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Expulsión de los vendedores del templo, 2:13-22 (Mt 21:12-13; Mc 11:15-17; Lc 19:45-46)
Los cuatro evangelistas relatan este hecho. Lc con una alusión rápida; Mt describe algo más; Mc pone algún detalle que los otros omiten (v.16), aunque los tres ponen las palabras de Cristo que indican el sentido de esta purificación. Juan no sólo hace la descripción detallada de la escena, sino que añade dos elementos nuevos; la impresión que causó esto en los discípulos y la interrogación de Cristo por las autoridades judías y la respuesta del mismo.
Tanto en los tres sinópticos como en Jn se ve que la descripción del hecho es la misma. Pero entre esos dos grupos hay una divergencia fundamental de cronología: Jn la situa en la primera Pascua, mientras que los sinópticos la ponen en la última Pascua de Cristo en Jerusalén. ¿Es la misma escena? Y si lo es, ¿quién la sitúa históricamente bien? Es problema que se abordará al final de la exposición exegética de este pasaje.
13 Estaba próxima la Pascua de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. 14 Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, de ovejas y de palomas, y a los cambistas sentados; 15 y, haciendo de cuerdas un azote, los arrojó a todos del templo, con las ovejas y los bueyes; derramó el dinero de los cambistas y derribó las mesas; 16 y a los que vendían palomas les dijo: Quitad de aquí todo esto y no hagáis de la casa de mi Padre casa de contratación. 17 Se acordaron sus discípulos que está escrito: "El celo de tu casa me consume." 18 Los judíos tomaron la palabra y le dijeron: ¿Qué señal das para obrar así? 19 Respondió Jesús y dijo: Destruid este templo y en tres días lo levantaré. 20 Replicaron los judíos: Cuarenta y seis años se han empleado en edificar este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres días? 21 Pero El hablaba del templo de su cuerpo. 22 Cuando resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había dicho.

Jesús entra en el templo, que es aquí el "atrio de los gentiles," en contraposición al resto del mismo, como se ve por el comercio en él establecido. Sin embargo, por la proximidad al "santuario," los rabinos prohibían, más teórica que prácticamente, el utilizar su paso como un atajo o en forma menos decorosa. "No se ha de subir al templo con bastón o llevando sandalias o la bolsa, ni aun el polvo de los pies. No se debe pasar por el templo como por un atajo para ahorrar el camino" 72. Precisamente esto último es un detalle que también conservará Mc (v. 16). Pero, a pesar de estas ideales medidas preventivas de la santidad del templo, ésta no se respetaba, pues se llegaba a verdaderas profanaciones en el recinto sagrado, como lo confirma la escena de Cristo expulsando a los mercaderes.
En la fiesta de la Pascua se había de ofrecer por todo israelita un sacrificio, consistente en un buey o en una oveja, por los ricos, y en una paloma, por los pobres (Lv 5:7; 15:14.29; 17:3, etc.), aparte de los sacrificios que se ofrecían en todo tiempo como votos. Además, todo israelita debía pagar anualmente al templo, llegado a los veinte años (Neh 10:33-35; Mr 17:23.24) 73 medio siclo, pero conforme a la moneda del templo (Ex 30:13), que era en "moneda tiria" (Bonsirven). No se permitía la moneda romana. De ahí la necesidad de cambistas.
Para facilitar a los peregrinos adquirir en Jerusalén las materias de los sacrificios: bueyes, corderos, palomas, lo mismo que las materias que ritualmente acompañaban a éstos: incienso, harina, aceite, etc., así como para procurar a todos, y especialmente a los judíos de la diáspora, el cambio de sus monedas locales por la moneda que regía en el templo, se había permitido por los sacerdotes instalar puestos de venta y cambio en el mismo recinto del templo, en el "atrio de los gentiles."
El cuadro de abusos a que esto dio lugar era deplorable: balidos de ovejas, mugidos de bueyes, estiércol de animales., disputas, regateos, altercados de vendedores 74.
Los cambistas allí establecidos realizaban frecuentemente sus cambios cobrando una sobrecarga llamada χόλλυβος, que subía del 5 al 10 por 100 75. De aquí llamar χολλυβιστης al mercader de este tráfico.
Con esto, el recinto del templo, el "atrio de los gentiles," había sido transformado en un mercado, en un gran bazar oriental. Y todo ello con autorización y connivencia de los sacerdotes. Pero los sacerdotes saduceos veían en ello una buena fuente de ingresos 76.
Entrando Jesús en el templo, encontró a "los vendedores de bueyes, de ovejas y de palomas," con sus ganados, que serían en cada uno de ellos pequeños rebaños, y, en conjunto, todo aquello un pequeño parque de ganado. También encontró allí a los "cambistas sentados." Tenían delante de ellos sus pequeños puestos, seguramente al estilo de los pequeños puestos de cambio establecidos en las calles, tales como los que aparecen en El Cairo y Jerusalén.
Cristo, al ver aquel espectáculo, hizo de cuerdas un "flagelo." Sólo Jn es el que transmite este detalle. La palabra griega es traducción de la latina flagellum. Pero aquí no es el terrible instrumento del suplicio de la "flagelación." Aquí el "flagelo" fue una especie de varios látigos unidos en haz, hecho con cuerdas que se hallasen tiradas por el suelo, de las usadas para sujetar aquellos comercios de ganados, y que le sirviese para ahuyentar a los profanadores. Era, como traduce la Vulgata, aunque no está en el texto griego crítico, un "quasi flagellum," que "serviría más como símbolo de autoridad que como estimulante físico" (B. Vawter). Jn describe el aspecto del templo, profanado por estos mercaderes, cuando Jesús entra en él, y cuya descripción minuciosa omitirá luego, al relatar la expulsión, pero momento en el que los sinópticos se fijan más. Los elementos de los cuatro evangelistas se pueden reducir a los siguientes grupos:
a) "Echó a todos (los mercaderes) del templo" (Jn). Los sinópticos acusan este acto repetido o mantenido, dirigiéndose a un lugar y a otro, ordenando que desalojasen el templo (Mc-Lc); o como más gráficamente dice aún Mt: El mismo "expulsó" a todos los comerciantes. Con ellos fueron arrojados "las ovejas y los bueyes" (Jn). Pero también se dirá que fueron expulsados "todos los que vendían y compraban" (Mt-Mc). Debe de querer indicarse con ello que Cristo expulsó todo aquello que, de hecho, venía a ser causa de profanación.
Tanto Mt como Jn ponen que Cristo expulsó a "todos" del recinto del templo. Pero esto tiene un sentido de frase redonda, que ha de valorarse según la naturaleza de las cosas en estos casos.
b) A los "cambistas" (χερματίστης, ν. 14, de χερμα, moneda pequeña = χολλο στης, ν. 15, de χόλλυβος, pequeña moneda, sobrecarga en cambio), no sólo los expulsó del templo, sino que también "les derribó las mesas" (Mt-Mc-Jn) y les "desparramó el dinero" (Jn). Este resaltar Jn que "desparramó el dinero y volcó las mesas" indica bien cómo con su mano tiró las monedas que estaban sobre los pequeños mostradores, y cómo también, al pasar, les volcaba las mesitas de sus puestos.
c) Los evangelistas destacan también la conducta que tuvo con los vendedores de palomas. ¿Tiene esto un significado específico y distinto, de consideración con ellos? ¿Es que acaso vendían a precio justo su mercancía y no profanaban así el templo? En Jn se dice que les mandó que ellos mismos desalojasen el templo; Mt y Mc, en cambio, lo ponen en la misma línea de los cambistas: que derribó los "asientos de los vendedores de palomas" (Mt). Esta divergencia es una variante descriptiva. El sentido de esta escena no está tanto en los abusos comerciales a que se prestaba aquel comercio cuanto en el hecho mismo de haberse establecido aquí estas ventas. Por eso, se concibe muy bien el hecho histórico así: Jesús, en su obra de purificación del templo, no se limita a "desparramar el dinero" de las mesas de los cambistas y a "derribar" éstas, sino que parece lo más natural que fuese derribando mesas y monedas de cambistas, y "asientos — puestos — de vendedores de palomas."
d) Marcos es el único que destaca otra prohibición que Jesús hacía: "no permitía que nadie llevase objetos por el templo" (Mc 11:16). En el Talmud se prohibía esto 77; antes se citó el texto. Pero no dejaba de ser una prohibición ideal. Cristo quiere imponer la realidad de la veneración a la casa de Dios.
Y en esta obra de purificación mediante la expulsión de mercaderes, decía repetidas veces, como está en la psicología de estos hechos, ν que Mc incluso literariamente destaca: "y les enseñaba y decía" que estaba dicho en la Escritura: "Mi casa es casa de oración," y aún añade: "para todas las gentes." La forma de Mt: "mi casa será llamada casa de oración," no tiene otro valor que el de "llamar" en sentido semita, que es de reconocerse por tal. Por eso es totalmente equivalente a la forma en que los transmiten Mc y Lc.
Esta cita de "mi casa es casa de oración" solamente la traen los tres sinópticos, aunque en el relato de Jn, en las palabras con que Cristo se dirige a los mercaderes, todavía se ve una alusión a este pasaje de la Escritura. La cita está tomada de Isaías (56:7). En ella Isaías anuncia el mesianismo universal.
Debiendo ser esto el templo, "casa de oración," ellos la han convertido en una "cueva de ladrones." La expresión está tomada del profeta Jeremías (7:11). En el profeta no tiene un sentido exclusivo y específico de gentes que roban, aunque en ella se incluye también esto (Jer 7:6.9), cuanto que es expresión genérica sinónima de maldad. Por eso, al ingresar en el templo cargados de maldad, lo transformaban en una cueva de maldad. Pero en boca de Cristo, en este momento, la expresión del profeta cobraba un realismo extraordinario, puesto que aquellos mercaderes debían de ser verdaderos usureros y explotadores del pueblo y de los peregrinos.
El sentido, pues, de esta obra de Cristo es claro: hacer que se dé al templo, lugar santísimo de la morada de Dios, la veneración que le corresponde. Es la purificación de toda profanación en la Casa de Dios.
"Difícilmente se evita (además) la impresión de que con todos esos detalles es el antiguo régimen lo que se arroja afuera." 77
Pero ¿acaso hay otro intento superpuesto a éste en la mente de Cristo? Algunos autores así lo piensan. La venta de estos mercaderes se refería a la materia de los sacrificios. Pero, con este acto, "Jesús va a echar fuera estos animales y anunciar, con la destrucción del templo, un sacrificio mejor: el de su propia muerte." 78 No sería improbable esto en el intento de Cristo o en el de Juan, sobre todo teniendo en cuenta el v.19ss.
Jn trae un matiz de gran importancia teológica. Pone en boca de Cristo, al derribar mesas y expulsar mercaderes, las siguientes palabras: "No hagáis de la casa de mi Padre casa de contratación."
En el A.T. se llamaba al templo la "casa de Dios." Dios era considerado como Padre de Israel colectivamente. En época más tardía se ve también la relación individual de Dios como Padre (Sab 2:16.18; 5:5; 14:3). Pero era lo menos frecuente. Y la literatura rabínica insiste en que se le invoque como Padre común 79. Mas nunca, aun en la invocación personal, Dios era llamado Padre especialmente de uno. Sin embargo, el Mesías era considerado como Hijo de Dios por antonomasia. El judaísmo, fuera de algunas facciones menores o tardías, no consideró al Mesías como divino 80. Por eso, cuando Cristo proclama en el evangelio de Jn que el templo es la casa de "su Padre," en un sentido personal y único, no sólo se proclama Mesías, sino también Hijo de Dios ¿A qué judío se le hubiese ocurrido llamar al templo "mi casa" y "la casa de mi Padre" en un sentido personal, excepcional y único? Sólo podría decirlo el Mesías. Pero esta frase, interpretada a la luz del evangelio de Jn, es la proclamación de la divinidad de Cristo81.
Además, estaba en el ambiente que la manifestación del Mesías, para algunas corrientes, sería en el templo 82. A esto responde, en las "tentaciones" de Cristo, el llevarle el demonio al "pináculo del templo" (Mt 4:5-6 par.), lo mismo que, en la multiplicación de los panes, las turbas querían "arrebatarle para hacerle rey" mesías (Jn 6:15), llevándole en caravana a Jerusalén.
Jn es el único que añade que, ante todas estas cosas, los "discípulos" "recordaron" que en los Libros Sagrados estaba escrito: "El celo de tu casa me devorará."
Estas palabras están tomadas del salmo 69:10. Las solas palabras sugieren en él un celo interior que le consume por la gloria de Dios. Pero el otro hemistiquio del verso habla de un celo que hace caer sobre el salmista dolores y vituperios. Esto orienta preferentemente, no sólo al celo ardiente interior que Cristo ahora tiene, sino también a las consecuencias que de este celo se seguirán un día en Cristo, cayendo sobre él. Como el original pone esto en un tiempo pasado, si Jn toma el futuro "me devorará" de los mejores manuscritos de los LXX, o si lo modifica él, es para indicar bien cuál es el intento de este celo que consumirá a Cristo. Es muy probable que, en el pensamiento del evangelista, este versículo contenga un anuncio de la pasión. Este celo por la casa de Dios, como parte de toda una actuación mesiánico-divina, le acarreará un día la muerte. Además, son muchas las citas de este salmo que se hacen en el Ν. Τ. relacionándolo con la pasión, tanto en Jn (15:25; 19:28) como en otros escritos neotestamentarios (Act 1:20; Rom 11:9; 15:3, etc.).
Los "discípulos" se "acordaron" de este pasaje de la Escritura; pero ¿cuándo? ¿Entonces mismo o después de la resurrección? Probablemente después de la resurrección, al pensar en los hechos de su vida. Antes su mentalidad no se acusa preparada para esto. En cambio, es lo que les pasó a propósito semejante, en otras ocasiones, después de la resurrección (Jn 2:22; 20:9; Lc 24:45). Fue después de la resurrección de Cristo, al meditar las enseñanzas y en su vicia, cuando recordaron estas palabras de un salmo mesiánico y cuando vieron la relación mesiánica que había en aquella escena de Cristo, lleno de "celo" por la obra mesiánica, y lo que se decía del "celo" del Mesías en este salmo. Ya había sido la gran iluminación de Pentecostés.
¿Cómo se explica esta expulsión de los mercaderes del templo? Se quiere explicar este gesto de Cristo, imponiéndose a aquellos mercaderes y expulsándolos del templo, por motivos humanos. La turba, explotada y vejada por aquellos comerciantes, se une a un caudillo que aparece de pronto. Máxime si la escena tuvo lugar en la última Pascua, cuando la persona de Cristo era suficientemente conocida. Aunque en la hipótesis de la primera Pascua el prestigio de Cristo hubo de ser muy grande, pues hacía muchos "milagros" y "muchos creyeron en El" (Jn 2:23). Interpretado en forma naturalista, la muchedumbre aplaudiría, y presionaria moral y hasta físicamente a aquellos comerciantes. Sería para ella una hora de revancha.
No se niega la parte que la turba haya podido significar en aquel momento. Pero el texto sagrado vincula la escena a Cristo, que se impone y derriba mesas y monedas de cambistas, asientos de vendedores, y, látigo en mano, amenaza a todos aquellos profanadores del templo. ¿Cómo se explicaría este primer gesto de Cristo imponiéndose a los mercaderes? No sólo la letra del texto, sino el espíritu del mismo, lo relaciona con la autoridad de Cristo. Cuando poco después los dirigentes judíos interrogan a Cristo por esta obra, no aluden a lo que hizo la "turba," sino a lo que hizo El: ¿Qué señal das para obrar así?" (v. 18).
Si ordinariamente Cristo quería pasar inadvertido, en algunos momentos dejaba irradiar más su majestad, apareciendo entonces su persona avasalladora. Es un caso análogo a la escena que el mismo Jn relata cuando, yendo los ministros del sanedrín a prenderle, al llegar a El se encuentran subyugados, y a los sacerdotes y fariseos, que les preguntan: "¿Por qué no le habéis traído?" responden admirados: "Porque jamás hombre alguno habló como éste" (Jn 7:45.46). Es la misma causa, según la interpretación ordinaria 83, que hace en Getsemaní retroceder y caer en tierra a los que van a prenderle (Jn 18:2-8). Se ha expresado muy bien el motivo de aquel efecto: "Aquella majestuosa y repentina aparición de la Santidad indignada llenó de espanto a todos los presentes." 84
Los tres sinópticos nada más dicen de esta escena. Es Jn el que narra el final de la misma.
Ante este hecho insólito, "respondieron los judíos." Responder no supone aquí que se les hubiese preguntado nada por Cristo. Es la transcripción griega del verbo hebreo 'anah, que lo mismo significa "responder" que "tomar la palabra." Que es el sentido que aquí tiene por el contexto.
"Los judíos" son en Jn, a causa de la hora de la composición de su evangelio, nombre colectivo por enemigos de Jesús, pero indicando aquí concretamente las autoridades y dirigentes responsables o altos funcionarios levíticos y encargados de la policía del templo (Mt 21:23; Mc 11:18; Lc 19:47; 20:2; Act 4:1; 5:24-26) 85.
Estos se le acercaron para preguntarle: "¿Qué señal das para obrar así?" Pasada la primera impresión, "llegó esto a oídos de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas," se lee en el contexto de Mc (11:18), e intervienen las autoridades para exigir responsabilidades de un acto de tal naturaleza realizado en el mismo templo, y que les parecía ser una usurpación de sus poderes y una censura a ellos mismos por la permisión de aquellos comercios en el lugar sagrado. ¿Fue en el mismo día?
En absoluto, el hecho de una purificación del templo no era un acto exclusivamente mesiánico. Pero, como antes se dijo, en el caso concreto de Cristo llevaba un sentido mesiánico-divino. El mismo hecho de intervenir los judíos exigiéndole un "signo" que garantizase esta conducta suya, en lugar de aplicarle la ley por usurpar sus poderes, hace ver que la cuestión está planteada a Cristo por considerar que El se ponía en el plano, hipotético para ellos, de Mesías. Era la réplica hábil que ellos hacían a la invocación que había hecho, para obrar así, del celo por la "casa de mi Padre."
Los judíos eran muy propensos a pedir como garantía milagros (1 Cor 1:22; Mt 16:1; Mc 8:11). Y así le piden aquí, como garantía de su actuación en la casa de "su Padre," un "signo," un milagro, que en Jn se les llama ordinariamente "signos," en cuanto lo son de un poder o de una intervención sobrenatural.
Cristo acepta la invitación, acepta dar un "signo." Fue un acto de condescendencia, de garantía y de misericordia, que en su día podría valorarse. Pero el "signo" no requiere ser claro a la hora que se da, sino a la hora que se cumple (Is 7:14). Pues "toda profecía es enigma antes de su cumplimiento," escribe San Ireneo 86.
Por eso les dice: "Destruid este templo y en tres días lo levantaré."
Naturalmente, estas palabras de Cristo no son una orden de su destrucción. El que tanto celo había demostrado por la veneración del templo no podía mandar destruirlo. Ni los judíos le acusarán aquí de blasfemia. Era una hipótesis concesiva. La forma con que aquí es enunciado esto, "destruid," puede ser filológicamente equivalente a la forma concesiva: "y si lo destruís" o "destruyeseis" 87. Como Cristo habla de su cuerpo, habla de un futuro.
El término "templo" (ναός) significa el recinto del "sancta," y del "sanctasanctórum," en contraposición al resto del templo (ιερόν). Los oyentes podían entenderlo de todo el templo. Pero con esta palabra se indica preferentemente el lugar del templo en que moraba la divinidad. Y la divinidad "moraba" en su cuerpo. Éste era el "templo" de la divinidad.
A la destrucción de este templo se seguirá lo que Cristo anuncia: "y yo lo levantaré en tres días."
El verbo usado aquí (έγεφω) se emplea indistintamente en el sentido material de levantar algo de sus ruinas, reconstruir un edificio (Eclo 49:15) 88, o para hablar de la resurrección de un muerto (Mt 10:3; Jn 5:21; 1 Cor 15:42; Rom 4:24; Act 3:15; 4:10; 13:30).
"En tres días" no significa "al tercer día," sino durante tres días 89. La comparación simula un edificio desplomado y que El, como un operario, lo reconstruye en tres días. Pero en la comparación está el intento de su resurrección al tercer día.
Deliberadamente Cristo habla de una manera velada, como lo es toda profecía. Ellos y los mismos discípulos (v.22) lo entendieron del templo de Herodes. Si en los discípulos la incomprensión era por efecto del velo profético y de su falta de preparación (Jn 16:12), en los judíos había además una positiva y mala disposición contra Cristo. El "signo" de su muerte y de su resurrección lo usará Cristo más veces, y también veladamente ante exigencias farisaicas, al aludir a Jonas (Mt 12:38; 16:1; Lc 11:29.30). Estas eran las credenciales con las que Cristo responde a la exigencia de quién le dio el poder de haber actuado así en el templo.
Desfiguradamente, los judíos alegarán esta afirmación de Cristo como blasfemia (Jer 26:4ss) en el proceso de su muerte (Mc 14:58; Mt 26:61) y como sarcasmo de impostura en el Gólgota (Mc 15:29; Mt 27:40), y también aparecerá como acusación en el proceso contra el protomártir San Esteban (Act 6:14). Señal de que había trascendido la afirmación de Cristo. Aunque originariamente no bien comprendida, fue después desfigurada al correr de boca en boca, añadiéndosele lo que El no había dicho: que él destruiría el templo. Buena prueba de esta mala inteligencia es que los judíos dirigentes no le acusan de blasfemia cuando les da este "signo" en el templo.
Sólo desde un punto de vista crítico la lectura de Jn, frente a la de estos testigos citados, es la más garantizada. No procede de falsos testigos ni aparece recargada de epítetos como ellos ("hecha por manos de hombres"), en contraposición al templo que Cristo levantaría; está más en situación, y no es censurada allí por los judíos como blasfemia 90.
Algunos autores pensaron que, cuando Cristo decía esto, señalase con su mano, como con un índice de interpretación, su cuerpo. La solución es más ingenua que científica. Si así hubiese sido, los discípulos, a la hora de su comprensión, hubiesen dicho que ya entonces El había acusado su verdadero intento con este gesto. Pero sólo dice el evangelista que, a la hora de su comprensión, "sus discípulos se acordaron que había dicho esto" (Jn 2:22).
Sin embargo, en la misma expresión de Cristo había ya un índice que les permitía orientar su inteligencia hacia su intento. Ni El ni ellos — los judíos — podían, en realidad, interpretarlo de la destrucción del templo. El que tanto celo mostraba por la veneración y santidad del mismo no podía pensar en destruirlo. Y prueba de ello es que los dirigentes del templo no le acusan de blasfemia, sino de lo inverosímil que es que una obra que necesitó para realizarse cuarenta y seis años, El pretenda realizarla en tres días. "El exceso mismo de lo inverosímil debió de haberles puesto en guardia contra una interpretación demasiado literal. Acostumbrados al lenguaje figurado, los judíos, más que ningún otro, debían pensar que se trataba de un "enigma." En este caso se busca la solución, y, mientras se espera encontrarla, se suspende el juicio. Tal fue la actitud de los discípulos. Los judíos prefieren creer el absurdo." 90
El templo en que sucede esta escena es el templo reconstruido por Herodes el Grande. Herodes comenzó a reconstruirlo el año 18 de su reinado 91, que era el 734-735 de Roma, o sea el 19-20 antes de Cristo. El santuario propiamente dicho (ναός) se reconstruyó en año y medio, empleándose en su reconstrucción 1.000 sacerdotes, preparados especialmente para esta actividad, ya que sólo ellos podían entrar en el santuario. Los atrios se tardaron en construir, a causa de la nueva amplificación que se hizo en ellos, ocho años. La restauración fundamental del templo se tardó, por tanto, en realizarse nueve años y medio, habiéndose empleado en sus obras unos 18.000 operarios 92. Si las cifras de Josefo no son exageradas. Sin embargo, las obras de retoque y complemento se fueron haciendo sucesivamente. De hecho se terminó la totalidad del mismo pocos años antes de su misma destrucción, bajo el procurador Albinus (62-64 d. C.) 93. De ahí que la expresión de los judíos en este pasaje evangélico, que se han empleado cuarenta y seis años en edificar este templo," se refiera a que ellos lo consideraban terminado ya en lo esencial. También podría ser un aoristo con sentido de duración.
Power ha propuesto otra interpretación. Hace hincapié en que no se trata de todo el recinto del templo, sino del "santuario." Y pretende demostrar que el naos o "santuario" se construyó en sólo unos nueve años y medio, terminándose sobre el año 17 d. C. Por lo que cree debe traducirse así esta frase: "Este santuario se levantó hace cuarenta y seis años, y ¡tú pretendes reconstruirlo en tres días!" 94
Si esto gramatical mente es posible, la objeción principal contra esta teoría es que suprime la misma objeción de los judíos, pues ésta está evidentemente en la desproporción de una obra hecha hacía cuarenta y seis años y la misma que se haría en tres días. ,
Este pasaje da una de las fechas más seguras para la cronología de la vida de Cristo. Si se toma como punto de comienzo de las obras del templo el 19-20 a. C., se está ahora en la Pascua del 27-28 d. C. 95.
El evangelista resalta que Cristo había dicho aquella doble profecía de su muerte y resurrección, "del templo de su cuerpo."
"La espera escatológica del judaísmo aguarda un Mesías que, en lugar del antiguo templo, profanado por el pecado, construirá un santuario nuevo, de magnificencia y esplendor inauditos, destinado a durar para siempre." 96 Acaso Cristo con su respuesta contraponga su verdadero templo a este otro fastuoso material para la escatología mesiánica.
El anuncio de su resurrección, que es de la restauración definitiva del templo de su cuerpo, podía evocar lo que iba a significar este templo de Cristo en el nuevo culto. "El cuerpo de Cristo resucitado será el centro del culto en espíritu y verdad (Jn 4:21ss), el lugar de la presencia divina (Jn 1:14), el templo espiritual de donde brota el agua viva (Jn 7:37-39). Es uno de los grandes símbolos joanneos (cf. Ap 21:22). Ello se funda sobre una de las palabras más literalmente auténticas de Jesús (Mt 26:61 par. y 12:6)." 97
Cristo resucitado es el verdadero templo, pues en él vive la "plenitud de la divinidad corporalmente" (Col 2:9; cf. Col 1:19; cf. Jn 1:14) y como Mediador absoluto (1 Tim 2:5), es, a través de él — sacerdote y víctima — como, necesariamente, se rinde culto a Dios.
El evangelista consigna, como antes indicó análogamente, que los discípulos después de la resurrección se "acordaron" de esto. Al repasar la vida de Cristo a la luz de Pentecostés, penetraron el hondo sentido de aquellas palabras, conforme a la promesa del Señor (Jn 14:26; 16:13), y "creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había dicho." El Espíritu Santo les trajo a su consideración los pasajes en que se hablaba de la resurrección, y comprendieron a un tiempo el sentido profetice que tenían, lo mismo que la profecía de la resurrección de Cristo, "templo" de la divinidad, anunciada por El mismo 97.
La Situación Histórica de este relato
Este relato de Juan, ¿es el mismo que transmiten los sinópticos? Es un tema ya clásico, que dividió, más antes que ahora, a los exegetas.
La opinión hoy más generalizada entre los autores es que la escena es la misma en Jn y en los sinópticos, y que es Jn el que la sitúa, probablemente, en su proyección histórica. Las razones que llevan a esto son las siguientes:
1) La escena, tal como está descrita por Jn y los sinópticos, es la misma. Las pequeñas variantes literarias en la narración, excepto el final completivo de Jn, no rebasan las diferencias de un mismo relato en otros pasajes evangélicos.
2) Pensar que se hubiese repetido esta escena y que los sinópticos la relatasen en la última Pascua y Jn en la primera, no explica la identidad literaria del relato. Y pensar en una referencia única "tipo" no explica la identidad literaria surgida en catequesis y medios kerigmáticos distintos.
3) Se explica bien por qué los sinópticos ponen el relato en la última Pascua. Es porque solamente relatan un viaje de Cristo a Jerusalén. Y esto explica el que lo sitúen en un marco histórico no preciso, pero deseando situarlo en su propio escenario geográfico: Jerusalén el templo.
4) Además, tal como está relatado en los sinópticos, se ve que no está en su contexto propio.
a) En Mt, el contexto en que está situado parece ser un "contexto lógico," ya que a continuación de la expulsión de los mercaderes se pone una serie de curaciones y aclamaciones mesiánicas a El en el mismo templo (Mt 21:14-17). Esto es increíble después de la expulsión de los mercaderes y del acto inquisitorial al que le someten las autoridades. Por eso, al no tener una conexión histórica con estos versículos, hace ver que puede tener una simple conexión lógica: temas sucedidos en el templo.
b) La situación en que lo ponen Mc (11:15-19) y Lc (19:45-46) no exige una necesaria conexión con el contexto en que está incluido, ni, por tanto, exige una necesaria situación histórica. Más aún, Mc lo pone en un contexto distinto del de Mt, y estos dos son distintos del de Lc. Todo ello hace ver que tienen una situación especial, libre. O está por "contexto lógico" o por el intento y sesgo de cada evangelista.
5) Por el contrario, Jn, que narra varias Pascuas, ¿por qué lo sitúa en la primera y no en la última, que también narra ampliamente? Si la sitúa en la primera, teniendo un amplio margen histórico para relatarla en la última, en concreto al narrar la entrada mesiánica del día de Ramos en Jerusalén, no ignorando, con probabilidad, los sinópticos, sea en escritos o en narraciones por vía oral, parece indicar que Jn intenta situar la escena en su propia proyección histórica. Jn suele ser cuidadoso en la cronología.
6) La fecha citada: "Se han empleado cuarenta y seis años para edificar este templo," lleva al primer año del ministerio de Cristo. Y "si no queremos rechazar estas palabras de los judíos como cálculo del evangelista y una ficción, nos vemos forzados a concluir que se las dijeron a Jesús en los comienzos de su ministerio." 98
Reacciones ante Jesús en Jerusalén, 2:23-25
Esta pequeña anecdota tiene por finalidad servir de introducción a la conversación con Nicodemo. Es un cuadro de conjunto sobre muchas actitudes que había sobre Cristo en Jerusalén: se le admiraba, pero no se le entregaban completamente.
23 Al tiempo en que estuvo en Jerusalén por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre viendo los milagros que hacía; 24 pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos, 25 y no tenía necesidad de que nadie diese testimonio del hombre, pues El conocía lo que en el hombre había.

La referencia histórica de estos compendiados sucesos que va a hacer el evangelista la vincula "al tiempo en que Cristo estuvo en Jerusalén, en la Pascua." Se refiere seguramente a la primera Pascua que Cristo pasó en Jerusalén. Es a la ida a la Ciudad Santa, que describió después de las bodas de Cana (Jn 2:12.13).
La construcción de la frase exige alguna precisión. Dice así: al tiempo que Cristo estuvo en Jerusalén "en la Pascua, en la fiesta." Si sólo se tuviese en cuenta la gramática, habría que suponer que todos los milagros que Cristo hizo y las conversaciones obtenidas habrían sido precisamente en el mismo día de "la fiesta de la Pascua." Pero a esto han de notarse dos cosas:
a) La palabra "la fiesta," aludiendo a fiestas de "peregrinación," lo mismo puede significar el día mismo de la fiesta (Jn 7:8.11) que los días de la octava (Jn 7:14; Col 2:16). Por tanto, la sola palabra no decide. Ha de tenerse en cuenta el contexto.
b) Tanto por la palabra usada para indicar su obra milagrosa — "los milagros que hacía" — , cuanto por la naturaleza de las cosas, se refiere a los días que estuvo en Jerusalén con motivo de la Pascua: sean los de la octava, sea el período que se extendió hasta su partida. Si no es que hay una agrupación implícita de otros.
Fue, pues, un período jerosolimitano, en el que Cristo hizo "milagros," "signos" que manifestaban su poder y su grandeza.
Esto hizo que "muchos" viniesen a "creer en su nombre." Conforme al uso semítico, "nombre" está por persona. La fe de estos judíos, ¿a qué se refiere? ¿A su fe en Cristo Mesías o a su fe en Cristo como Hijo de Dios? Al comienzo de su ministerio, no puede interpretarse esto de su filiación divina. Basta ver el progreso de revelación paulatina que Cristo tiene con sus discípulos en los sinópticos, para ver que aquí deba referirse sólo a su mesianismo. En Jn "creer en su nombre" se refiere, en otras ocasiones, a la filiación divina (Jn 1:12; 3:18). Jn usa aquí una interpretación posterior, con la que expresa el tema de su evangelio.
El proceso de su revelación mesiánica fue lento, como se ve en los sinópticos. A veces, sospecha (Mt 12:23), otras, es creencia fruto de entusiasmo (Jn 6:14-15), pero con reservas (Jn 7:40ss; cf. Jn 7:3-5).
Pero, a pesar de profesar estos judíos su fe en Cristo, El no se "fiaba" de ellos, no se "confiaba."
La razón la da el evangelista: "porque los conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie diese testimonio del hombre, pues él conocía lo que en el hombre había."
Es la penetración divina de Jesús en los corazones, y que tantas veces aparece resaltada en Jn (Jn 1:49.50; 4:19; 6:61-64, etc.). En el A.T. sólo se dice esto de Dios; sólo Dios sondea los corazones (1 Sam 16:7; 1 Re 8:39; Jer 17:9.10; Sal 32:15, etc.) En el Talmud se dice que sólo Dios conoce los pensamientos de los corazones (cf. Act 1:24).
¿A qué se debía esta inconsistencia en ellos, lo que hacía en Cristo que no se les "confiase" plenamente? Los milagros les deslumbraban y les hablaban como "signos" del poder y dignidad mesiánica de Cristo, pero en ellos quedaba un fondo, una reserva frente a Cristo. Probablemente, más que defecto en la fe, era defecto en la entrega plena a Cristo. Acaso pensaban seguirlo, al modo de un discípulo a los célebres maestros Hillel o Shammaí; pero no pensaban entregarse plenamente a El, con lo que importaba esto en el orden moral y religioso (Jn 3:16.18.21; 6:28.30). "Desde este primer contacto con las multitudes de Jerusalén, véseles ya cuales aparecerán siempre en Juan: impresionables, rápidamente conquistados por los milagros de Jesús, pero superficiales y precariamente adheridos." 100
Esta anecdota de Jn y la siguiente escena de Nicodemo, ¿están bien situadas cronológicamente? La razón de plantearse este problema de cronología literaria es que Jn dice que Cristo hizo "milagros" en esta primera Pascua en Jerusalén, y luego añade que en Cana de Galilea cura al hijo de un funcionario real, y escribe: "Este fue el segundo milagro que hizo Jesús viniendo de Judea a Galilea" (Jn 4:54). También se alegaría el que la doctrina sobre el Hijo del hombre "levantado" se pone más tarde (Jn 12:21ss). Y, por último, que antiguas sinopsis (Taciano y Codex Fuldensis) colocan la entrevista con Nicodemo después de la última entrada en Jerusalén.
Sin embargo, estas razones no son definitivas. En primer lugar es el mismo Jn el que dice expresamente que la entrevista con Nicodemo fue mucho antes de la última Pascua. Ciertamente antes de la fiesta de los Tabernáculos, que cita (Jn 7:50). El intento, pues, de Jn de situarlo pronto es claro.
Que la doctrina de la "elevación" del Hijo del hombre se ponga también más adelante, no es obstáculo. Puede ser doctrina repetida en varias ocasiones, o adelantada en el capítulo de Nicodemo, o retrasada luego.
Por último, "la disposición de las perícopas en Taciano y en el Codex Fuldensis, que depende de Taciano, es con frecuencia arbitraria y no nos puede dar indicación alguna cronológica." 101
Por eso, si Jn sitúa explícitamente la conversación con Nicodemo (Jn 7:50) y ese cuadro de "milagros" hechos en Jerusalén en la primera Pascua, que le sirve de introducción histórica, y con el que tiene una conexión cronológica, y luego dice, con ocasión de la curación del hijo de un funcionario real, que éste fue "el segundo milagro que hizo Jesús viniendo de Judea a Galilea," hace ver esto que el intento del evangelista no es crear oposición histórica entre estos hechos, sino que han de tener otra intención en él.
Pero, sobre todo, Jn dice que fue el "segundo milagro," mas precisando que "viniendo de Judea a Galilea." No se toma por cómputo inicial los hechos en Jerusalén, sino los que hizo después de salir de Judea, entrando en Galilea. Como una prueba acaso de benevolencia a su región. Acaso el "primero" por relación a éste no se registró.

1 Comentario A Jn 1:43. — 2 Epist. 108:1: Ml 22:889; Epist. 46:12: Ml 22:491. — 3 Por Kefr Kenna, Cf. Le Camus, En Dict. Bib., Art. Cana T.2:110ss; Lagrange, Évang. S. St. Jean (1927) P.55-56; Prat, Jesus-Christ (1947) I P.180; Perrella, / Luoghi Santi (1936) P. 119-127. Para Khirbet Qana, Cf. Thomson, The Land And The Book P.425ss; Abel, Geographie De La Palestine (1938) Ii P.412-413. — 4 Para La Descripción Ambiental De Una Boda En Oriente, F, M. Wllliam, Das Leben Jesu., Vers. Esp. (1940) P.118-119. — 5 Pesahím 109a; Cf. Sal 103:15. — 6 Ketuboth I 1. — 7 Strack-B., Kommentar. Ii P.387ss. — 8 Sobre Las Costumbres Orientales Y Palestinas Sobre Las Bodas, Para La Edad Antigua, Cf. Kostleitner, Archaeologia Bíblica (1917) P.560ss; Fonck, Die Parabeln P.411-414.575-579; Kraus, Talmudische Archaologie (1911) Ii P.36ss; Strack-B., Kommentar. I P.505-517; Wllliam, Das Uben Jesu., Vers. Esp. (1940) P.L 17-123.' Para Las Costumbres Judías Posteriores, Cf. J. Neil, Everyday Life In The Holy Land (1911) P.223-260. — 9 Nestlé, Jv. T. Graece Et Latine (1928) En El Ap. Crít. A Jn 2:3. — 10 Lagrange, Évang. S. St. Jean (1927) P.57. — 11 Braun, Évang. S. St. Jean (1946) P.328. — 12 Strack-B., Kommentar. Ii P.406ss. — 13 Josefo, Antíq. Viii 2:9; Barrois. En Rev. Bib. (1931) 200ss Y 212ss. — 14 San Juan Crisóstomo, In Lo. Hom. 20. — 15 Hor., Odae I 4:18. — 16 Quaestiones Convivíales I — 17 Mg 59:129. — 18 Cortés Quirant, Las Bodas De Cana: Marianum Ü958) 158-Í61, — 19 Braun, La Mere De Jesús Dans Voeuvre De Saint Jean: Rev. Thom. (1950) 446-463; (1951) 5-68; La Mere Des Fideles (1953) P.49-74; Hoskyns,La Vie De Mane, Mere De Jesús (1938) P.255ss; Cullmann,L" Sacrements Dans L'évangilejohannique. (1951) P.37; Leal, La Hora De Jesús, La Hora De Su Madre: Est. Ecl. (1952) 147-168; Gachter, María Im Erdenleben P.180; Mana Im Kana: Zeitschrift Für Katholische Theologie (1931) P.351-402. Ya Antes Lo Había Defendido San Agustín; Cf. In Loannis Evange-Lium Tractatus 8: Ml 35:1455; Y Newman, A Letter Addressed To The Rev. E. B. Pusey, D. D. From: Certain Difficulties Felt By Anglicans In Catholic Teaching (1896) Ii 72; A. Feui-Llet, L'heure De Jesús Et Le Signe De Cana: Ephem. Theol. Lov. (1960) 5-22; V. Anza-Lone, Gesü E María Alie Nozze Di Cana: Div. Thom. Pía. (1962) 65-80. — 20 Bover, Vida De N. S. Jesu-Cnsto (1956) P.261; Cf. Ceroke, Theological Studies (1956) Sobre La Interpretación De Mt 12:48-50; Le 11:27-28; Le 8:20-21, En Que Cristo Sólo Indica La Superioridad Espiritual Sobre Los Lazos Familiares, Pero No La Exclusión Real De Su Madre En El Período Previo A Su Pasión. — 21 Preuschen-Pott, Tatians Diatessaron Ans Dem Arabischen Übersetzt (1926) P.76. — 22 Mg 44:1308d Y 18. — 23 Collect. Brug. (1932) P.425ss. — 24 Aufgehellte Bibelstellen: Benediknische Monatschrift (1952) Heft 5-6 — 25 Zujohn. 2:4: Zeit Ν. Τ. Wissen. (1952-1953) 257. — 26 Bemerkungen Zu Jo. 2:4: Biblica (1955) 492-509. — 27 Jesϊs Auf Der Horchzeit Zu Kana: Bibel Und Liturgie (1952-1953) 333-336. 18 Rev. Bib. (1954) 259; Du Bapteme A Cana (1956) P. 156-158. — 29 Las Bodas De Cana: Marianum (1958) 179-182. — 30 Mg 59:129. — 31 Ml 35:1455. — 32 Strack-B., Kommentar. Ii P.401. — 33 Cortés Quirant, O.C., P.178-179: Dominican Studies (1954) P. 106-107. — 34 Kühner-Gerth, Grarnmatik Der Grieschen Sprache Ii 1 P.417. — 35 Meyenberg, Homiutische Und Katechetische Studien. Erganzungwerk (1908) I P.553ss. — 36 Braun, La Mere Des Fideles (1953) P.50. — 37 Barret, The Cospel According To St. John (1955) H.L. — 38 Westcott, The Cospel According To St. John (1919) H.L. — 39 Odisea XIX 107.165.221; Cf. Ilíada Iii 204. — 40 Oedip. Tyr. 655. — 41 Dión Casio, Hist. Rom. Li 12:5. — 42 Ditlef Nielsen, Ras Shamra Mythologie Und Biblische (1936) P.32 N.L; P.90. — 43 Antiq. I 16, — 44 Texto Citado Por E. Zolli En Mi Encuentro Con Cristo (1948) P.217. — 45 William, Das Leben Jesu Im Laude Und Volke Israel, Vers. Esp. (1940) P.121. — 46 G. Roschini, La Vita Di María (1946) P.319-320. — 47 Sobre Defensores Recientes De Esta Posición Y Bibliografía, Cf. cortés Qui-Rant, A.C., P.170. — 48 Boismard, Du Baptéme A Cana (1956) P.153; Cf. P.149-154. — 48 Pfo Xii, Per Chrisü Matrem (A.A.S. [1948] P.536-537); Vat. Ii, L. G. N.58. — 49 Adv. Haer. Iii 16:7. — 50 Évang. S. Sí. Jean (1927) P.60. — 51 Les Sacrements Dans Vévangik Johannique (1951) H.L. — 52 O.C., P.60. — 53 Comentario A Jn 6:1-21 Introd. — 54 Mt. 5:17; S. Thom, Comm. In Evang. Lo. C.2 Lect. 1 H.L. — 55 Braun, La Mere Des Fidéles (1953) P.69-71; Macgregor, The Cospel Ofjohn (1948) P.55. — 56 Orígenes, In Lo. 10:31; In Cant. Cant. 1:2. — 57 In Lo. 2,Lss: Mg 73:229. — 58 Commentaire De L'evangile Concordant, Éd. Leloir (1954) P.46 Tract. VIII (C.S.E.L.) LXVIII P.65ss72ss. Hom. (P.O.) XXVI P.389 - 428. Interpretaron Of The Fourth Cospel (1953) P.298. — 62 The Cospel Message Of Marck P.73. — 63 Du Bapteme A Cana (1956) P. 140-143. — 64 Boismard, Du Bapteme A Cana (1956) P.141. — 65 A Rivera, Nota Sobre El Simbolismo Del Milagro De Cana En La Interpretación Patrística: Estudios Marianos (1953) P.68ss. — 65 M. De Tuya, La Virgen En La Biblia, En Enciclopedia Mariana Posconciliar (1976). — 66 Nestlé,. Τ. Graece Et Latine (1928) Ap. Crít. A Jn 2:12. — 67 A. F. Truyols, Vida De Jesucristo (1948) P.141. — 68 Josefo, De Bello Iud. Ii 21:4.8. — 69 Sobre La Topografía De Cafarnaúm, Cf. B. Méistermann, Capharnaum Et Beth-Saide (París 1921); G. Ürfali, Capharnaum Et Ses Ruines (París 1922); Abel, Capharnaum En D.B.S. I 1045-46; W. Ewing, En Hasting's Dictionary 350ss; Bpver, S. 1. Datos Evangélicos Sobre La Identificación De Cafarnaúm: Estudios Eclesiásticos (1925) 214-217; A. E. Mader, En Bíblica (1932) 295-297, Y En Journal Of Pal. Or. Soc. (1933) 218-220. — 70 Vita 52. — 71 Comentario A Mt 13:55-56. — 72 Berakoth 9:5; Cf. Strack-B., Kommentar. Ii P.27. Biblia Comentada 5b — 73 Josefo, Antiq. Xviii 19:1. — 74 William, Das Leben Jesu Im Lande Und., Vers. Esp. (1940) P.124-125. — 75 Edersheim, The Life Of Jesús T.L P.368-372. — 76 Strack-B., Kommentar. I P.853; II P.570; Bonsinver, Textes Rabbiniques. (1955) N.834; Edersheim, The Life Of Jesús T.L P.368-372. En Las Obras Citadas Pueden Verse Noticas Sobre Las Extorsiones Que Hacían Las Grandes Familias Sacerdotales A Las Gentes En Materia De Negocios. — 77 Berakoth 9:5; Cf. Strack-B., Kommentar. Ii P.27. — 77 H. Van Den Bussche, El Ev. S. S. Jn (1972) P.189. — 78 Mollat, L'evang. S. St. Jean, En La Samte Bible De Jérusalem (1953) P.77 Nota C. — 79 Bonsirven, // Giudaismo Palestine.Se Al Tempo Di G. C. (1950) P.25-26. — 80 Bonsirven, Le ¡Udaisme. (1934) I P.370-376. — 81 Braun, Évang. S. St. Jean (1956) P.331; Cí. Heb 3:2-6. — 82 Levi Rabba 9:6; Cant. Rabb 4:16; Deut. Rabba 1:17; Targum Jer. Gen, 35:21; Pesiq. Rabba 162a; Cf. Bonsirven, Le Judaisme Palestinien. (1934) I P.406-407. — 83 Comentario A Jn 18:2-8. — 84 Filliox, Vie De \.S. J.-Ch. Vers. Esp. (1942) Ii P.152. — 85 Josefo, De Bello Iud. II 17:2; Cf. comentario A Jn 1:19-24. — 86 Mg 7:1052. — 87 Abel, Grammaire Du Grec Btbliqíie (1927) § 60a P.273. — 88 Para El Griego Clásico, Cf. Bailly, Dict. Grec-Francaise Ed.Ii P.566.328 — 89 Abel, Grammaire Du Grec Biblique (1927) § 47h P.213. — 90 Burkitt, En Journ. Of Theol. Studies (1924) P.386; Dobschütz, En Zeitsch. Für Die Neut. Wissenschaft (1929) P.169. — 90 Braljn, Evang. S. Sí. Jean P.332. — 91 Josefo, Antiq. Xv 11:1. — 92 Josefo, Antiq. Xv 14. — 93 Josefo, Antiq. Xv 9:7. — 94 Power, En Bíblica (1928) 258-277. — 95 Sobre La Fecha Del Año 15 De Tiberio, En Que Cristo Comienza Su Ministerio Público, Cf. Ceuppens, Theol. Bib. Iv P. 140-143. — 96 A. Wikenhalser, Ev S. Jn. (1972) P.125. — 97 Mollat, Uévang. — 97 L.-Dufolr, Le Signe Du Temple Selon St Jean: Rev. Scienc. Relig. (1951) 155- — 98. St. Jean, En La Sainte Bible De Jérwalem (1953) P.78 Nota C. 175. — 99 Cadoux, En "Journal Oí Theol. Studies" (1919) P.314. — 99 Sanh. 37b; Strack-B., Ii P.412. — 100 Lebreton, La Vie Et L'emeignement., Vers. Esp. (1942) P.89. — 101 Lebreton, La vie et renseigtiement.t\ers. esp. (1942) I p.90 ίκ Scien. Relig. (1929) 336 n.8.
Capitulo 3
El capítulo tercero es la continuación del anterior, cuyos últimos versículos (v.23-25) son la introducción evidente a éste.
Visita y conversación con Nicodemo, 3:1-21
1 Había un fariseo de nombre Nicodemo, principal entre los judíos, 2 que vino de noche a Jesús y le dijo: Rabí, sabemos que has venido como maestro de parte de Dios, pues nadie puede hacer esos signos que tú haces si Dios no está con él. 3 Respondió Jesús y le dijo: En verdad te digo que quien no naciere de arriba no podrá entrar en el reino de Dios. 4 Díjole Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer? 5 Respondió Jesús: En verdad, en verdad te digo que quien no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de los cíelos. 6 Lo que nace de la carne, carne es, pero lo que nace del Espíritu, es espíritu. 7 No te maravilles porque te he dicho: Es preciso nacer de arriba. 8 El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adonde va; así es todo nacido del Espíritu. 9 Respondió Nicodemo y dijo: ¿Cómo puede ser eso? 10 Jesús respondió y dijo: ¿Eres maestro en Israel y no sabes esto?

Entre el grupo de personas jerosolimitanas vivamente impresionadas por los milagros de Cristo, con que termina el capítulo segundo (2:23), pero con fe imperfecta, se hallaba un tal Nicodemo.
Nicodemo ( — vencedor del pueblo), con nombre sugestivamente simbólico, era un hombre muy principal en Israel. El evangelista dice de él que era magistrado o "príncipe" (αρχών) de los judíos (v.1) y, además, "maestro" o rabí (διδάσκαλος; ν. 10); también formaba parte del Sanedrín (Jn 7:50). De él se hablará dos veces más en el evangelio: una defendiendo a Cristo, como miembro del Sanedrín (Jn 7:50), y luego prestando su concurso personal para el embalsamamiento y sepultura de Cristo (Jn 19:39.40).
Su mismo nombre griego o grecizado estaba en uso en la época. Por influjo helenístico se usaban nombres griegos entre personas principales o incluso del pueblo; v.gr., Andrés, Felipe.
Nicodemo era "fariseo." Aunque en el Sanedrín predominaban los "saduceos," también se componía de algunos "fariseos." Esto da un interés especial a esta visita que hace Nicodemo. El fariseo tenía un sentido excesivo y falso de "su" ortodoxia. Era un idólatra de la "letra" del texto sagrado, y daba excepcional importancia a las "tradiciones" de los mayores. Cristo mismo tuvo que decirles: "¿Por qué traspasáis vosotros el precepto de Dios por vuestras tradiciones?" (Mt 15:3) 1.
Vivamente impresionado por los milagros que Cristo hace, y que eran rúbrica divina (v.2), pero que chocaba fuertemente con el tradicionalismo farisaico, Nicodemo quiere escuchar la doctrina de aquel profeta.
Para ello viene a visitarlo por la "noche." No eran infrecuentes los coloquios científicos con los rabinos por la noche 2. Acaso Nicodemo desease una larga conversación con El, y ésta fuese la hora más oportuna (Jn 1:38.39), aparte que Cristo dedicaba el día al ministerio. Pero por todo el conjunto de ser fariseo, doctor y miembro del Sanedrín, parece que hubiese elegido esta hora furtivamente por precaución y timidez (Jn 19:38; cf. Jn 12:42). Lo que no debe estar al margen del intento simbolista del evangelista es destacar esta hora de la "noche" (Jn 13:30) desde la que Nicodemo viene a la enseñanza de Cristo-Luz.
El aspecto esquemático del coloquio es lo que hace introducirlo literariamente de improviso, sin los corteses y prolijos preludios orientales. Pero, si se tiene en cuenta que Nicodemo era rabí, maestro, y la estima en que se tenían a sí mismos los doctores, se puede comprender la actitud respetuosa y discente con que Nicodemo venía a esta visita. No venía sólo a conocer por erudición una doctrina; impresionado por los milagros de Cristo, y que les hacía saber que "venía como maestro de parte de Dios" (v.2), quería conocer aquella doctrina así rubricada por Dios. Esto mismo se acusa en el título que da a Cristo: "Rabí" (v.2).
Nicodemo viene a Cristo reflejando, además, la inquietud de otras personas, pues le dice que "sabemos" que Dios está con El y que es causa de sus milagros. ¿Quiénes son éstos? Acaso fariseos de las "muchas" personas que creyeron en El o un grupo de doctores o sanedritas o grupos de gentes, que, vivamente impresionados por los milagros que hacía (Jn 2:23), deseaban conocer su doctrina, pero que tenían reparos en venir al mismo.
La exposición que hace Nicodemo es ésta: confiesa que él y otros están impresionados a causa de los milagros que hace. Por ello reconocen que viene "como maestro de parte de Dios." La conclusión es ésta: quieren escucharle. ¡Que hable! ¡Que enseñe su doctrina! Así se va a cumplir en El y en ellos aquel pensamiento de Pascal: "Los milagros disciernen la doctrina, y la doctrina discierne los milagros." 3 Pero al evangelista no le interesa tanto la persona de Nicodemo, que quedará olvidada, cuanto el diálogo y la doctrina que Cristo expone aquí: el modo del ingreso en su reino.
En esta "introducción" responde Cristo a un problema no planteado abiertamente por Nicodemo. Sea porque falta aquí el enlace literario, por lo esquemático del discurso, sea porque Cristo aparece ya respondiendo al fondo de la cuestión. Ni en realidad hace falta interpretar el verbo "responder" como tal, ya que equivale al hebreo 'atiah, que significa tanto "responder" como "tomar la palabra," "hablar." Jn. va a la temática teológica.
Y la enseñanza de Cristo es ésta: para "ver," es decir, para experimentar, para "ingresar" (v.5) en el reino, es necesario "nacer" de "arriba."
El "reino de Dios" o "reino de los cielos" (Mt) es la frase usual en los sinópticos. Jn sólo la usa aquí (v.35), y en forma de sólo "reino" en otros dos pasajes (Jn 18:36.37). Acaso sea por reflejar más directamente el sentido histórico de la escena o también el substrato aramaico primitivo del evangelio de Jn. Normalmente Jn expresa este concepto bajo la expresión de "vida eterna," con lo que destaca el concepto de la realidad espiritual e íntima del mismo en el alma (Jn 3:15.16.36; 4:5.24; 6:40.47.59; 17:3). Es el reino de la gracia 4.
Para "ver" este reino hace falta un nuevo "nacimiento." La expresión "ver" tiene aquí el valor de visión experimental, disfrute del mismo, posesión de él (Lc 2:26; Act 2:27; 1 Pe 3:10); es decir, "ingreso" en el reino, como dice aquí el mismo Jn (v.5).
Este "nacimiento" que hace falta tener para el ingreso y vida en este reino ha de ser de "arriba" (άνωθεν). La palabra griega empleada, lo mismo puede tener un sentido local: nacer de "arriba," que temporal: nacer de nuevo. Conceptualmente no hay gran diferencia entre ellos, ya que un nacimiento de lo "alto" ha de ser de "nuevo," y viceversa.
Ante esta afirmación de Cristo, Nicodemo, más que sorprenderse, parece que con su pregunta busca saber más precisiones en este punto. La frase "¿Acaso puede el hombre entrar de nuevo en el seno de su madre y volver a nacer?" no tiene un sentido irónico. Es más sagaz de lo que parecería. Nicodemo no puede pensar en el absurdo de un renacimiento humano.
"Como ocurre frecuentemente en los diálogos joánicos, la expresión es bastante oscura, como para permitir a Nicodemo reargüir en el siguiente versículo" (B. Vawter). Jn es amigo de "diálogos" y, en ellos, sabe destacar la idea con artificio. Para este fin "expresiones de doble sentido se encuentran con bastante frecuencia en Juan" (Wikenhauser).
Como luego, en el capítulo sexto (Jn 6:51-53), la enseñanza se reafirma progresivamente con una afirmación dogmática fundamental: "Quien no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos." La razón es que "lo que nace de la carne, es carne; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu." Y la vida nueva es vida "espiritual." Y "la carne y la sangre no pueden poseer el reino de Dios" (1 Cor 15:50). La "carne," el hombre de abajo, está limitado a sus solas fuerzas naturales; pero este "nacimiento" es de tipo superior a la "carne y sangre," es nacimiento del Espíritu, que constituye a los hombres en "hijos de Dios" (Jn 1:12), por lo que "nacen de Dios" (εχ Θεού; Jn 1:13). De aquí la necesidad y la enseñanza terminante de nacer del Espíritu.
Iba a surgir, al llegar aquí, una extrañeza en Nicodemo, y que filológicamente se acusa por una interrupción anticipada de Cristo a su escepticismo o a su objeción: "No te maravilles5 de que te he dicho: Es preciso nacer de arriba" (v.7). ¿En qué podía estar esta extrañeza de Nicodemo al saber que era preciso "nacer de arriba"?
Nicodemo, como doctor, conocedor de las Escrituras, sabía que las almas, como estaba anunciado por los profetas, deberían experimentar un cambio moral, que era una "regeneración" (Ez 11:20). Entre los rabinos se decía que el que salía de un vicio o había purgado ya sus pecados era creado de nuevo, o nacido de nuevo, o regenerado, lo mismo que se admitía este cambio en los "prosélitos." 6 Si estas expresiones no estaban ya totalmente en uso, al menos salieron de la enseñanza rabínica tradicional. Y, de hecho, en el Ν. Τ. aparecen expresiones equivalentes al llamar al bautizado "nueva criatura" (Gal 6:15; 2 Cor 5:17).
Por eso, esta extrañeza de Nicodemo no se refiere a este anuncio de "regeneración" moral, sino o al modo del mismo (v.9), al ver que este "renacimiento" trascendía al efecto de los bautismos de él conocidos, o al escepticismo que este anuncio causaba en aquel rabí (v.12). ¿En qué consistiría aquel nuevo renacimiento moral? O ¿cómo controlar la realidad regeneradora de aquella enseñanza? ¿Podría un rabí aceptar aquel anuncio tan vago? Nicodemo entonces debió de quedar escéptico (v.12).
Pero la enseñanza que aquí se hace es de una portada dogmática excepcional: la necesidad del bautismo cristiano.
El rito de las purificaciones bautismales en el agua era algo que estaba en el medio ambiente; era cosa usual. Tal el bautismo de Juan; las purificaciones en agua de los esenios/Qumrán, y el mismo bautismo que, en vida de Cristo y en su misma presencia, administraban los discípulos de Cristo (Jn 4:1.2). Era, pues, éste un rito que estaba en uso. El bautismo de Cristo "en agua," por no poder interpretarse metafóricamente a causa de la contraposición al del Bautista, que era superficial y no purificaba el alma, y por ser además un rito usual, el contexto lleva a hacer ver que en esta enseñanza se trata de un verdadero rito "en agua," pero que, al mismo tiempo, hay una acción inmersiva "en el Espíritu Santo."
Precisamente la fuerza de la construcción de la frase lleva a esto mismo. Pues hay que "nacer del agua y del Espíritu." El "del" (έχ) indica el origen de esta generación. Y puesto en principio de la frase afecta por igual a los dos elementos, que además están unidos por la copulativa 7.
A esto se añade que a la hora de la composición del evangelio de Jn no se podía interpretar por lectores cristianos sino del bautismo cristiano. Esto lo sabía bien el evangelista, y, sin embargo, no lo corrige ni lo matiza, para evitar que se lo entiendan así. Precisamente se lee en San Pablo que Cristo nos salvó "mediante el baño de la regeneración y renovación en el Espíritu Santo" (Tit 3:5; Ef 5:26; cf. Mt 28:19). Además, este relato parece, aparte de lo histórico, que es reflejo de una catequesis bautismal. Acaso proceda de alguna haggadah bautismal. El concilio de Trento interpretó auténticamente este pasaje del evangelio de Jn, definiendo de fe lo siguiente: "Si alguno dijese que el agua verdadera y natural no es de necesidad para el bautismo, y, por tanto, que aquellas palabras de nuestro Señor Jesucristo: "Quien no renaciere del agua y del Espíritu Santo" (Jn 3:5), las interpretase como metáfora, sea excomulgado." 7
Bultmann y otros autores consideran las palabras de "agua y" como interpolación, "eclesiástica" para dar al texto una significación sacramental. Pero críticamente esto no es sostenible. I. de la Potterie cree que es Juan mismo el que hace esta adición en pleno uso ya del ejercicio bautismal cristiano.7 En esto no habría objeción de principio. Cristo podía haber hablado de la necesidad de la renovación auténtica y profunda por obra del E. S. Ezequiel habla de los tiempos mesiánicos purificados por agua y estableciendo una renovación de los corazones (Ez 36:25ss)8 El evangelista, a la hora de la composición del evangelio, pudo expresar el "sentido pleno" que tenían esas palabras en boca de Cristo: el bautismo cristiano que estaba en pleno ejercicio en la Iglesia.
Es interesante también destacar el sentido mesiánico de esta escena. Cristo se presenta aquí como el revelador y legislador del reino de los cielos (v.3.5), Para esto pone por condición necesaria una "regeneración" por obra del Espíritu. Esta renovación ha de ser para todos los que quieran ingresar en él. Supone una abundancia y universalidad nuevas, excepcionales. Pero esto era característico, según los profetas, de los días mesiánicos (Jl 2:28ss). Nicodemo, como "doctor" de la Ley, no podía ignorar esto. Cristo, pues, al anunciar el cumplimiento de esta efusión del Espíritu, está anunciando la presencia de los días mesiánicos. Y él, al presentarse como el administrador de esta obra del reino, se está presentando como Mesías. A confirmar esto llevaba el movimiento premesiánico creado en torno al Bautista. Todo esto no podía ser ajeno al conocimiento real, y literario al menos, de Nicodemo. Por eso, en estas enseñanzas de Cristo tenía que estar viendo a Cristo presentarse como el Mesías.
A la sorpresa que iba a surgir en Nicodemo (v.7), Cristo la previene, y le anticipa una sugerencia de solución. Sin duda que todo esto es un misterio, pero no por ello deja de ser una realidad. Si es vida de "arriba," ha de ser misterio. Pero la misma vida de abajo está llena de misterios, y, sin embargo, se reconoce a diario su realidad. Y le pone un ejemplo que era de clásica preocupación en los antiguos (Ecl 11:5). "El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adonde va; así es todo el nacido del Espíritu" (v.8).
Probablemente, conforme al uso, esta conversación se tenía en una azotea. Y "tal vez, en esta tranquila \ tibia noche de primavera (pues se está en la proximidad de la Pascua), sintiese correr, como es frecuente en Jerusalén, el paso de la brisa marina. Este vientecillo que se levanta de repente susurrando a lo largo de las estrechas callejas, ¿de dónde viene y adonde va? Nadie lo sabe, y sólo lo declaran y acusan esos miles de objetos que anima y hace vibrar. Así es también el Espíritu de Dios: nadie conoce su origen y ninguno sigue su marcha, pero se ve que las almas vibran tocadas y animadas por él." 8 Precisamente la experiencia de esta nueva vida será un tema que Jn destacará en su evangelio (Jn 7:17). Así sucede a todo el nacido del Espíritu Santo.
En el diálogo, Nicodemo muestra aquí explícitamente su sorpresa, la que antes le previno e interrumpió el mismo Cristo (v.7). "¿Cómo puede ser eso?" (v.9). La respuesta de Cristo parece descubrir que no pensaba en una regeneración espiritual. "¿Eres el maestro en Israel, y no sabes estas cosas?" (v.10). Entre Cristo y Nicodemo, éste era "el maestro" oficial en Israel, y, por tanto, no podía ignorar lo que decían las Escrituras sobre esta posibilidad.
En efecto, en los profetas se leía que, en diversas ocasiones, Dios enviaría una efusión del Espíritu Santo que produciría una renovación espiritual en las almas (Ez 19:20; Jer 31:33.34). El salmista oraba así: "Crea en mí, ¡oh Dios!, un corazón puro, renueva dentro de mí un espíritu recto.; no quites de mí tu santo Espíritu" (Sal 51:12.13).
Si Cristo hablaba de una "regeneración" por obra del Espíritu, ¿por qué ignorar la posibilidad de esto, cuando ya estaba enseñado en las Escrituras? ¿Acaso surgió en él la soberbia del rabino? Nicodemo oía la voz del Espíritu, pero no sabía de dónde venía ni adonde iba. Y pasó de largo, pues Nicodemo entonces se debió de quedar escéptico (v.12).
Continúa la exposición de Cristo
A partir del v.1 1, el estilo literario cambia, por lo menos, hasta el v.16.
11 En verdad, en verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y de lo que hemos visto damos testimonio; pero vosotros no recibís nuestro testimonio. 12 Si hablandoos de cosas terrenas no creéis, ¿cómo creeríais si os hablase de cosas celestiales? 13 Nadie subió al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. 14 A la manera que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que creyere en El tenga la vida eterna.

En contraste con el diálogo directo empleado hasta aquí, el estilo ahora cambia. El que habla usa la primera persona del plural. Los términos que usa son: "sabemos," "vimos," "hablamos," "testificamos." Y tiene por tema general toda la economía de la salud. De todo ello concluyeron algunos autores que ya no es Cristo el que habla, sino el evangelista y su grupo (Jn 21:24).
Sin embargo, dos razones fundamentales inclinan a ver que es aún Cristo el que habla, aunque revestido su contenido por la redacción del evangelista. Son las siguientes:
1) El "en verdad, en verdad" es reservado en los evangelios exclusivamente a Cristo. En las mismas epístolas de San Juan no aparece esa fórmula.
2) La muerte de Cristo (v.14.15) aparece como un hecho futuro. Si hubiesen sido reflexiones de otro autor, del mismo evangelista a la hora de la composición del evangelio, daría la muerte de Cristo como un hecho pasado, no futuro.
¿Cómo explicar entonces estos plurales? Se propusieron varias hipótesis.
La explicación más lógica parece ser ésta: Nicodemo habló a Cristo reflejando el pensamiento y juicio sobre El de un sector y grupo de personas: "Sabemos que has venido como Maestro de parte de Dios" (v.2), le dijo, aunque Cristo no se confiaba a este grupo (Jn 2:24.25); y ahora Cristo, a ese grupo de gentes preocupadas, vacilantes, temerosas, le opone, asociándoselos idealmente, el grupo de creyentes supuestos y varios ya reales 9. Parece, pues, tratarse de un "plural figurado." 10
En esta sección, el evangelista recoge dos enseñanzas fundamentales de Cristo: 1) El Hijo del hombre es autor de la revelación (v. 11-13). 2) El Hijo del hombre es autor de la salud (v.14-15).
El Hijo del Hombre es Autor de la Revelación, 3:11-13
El mensaje de Cristo — revelación — es muy amplio y muy sublime. Por eso, Cristo, ante esta perspectiva de la revelación total, y al ver la reacción ante las cosas más accesibles, le dice que si, "hablándoos de cosas terrenas, no creéis, ¿cómo creeríais si os hablase de las cosas celestiales?"
Ya el autor del libro de la Sabiduría, aunque en un orden más inferior de conocimiento, había hecho esta comparación: "Pues si apenas adivinamos lo que en la tierra sucede y con trabajo hablamos lo que está en nuestras manos, ¿quién rastreará lo que sucede en el cielo?" (Sab 9:16).
Pues aquí se trata de misterios profundos de la fe. No se trata del modo de expresar estas verdades, que se expresan al modo de los hombres, sino del mismo contenido real de las mismas.
Y de éstas, unas pueden ser "terrenas," no porque no sean verdades de revelación y contenido sobrenatural, y, por tanto, objeto de fe, sino porque esos misterios se realizan o están en la tierra (v. 12a). Así, se acaba de hablar del bautismo, que se administra a los hombres "sobre la tierra," y no sólo se ve su rito, sino que hasta se pueden "experimentar" de alguna manera sus efectos en el que lo recibe (Jn 7:17; 4:14).
Pero hay también otras realidades totalmente inaccesibles y celestiales. Son las que aquí se dice que están, etimológicamente, "sobre los cielos." Son los misterios de la vida íntima de Dios, el misterio trinitario, etc. Pero aquí, sobre todo, el misterio que está en situación es el misterio del origen divino del Hijo del hombre y la gloria que por ello le corresponde" (Jn 6:62; 8:23; 17:4.5.8.11.24).
Mas la enseñan/a de estas verdades inaccesibles al hombre está bien garantizada. Nicodemo quizás se preguntase cómo podía conocer Cristo estas verdades. Pues, aunque lo consideraba, al menos, como un profeta (Jn 3:2), ¿podría un profeta sondear los mismos misterios de Dios? A esto previene la respuesta y enseñanza de Cristo (Act 1:24).
Los "apocalipsis" apócrifos judíos contienen leyendas de personajes santos que fueron transportados al cielo. Así lo admitían para Henoc 11, lo mismo que en la Escritura se recoge esta creencia para Elias (1 Re c.2), que había sido transportado al edén celestial. No obstante, se negaba esto para Moisés y Elias en otros medios rabínicos 12.
Pero no es a esto a lo que se alude para superarlo. Cristo reivindica para sí un conocimiento único y excepcional. Se lo formula así:
"Nadie subió al cielo
sino el que bajó del cielo,
el Hijo del hombre, que está en el cielo."

Aunque la frase está construida por el evangelista conforme a un "paralelismo" hebreo, la frase del primer hemistiquio — subió al cielo — se refiere manifiestamente a la ascensión de Cristo al cielo (Jn 6:62), contrapuesta a que Cristo bajó del cielo en la "encarnación" (Jn 1:14a; 6:38.41.51). Todo esto es claro para los lectores de Jn después del "prólogo" de su evangelio.
Pero, como si se quisiera corregir una mala interpretación de estas expresiones, se destaca el sentido de las mismas. El Hijo del hombre, que "subió" al cielo en la "ascensión" y que "bajó" del cielo en la "encarnación," no por eso dejó jamás de estar "en el cielo,"
La expresión el Hijo del hombre, "que está en el cielo," es críticamente muy discutida. Falta en varios códices muy importantes 13. Se interpretaría mejor de una adición hecha al modo de Jn (1:18), para precisar el sentido ortodoxo de la frase, evitando posibles errores de interpretación.
Cristo le está diciendo a Nicodemo que su morada es el cielo, por lo que El penetra los misterios más profundos y "supercelestiales." Cristo no manifiesta esta revelación al estilo del oficio de los ángeles, puesto que vincula su conocimiento a pertenecer a una esfera totalmente trascendental. La divinidad de Cristo se está manifestando aquí a través de los procedimientos argumentativos y característicos bíblicos judíos. Máxime después del "prólogo."
Precisamente en el libro de Baruc hay un pasaje que ambienta hasta con exactitud literaria este pasaje. Se lee, entre otras cosas, lo siguiente:
"¿Quien subió al cielo y se apoderó de ella (la Sabiduría!,
y la hizo descender de las nubes?
....................................
No hay quien conozca sus caminos
ni quien tenga noticia de sus senderos;
pero el que sabe todas las cosas la conoce,
y con su inteligencia la descubre.
..................................................
Este es nuestro Dios,
ninguno otro cuenta a su lado para nada" (Bar 3:29.32a.36).

El pensamiento del evangelista es claro. Pero ¿habrá hablado Cristo a Nicodemo con esta claridad? El evangelista, sin duda, explica aquí la doctrina. Se está en teología de Jn.
El Hijo del Hombre es Autor de la Salud, 3:14-15
Pero en esta revelación que Cristo está haciendo, no sólo se presenta El como objeto de fe, sino también de vida. Y precisamente esta vida la presenta huyendo de su misma muerte redentora.
La enseñanza se hace con la referencia a la escena de la serpiente de bronce en el desierto. A la protesta de los hijos de Israel en el desierto de Faraon. Dios envía contra ellos serpientes venenosas, cuyas mordeduras eran cáustico-febriles y causadoras de muerte. Reconociendo el pueblo su pecado, pide perdón. Y Yahvé ordena a Moisés hacer una serpiente de bronce y ponerla bien a la vista, sobre un asta. Y todos cuantos, habiendo sido mordidos, la mirasen, sanarían (Núm 21:5-9).
Pero ya el autor del libro de la Sabiduría comentaba: "El que se volvía a mirarla no era curado por lo que veía, sino por ti, Salvador (Yahvé) de todos" (Sab 16:7). Por eso, el mismo autor llama a aquella serpiente de bronce "símbolo de salvación" (Sab 16:6).
Aquella imagen era una ordenación "típica" hecha por Dios, en el A.T., de la plena realidad de Cristo en la cruz 14.
Si la evocación "típica" de la escena mosaica en el desierto se hace ahora, lo es para recordar el pasaje y contrastar la superioridad de la obra de Cristo, verdadero Liberador y Redentor, sobre el primer liberador, Moisés (Jn 1:17; 5:45). Es un intento "tipológico" del evangelio de Jn y del Ν. Τ., bien conocido.
El pecado fue introducido por la seducción de la gran serpiente (Gen 3:1ss), que es el diablo (Jn 8:44). Los hombres se encuentran "mordidos" por la serpiente, y están condenados a la muerte. Pero Dios dispone el plan salvador de ellos. Análogamente a la serpiente de bronce, levantada en alto, así "es preciso que el Hijo del hombre sea elevado."
El verbo que se usa, "elevar" (ύψόω), se emplea por Jn, sea para significar la "elevación" a la cruz, sea para expresar la "glorificación" de Cristo (Jn 8:28; 12:32.34). Pero, en Jn, la muerte de Cristo, su "elevación" a la cruz, es un paso a su "glorificación": glorificación en la manifestación de su divinidad en su resurrección, en su ascensión.
Por eso, esta "elevación" de Cristo queda redactada en forma elíptica, por el evangelista para dejar la sugerencia amplia de la necesidad de "ver" a Cristo "elevado," que es "verle" como Hijo de Dios. El mismo dijo: "Cuando levantéis (vosotros) al Hijo del hombre (en la cruz), entonces conoceréis que soy yo" (Jn 8:28), por la gloria de su resurrección, el Mesías-Hijo de Dios. Es decir, por la "elevación" de El a la cruz conocerán la "elevación" de El donde estaba antes "de la creación del mundo" (Jn 17:24), que es de donde El "bajó" (Jn 3:13), del "seno del Padre" (Jn 1:18).
Dados los prejuicios judíos sobre el Mesías, nacional y político, en la expresión "así conviene que sea levantado el Hijo del hombre," existe cierto énfasis, para indicar con ello que éste es el verdadero trono de gloria del Mesías.
Es, por tanto, a Cristo, así "elevado" en la cruz, como es necesario "verle" y "creer" en El para tener la "vida eterna." Para Jn, "ver" y "creer" son sinónimos (Jn 6:40). A la "visión" de la serpiente de bronce corresponde aquí otro modo de visión, que es la "fe" en El. Sólo esta fe en ver a Cristo elevado en la cruz y muerto como Mesías e Hijo de Dios da la "vida eterna." Es éste un misterio esencial 15.
La lectura de una parte de este pasaje tiene dos formas en los códices:
a) "El que cree tenga en El vida eterna."
b) "El que cree en El tenga vida eterna."
La valoración crítica es muy discutida. Es bastante frecuente admitir la primera 15. Fundamentalmente, el pensamiento no cambia.
Naturalmente, esta fe que se exige no exime de las obras. Si la expresión tiene aquí sentido afirmativo, no lo tiene exclusivo. No puede ponerse nunca a Cristo en contradicción consigo mismo, ni tampoco al evangelista, el cual dice en el v.21 de este mismo capítulo que "el que obra la verdad viene a la luz," pues esas obras "están hechas en Dios."
Reflexiones del evangelista, 3:16-21
16 Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna; 17 pues Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para que juzgue al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El. 18 El que no cree, ya está juzgado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y el juicio consiste en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo el que obra mal, aborrece la luz, y no viene a la luz por que tus obras no sean reprendidas. 21 Pero el que obra la verdad viene a la luz, para que sus obras sean manifiestas, pues están hechas en Dios.

Discuten los autores si estas palabras que anteceden (v. 16-21) son de Cristo o son "consideraciones" del evangelista penetrando la doctrina de Cristo. Y las razones que hacen ver como más probable, que son "consideraciones" del evangelista, son las siguientes:
Las expresiones que se leen aquí: "Hijo unigénito" (v.16-18), "creer en el nombre" (v.18), "hacer la verdad" (v.21), nunca aparecen en boca de Cristo; por el contrario, son expresiones propias de Jn, como se ve en otros lugares suyos (Jn 1:14.18; 1 Jn 1:16; 3:23; 4:9; 5:13). La misma forma aquí usada (ούτως γαρ; ν. 16), que abre la sección, es la que Jn suele utilizar para expresar sus propias consideraciones (Jn 2:25; 4:8; 5:13.20; 6:33; 13:11) 17.
El mismo tono impersonal en que se habla no es de Cristo. Es el tono de una persona distinta; no es el tono del que habla de su propia doctrina 18. A lo que se añade que estos versículos no añaden doctrina nueva.
Siendo esta perícopa reflexiones teológicas hechas por el evangelista con motivo de la doctrina expuesta por Cristo, la unión de este pasaje con lo anterior es sólo lógica. A Juan le interesa, más que el hecho histórico de Nicodemo, cuya persona pronto olvidó, la doctrina salvífica que Cristo expuso y el estado psicológico de tantos contemporáneos de Nicodemo y del evangelista, como lo acusa igualmente en el "prólogo" de su evangelio y de sus epístolas.
El Fin de la Obra de Cristo es la Salvación de los Hombres, 3:16-18
Ante la "elevación" de Cristo en la cruz, como "antitipo" de la serpiente de bronce del desierto, el evangelista ve en ello la obra suprema del amor del Padre por el "mundo." Este tiene dos sentidos en Jn. El "mundo" es la universidad étnica, contrapuesta a Israel (Jn 4:42; 6:33.51; 12:47); pero frecuentemente lleva un matiz pesimista: los hombres malos (Jn 1:10; 12:31; 16:11; 1 Jn 2:16; 4:4ss; 5:19).
Aquí, pues, el contraste está entre el "amor" profundo 19 que el Padre demostró al "mundo" malo con la prueba suprema que le dio. Pues "entregó" a su Hijo unigénito. Este no sólo se "encarnó," no sólo fue "enviado," sino que lo dio, que en el contexto es: lo entregó a la muerte. Acaso esté subyacente en Jn la tipología del sacrificio de Isaac: Padre/Hijo.
Pero la muerte de este Hijo unigénito tiene una finalidad salvadora para ese "mundo" malo. Y es que todo el que "crea en El," que es, en la teología yoannea, valorarlo como el Hijo de Dios, pero entregándosele como a tal (Jn 6:26ss; 15:5), "tenga la vida eterna."
El evangelista resalta que el Padre no envió a su Hijo para que "condene" al mundo, sino para que éste sea salvo por El. Este insistir pleonásticamente en forma antitética negativo-positiva (semitismo), en esta obra de no "condenación" del mundo por Cristo, mira a precisar la misma ante las creencias divulgadas en aquel medio ambiente, según las cuales habría un castigo previo a la venida del Mesías — los "dolores mesiánicos" — , y haciéndole intervenir a El como ejecutor de los mismos en su obra 20. Ni va esto contra los poderes judiciales de Cristo, ya que, primordialmente, vino a salvar.
Hay un Juicio Condenatorio que se Realiza, 3:18-21
Juan ve cómo automáticamente se establece en los "hombres" un juicio condenatorio por su actitud ante Cristo.
"El juicio consiste en que vino la Luz al mundo." Es la encarnación de Cristo (Jn 1:9; 8:12; 12:46ss). Con su venida al mundo se establece un juicio, consistente en su actitud ante El. Este juicio, o mejor, esta "condenación," consiste en "no creer en el nombre del unigénito Hijo de Dios." Es un juicio personal que se realiza en lo íntimo del alma.
El "nombre" para los semitas está por la persona. Consiste, pues, en no creer en la persona de Cristo como Hijo de Dios, tema del cuarto evangelio (Jn 20:31), por cuya fe en El se tiene vida.
El que "no cree" en la filiación divina de Cristo Mesías (Jn 20:31) ya "está condenado." Naturalmente, se habla en un tono de tipo "sapiencial"; no considera el evangelista la posibilidad de rectificarse el juicio condenatorio. No es, pues, una "escatología realizada."
A la hora de la composición del cuarto evangelio, sobre el último decenio del siglo I, el evangelista había visto la obra de las Tinieblas ensañarse contra la Luz. En Asia Menor, en Efeso, donde, según la tradición, escribe el evangelio, Jn había visto la obra de la gentilidad para no recibir la vida que le venía de Cristo-Luz (Act 19:23ss). Hasta había visto las herejías nacientes (1 Jn 2:18ss), y los peligros "judaizantes," y la ceguedad judía. Esta unión trágica de los hombres amando más las Tinieblas que la Luz, debió de pasar por la mente de Jn al escribir estas "reflexiones."Así la luz es término escatológico.
Y, ante esta obstinación, el juicio "condenatorio" se produce automáticamente en los hombres: al separarse de Cristo-Luz, quedan en las tinieblas (Jn 8:12); al separarse de Cristo-Vida, quedan en la muerte (Jn 15:5).
Posiblemente aquí las "tinieblas" que aman los seres humanos, no solamente es el error, como contrapuesto a la verdad-luz, sino que acaso también se refiere al mundo diabólico, como fondo malo, en el que los seres humanos malos se mueven y en los que él influye y dirige (Jn 1:5; Col 1:13; 1 Pe 2:9) 21.
Pero la razón de esta obstinación de los humanos en no aceptar la Luz, "que luce en las tinieblas" (Jn 1:5), es que "sus obras eran malas."
El evangelista ilustra esta enseñanza con un símil tomado de la luz en función de la vida social. Fuera de casos de pretenciosos libertinos que quieren presumir del mal, normalmente el que obra el mal evita la luz para no exhibirse: "aborrece la luz. para que sus obras no sean reprendidas."
Pero aquí, junto con ese elemento parabólico, debe de estar mixtificado o subyacente otro elemento alegórico.
Los que obran el mal — gentiles o judíos — no quieren venir a la luz, pero esta Luz es aquí a la fe en Cristo, Hijo de Dios, porque, ante sus enseñanzas, las obras de ellos son condenadas.
En contraposición antitética, se expone la conducta del que "hace la verdad" (ó δε ποιών την άλήθε(αν). La "Verdad" es la revelación del Verbo.
Es la contra posición "al que practica el mal" del versículo anterior. Y es un semitismo que expresa ser conforme la conducta a la voluntad divina (1 Jn 1:6) 22.
El que así obra "viene a la luz." La razón es "para que" o "de modo que" sus obras sean manifestadas "como hechas en Dios."
"Hechas en Dios" es expresión que significa "en comunión con El" (1 Jn 1:6): la suprema ansia evangélica.
Tercer testimonio del Bautista sobre Cristo, 3:22-36
Esta segunda sección tiene también dos partes bien definidas. El tercer testimonio del Bautista sobre Cristo (v.22-30), y unas reflexiones del evangelista con este motivo (v.31-36).
22 Después de esto vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y permaneció allí con ellos y bautizaba. 23 Juan bautizaba también en Ainón, cerca de Salim, donde había mucha agua, y venían a bautizarse, 24 pues Juan aún no había sido metido en la cárcel. 25 Se suscitó una discusión entre los discípulos de Juan y cierto judío acerca de la purificación, 26 y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, está ahora bautizando, y todos se van a El. 27Juan les respondió, diciendo: No debe el hombre tomarse nada si no le fuere dado del cielo. 28 Vosotros mismos sois testigos de que dije: Yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado ante El. 29 El que tiene esposa es el esposo; el amigo del esposo, que le acompaña y le oye, se alegra grandemente de oír la voz del esposo; pues así este mi gozo es cumplido. 30 Preciso es que El crezca y yo mengüe.

"La extraña cronología de este pasaje (en 3:22 Jesús va a Judea, mientras que 3:1-21 ya estaba en Jerusalén) y el hecho de que los v.31-36 sean en gran parte una repetición de los v. 13-21 no son necesariamente señales de dislocación del texto. La cronología ocupa un lugar secundario en las miras teológicas de Jn. Más bien se diría que el evangelista ha puesto en paralelo dos narraciones referentes a un mismo tema, cada una de ellas seguida de una meditación semejante. El tema sigue siendo la sustitución de las instituciones del judaísmo realizada por Jesús, específicamente a través del bautismo cristiano (cf. 3:4)." 23
"Y permaneció allí con sus discípulos y bautizaba." ¿A qué lugar vino? ¿Dónde bautizaba? No se dice. Varias son las hipótesis hechas 23.
La estancia de Cristo y estos discípulos en esta región debió de tener una relativa prolongación, como indican los imperfectos usados: "moraba," "bautizaba," y como lo supone la misma naturaleza de ese bautismo, puesto que "bautizaba más que Juan," que "hacía más discípulos" que el Bautista, y que esta noticia había llegado a oídos de los fariseos de Jerusalén (Jn 4:1-3).
Si Jn dice aquí en forma genérica que Cristo "bautizaba," lo precisará en el capítulo siguiente, donde dice que, en realidad, "Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos" (Jn 4:1.2), pero éstos lo hacían autorizados por El y probablemente en su misma presencia.
Se trataba, seguramente, de un bautismo de inmersión, como lo indica el término usado (έβάπτίζεν), y como era el bautismo que administraba el Bautista (Mt 3:6.16; cf. Jn 3:25), y a cuyo bautismo se hace aquí mismo referencia, sin duda, como bautismo de inmersión, ya que a este propósito se cita que el Bautista bautizaba allí porque "había mucha agua."
Ya los comentaristas antiguos se plantearon el problema sobre el valor de este bautismo de los discípulos de Cristo. ¿Era ya el bautismo sacramental cristiano? ¿Era sólo como el del Bautista? ¿Cuál era el significado de este bautismo administrado por los discípulos de Cristo? Es una cuestión muy discutida tanto por los Padres como por los autores.
Supuesto que este bautismo no fuese el bautismo sacramental (Jn 7:39; Mt 28:19), ¿qué valor y finalidad tenía entonces este bautismo? San Juan Crisóstomo dice que el bautismo que administraban los discípulos no se diferenciaba sustancialmente en nada del que administraba el Bautista, pues ambos no conferían por sí mismos la gracia. Pero añade que ambos bautismos tenían positivamente de común el "conducir a Cristo a los que se bautizaban." 24
Sin embargo, tenía una ventaja. El bautismo de los "discípulos," con la misma presencia y autorización de Cristo, y, sin duela, con alguna instrucción cristiana, orientaba y conducía de una manera más directa hacia el mismo Cristo. Y hasta su recepción era un rito de incorporación, como "discípulos," a la persona y, reino de Cristo (Jn 4:1). Pero Cristo no bautizaba (Jn 4:2), sino sólo sus discípulos. Pero no era el bautismo sacramental, pues "aún no había sido dado el Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado" (Jn 7:39). Pero todo ello preludiaba ya el bautismo cristiano 25.
En esta misma época en que se estaba "bautizando en Judea," también el Bautista ejercía su ministerio bautismal "en Ainón, cerca de Salím, donde había mucha agua" (v.23).
Estando en el período posterior a la Pascua (Jn 2:23), acaso los vados del Jordán fuesen menos accesibles a las turbas a causa de las lluvias del invierno y deshielo de nieves.
Ha sido propuesto como localización un lugar a unos 10 kilómetros al sur del Beisán, la antigua Escitópolis. Enón traduce al hebrero plural cenayim, que significa "fuentes." Y, efectivamente, en el lugar propuesto brotan unas ocho fuentes abundantísimas, que dan lugar a pequeños vados 26. Albright lo quiere identificar con Ainun, a 11 km. de Salim, al E. de Nablús (Samaría). Pero una tradición del siglo IV lo relaciona con Salumias o Salima, a 10 km. al S. del Bet-Shan (Beisán) 26. "Allí venían a bautizarse" las gentes.
Pero, al comenzar su bautismo los "discípulos" de Cristo, venían muchas más gentes al bautismo de éste que al del Bautista, hasta tal punto que le dirán con un tono de amargura los discípulos del Bautista: "Todos van a El" (v.26). El Bautista ya estaba en su ocaso.
En este ambiente bautismal hubo una "disputa" entre los discípulos del Bautista y "un judío." 27
El motivo de ella era la "purificación." Por lo que sigue del texto se ve que debió de ser la discusión sobre el bautismo de Juan y el de Cristo. Sin duda, aquél apoyaba éste último. Las disputas rabínicas sobre "purificaciones" en orden a la comida y otros objetos no eran raras (Mt 15:1ss; Mc 7:1ss; Lc 11:37ss). Pero aquí la comparación versaba sobre los dos bautismos. ¿Por qué? No se dice. A pesar del gran prestigio alcanzado por el Bautista, el bautismo que administraban los discípulos de Cristo atraía a más gentes, y da a entender que este judío opinaba así. Acaso se debía esta impresión de superioridad a la enseñanza que se hacía para recibirle y por la orientación que daba de vinculación directamente a la persona de Cristo, haciendo "discípulos" suyos a los que lo recibían (Jn 4:1). Posiblemente se veía en él el cumplimiento del anuncio del Bautista: el Mesías. Precisamente ésta es la queja que le dan al Bautista sus discípulos: "Rabí, aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán (Jn 1:29ss), de quien tú diste testimonio, está bautizando" (v.26), y se destaca aquí mismo que el Bautista dijo que "yo no soy el Mesías, sino que he sido enviado ante el" (v.28).
Aparece en ellos que el declinar del Bautista significa su propio ocaso. Por eso les dolía que "todos van tras El" (Cristo). Generalización que, si acusa un gran movimiento en torno a Cristo, es también "el tono de una amargura que exagera inconscientemente" 28 por egoísmo. Este es uno de los pasajes que hace pensar en la ignorancia del Bautista sobre Cristo-Mesías. Si lo reconocía por tal, ¿por qué bautiza él por su parte, tiene "sus discípulos" y no se incorporan él y ellos al bautismo de Cristo y a sus seguidores; y le enviará una "embajada" para preguntarle si es él el Mesías? (cf. Mt 11:2ss; Lc 7:18ss). Y según lasRecognitionesClementis (I 60), los discípulos del Bautista lo tenían a él por el Mesías (cf. Jn 1:20). Por eso, toda la redacción del pasaje debe de estar hecha "post facta." Y lo que era una "revelación" in genere al Bautista, de su misión, aparece descrita aquí con los caracteres de un conocimiento personal.
Ante esta queja amarga que le traen sus discípulos, la respuesta del Bautista es de una gran nobleza. Los versículos que contienen su respuesta tienen un claro encadenamiento armónico.
La providencia de Dios tiene sus planes. Bien se lo dijo el mismo Cristo al Bautista (Mt 3:15). El hombre no debe intentar arrogarse lo que Dios no le tiene concedido. El Bautista tenía encomendada una misión del cielo. "Hubo un hombre enviado de Dios, de nombre Juan," que "vino a dar testimonio de la luz" (Jn 1:6.7). En ella debía moverse, y ajustarse sólo a esta obra.
Conforme a este don recibido del cielo actúa. No se arroga poderes que no tiene ni se deja halagar por el triunfo que despierta su misión. El heraldo desaparece a la hora de la visita del rey. Pero desaparece con el más profundo placer al ver cumplida su misión y la presencia del Mesías. "Preciso es que él crezca y yo mengüe" (v.30). Es lo que le va a decir también el Bautista con una imagen tan bella como densa de contenido y expresiva: "El que tiene esposa es el esposo; el amigo del esposo, que le acompaña y le oye, se alegra grandemente al oír la voz del esposo" (v.30a).
En las festividades nupciales de Israel se elegía a un grupo de jóvenes de su edad, llamados "amigos del esposo," o también, según el Talmud, "hijos del esposo" 29, cuyo número podía ser bastante elevado (Jn 14:11; 1 Mac 9:39), y cuya misión era acompañar al esposo, sirviéndole de guardia de honor, y contribuir al esplendor de la fiesta. Pero uno era llamado por excelencia "el amigo del esposo," que era como su lugarteniente, y que proveía a los preliminares del matrimonio: preparaba las fiestas y llevaba todo el alto control. En contraposición a éstos, se llamaba a los otros "hijos de la cámara nupcial" (Mt 9:15; Mc 2:19; Lc 5:34), Pero, según el Talmud, los "hijos del esposo" son los invitados a la boda 30.
"El amigo del esposo se alegra grandemente al oír la voz del esposo," dice el Bautista. Es el amigo por excelencia, que se goza en la festividad nupcial de su amigo; que por oficio mira sólo a que salga bien la festividad nupcial; éste es precisamente su triunfo. El Bautista es el amigo del esposo. Su misión es prepararle todo, destacarle y honrarle. Su gozo está en eso. "Se alegra grandemente en oír la voz del esposo." Por eso añade: "Pues así este mi gozo es cumplido" (v.29b).
La comparación o pequeña parábola podría terminar aquí; sin embargo, al menos en la perspectiva "simbolista" del autor del cuarto evangelio, su contenido es mucho más rico; se "alegoriza."
En el A.T., frecuentemente se utilizó la imagen nupcial para expresar con ella las relaciones entre Dios e Israel (Ex 34:16; Dt 31:16; Is 54:5; Jer 2:2; Ez c.16; Os 2:19ss, etc.). Cristo mismo utilizó esta imagen para hablar de las "bodas mesiánicas" (Mt 9:15 par.; 22,lss).
Valorada esta expresión en el ambiente judío neotestamentario y en la estructura e intento "simbolista" del cuarto evangelio, en el cual se presentó a Cristo como el Mesías de Israel, y que luego tiene su primera manifestación en las bodas de Cana 31, ésta manifiestamente tiene un sentido alegórico.
Cristo-Hijo de Dios viene a celebrar las bodas con Israel. Las evocaciones proféticas mesiánico-nupciales tienen su más plena realización ahora. Cristo es, pues, el Esposo. Pero el Bautista es el amigo del Esposo." El tenía la misión, como tal, de preparar convenientemente a Israel para recibir al Mesías, que era para preparar dignamente estas nupcias de evocación profética del Mesías-Dios con el Israel de Dios.
Probablemente en esta frase se condensa la venida "nupcial mesiánica" de Cristo-Dios.
Si el Bautista no conoce personalmente a Cristo, al menos como Mesías, ¿cuándo se ve o elabora la doctrina del Bautista -Precursor? Todo estaba en función del conocimiento - revelación de Cristo - Mesías. Pudo ser por Cristo mismo. En todo caso, los discípulos — ¿en vida de Cristo? — , después de la gran iluminación de Pentecostés, al recordar el cumplimiento de tantas profecías de Cristo — como ellos explícitamente reconocen — , casi habían de surgirles espontáneamente, al ver el hecho claro de la misión preparatoria del bautismo, la aparición y relación con ella de Cristo y la adecuación a ellos de la profecía de Malaquías (Mal 3:1ss; 4:5-6), del "heraldo" precursor de Yahvé en su venida.
Reflexiones del evangelista con este motivo, 3:31-36
La sección que sigue son una reflexiones del evangelista y corno un comentario sugerido por este tema del Bautista. Son conceptual y literariamente afines a las "reflexiones" del evangelista después de la conversación con Nicodemo (v. 16-21).
Pero este último testimonio del Bautista está insertado entre dos secciones, 16-21 y 31-36, que están construidas estilísticamente conforme al procedimiento literario de "inclusión semítica." Posiblemente con ello quiere el evangelista "rebajar" la figura del Bautista, lo que hace ver al situarlo en la simple esfera de servidor y "precursor," frente a las exageraciones y sectas "bautistas" que hubo.
31 El que viene de arriba está sobre todos. El que procede de la tierra es terreno y habla de la tierra; el que viene del cielo, 32 da testimonio de lo que ha visto y oído, pero su testimonio nadie lo recibe. 33 Quien recibe su testimonio pone su sello atestiguando que Dios es veraz. 34 Porque aquel a quien Dios ha enviado habla palabras de Dios, pues Dios no le dio el Espíritu con medida. 35 El Padre ama al Hijo y ha puesto en su mano todas las cosas. 36 El que cree en el Hijo tiene la vida eterna; el que rehusa creer en el Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios.
Cristo, por su Origen Divino, Comunica la Revelación (v. 31-34)
Sólo puede hablar con verdadero conocimiento de lo que es el cielo y las cosas divinas "el que viene del cielo," Cristo, que "está en el cielo" (Jn 1:18).
En cambio, "el que procede de la tierra es terreno y habla de la tierra" (v.31b). Si la frase es una enseñanza "sapiencial" que va a servir de contraste con lo anterior, en este contexto en que se encuentra es probable que sea una alusión a situar en esta esfera al Bautista. Pues aunque éste tuvo una misión por parte de Dios (Jn 1:6ss) y una revelación para su actuación (Jn 1:31-34), sin embargo, lo que aquí se destaca es la esfera absolutamente distinta en que se mueven Cristo y el Bautista. Por eso, "el que viene de arriba (= cielo; cf. v.31c) está sobre todos" (v.31a).
Por eso Cristo habla de "lo que ha visto y oído" (v.32). ¿De dónde viene esta visión en perfecto, cuya acción pasada continúa, y esta audición en aoristo? Son matices literarios que no tienen precisión teológica (1 Jn 1:3). Es un género literario tomado de la experiencia ordinaria para expresar la familiaridad e intimidad de Cristo con las cosas celestiales.
El v.34 es de interés, pero su sentido preciso es muy discutido. Dice así:
"Porque aquel a quién Dios ha enviado
habla las palabras de Dios,
puesto que no da el Espíritu con medida"

¿Quién es el que "no da el Espíritu con medida?" ¿Dios a Cristo, o Cristo a los hombres?
Varios códices añaden después del verbo "dar" la palabra "Dios," haciéndolo sujeto de la oración. Con lo cual Dios era el que daba con esta plenitud el Espíritu a Cristo. Pero críticamente esta palabra es una interpolación 32.
Se pensaría que Cristo hablaba palabras plenamente divinas, en contraposición al Bautista y los profetas, porque "no daba el Espíritu con medida." Así, El promete enviarles el Espíritu, que les haría comprender con plenitud sus enseñanzas (Jn 14:16ss; 16:5ss), y, ya resucitado, les confirió el Espíritu Santo para perdonar los pecados (Jn 20:22).
En todo esto se ve que, en contraposición a los profetas, Cristo confirió el Espíritu con más plenitud; sin embargo, siendo siempre para cosas concretas, parece resultar que confería el Espíritu "con medida" (1 Cor 12:7ss).
En cambio, hay otra vía más teológica, y que responde mejor a la estructura literaria total del cuarto evangelio y a la desarrollada hasta aquí.
El evangelista relata dos capítulos antes (Jn 1:29-34) el segundo testimonio del Bautista sobre Cristo. Y en él proclama, como garantía de ser Cristo el Mesías, que vio "descender el Espíritu y posarse sobre El." Y así supo que Cristo es el que "bautiza en Espíritu Santo" (Jn 1:32.33; Mt 3:16-17 par.). Esto es la alusión a la profecía de Isaías acerca del "Siervo de Yahvé," sobre el que reposa el septenario espíritu de Dios, símbolo de la plenitud con que se le comunica este Espíritu (Is ll,2ss; 61,lss). Así, por tener Cristo, dado por el Padre, el Espíritu "sin medida," es por lo que dice el evangelista también en el "prólogo" que "de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia" (Jn 1:16).
Y hasta parecería que, en el contexto, la razón que se da para enseñar que "aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios" es que el Padre "no le dio el Espíritu con medida."
Es, en el fondo, la contraposición que detecta la epístola a los Hebreos al hacer ver la plenitud de la revelación en que "antes" el Padre habló "fraccionadamente" (πολυμερώς) por los profetas; pero, en cambio, ahora habló "por el Hijo" (Heb 1:1.2).
Teniendo el Hijo la plenitud del Espíritu, tiene el que lo recibe la suprema garantía de la verdad, y, por su parte, el que "recibe su testimonio pone su sello, atestiguando que Dios es veraz" (v.33), es decir, que Dios revela y habla verdaderamente por Cristo. El que tiene el mensaje de Cristo por verdadero, tiene a Dios por veraz, ya que Cristo, "enviado," no hace otra cosa que hablar "las palabras de Dios" (v.34). Ningún comentario mejor a estas palabras del evangelista que las que él mismo dice en su primera epístola: "El que no cree en Dios le hace embustero, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo" (1 Jn 5.10).
La imagen de "sellar" está tomada de la costumbre de sellar los documentos para que tuviesen un valor auténtico. Es imagen usada en el N.T. (Jn 6:27; Rom 4:11; 15:8, etc.).
Pero los hombres, en lugar de aceptar este testimonio del Hijo y de rendir a Dios este homenaje de su creencia, "sellando" la verdad del Padre en la revelación del Hijo, no obran así. A la hora de la composición del cuarto evangelio, el autor vio el rechazo que se hacia a Cristo. Y con una hipérbole oriental dice la actitud culpable de los hombres ante este testimonio de Cristo: "pero su testimonio nadie lo recibe" (v.32b). Es el tono trágico del cuarto evangelio 33.
Sólo la Fe en Cristo da la Vida Eterna, 3:35-36
No sólo Cristo, por su origen celestial y divino, con la plenitud del Espíritu, puede enseñar "las palabras de Dios" a los seres humanos, como podía hacer, servatis servandis, un profeta que hablase en nombre de Dios, sino que el Padre dispuso la necesidad de la fe en el Hijo. Fe que es, en el contexto del evangelista, la plena entrega a Cristo — fe y obras — (Jn 3:21).
No sólo es necesario "creer" en El, sino que el que "cree en el Hijo tiene la vida eterna." Jn no habla de posibles pérdidas de esta fe de modo temporal o irremediablemente, habla de ello según la naturaleza de las cosas. Supone el acto presente y constante (0 πιστεύω v), bien expresado en participio de presente. Y mientras se esté creyendo así en el Hijo, se está teniendo la "vida eterna" (Jn 17:3; 1 Jn 1:1-4), que es el reino de Dios, presentado por Jn como algo íntimo y vitalizador del alma.
En cambio, "el que rehusa creer en El, no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios" (v.36b). La palabra "cólera" de Dios está aquí como sustituto del juicio de "condenación" que usó el evangelista antes, en el lugar paralelo, al hablar del juicio de condenación que se producía automáticamente por "no creer en el nombre del unigénito Hijo de Dios" (Jn 3:18ss).
Es la enseñanza de la absoluta necesidad de la fe y comunión con Cristo para toda obra de salud.
El motivo que el evangelista alega para hacer ver esta necesidad de fe y comunión con El, es "que el Padre ama al Hijo," como Verbo encarnado, por lo cual "ha puesto en sus manos todas las cosas." Es la plenitud de todo, y que Jn hace ver en otros pasajes.
El evangelista hace una enseñanza grandiosa de la necesidad de creer en Cristo y estar en comunión con El para toda obra de bendición y gracia. Ningún comentario mejor de esta absoluta necesidad de Cristo que sus palabras en la alegoría de la vid: "Sin mí no podéis hacer nada" (Jn 15:5).

1 Sobre El "Fariseísmo," Cf. comentario A Mt 23:1-33. — 2 Strack-B., Kommentar. Ii P.419ss. — 3 Pasca!., Pensees Ed. Garmer (1930) P.307 — 4.803. Frey, Royanme De Dieu, En Dict. Bíb. V Col. 1237-1257. — 5 Esta Partícula Mc, Con Aoristo Subjuntivo, Previene Una Acción Aún No Comenzada. Cf. Robertson, Grammar Of The Ν. Τ. (1923) P.852. — 6 Strack-B. Kommentar. Ii P.421-423; Cf. Yebamoth 62a. — 7 Denzinger, Ench. Symb. N.858. — 7 Se. Relig. (1962) P.417-443. — 8 Lebreton, La Vie Et L'emeignement., Vers. Esp. (1942) I P.92: \V1lliam, Das Leben Jesϊs Im Laude., Vers. Esp. (1940) P. 128; F. M. Bralx, Le Baptéme D'apres Le Quatrieme Évangile: Rev. Thom. (1948) 347-356. — 9 Mollat, .L'évang. Λ. St.Jean, En La Sainte Bible Dejerusalem (1953) P.80 Nota B. — 10 Lagrange, Evang. S. St. Jean (1927) P.79. — 11 Libro De Los Jubileos Iv 23. — 12 Bonsirven, Texles Mbbiniques. (1955) N.972. — 13 Merk, N.T. Graece Et Latine (1938) En El Ap. Crít. A Jn 3:13. — 14 Clamer, Les Nombres, En La Sainte Bible (1946) P.371. — 15 Boismard, Du Bapteme A Cana (1956) P.113-115. — 16 Merk, N.T. Graece Et Latine (1938) Ap. Crít. A Jn 3:15. — 17 Braun, Évang. S. St. Jean (1946) P.336. — 18 Vosté, Studia Ioannea (1930) P.121-123. — 19 Para El Sentido De Agapan En Contraposición A Ph/Lein, Cf. Klttel, Teologisches Wórterbuch Zum N.T. (1934) I 37. — 20 Libro De Henoc C.40: Asunción D Moisés X 7; Cf. Lagraxge, Le Judatsme. (1931) P.364; Le Messianisme. (1909) P.85.92, Etc. — 21 Test, De Los Doce Patnarcas: Leví 19:1; Cf. comentario A Jn 1:5; Cf. col 1:13; 1 Pe — 22 Zerwik, Veritatem Faceré Lo 3:21; I Lo 1:6: Verb. Dom. (1938) 338-341.373-377 I. De La Potterie, L'arriére Fond Du Theme Johannique De Vente: Sac. Pag. (1959) 277-294. — 23 Bruce Vawter, Ev. S. S. Juan (1972) P.44(). — 23 Fernández Truyols, Vida De Jesucristo (1954) P.195 196. — 24 San Iuan Crisóstomo, Hom. Xxx. — 25 D'ales, En Dict. Bib. Suppl., Art. "Baptéme" T.I. Col.857-859. — 26 Abel, En Rev. Bib. (1913) 220-223; Buzy, 5. ]Ean Baptiste (1922) P.221-229; Abel, Geographie De La Palestiw I (1933) P.447; Ii (1938) P.442. — 27 La Lectura "Un Judío" Está Apoyada Por Los Mejores Códices, Frente A La Otra Lectura De "Los Judíos." Cí'. Nestlé, Jv. T. Graece Et Latine (1928) Ap. Crít. A Jn 3:25. — 28 Lagrange, Évang. S. St. Jean (1927) P.94. — 29 Felten, Storia Dei Tempi Del N.T., Vers. Del Al. (1932) Ii P.197 Nota 47. — 30 Kethuboth 12a; Kethubth Jer. I 1; Cf. Strack-B., Kommentar. I P.500ss. — 31 Comentario A Fn 2:1-11: "Simbolismo" Del Milagro. — 32 Nestlé, Ar. T. Graece Et Latine (1928) Ap. Crít. A Jn 3:34. — 33 F. M. Braun, L'accueil de la Foi selon saint Jean: Vie Spir. (1955) 344-363 A. De-Courtray,La conceptionjohannique (te Itifoi: Nouv. Rev. Théol. (1959)561-57β
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