Ressources Catholiques Missel Romain

précédent
Apéndices (c.21-24)
Como conclusion del libro, el autor, o un redactor posterior inspirado, reunió en los cuatro capítulos últimos seis fragmentos, de los cuales dos tienen aspecto de relato (21:1-14; 24:1-7); otros dos se han conservado en forma poética (22:1-51; 23:1-7), y, finalmente, dos en estilo anecdótico (21:15-22; 23:9-39). Estos fragmentos interrumpen el hilo de la historia del capítulo anterior con el primero del libro de los Reyes. La estructura de estos apéndices es artificial, Al c.21, sobre el sacrificio de Gabaón, corresponde el 24, que habla del sacrificio en la era de Orna. Ambos son de inspiración deuteronómica 1. Se desconoce la razón por la cual han sido agrupados al final del libro. Arrancados de su marco histórico, no es fácil determinar a qué época de la vida de David corresponden. Aunque no sean obra del mismo autor del libro y tengan el carácter de "suplemento," tienen, sin embargo, a Dios por autor.
Un pecado de Saúl, causa del hambre (21:1-14)
1 Hubo en tiempo de David un hambre que duró tres años continuos; y David consultó a Yahvé, que le respondió: "Es por la casa de Saúl y por la sangre que hay sobre ella, por haber hecho perecer a los gabaonitas." 2 El rey llamó a los gabaonitas y les dijo: "Los gabaonitas no eran de los hijos de Israel; eran un resto de los amorreos, con el cual estaban los hijos de Israel ligados con juramento; y, sin embargo, Saúl había procurado extinguirlos, por celo de los hijos de Israel y de Judá." 3 Dijo, pues, David a los gabaonitas: "¿Qué queréis que os haga para expiaros y que bendigáis a la heredad de Yahvé?" Los gabaonitas le dijeron: "Nuestra querella con Saúl y su casa no es cuestión de plata y oro, ni pretendemos que muera nadie en Israel" "Y él preguntó: "Decid, pues, lo que queréis, para que yo lo haga." 4 Ellos respondieron al rey: "Aquel hombre nos destruyó y quería exterminarnos, haciéndonos desaparecer de toda la tierra de Israel; 5 que se nos entreguen siete de sus hijos para que nosotros los colguemos ante Yahvé en Gabaón, en el monte ante Yahvé." El dijo: "Os los entregaré." 6 No entregó el rey a Mefibaal, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, por el juramento de Yahvé que habían hecho entre sí David y Jonatán, hijo de Saúl. 8 Y tomó el rey a los dos hijos que Risfa, hija de Aya, había dado a Saúl, Armoni y Mefibaal, y a los cinco hijos que Merab, hija de Saúl, había dado a Adriel, hijo de Barzilai, de Abel Me-jola, 9 y se los entregó a los gabaonitas, que los colgaron en el monte ante Yahvé. Todos siete murieron juntos en los primeros días de la cosecha, al comienzo de la siega de las cebadas. 10 Risfa, hija de Aya, tomando un saco, se lo tendió sobre la tierra, y estuvo desde el comienzo de la cosecha de las cebadas hasta que sobre ellos cayeron del cielo las aguas de la lluvia, espantando durante el día a las aves del cielo y durante la noche a las bestias del campo. 11 Dieron noticia a David de lo que había hecho Risfa, hija de Aya, concubina de Saúl; 12 y fue David a recoger los huesos de Saúl y los de Jonatán, su hijo, a la ciudad de Jabes, en Galaad, cuyos habitantes los habían tomado de los muros de Betsán, donde los habían colgado los filisteos después de derrotar a Saúl en Gelboé. 13 Llevó de allí los huesos de Saúl y los de Jonatán, su hijo, y tomo también los de los que habían sido colgados; 14 y fueron enterrados los huesos de Saúl y de su hijo Jonatán y los de los que habían sido colgados, en tierra de Benjamín, en Sela, en el sepulcro de Quis, padre de Saúl, cumpliéndose las órdenes del rey. Después de esto se apiadó Yahvé de la tierra.

El autor coloca este episodio en un tiempo indeterminado de la historia de David. Por las palabras de 9:1 cabe suponer que aconteció antes de lo dicho en el c.9. A consecuencia de una sequía pertinaz produjese un hambre de tres años (1 Re I7:1ss), que el pueblo atribuyó a un castigo de Dios. Este presentimiento confirmó la una respuesta de Yahvé. La respuesta de Yahvé, dice Rehm, no es propiamente una revelación sobrenatural. Ya el reconocimiento de la culpa puede interpretarse en el modo de hablar del libro como una respuesta de Yahvé (1 Sam 24:5-11; 2 Sam 16:10; 17:14)· El oráculo sanciona el derecho semítico según el cual el derramamiento de sangre que no se expiaba manchaba el suelo de la heredad de Yahvé, provocando su cólera contra todo el pueblo (Núm 35:33-34; Deut 21:7-9). El crimen lo había cometido Saúl, no se sabe cuándo, al matar a los gabaonitas, oponiéndose con ello al juramento de Josué (Jos 9:355), que, sorprendido por una artimaña que le prepararon, les perdonó la vida, pero obligándolos a trabajar al servicio de Israel. Cree Calmet que el texto se refiere a la matanza de sacerdotes de Nob (1 Sam 22:18-19). David quiere reparar la falta cometida, y les sugiere qué quieren que haga por ellos. Responden que no les interesa el oro ni plata ni quieren que haya gran matanza en Israel. Lo que ellos exigen es el cumplimiento de la ley de sangre, derramándose la del culpable, o, en su defecto, la de sus hijos y parientes. Los gabaonitas se dan por satisfechos con la muerte de siete (Gen 4:15) de los hijos de Saúl, que sacrificarán, en concepto de venganza de sangre, en un lugar público, a la faz de Yahvé, es decir, a la luz del sol (Núm 25:4), sobre el monte conocido hoy con el nombre de Neby Semuil, a unos dos kilómetros al sur de Gabaón. Había allí un santuario de Yahvé muy célebre en tiempos de Salomón (1 Re 3:455).

* Nehv Str. 352-353 * Los designados para ser muertos fueron los dos hijos de Risfa (3:7), concubina de Saúl y amante de Abner, Armoni y Mefibaal.

Un pecado de Saúl, causa del hambre (22:3-31)
Mi escudo, el cuerno de mi salvación, mi inaccesible asilo, mi salvador de la violencia. 4 Yo invoqué, alabándole, a Yahvé y quedé a salvo de mis enemigos. 5 Ya me rodeaban con estrépito las olas de la muerte, ya me aterrorizaban los torrentes del averno, 6 ya me aprisionaban las ataduras del sepulcro, ya me habían cogido los lazos de la muerte, 7 y en mi angustia invocaba a Yahvé, imploraba el auxilio de mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, mi clamor llegó a sus oídos. 8 Conmovióse y tembló la tierra, vacilaron los fundamentos de los montes y se estremecieron, porque se airó contra ellos. 9 Subía de sus narices el humo de su ira, y de su boca fuego abrasador, carbones encendidos por él. 10 Y abajó los cielos y descendió, negra obscuridad tenía bajo sus pies.11 Subió sobre los querubines y voló, voló sobre las alas de los vientos.12 Puso en derredor suyo tinieblas por velo. Se cubrió con calígine acuosa y densas nubes.13 Ante su resplandor se deshicieron sus nubes. En granizo y centellas de fuego. 14 Tronó Yahvé desde los cielos, el Altísimo hizo resonar su voz, 15 lanzó sus saetas y los desbarató, fulminó sus muchos rayos y los consternó. 16 Y aparecieron arroyos de aguas, y quedaron al descubierto los fundamentos del orbe ante la increpadora ira de Yahvé, al resoplido del huracán de su furor. 17 Extendió su mano desde lo alto y me tomo, me sacó de la muchedumbre de las aguas, 18 me arrancó de mi feroz enemigo, de los que me aborrecían y eran más fuertes que yo. 19 Querían asaltarme en día fatal para mí. Pero fue Yahvé mi fortaleza, 20 y me puso en seguro,salvándome, porque se agradó de mí. 21 Remunerábame Yahvé conforme a mi justicia, según la pureza de mis manos me pagaba, 22 pues yo había seguido los caminos de Yahvé y no me había impíamente apartado de mi Dios. 23 Tenía ante mis ojos todos sus mandatos y no rehuía sus leyes, 24 sino que fui íntegro con él y me guardé de la iniquidad. 25 Y me retribuyó Yahvé conforme a mi justicia y según la limpieza de mis manos ante sus ojos. 26 Con el piadoso muéstrase piadoso, íntegro con el íntegro; 26 muéstrase limpio con el limpio y sagaz con el astuto. 28Tú salvas al humilde, pero humillas al soberbio. 29Tú haces lucir mi lámpara, ¡oh Yahvé!; mi Dios, ilumina mis tinieblas. 30Ciertamente, fiado en ti, soy capaz de romper ejércitos; fiado en mi Dios asalto murallas. 31 Es perfecto el camino de Dios, la palabra de Yahvé es acrisolada. Es el escudo de cuantos a él se acogen.

Dios liberó al salmista de todos los males; es Dios su roca (1 Sam 2; 1 Deut 32:4; Sal 31:4, etc.), el cuerno de su salvación (1 Sam 2:1). Estaba en trance de perecer, envuelto en el oleaje de la muerte (Sal 116:3; Jon 2:4-6), aprisionado en los torrentes de Belial (1 Sam 2:12; 10:27), que simbolizan la muerte y el sheol. Más tarde Belial pasó a significar el príncipe de los demonios (1 Cor 6:15). En esta situación llamó al Señor, que le escuchó desde el interior de su templo. Supone el autor la existencia del templo de Jerusalén. Describe a continuación, mediante una grandiosa teofanía, la intervención de Dios. La conmoción del universo presagiaba el desplazamiento de Dios al mundo. Las nubes eran el humo de la ira que despedían sus narices; de su boca salían los relámpagos como fuego abrasador. Llegó a la altura donde estaba el salmista y descendió hacia él. Negra oscuridad bajo sus pies; al lomo de un querubín cabalgó y voló. Los querubines son el pedestal de Dios en el arca de la alianza (1 Sam 4:3-4); tiran de la carroza de Dios (Ez 1:1ss). Dios planea sobre las alas del viento (Sal 104:3; Os 4:19). Entre tanto, arrecia la tempestad. Los truenos, que son la voz de Dios (1 Sam 7:10; Job 37:2-5; Sal 28:1ss), retumban en el firmamento; lanza El los relámpagos, considerados como sus saetas (Hab 3:2; Sal 144:6), que desbaratan a los enemigos. Una lluvia torrencial se levantó de los mares, dejó al descubierto los fundamentos del orbe y cayó en forma diluvial sobre la tierra, acompañada del huracán, el resoplido del furor divino. Para que no fuera envuelto en la furiosa tempestad, Dios, desde lo alto, extendió su mano y agarró al justo, salvándole de los peligros (Is 24:18). Reconoce el salmista que su salvación se debe a una gracia especialísima de Dios.
Acción de gracias por las victorias alcanzadas (22:32-51)
32 ¿Qué Dios hay fuera de Yahvé? ¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios? 33 El Dios fuerte que me ciñó de fortaleza y prosperó mis caminos, 34 que me dio pies como de ciervo y me puso sobre las alturas, 35 que adiestró mis manos para la lucha y mis brazos para tender el arco. 36 Me entregaste tu escudo salvador, tu diestra me fortalecía 37 me hacías correr a largos pasos, sin que se cansaran mis pies. 38 Perseguía a mis enemigos y los alcanzaba, y no me volvía sin haberlos desbaratado. 39 Los machacaba, sin que pudieran levantarse; caían bajo mis pies. 40 Me ceñiste de fortaleza para la guerra, sometiste a los que se alzaban contra mí, 41 obligaste a mis enemigos a darme las espaldas y reducías al silencio a los que me odiaban. 42 Vociferaban, pero no había quien los socorriese; a Yahvé, pero El no los oía.43 Y los dispersaba como el polvo lo dispersa el viento, y como al lodo de las plazas los pulverizaba. 44 Me libraste de las sediciones del pueblo, me pusiste por cabeza de gentes. Pueblos que no conocía me servían.45 Los extraños me halagaban, obedécenme con diligente oído; 46 los extraños desfallecieron y salen temblando de sus refugios. 47 Viva Yahvé y bendito sea su nombre! Ensalzado sea el Dios, mi salvador. 48 El es el Dios que me otorga la venganza, el que me somete los pueblos, 49 el que me libra de mis enemigos, el que me hace superar a los que se alzan contra mí, el que me libra del hombre violento; 50 por eso le daré gracias, ¡oh Yahvé! ante las gentes y cantaré yo salmos en tu honor. 51 El que da grandes victorias a su rey, el que hace misericordia a su ungido, David, y a su descendencia por la eternidad."

Con la ayuda eficaz de Yahvé, Dios único, la Roca por excelencia (Deut 32:4), que le ciñó de fuerza (Sal 18:33), tuvo el salmista en el camino expedito para vencer. Veloz para acudir al combate, diestro en el manejo de las armas, en el lanzamiento de las flechas. En todo momento fue Yahvé su escudo protector, el que le fortalecía, sin vacilar jamás. Fue al combate, de donde volvió siempre victorioso; los enemigos, o bien caían bajo sus pies o volvían las espaldas, huyendo. Gritaban, vociferaban, pero no llegaba al cielo su voz. Victorioso el salmista, extiende su dominio sobre propios y extraños (v.44-46). Los que antes le odiaban buscan ahora su amistad. El v.51 tiene carácter mesiánico; pudo añadirse al texto en tiempos más recientes.
Ultimas palabras de David (23:1-7)
1 Estas son las últimas palabras de David: "Oráculo de David, hijo de Isaí. Oráculo del hombre puesto en lo alto, del ungido del Dios de Jacob, del dulce cantor de Israel. 2 El espíritu de Yahvé habla por mi y su palabra está en mis labios. 3 Ha hablado el Dios de Jacob. La Roca de Israel me ha dicho: Un justo dominador de los hombres, dominador en el temor de Dios, 4 como la luz de la mañana cuando se levanta el sol en una mañana sin nubes. A sus rayos, después de la lluvia yérguese la hierba de la tierra. 5 ¿No es así mi casa para con Dios? Porque El ha hecho conmigo una eterna alianza, en todo ordenada y que será cumplida. El hará germinar toda mi salud y todo su buen deseo, 6 mientras que los impíos serán todos como espinas del desierto, que nadie toca con sus manos. 7 El que las junta se arma de un hierro o de un asta de lanza y son luego arrojadas al fuego."

El testamento de David figura en 1 Re 2:1-9. El que aquí se le atribuye tiene índole profética. Su estilo, escribe Dhorme, recuerda el de las sentencias de Agur (Prov c.30) y el de Lemuel (ibid. 31:1-9). Para De Vaux, las palabras que se ponen en boca de David representan la enseñanza religiosa que se desprende de su vida: prosperidad del justo, desgracia del malvado, según el estilo de Sal 1 y Prov 4:10-19, con una introducción que imita los oráculos de Balaam (Núm 24:3; 15). Como a Jacob (Gen c.49), a Moisés (Deut c-33) y a Josué (c.24), se atribuyen también a David unas "últimas palabras." Muchos autores católicos no consideran suficientes las razones que se invocan para dudar de su autenticidad, pero reconocen en el texto algunos retoques posteriores.
El v.1 es el título del salmo. Reconoce (v.2) que habla por divina inspiración, por haber venido sobre él el espíritu de Yahvé (1 Sam 16:13). En calidad de vocero de Dios hace saber que un justo colocado en dignidad y temeroso de Dios "es como la luz de la mañana cuando se levanta el sob, que hace brillar la gota de agua prendida sobre las hojas verdes. Dios es el sol; David, la hierba cubierta con el rocío de la mañana, la tierra feraz que da su fruto por la acción de Dios y por la buena disposición de la criatura. Por ello seguirá inalterable el pacto sempiterno (7:16) sellado entre Dios y él. ¡Qué distinta, en cambio, será la suerte de los impíos! Ί poema es incompleto, habiendo desaparecido algunos versos.
Los Héroes de David (23:8-39)
Esta sección es continuación del c.21. En él se recogen unas Licias de carácter militar sobre los héroes que ayudaron a David a levantar y sostener erguido su trono sobre todo Israel. En el ejército de David cabe distinguir entre la tropa en servicio permanente, de la cual formaban parte los gibborim, los cereteos y feleteos, los gatitas, mercenarios, etc. Otros elementos eran enrolados en caso de movilización general 1.
Los tres héroes (23:8-12)
8 He aquí los nombres de los héroes de David: Jesbaal, jacamonita, era el primero de los tres; éste desnudó su espada contra ochocientos hombres y los derrotó de un solo ímpetu. 9 Después de éste, Eleazar, hijo de Dodó, ajojita; era uno de los tres más valientes que estaban con David en Pas Damim cuando los filisteos presentaron allí batalla, y, huyendo los de Israel, 10 se quedó él a pie firme, blandiendo su espada, hasta que se le cansó la mano y se le quedó pegada a ella la espada, consiguiendo aquel día Yahvé una gran victoria, pues el pueblo se tornó a donde estaba Eleazar, pero sólo tuvo que recoger los despojos, 11 Después de él, Sama, hijo de Ela, jaradita. Habíanse concentrado los filisteos en Lejí, en un lugar donde había un trozo de terreno sembrado de lentejas, y el pueblo iba huyendo ante los filisteos; 12 Sama se puso en medio del campo aquel, lo defendió y derrotó a los filisteos, obrando Yahvé por él una gran victoria."

Entre el pueblo se recordaban y comentaban algunas hazañas extraordinarias de héroes que habían militado en el ejército de David. Tres de ellos menciona el texto. El primero, jefe de los tres Que 10:18; 11:8), como leen el griego de Lagarde y Vulgata (princeps ínter tres), se llamaba Isbaal (texto de los LXX tanto aquí como en 1 Grón 11:11; los masoretas transformaron su nombre en Isboset). Era natural de Bet-Kamón o de Hakamón. Quizá esta localidad debe buscarse en el actual Jirbet Kammune, a cincuenta kilómetros al norte de Jerusalén (Géographie II 275). Su hazaña consistió en blandir su espada contra ochocientos hombres, que mató en un combate. Eleazar es el segundo héroe, hijo de Dodó, que hizo frente a los filisteos en Pas Damim (1 Sam 17:1). Los pormenores del combate se cuentan de manera ligeramente distinta en i Crón 11:12. Contra los filisteos luchó también heroicamente cierto Sama, de Jarod, en el actual Jirbet Kareidan, a seis kilómetros al sur de Jerusalén. Los filisteos habíanse concentrado en Lejí Que 15:9).
Los treinta (23:13-39)
13 Estos tres, los más valientes de los treinta, habían antes bajado al tiempo de la cosecha a reunirse con David en la caverna de Odulam, mientras acampaba una tropa de filistec en el valle de Refaím. 14 Estaba entonces David en la fortaleza y los filisteos tenían guarnición en Belén. 15 Se le antojó a David decir: "¡Quién me diera poder beber agua de la cisterna q está a la puerta de Belén!" 16 Y luego los tres valientes, atravesando el campamento de los filisteos, tomaron agua de la cisterna de Belén y se la llevaron a David; pero David no la bebió e hizo con ella una libación a Yahvé, diciendo: 17 "Lejos de mí, ¡oh Yahvé! hacer tal cosa. ¿No sería beber la sangre de estos hombres, que con peligro de su vida han ido a buscarla?" Y se negó a bebería. Esto hicieron los tres valientes. 18 Abisaí, hermano de Joab, hijo de Sarvia, era el jefe de los treinta. Blandiendo su lanza contra trescientos hombres, los derrotó, y adquirió gran renombre entre los treinta, w Era el más considerado entre los treinta y jefe de ellos, pero no igualaba a los tres. 20 Banayas, hijo de Joyada, hombre valiente y hazañoso, de Cabsel. Este mató a los dos Ariel, de Moab, y, bajando a una cisterna en un día de nieve, mató en ella a un león. 21 También mató a un egipcio de gran talla que blandía una lanza; acometiéndole con un palo, le arrancó de las manos la lanza y con su propia lanza le mató. 22 Esto hizo Banayas, hijo de Joyada, de fama entre los treinta 23 y glorioso entre ellos, pero que no llegaba tampoco a los tres. Hízole David jefe de su guardia. 24 Azael, hermano de Joab, era de los treinta; también Eljanán, hijo de Dodó, de Belén; 25 Sama, de Jarod; Elica, de Jarod; 26 Jeles, de Bet Paltí; Ira, hijo de Iques, de Tecua; 27 Abiezer, de Anatot; Mebonai, jusatita; 28 Selmón, ajojita; Marai, de Netofat; 29 Jeleb, hijo de Baña, de Netofat; Itai, hijo de Ribai, de Gueba, de los hijos de Benjamín; 30 Banaya, de Paratón; Edi, de los valles de Gas; 31 Abi Albón, del Araba; Azmavet, de Barjum; 32 Eliajba, de Salabona; Jasen, de Guní; 33 Jonatán, de Sama, arodita; Ajiam, hijo de Sarar, arodita; 34 Elifelet, hijo de Ajasbai, ma-catita; Eliam, hijo de Ajitofel, de Guilón! 35 Jesra, de Carmel; Para, de Arba; 36 Jigal, hijo de Natán, y Soba, de Gad; 37 Selec, amonita; Najarai, de Betot, escudero de Joab, hijo de Sarvia; 38 Ira, jetrita; Gareb, jetrita; 39 Urías, jeteo. En total, treinta y siete.

Entre los treinta cita a los tres que deshicieron el plan de los filisteos de apoderarse de David para impedir que reinara sobre Israel. El jefe de los treinta era Abisaí (16:9; 19:22); de él se recuerda una proeza. Banayas, jefe de los cereteos y feleteos (8:18; 20:23), era de Cabsel, quizá el actual Jirbet Hora, a once kilómetros al norte de Bersabé.
A partir del v.24 se da la lista de treinta y siete gibborim, suma que se obtiene adicionando a la lista de v.24-38 los tres de v.8-12 y los tres de que se habla en los v. 18-20, contando, además, a Joab y Urías del v.39. En el lugar paralelo de 1 Crón 11:26-47 se dan Cuarenta y nueve nombres. El número de los gibborim no excedía treinta; pero es posible que el autor cite el nombre de los que reemplazaban a los que morían.
Censo del pueblo (24:1-9)
1 Volvió a encenderse el furor de Yahvé contra Israel, impulsando a David a que hiciera el censo de Israel y de judá. 2 Dijo, pues, David a Joab, jefe de su ejército: "Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, y haz el censo del pueblo, para saber su número." 3 Joab dijo al rey: "Aumente Yahvé, tu Dios, el pueblo cien veces otro tanto como son y véalo mi señor el rey. Mas ¿para qué quiere esto mi señor el rey?" 4 Pero prevaleció la orden del rey sobre Joab y sobre los jefes del ejército, y salió Joab, con los jefes del ejército, de la presencia del rey para hacer el censo del pueblo de Israel; 5 y pasado el Jordán, comenzaron por Aroer y la ciudad que está en medio del valle y por Gad hasta Jazer. 6 Y fueron a Galaad y a la tierra de los jéteos, hasta Cades, y luego desde Dan hasta Sidón la grande; 7 fueron a la ciudad fuerte de Tiro y a todas las ciudades de los jeveos y cananeos, y, por fin, al Negueb de Judá, a Berseba. 8 Cuando hubieron así recorrido toda la tierra, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días; 9 y Joab remitió al rey el rollo del censo del pueblo. Había en Israel ochocientos mil hombres de guerra que esgrimían la espada, y quinientos mil en Judá.

Se ignora a qué época del reinado de David corresponde este suceso. A tenor del v.1, es el mismo Dios el que impulsó a David a que llevara a término el censo de Israel, acción que desencadena la cólera divina y provoca el castigo de la peste. El autor de las Crónicas señala que David obró a impulsos de Satán, el adversario del pueblo judío. Hacer un censo del pueblo era considerado como un atentado a las prerrogativas divinas, en cuyas manos está el poder de dar la vida y de quitarla, de cerrar y abrir el útero. Con el censo parece que se quiere poner un tope a la población, que, conforme a las promesas divinas, debía ser incalculable (Gen 13:16; 15:5; 22:17; 26:4; 28:14). Otros creen que la malicia del acto estriba no en sí mismo, sino en los motivos de vanagloria que movieron a David a ponerlo en práctica. Los encargados del censo fueron los militares, quizá por desear conocer el rey el número de personas hábiles para la guerra o porque la situación interior requería la presencia de las armas en caso de que se boicoteara la acción del rey. A Joab le pareció aquella orden fuera de lugar, porque, a su entender, el censo equivalía a limitar el crecimiento de la población. Por lo mismo, pronuncia una bendición augurando que Yahvé "aumente el pueblo cien veces otro tanto como son" y que David pueda verlo. Ante la insistencia del monarca, Joab acató la orden. El censo tuvo lugar en un período muy avanzado de la vida de David.
El itinerario seguido fue el siguiente: pasado el Jordán, comenzaron por Aroer, hoy Jirbet Arair, que domina el torrente Arnón. Aroer encontrábase en el país de Amón Que 11:33) y era el límite sur de las posesiones israelitas de TransJordania (Deut 2:36). Se menciona a Gad por pertenecer la ciudad a dicha tribu. De Jazer continuaron hacia las tierras de Galaad, entre el Yaboc y el Yarmuc, de donde pasaron a "la tierra de jéteos," a Cades. Algunos exegetas sospechan que los comisionados llegaron a Cades, junto el Orontes, a veintiséis kilómetros al sudoeste de Homs. Otros identifican la ciudad con Cades de Neftalí (Jos 12:22) o de Galilea (Jos 20:7). De Dan (3:10; 17:11) marcharon a Sidón (Jos 11:8; 19:28; Jue 1:31) Y a 1a fortaleza de Tiro (Jos 19:29). Visitaron allí las ciudades de los jeveos y cananeos (Jos 11:3; Jue 3:3), tomando nota de los hebreos que vivían en medio de la población pagana. Por la costa del Mediterráneo descendieron hacia el sur, pasando al Negueb de Judá (1 Sam 27:10) y Berseba, en la extremidad meridional del reino. De regreso a Jerusalén se compulsaron las notas de viaje y se confeccionó la estadística definitiva, que arrojó la cifra de ochocientos mil hombres de guerra en Israel y quinientos mil en Judá, cifra que, según 1 Crón 27:23, remonta a un millón cien mil y cuatrocientos setenta mil respectivamente. Estos números han sido alterados y aumentados considerablemente. De los datos consignados en el texto, y teniendo en cuenta que en el censo no se incluyen los levitas ni los benjaminitas (Núm 1:49; 1 Crón 21:6), resultaría una población total de unos cuatro millones de personas.
Anuncio del castigo (24:10-14)
10 David sintió latir su corazón cuando hubo hecho el censo del pueblo, y dijo a Yahvé: "He pecado gravemente al hacer esto. Ahora, ¡oh Yahvé! perdona, te ruego, la iniquidad de tu siervo, pues he obrado como un insensato." 11 Al día siguiente, cuando se levantó David, había llegado a Gad, profeta, el vidente de David, palabra de Yahvé, diciendo: 12"Ve a decir a David: Así habla Yahvé: Te doy a elegir entre tres cosas la que he de hacer yo a tu elección." 13 Vino Gad a David y se lo comunicó, diciendo: "¿Qué quieres: tres años de hambre sobre la tierra, tres meses de derrotas ante los enemigos que te persigan o tres días de peste en toda la tierra? Reflexiona, pues, y ve lo que he de responder al que me envía." 14 David respondió a Gad: "Estoy en una cruel angustia. Caigamos en las manos de Yahvé, cuya misericordia es grande; pero que no caiga yo en las manos de los hombres."

El remordimiento se apoderó de David, latiéndole el corazón (1 Sam 24:6); se arrepiente y confiesa su pecado. El profeta Gad es el encargado de retransmitirle el oráculo divino, que da a escoger a David entre tres castigos de progresión descendente: tres años de hambre (21:1ss), tres meses de rebelión o tres días de peste. El texto masorético habla de siete años de hambre, cifra que corresponde a la de otros textos bíblicos (Gen 41:2755; 2 Re 8:1). A David le pareció que el castigo de tres días de peste era el más benigno y el que dependía directamente de Dios, más misericordioso y clemente que los hombres.
La peste (24:15-17)
15 David escogió para sí la peste. Eran los días de la mies del trigo cuando la peste comenzó en el pueblo, y murieron, desde Dan a Bersabé, setenta mil hombres del pueblo. 16 El ángel de Yahvé tendía ya su mano sobre Jerusalén para destruirla pero se arrepintió Yahvé del mal y dijo al ángel que hacía perecer al pueblo: "Basta; retira ya tu mano." El ángel de Yahvé estaba cerca de la era de Areuna el jebuseo. 17 A la vista del ángel que hería al pueblo, dijo David a Yahvé: "Yo he pecado; pero éstos, las ovejas, ¿qué han hecho? Caiga tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre."

Comenzó la peste al principio de verano, cayendo unas setenta mil víctimas, demostrando con ello a David que, si Yahvé había multiplicado el pueblo de Israel como las estrellas del cielo, podía en un momento segar su vida. Según el texto hebraico, la peste (deber) empezó por la mañana. Cuando el ángel exterminador (Ex 12:23) tendía la mano sobre Jerusalén, le mandó Dios que la retirase. Fue el pecado de David el que provocó el castigo; pero su arrepentimiento impidió que tomara proporciones alarmantes, diezmando la capital. Otra tradición atribuye la salvación de Jerusalén al amor que tenía Dios por ella (v.16).
Construcción de un altar (24:18-25)
18 Aquel día vino Gad a David y le dijo: "Sube y alza a Yahvé un altar en la era de Areuna el jebuseo." 19 Subió David, conforme a la orden de Gad, como se lo había mandado a éste Yahvé. 20 Areuna, al mirar, vio al rey y a sus servidores que se dirigían hacia él, y, saliendo, se prosternó delante del rey, rostro a tierra, 21 diciendo: "¿Cómo mi señor el rey viene a su siervo?" David respondió: "Vengo a comprarte esta era y a alzar en ella un altar a Yahvé, para que se retire la plaga de sobre su pueblo." 22 Areuna dijo a David: "Tómela mi señor y ofrezca cuantos sacrificios le plazca. Ahí están los bueyes para el holocausto; los trillos y los yugos darán la leña; 23 todo eso, ¡oh rey! se lo regala Areuna al rey. Que Yahvé, tu Dios, te sea favorable." 24 Pero el rey respondió a Areuna: "No; quiero comprártelo por precio de plata; no voy a ofrecer yo a Yahvé, mi Dios, holocaustos que no me cuestan nada." Y compró David la era y los bueyes en cincuenta siclos de plata; 25 alzó allí el altar a Yahvé y ofreció holocaustos y sacrificios pacíficos. Así se aplacó Yahvé con su pueblo y cesó la plaga en Israel.

El ángel exterminador estaba junto a la era de Areuna (llamada Ornan en 1 Crón 21:18; Orna en los LXX), en donde su propietario estaba ocupado en la trilla del trigo (ν.16). Los bueyes sin bozal (Deut 25:4) arrastraban lentamente los trillos sobre las resecas gavillas, que quedaban trituradas por los guijarros incrustados en el rulo. Tan pronto como David le manifestó el deseo de comprar la tierra para levantar allí un altar, el jebuseo Areuna 1 se la entregó generosamente, con bueyes, trillos y yugos. David quiso pagársela, conviniendo en cincuenta siclos de plata, o sea, unas ciento cincuenta pesetas. Según 1 Crón, pagó David seiscientos siclos de oro. En aquel altar ofreciéronse holocaustos y hostias pacíficas (6:17-18), lo que se aplacó la cólera divina. Este sitio recibirá una mayor consagración por la edificación del templo. No fue concedido a David levantar el grandioso templo de Jerusalén, pero fue el autor de la idea y el que compró los terrenos sobre los cuales debía construirse.
Con este apéndice se cierra el segundo libro de Samuel; pero la historia de David se continuará en los dos primeros capítulos del libro I de los Reyes.

1 Les Institutions I 27.
1 Vincent, Jérusalem: DBS 898,
1 Fernández, Problemas 189-196.
3 H. Vincent-F. M. Abel, Jérusalem 2 vols, (París 1912-1926); J. simons, Jerusalem in the Oíd Testament (Leiden 1952).
4 Les ínstituttons I 178,
1 Pesnoyers, Histoire II 193.
1 Para esta profecía consúltese V. Laridon, De prophetia Nathan: "Collationes Brugen-ses," 42 (1946) 281-289; 315-321; F. S. Porporato, II Trono Eterno promesso a Davide nel suo avveramento: "La Civiltá Cattolica," 100 (1949, 3) 130-139; 265-274; H. Van Den Bussche, Le texte de la prophétie de Natán sur la dynastie davidique (Lovaina 1948); M. Noth, David und Israel in I1 Sam 7: "Mélanges Robert," 122-130.
1 Tures et fonctionnaires égyptiens a la cour de David et de Salomón: RB 48 (1939) 394-4O5"
2 Ch. Virolleaud, La Legende de Kéret (París 1936);
3 Desnoyers, Histoire III 211-333.
1 Sobre pesos y medidas véase Λ. G. bvrrots, La métrol^ie đans la Bible: RB 40 (1931 185-213; 41 (1932) 50-76; Ídem. Archéohf>ie biblique vol.2 1953 24V2:3; B. Sí. Wam-Bacq., De ponderibus in Sacra Scriptura: VD 29 (1951) 341-360; Idem, De mansuris in Sacra Tapiara: VD 32 (1954) 266-274; 325-334; J. Trinquet, Métrologie Biblique: DBS 5:1212-1250.
2 A. Condamin, David cruel par la faute d'un copiste: RB 7 (1898) 253-258; H. Kruse, Ethos victoriae in V.T.: VD 30 (1950) 71.Desnoyers, Histoire II 228-230.
1 Les Institutions I 56; K. Elliger, Das Gesetz Leviticus 18: Zaw 67 (1955) 1-25; W Kornfeld, Studien zum Heüigkeitsgesetz (Viena 1952) 89-134-
1 H. Cazelles, La titulature du roí David: "Mélanges Robert" (París, 5. a.) 132
1 Sobre la composición del ejército de David véase Desnoyers, Histoire II 234-252·
1 Η. Β. Rosen, Arawna nom Hittite?: VT 5 (1955) 318-320.