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23. Leyes Sociales y Litúrgicas.
Preceptos de Justicia Social (1-9)
1 No esparzas rumores falsos. No te unas con los impíos para testificar en falso. 2 No te dejes arrastrar al mal por la muchedumbre; en las causas no respondas porque así responden otros, falseando la justicia; 3 ni aun en las de los pobres mentirás por compasión de ellos. 4 Si encuentras al buey o al asno de tu enemigo perdidos, llévaselos. 5 Si encuentras el asno de tu enemigo caído bajo la carga, no pases de largo; ayúdale a levantarlo. 6 No tuerzas el derecho del pobre en sus causas. 7 Aléjale de toda mentira y no hagas morir al inocente y al justo, porque yo no absolveré al culpable de ello. 8 No recibas regalos, que ciegan a los prudentes y tuercen la justicia. 9 No hagáis daño al extranjero; ya sabéis lo que es un extranjero, pues extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.

En esta perícopa, que trata, sobre todo, de los diversos elementos que entran en la administración de la justicia, jueces y testigos, se intercalan unos preceptos relativos a la conducta que se debe guardar en las relaciones con el enemigo, mirando por su hacienda como desearía que otros mirasen por la suya.
Ya hemos visto de qué manera pasaba Moisés la jornada, ventilando las causas que el pueblo traía, y cómo, inducido por su suegro, nombró jueces inferiores, que debían ser los jefes de las tribus, familias y casas del pueblol. Igual que Moisés, juzgaban después los jueces, que, gracias a una feliz victoria, con que habían librado al pueblo de los invasores, lograron autoridad sobre una o varias tribus. Así, se dice que Otoniel juzgó cuarenta años, ochenta Ahod, y otros cuarenta Gedeón 2.El pueblo se regía por sus leyes y costumbres tradicionales, y la principal labor del gobernante no era tanto dar leyes cuanto resolver los pleitos de cada día para mantener la paz en el pueblo.
En el mismo libro de los Jueces se nos cuenta cómo Débora, "profetisa..., se sentaba bajo una palmera, entre Rama y Betel..., adonde acudían los hijos de Israel en demanda de justicia." 3 por el mismo título de profeta (o representante de Dios) juzgaba Samuel, de quien se escribe que juzgó a Israel todo el tiempo de su vida y que cada año hacía el recorrido por Betel, Caígala y Masfa juzgando las causas del pueblo 4. Guando luego se estableció la monarquía, las cosas debieron de cambiar. Por de pronto, no hallamos mención de estos jueces de nombramiento popular, y, en cambio, vemos a los reyes ejercer esta suprema función de administrar justicia. Cuando Natán quiso reprender a David, fingió que venía pidiendo justicia 5. Lo mismo hizo la discreta mujer de Tecua para obtener el indulto de Absalón. Pero este tribunal no podía ser más que un tribunal supremo, el cual supone otros tribunales inferiores.
En el Deuteronomio se nos informa de la administración de la justicia de modo claro: "Te constituirás jueces y escribas en todas las ciudades que Yahvé, tu Dios, te dará, según sus tribus, que juzguen al pueblo justamente."
La Ley mira mucho a que la justicia no sea falseada por causa de los testigos. El Decálogo amenaza con la sanción divina al que profane el santo nombre de Dios perjurando; luego se manda no testificar falsamente contra el prójimo. En esta perícopa de Ex 23:1 se insiste en que ni por respeto del rico ni por compasión del pobre se tuerza jamás la justicia. Sobre la prueba testifical se ordena en el Deuteronomio: "Un solo testigo no es suficiente en causa alguna. Pero por la palabra de dos o tres se puede fallar una sentencia."6 Y contra el falso testigo dispone: "Si surgiere contra uno un testimonio malo, acusándole de un delito, los dos interesados en la causa se presentarán ante Yahvé, ante los sacerdotes y los jueces en funciones en ese tiempo, quienes, si, después de escrupulosa investigación, averiguan que el testigo, mintiendo, había dado falso testimonio contra su hermano, le castigarán haciéndole a él lo que él pretendía hacer a su hermano; así quitarás el mal de en medio de Israel." 7 El gran monarca de Babilonia, Hammurabi, empieza su código decretando la misma pena contra los falsos testigos: "Si un hombre acusa a otro de homicidio, pero sin llegar a probarlo, el acusador sufrirá la pena capital." 8 La misma regla se establece si la acusación fuera sobre trigo o dinero: el acusador llevará la pena que implicaba la acusación 9.
A pesar de esto, no debían faltar testigos falsos en Israel, si tomamos a la letra las palabras del salmista, que más de una vez se queja de que testigos falsos le persiguen: "No me entregues a la rabia de mis adversarios, que se alzan contra mí falsos testigos y gente que respira crueldad." 10 Y en otro lugar: "Alzáronse contra mí testigos falsos para demandarme lo que no sabía." 11 Del Rey-Mesías dice el profeta Isaías que "no juzgará por oídos, sino que juzgará con justicia al pobre, y con equidad a los humildes de la tierra." 12. En el salmo 72:4 se pide para el rey que "haga justicia a los oprimidos del pueblo, defienda a los hijos de los menesterosos y quebrante a los opresores." El libro de los Proverbios habla muchas veces contra el falso testigo, lo que arguye su frecuencia en Israel 13.
Principios del Derecho Penal Hebreo
Hemos expuesto las penas que se imponen en la Ley por la infracción de los preceptos del Decálogo para mostrar el valor de dichos preceptos morales en la legislación mosaica. Vamos a completar lo dicho exponiendo más ampliamente las sanciones penales de los delitos antisociales. Ellos servirán para la mejor inteligencia de los preceptos legales que forman parte del código de la alianza.
Nótese, ante todo, que en la antigüedad, en que los vínculos familiares eran más estrechos, la responsabilidad por un delito era con frecuencia familiar. Que en Israel acaecía algo de esto, nos lo prueba el caso de los hijos y nietos de Saúl, colgados de un leño ante Yahvé por la infracción de un juramento hecho a los gabaonitas, cometida por su padre y abuelo. Contra este falso principio declara el Deuteronomio: "No morirán los padres por la culpa de los hijos, ni los hijos por la culpa de los padres; cada uno será condenado por su pecado." 14 Conforme a esto, se cuenta del rey Amasias que, habiendo castigado a los asesinos de su padre, dejó en paz a los hijos de éstos, según lo manda la Ley 15. Y Ezequiel dedicó todo un capítulo a declarar que la misma regla seguirá en adelante el Señor en sus juicios sobre el pueblo, que no pagarán los hijos por los padres: "Mías son las almas todas; lo mismo la del padre que la del hijo, mías son, y el alma que pecare, ésa perecerá." 16 Ya se comprende que el Señor no cambió las normas de la justicia; lo que cambió fue más bien la mentalidad de los hombres para entenderla y expresarla. Antes la entendían según las rudas reglas de la justicia que ellos practicaban; pero ahora, que en virtud de la misma revelación han progresado, la entienden con mayor perfección.
Otro principio del Derecho penal antiguo es la pena del talión. Por dura que nos parezca, viene a ser la expresión de la justicia, mirando a lo material de las culpas; una universalización de la norma de justicia que tiene su plena aplicación en materia de indemnizaciones. Pero con ser la regla tan imperfecta, y, por tanto, injusta, todavía, según observa Agustín de Hipona, sirve para impedir otras injusticias mayores. La pasión humana que se siente herida no se contenta con devolver lo que injustamente recibió, sino que a una palabra ofensiva responde tal vez con una réplica de obra que priva de la vida al ofensor. El espíritu de venganza no siempre resulta injusto 17. En el código de la alianza se anuncia el principio para restablecer la justicia quebrantada en el prójimo: "Entonces se dará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, cardenal por cardenal." 18 El Levítico expresa el principio casi con más crudeza: "Al que maltrata a su prójimo, se le hará como él ha hecho: fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; se le hará lo mismo que ha hecho a su prójimo." 19 El Deuteronomio, hablando del falso testigo, termina así: "No tendrá tu ojo piedad: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie." 20
En el código de Hammurabi vemos puesto en práctica el mismo principio: "Si un hombre saca un ojo a un hombre libre, se le sacará a él un ojo." "Si quiebra un miembro a un hombre libre, se le quebrará un miembro." "Si uno ha hecho caer un diente a un hombre de su misma condición, se le arrancará un diente." 21 Y todavía se añade con mayor crudeza: "Si un hombre hiere a la hija de un hombre libre, haciéndola abortar, pagará por su fruto diez siclos de plata. Pero si la mujer muere, se le matará a él la hija." 22 Como aplicaciones de la misma norma, podemos considerar otras sanciones. Para su inteligencia tengamos presente que, según el artículo 187, "el hijo de un favorito (del rey), familiar del palacio, o de una mujer pública no puede ser reclamado a quienes le han recibido por hijo." Ahora bien: si éste dice al padre o a la madre, que le han criado: "Tú no eres mi padre, tú no eres mi madre," se le cortará la lengua." Y si este mismo, "llegando a conocer la casa de su padre, desprecia al padre y a la madre que le criaron y se va a la casa de su padre, se le arrancarán los ojos." "Y si una nodriza recibe un niño para criar y, sin el permiso del padre y de la madre de este niño, la nodriza recibe otro, siendo esto causa de que el niño muera, a esa nodriza se le cortarán los pechos." 23 Si un arquitecto que construyó una casa no la consolida bien y la casa se hunde, matando a su dueño, el arquitecto es reo de muerte. Y si, en vez del dueño, es un hijo suyo la víctima del accidente, morirá el hijo del arquitecto mismo 24. Si un hijo hiere a su padre, se le cortarán las manos 25.
La ley no se aplica así cuando se trata de personas de inferior condición social, recurriendo entonces a la compensación pecuniaria. Por ejemplo: "Si un hombre libre saca un ojo a un muskinnu (clase intermedia entre el hombre libre y el esclavo) o le quiebra un miembro, pagará una mina de plata." 26 Si el perjudicado es el siervo de un hombre libre, pagará éste la mitad del precio del siervo 27. "Si uno hiere a la hija de un muskinnu, haciéndola abortar, pagará cinco siclos de plata." 28 Si la mujer muere, pagará media mina (30 siclos)29. Si es la esclava de un hombre libre, pagará dos siclos en el primer caso y un tercio de mina (20 siclos) en el segundo 30. En Roma también la ley de las Doce Tablas establecía la pena del talión a menos que hubiera arreglo entre las partes, como lo prueba este lacónico texto: "Si membrum rupit, ni cum eo pacit, talio esto." Y la misma ley señala la forma de compensación por la fractura de un hueso, 300 ases, si se trata de una persona libre; la mitad, si de un siervo 31. Pero, sobre todo, nos resulta instructiva la forma como este principio se aplica entre los árabes beduinos de Trans-Jordania. Entre éstos, el espíritu de venganza reviste caracteres trágicos, pero el deseo de paz y de poner fin a los males de la guerra los obliga a venir a un arreglo. Cuando se trata de causas de sangre, muerte, herida, etc., el juez es un especialista que lleva por nombre qassas. Este empieza por exigir fiadores de que su sentencia se cumplirá, luego pide sus honorarios. Para apreciar la indemnización, si se trata de heridas, examina bien la herida, mide su longitud, su anchura y profundidad, y considera la parte del cuerpo en que está. Si se trata de heridas en el rostro, se sirve para apreciarla del siguiente modo: pone al herido en pie, y el juez se va alejando de él caminando hacia atrás y sin perderlo de vista. Cuando no percibe la herida, cuenta los pasos hasta el herido, y a cada paso corresponden tantas piastras ... Cuando se trata de heridas más graves, se toma por unidad la muddah, o sea la indemnización debida por la vida de un hombre, que no es igual en todas las tribus, pero que puede ser de unas 2.000 pesetas de plata. Por la vida de la mujer la indemnización será cuádruple. Si la mujer estaba encinta, habrá que contar la vida de la madre y la del hijo. Y aquí se revela la nobleza del árabe, que considera un deshonor habérselas con una mujer débil. Por los dos ojos perdidos se pagará lo mismo que por la vida. Por un solo ojo, la mitad... Por un dedo, un camello de dos años. De esta manera, el qassas determina, según la jurisprudencia del desierto, la manera de aplicar la ley del talión con más provecho del perjudicado. Además de realizar la justicia, estos hijos del desierto armonizan su honor, que es muy delicado y exigente, con la utilidad 32. En el código hitita, las penas por muerte o heridas son pecuniarias 33.
Que estas o semejantes normas no eran desconocidas en Israel, nos lo indican algunas frases de la Ley, tales como estas del código de la alianza, el más antiguo del pueblo hebreo: "Si un buey bravo, por negligencia culpable del amo, mata a un hombre o a una mujer, el buey será apedreado, pero el amo será reo de muerte; si en vez de la muerte le pidieran al dueño el precio como rescate de la vida, pagará lo que se le imponga." 34 El que hiriere a una mujer encinta, acelerando el parto, pero sin mayor perjuicio, pagará lo que exija el marido de la mujer y decidan los jueces 35. La insistencia con que la Ley condena a muerte al homicida, excluyendo todo arreglo, parece significar que en las causas de inferior culpa se daba lugar a algún arreglo.
Como conclusión de las posibles relaciones, influencias e interferencias de las legislaciones orientales en la legislación mosaica, podemos decir:
a) Algunas leyes mosaicas son más crueles, y otras, en cambio, más humanitarias, que las de los diversos códigos orientales, pero la legislación mosaica suele tener más preocupación moral y religiosa que aquéllos.
b) La dependencia y concomitancia que puede haber entre las legislaciones mosaica y oriental no es tanto directa o literal cuanto que todas ellas reflejan un fondo consuetudinario común, en consonancia con un ambiente social semejante en gran parte. Respecto de las posibles concomitancias entre la ley mosaica y el código de Hammurabi, no debemos olvidar que el antepasado de los hebreos, Abraham, procedía de Mesopotamia, y, naturalmente, con sus costumbres debió de dejar huella no sólo en la vida jurídico-social de la época patriarcal, sino aun después en Egipto y en el Sinaí.
c) Las leyes solían darse en nombre de la divinidad. El código de Hammurabi es un regalo del dios dolar Samas al gran monarca babilonio. Este no es sino intérprete de la voluntad de su dios principal. En una concepción teocrática, la divinidad es el centro y motor de toda la vida social de su pueblo. En el caso del pueblo de Israel, Yahvé es el creador y plasmador de la nueva conciencia social, nacional y religiosa de su pueblo, libertado milagrosamente de Egipto. Su representante —caudillo y profeta— es Moisés; por eso las ordenaciones y palabras de éste aparecen como intimaciones del mismo Yahvé; de ahí que las frases "harás esto..., dirás al pueblo..." hay que entenderlas en el sentido amplio de ordenaciones que tienen autoridad divina, pero no siempre son manifestaciones expresas reveladas del mismo Yahvé. No debemos perder de vista que los autores sagrados suelen prescindir de las causas segundas, para atribuir los hechos y las leyes directamente a Dios. Respecto de la legislación, pues, podemos suponer que Moisés recogió leyes y costumbres y las adaptó y modernizó conforme a la nueva concepción teocrática. Otras las dictaminó él mismo conforme a su prudencia, y las menos pueden ser dictados directos divinos. Con todo, aunque el conglomerado de leyes sea heterogéneo y proceda de diversas fuentes, el sello personal del gran genio creador de Moisés quedó marcado indeleblemente, de forma que la legislación posterior no hizo sino adaptarse y seguir las líneas generales del legislador-libertador, primer profeta de Israel. Moisés es el mayor de los profetas... Dios quiere hacer un pacto con Israel, pero esto exige condiciones: Dios es santo, y no puede morar en un pueblo que no lo sea. De ahí el primer principio de la Ley. Dios es justo, y no puede hacer pacto con la iniquidad ni dejar sin castigo pecado alguno. He ahí el principio del derecho penal. Dios es misericordioso y largo en perdonar, y ésta es la razón del perdón con que invita a Israel. Dios es bueno, fiel y veraz, y esto es el fundamento de todas las promesas que se hacen en la Ley, y que luego ampliarán los profetas. Estos son los principios de la legislación mosaica. Todo lo que hay de grande en ella dimana de estos principios. Pero en lo concreto, el legislador tendrá en cuenta las costumbres del pueblo en lo civil y en lo religioso y tolerará, en atención a la dureza de Israel, cosas que fuera deseo corregir. Pero, infundiendo la idea de Yahvé justo, santo, bueno, fiel a sus promesas, se pondrá la base para su futuro perfeccionamiento, conforme evolucionen las costumbres y cambien las circunstancias 36.
La ley mosaica es imperfecta, y, en comparación con el ideal evangélico. Los Santos Padres recalcan esta idea para explicar el carácter imperfecto y terrenal de muchas leyes del Pentateuco, y así dicen que las sanciones son temporales, porque las leyes estaban destinadas a un pueblo de mentalidad ruda. Si estas leyes eran imperfectas en el orden religioso, mucho más lo eran en el orden civil: "disponebat populum ad iustitiam et aequitatem secundum quod conveniebat illo statui." 38 Los Padres dan por supuesto que antes de la legislación mosaica hubo en el pueblo hebreo cierta legislación rudimentaria en el orden civil y religioso: "fuerunt igitur ante legem quaedam ceremonia legis," 39 prescritas por la ley natural. Como dice el P. Lagrange, "el mérito de Moisés consistió en grabar en todos los corazones el recuerdo de los beneficios de Yahvé, Dios del pueblo israelita y del universo. Y, al formar con este Dios una alianza solemne, pasó por la criba de este deber los usos y costumbres antiguos. Lo que era contrario a la fidelidad a Yahvé era eliminado, lo que estaba conforme con su culto y veneración venía a ser ipso facto su ley." 40 "El color religioso de la obra (codificación mosaica) brilla de un modo particular. No sólo el autor da amplitud a la vida religiosa, por las peregrinaciones, la ley del asilo, la prestación de juramentos, la incorporación del esclavo a una nueva familia, sino que subordina todo este conjunto jurídico al fin religioso... Subordina las costumbres a los mandamientos imperativos de la divinidad... y subordina todo a reglas cultuales muy precisas sobre la manera de adorar y respetar a la divinidad. La religión no interviene sólo como garantía de la buena marcha de la vida pública, sino que es la vida pública entera la que esta sometida a la orientación religiosa. El autor ha tenido cuidado en eliminar todo politeísmo, aun cuando respetaba viejas costumbres religiosas que se habían desarrollado en un clima politeísta. Lo esencial para nuestro autor es asegurar en la vida de Israel el culto α Yahvé y de El solo en conformidad con sus exigencias morales. Si esta obra tiene un fin religioso, es que nuestro autor tiene una teología especial dentro del conjunto del antiguo Oriente... No se reconoce más divinidad que Yahvé; no se puede pronunciar el nombre de otros dioses en los juramentos, y hacerles sacrificio es un crimen castigado con la pena de muerte (22:19). Es un Dios moral que reprueba la injusticia y castiga, es también un Dios misericordioso y benevolente... La legislación es puesta en boca de la divinidad..., que asume la responsabilidad de todas las costumbres, redactadas de modo impersonal, al estilo del derecho en el antiguo Oriente; por eso interviene para dar leyes en estilo directo, sus mandamientos; habla en primera persona, lo que parece único en los documentos jurídicos. Es la divinidad la que da leyes y mandatos, al mismo tiempo que encarga a Moisés —mediador— exponer las costumbres que quiere se observen (Ex 21:1). Aunque no encontramos las expresiones del Deuteronomio: "mis leyes," "mis mandatos," sin embargo, encontramos la frase al fin del código (de la alianza): "Guardad todo lo que yo os he dicho." El autor concibe, pues, a Dios interviniendo directamente en la vida de su pueblo para dar leyes... El código de la alianza, pues, se presenta con carácter excepcional. Quiere establecer una teocracia directa, en la que se aplican las últimas consecuencias de la idea de la alianza. El pueblo es el pueblo de Dios, y la divinidad es concebida como pariente por la sangre de los miembros de esta comunidad 41, pues la alianza se cierra con la sangre (Ex 24:8), creando un parentesco ficticio por la sangre. La divinidad no sólo ha puesto las condiciones del pacto por las reglas generales del Decálogo, sino que ha ido hasta aplicar los principios al detalle... Yahvé ha sacado a su pueblo de un país extranjero, y ha mostrado así su poder frente al faraón y a los dioses de Egipto, y quiere dirigir El mismo la actividad colectiva del pueblo. El jefe visible de Israel (Moisés) no es más que un mediador, cuya única misión es hablar al pueblo en nombre de Dios y exponer las costumbres que Dios toma a su cuenta, función difuminada que no es obstáculo a las relaciones directas entre Yahvé y los israelitas. Si éstos son fieles y observan las directivas de su jefe, que es su Dios, los protegerá, los bendecirá y los liberará de todos los males42.

Tabla Sinóptica Comparativa Entre la Legislación Mosaica y la de los Códigos Orientales.
Siglas: CH, código de Hammurabi; LA, leyes asirias; LN, leyes neo-babilónicas; FS, fragmentos sumerios; LH, leyes hititas.

Manumisión de los siervos. Ex 21:2.5-11. CH 117; 282.
Homicidio involuntario. Ex 21:13. CH 206-207.
Pegar a los padres. Ex 21:16; Dt 24:7. CH 195.
Pegar a una mujer encinta. Ex 21:22-23. CH 209-210.
Ley del tallón. Ex 21:24. CH 196.197. LH I,7.8.
Pegar a los siervos. Ex 21:26-27. CH 199 (?). LH I, 8 (?).
Buey cornúpeta. Ex 21:28-30; 32. CH 250.251.262.
Robo de una res. Ex 22:1-4.
Daño. Ex 22:2. CH 21.
Daño de los campos. Ex 22:5. CH 57.
Pérdida del depósito. Ex 22:7-9. CH 125-126.
Pérdida de una res en depósito. Ex 22:10-13. CH 263; 266; 267.
Seducción de una virgen. Ex 22:16-17. LA 54a.
Maleficio. Ex 22:18. CH 2.
Incesto con la madre Ex 18:8; 20; 11. CH 157.
Adulterio. Lev 20:11; Dt 22:2. CH 129.
Incesto con la nuera. Lev 20:13. CH 155.
Pederastía. Lev 20:13. LA 20.
Sospecha de adulterio. Núm 5:22-28. CH 131.132.
Falso testimonio. Dt 19:16-19. CH 3,4.
Partición de la herencia. Dt 21:15-17. CH 165.167.
Hijo contumaz. Dt 21:18-21. CH 169.
Opresión de virgen desposada. Dt 22:26-27. CH 130.
Siervo fugitivo. Dt 23:15-16. CH 16.
Repudio. Dt 24:1. CH 138.139.
Flagelación. Dt 25:3. CH 202.
Levirato. Dt 25:5-10. LH 11; 79;LA 30; 31,43 43·

Diversas Leyes Ceremoniales (10-19)
10 Sembrarás tu tierra seis años y recogerás sus cosechas; 11 al séptimo la dejarás descansar, que coman los pobres de tu pueblo, y lo que queda, lo coman las bestias del campo. Eso harás también con las viñas y los olivares. 12 Seis días trabajarás, y descansarás al séptimo, para que descansen tu buey y tu asno y se recobre el hijo de tu esclava y el extranjero. 13 Guardad cuanto os he mandado. No te acuerdes del nombre de dioses extraños ni se oiga en tus labios. 14 Tres veces cada año celebraréis fiesta solemne en mi honor. 15 Guardad la fiesta de los ázimos comiendo ázimo siete días, como os he mandado, en el mes de Abib, pues en ese mes saliste de Egipto. No te presentarás ante mí con las manos vacías. 16 También la solemnidad de la recolección, de las primicias de tu trabajo, de cuanto hayas sembrado en tus campos. También la solemnidad del fin de año y de la recolección, cuando hubieres recogido del campo todos sus frutos. 17 Tres veces en el año comparecerá todo varón ante Yahvé, tu Dios. 18 No acompañarás de pan fermentado la sangre de tu víctima ni dejarás la carne de ésta para el día siguiente. 19 Llevarás a la casa de Yahvé, tu Dios, las primicias de los frutos de tu suelo. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.

El precepto sabático, que es el cuarto del Decálogo, se extiende también aquí a los campos y a los árboles. Ni los primeros serán sembrados el año séptimo, ni los segundos podados y cuidados; lo que de suyo produjere será para los pobres (v.10-11). Pero en Lev 25:4 se dice que en ese año séptimo los dueños de los campos y de los árboles comerán lo que unos y otros espontáneamente produjeran. Parece una tentación a Dios esto de dejar en barbecho todos los campos al mismo tiempo. En Lev 25:21 se sale al paso a esta objeción con la promesa de una cosecha más abundante al año sexto. Sin embargo, en 1 Mac 6:49 se hace mención de la carestía sufrida por la observancia del año sabático.
La razón del año sabático para los campos era la misma que la impuesta para el descanso del hombre. No sólo para dejar en barbecho, de modo que así la tierra descansara y se enriqueciera para mejores cosechas, sino que hay una razón de orden religioso: el reconocimiento de la propiedad de Yahvé sobre los campos, y, por otra parte, el abandono a su providencia, que no olvidará a su pueblo. La formulación de la ley aquí no permite saber si habían de descansar todos los campos en todo el territorio o sólo parcialmente, es decir, los campos que llevaban seis años consecutivos de cultivo. Por razones obvias, este descanso sabático de los campos no fue siempre cumplido 44. En la época anterior al exilio no se alude a esta ley. A pesar del carácter religioso de la ley, es de suponer que el descanso periódico de los campos obedece a costumbres anteriores a la misma legislación mosaica. En terrenos pobres y de secano hay que dejar descansar las tierras para que puedan rendir algo de tiempo en tiempo; de lo contrario, es empeñarse en un trabajo estéril todos los años. A esta razón práctica, el legislador hebreo añadió la razón religiosa de reconocer la soberanía de Dios.
En el v.12 se alude de nuevo a la observancia del sábado para los hombres, y se da una razón de orden práctico: dejar descansar a los esclavos y a los animales.
El v.13 estaría mejor, como conclusión del código de la alianza, en 23:19. No debía nombrarse a los dioses, para no caer en la idolatría. En tiempos posteriores se sustituyó el nombre de baal (señor), de procedencia cananea, por el de boseth (vergüenza).
Las Tres Fiestas Religiosas (14-17)
Se prescriben tres fiestas religiosas, ligadas a la vida agrícola: a) la de los Ácimos, en el mes de Abib, que señala el comienzo oficial de la mies, y que ahora debe, además, tener el sentido de memorial de la salida de Egipto; b) la solemnidad de las Primicias, que marcaba el fin de la recolección; c) y la solemnidad del año agrícola, una vez recogidos todos los frutos del campo. Importaban estas fiestas una peregrinación al santuario nacional o a otros cercanos, donde no debían presentarse con las manos vacías, dejando a la devoción de cada uno lo que debían ofrecer a Dios. A estas fiestas primitivas, en Israel se les añadió luego la significación histórica, a saber, el recuerdo de la liberación de Egipto, de la promulgación de la Ley y de la estancia en el desierto. De estas tres, la primera y la última se hallan consignadas en la Escritura.
La fermentación era considerada como una corrupción; por eso no se admite el pan fermentado en los sacrificios (v.18). Ya se entiende la razón de no dejar para el día siguiente las carnes del sacrificio en un país caluroso como Palestina. Aún hoy, un jeque beduino no ofrecerá a su huésped carne que no haya sido sacrificada en honor suyo.
En el v.106 se prohibe cocer el cabrito en la leche de su madre, sin duda porque el legislador considera como demasiada crueldad la de matar el cabrito y aderezarlo en la leche de su madre 45. Parece una ordenación paralela a la de prohibir poner bozal al buey que ara. Recientemente se ha propuesto una explicación erudita sobre la prohibición de cocer el cabrito en la leche de su madre.
En los textos de Ras Samra (Ugarit) parece que se da un valor supersticioso a la leche de la cabra en la que se había cocido un cabrito, en cuanto que derramada daba especial fecundidad a la tierra 46. Los rabinos extendieron la prohibición a cocer carne en leche 47.
a) Fiesta de los Azimos. -Debía celebrarse el mes de Abib (o de la espiga), durante la semana que sigue a la Pascua. El Deuteronomio nos declara mejor la forma de la celebración de esta fiesta: "Guarda el mes de Abib (marzo-abril) celebrando la Pascua de Yahvé, porque precisamente en el mes de Abib te sacó Yahvé, tu Dios, de Egipto, de noche. Inmolarás la Pascua de Yahvé, tu Dios, de las crías de tus ovejas y de las vacas, en el lugar que Yahvé, tu Dios, haya elegido para poner en él su nombre." 48 Varias cosas hemos de notar aquí: la Pascua en el mes de Abib (llamado más tarde Nisán), con el recuerdo de la salida de Egipto, de noche, porque a esta hora se celebraba la Pascua, a la luz de la luna llena. La víctima será de las crías de los rebaños, bien sea del ganado menor o del mayor. Esto sugiere la idea de un sacrificio de las primicias de los rebaños, el sacrificio propio de los pueblos pastores. Finalmente, sólo en el lugar elegido por Dios se puede celebrar este sacrificio, lo que implica una peregrinación, y para muchos, larga. Sigue el texto del Deuteronomio: "No comerás con ella pan fermentado, sino que por siete días comerás pan ácimo, el pan de la aflicción, porque de prisa saliste de Egipto. No se verá levadura esos siete días en toda la extensión de tu territorio y nada de la víctima que a la tarde inmolarás quedará hasta la mañana siguiente." El sacrificio se inmola, pues, al atardecer, y la Pascua consiste en el convite sagrado que sigue durante la noche. En él no se podrá comer pan fermentado, a diferencia de los sacrificios pacíficos, en que se permite este pan. Pero el uso del pan ácimo (pan de aflicción) sin duda alude a la opresión de Egipto, lo que arguye una fiesta distinta primariamente de la Pascua, la fiesta de los Ácimos, fundidas después en una. Una vez más insiste en que esta Pascua se ha de celebrar en el lugar elegido por Dios, al ponerse el sol, como el día de la salida de Egipto. El rito empleado para preparar las carnes es el más primitivo y el que todos podían haber a la mano: asar las carnes, como hacían los caudillos griegos ante los muros de Troya. Esto nos hace sospechar la alegría de la Pascua, celebrada a la clara luz de la luna llena con un banquete extraordinario y con gran reunión de gente. Terminada la fiesta a la mañana siguiente, volvían todos a sus casas, pero la fiesta de los Ácimos continuaba hasta el séptimo día.
En este sentido de la liberación de Egipto se funda el de la Pascua cristiana, que recuerda, con la muerte y la resurrección de Jesucristo, el misterio de la redención. Cristo en la cruz es el verdadero Cordero, que con su sangre borra los pecados del mundo y que se da en comida en el banquete eucarístico. San Pablo nos enseña cómo hemos de celebrar esta Pascua de la inmolación de Cristo: "Alejad la vieja levadura, para ser masa nueva, como sois ácimos, porque nuestra Pascua (Cordero pascual), Cristo, ha sido inmolado. Así, pues, festejémosla, no con la vieja levadura, no con la levadura de la malicia y de la maldad, sino con los ácimos de la pureza y de la verdad." 49
b) Pentecostés, o Fiesta de la "Siega." -Llamada también fiesta de las Semanas 50, día de las Primicias51 y de Pentecostés52, porque se celebraba a las siete semanas después de los Ácimos 53 o porque se ofrecían las primicias en acción de gracias por la recolección del trigo 54. Parece que es también una de las fiestas primitivas en Israel anteriormente al mismo Moisés. Es una fiesta de agricultores (los patriarcas eran semibeduinos, es decir, mitad pastores nómadas, mitad agricultores), a la que se le da un nuevo sentido religioso como para la de la Pascua, como hemos visto. El Deuteronomio nos declara así el sentido de la fiesta: "Contarás siete semanas; desde el día en que comienza a meterse la hoz en el trigo, comenzarás a contar las siete semanas, y celebrarás la "fiesta de las semanas en honor de Yahvé, tu Dios, con ofrendas voluntarias, que harás conforme Yahvé, tu Dios, te haya bendecido. Te regocijarás en la presencia de Yahvé, tu Dios, en el lugar que elija para hacer habitar en él su nombre, tú, y tu hijo, y tu hija; tu siervo, tu sierva, el levita que mora en tus ciudades, así como el extranjero, el huérfano y la viuda que habitan en medio de ti. Acuérdate de que siervo fuiste en Egipto y cuida de poner en obra estos mandamientos." 55 Esta fiesta señala el fin de la siega de los cereales, significa el reconocimiento de las bendiciones de Dios y ha de ser motivo de alegría para todo el pueblo, para los agricultores y para los que viven en su derredor y trabajan con ellos. El espíritu de caridad del Deuteronomio se destaca en la redacción de este precepto.
El Pentecostés cristiano está más ligado a este sentido conmemorativo de la promulgación de la Ley, pues en este día se realizó la venida del Espíritu Santo, por lo cual la Iglesia la celebró desde principio con toda solemnidad.
c) Tabernáculos, O Fiesta se la Recolección de Frutos (v.16). -Se llama de los Tabernáculos o de las chozas de ramas56 porque para celebrarla los israelitas iban a habitar en chozas en las viñas. Es la postrera de las tres fiestas primitivas de Israel, que se celebraban con una peregrinación. En nuestra perícopa leemos: "Celebrarás también la solemnidad del fin del año y de la recolección, cuando hubieres recogido del campo todos sus frutos" 57. En el código se lee: "Celebrarás la solemnidad de la recolección al fin de año." 58. Esto ya nos dice bastante sobre el sentido de la fiesta. El autor sagrado da por supuesto en este texto que el año comienza en otoño, en vez de primavera, como será más tarde por influencia mesopotámica. La fiesta de los Tabernáculos o de la recolección tenía, pues, lugar al fin del verano, después de haber recogido los últimos frutos del campo; los israelitas debían presentarse al Señor para ofrecerle las primicias de estos frutos en acción de gracias por las bendiciones recibidas y para implorar el beneficio de la lluvia para poder hacer la próxima sementera. La fiesta tiene, pues, un sentido marcadamente agrícola, como la de los Ácimos y de las Primicias. El Deuteronomio, como de ordinario, es más explícito: "Celebrarás la fiesta de los Tabernáculos durante siete días, una vez recogidos los frutos de tu era y de tu lagar; te regocijarás en esta fiesta tú, tu hijo, tu hija, tu siervo y tu sierva, así como el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que habitan en tu ciudad. Celebraréis la fiesta en honor de Yahvé, tu Dios, en el lugar que haya elegido, para que Yahvé, tu Dios, te bendiga en todas tus cosechas y en todo el trabajo de tus manos, y te darás todo a la alegría." 59 Y después de insistir en la celebración de la triple festividad anual en el lugar elegido por el Señor, concluye: "Cada cual hará sus ofrendas conforme a las bendiciones que Yahvé, tu Dios, le haya otorgado." 60 Aquí no se señala tampoco la fecha precisa, pero se indica la duración de la fiesta, que será de siete días, y se le da un nombre significativo: es la fiesta de los Tabernáculos y fiesta de la alegría para todo el pueblo trabajador de la tierra, que recoge entonces los últimos frutos de ella. El habitar en chozas de ramas tiene por fin recordar el tiempo en que los israelitas vivían en tiendas en el desierto 61.
Promesas y Exhortaciones (20-33)
20 He aquí que yo mandaré un ángel ante ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. 21 Acátale y escucha su voz, no le resistas, porque no perdonará vuestras rebeliones y porque lleva mi nombre. 22 Pero, si le escuchas y haces cuanto él te diga, yo seré enemigo de tus enemigos y afligiré a los que te aflijan, 23 pues mi ángel marchará delante de ti y te conducirá a la tierra de los amorreos, de los jéteos, de los fereceos, de los cananeos, de los jeveos y de los jebuseos, que yo exterminaré. 24 No adores a sus dioses ni les sirvas; no imites sus costumbres y derriba y destruye sus cipos. 25 Servirás a Yahvé, tu Dios, y El bendecirá tu pan y tu agua y alejará de en medio de vosotros las enfermedades, 26 y no habrá en vuestra tierra mujer que se quede sin hijos ni sea estéril y vivirás largos años. 27 Mi terror te precederá, y perturbaré a todos los pueblos a que llegues, y todos tus enemigos volverán ante ti las espaldas, 28 y mandaré ante ti tábanos, que pondrán en fuga a jeveos, cananeos y jéteos delante de ti. 29 No los arrojaré en un solo año, no quede la tierra desierta y se multipliquen contra ti las fieras. 30 Poco a poco los haré desaparecer ante ti hasta que crezcas y poseas la tierra. 31 Te doy por confines desde el mar Rojo hasta el mar de Palestina y desde el desierto hasta el río. Pondré en tus manos a los habitantes de esa tierra y los arrojarás de ante ti. 32 No pactarás con ellos ni con sus dioses, 33 no sea que, habitando en tu tierra, te hagan pecar contra ti y sirvas a sus dioses, que sería tu ruina.

Dios, había dado por caudillo a Moisés, que sacaría a Israel de Egipto y le introduciría en la tierra de las promesas, venciendo todos los obstáculos que a ello se opusieran, como había vencido a los que opuso el faraón. Pero, además de ese caudillo visible, iba Dios a la cabeza de su pueblo 62, y Dios era el que prestaba a Moisés el poder necesario para cumplir su misión. Pues Dios aparece aquí representado por el ángel. Hay muchos textos en los que para designar a Dios se le llama ángel 63, sin duda una designación debida a retoques posteriores de copistas, conforme a concepciones teológicas en las que ante todo se busca salvar la trascendencia divina 64. Así, en vez de hablar de teofanías directas de Yahvé, se habla de manifestaciones de su ángel. Y éste parece ser el caso actual del v.20. Ese ángel enviado por Yahvé para guiar a Moisés no es otro que el propio Dios, que se manifestará bajo la forma de nubes, de fuego o de ángel para hacer conocer su voluntad y encaminar a su pueblo hacia la tierra de promisión. A él debe obedecer Israel, como debía escuchar a Moisés. El ángel caminará delante de Israel, le guiará por el camino, deshará a sus enemigos hasta ponerle en posesión de la tierra ocupada por los cananeos (v.23). Las poblaciones mencionadas son las mismas de Ex 3:8 65. ¿Cómo se manifestará la acción de este ángel-Yahvé, al cual obedecer? Por la acción interior de Dios, que obrará en la conciencia de cada uno, y en la acción exterior de Moisés, que de continuo los instruirá y amonestará a obedecer los mandamientos del Señor. Si Israel hace todo esto, Yahvé le colmará de bendiciones, le dará pan en abundancia, alejará de él las enfermedades, multiplicará los hijos y le hará vivir largos años (v.25-26).
A pesar de la asistencia de Dios por su ángel o providencia especial sobre el pueblo elegido, la conquista total de Canaán no se realizó hasta los tiempos de David. ¿Cómo esto? El autor sagrado nos da la razón: Poco α poco haré desaparecer a los cananeos ante ti hasta que crezcas y poseas la tierra (ν.80). En otros lugares hallaremos motivos algo diferentes. Pero esto nos dice algo sobre el nϊmero de los hebreos que iban a entrar en Canaán, que no era un vasto territorio, sino una provincia muy extensa. Sus límites, según el texto que tenemos delante, son: por el sur, una línea que va desde el mar Rojo hasta el mar de Palestina o Mediterráneo; al oeste, el mar; al este, el río Jordán 66, y al norte, los montes del Líbano y Antelíbano (v.31). Tales límites son ideales, pues de hecho la costa mediterránea estuvo sometida a los filisteos, y en el sur hay muchas zonas desérticas, que no son habitables. La recomendación de no entrar en relaciones con los cananeos por razones religiosas se repite varias veces 67, clara señal de que no se observaba, y de ello dan prueba muchos textos históricos.
Para conseguir el triunfo sobre los enemigos precederá a Israel el terror de Yahvé (v.27), es decir, su manifestación omnipotente y arrolladura, que siembra el terror entre los enemigos. En Gén 35:5 se dice que se "extendió el terror de Dios por las ciudades del contorno, y no les persiguieron" (a la familia de Jacob). Dios es valedor de los derechos de sus protegidos, y, como Dios de los ejércitos, siembra la ruina y el pánico entre sus enemigos. Es una concepción épica de la providencia de Yahvé en la historia de Israel. Para ello enviará tábanos para perseguir a sus enemigos (v.27b). De hecho no sabemos que haya enviado esta plaga contra los cananeos, como lo hizo contra los egipcios, pero puede ser un símbolo de los castigos en tromba que han de caer contra los enemigos de Israel cuando éstos irrumpan en Canaán. En correspondencia a esta especial protección de Yahvé, los israelitas deberán abstenerse de participar en el culto idolátrico de los cananeos (v.24). No sólo no deben adoptar esos cultos, sino que deben derribar los cipos o estelas (masseboth) piedras verticales que se erigían en honor de las divinidades cana-neas, consagradas a los baales, pues los santuarios cananeos eran al aire libre, en recintos con piedras verticales o troncos de árboles, símbolo de bosques sagrados, que aludían a la fecundidad procurada por Astarté 68.
Por el carácter antológico y misceláneo de esta perícopa, la mayor parte de los comentaristas consideran los v.20-33 como desplazados y obra de un autor posterior. Así, se habla del mar de los filisteos en una época en que aún éstos no se habían establecido en Palestina, lo que es un claro anacronismo en nuestro contexto 69. Parece, pues, una adición posterior al código de la alianza.

1 Cf. Ex 18:13s; Dt 1:13s. — 2 Cf. Jue 3. — 3 Cf. Jue 4:4s. — 4 Cf. 1 Sam 7:15s. — 5 Cf. 2 Sam 12:1s. — 6 Dt 19:15; 17:6s. — 7 Dt 19:16-20. — 8 Cód. de Ham. art.I. — 9 Ibid., art.4. — 10 Sal 27:12. — 11 Sal 35:11. — 12 Is 11:4. — 13 Cf. Prov 6:19; 14:25; 19:5-9; 21:28. — 14 Dt 24:16. — 15 Cf. 2 Re 14:16. — 16 Ez 18:4. — 17 Cf. A. Jaussen, o.c., p.228. — 18 Ex 21:23-25. — 19 Lev 24:195. — 20 Dt 19:21. — 21 Cód. de Ham. art. 196.197.200. — 22 Ibid., art.108.110. — 23 Ibid., art.194. — 24 Ibid., art.129s. — 25 Ibid., art.195. — 26 Ibid., art.198. — 27 Ibid., art.199. — 28 Ibid., art.211. — 29 Ibid., art.212. — 30 Ibid., art.213s. — 31 Cf. Gaio, Institutiones III 223. — 32 Cf. A. Jaussen, o.c., p.225. — 33 Cód. hit. art. 1-20. — 34 Ex 21:275. — 35 Ex 21:22. — 36 Cf. Ciencia Tomista t.35 p.s8. — 37 Cf. 1-2 q.99 a.6. — 38 Cf. 1-2 q.104 a.3 ad 3. — 39 1-2 q.103 a.1 11 c. — 40 Cf. RB (1901) p.6i6. — 41 Sobre esta idea véase E. Dhorme, Religión des Hébreux nómades (Bruselas 1937) p.313s. — 42 H. Cazelles, o.c., p.184-187. — 43 Los textos en H Gressmann, Altorientalishe Texte und Bilder 380-410-423-431. — 44 Cf. 2 Par 36:21; Neh 10:32. FL. Josefo, Ant. lud. XII 9,5; 8,1; XIV 10,6. — 45 Cf. Ex 34,26; Dt 14,21. — 46 Cf. RB (1937) P-550; R. Dussaud, Les découvertes de Ras Sham,a et l'Ancien Testa-ment (París 1941) p.152. — 47 Cf. Mhhna, tr. Jullin VIII. — 48 Dt 16:1s. — 49 1 Cor 5:7-8 — 50 Ex 34:22; Dt 16:10; 16. — 51 Núm 28:26. — 52 Lev 23:16. — 53 Dt 16:16. — 54 Núm 28:26. El vocablo griego Pentecostés aparece en Act 2,1, en Filón, Fl. Josefo y 2 Mac 12:32. — 55 Dt 16:9-12. — 56 Lev 23:345; Dt 26:13.16. — 57 Ex 23:16. — 58 EX 34:22. — 59 Dt 16:13-15. — 60 Dt 16:17. — 61 Lev 23:33-43; DBS II 174-176. — 62 Ex 33:1s. — 63 Cf. Gén 16:7-14; 21:14-21; 48:15; 16; Ex 3. — 64 Sobre el "ángel de Yahvé" véanse los siguientes trabajos: M. J. Lagrange, L'Ange de Jahve: RB 12 (1903) 215; B. Stein, Der Engel des Auszugs: Bi 19 (1938) p.29i; J. Rubinsky, Der Mal' ak Jahwe (Paderborn 1930); D. Stier, Gott und sein Engel im A.T. (Münster 1934),' D. Legeay, L'ange et les Théophanies dans la S. Écriture d'aprés la doctrine des Peres: RTh 10 (1902) 138-158.405-420 (1903) 46-69.125-154; J. Touzard, Ange de Jahweh: DBS I 242-255; F. Ceuppens, Theologia Bíblica II (1949) 10s. — 65 Para su identificación véase el comentario a este lugar. — 66 Algunos autores, r"o lo entienden del Eufrates, frontera que jamás fue alcanzada. En tiempos de David, por el norte se llegó a Siria (1 Re 4:21), y por el sur, al golfo de Aqabah (1 Re 9:26; 22:49). De estos amplios límites se habla ya en las promesas de Gén 15:18; Dt II, 24; Núm 24. — 67 Cf. Ex 34:12 16; Dt 7:2-5; Jos 23:12-13. — 68 Cf. Lev 26:1; Dt 7:5; 12:3. — 69 Véase A. Clamer, o.c., p.210, y P. Heinisch, o.c., p.161.
24. Conclusión de la Alianza
La Alianza del Sinaí (1-11)
1 Y dijo a Moisés: "Sube a Yahvé tú, Aarón, Nadab y Abiú, con setenta de los ancianos de Israel, y adoraréis desde lejos. 2 Sólo Moisés se acercará a Yahvé, pero ellos no se acercarán, ni subirá con ellos el pueblo." 3 Vino, pues, Moisés y transmitió al pueblo todas las palabras de Yahvé y sus leyes, y el pueblo a una voz respondió: "Todo cuanto ha dicho Yahvé lo cumpliremos." 4 Escribió Moisés todas las palabras de Yahvé. Levantóse de mañana y alzó al pie de la montaña un altar y doce piedras, por las doce tribus de Israel, 5 y mandó a algunos jóvenes, hijos de Israel, y ofrecieron a Yahvé holocaustos; inmolaron toros, víctimas pacíficas a Yahvé. 6 Tomó Moisés la mitad de la sangre, poniéndola en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. 7 Tomando después el libro de la alianza, se lo leyó al pueblo, que respondió: "Todo cuanto dice Yahvé lo cumpliremos y obedeceremos." 8 Tomó él la sangre y asperjó al pueblo, diciendo: "Esta es la sangre de la alianza que pactó con vosotros conforme a todas estas palabras." 9 Subió Moisés con Aarón, Nadab y Abiú y setenta ancianos de Israel, 10 y vieron al Dios de Israel. Bajo sus pies había como un pavimento de baldosas de zafiro, brillantes como el mismo cielo, 11No extendió su mano contra los elegidos de Israel; le vieron, comieron y bebieron.

El texto está manifiestamente alterado en el comienzo de este capítulo, pues los v.3-8 son la continuación lógica de 23:19, mientras que los v.1-2 lo son de 9-11. Estos parecen una adición al relato primitivo para recalcar que no estaba solo Moisés al recibir los preceptos del código de la alianza, y así se presenta al sumo sacerdote y a sus hijos con los ancianos representantes del pueblo, junto al caudillo Moisés, en el momento más solemne de la historia de Israel: en el acto de la alianza. Pero es sólo Moisés el que se acerca a Yahvé, privilegio recordado muchas vecesl.
Según los v.1-2, sólo Moisés podrá acercarse a Yahvé, aunque Aarón, sus hijos y los setenta ancianos deben escalar la montaña 2. El v.3 empalma con 23:19, siendo como la conclusión de las ordenaciones del código de la alianza. Moisés transmitió las palabras y juicios (mispatim: juicios, costumbres, ordenaciones). Las palabras son, pues, el conjunto de disposiciones y declaraciones de Yahvé; no sólo el Decálogo, sino también las aplicaciones que hemos visto en el código de la alianza. Por eso el pueblo concluye solemnemente: Todo cuanto ha dicho Yahvé (lit. "todas las palabras de Yahvé") lo cumpliremos (v.3).
A continuación se dice que Moisés puso por escrito las palabras de Yahvé (v.4). Es la segunda anotación de la actividad literaria de Moisés después del relato de la victoria sobre los amalecitas 3. En el v.12 se dirá que Dios mismo escribió "las leyes y mandamientos" en piedra; sin duda, el Decálogo.
Esa aceptación del primer código de leyes (las palabras y juicios de Yahvé) va a ser solemnizada con un sacrificio cruento al estilo de la época patriarcal. Después del diluvio, Dios hizo un pacto con Noé y con todos los vivientes, prometiendo no volver a enviar otro diluvio sobre la tierra 4. Más tarde, Dios confirma sus promesas a Abraham mediante una singular ceremonia 5, que sólo vemos después mencionada en Jeremías 6. Dios ordena al patriarca sacrificar varias víctimas y disponer sus cuerpos descuartizados formando calle, unos frente a otros. Por medio de ellos pasó Dios en forma de fuego, el cual pronuncia las palabras de la promesa. Es un contrato unilateral (la promesa), que es firme y no será anulado por la ley mosaica posterior 7. Con ella Dios queda como obligado a bendecir al patriarca. Pero es claro que no debemos entender de modo humano las promesas divinas, de las que dice San Pablo que son sin arrepentimiento, irrevocables 8. En el caso del Sinaí se trata de un contrato bilateral, en el cual Dios e Israel se obligan mutuamente: Dios, a cumplir sus promesas, e Israel, a observar las leyes que Moisés le presenta de nuevo. Tales leyes significan las estipulaciones del pacto. Los profetas expresarán el sentido de este pacto con estas palabras: "Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo."9 Con esto viene a nacer Israel como pueblo de Dios. Para llenar las formalidades del acto, Moisés hace erigir un altar, que viene a representar a Yahvé; ordena luego levantar doce piedras, que representan las doce tribus allí presentes; finalmente, sacrifican las víctimas y recogen la sangre, con la que Moisés — mediador del pacto — rocía al pueblo, quizá también las piedras, y el resto de la sangre la derrama sobre el altar, quedando con esto sancionado el pacto entre Yahvé e Israel (v.6s). Las piedras erigidas hay que concebirlas como doce estelas (en heb., masebah) verticales, representando cada una a una tribu. Entre los cananeos estas estelas o cipos eran lo esencial de sus santuarios 10. Josué, después de pasar el Jordán, erigió también doce piedras, que tenían un aire conmemorativo, un memorial 11. Elías erigirá también un altar con doce piedras 12. En todos estos casos no se trata sino de representar numéricamente las doce tribus, presentes así simbólicamente junto al altar de Yahvé, y, por tanto, santificadas por el pacto.
Los que ofrecieron las víctimas sacrificiales fueron algunos jóvenes (v.5), sin especificar si eran primogénitos o no. Quizá su juventud e inocencia los hacía más aptos para acercarse al altar 13, o quizá Moisés con este acto quiere santificar a las nuevas generaciones, a las que exclusivamente les estará reservada la entrada en la tierra prometida. Ofrecieron holocaustos (ν.6). La expresión hebrea indica que realmente sacrificaron las víctimas y no sólo que las prepararon para el sacrificio, como algunos autores han querido insinuar.
La sangre es lo más sagrado para el hombre y pertenece a la divinidad, pues es el vehículo de la vida. Las alianzas familiares y entre las tribus se sellaban con sangre, incluso en algunos casos con sacrificios humanos 14, aunque ordinariamente con sangre de animales. Comer la víctima ofrecida en común es establecer relaciones de afinidad y de comunión entre los participantes. Como antes dijimos, las partes contratantes pasaban por medio de las partes de la víctima para recalcar la unión que los iba a soldar. Solían hacerse imprecaciones contra los posibles transgresores del pacto 15. En el contrato del Sinaí esta solidaridad se establece por la aspersión de la sangre sobre el altar y el pueblo reunido ante él. Esa sangre debía sellar la unión que había de haber entre Yahvé y su pueblo. Jesucristo en la última cena, parafraseando las palabras de Moisés sobre el pueblo, dijo solemnemente a sus discípulos: "Esta es mi sangre de la alianza, que será derramada por muchos." 16
Antes de la aspersión con la sangre, Moisés leyó públicamente las estipulaciones del pacto (el libro de la alianza, v.7), llamando la atención sobre la gravedad del compromiso a contraer, y el pueblo, consciente de su responsabilidad, aceptó las estipulaciones: Todo lo que dijo Yahvé lo cumpliremos y obedeceremos (v.7).
Después el hagiógrafo señala cómo los elegidos — Moisés, Aarón, sus hijos y los setenta ancianos — vieron al Dios de Israel (v.10). No se especifica cómo se apareció Yahvé. Del hecho de que bajo sus pies había como un pavimento de baldosas de zafiro (v.10), parece deducirse que Dios se apareció en figura humana. Sin embargo, en el Deuteronomio, Moisés, para evitar representaran a Yahvé bajo forma humana, dice que en Horeb no vieron ninguna figura sensible 17. Parece que más bien vieron un reflejo, un fulgor especial comparable al zafiro en su base, pero sin determinar más. A continuación el autor sagrado declara gráficamente que los que asistieron a este maravilloso espectáculo siguieron con vida, en contra de lo esperado: le vieron, comieron y bebieron (v.11b).
Más de una vez en el curso de la historia renovó Israel este pacto en señal de penitencia y de que se resolvía a reanudar sus buenas relaciones con Yahvé. Los profetas invocan el pacto para echar en cara a Israel las transgresiones del mismo. Jeremías lo declara anulado a causa de estas transgresiones. Así es juzgando las cosas humanamente. Pero si Dios da por anulado su pacto, es para sustituirlo por otro que no estará condicionado por la flaqueza de los hombres, antes se fundará en la misericordia de Dios: "Vienen días en que yo haré una alianza nueva con la casa de Israel y la casa de Judá; no como la alianza que hice con sus padres cuando, tomándolos de la mano, los saqué de la tierra de Egipto; ellos quebrantaron mi alianza, y yo los rechacé, palabra de Yahvé. Esta será la alianza que yo haré con la casa de Israel en aquellos días: yo pondré mi ley en ellos y la escribiré en su corazón, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. No tendrán ya que enseñarse unos a otros, ni exhortarse unos a otros, diciendo: "Conoced a Yahvé," sino que todos me conocerán, desde los pequeños hasta los grandes, porque yo perdonaré sus maldades y no me acordaré de sus pecados."18 En la Epístola a los Hebreos se recuerdan estas palabras del profeta, a las que añade el Apóstol: "Al decir un pacto nuevo, declara envejecido el primero. Ahora bien, lo que envejece y se hace anticuado está a punto de desaparecer."19 Pero este pacto nuevo, tan expresivamente figurado por el antiguo, no desaparecerá, pues se funda en la infinita caridad del Padre, "que nos dio a su unigénito Hijo para que todo el que creyere en El alcance la vida eterna."20
Las Tablas de Piedra (12-18)
12 Dijo Yahvé a Moisés: "Sube a mí al monte y estáte allí. Te daré unas tablas de piedra, y escritas en ellas las leyes y mandamientos que te he dado, para que se las enseñes." 13 Cuando iba a subir Moisés a la montaña con Josué, su ministro, 14 dijo a los ancianos: "Esperadnos aquí hasta que volvamos. Quedan con vosotros Aarón y Jur; si alguna cosa grave hay, llevadla a ellos." 15 Subió Moisés ala montaña, y la nube le cubrió. 16 La gloria de Yahvé estaba sobre el monte del Sinaí, y la nube le cubrió durante seis días. Al séptimo llamó Yahvé a Moisés de en medio de la nube. 17 La gloria de Yahvé parecía a los hijos de Israel como un fuego devorador sobre la cumbre de la montaña. 18 Moisés penetró dentro de la nube y subió a la montaña, quedando allí cuarenta días y cuarenta noches.

Para dramatizar más la importancia de la legislación que Yahvé había dado a su pueblo, se obliga a Moisés a aislarse del pueblo para recoger de las manos de Dios las tablas de piedra, y escritas en ellas las leyes y los mandamientos (v.12). No se especifican qué leyes y mandamientos. Los autores comúnmente sostienen que no es el código de la alianza, que puso Moisés antes por escrito 21, sino el Decálogo escueto 22. Estas diez palabras — síntesis de la voluntad divina y base de las nuevas relaciones con su pueblo elegido — debían estar impresas en caracteres fijos en un material duro y consistente. Hammurabi escribió su famoso código en un bloque de diorita negra, los romanos escribieron las Doce Tablas en bronce. Y en la misma Biblia se habla de leyes y tratados escritos en piedra o bronce 23. No tiene nada de particular que Moisés hubiera querido fijar la base de la teocracia en tablas de piedras Dada la importancia del hecho, sube sólo con Josué, que había dirigido el combate contra los amalecitas 24, y que, como caudillo conquistador de Canaán y sucesor de Moisés, debía empaparse del espíritu del gran libertador y profeta primero (v.13). Una vez en la cima, Moisés se aisla, preparándose durante seis días para recibir solemnemente la Ley. El pueblo desde abajo pudo ver la nube — símbolo de la presencia de Yahvé — que cubría el monte sagrado. El día séptimo, Dios apareció radiante — como fuego devorador — sobre la cumbre. Siempre Yahvé aparece fulgurante y como nimbado por un halo aislante de fuego, símbolo de su santidad y transcendencia. Moisés permaneció en la cima cuarenta días y cuarenta noches (v.18). La frase es estereotipada para indicar un largo lapso de tiempo 25. En Dt 9:9 se dice que durante esos días no comió pan ni bebió agua. Al cabo de esos días recibió las tablas de piedra con los mandamientos de Yahvé 26. En toda esta escenificación debemos destacar el interés del hagiógrafo por vincular la legislación dada por Moisés a Dios, del que era simple mandatario; y para impresionar más al pueblo sencillo, se presenta al caudillo hebreo en familiar conversación con su Dios, recibiendo de El directamente la carta magna 2e la nueva organización social-político-religiosa.

1 Ex 33:195; Núm 12:6-8. — 2 Yahvé habla en el verso en tercera persona, como en 9:2; 19:11; 21; 22; en cambio, en el ν. 1 en primera persona. — 3 Ex 17:14. — 4 Gén 9:9. — 5 Gén 15; 93. — 6 Jer 34:183. En los documentos de Nuzu encontramos un rito similar en los contratos: se descuartizaba un "asno," y las partes contratantes pasaban por medio de los trozos alineados frente a frente. De estos ritos viene el idiotismo hebreo "Cortó (la víctima) de la alianza," para significar hacer una alianza. — 7 Gal 3:17. — 8 Rom 11:29. — 9 Jer 30:23. — 10 Cf. H. Vincent, Canaan d'aprés l'exploration récente (1907) p.109-151 ; M. J. lagran-ge, Études sur Íes religions sémitiques p.2O4. — 11 Cf. Jos 4:2-9. — 12 1 Re 18:31. — 13 Así Josué aparece junto a Moisés en el tabernáculo (Ex 33:10, Y Samuel en el santuario de Silo (1 Sam 3:1s). — 14 Cf. Herodoto, IV 70; A. Médébielle, L'expiation dans Γ Α. Τ. et le Ν. Τ. (1924) P-25s. — 15 Gén I5:9s; Jer 34:18s. — 16 Me 14:24; Mt 26:28; Lc 22:20; 1 Cor 11:25; Heb 9:11-14. — 18 Jer 31:31-34. — 19 Heb8:13 — 20 Jn 3:16; Rom 8:28s. — 21 Ex 24:4-7· — 22 Ex 34:28; Dt 4:13; 10:4. — 23 Dt 27:2-3; Jos 8:32; 1 Mac 8:22; 11:37; 14:18; 26; 48. — 24 Ex 17:8-9. — 25 Gén 7:4; 12; 8:6; Núm 13:25; 14:34; 1 Sam 17,16; 1 Re 19,8. — 26 Ex 31:18; Dt 9:11.
25. La Organización del Culto
Después de presentarnos el autor sagrado la legislación relativa a la vida social y religiosa en general, en estos capítulos que siguen va a detallar las particularidades de la organización del culto. Muchos críticos han creído demasiado compleja esta organización, tal como se narra en estas secciones, para la simplicidad de la vida nómada del desierto. ¿Cómo explicar en la vida del desierto la fabricación de objetos de refinada joyería y brocados y tisús tan excelentes para los vestidos del sumo sacerdote? A esto se suele responder que los israelitas al salir se llevaron objetos de oro y cosas de valor tomadas a los egipciosl, las cuales pudieron servir para la confección de los utensilios del culto. Entre los hebreos o adictos a ellos, bien pudo haber algún joyero que tratara de imitar — bajo la dirección de Moisés — las magnificencias de los templos egipcios. Con todo, es necesario suponer que, aunque haya un núcleo legislativo relativo al culto del tiempo de Moisés, sin embargo, éste sufrió retoques y ampliaciones. Por eso, cuando se habla de la ofrenda de pan, vino y aceite al santuario durante la peregrinación del Sinaí, habrá que suponer que en ello hay adiciones legislativas posteriores, pues no son productos fáciles de encontrar en la estepa, aunque no debemos perder de vista que por las estepas del Sinaí atravesaba una de las rutas caravaneras comerciales que iba desde el sur de Arabia a Egipto, y, aunque la Biblia no habla de las relaciones del pueblo israelita con estos mercaderes de oficio, puede suponerse que, dada la gran duración de la estancia de Israel en el desierto, hayan tenido con ellos ciertas transacciones comerciales al menos para conseguir lo necesario para el culto: incienso, aceite y harina.
Desde luego, es necesario suponer una organización de culto más o menos rudimentaria en el desierto, pues toda la organización social mosaica gira en torno a la vinculación a Yahvé como Dios y protector nacional, y, dado este sentimiento profundo religioso, es inconcebible que Moisés no se hubiera preocupado de organizar las manifestaciones de la vida religiosa cuando se trataba de crear una nueva conciencia nacional eminentemente teocrática.
Ofrendas para la Construcción del Tabernáculo (1-9)
1 Yahvé habló a Moisés, diciendo: 2 "Di a los hijos de Israel que me traigan ofrendas; vosotros las recibiréis para mí de cualquiera que de buen corazón las ofrezca. 3 He aquí las ofrendas que recibiréis de ellos: oro, plata y bronce; 4 púrpura violeta y púrpura escarlata, carmesí; lino fino y pelo de cabra; 5 pieles de carnero teñidas de rojo y pieles de tejón, maderas de acacia; 6 aceite para las lámparas, aromas para el óleo de unción y para el incienso aromático; 7 piedras de ónice y otras piedras de engaste para el efod y el pectoral. 8 Que me hagan un santuario y habitaré en medio de ellos. 9 Os ajustaréis a cuanto voy a mostrarte como modelo del santuario y de sus utensilios.

Estando Moisés en la cima del monte haciendo oración, recibió la orden de construir un santuario para Yahvé conforme a su voluntad (v.8). He aquí un gran misterio. Yahvé quiere habitar en medio de su pueblo y ser para él fuente de bendiciones. Moisés, discutiendo más tarde con Dios hasta obtener que le acompañe en su viaje por el desierto, le dirá: "¿En qué vamos a conocer yo y tu pueblo que hemos hallado gracia a tus ojos sino en que marches con nosotros y nos gloriemos yo y tu pueblo entre todos los pueblos que habitan sobre la tierra?"2 Esta era la gran gloria de Israel: que Yahvé, el Dios que hizo los cielos y la tierra, se dignase tener en medio de ellos su morada y ser su verdadero Jefe, su Rey, que los defendiese de sus enemigos. Pero Israel vivía en tiendas, como pueblo nómada que va peregrinando en busca de la patria prometida, y Yahvé no podía tener por morada sino una tienda, pero una tienda digna de su gloria y majestad, de forma que por su magnificencia impresionara a las mentalidades infantiles de los hebreos, muchos de los cuales habían visto las riquezas de los templos egipcios. Para resaltar más el carácter excepcional del tabernáculo o tienda, el autor presenta a Yahvé haciendo el diseño del mismo y concretando sus particularidades como pudiera hacerlo un arquitecto o joyero consumado. Siempre nos encontramos con la idea de la atribución directa a la Causa primera de las grandes realizaciones en Israel. Esta concepción, muy lógica en la mentalidad teocrática del Antiguo Testamento, no excluye la intervención de causas segundas en el diseño y ejecución del tabernáculo. La gran maravilla del desierto es presentada por el hagiógrafo como concebida por Dios y presentada a Moisés cuando se hallaba aislado en la cima misteriosa del Sinaí, donde fue solemnemente proclamado el Decálogo, base de la vida social de Israel. También todo lo concerniente al culto debía tener un origen divino y ser proclamado en la montaña santa de las teofanías de Yahvé. Por eso Yahvé concretará la forma del tabernáculo y sus enseres y pormenores. La idea central que debía predominar en la construcción del santuario del desierto es la de la santidad y gloria de Yahvé, que es trascendente e inaccesible a todo lo que está maculado e impuro.
Para su tabernáculo, Yahvé pide la colaboración de todos los israelitas de buena voluntad, pues quiere que sea como un homenaje voluntario y racional (v.2). Los metales mencionados, oro, plata y bronce (ν.6), eran bien conocidos en la ιpoca mosaica 3. Los tejidos y brocados de púrpura, etc., entran dentro de la nomenclatura de la industria textil de la antigüedad 4. El pelo de cabra (v.4) es el que se usa habitualmente entre beduinos para recubrir la tienda por su calidad impermeable a la lluvia 5. En la enumeración está previsto todo lo necesario: los metales preciosos para los utensilios más dignos, la cobertura del tabernáculo con piel de cabra, el aceite para el servicio del culto, y la joyería para el efod y pectoral del sumo sacerdote, que describirá más tarde.
El Arca, el Propiciatorio y los Querubes (10-22)
10 "Se hará una arca de madera de acacia dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y codo y medio de alto. 11 La cubrirás de oro puro por dentro y por fuera y en torno de ella pondrás una moldura de oro. 12 Fundirás para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en los cuatro ángulos, dos de un lado, dos del otro. 13 Harás unas barras de madera de acacia y las cubrirás de oro, 14 y las pasarás por los anillos de los lados del arca para que pueda llevarse. 15 Las barras quedarán siempre en los anillos y no se sacarán. 16 En el arca pondrás el testimonio que yo te daré. 17 Harás un propiciatorio de oro puro de dos codos y medio de largo y un codo y medio de ancho. 18 Harás dos querubines de oro, de oro batido, a los dos extremos del propiciatorio, 19 uno al uno, otro al otro lado de él. Los dos querubines estarán a los dos extremos. 20 Estarán cubriendo cada uno con sus alas desde arriba el propiciatorio, de cara el uno al otro, mirando al propiciatorio. 21 Pondrás el propiciatorio sobre el arca, encerrando en ella el testimonio que yo te daré. 22 Allí me revelaré a ti, y de sobre el propiciatorio, de en medio de los querubines, te comunicaré yo todo cuanto para los hijos de Israel te mandare."

Ahora pasa a describir los objetos que debe haber en el tabernáculo, sin decir nada de la fabricación de éste, como lo hará en 26 y 36:8. El primer objeto sagrado importante que había de ponerse en el tabernáculo es el arca o caja, de forma rectangular. En los templos egipcios había una barca con su cabina en el centro, reservada al dios. Los egipcios aprovechaban el río para sus viajes, y concebían la vida de los dioses a semejanza de la suya; también éstos viajaban por el Nilo celeste. El arca del tabernáculo mosaico hay que concebirla al estilo "de las arcas procesionales de los templos egipcios, cuyos paneles están adornados frecuentemente con figuras femeninas, cubriendo con sus alas extendidas el símbolo de algún gran dios."6
Yahvé, que tan rigurosamente había prohibido a su pueblo representarle por medio de imágenes de talla, le manda ahora construir una arca de madera de acacia, la única que se halla en el desierto, recubierta toda de oro y aderezada para ser transportada a hombros de los sacerdotes por el desierto, en la forma en que eran transportadas procesionalmente las arcas egipcias o las estatuas de los dioses caldeos. La razón del arca es que en ella serán guardadas las dos tablas donde están escritos los diez preceptos de la Ley. Además, conserva mejor su carácter de símbolo de la divinidad. El arca llevará una cubierta, que recibe el nombre de propiciatorio, según la traducción de los LXX y de la Vulgata. Si esta versión es exacta, habría que ver una relación entre la cubierta del arca y la expiación de los pecados. Muchos autores traducen simplemente la palabra hebrea kapporeth por cubierta7. Desde luego, no se ve en el contexto ninguna relación entre esta cubierta y la expiación 2 propiciación; al menos, ningún rito propiciatorio se ejercía sobre dicha cubierta o tapadera 8.
Las dimensiones del arca son dos codos y medio de largo y uno y medio de ancho y un codo y medio de alto. Teniendo en cuenta que el codo 2ra, más o menos, medio metro 9, tenemos un rectángulo de 1,25 metros de largo por 0,75 metros de alto y de ancho. Alrededor de este cofre rectangular había una moldura de oro (v.11) o una guirnalda decorativa, sin duda puramente ornamental, al estilo de otras arcas procesionales que habrían visto los hebreos en Egipto. A los dos lados del arca se ponían dos anillos, en los cuatro ángulos (sin especificar si en la parte superior o en la inferior, probablemente en ésta para que al ser transportada sobresaliera sobre los hombros de los levitas y la viera el pueblo), para meter por ellos unas barras de madera de acacia (v.13), especie de andas que habían de quedar fijas en los anillos de oro para que los levitas no tuvieran que tocar el arca al transportarla (v.15).
Sobre la cubierta o propiciatorio se pondrán dos querubines con las alas extendidas, uno frente a otro, sin especificar si éstos estaban en relieve sobre la cubierta o como figuras exentas. La palabra querube es una transcripción de kerub, que, a su vez, proviene del karibu babilónico, especie de genio alado, que estaba encargado de interceder por los ausentes y de proteger los edificios 10. En el palacio de Sargón, de Jorsabad, aparecen unos toros alados llamados karibu, los genios protectores de la estancia real. Ezequiel se inspirará en ellos para expresar su famosa visión inaugural 11 Sin embargo, esto no nos obliga a pensar que los querubes que estaban sobre el arca tenían esta misma figura múltiple mitológica. Aunque el nombre querube provenga del acadio karibu, sin embargo, tal como describe la Biblia los querubes del arca, éstos son más bien parecidos a las representaciones de genios alados egipcios, que con sus alas protegen al faraón sobre su trono o recubren los símbolos divinos 12. En todo caso, los dos querubes del arca parecen proteger por un lado con sus alas a aquélla, y al mismo tiempo, con las mismas alas, forman un trono para que se manifieste Yahvé: Allí me revelaré a ti, y de sobre el propiciatorio, de en medio de los dos querubines, te comunicaré yo todo cuanto para los hijos de Israel te mandare (v.22). De Dios dice el salmista: "Subió sobre los querubines y voló sobre las alas de los vientos." Y otras veces se dice de El que tiene su trono sobre los querubines. Es esto una alusión a lo que se dice en el v.22: Allí me revelaré a ti...
Como antes dijimos, el arca tiene su antecedente en las naves o cofres egipcios llevados por los sacerdotes en Egipto. Además, la orden de que en el arca debían colocarse las tablas de la Ley está en conformidad con la costumbre oriental de colocar los documentos importantes a los pies de la estatua de alguna divinidad, que garantiza con su presencia el valor de los documentos. Así, a los pies de Yahvé, presente en el arca, sobre los querubines se destacaba el valor permanente de la charta magna de la nueva teocracia, los diez mandamientos 13. El arca, pues, era símbolo de la presencia de Yahvé en su pueblo y receptáculo para guardar cuidadosamente las tablas de la Ley o testimonio (v.18)14. En el templo de Salomón será guardada en el santo de los santos como preciosa reliquia; después desaparece misteriosamente, siendo mencionada sólo en Jeremías 15. El arca era una cosa tan sagrada, que nadie podía poner los ojos en ella, a no ser los sacerdotes al envolverla para ser transportada en hombros de ellos, pero bien cubierta, de suerte que ojos profanos no la viesen y fuesen heridos de muerte 16.
Era el símbolo — no imagen — de la presencia de Dios en medio de su pueblo. De aquí la santidad que se le atribuía, al ser guardada en lo más recóndito del santuario, y las infinitas precauciones que habían de tomarse para que no pudiera ser vista de ojos profanos, atendiendo a la antigua máxima de Dios: "No me verá el hombre sin morir."17
La Mesa y el Candelabro de Oro (23-30)
23 "Harás de madera de acacia una mesa de dos codos de largo, un codo de ancho y codo y medio de alto; 24 la revestirás de oro puro y harás en ella una moldura todo en derredor. 25 Harás también un reborde de un codo de alto en torno enguirnaldado de oro. 26 Le harás también cuatro anillos de oro y los pondrás en los cuatro ángulos, cada uno a su pie, 27 y por debajo de la moldura de oro, para meter por ellos las barras para llevar la mesa. 28 Las barras para llevar la mesa las harás también de madera de acacia, que cubrirás de oro. 29 Harás también sus platos, sus navetas, sus copas, sus tazas para las libaciones, 30 y tendrá sobre esa mesa perpetuamente ante mí los panes de la proposición."

De los enseres que encerraba el tabernáculo o tienda de Yahvé, ocupaba el centro la mesa de los panes de la proposición, que debía estar construida de madera de acacia, como el arca, según la traza y las medidas dadas por Yahvé, y recubierta toda ella de oro. Ya se deja entender el destino de la mesa. En ella estaban de continuo los doce panes, que se renovaban cada sábado. Eran los panes de la proposición, porque se ponían delante de Yahvé continuamente, como ofrenda perpetua del pueblo a su Dios 18. En Babilonia y en Egipto se colocaban ofrendas de pan ante las estatuas de los dioses. En una estela de Tell-Amarna se representa una mesa con panes dispuestos simétricamente en tres pilas sobre los vasos de vino 19. Aunque en algunos de estos cultos paganos la presencia de estos panes ante las estatuas suponía la creencia de que eran el alimento de las divinidades 20, en el caso de la religión mosaica esto es inconcebible, dada la altísima idea espiritualista de Yahvé. La ofrenda de los panes no tenía otra finalidad que reconocer que la subsistencia de los hebreos — simbolizada en los panes — dependía del favor de su Dios. Era un reconocimiento de sus beneficios y un homenaje a su omnipotencia. La tradición cristiana ha visto en estos panes de la proposición un tipo del pan eucarístico.
El Candelabro de Oro (31-40)
31 Harás un candelabro de oro puro, todo lo harás de oro batido, con su base, su tallo, sus cálices, sus bulbos y sus lirios salientes de él. 32 Seis brazos saldrán de sus lados, tres del uno y tres del otro. 33 Tres cálices a modo de flores de almendro tendrá el primer brazo, con sus bulbos y sus lirios; tres cálices a modo de flores de almendro, con sus bulbos y sus lirios, el segundo, y lo mismo todos los seis brazos que salen del tallo. 34 El tallo llevará cuatro cálices a modo de flores de almendro, con sus bulbos y sus lirios; 35 de cada dos brazos saldrá una flor, una sobre los dos inferiores, y otra sobre los dos siguientes, y otra sobre los dos superiores. 36 Todo hará un solo cuerpo, y todo de oro puro, batido. 37 Harás para él siete lámparas, que pondrás sobre el candelabro para que luzcan de frente. 38 Las despabiladeras y la cazoleta donde se apaguen los pabilos cortados serán de oro puro. 39 Un talento de oro puro se empleará para hacer el candelabro con todos sus utensilios. 40 Mira y hazlo conforme al modelo que se te ha mostrado."

En la tienda no puede faltar la luz, que disipa las tinieblas, y Yahvé ordena la preparación de un candelabro de siete mecheros, porque el santuario de Yahvé debía estar bien iluminado. El candelabro tenía un tronco central o tallo con adornos de cuatro cálices de flor con sus bulbos y del tronco central salían seis brazos, tres a cada lado, decorados con tres cálices de flor de almendro, con sus bulbos y brotes. Cada brazo y el tronco central se remataban con una lámpara en la que se echaba aceite. El candelabro debía ser de oro, con un peso total de un talento (3.000 siclos; unos 38 kilogramos). "El candelabro, con su doble simbolismo de luz y de vida, expresa esta verdad: el pueblo se presenta ante su Dios con la luz y la vida, es decir, con las dos formas de gracia que recibe de su comercio con Yahvé en la alianza."21 El candelero debía arder día y noche 22. En Zac 4:2; 10, las siete lámparas simbolizan la providencia de Yahvé, que multiplica sus ojos para velar por el pueblo elegido. En el templo de Salomón había diez candelabros ante el santo de los santos23.

1 Ex 3:12; 12:35. — 2 Ex 33:16; Dt 4:6. — 3 El oro provenía de Nubia; la plata, de Egipto; el cobre o bronce, de Chipre y del Sinaí, entre otros sitios. Cf. A. barrois, Précis d'Archéologie biblique I p.H2. — 4 Véase A. Barrois, Manuel d'Archéologie biblique (1939) I p.472. — 5 Cf. A. Jaussen, o.c., p.74. — 6 A. Barrois, o.c., II p.432. — 7 Kapporeth parece viene de la raíz kpr, que significa "cubrir," y en pi, "cubrir los pecados." Así, los LXX traducen Kapporeth por ίλαστήριον, “propiciaciσn," o instrumento de expiación. — 8 Cf. art. Expiation 2n DBS III 51-52. — 9 Se distinguían codo ordinario o menor (49,5 cm.) y codo real o mayor (55 cm.) en Babilonia. Y en Egipto, ambos codos medían 45 cm. y 52,8 cm., respectivamente. No sabemos cuál era la medida exacta entre los hebreos. Cf. A. Barrois, o.c., I p.129. — 10 Cf. P. Dhorme: RB (1926) p.328-339. — 11 Ez I. — 12 Cf. H. Vincent: RB (1926) p.48s-486; art. Kerub en DBS V 161-186. — 13 Cf. Contenau, Manuel d'archéologie oriéntale II (París 1931) p. 1 184.1254-1257; art. Décalogue: DBS II 343; A. Clamer, o.c., p.222. — 14 Cf. Núm 10:35-36; 1 Sam c.4-6; Dt 10:2; 1 Re 8:21. — 15 Jer 3:16. — 16 Núm 4:5. — 17 Núm 4:53. — 18 Cf. Ex 30:36. En 1 Re 9:6 dice Dios: "Colocarás sobre la mesa los panes de la proposición ante mí perpetuamente." — 19 Cf. De Yogué, Le Temple de Jérusalem p.33; DB IV (1958). — 20 Cf. P. Dhorme, La religión assyro-babylonienne p.268-70. — 21 Cf. DBS III 815. — 22 Lev 24,31. — 23 Cf. DB II 541-548.
26. El Tabernáculo
1 "La morada la harás de diez cortinas de hilo torzal de lino teñido de púrpura violeta, púrpura escarlata y carmesí, entretejido y representando querubines en tejido plumario. 2 Cada cortina tendrá veintiocho codos de largo y cuatro codos de ancho; todas las cortinas tendrán las mismas dimensiones. 3 Las unirás de cinco en cinco, 4 y pondrás lazos de púrpura violeta en el borde de la cortina que termina el primer conjunto, y lo mismo en el extremo del segundo. 5 Cincuenta lazos en el borde del primero y cincuenta en el borde del segundo, correspondiéndose los lazos los unos con los otros. Pondrás cincuenta anillas en uno de los conjuntos de las cortinas y cincuenta en el otro, contrapuestas entre sí. 6 Harás cincuenta garfios de oro, y unirás con ellos una cortina a la otra para que hagan una sola morada. 7 Harás también once tapices de pelo de cabra para el tabernáculo que cubrirá la morada. 8 Cada tapiz tendrá treinta codos de largo y cuatro de ancho. 9 Los unirás en dos grupos, uno de cinco y el otro de seis, de modo que el sexto tapiz del segundo se doble sobre el frente del tabernáculo. 10 Harás cincuenta anillos de bronce para el borde de uno de los conjuntos, para que pueda unirse al otro, y cincuenta para el borde del otro, para que pueda unirse al primero. 11 Harás también cincuenta garfios de bronce para unir anillos con anillos, de modo que todo haga un solo tabernáculo. 12 Lo sobrante de los tapices de la tienda, esto es, la mitad del tapiz sobrante, penderá sobre la parte posterior de la morada; 13 un codo de un lado, un codo del otro, que es lo que sobra del largo del tabernáculo, se extenderá sobre los lados de la morada, a uno y a otro, para cubrirlos. 14 Harás también para el tabernáculo una cubierta de pieles de carnero teñidas de escarlata, y otra sobre ésta de pieles de tejón. 15 Harás también para la morada tablones de madera de acacia, que pondrás de pie, 16 y tendrán cada uno diez codos de largo y codo y medio de ancho, 17 En cada uno habrá dos espigas paralelas entre sí; así harás para todos los tablones del tabernáculo. 18 De estos tablones, veinte estarán en el lado del austro, hacia el mediodía. 19 Harás cuarenta basas de plata para debajo de los veinte tablones, dos basas para debajo de cada tablón, para las dos espigas, 20 En el otro lado de la morada que mira al aquilón harás otros veinte tablones 21 y cuarenta basas de plata, dos basas para debajo de cada tablón. 22 Al lado que mira al occidente pondrás seis tablones, 23 y otros dos en cada uno de los ángulos posteriores de la morada, 24 unidos ambos de abajo arriba, de modo que cada dos vengan a hacer un tablón angular. 25 Son, pues, entre todos ocho tablones con sus dieciséis basas de plata. 26 Harás también barras traveseras de madera de acacia, cinco para los tablones de un lado, 27 cinco para los del otro y cinco para los tablones de la morada del lado que cierra el fondo a occidente. 28 La barra travesera de en medio, que pasará por el medio de los tablones, se extenderá a todo lo largo de cada pared, desde el uno al otro extremo. 29 Los tablones los recubrirás de oro, y harás de oro los anillos en que han de entrar las barras traveseras, y éstas las recubrirás también de oro. 30 Toda la morada la harás conforme al modelo que en la montaña te ha sido mostrado. 31 Haz también un velo de lino torzal, de púrpura violeta, púrpura escarlata y carmesí, entretejido en tejido plumario, figurando querubines. 32 Le colgarás de cuatro columnas de madera de acacia recubiertas de oro, provistas de corchetes de oro, y sus cuatro basas de plata. 33 Colgarás el velo de los corchetes, y allí, detrás del velo, pondrás el arca del testimonio. El velo servirá para separar el lugar santo del lugar santísimo. 34 Pondrás sobre el arca del testimonio el propiciatorio, en el lugar santísimo. 35 La mesa la pondrás delante del velo, y frente a la mesa, el candelabro. Este, del lado meridional de la morada; la mesa, del lado norte. 36 Harás también para la entrada del habitáculo un velo de lino torzal, púrpura violeta, púrpura escarlata, entretejido en tejido plumario. 37 Para este velo harás cinco columnas de madera de acacia recubiertas de oro y con corchetes de oro, y fundirás para ellas cinco basas de bronce."

El tabernáculo cuyos planes recibió Moisés de Yahvé, en nada se parecía a las tiendas comunes de Israel, las cuales no serían diferentes de las que hoy usan los beduinos del desierto arábigo. Tenía aquel primero un armazón de madera, formado por tablones de acacia recubiertos de oro, sostenidos por basas de plata y unidos entre sí por barras de acacia cubiertas también de oro, que se introducían en unos anillos asimismo de oro. Como el tabernáculo debía estar orientado del este al oeste, tendría por los lados norte y sur veinte tablones, y del lado de occidente sólo seis. El lado de oriente, el de la entrada, estaba formado por cinco columnas, que sostenían un velo, el cual venía a servir de puerta del tabernáculo. Toda esta armazón llevaba encima cuatro cubiertas: la primera, de lino fino teñido de varios colores; la segunda, de otro tejido de pelo de cabra; la tercera era de pieles de carnero teñidas de rojo, y la cuarta, de pieles de tejón. El interior de la tienda estaba dividida por una cortina, que separaba la parte más interior de la tienda, el santísimo, reservada al arca de la alianza, y la anterior, el santo, donde se colocaban la mesa de los panes, el candelabro y el altar de los perfumes. Es muy de notar aquí la suntuosidad de esta tienda, en cuya confección no entran más que materiales preciosos. Las tiendas del pueblo, como las que hoy usan los beduinos, constarían de una cubierta de pelo de cabra sostenida por algunos postes y sujeta con cuerdas o piquetes clavados en el suelo. La que Yahvé manda preparar para sí se distingue no sólo por la materia, sino también por la forma de las comunes del pueblo. La razón era obvia, pues era la tienda de Yahvé, el Dios de Israel, el General en Jefe de sus ejércitos. Por tanto, la tienda en que El habitase debía corresponder, en cuanto fuera posible, a la majestad y gloria de Dios. Investigar el sentido concreto de cada elemento de esta tienda resulta improcedente, pues muchos detalles corresponden a simples juegos estéticos del forjador de la misma, aunque hay otros de carácter simbólico. Se ha objetado contra la verosimilitud de estos requisitos del tabernáculo la imposibilidad de fabricarlos en el desierto por falta de materias primas. Ya hemos dicho antes cómo los israelitas salieron de Egipto con todo lo que pudieron, sobre todo con materiales suntuosos, y éstos pudieron servir para la construcción del santuario. Sin embargo, como en otras ocasiones dijimos, hay que dejar margen en la descripción que relatamos para retoques, ampliaciones y exuberancias imaginativas de redactores posteriores, que idealizaron el primitivo tabernáculo del desierto para presentarlo a los lectores más digno de Dios y más admirable para las futuras generaciones. Como siempre, el hagiógrafo atribuye directamente al mismo Dios el diseño y concreción de los diversos materiales. Pero ya sabemos que los autores sagrados atribuyen fácilmente todo a la Causa primera, llevados de su profundo sentido religioso y teocrático de la vida social y litúrgica de Israel. En realidad, todo viene de Yahvé, que se preocupa de los más mínimos detalles de la organización cultual de su pueblo1. No obstante, tenemos que suponer que Moisés, para excitar el sentimiento de veneración de su pueblo hacia Yahvé, debió destacar lo más posible la tienda, centro de la vida religiosa en el desierto, y, en la medida de sus posibilidades, la enriqueció con todo lo que pudiera atraer la estimación y la admiración del pueblo sencillo hebreo. Estos, sin duda, habían visto la magnificencia de los templos egipcios, y deseaban para su Dios también una morada digna y deslumbrante. Por eso el caudillo, Moisés, procuró hacer lo más digna posible la Casa del Dios nacional, el Yahvé salvador. Profundo conocedor de la psicología infantil de su pueblo, procuró hacer una morada de Dios digna, que llegara a ser punto de atracción y de admiración de los sencillos israelitas. No hay, pues, nada inverosímil en la substancial concepción del tabernáculo tal como se nos describe, y más bien parece exigido por las condiciones especiales de la naciente comunidad hebrea, cuya conciencia nacional y religiosa estaba en período de formación, y, por tanto, era necesario impresionar con manifestaciones grandiosas de culto a gentes que debían penetrarse de la grandeza y majestad de Yahvé. Esto supuesto, hacemos nuestras las consideraciones de un moderno comentarista: "En cuanto a las imposibilidades técnicas de la construcción de una tienda tal como es descrita en el capítulo 26 del Éxodo, no habrían de ser mantenidas contra la historicidad del tabernáculo. La península sinaítica no carece de madera de acacia... El cobre tampoco falta en aquellas regiones... (puesto que había minas de este mineral en esta zona)2. El arte de tejedor y el de orfebre estaba muy perfeccionado en Egipto en los tiempos del Éxodo, como lo demuestran los descubrimientos recientes; riqueza, elegancia y buen gusto caracterizan los innumerables objetos descubiertos. Cuando se conoce la influencia del arte egipcio, no se puede dudar que se encontraban israelitas hábiles en el arte de tejer y cincelar la plata y el oro. Los metales preciosos necesarios debían ser procurados por ofrendas voluntarias y el impuesto del santuario, aunque las cifras dadas 3 no hayan de tomarse a la letra. Estas observaciones sobre el carácter del relato de la construcción y aderezo del tabernáculo no implican su interpretación en sentido estricto, pues a los elementos antiguos como el arca y la tienda, que remontan a los orígenes del culto mosaico, se han añadido, en el curso de la historia de Israel, otros elementos resultantes del desenvolvimiento del culto, y que han encontrado en el relato del Éxodo como una prefiguración."4
Según la Epístola a los Hebreos, este tabernáculo figuraba también la morada de Dios en el cielo, en la cual entró Jesucristo, como el sumo sacerdote entraba a la parte interior del tabernáculo el día de la expiación nacional para cumplir determinados ritos expiatorios 5.

1 La descripción detallada de los materiales del santuario es bastante oscura, pues muchas palabras técnicas son de significación incierta. — 2 Cf. F. M. Abel, Géographie de la Palestine I p.202; A. Barrois, Aux mines du Sinaí: RB (1930) p.578-598. — 3 Ex 38,24-25. — 4 A. Clamer, o.c., p.230. — 5 Ya la exégesis antigua judaica dio valor simbólico a cada una de las partes del tabernáculo. Cf. FL.. Jos., Ant. Jud. III 7,7; filón, Vita Mosis II 725. Véanse también las explicaciones de Tomás de Aquino siguiendo a los Padres (1-2 q.102 3; 4 ad 4).
27. Distribución General del Tabernáculo
El Altar de los Holocaustos (1-8)
1 "Harás un altar de madera de acacia de cinco codos de largo y cinco de ancho, cuadrado, y tres codos de alto. 2 A cada uno de sus cuatro ángulos pondrás un cuerno; saldrán del altar y los revestirás de bronce. 3 Harás para el altar un vaso para recoger las cenizas, paleta, aspersorio e incensario; todos estos utensilios serán de bronce. 4 Harás para él una rejilla de bronce en forma de malla y a los cuatro ángulos de la rejilla pondrás cuatro anillos de bronce. 5 La colocarás debajo de la corona del altar, a la mitad de la altura de éste. 6 Harás para el altar barras de madera de acacia y las recubrirás de bronce. 7 Pasarán por sus anillas y estarán a ambos lados del altar cuando hayan de transportarse. 8 Lo harás hueco, en tableros, como en la montaña ha sido mostrado."

Recibe este nombre el altar en que se quemaban las víctimas ofrecidas a Yahvé. Se hallaba delante del tabernáculo, por la parte del oriente, al aire libre, como lo exigía la naturaleza de los actos que en él se cumplían. Debiendo ser transportable, tenía que ser fabricado de madera, pero cubierto de bronce para que la madera no fuera destruida por el fuego. Mediante unas barras que iban a sus costados podía ser transportado por los levitas cuando Israel cambiaba de campamento. La santidad del altar, en que eran consumidas por el fuego las víctimas sacrificadas a Yahvé, se entenderá por las palabras de Jesucristo: "Ciegos: ¿qué es más, la ofrenda o el altar, que santifica la ofrenda?"1 La santidad del fuego que debía arder perennemente en el altar nos la da a entender la visión de Isaías, en la que contempló a un serafín tomando con unas tenazas un ascua, con la cual purificó los labios del profeta y le habilitó para su misión de enviado de Yahvé 2.
Por su forma es un cuadrado de 2,50 metros de largo por otro tanto de ancho y 1,50 metros de alto, abierto por arriba y por abajo, y que se le llenaba de tierra o de piedras 3. Sus cuatro ángulos debían tener un reborde en forma de cuerno, que habían de ser revestidos de bronce (v.2). Eran parte importante del altar y no simple adorno, pues el sacerdote tenía que ungirlos con la sangre de la víctima 4; y tal era su carácter sagrado, que el asesino podía unirse a ellos para asegurarse la protección divina 5. También los altares de los cananeos, micénicos y cretenses estaban terminados en cuernos 6. En Siquem y en Megiddo se han encontrado altares de esta especie. En la literatura bíblica, el cuerno es símbolo del poder 7. Los dioses de Babilonia y antes los sumerios tenían una tiara de siete cuernos enroscados hacia arriba como símbolo de su divinidad. "Atribuidos primero al dios lunar Sin, cuya media luna aparece en los cielos, fueron puestos sobre la corona de los dioses, simbolizados por el toro. También a los reyes, participantes de la naturaleza divina, se les ponía una cofia en forma de cuerno."8 Así, los cuernos del altar de los holocaustos parecen significar la fuerza y poder de Yahvé, que protege a sus fieles.
El Atrio (9-21)
9 "Harás para la inorada un atrio. Del lado del mediodía tendrá el atrio cortinas de lino torzal en una extensión de cien codos a lo largo del lado 10 y veinte columnas con sus basas de bronce. Los corchetes de las columnas y sus anillos serán de plata, 11 Lo mismo en el lado del norte, tendrá cortinas en un largo de cien codos, y veinte columnas con sus veinte basas de bronce. Los corchetes de las columnas y sus anillos serán de plata. 12 Del lado del occidente tendrá cortinas a lo largo de cincuenta codos, y diez columnas con sus diez basas. 13 Del lado de oriente tendrá también cincuenta codos, 14 y en él habrá cortinas a lo largo de quince codos desde un extremo 15 y quince desde el otro, con tres columnas y tres basas en una parte y tres columnas y tres basas en la otra. 16 Para la entrada del atrio habrá un velo de veinte codos, de lino torzal en púrpura violeta, púrpura escarlata y carmesí, entretejido en tejido plumario, que colgará de cuatro columnas con sus cuatro basas. 17 Todas las columnas que cierran el atrio tendrán corchetes de plata y basas de bronce. 18 Será el atrio de cien codos de largo, cincuenta de ancho de ambos lados y cinco de alto, de lino torzal y basas de bronce. 19 Todos los utensilios para el servicio de la morada, todos sus clavos y todos los clavos del atrio serán de bronce. 20 Manda a los hijos de Israel que traigan aceite de olivas molidas para alimentar continuamente la lámpara. 21 En el tabernáculo de la reunión, del lado de acá del velo tendido delante del testimonio, Aarón y sus hijos las prepararán para que ardan de la noche a la mañana en presencia de Yahvé. Es ley perpetua para los hijos de Israel, de generación en generación."

Nuestras antiguas iglesias estaban rodeadas de un terreno libre, destinado a las procesiones o a otros actos relacionados con la vida de culto. Asimismo, los santuarios griegos tenían sus témenos, como los semitas su haram o recinto sagrado, que aisla al santuario, morada de la divinidad, del suelo profano, destinado a los hombres.
Con esto se guardaba mejor la santidad del templo o morada de los dioses, inmortales y santos. Esta misma razón de aislar es la que tiene el espacio libre o atrio entre la tienda de Yahvé y el campamento de los hebreos. Era un rectángulo de unos 50 metros de largo por 25 de ancho, rodeado de columnas con basas de bronce. De una a otra columna se tendían cortinas con anillos de plata. Por la parte de oriente, donde estaba la entrada, las cortinas centrales eran de labor más rica. En este recinto podía entrar el pueblo cuando venía a adorar al Señor, a hacerle alguna ofrenda o sacrificio en cumplimiento de sus votos, pues el tabernáculo, como morada de Yahvé, sólo era accesible a los sacerdotes. La entrada del atrio por el lado de oriente estaba guardada por una cortina de una sola pieza de tejido más rico que el resto. Dentro del atrio estaba el altar de los holocaustos, frente al tabernáculo.

1 Mt 23:1. — 2 Is 6:6; Ap 8:5. — 3 Cf. Ex 20:24. — 4 Ex 29:12; 30:10. — 5 1 Re 1:50; 2:28. — 6 Dhorme: RB (1920) p.502. — 7 Dt 33:17; Sal 22:2; Miq 4:13. — 8 Dhorme: RB (1920) p.504.
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