Reprensión a los fariseos, 16:14-18
14 Oían estas cosas los fariseos, que son avaros, y se mofaban de El. 15 Y les dijo: Vosotros pretendéis pasar por justos ante los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es para los hombres estimable, es abominable ante Dios. 16 La Ley y los Profetas llegan hasta Juan; desde entonces se anuncia el Reino de Dios, y cada cual ha de esforzarse para entrar en él. 17 Pero es más fácil que pasen el cielo y la tierra que el faltar un solo ápice de la Ley. 18 Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera, y el que se casa con la repudiada por el marido, comete adulterio.
Los fariseos oyeron "estas cosas" y se mofaban de El, porque son "avaros." Incluso en documentos extrabíblicos se les acusa de avaricia 6. En el A.T. se prometían premios temporales a las buenas obras. Los fariseos presumían de justos ante los seres humanos e incluso querían ostentar sus riquezas como premio de Dios. Pero, aparte de lo que pudiese haber de robo en su adquisición, si ante los hombres sencillos podían hacer pensar esto, no ante el juicio de Dios, que veía sus corazones.
Ni esa pretendida bendición del A.T. tiene ya validez. Esa obra pasó; llega hasta Juan, que presenta al Mesías; y va a regir ya la Ley más perfecta del reino. Y para ser "justos," lo más elemental es ingresar en él; no negarse al ingreso, como ellos. Y esto exige "esfuerzos," no el privilegio de las riquezas. (En Mt 11:12ss) esto tiene un contexto distinto.
El v.16, como se vio en Mt, es difícil. El verbo βιάζω puede ser forma pasiva: "el reino de los cielos padece violencia." O ser voz media: "todos entran a la fuerza." Se sugiere otra forma: las acciones "escatológicas" de Dios en Cristo han desatado, como una tempestad, que "se está abriendo paso" hasta irrumpir toda zona humana.
No obstante haber caducado en muchas cosas el A.T., todo se ha de cumplir, la permanencia sustantiva de ambas leyes no cambia (v.17; cf. Mt 5:17-19).
Probablemente evocado también aquí por esta moral, idéntica, pero que en determinadas cuestiones pudo tener dispensa, o aspectos temporales, se cita aquí, como un modelo más de esta nueva Ley, antigua a su vez, la indisolubilidad del matrimonio: lo fue ya en su institución, pero se "permitió" su disolución temporalmente; ahora, con la venida de la moral del reino, se restituye esta ley moral a su pureza primitiva (Mt 19:3-9; par.).
Varias de estas sentencias aparecen citadas aisladamente en contextos distintos (Mt 5:18-32; 11:12). Es un marco artificial en el que Lc coloca estas sentencias del Señor, por la oportunidad que les presta este tema de la riqueza para hacer ver la actitud de los fariseos frente a la riqueza y la Nueva Ley. Aparte de una cierta "concatenación semita" basada en la palabra ley 6 o su concepto (v. 18).
Parábola del rico y el pobre Lázaro, 16:19-31
19 Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino y celebraba cada día espléndidos banquetes. 20 Un pobre, de nombre Lázaro, estaba echado en su portal, cubierto de úlceras, 21 y deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico; hasta los perros venían a lamerle las úlceras. 22 Sucedió, pues, que murió el pobre, y fue llevado por los ángeles al Seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 23 En el hades, en medio de los tormentos, levantó sus ojos y vio a Abraham desde lejos y a Lázaro en su seno. 24 Y, gritando, dijo: Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que, con la punta del dedo mojada en agua, refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas. 25 Dijo Abraham: Hijo, acuérdate de que recibiste ya tus bienes en vida y Lázaro recibió males, y ahora él es aquí consolado y tú eres atormentado. 26 Además, entre nosotros y vosotros hay un gran abismo, de manera que los que quieran atravesar de aquí a vosotros, no pueden, ni tampoco pasar de ahí a nosotros. 27 Y dijo: Te ruego, padre, que siquiera le envíes a casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les advierta, a fin de que no vengan también ellos a este lugar de tormento. 29 Y dijo Abraham: Tienen a Moisés y a los profetas; escúchenlos. 30 El dijo: No, padre Abraham; pero, si alguno de los muertos fuese a ellos, harían penitencia. 31 Y les dijo: Si no oyen a Moisés y a los Profetas, tampoco se dejarán persuadir si un muerto resucita.
El tema de la "riqueza" lleva a Lc a insertar aquí la parábola del rico y de Lázaro el pobre. Es exclusiva de Lc.
Se trata de una versión libre de un cuento egipcio, traído a Palestina por judíos de Alejandría, donde era muy apreciado. Parece por un análisis comparativo que Cristo lo utiliza 7.
La descripción es minuciosa, con algunos elementos irreales (v.20-24), destacados por el autor para mejor lograr la finalidad del tema. El relato es una parábola de "dos vértices" (J. Jeremías). La finalidad de la misma está expresada por el contraste de dos personas: un pobre y un rico con dos suertes distintas: el rico aquí goza y después pena, y, en cambio, el pobre, aquí sufre y después tiene su felicidad; el otro "vértice" es el rechazo de la súplica del rico y urgencia de la conversión oyendo a los profetas. Así presentada la finalidad de la parábola, caben dos hipótesis: 1) ¿Se trata de expresar sólo la posibilidad de que el rico puede condenarse, puesto que las riquezas no garantizan la salvación — como podría pensarse en la mentalidad del A.T. — , suponiéndolas premio a una recta conducta, v.gr., los fariseos, mientras que los pobres, que aparecen, sin esta interpretación material de la Ley, como no bendecidos por Dios, pueden salvarse? 2) ¿O se trata del hecho de un mal uso de las riquezas, por lo que se condenan, mientras que el pobre, por ser pobre religioso ('ani), sometido en todo a la voluntad de Dios, se salva?
En la parábola no se habla de sola posibilidad; se trata de un hecho: una condena y una salvación. Pero esto supone un uso malo de las riquezas, ya que éstas, de suyo, ni son buenas ni malas; todo depende del uso que se haga de ellas. Igualmente, la pobreza ni es buena ni es mala; depende de la actitud religiosa que se tenga ante ella. Por eso, en esta parábola no se habla sólo de la posibilidad de que en el otro mundo se cambie la suerte de ricos y pobres, valorado esto en la mentalidad del A.T., sino que esta posibilidad se ve, porque se expone como un hecho este mal uso de las riquezas y la resignación religiosa ante la pobreza. Esta parábola es el más bello comentario a las palabras del Señor: "¡Bienaventurados los pobres!" (Lc 6:20). Pero también aparece otro elemento doctrinal de gran valía: insistir en el valor del testimonio de Moisés y los profetas (v.31), sobre el valor y existencia de suertes distintas en el sheol. En el aspecto de la existencia de la otra vida, iría especialmente contra los saduceos.
v.20. El nombre de Lázaro es abreviatura de Eleazar = Dios ayuda. Tardíamente, en algunos manuscritos y versiones, se da al rico los nombres de "Nínive" o "Fincas."
v.22. El "seno de Abraham" expresa en la literatura extrabíblica, más que el lugar donde estaban las almas de los justos, el estado de afección en que estarán con el padre de los creyentes 7. A él fue llevado por los ángeles. En la literatura rabínica se dice en diversos pasajes que al paraíso no se va si no es llevado por los ángeles 8.
v.23. El rico fue "sepultado." La lectura: "sepultus est in inferno" de la Vulgata no es exacta. "En el infierno" levanta él los ojos y ve a Abraham. Es el sheol, en esta época infierno de los condenados, que Lc traduce para sus lectores por el término hades. En la literatura extrabíblica se habla de estos lugares como estados próximos, por lo que pueden verse; lo que aumenta más el sufrir de los condenados (4 Esd 7:85-93; cf. Henoc 9:13). Es lo que reflejan los elementos descriptivos de esta parábola.
v.26. Estas regiones son infranqueables. Hay entre ellas un "gran abismo." No pueden ir de un lugar a otro. Es la eternidad de destinos (cf. v.23).
v.27-31. El "rico" condenado — la parábola desea extender su doctrina — pide a Abraham, que preside la mansión de los justos, judíos, que envíe a Lázaro a sus hermanos para que se corrijan y no vayan al infierno. Pero la respuesta es negativa: tienen a "Moisés y a los profetas," que oyen en las sinagogas; con ellos saben lo que han de hacer para no venir al infierno. Un texto de Is (58:7) le decía concretamente lo que debía hacer en este caso; como, en general, los profetas. Tampoco harían caso a un muerto que les fuese a avisar. ¿No pensarían en un fantasma? ¿Qué pensaron tantos ante la resurrección de Cristo? Es que, en el fondo, no es cuestión de avisos extraordinarios, sino de la recta actitud moral para ello. Si ésta existe, basta, pues entonces ellos creen en lo que Dios dice para salvarse por "Moisés y los profetas." 9
Se piensa que se trate originariamente de una parábola de "crisis" ante el problema inminente del reino. El acento, al menos en el "segundo punto culminante" de la parábola (v.27-31), sería {^urgencia por que los "seis hermanos" del rico tomen posición de ingreso en el reino. La aplicación "moralizante" a la hora cristiana era igualmente oportuna.
1 Vosté, Parabolae. P.718. 2 Vosté, O.C., P.724; Barrois, La Métrologie Dans La Bible: Rev. Bib. (1931) 432-433; J. Jeremías, O.C., P.220-222, Donde Se Valoran Muchos Detalles Ambientales; Cf. P. Gaechter, En Cbq (1950) P.121-131; J. D. M. Derrett, En Nts (1960-61) P.198-219. 3 Citado En Vosté, O.C., P.728. 4 Vosté, Parabalae. Ii P.718-737; Kramer, Adparabolam De Villico Iniquo: Verb. Dom. (1960) 278-291; G. Paul, The Unjust Steward And The Interpretation Of Lk 16:9, Theology (London 1958) 189-193; T. G. Jallaxd, A Note On Lk 16:1-9: Stud. Evang. (1959) 503-505; F. Maass, Das Gleichnis Vom Ungerechten Haushalter, Lc 16:1-8: T. Viat (1961) 173-184; R. R. Caemmerer, Investment For Eternity. A Study Of Lk 16:1-13; Contm (1963) 69-76; P. Gaechter, Die Parabel Vom Ungetreuen Verwauer (Lk 16:1-8: Orientierung (1963) 149ss; P. Blgo, La Richesse Comme Intendance Dans Révangile. A Propos De Lúe 16:1-9: Nouv. Rev. Théol. (1965) 267-271. 5 Descamps, La Composüion Litteraire Du Lúe 16:9-13: Nov. Tesl. (1956) Ρ Hí-Vl 5 J. Jeremías, Parábolas. P.57-60. 6 Rev. Bib. (1912) P.220. 6 A. A. Balocco, Delleventuak Concatenazione Di Tre Versetti Del Vangelo Di S. Lucca (16:16-18): Riv. Larral. (1960) 126-150; J. A. Fltzmyer, En Cbq (1962) P.175-177; H. J. Cadbury, En Jbl (1962) P.339-402; K. Grobel, En Nts (1963-64) P.373-382. 7 Schnackenburg, Reino Y Remado De Dios (1967) P.124-128; Strack-B., Kom-Mentar. II P.225-227; Frey, Rev. Bib. (1932) 100-103. 7 Cf. J. Jeremías, Die Gleichnisse., P.223; Cf. P.222-227. 8 Strack-B., Kommentar. Ii P.223-225; F. Planas, En El Seno De Abraham (Lúe. 16:23): Cult. Bíbl. (1958) 148-152; Cf. Im. Dnt, 3, 825-826. 9 Vosté, Parabolae. Ii P.738-762; Maréchal, Évang. S. St. Lúe (1946) P.201-203; Buzy, Les Parábales (1932) P.382ss; Papyrus Bodmer, De Lucas (P75); J. D. M. Oerkett,Freshlightonlkl6.: N.T. Studies (Cambridge 1960) 364-380;]. Canti-Nat, Le Mauvais Riche Et Lazare (Lc 16:19-31; 1962) 19-26.
Capitulo 17
Le inserta aquí (v.1-10) una serie de consejos dados por Cristo a sus discípulos, que no tienen conexión lógica entre sí.
El escándalo, 17:1-3 (Mt 18:6-7; Mc 9:42)
Cf. comentario a Mt y Mc
1 Y dijo a sus discípulos: Es inevitable que haya escándalos; sin embargo, ¡ay de aquel por quien vengan! 2 Mejor le fuera que le atasen al cuello una rueda de molino y le arrojasen al mar antes que escandalizar a uno de estos pequeños. 3 Mirad por vosotros.
El mismo tema, en contextos divergentes, aparece en Mt-Mc. Habrá escándalos, dada la condición de la vida. Pero aquí mira a que no escandalicen a uno de estos "pequeños" (των μικρών τούτων). Si se atiene al contexto de Mt, acaso se pueda referir a los niños, pues el pasaje (Mt 18:6) puede tener un valor de parátasis con lo anterior, en que también se habla de los "niños." En Mc (9:36ss, comp. con v.42), probablemente los "pequeños" no son los "niños," sino los humildes y sencillos, que "creen" (Mc) en El. La forma puede ser un superlativo arameo: los mínimos. En el fondo se apunta al fariseísmo, que impedía de mil modos el ingreso en el Reino. La gravedad de esto se ilustra con lo que dice de la "rueda de molino" movida por asnos (Mt 18:6; Mc 9:42). Lc valdría más esto que no escandalizar. No se toca el tema de que no haya perdón. Sólo se dice que es mejor la muerte previa a la gravedad de esta culpa. Y el tema seguramente está referido o supuesto, en su forma originaria, al "escándalo" para el ingreso en el Reino: los obstáculos que para ello ponían los fariseos. En la redacción actual tiene una mayor amplitud as cética.
El perdón del prójimo, 17:3-4 (Mt 18:15 y 21 y 22)
Cf. comentario a Mt 18:15, 21-22
3 Si peca tu hermano contra ti corrígele, y si se arrepiente, perdónale. 4 Si siete veces peca al día contra ti y siete veces se vuelve a ti diciéndote: "Me arrepiento," le perdonarás.
La redacción de este pasaje en Mt y Lc hace suponer un origen de "fuentes" distintas. En Mt, el perdón, está redactado con un climatismo legal-edesial. En Lc, el que peca, primero ha de ser corregido, y "si se arrepiente, perdónale." La diferencia es más redaccional que de concepto. Pero el perdón se exige en cristiano. Y no una sola vez, sino siempre; lo que se expresa con el número siete — "siete veces" — , número de universalidad. Es tema, sin duda, primitivo, pero encuadrado en este esquema "moral."
El extremismo oriental por sus contrastes — el perdonar siempre — no considera las secuencias que pueda tener. Es forma "sapiencial." Cabe, verbigracia, un perdón con restitución de lo robado.
Eficacia de la Fe, 17:5-6 (Mt 17:19; 21:21; Mc 11:22-23)
5 Dijeron los apóstoles al Señor: Acrecienta nuestra fe. 6 Dijo el Señor: Si tuvierais fe tanta como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: Desarraígate y trasplántate en el mar, y él os obedecería.
Este relato no tiene relación con lo anterior. Son sentencias reunidas artificialmente. Aparecen también en Mt y Mc en otro contexto. Una vez a propósito de no haber podido los apóstoles expulsar un demonio (Mt), y otra a propósito de la "maldición de la higuera" (Mt-Mc). El de Mt es el más lógico. La respuesta es a los apóstoles, que le ruegan, en un contexto absoluto, que les aumente la fe. Esta fe no es la "teológica," sino la "confianza" en el poder y bondad de Dios para realizar algo. El poder de esta fe se lo expresa al comparar su potencia si aquélla fuese equivalente a un "grano de mostaza." Comparación rabínica usual para indicar lo más pequeño. En Mt-Mc, la frase en lugar de "sicómoro," que se "tire al mar," pone "monte." Este era término también usual para indicar con ello, metafóricamente, la realización de las obras que no podían hacerse de modo ordinario. La forma de Mt-Mc es más primitiva. Lc probablemente la modifica por sus lectores (cf. Comentario a Mt 17:20).
Parábola de lo que es el siervo, 17:7-10
7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo arando o apacentando el ganado, al volver él del campo le dice: Pasa en seguida y siéntate a la mesa, 8 y no le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete para servirme hasta que yo coma y beba, y luego comerás y beberás tú? 9 ¿Deberá gratitud al siervo porque hizo lo que se le había mandado? 10 Así también vosotros, cuando hiciereis estas cosas que os están mandadas, decid: Somos siervos inútiles; lo que teníamos que hacer, eso hicimos.
Sólo Lc trae esta perícopa. Es una parábola. Se refiere, manifiestamente, a los apóstoles, y se relaciona con el pasaje anterior, por razón de esta humildad que ha de tenerse, incluso si los discípulos de Cristo, por su fe, hacen milagros.
La imagen está tomada de la vida real palestinense. Un dueño tiene un "siervo," un esclavo, a su servicio. Lo tiene trabajando primero en el campo; al terminar estas faenas, el siervo, que en aquella concepción de servidumbre o esclavitud no se le considera con derechos, sino con los deberes de servir y obedecer a su amo, deberá continuar prestando servicios: servirle a la mesa, ν no pensar que el dueño se va a poner a servirle a él l.
De esta vida de un mundo social duro saca Cristo la lección para sus apóstoles en el servicio de su misión. Que no piensen en ventajas ni provechos; que no se enorgullezcan, incluso si hacen milagros: sólo hicieron lo que tenían que hacer (Lc 10:20). La frase "somos siervos inútiles" no ha de apurársela demasiado. Es un modo vulgar de reconocer que, en este orden espiritual de apostolado, de suyo no se es nada: todo es don de Dios (1 Cor 3:4-6). En Lc puede tener una extensión eclesial.
Los diez leprosos, 17:11-19
11 Yendo hacia Jerusalén, atravesaba por entre Samaría y Galilea, 12 y, entrando en una aldea, le vinieron al encuentro diez leprosos, que a lo lejos se pararon, 13 y, levantando la voz, decían: Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros. 14 Viéndolos, les dijo: Id y mostraos a los sacerdotes. En el camino quedaron limpios. 15 Uno de ellos, viéndose curado, volvió glorificando a Dios a grandes voces, 16 y cayendo a sus pies, rostro en tierra, le daba las gracias. Era un samaritano. 17 Tomando Jesús la palabra, dijo: ¿No han sido diez los curados? Y los nueve, ¿dónde están? 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate y vete, tu fe te ha salvado.
Narración propia de Lc. Cristo, en su camino hacia Jerusalén, pasa entre Samaría y Galilea. Parece que va a tomar el camino del este, hacia el Jordán y la Perea; allí darán a conocer su presencia Mt-Mc. Este dato podría indicar que a Lc le interesa más un enfoque teológico que cuidadosamente geográfico. El motivo de no atravesar directamente la Samaría era el odio que éstos tenían contra los judíos, causándoles toda clase de vejaciones, máxime cuando iban a Jerusalén en las fiestas de "peregrinación."
Al entrar en una aldea le salen al encuentro diez leprosos. Estos tenían que vivir alejados de las gentes, incluso en los poblados. La desgracia los hacía juntarse, aquí incluso judíos y samaritanos, para hacer más llevadera su suerte. También hasta ellos había llegado la fama de Cristo. "Desde lejos," como tenían mandado hablar a las gentes (Lev 13:45; Núm 5:2) le piden los cure. Cristo les manda ir a "mostrarse a los sacerdotes," que eran los encargados de certificar oficialmente la curación. Así estaba preceptuado en la Ley. Se encaminaron a Jerusalén, el samaritano al Garizim, y "en el camino quedaron limpios," término con el que se expresa la curación de la lepra. Era lógico que, al sentirse curados," corriesen a cumplir el precepto, llenos de gozo de volver a los suyos y de quedar rehabilitados socialmente, ya que la lepra la consideraban castigo de Dios. Pero entre tanto gozo, igual que el de estos nueve judíos curados, estaba también el gozo de un samaritano. El odio del judío al samaritano era proverbial. Pero este samaritano volvió para dar gracias a Cristo por su curación. Al modo oriental, "postrado (de rodillas), rostro en tierra, le daba las gracias." Y Cristo ratifica la curación de aquel hombre por su fe — y gratitud — en El. Pero, al mismo tiempo, hace notar que los otros nueve, judíos, no han vuelto para dar gloria a Dios, agradeciéndole a El el beneficio que acababa de hacerles.
La fe — confianza — se hace extensiva a todos. Cristo, Mesías, es el bienhechor de todos. Este pasaje habla bien claro de la misericordia universal de Cristo, complaciéndose especialmente en destacar el buen corazón del odiado y despreciado samaritano, como el de la parábola. Pero el tema no es tanto el milagro como la gratitud a Dios por sus obras y sus dones.
El cristianismo primitivo tenía en ello una lección para agradecer a Cristo la elección — "llamados de Jesucristo" (Rom 1:6b) — que de ellos, procedentes de las clases sociales más modestas (1 Cor 1:26-28), hizo Dios en Cristo, sacados de un mundo en tremenda corrupción moral (Rom l:18ss), lo mismo que al judaísmo vinieron a ingresar, preferentemente, gentes humildes, v.gr., los mismos apóstoles, frente al fariseísmo, los "cultos" y los dirigentes de la nación.
Varios autores, siguiendo a Bultman, creen que este relato no es historia, sino una simple parábola lucana, basada su estructuración en Mc (1:40-45 = curación de un leproso) y en 2 Reyes (capítulo 5 = la curación del leproso Naamán, sirio, por el profeta Elíseo).
Realmente no se ve relación entre la curación por Elíseo y este relato, fuera del hecho de haberse curado aquí un leproso y en Lc diez. El relato de Mc tiene estas partes estructurales: 1) Viene a Cristo un leproso que "suplicante y de rodillas" pide que lo cure; 2) extendió la mano y lo curó; 3) ordena que no lo diga a nadie; 4) pero que vaya al sacerdote, conforme ordenó Moisés; 5) el leproso divulgó la noticia. 6) Se quiere ver una confirmación en que no hay "asombro" como en los relatos de milagros. Aunque de hecho por su divulgación vienen a él las gentes.
Pero estas razones tienen explicación:
1) La semejanza puede ser debida, aparte de la misma naturaleza del hecho, a la forma esquemática de ambos.
2) Lc ya relató este milagro de Mc en 5:12.16, con una narración igual. ¿La refundiría ahora en una parábola de "gratitud"?
3) Es sabido que Lc no repite milagros (Stuhlmueller).
4) Es posible que en la transmisión oral de un hecho histórico, elementos de una parábola pasen completamente — o de retoque — a un relato de milagros. Ni se olvide el posible artificio del "enmarque."
5) La falta de "asombro" falta también en otros pasajes de Lc (Lc 4:38-39; 4:40-41; 5:12-15; 7:1-10; 8:43-48:12-17; 14:1-6).
6) ¿Sería indicio parabólico el que Lc (10:30-37) usa de un samaritano en la parábola del "buen samaritano"? Sería muy aventurado afirmarlo.
La venida del reino de Dios, 17:20-21
20 Preguntado por los fariseos acerca de cuándo llegaría el reino de Dios, respondiéndoles, dijo: No viene el reino de Dios ostensiblemente. 21 No podrá decirse: Helo aquí o allí, porque el reino de Dios está dentro de vosotros.
La respuesta de Cristo es debida a una pregunta de los fariseos. En el ambiente judío existía la creencia de que al establecimiento mesiánico precedería un juicio punitivo; por lo que se había hecho la frase de "los dolores (para el alumbramiento) del Mesías." En el ambiente estaba también que sería inaugurado por algún prodigio extraordinario 2. La respuesta de Cristo deshace todas estas concepciones erróneas. El reino no vendrá "ostensiblemente," como un fenómeno apocalíptico, ni se dirá de él que está aquí o allí (cf. Lc 19:11; 21:7; Act 1:6; cf. Lc 17:20-23). La razón es doble: una, porque será un hecho histórico-social; y, en segundo lugar, porque el reino de Dios "está dentro de vosotros" (¿ντδς υμών εστίν); naturalmente no "dentro" del alma de los "fariseos," que le plantean el tema, sino establecido ya "entre ellos," es decir, en medio de Israel 2.
No parece lógico querer traducir el εστίν del v.21 como un presente profético, por razón del contexto siguiente (v.22ss), pues es un contexto de "escatología" distinta.
La venida del Hijo del hombre, 17:22-37 (Mt c.24; Mc c.13; Lc 21:5ss)
22 Dijo a los discípulos: Llegará tiempo en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis. 23 Os dirán: Helo aquí o helo allí. No vayáis ni le sigáis. 24 Porque así como un rayo relampaguea y fulgura desde un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. 25 Pero antes ha de padecer mucho y ser reprobado por esta generación. 26 Como sucedió en los días de Noé, así será en los días del Hijo del hombre. 27 Comían, bebían, tomaban mujer los hombres, y las mujeres marido, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los hizo perecer a todos. 28 Lo mismo en los días de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, plantaban y edificaban; 29 pero, en cuanto Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, que los hizo perecer a todos. 30 Así será el día en que el Hijo del hombre se revele. 31 Aquel día, el que esté en el terrado y tenga en casa sus enseres, no baje a cogerlos; e igualmente el que esté en el campo, no vuelva atrás. 32 Acordaos de la mujer de Lot. 33 El que busque guardar su vida, la perderá, y el que la perdiere, la conservará. 34 Dígoos que en aquella noche estarán dos en una misma cama, uno será tomado y otro dejado. 35 Estarán dos moliendo juntas, una será tomada y otra será dejada. 36 Y tomando la palabra, le dijeron: ¿Dónde será, Señor? 37 Les dijo: Donde esté el cuerpo, allí se juntarán los buitres.
Por un contexto lógico con la "venida del reino," Lc inserta aquí la venida del Hijo del hombre. Esta venida, ¿a qué se refiere? ¿Es la parusía? Lo mismo que en el "Apocalipsis sinóptico" que traen los tres sinópticos, y por las razones allí alegadas, parece que esta venida de Cristo es su "presencia" poderosa en la destrucción de Jerusalén el año 70 3. En el fondo de este relato late el "Apocalipsis sinóptico."
Varios elementos de esta narración se encuentran en otros pasajes evangélicos. Se ve una agrupación especial de Lc o su fuente en orden a completar un tema.
De ahí el no ajuste exacto de algunas sentencias.
A los apóstoles les "llegará tiempo en que desearán ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo verán." Debe de aludir a los sufrimientos de los apóstoles después de la ascensión de Cristo, y a su ansia de poder ver uno de esos "días" en que con su triunfo El los confortase. Pero no lo verán entonces, cuando ellos quieran, sino en el momento en que El se revele (Act 1:3). Para otros la solución no es desear ver "un solo día," sino desear "mucho" ver "el día del Hijo del hombre," en cierto paralelo con la expresión evocadora del "día de Yahvé" en su, forma triunfal, ante la calamidad que le preceda (Mc 13:19-20ss). Sería efecto de una mala traducción aramaica. Se habría tomado el adverbio lachda (mucho) como un numeral: "uno solo."
Que no hagan caso a dichos sobre su manifestación (Mt 24:26; Mc 13:21-22), porque esa manifestación será esplendente y visible para todos, como la luz del rayo en el horizonte (Mt 24:27).
Esta venida será después de su muerte, pues antes "ha de sufrir mucho y ser reprobado por esta generación."
Además, esta venida será inesperada, súbita. Para ilustrarlo trae los ejemplos de los días de Noé (Mt 24:38-39) y de Lot. Esto indica el descuido en que estarán los hombres hasta ese día, que puede ser una pequeña época. Entonces el que esté en el terrado de la casa, no baje a coger los enseres, sino que huya (Mt 24:16:17.18.40.41); y el que esté en el campo, no vuelva atrás (Lc 21:21). Todo esto se dice para exponer la presteza de esta venida y el poder, ante ella, ponerse a salvo. Esto no puede referirse a la parusía. Y se refuerza con una sentencia que se lee en Jn, y que aquí se la toma en un sentido distinto: el que crea estar seguro no huyendo perderá la vida, y viceversa (Jn 12:25).
A la hora de la parusía no habrá tiempo para "bajar" a coger — ¿por qué — los enseres de la casa, ni el que esté en el "campo" para ir a otro sitio. Se acabó el tiempo (cf. 1 Tes 4:15ss).
Y tan súbita — forma hiperbólica de expresión — será esta venida, que dos personas que estén juntas, una, en esa venida, experimentará los efectos penales, y otra no (Mt 24:40-41). Modo de expresar lo que será el castigo de la guerra en la intimidad de los hogares.
Y a la pregunta que le hacen: "¿Dónde sucederá esto?" no les responde. Deben estar todos alerta. Pero que sepan que "donde esté el cuerpo, allí se juntarán los buitres" (Mt 24:28). Es un proverbio que les hacer ver que esta venida será allí donde esté determinado por el plan de Dios.
Como se expone en el comentario al capítulo 24 de Mt, esta venida de Cristo no exige una presencia sensible suya, sino una presencia moral: su presencia en poder, al verse la destrucción de Jerusalén por El vaticinada. Con ello aparece Cristo "viniendo" en "poder." Esto confortará a los discípulos cuando lo sepan, pues verán una vez más confirmada la palabra del Señor.
1 Vosté, Parabolae. II p.605-609; H. Holstein, Serviteurs inútiles (Lúe 17:10): Bibl. et Vie Chrét. (1962) 39-45.
2 Bonsirven, Lc judaisme palestinien. (1934) I p.386.
3 R. Sneed, The Kingdon of God is Within You (Lk 17:21): Cath. Ribl. Quart. (1962) 363-382; R. Rüstow,Entóshymonestin. Zur DeutungvonLkl7:20ss: Znw (1960) 197-224.
Capitulo 18
La parábola del juez inicuo, 18:1-8
1 Les dijo una parábola para mostrar que es preciso orar en todo tiempo y no desfallecer, 2 diciendo: Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. 3 Había asimismo en aquella ciudad una viuda que vino a él diciendo: Hazme justicia contra mi adversario. 4 Por mucho tiempo no le hizo caso; pero luego se dijo para sí: Aunque, a la verdad, yo no tengo temor de Dios ni respeto a los hombres, 5 mas, porque esta viuda me está cargando, le haré justicia, para que no acabe por molerme. 6 Dijo el Señor: Oíd lo que dice este juez inicuo. 7 ¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a El día y noche, aun cuando los haga esperar? 8 Os digo que hará justicia prontamente. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?
Parábola propia de Lc. Como los discípulos deberán sufrir mucho, para esto les es necesaria la oración, estando alerta para esta venida. En el lugar paralelo del "Apocalipsis sinóptico" se vaticina todo esto, y se les recomienda para ello estar atentos, "vigilantes" y "orar" (Lc 21:36 par.). Esta constante vigilancia por la oración es lo que inculca esta parábola, cuyo tema se enuncia abiertamente al comienzo de ella: "Es preciso orar en todo tiempo y no desfallecer." No se trata de una oración matemáticamente continua, pero sí muy asidua.
La parábola se centra en un juez acaso venal que no se molesta en hacer justicia a una pobre viuda. Ya los profetas clamaban contra este abuso de los desvalidos. Pero ella urgía le resolviese su asunto, que en el contexto es favorablemente — "hacer justicia" — , e insistentemente volvía a la carga. El mismo temió; le estaba molestando tanta insistencia. Por lo que se decide a hacerle justicia, no sea que "finalmente venga y me dé más quebraderos de cabeza."
Y Cristo saca la conclusión con un argumento "a fortiori": Si por egoísmo los seres humanos hacen justicia, favores, ¡cuánto más Dios hará justicia!, por alusión a la parábola, pero con el significado de despachar favorablemente lo que piden, a los "elegidos," no en contraposición a reprobos, sino en el sentido vulgar y paulino de "fieles," que asiduamente claman a él, "aun cuando les haga pacientemente esperar" (μαχροθυμεΤ). Esta última frase es discutida en su sentido preciso !. Sí, ante esa oración perseverante, hará justicia, y prontamente, lo que no está en contradicción con la "espera." Es un modo hiperbólico de asegurar la certeza del logro de esa oración (Is 65:24). Aquí termina la parábola. En ella hay expresiones paulinas; v. gr., "orad siempre" (1 Tes 5:17; 2 Tes 1:11; Rom 1:10; 12:12; Ef. 3:13); "no perdáis ánimos" (2 Tes 3:13; 2 Cor 4:1.16, etc.). Pero la segunda parte del versículo — "Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?" — parece una adición extraña. ¿En qué relación está con lo anterior? Parece estar en una relación conceptual de fondo, o lógica. La parábola enseña la necesidad de una oración perseverante. Pero, a su vez, en el contexto de Lc viene situada aquí por la necesidad de la "vigilancia" ante la venida del Hijo del hombre. A la hora de esta venida, se "enfriará la caridad de muchos" (Mt 24:12), y aparecerán falsos profetas y falsos "cristos," con portentos, que pretenderán engañar, si fuera posible, a los mismos "elegidos" (Mc 13:22). Evocada por esto, aparece esta pregunta al final de la parábola, en la que se pide la perseverancia en la oración, como insinuándose que por no atender a esta enseñanza, o si no se la atiende, en orden a esta perseverancia, esa "frialdad de la caridad" podrá afectar a muchos 2.
La frase sobre la "justicia" (v.7) podría ser una alusión a las persecuciones de la Iglesia primitiva (cf. Lc 21:12; Ap 6:9-11, etcétera). La reflexión final (v.8b), que, por razones filológicas, no parece ser de Lc 2, debe de tener aquí por trasfondo la parusía
Si la parábola responde originariamente al cuadro anterior de la "venida del Hijo del hombre" (Lc 17:22-37), aunque el v. l8b tiene características de Lc, la parábola debió de referirse a la certeza de la providencia de Dios sobre los discípulos ante las calamidades anunciadas y el temor o vacilaciones de éstos.
El sentido actual que tiene sobre la oración sería una adaptación como el medio ordinario para superar catástrofes (cf. Lc 21:36) y lograr el éxito con su "paciencia" (Lc 18:7; cf. Lc 21:19). Ante la panorámica de la Iglesia primitiva, la Iglesia la extendió y adaptó a sus necesidades.
Parábola del fariseo y el publicano. 18:9-14
9 Dijo también esta parábola a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás. 10 Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo, el otro publicano. 11 El fariseo, en pie, oraba para sí de esta manera: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, adúlteros, injustos, ni como este publicano. 12 Ayuno dos veces en la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo. 13 El publicano se quedó allá lejos, y ni se atrevía a levantar los ojos al cielo, y hería su pecho diciendo: ¡Oh Dios!, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que bajó éste justificado a su casa, y no aquél. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.
Propia de Lc. El auditorio de esta parábola es distinto del auditorio de la anterior (v.1-9). Por eso, su unión con ella tiene por razón el tema de la oración. Es un contexto lógico, sea de Lc o de la catequesis.
La finalidad de ella es enseñar el valor de la oración, pero con una condición esencial de la misma: la humildad. Es condición esencial, pues todo el que pide ha de reconocer lo que no tiene. Cristo, según Lc, dijo esta parábola "a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás." En la oración, pues, la actitud humilde es lo que hace a Dios aceptarla, mientras que la actitud soberbia del que pide con exigencia, más o menos camuflada, Dios no la escucha. Así termina la parábola con una sentencia, citada varias veces, pero que insertada aquí comenta el sentido del intento: "El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado" (cf. Lc 14:11; Mt 23:12).
v.9. Dos hombres suben al templo a orar. La escena presenta más bien una oración privada. Uno fariseo: soberbio, engreído por la práctica material de la Ley; despreciador de los demás, por considerarlos pecadores. El fariseo se consideraba siempre "el justo." El publicano, alcabalero al servicio de Roma y predispuesto a negocios ilícitos, era considerado como gente "pecadora," odiada y despreciable.
v.11-12. La oración de pie era normal. No ora: relata sus necedades, porque sólo lo que refiere, aunque fuese verdad, no evitaba el orgullo. Además alega obras de supererogación. Ayuna "dos veces" por semana. No había más obligación que el ayuno anual del día de Kippur, el 9 del mes de abril. Pero los fariseos ayunaban los dias segundo y quinto de la semana. 3. Pagaba, además, el diezmo de todo lo que vendía o adquiría (χτάομαι = adquirir; Lev 27:30-33; Dt 14:22-28). La versión de la Vulgata (possideo) no es exacta.
Strack-Billerbeck escribe: "La oración puesta en boca del fariseo no es una invención tendenciosa, sino que expresa perfectamente la realidad." Como confirmación citan lo siguiente: "Te doy gracias Yahvé, Dios mío, porque Tú me has dado parte con los que se sientan en la casa de la ciencia, y no con los que se sientan en las esquinas de las calles. Porque yo me levanto temprano, y ellos se levantan temprano, yo me levanto temprano para estudiar la Torah, y ellos se levantan temprano para atender a cosas sin importancia. Yo me fatigo y aprovecho con ello, mientras que ellos se fatigan sin ningún provecho. Yo corro hacia la vida del tiempo futuro, y ellos corren hacia la hora de la desesperación." 4
La oración del publicano, por su humildad, por reconocer lo que era ante Dios, pecador, sin levantar los ojos ni las manos al cielo, como era normal, y pedirle misericordia, le trajo la justificación. En cambio, la exhibición del fariseo, que alegaba ante Dios sus obras como si fuesen suyas, engreyéndose en su complacencia, no le trajo la "justificación," que es el único término que aquí se compara (2 Sam 19:44 [LXX]; Sal 45:8; Rom 1:25). No le justifican sus obras solas. Conceptual y redaccionalmente se pensaría en Pablo. Es el único pasaje evangélico en que sale con este sentido esta palabra. Su construcción semita hace ver que sus raíces son la predicación de Cristo.
¿Cuál es su sentido original? Pues su redacción es cristiana. La oración del fariseo, conforme a la mentalidad de "premios temporales" a la virtud en el A.T., era un acto de gratitud a Dios. ¿Qué ha hecho, pues, de mal el fariseo? ¿Y qué había hecho el publicano para reparar su culpa? (J. Jeremías). La enseñanza original — la redacción cristiana es una potencialización histórica — es hacer ver el verdadero sentido del amor de Dios en el A.T., destacando, conforme a la valoración profética interpretativa (cf. Sal 51), el valor del arrepentimiento y la desestima de las simples obras si no van vivificadas por el "espíritu."
El v.14b es discutido su sentido original aquí; aparece en otros contextos (Mt 23:12; 18:4) y se le da un tono de "ética vulgar" (Dibelius), que no parece estar a tono con el sentido original de la parábola, aunque, como adición "sapiencial" sintetiza este caso y alerta ante otros.
Los niños vienen a Cristo. 18:15-17 (Mt 19:13-15; Mc 10:13-16)
Cf. comentario a Mt 19:13-15
15 También le presentaban niños para que los tocase; viendo lo cual, los discípulos los reprendían. 16 Jesús los llamó a sí, diciendo: Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo prohibáis, que de ellos es el reino de Dios. 17 En verdad os digo, quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
Sin contexto histórico definido se presenta esta escena que recogen los tres sinópticos. Lc presentaban niños (τα βρέφη) para que los "tocase" (Lc-Mc). Se diría que para obtener los beneficios de esa "virtud que salía de El"f En el lugar paralelo de Mt es complementado el pensamiento, para que "les impusiera las manos y orase" sobre ellos. Pero, al ver esto, los discípulos reprendían a los que se los traían; creían que era molestar al Maestro. Mas Cristo los llamó; quiso que viniesen a El. Y la historia iba a ser una "parábola en acto." Los "abrazó" (Mc) y los bendijo. Quiso que viniesen a El porque "de ellos es el reino de los cielos." ¿Por qué? Se pensó en la inocencia; pero la razón ambiental es otra. Cristo sacará la lección: "el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él." ¿Cómo lo recibe el niño, cuando ni se da cuenta realmente de lo que es? El niño, en la mentalidad judía, no significaba casi nada, no contaba: recibía, sin más, todo lo que le daban. Por eso, los niños recibían el reino porque Dios se complace en ellos y se lo da gratuitamente. Esta ha de ser la actitud para recibirlo: no de exigencia o presunción — actitud de los fariseos — , sino de humildad y gratitud: "recibirlo" como generoso don de Dios. Aquí la vuelve, en general, a empalmar con Mc, del que se había apartado en 9:50. Lo seguirá hasta el c.22.
La enseñanza a propósito de un joven rico, 18:18-27 (Mt 19:16-30; Mc 10:17-31)
Cf. comentario a Mt 19:16-30
18 Cierto personaje le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para alcanzar la vida eterna? 19 Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. 20 Ya sabes los preceptos: No adulterarás, no matarás, no robarás, no levantarás falsos testimonios, honra a tu padre y a tu madre. 21 Díjole él: Todos esos preceptos los he guardado desde la juventud. 22 Oyendo esto Jesús, le dijo: Aún te queda una cosa: Vende cuanto tienes y repártelo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme. 23 El, oyendo esto, se entristeció, porque era muy rico. 24 Viéndolo Jesús, dijo: ¡Qué difícilmente entran en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25 Porque más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios. 26 Dijeron los que le oían: Entonces, ¿quién puede salvarse? 27 El respondió: Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios.
Los tres sinópticos traen este relato. Lc es el que lo trae más sintéticamente. Era un apio, personaje; término de Lc (12:58;14:1; 23:13.35). La lección que se desprende es el poder fascinador de las riquezas. A un joven, visto con simpatía por Cristo, cultivador de la virtud, al proponérsele un modelo superior de perfección, con el ofrecimiento de ser discípulo de Cristo, al saber que tiene que dejar sus muchas riquezas, "se entristeció." Lc no dice más. Pero fue el no seguir a Cristo por este camino.
También la sugerencia de la trascendencia de Cristo, hecha sobre la pregunta de Dios "bueno," es de interés. Su estudio se expone en el comentario a Mt 19:16-30.
Y la lección general que también Cristo enseña es: la riqueza fascina en la vida. ¡Tantas veces es peligro para perder los valores del reino! Pero queda el recurso a Dios. Porque "lo que es imposible a los seress humanos, es posible para Dios." 4 Es relato que implica y continúa el tema de la oración.
El premio de los apóstoles. 18:28-30 (Mt 19:27-30; Mc 10:28-30)
Cf. comentario a Mt 19:27-30
28 Díjole Pedro: Pues nosotros, dejando todo lo que teníamos, te hemos seguido. 29 El les dijo: En verdad os digo que ninguno que haya dejado casa, mujer, hermanos, padre o hijos por amor a Dios, 30 dejará de recibir mucho más en este siglo, y la vida eterna en el venidero.
Los tres sinópticos unen este pasaje al relato del joven rico que renuncia seguir a Cristo. La situación literaria es lógica. El joven rico no dejó las riquezas para seguir a Cristo, pero ellos dejaron lodo lo que poseían. Poco o mucho, no cuenta tanto como el apego a lo propio, máxime si es un hogar propio, como en el caso de los apóstoles.
Pedro es el que plantea el problema. En Lc la respuesta es sencilla: "En este siglo recibirá mucho más" 5 de lo que dejó, y en el siglo venidero, "la vida eterna." En Mt se intercala otro premio; probablemente procede de otro contexto distinto. En cuanto a este lugar paralelo, se limita a poner que recibirán ahora "el céntuplo" y se "heredará la vida eterna." Pero Mc es el que lo pone con una forma más primitiva, y que permite valorar mejor la respuesta. Dice: "recibirá ahora, en este tiempo, el céntuplo, en casas, hermanos, hermanas, madres e hijos, campos, con persecuciones., y luego la vida eterna." Esto hace ver el sentido preferentemente espiritual de estos premios, dados y valorados en función del reino. La "vida eterna" conecta con la teología de Jn.
La omisión de "persecuciones" aquí, como parte de la suerte de los discípulos, con éstas ya en marcha, extraña; debe de usar otras "fuentes."
Tercer vaticinio de la pasión, 18:31-34 (Mt 20:17-19; Mc 10:32-34)
31 Tomando aparte a los Doce, les dijo: Mirad, subimos a Jerusalén y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas del Hijo del hombre, que 32 será entregado a los gentiles, y escarnecido, e insultado, y escupido, 33 y después de haberle azotado, le quitarán la vida, y al tercer día resucitará. 34 Pero ellos no entendían nada de esto; eran cosas ininteligibles para ellos, no entendían lo que les decía.
Los tres sinópticos ponen este tercer vaticinio a continuación de la pregunta de Pedro sobre la renuncia de bienes. Es la tercera vez que hace este anuncio a los apóstoles, camino de Jerusalén, donde morirá. Es la descripción más minuciosa. Lc es el único que en los tres anuncios cita que va a tener lugar, con su pasión, muerte y resurrección, el cumplimiento de las Escrituras. Otra vez se resalta que los apóstoles no entendían lo que se les decía. No es que no comprendiesen esto, como se ve muy bien en Mt (16:22ss), sino que lo que no "comprendían" era que, siendo El el Mesías, que, conforme a las ideas ambientales, sería un triunfador político y glorioso, había de ser condenado por las jerarquías jerosolimitanas y morir. Esta "incompresión" de los apóstoles sobre la muerte del Mesías es una prueba de la necesidad de esta insistencia en inculcarles y persuadirles así su mesianismo de pasión y muerte (cf. Mc 9:32).
Es la predicción más matizada. Su redacción particularizada sugiere ya el cumplimiento de los hechos, ya que Cristo posiblemente utilizó el estilo profético, de naturaleza más vaga, como se expuso en Mt, en la primera predicción.
El ciego de Jericó. 18:35-43 (Mt 20:29-34; Mc 10:46-52)
Cf. comentario a Mt 20:29-34
35 Acercándose a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna. 36 Oyendo a la muchedumbre que pasaba, preguntó qué era aquello. 37 Lc contestaron que era Jesús Nazareno que pasaba. 38 El se puso a gritar, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí. 39 Los que iban en cabeza le reprendían para que callase, pero él gritaba cada vez más fuerte: Hijo de David, ten piedad de mí. 40 Deteniéndose Jesús, mandó que se lo llevasen, y cuando se le hubo acercado, le preguntó: 41 ¿Qué quieres que te haga? Dijo él : Señor, que vea. 42 Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado, 43 y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Todo el pueblo que esto vio, daba gloria a Dios.
Se comenta este milagro en Mt 20:29-34. Tiene dos divergencias clásicas. Se realiza el milagro cuando Cristo "sale" de Jericó (Mt-Mc) o cuando se "acerca" a Jericó (Lc). En Mt son "dos ciegos"; en Mc y en Lc, "un ciego," llamado Bartimeo. Es dato de interés histórico.
La solución a lo primero parece se debe a la forma redaccional de Lc. Recogiendo el pasaje de la tradición, pero sin precisión topográfica, y sin especial interés en ello, la redactó con una forma vaga: "Al acercarse" a Jericó, es decir, cerca de ella, sin matizar si fue a la entrada o a la salida de Cristo. Es la geografía teológica de Lc.
También se la explica por un procedimiento redaccional especial de Lc. Habría fundido dos narraciones: la de Mc sobre el ciego y la de Zaqueo, que suceden ambas en Jericó. Primero narra el milagro del ciego de Jericó, y luego, también en Jericó, la escena del publicano Zaqueo. Por eso no da especial importancia literaria a este detalle topográfico donde tiene lugar la curación del ciego 6.
Se ha propuesto como solución otra forma de procedimiento redaccional. Cristo al "salir," o fuera ya de Jericó, tiene la enseñanza parabólica de las minas (Lc 19:11). Antes, dentro de Jericó, tiene lugar la escena de Zaqueo (Lc 19:1ss). Y antes de esta escena narra la curación del ciego. Esto haría, por un procedimiento redaccional tripartito, localizar literariamente la escena de esta narración al "acercarse" o "entrar" en Jericó 7. Sería variación literaria.
Apologéticamente, el milagro tiene gran valor. Cristo sube a Jerusalén para morir como Mesías. Y aquí se le aclama como a tal por la multitud, ya que el título "Hijo de David" era el título mesiánico más usual. Y El lo rubrica con un milagro.
Sin embargo, en los tres sinópticos se usa el título de "Señor," correspondiendo acaso más al "Rabboni" que al χυρίος eclesial y el mesiánico de "Hijo de David."
1 Maréchal, Evang. S. St. Lúe (1946) P.214. 2 Vosté, Parabolae. Ii P.572-583; G. Délling, Das Gleichnis Vom Gottlosen Rich-R (Lw 18:1-8): Znw (1962) 1-25; C. E. B. Cranfield, The Parable Of The Unjust Judge And The Eschatology Of Lk-Acts: Scottisch Journ. Of Theol. (Edinburgh 1963) 297-301; H. Rlensenfeld, Zu "Makrozymeín" (Lk 18:7): Fs. J. Schmid (1963) 214-
2 J. Jeremías, Die Gleischisse., P.190 Y Nota 213. 3 Didaje C.8. 4 Strack-B., Kommentar. Ii P.240-241. 4 S. Légasse, L'appel Du Riche (1966); E. C. Del'oca, Camello Por El Ojo De Una Aguja: Rev. Bibl. Argent. (1963) 43-46. 5 Posiblemente Pudiera Ser La Lectura El "Séptuplo," Como Cifra Simbólica De Abundancia. Cf. Nestlé, Ν. Τ. Graece Et Latine. Ap. Crit. A Lc 18:30.
6 Fonck, En Verb. Dom. (1923) 34-42. 7 Osty, L'évang. S. St. Lúe, En La Sainte Bible De Jerusalem (1948) P. 15-16; G. Pillarella, Sedebat Secus Viam Mendicans (Lc 18:35): Pal. Cler. (1959) 1085-1087.
Capitulo 19
Zaqueo el publicano, 19:1-10
1 Entrando, atravesó Jericó. 2 Había allí un hombre llamado Zaqueo, jefe de publícanos y rico. 3 Hacía por ver a Jesús, pero a causa de la muchedumbre no podía, porque era de poca estatura. 4 Corriendo adelante, se subió a un sicómoro para verle, pues había de pasar por allí. 5 Cuando llegó a aquel sitio, levantó los ojos Jesús y le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque hoy me hospedaré en tu casa. 6El bajó a toda prisa y le recibió con alegría. 7 Viéndolo, todos murmuraban de que hubiera entrado a alojarse en casa de un pecador. 8 Zaqueo, en pie, dijo al Señor: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado en algo, le devuelvo el cuádruplo. 9 Díjole Jesús: Hoy ha venido la salud a tu casa, por cuanto éste es también hijo de Abraham; 10 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.
La escena es en la Jericó herodiana, a 3 kilómetros al sur de la vieja, que era la única habitada. Lc es el único que narra esta escena. A la fascinación que causan las riquezas, y que Lc expuso en el pasaje del joven que no "siguió" a Cristo por sus muchas riquezas, la conversión de Zaqueo presenta un ejemplo en contrapartida. Es otro caso, aquí con hechos, del tema de la misericordia de Cristo, tan destacado por Lc.
Zaqueo, que significa "el puro," "el justo," o, si es abreviatura de Zacarías, "Dios se acordó," es presentado por Lc en dos caracteres íntimamente unidos entre sí. Es "jefe de publícanos" y hombre "rico."
Los publícanos eran los recaudadores de los impuestos de Roma a Israel. Por eso eran aborrecidos por los judíos, como cofautores de la dominación romana. La autoridad de Roma admitía de éstos una cantidad alzada, y luego ellos podían resarcirse en los cobros del pueblo. Ello dejaba un margen de abuso manifiesto en los beneficios. Acaso por eso era "rico." Máxime siendo "jefe" de los publícanos de toda aquella zona de Jericó (cf. Lc 3:12-13).
El buen deseo se ve en este hombre de "estatura pequeña," por lo que se sube a un árbol, y no tiene reparo en "correr" para situarse por donde Cristo ha de pasar.
A su paso, Cristo lo miró, lo llamó, y Lc dijo que bajase "pronto" — en esta palabra hay un ansia espiritual de ganarle — , porque "hoy tengo (δεi) que hospedarme en tu casa." El bajó "con toda prisa." Este rasgo de Lc corresponde al ansia que Cristo tiene de él. Y lo recibió en su casa "con alegría." La murmuración judía no podía faltar al ver que se hospedaba en la casa de un "pecador." Esta palabra tenía para ellos el sentido de un hombre inmerso en toda impureza "legal," que aquí también podía ser moral por su oficio.
Lc es rápido en la descripción. Pero va a lo fundamental de los hechos. Zaqueo está convertido. El confiesa su satisfacción: "Doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado en algo, le devuelvo el cuadruplo."
En la Ley se exigía el cuadruplo en casos de robo (Ex 21:37; 22:1). Pero en caso de fraudes sólo se exigía una quinta parte, a más de la devolución o compensación de lo defraudado (Lev 5:24; Núm 5:6.7). En el uso de esta época sólo estaba vigente la satisfacción de una quinta parte sobre lo robado 1.
Así, la oferta de Zaqueo es: la primera, como una indemnización; y la segunda, un acto de generosidad muy por encima de lo que la justicia exigía entonces.
Con Cristo llegó a Zaqueo la "salud." También él, aunque degradado por los fraudes y malos negocios, era digno de ser hijo de Abraham: de la suerte de los judíos dignos y rectos. Y, sin duda, también a toda su "casa" (Act 10:2; 11:14; 16:15.31; 18:8), lo mismo que antes participarían de "riqueza de iniquidad."
Y se hace ver que ésta era la misión de Cristo. Lo criticaban por "comer y beber con los publícanos y pecadores" (Lc 15:1) y les respondió con las parábolas de la misericordia. Y aquí se responde, aparte de los hechos, con destacar que ésta era la misión del Hijo del hombre: que "ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido." Esta sentencia de Cristo debe de provenir de otro contexto. Pero es el complemento "sapiencial" al hecho de esta conversión. San Ambrosio ve en Zaqueo un fruto maduro que cae del árbol a la primera sacudida que le hace Cristo 2.
Siendo histórica la escena, es de una destacada temática y elaboración lucana: Cristo invitado a un banquete (v.5); alegría (v.6); desprendimiento (v.8); salud universal (v.10a); Cristo amigo de pecadores (v.l0b). La propuesta de Bultmann que sea una reelaboración de Mc 2:14-17, no tiene base.
Parábola de las minas, 19:11-28 (Mt 25:14-30)
Cf. comentario a Mt 25:14-30
11 Oyendo ellos esto, añadió Jesús una parábola, por cuanto estaba próximo a Jerusalén, y les parecía que el reino de Dios iba a manifestarse luego. 12 Dijo, pues: Un hombre noble partió para una región lejana para recibir la dignidad real y volverse; 13 llamando a diez siervos suyos, les entregó diez minas y les dijo: Negociad mientras vuelvo. u Sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron detrás de él una legación, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. 15 Sucedió que, al volver él, después de haber recibido el reino, hizo llamar a aquellos siervos a quienes había entregado el dinero, para saber cómo habían negociado. 16 Se presentó el primero, diciendo: Señor, tu mina ha producido diez minas. 17 Díjole: Muy bien, siervo bueno; puesto que has sido fiel en lo poco, recibirás el gobierno de diez ciudades. 18 Vino el segundo, que dijo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19 Díjole también a éste: Y tú recibe el gobierno de cinco ciudades. 20 Llega el otro diciendo: Señor, ahí tienes tu mina, que tuve guardada en un pañuelo, 21 pues tenía miedo de ti, que eres hombre severo, que quieres recoger lo que no pusiste y segar donde no sembraste. 22 Díjole: Por tu boca misma te condeno, mal siervo. Sabías que yo soy hombre severo, que rengo donde no deposité, y siego donde no sembré. 23 ¿Por qué, pues, no diste mi dinero al banquero, y yo, al volver, lo hubiera recibido con los intereses? 24 Y dijo a los presentes: Tomadle a éste la mina y dádsela al que tiene diez. 25 Le dijeron: Señor, ya tiene diez minas. 26 Díjoles: Os digo que a todo el que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 27 Cuanto a esos mis enemigos que no quisieron que yo reinase sobre ellos, traedlos acá y, delante de mí, degolladlos. 28 Y diciendo esto, siguió adelante, subiendo hacia Jerusalén.
La parábola de las "minas" de Lc es la misma parábola de los "talentos" de Mt. Es generalmente admitido, y basta para ello la comparación y estructura de ambas. No obstante, la finalidad que se expone es distinta. En Mt es la necesidad de rendir los dones que Dios concedió a cada uno; pues se ha de rendir cuenta de ellos a él en su juicio, en la parusía. En Lc, en cambio, la finalidad es distinta, buscada, seguramente, por el mismo evangelista. La trae con elementos que no tiene Mt, y en éstos está su finalidad. Se ve ya en la introducción. Cristo cuenta la parábola "porque estaba próximo a Jerusalén y les parecía que el reino de Dios iba a manifestarse luego." La sobreexcitación mesiánica se agudizaba, después de tantos milagros de Cristo, al ir a celebrar la Pascua 3.
Por eso, la finalidad directa de la parábola no es, como en Mt, rendir cuentas de los ahorros aunque alude incidentalmente a la parusía (v.19), sino hacer ver la necesidad de la ida de Cristo y la tardanza de su retorno en la parusía. Mientras, se han de rendir los dones de Dios, para darle cuenta a El en su venida.
Era esto una grave preocupación en la Iglesia primitiva (2 Pe 3:4; 2 Tes 2:1ss). Comparada con Mt se ve que en ésta se mezclan dos parábolas. Son las siguientes, con una introducción-tema:
V.II=tema/ v.12-13 y 15b-26 (las minas)! 14-15a.27 (adquisición de un reino: es alegoría) /v.28=indicación histórico-geográfica.
En el "Evangelio de los Nazarenos," apócrifo, se encuentra otra versión de esto. Son tres siervos: uno gasta su "mina" con rameras; otro la aumenta con el comercio; el otro la esconde y no gana nada. Por ello, uno es aceptado con alegría; otro, reprendido; y el tercero es puesto en prisión." 3
Esta parábola es mixta; tiene varios elementos alegorizados.
El auditorio, aunque no se dice, son los apóstoles. Parece que son los que pueden relacionar la ida a Jerusalén con esta declaración allí, pública y oficial, de su mesianismo.
v.12. Este "hombre" que va a recibir la dignidad real es Cristo, que va a lograr el mérito de establecer el reino mesiánico en la cruz. Volverá visiblemente en la parusía, como lo exige el contexto de rendir cuentas. La imagen parece tomada de la ida a Roma de Herodes el Grande, y después de su hijo Arquelao, para lograr la dignidad real de Augusto. La primera fue el año 40 antes de Cristo, y la segunda, el 4 después de Cristo. 4
v.13. La "mina" era la moneda tipo en Grecia. Era equivalente a 100 dracmas (igual a 100 denarios).
v.14. El aborrecimiento de sus conciudadanos se refiere a los Herodes. Y hasta enviaron una legación para que no le confirmasen la dignidad real, porque no querían que reinase sobre ellos. Esta historia refleja la ida a Roma de Arquelao, el odio que contra él había y la embajada que se envió tras él para esto 4. En sentido alegórico, este rey es Cristo. Sus "conciudadanos," en frase redonda, le "aborrecían." La embajada se pone para más acusar a los que no quieren que reine sobre ellos. Pero también se ve cumplido esto en el proceso de Cristo ante Pilato al pedir su muerte y proclamar que no tienen más rey que al Cesar.
v.15. Vuelve después de recibir el reino. Es Cristo en su parusía. Mt lo dice claramente. Vuelve "después de mucho tiempo." Ya desde aquí coincide con Mt. Los dones de Dios se los ha de hacer fructificar. El fijar el número en la rendición de cuentas de tres siervos es por razón de abreviar. Pero en ellos está un máximum, un medio y una falta total de rendimiento.
v.17. El gobierno sobre "diez ciudades" es premio a la fidelidad que tuvo al rey en su ausencia. Reinará con él. Su fidelidad le ha ganado la plena confianza del rey. Así participará de su confianza en el gobierno del reino.
v.24-25. Extraña que se dé la "mina" del que no la había hecho fructificar al que rendía el máximum. Con ello se indica que el que más rinde es más digno de premio. Lo mismo que el despojo de los bienes dados al que no los hace rendir.
v.26. La primera parte es el comentario a lo anterior: "a todo el que tiene se le dará." En cambio, al que no produjo se le quitarán, en castigo, esos dones que no hizo rendir. Bienes que aquí están dados y fructificados o esterilizados en orden al reino, a la vida eterna. "Al que no tiene" esa fructificación, "aun lo que tiene," esos primeros dones dados por Dios y por él no fructificados, "le será quitado" en castigo. Este doble proverbio, incluso en forma más paradójica, se encuentra citado en otros pasajes evangélicos (Mt 13:12; Mc 4:25; Lc 8:18).
v.27. El degüello de sus enemigos ante él es un modo oriental de describir un castigo máximo. Es el infernal, sentenciado oficialmente en la parusía 5.
En su sentido original debió de ser una parábola de "crisis" dirigida a los fariseos, que no hicieron rendir los dones que se les dieron — la ciencia de Dios — para llevar el pueblo judío al reino, y el anuncio de su responsabilidad ante la parusía.
Entrada mesiánica en Jerusalén, 19:29-40 (Mt 21:1-9; Mc 11:1-10; Jn 12:12-29)
Cf. comentario a Mt 21:1-9
29 Al acercarse a Betfagé y Betania, en el monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, 30 diciéndoles: Id a la aldea de enfrente, y, entrando en ella, hallaréis un pollino atado, que todavía no ha sido montado por nadie; desatadlo y traedlo. 31 Y si alguno os dijere: ¿Por qué lo soltáis? diréis así: El Señor tiene de él necesidad. 32 Fueron los enviados y lo hallaron así como les había dicho. 33 Desatando ellos el pollino, les dijeron sus amos: ¿Por qué desatáis el pollino? 34 Les respondieron: El Señor tiene necesidad de él. 35 Lo llevaron a Jesús, y, echando sus mantos sobre el pollino, montaron a Jesús. 36 Según El iba, extendían sus vestidos en el camino. 37 Cuando ya se acercaba a la bajada del monte de los Olivos, comenzó la muchedumbre de los discípulos a alabar alegres a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, 38 diciendo: ¡Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! 39 Algunos fariseos de entre la muchedumbre le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. 40 El contestó y dijo: Os digo que, si ellos callasen, gritarían las piedras.
Los cuatro evangelistas relatan aunque con variantes, este "ingreso mesiánico" de Cristo en Jerusalén, en el viaje a su muerte.
El relato es común a los tres sinópticos. En el Comentario a Mt se expone. Jn lo matiza más. Sin embargo, Lc da una serie de detalles de este cortejo. La gran aclamación comenzó al "acercarse a la bajada del monte de los Olivos." Era el momento en que se divisaba bien Jerusalén, y el entusiasmo se desbordó (v.37). El asno podía ser la cabalgadura de un príncipe que entraba en son de paz (Zac 9:9).
La aclamación que le dan es:
"Bendito el que viene (Lc 7:20). el Rey (Jn 12:14.15), en nombre del Señor (Sal 118:26); paz en el cielo, y gloria en las alturas"
Las primeras aclamaciones son títulos mesiánicos. La redacción de Lc, comparada con la de Mt-Mc, está más comprensible para sus lectores helenistas. Los dos últimos hemistiquios son una alabanza a Dios por enviar al Mesías. Omite a Mc 11:10 acaso porque sus lectores no piensen en un "reino" davídico material.
Los fariseos invitan a Cristo a que corte aquellas aclamaciones. Pero, aparte que ellos lo decían por envidia, era la "hora" del mesianismo, la "hora" de Dios. Por ello, si ellos callasen, gritarían las piedras. La frase podría ser un proverbio (Hab 2:11). Estos v.39-40 son propios de Lc. Algo parecido se encuentra en el Talmud b. (Hagigah 16 a).
No hay que figurarse el cortejo como algo insólito. No debió de pasar del volumen, o poco más, de una caravana que llegaba a la Ciudad Santa. Lo inesperado y rápido del desarrollo del mismo explica el pasar inadvertido o no inquietante para la autoridad romana, máxime en aquellos días de exacerbación mesiánica, en los cuales una intervención imprudente podía peligrosamente acentuarlos. La valoración que parece probable se expone en Comentario a Mt 21:1-9.
Llanto sobre Jerusalén, 19:41-44
41 Así que estuvo cerca, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: 4 ¡Si al menos en este día conocieras lo que hace a la paz tuya! Pero ahora está oculto a tus ojos. 43 Porque días vendrán sobre ti, y te rodearán de trincheras tus enemigos, y te cercarán, y te estrecharán por todas partes, 44 y te abatirán al suelo a ti y a los hijos que tienes dentro, y no dejarán en ti piedra sobre piedra por no haber conocido el tiempo de tu visitación.
Propio de Lc. Al bajar el monte de los Olivos, ya acercándose a Jerusalén, y contemplarla, y enfrente el templo herodiano, "lloró" a causa de la ciudad. Lc acompañaban la aclamación de sus discípulos y gentes galileas y algunos judíos. Pero veía lo que le aguardaba a Él y a ella. ¡Si Jerusalén hubiese conocido "en este día," como extrema tabla de salvación, toda la misión de paz mesiánica que El le traía! Pero eran muchas las pasiones que estaban en juego contra El. Y la historia de un pueblo que esperaba al Mesías para su gloria y su paz, cuando éste llegó., lo va a crucificar. Es lo que el Señor ve y por lo que derrama sus lágrimas. Pero con ellas, como garantía de su verdad, da la profecía de su castigo. Es la catástrofe de Jerusalén en el año 70.
La descripción, detallista, no supone, parece, el cumplimiento de la ruina de Jerusalén para su descripción. Son los elementos usuales para la descripción del asedio de una ciudad. Algo semejante se encuentra en Isaías para hablar del asedio de Jerusalén por los asirios (Is 29:3-7) 6, y más aún en Ezequiel (4:2.3). Si hubiera sido redactado literariamente este pasaje después de los hechos — no en sentido profético de Cristo — , posiblemente hubiera tenido una descripción más vivida, y concretamente el "incendio" del templo. Es posible objeción a la fecha de la composición de este evangelio. Cabría, sin embargo, que procediese el relato de una "fuente" anterior y que se hubiese respetado e incorporado, o por querer respetar el estilo "profético" con clisés tradicionales. En todo caso es discutible su valoración.
La descripción de esta catástrofe en Flavio Josefo y la arqueología han probado la verdad del mensaje profético del Señor.
Todo ello por "no haber conocido el tiempo de su visitación." "La visita de Dios" es frase frecuente en el A.T. para indicar castigos o premios. El "tiempo de su visitación" es todo el período mesiánico de Cristo, de enseñanza y milagros, en Galilea y Judea, en sus repercusiones en Jerusalén, y, más en concreto, sus "visitas" — enseñanzas y milagros mesiánicos — en Jerusalén (= paz).
Expulsión de los mercaderes del templo, 19:45-48 (Tm 21:12-13; Mc 11:15-19; Jn 2:13-22)
Cf. comentario a Jn 2:13-22
45 Entrando en el templo, comenzó a echar a los vendedores, 46 diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; mas vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones. 47 Enseñaba cada día en el templo; pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas, así como los primates del pueblo, buscaban prenderle, 48 y no sabían qué hacer, porque el pueblo todo estaba pendiente de El escuchándole.
La descripción que hace Lc de la expulsión de los mercaderes del templo es la más sintética de todas. Casi es una alusión, ante la descripción de Mt-Mc y, sobre todo, Jn, que le da un mayor complemento histórico y una expresa valoración teológica. Casi es una alusión a este pasaje.
Cristo, al purificar el templo expulsando a unos y otros, dice que "mi casa es casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones." La cita es de Jeremías (7:11). El pasaje de Lc es demasiado concreto. Pero, a la luz del relato de Jn (Lc 20:1-2), se ve que fue un acto de tipo mesiánico.
En cuanto al momento histórico de la escena, parece que los sinópticos la han desplazado, retardando su narración a la última Pascua, cuando el momento histórico parece ser el de Jn, es decir, la primera Pascua. Es en Jn 2:13-22 donde se hace el Comentario a este pasaje ?
No deja de extrañar que Lc, que tanto destaca la oración, y la oración de Cristo, no comente más este tema. Acaso "deja este aspecto para Act 7 y los días de la Iglesia" (C. Stuhlmueller). Aquí se lo prepara como escenario de su enseñanza.
1 Strack-B., Kommentar. Ii P.25ü. 2 Ml 15:1792. 3 Josefo, Antiq. XIV 14:4-5. 4 E. Hennecke, N.T. Apocrypha 1:149 4 Josefo, Antiq. XVIII 9:3-4; Bl Ii 2:1-3. 5 Vosté, Parabolae. Ii P.522-533; Marechal, Évang. S. St. Lúe 1946) P.225-228; M. Zerwick, Die Parabel Vom Thonanwarter, Lúe 19:11-27: Bibl. (1959) 654-674; J. Jeremías, Die Gleichnisse. P.72-78. 6 Rev. Bibl. (1894) 263ss.
7 Ervijn,L'expulsion des vendeurs du Temple: Rev. Bibl. (1929) 178-200: The clean-sing ofthe Temple: Bullet. J. Rylands Libr. (1950) 271-282; N. Q. Hamilton, Temple Cleansing and Temple Bank: Journ. Bibl. Literat. Exeg. (1964) 365-372; I. Buse, The Cleansing of the Temple in the Sinopties and in John: Exp. Tim (1958) 22ss.
Capitulo 20
Origen de los poderes de Cristo. 20:1-8 (Mt 21:23-27; Mc 11:27-33)
Cf. comentario a Mt 21:23-27
1 Aconteció uno de aquellos días que, enseñando El al pueblo en el templo y evangelizándolo, se presentaron los príncipes de los sacerdotes y los escribas con los ancianos, 2 y le dirigieron la palabra, diciendo: Dinos con qué poder haces estas cosas o quién te ha dado ese poder. 3 Tomando la palabra, les dijo: También quiero yo haceros una pregunta; decidme, pues: 4 El bautismo de Juan, ¿procedía del cielo o de los hombres? 5 Ellos comenzaron a cavilar entre sí, diciéndose: "Si decimos: Del cielo, dirá: ¿Por qué no habéis creído en él? 6 Si decimos: De los hombres, todo el pueblo nos apedreará, porque está persuadido de que Juan era un profeta." 7 Así, respondieron que no sabían de dónde procedía. 8 Jesús les dijo: Pues tampoco os digo yo con qué poder hago estas cosas.
La situación que Lc da a esta escena, lo mismo que Mt-Mc, no tiene cronología. Sucede en el templo. Allí está "enseñando al pueblo y evangelizándolo." La frase es amplia. Mc lo pone "paseando" por los atrios del templo. Es el momento en que la jerarquía religiosa, que Lc cita por las tres categorías de miembros, es decir, una representación del sanedrín, le preguntan con "qué poder haces estas cosas o quién te ha dado ese poder." ¿A qué se refiere esta exigencia? Probablemente se refiere, no sólo a la enseñanza que en ese momento está haciendo, sino también a las aclamaciones mesiánicas que le dirigieron en el templo y las curaciones que allí hizo de diversas gentes (Mt 21:14). Todo esto era actuar en el recinto sagrado sin contar con su autorización. ¿De quién había recibido tales poderes? Lo mismo que para enseñar. La enseñanza en el templo era oficial. La daban rabís autorizados oficialmente. Si El enseñaba, y no por la autoridad conferida oficialmente de rabí, por una cadena que se suponía venía ininterrumpidamente de Moisés, su enseñanza no era oficial; y era, por lo mismo, sospechosa y no "ortodoxa." La pregunta iba cargada de insidia. En el trasfondo de ella se ventilaban los poderes mesiánicos con que Cristo aparecía. Pero ya los milagros habían hablado.
No obstante, El les plantea, para responderles, el dilema del Bautista. Su bautismo, ¿de dónde era? Si respondían del cielo, ellos no lo recibieron. Si de los hombres, se enemistaban con la muchedumbre, a causa del prestigio del Bautista. Fue una habilidad para no responderles a lo que no querían oír, sino que preguntaban, astutamente, para comprometerle. Cf. comentario a Mt 21:23-27.
Parábola de los viñadores homicidas, 20:9-19 (Mt 21:33-46; Mc 12:1-12)
Cf. comentario a Mt 21:33-46
9 Y comenzó a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña y la arrendó a unos viñadores y se partió de viaje para largo tiempo. 10 Al tiempo oportuno envió un siervo a los viñadores para que le diesen de los frutos de la viña; pero los viñadores le azotaron y le despidieron con las manos vacías. 11 Volvió a enviarles otro siervo, y a éste también le azotaron, le ultrajaron y le despacharon de vacío. 12 Aún les envió un tercero. Y también a éste le echaron fuera, después de haberle herido. 13 Dijo entonces el amo de la viña: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; a lo menos a éste le respetarán. 11 Pero, en viéndole los viñadores, se hablaron unos a otros, diciendo: Este es el heredero; matémosle y será nuestra la heredad. 15 Y, arrojándole fuera de la viña, le mataron. ¿Qué hará, pues, con ellos el amo de la viña? 16 Vendrá y hará perecer a esos viñadores y dará la viña a otros. Oyendo lo cual, dijeron: No lo quiera Dios. I7 El, fijando en ellos su mirada, les dijo: Pues ¿qué significa aquello que está escrito: La piedra que reprobaron los edificadores, ésa ha venido a ser cabecera de esquina? 18 Todo el que cayere contra esa piedra se quebrantará, y aquel sobre quien ella cayere quedará aplastado. 19 Los escribas y príncipes de los sacerdotes quisieron echarle mano en aquella hora, porque conocieron que a ellos iba dirigida aquella parábola; pero temieron al pueblo.
Tiene esta parábola de Lc un gran paralelo conceptual y extensivo con los relatos de Mt-Mc. Es una parábola alegorizante. El comentario se hace en Mt 21:33-46, donde se expone también el proceso de su "alegorización."
¿El v.15, propio de Lc, puede indicar también que la muerte redentora de Cristo no queda confinada dentro de los límites del judaísmo? (Stuhlmueller, p.239).
El tributo al Cesar. 20:20-26 (Mt 22:15-22; Mc 12:13-17)
Cf. comentario a Mt 22:15-22
20 Quedándose al acecho, enviaron espías, que se presentaron como hombres justos, para cogerle en algo, de manera que pudieran entregarle a la autoridad y poder del gobernador. 21 Lc preguntaron diciendo: Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y no tienes miramientos, sino que enseñas según la verdad los caminos de Dios. 22 ¿Nos es lícito a nosotros pagar tributo al Cesar? 23 Viendo El su falsía, les dijo: 24 Mostrad me un denario. ¿De quién es la efigie y la inscripción que tiene? Dijeron: Del Cesar. 25 Y El les respondió: Pues dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. 26 No pudiendo cogerle por nada delante del pueblo y maravillados de su respuesta, callaron.
Común a los tres sinópticos 1. En Lc-Mc, el motivo es una insidia farisaica, bien premeditada. Este pasaje está situado, como los dos siguientes, en los tres sinópticos en esta época. Prevalece una estabilidad cronológica o de estabilidad en las fuentes. El Comentario en Mt 22:15-22.
Sobre la resurrección de los muertos 20:27-40 (Mt 22:23-33; Mc 12:18-27)
Cf. comentario a Mt 22:23-33
27 Se acercaron algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron 2" diciendo: Maestro, Moisés nos ha prescrito que, si el hermano de uno viniere a morir con mujer, pero sin hijos, su hermano tome la mujer para dar descendencia a su hermano. 29 Pues había siete hermanos, y el primero tomó mujer y murió sin dejar hijos. 30 También el segundo 3l y el tercero tomaron la mujer, e igualmente los siete, y no dejaron hijos y murieron. 32 Por fin, murió también la mujer. 33 En la resurrección, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer. 34 Díjoles Jesús: Los hijos de este siglo toman mujeres y maridos. 35 Pero los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrección de los muertos, ni tomarán mujeres ni maridos, 36 porque ya no pueden morir y son semejantes a los ángeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. 37 Pues que han de resucitar los muertos, el mismo Moisés lo da a entender en el pasaje de la zarza, cuando dice: "El Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob." 38 Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para El todos viven. 39 Tomaron entonces la palabra algunos escribas y dijeron: Maestro, muy bien has dicho. 40 Porque ya no se atrevían a proponerle ninguna cuestión.
Es planteado por "saduceos," que negaban la resurrección de los muertos. Le arguyen con un cuento que abocaba al ridículo. Cuentos semejantes para negar la resurrección de los muertos son conocidos de la literatura rabínica.
La argumentación de Cristo es de tipo rabínico. Parecerá que, por ser Dios el Dios de "Abraham." y los patriarcas, se probaba la inmortalidad de éstos, pero no su resurrección. En el fondo está que los dones de Dios son sin arrepentimiento (Rom 11:29). Y el estado en que se encuentran en el sheol es un estado transitorio y de excepción. A esto se añade el concepto semita de la vida humana, que no se la concibe sin cuerpo 2. Los v.35 y 36 son propios de Lc y de gran interés ante Mt-Mc. El v. 38b, propio de Lc, podría tener un valor paulino-eclesial (Flp 1:20-23; 2 Cor 5:1-10; Gal 2:19).
Sobre el origen del Mesías, 20:41-44 (Mt 22:41-46; Mc 12:35-47)
Cf. comentario a Mt 22:41-46
41 Entonces les dijo El: ¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David? 42 Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra 43 hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies." 44 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es hijo suyo?
Otro tema tratado por los tres sinópticos y situado casi en el mismo contexto literario, excepto Mt-Mc, que le intercalan el tema del mayor mandamiento.
Cristo con esta argumentación pretende elevar a los oyentes a la naturaleza trascendente del Mesías. La misma paradójica argumentación hace verlo. David llama al Mesías su Señor. Esto podía hacerlo porque, aunque era su descendiente, la dignidad mesiánica era superior a la simple realeza davídica (cf. Act 2:32-36; 1 Cor 15:25; Heb 1:13; 1 Pe 3:22). Tan evidente es esto, que Cristo enseña que esa dignidad mesiánica, ante la que David se inclina, es por otra razón: la trascendencia del Mesías. Es el tema de Daniel (7:13-14) ya muy "evolucionado." También en aquel ambiente, alguna secta judía sostenía la divinidad del Mesías, basada en una especial interpretación del pasaje de la profecía de Daniel 3 Cristo es el Κύριος. Comentario a Mt 22:41-46.
Avisos sobre los escribas, 20:45-47 (Mc 12:38-40; Mt 23:6-7)
45 Oyéndole todo el pueblo, dijo a sus discípulos: 46 Guardaos de los escribas, que gustan de ir vestidos de largas túnicas y buscan los saludos en las plazas y los primeros asientos en las sinagogas, 47 mientras devoran las casas de las viudas y hacen ostentación de largas oraciones. Estos tendrán un juicio más severo.
Lo mismo que Lc, Mc trae esta perícopa a continuación del tema sobre el origen del Mesías. Mt lo pone en el capítulo en que sistematiza la censura de Cristo contra los fariseos 4. Probablemente la inserción aquí de Lc-Mc se debe a que sirve de introducción al pasaje siguiente sobre el "óbolo de la viuda." Entre la censura de los fariseos, en Lc a escribas, ya que pertenecían en su casi totalidad a los fariseos, por su ansia de ostentación y para ser vistos por los hombres, les pone, en contraste, entre otras cosas, que "devoran las casas de las viudas." Estas gentes indefensas eran presa de la usura y diversos abusos por parte del fariseísmo. Esto es lo que sirve de introducción al juicio que Cristo da sobre ellos y sobre una de esas víctimas suyas: una pobre mujer viuda que ofrece a Dios todo lo que tiene.
1 Kennard, Render to God! A Study of the Tribute Passage (N. Y. 1950) 385; Cullmann, Dieu et Cesar (1956). 2,L'argumentscripturaire de Jesús enfaveur de la resurrection des morís: Rev. Bibl. (1959) 213-224; L. F. Rivera, -Abraham, Isaac y Jacob- y la Resurrección: Rev Bíbl. Rafael Calzada (Argentina 1958) 199-202; M. Wlles, Studies in Texts Lk20:34ss: 20:34ss: Theology (London 1957) 500ss. 3 Gagg, Jesu und die Davidsohn frage: Theolog. Zeitsch. 7 p. 18-30. 4 Cf. C. Stuhlmueller, o. c., p.395.
Capitulo 21
El óbolo de la viuda, 21:1-4 (Mc 12:41-44)
1 Levantando la vista, vio ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio, 2 y vio también a una viuda pobre que echaba dos ochavos, 3 y dijo: En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado más que todos los otros, 4 porque los demás echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobraba, mientras que ésta echó de su indigencia todo lo que tenía para el sustento.
Trata este tema también Mc, y con alguna mayor precisión. El "gazofilacio" o tesoro del templo estaba situado en el "atrio de las mujeres." Había varias cámaras para la custodia de estos tesoros ofrendados. Según la Mishna, había trece cepos, como trompetas, con la abertura muy grande al exterior, por donde se echaban las diversas especies de ofrendas 1.
"Levantando la vista" Cristo, porque estaba "sentado enfrente del gazofilacio" (Mc), vio a gentes ricas que traían, probablemente y ostentosamente, criados con sus ofrendas para ofrecerlas al templo a través de aquellos recipientes. El "levantar la vista" y estar "sentado" acaso sugiera una lección magisterial (V. Grundmann, Evangelium 377).
Pero, en tremendo contraste con ellos, seguramente fariseos, Cristo vio que una pobre viuda echaba allí "dos leptón." Dos "lepton" = un "quadrans" (Mc 12:42). El "quadrans" = 4.a parte de un "as." Y el "denario," sueldo diario de un trabajador (Mt 20:2), llegó a tener 16 "ases." Mc lo interpreta para sus lectores. Todo lo que echó era una insignificancia 2. Pero Cristo, que era el juez de la verdad, enseñó cómo esta viuda dio más que todos los otros. Porque los ricos echaron de lo que les sobraba, mientras que esta pobre viuda echó "de su indigencia todo lo que tenía para el sustento." Lo que pesa en la ofrenda a Dios es el corazón, no la simple materialidad de una ofrenda. Como era la ostentación de las ofrendas farisaicas. Era la doctrina ya urgida por los profetas.
Discurso escatológico
A continuación Lc inserta el "discurso escatológico." Las interpretaciones ordinarias son dos: 1) se trata de un entreverado de cuadros, en los que se habla en unos de la destrucción de Jerusalén y en otros del fin del mundo (parusía final); 2) otros lo interpretan todo de la destrucción de Jerusalén.
En realidad, no parece haber una exigencia exegética en la narración que de él hacen los tres sinópticos que obligue a interpretarlo de la parusía final. En las primeras generaciones cristianas se esperaba una parusía inminente de Cristo, no la final, llamada ya "segunda venida" por San Justino 3, y que sería una manifestación triunfal suya, aunque no se sabía en qué iba a consistir, en compensación a su humillación en la muerte de cruz. Y Lc "desescatologiza."
Entre Mt y Mc-Lc hay una diferencia notable en cuanto a la pregunta que le hacen a Cristo: en Mc-Lc, la pregunta es cuál será la "señal" de que esto va a cumplirse. Y en el contexto es la destrucción de Jerusalén. En cambio, en Mt se le hacen dos preguntas: 1) "¿Cuándo será esto?" que es la destrucción de Jerusalén; 2) y "¿Cuál es la señal de tu venida (postrera) y de la consumación del mundo?" En el capítulo 24, fundamentalmente coincidente con Mc-Lc, se responde a la primera pregunta: la destrucción de Jerusalén; en el capítulo 25, a la segunda: su venida judicial en la parusía final.
Dado que el tema es amplio y que en gran parte de los casos hay que valorar los elementos con los mismos datos, se hace la exposición exegética de conjunto en el Comentarlo a Mt, capítulos 24 y 25.
Anuncio de la destrucción del templo, 21:5-7 (Mt 24:1-3; Mc 13:1-4)
Cf. comentario a Mt 24:1-3
5 Hablándole algunos del templo, que estaba edificado con hermosas piedras y adornado de exvotos, dijo: 6 De todo esto que veis, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruido. 7 Le preguntaron diciendo: Maestro, ¿y cuándo sucederá y cuál es la señal de que estas cosas comiencen a suceder?
El tema es introducido ante la observación que le hacen los discípulos Lc lo describe algo más para sus lectores de la gentilidad. Pero omite los nombres de los discípulos que así le abordan. A la vista de aquel magnífico templo, que en Mt-Mc se destaca, más que por la belleza, por la consistencia y fortaleza, les dice que llegará un día en que todo él será destruido.
Tiempo de angustia y persecución 21:8-19 (Mt 24:4-14; Mc 13:5-13)
Cf. comentario a Mt 24:4-14
8 El les dijo: Mirad que no os dejéis engañar, porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: "Soy yo" y "El tiempo está cerca." No los sigáis. 9 Cuando oyereis hablar de guerras y revueltas, no os aterréis; porque es preciso que sucedan estas cosas primero, pero no vendrá luego el fin. 10 Entonces les decía: Se levantará nación contra nación y reino contra reino, 11 habrá grandes terremotos, y en diversos lugares, hambres, pestes, espantos y grandes señales del cielo. 12 Pero antes de todas estas cosas pondrán sobre vosotros las manos y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y metiéndoos en prisión, conduciéndoos ante los reyes y gobernadores por amor de mi nombre. 13 Será para vosotros ocasión de dar testimonio. 14 Haced propósito de no preocuparos de vuestra defensa, 15 porque yo os daré un lenguaje y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. 16 Seréis entregados aun por los padres, por los hermanos, por los parientes y por los amigos, y harán morir a muchos de vosotros, 17 y seréis aborrecidos de todos a causa de mi nombre. 18 Pero no se perderá un solo cabello de vuestra cabeza. 19 Por vuestra paciencia salvaréis vuestras almas.
Antes de la destrucción de Jerusalén se les describe un panorama de angustias de todo tipo. Aparecerán falsos mesías; habrá toda clase de cataclismos — guerras, hambres, pestes, señales en el cielo — Aparte de los elementos que tuvieron cumplimiento histórico, el anuncio está hecho con clisés de tipo apocalíptico, y la prueba está basada principalmente en el valor de acumulación que dan todos estos elementos, y con los que se pinta un gran sufrimiento previo.
La ruina de Jerusalén y la venida del Hijo del hombre, 21:20-27 (Mt 24:15-31; Mc 13:14-27)
Cf. comentario a Mt 24:15-31
20 Cuando viereis a Jerusalén cercada por los ejércitos, entended que se aproxima su desolación. 21 Entonces los que estén en Judea huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad, retírense; quienes en los campos, no entren en ella, 22 porque días de venganza serán ésos para que se cumpla todo lo que está escrito. 23 ¡Ay entonces de las encintas y de las que estén criando en aquellos días! Porque vendrá una gran calamidad sobre la tierra y gran cólera contra este pueblo. 24 Caerán al filo de la espada y serán llevados cautivos entre todas las naciones, y Jerusalén será hollada por los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de las naciones. 25 Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra perturbación de las naciones, aterradas por los bramidos del mar y la agitación de las olas, 26 exhalando los hombres sus almas por el terror y el ansia de lo que viene sobre la tierra, pues las columnas de los cielos se conmoverán. 27 Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con poder y majestad grandes.
Lc, para hablar de la destrucción de Jerusalén, no pone la "abominación de la desolación" de Mt-Mc, sino que pone a Jerusalén "cercada por los ejércitos" de Roma, con lo que se avisa que el fin está próximo. La yuxtaposición de temas no deja espacio para el desarrollo normal del aviso que da: que entonces se huya de la ciudad, se prevengan. Y cuando vean esto, que sepan que se acerca la "desolación," que es, sin duda, la alusión a la "abominación de la desolación."
Pero parece que no es una descripción "post eventum," pues los elementos descriptivos son ordinarios y tipo clisé en el A.T. (2 Re c.25; Ez 4:2.3). Y una contraprueba está en que Lc tampoco dice que se haya cumplido el vaticinio del Señor. La importancia de esta catástrofe hubiese hecho a Lc describirla, probablemente, con matices históricamente impresionantes, v.gr., la destrucción del templo por el fuego, lo mismo que haber añadido alguna reflexión sobre el fin religioso del judaísmo. También, como antes (Lc 19:43.44), aunque con menos colorido, podría ser una objeción a la fecha de la composición de este evangelio. Pero podría proceder esta descripción de una "fuente" anterior, que se respetó al redactarse este pasaje 4
Lc es el que habla de cómo Jerusalén "será hollada por los gentiles, hasta que se cumplan los tiempos de las naciones," sea para castigarla o hasta que se cumplan estos tiempos para el ingreso de Israel en la fe, conforme a lo que enseña San Pablo en la epístola a los Romanos (c.9-11). Tito colocó a la Legio X en el lugar de la ciudad destruida 4. Cuándo será esto, no se dice, ni el modo de su realización. La partícula "hasta que" corresponde al hebreo W, y significa un término, pero en el que se prescinde de lo que sucederá después. Este tiempo tope no se indica cuál sea cronológicamente en el plan de Dios para ninguna de las hipótesis propuestas.
Luego se anuncia, en un cuadro idéntico, sólo que con pintura apocalíptica, esta "visión" del Hijo del hombre, que viene "en una nube de poder y majestad." Es ésta la destrucción de Jerusalén, el cumplimiento de la profecía de Cristo sobre la ruina de Jerusalén. No se exige una visión sensible de Cristo, sino él en su poder.
Señales de la proximidad del reino de Dios. 21:28-33 (Mt 24:32-35; Mc 13:28-31)
Cf. comentario a Mt 24:32-35
28 Cuando estas cosas comenzaren a suceder, cobrad ánimo y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención. 29 Y les dijo una parábola: Ved la higuera y todos los árboles; 30 cuando echan ya brotes, viéndolos, conocéis por ellos que se acerca el verano. 31 Así también vosotros, cuando veáis estas cosas, conoced que está cerca el reino de Dios.32 En verdad os digo que no pasará esta generación antes que todo suceda. 33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Los tres sinópticos ponen como símbolo la parábola de la higuera, árbol tan característico en el viejo Israel: cuando echa hojas, se ve que en seguida está el verano, ya que la primavera apenas existe allí. Así, cuando vean estas señales dichas, sepan que esta venida del reino de Cristo en poder está próxima. Esta era la "segunda venida" (San Justino), que tanto esperaba la primitiva Iglesia, distinta de la parusía final. Era la creencia en una manifestación ostensible del poder triunfal de Cristo después de su muerte humillante en la cruz. Es lo que sucederá en "esta generación," serán "liberados" de la persecución judía. La palabra "redención," "rescate" (ή άπολυτρωσις) sólo sale aquí en los evangelios. Es muy frecuente en Pablo con matiz teológico (Rom 3:24; 8:23; 1 Cor 1:30; Ef 1:7.14; 4:30; Col 1:14). Aquí está enraizada en el A.T., con la que se indican acciones poderosas de Dios para liberar a su pueblo de situaciones difíciles. Aquí, el cristianismo del judaísmo. Si se interpretase de la parusía final, habría que pensar en la "liberación" como el fin triunfal de la redención.