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II Samuel
1. David en Hebron (c.1-4)
El anuncio de un amalecita (1:1-10)
1 Después de la muerte de Saúl, cuando hacía dos días que David, victorioso de los amalecitas, estaba en Siceleg, 2 llegó el tercer día al campamento un hombre que venía del campo de Saúl, desgarrados los vestidos y cubierta la cabeza de polvo. Guando estuvo cerca de David, se echó a tierra, prosternándose, 3 y David le preguntó: "¿De dónde vienes?" El respondió: "Vengo huido del campamento de Israel." 4 David preguntó: "¿Qué ha sucedido? Guéntamelo." El respondió: "El pueblo huyó de la batalla y gran número de hombres han caído. Saúl mismo y Jonatán, su hijo, han sido muertos." 5 David dijo al joven que le daba estas noticias: "¿Y cómo sabes tú que han muerto Saúl y su hijo Jonatán?" 6 El joven que le daba las noticias respondió: "Yo me hallaba por casualidad en el monte Gelboé, y vi a Saúl apoyado sobre su lanza, mientras se acercaban a él carros y caballeros, que estaban ya para alcanzarle; 7 y volviéndose, me vio y me llamó. Yo respondí: "Aquí me tienes." 8 Me dijo: "¿Quién eres tú?" Yo le respondí: "Soy un amalecita." 9 Y él me dijo: "Acércate a mí y mátame, porque me siento presa de una angustia, mientras todavía tengo en mí toda la vida." 10 Yo me acerqué a él y le maté, pues sabía muy bien que no sobreviviría a su derrota; y tomando la diadema que llevaba en la cabeza y el brazalete que tenía en su brazo, se los he traído aquí a mi señor."

Dos días hacía que David había regresado de sus incursiones contra los amalecitas (1 Sam 30:1-26). Al preguntar David al mensajero de dónde venía, respondió que había huido del campamento de Israel. Acto seguido, y a instancias de David, el fugitivo comenzó a referir algunos detalles de la batalla, ajustándose a los hechos algunas veces, dramatizando otras e inventando lo que, a su entender, realzaría su prestigio ante David. De su relación se deduce que los arqueros montaban caballos y carros de combate (1 Sam 13:5). Su relato confirma el texto hebraico de 1 Sam 31:3; según el cual temió Saúl caer vivo en manos del enemigo, decidiendo suicidarse. Pero, todavía con vida, corrió a él el amalecita, que le asestó el golpe de gracia y arrebató la diadema de su cabeza y el brazalete antes de que se apoderaran de ellos los filisteos. Quizá no intervino el amalecita en el combate, siendo un vulgar salteador que aprovechó la oscuridad de la noche para saquear el campamento. Si llevó a David las insignias reales de Saúl, fue para conseguir de él un premio de mucho más valor. Para explicar las diferencias entre la relación del amalecita y el texto de 1 Sam 31:1-10, admiten algunos que nuestro relato representa una tradición distinta de la del capítulo anterior. Según Dhorme, en esta sección se ha querido hacer menos odiosa la muerte de Saúl, quitándole los caracteres de suicidio. Esta misma tradición, añade De Vaux, no es homogénea: según una forma, un soldado anuncia la muerte de Saúl y de Jonatán; David y su pueblo hicieron duelo (v.1-4. 11-12). Según otra, un joven amalecita se gloría de haber dado muerte a Saúl, llevando consigo las insignias reales en espera de una recompensa; David dio orden de que lo matasen (v.5-10.13-16).
Muerte del amalecita (1:11-16)
11 David, tomando sus vestiduras, las rasgó, y también todos los hombres que con él estaban, 12 Hicieron duelo, llorando y ayunando hasta la tarde, por Saúl, por su hijo Jonatán y por el pueblo de Yahvé, que habían caído a la espada, l3 David dijo al joven que le había traído las noticias: "¿De dónde eres tú?" El respondió: "Soy hijo de un extranjero, de un amalecita." 14 Y David le dijo: "¿Y cómo te atreviste a tender tu mano para dar muerte al ungido de Yahvé?" 15 Y llamando a uno de los suyos, le dijo: "Échate sobre él y mátale." El hombre hirió al amalecita, que murió. 16 David dijo: "Caiga tu sangre sobre tu cabeza. Tu misma boca ha atestiguado contra ti al decir: Yo he dado la muerte al ungido de Yahvé."

David y los que le rodeaban lloraron la muerte de Saúl y de sus hijos, ayunando hasta la tarde (2 Sam 3:35). No puede tolerar David que un meteco, un guer que habita en medio de Israel, haya osado alzar sus manos contra el ungido del Señor y contra el que era su legítimo soberano. Por el testimonio de su propia boca es condenado a muerte; de ahí que su sangre no clamará venganza contra David, por ser justa su muerte (1 Re 2:32). Con la muerte del amalecita y las muestras de dolor por los caídos comprendió Israel que no tuvo David parte en la muerte de Saúl y de que honraba y respetaba su autoridad.
Elegía de David por Saúl y Jonatán (1:17-27)
17 David cantó una elegía por Saúl y Jonatán, su hijo, 18 Está escrita en el libro del Justo, para que la aprendan los niños de Judá: 19"Tu gloria, Israel, ha perecido en tus montes. ¿Cómo cayeron los héroes? 20 No lo propaléis en Gat, no lo publiquéis por las calles de Ascalón; que no se regocijen las hijas de los filisteos V no salten de júbilo las hijas de los incircuncisost 21 ¡Montes de Gelboé! No caiga sobre vosotros ni rocío ni lluvi ni seáis campos de primicias, porque allí fue abatido el escudo de los héroes, el escudo de Saúl, como si no fuera ungido con el óleo. 22 De la sangre de los muertos, de la grasa de los valientes, el arco de Jonatán no se hartaba nunca, la espada de Saúl no se blandía en vano. 23 Saúl y Jonatán, amados y queridos, inseparables en vida, tampoco se separaron en la muerte, más ágiles que las águilas, más fuertes que los leones.24 Hijas de Israel, llorad por Saúl, que os vestía de lino fino y adornaba de oro vuestros vestidos. 25 ¿Cómo han caído los héroes en medio de la batalla? ¿Cómo fue traspasado Jonatán en las alturas? 26 Angustiado estoy por ti, ¡oh Jonatán, hermano mío! Me eras carísimo, y tu amor era para mí dulcísimo, más que el amor de las mujeres. 27¿Cómo han caído los héroes? ¿Cómo han perecido las armas del combate?"

A las muestras externas rituales de duelo y al ejemplar castigo del mensajero amalecita se añaden las notas emocionantes de una elegía, considerada como la mejor de toda la literatura viejotesta-mentaria, en donde David pone de manifiesto su admiración sincera por Saúl y los lazos de amistad que le unían a Jonatán. La composición corresponde al género elegiaco, que en hebreo se llama qinah, canto fúnebre en honor de un muerto (Jer 7:29; 9:9; Am 8:10). Aunque el nombre de Yahvé no aparezca en toda la composición, sin embargo, el lector tiene el convencimiento de que todas las palabras salen de un alma profundamente religiosa.
A la elegía precede el v.18, considerado como una cruz para los intérpretes. La traducción del texto actual hebraico es la siguiente: "Y (ordenó) que se enseñara a los hijos de Judá, Arco. He aquí que está escrita en el libro de Jasar." Muchas han sido las tentativas para interpretar rectamente el texto (Klostermann, Schulz, Dhorme, Smith). El verbo hebraico amar, decir, equivale aquí a ordenar (Neh 9:15; 2 Sam 2:26). El término hebraico qeshet, arco, no figuraba en el texto original; del margen, donde lo escribió un amanuense, penetró dentro del texto. No se lee en el códice Β de los LXX. El libro de Jasar lo vimos citado en Jos 10:13. Era una especie de antología de cantos nacionales y de carácter guerrero, muy divulgada entre el pueblo.
Empieza David diciendo que Israel llora la desaparición en los montes de Gelboé de dos personajes que constituían la flor y nata de la nación. En forma de estribillo, repite constantemente: "¿Cómo cayeron los héroes?" (v.25:27; 1 Mac 9:21). Acordándose de los cantos y danzas de las jóvenes israelitas por su victoria sobre Goliat (1 Sam 18:6-9), el pensamiento de David corre hacia las grandes ciudades de los filisteos y se imagina los transportes de aleguna de las hijas de los incircuncisos vitoreando a los vencedores de Saúl y de Jonatán. Este pensamiento le conduce a apostrofar a los montes que recogieron la sangre de los héroes, deseando para ellos el castigo que merecen. El texto hebraico añade: "ni campos de primicias." Otros leen: haré tarmuth, montañas pérfidas, malvadas (Smith); montañas de muerte (Ubach), etc. Estos montes presenciaron la manera como fue abatido allí el escudo de los héroes después de una vigorosa resistencia. ¿Por ventura no fue ungido Saúl con óleo, y, por consiguiente, no era sagrado? Puede la frase entenderse en el sentido material de que el escudo de Saúl no será en adelante engrasado, aludiendo a la costumbre de engrasar los escudos de cuero a fin de que no se agrietasen.
David sube a Hebrón (2:1-7)
1 Después de esto, consultó David a Yahvé, diciendo: "¿He de subir a alguna de las ciudades de Judá?" Y Yahvé respondió: "Sube." Preguntó David: "¿A cuál de ellas subiré?" Y Yahvé respondió: "A Hebrón." 2 Subió, pues, allá David con sus dos mujeres, Ajinoam de Jezrael y Abigaíl del Carmel, mujer de Nabal. 3 Hizo también que subieran los que estaban con él, cada uno con su familia, y habitaron en las ciudades de Hebrón. 4 Vinieron los hombres de Judá y ungieron allí a David rey de la casa de Judá. Supo David que las gentes de Jabes Galaad habían dado sepultura a Saúl; 5 y David envió mensajeros a los hombres de Jabes Galaad que les dijeran: "Benditos seáis de Yahvé por la misericordia que habéis hecho con vuestro señor Saúl dándole sepultura. 6 Que haga Yahvé con vosotros misericordia y verdad. Yo también os pagaré con favores lo que habéis hecho. 7 Fortaleced vuestras manos y tened valor, pues que, muerto Saúl, los hombres de Judá me han ungido por rey suyo."

Con sus familiares y legionarios subió David a tierras de Judá, fijando su residencia en los pueblos en torno a Hebrón. Aquellas gentes le querían y le odiaban al mismo tiempo. Por una parte pudieron comprobar su magnanimidad para con Saúl y su moderación al frente de los legionarios. Perteneciente a la tribu de Judá, gozaba de las simpatías de sus hermanos de sangre. Con los principales clanes de la región entró en contacto por medio de sus mujeres. Acabó por ganar a su causa a las gentes del país su campaña contra las tribus nómadas del sur, que amenazaban su seguridad (1 Sam 27:10-12; 30:26-31) y la galantería de enviar parte del botín cogido al enemigo a los ancianos de aquellos pueblos (1 Sam 30:26-31). Por otra parte, la presencia de un grupo de hombres, muchos de ellos con tipo y hechos de bandolero, no podía halagar a los pueblos, que debían proveer a su manutención, por no alcanzarles las requisas y expolios periódicos en las regiones enemigas de los alrededores. Pero la figura relevante de David servía de contrapeso.
Los ancianos de Judá fueron a Hebrón para ungirle rey de la casa de Judá. No quiere decir el texto que nada sabía David de su unción por parte de Samuel (1 Sam 16:1-13), pero esta unción y designación divinas debían ser rubricadas, como fue el caso de Saúl, por la voluntad popular. La unción de que se habla en nuestro texto es más bien modesta, alcanzando su reinado a la tribu de Judá, en contraposición a la de 5:3, en que los ancianos de Israel le ungirán por rey sobre las restantes. Al sur de Jerusalén pasaba la línea fronteriza septentrional de la tribu de Judá (Jos 15:6-9). Desde el primer momento trata David de captarse el favor de todo Israel dando la impresión de que es el primero en lamentar la pérdida de Saúl. Al conocer el gesto de los de Jabes Galaad, mandó allí unos mensajeros con el encargo de felicitarles por su acción prometiéndoles al mismo tiempo una gratificación. Aprovecha esta ocasión para notificarles que los hombres de Judá le han ungido por rey suyo, invitándoles, implícitamente, a alinearse a su lado. Pero los de Jabes, unidos con los benjaminitas por lazos de sangre Que 21:12-14) y agradecidos a Saúl (1 Sam 11:1-11), no podían tan pronto situarse en la órbita del nuevo rey.
Intrigas de Abner (2:8-11)
8 Pero Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Saúl, tomó a Isbaal, hijo de Saúl, y, llevándole a Majanaím, 9 le alzó por rey de Galaad, de Aser, de Jezrael, de Efraím, de Benjamín y de todo Israel. 10 Cuarenta años tenía Isbaal, hijo de Saúl, cuando comenzó a reinar en Israel, y reinó dos años. Sólo la casa de Judá seguía a David. 11 El tiempo que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá fue de siete años y seis meses.

Era Abner general del ejército de Saúl (1 Sam 14:50; 17:55; 20:25), primo hermano del rey, por ser ambos hijos de Quis y de Ner respectivamente, que lo eran a su vez de Abiel. Era natural que Abner defendiera la causa de su casa y entronizara rápidamente al único hijo que quedaba de Saúl, llamado Isbaal, que significa "hombre de Baal." Para expresar su aversión a este dios cananeo, los escribas sustituyeron este nombre por boset, que significa "abominación, vergüenza." Se le llama Isbaal en 1 Crón 8:33. Quizá a causa de su poca edad o por enfermedad, no tomó parte Isbaal en los combates de Gelboé, en donde murieron su padre y sus hermanos. Isbaal fue llevado a Majanaím, ciudad de TransJordania, unida estrechamente a la vida de Jacob (Gen 32:2-23), y cuyo emplazamiento se discute 1. Allí fue proclamado Isbaal rey de Israel unos años después de la muerte de su padre, quizá como reacción al reinado de David sobre Judá, tratando de contrarrestar su prestigio, siempre en aumento. Bajo el dominio de Isbaal pasó el territorio de Galaad, el correspondiente a la tribu de Aser Que 1:31), la llanura de Jezrael (1 Sam 29:1-11), el territorio de Efraím (1 Sam 1:11 9:4) y la tribu de Benjamín, de la cual procedía Saúl (1 Sam 9:21).
Cabe desconfiar de las cifras tocantes a la edad de Isbaal y a los años de su remado (4:5; 5:4-5); el primer número parece exagerado; 1 segundo, demasiado bajo. Pero debemos tener en cuenta lo dicho acerca del tiempo en que Abner entronizó a Isbaal, que fue, al parecer, unos años después de la muerte de Saúl. El autor pone de relieve la diferencia territorial entre ambos reinos.
La batalla de Gabaón (2:12-32)
12 Abner, hijo de Ner, y los seguidores de Isbaal, hijo de Saúl, salieron de Majanaím para Gabaón. 13 Joab, hijo de Sarvia, y los seguidores de David se pusieron en marcha. Encontráronse cerca del estanque de Gabaón y acamparon los unos de un lado del estanque, los otros del otro, 14 Abner dijo a Joab: "Salgan unos cuantos jóvenes y combatan a nuestra vista." Joab respondió: "Que salgan." 15 Y salieron, avanzando en igual número, doce de Benjamín, por Isbaal, hijo de Saúl, y doce de los seguidores de David; 16 y cogiendo cada uno a su adversario por la cabeza, le hundió la espada en el costado y cayeron todos a una, llamándose por eso aquel lugar Campo de las Rocas, que está en Gabaón. 17 Hubo aquel día muy recia batalla, y Abner y los hombres de Israel fueron vencidos por los seguidores de David. 18 Estaban allí los tres hijos de Sarvia: Joab, Abisaí y Azael. Azael era ligero de pies, como un corzo de los campos, 19 y persiguió a Abner, sin apartarse de en pos de él ni a la derecha ni a la izquierda. 20 Abner miró detrás de sí y le dijo: "¿Eres tú, Azael?" El respondió: "Yo soy." 21 Y Abner le dijo: "Apártate o a la derecha o a la izquierda, coge a uno de esos mozos y toma sus despojos." Pero Azael no quiso apartarse de él, 22 y Abner dijo entonces a Azael: "Apártate de en pos de mí o te derribo en tierra, y ¿cómo podría yo levantar mis ojos delante de Joab, tu hermano?" 23 Pero Azael rehusó retirarse, y Abner le hirió entonces, sin volverse, con la lanza en el abdomen, saliéndole la lanza por detrás, y allí cayó y murió. Todos, al llegar al lugar donde había caído Azael, se detenían. 24 Joab y Abisaí persiguieron a Abner, llegando, al ponerse del sol, a la colina de Amma, que está frente a Guiaj, del lado del desierto de Gabaón. 25 Los hijos de Benjamín se reunieron detrás de Abner en apretado haz y se apostaron en lo alto de la colina; 26 y Abner, llamando a Joab, le dijo a voces: "¿Hasta cuándo no dejará de devorar la espada? ¿No sabes que al fin viene la desesperación? ¿A cuándo esperas para decir a los tuyos que dejen de perseguir a sus hermanos?" 27 Y Joab respondió: "Por Dios vivo que, si no hubieras hablado tú, el pueblo no habría dejado de perseguir a sus hermanos hasta mañana." 28 Y Joab hizo sonar la trompeta, y el pueblo se detuvo, y no persiguieron ya a Israel, cesando el combate. 29 Abner y sus gentes, después de marchar toda la noche por el Araba, pasaron el Jordán, cruzaron todo el Bitrón y llegaron a Majanaím. 30 joab, cesando en la persecución de Abner, reunió a todo el pueblo. Faltaban de los servidores de David diecinueve hombres y Azael. 31 Los seguidores de David habían herido de muerte a trescientos sesenta hombres de los de Benjamín, de los de Abner. 32 Lievarón a Azael y le sepultaron en el sepulcro de su padre en Belén. Joab y sus hombres marcharon toda la noche y llegaron a Hebrón al despuntar el día.

Por vez primera, los dos reinos entraban en colisión; los jefes del estado mayor del ejército de Israel y de Judá eran, respectivamente, Abner y Joab. Era este último hijo de Sarvia, hermana de David (1 Crón 2:16; 1 Sam 26:6), generalísimo del ejército de David, con gran influencia en la corte, de la que no pocas veces fue víctima el propio rey. Salió Abner de Majanaím y pasó el Jordán, acampando en el poblado de Gabaón, el actual El-Gib, a unos nueve kilómetros al norte de Jerusalén y en el límite meridional de la tribu de Benjamín. Quizá fue éste un intento de someter a la tribu de Judá, que permanecía fiel a David, o un despliegue y alarde de fuerzas para atemorizar a éste. A uno y otro lado de un estanque que había en Gabaón se situaron los dos ejércitos, prontos a batirse. Se convino en que combatieran doce jóvenes — o guerreros escogidos — de cada parte; la lucha fue salvaje, cayendo todos a una, atravesados de parte a parte por la espada del enemigo de enfrente. En Gabaón hay un sitio que, en recuerdo de este hecho, se llama helqath assurim, campo de las piedras. Algunos proponen las lecciones helqath hassidim, campo de los centinelas; helqath hassarim, campo de los adversarios (Leimbach, Schulz) o helqath hassiddim, campo de los costados (Dhorme). Todos estos cambios se basan en simples conjeturas 2.
A la lucha de los jóvenes siguió el combate general — a no ser que el texto siguiente se refiera a un episodio distinto —, inclinándose la lucha de parte de David.
Los tres hijos de Sarvia estaban presentes. Azael, que era ligero de pies, persiguió a Abner. Temía éste que, al derribar a Azael, su hermano, Joab, se convirtiera en el goel de sangre, con derecho a matarle para vengar su muerte (3:27). Azael, en contra de la voluntad de Abner, cayó muerto en el suelo. Se desconoce el emplazamiento de la colina de Amma. Según Fernández (Problemas 107), más bien cabe hablar de desierto de Gaba en vez de desierto de Gabaón.
A las reflexiones de Abner sobre la conveniencia de continuar la lucha responde Joab tocando a retirada. El combate sólo podía conducir a ahondar más las diferencias entre uno y otro reino; o también: sucede que, al encontrarse un pueblo en el paroxismo de la desesperación, es capaz de reaccionar de manera desfavorable para el vencedor. Abner y sus hombres descendieron a la depresión jordánica, remontando el curso del río durante toda la noche; atravesaron el Jordán, siguiendo por la cuenca o desfiladero (bitrón) del Yaboc hasta llegar a Majanaím. Joab y los suyos regresaron a. Hebrón, haciendo un alto en Belén para dar sepultura al cadáver de Azael.
La familia de David (3:1-5)
1 Fue larga la guerra entre la casa de David y la casa de Saúl; pero David iba fortaleciéndose cada vez más, y la casa de Saúl cada vez más debilitándose. 2 En Hebrón naciéronle hijos a David: su primogénito fue Amnón, hijo de Ajinoam de Jez-rael; 3 el segundo, Dodiya, de Abigaíl del Carmel, mujer de Nabal; el tercero, Absalón, hijo de Maaca, hija de Talmai, rey de Guesur; 4 el cuarto, Adonías, hijo de Agit; el quinto, Safatía, hijo de Abital; 5 el sexto, Jetram, de Egla, mujer de David. Estos son los hijos que nacieron a David en Hebrón.

La rivalidad entre los partidarios de David y de Isbaal iba en aumento; pero, mientras aquél se afianzaba más y más, la casa de Saúl se debilitaba por momentos. El poderío de David se manifestaba en primer lugar por la descendencia numerosa que le concedía Dios de su nutrido harén. En Hebrón naciéronle hijos de las distintas mujeres que tenía. Su primogénito fue Amnón (13:1-22), hijo de Ajinoam (2:2); de Abigaíl tuvo a Kiliab, al que llaman Doluia las versiones de Aquila, Símmaco y Teodoción, y Daniel el autor de 1 Crón 3:1. Se menciona a Jetram en 1 Crón 3:3.
Ruptura de Abner con Isbaal (3:6-12)
6 Durante la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, era Abner el que tenía fuerte por la casa de Saúl. 7 Había tenido Saúl una concubina, de nombre Resfa, hija de Aya; e Isbaal dijo a Abner: "¿Por qué has entrado en la concubina de mi padre ?" 8 Abner, muy irritado por lo que le decía Isbaal, respondió: "¿Soy yo acaso hoy una cabeza de perro? Hasta hoy he favorecido yo a la casa de Saúl, tu padre, y a sus hermanos y amigos, y no te he puesto en las manos de David, ¿y tú me recriminas hoy por causa de esa mujer? 9 Así haga Dios a Abner y así le añada si no hago yo con David conforme a lo que le ha jurado Yahvé, 10 que quitaría el reino a la casa de Saúl y confirmaría el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Berseba." 11 No pudo Isbaal responder a Abner palabra, porque le temía. 12 Envió, pues, Abner mensajeros de su parte a David para que le dijeran: "Haz alianza conmigo, y mi mano te ayudará a traer a ti a todo Israel."

Isbaal convirtióse en juguete del generalísimo de su ejército, Tuvo éste la osadía de violar el harén reservado al rey, que se heredaba lo mismo que la corona real (12:8; 16:21). Pudo ser que Abner se acercara a Resfa (21:8ss) a efectos de un movimiento pasional; Pero cabe suponer que, habiendo sido esposa de Saúl y formando parte del harén real, entró Abner en relaciones con ella en vistas a desprestigiar al rey y suplantarle (1 Re 2:13-22). Al llamar-le Isbaal la atención, reaccionó Abner de manera violenta. A las palabras añade, con juramento (1 Sam 3:17; 14:47), que secundará la causa de David, llevándole al trono de Israel, desde Dan hasta Bersebá Que 20:1; 1 Sam 3:20), tal como le fue prometido (5:2; 1 Sam 15:28; 25:30).
Abner al habla con David (3:13-21)
13 David respondió: "Está bien, yo haré alianza contigo; pero te pido una cosa: que no vengas a verme sin traer contigo a Micol, la hija de Saúl, cuando vengas a verme." 14 Después de esto mandó David mensajeros a Isbaal, hijo de Saúl, que le dijeran: "Devuélveme mi mujer, Micol, que adquirí a costa de cien prepucios de filisteos." 15 Mandó Isbaal a quitársela a su marido Paltiel, hijo de Lais, y 16 el marido se fue tras ella, siguiéndola y llorando hasta Bajurim. Abner le dijo: "Anda y vuélvete"; y él entonces se volvió. 17 Habló Abner a los ancianos de Israel' diciendo: "No es de ayer vuestro deseo de que David reinase sobre vosotros; 18 cumplidlo, pues, ahora, pues que Yahvé ha hablado a David, diciendo: Por mano de mi siervo David libraré yo a mi pueblo Israel de la mano de los filisteos y de la mano de todos sus enemigos." 19 Habló también Abner a los hijos de Benjamín, y fue luego a Hebrón a comunicar a David la disposición en que estaba Israel y toda la casa de Benjamín. 20 Vino, pues, Abner a David, a Hebrón, con veinte hombres, y David dio un banquete a Abner y a los que con él habían venido. 21 Y Abner dijo a David: "Voy a levantarme, y partiré para reunir a todo Israel y traerle a mi señor el rey. Ellos harán alianza contigo y tú reinarás como deseas." David despidió luego a Abner, y éste se fue en paz.

David recibió satisfactoriamente las propuestas de reconciliación de parte de Abner; únicamente exigióle la devolución de Micol, la esposa que adquirió con cien prepucios de los filisteos (1 Sam 18:2555). Teniéndola consigo podía presentarse ante las tribus de Israel como yerno de Saúl y continuador de su casa. Comprendió Isbaal el alcance de la petición que David le hacía, pero no le era posible romper abiertamente con Abner, sino más bien contemporizar con él y salvar de esta manera, si no el trono, al menos la vida. Micol fue arrebatada a Paltiel, quien sintió en el alma el alejamiento de su mujer, siguiéndola entre sollozos hasta Bajurim (Ras et-Tmim, al este del monte Olívete).
Abner habló a los ancianos de Israel en favor de David, mencionando un oráculo que no figura en la Biblia. Acaso cite Abner de memoria y ad sensum las promesas que Dios hizo a David a través de Samuel. La más difícil de ganar era la tribu de Benjamín, ligada a la casa de Saúl por los vínculos de sangre. La impresión fue buena, notando Abner en todos gran simpatía por David. Esta corriente favorable al nuevo rey habíase manifestado viviendo todavía Saúl (1 Sam 18:7; 16; 28) y va en aumento a medida que ven el trono de Israel ocupado por un muñeco manejado a su antojo por el jefe del ejército. Además, sentíase cada vez más la necesidad de una unión nacional.
Cae Abner bajo la espada de Joab (3:22-30)
22 Vinieron los servidores de David y Joab, de vuelta de una expedición, trayendo consigo gran botín. No estaba ya Abner con David en Hebrón; ya le había despedido David y ya se había ido él en paz; 23 pero, al llegar Joab con el ejército que mandaba, dieron aviso a Joab, diciendo: "Abner, hijo de Ner, ha venido a estar con el rey, y éste le ha despedido, y él se ha ido en paz." 24 Vino entonces Joab al rey y le dijo: "¿Cómo has hecho esto? Ha venido a estar contigo Abner; ¿por qué, pues, le has dejado irse en paz? 25 ¿No sabes tú que Abner, hijo de Ner, ha venido a engañarte y a espiarte en tus entradas y salidas y sorprender tus planes?" 26 Y en saliendo de estar con David, mandó Joab algunos tras Abner, que le trajeron desde la cisterna de Sira sin que David supiera nada. 27 Cuando Abner estuvo de vuelta en Hebrón, Joab, llevándole aparte dentro de la puerta, como para hablarle en secreto, le hirió en el vientre y le mató, en venganza de la sangre de Azael, su hermano. 28 Al saberlo David, dijo: "Inocente soy yo para siempre, yo y mi reino, delante de Yahvé, de la sangre de Abner, hijo de Ner. 29 Caiga su sangre sobre la cabeza de Joab y sobre toda la casa de su padre. Haya siempre en la casa de Joab quien padezca el flujo, leproso, quien ande con báculo, quien muera a cuchillo, quien carezca de pan." 30 Joab y Abisaí, su hermano, mataron a Abner porque éste había muerto a Azael, hermano de los dos, en la batalla de Gabaón.

La conducta de Joab puso en peligro la unificación del reino. Conocía David la ojeriza de Joab contra Abner, por lo que mandóle en acto de servicio en el momento del encuentro de Abner y David en Hebrón. Al volver al poco tiempo y enterarse de lo que había ocurrido, mandó mensajeros detrás de Abner pretextando quizá que David quería comunicarle algo nuevo. De regreso a Hebrón, Joab le llevó aparte, hiriéndole en el bajo vientre, tal como había hecho Abner con su hermano Azael (2:23). Con esta muerte había vengado Joab la sangre de Azael, que clamaba venganza; había quitado de en medio a un posible competidor y comprometido al mismo tiempo las tentativas de reconciliación entre Israel y Judá. Podían unos y otros sospechar que fue David el instigador del crimen, y perder de esta manera ante el público el concepto de rey magnánimo que se había granjeado con su conducta para con Saúl. En adelante tiende David a poner de manifiesto su inocencia, haciendo recaer sobre Joab toda la responsabilidad. Para él y su descendencia desea la blenorragia (Lev 15:2-14), la lepra (Lev 14:2), hombres afeminados (texto hebraico: "hombres que manejen la rueca"), el hambre y la muerte violenta. Por lo que respecta a Joab, a maldición se cumplió, tal como refiere 1 Re 2:3155. El ν.30 es considerado como una glosa que separa el v. 69 del 31, que le sigue lógicamente,
Elegía sobre Abner (3:31-39)
31 David dijo a Joab y a todo el pueblo que con él estab "Rasgad vuestras vestiduras, ceñios de saco y haced duelo Abner." Y el rey David iba detrás del féretro. 32 Sepultaron1 Abner en Hebrón. Y lloró el rey en alta voz sobre la turnb de Abner, y todo el pueblo lloró con él. 33 El rey cantó una elegía por Abner y dijo: "¿Ha muerto Abner la muerte del insensato? 34 No estaban atadas tus manos ni encadenados tus pies. Caíste como caen los malvados." Todo el pueblo siguió llorando a Abner, 35 y se acercaron a David para hacerle tomar algún alimento antes de que acabase el día; pero David juró: "Hágame esto Yahvé y esto me añada si como nada antes de la puesta del sol." 36 Todo el pueblo lo supo, viendo con agrado lo que hacía el rey; 37 y comprendió aquel día que no había sido obra del rey la muerte de Abner hijo de Ner. 38 El rey dijo a sus servidores: "¿No veis que ha caído hoy en Israel un gran capitán y un gran hombre ? 39 Por lo que a mí hace, yo soy todavía débil, aunque ungido, y esos hombres, los hijos de Sarvia, son más duros que yo. Que Yahvé pague al que ha hecho el mal, según su malicia."

Prescribió David un duelo nacional por el asesinato de Abner. A Joab le castigó obligándole a que rasgara también sus vestiduras, se cubriera de saco (Jer 6:26; 48:37-38) y tomara parte en el cortejo fúnebre detrás del féretro de Abner. De esta manera expiaba externamente el crimen cometido en fuerza de las leyes del goel 1.
Sobre Abner compuso David una corta elegía. Se lamenta el rey de que Abner haya muerto como un hombre vulgar, como un cobarde, por traición, y no como guerrero que cae después de haber combatido gloriosamente. Al escuchar el pueblo este canto fúnebre (1:17-27) en honor de Abner, derramó lágrimas. David, a las muestras generales de dolor, añadió el ayuno de un día (1:12; 1 Sam 31:13). Lo lógico en estas circunstancias hubiera sido condenar a la misma suerte al que se había atrevido a alzar la mano contra Abner; pero reconoce David que necesita de los servicios de Joab en los momentos en que su reino está consolidándose. Si Abner era la eminencia gris de Israel, Joab lo era de Judá.
Muerte de Isbaal (4:1-12)
1 Cuando supo Isbaal que Abner había muerto en Hebrón, se le cayeron los brazos, y todo Israel quedó consternado. 2 Estaban con el hijo de Saúl dos jefes de bandidos, uno de nombre Baña y otro de nombre Recab, hijos de Rimón de Berot, de los hijos de Benjamín, pues Berot se cuenta también como parte de Benjamín. 3 Estos berptitas habían huido de Guitaím y habían habitado allí hasta entonces. 4 Un hijo de Jonatán, hijo de Saúl, tenía cinco años; y al llegar de Jezrael la noticia de la muerte de Saúl y Jonatán, le tomo la nodriza para huir con él, y en la precipitación de la fuga le dejó caer y quedó rengo; se llamaba Mefibaal. 5 Los hijos de Rimón de Berot, Recab y Baña, vinieron durante las horas del calor 6 y entraron en la casa de Isbaal, que estaba durmiendo la siesta; la portera, limpiando trigo, se había dormido; y Recab y Baña Allegaron sin ser vistos hasta la alcoba donde Isbaal dormía, e hiriéndole, le mataron, y cortándole la cabeza, se la llevaron y huyeron por el camino del Araba toda la noche. 8 Trajeron a David, a Hebrón, la cabeza de Isbaal, y dijeron al rey: "Ahí tienes la cabeza de Isbaal, hijo de Saúl, tu enemigo, que te perseguía; Yahvé ha vengado hoy a mi señor, el rey, de Saúl y de su descendencia." 9 Pero David, respondiendo a Recab y Dana, su hermano, hijos de Rimón de Berot, les dijo: "Vive Yahvé, que me salvó de toda angustia, 10 que si al que me anunció, diciendo: Ha muerto Saúl, creyendo anunciarme cosa grata para mí, le tome y le maté en Siceleg, cuando parecía que era digno de albricias por la noticia, 11 ¿cuánto más ahora, que unos malvados han quitado la vida a un hombre inocente, en su casa, en su lecho, no habré de demandar su sangre de vuestras manos, exterminándoos de sobre la tierra?" 12 Dio, pues, orden David a sus gentes de matarlos, y, cortándoles manos y pies, los colgaron junto a la piscina de Hebrón. La cabeza de Isbaal la tomaron y la sepultaron en el sepulcro de Abner, en Hebrón.

Con la muerte de Abner caía el más valioso puntal del reino de Israel, quedando consternados todos los que apoyaban a Isbaal. Era un momento delicado para el porvenir del reino, ¿Quién tomaría las riendas de la nación? Dos jefes de bandoleros originarios de Berot determinaron acabar con aquella situación, a sus ojos insostenible. Berot, que corresponde al actual el-Bire, a dieciséis kilómetros al norte de Jerusalén, pertenecía a la tetrápolis gabaonita y, por consiguiente, gozó en un tiempo de cierta autonomía (Jos 9:17)· Más tarde, por presión de los benjaminitas, viéronse sus habitantes constreñidos a emigrar a Guitaím, lugar situado en los alrededores de Ramle (Neh 11:33), pasando luego Berot a depender de Benjamín (Jos 18:21). Este asesinato, ¿se debe fundamentalmente a un acto de venganza de los berotitas contra los de Benjamín o acaso fue su único móvil la codicia y el interés? Ambos motivos pudieron existir juntos. Muerto el hijo de Saúl, no quedaba nadie que pudiera sucederle en el trono, ya que el hijo de Jonatán, Mefibaal (Meribaal según 1 Crón 8:34; 9:40), estaba rengo. Recab y Baña aprovecharon la hora de la siesta para burlar la rancia de los centinelas y penetrar hasta la alcoba del rey, al que hirieron, cortándole la cabeza. Dice el texto masorético (v.6): entraron allí, hasta llegar al centro de la casa, comiendo espigas, y le hirieron en el vientre"; los LXX: "He aquí que la portera de la casa, que limpiaba el grano, estaba amodorrada y dormía." Como se ve, el texto original ha sufrido variaciones.
Mucho había sentido David la muerte de Saúl y de Jonatárr pero, al fin y al cabo, habían muerto como héroes en el frente dé combate; pero sintió más todavía la de Isbaal, que murió por traición, con allanamiento de morada, durante el sueño, considerado como cosa sagrada. A estos asesinos correspondía un castigo mayor del que se infirió al amalecita que anunció la muerte de Saúl. Dio orden David de cortarles manos y pies, es decir, las manos que habían cortado la cabeza de Isbaal y los pies que les facilitaron la fuga (Calmet).

1 A. Gelin, Le passage de la polygamie a la monogamie: "Jvlélanges Podechard" (Lyón 1945) 135-146.
1 Fernández, Problemas. iiq
2 R. De Vaux, Les cornbats singuliers dans V.Ancien Testament: B 40 (1960) 502-504.
1 Les Institutions I 27.
2. David, Rey de Juda y de Israel (c.5-20)
David, rey de Israel (5:1-5)
1 Vinieron a David, a Hebrón, todas las tribus de Israel, y hablaron, diciendo: "Hueso tuyo y carne tuya somos; 2 ya antes, cuando reinaba Saúl sobre nosotros, tú sacabas a Israel y entrabas con él. Además, Yahvé te ha dicho: Apacienta mi pueblo y sé el jefe de Israel." 3 Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel a David, a Hebrón; y David hizo con ellos alianza en Hebrón ante Yahvé, y ungieron a David rey sobre todo Israel. 4 Treinta años tenía David cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. 5 Reinó en Hebrón, sobre Judá, siete años y seis meses, y treinta y tres años en Jerusalén, sobre todo Israel y Judá.

Todos los acontecimientos históricos convergían a allanar los caminos de acceso de David al trono de Israel. Abner había creado una atmósfera favorable, cuya labor facilitó la escasa personalidad de Isbaal. Desaparecido éste, nadie soñó en entronizar al hijo de Jonatán, inválido a consecuencia de una caída (4:4), ni existía un jefe capaz de reunir a todo Israel bajo su mando. Por lo mismo, una delegación, formada por elementos de todas las tribus de Israel (1 Crón 12:24-40), fue enviada a David para concertar con él un pacto, cuyo éxito fue sellado con el trascendental acto de ungir a David por rey sobre todo Israel. Dos unciones habían precedido: una oficial, religiosa, efectuada por Samuel obedeciendo a una orden de Dios (1 Sam 16:13); otra popular, por parte de los hombres de Judá (2:4). Los embajadores de Israel entran en tratos con David, diciéndole que no es un extraño, sino un israelita como ellos: "Hueso tuyo y carne tuya somos" (Gen 2:23; 29:14; Jue 19:2; 2 Sam 19:13-14), unidos a él por vínculos de consanguinidad nacional o de raza y por el afecto que le profesan. No les es extraña su personalidad, que conocen desde hace mucho tiempo: "ayer como antes de ayer" (3:17; 1 Sam 10:11; 14:21, etc.), desde los días de Saúl, en que él prácticamente llevaba los asuntos del reino y, sobre todo, los negocios relacionados con las armas. Los comisionados le eligen. Por rey, por ser esta la voluntad de Dios: "Yahvé te ha dicho: Apacienta a mi pueblo" y sé jefe de Israel. Aquella unción íntima, un secreto, en casa de Isaí (1 Sam 16:13) conocióse poco a poco en Israel. Saúl tenía noticia de ella (1 Sam 24:21); Abigaíl no duda ¿el hecho (1 Sam 25:30), como tampoco Abner (3:9). Los embajadores de Israel aludían a esta unción histórica y a las palabras del peut 17:15. Por el pacto convinieron en que Israel reconocería a David por rey, como lo habían hecho antes los de Judá, convirtiéndose, por lo mismo, en rey de Israel y de Judá. Creóse una monarquía dualista, un reino unido, con sus inevitables dimes y diretes, hasta que vino la escisión definitiva después de la muerte de Salomón (1 Re c.12). Por anticipación afirma el texto que el reinado de David, en números redondos, fue de siete años en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén (1 Re 2:11). Hacia el año mil antes de Cristo, dos coronas ceñían la cabeza de David: la de Judá y la de Israel. ¿Entraba en el pacto la creación de una capital de los dos reinos más céntrica que la lejana Hebrón?
Toma de Jerusalén (5:6-16)
6 El rey se dirigió con su gente a Jerusalén, contra los jebuseos, que habitaban la tierra, que dijeron a David: "No entrarás tú aquí; ciegos y rengos bastarán para impedírtelo." Con lo que querían decir: "Jamás entrará David aquí." 7 Pero David se apoderó de la fortaleza de Sión, que es la ciudad de David. 8 Pues había dicho: "¿Quién, batiendo al jebuseo, llegará a alcanzar por el túnel a los ciegos y rengos, aborrecidos del alma de David?" Por eso quedó en proverbio: "No entrarán en la casa los ciegos y los rengos." 9 David estableció su residencia en la fortaleza, y la llamó la ciudad de David y edificó en derredor, desde el terraplén para adentro. 10 David iba creciendo en poder cada vez más, y Yahvé, Dios Sebaot, estaba con él. 11 Hiram, rey de Tiro, envió a David una embajada y maderas de cedro, carpinteros y canteros, que edificaron la casa de David. 12 Conoció David que Yahvé le había confirmado rey de Israel y que realzaba su reino por amor de Israel, su pueblo. 13 Tomó David más concubinas y mujeres en Jerusalén después de venir de Hebrón, y le nacieron hijos e hijas. 14 He aquí los nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán, Salomón, 15 Jibjar, Eliua, Nefeg, Jafia, 16 Elisama, Elijada y Elifelet.

Cronológicamente, la toma de Jerusalén debe colocarse después de la victoria sobre los filisteos (v. 17-25). Los embajadores ; Israel habían regresado a su punto de partida con la conciencia haber logrado lo que estaba en el ánimo de todos: la unión nagual. Pero la compenetración entre un reino y otro y el intercamio y trasiego de personal se efectuaba lentamente. Por lo mismo, en contra de lo que escribe 1 Crón 11:4, no concurrió a este ataque todo Israel, sino la gente de David, o sea, el reducido ejército Η los seiscientos hombres que no le abandonaban (1 Sam 30:155. Así, pues, con su gente subió David a Jerusalén "contra los jebuseos que habitaban la tierra."
Antiquísima es la ciudad de Jerusalén. Restos arqueológicos atestiguan su existencia en el período calcolítico en el sector llamado Ofel, o sea, el espolón que se encuentra al sur de la explanada del templo, entre los valles del Tiropeón y del Cedrón, al oeste y este respectivamente, y limitando al sur con la conjunción de los valles Cedrón e Hinnón. En una carta de Tell el-Amarna (c.1400 antes de Cristo) la ciudad es llamada Urusalim, palabra que ha sido interpretada diversamente, pero que parece significar "fundación de Salem," nombre este último de una divinidad conocida en la primera mitad del segundo milenio. Desde su más remota antigüedad hasta la conquista de Canaán, la ciudad no tuvo otro nombre que el de Urusalim. Fueron sus primeros pobladores miembros del clan amorreo de los jebusitas, que rendían culto al dios Salem, al que su sacerdote Melquisedec aplicó los calificativos de "altísimo," "dueño de cielos y tierra," que el patriarca Abraham pudo con toda verdad aplicar e identificar con su propio Dios 1. Junto a sus muros pasaron los patriarcas con sus rebaños, pero la población mantúvose siempre fiel a sus dioses. Al conquistarla David, hubo una corriente encaminada a sustituir el nombre pagano de la ciudad por la designación de "Ciudad de David." Sin embargo, el antiguo nombre subsistió, olvidándose su significado pagano. Al penetrar los israelitas en la tierra prometida, dirigieron sus ataques contra Hai, desviándose hacia el norte y evitando el ataque a la fortaleza de los jebuseos. A pesar de la muerte de su jefe Adonisedec en manos de Josué (Jos 15:8-63; Jue 19:12), la ciudad continuó bajo el dominio de los jebuseos hasta los tiempos de David. En los primeros momentos del reinado de David sobre Israel y Judá era del todo necesario quitar de en medio este baluarte amorreo y convertir la ciudad en capital del nuevo reino, tanto por su posición geográfica como por sus condiciones estratégicas. Valía la pena que David iniciara la nueva etapa de su reinado con tamaña empresa.
Un día vieron los jebuseos que un reducido ejército hebreo se estacionaba junto a los muros de la ciudad con propósitos hostiles. Sus habitantes cerraron herméticamente sus puertas y desde lo alto de las murallas proferían sus jefes palabras irónicas, diciendo: "No entrarás tú aquí; ciegos y rengos bastarán para impedírtelo." Tan seguros se creían detrás de sus muros, que no cesaban de repetir: "Jamás entrará David aquí." La fortaleza era casi invencible. Y, sin embargo, David habíase presentado delante de ella con ánimo de capturarla; un fracaso le hubiera restado simpatía por parte sobre todo de Israel. Pero David la tomó.
Se llamaba Sión la parte más fortificada de la ciudad, que contenía la acrópolis con su templo y palacio real. La ciudad era relativamente pequeña, no excediendo su área amurallada de algo más de cuatro hectáreas. En 1 Crón 11:6 se dice: "David había dicho: El que primero hiera al jebuseo será jefe y príncipe." El primero en subir fue Joab, hijo de Sarvia, y fue hecho jefe. El texto hebraico del v.8 se ha conservado en mal estado. Su traducción más literal parece ser: "Pues había dicho David aquel día: Quien quiera vencer al jebuseo, que alcance, a través del canal, a los cojos y ciegos, los que odian la persona de David." La traducción de la última parte del versículo mencionado es dudosa; quizá la mejor sea: "A los rengos y ciegos David odia con toda su alma. Por esto se dice: Ciegos y cojos no entrarán en el templo" (De Vaux), La arqueología ha venido en ayuda de la crítica textual para la recta interpretación del v. 8 de nuestro texto. La palabra sinnor del verso ha recibido múltiples interpretaciones. Sukenik, apoyándose en los LXX y en la palabra árabe sinnarat, cree que significaba originariamente tridente, aludiendo al arma con que debían atacar. Otros, siguiendo a Wellhausen, refieren el término sinnor a un miembro del cuerpo humano que tenga las funciones de canal, tales como cuello, etc. (Jouon, Fernández). La tercera opinión, la más corriente hoy día, ve en sinnor una parte de la población que debe ser objeto preferente de ataque. Sinnor tiene relación con conducciones de agua, canales (Sal 42:8); en el neohebreo conserva el mismo sentido. Aqui-la traduce por krounismo, el manantial. En efecto, en el fondo de la fuente Ain-Sitti-Mariam existe una abertura que sube hacia arriba a manera de chimenea excavada en el corazón mismo de la colina. Se hace remontar su construcción, con buenos fundamentos arqueológicos, al tiempo de los jebuseos. Su objeto era evidentemente el de poder sacar agua de la fuente sin necesidad de salir de la ciudad. Esta abertura fue descubierta por Ch. Warren en 1867 2. No siendo posible abrir brecha en los muros de la ciudad, David, que tenía sin duda noticia de este túnel por haberlo descubierto en las exploraciones previas del terreno o por habérselo comunicado algún jebuseo, animó a los suyos a que, derribada la pared que interceptaba el paso de la fuente al túnel, treparan por el mismo durante la noche, en una hora en que nadie iba a por agua, y penetraran en la ciudad. Joab fue el primero que se aventuró a esta empresa. ¿Hubo lucha en el recinto de la villa? ¿Se entregaron los jebuseos al ver su fortaleza invadida por el enemigo? ¿Qué suerte corrieron sus habitantes? Nada dice sobre estos particulares el texto sagrado; ya hemos hecho notar que sus relatos son sobrios, esquemáticos, con estilo telegráfico.
Pronto trasladó David su familia, ejército, funcionarios y muchos israelitas a la nueva capital, que modificó convenientemente durante el curso de su reinado, embelleciéndola por dentro, construyendo nuevas viviendas (1 Crón 11:8), reparando los destrozos de las murallas, tratando de ampliarla hacia el norte e iniciando la obra de terraplenar el foso que existía entre el muro septentrional de la fortaleza y la colina del monte Moría, obra que acabó Salomón (1 Re 9:15-24) 3.
La noticia sobre la embajada de Hiram recuerda la que tuvo lugar en tiempos de Salomón (1 Re 5:15). Era costumbre esta ayuda mutua entre los reyes amigos al efectuarse un cambio de reino (10:1). Los fenicios mandaban también maderas a Egipto, de donde recibían obreros para trabajarlas. Tiro era una ciudad fenicia edificada sobre una roca que emergía en pleno mar Mediterráneo, a quinientos metros de la costa. Su misma posición la hacía inexpugnable, convirtiéndose en el puerto más importante del Mediterráneo oriental tanto desde el punto de vista militar como comercial. Flavio Josefo dice que su rey Hiram, hijo de Abibal, reinó treinta y cuatro años (hacia 979-945), muriendo a los cincuenta y tres. Pero no parece que fuera Hiram el que mandó maderas y obreros para construir el palacio de David, ya que no es probable que ocupara él el trono en los primeros años del reinado de David sobre todo Israel. La dificultad se resuelve admitiendo que o no fue Hiram el que mandó tal ayuda, o, en caso afirmativo, que lo hizo años más tarde, a finales del reinado de David. Es probable que David contara en los comienzos con una casa sencilla, que más tarde amplió y adornó extraordinariamente su hijo Salomón.
Un soberano oriental debía contar con un nutrido harén y una descendencia numerosa; por lo mismo, tomó David otras mujeres y concubinas, práctica que toleraba la Ley (Deut 15:17). Con ello pretendía David principalmente entrar en relación con las principales familias del reino y asegurarse la amistad de los monarcas extranjeros. Dos categorías existían en el harén: las esposas de primer orden, que hacían su entrada en palacio con grandes fiestas y boato, y las concubinas, también esposas en sentido estricto, que entraban en el harén real sin aparato externo; sus hijos eran menos considerados. "De la época de Tell el-Amarna — escribe De Vaux — sabemos que el rey de Biblos tenía al menos dos mujeres, y el de Alasia (Chipre) habla de "sus mujeres." Sin embargo, en los siglos VIII-VII a. de C., los anales de Asiría atribuyen a los reyes de Ascalón, Sidón y Azoto sólo una mujer, acaso la reina titular, lo que no excluye otras esposas y concubinas. Mejor información se dispone tocante a los hititas, entre los cuales una esposa llevaba el título de reina, disponiendo el monarca de mujeres libres y concubinas. En Asiría, al lado de la "dama de palacio," existían otras, provenientes muchas veces de pueblos extranjeros. En Egipto tenía el Faraón una esposa que llevaba el título de "gran esposa real." Cinco personas llevaron este título sucesivamente durante el largo reinado de Ramsés II, pero sus ciento sesenta y dos hijos prueba que tuvo otras mujeres además de la reina y esposa oficial. Según las cartas de Tell el-Amarna, el harén que más analogía tiene con el de los faraones es el de Salomón. La princesa mitanni casada con Amenofis III llevó consigo trescientas diecisiete muchachas jóvenes. El mismo rey encarga al de Guezer le envíe cuarenta "mujeres guapas," a cuarenta siclos de plata cada una. El Faraón recibe del rey del Mitanni el regalo de treinta muchachas, veintiuna del rey de Jerusalén y veinte o treinta de un príncipe sirio." 4
Ataque de los filisteos (5:17-25)
17 Cuando los filisteos supieron que David había sido ungido rey de todo Israel, subieron todos en busca suya, y David, que lo supo, bajó a la fortaleza. 18 Los filisteos hicieron una incursión en el valle de Refaím, 19 y David consultó a Yahvé, diciendo: "¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos?" Y Yahvé dijo a David: "Sube, pues de cierto los entregaré en tus manos." 20 Vino, pues, David a Baal Parasim, donde los derrotó, y dijo: "Yahvé ha roto a mis enemigos como rompen las aguas." Por eso se dio a aquel lugar el nombre de Baal Parasim. 21 Dejaron allí sus ídolos, que David y su gente se llevaron. 22 Volvieron los filisteos a subir y a invadir el valle de Refaím. 23 Consultó David a Yahvé: "¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mis manos?" Y El le respondió: "No subas a su encuentro; rodea por detrás de ellos y atácalos por la espalda desde el lado de las balsameras. 24 Cuando entre las balsameras oigas ruido de pasos, ataca fuertemente, porque es Yahvé que marcha delante de ti para derrotar al ejército de los filisteos." 25 David hizo lo que Yahvé le mandó, y batió a los filisteos desde Gabaón hasta Guezer.

Los exegetas son de parecer que este episodio debe seguir inmediatamente a la noticia sobre la unción de David por rey de Israel (v.3), como se desprende de 1 Crón 14:8. Al mismo hecho se refiere el pasaje de 2 Sam 23:13-17. Practicaban los filisteos la política del "divide y vencerás" con relación a Palestina.
Después del desastre de Gelboé quedaron ellos dueños del territorio palestinense, controlando prácticamente todas sus actividades. Pero el genio militar de Abner fue rechazándolos de un sitio y de otro hasta libertar los territorios del norte del yugo filisteo. En el sur, éstos controlaban el territorio de Judá, en donde, según creyeron en un principio, reinaba un aliado suyo, a quien trataron de apoyar y aupar a fin de que estorbara la acción de sus rivales del norte y mantuviera a la nación dividida en dos bandos. Por lo mismo, llevaron muy a mal el que ciñera David la corona de los dos reinos, temiendo fundadamente que esta unidad nacional redundara en detrimento de sus intereses. Para cortar el mal de raíz, antes de que las relaciones entre los reinos de Judá y de Israel se estabilizaran, lanzaron su ejército sobre la región que servía de enlace a los dos mencionados reinos con el fin de impedir que la unión se hiciera efectiva.
David, que estaba todavía en Hebrón, tuvo noticia de la penetración de los filisteos en tierra de Israel y bajó a la fortaleza de Odulam (1 Sam 22:1: caverna; 22:4.5: fortaleza). El sitio escogido por los filisteos fue el valle de Refaím (Jos 15:8; 18:16), entre Jerusalén y Belén, llamado hoy día llanura de Baqa, que se extiende al sur de Jerusalén, parte occidental de la misma hasta Lifta, al norte. Antes de atacarlos consulta David a Yahvé, que le promete la victoria. Desde su refugio de Odulam subió (verbo que no se hubiera empleado en el caso de estar David en Jerusalén: 23:1) a la colina de Baal Parasim. Tenemos un nombre compuesto con la palabra baal, dios cananeo, y parasim, divisiones, brechas, lugar de la división de aguas (v.20), unas en dirección al mar Muerto y otras hacia el Mediterráneo. Este lugar alto en la línea divisoria de las aguas, llamado Ras en-Nadir, al sur de Lifta, estaba dedicado al dios cananeo baal, dueño y autor, según sus seguidores, de los parasim, o divisiones de las aguas.
Con la ayuda de Dios, los filisteos fueron derrotados y dispersados, "como la división de las aguas." De ahí que en adelante perdió el lugar su carácter profano y adquirió uno religioso, cediendo baal su puesto al verdadero dueño y señor de los elementos, Yahvé. Para asegurarse la victoria, los filisteos habían traído consigo sus ídolos (dioses según los LXX y 1 Crón 14:12), que, según este último texto, fueron quemados.
El segundo encuentro se desarrolló entre el extremo noroeste de Refaím y el wadi el-Meise, al oeste de Jerusalén; torrente que va desde birket Mamillah hasta birket es-Sultan (Ubach). Los filisteos huyeron precipitadamente hacia Gabaón (no Gueba, como dice el texto masorético), para emprender desde allí la fuga hacia la costa mediterránea. Estas dos victorias aplastaron el poderío de los filisteos.
Traslado del arca (6:1-8)
1 Volvió a reunir David a los selectos de Israel, treinta mil hombres, 2 y, acompañado de todo el pueblo congregado tras él, se puso en marcha desde Baalat Judá, para subir el arca de Dios, sobre la cual se invoca el nombre de Yahvé Sebaot, sentado entre los querubines. 3 Pusieron sobre un carro nuevo el arca de Dios y la sacaron de la casa de Abinadab, que está sobre la colina. Oza y Ajio, hijos de Abinadab, guiaban el carro. 4 Iba Oza al lado del arca de Dios, y Ajio iba delante; 5 David y toda la casa de Israel iban danzando delante de Yahvé con todas sus fuerzas, con arpas, salterios, adufes, flautas y címbalos. 6 Cuando llegaron a la era de Nacón, tendió Oza la mano hacia el arca de Dios y la tomo, porque los bueyes daban sacudidas. 7 Encendióse de pronto contra Oza la cólera de Yahvé, y cayó allí muerto, junto al arca de Dios. 8 Entristecióse David de que hubiese herido Yahvé a Oza, y fue llamado aquel lugar Peres Oza, hasta hoy.

En la primera mitad de sus treinta años de reinado decidió David trasladar el arca de la alianza a la capital de la nación. No se puede precisar más concretamente el tiempo del traslado; sabemos que se encontraba en Jerusalén durante el sitio de Rabat Amon (11:11). Jerusalén había perdido su carácter pagano para convertirse en capital del reino unido. A la centralización política, administrativa y militar convenía añadir la religiosa. La idea era revolucionaria, opuesta en cierta manera al concepto tradicional de no rendir culto a Yahvé fuera de aquellos lugares en que El se había manifestado en tiempos de los patriarcas, Moisés y Josué; pero David encontró la manera de llevarla a cabo.
El proyecto de David de trasladar el arca no encontró el eco unánime que esperaba. Los jefes no pusieron dificultad alguna, pero los sacerdotes y levitas de Gabaón (1 Crón c. 13; 15; 17) no secundaron su invitación. Temían que, con esta centralización del culto, el santuario de Gabaón perdiera importancia y que el nuevo templo de Jerusalén oscureciese su lugar sagrado. En contra y a pesar de ellos, David llevó a término su proyecto.
Para dar realce a la ceremonia, impresionar a los recalcitrantes de Israel y atemorizar a los filisteos, reunió David a los selectos de Israel. Al decir el texto "volvió a reunir" (v.1), hace referencia a la reunión plenaria que tuvo lugar en Hebrón (5:1-3) con motivo de su proclamación por rey de Judá y de Israel. Parece, sin embargo, que la cifra de treinta mil (setenta mil según los LXX) sea exagerada aun en el supuesto de que acudieran al llamamiento e invitación de David todo el pueblo, "desde el Sijor de Egipto hasta el camino de Jamat" (1 Crón 13:5). La tradición manuscrita respecto a los números se ha conservado muy mal. Toda la muchedumbre se dirigió hacia Quiriat Jearim (1 Sam 6:21; 7:1), llamada en el texto Baalat Judá (Jos 15:11; 1 Crón 13:16), nombre antiguo de aquella ciudad, conocida también por Quiriat-Baal (Jos 15:60; 18.14). Se añade el calificativo "de Judá" para distinguir la ciudad de otras homónimas (Jos 15:11-29; 19:44). Esta diversidad de nombres prueba que la relación de nuestro autor se inspira en una tradición distinta de la de 1 Sam 7:1ss.
Sacaron el arca de casa de Aminadab (1 Sam 7:1ss), donde había permanecido muchos años, casi olvidada y bajo el control y supervisión de los filisteos. Dos son las características que se mencionan de las relaciones de Yahvé con el arca. El es Yahvé de los ejércitos Que da la victoria por medio del arca (1 Sam 4:34); Yahvé está sentado entre los querubines, cuyas alas le sirven de trono, que Yahvé cupa de manera permanente, estando, por lo mismo, allí presente " manera particular (Ex 25:18-22). A falta de sacerdotes y levitas (num 4:5-6), la custodia del arca fue confiada a dos laicos, Oza y En contra de la prohibición de Núm 4:15, Oza, con la mejor intención sin duda, tocó el arca con su mano, quedando fulminado en e1 acto. Quiso con esto demostrar Yahvé a su pueblo que, si el arca es terrible para los enemigos (1 Sam c.6) ο para los que se mofan de ella (1 Sam 6:19), no lo es menos para sus fieles servidores desde el momento en que no la tratan con el debido respeto. Ella es el trono de Dios; allí habita de una manera estable. Por lo mismo, tocarla equivale a que el hombre profano ponga las manos sobre el mismo Dios. Sin duda que los sacerdotes y levitas comentaron lo sucedido con satisfacción.
El arca, camino de Jerusalén (6:9-15)
9 Atemorizóse entonces David de Yahvé y dijo: "¿Corno voy a llevar a mí el arca de Yahvé?" 10 Y desistió ya de llevar a sí el arca de Yahvé a la ciudad de David, y la hizo llevar a la casa de Obededom de Gat. 11 Tres meses estuvo el arca de Yahvé en casa de Obededom de Gat, y Yahvé le bendijo a él y a toda su casa. 12 Dijéronle a David: "Yahvé ha bendecido a la casa de Obededom y a cuanto tiene con él por causa del arca de Dios"; y poniéndose David en camino, subió el arca de Dios de la casa de Obededom a la ciudad de David, con un jubiloso cortejo. 13 Como los que llevaban el arca de Yahvé hubieron andado seis pasos, sacrificaba un buey y un carnero cebado. 14 David danzaba con toda su fuerza delante de Yahvé y vestía un efod de lino. 15 Así subieron David y toda la casa de Israel, entre gritos de júbilo y sonar de trompetas.

El incidente de Oza atemorizó a todos los presentes. David, que pensaba llevar el arca a su palacio, desistió de ello por temor a que le sucediese alguna desgracia; los acompañantes renunciaron también a alojarla en sus casas. Ocurriósele entonces a David colocarla en casa de un extranjero, de nombre Obededom, quizá originario de Edom, habitante en Gat (1:20). Pensó David que, en caso de sobrevenir algo desagradable por causa del arca, fuera un pagano la víctima y no un israelita. Probablemente estaba Obededom al servicio de David. Dios bendijo profusamente su casa. Al enterarse David, revolvió de nuevo el proyecto de llevarla a Jerusalén. Esta segunda etapa se describe con muchos pormenores en 1 Crón 15:1-16:42. Del mencionado texto y de lo que dice sumariamente nuestra perícopa, aparece que David llegó a un acuerdo con los sacerdotes, que decidieron colaborar en la ceremonia, poniéndose al servicio del arca y dando al cortejo un carácter más religioso. Comprendió David que la colaboración de los sacerdotes le era necesaria; su ausencia había provocado la vez anterior las iras de Yahvé por no observarse el ceremonial sagrado. Los mismos levitas no podían acercarse al arca sin peligro antes de que los sacerdotes no la tapasen (Núm 4; 5; 15). Con el fin de tenerlos propicios, renunció David a su ideal de un santuario único en Jerusalén, admitiendo con carácter oficial también el de Gabaón, concediendo igual o más categoría a Sadoc, sacerdote de Gabaón, que a Abiatar, de Jerusalén. Sea que los sacerdotes aceptasen estas condiciones o que David les obligase a hacerse cargo del arca, dos sacerdotes y sus levitas encargáronse de llevar el mueble sagrado 1.
El arca salió de casa de Obededom. Después de dar seis pasos y al comprobar David que esta vez no sucedía nada anormal, ofreció o hizo ofrecer un sacrificio. El texto debe entenderse en el sentido de que el sacrificio tuvo lugar después de los primeros seis pasos, no repitiéndose durante el trayecto, y menos después de cada seis pasos. Durante el trayecto repetíanse las danzas sin cesar, que formaban parte del culto de Yahvé (Sal 149:3; I50:4)· Tenían estas en los tiempos primitivos un sentido religioso y en muchos cultos orientales eran actos rituales. David llevaba un vestido sacerdotal, por ejercer las funciones sacerdotales (1 Re 8:22-54;1 Sam 2:18).
Incidente con Micol (6:16-23)
16 Cuando el arca de Yahvé llegó a la ciudad de David, Micol, hija de Saúl, miró por la ventana; y al ver al rey David saltando y danzando delante de Yahvé, le menospreció en su corazón. 17 Una vez que el arca de Yahvé fue introducida y puesta en su lugar, en medio del tabernáculo que David había alzado para ella, David ofreció a Yahvé holocaustos y sacrificios eucarísticos. 18 Acabado que hubo de ofrecer los holocaustos y los sacrificios eucarísticos, bendijo al pueblo en nombre de Yahvé Sebaot. 19 Repartió a todo el pueblo, a toda la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, a cada uno una torta, un pedazo de carne y un racimo de uvas, y el pueblo se fue cada uno a su casa. 20 Cuando se volvió David a la suya para bendecirla, Micol, la hija de Saúl, le salió al encuentro, diciendo: "¡Qué gloria hoy para el rey de Israel haberse desnudado a los ojos de las siervas de sus siervos como se desnuda un juglar!" 21 David respondió a Micol: "Delante de Yahvé, que con preferencia a tu padre y a toda su casa me eligió para hacerme jefe de su pueblo, de Israel, danzaré yo, 22 y aún más vil que esto quiero parecer todavía y rebajarme más a tus ojos, y seré así honrado a los ojos de las siervas de que tú has hablado." 23 Y ya Micol, hija de Saúl, no tuvo más hijos hasta el día de su muerte.

Era Micol esposa de David (3:13-14). No participando de la piedad de su marido, no podía comprender que el entusiasmo de David por Yahvé le llevara a efectuar danzas frenéticas en compañía del pueblo. El arca fue colocada provisionalmente en la tienda que le había preparado David, por encontrarse la antigua en Gabaón (1 Crón 16:39), con la esperanza de edificarle un santuario. Todo el pueblo marchó a su casa. También David fuese a la suya, donde le esperaba la malhumorada Micol para reprocharle su conducta, poco digna, a su entender, de un monarca de Judá y de Israel.
Primitivamente el sacerdote se presentaba desnudo ante la divinidad de donde se deriva la ley sobre las cualidades corporales que debían reunir los llamados a ejercer las funciones sacerdotales (Lev 21:16-23). Más tarde se les obligó a llevar calzones de lino para cubrir sus desnudeces (Ex 28:42-43). Vestía David el paño de lino, que, al evolucionar en el calor de la danza, dejaba al descubierto, por Mermitencias, partes menos honestas.
Designios de David (7:1-10)
1 Cuando el rey se hubo establecido en su casa y le hubo dar Yahvé el descanso, librándole de todos sus enemigos en derredor, 2 dijo a Natán, profeta: "Ya ves; yo habito en casa de cedro, y el arca de Yahvé está en una tienda." 3 Natán respondió al rey: "Anda, haz lo que tienes en tu corazón, pues que Yahvé está contigo." 4 Pero aquella misma noche tuvo Natán palabra de Yahvé: "Anda 5 y ve a decir a David, mi siervo: Así habla Yahvé: ¿Vas a edificarme tú una casa para que yo habite en ella? 6 Mira, yo no he habitado en casa desde el día en que saqué de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, sino que he andado en una tienda, en un tabernáculo. 7 Y en todo el tiempo en que anduve con los hijos de Israel, ¿he dicho yo palabra a ninguno de los jefes de Israel, a quienes mandé que apacentaran mi pueblo de Israel, de hacerme una casa de cedro? 8 Di, pues, a David, mi siervo: Así habla Yahvé Sebaot: Yo te tomé de la majada, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe de mi pueblo, de Israel. 9 He estado contigo por dondequiera que has ido; he exterminado delante de ti a todos tus enemigos y te estoy haciendo un nombre grande, como el de los grandes de la tierra, 10 estableciendo a mi pueblo, Israel, y plantándolo en su lugar para que habite en él y no sea perturbado y los hijos de la iniquidad no le aflijan como antes.

Habiendo narrado el autor el episodio del traslado del arca desde Quiriat Jearim a Jerusalén, añade una noticia muy distante, cronológicamente, de la anterior, pero unida por razón del tema. Lo que en esta sección se refiere tuvo lugar hacia los últimos años de David, cuando la paz interior habíase consolidado y en las fronteras del reino imperaba la paz. Israel había dejado de ser un pueblo seminómada. El rey tenía su palacio; sólo el arca ocupaba un edificio provisional y endeble. Este estado precario del arca no podía prolongarse. De sus preocupaciones hizo confidente al profeta Natán.
Es la primera vez que se menciona este profeta, que tanta influencia ejerció sobre David y que decidió a favor de Salomón su sucesión en el trono (1 Re 1:1ss). Fue consejero de David, de cuya compañía no se apartó nunca. Pero, aunque amigo del rey, defendía ante todo los derechos de Dios, no vacilando en reprocharle su adulterio con Betsabé (12; iss). Tan pronto como David manifestó su preocupación a Natán, éste inmediatamente por su cuenta, obrando como hombre privado, los aprobó en conjunto y de manera provisional, difiriendo su confirmación definitiva hasta saber la voluntad divina.
Aquella misma noche tuvo Natán una revelación profética (1 Sam 15:10), en la que Dios le manifestaba que no sería David quien le levantara una casa, sino él se la edificaría a David. Como a Abraham (Gen 12:2), le hará famoso en toda la tierra. No rechaza Dios definitivamente el proyecto de la construcción de un templo" pero no será David quien lo edifique, sino su sucesor (1 Re 8:19)·
A las razones apuntadas para no conceder a David este honor, el texto de 1 Crón 22:8; 28:3 agrega la de haber derramado David mucha sangre en los combates.
Designios de Dios (7:11-16)
11 "Desde el día en que constituí jueces sobre mi pueblo, Israel, y dándote descanso de todos tus enemigos. Hácete, pues, saber Yahvé que él te edificará casa a ti; 12 y que cuando se cumplieren tus días y te duermas con tus padres, suscitaré a tu linaje después de ti, el que saldrá de tus entrañas, y afirmaré su reino. 13 El edificará casa a mi nombre y yo estableceré su trono por siempre. 14 Yo le seré a él padre y él me será a mí hijo. Si obrare el mal, yo le castigaré con varas de hombres y con azotes de hijos de hombres; 15 pero no apartaré de él mi misericordia, como la aparté de Saúl, arrojándole de delante de ti. 16 Permanente será tu casa para siempre ante mi rostro, y tu trono estable por la eternidad."

A la generosidad del rey responde Dios con una generosidad divina eficaz, con promesas trascendentales para David. Yahvé hará que su pueblo no lleve en adelante vida seminómada, sino que lo afincará definitivamente en Palestina, donde echará raíces y vivirá en paz y prosperidad, no molestándole, como hicieron antes, los hijos de la iniquidad.
Dios promete a David la continuidad del reino entre sus descendientes. Porque acontecerá que, al cumplirse los años de su peregrinación (1 Crón 17:11) sobre la tierra y baje al sepulcro para descansar allí junto a sus padres (Gen 28:8; 47:30; 1 Re 2:10), suscitará Dios de él su posteridad (zera: simiente), que saldrá de sus entrañas (Gen 15:4) y afirmará su reino. "El edificará la casa a mi nombre y yo, añade Dios, estableceré por siempre el trono de su reino." Convienen algunos autores en que el texto del v.13 desentona del contexto (De Vaux), dudando que sea original (Üesno-Yers), o considerándolo como una adición redaccional (Wellhau-Sen) o un paréntesis (Üriver). La antítesis que se observa en el discurso de Natán ("No serás tú quien me construirás un templo; seré yo quien te edificaré una casa"), es decir, una posteridad, se interrumpe por la intercalación del mencionado verso (Dhorme). Si el verso se omite, la profecía expresa una aprobación de las costumbres antiguas del desierto (v.6-7) y desafecto hacia el templo, idea que se encuentra en la adición de 1 Re 8:27, en los profetas (Is 66:1-2) y en el discurso de San Esteban (De Vaux).
A la posteridad de David profesará Dios el afecto que un padre siente para con su hijo. Pero así como un padre castiga a su hijo, de la misma manera castigará Dios a la simiente de David en caso de obrar el mal, a la manera como suelen castigar los hombres (Sal 89:31-34). Es decir, como interpretan algunos (Rehm), no dejará Dios impunes los pecados de los descendientes de David; pero, al castigarlos, no hará uso de todo su poder, sino que aplicará un castigo llevadero, análogo a los que emplean los hombres. Sin embargo, cree Ubach que Yahvé anuncia un castigo más ejemplar más severo, contra los descendientes de David que falten a sus deberes. Dios, en este caso, se reserva el derecho de tratarles como a hijos rebeldes, azotándoles no "con varas de hombres y con azotes de los hijos de los hombres," sino con el hierro de la escisión, destituyéndolos de su dignidad real y destruyendo para siempre el trono material de la dinastía davídica (1 Re 2:4; Sal 132:11). La promesa de la perpetuidad de su trono está condicionada, pues, a que sus sucesores sigan los senderos de Yahvé y cumplan el pacto de la alianza. Pero esta explicación rigorista no se armoniza bien con el v.15. Veremos que en los libros de los Reyes Dios castiga moderadamente a los reyes pecadores de Judá a causa de David, su padre. En el ν. 16 promete Dios a David que su casa y su trono durarán para siempre ante su rostro; pero no especifica cómo se realizará esta promesa. Muchos exegetas no creen que el texto de 2 Sam 7:13-15 se refiera al hijo determinado y concreto de David, Salomón, sino a toda su posteridad; en contra opina Desnoyers (Histoire II 200-201). Esencialmente, la promesa se refiere a la continuidad de la dinastía davídica en el trono de Israel (v. 12-16), como lo entiende el mismo David v.19; 25; 27; 29). En este sentido lo interpretan los salmos 89:30-38; 132:11-12. La perspectiva profética, pues, rebasa la persona concreta de Salomón. Entre líneas cabe vislumbrar en el texto un descendiente de David en el que se realizarán todos los matices y pormenores contenidos en el oráculo. De ahí que gran número de exegetas admitan el carácter mesiánico de la profecía, discrepando en señalar la manera como se refiere a la persona del Mesías. Unos explican el texto en sentido exclusivamente mesiánico; otros, en sentido literal, lo refieren a Salomón, y en sentido típico a Cristo. En primer lugar cabe afirmar que el término zera=simiente, designa una colectividad y un individuo particular (v.13). No cabe duda que el oráculo constituye el primer anillo de la cadena de profecías que anuncian un Mesías hijo de David. A este texto alude Isaías (9:6) al hablar del nacimiento de un niño "para dilatar el imperio y para asegurar una paz ilimitada sobre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y consolidarlo en el derecho y la justicia desde ahora para siempre jamás." Un eco del oráculo lo hallamos en las palabras del ángel a María (Lc 1:32), y una referencia explícita en Act 2:30. El Mesías será hijo de David y su reino será eterno: he aquí el sentido pleno que late bajo el sentido obvio de las palabras 1.
Oración de David (7:17-29)
17 Conforme a todas estas palabras y a toda esta visión habló Natán a David; 18 y entrándose el rey David, puesto delante de Yahvé, dijo: "Mi Señor, Yahvé, ¿quién soy yo y qué es mi casa para que hasta tal punto me hayas traído? 19 Y aun esto ha sido poco a tus ojos, mi Señor, Yahvé, y has hablado acerca de la casa de tu siervo para lo por venir, aventajándome sobre los otros hombres, ¡mi Señor, Yahvé! 20¿Qué más podrá decirte David? Tú, ¡oh mi Señor, Yahvé! conoces a tu siervo. 21 Todas estas grandezas las haces según tu palabra y según tu corazón, y se las has dado a conocer a tu siervo. 22¡Qué grande eres, mi Señor, Yahvé! No hay nadie que se te asemeje ni hay Dios fuera de ti, como lo hemos oído con nuestros oídos.23 ¿Y hay sobre la tierra un pueblo como tu pueblo, Israel, que haya rescatado Dios para hacerle el pueblo suyo, dándole su nombre y haciendo por él tan terribles y portentosas maravillas como en favor de tu pueblo hiciste, redimiéndole de Egipto y expulsando las gentes? 24 Has confirmado a tu pueblo, Israel, por pueblo tuyo, para que sea tu pueblo para siempre jamás y seas tú su Dios. 25 Manten, pues, siempre, mi Señor, Yahvé, la palabra que has dicho de tu siervo y de su casa, y obra según tu palabra 26 y sea glorificado por siempre tu nombre; y dígase: Yahvé Sebaot es el Dios de Israel. Sea firme ante ti la casa de tu siervo David, 27 pues que tú mismo, Yahvé Sebaot, Dios de Israel, te has revelado a tu siervo, diciendo: Yo te edificaré a ti casa. 28 Por esto se atreve tu siervo a dirigirte esta plegaria: ¡Oh mi Señor, Yahvé! Tú eres Dios, y tus palabras son verdaderas y has prometido a tu siervo hacerle esta gracia. 29 Tenlo, pues, a bien y bendice la casa de tu siervo para que subsista siempre delante de ti; porque tú, mi Señor, Yahvé, has hablado, y con tu bendición será por siempre bendita la casa de tu siervo."

Al escuchar David las palabras de Natán, se dirigió al lugar donde estaba el arca y, sentado, recitó una ferviente oración de acción de gracias y de alabanza. Los antiguos oraban de pie, de rodillas y también sentados. Escoge David esta última postura acaso por su avanzada edad. Muéstrase confuso por haberle Dios elevado a tan grande dignidad, siendo él, a su presencia, como un perro (ukalbeka, 9:8; 1 Re 8:13, De Vaux).
Guerras y triunfos de David (8:1-18)
1 Después de esto batió David a los filisteos y los humilló, arrebatando de las manos de los filisteos las ciudades de la costa. 2 Batió también a los moabitas, y, haciéndolos postrarse en tierra, los midió echando sobre ellos las cuerdas; y dos de las medidas las condenó a muerte y a la otra le dejó la vida. Los moabitas quedaron sometidos a David y le pagaron tributo. 3 Batió a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Soba, cuando iba camino para restablecer su dominio hasta el Eufrates. 4 Tomóle David mil setecientos caballeros y veinte mil infantes; desjarretó a todos los caballos de los carros de guerra, no dejando más de cien tiros de carros. 5 Habiendo venido en socorro de Hada-dezer, rey de Soba, los sirios de Damasco, batió David a veinte mil de ellos; 6 puso guarniciones en la Siria de Damasco, y se le sometieron los sirios, haciéndose tributarios. Yahvé dio a David la victoria por dondequiera que fue. 7 Tomó David los escudos de oro que llevaban los de Hadadezer y los trajo a Jerusalén. 8 Tomó también gran cantidad de bronce en Tebaj y Berotai, ciudades de Hadadezer. 9 Cuando Tou, rey de Jamat, supo que David había derrotado a todas las fuerzas de Hadadezer, 10 mandó a Hadurán, su hijo, al rey David para saludarle y felicitarle por haber atacado y vencido a Hadadezer, pues Tou estaba constantemente en guerra con Hadadezer. Hadurán trajo vasos de oro, vasos de plata y vasos de bronce; 11 y el rey David los consagró también a Yahvé, como había hecho con la plata y el oro de las gentes que había sometido, 12 de Edom, de Moab, de los hijos de Ammón, de los filisteos, de Amalee, y el botín que había tomado a Hadadezer, hijo de Rojob, rey de Soba. 13 David adquirió gran fama, y, de vuelta de la victoria de Siria, combatió en el valle de la Sal, derrotando a dieciocho mil edomitas. 14 Puso guarniciones en Edom, y todo Edom le quedó sometido. Yahvé le daba la victoria por dondequiera que iba. 15 Reinó David sobre todo Israel, haciendo derecho y justicia a todo su pueblo. 16 Joab, hijo de Sarvia, era el jefe del ejército; Josafat, hijo de Ajilud, era cronista; 17 Sadoc y Abiatar, hijo de Ajimelec, hijo de Ajitub, eran sacerdotes; y Saraya, secretario. 18 Banayas, hijo de Joyada, era el jefe de los cereteos y los feleteos, y los hijos de David eran sacerdotes.

Estas pinceladas generales sobre la actividad bélica de David y el silencio casi absoluto sobre las relaciones diplomáticas con los pueblos vecinos hacen que tengamos muy poca información en torno a su reinado. Más que la historia de su reinado, tenemos la historia de la familia de David. De las luchas contra algunos enemigos habla esquemáticamente el presente capítulo.
Empleando el autor una mera fórmula de transición: "Después de esto" (2:1; 10:1), da noticia de la acción contra los filisteos. Decisivo fue el golpe que les infligió al principio de su reinado (5:22-25), apoderándose, según 1 Grón 18:1, de Gat y de sus dependencias. Durante todo su reinado estuvo atento a cortar rápidamente todo intento de amenaza de las fronteras por parte de este enemigo peligroso. La segunda parte del v.1 puede traducirse: "De esta manera tomó David de la mano de los filisteos las riendas del poder" (meteg ha ammah). Siguiendo a Schulz, Ubach traduce las palabras hebreas mencionadas por "el dominio de la costa." La dificultad textual no justifica el recurso de sustituir las mencionadas palabras por la lección paralela de i Crón 18:1: "Gat y las ciudades de su dependencia."
Como los filisteos, también los moabitas fueron en un tiempo aliados de David (1 Sam 22:3). Habitaban en TransJordania, al este del mar Muerto. No sabemos cuándo, cómo y por qué comenzaron las hostilidades entre David y sus antiguos aliados, de los cuales descendía David a través de Rut la moabita. En vez de condenar a los prisioneros moabitas a trabajos forzados, hizo que se tumbaran al suelo y, por medio de cuerdas, los sorteó; de cada tres, dos fueron condenados a muerte. No conociendo el número de prisioneros moabitas ni las razones que le movieron a tan cruel proceder, no podemos tildar a David de inhumano. Las guerras de nuestros tiempos y el trato a los prisioneros no son ciertamente modelo de humanitarismo.
Los árameos, cuyo origen debe buscarse en el desierto siró-arábigo, emigraron hacia el norte, estableciéndose en las fértiles regiones de Mesopotamia y presionando hasta llegar a las de Asiría. Desaparecido el imperio hitita y empujados los amorreos hacia el sur por los asirios, los árameos se establecieron en el inmenso territorio que se extiende desde el Eufrates al Mediterráneo, notándose preferentemente su presencia en el valle del Orontes, en la llanura de Celesiria, sobre el Antelíbano y el Hermón, en las colinas de Galilea, en la región de Damasco y en las llanuras que se extienden hasta el Yarmuc, al norte de TransJordania. No obstante su número, no formaron los árameos un Estado unido, sino que aparecen fraccionados en tribus, en ciudades-estado, formando pequeños estados independientes. De ahí que en la Biblia se hable de árameos de Soba, de Damasco. Hadadezer, rey de Soba (1 Sam 14:47), en el Antelíbano, que gozaba de gran predicamento entre los árameos, pensó en reunir a los diversos clanes bajo su égida. Algunos reyezuelos, como el de Damasco, aprobaron su idea; otros, el de Jamat por ejemplo, la desaprobaron. No podía ver David con buenos ojos la formación de un gran imperio arameo unificado al norte de Palestina; por lo cual declaró la guerra a Hadadezer antes que éste lograra la meta de sus aspiraciones de grandeza, atacándole en Jamat, de Soba, y derrotándole, a pesar de la ayuda de los árameos de Damasco. El botín fue inmenso. Apoderóse de muchos carros de combate, que destrozó y abandonó sobre el campo. De entre los muchos caballos sólo se llevó David un centenar, que destinó a los servicios ordinarios del arrastre y como sementales (15:1). En cambio, se apropió de los escudos de oro, que debían serle de utilidad para la ornamentación de su palacio y embellecimiento del santuario, cuya construcción creía inminente. En Tebaj y Berot, ciudades del Antelíbano; en la Beqa, rica región minera, se apoderó de gran cantidad de bronce, que, según 1 Crón 18:8, utilizó Salomón para construir el mar de bronce.
El rey de Jamat, Tou, alegróse de la derrota del ambicioso Hadadezer, y en agradecimiento obsequió a David con ricos metales, que fueron consagrados a Yahvé. El hijo de Tou llevaba el nombre de Hadurán, cuyo primer elemento es Hadad, dios de la tempestad, la divinidad nacional aramea.
A la guerra contra los árameos siguió la de los edomitas, al sur, que hacían razzias, a lo largo del Negueb, contra los calebitas y quenitas, aliados de David. Combatirlos no era fácil a causa de lo accidentado del terreno y por el tórrido desierto que le servía de escondite, Las victorias que sus tropas cosechaban por todas partes veíanse empañadas por la honda preocupación por la campaña de Edom. De estos sentimientos se tiene noticia por Sal 60:8-11. Larga fue la lucha contra los edomitas; David bajó al sepulcro sin poderla ver acabada y asegurado el triunfo (1 Re 11:14-22). El valle de la Sal se identifica con la depresión que se encuentra al sur del mar Muerto, hacia el golfo de Aqaba, que en la Biblia (Gen 14:3; 2 Re 14:7) es llamado también valle de la Sal.
Josafat era el mazkir, "el que recuerda," lo que puede entenderse o bien como mensajero o como cronista. Algunos autores (De Vaux) traducen la palabra por heraldo del rey, cuyo oficio propio sería preparar y dirigir las ceremonias del palacio real, reglamentar las audiencias, informar al rey de cuanto ocurría en el país, acompañarlo en sus viajes 1. Sadoc y Abiatar ocuparon sus cargos durante toda la vida de David. El primero desciende de Aarón por la familia de Eleazar. Sadoc estaba al frente del santuario de Gabaón; Abiatar, al servicio del arca en Jerusalén. Este último, descendiente de Helí, fue sacerdote de David desde el principio (1 Sam 22:20-23; 23:6), siendo destituido por Salomón (1 Re 2:26-27). Sadoc quedó solo como sumo sacerdote. El estado defectuoso del texto original crea una dificultad al señalar a Sadoc como hijo de Ajitub, cuando, según 1 Crón 5:29-34; 6:35-38, era descendiente de Aarón por Eleazar, que los críticos solucionan proponiendo diversas traducciones del texto. Los jefes de culto son clasificados entre los funcionarios reales.
Saraya era secretario, sofer, cargo semejante a ministro de Estado. Al cuidado y dirección de Banayas corrían los cereteos y feleteos, tribus filisteas establecidas al sur de Gaza antes de la gran invasión filistea. Los primeros eran de origen cretense; los segundos, filisteos; otras veces aparecen también juntos (15:18; 20:7; 1 Re 1:38-44). Modernamente se relacionan los cereteos con Keret, héroe de un poema de Rash Shamrah, que capitaneó un ejército filisteo al sur de Palestina en el segundo milenio 2. Formaban parte de la guardia personal de David (2 Sam 15:18; 1 Re 1:38-44) y vivían junto a la puerta del palacio (11:9).
Termina el capítulo con la noticia: "Los hijos de David eran sacerdotes," palabras que los exegetas no están acordes en interpretar. Cree Dhorme que la mención de los hijos de David se debe a la preocupación de presentarlos como herederos del sacerdocio ejercido por el rey en 6:13-19. En 1 Crón 18:17, los hijos de David "son los primeros al lado del rey." 3
Mefibaal en palacio (9:1-13)
1 David preguntó: "¿Queda todavía alguno de la casa de Saúl a quien pueda favorecer por amor a Jonatán?" 2 Había un servidor de la casa de Saúl, de nombre Siba; hiciéronle, pues, venir a David, y el rey le dijo: "¿Eres tú Siba?" El respondió: "Tu siervo." 3 El rey le preguntó: "¿No queda ninguno de la casa de Saúl a quien pueda yo hacer misericordia de Dios?" Siba respondió al rey: "Queda todavía un hijo de Jonatán, que está lisiado de ambos pies." 4"¿Dónde está?" preguntó el rey; y Siba respondió: "Está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lodabar." 5 El rey David mandó a buscarle a la casa de Maquir, hijo de Amiel, a Lodabar; 6 y, llegado a David Mefibaal, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, se echó sobre su rostro, prosternándose, y David le dijo: "Mefibaal." El respondió: "Aquí tienes a tu siervo." 7 David le dijo: "Nada temas, porque quiero favorecerte por amor a Jonatán, tu padre. Te devolveré todas las tierras de Saúl, tu padre, y comerás siempre a mi mesa." 8 El se prosternó y dijo: "¿Qué es tu siervo para que pongas tu vista en un perro muerto como yo?" 9 El rey llamó a Siba, servidor de Saúl, y le dijo: "Todo cuanto pertenece a Saúl y a toda su casa, se lo doy al hijo de tu amo. 10 Tú cultivarás para él las tierras, tú, tus hijos y tus siervos, y le traerás la cosecha, para que la casa de tu amo tenga de qué vivir, y Mefibaal, tu amo, comerá siempre a mi mesa." Siba tenía quince hijos y veinte siervos; 11 y dijo al rey: "Todo se hará como el rey, mi señor, se lo manda a su siervo." Mefibaal comía a la mesa de David, como uno de los hijos del rey. 12 Mefibaal tenía un hijo pequeño, que se llamaba Mica, y todos los que vivían en la casa de Siba eran siervos de Mefibaal; 13 pero éste moraba en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; era cojo de ambos pies.

Como medida política, favoreció David a toda la familia de Saúl. Al enterarse de que sobrevivía un hijo de Jonatán, llamóle a palacio, donde le trató como a hijo propio, cumpliendo de este modo la promesa que hizo a su gran amigo y confidente (1 Sam 18:3; 20:14). Al servicio de Mefibaal estaba Siba, que había echado hondas raíces en casa de Saúl, en donde llegó a ocupar una posición importante. De él se hablará nuevamente en 16:1-4; 19:18-30. El hijo de Jonatán, imposibilitado para andar (4:4), residía en casa de Maquir (17:27), en Lodabar, localidad que corresponde a Lidbir (Jos 13:26), en Umm ed-Dahar, en Transjordania, a unos catorce kilómetros al sur del lago de Genesaret (Abel, Géographie II 304). Tenía Mefibaal un niño de corta edad, llamado Mica, por el que se continuará la posteridad de Jonatán (1 Crón 8:35). Fue generoso David para con el pobre , entregándole todos los bienes de Saúl, considerándolo como príncipe de sangre real y sentándolo a su mesa como un hijo más. Al mismo tiempo, tenía David cerca a un personaje de sangre real, de la familia de Saúl, que las tribus del Norte, siempre recelosas del favor que se concedía a Judá, podrían utilizar como bandera para formar un reino aparte.
Befa a los enviados de David (10:1-5)
1 Después de esto murió el rey de los hijos de Amón, y le sucedió Janón, su hijo. 2 David dijo: "Voy a mostrar benevolencia a Janón, hijo de Najas, como su padre me la mostró a mí." Y envió David embajadores para darle el pésame por la muerte de su padre. Cuando los embajadores de David llega-ron a la tierra de los hijos de Amón, 3 dijeron los príncipes de los hijos de Amón a su señor: "¿Crees tú que para honrar a tu padre ha mandado David consoladores? ¿No los ha mandado más bien para explorar la ciudad con el fin de destruirla?" 4 Entonces Janón, tomando a los embajadores de David, rapóles la mitad de la barba y les cortó los vestidos hasta la mitad de las nalgas, y los despachó. 5 En cuanto lo supo David, mandó quienes les salieran al encuentro, porque aquéllos estaban en gran confusión, y les dijeran: "Quedaos en Jericó hasta que os vuelva a crecer la barba, y entonces volveréis."

No sabernos cuándo tuvo lugar este hecho que desencadenó la guerra de Israel contra Amón. En 1 Sam c.11 se refiere la victoria conseguida por Saúl sobre Najas, de Amón, al acudir en ayuda de los habitantes de Jabes Galaad. Con este monarca, o su hijo, mantuvo David óptimas relaciones, habiendo recibido de él muestras de amistad. Al enterarse de su muerte quiso dar el pésame a su hijo Janón. Los de Amón tomaron a los enviados de David y los escarnecieron. A la ignominia de afeitarles parte de la barba añadieron la villanía de cortar sus vestidos "ut turpitudo et nuditas in conspectu omnium aulicorum et civium appareret, et circumcissio derideretur," Menochto).
En orden de batalla (10:6-12)
6 Viendo los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, concertaron tomar a sueldo a veinte mil infantes de los sirios de Bet-Rojob y de Soba y doce mil de los reyes de Maaca y de Tob. 7 Súpolo David, y mandó salir contra ellos a Joab con todo el ejército y sus veteranos.8 Salieron los hijos de Amón, y se ordenaron en batalla a la entrada de la puerta; los sirios de Soba y de Rojob, así como las gentes de Tob y de Maaca, estaban aparte en el campo. 9 Al ver Joab que tenía un frente de batalla delante de sí y otro detrás, eligio entre lo mejor de su ejército un cuerpo que oponer a los sirios, 10 y puso el resto del pueblo a las órdenes de Abisaí, su hermano, para hacer cara a los hijos de Amón, 11 y dijo: "Si ves que los sirios me superan, vienes en mi ayuda, y si los hijos de Amón te superan a ti, yo iré a socorrerte. 12 Esfuérzate y luchemos valientemente por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, y que haga Yahvé lo que mejor le parezca."

Al reflexionar los amonitas sobre la afrenta que habían irrogado a los embajadores de David o al enterarse de la gran indignación que su acto había provocado en Israel, comprendieron que David les declararía la guerra. No sintiéndose bastante fuertes para luchar solos, tomaron a sueldo, mediante la suma de mil talentos (ocho millones y medio de pesetas), a gentes de Bet-Rejob, de Soba, de Maaca y de Tob (1 Crón 19:6), encargando a las tropas mercenarias el defender la campiña en tanto que ellos protegerían la capital. Como era de esperar, Joab se presentó pronto con su ejército frene a la capital, pero se percató en segunda de la situación estrategica del enemigo. Las tropas israelitas se dividieron en dos secciones, capitaneadas cada una de ellas por Joab y su hermano Abisai. Según 1 Crón 19:7, los árameos estaban apostados en Madaba, es decir, en un lugar entre Amón y Madaba, más cerca de la primera que de la última. Los israelitas luchaban "por las ciudades de Nuestro Dios," frase que De Vaux cambia por "por el arca de nuestro Dios." Pero todas las versiones reproducen la lección del texto sorético, atestiguada, además, por 1 Crón 19:13. "Las ciudades le nuestro Dios" se oponen a las de los hijos de Amón.
Derrota de los árameos (10:13-19)
13 Avanzó Joab con su hueste para atacar a los sirios, pero éstos se pusieron en fuga ante él; 14 y los hijos de Amón, viendo que huían los sirios, huyeron también ellos ante Abisaí, entrándose en la ciudad. Joab se volvió contra los hijos de Amón y retornó a Jerusalén; 15 pero los sirios, viéndose vencidos por Israel, reconcentraron sus fuerzas; 16 y Hadadezer hizo venir a los sirios que estaban al otro lado del río, que vinieron a Jelam, mandados por Sobac, jefe del ejército de Hadadezer. 17 Súpolo David, y, reuniendo a todo Israel, pasó el Jordán y vino a Jelam. Los sirios presentaron batalla a David y se trabó el combate; 18 pero huyeron delante de Israel, y David les mató los caballos de setecientos carros, mil caballeros y cuarenta mil hombres de a pie. Mató también al jefe del ejército, Sobac, que quedó muerto allí. 19 Todos los reyes vasallos de Hadadezer, viéndose vencidos por Israel, hicieron la paz con Israel y se le sometieron, y los sirios no osaron ya socorrer a los hijos de Amón.

Al primer empuje de Joab huyeron los sirios, imitando su ejemplo los amonitas, que se encerraron en la capital. La retirada desordenada de los árameos estimuló su amor propio, que juraron vengarse. Pero sus jefes no se ponían de acuerdo. En fin, uno de ellos, Hadadezer, rey de Soba, logró una movilización general de todos los árameos de TransJordania, asignándoles como jefe supremo al generalísimo de su ejército, Sobac. Los efectivos con que se disponían a luchar eran imponentes: carros de combate, caballería, infantería. El lugar donde acamparon fue Jelam, acaso la ciudad de Alema (1 Mac 5:26), hoy Alma, en la llanura del Haurán. Las cifras de los muertos y del botín capturado parecen exageradas.
Adulterio de David (11:1-5)
1 Al año siguiente, al tiempo en que los reyes suelen ponerse en campaña, mandó David a Joab con todos sus servidores y todo Israel. Mataron a los hijos de Amón y pusieron sitio en Raba, pero David se quedó en Jerusalén. 2 Una tarde levantóse del lecho y se puso a pasear en la terraza de la casa real, y vio desde allí a una mujer que estaba bañándose y era muy bella. 3 Hizo preguntar David quién era aquella mujer, y le dijeron: "Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías el jeteo." 4 David envió gentes en busca suya; vino ella a su casa y él durmió con ella. Purificada de su inmundicia, volvióse a su casa. 5 Quedó encinta y lo hizo saber a David, mandando a decirle: "Estoy encinta."

El libro de las Crónicas pasa por alto esta debilidad de David, mientras nuestro texto la refiere de manera llana y sincera, no silenciando tampoco el castigo por parte de Dios. Con el fin de animar a los combatientes y asegurar el éxito, determinó David que el arca de la alianza fuera con el ejército (11:11). En la primavera, la estación apta para la guerra (1 Re 20:22), salió el ejército contra Raba para someterla o con las armas o por el hambre.
En esta ocasión quedóse David en casa. Aconteció un día que, levantándose de la siesta (4:5), salió a pasear a la terraza de su palacio, quizá para gozar del aire fresco que suele soplar en Jerusalén a media tarde. Desde lo alto dominaba el rey con su mirada las casas apiñadas alrededor del palacio, divisando en el portal de una de ellas a una mujer que estaba bañándose, quizá por haber contraído alguna impureza legal (Lev 15:19). Se intereso David por ella, preguntó por su nombre, resultando ser la esposa de un hitita con nombre Hurrita. Aunque de origen extranjero, la familia habíase incardinado plenamente al pueblo de Israel. Eliam, padre de Betsabé, era uno de los treinta gibborim del ejército de David (23:34) e hijo de Ajitofel (15:34; 17:1). También Urías pertenecía al número de los valientes (23:39). Ante el pecado de adulterio de David cabe recordar las palabras de San Gregorio el Grande: La Escritura da a conocer las faltas de hombres como David y San Pedro a fin de que la caída de los grandes ponga en guardia a los pequeños; la misma Escritura habla del arrepentimiento y del perdón que alcanzaron de Dios, animando con esto al pecador a esperar la salvación. Cayó David; que nadie presuma de sí mismo. David se arrepintió; que nadie, después de haber pecado, desespere de conseguir el perdón (PL 76:687).
Segundo crimen: homicidio (11:6-27)
6 Entonces David expidió a Joab esta orden: "Mándame a Urías el jeteo." Y Joab mandó a Urías a David. 7 Presentóse Urías a David, y el rey le pidió nuevas de Joab, del ejército y de las operaciones militares, 8 y después dijo a Urías: "Baja a tu casa y lávate los pies." Salió Urías de la casa del rey, y detrás de él un obsequio del rey; 9 pero Urías se acostó a la puerta del palacio real, con los demás servidores de su señor, y no bajó a su casa. 10 Dijéronle a David: "Urías no ha bajado a su casa." Y David le dijo: "Después de haber estado fuera, ¿cómo no has bajado a tu casa?" u Urías respondió a David: "El arca, Israel y Judá habitan en tiendas; mi señor, Joab y los servidores de mi señor acampan al raso, ¿e iba yo a entrar en mi casa para comer y beber y dormir con mi mujer? Por tu vida y por la vida de tu alma que no haré yo cosa semejante." 12 David dijo a Urías: "Quédate aquí todavía hoy, y mañana te despacharé." Quedóse, pues, Urías en Jerusalén aquel día; 13 y al día siguiente David le convidó a comer con él, y Urías se embriagó, y salió ya tarde a acostarse con los servidores de su señor y no bajó a su casa. 14 A la mañana siguiente escribió David a Joab una carta y se la mandó por mano de Urías. 15 En esta carta había escrito: "Poned a Urías en el punto donde más dura sea la lucha, y cuando arrecie el combate, retiraos y dejadle solo, para que caiga muerto." 16 Joab, que asediaba la ciudad, puso a Urías en el sitio donde sabía que estaban los más valerosos defensores. 17 Los de la ciudad hicieron una salida contra Joab, y cayeron muchos del pueblo, de los servidores de David, y entre ellos cayó muerto Urías el jeteo. 18 Joab mandó uno que informara a David de lo sucedido en el combate, 19 y le dio esta orden: "Cuando hayas acabado de contar al rey lo sucedido en el combate, 20 si se enciende su cólera y dice: "¿Por qué os habéis acercado a la ciudad para trabar combate? ¿No sabíais que los sitiados habían de arrojar sus tiros contra vosotros? 21¿Quién mató a Abimelec, hijo de Jerobaal? ¿No fue una mujer, que lanzó sobre él un pedazo de rueda de molino, de cuya herida murió en Tebes? ¿Por qué, pues, os acercasteis a la muralla?" le dirás: Tu siervo Urías el jeteo ha muerto también." 22 Partió el mensajero al rey a Jerusalén, y a su llegada contó a David todo lo que Joab le había ordenado y todos los episodios del combate. David se dejó llevar de la cólera contra Joab y dijo al mensajero: "¿Por qué os habéis acercado a la ciudad? ¿No sabíais que lanzarían proyectiles desde lo alto de la muralla? Pues ¿quién hirió a Abimelec, hijo de Jerobaal? ¿No fue una mujer, que lanzó una muela de molino desde lo alto de la muralla y le hizo morir en Tebes? ¿Por qué, pues, os habéis acercado a la muralla?" 23 El mensajero dijo a David: "Porque aquellas gentes, en más número que nosotros, hicieron una salida, pero los rechazamos hasta la puerta. 24 Sus arqueros tiraban contra tus servidores desde lo alto de la muralla, y muchos de los servidores del rey fueron muertos: entre ellos tu siervo Urías el jeteo quedó muerto también." 25 David dijo al mensajero: "He aquí lo que dirás a Joab: No te apures demasiado por este asunto, porque la espada devora unas veces a uno, otras veces a otro. Refuerza el ataque contra la ciudad y destruyela." Y alentóle así. 26 La mujer de Urías supo la muerte de su marido y le lloró. 27 Pasado el duelo, mandó David a buscarla y la introdujo en su casa y la tomó por mujer, y ella le dio un hijo. Lo que había hecho David fue desagradable a los ojos de Yahvé.

Pensó David que el adulterio pasaría inadvertido; llamaría a Urías a Jerusalén, cohabitaría con su esposa, y todo el mundo celebraría el nacimiento de un hijo en el hogar de Urías y Betsabé. Siendo Urías de los principales del ejército, podía dar noticias al rey del curso de las operaciones e informarle de la conducta de Joab. Urías fue llamado a Jerusalén e informó al rey, quien le despidió mandándole a su casa. Nada sospechaba Urías de cuanto había sucedido entre el rey y su esposa; el crimen era reciente?
La conducta del noble Urías desconcertó a David, quien desde este momento maquinó su muerte. Entregó al mismo Urías la carta que decretaba su muerte, que puso, a su vez, en manos de Joab Muy probablemente se trataba de un escrito sobre papiro encerrado dentro de un sobre.
Como era de ritual, Betsabé lloró la muerte de su marido durante siete días (1 Sam 31:13), al término de los cuales entró a formar parte del harén de David, en donde ocupó un lugar preferente Creía David que nadie se había enterado de su pecado. Urías no le podía reprochar su crimen porque había muerto; tampoco le alcanzaba la ley de la pena de muerte dictada contra los homicidas y adúlteros, por lo que creíase libre de la ignominia pública. Su concupiscencia habíase convertido en derecho. No compartimos el pensamiento de De Vaux, según el cual la intervención de Natán no figuraba en el relato primitivo, que de 11:27 pasaba a 12:15bss, alegando el mencionado autor que en el v.22 parece ignorar David el castigo del niño. Ninguna razón existe para suponer, dice Dhorme, que el c.12 haya sido intercalado; el pecado exige su castigo.
El profeta Natán en casa de David (12:1-4)
1 Yahvé le envió el profeta Natán para decirle: "Juzga este caso: Había en una ciudad dos hombres, el uno rico y el otro pobre. 2 El rico tenía muchas ovejas y muchas vacas, 3 y el pobre no tenía más que una sola ovejuela, que él había comprado y criado, que con él y con sus hijos había crecido juntamente, comiendo de su pan y bebiendo de su vaso y durmiendo en su seno, y era para él como una hija. 4 Llegó un viajero a casa del rico, y éste, no queriendo tocar a sus ovejas ni a sus bueyes para dar de comer al viajero que a su casa llegó, tomó la ovejuela del pobre y se la aderezó al huésped."

Con una parábola encantadora hace comprender Natán a David la enormidad de su pecado. Había transcurrido casi un año (v.11:5-17) de la muerte de Urías y estaba David, por lo mismo, persuadido de que su falta había quedado oculta para siempre. No debe urgirse demasiado la exactitud escrupulosa de las palabras de Natán, sino más bien atender al significado de conjunto que quiere darles. Cuando los beduinos reciben una visita de algún personaje, matan un cordero en su honor; lo mismo hizo el rico de la parábola; pero, no queriendo tocar a sus ovejas ni a sus bueyes, tomó la ovejuela del pobre, arrebatándosela violentamente o por medio de amenazas.
Sentencia de David (12:5-6)
5 Encendido David fuertemente en cólera contra aquel hombre, dijo a Natán: "¡Vive Yahvé, que el que tal hizo es digno de la muerte, 6 y que ha de pagar la oveja con cuatro tantos encima por haber hecho tal cosa, obrando sin piedad!"

Ordenaba la Ley que, si uno roba un buey o una oveja y la mata o la vende, restituirá cinco bueyes por buey y cuatro ovejas por oveja (Ex 21:37). El texto griego lee "siete tantos" en vez de cuatro, con el fin de poner de relieve la reacción de David contra el proceder infame del rico. El simple robo por interés se pagaba con la devolución de cuatro ovejas por una; pero el castigo del rico de la parábola debía ser mayor. El número siete era simbólico, significando que el castigo debía ser total, ejemplar (Gen 4:15; Prov 6:31). Al condenar con tanta vehemencia al culpable, David se sentenciaba a sí mismo.
Discurso de Natán (12:7-12)
7 Natán dijo entonces a David: "¡Tú eres ese hombre! He aquí lo que dice Yahvé, Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; 8 yo te he dado la casa de tu señor, y he puesto en tu seno las mujeres de tu señor, y te he dado la casa de Israel y de Judá; y, por si esto fuera poco, te añadiría todavía otras cosas mucho mayores. 9¿Cómo, pues, menospreciando a Yahvé, has hecho lo que es malo a sus ojos? Has herido a espada a Urías, jeteo; tomaste por mujer a su mujer, y a él le mataste con la espada de los hijos de Amón. 10 Por eso no se apartará ya de tu casa la espada, por haberme menospreciado, tomando por mujer a la mujer de Urías, jeteo. 11 Así dice Yahvé: "Yo haré surgir el mal contra ti de tu misma casa, y tomaré ante tus mismos ojos tus mujeres y se las daré a otro, que yacerá con ellas a la cara misma de este sol; 12 porque tú has obrado ocultamente, pero yo haré esto a la presencia de todo Israel y a la cara del sol."

A bocajarro le declara Natán que el hombre que David había condenado era él mismo; su proceder con Urías no se diferencia del rico con el pobre. Pasa luego Natán a enumerar los grandes beneficios que Dios ha hecho a David. Y, a pesar de todo, David le ha vuelto las espaldas, matando a Urías, cometiendo dos pecados Que en la legislación mosaica eran castigados con la pena de muerte (Lev 20:10; 24:17). Todo pecado merece su sanción, siendo cada pecador castigado en aquello en que ha delinquido. Por haber matado a Urías, no se apartará la espada de su casa durante toda su vida; a espada morirán sus tres hijos, Amnón, Absalón y Adonías v.3-28-29; 18:14-15; 1 Re 2:25). Creen algunos (De Vaux) en la Posibilidad de que el recuerdo de la muerte de Urías y el anuncio del castigo correspondiente hayan sido añadidos al oráculo primili Biblia comentaba g Wtivo, que sólo tenía en cuenta el adulterio. Cabe decir lo mismo añade, de los v.11-12, que aluden a la profanación del harén real por parte de Absalón (16:22).
Arrepentimiento y perdón (12:13-15)
13 David dijo a Natán: "He pecado contra Yahvé." Y Natán dijo a David: "Yahvé te ha perdonado tu pecado. No morirás; 14 mas, por haber hecho con esto que menospreciasen a Yahvé sus enemigos, el hijo que te ha nacido morirá." 15 Y Natán se fue a su casa. Hirió Yahvé al niño que había dado a luz la mujer de Urías, que enfermó gravemente.

David reconoció inmediatamente su pecado, sin buscar excusas ni paliativos: "He pecado contra Yahvé." Aquella confesión llana, sincera y espontánea le merecerá el perdón de su pecado por parte de Yahvé y la mitigación de la culpa. Así se lo comunicó Natán, diciendo que Dios ha perdonado (literalmente: ha hecho pasar, 24:10) su pecado; de ahí que, en contra de lo que él había sentenciado contra el rico avariento, Dios se muestra más misericordioso, librándole de la muerte. En cuanto a la pena, y en reparación del escándalo, el hijo adulterino "morirá de muerte" (mot yamut), es decir, morirá irremisiblemente.
Muerte del niño (12:16-25)
16 Entonces rogó David a Dios por el niño y ayunó y se recogió, pasando las noches acostado en tierra. 17 Los ancianos de su casa fueron a él para hacer que se levantase de la tierra, mas él no quiso, y ni comía con ellos. 18 Al séptimo día murió el niño, y los servidores no se atrevían a darle la noticia de su muerte, pues se decían: "Si cuando aún vivía el niño le hablábamos y no quería oír nuestra voz, ¿cuánto más no lo hará cuando le digamos que el niño ha muerto?" 19 Mas David, al ver que sus servidores cuchicheaban entre sí, comprendió que el niño había muerto, y preguntó a sus servidores: "¿Ha muerto el niño?" Y ellos le respondieron: "Ha muerto." 20 Levantóse entonces de tierra David; se bañó, se ungió, se mudó sus ropas y, entrando en la casa de Yahvé, oró. Vuelto a casa, pidió que le trajeran de comer, y comió. 21 Dijéronle sus servidores: "¿Qué es lo que haces? Cuando el niño aún vivía, ayunabas por él y llorabas, y ahora que ha muerto te has levantado y has comido." 22 Y él respondió: "Cuando aún vivía el niño, ayunaba y lloraba, diciendo: i Quién sabe si Yahvé se apiadará de mí y hará que el niño viva! 23 Ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré ya volverle la vida? Yo iré a él, pero él no vendrá más a mí." 24 Consoló David a Betsabé, su mujer, y, entrando a ella, durmió con ella, y ella le dio un hijo, a quien llamó Salomón, 25 al que amó Yahvé, que envió a Natán profeta, el cual le dio el nombre de Jedidia por causa de Yahvé.

Esperaba David que con la oración y el ayuno ablandaría el corazón de Dios y obtendría la gracia de la curación del niño, Oró, ayunó (3:35) pasando las noches sobre el desnudo suelo cubierto de saco (21:10; 1 Re 21:27). Acaso por esta devoción devota y resignada obtuvo David que fecundara Dios la unión de David con Betsabé, dándole un nuevo hijo, al que se le llamó Salomón = Shelomoh, pacífico, por estar David en paz con Dios y con los enemigos fronterizos (1 Crón 22:9). Por conducto de Natán hizo saber píos a David que amaba al niño, por lo cual se le puso el nombre de Jedidia = amado de Yahvé. Noticia enigmática, ya que nunca se le llamará por este nombre. Quizá haya aquí el recuerdo de un doble nombre dado al niño, uno al nacer (Jedidia) y otro con ocasión de la coronación por rey (Is 9:5; 2 Re 14:21; 15:1; 23:34; 24:17; De Vaux). Desde este momento deja adivinar el texto que este hijo sucederá a su padre en el trono, a pesar de existir otros con mayores títulos. Tenemos en este pasaje una confirmación clara de que Dios elige a los que quiere.
Toma de Raba (12:26-31)
26 Joab, que asediaba Raba, de los hijos de Amón, se apoderó de la ciudad de las aguas 27 y mandó mensajeros a David para decirle: "He atacado a Raba y ya me he apoderado de la ciudad de las aguas; 28 reúne, pues, al pueblo todo y ven a acampar contra la ciudad, para que no sea yo quien por mí mismo la tome y sea llamada con mi nombre." 29 David reunió al pueblo, y, marchando contra Raba, la atacó y se apoderó de ella. 30 Quitó la corona de Milcom de sobre su cabeza, que pesaba un talento de oro. Tenía una piedra preciosa, y fue puesta en la cabeza de David, que tomó de la ciudad muy gran botín. 31 A los habitantes los sacó de la ciudad y los puso a las sierras, a los trillos herrados, a las hachas, a los molinos y a los hornos de ladrillos. Eso mismo hizo con todas las ciudades de los hijos de Amón. Después se tornó David a Jerusalén con todo el pueblo.

Larga fue la campaña contra los amonitas. Una vez en poder de Joab la ciudad baja, rendida por el hambre, dirigió Joab sus ataques contra la parte alta de la misma, que, por los cálculos de Joab y de sus generales, caería de un día a otro. Quiere Joab que sea para David la gloria de entrar en la fortaleza de los temibles amonitas, y llamara con su nombre a la ciudad.
Se apoderó David de la corona de Milcom, lección esta última atestiguada por los LXX, en vez de malkan, su rey, del texto masorético. No es creíble que el rey de los amonitas llevara sobre su cabeza una corona de tanto peso. En efecto, el talento real de Babilonia equivalía a unos sesenta kilogramos; el kikkar ordinario valía sesenta minas, o sea tres mil siclos (Ex 38:24-25), correspondiendo a unos treinta y cinco kilogramos . Era Milcom el dios principal de los amonitas (1 Re 11:5-33; 2 Re 23:13). No parece que David arrasase la ciudad; de hecho, en tiempos de Amos (1:14) estaban en pie sus murallas y era importante en los días de la invasión de Nabucodonosor (Jer 49:2-3). Los habitantes de Raba fueron hechos prisioneros y condenados a trabajos forzados. A unos empleó en talar árboles y aserrar troncos; a los otros obligó a trabajar como menestrales, molineros y en las tejerías. Los antiguos interpretaban este texto en sentido muy distinto, creyendo que David les había condenado a morir en las sierras, a ser aplastados por carros con ruedas de hierro, descuartizados y quemados vivos en hornos de ladrillo 2.
Con la victoria sobre los amonitas reinó la paz en las fronteras durante toda su vida. Pero los enemigos no habían desaparecido totalmente, subsistiendo con sus reyes, príncipes y soldados. David sometió a los moabitas y amonitas, castigó la soberbia de los filisteos, debilitó la fuerza expansiva de los amalecitas e hizo tributarios a los árameos. Pero nunca pensó anexionar aquellos pueblos a su corona. De ahí que, en realidad, su reino no se extendía al norte hasta el Eufrates, sino hasta el introitus Hamat, en Lais, o Dan. Sin embargo, por su influencia y fama dominó a los pueblos vecinos, llegando en este sentido su influencia hasta las riberas del Eufrates 3.
Incesto de Amnón (13:1-14)
1 Después de esto sucedió que, teniendo Absalón, hijo de David, una hermana, que era muy bella y se llamaba Tamar, se prendó de ella Amnón, hijo de David. 2 Amnón andaba por ella atormentado, hasta enfermar por Tamar, su hermana; pues siendo ella virgen, le parecía a Amnón difícil obtener nada de ella. 3 Tenía Amnón un amigo de nombre Jonadab, hijo de Simea, hermano de David, que era muy astuto, 4 y que le dijo: "Hijo de rey, ¿cómo y por qué de día en día vas enflaqueciendo? ¿No me lo descubrirás a mí?" Y Amnón le dijo: "Es que estoy enamorado de Tamar, la hermana de Absalón, mi hermano." 5 Jonadab le dijo: "Métete en cama y hazte el enfermo, y cuando tu padre venga a verte, dile: Ruégote que venga mi hermana Tamar para darme de comer, y preparando delante de mí algún manjar, lo coma yo de su mano." 6 Amnón se metió en cama, fingiéndose enfermo. Vino el rey a verle, y Amnón le dijo: "Te ruego que Tamar, mi hermana, venga a hacerme delante de mí un par de hojuelas y las coma yo de su mano." 7 David mandó a decir a Tamar a sus habitaciones: "Vete a las habitaciones de tu hermano Amnón a prepararle algo de comer." 8 Fue Tamar a las habitaciones de Amnón, que estaba en la cama, y, tomando la harina, la amasó, hizo las hojuelas delante de él, 9 y, tomando la sartén, las frió y se las presentó; pero él no quiso comerlas, y dijo: "Que salgan todos de aquí," y todos se salieron. 10 Entonces dijo Amnón a Tamar: "Trae las hojuelas a la alcoba, para que yo las coma allí de tu mano," y, tomando Tamar las hojuelas que había preparado, se las llevó a su hermano a la alcoba. 11 Cuando se las puso delante para que las comiese, él, cogiéndola, le dijo: "Ven, hermana mía, acuéstate conmigo." 12 Ella le dijo: "No, hermano mío, no me hagas fuerza; mira que no se hace eso en Israel. No hagas tal infamia, 13 porque ¿adonde iría yo con mi deshonra? Y tú serías uno de los perversos de Israel. Mira, habla al rey, que seguramente no rehusará darme a ti." 14 Pero él no quiso darle oídos, y, como era más fuerte que ella, la violentó y se echó con ella.

Con este episodio empiezan las calamidades que el pecado de David acarreó en el palacio real. De parte de Dios, Natán las había profetizado y tenían que cumplirse. Absalón y Tamar eran hermanos uterinos, hijos de David y de su esposa Maaca, hija de Tolmai, rey de Guesur (3:3); Amnón era hijo de David y Ajinoam (3:2). Tamar, como todas las hijas del rey antes de su casamiento, vivía en palacio, en un departamento aislado, inasequible a los hombres, excepto al padre. Amnón, que vivía en su propia casa, al igual que los otros hijos varones, había visto a Tamar, pero le era prácticamente imposible acercarse a ella, y, sin embargo, su amor por ella torturaba su corazón hasta enflaquecer.
El enfermo encamó, cumpliendo al pie de la letra el consejo de Jonadab (1 Sam 16:9; 17:13), su primo. Conforme al capricho del enfermo, Tamar cocinó lo que apetecía su hermano, fuese a la alcoba, dejando a la entrada de la misma lo que había preparado, y se salió inmediatamente. Pero la retuvo Amnón con ánimo de violarla. Tamar apela a su amor de hermano y le hace ver que su unión con ella puede efectuarse de manera legal pidiéndola al rey, su padre, por esposa; seguramente no se lo negará. Algunos autores creen que Tamar habló estas palabras con el intento de ganar tiempo, hacer entrar en razón a su hermano y evitar el escándalo, no porque creyera posible su matrimonio con Amnón. "En el interior de las familias, los enlaces matrimoniales con los parientes inmediatos por la sangre o por la alianza están prohibidos, porque no se "une a la carne de su cuerpo" (Lev 18:6), siendo considerada la afinidad como creadora de los mismos lazos que la consanguinidad (Lev 18:17). Estas prohibiciones se reducen, pues, a la prohibición del incesto. Algunos textos son primitivos, otros han sido añadidos después; están agrupados principalmente en Lev c.18. Hay impedimento de consanguinidad en línea directa entre padre e hija, madre e hijo (Lev 18:7), padre y sobrina (Lev 18:10); en línea colateral, entre hermano y hermana (Lev 18,9; Deut 27:22). El matrimonio con una media hermana, aceptado en época patriarcal (Gen 20:12) y aun en tiempos de David (2 Sam 13:13)" está prohibido por las leyes del Levítico (18:11; 20:17); el matrimonio entre el sobrino y su tía (Ex 6:20; Núm 26:59) lo prohibe e1 Levítico (18:12-13; 20:19)."1
Nuevo ultraje (13:15-22)
15 Aborrecióla luego Amnón con tan gran aborrecimiento, que el odio que le tomó fue todavía mayor que el amor con que la había amado; y le dijo: "Levántate y vete." 16 Ella le respondió· "No, hermano mío, porque, si me echas, este mal será mayor que el que acabas de cometer contra mí." Pero él no quiso oírla, 17 y, llamando al mozo que le servía, le dijo: "Échame a ésta fuera de aquí y cierra la puerta." 18 Estaba ella vestida con una túnica de mangas, traje que llevaban en otro tiempo las hijas del rey vírgenes. El criado la echó fuera y cerró tras ella la puerta. 19 Tamar echó ceniza sobre su cabeza, rasgó la amplia túnica que vestía y, puestas sobre la cabeza las manos, se fue gritando. 20 Su hermano Absalón le dijo: "¿De modo que tu hermano Amnón ha estado contigo? Pues calla por ahora, hermana; es tu hermano; no des demasiada importancia a la cosa; y Tamar se quedó desconsolada en la casa de Absalón, su hermano. 21 Cuando el rey supo todo esto, enojóse grandemente, pero no quiso castigar a Amnón, porque le amaba como a primogénito. 22 Absalón no dijo a Amnón nada, ni de bueno ni de malo, pero le odió por la violación de su hermana Tamar.

El amor trocóse en odio: summus amor, summum odium. Una vez satisfecha su pasión, Amnón arrojó a su hermana de su presencia, no pensando que con ello ponía de manifiesto delante de todo Israel una infamia que pudo quedar oculta, y que, dadas las circunstancias, pudo dar lugar a la creencia de que fue ella la que sedujo a Amnón. El paréntesis del v.18 es una glosa redac-cional destinada a hacer más odioso el trato que Amnón dio a Tamar. Llevaban las vírgenes una túnica con mangas anchas (keto-net passim, Gen 38:3; 23; 32); otros entienden la frase en el sentido de una túnica multicolor. La escena llegó a su punto álgido cuando Tamar esparció ceniza sobre su cabeza en señal de duelo (Ez 27:30), rasgó su amplia túnica (1:2; 3:31), puso la mano sobre su cabeza (Jer 2:37) en señal de confusión y vergüenza y marchóse gritando. El crimen de Amnón merecía la pena de muerte (Lev 20:17), que David, su padre, no aplicó por tratarse del primogénito, a quien amaba preferentemente y a quien quizá destinaba para sucederle en el trono. Pero Absalón tomará por su cuenta la causa de su hermana.
Muerte de Amnón (13:23-29)
23 Al cabo de dos años tenía Absalón el esquileo en Baljasor, que está cerca de Efraím, y quiso convidar Absalón a todos los hijos del rey. 24 Vino Absalón al rey y le dijo: "Tu siervo tiene ahora el esquileo; te ruego que venga el rey y sus siervos a la casa de tu siervo." 25 El rey respondió a Absalón: "No, hijo mío, no iremos todos para no serte gravosos." Y aunque le porfió, no quiso ir, y le bendijo. 26 Entonces le dijo Absalón: "Al menos permite que venga Amnón, mi hermano." "Y qué ha de ir?" le dijo el rey; 21 mas como le importunase Absalón, dejó ir con él a Amnón y a todos los hijos del rey. Absalón había preparado un gran banquete, como banquete de rey, 28 y había dado orden a sus criados, diciendo: "Estad atentos, y cuando el corazón de Amnón se haya alegrado con el vino y os diga yo: Herid a Amnón, matadle, y no temáis, que yo os lo mando. Esforzaos, pues, y tened valor." 29 Los criados de Absalón hicieron con Amnón lo que Absalón les había mandado; y luego todos los hijos del rey se levantaron, montaron en sus mulos y huyeron.

A los dos años del incesto de Amnón llegó su castigo. Tenía Absalón, hermano de Tamar, una gran propiedad en Baljasor, hoy Gebel el-Asur, punto culminante de las montañas de Judá, a unos veintitrés kilómetros al norte de Jerusalén y cerca de Efraím. Como gran hacendado, además de tierras, poseía numerosos rebaños de ganado menor, ovejas y cabras. Todos los años, con ocasión del esquileo, se organizaban grandes fiestas (1 Sam 25:255; Gen 38:12), en las que tomaban parte gran número de invitados. Quiso Absalón que asistiera el rey y todos sus hijos, haciendo hincapié en Amnón, por ser el primogénito y representar al padre.
El banquete fue espléndido, "como banquete de rey" (1 Sam 25:36). Pero algo trágico aleteaba en el ambiente que sólo conocían Absalón y algunos de sus criados. Cuando los invitados estaban bajo los efectos del vino (1 Sam 25:36), se abalanzaron los criados sobre Amnón y le mataron, huyendo en desordenada confusión todos los demás invitados.
Llega la noticia a David (13:30-39)
30 Cuando todavía no estaban de vuelta, llegó a oídos de David el rumor de que Absalón había matado a todos los hijos del rey, sin que ninguno quedara; 31 y, levantándose David, rasgó sus vestiduras y se echó en tierra, y todos sus servidores rasgaron delante de él sus vestiduras. 32 Jonadab, hijo de Simea, hermano de David, habló y dijo: "No crea mi señor que han muerto todos los jóvenes hijos del rey; es Amnón sólo el que ha muerto, porque era cosa que estaba en los labios de Absalón desde que Amnón forzó a Tamar, su hermana. 33 No crea, pues, mi señor el rey ese rumor que dice: "Han muerto todos los hijos del rey," porque es sólo Amnón el muerto. 34 Y Absalón huyó." El joven que hacía de centinela, alzando los ojos, vio venir gran tropel de gentes por el camino de Joronaím, en la bajada, y lo anunció al rey: "He visto gentes que vienen por el camino de Joronaím, por la falda de la montaña." 35 Entonces dijo Jonadab al rey: "Ya vienen los hijos del rey; es lo que tu siervo ha dicho"; 36 y apenas acabó de hablar, llegaron los hijos del rey, y, alzando la voz, lloraron. También el rey y sus servidores lloraron con grandes lamentos. 37 Absalón fuese huido a Talmai, hijo de Amiud, rey de Guesur, a la tierra de Maaca, y David lloraba todos los días la ausencia de su hijo. 38 Estuvo allí Absalón, después que huyó a Guesur, tres años; 39 y rey David se consumía por ver a Absalón, pues de Amnón el muerto, ya se había consolado.

Una noticia vaga y alarmante llegó a oídos del rey de parte de alguien que asistió a la fiesta y se adelantó para informarle de lo sucedido. El centinela de palacio, alertado por las noticias alarmantés que circulaban, divisó un gran tropel de gente que llegaba por el camino de Joronaím (o Bajurim, según los LXX), al flanco de la montaña. El v.34 está adulterado y es difícil saber cuál era la lección original. Absalón refugióse en casa de su abuelo materno, Talmai, rey de Guesur (3:3), donde permaneció tres años, llorándole todo este tiempo su padre.
La parábola de la mujer de Tecua (14:1-17)
1 Conociendo Joab, hijo de Sarvia, que el corazón del rey estaba por Absalón, 2 mandó a Tecua y trajo de allí una mujer ladina, y le dijo: "Mira, enlútate, vístete las ropas de duelo, no te unjas con óleo, antes preséntate como mujer que de tiempo atrás lleva luto por un muerto, 3 y, entrando al rey, habíale de esta manera"; y puso Joab en boca de la mujer lo que había de decir. 4 Entró, pues, la mujer de Tecua al rey; y postrándose en tierra, le hizo reverencia y dijo: "¡Oh rey, sálvame!" 5 El rey le dijo: "¿Qué tienes?"; y ella respondió: "Soy una mujer viuda, murió mi marido, 6 y tenía tu sierva dos hijos. Riñeron los dos en el campo, donde no había quien los separase, y el uno, hiriendo al otro, le mató; 7 y he aquí que toda la parentela, alzándose contra tu sierva, dice: Entréganos al que mató a su hermano, para que le demos muerte por la vida de su hermano, a quien mató él; y quieren matar al heredero, apagando así el ascua que me ha quedado y no dejando a mi marido ni nombre ni sobreviviente sobre la tierra." 8 El rey dijo a la mujer: "Vete a tu casa, que ya daré yo órdenes sobre lo tuyo." 9 Entonces dijo la mujer de Tecua al rey: "Rey, mi señor, yo querría que la responsabilidad recayera sobre mí y sobre la casa de mi padre, no sobre el rey y sobre su trono." 10 El rey entonces respondió: "Si alguno sigue inquietándote, tráelo a mí, que no te inquietará más." 11 Ella entonces dijo: "Ruégote, oh rey! que interpongas el nombre de Yahvé, tu Dios, y no dejes que el vengador de la sangre aumente la ruina matando a mi hijo." Y él respondió: "Vive Yahvé que no caerá en tierra ni un cabello de la cabeza de tu hijo." 12 La mujer añadió: "Permite, ¡oh rey! a tu sierva que diga una palabra a mi señor." El rey dijo: "Habla." 13 Y la mujer entonces dijo: "¿Por qué, pues, piensas tú de otro modo contra el pueblo de Dios? Pues con el juicio que el rey ha pronunciado se hace como reo por no hacer el rey que vuelva su fugitivo. 14 Porque todos morimos y somos como agua que se derrama en la tierra, que no puede volver a recogerse; que Dios no hace volver las almas. Medite, pues, el rey cómo el fugitivo no quede arrojado de su presencia. 15 Si he venido yo a decir esto al rey, mi señor, es porque el pueblo me dio miedo" y me dije: "Voy a hablar al rey, a ver si hace lo que su sierva le diga. 16 Seguramente el rey escuchará a su sierva y la librará de la mano del que quiere raerme a mí, juntamente con mi hijo, de la heredad de Dios, π Tu sierva ha dicho: Que me tranquilice la palabra de mi señor el rey, ya que es el rey, mi señor, como el ángel de Dios para discernir entre lo bueno y lo malo. Y ahora que Yahvé, tu Dios, sea contigo."

El tiempo, que restaña muchas heridas, había hecho olvidar al rey la memoria de Amnón, preocupándole cada día más la suerte de su hijo Absalón, al que ahora, por edad, le correspondía el trono.
Era Tecua una aldea del desierto de Judá, a unos diecisiete kilómetros al sur de Jerusalén, célebre por haber sido la patria de Amos. Tal como le indicó Joab, la mujer tecuita presentóse ante el rey, a quien planteó el problema. Se presenta como mujer viuda, madre de dos hijos, de los cuales uno pereció a manos de su hermano en una pelea. La parentela, o sea, el goel más próximo de la víctima, reclama, en nombre de la familia, la venganza de sangre (3:30; Núm 35:19-21; Deut 19:1-12), con lo que acabará con el único hijo que le queda, exterminando con ello al heredero, cuya misión es hacer revivir el nombre del padre. Si logra su intento, acabará "con el ascua que me ha quedado" (21:17), apagándose, por consiguiente, el fuego del hogar (scintilla, Vulg.; gahelet, hebr. = carbón encendido). David promete tomar el asunto por su cuenta.
Basándose en la solución propuesta, la mujer hace la aplicación al caso de Absalón. David está obligado a perdonarle. ¿Por qué empeñarse en tener alejado de palacio al hijo que debe propagar su nombre y sucederle en el trono? Si la parentela obraba mal al querer extinguir el nombre de una casa de Israel, ¿cuánto más culpable es el rey al no querer perdonar a su hijo, exponiendo con ello el porvenir de un pueblo? Inútil pensar en resucitar a Amnón: "Dios no hace volver las almas" (v.14), ni se puede recoger el agua que se desparrama. ¿A qué vienen los resentimientos y los castigos despiadados, cuando la vida es tan corta? En tercer lugar debe imitar David la misericordia de Dios, que no mata al pecador, sino que busca ocasión de otorgarle el perdón.
Absalón regresa a Jerusalén (14:18-33)
18 El rey entonces dijo a la mujer: "Mira, no me ocultes nada de lo que voy a preguntarte." Y la mujer respondió: "Hable el rey, mi señor." 19 El rey le dijo: "¿No anda en todo esto la mano de Joab?" Y la mujer respondió: "Por tu vida, oh rey, mi señor! que no se aparta lo que el rey, mi señor, dice ni a la derecha ni a la izquierda. Joab, tu siervo, me ha mandado y ha puesto en la boca de tu sierva todas estas palabras. 20 Joab, tu siervo, ha hecho esto para ver de mudar el aspecto de las cosas. Pero mi señor es sabio, con la sabiduría de un ángel de Dios, para conocer cuanto pasa en la tierra." 21 Entonces el rey dijo a Joabí "Voy a hacer según tu deseo. Ve, pues, y haz que vuelva el joven Absalón." 22 Joab se echó rostro a tierra y se prosternó, y, bendiciendo al rey, dijo: "Ahora comprendo que tu siervo ha hallado gracia a tus ojos, ¡oh rey, mi señor! pues ha hecho el rey lo que su siervo le ha dicho." 23 Levantóse luego Joab y se fue a Guesur, y trajo consigo a Absalón a Jerusalén. 24 Pero el rey dijo: "Que se vaya a su casa y no se me presente," y fuese Absalón a su casa sin ver al rey. 25 No había en todo Israel hombre tan hermoso como Absalón; desde la planta de los pies hasta la cabeza no había en él defecto; 26 y cuando se cortaba el pelo, cosa que hacía al fin de cada año, porque le molestaba, y por eso se lo cortaba, pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos, peso real. 27 Naciéronle a Absalón tres hijos y una hija, de nombre Tamar, que era hermosísima. 28 por dos años estuvo Absalón en Jerusalén sin poder ver al rey. 29 Mandó Absalón por Joab para enviarle al rey, pero Joab se negó a ir, y aunque por segunda vez le llamó, no quiso ir. 30 Entonces dijo a sus siervos: "Ya sabéis que el campo de Joab está junto al mío y que tiene allí su cebada; id y prended-le fuego." Y los siervos de Absalón pegaron fuego a las tierras de Joab. Vinieron entonces los siervos de Joab, rasgadas las vestiduras, y le dijeron: "Los siervos de Absalón han pegado fuego a tu campo." 31 Levantóse Joab y vino a casa de Absalón, y le dijo: "¿Por qué han pegado fuego tus siervos a mis tierras?" 32 Y Absalón le respondió: "Dos veces te he mandado a llamar para que vinieses y fueses por mí al rey a decirle: ¿Para qué he venido de Guesur? Mejor me hubiera sido estarme allí. Que pueda yo ver la faz del rey, y si soy culpable, máteme." 33 Fue, pues, Joab al rey y le dijo esto, y el rey llamó a Absalón, que inclinó a tierra su rostro ante el rey, y el rey besó a Absalón.

David estuvo de acuerdo con el deseo de Joab de que Absalón regresara a Jerusalén, viendo en esta coyuntura la realización de un secreto anhelo que de tiempo anidaba en su corazón. No obstante, para salvar las apariencias e impedir las habladurías, externamente mostróse duro para con su hijo, autorizándole la estancia en Jerusalén, pero negándose a recibirle en audiencia. Los derechos de la justicia prevalecieron esta vez sobre los sentimientos del corazón. Con la inserción de los v.25-27 se corta el hilo del relato, pero tienen la finalidad de servir de preámbulo a cuanto se contará en los capítulos siguientes. El aspecto físico de Absalón era perfecto y armónico; pero, sobre todo, su cabellera no tenía rival. El texto masorético señala que su peso era de doscientos siclos en peso real, lo que equivaldría a dos kilogramos y medio. Quizá haya en el texto una hipérbole. Hummelauer soluciona la dificultad admitiendo que el texto habla del valor monetario del siclo y que tal era el precio con que se cotizaba la famosa cabellera. Desconocemos el nombre de los hijos de Absalón; la niña llamábase Tamar = palmera; debieron de morir pronto (18:18).
Rebelión de Absalón (15:1-15)
1 Después de esto se hizo Absalón con un carro y caballos, y cincuenta hombres iban delante de él. 2 Levantábase Absalón bien de mañana, y, poniéndose junto al camino de la Puerta, a cualquiera que tenía un pleito y venía a juicio ante el rey, le llamaba Absalón y le decía: "¿De dónde eres?" Y él contestaba: "Tu siervo es de tal o cuál de las tribus de Israel." 3 Entonces Absalón le decía: "Mira, tu causa es buena y justa, pero no tendrás quien por el rey te oiga. 4 ¡Quién me pusiera a mí por juez de la tierra, para que viniesen a mí cuantos tienen algún pleito o algún negocio, y yo les haría justicia!" 5 Y cuando alguno quería postrarse ante él, él le tendía la mano, le cogía y le besaba. 6 De esta suerte obraba Absalón con todos los israelitas que venían al rey en demanda de justicia, y así robaba el corazón de Israel. 7 Al cabo de cuatro años dijo Absalón al rey: "Te ruego que me permitas ir a Hebrón, a cumplir un voto que he hecho a Yahvé; 8 porque cuando tu siervo estaba en Guesur, en Siria, prometí: Si Yahvé me vuelve a Jerusalén, sacrificaré a Yahvé." 9 El rey le dijo: "Ve en paz"; y él se levantó y se fue a Hebrón. 10 Absalón mandó mensajeros por todas las tribus de Israel, diciendo: "Cuando oigáis sonar la trompeta, gritad: Absalón reina en Hebrón." 11 De Jerusalén fueron con Absalón doscientos hombres invitados, con corazón sencillo, que nada sabían. 12 También mandó llamar Absalón a Ajitofel, guilonita, del consejo de David, a su ciudad de Güilo, que estuvo con él mientras hacía sus sacrificios. La conjuración iba creciendo, y llegó a ser grande, pues iban aumentando los secuaces de Absalón. 13 Vinieron a avisar a David, diciendo: "Todo Israel se va tras Absalón." 14 Entonces David dijo a todos sus servidores, que estaban con él en Jerusalén: "Levantaos y huyamos, porque no podríamos escapar delante de Absalón. Daos prisa a salir, no sea que nos sorprenda él y eche sobre nosotros el mal, y pase la ciudad a filo de espada." 15 Los servidores le dijeron: "Tus siervos están dispuestos a hacer cuanto mande el rey nuestro señor."

A medida que el rey avanzaba en edad multiplicábanse las pruebas de su casa. Cierta tirantez existía entre él y el pueblo, entre Joab y Betsabé, entre Absalón y su padre. En primer lugar, las guerras que sostuvo David contra los enemigos exteriores, con las consiguientes pérdidas en hombres y estrecheces económicas, le enajenaron muchas simpatías. A ello cabe añadir la política de centralización en todos los órdenes, el aumento de las contribuciones, que empobrecían a la nación. Por otra parte, el poderoso Joab nutría pocas simpatías por Betsabé, tratando por todos los medios de oponerse a sus pretensiones de entronizar a su hijo Salomón, ya que a la muerte de David debía sucederle en el trono su hijo Absalón. Dodiya, el segundo hijo (3:3), parece haber muerto joven. Así lo comprendió también Absalón, quien, una vez reconciliado con su padre, trató de ganarse el favor popular. Joven, apuesto y Juncal, atraía sobre sí las miradas del pueblo. Amante del boato, introdujo en Jerusalén el uso de carros tirados por caballos y una guardia personal de cincuenta hombres que le precedía. Pero, además, era un hombre franco, llano, que no tenía inconveniente alguno en ponerse al habla con las gentes del pueblo, conversar con 1OS desocupados junto a la puerta de la ciudad, interesarse por unos y por otros, atender a las necesidades de todos, facilitando a los provincianos el acceso al palacio real y resolviendo él mismo las dificultades. Pronto entre el pueblo apareció Absalón como el príncipe ideal, en contraposición a la diplomacia palaciega, lenta burócrata, débil e indolente. Con los años menguaban las cualidades que en otros tiempos adornaban la persona de David. En pocos años había Absalón pulsado el sentimiento popular, creyendo que la situación estaba madura para intentar un golpe de Estado. Después de haberse ganado a las tribus del Norte (19:42), quiso explorar el apoyo que podrían prestarle las del Sur, especialmente de los alrededores de Hebrón, cuna del reino, y de la cual había desertado David. Tomando como pretexto el cumplimiento de un voto hecho durante su exilio en Guesur, obtuvo de su padre la autorización para trasladarse allí. En Hebrón le conocían ya; había nacido allí (3:3); por él estaban dispuestos los hebronitas a cualquier cosa. Al mismo tiempo que abandonaba Jerusalén para dirigirse a Hebrón, enviaba mensajeros a todas las tribus, alertándolas para cuando sonara el grito de la revolución. En su compañía marcharon unos doscientos hombres de buena posición, que aceptaron la invitación que se les hizo de asistir a la solemnidad religiosa organizada por Absalón (1 Sam 9:22). Al festín fue invitado particularmente el sabio Ajitofel, consejero de David, considerado como el oráculo de Dios. Abuelo paterno de Betsabé (23-34), aprovechó acaso esta ocasión para separarse de David y vengar la deshonra que infirió a Betsabé y la muerte de Urías el jeteo (Desnoyers). Ajitofel era de Güilo, que se identifica con el actual Jirbet Ojala, a once kilómetros al noroeste de Hebrón.
La revolución estaba en marcha. En Hebrón encontró el hijo de David el calor popular, que apoyaba incondicionalmente sus derechos al trono de David, su padre (1 Re 2:15), contra las maquinaciones de la advenediza Betsabé (1 Re 1:17). Los pregoneros, apostados en lugares estratégicos, dieron el toque convenido para el levantamiento general, yéndose todo el pueblo tras de Absalón. Del norte y del sur llegaban aires de guerra; a David quedaban tan sólo dos posibilidades: o atrincherarse en la ciudad al amparo de sus murallas o huir. Esta fue la solución más lógica y viable, por no estar preparada la capital para resistir un cerco prolongado.
David, camino del destierro (15:16-37)
16 Partióse, pues, el rey a pie, seguido de toda su familia" dejando diez concubinas al cuidado de la casa. 17 El rey salió con toda su gente a pie, y se detuvieron en una casa alejada. 18 Todos sus servidores iban a sus lados; los cereteos, los feleteos y las gentes de Itaí, jeteo, en número de seiscientos, que desde Gat le habían seguido, marchaban a pie delante del rey. 19 El rey dijo a Itaí el jeteo: "¿Por qué has de venir tú también con nosotros? Vuélvete y quédate con el rey, pues tú eres un extranjero y estás fuera de tu tierra sin domicilio. 20 Ayer llegaste, ¿y voy a hacerte hoy errar con nosotros, cuando ni yo mismo sé siquiera adonde voy? Vuélvete y lleva contigo a tus hermanos, y Yahvé use contigo de gracia y de verdad. 21 Pero Itaí respondió al rey, diciendo: "Vive Dios, y vive mi señor el rey, que donde mi señor esté, vivo o muerto, allí estará tu siervo." 22 Entonces dijo David a Itaí: "Ven y pasa"; y pasó Itaí, jeteo, con toda su gente y su familia. 23 Todos iban llorando en alta voz, y pasaron el torrente de Cedrón el rey y todo el pueblo, siguiendo el camino del olivar que se halla en el desierto. 24 Iban también Sadoc y Abiatar, y con ellos todos los levitas, que llevaban el arca de la alianza de Dios. Detuviéronse con el arca de la alianza de Dios hasta que toda la gente se hubo salido de la ciudad. 25 Entonces dijo el rey a Sadoc y a Abiatar: "Volved el arca de Dios a la ciudad y quédese en su lugar. Si hallo gracia a los ojos de Yahvé, El me volverá a traer y me hará volver a ver el arca y el tabernáculo. 26 Pero si El dice: No me complazco en ti, aquí me tiene, haga El conmigo lo que bien le parezca." 27 Y siguió diciendo a Sadoc: "Tú y Abiatar volveos en paz a la ciudad con Ajimas, tu hijo, y con Jonatán, hijo de Abiatar. Vayan vuestros dos hijos con vosotros. 28 Yo esperaré en las llanuras del desierto hasta que me llegue de vosotros algún aviso." 29 Volviéronse entonces Sadoc y Abiatar a Jerusalén, llevando el arca de Dios, y se quedaron allí. 30 Subía David la pendiente del monte de los Olivos, y subía llorando, cubierta la cabeza y descalzos los pies. También cuantos le seguían cubriéronse todos la cabeza, y subían llorando. 31 Dieron aviso a David de que Ajitofel estaba entre los conjurados, y dijo David: "Confunde, ¡oh Yahvé! el consejo de Ajitofel." 32 Cuando llegó David a la cumbre, donde se adora a Yahvé, llegó ante él Cusaí el arquita, amigo de David, rasgadas las vestiduras y cubierta de polvo la cabeza, 33 y le dijo David: "Si vienes eonmigo, me serías una carga; 34 si, por el contrario, te vuelves a la ciudad y dices a Absalón: ¡Oh rey, siervo tuyo soy; como he servido a tu padre, así te serviré a ti! podrás confundir el consejo de Ajitofel en favor mío; 35 tendrás contigo a los sacerdotes Sadoc y Abiatar y podrás comunicarles cuanto sepas de la casa del rey. 36 Y como tendrán consigo a sus dos hijos, Ajimas, hijo de Sadoc, y Jonatán, hijo de Abiatar, por ellos podréis informarme de lo que sepáis." 37 Cusaí, amigo de David, se tornó a la ciudad cuando Absalón hacía su entrada en ella.

Pronto se organizó el éxodo. Toda la familia real, los criados, los funcionarios, tropas escogidas y muchos subditos que defendían su causa le acompañaron camino del destierro. Sólo quedaron en palacio diez concubinas al cuidado de la casa (16:20-23). Entre la comitiva marchaban los cereteos y los feleteos (8:18) y las gentes de Itaí. Era éste un jefe hitita que había huido de Gat con su familia y seiscientos hombres y se había puesto al servicio de David (1 Crón 18:1; 1 Sam 8:1). Desconocemos qué sentido quiso dar David a la recomendación hecha a Itaí de quedarse en Jerusalén "con el rey," título que se había arrogado Absalón. Pero parece que David únicamente quería a su lado personas capaces de compartir su futuro incierto, por lo cual invita a Itaí y a los suyos a regresar a su país. También los sumos sacerdotes Sadoc y Abiatar habían sacado del tabernáculo el arca de la alianza para llevarla consigo adondequiera que fuera David. Cuando todos habían pasado el torrente Cedrón y los sacerdotes se disponían a seguir a los fugitivos, ordenó David que devolvieran el arca a su lugar; si las cosas marchaban bien, "volvería a ver el arca y el tabernáculo"; si la suerte le era adversa, se resignaba a la voluntad de Dios. David subió llorando la ladera del monte de los Olivos, cubierta la cabeza y descalzos los pies. El monte Olívete se levanta al este del torrente Cedrón (Zac 14:4); su nombre proviene de los muchos olivos que en otro tiempo cubrían toda la vertiente occidental, quedando magníficos ejemplares centenarios en el actual huerto de Getsemaní. Los árabes llaman al monte et-Tur; su cima hállase a 816 metros sobre el nivel del Mediterráneo. La escena de David que subía llorando la cuesta de la montaña recuerda las lágrimas que en este lugar derramó Jesucristo sobre la ciudad deicida (Lc 19:41). Al llegar a la cima del monte diéronle la noticia amarga de que Ajitofel (16:23-55; I7:1ss) habíase unido a la conjuración. Anota el texto que había sobre el monte un santuario cananeo, que más tarde fue consagrado a Yahvé; quizá el texto es refiere al de Nob (1 Sam 21:2).
Pero también tuvo David la satisfacción de comprobar la fidelidad de Cusaí el arquita, perteneciente al clan de los arquianos, de que habla Jos 16:2, que moraba cerca de Betel y de Atarot. Piensa David utilizar sus servicios para contrarrestar los consejos de Ajitofel (16:16; 17:555). David logró montar un espionaje eficiente en torno a Absalón.
Infidelidad de Siba (16:1-4)
1 Cuando David hubo traspuesto la cumbre, Siba, el siervo de Mefibaal, vino a él con dos asnos aparejados y cargados de doscientos panes, cien colgajos de uvas pasas y un pellejo de vino; 2 y dijo el rey a Siba: "¿Qué es esto?" Y Siba respondió: "Los asnos son para la familia del rey, para que monte en ellos; los panes y las tortas de higos y las pasas, para que coman; y el vino, para que beban los que desfallezcan en el desierto." 3 El rey le preguntó: "¿Con quién está el hijo de tu amo?"; y Siba respondió: "Se ha quedado en Jerusalén, diciendo: Hoy me devolverá la casa de Israel el reino de mi padre." 4 Y el rey dijo a Siba: "Tuyo será cuanto fue de Mefibaal." Siba respondió: "Que halle yo gracia a los ojos del rey, mi señor."

Siba, que ocupaba un lugar preeminente en la casa de Mefibaal (4:4; 9:2ss), sale al encuentro de David y le ofrece panes, pasas, dátiles, frutos de verano (qais), como higos, frutas variadas, etc. piensa'Siba aprovechar esta circunstancia para congraciarse con el rey, no temiendo para ello calumniar a su amo (19:25-31), que, por estar cojo, no pudo acompañar a David en la huida. David dio crédito a las palabras de Siba, entregándole todos los bienes que habían pertenecido a la casa de Saúl (9:7).
Semeí ultraja a David (16:5-23)
5 Cuando llegó el rey a Bajurim, salióle al encuentro un hombre de los de la casa de Saúl, de nombre Semeí, hijo de Güera, que se adelantó profiriendo maldiciones 6 y tirando piedras a David y a los servidores de David, aunque iban los hombres de guerra a la derecha y a la izquierda del rey. 7 Semeí decía maldiciendo: "¡Vete, vete, hombre sanguinario y malvado 8 Yahvé hace recaer sobre tu cabeza toda la sangre de la casa de Saúl, cuyo reino has usurpado, y ha entregado tu reino en manos de Absalón, tu hijo. Te ha dado lo que tú mereces, porque eres un hombre sanguinario." 9 Entonces Abisaí, hijo de Sarvia, dijo al rey: "¿Cómo se atreve ese maldito perro muerto a maldecir al rey? Déjame, te ruego, que vaya a cortarle la cabeza"; 10 pero el rey le respondió: "¿Qué tenéis que ver conmigo, hijos de Sarvia? Dejadle que maldiga, que si Yahvé le ha dicho: Maldice a David, ¿quién va a decirle: Por qué lo haces?" 11 David dijo a Abisaí y a todos sus seguidores: "Ya veis que mi hijo, salido de mis entrañas, busca mi vida; con mucha más razón ese hijo de Benjamín. Dejadle maldecir, pues se lo ha mandado Yahvé. 12 Quizá Yahvé mirará mi aflicción y me pagará con favores las maldiciones de hoy." 13 Y David y sus gentes prosiguieron su camino, mientras iba Semeí por el lado del monte, detrás de David, sin dejar de maldecirle y tirarle piedras y tierra. 14 El rey y los que con él iban llegaron extenuados, y descansaron allí. 15 Cuando Absalón, llevando con él a Ajitofel, entró en Jerusalén con todo el pueblo, los hombres de Israel, 16 Cusaí el arquita, amigo de David, vino a su encuentro, diciendo: "I Viva el rey, viva el rey!" 17 Absalón dijo a Cusaí: "¿Es ese el pago que das a tu amigo? ¿Por qué no te has ido con tu amigo?" 18 Cusaí dijo a Absalón: "No, yo soy de aquel a quien Yahvé y todo su pueblo, todos los hombres de Israel, han elegido, y con ése quiero estar. 19 Por lo demás, ¿a quién voy a servir? ¿No es a un hijo suyo? Como servía a tu padre, así te serviré a ti." 20 Absalón dijo a Ajitofel: "Tened consejo para ver lo que conviene hacer"; 21 y Ajitofel dijo a Absalón: "Entra a las concubinas que tu padre ha dejado al cuidado de la casa, y así sabrá todo Israel que has roto del todo con tu padre, y se fortalecerán las manos de cuantos te siguen. 22 Levantóse, pues, para Absalón una tienda en la terraza, y entró a las concubinas de su padre a los ojos de todo Israel. 23 Consejo que daba Ajitofel era mirado como si fuera palabra de Yahvé; tal era la confianza que el consejo de Ajitofel inspiraba lo mismo a David que a Absalón. Al descender la pendiente oriental del Olívete, al llegar a Ba(3:16), salióle al encuentro cierto Semeí, del clan de la familia de Saúl, profiriendo maldiciones y arrojando piedras contra David y sus servidores. Era Semeí un "hombre de Belial" (1 Sam 23:25; 30:22), un perro muerto (9:8; 1 Sam 24:15). Por fin, David' cansado y rendido corporal y espiritualmente, llegó a Jericó, donde descansó él y cuantos le acompañaban. No determina más concretamente el texto masorético el lugar de este descanso, que probablemente fue el oasis de Jericó, como lo entendió el texto griego de Lagarde.

Por consejo de Ajitofel, Absalón violó públicamente el harén de su padre. Era ley en Oriente que un pretendiente al trono se amparase del harén real (3:7; 12, v.11-12). Diez concubinas quedaron al cuidado de la casa (15:16), mientras las mujeres propia-mente dichas siguieron al rey. Lo que David hizo ocultamente lo repite ahora Absalón a vista de todo el pueblo, cumpliéndose las palabras de Natán (12:11-12). Todavía no había empezado la obra de Cusaí, encaminada a desvirtuar el consejo de Ajitofel.
Ajitofel y Cusaí aconsejan (17:1-16)
1 Ajitofel dijo a Absalón: "Voy a elegir doce mil hombres para salir esta noche en persecución de David, 2 y cargaré sobre él cuando esté cansado y flaco de fuerzas; le atemorizaré, y cuantos le siguen huirán, y heriré al rey solo. 3 y haré que vengan a ti todos sus partidarios, el pueblo todo, como viene la novia a su novio. Es el alma de un solo hombre la que tú buscas, y todo el pueblo quedará en paz." 4 Agradó este consejo a Absalón y a todos los ancianos de Israel; 5 pero Absalón dijo: "Llamad a Cusaí el arquita y sepamos su parecer." 6 Vino Cusaí a Absalón, y Absalón le dijo: "Esto ha dicho Ajitofel. ¿Hemos de hacer lo que él dice? Si no, habla tú." 7 Y Cusaí respondió a Absalón: "Por esta vez el consejo de Ajitofel no es bueno." 8 Tú sabes bien que tu padre y sus gentes son unos valientes, y exasperarlos sería co*no si en el campo a una osa le arrebataran su cría, o como un jabalí enfurecido en el desierto. Tu padre es hombre de guerra, y seguramente no pasará la noche entre los suyos. 9 De cierto que estará escondido en alguna caverna o en otro lugar, y si a los comienzos cayeran algunos de los tuyos, los que lo oyeran seguramente dirían: Han sido derrotados los secuaces de Absalón; 10 y entonces aun el valiente cuyo corazón sea como el corazón de un león desmayaría, porque todo Israel sabe que tu padre es un valiente, y que son valientes también los que con él están. 11 Aconsejóte, pues, que reúnas a todo Israel, desde Dan hasta Berseba, en muchedumbre como las arenas que están a la orilla del mar, y que tú en persona vayas a darle la batalla. 12 Entonces le atacaremos dondequiera que esté, y daremos sobre él como rocío que cae sobre la tierra, y no dejaremos ni uno de cuantos con él están. 13 Y si se acogiere a la ciudad, todos los de Israel llevarán allá cuerdas, y la arrastraremos al arroyo, hasta no quedar en ella piedra sobre piedra. 14 Entonces Absalón y todos los de Israel dijeron: "El consejo de Cusaí el arquita es mejor que el de Ajitofel"; porque había dispuesto Yahvé frustrar el acertado consejo de Ajitofel para traer Yahvé el mal sobre Absalón. 15 Dijo luego Cusaí a Sadoc y a Abiatar, sacerdotes: "Esto y esto ha aconsejado Ajitofel a Absalón y a los ancianos de Israel y esto y esto aconsejé yo. 16 Enviad, pues, inmediatamente a dar aviso a David, diciendo: "No te quedes esta noche en el campo del desierto; pasa en seguida, para que no sea destruido el rey con todos los que le siguen."

El consejo de Ajitofel era más realista. Debía Absalón aprovechar el entusiasmo del pueblo para salir en persecución del viejo rey, que, cansado del viaje, se habría detenido en algún lugar. Muerto el rey, todo el pueblo quedará en paz, no habiendo nadie que disputara a Absalón el trono. El plan de Cusaí, concebido más bien en provecho de David que de Absalón, consistía en no precipitar los acontecimientos. Prevaleció este consejo por haber confundido Dios las inteligencias de Absalón y de sus jefes. Cerciorado de esto, habló Cusaí a los sumos sacerdotes Sadoc y Abiatar (15:27-29) de lo que había sucedido, indicándoles la conveniencia de que mandaran aviso a David para que se pusiera a salvo. De momento había logrado Cusaí hacer prevalecer su criterio; pero podía Absalón cambiar de parecer.
Los mensajeros informan a David (17:17-23)
17 Jonatán y Ajimas estaban junto a la fuente de Roguel, porque no podían dejarse ver viniendo a la ciudad; y allá fue una sierva para darles aviso y que ellos lo hicieran luego llegar al rey David. 18 Viólos, sin embargo, un mozo, que dio cuenta de ello a Absalón; pero ellos se apresuraron y llegaron a la casa de un hombre de Bajurim que tenía un pozo en el patio, y en él se metieron. 19 Tomó la mujer una manta y cubrió con ella la boca del pozo, poniendo sobre ella el grano trillado, y así nadie pudo percatarse de la cosa. 20 Llegaron los seguidores de Absalón a la casa de la mujer y le preguntaron: "¿Dónde están Ajimas y Jonatán?" Y la mujer respondió: "Ya han pasado el arroyo." Y, aunque los buscaron, no los hallaron y se volvieron a Jerusalén. 21 Cuando se hubieron ido, salieron del pozo y fuéronse luego a dar el aviso a David, diciéndole: "Pasad luego el vado, porque Ajitofel ha dado este consejo contra vosotros." 22 Levantóse entonces David con todo el pueblo que con él estaba, y pasaron el Jordán, y al alba no quedaba uno que no hubiera pasado el Jordán. 23 Ajitofel, viendo que no se había seguido su consejo, aparejó su asno, levantóse, se fue a su casa de la ciudad y, después de tomar disposiciones acerca de su casa, se ahorcó, y, muerto, fue sepultado en el sepulcro de su padre.

Los dos hijos de los sumos sacerdotes (15:27) estaban apostados junto a Ain Roguel, el manantial actual de Bir Ayub, al súdate de Jerusalén, en la confluencia del torrente Cedrón con el Hinnón (1 Re 1:7-9). Una criada los informó de lo dicho por Ajitofel V Cusaí. Un joven que por allí merodeaba comunicó al rey haberlos visto huir precipitadamente en dirección a Jericó. De esta traición diéronse ellos cuenta, por lo cual se escondieron en Bajurim (3:16). El v.20 es interpretado diversamente. Según la Vulgata, respondió la mujer a los enviados de Absalón: "Pasaron a toda prisa después de haber bebido un poco de agua"; el texto masorético: "Han pasado ya el mikal de las aguas"; los LXX: "Han pasado un poco de agua." Dhorme cambia la palabra mikal en makil a la que da el sentido de estanque (Jer 2:13).
Entretanto, Ajitofel, humillado por no haberse seguido su consejo, aparejó su asno, marchóse a Güilo (15:12; 23:34), en donde se suicidó. Estaba convencido de que el único consejo recto era el suyo; de seguir el de Cusaí, la derrota de Absalón sería inevitable, esperándole entonces la muerte como a traidor. Pocos son los casos de suicidio mencionados en el Antiguo Testamento; a excepción de éste, en todos los otros entra de por medio el honor militar o nacional Que 9:54; 1 Sam 31:4-6; 1 Re 16:18; 2 Mac 14:41-46)
David y Absalón, en TransJordania (17:24-29)
24 Llegó David a Majanaím, y Absalón pasó el Jordán con toda la gente de Israel. 25 Absalón hizo jefe de su ejército a Amasa en vez de Joab. Era Amasa hijo de un varón ismaelita llamado Jitra, casado con Abigal, hija de Isaí, hermana de Sarvia, madre de Joab. 26 Asentó su campo Israel con Absalón en tierra de Galaad; 27 y en cuanto llegó David a Majanaím, 28 Sobi, hijo de Najas, de Raba, de los hijos de Amón, y Maquir, hijo de Amiel, de Lodabar, con Barzilai, galadita, de Roguelim, trajeron a David y a la gente que con él estaba camas, alfombras, calderas y vasijas de barro, trigo, cebada y harina, grano tostado, habas, lentejas y legumbres tostadas, 29 miel, manteca, ovejas y quesos de vaca, y ofrecieron todo esto a David y a los que con él estaban para que comiesen, pues se dijeron: "Seguramente están hambrientos, fatigados y sedientos en el desierto."

Siguiendo el consejo de Cusaí, pasó David el Jordán y llegó a Majanaím (2:8; 12:29), la antigua residencia de Isbaal, cuya locali-zación exacta, como dejamos indicado en otras partes, no es posible señalar. Al cabo de un tiempo, que el texto no precisa, lo pasó también Absalón con su gente a la caza de David. Al frente del ejército de Absalón iba Amasa (19:14), hijo del ismaelita (1 Crón 2:17) Jitra (mismo nombre que Jetró). Su madre, llamada Abigaíl o Abigal (1 Crón 2:16-17), era hija de Isaí (Najas, dice el texto masorético), hermana de Sarvia y de David. Amasa es, pues, primo de Joab; ambos, primos de Absalón y sobrinos de David. En Majanaím fue David acogido calurosamente. Presentáronsele el rey Sobi, hijo de Najas (10:12) y hermano de Janón, el que ultrajó a los embajadores de David; Maquir, de Lodabar (9:4-5), y Barzilai (19:33)" de Roguelim, en el actual wadi Bersiniya, a ocho kilómetros al este de Irbid.
Muerte de Absalón (18:1-15)
1 David revistó las tropas y puso al frente de ellas jefes de millares y de centenas; 2 una tercera parte, a las órdenes de Joab; una tercera, a las de Abisaí, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y la otra tercera a las de Itaí el jeteo. El rey dijo a su gente: "Yo saldré también con vosotros." 3 Pero la gente respondió: "No, no salgas tú, porque, si somos vencidos, no importaría mucho aunque sucumbiéramos la mitad de nosotros. Pero tú, tú eres para nosotros como diez mil, y es mejor que puedas salir de la ciudad a socorrernos." 4 El rey respondió: "Haré como os parece." Estúvose el rey cerca de la puerta, mientras por grupos de mil y de ciento salía la gente, 5 y dio esta orden a Joab, a Abisaí y a Itaí: "Preservad por amor mío la vida del joven Absalón"; y todo el pueblo oyó esta orden que dio David a todos los jefes. 6 Salió, pues, la gente al campo contra Israel y trabóse la batalla en los bosques de Efraím. 7 Allí sucumbió el pueblo de Israel ante los seguidores de David y se hizo una gran matanza, de veinte mil hombres. 8 Dispersóse la gente por toda aquella tierra, y fueron más los que devoró el bosque que los que aquel día hirió la espada. 9 Al encontrarse Absalón con las gentes de David, iba montado en un mulo; y al pasar en el mulo debajo de una encina muy grande y copuda, quedó aprisionada su cabeza entre las ramas de la encina, quedando colgado entre el cielo y la tierra, mientras el mulo en que iba montado escapaba. !0 Vio esto uno, y le dijo a Joab: "He visto a Absalón pendiente de una encina." 11 Joab le dijo: "¿Y por qué no le echaste a tierra, y yo te hubiera regalado diez siclos de plata y un talabarte?" 12 Pero aquel hombre le dijo: "Aunque me pesaras mil de plata, no pondría yo la mano sobre el hijo del rey, pues bien oímos todos que a ti, a Abisaí y a Itaí os dijo el rey: "Guardadme a Absalón." 13 Además, haría yo traición a mi vida, pues al rey nada se le esconde, y tú mismo testificarías contra mí." 14 Joab le dijo entonces: "No será así, yo mismo le atravesaré delante de ti"; y cogiendo tres dardos en sus manos, se los clavó en el corazón a Absalón, que todavía vivía, pendiente de la encina. 15 Cercáronle luego diez mozos, escuderos de Joab, que hirieron a Absalón, acabándole.

Las simpatías del pueblo por David manifestáronse al enrolarse mucha gente en su ejército. Como solía hacerse, se dividió el ejército en tres cuerpos Que 7:16; 1 Sam 11:18; 13:17), que se confiaron a tres expertos jefes. Quería David tomar parte en el combate; pero, ante las razones de la gente (expresión para designar a la tropa, 17:8-9), quedóse junto a la puerta esperando el éxito de los acontecimientos.
Los dos ejércitos se enfrentaron en un espeso bosque de Trans-lordania, a la altura de la tribu de Benjamín, no lejos, o acaso en el actual es-Salt, palabra derivada del latín saltus, bosque. Los dados de Absalón que no cayeron en la refriega huyeron precipitadamente, buscando la salvación en la fragosidad de la selva, que entorpeció su huida y les puso al alcance de sus perseguidores.
También logró escapar Absalón montado en un mulo (13:29) pero las ramas de los árboles y la maleza de la selva entorpecieron la marcha del animal, de manera que se encontró frente a frente con los hombres de David. En el intento de acelerar la marcha la cabeza de Absalón (no su cabellera, como se interpreta continuamente), quedó aprisionada entre dos ramas, en tanto que el mulo escapaba, quedando colgado entre el cielo y la tierra. Uno de los soldados contó a Joab haber visto a Absalón suspendido de una rama, a lo que contestó Joab: "¿Por qué no le mataste, y hubieras ganado diez siclos de plata (unas treinta pesetas) y un cinturón?" El oficial le expuso largamente las razones que le movieron a respetar a Absalón; a lo que contestó Joab: "No quiero perder el tiempo contigo" (De Vaux), y, tomando en sus manos tres bastones (shebatim), dardos (LXX) o lanzas (Vulgata), se los clavó en el corazón, o cerca, porque siguió viviendo.
Con este acto viola Joab el mandato del rey, pero ejerce un derecho de guerra reconocido en aquel tiempo. Priva además a Israel de un personaje indeseable, que, en caso de sobrevivir, hubiera quizá cambiado el curso de las cosas. Absalón era reo de muerte por haber asesinado a Amnón (13:28) y por haberse rebelado contra su padre (Deut 21:18-21). Unos jóvenes guerreros que acompañaban a Joab (1 Sam 14:13) lo remataron.
Sepultura de Absalón (18:16-18)
16 Entonces tocó Joab la trompeta, y el pueblo cesó en la persecución de Israel, porque Joab dio esta orden; 17 y cogiendo a Absalón, echáronle en un gran hoyo en el bosque y lo cubrieron con un gran montón de piedras, e Israel huyó cada uno a su casa. 18 Habíase alzado Absalón en vida un monumento en el valle del rey, diciendo: "Para que se conserve la memoria de mi nombre, pues que no tengo hijos," y dio al monumento su nombre, y así se llama hoy todavía el cipo de Absalón.

Conforme a la costumbre, el cadáver de Absalón fue arrojado a una fosa abierta en el bosque, que cubrieron con un montón de piedras (Jos 7:26; 8:29) en señal de menosprecio y para escarmiento de las generaciones futuras. En el v.18 se añade una noticia sobre el monumento que Absalón había hecho levantar en el valle del rey, junto al torrente Cedrón, llamado vad, la mano de Absalón. Según Flavio Josefo (Ant. lúa. 7:10; 3), era un mausoleo de mármol blanco situado a menos de medio kilómetro de Jerusalén. Se discute acerca de su emplazamiento concreto, pero cabe conjeturar que se encontraba en el mismo sitio donde hoy se levanta el llamado sepulcro de Absalón, monumento de época helenística. Era costumbre que todos los judíos que pasaban junto a él le arrojasen piedras en señal de reprobación.
David, enterado de la muerte de su hijo (18:19-32)
19 Ajimas, hijo de Sadoc, dijo: "Déjame correr al rey para darle la noticia de que Yahvé le ha hecho justicia de las manos de sus enemigos." 20 Joab le dijo: "No le llevarás hoy tú la noticia, ya se la llevarás otra vez; pero no lo hagas hoy, pues que ha muerto el hijo del rey." 21 Y Joab dijo a un cusita: "Ve y anuncia al rey lo que has visto." El cusita se prosternó ante Joab y corrió. 22 Ajimas, hijo de Sadoc, dijo, a pesar de todo, a Joab: "Ocurra lo que ocurra, déjame que corra tras el eusita." Y Joab le dijo: "¿Por qué te empeñas en correr a él, hijo mío? Este mensaje no te aprovecharía." 23 "Ocurra lo que ocurra, yo voy," repuso Ajimas, y Joab le respondió: "Ve." Ajimas corrió por el camino de la Hoya y se adelantó al cusita. 24 Estaba David sentado entre las dos puertas. El centinela que estaba en la torre sobre la puerta alzó los ojos y miró, y vio al hombre que corría solo hacia la ciudad, 25 y gritó para advertir al rey. El rey dijo: "Si viene solo, es que trae buenas noticias." En tanto el hombre siguió acercándose hacia la ciudad, 26 y el centinela descubrió al otro que corría también, y gritó del lado de la puerta: "Otro que corre solo." El rey dijo: "Es que también trae buenas noticias." 27 El centinela dijo: "Por el modo de correr, el primero me parece Ajimas, hijo de Sadoc." Y el rey dijo: "Es hombre de bien, seguramente trae buenas noticias." 28 Ajimas, gritando, dijo al rey: "IVictoria!" Prosternóse luego ante el rey, rostro en tierra, y dijo: "Bendito Yahvé, tu Dios, que ha entregado a los que alzaban su mano contra mi señor el rey." 29 El rey preguntó: "Y el joven Absalón, ¿está bien?" Ajimas respondió: "Yo vi un gran alboroto cuando Joab envió al rey tu siervo, pero no pude saber lo que pasaba." 30 Y el rey le dijo: "Pasa y ponte allí." Pasó él y se paró. 31 Llegó luego el cusita y dijo: "Recibe, ¡oh rey, mi señor! la nueva de que ha defendido Yahvé hoy tu causa contra todos los que se alzaron contra ti." 32 Y el rey preguntó al cusita: "Y el joven Absalón, ¿está bien?" Y el cusita respondió: "Que lo que es de ese mozo sea de los enemigos de mi señor el rey y de todos cuantos para mal se alcen contra ti."

A Ajimas le espoleaba el prurito de ser el primero en anunciar al rey lo que había sucedido. Joab se lo impidió, porque no era concebible que un hombre de categoría, como era un hijo del sumo sacerdote Sadoc (15:27-36; 17:17), fuera portador de funestas noticias; podía ir él en caso de anunciar solamente la victoria sobre el ejército de Absalón; pero, en las circunstancias actuales, esta buena nueva iba unida estrechamente a la de la muerte de Absalón. Por lo mismo, Joab escoge a un cusita para mensajero. Una vez éste en camino, porfio Ajimas una y otra vez hasta que arrancó de Joab la autorización de ir, pensando éste que no alcanzaría al cusita. En contra de lo previsto, Ajimas llegó antes al lugar "entre las dos Puertas," es decir, la interior y la exterior (1 Sam 4:13-14), donde estaba sentado David. A las preguntas que le hizo el rey sobre la suerte de Absalón, encontró Ajimas una fórmula ambigua, un subterfugio para no dar la noticia sobre su muerte, ganando tierno para que llegara el cusita, esclavo etíope, y se lo anunciara de manera clara.
Luto de David por Absalón (19:1-9a).
1 Turbóse entonces el rey, y, subiendo a la estancia que había sobre la puerta, lloraba y decía: "¡ Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío! ¡Hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que fuera yo el muerto en vez de ti! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!" 2 Dijeron a Joab: "El rey llora a su hijo y se lamenta"" 3 La victoria se trocó aquel día en luto para todo el pueblo, porque todos supieron que el rey estaba afligido por la muerte de su hijo; 4 y la gente entró en la ciudad calladamente, como entra avergonzado el ejército que huye de la batalla. 5 El rey, cubriendo el rostro, gemía: "¡Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío Absalón! ¡Hijo mío!" 6 Entró Joab en casa del rey y le dijo: "Hoy has llenado de confusión a todos tus siervos, que han salvado tu vida y la vida de tus hijos y tus hijas, la de tus mujeres y tus concubinas. 7 Amas a los que te aborrecen y aborreces a los que te aman, pues has demostrado hoy que nada te importan tus príncipes y tus siervos, y que, si viviera Absalón, aunque todos nosotros hubiéramos muerto, estarías contento. 8 Levántate, pues, y sal fuera y habla con el corazón a los que te siguen; pues, de lo contrario, por Yahvé juro que, si no sales, ni uno quedará esta noche contigo; y te habrá de pesar de esto más que de cuantos males han venido sobre ti desde tu mocedad hasta ahora." 9a Levantóse el rey, se sentó a la puerta, y todo el pueblo se enteró de que el rey estaba sentado a la puerta, y todos vinieron ante el rey a la puerta.

A las palabras del cusita turbóse David, que fue a ocultar su debilidad en la estancia superior de la fortaleza Que 3:20-25; 1 Re 17:18-23). Un día y otro lloró David al hijo que le buscaba para matarle. Todo el mundo se enteró del estado de ánimo del rey, asociándose al dolor de un padre por la pérdida del hijo. Cancelóse el programa de festejos, marchándose cada uno a su casa, apesarados y contrariados a la vez. ¿Es que habían cometido un crimen venciendo a los insurrectos y matando a su cabecilla? ¿Quiénes son los amigos del rey, su hijo o los guerreros que le han salvado la vida y el trono? Como le hizo saber Joab, ¿no daba David la impresión de que amaba a los que le aborrecían y aborrecía a los que le amaban? La actitud extraña del rey podía acarrearle la defección de los que le habían permanecido fieles. Joab, amparándose en los lazos de la sangre que le unían a David y abusando también de su alto cargo, invitó al rey a que cambiara de proceder; que hablara al pueblo "con el corazón" (Gen 34:3; 50:21; Rut 2:13).
Tentativas para regresar a Jerusalén (19:9b-16)
9 a Los de Israel habían huido cada uno a su casa. 10 Todo el pueblo, en todas las tribus de Israel, se acusaba diciendo: "El rey nos ha librado de la mano de nuestros enemigos; nos ha salvado del poder de los filisteos y ahora ha tenido que huir de la tierra por miedo a Absalón; u y Absalón, a quien habíamos ungido nosotros, ha muerto en la batalla. ¿Por qué, pues, no tratáis de hacer volver al rey?" 12 El rey David mandó quien dijera a Sadoc y a Abiatar, sacerdotes: "Hablad a los ancianos de Judá y decidles: ¿Vais a ser vosotros los últimos en volver al rey a su casa?" Pues lo que por todo Israel se decía había llegado a la casa del rey. 13"Vosotros sois mis hermanos, sois hueso mío y carne mía. ¿Por qué, pues, habréis de ser los últimos en volver al rey a su casa? 14 Decid asimismo a Amasa: ¿No eres tú también hueso mío y carne mía? Esto me haga Dios y esto me añada si no te hago jefe de mi ejército para siempre en lugar de Joab." 15 Inclinóse el corazón de todos los de Judá, para que como un solo hombre mandasen a decir al rey: "Vuelve con todos tus servidores." 16 Volvióse, pues, el rey, y, llegado al Jordán, vino Judá a Caígala a recibir al rey y acompañarle en el paso del Jordán.

La victoria de David había desconcertado y humillado a los que antes apoyaban la causa de su rival. Los días transcurrían sin que se levantaran voces exigiendo la vuelta de David a su trono. Los que le habían ahuyentado de él no se sentían con valor suficiente para borrar de golpe su pasado con la reposición del rey en su palacio, Los primeros en reaccionar fueron las tribus del Norte, las cuales, poco partidarias de David y débilmente comprometidas en la causa de Absalón, veían con más serenidad la situación política de la nación. Además, aunque el reinado de David tuvo sus puntos debiles, ¿no le debía también la nación grandes favores? Los de Judá, más fanáticos por la causa de Absalón, fueron más recalcitrantes. Se mantenían al margen, como queriendo desentenderse del rey y de la monarquía. Ante tamaña actitud, tomó el rey la delantera poniendo en juego la autoridad de los dos sumos pontífices, Sadoc y Abiatar. A través de ellos dio a conocer sus disposiciones para con Judá: nada tendrían que temer de un rey que está ligado con ellos con los vínculos del parentesco. Además, para convencerles de su buena disposición, promete nombrar a Amasa, que fue jefe del ejército rebelde (17:24-25), generalísimo del ejército de la nación a perpetuidad. De esta manera, al mismo tiempo que se atraía a los adversarios, se deshacía de Joab, general altivo y brutal, que de hecho se arrogaba un poder superior al del rey. Las proposiciones del monarca fueron acogidas con simpatía por Judá. De ahí que, al ponerse la comitiva en marcha hacia Jerusalén, salieron los de Judá a recibir al rey al límite septentrional de su territorio, en Caígala (1 Sam 10:8; 11:1455), junto a Jericó, para asistirle en el paso del Jordán y escoltarle hasta Jerusalén.
Los enemigos, al encuentro de David (19:17-24)
17 Semeí, hijo de Cuera, hijo de Benjamín, que era de Ba-jurim, apresuróse a venir con los hombres de Judá a recibir al rey David, 18 trayendo consigo mil hombres. Asimismo Siba, siervo de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, que pasaron el Jordán antes que el rey. 19 Se dispusieron a hacer pasar la familia del rey y a hacer lo que bien le pareciera. Semeí, hijo de Güera, se echó a los pies del rey en el momentó en que el rey iba a pasar el Jordán 20 y le dijo: "Qué mi señor no me impute la iniquidad y olvide las ofensas de su siervo el día en que mi señor salió de Jerusalén. ¡Oh rey! no atiendas a ellas, 21 pues tu siervo reconoce que ha pecado, y hoy vengo el primero de toda la casa de José delante del rey mi señor." 22 Abisaí, hijo de Sarvia, tomó la palabra y dijo: "Pero ¿no va a morir Semeí por haber maldecido al ungido de Yahvé?" 23 Mas David respondió: "¿Qué tenéis que ver conmigo, hijos de Sarvia? ¿Por qué habéis de oponeros hoy a mí? ¿Hoy va a morir nadie en Israel? ¿No soy yo hoy rey de Israel?" 24 Y dijo a Semeí: "No morirás"; y se lo juró el rey.

Al llegar David junto al Jordán, encontróse con los enemigos que antes le ultrajaran. Semeí (16:5-13) vino acompañado de unos hombres, benjaminitas todos ellos, para dar a entender a David que eran muchos los que compartían idénticos sentimientos hacia David, o para dar la sensación de fuerza, ganándose de esta manera la voluntad del rey o atemorizándole. También Siba, con sus hijos y siervos, se adelantó a dar la bienvenida al rey, a fin de que, en premio de sus servicios, olvidara la calumnia levantada contra su amo Mefibaal (v.25-31). Con la expresión "casa de José" (v.21) se incluye la tribu de Benjamín; José y Benjamín eran hermanos, hijos de Jacob y de Raquel. De ahí que a veces se mencionan las tres tribus bajo la misma denominación (Núm 2:18-24; 10:22). La pena merecida por haber injuriado al rey la expiará Semeí en tiempos de Salomón (1 Re 2:8-9; 36-44).
Mefisal (19:25-31)
25 También bajó a recibir al rey Mefibaal, hijo de Saúl; no se había hecho el aseo de sus pies, de sus manos y de su bigote, ni había lavado sus vestidos desde el día en que el rey salió de Jerusalén hasta el día en que volvió en paz. 26 Vino de Jerusalén a recibir al rey, y éste le dijo: "Mefibaal, ¿por qué no viniste conmigo?" 27 Y él respondió: "Mi señor y rey, mi siervo me engañó, porque tu servidor le había dicho: Aparéjame la pollina y montaré en ella para ir con el rey — pues que tu siervo está rengo —, 28 y él ha calumniado a tu siervo ante mi señor el rey; pero mi señor el rey, que es como un ángel de Dios, hará lo que bien le parezca; 29 pues todos los de la casa de mi padre no podían esperar de mi señor el rey otra cosa que la muerte, y" sin embargo, tú has puesto a tu siervo entre los que comen a tu mesa. ¿Qué derecho tengo yo a pedir nada al rey? 30 El rey dijo: "¿Para qué tantas palabras? Ya lo he dicho: Tú y Siba os repartiréis las tierras." 31 Y Mefibaal dijo al rey: "Que las toma todas, ya que mi señor el rey ha vuelto a entrar en paz en su casa."

Mefibaal quiso también salir al encuentro de David, presentándose delante de él sin haberse lavado los pies ni cortado las uñas (Deut 21:12), con el bigote descuidado y los vestidos sucios en seña1 de duelo. Al preguntarle el rey por qué no le había acompañado, Aplicó lo sucedido, quedando al descubierto la vil conducta de Siba, ue Por su calumnia, había obtenido del rey la propiedad de todos los bienes de su amo (16:3). Mefibaal asegura a David que dice toda la verdad, porque sería imposible mentir a "un ángel de Dios" (14:17-20). Se pone incondicionalmente en manos de su dueño y señor, que reacciona de manera inesperada, dictando una sentencia injusta contra Mefibaal, repartiendo sus tierras con Siba. Parece que David no sabe a qué atenerse en estos momentos, e ignora de parte de quién está la verdad. Sin embargo, no vaciló ante las palabras de Siba (16:3) y se niega ahora a dar crédito a las de un pobre tullido.
Nobleza de Barzilai (19:32-40)
32 Barzilai el galadita bajó de Roguelim para acompañar al rey en el paso del río. 33 Barzilai era muy viejo, tenía ya ochenta años y había proporcionado alimentos al rey durante su estancia en Majanaím, pues era hombre muy rico. 34 El rey le dijo: "Vente conmigo y yo te mantendré durante tu vejez en Jerusalén." 35 Pero Barzilai respondió al rey: "¿Cuántos años voy a vivir yo, para ir con el rey a Jerusalén? 36 Tengo ya ochenta años. ¿Puedo ya distinguir entre lo bueno y lo malo? ¿Puede tu siervo saborear lo que come y lo que bebe? ¿Puedo ya oír la voz de cantores y cantoras? ¿Y por qué tu siervo tiene que ser una carga para mi señor el rey? 37 Tu siervo acompañará hasta un poco más allá del Jordán al rey. ¿Y por qué el rey me ha de conceder esta recompensa? 38 Permite, te lo ruego, que tu siervo se vuelva, y muera yo en mi ciudad, cerca del sepulcro de mi padre y de mi madre. 39 Pero ahí tienes a tu siervo Quimam; que vaya él con el rey mi señor, y haz por él lo que quieras." El rey le dijo: "Que venga conmigo Quimam, y yo haré por él cuanto tú quieras, y todo cuanto tú me pidas, yo te lo concederé." 40 Cuando todo el pueblo hubo pasado el Jordán, lo pasó también el rey, y el rey abrazó a Barzilai y le bendijo, y Barzilai se volvió a su casa.

Quería el rey pagar a Barzilai sus inestimables servicios (17:27-29) llevándoselo a palacio y cuidando de él hasta su muerte. Barzilai lo agradece, pero prefiere regresar a su tierra y morir en su ciudad, para descansar junto al sepulcro de sus padres. Confiesa Barzilai que a su edad es como un niño, que no sabe distinguir entre lo bueno y lo malo, no tiene ya gusto para saborear las comidas de palacio ni humor para escuchar a los cantores y cantoras de palacio 2 Crón 35:25; Eccl. 2:8; Is 5:11-12; Am 6:4-6). En su lugar irá su hijo Quimam (1 Re 2:7).
Altercado entre Israel y Judá (19:41-44)
41 Dirigióse luego el rey a Caígala, acompañado de Quimam y de todo el pueblo de Judá y la mitad de Israel, que escoltaban al rey. 42 pero he aquí que todos los hombres de Israel se llegaron al rey y le dijeron: "¿Por qué nuestros hermanos los hombres de Judá te han secuestrado y han pasado por el Jordán al rey y su casa? ¿No son pueblo de David todas sus gentes?" 43 Los hombres de Judá respondieron a los de Israel: "Es que el rey nos toca a nosotros más de cerca; ¿por qué os ha de enojar eso? ¿Hemos vivido nosotros a costa del rey? ¿Hemos recibido algo de él?" 44 Los hombres de Israel respondieron a los de Judá: "Nosotros tenemos en el rey diez partes, y aún nos pertenece David más que a vosotros. ¿Por qué nos habéis hecho esta ofensa? ¿No hemos sido nosotros los primeros en proponer el restablecimiento del rey?" Y la contestación de los de Judá fue todavía más fuerte que la de los de Israel.

Aunque David ciñera la corona de Judá y de Israel, no había, sin embargo, desaparecido el antagonismo entre ambos reinos, que se manifestaba en la más insignificante circunstancia. En nuestro texto vemos cómo los de Israel reclaman los derechos que les atañen por haber sido ellos los primeros en apoyar la vuelta del rey a Jerusalén. Si es así, ¿por qué ahora los de Judá han acaparado al rey, secuestrándolo? ¿Es que hay preferencias por un reino en la monarquía de David? Los de Judá aducían el argumento de ser el rey originario de su tribu, a lo que replicaban los de Israel que el rey les pertenecía más a ellos por ser más numerosos, es decir, por ser diez tribus (literalmente: diez manos: Gen 47:24; 2 Re 11:7) contra dos (1 Re 12:21), y por ser Rubén el primogénito de Jacob. El antagonismo entre los del sur y los del norte concluirá con la escisión completa poco después de la muerte de Salomón.
Revuelta de Seba (20:1-3)
1 Había allí un hombre perverso llamado Seba, hijo de Bicri, benjaminita, que se puso a tocar la trompeta, diciendo: "No tenemos nosotros parte con David ni heredad con el hijo de Isaí. ilsrael, a tus tiendas! ¡Cada uno a su casa!" 2 Y se fueron de con David todos los hombres de Israel, siguiendo a Seba, hijo de Bicri. Pero los de Judá se adhirieron a su rey desde el Jordán hasta Jerusalén. 3 Cuando llegó David a Jerusalén, tomo a las diez concubinas que había dejado al cuidado de su casa y las puso bajo guardia. Proveyó a su mantenimiento, pero no volvió a entrar a ellas, y encerradas estuvieron hasta el día de su muerte, viviendo como viudas.

El altercado de que dimos cuenta al fin del capítulo anterior amenazó seriamente la unidad nacional. Bastó que alguien levantara la bandera de la rebelión para que las diez tribus del Norte, sintiéndose como arrinconadas y desplazadas, se desgajaran de la corona de David y se rigieran por un poder autónomo. La partícula sham, allí, del v.1 indica que entre los participantes en el altercado de Caígala (1 Sam 10:8; 11:14-15; 13:4-15) hallábase Seba, "hombre de Belial" (16:7; 1 Sam 1:16; 2:17), descendiente de Benjamín por parte de su segundo hijo, llamado Bajor (Gen 46:21). El grito de independencia es idéntico al que más tarde sellará la separación definítiva (1 Re 12:16). El toque de trompeta (16:22) reunió en torno Seba a los amotinados, que por la cuenca del Jordán arriba o por algun wadi se marcharon hacia el macizo central de Palestina, proclamando por dondequiera que nada tenían que ver con un rey que los de Judá habían robado (ganab, 19:42).
La comitiva real se puso en marcha hacia Jerusalén escoltada por los de Judá, que, por reacción por el alejamiento de los de Israel, se adhirieron fuertemente a David. No fue triunfal la entrada en Jerusalén; había huido David bajo el signo de la división y entraba de nuevo con un reino resquebrajado.
Muerte de Amasa (20:4-13)
4 El rey dijo a Amasa: "Convócame para dentro de tres días a los hombres de Judá, y hállate tú también aquí presente." 5 Fue, pues, Amasa a reunir a Judá, pero se detuvo más del tiempo señalado; 6 y David dijo a Abisaí: "Seba, hijo de Bicri, va a hacernos ahora más mal que Absalón. Toma, pues, a los siervos de tu señor y ve tras él, no sea que se acoja a las ciudades fuertes y se escape de nuestra vista." 7 Marcharon con Abisaí las gentes de Joab, los cereteos y feleteos y todos los valientes, y, saliendo de Jerusalén, fueron tras Seba, hijo de Bicri. 8 Cuando llegaron a la gran piedra que hay en Gabaón, les salió al encuentro Amasa. Iba Joab vestido de una túnica, y sobre ella llevaba ceñida a sus lomos una espada en su vaina, y, según avanzó, se cayó de ella la espada. 9 Joab dijo a Amasa: "¿Estás bien, hermano?"; y con la mano derecha tomó a Amasa de la barba, como para besarle. 10 Amasa no hizo atención a la espada que tenía Joab en la mano, y éste le hirió con ella en el vientre, echándole a tierra las entrañas, sin repetir el golpe. Amasa murió. Después Joab y Abisaí, su hermano, fueron en seguimiento de Seba, hijo de Bicri. 11 Uno de los servidores de Joab se quedó junto a Amasa, y decía: "Los de Joab, los de David, que sigan tras Joab." 12 Amasa, bañado en sangre, yacía en el camino. Viendo aquel hombre que todos se paraban, apartó a Amasa del camino, lo llevó al campo y echó sobre él una cubierta, porque vio que cuantos venían se paraban junto a él. 13 Una vez apartado del camino, iban ya todos tras Joab, en seguimiento de Seba, hijo de Bicri.

Percatóse David de la grave situación creada por el altercado de Gálgala y mandó a Amasa (17:25; 19:14) que en el espacio de tres días movilizara a Judá para impedir que Israel se independizara totalmente. Ante la tardanza de Amasa y preocupado David de que Seba "oscureciese sus ojos" (los LXX), o, lo que es lo mismo, que le creara un grave conflicto, encargó a Abisaí, de los hijos de Sarvia (2:18), hermano de Joab, que se pusiera al frente del ejército. No se sabe por qué fue tan lento Amasa en sus funciones; acaso no encontró en el pueblo ambiente propicio para emprender una nueva guerra, o porque continuaba bajo el odio hacia David, o Porque los guerreros preferían el liderazgo de Joab. Por otra parte David mantuvo su palabra de relegar a Joab a un segundo plano, Bersabé y a siete kilómetros al sudeste de ed-Dahariyeh. En opinión de Smith, debe leerse: Ira el jairita, hijo de David, en vez de sacerdote de David. Este oficio debe entenderse o bien en el sentido de que eran sustitutos de David en las funciones sacerdotales que competían al rey (6:13-20), o como confidente del rey y maestro del ceremonial (Vaccari).
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