvé, el tabernáculo de la reunión y todos los utensilios sagrados del tabernáculo. Los sacerdotes y los levitas los llevaban. 5 El rey Salomón y toda la asamblea de Israel, convocada por él, iban delante del arca. Sacrificaron ovejas y bueyes en número incontable por su muchedumbre. 6 Los sacerdotes pusieron el arca de la alianza de Yahvé en su sitio, en el santuario (debir) de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines, ? pues los querubines tenían las alas extendidas sobre el lugar del arca y la cubrían por encima, el arca y sus barras. 8 Se había dado a las barras una longitud suficiente para que sus extremidades se viesen desde el lugar santo, que está delante del santuario (debir), pero sin que pudiesen verse desde fuera, y así quedaron hasta el día de hoy. 9 No había en el arca ninguna otra cosa más que las dos tablas de piedra que Moisés depositó en ella en Horeb, cuando hizo Yahvé alianza con los hijos de Israel a su salida de Egipto.

El arca de la alianza era el símbolo del pacto existente entre Yahvé y su pueblo y una prueba de su presencia en medio de éste. Vimos que el arca se encontraba en Silo (1 Sam 4:3), desde donde fue sacada para acompañar al ejército en guerra contra los filisteos (1 Sam 4:11; c.5-6). Olvidada casi por mucho tiempo en Quiriat-Jearim (1 Sam 7:1), fue trasladada solemnemente a Jerusalén, siendo colocada en medio del tabernáculo que David había alzado para ella (2 Sam 6:17). De este refugio va a sacarla Salomón para llevarla procesionalmente "de la ciudad de David, que es Sión" (2 Sam 5:7.9), al nuevo templo. En el solemne acto toman parte los ancianos de Israel, los jefes de las tribus y los príncipes de los padres (aboth) de los hijos de Israel. Con la última expresión, que falta en el texto griego, se designan los príncipes de las casas paternas, o sea, los padres (Ex 6:25; Núm 32:28). El traslado efectuóse en el mes de Etanim, séptimo. La fiesta de que se habla es la de los Tabernáculos (Lev 23:39; Jue 21:19). El traslado coincidió con el quince del mes, primer día de la fiesta.
Los sacerdotes llevaban el arca (Jos 3:6; 6:6) y el tabernáculo de la reunión, o sea, la tienda que albergó el arca (2 Sam 7:2; 1 Re 1:39). En el texto hebraico se añade que los levitas tomaron parte en la ceremonia, que propiamente les pertenecía (Núm 1:4855; 4:1-15). Delante del arca marchaba Salomón y todo el pueblo sacrificando muchos animales. El sentido factitivo, dice De Fraine, del verbo "ofreció" es patente, por ejemplo, cuando se menciona explícitamente la participación, no ritual, por supuesto, del pueblo. Este es el caso de 1 Re 8:5 1.
El arca fue depositada en el debir (6:5ss; 7:49), debajo de los querubines (6:23-28). Con ello toma Yahvé posesión de su templo y lo santifica con su presencia. No es creíble que el arca se depositara a ras del suelo. Según una tradición judía reciente, colocóse sobre una piedra, a una altura de pocos centímetros sobre el pavimento. (Véase, sin embargo, Eccli 49:10; Ez 1:15.) Contenía el arca las dos tablas, en piedra, del decálogo (Ex 34:1-4; Deut 4:14; 5:22; 9:9-11.) y las tablas de la alianza (luhot haberith) que Yahvé había Incluido con Israel. Según Hebr 9:4, durante la peregrinación por el desierto contenía también un poco de maná y la vara de Aaron. En el Deut 1:6; 4:10 y en los relatos elohistas, el monte Sinaí es llamado Horeb.
Dios tama posesión del templo (8:10-13)
10 En cuanto salieron los sacerdotes del santuario, la nube llenó la casa de Yahvé, 11 sin que pudieran permanecer allí los sacerdotes para el servicio por causa de la nube, pues la gloria de Yahvé llenaba la casa. 12 Entonces dijo Salomón: "Yahvé, has dicho que habitarías en la oscuridad. 13 Yo he edificado una casa para que sea tu casa, el lugar de tu habitación para siempre."

Tan pronto como los sacerdotes hubieron abandonado el debir; una vez depositada allí el arca, una nube misteriosa se esparció por el hecal, o templo propiamente dicho, anunciando y velando al mismo tiempo la presencia de Yahvé (Ex 16:10; 19:16; 40:34-35; Ez 1:4). Repetíase la escena descrita en Ex 40:34-35. Los sacerdotes comprendieron el excelso simbolismo de aquella nube, por lo cual, temblando, se retiraron, no siéndoles posible pisar la habitación de Yahvé ni acercarse al altar de los perfumes. Ante aquel fenómeno pronuncia Salomón un corto poema, que se ha conservado fragmentariamente en el texto hebraico y que los LXX reproducen después del v.53, añadiéndole al principio un hemistiquio. Dicen los traductores que estas palabras formaban parte de un libro de cantos. El sentido del poema parece ser de admiración, ya que el Dios que creó el sol resplandeciente ha elegido su casa en el departamento oscuro del debir. El Dios de luz se oculta entre las nubes al avecinarse al hombre (Ex 19:18; Is 6:4; Sal 18:12) para significar que nunca podrá el nombre comprender su grandeza. Una nube llena el templo porque Dios habita en él; es su casa.
Salomón habla al pueblo (8:14-21)
14 Volvióse el rey y bendijo a toda la asamblea de Israel, mientras toda la asamblea de Israel se tenía en pie, 15 y dijo: "Bendito Yahvé, Dios de Israel, que con su misma boca habló a David, mi padre, y ha cumplido con su mano lo que había prometido, diciendo: 16 "Desde el día en que yo saqué de Egipto a mi pueblo, Israel, no he elegido ciudad de entre todas las tribus de Israel para que en ella se me edificase una casa consagrada a mi nombre, aunque elegí a David para que reinase sobre mi pueblo, Israel." 17 David, mi padre, tuvo en su corazón edificar una casa al nombre de Yahvé, Dios de Israel; 18 pero Yahvé dijo a David, mi padre: "Tú tenías en tu corazón el deseo de edificar una casa a mi nombre; has hecho bien en tener esta voluntad, 19 pero no edificarás tú la casa; tu hijo, salido de tus entrañas, edificará casa a mi nombre," 20 Yahvé ha cumplído la palabra que dio. Yo me he levantado en el lugar de David, mi padre, y me siento sobre el trono de Israel, como se lo había anunciado Yahvé, y he edificado la casa al nombre de Yahvé, Dios de Israel. 21 He dispuesto un lugar para el arca de la alianza de Yahvé, de la alianza que hizo con nuestros padres al sacarlos de la tierra de Egipto."

Salomón, de pie, bendijo a toda la asamblea de Israel. Este acto no constituye una función sacerdotal, sino que era un derecho reconocido a todo padre de familia (Gen 24:60; 27:23-30; 28:1-2; 31:55; Ex 39:43; Deut 33:1; Jos 14:13)· Como padre y representante de la familia israelita, Salomón bendice a su pueblo, recordándole la importancia del acontecimiento, en el cual ve una confirmación plena de las promesas que hizo Dios a su padre, David (1 Sam 7:4-16; 2 Sam 24:18), a las que se alude vagamente a través de Deut 12:4-26. Afirma Salomón que en el templo reside el Nombre de Yahvé (3:2; 2 Sam 7:13), precisión teológica que concilla la restricción local con la inmensidad divina (v.27). Según una antigua concepción, el nombre expresa la persona y la representa; donde está el nombre de Yahvé se encuentra también Dios presente de manera especial, aunque no exclusiva (De Vaux). Termina Salomón afirmando que en el templo ha dispuesto un lugar para el arca que contiene las tablas en las que están escritas las condiciones de la alianza y del pacto sellado entre Dios y su pueblo. El nuevo templo no representa, por consiguiente, un cambio o una orientación distinta de la religión mosaica, sino que es la continuación de la misma.
Oración de Salomón (8:22-53)
22 Púsose Salomón ante el altar de Yahvé en presencia de toda la asamblea de Israel, y, tendiendo sus manos al cielo, 23 dijo: "Yahvé, Dios de Israel: No hay Dios semejante a ti ni en lo alto de los cielos ni abajo sobre la tierra. Tú guardas la alianza y la misericordia con tus siervos, los que de todo corazón andan en tu presencia. 24 Así has mantenido tu palabra a tu siervo David, mi padre, y lo que por tu boca dijiste, lo has cumplido hoy con tu mano. 25 Ahora, pues, ¡oh Yahvé, Dios de Israel! guarda la promesa que a David, mi padre, hiciste diciendo: No faltará de ti varón delante de mí que se siente en el trono de Israel, siempre que tus hijos sigan mis caminos y anden delante de mí como has andado tú. 26 Cúmplase ahora, ¡oh Yahvé, Dios de Israel! la palabra que a David, tu siervo, mi padre, dijiste. 27 Pero, en verdad, ¿morará Dios sobre la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no son capaces de contenerte. ¡Cuánto menos esta casa que yo he edificado! 28 Mas, con todo, atiende a la plegaria de tu siervo, ¡oh Yahvé, Dios mío! y oye la oración que ante ti hace hoy tu siervo.29 Que estén abiertos tus ojos noche y día sobre este lugar, del que has dicho: "En él estará mi nombre," y oye toda oración que tu siervo haga en este lugar. 30 Oye, pues, la oración de tu siervo y la de tu pueblo, Israel; cuando oren en este lugar, óyela tú también desde el lugar de tu morada de los cielos, y, oyendo de la perdona. 31 Cuando pecare alguno contra su prójimo y, haciéndolo jurar, le tomen juramento delante de tu altar en esta casa, 32 oye tú desde los cielos, y obra juzgando a tus siervos, condenando al impío, haciendo recaer su maldad sobre su cabeza y justificando al justo para retribuirle según su justicia. 33 Cuando tu pueblo, Israel, cayere ante sus enemigos por haber pecado contra ti, y, vueltos a ti, confiesen tu nombre y oren, y te rue-guen, y te supliquen en esta casa, 34 óyelos tú en los cielos, y perdona el pecado de tu pueblo, Israel, y restituyelos a la tierra que diste a sus padres. 35 Cuando se cierre el cielo y no llueva por haber ellos pecado contra ti, y te rueguen en este lugar, invocando tu nombre, convertidos del pecado por haberlos tú afligido, 36 oye tú en los cielos, y perdona el pecado de tus siervos y de tu pueblo, Israel, enseñándoles el recto camino por donde han de ir y dando las lluvias a su tierra, la que por heredad diste a tu pueblo. 37 Cuando haya en la tierra hambre o pestilencia, o tizón, añublo, langosta o pulgón invadan la tierra; y cuando el enemigo asedie a tu pueblo en su tierra, en sus ciudades; cuando haya enfermedades y plagas de cualquier clase; 38 si cada uno, si todo tu pueblo, Israel, reconociendo la llaga de su corazón y alzando las manos hacia este lugar, te hiciere oraciones y súplicas, 39 óyelas desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y perdona. Obra con cada uno según sus caminos, y según ellos retribuyelos tú, que escudriñas el corazón de todos los hijos de los hombres, 40 y ellos te temerán durante todo el tiempo que habiten en la tierra que diste a nuestros padres. 41 Cuando el extranjero, el que no es de tu pueblo, Israel, venga de tierra lejana por la fama de tu nombre, 42 porque se sabrá que tu nombre es grande, fuerte tu mano y tendido tu brazo; cuando venga a orar a ti en esta casa, 43 óyele desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y otorga a ese extranjero lo que pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre para temerte como tu pueblo, Israel, y sepan que tu nombre es invocado en esta casa que yo he edificado.44 Cuando salga el pueblo para combatir a sus enemigos por el camino que tú les señalares, si dirigen a Yahvé sus plegarias, vueltos sus ojos a la ciudad que tú has elegido y a la casa que yo he edificado a tu nombre, 45 oye desde los cielos sus oraciones y hazles justicia. 46 Si hubieren pecado contra ti, pues no hay hombre que no peque, y estuvieres tú airado contra ellos, y los entregares al enemigo para que los cautive y los lleve a tierra enemiga, lejana o cercana; 47 si ellos vuelven en sí en la tierra de su cautividad y, convertidos a ti, te suplican en la tierra adonde los llevaren y dicen: Hemos pecado, hemos hecho el mal, hemos cometido impiedad, 48 y se convierten a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de los enemigos que los cautivaron, y oran a ti, hacia su tierra, la que diste a sus padres, y hacia la ciudad que elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre, 49 oye en los cielos, en la habitación de tu morada, su oración y su súplica y hazles justicia. 50 Perdona, pues, a tu pueblo, que ha pecado contra ti, todas las infracciones con que contra ti se rebelaron, y haz que hagan con ellos misericordia los que los hubieran llevado cautivos; 51 porque son tu pueblo y tu heredad, que tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro. 52 Que estén abiertos tus ojos a las oraciones de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo, Israel, para oírlos en todo aquello en que te invoquen, 53 pues que tú los separaste para ti, por heredad tuya, de entre todos los pueblos de la tierra, corno lo dijiste por medio de Moisés, tu siervo, cuando sacaste de Egipto a nuestros padres, ¡oh Señor, Yahvé!"

Salomón oró arrodillado o postrado ante el altar de los holocaustos (v.54), con la cara dirigida hacia el templo y los brazos extendidos (Ex 9:29; Is 1.15). En 2 Crón 6:13 se dice que oró Salomón sobre un estrado de bronce.
Repetidamente pide Salomón que realice Dios todo cuanto ha prometido. Propiamente Dios habita en los cielos (v.27), pero está muy cerca del templo. Si el universo, si los cielos de los cielos (Deut 10:14; Sal 148:4) no pueden contener la inmensidad de Dios, ¿cómo es posible que pueda habitar en los estrechos límites del templo? Que Dios, al que el espacio no puede aprisionar, oiga desde los cielos la oración que en el templo le dirige el hombre encadenado por el espacio (Góttsberger).
A continuación dirige Salomón a Dios siete peticiones. La primera se refiere a la santidad del juramento. En ciertos casos permitía la Ley al acusado de algún crimen se justificase presentándose ante Yahvé en el templo para atestiguar su inocencia mediante juramento (Ex 22:6-12; Lev 5:21-24). Ruega Salomón a Dios que su nombre sea santificado; que castigue al perjuro y justifique al justo. En una palabra, que Dios dé a conocer quién es el culpable y quién el inocente (Deut 25:1). La segunda petición se refiere a los prisioneros. Según los antiguos, la guerra es un castigo de Dios. Quienes caen en la lucha o son hechos prisioneros reciben el castigo de sus pecados. Para expiarlos, los que están en sus casas deben encaminarse al templo y pedir por la libertad y regreso de los prisioneros (Deut 28:15-25; 30:1-4). Una petición a favor del forastero que, atraído por la fama del nombre de Yahvé y por la idea de que su mano es fuerte y tendido su brazo (Deut 4:34; 5:15; 7:19; Sal 136:12), acudiere a orar en el santuario. Le suplica Salomón que escuche la plegaria de estos extranjeros, para que, favorecidos por Yahvé, vuelvan a sus tierras proclamando la grandeza de su nombre. Este universalismo, comenta De Vaux, no aparece antes del exilio y es como una visión del porvenir (Is 2:2; Jer 16:19-21; Miq 4:1ss). El proselitismo que aquí se vislumbra es un rasgo característico de los tiempos posteriores (Zac 8:20-22).
La séptima petición se refiere al exilio, que es un castigo por los pecados cometidos. Todo hombre peca (1 Jn 1:8-10); el pecado provoca la indignación divina, que lo castiga de diversas maneras: con la sequía, muerte, destierro, invasión enemiga, etc. Tiene Dios en su mano todos los medios para azotar al pecador. El castigo máximo que mandó Dios contra su pueblo fue la cautividad de Babilonia (v.48). No pide aquí Salomón que los desterrados regresen a sus casas, sino que hallen gracia ante los vencedores. Algunos autores católicos sugieren que esta petición data del tiempo de la primera o segunda deportación a Babilonia. De Vaux, Dhorme, etc., creen que es ésta la oración que hacían los de Palestina en favor de los que estaban en la cautividad. Los que en ella viven se encuentran en medio del horno de hierro (Deut 4:20; Jer 11:4).
Bendición del pueblo (8:54-61)
54 Cuando hubo acabado Salomón de hacer esta oración y súplica, levantóse de delante del altar de Yahvé, donde estaba arrodillado, y con las manos tendidas al cielo, 55 puesto en pie, bendijo a toda la asamblea de Israel, diciendo: "56 Bendito Yahvé, que ha dado el reposo a su pueblo, conforme a lo que él había dicho; ninguna de las promesas hechas por medio de Moisés, su siervo, ha fallado. 57 Que Yahvé, nuestro Dios, sea con nosotros, como lo fue con nuestros padres; que no nos deje ni nos abandone, 58 sino que incline nuestros corazones hacia El, para que marchemos por todos sus caminos y sigamos sus mandamientos, y sus leyes, y sus mandatos, los que El prescribió a nuestros padres. 59 Que estas mis palabras y el objeto de mis súplicas estén delante de Yahvé, día y noche presentes a Yahvé, nuestro Dios, para que defienda la causa de su siervo y la de su pueblo, Israel, en todo tiempo; 60 para que todos los pueblos de la tierra sepan que Yahvé es Dios y no hay otro. 61 Que vuestro corazón sea todo para Yahvé, nuestro Dios, como lo es hoy, para seguir sus leyes y guardar sus mandamientos.

Durante la oración estuvo el monarca arrodillado o postrado en tierra; ahora se levanta ante el altar de los holocaustos, bendiciendo a Yahvé por haber cumplido todas sus promesas, augurando que siga siempre en su empresa y no le abandone jamás.
Sacrificios y fiestas de la dedicación (8:62-66)
62 El rey y todo Israel ofrecieron sacrificios a Yahvé. 63 Salomón inmoló veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas en sacrificios eucarísticos que ofreció a Yahvé. Así hizo el rey, y con él todos los hijos de Israel, la dedicación del templo. 64 Aquel día consagró el rey el atrio que está delante de la casa de Yahvé, pues ofreció allí holocaustos y ofrendas y los sebos de los sacrificios eucarísticos, porque el altar de bronce que hay delante de Yahvé era demasiado pequeño para contener los holocaustos, las ofrendas y los sebos de los sacrificios eucarísticos. 65 Celebró entonces la fiesta, y todo Israel con él. Una gran muchedumbre venida de todas partes, desde Jamat hasta el torrente de Egipto, se reunió ante Yahvé, nuestro Dios, durante siete días. 66 el día octavo despidió al pueblo, y ellos bendijeron al rey yéndose cada uno a su morada, alegre y lleno de gozo el corazón por todos los beneficios que Yahvé había hecho a David, su siervo, y a su pueblo, Israel.

Estos sacrificios son del rey y del pueblo; el elevado número de víctimas sacrificadas expresa de manera clara el entusiasmo y devoción popular. Los LXX nada dicen de las cien mil ovejas.
Los sacerdotes eran propiamente los que sacrificaban; del rey se dice que "hizo sacrificar" (Lev 5:10; 9:7; 15:15). Con el fin de dar abasto al sacrificio de tantos animales, se consagró el atrio (6:30) para que se inmolaran también allí víctimas. El altar de los holocaustos medía, según 2 Crón 4:1, veinte codos de largo, veinte de ancho y diez de alto, correspondiendo, respectivamente, a 11:11 y 5:50 metros. A él se llegaba por unos escalones (Ez 43:17), colocándose encima del mismo la víctima para el sacrificio. No se indica el lugar de su emplazamiento; unos lo colocan sobre la roca de Ornan (Barrois), otros al lado (Lods). Con ocasión de esta fiesta de la dedicación fue incapaz este altar de bronce de dar abasto a tanto sacrificio, por lo que se improvisaron otros altares menores en la parte media del atrio, que se convirtió en una gran ara sacrificial. El trabajo de los sacerdotes durante la semana debió de ser agotador. Coincidiendo la dedicación con la fiesta de los Tabernáculos, los festejos se prolongaron durante siete días, con asistencia de grandes muchedumbres provenientes de toda Palestina, desde Hamat (Jos 13:5; Jue 3:3; 2 Re 14:25) hasta el torrente de Egipto (Núm 34:5; Jos 15:4-47, etc.). El día octavo de la fiesta, Salomón despidió al pueblo. Los regocijos habían durado desde el 15 hasta el 21 del mes Etanim (septiembre-octubre), conforme a lo preceptuado en Lev 23:34; Ex 23:16.
Segunda aparición de Yahvé (9:1-9)
1 Cuando hubo acabado Salomón la casa de Yahvé, la casa real y todo cuanto se había propuesto hacer, 2 se apareció Yahvé por segunda vez a Salomón, como se le había aparecido en Gabaón, 3 y le dijo: "He oído tu oración, el ruego que has hecho ante mí. He santificado esa casa que has edificado, para poner en ella mi nombre para siempre, y en ella estarán siempre mis ojos y mi corazón. 4 Si andas en mi presencia, como anduvo David, tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo cuanto yo te he mandado y guardando mis leyes y mandamientos, 5 yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como se lo prometí a David, tu padre, diciendo: No faltará de ti varón en el trono de Israel. 6 Pero si os apartáis de mí vosotros y vuestros hijos, si no guardáis mis mandamientos, mis leyes, las que yo os he prescrito, y os vais tras dioses ajenos para servirlos y prosternaros ante ellos, 7 yo exterminaré a Israel de la tierra que le he dado y echaré lejos de delante de mí esta casa, que he consagrado a mi nombre, e Israel será el sarcasmo y la burla de todos los pueblos. 8 Y esta casa será una ruina, y cuantos pasen cerca de ella se quedarán pasmados y silbarán. Se dirá: ¿Por qué ha tratado así Yahvé a esta tierra y esta casa? 9 Y responderán: Porque abandonaron a Yahvé, su Dios, que sacó de la tierra de Egipto a sus padres, y se ligaron a otros dioses, prosternándose ante ellos y sirviéndolos. Por eso ha hecho venir Yahvé sobre ellos todo este mal."

No se indica de qué manera se apareció Yahvé a Salomón; acaso fue también en sueños, como en la aparición de Gabaón (3:4)·
El objeto de la misma es confirmarle en sus esperanzas de que ha escuchado Yahvé su oración y sus ruegos. En el templo estarán siempre los ojos y el corazón de Dios, En cuanto a la continuidad de la descendencia en el trono, depende de la conducta de Salomón y de cada uno de los reyes. Si Salomón y sus hijos se alejan de Dios (Deut 28:45), no cumplen sus preceptos, van tras dioses ajenos, entonces quedará sin efecto todo cuanto ha prometido Dios. No basta con tener un templo dedicado a Yahvé, ni su presencia sola puede asegurar la felicidad del pueblo, que depende de la fidelidad al pacto de la alianza. En caso de que Israel sea infiel a su palabra, está dispuesto Yahvé a abandonar el templo y entregar el edificio en manos de los enemigos para que no dejen de él piedra sobre piedra. En esta sección, que se inspira en Deut 29:21-27, se ve reflejada la historia de Israel desde la salida de Egipto hasta el exilio 1.
Hiram, descontento (9:10-14)
10 Al cabo de veinte años de haber edificado Salomón las dos casas, la casa de Yahvé y la casa real, n para las cuales Hiram, rey de Tiro, había mandado a Salomón madera de cedro y de ciprés y cuanto oro quiso, dio Salomón a Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea. 12 Salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que le daba Salomón; y, no gustándole, 13 dijo: "¿Qué ciudades me has dado, hermano?" Y las llamó tierras de Cabul, nombre que tienen todavía hoy. 14 Había mandado Hiram a Salomón ciento veinte talentos de oro.

Los trabajos del templo y de la casa de Salomón duraron muchos años, no siendo posible determinar cuántos, por no saber si los trabajos de la construcción del templo efectuáronse contemporáneamente con los de ornamentación por parte de Hiram (7:13). Tampoco es fácil determinar cuándo Hiram se quejó de las ciudades que le había entregado Salomón. Este había pagado el material que le mandó Hiram y abonado los sueldos a los obreros del rey de Tiro. Pero lo presupuestado era insuficiente, por cuanto las deudas de Salomón debían de ser muchas, y los gastos de palacio, muy subidos. Por lo mismo, un nuevo contrato se firmó entre ambos reyes: Salomón entregó a Hiram veinte aldeas de Galilea a cambio de ciento veinte talentos de oro, o sea, alrededor de cinco toneladas, y quizá más, en caso de que se acepte como medida el talento babilónico, de un peso aproximado de sesenta kilogramos. Según una costumbre existente en el Próximo Oriente, que remontaba al segundo milenio, los reyes se consideraban hermanos. El nombre de Cabul se ha conservado en una aldea que se halla a quince kilómetros al este de Acre (Jos 19:27). Probablemente se trata de un juego de palabras: Kabul, de kebal, que significa "como nada," aludiendo a la apreciación que hizo Hiram de las aldeas que se le habían entregado.
Salomón, constructor (9:15-28)
15 He aquí cómo se reguló el servicio personal impuesto por el rey Salomón a los hombres cuya leva hizo para edificar la casa de Yahvé y su propia casa, el terraplén y las murallas de Jerusalén, y, además, Jasor, Megiddo y Guezer. 16 Había subido el Faraón, rey de Egipto, y, apoderándose de Guezer, la había incendiado, matando a los cananeos que habitaban la ciudad. Después se la dio en dote a su hija, la mujer de Salomón; 17 y Salomón edificó a Guezer, Bet-Horón de abajo, 18 Balaat y Tamar, en el desierto del mediodía; 19 todas las ciudades de almacenes, que le pertenecían, y las destinadas a los carros y a la caballería, y todo cuanto quiso Salomón edificar en Jerusalén, en el Líbano y en toda la tierra de su dominio, 20 Toda la gente que había quedado de los amorreos, de los jéteos, de los fereceos, de los jeveos y de los jebuseos, que no pertenecían al pueblo de Israel; 21 sus descendientes que habían quedado después de ellos en la tierra, y que los hijos de Israel no habían podido dar al anatema, los obligó Salomón a prestación personal como lo están hoy; 22 no empleó Salomón corno tales a los hijos de Israel, que eran sus hombres de guerra, sus servidores, sus jefes, sus oficiales y los comandantes de sus carros y su caballería. 23 Los jefes que Salomón puso al frente de las obras eran quinientos cincuenta, encargados de vigilar a los trabajadores. 24 La hija de Faraón subió de la ciudad de David a la casa que Salomón le había edificado. Entonces fue cuando se hizo el terraplén. 25 Tres veces cada año ofrecía Salomón holocaustos y sacrificios pacíficos sobre el altar que él edificó a Yahvé, y quemaba perfumes sobre el que estaba delante de Yahvé. El acabó toda la casa. 26 Construyó también Salomón naves en Asiongaber, que está junto a Elat, en la costa del mar Rojo, en la tierra de Edom; 27 y mandó Hiram para estas construcciones a sus siervos, diestros marineros, con los siervos de Salomón, 28 y fueron hasta Ofir, y trajeron de allí oro, cuatrocientos veinte talentos, que llevaron al rey Salomón.

Empleó Salomón gran número de obreros en reparar y mejorar el recinto amurallado de la ciudad, ampliar las murallas existentes con el fin de encerrar dentro del casco de la población los nuevos barrios de la misma 2. Entre las obras descuella por su importancia la del Millo, palabra derivada de male = estar lleno, de donde millo = terraplén. Parece poder identificarse este lugar con el relleno que empezó David y acabó Salomón en el valle que separaba la colina del Ofel del monte Moría, donde estaba la era que Areuna cedió a David para levantar allí un altar a Yahvé (2 Sam 24:21-25), y en donde más tarde alzó Salomón el templo.
De la conquista de Guezer por el faraón Psusenne II hemos hablado en 3:1. De norte a sur del reino construyó algunas plazas fuertes, tales como Jasor (Jos 11:110-13; 12:19), Megiddo (4:12), Bet-Horón (Jos 16:3; 18:13) y Guezer Que 1:29). Dos fortalezas se levantaron en el sur, Balaat y Tamar, en el desierto (Ez 47:19; Gen 14:7), hacia el sudeste de la punta meridional del mar Muerto, que protegían el camino del bronce. En todo el territorio estableció ciudades de almacén (Ex 1:110), al frente de las cuales puso un prefecto, construyendo asimismo otras que guardaban los carros de guerra y las caballerías (10:26). El peso de todos los trabajos recayó sobre los extranjeros que los judíos no habían aniquilado en la conquista de Canaán (Deut 7:1-2; 20:17-18), y que existían en gran cantidad en el país. Los trabajadores estaban divididos en escuadrones mandados por jefes, al frente de los cuales figuraba Adoniram (4:6). Pero llegó un tiempo en que la mano de obra extranjera no alcanzaba, empleándose entonces a obreros israelitas (5:27-28) como leñadores en el Líbano o en las canteras de Palestina (11:26-40)
Una fuente de riquezas para Salomón eran las minas del Araba, al sur del mar Muerto, como han puesto al descubierto las excavaciones practicadas en tell-el-Heleifeh, la antigua Asiongaber, en el golfo de Aqaba, junto al actual puerto de Alat o Eilat. En Asiongaber construyóse una fundición de hierro y bronce, minerales que se extraían de las minas vecinas, cuyas instalaciones se protegieron contra los posibles ataques de Hadad, rey de Edom. Es ésta la más vasta y grandiosa instalación de este género que se conoce en los territorios del antiguo Oriente Medio. Con el fin de poder explotar el mineral y exportarlo, Salomón, de acuerdo con Hiram, construyó una flota, que lanzó sobre las aguas del mar Rojo hacia los países de Ofir. Las naves que hacían este servicio de exportación e importación llamábanse "naves de Tarsis," esto es, naves al servicio de las fundiciones de Asiongaber (9:26-29; 10:22; 2 Crón 8:17-18; 9:10-11). Esta flota salomónica llevó la fama del rey hebreo hasta lejanos países 3.
La reina de Saba, en Jerusalén (10:1-10)
1 Llegó a la reina de Saba la fama que para gloria de Yahvé tenía Salomón, y vino para probarle con enigmas. 2 Llegó a Jerusalén con muy numeroso séquito y con camellos carga-dos de aromas, de oro en gran cantidad y de piedras preciosas. Vino a Salomón y le propuso cuanto quiso proponerle; 3 y a todas sus preguntas respondió Salomón, sin que hubiera nada que el rey no pudiera explicarle. 4 La reina de Saba, al ver la sabiduría de Salomón, la casa que había edificado, 5 los manjares de su mesa y las habitaciones de sus servidores, sus cometidos y los vestidos que vestían, los de los coperos, y los holocaustos que se ofrecían en la casa de Yahvé, fuera de sí, 6 Dijo al rey: "Verdad es cuanto en mi tierra me dijeron de tus cosas y de tu sabiduría. 7 Yo no lo creía antes de venir y haberlo visto con mis propios ojos. Pero cuanto me dijeron no es ni la mitad. Tienes más sabiduría y prosperidad que la fama que a mí me había llegado. 8 Dichosas tus gentes, dichosos tus servidores, que están siempre ante ti y oyen tu sabiduría. 9 Bendito Yahvé, tu Dios, que te ha hecho la gracia de ponerte sobre el trono de Israel. Por el amor que Yahvé tiene siempre a Israel, te ha hecho su rey para que hagas derecho y justicia." 10 Dio al rey ciento veinte talentos de oro, una gran cantidad de aromas y de piedras preciosas. No se vieron nunca después tantos aromas como los que la reina de Saba dio al rey Salomón.

La reina de Saba (Sheba) encaminóse a Jerusalén acaso movida por una doble finalidad: preparar un tratado comercial y admirar la sabiduría del soberano. Las naves hebreas y de Tiro que surcaban los mares ponían en peligro el comercio que se efectuaba hasta ahora entre pueblos y continentes por medio de las famosas rutas caravaneras. La reina de Saba, viendo mermados sus intereses, dirigióse a Jerusalén para pactar con Salomón y llegar a un acuerdo comercial. Diversas veces aparece en la Biblia la palabra Sheba (Gen 10:30; 15:3; Job 16:19). En Is 43:3; 45:14 se coloca el país de Saba en relación con Kus y Etiopía, y en Gen 10:7, con Dedán. Ambos pueblos no estaban lejos de Tarsis (Sal 72:10) 1.
La reina presentóse con numeroso séquito y con camellos (Gen 37:25) cargados de aromas (Ex 25:6; 30:23), oro y piedras preciosas. Gustaban mucho los orientales de proponer y solucionar enigmas (Jue 14:10). Emplea la reina una fórmula de bendición (5:21; 8:56) corriente en la que se emplea el nombre de Yahvé, lo cual no quiere significar que reconociera a Yahvé por único Dios, sino expresar que Israel estaba bajo la protección de un Dios muy activo y solícito de su nación, en comparación con otros de otras aciones. Cristo alude a la visita de la reina de Saba a Salomón (Mt 12:42; Lc 11:31) para condenar la incredulidad de los judíos de su tiempo. Antes de marcharse hizo la reina cuantiosos regalos a Salomón. También Hiram entregó a Salomón ciento veinte talentos de oro (9:14)" o sea, más de tonelada y media.
La nota de Hiram (10:11-13)
11 Las flotas de Hiram que traían el oro de Ofir trajeron también de Ofir gran cantidad de madera de sándalo y de piedras preciosas. 12 Con la madera de sándalo hizo el rey las balaustradas de la casa de Yahvé y de la casa del rey y arpas y salterios para los cantores. No vino después nunca más madera de ésta y no se ha vuelto a ver hasta hoy. 13 El rey Salomón dio a la reina de Saba todo cuanto ella deseó y le pidió, haciéndole, además, presentes dignos de un rey como Salomón. Después se volvió ella a su tierra con sus servidores.

En un ostrakon encontrado en tell Qasileh, al norte de Jafa, se habla del "oro de Ofir para Bet Horón, treinta siclos."2 De las excavaciones del mencionado tell ha aparecido el antiguo puerto de Jafa, adonde llegaba la madera del Líbano para ser trasladada a Jerusalén 3. A este puerto llegaba también el oro de Ofir, lugar que se encontraba en las costas de Arabia4. La naturaleza de las maderas que trajeron las naves de Hiram es desconocida. Se supone que almuggim, por metátesis de algummim (2 Crón 9:10-11), designa la madera de sándalo. Toda ésta se utilizó en obras de ornamentación del templo, tales como balaustradas (mis'ad = apoyo) e instrumentos músicos.
Riquezas de Salomón (10:14-25)
14 El peso de oro que cada año llegaba a Salomón era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro, 15 además del que como tributo recibía de los grandes y pequeños mercaderes, de los príncipes de los beduinos y de los intendentes de la tierra. 16 Hizo también el rey Salomón doscientos grandes escudos de oro macizo, para cada uno de los cuales empleó seiscientos siclos de oro, 17 y otros trescientos escudos de oro macizo, para cada uno de los cuales empleó tres minas de oro, y los puso en la casa "Bosque del Líbano." 18 Hizo también el rey un gran trono de marfil, que cubrió con láminas de oro purísimo. 19 Seis gradas tenía el trono, y el respaldo era arqueado, y tenía dos brazos, uno a cada lado del asiento, y junto a los brazos dos leones, 20 y doce leones en las gradas, uno a cada lado de cada una de ellas. No se ha hecho nada semejante para rey alguno. 21 Todas las copas del rey Salomón eran de oro y toda la vajilla de la casa "Bosque del Líbano" era de oro macizo. No había nada de plata; no se hacía caso alguno de ésta en tiempos de Salomón, 22 porque el rey tenía en el mar naves de Tarsis con las de Hiram, y cada tres años llegaban las naves de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavones. 23 Fue el rey Salomón más grande que todos los reyes de la tierra por las riquezas y la sabiduría. 24 Todo el mundo buscaba ver a Salomón para oír la sabiduría que había puesto Yahvé en su corazón; 25 y todos le llevaban presentes, objetos de plata, de oro; vestidos, aromas, caballos y mulos, y todos los años era lo mismo.

El oro que llegaba cada año a Salomón tenía un valor fabuloso. Comenta Colunga que la suma de seiscientos sesenta y seis talentos de oro es colosal. El talento equivalía a tres mil siclos; éste a unos catorce gramos; luego el talento correspondía a cuarenta y dos kilogramos de oro. La suma de seiscientos sesenta y seis talentos equivale a unas veintiocho toneladas de oro, o sea, setenta y ocho millones de pesetas oro. Pero puede ser que el número seiscientos sesenta y seis, que reaparece en Ap 13:18 como nombre de la bestia, tenga sentido simbólico. La cifra puede provenir de la suma de ciento veinte (9:14), más cuatrocientos veinte (9:28), más ciento veinte (10:10). Construyó Salomón muchos escudos de oro, doscientos de los grandes (sinnah), que cubrían todo el cuerpo, y trescientos de los pequeños (maguen). Para cada uno de los primeros se utilizaron seiscientos siclos de oro (unos 6:7 kgs.); para los segundos, tres minas de oro cada uno (2,07 kgs.). El trono construido llamábase de marfil por contener muchas incrustaciones de este material. Empleábase el marfil para la fabricación de muebles en Fenicia, Siria, Palestina, Mesopotamia y Egipto (22:39; Am 3:15; 6:4; Ez 27:15; Ap 18:12). Las mejores fuentes de riqueza eran las famosas naves de Tarsis. Mucho se ha discutido acerca del significado de la palabra Tarsis, que acaso corresponde a fundición; las naves de Tarsis exportaban a las diferentes naciones los metales de las fundiciones de Asiongaber, cobrando la mercancía en oro. El texto bíblico habla siempre de "naves de Tarsis" (10:22; 2 Crón 9:21). En la segunda parte del verso 21 del texto último mencionado se dice que las naves iban (halekot) a Tarsis, verbo que un copista pudo añadir erróneamente, como hizo la Vulgata en i Re 10:22. También en 2 Crón 20:36 se encuentra la expresión "ir a Tarsis," pero quizá el texto deba corregirse conforme aL Re 22:49 (Garofalo) 5.
Los carros (10:26-29)
26 Reunió carros y caballos· Tenía mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes, que puso en las ciudades donde tenía los carros, y en Jerusalén, cerca del rey. 27 El rey hizo que en Jeru-salén abundara la plata como las piedras, y los cedros fueron tan numerosos como los sicómoros que crecen en el llano. 28 Los caballos los traía de Musri y de Coa; una caravana de comerciantes del rey los compraba a un precio determinado; 29 un tiro de carro venía a costar, al salir de Musri, seiscientos siclos de plata, y un caballo, ciento cincuenta siclos. Traíanlos también al mismo tiempo para los reyes de los jéteos y los de Siria.

En algunas ciudades concentró Salomón los carros de combate, desconocidos antes en Israel. Según el códice B, disponía Salomón de cuatro mil carros, con tres hombres cada uno, obteniéndose de esta manera la suma de doce mil jinetes adictos al servicio de los carros de combate. Los caballos importábanse de Coa, pequeña ciudad de las costas de Cilicia; Musri hallábase al norte de la misma región, cuya riqueza principal consistía en la cría de caballos (Herodoto, 3:90), entregando anualmente trescientos caballos blancos a Darío. Salomón negociaba con los caballos de Musri y Coa; los traía de allí para él y para los países vecinos, Siria y el reino de los hititas, a quienes los revendía a precios más remuneradores.
Hasta el presente nos ha hecho ver el autor sagrado la prosperidad del reinado de Salomón en todos los órdenes: religioso, militar, administrativo y político. A partir del próximo capítulo se nos enseña el reverso de la medalla, con la exposición de las causas que llegaron a empañar tanta gloria y adelantaron la escisión del reino.
Las mujeres extranjeras y la idolatría (11:1-13)
1 El rey Salomón, además de la hija del Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras, moabitas, amonitas, edomitas, sido-nías y jeteas, 2 de las naciones de que había dicho Yahvé a lo hijos de Israel: "No entréis a ellas, ni entren ellas a vosotros, porque de seguro arrastrarán vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se unió Salomón con amor. 3 Tuvo setecientas mujeres de sangre real y trescientas concubinas, y las mujeres torcieron su corazón. 4 Cuando envejeció Salomón, sus mujeres arrastraron su corazón hacia los dioses ajenos; y no era su corazón enteramente de Yahvé, su Dios, como lo había sido el de David, su padre; 5 y se fue Salomón tras de Astarté, diosa de los sidonios, y tras de Milcom, abominación de los amonitas; 6 e hizo Salomón el mal a los ojos de Yahvé, y no siguió enteramente a Yahvé, como David, su padre. 7 Entonces edificó Salomón, en la montaña que está frente a Jerusalén, un excelso a Gamos, abominación de Moab, y a Milcom, abominación de los hijos de Amón; 8 y de modo semejante hizo para todas sus mujeres extranjeras, que allí quemaban perfumes y sacrificaban a sus dioses. 9 Irritóse Yahvé contra Salomón porque había apartado su corazón de Yahvé, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces 10 y le había mandado, cuanto a esto, que no se fuese tras los dioses ajenos; pero él no siguió lo que Yahvé le había mandado. 11 Yahvé dijo a Salomón: "Pues que así has obrado y has roto mi alianza y las leyes que yo te había prescrito, yo romperé de sobre ti tu reino y se lo entregaré a un siervo tuyo. 12 No lo haré, sin embargo, en tus días, por amor de David, tu padre; lo arrancaré de las manos de tu hijo. 13 Ni le arrancaré tampoco todo el reino, sino que dejaré a tu hijo una tribu por amor de David, mi siervo, y por amor de Jerusalén, que yo he elegido."

Próspero en todos los órdenes había sido el reinado de Salomón. De su padre recibió un reino pacífico en el interior y exterior; todos sus contrincantes fueron eliminados. Dios le eligió entre los otros hijos de David para suceder le en el trono; le colmó de sabiduría y de bienes, imponiéndole únicamente la obligación de mantenerse fiel a Dios y de observar sus preceptos y mandamientos. Pero, a medida que crecía su fama y amontonaba riquezas, dejóse arrastrar por los sentimientos del corazón hasta ofuscar su privilegiada inteligencia. No supo administrar sus riquezas ni su gloria con moderación. La conciencia de su superioridad le llevó al despotismo, tratando a sus subditos con severidad en vez de amarlos como padre. La misma piedad era más espectacular que nacida del corazón. Su ansia de gloria llevó a Salomón a concertar tratados con reyes extranjeros, a recibir comisiones de los pueblos gentiles, a contraer matrimonios con numerosas princesas paganas. Las muchas mujeres de variada procedencia y religión llegaron a cautivar su corazón a medida que avanzaba en años hasta arrastrarlo a rendir culto a dioses extranjeros. Si a la hija del Faraón le concedió una habitación separada, ¿cómo negar a ella y a las otras su deseo de tener un lugar de culto para sus respectivos dioses? A causa de las muchas mujeres extranjeras, el reino del gran monarca israelita empezaba a resquebrajarse; los profetas, antes fervientes admiradores suyos, no dudaron en declarársele en contra; el pueblo, agravado por tasas y trabajos, anhelaba un cambio de cosas.
Era costumbre antigua entre los reyes trabar amistad con otros monarcas con el envío de una o más hijas para el harén real. A Salomón se le hicieron innumerables ofrecimientos, porque todos deseaban la amistad de un monarca tan sabio y rico. Otras mujeres y concubinas entraban en el harén para cancelar una deuda o un impuesto. Sin embargo, el número de las mujeres y concubinas que señala el texto es exagerado. En el Cantar de los Cantares (6:8) se habla de sesenta reinas y ochenta concubinas; el número total de mil que señala el texto es una hipérbole manifiesta, encaminada a poner de relieve la grandeza de Salomón, que en Oriente se mide principalmente por el número de mujeres del harén. En Ex 34:11; 16; Deut 7:1-5 se prohibían los matrimonios entre israelitas y mujeres cananeas por temor a que los arrastraran a la idolatría. Más tarde esta prohibición se extendió a las mujeres de otras procedencias.
La idolatría era considerada como el mayor de los pecados (9:6-7). Salomón rindió culto a Astarté (ashtoret), la diosa principal de los fenicios y sidonios, asociada al dios Baal. De Milcom sabemos que era el supremo dios de los amonitas (2 Sam 12:30), al que se ofrecían niños en holocausto 1. Los moabitas reconocían al dios Gamos (Núm 21:29; Jer 48:46). De él se habla en el obelisco de Mesa2. los altares de estos ídolos fueron levantados en la vertiente occidental del monte de los Olivos, enfrente del templo de Yahvé, constituyendo un grave escándalo para el judaismo. Desde estos tiempos arranca la denominación de monte del Escándalo que se da a la parte extrema sud-occidental del mencionado monte. Este pecado debía atraer sobre Salomón un castigo ejemplar, anunciándosele la división del reino en el interior y la aparición de enemigos en las fronteras (v.14). No sabemos si se valió Dios de un profeta para anunciar estos castigos a Salomón.
Enemigos externos de Salomón (11:14-25)
14 Suscitó Yahvé a Salomón un enemigo, Hadad, idumeo, de la sangre real de Edom. 15 Cuando David batió a Edom, Joab, jefe del ejército, subió para enterrar a los muertos y mató a todos los varones de Edom, 16 quedándose con todo Israel durante seis meses en Edom, hasta exterminar a todos los varones. 17 Entonces Hadad, con algunos edomitas, siervos de su padre, huyó para refugiarse en Egipto, siendo todavía muchacho. 18 Partiendo de Madián, se fueron a Paran, y, uniéndose allí algunos de Paran, llegaron a Egipto, junto al Faraón, rey de Egipto. El Faraón dio a Hadad una casa, proveyó a su subsistencia y le dio tierras.19 Fue Hadad muy grato al Faraón, que le dio por mujer a Ano, hermana mayor de su mujer, hermana de la reina Tafnes. 20 La hermana de Tafnes le dio su hijo Guenubat, a quien Tafnes educó en la casa del Faraón, estando en ella Guenubat como un hijo del Faraón. 21 Cuando supo Hadad, en Egipto, que David se había dormido con sus padres y que Joab, jefe del ejército, había muerto, dijo al Faraón: "Déjame ir a mi tierra"; 22 y el Faraón le respondió: "¿Qué te falta cerca de mí, para que quieras irte a tu tierra?" Y él contestó: "Nada me falta, pero déjame ir." Hadad se volvió a su casa. Este fue el mal que hizo Hadad, que odiaba a Israel y se alzó rey de Edom. 23 Suscitó Dios a Salomón otro enemigo, Rezón, hijo de Eliada, que había huido de su señor Hadadezer, rey de Soba. 24 Reunió gente y se hizo jefe de banda cuando David derrotó a las tropas arameas. Fuese entonces a Damasco y se estableció allí, y reinó en Damasco, 25 siendo enemigo de Israel todo el tiempo de la vida de Salomón. Al mismo tiempo que Hadad, le hacía el mal que podía, porque aborrecía a Israel y reinaba en Siria.

Dos fueron los principales enemigos que amenazaron las fronteras del reino salomónico: Hadad, de la sangre real de Edom, y Rezón, creador del reino de Damasco. En cuanto al primero, se amplía aquí la noticia del ataque de David contra Edom y el ensañamiento contra el mismo (2 Sam 8:13-14). Una vez vencidos los edomitas, Joab se ensañó contra los varones del país, a quienes persiguió durante seis meses. Hadad, de la familia real, logró escapar a tierras de Madián, al sudeste de Edom, y de allí a Egipto. Hadad es el nombre del dios cananeo del cielo y de las tempestades 3, que llevaron anteriormente otros dos reyes idumeos (Gen 36; 35; 39). Hadad marchó a Egipto por existir quizá entre ambos países relaciones cordiales, ya que en el papiro Anastasi VI de la XIX dinastía se autoriza a una tribu edomita para que apaciente sus ganados junto a Pithom (Pritchard, 259). En su huida atravesó Hadad el desierto de Farán, al norte de la península del Sinaí (Núm 10:12; 12:16; 13:3; 1 Sam 25:1). El Faraón, probablemente de la XXI dinastía, recibiólo amigablemente, hasta el punto de entregarle a Ano, su cuñada, por esposa. El texto masorético llama Tahpenes a la reina, palabra que, según algunos, debe cambiarse en tahmenis haguebirah = grande esposa del rey. La mutilación del título egipcio proviene, probablemente, de su asonancia con el nombre de la ciudad, Tahpankes o Takhpankhes (Jer 2.16; 43:7-9)4. La reina adoptó al hijo de Hadad, llamado Guenubat, que fue educado juntamente con los hijos del rey. A la muerte de David y de Joab pidió Hadad autorización para regresar a su patria, llevando en el corazón un gran odio contra los israelitas.
Rezón, subdito de Hadadezer, rey de Soba (2 Sam 8:3-10; 10:15-19), se proclamó jefe de una banda, instalándose en Damasco, donde inició el reino que más tarde se convertiría en un enemigo peligroso del reino del Norte, separado del de Judá.
Jeroboam (11:26-43)
26 También Jeroboam, siervo de Salomón, se alzó contra el rey. Era hijo de Nabat, efrateo, de Sereda, siervo de Salomón, y tenía por madre a una viuda llamada Sarva. 27 He aquí la ocasión de alzarse contra el rey: estaba Salomón construyendo el terraplén para rellenar la depresión que había en la ciudad de David, su padre. 28 Jeroboam era hombre muy capaz y fuerte, y, habiéndole visto Salomón a la obra, dio al joven el mando de todas las gentes de trabajo de la casa de José. 29 Por aquel tiempo salió Jeroboam de Jerusalén y le halló en el camino el profeta Ajías, de Silo. Iba éste cubierto con un manto nuevo y estaban los dos solos en el campo. 30 Ajías cogió el manto nuevo que llevaba sobre sí, lo partió en doce pedazos 31 y dijo a Jeroboam: "Coge diez pedazos, porque así habla Yahvé, Dios de Israel: Voy a romper el reino en manos de Salomón y a darte a ti diez tribus. 32 El tendrá una tribu, por amor de David, mi siervo, y de Jerusalén, que yo he elegido entre todas las tribus de Israel. 33 Porque me han abandonado y se han prosternado ante As-tarté, diosa de los sidonios; ante Gamos, dios de Moab, y ante Milcom, dios de los hijos de Amón. No han marchado por mis caminos, haciendo lo que es bueno a mis ojos y guardando mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, su padre. 34 No quitaré de sus manos el reino, pues mantendré su reinado todos los días de su vida por amor a David, mi siervo, a quien elegí yo y que guardó mis mandamientos y mis leyes. 35 Pero quitaré el reino de las manos de su hijo y te daré a ti diez tribus, 36 dejando a su hijo una tribu, para que David, mi siervo, tenga siempre una lámpara ante mí en Jerusalén, la ciudad que yo he elegido para poner allí mi nombre. 37 A ti te tomaré yo; dominarás sobre cuanto tu corazón desea y serás rey de Israel. 3" Si me obedeces en cuanto yo te mande y sigues mis caminos, mis leyes y mandamientos, como lo hizo David, mi siervo, yo seré contigo y te edificaré casa estable, como se la edifiqué a David, y te daré Israel. 39 Humillaré a la descendencia de David, mas no por siempre." 40 Salomón procuró dar muerte a Jeroboam; pero Jeroboam huyó, refugiándose en Egipto, cerca de Sesac, rey de Egipto, hasta la muerte de Salomón. 41 Lo demás de los hechos de Salomón, de lo que hizo y de su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón? 42 Reinó Salomón en Jerusalén cuarenta años sobre todo Israel, 43 y luego se durmió con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David, su padre. Le sucedió Roboam, su hijo.

El enemigo más peligroso para Salomón y su reino fue Jeroboam, capataz de los trabajos del terraplén entre la ciudad de David y el templo. Era efraimita de nacimiento Que 12:5; 1 Sam 1:1), de la ciudad de Sareda Que 7:22; Jos 3:16), en el actual Deir Ghassaneh, a treinta kilómetros al este de Jafa (Géographie II 457) y a ocho al sudeste de Rentis, patria de Samuel (1 Sam 1:1). La madre de Jeroboam es llamada Seruah, leprosa, en el texto masorético; porne, meretrix, por los LXX, por considerar los glosadores que el cisma fue como la lepra y un adulterio para Israel. Probablemente se llamaba Seruyah, Sarvia, como una hermana de David. Jeroboam veía con indignación que, mientras la tribu de Judá gozaba de un régimen de excepción, toda la carga de las obras recaía sobre los efraimitas. Jeroboam, joven, valiente (guibbor hail), dirigía los trabajos, pero sentía la causa de sus hermanos de tribu. Seguramente que debió él maquinar desde tiempo algún complot contra la política del rey en connivencia con las tribus del norte. A la misma tribu pertenecía Ajías, de Silo (1 Sam 14:3-18), a quien algunos críticos incluyen entre los confabulados para protestar por la decadencia del templo de Silo, absorbido y desplazado por el de Jerusalén. Pero, como dice el texto, reconoció Ajías los méritos de David (v.34) y los privilegios de Jerusalén como ciudad escogida por Dios (v.36). Con una acción simbólica (19:19; 20:37-42; 2 Re 13:14-19; Is 8:1-4; 20:1-6; Jer 19:10; 27:2; Εz 3:1-3) profetizó la división del reino, reservando una tribu para el hijo de Salomón y entregando a Jeroboam las diez restantes. Siendo doce las tribus, se pensó en corregir el texto, escribiendo dos tribus (de Judá y de Benjamín) en vez de una. Las diez partes representan el bloque de las tribus norteñas (2 Sam 19:44). Las otras dos piezas del manto simbolizan la tribu de Judá, con la que habíase fusionado la de Simeón (Jos 19:1); pero acaso se trata de la tribu de Benjamín, que se asoció a la de Judá, con la que jugó un papel importantísimo (12:21-23). Las palabras del profeta no son ni fórmulas geométricas ni ecuaciones algebraicas 5.
Ají as achaca a Salomón su apostasía, pero calla las otras causas que aceleraron la división de su reino. Conoce Ají as las ambiciones de Jeroboam, al cual promete una dinastía perdurable en caso de que religiosamente imite a David. Jeroboam pudo escapar de manos de Salomón huyendo a Egipto, cerca del faraón Sesac, llamado Soshenq, fundador de la XXII dinastía, que reinó aproximadamente los años 950-929 a.C. De él se ocupará más tarde nuestro autor (14:25). Según los LXX (12:2455), Jeroboam tomó en Egipto por esposa a Ano, hermana mayor de Thekemina, mujer de Faraón.
Una historia más amplia del reinado de Salomón tuvo el autor sagrado ante su vista, de la cual extrajo lo poco que ha consignado en los capítulos 3-11. Pero, además, conoció otro documento en el que se exponían ampliamente las etapas de la construcción y ornamentación del templo. Para describir los primeros brotes del reino del Norte, o sea los primeros conatos de rebelión por parte de Jeroboam, inspiróse en una historia de los reyes del Norte.
Como hemos podido apreciar en las páginas que anteceden, el autor sagrado ha escrito una historia breve, concisa, del reinado de Salomón, poniendo de relieve sus puntos luminosos y no ocultando sus sombras; considerándolo todo desde el punto de vista deuteronómico. En cifras redondas se dice que Salomón reinó cuarenta años sobre Judá e Israel. Iniciado su reino hacia el año 970, prolongóse hasta cerca de 930; otros autores (ühorme) señalan los años 972 y 932 como términos a quo y ad quem del reinado salomónico. Fue sepultado junto a su padre (2:10). Le sucedió su hijo Roboam.

1 Le sacerdoce du roí en Israel: "Sacra Pagina," I (París-Gembloux 1959) 543·

1 A partir de Renán (Histoire du peuple d'Israel París 1891 vol.2 142), muchos historiadores y críticos independientes han considerado el templo de Salomón como «un templo doméstico, una capilla de palacio," análogo a los que los reyes de Mari tenían en sus mansiones reales. En apoyo de sus puntos de vista hacen hincapié en las dimensiones reducidas del edificio, que medía, incluidos los muros, 50 por 30 metros. Es verdad que Salomón edificó una casa a Yahvé, porque la divinidad, al igual que los hombres, tenía necesidad de disponer sobre la tierra de una casa, una mansión, un albergue. Todos los planos de los santuarios orientales que remontan al tercer milenio a. G. están inspirados en los de las casas particulares. Así, pues, el motivo principal y esencial que movió a Salomón a levantar el templo fue para dar a Yahvé, presente en el arca, una residencia. Pero de esto no se deduce Que el templo fuera una capilla de palacio, una dependencia del mismo; al contrario, fue e1 santuario nacional adonde acudía todo Israel por creer que habitaba allí Dios de una manera particular. Asimismo se ha especulado sobre el simbolismo de la distribución del templo en tres partes: ulam, hecal, debir, que, según Flavio Josefo, representaban las tres partes del cosmos: agua, tierra y cielo; lo que correspondería a la cosmogonía bíblica (Ex 20:4; Gen 1:6). Las dos columnas de bronce (7:15-22) colocadas delante del templo recordaban los pilares obre los cuales descansaba el universo (Sal 75:4; Job 9:6). Mucho se ha fantaseado sobre este articular (Parrot, l.c., 38; J. Daniélou, La symbolique cosmique du Temple de Jérusalem: Symbolisme cosmique et monuments religieux" [París 1953] 61-64; W. Vischer, Les presbiteres prophétes París-Neuchátel 1951 363-376; Montgomery)
2 Fernández, Problemas 142-172.
3 Lemaire-Baldi, Atlante Bíblico 122. Ofir se localiza probablemente en la costa occidental de Arabia (Gen 10,29; Job 22:24; 28,26; i Crón 1:23). Es posible que haya una exage-on en el número de talentos, o el texto se ha conservado defectuosamente (A. Βεα, Ez'son tell el-Helefi: Β 2ΐ [1940] 437-445; N. Glueck: "Basor," 71 [1938] 3-18; 75 (1939] 8-22; 79 [1940] 2-18).
1 El episodio de la reina de Saba goza de extraordinaria popularidad en Etiopía, cuya dinastía reinante está vinculada, se dice, a la unión matrimonial de Salomón con la reina, que la leyenda árabe llama Balkis y la cristiana Makeda. Según Flavio Josefo (Ant. lud· 8,6:2), la reina llamábase Nikaule, soberana de Egipto y de Etiopía. No es de extrañar que una mujer fuera reina de un país árabe, ya que en tiempos de Teglatfalasar III se recuerdan las reinas Zabibe y Samsi (N. Abbot, Pre-Islamic Arab Queens: "American Journal of sé mitic Languages and Literature," 58 [1941] 1-22; Pritchard, 283; P. Dhorme, Le Pays m-buque et l'Assyrie [París 1913] 37.80.94 y 119).
2 B. Maisler, Two Hebrew Ostraca /rom Tell Qasile: T ES 10 (1951) 265-267.
3. Maisler, The Excavation Of Tell Qesile: BA 14 (195 Γ 43-49.
4 Η. Michaud, Sur la pierre et l'argile (París-Neuchátel 1958) 48.
5 Muchos creen que se trata de Tarsis, lugar que se encontraba cerca de la desembocadura del Guadalquivir. Otros, por el hecho de que la flota tenía sus bases en el golfo de Aqaba, buscan Tarsis por estos parajes, cerca de Ofir. Otros (Üalevy, Albright) han pensado en Cerdeña. No es posible zanjar la cuestión (Desnoyers, Histoire III 66-70; L. De Las Muñecas, La Tarsis bíblica: "Estudis Franciscans," 43 1931 111-150; S. Bartina, Tarsis: VD 34 [1956] 342-348; W. Albright: "Basor," 83 [1941] 14-22, reconoce en Tarsis una palabra técnica fenicia que significa fundición).
1 N. Schneider, Melchom, das Scheusal der Ammoniter: Β 18 (1937) 337-343; 19 (1938) 286-307.
2 D, Siderski, La stele de Mesa, índex bibliographique (París 1920),
3 H. Haag, Bibellexikon 635.
4 Véase B. Grdseloff, Takpnés: "Ármales du service des Antiquités de l'Egypte," 47 (1947); Ídem, Edom d'aprés les sources Egyptiennes: "Revue de l'histoire Juíve en Egypte17 I (1947) 88-03.
Segunda Parte
Historia Sincrónica de los Reyes hasta Ajab y Josafat (c.12-22)
Roboam en Siquem (12:1-15)
1 Roboam fue a Siquem por haberse reunido en Siquem todo Israel para proclamarle rey. 2 Así que lo oyó Jeroboam, hijo de Nabat, que estaba en Egipto, adonde había huido de Salomón, se volvió de Egipto. 3 Y hablaron a Roboam diciendo: 4 "Tu padre hizo muy pesado nuestro yugo; aligera tú, pues, ahora esta dura servidumbre, y te serviremos." 5 El les respondió: "Id y volved a mí dentro de tres días." Fuese el pueblo. 6 El rey Roboam consultó a los ancianos que habían estado cerca de Salomón, su padre, durante su vida, diciéndoles: "¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo?" 7 Y ellos le dijeron: "Si ahora te rindes a este pueblo y le complaces hablándole blandas palabras, te estará siempre sujeto." 8 Pero Roboam no siguió el consejo de los ancianos, y consultó a los jóvenes que se habían criado con él y le rodeaban, 9 diciéndoles: "¿Qué me aconsejáis que responda a este pueblo que así me habla: Aligera el yugo que tu padre nos impuso?" 10 Y los jóvenes que se habían criado con él le dijeron así: "Habla de este modo al pueblo que te ha dicho: Tu padre hizo muy pesado su yugo sobre nosotros; aligéralo tú. Habíales así: Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre. 11 Ahora, pues, mi padre os cargó con pesado yugo, y yo haré vuestro yugo más pesado todavía. Mi padre os azotó con azotes, y yo os azotaré con escorpiones." 12 Vino a Roboam, pues, todo Israel al día tercero, según lo que había dicho el rey: "Volved dentro de tres días"; 13 y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que le habían dado los ancianos, 14 y le habló así, según el consejo de los jóvenes: "Mi padre hizo pesado vuestro yugo, y yo lo haré más pesado todavía; mi padre os azotó con azotes, y yo os azotaré con escorpiones." 15 Desoyó, pues, el rey al pueblo, porque así lo disponía Yahvé para cumplir la palabra que El había dicho por medio de Ajías, de Silo, de Jeroboam, hijo de Nabat.

Salomón había bajado al sepulcro dejando a su hijo en herencia un descontento general en el interior. Antes de morir habíanse renovado los conatos de independencia de las tribus del norte a causa del trato desigual de que eran objeto con relación a los de Judá, que la conducta abiertamente imprudente de Roboam sellaron definitivamente. Roboam dispuso que la ceremonia de la proclamación como nuevo rey de Israel se celebrara en Siquem, lugar donde se produjo la primera tentativa de la monarquía Que 8:22ss; c.9). A las razones históricas se añadieron otras consideraciones de orden social. Las tribus norteñas eran más ricas económicamente que Judá; sus tierras, más feraces; sus ciudades, más abiertas a las grandes vías comerciales, lo que originó un nivel de vida superior, una cultura más refinada. Desde el punto de vista religioso, Siquem guardaba el sepulcro de José (Jos 24:32). Abraham había estado allí (Gen 12:6); Jacob había morado grandes temporadas en sus inmediaciones (Gen 33:18). Además, ¿no había sido contaminada Jerusalén por los santuarios extranjeros? El numeroso harén real creó en la capital un ambiente de sensualidad y cierto sincretismo religioso. No solamente las reinas acudían a los templos de sus respectivos dioses, sino también la servidumbre, el séquito, los mercaderes extranjeros, los simpatizantes. Los mismos israelitas debían ser, en parte, los proveedores de víctimas y de cuanto se necesitaba para los sacrificios a los ídolos.
El acto de señalar a Siquem como lugar de su proclamación como rey fue un acierto diplomático de Roboam. No sabemos si Jeroboam estuvo o no presente en la ceremonia, ya que había abandonado Egipto tan pronto como se enteró de la muerte de Salomón.
Los LXX dicen que se retiró a Sareda; del texto masorético (v.3; 5; 12), de 2 Crón 10:3 y Vulgata parece deducirse que asistió a la misma.
"¡A tus tiendas, Israel!" (12:16-24)
16 Entonces todo Israel, viendo que el rey no le escuchaba dijo al rey: "¿Qué tenemos que ver nosotros con David? No tenemos heredad con el hijo de Isaí. J A tus tiendas, Israel! ¡Provee ahora a tu casa, David!" Fuese Israel a sus tiendas (17 y Roboam no reinó sobre más hijos de Israel que los que habitaban en las ciudades de Judá). 18 Mandó entonces Roboam a Adoni-ram, que era prefecto de los tributos; pero éste fue lapidado por todo Israel y murió. Apresuróse Roboam a montar en su carro para huir a Jerusalén;19 y así se separó Israel de la casa de David hasta el día de hoy. 20 Sabiendo que había vuelto Jeroboam, todo Israel le mandó a llamar a la asamblea y le hicieron rey de todo Israel. La tribu de Judá fue la sola que siguió a la casa de David. 21 Llegado Roboam a Jerusalén, convocó a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres de guerra, para hacer la guerra a la casa de Israel y reducirla a la obediencia de Roboam, hijo de Salomón; 22 pero Semeyas, varón de Dios, recibió palabras de Yahvé, diciendo: 23 "Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a todos los del pueblo, diciendo: 24 He aquí lo que dice Yahvé: No subáis a hacer la guerra a vuestros hermanos, los hijos de Israel. Vuélvase cada uno de vosotros a su casa, porque de mí ha venido esto"; y ellos, obedeciendo la palabra de Dios, se volvieron, según la palabra de Yahvé.

La respuesta insolente del rey pone en boca de la muchedumbre el grito separatista lanzado en otro tiempo por Seba (2 Sam 20:1). La escisión del pueblo era un hecho: Roboam dominaría sobre Judá y Benjamín, mientras que las diez tribus del norte se unirían bajo Jeroboam. Varias causas contribuyeron a esta división. En el colmo de la imbecilidad, no encontró Roboam otro funcionario para atraer y reducir a los del norte que el odiado Adoniram (4:6; 5.28), jefe de los tributos. Dios obceca a los que quiere perder. Vuelto el rey a Jerusalén, trató de reducir a los separatistas por la fuerza, pero le disuadió el profeta Semeyas (13:1-9). Según algunos textos (n. 13; 32), solamente la tribu de Judá obedeció a Roboam; sin embargo, parte de Benjamín, en cuyo territorio se encontraba Jerusalén, se unió al reino del sur (2 Crón. 11:1), en tanto que Jericó se adhirió al del norte (16.34).
Cisma religioso (12:25-33)
25 Jeroboam edificó Siquem, en la montaña de Efraím, y residió allí; salió después y edificó Penuel. 26 Jeroboam se dijo en su corazón: "El reino podría muy bien volver otra vez a la casa de David. 27 Si este pueblo sube a Jerusalén para hacer sus sacrificios en la casa de Yahvé, el corazón del pueblo se volverá a su señor, Roboam, rey de Judá, y me matarán a mí." 28 Despues de pensarlo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: "Bastante tiempo habéis subido a Jerusalén; ahí tienes a tu dios, Israel, el que te sacó de la tierra de Egipto." 29 Hizo poner uno de los becerros en Betel y otro en Dan; 30 y esto indujo al pecado, pues iba el pueblo hasta Dan para adorar. 31 Edificó también Jeroboam lugares excelsos e hizo sacerdotes a gentes del pueblo que no eran de los hijos de Leví. 32 Instituyó Jeroboam una solemnidad en el mes octavo, el quince del mes, conforme a las de Judá, y sacrificó sobre el altar. Así puso también en Betel sacerdotes en los altos que había construido, para que sacrificasen a los becerros que había hecho; 33 y subió al altar que se había hecho en Betel el día quince del octavo mes, que él a su voluntad eligió. Instituyó una fiesta para los hijos de Israel y subió al altar para sacrificar.

Con el fin de defender el nuevo reino, fortificó Jeroboam las ciudades de Siquem y de Penuel. Se identifica esta última con Tulul ed-Dahab, en la ribera del Yaboc, a unos once kilómetros al este del Jordán. Pensó en rehabilitar los dos santuarios antiguos: Dan, en los confines septentrionales (Jue 18:1-31), y Betel, en el límite sur, lugar donde existían recuerdos venerandos de los tiempos de los patriarcas (Gen 12:8; 13:4; 28:19; 35:7) y en donde se ofrecían sacrificios en tiempos de los jueces (Jue 20:21; 21:4; 1 Sam 10:3). Jeroboam repite las palabras que pronunció Aarón después de haber construido el becerro de oro (Ex 32:4). Al rey se le ocurrió representar a Yahvé en forma de becerro por influencias religiosas paganas de Palestina y Siria, en donde el becerro era considerado como símbolo de fecundidad y de fuerza, atributos del dios cananeo Baal-Hadad. En Israel no se practicaba propiamente la idolatría, ya que no se adoraba a dioses extranjeros, sino que se representaba a Yahvé bajo la forma de un toro o becerro; lo que se oponía, sin embargo, a la ley sobre la representación sensible de la divinidad (Ex 20:34; Deut 4:15-20; 5:8-9). Además, con esta práctica Jeroboam ponía el yahvismo al nivel de las otras religiones paganas, creando una especie de sincretismo religioso y una gran desorientación. ¿Cómo distinguirá el pueblo entre el toro de Yahvé y el de Baal? Oseas (8:6) y escritores posteriores consideran este culto de las imágenes como una verdadera apostasía. Es posible, además, que buscara Jeroboam un acercamiento religioso con los cananeos, muy numerosos en su territorio. En todo caso, consciente o no de sus actos, abría Jeroboam las puertas del sincretismo religioso 1.
Para el servicio de los nuevos santuarios creó sacerdotes a gentes que no pertenecían a la tribu de Leví; los sacerdotes y levitas habían emigrado casi en masa a Judá (2 Crón 11:13). La institución de sacerdotes que no contaban con títulos para ello fue considerada como un gran escándalo y un nuevo pecado de Jeroboam (13:33-34). Procuró conservar las festividades principales vigentes en Judá, acomodándolas, sin embargo, a la nueva situación. Retrasó un mes la fiesta de los Tabernáculos, haciéndola coincidir con el término de la recolección de la uva a fin de que la solemnidad y jolgorio fueran mayores. El rey ofrecía sacrificios, considerándose rey teocrático y sumo sacerdote. Por todo lo dicho, vemos cuan dudosos fueron los comienzos del reino del norte desde el punto de vista religioso.
Un profeta de Judá increpa a Jeroboam (13:1-l0)
1 Llegó de Judá a Betel un hombre de Dios, por mandato de Yahvé, mientras estaba Jeroboam en el altar para sacrificar; 2 y alzando su voz contra el altar, según la palabra de Yahvé', gritó: "¡Altar,altar! Así habla Yahvé: Nacerá de la casa de David un hijo que se llamará Josías, que inmolará sobre ti a los sacerdotes de los altos que en ti sacrifican, y sobre ti quemarán huesos humanos." 3 Y dio entonces mismo una señal, diciendo: "Esta es la señal que da Yahvé: el altar se quebrará y se derramará la ceniza que hay en él." 4 Al oír el rey Jeroboam las palabras del varón de Dios, lo que había gritado contra el altar de Betel, extendió su brazo desde el altar, diciendo: "Prendedle"; pero la mano que contra él extendió se quedó rígida y no pudo volverla a sí. 5 El altar se quebró y las cenizas que sobre él había se derramaron, según la señal que el hombre de Dios había dado, conforme a la palabra de Yahvé. 6 Entonces el rey, dirigiéndose al hombre de Dios, dijo: "Implora a Yahvé, tu Dios, y ruégale por mí para que pueda volver a mí la mano." El hombre de Dios imploró a Yahvé, y el rey pudo volver a sí la mano, que quedó como estaba antes. 7 Entonces dijo el rey al hombre de Dios: "Vente conmigo a mi casa para tomar algo y te haré un presente." 8 Pero el hombre de Dios dijo al rey: "No iré contigo a tu casa aunque me dieras la mitad de ella, y no comeré pan ni beberé agua en este lugar, 9 porque esa orden me ha sido dada por la palabra de Yahvé: No comas pan, ni bebas agua, ni tomes para tu vuelta el camino por donde vayas." 10 Fuese, pues, por otro camino, no tomando para volver el camino por donde había venido a Betel.

Todos los profetas condenan la política religiosa de Jeroboam. Aparece en escena, en primer lugar, un profeta anónimo, oriundo de Judá ("hombre de Dios"), que Flavio Josefo llama Jadón (Ant. lud. 8:8-5), acaso el mismo que en 2 Crón 9:29 es denominado Jeddo. El profeta increpa al rey en el momento en que éste se disponía a sacrificar en el altar de Betel. Alzando su voz, anuncia la suerte que correrá el altar en un futuro lejano. Un rey de Judá lo contaminará con la más grande de las impurezas legales (Núm 19:18) al degollar sobre el mismo a los sacerdotes que le sirven. El profeta anuncia un hecho con trescientos años de anticipación (2 Re 23:15-20) y pronuncia el nombre del monarca que llevará a cabo esta acción. Garantiza con un hecho actual lo que sucederá trescientos años más tarde; con ello conocerá el pueblo que su mensaje es verdadero. Las palabras del profeta enfurecieron al rey. El hombre de Dios consideraba aquel altar como un bamah, un lugar alto, a estilo de los cananeos, llamando a los sacerdotes que lo servían "sacerdotes de los altos." Rechazó el profeta el ofrecimiento que le hizo el rey de entrar en su casa y sentarse a su mesa, con lo cual expresa el horror que todos los hombres de Dios sienten por el santuario ilegítimo de Betel. Dios le había manifestado que ni siquiera debía regresar por el camino por el que había venido, a fin de que no trabara amistad con nadie de Israel.
Desobediencia del profeta (13:11-22)
11 Habitaba en Betel a la sazón un viejo profeta, cuyos hijos vinieron a contarle lo que el hombre de Dios había hecho aquel día en Betel y lo que había dicho al rey; 12 y su padre les dijo: "¿Por qué camino ha ido?" Indicáronle sus hijos el camino por donde se volvió el hombre de Dios venido de Judá; 13 y él les dijo: "Aparejadme el asno." Ellos se lo aparejaron, y él, subiendo en el asno, 14 se fue tras el hombre de Dios; y una vez que lo alcanzó, mientras estaba sentado debajo de una encina, le preguntó: "¿Eres tú el hombre de Dios que ha venido de Judá?" El le respondió: "Yo soy." 15 Díjole entonces el otro: "Ven conmigo a casa para tomar algún alimento." 16 Pero él respondió: "No puedo ir contigo ni entrar en tu casa, 17 porque la palabra de Yahvé me ha dicho: No comas pan, ni bebas agua, ni tomes para la vuelta el camino de la ida." 18 Pero él le dijo: "Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado de parte de Yahvé, diciéndome: Tráele contigo a tu casa para que coma pan y beba agua." Mentía, 19 Volvióse entonces con él el hombre de Dios, y en su casa comió pan y bebió agua. 20 Pero, mientras estaban sentados a la mesa, fue palabra de Yahvé al profeta que le había hecho volver, 21 que gritó al venido de Judá: "Así habla Yahvé: Por haber sido rebelde al mandato de Yahvé y no haber guardado la orden que Yahvé, tu Dios, te había dado, 22 y porque volviéndote has comido pan y bebido agua en el lugar de que te había dicho: "No comas pan allí ni bebas allí agua," no entrará tu cadáver en la sepultura de tus padres."

Había en Betel un viejo profeta que rechazaba el culto de este santuario, como indica el hecho de no asistir a la solemne fiesta de la dedicación del nuevo templo. Enterado de todo por sus hijos, marchó al encuentro del profeta de Judá, rogándole que se dignara aceptar la hospitalidad que le ofrecía. Durante la refección manifestó Dios su indignación por la desobediencia del profeta de Judá, anunciándole que, por castigo de su desobediencia, no sería enterrado en el sepulcro de sus padres (2 Sam 17:23; Neh 2:3-5). El viejo profeta de Betel mintió formalmente; el don de profecía es un carisma social que no supone necesariamente la santidad del sujeto.
Castigo por desobediencia (13:23-34)
23 Cuando el profeta que le había hecho volver acabó de comer pan y de beber agua, hizo que aparejaran para el otro su asno, y el hombre de Dios se fue. 24 Encontró en el camino un león, que le mató, quedando su cadáver tendido en el camino; el asno siguió junto a él, y el león junto al cadáver. 25 Los que pasaban vieron el cadáver tendido en el camino y junto a él el león, y hablaron de ello en la ciudad donde moraba el viejo profeta. 2Ó Cuando el profeta que lo había hecho volver lo supo dijo: "Es el hombre de Dios, que ha sido rebelde a la orden de Yahvé, y por eso le ha entregado Yahvé al león, que le ha destrozado y muerto, conforme a la palabra que Yahvé le había dicho." 27 Después, dirigiéndose a sus hijos, dijo: "Aparejadme un asno." Aparejáronlo ellos 28 y se fue. Halló el cadáver tendido en el camino, y el asno y el león, que estaban junto al cadáver. El león ni había devorado el cadáver ni había dañado al asno. 29 El profeta levantó el cadáver del hombre de Dios y, poniéndolo sobre el asno, se lo llevó, y vino con él a la ciudad, donde le lloró y le sepultó. 30 Puso su cadáver en la sepultura y le lloraba, diciendo: "¡Ay hermano mío!" 31 Después que le sepultó, dijo a sus hijos: "Cuando yo muera, me sepultaréis en la sepultura donde está enterrado el hombre de Dios, poniendo mis huesos junto a los suyos para que mis huesos se conserven intactos junto a los suyos, 32 porque se ha de cumplir la palabra que de parte de Yahvé gritó él contra el altar de Betel y contra todos los altares de las ciudades de Samaría." 33 A pesar de esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino; creó nuevos sacerdotes de entre todo el pueblo para los altos. A cualquiera que quisiera serlo le consagraba él sacerdote de los altos. 34 Esto fue causa de pecado para la casa de Jeroboam, y por eso fue exterminada y borrada de sobre la haz de la tierra.

La amenaza pendía sobre la cabeza del hombre de Dios desobediente al mandato divino. En ruta le asaltó un león, que, abalanzándose sobre él, le mató, quedando su cadáver tendido sobre el camino. Había leones en el desierto de Judá (1 Sam 17:34), en cuyas cercanías caminaba el hombre de Dios. Quiso Dios que el león respetara al asno y a cuantos transitaban por el camino. A su sepulcro se alude en 2 Re 23:16-18. A pesar de los avisos del profeta y de conocer el castigo que le esperaba, continuó Roboam el camino que había emprendido. A cualquiera que quisiera ser sacerdote "le llenaba la mano," frase con la que se alude al rito de Moisés (Ex 28:41; 29:9), que en la consagración sacerdotal de Aarón tomó los ácimos y algunas visceras de la víctima, colocándolo todo en manos de Aarón y de sus hijos (Ex 29:22). ¿Se practicaba esta ceremonia en caso de conferirse la dignidad sacerdotal a personas ajenas a la familia de Aarón? Que 17:5-11; 2 Crón 13:9). Nada sabemos en concreto sobre este particular.
La mujer de Jeroboam en Silo (14:1-9)
1 Enfermó por entonces Abiya, hijo de Jeroboam; 2 Jeroboam dijo a su mujer: "Anda, levántate y disfrázate de modo que nadie sepa que eres la mujer de Jeroboam, y vete a Silo. Allí está Ajías, profeta, el que me anunció que sería rey de este pueblo. 3 Coge contigo diez panes, tortas y una vasija de miel, y entra en su casa, y él te dirá lo que va a ser del niño." 4 Hízolo así la mujer de Jeroboam. Se levantó, fue a Silo y entró en la casa de Ajías. Ajías no veía ya, pues por la vejez se le habían quedado fijos los ojos; 5 pero Yahvé había dicho a Ajías: "La mujer de Jeroboam va a venir a consultarte acerca de su hijo, que está enfermo; y esto le dirás." Cuando llegó, quiso hacerse pasar por otra. 6 Así que oyó Ajías el ruido de sus pasos en el momento en que trasponía la puerta, dijo: "Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? Estoy encargado de anunciarte cosas muy duras. 7 Ve y dile a Jeroboam: Así habla Yahvé, Dios de Israel: "Yo te alcé de en medio del pueblo y te hice jefe de mi pueblo, Israel, 8 rompiendo el reino de la casa de David y dándotelo a ti. Pero tú no has sido como mi siervo David, que guardó mis mandamientos y me siguió de todo su corazón, no haciendo más que lo recto a mis ojos; 9 antes hiciste el mal, más que cuantos han sido antes de ti, haciéndote otros dioses y fundiendo imágenes para irritarme, echándome tras de tus espaldas.

El profeta Ajías anunció a Jeroboam su elevación al trono de Israel (11:29-39). No sabemos en qué año del reinado de Jeroboam aconteció el hecho que aquí se narra. Por una parte, di cese que Ajías era ya anciano (v.4), señalando los LXX una edad rayana a los sesenta años; por otra, el hijo era pequeño, no habiendo ejercido todavía cargo alguno político (ν.13). Ajías habíase alejado de Jeroboam a causa de su conducta religiosa. Desde Silo había seguido los acontecimientos del nuevo reino, demostrando con su aislamiento voluntario el juicio desfavorable que le merecía la política religiosa de Jeroboam. Le recrimina "haberse hecho otros dioses," frase con la cual quiere expresar que el becerro fundido para representar a Yahvé es el primer paso que conducirá al pueblo de Israel a la idolatría. Yahvé no puede ser representado por imagen alguna (12:26-32; 13:33); Por lo mismo, el becerro es como una sustitución de Yahvé, que queda en segundo plano, preterido 1.
Anuncio del castigo (14:10-20)
10 "Por eso voy a hacer venir el mal sobre la casa de Jeroboam, y exterminaré a todos cuantos a Jeroboam pertenecen, al esclavo y al libre en Israel, y barreré a la casa de Jeroboam, como se barren las basuras, hasta que del todo desaparezca. 11 El que de la casa de Jeroboam muera en la ciudad será devorado de los perros, y el que muera en el campo será comido por las aves del cielo. Porque ha hablado Yahvé." 12 Y tú álzate y vete a tu casa. En cuanto tus pies entren en la ciudad, morirá el niño; 13 todo Israel le llorará y será sepultado, pues será el único de la casa de Jeroboam que será sepultado, por ser el único de la casa de Jeroboam en quien se ha hallado algo de bueno a los ojos de Yahvé, Dios de Israel. 14 Yahvé alzará sobre Israel un rey, que exterminará en su día la casa de Jeroboam. 15 Yahvé sacudirá a Israel como en el agua se agita una caña, y arrancará a Israel de esta buena tierra que dio a sus padres y le dispersará al otro lado del río por haberse hecho ídolos, irritando a Yahvé. 16 Entregará a Israel por los pecados que ha cometido Jeroboam y los que ha hecho cometer a Israel." 17 Levantóse la mujer de Jeroboam y se fue. Llegó a Tirsa, y cuando tocaba con sus pies el umbral de la puerta, murió el niño. 18 Se le enterró, y todo Israel le lloró, según la palabra que Yahvé había dicho por su siervo Ajías, profeta. 19 Lo demás de los hechos de Jeroboam, de las guerras que hizo y de cómo reinó, todo ello está escrito en las crónicas de los reyes de Israel. 20 Reino veintidós años y se durmió con sus padres. Le sucedió Nadab, su hijo.

Ajías predice la desaparición de todos los varones de la casa de Jeroboam (literalmente: Los que mean en la pared; 1 Sam 25:22-34), tanto esclavos como libres, es decir, todos sin excepción (Deut 32:36). En cuanto al hijo, morirá, sin que la madre pueda verlo todavía vivo; pero, por ser inocente, se le concederá el honor de la sepultura. Su muerte prematura es una gracia que Dios le concede (Sab 4:10), ahorrándole con ello la suerte que correrán sus familiares. Basa fue el instrumento de que se valió Dios para llevar a término este castigo (15.27-30). La mujer se levantó y se fue. El texto de los LXX afirma que marchó a Sereda (11:26), ciudad natal de Jeroboam, adonde había sido trasladado el niño con urgencia. Sin embargo, no hay razón suficiente para renunciar a la lección del texto masorético. Tirsa (Jos 15:24), quizá la actual Talluzah (Fernández), Tell el-Farah (Albright, De Vaux) o Teli Abu Zarad, a quince kilómetros al sur de Naplusa, fue la capital del reino del Norte hasta el advenimiento de Omri (16:24), Que 1a trasladó a Samaría. Desde el año 1946, la Escuela Bíblica de Jerusalén ha practicado sendas excavaciones en Teli el-Farah, a unos doce kilómetros al nordeste de Naplusa 2.
Con una frase estereotipada se remite al libro de las Crónicas de los reyes de Israel para una mayor información sobre el reinado de Jeroboam. Reinó aproximadamente del año 931 hasta 910. No se han conservado detalles de su muerte (2 Crón 13:20); mereció ser sepultado en el panteón familiar. La profecía de Ajías se refería a su descendencia. Anuncia la deportación del pueblo más allá del Eufrates, a tierras de Mesopotamia (Jos 24:2-3; 2 Sam 10:16). El autor sagrado enjuicia el reinado de Jeroboam exclusivamente desde el punto de vista religioso. Parece que no tuvo éxito en sus guerras contra Roboam (14:30).
Roboam, rey de Judo (14:21-31)
21 Roboam, hijo de Salomón, reinó sobre Judá. Tenía cuarenta y un años cuando empezó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que Yahvé se había elegido de entre todas las tribus de Israel para poner allí su nombre. Su madre se llamaba Noama, amonita. 22 Roboam hizo el mal a los ojos de Yahvé, irritando su celo con los pecados que cometía, más que cuanto lo habían hecho antes sus padres. 2 3 Edificáronse altos, con cipos y aseras sobre todas las alturas y bajo todo árbol frondoso. 24 Hasta consagrados a la prostitución idolátrica hubo en la tierra. Imitaron todas las abominaciones de las gentes que Yahvé había echado de delante de los hijos de Israel. 25 El año quinto del reinado de Roboam, Sesac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén. 26 Saqueó los tesoros de la casa de Yahvé y los tesoros de la casa del rey; todo lo saqueó, con todos los escudos de oro que había hecho Salomón. 27 El rey Roboam hizo en su lugar escudos de bronce y se los entregó a los jefes de la guardia de la entrada de la casa del rey. 28 Cuantas veces iba el rey a la casa de Yahvé, los llevaban los de la guardia y luego los volvían al cuartel de la guardia" 29 El resto de los hechos de Roboam, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 30 Siempre hubo guerra entre Roboam y Jeroboam. 31 Durmióse Roboam con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Abiam, hijo suyo.

Los primeros pasos de Roboam en la escena de la historia hacen de él un tipo repugnante. Hombre duro, imprudente, amante del lujo, despótico, fue el causante inmediato del cisma de Israel. Un profeta logró disuadirlo de que atacara a las tribus del norte, a las cuales había exasperado con el anuncio de su programa de gobierno (12:22-24), logrando evitar una guerra civil; a pesar de ello, hubo guerra constante entre Roboam y Jeroboam. Lo peor de su actuación fue la práctica de la idolatría, a la que se entregó él y su pueblo. Hijo de una mujer amonita (11:18), heredó de su madre el gusto por los ídolos. Su conducta religiosa fue peor que la de cualquiera de los reyes antes existentes. Edificáronse altos (bamoth), lugares de culto a estilo de los cananeos. Antes de la construcción del templo de Jerusalén sacrificaban los israelitas legítimamente en lugares altos (1 Sam 9:12-24; 1 Re 3:4), pero en estos lugares no existían representaciones idolátricas de Yahvé. Fue distinto a partir de Roboam, en que tales bamoth apenas se diferenciaban de los altos cananeos.
En las instalaciones de los bamoth se tendía a un culto naturistico. Había allí altares para los sacrificios y libaciones; piedras (mas-seboth) que representaban la divinidad masculina (1 Sam 7:4), árboles o palos (asherim), clavados en el suelo simbolizando la divinidad femenina. Para que tales palos se conservaran verdes cambiábanse con frecuencia. Estos santuarios fueron prodigándose por todas partes, erigiéndose preferentemente en los alrededores de un manantial, en bosques frondosos, por ser dioses de la fertilidad y fecundidad 3. La corrupción fue tanta, que se llegó a practicar con descaro la prostitución sagrada de ambos sexos (Deut 23:18-19; 1 Re 15:12; 22:47; 2 Re 23:7).
Durante su reinado atacó a Palestina (2 Crón 12:2-11) el rey Sesac (Shoshenq) de Egipto. Esta invasión está confirmada por una inscripción del templo de Amón en Karnac, en la que se enumeran las ciudades conquistadas. Se sabe que la acción del faraón fundador de la XXII dinastía alcanzó al reino del Norte. Por la lista cabe deducir que las tropas egipcias llegaron a Megiddo, pasaron por Sunem (1:3), Betsán, llegando incluso a Majanaím, en Transjorda-nia. Del reino de Judá se mencionan las ciudades de Betorón, Gui-betón. No puede darse mucho crédito a esta lista de ciudades conquistadas ni concluir de ella que Sheshonq hizo dos incursiones en Palestina, una contra el reino del Norte y otra contra los territorios del Negueb y de Edom, al sur, perdonando el reino de Judá por haberle Roboam mandado un tributo 4. Según Noth, el rey egipcio no se apoderó de Jerusalén, que no figura en la lista de ciudades conquistadas, por haberle entregado Roboam los escudos de oro, que reemplazó por otros de bronce 5. Otros datos sobre su familia y reinado se encuentran en 2 Grón 11:5; 12:16. Su reinado abarca aproximadamente los años 931-913.
Abiam, rey de Judá (15:1-8)
1 El año decimoctavo del reinado de Jeroboam, hijo de Nabat, comenzó a reinar en Judá Abiam. 2 Reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Maaca, hija de Absalón. 3 Dióse a todos los pecados que antes había cometido su padre, y su corazón no estuvo enteramente con Yahvé, como lo había estado el de David, su padre. 4 Mas, por amor de David, Yahvé, su Dios, dio a éste una lámpara en Jerusalén, estableciendo a su hijo después de él y sosteniendo a Jerusalén; 5 porque David había hecho lo recto a los ojos de Yahvé y no se había apartado de ninguno de sus mandamientos durante toda su vida, fuera de lo de Urías el jeteo. (6 Hubo guerra entre Roboam y Jeroboam mientras vivió aquél.) 7 El resto de los hechos de Abiam, lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Hubo guerra entre Abiam y Jeroboam. 8 Abiam se durmió con sus padres y fue sepultado en la ciudad de David. Le sucedió Asa, su hijo.

Abiam, o Abía (2 Crón 13:20), era hijo de Maaca, nieta de Absalón, por Tamar (2 Sam 14:27), que se había casado con Uriel de Gabaón (2 Crón 13:2). La palabra hija tiene aquí, como en otros lugares bíblicos (2 Re 8:2; 8:18), un significado amplio. Difícil es armonizar los datos cronológicos del texto por desconocer el sistema numeral empleado y por no haberse conservado íntegros los números del texto primitivo. Fue pésima la conducta religiosa del rey; pero, por amor a David, "le dio Dios una lámpara en Jerusalén," es decir, le concedió que le sucediera su hijo en el trono (11:36; 2 Re 8:19). Parece que la alusión al pecado de David, que falta en el texto griego, se debe a una glosa marginal que entró más tarde en el texto. También falta en los LXX el v.6, repetición de 14:30. En 2 Crón 13:3-15 se narra ampliamente la guerra que sostuvieron Abiam y Jerobóam en la montaña de Efraím, reproduciendo una larga alocución de aquél.
Reinado de Asa en Judá (15:9-24)
9 El año veinte del reinado de Jeroboam comenzó a reinar Asa en Judá. 10 Reinó cuarenta y un años en Jerusalén, y su madre se llamaba Maaca, hija de Absalón. u Asa hizo lo recto a los ojos de Yahvé, como David, su padre. 12 Arrancó de la tierra a los consagrados a la prostitución idolátrica e hizo desaparecer los ídolos que sus padres se habían hecho; 13 y hasta despojó a su abuela, Maaca, de la dignidad de reina, porque se había hecho una "asera" abominable; tomo la abominación y la quemó en el torrente de Cedrón. 14 Pero no desaparecieron todos los altos, aunque el corazón de Asa estuvo enteramente con Yahvé durante toda su vida. 15 Llevó a la casa de Yahvé cosas consagradas por su padre y por él mismo: plata, oro y utensilios. 16 Hubo guerra entre Asa y Basa, rey de Israel, durante toda su vida. 17 Basa, rey de Israel, subió contra Judá y fortificó Rama para impedir a Asa, rey de Judá, salir y entrar. 18 Asa tomó toda la plata y todo el oro que habían quedado en el tesoro de la casa de Yahvé y el tesoro de la casa del rey y se lo entregó a sus servidores, que envió a Ben Adad, hijo de Tabrimón, hijo de Jezyión, rey de Siria, que residía en Damasco. El rey Asa le dijo: 19 "Que haya alianza entre ti y mí, como la hubo entre mi padre y tu padre. Te mando este presente de plata y oro. Rompe la alianza con Basa, rey de Israel, para que éste se aleje de mí." 20 Ben Adad escuchó a Asa y mandó a los jefes de su ejército contra las ciudades de Israel; y devastó a lyón, Dad, Abel Maaca, todo el Quenefet y toda la tierra de Neftalí. 21 Cuando Basa supo esto, cesó de fortificar a Rama y se volvió a Tirsa. 22 El rey Asa convocó a todo Judá, sin excepción, y se apoderó de las piedras y de la madera que Basa empleaba en las fortificaciones de Rama, y el rey Asa se sirvió de ellas para fortificar a Gueba de Benjamín y Misfa. 23 El resto de los hechos de Asa, todas sus hazañas, cuanto hizo, las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Judá? Al tiempo de su vejez estuvo enfermo de los pies. 24 Durmióse Asa con sus padres y fue sepultado con ellos en la ciudad de David, su padre. Le sucedió Josafat, su hijo.

Entre Asa y el rey de Israel, Basa (909-886), hubo lucha durante toda su vida. El rey de Israel subió contra el de Judá, fortificando la ciudad de Rama. Abiam había ocupado Betel, Jesana y Efrón con sus dependencias (2 Crón 13:19), que Basa reconquistó y rebasó, presentándose con su ejército a nueve kilómetros al norte de • capital del reino de Judá. Viéndose Asa en grave aprieto, se desembarazó de su enemigo aliándose con Ben Hadad, rey de Siria, a Quien hizo entrega de todo el oro que se había reunido (ν.16) en templo y en el tesoro real después del tributo pagado a Sesac vM.26; 15:15). Ben Hadad era hijo de Tabrimón (Rimmón es bueno).
El nombre de Jezyón acaso debe cambiarse por Rezón (11:23), fun dador del reino de Damasco, Ben Hadad siguió la recomendado" de Asa, atacando a Israel y apoderándose de la totalidad de la tierra de Neftalí (Jos 19:32-39), incluyendo la llanura occidental del lag'o de Genesaret (Jos 19:47). Cayeron en su poder Dan (12:29-30·Jos 19:47), Abel-Bet-Maaca (2 Sam 20:14-18) y el Kinneroth, la llanura junto al lago de Genesaret. Política funesta la de Asa, que dando prueba de poca confianza en Dios, facilitó la entrada en Palestina a los reyes y pueblos vecinos, ávidos de encontrar un resquicio por donde infiltrarse en territorio de Canaán. Al tener noticia Basa de la penetración en su territorio septentrional de las tropas de Ben Hadad, abandonó Rama y se dirigió hacia el norte. Quiso prevenir Asa otro ataque por el norte fortificando las ciudades de Gueba de Benjamín (1 Sam 13:15; 14:16) y Misfa (1 Sam 7:5-7). En 2 Crón 14:8-14 se narra la acción de Zerac, cusita, contra Judá. Asa los persiguió hasta Guerar (en la región de Gaza, Gen 10:19; 20:1), siendo destruidos por "Yahvé y su ejército." En su vejez, Asa estuvo enfermo de los pies, confiando más en los médicos que en Dios (2 Crón 16:11-14). Reinó durante los años 911-870. Conservó los lugares altos en los que se rendía culto a Yahvé.
Reinado de Nadab y Basa (15:25-34)
25 Nadab, hijo de Jeroboam, reinó sobre Israel; comenzó a reinar el segundo año de Asa, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel. 26 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé y marchó por el camino de su padre, dándose a todas las abominaciones que su padre había hecho cometer a Israel. 27 Basa, hijo de Ajías, de la casa de Isacar, conspiró contra él y le mató en Guibetón, que pertenecía a los filisteos, mientras Nadab y todo Israel asediaba a Guibetón. 28 Le mató el año tercero de Asa, rey de Judá, y reinó en lugar suyo. 29 Cuando reinó, destruyó toda la casa de Jeroboam, sin dejar escapar a nadie, matando a cuanto respiraba, según la palabra que Yahvé había dicho por medio de Ajías, de Silo, su siervo, 30 por los pecados que Jeroboam había cometido y los que había hecho cometer a Israel, irritando así a Yahvé, Dios de Israel. 31 El resto de los hechos de Nadab, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? (32 Hubo guerra entre Asa y Basa todos los días de su vida.) 33 El año tercero de Asa, rey de Judá, reinó sobre todo Israel, en Tirsa, Basa, hijo de Ajías. Reinó veinticuatro años. 34 Hizo lo malo a los ojos de Yahvé y marchó por el camino de Jeroboam, dándose a los pecados que Jeroboam había hecho cometer a Israel.

A Jeroboam sucedió su hijo Nadab, reinando durante los años 910-909. Fue malo como su padre. Mientras sitiaba la ciudad danita de Guibetón (Jos 19:44; 21:23), en el actual Tell-el-Melat, a cinco kilómetros al este de Acarón (Géographie II 333) cayo asesinado por Basa, de la tribu de Isacar, que ocupó el trono de Israel los años 909-886. Fue Basa el instrumento de que se valió Dios para realizar el mensaje de Ajías (14:10-11). Fue Basa un hombre impío, "marchando por el camino de Jeroboam," cruel, quitando de en medio a todos los descendientes de Jeroboam a fin de deshacerse de todos los presuntos rivales que le podrían disputar el trono. Reinó en Tirsa (14:17)·
El profeta Jehú (16:1-7)
1 Recibió Jehú, hijo de Janani, palabra de Yahvé contra Basa, diciendo: 2 "Yo te he levantado del polvo y te hice jefe de mi pueblo, Israel; mas por haber tú marchado por el camino de Jeroboam y haber hecho pecar a mi pueblo, Israel, irritándome con sus pecados, 3 voy yo a barrer a Basa y a su casa, y haré tu casa semejante a la de Jeroboam, hijo de Nadab. 4 El que de la casa de Basa muera en la ciudad será devorado por los perros, y el que de los suyos muera en el campo será comido por las aves del cielo." 5 Él resto de los hechos de Basa, cuanto hizo, sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? 6 Basa se durmió con sus padres y fue sepultado en Tirsa. Le sucedió Ela, su hijo. 7 La palabra de Yahvé había sido dirigida por medio del profeta Jehú, hijo de Janani, contra Basa y contra su casa, no sólo por todo el mal que él había hecho a los ojos de Yahvé, irritándole con la obra de sus manos y haciéndose semejante a la casa de Jeroboam, sino también por haber destruido a la casa de Jeroboam.

El oráculo de Jehú es parecido al de Ajías (14:7-11). El mismo profeta apostrofó más tarde a Josafat (2 Crón 19:2-3; 20:34), en cuyo último lugar se cita "la historia de Jehú, hijo de Janani, que fue inserta en el libro de los reyes de Israel." Basa no pertenecía a la familia real. Jehú le acusa de impiedad y de haber destruido la casa de Jeroboam. Aunque esta acción entraba en los planes de la Providencia, sin embargo, parece que Basa se ensañó y procedió con mala intención. Es muy posible (Garofalo) que el v.7 sea una adición posterior.
Reinados de Ela, Zimri y Omri (16:8-28)
8 El año veintiséis de Asa, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Tirsa, Ela, hijo de Basa, y reinó dos años. 9 Conspiró contra él Zimri, su siervo, jefe de la mitad de los carros. Estaba Ela en Tirsa comiendo y embriagándose en casa de Arsa, su mayordomo en Tirsa; 10 y entró Zimri y le hirió, matándole, el año veintisiete de Asa, rey de Judá, y reinó en su lugar. 11 Hecho rey, una vez que se sentó sobre el trono, 12 destruyó a toda la casa de Basa, sin dejar que escapara nadie de cuantos le pertenecían, ni pariente ni amigo. Destruyó Zimri toda la casa de Basa, según la palabra que Yahvé había dicho contra Basa por medio de Jehú, profeta, 13 por todos los pecados que Basa y Ela, su hijo, habían cometido y habían hecho cometer a Israel, irritando con sus ídolos a Yahvé, Dios de Israel. 14 El resto de los hechos de Ela, cuanto hizo, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? 15 El año veintisiete de Asa, rey de Judá, reinó siete días Zimri en Tirsa. 16 Estaba el pueblo acampado contra Guibetón, que pertenecía a los filisteos, y supo la noticia: "Zimri ha conspirado contra el rey, y aun le ha dado muerte"; y aquel mismo día todo Israel alzó en el campamento por rey a Omri, jefe del ejército. 17 Ornri, y con él todo Israel, subieron de Guibetón y pusieron cerco a Tirsa. 18 Cuando Zimri vio que era tomada la ciudad, se metió en el palacio real y puso fuego a la casa con él dentro, y así murió, 19 por los pecados que él había cometido, haciendo lo malo a los ojos de Yahvé y marchando por el camino de Jeroboam y dándose a los pecados que Jeroboam había cometido para hacer pecar a Israel. 20 El resto de los hechos de Zimri, la conspiración que tramó, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? 21 Entonces el pueblo de Israel se dividió en dos partidos; una mitad del pueblo quería hacer rey a Tibni, hijo de Guinat, y la otra mitad estaba por Omri. 22 Los partidarios de Omri vencieron a los partidarios de Tibni, hijo de Guinat, y Tibni fue muerto y reinó Omri. 23 El año treinta y uno de Asa, rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre Israel, y reinó doce años. Reinó en Tirsa seis años; 24 luego compró a Semer la montaña de Samaría por dos talentos de plata, y edificó sobre la montaña, dando a la ciudad que edificó el nombre de Samaría, del monte de Semer, el dueño del monte. 25 Omri hizo el mal a los ojos de Yahvé y obró todavía peor que los que le habían precedido. 26 Marchó por todos los caminos de Jeroboam, hijo de Nabat, y se dio a todos los pecados que Jeroboam había hecho cometer a Israel, irritando con sus ídolos a Yahvé, Dios de Israel. 27 El resto de los hechos de Omri, cuanto hizo, sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de las Crónicas de los reyes de Israel? 28 Se durmió Omri con sus padres y fue sepultado en Samaría. Le sucedió Ajab, su hijo.

Poco se cuidó Ela (886-885) de los negocios de su reino. Mientras banqueteaba en su palacio, su ejército combatía cerca de Guibetón (Jos 19:44; 21:23). Le mató Zimbri en el curso de una francachela en casa de su mayordomo, en Tirsa. Por los pecados de Basa y de Ela, exterminó Zimbri (885) "toda la casa de Basa." Reinó Zimbri una semana (2 Crón 9:31).
El ejército que acampaba cerca de Guibetón eligió por rey a Omri, jefe del ejército, que reinó durante los años 885-874. No fue reconocido rey por todo Israel, pero sus partidarios vencieron a los de su rival Tibni, que cayó asesinado. Los años del reinado de Omri parece que se computan a partir de la efímera usurpación del poder por parte de Zimbri. Omri trasladó a Samaría la capital del reino. Samaría estaba al noroeste de Naplusa, en lugar estratégico, rodeada de tierras feraces (Is 28:1)
El autor sagrado juzga severamente la conducta religiosa de Ornri; pero, por lo demás, parece que fue un gran rey. Trató de sellar una alianza estable con Fenicia, casando a su hijo Ajab con Jezabel, hija de Etbaal, con la finalidad de mantener a raya a los árameos de Damasco. Según la inscripción de Mesa (c.840), "Omri humilló por muchos años a Moab, porque el dios Kemosh (Gamos) estaba airado contra los de su tierra" (línea 5). En las inscripciones asirías, Israel es llamado mat Humri = tierra de Omri, denominación que emplea todavía Salmanasar III veinte años después de la muerte del rey de Israel (Pritchard, 280; 281; 284; 285: Bit Hu-um-ri'ia). No parece (20:34), sin embargo, que tuviera éxito en su lucha contra los árameos 2.
Ajab, rey de Israel (16:29-34)
29 Ajab, hijo de Omri, comenzó a reinar en Israel el año treinta y ocho de Asa, rey de Judá, 30 y reinó sobre Israel en Samaría veintidós años. Ajab, hijo de Omri, hizo el mal a los ojos de Yahvé, más que todos cuantos le habían precedido; 31 y como si fuese todavía poco darse a los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, tomó por mujer a Jezabel, hija de Etbaal, rey de Sidón, y se fue tras Baal, le sirvió y se prosternó ante él. 32 Alzó a Baal un altar en la casa de Baal, que edificó en Samaría. 33 Hízose además una "a sera," haciendo más que cuantos reyes le precedieron para provocar la ira de Yahvé, Dios de Israel. 34 En su tiempo, Jiel, de Betel, reedificó a Jericó; echó los fundamentos, al precio de su primogénito, Abiram, y puso las puertas al precio de Segub, su hijo menor, según la palabra que Yahvé había dicho por medio de Josué, hijo de Nun.

Ajab subió al trono de su padre, reinando desde el año 874 hasta 853. Como hemos dicho, tomó por esposa a Jezabel, hija de Etbaal, rey de Tiro y Sidón, sumo sacerdote de Astarté. Esta unión matrimonial acarreó grandes males a Israel, que se vio inundado por una ola de paganismo, fomentado por la reina. Junto con el culto a Yahvé, Ajab sacrificó al dios fenicio Baal Melqart y a su paredra Ashera (14:15; 15:13; 18:19). En tiempos de Ajab se representaba al dios fenicio bajo el aspecto de un guerrero 3.
Al lado de su política religiosa impía, cabe señalar que en su tiempo el reino de Israel alcanzó un período de gran esplendor. Sus relaciones con Fenicia beneficiaron a Israel desde el punto de vista económico y cultural; dominó a los moabitas (Obelisco de Mesa lín.8); mantuvo relaciones amistosas con el reinó de Judá, que, en cierta manera, dependía del de Israel (22:4-45). En un principio vivió Ajab pacíficamente con el reino arameo de Damasco, iniciándose las hostilidades en los últimos años del rey.
Benadad II marchó contra Samaría (20:1ss), siendo derrotado. por segunda vez atacó Benadad a Israel, pero fue nuevamente derrotado en Afee, en la planicie de Esdrelón, en las cercanías de Endor A causa del peligro asirio que se cernía sobre los pueblos de la costa, Ajab perdonó la vida a Benadad. De estas guerras y de h intervención de Asiría se hablará más tarde.
Antes de empezar la actividad religiosa de Elías, recuerda el autor sagrado el hecho de que Jiel, de Betel, reedificó a Jericó. Cabe suponer que Jiel emprendió la obra por indicación del monarca, no pudiendo precisarse si levantó parte de la ciudad o si le encomendó solamente la erección de un palacio para el gobernador. Josué tomó la ciudad, en cuya ocasión lanzó una maldición (Jos 6:26). Diversamente es interpretado el texto referente a la obra de Jiel. Ningún israelita atrevióse a reedificar la ciudad de Jericó a causa de la maldición de Josué; pero Ajab y su comisionado Jiel, poco o nada religiosos, prescindieron de aquel juramento y pusieron manos a la obra, que edificaron conforme al rito cananeo, que exigía el sacrificio de un niño al poner la primera piedra y de otro al colocar las puertas. Con esta costumbre bárbara querían ahuyentar a algún demonio peligroso o poner la casa bajo la protección de la divinidad. Hasta el momento, la arqueología no ha aportado pruebas fehacientes sobre los sacrificios de fundación en uso entre los cananeos, pero existen indicios de que se practicaban. En este sentido se interpretan los hallazgos de cadáveres de niños en los fundamentos de casas de Tanac, Guezer, Megiddo. Pero la costumbre de los sacrificios humanos y de fundación era netamente cananea (Lev 18:21; 20:2; Deut 12:31; 2 Re 16:3; 23:10; Jer 7:31).

1 R. De Vaux, Le Schisme réligieux de Jeroboam I; "Angelicum," 20 (1943) 77-91.
1 Recientemente, W. F. Albright, apoyándose sobre gran cantidad de iconografía casona framea hitita y sumerio-acádica, ha sugerido que el becerro consistía en un pedestal sobre el cual descansaba la presencia invisible de Yahvé, a la manera como hacía sobre los rubines del arca de la alianza (Rolla, La Bibbia di fronte a la ultime scoperte [Roma 1959] 221).
2 R. De Vaux-a. M. Steve, Lesfouilles a Tell el Farah: RB 54 (1947) 394-4331 55 (1948) S44-580; 56 (1949) 102-138; 58 (1951) 393-430; 566-59; 59 (1952) 551-583; 62 (1955) 541 589; 64 (1957) 552-58.
3 L. H. Vincent, La notion biblique du Haut-lieu: RB 55 (1948) 245-278; J. goitia, La torre de Babel; valor simbólico de la narración de Gen 11:1-9: "Verdad y Vida," 17 (1959) 402-418.
4 De Vaux, Israel: DBS 748. Una reproducción de la inscripción de Sheshonq se halla en B. Van De Walle, Inscriptions: DBS 472-476.
5 M. Noth, Die Wege der Pharaonnenheere in Paladina und Syrien: IV, Por chenkliste: "Zeitschrift des Deutschen Palástina-Vereins," 61 (1938) 277-304,
1 La ciudad ha sido explorada arqueológicamente por la Universidad de Harvard durante los años 1908-1910 (J. W. Jack, Samaría in Ahab's Time. Harvard Excavations ana their Results [Edimburgo 1929]; A. Alt, Der Stadstaat Samaría [Berlín 1954])· Más tarde, en 1931-1935, los sondeos arqueológicos de J. W. Crowfoot descubrieron la obra de Omri (J. W. Crowfoot-k. Kenyon-l. Sukenik, The Buildings at Samaría Londres I942 . A. Parrot, Samarte: "Cahiers d'archéologie biblique," 7 [París-Neuchátel 1955l)· En loe. arrot, amare: "aers arcooge que," 7 ars-euce documentos asirlos llámase a la ciudad Samartna, parecido al término arameo conservado en Esdr 4:10.17. Sobre las ruinas de la ciudad de Omri edificó más tarde Gerodotes nero Grande una magnífica villa, que llamó Sebaste, nombre que sobrevive en la actual Se-o
2 Ponhl Historia 53-57; De Vaux, Israel: DBS 749.
3 K. Dussaud, Melqart: "Syria," 25 (1946-1948) 205-230; Ídem, Melqart d'aprés de rete travaux: "Revue d'Histoire des Religions," 151 (1957) 1-21; H. Seyrig, Heracles, Melh Nergal: "Syria," 24 (1944-1945) 69-71.
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