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La pecadora arrepentida, 7:36-50
36 Le invitó un fariseo a comer con él, y, entrando en su casa, se puso a la mesa. 37 Y he aquí que llegó una mujer pecadora que había en la ciudad, la cual, sabiendo que estaba a la mesa del fariseo, con un pomo de alabastro de ungüento, 38 se puso detrás de El junto a sus pies, llorando, y comenzó a bañar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con los cabellos de su cabeza, y besaba sus pies y los ungía con el ungüento.39 Viendo lo cual, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: Si éste fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, porque es una pecadora. 40 Tomando Jesús la palabra, le dijo: Simón, tengo una cosa que decirte. El dijo: Maestro, habla. 41 Un prestamista tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios; el otro, cincuenta. 42 No teniendo ellos con qué pagar, se lo condonó a ambos. ¿Quién, pues, le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo: Supongo que aquel a quien condonó más. Díjole: Bien has respondido. 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa, y tú no me diste agua a los pies; mas ella ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste el ósculo de paz, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. 46 No ungiste mi cabeza con óleo, y ésta ha ungido mis pies con ungüento. 47 Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 49 Comenzaron los convidados a decir entre sí: ¿Quién es éste para perdonar los pecados? 50 Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.

Este pasaje, propio de Lc, es clásico por las opiniones sobre la identificación de esta "pecadora." Pero su gran importancia la tiene por la portada apologético-dogmática que entraña por el perdón de los pecados.
La situación literaria de este pasaje aquí es de gran oportunidad. Frente a la actitud engreída de los fariseos ante Cristo, una mujer pecadora va a encontrar el perdón. También ella va a ser así "hija de la Sabiduría" (Lc 7:35).
Un fariseo llamado Simón invitó a Cristo a comer con él, a un banquete al que había invitados (v.49). No se dice la ciudad. Pero parece que era en Galilea, ya que el ministerio judaico lo va a tratar dos capítulos después. No muestra especial simpatía por Cristo, ya que no le da las muestras ordinarias de deferencia que se tienen con los huéspedes, y que Cristo le resaltará luego (v.44-46). Debe de ser por un simple motivo de curiosidad ante su fama, para formarse un juicio sobre él, y hasta posiblemente para espiarle. O considerándose meritorio invitar a una comida de sociedad a maestros transeúntes, especialmente si habían predicado en la sinagoga, se podría pensar que al banquete antecedió una enseñanza sinagogal de Cristo, que impresionó a Simón, a los comensales y a la pecadora 7. Acaso fuese esto el motivo de su llanto ante Cristo. Lloraba ante un "profeta," aunque a la hora de la redacción se ve su orientación a la "confesión."
Durante el banquete entró en la sala una mujer pecadora. Está en las costumbres de Oriente el que se deje pasar a más gentes a estos actos como puros curiosos u observadores 8. Una vez dentro, se puso detrás de Jesús, para alcanzar sus pies. La comida se hacía al tipo de triclinios, reclinados sobre lechos, descansando el cuerpo sobre el brazo izquierdo y teniendo los pies hacia atrás, casi a la altura del suelo.
Esta pecadora derramó sobre sus pies un frasco de perfume y los regó con sus lágrimas, los besó y los enjugó con sus cabellos: grande debió de ser la cantidad de ungüento sobre ellos derramado.
Simón, al ver esta escena, pensó que Cristo no fuese profeta, porque no sabía qué clase de mujer fuese aquélla. La conclusión no era muy lógica, pues los profetas no tienen por qué saber todas las cosas. Pensaba posiblemente en ciertos antiguos profetas, tal como se lee en los libros de los Reyes (1 Re 14:6; 2 Re 1:3; 5:24ss). Pero Cristo le va a demostrar, no sólo que es profeta, pues lee en su corazón y en el de la pecadora, sino que se va a presentar con poderes excepcionales.
La comparación que le hace es sencilla. Dos personas deben a otra, una 500 denarios y otra 50. El denario era normalmente el sueldo diario de un trabajador (Mt 20:2) 9. Como ninguno los puede pagar, el prestamista se los perdona a ambos. La respuesta era lógica: más lo deberá "amar" aquel a quien le condonó más. Para la valoración exacta del v. 42b, hay que tener en cuenta que el arameo no tiene el término específico para expresar "agradecer," por eso se lo suele sustituir por el verbo "amar." Y la parábola se alegoriza en el panegírico de la pecadora, comparada con Simón.
Este no le ofreció los signos de hospitalidad que se tienen en Oriente con los huéspedes, sobre todo distinguidos. Ni le ofreció el agua para lavar los pies sudorosos de los caminos palestinos y tenerlos limpios para reclinarse en el triclinio; ni le dio el beso de paz del saludo; ni le hizo ungir la cabeza con perfumes, tan usados en Oriente, para suavizar la piel y ser desodorante. Pero, en cambio, esta pecadora lo hizo con creces: le lavó los pies con sus lágrimas, los ungió con perfume sacado de un rico pomo de alabastro, los enjugó con sus propios cabellos y no cesó de besarlos.
Se piensa si esta concreción de censura-comparativa a Simón sea original. ¿Haría Cristo esta censura pública a quien lo invitaba? ¿No podría ser una matización, que se deducía espontánea de los hechos? ¿Acaso responde a destacar aun resabios de la lucha farisaica, ya que Simón es "fariseo"? En todo caso, no trata Cristo tanto del reproche al fariseo, cuanto, por contraste, destacar el amor de la pecadora: ésta (pecadora) hace lo que no hizo, debiendo hacerlo, el fariseo (justo).
Y, volviéndose a Simón, le dijo, refiriéndose a la pecadora, que le eran perdonados sus muchos pecados porque amó mucho. Esta mujer debió de haber sido testigo de los prodigios y doctrina de Cristo. Así es como le localiza, sin más, al entrar. Pero va a El con un ansia de regeneración en el alma. Era un intenso amor a Cristo, en lo que El significaba como legado de Dios. Por eso le dijo a ella: "Tus pecados te son perdonados."
Los autores se han planteado varios problemas a este propósito 10. Si Cristo le perdona ahora mismo los pecados, es que antes no estaban perdonados. Pero antes parecería que lo estaban, pues el perdón iba anejo al gran amor. Sería la contrición perfecta. La conjunción usada (ότι) puede tener sentido causal o declarativo, equivalente aquí a signo o señal. En el primer caso, el amor le habría causado el perdón; en el segundo, estos signos de amor le van a traer el perdón.
No hay que urgir los términos hasta la precisión técnica teológica. Es un relato hecho al modo ordinario de hablar. Cristo le dice a Simón que a esta mujer, por amar mucho, le son perdonados sus muchos pecados. Es el enunciado de un principio que tiene realización concreta en esta pecadora, sin intentar decirse aquí el "mecanismo" de la "justificación."
Se piensa por algunos autores si los v.48-49 no podrían estar "dislocados" de su contexto original, pues parece que el perdón ya está dado en el v.47. También se piensa en esta misma posibilidad, casi por lo mismo, del v.50. Y hasta se quiere hacer ver que el contexto propio de los v.48-49 sea Lc 8:48. Todo ello es muy discutible. Al menos se explica bien su matización en el "cursus" de la narración. Bastantes exegetas modernos suponen "incrustada" la "parábola" que Cristo dirige a Simón (v.40-44); tiene afinidades con procedimientos anecdóticos rabínicos. (Strack-B., Kommentar II p.163). Y hasta podría pensarse que "Jesús se contenta con confirmar la sentencia del perdón, que la mujer ha merecido por la fe." La sorpresa en los convidados fue máxima. "¿Quién es éste para perdonar los pecados?" No se trata de un profeta que declarase a un pecador que, por su penitencia y su amor, Dios le hubiese perdonado sus pecados, sino que El, con su propia autoridad, los perdonaba. La conclusión que sacaron, aunque aquí no está expresa, aunque sí implícita, es la que sacaron cuando Cristo, para demostrar que tenía poder para perdonar los pecados, curó a un paralítico: "¿Quién es este que así blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?" (Lc 5:21, par.). Así Cristo, con este procedimiento de las obras, se presenta con poderes que en el A.T. estaban reservados exclusivamente a Dios. Según la tradición rabínica, el Mesías no tendría el poder de perdonar los pecados 12.
Acaso haya dos temas entrelazados. Es un problema análogo al que se plantea a propósito de la curación de un paralítico. Para su exposición, cf. Comentario a Lc 5:17-26. A la comunidad primitiva le interesa grandemente justificar el poder de perdonar todos los pecados (Jn 20:23), especialmente los más graves.
Un Problema Evangélico de Identificación de Personas y Escenas
Tema muy discutido es saber si este relato se identifica con la unción en Betania que relatan los otros evangelistas (Jn 12:1-8; Mt 26:6-13; Mc 14:3-9), o si esta mujer pecadora se ha de identificar con María Magdalena, de la cual Cristo había "echado siete demonios" (Lc 8:2).
Pero no hay base para esta identificación. El que de Magdalena haya Cristo "echado siete demonios" no significa que fuese pecadora, sino que la había curado de siete enfermedades, o, por ser el número siete número de plenitud, podría significar una grave enfermedad, o una enfermedad importante y crónica, o, en el peor de los casos, un tipo de posesión diabólica, aunque valorando esto con la apreciación popular de entonces; lo que no indica que fuese pecadora. Además, Lc, al comienzo del capítulo siguiente, presenta a Magdalena como a una protagonista desconocida. De identificarse, lo lógico era presentarla haciendo referencia a la escena que acaba de contar (cf. Jn 19:25; Mt 27:55.61; par.).
En cuanto a María de Betania, la hermana de Lázaro, la única razón que se alega para su identificación es el gesto de la unción con el perfume sobre sus pies y el enjugárselos con sus cabellos, según el relato de Jn. Pero contra esta identificación están las siguientes razones:
1.a Jn destaca sólo la unción en los "pies," por razón del "simbolismo"; pero Mt-Mc destacan la unción en la "cabeza," por lo que debió de ser en cabeza y pies; pero no pueden decir que enjugase ambas cosas con los cabellos.
2.a La escena de Lc tiene lugar en la época media del ministerio público de Cristo, y, por la situación del relato, tiene lugar en Galilea. La de Jn es en Judea seis días antes de su muerte.
3.a Nunca se dice que sea pecadora, ni se habla desfavorablemente de María de Betania. Y hasta sería posiblemente una razón psicológica el que Cristo, que no repara en ir a buscar a los pecadores, no hubiese admitido, por razón social, ni una hospitalidad tan habitual ni tan íntima con esta familia si María de Betania hubiese sido una mujer pecadora, reconocida como tal en la ciudad.
4.a El enfoque estructural de ambos relatos es distinto. En el de Lc, el motivo del relato es el perdón y conversión de una pecadora; en el de Jn y Mt-Mc, el tema es un acto de amor a Cristo, que es comentado y presentado por Cristo en orden a su honra funeral.
5.a El que el banquete se dé en casa de Simón en ambos relatos no es objeción, ya que este nombre era vulgarísimo. El Ν. Τ. cita más de diez personajes de este nombre. Y mientras Lc lo llama sin más Simón, Mt-Mc lo destacan, precisamente para distinguirlo de entre lo usual del mismo, llamándolo "Simón el leproso." Jn, en su relato, omite el nombre de Simón.
Lo que acaso no repugne, a título de hipótesis, sería el admitir que Lc hubiese tomado para retocar su relato algún elemento — concretamente el enjugar con sus cabellos los pies ungidos — de la escena conocida de María de Betania. La razón pudiera ser doble: a) No era normal, ni es fácil se repitiese, el que una mujer, después de ungir los pies de Cristo, los enjugase con sus cabellos. Esto aparece como un rasgo excepcional, b) El relato de esta escena de María de Betania tuvo tanta repercusión en la catequesis primitiva que, como Cristo anunció en la réplica a Judas, se narraría esto cuando se expusiese el Evangelio. Esto podría haber permitido a Lc tomarlo como un rasgo complementario para hacer la descripción de este otro episodio de la mujer pecadora 13. O, acaso, Jn, para su "simbolismo," lo toma de esta escena, contra Mt-Mc.

1 Orfali, Capharnaúm Et Ses Ruines (1922). 2 Kohl Und Watzinger, Antike Sinagogen In Galilea (1916); Perrella, / Luoghi Santi (1936) 142-144. 3 Holzmeister, En Verb. Dom. (1937) 27-30; Mariner, Sub Potestate Constitu-Tus: Helmantica (1956) 391-399. 4 Strack-B., Kommentar. Ii P.161. 5 Abel, Geographie De La Palest. (1938) Ii P.394-395. 6 Edersheim, Sketches Of Jewish Social Life In The Day Of Christ P. 168-181. 6 D. K. Campbell, The Prime Of Life At Naim: Bibliotheca Sac. (Dallas 1958) 341-347; J. Dupont, L'ambassade De Jean Baptiste (Mt 11:2-6; Lite 7:18-23): Nouv. Rev. Théol. (1961) 805-821.943-959. 7 F. Hauck, Das Evangelium Des Lukas (1934) P.102. 8 William, Vida De Jesús., Vers. Del Alem. (1940) P.223ss. 9 Prat, Lc Cours De Monnaies En Palestine Au Temps De J.-Ch.: Recher. Se. Relig. (1925) 446. 10 Para Una Síntesis De Ellos, Cf. Simón-Dorado, Praelect. Bibl. Ν. Τ. (1947) P.571-572. 11 Maréchal, Évang. S. St. Lúe (1946) P.106. 12 Strack-B., Kommentar. I P.495. 13 Lagrange, Jesús A-T-Il Été Oint Par Pluriersfemmes?: Rev. Bibl. (1912) 504-532; Holzmeister, Die Magdalenen Frage In Der Christlichen Überlieferung: Zeitsch. Cath. Theol. (1922) 422ss.599ss: Verb. Dom. (1936) 139-199; Ketter, Ckristus Und Die Frauen (1935); P. Bruin, War María Magdalena Eine Sünderin?: Theol. Praktische Quartal. (1962) 222-226.

Capitulo 8
Las proveedoras de Cristo, 8:1-3
1 Yendo por ciudades y aldeas, predicaba y evangelizaba el reino de Dios. Lc acompañaban los Doce 2 y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y de enfermedades. María llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios; 3 Juana, mujer de Jusa, administrador de Herodes, y Susana, y otras varias que le servían de sus bienes.

Este pasaje es propio de Lc. En él se da una pincelada general sobre la obra misionera de Cristo. Son como un "entrefilete" con el que Lc intenta producir en el lector un fuerte impacto con una alusión estratégicamente situada.
Es importante el dato que aquí se refiere: que el Colegio apostólico vivía, en ocasiones, de los "bienes" que les ofrecían diversas piadosas mujeres, al tiempo que los "acompañaban" en sus correrías apostólicas, sin duda para prestarles las atenciones materiales mientras ellos se ocupaban del apostolado. Según San Jerónimo, era ésta una costumbre antigua, y nada mal vista, el que prestasen a sus preceptores comida y vestido1. Esta costumbre está igualmente atestiguada por San Pablo (1 Cor 9:5) 2. Fieles aparecerán también en el Calvario (Lc 23:49; par.).
Eran motivos de gratitud lo que las movía a ello: habían sido curadas por él de diversas "enfermedades" y de "espíritus malignos," es decir, cierto tipo de endemoniados, según la concepción de entonces. De esas varias, da el nombre de tres: "María llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios." Magdalena probablemente deriva, no de la raíz hebrea gadal, grande, con lo que se indicaría la grandeza moral de esta mujer al servicio de Cristo, como pretendía Orígenes 3, sino que toma el nombre de su pueblo de origen: Magdala, hoy el-Medjdel (la torre), en Galilea, en la orilla occidental del Lago y cerca de Tiberíades. El que de ella hayan salido siete demonios no indica vida pecadora, sino sólo, conforme a las apreciaciones populares de entonces, o una posesión diabólica, o una o varias enfermedades. El número siete, número de plenitud, puede indicar sólo una variedad o gravedad en las mismas.
Otra de las mujeres citadas es Juana, mujer de Jusa, administrador (επίτροπος) de Herodes Antipas (Lc 24:10). Pero con este título de epítropos también se da en Josefo el equivalente a un alto privado o ministro 4.
De la tercera sólo se da el nombre, Susana (lirio). Pero les servían también con sus bienes y servicios "otras varias." No quiere decirse que siempre y todos formasen un grupo regular; las circunstancias condicionarían el grupo.
Puede verse en esta escena el trato delicado de Lc con las mujeres, despreciadas en la antigüedad. Hasta "ministran" en algún sentido al Evangelio (1 Cor 9:5). En los Hechos de los Apóstoles las presentará también en estos secundarios "ministerios."
La parábola del sembrador, 8:4-8 (Mt 13:1-19; Mc 4:1-9)
Cf. comentario a Mt 13:1-19
4 Reunida una gran muchedumbre de los que venían a El de cada ciudad, dijo en parábola: 5 Salió un sembrador a sembrar su simiente, y, al sembrar, una parte cayó junto al camino, y fue pisada, y las aves del cielo la comieron. 6 Otra cayó sobre la peña, y, nacida, se secó por falta de humedad. 7 Y otra cayó en medio de espinas, y, brotando juntamente las espinas, la ahogaron. 8 Otra cayó en tierra buena, y, nacida, dio un fruto céntuplo. Dicho esto, clamó: El que tenga oídos para oír, que oiga.

Hay un momento especial en la vida de Cristo, a juzgar por el reflejo y agrupación literaria que se ve en los evangelios, en que Cristo utiliza de una manera más frecuente o sistemática el uso de parábolas.
Dada la afinidad fundamental de esta parábola del "sembrador" de Lc con los relatos de Mt-Mc, junto con una serie de problemas comunes en la exposición de los tres, se remite al Comentario a Mt 13:1-23.
Razón de las parábolas y explicación de la anterior, 8:9-15 (Mt 13:10-23; Mc 4:10-20)
Cf. comentario a Mt 13:10-23
9 Preguntábanle sus discípulos qué significase aquella parábola, 10 y El contestó: A vosotros ha sido dado conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, de manera que viendo no vean y oyendo no entiendan. 11 He aquí la parábola: La semilla es la palabra de Dios. 12 Los que están a lo largo del camino son los que oyen, pero en seguida viene el diablo y arrebata de su corazón la palabra para que no crean y se salven. 13 Los que están sobre peña son los que, cuando oyen, reciben con alegría la palabra, pero no tienen raíces; creen por algún tiempo, pero al tiempo de la tentación sucumben. 14 Lo que cae entre espinas son aquellos que, oyendo, van y se ahogan en los cuidados, la riqueza y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. 15 Lo caído en buena tierra son aquellos que, oyendo con corazón generoso y bueno, retienen la palabra y dan fruto por la perseverancia.

Como se indicó en el apartado anterior, y por las razones allí expuestas, se remite para este tema al Comentario a Mt 13:10-23 4.
v.12. El pasaje puede estar inspirado en el Libro de los Jubileos, en el que el diablo (Mastema) envía cuervos y pájaros para que devoren la semilla caída en tierra.
v.13. El tiempo de la "tentación" (πειρασμού) debe de apuntar, con proyección eclesiológica, en las persecuciones del Evangelio.
Parábola dirigida a los discípulos, 8:16-18 (Mt 13:12; Mc 4:21-25)
16 Nadie, después de haber encendido una lámpara, la cubre con una vasija ni la pone debajo de la cama, sino que la coloca sobre el candelabro, para que los que entren vean. 17 Pues nada hay oculto que no haya de descubrirse ni secreto que no haya de conocerse y salir a la luz. 18 Mirad, pues, cómo escucháis, porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que parece tener se le quitará.

Lc agrupa aquí tres sentencias, de las cuales las dos últimas las traen Mt-Mc en otros contextos. El sentido de las tres es claro y viene a ser el mismo. Aunque Lc la pone un poco impersonal, tanto Lc como Mc y la sentencia de Mt se hallan literariamente vinculadas a los "discípulos" (Lc v.9).
El misterio del Reino ha de ser conocido. Si pasa una fase de comienzo y como oculta, luego brillará. Como la lámpara se enciende para lucir, y no para taparla, así el Reino lucirá: es su finalidad mostrarse para que se incorporen a él.
Ni nada que hay oculto dejará de conocerse. Si la frase es proverbial, tiene su aplicación especial a los discípulos: lo que está en un tiempo preparatorio reservado y oculto a ellos, en el período de su formación, deberá luego ser comunicado a otros por ellos: el misterio del Reino 5.
Pero esto les exige atención e interés en prepararse y preguntar al Señor cuanto sea preciso. Es necesario que le sepan "escuchar," pues al que escuche para formarse y luego divulgar el Reino, a ése se le dará más: a sus preguntas y a su saber "escuchar" obtendrá nueva luz y conocimiento. En cambio, "al que no tiene, aun lo que le parece tener se le quitará." Es una forma hiperbólica de expresarse: quitar lo que no se tiene. Pero aquí se expresa con ello que esa falta de disposición — "escuchar" — para penetrar el misterio del Reino, hará que se le quite eso que, después de oído, viene a perder por falta de interés. Así, la exposición primera vendrá a perder su provecho en los que no quieren penetrarla y precisarla con la explicación complementaria.
Quiénes son hermanos de Cristo, 8:19-21 (Mt 12:46.-50; Mc 3:31-35)
Cf. comentario a Mt 12:46-50
19 Vino su madre con sus hermanos, y no lograron acercarse a El a causa de la muchedumbre, 20 y le comunicaron: Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y desean verte. 21 El contestó diciéndoles: Mi madre y mis hermanos son éstos, los que oyen la palabra de Dios y la ponen en obra.

El pasaje lo traen los tres sinópticos. Mt lo trae con el pretexto de hablársele de sus familiares, aunque viene a coincidir con Mc, que lo trae después de una refutación a los fariseos. Lc le da otra situación distinta. No se sabe su situación cronológica.
En un momento en que Cristo, rodeado de gentes, predica, su madre y sus "hermanos" desean verle. Como no pueden acercarse, por la multitud, se le pasa un recado. Y Cristo aprovecha aquella oportunidad, no para negar el afecto filial y de piedad a los suyos, sino para comparar el simple afecto familiar humano al otro afecto de la gran familia cristiana, basada en el afecto y piedad sobrenaturales. Por eso, desde este punto de vista, para cualquiera que "oye" la "palabra de Dios," término exclusivo de Lc, y la "pone por obra," tiene para Él el afecto entrañable y familiar, aunque aquí sobrenatural, que corresponde a ese otro motivo más alto que los simples lazos de la sangre. Son los miembros del Reino.
El hecho de no citarse a José, y sólo a su madre, hace suponer que aquél ya debía de haber muerto; ausencia que se notará en la vida pública de Cristo. Para el tema de los "hermanos" de Jesús, cf. Comentario a Mt 13:55-57 6. Lc omite el tema de Mc 3:20-21, posiblemente por lo delicado.
La tempestad calmada, 8:22-25 (Mt 8:23-27; Mc 4:35-40)
Cf. comentario a Mt 8:23-27
22 Sucedió, pues, un día que subió con sus discípulos a una barca, y les dijo: Pasemos a la otra orilla del lago. Y se dieron a la mar 3 Mientras navegaban, se durmió. Vino sobre el lago una borrasca, y el agua que entraba los ponía en peligro. 24 Llegándose a El, le despertaron diciendo: Maestro, Maestro, que perecemos. Despertó El e increpó al viento y al oleaje del agua, que se aquietaron, haciéndose la calma. 25 Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe? Llenos de pasmo, se admiraban y se decían unos a otros: Pero ¿quién es éste, que manda a los vientos y al agua y le obedecen?

La narración es común a los tres sinópticos. Ninguno pone una cronologia precisa. Pero Lc-Mt la vinculan como término del viaje a la región de los gerasenos.
De las tres relaciones, Lc tiene un término medio; Mt es el más sintético y Mc el más colorista. Pero Lc tiene uno de los rasgos de más exactitud geográfica. Describe la tormenta diciendo que "descendió" (χατέβη) un gran torbellino sobre el Lago. Situado éste a 208 metros bajo el nivel del Mediterráneo, las corrientes de aire vienen de súbito y caen, literalmente, sobre el Lago, con el consiguiente levantamiento de las aguas.
La descripción bimembre de Mc, en que Cristo manda por separado al viento y al mar que cesen, es de un ritmo más semita y probablemente más original. Acaso se quiera evocar un exorcismo litúrgico antidemoníaco.
De esta escena se desprende la aún no perfecta formación de los apóstoles sobre los poderes de Cristo y sobre la verdadera naturaleza de su persona. Les alude a su poca "confianza" en El, puesto que ya habían visto numerosos milagros de todo tipo, lo que les hacía ver su pleno dominio. Pero los elementos cósmicos desatados les hicieron temer. No pensaron en el poder omnímodo que tenía. Ya en la misma perspectiva literaria de Lc han visto en El al Mesías. Pero, ante la impresión de aquel dominio absoluto sobre los poderes cósmicos, brota en ellos una de esas preguntas imprecisas, pero que abren la puerta a una nueva sugerencia, a nuevos poderes: "¿Quién es éste, que manda a los vientos y al agua y le obedecen?" La revelación de Cristo es gradual. ¿Qué hombre dominó por su propio poder los poderes cósmicos desatados? Se leía de Yahvé en el A.T.: "Tú dominas la soberbia del mar; cuando se embravecen las olas, tú las contienes" (Sal 88:10). ¿Recordarían los apóstoles, ante aquel espectáculo, estas palabras? ¿No será intento evocador del evangelista? El verbo "increpar" (επίτιμαω) se usa ordinariamente para significar la increpación contra los demonios (Zac 3:2). En el A.T. es frecuente presentar el mar como morada de poderes demoníacos (Is 27:1; 51:10; Sal 89:10-11; Job 9:13). En línea con los demonios gerasenos, podría querer indicarse aquí a Cristo en victoria contra los poderes demoníacos. Sería homologarlo con Yahvé (Sal 65:7; 107:23-29). De ahí la expresión admirativa con que terminan los sinópticos el dominio cósmico de Cristo. En Mc la "increpación" parece como si se dirigiese a un demonio: "Calla, enmudece." En cualquier caso, el halo de lo divino se va descubriendo cada vez más?
Curación de un endemoniado, 8:26-39 (Mt 8:28-34; Mc 5:1-20)
Cf. comentario a Mc 5:1-20
26 Arribaron a la región de los gerasenos, frente a Galilea, 27 y, bajando El a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad, poseído de los demonios, que en mucho tiempo no se había vestido ni morado en casa, sino en los sepulcros. 28 Cuando vio a Jesús, gritando se postró ante El, y en alta voz dijo: ¿Qué hay entre mí y ti, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te pido que no me atormentes. 29 Y era que El ordenaba al espíritu impuro que saliese del hombre. Muchas veces se apoderaba de él, y le ataban con cadenas y le sujetaban con grillos, pero rompía las ligaduras y era arrebatado por los demonios al desierto. 30 Preguntóle Jesús: ¿Cuál es tu nombre? Contestóle él: Legión. Porque habían entrado en él muchos demonios, 31 y le rogaban que no les mandase volver al abismo. 32 Había allí cerca una manada de puercos bastante numerosa paciendo en el monte, y le rogaron que les permitiese entrar en ellos. Se lo permitió, 33 y, saliendo los demonios del hombre, entraron en los puercos, y se arrojó la manada por un precipicio abajo hasta el lago, y se ahogó. 34 Viendo los porquerizos lo sucedido, huyeron y lo anunciaron en la ciudad y en los campos. 35 Salieron a ver lo ocurrido, y vieron a Jesús, y encontraron al hombre de quien habían salido los demonios, sentado, vestido y en su pleno juicio, a los pies de Jesús, de lo que se quedaron espantados. 36 Los que habían visto cómo el endemoniado había sido curado lo contaban, 37 y toda la gente del territorio de los gerasenos le rogó que se retirase de allí, pues estaban dominados de un gran temor. El, subiendo a la barca, se volvió. 38 El hombre de quien habían salido los demonios le suplicaba quedarse con El, pero El le despidió diciendo: 39 Vuélvete a tu casa y refiere lo que te ha hecho Dios. Y se fue por toda la ciudad pregonando cuanto le había hecho Jesús.

La exposición de conjunto se hace en Comentario a Mc 5:1-20. Aquí sólo se dan algunas interpretaciones recientes.
a) A. George. Sería una anécdota sobre la ceguera de los gentiles, que prefieren los "animales impuros" a tener con ellos al Mesías-Salvador (Bult. Com. Et. [1961] p.396-397).
b) T. A. Burkill. Un relato que circulaba como Cristo había llegado a tener fama en un país extranjero. Y, acaso, el gesto del hombre curado, que vino a ser "misionero" en aquella región (Mc-Lc), sería símbolo y excitante del misionero cristiano (Concerning Mk. 5:7 and 5:18-20, en ST. [1957] p.159-166).
c) A. Richardson. Sería un relato que enseña cómo el mal se destruye por sí mismo (Miracle Stories 72-74).
d) H. Sahlin. Se trata de un midrash. Se basaría en un hecho histórico, reelaborado y retocado, para presentar a Cristo como Salvador también de los gentiles, según Isaías 65:1-5 (cf. E. T. Mally, Ev.s. S. Marcos [1972] p.87).
Las tres primeras hipótesis no tienen consistencia. Lo de Sahlin parece tener gran parte de verdad. En Mc-Lc el curado será "misionero," pero Cristo no lo "evangeliza." Puede estar destacado como tipo del misionero cristiano (Burkill). El hecho de realizarse esta conversión en tierra gentil hace ver la universalidad de la salud.
En Mc (4:9) y Lc (8:30) el demonio responde que se llama "Legión, porque somos muchos." En aquel ambiente, poseer el nombre era poseer la persona. La respuesta es extraña; acaso quiso intimidar con aquel ejército. J. Jeremías ha propuesto una hipótesis sobre esto. El original arameo tendría la palabra ligyona = soldado. La expresión vendría a decir: "mi nombre es soldado, porque nosotros (los demonios) somos una gran hueste." Un traductor entendería el término arameo en su significado segundo. De ahí el añadirse en Mc los versículos 12-13, y en Lc los v.32b-33 (cf. Jesús Promise to the Nations [1958] p.30-31).
La hipótesis de solución es bastante increíble. ¿Por qué confundir un traductor la palabra "soldado" con "una legión de soldados"? Se explicaría mejor que lo hubiese hecho como añadidura suya, para acentuar más el poder mesiánico-taumatúrgico de Cristo. Pero, en este caso, ¿no sería éste el original?
La muerte de la manada de cerdos "endemoniados" en el lago, sería — según Sahlin — una imagen de la aniquilación a que están condenadas las potestades satánicas, que tienen sometidos a los gentiles en el paganismo (cf. 1 Re 18:40). Del conjunto del pasaje aparece Cristo como Mesías y con poderes divinos, al encadenar a los demonios en el infierno.
L. Dufour piensa que este relato está compuesto de tres relatos, y que Mc unifica: v.14-19c; 19d-24; 25-29. En Mc el arreglo es claro. Lo que no es tan claro es que sea un arreglo hecho a base de "diversos relatos."
Curación de la hija de Jairo y de la hemorroísa, 8:40-56 (Mt 9:18-26; Mc 5:21-43)
Cf. comentario a Mc 5:21-43
40 Cuando Jesús estuvo de vuelta, le recibió la muchedumbre, pues todos estaban esperándole. 41 Llegó un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y, cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que entrase en su casa, 42 porque tenía una hija única, de unos doce años, que estaba a punto de morir. Mientras iba, las muchedumbres le ahogaban. 43 Una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que en médicos había gastado toda su hacienda, sin lograr ser de ninguno curada, 44 se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al instante cesó el flujo de su sangre. 45 Jesús dijo: ¿Quién me ha tocado? Como todos negaban, dijo Pedro y los que le acompañaban: Maestro, las muchedumbres te rodean y te oprimen. 46 Pero Jesús dijo: Alguno me ha tocado, porque yo he conocido que una virtud ha salido de mí. 47 La mujer, viéndose descubierta, se llegó temblando y, postrándose ante El, le dijo ante todo el pueblo por qué le había tocado y cómo al instante había quedado sana. 48 El le dijo: Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz. 49 Aún estaba hablando cuando llegó uno de casa del jefe de la sinagoga diciendo: Tu hija ha muerto, no molestes ya al Maestro. 50 Pero Jesús, que lo oyó, le respondió: No temas, cree tan sólo y será sana. 51 Llegado a la casa, no permitió que entrasen con él más que Pedro, Juan y Santiago y el padre y la madre de la niña. 52 Todos lloraban y plañían por ella. Les dijo El: No lloréis, porque no está muerta; es que duerme. 53 Se burlaban de El, sabiendo que estaba muerta.54 El, tomándola de la mano, le dijo en alta voz: Niña, levántate. 55 Volvió a ella el espíritu, y al instante se levantó, y El mandó que le diesen de comer. 56 Los padres se quedaron fuera de sí; pero El les mandó que no contasen a nadie lo sucedido.

La exposición exegética de este pasaje se hace en el Comentario a Mc 5:21-43, que es el que lo trata con mayor extensión.

1 San Jerónimo, Comm. In Mathaeum 27:56; Josefo, Antiq. Xvii 2:4. 2 Allo, Premien E'pit. Aux Corinth. (1956) P.212-214. 3 Mg 13:1975. 4 Bell. Iud. I 24:6. 4 L. Cerfaux, Fructifier En Supportant L'épreuve, A Propos De Lúe 8:15: Rev. Bibl. (1957) 481-491. 5 Bover, Nada Hay Oculto Que No Se Descubra (Mc 4:21 Par.): Est. Bíbl. (1954) 319-323. 6 Blixzler, Zum Problem Der Brüder Des Herrn: Trier. Theol. Zeistschr. (1958) 129-145, 224-246; Este Tema Se Trata En El Comentario A Mt 13:53-58. 7 Bauer, Procellam Cur Sedavit Salvator?: Verb. Dom. (1957) 89-96.

Capitulo 9
La Misión de los Apóstoles, 9:1-6 (Mt 10:5-15; Mc 6:7-13)
Cf. comentario a Mt 10:5-15
1 Habiendo convocado a los Doce, les dio poder sobre todos los demonios y de curar enfermedades, 2 y les envió a predicar el reino de Dios y a hacer curaciones. 3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni llevéis dos túnicas. 4 En cualquier casa en que entréis, quedaos allí, sin dejarla hasta partir. 5 Cuanto a los que no quieran recibiros, saliendo de aquella ciudad, sacudios el polvo de los pies en testimonio contra ellos. 6 Partieron y recorrieron las aldeas anunciando el Evangelio y curando en todas partes.

Este pequeño cuadro lo traen los tres sinópticos. Mt es quien lo trata con más amplitud. La misión va a tener lugar por la región de Galilea. Se refiere sólo a los Doce, a los que envía "de dos en dos" (Mc). No es seguro si esta misión se realiza con el envío simultáneo de los Doce o los va enviando, turnándose, por grupos (Mc). La finalidad que les da es la de predicar — preparar — el Reino de Dios. Es la finalidad para que los eligió en el sermón del Monte (Mc 3:14). Y como credenciales les dio poder sobre "todos los demonios." Era ésta una prueba, al hacerlo en su nombre, del advenimiento de Reino mesiánico. El uso de la expresión "todos" es un término redondo habitual en Lc. La "predicación" como enseñan/a es pospentecostal. Aquí es el anuncio de la venida o proximidad del Reino (D. M. Stanley, CBQ [1955] p.336-348).
Para esta misión reciben unas cuantas instrucciones. No llevarán nada para el camino, ni dos túnicas, ni pan, ni dinero, ni alforja para guardar estas cosas, "ni bastón." En cambio, en Mc se les permite llevar "un bastón." Es una simple citación "quoad sensum." 1 El apóstol debe confiar en la Providencia y no tomar pretexto para otros fines. El apóstol tiene derecho a su sustento. Pero no sería confiar en la Providencia, sino temeridad, el no preocuparse de lo necesario. Por eso, estas palabras de Cristo les hablan del espíritu con que han de partir, más que de la material realización de estas palabras. Precisamente en otra ocasión, y aludiendo a ésta, les mandará proveerse de todo (Lc 22:35-36).
En la casa que se hospeden no la abandonarán si no es para partir del pueblo. Es una razón de exigencia ambiental, que supondría una ofensa para el que les hospeda 2. Pero, si no los quieren recibir, al salir de la ciudad sacudirán "el polvo de los pies en testimonio contra ellos." El judío que venía de tierra gentil había de sacudir el polvo de sus sandalias antes de entrar en Israel, para no "contaminarla." Así aquí se quiere indicar que el pueblo que no quiere recibir el reino es como el gentil. La ausencia de "sandalias," que en Mc se pone, acaso aluda a un intento de la primitiva Iglesia en acentuar el rigorismo apostólico, para no ser inferiores a ciertos misioneros ambulantes de dioses paganos que recorrían el mundo helenista con este atuendo.
El pasaje se cierra recogiendo el cumplimiento de su misión. La forma "anunciando el Evangelio" es de la redacción de Lc, por influjo del uso eclesiástico.
Las "curaciones," con cuyo poder los habilita, si son una rúbrica apologética de la doctrina, son una realidad y un signo de vencimiento sobre el poder de Satán (cf.Lc 4:33-37.40; 5:18-26).
Juicio de Antipas sobre Cristo, 9:7-9 (Mt 14:1-12; Mc 6:14-16)
Cf. comentario a Mt 14:1-12
7 Tuvo noticia Herodes el tetrarca de todos estos sucesos, y estaba vacilante, por cuanto algunos decían que era Juan, que había resucitado de entre los muertos; 8 otros, que era Elias, que había aparecido, y otros, que había resucitado alguno de los antiguos profetas. 9 Dijo Herodes: A Juan le degollé yo, ¿quién puede ser este de quien oigo tales cosas? Y deseaba verle.

Lc trae un mínimo relato sobre Antipas. El rumor sobre los prodigios de Cristo le preocupa: parte por su temor político (Josefo), parte porque su neurosis le hizo pensar en alguna reencarnación de alguien. El, después del crimen del Bautista, quedó obsesionado con él. Por eso pensó en su resurrección. Y añade Lc: "y deseaba verle." Con esto, el evangelista deja preparada la escena de la comparecencia de Cristo ante Antipas, enviado por Pilato (Lc 23:8) 2. Lc da el título oficial de "tetrarca." El contraste de este relato tiene las esperadas divergencias redaccionales de matiz e intento.
Regreso de los apóstoles y primera multiplicación de los panes, 9:9-17 (Mt 14:13-23; Mc 6:30-46; Jn 6:1-15)
Cf. comentario a Mt 14:13-23 y Jn 6:1-15
9A su vuelta, los apóstoles le contaron cuanto habían hecho. 10 El, tomándolos consigo, se retiró a un lugar apartado cerca de una ciudad llamada Betsaida. 11 Pero la muchedumbre se dio cuenta, y fue en pos de El. Habiéndolos recibido, les hablaba del Reino de Dios y curaba a todos los necesitados. 12 Empezaba ya a declinar el día, y acercándosele los Doce, le dijeron: Despide a la muchedumbre, para que vayan a las aldeas y alquerías de alrededor, donde se alberguen y encuentren alimentos, porque aquí estamos en el desierto. 13 El les contestó: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos a comprar provisiones para todo este pueblo. 14 Porque eran unos cinco mil hombres. Y dijo a sus discípulos: Macedlos recostarse por grupos como de cincuenta. 15 Lo hicieron así, diciéndoles que se recostasen todos, 16 y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó los ojos al cielo, los bendijo y se los dio a los discípulos para que los sirviesen a la muchedumbre. 17 Comieron, se saciaron todos y se recogieron de las sobras doce cestos de mendrugos.

Sólo Lc y Mc recogen escuetamente la vuelta de los apóstoles de su misión y la invitación que Cristo les hace de retirarse con El a un lugar desierto para descansar, no sólo de su correría apostólica, sino del incesante venir de gentes a Cristo (Mc). Y, "embarcándose," vinieron cerca de Betsaida (Lc). Lc no trae la "segunda multiplicación" de los panes, que traen Mt-Mc. ¿No estaba en su "fuente," a la que en esta sección siguen tan de cerca Mt-Mc? ¿Lo consideró un "duplicado"? Una confrontación de las narraciones de ambas multiplicaciones en Mt-Mc y su amplio contexto, da lo siguiente. Allí se da su valoración.
Primera multiplicación (Mt c.14 y 15; Mc c.6 y 7).
1. 5.000 alimentados
2. Travesía del lago
3. Desembarco en Genesaret
4. Controversia con los fariseos
5. Diálogo — las migajas de pan — con la mujer sirofenisa
6. Curación de un sordo-mudo

Segunda multiplicación (Mt c.15 y 16; Mc c.8).
1. 4.000 alimentados
2. Travesía del lago
3. Desembarco en Dalmanuta
4. Controversia con los fariseos
5. Diálogo sobre los milagros del pan con los discípulos
6. Curación de un ciego. (Falta este paralelo estructural en Mt).
La confesión de Pedro, 9-18-21 (Mt 16:13-28; Mc 8:27-39)
Cf. comentario a Mt 16:13-28
18 Aconteció que, orando El a solas, estaban con El sus discípulos, a los cuales preguntó: ¿Quién dicen las muchedumbres que soy yo? 19 Respondiendo ellos, le dijeron: Juan Bautista; otros, Elias; otros, que uno de los antiguos profetas ha resucitado. 20 Díjoles El: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios. 21 El les prohibió decir esto a nadie.

Lc es el único evangelista que no da la cita topográfica que traen Mt-Mc de las cercanías de Cesárea de Filipo. En cambio, sólo Lc relata la oración de Cristo ante esta confesión de Pedro. Las opiniones de las gentes parecen responder literalmente a la misma relación que se lee a propósito de la opinión de Antipas. No deja de extrañar el que no figura ninguna confesión popular de tenerlo por Mesías, puesto que por otros pasajes evangélicos se ve que ya se le tenía por tal.
Pero se les prohibe que lo manifiesten. Están todavía en el "secreto mesiánico." Hay que evitar explosiones prematuras en aquel ambiente excitado. El estudio de esta perícopa se hace en Comentario a Mt 16:13-28.
¿Acaso, ante la predicción de la Pasión, a la que sigue "el secreto mesiánico," se refiere éste a ser el Mesías doliente? (cf. W. Grundmann, Evang. p.189).
Entre los v.17 y 18 Lc se aparta — la "gran omisión" — de Mc 6:45-8:26, al que venía siguiendo tan de cerca, aunque Conzelman (Theology of St. Luke 52-52) y V. Taylor (Behind the Third Cospel) piensan que lo que elimina es más el contexto o marco general.
Primera predicción de su pasión, 9:21-22 (Mt 16:21-23; Mc 8:31-39)
Cf. comentario a Mt 16:21-23
Añadió: 22 Es preciso que el Hijo del hombre padezca mucho y que sea rechazado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y sea muerto y resucite al tercer día 3.
Necesidad de seguir a Cristo 9:23-27 (Mt 16:24-28; Mc 8:34-38)
Cf. comentario a Mt 16:24-28
23 Decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 24 Porque quien quisiere salvar su vida, la perderá; pero quien quisiere perder su vida por amor de mí, la salvará. 25 Pues ¿qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si él se pierde y se condena? 26 Porque quien se avergonzare de mí y de mis palabras, de él se avergonzará el Hijo del hombre cuando venga en su gloria y en la del Padre y de los santos ángeles. 27 En verdad os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte antes que vean el reino de Dios.

Mt pone esta enseñanza dirigida a los "discípulos." Mc, a la "muchedumbre y a los discípulos." Lc, con su forma rotunda, "a todos."
La doctrina del Reino exige la negación a todo un mundo de exigencias personales. Es una vida moral nueva frente al fariseísmo, que está en juego, con el contraste hiperbólico que contrapone la pérdida de la vida material por Cristo, con su ganancia eterna. El discípulo de Cristo ha de estar dispuesto a toda persecución y muerte. El Reino le puede exigir esto. Pero al que ante el Reino tomase una actitud de vergüenza por seguirlo, le aguarda el Hijo del hombre, presentado como Juez del mundo, en su parusía, con la condena de avergonzarse de él. El presentarse como Juez del mundo es atributo divino, reservado a Yahvé en el A.T. La descripción es apocalíptica. La alusión es a la profecía de Daniel, pero ya ha sido desarrollado y enriquecido el pensamiento original.
El v.23 tiene en Lc un acusado sentido "moral" adaptado a la vida del cristiano: "tome cada día su cruz y sígame" (cf. Mt 16:24, donde se ve mejor la frase primitiva). Se "desescatologiza."
Aunque el tormento de la cruz es romano, ya el rey judío Alejandro Janeo (103-76 a. C.) había hecho crucificar a 800 fariseos. Aunque estaba en el ambiente, cobraba un gran realismo después de la Vía Dolorosa (Lc 23:26).
El v.27 es como un apéndice al pasaje anterior, y está situado en un contexto lógico. Lo traen los tres sinópticos, y unido a este pasaje.
El anuncio de Cristo de que "no gustarán la muerte," semitismo por experimentar algo, es que "algunos" de los presentes a aquella conversación no morirán antes de que "vean el reino de Dios" (Lc), o, como dice Mt, "antes de haber visto al Hijo del hombre venir en su reino." Los términos usados no exigen una visión sensible. Así como antes aludía a su venida final en la parusía, aquí alude a su instauración triunfal eclesial, que debe tener en su pensamiento, como punto de partida, la destrucción de Jerusalén. Es el modo más manifiesto como verán "venir en poder el reino de Dios" (Mc).
La Transfiguración, 9:28-36 (Mt 17:1-13; Mc 9:2-14)
Cf. comentario a Mt 17:1-13
28 Aconteció como unos ocho días después de estos discursos que, tomando a Pedro, a Juan y a Santiago, subió a un monte a orar. 29 Mientras oraba, el aspecto de su rostro se transformó, su vestido se volvió blanco y resplandeciente. 30 Y he aquí que dos varones hablaban con EL, Moisés y Elias, 31 que aparecían gloriosos y le hablaban de su muerte, que había de cumplirse en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño. Al despertar, vieron su gloria y a los dos varones que con El estaban. 33 Al desaparecer éstos, dijo Pedro a Jesús: Maestro, qué bueno es estar aquí; hagamos tres cabañas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elias, sin saber lo que se decía. 34 Mientras esto decía, apareció una nube que los cubrió y quedaron atemorizados al entrar en la nube. 35 Salió de la nube una voz que dijo: Este es mi Hijo elegido, escuchadle. 36 Mientras sonaba la voz estaba Jesús solo. Ellos callaron, y por aquellos días no contaron nada de cuanto habían visto.

Sólo Lc dice que el motivo de subir Cristo a este monte es para "orar." Tema suyo característico.
La exposición se hace en Comentario a Mt 17:1-13.
Curación de un epiléptico, 9:37-43a (Mt 17:14-20; Mc 9:14-19)
Cf. comentario a Mt 17:14-20
37 Al día siguiente, al bajar del monte, vino a su encuentro una numerosa muchedumbre, 38 y uno de entre ella gritó, diciendo: Maestro, te ruego que eches una mirada sobre este mi hijo, porque es mi hijo único, 39 y el espíritu lo toma lo hace gritar, lo agita, haciéndole echar espumarajos, y a duras penas se retira de él después de haberlo molido. 40 He suplicado a tus discípulos que lo echasen, y no han podido. 41 Jesús, respondiendo, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa!, ¿hasta cuándo tendré que estar con vosotros y aguantaros? Traédmelo acá. 42 Al acercarse, el demonio lo echó por tierra y lo agitó fuertemente. Pero Jesús increpó al espíritu impuro, y curó al niño y se lo entregó a su padre. 43 Todos se maravillaron al ver la grandeza de Dios.

Lc es el que trae la narración más breve de este episodio, omitiendo la pregunta de los apóstoles, de por qué ellos no habían podido curar a este epiléptico.
Destaca que era un hijo "único." La descripción es poco precisa. Sólo va a la sustancia del hecho. La conclusión que de este episodio se desprende no es sólo la gran misericordia de Cristo y su poder taumatúrgico, sino que, al ejercer su dominio sobre los demonios expulsándolos — la fórmula de Mc es mucho más expresiva — , indica que ya llegó el reino de Dios (Mt 12:28). Lo que es presentarse él como Mesías 4.
Segunda profecía de su pasión, 9:43-45 (Mt 17:21-22; Mc 9:29-31)
Cf. comentario a Mt 17:21-22
Admirándose todos de cuanto hacía, dijo El a sus discípulos: 44 Estad atentos a lo que voy a deciros: El Hijo del hombre ha de ser entregado en poder de los hombres. 45 Pero ellos no sabían lo que significaban estas palabras, que estaban para ellos veladas, de manera que no las entendieron, y temían preguntarle sobre ellas.

Los tres sinópticos coinciden en relatar que, después de hacerles Cristo el segundo anuncio de su pasión, se encuentran preocupados. Lc es el que más matiza. No sabían qué significase esto. "Estaban (estas palabras) veladas para ellos, de manera que no las entendieron." No comprendían que el Mesías, que en la concepción popular era un Mesías glorioso y nacionalmente victorioso, pudiera ser "entregado a los hombres," lo que Mt-Mc explicitan como ser entregado a la muerte. Y ellos creían que Cristo era el Mesías (Lc 24:21). Pero Lucas-Marcos añaden que "temían preguntarle." Sabían que las predicciones del Maestro se cumplían. Esta incomprensión de los apóstoles hace ver bien la necesidad de reiterarles este anuncio. Pero al estar estas palabras como "veladas" sugiere que Cristo utilizó el "estilo profetice." Acaso éste refleje la forma primitiva.
Quién sea el mayor, 9:46-48 (Mt 18:1-5; Mc 9:32-36)
Cf. comentario a Mt 18:1-5
46 Les vino a ellos este pensamiento: quién sería entre ellos el mayor. 47 Conociendo Jesús los pensamientos de su corazón, tomó un niño, lo puso junto a sí, 48 y les dijo: El que recibiere a este niño en mi nombre, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió; y el menor entre todos vosotros, ése será el más grande.

Por Mc se sabe que esta escena tiene lugar en Cafarnaúm. Entre los apóstoles, aún humanos, surgían de vez en vez rivalidades sobre quién sería el "mayor" de ellos en el Reino. Lc es el que hace el relato más sintético. Sobre todo le da una adaptación "moral," aunque fundamentalmente dentro del sentido histórico. Acaso Lc apunte también — Reino = Iglesia — a posibles realidades eclesiales.
La respuesta de Cristo es doble: una es la sentencia, y otra es la lección con una "parábola en acción." Hay que recibir el Reino, máxime sus puestos, como se recibe a un niño. Valorado en el medio ambiente, no es propiamente la inocencia lo que se destaca, sino el que el niño no era casi considerado. Por eso, lo sin valor hecho por Cristo cobra valor.
Con el extremismo hiperbólico se acusa que el "menor" por apetencias será el "mayor" en el Reino. El tema de "enviado" es característico de Jn.
La invocación del nombre de Jesús por un extraño, 9:49-50 (Mc 9:37-40)
Cf. comentario a Mc 9:37-40
49 Tomando la palabra, Juan dice: Maestro, hemos visto a uno echar los demonios en tu nombre y se lo hemos estorbado, porque no era de nuestra compañía. 50 Contestóle Jesús: No se lo estorbéis, pues el que no está contra vosotros, está con vosotros.

Jn dice al Maestro que han visto a uno que no era de los Doce expulsando demonios y se lo han prohibido, porque no era de su grupo. Ellos habían recibido el poder de Cristo para expulsar demonios. Se ve en ello celo humano, un poco de grupo o casta. En su relato Cristo no quiere que e lo impidan. En Hechos de los Apóstoles se cita el caso de exorcistas judíos que expulsaban los demonios en el nombre de Jesús (Act 19:13-17). El solo nombre de Jesús, usado con reverencia, surte su efecto. El que así lo haga "no hablará luego mal de mí" (Mc), pues ve el poder de Cristo. Y al ver que en su propio nombre se expulsaban los demonios, no sólo ve la proximidad del Reino, sino que no está lejos de su ingreso en él. Que es lo que se dice en Lc-Mc con una expresión oriental, totalitario-extremista: "el que no está contra vosotros (Mc = nosotros), está con vosotros," en esta obra de unión y expansión del Reino 4.
Se ha puesto en duda la autenticidad de esta "tolerancia" de Cristo, basándose en que los discípulos tuvieron una actitud intransigente respecto a los no cristianos, que hacían milagros en el nombre de Jesús. Pero ninguno de los textos alegados se refiere a ninguna prohibición de este tipo (cf. Act 19, 13-20; 8:18-24; 13:6-12; 16:18; 1 Cor 12:3). ¡Ni cómo iban a poner esta autorización en boca de Cristo, de no ser histórica, si luego ellos la iban a prohibir!
Hostilidad samaritana. 9:51-56
51 Estando para cumplirse los días de su ascensión, se dirigió resueltamente a Jerusalén, 52 y envió mensajeros delante de sí, que en su camino entraron en una aldea de samaritanos para prepararle albergue. 53 No fueron recibidos, porque iban a Jerusalén. 54 Viéndolo los discípulos, Santiago y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que los consuma? 55 Volviéndose Jesús, los reprendió, 56 y se fueron a otra aldea.

Sólo Lc trae este pasaje. Ya en el primer verso, omitidos por Lc otros relatos, presenta "el viaje a Jerusalén." Es Cristo quien determina su ida definitiva, para terminar en la pasión. Se van, en la perspectiva literaria de Lc, a cumplir para Cristo los días de su "ascensión" (άναλήμψεως), es decir, su "éxodo," como expone Lc en la Transfiguración, su muerte 5.
El camino normal para ir de Galilea a Jerusalén era pasar por Samaría. Pero los samaritanos eran los enemigos más hostiles de los judíos, ya de muy atrás, sobre todo por sus diferencias religiosas y su templo cismático en el Garizím. Era frecuente el obstaculizar el paso de judíos por su territorio, máxime para ir a cumplir las fiestas preceptivas a Jerusalén.
Antes de su llegada envió por delante "mensajeros" (αγγέλους). Posiblemente eran gentes afectas y conocedoras de los samaritanos, que les pudiesen disponer bien a su paso y acaso preparar el terreno para la predicación. Pero el odio racial y cismático lo impidió, porque "iban a Jerusalén" a las fiestas.
Santiago y Juan, al saberlo, acaso al acercarse a esta aldea es cuando se lo comunican sus enviados, vieron la ofensa al Maestro, pero brotaba también en ellos algo del fondo humano y del poso judío contra los enemigos tradicionales. Y, habiéndose visto dotados de poderes sobrenaturales, querían hacer bajar fuego del cielo que los consumiese. No debía serles ajeno el episodio de Elías haciendo algo semejante (2 Re 1:10-12). Esto explica el cambio de nombre a estos hermanos: "Hijos del trueno."
Pero Cristo los reprendió. No era éste el espíritu del Reino. Era para ellos todavía creencia en los poderes del Mesías político. Se fueron a otra aldea. Sólo buscaban hospedaje de peregrinos. Acaso en otra aldea, como en Siquem, pudo recibir entonces hospitalidad más cordial (Jn 4:39ss; cf. Act 8:5-25) 6.
Varias vocaciones, 9:57-62 (Mt 8:18-22)
Cf. comentario a Mt 8:18-22
57 Siguiendo el camino, vino uno que le dijo: Te seguiré adondequiera que vayas. 58 Jesús le respondió: Las raposas tienen cuevas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. 59 A otro le dijo: Sigúeme, y respondió: Señor, déjame ir primero a sepultar a mi padre. 60 Él le contestó: Deja a los muertos sepultar a sus muertos, y tú vete y anuncia el Reino de Dios. 61 Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero déjame antes ir a despedirme de los de mi casa. 62 Jesús le dijo: Nadie que, después de haber puesto la mano sobre el arado, mire atrás, es apto para el Reino de Dios.

Mt trae también estas dos primeras sentencias. El contexto de su agrupación es lógico. Mt describe a Cristo rodeado de grandes multitudes, por lo que se embarca para ir a la otra orilla del Lago, a la región de los gerasenos. En el "camino" le sale al encuentro un "escriba." Lc no precisa quién sea éste. Sólo pone la escena primera en el camino. El resto de la escena vocacional se le une en un contexto lógico. En Mt, el segundo es un "discípulo."
Dada la semejanza de los primeros, se remite al Comentario a Mt. El tercer ejemplo es menos duro, pero, en el fondo, equivalente al anterior. Para seguir a Cristo hay que tener la decisión de dejarlo todo por El. No había inconveniente en una despedida. Pero es el espíritu de esta decisión lo que aquí se destaca. Utilizando el proverbio del arado, una vez puestas las manos a la obra del Reino, todo ha de ser para él y su obra. Como en el pasaje anterior, Cristo reclama para sí los afectos más profundos, pues está por encima de ellos 7.

1 Ahern, Staffor No Staff (Mt 10:10; Mc 6:8): Cath. Bibl. Quart. (1943) 332-337. 2 Strack-B., Kommentar. I P.596. 2 J. B. Tyson, Jesús And Herod Antipas: Journ. Bibl. Literal, And Exeg. (1960) 239-246. 3 J. Dupont, Ressuscité "Le Troisieme Jour": Bibl. (1959) 742-761. 4 Léon-Dufour, L'episode De L'enfant Épileptique. Laformation Des Evangiies (I957). 4 E. G. Rüsch, Toleranz. Eine Theologische Untersuchung (Übermí 12:30 Und Lk 9:50) Und Eine Aktuelle Auseinandersetzung (Zollikan-Z. 1955). 5 Starky, Obfirmavit Faciem Suam.: Rev. Se. Relig. (1951) 197-202; Glrard, L'évangile Des Voyages De Jesús (1951). 6 W. Grudmann, Fragen Der Komposition Des Lukanischen "Reiseberichtes": Znw (1959) 252-270; W. C. Jr. Robixson, The Theological Context For Interpreting Luk's Travel Narrative (Lk 9:51 Ss): Jour. Bibl. Literal, And Exeg. (1960) 21-31; J. Schnei-Der, Zur Analyse Des Lukanischen Reiseberichtes, En Synopt. Stud. (1953) P.207-229; P. Simson, Ser. (1963) P.65-80. 7 Cerfaux, En Étud. Théol. Lov. (1935) 326-328; Vaccari, Mittens Manum Suam Ad Aratrum Et Respwiens Retro: Verb. Dom. (1938) 308-312.

Capitulo 10
Misión de los setenta y dos discípulos, 10:1-20 (Mt 9:37; 10:5-16; Mc 6:8-11)
Cf. comentario a Mt 9:37; 10:5-16
1 Después de esto, designó Jesús a otros setenta y dos y los envió, de dos en dos, delante de sí, a toda ciudad y lugar adonde El había de venir, 2 y les dijo: La mies es mucha y los obreros pocos; rogad, pues, al amo de la mies mande obreros a su mies. 3 Id, yo os envío como corderos en medio de lobos. 4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias, y a nadie saludéis por el camino. 5 En cualquier casa en que entréis, decid primero: La paz sea con esta casa. 6 Si hubiere en ella un hijo de la paz, descansará sobre él vuestra paz; si no, se volverá a vosotros. 7 Permaneced en esa casa y comed y bebed lo que os sirvieren, porque el obrero es digno de su salario. No vayáis de casa en casa. 8 En cualquier ciudad en que entrareis y os recibieren, comed lo que os fuere servido, 9 y curad a los enfermos que en ella hubiere, y decidles: El Reino de Dios está cerca de vosotros. 10 En cualquier ciudad en que entréis y no os recibieren, salid a las plazas y decid: 11 Hasta el polvo que de vuestra ciudad se nos pegó a los pies, os lo sacudimos, pero sabed que el Reino de Dios está cerca. 12Yo os digo que aquel día Sodoma será tratada con menos rigor que aquella ciudad. 13 ¡Ay de ti, Corazeín! ¡Ay de ti, Betsaida! Que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechos los milagros que en vosotras se han hecho, tiempo ha que en saco y sentados en ceniza hubieran hecho penitencia. 14Pero Tiro y Sidón serán tratadas con más blandura que vosotras en el Juicio. 15 Y tú, Cafarnaúm, ¿te levantarás hasta el Cielo? Hasta el Infierno serás abatida. 16 El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desecha, a mí me desecha, y el que me desecha a mí, desecha al que me envió. 17 Volvieron los setenta y dos llenos de alegría, diciendo: Señor, hasta los demonios se nos sometían en tu nombre. 18 El les dijo: Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 Yo os he dado poder para andar sobre serpientes y escorpiones y sobre toda potencia enemiga, y nada os dañará. 20 Mas no os alegréis dé que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en los cielos.

Esta misión de los setenta y dos discípulos es distinta de la misión confiada a los Doce. El número de setenta y dos es discutido, pues en gran número de códices se lee setenta 1. El número setenta y dos es preferible, ya que se explica mejor el haber reducido el número de setenta y dos a setenta, evocador de los setenta ancianos elegidos por Moisés (Núm 11:16ss) para que lo ayudasen en el gobierno del pueblo, que no viceversa. Pero surge un clásico problema al ver que la redacción de los consejos de Cristo a sus discípulos son los mismos que se usan en el relato de Mt (10:5-16) para la misión galilaica de los Doce, lo mismo, aunque más sintetizado, que esta misma misión de los apóstoles en Mc (6:7-11). Además, algunas de estas sentencias aparecen también dispersas en otros lugares de Mt (9:37ss; 11:21-23; 10:40). Para algunos son dos episodios históricos distintos; pero, como las advertencias habían de ser semejantes, se dan bajo una fórmula ya hecha. Otros, para salvar la identidad sustancial de conceptos, piensan que la misión de los apóstoles y la de los discípulos no fue más que una, pero que se presenta desdoblada por el evangelista y por la catequesis al aplicar estas sentencias a otros grupos más amplios de "misioneros." Se pretendería con ello dar un especial relieve a la misión de los apóstoles. Pero, en este caso, también aparece con especial relieve la misión de los discípulos. Suponiendo que ambas misiones sean distintas, se explica bien la redacción literaria, sustancialmente igual, ya que las advertencias habían de ser, o suponerse, muy semejantes. En cambio, hay un hecho a favor de la distinción de ambas: el que Lc, que narra las dos, no ha de pretender repetirse (cf. Lc 9:1-6).
Cristo designó a "otros setenta y dos (discípulos) y los envió de dos en dos delante de sí" adonde El había de ir, a preparar el ambiente para la predicación del Reino.
El comentario a estas instrucciones se da en Mt (cf. Comentario a Mt 9:37; 10:5-16). Pero Lc añade algo que Mt trae en otro contexto (Mt 11:20-24).
Los discípulos van en plan de misión. Y esto evocaba su personal misión en Corazeín, Betsaida y Cafarnaúm. A pesar de su evangelización y de sus milagros, estas ciudades no respondieron como debían a su ingreso en el Reino. No se puede jugar con la hora de Dios, como lo evoca su visita en esta misión de los discípulos. Y les anuncia la gravedad de su culpa y el castigo. Para ello las compara con las ciudades infieles clásicas, Tiro y Sidón. Adelanta la comparación de Sodoma, que también la trae en este cuadro Mt, posiblemente para dejar un cuadro de ritmo binario, o por efecto de encontrarlo así en su "fuente" o de oportunidad de clausura literaria a las advertencias del discurso, ya que el cuadro siguiente se ve que tiene una independencia literaria en las "fuentes," como elemento comparativo de las ciudades que no quieran recibir el reino de Dios. Si con toda su maldad hubiesen recibido su presencia, su doctrina y sus milagros, se hubiesen vestido de "saco y ceniza," atuendo oriental de duelo, y hecho penitencia. Por eso serán tratadas con menos rigor en el juicio. Éste, término ya técnico ambiental, es el juicio postrero. El resto de los detalles se expone en el Comentario a Mt 11:20-24.
En el v.7 hace ver que a la hora de esta redacción, la discriminación de los alimentos no cuenta (1 Cor 10:27; Act 10:25).
Lc relata a continuación la vuelta de los discípulos. Debieron de retornar en binas por turno. Pero presenta la síntesis de su "misión." Volvieron "llenos de alegría." La razón que se destaca, a pesar de habérseles dado poder sobre la curación de enfermedades (v.9), es el poder ejercido con éxito sobre los demonios, que se les sometían en el nombre de Cristo. Era no sólo lo más espectacular, sino lo que más los acreditaba como discípulos del Mesías, por ser signo de la llegada del Reino. Por eso, el imperio satánico va a llegar a su fin. Y Cristo se lo confirma. Satanás, del arameo Sataná', significa enemigo. Y es el adversario por excelencia de la instauración del reino de Dios. Por eso les dice, comentando su obra exorcista: "Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo" 2. Durante su misión exorcista, Cristo, por su ciencia sobrenatural, estaba viendo la derrota del imperio satánico, lo que expresa con esta imagen. La comparación "como un rayo" indica acaso la evidencia y rapidez con que está disminuyendo el poder hostil de Satán contra la próxima y definitiva instauración del reino mesiánico (Jn 12:31). La caída de Satán es "del cielo" cósmico, como lugar donde, según creencias de entonces, se localizaba también la morada de los poderes demoníacos (Ef 2:2; 6:12).
Estos poderes que Cristo les dio para que pudiesen realizar su misión están expresados por la metáfora de diversos animales venenosos (Sal 90:13), lo mismo que contra "toda potencia enemiga," por la que se significan los poderes demoníacos (cf. Mc 16:17-18).
Pero que no se "alegren" sólo de que los demonios se les sometan en su nombre. Es ello algo carismático, transitorio, y en su gozo justo podría haber mezcla de elemento humano, como en otra ocasión sucedió a los apóstoles (Mt 17:19-21, par.). Que se alegren de que sus nombres, semitismo por ellos mismos, estén "escritos en el libro de la vida." El término es usado en el A.T., y es usual en esta época 3. Porque ello no es otra cosa que ser privilegiados miembros del Reino, en este contexto, en su fase definitiva celeste.
Se ha intentado interpretar este pasaje como una "ironía" de Cristo. Este vería en los discípulos que estaban expuestos a creer que los exorcismos eran casi algo suyo, y Cristo les respondería así: como si ya viese la victoria antisatánica debida al poder de ellos. No parece haber base seria en el texto para esto 3.
Revelación del Hijo, 10:21-24 (Mt 11:25-30)
Cf. comentario a Mt 11:25-30
21 En aquella hora se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo y dijo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños. Sí, Padre, porque tal ha sido tu beneplácito. 22 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo. 23 Vuelto a los discípulos, aparte les dijo: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis, 24 porque yo os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Mt pone este pasaje en una forma independiente. Lc lo vincula al gozo de Cristo, a la vuelta de la misión de los setenta y dos discípulos. Aunque en la perspectiva literaria de Lc también quiera incluir a los apóstoles (v.23). Acaso se quiera dar también una proyección eclesial (1 Cor 1:26ss).
Y "volviéndose" a los "discípulos," que aquí deben de ser los apóstoles, y cuya primera expresión, "volviéndose," hace pensar en su inserción aquí en un contexto lógico, ya que Mt lo trae en otro pasaje (13:16-17), los llama dichosos, porque — la obra del Padre a la que acaba de aludir — les permitió "ver" y "oír" lo que fue la aspiración de todo judío: los días del Mesías, y que aquí lo sintetiza en "reyes" — v.gr., David, de cuya dinastía procedería — y "profetas," que lo vaticinaron. Mt pone la variante de "profetas y justos." Era el ansia de todo sincero israelita. El análisis de este importante pasaje se hace en el Comentario a Mt 11:25-30 4.
"Los versículos podrían ser un himno de la Iglesia primitiva, tan conocido como para que fuera citado al pie de la letra, tanto por Mt como por Lc (C. Stuhlmueller, Év. St. Lúe [1972] p.368).
La parábola del samaritano, 10:25-37 (Mt 22:34-40; Mc 12:28-34)
Cf. comentario a Mt 22:34-40
25 Levantóse un doctor de la Ley para tentarlo y le dijo: Maestro, ¿qué haré para alcanzar la vida eterna? 26 El le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees? 27 Le contestó diciendo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo.28 Y le dijo: Bien has respondido. Haz esto y vivirás. 29 El, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Tomando Jesús la palabra, dijo: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó y cayó en poder de ladrones, que lo desnudaron, lo cargaron de azotes y se fueron, dejándole medio muerto. 31 Por casualidad, bajó un sacerdote por el mismo camino, y, viéndolo, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, pasando por aquel sitio, lo vio también y pasó adelante. 33 Pero un samaritano, que iba de camino, llegó a él, y, viéndolo, se movió a compasión, 34 acercóse, le vendó las heridas, derramando en ellas aceite y vino; lo hizo montar sobre su propia cabalgadura, lo condujo al mesón y cuidó de él. 35 A la mañana, sacando dos denarios, se los dio al mesonero y le dijo: Cuida de él, y lo que gastes, a la vuelta te lo pagaré. 36 ¿Quién de estos tres te parece haber sido prójimo de aquel que cayó en poder de ladrones? 37 EL contestó: El que hizo con él misericordia. Contestóle Jesús: Vete y haz tú lo mismo.

Este pasaje tiene en Lc dos partes. Primero es la pregunta que le hace un doctor de la Ley, pero tentándole. Mt hace ver que fue como una revancha de los fariseos porque, y en esto ellos lo aplaudían, había hecho callar a los saduceos a propósito de la resurrección. Este primer tema lo traen Mt-Mc. Con esto prosigue el tema de la condición de "discípulo."
La ausencia de la parábola que aquí trae Lc en Mt-Mc hace suponer que su unión con lo anterior, por el tema del amor al "prójimo," es obra de Lc o su "fuente," con lo que quiere interpretar el concepto universalista de la caridad y del "prójimo."
La pregunta que le hace no es, como en Mt-Mc, cuál sea el mayor mandato de la Ley, sino qué hará para alcanzar la vida eterna. Pero, como doctor, tenía que saberlo. Y Cristo, conforme al procedimiento rabínico, le responde con otra pregunta. Si él era doctor, debía saberlo. Y, efectivamente, le responde con los dos mandamientos: el amor a Dios y al prójimo. Mc es el que pone una transcripción más directa deja Ley (Dt 6:4-9; 11:13; Lev 19:18). En Lc la respuesta es una combinación de Deuteronomio (6:4) y Levítico (19:18), como en "Test, de Isacar."jEn Mc la respuesta del doctor recibe el elogio de Cristo. Pero, de suyo, era tan elemental, que el doctor quiso justificarse, preguntándole lo que era tema de discusión en las escuelas: quién era su prójimo. Y Cristo le responde con la parábola del buen samaritano, propia de Lc.
Un hombre "bajaba" de Jerusalén a Jericó: unos mil metros de descenso. El hecho de poner un "hombre," y no un judío, es elemento necesario para valorar el prójimo, ya que para el judío sólo era prójimo otro judío. El camino, sobre todo cerca de Jericó, es abrupto y lleno de recovecos, muy propicio al asalto. San Jerónimo dice que una parte del camino, llamado "ascensus Adommim" (Jos 18:18), puede llamarse "subida de los rojos," por la sangre de los frecuentes homicidios que allí había 5. Así le pasó a este hombre. Lc robaron todo. Los detalles de su desvalijamiento no tienen valor alegórico espiritual; son elementos descriptivos. Y lo dejaron medio muerto.
Pero, cercano a él, y "viéndolo" así, pasaron junto a él un "sacerdote" y un "levita." El símbolo de la religiosidad oficial de Israel. Jericó era ciudad sacerdotal, y acaso volvían de cumplir su turno semanal en el templo. En el Deuteronomio se decía que, si el asno de tu "hermano" (judío) cae, lo ayudarás a levantarse (Dt 22:4; Ex 23:5). Y ellos sabían bien la Ley.
Pasó luego por allí un "samaritano." Estos eran abominables para los judíos: como racialmente espúreos, y cismáticos. Su odio religioso aparece reflejado en la Escritura (Jn 4:9; Eclo 50:25-26). Sin embargo, lleno de compasión, se acercó a él, le vendó las heridas, derramando en ellas "aceite y vino," uso oriental ordinario en la antigüedad 6, y hasta entre ciertos beduinos de nuestros días 7; lo cargó en su cabalgadura, lo llevó a un mesón, y tuvo con él todos los cuidados. Hasta adelantó para los primeros cuidados "dos denarios," el doble de un jornal diario, prometiendo pagar el resto de los gastos a su vuelta, pues aún sigue interesándose por él.
Pero no es debida la falta de asistencia a no contraer impureza "legal" por el contacto con un muerto, pues éste no lo estaba. Además, el sacerdote "bajaba" (v.31) por el "mismo camino," es decir, venía de Jerusalén, lo mismo que el levita (v.32). La motivación es poner esta ausencia de caridad al "prójimo" en la representación de los intérpretes de la Ley y lo más sagrado de la nación. La "regla de tres" en las narraciones populares (Mt 25:14-30 par.; Lc 14:18-20; 20:10-12) omite lo que se esperaría — un judío laico — y presenta al samaritano.
La pregunta de Cristo está hecha con especial intención. Lc preguntaron que quién era el "prójimo" para él. Y Cristo le pregunta que quién obró "como prójimo." Y así, con la práctica hizo ver que cada ser humano es "prójimo" para todos los humanos. Por lo que ha de estar "próximo" a él en todas sus necesidades. Es la paradoja oriental sirviendo de máxima pedagogía ."
Marta y María, 10:38-42
38 Yendo de camino, entró en una aldea, y una mujer, Marta de nombre, lo recibió en su casa. 39 Tenía ésta una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. 40 Marta andaba afanada en los muchos cuidados del servicio, y, acercándose, dijo: Señor, ¿no te da enfado que mi hermana me deje a mí sola en el servicio? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondió el Señor y le dijo: Marta, Marta, tú te inquietas por muchas cosas; pero pocas son necesarias, o más bien, una sola. 42 María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada.

Pasaje propio de Lc. La escena debe de tener lugar ya en esta ida de Cristo a Jerusalén. Va con los apóstoles 9. El tono del relato, la coincidencia de nombres y la familiaridad que estas mujeres tienen con Cristo, hace ver que son las hermanas de Lázaro y que se hospedó en Betania. Lc dice que lo recibe Marta en su casa. Esto indicaría, en la perspectiva literaria, según las costumbres orientales, que, ausente Lázaro, Marta es la mayor y ama de casa, o un arreglo literario para presentar la escena.
El contraste de la escena está entre María, que está "sentada a los pies del Señor," que es la actitud de los discípulos ante el Maestro, para escuchar "su palabra" (λόγος), el Evangelio, término técnico de la primitiva Iglesia.
Marta, en cambio, como superior en la casa, quiere atender con todo el esmero oriental al Señor y a sus acompañantes. De ahí todo el trajín doméstico. Siendo grande el moverse y el esmero, con la familiaridad que supone la pregunta, se queja al Señor de que María no la ayude en la preparación acaso de la comida [(μόνην με κατέλειπεν διαχονεΤν), y le pide que la fuerce a ayudarla.
La respuesta de Cristo tiene con ella el mismo tono de familiaridad al repetir su nombre dos veces. Pero le da la gran lección: se "afana por muchas cosas." Pero "pocas, o más bien una sola es necesaria." Tres lecturas hay de este pasaje, pero sólo dos son críticamente admisibles, y en nada cambian el sentido 10. Y María escogió la mejor parte, que no le será arrebatada.
La enseñanza que de aquí se desprende es, no que no se pueda atender a los menesteres del hogar, que también Dios los puso, sino que, con el pretexto de estas palabras de Marta, da Cristo una enseñanza, con contrastes hiperbólicos acusados: es más importante atender a la lección y vida del Reino que no el derramarse en excesivos menesteres, que pueden apartar de él.
Es la doctrina que Lc recoge en otros pasajes (Lc 4:4; 8:21; 11:27-28).
Es lo mismo que dijo con otras expresiones: "Buscad primero el Reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura" (Mt 6:33).
Pero no es directamente la enseñanza de la vida contemplativa sobre la activa, sino la necesidad de que los trabajos secundarios o importantes no impidan el atender a la doctrina del Reino, al Evangelio, que es la "palabra" que el Señor dirigía a María de Betania 11.

1 Nestlé, N.T. Graece Et Latine, Ap. Crít. A Lc 10:1; Cf. S. Jellicoe, En Nts (1959-1960) P.319-321. 2 Joüon, L'évangile. (1930) P.363. 3 Strack-B., Kammentar. Ii P.!69ss; G. G. Gamba, La Pórtala Universalista Dell'invio Dei Settanta (Due) Discepoli, Lúe 10:1ss (1963). 3 Citado Por ]. Jeremías En Die Gleichnisse Jesu (1970) P.151 Nota 33. 4 Benoit, L'évangile S. St. Matth., En La Sainte Bible De Jerusalem (1950) P.80 Nota E; Mertens, L'hymne De Jubilation Chez Les Syn&Ptiques: Mt 11:25-30; Lc 10:21-22 (1957); Cerfaux, L'évangile De Jean Et Le "Logion Johannique" Des Synoptiques, En L'évangile De Jean. Eludes Et Problemas (1938) P.147-160; Les Sources Scripturaires De Mt 11:26-27; Lc 10:21-22: Eph. Theol. Lov. (1955) P.331-342; Charlier, L'actwn De Gráces De Jesús (Lc 10:17-24): Bibl. Et V. Chrét. (1957) 87-89. 5 Ml 24:726. 6 Strack-E.,Kommentar. I P.428-429; Columela, Vii 5:18; Plinio.Mzf. Hist. 7 F. Truyols, Vida De Jesucristo (1954) P.414-415; Julien, L'égypte (1895) P.276. 8 Vosté,Parabolae. (1933) Ii P.616-635; Llemd, Parábola Boni Samaritani: Verb. Dom. (1931) 262-264; Beauvery, La Route Romaine Dejerusalem Ajericho: Rev. Bibl. (1957) 72-101; J. Daniélou, Lc Bou Samaritain: Mél. Robert (1957) 457-465; H. Gloowitzer, Das Gleichnis Vom Barmherzigen Samariter: Bibl. Stud. 34 (1962). 9 Nestlé, Ν. Τ. Graece Et Latine, Ap. Crít. A Lc 10:38. 10 Nestlé, O.C., Ap. Crít. A Lc 10:4ib. 11 Rizo, Marta Y María.: Est. Bíbl. (1960) 851-857; Zerwick, En Verb. Dom. (1949) 294-298; P.Sacchi, Lc Varianti Di Lúe 10:42: Parola Del Passato (1956) 200-203; E. Laland, Die Martha-Maña-Peñkopt Lukas 10:38-42: Stud. Theol. (Lund 1959) 70-85; F. Puzo, Marta Y María. Nota Exegética A Lc 10:38-42.: Est. Ecle. (1960) 851-857.
Capitulo 11
El Padrenuestro, 11:1-4 (Mt 6:9-13)
Cf. comentario a Mt 6:9-13
1 Acaeció que, hallándose El orando en cierto lugar, así que acabó, le dijo uno de los discípulos: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñaba a sus discípulos. 2 El les dijo: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino; 3 danos cada día el pan cotidiano; 4 perdónanos nuestras deudas, porque también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos pongas en tentación.

Mientras Mt incrusta el Padrenuestro en un contexto literario que no es el suyo, y adelanta cronológicamente la situación del mismo, Lc, sin precisar la topografía, da la razón del por qué Cristo enseña esta oración. Al terminar un día su oración, uno de sus discípulos le pidió que les enseñase a orar, como el Bautista hacía con sus discípulos (Lc 5:33).
La recensión de esta oración en Lc es mucho más breve que en Mt. Diversos problemas planteados a propósito de esta diferencia de recensiones se expresan en el Comentario correspondiente a Mt.
Lc omite, después de Padre, "nuestro," posiblemente para evitar en sus lectores de la gentilidad la impresión de una oración limitada a un círculo judío, lo mismo que "estás en los cielos," de formulación judío-rabínica. No trae el "Hágase tu voluntad."1 Esto último por faltar en su "fuente."
En la petición del perdón, Lc pone que se perdonen "nuestros pecados" (αμαρτίας), mientras que Mt y Lc en la segunda vez ponen "deudor" (άρείλοντι). Se pensó si Lc utilizaría este término para evitar a sus lectores un sentido de deuda pecuniaria. Sin embargo, son sinónimos, pues Lc sólo la modifica la primera vez, seguramente por variación literaria, y destaca que debemos perdonar a "todo" deudor.
Omite también la parte negativa del último versículo de Mt2. En Marción, seguido por San Gregorio de Nisa, en lugar de la petición "Venga tu Reino," se lee: "Que el Espíritu Santo venga sobre nosotros y nos purifique." Idea acorde con la teología de Lc. La recensión de Lc del "Pater." supone una "fuente" distinta de Mt. Que la de éste sea litúrgica es muy posible. ¿También la de Le? La versión al arameo de las recensiones de Mt y Lc por K. G. Kuhn lleva a un tipo original de composición en verso.
Parábola del amigo importuno, 11:5-13 (Mt 7:7-11)
Cf. comentario a Mt 7:7-11
5 Y les dijo: Si alguno de vosotros tuviere un amigo y viene a él a medianoche y le dijera: "Amigo, préstame tres panes, 6 pues un amigo mío ha llegado de viaje y no tengo qué darle"; 7 y él, respondiendo de dentro, le dijese: "No me molestes, pues la puerta está ya cerrada, y mis niños están ya conmigo en la cama, no puedo levantarme para dártelos," 8 yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 9 Os digo, pues: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá; 10 porque quien pide recibe, y quien busca halla, y al que llama se le abre. 11 ¿Qué padre entre vosotros, si el hijo le pide un pan, le dará una piedra? ¿O, si le pide un pez, le dará, en vez del pez, una serpiente? 12 ¿O, si le pide un huevo, le dará un escorpión? 13 Si vosotros, pues, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

Evocada por la oración del Padrenuestro, Lc es el único que narra una parábola con un gran colorido oriental, para enseñar la perseverancia en la oración. Inesperadamente llega uno de viaje en la noche. No hay nada preparado (rasgo algún tanto irreal), por lo que va a casa de un amigo a pedir "tres panes." Las casas pobres de Palestina sólo tenían una estancia, donde a la noche, echadas unas esteras, todos dormían. Este llamar e insistir no le trae más que complicaciones; los niños se van a despertar sobresaltados y luego no podrán dormir. Como puede, abre la puerta para resolver aquella situación enojosa. Y Cristo añade que, si no le da lo que pide por ser amigo, al menos se lo dará por importuno.
La finalidad de esta parábola, como se ve por la insistencia en llamar, es la perseverancia en la oración. Sin embargo, Lc pone a continuación, como una conclusión enfática, el "pedid y se os dará." Y luego se describe la seguridad de la concesión por Dios de los bienes pedidos. Mt, en cambio, trae todas estas adiciones a la parábola en otro contexto, como pieza aislada (Mt 7:7-11). ¿Es que Lc, con esta inserción, pretende precisar el sentido de la parábola? Sería muy probable en este pasaje. La parábola no tiene en sí una estructura y finalidad definidas. Si Lc le yuxtapone este otro pasaje, con valoración independiente, lo une, sin duda, por razón de una afinidad lógica, por tratarse de temas de oración; primero coloca la oración, luego la perseverancia para obtener sus fines, y, por último, la seguridad de la bondad de Dios en la concesión de los bienes pedidos 3.
En Mt, Dios dará "cosas buenas a quien se las pide"; Lc lo formula de otra manera: "dará el Espíritu Santo a quienes se lo piden." La redacción de Lc explícita el sentido primitivo de Mt. Como las "cosas buenas," en esta perspectiva religiosa, son los bienes espirituales mesiánicos, Lc las ha sintetizado en lo que es el gran don mesiánico: la efusión del Espíritu Santo, dispensador de todo bien (Jn 7:38-39) 4, y tan propio de su teología (cf. Rom 8:23; 2 Cor 1:22; 5:5; Ef 1:13ss). Naturalmente, el "pedir" y "recibir" tiene un valor "sapiencial."
El Poder sobre los demonios, 11:14-26 (Mt 12:43-45). Cf. comentario a Mt 12:43-45
14 Estaba expulsando a un demonio mudo, y así que salió el demonio, habló el mudo. Las muchedumbres se admiraron, 15 pero algunos de ellos dijeron: Por el poder de Beelzebul, príncipe de los demonios, expulsa éste los demonios; l6 otros, para tentarle, le pedían una señal del cielo. 17 Pero El, conociendo su pensamiento, les dijo: Todo reino dividido contra si mismo será devastado, y caerá casa sobre casa. 18 Si, pues, Satanás se halla dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Puesto que decís que por poder de Beelzebul expulso yo los demonios. 19 Si yo expulso a los demonios por Beelzebul, vuestros hijos, ¿por quién los expulsarán? Por esto ellos mismos eran vuestros jueces. 20 Pero, si expulso a los demonios por el dedo de Dios, sin duda que el reino de Dios ha llegado a vosotros. 21 Cuando un fuerte bien armado guarda su palacio, seguros están sus bienes; 22 pero si llega uno más fuerte que él, le vencerá, le quitará las armas en que confiaba y repartirá sus despojos. 23 El que no está conmigo, está contra mí, y el que conmigo no recoge, desparrama. 24 Cuando un espíritu impuro sale de un hombre, recorre los lugares áridos buscando reposo, y, no hallándolo, se dice: "Volveré a la casa de donde salí"; 25 y viniendo la encuentra barrida y aderezada. 26 Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él y, entrando, habitan allí, y vienen a ser las postrimerías de aquel hombre peores que los principios.

Lc y Mt traen este pasaje. Pero, mientras Lc lo trae seguido, Mt lo trae desdoblado. En Lc se plantean ya al principio dos temas, y se los responde de seguida. En Mt el desdoblamiento responde a la separación de las dos preguntas.
Cristo expulsaba un "demonio mudo," es decir, un enfermo al que su posesión le produce mudez. Pero también era "sordo" (Mt). Ante este hecho, realizado con autoridad propia, en Mt surge en las gentes la pregunta de si no será el Mesías. Lc sólo lo expresa con la "admiración" de las muchedumbres. Pero, ante esto, los "fariseos" (Mt), no negando los hechos evidentes, lo atribuyen a que Cristo tiene pacto con Beelzebul, príncipe de los demonios 5. La argumentación de Cristo fue definitiva. Si así fuese, Satanás destruiría su reino. Además, los exorcistas judíos condenaban esta insidia al expulsar los demonios. Pero, si es verdad que El los expulsaba en nombre de Dios, entonces que saquen la consecuencia: llegó el Reino de Dios. Pues ya está entablada la lucha entre el poder del Mesías y el poder de Satán. Por eso dice: si El los expulsa; no porque los expulsen ciertos exorcistas judíos. Y Lc añade otra consecuencia: si él es el Mesías, hay que "recoger" con él — su enseñanza — para entrar en el reino; si no, se "desparrama" fuera del mismo.
Luego pone la comparación del demonio errante que sale de un hombre y busca morada en lugares "secos," es decir, desiertos, morada, según la creencia popular, de demonios. Al no hallar reposo, vuelve al lugar de donde partió, pero, al verlo bien preparado, sale en busca de otros siete espíritus peores que él — número de plenitud — , y así logran conquistarla y habitarla. Con lo que "las postrimerías de aquel hombre vienen a ser peores que los principios." El sentido de esta comparación es discutido, por querer hacerlo alegoría, cuando es una simple comparación, aunque con algunos elementos alegorizantes. Mt la aplica expresamente a "esta generación mala." Lc no, pero, aunque el contexto en que lo trae es literariamente distinto, conceptualmente es el mismo. Por eso ha de ser interpretada de la generación judía contemporánea de Cristo. Atar a Satanás es idea escatológica (Is 24:22; Tob 8:3; Ap 20:2ss).
La expulsión de los demonios por Cristo prueba, como él dice, su mesianismo. El demonio desea no perder sus viejas conquistas, al ver los progresos que Cristo comienza a hacer en el pueblo, y toma la revancha. Por obra de los fariseos, que boicoteaban la obra de Cristo, viene a desorientar y apartar del ingreso en el reino de Cristo a gran parte de esta generación. Esto es, dentro de la imagen demoníaca comparativa, hacer que peores poderes demoníacos vuelvan a su casa, a esa "generación" de la que salieron. Y así las "postrimerías" de esa generación judía, separándose de Cristo, no ingresando en su reino y llevándole a la cruz, vinieron a ser peores que sus principios, que comenzaban con la luz de Cristo expulsando los demonios.
Elogio de la Madre de Jesús, 11:27-28
27 Mientras decía estas cosas, levantó la voz una mujer de entre la muchedumbre, y dijo: Dichoso el seno que te llevó y los pechos que mamaste. 28 Pero El dijo: Más bien dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan.

Pasaje propio de Lc. En el contexto, una mujer que oye esta refutación de Cristo, la aprueba, gritando al modo oriental, para bendecir a su Madre. La gloria de las madres son los hijos (Prov 23:24-25; Gen 30:13; Lc 1:58). Y la gloria de éstos redunda en las madres. Tal era la grandeza que esta mujer vio en Cristo, hasta acaso sospechar, como en otras ocasiones sospecharon, si no sería el Mesías (Mt 12:23; par.), que lo bendice al bendecir a su Madre. El Magníficat empieza a cumplirse. Lc que lo trae empieza a ver su cumplimiento.
Pero Cristo toma pretexto de las palabras de esta mujer para hablar en general de la grandeza de la maternidad natural, y decir que son más bienaventurados los que "oyen" la palabra de Dios y la "guardan." Porque, si la maternidad natural es gran dignidad, la palabra de Dios y su guarda hace ingresar en el Reino, con todo lo que esto significa.
Juicio sobre la generación presente. 11:29-32 (Mt 12:38-42)
Cf. comentario a Mt 12:38-42
29 Creciendo la muchedumbre, comenzó a decir: Esta generación es una generación mala; pide una señal, y no le será dada otra señal que la de Jonas. 30 Porque como fue Jonas señal para los ninivitas, así también lo será el Hijo del hombre para esta generación. 31 La reina del Mediodía se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará, porque vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y hay aquí algo más que Salomón. 32 Los ninivitas se levantarán en el juicio contra esta generación, porque hicieron penitencia a la predicación de Jonas, y hay aquí más que Jonas.

En Mt (c.12) se da como doble señal de Cristo: en el sepulcro (v.40) y de la conversión de Nínive a su predicación (v.41). En Mc no se da ningún signo (Mc 8:12); en Lc se da sólo como signo de penitencia a su predicación. Lc, a diferencia de Mt, que también trae este pasaje, ya puso al comienzo de la narración dos temas a los que va a responder con un intervalo literario. El primero fue que Cristo expulsaba a los demonios en nombre de Beelzebul, príncipe de los demonios. Pero "otros," que Mt precisa como "escribas y fariseos," le pedían, "para tentarle," una "señal del cielo." Admitida por ellos probablemente también esta solución diabólica, piden algo espectacular, al estilo del fuego que hizo bajar del cielo Elias (1 Re 18:38ss), pensando en el fracaso de un prodigio de este tipo. Pero Cristo niega el signo a esta "generación mala." Lc omite "adúltera" acaso por no entenderla sus lectores. Esta expresión está cargada de reminiscencias bíblicas. La generación en que aparecería el Mesías, al estilo de la del "desierto," sería mala. Y, en lugar del signo, les anuncia un "signo" castigo.
A la predicación de Jonas, Nínive se convirtió. Y ante la sabiduría de Salomón, vino a oírle la reina del Mediodía, la reina de Saba (1 Re 10:1). Ellos condenarán "en el juicio" (εν ττ\ χρίσει)" probablemente aludiendo, con este término casi técnico, al juicio" postrero, a esta generación, porque aquí, es decir, en él, hay cosa mayor que la sabiduría de Salomón y el profetismo de Jonas. Es parte del climax con que Cristo va descubriendo quién es: mayor que reyes y profetas.
Esta divergencia de enfoque de los evangelistas sobre el "signo" de Jonas puede responder a tradiciones distintas o a interpretaciones distintas de los evangelistas 5, acaso por aludirse primitivamente sólo al "signo" sin matizar.
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