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2 JUAN
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2 Jn 1-3
Siguiendo el modelo epistolar de su tiempo (saludo, cuerpo central y despedida), la carta incluye recomendaciones a una comunidad cristiana, que coinciden con los temas tratados más ampliamente en la primera carta de Juan: amor fraterno, observancia de los mandamientos (vv. 4-6) y cuidado frente a los seductores (vv. 7-11).
«El Presbítero» (v. 1). Literalmente, el Anciano. En el Nuevo Testamento y en la primera época del cristianismo se empleaban indistintamente los títulos de «presbítero» y de «epíscopo», para designar a los pastores de las comunidades locales, instituidos por los Apóstoles (cfr Hch 20,28; nota a Tt 1,5-9). Aquí, el artículo —el Presbítero— indica que se trata de una persona bien conocida por los destinatarios de la carta y que tiene autoridad sobre ellos. Ese Presbítero por excelencia no es otro que el propio San Juan. La «Señora Elegida» o Electa es probablemente una metáfora para referirse a una iglesia particular de Asia Menor.
El término «verdad» aparece cuatro veces. Significa la revelación de Dios que culmina en Jesucristo y que abarca el conjunto de verdades que hemos de creer. Pero es también, y ante todo, un principio interior de vida y de actividad sobrenatural: «amar en verdad» es «amar en Cristo».
En el v. 5 San Juan atestigua, según San Beda, «que la gracia, la misericordia y la paz que se dan a los fieles, también provienen de Cristo, como de Dios Padre; y para demostrar que es igual y coeterno al Padre dice que los dones del Hijo son los mismos que los del Padre» (In 2 Epistolam Sancti Ioannis, ad loc.).
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2 Jn 4-6
Los mandamientos se resumen en el amor a Dios y al prójimo. «Oye de una vez un breve precepto: ama y haz lo que quieras. Si callas, calla por amor; si clamas, clama por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor» (S. Agustín, In Epistolam Ioannis ad Parthos 7,8). La tradición es tan firme en este punto que quien enseñe doctrinas diversas es falsario y seductor. Los falsos maestros causan un doble perjuicio: además de corromper la fe, destrozan la unidad y el amor mutuo.
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2 Jn 7-11
Estos versículos constituyen un resumen de lo que se expone en 1 Jn. Señala el autor sagrado el criterio para distinguir a aquellos herejes: no confiesan la divinidad de Jesucristo encarnado. Indica que quien se aparta de la buena doctrina se aleja del Padre y del Hijo.
Entre los orientales la hospitalidad y el saludo no eran simples muestras de buena educación o de cortesía: llevaban consigo una mayor solidaridad y afinidad. Por eso se advierte que dar la hospitalidad o el saludo a esas personas (vv. 10-11) supondría una complicidad en sus malas obras, con el consiguiente peligro de escándalo para otros fieles.
El deber de salvaguardar la fe —buscando a la vez el bien y el arrepentimiento del culpable— son la causa de que la Iglesia, en casos de excepción, recurra a medidas disciplinares, cuando ha comprobado «que la corrección fraterna, la reprensión u otros medios de la solicitud pastoral no bastan para reparar el escándalo, restablecer la justicia y conseguir la enmienda del reo» (Codex Iuris Canonici, can. 1.341).
Sobre el «Anticristo» (v. 7), ver 1 Jn 2,18-29.
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2 Jn 12-13
El saludo del v. 13 hace referencia a los fieles de la iglesia desde donde escribe, probablemente la de Éfeso.