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35. Oráculo Contra Edom.
De nuevo el profeta lanza un oráculo contra Edorn 1. La explicación de que este vaticinio conminatorio contra una nación pagana esté aquí en medio de estas profecías sobre la restauración de Israel, hay que buscarla en el hecho de que los edornitas, después de la caída de Jerusalén, invadieron el territorio de Judá, contribuyendo a una mayor desolación. El profeta, pues, antes de hablar de la restauración de Israel en su tierra de Palestina, anuncia que los habitantes de Edom, que se aprovecharon de la triste situación del pueblo israelita, deberán ser aniquilados por la justicia divina. Este castigo divino, pues, contra Edom es el preludio del establecimiento del reino nuevo de Israel.
La asolación del territorio de Edom (1-15)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia el monte Seir y profetiza contra él. 3 Dile: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, ¡oh monte Seir! También sobre ti tenderé mi mano, 4 y te tornaré en desierto, reduciendo a ruinas tus ciudades. Serás asolado y sabrás que yo soy Yahvé. 5 Porque en tu secular enemiga contra Israel pasaste a sus hijos a la espada el día fatal de la desventura, cuando llegó a su término la iniquidad. 6 Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, por haber pecado contra la sangre, la sangre te perseguirá, 7 y haré del monte Seir desierto y soledad, sin que haya quien por él vaya ni venga, 8 y henchiré de muertos tus colinas; en tus montes y en tus valles, en el lecho de todos tus torrentes, yacerán los muertos a la espada. 9 Te reduciré a eterna soledad; no serán ya habitadas tus ciudades, y sabrás que yo soy Yahvé, 10 pues que te dijiste: Míos serán ambos pueblos y ambas tierras, nosotros los poseeremos, aunque allí esté Yahvé. 11 Por mi vida, dice el Señor, Yahvé, que te trataré conforme a tu ira y al furor con que en tu odio los trataste. 12 Y sabrás que yo soy Yahvé cuando te juzgue. He oído todas las injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: "¡Destruidos! Nos los dan para que los devoremos" 13 Y os insolentasteis de boca contra mí, y multiplicasteis, oyéndolas yo, vuestras palabras contra mí. 14 Así dice el Señor, Yahvé: Alegrándose la tierra toda, a ti te tornaré en desierto. 15 Como te gozaste en la desolación de la heredad de la casa de Israel, asimismo haré yo contigo; os tornaréis en desierto, ¡oh montes de Seir! y con vosotros Idumea toda entera, y se sabrá que yo soy Yahvé.

El profeta no precisa la fecha en que profirió este oráculo conminatorio contra el país cíe Edom, pero puede lógicamente relacionarse con el vaticinio anterior. Antes de que los israelitas se instalen en la tierra patria, Yahvé se encargará de aniquilar a los edomitas, enemigos tradicionales, que se han aprovechado de la situación triste de Judá, instalándose incluso en su territorio. Por orden de Dios, Ezequiel debe dirigir su rostro hacia el monte Seir, expresión característica para indicar que el oráculo es amenazador 2. El monte Seir es la región montañosa de Edom, al sudeste del mar Muerto 3. Sobre esta región montañosa, donde estaba asentada la población edomita, el profeta extiende la mano en nombre de Yahvé con gesto amenazador 4. Desde los tiempos más remotos, los habitantes de Edom se habían comportado hostilmente contra sus hermanos los israelitas 5. El rencor, reconcentrado durante varios siglos de humillación por el poderío judío, estalló furiosamente cuando cayó Jerusalén en manos del invasor babilónico, colaborando los edomitas con los caldeos y persiguiendo despiadadamente a los fugitivos 6.
En ese día fatal de la desventura (v.5), los edomitas colmaron su iniquidad, excitando así la contenida ira divina. Edom ha cometido un pecado de lesa sangre al oprimir y matar al que era pariente suyo, ya que Israel descendía de Jacob, hermano de Esaú, el epó-nimo de los edomitas 7. La frase la sangre te perseguirá parece una alusión al hecho de que el mismo Israel (pariente de Edom) ejecutará el castigo sobre su opresor, Edom. En 25:14 se dice que Yahvé pondrá por obra su venganza contra Edom tomando como instrumento al mismo Israel.
La devastación será general (v.8). Las frases sobre la asolación general son hiperbólicas, para encarecer la catástrofe (henchiré de muertos tus colinas.). Edom ha querido anexionarse el territorio de Judá: Míos serán ambos pueblos y ambas tierras. (v. 10). Después de la toma de Jerusalén por los caldeos, el territorio se convirtió en tierra de nadie, y es muy probable que los edomitas hayan penetrado en el territorio. La expresión ambos pueblos se refiere al reino de Judá y al antiguo territorio de Samaría. En los últimos siglos antes de Cristo, los habitantes de Edom se trasladaron al sur de Judá empujados por las tribus arábigas nabateas, que se establecieron en la antigua región de Edom. Ezequiel anuncia contra los edomitas el mismo trato que éstos dieron a los judíos vencidos (v.11). En su audacia habían pretendido vencer al mismo Yahvé (Míos serán los pueblos. aunque esté Yahvé, v.8). Esto era una verdadera blasfemia. El castigo será ejemplar; toda la tierra se alegrará de ello (v.14).

1 Ex 25:12-14. — 2 Sobre esta idiomática expresión profética cf. Ez 6:2; 13:17. — 3 La parte meridional de Traiisjordania es llamada hoy día Esh-Shera (acaso el Sherí de las cartas de Tell-Amarna), y que parece corresponder al nombre de Seir. Cf. Gen 24, 6; 32:4. — 4 Sobre esta expresión véase Ez 13:9; 14:9.13; 16:27. — 5 Cf. Núm 20,21; Tue 11:17; 1 Sam 14:47; 2 Sam 8:13. — 6 Cf. Abd 11.14. — 7 Hemos seguido a los LXX en la traducción del verso. La Bible de Jérusalem traduce: "te pondré en sangre, y la sangre te perseguirá."
36. La Restauración completa de Israel.
Después de hablar de la destrucción de los enemigos seculares de Israel como condición previa para el retorno de los israelitas a su tierra patria, el profeta habla de la restauración de la nación. El capítulo contiene dos partes: a) anuncio de la bendición de Yahvé sobre los montes de Israel, en oposición a la desolación sobre los montes de Edom (1-15); b) el castigo de Judá fue merecido; pero, por honor de su nombre, Yahvé hará retornar a los exilados, les dará un nuevo corazón, y en Palestina los colmará de todo bien. La nueva tierra de promisión se transformará en un maravilloso edén para felicidad de los repatriados (16-38).
La bendición sobre los montes de Israel (1-15)
1 Y ahora, hijo de hombre, profetiza a los montes de Israel y di: Oíd, montes de Israel, la palabra de Yahvé: 2 Así habla el Señor, Yahvé: Pues que el enemigo dijo de vosotros: ¡Ea! Son ruinas perpetuas, se nos dan en posesión a nosotros. 3 Habla y di: Así habla el Señor, Yahvé: Por eso, porque os asolaron y tragaron de todas las partes, dándoos por heredad a las gentes y haciéndoos objeto de habladurías y de escarnios, 4 por eso, ¡oh montes de Israel! oíd la palabra de Yahvé: Así dice el Señor, Yahvé, a los montes y a los collados, a los lechos de los torrentes y a los valles, a las ruinas desoladas y a las ciudades desiertas que fueron la presa y el sarcasmo de los que de los pueblos circunvecinos quedaban. 5 Por eso, así habla el Señor, Yahvé: Sí, en mi celo y en mi furor hablé contra los escapados de los pueblos, y contra Idumea toda entera, que se apropiaron mi tierra con corazón alegre y el desprecio en el alma para despoblarla y depredarla. 6 Por eso, profetiza a la tierra de Israel, y di a los montes y a los collados, a los lechos de los torrentes y a los valles: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí, en mi celo y en mi furor lo digo: Ya que habéis soportado el escarnio de las gentes, 7 así habla el Señor, Yahvé: Alzo mi mano y juro que las gentes que os rodean soportarán vuestro escarnio, 8 y vosotros, montes de Israel, germinaréis, daréis ramas y frutos a mi pueblo Israel, que va a volver. 9Porque heme aquí, a vosotros me acerco, a vosotros me vuelvo. Todavía seréis labrados y sembrados, 10 multiplicaré en vosotros a los hombres, la casa de Israel toda entera, y serán repobladas las ciudades y reconstruidas las ruinas. 11Multiplicaré en vosotros a los hombres, y se multiplicarán los ganados, y estaréis poblados como antiguamente, y más todavía que al principio, y sabréis que yo soy Yahvé. 12 Haré volver a vosotros a los hombres, mi pueblo Israel, que os poseerá, y les seréis en heredad, y no volveréis a devorarlos. 13 Así dice Yahvé: Pues que andan diciendo de ti: Eres una devoradora de hombres y has privado a tu nación de tus hijos, 14 no devorarás ya más a los hombres, ni a tu nación privarás de hijos, dice el Señor, Yahvé, 15 y nunca más te haré oír los insultos de las gentes, ni tendrás que oír los escarnios de los pueblos, y no quedarán los tuyos privados de hijos, dice el Señor, Yahvé.

En este fragmento, el país de Judá es simbolizado metonímicamente en sus montes (v.1) 1. De hecho, el reino de Judá comprendía precisamente la zona montañosa al sur de Palestina. La expresión Israel tiene el sentido de nación israelita en general, sin contraponerlo a Judá. El profeta echa en cara a las naciones enemigas, sobre todo a Edom, que se alegraran de la desolación del país de Israel (v.2). Los pueblos vecinos de Judá creían que la situación de Palestina como tierra de nadie habría de permanecer indefinidamente, y por eso piensan instalarse en ella. Judá se había convertido en objeto de escarnio (v.3) para las otras naciones. Su supuesta superioridad religiosa de nada le sirvió en el momento del turbión de la guerra.
Yahvé, en su celo, no puede soportar la burla de su pueblo, y se propone castigar a los escapados de los pueblos (v.5), las bandas ambulantes que se habían librado de los soldados caldeos y andaban por los desiertos atacando al pueblo judío que había quedado en su tierra. Días llegarán en que los escarnecedores serán escarnecidos, mientras que los montes de Israel serán glorificados de nuevo al ser repoblados con las gentes judías repatriadas (v.8). Yahvé tendrá una particular providencia de la tierra de Palestina: α foso tros me acerco, a vosotros me vuelvo (v.8). Se había alejado momentáneamente para castigar a su pueblo por sus pecados, pero les siguió en el exilio, y volverá a protegerlos, devolviéndolos a sus hogares antiguos. Los montes volverán a ser sembrados y labrados, y las ciudades a ser repobladas (v.10). La prosperidad será la nota de la nueva situación en Palestina, de forma que se superarán los tiempos antiguos, y esa situación será definitiva, ya que Yahvé no volverá a castigarlos: no volveréis a devorarlos (v.12).
Por fin se establecerá una paz permanente en la tierra de Palestina, que, por ser una encrucijada geográfica, fue siempre lugar de lucha permanente. De ahí el título que se le da de devoradora de hombres (ν.13). Siempre habνa sido campo de choque y de batalla entre las grandes potencias, y también objeto de incursiones y razzias de parte de las poblaciones vecinas de TransJordania. La ir ase parece calcada en la información dada por los exploradores israelitas de Canaán: "Es una tierra que devora a sus habitantes." 2 El profeta Ezequiel, pues, recoge la expresión para aplicarla a la situación anterior al exilio, cuando Palestina había sido asolada y llevados cautivos sus habitantes, y contraponerla a la nueva situación. En el futuro, todo será paz, porque Yahvé tomará al país bajo su especial protección (v.14). Palestina no devorará ya mas a los hombres (v.14), sino que será el lugar edénico en el que todos vivirán en paz, sin temor a enemigos exteriores e interiores.
Yahvé salvará a Israel por el celo de su gloria (16-24)
16 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 17 Hijo de hombre, cuando moró en su tierra la casa de Israel, la contaminaron con sus malas obras y sus pecados. Su obrar ante mí fue como de inmundicia de menstruada. 18 Por eso descargué yo mi ira sobre ellos, por la sangre que derramaban en la tierra y por los ídolos con que la contaminaron. 19 Y los he dispersado entre las gentes y han sido esparcidos por todas las tierras, juzgándolos conforme a sus caminos y a sus obras, 20 y, llegados a las gentes a donde fueron, éstas profanaron mi santo nombre, diciendo de ellos: "Estos son el pueblo de Yahvé, han sido echados de su tierra." 21 Pero he tenido lástima de ellos al ver mi santo nombre profanado, por causa de la casa de Israel, entre las gentes a las que han sido llevados. 22 Di, pues, a la casa de Israel: Así habla el Señor, Yahvé: No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino más bien por el honor de mi nombre, profanado por causa vuestra entre las gentes a que habéis ido. 23 Yo santificaré mi nombre grande, profanado entre las gentes a causa de vosotros en medio de ellas, y sabrán las gentes que yo soy Yahvé, dice el Señor, Yahvé, cuando yo me santificare en vosotros a sus ojos. 24 Yo os tomaré de entre las gentes, y os reuniré de todas las tierras, y os conduciré a vuestra tierra.

Ya en el c.20 el profeta había explicado claramente que Dios volvería a preocuparse de Israel por el celo de su gloria. De suyo, Israel, por sus pecados, no hubiera merecido que se acordara de él, pero su desgracia ha sido ocasión de que los enemigos paganos se burlaran, diciendo: Estos son el pueblo de Yahvé, han sido echados de su tierra (v.20). La frase es irónica y parece insinuar que el Dios de Israel ha sido impotente para salvar a su pueblo. En realidad, Yahvé expresaba rechazo hacia Israel por sus pecados tradicionales de idolatría y homicidios (v.18), y lo consideraba impuro como una mujer menstruada (v.17). La Ley declaraba impuro a todo lo que tocare a una mujer en este estado 3. Es una metáfora muy expresiva para reflejar la situación abominable en que se hallaba Israel respecto de su Dios. Nada en él había que atrajera sus miradas por sus múltiples pecados, y por eso le castigó duramente con el exilio; pero esto dio lugar a que las otras naciones profanaran el nombre de Yahvé al considerarle impotente en su protección sobre la nación vencida.
Por eso ya es cuestión de salvar el honor de su santo nombre profanado (v.21)4. Israel, con sus pecados, ha dado ocasión a esta profanación del nombre de Yahvé entre los gentiles, ya que con sus aberraciones se hizo acreedor a los mayores castigos y aun de la destrucción de la nación como tal. El exilio había desacreditado a Yahvé ante las gentes, le había profanado, y ahora Yahvé, movido de su celo, quiere santificarse ante ellos (v.23), es decir, mostrar su poder y santidad o carácter moral y trascendente; es decir, hará ver a los gentiles que, si permitió la destrucción de su pueblo, no fue por impotencia, sino por exigencias de su justicia y santidad, que reclamaban un castigo purificador. Yahvé no puede permitir impunemente el pecado, sino que en todos sus actos se mueve por sus imperativos morales intransigentes. Cuando haga retornar a los israelitas a su patria, entonces los gentiles sabrán quién es Yahvé en su omnipotencia y grandeza.
Purificación y arrepentimiento de los israelitas (25-32)
25 Y os aspergeré con aguas puras y os purificaré de todas vuestras impurezas, de todas vuestras idolatrías. 26 Os daré un corazón nuevo y pondré en vosotros un espíritu nuevo; os arrancaré ese corazón de piedra y os daré un corazón de carne. 27 Pondré dentro de vosotros mi espíritu y os haré ir por mis mandamientos y observar mis preceptos y ponerlos por obra. 28 Entonces habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres, y seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios. 29 Os libraré de todas vuestras impurezas, y llamaré al trigo y lo multiplicaré, y no tendréis hambre. 30 Multiplicaré los frutos de los árboles y el de los campos, para que nunca más os escarnezcan las gentes porque padezcáis hambre. 31 Vosotros, por vuestra parte, os acordaréis de vuestros malos caminos, de vuestras obras, que no fueron buenas, y sentiréis vergüenza de vosotros mismos por vuestras iniquidades y vuestras abominaciones. 32 No lo hago por vosotros, dice el Señor, Yahvé; sabedlo, confundios y avergonzaos de vuestras obras, ¡oh casa de Israel!

Yahvé, al reintegrar al pueblo israelita, quiere que constituya una nueva comunidad totalmente distinta a la anterior al destierro en cuanto a sus sentimientos religiosos internos. Los vicios tradicionales de idolatría e injusticias sociales no deben prevalecer en la nueva teocracia, y de ahí que Yahvé los someta a una purificación lustral interna (v.25) 5. Y esta purificación no será sólo negativa, haciendo desaparecer los pecados tradicionales pasados, sino que transformará interiormente a los nuevos ciudadanos de Israel: Os daré un corazón nuevo, os arrancaré ese corazón de piedra y os daré un corazón de carne (v.26). Los israelitas anteriores al exilio habían tenido un corazón de piedra, insensible a los mandatos de Yahvé. En adelante los israelitas tendrán un espíritu nuevo, proveniente de su Dios, de modo que sientan instintiva atracción hacia los caminos rectos 6.
El profeta entrevé la nueva etapa mesiánica, en que los imperativos del espíritu serán los móviles de una nueva generación: el cristianismo. De hecho sabemos que los israelitas reintegrados a su patria después del exilio no volvieron a sentir veleidades idolátricas, sino que más bien se cerraron en un sano monoteísmo intransigente. Es la primera etapa de la nueva era vislumbrada por Ezequiel. Con la aparición del Mesías vendrá el culto de Dios "en espíritu y en verdad"7, síntesis del mensaje evangélico. Pero el profeta en este oráculo se fija en la primera etapa, idealizándola: el Israel histórico volverá a ser realmente el pueblo de Yahvé (v.28), ya que los corazones de los israelitas vivirán centrados en torno a su Dios. La profecía es paralela a la de Jeremías: "en aquel día seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellos serán mi pueblo. Yo pondré mi ley en ellos y la escribiré en su corazón, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo" 8.
Como consecuencia de esta vinculación a Yahvé, vendrán toda clase de bendiciones sobre la nueva teocracia: en primer lugar, la purificación de todas las impurezas idolátricas pasadas, y después la fertilidad exuberante de la naturaleza: llamaré al trigo y lo multiplicaré (v.29) 9. Será entonces cuando se vean participantes de las bendiciones de Dios, cuando reconozcan plenamente sus yerros pasados 10, entrando por la vía de una conversión sincera. Pero el profeta cierra la perícopa repitiendo que la restauración de Israel no fue debida a los méritos realizados por la Nación, sino más bien al celo de Yahvé por su nombre entre los pueblos (v.32). Deben tener en cuenta que la historia de Israel es la historia de deserciones y crímenes de todo género, y, por tanto, deben sentir vergüenza del pasado: confundios y avergonzaos de vuestras obras.
Prosperidad del nuevo Israel (33-38)
33 Así habla el Señor, Yahvé: El día en que os habré purificado de todas vuestras iniquidades, repoblaré las ciudades y reconstruiré las ruinas. 34 La tierra desolada en que el caminante no ve más que desolación, volverá a ser labrada, 35 y se dirá: Aquella tierra inculta se ha convertido en jardín de Edén; las ciudades arruinadas, asoladas y desiertas están fortificadas y pobladas, 36 y los pueblos que en torno vuestro han sido dejados, sabrán que yo, Yahvé, he edificado vuestras derribadas ruinas y he repoblado de árboles la tierra devastada. Yo, Yahvé, lo he dicho y lo haré. 37 Así dice el Señor, Yahvé: Aun a esto más me dejaré inducir a realizar por la casa de Israel: Multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños; 38 a modo de ovejas consagradas, de ovejas de Jerusalén, en sus solemnidades, así serán las ciudades arruinadas, llenas de rebaños humanos, y sabrán que yo soy Yahvé.

El profeta idealiza la situación de la tierra de promisión de los repatriados. Palestina se convertirá en un verdadero Edén, admiración de todas las gentes. En otros tiempos, Moisés había prometido al pueblo de Israel salido de Egipto una tierra que "manaba leche y miel."11 La nueva reinstalación de los exilados será también en una tierra feracísima. Los campos desolados recobrarán su frondosidad perdida, y las ciudades serán repobladas en número desbordante. El cuadro presentado por el profeta es cautivador para aquellos pobres exilados, acostumbrados a trabajar en los campos e industrias de los caldeos. De nuevo tenemos que repetir que debemos distinguir en estos oráculos lo sustancial espiritual del ropaje accesorio literario.
Ezequiel no encuentra mejor modo de atraer la atención de aquellos exilados, sumidos en la desesperación, que presentarles un cuadro exuberante de restauración en la tierra ahora hollada por el enemigo. La imaginación oriental del profeta reviste la nueva realidad de la repatriación — hecho sustancial de sus vaticinios — con colores vivos y atrayentes, conforme a las exigencias de la mentalidad de los oyentes. En el recuerdo de todos estaban las solemnidades en el templo, con los miles de ovejas apretujándose en los atrios exteriores del templo de Jerusalén preparadas para el sacrificio: ovejas consagradas (v.38). El profeta afirma que en la repoblación humana de la actualmente deshabitada Judá se repetirá un espectáculo semejante (v.38). Los exilados creían que la nación se extinguiría como comunidad nacional, ya que la espada, el hambre y el cautiverio habían acabado casi con la población de Judá. ¿Cómo habría de repoblarse de nuevo el hogar patrio? El profeta anuncia en nombre de Dios que llegarán días en que la patria volverá a ser desbordada de gentes repatriadas con ánimos de reconstruir la nación.

1 Ez 6:2; 35:12. — 2 Núrn 13:32; Lev 18:28. — 3 Cf. Lev 15:10-20. — 4 Cf. Is 43:22-25; 48:11. — 5 Las abluciones lústrales simbolizaban el perdón de los pecados (Gen 35:2; Ex 30:17). — 6 Cf. Is 32:5; Jl 2:28; Zac 4:6. Véase el artículo de P. Van Imschoot, L'esprit de Yahvé, principe de vie dans VA.T.: "Ephem. Theol. Lovari.," 16 (1939) 457-467. — 7 Cf. Jn4:14. 8 Cf. Jer31:1.33. — 9 Expresión análoga para predecir la fertilidad del campo la encontramos en Os 2:21-22. — 10 Cf. Ez 20:43; Is 64:6; Jer 2:23. — 11 Ex 3:8; 17:13; 33:3; Lev 20:24.
37. Resurrección de la Nación Israelita.
Las afirmaciones precedentes de Ezequiel, sin duda que suscitaban en la mayor parte de los oyentes escepticismo. ¿Cómo Judá habrá de verse algún día restaurada en su patria con plena libertad? El imperio de Nabucodonosor parecía omnipotente, y, por tanto, su opresión habría de permanecer por siglos. El profeta, para realzar más sus promesas, les comunica una visión que ha tenido sobre la restauración de Israel. Cierto que el pueblo israelita había sido reducido a un estado esquelético, pero la omnipotencia divina puede de nuevo reanimar estos huesos disecados. Israel será restaurado como nación, y de nuevo todos los israelitas, dejando sus anteriores tradiciones cismáticas, se unirán para formar un solo reino futuro. El capítulo se divide netamente en dos partes: a) visión sobre la restauración de la comunidad israelita (1-14); b) acción simbólica sobre la unión de los dos reinos israelitas, Judá y Efraím (15-28).
Visión de los huesos secos (1-10)
1 Fue sobre mí la mano de Yahvé, y llevóme Yahvé fuera y me puso en medio de un campo que estaba lleno de huesos. 2 Hízome pasar por cerca de ellos todo en derredor, y vi que eran sobremanera numerosos sobre la haz del campo y enteramente secos. 3 Y me dijo: Hijo de hombre, ¿revivirán estos huesos? Y yo respondí: Señor, Yahvé, tú lo sabes. 4 Y él me dijo: Hijo de hombre, profetiza sobre estos huesos y diles: Huesos secos, oíd la palabra de Yahvé. 5 Así dice el Señor, Yahvé, a estos huesos: Voy a hacer entrar en vosotros el espíritu y viviréis, 6 y pondré sobre vosotros nervios, y os cubriré de carne, y extenderé sobre vosotros piel, y os infundiré espíritu, y viviréis y sabréis que yo soy Yahvé. 7 Entonces profeticé yo como me mandaba, y a mi profetizar se oyó un ruido, y hubo un agitarse y un acercarse huesos a huesos. 8 Miré y vi que vinieron nervios sobre ellos, y creció la carne y los cubrió la piel, pero no había en ellos espíritu. 9 Díjome entonces: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así habla el Señor, Yahvé: Ven, ¡oh espíritu! ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos huesos muertos, y vivirán. 10 Profeticé yo como se me mandaba, y entró en ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie, un ejército grande en extremo.

El cuadro que presenta el profeta es espeluznante: un campo lleno de huesos secos. En nombre de Dios proclama un nuevo oráculo a los exilados. La expresión fue sobre mí la mano de Yahvé indica en la literatura profética un influjo divino especial irresistible sobre el vidente ! La visión aparece perfectamente escenificada. El profeta da vueltas al campo apocalíptico de esqueletos humanos expuestos a la intemperie. Todo era impresión de muerte. De un lado, Ezequiel ve que estos huesos eran incalculables, y por otro sabe que están completamente secos, sin nervaduras ni carne. Ya hacía tiempo que el soplo vital había partido de ellos. El Señor le interroga sobre la posibilidad de que estos esqueletos sean de nuevo reanimados por la vida (v.3). El profeta no niega la posibilidad de la resurrección de estos huesos 2, pues sabe que Dios es omnipotente: Señor, tú lo sabes, es la respuesta prudente de Ezequiel (v.3).
Sin duda que en la visión el profeta nota que Yahvé quiere hacer algo excepcional. Por orden suya profetiza sobre los huesos secos. Ezequiel aparece como instrumento de esta resurrección, en cuanto que será el paladín de la esperanza de la resurrección nacional de Israel en el cautiverio. La palabra profetiza indica que Ezequiel debe conducirse como profeta, es decir, transmisor de un designio divino. La vivificación de los huesos aparece altamente dramatizada: primero se juntan los nervios, después se llenan de carne y, por fin, son vivificados por el hálito vital (v.6). Según la mentalidad popular, la vida venía directamente de Dios, quien infundía a cada ser el soplo vital 3.
Aquí este espíritu es lo último que sobreviene al esqueleto ya articulado con los nervios y la carne. En la formación del primer hombre se sigue el mismo orden, pues el hálito vital es infundido después que ha sido configurado el hombre en lo material externo. En la visión de Ezequiel, el hálito vital o espíritu (rúaj) ha de venir de los cuatro vientos (v.9), porque debía informar a todos los huesos que en el campo estaban esparcidos en las cuatro direcciones. Ninguno debe quedar sin ser vivificado. Como consecuencia de la invocación del profeta al espíritu sobre aquellos huesos secos, éstos se vivificaron, y ante los ojos atónitos del vidente había allí un ejército inmenso de hombres resucitados (v.10).
Explicación de la visión (11-14)
11 Díjome entonces: Hijo de hombre, esos huesos son la entera casa de Israel. Andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, ha fallado nuestra esperanza, estamos perdidos. 12 Por eso profetiza y diles: Así habla el Señor, Yahvé: Yo abriré vuestros sepulcros y os sacaré de vuestras sepulturas, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel, 13 y sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío, 14 y ponga en vosotros mi espíritu y viváis, y os dé reposo en vuestra tierra, y sabréis que yo soy Yahvé, lo dije y lo hice, oráculo de Yahvé.

La explicación de la apocalíptica visión es clara en el contexto y la declaración subsiguiente: los huesos resucitados son los exilados de Israel, que se creen ya sin esperanza de resurrección nacional: estamos perdidos. (v.11). La desesperación era la característica de los exilados después de la ruina definitiva de Jerusalén. Se creen totalmente abandonados de su Dios. Ezequiel quiere levantar los ánimos. La visión que acaba de exponer es el mejor símbolo de lo que va a suceder en el futuro, pues Israel será de nuevo reanimado, con la ayuda de Dios, y reintegrado a su patria. Los israelitas exilados están como muertos en sus sepulcros, pero Yahvé los va a sacar de este estado, vivificándoles para hacerlos volver a la tierra de Palestina (v.14). Nada en el contexto favorece la opinión de que aquí se trata de la resurrección de los muertos, aun limitada al pueblo israelita como en Dan 12:24.
Un solo reino bajo el cetro único del nuevo David (15-28)
15 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 16 Hijo de hombre, toma un palo y escribe en él: "Judá y los hijos de Israel que le están unidos." Toma luego otro y escribe en él: "José, el báculo de Efraím y de toda la casa de Israel que le está unida." 17 Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y uno solo hagan en tu mano. 18 Y cuando te pregunten los hijos de Israel: ¿No nos enseñarás qué es eso? 19 Diles: Así habla el Señor, Yahvé: He aquí que yo tomaré el báculo de José, que está en manos de Efraím y de las tribus de Israel que le están unidas, y lo pondré sobre el báculo de Judá, haciendo un solo báculo, y será uno solo en mi mano. 20 Que estén a sus ojos los palos en que escribas, y diles: 21 Así dice el Señor, Yahvé: He aquí que yo tomaré a los hijos de Israel de entre las gentes a que han ido, juntándolos de todas las partes, y los traeré a su tierra. 22 Y haré de ellos en la tierra, en los montes de Israel, un solo pueblo, y todos tendrán un solo rey; nunca más serán dos naciones, nunca más estarán divididos en dos reinos, 23 nunca más se contaminarán con sus ídolos; los libraré de todas las rebeliones con que pecaron y los purificaré, y serán mi pueblo, y yo seré su Dios. 24 Mi siervo David será su rey, y tendrán todos un solo pastor, y caminarán por las sendas de mis mandamientos, y guardarán mis preceptos, poniéndolos por obra. 25 Y habitarán la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en que habitaron vuestros padres. Ellos la habitarán y los hijos de sus hijos por los siglos de los siglos, y por los siglos será su príncipe David, mi siervo. 26 Estableceré con ellos un pacto de paz que será pacto eterno; los asentaré, los acrecentaré y pondré mi santuario en medio de ellos por los siglos. 27 Pondré en medio de ellos mi morada, y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. 28 Y sabrán las gentes que yo, Yahvé, santifico a Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos por los siglos.

Después de anunciar solemnemente, en la explicación de la visión anterior, la repatriación de los exilados, el profeta anuncia que en el futuro desaparecerá la tradicional división de las diez tribus del norte, con Efraím a la cabeza, y las dos del sur, con Judá por capital. Esta unión de las doce tribus la expresa Ezequiel con una acción simbólica para llamar más la atención de los oyentes. Por orden divina, el profeta toma dos palos; en uno debe escribir: Judá y los israelitas que le están unidos; y en otro: José y la casa de Israel que le esta unida (v.16). El primer palo, pues, simbolizaba el reino del sur, y el segundo el reino del norte, en el que descollaba la tribu de Efraím, hijo de José. En efecto, por su belicosidad y los muchos caudillos que dio, Efraím se constituyó en cabeza moral de las tribus cismáticas del norte después de la muerte de Salomón 5. En lo futuro, las doce tribus volverán a reunirse bajo un solo rey. El profeta, para significar esto, junta un palo al otro (ν.17). Dνas llegarán en que Yahvé reunirá a todos los componentes de todas las tribus dispersas entre las gentes y las volverá a su tierra (v.21). Juntas constituirán un solo pueblo, bajo un solo rey, al que se le llama mi siervo David (v.24). De nuevo se repite que la futura teocracia estará calcada sobre la añorada época de David. El profeta une siempre la repatriación de los exilados a la inauguración de los tiempos mesiánicos. De hecho, el retorno de los exilados fue el principio de la nueva comunidad nacional, en la que había de aparecer el Mesías. En los profetas suele faltar la perspectiva histórica, y viven de la esperanza mesiánica. En sus ansias de realización, la presentan como próxima para reavivar las esperanzas en el pueblo, decaído de ánimos. Es justamente lo que hace Ezequiel entre sus compañeros de destierro. Con estas ansias de levantar los ánimos, el profeta idealiza el futuro, y piensa en la nueva era, en que reinará la paz y equidad como consecuencia de una nueva alianza (v.26), que será definitiva por los siglos. Dios volverá a ser el centro de los corazones de los israelitas 6, pues volverá a establecer su morada entre ellos en su santuario cíe Jerusalén. Entonces sabrán las gentes que Yahvé ha santificado a Israel (v.28), es decir, lo ha separado de entre las naciones para ser pueblo suyo y entrar en la atmósfera de santidad e incontaminación que exige la presencia divina. El cumplimiento de este vaticinio se da en la Iglesia como Israel espiritual, heredero de las promesas del antiguo Israel histórico. El profeta, pues, entrevé la gran realización, si bien la condiciona a la mentalidad viejotestamentaria de su tiempo.

1 Cf. Ez 1:3; 8:1. — 2 En la tradición bíblica hay casos de resurrecciones individuales (cf. 1 Re 17:175; 2 Re 4:18s). Pero se trataba de individuos recién fallecidos. Pero aquí se trata ya de huesos secos. Desde luego, no se plantea aquí el problema de la resurrección universal. En el contexto se trata de una visión simbólica sobre la resurrección colectiva de Israel como nación. — 3 Cf. Sal 104:2955; Job 32:45; 34:14s; Ex 15:8; 2 Sam 22:16; Sal 18:16. Véase P. Van Imschoot, L'esprit de Yahvé, source de vie dans l'A.T.: RB 44 (193S) 481-501. — 4 Cf. D. Buzy, O.C., p.200-210. — 5 Cf. Sal 78,67; Os 4:17; 5:9; — 6 Cf. Jer 31:31-1:21 5:8.
38. Invasión de Gog. Destrucción de su Ejercito.
Los capítulos 38-39 son netamente apocalípticos por su estilo; en ellos se describe primero la invasión de un pueblo guerrero venido del norte con un caudillo llamado Gog. Después de cumplir su misión de castigo sobre el pueblo de Israel, los invasores son, a su vez, destruidos por la mano omnipotente de Yahvé. El estilo es desbordante dentro de la línea de los libros llamados apocalípticos, que tanto pululan entre los judíos en los siglos inmediatamente anteriores y posteriores a Cristo. Por esto, muchos autores independientes pretenden que estos dos capítulos son una adición posterior redaccional, insertados por un compilador de época tardía. El autor de estos fragmentos apocalípticos quiere destacar el asalto definitivo de las fuerzas enemigas del pueblo de Dios contra éste para que no se establezca la era mesiánica anunciada por los profetas.
Gog representa aquí a todos los poderes del mal, que se oponen a la instauración del reino de Dios en la tierra. Es un símbolo colectivo, en cuanto que representa a los jefes de todos los pueblos que a través de la historia se oponen al pueblo de Dios y a los designios mesiánicos divinos. Es el prototipo del anticristo, como síntesis de la oposición a Dios en el A.T. 1
Preparación de la invasión de Gog (1-9)
1 Fueme dirigida la palabra de Yahvé, diciendo: 2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro a Gog, de la tierra de Magog, príncipe soberano de Mesec, de Túbal, y profetiza contra él, 3 y di: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, príncipe soberano de Mesec y Túbal; 4 yo te atraeré y pondré freno en tus mandíbulas, y te sacaré a ti y a todos tus ejércitos, caballos y jinetes, de todo en todo equipados; muy gran muchedumbre con rodelas y escudos, todos con espada. 5 Paras, Etiopía y Put los acompañan, todos con escudo y yelmo. 6 Gomer y todas sus mesnadas, la casa de Togorma, los extremos confines septentrionales y todas sus hordas, pueblos innumerables, contigo. 7 Prepárate, apréstate tú y toda la innumerable muchedumbre reunida en torno tuyo: sé su jefe 2. 8 De aquí a muchos días te será dada la orden. Al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de entre muchos pueblos, sobre los montes de Israel, que habían sido reducidos a eternas ruinas. Ha sido sacada de entre las gentes y habita confiadamente. 9 Tú la invadirás, llegando allí como un torbellino; como tormenta que envolverá la tierra serás tú, con todos tus ejércitos y los innumerables pueblos que están contigo.

La fórmula introductoria es semejante a la que hemos visto a propósito del oráculo contra Edom 3. El profeta debe dirigir su rostro hacia el norte, donde reina un tirano llamado Gog, quizá personaje ficticio, tipo del agresor pagano contra el pueblo de Dios4. Ciertamente que el profeta lo presenta viniendo de la región de Armenia, de donde en el siglo VII vino la famosa invasión de los escitas, tribus guerreras indoeuropeas que con sus caballos arrollaron a los pueblos del Antiguo Oriente. En el texto que estudiamos, el profeta presenta al caudillo bárbaro interpelado hostilmente por Yahvé (Heme aquí contra tí., v.3). Aunque se le permite invadir el territorio del pueblo de Dios, debe saber de antemano que al fin será derrotado. Le tratará a su antojo, poniéndole freno en sus mandíbulas (v.4). Su invasión no tendrá más alcance que el que le permita Dios, que le enfrena por la boca como a un corcel indómito.
Gog, pues, va a invadir la tierra de Yahvé, secundado por otros pueblos 5. Sin saberlo es un juguete en las manos de Dios, que le invitará a invadir la tierra salvada de la espada (v.8), es decir, Palestina. La frase prepárate, apréstate. del ν.7 tiene un carαcter irónico. La expresión al cabo de años indica en el contexto profético simplemente el futuro 6, pero a veces alude a la inauguración de la era mesiánica7. Aquí en Ezequiel parece aludir a ambas cosas a la vez, ya que presiente cercano el día de la manifestación mesiánica, que, por otra parte, ha de ser precedido de un último ataque a la teocracia judía, dirigido por ese ejército que viene del septentrión. Gog caerá como un ciclón con sus ejércitos sobre los montes de Israel (v.9).
Insolencia del invasor (10-16)
10 Así dice el Señor, Yahvé: En aquellos días se alzarán en tu corazón los pensamientos y concebirás malvados designios, 11 Tú dirás: Voy a subir contra una tierra indefensa, iré contra gentes tranquilas que habitan confiadamente, todas sin murallas, sin puertas ni cerrojos, 12 a robar, a saquear, a poner tus manos sobre ruinas repobladas, sobre un pueblo reunido de entre las gentes, que tiene ganados y propiedades y habita en el ombligo de la tierra. 13 Sebá y Dedán y los mercaderes de Tarsis y todos sus jóvenes leones te dirán: ¿Vienes en busca de botín? ¿Has reunido toda esa muchedumbre para saquear, en busca de plata y de oro, para robar ganados y riquezas, para hacer gran botín? 14 Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog: Así habla el Señor, Yahvé: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite confiadamente, ¿te pondrás en camino? 15Y vendrás desde tus moradas, desde las extremas regiones del septentrión, tú, y contigo numerosos pueblos, todos a caballo, una inmensa muchedumbre, un ejército poderoso, 16 que avanzará contra mi pueblo, Israel, como nublado que va a cubrir la tierra. Al cabo de los días yo te haré marchar contra mi tierra, para que me conozcan los pueblos, cuando a sus ojos en ti, oh Gog! seré santificado.

Ha llegado el momento de la invasión, y el caudillo de los pueblos enemigos del pueblo de Dios concibe perversos designios en su corazón, ya que no piensa sino en la devastación y el saqueo. Su cinismo es tanto mayor cuanto que tiene conciencia de atacar a un pueblo indefenso (v.11) 8, que habita en el ombligo de la tierra, o región central del mundo 9. Los pueblos que tradicionalmente se dedicaban al comercio, al oír las nuevas de la próxima invasión, se preparan para acompañar a las tropas en provecho propio, y así preguntan ansiosos a Gog: ¿Vienes en busca de botín? (v.13). Son como jóvenes leones que van sobre la presa 10. Las antiguas expediciones militares iban seguidas de voraces mercaderes, ávidos de esclavos y de botín para comprarlos a los soldados y después venderlos en los mercados internacionales.
El profeta, después de aludir a esta costumbre de la época, anuncia que Gog se pone, finalmente, en camino desde las extremas regiones del septentrión (v.14), e.d., de Armenia y Asia Menor, para caer con sus caballos — fuerza militar característica de las hordas escitas de origen indoeuropeo — sobre Israel, el pueblo de Yahvé. Dios hace que marchen contra El y su pueblo para santificarse, es decir, mostrar después su omnipotencia y superioridad, derrotándole, ante los ojos de los gentiles (v.16). En definitiva, el triunfador será Yahvé, que vencerá a los enemigos de Israel en su última tentativa de hacerle desaparecer.
La destrucción del invasor (17-23)
17 Así habla el Señor, Yahvé: ¿No eres tú aquel de quien hablé yo en tiempos pasados por medio de mis siervos los profetas de Israel, que desde años profetizaron que yo te traería contra ellos? 18 En aquel día, cuando marche Gog contra la tierra de Israel, dice el Señor, Yahvé, subirá la ira a mis narices, 19 y en mi celo, en el incendio de mi furor, juro que habrá aquel día gran temblor en la tierra de Israel. 20 Y temblarán ante mí los peces del mar y las aves del cielo, los animales del campo y todos los reptiles que se arrastran por la tierra, y los hombres que hay en la tierra. Y los montes se desmoronarán, y caerán las rocas, y todos los muros se vendrán al suelo. 21 Y llamaré contra él la espada por todos sus montes, dice el Señor, Yahvé, y la espada de cada uno será contra su hermano. 22 Y haré justicia en él con peste y con sangre y lloveré contra él y contra los numerosos pueblos que le acompañan lluvia torrencial piedras de granizo, fuego y azufre, 23 y me magnificaré y haré muestra de mi santidad, y me daré a conocer a pueblos numerosos, que sabrán que yo soy Yahvé.

Ezequiel quiere autorizar su vaticinio citando a los antiguos profetas que le precedieron (v.17). No sabemos en concreto a qué profecías se refiere, pues en absoluto pudiera el profeta aludir a oráculos no registrados en los libros canónicos. Desde luego podemos rastrear en la literatura profética canónica fragmentos en los que se habla de la derrota de las potencias paganas que se empeñaban en oponerse a Israel 11. La intervención airada divina es descrita con colores apocalípticos: toda la naturaleza se conmoverá, y con ella todos los animales (v.18). Naturalmente, las expresiones no han de tomarse a la letra, ya que son hipérboles orientales para describir el efecto de la venganza divina sobre el ejército invasor 12. Los flagelos de peste, hambre y espada serán los instrumentos de la justicia divina (v.22). La dramatización del cuadro es imponente y muy conforme con la imaginación desbordada oriental. El profeta quiere impresionar al auditorio con esta descripción altisonante. Era tradicional presentar a Yahvé rodeado de majestad y furor, como en las teofanías del Sinaí. En esas manifestaciones airadas veían los israelitas reflejada la santidad de su Dios, es decir, su incontaminación, su trascendencia y su carácter numénico: y me magnificaré y haré muestra de mi santidad. (v.23).

1 Cf. M. J. Lagrange, Le Juda'isme avant J.-C. (París 1931); Allo, Apocalypse (1933) p.315; D. Buzy, Antechrist: DBS I 2975. — 2 El. TM lee: "al servicio de ellos." Los LXX: "a mi servicio." — 3 Cf. Ez c.35. — 4 Se ha pretendido identificar a este invasor Gog con algún personaje histórico. Así se ha propuesto al legendario Guges (o Gugu de la literatura cuneiforme), rey de Lidia, en el Asia Menor, del siglo VII a.C. Cf. Herodoto, I Ss. Algunos autores han preferido fijarse en el nombre sumerio Gug o Kug, que significa "tinieblas," rey de Magog, que sería en sumerio Mat Gug ("país de las tinieblas"). Cf. Scheil: RB (1901) p.68. Se le ha relacionado también con los gagaia de las cartas de Tell-Amarna, etc. Desde luego, Ezequiel hace venir al invasor de la zona del Cáucaso por donde estaban los reinos de Mesec y Túbal, sobre cuya identificación véase coment. a 27:13. Sobre todo esto, cf. Spadafora, o.c., p.278-279. — 5 Los nombres de Paras, Etiopia y Puf (v.5) chocan en el contexto, pues son del sur. Parece una glosa. Sobre su identificación cf. 27:10. Los de Comer son los gimtrrai de los textos asirios, los cimerios de la literatura griega (Odisea II 14), en la actual Crimea, que emigraron en el siglo VIII hacia Armenia. Cf. Gen 10:2; 1 Crón 1:53. Togorma: véase comenv a 24:14 la Armenia actual. — 6 Cf. Gen 39:1; Núm 24:14; Dt 4:30; 31:29; Jer 48:47; 49:6. — 7 Cf. Is 2:3; Miq 4:1; Os 3:5. — 8 Cf. Dt 3:5; 1 Sam 6:18; Zac 2:4-5; Jer 49:31. — 9 Así lo creían los judíos (cf. Jubileos 8:19; Henoc 26:1). Los griegos decían de Delfos que era el ombligo del orbe (Píndaro, Pitag. 4:31). — 10 Cf. 1 Mac 3:41; 2 Mac 8:10s; 14:34. — 11 Cf. Sof 1:145; 3:8ss; Miq 4:11-13; 5:14; Jl 3:9-17. — 12 Sobre la frase antropomórfica "subirá la ira a mis narices," véase Ez 5:13; 24:7; Sal 18:9; Dt 32:22.
39. Fin Desastroso de Gog.
El profeta continúa describiendo la invasión y el castigo que le espera al invasor. La derrota será tal, que los judíos se dedicarán durante siete años y siete meses a quemar las armas del enemigo vencido y a enterrar sus cadáveres. El género apocalíptico se despliega aquí en toda su ampulosidad imaginativa. Con la victoria grandiosa de Yahvé, los gentiles reconocerán la omnipotencia y justicia de Yahvé, el Dios de los judíos.
La derrota de Gog (1-8)
1 Tú, pues, hijo de hombre, profetiza contra Gog y di: Así habla el Señor, Yahvé: Heme aquí contra ti, ¡oh Gog! príncipe soberano de Mesec y Túbal; 2 yo te atraeré, yo te guiaré y te haré subir de los confines del septentrión y te llevaré a los montes de Israel, 3 y romperé en tu mano izquierda el arco y haré caer de tu diestra las saetas. 4 Caerás en los montes de Israel con todos los ejércitos y todos los pueblos que contigo estén. Te destino para pasto de aves rapaces de todo plumaje, de las fieras del campo. 5 Serás abatido sobre la haz del campo, porque lo digo yo, dice el Señor, Yahvé. 6 Y encenderé en Ma-gog un fuego y en las islas que habitan confiadamente, y sabrán que yo soy Yahvé. 7 Haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, no dejaré más que sea profanado mi santo nombre, y sabrán las gentes que yo soy Yahvé, el Santo de Israel. 8 Y llegarán estas cosas, vendrán, diré el Señor, Yahvé: Es el día de que he hablado yo.

El profeta se encara de nuevo con el invasor y le recuerda irónicamente que en todos sus movimientos invasores no es sino instrumento de la voluntad divina, que lo empuja sobre Israel para demostrar la omnipotencia de Yahvé al derrotarlo totalmente. En su itinerario desde el septentrión (v.2), su patria de origen, Armenia o montes caucásicos, no hace Gog sino cumplir los designios divinos. Y es inútil que se presente con un ejército bien armado, porque sus armas se les caerán de las manos (ν.3). No les espera sino morir en el campo de batalla, quedando sus soldados insepultos para pasto de las aves y de las fieras del campo. Era la mayor ignominia para un caudillo guerrero el quedar insepulto sin tener honores fúnebres. Y no sólo los invasores sufrirán esta terrible suerte, sino hasta su país de origen, Magog, será pasto de las llamas (v.6). Las islas en la literatura profética son una designación vaga para indicar las ciudades paganas costeras del Mediterráneo. Aquí, según el texto hebreo, están asociadas a la suerte de Magog; pero, según la versión griega, "las islas serán habitadas en paz," lo que sorprende en el contexto; probablemente es glosa.
Con la derrota estruendosa del invasor de Israel se manifestará el santo nombre de Yahvé (v.7). Al ser vencidos los judíos, los paganos habían profanado el nombre de Yahvé al hacer befa de El, declarándole impotente para defender a su pueblo. Ahora, en cambio, al manifestarse plenamente la omnipotencia divina, reconocerán que es el Santo de Israel (v.7), es decir, el que, por un lado, es trascendente e incontaminado, y, por otro, está vinculado a Israel, en cuanto que le ha escogido como pueblo suyo.
Proporciones desorbitadas de la derrota de Gog (9-20)
9 Y saldrán fuera los habitantes de las ciudades de Israel, y darán al fuego y quemarán armas, escudos y paveses, arcos y flechas, mazas y lanzas, y harán lumbre con ellas por siete años. 10 No tendrán que traer leña del campo ni cortarla en los montes; harán el fuego con las armas, y expoliarán a sus expoliadores, y depredarán a sus depredadores, dice el Señor, Yahvé. 11 Aquel día daré yo a Gog un lugar de sepultura en Israel: el valle de los Abarim, al oriente del mar; allí será sepultado Gog con todas sus muchedumbres, y se llamará el valle de Amón-Gog. 12 Le dará sepultura la casa de Israel, para purificar la tierra, y estará sepultándolos durante siete meses. 13 Los sepultará todo el pueblo de la tierra, y quedará famoso para ellos el día en que yo seré glorificado, dice el Señor, Yahvé. 14 Designarán hombres que vayan por la tierra continuamente reconociéndola, para dar sepultura a los invasores, enterrando a los que quedan sobre la haz de la tierra; la recorrerán buscando por espacio de siete meses, 15 y cuando al recorrerla vean osamentas humanas, tendrán alzada junto a ellas una señal, hasta que los enterradores las sepulten en el valle de Amón-Gog. 16 Así purificarán la tierra. 17 Y tú, hijo de hombre, así habla el Señor, Yahvé: Di a las aves de toda especie y a todas las bestias del campo: Reunios y venid. Juntaos de todas partes para comer las víctimas que yo inmolo para vosotras, sacrificio inmenso, sobre los montes de Israel. Comeréis las carnes y beberéis la sangre, 18 comeréis carne de héroes, beberéis sangre de príncipes de la tierra; carneros, corderos, machos cabríos y toros gordos como los de Basan. 19 Comeréis gordura hasta saciaros, beberéis sangre hasta embriagaros de las víctimas que para vosotras inmolaré. 20 Os saturaréis a mi mesa de caballos y jinetes, de héroes y guerreros de toda suerte, dice el Señor, Yahvé.

El profeta sigue describiendo las proporciones de la catástrofe del ejército invasor. Será tal su derrota y el número de sus guerreros caídos en la batalla, que los israelitas tendrán provisión de leña para siete años con las armas de los invasores (v.9). Gog encontrará su sepultura en la zona dominada por Israel, en el valle de Abarim, al este del Jordán, lugar de muchos monumentos megalíticos.1 Se cambiará el nombre en Amón-Gog, o muchedumbre de Gog (v.11), porque allí fue sepultado su ejército. Los israelitas tendrán que dedicarse con ahinco a enterrar los miles de cadáveres que yacen en el campo durante siete meses. Esta expresión, como la anterior de siete años, indica simplemente un largo lapso de tiempo. Los cadáveres mancillaban con impureza legal el lugar donde se encontraban 2; por eso era preciso buscarlos cuidadosamente, de modo que la tierra de Yahvé no estuviera contaminada. Para facilitar el trabajo a los enterradores, se nombraría una comisión de hombres para reconocer el terreno, los cuales debían poner una señal donde encontraban un cadáver (v.14). Los enterradores debían recoger el cadáver, señalado con una indicación por los miembros de la comisión investigadora, y los trasladaban al valle de Amón-Gog, fuera de los límites de la Tierra Santa (v.16). En la estructura que Ezequiel va a trazar en los capítulos siguientes para la Tierra Santa, exige que ésta se vea libre de toda contaminación ilegal 3.
El profeta invita, además, a todas las aves del cielo y a las fieras del campo a participar del banquete del sacrificio inmenso de la gran hecatombe4. En los sacrificios del templo, una parte de la víctima inmolada la comían los oferentes y convidados. Aquí son convidados por Yahvé las fieras del campo y las aves del cielo a participar de la carroña de los restos del ejército que ha quedado tendido en los montes de Israel (ν.17). Las frases de invitaciσn son duras e irónicas: comeréis carne de héroes. (v.18). Los mejores guerreros del ejército invasor serán pasto ignominioso de las aves y fieras. Toda esta hecatombe ha sido como un sacrificio que ha inmolado Yahvé (v.19) en honor de estos animales carniceros.
Glorificación del nombre de Yahvé (21-29)
21 Haré ante las gentes muestra de mi gloria, y todas verán las justicias que yo hago y los castigos con que hiere mi mano. 22 La casa de Israel sabrá para adelante que yo soy Yahvé, su Dios. 23 Y las gentes conocerán que por sus iniquidades fue llevada la casa de Israel al cautiverio, porque se había rebelado contra mí, y yo escondí de ella mi rostro y la entregué en manos de sus enemigos, para que todos juntos cayesen a la espada, 24 tratándolos según sus inmundicias y sus transgresiones y escondiendo de ellos mi rostro. 25 Por tanto, dice el Señor, Yahvé: Ahora voy a hacer volver la cautividad de Jacob, y tendré misericordia de la casa de Israel, velando por mi santo nombre. 26 Y ellos olvidarán los oprobios sufridos y sus rebeldías contra mí, cuando habiten seguros en su suelo, sin que nadie los perturbe; 27 cuando los saque de entre las gentes y los reúna de las tierras de sus enemigos y me santifique a los ojos de las gentes: 28 sabrán que yo soy Yahvé, su Dios, lo mismo cuando los llevé al cautiverio entre las gentes que cuando los reuní en su tierra. No dejaré allí ni uno solo, 29 ni les esconderé mi rostro, porque habré derramado mi espíritu sobre la casa de Israel, dice el Señor, Yahvé.

La gran victoria sobre el enemigo invasor será ocasión de reconocer la gloria de Yahvé, pues todos serán testigos de la implacable justicia suya, que envía sus castigos, sin dejar nada impune. De un lado, la casa de Israel reconocerá a Yahvé por su Dios, que los ha castigado primero y los ha salvado después, y de otro, las gentes reconocerán que, si Israel fue vencido y llevado al cautiverio, no fue por impotencia de su Dios, sino por sus rebeldías y pecados, que exigían el castigo divino, y sobre todo el mayor de todos: que Yahvé escondiera su rostro para que Israel se sintiera solo entregado a sus propias fuerzas ante sus enemigos (v.23).
Pero, después de haberlos castigado según sus merecimientos, Dios ha decidido salvarlos de nuevo para mostrar su amor hacia Israel y su omnipotencia ante los gentiles, velando por su santo nombre (v.25). Por el celo de su honor, Yahvé ha hecho volver a los israelitas del cautiverio y ha vencido estrepitosamente a sus enemigos. Con este milagroso retorno, Yahvé aparecerá santificado a los ojos de las gentes (v.27), es decir, se le reconocerá su santidad al castigar a su pueblo, y su omnipotencia al liberarlo. Tanto cuando los envió al cautiverio como cuando los hizo retornar de él, se mostró la grandeza del Dios de Israel (v.28). Ya no volverá a esconder su rostro de ellos, sino que los protegerá indefinidamente, pues les infundirá un espíritu nuevo sobre los ciudadanos de la nueva teocracia, de forma que siempre vivan vinculados a El, sin que vuelvan a sus transgresiones pasadas (v.29) 5.
La Nueva Teocracia de Israel (c. 40-48).
La misión de Ezequiel era consolar a los exilados y alentar en ellos la esperanza de la resurrección nacional. En los capítulos anteriores ha hablado insistentemente sobre el triunfo definitivo de Israel sobre los enemigos. Ahora va a abordar la cuestión sobre la restauración del templo y del nuevo culto. El templo de Jerusalén había sido el centro de la vida religiosa antes del exilio y ahora estaba totalmente destruido. En la nueva reconstrucción nacional no faltará el templo como centro de la vida de los ciudadanos de la nueva teocracia. La descripción es idealista: la nueva Tierra Santa debe estar totalmente libre de pecado, y los israelitas del futuro sentirán una espacialísima veneración por todo lo sagrado relacionado con Yahvé. Esta preocupación cultual es característica de esta última parte del libro de Ezequiel. Desde el punto de vista literario, la descripción detallada de la nueva estructura de Israel es muy convencional y simbólica: el nuevo Israel aparece organizado teocráticamente bajo Yahvé como rey, que tiene su residencia en el templo de Jerusalén y desde allí gobierna y preside todas las actividades del pueblo.
La descripción del templo-palacio de Yahvé es minuciosa, para impresionar al auditorio (c.40-43); y toda la vida de culto aparece con un boato y magnificencia que oscurece a las del antiguo templo de Salomón (c.44-46). La idea central de estos capítulos es la santidad de Yahvé, que exige perfección y pureza máxima en todo. Hasta las proporciones del templo deben estar presididas por la máxima simetría, símbolo de lo perfecto. En lo esencial, la descripción del templo está calcada sobre lo que nos dice la Biblia acerca del antiguo de Salomón. En lo interior hay modificaciones conforme a la estructura ideológica que el profeta quiere imprimir a cada detalle. El templo — morada de Yahvé — estará más aislado de lo profano que el antiguo, destruido en 586 a.C. El honor y la majestad de Dios exige que se guarden las distancias, de forma que nada que no sea santo se acerque a su recinto. Naturalmente, este templo soñado por Ezequiel nunca tuvo realización, y permaneció "en los archivos de la escatología" 6. Ezequiel es un profeta que juega con ideas, y a éstas queda todo subordinado, tanto en la estructura del templo como en la organización del futuro culto. Su misión como profeta era consolar y sembrar esperanza, y, con esta preocupación, idealiza la estructura de la nueva Tierra Santa y de su templo, lo mismo que idealizan los profetas los tiempos mesiánicos.

1 Cf. F. Abel, Géog. pal. II 259. — 2 Núm 19:11; 15:18; 31:19. — 3 Cf. Ez 43:7-9- — 4 Cf. Is 30:31; 34:6; Jer 46:10; Sof 1:7-8. — 5 Cf. Ez 36:26-27; 11:19. — 6 G. Ricciotti, Storia d'Israele II 119.
40. El nuevo Templo de Jerusalén.
El capítulo puede dividirse en dos partes: a) el atrio exterior y sus puertas (1-27); b) el atrio interior y sus puertas (28-47). En la primera parte, después de una introducción sobre las circunstancias de la visión (1-4), se describen: el muro y puerta exterior oriental (5-16), el atrio exterior y sus cámaras (17-19), la puerta exterior septentrional y meridional (20-27), las puertas del atrio interior (28-37), los utensilios y disposición en la puerta oriental (38-43), las salas junto a la puerta septentrional y meridional (44-47) y el vestíbulo del templo (48-49).
Circunstancias de la visión (1-5)
1 El año veinticinco de nuestro cautiverio, al comienzo del año, el diez del mes, el año catorce de la toma de la ciudad, aquel día mismo fue sobre mí la mano de Yahvé, que me condujo, 2 en visión divina, a la tierra de Israel y me puso sobre un montón altísimo, sobre el cual había al mediodía como una edificación de ciudad. 3 Llevóme allá, y un varón de aspecto como de bronce bruñido, que tenía en su mano una cuerda de lino y una caña de medir, estaba en pie a la puerta. 4 Díjome aquel varón: Hijo de hombre, mira con tus ojos y atiende con tus oídos, y pon tu atención a lo que yo te vaya mostrando, pues para que te lo haga ver has sido traído, y para que se lo cuentes todo a la casa de Israel. 5 Mira, pues, ahí la muralla exterior que rodea la casa por todas partes.

En la datación se nos dan dos puntos de partida: el de la deportación (598) y el de la destrucción de la ciudad de Jerusalén (586). El año veinticinco de nuestro cautiverio y el año catorce de la toma de la ciudad (v.1) nos llevan al 573-572 a. G. El comienzo del año desde el exilio era en otoño (septiembre-octubre), el mes de Tishri (mes séptimo según el cómputo que parte de marzo-abril: Nisán) 1. No sabemos a punto fijo cuál es el cómputo que sigue Ezequiel. Si efectivamente supone el comienzo de año en otoño, tenemos que el i o del mes coincidía con la gran fiesta de la expiación 2. En esa fecha hacía trece años que Ezequiel había pronunciado sus últimos oráculos, relatados en su libro.
El profeta se siente en este otoño del 573 bajo una impresión especial de Dios: aquel día fue sobre mi la mano de Yahvé 3. En fisión fue trasladado a la tierra de Israel sobre un monte altísimo. Se trata de una visión imaginaria, la normal en los profetas 4. Llevado de la imaginación, el profeta aparece sobre un monte altísimo, idealización de la modesta colina de Sión. Ya Isaías había presentado a Jerusalén, centro de la teocracia judía, sobre el monte más alto, dominando a todos los montes 5. Para los profetas, Sión, en la nueva era mesiánica, debía ocupar un lugar privilegiado. Al mediodía, o sur del monte, estaba una edificación de ciudad (v.2), es decir, Jerusalén, y, sobre todo, el recinto sagrado del templo con sus múltiples y grandiosas construcciones. La localización de la ciudad está sobre la antigua, es decir, en la parte meridional del tradicional atrio del templo, mirando hacia el sur, en la falda de la gran colina.
Ezequiel está frente al lado oriental del muro exterior (v.6), y a la entrada de este lado está un varón de aspecto como de bronce bruñido (v.3), un ser resplandeciente como el bronce bruñido, lo que caracteriza a los seres celestiales6. Este varón deslumbrante tiene en sus manos los instrumentos de medir: una cuerda de lino, para las dimensiones más largas, y una caña, para las más pequeñas 7. El profeta es invitado a prestar especial atención, pues tiene que comunicarlo a la casa de Israel. Es su misión de profeta: transmitir mensajes divinos al pueblo en orden a sus intereses religiosos 8. El misterioso varón intérprete le invita a extender su mirada sobre la muralla exterior (v.5a), que separaba el sagrado recinto de lo profano. Era lo primero que aparecía a su vista, y simbolizaba la distinción entre lo santo y lo profano, que es la clave para entender esta enmarañada descripción arquitectónica que va a seguir.
Descripción del muro y de la puerta exterior oriental (5-16)
5b La caña de medir que aquel varón tenía en la mano era de seis codos de un codo y un palmo. Midió con ella el espesor del muro, y era de una caña, y su altura era de una caña. 6 Vino luego a la puerta que mira hacia el oriente, subió sus siete gradas y midió su umbral, de una caña de ancho. 7 Las cámaras tenían cada una caña de largo y una caña de ancho, y había entre cámara y cámara cinco codos, 8 y el umbral de la puerta por dentro, junto al vestíbulo, de una caña. 9 Midió el vestíbulo de la puerta, de ocho codos, y sus pilastras, de dos codos; el vestíbulo de la puerta estaba de la parte de dentro. 10 Tenía la puerta oriental tres cámaras de un lado y tres del otro, todas de la misma medida, y de una misma medida también, a una y otra parte, las pilastras. 11 Midió la anchura del vano de la puerta, de diez codos, y la longitud del portal, de trece codos. 12 Había delante de las cámaras una barrera, de un lado y de otro, de un codo, y cada cámara tenía seis codos de un lado y seis del otro. 13 Midió la puerta desde el techo de una cámara hasta el techo de la de enfrente, veinticinco codos de anchura, puerta contra puerta. 14 E hizo las pilastras de sesenta codos, y en las pilastras comenzaba el atrio que rodeaba la puerta todo alrededor. 15 Y desde la delantera de la puerta de entrada hasta la puerta interior, cincuenta codos. 16 La puerta tenía todo en derredor ventanas aspilleradas, que hacia el exterior se estrechaban, y estaban en las cámaras y en sus pilastras, y lo mismo había también ventanas que daban al interior del atrio en derredor, y en cada una de las pilastras había palmas.

El profeta, al empezar la descripción detallada, nos da la amplitud de la caña de medir, que era de seis codos, y cada codo era equivalente a un codo (ordinario) y un palmo (v.5b). Existían dos tipos de codos: el real o grande, que incluía siete palmos (el palmo eran cuatro dedos de la mano juntos) 9, y el codo ordinario, que equivalía a seis palmos 10. El profeta, pues, especifica que la caña que utilizaba el intérprete de Ezequiel era de seis codos grandes. Con ella midió el espesor del muro, que resultó ser de una caña, es decir, de unos tres metros largos. La altura era de la misma medida. Después pasó a medir la puerta oriental, que resultó ser de la misma anchura que el muro: tres metros largos. Antes de la puerta había que subir siete gradas, que tienen importancia simbólica, ya que, a medida que uno se acercaba a la morada de Dios, el santo de los santos, debía elevarse. Así, del atrio exterior al interior hay que subir ocho gradas (ν.31), y después, de éste al santuario propiamente tal, se subían aún diez gradas. La santidad del recinto va aumentando a medida que, se suben las gradas, y el que ascendía por ellas debía pensar que, cuanto más se acercaba a la morada de Dios, debía santificarse interiormente.
Una vez descrita la puerta oriental, el profeta avanza por el pórtico, que tiene tres cámaras de cada lado, para los servicios de guardia y de conservación, como en los palacios. Las cámaras tenían cada una de ancho y de largo como el espesor del muro, es decir, unos tres metros amplios. Cada cámara estaba separada de la siguiente. Estas cámaras estaban separadas entre sí por unos contrafuertes o pilastras de cinco codos (ν.7), e.d., unos dos metros y medio amplios. La ϊltima cámara daba hacia el vestíbulo, separada de éste por una caña (3:15 m.), que es el grosor del muro externo. El vestíbulo, que daba acceso al atrio exterior, tenía ocho codos (4,20 m.), y tenía dos pilastras de dos codos de anchura (1,05 m.). De esta descripción se deduce que este pórtico oriental era un rectángulo de 50 codos de largo (26:25 m.) y de 25 de ancho (13,125 m.). El v.11 es muy oscuro y difícil de conciliar con lo anterior, pues depende del sentido de la palabra hebrea Orej, que hemos traducido por longitud 11.
Ante cada cámara había una barrera o enrejado, quizá para protegerlas (v.12), de un codo de alto (poco más de medio metro), que debía de estar entre pilastra y pilastra. El espacio libre, abertura o puerta entre el techo de una cámara (v.13) y el techo de la que estaba enfrente, medía 25 codos (unos 13 m.). Las pilastras que daban acceso al atrio interior, al final del pórtico descrito, medían 6o codos (31:50 m.), las cuales por su altura nos recuerdan las enormes columnas que daban acceso a los templos egipcios. Todo el pórtico o corredor de entrada medía cincuenta codos (26:25 m.), que es el resultado de las medidas parciales antes indicadas 12. Hacia el interior del corredor, sobre las cámaras, se abrían ventanas aspilleradas (v.16), más abiertas hacia el exterior, o abocinadas, como en los castillos medievales y en las construcciones fenicias antiguas. Su forma se ordenaba a la mejor defensa desde el interior. Así, pues, el acceso al atrio exterior estaba organizado como una fortaleza preparada para la defensa. Sobre las pilastras enormes que daban acceso al atrio exterior había capiteles en forma de palmas, adorno tradicional en los templos egipcios 13.
El atrio exterior (17-19)
17 Llevóme luego al atrio exterior, en el cual había cámaras y estaba solado todo en derredor, treinta cámaras había en derredor del atrio. 18 El solado a los lados de las puertas correspondía a la anchura de ellas mismas, el solado inferior. 19 Midió la anchura entre la puerta de la fachada inferior hasta el frontispicio del atrio interior por fuera, cien codos hacia oriente y norte.

El profeta es introducido por su guía en el atrio exterior después de atravesar el corredor o pórtico de ingreso, que acaba de describir. Adosadas a los muros exteriores del atrio ve cámaras, semejantes a las del templo de Salomón 14, y en derredor del atrio había un solado o pavimento empedrado, que es llamado inferior (v.14) por contraposición al pavimento del atrio interior, que estaba en un nivel más alto. El número de las cámaras es de treinta (ν.17). No dice cσmo estaban distribuidas. Lo mejor es suponer que en cada lado norte, sur y este había ocho, y seis en el lado oeste, donde había que dejar lugar para una construcción particular que enumera en 41:12. Más tarde dirá el uso que tendrán estas cámaras 15. Después el guía midió el espacio que hay entre el pórtico o corredor antes descrito (v.6-12), la fachada inferior, y el pórtico o frontispicio que da acceso al atrio interior, y el resultado fue de cien codos (52:50 m.). Esta misma distancia habrá de los pórticos septentrional y meridional (v.23.27).
La frase hacia oriente y norte (v.18) parece glosa introductoria para pasar a describir el pórtico del norte.
El pórtico septentrional (20-23)
20 Midió el ancho y el largo de la puerta que está al norte, al atrio exterior; 21 sus cámaras, tres a un lado, tres al otro; las pilastras y el vestíbulo eran de las mismas dimensiones que las de la puerta primera, cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. 22 Sus ventanas, su vestíbulo, sus palmas, tenían las mismas dimensiones que las de la puerta que da al oriente. Se subía a ella por siete gradas, y delante de ella estaba el atrio. 23 Frente por frente de este pórtico septentrional había en el atrio interior una puerta como la oriental. Midió la distancia entre puerta y puerta: cien codos.

La disposición del nuevo pórtico y sus particularidades, como cámaras y pilastras, era totalmente igual a la de la puerta oriental descrita. La forma de todo el conjunto del atrio exterior y sus muros es un cuadrado perfecto, y la distribución, completamente simétrica. Frente al pórtico exterior oriental del atrio inferior se alzaba el pórtico oriental del atrio interior, y frente a la puerta septentrional del atrio exterior se alzaba la puerta septentrional del atrio interior, que estaba enclavado dentro del exterior y en un nivel superior. La distancia entre la puerta septentrional de ambos atrios es de cien codos, como la que había entre los pórticos orientales de ambos atrios. El profeta concibe la morada de Yahvé perfectamente aislada de lo profano por atrios concéntricos, que se van elevando a medida que se acercan al santuario o santo de los santos.
El pórtico meridional (24-27)
24 Llevóme después al lado del mediodía, donde estaba la puerta que da al mediodía, y, medidas las pilastras y el vestíbulo, tuvieron las mismas dimensiones que las otras. 25 Había en torno de ella y del vestíbulo ventanas iguales a las otras, cincuenta codos de largo y veinticinco codos de ancho. 26 Las gradas de subida a la puerta eran siete, y delante de ellas estaba el vestíbulo. Había a cada lado palmas en las pilastras. 27 Había también puerta hacia el mediodía en el atrio interior, y entre puerta y puerta midió cien codos.

La descripción anterior, con las mismas particularidades, se repite para esta puerta meridional. La simetría es perfecta, y el simbolismo el mismo. Ezequiel tiene aquí un espíritu rectilíneo geométrico, que es símbolo de la perfección divina, que debe inundar el recinto del templo ideal. Como antes hemos dicho, la disposición es totalmente convencional en función de ideas teológicas, si bien conservando ciertas grandes líneas del trazado del templo salomónico.
Las puertas del atrio interior (28-37)
28 Llevóme por la puerta del mediodía al atrio interior, y midió la puerta del mediodía, y tenía las mismas dimensiones; 29 sus cámaras, sus pilastras y el vestíbulo, de las mismas dimensiones. La puerta y su vestíbulo tenían ventanas en derredor y cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. 30 (16). 31 El vestíbulo daba al atrio exterior; en sus pilastras había palmas, y las gradas de subida eran ocho. 32 Llevóme luego al atrio interior por el camino de oriente, y midió la puerta, de las acostumbradas dimensiones. 33 Las cámaras, las pilastras y el vestíbulo, de las mismas dimensiones, con ventanas en ellas, y en el vestíbulo, cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. 34 Su vestíbulo daba al atrio exterior; en las pilastras, a uno y otro lado, había palmas, y las gradas de subida eran ocho. 35 Llevóme luego a la puerta del septentrión, y midió, hallando las dimensiones de las otras 36 para cámaras, pilastras y vestíbulos, y en torno las ventanas, cincuenta codos de largo y veinticinco de ancho. 37 Sus vestíbulos daban al atrio exterior, y había en ellos pilastras con palmas, a uno y otro lado, y las gradas de subida eran ocho.

El profeta entra con su guía por la puerta del mediodía, que acaba de describir, hacia el atrio interior, que por el norte, el oriente y el mediodía tiene pórticos análogos a los descritos para el atrio exterior, con la diferencia de que se sube a ellos por ocho gradas, en vez de siete, y de que las grandes pilastras de acceso dan hacia el atrio exterior y no al atrio interior.
Utensilios para degollar las víctimas (38-43)
38 Había también allí una cámara que se abría hacia las pilastras de las puertas; era donde habían de lavarse los holocaustos. 39 En el vestíbulo de la puerta había a cada lado dos mesas, en las que se había de degollar el holocausto para el sacrificio por el pecado y por el delito. 40 En el lado exterior, al norte de quien subía por la entrada de la puerta, había otras dos mesas, y otras dos al otro lado, cerca del vestíbulo de la puerta. 41 Había, pues, a cada lado de la puerta cuatro mesas de una parte y cuatro de otra, ocho mesas, en las que se hacía la inmolación. 42 Había, además, otras cuatro mesas para los holocaustos, de piedra tallada, codo y medio de largas, codo y medio de anchas y un codo de altas, sobre las cuales se ponían los instrumentos con que se inmolaban los holocaustos y los otros sacrificios. 43 Tenían las mesas en derredor un reborde alto de un palmo, y sobre ellas se ponía la carne de las víctimas.

En el atrio interior, frente al santuario o santo de los santos, estaba el altar de los holocaustos, donde se quemaban las víctimas y se derramaba su sangre. Los actos de descuartizar y preparar la víctima eran realizados junto al vestíbulo del pórtico oriental. En una cámara aneja se lavaban las víctimas (ν.36), y a cada lado de la puerta del vestíbulo estaban las mesas para degollar a las víctimas de los holocaustos y de los sacrificios por el pecado y por el delito (v.39). En la entrada exterior de la puerta, a un lado y otro de la escalinata, de ocho gradas, al lado norte de la puerta oriental, había dos mesas para la inmolación (v.41). Había, pues, ocho mesas, cuatro en el interior del vestíbulo (dos de cada lado) y cuatro en el exterior (dos de cada lado). Junto a cada una de las cuatro parejas de mesas había otras cuatro mesas de piedra, cuadradas (de 78,7 cm. de largo, por otro tanto de ancho y 52:5 cm. de altas), en las que se depositaban los utensilios para degollar las víctimas. El v-43 ha sido muy diversamente traducido 17. Según la versión que hemos dado, las mesas eran un poco levantadas por los lados exteriores, para contener las carnes de las víctimas.
Cámaras de los sacerdotes y santuario (44-49)
44 Fuera de la puerta interior, en el atrio interior, había dos cámaras 18, una al lado de la puerta del norte, y que se abría hacia el mediodía; otra al lado de la puerta del mediodía, que se abría hacia el norte. 45 Y me dijo: Esta cámara que se abre hacia el mediodía es para los sacerdotes que hacen la guardia del templo, 46 y la que mira al norte es la de los sacerdotes que hacen la guardia del altar. Son los hijos de Sadoc, que entre los hijos de Leví se acercan a Yahvé para servirle. 47 Midió el atrio, cien codos de ancho y cien codos de largo, cuadrado, y en él, delante de la casa, estaba el altar. 48 Llevóme al vestíbulo de la casa, midió cada una de las pilastras, cinco codos el de una parte, cinco codos el de la otra. La puerta tenía catorce codos de ancha, y los lados de la puerta eran tres codos de un lado y tres de otro 19. 49 Tenía el vestíbulo veinte codos de largo y doce codos de ancho, y se subía a él por diez gradas. Había junto a las pilastras columnas, una a un lado y otra al otro.

En el atrio interior había dos cámaras, una junto al pórtico septentrional y la otra junto al meridional. Ambas, pues, se hallaban frente a frente (v.44). La del lado norte estaba reservada a los sacerdotes que se encargaban de los servicios auxiliares (v.45), como guardar el templo y otros servicios más humildes, en contraposición a los que tienen el servicio del altar (v.46), es decir, los que quemaban las víctimas sobre el altar y hacían las abluciones rituales, los cuales pertenecían a la familia de Sadoc 20. Los otros, pues, llamados sacerdotes encargados de servicios auxiliares, eran simplemente levitas, o sacristanes en la nomenclatura de hoy 21. El atrio interior es un cuadrado perfecto (de 52:5 m. de largo por otro tanto de ancho: cien codos, v.47); en él estaba el altar de los holocaustos, probablemente frente a la fachada del santuario o santo de los santos. No obstante, Ezequiel no concreta su posición exacta y dimensiones. Ahora, después de atravesar y describir el atrio interior, el profeta avanza dirigido por su supuesto guía y entra en el vestíbulo del santuario, o edificio más sagrado del recinto. Allí comenzaba el templo propiamente tal, llamado la casa de Yahvé (v.48).
El umbral o puerta tenía una anchura de 7:25 metros (14 codos) y dos pilastras o muros que la delimitaban por ambos lados, de 2:62 metros (cinco codos). Cada muro en el interior del vestíbulo es de 1:57 metros de largo (tres codos). De este modo, la largura total del vestíbulo era de 20 codos (14 del umbral y 3+ 3 de los muros laterales o pilastras). Y su anchura era de 6:3 metros (12 codos). Al vestíbulo se subía por diez gradas.
Tenemos, pues, que el conjunto de edificaciones del recinto sagrado estaba constituido por tres terrazas superpuestas, que progresivamente se elevaban sobre el suelo: del terreno profano se subía al atrio exterior por siete gradas; del atrio exterior se subía al interior por ocho gradas, y del atrio interior al santuario se subía por diez gradas. Algunos autores han querido ver en esta disposición ideal de Ezequiel un calco de las construcciones de los zigurat, o pirámides escalonadas de Mesopotamia, que constituían la morada de la divinidad. No obstante, en la distribución del templo más bien se inspiró Ezequiel en el recuerdo del antiguo salomónico. Así, a la entrada del santuario, o casa de Yahvé, pone junto a las pilastras dos columnas, que parecen un eco de las famosas salomónicas de bronce, llamadas Booz y Yakin.

1 Muchos autores creen que Ezequiel aquí, en la frase principio de año, se refiere a marzo-abril (Nisán). Así Knab., Heinisch. Sobre estos cómputos véase F. X. kortleitner, Arch. (1906) 304; F. X. kügler, Von Moses bis Paulus (Münster 1922) 134-150. — 2 Cf. Lev 23:2755; i6,is. — 3 Cf. Ez 1:3; 3:14; 8:1. — 4 Cf. st. Thom., ST II-II i73:3c; 175:10c. — 5 Cf. Is 2:2; Miq 4:1,· Ez 17:22; Zac 14:10. — 6 Cf. Ez 1:7. Quizá este personaje sea el mismo hombre vestido de lino de 9:2. En 44:1-2 se identifica con Yahvé. — 7 Cf. Ez47:3; 40:5 — 8 Cf. Tomás, ST II-II 172:40. — 9 Cf. Jer 52:21. — 10 Los babilonios distinguían dos tipos de "codos": a) real o grande, de 550 mm., y otro, b) ordinario, de 495 mm. Los egipcios: a) común, de 450 mm.; b) real, de 525 mm. Cualquiera de éstos podía estar en vigor en Palestina, aunque Ezequiel se acomodaría al uso babilónico. Cf. A. Barrois, La métrologie dans la Bible: RB 40 (1931) 185-213; 41 (1932) 50-76. — 11 Algunos autores han querido dar a la palabra Orej un sentido de altura, pero no es probable. — 12 Es decir, seis codos el muro externo, 6 X 3 las cámaras, más seis los muros que las separaban, ocho el vestíbulo y dos la pilastra. — 13 Sobre el adorno de las pilastras cf. 1 Re 6:29; 2 Par 3:5. — 14 Cf. i Par 28:12; Esd 10,6; Jer 35:4; 36:10. — 15 Ez 45:5 — 16 El v.30 en el TM dice: "y los vestíbulos todo alrededor, de veinticinco codos de largo por cinco de ancho," que es ditografía. Falta en C. — 17 Los LXX: "y un reborde de un palmo alrededor, y sobre las mesas un tejadillo para proteger de la lluvia y del calor." — 18 El TM dice: "fuera de la puerta interior había salas de cantores." Nuestra traducción se basa en los LXX, comúnmente seguida aquí por los comentaristas. — 19 Las 'palabras "catorce codos y los lados de la puerta" faltan en TM, y las hemos tomado de los LXX. — 20 Sadoc descendía de Aarón por la rama de Eleazar (Núm 3:1-4) y era célebre en la historia de Israel por su fidelidad a David (2 Sam 15:245; 17:15; 1 Re 1:8.38). Por esto Salomón le dio el cargo de sumo sacerdote, que hasta entonces ostentaba Abiatar (i Re 2:35). Algunos autores creen que esta frase relativa a los hijos de Sadoc es glosa posterior. — 21 Cf. Ez44:10.
41. El Nuevo Templo de Jerusalén en su parte Santísima.
Sigue la descripción empezada en el capítulo anterior, pero ahora el profeta detalla la parte más santa del recinto sagrado, la casa de Yahvé por antonomasia. Los atrios y vestíbulos anteriores no tenían otro objeto que preparar al fiel israelita para acercarse, en una atmósfera de mayor separación de lo profano o santidad, a lo que constituía el núcleo fundamental del recinto sagrado, morada de Yahvé.
El santuario y el santo de los santos (1-4)
1 Me introdujo en el templo, midió las pilastras, ancho seis codos de un lado y seis codos del otro; tal era la anchura de las pilastras. 2 El vano de la puerta era de diez codos, y los lados de la puerta, cinco codos a una parte y cinco codos a la otra. Midió también el largo, y eran cuarenta codos, y el ancho eran veinte codos. 3 Pasó luego al interior y midió cada pilar de la puerta, dos codos, y la puerta misma, seis codos, y la anchura de la entrada, siete codos. 4 Midió también el largo, y eran veinte codos, y el ancho sobre el frente del templo, veinte codos, y me dijo: Este es el santísimo.

El profeta, dirigido por su guía imaginario, entra en el templo o hekal, que era la parte de la casa entre el vestíbulo y el santísimo. Las pilastras son los dos muros, análogas a los del vestíbulo, pero más anchas: 3:15 metros cada una (seis codos). El vano de la puerta, o espacio entre ambas pilastras, era de 5:25 metros (10 codos). Los lados o paredes laterales eran de 2:62 metros (cinco codos) cada uno. El hekal, o santuario, pues, era un rectángulo de 21 X 10:5 (40 X 20 codos). El profeta penetró más adentro, ya en la zona más sagrada y misteriosa, llamada santísimo o "santo de los santos." Los contrafuertes de la entrada, o pilares, medían 1,05 metros de grosor (dos codos), y la anchura de la puerta era de 3:15 metros (seis codos). Por el v.23 sabemos que el santísimo tenía dos puertas, con dos batientes cada una. Entre ambas puertas debía de haber un cuerpo central o columna, lo que nos daría con su grosor la anchura de la entrada, de siete codos (3:67 m.), de que habla el v.3 1.
Es interesante ver cómo en el santísimo sólo entra el guía, y no Ezequiel, el cual, por ser simple sacerdote, no tenía acceso a este sacratísimo recinto 2. El santísimo era un cuadrado de 10:5 metros (20 codos). Son casi las medidas del templo salomónico 3. El guía denomina enfáticamente aquel lugar el santo de los santos, hebraísmo que nosotros traduciremos por santísimo. Es el recinto cuadrado separado del hekal o santuario, antes descrito, y que se consideraba como la morada de la divinidad. Sólo el sumo sacerdote, una vez al año, el día de la expiación, tenía acceso a este misterioso recinto, en el que en los primeros tiempos se guardaba el arca de la alianza, y después se caracterizaba por el vacío total. Era la mejor atmósfera para la trascendencia del Dios de Israel, que debía habitar fuera de lo que pudiera ser contaminado y profano.
El edificio lateral (5-15)
5 Midió luego el grueso del muro de la casa, seis codos, y la anchura del edificio lateral, cuatro codos, todo en torno de la casa. 6 Las cámaras laterales estaban sobrepuestas unas a otras, treinta en cada uno de los pisos 4. Había retallos en el muro de la casa en derredor, para que en ellos se apoyasen las vigas de las cámaras sin entrar en el muro. 7 Había mayor anchura en las cámaras hacia arriba de piso en piso, porque el corredor de la casa iba creciendo todo alrededor; por esto la anchura de la casa era mayor hacia arriba 5. Del piso inferior se podía subir al de en medio y de éste al superior. 8 Vi que la casa todo en torno estaba sobre una elevación. Los cimientos de las cámaras laterales eran de una caña entera, seis codos hacia el ángulo. 9 La anchura del muro exterior del edificio lateral era de cinco codos, igual al espacio de las cámaras de dentro. 10 De las cámaras a la casa había una anchura de veinte codos en derredor de la casa. 11 Las puertas de las cámaras, una del lado del norte y otra del lado del mediodía, daban a un espacio vacío que rodeaba toda la casa, cinco codos de ancho. 12 Una construcción separada que había frente del espacio vacío, al lado de occidente, tenía setenta codos de ancho. El muro del edificio tenía cinco codos de grueso todo en derredor, y su largo era de noventa codos. 13 Luego midió la casa: largo, cien codos; el espacio vacío, las edificaciones y los muros, cien codos de largo; 14 la anchura de la delantera de la casa con espacio vacío a oriente, cien codos.15 Midió la longitud de la edificación frente al espacio separado, hacia atrás, y los portales de uno y otro lado, cien codos.

La casa aquí comprende el vestíbulo, el santuario o hekal y el santísimo. En torno al santuario y al santísimo se extendía, por el norte, mediodía y oeste, un nuevo edificio anejo, que resultaba de la adición de otro muro a breve distancia del muro del santuario y del santísimo. El espacio resultante entre ambos muros se dividía en pisos superpuestos, en los que había treinta cámaras (v.6) en cada piso, según la lectura que hemos seguido de los LXX. El muro del santuario, a medida que se elevaba, perdía en grosor, de modo que las cámaras de los pisos superiores se iban ensanchando progresivamente (v.7). Parece que había una escalera que subía del piso inferior a los otros dos, y que delante de las cámaras había un corredor (la palabra hebrea que así hemos traducido es de sentido incierto). El supuesto corredor daría hacia el santuario, mientras que las cámaras darían al exterior. El texto no dice si éstas tenían ventanas, aunque puede suponerse.
El santuario estaba sobre una elevación (v.8), quizá una nueva plataforma sobre el nivel del atrio interior. Entre las cámaras y la casa había un espacio vacío de 20 codos (10:5 m.)6. En la parte occidental había un edificio especial, cuyo uso no se especifica. Estaba detrás del templo y tenía la forma de un rectángulo de 47:25 metros (noventa codos) X 36:75 metros (setenta codos), con unos muros de 2:55 metros de espesor (cinco codos). A continuación el profeta da las medidas de todo el conjunto: la longitud del templo, loo codos7; la longitud del edificio anejo occidental con el espacio libre, los muros y el interior importa también 100 codos (v.13) 8. La anchura de la fachada del templo, con los dos espacios vacíos a derecha e izquierda, es también de 100 codos 9. La anchura del edificio posterior es también de 100 codos 10.
Ornamentación del templo (15-26)
15b El templo interior y los vestíbulos del atrio, 16 el umbral, las ventanas aspilleradas, los portales todo en torno; los tres pisos estaban cubiertos de madera. Desde el suelo hasta las ventanas — las cuales estaban cubiertas — , 17 hasta encima de las puertas, en el interior de la casa y en el exterior, hasta las paredes de lo interior y del exterior, estaban cubiertas de relieves, 18 representando querubines y palmas. Había una palma entre querubín y querubím, 19 y cada querubín tenía dos aspectos, aspecto de hombre hacia una palma y aspecto de león hacia la otra, y así todo en torno de la casa. 20 Desde el suelo hasta la altura de las puertas había querubines y palmas esculpidos por todos los muros de la casa. 21 Los pilares del templo eran cuadrangulares, y enfrente del santísimo había una cosa que parecía 22 un altar de madera, tres codos de alto, dos de largo y dos de ancho, y tenía sus cuernos, sus pies y sus costados de madera. Y me dijo: Es la mesa que está delante de Yahvé. 23 Había dos puertas, la del santo y la del santísimo. 24 Cada puerta tenía dos hojas que se plegaban en dos partes, dos partes para una hoja y dos para la otra. 25 En las puertas había grabados querubines y palmas, como en las paredes, y en la fachada del atrio exterior había un portal de madera, 26 y había ventanas aspilleradas y palmas a cada lado de las paredes laterales del vestíbulo, en las cámaras laterales de la casa y en los cornisamentos.

El profeta describe al detalle la ornamentación interna del vestíbulo, del santuario y del santísimo. Como se halla situado fuera del santísimo, es decir, en el santuario, llama parte interna al santísimo. El -profeta puntualiza que todos los compartimentos y partes del edificio estaban revestidos de adornos y relieves, que representaban querubines y palmas (v.18). La decoración es análoga a la del templo salomónico. La palma era característica de la decoración egipcia, y los querubes, de la mesopotámica. El profeta trabaja en su imaginación con el recuerdo del antiguo templo destruido por los babilonios.
Los pilares del templo, o mejor, la puerta del hekal, con un pilar cuadrangular que la dividía, recordaban también el templo salomónico. Ezequiel tiene preferencia por la arquitectura cuadrada. La puerta del santísimo tenía dos batientes, y cada uno de éstos doble hoja, que se plegaban (v.24). Frente al recinto del santísimo estaba una mesa de madera (v.22), que debía de ser donde ponían los "panes de la proposición," considerados como la "comida de Yahvé"12. Los cuerpos del altar eran los rebordes levantados de los ángulos 13.

1 En el texto griego lee: "la puerta, seis codos, y los muros laterales, siete codos a un lado y siete al otro lado." — 2 Cf. Lev 16:2. — 3 Cf. 1 Re 6:10s. — 4 Así según los LXX, pero el TM dice que había sólo treinta y tres cámaras ("treinta y tres veces"). — 5 Versículo muy oscuro y casi ininteligible. La Bible de Jérusalem: "La anchura de las celdas aumentaba de un piso a otro, porque rodeaban al templo en pisos alrededor." — 6 Los cinco codos del v.11 parecen glosa de un copista que se confundió con lo que se dice en el v.9, pues en el v.10 se dice que el espacio vacío entre cámaras y templo medía veinte codos. — 7 Esta cifra resulta de la suma siguiente, de este a oeste: muro del vestíbulo (5 codos), vestíbulo (12 c.), muro del santuario (6 c.) santuario (40 c.), muro del santísimo (2 c.), santísimo (20 c.), muro del templo (6 c.), cámaras laterales (4 c.), muro de éstas (6 c.). — 8 Resultado: espacio libre (20 c.), muros (5 x 2), interior (50 c.): 100 codos. — 9 La cifra total resulta de: anchura del santuario (20 codos), espesor de los muros (12 c. = 6 X 2), cámaras laterales (8 c. = 4 x 2), muros de las cámaras (10 c. = 5 X 2), plataforma (10 c. = 5 x 2), espacio lateral del atrio (40 c. = 20 x 2). — 10 Cien codos, que resultan de las sumas parciales siguientes: 90 codos espacio interno, más espesor de los muros (5 x 2). — 11 Cf. 1 Re 6:29-30. — 12 Cf. Lev 21:6; 8:17.21. — 13 Cf. Ex 27:2; 30.2.
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