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10. Preparación de la Partida
Las Trompetas de Plata (1-10)
1 Yahvé habló a Moisés, diciendo: 2"Hazte dos trompetas de plata batida a martillo, que te sirvan para convocar la asamblea y para hacer mover el campamento. 3 Cuando se toquen las dos, acudirá a ti toda la asamblea a la puerta del tabernáculo de la reunión; 4 cuando se toque una sola, se congregarán a ti los príncipes jefes de los millares de Israel. 5 A un toque estrepitoso, moverán su campamento los acampados al oriente. 6 A un segundo toque de la misma clase, moverán su campamento los acampados al mediodía; estos toques son para ponerse en movimiento. 7 También para reunir la asamblea las tocaréis, pero no con ese toque. 8 Los hijos de Aarón, los sacerdotes, serán los que toquen las trompetas, y éstas serán para vosotros de uso obligatorio por siempre en vuestras generaciones. 9 Cuando en vuestra tierra saliereis a la guerra contra el enemigo que os atacare, tocaréis alarma con las trompetas, y servirán de recuerdo ante Yahvé, vuestro Dios, para que os salve de vuestros enemigos. 10 También en vuestros días de alegría, en vuestras solemnidades y en las fiestas del comienzo del mes, tocaréis las trompetas; y en vuestros holocaustos y vuestros sacrificios pacíficos serán para vosotros un recuerdo cerca de vuestro Dios. Yo, Yahvé, vuestro Dios.

En los tiempos primitivos, las señales se hacían con el cuerno de carnero, la corneta 1. En Lev 25:95 se dice que el jubileo se anunciará al sonido del cuerno. Pero los documentos posteriores nos hablan de las trompetas de plata, que se hacían sonar así en el templo, para anunciar los actos de culto y las fiestas, como en el campo de batalla 2. En el arco de Tito, en Roma, figuran también, entre los trofeos de su victoria sobre los judíos, encima de la mesa de los panes, dos trompetas largas. La razón de introducir aquí estas trompetas es, sin duda, para que respondan mejor a la nueva organización de Israel bajo la guía directa de Dios. Las trompetas de plata eran algo más digno que los cuernos de carnero. Las señales convenidas son tres: un toque para convocar a los jefes del pueblo; dos para llamar al pueblo; uno más prolongado para ordenar el levantamiento del campo, y éste se hará a cada una de las partes de él. Fuera de esto, añade que las trompetas tocarán en la guerra, y será su sonido como una llamada a Yahvé para que venga en socorro de los suyos. Este pasaje nos ofrece la explicación de lo que se dice repetidas veces en los Paralipómenos: que los sacerdotes iban delante del ejército de Judá con las trompetas para tocarlas en el momento de comenzar la batalla, y su efecto era tan decisivo, que al instante los enemigos se sentían aterrados y huían, no quedando al ejército otro trabajo que perseguirlos y recoger el botín 3. También aquí tenemos que advertir la desproporción entre el efecto de las dos trompetas y la extensión del campamento de más de 600.000 hombres. La dificultad la salva, como antes dijimos, el género literario hiperbólico del autor sagrado.
El autor sagrado no describe la forma de las dos trompetas, pero podemos suponer que eran semejantes a las que aparecen en los monumentos egipcios 4. El uso de las trompetas se prescribe también para las grandes conmemoraciones religiosas (v.10)5.
Partida del Sinaí (11-28)
11 En el año segundo, el segundo mes, a veinte del mes se alzó la nube de sobre el tabernáculo del testimonio, 12 y los hijos de Israel marcharon, por etapas, del desierto del Sinaí al desierto de Farán, donde la nube se paró, 13 moviéndose por primera vez a la orden de Yahvé por Moisés. 14 La primera en moverse fue la enseña del campo de los hijos de Judá, con sus escuadras. Jefe de las escuadras de aquéllos era Nasón, hijo de Aminadab. 15 Jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Isacar, Natanael, hijo de Suar; 16 y jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Zabulón, Eliab, hijo de Jelón. 17 Desmontado que fue el tabernáculo, pusiéronse luego en marcha los hijos de Gersón y los hijos de Merarí, llevando el tabernáculo. 18 Luego se puso en marcha la enseña del campo de Rubén, por sus escuadras. 19 El jefe de sus escuadras era Elisur, hijo de Sedeur; el jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Simeón, Selamiel, hijo de Zurisadai; 20 y el jefe de las escuadras de los hijos de la tribu de Gad, Eliasaf, hijo de Deuel. 21 Comenzaron luego a marchar los hijos de Caat, llevando el santuario; y en tanto que ellos llegaban, se disponía el tabernáculo. 22 Después se puso en marcha la enseña del campo de los hijos de Efraím por sus escuadras; jefe de sus escuadras era Elisama, hijo de Amiud; 23 jefe de las escuadras de la tribu de Manasés, Gamaliel, hijo de Pedasur; 24 jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Benjamín, Abidán, hijo de Gedeón. 25 Después se puso en marcha la enseña del campo de los hijos de Dan, por sus escuadras, a retaguardia de los otros campos; jefe de las escuadras de los hijos de Dan era Ajiezer, hijo de Amisadai; 26 jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Aser, Feguiel, hijo de Ocrán; 27 jefe de las escuadras de la tribu de los hijos de Neftalí, Ajira, hijo de Enán. 28 Los hijos de Israel se pusieron en marcha con sus escuadras por orden.

Por fin llega la hora de la partida, cuando faltaban sólo diez días para cumplirse el año de la llegada a la montaña santa 6. El 20 del segundo mes se alza la nube sobre el tabernáculo, y los hijos de Israel levantan el campo y se ponen en marcha. Ninguna mención se hace de las trompetas que según 10:5 debían intimar la orden de partida a los cuatro lados del campamento. La marcha se realiza en el orden señalado en el capítulo 2 con alguna diferencia. Allí se asigna a los levitas, que llevan el tabernáculo, el centro de la columna; aquí Gersón y Merarí caminan después de las tribus que acampan al oriente, que son las primeras en partir, y Caat marcha después del segundo grupo, que acampaba al mediodía. Y como antes, tampoco aquí se hace mención del resto del pueblo con sus ganados y hacienda. Se ve clara la concepción ideal que el autor sagrado da a esta organización de Israel. Por sus etapas, y guiados por la nube, caminan desde el desierto del Sinaí hasta el de Farán, al sur de Canaán 7. El v.28 marca bien la conclusión de la perícopa.
Invitación de Moisés a su Cuñado Jobab para que le Acompañe (29-32)
29 Moisés dijo entonces a Jobab, hijo de Raguel, madiani-ta, su suegro: "Nosotros nos vamos para el lugar que Yahvé nos ha dicho: "Yo os lo daré"; ven con nosotros y te favoreceremos; porque Yahvé ha prometido favorecer a Israel." 30 El respondió: "No, me iré a mi tierra y a mi parentela." 31 Moisés insistió: "No nos dejes, pues tú conoces bien los lugares donde habremos de acampar y podrás servirnos de guía; 32 si vienes, nosotros te daremos parte de lo que nos dé Yahvé."

En el texto se insiste en que Yahvé es el guía directo de los israelitas en su peregrinación, y la nube es el signo de su presencia sensible. En cambio, aquí se insiste en que Moisés quiere llevar a su cuñado como guía experto, conocedor de aquellos parajes de la estepa por donde habían de pasar 8. Moisés le promete participar de los bienes que Yahvé les dé. En Jue 1:16; 4:11, se dice que los quíneos se incorporaron a Moisés, y probablemente éstos son los madianitas de que aquí se habla, tribu nómada que pastoreaba entre el Sinaí, Farán y Edom 9.
En Marcha desde el Monte Sinaí (33-36)
33 Así se marcharon del monte de Yahvé, e hicieron tres días de camino; y el arca de la alianza de Yahvé fue con ellos tres días de camino, buscando dónde acampar. 34 La nube de Yahvé los acompañaba de día desde que levantaron el campamento. 35 Cuando movían el arca, decía Moisés: "Levántate, Yahvé; dispérsense tus enemigos. Y huyan ante ti los que te aborrecen. 36 Y cuando el arca se posaba, decía: "Pósate, ¡oh Yahvé!, entre las miríadas de Israel."

Esta perícopa parece una repetición de 10:11-28, que se ha de atribuir a otro documento. El pueblo parte del Sinaí y camina tres días buscando dónde acampar. En la primera narración, el arca iba muy envuelta en ricos paños y cubierta por pieles de tejón; aquí parece que va el arca descubierta, como en Jos 3:25 10, y la nube la acompaña, como en Ex 13:21s. Así se explican las palabras de Moisés en las que dice lo que era el arca para el pueblo: el símbolo de la presencia de Dios en medio de Israel para defenderle de sus enemigos. El pasaje de 1 Sam 4:35 nos declara bien este pensamiento: el pueblo se halla enfrente de los filisteos, que les habían infligido una derrota. En vista de esto, resuelven traer el arca de Yahvé. Cuando ésta entró en el campo de Israel, el pueblo "lanzó tan grandes gritos de júbilo, que hacían temblar la tierra. Los filisteos sintieron temor y decían: "Ha venido Dios al campamento. ¡Desgraciados de nosotros!... ¿Quién nos librará de la mano de ese Dios poderoso? ¿Acaso no es El el que castigó a los egipcios con toda suerte de plagas y de peste?" Así declara el autor sagrado la impresión causada en uno y otro campo por la llegada del arca. A la luz de estas palabras podemos entender lo que significan las de Moisés.
Cuando Israel abandona la llanura de er-Raha en el desierto del Sinaí (la "montaña de Yahvé" designando al Sinaí aparece sólo aquí, pues en otros lugares se llama "montaña de Elohim"), no sabemos la dirección exacta que tomaron. Son muchos los intrincados valles que se abren paso para salir del macizo de los montes del Sinaí, y, por otra parte, no hay ninguna indicación en el texto sagrado que pueda servir de apoyo para trazar el itinerario hasta llegar al vasto desierto de Tih, de Farán o de Sin, en el lenguaje de la Biblia, caminando siempre hacia el norte hasta llegar a la región de Cades, donde Israel se estacionó 11.

1 Jos 6:5. — 2 2 Par 13:12; 143; 1 Mac 4:40; 5:33; 16:8. — 3 Cf. 2 Par 13:15; 15:1; 1 Mac 5:33 — 4 Véase la descripción en Fl. Josefo, Ant. Jud. III n,6. — 5 Cf. 2 Par 5:12; 29:26 — 6 Ex 19:1. — 7 Cf. Abel, Géog. I 434. — 8 No está claro en el texto si este Jobab hijo de Raguel es el cuñado o el suegro de Moisés. En Ex 2:18 se dice que Raguel es el padre de Séfora, esposa de Moisés. Pero algunos creen que es una glosa que proviene de Núm 10:29. En Ex 3:1; 4:18 el suegro de Moisés es llamado Jetro. Algunos creen que Raguel es un calificativo (Reuel: amigo de Dios). — 9 Véase Abel, o.c., I 286. — 10 Cf. 1 Sam 4:3; 2 Sam 6:1s. — 11 Véase M. J. Lagrange, L'itinéraire des hraelites da pays de Gessen aux bords du Jourdain: RB (1900) 274; R. Savignag, La región de Ain Cadeis: RB (1922).
11. Diversos Incidentes en el Camino del Sinai a Cades.
Los relatos sobre estos incidentes contados al vivo parecen proceder de distintas fuentes.
Descontento del Pueblo (1-9)
1 Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Yahvé, y, al oírlo Yahvé, ardió en ira, y encendió contra ellos un fuego que abrasó una de las alas del campamento. 2 Clamó entonces el pueblo a Moisés, y Moisés oró a Yahvé, y el fuego se apagó; 3 y llamaron a aquel lugar "Tabera," porque allí se había encendido contra ellos el fuego de Yahvé. 4 El vulgo adventicio que en medio de ellos habitaba tenía tantas ganas de comer carne, que aun los hijos de Israel se pusieron a llorar y a decir: "¡Quién nos diera carne que comer! 5¡Cómo nos acordamos de tanto pescado como de balde comíamos en Egipto, de los cohombros, de los melones, de los puerros, de las cebollas, de los ajos! 6 Ahora está al seco nuestro apetito, y no vemos sino el maná. 7 El maná era parecido a la semilla del cilantro y tenía un color como de bedelio. 8 Esparcíase el pueblo para recogerlo, y lo molían en molinos o lo majaban en morteros, y, cociéndolo en una caldera, hacían de él tortas, que tenían un sabor como de pasta amasada con aceite. 9 Cuando de noche caía el rocío sobre el campo, caía también el maná."

El ambiente del pueblo ha cambiado. En las páginas que preceden, el texto pone de relieve la devoción y generosidad del pueblo hacia el santuario de Yahvé; aquí se nos presenta otra vez al pueblo de dura cerviz, constante murmurador contra su líder, aunque el autor sagrado atribuye esto a la influencia de los extraños en el pueblo hebreo. En medio del desierto se acuerdan de la abundancia de viandas de que disfrutaban en Egipto. Nada más natural que el hambriento se vuelva a los tiempos en que comía a saciedad. ¿Quiénes son estos extraños que inician la rebelión? Lo ignoramos. El texto sagrado hace mención de ellos en diferentes lugares 1. Serían gentes que, no encontrándose satisfechos en el valle del Nilo, aprovecharon la escapada de los hebreos para juntarse a ellos y recobrar la libertad de que allí no gozaban 2. ¿Qué significa ese fuego con que Dios abrasó una de las alas del campamento? Lo ignoramos; tal vez alguna descarga eléctrica. El nombre de Tabera significa incendio. Aparece mencionado en Dt 9:22.
Los israelitas y los extranjeros se acuerdan de la comida de Egipto: pescado, cohombros, cebollas, etc., todo lo que constituye la base de la alimentación de los egipcios.3 Y desprecian el mana. Sobre su naturaleza véase el comentario a Ex 16:125. No debía de ser una cosa tan exquisita, cuando los israelitas lo desprecian y añoran otras cosas tan vulgares. Esta opinión de los israelitas sobre el maná parece confirmar la hipótesis de que la famosa comida del desierto era algo parecido al man, secreción de un arbusto de la península arábiga, que preparaban majándolo al mortero (v.8), y aparece por las mañanas como un rocío misterioso (v.9). En Núm 21:5 se dice que los israelitas se quejaban de aquel "miserable alimento."4 Los hebreos llevaban consigo rebaños de ovejas, pero sin duda que estas reses no eran suficientes para abastecer normalmente a todos durante tanto tiempo, y por eso tenían que vivir habitualmente de productos miserables de la estepa, que tienen pocos ingredientes nutritivos 5.
Queja de Moisés (10-15)
10 Oyó Moisés las lamentaciones del pueblo, que por familias se reunía a las puertas de las tiendas, encendiendo el ardor de la ira de Yahvé; y desagradó a Moisés,11que dijo a Yahvé: "¿Por qué tratas tan mal a tu siervo? ¿Por qué no ha hallado gracia a tus ojos y has echado sobre mí la carga de todo este pueblo? 12¿Lo he concebido yo o lo he parido para que me digas: Llévale en tu regazo, como lleva la nodriza al niño a quien da de mamar, a la tierra que juraste dar a tus padres? 13¿Dónde tengo yo carne para alimentar a todo este pueblo? ¿Por qué llora a mí clamando: Danos carne que comer? 14 Yo no puedo soportar solo a este pueblo. Me pesa demasiado. 15 Si así has de hacer conmigo, dame la muerte, te lo ruego; y si es que he hallado gracia a tus ojos, que no me vea ya más así afligido."

Las quejas del pueblo afligen el corazón de Moisés. Pensaba haber realizado una obra grande rescatando a su pueblo de la servidumbre de Egipto, y he aquí que no sólo no lo agradecen, sino que miran esto como una desgracia. Sobre todo, lo que le hubo de herir más fue que con esas quejas desestimaban el favor de Dios, el verdadero Libertador, y además menospreciaban las promesas que les había hecho y hacia las cuales los conducía. Ante esta actitud del pueblo, el ánimo del profeta desfallece, y se queja él también de la misión ingrata que Dios ha echado sobre sus hombros. No se siente con fuerzas para llevar al pueblo en su regazo como la nodriza al niño. Y esta conciencia de Moisés sobre su flaqueza se aviva tanto más cuanto más crecen la impaciencia del pueblo y sus quejas. Como más tarde Elías, pide a Dios, como una gracia, que le lleve de esta vida si no quiere quitarle la pesada carga 6.
Los v.7-9 son continuación lógica del v.6, de forma que parecen reflexiones del hagiógrafo sobre las diversas formas de preparar el maná para que el lector se haga cargo de que los israelitas no tenían razón para sus quejas contra Moisés. Este, por su parte, se siente apesadumbrado por su ingrata misión histórica. En realidad es Dios quien ha concebido y criado al pueblo hebreo 7, y, por tanto, a El le pertenece llevarlo en su regazo, y no a Moisés. Descorazonado, pide a Dios le quite la vida si no le presenta mejores perspectivas 8.
Respuesta de Yahvé (16-23)
16 Entonces dijo Yahvé a Moisés: "Elígeme a setenta varones de los hijos de Israel, de los que tú sabes que son ancianos del pueblo y de sus principales, y tráelos a la puerta del tabernáculo; que esperen allí contigo. 17 Yo descenderé, y contigo hablaré allí, y tomaré del espíritu que hay en ti y lo pondré sobre ellos, para que te ayuden a llevar la carga del pueblo y no la lleves tú solo. 18 Y di al pueblo: Santifícaos para la manaría, y comeréis carne, ya que habéis llorado a Yahvé diciendo: ¡Quién nos diera carne que comer! ¡Mejor ciertamente estábamos en Egipto! 19 No comeréis un día, ni dos, ni cinco, ni diez, ni veinte; 20 la comeréis todo un mes, hasta que se os salga por las narices y os produzca náuseas, por haber menospreciado a Yahvé, que está en medio de vosotros, y haber llorado, diciendo: ¿Por qué hemos salido de Egipto?" 21 Moisés le dijo: "Seiscientos mil infantes cuenta el pueblo en medio del cual estoy, y me dices: Yo les daré carne, y la comerán todo un mes. 22¿Bastará para ello degollar todas las ovejas y todos los bueyes? ¿Se juntarán todos los peces del mar para darles abasto?" 23 Yahvé replicó a Moisés: "¿Acaso se ha acortado el brazo de Yahvé? Ya verás si es o no es como yo te he dicho."

Dios quiere aliviar la carga de Moisés, y por ello propone que elija setenta ancianos como auxiliares suyos. En Ex 18:255 se dice que Moisés, por consejo de Jetro, eligió oficiales de diez, de cincuenta, de ciento y de mil, que formasen una verdadera jerarquía para entender en los asuntos menores del pueblo, reservándose el profeta los de mayor importancia. Esto significaba una gran ayuda, tanto más cuanto que en estos oficiales tenía el líder consejeros hábiles con quien comunicar los problemas graves que ocurriesen. Teniendo éstos, ya no podía quejarse el caudillo de quedarse solo. Estos ancianos9 aparecen ya varias veces con ocasión de la salida de Egipto 10. Ahora parece que se quiere investirlos de nueva autoridad en nombre de Dios, como intendentes (soterim) a las órdenes de Moisés. Llamados al santuario, Dios les comunica el espíritu de Moisés (v.17), que en el v.26 se define como espíritu profético. La palabra profecía en la Sagrada Escritura tiene un sentido muy amplio. Cualquier manifestación carismática del espíritu de Dios puede recibir el nombre de profecía. En este pasaje podemos suponer que se trata del don de consejo para resolver los conflictos del pueblo y mantenerlo en paz. Participaban, pues, del don del consejo del líder Moisés. El autor sagrado concibe así la mente de Moisés como una lámpara que transmite luz a otras, si bien en menos cantidad y en dependencia de aquélla. La afirmación, pues, de esta comunicación de espíritu indica la situación subordinada de los ancianos respecto del gran profeta-dirigente.
Por otra parte, Yahvé responderá a las quejas del pueblo con un nuevo hecho portentoso. Pero antes deben santificarse (v.18), es decir, ponerse en estado de pureza ritual, pues Dios los va a visitar. Les va a dar tal cantidad de carne, que habrán de sentir náuseas de ella (v.19). Así, Dios les castigará por haberle despreciado, añorando la estancia en Egipto. Moisés siente cierto escepticismo sobre la promesa divina, ya que son 600.000 los israelitas que están necesitados de comida. Según Ex 16:13, Dios envió a los hebreos codornices en gran cantidad en el desierto de Sin antes de llegar al Sinaí. Yahvé, por toda respuesta, recuerda el poder de su brazo omnipotente (v.23), que no se "ha acortado" en poder. Y por eso ha de responder como en otras ocasiones al sacarlos de los dominios del faraón.
Efusión del Espíritu sobre los Setenta Ancianos (24-30)
24 Salió Moisés y transmitió al pueblo lo que había dicho Yahvé; y eligió los setenta varones de entre los ancianos de Israel y los puso en derredor del tabernáculo. 25 Descendió Yahvé en la nube y habló a Moisés; tomó del espíritu que residía en él y lo puso sobre los setenta ancianos; y cuando sobre ellos se posó el espíritu, pusiéronse a profetizar, y no cesaban. 26 Habíanse quedado en el campamento dos de ellos, uno llamado Eldad y otro llamado Medad; y también sobre ellos se posó el espíritu; eran de los nombrados, pero no se presentaron ante el tabernáculo, y se pusieron a profetizar en el campamento. 27 Corrió un mozo a avisar a Moisés, diciendo: "Eldad y Medad están profetizando en el campamento." 28 Josué, hijo de Nun, ministro de Moisés desde su juventud, dijo: "Mi señor, Moisés, impídeselo." 29 Y Moisés le respondió: "¿Tienes celos por mí? ¡Ojalá que todo el pueblo de Yahvé profetizara y pusiese Yahvé sobre ellos su espíritu!" 30 Volvióse Moisés al campamento, y con él los ancianos de Israel.

Moisés salió del tabernáculo, en el que solía tener las comunicaciones de Yahvé 11, y reunió a los ancianos y los colocó delante del tabernáculo, sin decir el texto cómo hizo la elección. Y Dios, para investirlos de una misión divina ante el pueblo, descendió en forma de nube. La descripción es antropomórfica: Dios tomó del espíritu de Moisés y se lo comunicó a los ancianos (v.25). Y al punto éstos empezaron a profetizar. Abraham es llamado profeta12 o amigo de Dios, y María, la hermana de Moisés, es llamada también profetisa13. Pero el caso de los ancianos es el primer caso de "profetismo" colectivo14. Por eso Amos y Jeremías dirán que los profetas existieron en tiempos de Moisés 15. El texto sagrado no concreta en qué consistió la manifestación profética de los ancianos; pero podemos suponer que se trata de ciertas manifestaciones de entusiasmo religioso, como discursos enardecidos, cantos sagrados, pulsación de instrumentos músicos estimulantes de estas manifestaciones religiosas 16. Así se reanimaba la fe apagada del pueblo. Estas manifestaciones están en consonancia con la mentalidad primitivista del ambiente. De este modo, el pueblo podía comprobar que, en efecto, el espíritu de Dios se había apoderado de ellos. Y el autor sagrado anota el caso curioso de dos ancianos elegidos por Moisés que, a pesar de no estar junto al tabernáculo, se pusieron a profetizar (v.27)17. Algunos dieron a conocer el hecho a Moisés, y Josué, su lugarteniente y fiel compañero 18, quiere evitar esa manifestación pro/ética, pues la considera en competencia con la que Moisés acaba de provocar ante el tabernáculo 19. Moisés, con buen sentido, declara que esto no compromete su autoridad, y dice que bien quisiera que el espíritu de Yahvé fuera sobre todo el pueblo y que todos se entregaran a manifestaciones proféticas. Joel dirá que en los tiempos mesiánicos habrá una manifestación del espíritu en todas las capas sociales y en todas las edades 20. San Pedro ve el día de Pentecostés, en la efusión del Espíritu Santo, el cumplimiento de la profecía de Joel21.
Las Codornices (31-34)
31 Vino un viento de Yahvé, trayendo desde el mar codornices, que dejó sobre el campamento, hasta la altura de dos codos sobre la tierra. 32 El pueblo estuvo todo el día, toda la noche y todo el día siguiente recogiendo codornices; el que menos, recogió diez "jómer," y las pusieron a secar en los alrededores del campamento. 33 Aún tenían la carne entre sus dientes, antes de que hubiesen podido acabar de comerlas, y encendióse en el pueblo el furor de Yahvé, y Yahvé hirió al pueblo con una plaga; 34 siendo llamado aquel lugar Quibrot-Hat-tawa, porque allí quedó sepultado el pueblo glotón. 35 De Quibrot-Hat-tawa partieron a Jaserot y acamparon allí.

Para satisfacer las quejas del pueblo, que apetecía carne en abundancia, Yahvé hizo venir, como la vez primera 22, de la parte del mediodía una gran bandada de codornices, que en la primavera suben del sur en busca de clima más fresco y que, cansadas del largo vuelo, vienen a caer en la península del Sinaí. El salmista idealiza imaginativamente: "hizo soplar en el cielo el viento solano, y con su poder hizo soplar el austro y caer como polvo sobre ellos la carne, como arenas del mar aves aladas."23 Cubrieron una extensión de un día de camino y con una altura de unos dos codos (un metro)24. De nuevo tenemos que acudir al género literario hiperbólico para justificar estas exageraciones. También aquí parece que nos encontramos ante un hecho natural, si bien preternatural en cuanto a sus circunstancias (quoad modum), en cuanto que aparecen las codornices en el momento querido por Dios y en la cantidad anunciada. Los israelitas llegaron a recoger el que menos diez jómer (unos 3.640 kilos). La exageración es manifiesta, pero con ella el autor sagrado quiere destacar la abundancia de volátiles tomados. Los israelitas extendieron la caza en el campo para secarla, como hacían los egipcios con los peces y aun con las aves 25. El autor sagrado relata después el castigo al pueblo glotón, pues estaban aún con la carne en la boca, cuando la ira de Dios se encendió y envió una plaga exter minador a. El texto no concreta en qué consistió el castigo. Quizá una infección general. Por eso se llamó aquel lugar Quibrot-Hat-tawa ("sepulcros de la glotonería"). Desde este lugar, los israelitas continuaron el viaje hasta un oasis llamado Jaserot, comúnmente identificado con Ain Jadra26, abundante en agua y recogido entre un círculo de colinas, que le resguardaba contra la intemperie.

1 Ex 12:38; Lev 24:10. — 2 Ex 16:12s. — 3 Véase Herodoto, II 92, y el art. Égypte en DBS II 702; Is 19:8; Ex 7:21. — 4 Núm 21,5. El autor del libro de la Sabiduría (16,20-21) idealiza midráshicamente el alimento del maná: sabía al gusto que cada uno prefería. Cf. Sal 78:24-25; 2 Esd 9:21. — 5 Flavio Josefo identifica el maná con un alimento natural del Sinaí que se daba en su tiempo: Ant. Jud. III 1,6. Hoy día se suele ver en el maná el producto del tamarix mannifera, que se encuentra en la península sinaítica, si bien podemos suponer que Dios lo multiplicara mila rosamente durante todo el año. Véase Heinisch, Exodus 134-13· — 6 Cf. 1 Re 19:4. — 7 Cf. Ex 4:22; Dt 32:17; Os 11,1. — 8 Cf. Jer 15:10-11. — 9 Estos ancianos o ziqne equivalen literalmente a los γέροντες de los griegos, a los Paires o Senatus de los romanos y a los cheiks de los árabes — 10 Cf. Ex 3:16; 19:7; 24:1. — 11 Cf. Núm 7:8g. — 12 Gén 20:7. — 13 Ex 15:20. — 14 Cf. 1 Sam 10:11-13; 19:20-24. — 15 Cf. Am 2:10; Jer 7:25. — 16 Cf. 1 Sam 10:11-13; 19:20-24. — 17 En el Pastor, de Hermas, se cita un libro de profecías de Eldad y Medad (vis.11 3; 4)· — 18 Es el vencedor de los amalecitas (Ex 17:8-14), el que acompaña a Moisés a la montaña (Ex 24:13; 32:17) y el que guarda el tabernáculo (Ex 33:11). — 19 Los discípulos de Jesús sentirán también celo de otros que se dedican a arrojar los demonios en nombre de Él (Mc 9:38). — 20 Jl 2:28-29. — 21 Act 2:16-21; 1 Cor 12:4-11. — 22 Ex 16:1s. — 23 Sal 78:26; 27. — 24 La Vg dice que volaban a dos codos de altura. — 25 Herodoto, II 77; DBV II 36. — 26 M. J. Lagrange, a.c.: RB (1900) 276.
12. Castigo de María, Hermana de Moisés.
1 María y Aarón murmuraban de Moisés por la mujer cusita que éste había tomado, pues había tomado Moisés por mujer a una cusita. 2 Decían: "¿Acaso sólo con Moisés habla Yahvé? ¿No nos ha hablado también a nosotros?" Oyó esto Yahvé. 3 Moisés era hombre mansísimo, más que cuantos hubiese sobre la haz de la tierra. 4 Y dijo luego a Moisés, a Aarón y a María: "Id los tres al tabernáculo de la reunión." 5 Una vez allí, descendió Yahvé en la columna de nube y, poniéndose a la entrada del tabernáculo, llamó a Aarón y a María. Salieron ambos, 6 y él les dijo: "Oíd mis palabras: Si uno de vosotros profetizara, yo me revelaría a él en visión y le hablaría en sueños. 7 No así a mi siervo Moisés, que es en toda mi casa el hombre de confianza. 8 Cara a cara hablo con él, y a las claras, no por figuras; y él contempla el semblante de Yahvé. ¿Cómo, pues, os habéis atrevido a difamar a mi siervo Moisés?" 9 Y, encendido en furor contra ellos, fuese Yahvé. 10 Apenas se había retirado del tabernáculo la nube, apareció María cubierta de lepra, como la nieve; y miró Aarón a María, y la vio cubierta de lepra. 11 Dijo entonces Aarón a Moisés: "¡Oh mi señor, no eches sobre nosotros el peso de nuestro pecado ! Neciamente hemos obrado, hemos pecado. 12 Que no quede como el abortivo, que sale del vientre de su madre ya medio consumido." 13 Clamó entonces Moisés a Yahvé, diciendo: "Ruégote, ¡oh Dios!, que la sanes." 14 Respondió Yahvé: "Si su padre la hubiera escupido en el rostro, ¿no quedaría por siete días llena de vergüenza? Que sea echada fuera del campamento por siete días, y después volverá." 15 Fue, pues, María echada fuera del campamento, y el pueblo no se movió hasta que hubiera tornado.

Un nuevo episodio que podemos decir familiar, pues acaece entre los tres hermanos, hijos de Amram y Yoquebed. Pero en él se recalca el ascendiente especialísimo que Moisés tiene ante Dios, y por eso el autor sagrado lo recoge para escarmiento de todos, ya que Yahvé no permite que se ponga en duda la dignidad de profeta del amigo íntimo suyo. Los motivos de la murmuración de María y Aarón son dos: que tenía por mujer a una cusita o etíope 1 y que Moisés era venerado como profeta por el pueblo, como si ellos no tuvieran también sus relaciones íntimas con Dios. Podemos suponer razonablemente que el primer motivo era el objeto de las murmuraciones de María, y el segundo de Aarón, que, después de haber sido elevado a la dignidad del sumo sacerdocio, no veía con buenos ojos el honor que el pueblo rendía a su hermano como principal confidente de Dios. La esposa cusita probablemente es Séfora, madianita 2, pues los madianitas y cusitas o etíopes aparecen mencionados juntos en la tabla etnográfica 3. Por otra parte, en ningún otro lugar se alude a un nuevo matrimonio de Moisés 4. Aarón se considera también portavoz de los oráculos divinos (v.2), y, por consiguiente, no acepta de buen grado el monopolio de los mismos que el pueblo le atribuye. María era también una profetisa que, tocando el tambor, dirigía el canto de las mujeres y enardecía a las tribus de Israel 5. Además, Aarón era el que consultaba a Yahvé por el urim y el tummim6. Todo esto daba pie para sus reclamaciones como dirigente del pueblo en paridad con Moisés. Este, por su parte, era "hombre mansísimo..." (v.5), y recibió esta protesta sin reaccionar violentamente, haciendo valer sus privilegios 7. Sin embargo, es Dios el que va a reivindicar sus derechos excepcionales, haciendo un castigo ejemplar. Y primeramente proclama a la entrada del tabernáculo que con Moisés se comunica de un modo especial, cara a cara (v.8), como un "amigo a otro amigo,"8 y no en sueños o visiones (v.6), como suele hacerlo con los profetas9. Moisés es el confidente excepcional de Yahvé (v.7). Y, por tanto, ¿cómo se atreven a difamarle (v.8b) a él, "que contempla el semblante de Yahvé," es decir, su manifestación gloriosa, sensible? El autor del Eclesiástico hace el elogio de Moisés, diciendo: "Amado de Dios y de los hombres, cuya memoria vive en bendición, le hizo en la gloria semejante a los santos (ángeles) y le engrandeció haciéndole espanto de los enemigos... Cara a cara le dio sus preceptos, la ley de vida y de sabiduría, para enseñar a Jacob su alianza, y sus juicios a Israel."10 Y el autor de la Epístola a los Hebreos pondera la gloria de Moisés para exaltar la de Jesucristo, que está por encima de aquél 11, ya que "concentra en sus manos todo el conjunto de la economía de salvación, de la que es el jefe, puesto que es apóstol, sumo sacerdote y, como Moisés, fiel a Dios, que le ha hecho apóstol y mediador."12 En todo caso, Moisés es el mayor de los profetas del Antiguo Testamento, ya que Dios no le habló en enigmas o figuras, sino α Zas claras13. Y Yahvé castigó a María con la lepra por sus murmuraciones (v.10), pero no a Aarón. ¿Por qué? La lepra se compaginaba mal con la santidad sacerdotal, y por eso Dios no quiere presentar al sumo sacerdote como leproso y objeto de desprecio del pueblo. Aarón intercede ante Moisés para curar a su hermana, y Dios, recordando una antigua y conocida costumbre, según la cual el padre escupía al hijo que le hubiera ofendido, y, como consecuencia, el hijo quedaba recluido, "lleno de vergüenza" durante siete días (v.14a), exige que María, herida por Dios con la lepra, sea separada de la comunidad durante siete días (v.14b)14. María fue admitida sin que se hicieran los ritos de la purificación del leproso 15. En todo este capítulo se quiere enaltecer la situación privilegiada de Moisés frente a Aarón y los demás futuros profetas. Sin embargo, ya se deja entender que la ponderación de las comunicaciones divinas con Moisés ("cara a cara") es antro-pomórfica e hiperbólica, que no anula el dicho del evangelista: "A Dios nadie le vio; pero el Unigénito del Padre, que mora en el seno del Padre, ése nos lo dio a conocer."16

1 Los dos términos pueden designar a gentes de raza no israelita, que radicaban en la península sinaítica. En Hab 3:7 se mencionan juntos Madián y Cusan como moradores de Arabia. — 2 Ex 2:1ss. — 3 Gén 10:7. Véase Abel, Géographie de la Palesline I 287. — 4 El matrimonio con una madianita estaba permitido por la Ley, supuestas ciertas relaciones de Israel con ese pueblo (Gén 25:2; Ex 34:16). — 5 Ex 15:20. — 6 Ex 28:30. — 7 Algunos autores traducen el heb. 'anaw por "abatido," en vez de "mansísimo," teniendo en cuenta que el temperamento de Moisés no era precisamente manso (cf. Ex 32:10: Núm 16). — 8 Cf. Ex 33:11;Dt 34:10. — 9 El TM de v.6a es oscuro. Lit.: "si Yahvé es vuestro profeta." Los LXX: "si hubiera profeta vuestro para el Señor." — 10 Eclo 46:1-6. — 11 Heb 3:2s. — 12 A. Clamer, o.c., p.313. — 13 Véase Tomás de Aquino, 2-2 q.174 a.4. — 14 Cf. Lev 13:5; 14:8. — 15 Cf. Lev 14:1-32. — 16 Jn 1:18.
13. Los Exploradores de Canaán.
El relato de los c.13-14 sobre la exploración de Canaán y la rebelión del pueblo es bastante complejo desde el punto de vista literario.
Orden Divina de Explorar Canaán (1:16-17:16)
1 Partióse después el pueblo de Jaserot y acampó en el desierto de Farán. 2 Yahvé habló a Moisés, diciendo: "Manda a algunos hombres a explorar la tierra de Canaán que voy a daros: 3 manda a uno por cada tribu y que sean todos de los principales entre ellos." 4 Mandólos Moisés desde el desierto de Farán, según el mandato de Yahvé, todos los jefes de los hijos de Israel. 5 Sus nombres son: de la tribu de Rubén, Samua, hijo de Zecur; 6 de la tribu de Simeón, Safat, hijo de Jurí; 7(6)de la tribu de Judá, Caleb, hijo de Jeíbné; 8 de la tribu de Isacar, Jigal, hijo de José; 9 de la tribu de Efraím, Osea, hijo de Nun; 10 de la tribu de Benjamín, Falti, hijo de Rafu; 11 de la tribu de Zabulón, Gadiel, hijo de Sodí; 12 de la tribu de José de Manasés, Gadí, hijo de Sasí; 13 de la tribu de Dan, Amiel, hijo de Guemalí; 14 de la tribu de Aser, Setur, hijo de Miguel; 15 de la tribu de Neftalí, Najbí, hijo de Vapsí; 16 de la tribu de Gad, Guel, hijo de Maquí. 17 Estos son los nombres de los mandados por Moisés para explorar la tierra. A Osea, hijo de Nun, le dio Moisés el nombre de Josué.

El v.1 es el v.16 del c.12 en los LXX y TM, y sirve de introducción al relato de los exploradores después del incidente del castigo de María. Los israelitas continuaron hacia el norte, llegando al desierto de Farán, sin designar el lugar preciso. Pero en Núm 32,8.9 se dice que los exploradores partieron de Cades-Barne, la actual Ain Qedeis1, a unos 150 kilómetros al sur de Bersabé, en el Negueb. Llegados al mediodía de Canaán, nada más natural que enviar exploradores a la tierra con la doble finalidad de examinar las defensas que tendrían que vencer para adueñarse de ellas y las condiciones de la tierra, a fin de alentar al pueblo en los trabajos de la conquista. Los documentos no nos dicen el número de los exploradores, contando sólo entre ellos a Caleb. El documento tiende a idealizar la historia de Israel, a fin de dar expresión a ciertas ideas religiosas. Así, es Yahvé el que toma la iniciativa y ordena a Moisés que envíe exploradores, que han de ser doce, según el número de tribus. Entre ellos Josué, de la tribu de Efraím, y Caleb, de la tribu de Judá. Los exploradores recorren toda la tierra de Canaán, desde Sin, en el Negueb, hasta Rejob, camino de Emat, de sur a norte durante cuarenta días. Los textos recorren sólo la parte sur de Canaán, lo que es más verosímil. En esa tendencia a idealizar el pasado. Así, los exploradores son los príncipes de cada tribu. La lista incluye 24 nombres, de los cuales 11 no aparecen en otros textos bíblicos. Los más famosos son Caleb y Josué. Aquél era idumeo 2, pero aquí es presentado como perteneciente a la tribu de Judá, porque los calebitas aparecen especialmente relacionados con esta tribu 3, apoderándose de Hebrón 4. En tiempos de David se fusionaron con la tribu de Judá 5. Josué es primeramente llamado Osea ("salva"), pero se le cambió el nombre en "Josué" (Yehosua: "Yahvé salva") (v. 17-16). No se da razón del cambio del nombre, pero puede suponerse que haya tenido lugar con ocasión de la victoria sobre los amalecitas, en que se mostró Yahvé como salvador de su pueblo 6.
Exploración de la Tierra de Canaán (18/17-25/24).
18(17) Mandólos, pues, Moisés a explorar la tierra de Canaán, diciéndoles: "Subid de aquí al Negueb; después subid a la montaña, 19(18) y observad la tierra cómo es, qué gente la habita, si fuerte o floja, si poca o mucha; 20(19) qué tal es la tierra habitada, si buena o mala; cuáles son sus ciudades, si abiertas o amuralladas; 21(20) Cua1 es su terreno, si fértil o pobre, si con árboles o sin ellos. Animaos y traed algunos frutos de esa tierra." Era esto al tiempo de las primeras uvas. 22(21) Subieron y reconocieron la tierra desde el desierto de Sin hasta Rejob, a la entrada de Jamat. 23(22) Subieron al Negueb y llegaron a Hebrón, donde estaban Ajinam, Sesaí y Tolmai, hijos de Enaq. Hebrón fue fundada siete años antes que Tanis en Egipto. 24(23) Llegaron hasta el valle de Escol, cortaron un sarmiento con racimos de uvas, que trajeron dos en un palo, y granadas e higos. 25(24) Llamaron a aquel lugar Najal-Escol, por el sarmiento de vid que allí hallaron los hijos de Israel.

Moisés les encarga inspeccionar las fortalezas y condiciones de la tierra que habían de conquistar. Deben subir por el Negueb7 hacia la zona montañosa que rodea Hebrón, siendo el Negueb más bien la parte que rodea Gaza, Bersabé y sur de Hebrón. Como en esa zona montañosa de Hebrón habitaban los amorreos, se llamará "montaña del amorreo."8 La "tierra de Canaán" equivale, más o menos, a lo que llamamos Palestina 9, limitada al norte por Sidón y al sur por Gaza 10. Se divide en tres zonas geográficas bien definidas: montaña, Negueb y Sefela 11, siendo esta última la parte semi-costera occidental. Los exploradores deben internarse en la zona sur y percatarse de las posibilidades de ataque y de vivienda, y, como prueba de su incursión, deben volver con frutos del país (v.21). El hagiógrafo puntualiza que era el tiempo de las "primeras uvas," hacia el mes de agosto, cuatro meses después de la partida del Sinaí.12 El v.22(21) parece una adición del sacerdotal, que quiere idealizar la incursión de los exploradores, suponiendo que recorrieron el territorio ideal de la tierra prometíaa en tiempos de la monarquía israelita. El desierto de Sin no es el Sinaí, sino la zona montañosa al norte de la meseta de Tih, continuando hacia el norte el desierto de Farán, y llegando por el este al monte de Akrabim o de los escorpiones13. Rejob es la parte septentrional de Canaán cerca del monte Hermón 14, en la parte superior del Jordán. La "entrada de Jamat" o "camino de Jamat" es una frase estereotipada para indicar los límites septentrionales del reino de Israel 15, y designa la Beqa o depresión entre el Líbano y Antelíbano, por donde discurría el camino hacia Jamat o Amatu de los textos asirios 16. El v.23 nos da un recorrido de los exploradores más verosímil: la región que rodea Hebrón, no muy lejos de Cades Barne (unos 250 km.). Hebrón era entonces llamada Quiriat-Arba ("ciudad de los cuatro")17, en la que habitaban descendientes de la raza gigante de Enaq. Los nombres Ajinam, Sesai y Tolmai (v.24-23) son probablemente nombres de tribus 18. Parecen restos de las poblaciones presemíticas de Canaán, a las que la imaginación popular asignaba una estatura gigantesca, atribuyéndoseles la construcción de los monumentos megalíticos 19. El hagiógrafo, para encarecer la antigüedad de Hebrón, dice que fue fundada "siete años antes que Tanis" o Soán (v.23-22). En realidad no sabemos cuándo fue fundada Tanis en el Delta oriental egipcio, capital de los hicsos, reconstruida por Ramsés II (s.XIII), pero que aparece mencionada en textos de la VI y XII dinastía, es decir, en el tercer milenio antes de Cristo. Los expedicionarios llegaron al valle de Escol, que parece estar no lejos de Hebrón, teniendo en cuenta que Escol es el nombre de uno de los aliados de Abraham 20. En efecto, los alrededores de Hebrón son fértiles en viñas, higos y granadas, que son justamente los frutos que llevan de vuelta los exploradores. El hagiógrafo encarece hiperbólicamente la calidad y tamaño de los racimos de aquella región, diciendo que los exploradores transportaron uno de ellos entre dos, colgado de un palo (v.24). Escol significa en hebreo racimo, y por eso llamaron a aquella región Najal-Escol ("valle del racimo"). Es una explicación popular del nombre geográfico, que probablemente está relacionado con el nombre propio Escol de Gén 14:13; 14.
Retorno de los Exploradores (26-33)
26(25) Volvieron de explorar la tierra al cabo de cuarenta días, 27(26) y, llegados, se presentaron a Moisés y a Aarón y a toda la asamblea de los hijos de Israel en el desierto de Farán, en Cades; 28(27) e hicieron relación a ellos y a toda la asamblea, mostrando los frutos de la tierra, y contaron así: "Hemos llegado a la tierra adonde nos mandasteis; en verdad mana leche y miel; he aquí sus frutos; 29(28) pero la gente que la habita es fuerte, y sus ciudades son muy grandes y están amuralladas; hemos visto también allí a los hijos de Enaq. 30(29) Los amalecitas habitan la región del Negueb; los jéteos, jebuseos y amorreos, la parte montañosa; los cananeos, las costas del mar y a lo largo del Jordán." 31(30) Caleb, imponiendo silencio al pueblo, que murmuraba contra Moisés, clamó: "¡Subamos, subamos luego! ¡La conquistaremos, seremos más fuertes que ellos!" 32(31) Pero los que habían subido con él dijeron: "No debemos subir contra aquella gente; es más fuerte que nosotros." 33(32) Y desacreditaban entre los hijos de Israel la tierra que habían explorado, diciendo: "Es una tierra que devora a sus habitantes, y todos cuantos hemos visto de ellos eran de gran talla. 34(33) Hasta gigantes hemos visto allí, ante los cuales nos pareció a nosotros que éramos como langostas; y así les parecíamos nosotros a ellos."

Los exploradores tardaron cuarenta días en su misión, cifra estereotipada que indica un lapso considerable de tiempo 21. Volvieron y se reunieron con los israelitas en Cades, probablemente la actual Ain Qedeis, al sur del Negueb, entre el desierto de Farán y el de Sin, a unos 150 kilómetros al sur de Bersabé 22. Es una zona donde hay algunos pozos y oasis, muy apta para que los israelitas merodearan con sus rebaños durante los treinta y ocho años de su estancia antes de entrar en Canaán. El relato de los exploradores es muy verídico según la apreciación diversa de cada uno. Los optimistas lo pintan de color de rosa: la tierra explorada es maravillosa por su feracidad, y puede decirse que mana leche y miel (v.29-28); los pesimistas, en cambio, insisten en las dificultades y parte negativa de la tierra: devora a sus habitantes (ν·34-33).La expresiσn manar leche y miel es proverbial para encarecer la feracidad de una tierra. Las madres beduinas prometen a sus hijos leche y miel como lo mejor que pueden ofrecerles. Así es fácilmente concebible la frase en los israelitas, que salían de las estepas calcinadas y misérrimas del Sinaí 23, al encontrarse con la relativa feracidad de Canaán. Los exploradores encarecen también las fortificaciones de la región habitada por los terribles descendientes de Enaq, los gigantes de la imaginación popular. Los datos arqueológicos modernos confirman las apreciaciones de los exploradores sobre la solidez de las ciudades fortificadas de los cananeos, y los textos egipcios se hacen eco de ello. Las ciudades son muy grandes, calificación que se ha de interpretar a la luz de la mentalidad beduina de los exploradores. En realidad, las ciudades cananeas solían ser acrópolis reducidas para facilitar la defensa 24. El v.30 parece una adición erudita posterior, en la que se concretan las zonas geográficas habitadas por las distintas razas que estaban asentadas en Canaán. En el Negueb, o parte sur de Canaán (entre Gaza y el mar Muerto), están los amalecitas, gentes que aparecen en tiempos de Abraham en esta misma zona geográfica 25. Era una población que vivía del pillaje, contra la que tuvieron que luchar constantemente los hebreos aun después de su establecimiento en Canaán. Por eso surgió un odio secular contra ellos 26. La montaña o zona montañosa que rodea Hebrón hasta Jerusalén está habitada por los jéteos o hititas, población del Asia Menor que aparece en las cartas de Tell Amarna ocupando Canaán 27; los jebuseos tienen la capital en Jerusalén, expulsados por David 28; los amorreos, población que en los textos asirios da nombre al occidente semítico (Amurru) desde el Eufrates al Mediterráneo 29. Los cananeos habitan la costa marítima y el valle del Jordán. La palabra cánamo designa generalmente a los habitantes de toda la región de Canaán (desde Fenicia hasta el desierto de Farán, lindante con Egipto), y en este sentido equivale muchas veces a amorreo. En las cartas del Tell-Amarna (s.XIV a.C.), Amurru es la región de Fenicia, y Canaán es lo que hoy llamamos Palestina 30.
La narración de los exploradores sembró el terror entre los hebreos, y Caleb se levantó para animarlos al ataque (v.32-31)· Los pesimistas, sin embargo, no quieren entrar en esa región fortificada, en la que habitan gentes temibles, y además es una tierra que devora a sus habitantes, expresión que puede aludir a su pobreza (en contra de lo que habían dicho los optimistas), a los peligros de las fieras que en ella merodean, o mejor, a las poblaciones feroces que la habitan, que se matan entre sí. E insisten recordando la estatura de los gigantes, descendientes de Enaq, en cuya comparación los israelitas son como langostas. En Is 40:22 se dice que Dios contempla a los hombres desde el cielo y que desde esa altura parecen langostas, expresión gráfica para encarecer su pequenez y debilidad.

1 R. Savignac, La región de 'Ain Qedeis: RB (1922) 55-81. — 2 Cf. Núm 34:19; 32:12; Jos 14:6; Jue 1.13; Núm 13:6. — 3 Núm 13:6; Jos 14:6-15; 15; 13-10· — 4 Jos 15:13-19. — 5 Par 2:9; 25-42; 49. — 6 Estos cambios de nombre son frecuentes en personajes principales bíblicos, para caracterizar su misión histórica (cf. Gén 17:5; 35:10). Los LXX leen ΊησοΟs(***); por ello los Padres consideran a Josué como tipo de Jesucristo, "salvador" del mundo. — 7 El nombre Negueb suele relacionarse con la raíz semítica ngb, que significa "ser seco." Como esta región seca estaba al sur de Canaán, en la literatura bíblica es sinónimo de región meridional. Cf. Abel, Géog. I 418-419. — 8 Dt 1:7; Núm 13,30. — 9 En las cartas de Tell Amarna, Kinalihi, y en acadío mat Kinahni ("tierra de Canaán")· — 10 Núm 13.30 — 11 Cf. RB (1931) 365. — 12 Núm 10:11. — 13 Cf. Núm 34,3; Jos 15:1. — 14 Cf. 2 Sam 10:8; Jue 18:28; 2 Sal 10:6. — 15 Cf. Núm 34:8; Jos 13:5; Am 6:14. — 16 Cf. Abel, Géog. I 300-301. — 17 Cf. Jue 1:10. — 18 Cf. Jos 11.21; Jue 1:20; Jos 15:14; Jue 1:10. — 19 Cf. Abel, o.c., I 328-329. — 20 Cf. Gén 14:13-24. — 21 Cf. Núm 14:34. — 22 cf. RB (1922) 79-80. — 23 Cf. Power, Verbum Domini (1922) 53.58. — 24 Cf. DBS I 1010; H. Vincent, Canaán d'aprés la exploration récente 22-89. — 25 Gén 14:7; Ex 17:8-16. — 26 Cf. Desnoyers, Histoire du peuple hébreu I 73 n.s; Abel, Géog. I 270-273. — 27 Cf. RB (1909) 66. En los textos asirios sargónidas se llama a Siria y Palestina Hattu en razón de la influencia hitíta. — 28 2 Sam 56:6-8. — 29 Cf. RB (1928) 63; Abel, Géog. I 239- — 30 Cf. RB (1908) 501-502.
14. Incidentes en Cades
Sedición del Pueblo (1-9)
1 Entonces toda la muchedumbre rompió a gritar, y el pueblo se pasó toda la noche llorando; 2 y todos los hijos de Israel murmuraban contra Moisés y Aarón, y todos decían: "¡ Ah si hubiéramos muerto en la tierra de Egipto o muriéramos siquiera en este desierto! 3¿Por qué quiere llevarnos Yahvé a esa tierra a perecer a la espada y que sean nuestras mujeres y nuestros hijos presa de otros? ¿No sería mejor que nos volviéramos a Egipto?" 4 Y unos y otros se decían: "Elijamos un jefe y volvámonos a Egipto." 5 Entonces Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros ante toda la asamblea de los hijos de Israel. 6 Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefoné, que eran de los que habían explorado la tierra, rasgaron sus vestiduras, 7 y hablaron a toda la asamblea de los hijos de Israel, diciendo: "La tierra por la que hemos pasado en reconocimiento es sobremanera buena. 8 Si agradamos a Yahvé, El nos hará entrar en esa tierra y nos la dará. Es una tierra que mana leche y miel. 9 No os rebeléis contra Yahvé y no tengáis miedo de la gente de esa tierra, que nos la comeremos como pan. Ellos se han quedado sin amparo, y Yahvé está con nosotros."

La descripción terrorífica de los pesimistas tuvo un efecto derrotista en el pueblo, que se entregó a un llanto desesperado, y de nuevo surge la añoranza de Egipto, donde al menos podían vivir, aunque en opresión. Se quejan de que Dios les haya llevado a una región donde sólo les queda la muerte. Y buscan un jefe que los guíe de nuevo hacia la tierra de los faraones (v.4). Moisés y Aarón se prosternaron ante el tabernáculo, pidiendo ayuda a Yahvé 1. Mientras tanto, los exploradores Caleb y Josué trataron de convencer al pueblo de que era factible la conquista de Canaán. En un gesto de protesta por el escándalo que el pueblo da al despreciar a su Dios, se "rasgan las vestiduras," signo de duelo y de insolidaridad por lo que el pueblo hace 2. Y con sentido profundo religioso afirman que, si Yahvé les ayuda, vencerán fácilmente a los cananeos, por fuertes que sean, y por otra parte merece la pena un esfuerzo, ya que la tierra de Canaán mana leche y miel (v.8). En vez de ser devorados por esa tierra, serán los israelitas los que se comerán a los cananeos como pan3. Sus divinidades de nada les servirán, de forma que éstos se quedarán sin amparo (lit. "su sombra se retiró de ellos").
Intervención de Dios (10-25)
10 Toda la asamblea de Israel quería lapidarlos, pero la gloria de Yahvé se mostró en el tabernáculo de la reunión a todos los hijos de Israel, 11 y Yahvé dijo a Moisés: "¿Hasta cuándo ha de ultrajarme este pueblo? ¿Hasta cuándo no ha de creerme, después de todos los prodigios que en medio de ellos he obrado? 12 Voy a herirle de mortandad y a hacer de ti una gran nación, más grande y más fuerte que ellos," 13 Pero Moisés respondió a Yahvé: "Y lo sabrán los egipcios, de cuyo poder sacaste a este pueblo, 14 y se lo dirán a los habitantes de esa tierra. Todos ellos saben, oh Yahvé!, que habitas en medio de este pueblo, que te dejas ver la cara, que se posa sobre ellos tu nube, que vas delante de ellos, de día en columna de nube y de noche en columna de fuego. 15 Si, pues, destruyes a este pueblo como si fuera un solo hombre, los pueblos a los que ha llegado tu fama dirán:16 Por no haber podido llevar a ese pueblo a la tierra que le había prometido, los ha destruido Yahvé en el desierto.17 Haz, pues, mi Señor, que resplandezca tu fortaleza, como tú mismo dijiste.18 Yahvé, tardo a la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebeldía, aunque no lo deja impune, y visita la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación, 19 perdona, pues, la iniquidad de este pueblo según tu gran misericordia, como desde Egipto hasta aquí lo has perdonado." 20 Díjole Yahvé: "Los perdono, según me lo pides; 21 mas por mi vida y por mi gloria, que llena la tierra toda, 22 que todos aquellos que han visto mi gloria y todos los prodigios que yo he obrado en Egipto y en .el desierto, y todavía me han tentado diez y diez veces, desoyéndome, 23 no verán la tierra que a sus padres juré dar. No; ninguno de los que así me han ultrajado la verá. 24 Sólo a mi siervo Caleb, que con espíritu del todo diferente me siguió enteramente, le haré yo entrar en esa tierra donde ha estado ya, y su descendencia la tendrá en posesión. 25 Pero el amalecita y el cananeo habitarán en la llanura. Mañana mismo volveos, y partid al desierto, camino del mar Rojo."

El pueblo reaccionó violentamente contra los valerosos exploradores, queriendo lapidarlos. Entonces se manifestó la gloria de Yahvé sobre el tabernáculo, es decir, la nube que lo cubría se iluminó inesperadamente, como en otras ocasiones. Esta manifestación gloriosa de Dios tiene unas veces el carácter de anuncio venturoso, y otras de inminente castigo. Por lo que sigue se ve que ahora la manifestación divina es justiciera, y quizá iba acompañada de manifestaciones atmosféricas tormentosas para impresionar más al pueblo culpable, como en el Sinaí. Yahvé amenaza al pueblo por su incredulidad e ingratitud, a pesar de las maravillas obradas al ser liberado del faraón 4. Por eso los va a aniquilar por la peste o mortandad5; pero hará surgir una nueva posteridad más numerosa de la familia de Moisés6. Moisés reacciona, pidiendo perdón por los culpables y apelando al honor del nombre de Dios, que será comprometido con el aniquilamiento de su pueblo, ya que sabrán los egipcios y cananeos que no ha podido llevarlos a su destino 7. Los profetas del exilio utilizarán el mismo argumento para convencer a Dios de que libere a su pueblo de la cautividad babilónica 8. Al no cumplir su palabra de introducirlos en Canaán, los pueblos paganos acusarían al Dios de Israel de impotencia, ya que no comprenderían las exigencias estrictas de la justicia divina. Por otra parte, Yahvé es rico en misericordia y tardo a la ira 9, y, por tanto, debe ahora mostrar su carácter misericordioso para con su pueblo, como lo había hecho en otras ocasiones. Yahvé oyó al punto la oración magnánima de Moisés, y perdonó al pueblo por su intercesión (v.20); pero su gloria y justicia exige una compensación y un castigo: los culpables no entrarán en la tierra prometida. Lo han tentado ya "diez veces," es decir, muchas veces (v.22), y, por tanto, no participarán de las promesas anunciadas a sus antepasados. Y Yahvé jura "por su vida y su gloria" de que así ha de ocurrir. Los hombres juran por Dios 10, pero el Dios viviente de Israel, que se manifiesta en su gloria en la naturaleza ("llena la tierra") y en la historia, castigando y salvando, proclama solemnemente que su vida y su gloria, o manifestación omnipotente y esplendorosa, serán la garantía del cumplimiento de sus palabras. De este castigo será exento Caleb, que ha mostrado su valor y fidelidad en todas sus empresas. En el v.30 se dirá lo mismo de Josué, fiel ejecutor de las órdenes de Moisés. Y en premio a su fidelidad se le concederá la región que exploró, como posesión a su descendencia 11. La alusión al amalecita y cananeo, que habitan en la llanura, puede ser glosa redaccional, restringiendo la posesión de Caleb, o bien es una preparación para la orden que va a dar Yahvé de que se vuelvan los israelitas al desierto, camino del mar Rojo. Yahvé en ese caso indicaría que, puesto que los amalecitas y cananeos iban a impedir el acceso a Canaán, debían buscar otra ruta de penetración, volviendo sobre sus pasos (v.25b). La orden de volver fue ocasión de otra rebelión del pueblo, que ahora quiere atacar a los cananeos.
Anuncio de Castigo contra los Israelitas (26-38)
26 Yahvé habló a Moisés y a Aarón, diciendo: 27"¿Hasta cuándo voy a estar oyendo lo que contra mí murmura esta turba depravada, las quejas contra mí de los hijos de Israel? 28 Diles, pues: Por mi vida, palabra de Yahvé, que lo que a mis oídos habéis susurrado, eso haré yo con vosotros; 29 en este desierto yacerán vuestros cadáveres. De todos vosotros, los que en vuestro censo fuisteis contados de veinte años para arriba, que habéis murmurado contra mí, 30 ninguno entrará en la tierra que con juramento os prometí por habitación. Sólo Caleb, hijo de Jefoné, y Josué, hijo de Nun. 31 Pero a vuestros hijos, los que dijisteis que serían presa ajena, a éstos los introduciré yo; y ellos disfrutarán la tierra que vosotros habéis desdeñado. 32 Cuanto a vosotros, en este desierto yacerán vuestros cadáveres. 33 Vuestros hijos errarán por el desierto cuarenta años, llevando sobre sí vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos se consuman en el desierto. 34 Tantos como fueron los días de la exploración de la tierra, cuarenta, tantos serán los años que llevaréis sobre vosotros vuestras rebeldías: cuarenta años, año por día; y experimentaréis así mi aversión por vosotros. 35 Yo, Yahvé, yo lo he dicho. Eso haré en esta perversa muchedumbre que se ha confabulado contra mí. En este desierto se consumirán: en él morirán." 36 Todos aquellos a quienes mandó Moisés a explorar la tierra y de vuelta concitaron a la muchedumbre a murmurar contra él, desacreditando la tierra; 37 todos cuantos habían hablado mal de ella, murieron de mala muerte ante Yahvé. 38 Sólo Josué, hijo de Nun, y Caleb, hijo de Jefoné, quedaron con vida de todos aquellos hombres que fueron a explorar la tierra.

Este discurso es la ampliación de la anterior amenaza, puesto en boca de Yahvé. El estilo es solemne y oracular ("palabra de Yahvé," "yo, Yahvé, lo he dicho.") y trata de recalcar la gravedad de la amenaza y acusación. Yahvé quiere castigar no sólo la actual rebelión, sino todas las anteriores, pues se ha colmado la medida de su justicia, y tiene que castigarlos para escarmiento de las generaciones futuras. Todos deben morir en el desierto, sin llegar a la tierra prometida. Todos los que habían sido censados, desde veinte años para arriba (v.29)12, morirán en el desierto. En este decreto de condenación no están comprendidos los levitas, que no fueron censados ni habían tomado parte en la exploración de Canaán 13. Así, Eleazar entrará en la tierra prometida con Josué 14. A Moisés y a Aarón se les excluirá de entrar en Canaán por otra falta misteriosa 15. Y los hijos de los israelitas, lejos de ser presa de los cananeos, serán los que entrarán en posesión de la tierra prometida 16. En cambio, sus padres deberán andar errantes durante cuarenta años por el desierto hasta que vaya desapareciendo la generación pecadora (v.33), expiando lentamente sus rebeldías (lit. "prostituciones," en sentido moral, de apartamiento de Dios). El número de años de peregrinación por el desierto equivaldrá al número de días de la exploración de Canaán: cuarenta en total (v.34). La cifra es simbólica e indica una generación. Sin duda que Dios quería formar una conciencia nacional y religiosa nueva en el desierto, y para ello decide que desaparezcan todos los que habían conocido las idolatrías de Egipto, para que no las practicaran en Canaán. La nueva generación será nacida en la teocracia mosaica del Sinaí, y por eso más preparada para resistir a las infiltraciones religiosas cananeas. Así, la permanencia larga en el desierto tiene un sentido de expiación y de profilaxis religiosa. El salmista comenta: "Cuarenta años anduve desabrido con esta generación, y tuve que decirme: Estos son gente de avieso corazón, que desconocen mis caminos. Por esto juré en mi ira que no entrarían en mi reposo."17
Derrota de los Israelitas en Jormá (39-45)
39 Moisés refirió todo esto a los hijos de Israel, y el pueblo quedó desolado. 40 Subieron por la mañana a la cumbre de un monte, diciendo: "Vamos a subir a la tierra de que nos habló Yahvé, porque hemos pecado." 41 Díjoles entonces Moisés: "¿Por qué queréis contravenir a la orden de Yahvé? Eso no puede saliros bien. 42 No subáis, porque no va Yahvé en medio de vosotros y seréis derrotados por el enemigo. 43 Los amalecitas y cananeos están del lado de allá, frente a vosotros, y caeréis bajo su espada; porque, habiendo vuelto vosotros las espaldas a Yahvé, El no estará con vosotros." 44 Ellos temerariamente se obstinaron en subir a la cumbre del monte, pero el arca de la alianza de Yahvé y Moisés no se movieron de en medio del campamento. 45 Bajaron el amalecita y el cananeo, que habitaban en aquellos montes, y los derrotaron, poniéndolos en fuga y persiguiéndolos hasta Jormá.

Moisés intima al pueblo la decisión divina: la conquista de la tierra prometida se dilata. Los que la despreciaron no la verán con sus ojos, sino sus hijos. Al oír esto la muchedumbre, reacciona en contrario, reconociendo el mal que habían hecho, y quieren mostrar que están dispuestos a obrar valientemente para borrar la cobardía anterior, esperando con ello que Dios cambiara su decisión de dilatar la entrada en Canaán. Moisés les amonesta para que no tomen iniciativa alguna, ya que no les acompañará Yahvé, y, por tanto, la consecuencia será la derrota más vergonzosa. El pueblo, sin embargo, atacó, y fue vencido por los amalecitas y cananeos, huyendo hasta Jorma, localidad identificada con la actual Sbaita, a unos 45 kilómetros al sur de Bersabé.18 En Jue 1:1-17 se menciona la ocupación de esta ciudad por las tribus de Judá y Simeón, siendo cambiado su nombre antiguo de Safat por Jorma, que significa anatema, porque la entregaron al anatema 19.

1 Según Dt 1:27-30, Moisés trató de convencer a los rebeldes. — 2 Cf. M. J. Lagrange, Études sur les religions sémitiques 276. — 3 Cf. Sal 13:4; Jer 10:25. — 4 Cf. Heb 3:7-13. — 5 Cf. Jer 14:12; 21:9; Ez 5:12; 6:11. — 6 Cf. Gén 12:2; 18:18. — 7 Los LXX leen: "Pero todos los que habitaban en este país han sabido que tú, Yahvé, habitas en medio de este pueblo..." — 8 Cf. Ez 36:16-36; 39:21-29; Ex 32:12. — 9 Ex 34:6-7; 1 Re 19:12 — 10 Gén 12:16. — 11 Jos 14:6-15; Jue 1:20. — 12 Núm 1:3. — 13 Núm 13:4-16. — 14 Jos 14:1. — 15 Núm 20:12. — 16 Dt 1:39. — 17 Sal 95:10. — 18 Cf. RB (1900) 282-283; (1916) 270. — 19 Algunos autores sostienen que las tribus de Judá y Simeón entraron en Canaán por el sur y no por Jericó. En Núm 21:1-3 se habla de una nueva tentativa de los israelitas, coronada por el éxito en Jorma. Véase Touzard en "Dict. d'Apologétique de la Foi," art. Moïse et Josué III 806-810.
15. Leyes Relativas a los Sacrificios.
En este capítulo encontramos una serie de leyes al estilo del Levítico que han sido puestas aquí sin conexión histórica con el relato, pues son dadas para el tiempo en que Israel esté ya en Canaán.
Oblaciones de Harina y Libaciones en los Sacrificios (1-16)
1 Yahvé habló a Moisés, diciendo: 2"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra de vuestra habitación, que yo voy a daros, 3 y hagáis a Yahvé ofrenda de combustión, holocausto o sacrificio para cumplir un voto, o de vuestra voluntad, o en una de vuestras solemnidades, presentando a Yahvé suave olor en bueyes u ovejas, 4 quien haga ofrenda a Yahvé le presentará una ofrenda de flor de harina, un décimo de "efá" amasada con un cuarto de "hin" de aceite, que añadirá al holocausto o al sacrificio, 5 y un cuarto de "hin" de vino para la libación por cada cordero. 6 Si es por carnero, añadirá por cada uno la ofrenda de dos décimas de "efá" de flor de harina amasada con un tercio de "hin" de aceite; 7 y presentará un tercio de "hin" de vino para la libación, perfume grato a Yahvé. 8 Si fuere de buey el holocausto, ya en cumplimiento de voto, ya de sacrificio pacífico a Yahvé, 9 presentará, a más de él, a Yahvé, como ofrenda, tres décimas de "efá" de flor de harina amasada con medio "hin" de aceite, 10 y medio de vino para la libación, combustión de olor agradable a Yahvé. 11 Así hará por cada buey, carnero o cabrito. 12 Cualquiera que sea el número de las víctimas que ofrezcáis, eso haréis por cada una. 13 Así lo harán todos los naturales al ofrecer víctimas de combustión en olor grato a Yahvé. 14 Y si en vuestras generaciones un extranjero que habite en medio de vosotros o esté entre vosotros ofreciera ofrenda de combustión, de suave olor a Yahvé, lo hará como lo hagáis vosotros. 15 Una misma ley regirá ante Yahvé para vosotros, los de la congregación, y para el extranjero que con vosotros mora. 16 Una misma ley, un mismo derecho tendréis entre vosotros y el extranjero que habita entre vosotros."

El Levítico distingue muy claramente entre el sacrificio, que es la inmolación de una víctima, y la oblación de harina, vino, etc. En esta perícopa se determina la oblación u ofrenda que debe acompañar al sacrificio de un cordero o cabrito (v.4-5), de un carnero (v.6-7) o de un buey (v.8-11). Las especies de ofrenda (harina, aceite y vino) son iguales para cualquier sacrificio, pero la cantidad crece con el volumen de las víctimas. Para un cordero o cabrito, una décima de efá de harina (unos 3,60 litros) con un cuarto de hin de aceite (1,60 litros) o de vino 1; para un carnero, doble cantidad de harina con un tercio de hin de aceite y vino; pero, si la víctima es un buey, la cantidad de harina se triplica y se duplica el aceite y el vino. Esto parecía natural. Los hebreos no habían caído en el grosero concepto de que Dios comía las ofrendas que se le hacían, como aquellos de quienes tan donosamente se burla el profeta Daniel 2. Sin embargo, las prescripciones de la Ley aquí y en otros lugares paralelos están inspiradas en las costumbres religiosas generales, y parecen concebir este acto de culto como si con él se quisiera ofrecer un banquete a Dios. Contra tal concepción, que pudiera ser la de las gentes rudas, protesta el salmista cuando dice: "¿Como yo, acaso, la carne de los toros? ¿Bebo yo, acaso, la sangre de los carneros? Ofrece a Dios sacrificios de alabanzas y cumple al Señor tus votos."3 Esto refleja un estadio cultural superior. La Ley es válida para los israelitas y los extranjeros que vivan con ellos y se sometan como agregados a las leyes de Israel. Es el ger o extraño de otra tribu que abandona los suyos para acogerse a la hospitalidad de otra. Esto en la vida de los nómadas; entre los israelitas, el ger queda asimilado al pueblo de Dios, con los mismos derechos y deberes (v.16). Es un principio de universalismo que culminará en los tiempos mesiánicos4.
La Ofrenda de las Primicias (17-21)
17 Habló Yahvé a Moisés, diciendo: 18"Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hubiereis entrado en la tierra a la cual os llevo,19 cuando comáis el pan de esa tierra, ofreceréis de él oblación a Yahvé. 20 Como primicia de vuestra masa ofreceréis un pan, del mismo modo que ofreceréis las primicias de vuestra era. 21 De las primicias de vuestras masas ofreceréis oblación a Yahvé en vuestras generaciones.

Es claro el simbolismo de las primicias como reconocimiento de que los frutos de la tierra son don de Dios. Ya en Gén 4:35 se dice que Caín y Abel ofrecían las primicias, el uno de sus campos, y el otro de sus rebaños. Esto era ley en Israel 5. Con la oblación de estas primicias a Dios, el hombre se creía autorizado para hacer uso del resto de los frutos. En esta perícopa se determina la forma en que se debe hacer la ofrenda de los primeros panes amasados con el trigo de la cosecha. Esta oblación de los primeros panes, según Lev 23:155, debía hacerse en la fiesta de Pentecostés. San Pablo nos había de las primicias del pueblo de Israel, que eran santas y prueban la santidad de la masa, la cual vendrá también a Cristo cuando la plenitud de las naciones hubiese entrado en la Iglesia6.
La Expiación por los Pecados (22-31)
22 Si por inadvertencia faltareis, no poniendo por obra todos estos mandamientos que Yahvé os ha dado por Moisés, 23 todo lo que Yahvé os ha mandado por Moisés desde el día en que para vosotros lo dispuso, para todas vuestras generaciones en adelante, 24 entonces la inadvertencia cometida por la congregación será expiada por la ofrenda de ella toda, de un novillo en holocausto de suave olor a Yahvé, con la oblación y la libación ritual, y un macho cabrío por el pecado. 25 El sacerdote haga la expiación por toda la congregación de los hijos de Israel, y les será perdonado, porque fue por ignorancia y han presentado a Yahvé su ofrenda de combustión y la víctima expiatoria por su inadvertencia ante Yahvé. 26 Y le será perdonado a toda la congregación de los hijos de Israel y al extranjero que en medio de ellos habita, porque del pueblo todo fue la inadvertencia. 27 Si el que por inadvertencia pecó fuese uno solo, ofrecerá un cabrito primal por el pecado, 28 y el sacerdote hará la expiación ante Yahvé por el que pecó por inadvertencia, para expiarle, y le será perdonado. 29 Para el indígena de los hijos de Israel y para el extranjero que habita en medio de vosotros tendréis la misma ley cuanto al pecado cometido por inadvertencia. 30 Pero cualquiera que sea, indígena o extranjero, el que con altiva mano obrara, ultrajando a Yahvé, 31 ése será enteramente borrado de en medio de su pueblo; por haber menospreciado la palabra de Yahvé y haber traspasado su mandato, será exterminado y llevará sobre sí su iniquidad."

En Lev c.4-5 se exponen los ritos de los sacrificios expiatorios; aquí se trata de la expiación de los pecados de ignorancia o inadvertencia en que incurren el pueblo o los particulares. En nuestra teología moral distinguimos los pecados graves y los leves. Estos pueden serlo por la parvedad de materia, por la imperfección del conocimiento o advertencia y por la del consentimiento. En las religiones antiguas, en materia de ritos, los dioses exigían su exacta observancia, y tenían por pecado cualquier infracción del ceremonial, aunque fuera por inadvertencia o ignorancia. En Lev 4:2; 13. 22:27 se habla también de los sacrificios por el pecado, que son los sacrificios por los pecados cometidos por ignorancia. En la presente perícopa se trata de la expiación de aquellos pecados de inadvertencia contra cualquiera de los mandamientos que Yahvé ha dado por medio de Moisés (v.15). También aquí se distinguen los pecados de la congregación de Israel y los de los particulares. El pecado del pueblo se expiará con el sacrificio de un novillo y de un macho cabrío, acompañados de la correspondiente oblación; para la expiación del pecado de un particular, éste ofrecerá el sacrificio de un cabrito. Pero aquí, como en la perícopa de las ofrendas, la Ley es una para el israelita y para el extranjero que habita en medio de Israel (v.29). El hecho de habitar en la "tierra de Yahvé" le confiere el derecho de tomar parte en su culto. Este precepto, que varias veces hallamos consignado en la Ley, es un dato no despreciable para interpretar los preceptos en que se ordena el exterminio de los cananeos. Es cierto que a veces se reprende a los hebreos por no haber cumplido este mandato; pero este precepto supone no el incumplimiento de la Ley, sino el hecho de que los hebreos ocuparon la tierra por fuerza, y, por consiguiente, con la muerte de parte de la población cananea, mas no con el exterminio total de la población.
Al pecado de inadvertencia se contrapone el de rebeldía o contumacia ("con mano altiva," v.30), el que se opone sistemática y a sabiendas a los preceptos divinos, ultrajando a Yahvé. Para este tal, sea israelita o extranjero, no hay expiación: será borrado de en medio del pueblo, es decir, condenado a muerte. Algunos autores, sin embargo, sostienen que aquí se trata de una excomunión: serán borrados del censo que Dios guarda de los ciudadanos de su pueblo, a quienes tiene hechas sus promesas y de quienes tiene especial providencia. Los quebrantadores del precepto de modo obstinado, "con mano altiva," serán considerados como extraños al pueblo escogido, como excomulgados. Que no haya rito expiatorio, no significa que no haya perdón. Los profetas exhortan de continuo a la penitencia, y ofrecen el perdón a los arrepentidos que lo piden con sinceridad7.
"Se ve que la mano alzada simboliza los pecados audaces y escandalosos, que se oponen abiertamente a la autoridad del rey de Israel, y que los poderes públicos deben castigar con la muerte. Por oposición a estos grandes crímenes, cometidos con imperdonable malicia, el error (inadvertencia) abraza el vasto campo de faltas más o menos graves, más o menos voluntarias, que tienen su fuerte en la fragilidad humana. Este campo no se restringe a las faltas de pura inadvertencia: entre la malicia audaz que levanta la mano contra Dios y la inconsciencia absoluta, hay innumerables grados de culpabilidad que necesitan expiación."8
El Violador del Sábado (32-36)
32 Sucedió, cuando estaban los hijos de Israel en el desierto, que encontraron a un hombre recogiendo leña en sábado; 33 y los que le encontraron le denunciaron a Moisés y a Aarón y a toda la asamblea; 34 y le encarcelaron, porque no había sido todavía declarado lo que había de hacerse con él. 35 Yahvé dijo a Moisés: "Sin remisión, muera ese hombre. Que lo lapide el pueblo todo fuera del campamento." 36 Y fue llevado fuera del campamento y lapidado, como se lo mandó Yahvé a Moisés.

Toda la Sagrada Escritura nos da testimonio de la importancia que tiene el precepto sabático en el pueblo israelita. La concepción del precepto es varia. En el Deuteronomio se funda en un sentimiento de humanidad para con la gente trabajadora, pero el texto insiste en el carácter sagrado del sábado en virtud de la bendición de Dios y de su descanso después de la creación del mundo en seis días. Esta concepción es la que vemos prevalecer entre los judíos de la época evangélica 9. En virtud de este criterio, el sábado es un signo de la alianza de Yahvé con su pueblo, y, por tanto, el que lo quebrante se hace reo de la infracción del pacto divino, y comete, por tanto, un pecado contra Dios y el pueblo, cuya salud está ligada al pacto con su Dios 10. Por lo mismo, consideramos esta sanción capital como una consecuencia de considerar el sábado como algo sagrado. Pero los profetas nos hablan con frecuencia de la profanación del día santo 11. En muchos casos, la pena con que se sanciona un pecado, y que suele ser la pena capital, sólo sirve, en la intención del autor sagrado, para significar el aprecio que hace del precepto sabático, y que quiere inculcar en el pueblo. Pero en la legislación primitiva del desierto existía realmente la pena de muerte para el violador del sábado 12, sanción que se fue atenuando con el tiempo, y de hecho posteriormente no se cita ningún caso en que el infractor sea castigado con la pena capital.
El Distintivo de los Hebreos (37-41)
37 Yahvé habló a Moisés, diciendo: 38"Habla a los hijos de Israel y diles que de generación en generación se hagan flecos en los bordes de sus mantos, y aten los flecos de cada borde con un cordón de color de jacinto, 39 para que les sirva, cuando lo vean, para acordarse de todos los mandamientos de Yahvé, para que los pongan por obra, sin irse detrás de los deseos de su corazón y de sus ojos, a los que se prostituyen; 40 porque así, acordándoos de mis preceptos y poniéndolos por obra, seréis santos a vuestro Dios.41 Yo, Yahvé, vuestro Dios, que os ha sacado de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo, Yahvé, vuestro Dios."

Dios impone un distintivo a los israelitas para que se diferencien de los gentiles y para que se acuerden de sus mandamientos: unos flecos en los mantos, recogidos por un hilo de jacinto 13. Era un distintivo que les recordaba su pertenencia al pueblo de Dios, lo que exigía fidelidad a los mandamientos divinos. Esta ordenación, pues, debe ser una costumbre antigua a la que se da posteriormente un sentido religioso. Según Herodoto, los egipcios llevaban vestidos de lino con flecos sobre las piernas 14. En los bajorrelieves asirios, los altos personajes llevan flecos en sus mantos 15. En tiempo de Cristo, los judíos presumían de estos flecos, que traían largos para dar impresión de mayor fidelidad a la Ley, y el mismo Cristo traía estas orlas en su manto 16. Aún hoy día los judíos en las sinagogas llevan mantos con flecos 17.

1 El efá era la décima parte de un jómer, que equivalía a unos 360 litros (la carga de un "asno": jamor). Así, el efá equivalía a unos 36 litros o algo más. El hin, medida de líquidos, equivalía a unos 6,50 litros. Véase Barrois, La métrologie dans la Bible: RB (1931) 212; Verbum Dei I 274. — 2 Dan 14:1ss. — 3 Sal 49.135. — 4 Cf. Lev 16:29; 31; 17; 18:26; 22:18-20. — 5 Lev 23:15-17. — 6 Rom 11:16. — 7 Cf. Is 1:18; Sal 51:9. — 8 Médébielle, L'expiation dans l´ A. et le N. Testament 85. — 9 Mc 2:23s. — 10 Ex 31:14. — 11 Is 56:2; 58:13; Jer 17:21s; Ez 13:16; 21. — 12 Algunos autores suponen que este episodio y el del blasfemo de Lev 24:10-23 ha sido inventado por el autor de un texto midráshico para encarecer la observancia del sábado, pero nada se opone en el contexto a la historicidad del hecho. — 13 Véase DB II 2394-2398. — 14 Herodoto, II 18. — 15 Véase RB (1921) 522. — 16 Mt 9:20; Lc 8,44. — 17 Cf. F. Stephens, The ancient significance of sisith: "Journal of hiblical literature" (1931) 59-71.
16. La Sedición de Coré y su Castigo
Este capítulo está diversamente dividido en el TM y los LXX y Vg, pues el texto hebreo tiene sólo 35 versos, mientras que el griego y el latino tienen 50. Como en otros casos, seguiremos la numeración de la Vg, poniendo entre paréntesis la numeración del TM a partir del v.35.
Desde el punto de vista literario, este capítulo y el siguiente son muy confusos, y los críticos distinguen al menos dos narraciones. Parece que al menos hay tres sediciones: a) la de los rubenitas, Datan y Abirón, contra los privilegios de Moisés 1; b) la de los levitas, dirigidos por Coré, contra los privilegios de Aarón y su familia 2; c) la del pueblo en general contra Moisés y Aarón por haber sido causa del exterminio de parte del pueblo 3. Los rubenitas, como descendientes del primogénito de Jacob, no soportan el liderazgo de Moisés, que es de la tribu de Levi, y los levitas no admiten los privilegios de la familia sacerdotal de Aarón, hermano de Moisés. Así, las dos sediciones son perfectamente verosímiles en la vida azarosa del desierto, cuando faltaba todo y Moisés se mostraba impotente para introducirlos en la tierra prometida. Ambos movimientos sediciosos debieron combinarse para derribar a Moisés en los momentos más críticos, cuando el pueblo estaba decepcionado por la derrota de Jormá.
La Sedición de Coré, Datan y Abirón (1-14)
1 Coré, hijo de Isar, hijo de Caat, hijo de Levi; Datan y Abirón, hijos de Eliab, y On, hijo de Felet, de los descendientes de Rubén, 2 se alzaron y se pusieron frente a Moisés, arrastrando tras de sí a doscientos cincuenta varones de los hijos de Israel, todos de los principales de la asamblea, de los del consejo, hombres distinguidos" 3 Se conjuraron contra Moisés y Aarón, y dijeron a éstos: "Básteos ser uno de tantos, pues santos son todos los de la asamblea y en medio de todos está Yahvé. ¿Con qué derecho os levantáis vosotros sobre la asamblea de Yahvé?" 4 Apenas oyó esto Moisés, se echó rostro a tierra. 5 Después habló a Coré y a toda su facción, diciendo: "Mañana dará Yahvé a conocer quién es el suyo y quién es el santo que desea cerca de sí; y al elegido, El a sí lo acercará. 6 Haced esto: Tomad vuestros incensarios, Coré y toda su facción; 7 poned mañana fuego en ellos, y sobre el fuego, el incienso ante Yahvé; aquel a quien elija Yahvé, ése será el santo. Esto os bastará, hijos de Leví." 8 Y volviéndose después a Coré, añadió: 9"Oídme, hijos de Leví: ¿Os parece todavía poco el haberos Yahvé, Dios de Israel, segregado de la congregación de Israel, acercándoos a sí para que le sirváis en el tabernáculo de Yahvé y estéis delante de la comunidad como ministros suyos? 10 Porque El os ha elegido de ese modo a ti y a todos tus hermanos, hijos de Leví, ¿ambicionáis también ahora el sacerdocio? 11 Tú y tus partidarios habéis conspirado contra Yahvé. ¿Qué es Aarón para que contra él vayan vuestras murmuraciones?" 12 Moisés mandó llamar a Datan y a Abirón, hijos de Eliab; pero ellos respondieron: "No queremos ir; 13¿todavía te parece poco habernos sacado de una tierra que mana leche y miel, para traernos a morir a un desierto, que también quieres seguir tiranizándonos? 14 No es a una tierra que mana leche y miel a donde nos has traído; ni un trozo de tierra nos has dado en posesión, ni una viña; ¿crees que están ciegos todos estos hombres? No, no vamos."

En el Deuteronomio se habla de los "sacerdotes levíticos," sin distinguir las dos órdenes de sacerdotes y levitas, el cual atribuye a Aarón y a sus hijos el sacerdocio, el oficio de los que "se acercan a Yahvé." Que estas prerrogativas no se impusiesen sin oposición, se comprende fácilmente. Es el caso de la insurrección de Coré y de muchos levitas con él. Coré era primo hermano de Moisés y de Aarón 4, y protesta contra los privilegios de éstos, pues todos los de la asamblea son santos (porque Yahvé habita con ellos), y, en consecuencia, pueden acercarse a Dios a ofrecer sacrificios en el altar como los hijos de Aarón (v.5). Moisés propone una prueba, y ya que reclama funciones específicamente sacerdotales, les propone una de las más sagradas, la de quemar incienso delante del altar. Yahvé decidirá si es del agrado su ministerio. Moisés retrasa un día la prueba, sin duda para dar lugar al arrepentimiento, y con palabras reflexivas invita a Coré y a los levitas insurrectos a pensar en su privilegio de ser guardianes del santuario, aunque no sean de la dignidad sacerdotal (v.8).
La rebelión de Datan y Abirón tiene carácter político-social, pues se quejan de que Moisés los haya llevado a un desierto misérrimo, sin poder cumplir la promesa de introducirlos en la tierra que mana leche y miel (v.12). Moisés quiere calmarlos y los llama a sí; pero ellos rehusan cumplir la orden, porque le consideran como un impostor que ha engañado al pueblo.
Castigo de los Insurrectos (15-35)
15 Moisés, muy enojado, dijo a Yahvé: "No atiendas a su oblación. Ni un asno siquiera he tomado yo de ellos; a nadie he perjudicado." 16 Y luego dijo a Coré: "Tu y tus partidarios presentaos mañana ante Yahvé; tú y ellos y Aarón. 17 Tomad cada uno un incensario y poned en él el incienso, y llegaos a Yahvé cada uno con su incensario, doscientos cincuenta incensarios, tú también y Aarón, con su incensario cada uno." 18 Tomaron, pues, cada uno su incensario, pusieron en ellos el fuego y echaron sobre él incienso y se presentaron a la entrada del tabernáculo del testimonio con Moisés y Aarón. 19 Coré había llevado tras sí a toda la asamblea a la entrada del tabernáculo de la reunión, y la gloria de Yahvé se mostró a toda la asamblea. 20 Yahvé dijo a Moisés y Aarón: 21"Apartaos de esa turba, que voy a destruirla en seguida." 22 Ellos, postrándose rostro a tierra, dijeron: "Oh Dios, Dios del espíritu de toda carne! ¿No es uno el que ha pecado? ¿Por qué airarte contra toda la congregación? 23 Yahvé habló entonces a Moisés, diciendo: 24 Habla a la congregación y di: Apartaos de en derredor del tabernáculo y de las tiendas de Coré, Datan y Abirón." 25 Levantose Moisés y se fue a donde estaban Datan y Abirón, yendo tras él los ancianos, 26 y habló a la congregación, diciendo: "Apartaos luego de las tiendas de estos impíos; no toquéis nada suyo, para que no perezcáis por sus pecados." 27 Apartóse la muchedumbre de en derredor de las tiendas de Coré, Datan y Abirón. Datan y Abirón salieron a la puerta de sus tiendas y se quedaron allí en pie con sus mujeres, sus hijos y sus pequeños. 28 Dijo entonces Moisés: "Ahora vais a saber que es Yahvé quien me ha enviado para hacer cuanto he hecho y que no lo hice de mi propio impulso. 29 Si éstos mueren de muerte natural, como mueren los hombres, no ha sido Yahvé el que me ha enviado; 30 pero, si haciendo Yahvé algo insólito, abre la tierra su boca y se los traga con todo cuanto es suyo y bajan vivos al "seol," conoceréis que estos hombres han irritado a Yahvé." 31 Apenas acabó de decir estas palabras, rompióse el suelo debajo de ellos, 32 abrió la tierra su boca y se los tragó a ellos, sus casas y a todos los partidarios de Coré con todo lo suyo. 33 Vivos se precipitaron en el abismo y los cubrió la tierra, siendo exterminados de en medio de la asamblea. 34 Todo Israel, que allí en torno se hallaba, al oír sus gritos, huyó por miedo de que los tragase también a ellos la tierra. 35 También los doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso fueron abrasados por un fuego de Yahvé.

Moisés declara que él no se ha aprovechado de su cargo para enriquecerse, y pide a Dios que no acepte el sacrificio de los insurrectos (v.16). Después invita a Coré a que se presente ante el santuario con sus secuaces a ofrecer incienso, para que Dios declare si acepta su servicio sacerdotal (v.18). Con él iba todo el pueblo, ganado en gran parte por él (v.18). Instantáneamente se manifestó la gloria de Dios, quizá en la columna luminosa sobre el santuario 5. Dios quiere exterminar a todo el pueblo, porque la insurrección ha sido masiva (v.21); pero Moisés y Aarón interceden, y piden que sean castigados sólo los principales culpables (v.22). El hagiógrafo procura destacar siempre el poder intercesor de Moisés y su espíritu magnánimo al perdón. Yahvé es el Dios del espíritu de toda carne, es decir, el Señor de la vida, que se manifiesta por el espíritu o hálito vital. Moisés insiste en que Yahvé es el Señor de la vida, para que no se complazca en enviar la muerte sin distinción de gentes. Yahvé accede y manda al pueblo que se aparte del lugar donde están los culpables, Coré, Datan y Abirón (v.24)6. Los v.25-27 parecen continuación de los v.12-15. Al rehusar Datan y Abirón ir junto a Moisés, éste tomó la iniciativa y se fue hacia ellos acompañado de los ancianos o consejeros oficiales (v.25). Ordenó al pueblo que se apartara de las tiendas de aquellos impíos, pues se acerca el castigo divino (v.26). El v.27a parece adición redaccional para fusionar el castigo de Coré y el de Datan y Abirón. El texto es más claro prescindiendo de esa parte del v.27. Moisés proclama que, si Dios envía un castigo sobre los insurrectos, ello será la señal de que es enviado de Yahvé; en caso contrario, un impostor (v.29). Al punto se abrió la tierra y fueron tragados Datan, Abirón y los suyos. En el v.32b se dice que entre ellos estaba Coré. Esto parece glosa redaccional, pues en el v.35 se dice que los que estaban con Coré fueron devorados por un fuego, como pasó a Nadab y Abiú 7. El redactor posterior ha querido juntar el castigo de los rubenitas y el de los levitas, y de ahí la complejidad redaccional del texto, que resulta algunas veces oscuro.
Los Incensarios de los Insurrectos, Incrustados Al Altar (36-40)
36(17:1) Después habló a Moisés, diciendo: 37(2)"Manda a Eleazar, hijo de Aarón, sacerdote, que saque del incendio los incensarios, apartando el fuego, porque están santificados. 38(3)Los incensarios de esos que contra sus vidas pecaron, hazlos laminar, y reviste con las láminas el altar, pues se ofreció con ellos a Yahvé, quedando santificados, y servirán de recuerdo para los hijos de Israel." 39(4)Tomó Eleazar los incensarios de bronce con que habían ofrecido los abrasados, y los mandó laminar para revestir el altar, 40(5)para memoria de los hijos de Israel, para que ningún extraño a la estirpe de Aarón se acerque a ofrecer el timiama ante Yahvé, para no incurrir en la muerte de Coré y de sus secuaces, como lo había mandado Yahvé a Moisés.

Como los incensarios habían sido utilizados para ofrecer el incienso a Yahvé eran cosa santa, y, por tanto, su material no debía quedar para usos profanos, ya que la santidad de los objetos santifica lo que toca 8, por eso se ordena al sacerdote Eleazar recogerlos y laminarlos, destinando su material para recubrir el altar. No lo hace el sumo sacerdote Aarón para no contaminarse con lo impuro 9. Los incensarios, si eran al estilo de los egipcios, eran fáciles de convertir en láminas, pues debían de tener la forma de una paleta con tres rebordes levantados y un mango corto 10. El altar recubierto de bronce no sería el de los perfumes, que estaba recubierto de oro, sino el de los holocaustos, recubierto de bronce 11. Ahora el nuevo recubrimiento tenía la finalidad de recordar a los israelitas el castigo de los que se habían atrevido a arrogarse funciones sacerdotales sin ser de la clase sacerdotal.
Nueva Insurrección y Exterminio de Israelitas (41-50)
41(6) Al día siguiente, la muchedumbre de los hijos de Israel murmuraba contra Moisés y Aarón, diciendo: "Vosotros habéis exterminado al pueblo de Yahvé." 42(7) Y mientras la asamblea se reunía contra Moisés y Aarón, éstos se dirigieron al tabernáculo de la reunión; y he aquí que le cubrió la nube y apareció la gloria de Yahvé. 43(8) Moisés y Aarón se acercaron al tabernáculo de la reunión, 44(9) y Yahvé habló a Moisés, diciendo: 45(10) "Quitaos de en medio de esa turba, que voy luego a destruirla." Ellos se prosternaron rostro a tierra, 46(11) y Moisés dijo a Aarón: Toma el incensario; pon en él fuego del altar e incienso y corre a esa muchedumbre y expíala, porque se ha encendido la ira de Yahvé y ha comenzado ya la mortandad." 47(12) Tomó Aarón el incensario, como se lo mandara Moisés, y corrió a la asamblea; ya había comenzado la plaga a hacer estragos en el pueblo; pero él tomó el incienso e hizo expiación por el pueblo, 48(13) y se quedó entre los muertos y los vivos hasta que cesó la mortandad. 49(14) Habían perecido en aquella mortandad catorce mil setecientos, sin contar los que murieron por lo de Coré. 50(15) Después, cuando hubo cesado la mortandad, se volvió Aarón a la entrada del tabernáculo de la reunión, donde estaba Moisés.

Gran parte del pueblo, en lugar de sentir respeto por los enviados de Yahvé, Moisés y Aarón, cuya misión había sido confirmada con la desaparición de los rebeldes, culpó a éstos de la muerte de sus hermanos, el pueblo de Yahvé (v.41-6), el pueblo elegido de Yahvé. Moisés y Aarón se refugiaron en el tabernáculo de la reunión (v.42), donde se apareció la gloria de Yahvé, o su manifestación gloriosa en la nube radiante y amenazadora. Dios quiere aniquilar a los murmuradores. En su acostumbrada actitud de intercesor, Moisés manda a Aarón que, como sumo sacerdote, vaya al lugar de la mortandad para aplacar a Dios (v.46). No se indica la naturaleza del castigo 12. La expiación por el pueblo debe ser por medio del ofrecimiento del incienso por Aarón. La causa de la calamidad había sido el ofrecimiento ilegal de incienso por Coré, y por eso el remedio debe estar en un acto análogo contrario. En efecto, el sumo sacerdote aplacó la cólera divina, y así mostró que era de su agrado, quedando confirmadas sus prerrogativas excepcionales sacerdotales frente a las pretensiones de Coré y los levitas insurrectos y a la faz del pueblo. El sacerdocio legítimo pone remedio a una situación desencadenada por actos de un sacerdocio ilegítimo. Las víctimas fueron 14.700, pero hemos de considerar la cifra como exagerada e inverosímil, según los principios indicados al comentar el censo de los hebreos 13.

1 16:1b; 2a; 12-1s; 25-26; 27b-34. — 2 16: 1a; 2b; 3; 4-11; 19; 16-24; 273; 35. — 3 16:41-50. — 4 Ex 6:18.20. — 5 Núm 14,10. — 6 Extraña la mención de la tienda de Coré, pues éste está ante el tabernáculo. Se cree que los nombres Coré, Datan y Abirón son adición posterior, siendo el texto primitivo morada de Yahvé. — 7 Lev 10:1-2. — 8 Cf. Ex 29:37; 30:20; Lev 6:11; 20. — 9 Cf. Lev 21:11; Núm 19,3. — 10 Véase DB II 1775-1779. — 11 Ex 27:2; 38:22 (heb. 38:2). — 12 Véase la explicación midrasica de Sab 18:20-25. — 13 Cf. Núm 1 y comentario.
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